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sábado, junio 27, 2026
Blog Página 28

Hablemos de salud

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Cuando hablamos de salud no nos referimos solamente a las enfermedades y su posible
curación. Hablamos de que entre la tenencia y la pérdida de la salud hay una amplia franja de
situaciones que son las posibilidades de perderla o recuperarla.
Considerando la salud como un estado de armonía bio-psico-social, esta sería más una realidad deseada que la que vivimos en estos momentos; el hambre y las guerras excluyen
cualquier armonía social o psíquica. Hablaremos ahora de la pérdida de la salud por enfermedades y su tratamiento dejando también a un lado, por ahora, la prevención como
cuidado fundamental de la salud.
Tenemos la imagen legendaria de las comunidades ancestrales en las que un chamán o
médico brujo mezclaba jugos, hierbas y otros elementos para elaborar pócimas destinadas a
aliviar las dolencias de las personas. También la de un hombre serio y de gesto adusto, o tal vez afable y cercano a las familias, que comenzaba a aliviar con su presencia y se presentaba
equipado con un simple estetoscopio y una pañoleta a la vez que enarbolaba un discurso
incuestionable. Pero el devenir de los tiempos ha visto la evolución de las comunidades
humanas y el crecimiento tecnológico, con una generación parada sobre los hombros de la
anterior en una pirámide interminable. Así también se ha desarrollado todo lo atinente a la salud conformando complejas estructuras que obran sobre la salud y su recuperación obteniendo resultados que hace años se hubieran considerado milagrosos para el entendimiento humano.
Enfermedades que en la antigüedad podían provocar la muerte hoy se curan con
facilidad, otras, consideradas como incurables, hoy se curan en gran número como el cáncer, por ejemplo. Con un diagnóstico precoz aproximadamente el 60% se curan, el 30% se cronifican y mueren solo el 10%. Hoy enfermedades incurables por ahora, como la diabetes, se controlan, permitiendo una vida normal a la mayoría de los que la sufren cumpliendo con pautas de conducta y medicación.
Como detrás de cualquier resultado hay una historia, un encadenamiento de sucesos,
sistematizados o no, que darán ese resultado. Podemos observar que los resultados no son
iguales en todas las enfermedades ni en todas las regiones. En la salud, como en todas las
cosas, hay un porqué, un cómo y un para qué.
El gran crecimiento tecnológico, tanto en métodos de diagnóstico como en técnicas
terapéuticas y el desarrollo farmacológico, han surgido de una conjunción de inversiones
públicas y privadas, y aquí hay otras complejidades que analizar. La inversión pública, o sea del estado, ante diversos problemas de la comunidad, no puede sorprendernos. Vemos las calles, las luces y los puentes, vemos estructura judicial, de seguridad y educativa, vemos casualmente hospitales y centros de salud, ya que de esto hablamos.
¿Pero qué pasa con la inversión privada? ¿Cuánto tiene de privada y cuánto de
comunitaria, en tanto y en cuanto el estado como representante de la comunidad es el gran
contratante y dador de créditos para la investigación y desarrollo de proyectos? Inclusive en los países que se supone son abanderados de la inversión privada como EEUU hay un ejemplo paradigmático. El complejo militar industrial norteamericano hace armas, aviones y misiles de
forma privada pero su gran cliente es el estado norteamericano, o sea que cada bala que los
yankees fabrican está financiada por los contribuyentes, y en este caso también es el estado
norteamericano, abanderado de los intereses de sus empresas, el que fabrica las guerras para que se usen las armas, un negocio redondo.
Saliendo de la muerte e intentando volver a ocuparnos de la vida, sigamos con el tema
de la salud. En nuestro país conviven desde lo teórico al menos tres sistemas de salud: el
público, totalmente soportado por el estado, que atiende como paciente a quien lo solicite; el
solidario, que está representado por las obras sociales y las prepagas – las obras sociales de
naturaleza sindical, y las prepagas que son un negocio privado, en este momento mayormente en manos de corporaciones multinacionales o fondos de inversiones, léase fondos buitres – y la medicina privada, de existencia realmente virtual ya que muy pocos acceden a ella y muy pocos pueden acceder. Tema aparte son las terapias alternativas a las que muchas personas acuden y en general no requieren complejidad suponen un trato personalizado sin intermediación estructural.
Dejando afuera comentarios sobre el sistema público, ya que en él está claro que es el
estado el que se hace cargo de los costos de su implementación, hablemos de las obras
sociales y las prepagas.
A raíz de la evolución tecnológica en métodos de diagnóstico y tratamiento de la salud,
los costos serían para la mayoría de las personas impagables, como ejemplo están las drogas oncológicas que valen millones, lo mismo ocurre con muchos tipos de cirugías, que en muchos casos incluyen materiales protésicos. La única manera de hacer esto viable es que el conjunto de pertenencia a una obra social sindical haga un aporte dinerario mensual de su salario y esto se utilizará para tratar a los que sufran alguna enfermedad. Algo análogo ocurre con los sistemas prepagos, en esté caso es un negocio que se realiza adoptando el mismo principio solidario pero buscando una ganancia. Aquí todos los asociados a la prepaga pagan una cuota mensual que se utilizará para la atención del afiliado o asociado enfermo.
Hasta aquí el sistema de salud visto desde el paciente que recibe la prestación. Pero qué pasa con los prestadores, con las clínicas, con los centros de diagnóstico, con los laboratorios, los institutos de rehabilitación. Todos estos serían absolutamente inviables si no tuvieran como clientes a esas obras sociales o prepagas ya que para la población en general sería imposible afrontar los costos de la atención de salud de manera individual, sin estar integrados a un sistema colectivo de atención. De darse esa situación todas las clínicas, sanatorios, centros de diagnóstico, laboratorios y centros de rehabilitación quebrarían por falta de clientes que los sostuvieran económicamente.
Queda demostrado que aún lo privado depende de lo público para existir. Es una falacia
decir que todo se puede privatizar y que el estado es innecesario. Generalmente quienes dicen estas cosas son paradójicamente grandes beneficiarios del estado a través de subsidios o licitaciones de obra pública, son los planeros del estado, pero con traje, corbata, gemelos de oro, autos de lujo y custodios privados.

La urgencia de debatir la política exterior

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La fotografía de la Argentina de hoy nos presenta un retrato crudo y dramático de nuestra realidad. Varios indicadores revelan, en lo que respecta a la productividad y a los ingresos de la población, el persistente estancamiento económico, los altos niveles de empobrecimiento y la creciente desigualdad. El producto bruto interno per cápita no recuperó el volumen que tenía en términos absolutos hace doce años, en 2011. Un dato es categórico: el país no experimentaba un período tan prolongado sin crecimiento sostenido desde el período 1975-1989, cuando se totalizaron catorce años de caída promedio del ingreso per cápita.

Los “años dorados” quedaron muy lejos en la línea de tiempo. Sólo entre 1960 y 1975, el PBI per cápita argentino logró tasas de crecimiento ininterrumpidas del 2% anual. Según el Banco Mundial, el PBI de la Argentina en 1966 era el noveno a nivel mundial, en 1999 estaba en el puesto 16, y en 2019 —último año sin pandemia— fue en el 27. En consecuencia, antes de considerar el posible desarrollo económico del país, resulta imperativo centrarse en cómo lograr una reversión de esta situación. Sin duda, es importante pensar en clave de desarrollo, pero antes de ello hay que alcanzar y sostener un fuerte crecimiento económico con justicia social y sostenibilidad ambiental.

En lo que respecta a la pobreza, si bien experimentó fluctuaciones significativas, hoy se encuentra en niveles extraordinariamente elevados. Aunque hubo metodologías distintas para medirla, en la década de los setenta, la pobreza promedio se situó en un 5.7%, y se cuadriplicó al llegar al 19.6% en la de los ochenta. Medida con la vara actual, la pobreza tuvo su pico en octubre de 2001, cuando alcanzó el 46%, y llegó al 66% en octubre de 2002.

En la segunda década de este siglo, la pobreza bajó y el promedio se mantuvo en torno al 29.3%. Alcanzó el 31% en 2016, llegó a su punto máximo del 42% en 2020 durante la pandemia, descendió luego a un 36.5% en 2022 y aumentó al 40.1% este año. Hoy casi 12 millones de ciudadanos están debajo de la línea de la pobreza.

La desigualdad, en tanto, se manifiesta en diversos indicadores. El porcentaje de la población que puede ahorrar disminuyó, pasando del 15.9% en 2011 al 9.6% en 2022. Si examinamos la evolución de la desigualdad en las condiciones de vida en el Área Metropolitana de Buenos Aires entre 2010 y 2022, se observa un marcado deterioro en los estratos residenciales bajos a partir de 2014, lo que amplió las brechas de desigualdad en comparación con los estratos medios y medios altos.

En Cenital nos importa que entiendas. Por eso nos propusimos contar de manera sencilla una realidad compleja. Si te gusta lo que hacemos, ayudanos a seguir. Sumate a nuestro círculo de Mejores amigos.

En suma, la fotografía instantánea de este momento es profundamente inquietante. La película, en tanto, permite observar la secuencia dinámica y encadenada de un país que declina. Al cabo de dos décadas, la Argentina del siglo XXI es menos próspera, más pobre, más desigual y más fragmentada, en lo interno, y más débil, marginal y vulnerable en lo externo, en comparación con la Argentina de los 40, 50 y 60 del siglo pasado.

Sin embargo, si dirigimos nuestra atención hacia lo que nos muestra el parabrisas en lugar de enfocarnos en el espejo retrovisor, podremos contemplar un horizonte menos abrumador. Al proyectar Argentina en el año 2030, es posible vislumbrar, de manera eventual, potencial, e hipotética, un escenario notablemente diferente. Esto se debe a las oportunidades y fortalezas que el país posee.

Mencionamos algunos ejemplos. Junto con los yacimientos de petróleo y gas convencional, nuestro territorio cuenta con las segundas mayores reservas mundiales de gas no convencional. En relación a los recursos renovables y la transición energética, Argentina presenta condiciones muy favorables para la energía solar, eólica e hidráulica, además de la enorme disponibilidad de biomasa capaz de ser transformada en bio-productos y de las potencialidades en hidrógeno verde.

