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sábado, junio 27, 2026
Blog Página 27

Con el diario del lunes

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Cada vez que fracasamos así como cada vez que ganamos en el juego democrático,
deberíamos analizar cómo ha funcionado la representatividad y la identificación por parte de los votantes.
Nosotros pertenecemos a un sector del pueblo que por interés personal o por historia, en muchos casos por identificación familiar, decidió en algún momento formarse políticamente. Formarse políticamente es sostener una opinión sobre la vida social, económica y cultural no solo desde lo emocional, entendiendo como tal la subjetividad, sino desde lo racional.
Me parece que somos minoría. Una minoría donde están incluídas la izquierda, la derecha y el centro; pero los gobiernos, en los países donde se decidió la ilusión plebiscitaria del balotaje, son consagrados por las mayorías, y esto necesariamente pone la decisión final en el voto de esas mayorías no formadas políticamente en las que lo emocional y lo intuitivo será determinante. No es casual que en la mayoría de los países el voto no sea obligatorio, tampoco es casual que en muchos países no exista balotaje, si fuera nuestro caso hoy tendríamos el presidente con el 36% de los votos. El tema pasa entonces en cómo lograr la representación de ese tercio o esa mayoría plebiscitaria que no tiene un camino ideológico definido.
Las relaciones entre los seres humanos, entre toda especie comunitaria, reside aparentemente en la posibilidad de la comunicación, y entre nosotros, la comunicación es el lenguaje, el verbal y el no verbal. Integrar ambos tiene que ver con integrar el decir y el
hacer. La integración de estos lenguajes como una unidad coherente permitirá la identificación social y la pertenencia que a su vez genere la representatividad de ese
colectivo social. Demás está decir que si esa coherencia no se logra, la representatividad
será imposible.
El mencionado es uno de los aspectos que debemos revisar para pretender llegar
con un mensaje propositivo a la comunidad a la que aspiramos representar. ¿Cómo hablar
del barrio en el que no vivimos? ¿Cómo hablar de las necesidades que no sufrimos aún
cuando quienes expresen ese discurso, hayan surgido de los estratos populares menos
favorecidos y logrado a través de la representación política que en algún momento
alcanzaron, el ascenso social que no lograron sus representados?
Es posible que esto haya permitido que un outsider que dice representar un colectivo
ilusorio que serían “los argentinos de bien”, con lo cual el resto seríamos “los argentinos de
mal”, lo que implica una descalificación maniquea, haya logrado identificar a “los políticos”
como un colectivo maléfico, independiente de las ideas y la militancia que estos políticos
representen, e identificarlos como “la casta”, a despecho de que él mismo está vinculado
con personas integrantes de la casta que denuncia; pero de un sector identificado con los
intereses de las clases económicamente dominantes.
Por un lado debemos identificar la pertenencia transitoria a este colectivo de “los
argentinos de bien”, que recuerda la confluencia carnavalesca o la de la canción Fiesta, que
menciona que en la noche de San Juan todos comparten su pan, su mujer y su gabán,
gentes de cien mil raleas; pero cuando el sol nos dice que llegó el final vuelve el pobre a su
pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Sabemos que en un tiempo relativamente breve este catártico carnaval libertario comenzará a hacer agua,
fundamentalmente por las necesidades insatisfechas de los sectores populares y también
de los sectores medios.
Tal vez no haya mayor mentira que la verdad. El “esto te va a doler pero es por tu
bien”, donde el dolor es cierto pero el beneficio dudoso. Argumento utilizado hasta el
cansancio por el poder político y religioso a través de la historia. Por otra parte es obvio que la crisis de representatividad hace que sea difícil creer en el que ofrece algo parecido a lo ya escuchado pero asegura que lo hará mejor esta vez o mejor que otros. La promesa de algo diferente, aunque bizarro, está teñida de lo novedoso y capitaliza el escepticismo, la bronca y el desánimo de los que se han sentido abandonados o no contenidos por el sistema.
¿Cómo hablar de defender derechos al que siente que no tiene ninguno, a quien lo más
cercano que tiene para demostrarle sus derechos inexistentes es quien sí los tiene? ¿Será
entonces que equivocamos el discurso? ¿O será que nuestro déficit está en la praxis?
“Hasta ahora no lo hice pero ahora sí lo haré”.
El discurso no es para la militancia, la militancia puede sentirse acariciada por el
discurso pero su convencimiento es previo. El discurso debe ser para la no militancia y para
este destinatario no alcanzan las palabras, y aquí volvemos a la coherencia entre el decir y
el hacer. La no militancia no debe identificarse con nuestro discurso, nuestras propuestas y
nuestra conducta deben identificarse con sus carencias y sus anhelos y buscar en ellos lo
noble y solidario que todos en algún lugar tenemos.
El discurso de los que ganaron ha apuntado al resentimiento y al desánimo de los
sectores más portergados, a los sentimientos más miserables e individualistas de la clase
media sin formación política; al reservorio de racismo y xenofobia muchas veces disimulado
para demostrar un discurso social políticamente correcto, a la envidia de estos sectores
medios, frecuentemente laboriosos y meritocráticos, por aquellos que con aparente o real
menor esfuerzo han logrado iguales o mejores resultados. Un discurso dirigido a la
subjetividad, a las sensaciones de carencia que supuestamente merecen vindicación; pero
asentados sobre un realidad ilusoria con jirones de elementos concretos; toda buena
mentira debe tener partes de verdad, elaborado con prisa y sin pausa por los medios de
comunicación hegemónicos tributarios del lawfare. Un discurso que invita a convertirse en
barra brava a quien lo escuche, con los niveles de emocionalidad desbordada y de
irracionalidad a los que nos tiene acostumbrados el fútbol, como comida a domicilio, de la
cancha a la urna.
¿Y ahora qué? Tenemos varios interrogantes a respondernos. La lógica y la práctica
nos dicen que estas propuestas económicas solo harán más ricos a los ricos y más pobres
a los pobres, que probablemente se dupliquen. También que además de los riesgos
represivos institucionales, podremos sufrir agresiones por parte de estos barras bravas tal
como hicieron los bolsonaristas en Brasil. La realidad hará por nosotros el trabajo de
esclarecimiento cuando muchos votantes de hoy no puedan pagar el transporte, los
servicios públicos o la atención médica, cuando no puedan mandar a sus hijos a estudiar.
¿Cúal será entonces nuestra tarea? Posiblemente la más importante sea resistir. ¿Y en qué
consiste resistir? En mantener vivas nuestras organizaciones, en analizar la realidad y
generar propuestas para contener y sumar a los que vayan llegando hasta el momento de
ocupar el espacio, día por día, mes por mes y año tras año hasta las elecciones de medio
término.

El resultado electoral y la particularidad de las políticas públicas en la Argentina

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Los cientistas políticos aseguran que, en las últimas tres décadas, como consecuencia de las reformas de mercado, los partidos de masas tradicionales del siglo XX han perdido el anclaje social y estable de parte de su voto, en favor de una ciudadanía que puede oscilar en votar ofertas del centro a la derecha, o propuestas nacional-populares y/o progresistas.

Este comportamiento electoral, es evidente, actúa en forma muy desestructurante para la implementación de políticas de largo plazo.

Esto nos sirve para entender las peculiaridades que puede sufrir un país como la Argentina cuando no existen consensos y/o cohesión social en torno a un rumbo estructural, cuestión que nos diferencia de otras naciones de nuestra región con un grado de diversidad productiva y desarrollo económico similar o superior.

El voto a Jair Bolsonaro en Brasil, por ejemplo, a pesar del diseño monetario y cambiario desindustrializador que implementó, no tuvo más consecuencias que modificar una política económica coyuntural, como es la evolución de las variables nominales, tasa de interés y tipo de cambio.

En la Argentina, en cambio, un voto a formaciones políticas neoliberales tiene consecuencias muchísimo más gravosas.

Ocurre que, en nuestro caso, la derecha, y ahora la ultraderecha, acometen velozmente reformas estructurales, con apoyos institucionales pero también políticos, que bordean el límite democrático.

El gobierno de Mauricio Macri, sin ir más lejos, concluyó en escasos cuatro años con un abultamiento de la deuda pública en US$ 110.000 millones, incluidos US$ 45.000 millones correspondientes a un préstamo condicionado del FMI, dejando al Banco Central sin reservas y las variables nominales de la economía desmadradas.

Ahora, el presidente electo Javier Milei propone restablecer el modelo pastoril de fines del siglo XIX y cambiar la moneda por el dólar.

Entonces, mientras que en Brasil los comportamientos zigzagueantes de una porción de la ciudadanía que puede votar por izquierda o por derecha, según los vientos de época, son fácilmente digeribles por el sistema político, en la Argentina la derecha impone medidas radicales (sobre todo al calor de recurrentes ciclos de endeudamiento público y fuga de capitales) que desestructuran y lesionan a la representación política nacional.

El dato que corrobora esta afirmación lo da el hecho de que los dos últimos presidentes solo han cumplido un mandato de los dos consecutivos a los que estaban autorizados por la Constitución.

Mauricio Macri fue eyectado de su ambición reeleccionista en primera vuelta mientras que Alberto Fernández – que no logró revertir gran parte del daño hecho por su predecesor- ni siquiera pudo aspirar a una postulación.

Numerosos países en el mundo han logrado afirmar un rumbo estructural de modo que las coyunturas políticas tienden a converger en el mantenimiento del timón nacional en ese sendero, con independencia de los mecanismos de legitimación política.

Con ese objetivo, en la reciente campaña electoral el candidato del peronismo Sergio Massa había propuesto un gobierno de unidad nacional para abordar de conjunto el ciclo de precios internacionales favorables y producción de energía abundante, de modo de consensuar un modelo de desarrollo industrial del mercado interno y externo en simultáneo.

Sin embargo, la irrupción del candidato ultraderechista Javier Milei cabalgó sobre el malestar inflacionario y pudo construir una mayoría electoral – al menos en el balotaje- compuesta en parte por ciudadanos y ciudadanas que en 2019, golpeados por las políticas de Macri, habían apoyado al Frente de Todos.

El presidente electo Javier Milei, en sus primeros pasos hacia la asunción, expresa un programa que contiene:

* Aceleración de la devaluación del peso y la consecuente inflación derivada para forzar una desmonetización de la economía, licuando salarios, jubilaciones y ahorros.

* También se depreciarán las partidas presupuestarias destinadas a las provincias, las universidades y los subsidios tarifarios.

* Producida la reducción de los medios de pago circulante, el reemplazo del peso por una moneda estable anclada al dólar, o el dólar mismo.

* Privatización de la mayoría de los activos estatales, en particular YPF, dueña de reservas de gas y petróleo no convencional gigantescas.

* Apertura externa y desregulación interna de todos los mercados.

* Precios de consumos esenciales, como los alimentos y la energía, a su valor internacional.

