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viernes, abril 17, 2026
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El dilema de la unidad

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Ahí quedó entonces, abstracta, como tarea de la militancia popular, el objetivo de alumbrar y sostener en el tiempo una concepción unificada de estrategia política, para alcanzar la supremacía social de las mayorías  en la lucha por el poder.-

Pero se supo al poco andar, que esa Unidad pretendida, fue, es y será  siempre un gran envase donde entran muchos otros valores de la actividad humana en la lucha por las ideas: la solidaridad, el desprendimiento, la tolerancia, la generosidad, la autocrítica y el sentido del bien común.- Y sobre todo la capacidad de diferenciar cuales son las contradicciones de la lucha política por las que es necesario optar.-

De tal manera que, desde 1974 – ya sin liderazgos claros– la militancia política quedó encargada de poner en marcha una estrategia permanente de acumulación de voluntades mayoritarias para impulsar las transformaciones sociales y torcer el brazo de los sectores dominantes.-  Los fracasos fueron muchos.

Y como las luchas  populares de Argentina fueron hegemonizados mayoritariamente  por la experiencia del peronismo, movimiento donde durante  30 años esas contradicciones fueron resueltas por las decisiones del líder,  fue en su seno donde el tema de la unidad pasó a ser de trascendencia nacional, y a su resultado se fueron configurando las distintas etapas de la historia política Argentina.-

De manera que hoy, 2019  – siempre es, “mas que nunca” – la pretendida Unidad de los movimientos nacionales ocupa el centro de la escena argentina, al punto que se cree que de ella depende la supervivencia o el definitivo infierno de los Argentinos.-

MODELO PARA ARMAR:

Así las cosas y puestos entonces a desentrañar el dilema de la unidad, cabe preguntar:

Cuáles son los límites de la unidad ?

Cuáles son las concesiones que se pueden hacer  en una estrategia de acumulación de fuerzas políticas ?

Cuáles son los principios a los que no se puede renunciar con tal de ir todos juntos ?

Es un tema ideológico la Unidad?

Supongamos que es solamente un tema práctico, aritmético, de acumulación, como se definen los límites?

Entonces, con esas dificultades ¿No es descabellado pretender que ese proceso de unidad se aborde solo un par de meses antes de un  proceso electoral?

DONDE HAY UN LIDER?

Acudimos entonces con  urgencia a  los liderazgos, para que nos solucionen en corto tiempo lo que en la política cotidiana hemos abandonado como objetivo estratégico.

Pero la visión de los líderes es global, distante, casi cruenta y  en el pago chico las cosas suelen funcionar de manera diferente y las dificultades se multiplican.- Y los resultados de esa gestión, suelen ser exiguos. Porque se entra en el laberinto de las concesiones.-

¿No será quizás que la Unidad se construye con la convivencia política común y es una decisión de práctica cotidiana y no de estrategia electoral de circunstancia ?.-

Cuando hacíamos política hace varias décadas la lucha se planteaba en el mundo de las ideas.- Hoy predomina en todo lo político el mundo de los intereses.- Antes la clave era convencer, no comprar. Y es más posible lograr la unidad de las ideas, que la unidad de los intereses.-

No estará la clave en recomenzar una práctica política más participativa, mas democrática, donde el debate de ideas sea el sustrato del convencimiento común?.- El mundo de las ideas es blando, maleable, propicio para la adecuación.- El mundo de los intereses es rígido, hostil y agresivo.- La militancia remunerada no debate, solo decide, ordena, obedece.

La mercantilización de la política debe verse claramente como un triunfo cultural del neo liberalismo y las dirigencias de los movimientos populares han retrocedido en la batalla cultural de la lucha política.

Quizás los fracasos nos marquen el camino del cambio de prácticas.- Esa es la clave de la unidad, no los acuerdos de ocasión, por intereses y porque no decirlo, por cargos.-

En 2015 no se perdieron las elecciones por la Economía, se las perdieron por la Política, y en el centro de la cuestión Política está la cuestión de la Unidad.-

Desde ese momento hasta ahora, cuáles fueron las nuevas prácticas para iniciar un proceso diferente? No habrá el Macrismo hecho algo más por nuestra Unidad, que nosotros mismos ?

Correspondería quizás hacer un esfuerzo sostenido y a mediano plazo por la instauración de prácticas diferentes.- Y nosotros, que supimos saber como se hacía, quizás tenemos una responsabilidad mayor en la recuperación de esas prácticas.-

Pero también digámoslo, tenemos la esperanza que el pueblo imponga de manera irresistible, nuevos  rumbos.-

 

 

¿Hacia dónde vamos?

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https://revistaanfibia.com/autor/magda-castria/

La ola feminista es el fenómeno de mayor vitalidad política de la Argentina. Su irrupción no sólo renovó las formas de organización, movilización y acción sino también inauguró modos de hablar y pensar, y hasta propuso un lenguaje, inclusivo o no sexista, cuya pregunta atraviesa a personas, colectivos e instituciones del Estado. El feminismo trajo además desafiantes consignas (como el llamado a la deconstrucción, que se extiende cada día más, aunque todavía en los márgenes de ciertos territorios, generaciones y clases sociales) y obligó a la dirigencia política a tomar nota de sus demandas y a posicionarse públicamente sobre ellas.

 

Este protagonismo hace suponer a ciertos espacios de militancia que estamos frente a un nuevo modelo de lucha. En asambleas o en discusiones en redes sociales es común escuchar que el feminismo es capaz de dotarnos de las herramientas necesarias para afrontar los desafíos de una época marcada por la crisis económica, la incertidumbre social y el conservadurismo cultural y político. Sin dejar de celebrar la potencia feminista, quisiera exponer aquí una lectura que acentúe tanto lo contrahegemónico https://revistaanfibia.com/autor/magda-castria/como lo contemporáneo y considere los riesgos que acompañan a todo movimiento revolucionario: que en la búsqueda por cambiar el mundo, refuerce con sus acciones otras desigualdades. Porque no hay luchas inherentemente emancipadoras y porque nunca nada está ganado de antemano

Nosotras podemos

Descubrir la desigualdad de género es una experiencia intensa. En muchos casos, inclusive, es vivida como un despertar personal. En tu historia, en tu casa, en tu trabajo, en tu barrio, allí donde miremos, de pronto, encontramos relaciones de género, es decir, de poder y desigualdad. Pero más impresionante aún que la experiencia individual es el descubrimiento de la experiencia colectiva, el asumir que se trata de un elemento presente en la vida de todes. El feminismo es por eso una lección sociológica. A través de él, muchas personas entienden qué es un hecho social, esas maneras de obrar, sentir y vivir que nos vienen de afuera, tal como los definía Émile Durkheim. Y detrás de cualquier lección sociológica, siempre hay una lección política: si las cosas son así por una construcción, eso significa que se pueden construir de otro modo.

 

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Desde los sesenta, la crítica de la segunda ola feminista apela a la idea de empoderamiento para hacer referencia a ese proceso de cambio, a ese ejercicio de introspección que lleva a las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries a pensar qué quieren de sí, qué quieren hacer con sus deseos y sus cuerpos, pero también qué esperan de las relaciones que les rodean y de sus sociedades. Empoderarse es, así, un gesto disidente, imaginar otro destino personal y colectivo.

 

Pero la palabra empoderamiento tiene significados y usos que exceden a la definición feminista. Gobiernos, partidos, think tanks y movimientos sociales, de izquierda y derecha indistintamente, recurren hace años a la idea de empowerment (su versión original) con distintos objetivos. En Argentina, por ejemplo, fue Cristina Fernández la que lo trajo a escena antes que el feminismo. El 9 de diciembre de 2015, en su último discurso como presidenta, Cristina llamó a cada militante a convertirse en dirigente de su destino y constructor/a de su vida y dijo: “Esto es lo más grande que le he dado al pueblo, el empoderamiento popular, ciudadano, de las libertades, de los derechos”.

 

El término también tiene vida por fuera del campo político. Desde los noventa, prospera su uso en áreas vinculadas al trabajo social y entre organismos internacionales, el oenegismo y el mundo del voluntariado. Cada año se destinan miles de dólares a proyectos que se proponen empoderar a indígenas, afrodescendientes, mujeres. Se trata de expresiones propias de lo que algunos llaman un neoliberalismo progresista y que lejos está de apuntar a la emancipación real de ninguno de esos sectores.

 

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Empoderamiento también es una palabra usada en el ámbito empresarial y en el coaching. En el primer caso está ligado a la búsqueda de las empresas para que las/os trabajadores puedan alinear sus objetivos personales con los intereses comerciales de la compañía y se asuman co-responsables o co-creadores. Buscan así que las/los trabajadores internalicen como propias las demandas patronales y se ponga en marcha un mecanismo de autoexplotación. En el mundo del coaching, en cambio, empoderamiento se liga a la idea de poder personal: valorarse a sí misma/o, alejarse de todo lo tóxico, no responder a lo que se espera de una/o, hacerse cargo de su destino, tomar elecciones autoconscientes.

 

Como vemos, los usos son muy diversos y no todos convocan al entusiasmo. Pero lo que estos diferentes ejemplos comparten es el cruce entre poder e individualidad. No es que no pueda tratarse de un proceso compartido colectivamente, pero el término describe una experiencia que es, ante todo, autoafirmativa. Una experiencia de aprendizaje y de acceso al poder, sin que medie un cuestionamiento a la idea de poder en sí misma. Esos diversos usos nos ponen también frente a una primera advertencia: ¿de qué modos, inesperados y subterráneos, ciertas aspiraciones del feminismo pueden estar cruzándose con otros mandatos de nuestro tiempo?

 

Sabemos que el neoliberalismo es una forma de organización del capital, pero también una cultura y una construcción de subjetividades. Nuestra sociedad proyecta sobre nosotres la imagen de personas que buscan sentirse cada vez más libres, o mejor dicho, más liberada/os; que viven las relaciones con las/os otras/os como trabas u obstáculos para su desarrollo personal; individuos narcisistas que funcionan como empresarias/os de sí mismas/os y están convencidas/os que deben poner su deseo por delante, y prescindir todo lo que puedan del dolor, el esfuerzo y el sufrimiento, propio y ajeno. ¿Somos conscientes las feministas de que nuestro llamado al empoderamiento puede confundirse con el llamado de la sociedad hacia el imperio del yo? ¿Se pone en juego a través de esa idea una reflexión sobre el modo en el que pretendemos cuestionar y disputar, pero también construir poder

Y no es solo a través de ese término que el ensamble con el neoliberalismo se pone de manifiesto. Varios estudios recientes muestran, por ejemplo, que sobre todo para las generaciones más jóvenes (la de la revolución de las hijas) ser auténtico es un valor pilar, así como lo son la flexibilidad y la pluralidad. Y señalan que la autenticidad se vincula a la búsqueda de aquello que nos hace distintes. La cultura de la diferencia también atraviesa a la ola feminista, tal como se expresa en el avance de las perspectivas particularistas, de las demandas de reconocimiento y de los derechos específicos. Aunque esta cultura supone, por un lado, un valor, implica, por otro, un enorme desafío para los movimientos populares: ¿Cómo conservamos la construcción de lo común si nuestras subjetividades se sostienen sobre la necesidad de producir diferencias? ¿Cómo recuperar lo diverso y defender la igualdad?

