14.3 C
Buenos Aires
jueves, abril 23, 2026
Blog Página 36

GD 30

0

El Ministro Sergio Massa anunció el 18 de enero 2023 que el Tesoro de la Nación va a recomprar títulos de deuda externa por no menos de 1.000 millones de dólares.  En primer lugar, no dijo de donde va a detraer esa suma en dólares.  Si dio a entender que eran dólares que la Administración Nacional tenía previsto comprar en su presupuesto del corriente año 2023 para pagar la compra de gas, gas licuado y otros combustibles en el invierno, que ese gasto se va a ver reducido por la producción de Vaca Muerta y la entrada en servicio del gasoducto Néstor Kirchner desde el 20 de junio, que va a permitir sustituir importaciones por parte importante de ese monto.

Paralelamente el BCRA elevó (el 18 de enero 2023) la tasa pasiva a 1 día de 70% anual a 72% anual, y mantiene la tasa de referencia en 75% anual, cuando sostiene que la inflación va a ser en el año 2023 del 60%, todo para que los agentes económicos se queden en pesos y no se pasen a dólar. La entidad autorizó el ajuste en un intento por apuntalar la baja de los paralelos, después de mantener sin cambios la tasa de referencia desde diciembre, pese a la aceleración de la inflación en diciembre al 5,1% mensual.

En el año 2023 se debe cancelar deuda externa en torno de los 9.000 millones de dólares. De los cuales 4.000 millones son vencimientos de capital y/o interés con el Fondo Monetario Internacional[1], unos 2.000 millones con los bonistas (tenedores privados de títulos de deuda externa Argentina), 1.500 millones de deuda de las provincias y, 1.500 millones de deuda externa de empresas del sector privado que el BCRA le vende los dólares al tipo de cambio oficial para ese fin[2].

Sin embargo debe incrementar en este año, esos vencimientos con los más de 1.000 millones de dólares referidos para la recompra de títulos de deuda que vencen en otros ejercicios.

El Tesoro le ordenó al Banco Central la recompra de títulos bajo ley extranjera, en principio el Global 29 y Global 30, en el mercado secundario. La «estrategia de pasivos», cuyo monto inicial ni plazos fueron especificados, será por un valor efectivo total de hasta 1.000 millones de dólares, equivalente a entre 2.500 y 2.700 millones de dólares a valor nominal. Y la orden dice que será financiada con «dólares» depositados en una cuenta del Tesoro.

El Ministro incluso sostuvo que en la recompra de títulos va a priorizar los bonos globales de corto vencimiento, esencialmente AL 2029 y GD 2030, para mejorar el perfil de la deuda, cuando son los dos bonos que más emplean los financistas locales para hacer la operatoria de compra y venta que se traduce en los dólares MEP y Contado con Liquidación.

Al día miércoles 18 de enero 2023, mientras el dólar oficial tipo vendedor del Banco de la Nación Argentina cerró en $ 187,98.-  el CCL (Contado con Liqui) lo hizo en $ 351,82 y, el blue o paralelo en $ 377.- amplia e insostenible brecha cambiaria en el tiempo, máxime en un año de elecciones de un nuevo gobierno

El Ministro Massa negó que vaya a utilizar los dólares de las reservas de libre disponibilidad del BCRA (que de por sí son exiguas), y si sostuvo en la presentación que: Para la compra de los títulos se utilizarán recursos del Tesoro a partir de las disponibilidades que dejó el ejercicio 2022 y en función de la previsión de menores gastos de importación en rubros como el gas natural licuado.

La Secretaría de Hacienda de la Nación cuenta con los datos a través de Sistema Integrado de Información Financiera Internet (SIDIF) y sabe cuáles son los programas que no necesitan en forma inmediata recursos y, con ello, puede saber cuál es el excedente temporal de liquidez,  e incluso, si puede usar esos recursos en forma definitiva, como lo demostró en el año 2022 mediante la Decisión  Administrativa 826 que disminuyó el presupuesto vigente en $ 210.000 millones, mientras incrementó el gasto en $ 82.000 millones por erogaciones salariales de la Administración Pública Nacional y empresas estatales[3].

Ese uso de recursos propios del Tesoro evitará al Poder Ejecutivo tener que emitir una letra intransferible al Banco Central (deuda con el BCRA) para conseguir esos dólares y usarlos para la recompra, como hizo para pagarle la diferencia en pesos de $ 50.- por dólar en septiembre y de $ 70.- a fin del año 2022 a los grandes productores y acopiadores de soja, pero debería hacerse de dólar y solo se los puede comprar al BCRA y/o tomar un crédito en dólares del exterior (aumentaría la deuda externa para recomprar títulos) y/o un préstamo del tipo Repo en divisas de manera directa desde entidades financieras al Tesoro de la Nación

O comprar en pesos los títulos a recomprar en el mercado local, pero en ese caso, el que se los vende lo hará al precio del CCL (Contado con Liqui).  Y después habría que preguntarse en el caso del que vendió el titulo en pesos, que hará con esa suma en pesos. Si se queda en pesos sería una cosa, pero si se pasa a dólar la presión a la suba de esa moneda no es un terma menor.

Recordemos que en operatoria del 8 de agosto y del 10 de noviembre de 2022, el Tesoro de la Nación canjeó títulos de deuda que vencían el año pasado por 1.400 millones de pesos, para transferir los vencimientos a junio, julio y septiembre de 2023 en Bonos Dual, que se ajustan por inflación medida por el IPC del INDEC o dólar linked (tipo de cambio oficial) a decisión del tomador,  con lo que si se devalúa nuestra moneda y/o se dispara la inflación la deuda del fisco es mucho mayor.

Finalmente la medida se toma en un marco de excesiva liquidez demostrada por la aceleración de la velocidad del dinero[4]  y la existencia de encajes remunerados (pases pasivos, Leliq y Notaliq) en poder de los bancos locales por 10,3 Billones de pesos al 13/01/2023.

El Ministerio de Economía en la licitación de deuda (colocación de nuevos títulos en el mercado interrno y en pesos) en moneda local por 351 mil millones de pesos del día 18 de enero 2023, ofrece un título con vencimiento posterior a las elecciones. Se trata de una nueva letra dollar-linked (Lelink), la cual tiene una modalidad que ajusta al tipo de cambio oficial, con vencimiento a fines de octubre de este año

EN SINTESIS

Son varios los interrogantes que quedan y se irán dilucidando en el transcurso de la semana cuando se comience a instrumentar la operación.  El fin es loable en el sentido que los títulos de duda del Tesoro de la Nación en promedio se compran a un 30% de su valor nominal  (La lámina dice 100 dólares y se compran a 30 dólares). De esa manera al aparecer el Estado comprando es una señal que va a defender el valor del título, poniéndole de hecho un piso en su cotización.

El problema es cómo se logra, si se toma deuda externa para comprar esos títulos y/o, se hace en pesos pero azuzaría el precio de los tipos de cambio paralelo.

Todo este problema nace porque se está pagando una deuda que no se investigó, cuando el Presidente de la Nación dijo en la inauguración de las sesiones ordinarias del 1 de marzo de 2020 que lo haría y, le pidió que hiciera el relevamiento al BCRA , que público con fecha 21 de mayo de 2020 el Informe «Mercado de cambios deuda y formación de activos externos, 2015-2019” y demuestra que de la deuda tomada por la gestión de Cambiemos, la “fuga de capitales” del período comprendido entre diciembre de 2015 y octubre de 2019 alcanzó los 86.200 millones de dólares.

Ni el BCRA (que armó el listado), ni el gobierno nacional dieron a conocer los nombres de los que compraron las divisas en que se endeudaba el Tesoro de la Nación de la gestión de Cambiemos, pero sí lo hizo “El Cohete a la Luna” en una nota titulada “Los 100 de Macri”, del 24 de mayo de 2020 firmada por su director, Horacio Verbitsky, lista jamás desmentida por los interesados ni por el BCRA. Entre esos grande fugadores están Telefónica Argentina con 1.248,2 millones de dólares y Pampa Energía SA (del grupo Midlin y Josep Lewis) con 903,9 millones de dólares[5]; Monsanto Argentina SA (donde hizo toda su carrera Gustavo Idígoras, actual Presidente de CIARA-CEC y conspicuo miembro del Consejo Agroindustrial Argentino); Grupo Clarín con Directv Argentina S.A. y Telecom Argentina SA; el grupo Techint con Siderar SA, con Transportadora Gas del Norte y con Tecpetrol SA; Hidrovía Paraná SA (que es la empresa que tiene la concesión del dragado del Río Paraná); Aceitera General Deheza, una de las grandes beneficiadas con las privatizaciones y concesiones del menemismo, que posee tres puertos propios (uno de ellos socio con la multinacional Bunge) en los 70 kilómetros del nodo portuario del Gran Rosario-Santa Fe que van desde Arroyo seco al sur hasta Timbués al norte de esa ciudad; y también están Arcor SA de la familia Pagani; el Grupo Galicia de los Braun, Ayerza y Escasanny[6]; y  el Banco HSBC; entre otros.

Ninguna de las 100 empresas de la lista de los que compraron 24.679 millones de dólares, puede demostrar en sus estado contables de donde detrajeron los recursos para poder comprar la cantidad de dólares que realizaron entre los años 2016-2019, lo que supone delito de evasión fiscal y fuga de capitales para los compradores e incumplimiento de las leyes, incluida la ley la ley 25.246 de Encubrimiento y lavado de activos que exige saber fehacientemente el origen de los fondos en operaciones de cambio para los bancos, que le vendieron esos dólares que antes le habían comprado al BCRA y no tomaron los recaudos del origen de los fondos.

Tampoco pueden demostrarlo en sus DDJJ al fisco, las 100 personas que compraron 822,6 millones de dólares, entre ellos Néstor Ick de Santiago del Estero que compró 29 millones de dólares;  o el tucumano Emilio Luque que compró 17.800.000 dólares;  también los Eskenazis de YPF y del grupo Petersen;  Claudio Belocopit del Siwf Medical; los Werthein socio de Blackrock en Pampa Energía; o de Mauricio Filiberti, socio de Vilas y Manzano en EDENOR.

 

 

[1] Este año 2023 los pagos de capital al FMI serán mayores a los desembolsos, más los intereses de la misma.

[2] La deuda en  pesos (títulos públicos colocados en el mercado local) supera los 14 billones de pesos en el año 2023,  de los cuales más de 10 billones vencen en el primer semestre

[3] Mediante la DA 826/22 redujo los fondos disponibles en $ 50.000 millones para los programas de educación, en $ 10.000 millones para salud, en $ 50.000 millones al programa de viviendas Procrear y $ 100.000 millones en otras obras pública y para desarrollo productivo.

[4]  V = (P xT)/M;     V: Velocidad de Circulación;  P: Nivel general de precios; T:  Bienes y servicios producidos y comercializados en el período;  y M:  Circulación Monetaria

[5] En ambas empresas (Telefónica y Pampa Energía) Larry Fink titular del fondo  Blackrock, reconoce que tiene participación en su capital.

[6] Larry Fink  reconoce participación en el capital accionario  del Grupo Banco Galicia por un 18,8% del total.

 

 

https://www.eltucumano.com/noticia/opinion/287805/horacio-rovelli-para-eltucumano-gd30?dnd=cat&tit=fb&pos=1&dis=desk

¿Está dispuesto EE.UU. a adaptarse al mundo emergente?

0

Existe un amplio consenso internacional sobre el ocaso de la Posguerra Fría. El “nuevo orden” enunciado desde EE.UU. a principios de la década de los ‘90, con sus ambiciosas promesas de estabilidad, justicia y equidad, estuvo atravesado por múltiples crisis, impugnaciones, conflictos y fracasos.

Occidente ha sido un protagonista principal del incumplimiento de esa promesa. Para una parte importante del mundo, ese corto ciclo fue traumático y rapaz, como lo muestran las guerras contra el terrorismo, contra las drogas y contra los migrantes. Si el inicio del ciclo comenzó con el colapso de la URSS, su clausura se concretó con la invasión de Rusia a Ucrania. Por esto, acierta la Estrategia Nacional de Seguridad estadounidense de octubre pasado al afirmar que “la era de la Posguerra Fría definitivamente ha terminado”.

