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miércoles, abril 22, 2026
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Anarco-capitalismo

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David Ricardo (1722-1823) fue uno de los padres de la economía política, con dos grandes méritos. El primero: fundamentar la teoría valor-trabajo, esto es, la economía es el trabajo de transformación de los elementos que nos brinda la naturaleza para que sean útiles al ser humano, por lo tanto es ese trabajo el que crea el valor. De esa manera, da respuesta a la pregunta que se hacía Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.): ¿Por qué se comercia en los mercados persas un par de sandalias por un par de almohadones? La respuesta de David Ricardo fue: por el tiempo de trabajo que implica la producción de esos artículos.

Su segundo aporte a la ciencia es el concepto de renta económica, y lo hizo en base al precio de los granos. La noción de renta estaba asociada a un beneficio extraordinario por encima del normal que reportaba la actividad agrícola. Esta recompensa adicional que recibían los propietarios de las tierras dedicadas a la actividad agrícola era derivada de las condiciones de la tierra y no del trabajo aplicado a su explotación. Imaginemos a dos latifundistas –sostenía Ricardo–, uno con campos mucho más fértiles que el otro. Ambos venden los granos al mismo precio, pero los costos del que es propietario de las tierras más fértiles son mucho menores que los costos del que es propietario de las menos fértiles, y su rinde es mucho mayor. El precio del mercado es el de la tierra menos fértil. He aquí la renta agrícola. Y por extensión a las demás rentas (petrolera, minera, financiera, etc.), la renta es una utilidad en la que no hubo un aumento del esfuerzo humano o un incremento de la inversión productiva para obtenerla.

Carl Marx (1818-1883) estudia a David Ricardo y trata de explicarse: si el trabajo genera el valor, ¿por qué los trabajadores viven miserablemente? El patrón se apropia de lo que le corresponde al trabajador, y puede hacerlo por la propiedad privada de los medios de producción. La explotación de los trabajadores consiste en la expropiación del producto de su trabajo.

La verdadera libertad del marxismo es que el trabajador deje de ser explotado por el capital, como la libertad del esclavo es dejar de serlo. Uno es libre si la totalidad del fruto de su trabajo es para sí mismo, y no si debe darle una parte al capital.

La segunda pregunta que se hacía Aristóteles es: ¿Por qué es más valioso el oro o el diamante (que en el siglo III a.C. se usaba solamente como ornamentación) que el agua, que es indispensable a la vida? La respuesta la dio la llamada Escuela neoclásica (liberal) en 1871. William Stanley Jevons en Inglaterra, Carl Menger en Austria y León Walras en Suiza tomaron este razonamiento, inventando el concepto de utilidad marginal, que determina el valor de un bien en función del uso menos productivo. De esa manera negaban la teoría del valor-trabajo y de su apropiación por los dueños del capital. Toda la teoría económica neoclásica (liberal) se generó para refutar a los economistas clásicos (Adam Smith, William Petty, David Ricardo) y a Marx.

Es más, los marxistas proponían una sociedad sin clases, para lo cual era necesario, primero, que los trabajadores derrotaran a los patrones y constituyeran la dictadura del proletariado.

Es la llamada segunda generación de economistas liberales, que en Viena, Austria (escuela austriaca) tuvo como referente a Ludwig von Mises, la encargada de refutar al marxismo.

Von Mises (1881-1973) publicó en 1922 su libro El socialismo: un análisis económico y sociológico”, donde afirmó que el sistema comunista no podía ser eficiente ya que le faltaba el mecanismo de precios que hacía que la distribución de los recursos fuera la adecuada, como sucedía en el sistema capitalista. Por supuesto, en ese sistema de precios omite al grado de concentración de los mercados y la prevalencia del capital financiero. El libro pasó sin pena ni gloria hasta el derrumbe del socialismo soviético en 1991.

Mises tuvo seguidores en los países desarrollados como Friedrich Hayek, Murray Rothbard, Hans Sennholz, George Reisman, Peter Boettke, Roger Garrison, Manuel Ayau y Joseph Keckeissen, entre otros.

Friedrich Hayek (1899-1992), con una teoría pro-mercado más extrema que su maestro, fue referente de Álvaro Alsogaray (1913-2005), quien fuera ministro de Economía de Arturo Frondizi en 1959-1961 y de José María Guido en 1962. En ambos gobiernos acordó con el FMI. En el primero ejecutó el Plan Larkin, que consistió en abandonar el 32% de las vías férreas existentes, despedir a 70.000 empleados ferroviarios y reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, al igual que 70.000 vagones y 3.000 coches. Así se inició la masiva eliminación de locomotoras a vapor y una larga serie de cancelaciones y levantamiento de vías. El plan se suspendió por efecto de una huelga ferroviaria de 42 días en 1961.

En 1962, en la presidencia provisional de Guido y para reducir el déficit fiscal, emitió el “Bono 9 de julio” [1], con el que se pagó parte del sueldo a los empleados estatales, quienes para llegar a fin de mes debieron venderlos a mucho menos de su valor nominal a especuladores financieros.

En esa época, quien en el país dudara del liberalismo quedaba defenestrado por la práctica de Alsogaray, Pinedo, Martínez de Hoz, Roberto Alemann, Coll Benegas, Jorge Wehbe y Krieger Vasena. Todos ellos ocuparon el cargo de ministro del área entre septiembre de 1955 (Revolución Libertadora) y octubre de 1963, cuando asumió como Presidente el Dr. Arturo Illia.

Volvieron los liberales con Martínez de Hoz y el golpe militar de 1976, en una nueva reconversión del capital financiero y con ello de la estructura económica del país. El objetivo económico y social del golpe militar del 24 de marzo de 1976 fue romper el modelo de crecimiento en base a la sustitución de importaciones y con ello la alianza social entre trabajadores y empresarios ligados al mercado interno, donde más vendían cuando los asalariados tenían mayor poder de consumo.

 

Dependencia y sumisión

El liberalismo hoy en la Argentina no lo imponen los militares, como en 1955, 1966 y 1976. Sí continúa haciéndolo el FMI y el Departamento de Estado de los Estados Unidos [2], razón por la cual avaló, aceptó o impuso a Juan Sourrouille, a Domingo Cavallo, a Roque Fernández, a José Luis Machinea, y después trató de condicionar a Remes Lenicov y a Roberto Lavagna. Dejaron de hacerlo en enero de 2006, cuando Néstor Kirchner pagó la suma que se adeudaba y nos liberó de las políticas de seguimiento y control del FMI.

Retomó la subordinación al organismo internacional el crédito stand by del gobierno de Cambiemos. Y el acuerdo de Martín Guzmán de plan de facilidades extendidas fue peor, no solo por el grado de exigencias, sino porque no se investigó la deuda por más de 100.000 millones de dólares contraída durante la gestión de Mauricio Macri, y se la está pagando, sin determinar en qué se invirtieron esos fondos.

Ahora, la propuesta de Javier Milei es incluso de un grado de dependencia y sumisión aún mayor. Más allá de las facultades mentales del candidato de La Libertad Avanza, pregona una visión más ultra-liberal y ruin que sus antecesores.

Milei repite hasta el hartazgo lo escrito por el estadounidense Murray Rothbard (1926-1995), que fue el encargado de definir el libertarismo moderno y popularizar una forma de anarquismo y libre mercado. Al defender su teoría en su libro Sociedad sin Estado, Rothbard postuló: “Yo defino la sociedad anarquista como una donde no hay posibilidad legal para la agresión coercitiva contra la persona o los bienes de cualquier persona. Los anarco-liberales se oponen al Estado, ya que tienen su propio ser en tal agresión, es decir, la expropiación de la propiedad privada a través de los impuestos, la exclusión coercitiva de otros proveedores del servicio de defensa de su territorio, y todas las otras depredaciones y coacciones que se basan en estos dos focos de invasión de los derechos individuales”.

En un país como el nuestro, donde los impuestos al capital son mínimos, incluso con respecto a nuestra propia historia (que ya es mucho decir), Milei pregona que pagar impuestos es un robo y que el Estado no debe existir, cuando en la Argentina el mayor desafío en lo que va del siglo (la pandemia por el Covid) fue combatido a través de hospitales y dependencias de salud pública.

Los que asisten a la población empobrecida por el persistente aumento de los precios fijados por las grandes empresas del combustible, del acero, del aluminio, del azúcar, de la leche, de la carne, de la yerba, de la harina, del aceite, etc., son los diversos estamentos del Estado. Se llega a esta situación porque es el Estado el que no ejerce el rol de contralor para el que lo facultan las leyes. No es que debe desaparecer el Estado, sino que, al contrario, debe cumplir con el mandato que le da la Constitución Nacional de afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.

Finalmente Rothbard, en otro de sus libros, sobre “ley y orden”, se refiere a conceptos sensibles, sobre todo en una sociedad con tantas carencias como la argentina. Para el anarco-capitalismo es también violento que el Estado monopolice la seguridad y la Justicia. El ejemplo es la hermana República de Colombia, donde la seguridad interior también es realizada por compañías privadas y los resultados no pueden ser peores.

Es obvio que estos trabajos teóricos no tienen otra práctica que la de justificar el predominio del más fuerte (poseedor del capital o que trabaja o es funcional al capital) y negar al Estado, para que no cumpla el rol de regular (establecer las reglas de juego) la economía de un país. Por eso la crítica denodada a los trabajos de John M. Keynes (1883-1946) y todos los que proponen el rol planificador y de fijación de objetivos de un Estado. Para Keynes, el Estado debe intervenir en la economía para mantener el equilibrio y revertir los ciclos de crisis. El mercado no se regula de forma natural, por lo que los gobiernos deben minimizar las fluctuaciones económicas. Keynes asevera en su libro [3] y en sus trabajos que “los mercados [4] pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que una persona o una sociedad puede mantener su solvencia”.