 

Claramente el riesgo es menor en los espacios de militancia, en donde la energía feminista está puesta al servicio de la construcción colectiva de redes, apoyos y solidaridades. Pero una cosa es el feminismo en tanto movimiento político y otro es el movimiento social que la crítica feminista despierta. Entre ambos, existe una responsabilidad que no es sencilla de administrar, como puso en evidencia, por ejemplo, la aparición de los escraches.

 

Ese mecanismo situó al movimiento ante una encrucijada difícil de resolver. Si bien se trataba de la estrategia que las más jóvenes habían encontrado para establecer un límite, para decir “no es no”, éstos ponían de manifiesto una lógica punitivista. No solo porque la única solución que proponían es el de la exclusión o la expulsión de los acusados, sino sobre todo porque éstos operan bajo la lógica de la inmediatez. A través de ellos se trasluce, por eso, otro de los males de nuestro tiempo: la intolerancia a la espera. Se necesita juzgar rápido y con la información disponible. De lo contrario, se es cómplice. El deseo de justicia express y autogestiva es, sin embargo, uno de los mayores peligros que acecha la democracia hoy en día, tal como se puede ver con los gobiernos autoritarios de la región.

 

Ante el avance de los escraches, algunas feministas pusieron el acento en la (falta de) responsabilidad de las/os adultas/os y las instituciones; otras advirtieron que éstos constituyen sólo el primer paso de un proceso de transformación de las relaciones entre los géneros, más largo y profundo. Rita Segato fue más lejos en la crítica a estas prácticas, a las que caracterizó de linchamientos. “Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás”, dijo, citando a un policía nicaragüense. Discutía con esa idea tan presente en el sentido común que dice que las feministas queremos dar vuelta la tortilla y mierda, mierda. Las declaraciones desataron una tormenta hacia dentro del movimiento. La acusaron, entre otras cosas, de representar un feminismo cómodo a los machos.

 

 

No se trata solo de entender el porqué, dijo Segato, necesitamos dejar de subestimar los errores que cometemos en nombre de la búsqueda de igualdad. Las injusticias que cometemos en nuestra marcha hacia delante. Porque todas las revoluciones cometen injusticias. El problema no es ése sino qué vamos a hacer con ellas. ¿Qué vamos a hacer nosotras, compañeras, con las injusticias propias?

 

Nos mueve el deseo

 

La preocupación por ciertos rumbos del feminismo hoy adquiere aún más sentido si reconstruimos parte de nuestra historia reciente y revisamos lo que Nancy Fraser advirtió hace un tiempo: la coincidencia entre el ascenso del neoliberalismo y la segunda ola feminista. O peor, el modo en el que el ascenso del neoliberalismo modificó drásticamente el terreno en el que operaba el feminismo de la segunda ola, al punto de modificar sus ideales. Fraser se refiere al movimiento insurreccional de fines de los sesenta y principio de los setenta, un momento marcado por la voluntad de acción, y en el que coincidieron un conjunto variado de acontecimientos y procesos: el mayo francés, la primavera de Praga, los movimientos por la igualdad racial, el obrerismo italiano, los movimientos estudiantiles de Brasil, Uruguay, Estados Unidos, Alemania, Japón, solo por citar algunos ejemplos.

 

Ese movimiento suponía que la realidad en la que se vivía (una realidad vista como deshumanizada, represiva y autoritaria) necesitaba de una purificación revolucionaria, pero que esa revolución no iba a nacer de los clásicos programas de izquierda. Al contrario, “la nueva izquierda” dio por tierra a la hipótesis de transformación social a través de la toma del poder, así como desechó la idea de un sujeto revolucionario preexistente y modelado: un obrero de fábrica, asalariado, urbano, masculino y adulto, que apenas representaba a las/os oprimidas/os del mundo, tal como nos resulta tan evidente hoy. Les rebeldes cuestionaron el economicismo, el estatismo y la vida burocratizada de la sociedad de consumo y en contraposición dieron lugar a formas híbridas entre lo cultural y lo político, así como abrieron campo a una forma de liberación que era, en muchos casos, personal, social y colectiva a la vez.

 

Años más tarde, sin embargo, esa “nueva izquierda” y sus alcances fueron reinterpretados a la luz de lo sucedido con la reestructuración del capitalismo y el nuevo ordenamiento global. Muchos se preguntaron, entonces, si habían constituido verdaderas rupturas o si fueron, por el contrario, el punto de partida que el sistema necesitaba para su nueva fase de expansión. Es cierto que esa pregunta fue formulada, sobre todo y con cierto cinismo, por intelectuales que disfrutaban al ver los efectos no deseados de esas rebeliones populares. Y también es cierto que si bien se trató de una tendencia global, aquellos movimientos mantenían enormes diferencias entre sí, y que en América latina, la militancia juvenil se inclinó ante todo a la lucha insurreccional. Pero a pesar de esto, la pregunta sigue siendo inquietante: ¿en qué medida poner al deseo en el centro de la acción política, como hicieron esos movimientos, no conduce hacia el debilitamiento de la vieja demanda igualitarista?

 

En la actualidad, es común escuchar que la revolución de las mujeres es la revolución del deseo, porque ese elemento es el núcleo de la autonomía femenina. Y en sentido contrario, que la represalia del poder patriarcal es hacia el deseo de las mujeres, porque eso es lo que jode. Se habla, incluso, de un derecho al deseo. El deseo es otro concepto con diversas acepciones, en filosofía y sobre todo en psicoanálisis, y cuya indagación excede por mucho las posibilidades de este artículo. Pero recuperando esta historia, al menos podemos advertir que una agenda marcada por el deseo tiende a ser más del orden de las transformaciones culturales. Y las revoluciones culturales muchas veces tienen efectos más duraderos a largo plazo, pero también tienen sus límites. En principio, se dice de una revolución que es cultural cuando no toca la estructura de la desigualdad social.

 

 

Se podría decir que, en el feminismo actual, el deseo nos mueve tanto como la igualdad, y sería cierto. Porque uno de los elementos más ricos del feminismo argentino es su heterogeneidad. Se trata de un espacio en el que conviven distintas posiciones ideológicas, con un alto grado de tensión interna, aunque sin llegar nunca a la ruptura. Hay feminismos liberales, populares, de izquierda, como corrientes anarquistas o autonomistas. Existen posiciones institucionalistas, que aspiran a un feminismo hecho ley, como un feminismo de la igualdad, heredero de la Ilustración y vinculado a la reivindicación de derechos, y un feminismo de la diferencia, con posturas más deconstructivistas.

 

Pero también es cierto que el feminismo se constituyó desde sus orígenes como un movimiento ilustrado. Fueron mujeres blancas, de clase media profesional, muchas de ellas académicas, quienes encabezaron la crítica de las sociedades patriarcales en los países del llamado primer mundo, como más tarde denunció el feminismo anticolonial. Y si bien muchos de los logros que dio, empezando por el sufragio universal, significaron avances para el conjunto de las mujeres, su discurso históricamente interpeló con mucha mayor intensidad a las clases medias,y en el caso de la Argentina, a las clases medias de los principales centros urbanos. La masificación del movimiento, su capacidad de movilización en las calles, la aparición de nuevos colectivos y la presencia del discurso feminista en lugares a los que antes no accedía, como son los medios de comunicación, son logros inmensos a festejar. Pero la marca de clase es una amenaza siempre latente para nosotres.

 

Alguien podría replicar, entonces, que en Argentina el feminismo ilustrado entró en crisis con la crisis de 2001. Por esos años, las mujeres que se encargaban de las ollas populares en los barrios, en los piquetes, que sostenían merenderos y centros comunitarios, hicieron su aparición en los Encuentros Nacionales y así cambiaron su naturaleza. Desde ese tiempo, además, florecieron por todo el país organizaciones feministas con un enorme trabajo territorial. Son esas organizaciones las que hoy, por ejemplo, acompañan la realización de abortos legales (porque el aborto legal ya existe hace un siglo en nuestro país) o las que trabajan en las cárceles asegurando el derecho de las presas a educarse y capacitarse. Pero más allá de ese feminismo popular que también llevan adelante diversas instituciones del Estado, entre ellas, las Universidades públicas, hay lugares a los que todavía el feminismo no llegó.

 

La cara de la ola verde sigue siendo una joven blanca de clase media porteña, probablemente incluso, una estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires. Y esto no es un problema solo de pertenencia, sino también de sentidos. Para ser popular y federal, ¿acaso no necesita el feminismo recuperar los valores, deseos y experiencias de esas personas a quienes desea interpelar? ¿No tendríamos que construir una narrativa de futuro que sea compatible con las elecciones de vida de esas personas?

 

Se va a caer

 

Hasta hace muy poco tiempo, el aprendizaje político del feminismo vinculado a su heterogeneidad interna no se traducía en la capacidad para tejer vínculos con otros movimientos sociales, sindicales o políticos. La primera razón de esa dificultad era el estigma que existía sobre él. Porque también hasta hace muy poco tiempo ser feminista era mala palabra. Sobre esa definición recaían un conjunto de estereotipos arcaicos, e incluso entre las organizaciones del campo popular, éste seguía siendo lo contrario del machismo.

 

La aceptación de sus premisas por un conjunto cada vez mayor de mujeres hizo, sin embargo,  que muchos colectivos debieran rever esa mirada. La ola verde puso entonces en crisis los viejos pactos de exclusión, denunció abusos tapados por años, hizo crujir tanto a las estructuras partidarias y sindicales, como a ese tejido de organizaciones que caracterizan a la Argentina plebeya. Para revertir esa desigualdad histórica, lógicamente, el feminismo avanzó a los codazos.

 

No es del todo absurdo, sin embargo, preguntarse por la utilidad política de ese estilo confrontativo en esta nueva etapa. Porque, paradójicamente, hacer de la desigualdad de género un elemento transversal implica asumir que no siempre el género será la variable prioritaria a la hora de entender lo que nos pasa como sociedad o como individuos. Dicho de otro modo, que la desigualdad de género se exprese en todos lados no significa que todo pueda ser explicado sólo por ella. Se trata de dos procedimientos lógicos distintos.

 

 

En todos los escenarios de la vida en común se ponen en juego cuestiones de género, pero esas cuestiones están interactuando con elementos de distinta naturaleza: desigualdades sociales, étnicas, intereses económicos, relaciones afectivas, estrategias políticas. Plantear el problema en términos de competencia entre clase y género (como si el feminismo fuera un peligro para la lucha por la igualdad social) es tan absurdo como adjudicarle al género una capacidad explicativa total. De lo contrario, convertiríamos al feminismo en otra forma de pensamiento único, o en un tipo de reflexión que desprecie los pliegues, los matices, las contradicciones. Sería raro que nosotres, quienes más peleamos por romper binarismos y oposiciones, nos acodemos en fórmulas cerradas. Sería como renunciar al carácter intrínsecamente incómodo del feminismo; incómodo para todes, para los demás y para nosotras mismas.