Sin embargo, una primera cuestión a dilucidar es si EE.UU. ha modificado su gran estrategia. La década de los noventa fue intensa en términos de debates y alternativas de política exterior y de defensa, pero con un principio orientador: la aspiración de promover una convergencia económica y política internacional en condiciones de unipolaridad.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 facilitaron una definición terminante: EE.UU. desplegaría una estrategia de primacía que significa que no se tolera la existencia de un poder de igual talla; sea ese un socio (Europa), un ex enemigo resurgente (Rusia) o un contrincante en ascenso (China). George W. Bush implementó una primacía agresiva sustentada en la fuerza y el unilateralismo.

Barack Obama ensayó una primacía calibrada con cierto tacto diplomático y consulta con los aliados próximos. Donald Trump ejerció una primacía ofuscada, despreciando el multilateralismo y maltratando a cercanos y oponentes por igual. Joe Biden no abandonó la primacía, la dosificó, procurando más contra-partes para cercar a China y fortaleciendo la proyección militar.

Los matices existentes entre las cuatro administraciones no implican que la pretensión de preponderancia global haya cedido. Pero el gradual debilitamiento estadounidense afectó los pilares domésticos y materiales de una gran estrategia inmoderada, lo que refleja una doble brecha entre medios y fines y entre el sentido de superioridad nacional y la realidad mundial.

En ese contexto, una segunda cuestión a elucidar es si EE.UU. está dispuesto a adaptarse a un mundo transformado y cambiante.

Hay factores y fuerzas que parecen impedirlo. La presunción de poseer un destino manifiesto y un liderazgo incontestable, las inercias burocráticas, tanto de civiles como de militares, los consabidos mapas cognitivos de amigo-enemigo de los tomadores de decisión, la persistencia de intereses creados de sectores poderosos, la aversión a ajustar el American way of life y la fuerte polarización política interna, entre otros, dificultan la acomodación internacional de Washington.

Paralelamente, lo que se conoce como restraint (auto-limitación) es una concepción alternativa que ha intentado desafiar, sin éxito, a la primacía. La restraint apunta a la moderación, a evitar la arrogancia, a aceptar la contingencia, a reivindicar el pragmatismo por sobre la ideologización, a rehuir cruzadas como la confrontación democracia vs. autocracia, a impugnar la lógica de las guerras perpetuas, a elevar el bienestar ciudadano en lo interno y a advertir el alcance de los retos globales que Estados Unidos comparte con China.

No se trata de una invocación ingenua al aislacionismo, sino de la conformación de una gran estrategia acorde con lo realmente existente dentro y fuera de EE.UU. El centro de gravedad mundial está mutando hacia Oriente y los tres siglos de predominio de Occidente (de sus valores, creencias, intereses y reglas) está experimentando, paulatinamente, su crepúsculo.

Hoy, internacionalistas, personalidades y comentaristas están retomado el concepto de “policrisis” que, a finales de los ‘90, acuñaron Edgar Morin y Anne Brigitte Kern. La policrisis es un tipo de crisis en la que se entrelazan y refuerzan problemas vitales y amenazas sistémicas que pueden ser catastróficos para la humanidad.

Así, estaríamos asistiendo a una agregación de riesgos potencialmente descontrolados. Bajo ese cuadro sería indispensable actuar con un criterio global y no simplemente nacional para, de ser posible, revertir el estado de degradación planetaria y el enorme malestar social. De allí la duda sobre si EE.UU. está dispuesto a acomodarse al estado actual del mundo.

En distintos ámbitos se observa una reafirmación soberanista, la centralidad de la defensa y la preeminencia de la política local. En materia comercial, en particular ante el auge chino, prima un proteccionismo creciente y un esquema de desacople de Washington respecto a Beijing cuyas consecuencias son impredecibles.

En materia ambiental, la nueva ley de Reducción de la inflación, entre otras medidas, podría tener efectos proteccionistas y estimular retaliaciones; incluso de socios cercanos. Es bueno recordar que, según el índice de Performance en Cambio Climático de 2022, EE.UU. se ubicó en el puesto 55, entre 64 países. En materia militar, Washington acaba de aprobar el más grande presupuesto de su historia: US$ 858.000 millones de dólares.

En síntesis, en el inicio de 2023 Estados Unidos no muestra señales de adaptarse a un mundo con más difusión de poder, mayor diversidad cultural, pluralidad de creencias y con nuevos retos. Su resistencia al ajuste y al cambio es tenaz.

 

https://www.clarin.com/opinion/-dispuesto-ee-uu-adaptarse-mundo-emergente-_0_E1MFUAjYsl.html

Informe económico mensual

0

Se hace un relevamiento de algunos indicadores para el corto y mediano plazo.

Se describen brevemente las dos grandes crisis de estancamiento en términos del PBI real en los últimos 72 años. Golpea en el historial de varios gobiernos.

Se consideran las múltiples funciones u objetivos del BCRA.

Se compara la inflación, el tipo de cambio oficial, el consumo privado, la desocupación y la confianza del consumidor. La inflación del 2022 finaliza superando largamente a todos los países de América Latina y el Caribe, excepto Venezuela que integra otra galaxia.

Se pasa revista de los índices de actividad tanto oficial del Indec como de Fiel e IGA, e indicadores de la demanda de electricidad de grandes usuarios, producción de automóviles y construcción.

Se hace un repaso de variables monetarias como la base, los depósitos y los préstamos.

Otro tanto del comercio exterior. Finalmente se reseñan comentarios sobre los ingresos y gastos corrientes, el resultado financiero y la deuda pública. Nuevamente Argentina pica en punta en la relación Deuda / PBI, por encima de todos los países de América Latica, nos superan algunos Países del Caribe como Barbados y Bahamas.

Incluimos en algunos casos gráficos con valores anuales, para observar en pocos números.

Como ya estamos en año electoral Inodoro y Mendieta cumpliendo con la Constitución van a la escuela pública 348 a emitir el voto, pero no todo es tan sencillo y da pie a propuestas.

Presidente de mesa: “¿tiene pa mucho, Pereyra? ¡Hay treinta millones de argentinos esperando pa votar!”

Inodoro: “Es que encontré un crestiano durmiendo en el cuarto escuro”

Presidente de mesa: “¿Un demócrata crestiano?”

Inodoro: “¿Será un indeciso?”

Presidente de mesa: “¿Ya votó Pereyra?”

Pereyra: “¡No detra! ¿Qué pasa que no dentra? ¡Hay que hacer urnas más jetonas!”

Presidente de mesa: “Pero….. ¿Que puso dentro del sobre Pereyra?”

Inodoro: “El voto….Pero también agregué unas chirolas pa que el gobierno tenga pa sus gastos al principio. ¡Y unas rodajas de matambre casero! ¡Un presidente no puede asumir con el estómago vacío, mi amigo!  ¡Votar vota cualquiera, aparcero! ¡Pero hay que ponerle hombro al gobierno!”

Presidente de mesa: “¡Váyase, Pereyra!”

Inodoro: “¡Degüelvanme antes al Mendieta que se quedó encerrau en el cuarto escuro!”

 

2023 enero 2 Indicadores macro varios

¿Pelea o lucha?

0

A propósito del juicio que se sustancia en la localidad de Dolores por el homicidio de
Fernando Báez Sosa a manos de un grupo de 8 rugbiers oriundos de la localidad de Zárate surge la posibilidad de analizar lo sucedido desde una mirada cultural.
Esto fue más que un enfrentamiento entre jóvenes que acabó trágicamente con una muerte,
también representa el enfrentamiento entre dos pautas culturales de las cuales los actores son meros y trágicos emergentes.
Aquí paso lo de siempre, han muerto 4 romanos y cinco cartagineses; decía el poema de Federico García Lorca.
Los hechos: El 18 de enero de 2020, en la ciudad balnearia de Villa Gesell se produjo un
enfrentamiento entre dos grupos de jóvenes dentro de un local bailable nocturno, que aparentemente no pasó unos roces.
Ambos grupos fueron sacados del lugar por los custodios por distintas puertas. Mientras uno
de los grupos, el menos numeroso se mostró tranquilo y fue a tomar helados en un local frente al bailable; el otro atacó a estos de manera sorpresiva dirigiendo su agresión a un joven en particular, que terminó muerto. Algunos se dedicaron a agredir a este joven mientras otros contenían a sus amigos para impedir que fuera defendido por los mismos.
Los antecedentes: ¿quienes eran unos y otros?
El muerto era oriundo de CABA, hijo de un encargado de edificio en el elegante barrio de Recoleta, vivía con sus padres en dicho edificio. Ambos padres son inmigrantes paraguayos. El joven estudiaba derecho en la UNBA y estaba de vacaciones en la localidad balnearia con algunos amigos.
El otro grupo, al que se ve como agresor según las imágenes tomadas por cámaras de seguridad y por videos tomados con celulares, es oriundo de la localidad de Zárate, al norte de la provincia de Buenos Aires. Sus integrantes tienen en común la amistad y la práctica deportiva, son todos jugadores de rugby.
Es interesante notar que cuando la noticia tomó estado público, las autoridades del club al
que pertenecen no hablaron de homicidio sino de un “accidente”.
El rugby es popularmente considerado como un deporte de élite, que cosecha el mayor número de simpatizantes entre las clases medias y las clases altas, a las que pertenecen los
aficionados que lo practican. No es como el fútbol que atraviesa las clases sociales en cuanto a simpatizantes y, frecuentemente, su práctica representa una posibilidad de ascenso económico para jóvenes de clases populares.
Según testigos, algunos de los rugbiers se refirieron a Báez Sosa como “negro de mierda”, y
uno de ellos dijo algo así como “a este me lo llevo de trofeo”.
A partir de las investigaciones periodísticas y judiciales se ha podido saber que el grupo de
rugbiers tenía antecedentes de participar en peleas con bastante frecuencia en su ciudad de origen.
Supuestamente su ‘modus operandi’ consistía en generar un enfrentamiento casual dentro de un local nocturno, por ejemplo el derrame accidental de una bebida o un simple roce, luego se invitaba a pelear afuera del local a la o las víctimas elegidas, en condiciones de paridad, como muestra de hombría, pelea de machos. Al salir la cosa cambiaba ya que el resto del grupo estaba esperando afuera y siempre el enfrentamiento era de muchos contra uno o de muchos contra pocos.
Según también pudo saberse, aunque no todos los rugbiers pertenecen a familias de alto
poder económico, clase media alta, a lo sumo; algunos de ellos son hijos de personas con cargos en la justicia y de otras que son o han sido funcionarios públicos del ejecutivo municipal, motivos por los que en la ciudad de Zárate se los menciona como “los hijos del poder”. Esto último no pasa de ser una designación dependiente de la subjetividad de la población, pero lo que parece ser concreto es que este grupo hasta el momento anterior al homicidio había ejercido la violencia con total impunidad, y esto indudablemente da sustento al rumor.
A partir de este relato podemos hacernos varias preguntas. En principio el relato mismo
contestó algunas, sabemos qué pasó y cómo, sabemos dónde; pero todavía podemos preguntarnos por qué y para qué.
Esto no fue simplemente una pelea, independientemente de que por la manera en que se
produjeron los hechos suene a trampa o emboscada, casi una cacería; aquí hubo un choque de dos culturas de dos modos de enfrentar las relaciones sociales y la diversión. La víctima, un estudiante, hijo de migrantes, que había logrado pasar unas vacaciones con amigos en una localidad balnearia.
No importa si fue la primera la segunda o la tercera vez que lograba salir de vacaciones, era en definitiva un anónimo, como tantos chicos que viven en una gran ciudad como Buenos Aires.
Los agresores, un grupo probablemente auto considerado como perteneciente a una élite de
una ciudad pequeña, en donde habían desarrollado una historia de abusos, tolerados por sus
familias, lo que representa una aprobación tácita, y que merced a sus relaciones habían logrado permanecer impunes; lo que seguramente les habrá dado sensación de poder y superioridad.
Dañar a un semejante, a un igual que puede reflejarnos como espejo, provoca en general,
culpa. No podemos pensar que este grupo es un seleccionado de psicópatas que no sienten culpa.
Podrá haber alguno de ellos, tal vez más de uno que tenga características psicopáticas; pero
seguramente no son todos. Hay aquí algo más en el manejo de la culpa. No siente culpa el cazador cuando mata a una presa, sea por necesidad de alimentarse o por ‘deporte’, si es que quitar una vida sin que exista la necesidad de alimentarse pueda considerarse deporte; no siente culpa porque no mata a un igual, sino a otro ser que considera inferior. Catalogar a Fernando Báez Sosa como un “negro de mierda” implica en la concepción de ese discurso considerarlo un ser inferior, negarle la condición de semejante.
Curiosamente este es el mecanismo que habilita el racismo y el odio de clase. Parece ser que
para la subjetividad del ser humano representa menor costo afectivo el odio que la culpa, por lo tanto al negar la condición humana del otro se lo puede dañar o abusar sin culpa, antes de que la culpa aparezca el odio racial o de clase acudirá en auxilio de la conciencia del odiador, auto percibido como perteneciente a una clase superior a la de su víctima.
Aquí hay dos cosas a tener en cuenta, en general la construcción de la subjetividad en cuanto
a lo que tiene que ver con los llamados ‘valores morales’ se desarrolla mayoritariamente en el hogar de cada individuo, por lo tanto, de alguna manera los padres de los acusados de este asesinato deberían, aunque sea éticamente, compartir el banquillo de los acusados con sus hijos. La segunda
es que objetivamente, ni estos ocho jóvenes imputados por el asesinato, ni sus padres, son “la clase dominante”, como no lo son los policías que concienzudamente y con esmero dan palos a los trabajadores o a los jubilados en una protesta, son apenas sus perros de pelea, como lo eran los matones de parroquia en la mentada generación del ochenta. Todos ellos, los matones de extracción socioeconómica baja; o los jóvenes más elegantes de clase media y clase media alta que constituyeron la “liga patriótica” en tiempos de Lugones y su invención de la picana eléctrica, son y han sido perros de pelea de las clases dominantes, conscientes o no de tal condición.
Hace algunos días hemos asistido a una asonada golpista en nuestro vecino Brasil. Si lo
pensamos en términos económicos, los beneficiarios del gobierno de Bolsonaro han sido los
miembros de la oligarquía agroextratisvista brasileña y algunas corporaciones multinacionales. Sin embargo una gran cantidad de personas, casi el 50% de los brasileños votó Bolsonaro. Un personaje que repitió hasta el cansancio comentarios racistas, misóginos, homofóbicos, que relativizó la pandemia y con su manejo tiene una gran responsabilidad en las casi 700.000 muertes producidas en Brasil. Posiblemente, los participantes, mayoritariamente blancos de la ocupación de los edificios institucionales de Brasilia, sean también, lo sepan o no, perros del poder.

