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miércoles, abril 22, 2026
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De Dorrego a Cristina

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La historia es una disciplina que ha sido movida estratégicamente de los diseños curriculares, de los planes y programas de estudio de las escuelas públicas de la ciudad de Buenos Aires. Seguramente no hace falta dicha disciplina para un neoliberalismo que nos plantea el mundo como una totalidad global y homogénea dirigida por los mercados. Para qué enseñar una historia que nos venga con el cuento de que la humanidad es esencialmente plural y diversa. Eso es lo que se enseña —entre otros temas inconvenientes a juzgar por el Ministerio de Educación— en los históricos Institutos del Profesorado porteños y es una de las razones que impulsan al Ministerio de Educación para restarles un financiamiento adecuado.

Como de historia estamos hablando, tampoco hace falta una disciplina que recuerde algún día que, durante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, la Vicepresidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, estuvo a punto de ser asesinada dentro de la geografía sobre la que reina y en el barrio de Recoleta. Ni que la historia consigne que, en la misma ciudad, se llevó a cabo el juicio más injusto y ridículo de la historia argentina, a partir del montaje de causas y delitos inexistentes y contra la misma persona que se quiso matar días antes.

En las escuelas porteñas no se hablará de ello, solo se reproducirán las versiones que sobre estos temas se han preparado prolijamente. Se les negará a lxs jóvenes de la ciudad el conocimiento de una historia que no sea racista, colonial, colonialista y mercadista. Porque para los dueños del planeta, la única historia posible es la presente, la historia de la homogeneidad global, aquella de que la realidad es lo que hay, la que permiten enseñar los dueños del poder real. ¿Para qué enterarnos de alguna otra versión del pasado, aunque sea el nuestro? ¿Para qué la historia, si total la bala no salió pero el fallo sí salió, como decía Clarín, luego del acto criminal? O ¿habrá peronismo sin Cristina y habrá Argentina sin peronismo, tal como nos instruía el legislador Gerardo Milman, desde su despacho conspirador, en un bar cercano al Congreso? Fue este un enorme ejercicio de adivinación, días antes de los hechos y refiriéndose al destino inmediato de la Vicepresidenta, a la que creyó muerta mientras él viajaba plácidamente a la costa atlántica.

Tampoco es deseable para el Ministerio de Educación que en las clases de Formación Cívica se hable sobre los exabruptos de la Cámara Federal Porteña, que le rechazó recursos a Cristina Fernández de Kirchner para que no dejaran libres a posibles cómplices de su abortado asesinato. Todos ellos, miembros de una organización neonazi llamada “Revolución Federal”, se auto-consideran salvadores de la patria e intérpretes de los deseos de la sociedad. Aunque ya estuvieran todos procesados por imponer sus ideas o enmudecer las ajenas por medio de la violencia, la difusión del odio y la instalación del miedo. No, porque esta no es la realidad y, para el neoliberalismo, este es el nuevo orden y la nueva justicia.

Para qué conocer en las escuelas citadinas al grupo al que Macri llamó “unos loquitos sueltos”, pero que fue la mano de obra del atentado. A ver si todavía descubrimos que tenían puerto, logística y financiamiento político para cometer el crimen, y si ese puerto, estaba nada menos que en Juntos por el Cambio.

Las argumentaciones negadoras y minimizantes, el silenciamiento en los medios hegemónicos sobre el crimen cometido en Recoleta, el aparato represivo montado desde la oscuridad por el Ministerio de Seguridad del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, así como el ataque focalizado a militantxs y políticxs del peronismo con anterioridad al 1 de septiembre y la desidia, ineficacia e ineficiencia de la investigación a cargo del caso que no hace más que permitir el crecimiento de estos grupos, nos eximen de argumentos.

La historia que se imparte en las escuelas omitirá la verdad y la significación de los hechos. Hechos sobre los cuales los docentes no se encuentran autorizados a hablar para que no los acusen de adoctrinadores y les hagan sumarios más penales que administrativos. Todos estos hechos hacen que el posterior viaje conspirador al patagónico Lago Escondido no nos extrañe demasiado.

Sin embargo, nada hay de nuevo bajo el sol, ya que aun en otros contextos históricos, con otros personajes y otras herramientas, algunos de los fenómenos descriptos ya ocurrían.

Por ejemplo y además fortalecido por la enorme pluma y prosa de D. F. Sarmiento y sin el ánimo de comparar al sanjuanino con esta banda de conspiradores de una pobreza lingüística soberana, culposa, machista y colonial puesta en evidencia en los chats que tomaron estado público, es que propongo alguna reflexión.

No es nuevo que en el viejo liberalismo unitario y conservador, la idea de la eliminación del otro ya era moneda corriente a principios del siglo XIX y que también se tejían conspiraciones, se cometían crímenes en nombre de la patria, acciones que luego se banalizaban y justificaban. Así, como si nada hubiera pasado o como si lo que ocurrió fuese un hecho natural, previsto, imposible de evitar, aunque se tratara de una tragedia política traducida en un asesinato. Nada, ni el casi permanente estado de guerra civil en el que se vivía por entonces, justifica la eliminación del otrx o de lxs otrxs. Desde ningún ángulo de la política ni en ningún tiempo o espacio.

Tales fueron, por ejemplo, los comentarios deslizados por Domingo F. Sarmiento en Facundo, Civilización y Barbarie, luego de los asesinatos del gobernador de Buenos Aires, general Manuel Dorrego, a manos de del general Juan Lavalle en 1828 y del general Juan Facundo Quiroga, gobernador de La Rioja, a manos de los (luego ejecutados por J.M. de Rosas) Santos Pérez y los hermanos Reynafé, traidores a la causa federal en 1835 e instigadores del asesinato de Quiroga.

Nos decía el celebrado padre de la educación argentina, Domingo Faustino Sarmiento: “La muerte de Dorrego fue uno de esos hechos fatales, predestinados, que forman el nudo del drama histórico”.

O “Dorrego estaba de más para todos”.

Agregaba Sarmiento: “Lo que Lavalle hizo fue dar con la espada un corte al nudo gordiano en que habrá venido a enmendarse toda la sociabilidad argentina. Dando una sangría, quiso evitar el cáncer lento”.

O “La muerte de Dorrego era una consecuencia necesaria de las ideas dominantes de entonces y que dando cima a esta empresa, el soldado intrépido [Lavalle] hasta desafiar el fallo de la historia, no hacía más que confesar el voto confesado y proclamado del ciudadano”.

O “Lavalle, fusilando a Dorrego, se proponía fusilar a Bustos, López, Facundo y los demás caudillos, respondía a una exigencia de su época y de su partido”, del que el introductor de Civilización y Barbarie en la Argentina fue cómplice e ideólogo.

Sobre Quiroga justificó el crimen. Lo atribuyó a la predestinación política, tomando en cuenta la vida que llevaba y los odios ganados por un hombre típico exponente de la barbarie.

Luego de la relectura del Facundo, ya que de allí extrajimos las citas, nos sentimos tentados a interrogarnos.

Primero: en caso de haberse consumado el crimen de Cristina Fernández de Kirchner, ¿no podrían los diarios hegemónicos haber escrito en el mismo sentido que lo hizo Sarmiento para describir casi como algo natural, deseado, el crimen de Dorrego a manos de Lavalle? De hecho, los chats entre los miembros de Revolución Federal y el resto de los procesados, así como los hechos llevados a cabo con antorchas, guillotinas, horcas y agresiones variopintas, dan por sentado que Cristina, Alberto, Máximo y el peronismo debían llegar a su fin. Que es algo esperado por la sociedad.

Segundo: parecieran existir entre ambos tipos de banalizaciones, las de Sarmiento y las de Juntos por el Cambio, alguna vinculación. Al fin y al cabo, cualquier comienzo de la actual y absurda binariedad llamada “grieta” reconoce sus orígenes en el enfrentamiento entre unitarios y federales. Y, en los casos mencionados, las palabras descriptas tuvieron origen en el lado liberal, unitario y conservador y en el hoy denominado neoliberalismo, ambos sectores socios a través del tiempo.

Los personajes que decidieron aceptar una invitación privada del diario Clarín para irse a esconder en la Patagonia a un lago que es propiedad de un extranjero e inglés y hacer lo que mejor saben, por ser conspiradores vitalicios, constituyen una mafia. No admiten reparos ni límites legales ni éticos para destruir las instituciones democráticas y llevarse por delante al pueblo argentino. Funcionan como un Estado paralelo. Deciden sobre el presente y futuro de todas y todos los argentinxs. Desparraman su odio, inoculando con este a toda subjetividad posible. Lo hacen a través de los medios concentrados de comunicación, como Clarín y La Nación.

Finalmente, Cristina Fernández de Kirchner se situó ante un pelotón de fusilamiento jurídico, mediático y político. Fue condenada y proscripta junto a millones de personas que sostienen que nada puede haber sin ella ni el Frente de Todos. Cristina redobló la apuesta renunciando a sus posibles candidaturas e interpelando con su ejemplo a la sociedad; desafiando a los poderes de facto y a los eternos colaboradores de los golpes militares.

Cristina no estaba de más para todos —como tampoco lo estuvo Manuel Dorrego— porque a ambos los respaldaron y respaldan mayorías. Es en la historia argentina y latinoamericana donde hace rato penetró Cristina Fernández de Kirchner, porque es una líder de masas del campo nacional y popular y una estadista latinoamericana y no hay escuela en el país que pueda silenciarla en beneficio de la ignorancia, ni siquiera las del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, enemigo acérrimo del peronismo, del federalismo y de cualquier historia que tenga como sujeto al pueblo trabajador y se oponga a su lógica racista, colonial, individualista y adoradora del mercado.

Con su actitud, la ex Presidenta volvió a burlar al poder real y le puso en claro al otro, al formal, que no está para ser títere de nadie. Que el momento no admite claudicaciones, menos de parte de quienes rinden fidelidad a la mejor discípula (junto con N. Kirchner) de Juan Domingo y Eva Perón y al peronismo. Que hay que definir el modelo político y económico de desarrollo. Que la Nación está en riesgo. Que los poderes concentrados de la economía, el Estado paralelo y la mafia judicial y seguramente otros intereses extranjeros esperan que el peronismo pase a ser solo un parque temático para ir de paseo. La movilización popular, la habilidad del gobierno nacional y la clase política del Frente de Todos serán herramientas indispensables para evitarlo. Que estén a la altura de los acontecimientos es lo que esperamos todos y todas.

 

Prof. Raúl Moroni fue supervisor de Educación Media y ex director de área de CABA. Pertenece al Grupo Rescate de educadores de la ciudad de Buenos Aires.

 

De Dorrego a Cristina

Edúquese quien pueda

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Luego de las últimas elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), que tuvieron lugar en la Argentina, uno de los candidatos a Presidente que obtuvo la mayoría de los votos, Javier Milei, ratificó, entre otros anuncios, su voluntad de resolver el problema de la educación a partir de la entrega de vouchers.

En síntesis, se trata de la entrega que haría el Estado, a las familias, de un certificado, que serviría para la compra de un producto, en este caso, la educación. Este tendrá un valor determinado con el que padres y encargados de lxs alumnxs podrán elegir una escuela para sus hijos.

Si bien el candidato ganador no ha dado demasiadas explicaciones sobre el funcionamiento de este sistema, lo cierto es que su propuesta marcaría el fin de la escuela común, gratuita y obligatoria, financiada en su totalidad por el Estado y vigente desde 1884.

Podemos entender que a Javier Milei, a juzgar por ciertos discursos, comportamientos y gesticulaciones puestos de manifiesto y que responden a un fascismo societario, común a las extremas derechas globales, no le interese mucho esta costumbre de explicar.

Sin embargo, a la mayoría de las personas que ha estudiado en la escuela pública o que ha enviado a sus hijos a esta sí le interesa, y mucho, el anuncio del candidato, que consiste nada menos que en mercantilizar y privatizar la educación, es decir, terminar con la escuela pública.

La cuestión de los vouchers puede contextualizarse en la relación existente entre la globalización, el desarrollo económico y la educación.

Los marcos privatizadores de la educación se encuentran inscriptos en el modelo económico neofordista, aquel que reduce el Estado a su mínima expresión y deja al mercado el poder de decidir sobre la vida de las sociedades, el mismo mercado que tanto sufrimiento ha causado y causa al planeta.

El modelo neofordista, promotor de la voucherización de la educación, puja por el control privado y hegemónico de las fuentes de conocimiento, desde la educación básica en las escuelas, hasta la educación superior universitaria y no universitaria.

