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viernes, abril 17, 2026
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«El ajuste expansivo»: la última carta electoral de Macri

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El término “ajuste expansivo” fue acuñado a mediados de la década del 80 y reflejaba el esfuerzo que el Gobierno del presidente Raúl Alfonsín realizaba para compatibilizar las exigencias de pago de la deuda externa heredada de la dictadura cívico-militar -que formulaba la por entonces banca acreedora- y la necesidad de legitimar la naciente democracia con una economía en crecimiento. Este esquema se conoció como “Plan Austral” y consistió en un congelamiento de precios y tarifas, aumento progresivo de salarios, control del tipo de cambio, acumulación de divisas alcanzada por fuertes superávits comerciales y respaldo del FMI. La mejora de la economía durante 1985 y 1986 le permitió al Gobierno sortear con éxito las primeras elecciones legislativas, pero a partir de 1987 la falta de divisas y el fuerte déficit del sector público obligaron a sucesivos ajustes que desembocaron en la suspensión de pagos de la deuda pública en abril de 1988 y el fracaso del último retoque, el denominado Plan Primavera, desembocó en el estallido hiperinflacionario en febrero de 1989. Al igual que en 2001, el FMI le retiró el apoyo a la administración y el Gobierno concluyó antes de tiempo.

El Gobierno de Cambiemos, por su parte, chapotea en su propio pantano, dado que la voluminosa deuda que tiene que afrontar y que le impide dinamizar la economía fue generada en su mandato y sirvió para financiar la salida del circuito económico de la Argentina de casi u$s 100.000 millones en tres años, superando con creces la gestión de José A. Martínez de Hoz en ese sentido. No hay herencia a la que culpar.

Además, carente de la profunda vocación democrática del presidente Alfonsín, Macri parece haberse acordado súbitamente de que para continuar en el poder debe acudir a la urnas y entonces desempolva de manera impúdica y al borde de la espiral inflacionaria un “programita” de freno a los feroces aumentos tarifarios de aquí a fin de año y una canasta básica alimentaria de 60 productos cuyos precios permanecerán congelados también hasta diciembre, agregando una oferta menguada de cortes de carne tradicionales.

Comentamos en la columna del domingo pasadoque el Banco Central comenzaba a liquidar un estimado de u$s 12.700 millones -u$s 8.500 millones provenientes de la liquidación de la cosecha y u$s 4.200 millones del ahorro fiscal del 2018- hasta agosto y con esta suma apuesta a contener la cotización del dólar hasta las elecciones primarias. Esta semana, el Ente Rector redobló la apuesta y en línea con el ejecutivo “congeló” hasta fin de año el techo de la banda cambiaria en $51,45, cotización de la divisa partir de la cual puede vender las reservas internacionales indiscriminadamente.

El Gobierno ha comenzado a liquidar cualquier posibilidad de salir ordenadamente de la crisis que él mismo ha creado

Decisión esta última que provocó un aumento del riesgo país por encima de 800 puntos, pues se teme que la estabilidad cambiaria se alcance a costa de rifar las divisas provistas por el FMI para honrar los vencimientos externos.

Con dólar estable, tarifas y canasta básica congeladas, la Alianza Cambiemos aspira a que los cierres paritarios salariales de mayo/junio y el medio aguinaldo de julio se encuentren con una capacidad de consumo ampliada, capaz de expandir precariamente el nivel de actividad hasta las elecciones.

En realidad, se tratará de la campaña electoral mas cara de toda la historia, pues se destinarán en el arranque casi u$s 13.000 millones de dólares a permitir la fuga de capitales sin volatilidad cambiariay tal vez esa cifra aumente después de las PASO.

La reseñada experiencia de la década del 80 revela que combinar una expansión económica de corto plazo con fuertes desequilibrios macroeconómicos es inviable y sólo produce males mayores en la economía, la sociedad y las instituciones.

Irresponsablemente, en un contexto de déficit de la cuenta corriente del balance de pagos que supera el 5% del PBI y del sector público nacional que alcanza el 7% del PBI, el Gobierno ha comenzado a liquidar cualquier posibilidad de salir ordenadamente de la crisis que él mismo ha creado, considerando a las elecciones como una molestia en la que debe distraerse por un rato sin medir las consecuencias de su accionar.

En el video de presentación del “programa de estabilización”, el Presidente Macri conversa con una familia muy agredida por la crisis y alude como respuesta que su administración ha adoptado todas las políticas similares que llevaron adelante Chile, Perú, Colombia y Paraguay, pero sin embargo no le dieron resultado.

Tal vez ese sea el problema de fondo: nuestra sociedad y su democracia son lo suficientemente vigorosas para obligarlo a distraer la atención en sus demandas.

Fuente:https://www.eldestapeweb.com/ajuste/el-ajuste-expansivo-la-ultima-carta-electoral-macri-n58846

No hay salida para la inflación sin política de crecimiento

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 Cada día se produce el cierre de alrededor 25 pymes. Fue muy difícil  adaptarlas al entorno de una industria más desarrollada a la que puedan proveer. Costó mucho tiempo ponerlas en pie y  convertirlas en buena parte con una prometedora inserción internacional.

A tal punto, es grave lo que ocurre en el sector pymes, que se demorará más de veinte años reconstruir las que se ubican en el plano industrial y que están asociadas también a la falta de perspectivas inmediatas.

Por su vinculación con el sector tecnológico, presentan una perspectiva muy favorable que no se podrá concretar sin una clara estrategia industrial y tecnológica a través de una política estatal orientada decisivamente en planificarla. Así queda en claro en el ejemplo de los países asiáticos que enfrentaron la fuerte crisis que tuvo lugar en ellos en los noventa atacando la inflación con ajustes que incluían limitaciones cambiarias y, sobre todo, un fuerte predominio de la política de desarrollo industrial.

El problema del ajuste nacional es que el gobierno, lo mismo que sucedió con otros programas estabilizadores previos, no apostó a la producción y los orientó con un sentido exclusivamente monetarista y financiero. Corea es uno de los mejores ejemplos de una política productiva muy dinámica centrada en la industria y el desarrollo tecnológico de base industrial, mientras que los planes de estabilización argentinos insisten en refugiarse en un pasado centrado en la economía primaria, que no combate la fuga de capitales. Esto es inherente al modo de acumulación de capital en la Argentina porque el uso de excedentes en una economía de base primaria, si no se usa para el desarrollo industrial, te que lleva a depender del endeudamiento externo.

La desindustrialización ha llegado a alarmar a una parte del círculo rojo, que o bien atribuyen los resultados del modelo económico a una incompetencia del equipo que lo conduce y que quedó bastante clara con el sobreendeudamiento que sólo empeoró las perspectivas, y empieza a mirar con un sentido más crítico al modelo, sobre todo en una mayoría de industrias, y no sólo entre las pymes o las industrias más castigadas, como los textiles, sino en las grandes empresas nacionales, que observan con desconfianza como la devaluación y la contracción del mercado interno las debilitó frente al capital extranjero.

La disconformidad se extiende al Mercosur, porque la dirección política actual de Brasil se inclina hacia una integración mayor al mundo a través de Estados Unidos. Esto puede tener el peligro de desbaratar la estructura regional, que sigue siendo una instancia imposible de eludir en un sistema mundial que converge cada vez más hacia la integración de cadenas productivas, donde el actual auge del proteccionismo es una expresión de la crisis y del intento del gobierno del presidente Trump de que esa integración siga estando subordinada al dominio estadounidense (el Americafirst) característico de la inmediata posguerra.

La posición actual de la Argentina desestima al Mercosur en favor de acuerdos de libre comercio al margen del mismo y el acercamiento a la Alianza del Pacífico, en que se encuentran los países en desarrollo que se asimilan a la política de Trump. La crítica con respecto al pasado inmediato fue que el Mercosur se fue convirtiendo cada vez más en una construcción política, poco ensamblada con las necesidades y reclamos empresarios. Pero no  puede prescindirse de una región de la importancia del Mercosur, en una economía global en que la integración puede reforzarse mediante las regiones, pero con una voluntad de desarrollo industrial y tecnológico que no parece tener el gobierno argentino, que apuesta exclusivamente al agro, la energía y la minería y que coloca a la política monetaria como condición previa a los proyectos productivos, mientras que el combate a la inflación se presenta cada vez más como un imperativo de crecimiento.

El fracaso de la política económica tiene que ver con la imposibilidad que tuvieron las medidas de ajuste de contener la inflación, y en gran medida consiste en no comprender sus causas, que en la Argentina se deben a ante todo al uso de dos monedas, en que el dólar no sólo reemplaza al peso en algunas operaciones sino que lo hace en todas aquellas destinadas a fugar capital o riqueza en forma de ahorro, un procedimiento vinculado a la estrategia general de acumulación de capital, que al ponérsela en práctica provoca también un vaciamiento económico que conduce a un lento crecimiento, por lo que un modelo económico que lo encauce de ninguna manera puede combatir la inflación sólo a través de corregir el déficit fiscal primario y menos contrayendo la economía para corregirlo.

En esas condiciones, la continua evasión de dólares sólo puede sostenerse con un endeudamiento continuo que, además fue irresponsablemente sobredimensionado. En línea con esa política equivocada el gobierno quiere que el objetivo central y casi excluyente del BCRA sea combatir la inflación mediante esos métodos, para lo que envió un proyecto de ley para reformar su Carta Orgánica y cumplir de esa manera con las exigencias del FMI, concretadas en el acuerdo por el crédito stand by concedido al país.

Cada vez más, hay que vincular la suerte de cada economía nacional a lo que acontece en el mundo. El préstamo excepcional del FMI a la Argentina fue, más que un intento de resolver la crisis argentina, una manera de salvar a los bancos prestamistas de las consecuencias de esa crisis, que podía resultar fatal para el conjunto del sistema financiero. Por eso no es de extrañar que la receta haya sido extrema y suma al país en una situación de profundización del retroceso económico, ya que la ineludible reestructuración de la deuda restará posibilidades de recuperación en el crecimiento y acentuará la fuga de capitales.

Por lo pronto, el ajuste tal como lo diagramaron el gobierno y el FMI, además de la irresponsabilidad local, es una manifestación del error de creer que una política económica de ese tipo puede ser exitosa, como ya sucedió con políticas similares adoptadas desde 1976 en adelante.

En lo que atañe al FMI, muestra que su principal función –como no podía ser de otra manera- no es salvar a los países que se han endeudado sino, ante todo, resguardar a los bancos prestamistas, a costa de que el peso del ajuste se traduzca en una caída del PBI y en un decenio de estancamiento, como sucedió en Grecia y como seguramente va a volver a suceder en la Argentina, con la particularidad que como su crisis se inserta en una situación mundial sumamente inestable, esta vez ni siquiera podría llegar a evitar consecuencias graves para todo el sistema.