Loa a la cultura guaranítica. Mate y fútbol

0

El pillaje de América continúa activo, siempre al acecho de encontrar novedosos productos para -sostener al rojo vivo la ilusión de calmar angustias y- alcanzar la felicidad: oro, piedras preciosas, maderas, esclavos, especias, plantas curativas, estimulantes, relajantes, refrescantes, café, chocolate, aguacate, tomate.

En esta línea, los gringos ya le pusieron el ojo a la yerba mate[1], aunque por supuesto no tienen idea que matear es bastante más que juntar el mate con la yerba, la bombilla y el agua. Aunque hay muchas maneras de beberlo, los que sabemos hacerlo observamos un ritual -preferentemente colectivo- que varía ampliamente dentro de un enorme abanico de situaciones, entornos y posibilidades, ya que se toma mate en la oficina, caminando, manejando un vehículo, en reuniones de empresa. ¡Y en Montevideo muchos matean andando en bicicleta!

Tomar mate no es igual que tomar un refresco o tomar café. Requiere un tiempo, un entorno, un clima, una empatía particular. No se matea con cualquiera o en cualquier lugar no sólo porque la preparación no es sencilla ni instantánea; matear con otro(s) significa cierta comunión, amistad.

Se aprende a tomar mate de tanto ver a los padres hacerlo, luego se lo hace en el colegio, con los amigos y ya de más grandes también con otros con los que exista alguna empatía.

A su manera, el ritual del mate es como el de la pipa de la paz de los aborígenes norteamericanos: pasa de mano en mano y de boca en boca, como símbolo de confraternidad. Es una señal de confianza e invitación al acercamiento entre personas.

Históricamente, desde el virreinato, el mate atravesaba todos los estratos sociales, unía e igualaba: era consumido por ricos, pobres, amos, esclavos, nativos, españoles, hombres, mujeres, jóvenes mayores. Incluso se compartía entre miembros de diferentes posiciones sociales, como esclavo y patrón.

Actualmente, en EE.UU. (muy especialmente en California) la yerba mate se conoce entre los buscadores de una vida saludable. Ahí, en esa línea, no sólo lo beben a la manera tradicional, sino que han desarrollado y comercializado diversas bebidas (del tipo funcionales) sin alcohol conteniendo derivados de la yerba mate.

Ojalá no se le ocurra a algún filibustero contemporáneo del norte  sintetizar la yerbatina (sic) así como sucedió con la cocaína a partir de las hojas de coca cosa que parece difícil (por lo menos hasta adonde ha llegado el conocimiento científico actual) ya que se ha comprobado que la yerba mate contiene -no uno sino- tres principios activos, a saber: cafeína, teobromina y teofilina, mientras que la supuesta mateína no existe como principio activo exclusivo sino que es la cafeína en la Yerba Mate, uno de los ingredientes centrales de este «cóctel de salud» estimulante, matizado por los otros dos principios activos.

La magia más grande que tiene el mate, esa de ser un estimulante de efecto suave y prolongado, debido a la acción conjunta de los 3 principios activos, tan apropiado para compartir con otros seres humanos en contextos de calma y serenidad, la heredamos de los guaraníes que la descubrieron en el monte y aprendieron cómo usarla. Ellos ordenaban su vida según un principio de reciprocidad porque consideraban que no era más rico el que más tenía si no el que mayor capacidad tuviera de compartir los bienes materiales y espirituales con los demás.

Esos contextos de camaradería en la diversidad son propicios para la conversación entre personas,  ayudan a hilvanar relatos, costumbres y tradiciones, desde lo doméstico a lo cósmico (que entre los guaraníes está siempre presente) facilitando la transmisión de los ancianos a los jóvenes. Quien prepara y ceba el mate invita a otros a sumarse a la ronda para beberlo, lo ceba a ritmo pausado -para no interferir con los intercambios entre los integrantes sino- a fin de agregarle a la reunión el elemento que marca el ritmo, nutre y aúna a los presentes, con la combinación precisa de tierra-agua-fuego que porta aquel mate que va-y-viene en ronda, como sucede con la dinámica entre los integrantes de la mateada. Todo ello enmarcado en un clima de calma, respeto y sabiduría.

A propósito del último Mundial de Futbol, probablemente en las innumerables rondas de mate habidas en los años de Scaloni como entrenador del equipo argentino se haya ido forjando el sentimiento de pertenencia a ese colectivo deportivo cuya potencia ha superado varias veces la sumatoria de las destacadas individualidades de los integrantes -como quedó evidenciado a la hora del reciente Mundial .

Al respecto comentan los medios gringos: “La delantera gana partidos, la defensa conquista campeonatos y el mate -una bebida vegetal amada por el equipo argentino de fútbol- podría ayudar a ganar la Copa del Mundo”.  «Tomo mate más que nada debido a que ayuda al equipo a integrarnos mejor, señala el mundialista MacCallister” (Insider. Dic 13, 2022). Otra nota reciente decía que Argentina tiene en la Copa del Mundo una poderosa arma secreta” (Rolling Stone,  17 de Dic 2022). Por su parte, el New York Times se preguntaba (13 Dic 2022) ¿qué estaría dando tanto poderío al equipo argentino en el Mundial? y respondía: las 1100 libras de yerba mate llevadas al evento para su uso durante el torneo. Al comentar esta última, Ámbito del 13 diciembre 2022 titulaba: “La desopilante teoría del New York Times sobre la Selección Argentina”.

Claramente, si algún rasgo especial hay para destacar del actual equipo de fútbol argentino es su capacidad para sobrellevar situaciones adversas. Una virtud que se apoya en la cohesión grupal, condición eminente para un deporte de conjunto. La selección argentina demostró la convicción necesaria como para recuperar lo mejor que un deporte de conjunto puede brindar: habilidad; compromiso, respeto y esfuerzo conjunto. «Logramos que Messi sienta que es uno más», destacó Scaloni, quien desde que asumió el cargo de seleccionador siempre repitió que tenía el objetivo de que el equipo nacional vuelva a ser «de todos».

Tal vez en esto último resida la inmensa alegría del pueblo argentino expresada todo a lo largo y ancho del país, en perfecta sintonía con el explícito deseo de la Scaloneta de brindarnos alegría (si con la copa ganada, mejor aún). Este seleccionado, el mejor del mundo, sin pretensiones de instalarse en un lejano Olimpo ha estado -aún en la distancia física- y está tan cercano a nosotros, a nuestras costumbres y tradiciones populares. La mejor prueba de esto ha sido el broche de oro de la fiesta mundialista con la comunión entre los millones de personas desplegadas festivamente por las calles de la metrópolis bonaerense y la Scaloneta que se desplazó lentamente en un ómnibus para compartir de cerca y atentamente el júbilo de la muchedumbre.

La vasta influencia guaranítica tan denigrada en nuestra sociedad por las élites argentinas debido a su procedencia de “indiada bruta”, simbolizada por la cultura del mate y tantas otras buenas costumbres guaraníticas que se han incorporado a la cultura de los argentinos, como la utilización de diversos yuyos para una vida más saludable. Entre esos yuyos curativos se destacan los mates cebados por Scaloni para todo el equipo, los que además de sus efectos positivos sobre los individuos parecieran haber sido el arma secreta detrás del triunfo mundialista de la selección nacional como medio para alcanzar una óptima integración entre los miembros del plantel.

Por eso se me ocurre que podrán los gringos comprarse toneladas de yerba mate pero difícilmente puedan capturar y llevarse nuestro ritual del mate con todo lo que éste implica según evidenció el equipo argentino en el Mundial 2022. Pero por si llegaran a ponerse muy insistentes, posiblemente haya alguien atento que les señale: «Qué mirás, bobo, andá pa allá»

 

 

[1]     https://www.nytimes.com/2022/12/13/sports/soccer/argentina-yerba-mate.html#:~:text=the%20World%20Cup%3F-,1%2C100%20Pounds%20of%20Yerba%20Mate.,the%20world%20%E2%80%94%20including%20to%20Qatar.

Un lugar en el mundo

0

A propósito de una fotografía que ilustra una noticia de un diario brasileño de hace unos
años. En este caso, representantes de pueblos originarios pidiendo ayuda en una capital.
Los pueblos originarios de todo nuestro continentes han vivido tragedias similares, con
diversas variantes pero con similares consecuencias; muerte, pobreza, marginalidad, y en muchos casos extinción.

