«Si no hay amor que no haya nada
entonces, alma mía/ ¡no vas a regatear!»
(Indio Solari, «El tesoro de los inocentes», 2004)
Esta es una introducción a un conjunto de tres notas que El Extremo Sur publicará los domingos siguientes «nace de la necesidad de encontrar qué lugar ocupa la economía, su pensamiento y su accionar, en esa cultura ricotera, tan alejada de la cuestión económica -sostiene el autor-. No se trata de hacer un análisis académico de la obra del Indio Solari -hay sociólogos, musicólogos y críticos literarios que lo hacen y lo harán mucho mejor-, sino de intentar rastrear el sustrato y las ideas económicas que emergen en sus canciones y entrevistas. Una suerte de principios de arqueología de la «economía ricotera»: esa mirada difusa, incontinente pero potente sobre el dinero, el trabajo, el trueque, la deuda, la crisis y la posibilidad -siempre abierta- de organizar la economía de otra manera».
Preludio
Aclaremos que la economía ricotera apenas existe en el imaginario social. No está en libros, ni en discursos, ni en referencias. Todavía no es un concepto (puede no llegar a serlo nunca) en el sentido de construcción mental de una representación, útil para resumir y generalizar una situación. Hay que armarla paso a paso como un hogar, imaginarla como se piensa un pentagrama, decirla como se entona una canción y escribirla como si se tratara de un poema.
Esa economía ricotera no reconoce un objeto y campo delimitado como la economía austríaca, la econofísica, la economía popular, la ambiental, la doméstica o hasta la espacial. Sin embargo, su objeto es el buen vivir y su campo es el popular. Creemos que el Indio Solari se autopercibía peronista por esas identidades.
Estos escritos no son un intento de disciplinamiento cognitivo, ni una euforia diletante, ni un encorsetamiento de la poesía, mucho menos de adoctrinamiento. La economía ricotera es, más bien, casi un oxímoron.
¿Qué es la economía en este enfoque?
Además de un conocimiento, es una praxis, un hecho vivencial. Convivimos en espacios económicos desde el temprano amanecer hasta la noche profunda, desde que nacemos hasta que morimos. Decisiones y transacciones del día a día. Y es también un vocabulario: todos y todas hablamos cotidianamente de economía. Esos espacios y ese vocabulario nos van templando, conformando. La economía es vital, esencial, de los pueblos.
¿Qué es «lo ricotero»?
Lo identificamos como una cultura (pensamiento y trabajo) generada a partir de acciones, prosas y poesías del Indio Solari, ya sea con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota o con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Nadie se apropia de esa cultura: es popular, social, inasible, casi inexplicable. Una suerte de contradiscurso a la hegemonía del capital; una ruptura o borde, como punto de partida simbólico a partir del cual podemos comprender al mundo.
Esa comprensión la hacemos a través de un sentimiento colectivo, emoción y unión que se reflejan en la masividad de un lenguaje artístico propio, caracterizado por la riqueza poética de sus letras, su profundidad metafórica y una mirada crítica sobre las desigualdades, las relaciones de poder, la libertad, la memoria y la condición humana. Una cultura rica en imágenes y simbolismos que nos invita a mirar más allá de lo superficial y a valorar lo que realmente importa: el amor, la inocencia y la autenticidad humana.
Introducción
En definitiva, aceptemos que la economía ricotera importa una mirada disruptiva sobre el valor, el cambio y la vida. La palabra «dinero» no aparece textualmente en las canciones ricoteras, pero sí se incluyen referencias muy directas al mundo financiero, en una clara crítica al sistema económico. Como en «Novedades obsoletas del Kamarada Amor»(2023): «No hay paz donde el oro brilla/ Allí cometen maldades/ Solo por deleite, amigos / (…) Así obra la fortuna / Son las finanzas, amigos / A pocos da demasiado / Y ríen de tu penar».
Esta canción fue lanzada bajo el proyecto El Míster y los Marsupiales Extintos. La revista Rolling Stone la describió como «una reflexión sobre el estado de las cosas en el mundo financiero, desde que el mundo es mundo».
Hay frases del Indio Solari que se cuelan en la vida cotidiana. Lo hacen como puñal, como aviso, como advertencia. Una de ellas es esta que, de tan simple, parece una broma. Pero si se la piensa dos veces -frotándola contra el sentido común capitalista que nos enseñaron desde chicos- empieza a molestar. Porque: ¿y si las finanzas fueran efectivamente un cuento? ¿Y si todo ese andamiaje de precios, tasas, intereses, plusvalías y balances fuera apenas una ficción compartida, una convención que se sostiene porque nadie se anima a decir que el rey está desnudo?