 

La Argentina

Toda la parafernalia de una teoría estrambótica llevada a cabo por una persona que dice y se desdice, lo que logra en la Argentina actual es que no se discuta cómo se genera el producto y cómo se distribuye, y tampoco cómo se genera la renta de la tierra y cómo se reparte esa renta, que es para David Ricardo el principal objetivo de la ciencia económica. En ese sentido, el objetivo de los grandes grupos financieros se ha cumplido y se cumple a rajatabla.

Los dueños de la tierra en la Argentina pagan por impuesto inmobiliario rural solo el 0,3% del PIB, mientras el IVA que pagamos todos cuando adquirimos un bien o un servicio representa el 9,6% del PIB. En todas y cada una de las provincias se recauda más por patente automotor o por impuesto inmobiliario urbano que lo que se percibe por el gravamen a las tierra rurales. El total de los derechos de exportación (retenciones) de los diez primeros meses de 2023 es solo el 0,7% del PIB, y la Mesa de Enlace dice que es un robo.

En este país es una burla que se pregone el fin del Estado, cuando solo mediante políticas públicas orientadas se puede aumentar el producto, lograr el pleno empleo y la estabilidad de precios. Si el Estado en nombre de todos no planifica el futuro, serán los grupos financieros (para los que Milei trabaja) los que planifiquen por nosotros.

 

[1] “Empréstito de Recuperación Nacional 9 de julio”. Fueron emitidos por la suma de 15.000 millones de pesos moneda nacional, con un interés del 7% y por un plazo de 25 años. El dinero de los bonos enseguida se devaluó y en 1963 representaba el 70% de su valor real. Para llegar a fin de mes, muchos empleados estatales debieron venderlos a mucho menos de su valor nominal a especuladores financieros. Para hacer frente a las obligaciones que surgieron de estos préstamos fue necesario pedir una extensión del préstamo con el FMI.
[2] Es el departamento ejecutivo federal responsable de las relaciones internacionales y de la política exterior de Estados Unidos, equivalente a los Ministerios de Asuntos Exteriores de otros países, y forma parte del Poder Ejecutivo de ese país.
[3] La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, J.M. Keynes, Fondo de Cultura Económica.
[4] Keynes dice textualmente “the markets” (los mercados), no “the politics”, como lo traducen mal a sabiendas quienes maliciosamente quieren decir otra cosa. Y lo que Keynes asevera es que la lógica de ganancia de los mercados va en contra de la lógica económica y social. 

 

 

Anarco-capitalismo

Cacotomía neoliberal: ¿Puede la democracia económica empezar por Petrominera Chubut SE?

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Esta nota pretende divulgar conceptos para debatir ideas. Se inspira tanto en los límites de la democracia como acción como en su reconocimiento como contexto decisional. Y se nutre del excelente artículo de Andrés Musacchio «El concepto de «democracia económica» y los debates sobre la salida (de la crisis) del capitalismo» CEC Año 9, Nº 17 (2023) pp. 35- 57. Los errores de lectura y de interpretación que existen son sólo atribuibles a mis propias incapacidades.

En un sistema económico como el capitalismo (propiedad privada, maximización de beneficios empresariales, acumulación financiera de la plusvalía, concentración del poder económico sobre el político), la democracia económica es un oxímoron. La democracia supone un contexto individual de libertad de elección que no se da en el Mercado en el que las empresas diseñan estructuras oligopólicas y poder de fijación de precios en las que la autonomía del consumidor es una ilusión.

La idea del consumidor como elector, consumidores que votan a través de sus elecciones de góndola, es una suerte de sarcasmo del poder, un insulto a la racionalidad social: cuando los consumidores compramos un bien o un servicio sólo buscamos satisfacer necesidades y deseos dados nuestros ingresos y los bienes y servicios disponibles en precio y cantidad. Cuando enciendo el gas de mi cocina no voto por Camuzzi, satisfago mi necesidad de fuego. Igual que cuando compro el pan no voto por el panadero que es conservador y reaccionario (lo vota a Milei, así que imaginense).

La economía tiene esa materialidad propia de nuestra condición humana: las necesidades. Que tienen un componente objetivo, en tanto somos materia y un componente subjetivo, en tanto nos moviliza la voluntad. Nuestras necesidades son carencias unidas a un deseo de eliminarlas.

El neoliberalismo -perdón los posmarxistas- es materialismo puro. Nos ha formateado un sentido común en el que todo es crematística y mercadotecnia. Crematística como economía política del dinero y mercadotecnia como dirigismo del consumo. Esa lógica es prevalente aunque nos crispe como portadores de razón humana. La educación, la seguridad, la justicia, el matrimonio, el asesinato, la religión, todo es y se puede analizar como hecho económico. Ese discurso fundante del neoliberalismo cristalizó con el Nobel de economía 1992 para Gary Becker por proponer el análisis microeconómico como base de la comprensión del comportamiento humano fuera del mercado.

La discusión sobre cómo aplicar la democracia económica a lo macro, meso o micro no pertenece a la agenda de la vida cotidiana, pero debería ser abordada para comprender mejor sus implicancias.

El nivel micro refiere al interior de las empresas con énfasis en la organización participativa (o no) del proceso de trabajo del que surgen preguntas tales como es nuestra empresa democrática?, existe cogestión de los representantes obreros?, se humaniza el trabajo con estándares laborales?. En fin, es la nuestra una organización participativa, que reemplaza la organización autoritaria típica del capitalismo? En este plano, la democracia económica enfatiza la calidad del trabajo, la formación del trabajador y el rol coparticipativo de los trabajadores, pero elude abordar la cogestión administrativa directa. En realidad, se reconoce que la democracia económica sólo sería posible superando las relaciones capitalistas de producción y la humanización del trabajo.

¿Pero cómo abandonar la propiedad privada que, desde Proudhon, sabemos que es un robo?

La pregunta abre el debate: ¿cuáles son las formas alternativas de propiedad de los medios de producción por parte de los trabajadores de una empresa para una transformación del proceso de acumulación que supere la alienación y la contradicción entre salarios laborales y ganancias empresarias, típicas del capitalismo, y el desinterés provocado por una propiedad difuminada en la sociedad?

El contexto que derive de una respuesta garantizaría una economía humanizada cuya propiedad no estuviera ligada a personas individuales -ni sea divisible entre ellas- sino que pertenezca al colectivo de trabajadores de la empresa, que no tendrán derecho de repartirse el capital, y cuya administración la ejerce un gremio elegido cuyo objetivo sea una administración productiva eficaz.

La democratización de la empresa debería combinar la utilización eficiente de los recursos y los excedentes con una nueva distribución de la riqueza y el ingreso para quebrar el vínculo entre individuos y propiedad por medio de un capital social colectivo. La conducción de la empresa debe ser ejercida por managers elegidos por los trabajadores, en quienes se delegan determinadas funciones. Como los ingresos y el empleo dependen de una administración eficiente, es esperable que la autogestión y la elección de managers sea al menos tan eficiente como en una empresa capitalista. Pero aquí se ganaría en transparencia, balanceando mejor los principios de equidad y eficiencia y utilizando más racionalmente los recursos.

Pensado desde la democracia económica, un problema fundamental es la asignación de los recursos en el proceso de creación de valor. Por eso, cobran relevancia las formas en que la sociedad distribuye el trabajo para satisfacer las necesidades sociales. ¿Cómo decide una sociedad democrática la distribución adecuada de los recursos? ¿Quiénes y de qué manera deciden sobre la distribución de los excedentes? ¿Cada colectivo de trabajadores dispone sobre su propio excedente o hay una instancia social superior? ¿Quién coordina las decisiones individuales y colectivas? Las preguntas abordan cuestiones técnicas difíciles de resolver.

Queda claro que una democracia económica implica una asignación de recursos bajo el rol regulador del Estado, la estatización de los grandes conglomerados empresariales formadores de precios y la planificación orientada por el Estado como «representante» del conjunto de la sociedad.

Los mercados no admiten una interpretación mecanicista, son sistemas sociales complejos cuya funcionalidad -en una sociedad postcapitalista- es relevante dado que la sociedad actual es híbrida (no exclusivamente capitalista) y que su transformación implica receptar las diversas formas no capitalistas existentes (como la economía circular, por ejemplo). El problema no es optar por la planificación o por el mercado, sino articular mecanismos sociales de planificación participativa con la actuación económica de mercado en la gestación de la producción y distribución de diferentes tipos de bienes y servicios con el control social de las inversiones.

Es fundamental comprender que la reasignación de los excedentes es una cuestión pública, no privada. Eso implica una tarea política de regular los mercados que es todo lo contrario de algo sencillo, mucho más si se lo pretende hacer de manera democrática y de forma que garantice su funcionamiento. Precisamente los controles no funcionan porque se carece de una base de apoyo en la democracia económica.

Musacchio afirma que la democracia económica es un proyecto social de transformación de las relaciones de poder y no una mera ingeniería sociopolítica.

Sin embargo, es posible efectuar algunos progresos a nivel provincial. Un ejemplo sería avanzar en la participación social y laboral en Petrominera Chubut Sociedad del Estado. Democratizar su gestión impulsaría su inserción en el amplio mercado de la energía y la minería y ejemplificaría las ventajas operativas y económicas de la democracia. Claro que es imposible pedir este diseño a un gobierno de raigambre neoliberal y conservadora. No importa, será.