Del mismo modo, propone una fuerza de trabajo flexible, con escasa cualificación de la mano de obra, reducida a la demanda, empleos temporarios, contratos laborales baratos o sueldos regidos por el valor que el mercado disponga, el fin de las vacaciones pagas, aguinaldos e indemnizaciones. En suma, el fin de lo que va quedando del Estado de bienestar.

Es real que, en marcos de globalización, el saber y la inteligencia aparecen como una fuente de poder de alta calidad, y como el ingrediente más importante para dotar a la fuerza de trabajo a elegir.

El conocimiento, la formación de capacidades, ha pasado de ser un complemento del poder económico y de la fuerza de trabajo, a ser su propia esencia, a ser la clave para el poder y las ideas económicas dominantes, con lo cual la batalla por el conocimiento será una pelea que tendremos que dar.

La política educativa de Javier Milei se puede resumir en la supervivencia del más fuerte, en un sálvese o edúquese quien pueda. Se sostendrá en la libre elección que harán las familias, en el marco de un mercado competitivo y desigual de escuelas y universidades, en un sistema de escuelas públicas y privadas que competirán entre sí.

El financiamiento de la educación básica dependerá del Estado, y quedarán fuera del esquema público los últimos años del secundario y la enseñanza superior, universitaria y no universitaria.

Las instituciones educativas podrán realizar su oferta dirigiéndose a diferentes grupos de clientes, como por ejemplo las minorías étnicas y religiosas o a las familias, que tendrán la opción de elegir entre una oferta diferenciada y de escuelas.

Lxs que puedan hacerlo pagarán las mejores instituciones. Los más pobres, en cambio, dispondrán de las escuelas que puedan pagar con el voucher que les hayan entregado, y su destino será el de conformar una fuerza de trabajo, no capacitada, de muy baja calificación y salarialmente deteriorada.

En este sistema, la distribución de educación será desigual y las escuelas que no puedan captar suficientes alumnos, como para ser económicamente viables, correrán el riesgo de quebrar y en consecuencia de cerrarse.

La mercantilización —privatización de las escuelas públicas, la selección y competencia desde y por la educación— proporciona claras ventajas a las clases más acomodadas, dadas sus ventajas en relación con el capital económico y cultural adquirido previamente, y en relación con su posicionamiento socio-económico.

De allí surgirán los profesionales, los grupos de elite, con muy buena educación y buenos sueldos, que ocuparán las mejores escuelas y monopolizarán la adquisición de las mejores capacidades, los mejores conocimientos y las mayores posibilidades de acceder al pensamiento crítico.

Sin embargo, no termina todo allí, ya que la nueva derecha pretende que con la introducción de mecanismos de mercado en la educación se permita que sean los alumnxs más beneficiados y los empresarixs quienes definan planes y programas de estudio, el número de trabajadores cualificados por empresa, así como el tipo de aptitudes que estos deberían tener.

Se conformará, de esta manera, la empresarización total del sistema educativo y la formación de una nueva clase dirigente, surgida de las escuelas y universidades más costosas del mercado.

Como puede observarse, el sistema educativo quedará transformado en un mercado fragmentado, discriminado, polarizado en términos de clase social, procedencias étnicas y confesiones religiosas. Con lo cual, la posibilidad de ascenso social y aspiraciones de continuidad de estudios superiores y universitarios quedarán conculcadas, inhabilitadas para una franja muy importante de las clases medias argentinas, así como para las familias de menores recursos, lo que atentará contra la sobrevivencia de las clases medias argentinas.

La voucherización de la educación marcará, asimismo, la marginación de talentos potenciales, quienes, por pertenecer a sectores de menores recursos, tampoco tendrán acceso a las escuelas más favorecidas.

Por último, el sistema de vouchers produce la segregación estamental y educativa. Determina la formación de guetos, escuelas para las clases sociales mejor ubicadas en la pirámide social, para las clases medias pauperizadas y para los sectores más populares.

 

Raúl Moroni fue director de Educación Media y Técnica en CABA. Actualmente, integra el Grupo de Apoyo Técnico Pedagógico a la escuela secundaria, UTE – CTRA.

 

Edúquese quien pueda

 

La desaparición del garante

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Semanas atrás nos ocupamos, en El Cohete a la Luna, de hacer una caracterización general del significado que tiene la implementación de vouchers en el sistema educativo argentino. Planteo que el candidato ganador de las PASO Javier Milei pondría en marcha de ser electo como Presidente de la Argentina, en las elecciones de octubre próximo.

Asimismo, planteamos el vínculo directo que la entrega de vouchers tiene en el marco de una globalización hegemónica y asimétrica, sustentada en los movimientos de capital financiero internacional y como consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales.

El neoliberalismo conforma un modelo político colonial que propone la desaparición del papel del Estado nacional como promotor y árbitro del desarrollo económico y garante de la justicia social. Además, establece la privatización de las empresas estatales en marcos de libre mercado y estricta defensa de la propiedad privada.

En estos contextos, el voucher educativo no es de ningún modo un fenómeno aislado, sino que forma parte de dicha estrategia global, que propone una falsa modernización del Estado y de la sociedad.

Aunque parezca mentira, la voracidad política del neoliberalismo local, reaparece, una y otra vez, como una constante en los últimos 50 años, con las viejas recetas sostenidas en las políticas de mercado.

Cuesta comprender cómo estas iniciativas, que ya se aplicaron y fracasaron en la Argentina pos-peronista (1955/1973), durante la dictadura predadora y homicida (1976/83), en el gobierno de Carlos Menem (1989/1998), en el de Fernando de la Rúa (1998/2001) y en el de Macri (2015/2019), vuelvan a ser votadas por importantes sectores de la población, donde se incluyen, además, gran cantidad de jóvenes.

El voucher, en la educación, es la herramienta inicial de un proceso que apunta a la destrucción del sistema público de la educación, al que los organismos multilaterales de crédito, como el FMI y el Banco Mundial, consideran un “gasto innecesario”, que debe ser privatizado, a efectos de autofinanciarse e integrar la educación a las políticas de mercado. Al constituir el voucher, un instrumento con valor de cambio que puede comprar educación, el inicio del proceso de privatización de la educación será un hecho.

Resulta necesario aclarar que no se trata de dinero en efectivo al que las familias podrán dar un uso discrecional. Con el voucher que otorgará el Estado, las personas podrán comprar educación, ya que esta, en los contextos planteados, se convierte en una mercancía que no será de la misma calidad en todas las escuelas.

Para empezar, hay que entender que con la aplicación de este tipo de políticas desaparece no solo —como ya dijéramos— la educación gratuita y obligatoria, sino el Estado argentino, como garante del derecho a dicha educación.

De esta manera, serán los criterios de mercado los que regulen la competencia que se instalará entre escuelas públicas y privadas.

No hace falta explicar que de semejante “libre competencia” saldrán favorecidas las escuelas privadas, que cuentan con aportes de capital, proveniente de sus dueños, de las mismas familias de lxs alumnxs o bien de empresas patrocinantes o aportantes particulares que —como imaginamos— apostarán por escuelas de elite.

Al igual que lo sucedido en Chile, los vouchers o la subvención a la demanda de la educación serán acordes al número de alumnxs que asistan a las escuelas y a los resultados de evaluaciones estandarizadas y descontextualizadas, que deberán rendir lxs alumnxs de las instituciones.

Dichas evaluaciones serán las que determinen el posicionamiento de las instituciones educativas, en línea con una jerarquía de escuelas que el Ministerio de Educación publicará, a fin de que las familias puedan elegir, siempre y cuando consigan vacantes.

Las escuelas más rezagadas en la evaluación quedarán sujetas a que se les suspenda el financiamiento o directamente se las cierre por no cumplir con las expectativas esperadas.

A fin de subsistir, las escuelas públicas peores posicionadas podrían recurrir a la búsqueda de capitales privados para poder funcionar y competir; hecho que iría, gradualmente, consolidando la privatización total del sistema educativo.

El modelo de Estado neoliberal, al que representan Milei y Bullrich, planteará un derecho a la educación fundado en otra conocida trampa: la libertad de enseñanza, entendiendo por ella a la libertad y el derecho para abrir, organizar y sostener económicamente escuelas, es decir, convertir a la totalidad del sistema en un ámbito para “hacer negocios”.

En dicho marco, no extrañaría que aparezcan ONGs y “asociaciones civiles sin fines de lucro”, que lejos de hacer honor a su nombre, salgan a vender educación, con aval oficial, por las escuelas de la Nación.

De este modo, lo que esconde el escueto anuncio del candidato libertario (“se repartirán vouchers”) traerá aparejadas, no solo la apertura del proceso privatizador, sino, la generación de guetos educativos, es decir, escuelas para pobres, ricos y grupos de elite. Estas últimas serán las escuelas encargadas de la formación de una nueva clase dirigente, en clara sintonía ideológica con el gobierno de turno.

Las escuelas quedarán de esta manera sometidas a las reglas del libre juego de oferta y demanda y del lucro. Se profundizarán desigualdades existentes, dejando a amplios sectores de la sociedad sin posibilidades de acceso a una educación de calidad y sin pasaje a la universidad.

Finalmente, cabe destacar que la voucherización de la educación termina, además, con la vigencia de la Ley de Educación Nacional (26.206) sancionada en 2006, en marcos efectivos de justicia social e inclusión educativa.

Raúl Moroni es supervisor y ex director de Educación Media y Técnica CABA. Integra el equipo Técnico-Pedagógico de apoyo a la escuela Media, UTE CTRA.

 

La desaparición del garante

 

Una radiografía de lo privado y lo público: cómo sería el país de la privatización total

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Lo privado y lo público conforman hoy un par dialéctico de debate en el mundo. Y en particular en Argentina. La irrupción de posicionamientos partidarios autodefinidos como anarcocapitalismos pone sobre el tapete este debate y lo presenta de una manera casi bizarra. Encierra una concepción originaria sobre la génesis humana: el individuo o la especie. Y obliga a la política a incluirla en su agenda permanente.

Privado o público son expresiones derivadas del proceso de hacer propios los bienes y servicios sean naturales o producidos. Lo que se debate es la propiedad común, participada o individual, que no es -en definitiva- sino la titularidad del control que mantiene el ser humano sobre la realidad natural y artificial.

En economía y ciencias sociales, propiedad nos lleva a dominio absoluto y exclusivo, a patrimonio, al derecho de apropiarse y proviene del latín proprietas que es la cualidad de ser para uno mismo. Es un término antropocéntrico por excelencia, que se relaciona con la supremacía humana en la naturaleza. La propiedad genera poder y es fundante como derecho individual esencial del sistema económico capitalista.

Podríamos afirmar que la propiedad privada y el poder en pleno tienen una relación y retroalimentación completa y trascendente, cuasi absoluta, que da la base para entender los mecanismos de control. El Estado emerge para tutelar el derecho a la propiedad privada como base del capitalismo liberal occidental.

Mario Bunge (1919-2020) fue un destacado epistemólogo y físico-matemático argentino. Controversial en sus posiciones políticas y crítico en su cosmovisión científica. Denostó al peronismo con tanta pasión como lo entendió en las últimas etapas de su vida. «Menem no fue peronista; Kirchner, sí» admite en Perfil 29-2-2020; «quien no entiende al peronismo no entiende el país» afirma en La Nación 21-3-2010.

Empirista sistémico a ultranza, demuestra que el neoliberalismo es una estafa intelectual, anticientífica y que lleva a los pueblos a la pobreza.

De su profusa producción rescatamos esta ironía que estimamos pertinente al debate actual en la Argentina.

La privatizacion total

Mario Bunge, Cápsulas, mayo 2003, Gedisa, Barcelona.

La década de Reagan y Thatcher vio el comienzo de la privatización masiva de empresas del Estado y servicios públicos en casi todos los países. En Estados Unidos y en Argentina aparecieron las primeras cárceles privadas, y en partes del Reino Unido se privatizo el servicio de aguas corrientes. ¿Por qué no seguir la corriente hasta llegar a privatizarlo todo? De este modo daríamos libre curso a la iniciativa privada y dejaríamos de pagar impuestos y de lidiar con burocracias estatales. A continuación imaginaremos algunas privatizaciones posibles.

 

Se privatiza el servicio exterior. Las embajadas se venden al mejor postor, quien presumiblemente será un hombre de negocios tan emprendedor como vanidoso. Hay precedentes: es notorio que algunas embajadas norteamericanas se asignan a generosos donantes al fondo electoral del partido gobernante.