 

El feminismo no es solo una denuncia. Una crítica social no es una denuncia. La gramática denuncista pertenece a los Lanatas del mundo y es sostenida desde banquillos a los que las feministas, creo, podríamos evitar subirnos. Una crítica social supone además de un cuestionamiento a lo existente, una visión sobre el futuro, una utopía colectiva. Sería bueno que, que todes les que formamos parte de la sociedad y sufrimos de distinto modo al mandato patriarcal, podamos darnos debates intensos alrededor de los nuevos vínculos que esperamos construir. Y que el feminismo encabece, aliente ese debate, tomando los riesgos de cualquier acción política en democracia, es decir, sabiendo que no necesariamente el otro / la otra pensará lo mismo.

 

Por supuesto no quiero decir con esto que no sea necesario denunciar y combatir las opresiones, los abusos, las explotaciones a las que somos sometidas a diario las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries. Entre otras cosas porque nuestro país mantiene rasgos demasiado arcaicos, tal como se evidencia en el incumplimiento de los abortos no punibles o el avance de los femicidios. Justamente es en resguardo de aquello que se necesita denunciar sin dobleces, que precisamos construir distintas estrategias. Porque nuestra lucha es contra todas las manifestaciones de la violencia de género, pero muy especialmente contra aquellas expresiones más crueles, las que sufren les más vulnerables. Debemos asegurarnos que el avance de la ola feminista represente para elles una protección y un resguardo.

 

¿Tiene sentido que nos despierte la misma indignación un abuso que una publicidad; el accionar de una red de trata (tema que, curiosamente, hoy tiene muy poca presencia pública) que el titular de un diario? ¿Por qué no construir diferentes tonalidades y énfasis? No hay nada malo en facilitarle el camino a aquellas/os que pudiendo ser feministas hoy no lo son; no bajamos por eso ninguna bandera. Y suturar o cerrar discusiones es ganancia de corto plazo. Hagamos política que es siempre más duradero. Luchar, combatir y denunciar, pero también escuchar, convencer y persuadir, que no es ni más ni menos que construir hegemonía para ser mayoritarias.

Fuente: https://revistaanfibia.com/autor/magda-castria/

Ilustrador Magda Castría

Panorama político chaqueño

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El misérrimo ofrecimiento que la ministra de Educación, Marcela Mosqueda, hizo a los gremios docentes pone en dudas los objetivos que el propio Gobierno tiene en esa materia. Fuera de las barbaridades con las que desde el propio Domingo Peppo hasta su ministra quisieron relativizar la protesta docente que retrasa el inicio del ciclo lectivo, hay elementos no planteados en la superficie que ponen de manifiesto el discutido compromiso del Estado actual con la educación pública.

Y así es que los  docentes tomaron la iniciativa para hacer conocer hechos que en general no se discuten en la comunidad educativa que diariamente compra el mensaje oficial sobre el reclamo de los maestros. La brutal campaña de desinformación que tiene a los principales medios de comunicación como referentes y simples voceros de la usina oficial repitió sin sonrojarse que la propuesta a los sindicatos habían sido “2.235 millones de pesos para el incremento salarial docente”.

La cifra puede aparecer magnificada por el título pero la verdad representa apenas un 22 por ciento de aumento en cuatro cuotas. Sin ningún rubor tampoco el Gobierno reconoce que esto es el doble de lo que dieron el año pasado, admitiendo sin que nadie lo analice, que aplicó un brutal ajuste en el salario del sector público que importó una caída en términos porcentuales de más del 35% con respecto a la inflación general del año 2018.

En el Chaco, no sólo no hay compensación para los maestros por esta tremenda pérdida de poder adquisitivo que se viene arrastrando desde que Peppo asumió el gobierno  -incluso desde  el último año de gestión de Jorge Capitanich-, tampoco se plantea un reconocimiento de los prácticamente 6 puntos con los que arrancó el año 2019, mucho menos con las proyecciones de lo que será la inflación anualizada para todo este año.

Pero la discusión que el Gobierno no plantea es la explosión de escuelas de gestión social y las de gestión privada que se entregaron a la conducción de movimientos sociales y gremios afines, en  las cuales no rige el Estatuto del Docente ni las garantías e igualdades que establece la Constitución para la Educación Pública en el país y en la provincia, pero  que están solventadas íntegramente con recursos del Estado provincial.

Allí piqueteros oficialistas perciben salarios de directivos y los docentes son contratados por fuera del régimen del Estado, en algunos casos no percibiendo los montos que el gobierno ofrece a sus propios maestros, pese a que el mismo  se obliga a transferir mensualmente cifras equivalentes a las horas cátedra de clases que se dictan habitualmente en las escuelas públicas.

Con estas acciones típicas de política partidaria, el propio Gobierno genera competencia desleal, permitiendo la existencia de establecimientos en los que se imparte educación a  alumnos de todas las edades que pueden concurrir a escuelas públicas en diversos turnos -en algunos casos solo  se dictan  un par de horas dos veces por semana a cargo de personas sin título-.

El impacto sobre la matrícula en diversas escuelas públicas, especialmente en el área metropolitana, es demoledor. La consecuencia directa es el cierre de cursos y la pérdidas de horas a diversos docentes o directamente su puesta en disponibilidad.

El anticuerpo es igual de polémico. Una orden inorgánica de algunos estamentos intermedios que permite el avance de los alumnos, sólo para mantener matrícula y evitar los cierres. El Estado conspira contra una de sus objetivos fundamentales y la víctima termina siendo  el alumno que el Gobierno asegura que quiere proteger. Todo ocurre a plena luz de día.

 

 La campaña por la reelección

Así como el discurso del presidente Mauricio Macri en el Congreso fue una catarata de gritos sin sustentos en donde no hubo un solo pasaje (apenas el aumento de la AUH) que permitirá darle contacto con la realidad, el de Domingo Peppo ante la Legislatura solo  dejó para el análisis la confirmación de que ya está lanzado a la campaña para su reelección.

Jorge Capitanich hizo un breve intento a mediados de semana para desmentir su acuerdo con Cristina Fernández, que definitivamente  lo aleja  de la intendencia y pasaría a dar la pelea por la gobernación.

Si alguna prueba para confirmarlo faltaba fue el inesperado lanzamiento de su secretario de Obras Públicas, Diego Arévalo, como pre candidato a sucederlo, en tanto que Gustavo Martínez reiteró que también está anotado para la misma carrera.

Arévalo es el yerno del empresario Pedro Martínez, detenido en la causa Lavado II que investiga la Justicia Federal. Fue él el que también había agitado sospechas de “sobreprecios” en la gestión de Aida Ayala en una declaración de diciembre de 2016.

Incluso fue llamado a declarar como testigo en la causa. Con su suegro detenido, aparentemente no tuvo el mismo empeño para analizar la gestión del último intendente radical.

Que Arévalo sea candidato a intendente permite adelantar que Capitanich no irá por la reelección en el municipio. Que Peppo abiertamente plantee su interés por un nuevo mandato, descarta de plano que el jefe comunal quiera volver a ese cargo.

Sin embargo el sector coquista plantea con dureza que el gobernador quiere liquidar el sistema de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. El radicalismo también quiere liquidarlo, especialmente el sector que está detrás de la candidatura de Carim Peche.

Capitanich defiende esas internas. Si algo puede hacer antes de dejar la provincia es tratar de devolverle el apoyo a quienes fueron leales con él. Pero si el armado local estará en manos del gobernador Peppo, difícilmente haya mucho espacio. Confía el intendente, en todo caso, que tiene fuerza suficiente como para imponer nombres en una pulseada. No será candidato en la provincia, pero tiene interés en dejar en claro que es “el elector” dentro del PJ.

La lucha no solo será entre radicales y peronistas, ya que dentro de las filas del oficialismo se avizora un fuerte frente de tormenta hasta que queden definidas las candidaturas o, hasta que en una disputa interna se resuelva quién es el que manda.

Un dato no menor es que en la caja de resonancia de la política chaqueña, volverá a dirimirse importantes y vitales iniciativas legislativas para el Ejecutivo, como son las leyes de endeudamiento necesarias para garantizar la gobernabilidad y afrontar la dura crisis que vive la Argentina y que facilitaría el cumplimiento de las aspiraciones política de un Gobierno que, a los tumbos, llega con lo justo a sus cuatro primero años de gestión.

Mauricio en el país de las maravillas

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En psiquiatría se denomina alucinación a un trastorno de la sensopercepción que hace que el sujeto perciba un objeto donde no hay nada (un elefante en medio de un parque vacío) e ilusión al que tiene lugar cuando los sentidos indican un objeto diferente (donde hay un árbol ve un camello). Una pregunta demasiado elemental sería si acaso el P. E. está ocupado por una persona alucinada o ilusionada en el referido sentido psicopatológico.

No lo creemos, no es un caso de psiquiatría, sino de política. La actual gestión se propuso desde su primer momento endeudar sideralmente a la Nación, siguiendo las directivas del totalitarismo financiero del hemisferio norte (ideológicamente racionalizado con la autodenominación de neoliberalismo). Las ha cumplido y lo sigue haciendo al pie de la letra; no lo podría hacer de mejor manera.

Hace poco más de un año, cuando advertimos que era mejor que se fuesen lo antes posible y eso produjo un escándalo y se rasgaron las vestiduras todos los adoradores de una democracias perseguidora de opositores y empresarios nacionales, la deuda no ascendía a la cifra actual y no se había pedido crédito a FMI. Ahora el desastre es inevitable. En algún momento nos quedaremos sin divisas. El FMI puede ayudar a que el desastre se postergue hasta después de las elecciones. En tanto, el aparataje mediático oficialista oculta la realidad con mentiras, lawfare, fakenewsy todas las nuevas denominaciones anglosajonas con que ahora se conocen los principios de Goebbels, desplegadas con inusitado descaro por sus canales y radios monopólicos, a lo que se suman los troll enviados directamente por robots y especialistas adiestrados al efecto, geodirigidos conforme a los big data o manejo masivo de información.

En tanto, el hombre y la mujer de la calle, los humanos de nuestra Patria, no sólo están solos y solas y esperan, sino que lo cotidiano y el desconcierto los angustian. Basta andar algunas cuadras por la ciudad, en particular a las horas de mayor concurrencia y observar los rostros, son expresiones de angustia y no precisamente existencial o metafísica.

Partiendo de la premisa de que el presidente no es un alucinado, sino que simplemente le han impartido algunas lecciones de actuación,  gesticula, modula la voz (aunque no le sale del todo natural), hasta se anima a intentar llorar (en ese momento el camarógrafo se acerca más a tu rostro compungido), aunque siempre se le note un no muy lejano dejo de alumno de primaria recitando en fiesta patria. Por supuesto que todo esto lo hace leyendo, lo que es menos creíble, pero aún puede aprender el libreto de memoria.

