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jueves, abril 23, 2026
Blog Página 37

La adicción al estímulo

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Ya hemos dicho en una columna anterior que a-dicto es lo no dicho y que la adicción se genera en una carencia afectiva no necesariamente identificada por el adicto.
Esto lleva a la búsqueda de una conducta compensatoria que nos de una satisfacción
que en la medida en que es transitoria requiere repeticiones. Así, progresivamente, se va
configurando la adicción en la que nos hacemos dependientes de esas conductas
compensatorias, drogas, alcohol, compras, sexo, etc.
Hoy dentro de los etcéteras debemos incluir a los estímulos constantes que recibimos a través de los teléfonos inteligentes, las tabletas o las computadoras.
Posiblemente el sucedáneo de una cadena genérica de carencias que probablemente estén
ligadas a una baja autoestima epidémica.
Vivimos en una sociedad en la que el capitalismo pretende inculcarnos, a través de los medios de comunicación que posee, la cultura del éxito y la competencia, del glamour, de la juventud eterna e inclusive de la no aceptación de la muerte como final de la vida.
Solo vale ser campeón, número uno, ser segundo ya es deshonra. Como consecuencia el
99,99% que no somos número 1, no somos dignos. En ninguna sociedad competitiva puede
florecer la autoestima.
El estímulo permanente a través de las redes sociales, que poco tienen de sociales ya que nos llevan a un ejercicio solitario, casi masturbatorio, de vínculos con un universo numeroso pero ilusorio, la foto de una revista que a veces contesta; ocupa demasiadas horas de nuestro día, prácticamente todo el tiempo que estamos despiertos. El tema es que estas redes suponen espacios de pertenencia difusos, espacios irreales que solo están en
ellas y nos hacen querer estar en el ‘gran hermano’, sometiendo nuestra intimidad al escrutinio general con la infantil pretensión de ser vistos por alguien; deseo no verbalizado
pero sí groseramente explícito desde una patética carencia de autoestima, un soterrado pero desesperado pedido de ser confirmados por la mirada del otro. Tal vez el problema esté en que hemos cambiado el diálogo cara a cara por el chat, hemos sustituido el abrazo
y el apretón de manos por el like.
Alguien dijo que la vida es lo que acontece entre el estímulo y la respuesta. Habría que agregar a esto que el tiempo que media entre el estímulo y la respuesta puede ser variable y no necesariamente inmediato, porque el ejercicio de la vida también es elaboración, meditación, reflexión e inclusive aburrimiento.
El estímulo permanente impide el aburrimiento, el que nos sacaría de la rutina de una rueda de hámster en la que calculamos nuestra vida algorítmicamente, en una interacción mecánica con herramientas tecnológicas que a su vez nos estimulan con algoritmos surgido de la información de nuestro funcionamiento y de nuestros deseos iniciales que volcados a las redes informan a los que elaboran esos algoritmos. Luego pasamos a ser manejados por esos algoritmos que nos crean necesidades ficticias, nos indican que debemos hacer para pertenecer. Es la teoría del feedback de la cibernética, la perpetuación del circuito de retroalimentación negativa que lleva a un círculo vicioso.
¿Y para que sirve el aburrimiento? Por ejemplo para permitir la creatividad.
Aparentemente hay dos caminos para encontrar novedades en la ciencia y en la especulación filosófica, entendiendo que todos los humanos podemos pensar y generar conclusiones. Uno de los caminos es el heurístico, en el que tras una búsqueda ordenada finalmente nos encontramos con el objeto de la búsqueda, el otro, y aquí es importante el tiempo que pasamos aburriéndonos aunque no sea condición imprescindible, es la serendipia, el hallazgo de algo no buscado, pero que reconocemos como importante.
Posiblemente Isaac Newton contemplaba aburrido un manzano cuando el evento ocurrido desencadenó en él la cadena de ideas y cuestionamientos que dieron origen a su
teoría sobre la gravedad, luego demostrada.
La vida de cada ser humano es su historia afectiva, esto no es otra cosa que la búsqueda de aceptación por quienes considera su grupo de pertenencia.
El adicto pierde la empatía y se vuelve atrozmente individualista, solo existe para él su necesidad de consumir.
La pérdida de la empatía lleva necesariamente al aislamiento, solo ve su propio ombligo, con la adicción al dinero ocurre lo mismo. El aislamiento narcisista lleva en algún momento a la sensación de fracaso, a la soledad y a la depresión que no es otra cosa que la abolición del deseo, después de esto, el suicidio es posible.
En la autoexplotación que nos plantea la sociedad capitalista neoliberal no hay con quien enojarse ante el fracaso más que con uno mismo, magnificando así los sentimientos de frustración que atentan contra la generación del deseo.
Posiblemente la contradicción primordial de nuestra especie esté entre el miedo y el deseo. El deseo que nos impulsa hacia algo y el miedo que nos muestra el límite de lo posible o lo imposible según las posibilidades objetivas y según nuestras creencias expresadas en nuestra subjetividad. De su modulación y equilibrio dependerá nuestra estabilidad emocional, algunos lo llaman madurez.

Autoestima y política exterior

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En los últimos años los estudios internacionales han venido destacando la relevancia de la noción de autoestima y su vínculo con la política exterior. A partir del aporte de la psicología se ha buscado distinguir aquello que es propio del individuo. Una valoración personal positiva, que involucra sentimientos y percepciones, se consolida y refuerza cuando se alcanzan logros.

No se trata de ser mejor que otra, sino de poseer una visión favorable de una misma y de, reconociendo las limitaciones, esforzarse para obtener un resultado deseado y así preservar la autoestima. Esa idea, no sin tensiones y matices, se ha intentado analizar y proyectar para un conjunto mayor de individuos; ya sean grupos extensos o comunidades enteras.

En el terreno de la política internacional Richard Ned Lebow retomó el ideal griego del espíritu para destacar que la autoestima es una necesidad universal de los pueblos. A su vez, Alexander Wendt señaló que la autoestima colectiva es uno de los cuatro intereses objetivos—junto a la supervivencia, la autonomía y el bienestar económico—que hacen al interés nacional; lo cual influye en los alcances y límites que tiene un Estado en materia de política exterior.

En breve, es improbable que un gobierno opere en el frente externo sin contemplar el “sentirse bien” (well-being) de un colectivo nacional; algo que, a su turno, significa que la autoestima de solo unos pocos no debiera ser el foco del comportamiento internacional de un país.

