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miércoles, junio 24, 2026
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¿Persuadir o morir en la trinchera?

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https://www.pagina12.com.ar/174059-persuadir-o-resistir-en-la-trinchera

¿Es factible ganar las elecciones sin una estrategia de comunicación persuasiva que trascienda el núcleo propio? ¿Se puede construir esa estrategia desconociendo las ideas-fuerza arraigadas hoy en la opinión pública? ¿Hay que empeñarse en discutir esas ideas o resignificarlas a favor de los propios argumentos?¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la militancia opositora en este año electoral?

Todos los sondeos electorales coinciden en marcar un escenario de “tres tercios” integrado por dos núcleos duros de votantes consolidados expresados por Cambiemos y por el kirchnerismo que defienden modelos opuestos de organización social, política y económica. En esos núcleos las adhesiones son más firmes y se asientan principalmente en determinantes ideológicos. A eso se suma un tercer tercio más “líquido”, integrado por votantes que hoy se definen por vertientes no kirchneristas del peronismo o directamente por la indecisión. Si el escenario se mantiene, este tercer tercio se convierte en el sector en disputa para la persuasión política de los dos restantes. Sólo ampliando la base electoral hacia ese votante “independiente” se puede ganar un balotaje y en eso la comunicación es clave.

Cambiemos viene haciéndolo con bastante éxito desde 2015. Cuenta con todos los recursos para sondear la opinión pública, construir y divulgar un discurso legitimador de su accionar a través de diversos canales y formatos, fragmentando esos mensajes en función del destinatario.¿La oposición se va a dedicar exclusivamente a discutir ese sentido común hablándole al electorado como si fuera homogéneo o se va a enfocar en ese tercio lábil para intentar persuadirlo resignificando algunas de las ideas fuerza instaladas en la opinión pública?

El “sentido común”

De acuerdo a las últimas encuestas de Synopsis y Opinaia a nivel nacional:

  • La agenda económica concentra las preocupaciones del 60 por ciento del electorado: inflación y desempleo a la cabeza. Detrás vienen seguridad y corrupción.
  • El 51 por ciento considera que lo “económico” determinará su voto, 19 por ciento por la “lucha contra la corrupción” y el 9 por ciento por cuestiones relativas a la “seguridad”.
  • Más del 70 por ciento evalúa negativamente la gestión económica del gobierno, dice estar peor que el año pasado y considera que la situación económica va a estar igual o peor el año que viene.
  • El 80 por ciento tuvo dificultades para pagar las tarifas de servicios públicos y está preocupado por este tema.
  • El 62 por ciento considera que el gobierno anterior tiene al menos el 50 por ciento de responsabilidad en la crisis económica actual. Si bien esta consideración prima en los votantes de Cambiemos, los “indecisos” manifiestan que la responsabilidad se reparte en partes iguales entre ambos gobiernos.

Está claro que la mayoría del electorado es consciente y padece en carne propia los efectos de la crisis económica. También está arraigado que el gobierno la gestiona mal. Pero la interpretación de las causas y la imputación de responsabilidad varían según el perfil ideológico de los votantes. Y entre los indecisos está anclada con fuerza la idea de que el gobierno anterior dejó problemas graves sin resolver que este gobierno no pudo corregir.

Cambiemos peleará por convencerlos de que “se necesita más tiempo para resolver los problemas”, que cuatro años no son suficientes para terminar con “setenta años de decadencia”, que “pecaron de optimistas y creyeron que resolverlos era más sencillo de lo que pensaban”. Esa estrategia ya está desplegada en cada declaración pública de los referentes más importantes del oficialismo. No dicen cómo los van a resolver, piden un “voto confianza”, intentan recrear las expectativas.

¿Qué podría hacer la oposición con estos datos? Hasta ahora se insiste en discutir “la herencia”, señalar “el engaño de los medios”, bombardear con indicadores económicos negativos y militar el “voto nostalgia”. ¿No sería más efectivo recoger el guante, asumir que quedaron problemas sin resolver y señalar la incapacidad del gobierno para superarlos?Desarmar el “voto confianza”con el “no saben cómo hacerlo, agravaron todos los problemas y crearon nuevos”,que es una idea que ya está bastante instalada en el votante indeciso, en vez de dedicarse a demostrar que en realidad “saben lo que hacen porque vinieron a hacer esto”, que es una estimulante discusión entre núcleos duros pero que no permea al votante independiente. Reconocer problemas heredados no implica “perder el honor” o “traicionar la causa”. Al contrario, se puede partir de ahí para desplegar los propios argumentos, mostrar que para corregir los problemas heredados se centraron en favorecer a los más poderosos, hicieron negocios y pusieron”al zorro a cuidar el gallinero” y por eso los empeoraron y ahora vivimos peor.

Persuadir es un arte

La persuasión política no es sencilla, mucho menos desde el llano. Pero en un escenario como el actual es una tarea ineludible. Para que sea efectiva hay que tener en cuenta quién es el destinatario de la persuasión (el “indeciso”) y cuáles son sus características. Hay una idea bastante extendida en la militancia opositora de que todos los votantes de Cambiemos “son gorilas y se mueven por el odio” confundiendo una parte con el todo. Hay que considerar es que son muchas las racionalidades que se ponen en juego a la hora de definir el voto: en algunas priman los fines, en otras los valores, las expectativas o las emociones. Por eso hay que desplegar todos los recursos posibles en la argumentación y no limitarse a los datos duros. Las analogías, las imágenes, las preguntas son efectivas. Pero lo más importante es desarrollar una actitud persuasiva. Estar dispuesto siempre a escuchar, entender al otro, partir de lo que dice para convencerlo. Es difícil lograrlos:

  1. Te parás desde una superioridad intelectual o moral. No sos mejor que tu interlocutor, no sos el “rayo esclarecedor”, estás “a la par de él, en el mismo barco, padeciendo lo mismo”.
  2. Sos incapaz de conceder algo en favor del argumento del otro. La persuasión efectiva arranca por el reconocimiento parcial de las ideas del interlocutor. Con esa concesión se habilita la escucha, se conecta, se genera empatía. Después hay tiempo para avanzar con los argumentos. La lógica “resistiendo con aguante” no ayuda en lo más mínimo.
  3. Crees que el otro está “cegado” por los medios. Nadie quiere que lo consideren un “idiota” Abandonar la idea del blindaje de los medios como explicación todopoderosa del voto a Cambiemos es imperioso. Es obvio que son actores centrales en la construcción del sentido común pero la recepción no es pasiva, se entronca con ideas, experiencias y valores propios.
  4. Desplegar únicamente datos duros para argumentar. Abruman, no ayudan a generar expectativa, no emocionan a nadie. Es clave entender que los datos no hablan por sí mismos y no significan lo mismo para todos. Son construcciones que se interpretan desde matrices de análisis propias. Y a la hora de la persuasión política valen tanto como las sensaciones, las creencias, las experiencias o los valores.
  5. Asumís que el otro comparte tu universo de sentidos y desea lo mismo que vos. Si fuera así no sería necesario persuadirlo de nada. Hay que soportar la herida narcisista que genera el hecho de dialogar con alguien que no necesariamente acuerda con uno en principios básicos como la inclusión o la solidaridad, o que no cree que “el gobierno anterior era maravilloso”, o que “con sus impuestos se sostiene a los vagos”.

Salir de la comodidad de la trinchera es la clave para convencer a aquellos que van a definir las elecciones. Asumir el desafío es el primer paso para lograrlo.

Justicia para pocos: la doble vara del capitalismo global

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https://www.eldestapeweb.com/justicia-pocos-la-doble-vara-del-capitalismo-global-n56163

La crisis internacional de 2008 evidenció el comportamiento opaco y depredador del sistema bancario global, asignando recursos que reproducían renta financiera al margen de la expansión de la economía real que pudiera sustentar esa rentabilidad.La construcción de “burbujas financieras” por inflación de precios del mismo stock de bienes reales, inmuebles, empresas y/o capacidad de pago de los Estados soberanos, inundó al mundo de títulos-valores representativos de volúmenes de activos menores que los valores en los que estaban nominados.