 

Jorge Manuel Gil es economista y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia.

 

https://www.elextremosur.com/nota/46290-cacotomia-neoliberal-puede-la-democracia-economica-empezar-por-petrominera-chubut-se/

 

 

Entre la enfermedad mental y la apropiación de un país

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Se considera que la psicopatía tiene origen genético. El psicópata posiblemente tenga una alteración en la maduración de la corteza prefrontal. Se estima que el psicópata tiene una percepción de la realidad similar al resto de las personas pero es incapaz de sentir empatía, o sea ponerse en el lugar del otro, por lo tanto está muy limitado para sentir amor, solo le interesan sus propios intereses, es incapaz de sentir culpa y su yo endurecido goza con el daño a otros porque eso le demuestra su poder. Por su condición de perverso, o sea de tergiversar permanentemente la realidad, tiene un gozo adicional en hacer creer la mentira más absurda. En general son cerebrales y no pierden la calma. Muchos de los asesinos seriales, sino todos, son psicópatas, pero no todos los psicópatas son asesinos.
Es más frecuente encontrarlos como gerentes, empresarios, políticos o militares siendo los
psicópatas fundamentalmente afectos al poder. Se considera que hasta el 2% de la
población mundial tiene estas características. Quizá sea casual que ese porcentaje coincida
con los dueños del 60% de la riqueza del mundo.
¿Y los sociópatas? Estos no son genéticos, sus características son adquiridas a
partir del sufrimiento en la infancia. Son lo que se ha conocido como ‘resentidos’. Su
sufrimiento puede provenir del abuso, de las necesidades insatisfechas, o de una sucesión
de sentimientos de fracaso. Se caracterizan por odiar a la sociedad, la que sienten que les
debe algo, tienden a instalarse en una posición yoica desmedida, se autodefinen intentando
construir una épica de sí mismos, establecen vínculos afectivos patológicos con círculos
muy estrechos, ya que odian al resto. Son notablemente irascibles, pierden rápidamente la
calma y sus ataques de ira los superan no pudiendo controlarse. Por supuesto que en las
cárceles abundan los sociópatas, en general sociópatas pobres, a los que el devenir solo
les dió para caer en el delito, en la agresión o en ambos. Pero también las ideologías
extremas como el fascismo y el racismo son lugares donde abrevan estas conductas
patológicas y antisociales. Se encuentran con mayor frecuencia en las clases sociales más
acomodadas, los sectores medios y también en estratos socioeconómicos bajos,
frecuentemente integrando fuerzas de seguridad que les permiten una cobertura para
ejercer la violencia.
Llama la atención en la actualidad que una persona con evidentes características
sociopáticas haya concitado la atención y convocado al seguimiento de muchas personas
jóvenes. Nos preguntamos entonces: ¿Habrá una sociopatía social? ¿Pasó algo similar en
la Italia de Mussolini o en la Alemania de Hitler? ¿Podemos considerar como causal en
Europa la humillación de los perdedores de la primera guerra; pero cuál puede ser la causa
en un país que viene de haber logrado una democracia que ya cumplió 40 años,
mayoritariamente apoyada, y que condenó al menos a los responsables militares de la
última dictadura? Posiblemente la explicación, seguramente multicausal, debamos buscarla
en las heridas provocadas al cuerpo social por esa última dictadura. Tuvimos años difíciles
desde lo económico, para las primeras etapas de la democracia se debió lidiar con una
deuda monstruosa y con varias amenazas de golpe de estado. En el segundo gobierno
democrático pareciera que la sociedad se hubiese relajado y un gobierno que subió
enarbolando un discurso mentiroso completó en lo económico el plan que la dictadura no
pudo aplicar, a través de la convertibilidad logró una importante desindustrialización. Un
pueblo complaciente y desmovilizado fue seducido por las importaciones, la convertibilidad
y los espejitos de colores; todo esto financiado por el endeudamiento y la venta de las joyas de la abuela, que no fueron otra cosa la enajenación de las empresas públicas y de las jubilaciones. Desde lo cultural campeó sobre la sociedad la banalización social, la
farandulización de la política y la vida de relación, donde la fama y lo superficial se
constituyeron en valores superlativos.
¿Será que ganados por la estupidez dejamos de amar a nuestros hijos o por lo
menos nos comportamos como si ellos fueran secundarios y la hoguera de la vanidades
fuera socialmente más importante?
Hay un par de cosas que llaman la atención, los jóvenes enojados que siguen a un
sociópata y lo apoyan con una adhesión emocional que parece exenta de racionalidad
tienen la edad de nuestros hijos; la banalidad de los 90 llevó también a que la dirigencia
política, de manera demasiado generalizada, se desvinculara del pueblo al que debía
representar y dejara el barrio para mudarse al barrio privado, se metiera de lleno en la
farandulización de la política.
Los imperios no solo atacan con tropas o con préstamos impagables, también lo
hacen con situaciones edulcoradas que apuntan a destruir las conductas éticas a fin de
romper los lazos de pertenencia entre los representantes y los representados, de manera
similar a como algunos empresarios corrompen a algunos sindicalistas. Así se construye
una crisis de representatividad que afecta a la dirigencia política y gremial. Pero esta masa
amorfa y sin formación política arrastrada por la ultraderecha no está sola, hay también una derecha pensante y militante que motoriza y hegemoniza esta ultraderecha, no es
novedosa, es la derecha de siempre que tiene una particularidad, a diferencia de la extrema derecha europea anterior a la segunda guerra que era nacionalista, esta ultraderecha es cipaya, con una profunda vocación colonial y aire virreinal. Como dijo su líder, aunque tal vez sea solo su mascarón de proa, su alineación es con EEUU, Israel y el “mundo libre”; esos que hoy expresan su libertad a través del genocidio y la limpieza étnica.
Aparentemente, a diferencia del “síganme que no los voy a defraudar” de los
noventa, esta derecha dice lo que piensa hacer; sin embargo, todo discurso tiene un
subtexto. Así como el intento de revitalizar la teoría de los dos demonios y declamar que
hubo una guerra con violación de derechos de ambos bandos lo que pretende es negar el
terrorismo de estado y liberar a los genocidas presos a fin de habilitar futuras represiones; el argumento de la venta de niños como un acto piadoso para que un niño pobre pueda criarse en un hogar económicamente más favorecido, encubre la justificación de la apropiación de niños de las mujeres secuestradas a las que mantuvieron vivas hasta el nacimiento de sus hijos para luego asesinarlas. Toda relación entre seres vivos es transaccional, así la transacción sea un intercambio de favores o de dinero; esa monstruosidad fue tráfico de seres humanos, una cosificación de personas que no difiere del esclavismo. Así también dolarizar y destruir el Banco Central es simplemente reemplazar el Banco Central por la Reserva Federal de los EEUU. Macri mandó el oro que había en nuestro Banco Central a Londres en septiembre de 2017, su hijo putativo quiere ser súbdito del imperio anglosajón.

El orden internacional en crisis y la era del «oscurismo»

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El Iluminismo, desplegado en el siglo XVIII y que contuvo un ideal liberador, apuntó a subrayar el valor de la razón humana y el de las ciencias. Se pensaba que la razón tendría el potencial de crear mejores sociedades, superar las desigualdades colectivas y asegurar los derechos de los individuos.

Esto, se creía, conduciría a una mayor libertad, autonomía y dignificación de los seres humanos. Cientificista, racional, anti-dogmático y pro-secular, el pensamiento iluminista fue consolidándose en el siglo XIX y principios del XX. Sus ideales originales parecieron renacer después de la Segunda Guerra Mundial con la expectativa de la paz, la prosperidad, la autodeterminación, mientras la ciencia y la razón estuvieron abiertas al cuestionamiento y el escepticismo.

El reforzamiento del orden internacional liberal, con sus reglas, instituciones, valores e intereses, liderado por Occidente, con Estados Unidos como el primus-inter-pares, se creyó consolidado y comenzó a revelar su aspiración universal. Con ello, se proclamó el fin de las ideologías, de las religiones, de las guerras, y hasta de la historia. Un nuevo oleaje de democracias, el predominio del mercado, la vetustez del Estado, entre otras, se anunciaron como inapelables e irreversibles.

Visto en perspectiva, aquel proyecto emancipador se ha venido eclipsando: desde hace ya bastante tiempo la humanidad parece haber ingresado a la era del “oscurismo”. El orden internacional liberal se preserva en el Occidente desarrollado, pero viene crujiendo en el resto del mundo desde el comienzo del siglo XXI.

Las ideologías, en particular, aquellas de matriz reaccionaria, se expanden por doquier en distintas geografías políticas: muchos liberales y conservadores parecen dispuestos a pactar con derechas radicales y hasta extremistas con tal de mantener un dudoso statu quo.

Las religiones, en especial las monoteístas y sus expresiones más exegéticas, conservadoras y fundamentalistas han reaparecido con fuerza desde finales de los años setenta, mucho antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

La base material del poderío occidental se ha ido erosionando sistemáticamente debido al auge del capitalismo financiero desregulado que tomó vigor en los años ochenta del siglo pasado, mientras el capitalismo político de China, como lo define Branko Milanovic, así como los modelos industrialistas de Asia y el incremento de poderes emergentes del Sur Global, avanzan reconfigurado los ejes geo-económicos del mundo. Hoy Occidente parece movido primordialmente por una estrategia de resistencia ante el ascenso de Oriente.