Tres conceptos se asocian usualmente con la autoestima en los asuntos mundiales: la identidad, el carácter y la dignidad. La identidad y su proyección internacional—siguiendo a los constructivistas–remite a “quiénes somos” hacia el interior y hacia afuera, “cómo nos asumimos” hacia adentro y “cómo nos ven” externamente y “a qué aspiramos” en el plano doméstico y exterior.

El carácter nacional, para Hans Morgenthau, remite a las cualidades intelectuales y los rasgos distintivos que moldean la naturaleza y el temperamento de una nación. La dignidad, según David Steinberg, es un sentimiento común -frecuentemente ignorado por los grandes poderes- que remite a una aspiración “de ser tratado como corresponde”.

Resulta evidente que la autoestima se facilita si existen condiciones materiales y simbólicas que movilizan positivamente a las sociedades: la pobreza, el malestar, la exclusión y la injusticia no son fuente de estímulo para desplegar las fortalezas de una nación ni para revitalizar el prestigio de un país en las cuestiones mundiales. Es indudable que recuperar poder e influencia en el frente externo exige una capacidad enorme del liderazgo político para movilizar las energías sociales, culturales, generacionales, productivas en aras de reconstruir poderío nacional y reputación internacional.

También es claro que potenciar la autoestima nacional no implica un acto voluntarista ni demagógico. Es innegable, asimismo, que se debe estar atento para evitar dos derivaciones inquietantes de una estima desmedida y deforme: el narcisismo o el belicismo. Ambas pueden ser fatales para una nación, máxime en tiempos de crisis global.

En esencia, la autoestima colectiva es una condición necesaria, aunque no suficiente por supuesto, para que una nación genere, estimule y expanda los incentivos para acumular o reconstruir poder. En realidad, superar el declive o promover el auge demanda una autoestima reflexiva y razonable.

A esta altura son muy escasas las voces que dudan sobre el largo proceso de declive de la Argentina. Los datos son elocuentes. Entre muchos otros, según el Banco Mundial, el PBI de la Argentina en 1966 era el 9no a nivel mundial, en 1999 era el 16avo, y en 2019 -último año sin pandemia- fue el 27avo.

En 1960 el porcentaje del PBI de la Argentina en el PBI generado en América del Sur era del 37,9% (el de Brasil era el 26.4%); en 2022 es de 15.5% (el de Brasil es de 50.4%). Según el índice publicado en 2020 y elaborado por la Universidad de Porto sobre la calidad de las elites, la Argentina se ubicó en el puesto 31 entre 32 casos analizados. En un índice similar de 2022 elaborado por la Universidad St. Gallen, la Argentina ocupa el lugar 91 entre 151 países.

Sin embargo, y paralelamente, son cada vez más frecuentes y difundidas las voces de políticos, empresarios, comunicadores e intelectuales para quienes la Argentina es un país de fracasados que prácticamente no tiene destino alguno. A ello se subraya, recurrentemente, que lo mejor es irse al exterior, que hay una porción de la nación que es indeseable (por la razón que fuera) y que revertir nuestro declive es imposible.

Lo más probable es que no se advierta que todo ello resulta autodestructivo, que horada notablemente la autoestima colectiva y que dificulta la articulación de intereses y propósitos nacionales en la dirección de recuperar poder, influencia y credibilidad internacional.

Es paradójico que ad portas de un año electoral haya nulas convocatorias y referencias a un futuro más promisorio para todos y todas, a plantear un horizonte superador a partir de un esfuerzo constante y mancomunado, a invocar las potencialidades de las economías y comunidades regionales, a impulsar convergencias sociales y políticas prácticas con un número acotado de prioridades y a colocar en el centro de atención la importancia de la viabilidad nacional a largo plazo.

Sin autoestima colectiva, en los términos aquí planteados, será difícil emprender el sendero de la prosperidad en un contexto internacional muy complejo e incierto. Insistir en devaluar la identidad, el carácter y la dignidad del país es una fórmula perfecta para seguir postrados.

 