 

Para costearse, las embajadas se abren al público y ofrecen servicios varios, en particular espectáculos por los que cobran el ingreso. Algunas funcionan en plazas de toros. El personal viste de torero o banderillero, e intercala un «ole» en cada frase. Otras embajadas ofrecen carreras de perros o riñas de gallos. Las francesas son restaurantes de cuatro o cinco estrellas. El embajador galo viste de maitre, el encargado de negocios de sommelier, los demás funcionarios trabajan de camareros, y todos se hacen llamar «Excelencia».

Las embajadas norteamericanas ofrecen servicios de ejecución en silla eléctrica, en ambientes con aire acondicionado y con muzak. Las embajadas japonesas son hoteles para hombres de negocios, atendidos por bellas geishas que sirven te verde con sake. En ciertas embajadas se juega a los desaparecidos, entretenimiento favorecido por los herederos de grandes fortunas. En otras se juega a la caza del hereje o del jesuita, del intelectual o del palestino, según las inclinaciones políticas del embajador. Todo el personal diplomático hace uso y abuso de la valija diplomática para negocios, al punto de que las acciones de los servicios exteriores se cotizan en la bolsa de valores.

Los tribunales han sido privatizados. Están en manos de tres oligopolios: civil, de comercio y penal. Usted lleva su pleito a la empresa judicial que corresponde, digamos Civil S. A. En la recepción encuentra un gran número de cubículos, en cada uno de los cuales hay un ordenador. Usted teclea el motivo de su presentación, sin necesidad de confiar sus datos personales. Al cabo de unos segundos la pantalla le informa cuanto debe pagar. Usted inserta su tarjeta de crédito, la que le es devuelta enseguida debidamente debitada.

A continuación la pantalla le informa, digamos, que, según el Código Civil (redactado por la propia compañía, por supuesto), su causa esta perdida de antemano. Sin embargo, usted la ganara con certeza si desembolsa la suma de tantos maravedíes. Usted sopesa las consecuencias posibles y adopta la decisión que más le conviene. O bien, usted tiene suerte y el aparato le informa: «Según el Código, su causa debiera ganar. Pero el pleito sería complicado, porque involucra a Penal S.A. Para ganarlo, usted deberá abonar la suma de tantos ducados.» Ya sabe usted a que atenerse.

En cualquiera de los casos, usted se ahorra esperas, abogados, procuradores, escribanos e incluso, en caso de pleitear en México, coyotes. También se ahorra usted, conflictos de conciencia, porque todo el mundo sabe que, gracias a la privatización, ya no se trata de exigir o eludir la justicia, sino de una mera transacción comercial. Las nociones de inocencia y culpabilidad han sido reemplazadas por las de solvencia e insolvencia.

Todos los hospitales han sido privatizados. El hacinamiento, la carencia y el desorden característicos de los hospitales públicos han quedado atrás, porque hay pocos pacientes, ya que los pobres no pueden pagar. La consigna, como en cualquier empresa privada, es «Eficiencia». Supongamos que usted se lastimo un dedo. Llegado a la gran rotonda de la entrada de Salud, S.A., ve que de ella parten radialmente varios corredores claramente señalizados. Usted toma el que pone «Extremidades anteriores». Al cabo de unos pasos usted se topa con una triple encrucijada: «Brazo», «Antebrazo» y «Mano». Ni tonto ni perezoso, usted enfila rápidamente por el tercer corredor. A poco de andar, otra encrucijada: «Muñeca», «Palma», y «Dedos». Nuevamente, usted elige sin titubear, al mismo tiempo que elogia en voz baja la magnífica organización. Al fondo del corredor que le corresponde, usted ve dos puertas: «Pacientes con tarjetas de crédito» y «Pacientes sin tarjeta de crédito». Usted, como pobre diablo o diabla que es, abre la segunda puerta y se encuentra en la acera.

Todo el proceso le ha insumido a lo sumo cinco minutos, según su estado de nutrición. Usted no ha debido llenar ningún formulario ni ha debido congraciarse con secretarias ni enfermeras, ni cruzarse con médicos de mirada amenazadora, ni pasar vergüenza por tener que confesar que todo provino de que metió el dedo en el ventilador. Usted sale con la convicción de que la salud pública goza de buena salud económica en manos privadas.

¿La privatización de las fuerzas armadas? Ya hay precedentes: los condottieri del Renacimiento y, en cierta medida, los ejércitos mercenarios de la actualidad. Para completar el proceso se venden los departamentos de defensa (antes llamados por su nombre: ministerios de guerra) a los empresarios más competentes e interesados: los fabricantes de armamentos. Se elimina así a ese intermediario incompetente, oneroso y a veces incapaz de comprender la necesidad de mantener viva la llama del conflicto internacional para asegurar la supervivencia de la industria de la muerte, a saber, el Estado.

La privatización de las fuerzas armadas no cambiaría radicalmente la suerte del ciudadano común, quien seguiría siendo carne de canon. Pero tendría consecuencias interesantes de otros tipos. Por ejemplo, las frágiles alianzas militares se convertirían en sólidas alianzas industriales. Las fronteras cambiarían al compás de los valores de las acciones de FF AA Krupp AG, FF AA General Dynamics, Inc., y otros benefactores. Los regimientos se comprarían y venderían como si fuesen meros equipos de fútbol o de hockey. Los pacifistas podríamos sonar con adquirir regimientos para enseñarles un oficio útil y obligarlos a asistir a seminarios de ética.

El lector ingenuo preguntara de dónde saldrían las ganancias de las fuerzas armadas privadas. La respuesta esta en los libros de historia medieval y renacentista: las fuentes de ganancia serían la conquista, el saqueo y el tributo. ¿Que eso no sería democrático? Es verdad, pero ¿cuándo se ha consultado al electorado para averiguar si esta dispuesto a ir a la guerra? ¿Que no habría seguridad nacional? Es verdad, pero eso se debería a que las naciones se convertirían en territorios de las FF AA. Además, seamos realistas: ¿que seguridad tenemos hoy, amenazados como estamos por armas nucleares y bacteriológicas, y por gobiernos ávidos de ampliar sus esferas de influencia? ¿Que volveríamos al caos que sucedió a la caída del Imperio Romano de Occidente? Improbable: las FF AA llegarían a acuerdos para garantir el orden interno aun en medio de la sana competencia internacional por nuestras vidas.

Las fuerzas policiales serían empresas privadas al estilo de la célebre compañía Pinkerton, otrora especializada en romper huelgas usando el método más eficaz, que es romper cráneos de huelguistas. Tendrían mayor incentivo para cazar delincuentes, ya que se los podrían vender a los tribunales privados, los que a su vez los venderían a las empresas carcelarias. ¿Que la privatización de la policía la haría susceptible de corrupción? Calumnia: la corrupción ya existe. Es sabido que el ejercicio del poder sin control democrático corrompe. Pero ¿desde cuándo los cuerpos policiales han sido sometidos a control democrático?

¿Que ocurriría con las obras públicas? Evidentemente, se convertirían en obras privadas. Peatones y automovilistas pagarían peaje para utilizar no sólo caminos y puentes, sino también calles y aceras. (En Estados Unidos ya hay calles privadas, por cierto muy bien atendidas.) Los parques y jardines botánicos y zoológicos se venderían a empresas constructoras o de aparcamiento. Los que quedasen serian convertidos en clubes privados. Las playas se venderían en bloques o parcelas. Los museos de arte se convertirían en colecciones privadas, depositadas casi todas en cajas fuertes bancarias, con lo que se evitarían los robos. Los museos restantes cobrarían gruesas sumas por el ingreso. Dado el poco interés actual por la historia, los museos históricos pasarían a la historia. (Una historia que nadie se molestaría en escribir.)

Dejo a la imaginación del lector lo que sucedería con la privatización de parlamentos, bancos centrales, aduanas y otros organismos. Es presumible que, con un poco de imaginación y otro poco de audacia, la mayoría de ellos podrían convertirse en provechosas empresas privadas.

El único problema que le veo a la privatización total es el siguiente. Con cada privatización el Estado se achicaría al mismo tiempo que se enriquecería. Al final del proceso sólo quedaría un funcionario, pero este controlaría un tesoro fabuloso. Este no sería privatizable, ya que ha sido acumulado en nombre del público. Con inflación o sin ella, sería irracional dejar inactivo semejante tesoro. De modo que el funcionario a su cargo tendría que invertirlo, adquiriendo o fundando más empresas. Por ejemplo, podría ocurrírsele nacionalizar una a una las principales empresas privadas. (Si fuese británico compraría sólo las que dan pérdidas.) De este modo volveríamos a foja uno. Lo que probaría que la privatización integral no es un estado estable de la economía moderna.

Pero todo esto no es sino fantasía. Lo cierto es que, a medida que avanza la privatización de los negocios, estos se meten en nuestra vida privada. Por ejemplo, la publicidad comercial se cuela en nuestros hogares sin pedir permiso, interrumpiendo el trabajo y el ocio. Perdón, suena el teléfono.

Era un encuestador de la Compañía de Aves Congeladas, que quería saber cuántos pavos y gallinas consume mi familia por año. (Esto no es cuento: me ha ocurrido.)

¿Que tal, lector, si iniciamos un movimiento para privatizar la vida privada?

 

https://www.elextremosur.com/nota/45350-una-radiografia-de-lo-privado-y-lo-publico-como-seria-el-pais-de-la-privatizacion-total/

Atentado a la soberanía

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Privatización: el decreto 2.778 de 1990 inició el proceso de cambio de tipo societario de YPF (que era una sociedad del Estado) para convertirse en una sociedad anónima. Mediante la Ley 24.145 publicada en el B. O. el 24/09/1992, conocida como ley de federalización de hidrocarburos, se transfirió el dominio público de los yacimientos de hidrocarburos a las provincias y se privatizó parte del capital social de YPF.

Estatuto: las acciones de YPF S. A. comenzaron a cotizar en las bolsas de valores de Buenos Aires y Nueva York y se aprobó el estatuto social, regido por el derecho privado, que regula la forma de venta y adquisición societaria, y que en su art. 7, inc. e, de Requisitos, expresa que la persona que desee llevar a cabo una adquisición de control deberá realizar una oferta pública de adquisición de todas las acciones de todas las clases de la sociedad y de todos los títulos convertibles en acciones.

Repsol S. A.: finalmente, en el año 1999, la multinacional energética y petroquímica española Repsol compró el 82 % del paquete accionario de YPF S. A. [1]

Ingreso del grupo Eskenazi: en el año 2007 ingresó la familia Eskenazi (Grupo Petersen) a YPF S. A. comprándole el 12,5 % del paquete accionario de la firma a Repsol.

Redescubrimiento de Vaca Muerta por YPF S. A.: en noviembre de 2011, YPF S. A. anunció el redescubrimiento de petróleo en Vaca Muerta, Neuquén, uno de los reservorios de hidrocarburos no convencionales más grandes y con mayor calidad del mundo. Sin embargo, la empresa continuó con su plan de desinversión y su correlato en el pago de dividendos; en lugar de destinar la ganancia a los pozos y a la producción, la distribuyeron entre los accionistas (los principales: Repsol 57 % y el Grupo Petersen-Eskenazi con el 25 % del paquete accionario). Entre 1999 y 2010, se pagaron 13.246 millones de dólares en concepto de dividendos. En 2011, la Argentina se convirtió en un importador neto de gas y petróleo, con un déficit de 3.029 millones de dólares.

Estatización de YPF S. A.: en ese marco, el 16 de abril de 2012, el gobierno argentino anunció la decisión de expropiar el 51 % de las acciones de YPF S. A. pertenecientes a la multinacional petrolera de origen español Repsol S. A. Días más tarde, la medida fue ratificada por el Congreso nacional que dio lugar a la Ley 26.741 que declaró de utilidad pública y sujeto a expropiación el 51 % del paquete accionario; en ese momento, la empresa de origen español se quedó con el 6 % del capital (dado que poseía el 57 % de YPF S. A.).

Familia Eskenazi: a través de las empresas Petersen Energía Inversora y Petersen Energía, poseía acciones por el 25 % de YPF, compradas a la petrolera española Repsol en dos operaciones, una a fines del año 2007 y la otra operación en el año 2011.

Los Eskenazi adquirieron las acciones a través de préstamos de bancos internacionales y se comprometieron con sus acreedores a pagar con el giro de dividendos de sus acciones en la empresa petrolera. Es por eso que, en su estrategia de defensa ante la Justicia de los Estados Unidos, el gobierno argentino consideró “fraudulenta” esta operación, por lo que alegó que no debía continuarse con el litigio.

El pago de los créditos adeudados por el grupo Petersen-Eskenazi se vio interrumpido con la estatización del 51 % de las acciones de YPF, porque el nuevo directorio anuló las actas anteriores, por lo que, a partir de entonces, la administración de la compañía prohibió el giro de dividendos, lo que provocó la quiebra de las empresas de los Eskenazi, que no pudieron afrontar sus deudas con los bancos extranjeros.