Ellos siguen buscando su lugar en el mundo, un lugar que tuvieron desde tiempos ancestrales y comenzaron a perder hace algo más de 500 años. Antes de eso habían vivido miles de años siendo cada uno espejo del otro, con negros cabellos que solo variaban sus colores si los pintaban con algún pigmento o si el tiempo los emblanquecía, con pieles cobrizas producidas por la asociación de sol y melanina, con nombres que representaban a su geografía, o mejor aún a su ecología, a los animales con los que convivían en su hábitat, a los fenómenos atmosféricos.
No eran ni malos ni buenos, si debían amar, lo hacían en su idioma, en las variadas y
múltiples lenguas que se desarrollaron en este continente, si tenían que odiar lo hacían de la misma manera, eran simplemente personas. Personas que habían elaborado respuestas comunitarias para satisfacer su alimentación, para protegerse de predadores e inclemencias climáticas, personas que habían establecido relaciones parentales por las que discurrían sus pulsiones sexuales y establecían sus lazos de pertenencia.
Conocían el valor alimenticio y curativo de las plantas de su región, cazaban con criterios de
subsistencia y no de acumulación, pescaban de la misma manera, conocían el valor del barro que convertían en cacharros para su vida cotidiana.
Gustaban de adornarse con plumas y colores, se comunicaban con sus dioses a través de
danzas y ritos, en sus comunidades no había excluidos, el maíz, la papa, el pescado, la carne, lo que fuera que constituyera alimento, era para todos.
Algunos trabajaban los metales, metales que servían de ornamento y para homenajear a sus
dioses, no eran armas ni monedas de cambio.
Hace algo más de cinco siglos se enteraron que estaban desnudos, dice Eduardo Galeano,
también que eran indios, que eran infieles y que eran salvajes. Se enteraron de todo esto por
hombres de piel clara y barba espesa, con cuerpos cubiertos de tejidos y metales, con caños
metálicos que vomitaban fuego y mataban, portadores de un curioso elemento en forma de cruz que si era sostenido por abajo era un símbolo místico al que había que adorar, aunque para ellos no significara nada, y si era sostenido por la parte superior se llamaba espada y con ella se mataba, y se mataba por múltiples motivos, en algunos casos por no adorar la mentada cruz; aunque en definitiva se mataba siempre por el mismo motivo, no aceptar mansamente los designios de estos invasores.
Ellos trajeron su moral, que no es otra cosa que el discurso de los que dominan, los que
deciden que está bien y que está mal, y para lo que está mal está siempre allí, lista, la espada.
Trajeron su avidez, su enfermizo deseo del oro y de la plata, no veían la producción como
una forma de subsistencia sino de acumulación, el oro no era para homenajear a los dioses, aunque decían tener un dios, su verdadero dios era el oro.
Tiempo después también se enteraron que eran americanos. El que tiene el poder tiene la
potestad de nombrar y mientras los nombres blancos crecían, los de ellos se sumían en penumbras hasta, en muchos casos, desaparecer con sus idiomas. Debieron aprender el idioma de los extraños sin otra opción de comunicación en su propia lengua que no fuera restringida a pequeños grupos de sobrevivientes.
No fue un choque de culturas, fue una cultura aplastada por otra. El sincretismo no fue una
iniciativa de los invasores, fue apenas una manera de resistir, de mantener algunas costumbres y creencias de los dominados, una manera de subsistencia de su identidad amenazada, negada, en algunos casos hasta la extinción; en otros, su vida se convirtió en un bien de uso para los invasores y se fue desangrando poco a poco.
Otra forma de desaparecer fue la dilución, el mestizaje con los invasores pobres, los de mala
fortuna, o la servidumbre, les quitaron el nombre y la memoria, el orgullo de la pertenencia y el idioma, les hicieron desear vestirse como sus verdugos y en muchos casos desear que su piel se asemejase a la de ellos.
Ahora, los que quedan, los que sobrevivieron a la extinción, los pobres entre los pobres, los
nadies, para seguir parafraseando a Galeano, habitualmente sobreviviendo en la mayor invisibilidad, aparecen en algunas oportunidades como un número de color, con atuendos que mezclan su modalidad original de vestimenta con prendas de la sociedad que los ignora, como el corpiño que se observa en la mujer de lo foto.
Aparecen reclamando su existencia a los sordos oídos de un poder que los ignora, que solo
los tiene en cuenta para rodearlos de policías, cercarlos como animales peligrosos y a lo sumo exhibirlos en fotografías dedicadas al turismo.
Pero el tiempo no vuelve, las modificaciones de las costumbres derivadas del crecimiento
exponencial de la tecnología, han hecho de ellos, de lo que lograron conservar de sus costumbres ancestrales, de sus culturas, una suerte de museo caminante, un dato de la realidad que se observa ocasionalmente y que no trasciende de ser un pantallazo de color custodiado en las metrópolis, y custodiado no para protegerlos sino para controlarlos.
No hay propuestas ni proyectos para ellos en los gobiernos que respeten su integridad
comunitaria, tienen como única opción ser subsumidos en los bolsones de pobreza de las capitales o disgregarse como mano de obra barata campesina.
Ellos siguen buscando su lugar en el mundo; pero su lugar, lamentablemente ya no está.

Intervención de Carlos Ábalo en Sindicato de Farmacia

0

La convocatoria de La Capitana a debatir  por el cambio de gobierno en Brasil y la inserción de Argentina en América del Sur en el Sindicato de Farmacia, tuvo un alcance mucho mayor del que parecía, y terminó centrándose en la crisis mundial por la intervención de Juan Tokaltian. Yo iba a intervenir desde mi casa por mis problemas de salud y mi más reciente dificultad para movilizarme, pero hubo problemas técnicos para hacerlo, además de que las dos intervenciones previas a la mía se habían extendido mucho más de lo previsto, la discusión se habría alargado demasiado, y –como participante final- me hubiera obligado a sintetizar excesivamente mis respuestas. Después de la pausa del campeonato de fútbol seguida por los festejos de fin de año, hoy 8/1/23, van por escrito, y como también se alargaron de acuerdo a lo que había proyectado, incluso me obligan a encarar el tema de la inflación, esencial para explicar la crisis, sobre todo en Argentina. Esta respuesta es una síntesis inicial, a la que seguirán otras, por cada uno de los temas involucrados.

No estoy del todo de acuerdo con la presentación de Tokaltian, aunque coincido en que la crisis mundial es muy grave. Sin embargo, mi opinión es que resulta mucho más grave de lo que se deduce de su presentación, porque es irreversible, lo que no quiere decir que no se extienda por mucho tiempo, a costa de un sufrimiento social cada vez mayor, y que llegaría mucho más lejos si desemboca en una guerra abierta, que no podrá ser menos que atómica, en cuyo caso las condiciones de persistencia de la vida en la Tierra podrían desaparecer enseguida o en poco tiempo. El principal límite para que no se produzca es que esta vez el territorio estadounidense no escapará de la guerra, ya que este país en 1945 no tuvo reparos en lanzar dos bombas atómicas sobre Japón, cuando ya estaba vencido (Hiroshima y Nagasaki). Lo hizo para advertir a la Unión Soviética (URSS) y también para que Japón, en su reconstrucción financiada por Estados Unidos, no se apartara jamás de subordinar su política internacional a la de ellos, como volvería a suceder del todo con Europa si en la incierta guerra de Ucrania, Rusia no consiguiera llegar a un acuerdo de paz que acepte resguardarla de la avanzada de la OTAN sobre su territorio, tal como lo acordado cuando se desintegró la URSS, a fines de los años noventa, y que se empezó a concretar en el Primer Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I), firmado por Gorbachov y el presidente de Estados Unidos, George H. W. Bush, en Moscú el 31/7/1991. Es posible que el presidente, Vladimir Putin, se haya excedido al acudir a la guerra en Ucrania si la presión sobre las peores condiciones de vida no dividiera a Europa y favoreciera un arreglo con Rusia, a lo que se tendrá que sumar Estados Unidos para no quedar aislada.

Pienso que Rusia tendría que haber insistido más en llegar a un acuerdo con Europa antes de apelar a la guerra, si bien era difícil de lograr. Putin reeditó así la política de la URSS de alcanzar a contener a Estados Unidos por su potencial militar, algo decisivo de entender en el actual contexto internacional. Igual que la URSS, ahora Rusia pareciera que no podría ganar la actual guerra, porque –empujada por Estados Unidos- Ucrania tiene todo el apoyo de Occidente, aunque Putin haya vuelto a colocar a su país como gran potencia militar, recuperando un alto ritmo de crecimiento económico nacional. Esto no es suficiente, ya que, como la antigua URSS, Rusia enfrenta al sistema mundial del capitalismo, y el sistema mundial está siempre por encima de cualquier economía nacional, salvo la mayor de ellas –Estados Unidos-, aunque cada vez en menor medida en la crisis financiera, consecuencia de la crisis económica sin fin del capitalismo, y también de su nueva etapa de integración posibilitada por el ascenso de China y la industrialización de los países emergentes.

Menos aún estoy de acuerdo con Tokaltian en que hay dos Nortes: el verdadero norte es el de los países industrializados, que incluye a Estados Unidos, Europa Occidental, Canadá y Japón, que está en el centro de la crisis, y otro China y el sudeste asiático. Este último no es un bloque totalmente industrializado, que es lo esencial.  China es un país de renta media, tampoco completamente industrializado. Su PBI era en 2021 de 17,7 billones (B) de dóls frente al de 23,3 B de Estados Unidos, y la diferencia es mayor si se compara el ingreso per cápita, de 12.800 dóls en China, 20% del de Estados Unidos. La guerra comercial iniciada por el presidente Donald Trump mediante aranceles fue replicada por China, lo que elevó la inflación en Estados Unidos y redujo el crecimiento chino, y los demócratas mantuvieron los aranceles, que para algunos analistas –que en Estados Unidos son mucho más objetivos que en Argentina- las sanciones no tienen sentido porque China “ya no es un neóficto manufacturero”. Sin embargo, China tiene el PBI más alto del mundo en términos de paridad del poder adquisitivo, lo que indica que su economía es mucho más equilibrada en términos de ingresos que la de Estados Unidos. Esta descripción diferencia a China del norte conformado por los países capitalistas más avanzados, y más aún si se incluye a los países más cercanos a ella en el sudeste asiático, salvo Corea del Sur. El sur de Corea se mantuvo con ayuda estadounidense en el bloque capitalista, al contrario de Vietnam, cuyo pueblo ganó la guerra a Estados Unidos en  1975 y en 1976 se reunificó como República Socialista de Vietnam. Así que no hay ninguna similitud entre el Norte industrializado y China.

El sur es un conjunto muy diferente de países semiindustrializados, con gran presencia de materias primas, decisivas en sus exportaciones, en que se puede diferenciar a África subdesarrollada por efecto del colonialismo imperialista, salvo en parte en la República de Sudáfrica, con un PBI cercano a 400.000 M dóls, muy similar al de Argentina, pero con un PBI per cápita menor, de casi 6.600 dóls, por su mayor población, y un crecimiento anual elevado, que exportaba en 2020 casi 90.500 M dóls anuales en materias primas, e importaciones casi similares a las exportaciones, sin masivas fugas de capital.

En el sur se destaca América Latina. Allí, la Argentina, después de las guerras civiles que duraron cincuenta años y terminaron en 1870, llegó en 1895 a tener el mayor PBI del mundo y se mantuvo en un sitial privilegiado en la región hasta los años sesenta del siglo XX, donde era el país más rico, pero de allí en adelante, y sobre todo después de 1976, con la dictadura militar y las políticas de ajuste, aceleró  su retraso frente a Brasil y México por motivos estructurales: permanencia del agro como eje de la economía, seguida por su clase social dominante, la oligarquía terrateniente pampeana, la exportación fomentada de materias primas del agro y la política antiindustrial, bases de su inflación estructural, negada por los monetaristas.

En la democracia heredada de la dictadura se mantuvo la política económica tradicional, para lo que, ante todo, hay que entender el papel de la renta del suelo (1). Si bien el ingreso se divide en a) salarios, b) ganancia, c) renta por intereses del capital financiero, d) renta por el uso y la apropiación de la tierra y e) impuestos para financiar al Estado, la apropiación de la tierra por los terratenientes (o grandes propietarios) da lugar a la renta de la tierra, que constituye un límite a la ganancia, aunque también es necesaria para el capitalismo, que por eso no la destruye, sino que la adecúa a mejores condiciones para acumular, lo que depende de la relación de fuerza entre la clase terrateniente y la burguesía industrial. Si la explotación terrateniente tiene lugar mediante el trabajo de los campesinos a cambio del pago de una renta, o por la intermediación de una burguesía que paga salarios, unos y otros consumen la producción que da vida a la acumulación de capital, y tanto los terratenientes como la burguesía impiden el acceso directo de los trabajadores a la producción. De por sí, la agricultura progresa más lentamente que la industria (2). Si predominan los terratenientes, éstos se convierten en una oligarquía y si llegan a detentar el poder del Estado, como en la Argentina, se reduce el poder de los capitalistas industriales y los obliga a avenirse a esa situación, aceptando un menor desarrollo industrial como política oficial. Sin embargo, la necesidad del capitalismo de hacer más productivo el trabajo, también obliga a los terratenientes a mejorar con técnicas que aumentan el ingreso industrial, o, al dividirse las propiedades por las herencias, pierden fuerza los terratenientes, y a la larga éstos tienden a perder su autonomía y se transforman en una fracción del capital, sobre todo porque buscan alcanzar un ingreso mayor convirtiendo parte de la renta de la tierra en capital financiero colocado a interés, también propio de la Argentina, pero siempre en función de la fuerza y el potencial político de la economía agraria.

La limitación de la política económica condicionada de la democracia sólo se abrió para la agroindustria, y el peronismo es el único partido político industrializador de Argentina, pero su política no la siguió después de la dictadura todo el peronismo sino principalmente su heredero el kirchnerismo, que sostuvo la política industrial y el crecimiento desde 2003 hasta la aparición de la crisis financiera mundial, en 2008, y por eso concita el odio de la clase dominante, pero la situación actual se caracteriza porque tampoco el kirchnerismo entiende plenamente el alcance de la crisis financiera mundial y de lo que implica un capitalismo internacional más integrado, que impide la vuelta a la política centrada exclusivamente en el mercado interno.