https://www.clarin.com/opinion/autoestima-politica-exterior_0_1MLpFyRqhW.html

La sociedad de las apariencias

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El lenguaje dice de nosotros, frecuentemente mucho más en el cómo (hablamos) que en el qué (decimos). Parece un juego de dos realidades superpuestas en las que hay conectores variables que impiden la desaparición del vínculo pero que certifican el divorcio. Decididamente el relato de estas dos realidades es disímil pero referido al mismo objeto, la supuesta realidad, la que creemos o la que el discurso del poder nos impone por la capacidad coercitiva o por la creación de “sentido común” a través de los medios de comunicación corporativos del poder económico, el poder.
La cultura no es otra cosa que una resultante, la resultante de la relación entre los seres humanos y entre los seres humanos y el medio ambiente. Esto implica el modus operandi de cada sociedad, cada conducta está impregnada de ella. Así la historia y la antropología nos muestran que las poblaciones tienen características que las identifican según vivan en el llano o en la montaña, al borde del mar o alejados de él.
El vínculo con el medio determinará también el modo de producción. Pastoreo, pesca, agricultura, minería, industrias varias, producirán una impronta en la conducta y cultura de cada comunidad confiriéndole características distintivas. Así las mayores o menores dificultades para conseguir medios de sustento han moldeado conductas y cultura.
Y así también de acuerdo a la organización de cada comunidad, según que el poder resida en la comunidad o en una élite dominante habrán conductas de dominio por parte de la élite y de resistencia por parte de los más claros de la clase dominada. Las sociedades clasistas pueden ser más o menos represivas, más o menos controladoras y los mecanismos de control ser más o menos evidentes,pero siempre se traducirán en el lenguaje.
Pongamos ejemplos. La palabra atorrante es parte del lunfardo argentino y tiene un valor peyorativo y estigmatizante. Tiene dos posibles orígenes. Alrededor de las primeras décadas del siglo XIX se le daba como tarea a un esclavo tostar el café “torrar”. De allí si alguien se quedaba dormido mientras aguardaba el tostado se decía que torraba. La segunda hipótesis tiene que ver con el entubamiento de los arroyos de Buenos Aires en 1860. Se depositaron en la costa del río grandes caños hasta su entierro, en ellos solían refugiarse a descansar los indigentes. Los caños tenían grabado el nombre de su fabricante: A.TORRANT o A.TORRANS (parece no haber registro preciso). A partir de allí los indigentes eran los atorrantes, siempre con una connotación despectiva vinculada a su exclusión social que era básicamente una exclusión económica. Solidariamente, en el lenguaje popular torrar se generalizó como dormir y a la palabra atorrante se le alivianó la significación.
También como un acto de resistencia lingüístico a la clase dominante, en un país de economía primaria como el nuestro de principios del siglo XX, técnicamente una oligarquía, las clases populares le apocoparon su denominación y el ‘garca’ pasó a ser el que perjudica a otros, el cagador, en sabia asociación.
La destrucción por parte de la oligarquía terrateniente, producto del triunfo del partido unitario en el siglo XIX, de las unidades microeconómicas del campo, tuvo como consecuencia la migración de muchos pobres del campo a rebuscarse la vida en la ciudad poblando los arrabales. Esto trajo también la creación de otra expresión idiomática profundamente clasista y racista: “cabecita negra”. Negro era el pelo de estos migrantes internos mestizos de españoles y originarios. Hoy persiste el estigma en la expresión ‘negro cabeza’ que se asocia al pobre que tiene además como atuendo distintivo ropa deportiva y gorro con visera.
Escuchamos del establishment, o sea la voz de la clase dominante, que intentar hablar en las escuelas de pensamiento crítico es adoctrinamiento, no se considera tal estudiar una historia relatada por uno de los más conspicuos representantes de esa clase dominante, Bartolomé Mitre, diseñador de la “historia oficial”, una historia que deshumaniza a los actores de la historia real ocultando sus intereses humanos e inventando una mentira romantizada. Las maestras, inocentemente nos enseñan la palabra “denigrar”, o sea reducir a la condición de negro, para alguien que disminuye su valor. Así también a la invasión y el genocidio se les llama conquista, como si fuera el inicio de un noviazgo.
Y cuando logramos desembarazarnos del ‘algo habrán hecho’ y el ‘por algo será’, aparecieron en el lenguaje otras expresiones que curiosamente coinciden con algunos cambios tácticos en el ejercicio de dominación del imperio e inclusive en la geopolítica global. Sabemos que EEUU pasó de los mecanismos de acción directa con las dictaduras militares, a los mecanismos indirectos a través de la prensa, que siempre estuvo a su servicio, y del poder judicial. Cambiaron la ‘Escuela de las Américas de Panamá’, por la asistencia de jueces y fiscales a Miami desde la década del 90 para hacer ‘cursos’.
Ha hecho su aparición en nuestro lenguaje cotidiano el “como si”. Antes, si creía que alguien estaba enojado conmigo habría dicho: Fulano, parece estar o está, enojado conmigo. Hoy se dice: es ‘como si’ estuviera enojado conmigo. ¿Cuál será el porqué de esta afirmación a medias? ¿Está o no está? ¿Tendrá que ver tal vez con la virtualidad, con la incertidumbre cotidiana de un mundo determinado en su economía no desde la producción sino desde los manejos financieros? Con la percepción de una realidad tan volátil, que desde la prensa nos informan ascensos y caídas de las empresas que manejan el mundo en el orden de los miles de millones de dólares.
El problema indudablemente no está en el uso del “como si”. Esto es simplemente una reacción, un síntoma ante una realidad vertiginosa en sus cambios financieros y totalmente imprevisible en su devenir que los mercados nos obligan a aceptar desde el consumo. Simplemente flotamos en la superficie de una realidad que se nos impone desde el fondo del manejo económico de la vida en que somos efímeros, meros consumidores de bienes, servicios y minutos de fama propios o ajenos; por supuesto, solo los incluidos, los excluidos no cuentan.
Para jugar con el ‘como si’ puedo metaforizar que “es como si los ciudadanos de a pie fuésemos hormigas dentro de una habitación en la que los poderosos simplemente caminan.»

Inserción de Argentina en Sudamerica. «Las expectativas por el cambio de Gobierno en Brasil»

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Roberto Feletti, Juan Tokatlian, Hugo Garnero y el equipo del Grupo la Capitana dieron esta hermosa charla el viernes 02.12.2022 respecto de Argentina y su inserción en Latinoamerica.

Informe económico mensual

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Los números comentados corresponden a OCTUBRE, siempre sorprenden algunos cambios. Hoy congelamientos especialmente de Alimentos, podremos apreciar resultados en los próximos meses y, si todo sale como espera el Gobierno, la inflación debería mostrar algún freno. Observamos otros indicadores, el CCL (dólar contado con liquidación), el Riesgo País y la Tasa de Interés. Por ahora sin frenos.

El congelamiento es la jugada más fuerte de las autoridades económicas. La inflación promedio de octubre se mantuvo en los niveles elevados de los meses recientes. Conjeturamos que la tormenta continuará a la espera del funcionamiento de los planes del Gobierno. Los diez meses del 2022 son para el olvido, que nadie olvidará. La marca del acumulado del año se destaca claramente de los últimos años.

 El BCRA aumenta la variación mensual del dólar oficial mayorista (se deprecia el peso) e incluso en el mes supera los porcentajes de aumento de los precios. Otro tanto hace con la Tasa de Política Monetaria (interés). La tasa de interés, considerando la nominal, alcanza el 75 % y la efectiva anual el 107.3 %; aumentan los plazos fijos. Se supone que todo esto se hace para que la gente no se distraiga con el dólar, tarea casi imposible.

Tanto en el promedio mensual (octubre) y en lo que va del año (10 meses) los IPC no muestran señales de agotamiento. Algunas instituciones arriesgan un número elevado para el 2022 que alcanza el 100 % anual. Mes de octubre promedio de los IPC: 6.3 %. Acumulado diez meses: 75 %. Interanual: 86.3 %.

El dólar CCL en octubre creció respecto de lo que venía mostrando. El promedio resulta superior al mes anterior, alcanzó $ 307.7. El dólar oficial mayorista promedió en octubre los $ 152.6 con un aumento en el mes del 6.6 %. Si se proyecta la tasa mensual de octubre (6.6 %), alcanza en términos anuales el 115 %. El Riesgo País elevado promedió octubre en 2.712.