Nada hay de ingenuo en el mensaje presidencial y mucho menos en los aplausos entusiastas de su gabinete, bastaba ver los saltos de algunos de sus ministros entusiasmados. Pero ninguno de ellos podía creer que lo que estaban escuchando era verdad, cuando se trata del mejor equipo de entrega de nuestra soberanía que haya habido hasta el presente, nunca más plenamente consciente de su misión. ¿Pero si no creen eso, cuál es el sentido de esa teatralización?

No se nos debe escapar que, según algunos, el discurso presidencial en el Congreso de la Nación fue el lanzamiento de la campaña electoral por la reelección de Macri. Es una hipótesis bien válida. Se sabe que es buena técnicade cualquier candidato hablar siempre como triunfador, mostrarse como el héroe que se está batiendo contra todos los males y los está superando a todos. Suena un poco extraño como táctica en estas circunstancias, pero es razonable pensarlo si tenemos en cuenta que tampoco le queda otra alternativa. En su situación, si quisiese hacer una campaña electoral respetando un poco más la verdad, tendría que pedir demasiados perdones y esgrimir muchas más disculpas y explicaciones que las que deja caer en el discurso alucinado: la “pesada herencia”, la “malaria” internacional, etc. Seguramente iría a una derrota de cabeza por ese camino, de modo que el único que le resta es el de la teatralización alucinatoria.

Esa es una de las interpretaciones que cabe tener en cuenta, pero no es la única. Quizá haya otra sobre la que es menester prestar atención, reflexionar y, en última instancia prepararse para desbaratarla.

Tengamos en cuenta que el endeudamiento sideral con que ha comprometido nuestra economía lleva inexorablemente a una catástrofe. En algún momento se acabarán las divisas, los intereses insólitos harán que los tenedores de papeles teman no cobrar más intereses ni capital y se vuelquen a las divisas y todo estalle por el aire de la peor manera. No hay más crédito del mercado y el Fondo tiene fondo también. La bomba está instalada, la mecha encendida, pero no sabemos cuándo el fuego llegará al explosivo, aunque es imposible desactivarlo. Miramos impotentes el camino de la catástrofe que ha montado esta administración, gobierno o régimen, como quiera llamárselo.

¿No lo ve el equipo que montó la bomba? Sería ingenuo creer que participa de una alucinación triunfalista, que cree que vamos por el camino del bienestar de todos los argentinos, que se crearon puestos de trabajo, que nuestras universidades están felices, nuestros científicos exultantes, nuestra economía en plena reactivación. Ninguno de ellos es poco inteligente. No confundamos, este gobierno no se ha equivocado, ha sabido en todo momento lo que hacía y lo sigue sabiendo, la inteligencia a un don que puede ser usado para el bien como para el mal. Si bien el verdaderamente inteligente nunca la usa para el mal, el cálculo del rendimiento negativo siempre es a mediano o largo plazo, pero en el corto plazo es otra cosa.

Por ende, bien puede ser que incluso jugando el triunfo electoral en base a mentiras y creación de realidad, no descarte perder y, en tal caso, colocar a la actual oposición en una tremenda encrucijada: seguimos nosotros con nuestro discurso de triunfadores o les damos el gobierno (no el poder) a ustedes por un puñado de votos de diferencia, ustedes ponen la cara, nosotros seguimos manipulando a los medios monopólicos y a la justicia penal, esperamos que la bomba les revienta en la mano, los hacemos responsables del desastre y volvemos para seguir devastando el país, entonces con el pretexto de que nuevamente debemos cargar con una “pesada herencia” y con la ventaja de estar más legitimados para reforzar los mecanismos y medidas de entrega de nuestra soberanía y de represión a los opositores políticos y a nuestro capital productivo nacional.

Hemos tenido experiencias de retorno de salvadores, como la de Cavallo en el 2001, y sabemos en qué terminó, aunque esta sería peor. La primera variable (conseguir la reelección), tarde o temprano llevaría al desastre si es que merced al Fondo no estalla antes de las elecciones. La segunda, perder las elecciones y entregar el gobierno pero retener el poder mediático, financiero y judicial, permitiría imputar el inexorable desastre a otros. De cualquier manera, tarde o temprano deberán dar cuenta del desastre, pero cuanto más tarde sea peor serán las consecuencias.

Se trata de un programa maligno al extremo, pero la encrucijada existe, está frente a nuestros ojos. Y la salida no es bajar los brazos, sino hacerse cargo de las dos variables, enfrentarlas, denunciarlas, crear consciencia. El hombre y la mujer deben dejar de sentirse en soledad y esperando, alguien les debe explicar y acompañar, y eso no puede hacerlo nadie más que el movimiento popular cuyas raíces se remontan a nuestros próceres de la emancipación, pasando por los caudillos federales y renovándose en el siglo pasado. Esa es la voz que esperan el hombre y la mujer que cargan ahora su angustia.

No estamos en una encrucijada insalvable ni mucho menos, sólo que es necesario actuar sabiendo que debemos enfrentar un único y claro objetivo estratégico (el sometimiento al colonialismo financiero) que ensaya dos tácticas posibles y no excluyentes: seguir hasta la catástrofe o permitir que estalle volando las manos de otro para adjudicarla a la víctima manca.

No basta con ridiculizar el mensaje presidencial, la teatralización, sino caer en la cuenta de que no es nada ingenuo, que muestra la maligna intención de colocar a toda la fuerza popular y nacional en una encrucijada y es deber de ésta estar a la altura de las circunstancias y, por consiguiente, advertir y denunciar la táctica desplegada por quienes quieren seguir entregando la Nación. Esto debe ser gritado con fuerza en cada plaza, en cada barrio, en cada esquina, para que todo el aparataje de tecnología de la mentira resulte inútil. Ahora sí, cada uno de los hombres y mujeres que integran el movimiento popular, en serio lleva en su mochila el bastón de mariscal. Todos somos responsables frente al desafío colonial.

*El título pertenece a los editores de la página.

Ana no heredará la enfermedad de Chagas

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“Todos los bebés heredan algo de su mamá. Florencia heredará el pelo; Pedro, su nariz; Marcos heredará su generosidad. Pero Ana iba a heredar la enfermedad de Chagas si su madre no hubiera recibido tratamiento antes de quedarse embarazada”. Con esos ejemplos arranca el vídeo de la campaña de Mundo Sano, que se presentó este martes en la sede madrileña de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y cuyo objetivo es recordar que esta dolencia no tiene que ser una herencia inevitable.

Hasta hace poco, para miles de niños, heredar la enfermedad de Chagas parecía algo tan inevitable como heredar las emociones, las capacidades y hasta el color de pelo de sus madres. Ahora es posible eliminar para siempre esa herencia gracias a la existencia de un diagnóstico y tratamiento efectivos, sobre todo para los más pequeños y para las mujeres en edad fértil. Pero aún 9.000 bebés al año nacen con esta infección mediante transmisión maternoinfantil. Eso quiere decir que en esta próxima hora nacerá al menos un niño más con Chagas, aunque todavía falta información más precisa sobre el alcance real de esta enfermedad desatendida. El objetivo por tanto es llegar a cero bebés con chagas en el año 2030.

“La buena noticia hoy es que podemos tratar y curar a los niños y a sus mamás”. La doctora Silvia Gold, presidenta de la Fundación Mundo Sano, es consciente de que la palabra “cura” ha sido objeto de controversia científica al hablar de esta enfermedad. Pero las evidencias de que el tratamiento es efectivo, sobre todo en niños y jóvenes, no deja lugar a dudas. “Por ello, atrevámonos a decir que el Chagas se cura, si los afectados se diagnostican y tratan a tiempo”, insiste.

La campaña #NingúnBebéConChagas se enfoca en el control de la transmisión maternoinfantil, alineada con las estrategias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Y apunta a los logros alcanzables de salud en 2030, tal como está previsto en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

La lucha contra la enfermedad atraviesa un momento de optimismo. Aunque cauto, porque las estimaciones de ocho millones de afectados en todo el mundo, principalmente en América Latina, donde se encuentra el insecto que transmite el parásito con la infección, supone un enorme desafío. “¿Cómo es posible que con tantos millones de personas afectadas, el Chagas no haya representado una prioridad en la agenda política iberoamericana? Eso debe cambiar”, manifestó en el acto de presentación de la campaña Rebeca Grynspan, secretaria general de la SEGIB, quien no pudo contener las lágrimas al terminar de ver el vídeo de la campaña. “Es la segunda vez que me emociono al verlo”, confesó.

El vídeo, con un tono esperanzador, apela a considerar la enfermedad de Chagas ya no solo como un mal de áreas remotas, sino como una realidad global. Su extensión ha traspasado el ámbito rural hacia el urbano. Y fuera de los países endémicos, la enfermedad está presente en muchos zonas del mundo, principalmente, Estados Unidos con 300.000 personas aproximadamente y España, entre 50.000 y 100.000 afectados.

Marcelo Abril, director ejecutivo de Mundo Sano, razona el optimismo de su organización: “Ahora tenemos una gran oportunidad porque disponemos de herramientas de diagnóstico y tratamiento, y porque hay consensos científicos, además de guías clínicas avaladas por la OMS, que demuestran que el tratamiento funciona, especialmente en niños, jóvenes y mujeres en edad fértil”.

“Y además, las mujeres son el hilo que nos puede conducir al resto de la comunidad para aumentar el diagnóstico y tratamiento para todos los afectados”, apostilla Silvia Gold.

No es la enfermedad de “otros”

El grupo farmacéutico que respalda Mundo Sano, con 25 años de existencia y ligados a la lucha contra el Chagas, ha puesto a disposición de los países afectados la formulación pediátrica del benznidazol, uno de los dos únicos fármacos que existen para la enfermedad (el otro es nifurtimox). Desde 2017, el benznidazol fue registrado por primera vez en Estados Unidos tras pasar la aprobación de la agencia regulatoria de ese país, lo cual supuso un estímulo para atraer una mayor atención sobre la enfermedad y para plantear un mayor acceso al tratamiento en los países afectados.

Al tratarse de una realidad iberoamericana, “que ha sufrido el estigma de la invisibilidad y del silencio”, Rebeca Grynspan expresó su satisfacción de que fuese en “esta casa de Iberoamérica que es la SEGIB” donde se decidiera hacer el lanzamiento de la campaña que nos muestra que el chagas ya no es una enfermedad de “los otros” sino de “todos”.

No se debe considerar la enfermedad de Chagas solo como un mal de áreas remotas, sino como una realidad global

Pedro Albajar (director del programa de Chagas de la OMS) recordó que en la próxima Asamblea Mundial de la Salud, que se celebrará en mayo, se debatirá sobre la aprobación de un día mundial de las personas afectadas por Chagas. “Las asociaciones de afectados eligieron solicitar el 14 de abril como la fecha señalada, porque fue ese mismo día de 1909, cuando se registró el primer diagnóstico que el doctor brasileño Carlos Chagas realizó, precisamente, a una niña, Berenice Soares”. Y añadió que hoy las evidencias permiten afirmar que al tratar a niñas y mujeres jóvenes, no sólo se puede controlar y prevenir, sino que se puede “eliminar” la transmisión maternoinfantil de la enfermedad.