Más allá de los recursos energéticos, también existe un enorme potencial económico variado en nuestra plataforma continental que representa el 62% de la superficie del país. A su vez, el potencial geológico-minero se encuentra sub-aprovechado en relación con otros países, como Chile o Perú. En el litio existe un despegue valioso, pero el cobre puede ser la mayor apuesta a largo plazo. Además, el sector agropecuario es clave para el despegue el país, teniendo en cuenta sus posibilidades de innovación, reconversión y diversificación productiva, así como su impacto en cadenas de valor locales y regionales.

Con “potencial de futuro” no solo nos referimos a las oportunidades tradicionales, como la energía, la agricultura y los minerales, sino también a las capacidades en ámbitos como son la economía del conocimiento, la biotecnología, la nanotecnología, las industrias relacionadas con la tecnología satelital, nuclear y espacial y otras áreas que podrían ser de vital importancia en tiempos de la “cuarta revolución industrial”. Tanto en cuanto a las materias primas como en el terreno industrial, productivo y tecnológico, Argentina alberga un conjunto de atributos relevantes para la política interna y la política internacional. Las ventajas estáticas del país deben movilizarse para convertirse en fuentes efectivas de poder.

Un momento clave

Pero, y más allá del tiempo futuro, lo esencial es preguntarse qué acciones deben emprenderse en el tiempo presente. En esta coyuntura crítica, al plantearnos este interrogante, debemos considerar cómo aprovechar la oportunidad que se avecina y que no debemos desperdiciar. Quizás la respuesta resida en la construcción de los pilares de una convergencia amplia y plural. Evitando el uso de términos como “política de Estado,” podríamos enfocarnos en forjar acuerdos estratégicos e intersectoriales. Es necesario partir de la premisa de que todo no debe ser reinventado o refundado, sino que es crucial reconocer la existencia de activos y las capacidades tangibles e intangibles del país.

Estamos frente, sin duda, a la elección presidencial más trascendente de la Argentina en el siglo XXI. Con este horizonte, es esencial debatir sobre “el qué”, “el cómo” y el “para qué” de la política exterior y su entrecruzamiento con distintas políticas públicas. En ese sentido, varias medidas se vuelven imperativas.

En primer lugar, es fundamental impulsar las economías regionales y las pequeñas y medianas empresas para una articulación más densa y variada con los países vecinos y del resto del mundo. Una política exterior es la que mejora el bienestar y la seguridad de los ciudadanos. Una buena política exterior incrementa el poder, la riqueza y la autonomía de un país.

En segundo lugar, debemos adoptar una estrategia de inserción internacional sensata y fecunda. En breve, en el frente internacional necesitamos una diplomacia de la modestia centrada en temas concretos. En esta etapa, se imponen diagnósticos realistas y rigurosos del mundo, objetivos razonables y conductas prudentes. En tiempos difíciles muy especialmente, no debe haber lugar para el exhibicionismo y la grandilocuencia, y mucho menos dividir el mundo en “buenos” y “malos”: es hora de un mix de pragmatismo juicioso y principismo vigoroso. En consecuencia, el enfoque y el estilo de liderazgo, así como los programas a implementar y posturas a desplegar, adquieren una relevancia enorme. Reforzar la Cancillería y las diferentes áreas internacionales de los ministerios con los mejores talentos de nuestros jóvenes y coordinar más la política exterior y de defensa son condiciones sine qua non.

Al conjunto de causas sociológicas, económicas e institucionales que usualmente se mencionan como explicaciones de nuestro declive, habría que añadir una psicológica: el “síndrome del narcisista frustrado” que, más temprano que tarde, provoca una autoestima deficiente y un ímpetu autodestructivo. Una nación que políticos, empresarios, comunicadores, figuras públicas, e intelectuales consideran como un país de fracasados es prácticamente un país sin destino y condenado a reforzar la condición de narcisismo frustrado. Una base mínima para el logro de acuerdos estratégicos es que la dirigencia coincida en una valoración ponderada del país, reconociendo las oportunidades del futuro y la necesidad del empeño conjunto. Reconstruir poder, adentro y afuera, requiere esfuerzo, moderación, tiempo y paciencia.

En suma, hay razones urgentes para que el debate presidencial en esta instancia de ballotage tenga un segmento relevante—a diferencia de la primera vuelta—respecto a la inserción internacional del país. Ello, hoy más que nunca, implica “des-parroquializar” la discusión pública al respecto y entender que lo que está en juego no es una apuesta de corto plazo, sino decisiones de efectos notables de mediano y largo alcance. Debemos, en consecuencia, plantearnos preguntas fundamentales con la expectativa de alcanzar acuerdos vinculantes. No es el tiempo de coaliciones electorales con un solo propósito de lograr la presidencia; es esencial ir forjando coaliciones de gobernanza. En tiempos recientes, conocimos distintas experiencias políticas que no apreciaron el valor de los acuerdos: persistir en esa dinámica es el camino seguro a la inviabilidad nacional.

El ganador de la segunda vuelta tendrá, a partir del 10 de diciembre, un mandato de cuatro años, durante los cuales podrá optar entre continuar administrando el declive del país o tejer compromisos genuinos y viables que reviertan un declinar cada vez más oneroso para las mayorías. En resumen, la Argentina debe recuperar el crecimiento económico sostenido tras años de estancamiento prolongado y sentar los incentivos para configurar una inserción fecunda en el mundo y en la región acorde a los desafíos actuales.

Por Bernabé Malacalza y Juan Gabriel Tokatlian

 

La urgencia de debatir la política exterior

Informe económico mensual

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A worker changes the price of tea at a supermarket in Buenos Aires, Argentina, on Friday, Aug. 18, 2023. Inflation in Argentina is bound to accelerate sharply in August and September after the central bank devalued the peso's official exchange rate by 18% on Aug. 14. Photographer: Erica Canepa/Bloomberg

Los números corresponden a SEPTIEMBRE, con congelamiento y listados de precios, oraciones, invocaciones religiosas varias, plegarias y otras formas de política económica. El gobierno buscando soluciones a los “quilombos inflacionarios”, teniendo en el horizonte el balotaje.

¿Cómo calmar los “mercados” con estas señales en los precios, en el dólar y en el riesgo país?  ¡Vaya contradicciones que carga Massa!, pero saliendo primero en la General, no es poco.

El BCRA, en SETIEMBRE sostiene una menor variación del dólar oficial mayorista (se deprecia o devalúa el peso) por debajo de los aumentos de los precios, en cambio a la Tasa de Política Monetaria la eleva.

SEPTIEMBRE promedio de los IPC mencionados: 13.8 %. El Indec en el ponderado  Nacional de 6 regiones: 13.7%. Acumulado doce meses  2023 SEP. /2022 SEP. : 138.5 %. Ponderado Indec 138.3 %.

Pero hoy lo importante pasa por el Balotaje, Massa logrando saltar por encima de los resultados de las PASO con un primer lugar de alta significación.

Pero lo anterior produce un ruido infernal en el frente opositor y se generan nuevas brechas, por si fueran pocas las que ya observamos.

Mirar los gráficos del documento y si cuentan con tiempo, leerlo.

Fontanarrosa, seguramente imaginando estos momentos escribió hace muchos años un desopilante cuento, donde incluyó lo internacional, el comercio, y otras cuestiones del estilo. Se llama “Medieval Times” incluido en el libro “La mesa de los galanes y otros cuentos”.

También en: https://germanjusto.files.wordpress.com/2010/06/medieval-times-fontanarrosa.pdf

 

2023 SEPTIEMBRE proc. OCTUBRE IPC INFLACION

OTRO PAÍS ES POSIBLE

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En medio de la llamada Guerra Fría y del temor exacerbado de Estados Unidos al comunismo, máxime con la Cuba castrista de 1959, en la Argentina se llamó a elecciones de gobernador en marzo de 1962 y en la mayoría de las provincias ganó el peronismo. Esto provocó que las cúpulas de las Fuerzas Armadas, alineadas con los servicios de inteligencia norteamericanos, destituyeran al Presidente Arturo Frondizi y, a su vez, posibilitaran que el mandato lo completara el presidente provisional del Senado, José María Guido.

Durante la delegación de Guido se produjo el enfrentamiento interno en las Fuerzas Armadas entre los azules y colorados. Los azules estaban de acuerdo con permitir un acceso limitado a algunos dirigentes peronistas con el fin de lograr la normalización institucional y al mismo tiempo combatir a los grupos de izquierda marxista. Los colorados, por su parte, equiparaban al movimiento peronista con el comunismo y abogaban por erradicarlo completamente mediante la instauración de una dictadura militar permanente.

La victoria de los azules permitió la supervivencia de la presidencia de Guido y la convocatoria a nuevas elecciones con el peronismo proscripto. En un marco económico recesivo e inflacionario, era el ministro del área Álvaro Alsogaray quien imponía sucesivas devaluaciones y medidas de austeridad tales como estrictos controles de crédito e incluso el pago de salarios estatales con bonos. El PIB cayó un 4% entre 1962 y 1963, el desempleo abierto aumentó a un 8,8%, y el conjunto de la capacidad productiva instalada era del 55% (las fábricas de bienes de consumo trabajaban en el orden del 70% de la capacidad instalada, y las fábricas de bienes de capital y productos semiduraderos en el 30%).

En ese contexto se convocó a elecciones para julio de 1963 y ganó la UCR con la formula Arturo Illia y Carlos Perette, quienes asumieron el 12 de octubre de ese año. El nuevo gobierno desoyó los cantos de sirena de la libertad de mercado y retomó la defensa acérrima del mercado interno del peronismo, canceló los contratos petroleros firmados por el gobierno de Frondizi, controló las inversiones y los precios de empresas extranjeras en las automotrices y en medicamentos, y fijó el control de cambio. En tres años de gobierno, Illia logró superar la dura recesión heredada. Durante 1964 el PBI aumentó en un 10,3% y al año siguiente un 9,1%, una extraordinaria cantidad de bienes y servicios adicionales puestos a disposición de la sociedad. La actividad de las industrias manufactureras, que representaban entonces la tercera parte del PIB (la producción agropecuaria era un sexto), registró un aumento del 18,9% en el primer año y del 13,8% en el segundo; su participación en el PIB en 1964 fue del 32,5% y alcanzaría en 1965 el récord histórico del 33,9%, que nunca fue superado. La participación de los asalariados en el Ingreso Nacional pasó del 34,7% en 1963 al 41% al año siguiente.