En Occidente y Oriente, en el Norte y el Sur se vienen incrementando los niveles internos de desigualdad de diverso tipo, acompañados de manifestaciones de malestar social, polarización política y violencia institucional. El profundo deterioro de las democracias y el aumento paulatino de las autocracias se conjugan con formas híbridas que devienen en plutocracias, cleptocracias y anocracias. Las llamadas Revolución de Color y Primavera Árabe, entre otras, son parte del olvido, al tiempo que el “faro del mundo” que sigue invocando Estados Unidos, para sí mismo, no puede exportar la democracia pues está atravesado por una crisis democrática de proporciones.

El multilateralismo de la segunda posguerra se concibió como un ámbito para alcanzar consensos, abordar retos, reducir tensiones, generar estabilidad y reducir costos de transacción. Al cabo de más de siete décadas, los foros originalmente establecidos como Naciones Unidas han dejado de ser factores moderadores y constructivos de una política mundial inquietantemente pugnaz.

Las reformas anunciadas del Consejo de Seguridad se postergan en buena medida porque la ONU ya no refleja la distribución de poder realmente existente en el mundo y porque los cinco países con poder de veto han vuelto ingobernable la organización.

En la inmediata Posguerra Fría de inicios de los noventa se pregonó que el mundo asistiría al denominado “dividendo de la paz”, esto es; menos presupuestos de defensa, menos confrontaciones internacionales, más inversiones para combatir la pobreza y contribuir al desarrollo, y más tacto diplomático por sobre el músculo militar.

Hoy no solo crecen los gastos militares mundiales que en 2022 superaron a, valores constantes, los de 1961, sino que también prevalece el “dividendo de la guerra”: más actores recurren a su capacidad bélica para expandir su influencia, agredir al vecino, conquistar territorios y someter a poblaciones.

Las guerras en realidad nunca se acabaron; se tornaron cotidianas y planetarias bajo diferentes designaciones: la guerra contra el terrorismo, la guerra contra las drogas, la guerra contra migrantes, la guerra punitiva, la guerra convencional, la guerra de anexión, la guerra justa. De hecho, lo que se advierte en la actualidad es una elocuente fatiga con la paz en distintas latitudes.

Una combinación de poderes autonomizados y descontrolados, comportamientos descabellados, pulsión anti-científica, apogeo deshumanizante y ausencia de destino compartido parece ser lo que prevalece. Estas son las características de este “oscurismo” internacional que no es oscurantismo porque a lo que estamos asistiendo no es al imperio de lo irracional y de la incapacidad intelectual del hombre sino a la degradación de las formas de vida colectiva.

 

https://www.clarin.com/opinion/orden-internacional-crisis-oscurismo_0_yTCgao3jT5.html

BUSINESS ARE BUSINESS

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El 25 de octubre de 2016, el Presidente de la Argentina en ese momento, Mauricio Macri, recibió en la Casa Rosada a Laurence “Larry” Fink, CEO y fundador de BlackRock, el fondo global de origen estadounidense y administrador de activos más grande del mundo, quien le comunicó su interés de invertir en el área financiera, energética y minera del país. El encuentro se realizó en el despacho presidencial y participaron, también, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, el secretario de Finanzas, Luis Caputo, y el asesor presidencial en materia de inversión extranjera, Horacio Reyser Travers.

Fink visitó a Macri en la Casa de Gobierno y BlackRock se convirtió en uno de los primeros en apostar por las LEBAC (letras del BCRA). Antes había organizado, en septiembre de 2016, el primer viaje de Macri como Presidente a Nueva York, un encuentro con empresarios donde distribuyó un dossier alabando el “extraordinario potencial” del país para las inversiones financieras y energéticas.

El 6 de noviembre de 2017, en las oficinas de BlackRock ubicadas en el corazón de Manhattan, se reunieron los gobernadores Miguel Lifschitz, Gustavo Bordet y Juan Schiaretti, el senador Federico Pinedo, los legisladores Diego Bossio y Rodolfo Urtubey, y el ministro de Finanzas, Luis Caputo, en representación de la Argentina. Y entremezclados, como asigna el protocolo, se encontraban los socios del magnate Fink: Andrew Liveris, CEO de Dow Chemical Company; Sue Wagner, miembro del directorio de Apple; Darío Speranzini, CEO de General Electric; Clay Neff, presidente de exploración de Chevron para África y América Latina; Jorge Pérez, CEO de Real Estate Developer de Tishman Speyer, y Laxman Narasimhan, CEO para Latinoamérica, Europa y África de PepsiCo.

BlackRock es un fondo de cobertura que emplea a unas 14.000 personas en 30 países en los que tiene oficinas que venden productos financieros y que se dedican a invertir en empresas y títulos públicos; declara administrar activos en el mundo por ocho billones de dólares (16,5 veces más que nuestro PIB anual). Tiene participación accionaria en JP Morgan, Chevron Corporation, Repsol S. A., Dow Chemical Company, Ford, General Motors, Tesla, Bayer-Monsanto, NVIDIA, IBM, Apple, Amazon, Microsoft, Google, PepsiCo, Coca Cola, Viacom (conglomerado mediático estadounidense con intereses mundiales, en la Argentina con Telefé), Warner Bros, McDonald’s, Starbucks, Netflix, Fox, Procter & Gamble, Unilever, etc.

En la Argentina ya tenía participación en varias empresas que están en el país, pero su presencia se expandió fuertemente tras el gobierno de Cambiemos, y es accionista en:

  • los cuatro primeros bancos privados que operan en el país por volúmenes de depósitos (Santander-Río; BBVA; Galicia, y Macro) y en el HSBC;
  • las dos principales empresas que compraron dólares para fugarlos en los cuatro años de gestión de Cambiemos, que son Telefónica Argentina, que compró 1.248,2 millones de dólares, y Pampa Energía, que compró 903,8 millones de dólares;
  • YPF, donde posee 9.770.000 de acciones correspondientes al 5,67 % de los papeles en circulación en los mercados de capitales de Buenos Aires y Nueva York;
  • TRASENER; en Transportadora de Gas del Sur, y en Transportadora de Gas del Norte;
  • Glencore, que es Viterra en la Argentina (ex Oleaginosa Moreno), que se fusionó con Bunge y es la principal acopiadora y comercializadora de granos del mundo. Glencore participa también la explotación de oro y cobre en el país;
  • Central Puerto, Loma Negra, IRSA, Tenaris (Techint), Mercado Libre, Arcos Dorados, Adecoagro y en todas las subsidiarias de las empresas en que participa en el mundo;
  • el otro gran fondo de cobertura que apostó fuertemente en la Argentina de Cambiemos, Franklin Templeton, que teóricamente tenía más información del país por trabajar para ellos Gustavo Cañonero [1], quien había sido jefe de Luis “Toto” Caputo y de Santiago Bausili en el Deutsche Bank [2].

Fue el lunes 14 de mayo de 2018, un día antes de uno de los mega vencimientos de LEBAC que jaqueaban al gobierno, cuando los dos fondos de origen norteamericano (BlackRock y Franklin Templeton) trajeron dólares frescos al país para convertirlos en la primera emisión de BOTE 2023 y 2026 (Bonos del Tesoro de la Nación) nominados en pesos y a una tasa fija del 20 % anual [3]. Así abastecieron la demanda de divisas que ese día aparecería por la tendencia de los fondos internacionales de salir de las LEBAC y zambullirse en los dólares abastecidos por el Banco Central.

Mauricio Macri

La familia Macri fue una de las grandes beneficiadas de la dictadura cívico-militar y después por el menemismo. Hasta 1976 el grupo tenía siete empresas y su facturación total no superaba los cien millones de dólares anuales. Incrementó la cantidad de empresas a 50 —entre ellas Mirgor SACIFIA, Philco S. A., Pluspetrol S. A., Manliba S. A., Itron (en alianza con el grupo Siemens), GNC Galileo (Gas natural), Distribuidora de Gas Cuyana y del Centro, Citrus Trade Famaillá, Sideco Americana (Construcción), IECSA (Construcciones en Argentina), Correo Argentino S. A., Líneas de Transmisión del Litoral (Transporte de Energía eléctrica), etc.— y se convirtió en uno de los grandes grupos locales.

Es desde esa posición de la que Mauricio Macri, hijo primogénito y referente de la familia, se lanzó a la carrera política, primero como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde el grupo crecía en inversiones inmobiliarias (Torre de Bulnes, Madero Plaza; además de tener emprendimientos en otros puntos del país —Pluma de Pato en Salta, Parques Eólicos Miramar S. A.[4]—) y en empresas offshore (Kagemusha, Latinum Investments) y luego como Presidente de la República en 2015-2019.

Es obvio que BlackRock prefiere tener como socio y controlador del gobierno a Mauricio Macri que a Javier Milei, del que duda que esté en su sano juicio, y desplazó en el operativo a su empleado Darío Epstein, quien le aseguraba el triunfo electoral de Javier Milei sin necesidad de los buenos oficios de Macri.

Macri, con años en la política argentina y con mejor información, le aseguró a Larry Fink que, derrotada Patricia Bullrich, iba a dividir el frente de Juntos por el Cambio y que mayoritariamente se sumarían a La Libertad Avanza, condición sine qua non para ganar las elecciones del 19 de noviembre de 2023.

Fueron dadas a conocer por distintos medios las condiciones impuestas por Macri a Milei cuando lo invitó junto a su hermana Karina a cenar a su casa en Acassuso y, para los postres, ingresaron los que encabezaban la fórmula perdedora, Patricia Bullrich y Luis Petri. Estas se resumen en generar las condiciones para que los fondos de cobertura y principalmente BlackRock se queden a precio vil con Vaca Muerta, YPF; para que esta última recupere parte de los más de 2.000 millones de dólares en títulos de deuda del Tesoro Nacional que posee y continúe expandiendo su participación en empresas locales.