Se trata de algo que deberá tener en cuenta cualquier política de salida de la actual situación, que sólo podrá encarrilarse si se inserta en una estrategia de crecimiento en función de la experiencia de los países asiáticos que han logrado altas tasas de crecimiento.

¿Hacia el fin del trabajo? Mitos, verdades y especulaciones

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En los últimos años, los trabajadores de todo el mundo se habituaron a escuchar que la tecnología se está desarrollando de manera vertiginosa, con serias implicaciones para su propia existencia. Es más, algunos filósofos han vaticinado un futuro distópico en el que los trabajadores se vuelven «personas inútiles». Si bien muchos consideran que estos pronósticos son exagerados, una percepción relativamente generalizada considera que las nuevas tecnologías crearán un elevado nivel de desempleo en todas partes. Sin embargo, un examen cuidadoso de la evidencia empírica permite cuestionar la veracidad de este discurso sobre el desempleo tecnológico. Se trata de un discurso altamente funcional a las elites de todo el mundo, porque el miedo paraliza y debilita los reclamos de los trabajadores. Poner el acento en la automatización y en la pérdida de empleos distrae a los trabajadores de una evaluación más realista de los impactos potenciales del desarrollo tecnológico. Nuestra investigación señala que este tipo de preocupaciones por el impacto de la tecnología en los empleos y en la sociedad afloran durante los periodos de crisis económica, un fenómeno también observado por Daniel Akst en 2013 y por Joel Mokyr, Chris Vickers y Nicolas L. Ziebarth en 20151. Ya en la década de 1960 existía una preocupación generalizada por la automatización, y en la década de 1980, por la microelectrónica, por dar algunos ejemplos. Es decir, hay una correlación entre las crisis económicas y sociales y el creciente temor por el impacto de la tecnología. Claramente, estos temores tienen su raíz en la realidad social. En las décadas de 1960 y 1970 preocupaba lo que la gente haría con su tiempo libre y sus altos ingresos. Hoy, se teme que los trabajadores se vuelvan superfluos.

La mayor parte del mundo (excepto China) quedó sumergida en la crisis económica y social que se inició en 2008. La crisis afectó seriamente a las elites porque destruyó la falsa percepción difundida por Francis Fukuyama según la cual el desarrollo humano había alcanzado su apogeo en el capitalismo neoliberal globalizado liderado por Estados Unidos. También puso en cuestión la idea de que la adopción de la comunicación digital y de internet garantizaría el crecimiento económico en el futuro. La crisis de 2008 le demostró al mundo desarrollado hasta qué punto la desigualdad había erosionado los cimientos de sus sociedades y cómo el sistema funcionaba en favor del «1%». Esto produjo una mayor polarización política y una expansión del descontento social que debilitaron seriamente las instituciones de los países más desarrollados. La elección de Donald Trump, las numerosas crisis de la Unión Europea y, por supuesto, el Brexit, todos son síntomas de este fenómeno. El andamiaje filosófico que sostenía el orden mundial capitalista globalizado y neoliberal se ha desplomado y todavía falta construir otro para reemplazarlo. Este es el contexto en el cual debemos analizar los discursos en torno de la tecnología.

La falta de evidencias empíricas queda a la vista cuando observamos las fases que atravesó el discurso dominante sobre la tecnología, como queda en claro tras un breve análisis de las principales publicaciones especializadas. Según Philip Staab, del Instituto sobre la Historia y el Futuro del Trabajo de Berlín, el foco inicial estuvo puesto en el big data y en la «internet de las cosas», luego viró hacia la robótica y la automatización, y ahora se centra en la inteligencia artificial. El cambio de enfoque refleja la búsqueda desesperada de respuestas a los problemas que el capitalismo global enfrenta en la actualidad.

Para los trabajadores, el elemento más relevante de este discurso sobre la tecnología es el debate sobre la posible pérdida de empleos. Los medios de comunicación de todo el mundo informan de manera rutinaria sobre la pérdida de empleos atribuida a los vehículos sin conductores o a otras formas de automatización; y decenas de libros, charlas ted, informes de consultoría y artículos de prensa afirman que la tecnología está a un paso de ser «inteligente» y cada vez más proclive a reemplazar a los trabajadores2.

Sin embargo, los trabajadores tienen buenas razones para ser escépticos respecto a los pronósticos sobre la pérdida de empleos. En primer lugar, las cifras de los expertos dedicados a esta problemática varían de manera considerable. La mayoría de los esfuerzos por calcular la pérdida de puestos de trabajo se basa en el famoso informe de Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne de 2013 sobre automatización y trabajo. Su afirmación de que la tecnología actualmente disponible permitiría automatizar 47% de los puestos de trabajo es aún ampliamente citada3. Su método básico fue replicado con variantes en otros estudios. Pero los críticos no tardaron en señalar que la automatización involucra no los puestos de trabajo en sí, sino tareas específicas. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde) usó este nuevo enfoque para sus estimaciones, que arrojaron porcentajes muy inferiores, de 9% en países de la ocde y 5% a escala mundial4. Por otro lado, McKinsey intervino en el debate usando información similar, pero modificando las ponderaciones5. Consideró las tareas, no los trabajos en su conjunto, y llegó a la conclusión de que en eeuu menos de 5% de los puestos de trabajo podría automatizarse completamente, mientras que 60% podría automatizar un tercio de las tareas involucradas. PriceWaterhouseCoopers volvió a utilizar luego diferentes ponderaciones y llegó a la conclusión de que en Reino Unido y eeuu podría automatizarse más de 35% de los empleos6. La enorme disparidad de estas cifras es un llamado a la reflexión. Las cifras dependen de los supuestos que asumen los autores. Si cambian estos supuestos, las cifras cambian. Por ende, los números no nos dicen mucho más que el hecho de que la automatización reemplazará algunos trabajos y que muchos otros podrían automatizarse de manera parcial, si es que se dan las condiciones necesarias. Al igual que con otras muchas falacias, el discurso sobre la automatización y la pérdida de empleos tiene un componente de verdad –los estibadores del mundo desarrollado pueden acreditarlo–, pero ello no significa que en el futuro inmediato millones de trabajos vayan a desaparecer sin ser reemplazados.

El problema es que estas predicciones no incluyeron en el análisis muchos factores externos que determinan la introducción de tecnología7. Por ejemplo, la interrelación entre los costos laborales y los tecnológicos. O el deseo de reducir el peso económico y político de trabajadores como los estibadores. O el nivel de complejidad del entorno, o cualquiera de los innumerables problemas que pueden determinar si una tarea o trabajo será o no efectivamente automatizado. Los informes más honestos sobre la automatización son conscientes de este problema e incluyen importantes advertencias como esta:

es importante tener en cuenta que estas estimaciones refieren a posibilidades tecnológicas, haciendo abstracción de la velocidad de la difusión y de las probabilidades de adopción (…) La adopción, en particular, podría verse influenciada por muchos factores, incluidos la legislación sobre el despido de trabajadores, los costos laborales unitarios o las preferencias sociales (…) Además, la tecnología creará, sin duda, muchos nuevos empleos.8

No obstante, como son pocos los que leen las advertencias, lo que queda en el imaginario colectivo son las cifras. Esto nos lleva a pensar que las cifras de pérdida de empleos son en general poco relevantes, porque el resultado depende de una amplia variedad de factores interrelacionados. Resulta interesante que al analizar la «revolución microelectrónica» a comienzos de la década de 1980 The Economist haya observado algo similar:

El enfoque más honesto para calcular la ecuación de empleos es el utilizado por un grupo de estudio establecido por el departamento de empleo de Gran Bretaña. Arribaron a la conclusión de que se requerían tantos supuestos sobre variables macroeconómicas y otras cuestiones que no tenía sentido construir un modelo de previsión.9 Si esto era cierto entonces, deberíamos preguntarnos por qué no lo sería hoy. El problema de hacer predicciones precisas sobre los impactos potenciales del cambio tecnológico se ve agudizado por el hecho de que en el mundo financiarizado de hoy, algunos expertos y compañías tecnológicas están utilizando predicciones más extremas como un instrumento de marketing. Mientras tanto, los medios las usan para vender más periódicos o sumar clics, porque el miedo vende. Los matices no venden tan bien ni sirven en la misma medida a los fines discursivos de las elites.

Además de que existe una justificada sospecha en torno del realismo del discurso sobre la pérdida de empleos debido a lo difícil que resulta ponerle un número al impacto de la automatización, el propio impacto de la automatización es en sí mismo un proceso complejo y no lineal.

Si bien es evidente que toda nueva tecnología tiende a eliminar las tareas existentes y, por ende, a reducir el número de puestos de trabajo, también crea tareas y empleos nuevos. Existe un desfase entre los procesos de destrucción y creación, y los empleos nuevos a menudo no surgen en los mismos sectores. Sin embargo, si vemos lo que sucede hoy en el mundo, ¿cabe alguna duda de que hay mucho trabajo por hacer? En todas las economías, los procesos económicos, sociales y políticos crean y destruyen trabajos constantemente. Las predicciones y mediciones sobre la pérdida de empleos ocasionada por la automatización y las nuevas tecnologías están dentro de los parámetros de rotación de empleos (jobs churn) en los países desarrollados10.

Además, algunos expertos sostienen que la relación entre la automatización y la pérdida de empleos no es lineal. La investigación de James Bessen muestra que la automatización puede producir más empleo en las distintas ocupaciones: al reducir el costo de un producto, estimula la demanda, lo que a su vez genera una mayor demanda de trabajo en ese rubro. La automatización aumenta la eficiencia de la mano de obra y, a la vez, la demanda en ese tipo de ocupación11. Bessen llega a la conclusión de que la informatización tiene como correlato el aumento de la disparidad salarial en el seno de las ocupaciones y una «reasignación» del trabajo que requiere que los trabajadores adquieran nuevas habilidades, sin por ello perder el empleo. Su investigación parece estar respaldada por nuevas evidencias provenientes de Alemania que muestran un aumento marginal del empleo en los sectores de la economía que adoptaron las nuevas tecnologías12. La idea de que la tecnología solo destruye trabajos también es falsa.

Solemos pensar que la automatización sustituye, sin más, el trabajo humano, pero eso no es así. Desde la década de 1960, hemos visto un aumento de la automatización en el trabajo, pero parece claro que los mejores resultados se obtienen cuando las máquinas ayudan a fortalecer el trabajo humano, no cuando lo reemplazan por completo. Donde los trabajadores pueden resolver fácilmente problemas físicos o mentales (y son generalmente baratos), las máquinas sobresalen en la realización de operaciones repetitivas y en el procesamiento de datos. En un caso reciente, Tesla admitió que su cadena de producción en California estaba «sobreautomatizada» y que eso no hizo más que disminuir la producción. La automatización no puede resolver los problemas ni las dificultades inesperadas del proceso de producción13. Incluso puede reducir la productividad al desmotivar a los trabajadores, cuyas tareas se vuelven demasiado simples, como ocurrió en algunas fábricas soviéticas en la década de 1970.