Este programa, según sus propias palabras, va a ser aplicado sin gradualismo, es decir, como un shock de corto plazo.

De llevar adelante esto tal como ha trascendido, implica un cimbronazo de transferencia de ingresos en favor de los agentes económicos más poderosos, a cambio de una estabilidad monetaria de precios en alrededor de un año.

Es posible que parte de su base electoral no se sienta conforme con las consecuencias de este plan.

El problema es que modificar el rumbo que impulsa el presidente electo va a requerir algo más que un voto distinto en las elecciones de medio término de 2025.

Para ese entonces, existe la posibilidad concreta de que la Argentina haya perdido sus activos estatales, sus universidades públicas y gratuitas, su sistema de protección previsional y social y, sobre todo, su moneda.

Al respecto de esto último, es bueno recordar que hasta ahora no existen antecedentes de un país que haya abandonado su moneda y luego vuelto a ella.

Por todo lo dicho, el campo nacional-popular -entendido en su definición más amplia- tiene el desafío de recuperarse rápidamente de la derrota sufrida, hacer una correcta caracterización del proceso político y económico en curso, escuchar las legítimas demandas y reclamos de la sociedad y proponerle una alternativa viable a mediano y largo plazo.

Solo así podrá surgir un proyecto que garantice un rumbo sostenido en el tiempo, condición esencial para poder construir un país no solo previsible, sino también justo.

 

https://www.telam.com.ar/notas/202311/647392-resultado-electoral-politicas-publicas.html

Educación y memoria

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En un reciente artículo, publicado por El Cohete a la Luna, titulado “Más vale educar que castigar”, firmado por el juez federal Daniel Rafecas, el autor explica que “la construcción previa de un enemigo”, a través de la proliferación y difusión de los discursos de odio, es una condición necesaria para la consumación posterior de un genocidio.

En dicho contexto, que compartimos, ha llamado nuestra atención que en el espacio de La Libertad Avanza sea numerosa la cantidad de jóvenes que participan y apoyan a Milei, a pesar de sus argumentaciones públicas, en relación con la historia argentina reciente, en particular con lo sucedido durante la última dictadura cívico-militar entre los años 1976 y 1983.

El candidato de La Libertad Avanza, así como quien lo acompaña, la aspirante a Vicepresidenta, Victoria Villarruel, no solo descalifican abiertamente las políticas sobre derechos humanos en la Argentina, sino que niegan de plano la acción genocida que protagonizó el Estado-militar-terrorista, hecho que nos permite afirmar que hubo terrorismo de Estado en la Argentina y que se cometieron crímenes de lesa humanidad.

Con la fusión de La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio, dicha concepción negacionista acerca de lo ocurrido en el país se ve fortalecida, dada la convivencia en ambos espacios de viejos “legatarios” de cuanta dictadura cívico-militar hubo en nuestro país, sometido a dictaduras del mismo origen desde 1930 hasta 1983. La excepción fueron los gobiernos de Juan Domingo Perón entre 1945 y 1955 y el período 1973/76, con los gobiernos de Héctor J. Cámpora y J.D. Perón.

Lo cierto, es que, durante 40 años del siglo pasado, nuestra sociedad vivió en marcos de autoritarismo civil y militar. Durante estos, un enemigo se convirtió en el principal destinatario de los discursos de odio: el peronismo. Esto no ha cambiado, como puede verse en las expresiones de Javier Milei y/o M. Macri, aunque, al referirse a este, se lo llame “comunista” o “kirchnerista”.

Milei y su socia política no solo reflotan la teoría de los dos demonios, sino que aspiran a la marcha atrás de las condenas y procesos penales de los condenados y/o los que se encuentran procesados, o por serlo. Fue el ex Presidente M. Macri quien argumentó, en una oportunidad, aquello “del curro de los derechos humanos”.

Parecería ser la Argentina una nación donde se puede volver del pasado, como si nada hubiera ocurrido, como si no hubiera historia, ni memoria, o peor aún, como si estas no le importaran a nadie, o por lo menos a buena parte de la sociedad, que vota las distintas versiones negacionistas del neoliberalismo criollo.

Asimismo, cómo es posible que tantas personas continúen confiando en las recetas de un Estado postrado al servicio del libre mercado, repetidas veces aplicadas y causantes de largos períodos de recesión, hiperinflaciones, hambre, falta de trabajo, dolor y de la gravísima crisis política, económica y social de 2001, que ocasionó la muerte de 39 personas.

Los hechos se repiten en la Argentina, de la mano visible de nuevos actores que representan al poder económico concentrado y la prensa hegemónica, con sus ya conocidas recetas acompañadas por expresiones de odio, resentimiento y revanchismo, que reaparecen con la pretensión de recrear, de reescribir la historia.

Frente a este intento de restauración del autoritarismo y de esta visión “reparadora” de la peor de las dictaduras que asolaron a la Argentina y terminaron con la desaparición y muerte de 30.000 ciudadanos, nos permitimos advertir sobre un tema que consideramos pertinente y que tiene que ver en general, con la formación de los ciudadanos durante su tránsito por la escuela secundaria, con la enseñanza de la historia y las ciencias sociales en dicho nivel de la educación.

Anima nuestra preocupación el hecho de saber que no solamente en la escuela se educan las personas, sino que el poder de los medios de comunicación y las redes frecuentadas por los más jóvenes hacen lo suyo, lo que agrava el problema.

Sin embargo ocurre, como ya ha sucedido desde los principios de nuestra nación, que se pretende falsear la historia escolar, una vez más. La conquista y colonización de las subjetividades de los jóvenes y adultos, aprovechando su paso por la escuela, ha sido una constante de la historia argentina. Porque la penetración ideológica que pudo lograr la escuela durante el siglo XX es muy difícil de igualar.

Creemos que la formación de una versión crítica del pensamiento, en la escuela secundaria, es todavía una vieja deuda con la comunidad. La causa principal es la inevitable tendencia a la construcción de distintos tipos de relato y la escasa posibilidad, puesta en evidencia, de integrar los conocimientos, de enseñar a pensar, de conocer, elaborar, saber, pensar, comparar, criticar, pensar y elegir.

Frente a dichos antecedentes, hemos puesto el acento en la Historia y las Ciencias Sociales porque creemos que estas no se están enseñando bien a lxs adolescentxs y que esto adquiere particular importancia para el caso de la historia argentina, ya que su impacto para el desarrollo de la democracia es de suma importancia.

Cuesta considerar que la materia Historia, en las escuelas secundarias, se encuentre todavía aislada y totalmente desarticulada del resto de las disciplinas, en particular de las que integran el campo disciplinar de las ciencias sociales. No existe ninguna vinculación, por ejemplo, entre Historia, Geografía, Filosofía, Pedagogía, etc. Historia continúa siendo un cronograma fáctico o un relato que poco enseña y que poco y nada aporta a la conservación de la Memoria.

Estamos proponiendo una historia que pueda ser comprendida como proceso, sin determinismos que la condicionen, que no se convierta en un campo abstemio del conocimiento, que se vincule comprometidamente con los procesos políticos, económicos y sociales, sobre los que cabalgan los proyectos colectivos, con el debido registro de memoria, a modo de evitar que los mismos cataclismos políticos se reiteren en el tiempo, y que los hechos que han contribuido con la mejora de la nación y la sociedad sean recordados, como antecedentes, a la hora de tener que decidir.

La vida de nuestrxs jóvenxs, la de sus familias, amigos, es también historia, para la que rigen los mismos cánones que para la historia que enseñamos en la escuela. Justamente allí no está funcionando la educación, a la hora de sostener un discurso sustentable frente o con los medios de comunicación. Los hechos, las decisiones que toman una buena parte de los jóvenes con el secundario cumplido están demostrando que una gran parte de ellxs no tendrían una clara respuesta frente a la redención de las dictaduras cívico-militares y de las propuestas de libre mercado.

Para el neoliberalismo resulta un lugar común la desafección de la historia, la mutilación de cualquier nexo entre presente y pasado. Dicha perspectiva cientificista, objetiva y metódica, heredera de la modernidad, es cuestionada, aunque no parece estar quedando clara, a la hora de la formación de los docentes.

Podríamos pensar, a la hora de formar a nuestros profesorxs, en apuntar más a la formación de profesorxs de Ciencias Sociales, a modo de integrar el conocimiento histórico con el que aportan el resto de las ciencias sociales. El efecto hará que lxs jóvenxs comprendan mejor la disciplina que si continuamos enseñando una historia solitaria, dictada como un cuento, que, en primer lugar, no interesa, y en segundo lugar se olvida rápidamente.

La historia escolar continúa siendo una historia de dependencias. El otorgamiento de saber único y original que atribuimos al llamado pensamiento occidental limita absolutamente las posibilidades de formar en un pensamiento emancipador, que aborde claramente el dilema entre libertad y liberación. Entre una modernidad iluminadora, pero que a la vez ha tenido desde Europa y con la expansión colonial capitalista efectos devastadores para los territorios conquistados, colonizados, saqueados y esclavizados.

Para la educación neoliberal, las salidas individuales y el esfuerzo de cada uno serán las llaves del éxito, donde el mercado será el que ordena para un sálvese quien pueda, regido, según la autoridad del mérito, solo atribuible a los “mejores”, aunque surgidos de la aplicación de un darwinismo social sin restricciones, y de subjetividades en permanente proceso de colonización.

Está claro que la memoria no resiste en dichos términos de salidas estrictamente individuales. No se puede perder la memoria, como pareciera que ocurre en la Argentina. Aquella debe ser garantizada por la escuela, que, dada su potencialidad y la de sus docentes, puede seguir dando batalla en temas como los beneficios de un Estado presente o en el de fortalecer la formación de sus jóvenes alumnxs en el rechazo a los fundamentalismos y autoritarismos o en las ventajas de la vida en democracia.

Razón demás para replantear, fortalecer y profundizar la formación de nuestrxs docentes y la enseñanza de una historia integrada con el resto de las ciencias sociales, desde una nueva concepción que cambie los fundamentos clásicos euro-centrados, por otros más cercanos, nacional y regionalmente, que permitan redescubrir y aprender los saberes que han invisibilizado permanentemente los conquistadores. Podría constituir un modo democrático de presentarnos ante el mundo y de fortalecer la permanencia y el enriquecimiento de la memoria.

 

* Raúl Moroni es profesor, supervisor, ex director de Educación Media y Técnica de la Ciudad de Buenos Aires. Es integrante del Grupo de Apoyo Técnico Pedagógico a la Escuela Media, en UTE.CTRA.

 

Educación y memoria

Informe económico mensual

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Ponemos el acento en el Sistema de Cuentas Nacionales producido por el Indec, en particular en el Producto Bruto Interno (PIB), tanto a precios constantes del 2004 como a precios corrientes.

