Hemos hecho mención en escritos anteriores de los cinco problemas básicos por los que los humanos podemos matar o morir. Comer, la economía. No ser comidos por un predador, la seguridad. La pulsión sexual, que garantiza nuestra continuidad como especie. La pertenencia, derivada de nuestra inexcusable condición gregaria. Y la que resulta menos natural de todas, no en su naturaleza sino en su tergiversación, el poder.
Hemos dicho también que la contradicción primordial que vivimos los seres humanos está entre el deseo y el miedo ¿puedo o no puedo? De aquí tenemos que ir al verdadero sentido de la palabra “poder”. ¿Es la posibilidad, la potencialidad de ‘hacer’ algo? ¿O es poseer, no un talento, sino un objeto u objetos?
Cuando nuestros ancestros homínidos comenzaron a utilizar herramientas, seguramente no todos tuvieron la misma habilidad para poder desarrollarlas, aunque a medida que las fueron elaborando y perfeccionando las incorporaron como necesarias para su vida cotidiana. Es totalmente probable que haya habido quienes intentaron y lograron apropiarse de lo desarrollado por otros. También es posible que haya surgido algún nivel de especialización en el trabajo a partir de los talentos que cada integrante de la comunidad demostraba. Seguramente habría cazadores más hábiles que otros, pero no necesariamente tendrían la mayor habilidad para trabajar la piedra y obtener un hacha o un cuchillo para procesar el producto de la caza, también es probable que otros tuvieran más habilidad para elaborar vestimentas a partir del cuero de los animales cazados y, en algún momento, algunos habrán desarrollado la habilidad para tejer fibras vegetales y de moldear el barro para hacer cacharros que contuvieran líquidos o sólidos. Seguramente, en el periodo de cazadores recolectores, algún grupo atacó a otro u otros para apropiarse de sus utensilios y armas; pero no más de lo que pudieran transportar por su condición de nómadas. Lo que es seguro es que a partir del descubrimiento de la agricultura y la posibilidad de establecer comunidades sedentarias alrededor de su fuente de alimentos, la elaboración de objetos excedió las necesidades del uso cotidiano y permitió la acumulación de ellos. Esto probablemente generó el concepto no solo de propiedad sobre tal o cual objeto, sino también el concepto de riqueza que implica la posesión abundante de algo que permite la seguridad de un uso futuro, entendiendo que lo abundante es lo que excede la cobertura de una necesidad inmediata. ¿Habrá sido el momento hipotético en que los humanos asimilaron el concepto de ‘poder’ como ‘tener’ por encima del concepto de poder como la capacidad de ‘hacer’ algo? Tal vez sea así, o por lo menos sea este uno de los caminos por los que la acumulación de bienes se asimiló a una de las facetas del poder.
Cuando Hegel plantea su dialéctica del amo y del esclavo, afirma que dos individuos luchan y el que más teme a la muerte, cede, convirtíéndose en el esclavo, y el que no temió, o temió menos, será no solo el vencedor sino el amo a partir de ese momento. Podría concluirse que a partir de entonces el vencedor ha tomado el poder, el dominio, y logrará que el vencido, de ahora en más el esclavo, su bien de uso, cumpla sus designios. Lo que no se dice es que el vencedor junto con el poder sobre la voluntad del otro, también adquirió el miedo, ya que el dominado siempre será visto como el potencial enemigo, como el que cuestionará desde el silencio o desde la protesta, desde la luz o desde la sombra, la condición del amo. El amo se constituirá entonces a sí mismo como sujeto único, entendiendo que la interacción se produce entre sujetos, y el esclavo será considerado por el amo como objeto, alguien a ser usado, sin voz ni voluntad propia.
El poder del amo se patentiza en la disponibilidad de la palabra, la propiedad del relato, el discurso único, la propiedad de la historia; y cuando el dominado pretenda tener voz para constituirse en sujeto será convenientemente reprimido, avanzando sobre la vida de esos objetos si el sujeto único, “el poder”, lo considera necesario.
A lo largo de los siglos, la lucha abierta o soterrada entre dominantes y dominados, entre el poder y los sojuzgados, ha sido una constante que ha operado mayores o menores modificaciones en la historia. Es dable considerar que esto no ha sido solo como consecuencia de este conflicto permanente, sino también como consecuencia de las modificaciones de los modos de producción de bienes y servicios que le convenían a los dominantes, la economía.
También los conflictos generados entre distintos grupos de poderosos que codiciaban los bienes de otros poderosos produjeron y siguen produciendo guerras.
Las modificaciones tecnológicas provocadas por las guerras y la competencia de los que detentan el poder, han hecho que los dominantes modifiquen las matrices productivas motivados por el objetivo de mejorar su situación con respecto a otros grupos competidores en modelos de riqueza y acumulación.
En ningún caso los cambios pergeñados por los poderosos han sido en favor de los pueblos sino por sus propios intereses, aunque en algunos casos la población general haya obtenido algún beneficio de estos cambios. Verbigracia, el paso de la esclavitud al proletariado al pasar de un modo de producción agrícola intensivo a un modo de producción industrial.
Será necesario pensar: ¿Hacia dónde se encamina la humanidad? ¿Hacia un mejoramiento de las condiciones de vida que posibiliten la felicidad de los humanos, o a continuar en una loca carrera de acumulación que aumenta las desigualdades y concentra el poder en pocos, que no solo provoca guerras, sino que agota las posibilidades del planeta y puede llevarnos progresivamente a la extinción?
Aunque pueda parecer absurdo, pareciera que el problema es filosófico. Las personas, en general, a partir de la pubertad y durante nuestra adolescencia, posiblemente vinculado a la explosión hormonal que despliega posibilidades emocionales e intelectuales que no teníamos de niños, comenzamos a tener interrogantes ontológicos. Queremos saber de donde venimos, no solo ancestralmente, sino que buscamos una respuesta a una incertidumbre de la que comenzamos a ser conscientes y algunos le han llamado angustia existencial. Aparece aquí en nuestro supuesto auxilio la impronta cultural que nos acompaña familiar y socialmente, la religión o la ideología. Ambas nos dan un plato predigerido, un cúmulo de respuestas que frecuentemente no son verificables,y que pretenden darnos respuestas ontológicas y escatológicas, entendiendo que la escatología es la búsqueda de los fines o el sentido espiritual de la existencia. Tal vez el problema es que mientras estamos ocupados en la búsqueda del por qué, a través de estructuras que también están intervenidas por ese poder, que las ha puesto a su servicio a lo largo de la historia que conocemos, el poder sigue su proyecto que no es otra cosa que el poder mismo. Si pensáramos que siempre hay un porqué, un cómo y un para qué. En el poder el por qué es el miedo a perder su condición de dominante, el cómo es el ejercicio de ese poder de dominio por todos los medios, esto es sin límites éticos ni morales, aunque la moral, una estructura abstracta, típicamente vertical y autoritaria sea un invento del poder por lo que se da la prerrogativa de violarla cuantas veces quiere, y … no hay para qué. El poder vive en el como, no piensa en las consecuencias de su conducta, por eso no tiene problemas
en agotar recursos no renovables, no respeta la vida humana, por eso no tiene límites para perpetrar genocidios, no respeta la vida animal, disfruta con la muerte y no le importa extinguir especies.
Mientras nosotros, los que por nuestra sensibilidad somos capaces de mirar a nuestros semejantes y conmovernos por quienes están a nuestro lado y por los que están peor que nosotros, usamos el grueso de nuestra energía en sobrevivir y emparchar el mundo y, solo un poquito de ella en cuestionar al poder.
Posiblemente el camino esté en que el poder resida en la comunidad y no en élites minoritarias que atrás del temor a perder el poder que tienen, incrementan la acumulación de riquezas en detrimento de las mayorías y desarrollan cada vez más fuerzas represivas que garanticen su dominio.
Desde hace años, gran parte del mundo ha desarrollado sistemas de gobierno basados en la democracia representativa. Lo llamativo es que no se observa demasiada diferencia con los países que aún continúan rigiéndose por los monstruosos y perversos sistemas monárquicos en que los reyes pretendían que su poder provenía de dios, tal era el discurso de los violadores del mundo, de la escoria ética de las sociedades.
La realidad nos demuestra que las democracias tienen poco de democráticas, ya que son las élites dueñas del poder económico quienes digitan la información y los procesos electorales. Lo hacen a través de medios de comunicación concentrados que manipulan información y consciencias y solo reflejan los intereses de los poderosos, y de sistemas judiciales corruptos que solo representan los mismos intereses. Con el agravante en nuestro país de tener una justicia con estructura monárquica que el pueblo no elige y se constituye en vitalicia, que se autoatribuye privilegios como no pagar impuestos y ni siquiera respeta la constitución. Que se caracteriza por un escandaloso nepotismo, llenando los tribunales de familiares, construyendo verdaderas bandas mafiosas.
Sigo pensando que la democracia es el único medio de repartir espacios de poder entre la comunidad, de depositar el poder en ella; el tema es ¿cómo ejercerla, cómo lograrla? Las nuestras son democracias en las que teóricamente todos tenemos voto, pero lo seguro es que no todos tenemos voz. En su planteo original en la polis griega, todos los integrantes tenían voz y voto. En las asambleas de fábrica, todos los integrantes tienen voz y voto. Es posible que este proceso sea calificado de lento, pero es innegable que en la actualidad los procesos solo son rápidos para los dueños del poder económico, ningún pobre conoce respuestas rápidas como no sean las de la represión. En toda estructura de base se ejerce la democracia directa, posiblemente este sea el camino.
¿Qué pasa con el poder? ¿Cuáles son sus porqué y para qué?
Informe económico mensual
La dura inflación, hace estragos. Saludos Jorge
La inflación, la temperatura, la falta de dólares, la falta de granos, no dan respiros.
Dura tarea le toca al Ministro Massa para cumplir con el 60 % de aumento de la inflación en el 2023, los meses del año deberán presentar un promedio del 3.6 % mensual. En este particular caso se agotan las discusiones sobre posible y probable, por las dudas ponemos en juego las dos.