La automatización también tiene sus propios costos. Las máquinas automatizadas representan un costo fijo, necesitan comunicaciones seguras y mantenimiento y son vulnerables a los mismos problemas que experimentan las computadoras. Por ejemplo, las filiales europeas de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (itf, por sus siglas en inglés) nos cuentan que los puertos «automatizados» (operados a menudo por control remoto) se ven forzados a desconectarse con regularidad para cargar los parches de software. A su vez, se cree que las grúas automatizadas son de alguna forma menos productivas que las operadas manualmente. Entonces puede que las máquinas sean más eficientes para llevar a cabo un alto volumen de operaciones repetitivas durante un largo periodo, pero la automatización acarrea costos fijos elevados y costos de reparación y de mantenimiento altos y puede resultar más lenta que el trabajo humano cuando se trata de procesos más complejos. Las empresas que piensan en la automatización deben considerar esta diversidad de problemas antes de emprender el reemplazo de los trabajadores. Y eso si tienen el capital suficiente para hacerlo y no pueden obtener un rendimiento mayor especulando en los mercados. Las tecnologías de sustitución de mano de obra tardan tiempo en extenderse por toda la economía y en general se las utiliza en sectores con altos costos laborales y elevado volumen de producción y en las empresas más ricas, lo cual deja a la mayor parte del mundo en desarrollo fuera de la ecuación, tal como viene sucediendo históricamente.

La cuestión es que la tecnología que reemplaza a los trabajadores no es una panacea; funciona en algunas áreas, en unos casos, pero no en otros. Esto refleja el proceso histórico de adopción de tecnologías a escala global. Primero las tecnologías encuentran aplicaciones de nicho, luego se extienden en un proceso errático. Por ejemplo, en la década de 1960 aparecieron los aviones supersónicos de pasajeros, pero solo encontraron una ruta rentable que finalmente fue cerrada. Hoy se vuelve a hablar sobre los aviones supersónicos de pasajeros, pero es probable que pasen varios años antes de que se generalicen, si es que alguna vez sucede.

Por lo tanto, las cifras son sospechosas; y el impacto de la automatización en los procesos de trabajo no es algo simple. Pero hay todavía más problemas con el discurso sobre la automatización y el empleo.

Hasta ahora, hay poca evidencia concreta sobre la adopción generalizada de tecnologías en todo el mundo. Las cifras de Alemania y Reino Unido muestran que la mayoría de las pequeñas y medianas empresas, donde trabaja la mayor parte de la gente, no están usando los últimos avances tecnológicos. Finalmente, si la tecnología estuviera sustituyendo a los trabajadores a gran escala, deberíamos ver un incremento de la productividad. Sin embargo, las estadísticas muestran una disminución general del crecimiento de la productividad en los países de la ocde. Tanto es así que algunos sostienen que podríamos estar en una fase de «estancamiento secular»14. Por ende, o bien las compañías no están implementando las tecnologías, o lo están haciendo y estas no son tan productivas como los trabajadores.

A veces se argumenta que la inteligencia artificial es capaz de dar un vuelco a verdades históricas referidas a la tecnología, pero la evidencia es escasa. El término se usa incorrectamente fuera de la bibliografía especializada, pero para la mayoría de las personas, la inteligencia artificial consiste esencialmente en un software que procesa algoritmos en enormes conjuntos de datos a una gran velocidad para tomar «decisiones» sobre problemas específicos. Sospecho que algunos expertos en tecnología exageran las capacidades de la inteligencia artificial para atraer inversores. Si bien las computadoras han hecho enormes avances respecto de su capacidad para desafiar las decisiones humanas en los juegos de mesa, por ejemplo, todavía estamos lejos de que las computadoras desarrollen una «inteligencia general» como la de los humanos; algunos incluso sostienen que eso es imposible15. Mientras tanto, la inteligencia artificial a menudo se utiliza como etiqueta para describir cualquier software que sirve para resolver un problema, principalmente porque suena bien16.

En términos generales, el principal problema para la mayoría de los trabajadores es que las nuevas tecnologías finalmente cambiarán muchos aspectos de su trabajo, no que sus empleos necesariamente vayan a desaparecer.

Durante décadas, los sindicatos de todo el mundo han lidiado con el impacto de la sustitución de la mano de obra por la tecnología. Existen medidas muy conocidas que garantizan su implementación productiva y minimizan los impactos negativos. Las medidas pueden desarrollarse en el marco de negociaciones tripartitas, en las que los trabajadores tienen el derecho a consulta, compensación y capacitación. Cuanto mayor sea la sujeción de una economía al control social, menor será el impacto negativo de la tecnología, simplemente porque los factores externos son tenidos en cuenta antes de su adopción.

Pero si la automatización y el «fin de los empleos» no son el principal problema que enfrentan los trabajadores del mundo, ¿cuál es entonces?El principal desafío proviene de la digitalización de la economía global. La digitalización de la economía consiste en la conversión de la información a un formato digital que puede ser «leído» por las computadoras. Una vez convertida a formato digital, la información se transforma en datos. Los datos pueden transferirse por todo el mundo en un instante. La propia digitalización es facilitada por sensores y chips cada vez más pequeños y livianos. Como resultado, cada vez más procesos y tipos de información pueden ser medidos y convertidos en información digital. Las computadoras pueden analizar datos a velocidades cada vez mayores gracias a los avances en software y tecnología de chips (aunque parece que la capacidad para lograr esos avances usando la actual tecnología de chips está llegando a su límite)17. De este modo, la digitalización permite la «datificación» de la economía global, es decir, la medición de muchos fenómenos que antes estaban fuera del alcance. Junto con la digitalización de las comunicaciones a través de teléfonos inteligentes e internet, se está creando una cantidad inédita de datos sobre una cantidad de fenómenos nuevos.

Las personas son parte de estos fenómenos como trabajadores y ciudadanos. Se trata de dos aspectos de la vida social de los seres humanos y por eso es difícil separar el problema de los datos en el lugar de trabajo de la emisión de datos en general. Son estos datos, o más precisamente, los usos que se les da en una economía capitalista –caracterizada por profundas desigualdades–, lo que representa el mayor desafío para los trabajadores. Pero para entender esto, primero tenemos que entender con mayor claridad qué son los datos y para qué sirven.

Si bien los datos parecen etéreos, tienen un aspecto material. Se necesita energía para producirlos, transportarlos y almacenarlos y eso requiere equipamiento como cables y centros de almacenamiento. También se requiere software que los filtre y establezca conexiones. Toda esta infraestructura está en manos de un puñado de personas. Por el momento, estas personas son, en esencia, los dueños de las grandes corporaciones tecnológicas de eeuu que recopilan, almacenan y analizan cerca de 80% de los datos mundiales: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft18. Es por eso que las actuales desigualdades del sistema capitalista también están inscriptas en los datos. Los datos describen procesos y sus componentes. Puede decirse que la «datificación» crea un sistema nervioso digital para una organización; por ejemplo, para una empresa transnacional o gubernamental, o potencialmente para toda una economía. Los datos serían las señales que viajan por ese sistema nervioso. Pero siguiendo con la metáfora, ¿qué o quién es el cerebro del sistema? El cerebro puede ser un amplio grupo de personas (si los datos son fácilmente accesibles, o administrados por un organismo responsable si son de utilidad pública) o un grupo más selecto (si están en manos privadas y son utilizados en forma libre de toda responsabilidad para beneficio propio).

Los datos son conocimiento y, como sabemos, el conocimiento es poder. De ahí que la desigualdad en la creación, la distribución y el uso de los datos exacerbe el actual desequilibrio de poder en todos los campos. Las empresas que utilizan datos de manera eficaz crecen más rápido que cualquier otra. Por eso existe la presión sobre las empresas de todos los sectores de volverse competitivas en términos tecnológicos, o de adquirir capacidad tecnológica para producir y analizar datos, si bien no todas tienen la capacidad para hacerlo. Pero aquí también existe el peligro de que las ya de por sí inmensamente poderosas firmas tecnológicas puedan llegar a saber más sobre un proceso que las propias empresas no tecnológicas que las han contratado. Como dijo el ceo de General Motors en 2013: «Debes poseerla [la ti] y controlarla; de lo contrario, estás a merced de otras empresas»19.

La propiedad de los datos no solo exacerba las desigualdades entre las empresas tecnológicas y las demás, sino también las desigualdades de poder en el lugar de trabajo. Esto representa un problema social, dado que muchas personas pasan gran parte del día en su empleo. Allí la gente produce datos que son recopilados por el software de sus computadoras u otras herramientas de trabajo y combinados con otros datos provenientes de sensores, cámaras u otras tecnologías empleadas para monitorear el lugar de trabajo o medir algún proceso específico. El software puede monitorear los tiempos de respuesta de los correos, por ejemplo, o rastrear ventas o el paradero de un empleado. Luego los algoritmos comparan a los trabajadores con indicadores de desempeño o con sus pares. Los datos recopilados pueden utilizarse para identificar «eficiencias» en el proceso, para mejorar el modo de trabajo de los empleados, o incluso para obligar a estos a trabajar más. Cualquiera sea el caso, los datos tornan el proceso de trabajo más transparente para los gerentes y los propietarios.

Los datos recopilados describen el proceso de trabajo en su conjunto, pero también a las personas que lo realizan. En algún punto, hoy el trabajo está conformado por dos elementos: el propio proceso de trabajo y los datos que los trabajadores producen sobre ese proceso y sobre ellos mismos como trabajadores. Los trabajadores claramente tienen derecho a reclamar al menos la propiedad compartida de este tipo de datos, ya que estos no existirían de no ser por sus esfuerzos, incluso si fueran un subproducto. Los trabajadores también deberían tener acceso al software que se utiliza para intensificar o disciplinar su trabajo y deberían poder determinar cómo utilizarlo para medir su desempeño. Para ello, habría que regular el uso de datos en el lugar de trabajo. El uso de herramientas y equipos conectados y la adopción de sensores en los lugares de trabajo amenazan con aumentar masivamente el ya avasallante poder de los empleadores. Hoy sabemos que las grabaciones de video, los micrófonos y el monitoreo del correo electrónico se usan en contra de los activistas sindicales. En otros casos, los pases electrónicos se han utilizado para crear listas instantáneas de huelguistas. Los empleadores también revisan a menudo las redes sociales de sus empleados para obtener información. Están solo a un paso de contratar empresas de datos para desarrollar perfiles del personal o rastrear a potenciales empleados antes de decidir su contratación.