Hacemos un relevamiento  con énfasis en la composición o participación porcentual de los componentes como Consumo Privado, Consumo del Gobierno, la Formación Bruta de Capital Fijo  y el Neto de Exportaciones menos Importaciones, y otras cuentas que ajustan diferencias en los cálculos. Tal como enuncia un documento del Indec da «respuestas a las preguntas fundamentales sobre su comportamiento: qué y cuánto se produce; para quién o para qué se produce, y a qué se destina el ingreso, es decir qué y cuánto se consume, cuánto se ahorra y cuánto se invierte».

Además incorporamos indicadores que no surgen de las cuentas del PBI y que responden a criterios, algunos no fácilmente medibles ni obtenibles, que definen una mejor o peor calidad de vida, tales como los señalados en el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD 2021 / 2022 con un llamativo subtítulo: «Tiempos inciertos, vidas inestables: Configuran nuestro futuro en un mundo en transformación» (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo). También consideramos enunciados que fueron definidos en el documento solicitado por el presidente francés Sarkozy a un grupo de economistas, justamente para complementar o ampliar el PBI.

Sintetizamos algunos de los aspectos relevantes enunciados en el documento del PNUD:

Como siempre Inodoro y Mendieta reflexionan sobre la realidad nacional. Seguramente leyeron y quedaron influenciados por lo que dice Keynes en “Las consecuencias económicas de la paz”. “Se dice que Lenin ha declarado que el mejor medio para destruir el sistema capitalista es viciar la circulación con un proceso continuado de inflación” (Página 118).

Dice Inodoro dirigiéndose tanto a Mendieta como a otros oyentes: “Si Argentina no domina su inflación, no puede pagar su deuda esterna. Si Argentina no paga complica a tuita Latinoamérica. Si Latinoamérica no paga, la economía occidental quiebra”.

Mendieta: “Que lo parió”.

 

2023 octubre PBI PNUD Indicadores.docx

Con Javier Milei en Argentina, la diplomacia conspiratoria a las puertas del poder

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La asociación de partidos políticos en redes inorgánicas, o a través de amplias organizaciones a escala transnacional, ha sido una moneda corriente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Movimientos políticos como la Internacional Comunista, la Internacional Socialista, la Internacional Demócrata Cristiana y la Internacional Liberal han sido actores de la política en todo el mundo y de manera bastante prominente durante la Guerra Fría. Sin embargo, hay una novedad del contexto contemporáneo: el ascenso de una Internacional Reaccionaria de facto, polifacética, geográficamente dispersa e ideológicamente heterogénea. En su afán por superar las fronteras nacionales y fomentar la camaradería entre múltiples movimientos radicales, intransigentes, retrógrados, de derecha y antiliberales, la Internacional Reaccionaria exhibe una serie de características distintivas que resaltan su creciente importancia.

A diferencia de sus predecesoras, que encontraban su núcleo de fuerza sobre todo en la Europa continental, la Internacional Reaccionaria ha cultivado una notable influencia en el mundo anglosajón —aunque sin limitarse a él—, con un impacto decisivo en toda la Unión Europea y una presencia creciente en Estados Unidos. Las “periferias” noroccidentales y sudoccidentales, como Europa del Este y América Latina, han sido también el terreno de expansión de esta nueva Internacional. En cierto sentido, el ethos reaccionario se ha convertido en parte integral del tejido sociopolítico de muchos países. Su colección de ideas, creencias, percepciones y valores resulta atractiva para individuos asociados a partidos conservadores, fuerzas religiosas, movimientos nativistas, grupos de desposeídos, sectores extremistas, partidarios libertarios y grupos anticientíficos, entre otros.

Hay una novedad del contexto contemporáneo: el ascenso de una Internacional Reaccionaria de facto, polifacética, geográficamente dispersa e ideológicamente heterogénea.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

En paralelo al auge global de este movimiento político, ha surgido un creciente corpus de trabajos académicos en la disciplina de las Relaciones Internacionales en un intento por comprender el fenómeno. En junio de 2018, Joseph McKay y Christopher David La Roche plantearon una pregunta interesante en un artículo en International Studies Quarterly: ¿por qué existe una ausencia notable de una teoría integral con respecto a la Internacional Reaccionaria dentro del ámbito de los estudios internacionales? A partir de ahí, en 2019, Pablo de Orellana y Nicholas Michelsen profundizaron en el tema y contribuyeron con un artículo en la Review of International Studies1. Su trabajo exploró la Internacional Reaccionaria y los fundamentos filosóficos de la nueva derecha, sin perder oportunidad de enfatizar aún más la urgencia de comprender este fenómeno.

En un trabajo reciente, Michelsen, De Orellana y Costa Buranelli definen al Internacionalismo Reaccionario como un movimiento ideológico global2 arraigado en una tradición histórica. A menudo se describe como “reaccionario” porque sus partidarios pretenden restaurar un pasado histórico que perciben como perdido y recrear un “nuevo” orden que desmantele el sistema existente, tanto en lo doméstico como en lo internacional. Sin embargo, es importante señalar que los Internacionalistas Reaccionarios no abogan por la destrucción del internacionalismo, sino que aspiran a dar forma a una sociedad mundial original basada en su propia visión. Este enfoque se caracteriza por el escepticismo hacia las ideologías progresistas de cualquier tipo. Mantienen una agenda pseudointelectual relativamente coherente que se centra principalmente en criticar lo que consideran una conspiración globalista vinculada al ámbito nacional, por lo que rechazan los derechos fundamentales, los avances sociales y las instituciones multilaterales. Además, los gobiernos alineados con el Internacionalismo Reaccionario emplean prácticas diplomáticas que pueden inscribirse en el marco de lo que se ha llamado una «política exterior conspiratoria”3. Este tipo de diplomacia ha cobrado impulso en la última década y su proyección no puede ignorarse.

Los Internacionalistas Reaccionarios no abogan por la destrucción del internacionalismo, sino que aspiran a dar forma a una sociedad mundial original basada en su propia visión.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

En qué consiste una política exterior conspiratoria

Recientemente, una novedosa literatura sobre política internacional ha explorado, a través de la investigación comparada, el vínculo entre la política internacional, el papel del liderazgo y el fenómeno de la conspiración4. Esta vinculación en política exterior ha pasado de ser un tema marginal a recibir más atención y un tratamiento más riguroso, en gran parte debido a la aparición de varios líderes5 dentro de la Internacional Reaccionaria que tienen argumentos y prácticas conspiracionistas. En lugar de enfocar la conspiración como un acto deliberado de un grupo que se reúne con fines dañinos, malévolos o ilegales, los estudios académicos se centran en el análisis del significado y el alcance de las percepciones y narrativas6 relacionadas con la formulación de una política exterior conspiratoria. Algunos estudios indican que la desigualdad económica puede alimentar las creencias conspiratorias7; otros hacen hincapié en la cuestión de la precariedad socioeconómica8 y su conexión con la aceptación de tales creencias; y otros destacan que el narcisismo9 de los líderes puede ser un buen predictor de tales creencias.

¿En qué consiste una política exterior conspiratoria? Podemos identificar al menos cuatro características distintivas. En primer lugar, la visión conspiratoria deriva de una perspectiva altamente ideológica que se alimenta de opiniones dogmáticas. Parte de la suposición de que hay fuerzas del “mal” conspirando en todo el mundo (y regionalmente) contra las ideas supremas del “bien”, que sólo el líder ilustrado conoce y defiende. En segundo lugar, suele servir para fomentar la autoafirmación de líderes que intentan convencer a su electorado de que han descubierto tentáculos ocultos o subterráneos de la sociedad política nacional e internacional afectando directamente a la vida cotidiana de las personas. En tercer lugar, quiénes sostienen visiones conspiratorias se consideran los “iluminados”, dotados de conocimientos especiales, mientras desacreditan como “ignorantes” a quienes no comparten sus opiniones. Por último, existe una inclinación común hacia el concepto de “refundación” de la política exterior. Así, los líderes y las políticas anteriores son objeto de críticas generalizadas, mientras el nuevo líder es presentado como portador de la verdad, capaz de desmantelar el orden existente y de marcar el comienzo de un futuro más prometedor en la vinculación con el mundo.

A pesar de sus incongruencias, las políticas exteriores conspiratorias suelen justificarse como estrategia política para hacer frente a la incertidumbre y la inestabilidad mundiales.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

El enfoque de la política exterior conspiratoria suele conllevar una serie de comportamientos predecibles, que pueden incluir la adopción de medidas contra determinadas contrapartes internacionales o la promoción de políticas específicas acordes con las creencias conspiratorias. Los países son divididos en “puros” e “impuros”, por lo que las relaciones con estos últimos son inflexibles y prácticamente innegociables. A pesar de estas incongruencias, las políticas exteriores conspiratorias suelen justificarse como estrategia política para hacer frente a la incertidumbre y la inestabilidad mundiales. Se argumenta que se reducirán los costos de la globalización o del globalismo, según el caso, presentando las propias políticas como una forma de proteger al país en lugar de exponerlo a los peligros del mundo exterior. Desde una cosmovisión mesiánica del quehacer externo, se supone que abordar estas preocupaciones contribuirá a reforzar la cohesión social, fracturada en sociedades muy afectadas por el desempleo, la pobreza y la desigualdad, o por un largo período de decadencia.

La relación de Argentina con el mundo en la encrucijada

El ascenso de la Internacional Reaccionaria, que ganó prominencia significativa en Estados Unidos durante la administración de Trump (2017-2021) y ha estado en auge en varias regiones, ha alterado significativamente el panorama político de América del Sur, incluyendo algunos períodos de gobierno, como Brasil durante el gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), y la participación en las segundas vueltas electorales muy disputadas en Chile en 2021, así como en Colombia y Brasil en 2022. La presencia de Javier Milei, líder del partido La Libertad Avanza, quien competirá en la segunda vuelta electoral de este 19 de noviembre contra el candidato oficialista, Sergio Massa, de Unión por la Patria, representa la manifestación concreta de este fenómeno global en Argentina.

La presencia de Javier Milei, quien competirá en la segunda vuelta electoral de este 19 de noviembre contra el candidato oficialista, Sergio Massa, representa la manifestación concreta de este fenómeno global en Argentina.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

La eventualidad de un gobierno de La Libertad Avanza no solo implicaría cambios drásticos en las políticas económicas, sociales y de derechos humanos, sino que también introduciría una nueva dimensión en la política exterior argentina. Dado el carácter reaccionario y conspiratorio de esta visión, se plantean serios riesgos para las relaciones internacionales. Milei ha hecho declaraciones grotescas, como cuando articuló su falta de disposición a «hacer pactos con comunistas»10, en referencia a China, y cuando abogó por romper los lazos diplomáticos con el Brasil de Lula, así como por la disolución del MERCOSUR. Además, ha expresado su oposición a la Agenda 2030 de Naciones Unidas11, para distanciarse de lo que denomina “marxismo cultural”. Junto a las declaraciones de Milei, sus allegados y personas influyentes han profundizado en estas posturas, participando en frecuentes debates y criticando a las Naciones Unidas, el multilateralismo, el ecologismo y a los científicos12, a los que acusan de “tergiversar” las explicaciones sobre el cambio climático. También han expresado su oposición frontal a principios como la justicia social y la igualdad de género13.