El mundial de fútbol es parte de las preocupaciones de Inodoro y Mendieta. Como no tienen televisor, lo solucionan en forma muy natural y utilizando los medios disponibles.

Mendieta: “¡Ayá viene don Inodoro!”. Se refiere a un pequeño pájaro.

Inodoro: “¡Era hora, caracho! ¡Abájese, mi pequeño vigía lombardo!” “¡Ahí ta! Ahí ta! ¡Ahí yegan las noticias! ¡Vivimos la era de las comunicaciones!”. “¡Con la paloma mensajera… el mundo es un pañuelo!”

Inodoro: “¿Cómo va la cosa? ¡Contá hermana! ¡Contá!”

Mendieta: “¡Hable, criaturita e´ Dios!”

Paloma: “¡Gol de Italia!”.

Inodoro: “¿Gol de Italia? ¿Quién…? ¿Quién lo hizo?”.

Paloma: “A los cinco minutos del alargue, Schiavio bate al arquero checoslovaco Planicka”.

Mendieta: “Sonamos, don Inodoro. Esta paloma nos trae resultaus del Mundial del 34”.

 

2022 OCTUBRE proc. NOV IPC INFLAC.

La guerra de las palabras, sensatez y sentimientos

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En general, uno no pensaría que las palabras puedan entablar una guerra; pero si podemos pensar en las palabras como elementos, como objetos abstractos, como símbolos con sonido y escritura, casi ‘seres a los que damos vida’ con existencia gráfica y sonora. Como cualquier elemento su funcionamiento estará determinado, no necesariamente por su función específica sino por la que quien las use determine.
Se puede martillar con una pinza y ello no la convertirá en martillo, también se puede martillar con una palabra o con un conjunto de ellas, hay variedad de verbos que sirven a tal efecto.
Hay palabras que nos ubican en el tiempo y en el espacio, administran la subjetividad de las cantidades o nos dicen el como de las cosas, como los maravillosos adverbios. Palabras que nos designan o nos permiten señalar y designar a otros; pero lo que sí es notable es que hay palabras que abren espacios, simbólicamente puertas, y otras que los cierran. Quiero referirme a ellas y al espacio en el que juegan.
El espacio no es otra cosa que la realidad, o lo que cada uno de nosotros considera realidad, por pensamiento propio o impuesto, y consciente o inconscientemente cada vez que nos referimos a ella ejercemos una práctica racional y emocional indivisible que es el análisis.
La llave del análisis, la que libera sus puertas y sus paredes, creo que es el sustantivo, interesante nombre de lo visible y lo invisible, de lo concreto y de lo abstracto, poseedor de una función totalizadora. Cuando digo piedra, digo todas las piedras, del planeta tierra o del universo; mas cuando a ese sustantivo le agrego una calificación de grande o pequeña o cualquier otra, necesariamente achico la piedra en su concepto, la limito, determino una definición y toda de-finición finiquita, decreta el final del análisis.
El lenguaje de la ciencia es sustantivo, registra hechos o conceptos y los relaciona, hace abstracciones o concreciones; pero siempre abre puertas a conocer más, a profundizar en todas direcciones las múltiples posibilidades de la realidad o del pensamiento, inclusive de la sensibilidad.
El análisis sustantivo es siempre una puerta a la aventura, una decisión de caminar un camino que no necesariamente tendrá un destino conocido, sino más bien incierto; es más, la incertidumbre puede ser frecuentemente uno de los grandes motores del análisis. Lo que sí es claro, es que este análisis sustantivo se nutrirá de hechos, y en todo caso de miradas sobre la realidad que tengan una fundamentación que las sostenga, con la aclaración de que son miradas a la espera de hechos que las certifiquen.
Como sostenía Karl Popper, uno de los grandes aportantes a la lógica científica, lo que hoy conocemos como epistemología, con su planteo de falsación: “Toda verdad científica debe ser falsable, la afirmación que no sea falsable no es ciencia, es religión”. Entendemos como falsabilidad la condición de cualquier conclusión del análisis científico, o en este caso de la realidad, que ante la aparición de nuevos elementos sustantivos para ese análisis pueda modificar dicha conclusión.
Entonces, si el sustantivo abre puertas ¿Quién las cierra? Parece ser el adjetivo, el que califica, y cuando lo hace pone un freno al análisis.
No expreso esto para condenar al adjetivo, tiene gran utilidad para establecer categorías, para definir lugares, para opinar sobre si algo nos resulta agradable o desagradable, para transmitir
descripciones a nuestros semejantes. Tiene al menos tres características que veo como sobresalientes: Sus posibilidades aditivas o acumulativas, o sea que se pueden sumar adjetivos. Por ejemplo: bello, esplendoroso, etéreo, etc. También podemos decir: criminal, terrorífico, inhumano, y así seguir calificando por lo positivo o lo negativo. Es obvio que establece límites; después de ser emitido tiene el valor de una sentencia que se pretende indiscutible para quien la pronuncia. Y, en tercer lugar, se presenta como la gran herramienta de expresión de nuestra subjetividad, todo lo que hay guardado en nuestra memoria emocional.
Mientras el sustantivo se refiere a cosas, permitiendo el análisis al observarlas como hechos o como objetos para intentar su comprensión, configurándose entonces como representante del pensamiento objetivo, que por otra parte quizá sea el que nos permita la mayor cantidad de acuerdos entre los seres humanos, (por eso la ciencia tiene una utilización y aceptación generalizada en toda la humanidad que tiene acceso a ella), el adjetivo remite a la subjetividad, que rebosará en significantes culturales y personales que marcarán necesarias diferencias entre nosotros.
No me parece que esta realidad de las palabras deba calificarse como mala o buena, en un intento de ser objetivo pretendo ser descriptivo de las herramientas lingüísticas con las que construimos nuestros discursos. Pero siempre podemos configurar a las palabras como armas y establecer entre ellas la guerra mencionada al inicio de este texto.
Si expongo, por ejemplo, una tesis científica, sea desde las ciencias físico matemáticas o desde las ciencias sociales, con una consiguiente demostración a partir del análisis objetivo (sustantivo); esta podrá ser cuestionada desde otro lugar de análisis para demostrar su certeza o error con los medios presentes de comprobación. Pero si la respuesta a esta exposición es una calificación sin fundamentos, surgida del parecer de alguien o algunos, tal respuesta será una mera exposición emocional de la subjetividad de los que la pronuncian o encubrirá detrás de una expresión subjetiva una intención objetiva de un interés oculto.
Según el diccionario de la RAE, la primera acepción mencionada de la palabra charlatán es: que habla mucho y sin sustancia, esto es sin fundamento. Tengo la certeza de escuchar a diario, comunicadores que hacen exhibición notable de cataratas de adjetivos sin una demostración racional basada en hechos que los justifique. Frecuentemente abundan en referencias a opinadores que tampoco justifican sus dichos, simplemente hacen afirmaciones y adjetivaciones sin demostración. Se me hace inevitable recordar a Platón en su apología de Sócrates, del que dice que dijo a sus jueces: Ustedes que dicen ser sabios no pueden dar razón de sus asertos, en cambio yo, solo sé que nada sé. Justamente el crimen de Sócrates fue el ejercicio de la mayéutica, método al que llamo así por ser su madre partera, mayeuta en griego. Afirmaba que la verdad estaba dentro nuestro y había que sacarla a la superficie, por eso su interminable cadena de ¿por qués? para encontrar el fundamento de cada afirmación. Otra de las acepciones del diccionario de la RAE para la palabra charlatán es: embaucador. Al que le quepa el sayo que se lo ponga, dice un viejo refrán. Yo creo que les calzaría justo a muchos empleados comunicadores de los medios de prensa vinculados al gran capital.
Nuestra mente podría ser comparada con un iceberg, que como sabemos tiene mucho más hielo bajo la superficie del agua en que flota que lo que muestra en superficie. Lo que sobrenada representa nuestro consciente, y por debajo el inconsciente. Esto no es una simple afirmación, sabemos por las neurociencias que filogenéticamente, o sea en el proceso evolutivo, nuestro sistema límbico, la parte del cerebro en que se asientan las emociones y la memoria, son previas a la corteza cerebral, donde se cumplen las funciones racionales; por lo tanto es imposible que cualquier proceso cerebral sea exclusivamente racional, siempre nuestro inconsciente, donde radican nuestras emociones, nuestra subjetividad, estará presente.
Cómo manejar un adecuado equilibrio entre los sustantivos y los adjetivos cuando hablamos de otros o estamos desarrollando un relato. Creo que el tema no pasa por ensalzar al sustantivo y condenar al adjetivo, ambos necesarias herramientas del lenguaje que se muestran imprescindibles para la comunicación humana. Además, queda claro que somos seres pensantes pero también emocionales, por lo tanto es natural a nosotros expresar nuestra subjetividad y nuestro raciocinio. La garantía de ecuanimidad, de equilibrio en el discurso, estará dada por un sustantivo abstracto: honestidad; que por supuesto puede ser adjetivado calificándonos de honestos… o no.
En la antigua Grecia surgió una palabra que todavía sobrevive aunque ha modificado sus significados, la palabra es: “idiota”. Así se denominaba a los ciudadanos que se negaban a participar en política. Siendo los griegos muy afectos a la participación en su democracia, dedicaban horas a analizar el devenir de los acontecimientos que consideraban de interés público y su mejor resolución. ¿Estaremos nosotros inmersos en una sociedad de idiotas que se niegan a pensar y solo repiten los adjetivos sin sustento que les dicen los charlatanes?