Además, los datos y el software crean potenciales desafíos adicionales para los trabajadores cuando se los utiliza en conjunto. La inteligencia artificial ya se emplea para analizar datos biométricos, expresiones faciales y el tono de voz para medir el bienestar físico y mental, por ejemplo20. Combinada con otros datos, puede utilizarse para crear perfiles de personalidad y usarlos durante el proceso de contratación. En el lugar de trabajo, puede usarse para impedir la organización o para anticipar disputas y despedir a trabajadores. Las empresas pueden utilizar este tipo de información combinada con los datos de las redes sociales para identificar a activistas sindicales, o incluso a aquellos trabajadores que podrían convertirse en activistas sindicales o colaborar con los esfuerzos de organización. En otras palabras, la inteligencia artificial amenaza con convertirse en un capataz digital de los trabajadores.Aún no sabemos cuánto ha avanzado este proceso en la economía global. Se necesita trabajar más para identificar las tecnologías utilizadas y los modos en que se utilizan los datos para disciplinar e intensificar el trabajo. Es probable que estos procesos estén más avanzados en el mundo desarrollado y en las empresas más ricas que pueden adquirir experiencia o desarrollar sus propios procesos. Lo que sí sabemos es que gran parte de estos datos son recopilados y conservados por empresas transnacionales o de tecnología digital sobre las que la mayoría de los gobiernos nacionales tienen poco control.

La «datificación» del lugar de trabajo tiene sus paralelos en la sociedad en conceptos como el de «ciudad inteligente» y en las redes sociales. Aquí también los datos crean desigualdades a favor de los que tienen su control. Los datos de las redes sociales permiten identificar nuevas «comunidades» digitales, a las que la gente ni siquiera sabe que pertenece, mediante la utilización de un conjunto de datos que identifican conductas o creencias comunes. Por ejemplo, permiten identificar a quienes encajan en el perfil de votantes de algún partido político. Eso permite crear mensajes personalizados para convencer a la gente de actuar de determinada manera. Este es el tipo de tecnología que utilizaron compañías como Analytica para reclutar votantes en eeuu y en Brasil antes de la elección de Donald Trump y Jair Bolsonaro.

De esta forma, los datos se convierten en una expresión de poder. Muchos analistas los denominan el «nuevo petróleo», el factor determinante de la economía del futuro. Como el dinero puede comprar datos que brindan poder económico y político, estos pueden exacerbar las desigualdades existentes en la política, en la economía, en la sociedad e incluso entre países. La recopilación, el almacenamiento y la venta de todo tipo de datos se están convirtiendo en un gran negocio, y el acceso a los datos es lo que determina el comportamiento corporativo y el valor de las cinco grandes empresas tecnológicas de eeuu en particular. Por esa misma razón, se están convirtiendo en un problema de seguridad nacional cada vez más grande y de lo que algunos llaman «soberanía digital».

La cuestión es que si los datos se convierten en el sistema nervioso de una economía global digitalizada, y si la mayoría de los datos en el mundo son recolectados y utilizados por un puñado de empresas estadounidenses, esas firmas y el gobierno de eeuu se vuelven increíblemente más poderosos que aquellos países que solo producen datos. Muchos expertos han alertado sobre los riesgos de una forma de colonialismo digital producida por esta situación21. Como muestra la historia de América Latina, los intereses del capital y del gobierno estadounidenses a menudo entran en conflicto con los de los gobiernos que intentan construir economías desarrolladas con mayor justicia social, el tipo de gobierno que esperaríamos regule el acceso a los datos sociales y a los datos del lugar de trabajo. Desde esta perspectiva, podemos preguntarnos, como lo ha hecho Evgeny Morozov: si los datos son el nuevo petróleo, ¿qué país se convertirá en el nuevo Iraq22? Si los trabajadores de todo el mundo quieren construir una sociedad más desarrollada y más igualitaria, tendrán que controlar los datos que la sociedad produce y desarrollar una capacidad nacional para trabajar con ellos. La realidad es que hay dos caminos para lograrlo: un acuerdo internacional sobre datos, o la fragmentación del mundo digital en bloques nacionales o regionales con distintos ecosistemas de datos.

Por el momento, existen pocas leyes sobre el uso de datos en el lugar de trabajo y en relación con los trabajadores. Tampoco hay lineamientos internacionales sobre los usos de la inteligencia artificial en el lugar de trabajo23. Es esencial establecer leyes sobre datos y una estrategia para desarrollar la soberanía digital a fin de construir condiciones de trabajo decentes para el siglo xxi. Lo que queda claro es que si no se hace algo para solucionar que el control privado de datos esté en manos de un puñado de individuos, los trabajadores de todo el mundo verán seriamente afectados sus esfuerzos para controlar la intensificación del uso de datos en el trabajo o para lograr la elección de un gobierno que incluya los datos como parte de su agenda. Si bien es mayor la tendencia de los Estados a controlar los datos nacionales, teniendo en cuenta en especial la creciente tensión entre eeuu, China y Rusia, por ejemplo, existe escasa evidencia de que exista un «proteccionismo digital» en la mayor parte del mundo en vías de desarrollo. Aun así, se trata de debates esenciales, que deben contar con la participación de los trabajadores si estos quieren proteger sus derechos en la sociedad y en el lugar de trabajo.

  • 1.D. Akst: «Automation Anxiety» en The Wilson Quarterly vol. 37 No 3, 2013; J. Mokyr, C. Vickers y N.L. Ziebarth: «The History of Technological Anxiety and the Future of Economic Growth: Is This Time Different?» en The Journal of Economic Perspectives vol. 29 No 3, 2015.
  • 2.Vale como ejemplo la charla ted de Nick Bostrom titulada «What Happens When Our Computers Get Smarter Than We Are?», 2015, disponible en www.youtube.com/watch?v=mnt1xgzgkpk.
  • 3.C.B. Frey y M.A. Osbourne: «The Future of Employment: How Susceptible Are Jobs To Computerisation?», Universidad de Oxford, 2013.
  • 4.Melanie Arntz, Terry Gregory y Ulrich Zierahn: «The Risk of Automation for Jobs in oecd Countries: A Comparative Analysis», oecd Social, Employment and Migration Working Papers No 189, 5/2016.
  • 5.James Manyika et al.: «Harnessing Automation for a Future that Works», McKinsey Global Institute, 1/2017.
  • 6.PriceWaterhouseCoopers: «uk Economic Outlook», 3/2017, disponible en www.pwc.co.uk/economic-services/ukeo/pwc-uk-economic-outlook-full-report-march-2017-v2.pdf.
  • 7.Gérard Valenduc y Patricia Vendramin: «Work in the Digital Economy: Sorting the Old from the New», etui Working Paper No 2016/3, 2016, p. 16.
  • 8.Ljubica Nedelkoska y Glenda Quintini: «Automation, Skills Use and Training», oecd Social, Employment and Migration Working Papers No 202, oecd Publishing, París, 2018.
  • 9.«Microelectronics: All that is Electronic does not Glitter» en The Economist, 1/3/1980.
  • 10.Algunos autores señalan que la deserción laboral en eeuu es más baja hoy en día que en periodos anteriores. Ver Robert Atkinson y John Wu: «False Alarmism: Technological Disruption and the us Labor Market 1850-2015», itif @Work Series, 5/2017.
  • 11.J. Bessen: «How Computer Automation Affects Occupations: Technology, Jobs and Skills», Working Paper No 15-49, Boston University School of Law & Economics, 11/2015.
  • 12.Ver M. Arntz, T. Gregory y U. Zierahn: «Digitalisierung und die Zukunft der Arbeit: Makroökonomische Auswirkungen auf Beschäftigung, Arbeitslosigkeit und Löhne von morgen», zew, Mannheim, 2018.
  • 13.Ver Helen Edwards y Dave Edwards: «How Tesla ‘Shot Itself in the Foot’ by Trying to Hyper Automate its Factory» en Quartz, 1/5/2018.
  • 14.La disminución en el crecimiento de la productividad –ya en marcha antes de la crisis–, combinada con la lenta inversión, continuó debilitando los aumentos de la producción económica y los estándares materiales de vida en los últimos años en muchas de las economías mundiales. ocde: «Cross-Country Productivity Gaps are Smaller than We Thought», 12/10/2018, www.oecd.org/sdd/productivity-stats/. V. tb. el discurso de Andrew Haldane: «Productivity Puzzles», 5/2017, disponible en www.bankofengland.co.uk/-/media/boe/files/speech/2017/productivity-puzzles.pdf?la=en&hash=708c7cfd5e8417000655ba4aa0e0e873d98a18de.
  • 15.Alice Lloyd George: «Discussing the Limits of Artificial Intelligence», entrevista con Gary Marcus en TechCrunch, 2016 y «Recognizing the Limitations of Artificial Iintelligence», entrevista con Joanna Bryson en Thomson Reuters, 7/10/2018.
  • 16.La cantidad de empresas que mencionan la inteligencia artificial en sus informes sobre ganancias se dispararon de 6 en 2013 a 244 en 2017. Kevin McNally: «It’s Time to Stop Using ai as a Marketing Gimmick» en Fast Company, 18/7/2017.
  • 17.Tom Simonite: «Moore’s Law is Dead. Now What?» en mit Technology Review, 5/2016.
  • 18.Se trata de empresas que tienen relaciones extremadamente cercanas con el gobierno de eeuu. Robert W. McChesney: «Between Cambridge and Palo Alto» en Catalyst vol. 2 No 1, 2018, p. 17.
  • 19.Michael Wayland: «gm ceo: it Transformation Critical for Automaker to Thrive» en Michigan Live, 5/2013.
  • 20.«ai Helps Diagnose Depression Three Months Earlier than Health Services by Analysing Facebook Posts» en The Independent, 15/10/2018.
  • 21.Nick Couldry y Ulises Mejias: «Data Colonialism: Rethinking Big Data’s Relation to the Contemporary Subject» en Television and New Media, 7/2018; Renata Avila Pinto: «Digital Sovereignty or Digital Colonialism?» en Sur vol. 15 No 27, 2018.
  • 22.V. conferencia «Beyond Surveillance Capitalism: Reclaiming Digital Sovereignty», Barcelona, 16 y 17 de octubre de 2018.
  • 23.Nuestra organización hermana, el Sindicato Global uni, ha desarrollado 10 principios sobre la inteligencia artificial que pueden consultarse aquí: www.thefutureworldofwork.org/opinions/10-principles-for-ethical-ai/.