En este contexto, ha aumentado la preocupación por la trayectoria de las relaciones de Argentina con el mundo. A lo largo de sus últimos 40 años de historia democrática, la política exterior ha mostrado cambios, contradicciones y matices. Sin embargo, aún en medio de esta diversidad, existe un “mínimo común” fundamental entre los distintos partidos y coaliciones en el gobierno. Estas coincidencias entre los actores políticos y las fuerzas sociales funcionan como salvaguardas vitales, incluso durante aquellos períodos en los que se intenta alterar radicalmente ejes estructurantes de la política exterior. Se trata de “acuerdos tácitos” que sirven como mecanismos de salvaguarda por preservar la continuidad de patrones valiosos de las relaciones exteriores de Argentina.

Dado el carácter reaccionario y conspiratorio de la visión de Milei, se plantean serios riesgos para las relaciones internacionales.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

La base de estos acuerdos es colectiva e intersectorial. Argentina cuenta con su Cancillería, su cuerpo diplomático y una reconocida trayectoria: existe una suerte de «disco duro» que refleja la existencia de una carrera profesional con funcionarios calificados. Además, hay una comunidad epistémica compuesta por académicos, políticos, intelectuales, ex-ministros, periodistas, organizaciones de la sociedad civil y expertos de partidos políticos, junto a un público ciudadano interesado en temas de política exterior, todos dispuestos a defender los principios básicos de la acción internacional. Estas salvaguardas pueden lograrse mediante la movilización social, la investigación basada en pruebas y el discurso público en diversas formas de comunicación. Cabe mencionar algunos ejemplos.

Multilateralismo y derechos humanos

El pensamiento conspirativo podría tener un efecto muy negativo sobre uno de los pilares de la política exterior argentina, que es la defensa del multilateralismo y la promoción internacional de los derechos humanos. Sin embargo, mientras que los partidarios de políticas exteriores conspiratorias consideran a la ONU y al multilateralismo como reliquias obsoletas, los diplomáticos argentinos han desempeñado —y siguen cumpliendo— un papel crucial a nivel multilateral en la prevención de la guerra, el uso de la fuerza y la no proliferación nuclear en el sistema internacional. Además, el país ha ido formando a expertos y diplomáticos que han asumido puestos clave en organizaciones internacionales. Algunos ejemplos son Rafael Grossi, que ocupa el cargo de director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA); Celeste Saulo, que ocupa el puesto de secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial; Frida Armas Pfirter, que fue designada jueza del Tribunal Internacional del Derecho del Mar; y Andrea Pochak, que fue elegida miembro de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El pensamiento conspirativo podría tener un efecto muy negativo sobre uno de los pilares de la política exterior argentina, que es la defensa del multilateralismo y la promoción internacional de los derechos humanos.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

Aunque una política exterior conspiratoria ataca a organizaciones que considera “satélites”»de la ONU, como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre otras, es esencial reconocer que estas organizaciones son fundamentales en la arquitectura internacional en cuestiones cruciales para los países en desarrollo, como la seguridad alimentaria, la erradicación del hambre, el desarrollo sustentable, el derecho a la educación y el derecho a la salud. En ese sentido, existe una sólida tradición y reputación en el cuerpo diplomático argentino, así como un legado histórico que enfatiza la importancia de combatir las injusticias en el orden internacional, reconociendo las asimetrías entre el Norte Global y el Sur Global en los foros mundiales y regionales, y promoviendo iniciativas dirigidas a cerrar esa brecha.

Los defensores de la línea de pensamiento conspiratoria también critican las actitudes del Consejo de Derechos Humanos de la ONU por otorgar un asiento a gobiernos no democráticos (lo cual es la norma: incluir a todos los estados miembros de la ONU con asientos rotativos). Sin embargo, es importante destacar que el compromiso del país, y no de un gobierno en particular, con los derechos humanos desde el retorno a la democracia alcanzó su punto más alto recientemente cuando un argentino, Federico Villegas, asumió la presidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2022.

Si bien han surgido voces notables de La Libertad Avanza (no marginales) que reivindican el régimen autoritario de 1976-1983, casi todos los actores han apoyado los avances judiciales y legislativos en la condena de los crímenes de lesa humanidad y la defensa del derecho a la verdad desde el histórico juicio a las juntas militares, reconocido por ser el primer enjuiciamiento en el mundo a una dictadura militar bajo el Estado de Derecho. Ni el negacionismo ni la reivindicación de la dictadura forman parte de la cultura democrática alcanzada y sostenida durante cuatro décadas. Los derechos humanos son un activo esencial del perfil de Argentina en el mundo y son reconocidos por sus contrapartes en los foros internacionales y continentales. Son, además, una piedra angular de los intereses de la nación, y una regresión tendría consecuencias devastadoras para la imagen y el prestigio de Argentina.

Los derechos humanos son una piedra angular de los intereses de la nación, y una regresión tendría consecuencias devastadoras para la imagen y el prestigio de Argentina.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

Mentalidad de la Guerra Fría, regionalismo y países socios

Otra de las características del pensamiento conspiratorio, desde una perspectiva totalmente desconectada del funcionamiento del sistema internacional, es insinuar una postura anti-latinoamericana y contraria a la integración regional. Esto podría conducir a un antagonismo innecesario e imprudente en las relaciones de Argentina con los países vecinos. No obstante, es importante señalar que existen continuidades establecidas que serían difícil de desmantelar. Con Brasil, existe un marco institucional ya consolidado que actúa como mecanismo afirmativo de la relación bilateral. En los años ochenta y principios de los noventa, funcionarios, políticos, académicos, empresarios, sindicatos, científicos y medios de comunicación convergieron en el reconocimiento de la necesidad de abandonar las hipótesis de conflicto mutuo. La creación del MERCOSUR y el establecimiento de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC) son claros ejemplos de esto.

Por otra parte, el pensamiento conspiratorio adopta un carácter “revisionista” respecto al ascenso de Asia, especialmente de China, que es percibida como un “imperio autocrático en ascenso”. La división del mundo entre “buenos” y “malos”, entre “mundo libre» y comunistas, no solo reintroduce una retórica anacrónica y en contradicción con los intereses nacionales, sino que tampoco se ajusta a la trayectoria de fortalecimiento de la relación entre China y Argentina durante la última década, independientemente del partido en el poder. No puede ignorarse la relevancia de Beijing a la hora de reforzar las reservas del Banco Central, financiar proyectos de infraestructura, servir como segundo destino de las exportaciones argentinas y como potencia internacional en ascenso. A pesar de los intentos de crear una atmósfera afín a una nueva Guerra Fría, las principales coaliciones y movimientos políticos del país han evitado, en la práctica, internalizarla. Invocar el anticomunismo como principio rector de la diplomacia actual resulta anacrónico, extravagante e improductivo.

Otra de las características del pensamiento conspiratorio, desde una perspectiva totalmente desconectada del funcionamiento del sistema internacional, es insinuar una postura anti-latinoamericana y contraria a la integración regional.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

Una pesadilla a evitar

Una serie de estudios recientes han sentado las bases para comprender las visiones de mundo adoptadas por ciertos gobiernos y representantes asociados con la Internacional Reaccionaria en diferentes regiones, al proporcionar documentación sobre la presencia de políticas exteriores conspiratorias. Fruto en parte de ello, en la actualidad, existe una aproximación más exhaustiva de cómo se materializan estas prácticas, incluyendo sus motivaciones subyacentes, fundamentos, métodos operativos y consecuencias, así como el análisis de las limitaciones inherentes y de las respuestas de los partidos y grupos de oposición. Es imperativo reconocer que las referencias a estudios comparativos no denotan un éxito inequívoco ni un fracaso categórico, dados los diversos grados de eficacia observados en casos históricos y contemporáneos de políticas exteriores conspiratorias. No obstante, los gobernantes asociados a la Internacional Reaccionaria han sufrido limitaciones y fiascos durante la implementación de estas políticas.

La victoria de Massa ofrecería la esperanza de que Argentina pueda evitar los traumas en política exterior experimentados recientemente en países como Estados Unidos y Brasil.

BERNABÉ MALACALZA Y JUAN GABRIEL TOKATLIAN

Asimismo, es importante considerar que, así como existen políticas exteriores conspiratorias, también debe ser adecuadamente ponderada la presencia y eficacia de las salvaguardas. En  este día de segunda vuelta electoral en Argentina, existe el potencial de vivir una pesadilla en materia de política exterior, y esto exige una consideración profunda. La política exterior de Javier Milei gira en torno a una agenda centrada principalmente en el rechazo de los derechos humanos básicos, el descarte de las instituciones multilaterales y la promoción de una dinámica más amplia de amigo-enemigo. En contrapartida, el triunfo de Unión por la Patria en la segunda vuelta de las elecciones supondría un alivio. Aunque no signifique la derrota completa del proyecto reaccionario y conspiratorio, ofrece la esperanza de que Argentina pueda evitar los traumas en política exterior experimentados recientemente en países como Estados Unidos y Brasil.

Bernabé Malacalza y Juan Gabriel Tokatlian

Anarco-capitalismo

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David Ricardo (1722-1823) fue uno de los padres de la economía política, con dos grandes méritos. El primero: fundamentar la teoría valor-trabajo, esto es, la economía es el trabajo de transformación de los elementos que nos brinda la naturaleza para que sean útiles al ser humano, por lo tanto es ese trabajo el que crea el valor. De esa manera, da respuesta a la pregunta que se hacía Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.): ¿Por qué se comercia en los mercados persas un par de sandalias por un par de almohadones? La respuesta de David Ricardo fue: por el tiempo de trabajo que implica la producción de esos artículos.

Su segundo aporte a la ciencia es el concepto de renta económica, y lo hizo en base al precio de los granos. La noción de renta estaba asociada a un beneficio extraordinario por encima del normal que reportaba la actividad agrícola. Esta recompensa adicional que recibían los propietarios de las tierras dedicadas a la actividad agrícola era derivada de las condiciones de la tierra y no del trabajo aplicado a su explotación. Imaginemos a dos latifundistas –sostenía Ricardo–, uno con campos mucho más fértiles que el otro. Ambos venden los granos al mismo precio, pero los costos del que es propietario de las tierras más fértiles son mucho menores que los costos del que es propietario de las menos fértiles, y su rinde es mucho mayor. El precio del mercado es el de la tierra menos fértil. He aquí la renta agrícola. Y por extensión a las demás rentas (petrolera, minera, financiera, etc.), la renta es una utilidad en la que no hubo un aumento del esfuerzo humano o un incremento de la inversión productiva para obtenerla.

