Aclaraciones situacionales: Mauricio Macri -expresidente- es liberal conocido por negocios históricos y múltiples con el Estado. Javier Milei -presidente electo- es un paleolibertario a conocer, un activista de las propuestas para implosionar al Estado. El Estado es una dimensión de la sociedad dada por un pueblo, en un territorio dado, con una institución de gobierno. Argentina es (¿era?) el país del peronismo, los orcos, los descamisados, los cabecitas negras, los sin nombre.
Voy a basarme en la lectura de Murray Rothbard (1926-1995), principalmente su libro Hacia una nueva libertad. El Manifiesto Libertario, Unión Editorial, España, 2013.
No he sido capaz de acceder al contenido de los programas de estudio de la licenciatura en economía que cursó J. Milei en la Universidad de Belgrano. Seguramente en esa bibliografía tomó contacto con las ideas de Rothbard. No es sólo una inducción. El futuro presidente lo cita habitualmente como referencia teórica y Murray es, además, el nombre de uno de los perros de Milei.
Rothbard no parece una lectura básica en los estudios económicos universitarios. Por ejemplo, en la UBA es un autor apenas referenciado en un seminario de investigación de la carrera de sociología como bibliografía complementaria (UNIDAD IV: La estrategia discursiva neoliberal y su arribo a Argentina) junto con escritos de Macri, Lanata y Benegas Linch, entre otros.
El pensamiento libertario: origen.
Rothbard (1926-1995) es un politólogo de la Escuela Austriaca de Economía que fue responsable de transformar la teoría liberal en una propuesta libertaria a partir de un análisis crítico.
Su trabajo contribuyó a definir y expandir el anarcocapitalismo, bajo el eje de la defensa acérrima de la libertad individual y el rechazo de cualquier tipo de intromisión o de coacción sea del Estado, sea de la religión o sea de un dogma social o político. Impuso la idea del Estado como un grupo de bandidos (la casta) por lo que su eliminación es necesaria para limitar los intereses personales de los políticos y establecer la primacía de los del ciudadano. También impuso la crítica a las empresas y corporaciones que buscan su beneficio propio acosta de erradicar la competencia del mercado.
Fue tan devoto de Ludwig von Mises, un defensor a ultranza del laissez-faire, como enemigo acérrimo de J. M. Keynes pues sostenía que la economía de tipo planificada generaba pobreza entre los individuos, al dificultar la autorregulación del Mercado.
Pensaba que si el mercado sostenía algunos bienes y servicios, podía organizar toda la actividad humana. Esto le planteó un conflicto: o bien se conformaba con las teorías liberales que defendían un Estado mínimo o bien tendría que empezar a acercarse a posturas libertarias que impulsen su eliminación: el anarcocapitalismo.
Sostuvo, basado en Aristóteles y Santo Tomas de Aquino, que podía constituirse una ética objetiva, que de alguna manera fuera un sistema político científico, lo que años antes Marx había intentado con su teoría del socialismo científico.
Una ética basada en la libertad de los individuos que, presumía en su mayoría, si tuviesen que elegir entre ser esclavos o ser libres, elegirían lo segundo. Uno de sus mentores, Hayek reconoce (Camino de Servidumbre. 2008. Madrid. Unión Editorial) que «la creencia en que el socialismo traería la libertad es auténtica y sincera». Es decir, el objetivo de la libertad está presente en todas las variantes ideológicas y políticas. La cuestión parece ser los alcances y el marco social de la libertad.
Rothbard reconoce que el origen del pensamiento libertario se encuentra presente en el liberalismo. En particular en las revoluciones liberal-clasicas del siglo XVIII contra el Antiguo Régimen en el que el rey podía actuar con total libertad teniendo un poder ilimitado con una red clientelar de privilegiados. Entendía que el liberalismo surge como un movimiento revolucionario, lo que contraría la tesis de que impulsa que los ricos sean más ricos, y los pobres, más pobres, puesto que este movimiento político fue una reacción frente a las injusticias que se cometían en el Antiguo Régimen.
Pero para Rothbard esa revolución liberal fue parcial e incompleta, pese a que se produjeron avances significativos. El liberalismo sufrió una debacle. Se relajó y se convirtió en un conservadurismo político que mantenía los logros que habían conseguido, pero no los usaba de partida para erradicar de una vez por todas toda la estructura estatal.
Liberales versus libertarios.
Ese -según Rothbard- fue el crimen que el liberalismo habría cometido: mantener el Estado como refugio, garante y aval cuando el propio Estado era el causante de guerras, crisis económicas y penurias en general que los propios ciudadanos habían padecido. Es decir que el liberalismo lleva, dentro de si mismo, la semilla de su propia destrucción en la medida en que considera necesario y acepta la existencia de un Estado (aunque sea mínimo) entendido como la agencia monopolista de la coacción institucional. Que permite el poder de la casta.
En definitiva, Rothbard considera que liberales y libertarios no son compatibles. Y que entran en conflicto. Pareciera preveerse el conflicto Macri-Milei. O la conversión utilitaria de Milei o la derrota del establishment de Macri.
Su planteo de que una ética libertaria elimina el uso de la violencia -sobre cualquier otro sujeto y sobre su propiedad privada- lo lleva a interpretar que el impuesto es un robo y que es un acto violento y, por ende, ilegítimo. El argumento de los impuestos como precio de la civilización y garantía de servicios mínimos es, según la perspectiva rothbardiana, un utilitarismo que nos aleja de lo justo porque el impuesto es algo coercitivo. El impuesto es un cobro que, desde el Estado, como su propio nombre indica, impone y que puede entenderse como una agresión (el padre del anarquismo filosófico, H.D. Thoreau fue a prisión, por su desacuerdo y total rechazo a la guerra financiada con impuestos).
¿Es legítimo obligar a un ciudadano a financiar con impuestos algo que no desea, por ejemplo subsidios y planes de ayuda social para familias sin trabajo? Un orco podría considerar que si, si vivimos en una sociedad solidaria, debemos aceptar que hay ciertos servicios que única y exclusivamente puede atender el Estado, y que, de no ser así, numerosas personas podrían verse en situación de desesperanza. De ahí que el pago de impuestos sea necesario para que esos individuos puedan mantener la paz social y no rebelarse contra la explotación.
Para el libertarismo, la ausencia de Estado y los agentes que intervienen en general en el Mercado, actúan de una manera tan eficiente que resulta del todo imposible que existan individuos fuera del sistema. Y si lo están, el mismo Mercado proveerá la solución hasta su desaparición. Una suerte de darwinismo social.
Decia Rothbard que el conjunto de los bienes y servicios que actualmente proporciona el Estado se dividen, a su vez, en dos subconjuntos: el de aquellos que hay que eliminar (como los controles de precios, el ministerio de la mujer, etc) y el de aquellos que es preciso privatizar (como la educación universitaria y la seguridad, entre tantos). La educación estatal debe resignarse porque no es una medida salvadora y justificadora (los niños deben ir a la escuela porque allí es donde se educan) sino que es un principio adoctrinador y totalitario.
En definitiva, el anarcocapitalismo es una representación del orden espontáneo del Mercado. Se basa en que todos los servicios, incluyendo el derecho, la justicia y el orden público, son proporcionados a través de un proceso voluntario de cooperación social que es el Mercado. De esta forma el anarcocapitalismo se convierte en un objeto de investigación de la Ciencia Económica moderna. Toda la vida social es motivo de coordinación con criterio empresarial, lo que garantiza la eficiencia y la justicia en la solución de los problemas, eliminándose los conflictos, ineficiencias y desajustes que genera toda agencia monopolista de violencia (Estado) por el mero hecho de existir. Además, el sistema propuesto elimina los incentivos corruptores del ser humano que genera el Estado, impulsando por contra los comportamientos humanos morales y responsables, e impidiendo el surgimiento de ninguna agencia monopolista (Estado) que legitime el uso sistemático de la violencia y la explotación por parte de unos grupos sociales (los que en cada momento mejor controlen los resortes del poder estatal) a otros (aquellos a los que no queda más remedio que obedecer).
Todas estas propuestas y planteos hacen parte de la batalla cultural en curso que tiene tres visiones: la nac & pop, la liberal, la libertaria. Una conflictividad ideológica sobre la visión de la sociedad, sobre el rol de los individuos y sobre el comportamiento de las instituciones. El progresismo social y la equidad económica deberán reinventarse, disputar el concepto de libertad en un contexto socioambiental diferente, conectarse con formas no estatistas y autogestionarias de la economía popular y volver a valorar la noción de autonomía. Una nueva letra con una distinta partitura, con nuevos instrumentos y nuevos interpretes para la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. Que seguirán estando.
*Economista, ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
En el discurso político-económico actual en Argentina, se puede encontrar una sutil, pero profunda, interrelación entre el uso permanente del término «hombre de bien» que cita Milei y el concepto de «orco» que refiere Macri en su incitación al enfrentamiento social.
El «hombre de bien» (patriarcado mediante) es el individuo ejemplar, pilar de la sociedad, beneficiario de la política anarcocapitalista, el buen libertario. En la antítesis, el hombre de mal, el «orco» representa el hombre-masa, el enemigo a destruir, el miserable a enfrentar, el peronista.
El «orco» como antónimo de «hombre de bien». Y, en el discurso de Milei, al «orco», ni la palabra. Se habla, se dice y se hace para los «hombres de bien». Todo para ellos, que la motosierra apunte hacia los orcos.
El concepto es aplicable -como juicio sobre las personas- por todas las ideologías. Inclusive lo utiliza Evita en su discurso del 1 de mayo de 1952: «El enemigo acecha. No perdona jamás que un argentino, que un hombre de bien, el general Perón, esté trabajando por el bienestar de su pueblo y por la grandeza de la Patria». Y es más -quizás para distanciarse del épico «hombre nuevo» del Ché- en 1951 Perón cita, en su Manual de conducción política: «Porque, señores, estos movimientos triunfan por el sentido heroico de la vida, que es lo único que salva a los pueblos; y ese heroísmo se necesita no solamente para jugar la vida todos los días, o en una ocasión, por nuestro Movimiento, sino para luchar contra lo que cada uno lleva dentro, para vencerlo y hacer triunfar al hombre de bien, porque al partido lo harán triunfar solamente los hombres de bien».