INFLACIÓN, PATRIA CONTRATISTA Y GEOPOLÍTICA

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Un gobierno a la deriva y surcado por conflictos internos, da manotazos de ahogado para intentar frenar a la inflación. Ante la presión de los gobernadores radicales y de algunos funcionarios, anuncia para la semana que viene un plan de “precios cuidados” y líneas de crédito para jubilados y AUH al estilo del chori-financiero que le dio tan buenos resultados en las elecciones de medio término de 2017. Hace un par de días, sin embargo, un Macri arropado con el aura profética del “sí se puede” instaba a un número selecto de poderosos empresarios a “no escuchar más cosas que tengan que ver con el populismo y la demagogia” pues “la culpa” —de más de 70 años de decadencia argentina— la tienen los controles de precios, los atrasos de tarifas y los cepos” (lpo.com 9 4 2019.) Muy pocos días antes, cantaba a los cuatro vientos que si ganaba las elecciones no sólo haría la misma política, sino que la haría más rápidamente (iprofesional.com 27 3 2019).

Así, las idas y vueltas del gobierno dejan trascender su pánico ante una situación económica que se descontrola. Dudas de todo tipo corroen a los mercados. El dólar fluctúa en torno a los $44, contenido momentáneamente por la llegada del último desembolso del préstamo del FMI y una incipiente liquidación de las divisas de los exportadores. Sin embargo el riesgo país ha superado los 800 puntos, blanqueando la inquietud del mundo financiero internacional ante la precariedad del endeudamiento argentino y la volatilidad de la gestión política, tanto presente como futura. Al mismo tiempo, Christine Lagarde no ha dudado en advertir severamente a los candidatos de la oposición que sería una tontería no respetar los acuerdos y “darle la espalda al esfuerzo que se está haciendo” (bae.com 11 4 2019). En este contexto, los mas altos funcionarios del gobierno reunidos en Washington DC con representantes de las altas finanzas constatan la imposibilidad de conseguir nuevas fuentes de financiación y la resistencia del FMI a autorizar mayores desembolsos del préstamo para controlar una futura corrida cambiaria.

Las dudas sobre el futuro argentino son detonadas por un hecho por demás significativo: la brutal restricción monetaria y las tasas de interés mas altas del mundo no han logrado contener una inflación que, en su desmadre, impulsa a las inversiones en pesos hacia los brazos del mítico dólar. El baile local entre las altísimas tasas de interés y el dólar se hace hoy al ritmo que marcan los que mueven la batuta en el mundo de los precios. Estos son, paradójicamente, aquellos empresarios a los que Macri instaba hace dos días a no claudicar en su apoyo a la política actual. Mientras uno de ellos, el titular de la Unión Industrial Argentina, le aclaraba que no existen “tantas disidencias en la cuestión de fondo… el problema es cómo se arregla esto” (bae.com 9 4 2019), otro empresario, representando a la industria alimenticia (COPAL), advertía proféticamente que la solución pasa por un acuerdo de precios siguiendo “la lógica del mercado,” un mercado controlado monopólicamente por un puñado de empresas que pujan por compensar con constantes aumentos de precios (50%) a la devaluación (100%) ocurrida el año pasado (ámbito.com 22 3 2019). Asimismo, recuerda acertadamente que un acuerdo de precios es mejor que un control de precios, pues este último desemboca inevitablemente en el desabastecimiento y el descontrol total de la economía.

Estas advertencias no fueron dadas en el vacío: hoy la falta de alimentos básicos empieza a generalizarse. Tampoco cayeron en saco roto: los funcionarios del gobierno pelean con un puñado de grandes corporaciones a fin de concretar los acuerdos que se anunciaran la semana que viene. Los mismos incluyen el supuesto control de precios de algunos alimentos por un período de seis meses.

Así, los escrúpulos de Macri ante el control de precios han quedado sepultados por el avance de una embestida de aumentos que, como en otras épocas de nuestra historia, es impulsada por los sectores empresarios que controlan monopólicamente sectores de importancia estratégica para el conjunto de la economía. El método utilizado es el mismo de siempre: desabastecimiento y acumulación de stocks. Esta ha sido la respuesta de la patria contratista ante una posible pérdida de control sobre sus mercados o sobre los subsidios y beneficios que con el tiempo han sustituido a la inversión productiva.

Hoy este sector lucha por sobrevivir los aprietes de un FMI que ha ajustado su puntería. En el pasado, los planes del Fondo chocaron contra el poder de estas fracciones empresarias, que con inflación desmadrada y corridas cambiarias lograron romper dos intentos de domar la lucha interempresaria dolarizando la economía: la tablita de Martínez de Hoz y la convertibilidad de Cavallo (MPR La economía política Argentina, Fondo de Cultura, 2007). Habiendo apoyado a este gobierno desde un inicio, estos sectores del empresariado están hoy inmersos en una batalla que, al decir de un funcionario del gobierno, “se va a definir con victoria o derrota”. Hoy no hay tregua posible, solo se va a llegar “al limite de lo que nos permite el Acuerdo del FMI” (clarín.com 11 4 2019). Un FMI que opera en circunstancias muy distintas a las de antaño.

Esta vez la patria contratista ha sido sacudida por el tornado de los gloriosos cuadernos de la corrupción empresaria. Un fiscal y un juez federal han desatado una opereta cuyo objetivo ultimo ha sido bloquear la reelección de CFK en octubre de este año. Alentados por los vientos de la desgracia que soplan desde el norte, se afanan por encontrar la corrupción K y sus conexiones empresarias y han provocado un zafarrancho cuyas consecuencias a nivel institucional son cada vez más dramáticas. La investigación de un juez —Alejo Ramos Padilla— ha abierto una ventana al infierno de la red mafiosa que, enquistada en las instituciones del país desde tiempo atrás, arma causas judiciales para destruir a la oposición, reproduciendo al mismo tiempo corrupción, extorsiones y acumulación de poder económico y político. No está claro, sin embargo, cuáles serán las consecuencias sobre los empresarios encuadernados, sus empresas y sus fortunas personales

Por otra parte, el ajuste de hoy día se diferencia de otros intentos anteriores de “estabilizar” a la economía. Hoy las medidas que se toman tienen una intensidad, profundidad y celeridad mayores que las de antaño. Esto es consecuencia de una coyuntura internacional marcada por la inminencia de una crisis económica de magnitud inédita y por la creciente militarización de la política financiera norteamericana, con el propósito de redefinir a los principales conflictos mundiales en términos de la hegemonía de los intereses económicos y políticos de los Estados Unidos.

Hoy los objetivos del FMI son múltiples. No sólo busca condicionar al próximo gobierno, cualquiera sea su signo político, creando las condiciones que reproducen un endeudamiento permanente y asegurando así una permanente succión del excedente, los ingresos y la riqueza del país por parte del capital financiero internacional. Busca también maximizar la presencia del capital extranjero en la estructura productiva del país y en las áreas de recursos no renovables. Esto implica, entre otras cosas, desarmar el tinglado de la patria contratista y desarticular todas las prebendas y subsidios que les otorga el Estado. En Vaca Muerta podemos encontrar un pequeño ejemplo de lo que se busca. Como hemos visto en notas pasadas, hoy existe un enfrentamiento entre el gobierno y el grupo Techint por la apropiación de los subsidios estatales para la producción de gas no convencional. El FMI ha impuesto restricciones a su otorgamiento y busca sustituir los subsidios con más privatización y desregulación de la actividad privada. En los últimos tiempos el gobierno ha dado impulso a la conexión directa entre las empresas petroleras con inversiones en Vaca Muerta y las grandes corporaciones en Houston, Texas. Para ello se han impulsado vuelos directos y mensuales desde el aeropuerto de Neuquén, supuestamente fiscalizados por el gobierno provincial. Así, en lugar de subsidios estatales tenemos potenciamiento de lazos entre corporaciones petroleras en ambos países en un ámbito que asegura poca fiscalización del gobierno nacional.

En este contexto, las próximas elecciones plantean alternativas que van más allá de un mero cambio de gobierno. La pelea por imponer el ajuste a poderosas fracciones empresarias de capital local que lo resisten, resignifica el problema del desarrollo nacional y la necesidad de gestar un acuerdo entre todos los sectores opuestos. No solo muestra la importancia de tener en claro cuál es la alternativa para salir del callejón sin salida en el que estamos. También indica la necesidad de definir cómo se articula el frente opositor, y qué función cumple cada actor social en la salida de la crisis. En este sentido, las alternativas de la coyuntura internacional pueden arrojar luz sobre los realineamientos posibles entre diversos sectores sociales con intereses contrapuestos.

 

Endeudamiento global y desigualdad social

Hoy la coyuntura económica internacional se agita al compás de los conflictos que sacuden a la economía norteamericana, el centro de un capitalismo global monopólico que ha integrado la producción y las finanzas mundiales a niveles imposibles de imaginar hasta hace muy poco tiempo. Esta forma de acumulación del capital ha engendrado una crisis sistémica, que en lo económico se traduce en una brecha creciente entre el crecimiento económico global y el avance del endeudamiento. Esta tendencia llevó a la crisis financiera de 2008 y desde ese entonces persiste sin aparente solución, amenazando la estabilidad económica del conjunto del planeta.

Hacia 2008 el PIB global era cercano a los 58 billones de dólares (trillions) y la deuda total ascendía a los 100 billones de dólares (trillions). La crisis financiera produjo corridas bancarias a nivel mundial. El peligro principal residía en la posible implosión de los grandes bancos americanos y europeos fuertemente endeudados con activos tóxicos, es decir irrecuperables. Para superar la crisis, la Reserva Federal y la banca central de los principales países del mundo implementaron una política de facilitación monetaria con tasas de interés cercanas a cero. Esta política inundó el mundo de dólares baratos y permitió salvar a los grandes bancos, pero a costa de incrementar los problemas que originaron la crisis financiera. Diez años después la deuda global había crecido a 250 billones de dólares (trillions) mientras el PBI global había ascendido a 80 billones de dólares (trillions).

Esta tendencia se replica en el mundo entero. En los Estados Unidos ha sido acompañada por un aumento de la desigualdad social. En las últimas tres décadas el 1% de la población con mayores ingresos aumento su participación de un 34% a un 40% en el total de la riqueza. En el mismo periodo, el 90% de la población con menores ingresos disminuyó su participación en el total de la riqueza de un 33% a un 21%. La producción manufacturera tuvo un crecimiento muy débil, debido a la expansión hacia afuera de las corporaciones multinacionales en cadenas de valor global. La economía funcionó espoleada por el aumento del consumo, un consumo sostenido por un crecimiento de la deuda privada y pública y por importaciones crecientes de bienes producidos afuera del país. El rol del dólar como moneda de reserva internacional basado en las transacciones de petróleo en dólares, permitió financiar al infinito el déficit norteamericano y acumular una deuda que hoy día es totalmente insostenible. Asimismo, la creciente desigualdad social engendró una situación política cada vez más turbulenta y la emergencia de tendencias populistas en los dos partidos tradicionales: demócrata y republicano. Hoy Estados Unidos está recorrido por profundos conflictos que han alterado dramáticamente a su escenario político y tienen enorme impacto sobre el desarrollo de los conflictos globales.