Carl Marx (1818-1883) estudia a David Ricardo y trata de explicarse: si el trabajo genera el valor, ¿por qué los trabajadores viven miserablemente? El patrón se apropia de lo que le corresponde al trabajador, y puede hacerlo por la propiedad privada de los medios de producción. La explotación de los trabajadores consiste en la expropiación del producto de su trabajo.

La verdadera libertad del marxismo es que el trabajador deje de ser explotado por el capital, como la libertad del esclavo es dejar de serlo. Uno es libre si la totalidad del fruto de su trabajo es para sí mismo, y no si debe darle una parte al capital.

La segunda pregunta que se hacía Aristóteles es: ¿Por qué es más valioso el oro o el diamante (que en el siglo III a.C. se usaba solamente como ornamentación) que el agua, que es indispensable a la vida? La respuesta la dio la llamada Escuela neoclásica (liberal) en 1871. William Stanley Jevons en Inglaterra, Carl Menger en Austria y León Walras en Suiza tomaron este razonamiento, inventando el concepto de utilidad marginal, que determina el valor de un bien en función del uso menos productivo. De esa manera negaban la teoría del valor-trabajo y de su apropiación por los dueños del capital. Toda la teoría económica neoclásica (liberal) se generó para refutar a los economistas clásicos (Adam Smith, William Petty, David Ricardo) y a Marx.

Es más, los marxistas proponían una sociedad sin clases, para lo cual era necesario, primero, que los trabajadores derrotaran a los patrones y constituyeran la dictadura del proletariado.

Es la llamada segunda generación de economistas liberales, que en Viena, Austria (escuela austriaca) tuvo como referente a Ludwig von Mises, la encargada de refutar al marxismo.

Von Mises (1881-1973) publicó en 1922 su libro El socialismo: un análisis económico y sociológico”, donde afirmó que el sistema comunista no podía ser eficiente ya que le faltaba el mecanismo de precios que hacía que la distribución de los recursos fuera la adecuada, como sucedía en el sistema capitalista. Por supuesto, en ese sistema de precios omite al grado de concentración de los mercados y la prevalencia del capital financiero. El libro pasó sin pena ni gloria hasta el derrumbe del socialismo soviético en 1991.

Mises tuvo seguidores en los países desarrollados como Friedrich Hayek, Murray Rothbard, Hans Sennholz, George Reisman, Peter Boettke, Roger Garrison, Manuel Ayau y Joseph Keckeissen, entre otros.

Friedrich Hayek (1899-1992), con una teoría pro-mercado más extrema que su maestro, fue referente de Álvaro Alsogaray (1913-2005), quien fuera ministro de Economía de Arturo Frondizi en 1959-1961 y de José María Guido en 1962. En ambos gobiernos acordó con el FMI. En el primero ejecutó el Plan Larkin, que consistió en abandonar el 32% de las vías férreas existentes, despedir a 70.000 empleados ferroviarios y reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, al igual que 70.000 vagones y 3.000 coches. Así se inició la masiva eliminación de locomotoras a vapor y una larga serie de cancelaciones y levantamiento de vías. El plan se suspendió por efecto de una huelga ferroviaria de 42 días en 1961.

En 1962, en la presidencia provisional de Guido y para reducir el déficit fiscal, emitió el “Bono 9 de julio” [1], con el que se pagó parte del sueldo a los empleados estatales, quienes para llegar a fin de mes debieron venderlos a mucho menos de su valor nominal a especuladores financieros.

En esa época, quien en el país dudara del liberalismo quedaba defenestrado por la práctica de Alsogaray, Pinedo, Martínez de Hoz, Roberto Alemann, Coll Benegas, Jorge Wehbe y Krieger Vasena. Todos ellos ocuparon el cargo de ministro del área entre septiembre de 1955 (Revolución Libertadora) y octubre de 1963, cuando asumió como Presidente el Dr. Arturo Illia.

Volvieron los liberales con Martínez de Hoz y el golpe militar de 1976, en una nueva reconversión del capital financiero y con ello de la estructura económica del país. El objetivo económico y social del golpe militar del 24 de marzo de 1976 fue romper el modelo de crecimiento en base a la sustitución de importaciones y con ello la alianza social entre trabajadores y empresarios ligados al mercado interno, donde más vendían cuando los asalariados tenían mayor poder de consumo.

 

Dependencia y sumisión

El liberalismo hoy en la Argentina no lo imponen los militares, como en 1955, 1966 y 1976. Sí continúa haciéndolo el FMI y el Departamento de Estado de los Estados Unidos [2], razón por la cual avaló, aceptó o impuso a Juan Sourrouille, a Domingo Cavallo, a Roque Fernández, a José Luis Machinea, y después trató de condicionar a Remes Lenicov y a Roberto Lavagna. Dejaron de hacerlo en enero de 2006, cuando Néstor Kirchner pagó la suma que se adeudaba y nos liberó de las políticas de seguimiento y control del FMI.

Retomó la subordinación al organismo internacional el crédito stand by del gobierno de Cambiemos. Y el acuerdo de Martín Guzmán de plan de facilidades extendidas fue peor, no solo por el grado de exigencias, sino porque no se investigó la deuda por más de 100.000 millones de dólares contraída durante la gestión de Mauricio Macri, y se la está pagando, sin determinar en qué se invirtieron esos fondos.

Ahora, la propuesta de Javier Milei es incluso de un grado de dependencia y sumisión aún mayor. Más allá de las facultades mentales del candidato de La Libertad Avanza, pregona una visión más ultra-liberal y ruin que sus antecesores.

Milei repite hasta el hartazgo lo escrito por el estadounidense Murray Rothbard (1926-1995), que fue el encargado de definir el libertarismo moderno y popularizar una forma de anarquismo y libre mercado. Al defender su teoría en su libro Sociedad sin Estado, Rothbard postuló: “Yo defino la sociedad anarquista como una donde no hay posibilidad legal para la agresión coercitiva contra la persona o los bienes de cualquier persona. Los anarco-liberales se oponen al Estado, ya que tienen su propio ser en tal agresión, es decir, la expropiación de la propiedad privada a través de los impuestos, la exclusión coercitiva de otros proveedores del servicio de defensa de su territorio, y todas las otras depredaciones y coacciones que se basan en estos dos focos de invasión de los derechos individuales”.

En un país como el nuestro, donde los impuestos al capital son mínimos, incluso con respecto a nuestra propia historia (que ya es mucho decir), Milei pregona que pagar impuestos es un robo y que el Estado no debe existir, cuando en la Argentina el mayor desafío en lo que va del siglo (la pandemia por el Covid) fue combatido a través de hospitales y dependencias de salud pública.

Los que asisten a la población empobrecida por el persistente aumento de los precios fijados por las grandes empresas del combustible, del acero, del aluminio, del azúcar, de la leche, de la carne, de la yerba, de la harina, del aceite, etc., son los diversos estamentos del Estado. Se llega a esta situación porque es el Estado el que no ejerce el rol de contralor para el que lo facultan las leyes. No es que debe desaparecer el Estado, sino que, al contrario, debe cumplir con el mandato que le da la Constitución Nacional de afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.

Finalmente Rothbard, en otro de sus libros, sobre “ley y orden”, se refiere a conceptos sensibles, sobre todo en una sociedad con tantas carencias como la argentina. Para el anarco-capitalismo es también violento que el Estado monopolice la seguridad y la Justicia. El ejemplo es la hermana República de Colombia, donde la seguridad interior también es realizada por compañías privadas y los resultados no pueden ser peores.

Es obvio que estos trabajos teóricos no tienen otra práctica que la de justificar el predominio del más fuerte (poseedor del capital o que trabaja o es funcional al capital) y negar al Estado, para que no cumpla el rol de regular (establecer las reglas de juego) la economía de un país. Por eso la crítica denodada a los trabajos de John M. Keynes (1883-1946) y todos los que proponen el rol planificador y de fijación de objetivos de un Estado. Para Keynes, el Estado debe intervenir en la economía para mantener el equilibrio y revertir los ciclos de crisis. El mercado no se regula de forma natural, por lo que los gobiernos deben minimizar las fluctuaciones económicas. Keynes asevera en su libro [3] y en sus trabajos que “los mercados [4] pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que una persona o una sociedad puede mantener su solvencia”.

 

La Argentina

Toda la parafernalia de una teoría estrambótica llevada a cabo por una persona que dice y se desdice, lo que logra en la Argentina actual es que no se discuta cómo se genera el producto y cómo se distribuye, y tampoco cómo se genera la renta de la tierra y cómo se reparte esa renta, que es para David Ricardo el principal objetivo de la ciencia económica. En ese sentido, el objetivo de los grandes grupos financieros se ha cumplido y se cumple a rajatabla.

Los dueños de la tierra en la Argentina pagan por impuesto inmobiliario rural solo el 0,3% del PIB, mientras el IVA que pagamos todos cuando adquirimos un bien o un servicio representa el 9,6% del PIB. En todas y cada una de las provincias se recauda más por patente automotor o por impuesto inmobiliario urbano que lo que se percibe por el gravamen a las tierra rurales. El total de los derechos de exportación (retenciones) de los diez primeros meses de 2023 es solo el 0,7% del PIB, y la Mesa de Enlace dice que es un robo.

En este país es una burla que se pregone el fin del Estado, cuando solo mediante políticas públicas orientadas se puede aumentar el producto, lograr el pleno empleo y la estabilidad de precios. Si el Estado en nombre de todos no planifica el futuro, serán los grupos financieros (para los que Milei trabaja) los que planifiquen por nosotros.

 

[1] “Empréstito de Recuperación Nacional 9 de julio”. Fueron emitidos por la suma de 15.000 millones de pesos moneda nacional, con un interés del 7% y por un plazo de 25 años. El dinero de los bonos enseguida se devaluó y en 1963 representaba el 70% de su valor real. Para llegar a fin de mes, muchos empleados estatales debieron venderlos a mucho menos de su valor nominal a especuladores financieros. Para hacer frente a las obligaciones que surgieron de estos préstamos fue necesario pedir una extensión del préstamo con el FMI.
[2] Es el departamento ejecutivo federal responsable de las relaciones internacionales y de la política exterior de Estados Unidos, equivalente a los Ministerios de Asuntos Exteriores de otros países, y forma parte del Poder Ejecutivo de ese país.
[3] La Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, J.M. Keynes, Fondo de Cultura Económica.
[4] Keynes dice textualmente “the markets” (los mercados), no “the politics”, como lo traducen mal a sabiendas quienes maliciosamente quieren decir otra cosa. Y lo que Keynes asevera es que la lógica de ganancia de los mercados va en contra de la lógica económica y social. 

 

 

Anarco-capitalismo

Cacotomía neoliberal: ¿Puede la democracia económica empezar por Petrominera Chubut SE?