Lo que sigue es un trabajo de todos. Y en ello serán clave “las alianzas que incluyan al sector privado y a la sociedad civil”, como señaló el director del comité español de UNICEF, Javier Martos, en el debate moderado por Mariano Sigman, científico de Mundo Sano.

¿Y ahora, qué hacer? Mundo Sano, cofundadora de la Coalición Global de Chagas, anima a difundir la campaña, suscribir un compromiso en la web habilitada para ello: www.ningunbebeconchagas.com y compartir el vídeo en redes sociales. Para Silvia Gold sería deseable que se exponga, por ejemplo, en salas de espera de centros de salud, de ginecología, de pediatría. Para que finalmente, “los pacientes sientan y ejerzan el derecho de pedir que le diagnostiquen y traten. Debemos sacar a la enfermedad de la cápsula de los especialistas. Es un desafío que no vamos a solucionar unos u otros solos, sino todos”, concluyó Silvia Gold, en un acto cuya sensación compartida fue la de un optimismo que apunta a hacerse realidad de aquí a 2030, gracias a las buenas evidencias y herramientas actuales. La prueba será que ningún bebé nazca con chagas.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/03/05/planeta_futuro/1551807087_715725.html

Informe Económico. Febrero 2019

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Se adjuntan documentos del trabajo, indentificado como 95534 y su correspondiente anexo ANEXO IS,  95534 (1)

Salud Pública y Ajuste Fiscal.

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Como todos sabemos, en los años 80 hay una fuerte presión al retiro del Estado debido a la crisis fiscal y a la ofensiva neoinstitucionalista. En el sector salud, casi en paralelo se produce la Conferencia de Alma Ata, que impulsa una ampliación de la salud pública de posguerra. Por el otro, empieza a advertirse el aumento de los costos de la salud debido al incremento de la esperanza de vida y a las nuevas tecnologías..

Aún en ese contexto y en los años posteriores, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE) plantean la necesidad de asegurar la universalidad de los sistemas, la consideran urgente.Al mismo tiempo empiezan a surgir –sobre todo en OMS pero también en la OCDE- propuestas para aumentar los recursos tributarios, no laborales, más eficientes y equitativos. La OMS alertaba acerca de los copagos como barrera financiera. Una parte de esa biblografía se dedica además a proponer instrumentos que mejoren la distribución de los riesgos, es decir para reducir lo que técnicamente se llama selección adversa y popularmente “descreme”.  Todos cierran planteando la necesidad de fortalecer las capacidades estatales.

¿Qué sucede en América latina? Aquí el tema de la universalidad y el esfuerzo fiscal que conlleva se presenta diversamente por los graves problemas de acceso y sobre todo por la presión ejercida desde los 70 por los organismos internacionales para lograr el retiro del Estado y el ajuste. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Cepal, como un reflejo del planteo de OMS, van por un camino muy diverso al de los organismos financieros y llaman la atención sobre la necesidad de lograr un modelo más inclusivo, cuastionando además las reformas noventistas. Esta evolución se completa en el 53° Consejo Directivo de la OPS en octubre de 2014, en el que se definió la estrategia para el Acceso Universal a la Salud y la Cobertura Universal de Salud (CUS). El primero da garantías de accesibilidad y el segundo define la universalidad en sus múltiples dimensiones: la cobertura formal, la garantía de servicios y la protección final.

En la práctica, los países desarrollados garantizan la universalidad, en menor medida la gratuidad, pero las excepciones a los pagos extras son importantes, no sin pocos trámites y controles que generan muchas veces críticas.  En nuestros países ha habido una fuerte influencia de los techos al gasto de los años 80 y 90, junto a reformas promercado muy fuertes. Países como Chile, Colombia y México en los últimos años han intentado cubrir a la población desprotegida, no con un seguro universal sino con uno focalizado, por eso de algún modo el objetivo de la reducción de la fragmentación pasa a un segundo plano, casi podríamos decir que se profundiza. En países como éstos, donde la exclusión era muy seria, es un paso adelante, pero muy limitado, el tema financiero es clave. Brasil es un caso aparte porque intentó alcanzar formalmente la universalidad a partir del Seguro Único de Salud (SUS) en el marco de otras políticas sanitarias inclusivas. Argentina luego de un periodo oscuro en los 90s inentó corregir los problemas con mayor financiamiento.

El problema central es el gasto, en América latina la exigencia de universalidad se topa con la falta de fondos, pero los que más gastan, lo hacen en un promedio que es la mitad del que menos gasta en los PD, España. Por otro lado, la presencia del estado en ese gasto es notablemente superior en los países centrales, cerca de un 75% contra 53%. Salvo en documentos del Banco Mundial, hay un consenso en elevar el gasto y la participación estatal. Por eso mientras entre los países que hemos estudiado en el mundo desarrollado, RU, Francia, España, Italia, Canada han constituido modelos de seguridad universal pública, con listas positivas bien amplias -aunque siguen recibiendo críticas-, en AL sólo lo han intentado unos pocos: México Colombia y Chile tienen modelos de seguridad privada, laboral o no y seguros públicos focalizados para cubrir a los sectores vulnerables, con listas de cobertura muy restringidas y diferenciales de calidad evidentes. El problema es financiero.

Es decir, los países pobres han debido ir a modelos focalizados, listas positivas cortas que no garantizan la cobertura en el sentido amplio planteado por OPS y Cepal, y a la vez dificultan las políticas generales inclusivas, basadas en integralidad y determinantes de la salud, que los modelos de seguro universal permiten.

En nuestro país el primer peronismo intentó sentar las bases del desarrollo nacional. Las ofensivas de 1976-1982 y los 90s, más la crisis de los 80s signiifcaron un gran retroceso. Ese infortunado derrotero, se produjo en el sector de la salud por el debilitamiento del subsector público, el anárquico y caótico crecimiento del sector privado, las transferencias indiscriminadas y sin recursos a las provincias, la creciente incidencia de la industria del medicamento, , con la hegemonía cada vez más marcada de poderes fácticos y corporativos, que acumulan y distribuyen beneficios en un sentido opuesto y contradictorio con los intereses de los sectores populares. Luego, las posibilidades de integración están fuertemente afectadas y condicionadas, cuando no imposibilitadas, por aquellos intereses, y las propuestas parciales muchas veces terminan consolidando el Statu Quo existente.

En los 2000s se lograron revertir algunas políticas y se instrumentaron programas inclusivos que hoy están siendo eliminados, pero no se pudo modificar la matriz ya analizada. Los Gobiernos Peronistas de Néstor y Cristina Kirchner, mejoraron el nivel de salud de la población gracias a las políticas implementadas, elevando los índices de inclusión a nivel social y económico de la población, merced a la ampliación de derechos sociales y a las transferencias de recursos a los sectores populares. En materia de salud, se crearon y sostuvieron los programas nacionales que favorecieron el primer nivel de atención en todo el país, se amplió el calendario de vacunación, y se mejoró sustancialmente la infraestructura sanitaria pública. Pero quedó pendiente la profundización de políticas integradoras, quedaron en agenda propuestas de fortalecimiento del primer nivel de atención a nivel nacional a través del financiamiento de equipos interdisciplinarios de salud comunitaria y otras medidas tendientes a mejorar los servicios.

El sistema de salud actual, entonces adolece de una serie de problemas que –además de los particulares- son consecuencia de un desarrollo nacional interrumpido. Como se ve en los próximos párrafos cada gobierno lo encara a su modo, lo que contribuye a ensanchar la fragemntación o disminuirla

1) Una demanda de habitat con fuertes diferencias en todas las regiones de nuestro páis y diferencias significativas en la oferta de servicios públicos de salud.

Naturalmente esta cuestión se logra morigerar en un modelo popular pro-consumo interno, pero su reversión no es fácil y lleva mucho tiempo. La presencia de transferencias focalizadas ayuda y por eso las proponemos, junto a un proceso de mejora de los ingresos de la población y de la infraestructura.

 

2) Un nivel de gasto público en salud consolidado y por nivel de gobierno per cápita muy bajo (recordemos que el europeo superoa los 5000 euros y el promedio latinamericano no alcanza los 800)  que atenta tanto contra los niveles salariales del personal del sector, como contra la inversión en infraestructura social, el uso de tecnología y la garantía de acceso de los medicamentos y que limita la posibilidad de programas especiales, sobre todo territoriales. El actual gobierno está realizando sobre esta ya delicada situación un ajuste, que a nivel mundial no dio ningún resultado (son ejemplos Canadá y RU en su momento). Ya los salarios perdieron en tres años de gobierno de cambiemos un 22 % de poder adquisitivo. Existe también una disminución presupuestaria, que más allá de la sub ejecución de partidas, o el crecimiento del gasto por debajo de la pauta inflacionaria, se produce fundamentalmente por el desplazamiento presupuestario de características regresivas que produce el alto nivel de endeudamiento.

En Argentina el gobierno nacional actual ya lleva sus dos presupuestos en baja, de 2017 a 2019. En el primer caso, hay aumento del 4.9% en relación al 2016, pero ese año se verificó una inflación del 24,8%, hay importantes disminuciones en todo lo relativo a programas de promoción de la salud, salud familiar y comunitaria, patologías específicas, entre ellas las crónicas. Para 2018 el presupuesto suponía un aumento del 17%, pero la inflación alcanzó el 47.7%.El proyecto de presupuesto 2019 supone un incremento del  29% contra una inflación cercana al 30% proyectada por los analistas.

Esta evolución impacta  en diversas transferencias, tal vez lo más preocupante sean los medicamentos ya que sus precios en muchos casos superaron a los aumentos del IPC, y obviamente de los salarios y las jubilaciones. En el gobierno anterior el Estado se hizo presente en la regulación de los medicamentos y productos medicinales, a través de la sanción de la ley de prescripción por genéricos  y en el desarrollo de la fabricación pública de medicamentos  como así también en la entrega directa mediante el Remediar que hoy desaparecieron. Ciertas mejoras en la efciciencia de las listas positivas y en la gestión de compras publicitadas por el gobierno son difíciles de evaluar dado el contexto de ajuste  que se vive, lo cual genera menores coberturas y mayores copagos.

 

3) Se vino verificando un aumento de los seguros privados junto a un proceso de descreme solo algo atenuado en los 2000s, lo que concentra la atención de los sectores más humildes y desprotegidos en el sector estatal desfinanciado. Este modelo confía en la competencia, sólo que lo hace en un contexto de pérdida de capacidad rectora del Estado y con mercados estructuralmente rentistas, por eso la eficiencia no mejora y sí crece la renta de los sectores concentrados. Si bien no podemos entrar en particular, este mecanismo se ve con especial intensidad en el mercado de medicamentos, por eso se propone en general mecanismos de regulación para el uso de genéricos, de precios y de garantías de acceso para los sectores vulnerables.

Por otro lado, los modelos con tan alta participación del seguro privado no tienen demasiado estímulo por la calidad de la atención y menos por una atención primaria que garantice la integración y la prevención, aunque a nivel mundial hay excepciones.