A diferencia de la palabra «orco», siempre indeseable y terrorifica, «hombre de bien» es polisémica y su significado es ideológico y adaptativo según quién y en que contexto la mencione. Para el sentido común neoliberal, hombre de bien es quien piensa parecido, procede igual que yo y con quien compartimos creencias sobre el mercado benefactor y el Estado ladrón.
Por supuesto, recurrimos a una simplificación tremendista pero que puede ayudarnos para la interpretación económica.
El concepto de «hombre de bien» tiene origen antropológico. Y moral. Deviene de la antigüedad. Principalmente desde Platón -que lo establece como virtud ciudadana- (es conocida su referencia «un hombre de bien puede ir a comer a casa de otro hombre de bien sin ser convidado»). Los estoicos (que pregonan el amor al destino) la refieren a quienes detentan las virtudes de coraje, templanza, sabiduría y justicia. Y luego pasa al cristianismo (como hombre de Dios, que satisface los requerimientos bíblicos).
Así contado, pareciera que «hombre de bien» está alejado de la economía. Sin embargo, a partir de Montesquieu (El espíritu de las leyes, 1748)- el término se hace social y se reconoce para identificar a quien tiene virtud política, a diferencia de la virtud moral individual. El hombre de bien no es un idiota (ignorante de los problemas del Estado) sino que está muy identificado con el patriotismo: «No se trata de una virtud moral, ni tampoco de una virtud cristiana, sino de una virtud política como amor a la patria y a la igualdad, que ama a las leyes de su país y obra en función de estas».
Hombre bueno es buen ciudadano, y buen ciudadano es hombre de bien. La ciudad, la civilitas, es la que recepta al hombre de bien. Que quiere decir en instancias del capitalismo financiero neoliberal, «hombre de mercado», como consumidor y como productor. Es el homos economicus de los clásicos en el sistema de mercado: como consumidor que elige y paga sus consumos con libertad y no los recibe como prebendas ni planes de ayuda públicos, productor porque busca su remuneración en el mercado por la meritocracia de su propio esfuerzo y no por los favores políticos. Esta es la construcción del concepto de «hombre de bien» como funcional al mercado y contrapuesto al Estado que le roba sus ingresos con los impuestos, que encarecen los precios y restringen la inversión empresarial. Alguna parte del éxito libertario en las elecciones puede buscarse en este lado.
Pero, dado que el capitalismo es amoral («No es la generosidad lo que mueve al comerciante a vender sus productos a precios módicos, sino el interés.»), es válido preguntarse si puede albergar «hombres de bien»?
El neoliberalismo afirma que el capitalismo no tiene dimensión ética, no necesita ser considerado moral o inmoral: su condición existencial es que sea eficiente. Y toma a los hombres tal como son: seres egoístas que quieren maximizar su goce y minimizar sus esfuerzos. El comerciante de bien nos dice: «Sea egoísta, venga a comprar mis productos…» No nos dice: «Por favor, sea generoso, tengo que pagar los sueldos y encuentro dificultad para pagar mis deudas y necesito que me dé una mano». En realidad, el comerciante de bien nos dice: «Los mejores y más baratos productos para satisfacer su necesidad están en mi negocio». Y funciona. Porque, para vender, los comerciantes tienen que hacer el esfuerzo de tener los mejores y más baratos productos. ¿Qué le dice el patrón a un asalariado de bien?: «Sea egoísta, venga a trabajar conmigo. Le conviene.» ¿Qué dice el joven trabajador que quiere conseguir empleo? «Sea egoísta, empléeme. Le conviene explotarme».
El capitalismo es el reino de la conveniencia, de la utilidad. Y el «hombre de bien» es el que conviene al sistema. Como productor si maximiza su beneficio y como consumidor si obtiene la mayor satisfacción. Eso le otorga al capitalismo cierta legitimidad antropológica. Su base de funcionamiento es el gen egoísta. Obviamente, el egoísmo basta para caminar, para hacer marchar la economía cotidiana (en la que operamos como egoístas), pero no alcanza para construir una sociedad (que necesita interrelaciones solidarias). Y menos aún para estructurar una civilización.
Por eso sólo puede haber «hombres de bien» si el Estado y la política -como fuerza colectiva- operan entre la dimensión amoral de la economía y la moral de los individuos. El Estado moraliza el funcionamiento económico en beneficio de los individuos (por ejemplo, establece precios máximos, valida paritarias salariales), justamente porque la economía es amoral y porque la moral no es rentable se necesita una articulación entre las dos, algo que salga del mercado, que no esté en venta. Mientras mejor comprendamos la naturaleza de la economía y la moral, entendiendo la fuerza de la economía y la debilidad de la moral, más exigentes serán los pueblos en cuanto al derecho y la política.
Entonces el «hombre de bien» -si existiera- con su compromiso social y público estaría tan lejos del neoliberalismo como del anarcocapitalismo. Se ubicaría en el campo de la justicia social, ese concepto aberrante según el presidente electo. A pesar de que este se haya apropiado del concepto en otra de las cotidianas batallas de la cultura.
*Economista, ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Hoy 24 de NOVIEMBRE 2023: Inflación de OCTUBRE. Un título: Todo cambió.
Viene muy bienla repetir frase adjudicada al escritor francés Gustavo Flaubert: “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena”. Ahora con el resultado del balotaje y el nuevo gobierno de Milei, todo es espera. Incluimos en la cartilla, dólar oficial, CCL, la tasa y Riesgo País. Cuadro con los datos principales.
Los números corresponden a OCTUBRE, siempre con congelamientos y listados de precios, oraciones, invocaciones religiosas varias, plegarias y otras formas de política económica. El gobierno, Massa no pudo encontrar soluciones a los “quilombos inflacionarios”. Meses vertiginosos los por delante.
El acumulado de DIEZ meses se eleva “al éter” al compararlo con tiempos anteriores. Repetimos y lo seguimos repitiendo, la inflación ofrece un primer resultado palpable, con cada peso se adquieren menos bienes y servicios, los precios se distorsionan y se acentúa la incertidumbre y la dispersión. Es lo que hay.
El BCRA, en OCTUBRE sostiene, no mueve (0.00 %) la variación del dólar oficial mayorista o sea por debajo de los aumentos de los precios, en cambio a la Tasa de Política Monetaria la eleva. ¿Qué harán las nuevas autoridades a partir del 10 de diciembre sobre estos dos aspectos?
Relevamos en el cuadro al Indec Nacional – (responde al ponderado de seis regiones Pampeana, GBS, Noreste, Noroeste Cuyo, Patagonia) -, la Dirección General de Estadística y Censos de Ciudad Bs As (con nuevo índice), la Dirección General de Estadística y Censos de la Provincia de Córdoba, la Dirección de Estadísticas de la Provincia de Mendoza, el Instituto Provincial de Estadística y Censos de Santa Fe y la Dirección Provincial de Estadística y Censos de la Provincia de San Luis
OCTUBRE promedio de los IPC mencionados: 8.5 %. El Indec en el ponderado Nacional de 6 regiones: 8.3 %.
El dólar CCL en OCTUBRE con un salto respecto el mes anterior, el promedio alcanzó los $ 912.4 con un aumento del 20.1 %. El dólar oficial mayorista promedió en OCTUBRE los $ 350 en el mes, no varió o sea el 0.0 %. La brecha entre el dólar oficial y el dólar CCL no afloja, 161 %.
El Riesgo País continúa muy elevado, promedió 2.546 puntos, en el mes sube el 13.7 %.
Esperando a Milei todos estos indicadores.
Como Inodoro y Mendieta están siempre atentos a los acontecimientos, cambios de gobierno en el mundo y en país y otros hechos internacionales, sentados y tomando mate reflexionando se presenta el siguiente diálogo.
Mendieta: “Don Inodoro…….El 10 de diciembre deberíamos dir pa la asunción……Usté sabe…..el nuevo presidente”.
Inodoro: “¿ASUNCIÓN DEL PARAGUAY? ¿Y qué tenemos que hacer nosotros ayí?”
Según el Banco Mundial, que entiende la política keynesiana ante la crisis, “para acelerar el crecimiento económico sostenible y la inclusión, los países en desarrollo deben afrontar una variedad de desafíos subyacentes relacionados entre sí. Entre ellos figuran los bajos niveles de productividad y competitividad internacional, la ineficiencia del gasto público, la movilización insuficiente de recursos internos, las distorsiones de precios y el aumento de los niveles de deuda”. El Banco Mundial afirma que “la reducción de la pobreza, la equidad social y el crecimiento sostenible sólo son posibles con políticas monetarias y fiscales sólidas”.
Javier Milei, que copia y plagia a Murray Rothbard, un economista marginal aún en la propia corriente liberal, que no sabe de macro-economía ni de políticas keynesianas, que sólo estudio la micro-economía y, dentro de esa visión, únicamente la formación de los precios por la oferta y la demanda (sin contemplar los costos de producción y que los que no tienen ingresos suficientes para entrar a ese mercado no existen), que los mercados se auto-regulan y, por ende, que el Estado no debe intervenir. Que, como un dogma religioso, da por hecho que todo lo que haga el Estado está mal, que es ineficiente por definición y que con los impuestos distorsiona los precios. Esa teoría pequeña, egocéntrica y simple, que sólo ve lo que aparece en la superficie, que desconoce que la economía entra en crisis por falta de inversión (acumulación de capital que se fuga) es funcional al capital financiero, que la usa como mascarón de proa para quedarse por la mitad con lo que vale el doble.
De allí que cuando vemos quiénes son las personas que ocuparían roles relevantes en el nuevo gobierno, se repiten nombres ya conocidos de ser funcionales al gran capital extranjero y local.