El gobierno con optimismo espera que los alimentos tomen aire y descansen. Ciclo Massa en plena marcha, los resultados de la gestión sufren tropiezos y contratiempos. Los resultados significativos aparecerán en los próximos meses, digamos abril según las autoridades si se cumplen sus conjeturas.
La inflación de FEBRERO aumentó respecto de ENERO. Los doce meses del 2022 son definitivamente para el olvido. El 2023 nace y se espera en el IPC una larga etapa de encuentros y desencuentros.
La marca del acumulado se destaca claramente de los últimos tiempos, con un año electoral corriendo será un terreno complicado, enredado y lleno de piedras. Repetimos, la inflación ofrece un primer resultado palpable, con cada peso se adquieren menos bienes y servicios, los precios se distorsionan y se acentúa la incertidumbre.
Alimentos pone una nota superior al mes anterior, se eleva fuerte FEBRERO, valores con pocas diferencias entre los Institutos, pero San Luis sobresale. Los siguientes meses renovarán novedades y suponemos que impactaran algunas de las medidas propuestas o “todo lo contrario”.
El dólar CCL en FEBRERO se mantiene respecto a lo que venía mostrando, el promedio resulta superior al mes anterior, alcanzó los $ 367.8 con un aumento del 4.3 %. El dólar oficial mayorista promedió en FEBRERO los $ 191.9 con un aumentó en el mes del 5.3 %. El Riesgo País muy elevado, promedió FEBRERO en 1.976 puntos. Todos son valores complicados.
En un encuentro con el Cacique Lloriqueo se desarrolla la siguiente conversación donde Inodoro demuestra el valor que tiene.
Cacique: “Inodoro Toro, le traemos nuestra comida sagrada”. “Sapo reyeno con hormigas coloradas, pisoteadas con nuestros mesmos pieses”
Inodoro: “Ahhhy….que macana….El dotor me prohibió la hormiga colorada”
Cacique: “No nos va dispreciar”. “Se puede acompañar con algún amigo. La porción es grande”.
Inodoro: “Dura la vida del héroe gauchesco, Mendieta. ¡Hay que tragarse cada sapo!”
Mendieta: “Que lo parió”.
El duelo como herramienta de lucha. Su imposibilidad transformada en bandera
A lo largo de la historia ha habido numerosas y frecuentes desapariciones de personas. Los registros de la existencia de las personas estuvieron en principio librados a la tradición oral como consecuencia del conocimiento personal. Los registros históricos a partir de su existencia se han referido a las clases dominantes, que se han considerado a sí mismas las protagonistas de la historia. La historia entonces ha registrado en general lo épico y no la vida de la gente común, estos registros de las personas de a pie y de la vida cotidiana han ido apareciendo más de la mano de la arqueología que de la historia.
Así cuando las bandas dirigidas por los señores de la guerra arrasaban campos o poblaciones, los muertos ignotos o los ignotos esclavizados quedaban perdidos no solo en la noche sino también en el día de los tiempos. Quizá la diferencia entre un desconocido y un desaparecido era solo trascendente para él mismo y para sus afectos cercanos, a tal punto la violencia de las clases dominantes ha hecho efímera la vida y la libertad de las personas.
Todo esto que debería parecer superado en su naturalización histórica en los siglos XX y lo que va del XXI, sigue siendo lastimosamente actual en algunas regiones del mundo como África, algunas zonas de Asia y entre los pueblos originarios de América (preguntar a Bolsonaro). ¿Quién registró el nombre de los nueve millones de africanos esclavizados y asesinados por Bélgica para generar su riqueza en diamantes? (Amberes sigue siendo la capital del comercio de diamantes en el mundo) ¿O el millón y medio de árabes del norte de África asesinados por los franceses cuyas clases dominantes olvidaron su liberté, égalité y fraternité? ¿Donde se registró el nombre del millón y medio de muertos y de varios millones de desplazados por las guerras étnicas entre Hutus y Tutsis en Ruanda y de las que salieron favorecidas, como siempre, las corporaciones multinacionales?
Obviamente hay mucho más para contar, pero el propósito de este texto no solo es ese sino analizar que ocurre con las personas y en la sociedad a partir de la desaparición forzada de sus integrantes, de sus hijos.
En toda célula social, sea esta la familia u otra instancia más numerosa; escuela, ámbito laboral, sindicato, club, etc, cada uno de sus integrantes ocupa un espacio funcional y afectivo que resulta de la interacción entre los integrantes de ese conjunto. Si por algún motivo ese integrante deja de estar, siempre dejará un lugar vacío en el espacio que ocupaba. La posibilidad de cerrar adecuadamente ese vacío funcional y afectivo estará condicionada a la existencia de una explicación lógica que nos diga que esa persona se retiró, se jubiló, falleció, y según el caso que sea, esto nos permitirá iniciar un proceso para aceptar esa pérdida, lo que normalmente llamamos duelo, que tendrá la impronta del tipo de pérdida acontecida.
A partir de que la humanidad pudo ser testigo de la muerte de sus semejantes con el sedentarismo, aunque este fuese transitorio, generó una cantidad de acciones que le permitieron procesar esas pérdidas de seres queridos (se han encontrado enterramientos en cuevas que aparentemente no eran ocupadas de manera permanente), de integrantes de la comunidad que por el fenómeno de pertenencia, ese vínculo maravilloso que nos permite sobrevivir, eran parte de ese cuerpo social. Estas acciones fueron y son lo que denominamos ritos. Son estos ritos los que permiten iniciar el proceso del duelo, proceso que en mayor o menor medida, permitirá recuperar el funcionamiento social habitual e irá cerrando el hueco afectivo que dejó la pérdida del integrante.
La dictadura cívico militar argentina nos dejó muchas cosas, nos dejó un país endeudado y atado a los organismos de crédito internacionales, miles de fábricas cerradas que conllevaron a una desindustrialización terrible, pensemos que pasamos de 1.600.000 trabajadores industriales
registrados en 1975 a 900.000 siete años después, habiendo pasado de 18 a 23 millones de habitantes aproximadamente, un notable retroceso en ciencia y tecnología, habitual en todas las dictaduras militares vernáculas, una moneda devaluada, una deuda externa que creció en siete años de 5.000 millones de dólares a 45.000, pero fundamentalmente nos dejó 30.000 desaparecidos. Las fuerzas armadas reconocieron en documentos enviados a sus amos de la casa blanca haber matado a 22000.
Ya teníamos el antecedente de que estos golpes de estado venían a destruir el patrimonio nacional y a extranjerizar el país, pero el emergente de este saldo atroz tuvo que ver con lo nuevo que hicieron y no valoraron, la desaparición sistemática de personas, este fue su error.
Todo esto es comprensible si vemos de donde venía el golpe. En el año 1973, año en que finalizaron los acuerdos de Bretton Woods, que habían establecido después de la segunda guerra mundial la convertibilidad del dólar en oro por lo quedó como moneda mundial de intercambio, también se formó la OPEP, organización de los países exportadores de petróleo, quitándole a las petroleras estadounidenses y británicas la potestad de fijar el precio del crudo. Entonces EEUU organizó la primera reunión de la ‘Trilateral Commission’. La ‘Comisión Trilateral’ reunía a las bancas estadounidense, europea y japonesa, representadas por varias decenas de corporaciones. El relator oficial fue David Rockefeller; en su discurso planteó centralmente que el combustible del año 2000 serían los alimentos y ellos debían impedir que los países productores de materias primas en los que tuvieran influencia se industrializaran; utilizó la frase “a como de lugar”. Ya se había producido el autogolpe de Bordaberry en Uruguay, en septiembre del mismo año golpe en Chile, luego nosotros; Plan Cóndor a full.
Obsérvese que en estas directivas de Rockefeller y sus acólitos ya estaba el germen de la desaparición, había que desaparecer la industria para dejar solo un modelo agroexportador. También destruyendo la industria iba a sobrar gente en el país, ya que la industria era la gran generadora de ocupación. Ellos lo extendieron a desaparecer a los luchadores sociales que organizaban al pueblo a través de las organizaciones sindicales y de las organizaciones sociales y políticas. Además para el neoliberalismo la desocupación debe ser estructural al sistema como disciplinador social.
El modelo que usaron fue una fusión entre las cátedras de tortura de la Escuela de las Américas de Panamá en donde entrenaban a nuestras ‘heroicas’ fuerzas armadas y de seguridad y las enseñanzas de las tropas de ocupación francesas en Indochina (así llamaban a Vietnam, Laos y Camboya) y Argelia; de allí vino la práctica de la moderna desaparición de personas, las fosas colectivas y el dinamitamiento de cadáveres. Ese fue el error.
En nuestro país, con una cifra de pobreza en esos momentos relativamente baja, con una participación en la distribución de la renta nacional de aproximadamente 50% y 50% entre el capital y el trabajo (otra de las causas del golpe ya que la dictadura llevó esa proporción a 70% para los empresarios y 30% para los trabajadores) y con una ley de registro civil que abarcaba a más del 95% de la población, desaparecer a un ciudadano representaba negarle el duelo a una persona registrada, no a un ignoto. Así la imposibilidad del duelo por parte de nuestras madres y de las futuras abuelas, madres de las compañeras embarazadas al momento del secuestro, se transformó en lucha. Parió a unas fabulosas militantes sin militancia previa que con coraje, persistencia e inteligencia aprovecharon cada resquicio para poder expresarse y fueron capaces de llegar a los oídos del mundo. Así hoy el reclamo por los 30000 desaparecidos sigue uniendo a la mayoría del pueblo argentino superando internas y diferencias políticas.
