Aclaraciones situacionales: Mauricio Macri -expresidente- es liberal conocido por negocios históricos y múltiples con el Estado. Javier Milei -presidente electo- es un paleolibertario a conocer, un activista de las propuestas para implosionar al Estado. El Estado es una dimensión de la sociedad dada por un pueblo, en un territorio dado, con una institución de gobierno. Argentina es (¿era?) el país del peronismo, los orcos, los descamisados, los cabecitas negras, los sin nombre.

Voy a basarme en la lectura de Murray Rothbard (1926-1995), principalmente su libro Hacia una nueva libertad. El Manifiesto Libertario, Unión Editorial, España, 2013.

No he sido capaz de acceder al contenido de los programas de estudio de la licenciatura en economía que cursó J. Milei en la Universidad de Belgrano. Seguramente en esa bibliografía tomó contacto con las ideas de Rothbard. No es sólo una inducción. El futuro presidente lo cita habitualmente como referencia teórica y Murray es, además, el nombre de uno de los perros de Milei.

Rothbard no parece una lectura básica en los estudios económicos universitarios. Por ejemplo, en la UBA es un autor apenas referenciado en un seminario de investigación de la carrera de sociología como bibliografía complementaria (UNIDAD IV: La estrategia discursiva neoliberal y su arribo a Argentina) junto con escritos de Macri, Lanata y Benegas Linch, entre otros.

El pensamiento libertario: origen.

Rothbard (1926-1995) es un politólogo de la Escuela Austriaca de Economía que fue responsable de transformar la teoría liberal en una propuesta libertaria a partir de un análisis crítico.

Su trabajo contribuyó a definir y expandir el anarcocapitalismo, bajo el eje de la defensa acérrima de la libertad individual y el rechazo de cualquier tipo de intromisión o de coacción sea del Estado, sea de la religión o sea de un dogma social o político. Impuso la idea del Estado como un grupo de bandidos (la casta) por lo que su eliminación es necesaria para limitar los intereses personales de los políticos y establecer la primacía de los del ciudadano. También impuso la crítica a las empresas y corporaciones que buscan su beneficio propio acosta de erradicar la competencia del mercado.

Fue tan devoto de Ludwig von Mises, un defensor a ultranza del laissez-faire, como enemigo acérrimo de J. M. Keynes pues sostenía que la economía de tipo planificada generaba pobreza entre los individuos, al dificultar la autorregulación del Mercado.

Pensaba que si el mercado sostenía algunos bienes y servicios, podía organizar toda la actividad humana. Esto le planteó un conflicto: o bien se conformaba con las teorías liberales que defendían un Estado mínimo o bien tendría que empezar a acercarse a posturas libertarias que impulsen su eliminación: el anarcocapitalismo.

Sostuvo, basado en Aristóteles y Santo Tomas de Aquino, que podía constituirse una ética objetiva, que de alguna manera fuera un sistema político científico, lo que años antes Marx había intentado con su teoría del socialismo científico.

Una ética basada en la libertad de los individuos que, presumía en su mayoría, si tuviesen que elegir entre ser esclavos o ser libres, elegirían lo segundo. Uno de sus mentores, Hayek reconoce (Camino de Servidumbre. 2008. Madrid. Unión Editorial) que «la creencia en que el socialismo traería la libertad es auténtica y sincera». Es decir, el objetivo de la libertad está presente en todas las variantes ideológicas y políticas. La cuestión parece ser los alcances y el marco social de la libertad.

Rothbard reconoce que el origen del pensamiento libertario se encuentra presente en el liberalismo. En particular en las revoluciones liberal-clasicas del siglo XVIII contra el Antiguo Régimen en el que el rey podía actuar con total libertad teniendo un poder ilimitado con una red clientelar de privilegiados. Entendía que el liberalismo surge como un movimiento revolucionario, lo que contraría la tesis de que impulsa que los ricos sean más ricos, y los pobres, más pobres, puesto que este movimiento político fue una reacción frente a las injusticias que se cometían en el Antiguo Régimen.

Pero para Rothbard esa revolución liberal fue parcial e incompleta, pese a que se produjeron avances significativos. El liberalismo sufrió una debacle. Se relajó y se convirtió en un conservadurismo político que mantenía los logros que habían conseguido, pero no los usaba de partida para erradicar de una vez por todas toda la estructura estatal.

Liberales versus libertarios.