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Esta nota pretende divulgar conceptos para debatir ideas. Se inspira tanto en los límites de la democracia como acción como en su reconocimiento como contexto decisional. Y se nutre del excelente artículo de Andrés Musacchio «El concepto de «democracia económica» y los debates sobre la salida (de la crisis) del capitalismo» CEC Año 9, Nº 17 (2023) pp. 35- 57. Los errores de lectura y de interpretación que existen son sólo atribuibles a mis propias incapacidades.

En un sistema económico como el capitalismo (propiedad privada, maximización de beneficios empresariales, acumulación financiera de la plusvalía, concentración del poder económico sobre el político), la democracia económica es un oxímoron. La democracia supone un contexto individual de libertad de elección que no se da en el Mercado en el que las empresas diseñan estructuras oligopólicas y poder de fijación de precios en las que la autonomía del consumidor es una ilusión.

La idea del consumidor como elector, consumidores que votan a través de sus elecciones de góndola, es una suerte de sarcasmo del poder, un insulto a la racionalidad social: cuando los consumidores compramos un bien o un servicio sólo buscamos satisfacer necesidades y deseos dados nuestros ingresos y los bienes y servicios disponibles en precio y cantidad. Cuando enciendo el gas de mi cocina no voto por Camuzzi, satisfago mi necesidad de fuego. Igual que cuando compro el pan no voto por el panadero que es conservador y reaccionario (lo vota a Milei, así que imaginense).

La economía tiene esa materialidad propia de nuestra condición humana: las necesidades. Que tienen un componente objetivo, en tanto somos materia y un componente subjetivo, en tanto nos moviliza la voluntad. Nuestras necesidades son carencias unidas a un deseo de eliminarlas.

El neoliberalismo -perdón los posmarxistas- es materialismo puro. Nos ha formateado un sentido común en el que todo es crematística y mercadotecnia. Crematística como economía política del dinero y mercadotecnia como dirigismo del consumo. Esa lógica es prevalente aunque nos crispe como portadores de razón humana. La educación, la seguridad, la justicia, el matrimonio, el asesinato, la religión, todo es y se puede analizar como hecho económico. Ese discurso fundante del neoliberalismo cristalizó con el Nobel de economía 1992 para Gary Becker por proponer el análisis microeconómico como base de la comprensión del comportamiento humano fuera del mercado.

La discusión sobre cómo aplicar la democracia económica a lo macro, meso o micro no pertenece a la agenda de la vida cotidiana, pero debería ser abordada para comprender mejor sus implicancias.

El nivel micro refiere al interior de las empresas con énfasis en la organización participativa (o no) del proceso de trabajo del que surgen preguntas tales como es nuestra empresa democrática?, existe cogestión de los representantes obreros?, se humaniza el trabajo con estándares laborales?. En fin, es la nuestra una organización participativa, que reemplaza la organización autoritaria típica del capitalismo? En este plano, la democracia económica enfatiza la calidad del trabajo, la formación del trabajador y el rol coparticipativo de los trabajadores, pero elude abordar la cogestión administrativa directa. En realidad, se reconoce que la democracia económica sólo sería posible superando las relaciones capitalistas de producción y la humanización del trabajo.

¿Pero cómo abandonar la propiedad privada que, desde Proudhon, sabemos que es un robo?

La pregunta abre el debate: ¿cuáles son las formas alternativas de propiedad de los medios de producción por parte de los trabajadores de una empresa para una transformación del proceso de acumulación que supere la alienación y la contradicción entre salarios laborales y ganancias empresarias, típicas del capitalismo, y el desinterés provocado por una propiedad difuminada en la sociedad?

El contexto que derive de una respuesta garantizaría una economía humanizada cuya propiedad no estuviera ligada a personas individuales -ni sea divisible entre ellas- sino que pertenezca al colectivo de trabajadores de la empresa, que no tendrán derecho de repartirse el capital, y cuya administración la ejerce un gremio elegido cuyo objetivo sea una administración productiva eficaz.

La democratización de la empresa debería combinar la utilización eficiente de los recursos y los excedentes con una nueva distribución de la riqueza y el ingreso para quebrar el vínculo entre individuos y propiedad por medio de un capital social colectivo. La conducción de la empresa debe ser ejercida por managers elegidos por los trabajadores, en quienes se delegan determinadas funciones. Como los ingresos y el empleo dependen de una administración eficiente, es esperable que la autogestión y la elección de managers sea al menos tan eficiente como en una empresa capitalista. Pero aquí se ganaría en transparencia, balanceando mejor los principios de equidad y eficiencia y utilizando más racionalmente los recursos.

Pensado desde la democracia económica, un problema fundamental es la asignación de los recursos en el proceso de creación de valor. Por eso, cobran relevancia las formas en que la sociedad distribuye el trabajo para satisfacer las necesidades sociales. ¿Cómo decide una sociedad democrática la distribución adecuada de los recursos? ¿Quiénes y de qué manera deciden sobre la distribución de los excedentes? ¿Cada colectivo de trabajadores dispone sobre su propio excedente o hay una instancia social superior? ¿Quién coordina las decisiones individuales y colectivas? Las preguntas abordan cuestiones técnicas difíciles de resolver.

Queda claro que una democracia económica implica una asignación de recursos bajo el rol regulador del Estado, la estatización de los grandes conglomerados empresariales formadores de precios y la planificación orientada por el Estado como «representante» del conjunto de la sociedad.

Los mercados no admiten una interpretación mecanicista, son sistemas sociales complejos cuya funcionalidad -en una sociedad postcapitalista- es relevante dado que la sociedad actual es híbrida (no exclusivamente capitalista) y que su transformación implica receptar las diversas formas no capitalistas existentes (como la economía circular, por ejemplo). El problema no es optar por la planificación o por el mercado, sino articular mecanismos sociales de planificación participativa con la actuación económica de mercado en la gestación de la producción y distribución de diferentes tipos de bienes y servicios con el control social de las inversiones.

Es fundamental comprender que la reasignación de los excedentes es una cuestión pública, no privada. Eso implica una tarea política de regular los mercados que es todo lo contrario de algo sencillo, mucho más si se lo pretende hacer de manera democrática y de forma que garantice su funcionamiento. Precisamente los controles no funcionan porque se carece de una base de apoyo en la democracia económica.

Musacchio afirma que la democracia económica es un proyecto social de transformación de las relaciones de poder y no una mera ingeniería sociopolítica.

Sin embargo, es posible efectuar algunos progresos a nivel provincial. Un ejemplo sería avanzar en la participación social y laboral en Petrominera Chubut Sociedad del Estado. Democratizar su gestión impulsaría su inserción en el amplio mercado de la energía y la minería y ejemplificaría las ventajas operativas y económicas de la democracia. Claro que es imposible pedir este diseño a un gobierno de raigambre neoliberal y conservadora. No importa, será.

 

Jorge Manuel Gil es economista y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia.

 

https://www.elextremosur.com/nota/46290-cacotomia-neoliberal-puede-la-democracia-economica-empezar-por-petrominera-chubut-se/

 

 

Entre la enfermedad mental y la apropiación de un país

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Se considera que la psicopatía tiene origen genético. El psicópata posiblemente tenga una alteración en la maduración de la corteza prefrontal. Se estima que el psicópata tiene una percepción de la realidad similar al resto de las personas pero es incapaz de sentir empatía, o sea ponerse en el lugar del otro, por lo tanto está muy limitado para sentir amor, solo le interesan sus propios intereses, es incapaz de sentir culpa y su yo endurecido goza con el daño a otros porque eso le demuestra su poder. Por su condición de perverso, o sea de tergiversar permanentemente la realidad, tiene un gozo adicional en hacer creer la mentira más absurda. En general son cerebrales y no pierden la calma. Muchos de los asesinos seriales, sino todos, son psicópatas, pero no todos los psicópatas son asesinos.
Es más frecuente encontrarlos como gerentes, empresarios, políticos o militares siendo los
psicópatas fundamentalmente afectos al poder. Se considera que hasta el 2% de la
población mundial tiene estas características. Quizá sea casual que ese porcentaje coincida
con los dueños del 60% de la riqueza del mundo.
¿Y los sociópatas? Estos no son genéticos, sus características son adquiridas a
partir del sufrimiento en la infancia. Son lo que se ha conocido como ‘resentidos’. Su
sufrimiento puede provenir del abuso, de las necesidades insatisfechas, o de una sucesión
de sentimientos de fracaso. Se caracterizan por odiar a la sociedad, la que sienten que les
debe algo, tienden a instalarse en una posición yoica desmedida, se autodefinen intentando
construir una épica de sí mismos, establecen vínculos afectivos patológicos con círculos
muy estrechos, ya que odian al resto. Son notablemente irascibles, pierden rápidamente la
calma y sus ataques de ira los superan no pudiendo controlarse. Por supuesto que en las
cárceles abundan los sociópatas, en general sociópatas pobres, a los que el devenir solo
les dió para caer en el delito, en la agresión o en ambos. Pero también las ideologías
extremas como el fascismo y el racismo son lugares donde abrevan estas conductas
patológicas y antisociales. Se encuentran con mayor frecuencia en las clases sociales más
acomodadas, los sectores medios y también en estratos socioeconómicos bajos,
frecuentemente integrando fuerzas de seguridad que les permiten una cobertura para
ejercer la violencia.
Llama la atención en la actualidad que una persona con evidentes características
sociopáticas haya concitado la atención y convocado al seguimiento de muchas personas
jóvenes. Nos preguntamos entonces: ¿Habrá una sociopatía social? ¿Pasó algo similar en
la Italia de Mussolini o en la Alemania de Hitler? ¿Podemos considerar como causal en
Europa la humillación de los perdedores de la primera guerra; pero cuál puede ser la causa
en un país que viene de haber logrado una democracia que ya cumplió 40 años,
mayoritariamente apoyada, y que condenó al menos a los responsables militares de la
última dictadura? Posiblemente la explicación, seguramente multicausal, debamos buscarla
en las heridas provocadas al cuerpo social por esa última dictadura. Tuvimos años difíciles
desde lo económico, para las primeras etapas de la democracia se debió lidiar con una
deuda monstruosa y con varias amenazas de golpe de estado. En el segundo gobierno
democrático pareciera que la sociedad se hubiese relajado y un gobierno que subió
enarbolando un discurso mentiroso completó en lo económico el plan que la dictadura no
pudo aplicar, a través de la convertibilidad logró una importante desindustrialización. Un
pueblo complaciente y desmovilizado fue seducido por las importaciones, la convertibilidad
y los espejitos de colores; todo esto financiado por el endeudamiento y la venta de las joyas de la abuela, que no fueron otra cosa la enajenación de las empresas públicas y de las jubilaciones. Desde lo cultural campeó sobre la sociedad la banalización social, la
farandulización de la política y la vida de relación, donde la fama y lo superficial se
constituyeron en valores superlativos.
¿Será que ganados por la estupidez dejamos de amar a nuestros hijos o por lo
menos nos comportamos como si ellos fueran secundarios y la hoguera de la vanidades
fuera socialmente más importante?
Hay un par de cosas que llaman la atención, los jóvenes enojados que siguen a un
sociópata y lo apoyan con una adhesión emocional que parece exenta de racionalidad
tienen la edad de nuestros hijos; la banalidad de los 90 llevó también a que la dirigencia
política, de manera demasiado generalizada, se desvinculara del pueblo al que debía
representar y dejara el barrio para mudarse al barrio privado, se metiera de lleno en la
farandulización de la política.
Los imperios no solo atacan con tropas o con préstamos impagables, también lo
hacen con situaciones edulcoradas que apuntan a destruir las conductas éticas a fin de
romper los lazos de pertenencia entre los representantes y los representados, de manera
similar a como algunos empresarios corrompen a algunos sindicalistas. Así se construye
una crisis de representatividad que afecta a la dirigencia política y gremial. Pero esta masa
amorfa y sin formación política arrastrada por la ultraderecha no está sola, hay también una derecha pensante y militante que motoriza y hegemoniza esta ultraderecha, no es
novedosa, es la derecha de siempre que tiene una particularidad, a diferencia de la extrema derecha europea anterior a la segunda guerra que era nacionalista, esta ultraderecha es cipaya, con una profunda vocación colonial y aire virreinal. Como dijo su líder, aunque tal vez sea solo su mascarón de proa, su alineación es con EEUU, Israel y el “mundo libre”; esos que hoy expresan su libertad a través del genocidio y la limpieza étnica.
Aparentemente, a diferencia del “síganme que no los voy a defraudar” de los
noventa, esta derecha dice lo que piensa hacer; sin embargo, todo discurso tiene un
subtexto. Así como el intento de revitalizar la teoría de los dos demonios y declamar que
hubo una guerra con violación de derechos de ambos bandos lo que pretende es negar el
terrorismo de estado y liberar a los genocidas presos a fin de habilitar futuras represiones; el argumento de la venta de niños como un acto piadoso para que un niño pobre pueda criarse en un hogar económicamente más favorecido, encubre la justificación de la apropiación de niños de las mujeres secuestradas a las que mantuvieron vivas hasta el nacimiento de sus hijos para luego asesinarlas. Toda relación entre seres vivos es transaccional, así la transacción sea un intercambio de favores o de dinero; esa monstruosidad fue tráfico de seres humanos, una cosificación de personas que no difiere del esclavismo. Así también dolarizar y destruir el Banco Central es simplemente reemplazar el Banco Central por la Reserva Federal de los EEUU. Macri mandó el oro que había en nuestro Banco Central a Londres en septiembre de 2017, su hijo putativo quiere ser súbdito del imperio anglosajón.