El origen de estas notas
El conjunto de tres notas propuestas -a partir de esta introducción- que se publicaran aquí todos los domingos, nace de la necesidad de encontrar qué lugar ocupa la economía, su pensamiento y su accionar, en esa cultura ricotera, tan alejada de la cuestión económica. No se trata de hacer un análisis académico de la obra del Indio Solari -hay sociólogos, musicólogos y críticos literarios que lo hacen y lo harán mucho mejor-, sino de intentar rastrear el sustrato y las ideas económicas que emergen en sus canciones y entrevistas. Una suerte de principios de arqueología de la «economía ricotera»: esa mirada difusa, incontinente pero potente sobre el dinero, el trabajo, el trueque, la deuda, la crisis y la posibilidad -siempre abierta- de organizar la economía de otra manera.
El lector atento notará que no se trata de una «economía» en el sentido formal. No encontraremos aquí curvas de indiferencia ni modelos de equilibrio general. En cambio, hay algo más valioso para los tiempos que corren: breves nociones para una epistemología popular del valor, un saber construido desde el llano, el recital, el viaje en micro, la habitación prestada, la vaquita para la entrada. Un saber que la economía crítica -esa que pone la vida en el centro y no la acumulación- reconoce como legítimo y urgente.
Legítimo porque son los pueblos los que viven la economía.
¿Por qué urgente? Porque el capitalismo contemporáneo está en una crisis múltiple: de deuda financiera, de cuidados de la vida humana, de sentido de sustentabilidad, de ecología. Y en cada crisis, dos cosas se vuelven visibles. Primero: que el sistema no tiene respuestas integrales genuinas, solo parches que van postergando el colapso, y que concluyen en guerras, exterminios, marginalidad. Segundo: que abajo, en la trama cotidiana, ya existen prácticas económicas que no responden a la lógica del mercado -ni siquiera a las instrucciones del Estado-: la economía otra, la solidaria; el trueque; la ayuda mutua; la gestión colaborativa; la fiesta como redistribución de la riqueza; el don como atributo común. Exactamente las prácticas que la cultura ricotera viene ensayando desde hace cuatro décadas sin pedir permiso civilizatorio.
La serie: tres movimientos, como una sinfonía menor
. Nota 1: «El valor no está en el precio».
Allí exploramos la crítica ricotera al valor de cambio y la defensa de otros valores (afectivos, relacionales, de uso). Una puerta de entrada al universo simbólico de una economía que se niega a ser medida en dinero.
. Nota 2: «Red de trueque y poesía».
Nos metemos en las prácticas concretas: lo solidario versus lo egoísta; la vaquita para hacer frente a los pagos versus la tarjeta de crédito; el recital como dispositivo de distribución horizontal. La economía ricotera en acción, sin teoría que la anteceda.
. Nota 3: «Bienvenidos al alud».
Subimos la apuesta: ¿cómo se lee una crisis macroeconómica desde esta sensibilidad? ¿Qué nos dice el Indio sobre la deuda, la ley, la hipoteca del futuro? ¿Hay una salida? ¿Un horizonte? Nos apresuramos a bautizarlo sin dudas y obviando las precauciones: «comunismo ricotero».
Advertencia necesaria
Esto no es una apología ni una canonización. El Indio Solari no es un economista, ni falta que le haría. No tuvo -ni pretendió ofrecer- un programa de gobierno. Pero tiene algo quizás más difícil de construir: una visión sentipensante que late en sus canciones, en sus silencios, en sus decisiones (no firmar con multinacionales, no aceptar premios, no venderse como mercancía). Y esa coherencia, en un mundo donde todo se compra y se vende, es ya una forma de resistencia económica.
El público ricotero -esa marea dispersa que se identifica y reconoce en los acordes de «Juguetes perdidos» o «Tarea fina»- ha sido el gran intérprete práctico de esta economía. Antes de que existieran las ferias de trueque post 2001, ellos ya pasaban discos de mano en mano. Antes de que se hablara de «economía del don», ellos ya ponían la vaquita común para que viaje y entre el amigo que no tenía un peso. Antes de que la economía popular crítica tuviera nombre en las universidades, ellos ya vivían -sin saberlo- esa otra lógica.
Final abierto
Estas notas que iniciamos hoy son, en el fondo, una pretensión de ponerle palabras a esa sabiduría. No para encerrarla en un concepto, sino para reconocerla, valorarla y, quizás, aprender de ella. Porque si las finanzas especulativas son la maldad, entonces otra cosa tiene que ocupar su lugar. La serie que prologamos es una invitación a imaginar -y a construir- esa otra cosa.
(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).