El estallido de las “burbujas” en 2008 desnudó las diversas actividades de los bancos en procura de ganancias, contrarias a los intereses de naciones y pueblos. Esencialmente en tres hechos.

1) El primero fue, justamente, recolectar ahorro global emitiendo activos financieros cuyo respaldo en activos reales a los que se aplicaban era de dudosa solvencia. El ejemplo más difundido y uno de los detonantes de la crisis fue el derrumbe del sistema de crédito de las “hipotecas sub-prime” o hipotecas con mayor riesgo de cobrabilidad.

La aplicación masiva de ahorros a títulos-valores respaldados por préstamos hipotecarios cuyos titulares carecían de ingresos para repagar los inmuebles adquiridos a crédito, fue uno de los mayores fiascos financieros. Esto involucró a Bancos de Inversión que intermediaron esas operaciones cobrando suculentas comisiones, a Calificadoras de Riesgo que certificaron el repago de los títulos-valores emitidos y a operadores financieros e inmobiliarios que intervinieron en el armado de los paquetes de hipotecas a financiar.

En el derecho penal bancario de casi todo el planeta, se considera un delito de defraudación relevantecuando un banquero y/o financista al momento de otorgar un préstamo sabe que el mismo es incobrable, extendiéndose la conducta delictiva a los analistas de riesgo que emiten informes de sustentabilidad de la operación cuando la evidencia técnica indica lo contrario.

Cuando este comportamiento alcanza la masividad de 2008, que disparó una enorme crisis, es de esperar el encausamiento judicial de banqueros, calificadores de riesgo y/o diversos operadores intervinientes. Pero nada de ello ocurrió. La Reserva Federal de los EEUU compró los activos financieros tóxicos emitidos, dotó de liquidez al sistema y permitió que éste se reordenara tranquilamente por el procedimiento de fusiones y absorciones que evitaran quiebras generalizadas. Las penalidades aplicadas por la conducta seguida se limitaron a multas pecuniarias a instituciones y personas.

2) El segundo hecho, también puesto de relieve durante la crisis de 2008, fue la manipulación de la tasa de referencia internacional del mercado de Londres. La London Interbank Offered Rate (LIBOR) es una tasa de interés operada por el mercado interbancario de la capital del Reino Unido -no regulada por el Banco de Inglaterra- y se utiliza de testigo y “tasa mínima” para casi todas las colocaciones globales. La manipulación artificial de la LIBOR llevada a cabo por diversos bancos durante la crisis para ocultar la magnitud del desastre a sus inversores y ahorristas, fue también un factor expansivo de las pérdidas ocasionadas. Los bancos arreglaron el pago de multas y cerraron la investigación. Sólo algunos CEOs banqueros perdieron su trabajo.

3) El tercer hecho -y el más grave de todos- fue el desenmascaramiento de los bancos globales en su vínculo con los “paraísos financieros”, a partir de las filtraciones ocurridas en Suiza con los bancos HSBC y Unión de Bancos Suizos (UBS) por parte de dos empleados –Hervé Falciani y Stephanie Guibaud, respectivamente- que hoy serían calificados de “arrepentidos”.

La información exteriorizada y sujeta a investigación en numerosos países afectados reveló la mutación experimentada por los bancos globales, que dejaron de ser intermediarios de recursos financieros entre los ahorristas y los tomadores de crédito aplicados a la economía real, para convertirse en “gestores de patrimonios”.

Este rol de “de gestores de patrimonios” consiste en identificar las fortunas en sus carteras de clientes y ofrecerles el servicio de “banca privada” (o “private banking”), consistente en ayudarlos a optimizar el rendimiento financiero de sus activos a través de inversiones en “paraísos financieros”,vulnerando así la legislación cambiaria y fiscal de las naciones donde construyeron esos abultados patrimonios. Se trata, en definitiva, de un servicio de “fuga y ocultamiento”.

La investigación parlamentaria del “capítulo HSBC” en la Argentina – a cargo de una comisión bicameral que tuve el honor de presidir como diputado de la Nación- citó a declarar a numerosos bancos extranjeros, estudios de auditoría a cargo de los controles de “lavado de activos”, testigos expertos, funcionarios de los organismos reguladores y sujetos privados alcanzados. El relevamiento arrojó que el denominado “servicio de banca privada” era un mecanismo institucionalizado de salida de capitales del país, que los sistemas de control de lavado de activos adolecían de diversas falencias para identificar clientes y operaciones, y que la actividad constituía un “corazón de negocios” de la banca extranjera en la Argentina.

CIERRE DEL CASO HSBC Y UBS EN EL MUNDO Y LA ARGENTINA

Los bancos involucrados en las actividades destinadas a facilitar la evasión fiscal y la fuga de capitalespagaron en todo el mundo las consabidas multas y cerraron los procesos en su contra. Los denunciantes tuvieron peor suerte: sufren hasta el día de hoy el hostigamiento judicial por haber filtrado la información.

En Argentina, el HSBC no sólo no sufrió cargo alguno, sino que sus directivos son gente de consulta del presidente Macri. Como contracara, Ricardo Echegaray –por entonces titular de la AFIP- y José Sbattella -a cargo en aquel momento de la Unidad de Investigación Financiera (UIF)- sufren sendos procesos penales por haber brindado informes oficiales al Congreso de la Nación en el marco de la Comisión Bicameral Investigadora (algo realmente notable).

Quienes no han tenido un tratamiento tan benévolo como los bancos han sido las gigantes empresas productivas de los países emergentes. La brasileña Odebrecht, la argentina Techint, la coreana Samsung y la china Huawei -vinculadas a la construcción, la siderurgia y la electrónica- han sido acusadas, procesadas y condenadas en causas vinculadas a la economía real, lo que provocó la prisión o solicitudes de cárcel para sus directivos. Originando además la pérdida de mercados y la depreciación del valor de sus acciones.

La intangibilidad del capital financiero global y la agresión contra los modelos de desarrollo de capitalismo nacional de Estado en los países emergentes marca el signo de estos tiempos pos-crisis 2008.

Los líderes populares deben tomar debida nota de este sesgo asimétrico si pretenden afirmar modelos ligados a la expansión de la producción y el consumo

El año de la marmota electoral

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http://www.lapoliticaonline.com/columna/martin-rodriguez/

Porque le toca a Venezuela

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Este breve y escueto resumen obedece a que los grandes medios de comunicación banalizan los conflictos armados y nos los muestran “allá lejos”, ocultando su verdadero drama.

 

Alepo, ubicada en el noroeste de Siria, a 120km del mar mediterráneo, es la capital de una gobernación homónima (provincia) de 4,6 millones de habitantes.

Centro económico de Siria, la ciudad es, al mismo tiempo, la conexión de este país con Turquía. 700 kilómetros la separan de Ankara y 1100 de Estambul. Parte del corredor euroasiático es el enclave urbano que conecta vía terrestre a Siria con Europa.

Entre las calles de la ciudad habita una dinámica y vistosa libertad religiosa (cristianos orientales, católicos, musulmanes, judíos), expresando la cosmovisión laica del Partido del Renacimiento Árabe Socialista que desde hace años gobierna el país bajo las presidencias de Háfez al-Asad y de su hijo Bashar al-Asad.

Por lo dicho, Alepo era una ciudad floreciente. Hasta el estallido de la guerra, en 2011.

Se convirtió entonces en el frente de batalla principal de un conflicto que combina fuerzas armadas regulares (de Estados-Nación) e irregulares (terroristas y contratistas). Entre julio de 2012 y noviembre de 2016, la ciudad quedó dividida entre las fuerzas rebeldes (Ejército Libre de Siria, Frente Al-Nusra -asociada a Al-Qaeda- y el Estado Islámico o ISIS, entre otras) y las Fuerzas Armadas de Siria (apoyadas por Rusia, Hezbollah, entre varios más, y aliados a los Kurdos).