En este contexto el gobierno nacional con el supuesto acuerdo de los provinciales y el financiamiento del Banco Mundial ha lanzado la Cobertura Universal de Salud. Ni el documento de Proyecto  ni el Ministerio hoy secretaría muestran con algún detalle el contenido de la reforma, el sector está dominado por el caos, incluso se producjo la eliminación del Ministerio. El sector de la salud está en una fuerte crisis, se puede sospechar que el gobierno de Cambiemos adhiere a una connotación muy vinculada al aseguramiento con retiro del Estado, que no solo no explicita claramente el modelo de atención ni la situación de acceso a los servicios de salud, sino que propone una asistencia desigual y racionada, para los más humildes. Por ende no garantiza los principios de integralidad, equidad y Justicia Social, muy por el contrario, impulsa la estructuración de un modelo desigual, con una oferta prestacional diferenciada según capacidad de pago.

Un próximo gobierno que aliente nuevamente el consumo deberá generar las condiciones para que las provincias puedan aumentar el gasto en salud, además debe asegurar la cobertura universal incluso en gastos catastróficos y debe limita el descreme.

El desafío de la integración se deberá afrontar a partir de la reconfiguración de lo que ya tenemos, con el desarrollo de políticas públicas en ese sentido, y con el fortalecimiento del rol del Estado y del sector público. Pero se deben tener en muy en cuenta los intereses corporativos a enfrentar, cómo lo es en principal rango la Industria del medicamento. Sector que se favorece con la fragmentación y con las políticas de priorización de la atención de la enfermedad, por sobre las de prevención; se beneficia, según muchos autores, con más del 40% del gasto total en salud.  No se trata de volver a la muy arraigada la costumbre de promover iniciativas puntuales, que se expresan en acciones o programas aislados, sino de  hacer propuestas de carácter sistémico.  En ellas es fundamental el fortalecimiento de la APS y el desarrollo de redes integradas de servicios de salud.  Esta estrategia requiere del ejercicio de un potente rol del estado como garante del derecho a la salud y, en este caso sí, de importantes reformas en el sistema.

 

Argentina. La enigmática supervivencia política de Mauricio Macri

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Pese a que Argentina es un país con una fuerte tradición de luchas sociales, el gobierno de Mauricio Macri, que ha combinado ajuste con retrocesos económicos en todos los planos, goza (hasta ahora) de una sorprendente calma social. Los «dadores de gobernabilidad» le están permitiendo al gobierno sobrevivir a la crisis e incluso, aunque el año electoral será un campo minado, buscar la reelección del presidente. La apuesta a la «grieta» y al antikirchnerismo queda como último recurso para un gobierno que viene perdiendo la iniciativa.

Un enigma recorre Argentina luego de tres años de gobierno de la coalición Cambiemos1: ¿por qué una administración que aplica un ajuste de la magnitud del impulsado por el presidente Mauricio Macri no colapsa o termina cercada por la movilización popular?

La sociedad argentina es una de las más contenciosas del continente, tiene la impronta de la movilización permanente, sostiene un entramado sindical significativo comparado con el de otros países latinoamericanos; existen en su seno fuertes movimientos sociales que encuadran a trabajadores de la denominada «economía popular» (desocupados, precarios o emprendimientos autogestionados) y conserva una vital sociedad civil que parece siempre dispuesta al conflicto. La tierra que engendró la Reforma Universitaria de 1918 a inicios del siglo pasado, el Cordobazo en 1969 o las jornadas de diciembre que en el temprano 2001 inauguraron el nuevo siglo y provocaron la huida del poder del presidente Fernando de la Rúa parece hoy excesivamente pasiva frente al deterioro cualitativo de todos los indicadores económico-sociales que provoca el duro programa neoliberal. Las causas de este fenómeno, en apariencia extraño, son múltiples: estructurales, históricas y coyunturales. Pese a la estabilidad relativa, el gobierno que encabeza el presidente Macri ingresa en su último año de gestión bajo el signo de la incertidumbre.

En 2019 se eligen (o reeligen) el presidente y la mayoría de los gobernadores y se renuevan parte de los legisladores del Congreso Nacional y de las legislaturas locales. El oficialismo encara el denso calendario electoral con una pérdida significativa del control de la economía, que combina estancamiento e inflación; números rojos en todas las áreas (inversión, consumo, pib); una disminución de las bases de apoyo en la sociedad y una fuerte caída en la imagen de sus referentes. Además, es evidente el fracaso de la promesa original y de todas sus representaciones simbólicas. También se produce el distanciamiento de algunos poderes fácticos que le otorgaron un respaldo inicial clave y ahora se alejan sin prisa pero sin pausa: corporaciones empresarias, medios de comunicación y fracciones del Poder Judicial. Cambiemos se transformó en un experimento gubernamental que agravió demasiado a los de abajo y no terminó de conformar a los de arriba; sin embargo, cuando nos despertamos, como el dinosaurio de Augusto Monterroso, todavía está allí.

Debacle económica

Algunas variables sintetizan el balance económico del gobierno de Macri en sus tres años de gestión: el pib acumula una caída de 1,3%, la inflación fue del orden de 163%, el dólar se disparó 290% –en relación con la cotización oficial de diciembre de 2015; 160% frente al dólar paralelo en ese momento–; la deuda en dólares creció en 80.000 millones con acreedores privados y en más de 100.000 millones de dólares si se incluyen los primeros desembolsos del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (fmi)2.

Con el nuevo récord de endeudamiento, las obligaciones financieras de 2019 trepan hasta los 42.400 millones de dólares; con los desembolsos del fmi se cubre 54% de ese total, el resto se supone se conseguirá en el mercado interno. En 2020, las necesidades alcanzan los 39.900 millones, pero los aportes del fmi solo cubren 14,7%; por lo tanto, hay que volver a los mercados internacionales de crédito, los mismos que cortaron el financiamiento meses atrás. El año cerró con el riesgo país disparándose bastante por arriba de los 800 puntos básicos. Este índice mide el porcentaje de tasa que paga el país por sus créditos por encima de la de Estados Unidos. Su crecimiento muestra la desconfianza de los especuladores –eufemísticamente llamados «inversores»– hacia las posibilidades de honrar la deuda o –dicho en términos más crudos– evitar el default. Si los pronósticos más optimistas se verifican, en cuatro años la caída del pib rondará el 1,8%. Un vaticinio posible si en 2019 la economía se achica solo 0,5%, como estima el gobierno; pero si se cumple la predicción del fmi y la caída es de 1,7%, el desplome de todo el ciclo será superior y alcanzará el 3%. Pero la madre de todas las derrotas habrá sido la batalla contra inflación, que en toda la era Macri acumulará 211% en el mejor de los casos: si cerrara en 2018 en alrededor de 45% y en 2019 se redujera a 25%. Hasta ahora, nunca se cumplieron las estimaciones oficiales.

El dato más preocupante que difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) cuando culminaba el año es el desmoronamiento de la inversión. En el tercer trimestre cayó 11,2% respecto al mismo trimestre de 2017 y 8,1% en relación con el segundo trimestre. Nadie apuesta a que vaya a recuperarse en el año electoral: el propio fmi prevé una caída de 9,5%3.

Las consecuencias de estos números macro en la vida cotidiana de las mayorías populares son profundamente disgregadoras. El desempleo alcanzó el 9% durante el tercer trimestre de 2018 y no llegó a los dos dígitos porque, por ahora, el grueso del ajuste se realizó vía licuación del poder adquisitivo del salario. A medida que la recesión y la caída de los ingresos se aceleraron, más personas salieron a buscar trabajo; una parte lo encontró, pero informal, precario y de baja calidad, en servicios nuevos como entrega a domicilio o Uber4. Un empalme de series estadísticas entre el índice de precios al consumidor de la ciudad de Buenos Aires y el Indec sentencia que la inflación fue de 163% en estos 36 meses, mientras que los asalariados registrados del sector privado tuvieron un incremento acumulado en el mismo periodo de apenas 121%. Esto implica que un trabajador que cobra un salario promedio tendrá una capacidad de compra 16% inferior a la que tenía hace tres años. Para los empleados estatales, la pérdida fue de 24 puntos porcentuales, y quienes reciben la Asignación Universal por Hijo (aún, un plan de ayuda estatal para los sectores más vulnerables) vieron retroceder sus ingresos en 23,7% en este periodo5. El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina informó que la pobreza alcanzó a 33,6% de los habitantes urbanos del país en el tercer trimestre de 2018. La indigencia afecta a 6,1% de las personas. Desmoronamiento económico y profundo retroceso social son el saldo que dejó hasta ahora el gobierno de la nueva derecha argentina. Y lo peor parece estar por venir.

Fracaso discursivo

La consecuencia lógica de esta deriva es el mentís que recibió el conjunto de ideas y promesas enarboladas por Macri en 2015: nueva matriz económica, mayor productividad, libre –o prácticamente anárquico– movimiento de capitales, desregulaciones económicas que traerían una «lluvia de inversiones», libertad individual y carrera meritocrática como único camino al progreso, y el mercado como Santo Grial del mito laico neoliberal. El quiebre de esa narrativa dejó a Macri y a Cambiemos sin propuesta de futuro, y su apuesta se reduce a administrar el miedo al pasado, a postularse como el mejor agente del «antikirchnerismo» (la contracara del proyecto político que gobernó Argentina hasta 2015, con Néstor Kirchner y Cristina Fernández). Con el agregado de fuertes componentes punitivistas y securitarios a tono con los discursos de las derechas duras que avanzan en el continente y que hoy tienen en Jair Bolsonaro, el flamante presidente de Brasil, su expresión más poderosa y radical.

Para Ignacio Ramírez, sociólogo y director del posgrado en Opinión Pública y Comunicación Política de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), quedó poco de la promesa inicial de Cambiemos: el desempeño de la economía y el fracaso económico no fueron gratuitos a la salud simbólica de la marca Cambiemos tal como estaba equipada al comienzo de esta etapa. Uno no los imagina en 2019 haciendo campaña con aquella batería de representaciones como: «sector privado, sinónimo de transparencia» o «gerenciamiento de la política como equivalente de eficiencia o eficacia». Ese tipo de credenciales son las que han crujido, incluso la idea aspiracional como gran promesa. El fracaso económico arrastró a un fracaso simbólico6.