Las exportaciones de 1.200 millones de dólares en 1962 pasaron a 1.500 millones en 1965, con un récord de 877 millones en el primer semestre de 1966. La deuda externa disminuyó de 3.390 millones de dólares en 1963 a 2.650 millones en 1965, sin necesidad de tocar las reservas de oro y divisas guardadas en el Banco Central, ni de pedir préstamos al Fondo Monetario Internacional.

Los auspiciosos resultados se deben en primer lugar al estímulo a la demanda interna a través del fortalecimiento en el poder de compra de los salarios, que se potenció a través de una serie de medidas:

  1. Se fijó un salario mínimo, vital y móvil igual a la canasta básica total.
  2. A su vez, se operó sobre un conjunto de precios que afectaban la canasta familiar y se fijaron precios máximos para un conjunto de bienes de consumo esenciales.
  3. Se congelaron tarifas públicas.
  4. Se redujo la tasa de interés interna para financiar la producción industrial.
  5. Férreo control sobre las importaciones, suspendiendo el financiamiento sobre algunas [1] y estimulando a las industrias locales para la utilización de insumos de materias primas nacionales y de producción local.
  6. Obligación de liquidar las exportaciones en el plazo de diez días.
  7. Férreo control de las divisas mediante la Emergencia Cambiaria declarada por el decreto 2.581, del 10 de abril de 1964, con la finalidad de que el Banco Central, en cumplimiento de sus misiones y funciones, preservara las reservas internacionales y programara su utilización para el pago de deuda pública y de financiamiento de obras y servicios públicos, y obligara al sector privado a financiarse a su costa las importaciones y los pagos de su deuda.

No devaluó, pese a la existencia de dólares paralelos mucho más altos que el oficial y a la presión del “campo” (exportaciones agropecuarias). En el transcurso del gobierno y para evitar el retraso en el tipo de cambio, se hacían ajustes en base a los precios internos (crawling peg) para evitar transferencias bruscas intersectoriales.

Era otro país, con importantes empresas públicas en lugares claves (petróleo y gas, energía eléctrica, acero, ferrocarriles, marina mercante, etc.), para cuyo control el gobierno de Illia creó la Sindicatura de Empresas del Estado. El gobierno había nombrado a los presidentes y directorios de las empresas del Estado, pero la Sindicatura, formada por la Secretaria de Hacienda, el Banco Central y el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE) [2], realizaba el control interno: Hacienda porque financiaba el gasto de recursos públicos; el Banco Central porque generaba créditos corrientes y, llegado el caso de una inversión, el pago de ese capital; y el CONADE porque orientaba las inversiones. La Sindicatura de Empresas del Estado tenía un síndico en cada una de ellas y ese síndico tenía derecho de veto, por lo que las empresas públicas, en sus balances-presupuestos que presentaban a la iniciación del ejercicio, debían ceñirse al plan del CONADE, y si en el curso del año el presidente o el directorio quería hacer un cambio, el síndico tenía derecho de veto.

En cada ministerio que estaba relacionado con la obra pública se estableció también una oficina del CONADE, de manera tal que el seguimiento del gasto de capital, su financiamiento y su ejecución estaban supervisados por el organismo de planeamiento.

 

La situación hoy

Obviamente han pasado 60 años desde el inicio del gobierno radical de Illia y hoy la administración nacional tiene una deuda bruta que representa el 88,4% del PIB (403.386 millones de dólares al 30 de junio último); una tasa de pobreza del 40,1% de la población (que alcanza al 56,2% en la banda etaria de cero a 14 años) y un 9,3% de indigencia (datos del INDEC, primer semestre de 2023), y paralelamente siete argentinos –según la revista Forbes– poseen un patrimonio superior a los 1.500 millones de dólares, y se exportan mercancías (declaradas) por 90.000 millones de dólares por año, demostrando palpablemente qué significa seguir la política de mercados.

La Argentina es el décimo exportador de alimentos del mundo y el tercero en soja y sus derivados; el puerto de Rosario –con 31 terminales en los 70 kilómetros que van desde Arroyo Seco al sur hasta Timbúes al norte de la ciudad– es el principal puerto de exportaciones agro y agro-industriales del planeta, y sin embargo uno de cada dos niños está bajo la línea de pobreza.

La Argentina no es un país pobre, es un país injusto. Lo peor es que están los medios para solucionarlo: los bancos tienen encajes remunerados [3] por 21,8 billones de pesos (al tipo de cambio oficial, unos 59.000 millones de dólares).

El Banco Central debe apuntalar la construcción de viviendas populares y el apoyo a planes de auto-construcción, que no requiere de insumos importados y es un importante multiplicador de la producción local. Acompañado de las imprescindibles inversiones de infraestructura (poner en funcionamiento los astilleros y las cooperativas de empresas metalúrgicas recuperadas para hacer barcos y barcazas, por ejemplo). Y, finalmente, asistir a la población más vulnerable y a los trabajadores y jubilados y pensionados que perciben remuneraciones por menos de la Canasta Básica Total, a los inscriptos en el Plan Potenciar Trabajo y a las pequeñas y medianas empresas, y al Estado. Para ello se podría trasformar progresivamente el actual stock de LELIQs en stock de otro activo remunerado, a un plazo de un año y a una tasa mensual variable similar a la tasa pasiva promedio, e ir liberando en cuotas tal tenencia. De ese modo, y a una tasa regulada o administrada por el BCRA, se transformaría en un factor de expansión monetaria aplicado al restablecimiento de niveles de demanda privada y estatal.

¿Por qué no se hace? Porque el mayor ingreso en la población implica mayor consumo de alimentos y de energía, y ello impacta negativamente en nuestras exportaciones y positivamente en nuestras importaciones. Toda la política de ajuste de la demanda interna se hace para privilegiar el superávit comercial, que los gobiernos de Mauricio Macri y de Alberto Fernández usaron para financiar la fuga de capitales, pagar deuda externa pública y pagar a dólares oficiales la deuda externa privada.

La riqueza acumulada en beneficio del uno o dos por ciento de la sociedad, se hace a costa de las penurias de la mayor parte de los argentinos. Si se le da poder de consumo a la población y se controla de verdad el sector externo, la Argentina vuelve a crecer a tasas de 9 ó 10% anual, como fue en los gobiernos de Arturo Illia y de Néstor Kirchner.

La historia

Es increíble la historia de nuestro país. Un hombrecito gris, de menos que mediana inteligencia y de una formación “cursillista” y limitada, asume la Presidencia de la República con el mérito de haber ganado la guerra de aparatos entre azules y colorados, y haberse formado en West Point, donde en términos castrenses había dicho en un discurso: “El deber de obediencia al gobierno surgido de la soberanía popular habrá dejado de tener vigencia si se produce al amparo de ideologías exóticas… En emergencias de esta índole, las instituciones armadas, al servicio de la Constitución, no podrán ciertamente mantenerse impasibles, so color de una ciega sumisión al poder establecido, que las convertirían en instrumentos de una autoridad no legítima”. Ni Patricia Bullrich ni Javier Milei lo hubieran dicho peor.

La consigna no bien dieron el golpe el 28 de junio de 1966 fue: “El gobierno no tiene plazos sino objetivos”, con lo que pensaban en un gobierno tipo franquista por más de 20 años. Por ello cerraron el Congreso, clausuraron la prensa de izquierda y peronista, intervinieron las universidades, quemaron libros, desmantelaron bibliotecas y librerías de publicaciones meramente progresistas, disolvieron los partidos y prohibieron toda actividad política. La resistencia no se hizo esperar y el 12 de septiembre de 1966, en Córdoba, en una protesta estudiantil, murió el estudiante Santiago Pampillón.

Las primeras medidas que tomó el gobierno estuvieron destinadas a “eficientizar” el funcionamiento del Estado y para esto se buscó disminuir el personal público y racionalizar la administración estatal. Además, una serie de medidas favorecieron a los sectores más concentrados: disminución de la protección aduanera, transferencias de tierras públicas a manos privadas, aumento de tarifas de electricidad y privatización de emisoras radiales y televisivas.

Se ejecutó un plan de racionalización en los ferrocarriles y en los puertos, y se cerraron 14 ingenios azucareros en Tucumán, lo que provocó que 55.000 trabajadores quedaran desocupados, y con ello 200.000 tucumanos se vieron obligados a abandonar la provincia, dado que al hambre se le sumó la represión sistemática, que incluyó el fusilamiento de la mujer de un obrero del Ingenio Santa Lucía, Hilda Guerrero de Molina, madre de cuatro hijos, en enero 1967.

Si no aprendemos de la historia, estamos condenados a repetirla.

 

 

[1] Recordemos que antes de la ley 21.382 de Inversiones Extranjeras, del 13 de agosto 1976, ninguna empresa trasnacional podía financiarse con el BCRA, al que no podían comprarle una sola divisa por ningún motivo.
[2] El Consejo Nacional de Desarrollo estaba constituido por un consejo directivo, integrado por un presidente, un vice, un secretario ejecutivo, un secretario técnico y un consejero por cada Ministerio y Secretaría de Estado en jurisdicción de los Ministerios de Economía y Obras y Servicios Públicos, de Defensa Nacional, de Trabajo y Seguridad Social; otro por el Banco Central y otro por el Consejo Federal de Inversiones.
[3] Al 19 de octubre de 2023 las Leliqs y Notaliqs suman $ 12.946.221 millones y los Pases Pasivos $ 8.857.843 millones.

 

Otro país es posible

Informe económico mensual

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Tratamos en este documento de contener las variables que deberán observarse para seguir las variantes de las políticas económicas que implementará quien resulte nuevo gobierno en diciembre 2023.

Consideramos por ejemplo el PBI, el Ahorro Nacional Bruto, las cuentas fiscales, saldos del intercambio comercial como de la Balanza de Pagos y otros similares.