 

Crisis de liquidez, economías emergentes y rol del dólar

Otra consecuencia de la política de facilitación monetaria de la Reserva Federal aplicada desde 2008 ha sido una creciente brecha entre el total del endeudamiento en dólares y la cantidad de dólares que circulan. Esta consecuente crisis de liquidez global amenaza con desencadenar una implosión del sistema financiero en caso de una corrida bancaria en algún punto del planeta. Esto puede provocar rápidamente cimbronazos en otros países. En este sentido, la deuda en dólares de las economías emergentes, entre las cuales se incluye la nuestra, ya no es un problema aislado: juega un rol cada vez mas importante en la estabilidad del sistema financiero internacional. En 2019 vence un récord de 2,1 billones de dólares (trillions) de deuda externa de las economías emergentes (IIF.com 15 01 2019). Esto implica que nuestro país enfrentará serias dificultades para la obtención de financiamiento externo de los vencimientos de su enorme deuda externa. Esto también explica la preocupación creciente de los países centrales y de los organismos internacionales ante la posibilidad de que la desestabilización financiera de una de las economías emergentes —corridas especulativas sobre sus monedas, defaults, etc.— pueda contagiarse a otras. Si esto ocurre no hay capacidad financiera para enfrentar la crisis que tendrá serias consecuencias para el sistema financiero internacional (Bank of International Settlements, zerohedge.com 18 3 2019).

La posibilidad de que esto último ocurra depende de una serie de factores, entre los que interesa destacar rápidamente el efecto no deseado de la militarización de las finanzas norteamericanas. En los últimos tiempos los Estados Unidos han usado con mayor intensidad sanciones económicas de distinto tipo contra países (y corporaciones), sean estos aliados o enemigos, que se resisten a usar el dólar como medio de financiamiento de las exportaciones de petróleo o a usar al sistema Swift para las transacciones financieras vinculadas al petróleo (Rusia, China, Irán, India, Francia, Alemania). Esto ha provocado serios problemas en los países sancionados (ataques especulativos a sus monedas, salidas masivas de capitales) e incentivado la búsqueda de protección utilizando monedas y sistemas de financiamiento alternativos al dólar. En esta búsqueda están embarcados distintos países, siendo China el que más ha avanzado al poner en acción el año pasado al petro yuan respaldado en oro. El interés de Arabia Saudita por este nuevo sistema de financiación puede potenciar las amenazas a la hegemonía del dólar como moneda internacional de reserva ( zerohedge.com 7 4 2019). Si se afirma el rol del petro yuan, esto provocará un cimbronazo de enorme magnitud en la fortaleza del dólar y en la capacidad de Estados Unidos para enfrentar sus probl:emas de endeudamiento y creciente déficit fiscal.

Por otra parte, la inestabilidad del sistema financiero internacional es también potenciada por la estrategia de dominio norteamericano sobre el flujo y el precio del petróleo mundial. Esto desnuda otro aspecto de la crisis sistémica de esta fase de expansión global monopólica, basada en el uso intensivo y extensivo de recursos energéticos no renovables que han entrado en su fase de extinción. Este problema ha contribuido a dar enorme importancia geopolítica a las reservas mundiales de petróleo y gas convencional y no convencional entre las cuales los yacimientos de Vaca Muerta ocupan un lugar muy destacado.

fuente:https://www.elcohetealaluna.com/inflacion-patria-contratista-y-geopolitica/

¿A QUIÉN LE HABLA LAGARDE?

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Qué rápido pasa el tiempo. En poco más de un año, las recomendaciones teóricas que los técnicos del Fondo Monetario Internacional incluyeron en diciembre de 2017 en su informe no vinculante sobre la economía argentina se transformaron en junio de 2018 en compromisos explícitos que el gobierno de Mauricio Macri debió asumir para que el Fondo le prestara 50.000 millones de dólares, devinieron en septiembre exigencias inflexibles que el directorio del organismo le impuso a cambio de ampliar el monto de ese préstamo y acelerar sus desembolsos, y mutaron, ahora, en amenazas irreverentes que  su directora gerente Christine Lagarde profirió el jueves pasado contra quien amague desobedecerlas.

¿Es sólo a los eventuales candidatos de la oposición que se dirigió Lagarde cuando advirtió, en su conferencia de prensa del jueves 11 a la mañana, que “sería una estupidez de parte de cualquier candidato darle la espalda a todo el trabajo que se está haciendo”?  La oportunidad, por no decir la hora exacta, en que pronunció esas palabras sugiere que también deberían darse por aludidos los cinco gobernadores de Cambiemos que esa tarde se reunieron con el jefe de gabinete Marcos Peña para acercarle sus ideas sobre cómo bajar la inflación y reactivar la economía. Por si el telegrama colacionado de Lagarde no bastaba para disuadir de propuestas temerarias a los radicales Gerardo Morales de Jujuy, Alfredo Cornejo de Mendoza y Gustado Valdés de Corrientes, y a sus rivales íntimos, la bonaerense María Eugenia Vidal y el porteño Horacio Rodríguez Larreta, Peña los recibió escoltado por ministros y funcionarios de las áreas de hacienda y energía. Especialistas en decir no que se ocuparon de desacreditar con argumentos “técnicos” cualquier medida que fuera más allá de un acuerdo de caballeros con los supermercados para ampliar y prolongar el programa de precios descuidados, que Macri quizás anuncie la semana próxima. A juzgar por la rapidez con que la liga de gobernadores depuso las armas, sus integrantes estaban más interesados en exhibir preocupación por la crisis que afecta a sus compatriotas que en contribuir a atenuarla a costa de irritar al prestamista. Como reconoció “alguien cercano” a uno de ellos citado en La Nación, “podemos tener buenas ideas, pero hay que ver su viabilidad”.

Un día después, el jefe de la misión argentina del Fondo, Roberto Cardarelli, y su jefe, el director del Departamento del Hemisferio Occidental Alejandro Werner, reunieron a los periodistas argentinos para reforzar el mandamiento de que el plan se mira y no se toca. “Si las reglas se cambian cada trimestre, los agentes económicos no saben cuáles van a ser las reglas monetarias y cambiarias que van a regir los próximos tres meses”.

Es curiosa la preocupación de Werner porque la modificación trimestral de las reglas monetarias y cambiarias es uno de los rasgos distintivos del programa económico que él ayudó a diseñar y sus subordinados gerencian. El stand-by original acordado con las autoridades argentinas en junio del año pasado prescribió la flotación libre del tipo de cambio, salvo en situaciones de volatilidad significativa y disfuncionalidad de mercado, y ratificó el régimen de metas de inflación. Su versión corregida en septiembre le prohibió al Banco Central usar reservas para contener el dólar mientras su cotización no perforara los extremos de una banda de precios, pero lo autorizó a vender U$S 150 millones diarios si su cotización superaba el tope superior, y reemplazó las metas de inflación con el congelamiento de la base monetaria hasta junio de este año. En diciembre los técnicos del Fondo y los funcionarios argentinos cruzaron los dedos y decidieron postergar nuevas correcciones porque vislumbraban “señales tempranas de que el rediseñado programa de reformas económicas, incluyendo el nuevo marco de política monetaria, está dando resultados”. La suerte y la confianza no les duraron más de tres meses. Hace dos semanas volvieron a cambiar las reglas pautadas para permitir que el gobierno venda U$S 60 millones por día, aunque el precio del dólar se mantenga dentro de la banda, y prorrogar hasta fin de año la prohibición de emitir moneda que debía concluir en junio.

El último de esos cambios formaliza la renuncia del gobierno a impulsar antes de las elecciones un repunte de la actividad económica de la mano de una recuperación, aunque sea módica, del poder de compra de los salarios. Si el Fondo prohíbe que la cantidad de pesos crezca en lo que resta del año, ¿cuánto más subirá el costo de financiación de las empresas cuando tengan que competir por los mismos pesos escasos que circulan hoy para pagar los aumentos de sueldos de veinticinco por ciento o más que se acuerden en las paritarias?

Entonces, ¿a quién le habla Lagarde? Yo diría que a todos nosotros. Afortunadamente, dentro de unos meses el calendario electoral nos cederá la palabra. Sería estúpido de nuestra parte no aprovechar la oportunidad para contestarle lo que pensamos de su programa económico intocable.

 

¿Dólar, calmo hasta las PASO?

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La baja de $1 en la cotización del dólar y la efectivización del cuarto aporte acordado por el FMI de u$s 10.800 millones, permitieron ver esta semana en el Congreso de la Nación a un nuevamente envalentonado Jefe de Gabinete de Ministros, alardeando sobre la capacidad del Gobierno para controlar las variables de la economía sin recurrir a regulación alguna.

Para la gobernante Alianza Cambiemos, que hasta ahora viene obteniendo muy flojos resultados en todas las provincias donde se eligen autoridades distritales, que el dólar esté quieto se ha convertido en una cuestión de supervivencia. Por ello, cualquier calma transitoria insufla una vitalidad verborrágica imprudente en Marcos Peña y también en el propio Presidente. Confundir dólar calmo con bienestar económico es un error frecuente en un Gobierno que ha fracasado en todos sus objetivos y al que le aterra que la volatilidad del tipo de cambio sincere abruptamente esta realidad.

Las autoridades económicas evalúan que cuentan con una oferta de divisas suficiente para contener cualquier desborde cambiario hasta julio, mes previo a las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Incluyen en esta cuenta una estimación de u$s 8.500 millones de liquidación de divisas de las exportaciones primarias y u$s 4.200 millones de las divisas remanentes ahorradas por el Tesoro Nacional en 2018, que el FMI les permite subastar a razón de u$s 60 millones diarios. Con una masa de u$s 12.700 millones para vender en el mercado durante los próximos 100 días, Dujovne y Sandleris le prometen a Macri estabilidad hasta las PASO.

Ahora bien, el optimismo cortoplacista que campea en algunas figuras relevantes del Gobierno exige ser compulsado con algunas preguntas: ¿Qué ocurre si los agentes económicos aceleran la demanda de divisas porque consideran que es la última oportunidad de convertir los excedentes acumulados en dólares, antes de la incertidumbre electoral? Más en concreto: ¿Cómo se sigue después de agosto? El otro tema crucial del esquema: ¿Cuál será el nivel de tasa de interés con un tipo de cambio flotando en torno a los $45? El Gobierno: ¿va a convalidar una renta financiera en dólares de 4% mensual desde ahora hasta agosto? La aglomeración de “demanda por cobertura” -como llaman eufemísticamente a la toma de ganancias en dólares- puede ser aún mayor a la prevista al acercase el primer veredicto de las urnas.