Es el caso de Luis “Toto” Caputo, primo del hermano del alma de Mauricio Macri, que fue jefe de la mesa de dinero del JP Morgan [1] y posteriormente del Deutsche Bank (en esta última institución fue presidente de la filial argentina hasta el año 2008, cuando creó Axis, una sociedad de fondos comunes de inversión). Y también el de Demián Reidel, vicepresidente segundo de Federico Sturzenegger cuando este fue presidente del BCRA en la gestión de Cambiemos, quien antes trabajó para Goldman Sachs, para pasar a desempeñarse en el JP Morgan y, actualmente, preside el fondo de inversión QFR Capital Management, en Nueva York.
Los dos (Caputo y Reidel) son los que tienen la conexión con capitales del exterior para convertir parte de los encajes remunerados (pases pasivos, Leliq y Notaliq) en deuda externa. Los pases pasivos (de uno a seis días), las Leliqs (Letras de Liquidez del BCRA que tienen un plazo de siete a 29 días) y las Notaliq (Notas de Liquidez del BCRA, con un plazo de 30 días en adelante) son instrumentos financieros para “esterilizar” pesos que captan en depósitos las entidades financieras y el BCRA se los “compra” para no hacer absolutamente nada con ello. Y le cuesta al BCRA (a todos nosotros) pagar intereses a los bancos por más de dos billones de pesos por mes (que es la suma que cobran los bancos para no prestar).
La idea de los encajes remunerados era de una contención para que esa plata no se pasara al dólar. Pero los plazos de esos instrumentos son cada vez más cortos, de manera tal que el mayor porcentaje de los 23,2 billones de pesos inmovilizados no superan los siete días. Por ende, si se produce un retiro sistemático de los depósitos en plazo fijo de los bancos, todos los intereses pagados no sirvieron para nada porque la corrida cambiaria se transforma en corrida bancaria en menos de una semana y estamos de vuelta en 1982, 1989, 2001.
En la Argentina, de los seis primeros bancos privados por volumen de depósitos captados, en cinco tiene fuerte participación accionaria BlackRock (Santander, BBVA, Galicia, Macro y HSBC), que no va a perder plata, de allí que la solución propuesta por ese fondo es que el capital financiero internacional (que BlackRock lidera) le otorgue al BCRA un financiamiento de unos 15.000 millones de dólares (incrementando la deuda externa) para que rescate los encajes remunerados.
El problema es que al tipo de cambio oficial el dólar vale 375 pesos; por ende, el total de los encajes remunerados (23.174.916 millones de pesos) es equivalente a 61.780 millones de dólares, por eso necesitan que antes de que se vaya este gobierno, devalúe nuestra moneda unificando el tipo de cambio en 652,5 pesos, que es la suma del precio del dólar oficial (375 pesos) con el precio del dólar CCL [2] (930 pesos) y que es, por otra parte, el precio del dólar de exportación fijado por el decreto 597/2023 del martes 21 de noviembre 2023, cuando se decidió que todas las exportaciones se liquiden un 50 % a valor oficial y el otro 50 % por CCL.
La devaluación “licua” (disminuye en términos de moneda dura —por ejemplo, en dólar— y con respecto al porcentaje del PIB) los encajes remunerados, el gasto público y también los salarios, jubilaciones y pensiones (por la suba de los precios, principalmente de los alimentos, medicamentos, combustibles, etc., que es lo que exportamos). Pero hace más costosa la deuda externa, dado que los Estados (nacional y provincias) recaudan en pesos y la deuda en divisas se hace cada vez más cara, obligando a mal vender activos públicos para su amortización, de allí el delirio de privatizar más de 20 empresas públicas, entre las que se menciona a AySA, Aerolíneas Argentinas, YPF, IMPSA, ARSAT, medios de comunicación del Estado (TV pública, Télam, etc.), FFCC, etc.
Javier Milei en el programa de Mauro Viale en A 24, en octubre de 2018, cuando comenzaba su despliegue televisivo, sostuvo que Luis “Toto” Caputo como presidente del BCRA, refiriéndose a la corrida cambiaria de mediados de ese año, “fugó irresponsablemente más de 15.000 millones de dólares y se tuvo que recurrir al FMI”. Para agregar luego que Luis Caputo expandió las Leliq y que esa historia terminaría mal.
O sea, Milei tiene comprensión del problema, pero —subordinado al capital financiero— decide incrementar la deuda externa del Estado nacional, para dar una solución al mercado financiero, incluso confiando esa tarea en el irresponsable que fugó la plata del BCRA. Se olvidó del liberalismo, del anarco-capitalismo y hace que el Estado absorba las pérdidas del sector privado. El mercado financiero no solo no se auto-reguló, sino que le genera una deuda al Estado nacional de 15.000 millones de dólares para nada, por haber garantizado que el actual BCRA le pague religiosamente todos los meses millonadas de pesos a los bancos.
Sector público
Igual procede con las obras públicas, desconociendo que en las leyes de presupuesto existe un plan plurianual de inversiones que las contempla y autoriza su realización; que muchas de ellas están en ejecución y/o licitadas y adjudicadas. Así, dice que va a suspender todas las obras por falta de financiamiento y va a sustituir esta modalidad por el sistema denominado “Asociación Público-Privada” (APP), que no pudo hacer Mauricio Macri en su gestión y que es copia del realizado por el Presidente Patricio Aylwin en Chile, que decidió privatizar la mayor parte del sistema de obras públicas del país para reducir el gasto público y el déficit fiscal.
Más allá de que el sistema se puede aplicar en la red vial y otras (y que es selectivo vía precios), no puede ser aplicado para construir escuelas, hospitales, etc. (no se le puede cobrar la construcción a los enfermos que se atienden en la salud pública o a los alumnos que asisten a escuelas estatales), no se plantea, en cambio, suspender el pago de la deuda externa por falta de recursos. Y menos que menos investigar donde está la deuda por más de 100.000 millones de dólares que tomó el gobierno de Cambiemos (de los cuales 15.000 millones de dólares fugó en tres meses Luis “Toto” Caputo).
Se crea un súper Ministerio de Infraestructura y se lo nombra en el cargo a Guillermo Ferraro, que si bien es cierto que pasó por varias Administraciones públicas, fue durante 15 años director general del estudio de auditoría KPMG y, por ende, estuvo involucrado en la firma de las memorias y balances de Vicentin SACIFI, que incluso la Justicia argentina, en procedimientos ordenados por el fiscal de la Unidad de Delitos Complejos y Económicos de Rosario, Miguel Moreno, quien lleva adelante una causa penal por estafas contra la ex conducción de la empresa que está en concursos de acreedores, allanó las oficinas de la consultora KPMG en octubre de 2022, por entender que gracias a la participación de la consultora KPMG «se dio efectividad al ardid» de Vicentin, que habría consistido en exhibir estados contables y financieros «que no concordaban con la realidad de la empresa».
De Ferraro dependerán cinco secretarías claves. En Energía se designará a Eduardo Rodríguez Chirillo, que fue mano derecha de Carlos Bastos en la gestión privatizadora de Domingo Cavallo. Como presidente de YPF S. A., a Horacio Marín, actual presidente de Tecpetrol S. A., la petrolera del grupo Techint, para el cual trabaja desde hace 35 años. En Minería se designará a Sergio Arreche; en Comunicaciones, a Tomás Sutton y en Transporte, a Franco Mogetta, quienes profundizarán la tarea privatizadora.
De la misma manera que el “libertario anarco-capitalista” planea no arbitrar medida alguna para recaudar más con impuestos progresivos que hagan que contribuyan los grandes beneficiados por la brutal transferencia de ingresos de los gobiernos de Mauricio Macri y de Alberto Fernández, que la CTA estima en cuantiosos números: “La abultada transferencia de ingresos del trabajo al capital se cuantifica en 70.000 millones de dólares durante el gobierno del Frente de Todos y que asciende a 101.000 millones si se incorporan los resultados de la gestión de Macri” [3].
Según el resultado fiscal (base caja) al 31 de octubre de 2023, el déficit primario acumulado en los primeros diez meses de 2023 fue de $ 2.962.558,8 millones (1,8 % del PIB siempre base caja [4]) por un gasto primario acumulado en diez meses de 2023 de $ 27.169.652,7 millones y un ingreso total en ese lapso de $ 24.207.093,9 millones. Los intereses pagados acumulados en los diez primeros meses de 2023 suman $ 2.300.600,1 millones, por lo tanto, el déficit financiero total fue de $ 5.263.158,9 millones (3,07 % del PIB).
Ya este gobierno realizó un severo ajuste fiscal. El total de gasto de la Administración nacional base caja de $ 29.470.252,8 millones representa el 17,2 % del PIB; es cierto que faltan contabilizar los gastos devengados, más el pago del aguinaldo de los trabajadores públicos y de todo el sistema previsional de la Nación (ANSeS, cajas militares, Policía Federal, Prefectura, Gendarmería y Servicio Penitenciario Federal), pero el gasto del sector público nacional cerrará 2023 en torno al 20 % del PIB, como se había estimado en la Ley 27.701 de presupuesto y su primer Decreto N.º 799/2023 reglamentario, contra el 25,5 % del PIB que representó en 2015 o los 22,21 % de 2019 (fuente: Resultado Fiscal, Secretaría de Hacienda de la Nación).
Conclusión
La Argentina actual no tiene un problema de inconsistencia macroeconómica, ni fiscal, ni cambiaria [5]. Es una economía que cuenta con la tercera reserva mundial de agua potable, es superavitaria energéticamente, es importante exportador de alimentos y forrajes y va a ser también de consideración respecto de las explotaciones de oro, litio y minerales raros.
El problema es que sea controlada por el capital financiero internacional, del cual BlackRock es su cara más visible y que tiene en el país una corte de serviles y funcionales, comenzando por Mauricio Macri, que, siendo hijo de la burguesía local, hoy es el principal operador de esos capitales, como en su momento lo fueron Martínez de Hoz y Domingo Cavallo. «Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende», decía Jauretche.