Pero cuidado, así como Estados Unidos desactivó la escuela de las Américas al final de la década del 80, activó otro mecanismo igualmente perverso y posiblemente más eficiente. Desde la década del noventa, durante el fatídico ‘menemato’ que vino a completar en el área económica los que los militares no lograron, los fiscales y jueces son “invitados” todos los años a Miami para recibir
cursos de capacitación de su madre patria. Obviamente no es solo para los argentinos sino para todos los latinoamericanos. Este es el origen del “lawfare”. Y aquí están los protagonistas de las nuevas desapariciones, en este caso lo que desaparece son las causas judiciales contra los empleados del imperio que son prolijamente desestimadas, archivadas o cajoneadas según la conveniencia o las posibilidades que vea la embajada. El enemigo sigue siendo el mismo, el imperialismo, sus mercenarios tienen nombre y apellido; son los dueños de las grandes empresas formadoras de precios, fundamentalmente las alimenticias, responsables de la inflación, y los medios hegemónicos que la alientan, son los personajes del macrismo y de un radicalismo traidor a sus orígenes y a la patria y por supuesto, últimamente, los payasos mediáticos de la ultraderecha inventados por la embajada para correr el tablero a la derecha y que parezca que Larreta es de centro.
En un año muy difícil, ojalá que dejemos los egos para la derecha y los pañuelos nos sigan marcando el camino.
Los mitos y el poder. Superman, Mitre y la fabricación del embudo
Este texto puede resultar extraño, pero todas las cosas están relacionadas, alguien habló en algún momento de la concatenación universal de los fenómenos, más de 100 años después otro enunció el efecto mariposa y se hizo una película al respecto. Esencialmente lo mismo, pero la concatenación universal de los fenómenos era parte de la dialéctica marxista y debía ser ocultada, el efecto mariposa surge de la ciencia occidental, sin pretender cuestionar en lo personal a Edward Lorenz, su enunciador.
Probablemente el mito surja como una necesidad de explicar lo incierto, lo desconocido, a partir de la angustia que lo incierto genera.
Entendemos que la angustia es la respuesta emocional a la incertidumbre. Lo angustiante es lo desconocido, lo que no tiene nombre, lo que no tiene límites; pero está ahí, acechante y amenazador. Seguramente su paradigma será la muerte, muchas veces nombrada pero siempre desconocida.
Posiblemente el primer mecanismo de defensa contra la angustia sea nominar lo desconocido; aunque no sepamos exactamente de que se trata, nuestra imaginación y nuestro miedo le darán forma y substancia.
Como una cadena de eventos, la angustia sería una respuesta del miedo ante la incertidumbre y el mito sería la respuesta ante esa angustia. Probablemente muchas circunstancias meteorológicas hayan sido recibidas por los humanos primitivos como la expresión de una voluntad. No es extraño que puedan haber adjudicando la ‘tormenta’ al deseo de un ser superior. Solo de esa manera se podía pedir al ‘dios’ que enviaba las tormentas el cese de las mismas; también agradecer que el sol o la luna aparecieran y ponerles nombre a la noche y al día. Todo aquello que el humano no pudiera controlar, debía ser nombrado para disminuir el temor y la angustia.
Es probable que cuando los humanos primitivos comenzaron la transición de la etapa de cazadores recolectores, y por lo tanto del nomadismo obligado, a los primeros asentamientos sedentarios a partir del descubrimiento de la agricultura y posteriormente del pastoreo, haya ocurrido un fenómeno que antes les estaba negado. Siendo nómades, cuando un predador los perseguía, este atrapaba al más lento o al más débil, niño o viejo. El que huía más exitosamente no veía morir a su hermano, simplemente aquel ya no estaba más en el grupo. A partir del sedentarismo los humanos vieron morir a su hermano, su semejante, y tomaron conciencia de la muerte y de que ellos estaban vivos y no querían morir ni perder a su hermano. A partir de la consciencia de la propia vida, que surge como contrapartida de observar la muerte, aparece como necesidad la trascendencia, que haya una vida después de la muerte, una manera de negar la muerte. Y como esto tenía que tener una causa, así como el sol o la luna o el cielo causaban las tormentas, alguien tenía que protegernos y brindarnos esa transcendencia. ¡Qué mejor que una imagen protectora conocida, una madre o un padre, según predominara en la comunidad la organización matriarcal o patriarcal! Posiblemente el inicio del antropomorfismo en la mitología deica.
No solo en la creencia judeo cristiana dios crea al hombre a su imagen y semejanza ¿O será el hombre quien crea a dios a su imagen y semejanza? También el panteon grecolatino está poblado de dioses y diosas con forma humana. Otro tanto ocurre con la mitología nórdica, la egipcia y la india hacen fusión entre animales y humanos, pero el antropomorfismo siempre está. En todos los casos estos padres y madres son poderosos, protegen o castigan como forma de ejercer su poder. Porque ¿cómo podrá protegerme aquel que no tenga también la posibilidad de castigarme?
Dándonos así también una explicación para nuestros dolores y sufrimientos; ‘la voluntad de los dioses’, ‘el destino’. Una de las tantas maneras de poner afuera las causas de nuestros pesares, en una suerte de adolescencia perpetua.
Los mitos, como todas las cosas, no son buenos ni malos, como dijimos antes, son respuestas para calmar nuestra angustia; pero al igual que las herramientas que en determinadas circunstancias pueden convertirse en armas, también pueden ser manipulados por los que detentan el poder para su conveniencia. La historia nos muestra que los mitos y las creencias, en las distintas sociedades, han sido administrados por los sectores dominantes de cada una de ellas y han servido para garantizar el poder de esos sectores y manipular las voluntades del conjunto. No es casual que no haya mitos democráticos, los dioses protegen y castigan, luchan y matan, a veces son benignos y otras feroces, pero no hacen asambleas para tomar decisiones. Son siempre autoritarios e incuestionables para sus creyentes. Parece que estuvieran copiando el modo de ejercer el poder de sus administradores, que por otro lado han afirmando hasta el cansancio que su poder venía de esos dioses.
Por debajo de los dioses hay una escala mitológica de héroes que son frecuentemente semidioses. Es notable como se destacan seres que actúan de manera individual para enfrentar males y peligros. En general, en la mitología, con contadas excepciones, como las walquirias y las amazonas, no hay experiencias grupales o colaborativas para protagonizar luchas.
De esto podría deducirse que no son las comunidades las que pueden cambiar el destino sino sujetos ‘ungidos’. A lo largo del siglo XX hacen su aparición a través del comic los superhéroes con el modelo del héroe griego, justiciero e invencible, con poderes sobre humanos. Estos superhéroes invariablemente estarán de acuerdo con la legalidad del sistema en el que viven y se enfrentarán a supermalos que casualmente tienen miles de cómplices; el héroe individual contra la masa de los malos, por otro lado la masa de los buenos, inerme ante los peligros, dependiente y agradecida del héroe bueno.
Hay una evidente carga ideológica en este modelo que más que estimular a que seamos superhombres disimulados detrás del aspecto de una persona normal, verbigracia Clark Kent / Superman, veamos que la solución a los problemas pasa por una actitud individual y no comunitaria, es más cuando hay en las historietas clásicas norteamericanas hay grupos de personas con alguna inquietud no se las muestra como una comunidad sino como grupos de desesperados o como turbas no pensantes. Va de suyo que los héroes, como dijimos antes, coincidirán con el pensamiento occidental, preferiblemente anglosajón.
Se dice que cuando le comentaron a Donald Trump que la retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán se vería como una derrota estadounidense, respondió que en un par de años Hollywood la convertiría en victoria.
Así también los hacedores de nuestra historia, léase los que tenían la posibilidad económica y política de instalar un relato a través de la educación, y utilizando como herramienta fundamental la prensa, han construido los mitos necesarios para su dominio en la construcción de la subjetividad de la nación. Su mayor representante, Bartolomé Mitre, redactor de una historia a la medida de las necesidades de su sector económico y fundador del diario La Nación, tribuna de doctrina como se autotitula y símbolo de la oligarquía por antonomasia , ha sido el gran malversador y tergiversador de nuestra historia. Gran escritor, supo mezclar mentiras con verdades para lograr un relato verosímil que fue impuesto a nivel educativo para formar la conciencia subjetiva de la población. El el gaucho, hombre pobre del campo y pobre de la periferia urbana y, que en su momento era considerado un vago y mal entretenido por las clases dominantes de la época y por los vecinos de la Gran Aldea, que no eran exactamente los vivían en Buenos Aires, sino los que tenían propiedad, fue santificado como luchador de la independencia y su imagen fue robada para ser usada como un
traje por el patrón del campo. Por supuesto que los gauchos reales figuran en la historia mitrista, pero preferentemente gauchos mansos para con los patrones criollos y bravos para enfrentar el despotismo del patrono español. Los líderes de la lucha independentista, los llamados próceres, son presentados como seres de mármol, impolutos, que solo pretendían la libertad como único objetivo de sus vidas, se los despoja de su condición humana con grandezas y miserias, para rediseñarlos según una mirada útil a los intereses de las clases dominantes eliminando los conflictos que pudieron tener con ellas personajes como San Martín, Belgrano, Moreno o Castelli. A los exilios obligados por salvar la vida se los llama renunciamientos, a las muertes en la miseria se las llama abnegación, al exterminio de los pueblos originarios se lo llama conquista del desierto, a la apropiación latifundista del territorio por parte de la oligarquía porteña y de sus socios provinciales, se le llama civilización y a la resistencia de la población pobre campesina se la llama barbarie; recoleta y la villa, la opulencia y la miseria, aquí nadie se apropió de nada y todo lo que tiene es por derecho propio, casi natural.