Conjeturamos valores y porcentajes para cerrar el año 2023, tanto de la inflación, el dólar oficial, el dólar CCL.

Repasamos puntos imaginados  de lo que podría resultar de la dolarización.

Pero en estos meses muchas cosas pueden pasar y pesar, final abierto.

Todo esto de la posible dolarización llevó a Inodoro a recordar los problemas con las identidades, obviamente no quiso meterse con eso de otras monedas, surge el esclarecedor diálogo siguiente:

Inodoro: “Eulogia, apúrese que me tengo que vestir”.

Eulogia: ““Vísteme despacio que estoy de prisa” decía Napolión”.

Inodoro: “¡Qué sabría Napolión de doma! ¡Lo que pasa es que en este país habla cualquiera!”.

Inodoro: “Siempre repitiendo lo que dicen los extranjeros”.

Mendieta: “El de nuestro país es un problema de identidad”.

Inodoro: “Dígamelo a mí, Mendieta, que durante años viví convencido que era escocés”.

 

2023 octubre elecciones oct 22

¿Otro retorno de la Doctrina Monroe?

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Este año se cumplen 200 años de la proclama de la Doctrina Monroe cuyo leitmotiv era “América para los estadounidenses” (America for the Americans) y constituyó, en la incipiente fase de expansión de EE.UU., la piedra angular de lo que se conoce en la disciplina de las relaciones internacionales como un “área de influencia” o, de modo coloquial, su “patio trasero”.

El centro del planteamiento del presidente James Monroe en su alocución de 1823 fue declarar que cualquier intento de las entonces potencias europeas por extender “su sistema a cualquier parte del hemisferio” sería considerado hostil pues implicaba un hecho “peligroso para nuestra (de Estados Unidos) paz y seguridad”.

Además de dar lugar, en la primera parte del siglo XX, a una agresiva política intervencionista en América Latina, la Doctrina Monroe se convirtió en el precepto que racionalizó y orientó la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética en su expresión continental durante la Guerra Fría.

Como bien lo recuerda Peter Smith en el libro Talons of the Eagle: Dynamics of U.S.-Latin American Relations: “Los determinantes fundamentales de las relaciones Estados Unidos-América Latina han sido el papel y la actividad de los actores extra-hemisféricos, no Estados Unidos ni América Latina en sí mismas.” Y esos “actores extra-hemisféricos” han sido concebidos, usualmente, como amenazas malignas.

Ahora bien, la presunción hegemónica de Washington en la región comenzó a encontrar límites, retrocesos y contradicciones en los primeros lustros del siglo XXI y ello condujo, en buena medida, a que en 2013 el Secretario de Estado, John Kerry, anunciara: “la era de la Doctrina Monroe ha terminado”.

No obstante, pronto regresó iniciando un ciclo corto. En su alocución de 2018 ante la Asamblea General de Naciones Unidas el presidente Donald Trump le recordó a Latinoamérica y el mundo que la Doctrina Monroe “ha sido formalmente la política” internacional de Estados Unidos. Meses antes, el Secretario de Estado, Rex Tillerson, había reivindicado la doctrina en una conferencia en la Universidad de Texas. Y en 2019, el Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, afirmó en Miami en un discurso ante veteranos de la invasión de 1961 a Cuba, que “la Doctrina Monroe está viva y coleando”.

No al azar para 2020 se hablaba, escribía y pontificaba sobre una etapa renovada de la doctrina. Sin embargo, se trató de un ciclo similar pero no idéntico, como diría Borges en El Tiempo Circular.

En esencia, ni Estados Unidos ni América Latina son lo que fueron en el siglo XX. Siempre ofuscada, la administración Trump no pudo disciplinar a la región a su antojo y lo que logró fue despertar un sentimiento en el que Estados Unidos más que indispensable (Madeleine Albright dixit) se convirtió en insoportable.

Frente a un nuevo momento electoral en Estados Unidos habría que preguntarse sobre el retorno de la Doctrina Monroe aunque ya hace unos años respecto a las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamérica apelé más bien a la Doctrina Troilo, ya que EE.UU., como en el Nocturno a mi barrio de Aníbal Troilo, no se fue nunca de su barrio, siempre está llegando: lo central es entender qué versión del monroísmo se manifiesta.

Con medios, iniciativas y retóricas distintas pero invariablemente en el marco de dinámicas globales, Washington redespliega su presencia y potencia en la región.

En efecto, en un contexto mundial y continental cambiante y complejo aspirantes presidenciales del partido Republicano y congresistas de ese partido han vuelto a invocar la virtud y validez de la Doctrina Monroe. Este año el gobernador de Florida, Ron de Santis, postulante a la presidencia dijo: “Necesitamos una versión del siglo XXI de la Doctrina Monroe”. El empresario y candidato presidencial, Vivek Ramaswamy, anunció una “nueva Doctrina Monroe” con el propósito de “revitalizarla”.

Mientras tanto, Trump, que intenta regresar a la presidencia, señaló que el Canal de Panamá “lo controla China ahora” y eso exige una respuesta de Estados Unidos. A su vez, legisladores como el republicano Mike Gallagher aseveran que la región es el “patio trasero” estadounidense y que las acciones de Beijing a lo largo y ancho de América Latina quieren sustituir “la Doctrina Monroe por la Doctrina Mao”. Otros congresistas exigen operaciones militares contra México para frenar el negocio de las drogas. Así, se agita el uso de fuerza; algo que hoy no solo sería anacrónico, sino también alucinante.

Esa oratoria anticuada y desmesurada se asienta en la construcción de una nueva amenaza a la “paz y la seguridad” estadounidense: el ascenso de China y su proyección de poder e influencia.

La particularidad de este momento histórico es que Estados Unidos tiene menos “zanahorias” y más rechazo regional al “garrote”. Con recursos menguados y sin suficiente capacidad persuasiva, Washington pretende que América del Sur, en particular, resigne la intensificación de relaciones con Beijing a cambio de muy poco.

Al mismo tiempo, el potencial triunfo presidencial de un republicano debería inquietar pues podría mover al país hacia una derecha radicalizada y extremista y con ello iniciar otro ciclo que reflote una versión pendenciera de la Doctrina Monroe. En ese caso, ello será “peligroso para nuestra (América Latina) paz y seguridad” y derivaría en un grave deterioro de las relaciones interamericanas.

 

https://www.clarin.com/opinion/retorno-doctrina-monroe_0_NUp9Pe04VZ.html

Homenaje al capitán Juan Reynaga, juez probo

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Juan Reynaga

Su homenaje

“Uno vive cómo quiere que lo conozcan y recuerden”
Estos escritos son parte de su mundo político y social, que quiere expresarse por el cariño y reconocimiento que le tenemos.

Marta Inés Rondoletto: Le acaban –el 27 de septiembre pasado– de dar junto a las Abuelas de Plaza de Mayo y otras agrupaciones del país, el Premio Dignidad, APDH, (Asamblea Permanente de los Derechos Humanos) por sus aportes para una comunicación basada en el paradigma de los derechos humanos y en los juicios de lesa humanidad.
El doctor Reynaga era una persona tan valiosa para nosotros por su búsqueda de la verdad. Recuerdo en un juicio en Tucumán, estábamos presenciando los familiares de quienes se les violó sus derechos humanos… esperando la sentencia…Y el voto de los de tres jueces fueron en contra de los genocidas, pero el de Juan era el de votar a favor de la aplicación de la justicia a los genocidas de una manera más ejemplar!!! Y al mismo tiempo, también, luego, se acercaba a nosotros los familiares y nos consolaba frente a fallos que no salían por unanimidad. Que p… vida que se lleva a personas tan valiosas, y con el pensamiento como el que él tenía. La verdad es una pérdida para las acciones vinculadas a los juicios de lesa humanidad, muy, muy grande.
Indudablemente, tomar conocimiento de la muerte del dr. Juan Reynaga, fue muy duro. Primero porque siempre lo habíamos sentido cómo quien mejor interpretaba los sentidos de justicia que teníamos los familiares de detenidos y desaparecidos. Las veces que participó en los juicios que se desarrollaron en Tucumán, siempre sus sentencias y manifestaciones estuvieron cerca del sentido de justicia frente a los otros dos jueces que conformaban el tribunal. Un ejemplo fue el juicio por el «Operativo Independencia» , donde claramente su postura se ajustaba más a la verdad y justicia que tanto demandábamos nosotros; después lo fuimos conociendo en otras causas, en los juicios en los que participó activamente, en Santiago del Estero, Salta, La Rioja y en Catamarca.
En estos días, a pesar que sabíamos por lo que estaba pasando el doc. Juan Reynaga, su muerte nos sorprendió, con un profundo sentimiento porque lo teníamos por un hombre justo y sabía interpretar los hechos acontecidos y vincular esos hechos a las sentencias de los juicios. Creemos que fue el mejor que se acercó a las sentencias que esperaban los que pedimos justicia; siempre recordamos que tenía un posicionamiento diferente al resto del tribunal, por ello lo apreciábamos y lo sentíamos más justo con las demandas de justicia.
Después lo descubrí en el grupo de pensamiento nacional La Capitana, con otra faz relacionada con un pensamiento nacional, vinculado a la política, con sus pareceres con distintas realidades nacionales e internacionales y siguió pareciéndome una persona que sabía leer la realidad y sabía leer las expectativas de quienes lo rodeaban. Es, ha sido un doloroso saber, además estábamos ante una persona joven… Con sus 59 años, tener la trayectoria que él tenía, es un golpe muy duro. Los familiares de detenidos y desaparecidos habíamos depositados tantas expectativas en relación a sus fallos… es una inmensa pérdida, no sólo para el mundo de la justicia sino también para los que buscamos justicia. Solo me resta decirle doctor Reynaga, Hasta la Victoria Siempre…