Estas preguntas desnudan que el verdadero objetivo del Gobierno es permitir una salida ordenada de los capitales, que en el presente se valorizan en el sistema financiero y luego deben concretar esas ganancias comprando los dólares provistos por el Banco Central a un precio que no lesione los beneficios acumulados. Necesita transitar el estrecho desfiladero que le permita cumplir lo acordado con el FMI, pero a la vez respetar los intereses de los banqueros y financistas. Las dificultades de este tránsito se expresan en un riesgo país que supera los 800 puntos.

Argentina se desliza progresivamente hacia una catástrofe superior a las ocurridas en 1989 y 2001

En la columna del domingo anterior planteamos el riesgo de repetir lo ocurrido en el bienio 2000/2001, durante el cual se perdieron dos tercios de las reservas internacionales del BCRA (u$s 20.000 millones) para sostener una paridad cambiaria u$s1=$1 inviable, que no impidió ninguna de las tragedias de la salida traumática de la Convertibilidad. Crisis institucional con muertos por una represión tan brutal como insensata, megadevaluación, default y quiebra bancaria.

Desde la interrupción del financiamiento internacional voluntario hace un año, la Argentina se desliza progresivamente hacia una catástrofe superior a las ocurridas en 1989 y 2001, diagnóstico compartido por economistas de las más diferentes extracciones. En el camino, se asiste impotente a la dilapidación de recursos que podrían evitar el desastre.

Así, a mediados del año pasado se advirtió sobre el remate de u$s 15.000 millones -equivalente al primer aporte del FMI– para pagar la fiesta financiera de las Letras del Banco Central (LeBac), permitiendo la realización en dólares de ganancias especulativas enormes. Ahora se aprestan a rifar casi u$s 13.000 millones para facilitar la conversión a divisas de la renta de las Letras de Liquidez (LeLiq), sin saber que va ocurrir después de agosto.

La Argentina sufrió una crisis muy grave en 1989, otra aún peor en 2001 y los pronósticos sobre el desenlace de la actual son ominosos. Las últimas preguntas de la columna son: ¿Cuántas crisis de magnitud resiste una Nación en el corto plazo de dos generaciones? Y ¿La responsabilidad de su dirigencia?

Capitalismo y reforma laboral

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El poder reaccionario ha cambiado violencia represiva por diálogo cuando no ha
tenido más remedio que dialogar porque no estaba seguro de la victoria mediante
la violencia. No es una propuesta de conducta. Es una constatación.
Manuel Vázquez Montalban

 

La propaganda del gobierno destinada a proponer la denominada reforma
laboral se funda en el slogan de que el derecho del trabajo es antiguo.
Algo de razón tiene, el derecho del trabajo es mayor que la mayoría
de nosotros. Sin embargo, la regulación jurídica de la apropiación de la
fuerza de trabajo es más antigua, casi se podría decir que es tan vieja
como la división social del trabajo. Esta regulación no va a desaparecer
mientras exista el régimen capitalista. No van a hacer desaparecer el derecho
del trabajo, pero sí pretenden hacer desaparecer las limitaciones
que sujetan al capital en la explotación de la fuerza de trabajo.
Para la concepción neoliberal, las reglas sociales dejan de ser tales para
ser simplemente trabas burocráticas para la realización de negocios concebidos
como el bien absoluto.
En particular, se señala falsamente que la ley 20.744 fue sancionada en
1976, pretendiendo ignorar que la ley fue sancionada por el Congreso
Nacional en 1974 y modificada por bando militar en 1976. Desde entonces
hasta el año 2007 se mantuvo la redacción impuesta por la dictadura
y sus cómplices civiles, lo que constituía una deuda para la democracia.
A partir de entonces, por iniciativa del Diputado Héctor Recalde, el texto
originario fue restaurado parcialmente artículo por artículo.
La ley de Contrato de Trabajo fue el fruto de un largo proceso de discusión
que culminó con su promulgación en 1974 por las autoridades constitucionales.
Lo que correspondió a 1976 fue la mutilación de la ley, justamente
porque es “… especialmente dura con los empleadores”, como señalan
los defensores de la reforma. La afinidad ideológica entre la exposición de
motivos del bando militar y los de la reforma saltan a la vista.
REVISTA ARGENTINA DE DERECHO SOCIAL P. 65
Las supuestas virtudes de la reforma como, por ejemplo, la licencia por
adopción, solo pueden validarse en el marco de una amnesia generalizada.
En 2012 los diputados Martín Sabbatella, Gastón Harispe, Carlos
Alberto Raimundi, Juan Carlos Junio, y Carlos Heller lo plantearon, pero
no consiguieron vencer la resistencia del actual oficialismo.

El derecho del trabajo no nace porque a una persona o a un grupo político
se le haya ocurrido que naciera. El derecho del trabajo fue consecuencia
de la propia actividad de los trabajadores, antes de que existiera
teorización alguna sobre ella. Los trabajadores adquieren conciencia de
las relaciones de dominación dentro de las relaciones de dominación, no
desde la teoría. Es la práctica la que hace nacer a la teoría.
La conciencia de clase de los dominados es el efecto de la reflexión sobre
los hábitos que constituyen la práctica cotidiana de un grupo social
subalterno. No requieren necesariamente que alguien los ilustre desde
afuera. Siempre en algún lugar los dominados encuentran la manera de
hacer hueco en un sistema de opresión. La reflexión sobre las prácticas
crea la teoría de la praxis. Y así queda demostrado que todo hombre es
un filósofo, o al menos tiene las condiciones para serlo.
Los dominantes, por el contrario, naturalizan las formas de dominación
que los hacen tales. De esta manera, una situación distinta no es posible,
y si es posible no es justa y si es justa no es conveniente. Pero esta naturalización
no es ignorancia, ellos saben perfectamente lo que no pueden,
no deben y no les conviene saber.
Los cambios de y en los sistemas de dominación fueron justamente el
efecto de la rebelión de los dominados frente a formas de dominación
que se hicieron insoportables. Desde el momento en que un problema es
planteado prácticamente, es porque la solución integra el universo de lo
posible. Ninguna sociedad se plantea un problema que no esté en condiciones
de resolver. Sin embargo, para los pueblos, hay una sola cosa que
es peor que la rebelión: la cosa que causa la rebelión. Por eso los pueblos
solo se rebelan cuando deben optar entre la libertad o lo peor.
Esa fue la causa del nacimiento del derecho del trabajo, del fin de la esclavitud,
de la extinción del feudalismo o del resurgir de las sociedades
democráticas. Todo estado de derecho reconoce su origen en insurrecciones
colectivas triunfantes de distinta intensidad. De allí que toda
forma de status quo necesite negar su origen en el poder constituyente
insurreccional originario.
No existe una teleología de la historia. La historia no está determinada
de antemano. Esto significa la expresión de que la anatomía del hombre
es la clave para entender la anatomía del simio y no a la inversa. Es desde
el capitalismo que podemos entender las estructuras de la producción
feudal que derivan en el mismo. Pero esto no significa que el capitalismo
fuera el destino inevitable del feudalismo. Es la contingencia la que,
al incidir sobre las estructuras, determina el modo en que estas han de
transformarse.
El determinismo histórico es el efecto del etnocentrismo que se apoderó
de las formas políticas de la segunda internacional. Ese etnocentrismo
europeo a la Juan B. Justo es el principal causante de los desencuentros
políticos en el seno del pueblo. La fuerza del determinismo histórico actúa
en los niveles más insospechados, como cuando se habla de períodos
de transición entre dos momentos históricos. ¡Cómo si existiera una
sociedad de Alta edad media como tal! De allí que los desviacionismos
hablen de programas de transición como si pudiera existir otra cosa que
programas de transición. En el fondo, esperan la transformación social
como los cristianos evangelistas esperan la segunda venida de Cristo, en
lugar de darse cuenta -permítaseme la metáfora- que el reino de Dios ya
REVISTA ARGENTINA DE DERECHO SOCIAL P. 66
se hace presente como disputa y como transformación desde el momento
mismo de la llegada del Mesías.
El capital es una forma de organización y disciplinamiento de la fuerza
de trabajo, una concepción que necesita desbrozar toda forma de presentación
de totalidades para apropiarlas en cantidades discretas y discernibles.
El capital necesita del reloj para desmenuzar la existencia humana
y hacerla apropiable. Lo que el trabajador pone en el mercado es
la fuerza de trabajo para obtener su subsistencia (en tanto distribución
y consumo), que es el objeto que ha de ser consumido en la producción
y disciplinado en el intercambio desigual que resulta de la apropiación
originaria de los objetos y de los medios de producción. Lo que pone el
trabajador en el contrato de trabajo es su vida como ser parlante, sexuado
y efímero.
El capital es una lógica de apropiación que no concibe otro límite que la
apropiación total de lo viviente (en tanto eterno y finito) para subsumirlo
como elemento de su propio movimiento. De allí que todas las otras
relaciones, todas las subjetividades, todo el tiempo de vida, incluyendo el
trabajo, el consumo y el descanso, deben ser subsumidas como momentos
del capital que se autovaloriza. Por esa razón es absurdo creer que el
capital pueda encontrar su límite en contradicciones internas, al estilo de
los “socialismos democráticos”.
La lógica del capital no se interrumpe por las contradicciones internas.
El límite es puesto necesariamente desde afuera. Sólo los pueblos hechos
poder son capaces de poner fin a su dictadura. Por eso la democracia es
antagónica del capital.
La democracia es antagónica al capital no sólo como límite externo sino
también como límite en su interior más profundo: la relación de trabajo.
Al interior del ámbito de la producción, el capital se revela como una
relación de subordinación y disciplinamiento. Es el lugar donde, como
decía Locke, el señor es un monarca absoluto aunque con un ámbito disminuido
y corto (esto último difícilmente sea aplicable a las dimensiones
actuales de los grupos capitalistas multinacionales). La democracia, por
el contrario, se manifiesta como el lugar donde el poder reside en todos
y no hay otro dominio que el de la voluntad común.
La democracia no se asienta sobre el principio de que el pueblo o la mayoría
nunca se equivoca, no es un sustituto del despotismo ilustrado por
ausencia de aquél que sabe. La democracia se asienta sobre la contingencia
de los saberes y en el aparecer del sujeto. Es de allí que se comprende
el concepto jurídico de libertad. No es que el pueblo no se equivoque, el
error es el destino necesario de toda proposición. No se elige la democracia
por la inexistencia del error sino por la imposibilidad de salir de él.
Lenin decía que los comunistas habían cometido todos los errores, y su
poder residía en la doctrina. Esto es que, en tanto exista voluntad de
democratizar el poder, la cultura y la riqueza, todos los errores no dejan
de construir el reino de la libertad por sobre el de la necesidad. Para las
ortodoxias, el éxito va a ser el resultado de las formas bendecidas por el
sínodo de dirigentes que excluyen el error.