El objetivo de las clases dominantes ha sido siempre negar la lucha de clases, el mito ha sido una de las herramientas, la historia, a través de sus historiadores afines, otra. Ocultarla detrás de un relato hegemónico apropiándose de los avances populares y presentándolos como dádivas generosas del poder en algunos casos, como el estado de bienestar europeo dado para frenar el avance del comunismo que venía desde Europa del este. O cuando estos avances fueron una consecuencia de la necesidad del modelo productivo industrialista para el que el esclavismo representaba más una carga que un beneficio. La guerra de secesión norteamericana fue simplemente la lucha entre las clases dominantes de dos sectores geográficos, el norte con modelo industrialista y el sur con modelo agrícola de explotación intensiva. El norte no podía alojar y alimentar esclavos para llevar adelante su producción, era más útil el obrero que se procuraba por su cuenta donde vivir y como comer. Al sur en cambio, con su modelo de producción algodonera intensivo y exportador le funcionaba la esclavitud como la herramienta más útil para su modelo de producción. Luego Hollywood, la gran herramienta de penetración cultural nos muestra la bonhomía de los prohombres del norte al liberar a los esclavos. Para esto, lo miserable de la condición humana, que a través de la hegemonía cultural ha hecho mantener por tanto años la conciencia racista en la población de los estados del sur de los EEUU ha sido una gran colaboración. En el discurso hegemónico que le enseñan los estadounidense a sus niños en las escuelas se habla de los padres fundadores de la nación, pero los esclavos no existen, y lo que no se menciona no existe.
Lula y la paz en Ucrania
El contexto
La invasión de Rusia a Ucrania, violatoria del principio de Derecho Internacional que prohíbe el uso de la fuerza y determina el reconocimiento de la soberanía territorial de los Estados, dio comienzo a una guerra que se ha transformado durante su primer año. Hoy asistimos a una confrontación geográficamente localizada, pero de naturaleza global por la diversidad de actores estatales y no estatales involucrados, y por los múltiples efectos mundiales que afectan a buena parte de la comunidad internacional.
Dos características sobresalen de este conflicto. Por un lado, los principales protagonistas —Rusia, Ucrania, Estados Unidos y la OTAN— recurren simultáneamente a retóricas justicieras y prácticas de escalamiento bélico. Por el otro, existen dos tragedias humanitarias que se sobreponen: la que padece primordialmente la población ucraniana con sus muertos y refugiados y la que sufren, en especial en el Sur Global, los sectores más vulnerables por hambrunas producto de la inseguridad alimentaria y por las consecuencias socioeconómicas planetarias derivadas de la inflación y los costos energéticos. Al tiempo que tales realidades justifican un creciente consenso internacional sobre la urgencia de poner en marcha un proceso de paz, la movilización de recursos económicos y militares de los dos lados indican la disposición hacia un conflicto prolongado y cruento. El primer aniversario de la confrontación se ha traducido en el refuerzo del ethos guerrero de Occidente, que descansa en el contundente liderazgo y suporte militar de Estados Unidos+OTAN a Ucrania y en su espejo ruso respecto a la nación ucraniana. En Moscú, Kiev, Bruselas y Washington pareciera ser la hora de maximalistas que perciben a esta guerra como una oportunidad para reconfigurar sus diseños estratégicos de largo plazo. En todos los casos la geopolítica ha pasado a depender del poder duro basado en la fuerza dejando en segundo plano el empleo de valores y reglas, indispensables para alcanzar consensos colectivos multilaterales. Los dos bandos están más atentos a la confrontación militar que a propuestas para un cese de hostilidades y/o un armisticio, primeros pasos para abrir el diálogo.
La entrada de Brasil en escena
Brasil ha propuesto una iniciativa de paz porque la percepción de su diplomacia es que la principal amenaza es la guerra misma y no la acción de una de sus partes. Esta sería la distintiva diferencia con las razones que justifican la respuesta militarista de la OTAN y de Ucrania y, al mismo tiempo, lo que permite posicionarse desde una perspectiva crítica a la violación al Derecho Internacional que representa la agresión rusa. La decisión de presentar su propuesta con motivo de la discusión sobre una nueva resolución en la Asamblea General de la ONU, aprovechando la ocasión del primer aniversario del conflicto, representó un paso en esa dirección.
La preocupación del gobierno Lula es subrayar la búsqueda de una paz “amplia, justa y duradera”. Esto apunta a una construcción política que solo puede ser alcanzada con la participación equilibrada de todos los actores involucrados. Al mismo tiempo Brasilia enfatiza que un empujón hacia la paz dependerá del mayor compromiso de actores internacionales con peso político, con mención específica a China.
Estos son los mensajes que se pretenden transmitir desde Brasilia: el sentido de urgencia para poner en marcha un sendero hacia la paz, y que sea el resultado de la negociación diplomática y no de la eventual victoria militar de una de las partes. Al referirse al contenido de una agenda de paz, el canciller Mauro Viera indicó que se requiere una agenda corta y básica que permitiese visualizar las precondiciones para llevar a las partes a una mesa negociadora.
En buena medida la política exterior resulta de un sutil equilibrio entre el imperativo doméstico y la responsabilidad internacional. En la presente coyuntura, Brasil se encuentra atravesado por la crucial necesidad simultánea de una despolarización interna y sosiego externo para recuperar su condición de potencia emergente de manera responsable. Esto tiene lugar en un contexto internacional muy distinto al de los inicios del siglo XXI, marcados por el intento de forjar un orden unipolar por parte de Estados Unidos con la “guerra contra el terrorismo” como leitmotiv.
La respuesta del gobierno de Lula 1.0 fue que “su” guerra era contra el hambre. Veinte años después, vuelve a plantearse una relevante diferenciación desde Brasil, pero desde otro lugar político y frente a una posición distinta de poder mundial de EE. UU. Mientras Biden insiste en la utilización de la guerra para cohesionar fuerzas domésticamente, para el gobernante brasilero el desafío de lidiar con la fragilidad del sistema democrático afectado por severas fracturas políticas nacionales reclama dialogo, pacificación y desarme. En este sentido, el gobierno Lula defiende la centralidad de la defensa pacífica de la democracia. Esta es la base legitimadora del activismo internacional que asume al promover una solución diplomática a la guerra rusa-ucraniana.
La posición brasilera enfrenta, sin embargo, diversos desafíos. En el plan doméstico, el voto de aprobación de la resolución de la ONU A/S-11/L7S condenando a la agresión de Rusia a Ucrania y demandando su inmediata retirada militar, al lado de las potencias occidentales, ha sido cuestionado por sectores internos incluyendo a algunos del Partido de los Trabajadores. Al mismo tiempo, la probabilidad de que Washington y Bruselas apoyen a la acción de Brasil parece remota, aún más después de las críticas que emitieron al plan lanzado por Beijing. Prevalece, en Occidente, la visión de que las iniciativas de paz cualquiera fuesen, sean apresurar los tiempos y favorecer a Rusia.
Entre los buenos oficios y un liderazgo periférico
Es indiscutible que hoy son escasos los recursos con que cuenta el gobierno brasilero para lanzarse en una cruzada por la paz en Ucrania. En términos diplomáticos, será esencial que Brasilia busque construir una red países asociados y de distinta procedencia regional, además del endoso de los órganos clave del sistema ONU. La diplomacia presidencial será la plataforma utilizada por el gobierno Lula para avanzar en esta dirección. Más que la intención de revindicar un multilateralismo del sur, la iniciativa de paz de Brasil representa una postura a favor del multipolarismo con el Sur.
Las articulaciones con socios de los BRICS como India y Sudáfrica, sumado a países como Turquía e Indonesia, buscan contestar la acusación de neutralidad por parte de los países en desarrollo al optar por no involucrarse, vía armamentos y sanciones, en el conflicto ucraniano. Al mismo tiempo, Lula busca sumar esfuerzos con otras propuestas de pacificación, particularmente la de China. Todos comparten aprehensiones frente a la escalada militar del conflicto y a las consecuencias económicas mundiales derivadas de la batería de sanciones a Rusia y de una potencial recesión después de años de pandemia. Este sentimiento recorre también a América Latina.
Resulta poco convincente, visto desde la periferia, que Estados Unidos y Europa aleguen que en esta guerra se juega la defensa de un presunto orden basado en reglas. Ese orden, de hecho, fue horadado por Estados Unidos y varios socios de Europa en distintas oportunidades desde el final de la Guerra Fría. A su vez, el fuerte esquema de sanciones a Rusia y el desacople entre Occidente y Moscú apunta a debilitar a Putin. No obstante, ello no parece acelerar la terminación de la guerra. De hecho, las acciones desplegadas, en particular, por Rusia, Estados Unidos y la mayoría de los países europeos apuntan a prolongar la confrontación.
Un comportamiento responsable sería el que procure una distensión entre las partes involucradas y la eventualidad de conformar una instancia de negociación. Una iniciativa de paz, como la de Brasil, puede comenzar con una fórmula genérica que, en su desarrollo conduzca a una alternativa realista a la guerra; lo cual no implica desconocer que en su momento habrá que precisar responsabilidades y reparaciones.
En la Segunda Guerra Mundial los países de Sur participaron en su condición de colonias o en razón de un alineamiento. Durante la Guerra Fría fueron escenario de disputas ajenas. En esta guerra con proyección global, si no apoyan el conflicto, sea del lado que sea, entonces son países que no existen; lo que remitiría a una especie de condición pre-colonial. De hecho, se estaría entre la opción de silenciarse, hablar en el vacío o insistir tozudamente en el valor de la paz. Es el momento de preguntarse por qué la paz y la negociación diplomática son percibidas en una guerra global como opciones tan disfuncionales para los que la promueven. Pregunta aún más necesaria cuando para gran parte de la comunidad internacional el conflicto plantea riesgos que pueden implicar resultados más crueles y letales, tanto para Ucrania como para el mundo.
Sobre la autora y el autor
Mónica Hirst es profesora de la Maestría de Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato di Tella(Argentina). Consultora independiente.
Juan Gabriel Tokatlian es vicerrector de la Universidad Torcuato di Tella(Argentina).
https://colombia.fes.de/detail/lula-y-la-paz-en-ucrania
Informe económico mensual
La importancia de la “Intermediación Financiera” no es menor en relación al Valor Agregado Bruto en pesos constantes de las Cuentas Nacionales. La relación porcentual promedio es del 4,5 %; para tener una idea de su dimensión se la puede comparar con el sector de “Agricultura, Ganadería, Pesca y Silvicultura” que alcanza el 8.6 %.
Alta velocidad y ascendiendo en los indicadores analizados, ver “manojo” gráfico.