La perversión del lenguaje. La meritocracia y otras palabras

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Hemos hablado en notas anteriores sobre los cinco problemas que debe enfrentar la humanidad, problemas tan trascendentes que motivado por ellos el humano podría matar o morir. Ellos son: comer, que representa la economía; no ser comidos por un predador, que representa la seguridad; la pulsión sexual, que sintetiza el impulso vital, no solo por la reproducción sino porque es posiblemente la gran energía que nos motoriza, el eros, la pulsión de vida; la pertenencia, esto que como seres débiles, nos hace necesariamente gregarios y nos enseña el afecto que se genera en principio a nuestra familia pero que se desarrolla hacia la comunidad que integramos; y finalmente el poder, ese que cuando es confundido como la tenencia de cosas, el tener, y no como la potencia, o sea el poder de hacer cosas; hace que algunos maten para tener lo que otros tienen o que otros maten para conservar lo logrado, sean estas posesiones producto del trabajo o de la enajenación.

En nuestro derrotero como especie hemos construido comunidades con formas organizativas variadas que han mutado con los cambios en los modos de producción. En esta etapa de la historia estamos sufriendo un violento cambio de paradigmas que afectan seriamente a la comunidad humanas y su sentido de pertenencia.

Es claro que la pertenencia ha estado desde siempre representada por conductas con alto contenido simbólico que han establecido la comunicación a partir de la interacción; desde la gestualidad, la manera de vestir, de comer, de intercambiar risas o manifestar enojo, hasta símbolos más complejos como banderas y estandartes y, por supuesto, por la construcción simbólica por antonomasia, el lenguaje.

El lenguaje se constituye en el relato de las diferentes culturas en la medida en que describe y delimita. Recuerdo el aserto de Nietzche que me parece particularmente útil referido al lenguaje: “la realidad es el discurso del poder”. El lenguaje como herramienta no solo de la cultura, sino fundamentalmente, de quienes detentan el poder; significa la realidad, le pone nombre a las cosas, las designa, determina como deben ser las relaciones entre los humanos y entre los humanos y su entorno, las cosas, estableciendo valoraciones, permisos y censuras.

Así, de acuerdo a los intereses de los que dominan la economía (hacemos aquí una referencia al primer problema mencionado más arriba, comer), en un total ejercicio de su dominio y de una manera tal vez imperceptible para la comunidad, les han ido cambiando el nombre a muchas cosas.

Cuando comencé a ejercer la medicina hace alrededor de cuarenta años, tenía pacientes, unos pocos años después me enteré que habían dejado de ser pacientes, ahora eran clientes.

Quizá por casual coincidencia era la época en que se enseñoreaba en los medios de comunicación el ensalzamiento de los Chicago boys y del consenso de Washington, según el cual, la riqueza de los ricos derramaría algo de esa riqueza sobre los más pobres.

Luego los avances tecnológicos ligados a la cibernética y la informática fueron cambiando nuestra manera de hablar y nuestros hábitos de vida cotidiana. Y de la misma forma que los frutos de un árbol serán alcanzados con más facilidad por los sujetos de mayor estatura, parece ser que los de mayor estatura económica, los dueños del capital y de los mercados han sido los grandes beneficiarios de estos avances tecnólogicos.