El juicio: la quiebra de las dos compañías del Grupo Petersen-Eskenazi recayó en el Juzgado Mercantil N.º 3 de Madrid, que designó a un síndico y subastó el derecho a litigar. Quien compró esa posibilidad fue Burford Capital.

Burford Capital: es un fondo de cobertura que se dedica a la compra de los derechos de litigio de empresas quebradas de todo el mundo y luego inicia juicios por sumas mucho mayores. La demanda principal de Burford Capital se sostiene en que, según el artículo 7° del estatuto de YPF, si alguien compraba más del 15 % de la empresa debía ofrecer lo mismo a todos los accionistas y no sólo a Repsol. Además, se alega perjuicio porque tras entrar en la compañía, el Estado decidió suspender el giro de dividendos que había sido acordado entre Repsol y el Grupo Petersen, lo que desencadenó que las empresas de los Eskenazi entraran en default al no poder pagar sus deudas.

Juicio: comenzó cuando en 2015 el fondo buitre Burford Capital le compró a las firmas Eton Park y a las dos empresas del grupo Petersen-Eskenazi, que eran accionistas minoritarias de YPF al momento de la reestatización, el derecho a litigar contra la República Argentina por la forma en que se nacionalizó la petrolera sin realizar una Oferta Pública de Adquisición (OPA).

En 2012, la República adquirió el 51 % de las acciones de la mayoritaria Repsol y no realizó una OPA al resto de los accionistas, hecho por el cual aseguraron haber sido perjudicados.

Defensa del Estado argentino: la ley 26.741 que declaró de utilidad pública a YPF S. A. se basó en la Constitución de la Nación Argentina, que es superior al estatuto de la empresa, y lo que correspondía hacer era el proceso constitucional vigente de expropiación. Esa decisión se tomó porque había un interés público comprometido, que, en este caso, era el control de una empresa que es clave para el desarrollo estratégico del país, para que se invierta en Vaca Muerta y no para que se sigan fugando capitales vía pago de dividendo de los accionistas

Fallo de la jueza Loretta Preska (jueza superior del distrito sur de Manhattan, Estados Unidos): determinó en marzo de 2023 y el 8 de septiembre 2023 el monto, por daños y perjuicios que supera los 16.099 millones de dólares [2], porque la República Argentina ejerció control indirecto sobre el número requerido de acciones de Repsol el 16 de abril de 2012, activando así sus obligaciones de oferta pública de adquisición.

Instancias: quedan en los Estados Unidos las mismas instancias que se recorrieron infructuosamente con el juicio de Paul Singer (Elliot NML) y otros contra la Argentina, esto es,  sendas presentaciones ante la Cámara de Apelaciones de Nueva York, y a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, cuando las dos rechazaron tratar el caso y dieron lugar, de esa forma, al fallo del juez Thomas Griesa del distrito sur de Manhattan, ya fallecido y reemplazado por la jueza Loretta Preska.

Análisis del procedimiento: nunca se respetó la inmunidad soberana del Estado argentino, que no puede ser enjuiciado por Tribunales extranjeros. En ese sentido, el procurador del tesoro de la Nación de los años 2016-2019, Bernardo Saravia Frías, aseguró que la compra de acciones del Grupo Petersen – Eskenazi a Repsol fue “fraudulenta”; y que la jurisdicción donde debía zanjarse el conflicto es la Argentina, porque aquí está radicada la empresa YPF S. A. Posición que fue rechazada el 24 de junio de 2019 por la Corte Suprema de Estados Unidos, que confirmó la jurisdicción neoyorquina, aduciendo que el Estatuto de YPF S. A. fue presentado en la bolsa de Nueva York para su cotización y que se estaría desconociendo el derecho de los que compraron las acciones.

La Procuración de Tesoro argentino alegó que la venta del 25 % de las acciones de YPF S. A. en poder de Repsol S. A. al grupo Eskenazi-Petersen, permitió el uso de forma inadmisible del capital propio de YPF, en que el segundo compró al primero de los nombrados sus acciones y que la pagaba con los dividendos de YPF S. A. Resoluciones del directorio de YPF SA presidido por Antonio Brufau por Repsol S. A.  y como vicepresidente Enrique Eskenazi como cabeza del grupo homónimo, que causaron daños a la Argentina y que debían anularse ab initio y, por lo tanto, el demandante no tiene legitimidad para demandar a la Administración nacional.

Finalmente, la Jueza Loretta Preska eximió a YPF S. A. de afrontar las indemnizaciones [3] porque Burford Capital “ha demostrado la existencia de un contrato válido y vinculante contra la República, pero no contra YPF”.

Ergo: la Argentina se somete a la Justicia estadounidense. La Justicia estadounidense no respeta la inmunidad soberana del Estado argentino y procede de acuerdo con los intereses de los demandantes.

El gobierno argentino no inicia juicio ni en el país, ni en el extranjero contra el grupo Eskenazi [4], claramente favorecido por la venta del litigio por 16 millones de dólares a Burford Capital, estudio que de cobrar la demanda lo resarciría con un 30 % de esta, cuando su proceder ha sido contra la Nación argentina.

Tampoco inició juicio, ni en el país ni en el extranjero, contra Repsol S. A.

Propuesta: dado que no se respeta nuestra Constitución nacional y nuestro derecho soberano, bajo el pretexto de que los damnificados son Repsol y la familia Eskenazi, se propone:

  1. La inmunidad de ejecución nos salvaguarda de ser juzgados con normas ajenas a nuestra legislación y nos preserva de fallos discrecionales o arbitrarios. Nuestro país ya aplicó esta doctrina cuando se afectó el orden público constitucional argentino (CSJN ante fallo del Juez Thomas Griesa, Caso «Clarence Corporation», 2014). Fue así como desconocimos el reclamo de los holdouts, que sólo fue reconocido y aceptado por ley nacional en el gobierno de Macri. Para ello se debe, como afirma Eduardo Barcesat, promover la acción declarativa de nulidad basada en la doctrina del dictamen y fallo de la CSJN.
  2. Realizar una campaña de esclarecimiento del caso, para que se vote en referéndum si el pueblo argentino acepta o rechaza el juicio contra el Estado nacional iniciado por la familia Eskenazi. Con ese referéndum a favor, el Congreso de la Nación no puede aprobar por ley el pago de la indemnización por daños y perjuicios. Con lo que la Justicia norteamericana deberá ver de otra forma que se cumpla su sentencia.

 

[1] Desde el año 2021, BlackRock posee el 5 % del paquete accionario de REPSOL S. A. y, a través de su participación en el Banco Santander, participa en el 3,584 % de dicha firma energética.
[2] El valor accionario de YPF S. A. en la Bolsa de Nueva York, al viernes 15/09/2023, fue de 11.306 millones de dólares.
[3] BlackRock posee 9.770.000 acciones correspondientes al 5,67 % de los papeles en circulación en los mercados de capitales de Buenos Aires y Nueva York de YPF S. A.
[4] La familia Eskenazi, estando en quiebra, compró en los cuatro años de gestión de Cambiemos la suma de 102.941.525 dólares. Preside los ex bancos provinciales de Santa Fe, Santa Juan, Santa Cruz y Nuevo Banco de Entre Ríos.

 

Atentado a la soberanía

El poder de la arquitectura financiera internacional X. El FMI como droga y China como terapéutica: te enfermo, pero te acompaño

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El FMI (en menor medida, el Banco Mundial) es el arquitecto financiero internacional cuyo diseño obedece a los objetivos de las estructuras de poder monetario y financiero emergentes de la posguerra de Bretton Woods en 1944. Este sistema económico es producto de un conflicto bélico mundial donde hubo vencedores y vencidos. Deudores y acreedores. Sin haber intervenido, América Latina quedó del lado de los deudores.

Decimos que algo habrá tenido que ver el FMI con la evolución y situación actual de la economía argentina si Argentina ha vivido más tiempo bajo programas del FMI que sin ellos: 41 años de los 67 pasados desde su ingreso en 1956 hasta 2023.

Una suerte de teoría de la corresponsabilidad y del hacerse cargo. Mucho más si esos préstamos condicionados han sido extraídos de la circulación nacional y fugados bajo el eufemismo de “formación de activos en el exterior”.

El FMI opera no sólo como prestamista de última instancia de gobiernos, sino que se ocupa de la compatilidades de las políticas económicas de los países deudores (verificación de la concurrencia de los sistemas económicos con la racionalidad y los criterios occidentales de la acumulación financiera). Una suerte de semáforo para el sistema financiero internacional.

Desde fines de los 1980 se presenta como un auditor del Consenso de Washington requiriendo la apertura a los mercados internacionales y una reducción de la participación del Estado en la economía. El planteo se resumió́ en los denominados Diez Mandamientos que son una constante en el catecismo de los planes de estabilización que acompañan las condicionalidades del FMI: 1) disciplina fiscal, 2) recorte del gasto público; 3) incremento de la base tributaria; 4) liberalización de las tasas de interés; 5) libre flotación del tipo de cambio; 6) liberalización del comercio internacional (eliminación de aranceles y contingentes); 7) liberalización de la inversión extranjera directa (IED); 8) privatización de empresas públicas; 9) desregulación, y 10) garantías de seguridad legal para los derechos de propiedad industrial.

La emergencia de China, los BRICS y el Consenso Beijing han modificado el modelo de desarrollo económico exitoso desde que la reforma y apertura de Deng Xiaoping, iniciada en 1978, desató un período de crecimiento económico sin precedentes e inmune a los ciclos económicos. En pocas décadas, el ingreso per cápita de China se multiplicó por 25, sacando a 800 millones de personas de la pobreza, y su panorama fue transformado por inversiones masivas en infraestructura, incluidas carreteras, aeropuertos y la red de trenes de alta velocidad más grande del mundo. En 2010, China se había convertido en la segunda economía más grande del mundo, superando a Francia, Alemania, Japón y el Reino Unido para pisarle los talones a Estados Unidos, a quien superará en 2030.

China no logró esto implementando el Consenso de Washington, según el cual el capitalismo liberal –gobernanza política democrática más sistema económico basado en mercados libres– era el único camino posible hacia la prosperidad. Demostró que hay alternativas basadas en el mercado interno y el incentivo al flujo de capitales no especulativos.

El régimen chino implementó un sistema de capitalismo de Estado que, en contraste con la “terapia de choque” radical del bloque postsoviético, adoptó un enfoque incremental basado en la productividad selectiva y la experimentación adaptativa.

China procuró su “milagro económico” desempeñando el papel industrial de “fábrica del mundo”, no como un laboratorio de innovaciones. Al igual que antes los países en desarrollo, las autoridades adoptaron una estrategia de crecimiento orientada a las exportaciones (una respuesta a ¿qué es lo que demandan quienes nos compran?), que requirió atraer flujos masivos de inversión extranjera directa. Con sus vastas reservas de mano de obra barata para empresas extranjeras que buscaban una base de producción de bajo costo, China se integró a las redes de producción globales, o cadenas de suministro, mediante la fabricación y el ensamblaje de productos inventados y diseñados en países desarrollados.

Así, el mundo occidental conservó su papel de motor del capitalismo global, mientras que el mundo en desarrollo, liderado por China, sirvió de rueda.

Es interesante considerar la relación previa entre Perón y Mao Tse Tung para comprender el saludo de Zhou Enlai quien, como primer ministro de China, enviara un alusivo saludo tras la muerte del Perón el 1º de Julio de 1974: “Perón laboró activamente durante toda su vida para reforzar la causa de la unidad del Tercer Mundo contra todo designio hegemónico. Fue un célebre estadista y desplegó en vida positivos esfuerzos por la salvaguardia de la independencia nacional”. Y dejó un mensaje -hace cincuenta años- que bien parece coincidir con los deseos actuales de la República Popular: “Ayer fue época de las nacionalidades, hoy es la época del continentalismo y muy en breve será la era del universalismo. Es preciso trabajar unidos, solidarios y organizados, respetando las costumbres y la soberanía de los demás pueblos, pero buscando siempre la solución adecuada para estos acuciantes problemas en bien de la comunidad universal, y tal vez un día podamos designarnos todos con el honroso título de ciudadanos del mundo.”

La economía global experimenta múltiples shocks cada año. China no está exenta de esas incidencias. Burbujas financieras, caída de productividad, conflictos bélicos, inflación, deterioro del intercambio, calentamiento global y desastres naturales. Los mercados emergentes y las economías en desarrollo son especialmente vulnerables y no sólo necesitan reactivar el crecimiento y asegurar una recuperación total, sino que también deben gestionar el aumento permanente de la deuda y otras consideraciones de política económica nacional a las que lo somete la gobernanza financiera con sus condicionalidades.