[1] Los principales accionistas del JP Morgan son BlackRock y Vanguard. A su vez, de NewCo, que es la fusión de Livent y Allkem, que son las dos principales empresas que explotan el litio en nuestra puna, sus socios principales son BlackRock, Vanguard, JP Morgan y HSBC.
[2] Dólar contado con liquidación (CCL) o dólar cable (que es el medio que usan los usuarios para girar dólares al exterior; compran una acción o un título público en mercado de valores en el país y lo venden en el extranjero), y el BCRA mediante operaciones de mercado abierto compra con dólares de las reservas, títulos públicos nominados en moneda extranjera y y los revende en pesos.
[3] «Informe de Coyuntura N.º 41», septiembre de 2023 – CTA – CIFRA (Centro de Investigación y Formación de la República Argentina).
[4] La Secretaría de Hacienda de la Nación estima en octubre de 2023 un PIB de 171.428.000 millones de pesos (al tipo de cambio oficial, unos 460.820 millones de dólares). El acuerdo con el FMI infería un déficit primario de 1,9 % del PIB.
[5] El tipo de cambio refleja en mediano y largo plazo la productividad de un país y no somos menos productivos en promedio que Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, para que nuestro trabajo, nuestra producción y nuestros activos sean mucho más baratos medidos en la moneda de los países mencionados.
Recientemente el expresidente -devenido en influencer político- Mauricio Macri refirió como orcos a los enemigos de su espacio ideológico neoliberal. Como soy un asiduo lector de Tolkien el tema -me sorprende en boca de quien lo habla y pienso que se lo han contado- me pareció interesante de tratar tanto por su brutal referencia al enemigo a destruir como al concepto de maldad que encierra. Tolkien (El señor de la anillos como su saga más reconocida) es un autor de ciencia ficción que recurre a la mitología celta para nominar como orcos a los habitantes del inframundo, monstruos violentos, faltos de inteligencia, odiadores y destructivos. En la cosmovisión macrista, peronistas (pero “de izquierda”, malos, no confundir).
Inmediatamente mi memoria recuperó el término “ordo”, derivado de orden y base de la concepción ordoliberal de la economía.
El ordo viene a enfrentar al orco. La razón neoliberal contra la bestialidad de los miserables del más allá estatal. El bien contra el mal. La luz ante la oscuridad. Para una serie de streaming atrapante.
El análisis del discurso y la historia personal de Macri permiten ubicarlo como un empresario que llega a la política. Es decir, pertenece a los buenos y su destino es el éxito. Su base constitutiva de razón lógica es la acumulación de excedentes financieros de mercado: competir para desplazar, aprovechar oportunidades de las fallas de mercado, negociar prebendas con el gran mercado que es el Estado, eludir impuestos y evadir responsabilidades fiscales y sociales. Un verdadero arquetipo de bondad sistémica. Macri se presenta como bueno para la sociedad del establishment.
Son muy conocidas sus actividades empresariales relacionadas con las actividades de construcción, industria automotriz, correo, recolección de residuos, industria alimentaria y energía eólica.
El grupo empresario al que pertenece siempre hizo negocios -al menos opacos- con el Estado, en circunstancias democráticas como en dictaduras militares y cívico-militares. Con Onganía negocios ganaderos de exportación de carne, facilitados como monopolio en empresa mixta con el Estado. Macri y el Estado argentino fueron socios!. Durante la dictadura 1976-1983 pasó de controlar siete empresas a cuarenta y siete diversificadas (entre ellas Sevel Argentina -automotriz- Sideco Americana (construcciones, Socma Corp (financiera), Manliba (recolección de residuos), Itron (electrónica), Solvencia de Seguros (aseguradora), Prourban (inmobiliaria), Iecsa (instalaciones mecánicas), Perfomar (perforación petrolera). Participó de la represa Yaciretá con el Estado paraguayo (al que elogia sistemáticamente), la construcción del puente Misiones-Encarnación, la central termoeléctrica de Río Tercero y de Luján de Cuyo, la recolección de residuos de la Ciudad de Buenos Aires, mediante la creación de Manliba, entre otras. En 1982 se beneficia de la estatización de la deuda privada que dispuso el BCRA y que se originó en autopréstamos ficticios a través de plazos fijos del exterior. Un maestro evasor que diseño una maniobra de fuga de capitales cuya denuncia y enjuiciamiento fue desactivada por Carlos Melconian (BCRA en 1983). La concesión de autopistas AUSA le permitió transferir pasivos por casi u$s 1.000M a la Municipalidad de Buenos Aires en1985 con un arreglo político que extendió la explotación. Fue actor del escándalo Rousselot por las alcantarillas de Morón (PBA) en 1989 por casi u$s 400M por tarifas excesivas y obras no ejecutadas. En 1994 se hace cargo de Celulosa Argentina asociado a Clarín y beneficiaria de condonaciones tributarias impulsadas por Cavallo en1995. Trianguló autopartes con Uruguay a través de Sevel para cobrar reembolsos por exportaciones y reintegros fiscales en 1993. Fue imputado por evasión fiscal y embargado y luego sobreseido por la justicia. En 1997 (Menem) se hace cargo del Correo Argentino de la que deja de pagar los cánones y la presenta en quiebra en 2001 sin cancelar deudas con empleados. Constan en los Panamá Papers como titular de firmas offshore para lavar capitales de dudoso origen. Y mucho más. Tanto que agota.
Un empresario de tal perfil, adiestrado para hacer negocios con y a través del Estado nacional no es compatible con la visión anarcocapitalista del presidente electo Milei que demanda la necesidad de desaparición del Estado nacional.
La ubicación de Macri en ese planteo es lo que suele reconocerse como ordoliberalismo, algo así como orden para la economía y la sociedad. Una concepción política de los años 1948 en Alemania que sustentó la construcción del orden económico europeo de posguerra y más tarde dio origen a la economía social de mercado (que en nuestro país tuvo un fuerte impuso con Álvaro Alsogaray -ministro de economía de Guido en 1962 y fundador de la UceDe en 1982. Allí militaron muchos conspicuos peronistas). Macri abrevó en esas concepciones la idea de un Estado cooptado por los intereses empresariales.
Para los ordoliberales el problema no es la naturaleza del capital, sino la necesidad de intervención gubernamental para regular los niveles de tensión social. Asimismo el Estado debe procurar la generación de un orden basado en el poder del establishment para determinar una estructura de normas e instituciones que permitan al mercado competitivo funcionar correctamente (lo que implica hacer negocios con el Estado) y garantizar el bienestar social (con la condición de no quejarse).
El ordoliberalismo y la economía social de mercado se inscriben como proyectos neoliberales para dar respuesta a la cuestión social. Por eso instala el autoempleo, el emprendedorismo y la pequeña y mediana empresa como forma organizativa que compense el capitalismo de masas y sus tendencias patologizantes (grandes empresas transnacionales y mercados oligopólicos) con una articulación más saludable entre las relaciones sociales y los principios de la competencia de mercado.
No es sólo una forma de regulación económica, sino ante todo una forma de regulación social (a través de la economía como lógica y la empresa como instrumento).
Los ordos abrevan en supuestos clásicos del liberalismo decimonónico, la famosa “mano invisible” de Adam Smith, la doctrina fisiócrata del laissez-faire y los modelos de la Escuela Neoclásica. Sus propuestas no se limitan al desguace y la minimización del Estado, sino que apuntan a reconfigurar las políticas gubernamentales a favor de un nuevo orden económico basado en el capital financiero, tecnológico y cognitivo. Los orcos no caben en ese proyecto para los ordos proponen una profunda reforma de la sociedad y la batalla cultural de masas, para remover obstáculos y lograr el establecimiento de la economía de mercado.
Ahora bien, no temer. El poder justifica traiciones y hay varias clase de orcos. Los veremos -algunos- obedientes que harán culto del ordo y veremos ordos que recurrirán a los orcos para mostrar poder de masas. Y hasta podríamos que ver que la guardia pretoriana ideológica del ordoliberalismo de Macri se reclute entre los orcos del anarcocapitalismo. Parece un trabalenguas: el ordo que traicionó al anarco para exterminar al orco. Podrá ser? Será.
Cada vez que fracasamos así como cada vez que ganamos en el juego democrático,
deberíamos analizar cómo ha funcionado la representatividad y la identificación por parte de los votantes.
Nosotros pertenecemos a un sector del pueblo que por interés personal o por historia, en muchos casos por identificación familiar, decidió en algún momento formarse políticamente. Formarse políticamente es sostener una opinión sobre la vida social, económica y cultural no solo desde lo emocional, entendiendo como tal la subjetividad, sino desde lo racional.
Me parece que somos minoría. Una minoría donde están incluídas la izquierda, la derecha y el centro; pero los gobiernos, en los países donde se decidió la ilusión plebiscitaria del balotaje, son consagrados por las mayorías, y esto necesariamente pone la decisión final en el voto de esas mayorías no formadas políticamente en las que lo emocional y lo intuitivo será determinante. No es casual que en la mayoría de los países el voto no sea obligatorio, tampoco es casual que en muchos países no exista balotaje, si fuera nuestro caso hoy tendríamos el presidente con el 36% de los votos. El tema pasa entonces en cómo lograr la representación de ese tercio o esa mayoría plebiscitaria que no tiene un camino ideológico definido.
Las relaciones entre los seres humanos, entre toda especie comunitaria, reside aparentemente en la posibilidad de la comunicación, y entre nosotros, la comunicación es el lenguaje, el verbal y el no verbal. Integrar ambos tiene que ver con integrar el decir y el
hacer. La integración de estos lenguajes como una unidad coherente permitirá la identificación social y la pertenencia que a su vez genere la representatividad de ese
colectivo social. Demás está decir que si esa coherencia no se logra, la representatividad
será imposible.