La principal razón es que la economía mundial está en otra etapa diferente desde que China se integró al mundo y posibilitó la industrialización de la periferia capitalista. La pasada grandeza argentina es propia de fin del siglo XIX y principios del XX, en que fue la contraparte agraria de Inglaterra cuando ésta era la mayor potencia mundial por haber alcanzado la Primera Revolución Industrial. Con la Primera Guerra Mundial ( IªGM), de 1914 a1918, el privilegio inglés empezó a extinguirse y por eso también el de Argentina: casi toda Europa Occidental se industrializó y Estados Unidos, después de la Guerra Civil en que el Este industrial derrotó al sur agrícola algodonero y esclavista, se fue posicionando como la mayor potencia industrial, desplazando paulatinamente a Inglaterra.

La industrialización europea centrada en los mercados nacionales (salvo la conquista colonial), sin converger en uno regional, como sería después la Unión Europea (UE), llevó antes de la IªGM) y hasta el inicio de la Segunda (IIªGM), en 1939, a una continua lucha de cada economía nacional por no perder mercados, mediante aranceles frente a la competencia, que fue una verdadera  guerra civil considerando el conjunto de la región europea, como lo hace Ernst Nolte (3). En su inicio, esa guerra civil desembocó en la IªGM de 1914-1918, terminada con el armisticio del 11/11/1918 entre Alemania vencida y los aliados, que incluía a Estados Unidos, el país extra europeo que podía decidir el final del conflicto y unificar a Europa Occidental, pero no lo hizo sino después del desarrollo de esa guerra civil, con sus extremos en el comunismo soviético y el nazismo alemán y, en el medio la mayoría del capitalismo industrial con la democracia liberal. En lo que en el calendario actual sería el 7/11/1917 (entonces en Rusia en octubre), un año antes de la firma del armisticio, ya había triunfado la revolución rusa (por eso llamada de octubre), que debió acordar con Alemania la Paz de Brest-Litovsk (3/3/1918), con la firma de Lenin, máximo jefe de la revolución.

El análisis de Nolte muestra la absoluta combinación de la revolución bolchevique con la IªGM. Los bolcheviques tomaron el poder con la revolución rusa. Si bien ésta fue una muestra de la posible revolución europea, no podía llegar a ser más que una revolución nacional, salvo que hubiera sido acompañada desde el principio por la revolución socialista alemana de noviembre de 2018, al final de la IªGM, encabezada por Karl Liebnekcht y Rosa Luxemburgo y con centro en Berlín. En enero 1919, frente al apoyo de una parte de la prensa a un golpe militar,  se formó un comité revolucionario y Liebnekcht pidió derrocar al gobierno; Rosa Luxemburgo se opuso por considerar que la situación no estaba madura para tomar el poder. Efectivamente, la huelga y el llamado levantamiento espartaquista fue derrotado y el 15/1/1919, Liebnekcht y Rosa Luxemburgo fueron asesinados. Aunque los levantamientos obreros siguieron por un tiempo en otras partes de Alemania, la revolución estaba derrotada, por el acuerdo del Partido Socialdemócrata Alemán con la derecha, que llevó  a proclamar el 11/8 de ese año la nueva constitución de Weimar, que dio a las mujeres el derecho a voto, pero fue acompañada por el continuo acoso de la ultraderecha, hasta que los nazis tomaron el poder en 1933, 24 años después; en tanto las mujeres eran expulsadas del mercado laboral por la crisis.

Nolte muestra la continua presencia de la guerra civil europea, el aislamiento de la revolución rusa por la alianza de la derecha con la socialdemocracia alemana y la estrategia estadounidense, de quedar aparentemente al margen del conflicto para que la guerra entre sus dos mayores rivales –Alemania y la URSS- facilitara su posterior dominio. La imposibilidad de resolver los problemas económicos llevó a la crisis mundial de 1929, con el derrumbe de la bolsa de Nueva York. La crisis se extendió a casi todos los años ´30 y sólo terminó con la IIªGM de 1939-1945, confirmando que las crisis suelen ser un camino hacia la guerra. Cuando el nazismo llegó al poder en 1933 con el Partido Nacional Socialista, Alemania pretendió unificar bajo su mando mediante la invasión militar a lo que entonces era la Europa democrática y liberal y al mismo tiempo se desarrollaban movimientos de oposición autodenominados fascistas, que atraían a grandes masas populares ante la imposibilidad del liberalismo y de la izquierda de resolver la crisis y el paro.

Alemania, después de ocupar Europa Occidental, se dirigió a la URSS, quizá convencida de que –si la derrotaba- podía ofrecer un pacto a Estados Unidos y compartir el liderazgo mundial. La Paz de Brest-Litovsk le había permitido mantener fábricas de armas en territorio ruso, que la URSS aprovechó para armarse, frente a la oposición inicial trotskista que seguía creyendo que la clase obrera mundial defendería a la URSS, cuando la derrota de la revolución alemana inducida por la socialdemocracia ya había mostrado lo contrario. Las divergencias ideológicas desembocaron en la dictadura stalinista que organizó el gran esfuerzo de la guerra y llevó a la victoria de Stalingrado en 1943, que no hubiera podido tener lugar con las repúblicas socialistas desarmadas. Por eso, Stalin construyó una economía nacional poderosa afirmada en la propiedad estatal y la dictadura, pero posible de defenderse. La disputa ideológica que caracterizó a la URSS en sus primeros años, aún después de la muerte de Lenin, fue propia de los ideólogos y de una minoría de la clase obrera, que entonces en la URSS era analfabeta en su mayoría, y por su cultura predominante campesina: en síntesis, la clase obrera mundial no es uniforme, como lo era en la Europa Occidental del siglo XIX en que se extendió la Primera Revolución Industrial que sirvió de base al marxismo inicial. La intelectualidad marxista eternizó esa teoría, sin realizar muchos esfuerzos por actualizarla, sobre todo en la teoría monetaria, aunque la inflación se agravó en el siglo XX y al principio ante todo en Europa, para desembocar en la IªGM, y sin entender a fondo los cambios en este sistema y menos el nacionalismo de la periferia, que se consolidaría como resultado de la crisis mundial de 1929 y de la IIªGM.

El largo horizonte capitalista pese a la profundidad de la crisis, conlleva la búsqueda de una ampliación del mercado que no puede darse en su origen porque el capital, para afirmar la ganancia, busca contener los ingresos masivos del trabajo y aplastarlos en los períodos de crisis, y menos en ésta, que por ahora se presenta como definitiva. Las tres formas de ampliar el mercado son 1) incorporando a las economías nacionales en regiones mundiales, 2) la inversión extranjera directa (IED) y 3) la revolución tecnológica. La regionalización fue reprimida por la competencia de las economías nacionales europeas y la inflación, que llevó a la IªGM, finalizada con el armisticio insostenible de 1918, se resolvió con la IIªGM y llevó a la Comunidad Económica Europea (CEE) primero y después a la UE, inducida por Estados Unidos en un nuevo sistema mundial más integrado. La IED coloca los excedentes de capital de las  economías industrializadas en los mercados de la periferia subdesarrolladael imperialismo, primero en su versión primitiva colonial- que reprime los ingresos del trabajo mucho más que en los centros y por eso en la periferia la crisis se agudiza, agregando a la propia del sistema la del mantenimiento de la economía primaria como eje, que cuanto mayor es, más profundiza la inflación, como en la Argentina. La revolución tecnológica tiene su mayor posibilidad actual e la fusión nuclear, que posibilita la energía de ese origen, más limpia, abundante, de bajo costo, y esencial para armamento de ese tipo, aunque podría tardar decenios para poder usarse (4) .

Por eso estoy plenamente de acuerdo con Feletti, cuando dice que la integración sudamericana, iniciada con el Mercosur, es la mejor respuesta para preparar un camino más favorable al desarrollo. El Mercosur se podría agregar a las actuales tres grandes regiones: 1) el MEC de América del Norte (México, Estados Unidos y Canadá) liderado por Estados Unidos, 2) la UE y 3) China y el sudeste asiático (SEA). Japón no pudo ampliar su área por la competencia regional de China y por eso depende más que Europa de Estados Unidos, que de hecho tiene una alianza preferencial con el Reino Unido pero subordinándolo por completo a su política y dándole la posibilidad de reunir grandes fondos financieros en los offshore de capitales fugados del mundo, y así integrarlo con preferencia al conjunto mundial bajo su mando, y ahora incorporando plenamente a Japón y a la UE que ellos mismos habían creado en la posguerra, y para debilitar a la UE, con el Brexit le quitaron el Reino Unido con el Brexit y tratan de aislar a China. Los demócratas apuestan a esta salida, cuidando los tiempos para concretarla, y los republicanos son los más opuestos a cualquier forma de independencia regional del sur del continente, y dispuestos a empezar a integrar al conjunto de América, que empezó por transformar el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) en un Tratado MEC que dio algunos beneficios a México.

Como se comprenderá, el mayor obstáculo para el Mercosur, como sucede ahora con el porvenir de la UE, es el interés de EE.UU. en constituir un mercado mundial propio, y su mayor aliado para hacerlo es la derecha sudamericana, que en la actualidad parece tener su máxima expresión en la Argentina, en la coalición del PRO contra el peronismo, actualizando la guerra civil larvada desde hace casi 80 años, que iniciada en 1945 contra el peronismo, dio lugar a los cruentos golpes de Estado militares de 1955 y 1976. El objetivo de esos golpes presuntamente democráticos siempre fue el de erradicar políticamente al peronismo, ahora concentrados en los golpes de mercado en defensa de la iniciativa privada  empresaria, exclusiva, la suba de los precios y la baja del salario, ayudada por la mayoría de medios de comunicación a entero servicio de la clase social dominante que, como en el fascismo, han logrado que muchos de los más perjudicados por esa política crean en ella, después de haber casi extinguido la posibilidad del Estado de regular y contener los precios. Esta es una tendencia general del capitalismo, profundizada en la Argentina con una inflación estructural y otra inducida que lleva al núcleo empresario dominante a través de los frentes políticos pro empresarios a realizar políticas represivas que no podrían tener lugar sin ayuda de los medios.

De ahí que esta exposición deba concluir en un intervalo que incluya un análisis provisorio de la inflación, a ampliarse en  próximas notas. Para eso, hay que empezar a recordar qué es una moneda. Para salir de la vida en círculos en que se compartía una producción reducida y poco variada sin ninguna clase de propiedad y que evolucionó hacia el trueque entre los distintos círculos, en que cada humano que lo necesitaba buscaba otro producto que considerara de igual valor, todavía muy lejos de su universalización. La sociedad humana empezó a desarrollarse con la generalización del intercambio, que dio nacimiento a la propiedad privada y a la moneda, una mercancía particular, que en el mercado, sirve para ampliar el intercambio. En el mercado, los participantes no son iguales, porque tienen ingresos distintos. Con el intercambio desigual, la acumulación de moneda por una minoría se convierte en capital monetario y se invierte en producción, que encuentra su contrapartida en el consumo masivo y la inversión del capital en reponer, agrandar y aumentar los medios de producción y la contratación de trabajadores. Para comprender la inflación, hay que entender que en una economía nacional, la moneda nacional necesita un respaldo en reservas del Estado Nacional. El respaldo en un principio se buscaba en el oro, un producto de valor consistente y similar en cualquier economía, pero desde la organización del capitalismo, sólo pueden alcanzar suficiente respaldo las economías con gran comercio o industrializadas y las menos desarrolladas deben apuntalarlas con el endeudamiento en divisas (una moneda de un país industrializado con suficientes reservas),  comprándolas con una producción de menor valor. Por eso, la moneda nacional depende del tipo y variedad de la producción nacional.

La inflación es primordialmente estructural porque se origina en la producción, ya que la moneda es consecuencia de la producción. Por eso, pretender superar la inflación cambiando de moneda es una estupidez, ya que una moneda que no surje de la propia producción, hay que comprarla. Proponer la dolarización es facilitar la compra de dólares a la minoría que puede hacerlo. La política del PRO y de sus aliados, como la de toda la derecha y de los golpes militares, es permitir dolarizar, posibilitar la fuga de esos capitales, contraer deuda pública para reponerlos y obligar a la mayoría de menos recursos a pagarla, endeudando a toda la sociedad a través del Estado. La deuda se origina en la excesiva emisión para monetizar la ganancia, financiar la compra de dólares para fugarlos y pagar la devolución de la deuda privada y sus intereses, y en monetizar el pago de salarios y el gasto social. La política económica de la derecha se concentra en favorecer al capital a través del ajuste continuo, y los medios de comunicación a su servicio se encargan de convencer a la población que sólo el gasto público es responsable de la emisión (no la originada en la ganancia y en la deuda) y por eso exigen achicar el Estado.