Ese -según Rothbard- fue el crimen que el liberalismo habría cometido: mantener el Estado como refugio, garante y aval cuando el propio Estado era el causante de guerras, crisis económicas y penurias en general que los propios ciudadanos habían padecido. Es decir que el liberalismo lleva, dentro de si mismo, la semilla de su propia destrucción en la medida en que considera necesario y acepta la existencia de un Estado (aunque sea mínimo) entendido como la agencia monopolista de la coacción institucional. Que permite el poder de la casta.

En definitiva, Rothbard considera que liberales y libertarios no son compatibles. Y que entran en conflicto. Pareciera preveerse el conflicto Macri-Milei. O la conversión utilitaria de Milei o la derrota del establishment de Macri.

Su planteo de que una ética libertaria elimina el uso de la violencia -sobre cualquier otro sujeto y sobre su propiedad privada- lo lleva a interpretar que el impuesto es un robo y que es un acto violento y, por ende, ilegítimo. El argumento de los impuestos como precio de la civilización y garantía de servicios mínimos es, según la perspectiva rothbardiana, un utilitarismo que nos aleja de lo justo porque el impuesto es algo coercitivo. El impuesto es un cobro que, desde el Estado, como su propio nombre indica, impone y que puede entenderse como una agresión (el padre del anarquismo filosófico, H.D. Thoreau fue a prisión, por su desacuerdo y total rechazo a la guerra financiada con impuestos).

¿Es legítimo obligar a un ciudadano a financiar con impuestos algo que no desea, por ejemplo subsidios y planes de ayuda social para familias sin trabajo? Un orco podría considerar que si, si vivimos en una sociedad solidaria, debemos aceptar que hay ciertos servicios que única y exclusivamente puede atender el Estado, y que, de no ser así, numerosas personas podrían verse en situación de desesperanza. De ahí que el pago de impuestos sea necesario para que esos individuos puedan mantener la paz social y no rebelarse contra la explotación.

Para el libertarismo, la ausencia de Estado y los agentes que intervienen en general en el Mercado, actúan de una manera tan eficiente que resulta del todo imposible que existan individuos fuera del sistema. Y si lo están, el mismo Mercado proveerá la solución hasta su desaparición. Una suerte de darwinismo social.

Decia Rothbard que el conjunto de los bienes y servicios que actualmente proporciona el Estado se dividen, a su vez, en dos subconjuntos: el de aquellos que hay que eliminar (como los controles de precios, el ministerio de la mujer, etc) y el de aquellos que es preciso privatizar (como la educación universitaria y la seguridad, entre tantos). La educación estatal debe resignarse porque no es una medida salvadora y justificadora (los niños deben ir a la escuela porque allí es donde se educan) sino que es un principio adoctrinador y totalitario.

En definitiva, el anarcocapitalismo es una representación del orden espontáneo del Mercado. Se basa en que todos los servicios, incluyendo el derecho, la justicia y el orden público, son proporcionados a través de un proceso voluntario de cooperación social que es el Mercado. De esta forma el anarcocapitalismo se convierte en un objeto de investigación de la Ciencia Económica moderna. Toda la vida social es motivo de coordinación con criterio empresarial, lo que garantiza la eficiencia y la justicia en la solución de los problemas, eliminándose los conflictos, ineficiencias y desajustes que genera toda agencia monopolista de violencia (Estado) por el mero hecho de existir. Además, el sistema propuesto elimina los incentivos corruptores del ser humano que genera el Estado, impulsando por contra los comportamientos humanos morales y responsables, e impidiendo el surgimiento de ninguna agencia monopolista (Estado) que legitime el uso sistemático de la violencia y la explotación por parte de unos grupos sociales (los que en cada momento mejor controlen los resortes del poder estatal) a otros (aquellos a los que no queda más remedio que obedecer).

Todas estas propuestas y planteos hacen parte de la batalla cultural en curso que tiene tres visiones: la nac & pop, la liberal, la libertaria. Una conflictividad ideológica sobre la visión de la sociedad, sobre el rol de los individuos y sobre el comportamiento de las instituciones. El progresismo social y la equidad económica deberán reinventarse, disputar el concepto de libertad en un contexto socioambiental diferente, conectarse con formas no estatistas y autogestionarias de la economía popular y volver a valorar la noción de autonomía. Una nueva letra con una distinta partitura, con nuevos instrumentos y nuevos interpretes para la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. Que seguirán estando.

*Economista, ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

 

https://www.elextremosur.com/nota/46527-liberales-y-libertarios-en-el-pais-de-los-orcos-todo-es-economia/