Actualmente, áreas vitales de la ciudad permanecen en ruinas y la cantidad de habitantes se ha reducido considerablemente. Veinte naciones intervinieron de manera directa en la guerra en Siria, dándole al conflicto el carácter de una “mini guerra mundial”.

El conflicto militar destruyó la economía de Alepo y de toda Siria. El éxodo del país rápidamente se convirtió en una crisis humanitaria. ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, estima en 6,3 millones de refugiados sirios y en 6,2 millones de desplazados internos dentro de ese país.

 

De Siria a Venezuela

Este breve y escueto resumen obedece a que los grandes medios de comunicación banalizan los conflictos armados y nos los muestran “allá lejos”, ocultando su verdadero drama.

Los señores de la guerra hacen dinero con ellos y, ahora, vienen por Venezuela. Un informe de 2018 del Instituto Watson de la Universidad de Brown reveló que las guerras norteamericanas en Afganistán, Irak, Siria y Pakistán (algunas de las emprendidas desde el 11-S) les ha costado a los contribuyentes estadounidenses la modesta cifra de 5,9 billones de dólares. El informe describe asimismo que los citados conflictos suman la escandalosa cifra de 480.000 personas muertas como resultado directo de los combates con 244.000 civiles asesinados, es decir, más de la mitad. Además, otros 10 millones de personas han sido desplazadas.

Por su parte, el periodista francés Thierry Meyssan, reflexionando desde su experiencia cubriendo la guerra siria, aseguró que las fuerzas neoconservadoras del capitalismo angloamericano, empujadas en el control del pentágono, están dispuestas a dividir al mundo en dos grandes zonas: una zona estable para Estados Unidos y sus aliados -incluso para algunos de sus enemigos como Rusia y China-, y otra zona de caos, donde no pudiera montarse gobierno estable ni desarrollo.

Investigadores de las fuerzas armadas norteamericanas en 2004, afirma Meyssan, publicaron un mapa donde se observa que todo el medio oriente debía ser destruido y, en cuanto a América Latina, planteaban que sólo Argentina, Brasil y México debían ser Estados estables, mientras el resto debía ser destruido. No se trata de derrocar un gobierno y reemplazarlo por la oposición. Se trata de utilizar al gobierno y la oposición para que se enfrenten y destruyan el país.

Meyssan cerraba su especulación con una turbadora sentencia: “Esto es lo que están poniendo en práctica en el mundo, y es lo que están poniendo en práctica en Venezuela”.

El escenario del conflicto latinoamericano

La advertencia de Meyssan tiene casi dos años, pero pareciera escrita hoy. A través de ella uno puede agregarle racionalidad a un conflicto iniciado desde la muerte del Comandante Chávez y radicalmente profundizado desde el pasado 10 de enero en adelante.

Venezuela es la principal reserva petrolera del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita, Irán, Irak y Kuwait. Gobernar desde el caos, tal lo planteado por Meyssan, es la mejor manera de aplicar una “acumulación por desposesión”, donde la oligarquía financiera, en tanto clase capitalista transnacional, bajo patrocinio del proyecto neoconservador que hoy habita la Casa Blanca, apropie para sí los recursos naturales y las riquezas socialmente producidas de Venezuela, de Latinoamérica y el Mundo.

Ya en mayo de 2016, Maduro denunciaba la sistemática y masiva criminalización del proceso bolivariano en los medios de comunicación españoles, a los que acusaba de ser cómplices de una “campaña para preparar condiciones para una agresión a Venezuela”. Maduro preguntaba “¿Se dan cuenta ustedes del escenario que están preparando? Lo mismo que hicieron con Gadafi… Dirán que Maduro lanzó los tanques y los cazas contra la oposición para intervenir Venezuela, es el mismo escenario”.

En agosto de 2018 el canciller venezolano, Jorge Arreaza, informaba que debido al bloqueo financiero y las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, Brasil no podía cancelar una deuda de U$S 40 millones por el suministro eléctrico que el país bolivariano brinda al limítrofe Estado (provincia) de Roraima.

En septiembre del mismo año, la justicia federal de los Estados Unidos autorizó a embargar acciones de la estatal venezolana Citgo, subsidiaria de PDVSA, con el fin de resarcir en U$S 1.400 millones a la minera canadiense Crystallex por la estatización del yacimiento aurífero Las Cristinas. El opositor y reconocido economista y periodista José Toro Hardy, acusado en su momento de recibir sobornos de transnacionales, por entonces afirmaba: “Citgo es el principal brazo comercializador del petróleo venezolano. El 96% de todos los dólares que le ingresan al país provienen del sector petrolero, pero la inmensa mayoría de esos dólares provienen de las importaciones de crudo hacia los Estados Unidos, y el principal comprador en ese país es nuestra propia filial Citgo”.

El sistema financiero internacional, amparado en los decretos ejecutivos de Obama y de Trump, junto a sanciones similares impuestas por la Unión Europea, ha bloqueado las operaciones económicas de Venezuela, impidiendo pagos y cobros, transacciones, inversiones y obligaciones financieras. Citigroup, JP Morgan, Credit Suisse, Deutsche Bank y Goldman Sachs, entre otros grandes jugadores del capitalismo transnacionalizado, han promovido un boicot que incluyó el bloqueo de compra de alimentos y medicamentos por parte de actores públicos y privados de Venezuela, donde, por supuesto, no faltó algún desfalco a PDVSA y al Banco Central de Venezuela, que hermana a la banca transnacional con los “boliburgueses”, el segmento del empresariado local que hizo negocios a costa del Estado venezolano cual “Patria Contratista”.

Entre fines de 2017 y principios de 2018, en la ciudad de Santo Domingo, República Dominicana, se instaló una negociación entre oficialismo y oposición venezolana bajo mediación del ex premier español José Luis Rodríguez Zapatero, entre otros. Al borde de concretar el acuerdo, la oposición se retiró del diálogo con mucho ruido y pocos argumentos.

Tal es así, que el socialdemócrata español terminó de pedirle por carta a Julio Borges, por entonces presidente de la opositora Asamblea Nacional, la aceptación del acuerdo y la participación en unos comicios que, finalmente, se concretaron en mayo del año pasado.

En una elección donde la oposición fue partida entre la abstención y la participación a través de Henri Falcón como principal figura electoral, Nicolás Maduro fue electo presidente con el 67% de los votos y la participación de la mitad del electorado (en elecciones no obligatorias).

La asunción, de esas elecciones que dieron re-electo a Nicolás Maduro, se concretó este 10 de enero y, a partir de allí los hechos se precipitaron.

El vicepresidente norteamericano Mike Pence convocó en un mensaje difundido casi en simultaneo por más 250 medios y redes sociales a una movilización destituyente que nada pudo hacer y que señalan el agotamiento y la falta de credibilidad de la oposición venezolana, ahora escudada en la figura de Juan Guaidó, autoproclamado presidente “encargado”, una apenas conocida figura que en 2011 perdiera las elecciones a gobernador del Estado de Vargas ante el chavismo.

Desde entonces, el conflicto fue escalando para transformarse de una coyuntura local a una puja de fuerzas de carácter internacional, que es hoy la gran variable del conflicto.

Guerra económica, guerra mediática, guerra diplomática, guerra en redes, guerra híbrida. Venezuela se ha convertido en el escenario de una disputa de fuerzas internacionales que, a esta altura y por lejos, trascienden la interna política local.

El escenario internacional se midió en el ámbito de encuentro de las potencias militares del mundo: el consejo de seguridad de Naciones Unidas.

Allí Rusia y China, sentaron posición a favor de Maduro y el proceso bolivariano, junto con Bolivia, Cuba, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y México (estos dos últimos más bien con una propuesta de una nueva negociación entre oficialismo y oposición venezolanos); mientras que Estados Unidos y los gobiernos satélites de América Latina bajo patronazgo del “Grupo de Lima”, junto a algunos actores de la Unión Europea, impulsan, de arriba para abajo, un Golpe de Estado global en el territorio venezolano.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, ex-director de la CIA, desligó responsabilidades planteando que “la intromisión extranjera en Venezuela es Cuba”, mientras anunciaba una radicalización del bloqueo económico-financiero que el país caribeño vive. “Esperamos también -afirmó Pompeo- que cada una de esas naciones se aseguren de desconectar sus sistemas financieros del régimen de Maduro y permitan que los activos que pertenecen al pueblo venezolano vayan a los legítimos gobernantes de ese Estado”.