Esto es complicado de entender, aún entre los especialistas, porque el capitalismo convirtió la ciencia social de la Economía (Adam Smith, David Ricardo y Carlos Marx, con muy distintos enfoques) en una práctica empresaria desligada de lo social y basada en un mercado dominado por una minoría no mayor al 1% de la población, apoyada teóricamente por el monetarismo y encaminada a sostener y agrandar la ganancia del capital e insistir en que la inflación se origina exclusivamente en la emisión por el gasto del Estado en educación, salud, jubilaciones y en la que requiere la suba de salarios, que es lo mismo que habilitar la emisión sólo destinada a subir las ganancias y contrapesarla con menor emisión bajando gastos sociales e ingresos laborales. Así entendida, la emisión es la base de la inflación, pero como lo que se emite es moneda, su origen es la producción, y como una parte del valor de la producción se destina a la ganancia, el monetarismo lo oculta presentándola como resultado de la emisión destinada al gasto social.

En su charlatanería, el monetarismo construye una supuesta técnica para explicar la inflación que anula su carácter social y que afecta a toda la sociedad, y entre otras cosas, distingue una presunta inflación núcleo, que no es más que la suba de precios más difícil de regular, o más apoyada por la actividad empresaria, y cuando la inflación se agudiza se convierte en una impotencia que llega a ser inexplicable, pero que no tiene nada de misterio. Y si bien la inflación es imposible de erradicar completamente en el sistema capitalista porque proviene del desequilibrio entre el capital destinado a la producción respecto a la demanda, el mayor uso del capital especulativo, que busca ganancias ficticias sin agregar valor, desemboca en subas y bajas bursátiles, y lleva a las empresas a comprar sus propias acciones en la bolsa para sostener la valorización ante las bajas, convirtiendo también en ficticio a una parte de su capital. El viceministro de derecha de AF, Gabriel Rubinstein, reconoció que el margen empresaria creció 30% en 2021 y 40% en 2022. Esa suba neta de la ganancia obliga al BCRA a emitir más, y la insistencia del capital en bajar la emisión a través del gasto público y casi eliminarlo y de una nueva legislación laboral más laxa, es para contrarrestarla con la emisión que respalda el gasto público.

De ahí también el convencimiento de que hay una inflación, cuando la suba de precios se construye día a día. Los analistas pagados por las empresas y conceptuados como especialistas, o los profesionales formados en el monetarismo de la economía al servicio del capital tratan de construir esa suba de precios fomentando las expectativas de las empresas e instándolas indirectamente o no tanto a subir los precios.   

El llamado neoliberalismo fue una reformulación del capitalismo cuando en octubre 1973 tuvo lugar la crisis del petróleo. La OPEP decidió un embargo petrolero a Occidente en respuesta del apoyo de Estados Unidos a Israel en la guerra de Yom Kipur, el día más sagrado del judaísmo, iniciada el 6/10/73, después que con la Guerra de los 6 Días de 1967, Israel aumentó su territorio, gracias a su incrementada capacidad militar. El aumento de los precios del crudo y la inflación inducida contribuyó a bajar el crecimiento económico y el empleo, que puso fin al Estado de Bienestar de la posguerra, y coincidió con la derrota de Estados Unidos en Vietnam y el Watergate (que llevó a renunciar al presidente Nixon en enero 1974), y con el ascenso de Perón a la tercera presidencia, resultado de las luchas de masas y el Cordobazo de 1969. El peronismo antes había sido proscripto, y la dictadura supuso que podría perder las elecciones (como sucede ahora con el esfuerzo de la derecha por acusar y condenar a CFK), pero el Cordobazo le permitió a Perón presentar una coalición presidida por Héctor Cámpora, que ganó las elecciones y que Perón, ya en el país, desbarató organizando otra elección con un triunfo peronista aún mayor, pero ese gobierno, caracterizado por la presencia de José Ber Gelbard como ministro de Economía y un plan económico de crecimiento heterodoxo alejado de los ajustes de la derecha, sufrió los ataques de la izquierda peronista a Gelbard y se desmoronó con la muerte de Perón, en julio 1974.

El avance social fue frenado por el Rodrigazo, plan económico ortodoxo monetarista al que debió acceder Isabelita, seguido por el golpe militar que instaló la dictadura de 1976, con expresiones similares en el Cono Sur, antecedido el 31/3/1964 por el golpe de Brasil, el 22/6/1973 en Uruguay y, sobre todo, el del 11/9/1973, que derrocó a Salvador Allende en Chile, parte del Plan Cóndor y de la doctrina de la Seguridad Nacional de Estados Unidos para retener su control ante la crisis del petróleo iniciada con la guerra de Yom Kipur. Los fundamentos de esa política económica, llamada neoliberal, los aportó Milton Friedman en la Universidad de Chicago con el monetarismo, que se aplicó primero en Chile con la dictadura de Pinochet.

Desde 1945, como resultado de la IIªGM, Estados Unidos transformó al capitalismo en un sistema mundial, que ya lo era potencialmente, porque el capital opera por encima de su nacionalidad, salvo cuando requiere apoyo para reprimir la resistencia a la suba de ganancias o para expandirse desde su origen, a través de la IED. Así, Estados Unidos se convirtió en la patria del capital mundial al someter al mundo a su dominio con su moneda nacional, el dólar, única con suficiente respaldo en oro. En los años ´70, en que se inició la crisis, el dólar ya no tenía pleno respaldo oro, y el crédito se apoyó en la expansión exagerada del capital financiero (con un paulatino aumento de la deuda) que primero pudo sostener el crecimiento en el centro, pero que en los años ´80 obligó a frenarlo con las políticas recesivas de ajuste de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, adelantadas y profundizadas en la periferia capitalista con los golpes militares, como el de 1976 en Argentina. Pero al ganar presencia el capital financiero respecto al productivo, se agrava la crisis por la contradicción fundamental del capitalismo, que para preservar la tasa de ganancia y agrandarla (porque debe pagar la deuda privada), achica la demanda del consumo masivo.

Notas: (1) Michel Augé-Laribé, “La Revolución agrícola”, introducción, UTEHA, México, 1960. (2) Ernst Nolte, “La guerra civil europea, 1917-1945”, FCE, México, 1994. (3) Hay mucha bibliografía sobre renta agraria general y en Argentina, pero hay una síntesis (aunque compleja) en Enrique Arceo, “Argentina en la periferia próspera”, Universidad de Quilmes, 2003. 4) Ver Página 12, 14/12/22.

Informe económico mensual

0

2022 NOVIEMBRE proc. DIC. IPC INFLAC.

Los números comentados corresponden a noviembre, hoy congelamientos o cuidados, un respiro y suspiro con el resultado del mes y si todo sale como espera el gobierno, los alimentos deberían mostrar freno en los siguientes. Observamos otros indicadores, el CCL (dólar contado con liquidación) y Riesgo País y la Tasa de Interés.

Ciclo Massa en plena combustión, los resultados de la gestión se empiezan a sentir, el congelamiento es la jugada más fuerte. Los resultados significativos aparecerán en los próximos meses. Es un decir, pero es lo que esperan en el gobierno.

La inflación de noviembre disminuyó respecto de octubre. Los once meses del 2022 son para el olvido, que por supuesto nadie olvidará. La marca del acumulado del año se destaca claramente de los últimos años, obviamente en el próximo año con bandera electoral otros ruidos y otros tiempos. Repetimos, la inflación ofrece un primer resultado palpable, con cada peso se adquieren menos bienes y servicios. La inflación reduce a escombros el valor de los pesos en el tiempo. Además la inflación desordena los salarios, y termina afectando la distribución de la renta. Algo así como una peste mayor.

 El Riesgo País elevado, promedió noviembre en 2.443 puntos, en el mes  bajó el  -9.9 %. Valor complicado pero veámoslo como una pequeña mejoría.

Inodoro y Mendieta son dos craks en cuestiones de metáforas, es por eso que finalizando el año y con el título mundial en el bolsillo, ambos reflexionan tratando de llevarnos a los próximos años con la participación de Eulogia.

Eulogia: “¿Por qué le tiene tanta ojeriza al agua, Pereyra?”

Pereyra: “Por el recuerdo de mi bisagüelo”.

Eulogia: “¿El indio?”

Pereyra: “No. El que vino del Viejo Continente”

Eulogia: “¿Uropa?”

Pereyra: “No…La Atlántida” “El continente que se hundió. Mi bisagüelo se vino a tiempo. Empezaron a aparecerle manchas en el rancho. ¡Y él se creiba que era humedad de cimientos! ¡Y era la mar que le estaba garroniando la casa!”

Mendieta: “¡Que lo parió!”

Mendieta reflexiona: ¿Se asocia el agua con la inflación?

Trastorno post-traumático. Cómo se instala en la construcción de la subjetividad (I)

0

Hablar de la construcción de la subjetividad y de construcción de la identidad, fácilmente puede resultar una tarea confusa porque pareciera que ambas se superponen, o tal vez una es consecuencia de la otra. Se hace imprescindible para este desarrollo agregar también el concepto de construcción del yo.
En principio hay que tener en cuenta que todas estas construcciones establecerán su residencia en la memoria y esta está ligada fundamentalmente a lo emocional.
Estas construcciones no son otra cosa que la generación de registros simbólicos de la realidad, de nuestra realidad, de la realidad de cada individuo, guardados e interrelacionados entre sí. Estos registros se guardan como símbolos afectivos, establecidos desde un código binario placer-displacer con infinitas posibilidades de gradaciones, que constituirán un continente simbólico que en parte será registrado en la consciencia y en mucho mayor medida será inabordable de manera conciente (entendiendo que conciencia es el conocimiento que se tiene de sí mismo, y consciencia es conocimiento compartido). Nos referimos entonces a información que se encuentra en el subconciente y que, imperceptible pero permanentemente, preside nuestras emociones y nuestras acciones en la interacción con el resto de los seres vivos y con el medio ambiente.
Cuando hablamos de la construcción de la subjetividad, la palabra subjetividad adquiere un valor totalizador, nuestra subjetividad será el conjunto de nuestro continente simbólico. Ella gobernará nuestra afectividad en la relación con las cosas y las gentes desde las sombras, para algunas culturas será ‘el alma’.
Ella es la que nos de el tono afectivo ante el mar o la montaña, ante la música o las gestualidades, y está formada por partes importantes como la identidad y, parafraseando el lenguaje psicoanalítico, el yo y el superyo. El yo es identidad y también es pertenencia.
El universo de lo sensible que hay en cada ser humano, todo lo que puede provocar una emoción está determinado por su subjetividad que le da su particular forma de vivir cada experiencia, real o abstracta. La subjetividad se construye a partir de las experiencias vitales percibidas por cada individuo y estas se simbolizan binariamente en la memoria desde un código placer displacer como decíamos más arriba. Esto abarca la totalidad de las experiencias vividas desde nuestro nacimiento. A partir de la adquisición del lenguaje, aproximadamente a los cuatro años la subjetivación puede estructurarse acompañada de un relato.
Siendo la condición de nuestra especie necesariamente gregaria, ya que no podríamos sobrevivir de otra manera, los vínculos parentales y comunitarios no solo nos permiten sobrevivir, sino que tienen un impacto muy importante en nuestra subjetivación con el valor de una imprimación. Como consecuencia de estos vínculos tenemos por una parte, el sentimiento de pertenencia a ese grupo parental y a esa comunidad que nos contiene, y por otra, el reflejo en ese espejo que son nuestros semejantes, tenemos en ellos una parte importante de nuestra identidad, eso que nos hace idénticos a, pertenecientes a; pero no como un elemento amorfo de ese conjunto, sino acompañado de una consciencia individual, y aquí entra el tema de la construcción del yo. El yo, que se construye con los mi: mi mamá, mi teta, mi papá, mi hermano, mi juguete. Este vínculo más que de propiedad, emocional, que construimos con la otredad y con las cosas, en una tarea permanente que solo se acaba con el fin de la vida. Y también con el superyo, ese catálogo de límites a nuestro deseo que asumimos como propio.
Psicoanalíticamente el ‘ello’ tiene que ver con la conducta instintiva, lo pulsional, algo que existe atávicamente en nuestra conducta simplemente por pertenecer a la especie humana, el conjunto de deseos que están en nuestra naturaleza. Esto no está dentro del campo de nuestra subjetividad, es anterior a ella, no se puede construir, es marca de fábrica. El yo y el superyo sí se construyen; forman parte de nuestra subjetividad, tienen que ver con el desarrollo y la modulación de ese deseo que expresa el ello, la administración de esos deseos, la de la frustración si no son satisfechos (el yo) y los frenos inhibitorios (aquí está el superyo) que ponen límite al deseo controlándolo o incluso censurándolo.
Entre el sentimiento de pertenencia y la estructura yoica/superyoica se construye la identidad.
¿Pero entonces, solo estamos construidos desde el atavismo que representa el temperamento que nos impulsa a responder de manera particular antes los estímulos, simplemente como una respuesta desde adentro hacia afuera o hay algo más? Por supuesto que hay algo más, algo tan importante que puede formatearnos de tal manera que puede inclusive anular algunas de nuestras respuesta naturales. Esto tiene que ver con lo que el antropólogo Roger Bartra llama el exo-cerebro, y es nada menos que la cultura.
La cultura que nos es transmitida de manera imperceptible pero intensa por parte de nuestros criadores, sean o no nuestros progenitores. Ellos son los que nos muestran los límites al deseo, la ley, los que nos acompañan y nos generan nuestras primeras frustraciones y muchas otras sucesivas, nos producen los microtraumas que cumplen una función educativa, y también nos enseñan el afecto.
A la vez que establecen un vínculo con nosotros, nos muestran modelos vinculares con los otros integrantes de la comunidad que quedan registrados en nuestra subjetividad como significantes. Estos significantes son nuestro arsenal simbólico para enfrentar la interacción con la realidad externa a nosotros, la realidad general a todos.
Cuando experimentamos una vivencia que no tiene significantes previos y ocupa todo nuestro espacio psíquico, esta experiencia que ingresa a nosotros desde la i-rrealidad, no tiene como ubicarse en nuestro archivo simbólico emocional y toma símbolos prestados; esto constituye el trauma. Pero eso será tema de otra columna.