La relación de trabajo es, entonces el punto de encuentro y de antagonismo
entre dos lógicas incompatibles, la del capital y la de la democracia
que no admite que la libertad cese en la puerta del establecimiento. Se
sabe a quienes beneficia y a quienes perjudica la reforma laboral propuesta.
Por eso, también se sabe que se puede esperar de ella en cualquiera
de sus formas de aparición.
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Artículo publicado en la Revista hamartia, sección actualidad.

Capitalismo y reforma laboral

​El zoo de nuestro jardín

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Casi a diario nos preguntamos ( sinónimo de: preocuparnos ) por qué parte del electorado argentino volvería a votar nuevamente a personajes de nuestro ( des ) gobierno nacional.
Un conjunto de teorías sociológicas, psicológicas, para mencionar sólo algunas, vienen abonando explicaciones a este fenómeno autodestructivo que tiene carácter global y en creciente afirmación.
En nuestro país, curiosamente para los que son ajenos al campo de la crítica literaria, las alertas las brindada Josefina Ludmer en su texto » Aquí América Latina». Sus apuntes sobre la sociedad de EEUU donde señala que todo remite, absolutamente todo, al dinero y al desconocimiento del otro en grado superlativo. Generando la actitud «no me importa nada» a nivel colectivo.
Este proceso social, hoy en expansión y con las especificidades de cada país, tiene su correlato explicativo en obras como la de la psicóloga Silvia Bleichmar » La construcción del sujeto ético. Parte 1 y 2.» Paidós. Marcando una cruel construcción de la subjetividad autoinmune, con ejemplos claros, sugerentes y brindando las nuevas condiciones que la obligan a reconceptualizar las herramientas de análisis de ayer.
Entonces nuevas realidades, nuevas subjetividades  que nos hablan de ganar en nuevas perspectivas.
Toda una tarea, la de ganar en perspectivas, de lenta  asunción por hechos todavía residuales.
Se ataca en esta línea de pensamiento al cúmulo de informaciones sin procesar, al faltante de reflexiones críticas por derivación de lo planteado con anterioridad y a la hegemonía del presentismo economicista que nubla las acciones a acometer.
Desde el ensayo literario podemos sugerir la lectura de «Ficciones del dinero» Argentina, 1890-2001, de Alejandra Laera.CFE. Un recorrido abrementes sobre los distintos contenidos que ha tenido la ficción dinero en nuestra historia nacional.
En el ámbito de la filosofía es esencial retener los conceptos de Deleuze sobre la transición de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control.
De raíz foucaultiana la exposición de Deleuze es un punto de partida para comprender la nueva actitud autodestructiva de los votantes que nos ocupa y preocupa.
https://www.youtube.com/watch?v=JMTyWw3wKUw ) Video de Gilles Deleuze.
Sin ánimos de ser exhaustivo quisiera cerrar estas líneas con la idea que se sintetiza en el título de este escrito. Un conjunto de fenómenos que se alimentan mutuamente y nos condicionan.
El jardín zoológico es un espacio externo que visitamos, nos seducimos y nos entristecemos a la vez por el cauterio de los animales.
El zoo de nuestro jardín remite a los fenómenos con nombres del reino animal que se interiorizan en nuestra mentes:
el fenómeno mariposa
el fenómeno manada
el fenómeno enjambre
En salvaje síntesis el primer fenómeno, el de mariposa, señala el movimiento diferencial y caótico que un simple aleteo puede provocar en un punto distante de su acción.
El fenómeno manada registra la seguridad automática que buscamos dentro de la presión grupal aceptando sus consideraciones las más de las veces acríticamente.
Finalmente el fenómeno enjambre, muy aplicados por Bifo, habla de un tiempo que fluye, fragmentado que muestra desplazamientos del pensar y el accionar humano con una velocidad inusitada y con una débil consistencia. Que se ejemplifica en un votar acrítico borrando los liderazgos habituales.
Un votante que no tiene dueño y se presenta imprevisible.
La creatividad crítica en el terreno político, el cancelar los proyectos arcaicos y la liberación de los nuevos futuros son un camino a emprender.

Los Petroyuanes, en la pelea por el protagonismo del nuevo ciclo de la economía mundial

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Veamos los  grandes ciclos  que caracterizan el desarrollo de la economía mundial capitalista:

Entre 1945 a 1970 aproximadamente, tuvo lugar un ciclo largo ascendente con estado de bienestar para el mundo, con un crecimiento relativamente alto. Pero con una característica: la economía de USA, que al principio de este ciclo era dominante, pasó a tener que competir con Alemania y Japón. Por ese motivo  este ciclo terminó con la crisis del dólar de esa época y la salida de la relación fija con el oro, que le daba estabilidad al sistema.

Se inició así un nuevo ciclo de gran competencia y aumento de la inversión extranjera. Período marcado por la tercera revolución industrial que fue la electrónica,  que modificó también -aunque parcialmente- las técnicas industriales, en la que se inició una lenta pérdida de capacidad competitiva de USA, a causa no  sólo del desarrollo de  Alemania (más la CEE y después la UE y su moneda común, el euro) y Japón, sino también por la disparada de la inversión desde USA hacia esas zonas y muy lentamente hacia los países en desarrollo.

Este ciclo determinó el atraso de la URSS, que se sintetizó en el retraso de la electrónica y que  culminó alrededor de los noventa con la desaparición  misma de la URSS. Lo descripto derivó en la consolidación de la política financiera y monetaria en el centro, como bien lo demuestra la aparición de la crisis bursátil de 1987 en USA y  las sucesivas  crisis acaecidas en los países emergentes con sus respectivas monedas, a saber: el tequila en 1994, la asiática en 1997, la del rublo y de Rusia en 1998, la de Brasil en 1999 y la de Turquía en 2000, seguida por la Argentina en 2001

Estas crisis predominantemente financiera frenó la posibilidad de crecimiento en el mundo. Asimismo se necesitaba expandir la producción, pero  todavía no habían madurado las condiciones para el uso de la electrónica en un nuevo sistema de producción (el automatismo), todo lo cual dio origen  un crecimiento más lento, y  a su vez  a una mayor disparada de la inversión hacia las finanzas,  que en definitiva  aumentaba un capital ficticio  que no tenía que ver con la producción y que inevitablemente se debía apoyar en políticas monetarias. Estas, necesariamente, bajaban los salarios, no sólo directa sino indirectamente.

Eso fue lo que precipitó la crisis de las punto com, disimulada con el ataque terrorista a las torres, pero que igual llevó a una crisis bursátil en 2002 en USA.

Ese ciclo, ahora determinado en mayor medida por el crecimiento financiero  que por el productivo, y  por supuesto con una  política monetarista conveniente  para afirmarlo, fue salvado por China, que se convirtió en atractivo de las inversiones productivas.

China lo usó para crecer como nadie lo había hecho antes y el capitalismo lo vio como una salvación, junto con los países emergentes, pero llevó a China a condiciones de competir paulatinamente con USA. Sin embargo este panorama se frenó en 2008 con la crisis financiera,  porque el crecimiento financiero descomunal lleva precisamente al aumento de la deuda soberana y la imposibilidad de pagarla. Las crisis en serie de la década de los noventa marcan la característica esencial de las nuevas crisis e inicia un nuevo ciclo,  de crecimiento casi nulo y con crisis periódicas, marcadas por la de Grecia en 2009 y por otra en ciernes…

Este ciclo de bajo crecimiento mundial que estamos viviendo y de pérdida de competitividad de USA frente a China se dirime en la 4ª Revolución Industrial, que es la incorporación de la electrónica y las comunicaciones a velocidad automática y máquinas robots que desalojan mano de obra de la producción directa.

Trump interrumpe de manera particular este proceso para recrear una globalización con proteccionismo en favor de USA, a través de una guerra económica destinada a impedir el programa China 2030, que es la conversión de China en el país más desarrollado.

China encara entonces un propio Plan Marshall  (la Ruta de la Seda) destinado al crecimiento general, dando prioridad  al área intermedia entre China y Europa, que involucra a Rusia, a la India y sobre todo el Medio Oriente, con el objetivo de atraer a ese modelo de crecimiento a Europa, incluida Alemania.

La guerra de Trump contra China, es también una guerra contra todo lo que puede apoyar su programa mundial de desarrollo, que es ante todo, atacar a Rusia por su poderío militar y encerrarla quitándole territorio, como sucedió con el Este y con las repúblicas ex soviéticas que se separaron.

Cabe mencionar que EEUU,  afirmado  en el petróleo shale,  establece una diferencia de precio entre el petróleo interno de su país con en el resto del mundo (el primero en baja y el segundo en alza), ya que la nueva revolución industrial va a depender en gran parte del costo de la energía.

Como China se encaminaba a sostener su dependencia alimentaria con el Mercosur, el programa de Trump es también desmantelar este mercado común latinoamericano, atrayendo a Brasil para convertirlo en un proveedor de industria como México y limitar el desarrollo argentino a través de la desindustrialización (encarada por Macri) y sólo atraer su petróleo shale con inversiones directas de USA en Vaca Muerta.

Esto es lo que va a acompañar Macri si sale electo, junto con la profundización del plan monetarista, que es la otra parte de lo que estoy explicando en mis notas en Grupo La Capitana.com , pero que no se termina de entender si no se ven las dos partes (la local y su relación con la internacional), que es lo que no se tiene en cuenta más que de una manera muy general.

La particularidad de esta nueva situación es que implica una agravante a la situación del medio ambiente y cambio climático, que sólo se podría atenuar si esos dos países  ( EEUU y China) llegaran a un acuerdo energético. La mayor contaminación y perjuicio se debe a que el petróleo shale es más contaminante que el otro y que también implicaría  un uso mayor del petróleo tradicional a través de la OPEP, Irán y Rusia por parte de China.

La respuesta de China, que en definitiva se expresa en los contratos de petróleo en petroyuanes, se asocia a otra cosa que se está preparando:  el intento de crear una moneda atada al metal oro y apoyada en el petróleo (en eso va la pelea con Venezuela). Esto se sustenta en que el desarrollo financiero (que baja el crecimiento y que potencia las crisis) se basa en la liquidación de la paridad fija con el oro, dictada por Nixon. Esto fue lo que potenció la  sube y baja de las divisas, la especulación cambiaria y a partir de allí la especulación financiera, la deuda creciente y la continuidad de las crisis. Todo esto pone a América Latina en un frente de lucha China-USA que hay que tener en cuenta muy cuidadosamente.