El mencionado es uno de los aspectos que debemos revisar para pretender llegar
con un mensaje propositivo a la comunidad a la que aspiramos representar. ¿Cómo hablar
del barrio en el que no vivimos? ¿Cómo hablar de las necesidades que no sufrimos aún
cuando quienes expresen ese discurso, hayan surgido de los estratos populares menos
favorecidos y logrado a través de la representación política que en algún momento
alcanzaron, el ascenso social que no lograron sus representados?
Es posible que esto haya permitido que un outsider que dice representar un colectivo
ilusorio que serían “los argentinos de bien”, con lo cual el resto seríamos “los argentinos de
mal”, lo que implica una descalificación maniquea, haya logrado identificar a “los políticos”
como un colectivo maléfico, independiente de las ideas y la militancia que estos políticos
representen, e identificarlos como “la casta”, a despecho de que él mismo está vinculado
con personas integrantes de la casta que denuncia; pero de un sector identificado con los
intereses de las clases económicamente dominantes.
Por un lado debemos identificar la pertenencia transitoria a este colectivo de “los
argentinos de bien”, que recuerda la confluencia carnavalesca o la de la canción Fiesta, que
menciona que en la noche de San Juan todos comparten su pan, su mujer y su gabán,
gentes de cien mil raleas; pero cuando el sol nos dice que llegó el final vuelve el pobre a su
pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Sabemos que en un tiempo relativamente breve este catártico carnaval libertario comenzará a hacer agua,
fundamentalmente por las necesidades insatisfechas de los sectores populares y también
de los sectores medios.
Tal vez no haya mayor mentira que la verdad. El “esto te va a doler pero es por tu
bien”, donde el dolor es cierto pero el beneficio dudoso. Argumento utilizado hasta el
cansancio por el poder político y religioso a través de la historia. Por otra parte es obvio que la crisis de representatividad hace que sea difícil creer en el que ofrece algo parecido a lo ya escuchado pero asegura que lo hará mejor esta vez o mejor que otros. La promesa de algo diferente, aunque bizarro, está teñida de lo novedoso y capitaliza el escepticismo, la bronca y el desánimo de los que se han sentido abandonados o no contenidos por el sistema.
¿Cómo hablar de defender derechos al que siente que no tiene ninguno, a quien lo más
cercano que tiene para demostrarle sus derechos inexistentes es quien sí los tiene? ¿Será
entonces que equivocamos el discurso? ¿O será que nuestro déficit está en la praxis?
“Hasta ahora no lo hice pero ahora sí lo haré”.
El discurso no es para la militancia, la militancia puede sentirse acariciada por el
discurso pero su convencimiento es previo. El discurso debe ser para la no militancia y para
este destinatario no alcanzan las palabras, y aquí volvemos a la coherencia entre el decir y
el hacer. La no militancia no debe identificarse con nuestro discurso, nuestras propuestas y
nuestra conducta deben identificarse con sus carencias y sus anhelos y buscar en ellos lo
noble y solidario que todos en algún lugar tenemos.
El discurso de los que ganaron ha apuntado al resentimiento y al desánimo de los
sectores más portergados, a los sentimientos más miserables e individualistas de la clase
media sin formación política; al reservorio de racismo y xenofobia muchas veces disimulado
para demostrar un discurso social políticamente correcto, a la envidia de estos sectores
medios, frecuentemente laboriosos y meritocráticos, por aquellos que con aparente o real
menor esfuerzo han logrado iguales o mejores resultados. Un discurso dirigido a la
subjetividad, a las sensaciones de carencia que supuestamente merecen vindicación; pero
asentados sobre un realidad ilusoria con jirones de elementos concretos; toda buena
mentira debe tener partes de verdad, elaborado con prisa y sin pausa por los medios de
comunicación hegemónicos tributarios del lawfare. Un discurso que invita a convertirse en
barra brava a quien lo escuche, con los niveles de emocionalidad desbordada y de
irracionalidad a los que nos tiene acostumbrados el fútbol, como comida a domicilio, de la
cancha a la urna.
¿Y ahora qué? Tenemos varios interrogantes a respondernos. La lógica y la práctica
nos dicen que estas propuestas económicas solo harán más ricos a los ricos y más pobres
a los pobres, que probablemente se dupliquen. También que además de los riesgos
represivos institucionales, podremos sufrir agresiones por parte de estos barras bravas tal
como hicieron los bolsonaristas en Brasil. La realidad hará por nosotros el trabajo de
esclarecimiento cuando muchos votantes de hoy no puedan pagar el transporte, los
servicios públicos o la atención médica, cuando no puedan mandar a sus hijos a estudiar.
¿Cúal será entonces nuestra tarea? Posiblemente la más importante sea resistir. ¿Y en qué
consiste resistir? En mantener vivas nuestras organizaciones, en analizar la realidad y
generar propuestas para contener y sumar a los que vayan llegando hasta el momento de
ocupar el espacio, día por día, mes por mes y año tras año hasta las elecciones de medio
término.
Los cientistas políticos aseguran que, en las últimas tres décadas, como consecuencia de las reformas de mercado, los partidos de masas tradicionales del siglo XX han perdido el anclaje social y estable de parte de su voto, en favor de una ciudadanía que puede oscilar en votar ofertas del centro a la derecha, o propuestas nacional-populares y/o progresistas.
Este comportamiento electoral, es evidente, actúa en forma muy desestructurante para la implementación de políticas de largo plazo.
Esto nos sirve para entender las peculiaridades que puede sufrir un país como la Argentina cuando no existen consensos y/o cohesión social en torno a un rumbo estructural, cuestión que nos diferencia de otras naciones de nuestra región con un grado de diversidad productiva y desarrollo económico similar o superior.
El voto a Jair Bolsonaro en Brasil, por ejemplo, a pesar del diseño monetario y cambiario desindustrializador que implementó, no tuvo más consecuencias que modificar una política económica coyuntural, como es la evolución de las variables nominales, tasa de interés y tipo de cambio.
En la Argentina, en cambio, un voto a formaciones políticas neoliberales tiene consecuencias muchísimo más gravosas.
Ocurre que, en nuestro caso, la derecha, y ahora la ultraderecha, acometen velozmente reformas estructurales, con apoyos institucionales pero también políticos, que bordean el límite democrático.
El gobierno de Mauricio Macri, sin ir más lejos, concluyó en escasos cuatro años con un abultamiento de la deuda pública en US$ 110.000 millones, incluidos US$ 45.000 millones correspondientes a un préstamo condicionado del FMI, dejando al Banco Central sin reservas y las variables nominales de la economía desmadradas.
Ahora, el presidente electo Javier Milei propone restablecer el modelo pastoril de fines del siglo XIX y cambiar la moneda por el dólar.
Entonces, mientras que en Brasil los comportamientos zigzagueantes de una porción de la ciudadanía que puede votar por izquierda o por derecha, según los vientos de época, son fácilmente digeribles por el sistema político, en la Argentina la derecha impone medidas radicales (sobre todo al calor de recurrentes ciclos de endeudamiento público y fuga de capitales) que desestructuran y lesionan a la representación política nacional.
El dato que corrobora esta afirmación lo da el hecho de que los dos últimos presidentes solo han cumplido un mandato de los dos consecutivos a los que estaban autorizados por la Constitución.
Mauricio Macri fue eyectado de su ambición reeleccionista en primera vuelta mientras que Alberto Fernández – que no logró revertir gran parte del daño hecho por su predecesor- ni siquiera pudo aspirar a una postulación.
Numerosos países en el mundo han logrado afirmar un rumbo estructural de modo que las coyunturas políticas tienden a converger en el mantenimiento del timón nacional en ese sendero, con independencia de los mecanismos de legitimación política.
Con ese objetivo, en la reciente campaña electoral el candidato del peronismo Sergio Massa había propuesto un gobierno de unidad nacional para abordar de conjunto el ciclo de precios internacionales favorables y producción de energía abundante, de modo de consensuar un modelo de desarrollo industrial del mercado interno y externo en simultáneo.
Sin embargo, la irrupción del candidato ultraderechista Javier Milei cabalgó sobre el malestar inflacionario y pudo construir una mayoría electoral – al menos en el balotaje- compuesta en parte por ciudadanos y ciudadanas que en 2019, golpeados por las políticas de Macri, habían apoyado al Frente de Todos.
El presidente electo Javier Milei, en sus primeros pasos hacia la asunción, expresa un programa que contiene:
* Aceleración de la devaluación del peso y la consecuente inflación derivada para forzar una desmonetización de la economía, licuando salarios, jubilaciones y ahorros.
* También se depreciarán las partidas presupuestarias destinadas a las provincias, las universidades y los subsidios tarifarios.
* Producida la reducción de los medios de pago circulante, el reemplazo del peso por una moneda estable anclada al dólar, o el dólar mismo.
* Privatización de la mayoría de los activos estatales, en particular YPF, dueña de reservas de gas y petróleo no convencional gigantescas.
* Apertura externa y desregulación interna de todos los mercados.
* Precios de consumos esenciales, como los alimentos y la energía, a su valor internacional.
Este programa, según sus propias palabras, va a ser aplicado sin gradualismo, es decir, como un shock de corto plazo.
De llevar adelante esto tal como ha trascendido, implica un cimbronazo de transferencia de ingresos en favor de los agentes económicos más poderosos, a cambio de una estabilidad monetaria de precios en alrededor de un año.
Es posible que parte de su base electoral no se sienta conforme con las consecuencias de este plan.
El problema es que modificar el rumbo que impulsa el presidente electo va a requerir algo más que un voto distinto en las elecciones de medio término de 2025.
Para ese entonces, existe la posibilidad concreta de que la Argentina haya perdido sus activos estatales, sus universidades públicas y gratuitas, su sistema de protección previsional y social y, sobre todo, su moneda.
Al respecto de esto último, es bueno recordar que hasta ahora no existen antecedentes de un país que haya abandonado su moneda y luego vuelto a ella.