La vuelta de Lula y la política exterior brasileña

0

El nuevo gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva comenzará su gestión con un desafío que no será difícil de llevar adelante: revertir el aislamiento y el desprestigio internacional y regional que marcaron la política exterior brasileña durante los últimos cuatro años. El viraje que deberá realizar la nueva administración comprenderá dos tipos de tareas –algunas más accesibles que otras– y un desafío mayor. La primera y más indispensable consistirá en el desarrollo de medidas urgentes de carácter administrativo y contable. Brasil debe cumplir con una serie de pagos asociados a su pertenencia al sistema multilateral mundial, especialmente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El desprecio del gobierno del presidente Jair Bolsonaro por la gobernanza global ha producido una deuda realmente vergonzosa para un miembro no permanente del Consejo de Seguridad (2022-2023) que, de no ser afrontada, podría generar la suspensión de su derecho a voto en diversos organismos pertenecientes a la ONU. 

El segundo grupo de tareas que deberá encarar el nuevo gobierno tampoco ofrece mayores dificultades. Se trata de aquellas asociadas a la recuperación de los marcos institucionales, normativos y de presencia política que reinstalen al país en el lugar que le corresponde. En definitiva, Brasil debe reasumir las posturas y los principios de la convivencia internacional –como el compromiso con la paz, los derechos humanos y el desarrollo– que guiaron su acción durante muchas décadas, eliminando los vestigios de los posicionamientos bolsonaristas que hicieron de Brasil una caja de resonancia de las visiones de la extrema derecha internacional. Estas serán tareas estimuladas por el impulso de reconstrucción de la institucionalidad republicana del frente electoral que proporcionó la victoria presidencial a Lula en octubre pasado. En este caso, se espera que se refuerce la vinculación de estos posicionamientos con el marco democrático inclusivo del gobierno entrante, lo que significará darles lugar y voz a los movimientos y grupos sociales, de género y de diversidad étnico-racial. En términos temáticos, no es difícil anticipar que la agenda ambiental ocupará un lugar de primer orden. De hecho, la presencia de Lula da Silva en la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) fue el gesto que marcó el punto de inflexión respecto de la posición bolsonarista. La promesa de realización de una reunión semejante en Brasil muestra la intención de protagonismo global en la agenda de cambio climático, que viene reforzada por la presencia de la referente Marina Silva para la formulación de la política ambiental a partir del 1 de enero de 2023.

Tampoco será un problema identificar las decisiones de política exterior que reconduzcan a Brasil a su condición de poder regional con agenda global. Los pasos previsibles serán limpiar el polvo de las sillas abandonadas por el gobierno de Bolsonaro en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), dar impulso al Tratado Amazónico de 1978, restablecer la representación diplomática en Caracas y movilizarse para dar respuesta a la crisis haitiana. En el tablero de la gobernanza global, el lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU durante 2023, la presencia en el grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) y la preparación para la Cumbre del G-20 en Nueva Delhi en septiembre de 2023 –con vistas a que Brasil sea anfitrión en 2024– serán también tareas importantes. A ellas se sumará la de desarrollar un lugar constructivo en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra. 

El contenido y alcance de la acción internacional brasileña durante el periodo 2003-2010 constituye el referente que otorga fundamentación y sentido de continuidad a una narrativa progresista, anclada en el mensaje de que se «volvió al futuro». La pregunta esencial es si la reactualización de los principios de «soberanía, desarrollo y democracia», que marcaron las acciones internacionales de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), alcanzarán para generar ese proceso en el presente. De prevalecer un envión renovador y transformador, será crucial ampliar las capacidades de dialogo y acción entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y diversos ámbitos de la política pública estatal, tanto en el nivel nacional como en el subnacional. Asimismo, será necesaria la vinculación con los grupos organizados de la sociedad brasileña, especialmente del movimiento feminista, la población negra y los pueblos indígenas. 

Los actores y movimientos sociales representan un pilar político medular del PT y de los partidos de centroizquierda de la coalición vencedora. Estas fuerzas han incrementado su voz en los intercambios de ideas y proyectos en todos los temas de gobierno, incluido el campo de la política exterior. Para simbolizar el desembarco del nuevo gobierno el 1 de enero de 2023, la toma de posesión de Lula en Brasilia proyectará la imagen de un gran arco inclusivo que combine diversidad racial y multiculturalismo. Sin embargo, será fundamental precisar qué idea de futuro está encadenada a la noción de cambio de época. Y para ello habrá que evitar en los próximos años que esa noción sea apenas una manifestación de intenciones y se mantenga en un nivel cosmético. 

El desafío principal

La mayor prueba para el nuevo gobierno de Lula será la de construir una visión de mundo que otorgue un fundamento y un contenido propiamente político a su proyecto internacional. En este caso, el desafío consistirá en darle forma, identidad y sustancia a lo que en relaciones internacionales se llama una «gran estrategia».

El contexto internacional actual presenta una rara combinación de crisis y movimientos de transformación que abre posibilidades de definición de rutas de política internacional que implican simultáneamente oportunidad y riesgo. Cada día resulta más evidente que el corto ciclo de la Posguerra Fría –con su ideal de convergencia política y económica asentada en una promesa universal de que la seguridad, la equidad y la justicia constituirían los pilares de un «nuevo orden» liderado por Estados Unidos– ha terminado. La creciente pugna entre Estados Unidos y China –más alentada por un Washington declinante que estimulada por un Beijing ascendente– revela que la transición de poder e influencia moldea un interregno en el cual, siguiendo a Gramsci, afloran los «síntomas mórbidos» del sistema global. En tal coyuntura se despliegan fenómenos, fuerzas, contradicciones y procesos que no condicionan por igual a todos los actores internacionales, pues aún hay espacio para la agencia y para una relativa autonomía de aquellos países y regiones que puedan sortear las restricciones y aprovechar las ventajas. Sin embargo, y a diferencia de la primera década del siglo XXI, se han reducido la difusión y fluidez del poder a escala internacional, en especial en el último lustro. Esto hace más arduo, costoso y vacilante el ingreso de los países del Sur global al círculo de los actores que concentran la mayor capacidad de incidencia en los asuntos mundiales. Esta situación limita las chances de un multipolarismo inclusivo.

Frente a este escenario volátil, precario y ambiguo, Brasil podrá recorrer caminos distintos en función de las orientaciones dominantes de su política exterior. Actualmente están dadas las condiciones para elegir líneas de acción que impliquen sumar al país como un jugador de estatura de poder mediano a «partidas» que ya han comenzado y que cuentan con un conjunto de «cartas» colocadas sobre la mesa. El punto de inicio de esta elección es reconocer las diferencias que se plantean en el presente cuando se evoca la idea de multipolaridad que prevalecía hace dos décadas. El cuestionamiento al orden liberal internacional podía generar presiones y fricciones, pero no ofrecía riesgos mayores de colisión. Pero en la actualidad, la difusión y fluidez del poder que otrora acompañabna el surgimiento y despliegue de los poderes medianos han sido reemplazadas por una lógica rígida de polarizaciones que reduce el margen de autonomía de las potencias medias.

Una alternativa sería la adopción de un rol positivo y funcional que identifique formas de contribuir a frenar la crisis y el declive del orden liberal internacional, lo que conduciría a Brasil a una opción «occidentalista». Es importante que se aclare que esta preferencia se traduce más en la dirección de una mayor cercanía y no de un un seguidismo automático de Occidente. En el discurso que brindó tras su victoria electoral, Lula hizo referencia a Estados Unidos y a la Unión Europea y no mencionó ni a China ni a Rusia. Entre las principales aspiraciones que destacó en su discurso se encuentra que Brasil sea parte de la ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU. 

El tema de la reforma del Consejo de Seguridad lleva décadas postergado, pero en la alocución de septiembre de 2022 ante la Asamblea General de la ONU, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció la voluntad de su país de procurar que se aumente el número de miembros permanentes (y no permanentes) del Consejo. Ya en 2021, en todas las votaciones de las resoluciones de la Asamblea General, Brasil tuvo un inusitado nivel de coincidencia con Estados Unidos. El porcentaje de coincidencias de toda América Latina y el Caribe con Washington fue de 34%; Brasil coincidió en 42% de las votaciones, solo emulado por Guatemala y superado por Dominica, que llegó a 45%. Habrá que ver el comportamiento del país a partir de 2023. En 2019, el gobierno de Donald Trump designó a Brasil aliado extra-OTAN y ese mismo año el gobierno brasileño firmó un acuerdo de cooperación con la Guardia Nacional del Estado de Nueva York y acordó con Estados Unidos el uso de la base de Alcântara para fines espaciales. Preservar o eventualmente profundizar la dimensión de defensa entre Washington y Brasilia será una señal relevante a evaluar en el futuro. Atender o no el deseo de Washington de que el país sudamericano contribuya con fuerzas militares o policiales a una nueva misión en Haití se ha presentado en la agenda de conversaciones bilaterales antes de la asunción de Lula da Silva para su tercer mandato presidencial. Al mismo tiempo, las afinidades entre Biden y el ex-dirigente metalúrgico respecto al cambio climático son evidentes. El interés de Estados Unidos de integrar y aportar al Fondo Amazonia, junto con Noruega y Alemania, es parte de esa sintonía. Al mismo tiempo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) anunció en junio de 2022 la «adopción formal de la hoja de ruta para la adhesión de Brasil» y otras naciones. ¿El nuevo gobierno podría agilizar y acelerar ese ingreso a la OCDE como señal de su disposición más «occidentalista»? 

Un eventual acercamiento al círculo de poder de Occidente se puede comprender, en parte, como la expresión de un fenómeno combinado de reciprocidad y necesidad. Antes del triunfo de Lula, quienes más alzaron la voz para defender la legitimidad del proceso electoral y el respeto al Estado de derecho en Brasil fueron las principales potencias de Occidente. A su vez, ante los niveles de polarización existente, Lula seguirá requiriendo del respaldo visible y activo tanto de Estados Unidos como de la Unión Europea. Países como Alemania, Francia, España y Portugal ya han mostrado su disposición a reforzar los vínculos con el gobierno entrante. La cuestión será cómo encajar este apoyo en una lógica de lo que Robert Kehoane llamó la «reciprocidad difusa», lo que implica «algo más» que reforzar un discurso que subraye afinidades entre la democracia brasileña y el sistema de creencias del cluster mundial de promotores de la democracia liberal. La disposición a robustecer lazos con el nuevo gobierno brasileño ha sido manifestada por «pesos pesados» del orden internacional, empezando por Estados Unidos y Alemania. Hay, en tal sentido, un abanico de posibilidades que podrían incluir tanto la reapertura de la negociación del acuerdo Mercosur-Unión Europea –para reforzar concesiones en cuestiones de cambio climático–, como generar espacios de avances promisorios en el campo de la economía digital o, incluso, abrir nuevas agendas de comercialización de equipos militares. La Unión Europea deberá definir quién orienta el relanzamiento de un compromiso hoy en hibernación: París parece más inclinado a no avanzar, mientras Berlín se muestra más inclinado a impulsar el acuerdo de 2019.