Los que compartimos junto a vos compañero Juan, el grupo de pensamiento nacional, La Capitana, (Grupo Político de pensamiento Nacional de todo el Pais y compañeros radicados en el exterior), queremos significar tu presencia:
Hugo Garnero, “decimos en primer lugar se fue un GRAN CAPITAN, estamos consternados, prestigiaste a la justicia federal y a nosotros, representaste con mucha dignidad, por eso te decimos querido CAPITAN, nunca dudamos de tu compromiso con la verdad.»
M. Barrenti, Querido Juan te vamos a extrañar muchísimo!! Fuiste un enorme compañero, cálido y comprometido, trabajador y honesto!! Gracias!! Hasta la victoria siempre!! La noticia me encuentra volanteando, lo haré con más fuerza, la fuerza de tu recuerdo!!” Pedro: conozco a Juan desde los 12 años, siempre fue una excelente persona, buen hijo, buen marido, y mejor padre. Ingreso al juzgado Federal de Catamarca, antes fue camarista en la provincia, luego rindió para la Cámara Federal Oral. Asumió un compromiso con la justicia y participo en los juicios de los Tribunales del Norte. SE NOS FUE UN IMPRESCINDIBLE QEPD querido amigo y compañero Juan Carlos.
Eduardo Ali. La Capitana como grupo se debe declararse de luto por la pérdida del honorable compañero, que tan valientemente integro y defendió sus ideas en nuestro grupo, en su práctica profesional y en la vida misma.
Maite: abrazo fuerte para todos, no puedo creerlo. Gran pérdida para la justicia. Que se siembren mil Reynagas.
Maria del Carmen: lo siento mucho, me gustaba leer sus reflexiones.
José: una gran pérdida!! Lo recordaremos por su valentía en un ámbito donde mandan los poderosos.
Belkis: que tristeza enorme. “El que dedica su vida a una causa noble, por sus semejantes no muere, sino pasa a formar parte de ese colectivo; está en la mirada, recuerdo y en el corazón de su pueblo.”
Mani: me encontró la noticia militando en la comarca cordillerana: lo seguía cada vez que publicaba-reflexionaba-opinaba en este nuestro GLC.
Estas compilaciones son una parte de tantas otras que quisieron estar presente en esta hora, son de su mundo social y político. Querido Juan, sos parte del patrimonio de la justicia demandada y de las/os compañeros que seguirán militando en base a los pensamientos y conceptos que intercambiamos con vos.

Historicidad

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El presente, al igual que las personas, tiene una historia que lo ha generado. Las
personas, no solo no nacieron solas, no solo se originaron en otras, sino que su historia es
una consecuencia de la interacción con otras personas. Los países, al igual que las
personas, no solo tienen historia sino que esta estará influida por su relación con el resto de los países, lo que llamamos geopolítica. Así entonces podemos afirmar que nuestro
presente es el producto final de nuestra historia.
Repasemos entonces algunos antecedentes. En 1973, después de la finalización de
los acuerdos de Breton Woods en 1972, que habían sido suscriptos al final de la segunda
guerra mundial, y que establecieron la convertibilidad del dólar en oro, sacralizando virtual y literalmente al dólar como moneda de cambio para el comercio mundial, lo que demostró
que los EEUU fueron el gran triunfador occidental de la segunda guerra; los países
productores de petróleo del tercer mundo constituyeron la OPEP.
La organización de los países exportadores de petróleo le quitó en ese momento a
Texaco, Shell, Standard oil y otras grandes petroleras del primer mundo, la potestad de
establecer el precio del barril de petróleo. La respuesta no solo no se hizo esperar, sino que
fue mucho más abarcativa en cuanto al plan económico para el mundo por parte de un
capitalismo plenamente inscrito en su etapa de acumulación y concentración del capital.
En 1973 tuvo lugar la primera reunión de la Trilateral commission, que se venía
preparando desde 1970 por iniciativa de David Rockefeller, a su vez miembro del Grupo
Bilderberg.
Las tres patas de la comisión estuvieron formadas por representantes de capitales
norteamericanos, europeos y japoneses. La organización de la reunión estuvo a cargo de
Zbigniew Brzezinski, luego canciller de Carter, quien sin pudor alguno dijo que la comisión
se había hecho como defensa ante el “chantaje del tercer mundo”. El relator a cargo fue
David Rockefeller quién expresó que el combustible del año 2000 serían los alimentos, por
lo que había que evitar que los países en los que “tuvieran influencia” se industrializaran,
debían ser solo productores de materias primas. Se ocupó de aclarar que este objetivo
debía cumplirse “a como de lugar”, esa expresión y la sucesión de golpes de estado y
dictaduras parecen haber tenido una relación directa. La receta económica fue la escuela de Chicago, neoliberalismo explícito.
En 1975 se produjo la segunda reunión de la Trilateral Commission, en esta
oportunidad el relato estuvo a cargo del Barón Rothschild, quien afirmó que había
desaparecido el sentido de las divisiones políticas entre los países, y por lo tanto de los
estados, el mundo debía ser manejado por las corporaciones. Está claro que aunque los
estados tengan como máximo objetivo la defensa de la propiedad privada, por encima de la
vida de los ciudadanos, también representan un freno a una cantidad de conductas
abusivas de las empresas a través de diversos cuerpos legales. Si los estados no existiesen
esto sería, descarnadamente, la ley de la selva en donde sin ningún límite, el fuerte se
comería al débil esclavizándolo. Esto es claramente anarco-capitalismo y hoy en nuestro
presente tenemos a un sociópata que lo vocifera.
Y continuando con la historia, algunos personajes de los anarco capitalistas de la
libertad avanza han sugerido que José de San Martín era un agente inglés. Cabe hacer
algunas aclaraciones porque hay afirmaciones que se pueden achacar a la ignorancia; pero
en este caso solo podemos pensar en la mala intención o en lo que técnicamente llamamos
discurso perverso.
Hay varias maneras de analizar la historia, se puede hacer desde las palabras o se
puede hacer desde los hechos. San Martín escribió solo cartas, muy reveladoras de sus
puntos de vista, pero fundamentalmente hizo mucho y habló por sus hechos.
Mencionamos al principio de este artículo la geopolítica y desde la geopolítica
tenemos que analizar la historia de nuestro país. El 25 de mayo de 1810 fue posible por la
invasión de Napoleón a España, dada la situación de acefalía en la metrópoli. Como
siempre las causas de este movimiento fueron económicas. Los que pretenden romantizar
la realidad, con conciencia o no de estar ocultando las causas reales de los sucesos de
mayo de 1810 insistirán en el primer grito de libertad. Lo real es que detrás del pretexto de
cuidar la colonia hasta que volviera el rey, hubo una potente razón económica. Una de las
actividades económicas más importantes de los comerciantes del puerto de Santa María de
los Buenos aires era el contrabando, y de ser posible todos pretendían eludir a la aduana de
Buenos Aires creada por las reformas borbónicas de 1776, fecha de creación también del
Virreinato del Río de la Plata con sede en Buenos Aires.
Los ingleses, además de robar los galeones españoles que transportaban oro y plata
desde América a España, a través de sus corsarios (piratas autorizados por la monarquía),
también querían adueñarse económicamente de estas colonias a través del comercio.
Si bien fracasaron en sus intentos de invasión militar en 1806 y 1807, oportunidad en
la que José Alfredo Martínez de Hoz, jefe de la aduana porteña y bisabuelo o tatarabuelo
del José Alfredo Martínez de Hoz que tuvimos la mala fortuna de conocer, besó la mano de
John Carr Beresford y se puso a su disposición; no abandonaron su proyecto de comerciar
colocando sus producciones industriales y tenían sus barcos siempre dispuestos cercanos a
nuestras costas.
El 29 de mayo de 1810, la junta constituida el 25, decretó el libre comercio. Esto era
renunciar al proteccionismo y abrir la puerta a los ingleses, lo que afectaba seriamente a las
producciones autóctonas de factura artesanal que venían de las ciudades del interior de las
provincias del virreinato. También había dentro de la junta integrantes que abogaban por
una defensa de las producciones del interior y así se creó la Junta Grande, con
representantes del interior del virreinato, en adelante Provincias Unidas. Esto fue resistido
por los sectores porteños que se irían perfilando como el partido unitario. En la medida en
que estos se fortalecieron, la Junta grande fue reemplazada por el primer Triunvirato elegido
por el Cabildo, desplazando a los diputados del interior. El hombre fuerte del triunvirato no
fue ninguno de los triunviros sino una suerte de “cuarto triunviro”, su secretario, Bernardino
Rivadavia.
En el ejército español había gran actividad política y se destacaban dos bandos; los
que sostenían el absolutismo monárquico de los borbones y los que se oponían a él desde
ideas liberales y republicanas influidas por las ideas de la revolución francesa. José de San
Martín y muchos americanos que combatían para el ejército español se contaban entre
estos últimos. Constituyeron en principio la logia de Cádiz y luego la sociedad de los
caballeros racionales, con impronta masónica, desde donde nació la decisión de volver a
América para plegarse a los movimientos revolucionarios en gestación. Cuando en 1811
San Martín consiguió la baja del ejército español mintiendo que viajaría a Perú para atender
negocios personales, se dirigió inicialmente a Inglaterra. En Londres tomó contacto con la
Sociedad de los caballeros racionales fundada por el Caraqueño Francisco de Miranda,
que seguía funcionando aunque él se encontraba en Caracas. Ya en España se había
integrado a estas logias masónicas y por otra parte sólo desde Inglaterra podía viajar a
Buenos Aires donde los españoles americanos, como se autotitulaban, vieron la posibilidad
de, ante la acefalía del gobierno español, realizar el libre comercio con los ingleses.
El acompañante de José de San Martín, Carlos María de Alvear, sí se comportó
como un agente inglés, al igual que Rivadavia, de quien se puso a disposición. A San Martín
se le encomendó la formación de un cuerpo militar profesional, ya que hasta ese momento
las estructuras militares eran solo de milicias que habían quedado como resultado de la
defensa de Buenos Aires en las invasiones inglesas. La primera actividad de este cuerpo
profesional fue deponer al primer triunvirato que venía, merced a Rivadavia, ejerciendo una
conducta despótica y centralista. Esto le ganó el odio de Rivadavia a perpetuidad, este no
solo intentó perjudicarlo en todo momento sino que inclusive lo mandó a matar y fue el
responsable de que tuviera que marchar al exilio. Pretendieron que detuviera a Belgrano y
le quitara el mando del ejército del norte, no solo no lo hizo, sino que dijo de Belgrano que
era el más importante general de Sudamérica. Lo mandaron a detener a Artigas, no lo hizo,
jamás levantó su sable en contra de otros latino americanos no realistas. Si los ingleses
pensaron en algún momento que San Martín les sería funcional se equivocaron. Logró la
libertad de Argentina, Chile y Perú. Ellos preferían una latino america con múltiples países,
él busco como proyecto la patria grande sudamericana. Al margen de lo que conversó con
Bolívar en Guayaquil, no tenía más remedio que retirarse ya que Buenos Aires, cuando no
Rivadavía, le había quitado todo el apoyo. Finalmente ganaron ellos, los unitarios y sus
amos ingleses, pasamos de ser una colonia española a una semicolonia inglesa. Tuvimos
dos momentos de independencia de los ingleses; uno fue el segundo gobierno de Rosas,
que inclusive los enfrentó militarmente en la batalla de la Vuelta de Obligado, en la que
casualmente a bordo de los barcos franceses e ingleses había algunos argentinos,
casualmente unitarios, aliados a potencias extranjeras en contra del país. También es dable
recordar que el “ejército grande” que derrota a Rosas en 1952 en la batalla de Caseros
estuvo formado por tropas de Entre Ríos, Brasil, Uruguay, unitarios y casualmente coincidía
con los intereses de Inglaterra. Esto obviamente merece un análisis más pormenorizado y
no la simplificación maniquea. El segundo momento de independencia se da con los
primeros gobiernos de Perón, entre 1946 y 1955, porque independencia siempre es
independencia económica, que cada país pueda organizar su economía según sus
intereses locales y no de alguna metrópoli. Hemos pasado de ser colonia española, a
semicolonia inglesa con Rivadavia y la generación del 80 y neocolonia norteamericana
después de la segunda guerra mundial, cuando con el golpe de estado de 1955, a la
semana, los mandantes de los militares dieron la orden de ingresar y tomar crédito del
Fondo monetario internacional.
Esperemos no quedar anclados a este esquema por el voto de octubre. Como dijimos en otras oportunidades no hay dos proyectos de país, hay un proyecto de país y otro de colonia.