En consonancia con lo dicho por el Papa en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, Vasili Nebenzia, representante ruso en esa reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, manifestó que “Estados Unidos busca seguir desestabilizando a Venezuela para imponer su receta. Y esta reunión es un elemento más para cambiar al poder en aquel país. Esta intrusión flagrante de EEUU en asuntos internos no es nueva. Creen que Latinoamérica es el patio trasero donde pueden hacer lo que les dé la gana”.

El Canciller venezolano, Jorge Arreaza, brindó una sentencia exacta: “Estados Unidos no está detrás del golpe de estado, está delante, está a la vanguardia. Da y dicta las órdenes, no solo a la oposición venezolana sino también a los estados satélites de Estados Unidos en la región”.

El reciente nombramiento de “embajadores” del gobierno “encargado” de Juan Guaidó en Argentina, Canadá, Chile, Colombia y Costa Rica, y el rápido reconocimiento que algunos gobiernos hicieron sobre los mismos -el irresponsable de Macri, centralmente-, constituyen señales contundentes de la transmisión política directa que el “trumpismo” consiguió en la región a través del “Grupo de Lima”.

Venezuela no es  un “allá lejos”. Si Latinoamérica pierde el estatus de “continente de paz”, nuevos y más duros sacrificios se impondrán sobre los pueblos y sobre los ciudadanos.

El comunicador boliviano Hugo Moldiz afirma que “América Latina representa para el imperialismo un obstáculo a considerar pues, si bien con altibajos y bastantes contradicciones, en esta parte del mundo se están desarrollando variadas formas de rebeldía y, sobre todo, intentos de anteponer proyectos civilizatorios distintos a una modernidad que, por querer ser réplica de la europea y estadounidense, ha condenado a una amplia mayoría de latinoamericanos a la exclusión en sus más variadas formas”.

Tal como lo plantea Moldiz en su libro “América Latina y la tercera ola emancipatoria”, en el movimiento popular se hace necesario un profundo debate colectivo sobre los caminos” para construir democracia y justicia social en un momento del mundo atravesado por la ferocidad de un capitalismo globalizado, dispuesto a bloquear -por todos y con todos los medios- cualquier tipo de acción política transformadora.

Tras el ascenso en la región de los Macri, los Bolsonaro, los Duque, resulta imprescindible plantear que los proyectos de “capitalismo autónomo” al imperio son ilusorios. Necesitamos generalizar un debate y una política dispuesta no a “desarrollar” el capitalismo, sino a empujar su creciente transformación, hacia otro sistema social, más justo y solidario.

En ese sentido, la Venezuela bolivariana resulta un proceso a estudiar, a debatir, a criticar y, ante todo, a defender. Por eso resultan ejemplares -e imitables- las propuestas de diversas espacios y organizaciones que plantean la constitución de brigadas de apoyo a Venezuela, proponiendo incluso, un fortalecimiento de la diplomacia de los pueblos.

No toleremos que Caracas se convierta en Alepo. No permitamos, activamente, que el imperio haga de Venezuela una Siria latinoamericana.

 

(Fuentes: Moldiz, H. (2013). América Latina y la tercera ola emancipatoria. Querétaro, México: Ocean Sur.

Meyssan, Thierry (2017). “La situación está lista y cuando EE.UU. lo desee va a comenzar la guerra en Venezuela”. Entrevista concedida a RT en español. Recuperada de: https://www.yout)

¿Por qué La Capitana?

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Las estrategias globalizadoras, más allá de apoyarse en los poderes económicos y mediáticos, incluyen un sesgo cultural y psico-social que viene siendo determinante sobre todo en las campañas electorales y sus resultados: la minimización de las memorias colectivas.

Todo debilitamiento de la memoria de los pueblos, de sus símbolos culturales, de sus identidades más profundas, de sus gestas, de sus protagonismos históricos, favorece la intromisión de los mensajes mediáticos dirigidos desde los actuales sistemas dominantes.

Recurrir a la memoria colectiva, a la conciencia nacional que se fue gestando históricamente, es una necesidad de estos tiempos, para quienes seguimos creyendo en la capacidad transformadora de los pueblos.

Desde la burda substitución de próceres variopintos por animalitos en los billetes del devaluado peso nacional, hasta la mucho más grave eliminación de las palabras certeras que designan anhelos libertarios o que caracterizan a los sistemas de dominación, hay un andamiaje de nuevos símbolos a-históricos, una lingüística para la ficción del crecimiento individual –nunca social, por supuesto- que se refiere a “equipos” y a “emprendedores”, y una ocupación del poder público por parte de personajes que carecen de identidad nacional y a quienes, además, ni siquiera les interesa poseerla.

María Mercedes del Valle, argentina de orígen africano, luchadora en innúmeras batallas contra los conquistadores e invasores de turno, ungida por Belgrano como La Capitana luego de su heroica participación en la Batalla de Tucumán, vivió en carne propia las consecuencias de la desmemoria.

Fue reconocida oficialmente después de largos años de mendicidad, abandono y pobreza.

Para quien acuda a los libros certeros de la historia, será sencillo constatar el heroismo de esta mujer y el porqué de nuestra decisión de adoptar su gesta como símbolo de las preocupaciones de este hoy que nos exige memoria atenta y recuperación del protagonismo popular para detener la ofensiva neoliberal en el país.

Estas preocupaciones son las que aspiramos a señalar y difundir desde el Grupo La Capitana, sin otro afán que aportar a los nuevos términos de unidad política del campo popular.

Éramos tan ricos

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Acerca de la riqueza y la pobreza del país, y sus distintos responsables 

 

 

Los investigadores de un centro académico recibimos, veinte años atrás, la visita de un afamado financista europeo que estaba interesado en conocer las perspectivas de nuestro país. Este hombre de negocios, con voz de barítono, risa en cascada y sin un pelo en el cráneo, que había recorrido varias zonas productivas del interior antes de reunirse con nosotros, dejó caer su opinión al final del encuentro. Argentina tiene muchas más posibilidades de la que ustedes creen, pero está mal administrada, dijo.

¿Por qué esta referencia? Porque en el debate público ha vuelto a circular en estos días la versión de que Argentina, a contrario sensu de lo que piensa y asevera medio mundo, no es una nación rica, sino pobre. Y esta realidad se explicaría, sobre todo, por el bajo nivel de vida de sus ciudadanos.

Es decir, somos un país pobre porque nuestros recursos son limitados y una buena parte de la población posee o gana muy poco dinero.

Una cuestión que para los diletantes de turno presupone dos corolarios adicionales: primero, la pobreza formaría parte del orden natural. Segundo, no habría mejor método para erradicarla que el ajuste, el sacrificio y la limitación de los derechos sociales del conjunto, más no el de ellos mismos.

Este tipo de razonamiento se complementa con los que, sin identificar sujetos y sectores sociales o cuándo, dónde y quiénes, señalan la necesidad de ponerle fin a una hipotética fiesta o bien, que el problema residiría en que se vive por encima de las posibilidades.

Para rebatir estas interpretaciones antojadizas sobre la magnitud de nuestra riqueza o el carácter de la crisis no es necesario tomarse el trabajo de ponderar el formidable volumen y la diversidad de la producción alimenticia, el potencial hídrico y minero o la calidad cultural y científica que aún poseen los argentinos. No. Basta con echar un ojo a distintas regiones de América Latina, de Asia y de África. Incluso de Europa.

Pero si el propósito de esta remozada versión sobre nuestro país fuese considerar la sobrevaloración de los recursos locales como un mito que ha contribuido a favorecer el atraso y la pobreza entre nosotros, conviene plantear algunos interrogantes vinculados a la política, el Estado y la sociedad.