Marcelo Leiras, sociólogo y director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés, coincide y asegura que hubo una versión maximalista y una versión minimalista de la apuesta de Cambiemos. La maximalista incluía la receta desregulatoria clásica en los gobiernos de derecha, con el propósito de reducir la inflación y el déficit fiscal y estimular la inversión y el crecimiento económicos. El programa desregulatorio se quedó a mitad de camino, la reducción gradual del déficit no alcanzó para sostener el altísimo ritmo de endeudamiento, y los aspectos muy poco gradualistas del programa de gobierno, en particular el ajuste tarifario, produjeron más oposiciones que alivio fiscal o mejora en la calidad de los servicios. En lo político, el programa maximalista aspiraba a desplazar al peronismo de muchos gobiernos provinciales y de algunos de sus bastiones en el Conurbano bonaerense, con el muy ambicioso objetivo último de producir un Senado más equilibrado. La receta económica maximalista fracasó ruidosamente y comprometió seriamente el objetivo político. Queda en pie la versión minimalista: antikirchnerismo al palo.7

Gabriel Vommaro, coautor de Mundo pro. Anatomía de un partido fabricado para ganar8 y de La larga marcha de Cambiemos. La construcción silenciosa de un proyecto de poder9, considera que lo que queda en pie del proyecto oficialista es la apuesta por construir una centroderecha competitiva electoralmente y que en eso se mostró relativamente exitoso. Sin embargo, asegura que sin dudas hubo un fracaso de un proyecto sin base social, sin actores y sin una «burguesía emprendedora» capaz de apostar por este gobierno y por su proyecto. Eso no llegó ni en el primer año, ni en el segundo en el que apostaron a la inversión pública con una expansión fiscal que les permitió ganar las elecciones de medio término de 2017. Por supuesto, tampoco en el tercero, que fue el derrumbe donde se pagaron en buena parte los costos fiscales de 2017.10

Vommaro explica que también cayó el mito o la creencia del macrismo en la posibilidad de una transición sin conflicto hacia una sociedad de mercado totalmente abierta, una ideología que se terminó con el acuerdo con el fmi, el impulso a un ajuste drástico que implica algún tipo de escarmiento social. En ese contexto, sentencia: «Al gobierno parece que se le acabó la mística en términos de proyecto societal». Finalmente, Pablo Touzon –editor de la revista política Panamá– también cree que lo único que quedó es el antikirchnerismo. Todo el resto de las promesas –que ya de por sí eran eslóganes bastante vagos– quedaron truncas. No solo es visible en la economía: no hubo «revolución educativa», «Conadep anticorrupción»11, combate a las mafias –término hoy de moda en el discurso oficial–, ni avance en derechos civiles, como quedó cristalizado en el rechazo a la legalización del aborto.12

El relato oficialista con que Cambiemos dio impulso a su proyecto político, propio de un manual de autoayuda a lo Ravi Shankar, mutó hacia la polarización con la reconstrucción de un enemigo a medida (la candidatura de Cristina Fernández) y la restauración frenética de la llamada «grieta» como último recurso para el desafío electoral. Tiene gusto a demasiado poco, pero la elección está abierta.

La crisis que no fue

«No solo de ‘política’ vive el hombre», sentenció el marxista ruso León Trotski en su libro Problemas de la vida cotidiana. Parafraseándolo, podemos decir que no solo por la política, entendida en el sentido estrecho, sobrevivió el proyecto macrista. También fueron determinantes las relaciones de fuerzas sociales que significaron un sostén y a la vez un límite para las ambiciones de Cambiemos.

Una paradoja de origen que limitó las posibilidades del proyecto de Macri fue la inexistencia de una crisis catastrófica sin salida en el fin del ciclo kirchnerista. El antecedente argentino más próximo a un proyecto neoliberal como el que, en términos de programa económico, encabeza Macri fue el que llevó adelante Carlos Menem en la década de 1990. Una de las condiciones de posibilidad de su éxito –no la única, pero sí una de las más importantes– fue el estallido hiperinflacionario que definió la suerte de su antecesor, Raúl Alfonsín, en 1988-1989. Aquella crisis traumática para la memoria colectiva de los argentinos operó como disciplinadora, junto con derrotas en el terreno de la lucha social y un ciclo internacional favorable para la imposición de las contrarreformas neoliberales. El historiador marxista inglés Perry Anderson escribió que «hay un equivalente funcional al trauma de la dictadura militar como mecanismo para inducir ‘democrática’ y no coercitivamente a un pueblo a aceptar las más drásticas políticas neoliberales. Este equivalente es la hiperinflación. Sus consecuencias son muy parecidas»13. El «terror económico» operó también en la crisis que culminó con el estallido de 2001 y, esta vez a través de la hiperdesocupación, preparó el terreno para la brusca devaluación y consecuente desvalorización del salario impulsadas por el presidente interino Eduardo Duhalde, quien comandó la transición. Con esa carencia de origen, el gobierno de Cambiemos transitó estos tres años entre los límites que imponía una resistencia social disgregada, pero presente, y la presión del mundo empresario y los factores reales de poder en pos de acelerar las contrarreformas.

El derrotero incluyó un comienzo con lo que se denominó «gradualismo», cuyo sentido era transitar el ajuste, pero administrando los tiempos para evitar chocar de frente contra un bloque social hostil. El «gradualismo» era a la vez financiado con el endeudamiento que el gobierno creyó infinito e ilimitado. Luego de triunfar en las elecciones de medio término de octubre de 2017 –con una combinación de antikirchnerismo y lo que algunos calificaron como «populismo financiero o fiscal»–, Macri lanzó el tridente del «reformismo permanente» (ajuste previsional, flexibilización laboral y reforma impositiva), con el que pretendió aligerar el plan.

Pero a octubre lo devoró diciembre. Las movilizaciones contra la reforma previsional del 14 y 18 de diciembre de 2017, con enfrentamientos violentos frente al Congreso Nacional y múltiples cacerolazos en los barrios porteños protagonizados por sectores de clase media, fueron el punto más alto de la movilización social en la era Macri, y pese a que la ley que modificaba el cálculo de las jubilaciones y pensiones se aprobó, Cambiemos sufrió una derrota política que nunca pudo remontar14.

Luego de aquellos acontecimientos, el gobierno se vio obligado a postergar sin fecha la reforma laboral e intentó retomar el camino del «gradualismo». En el discurso de inauguración de las sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa en marzo de 2018, Macri habló de cuestiones tan estratégicas como una «agenda verde» y la mala alimentación de los niños15. Nada había quedado en pie de la ofensiva lanzada apenas cuatro meses antes. Pero en abril se desató la furia de los «mercados», con una corrida cambiaria provocada por el fin de las posibilidades de seguir aumentando la deuda. La rebelión financiera duró varios meses y obligó al pedido de rescate al fmi. Los «mercados» comenzaron a desconfiar de las capacidades de Macri para aplicar las contrarreformas neoliberales. De hecho, un conjunto de economistas «libertarios», que ahora buscan conformar un partido en línea con las ideas ultraliberales, suele acusar a Macri de ser un «populista con buenos modales»16.

La vuelta al fmi, pergeñada por el gobierno para poner fin a la corrida especulativa contra el peso, trajo consigo un nuevo programa de ajuste con el «déficit cero» como bandera y ya sin lugar para gradualistas. El resultado fue una disminución permanente del volumen político de Cambiemos, que nunca detuvo su marcha descendente. Pero su resiliencia no se explica sin el concurso de lo que el controversial escritor argentino Jorge Asís –devenido estridente analista y operador político– calificó como «dadores voluntarios de gobernabilidad». Entre ellos, se encuentra no solo gran parte del peronismo político que habilitó la aprobación de más de 100 leyes que facilitaron la tarea de Cambiemos (fuerza minoritaria en el Parlamento), sino también la acción o inacción de las conducciones de los sindicatos y la Confederación General del Trabajo (cgt) y los llamados «movimientos sociales», herederos sobre todo del mundo piquetero de los años 2000.

Luego de 2001 y en parte como conclusión estratégica de aquellos acontecimientos, se produjo un proceso de institucionalización relativa de una amplia gama de organizaciones que agrupan a desocupados, trabajadores precarizados y los sectores más pobres de la sociedad argentina. La emergencia de estas organizaciones es una manifestación de su peso gravitante y eventualmente explosivo, a la vez que un instrumento de contención para evitar su emergencia disruptiva. Junto con la desprestigiada dirección de la cgt, que convocó a cuatro paros generales sin movilización y con la suficiente distancia uno de otro como para que solo cumplieran la función de descomprimir la tensión social, las conducciones de los movimientos sociales adoptaron la lógica «sindical» y actuaron para evitar que se configurara un escenario del tipo del de diciembre de 2017. Con diferentes responsabilidades, operaron como un factor conservador para una respuesta masiva y coordinada al ataque del gobierno a las condiciones de vida de las mayorías. Además, el grueso de los dirigentes de estas organizaciones (sindicales o sociales) están fuertemente comprometidos con la reorganización del peronismo con vistas a las elecciones: su apuesta estratégica no es por la derrota del plan de Macri en las calles, sino por el desgaste para facilitar su salida del poder en las elecciones17. Por último, gran parte de estas estructuras reciben una fuerte influencia del papa Francisco, para quien evitar un estallido en su país de origen es de una importancia vital, además de estar a tono con su ideología histórica. Efectivamente, la «teología del pueblo» a la que adhiere Francisco (desde los tiempos en que era el cardenal Jorge Bergoglio) postula una alianza con las organizaciones sociales sobre la base de considerar a los pobres como víctimas y proponer una política de rescate, de contención y tutelaje, siempre con el objetivo de evitar la acción directa.

En síntesis, los frenos de mano que el gobierno se vio obligado a aplicar por imposición de las circunstancias y la «ética de la responsabilidad» de la oposición, combinada con una estrategia que prioriza el eje electoral y con el «respaldo divino», otorgaron una sobrevida a un proyecto político estancado.

El futuro llegó

Gran parte de la fortaleza que aún mantiene el macrismo cuando comienza el decisivo último año de gobierno es concedida por otros. Economistas afines a Cambiemos se aferran a dos factores a la espera de algo parecido a una recuperación: la cosecha récord que auguran para 2019 y la apuesta a algunas inversiones en el yacimiento de hidrocarburos no convencionales de Vaca Muerta, en el sur argentino. Parece difícil que esos nichos, incluso si son exitosos, remonten la cuesta abajo de la economía.

La disminución del volumen político de Cambiemos se ve reflejada en la distancia que toman algunos factores de poder con respecto al futuro de ese proyecto político: el Grupo Clarín, principal oligopolio mediático del país, ya juega –de mínima– a dos puntas, solo en última instancia mantiene el apoyo a Macri contra el kirchnerismo, pero cada vez se notan más los hilos de su trabajo por el llamado «peronismo racional». El Grupo América (segunda corporación mediática del país) manifestó por boca de uno de sus accionistas mayoritarios, Daniel Vila, el respaldo a esa fracción del peronismo no kirchnerista. Una mayoría de la Corte Suprema votó hacia fin de año contra el gobierno en un fallo simbólicamente importante sobre el cálculo de deuda que el Estado tiene con unos 150.000 jubilados que litigaron contra él. Y una fracción considerable del empresariado comienza a explorar otras opciones, sin descartar incluso al kirchnerismo conducido por Cristina Fernández, una de cuyas estrategias disponibles, y a la que al parecer podría apostar, es la de adoptar un perfil de «leona herbívora», si retomamos la expresión con que se calificó a sí mismo el Juan Domingo Perón consensual y conciliador que volvió al país en la década de 1970, tras 18 años de exilio. El analista político liberal Sergio Berensztein escribió en el diario La Nación: «Sin embargo, pasado el 75% de su mandato, [Macri] carece del apoyo concreto de una constelación de actores sociales que le otorguen solidez para implementar la agenda de reformas estructurales más allá de los números que entreguen las urnas o de la correlación de fuerzas que esos votos produzcan en el Congreso y en las gobernaciones»18.