Acerca de una resolución administrativa mediante la cual la Corte hizo cesar a una jueza en su cargo

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  1. Por la Resolución Nº 2338/2023, de 6 de setiembre, la Corte “declaró” “que la Dra. Ana María Figueroa cesó en sus funciones a partir del 9 de agosto del corriente año en virtud de lo dispuesto por el artículo 99 inciso 4 tercer párrafo de la Constitución Nacional” (punto 1°). Y puso en conocimiento del Consejo de la Magistratura lo resuelto “a fin de que adopte las medidas que estime necesarias” (punto 2°).

La Corte adujo en su resolución: “Al no prever la norma plazo de gracia alguno, el nombramiento debe ser anterior al día en que el magistrado alcance la edad referida; de lo contrario, no habría límite temporal para la realización de ese nuevo nombramiento, con la absurda consecuencia de que el límite etario se tornaría inoperante”. Añadió después: “(…) Que, de acuerdo con todo lo anterior, la Dra. Figueroa ha perdido la investidura judicial el 9 de agosto pasado, día en que cumplió setenta y cinco (75) años de edad sin haber obtenido un nuevo nombramiento con el correspondiente acuerdo del Senado.

  1. Ha de ponerse cuidado en advertir que se expide el tribunal por vía de una resolución administrativa, a raíz de una comunicación por la que dos jueces de la Cámara Federal de Casación Penal, que la jueza Figueroa integra, informaban que ésta había cumplido 75 años y mencionaron un expediente con estado parlamentario en que se solicitaba acuerdo al Senado.

Es del caso recordar que la Corte es totalmente ajena al procedimiento de designación y de remoción de los jueces; en el derecho constitucional provincial existen sistemas en que los superiores tribunales o cortes de justicia sí intervienen en la designación. En el orden federal, las designaciones se alcanzan con la inexcusable participación del Consejo de la Magistratura que, luego de concursos, remite al Poder Ejecutivo ternas con candidatos a ocupar los cargos vacantes (art. 114, C. N.). El presidente elige uno de ellos y envía al Senado el respectivo pliego para que este preste o deniegue el acuerdo (art. 99, 4°, II, C. N.). La remoción está a cargo de un jurado de enjuiciamiento (art. 115, C. N.), procedimiento que se inicia por el Consejo (114,III, 5°).

Resulta cuando menos sorprendente que se arrogue la Corte la facultad de hacer cesar, por sí y por vía administrativa, a un magistrado judicial en su cargo. La Resolución en examen recién se percata de la existencia del Consejo de la Magistratura en su punto 2°.

III. Conviene leer bien la Constitución: ella dice, en la previsión que interesa aquí:

Un nuevo nombramiento, precedido de igual acuerdo, será necesario para mantener en el cargo a cualquiera de esos magistrados, una vez que cumplan la edad de setenta y cinco años. Todos los nombramientos de magistrados cuya edad sea la indicada o mayor se harán por cinco años, y podrán ser repetidos indefinidamente, por el mismo trámite.

Como puede apreciare, la Constitución nunca dice “el día que cumpla 75 años”, tampoco “antes de que cumpla 75 años”; dice, en cambio, “una vez que cumplan la edad de setenta y cinco años”. Habrá de observarse asimismo que el Senado trataba el pedido de nuevo acuerdo de la jueza Figueroa remitido por el Ejecutivo: entonces, su misión institucional estaba en desarrollo cuando la Corte adoptó su tesitura. Hay que anotar que no existe una previsión en la Constitución que imponga que los jueces obtengan el acuerdo antes de cumplir 75 años, criterio que conlleva cierta contradicción. El presidente, ¿podría remitir un pliego de un juez que tiene 74 años atento a que en seis meses cumplirá 75? ¿De dónde surge esa potestad-deber? En rigor, la competencia del Ejecutivo y del Senado nace –se pone en acto– una vez que el juez cumpla la edad de 75 años, que es lo que dice la Constitución. A mayor abundamiento, corresponde advertir que la Constitución no dice “cesan en sus funciones el día que cumplan 75 años”, sino que, para mantenerse en el cargo, se requiere un nuevo acuerdo y no dice cuándo éste debe prestarse. Nada obsta a que, ya cumplidos los 75 años, obtengan un nuevo acuerdo; no es un causal de cese en el cargo el cumplir esa edad, sino que, a partir de ese hecho, surge la necesidad de un nuevo acuerdo.

Repárese: para cumplir con la posición de la Corte, el Senado debería prestar el acuerdo el mismo día en que el juez cumple los 75 años; si lo prestara antes de ese día, no se cumpliría con la Constitución que exige una vez que, esto es, “cuando, después de que” (locución conjuntiva). Antes, no tendría 75 años, sino 74 años y meses, o, incluso, menos.

  1. La preocupación de la Corte respecto del plazo ilimitado que podría sobrevenir en el trámite del Senado, se disipa si se atiende a que el acuerdo debe prestarse en el año legislativo en que el pliego ingrese: después, ha de entenderse que ha perdido estado parlamentario y entonces sí el juez debe cesar en su cargo.
  2. Finalmente, cabe decir que la Corte tampoco ha atendido a hechos ya consumados; el constitucionalista Gil Domínguez ha recordado tres antecedentesde jueces -Silvia Mora, Juan Carlos Bonzón y Luis Imaz- que cumplieron los 75 años y el Senado dio acuerdo para que continuaranen sus cargos luego de la fecha en la que esos magistrados habían cumplido años.

De ninguna manera puede invocarse el acto de la Corte para sostener que la jueza Figueroa ha cesado en su cargo; ello así, porque se trata de una resolución administrativa que declara algo que nunca ha ocurrido, el cese de la jueza, y dictada sin respetar las competencias del Ejecutivo y del Senado -ambos poderes se atuvieron a la Constitución, uno al remitir el pliego y el otro al tramitar el pedido de nuevo acuerdo-. Se trata de un acto nulo, de nulidad absoluta porque contraviene el orden público constitucional. Todos los poderes, también la Corte, deben actuar en los límites de sus competencias; el Tribunal carece de competencia para designar o hacer cesar jueces y menos aún para enervar anticipadamente una facultad propia del Senado, en ejercicio.

La política exterior conspiratoria: un riesgo inadvertido para la Argentina

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Es notable que, a pesar de algunas menciones o acusaciones, la política exterior no haya sido abordada de manera sustancial en los debates presidenciales de la primera vuelta. Resulta sorprendente dado que en la actualidad es prácticamente imposible eludir la naturaleza “interméstica” de la agenda de un país, que implica una interconexión constante entre asuntos internacionales y domésticos. Esto se vuelve aún más relevante considerando la necesidad apremiante de establecer una hoja de ruta ante el vertiginoso proceso de transición de poder, influencia y prestigio en el ámbito mundial.

A pesar de la falta de debate público sobre este asunto, hemos observado algunas declaraciones y otros lineamientos más elaborados que nos llevan a considerar la posibilidad de que, por primera vez en la historia de la Argentina, se implemente lo que en estudios de los últimos lustros se llamó una política exterior conspiratoria. Por lo tanto, dedicamos aquí nuestro análisis a explorar cómo se abordó la relación entre conspiración y política exterior, así como sus implicaciones. También examinamos las posibles limitaciones de una política exterior conspiratoria y los mecanismos de reaseguro disponibles para mitigar sus efectos negativos.

Conspiración y política exterior

La disciplina de las Relaciones Internacionales aborda múltiples temáticas mediante diversos paradigmas y enfoques y a partir de distintos niveles de análisis. Existen perspectivas que enfatizan la gravitación de la política interna en la política exterior, la influencia del régimen político y, en ese contexto, el rol crucial del individuo — el líder, el decisor último, el mandatario — en determinadas coyunturas. Los estilos de conducción, los rasgos de personalidad, las motivaciones subyacentes, el mapa cognitivo y el sistema de creencias de los hombres y mujeres al frente del ejecutivo pueden incidir significativamente en los cursos de acción diplomática que persigue un país. También se estudia la relevancia del “entorno próximo” al tomador de decisión: el tipo de formación, de conocimiento y de experiencia en materia internacional, el ambiente intelectual de aquellos cercanos al poder, el grado de apertura o bloqueo ante la información que proviene de la realidad, los intereses inmediatos de quienes asesoran al jefe de Estado, y el conjunto de ideas y visiones del mundo que posee el círculo íntimo cercano al gobernante.