También con los cambios tecnológicos me fui enterando de que para una gran cantidad de cosas me había convertido en un usuario, en muchas de ellas antes me habría identificado como un ciudadano. Esto implicaba tal vez, que quien no podía llegar a ser un usuario ¿sería todavía un ciudadano? ¿estaría incluido o excluido de tal condición?

También comenzamos a escuchar con insistencia la palabra mérito, con su derivación, meritocracia.

Me enteré entonces que ya no tenía colegas, sino competidores. La traslación de esto a personas de otras profesiones o actividades, sería posiblemente, reemplazar en el inconsciente colectivo, la palabra semejantes por competidores; una clara ley de la selva donde sobrevivirá el más fuerte.

Otra palabra frecuente que incorporó al acervo cotidiano fue, ‘emprendedores’, gente muy esforzada que en algunos casos lograba resultados importantes. La prensa no publicó nunca que pasó con los muchos que lo intentaron y que no lograron su objetivo. No pude quitarme la sensación de que la solidaridad estaba siendo reemplazada por la feroz competencia, un camino descarnado hacia el individualismo.

La prédica de lo que llamamos neoliberalismo, a partir del consenso de Washington y de los discípulos de Milton Fridman, es tan abarcativa y omnipresente, martilla tanto la conciencia de los ciudadanos desde los medios de comunicación a través de un ejército de empleados comunicadores y desde las redes sociales, que se asemeja a una religión en la no hay creyentes sino consumidores. Tal vez sea la nueva religión y el capitalismo haya ascendido a la categoría de dios, el dios mercado. En ese caso, la solidaridad se habrá convertido en una práctica demoníaca para los  arcángeles del mercado.

Es llamativo que la real academia, que protestó airadamente por el lenguaje inclusivo y otras modificaciones culturales propias de las lenguas vivas, no se haya quejado por reemplazar ciudadanos por usuarios, pacientes por clientes, creyentes por consumidores o Dios por el dios mercado. Tal vez sea porque estos cambios, aunque en muchos aspectos se muestran concretos, tienen la discreción de no ser explícitos.

Vivimos en una sociedad meritocrática en la que el precio de ser se paga con el tener, no es que simplemente podemos ser felices por ser y ser uno con nuestro entorno, con el aire, con el sol, con la brisa, con la lluvia, con el verde de los bosques y el canto de los pájaros. Tenemos que tener. Y tener no es solo tener dinero, es tener un título, tener una consideración de la comunidad por nuestras propiedades y no por nuestra condición de miembros de ella. O sea que esta sociedad meritocrática es totalmente expulsiva, en lugar de incluirnos como un miembro más de la comunidad, tenemos que pagar peaje, si no pagamos ese peaje, no podemos pertenecer, estamos condenados a la soledad y a la exclusión.

¿Cuántas personas hay en nuestra sociedad que se sienten excluidas por no tener? Y en esto hablamos de la pobreza económica en principio, de aquel que no tiene para comer; pero también debemos hablar de la pobreza académica, de la pobreza intelectual, de la pobreza espiritual, de todos los que cuando miran a otro y sienten que miran hacia arriba, para tranquilizarse buscan a quienes los miran hacia arriba a ellos.

A esto tenemos que darle respuesta y no podemos simplemente dar una respuesta terapéutica cuando llegan personas con síndromes depresivos o con ataques de pánico. Tenemos una población cada vez más medicalizada, la respuesta debe  necesariamente ser una respuesta social, que plantee como objetivo la recuperación de la empatía.

Sería simple establecer una oposición entre el concepto de comunidad y el de individuo, o de individualismo en su vocación de ser; pero posiblemente la oposición sea más profunda.

La palabra persona tiene un largo camino lingüístico; como tal, deriva del latín, pero a su vez esta deriva del etrusco, phersu, y esta del griego: prosopon. Lo importante es que en todos los casos se refiere a la máscara del teatro que se colocaba el actor para construir el personaje; y el personaje solo tiene sentido y posibilidad de existir si hay un público que lo contemple, con el cual interactuar, su comunidad. Todos y cada uno de nosotros somos personajes que interactuamos con nuestra comunidad; el concepto de persona tiene una profunda oposición al concepto de individuo y la esencia de la diferencia está en la interacción que nos hace pertenecer.

Los excluidos del capitalismo, los no usuarios, son muertos civiles, desaparecidos virtuales, ya que el sistema no los ve.

Consumir, también implica agotar algo, como el fuego a la leña.

La perversión del lenguaje naturaliza nuevos significantes que reemplazan a otros previos que algunos pretenden descartar.

 

Desdolarización

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El Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) puso en marcha en nuestro país este mes un sistema de clearing bancario para operaciones de corresponsalía en la moneda asiática a instituciones financieras locales, que permite que las exportaciones e importaciones se concreten directamente pasando de pesos a yuanes y viceversa. Hasta ahora, del swap (pases) chino, que era equivalente a 18.000 millones de dólares, se permitían usar 473 millones de dólares cada 90 días. Tras el nuevo acuerdo firmado el pasado 15 de noviembre, el swap pasa a incrementarse el equivalente a otros 5.000 millones de dólares, que es a la vez (la suma en yuanes equivalente a 5.000 millones de dólares) el cupo para operaciones comerciales hasta julio de 2023 y que es renovable (incrementa la operatoria a 625 millones de dólares mensuales).

Desde hace años y en forma creciente, el comercio internacional registrado con China es deficitario. En los nueves primeros meses de este año se realizaron exportaciones por 5.212 millones de dólares y se importó por 13.353 millones de esa moneda, por lo que resultó un déficit comercial de 8.141 millones de dólares. China es nuestro segundo cliente (después de Brasil), pero es el primero que nos vende (con más del 20% de las compras totales que realiza la Argentina).

La Argentina le compra a China máquinas y equipos, motocicletas y ciclomotores, telefonía (incluidos celulares), computadoras y partes de computadoras, televisores y partes de televisores, etc. Y le vende básicamente forrajes (soja y maíz en grano) y en forma mucho menor, aceite de soja, biocombustibles, tabaco, cueros y otros productos primarios (hierro, litio, etc.). Obviamente nos venden mayor valor agregado (trabajo incorporado) que los bienes que compra de la Argentina. Esto sucede en la mayor parte de nuestro comercio internacional, pero con China es exacerbado.