Normalmente la culpa de todo la tiene el Gobierno anterior; ocurrió y ocurrirá. Un mantra.
Debilidad, decir de la relación con el PBI, de la Base Monetaria, el M2 y el M1 se encogieron en dos puntos porcentuales entre el 2020 y 2021.
Los Billetes y Monedas fuera del sistema financiero también se redujeron en la relación porcentual, aumentando la velocidad de circulación.
Inflación y Tipo de Cambio (oficial) casi siempre crecientes y sin transpirar.
Aumenta la tenencia de Títulos Públicos en los Bancos Comerciales.
El Crédito al sector privado en la relación con el PBI se fue achicando, dos puntos porcentuales en los últimos años, digamos casi $ 5 billones, los Depósitos del sector privado lo hicieron en un punto porcentual.
Surgen diferencias al analizar el Sector Privado, ayuda a entender el papel del Sector Público en lo monetario. Se puede observar que en estos pocos años analizados los Banco Comerciales fueron achicando el porcentaje a Préstamos Privados. Pero no ocurrió lo mismo en los Depósitos Particulares en pesos y moneda extranjera y por cualquier concepto (cuenta corriente, caja de ahorro, plazo fijo y otros) en los Bancos comerciales.
En casi todos los gráficos incluimos la inflación bajo el concepto de omnipresencia.
Y sin respuesta es cómo funcionan y que en tiempo impactan las políticas monetarias que se aplican. Asunto peliagudo.
Inodoro y Mendieta viven una situación muy particular por cuanto al presentarse una señorita buscando justamente a Inodoro, se da la siguiente conversación:
Indoro: “¡Pero yo soy Pereyra! ¡Yevo mis iniciales grabadas en el pecho!”.
Señorita: “I.P” Inodoro Pereyra. Me lo hacía más alto”.
Inodoro: “El hombre se debe medir por sus ideas y no por su estatura. ¡Y mi idea es concretar el sueño bolivariano: una América unida!”.
Señorita: “Sí… Pero pensé que guardaba esas ideas más arriba. Sí… Pero me lo hacía más alto”.
Inodoro: “¿Y sabe cuál era el sueño de Simón Bolívar, Mendieta? Ser más alto”.
Mendieta: “Era bajito Simón”.
Una deuda con historia
Fin de gobierno
En el corriente año se llama a lecciones para elegir un nuevo gobierno y ello genera obviamente incertidumbre sobre el presente y el futuro inmediato, situación que aprovechan los especuladores para presionar sobre el precio del dólar, dado que es la moneda de referencia para el atesoramiento y la fuga de capitales, en un país que ha sido devastado por la deuda externa en tres oportunidades en los últimos 47 años.
La deuda externa generada durante la última dictadura
En gran parte, esta deuda fue estatizada por los seguros de cambio generados en los 49 días en los que estuvo Domingo Felipe Cavallo como presidente del BCRA tras la guerra de Malvinas y continuados por su sucesor, Julio González del Solar, mediante canje de los títulos de deuda privado por títulos del Estado nacional. De esa manera, las grandes empresas deudoras pagaban su deuda en pesos al Estado y la Nación Argentina colocaba títulos de deuda en divisas a los acreedores (reales o ficticios).
La deuda externa, además de ser una hipoteca impagable para el pueblo argentino, fue una brutal transferencia de recursos a favor de la minoría beneficiada por la sangrienta dictadura militar y los también más que pagados bancos acreedores.
Cuando asumió la presidencia de la República Argentina Raúl Alfonsín, la deuda externa rondaba los 43.600 millones de dólares, su primer ministro de Economía, el Dr. Bernardo Grinspun, impulsó, por un lado, la investigación del origen de la deuda y, por el otro, un acuerdo de los países deudores de la región para montar una estrategia común, quienes se encontraron en la ciudad de Cartagena y de Mar del Plata en el año 1984.
Sin embargo, el 19 de febrero de 1985 se le pide la renuncia al Dr. Grinspun para que asuma Juan Vital Sourrouille. El día anterior, el ministro Grinspun había echado a los gritos de su oficina al representante del FMI, Joaquín Ferrán.
En 1985, el Estado seguía técnicamente en default, ya que solo pagaba los servicios de la deuda en forma parcial, dado que los ingresos del fisco eran menos de la mitad de los intereses que esta devengaba. El flujo de capital se había interrumpido con la guerra de las Malvinas en 1982, con lo que la deuda seguía creciendo por la acumulación de los intereses impagos. Solo se podían refinanciar los vencimientos y el pago parcial de intereses con la autorización del FMI; esa es la razón por la que se instrumentó el llamado Plan Austral, que fue un plan de ajuste, que buscaba reducir el consumo y el nivel de actividad interno, para disminuir las importaciones y apuntalar las exportaciones.
El Plan Austral significó una fuerte devaluación inicial, con control de salarios y de precios y un cambio de moneda (pesos por austral). Y el 1 de julio de 1985 mediante los comunicados A-695, A-696 y A-697 del BCRA se reemplazaron títulos de deuda externa heredados de la dictadura militar (firmados por Dagnino Pastore; Domingo Cavallo, Jorge Wehbe y González del Solar, funcionarios elegidos por Reynaldo Bignone y los jefes de las tres fuerzas armadas), por “Obligaciones de Banco Central de la República Argentina”, reconocido en el libro El manejo de la Deuda Externa en condiciones de crisis de balanza de pagos, firmado por José Luis Machinea y Fernando Sommer [1] , donde dicen textualmente:
“La reducción de los pasivos externos del sector privado derivó, en la práctica, en la nacionalización de gran parte de esa deuda externa. La deuda externa del sector público, que era del 53 % de la deuda total en 1980, se incrementó a 83 % en diciembre de 1985”.
Paralelamente, significó la licuación de la deuda externa privada a través de la aceptación de títulos de deuda externa como pago de redescuentos, on lending y avales caídos [2] , de esa manera la deuda externa privada se va transformando en pública, que, según sea la cotización del título público, implica la transferencia de deuda en contra del Estado nacional.
El 6 de febrero de 1989, el presidente del BCRA, José Luis Machinea, reconoció que había vilipendiado las reservas internacionales en los pagos y no contaba con un solo dólar más, lo que provocó la hiper-devaluación (de australes 17,62 a 650 cuando asumió Menem la presidencia de la República el 9 de julio de 1989, luego siguió a 10.000 el 1 de abril de 1991 —Plan de Convertibilidad—) y con ello la híper inflación, siendo esta de 3.079,5 por ciento para ese año 1989 y de 2.314 % en el año 1990, medidos por el IPC (Índice de Precios al Consumidor) del INDEC.
La negociación de la deuda externa Argentina 1985-1988 significó el pago de intereses de la deuda por la totalidad del superávit comercial del periodo (por 8.500 millones de dólares) y, sin embargo, la deuda externa pública creció de 43.600 a 63.200 millones de dólares.
El Presidente Alfonsín, que aceptó toda la deuda heredada de la dictadura, fue echado por los mismos que se beneficiaron. Fue Héctor Magnetto quien le dijo, ante el pedido de que lo dejen cumplir el mandato: “Usted no se da cuenta que ya estorba”.
La crisis del año 2001
La historia volvió a repetirse como un calco en el año 2001, el final del modelo de paridad cambiaria del peso con el dólar y la convertibilidad de nuestra moneda, de la apertura sin freno de la economía, con recesión y tasa de desocupación abierta del 22 %, que terminó en saqueos, 39 muertos, la caída del gobierno, cinco Presidentes en 12 días de caos y la mayor moratoria de una deuda soberana de casi 100.000 millones de dólares. El día 19 de diciembre de 2001 renuncia el ministro Domingo Cavallo y el 20 renuncia el Presidente De la Rua.
Los estertores de la convertibilidad presentan una división impulsada por los capitales extranjeros que querían la dolarización (pensemos en las empresas privatizadas con mercado cautivo y en general todos los que prestan y/o venden bienes y servicios al mercado argentino y los acreedores que quieren cobrar en divisas) y, enfrentados, los grandes grupos económicos locales (incluyendo los grandes terratenientes y acopiadores) y algunos conglomerados extranjeros que quieren salir de la convertibilidad del peso mediante una devaluación del signo monetario que ocasiona pérdidas al capital invertido y beneficia al poder económico, ya que sus recursos invertidos en el exterior y los ingresos corrientes de su saldo comercial están dolarizados.
Había estado López Murphy como ministro de Economía exactamente 15 días, y ya era Patricia Bullrich ministra de Trabajo, quienes ejecutaron un fuerte ajuste del sector público, anularon becas y pensiones, recortaron los programas sanitarios, anunciaron un recorte del 5 % del presupuesto para la educación y un proyecto de ley para privatizar el Banco Nación Argentina, redujeron las indemnizaciones por despidos, recortaron los salarios públicos, las jubilaciones y pensiones, asignaciones familiares y seguros de desempleo en un 13 %.
Lo reemplazó Domingo Cavallo, quien realizó un mega-canje de los títulos de la deuda externa el 4 de julio de 2001, para postergar los vencimientos por tres años para las que vencían antes del 31 de diciembre de 2010. A cambio, los intereses de la deuda fueron aumentados del 7 % anual a tasas del 16 y 18 % anual en dólares. Antes del mega-canje, la Argentina debía pagar en el período 2001-2031, por los vencimientos de su deuda, un valor que alcanzaba los 60.500 millones de dólares. Luego del mega-canje, ese valor se incrementaría en un 63 % y llegaría a los 98.400 millones de dólares, más los intereses. Obviamente, fueron denunciados y procesados todos sus partícipes, que la Justicia argentina, una vez más, dejó en la nada.