De todas formas, la adopción de un camino de este tipo por parte de Brasil significaría una bajada de tono importante con respecto a las posturas de cuestionamiento al liberalismo que marcaron la política exterior de los primeros gobiernos de Lula, además de lo que fuera la apuesta importante a una multipolaridad inclusiva a través de la actuación en grupos como el Foro Trilateral IBSA (India, Brasil, Sudáfrica) y BRICS y el acercamiento a países con presencia internacional como Irán, Turquía e India. Los tiempos ya no son los mismos y los espacios de negociación se han restringido en el contexto de una rivalidad agudizada entre los principales polos de poder mundial. La guerra en Ucrania se ha convertido en un desasosiego que presiona a la comunidad internacional en dirección a prescripciones militarizadas y securitizadas que son muy dañinas para el Sur global. Sin poder librarse totalmente de estas constricciones, existe la posibilidad –y la oportunidad– de que el Brasil de Lula preserve su libertad de acción, buscando al mismo tiempo reforzar un sentido y una orientación independiente y propia. Se menciona, por ejemplo, la iniciativa de asumir un rol protagónico en el frente de la seguridad alimentaria articulando el combate contra el hambre en el plano doméstico con un aporte mundial productivo en la materia.  

En este mismo contexto se proyectan con imponente gravitación las relaciones con China, que presentan nuevos retos. Tanto para Beijing como para Brasilia es más deseable que sus respectivos vínculos se desarrollen dentro de una dinámica intracapitalista de competencia económica y tecnológica, evitando la contaminación derivada de una lógica bipolar de rivalidad geopolítica. Hoy por hoy, China expande su interés en América Latina sobre la base de un tejido que combina el multilateralismo informal (por ejemplo, las cumbres Celac-China) y bilateralismos jerarquizados –con Brasil a la cabeza, seguido por la tríada Argentina, México y Colombia– y mediante acuerdos específicos en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Brasil no podría afrontar los costos que significaría revertir el peso económico-comercial de la relación con China. Tal constatación, entretanto, no implica ignorar la necesidad de encontrar maneras de reducir la dependencia del mercado chino como también de recuperar competitividad en los mercados regionales: la reprimarización de la economía brasileña ha provocado daños para nada insignificantes. En consecuencia, para Brasil será esencial trabajar en conjunto con los socios del Mercosur, en especial Argentina, para imprimir un sentido estratégico a la «sudamericanización» de cadenas de valor.

Otra alternativa para el gobierno de Lula será la de optar «por el Sur». Brasil en general y Lula en particular tienen suficientes credenciales para recuperar y potenciar su condición de poder emergente del Sur global. Si Brasil desea revitalizar su proyección, debería asumir un papel más activo, por ejemplo, en la expansión de lo que se considera el «BRICS plus»: hasta el momento, los motores para la inclusión de nuevos miembros son China y Brasil, pero estos han venido desempeñando un papel relativamente pasivo. Habrá que ver si Brasil quiere o puede invertir en reimpulsar el alicaído IBSA, cuya última declaración de relevancia fue la de 2011. Los foros que otrora fueron auspiciados por Brasil, como los encuentros de los países de América del Sur con el mundo árabe y con África, llevan postrados más de un lustro, en parte por la autodestrucción de la Unasur, que tuvo a Brasil como un protagonista relevante del colapso, y por el retiro del país de la Celac. Relocalizar otra vez en la Unasur las agendas de convergencia sudamericana en temas como la defensa y salud pública, sumando ahora el cambio climático, depende de la reactivación y actualización de la diplomacia regional brasileña y de una desideologización efectiva de los ámbitos subregionales de concertación. 

Volver a estimular los foros regionales de relacionamiento exige voluntad política, recursos materiales y temarios sustantivos que incluyan las voces de actores no estatales. Es probable que el gobierno de Lula tenga disposición a recrear esos espacios, pero es difícil pensar que lo podrá hacer de modo unilateral. En ese sentido, habrá que observar hasta qué punto la vecindad (el Mercosur, Sudamérica, Latinoamérica) acompaña a Brasil en ese empeño y en qué medida Brasil convoca a sus vecinos. Nuevas pautas de reciprocidad, inclusión y distribución serán necesarias si este esfuerzo implica asegurar un liderazgo regional legitimado. Además, será muy importante que, en paralelo, se profundicen ciertos diálogos bilaterales, muy especialmente aquellos de refuercen el compromiso de Brasilia con la paz regional. Dos buenos ejemplos son el de la postergada presencia de Brasil en el llamado proceso de «Paz Total» en Colombia, impulsado por el gobierno de Gustavo Petro, y la regeneración del diálogo y la cooperación con Argentina en temas centrales y sensibles. En esta misma dirección, para Brasil sería recomendable revertir la militarización que actualmente domina las políticas de frontera del país –en particular en las áreas amazónicas–, que perjudica las interacciones sociales transfronterizas y securitiza el tratamiento de las cuestiones migratorias. En algún momento, Brasil y los países latinoamericanos deberían abordar conjuntamente un diagnóstico y una iniciativa en materia de drogas ilícitas y crimen organizado: los temas delicados no se diluyen a pesar de que se los omita.

Para Brasil, América Latina y Asia constituyen hoy los espacios cruciales en materia comercial. Entre los principales diez destinos de las exportaciones brasileñas están China (primero), Argentina (tercero), Chile (quinto), Singapur (sexto), Corea del Sur (séptimo) y México (octavo). Y entre los diez principales orígenes de las importaciones están China (primero), India (quinto) y Corea del Sur (octavo). En breve, una inclinación más «sureña» de Lula da Silva significaría, en la política exterior del país, recobrar la relevancia de la región y diversificar el tejido de vinculaciones con Asia. La opción «por el Sur» no necesita colisionar con otras cartas que quiera y pueda jugar Brasil. Hay algunos interesantes trabajos académicos que muestran que la opinión pública en Brasil se inclina por diplomacias de equilibrio más que por abrazar a tal o cual país o a tal o cual conjunto de naciones. Incluso hay actores domésticos de peso que, de modo pragmático, no quieren perder mercados de exportación como el de China. Y hay también sectores industriales competitivos que buscan ampliar el comercio con África: según algunas estimaciones, el intercambio con ese continente podría duplicarse en los próximos años. La cooperación con Beijing se hizo extensiva a la Antártida: la reconstrucción de la base brasileña en ese territorio fue construida por una empresa china en 2020 para agrado de civiles y militares en el país.

América del Sur también quiere y necesita redefinir su inserción internacional y, en ese sentido, la vuelta de Lula al poder podría significar un acompañante clave y decisivo para pluralizar políticamente y diversificar materialmente las relaciones exteriores de la región. Fue bajo iniciativa de Brasil que, en 1986, se creó la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur, fue durante el mandato de Lula cuando esa zona se dinamizó, y fue el gobierno de Bolsonaro el que la localizó en un lugar irrelevante de la agenda externa brasileña. ¿Quiere Lula reimpulsar este compromiso ribereño de 24 países de la Cuenca del Atlántico Sur para asegurar la no proliferación en el área y evitar las disputas entre las grandes potencias en esta porción importante del Sur global? ¿Tendrá la voluntad, la creatividad y el compromiso el entrante gobierno para proponer ante la comunidad internacional nuevos conceptos más cercanos al Sur en materia de invocación a la fuerza legítima en un ámbito multilateral? No hay que olvidar que la guerra en Ucrania –desde la invasión ilegal de Rusia hasta la proxy war alentada por Occidente– ha significado un duro golpe a un multilateralismo ya jaqueado desde hace años –mucho más por el comportamiento de los más poderosos que por las acciones de las naciones con menos poderío–.   

Algunos puntos claves sobre el porvenir

Desde el punto de vista conceptual, la opción de buscar un espacio independiente y soberano de actuación en un contexto de polarizaciones geopolíticamente demarcadas ha merecido diferentes rúbricas, tales como el «no alineamiento», la «equidistancia» y la «neutralidad». También se han combinado estas posibilidades con una comprensión de los intereses propios que se desea defender y lo que se busca eludir. Esto introduce el pragmatismo como una línea de conducta más adecuada. La idea de que se estaría iniciando una nueva Guerra Fría en el escenario mundial ha otorgado relevancia a ese tipo de reflexión, recordando que el pragmatismo se asemeja de algún modo al colesterol: puede ser bueno o malo, según implique la apertura de alternativas de acción o la aceptación del ajuste a lo establecido en el ámbito internacional. Por ello mismo, habría que indagar hasta qué punto es inexorable aceptar como principal (y casi única) forma de racionalidad del escenario internacional la contraposición de polos, traducida por la insistencia de Washington en que es y será irreversible la pugna entre Estados Unidos y China.  En simultáneo, se ha instalado una lectura exacerbada de la geopolítica mundial por parte de las potencias europeas que justifica la creciente militarización a partir de la guerra en Ucrania. De ambos lados del Atlántico las polarizaciones se han securitizado e ideologizado, lo que genera nuevas presiones sobre gobiernos que comparten los mismos valores democráticos, pero difieren de tales interpretaciones bélicas que refuerzan la fatiga con la paz. Esas interpretaciones estrechan los márgenes de maniobra y generan nuevas restricciones sobre una actuación internacional que pretende una autonomía sustentable. Para el nuevo gobierno brasileño, será esencial encontrar la medida adecuada de asociación y distanciamiento de Occidente, lo cual exigirá prudencia, temple y coraje. Sin duda, el apoyo de las potencias occidentales ganó nuevo sentido en la lucha doméstica contra la extrema derecha, pero ello no debería contribuir a debilitar o fracturar a la coalición partidista triunfadora de la reciente elección.

Además de apuntar a afianzar el reconocimiento de Brasil por su importancia política y su peso económico, la ampliación del acceso a mercados y a tecnología de punta será fundamental para la valoración del país como un poder regional. En este caso sería aconsejable que se avanzara paralelamente en diferentes modalidades de vínculos con su entorno geopolítico cercano y que ello signifique poner en marcha un regionalismo constructivo. Lula puede combinar un menú de modos de articulación y proyección en Sudamérica en particular y en América Latina y el Caribe en general. Hay un ámbito vecinal inmediato que Brasil puede desplegar con acciones bilaterales positivas y un comportamiento «minilateral» propositivo. Un imperioso relanzamiento con componentes prácticos y realistas en la relación con Argentina es un ejemplo de lo primero, mientras que un ejemplo de lo segundo es la urgente reactivación de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica con sede en Brasilia. La región espera un Brasil concertador y productivo, mientras padece el drama de un crecimiento conjunto de 0,8% promedio en la última década. América Latina ha sufrido por separado el dolor de más un de millón de muertos a consecuencia de la pandemia de covid-19, lo que representa casi una tercera parte de total mundial de las vidas perdidas. Nadie espera milagros, pero si consistencia, madurez y efectividad. 

Finalmente, el capital político inicial del nuevo mandatario brasileño dará lugar a una potente diplomacia presidencial. La novedosa presencia de la agenda internacional en los debates preelectorales ha revelado un lugar inusual para la política exterior en las definiciones del porvenir de Brasil. Además de recobrar la multifacética presencia del Estado, el nexo interno-externo involucra actores con voz propia tales como las corporaciones económicas, así como múltiples grupos y organizaciones sociales. La polarización ideológica interna en Brasil incide sobre estos grupos, lo que podría significar una fuente de múltiples tensiones, así como una oportunidad para la construcción de la paz doméstica. Hoy por hoy, el sentido progresista de esta diplomacia dependerá de la capacidad del nuevo gobierno para imponer un sentido social al proyecto democrático brasileño, con el acompañamiento de una reconfigurada proyección internacional y regional. 

 

Juan Gabriel Tokatlian y Mónica Hirst

Extraído de https://nuso.org/articulo/Lula-politica-exterior-brasil/