Veamos, por caso, la actividad forestal. Argentina tiene, como mínimo, las mismas ventajas naturales para impulsar el bosque implantado que los países vecinos. Es una labor que demanda tiempo y paciencia. Sin embargo, no es posible explicar su menor desarrollo relativo sin tomar en cuenta los numerosos cambios, más de sesenta y muchos de ellos opuestos entre sí, que hubo en el marco regulatorio desde que en 1949 se sancionara la primera ley para el sector.

En otras palabras, ¿el estancamiento, los retrocesos y sus consecuencias sociales tienen que ver con fábulas relativas a nuestros recursos naturales o más bien con la elite que diseñó e instrumentó las distintas políticas económicas y productivas?

Y, en este sentido ¿quiénes se llevan las palmas? ¿Los que, entre otros ejemplos, privatizan mal para luego estatizar peor, nombran como responsables del medio ambiente a un neófito tras otro, toleran que los jueces no paguen impuestos a la ganancias y designan en los directorios de los entes reguladores de servicios a personas cooptadas por esas mismas empresas o los ciudadanos de a pie, sean cuales fueren sus creencias?

Estas preguntas, y otras que se podrían agregar, no pretenden socavar ninguna grieta. Pero quizá vale la pena tenerlas a mano en este año electoral. En particular, cuando los pensamientos raleen, los lugares comunes abunden y las palabras se desgasten sin que haya remedio a la vista.

Una estabilidad económica agarrada con alfileres y un potente negocio financiero

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https://www.eldestapeweb.com/una-estabilidad-economica-agarrada-alfileres-y-un-potente-negocio-financiero-n55846

Tras un año catastrófico y pese a una mejora de algunas variables, es imposible inferir que la oferta de dólares financieros y comerciales sea abundante más allá de mediados de año.

El 2018 concluyó con un déficit de cuenta corriente del balance de pagos proyectado de u$s 32.500 millones -equivalente al 5,2% de PBI- y con un déficit consolidado del sector público nacional de u$s 19.200 millones (según Indec y Hacienda), que ascienden al 3,1% del PBI. Estos desequilibrios gemelos alcanzan una magnitud relevante en función del tamaño de la economía, pero sobre todo porque en el segundo semestre del año pasado las autoridades consumieron u$s 28.300 millones aportados por el FMI sin resolverlos.

El cierre 2018 refleja magros resultados en términos de estabilidad macroeconómica, a pesar de haberse utilizado el 50% del apoyo comprometido por el organismo multilateral, que hoy es la única fuente financiera externa del país. Con el agravante que la economía real se desplomó, presentando variaciones negativas de la actividad en todos los rubros similares a las de fatídico 2002.

Sin embargo, enero de 2019 arrancó con una fuerte mejora de las variables del mercado financiero que parecen desmentir los números anteriores. El riesgo país descendió 14,5 % (de 791 a 676), el dólar mayorista bajó 2,3% (de $ 37,93 a $ 37,04) y la disminuyó 9,6% (572 puntos básicos).

El Banco Central acumuló una suba de reservas internacionales por intervención en el mercado cambiario de u$s 986 millones, revelando que la oferta privada de divisas abasteció con cierto excedente a la demanda, algo que no ocurría desde mediados de 2017.

La explicación más consistente para este comportamiento es la fuerte contracción de la demanda de dólares para importación, viajes al exterior y ahorro, provocada por el combinado ajuste monetario y fiscal del plan de estabilización «Doble Cero». Y a la vez la recreación de la oferta de divisas por la importante ganancia financiera que permite una tasa de interés que desciende lentamente frente a un tipo de cambio planchado. La tasa de interés de depósitos a plazo fijo mayorista rindió en un promedio de 3,6% frente a una revaluación del peso del 2,3%, lo que arrojó una renta financiera por «carry trade» o «bicicleta» de casi el 6% en dólares en el primer mes de 2019.

La pregunta inmediata es cuánto tiempo se cierra la brecha externa con profundo ajuste interno acompañado de una renta muy alta por arbitraje entre tasa de interés y tasa de devaluación. Aquí las respuestas son más variadas y menos sustentables técnicamente.

Marcelo Bonelli en su columna del viernes pasado en el diario Clarín ensaya dos planteos, uno basado en un «informe secreto de Wall Street» y otro en un «informe reservado del Banco Central». Veamos: «…sólo tres fondos externos concentran la mayoría de las colocaciones en Argentina. Se interpreta que esos poderosos inversores están haciendo una excelente diferencia y una apuesta política a la continuidad de Macri. Se trata de las firmas Templeton, Capital Group y PIMCO….». A su vez, el titular del Banco Central «…asegura que no habrá saltos abruptos del dólar antes de las elecciones. Ese paper sostiene que hay sobreoferta de billetes de la balanza comercial y el ingreso de fondos para la bicicleta financiera». Vale aclarar, algo que no hizo Bonelli, que Templeton es un fondo que estuvo asociado al fondo local SBS -cuyo director fue el actual vicepresidente del BCRA Gustavo Cañonero- para colocar deuda soberana argentina.

Ambos informes contienen verdades parcializadas y como tales altamente susceptibles de ser desmentidas por la realidad:

1. Una renta financiera en dólares como la de enero (6% mensual) es insostenible, por lo tanto, la toma de ganancias debe hacerse en plazo muy corto, lo que provocará tensión cambiaria.

2. Si bien el Banco Central pudo aumentar sus reservas por compra en el mercado (algo que no había ocurrido en un año y medio), la magnitud de u$s 986 millones no exterioriza un flujo positivo relevante de dólares financieros como para proyectar un «carry trade» prolongado y menos con la rentabilidad mencionada

3. La oferta de divisas comerciales provenientes de la cosecha de soja se harán a un tipo de cambio estable, que neto de las retenciones del 25%+$4 fijo por dólar, arroja un valor de dólar de liquidación de $26. No parece muy tentador el ingreso masivo de divisas a ese precio, más allá de las necesarias para pagar costos internos. Salvo que los exportadores sojeros se tienten también con el «carry trade».

4. La espectacular suba de paridad (casi u$s 10 en enero) del Bonar24 u$s, el bono soberano más líquido operado en el mercado, evidencia que ingresan fondos al mercado pero que también salen, sino los volúmenes de oferta de dólares serían mayores. Por ello hay que ver quiénes son los inversores que entran y quiénes los fondos que salen obteniendo jugosos precios de venta.

Los puntos precedentes no permiten inferir que la oferta de dólares financieros y comerciales sea abundante más allá de mediados de año. Y por el lado de la demanda sólo el férreo ajuste monetario y fiscal puede contenerla dentro de este esquema de política económica.

La asamblea de primavera boreal del FMI, que se realiza en Washington en abril, suele deslizar pautas en sus debates sobre la dirección de los flujos internacionales. Es posible que en ella se pueda apreciar una verdadera evaluación sobre el rumbo argentino, más concreta que las de los «informes secretos y/o reservados».

Ciclo de charlas con Carlos Abalo. Primera parte.

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Carlos Alberto Ábalo. 

Economista Argentino, nacido 6 de abril de 1935,  especializado en política monetaria y financiera nacional e internacional y políticas regionales. Militante peronista.

PERSPECTIVAS Y CONCLUSIONES. ENERO 2019

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Estamos en una época en que es imposible resolver los problemas de la economía nacional desde la exclusiva observación de ella misma. Se impone colocar la perspectiva nacional en las alternativas que ofrece la economía mundial. En este momento, la economía mundial está sumida en una rivalidad entre Estados Unidos y China y hay que entender esa rivalidad.

 

La economía mundial tal como se expresaba a través de la dirección estadounidense profundiza su financierización porque es más compleja y difícil la inversión productiva, ya muy dependiente de la nueva revolución tecnológica que va camino de una creciente automatización. En esas condiciones, la inversión más rentable e inmediata es la financiera, porque además se necesitan más fondos líquidos para sostener la inversión productiva.