Así como Domingo Cavallo viajó expresamente a los Estados Unidos para afirmar que los créditos que le daban a la Argentina de 1989 no iban a ser reconocidos por el nuevo gobierno, en noviembre de 2001 la subdirectora del FMI, Anne Osborn Krueger, anunció que la Argentina no recibiría más recursos. Al no contar con reservas internacionales en el BCRA, esto provocó el pánico bancario. El 2 de diciembre, Cavallo anunció la drástica decisión: el “Corralito”. El propio ministro informó la medida por televisión y se encargó de explicarla: por semana no se podría retirar más de 250 pesos de las cuentas en los bancos (una suma insignificante), lo que desencadenó una ola de protestas hasta terminar en las aciagas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.
La deuda generada por el menemismo, al principio pagada vendiendo a precio vil las empresas públicas, y después, la llegada de la Alianza continuando el mismo modelo, pero sin activos para vender, terminó de la peor forma.
Deuda externa de Cambiemos
La deuda externa argentina se incrementó en el gobierno 2016-2019 en más de 100.000 millones de dólares. La deuda con el FMI fue tomada sin cumplir con los mandatos constitucionales que exige que sea previamente autorizada por el Congreso de la Nación y, cuando se aceptó el crédito, no se cumplió con esa autorización, incluso violentando el propio estatuto del “Fondo”, que en su artículo 6, inciso “a”, dice que no se le puede prestar a un país en fuga de capitales y fue lo que hicieron, es más, fue lo que propiciaron para endeudar a la Argentina.
Con fecha 21 de mayo de 2020, el BCRA publicó el Informe «Mercado de cambios deuda y formación de activos externos, 2015-2019” y demuestra que de la deuda tomada por la gestión de Cambiemos, la “fuga de capitales” del período comprendido entre diciembre de 2015 y octubre de 2019 alcanzó los 86.200 millones de dólares. Aumentaron la deuda y prácticamente el 85 % de esta no se invirtió en el país y se convirtió en activos financieros de residentes argentinos en el exterior.
Es más, ese Informe sostiene que, en total, 6.693.605 personas físicas y 85.279 personas jurídicas compraron los 86.200 millones de dólares durante la gestión de Cambiemos, pero los 100 mayores adquirieron 24.679 millones de dólares. Ninguna de las 100 empresas de la lista de los que compraron 24.679 millones de dólares, puede demostrar en sus estado contables de dónde detrajeron los recursos para poder comprar la cantidad de dólares que realizaron entre los años 2016-2019, lo que supone delito de evasión fiscal y fuga de capitales para los compradores e incumplimiento de las leyes, incluida la de “lavado de activos” para los bancos que les vendieron esos dólares del BCRA y no tomaron los recaudos del origen de los fondos. Y lo mismo pasa con las 100 primeras personas que compraron 822,6 millones de dólares en ese lapso y no lo declararon o lo hicieron muy parcialmente ante la AFIP.
Pero la situación es distinta esta vez. En primer lugar, la Argentina gracias a sus recursos naturales es el tercer exportador de soja y el décimo en alimentos del mundo. Rosario es el principal puerto del comercio exterior de granos y derivados del planeta. En el año 2023 disminuye fuertemente la importación de combustible, en el 2024 se alcanza el autoabastecimiento y en el 2025 se es un exportador neto. Se exportan 100.000 barriles de petróleo por día y en los próximos 3 ó 4 años se exportarán 500.000 barriles/día desde la Argentina.
En segundo lugar, la Argentina tiene, en lo que va del siglo XXI, un superávit comercial acumulado de 271.192 millones de dólares. En los años 2019, 2020 y 2021 las exportaciones superaron a las importaciones en 15.000 millones de dólares por año. Y en el 2022, el superávit fue de 7.000 millones por el fuerte crecimiento de las importaciones, más para cubrirse de una posible devaluación que por el crecimiento económico, logrando ese año la mayor exportación de nuestra historia: 88.500 millones de dólares, que seguramente será superado en el corriente año 2023.
Tercero, pese al buen desempeño comercial, las reservas internacionales de libre disponibilidad fueron solamente de 7.325 millones de dólares en el año 2022 (superando la meta exigida por el FMI). El problema reside en que, en solo dos meses del año 2023, el BCRA dilapidó 3.500 millones de dólares, tornando incierta la meta de reservas netas de 7.825 millones de dólares para el 31 de marzo 2023 en que comienza el ingreso de la cosecha gruesa.
Para corregirlo, sí debe poner la lupa en cómo funciona el BCRA y por qué vende la cantidad de dólares a tipo oficial que vende y, a la vez, por qué no hace cumplir la ley 19.359, Régimen Penal Cambiario de 1971, que en su artículo 29 dice: “El Banco Central de la República Argentina deberá: (…) b) Dictar las normas reglamentarias del régimen de cambios y ejercer la fiscalización que su cumplimiento exija”.
Por último, el gobierno tiene varias cartas a jugar como la utilización de los swaps (pases) con China, extender el mismo acuerdo de pases con Brasil y hasta emplear los REPO [3] para sumar dólares a las reservas.
En síntesis
La no investigación de la deuda y el pago de esta con reservas internacionales del BCRA que nos pertenecen a todos es la causa de la corrida cambiaria. El gobierno todavía está a tiempo de apoyar el proyecto del senador Parrilli de investigación de la deuda [4] y, con los recursos logrados por la multa, pagar al FMI y que de esa manera sean los beneficiados del endeudamiento lo que la paguen y no el pueblo argentino.
[1] Presidente y director del BCRA en la gestión de Juan Sourrouille.
[2] Las grandes empresas no pagaban la deuda y el Estado, que había avalado esos compromisos, debió hacerse cargo del pago. Al no tener los recursos, el Tesoro de la Nación emitió nuevos títulos de deuda. Es más, mediante el decreto 1003/1988 se aceptaban títulos de deuda externa por avales caídos, como dichos títulos podían comprarse al 25 % de su valor nominal, ignificaba una nueva transferencia de recursos del Tesoro a favor de los grandes deudores. Tampoco fue casualidad que esas mismas empresas deudoras fueran las principales compradoras de empresas estatales en la privatización menemista.
[3] Consiste en entregar bonos del Estado y a cambio se recibirían dólares por los que se pagaría una tasa de interés.
[4] Tiene sanción del Senado (12/05/2022) y dictamen de mayoría (a favor) y de minoría (en contra) en la Cámara de Diputados de la Nación, pero nunca fue llevado al recinto.
Vuestros recursos naturales
Raúl Scalabrini Ortiz, memorando el 17 de octubre de 1945, dijo: “Era el subsuelo de la Patria sublevado”. Y lo fue, porque eran los trabajadores quienes entraban por la puerta de nuestra historia. Esos que recibían salarios paupérrimos y a quienes tener un trabajo no les garantizaba salir de la pobreza, porque el modelo imperante agropecuario-exportador necesitaba poca mano de obra. Sólo con el peronismo y el desarrollo del mercado interno pudieron vislumbrar un futuro diferente.
En pleno siglo XXI estamos igual, o peor. En diciembre de 2022, según el INDEC, la Canasta Básica Total (CBT) mensual que necesitaba una familia compuesta por matrimonio y dos hijos (sin contemplar el pago del alquiler de la vivienda) fue de $152.512 y la Canasta Básica Alimentaria, de $67.187. Ese mismo mes, el salario mínimo vital y móvil fijado por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación era de $61.953: no alcanzaba, ni siquiera, para la alimentación de la familia. El RIPTE (salario promedio, según informa el Ministerio) era de $194.175,11, promedio de la remuneración de los 12 millones de trabajadores registrados. Mientras que los trabajadores de los sectores exportadores perciben mensualmente dos o tres veces esa suma, las remuneraciones de más del 60% de los trabajadores registrados no alcanzan a cubrir la CBT del INDEC. Trabajan y son pobres.
Esto fue posible por el modelo impuesto a sangre y fuego por la dictadura cívico-militar, que trocó el crecimiento interno y la sustitución de importaciones por una matriz productiva y distributiva basada en las exportaciones de productos primarios (minerales, hidrocarburos, granos, carnes, etc.), que requiere pocas horas de trabajo y, además, necesita reducir el consumo nacional para aumentar los saldos exportables.
Otro gran pensador nacional, Arturo Jauretche, afirmaba respecto al Plan Prebisch, al que definió como el “retorno al coloniaje”: “La enorme masa de obreros y empleados tendrá que ajustar el cinturón a fin de salvar al país de una catástrofe que sólo existe en la inventiva de (Raúl) Prebisch. Pero al tiempo que el pueblo efectúe ese sacrificio, las clases parasitarias argentinas volverán a participar desmesuradamente en el reparto de una riqueza a cuya producción no han aportado ni esfuerzo ni inteligencia”.
La historia se repite. Y el motivo es pagar una deuda, tomada por la gestión de Cambiemos, de más de 100.000 millones de dólares, que compraron –principalmente y a precio vil– los dueños de las 200 empresas que se benefician con la venta a como dé lugar de los recursos naturales que nos pertenecen a todos y que representan el 70% de nuestras exportaciones. Esas exportaciones son realizadas básicamente por acopiadoras y comercializadoras de productos agropecuarios y su industrialización y por empresas ligadas a la minería y a la energía. Las primeras las vimos en la nota pasada; a continuación, nos ocuparemos de las extractivistas.
Parte de la soberanía
Hasta mediados de los años ’70 del siglo pasado en los países de América Latina, el dominio minero y energético formaba parte de la soberanía estatal. Ambos eran considerados un patrimonio fundamental, incluso propiciado por las Naciones Unidas, que lo presentaba como base e instrumento de un Estado para poder hacer uso de sus recursos naturales y, en particular, de los no renovables.
La desregulación y privatización del sector minero y energético en la Argentina, iniciada con el golpe cívico-militar de 1976 y potenciada por el menemismo en los ’90 (con la inclusión en la Constitución Nacional del artículo 124, que en su segundo párrafo dice: “Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”), tuvo como objeto la maximización de la tasa de ganancia y una preponderante participación del capital extranjero, dejando de lado la lógica de la prestación de un bien que produce la naturaleza y la generación del servicio para el desarrollo del país por la lógica exclusiva de maximizar el retorno de la inversión en divisas para sus dueños.