Por eso no fue casualidad que, en su discurso del miércoles 1 de noviembre de 2023, en el 13.º Foro de Negocios ABECEB, que se desarrolló en el Faena Art Center de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri dijera: “Se gastan todas las reservas del BCRA y cuando se les acaba le dan a la maquinita y le echan la culpa a que cuando hay inflación y los precios crecen, según su manual, son los supermercadistas. Cuando congelan las cosas, segundo manual, los señores petroleros que quieren ganar plata, entonces no venden la nafta porque no tuvieron precio para invertir, se quedan sin energía, las empresas que distribuyen energía colapsan y siempre el poderoso es el culpable”.

En primer lugar, el BCRA  vendió 28.430 millones de dólares de las reservas internacionales, desde el 1° de enero de 2020 al 30 de junio de 2023, a 63 pesos y a $ 263,68 pesos por dólar, para que pudieran pagar sus supuestas deudas en el exterior las empresas locales (todas miembros de la Fundación Mediterránea), más Clarín, más Techint, más el grupo Eurnekián, más Ledesma, etc., y en menor medida las empresas extranjeras como Toyota S. A. y Shell S. A.

YPF, Raizen (Shell), Trafigura (PUMA) y PAE son las cuatro grandes distribuidoras de combustibles del país. En la Argentina se producen 645.500 barriles diarios de petróleo y no se refina lo suficiente para el mercado interno, lo que obliga a la importación de combustible refinado para garantizar el abastecimiento local. Es decir: exportación de petróleo, que asegura dólares competitivos a las empresas (30 % de las ventas al exterior se liquidan al pecio del CCL), y dólares baratos para importar combustible refinado (compran a precio oficial).

La queja de esas empresas es que al instrumentarse el SIRA (Sistema de Importaciones de la República Argentina) desde el martes 17 de octubre de 2023, deben contar con una cuenta corriente única de comercio exterior para registrar todas las operaciones cambiarias que se dieron en los últimos dos años (que es fácilmente verificable). Esas entidades, cuando piden autorización para importar, si cuentan con dólares registrados en esa cuenta única de comercio exterior, deben usarlos, entonces se niegan a importar porque no quieren pagar con dólares propios.

Macri les promete abandonar el SIRA y su ex ministro, Juan José Aranguren, ex presidente de Shell Argentina S. A., dijo en estos días que: “El litro de nafta debería estar llegando a los 900 pesos”.

 

En defensa propia

Mauricio Macri ofrece sus buenos oficios como socio menor de los fondos de cobertura, pero genera un cimbronazo en la Fundación Mediterránea y en los demás grupos locales, que saben que también vienen por ellos.

Domingo Felipe Cavallo, después de la derrota de Malvinas en que se reemplazó a Galtieri por Bignone, pasó a ser, en julio de 1982, presidente del BCRA. Su gestión duró solo 53 días, pero le permitió crear los seguros de cambio para las empresas endeudadas en el exterior y, de esa manera, hacer que estas transfirieran su deuda en dólares al Estado nacional. El Estado, por su parte, creaba títulos de deuda (BONEX) para pagarle a los acreedores externos (Comunicación A-163 del BCRA del 15/07/1982); con ello, disminuyeron sideralmente la deuda de las grandes empresas y se la impusieron al pueblo argentino. Sevel (Macri) adeudaba 124 millones de dólares; Acindar, 649 millones de dólares; Compañía Naviera Pérez Companc, 211 millones de dólares; Loma Negra, 62 millones de dólares, entre otras.

Las empresas beneficiadas por el seguro de cambio —las más fuertes del país— se sumaron fervorosamente a la Fundación Mediterránea, reconociendo de hecho al hábil economista que les había evitado echar mano a sus capitales fugados al exterior para pagar sus deudas con el mundo.

Pero Cavallo, cuando era ministro de De la Rúa, jugó a favor del capital extranjero (los dolarizadores) contra la burguesía local. Por eso, el que era presidente de la Fundación Mediterránea, Martín Amengual, aseveró: “No es que reneguemos de lo que ha hecho Cavallo, que creemos que lo hizo con su mejor buena fe, pero hoy estamos con otro rumbo, otro diagnóstico y otra preocupación”.

Mauricio Macri no está exento de que le pase lo mismo.

 

[1] Franklin Templeton Investments es socio de SBS Asset Management, fondo del que Gustavo Cañonero era director antes de asumir como vicepresidente del Banco Central. 
[2] Santiago Bausili fue procesado por «negociaciones incompatibles con la función pública», por participar de la contratación del Deustche Bank como intermediario en la colocación de deuda pública, pese a que había trabajado en esa entidad bancaria hasta dos días antes de asumir en la función estatal y que recibió acciones de la entidad hasta septiembre de 2018 como retribución a su retiro. Es más, mientras era funcionario (subsecretario de Finanzas desde el 11 de diciembre de 2015 y luego secretario, reemplazando a su jefe, Luis «Toto» Caputo, cuando este pasó a ser presidente del BCRA) violó la ley de ética pública, porque debería haberse abstenido de intervenir en todos los asuntos que tuvieran vinculación con el Deustche Bank por al menos tres años, según dice la presentación del fiscal Federico Delgado al requerir la indagatoria del ex funcionario; el juez de la causa, Sebastián Casanello, sostuvo que «se vislumbra, con meridiana claridad, que Bausili no podía intervenir en ningún asunto relacionado o vinculado a su ex empleador hasta septiembre de 2021», para terminar afirmando: «En otras palabras, todas las acciones llevadas a cabo por el nombrado, en ese período, se encontraban prohibidas por ley”.
[3] Desembolsaron 2.780 millones de dólares cuando el dólar saltaba a 25,50 pesos para posicionarse en Bonos del Tesoro (BOTE), que adquirieron por 73.249 millones de pesos en dos instrumentos a tasa fija a 2023 y a 2026. El problema fue que, en agosto de 2018, el precio del dólar alcanzó los 38 pesos (devaluación del 49 %). El derrumbe de los precios fue tal que para un bono con un valor técnico de 105,9 pesos, su valor de mercado era menor a los 81 pesos, como era el caso del BOTE a 2026.
[4] En el año 2016, Sideco Americana S. A. creó junto con un grupo de socios cuatro empresas presididas por el contador Mariano Payaslian y adquirieron seis parques eólicos en Chubut y en Miramar (provincia de Buenos Aires). Las licitaciones habían sido ganadas en el año 2015 por la española Isolux (socia en Argentina del Grupo Macri), que a los pocos meses las vendió a Usir Argentina S. A., presidida por Mariano Payaslian. Tres meses después, el contador fundó Parques Eólicos Miramar S. A. Seis meses más tarde, el 5 de septiembre de 2016, creó otras dos empresas: Sideli S. A. y Sidsel S. A. En las cuatro sociedades (Usir Argentina, Parques Eólico Miramar S. A., Sideli y Sidsel), Payaslian figura como socio y presidente.

 