El orden internacional en crisis y la era del «oscurismo»

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El Iluminismo, desplegado en el siglo XVIII y que contuvo un ideal liberador, apuntó a subrayar el valor de la razón humana y el de las ciencias. Se pensaba que la razón tendría el potencial de crear mejores sociedades, superar las desigualdades colectivas y asegurar los derechos de los individuos.

Esto, se creía, conduciría a una mayor libertad, autonomía y dignificación de los seres humanos. Cientificista, racional, anti-dogmático y pro-secular, el pensamiento iluminista fue consolidándose en el siglo XIX y principios del XX. Sus ideales originales parecieron renacer después de la Segunda Guerra Mundial con la expectativa de la paz, la prosperidad, la autodeterminación, mientras la ciencia y la razón estuvieron abiertas al cuestionamiento y el escepticismo.

El reforzamiento del orden internacional liberal, con sus reglas, instituciones, valores e intereses, liderado por Occidente, con Estados Unidos como el primus-inter-pares, se creyó consolidado y comenzó a revelar su aspiración universal. Con ello, se proclamó el fin de las ideologías, de las religiones, de las guerras, y hasta de la historia. Un nuevo oleaje de democracias, el predominio del mercado, la vetustez del Estado, entre otras, se anunciaron como inapelables e irreversibles.

Visto en perspectiva, aquel proyecto emancipador se ha venido eclipsando: desde hace ya bastante tiempo la humanidad parece haber ingresado a la era del “oscurismo”. El orden internacional liberal se preserva en el Occidente desarrollado, pero viene crujiendo en el resto del mundo desde el comienzo del siglo XXI.

Las ideologías, en particular, aquellas de matriz reaccionaria, se expanden por doquier en distintas geografías políticas: muchos liberales y conservadores parecen dispuestos a pactar con derechas radicales y hasta extremistas con tal de mantener un dudoso statu quo.

Las religiones, en especial las monoteístas y sus expresiones más exegéticas, conservadoras y fundamentalistas han reaparecido con fuerza desde finales de los años setenta, mucho antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

La base material del poderío occidental se ha ido erosionando sistemáticamente debido al auge del capitalismo financiero desregulado que tomó vigor en los años ochenta del siglo pasado, mientras el capitalismo político de China, como lo define Branko Milanovic, así como los modelos industrialistas de Asia y el incremento de poderes emergentes del Sur Global, avanzan reconfigurado los ejes geo-económicos del mundo. Hoy Occidente parece movido primordialmente por una estrategia de resistencia ante el ascenso de Oriente.

En Occidente y Oriente, en el Norte y el Sur se vienen incrementando los niveles internos de desigualdad de diverso tipo, acompañados de manifestaciones de malestar social, polarización política y violencia institucional. El profundo deterioro de las democracias y el aumento paulatino de las autocracias se conjugan con formas híbridas que devienen en plutocracias, cleptocracias y anocracias. Las llamadas Revolución de Color y Primavera Árabe, entre otras, son parte del olvido, al tiempo que el “faro del mundo” que sigue invocando Estados Unidos, para sí mismo, no puede exportar la democracia pues está atravesado por una crisis democrática de proporciones.

El multilateralismo de la segunda posguerra se concibió como un ámbito para alcanzar consensos, abordar retos, reducir tensiones, generar estabilidad y reducir costos de transacción. Al cabo de más de siete décadas, los foros originalmente establecidos como Naciones Unidas han dejado de ser factores moderadores y constructivos de una política mundial inquietantemente pugnaz.

Las reformas anunciadas del Consejo de Seguridad se postergan en buena medida porque la ONU ya no refleja la distribución de poder realmente existente en el mundo y porque los cinco países con poder de veto han vuelto ingobernable la organización.

En la inmediata Posguerra Fría de inicios de los noventa se pregonó que el mundo asistiría al denominado “dividendo de la paz”, esto es; menos presupuestos de defensa, menos confrontaciones internacionales, más inversiones para combatir la pobreza y contribuir al desarrollo, y más tacto diplomático por sobre el músculo militar.

Hoy no solo crecen los gastos militares mundiales que en 2022 superaron a, valores constantes, los de 1961, sino que también prevalece el “dividendo de la guerra”: más actores recurren a su capacidad bélica para expandir su influencia, agredir al vecino, conquistar territorios y someter a poblaciones.

Las guerras en realidad nunca se acabaron; se tornaron cotidianas y planetarias bajo diferentes designaciones: la guerra contra el terrorismo, la guerra contra las drogas, la guerra contra migrantes, la guerra punitiva, la guerra convencional, la guerra de anexión, la guerra justa. De hecho, lo que se advierte en la actualidad es una elocuente fatiga con la paz en distintas latitudes.

Una combinación de poderes autonomizados y descontrolados, comportamientos descabellados, pulsión anti-científica, apogeo deshumanizante y ausencia de destino compartido parece ser lo que prevalece. Estas son las características de este “oscurismo” internacional que no es oscurantismo porque a lo que estamos asistiendo no es al imperio de lo irracional y de la incapacidad intelectual del hombre sino a la degradación de las formas de vida colectiva.

 

https://www.clarin.com/opinion/orden-internacional-crisis-oscurismo_0_yTCgao3jT5.html

BUSINESS ARE BUSINESS

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El 25 de octubre de 2016, el Presidente de la Argentina en ese momento, Mauricio Macri, recibió en la Casa Rosada a Laurence “Larry” Fink, CEO y fundador de BlackRock, el fondo global de origen estadounidense y administrador de activos más grande del mundo, quien le comunicó su interés de invertir en el área financiera, energética y minera del país. El encuentro se realizó en el despacho presidencial y participaron, también, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, el secretario de Finanzas, Luis Caputo, y el asesor presidencial en materia de inversión extranjera, Horacio Reyser Travers.

Fink visitó a Macri en la Casa de Gobierno y BlackRock se convirtió en uno de los primeros en apostar por las LEBAC (letras del BCRA). Antes había organizado, en septiembre de 2016, el primer viaje de Macri como Presidente a Nueva York, un encuentro con empresarios donde distribuyó un dossier alabando el “extraordinario potencial” del país para las inversiones financieras y energéticas.

El 6 de noviembre de 2017, en las oficinas de BlackRock ubicadas en el corazón de Manhattan, se reunieron los gobernadores Miguel Lifschitz, Gustavo Bordet y Juan Schiaretti, el senador Federico Pinedo, los legisladores Diego Bossio y Rodolfo Urtubey, y el ministro de Finanzas, Luis Caputo, en representación de la Argentina. Y entremezclados, como asigna el protocolo, se encontraban los socios del magnate Fink: Andrew Liveris, CEO de Dow Chemical Company; Sue Wagner, miembro del directorio de Apple; Darío Speranzini, CEO de General Electric; Clay Neff, presidente de exploración de Chevron para África y América Latina; Jorge Pérez, CEO de Real Estate Developer de Tishman Speyer, y Laxman Narasimhan, CEO para Latinoamérica, Europa y África de PepsiCo.

BlackRock es un fondo de cobertura que emplea a unas 14.000 personas en 30 países en los que tiene oficinas que venden productos financieros y que se dedican a invertir en empresas y títulos públicos; declara administrar activos en el mundo por ocho billones de dólares (16,5 veces más que nuestro PIB anual). Tiene participación accionaria en JP Morgan, Chevron Corporation, Repsol S. A., Dow Chemical Company, Ford, General Motors, Tesla, Bayer-Monsanto, NVIDIA, IBM, Apple, Amazon, Microsoft, Google, PepsiCo, Coca Cola, Viacom (conglomerado mediático estadounidense con intereses mundiales, en la Argentina con Telefé), Warner Bros, McDonald’s, Starbucks, Netflix, Fox, Procter & Gamble, Unilever, etc.