Minería
Las exportaciones mineras de la Argentina vienen creciendo sistemáticamente todos los años. El INDEC publicará el total de las ventas externas del complejo del sector minero metalífero y litio de 2022 el próximo 2 de marzo, pero ya podemos proyectar que será una cifra récord, ya que el sector declaró exportar por 2.840 millones de dólares en el primer semestre de 2022, cifra que supera en un 36,5% a igual período de 2021.
Las crecientes exportaciones de minerales, tras la reforma del marco normativo, y dirigido por la Inversión Extranjera Directa (IED) en la explotación de yacimientos metalíferos (explotaciones de oro, cobre, plata, y litio, fundamentalmente) sobre áreas cordilleranas y a gran escala, así como de otros materiales (metálicos y no metálicos), generan concentrados minerales destinados a la exportación.
Por su importancia y por ser el metal más exportado, las minas de oro del país son las que hasta el momento más se han desarrollado: Veladero (Barrick Gold-Shandong) en San Juan (considerada entre las diez minas de oro más grandes del mundo); Bajo la Alumbrera y Agua Rica en Catamarca (cuyo principal accionista es Glencore, firma en la que tiene participación BlackRock); Cerro Vanguardia (AngloGold) y Cerro Negro (GoldCorp, de Canadá) en Santa Cruz. Todas ellas son explotadas por empresas extranjeras y, en el mejor de los casos, con algún grado de participación del respectivo estado provincial. La producción argentina de oro declarada ronda los 62.000 kilos anuales y los principales mercados de destino se concentran en Suiza, Canadá y Australia.
En el caso del litio, si bien China controla más del 70% de la fabricación mundial de baterías, la producción en Chile y la Argentina está dominada desde hace décadas por capitales de Estados Unidos, Canadá y (más recientemente) Australia y Japón. Sin embargo, se asume como propio el temor de Estados Unidos ante la incipiente presencia de China y Rusia, expresado por la jefa del Comando Sur, Laura J. Richardson, que ve amenazado su dominio sobre el Triángulo del Litio (Puna de Bolivia, Chile y la Argentina, que representa el 60% de las reservas de carbonatos de litio del mundo): “Están allí para socavar a Estados Unidos. Están allí para socavar las democracias”, dijo sin inmutarse.
La empresa norteamericana Livent, que explota el Salar del Hombre Muerto de Catamarca desde hace 25 años, fue multada por demostrarse fehacientemente que exportaba más cantidad y a mayor precio de lo que declaraba. El segundo proyecto en operación del país está en Jujuy, a cargo de un joint venture formado por la australiana Allkem y la japonesa Toyota Tsusho. El tercero se encuentra en el Salar del Rincón en la provincia de Salta (explotado por Río Tinto, empresa anglo- australiana).
Gracias a la ley 24.196 de Inversiones Mineras de 1993, las regalías representan apenas el 3% del precio declarado y cuentan con estabilidad fiscal –que implica la exención impositiva y del pago de derechos de importación– por 30 años.
Energía
En el sector energético, dos empresas concentran el 70% de la extracción de petróleo crudo (YPF S.A., en la que BlackRock posee un 6,06% de participación en su capital) y Pan American Energy; cinco empresas concentran el 80% de producción de gas y cinco, el 50% de generación de energía eléctrica.
La explotación de la Cuenca Norte del Mar Argentino por parte de la filial de la noruega Equinor e YPF –que se dividirán en partes iguales el 70% del bloque– y Shell, que ingresará con el 30% restante, significa la aparición de un tercer gran operador. El área comprende 15.000 kilómetros cuadrados y es el bloque más grande de esa cuenca. Actualmente, Equinor e YPF son socios en otros dos bloques en la cuenca Argentina Norte, el CAN 102 y el CAN 114, que fueron adjudicados en la licitación que realizó el gobierno anterior.
YPF, Shell y Equinor ya se encuentran asociadas en el bloque no convencional de Bandurria Sur, en Vaca Muerta. Equinor, además, participa con el 50% en el bloque Bajo del Toro, de 157 kilómetros cuadrados, en la formación neuquina de hidrocarburos no convencionales, a través de un acuerdo que se firmó en enero de 2018 con YPF.
En la etapa de extracción de gas, las empresas que participan son: YPF, Total Austral, Pan American Energy, Petrobras, Pluspetrol, LF Company, Tecpetrol, Apache y Chevron.
El transporte es controlado por Transportadora de Gas del Norte (TGN) de Techint y Eurnekián, y Transportadora de Gas del Sur (TGS) de Pampa Energía (Marcelo Mindlin, Joseph Lewis, BlackRock y las familias Sielecki y Werthein), que conectan las cinco cuencas que existen en el país.
Por su parte, el sector de la distribución es manejado por nueve empresas: Metrogas, Gas Natural Fenosa, Camuzzi Gas Pampeana, Camuzzi Gas del Sur, Ecogas Centro, Ecogas Cuyana, Litoral Gas, GasNor y Gas NEA, las cuales se encargan de distribuir el gas a lo largo del país.
Entre las 100 empresas que fugaron capitales durante la gestión de Mauricio Macri aparecen Pampa Energía S.A., con la compra de 903.829.771 dólares; YPF S.A., 602.766.335 dólares; Total Austral S.A., 272.177.928 dólares; Wintershall Energía S.A. Argentina, 270.044.431 dólares; Transportadora de Gas del Norte, 231.384.402 dólares; Transportadora de Gas del Sur, 162.291.030 dólares; Pan American, 98.400.040 dólares; Pluspetrol S.A., 96.075.676 dólares; Tecpetrol S.A. (grupo Techint), 92.627.000 dólares; Camuzzi Gas Pampeana S.A., 92.125.232 dólares; Compañía de Hidrocarburo No Convencional S.R.L., 83.832.490 dólares y Petrobras Energía S.A., que adquirió 82.992.275 dólares.
En 1992, tras la privatización del servicio público de electricidad en el país, se creó CAMMESA (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A.), una sociedad anónima cuyo principal accionista es el Estado nacional. Es la compañía responsable del despacho de electricidad en el país, ya que establece quién vende, cuándo y a qué precio. También interviene en las importaciones de gasoil y fuel oil para reemplazar al gas en la generación térmica de electricidad. Todo esto lo realiza con subsidios del Estado, fijados en el Presupuesto Nacional, que es en pesos, pero equivalente a unos 10.000 millones de dólares por año hasta 2022 [1].
La principal fuente de energía eléctrica en el país es la térmica, en base al carbón, el petróleo o el gas natural (prácticamente, el 60% de la generación eléctrica). Se le suma aproximadamente un 23% de la generación en base a las represas y saltos (energía hidráulica), proveniente esencialmente de Yacyretá, seguida por Piedra del Águila, Salto Grande, Chocón-Cerros Colorados, Futaleufú, Alicurá y otras menores. Con una baja participación en la generación, figuran las restantes fuentes.
En el caso específico de la electricidad, el transporte de energía eléctrica de alta tensión se realiza a través de grandes empresas privadas. La principal es Transener S.A. (cuyo principal accionista es el grupo Pampa Energía), que es concesionaria del servicio público que opera, mantiene en forma directa el 85% de la red de alta tensión y supervisa el 15% restante de todo el territorio nacional.
Otras transportadoras de energía eléctrica de alta tensión son Transba S.A., que es la concesionaria del servicio de transporte de energía eléctrica por distribución troncal en la provincia de Buenos Aires; y las Empresas de Transporte de Energía Eléctrica por Distribución Troncal de Cuyo S.A., de la Patagonia S.A; del Comahue S.A.; del Noreste Argentino S.A.; del Noroeste Argentino S.A.; etc.
En el caso de las distribuidoras, las principales son Edenor S.A., en la que BlackRock y el grupo Mindlin eran sus principales accionistas, antes de venderla a la corporación Vila-Manzano-Filiberti por una suma declarada de 100 millones de dólares, cuando la empresa tenía una deuda con CAMMESA mayor a esa suma (en gran parte condonada por la Resolución 642 de la Secretaría de Energía del 12/09/2022, publicada en el Boletín Oficial el 13/09/2022).
La segunda distribuidora es Edesur S.A., cuyo principal accionista es el Ente Nacional de Energía Eléctrica (ENEL), la empresa estatal italiana que administra la energía de ese país. En Edesur tienen participación minoritaria las firmas Endesa de España y Edesur de Chile. Finalmente, se encuentran las empresas Edesa, Eden, Edes, Edea y Edelap, que preside Rogelio Pagano, quien años atrás fue socio menor de Marcelo Mindlin.
En síntesis, podemos apreciar una fuerte concentración y extranjerización de nuestros recursos naturales en donde impera la propiedad privada. Así lo demuestran las 38.000 hectáreas que Joseph Lewis ostenta en la Argentina, que incluyen al Lago Escondido.
[1] Por la Resolución 642 de la Secretaría de Energía del Ministerio de Economía de la Nación, las distribuidoras eléctricas Edenor S.A. y Edesur S.A. refinancian la deuda que acumularon durante los últimos años con CAMMESA, cuyo monto total asciende a 219.615 millones de pesos, por lo que abonarán 80.210 millones entre ambas en 96 cuotas.
La visión de Tokatlian sobre la ‘paz total’ y la legalización
No creo que sea exagerado afirmar que Colombia fue, por una combinación compleja y dinámica de factores externos e internos, el más violento y fracasado laboratorio mundial de la cruzada contra las drogas ilícitas; una cruzada que jamás fue una metáfora para el país.
En esa dirección, el lugar otorgado por el presidente Gustavo Petro a las drogas en su agenda interna e internacional es, por todo lo dicho hasta ahora, muy congruente. Ha invocado la urgencia de abandonar la ‘guerra contra las drogas’, ha impugnado el prohibicionismo y ha llamado a reorientar las políticas públicas en la materia.
Con justificada razón, pues en esencia el mundo (y no solo Estados Unidos) es prohibicionista, ha recurrido a la idea de regularlas como modo de afrontar el desafío generado por las drogas en Colombia y en el exterior. Su enfoque es razonable y merece destacarse.