Business are business

Hablemos de salud

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Cuando hablamos de salud no nos referimos solamente a las enfermedades y su posible
curación. Hablamos de que entre la tenencia y la pérdida de la salud hay una amplia franja de
situaciones que son las posibilidades de perderla o recuperarla.
Considerando la salud como un estado de armonía bio-psico-social, esta sería más una realidad deseada que la que vivimos en estos momentos; el hambre y las guerras excluyen
cualquier armonía social o psíquica. Hablaremos ahora de la pérdida de la salud por enfermedades y su tratamiento dejando también a un lado, por ahora, la prevención como
cuidado fundamental de la salud.
Tenemos la imagen legendaria de las comunidades ancestrales en las que un chamán o
médico brujo mezclaba jugos, hierbas y otros elementos para elaborar pócimas destinadas a
aliviar las dolencias de las personas. También la de un hombre serio y de gesto adusto, o tal vez afable y cercano a las familias, que comenzaba a aliviar con su presencia y se presentaba
equipado con un simple estetoscopio y una pañoleta a la vez que enarbolaba un discurso
incuestionable. Pero el devenir de los tiempos ha visto la evolución de las comunidades
humanas y el crecimiento tecnológico, con una generación parada sobre los hombros de la
anterior en una pirámide interminable. Así también se ha desarrollado todo lo atinente a la salud conformando complejas estructuras que obran sobre la salud y su recuperación obteniendo resultados que hace años se hubieran considerado milagrosos para el entendimiento humano.
Enfermedades que en la antigüedad podían provocar la muerte hoy se curan con
facilidad, otras, consideradas como incurables, hoy se curan en gran número como el cáncer, por ejemplo. Con un diagnóstico precoz aproximadamente el 60% se curan, el 30% se cronifican y mueren solo el 10%. Hoy enfermedades incurables por ahora, como la diabetes, se controlan, permitiendo una vida normal a la mayoría de los que la sufren cumpliendo con pautas de conducta y medicación.
Como detrás de cualquier resultado hay una historia, un encadenamiento de sucesos,
sistematizados o no, que darán ese resultado. Podemos observar que los resultados no son
iguales en todas las enfermedades ni en todas las regiones. En la salud, como en todas las
cosas, hay un porqué, un cómo y un para qué.
El gran crecimiento tecnológico, tanto en métodos de diagnóstico como en técnicas
terapéuticas y el desarrollo farmacológico, han surgido de una conjunción de inversiones
públicas y privadas, y aquí hay otras complejidades que analizar. La inversión pública, o sea del estado, ante diversos problemas de la comunidad, no puede sorprendernos. Vemos las calles, las luces y los puentes, vemos estructura judicial, de seguridad y educativa, vemos casualmente hospitales y centros de salud, ya que de esto hablamos.
¿Pero qué pasa con la inversión privada? ¿Cuánto tiene de privada y cuánto de
comunitaria, en tanto y en cuanto el estado como representante de la comunidad es el gran
contratante y dador de créditos para la investigación y desarrollo de proyectos? Inclusive en los países que se supone son abanderados de la inversión privada como EEUU hay un ejemplo paradigmático. El complejo militar industrial norteamericano hace armas, aviones y misiles de
forma privada pero su gran cliente es el estado norteamericano, o sea que cada bala que los
yankees fabrican está financiada por los contribuyentes, y en este caso también es el estado
norteamericano, abanderado de los intereses de sus empresas, el que fabrica las guerras para que se usen las armas, un negocio redondo.
Saliendo de la muerte e intentando volver a ocuparnos de la vida, sigamos con el tema
de la salud. En nuestro país conviven desde lo teórico al menos tres sistemas de salud: el
público, totalmente soportado por el estado, que atiende como paciente a quien lo solicite; el
solidario, que está representado por las obras sociales y las prepagas – las obras sociales de
naturaleza sindical, y las prepagas que son un negocio privado, en este momento mayormente en manos de corporaciones multinacionales o fondos de inversiones, léase fondos buitres – y la medicina privada, de existencia realmente virtual ya que muy pocos acceden a ella y muy pocos pueden acceder. Tema aparte son las terapias alternativas a las que muchas personas acuden y en general no requieren complejidad suponen un trato personalizado sin intermediación estructural.
Dejando afuera comentarios sobre el sistema público, ya que en él está claro que es el
estado el que se hace cargo de los costos de su implementación, hablemos de las obras
sociales y las prepagas.
A raíz de la evolución tecnológica en métodos de diagnóstico y tratamiento de la salud,
los costos serían para la mayoría de las personas impagables, como ejemplo están las drogas oncológicas que valen millones, lo mismo ocurre con muchos tipos de cirugías, que en muchos casos incluyen materiales protésicos. La única manera de hacer esto viable es que el conjunto de pertenencia a una obra social sindical haga un aporte dinerario mensual de su salario y esto se utilizará para tratar a los que sufran alguna enfermedad. Algo análogo ocurre con los sistemas prepagos, en esté caso es un negocio que se realiza adoptando el mismo principio solidario pero buscando una ganancia. Aquí todos los asociados a la prepaga pagan una cuota mensual que se utilizará para la atención del afiliado o asociado enfermo.
Hasta aquí el sistema de salud visto desde el paciente que recibe la prestación. Pero qué pasa con los prestadores, con las clínicas, con los centros de diagnóstico, con los laboratorios, los institutos de rehabilitación. Todos estos serían absolutamente inviables si no tuvieran como clientes a esas obras sociales o prepagas ya que para la población en general sería imposible afrontar los costos de la atención de salud de manera individual, sin estar integrados a un sistema colectivo de atención. De darse esa situación todas las clínicas, sanatorios, centros de diagnóstico, laboratorios y centros de rehabilitación quebrarían por falta de clientes que los sostuvieran económicamente.
Queda demostrado que aún lo privado depende de lo público para existir. Es una falacia
decir que todo se puede privatizar y que el estado es innecesario. Generalmente quienes dicen estas cosas son paradójicamente grandes beneficiarios del estado a través de subsidios o licitaciones de obra pública, son los planeros del estado, pero con traje, corbata, gemelos de oro, autos de lujo y custodios privados.

La urgencia de debatir la política exterior

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La fotografía de la Argentina de hoy nos presenta un retrato crudo y dramático de nuestra realidad. Varios indicadores revelan, en lo que respecta a la productividad y a los ingresos de la población, el persistente estancamiento económico, los altos niveles de empobrecimiento y la creciente desigualdad. El producto bruto interno per cápita no recuperó el volumen que tenía en términos absolutos hace doce años, en 2011. Un dato es categórico: el país no experimentaba un período tan prolongado sin crecimiento sostenido desde el período 1975-1989, cuando se totalizaron catorce años de caída promedio del ingreso per cápita.

Los “años dorados” quedaron muy lejos en la línea de tiempo. Sólo entre 1960 y 1975, el PBI per cápita argentino logró tasas de crecimiento ininterrumpidas del 2% anual. Según el Banco Mundial, el PBI de la Argentina en 1966 era el noveno a nivel mundial, en 1999 estaba en el puesto 16, y en 2019 —último año sin pandemia— fue en el 27. En consecuencia, antes de considerar el posible desarrollo económico del país, resulta imperativo centrarse en cómo lograr una reversión de esta situación. Sin duda, es importante pensar en clave de desarrollo, pero antes de ello hay que alcanzar y sostener un fuerte crecimiento económico con justicia social y sostenibilidad ambiental.

En lo que respecta a la pobreza, si bien experimentó fluctuaciones significativas, hoy se encuentra en niveles extraordinariamente elevados. Aunque hubo metodologías distintas para medirla, en la década de los setenta, la pobreza promedio se situó en un 5.7%, y se cuadriplicó al llegar al 19.6% en la de los ochenta. Medida con la vara actual, la pobreza tuvo su pico en octubre de 2001, cuando alcanzó el 46%, y llegó al 66% en octubre de 2002.

En la segunda década de este siglo, la pobreza bajó y el promedio se mantuvo en torno al 29.3%. Alcanzó el 31% en 2016, llegó a su punto máximo del 42% en 2020 durante la pandemia, descendió luego a un 36.5% en 2022 y aumentó al 40.1% este año. Hoy casi 12 millones de ciudadanos están debajo de la línea de la pobreza.

La desigualdad, en tanto, se manifiesta en diversos indicadores. El porcentaje de la población que puede ahorrar disminuyó, pasando del 15.9% en 2011 al 9.6% en 2022. Si examinamos la evolución de la desigualdad en las condiciones de vida en el Área Metropolitana de Buenos Aires entre 2010 y 2022, se observa un marcado deterioro en los estratos residenciales bajos a partir de 2014, lo que amplió las brechas de desigualdad en comparación con los estratos medios y medios altos.

En Cenital nos importa que entiendas. Por eso nos propusimos contar de manera sencilla una realidad compleja. Si te gusta lo que hacemos, ayudanos a seguir. Sumate a nuestro círculo de Mejores amigos.

En suma, la fotografía instantánea de este momento es profundamente inquietante. La película, en tanto, permite observar la secuencia dinámica y encadenada de un país que declina. Al cabo de dos décadas, la Argentina del siglo XXI es menos próspera, más pobre, más desigual y más fragmentada, en lo interno, y más débil, marginal y vulnerable en lo externo, en comparación con la Argentina de los 40, 50 y 60 del siglo pasado.

Sin embargo, si dirigimos nuestra atención hacia lo que nos muestra el parabrisas en lugar de enfocarnos en el espejo retrovisor, podremos contemplar un horizonte menos abrumador. Al proyectar Argentina en el año 2030, es posible vislumbrar, de manera eventual, potencial, e hipotética, un escenario notablemente diferente. Esto se debe a las oportunidades y fortalezas que el país posee.

Mencionamos algunos ejemplos. Junto con los yacimientos de petróleo y gas convencional, nuestro territorio cuenta con las segundas mayores reservas mundiales de gas no convencional. En relación a los recursos renovables y la transición energética, Argentina presenta condiciones muy favorables para la energía solar, eólica e hidráulica, además de la enorme disponibilidad de biomasa capaz de ser transformada en bio-productos y de las potencialidades en hidrógeno verde.

Más allá de los recursos energéticos, también existe un enorme potencial económico variado en nuestra plataforma continental que representa el 62% de la superficie del país. A su vez, el potencial geológico-minero se encuentra sub-aprovechado en relación con otros países, como Chile o Perú. En el litio existe un despegue valioso, pero el cobre puede ser la mayor apuesta a largo plazo. Además, el sector agropecuario es clave para el despegue el país, teniendo en cuenta sus posibilidades de innovación, reconversión y diversificación productiva, así como su impacto en cadenas de valor locales y regionales.

Con “potencial de futuro” no solo nos referimos a las oportunidades tradicionales, como la energía, la agricultura y los minerales, sino también a las capacidades en ámbitos como son la economía del conocimiento, la biotecnología, la nanotecnología, las industrias relacionadas con la tecnología satelital, nuclear y espacial y otras áreas que podrían ser de vital importancia en tiempos de la “cuarta revolución industrial”. Tanto en cuanto a las materias primas como en el terreno industrial, productivo y tecnológico, Argentina alberga un conjunto de atributos relevantes para la política interna y la política internacional. Las ventajas estáticas del país deben movilizarse para convertirse en fuentes efectivas de poder.

Un momento clave

Pero, y más allá del tiempo futuro, lo esencial es preguntarse qué acciones deben emprenderse en el tiempo presente. En esta coyuntura crítica, al plantearnos este interrogante, debemos considerar cómo aprovechar la oportunidad que se avecina y que no debemos desperdiciar. Quizás la respuesta resida en la construcción de los pilares de una convergencia amplia y plural. Evitando el uso de términos como “política de Estado,” podríamos enfocarnos en forjar acuerdos estratégicos e intersectoriales. Es necesario partir de la premisa de que todo no debe ser reinventado o refundado, sino que es crucial reconocer la existencia de activos y las capacidades tangibles e intangibles del país.

Estamos frente, sin duda, a la elección presidencial más trascendente de la Argentina en el siglo XXI. Con este horizonte, es esencial debatir sobre “el qué”, “el cómo” y el “para qué” de la política exterior y su entrecruzamiento con distintas políticas públicas. En ese sentido, varias medidas se vuelven imperativas.