Por todo lo dicho, el campo nacional-popular -entendido en su definición más amplia- tiene el desafío de recuperarse rápidamente de la derrota sufrida, hacer una correcta caracterización del proceso político y económico en curso, escuchar las legítimas demandas y reclamos de la sociedad y proponerle una alternativa viable a mediano y largo plazo.
Solo así podrá surgir un proyecto que garantice un rumbo sostenido en el tiempo, condición esencial para poder construir un país no solo previsible, sino también justo.
En un reciente artículo, publicado por El Cohete a la Luna, titulado “Más vale educar que castigar”, firmado por el juez federal Daniel Rafecas, el autor explica que “la construcción previa de un enemigo”, a través de la proliferación y difusión de los discursos de odio, es una condición necesaria para la consumación posterior de un genocidio.
En dicho contexto, que compartimos, ha llamado nuestra atención que en el espacio de La Libertad Avanza sea numerosa la cantidad de jóvenes que participan y apoyan a Milei, a pesar de sus argumentaciones públicas, en relación con la historia argentina reciente, en particular con lo sucedido durante la última dictadura cívico-militar entre los años 1976 y 1983.
El candidato de La Libertad Avanza, así como quien lo acompaña, la aspirante a Vicepresidenta, Victoria Villarruel, no solo descalifican abiertamente las políticas sobre derechos humanos en la Argentina, sino que niegan de plano la acción genocida que protagonizó el Estado-militar-terrorista, hecho que nos permite afirmar que hubo terrorismo de Estado en la Argentina y que se cometieron crímenes de lesa humanidad.
Con la fusión de La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio, dicha concepción negacionista acerca de lo ocurrido en el país se ve fortalecida, dada la convivencia en ambos espacios de viejos “legatarios” de cuanta dictadura cívico-militar hubo en nuestro país, sometido a dictaduras del mismo origen desde 1930 hasta 1983. La excepción fueron los gobiernos de Juan Domingo Perón entre 1945 y 1955 y el período 1973/76, con los gobiernos de Héctor J. Cámpora y J.D. Perón.
Lo cierto, es que, durante 40 años del siglo pasado, nuestra sociedad vivió en marcos de autoritarismo civil y militar. Durante estos, un enemigo se convirtió en el principal destinatario de los discursos de odio: el peronismo. Esto no ha cambiado, como puede verse en las expresiones de Javier Milei y/o M. Macri, aunque, al referirse a este, se lo llame “comunista” o “kirchnerista”.
Milei y su socia política no solo reflotan la teoría de los dos demonios, sino que aspiran a la marcha atrás de las condenas y procesos penales de los condenados y/o los que se encuentran procesados, o por serlo. Fue el ex Presidente M. Macri quien argumentó, en una oportunidad, aquello “del curro de los derechos humanos”.
Parecería ser la Argentina una nación donde se puede volver del pasado, como si nada hubiera ocurrido, como si no hubiera historia, ni memoria, o peor aún, como si estas no le importaran a nadie, o por lo menos a buena parte de la sociedad, que vota las distintas versiones negacionistas del neoliberalismo criollo.
Asimismo, cómo es posible que tantas personas continúen confiando en las recetas de un Estado postrado al servicio del libre mercado, repetidas veces aplicadas y causantes de largos períodos de recesión, hiperinflaciones, hambre, falta de trabajo, dolor y de la gravísima crisis política, económica y social de 2001, que ocasionó la muerte de 39 personas.
Los hechos se repiten en la Argentina, de la mano visible de nuevos actores que representan al poder económico concentrado y la prensa hegemónica, con sus ya conocidas recetas acompañadas por expresiones de odio, resentimiento y revanchismo, que reaparecen con la pretensión de recrear, de reescribir la historia.
Frente a este intento de restauración del autoritarismo y de esta visión “reparadora” de la peor de las dictaduras que asolaron a la Argentina y terminaron con la desaparición y muerte de 30.000 ciudadanos, nos permitimos advertir sobre un tema que consideramos pertinente y que tiene que ver en general, con la formación de los ciudadanos durante su tránsito por la escuela secundaria, con la enseñanza de la historia y las ciencias sociales en dicho nivel de la educación.
Anima nuestra preocupación el hecho de saber que no solamente en la escuela se educan las personas, sino que el poder de los medios de comunicación y las redes frecuentadas por los más jóvenes hacen lo suyo, lo que agrava el problema.
Sin embargo ocurre, como ya ha sucedido desde los principios de nuestra nación, que se pretende falsear la historia escolar, una vez más. La conquista y colonización de las subjetividades de los jóvenes y adultos, aprovechando su paso por la escuela, ha sido una constante de la historia argentina. Porque la penetración ideológica que pudo lograr la escuela durante el siglo XX es muy difícil de igualar.
Creemos que la formación de una versión crítica del pensamiento, en la escuela secundaria, es todavía una vieja deuda con la comunidad. La causa principal es la inevitable tendencia a la construcción de distintos tipos de relato y la escasa posibilidad, puesta en evidencia, de integrar los conocimientos, de enseñar a pensar, de conocer, elaborar, saber, pensar, comparar, criticar, pensar y elegir.
Frente a dichos antecedentes, hemos puesto el acento en la Historia y las Ciencias Sociales porque creemos que estas no se están enseñando bien a lxs adolescentxs y que esto adquiere particular importancia para el caso de la historia argentina, ya que su impacto para el desarrollo de la democracia es de suma importancia.
Cuesta considerar que la materia Historia, en las escuelas secundarias, se encuentre todavía aislada y totalmente desarticulada del resto de las disciplinas, en particular de las que integran el campo disciplinar de las ciencias sociales. No existe ninguna vinculación, por ejemplo, entre Historia, Geografía, Filosofía, Pedagogía, etc. Historia continúa siendo un cronograma fáctico o un relato que poco enseña y que poco y nada aporta a la conservación de la Memoria.
Estamos proponiendo una historia que pueda ser comprendida como proceso, sin determinismos que la condicionen, que no se convierta en un campo abstemio del conocimiento, que se vincule comprometidamente con los procesos políticos, económicos y sociales, sobre los que cabalgan los proyectos colectivos, con el debido registro de memoria, a modo de evitar que los mismos cataclismos políticos se reiteren en el tiempo, y que los hechos que han contribuido con la mejora de la nación y la sociedad sean recordados, como antecedentes, a la hora de tener que decidir.
La vida de nuestrxs jóvenxs, la de sus familias, amigos, es también historia, para la que rigen los mismos cánones que para la historia que enseñamos en la escuela. Justamente allí no está funcionando la educación, a la hora de sostener un discurso sustentable frente o con los medios de comunicación. Los hechos, las decisiones que toman una buena parte de los jóvenes con el secundario cumplido están demostrando que una gran parte de ellxs no tendrían una clara respuesta frente a la redención de las dictaduras cívico-militares y de las propuestas de libre mercado.
Para el neoliberalismo resulta un lugar común la desafección de la historia, la mutilación de cualquier nexo entre presente y pasado. Dicha perspectiva cientificista, objetiva y metódica, heredera de la modernidad, es cuestionada, aunque no parece estar quedando clara, a la hora de la formación de los docentes.
Podríamos pensar, a la hora de formar a nuestros profesorxs, en apuntar más a la formación de profesorxs de Ciencias Sociales, a modo de integrar el conocimiento histórico con el que aportan el resto de las ciencias sociales. El efecto hará que lxs jóvenxs comprendan mejor la disciplina que si continuamos enseñando una historia solitaria, dictada como un cuento, que, en primer lugar, no interesa, y en segundo lugar se olvida rápidamente.
La historia escolar continúa siendo una historia de dependencias. El otorgamiento de saber único y original que atribuimos al llamado pensamiento occidental limita absolutamente las posibilidades de formar en un pensamiento emancipador, que aborde claramente el dilema entre libertad y liberación. Entre una modernidad iluminadora, pero que a la vez ha tenido desde Europa y con la expansión colonial capitalista efectos devastadores para los territorios conquistados, colonizados, saqueados y esclavizados.
Para la educación neoliberal, las salidas individuales y el esfuerzo de cada uno serán las llaves del éxito, donde el mercado será el que ordena para un sálvese quien pueda, regido, según la autoridad del mérito, solo atribuible a los “mejores”, aunque surgidos de la aplicación de un darwinismo social sin restricciones, y de subjetividades en permanente proceso de colonización.
Está claro que la memoria no resiste en dichos términos de salidas estrictamente individuales. No se puede perder la memoria, como pareciera que ocurre en la Argentina. Aquella debe ser garantizada por la escuela, que, dada su potencialidad y la de sus docentes, puede seguir dando batalla en temas como los beneficios de un Estado presente o en el de fortalecer la formación de sus jóvenes alumnxs en el rechazo a los fundamentalismos y autoritarismos o en las ventajas de la vida en democracia.
Razón demás para replantear, fortalecer y profundizar la formación de nuestrxs docentes y la enseñanza de una historia integrada con el resto de las ciencias sociales, desde una nueva concepción que cambie los fundamentos clásicos euro-centrados, por otros más cercanos, nacional y regionalmente, que permitan redescubrir y aprender los saberes que han invisibilizado permanentemente los conquistadores. Podría constituir un modo democrático de presentarnos ante el mundo y de fortalecer la permanencia y el enriquecimiento de la memoria.
* Raúl Moroni es profesor, supervisor, ex director de Educación Media y Técnica de la Ciudad de Buenos Aires. Es integrante del Grupo de Apoyo Técnico Pedagógico a la Escuela Media, en UTE.CTRA.
Ponemos el acento en el Sistema de Cuentas Nacionales producido por el Indec, en particular en el Producto Bruto Interno (PIB), tanto a precios constantes del 2004 como a precios corrientes.