El modelo de crecimiento chino de los últimos cuarenta años se ha basado en la planificación del mercado externo a través de sus exportaciones. Un modelo globalizado que ante los ajustes del entorno externo y los requerimientos populares, la persistencia de los conflictos comerciales entre las economías más importantes del mundo actual, la propagación de la Covid-19 en 2020 y el conflicto bélico Rusia-Ucrania, ha mutado hacia el mercado interno.

La creciente incertidumbre y riesgo que han surgido y prevalecido en los mercados internacionales ha impulsado en China la “circulación dual” para el nuevo modelo chino de articulación entre el desarrollo económico derivado de la industrialización exportadora y las reivindicaciones sociales del mercado interno. Se reconoce que ese cambio planificado del modelo de crecimiento económico interno-externo será dependiente del consumo interno como medular, acoplando los distintos sectores y diferentes actividades económicas al interior del país, y potenciando la fortaleza del mercado doméstico y del consumo nacional. (XIV Plan de Desarrollo Económico y Social 2021-2025, China). Una versión estratégica y adaptativa china del vivir con lo nuestro de Aldo Ferrer. Aunque no implica que la economía china se aislaría de la mundial, ni que su propio crecimiento ya tuviera suficiente capacidad para depender sólo del mercado doméstico.

China reconoce la insostenibilidad de un modelo basado principalmente en la inversión y la demanda exterior y acepta que seguir con la misma estrategia de depender del mercado internacional y de la inversión podría implicar menores tasas de crecimiento, comprometiendo su prosperidad y sus metas de largo alcance. Derivado de ello, se considera que el crecimiento económico deberá́ dar un nuevo giro, basándose en la fortaleza y poder de compra del mercado interno.

Este nuevo esquema basado en la dinámica del mercado interno y complementado con el externo, será́ diferente del actual cuyo éxito económico se fundamentó́ en la eficiencia de las exportaciones, que aprovechaban las ventajas comparativas de bajo costo como el salario pagado al factor trabajo y el uso de suelo.

Hoy China es una potencia financiera (los cuatro bancos más grandes del mundo son chinos), desde 2016 el yuan renmibi integra la canasta de monedas de los DEG y forma parte de un FMI que impulsa reformas de mercado como medidas para estabilizar la deuda y fomentar el crecimiento en los países en desarrollo y afirma que “los países que implementaron reformas de mercado vieron caer sus ratios deuda/PIB en 3 puntos porcentuales, en promedio, durante un período de varios años” (Blog del FMI del 12 de setiembre de 2023).

Los cambios normativos de la acción gubernamental como las barreras de entrada a los mercados de servicios públicos, el establecimiento de marcos regulatorios y de supervisión financiera y las restricciones a las transacciones de divisas y los flujos de capital transfronterizos debieran formar parte de las políticas públicas pertinentes con los objetivos de una economía popular.

Esos cambios importantes pueden asociarse con una reducción en la relación entre deuda y producto interno bruto. Esta disminución de una medida clave de la carga de la deuda se produce, no sólo mediante un aumento del PIB, sino también mediante la mejora de las finanzas públicas a través de mayores ingresos tributarios y menores costos de endeudamiento.

En Argentina los mayores ingresos tributarios dependen de una fuerte reforma impositiva basada en ingresos directos progresivos sobre los beneficios y los patrimonios especulativos y los menores costos del endeudamiento serán el resultado de una renegociación global de la deuda pública con moratoria, reducciones, plazos extendidos y menores costos transaccionales.

Es un doble efecto de una política económica dinamizadora: *reducir el nuevo endeudamiento mediante la consolidación fiscal o disminuir el total pendiente mediante reestructuraciones de la deuda y *reducir la relación deuda/PIB aumentando el denominador: la producción económica.

Una forma de lograrlo es tutelando el funcionamiento del mercado mediante la ampliación de la demanda interna inyectando nuevos ingresos para los consumidores y facilitando su funcionamiento con tasas de interés negativas que alienten el endeudamiento para la inversión productiva.

En economías como la argentina, con ofertas formadoras de precios oligopólicas, es dudoso que reformas de mercado -que auspicia y demanda el FMI- puedan constituirse en palanca de política para revitalizar el crecimiento aumentando la competencia. Lo que sí es imprescindible, como condición de sustentabilidad, es reducir la carga de la deuda.

La carga de deuda externa de los países y los efectos de la desigualdad son factores importantes a la hora de decidir las políticas públicas de gastos que permitan satisfacer necesidades sociales y dirigir los beneficios de la reforma impositiva hacia la reducción de la deuda, el crecimiento o atemperar la desigualdad de ingresos.

El actual diseño distributivo del sistema capitalista, por su tendencia a la concentración, exige -cada vez con mayor intensidad- el aumento del gasto público que atienda necesidades sociales. Las condicionalidades financieras de los stands by tienen que aparearse con las condicionalidades del contrato social constitutivo de los Estados nacionales. Es la acción política la que permite esa articulación. No hay opciones de mercado viables.

 

LOS BENEFICIADOS DE SIEMPRE

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"En los primeros días de septiembre de 2023, la botella de litro y medio de aceite de girasol marca 'Cocinero' que produce Molinos Río de la Plata S. A., se vendía en Ámsterdam (...) a 2,42 euros. (...) Y en el mercado local esa botella no se consigue por menos de 1.600 pesos".
"En los primeros días de septiembre de 2023, la botella de litro y medio de aceite de girasol marca 'Cocinero' que produce Molinos Río de la Plata S. A., se vendía en Ámsterdam (...) a 2,42 euros. (...) Y en el mercado local esa botella no se consigue por menos de 1.600 pesos".

Sistema financiero argentino y bimonetización

Desde la implantación de un sistema económico primario exportador en la dictadura de 1976 y su reforma financiera, las sucesivas crisis y su reflejo en corridas cambiarias y bancarias concentraron fuertemente el volumen de depósitos y créditos en los grandes bancos del sistema financiero local, de manera tal que en julio de 2023 quedaban en pie 78 entidades financieras, de las cuales 63 son bancos, de ellos, 50 son de capital privado y 13 públicos (incluidos los oficiales nacionales Banco de la Nación Argentina y BICE, 10 provinciales y el Banco Municipal de Rosario) [1].

Desde el gobierno de Cambiemos y continuado y profundizado por la actual administración, los medios de pago transaccionales disminuyen en términos reales, de manera tal que, en los primeros siete meses de 2023, descendieron a una tasa promedio mensual de 1,33 % y acumularon una caída del orden del 10,6 % hasta julio de 2023. En términos de sus componentes, este comportamiento se explicó tanto por la dinámica del circulante (dinero) en poder del público, como de los depósitos a la vista no remunerados. De este modo, el M2 privado transaccional [2] registró en julio de 2023 una caída interanual de 19,2 % en términos reales. En términos del producto, los medios de pago se habrían ubicado en 7,3 % del PIB en julio, en que el circulante (billetes y monedas) en poder del público alcanzó un nuevo mínimo histórico [3].

Siempre con los datos de julio 2023 [4], los préstamos en pesos al sector privado en términos reales y sin estacionalidad registraron una contracción mensual de 1,0 % y en los últimos 12 meses acumulan una caída del orden de 12,6 %. La disminución se concentró en los préstamos asociados al consumo y aquellos con garantía real, mientras que los préstamos comerciales descendieron en menor medida, por lo que, finalmente, se destina un 2,5 % del PIB para préstamos personales (39,1 % de los préstamos otorgados) que financian principalmente descubiertos en las tarjetas de débito y de crédito y solo queda 3,9 % del PIB para financiar a las empresas (créditos comerciales).

Que todo el sistema financiero legal argentino otorgue créditos al sector privado por el 6,4 % del PIB demuestra su insignificancia y se corrobora con sólo ver los estados contables de los diez primeros bancos privados por volumen de depósito captado y como lo reasignan, demostrando la ineficacia del sistema y lo gravoso que significa para la economía argentina [5].

Nos basamos en la información que es publicada por el BCRA con considerable atraso, al 8 de septiembre de 2023, está publicado el informe de las Entidades del Sistema Financiero Argentino del mes de mayo de 2023, pero este demuestra palpablemente que el principal negocio de las entidades privadas más grandes es prestarle al BCRA, en Leliq (Letras de Liquidez del BCRA) y otros encajes remunerados y al Tesoro de la Nación, que se imputa contablemente en el rubro “Títulos públicos y privados”.

Los bancos privados utilizan la autorización para funcionar para captar depósitos de la población y en lugar de asumir riesgos y financiar la producción y el consumo, se posicionan en títulos (principalmente del mismo BCRA) y del Tesoro de la Nación. Excluido el Citi Bank (que igual el porcentaje es importante), que su negocio es financiar la venta de autos, los demás bancos tienen (y sobre todo el Credicoop) muchos más títulos que crédito.

A su vez, los bancos privados más grandes recibieron y reciben órdenes de sus depositantes para realizar operaciones de CCL (contado con Liqui) y dólares MEP (Mercado Electrónico de Pago de la Bolsa de Comercio) en todos estos años, que es una operatoria encubierta con la liquidez con que se quedan.

Los bancos reciben depósitos en dólares al 31 de agosto 2023 por 17.260 millones de dólares, de los cuales concedieron préstamos por 4.010 millones de dólares, constituyendo con su encaje a engrosar las reservas internacionales brutas del BCRA [6].

Los 10 principales bancos privados captan el 40,01 % de los depósitos, de los cuales seis son extranjeros [7] y se debe contemplar, además, que el Fondo de Cobertura BlackRock posee el 18,8 % del paquete accionario del Banco Galicia y Buenos Aires S. A. y 14,02 % de participación en el Banco Macro S. A., que son considerados por el BCRA como bancos locales de capital nacional.

Por ende, se trata de un sector fuertemente internacionalizado. Su poder reside en su capacidad de captar depósitos de la población y de elegir financiar al Estado, principalmente vía BCRA, comprar títulos del Tesoro de la Nación o apostar a operaciones de compra y venta de divisas presionando sobre el tipo de cambio.

Es esa capacidad la que le permite y garantiza su rentabilidad, dado que al 31 de agosto de 2023, captan depósitos en cuenta corriente (que no paga interés) por 7 billones de pesos; en caja de ahorro (que paga un interés mínimo, básicamente los depósitos en las cuentas sueldo) por 7,1 billones; y en plazo fijo por 17,1 billones (la tasa promedio que abonaron en agosto 2023 fue del 113,12 % nominal anual). Paralelamente, colocan la mayor parte de esa plata que recaudan en créditos al BCRA por:

  1. Pases pasivos por 5,9 billones de pesos a una tasa del 111 % nominal anual.
  2. Leliq y Notaliq [8] por 13,97 billones de pesos a una tasa del 118 % nominal anual.

Al contrario de lo que interesadamente los grandes medios y esencialmente los especializados en temas financieros sostienen, el principal destino de la emisión monetaria no es el financiamiento del déficit fiscal y, menos que menos, la asistencia a la población en planes sociales (AUH; AUE; Tarjeta Alimentar, etc.). La impresión de billetes básicamente es para sostener el pago de los intereses de los denominados “Pasivos Remunerados” del Banco Central de la República Argentina, que son los pases pasivos, las Leliq, y las Notaliq y que en el mes de agosto de 2023 significó un costo del BCRA que fue un ingreso de 1,93 billones a las 78 entidades financieras del sistema legal argentino. Esto significó que en el mes de agosto de 2023, el BCRA retribuyó a los bancos intereses por encajes remunerados por el 1,1 % del PIB, cuando el total de los planes sociales nacionales implican 1,8 % del PIB por año, para asistir a 7,8 millones de personas que perciben algún plan social.

La bimonetización y sus riesgos

El sistema bimonetario se caracteriza por cumplir dos condiciones a la vez:

  1. Por un lado, el empleo de la moneda local (el peso) como moneda de cambio y la moneda extranjera (el dólar) como moneda de ahorro,
  2. Y, a la vez, los grandes formadores de precios los internacionalizan y con ello plantean sus utilidades medidas en moneda dura.

Para el primer caso basta saber que para el año 2022, el INDEC estima que residentes argentinos tienen en el exterior 362.258 millones de dólares, que están en billetes o invertidos en fondos y monedas extranjeras, buena parte directamente no declarados, que por la vía de la salida de capitales se fueron acumulando a lo largo de los años fuera del sistema financiero local.