En primer lugar, es fundamental impulsar las economías regionales y las pequeñas y medianas empresas para una articulación más densa y variada con los países vecinos y del resto del mundo. Una política exterior es la que mejora el bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Una buena política exterior incrementa el poder, la riqueza y la autonomía de un país.

En segundo lugar, debemos adoptar una estrategia de inserción internacional sensata y fecunda. En breve, en el frente internacional necesitamos una diplomacia de la modestia centrada en temas concretos. En esta etapa, se imponen diagnósticos realistas y rigurosos del mundo, objetivos razonables y conductas prudentes. En tiempos difíciles muy especialmente, no debe haber lugar para el exhibicionismo y la grandilocuencia, y mucho menos dividir el mundo en “buenos” y “malos”: es hora de un mix de pragmatismo juicioso y principismo vigoroso. En consecuencia, el enfoque y el estilo de liderazgo, así como los programas a implementar y posturas a desplegar, adquieren una relevancia enorme. Reforzar la Cancillería y las diferentes áreas internacionales de los ministerios con los mejores talentos de nuestros jóvenes y coordinar más la política exterior y de defensa son condiciones sine qua non.

Al conjunto de causas sociológicas, económicas e institucionales que usualmente se mencionan como explicaciones de nuestro declive, habría que añadir una psicológica: el “síndrome del narcisista frustrado” que, más temprano que tarde, provoca una autoestima deficiente y un ímpetu autodestructivo. Una nación que políticos, empresarios, comunicadores, figuras públicas, e intelectuales consideran como un país de fracasados es prácticamente un país sin destino y condenado a reforzar la condición de narcisismo frustrado. Una base mínima para el logro de acuerdos estratégicos es que la dirigencia coincida en una valoración ponderada del país, reconociendo las oportunidades del futuro y la necesidad del empeño conjunto. Reconstruir poder, adentro y afuera, requiere esfuerzo, moderación, tiempo y paciencia.

En suma, hay razones urgentes para que el debate presidencial en esta instancia de ballotage tenga un segmento relevante—a diferencia de la primera vuelta—respecto a la inserción internacional del país. Ello, hoy más que nunca, implica “des-parroquializar” la discusión pública al respecto y entender que lo que está en juego no es una apuesta de corto plazo, sino decisiones de efectos notables de mediano y largo alcance. Debemos, en consecuencia, plantearnos preguntas fundamentales con la expectativa de alcanzar acuerdos vinculantes. No es el tiempo de coaliciones electorales con un solo propósito de lograr la presidencia; es esencial ir forjando coaliciones de gobernanza. En tiempos recientes, conocimos distintas experiencias políticas que no apreciaron el valor de los acuerdos: persistir en esa dinámica es el camino seguro a la inviabilidad nacional.

El ganador de la segunda vuelta tendrá, a partir del 10 de diciembre, un mandato de cuatro años, durante los cuales podrá optar entre continuar administrando el declive del país o tejer compromisos genuinos y viables que reviertan un declinar cada vez más oneroso para las mayorías. En resumen, la Argentina debe recuperar el crecimiento económico sostenido tras años de estancamiento prolongado y sentar los incentivos para configurar una inserción fecunda en el mundo y en la región acorde a los desafíos actuales.

Por Bernabé Malacalza y Juan Gabriel Tokatlian

 

La urgencia de debatir la política exterior

Informe económico mensual

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A worker changes the price of tea at a supermarket in Buenos Aires, Argentina, on Friday, Aug. 18, 2023. Inflation in Argentina is bound to accelerate sharply in August and September after the central bank devalued the peso's official exchange rate by 18% on Aug. 14. Photographer: Erica Canepa/Bloomberg

Los números corresponden a SEPTIEMBRE, con congelamiento y listados de precios, oraciones, invocaciones religiosas varias, plegarias y otras formas de política económica. El gobierno buscando soluciones a los “quilombos inflacionarios”, teniendo en el horizonte el balotaje.

¿Cómo calmar los “mercados” con estas señales en los precios, en el dólar y en el riesgo país?  ¡Vaya contradicciones que carga Massa!, pero saliendo primero en la General, no es poco.

El BCRA, en SETIEMBRE sostiene una menor variación del dólar oficial mayorista (se deprecia o devalúa el peso) por debajo de los aumentos de los precios, en cambio a la Tasa de Política Monetaria la eleva.

SEPTIEMBRE promedio de los IPC mencionados: 13.8 %. El Indec en el ponderado  Nacional de 6 regiones: 13.7%. Acumulado doce meses  2023 SEP. /2022 SEP. : 138.5 %. Ponderado Indec 138.3 %.

Pero hoy lo importante pasa por el Balotaje, Massa logrando saltar por encima de los resultados de las PASO con un primer lugar de alta significación.

Pero lo anterior produce un ruido infernal en el frente opositor y se generan nuevas brechas, por si fueran pocas las que ya observamos.

Mirar los gráficos del documento y si cuentan con tiempo, leerlo.

Fontanarrosa, seguramente imaginando estos momentos escribió hace muchos años un desopilante cuento, donde incluyó lo internacional, el comercio, y otras cuestiones del estilo. Se llama “Medieval Times” incluido en el libro “La mesa de los galanes y otros cuentos”.

También en: https://germanjusto.files.wordpress.com/2010/06/medieval-times-fontanarrosa.pdf

 

2023 SEPTIEMBRE proc. OCTUBRE IPC INFLACION

OTRO PAÍS ES POSIBLE

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En medio de la llamada Guerra Fría y del temor exacerbado de Estados Unidos al comunismo, máxime con la Cuba castrista de 1959, en la Argentina se llamó a elecciones de gobernador en marzo de 1962 y en la mayoría de las provincias ganó el peronismo. Esto provocó que las cúpulas de las Fuerzas Armadas, alineadas con los servicios de inteligencia norteamericanos, destituyeran al Presidente Arturo Frondizi y, a su vez, posibilitaran que el mandato lo completara el presidente provisional del Senado, José María Guido.

Durante la delegación de Guido se produjo el enfrentamiento interno en las Fuerzas Armadas entre los azules y colorados. Los azules estaban de acuerdo con permitir un acceso limitado a algunos dirigentes peronistas con el fin de lograr la normalización institucional y al mismo tiempo combatir a los grupos de izquierda marxista. Los colorados, por su parte, equiparaban al movimiento peronista con el comunismo y abogaban por erradicarlo completamente mediante la instauración de una dictadura militar permanente.

La victoria de los azules permitió la supervivencia de la presidencia de Guido y la convocatoria a nuevas elecciones con el peronismo proscripto. En un marco económico recesivo e inflacionario, era el ministro del área Álvaro Alsogaray quien imponía sucesivas devaluaciones y medidas de austeridad tales como estrictos controles de crédito e incluso el pago de salarios estatales con bonos. El PIB cayó un 4% entre 1962 y 1963, el desempleo abierto aumentó a un 8,8%, y el conjunto de la capacidad productiva instalada era del 55% (las fábricas de bienes de consumo trabajaban en el orden del 70% de la capacidad instalada, y las fábricas de bienes de capital y productos semiduraderos en el 30%).

En ese contexto se convocó a elecciones para julio de 1963 y ganó la UCR con la formula Arturo Illia y Carlos Perette, quienes asumieron el 12 de octubre de ese año. El nuevo gobierno desoyó los cantos de sirena de la libertad de mercado y retomó la defensa acérrima del mercado interno del peronismo, canceló los contratos petroleros firmados por el gobierno de Frondizi, controló las inversiones y los precios de empresas extranjeras en las automotrices y en medicamentos, y fijó el control de cambio. En tres años de gobierno, Illia logró superar la dura recesión heredada. Durante 1964 el PBI aumentó en un 10,3% y al año siguiente un 9,1%, una extraordinaria cantidad de bienes y servicios adicionales puestos a disposición de la sociedad. La actividad de las industrias manufactureras, que representaban entonces la tercera parte del PIB (la producción agropecuaria era un sexto), registró un aumento del 18,9% en el primer año y del 13,8% en el segundo; su participación en el PIB en 1964 fue del 32,5% y alcanzaría en 1965 el récord histórico del 33,9%, que nunca fue superado. La participación de los asalariados en el Ingreso Nacional pasó del 34,7% en 1963 al 41% al año siguiente.

Las exportaciones de 1.200 millones de dólares en 1962 pasaron a 1.500 millones en 1965, con un récord de 877 millones en el primer semestre de 1966. La deuda externa disminuyó de 3.390 millones de dólares en 1963 a 2.650 millones en 1965, sin necesidad de tocar las reservas de oro y divisas guardadas en el Banco Central, ni de pedir préstamos al Fondo Monetario Internacional.

Los auspiciosos resultados se deben en primer lugar al estímulo a la demanda interna a través del fortalecimiento en el poder de compra de los salarios, que se potenció a través de una serie de medidas:

  1. Se fijó un salario mínimo, vital y móvil igual a la canasta básica total.
  2. A su vez, se operó sobre un conjunto de precios que afectaban la canasta familiar y se fijaron precios máximos para un conjunto de bienes de consumo esenciales.
  3. Se congelaron tarifas públicas.
  4. Se redujo la tasa de interés interna para financiar la producción industrial.
  5. Férreo control sobre las importaciones, suspendiendo el financiamiento sobre algunas [1] y estimulando a las industrias locales para la utilización de insumos de materias primas nacionales y de producción local.
  6. Obligación de liquidar las exportaciones en el plazo de diez días.
  7. Férreo control de las divisas mediante la Emergencia Cambiaria declarada por el decreto 2.581, del 10 de abril de 1964, con la finalidad de que el Banco Central, en cumplimiento de sus misiones y funciones, preservara las reservas internacionales y programara su utilización para el pago de deuda pública y de financiamiento de obras y servicios públicos, y obligara al sector privado a financiarse a su costa las importaciones y los pagos de su deuda.