Recientemente, una literatura novedosa sobre política internacional estudió, mediante investigaciones comparativas, el vínculo entre ésta, el papel de los liderazgos y el fenómeno de la conspiración. Este fenómeno en la política exterior pasó de ser un tema marginal a recibir más atención y un tratamiento riguroso en la última década debido, en gran medida, al surgimiento de varios líderes con argumentos y prácticas conspirativas. Esto se reflejó en trabajos sobre política exterior como señalan los escritos, entre otros, de Tim Aistrope y Roland Bleike, Conspiracy and foreign policy”; Thorsten Wojczewsk, “Conspiracy theories, right-wing populism and foreign policy: The case of Alternative for Germany”; y Feliciano de Sá Guimarães, Davi Cordeiro Moreira, Irma Dutra de Oliveira e Silva, y Anna Carolina Raposo de Mello, “Conspiracy Theories and Foreign Policy Narratives: Globalism in Jair Bolsonaro’s Foreign Policy”.

Más que acercarse a la conspiración como un acto deliberado de un grupo que se reúne con fines dañinos, malévolos o ilegales, los estudios académicos se centran en el análisis del sentido y alcance de las percepciones y narrativas relacionadas con la formulación de una política exterior de tipo conspiratoria. No se trata tanto de examinar el comportamiento paranoico de algunas personas con propósitos siniestros, sino de comprender cómo se construyen argumentaciones plagada de complots, y confabulaciones y tergiversaciones para legitimar ciertas prácticas en el ámbito internacional.

En este contexto, el ascenso de corrientes reaccionarias, que en algunos casos llegan a radicalizarse o adoptar posturas extremistas, en diversos países del mundo se debe, en parte, a la habilidad y capacidad de líderes políticos (y su séquito) para influir en la opinión pública mediante el uso de eslóganes impactantes, declaraciones agresivas, gestos provocativos, explicaciones sensacionalistas y mensajes falaces. Algunos estudios (Bruno Gabriel Salvador Casara, Caterina Suitner y Jolanda Jetten, “The Impact of Economic Inequality on Conspiracy Beliefs”) señalan que la desigualdad económica puede alimentar creencias conspirativas; otros enfatizan la cuestión de la precariedad socio-económica (Jais Adam-Troian, María Chayinka, María Paola Paladino, Özden Lelis Ulug, Jeroen vaes y Pascal Wagner-Egger, “Of Precarity and Conspiracy: Introducing a Socio-Functional Model of Conspiracy Beliefs”) y su nexo con la aceptación de dichas creencias; y aún otros destacan que el narcisismo puede ser un buen predictor de tales creencias (Taylor J. Cosgrove y Christopher P. Murphy, “Narcissistic Suscetibility to Conspiracy Beliefs Exaggerated by Education, Reduced by Cognitive Reflextion”).

Ahora bien, ¿cómo se construye y sostiene el pensamiento que subyace a ciertos anuncios, promesas o medidas basada en una narrativa conspiratoria? A lo largo del tiempo, este tipo de pensamiento tiende a proliferar en momentos de crisis y en situaciones que conducen a una genuina ansiedad social y a la búsqueda desesperada de soluciones urgentes entre la población. Sirven para personificar el miedo, creando un relato que implanta amenazas. La desinformación se emplea de manera deliberada en un mundo altamente tecnológico y receptivo a las comunicaciones. Al mismo tiempo, se recurre a argumentos anticientíficos para negar, por ejemplo, la existencia del coronavirus, afirmar que la Tierra es plana o propagar falsas pseudo-teorías, como la creencia errónea de que el 5G, utilizado en redes de telefonía celular y que emplea señales transmitidas mediante ondas de radio, es responsable de la pandemia. Esto se hace con el propósito de captar a incautos, de engañar a personas desprevenidas o para continuar desinformando, ya sea mientras se busca el poder o una vez que se lo alcanzó. De esta manera, sus relatos reemplazan la ciudadanía por creyentes, la diplomacia por cofrades, y los diagnósticos del mundo por un maniqueísmo que respalda nociones sobre fuerzas internas y externas que coadyuvan, por ejemplo, a la decadencia nacional.

¿Cuáles son las condiciones que propician la formación de este pensamiento y cómo se gesta en las élites? Podemos identificar al menos cuatro factores. En primer lugar, este tipo de pensamiento conspiratorio en la política exterior suele derivar de una mirada altamente ideologizada que se alimenta de apreciaciones dogmáticas. Ello no se relaciona necesariamente con la dicotomía izquierda-derecha, sino que se basa en atacar a una serie de ideas y conceptos que son identificados como perjudiciales o malignos y que, en consecuencia, deben ser combatidos y erradicados. Desde esta perspectiva por ejemplo, la integración con los vecinos se percibe como algo potencialmente perjudicial, ya que se cree que podría ser utilizada por ciertos líderes y naciones para promover formas de vida y concepciones que son contrarias a las que se defienden en el ámbito doméstico. Se parte de la suposición de que existen fuerzas del “mal” que conspiran a nivel mundial (y regional) en contra de las ideas supremas del “bien”, que solo el líder esclarecido conoce y defiende.

En segundo lugar, una política exterior estimulada por la conspiración a menudo sirve para fomentar la auto-afirmación. Los líderes que promueven narrativas conspiratorias intentan convencer a su audiencia de que son quienes han descubierto los tentáculos ocultos o subterráneos en el frente interno y en el ámbito internacional. Esto genera un ambiente de intriga en el que se sugiere la existencia de una conspiración global, respaldada por organizaciones como, por ejemplo, Naciones Unidas, cuyo propósito sería el establecimiento de un gobierno universal, la supresión de la soberanía de los Estados nacionales y la imposición de una agenda social intrusiva y engañosa. Algunos critican a esta institución por imponer “ideales universalistas” inadmisibles, mientras que otros la atacan por supuestamente socavar los valores de las “sociedades libres”. Los compromisos multilaterales se perciben como una “camisa de fuerza” impuesta a los países como resultado de un supuesto pacto o contubernio tenebroso. La clasificación de la ONU como “maligna” no se limita a la retórica, sino que se manifestó en propuestas extremas como el rechazo a acuerdos, la suspensión de financiamiento a organismos y acusaciones temerarias como sucedió en la gestión del presidente Donald Trump.

En tercer lugar, el pensamiento conspiratorio remite a la existencia de una comunidad epistémica selecta. Quienes sostienen estas teorías se consideran a sí mismos como los “iluminados” que poseen un conocimiento especial, al mismo tiempo que desacreditan como “ignorantes” a quienes no comparten sus puntos de vista. El efecto de ello es una polarización inflexible, caracterizada por ataques personales; lo cual obstaculiza el diálogo y la negociación, así como la posibilidad de alcanzar acuerdos básicos en áreas clave de la política pública — incluida la política internacional. Y en cuarto lugar, existe una tendencia a concebir una especie de “refundación” en esta mirada conspiratoria. Se critica a la mayoría o a todos los mandatarios y políticas pasadas y se presenta al nuevo líder como alguien que puede revelar la verdad, destruir lo anterior y proporcionar un horizonte superador. Se considera que las tradiciones diplomáticas y la noción de continuidad en la política exterior son errores que llevaron a un país a la postración o a la pérdida de poder e influencia. Se postula que solo un cambio drástico puede poner fin a lo anterior y establecer una diplomacia con nuevos aliados y enemigos claramente identificados, a menudo personificados en líderes vistos como parte de las indeseables ‘continuidades’. Esta aproximación generalmente conlleva una serie de comportamientos predecibles, que pueden incluir la adopción de medidas en contra de ciertas contra-partes internacionales o la promoción de políticas específicas en línea con las creencias conspiratorias. En la política exterior, los países parecieran dividirse en “puros” e “impuros”; lo que hace que las relaciones con estos últimos sean intransigentes y prácticamente innegociables. No obstante, las políticas exteriores conspiratorias suelen también justificarse como una estrategia política para abordar la incertidumbre y la inestabilidad global. Se apela a que de ese modo se reducirán, por ejemplo, los costos de la globalización o el globalismo, según el caso, presentándose como una forma de proteger el país en lugar de exponerlo al peligro que se percibe en el mundo exterior. Abordar estas preocupaciones, se asume, puede contribuir a fortalecer la cohesión social que se fracturó en sociedades muy afectadas por el desempleo, la pobreza y la desigualdad o por un largo período de declive.

La importancia de los reaseguros de la Argentina

En años recientes se conocieron políticas exteriores conspiratorias en algunos países y se aprecia, aún en casos extremos, que existieron salvaguardas, dispositivos, tradiciones, contrapesos y manifestaciones que evitaron el enraizamiento de dinámicas conspirativas en el frente internacional. En nuestro caso, la política exterior experimentó fluctuaciones durante los 40 años de democracia, con períodos de acuerdo y desacuerdo, a veces con una mayor priorización de los asuntos internos sobre los internacionales; a veces con políticas de Estado de facto y otras con marchas y contramarchas. No obstante, existen “mínimos comunes” que constituyen garantías, incluso durante períodos cortos que buscan alterar radicalmente ciertos pilares cruciales de la política exterior. Estas “coincidencias no explicitadas” entre actores políticos y fuerzas sociales pueden funcionar como mecanismo de reaseguro frente a intentos de desmantelar patrones sostenidos y valiosos en nuestras relaciones exteriores.

Para ello, Argentina cuenta con su Cancillería, su cuerpo diplomático y un historial reconocido: subsiste una suerte de “disco duro” que refleja la existencia de una carrera profesional con funcionarios calificados. También pervive una comunidad epistémica compuesta por políticos, intelectuales, ex ministros y ministras, académicos, comunicadores, expertos en los partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil — además de una audiencia ciudadana interesada en asuntos de política exterior — dispuesta a proteger principios básicos de actuación internacional, ya sea a través de la movilización social, las investigaciones rigurosas, y la conversación pública en formas comunicativas diversas. La colaboración entre estos actores, la movilización social y la presencia pública son herramientas fundamentales para evitar giros dramáticos y potencialmente muy costosos, previniendo así daños irreversibles.