Y del lado de la internacionalización de los precios, las grandes empresas igualan el valor que obtienen en el exterior con el que venden al mercado argentino. Por ejemplo, en los primeros días de septiembre de 2023 la botella de litro y medio de aceite de girasol marca Cocinero que produce Molinos Río de la Plata S. A., se vende en Ámsterdam (principal puerto de entrada de la Unión Europea) a 2,42 euros. El girasol se siembra y cosecha en la Argentina, se prensa para convertirse en aceite y se envasa en su planta de Victoria, partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires, viaja 10.000 kilómetros para venderse en Europa, y en el mercado local esa botella no se consigue por menos de 1.600 pesos. Quiere decir que incluso fijan el precio que ellos quieren, porque la cotización oficial del euro tipo vendedor al día 8 de septiembre de 2023 es de 396,85 pesos, por lo que el producto debería haberse vendido a 961 pesos y se lo vende a no menos de 1.600 pesos. Con lo que están tomado un precio del euro de 661,2 pesos (el “euro blue” de ese día incluso fue mayor: 848 pesos por euro).

Lo paradójico y que divide las aguas entre los devaluadores (encabezados por Milei y Bullrich) es hasta cuánto están dispuestos a devaluar nuestra moneda. Pero no sólo por la caída del salario, al existir una relación inversamente proporcional entre el poder adquisitivo de las remuneraciones y el tipo de cambio, sino porque se abaratan los activos del país, con lo cual la extranjerización jugaría en contra de los capitales locales.

En efecto, Gustavo Idigoras, presidente de la Cámara Argentina de la Industria Aceitera (CIARA) y del Centro de Exportadores de Cereales, que agrupa empresas locales como Aceitera Gral. Deheza, Molinos Río de la Plata, y ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) y también algunas extranjeras como Bunge-Viterra (que se asociaron en junio de este año y donde tiene participación accionaria BlackRock), Louis Dreyfus, Cargill, ADM Agro, etc., sostuvo: “Si uno piensa que vamos a dolarizar todas las cadenas de granos, hay que tener en cuenta que todos los costos, desde la siembra, la logística, la manipulación, molienda y exportación estarían en dólares. Pero nuestros competidores estarán en monedas locales y con posibilidad de devaluar y ser más competitivos. Lo más probable es que si se dolariza nos sintamos cómodos al principio, pero luego se pida una salida que nos haga competitivos. Tener un anclaje fijo en países como Argentina no es una solución razonable”.

Más lejos fue Horacio Liendo, ex secretario legal y técnico en la gestión de Domingo Cavallo y hoy asesor de Patricia Bullrich, señalando que “no se puede salir del sistema monetario inmediatamente porque todos (los bancos) van a quebrar”. Y advirtió que la dolarización impulsada por Milei “requiere utilizar activos del Banco Central y del Tesoro para obtener financiamiento para poder ir cancelando las Leliq y la base monetaria, es decir, que es una estructura que requiere un mayor endeudamiento”.

En síntesis, la bimonetización propuesta por Juntos por el Cambio y la de Darío Epstein (director titular de Pampa Energía S. A. puesto por BlackRock y conspicuo miembro del equipo de Milei), dejan atrás la fantasía de la “dolarización” para asegurarse un sistema que vaya igualando nuestra moneda a las extranjeras a un tipo de cambio más alto (devaluación) y eliminado el “cepo” cambiario, como hizo en diciembre de 2015 el gobierno de Cambiemos, que eliminó el programa de consultas de operaciones cambiarias de la AFIP y levantó la restricción de comprar 2.000 dólares por persona física y jurídica y por mes del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, para pasar a ser de 2.000.000 de dólares. En mayo de 2016, el BCRA amplió dicho límite a 5.000.000 mensuales y en agosto de 2016 no se puso ningún límite a las operaciones en el MULC (Mercado Único y Libre de Cambio) constituido por los bancos y los compradores de divisas, como si cualquier mortal pudiera comprar 2.000.000 de dólares o más [9].

El objetivo de la bimonetización propuesta es levantar el “cepo”, no para que sea la puerta de entrada de las divisas, sino para que sea, como siempre, la puerta de la deuda y de la fuga.

Conclusión

El gobierno de Alberto Fernández es víctima de su propia política monetaria, le dio y le da de ganar beneficios extraordinarios a los grandes bancos, porque esos bancos tienen la “llave” para pasar los depósitos que captan a dólares y provocar una corrida cambiara que se transforma en corrida bancaria a costa del ahorro de sus depositantes.

Pero a su vez saben que, de colapsar el sistema, se les acaba la renta financiera y que es difícil de reconstruir, máxime cuando en los cuatro bancos privados más grandes del país tiene participación BlackRock, por lo que prefieren una salida ordenada, de allí el “olvido” de Milei de dinamitar el BCRA y recibir asesoramiento de la Escuela de Chicago mediante Roque Fernández (que fue presidente del BCRA 1991-1996) y su equipo.

La discusión entre los liberales es cuál va a ser la magnitud de la devaluación y cuánto se desvalorizan los activos locales, pero con un atenuante, el capital extranjero que apoya a Milei tiene participación en acopiadoras y comercializadoras de granos, en empresas energéticas y en bancos y no están dispuestos a hacer ningún salto al vacío.

 

 

 

[1] Además de las 78 entidades financieras reguladas por el Banco Central, existen 124 emisoras de tarjetas de crédito y/o compra y 237 proveedores no financieros de crédito registrados en la entidad,  un elevado número de medios de pago electrónicos, como tarjetas de débito y crédito, billeteras virtuales y tarjetas prepagas. Esto aún sin contar las entidades no registradas, entre las que se encuentran algunas entidades microfinancieras, mutuales y cooperativas y entidades dedicadas al crédito comercial con fines de lucro no registradas. También, si bien no se consideran puntos de acceso del sistema financiero propiamente dichos, existe un número elevado de comercios que permiten realizar extracciones de efectivo, como supermercados, estaciones de servicio, farmacias y sucursales de redes de cobranzas extrabancarias. 
[2] M2 = M1 (Billetes y monedas en poder del público + cheques cancelatorios en pesos + cta. cte. del sector privado y público en pesos) + caja de ahorro del sector privado y público en pesos.
[3] L a relación medios de pagos sobre PIB de la Argentina es la más baja de la región: Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay tienen un  grado de monetización entre dos y tres veces mayor.
[4]Informe Monetario Mensual del BCRA.
[5] En los países de la región, el crédito generado (medido sobre el PIB) por el sistema financiero es también  entre dos  y tres veces mayor que en la Argentina.
[6] Hasta el 31 de agosto de 2023  rigió el “Programa de Incremento Exportador”, que fijaba un tipo de cambio diferencial de 340 pesos por dólar para la liquidación de divisas provenientes de la exportación de productos de las economías regionales, maíz y cebada cervecera.
[7] El 80,39 % del capital accionario del Banco Patagonia S. A. es del Banco Do Brasil.
[8] Pases pasivos son préstamos de las entidades financieras al BCRA de 1 a 6 días.  Leliq de 7 a 29 días y Notaliq de 30 y más días.  No tienen ninguna utilidad, solo la de sacar dinero de circulación y por esa razón el BCRA les paga a las entidades financiera un interés.
[9] Tras perder las PASO de 2019, el gobierno de Cambiemos volvió a imponer el “cepo” cambiario a 10.000 dólares por persona y por mes, que el BCRA de Guido Sandleris reforzó el 31/10/2019 al limitar el adelanto en efectivo en moneda extranjera con tarjeta de crédito y débito a 50 dólares mensuales y al reducir la posibilidad de compra de 10.000 a 200 dólares por persona y por mes.

 

FUENTE:

Los beneficiados de siempre – El Cohete a la Luna

SÍSIFO

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Una revisión histórica de la inflación y el desempleo en la Argentina

La Argentina atraviesa un escenario de aceleración inflacionaria inédito en las últimas tres décadas. La presión sobre el índice de precios es simétrica a la escasez de divisas en el Banco Central. La definición de país “bimonetario”, en el que el peso funciona como una moneda para las transacciones y el dólar como una reserva de valor —en la que se valúan los patrimonios de las empresas y los ahorros de los individuos—, define que cualquier desequilibrio en el sector externo inmediatamente impacta en los precios internos de la economía, pues todos los agentes económicos intentan ajustar sus beneficios y sus ingresos al alza del dólar provocada por el desequilibrio mencionado.

Esta correlación directa entre el dólar y los precios internos, impropia de la diversidad productiva y de la disponibilidad de recursos vigente en la Argentina, se ha ido agudizando con los sucesivos ciclos de endeudamiento público y con la salida privada de capitales ocurridos en la historia reciente (1978-1981, 1996-2001, 2016-2019).

Un Estado recurrentemente quebrado por una deuda improductiva y la formación de activos privados en el exterior que se apropian de ese flujo de divisas conforman el factor decisivo de los péndulos de crecimiento, deuda y crisis, y nuevamente volver a empezar, como el mito de Sísifo.

En el presente, y con claridad desde la crisis de 2018-2019 (amortiguada por el monumental préstamo que el FMI otorgó al gobierno de Macri), la Argentina se desliza hacia episodios de aceleración cambiaria e inflacionaria, provocados por el desequilibrio de las cuentas externas que genera la deuda pública con financistas privados y con el propio Fondo.

El gobierno de Alberto Fernández intentó evitar las gravosas consecuencias del desbalance provocado por los créditos contraídos durante la administración de Macri, pero estuvo muy lejos de aplicar políticas que resolvieran el problema y le otorgaran consistencia al balance de pagos, desperdiciando las siguientes oportunidades:

  1. No atesoró reservas internacionales con la oferta de divisas proveniente del superávit de la balanza comercial, que en el trienio 2020-2022 fue de 34.000 millones de dólares. Tampoco aprovechó el desembolso sin condicionalidades efectuado en la pandemia por el FMI de 4.200 millones de dólares. El excedente de dólares en ese lapso alcanzó un total de 38.200 millones de dólares, pero las reservas internacionales se redujeron en 300 millones de dólares.
  2. Se aceleró en plena pandemia la reestructuración de deuda con el sector privado, reconociendo un valor presente de los nuevos bonos (57 dólares por cada 100 dólares emitidos), superior al vigente en el mercado (40 dólares por cada 100 dólares en el mercado). Además, no se gestionó una quita relevante y no se produjo un efecto favorable para el ingreso de dólares financieros, dado que el riesgo país, a pesar del canje de bonos, se duplicó (de 1.000 pb a 2.000 pb).
  3. El acuerdo con el FMI estableció condicionalidades impropias para las debilidades de otorgamiento que este presentaba. Es un acuerdo que subordina la política económica nacional a generar excedentes para el pago sin contemplar el devenir propio de una economía como la argentina.

Este recorrido sobre los factores que debilitan la solvencia del sector externo y que necesariamente impactan en el régimen de precios argentino tiene por objetivo crear un marco que explique la presente aceleración inflacionaria.

La estabilización de las variables económicas depende entonces de un sector externo robusto oferente de divisas que se acumulen en el Banco Central. La política fiscal y monetaria tiene capacidad de incidir en la estabilización, en tanto se parta del sector externo.

En este contexto electoral, se abre un debate entre los candidatos sobre el programa necesario para reducir, e inclusive erradicar, definitivamente la inflación. Todas las ideas esbozadas por los postulantes de la derecha conservadora remiten a la experiencia de los ‘90 conocida como régimen de convertibilidad, durante el cual, a lo largo de una década (1991-2001), el valor del dólar se igualó al peso en una unidad (1 dólar = 1 peso). La paridad fija se estableció por ley.

Javier Milei, si bien ahora ha relativizado el planteo inicial, arrancó planteando la supresión definitiva del peso y su reemplazo por el dólar, en un esquema conocido como “dolarización”. Al igual que en la convertibilidad —pero ya de forma irreversible, porque no existen experiencias en la historia económica que revelen que un país abandonó su moneda y luego volvió a ella—, la dolarización implica que la actividad económica de la Argentina dependerá exclusivamente de la oferta de divisas, habida cuenta de que la enorme mayoría de sus oferentes son agentes económicos privados y, consecuentemente, tendrán la capacidad de moldear el esquema productivo del país conforme a sus intereses. Bullrich ha expresado un sendero de fijación del tipo de cambio con las reservas en el marco de un mercado libre en un sistema muy similar al de la convertibilidad.