China ha avanzado con mayor velocidad en la revolución tecnológica, sobre todo porque su economía está dirigida por el Estado en esa dirección. El presidente Donald Trump, en Estados Unidos, tomó a su cargo apostar a una intervención del Estado que promueva la revolución industrial en Estados Unidos y, a la vez, que sea capaz de frenar a China. Pero debe hacerlo en los límites de un capitalismo muy financierizado, para lo cual debe reordenar la producción.

Cómo?,modificando en gran parte la integración financiera existente y reformulandola en favor de Estados Unidos, lo que no sólo perjudica a China sino también a la Unión Europea.

Para apoyar su desarrollo tecnológico, China debe recurrir a la expansión de la economía mundial y, al hacerlo favorece la producción de los llamados países emergentes y ofrece una vía de desarrollo al conjunto del mundo, como la economía nacional más dinámica.

Su integración mundial la realiza a través del mercado mundial y mediante la llamada Ruta de la Seda, bajo la dirección del Estado.

Estados Unidos, como expresión del capitalismo financiero y su crisis, requiere también una dirección estatal representada por Trump, pero ésta no puede superar la limitación respecto al crecimiento mundial de la economía basada en las finanzas ni puede terminar de imponer un curso fácil para el desarrollo de la revolución tecnológica apoyada en el avance de la automatización, el trabajo diferenciado y la exclusión social, que Trump trata de trasladar a China y a los demás países en favor de Estados Unidos. Por eso su régimen es dirigista.

El dirigismo chino apunta al crecimiento mundial a través de la Ruta de la Seda, porque es la única manera de que China pueda seguir con su desarrollo propio. Y es también la manera más directa de generar las condiciones para el desarrollo de la Revolución Tecnológica, que encuentra su mejor base de sustentación en la expansión de la economía mundial.

Estados Unidos necesita también la revolución tecnológica, pero trata de limitar relativamente su desarrollo a Estados Unidos. Por qué? porque no puede generalizarla sin modificar y adaptar la financierización a esa posibilidad. Y esto es imposible sin un curso dirigista de ordenamiento que no es aceptado por el conjunto de las clases dominantes.

El dirigismo estadounidense no libera la forma de concentración financiera pero la fuerza para modificarla, y al hacerlo limita el crecimiento dirigido chino y afirma un ajuste dirigido en el resto del mundo. Esto es que lleva a que muchos sectores y países busquen una salida en la asociación con China.

China integra cada vez más sus regiones y a estas con el mundo a través de la Ruta de la Seda.

Ya comenzó la producción de coches eléctricos para exportación en empresas mixtas con corporaciones emergentes (stars up), y se discute si llegan a ser grandes corporaciones globales mixtas para competir en el mercado mundial. En esa discusión están los ocho países de la Organización de Cooperación de Shanghai en la que participan China, Rusia, India y Pakistán, más otros países menores, observadores (entre ellos Irán) y otros cinco aspirantes a integrarla. Hay más emprendimientos con grandes países desarrollados, como el primer tren de carga entre China y el Reino Unido, que será movido en el futuro con energía solar y el Acuerdo de Libre Comercio Africano de marzo 2018 con 55 países de ese continente junto al que reúne un tercio de la población mundial. China invertirá en proyectos conjuntos con ellos más de 60.000 M dóls, dentro de la Agenda África 2063 y espera que con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) pueda avanzar como en África y lograr acuerdos y proyectos similares.

La guerra comercial de Trump no se entiende sin el trasfondo de la lucha por la Revolución Tecnológica y de estos acuerdos comúnmente llamados de la Ruta de la Seda, especialmente los relacionados con países de nuestro continente, por lo que seguirá haciendo todo lo posible para bloquear tal posibilidad, pese a que China se está convirtiendo en el primer socio comercial y financiero de América Latina y el Caribe.

El Espíritu de Shanghai tiene su base en La Franja y la Ruta cuya meta es crear una gran Comunidad de Futuro Compartido, en la que ya hay unas 70 u 80 naciones con disposición a integrarla y se fundamenta en la igualdad de trato, solución pacífica de las controversias, consultas permanentes entre las partes, respeto a la diversidad cultural, visión estratégica y desarrollo común.

China propicia el reagrupamiento de los países emergentes apoyado en el predominio de las decisiones interestatales para afrontar los problemas globales, destrabar las economías del Sur, y promover el fin de la vieja hegemonía, ahora revivida, ya que frente a la crisis, Trump trata de concentrar esa hegemonía en el poder estadounidense y al hacerlo limita los espacios nacionales frente a Estados Unidos, lo que está dando lugar también a un aumento de los negocios con China, frente a lo cual el gobierno de  Trump se vuelve a concentrar ahora sobre América Latina.

El dirigismo estadounidense limita la acción de crecimiento del dirigismo chino, y por eso limita también el crecimiento mundial, pero al hacerlo fuerza un reforzamiento de la iniciativa privada china para separarla de la dirección estatal y atraerla a su órbita, así que cuanto más se prolongue el enfrentamiento, más se va a desarrollar el capital privado en China.

Una muestra del dirigismo estadounidense es el muro fronterizo con México. Lo hace para resguardar el mercado interno para el trabajo asalariado estadounidense,  elevar el salario, e integrar más a la economía mexicana con la estadounidense. Va seleccionando en lo posible las industrias, de tal manera que prevalezca la radicación en territorio de Estados Unidos y la diferenciación salarial en su favor, aunque favoreciendo relativamente el salario en México al asegurarle a sus industrias la forzada complementación con las estadounidenses. Esto es lo que trata de aprovechar el presidente López Obrador (AMLO) para elevar el salario en esas industrias en México.

2)  El monetarismo no reduce la inflación sino que reduce el nivel del salario y eleva la participación en el ingreso nacional del capital, y cuando esa forma de desenvolvimiento reduce la economía productiva en favor de la financiera, termina reduciendo también el ingreso nacional, que es lo que está sucediendo en la Argentina.

Según puede verse en el informe, los cálculos del PBI de 2018 teniendo en cuenta el cambio en el valor del dólar, cayó de 633.000 M dóls a 498.000 M el PBI en dólares corrientes para el acumulado anual hasta el I trimestre de 2018. La declinación va a continuar en 2019, año que podría terminar con un PBI de 450.000 M dóls. Esto significaría que el ingreso per cápita se redujo de 14.000 dóls per cápita a poco menos de 10.000 dóls per cápita en 2019. La contracción del PBI en el III trimestre 2018 fue de -3 5% i.a, la baja alcanzó a -11,2% en la formación bruta de capital fijo y dio lugar a una caída de la inversión productiva en octubre de 16,3% i.a.

Esto muestra también que la emisión cero no frena la inflación. El gobierno nacional terminó 2018 con una emisión cero para financiar el déficit fiscal. Esta emisión para financiar el Tesoro Nacional fue creciendo paulatinamente con posterioridad a la crisis de 2008, fue frenada en 2015 en alrededor de 175.000 M pesos, se elevó en 2017 a los 414.500 M y se redujo en 2018 a poco menos de 1.300 M, pero la inflación no se frenó al final del año, en todo 2018 fue de 47,5% y es difícil que baje de 30% en 2019.

De la “lluvia de inversiones” prevista no llega sino la colocación financiera, que obliga a un pago mayor de intereses.

Los once primeros meses de 2015 cerraron con un rojo total -tomando en cuenta el gasto en intereses de la deuda- de 3,72% del PBI,  y en el mismo período de 2018 el déficit fiscal total fue de 4,16% después de haber sido de 4, 77% en 2016 y de 4,54% en 2017 por una proporción cada vez mayor del déficit por intereses. Este último pasó de casi 1% en 2015 a 1,30% en 2016, 1,84% en 2017 y 2,44% en 2018.

En el III trimestre, los flujos de IED (Inversión Externa Directa) sumaron 3.150 M dóls, 5% menos que en igual período 2017, y 2.100 M dóls fueron reinversión de utilidades,  y como no hay acceso al mercado financiero internacional y se debió recurrir al FMI.