Hacemos un relevamiento con énfasis en la composición o participación porcentual de los componentes como Consumo Privado, Consumo del Gobierno, la Formación Bruta de Capital Fijo y el Neto de Exportaciones menos Importaciones, y otras cuentas que ajustan diferencias en los cálculos. Tal como enuncia un documento del Indec da «respuestas a las preguntas fundamentales sobre su comportamiento: qué y cuánto se produce; para quién o para qué se produce, y a qué se destina el ingreso, es decir qué y cuánto se consume, cuánto se ahorra y cuánto se invierte».
Además incorporamos indicadores que no surgen de las cuentas del PBI y que responden a criterios, algunos no fácilmente medibles ni obtenibles, que definen una mejor o peor calidad de vida, tales como los señalados en el Informe sobreDesarrollo Humano del PNUD 2021 / 2022 con un llamativo subtítulo: «Tiempos inciertos, vidas inestables: Configuran nuestro futuro en un mundo en transformación» (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). También consideramos enunciados que fueron definidos en el documento solicitado por el presidente francés Sarkozy a un grupo de economistas, justamente para complementar o ampliar el PBI.
Sintetizamos algunos de los aspectos relevantes enunciados en el documento del PNUD:
Como siempre Inodoro y Mendieta reflexionan sobre la realidad nacional. Seguramente leyeron y quedaron influenciados por lo que dice Keynes en “Las consecuencias económicas de la paz”.“Se dice que Lenin ha declarado que el mejor medio para destruir el sistema capitalista es viciar la circulación con un proceso continuado de inflación” (Página 118).
Dice Inodoro dirigiéndose tanto a Mendieta como a otros oyentes: “Si Argentina no domina su inflación, no puede pagar su deuda esterna. Si Argentina no paga complica a tuita Latinoamérica. Si Latinoamérica no paga, la economía occidental quiebra”.
La asociación de partidos políticos en redes inorgánicas, o a través de amplias organizaciones a escala transnacional, ha sido una moneda corriente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Movimientos políticos como la Internacional Comunista, la Internacional Socialista, la Internacional Demócrata Cristiana y la Internacional Liberal han sido actores de la política en todo el mundo y de manera bastante prominente durante la Guerra Fría. Sin embargo, hay una novedad del contexto contemporáneo: el ascenso de una Internacional Reaccionaria de facto, polifacética, geográficamente dispersa e ideológicamente heterogénea. En su afán por superar las fronteras nacionales y fomentar la camaradería entre múltiples movimientos radicales, intransigentes, retrógrados, de derecha y antiliberales, la Internacional Reaccionaria exhibe una serie de características distintivas que resaltan su creciente importancia.
A diferencia de sus predecesoras, que encontraban su núcleo de fuerza sobre todo en la Europa continental, la Internacional Reaccionaria ha cultivado una notable influencia en el mundo anglosajón —aunque sin limitarse a él—, con un impacto decisivo en toda la Unión Europea y una presencia creciente en Estados Unidos. Las “periferias” noroccidentales y sudoccidentales, como Europa del Este y América Latina, han sido también el terreno de expansión de esta nueva Internacional. En cierto sentido, el ethos reaccionario se ha convertido en parte integral del tejido sociopolítico de muchos países. Su colección de ideas, creencias, percepciones y valores resulta atractiva para individuos asociados a partidos conservadores, fuerzas religiosas, movimientos nativistas, grupos de desposeídos, sectores extremistas, partidarios libertarios y grupos anticientíficos, entre otros.
Hay una novedad del contexto contemporáneo: el ascenso de una Internacional Reaccionaria de facto, polifacética, geográficamente dispersa e ideológicamente heterogénea.
BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN
En paralelo al auge global de este movimiento político, ha surgido un creciente corpus de trabajos académicos en la disciplina de las Relaciones Internacionales en un intento por comprender el fenómeno. En junio de 2018, Joseph McKay y Christopher David La Roche plantearon una pregunta interesante en un artículo en International Studies Quarterly: ¿por qué existe una ausencia notable de una teoría integral con respecto a la Internacional Reaccionaria dentro del ámbito de los estudios internacionales? A partir de ahí, en 2019, Pablo de Orellana y Nicholas Michelsen profundizaron en el tema y contribuyeron con un artículo en la Review of International Studies1. Su trabajo exploró la Internacional Reaccionaria y los fundamentos filosóficos de la nueva derecha, sin perder oportunidad de enfatizar aún más la urgencia de comprender este fenómeno.
En un trabajo reciente, Michelsen, De Orellana y Costa Buranelli definen al Internacionalismo Reaccionario como un movimiento ideológico global2 arraigado en una tradición histórica. A menudo se describe como “reaccionario” porque sus partidarios pretenden restaurar un pasado histórico que perciben como perdido y recrear un “nuevo” orden que desmantele el sistema existente, tanto en lo doméstico como en lo internacional. Sin embargo, es importante señalar que los Internacionalistas Reaccionarios no abogan por la destrucción del internacionalismo, sino que aspiran a dar forma a una sociedad mundial original basada en su propia visión. Este enfoque se caracteriza por el escepticismo hacia las ideologías progresistas de cualquier tipo. Mantienen una agenda pseudointelectual relativamente coherente que se centra principalmente en criticar lo que consideran una conspiración globalista vinculada al ámbito nacional, por lo que rechazan los derechos fundamentales, los avances sociales y las instituciones multilaterales. Además, los gobiernos alineados con el Internacionalismo Reaccionario emplean prácticas diplomáticas que pueden inscribirse en el marco de lo que se ha llamado una «política exterior conspiratoria”3. Este tipo de diplomacia ha cobrado impulso en la última década y su proyección no puede ignorarse.
Los Internacionalistas Reaccionarios no abogan por la destrucción del internacionalismo, sino que aspiran a dar forma a una sociedad mundial original basada en su propia visión.
BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN
En qué consiste una política exterior conspiratoria
Recientemente, una novedosa literatura sobre política internacional ha explorado, a través de la investigación comparada, el vínculo entre la política internacional, el papel del liderazgo y el fenómeno de la conspiración4. Esta vinculación en política exterior ha pasado de ser un tema marginal a recibir más atención y un tratamiento más riguroso, en gran parte debido a la aparición de varios líderes5 dentro de la Internacional Reaccionaria que tienen argumentos y prácticas conspiracionistas. En lugar de enfocar la conspiración como un acto deliberado de un grupo que se reúne con fines dañinos, malévolos o ilegales, los estudios académicos se centran en el análisis del significado y el alcance de las percepciones y narrativas6 relacionadas con la formulación de una política exterior conspiratoria. Algunos estudios indican que la desigualdad económica puede alimentar las creencias conspiratorias7; otros hacen hincapié en la cuestión de la precariedad socioeconómica8 y su conexión con la aceptación de tales creencias; y otros destacan que el narcisismo9 de los líderes puede ser un buen predictor de tales creencias.
¿En qué consiste una política exterior conspiratoria? Podemos identificar al menos cuatro características distintivas. En primer lugar, la visión conspiratoria deriva de una perspectiva altamente ideológica que se alimenta de opiniones dogmáticas. Parte de la suposición de que hay fuerzas del “mal” conspirando en todo el mundo (y regionalmente) contra las ideas supremas del “bien”, que sólo el líder ilustrado conoce y defiende. En segundo lugar, suele servir para fomentar la autoafirmación de líderes que intentan convencer a su electorado de que han descubierto tentáculos ocultos o subterráneos de la sociedad política nacional e internacional afectando directamente a la vida cotidiana de las personas. En tercer lugar, quiénes sostienen visiones conspiratorias se consideran los “iluminados”, dotados de conocimientos especiales, mientras desacreditan como “ignorantes” a quienes no comparten sus opiniones. Por último, existe una inclinación común hacia el concepto de “refundación” de la política exterior. Así, los líderes y las políticas anteriores son objeto de críticas generalizadas, mientras el nuevo líder es presentado como portador de la verdad, capaz de desmantelar el orden existente y de marcar el comienzo de un futuro más prometedor en la vinculación con el mundo.
A pesar de sus incongruencias, las políticas exteriores conspiratorias suelen justificarse como estrategia política para hacer frente a la incertidumbre y la inestabilidad mundiales.
BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN
El enfoque de la política exterior conspiratoria suele conllevar una serie de comportamientos predecibles, que pueden incluir la adopción de medidas contra determinadas contrapartes internacionales o la promoción de políticas específicas acordes con las creencias conspiratorias. Los países son divididos en “puros” e “impuros”, por lo que las relaciones con estos últimos son inflexibles y prácticamente innegociables. A pesar de estas incongruencias, las políticas exteriores conspiratorias suelen justificarse como estrategia política para hacer frente a la incertidumbre y la inestabilidad mundiales. Se argumenta que se reducirán los costos de la globalización o del globalismo, según el caso, presentando las propias políticas como una forma de proteger al país en lugar de exponerlo a los peligros del mundo exterior. Desde una cosmovisión mesiánica del quehacer externo, se supone que abordar estas preocupaciones contribuirá a reforzar la cohesión social, fracturada en sociedades muy afectadas por el desempleo, la pobreza y la desigualdad, o por un largo período de decadencia.
La relación de Argentina con el mundo en la encrucijada
El ascenso de la Internacional Reaccionaria, que ganó prominencia significativa en Estados Unidos durante la administración de Trump (2017-2021) y ha estado en auge en varias regiones, ha alterado significativamente el panorama político de América del Sur, incluyendo algunos períodos de gobierno, como Brasil durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), y la participación en las segundas vueltas electorales muy disputadas en Chile en 2021, así como en Colombia y Brasil en 2022. La presencia de Javier Milei, líder del partido La Libertad Avanza, quien competirá en la segunda vuelta electoral de este 19 de noviembre contra el candidato oficialista, Sergio Massa, de Unión por la Patria, representa la manifestación concreta de este fenómeno global en Argentina.
La presencia de Javier Milei, quien competirá en la segunda vuelta electoral de este 19 de noviembre contra el candidato oficialista, Sergio Massa, representa la manifestación concreta de este fenómeno global en Argentina.
BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN
La eventualidad de un gobierno de La Libertad Avanza no solo implicaría cambios drásticos en las políticas económicas, sociales y de derechos humanos, sino que también introduciría una nueva dimensión en la política exterior argentina. Dado el carácter reaccionario y conspiratorio de esta visión, se plantean serios riesgos para las relaciones internacionales. Milei ha hecho declaraciones grotescas, como cuando articuló su falta de disposición a «hacer pactos con comunistas»10, en referencia a China, y cuando abogó por romper los lazos diplomáticos con el Brasil de Lula, así como por la disolución del MERCOSUR. Además, ha expresado su oposición a la Agenda 2030 de Naciones Unidas11, para distanciarse de lo que denomina “marxismo cultural”. Junto a las declaraciones de Milei, sus allegados y personas influyentes han profundizado en estas posturas, participando en frecuentes debates y criticando a las Naciones Unidas, el multilateralismo, el ecologismo y a los científicos12, a los que acusan de “tergiversar” las explicaciones sobre el cambio climático. También han expresado su oposición frontal a principios como la justicia social y la igualdad de género13.
En este contexto, ha aumentado la preocupación por la trayectoria de las relaciones de Argentina con el mundo. A lo largo de sus últimos 40 años de historia democrática, la política exterior ha mostrado cambios, contradicciones y matices. Sin embargo, aún en medio de esta diversidad, existe un “mínimo común” fundamental entre los distintos partidos y coaliciones en el gobierno. Estas coincidencias entre los actores políticos y las fuerzas sociales funcionan como salvaguardas vitales, incluso durante aquellos períodos en los que se intenta alterar radicalmente ejes estructurantes de la política exterior. Se trata de “acuerdos tácitos” que sirven como mecanismos de salvaguarda por preservar la continuidad de patrones valiosos de las relaciones exteriores de Argentina.
Dado el carácter reaccionario y conspiratorio de la visión de Milei, se plantean serios riesgos para las relaciones internacionales.
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La base de estos acuerdos es colectiva e intersectorial. Argentina cuenta con su Cancillería, su cuerpo diplomático y una reconocida trayectoria: existe una suerte de «disco duro» que refleja la existencia de una carrera profesional con funcionarios calificados. Además, hay una comunidad epistémica compuesta por académicos, políticos, intelectuales, ex-ministros, periodistas, organizaciones de la sociedad civil y expertos de partidos políticos, junto a un público ciudadano interesado en temas de política exterior, todos dispuestos a defender los principios básicos de la acción internacional. Estas salvaguardas pueden lograrse mediante la movilización social, la investigación basada en pruebas y el discurso público en diversas formas de comunicación. Cabe mencionar algunos ejemplos.
Multilateralismo y derechos humanos
El pensamiento conspirativo podría tener un efecto muy negativo sobre uno de los pilares de la política exterior argentina, que es la defensa del multilateralismo y la promoción internacional de los derechos humanos. Sin embargo, mientras que los partidarios de políticas exteriores conspiratorias consideran a la ONU y al multilateralismo como reliquias obsoletas, los diplomáticos argentinos han desempeñado —y siguen cumpliendo— un papel crucial a nivel multilateral en la prevención de la guerra, el uso de la fuerza y la no proliferación nuclear en el sistema internacional. Además, el país ha ido formando a expertos y diplomáticos que han asumido puestos clave en organizaciones internacionales. Algunos ejemplos son Rafael Grossi, que ocupa el cargo de director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA); Celeste Saulo, que ocupa el puesto de secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial; Frida Armas Pfirter, que fue designada jueza del Tribunal Internacional del Derecho del Mar; y Andrea Pochak, que fue elegida miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
El pensamiento conspirativo podría tener un efecto muy negativo sobre uno de los pilares de la política exterior argentina, que es la defensa del multilateralismo y la promoción internacional de los derechos humanos.
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Aunque una política exterior conspiratoria ataca a organizaciones que considera “satélites”»de la ONU, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otras, es esencial reconocer que estas organizaciones son fundamentales en la arquitectura internacional en cuestiones cruciales para los países en desarrollo, como la seguridad alimentaria, la erradicación del hambre, el desarrollo sustentable, el derecho a la educación y el derecho a la salud. En ese sentido, existe una sólida tradición y reputación en el cuerpo diplomático argentino, así como un legado histórico que enfatiza la importancia de combatir las injusticias en el orden internacional, reconociendo las asimetrías entre el Norte Global y el Sur Global en los foros mundiales y regionales, y promoviendo iniciativas dirigidas a cerrar esa brecha.
Los defensores de la línea de pensamiento conspiratoria también critican las actitudes del Consejo de Derechos Humanos de la ONU por otorgar un asiento a gobiernos no democráticos (lo cual es la norma: incluir a todos los estados miembros de la ONU con asientos rotativos). Sin embargo, es importante destacar que el compromiso del país, y no de un gobierno en particular, con los derechos humanos desde el retorno a la democracia alcanzó su punto más alto recientemente cuando un argentino, Federico Villegas, asumió la presidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2022.
Si bien han surgido voces notables de La Libertad Avanza (no marginales) que reivindican el régimen autoritario de 1976-1983, casi todos los actores han apoyado los avances judiciales y legislativos en la condena de los crímenes de lesa humanidad y la defensa del derecho a la verdad desde el histórico juicio a las juntas militares, reconocido por ser el primer enjuiciamiento en el mundo a una dictadura militar bajo el Estado de Derecho. Ni el negacionismo ni la reivindicación de la dictadura forman parte de la cultura democrática alcanzada y sostenida durante cuatro décadas. Los derechos humanos son un activo esencial del perfil de Argentina en el mundo y son reconocidos por sus contrapartes en los foros internacionales y continentales. Son, además, una piedra angular de los intereses de la nación, y una regresión tendría consecuencias devastadoras para la imagen y el prestigio de Argentina.
Los derechos humanos son una piedra angular de los intereses de la nación, y una regresión tendría consecuencias devastadoras para la imagen y el prestigio de Argentina.
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Mentalidad de la Guerra Fría, regionalismo y países socios
Otra de las características del pensamiento conspiratorio, desde una perspectiva totalmente desconectada del funcionamiento del sistema internacional, es insinuar una postura anti-latinoamericana y contraria a la integración regional. Esto podría conducir a un antagonismo innecesario e imprudente en las relaciones de Argentina con los países vecinos. No obstante, es importante señalar que existen continuidades establecidas que serían difícil de desmantelar. Con Brasil, existe un marco institucional ya consolidado que actúa como mecanismo afirmativo de la relación bilateral. En los años ochenta y principios de los noventa, funcionarios, políticos, académicos, empresarios, sindicatos, científicos y medios de comunicación convergieron en el reconocimiento de la necesidad de abandonar las hipótesis de conflicto mutuo. La creación del MERCOSUR y el establecimiento de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) son claros ejemplos de esto.
Por otra parte, el pensamiento conspiratorio adopta un carácter “revisionista” respecto al ascenso de Asia, especialmente de China, que es percibida como un “imperio autocrático en ascenso”. La división del mundo entre “buenos” y “malos”, entre “mundo libre» y comunistas, no solo reintroduce una retórica anacrónica y en contradicción con los intereses nacionales, sino que tampoco se ajusta a la trayectoria de fortalecimiento de la relación entre China y Argentina durante la última década, independientemente del partido en el poder. No puede ignorarse la relevancia de Beijing a la hora de reforzar las reservas del Banco Central, financiar proyectos de infraestructura, servir como segundo destino de las exportaciones argentinas y como potencia internacional en ascenso. A pesar de los intentos de crear una atmósfera afín a una nueva Guerra Fría, las principales coaliciones y movimientos políticos del país han evitado, en la práctica, internalizarla. Invocar el anticomunismo como principio rector de la diplomacia actual resulta anacrónico, extravagante e improductivo.
Otra de las características del pensamiento conspiratorio, desde una perspectiva totalmente desconectada del funcionamiento del sistema internacional, es insinuar una postura anti-latinoamericana y contraria a la integración regional.
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Una pesadilla a evitar
Una serie de estudios recientes han sentado las bases para comprender las visiones de mundo adoptadas por ciertos gobiernos y representantes asociados con la Internacional Reaccionaria en diferentes regiones, al proporcionar documentación sobre la presencia de políticas exteriores conspiratorias. Fruto en parte de ello, en la actualidad, existe una aproximación más exhaustiva de cómo se materializan estas prácticas, incluyendo sus motivaciones subyacentes, fundamentos, métodos operativos y consecuencias, así como el análisis de las limitaciones inherentes y de las respuestas de los partidos y grupos de oposición. Es imperativo reconocer que las referencias a estudios comparativos no denotan un éxito inequívoco ni un fracaso categórico, dados los diversos grados de eficacia observados en casos históricos y contemporáneos de políticas exteriores conspiratorias. No obstante, los gobernantes asociados a la Internacional Reaccionaria han sufrido limitaciones y fiascos durante la implementación de estas políticas.
La victoria de Massa ofrecería la esperanza de que Argentina pueda evitar los traumas en política exterior experimentados recientemente en países como Estados Unidos y Brasil.
BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN
Asimismo, es importante considerar que, así como existen políticas exteriores conspiratorias, también debe ser adecuadamente ponderada la presencia y eficacia de las salvaguardas. En este día de segunda vuelta electoral en Argentina, existe el potencial de vivir una pesadilla en materia de política exterior, y esto exige una consideración profunda. La política exterior de Javier Milei gira en torno a una agenda centrada principalmente en el rechazo de los derechos humanos básicos, el descarte de las instituciones multilaterales y la promoción de una dinámica más amplia de amigo-enemigo. En contrapartida, el triunfo de Unión por la Patria en la segunda vuelta de las elecciones supondría un alivio. Aunque no signifique la derrota completa del proyecto reaccionario y conspiratorio, ofrece la esperanza de que Argentina pueda evitar los traumas en política exterior experimentados recientemente en países como Estados Unidos y Brasil.