En ambos casos, la estabilización se da por el sector externo, pero con un régimen cambiario que suprime completamente la autonomía de la actividad productiva nacional respecto de la oferta de divisas, habida cuenta de que el sector privado oferente es el primario-financiero. En definitiva, los dueños de los recursos naturales (agro, minería y energía), con mentalidad extractivista, y los fondos de inversión tenedores de deuda pública argentina en dólares, conformarán (no sin tensiones) el bloque empresarial que manejará la economía nacional. Estos modelos de estabilización quitan al Estado la capacidad de enfrentar una crisis global, dado que no pueden proteger la economía interna porque no administran el valor del dólar, con lo cual un shock externo golpea de lleno al país.

La segunda limitante, asociada a la primera, radica en la incapacidad de utilizar la política monetaria y fiscal para atenuar los ciclos negativos de la actividad.

Por último, y relacionado con lo anterior, en los modelos que proponen Milei y Bullrich, una política de ingresos redistributiva en favor de los asalariados, es inviable. En síntesis, la estabilización de la economía desde el sector externo, a partir de fijar a largo plazo el valor del dólar por cualquier instrumento, y quitarle al Estado la capacidad para administrar el tipo de cambio, deja inerme al país frente al devenir de la economía internacional y congela la distribución del ingreso existente al momento de aplicar el régimen.

Los ejemplos históricos aportados por la convertibilidad son elocuentes. El tipo de cambio fijo en el tiempo planchó los precios, pero —desde su entrada en vigencia— comenzó a crecer exponencialmente el desempleo. En efecto, la convertibilidad se inició en abril de 1991 y para octubre de 1994, el desempleo ya había trepado al 12 %. El segundo elemento grave es que se desvinculó la creación de empleo en la Argentina respecto de la tasa de crecimiento económico.

En los mejores años de la convertibilidad, 1991-1994, la tasa de crecimiento promedio anual superó el 6 %, sin embargo, el desempleo trepó del 7 % al 12 %.

La gravedad de este esquema económico se vio en toda su dimensión en la segunda mitad de la década del ‘90, dado que en 1995 se produjo el golpe de una crisis internacional comenzada en México, que se propagó a Brasil y a la Argentina con fuerte salida de capitales. En tanto la Argentina no podía mover su tipo de cambio para amortiguar los efectos internos de la crisis, sostener el régimen de paridad fija implicó que el desempleo alcanzara el 18,6 %, creciendo un 50 % por sobre el ya elevado nivel de 1994.

En las elecciones presidenciales de 1995, el pueblo argentino se vio entrampado en una discusión parecida a la actual, en la que el temor a la hiperinflación, vivida recientemente en el año 1989, determinó que se votara por sostener la estabilidad de precios sin priorizar la creación de empleo. La economía volvió a crecer en el trienio 1996-1998 a una tasa promedio anual del 3 %, pero el desempleo se sostuvo en torno al 14 %, ratificando que la convertibilidad era un modelo que divorciaba el crecimiento económico de la creación de empleo por primera vez en la historia argentina.

El rechazo electoral a este régimen y la incapacidad de los gobernantes electos para resolver este cuadro de situación desembocaron en la catástrofe del 2001, cuyos determinantes ya estaban vigentes desde mucho antes.

Este recorrido histórico sirve para fundamentar que cualquier plan anti-inflacionario que suponga estabilizar el sector externo congelando el valor del dólar sólo puede desembocar en la configuración de un modelo económico con elevado desempleo. La convertibilidad determinó que la Argentina tuviera el ciclo más largo de desempleo de dos dígitos de toda su historia, doce años consecutivos entre 1994 y el 2006, algo que no había ocurrido ni siquiera en la crisis de 1930. Es muy peligroso alcanzar la estabilización de precios a costa del sistema productivo.

En cambio, la política que viene llevando adelante Sergio Massa, en procura de fortalecer el sector externo, pero preservando actividad y empleo, es un tránsito hacia un escenario de mayor holgura de divisas en el año 2024, que permita estabilizar precios con una economía creciendo y un desempleo bajo.

Es real la necesidad de acumular dólares en el Banco Central como mecanismo de estabilidad. Pero eso no es antagónico con una economía industrial y un régimen de pleno empleo. Definir hasta dónde se puede poner en marcha un modelo productivo con autonomía de su sector externo es un trabajo diario y sereno como el que viene llevando adelante el actual equipo económico. El año que viene, con un excedente de balanza comercial que según las estimaciones superará los 18.000 millones de dólares, este tipo de esfuerzo se verá decisivamente robustecido.

FUENTE:

Sísifo – El Cohete a la Luna

La Arquitectura Financiera Internacional IX. Argentina, hija putativa del FMI: el romance de la madre dictadora y el padre neoliberal.

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Ríos de tinta se han dilapidado sobre la temática del FMI en Argentina. Ya se ha dicho todo, en todos los idiomas, bajo todas las miradas. Desde el elogio existencial del orden financiero hasta la crítica absoluta de la dependencia. Pero la pretensión de esta nota no es el relato pacífico. Se trata de proponer tres afirmaciones para su reconocimiento y debate en el campo popular:

  • Argentina tiene una historia económica signada por la deuda externa. En particular, las relaciones (activas o pasivas) con el FMI, incluso en instancias republicanas.
  • El FMI forma parte de la estructura legislativa y financiera del país que se consolidó bajo dictaduras cívico-militares y es consentida por gobiernos democráticos.
  • La incidencia de la Arquitectura Financiera Internacional (AFI) en el sistema económico de Argentina depende del rol que ocupe (o no) el FMI

Hemos abusado del término “putativa” por su etimología y recurriendo a Wikipedia que informa que se denomina putativo a alguien (una persona) que se le atribuye, por error excusable, una calidad que no tiene.

No somos hijos del FMI, aunque …

De la mano del antiperonismo dictatorial de la autodenominada Revolución Libertadora, por Decreto Ley 15970 del 31 agosto 1956, y con la firma de Aramburu se aprueba el ingreso de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, actualmente BM, Banco Mundial).

El convenio pasa a formar parte de la estructura jurídica del país. Entramos en la AFI con una inversión de u$s 150M, 25% en oro y 75% en m$n en el caso del FMI, y otro tanto para el BIRF integrados el 2% en u$, el 18% en m$n y el saldo en cuotas.

Los Convenios de creación que constan en el Acta Final de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, celebrada en Bretton Woods, en Julio 22 de 1944, y las resoluciones de las Juntas de Gobernadores de dichas instituciones internacionales N. 11–3 y N. 97, respectivamente, del 8 de agosto de 1956, pasan a formar parte de nuestra estructura legislativa.

La Argentina efectivizó su primera transacción con el FMI en abril de 1957 con el objetivo de “volver a una mayor libertad económica”, y resolver el déficit en la balanza de pagos del dólar.

No obstante, el BCRA continuó perdiendo reservas internacionales pese a que el gobierno provisional derogó el régimen de nacionalización de los depósitos, modificó la ley de bancos y las cartas orgánicas de la banca oficial (Banco Central, Hipotecario Nacional, Industrial y Caja Nacional de Ahorro Postal); y liquidó el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), organismo regulador del comercio exterior argentino.

Cuarenta años después, la misma lógica, la misma ideología, sancionaba con el Nro. 21.526 el 14 de febrero de 1977 la ley de entidades financieras que reforzó la AFI y estructuró de manera categórica la dependencia financiera del país.

Ya nada sería igual en la recortada soberanía monetaria.

El 22 de septiembre de 1977, una ley argentina Nro. 21648, aprobaba la segunda enmienda al convenio constitutivo del FMI. Con las firmas del dictador y genocida Videla y el ideólogo neoliberal Martínez de Hoz y basados en el Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional, se atribuyó rango de ley del sistema jurídico argentina al FMI.

Posteriormente por Ley 24005 del 2 de octubre de 1991, con la firma de Menem y Pierri se legalizaba el aumento de la cuota societaria de la RA en el FMI que paso a DEG 1.537,1M

En la actualidad (setiembre 2023) Argentina detenta cuotas sociales por DEG 3.187,3 (0,67% del capital total) y tiene 33.332 votos (0,66% del total). Somos un país casi irrelevante como socio (puesto 32 entre 190 países), aunque significativo como deudor.

Argentina ha vivido, de ahí su condición de putativa, más tiempo bajo programas del FMI: 41 años de los 67 pasados desde su ingreso en 1956 hasta 2023.

El FMI forma parte del genoma financiero histórico de nuestro país.

Es el dominio por la deuda dado que Argentina tuvo con el FMI veintiún acuerdos de condicionalidad fuerte: diecinueve stand by y dos de facilidades extendidas.

Las políticas económicas fueron decididas en consonancia con el FMI y sus designios. También tomó otros tipos de obligaciones, como el tramo reservas (antes tramo oro), el primer tramo de crédito, y las líneas vigentes en las décadas de 1970 y 1980 para financiar los déficits comerciales por el aumento del petróleo y la caída de las exportaciones.

Cuando en enero de 2006, el presidente Kirchner dispuso la cancelación anticipada de su deuda con el FMI, sólo durante nueve años desde 1956 el país no había estado bajo acuerdos con el organismo.

Cuatro de esos años transcurrieron bajo gobiernos que aplicaron políticas heterodoxas: 1964-1965 (presidencia de Arturo U. Illia, de la UCR), y luego 1973-1974 (presidencias del Frente Justicialista de Liberación, de Héctor J. Cámpora y Juan Domingo Perón, quien canceló el monto adeudado al FMI antes de su vencimiento).

Otros cinco años libres de acuerdos correspondieron a gobiernos de facto que solicitaron stand by al organismo para catalizar el sobreendeudamiento externo: 1970-71 (dictadura cívico-militar denominada Revolución Argentina, presidente Gral. Levinston) y 1979-81(dictadura cívico militar autodenominada Proceso de reorganización nacional, Grales Viola, Galtieri).

Desde 1982 hasta 2004 la Argentina estuvo permanentemente bajo programas del FMI o buscando su aprobación. El año 2005 (Néstor Kirchner) fue el primero completo sin acuerdos con el FMI, luego de que en septiembre de 2004 el gobierno suspendiera el stand by vigente a fin de renegociar la deuda pública externa con las manos libres. Luego pagó totalmente lo adeudado al FMI, conservando la membresía de la Argentina en la institución.

En 2018 el gobierno de la alianza Cambiemos (2015-2019) obtuvo un stand by de monto extraordinario y desembolso acelerado, con plazos y montos de devolución imposibles de cumplir para la capacidad de pagos de Argentina. La pandemia del coronavirus agravó la situación, porque desplomó la producción y el empleo, y aumentó la necesidad de fondos estatales para enfrentar las demandas sanitarias y auxiliar a los más afectados por la crisis. Por todo ello, en julio de 2020 el gobierno argentino de Alberto Fernández suspendió este stand by y renegocio forzosamente sus términos.

Argentina sufre hoy las consecuencias de esa renegociación forzosa a través de su alta tasa inflacionaria, el ahogo del comercio externo, el agobio de los intereses de la deuda en la balanza de pagos, la reducción de reservas internacionales y los aumentos de los niveles de pobreza e indigencia.

Tanto desde el punto de vista de las decisiones político legislativas, como desde su implementación práctica queda claro que la historia argentina es incomprensible si no se incluye la dimensión FMI.

En sus orígenes, un acuerdo Stand-By (ASB) es un tipo de préstamo de condicionalidad fuerte que proporciona asistencia financiera a los países que afrontan problemas de balanza de pagos.

Estos problemas se derivan: i) insuficiencia de las exportaciones (por efecto precio o por efecto cantidad); ii) incremento de las importaciones (por dependencias generadas en la falta de desarrollo industrial suficiente); iii) dificultades para acceder a préstamos internacionales; iv) peso relativo del pago de los servicios de la deuda externa.

Según la página oficial FMI el objetivo del ASB es “Dar una respuesta flexible a las necesidades de financiamiento externo de los países mediante el apoyo de sus políticas de ajuste con financiamiento a corto plazo”. Obsérvese lo siguiente: a) la flexibilidad de obrar “de acuerdo a las circunstancias”; b) el hecho objetivo: los países necesitan apoyo externo, c) el financiamiento es a corto plazo e implica siempre políticas de ajuste. De allí se deriva que estos apoyos involucran condiciones de cumplimiento del país deudor, las llamadas condicionalidades.

Por otro lado, como un stand by es una suerte de luz verde para el mercado de capitales y dado que el FMI ejerce de auditor general de última instancia en la AFI, los países suelen firmar esas garantías de cumplimiento aunque no utilicen los fondos disponibles.

Esas condicionalidades son las emergentes de la capacidad de devolución del préstamo otorgado y de la adopción de políticas económicas compatibles con la organización del mundo sobre las bases capitalistas y de acuerdo a la AFI: i) privatizaciones de empresas públicas y de servicios sociales, ii) déficit cero en la gestión presupuestaria,iii) austeridad en el gasto social, iv) prevalencia y cobertura del mercado libre, v) independencia del Estado deudor respecto de la emisión monetaria nacional.