Sin embargo, que se expanda la forma de pago en yuanes y pesos no es un tema menor, dado que como sucede con todas las operaciones de comercio internacional de nuestro país, debemos comprar dólares para adquirir bienes y servicios [1]. Y al revés, si por ejemplo Chile, Bolivia u otra nación quieren comprar productos argentinos, antes deben comprar dólares para hacerlo.

En gran parte del comercio internacional se va sustituyendo el dólar por acuerdos como los firmados entre India y China, China y Japón y China y Rusia, donde se opera en forma creciente con las monedas de cada país.

Es obvio que esto va en contra de Estados Unidos, que se beneficia con la fuerte demanda mundial de su moneda. Así financia su déficit fiscal, que en 2021 fue del 16,7% de su PIB, en forma mayoritaria con emisión monetaria. En cambio, a nosotros el FMI nos limita severamente el déficit fiscal para que sea del 1% del PIB este 2022 y del 0,6% del PIB en 2023 [2]. ¿Por qué? Porque dice que es inflacionario.

El caso argentino

Es imprescindible que la Argentina propicie acuerdos con otros socios comerciales en sus respectivas monedas. A su vez, indirectamente, esto le confiere al peso un mayor valor por su utilización (y mayor demanda de pesos).

El problema en la Argentina es la inflación, porque la paridad real o imaginaria, acicateada por los grandes operadores económicos que “dolarizan” permanentemente sus precios y ganancias, desvaloriza el rol de nuestro dinero. Esa desvalorización es mayor en momentos de crisis y esas crisis se desencadenan con la pérdida de reservas internacionales del BCRA.

La hiperinflación de 1989-1990 se genera cuando José Luis Machinea, entonces presidente del Banco Central de la República argentina (BCRA), dijo el 6 de febrero de 1989 que la autoridad monetaria no tenía más reservas de libre disponibilidad. Ese día el precio oficial del dólar era de 17,82 australes. Cuando, en forma anticipada, Carlos Menem asumió el gobierno el 8 de julio de ese año, se fijó en 650 australes. La corrida cambiaria se frenó el 1° de abril de 1991 con la convertibilidad de 10.000 australes por un dólar. En ese proceso se produjeron las privatizaciones, que implicaron suficientes ingresos de divisas al país para estabilizar la situación, pero a costa de malvender YPF, Agua y Energía, SEGBA, Hidronor, Gas del Estado, Ferrocarriles Argentinos, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, etc.

No estamos exentos de repetir el mismo mecanismo y entrar en un proceso hiperinflacionario, azuzado por las distintas paridades cambiarias y quienes las propician. Durante la gestión de Alberto Fernández ha habido un superávit comercial acumulado de 31.000 millones de dólares, sin embargo, las reservas internacionales disminuyeron en 7.183 millones de dólares (de 45.190 millones de dólares en diciembre 2019 a 38.007 millones de dólares el 14 de noviembre 2022). La causa se explica en gran parte por la utilización de las reservas del BCRA para pagar deuda externa privada.

Esta situación no depende de la voluntad del gobierno nacional, depende de:

  1. Deuda externa: 384.804 millones de dólares a octubre de 2022;
  2. Deuda del Tesoro en pesos, la mayor parte en Bonos Dual (que se ajustan por inflación o por devaluación a preferencia del tenedor del título): el equivalente a unos 26.000 millones de dólares (6,25% del PIB);
  3. Déficit cuasi fiscal (encajes remunerados) o del BCRA, por $8,9 billones (al tipo de cambio oficial, equivalente a unos 52.000 millones de dólares);
  4. Déficit fiscal, según la ley de Presupuesto para 2023 de 2,3% del PIB (unos 9.500 millones de dólares).

En forma coordinada, se debe tomar un conjunto de medidas que eviten ese proceso. Las principales son:

  • Investigar la deuda externa pública que se está pagando, acrecentada sideralmente en la gestión de Cambiemos, y sancionar por evasión fiscal a los que compraron divisas sin haberla contabilizado en sus balances y/o en sus declaraciones juradas ante la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) [3].
  • Declarar la emergencia cambiaria en base al decreto 2581/64 de la presidencia de Arturo Umberto Illia, repuesto por Eduardo Duhalde y continuado por Néstor Kirchner. Declarar sujeto a embargo a todo activo, tanto en territorio nacional como extranjero, que no haya sido declarado y pagado el impuesto respectivo.
  • Fijar y controlar el cumplimiento de cupos de exportación de alimentos y segmentar las retenciones a las exportaciones agropecuarias en base a la capacidad y extensión de las superficies productivas.
  • Que gran parte del pasivo financiero del BCRA (Pases Pasivos, Leliqs, Notaliqs) sean transformados en encajes o efectivos mínimos no remunerados y se destinen a financiar la producción y el trabajo.
  • Recuperar el río Paraná, mal llamado Hidrovía, cesando las concesiones y que la verificación de las exportaciones y las importaciones las haga el Estado Nacional.

Finalmente, para independizarnos del dólar, debemos instrumentar una moneda de uso interno no convertible, como apoyo al sistema productivo y para dar ocupación a los trabajadores. Es una propuesta para evitar a toda costa la devaluación, que con el pretexto de mejorar nuestras exportaciones, beneficia a unos pocos y perjudica al conjunto de la sociedad.

Se trata de un billete de banco que, a diferencia de los “bonos” nacionales o provinciales, tendría curso legal de aceptación obligatoria, tanto para el sector público como para el sector privado. Con ella no se podrían comprar ni pesos ni divisas u otros valores convertibles (joyas, oro, etc.), ni títulos públicos, acciones, cheques o cualquier otro instrumento bancario sujeto a interés. Sólo se podría comprar y vender en el mercado interno y pagar los impuestos.

A medida que el Estado fuera recibiéndolos, rescataría esos billetes, reemplazándolos por pesos. El remanente sería rescatado al cabo de cinco años. En ese lapso, la moneda no convertible jugaría su rol de nexo entre los agentes económicos, poniendo en funcionamiento el circuito productivo de producción, distribución (pago a los factores de producción: trabajo, capital y recursos naturales), comercio y consumo.