Cambiemos no puede subsistir con la sola integración a Estados Unidos y al capital financiero, sino que debe recurrir forzosamente a buscar una mayor vinculación con China, tanto en el comercio como en el financiamiento de inversiones en infraestructura y sirve para ilustrar lo que se afirma en el primer punto de estas conclusiones.

3) En ese escenario, desincentivar la industria local reduce las posibilidades de crecimiento, reprimariza relativamente la economía y al mismo tiempo aleja el desarrollo tecnológico. Porque si bien éste existe también en las ramas primarias que se desarrollan tecnológicamente, encuentra sus mayores posibilidades en la economía industrial. Por eso el retroceso en el ingreso nacional experimentado en los tres años que van de 2016 a 2018 se extenderá a 2019 y terminará convirtiendo a la Argentina en un país más atrasado que en 2015.

Esto no quiere decir que la forma de desarrollo que imperó de 2009 a 2015 permitiera el crecimiento continuado.

Se posibilitó en la fase de expansión mundial que tuvo lugar desde la 2002 hasta la crisis de 2007/2008, pero no después.  Los problemas se agravaron porque no se reconoció el carácter de esa crisis sino que se trató de superarla sosteniéndola con inflación. Pero como se trataba de una crisis estructural del sistema mundial (el paso previo a un desarrollo tecnológico superior), esa posibilidad no tuvo futuro, y menos en un sistema regional –el Mercosur- que se desintegraba, por falta de una visión de futuro de la nueva situación tanto en Brasil como en la Argentina.

4)  Cavallo apunta al peligro que significa sustituir a Macri por una economía más libertaria como la que postula José Luis Espert y los liberales ortodoxos, ya que eso divide el frente del ajuste, por lo que aconseja a Cambiemos aceptar en lo inmediato que su política va a seguir siendo inflacionaria.

El ex ministro de Economía del menemismo y el gobierno de la Alianza,  dio consejos al presidente MM para no perder la elección de 2019: “Si el Gobierno no presenta un plan económico realista y sincero para el período 2020-23, que inspire confianza a los inversores argentinos y extranjeros y logre bajar el riesgo país, corre el riesgo de perder la elección”. Y continúa:“Si el BCRA logra mantener estabilizado el precio del dólar (digamos aumentando en promedio 2% mensual de aquí hasta el final de 2019) es posible que la inflación promedio de los próximos 12 meses se ubique en 1.8% mensual. Esta fue la tasa mensual promedio de los precios online entre junio de 2016 y abril de 2018, luego de que se completara el traslado a precios de la devaluación asociada con la unificación del mercado cambiario y antes de que se desatara la interrupción repentina del flujo de capitales a partir de mayo de 2018”, sostiene Cavallo.

Para Cavallo, “es mucho más difícil reeditar una reactivación de la economía como la que se dio a partir del III trimestre de 2016 y le permitió al gobierno llegar a la elección de octubre de 2017 con un clima de optimismo y esperanza. La diferencia es que, a lo largo de 2017, la tasa de riesgo país estuvo descendiendo y las tasas reales de interés, aun siendo relativamente altas, más altas de lo que hubiera sido necesario para evitar el atraso cambiarlo por exagerada entrada de capitales de muy corto plazo, no impidieron que los empresarios argentinos decidieran apostar al crecimiento y comenzaran a invertir”. Sin embargo, “ni el fuerte apoyo del FMI ni la fuerte política de contracción monetaria ha logrado revertir la interrupción del flujo de capitales”. “El ajuste de la cuenta corriente de la balanza de pagos se ha producido por una contracción extrema de las importaciones por la fuerte recesión, la nula inversión del sector privado y la caída en la inversión pública”. “Si el gobierno no centra su campaña presentando un plan económico de estabilización y crecimiento realista y sincero, que inspire confianza a los inversores argentinos y extranjeros y logre a la vez bajar las tasas reales de interés y el riesgo país, es muy probable que pierda la elección presidencial.

“Este plan, afirmó, deberá explicar:

  1. a) cómo conseguirá bajar el gasto público y la presión fiscal a no más del 30% del PBI;
  2. b) cómo eliminará el sesgo anti-exportador de la economía;
  3. c) de qué forma implementará la apertura por el lado de las importaciones para facilitar la integración de la economía interna a las cadenas de valor del mundo, sin que las empresas eficientes queden descolocadas por impuestos distorsivos y regulaciones que encarecen el costo argentino;
  4. d) cuáles serán los objetivos de la reforma de la legislación laboral y del sistema impositivo que encarece el costo laboral y disminuye el salario de bolsillo;
  5. e) en qué consistirá la reforma previsional;
  6. f) cuáles serán las reglas del sector energético y de los sectores en los que se quiere priorizar la inversión privada;
  7. g) a qué sistema monetario se tenderá, teniendo en cuenta la dolarización de hecho que existe en la Argentina.”

Cavallo consideró que “sin duda, una estrategia de marketing político ayudará… , pero de nada servirá si el candidato y su equipo no son capaces de presentar un plan realista y sincero”. Y particularmente para Macri “que ya ha gobernado cuatro años y no va a ser creíble si no reconoce los errores que condujeron a la actual situación”. Señaló que “la elección del año próximo es muy importante”. Y lanzó un mensaje para sus “amigos libertarios”: “Les advierto que es muy poco probable que, si Cambiemos no logra presentar y ganar la elección con un buen plan de estabilidad y crecimiento, haya por muchos años la posibilidad de que gane una futura elección una propuesta más liberal que la de ese plan. Lo más probable, es que asistamos a otro largo período de políticas ¨Duhalde-Kirchneristas¨ como las de los años 2002 al 2015”.

5) No debe creerse que si la economía de Cambiemos sigue por la misma ruta en 2019 va a fracasar.

Lo que puede suceder es que se consolide un país más pobre, menos diversificado, con menor desarrollo industrial, con un mayor peso de la economía primaria. Más cercano a la estructura social de Chile y más dependiente regionalmente de Brasil, como ya sucede en la actualidad para la perspectiva de crecimiento industrial.

Esto es lo que ha estado sucediendo en forma discontinua a raíz de que el peronismo no pudo imponer una vía propia industrial de crecimiento por efecto de la contradictoria interrupción militar entre 1955 y 1972, la rápida finalización del gobierno en 1973 por la ruptura política del peronismo y la imposición mediante la dictadura de un modelo de perfil económico similar al actual en 1976. Modelo que continuó con variantes entre 1984 y 2001.

Modelo que no fue modificado definitivamente en la fase de alto crecimiento de 2003 a 2008, en sintonía con el nuevo ciclo internacional y que, por consiguiente, no encontró como adaptarse a la nueva economía mundial en formación a partir de esa fecha, ya que a partir de entonces, sobre la base de una economía industrial cerrada no había posibilidad de crecimiento.

Éste es el desafío que se presenta en la actualidad.

Pero ese desafío no puede encararse con la política económica de Cambiemos, como ha quedado demostrado por el retroceso de estos tres años y su continuación en 2019. Menos por una versión más liberal.

La prueba no es sólo que la economía mundial se modificó radicalmente con el ascenso de China en la primera mitad de los años transcurridos en el presente siglo, sino también con la crisis de 2008. Esta se debió al profundo curso financiero de la misma, de la que ningún analista habla, y que -con la dirección nacional proteccionista de Trump- obliga a discutir y desarrollar un modelo acorde con las nuevas posibilidades, que -en función de la revolución tecnológica- no son pocas.

El macrismo pretende instalar sin terminar de entenderlo un apéndice financiero de la economía mundial asentada en el agro y en la energía.

El agro se orienta en un sentido limitado porque la clase que lo sustenta está pendiente de la rentabilidad inmediata más que de las perspectivas futuras, y por eso no hay una agroindustria potenciada.

Cambiemos recurre a crear una economía primaria con apoyo en la energía que va a quedar subordinada a la internacionalización financiera. Pero ésta tiene grandes posibilidades de convertirse en una fuente enorme de recursos para sustentar una economía más integrada al mundo y con muchas más perspectivas de desarrollo industrial, que es lo que hay que discutir.