(En contexto: En enero no se erradicó ni una sola hectárea de coca en Colombia: ¿por qué?)
A primera vista, quienes por años hemos criticado con abundante evidencia la prohibición y hemos exhortado a favor de políticas alternativas —llámese ‘reducción de daños’, ‘despenalización amplia’, ‘regulación modulada’, etc.— observamos que lo anunciado por Petro es un gran paso adelante.
Sin embargo, a mi entender es insuficiente y potencialmente infecundo. Más aún, me atrevo a conjeturar que la ‘paz total’ será improbable sin una legalización plena de las drogas, de todas, así como de su cadena de producción.
Durante lustros, Colombia ha llevado a cabo varios procesos de paz, con diferentes grupos armados, que han tenido dos elementos implícitos en común.
Primero, la idea de que la desactivación de las fuentes de violencia política permitiría la erradicación de las drogas y la consecuente superación, así no fuese inmediata, de las formas delictivas criminales vinculadas al negocio de los narcóticos. Segundo, la idea de que los posconflictos alentarían una presencia efectiva, recursiva y superadora del Estado en los territorios rurales y urbanos afectados doblemente por la contienda armada y el florecimiento de la criminalidad.
Desde el acuerdo con el M-19 en 1990, pasando por la negociación con los paramilitares en 2002 y terminando con el pacto con las Farc de 2016, ninguno de los dos supuestos se ha hecho realidad.
Dicho sea de paso, Washington nunca obstaculizó esos u otros compromisos, lo que lleva a pensar que Estados Unidos, sus tomadores de decisión y su burocracia aceptaron o toleraron esos dos supuestos.
Sin embargo, el Estado social de derecho ha llegado de manera dispar a los departamentos y regiones más afectadas por la violencia, el negocio de las drogas no se alteró de modo significativo y la violencia política, criminal, institucional y femicida no aflojó de forma decisiva. Y, ante cada frustración, la Casa Blanca reclamó más medidas coercitivas a la espera de que la ‘guerra contra las drogas’, por fin, lograra ser exitosa.
Es bueno recordar que las demandas punitivas de Estados Unidos siempre estuvieron acompañadas de asistencia: según el Washington Office on Latin America, solo entre 2000 y 2022 el monto otorgado a Colombia fue de 13.200 millones de dólares; 66 por ciento de ayuda militar y policial y 34 por ciento de apoyo económico e institucional.
Mientras tanto, la Oficina de las Naciones Unidas contra el Delito y las Drogas informó en octubre de 2022 que el cultivo de coca llegó a niveles históricos en el país con 204.000 hectáreas en 2021.
Colombia en un laberinto
La ‘paz total’ será difícil de concretarse si se continúa operando bajo esta lógica y con esos supuestos. También lo será si el gobierno del presidente Petro espera un guiño oficial estadounidense a una estrategia audaz como sería la legalización plena.
Hoy es difícil encontrar en Estados Unidos una figura muy influyente como lo fue el magnate John D. Rockefeller, quien, en 1932 —un año antes de que la enmienda que estableció la prohibición del alcohol fuese derogada— manifestó que apoyó aquella enmienda de 1919, pero que había entendido que los resultados esperados jamás se lograron: “Al contrario, el consumo de alcohol se ha incrementado… una legión de criminales han aparecido… el respeto a la ley ha decaído y el crimen ha crecido a un nivel jamás visto antes”.
(Le puede interesar: ‘Iván Márquez’ traicionó la paz, solo le queda el sometimiento, dice el Gobierno)
En Estados Unidos, como en otras latitudes, aún prevalece una kulturkampf contra las drogas, así se esté llegando a casos horrorosos como es el consumo de la tranq dope, en la que se combinan sedantes para animales con fentanilo, produciendo efectos tan severos que derivan en amputaciones.
En parte es por este tipo de tragedias que hay fuerzas sociales, think tanks, legisladores, especialistas, comunicadores, ONG y personalidades que abogan activamente por un cambio de política frente a los narcóticos. En ese contexto, entonces, no sorprende el editorial de The Economist del 12 de octubre de 2022, que hace un llamado a que el presidente Joe Biden no sea “tímido”, pues es el momento “de legalizar la cocaína”.
Asimismo, no habría que esperar un acompañamiento de ámbitos como la Junta Internacional de Fiscalización de Drogas. Cuando Uruguay optó por legalizar la marihuana, el presidente de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (Jife) acusó a ese país de tener una actitud “de piratas”, término que no ha usado con países desarrollados. Su condición autoasignada de “guardiana” de los tratados internacionales en la materia se ha visto crecientemente cuestionada debido a una sostenida pérdida de credibilidad: nada modificará, en el corto plazo, esa idea de paladín prohibicionista.
Por ello, no se trata de apelar solo a gobiernos respecto a la legalización: es vital el rol de la sociedad civil internacional y de organizaciones antiprohibicionistas ya que no solo factores ideológicos, sino también religiosos, inciden en las posiciones frente a las iniciativas para legalizar las drogas. Una amplia coalición de vulnerables (familias, comunidades, jóvenes, mujeres, minorías, etc.) frente a los efectos deletéreos de la prohibición es, cada día, más urgente. En breve, sumar aliados estatales y no gubernamentales no será fácil. Pero no intentarlo es prolongar una tragedia sine die. La historiadora y experta en el tema Kathleen Frydt, en una nota de abril de 2019 afirmó que “en 50 años la guerra contra las drogas será considerada algo inconcebible”. Es posible, pero el laberinto en que está Colombia en materia del vínculo paz-drogas es presente e ineludible.
(Además: EE. UU. ya tiene evidencia de pagos de narcos para obtener cupo en la paz total)
Sobre la legalización
El daño de la prohibición ha sido demostrado por innumerables investigaciones, documentos, tesis, informes; lo que resta es interrogarse sobre cómo superarla. Un conjunto de prejuicios, miedos, inercias, hábitos y desconocimientos facilitaron el rechazo a alternativas a la lógica de la ‘guerra contra las drogas’.
Ha habido avances en algunos casos, como el aumento de iniciativas a favor de la descriminalización y la despenalización, y la decisión de legalizar la marihuana. El esbozo de una política de legalización plena de todas las sustancias psicoactivas declaradas ilícitas y de la cadena de producción es, por ahora, muy incipiente.
A mi entender, y en especial para Colombia, concebir tal política exige precisar un propósito central. Con un horizonte de largo plazo, el objetivo debe ser el tránsito de la ilegalidad extendida a la legalidad integral: esto no es tarea de un solo gobierno y únicamente del Estado; esa delicada travesía será transitable y la meta eventualmente alcanzable luego de sucesivas administraciones y con una activa participación de la sociedad.
Por lo general, la legalización de las drogas ha sido objeto de atención y de estudio de acuerdo con las realidades propias de los polos de mayor demanda, y han sido más usuales los trabajos sobre cómo legalizar el uso de aquellas ante situaciones de crisis internas.
Así, el acento se ha ubicado más en la salud pública que en la seguridad nacional. En el caso colombiano, el fenómeno de las drogas trasciende las dimensiones de salud y seguridad: se trata de un asunto de supervivencia. De allí que hay que concebir la legalización como una cuestión estratégica para la viabilidad del país. Por lo tanto, el diseño de una política en la materia debe partir de la existencia de múltiples asuntos en el tema de las drogas. La complejidad de la situación de Colombia no se resuelve comparando modelos como la legalización del alcohol y su presunta aplicabilidad.
Adicionalmente, una alternativa a la prohibición debe sustentarse en razones tanto prácticas como morales. Explicitar los motivos éticos y empíricos para validar la decisión de legalizar resulta fundamental. Los prohibicionistas no poseen una moralidad y cientificidad superior a quienes los impugnan: por ello, las fuerzas prolegalización deben justificar de modo preciso los valores y propuestas que enuncian.
Y a diferencia de los impulsores de la prohibición, las voces a favor de legalizar debieran contemplar los riesgos potenciales —que existirán— y los efectos imprevistos —que también se producirán— para así elaborar una política abierta a la deliberación y a la rectificación.
Explorar opciones es clave. Más recientemente se ha presentado un proyecto de ley en Perú para regular el cultivo, producción, comercialización e industrialización de la hoja de coca y para la tenencia, así como en Colombia para que el Estado asuma un papel clave en la legalización de la coca.
En algunos países, la cocaína ya es legal para ciertos usos medicinales y también ha sido descriminalizada en pequeñas dosis. A lo largo del tiempo han surgido planteos para establecer, entre otras, clínicas que permitan, en situaciones de disponibilidad controlada, el uso de sustancias psicoactivas, así como mecanismos de licencias de venta al por menor de ciertas drogas, etc. En breve, existen varias ideas e iniciativas.
Una propuesta
Es vital entender que entrelazar simultáneamente ‘paz total’ y legalización plena es y será una decisión trascendente que no producirá apoyos inmediatos de algunos países poderosos, de importantes actores sociales y de la mayoría de los uniformados: habrá quizás, al inicio, muchos más detractores que alentadores. Habrá que tener paciencia estratégica.
En este contexto, creo que el Presidente podría convocar a un grupo de trabajo especial para estudiar en profundidad y presentar a la ciudadanía una política de legalización plena. Lo fundamental será elaborar y ejecutar una propuesta realizable y que acompañe, de entrada, a la iniciativa de ‘paz total’. Pero que, además, se convierta en un espacio de seguimiento de las políticas aplicadas para no repetir las falacias, errores y tragedias del pasado. Como afirmó Bertolt Brecht en 1951, en su carta abierta a los artistas y escritores alemanes: “La gran Cartago libró tres guerras. Aún era poderosa después de la primera, aún era habitable después de la segunda. Ya no pudo ser hallada después de la tercera”.
https://www.eltiempo.com/justicia/tokatlian-analiza-la-violencia-y-el-prohibicionismo-de-drogas-en-colombia-744167