Una vez iniciado el círculo virtuoso de trabajo y consumo, se irían reemplazando los planes sociales y otros subsidios a los que se achaca el permanente déficit fiscal del Estado y el oprobioso Riesgo País. Los únicos que no se verían beneficiados por estas medidas serían los bancos y demás tenedores de la deuda y su cohorte de voceros profesionales, que medran con las eternas refinanciaciones.

La tarea es de una gran magnitud, no libre de riesgos y de conflictos, pero si no se toman medidas disruptivas, los acontecimientos y la relación de fuerza harán que tarde o temprano se desemboque en un efecto hiperinflacionario. Quienes lo capitalizarán serán los grandes beneficiados del modelo impuesto a sangre y fuego en 1976, que ahora cuentan con más de diez millones de votos. Sólo con un plan, decisiones claras y participación del pueblo se puede reedificar una nueva y gloriosa Nación, como dijera Néstor Carlos Kirchner en su discurso del 25 de mayo de 2003, al asumir la Presidencia de la República.

 

[1] Menos con Brasil. En un porcentaje que no supera el 6%, la relación comercial con el vecino país se hace en nuestras respectivas monedas, pero Brasil es superavitario y tiene más empresas en la Argentina que al revés, por ende, paga con el superávit comercial en pesos sus impuestos y a sus trabajadores en nuestro país.
[2] Los residentes argentinos y los que no son residentes norteamericanos financian gran parte del déficit de Estados Unidos con sus “ahorros” en dólares.
[3] Proyecto del senador Oscar Parrilli, que cuenta con sanción en la Cámara Alta y con dictamen de mayoría (básicamente del Frente de Todos) y de minoría (básicamente de Juntos por el Cambio) en las comisiones de Legislación General y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación.

 

 

Desdolarización

 

Informe económico mensual

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Para este documento hemos seleccionado unos pocos indicadores que consideramos pesados o estructurales con algunos años de recorridos, desde el 2008 a la fecha, o sea 14 años. No es poco pero tampoco alcanza para una historia. El registro es que pasaron varios gobiernos, varias políticas económicas, naufragios internacionales y los propios y numerosos desaguisados.

Recorremos los indicadores, razones e índices de estos años que dejan señales muy fuertes, lo que decimos, y es hasta donde podemos llegar, dista de explicaciones complejas y fundamentos del estancamiento y decadencia de nuestro país.

Consideramos en este documento 3 aspectos relevantes y además articulados entre ellos.

Apertura: Por un lado la apertura de la economía, considerando tres alternativas que pueden utilizarse cada una por su lado. Así contamos con la apertura en pesos corrientes, en pesos constantes y en dólares, contando con la información de las Cuentas Nacionales elaboradas por el Indec.

Per cápita: El más conocido es el asociado a los dólares (PBI dólares / Población), pero agregamos otros que también se pueden equiparar a grados de productividad de economía.

Inflación y otros nominales como el Tipo de Cambio Oficial y el dólar CCL. Ahora estrenando congelamiento.

El problema de la Apertura, lo tiene sin dormir a Inodoro y al Mendieta, buscan y buscan la solución para aumentar las exportaciones. Es así como en un encuentro casual en el medio de la pampa chata se produce el siguiente dialogo cargado de nuevas ideas.

Visitante con aspecto de empresario le comenta a Inodoro y a Mendieta: “Ahura la cosa es aumentar las exportaciones, Pereyra ¿Qué exportaría usted?

Inodoro: “Carne”.

Visitante. “Carne ya se exporta”.

Inodoro: “Si. ¡Pero congelada! ¿Quién va a comer esa carne? ¡Fría y dura como garrote! ¿Ansina quieren aumentar las exportaciones? ¡Hay que mandar a Uropa asáu con cuero calientito!”.

Prosigue con voz firme Inodoro contando con el claro consentimiento de Mendieta: “Ansina como hay barcos frigoríficos hay que hacer barcos-parriya”. “Las brasas en la bodega. En lugar de la cubierta, la parrilla”.

Seguramente esta idea generó conferencias, congresos, reuniones urgentes en las Naciones Unidas, fue punta de lanza en la creación de la OMC y la UNCTAD creo un Departamento de Investigación especial.

 

2022 Nov Apertura per capita inflacion.docx

A propósito del proyecto de ley de cooperadoras escolares del oficialismo en la Ciudad

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Los principios reales de las cooperadoras escolares son la solidaridad y la mejora de la educación y las escuelas públicas. En todo este tiempo de pandemia y postpandemia la comunidad educativa organizada a través de las cooperadoras escolares ha colaborado con actividades y asistencia a las familias más vulneradas de la Ciudad.

En la actualidad colaboran en asistencia para viajes de estudios y donan su tiempo/ recursos económicos para mejorar las condiciones edilicias y también para organizar las diversas actividades escolares para que todos los alumnos puedan acceder a las mismas. Sabemos que hay una gran desigualdad entre los alumnos de la ciudad, a nuestra escuela concurren menores que habitan Recoleta y también de barrios vulnerados (como el barrio 31). Recordemos que nuestra educación pública, ha sido una gran igualadora y generadora de oportunidades para todos los argentinos, nuestra escuela el Normal 1, ha sido creada por Sarmiento y hemos tenido grandes pedagogas en nuestras aulas, como Rosario Vera Peñaloza

El movimiento cooperador entiende que lo mejor sería adherir a la ley nacional. La ley del oficialismo de la ciudad plantea limites en los mandatos de los cooperadores y también algo que entendemos es una persecución ideológica inconstitucional al prohibir que los cooperadores estén afiliados a partidos políticos o sindicatos. Las familias realizan estas actividades de manera solidaria y no son empleados de la administración pública del gobierno de la Ciudad, no se les paga a los cooperadores por esto, son elegidos por las familias en asamblea para colaborar de manera gratuita en la organización de la comunidad educativa pública.

En conclusión, instamos a los legisladores de la Ciudad mayoritariamente del oficialismo porteño a que revean el proyecto de ley y también la factibilidad de adherir a la ley nacional.

 

Betina Silveiro: Abogada. Docente Universitaria.  Desde 2016 ejerció diversas funciones electivas en la Escuela Normal 1 de Recoleta y es referente de las cooperadoras escolares por la Comuna 2

Julieta. M. Pignanelli. Abogada. Docente Universitaria, vecina de la Comuna 2 y participante de la comunidad educativa del Normal 1.