18 de enero de 2019.

 

 

Situación del campo popular

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En el campo popular y en el escenario de la oposición al modelo neoliberal, Cristina y el kirchnerismo continúan gravitando con peso propio.

Asumir esta realidad debiera ser una premisa para todo accionar político opositor.

Esto seguramente es objeto de múltiples discusiones en los sectores no kirchneristas.

Y seguramente se discute también en la superestructura de Unidad Ciudadana y de sectores que allì convergen, pero sin llegada de los criterios o las conclusiones a sus propias bases sociales.

Me preocupa la última observación (obviamente, cuestionable).

Tengo la sensación de que, tanto en función de gobierno como desde el llano, en el campo kirchnerista hay una marcada asincronía entre las expectativas de su base social y la cocina de las decisiones. Y, más aún, entre los cuadros y la militancia respecto de esa cocina (toda una novedad para un peronismo movimientista, alineado tras un conductor y sus consignas políticas, ideológicas, tácticas y estratégicas).

Al mismo tiempo, el modelo de conducción instaurado por Néstor Kirchner, acotado a su círculo de confianza y con prescindencia del protagonismo de las bases, fue asumido en el propio terreno con la ortodoxia que suele ser acrítica.

Este es un dato curioso. Desde el mismísimo Juan Domingo Perón -seguramente el último estadista de fuste-, pasando por Arturo Illia –modelo consagrado de la ética pública- y Raúl Alfonsín –símbolo histórico de la restauración democrática-, todos se debatieron en contradicciones, tensiones internas y fueron objetos de críticas a derecha e izquierda de sus respectivos espectros políticos. 

El pensamiento acrítico en las huestes kirchneristas costó caro: se entregó en bandeja a la peor casta empresarial vende patria, una bandera que decide elecciones, cual es la de la anticorrupción.

Demás está decir que esta mirada, seguramente crítica, no ignora los grandes aciertos del período kirchnerista.

Sin embargo, hubo otro silencio llamativo. Fue en torno al modelo de conducción y al sentido estratégico de un modo de construcción política.

Entre estos aciertos están aquellos del campo social, económico y de los derechos humanos, así como la revalidación de un concepto de soberanía nacional y latinoamericana. Y también aciertos en el terreno de la conducción política: unir fuerzas dentro de las tensas disparidades inherentes al peronismo, alinear liderazgos políticos provinciales, alinear buena parte de la dirigencia sindical, opacar hasta su casi inexistencia al duhaldismo.

El posible desacierto fue acotar el marco de decisiones políticas al propio riñón. No se construyó políticamente, no hubo ni siquiera el intento de reflotar la idea de movimiento, que solo es posible con la estructura política que asegure un ida y vuelta entre la conducción y su base social.

Un movimiento alineado ideológica, política, táctica y estratégicamente, continúa como tal en el llano.

Pero esto no ocurrió. Después de la (evitable) derrota electoral a manos del macrismo, se produjo una casi inmediata dispersión de fuerzas.

Los liderazgos provinciales y municipales empezaron buscar sus nuevos refugios de poder, el sindicalismo quedó prácticamente fuera del campo kirchnerista (el acercamiento moyanista es novedoso en este sentido), la fuerza militante encarnada en la Cámpora continuó con un destino inexorable de debilitamiento por dos razones principales: ser una expresión acotada a sectores medios y perder la estructura operativa del estado.

Y la consecuencia más seria fue previa a esta dispersión de fuerzas: no generar una opción de recambio que, desde la profundización del vínculo conducción-bases y desde el discurso político-ideológico, pudiera derrotar a Macri en las urnas.

He conocido y conozco pocos cuadros cristinistas que puedan saber a ciencia cierta qué pasos se darán desde la conducción; qué consignas habrá que levantar; qué estrategia electoral se perfila. Y mucho menos, cuáles serán los términos de unidad del campo opositor y quienes sus candidatos principales o alternativos.

Toda una novedad para la historia de un movimiento como el peronista, encolumnado tras su líder, pero acostumbrado a recibir mensajes desde la conducción y a interpretarlos según las tensiones internas del movimiento.

La calle grita y se incendia. La conducción calla y espera.

Estamos ante un nuevo modelo de la práctica política?. Tal vez.

No sería extraño pensar que la cocina política pueda hoy prescindir de la base social y no pueda, bajo ningún aspecto,prescindir del soporte mediático.

Si así fuera, tendríamos que pensar seriamente cómo incluirnos en la escena política.

La esquizofrenia dirigencia-base social es carta de triunfo para el neoliberalismo.

Urge salir de ese estado.

Desde arriba, asumiendo que la participación popular no solo asegura votos, sino que es garantía de los procesos transformadores.

Desde abajo, sumándonos al clamor colectivo en busca de iniciativas que nos encolumnen, nos haga sentirnos partes de un movimiento, de una estrategia, nos permita identificar al opositor, al enemigo,al compañero, al aliado y, sobre todo, nos restituya la idea de un destino colectivo como pueblo y nación. Porque, qué otra cosa sería un modelo nacional y popular?

Evidentemente, Cristina tiene hoy un motivo serio para medir cada paso, y es el acorralamiento judicial al que la viene  sometiendo un poder absolutamente atado a las estrategias continentales que derivaron en la destitución de Dilma, la prisión de Lula, el hostigamiento a Correa, la estrategia que encumbró a Bolsonaro y la actual campaña para evitarla continuidad de Evo Morales.

Pero el modo de conducción ya estaba anclado en otras coyunturas históricas y otras experiencias de gestión.

Tengo plena conciencia de que la crítica y la autocrítica pueden parecer inoportunas porque le “harían el juego al macrismo”. No comparto esa idea.

Más bien, considero que el bozal en las propias filas le dejó servido en bandeja a este gobierno vende patria la posibilidad de erigirse en fiscal de la ética en el uso del poder. Falso fiscal, pues representan a los principales diseñadores de la patria contratista, que es la base fundacional de la corrupción pública y privada.

La crítica y la autocrítica son siempre necesarias, reparadoras. Y hay mucho por reparar.

Hay un grito colectivo que no está siendo escuchado ni está sincronizado con el reloj de las superestructuras y que pide Unidad Ya, de cara a las elecciones. Internas lo antes posible para definir candidaturas.

Cuando hay conducción basada en una conciencia y una estructura política, el conductor puede ungir un candidato.

Tiene las cartas para ello, pero llegó el momento de jugarlas.

Y sin temor a ungir un candidato que no pertenezca al riñón. O, mínimamente, ungir un compañero de fórmula de Cristina que sea capaz de concentrar los votos cristinistas y los del descontento macrista.

La pasividad o el tiempismo a esta altura, solo puede justificarse en la especulación de esperar el error del oponente. Esa jugada es altamente riesgosa.

Este gobierno comete errores desde su primer día y sin embargo sigue confiando en un triunfo electoral, pues su apuesta es justamente a la degradación o eliminación de la conciencia política. Están apoyados en cuatro pilares: los medios, el poder judicial, los fondos del FMI que permitan dádivas electoralistas y la negación de la conciencia política como factor de cambio.

Desde el campo popular, para ganar una elección hay que generar conciencia política. A la estrategia globalizadora de suprimirla memoria política y cultural de los pueblos, debemos oponer la campaña concientizadora.

Ello supone tener iniciativas y no esperar que se caiga el enemigo en el último round.

Cristina, tal vez ha llegado el momento de ajustar tu reloj al pulso de la calle.

Empezaste a dar señales, pero estamos en un barco en medio de la tormenta, que requiere actitud de mando, con consignas claras.

Ya no se trata simplemente de ganar una elección. El 2019 representa la gran encrucijada para dos grandes objetivos estratégicos: interrumpir definitivamente las aspiraciones políticas del macrismo y restaurar la idea de la participación popular organizada como única garantía de las conquistas sociales.

Te estamos esperando, arremangada y conduciendo.