No devaluó, pese a la existencia de dólares paralelos mucho más altos que el oficial y a la presión del “campo” (exportaciones agropecuarias). En el transcurso del gobierno y para evitar el retraso en el tipo de cambio, se hacían ajustes en base a los precios internos (crawling peg) para evitar transferencias bruscas intersectoriales.

Era otro país, con importantes empresas públicas en lugares claves (petróleo y gas, energía eléctrica, acero, ferrocarriles, marina mercante, etc.), para cuyo control el gobierno de Illia creó la Sindicatura de Empresas del Estado. El gobierno había nombrado a los presidentes y directorios de las empresas del Estado, pero la Sindicatura, formada por la Secretaria de Hacienda, el Banco Central y el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE) [2], realizaba el control interno: Hacienda porque financiaba el gasto de recursos públicos; el Banco Central porque generaba créditos corrientes y, llegado el caso de una inversión, el pago de ese capital; y el CONADE porque orientaba las inversiones. La Sindicatura de Empresas del Estado tenía un síndico en cada una de ellas y ese síndico tenía derecho de veto, por lo que las empresas públicas, en sus balances-presupuestos que presentaban a la iniciación del ejercicio, debían ceñirse al plan del CONADE, y si en el curso del año el presidente o el directorio quería hacer un cambio, el síndico tenía derecho de veto.

En cada ministerio que estaba relacionado con la obra pública se estableció también una oficina del CONADE, de manera tal que el seguimiento del gasto de capital, su financiamiento y su ejecución estaban supervisados por el organismo de planeamiento.

 

La situación hoy

Obviamente han pasado 60 años desde el inicio del gobierno radical de Illia y hoy la administración nacional tiene una deuda bruta que representa el 88,4% del PIB (403.386 millones de dólares al 30 de junio último); una tasa de pobreza del 40,1% de la población (que alcanza al 56,2% en la banda etaria de cero a 14 años) y un 9,3% de indigencia (datos del INDEC, primer semestre de 2023), y paralelamente siete argentinos –según la revista Forbes– poseen un patrimonio superior a los 1.500 millones de dólares, y se exportan mercancías (declaradas) por 90.000 millones de dólares por año, demostrando palpablemente qué significa seguir la política de mercados.

La Argentina es el décimo exportador de alimentos del mundo y el tercero en soja y sus derivados; el puerto de Rosario –con 31 terminales en los 70 kilómetros que van desde Arroyo Seco al sur hasta Timbúes al norte de la ciudad– es el principal puerto de exportaciones agro y agro-industriales del planeta, y sin embargo uno de cada dos niños está bajo la línea de pobreza.

La Argentina no es un país pobre, es un país injusto. Lo peor es que están los medios para solucionarlo: los bancos tienen encajes remunerados [3] por 21,8 billones de pesos (al tipo de cambio oficial, unos 59.000 millones de dólares).

El Banco Central debe apuntalar la construcción de viviendas populares y el apoyo a planes de auto-construcción, que no requiere de insumos importados y es un importante multiplicador de la producción local. Acompañado de las imprescindibles inversiones de infraestructura (poner en funcionamiento los astilleros y las cooperativas de empresas metalúrgicas recuperadas para hacer barcos y barcazas, por ejemplo). Y, finalmente, asistir a la población más vulnerable y a los trabajadores y jubilados y pensionados que perciben remuneraciones por menos de la Canasta Básica Total, a los inscriptos en el Plan Potenciar Trabajo y a las pequeñas y medianas empresas, y al Estado. Para ello se podría trasformar progresivamente el actual stock de LELIQs en stock de otro activo remunerado, a un plazo de un año y a una tasa mensual variable similar a la tasa pasiva promedio, e ir liberando en cuotas tal tenencia. De ese modo, y a una tasa regulada o administrada por el BCRA, se transformaría en un factor de expansión monetaria aplicado al restablecimiento de niveles de demanda privada y estatal.

¿Por qué no se hace? Porque el mayor ingreso en la población implica mayor consumo de alimentos y de energía, y ello impacta negativamente en nuestras exportaciones y positivamente en nuestras importaciones. Toda la política de ajuste de la demanda interna se hace para privilegiar el superávit comercial, que los gobiernos de Mauricio Macri y de Alberto Fernández usaron para financiar la fuga de capitales, pagar deuda externa pública y pagar a dólares oficiales la deuda externa privada.

La riqueza acumulada en beneficio del uno o dos por ciento de la sociedad, se hace a costa de las penurias de la mayor parte de los argentinos. Si se le da poder de consumo a la población y se controla de verdad el sector externo, la Argentina vuelve a crecer a tasas de 9 ó 10% anual, como fue en los gobiernos de Arturo Illia y de Néstor Kirchner.

La historia

Es increíble la historia de nuestro país. Un hombrecito gris, de menos que mediana inteligencia y de una formación “cursillista” y limitada, asume la Presidencia de la República con el mérito de haber ganado la guerra de aparatos entre azules y colorados, y haberse formado en West Point, donde en términos castrenses había dicho en un discurso: “El deber de obediencia al gobierno surgido de la soberanía popular habrá dejado de tener vigencia si se produce al amparo de ideologías exóticas… En emergencias de esta índole, las instituciones armadas, al servicio de la Constitución, no podrán ciertamente mantenerse impasibles, so color de una ciega sumisión al poder establecido, que las convertirían en instrumentos de una autoridad no legítima”. Ni Patricia Bullrich ni Javier Milei lo hubieran dicho peor.

La consigna no bien dieron el golpe el 28 de junio de 1966 fue: “El gobierno no tiene plazos sino objetivos”, con lo que pensaban en un gobierno tipo franquista por más de 20 años. Por ello cerraron el Congreso, clausuraron la prensa de izquierda y peronista, intervinieron las universidades, quemaron libros, desmantelaron bibliotecas y librerías de publicaciones meramente progresistas, disolvieron los partidos y prohibieron toda actividad política. La resistencia no se hizo esperar y el 12 de septiembre de 1966, en Córdoba, en una protesta estudiantil, murió el estudiante Santiago Pampillón.

Las primeras medidas que tomó el gobierno estuvieron destinadas a “eficientizar” el funcionamiento del Estado y para esto se buscó disminuir el personal público y racionalizar la administración estatal. Además, una serie de medidas favorecieron a los sectores más concentrados: disminución de la protección aduanera, transferencias de tierras públicas a manos privadas, aumento de tarifas de electricidad y privatización de emisoras radiales y televisivas.

Se ejecutó un plan de racionalización en los ferrocarriles y en los puertos, y se cerraron 14 ingenios azucareros en Tucumán, lo que provocó que 55.000 trabajadores quedaran desocupados, y con ello 200.000 tucumanos se vieron obligados a abandonar la provincia, dado que al hambre se le sumó la represión sistemática, que incluyó el fusilamiento de la mujer de un obrero del Ingenio Santa Lucía, Hilda Guerrero de Molina, madre de cuatro hijos, en enero 1967.

Si no aprendemos de la historia, estamos condenados a repetirla.

 

 

[1] Recordemos que antes de la ley 21.382 de Inversiones Extranjeras, del 13 de agosto 1976, ninguna empresa trasnacional podía financiarse con el BCRA, al que no podían comprarle una sola divisa por ningún motivo.
[2] El Consejo Nacional de Desarrollo estaba constituido por un consejo directivo, integrado por un presidente, un vice, un secretario ejecutivo, un secretario técnico y un consejero por cada Ministerio y Secretaría de Estado en jurisdicción de los Ministerios de Economía y Obras y Servicios Públicos, de Defensa Nacional, de Trabajo y Seguridad Social; otro por el Banco Central y otro por el Consejo Federal de Inversiones.
[3] Al 19 de octubre de 2023 las Leliqs y Notaliqs suman $ 12.946.221 millones y los Pases Pasivos $ 8.857.843 millones.

 

Otro país es posible

Informe económico mensual

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Tratamos en este documento de contener las variables que deberán observarse para seguir las variantes de las políticas económicas que implementará quien resulte nuevo gobierno en diciembre 2023.

Consideramos por ejemplo el PBI, el Ahorro Nacional Bruto, las cuentas fiscales, saldos del intercambio comercial como de la Balanza de Pagos y otros similares.

Conjeturamos valores y porcentajes para cerrar el año 2023, tanto de la inflación, el dólar oficial, el dólar CCL.

Repasamos puntos imaginados  de lo que podría resultar de la dolarización.

Pero en estos meses muchas cosas pueden pasar y pesar, final abierto.

Todo esto de la posible dolarización llevó a Inodoro a recordar los problemas con las identidades, obviamente no quiso meterse con eso de otras monedas, surge el esclarecedor diálogo siguiente:

Inodoro: “Eulogia, apúrese que me tengo que vestir”.

Eulogia: ““Vísteme despacio que estoy de prisa” decía Napolión”.

Inodoro: “¡Qué sabría Napolión de doma! ¡Lo que pasa es que en este país habla cualquiera!”.

Inodoro: “Siempre repitiendo lo que dicen los extranjeros”.

Mendieta: “El de nuestro país es un problema de identidad”.

Inodoro: “Dígamelo a mí, Mendieta, que durante años viví convencido que era escocés”.

 

2023 octubre elecciones oct 22