En la Argentina ya tenía participación en varias empresas que están en el país, pero su presencia se expandió fuertemente tras el gobierno de Cambiemos, y es accionista en:

  • los cuatro primeros bancos privados que operan en el país por volúmenes de depósitos (Santander-Río; BBVA; Galicia, y Macro) y en el HSBC;
  • las dos principales empresas que compraron dólares para fugarlos en los cuatro años de gestión de Cambiemos, que son Telefónica Argentina, que compró 1.248,2 millones de dólares, y Pampa Energía, que compró 903,8 millones de dólares;
  • YPF, donde posee 9.770.000 de acciones correspondientes al 5,67 % de los papeles en circulación en los mercados de capitales de Buenos Aires y Nueva York;
  • TRASENER; en Transportadora de Gas del Sur, y en Transportadora de Gas del Norte;
  • Glencore, que es Viterra en la Argentina (ex Oleaginosa Moreno), que se fusionó con Bunge y es la principal acopiadora y comercializadora de granos del mundo. Glencore participa también la explotación de oro y cobre en el país;
  • Central Puerto, Loma Negra, IRSA, Tenaris (Techint), Mercado Libre, Arcos Dorados, Adecoagro y en todas las subsidiarias de las empresas en que participa en el mundo;
  • el otro gran fondo de cobertura que apostó fuertemente en la Argentina de Cambiemos, Franklin Templeton, que teóricamente tenía más información del país por trabajar para ellos Gustavo Cañonero [1], quien había sido jefe de Luis “Toto” Caputo y de Santiago Bausili en el Deutsche Bank [2].

Fue el lunes 14 de mayo de 2018, un día antes de uno de los mega vencimientos de LEBAC que jaqueaban al gobierno, cuando los dos fondos de origen norteamericano (BlackRock y Franklin Templeton) trajeron dólares frescos al país para convertirlos en la primera emisión de BOTE 2023 y 2026 (Bonos del Tesoro de la Nación) nominados en pesos y a una tasa fija del 20 % anual [3]. Así abastecieron la demanda de divisas que ese día aparecería por la tendencia de los fondos internacionales de salir de las LEBAC y zambullirse en los dólares abastecidos por el Banco Central.

Mauricio Macri

La familia Macri fue una de las grandes beneficiadas de la dictadura cívico-militar y después por el menemismo. Hasta 1976 el grupo tenía siete empresas y su facturación total no superaba los cien millones de dólares anuales. Incrementó la cantidad de empresas a 50 —entre ellas Mirgor SACIFIA, Philco S. A., Pluspetrol S. A., Manliba S. A., Itron (en alianza con el grupo Siemens), GNC Galileo (Gas natural), Distribuidora de Gas Cuyana y del Centro, Citrus Trade Famaillá, Sideco Americana (Construcción), IECSA (Construcciones en Argentina), Correo Argentino S. A., Líneas de Transmisión del Litoral (Transporte de Energía eléctrica), etc.— y se convirtió en uno de los grandes grupos locales.

Es desde esa posición de la que Mauricio Macri, hijo primogénito y referente de la familia, se lanzó a la carrera política, primero como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde el grupo crecía en inversiones inmobiliarias (Torre de Bulnes, Madero Plaza; además de tener emprendimientos en otros puntos del país —Pluma de Pato en Salta, Parques Eólicos Miramar S. A.[4]—) y en empresas offshore (Kagemusha, Latinum Investments) y luego como Presidente de la República en 2015-2019.

Es obvio que BlackRock prefiere tener como socio y controlador del gobierno a Mauricio Macri que a Javier Milei, del que duda que esté en su sano juicio, y desplazó en el operativo a su empleado Darío Epstein, quien le aseguraba el triunfo electoral de Javier Milei sin necesidad de los buenos oficios de Macri.

Macri, con años en la política argentina y con mejor información, le aseguró a Larry Fink que, derrotada Patricia Bullrich, iba a dividir el frente de Juntos por el Cambio y que mayoritariamente se sumarían a La Libertad Avanza, condición sine qua non para ganar las elecciones del 19 de noviembre de 2023.

Fueron dadas a conocer por distintos medios las condiciones impuestas por Macri a Milei cuando lo invitó junto a su hermana Karina a cenar a su casa en Acassuso y, para los postres, ingresaron los que encabezaban la fórmula perdedora, Patricia Bullrich y Luis Petri. Estas se resumen en generar las condiciones para que los fondos de cobertura y principalmente BlackRock se queden a precio vil con Vaca Muerta, YPF; para que esta última recupere parte de los más de 2.000 millones de dólares en títulos de deuda del Tesoro Nacional que posee y continúe expandiendo su participación en empresas locales.

Por eso no fue casualidad que, en su discurso del miércoles 1 de noviembre de 2023, en el 13.º Foro de Negocios ABECEB, que se desarrolló en el Faena Art Center de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri dijera: “Se gastan todas las reservas del BCRA y cuando se les acaba le dan a la maquinita y le echan la culpa a que cuando hay inflación y los precios crecen, según su manual, son los supermercadistas. Cuando congelan las cosas, segundo manual, los señores petroleros que quieren ganar plata, entonces no venden la nafta porque no tuvieron precio para invertir, se quedan sin energía, las empresas que distribuyen energía colapsan y siempre el poderoso es el culpable”.

En primer lugar, el BCRA  vendió 28.430 millones de dólares de las reservas internacionales, desde el 1° de enero de 2020 al 30 de junio de 2023, a 63 pesos y a $ 263,68 pesos por dólar, para que pudieran pagar sus supuestas deudas en el exterior las empresas locales (todas miembros de la Fundación Mediterránea), más Clarín, más Techint, más el grupo Eurnekián, más Ledesma, etc., y en menor medida las empresas extranjeras como Toyota S. A. y Shell S. A.

YPF, Raizen (Shell), Trafigura (PUMA) y PAE son las cuatro grandes distribuidoras de combustibles del país. En la Argentina se producen 645.500 barriles diarios de petróleo y no se refina lo suficiente para el mercado interno, lo que obliga a la importación de combustible refinado para garantizar el abastecimiento local. Es decir: exportación de petróleo, que asegura dólares competitivos a las empresas (30 % de las ventas al exterior se liquidan al pecio del CCL), y dólares baratos para importar combustible refinado (compran a precio oficial).

La queja de esas empresas es que al instrumentarse el SIRA (Sistema de Importaciones de la República Argentina) desde el martes 17 de octubre de 2023, deben contar con una cuenta corriente única de comercio exterior para registrar todas las operaciones cambiarias que se dieron en los últimos dos años (que es fácilmente verificable). Esas entidades, cuando piden autorización para importar, si cuentan con dólares registrados en esa cuenta única de comercio exterior, deben usarlos, entonces se niegan a importar porque no quieren pagar con dólares propios.

Macri les promete abandonar el SIRA y su ex ministro, Juan José Aranguren, ex presidente de Shell Argentina S. A., dijo en estos días que: “El litro de nafta debería estar llegando a los 900 pesos”.

 

En defensa propia

Mauricio Macri ofrece sus buenos oficios como socio menor de los fondos de cobertura, pero genera un cimbronazo en la Fundación Mediterránea y en los demás grupos locales, que saben que también vienen por ellos.

Domingo Felipe Cavallo, después de la derrota de Malvinas en que se reemplazó a Galtieri por Bignone, pasó a ser, en julio de 1982, presidente del BCRA. Su gestión duró solo 53 días, pero le permitió crear los seguros de cambio para las empresas endeudadas en el exterior y, de esa manera, hacer que estas transfirieran su deuda en dólares al Estado nacional. El Estado, por su parte, creaba títulos de deuda (BONEX) para pagarle a los acreedores externos (Comunicación A-163 del BCRA del 15/07/1982); con ello, disminuyeron sideralmente la deuda de las grandes empresas y se la impusieron al pueblo argentino. Sevel (Macri) adeudaba 124 millones de dólares; Acindar, 649 millones de dólares; Compañía Naviera Pérez Companc, 211 millones de dólares; Loma Negra, 62 millones de dólares, entre otras.

Las empresas beneficiadas por el seguro de cambio —las más fuertes del país— se sumaron fervorosamente a la Fundación Mediterránea, reconociendo de hecho al hábil economista que les había evitado echar mano a sus capitales fugados al exterior para pagar sus deudas con el mundo.

Pero Cavallo, cuando era ministro de De la Rúa, jugó a favor del capital extranjero (los dolarizadores) contra la burguesía local. Por eso, el que era presidente de la Fundación Mediterránea, Martín Amengual, aseveró: “No es que reneguemos de lo que ha hecho Cavallo, que creemos que lo hizo con su mejor buena fe, pero hoy estamos con otro rumbo, otro diagnóstico y otra preocupación”.

Mauricio Macri no está exento de que le pase lo mismo.

 

[1] Franklin Templeton Investments es socio de SBS Asset Management, fondo del que Gustavo Cañonero era director antes de asumir como vicepresidente del Banco Central. 
[2] Santiago Bausili fue procesado por «negociaciones incompatibles con la función pública», por participar de la contratación del Deustche Bank como intermediario en la colocación de deuda pública, pese a que había trabajado en esa entidad bancaria hasta dos días antes de asumir en la función estatal y que recibió acciones de la entidad hasta septiembre de 2018 como retribución a su retiro. Es más, mientras era funcionario (subsecretario de Finanzas desde el 11 de diciembre de 2015 y luego secretario, reemplazando a su jefe, Luis «Toto» Caputo, cuando este pasó a ser presidente del BCRA) violó la ley de ética pública, porque debería haberse abstenido de intervenir en todos los asuntos que tuvieran vinculación con el Deustche Bank por al menos tres años, según dice la presentación del fiscal Federico Delgado al requerir la indagatoria del ex funcionario; el juez de la causa, Sebastián Casanello, sostuvo que «se vislumbra, con meridiana claridad, que Bausili no podía intervenir en ningún asunto relacionado o vinculado a su ex empleador hasta septiembre de 2021», para terminar afirmando: «En otras palabras, todas las acciones llevadas a cabo por el nombrado, en ese período, se encontraban prohibidas por ley”.
[3] Desembolsaron 2.780 millones de dólares cuando el dólar saltaba a 25,50 pesos para posicionarse en Bonos del Tesoro (BOTE), que adquirieron por 73.249 millones de pesos en dos instrumentos a tasa fija a 2023 y a 2026. El problema fue que, en agosto de 2018, el precio del dólar alcanzó los 38 pesos (devaluación del 49 %). El derrumbe de los precios fue tal que para un bono con un valor técnico de 105,9 pesos, su valor de mercado era menor a los 81 pesos, como era el caso del BOTE a 2026.
[4] En el año 2016, Sideco Americana S. A. creó junto con un grupo de socios cuatro empresas presididas por el contador Mariano Payaslian y adquirieron seis parques eólicos en Chubut y en Miramar (provincia de Buenos Aires). Las licitaciones habían sido ganadas en el año 2015 por la española Isolux (socia en Argentina del Grupo Macri), que a los pocos meses las vendió a Usir Argentina S. A., presidida por Mariano Payaslian. Tres meses después, el contador fundó Parques Eólicos Miramar S. A. Seis meses más tarde, el 5 de septiembre de 2016, creó otras dos empresas: Sideli S. A. y Sidsel S. A. En las cuatro sociedades (Usir Argentina, Parques Eólico Miramar S. A., Sideli y Sidsel), Payaslian figura como socio y presidente.

 

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