Es crucial destacar que, a pesar de las consecuencias negativas que una política exterior conspiratoria tendría en Argentina, con su enfoque “anti” o de “shock” en torno a áreas temáticas como el multilateralismo, la integración regional, el Mercosur, las relaciones estratégicas con Brasil, el vínculo con China, la búsqueda de justicia global y el reforzamiento de regímenes internacionales como el de derechos humanos, entre otros, existen contrapesos en cada uno de estos ejes que pueden mitigar los efectos de liderazgos promotores de eventuales políticas exteriores conspirativas.

En primer lugar, mientras quienes defienden las políticas exteriores conspiratorias perciben a la ONU y el multilateralismo como reliquias obsoletas, los diplomáticos argentinos desempeñaron y lo continúan desempeñando un papel crucial a nivel multilateral para prevenir la guerra, el uso de la fuerza y la proliferación nuclear en el sistema internacional. Asimismo, Argentina desempeñó un papel activo en la formación de expertos y diplomáticos que accedieron a puestos clave en organismos internacionales, como los destacados ejemplos de Rafael Grossi, quien se desempeña como director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA); de Celeste Saulo, quien ocupa el cargo de secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial; de Frida Armas Pfirter, que fue designada jueza del Tribunal Internacional del Derecho del Mar; y de Andrea Pochak, quien fue electa para integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Contra la creencia de que los poderosos inevitablemente prevalecerán y que los países más débiles solo tienen la opción de acatar, América Latina — con un compromiso decisivo de la Argentina — aún se mantiene como una zona de paz y no se vio involucrada en confrontaciones bélicas de otras partes del mundo. Incluso cuando hubo la posibilidad de que estemos directamente implicados en conflictos como el de Ucrania, enviando armas y/o tropas, ningún gobierno de la región, independientemente de su ideología, tomó esa medida.

En segundo lugar, mientras que el pensamiento conspiratorio insinúa una postura anti-latinoamericana, anti-integracionista y anti-Mercosur, lo que podría conducir a un antagonismo innecesario e imprudente en las relaciones con los países vecinos, es importante destacar que existen continuidades ya establecidas que serían gravosas de desmantelar. Con Brasil, podríamos encontrarnos en una situación preocupante en la que se tomen medidas unilaterales sin consultar, los desacuerdos sean inflexibles y las tensiones bilaterales aumenten. Esto podría llevar al extremo de formar sistemas de alineamientos abiertamente contrapuestos en política exterior, donde cada país se apegue a una gran potencia diferente. Sin embargo, es importante recordar que hay un acervo institucional ya consolidado que actúa como un dispositivo reasegurador. En la década de los 80 y hasta principios de los 90, funcionarios, políticos, militares, académicos y comunicadores convergieron en la necesidad de abandonar las hipótesis de conflicto mutuo.

La creación de Mercosur y la fundación de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares son ejemplos claros, entre muchos, de cómo se establecieron compromisos duraderos y vitales para el interés nacional argentino. El hecho de haber transformado una cultura de rivalidad en una cultura de amistad entre Buenos Aires y Brasilia es un logro colectivo y compartido, y revertir esta situación sería extremadamente perjudicial.

En tercer lugar, aunque una variante del pensamiento conspiratorio adopte un carácter “revisionista” frente al crecimiento de Asia, especialmente de China, que se percibe como un “imperio autocrático en ascenso”, es fundamental recordar que la profundización de la relación entre China y Argentina avanzó en la última década, independientemente de los gobiernos nacionales en el poder. Aquellos que argumentan que las acciones agresivas de China no deben pasar desapercibidas, incluso si están disfrazadas como operaciones comerciales normales, no pueden ignorar la relevancia que tiene China para la ampliación de las reservas del Banco Central, el financiamiento de obras de infraestructura, como destino de nuestras exportaciones, y en tanto potencia de proyección internacional. A pesar de los intentos de ciertos voceros cercanos a la narrativa conspiratoria de generar una atmósfera similar a una nueva Guerra Fría, las principales coaliciones y partidos políticos del país, en la práctica, evitaron internalizarla, teniendo en cuenta los altos costos que generó en su momento y por décadas la “primera” Guerra Fría. La invocación hoy del anti-comunismo como guía de la diplomacia es anacrónica, extravagante e infecunda.

En cuarto lugar, aunque una política exterior conspiratoria ataca a organismos que considera “satélites” de la ONU, como la CEPAL, la FAO, la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud (OMS), es esencial reconocer que el papel de estos organismos es determinante en la arquitectura internacional en temas cruciales para los países en desarrollo. Estos temas están intrínsecamente relacionados con la promoción de un orden internacional más justo, como la seguridad alimentaria, la erradicación del hambre, el desarrollo sostenible, el derecho a la educación y el derecho a la salud. No obstante, es importante destacar que existe una fuerte tradición y reputación en nuestro cuerpo diplomático, así como un acervo histórico que enfatiza la importancia de reclamar contra las injusticias del orden internacional, reconocer las asimetrías entre el Norte y el Sur Global en foros mundiales y regionales y promover iniciativas que busquen acortar esa brecha. El costo de desmantelar una política diplomática consolidada a lo largo de décadas sería significativo. Hay asuntos claves que podrían sufrir retrocesos inquietantes y elevados si el país busca apartarse de estas instancias que se hacen eco de las posiciones del sur global y de los países en desarrollo, así como de la región latinoamericana. Para el caso, alejarse de los pares del sur y de América Latina y alinearse casi exclusivamente con Occidente podría tener efectos nocivos en el reclamo histórico del país en torno a Malvinas.

Y en quinto lugar, el pensamiento conspiratorio podría tener un efecto muy negativo en uno de los pilares de la política exterior argentina, que es la defensa interna y la promoción internacional de los derechos humanos. Aunque voceros cercanos a este razonamiento critican las actitudes de la Comisión de Derechos Humanos por otorgar un asiento a gobiernos no democráticos (lo cual es práctica estándar al incluir a todos los miembros de Naciones Unidas con asientos rotativos), es importante destacar que el compromiso del país, no de un gobierno en particular, con los derechos humanos desde el retorno a la democracia alcanzó su punto más alto recientemente, cuando un argentino, Federico Villegas, asumió la presidencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2022.

A pesar de que surgieron voces notorias (aunque no marginales) que reivindican la dictadura, desde el histórico juicio a las juntas militares — reconocido por ser el primer enjuiciamiento en el mundo a una dictadura militar bajo procedimientos del Estado de Derecho — casi la totalidad de los actores respaldaron los avances judiciales y legislativos para condenar los delitos de lesa humanidad y defender el derecho a la verdad.

El negacionismo no es parte de la cultura democrática alcanzada y sostenida durante cuatro décadas. Los derechos humanos son un activo esencial del perfil argentino en el mundo y como tal es registrado por las contrapartes del país y en los foros internacionales y continentales. Son ya parte del interés nacional y una regresión tendría una consecuencia devastadora para la imagen de la Argentina.

Además, el pensamiento conspiratorio en diversas partes del mundo manifestó una fuerte oposición a la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un acuerdo que fue aprobado en 2015 por todos los Estados miembros de las Naciones Unidas. Esta agenda abarca 17 objetivos para hacer frente a la creciente pobreza, las desigualdades y la urgente crisis climática. Quienes se adhieren a la perspectiva conspiratoria consideran esta agenda como “intrusiva” y la acusan de promover principios “redistributivos” de justicia social que rechazan. Por tal razón, propagaron discursos con un marcado sesgo anti-ambientalista y argumentos anti-científicos, cuestionando la responsabilidad de los países en la aceleración del cambio climático y desestimando los compromisos multilaterales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También se opusieron a la “igualdad de género”, pues aluden que no respeta la diferencia biológica de la sexualidad entre hombre y mujer y destruye la institución de la familia tradicional.

No obstante, es importante destacar que Argentina mantuvo un perfil activo en la promoción de derechos humanos de primera, segunda y tercera generación, tanto en la Asamblea General de las Naciones Unidas como en diversos organismos internacionales, independientemente de los gobiernos de turno. Esto incluyó un compromiso continuo con la protección del medio ambiente y la lucha contra las desigualdades, aspectos que son parte integral de la agenda de derechos humanos que el país respaldó a nivel internacional.

A modo de reflexión final

La disciplina de las Relaciones Internacionales ha fundamentado y documentado la existencia de políticas exteriores conspiratorias en diferentes latitudes. Además, se ha acumulado un conjunto de experiencias que merecen un estudio más sistemático y comparativo para identificar rasgos compartidos. Por lo tanto, tenemos un conocimiento de cómo se manifiestan estas políticas exteriores conspiratorias, comprendiendo sus motivaciones, lógicas, modus operandi, e implicaciones, así como las limitaciones y respuestas a las mismas. Es importante destacar que las referencias de estudios comparados no indican un éxito absoluto ni un fracaso total, ya que existen ejemplos pasados y vigentes de políticas exteriores conspiratorias que demuestran esto. No obstante, es cierto que hubo casos que han mostrado sus limitaciones, y es evidente que estas políticas dejan huellas que es preferible evitar para no caer en giros contundentes ni vaivenes contraproducentes que pueden perjudicar los intereses nacionales.

Es relevante reconocer que, aunque existen políticas exteriores conspiratorias, también contamos con la presencia y vigencia de mecanismos de reaseguro. Hoy, por primera vez en la Argentina, existe la probabilidad de que se despliegue una política exterior de este tipo, y esto merece atención. En caso de que sea factible su implementación, es importante disponer de formas de argumentación, organización, manifestación y acción que minimicen el daño potencial de una experiencia de política exterior conspiratoria en el país.

Bernabé Malacalza y Juan Gabriel Tokatlian

Publicado originalmente en https://cenital.com/la-politica-exterior-conspiratoria-un-riesgo-inadvertido-para-la-argentina/