Hemos preparado el siguiente resumen sólo con los préstamos stands by gestionados por el país y del cual pueden obtenerse algunas conclusiones que quedan para el lector interesado. Gobiernos de facto, dictatoriales, democráticos, partidos populares, conservadores, militares, todos han ido tomados de la mano del FMI para confluir en nuestra realidad hoy. Y los mismos problemas de siempre sin resolver: reservas insuficientes, tasas absurdas de inflación, mayor endeudamiento interno y externo, congelamientos de precios y salarios, fracaso de los planes económicos, refinanciaciones, ajustes presupuestarios, dolarización, blindajes.  Viejas y gastadas palabras para nombrar desventuras humanas sociales.

 

  Fecha Gobierno Importe Referencia
1 Dic-1958 A. Frondizi 75M Sólo uso u$ 42,5M. Estabilización BP
2 Dic-1959 A. Frondizi 100M Plan estabilización. Inflación
3 Nov-1960 A. Frondizi 100M Sólo recibió u$ 60M
4 Dic-1961 A. Frondizi 100M Caída reservas oro
5 Jun-1962 J. M. Guido 100M Caída de reservas
6 -1967 J. C. Onganía 125M No usado. Frenar la inflación.
7 -1968 J. C. Onganía 100M No usado. Crecimiento largo plazo
8 Ago-1976 J. R. Videla 300M Liberar precios, congelar salarios
9 Set-1977 J. R. Videla 194M No usado. Reducir inflación.
10 Ene-1983 R. Bignone 1.500M Compensar financiamiento.
11 Dic-1984 R. Alfonsín 1.450M Ajuste recesivo
12 Jul-1987 R. Alfonsín 1.400M Agotamiento Plan Austral
13 Nov-1989 C. Menem 1.400M Hiperinflación
14 Abr-1991 C. Menem 1.000M Plan de convertibilidad
15 Abr-1996 C. Menem 1.000M Privatizaciones. Ajuste presupuestario
16 Mar-2000 A. De la Rúa 7.200M Blindaje Impuestazo
17 Ene-2003 E. Duhalde 12.500M Déficit cero. Reestructuración deuda
18 Set-2003 N. Kirchner 2.500M Ajuste y Reprogramación deuda
19 Jun-2018 M. Macri 56.300M Uso 44.300M. Fuga de capitales

 

Sólo hay que destacar que el stand by Macri supera largamente la sumatoria de los stand by aprobados desde el inicio de la relación con el FMI y durante sesenta años. Ha sido el golpe maestro del neoliberalismo, el anzuelo de oro. Y que la renegociación del gobierno peronista de Alberto Fernández ha concluido en un acuerdo de facilidades extendidas que no es sino una mochila de plomo para el pueblo y representa un ancla para la dependencia financiera de la Argentina.

Llevar esa mochila y liberar el ancla es tarea de la política nacional y popular que no admite otra estrategia más que enfrentar -a como dé lugar- a quienes desean perpetuar la gobernanza por la deuda.

 

El poder de la arquitectura financiera internacional VIII. ¡Salvemos a los bancos!

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Una arquitectura financiera es un diseño institucional y tecnológico de poder monetario que permite organizar, administrar y controlar los movimientos monetarios de personas, familias, organizaciones, empresas y Estados nacionales.

A nivel doméstico, esa arquitectura está dada por los Bancos (donde tenemos nuestras cuentas en dinero fiduciario disponible) y las empresas emisoras de las tarjetas de crédito (donde se nos ofrece una riqueza disponible en dinero plástico). Ambas se encuentran cuidadosamente interrelacionadas y celosamente custodiadas por el Veraz y otras instancias de control cruzado. Al estar bancarizados, nuestra vida transcurre en la telaraña financiera. Y ya sabemos quién es la araña. Para algunos está la Banelco de reconocidos bancos que nos categorizan como prestigiosos, eminentes, ejecutivos o preferenciales; para los pobres de toda pobreza tenemos la tarjeta Alimentar de ANSES. En el mundo de las finanzas somos números y plásticos.

La arquitectura financiera internacional es una planificación de poder mundial que incluye marcos, normas, instituciones y mercados financieros globales, así como los acuerdos de gobernanza para garantir la estabilidad y el funcionamiento de los sistemas monetarios y financieros mundiales. Responde a las preferencias en materia de política de las grandes economías para dar respuesta a las perturbaciones y crisis económicas y financieras.

La AFI (arquitectura financiera internacional) nació en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial. Fue la sobremesa de los vencedores, el brindis hacia el futuro, una consecuencia de los acuerdos para garantir las cobranzas de la deuda de los vencidos y, de paso, organizar el mundo de acuerdo a sus conveniencias. Lo cierto es que no está respondiendo a los requerimientos internacionales. Diseñada por y para los países vencedores e industrializados de la posguerra, en otro momento histórico: ni los riesgos globales climáticos, ni las desigualdades sociales, incluida la desigualdad de género, ni la guerra de monedas, ni la emergencia de nuevos actores se consideraban retos importantes del desarrollo. La AFI ya presentaba deficiencias estructurales en el momento de su concepción, pero garantizaba la estructura dominante.

Y el plano de los arquitectos del poder se ha vuelto más incompatible con la realidad y las necesidades del mundo actual multipolar, lo que hace que la AFI no sirva en absoluto para su propósito en un mundo marcado por el incesante cambio climático, los crecientes riesgos sistémicos, la desigualdad social extrema, los arraigados prejuicios de género, unos mercados financieros muy integrados y vulnerables al contagio transfronterizo y los drásticos cambios demográficos (inmigración africana en Europa), tecnológicos (inteligencia artificial), económicos (tránsito energético) y geopolíticos (emergencia de los BRICS).

A pesar de las críticas de la propia UN (Informe de políticas de Nuestra Agenda Común 6. Reformas de la arquitectura financiera internacional, mayo 2023) la ortodoxia neoliberal reclama más capitalismo financiero y advierte que la economía mundial está plagada de desequilibrios que no es posible corregir en el marco del actual (no) sistema monetario internacional. Y proponen una economía mundial dolarizada y se espantan con la emergencia de alternativas como los BRICS.

Los bancos son los operadores de la AFI. Por eso siempre se los salva y se los rescata de las crisis que ellos mismos ocasionan y diseminan. En el mundo y en Argentina. Rescates públicos y privados, pero siempre rescate.

En el pasado marzo 2023 un total de 11 grandes bancos de Estados Unidos, liderados por JP Morgan, ha decidido acudir en auxilio del 14º mayor banco del país por activos y efectuar el rescate privado para el First Republic Bank por u$ 30.000M.. Ese mismo mes, el gobierno de Estados Unidos sale al auxilio tras la quiebra de Silicon Valley Bank por u$ 21.000M.. Y hay más, mucho más. Siempre se salva a los bancos porque son los agentes dinámicos de la AFI.

En Argentina esos salvatajes tienen raíz histórica. En 1935 la política conservadora crea el Banco Central luego de la crisis bursátil y económica de los años treinta. Para garantizar su fundación el Estado “saneó” a los bancos privados, obligando al conjunto de los argentinos a cargar con dicho costo. Alfredo Gómez Morales puntualiza que la reforma monetaria y bancaria de 1935 incluyó un “salvataje financiero de los pocos privilegiados” que “conducían con hilos invisibles los resortes de la política y del gobierno del país”. En el mismo sentido, Antonio Cafiero mencionó que en 1935 salvaron “de la ruina económica a los bancos e instituciones financieras privadas y extranjeras que durante la época precedente a la crisis del año 30 se habían dedicado a toda suerte de préstamos especulativos”.

Mas cerca, en 2002, con el argumento de los banqueros que no tenían por qué pagar los platos rotos del terremoto de la dolarización que había iniciado el Gobierno de Menem y Cavallo con el “uno a uno” el Estado argentino se hizo cargo de las obligaciones de los bancos que le costó u$ 13.774M. (asciende a u$ 16.100.- si se incluyen los recursos judiciales) por la pesificación asimétrica, el canje de bonos, el seguro de cambio y la supresión del CER.

Más que el déficit presupuestario debiera analizarse el impacto de estos salvatajes (y otras prebendas fiscales y monetarias) que el Estado Argentino le otorgó al sistema bancario amparado por la ley de Entidades financieras de la dictadura militar y a la que los gobiernos democráticos no se le animan. Por supuesto, el establishment político se vanagloria hoy de la “salud del sistema bancario”. Ya se ve: bancos saludables en una población pobre. Será?

La arquitectura financiera internacional abarca varias dimensiones:

  1. a)  Gobernanza de las instituciones financieras internacionales públicas, como los bancos multilaterales de desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así́ como otros bancos públicos internacionales de desarrollo y fondos mundiales (como el Fondo Verde para el Clima);
  2. b)  Organismos de normalización financiera que ordenan las finanzas privadas, como el Consejo de Estabilidad Financiera, el Banco de Pagos Internacionales, la Organización Internacional de Comisiones de Valores, el Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad y el Grupo de Acción Financiera;
  3. c)  Acuerdos monetarios, como los acuerdos financieros regionales y la red de líneas de permuta financiera bilaterales;
  4. d)  Agrupaciones informales de países con atributos para fijar normas, como el Grupo de los Siete (G7) y el Grupo de los 20 (G20);
  5. e) Órganos normativos formales pero no universales, en particular la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE);
  6. f) Grupos de acreedores que se ocupan de cuestiones relacionadas con la deuda soberana: el Club de París, el Club de Londres, el Marco Común para el Tratamiento de la Deuda (más allá de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda, acordado por los países del G20 y el Club de París), y la International Capital Market Association (entidad privada que publica cláusulas modelo para instrumentos de deuda), así́ como agencias mundiales de calificación crediticia;
  7. g) Las Naciones Unidas como organismo normativo y ejecutor.

Pero la AFI actual no ha servido para movilizar fondos estables y a largo plazo a escala para las inversiones necesarias para combatir la pobreza, el hambre, la crisis climática y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Está plagada de desigualdades, carencias e ineficacias profundamente arraigadas en el sistema, entre ellas las siguientes:

  1. a)  Mayores costos de endeudamiento para los países en desarrollo; muchos Gobiernos dedican una gran parte de sus ingresos a pagar el servicio de la deuda, al tiempo que son incapaces de invertir lo suficiente en el ejercicio de derechos fundamentales en materia de salud, educación y protección social.
  2. b)  Variaciones significativas en el acceso de los países a la liquidez en tiempos de crisis, con solo una pequeña parte de los derechos especiales de giro (DEG) asignados a los países en desarrollo; por ejemplo, el continente africano, donde viven 1.400 millones de personas y más del 60 % de los pobres extremos del mundo, solo recibió́ el 5,2 % de la última emisión de DEG;
  3. c)  Falta de inversión en bienes públicos globales, incluídas la preparación frente a pandemias y la acción climática;
  4. d)  Mercados financieros y flujos de capital inestables, repetidas crisis financieras mundiales y sobreendeudamiento soberano recurrente, con consecuencias nefastas para el desarrollo sostenible.

Del mismo modo, la arquitectura tributaria internacional no ha seguido el ritmo de un mundo cambiante. Aunque en última instancia los países necesitan contar con recursos nacionales para financiar la inversión en su desarrollo sostenible y equitativo, la evasión y la elusión fiscales mundiales limitan su capacidad para hacerlo. Volveremos sobre esta relación entre las finanzas y los tributos.

El mundo dual que deja trascender Cristina Fernández, un mundo de dos vías: la de quienes poseen y la de los desposeídos, una realidad que entraña peligros claros y evidentes para la economía mundial y todo lo demás.

Si no se adoptan medidas para cambiar de rumbo, esta brecha derivará en una divergencia duradera, una fragmentación económica y fracturas geopolíticas. Todos los países desarrollados y en desarrollo necesitan una reforma de la AFI para restablecer la confianza en el sistema y evitar el distanciamiento y la fragmentación final de las relaciones financieras y económicas internacionales. Un nuevo conjunto de normas e instituciones que contribuyan a la convergencia y permitan a todos los países lograr transformaciones sostenibles, inclusivas y justas. La AFI no debe estructurarse para acentuar la acumulación y el poder de los poderosos, sino que debe respaldar el desarrollo con equidad social, la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el ejercicio activo de los derechos humanos.

Solo se puede facilitar esa estructura mediante una reforma ambiciosa, empezando por una gobernanza económica mundial más inclusiva, representativa y, en última instancia, más eficaz. Será la política capaz de implementarla?