La definición es similar a lo que en términos del marxista italiano Antonio Gramsci puede calificarse como ausencia de hegemonía. Pero quizá lo más relevante para el presente y el futuro argentino es que la «tragedia» a la que está condenado Cambiemos, más allá de si logra el milagro de un resultado electoral favorable, condiciona al conjunto de las fuerzas políticas tradicionales cuyos programas se enmarcan dentro del respeto a los intereses estratégicos de los dueños del país y a la hoja de ruta del fmi. Bajo esas condiciones, en cualquier circunstancia, no se avizora una luz al final del túnel. Y la posibilidad de un nuevo colapso está en el menú de posibilidades.

  • 1.Alianza entre Propuesta Republicana (PRO), partido liderado por Mauricio Macri, y la centenaria Unión Cívica Radical (UCR).
  • 2.En junio de 2018, Argentina y el FMI firmaron un acuerdo stand-by para un préstamo por 50.000 millones de dólares; en diciembre del mismo año se aprobó una ampliación que alcanzó los 56.300 millones de dólares.
  • 3.«La economía retrocedió 3,5% en el tercer trimestre del año» en Télam, 18/12/2018.
  • 4.Ismael Bermúdez: «Las apps de delivery y de transporte y las changas contienen la desocupación » en Clarín, 23/12/2018.
  • 5.Lucía Ruiz: «¿Cuánto perdieron el salario y las jubilaciones en la era Macri?» en suplemento «Ideas de izquierda» de La Izquierda Diario, 15/12/2018.
  • 6.Entrevista con el autor, 17/12/2018.
  • 7.En su máxima expresión, en el lenguaje popular argentino.
  • 8.Alejandro Bellotti, G. Vommaro y SergioMorresi: Mundo pro. Anatomía de un partido fabricado para ganar, Planeta, Buenos Aires, 2015.
  • 9.Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2017.
  • 10.Entrevista con el autor, 21/12/2018.
  • 11.Se trata de una propuesta que agitó Cambiemos: poner en pie una comisión que investigara la corrupción tomando el modelo de la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas que investigó los crímenes de la dictadura durante la transición democrática de los años 80.
  • 12.Entrevista con el autor, 20/12/2018. En 2018 se debatió en el Parlamento argentino una ley de interrupción voluntaria del embarazo que se aprobó en la Cámara de Diputados pero fue rechazada en el Senado.
  • 13.P. Anderson: «Balance del neoliberalismo: lecciones para la izquierda» en Viento Sur No 6, 1996.
  • 14.Todas las encuestas y estudios de opinión
    marcan una caída de la imagen del presidente
    y de la gestión desde aquel momento.
    15.
  • 15.La transcripción del discurso completo y el video fueron publicados por el diario El Cronista el 1/3/2018 .
  • 16.Los más estridentes entre ellos son Javier Milei y José Luis Espert; el último lanzó su candidatura presidencial a fin de año.
  • 17.F. Rosso: «Sin que se caiga» en Le Monde diplomatique edición Cono Sur No 234, 12/2018.
  • 18.S. Berensztein: «Cambiemos, una coalición electoral sin respaldo de los actores sociales» en La Nación, 21/12/2018.

Fuente:http://nuso.org/articulo/supervivencia-politica-de-mauricio-macri/

 

Cambiemos, una manera de ser

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Son otra cosa. No son la rancia aristocracia del siglo XIX; no son las fieras fascistas del treinta. Se parecen a los de la Revolución Libertadora (los antiperonistas se parecen, cualquiera sea la filiación política o ideológica). Pero estos de ahora son definitivamente otra cosa. Varias, no una, pero lo que más son es efectivos (por eso mismo son patoteros).

En la política son de genealogía reciente, de fines de los años setenta y comienzos de los ochenta: finanzas y era digital. O sea, máquinas de producción y resultado. Ni Roca, ni Agustín P. Justo, ni Frondizi. Ni Onganía, ni De la Sota, ni Cobos. Eso es carne vieja. Los de ahora son buitres de carroña actual. No son de derecha: no es ese el rango que los mide. Son otra cosa; neo-empresarios, de bicicleta, aire libre y viernes casual. No tienen país de origen, no les importa la Argentina. Pueden vivir aquí o en cualquier lado.

No son conservadores ni ilustrados. Son gentes a pura eficiencia y con muchos recursos técnicos. No tienen cultura, apenas aquella necesaria para el desplazamiento. En general son iletrados, de bostezo fácil frente a un libro.

Tienen preocupación por las formas, porque es parte del mismo asunto. Formas superficiales, de packaging de felicidad y armonía, de cartel en el subte que dice: “Si alguien se siente mal, ayudémoslo”. Lo obvio se convierte en slogan. Este marketing de vida sana y comprensión es la exudación de la economía política que sostienen.

Son corporaciones que negocian. Ni fábricas fordistas ni empresa familiar. Estas corporaciones no tienen dueño, los excede. Son más grandes las acciones que la voluntad individual de un dueño. Por eso no importa si es Mauricio Macri o quién sea. Macri es un muy buen exponente, sí, pero el asunto es más amplio, de inscripción internacional, de lazos más complicados, de intereses cruzados.

Tienen entrenamiento en el exterior, todos bajo el ala de las finanzas; son eficaces, muy eficaces para lo que quieren. Insisto: no son la derecha ni son conservadores. Son neo. Pura demolición a fuerza de anticipación financiera.

Neo; no es ambición sino procedimiento: es la forma de operación sobre los otros. La eficacia no admite caras, ni parentescos, ni pertenencia grupal. Cuando hablan de equipo es porque los vínculos responden a esquemas funcionales. Son cuerpos de abrazo rígido, de compromiso con la tarea y nada de comunión. Es un equipo gélido. Por eso se abrazan como repeliéndose.

La forma de operar sobre los otros es bajo una apariencia (amenaza) de modernización permanente. El Ministerio de modernización es la institucionalización del dominio financiero por encima de cualquier otra razón.

No son humanistas, no dudan. Retroceden, a veces, pero no dudan. Saben a dónde van y no necesitan que haya alguna mediación. No tienen un proyecto de país. No les importa. Son lo más agudo del capitalismo, su bisturí más impiadoso.

No es un nombre. Son otra cosa: una raza política nueva que casi no conocemos.

La administración del gobierno actual tiene una forma específica de ejercer poder: es la política vaciada como aplicación (app). No hay votantes, hay usuarios. Eso ofrecieron en las elecciones: aplicaciones para usuarios. Es decir, herramientas de uso y habilitación personal: ser felices, estar todos juntos, la alegría es poder colaborar, en todo estás vos, mirar al futuro. La aplicación más elocuente: cambiemos. Ante cualquiera de estas aplicaciones, la fuerza argumental en contra es vista como violencia. Y en el colmo de la aplicación, como soberbia.

La política como aplicación es el desplazamiento del elector al usuario móvil. La eficacia y la extensión de los íconos salen de las pantallas y se instalan y actualizan en la vida cotidiana.

Google play: 700 mil aplicaciones bajadas. Android: más de un millón. Apple, millón y medio aprobadas desde 2008. 35.000 millones de descargas. La extensión no reconoce clase social ni lugar de origen. 35.000 millones (sólo de Apple) es signo de una práctica orgánica, de un tipo de necesidad vital. 35.000 millones: no elegimos, estamos adentro.

Sergio Massa como opositor peronista es una aplicación del gobierno actual. En otras funciones, lo mismo Hugo Moyano y también lo fue el Momo Venegas. Los intendentes radicales, volver al mundo, el fin del cepo, ñoqui, contramilitancia, todas son aplicaciones conminadas al uso y la propagación. Y efectivas para administrar usuarios. El yaguareté de los billetes es la aplicación “basta de historia política”. Multitasking Pro.

Narcotráfico: la reiteración del tema, la insistencia y difusión permanente, es la composición de una nueva aplicación. Es necesario instalar el ícono en cada pantalla: Narcotráfico. No vemos claramente qué es; es suficiente el ícono. Eugenio Zaffaroni da un reportaje. Argumenta: “Al narcotráfico no le importa la Argentina porque queda lejos de Estados Unidos, lejos del lugar del consumo. El narcotráfico no es un problema aquí”. La aplicación se distribuye igual. A la aplicación no le importa Zaffaroni, no hay lugar para los argumentos de Zaffaroni.

La aplicación es eficiencia sin ética ni compromiso. Por eso puede ser una y lo contrario. Carlos Melconián: “Vamos a devaluar”; Macri, un día después: “No devaluamos”. La aplicación se actualiza. Todo es posible.

Cedamos siempre el asiento. Dejemos bajar antes de subir. Tiremos la basura en los cestos: aplicaciones para la vida Pro. La más clara, la que indica el gesto de un solapado disciplinamiento social: Esperemos siempre detrás de la línea amarilla.

No todo es aplicación. El poder judicial, el poder mediático y las fuerzas de seguridad no son aplicaciones, son la garantía de funcionamiento de las aplicaciones. ¿Para qué? Para la marcha precisa de la economía financiera y del vaciado político.

La aplicación que ya no sirve, se borra o se elimina (Ernesto Sanz y buena parte del radicalismo).

El ícono Pro, con su tecla de avance, no es un partido sino una aplicación con voluntad de vaciado político. El gobierno Pro no fue votado, fue descargado por un 51 por ciento de usuarios. Esa es su conquista inesperada. Y, a la vez, toda su fragilidad.

El macrismo crea realidad. En su aparente torpeza, en su aparente estupidez, crea realidad. No refleja lo que es, no oculta lo que es. Crea, inventa, produce. No en paralelo a otra cosa. Crea un sistema hecho con palabras, con significantes vacíos, con deslizamientos, con gestos específicos.

Acusarlos de mentirosos es inútil, no sirve. Como en The Truman show, rebotamos contra la nube. Porque crear realidad no es mentir, es más grande, es otra cosa. Es una puesta en escena sin afuera. Una política sin afuera.  Preguntamos: ¿pero cómo, no ven la realidad? La pregunta es inútil: no hay afuera. Crean realidad: crean cuerpos para esa realidad, crean situaciones, crean un discurso con pocas palabras.

¿Cuántas palabras tiene el vocabulario Macri? ¿O el vocabulario Bulrich, ella o él, es lo mismo? ¿Cuántas? No importa. Crean un lenguaje con poco: felicidad, cambio, no volvamos para atrás, sí se puede, vivir mejor, todos los argentinos, equipo, en todo estás vos, vecino, juntos, nosotros. ¿Engañan? No, inventan un lenguaje atractivo. Un vocabulario tela de araña, atrapante, anhelado. Un conjunto acotado de conceptos que se definen entre sí: Felicidad es el cambio; no volvamos para atrás es lo que el vecino quiere; el vecino es todos los argentinos que quieren la felicidad; el equipo es todos juntos, se puede, vecino y vecino, los argentinos, la felicidad. Nosotros, cambiemos, se puede. El vocabulario es circular y tautológico. Y muy eficaz.

Crear realidad es crear una  red de conceptos que forman un sistema, y ese sistema es la construcción de una verdad sin afuera (a esto llaman posverdad). Una pura tautología, un espejo, una tela de arañas de la que no es posible salir. Si no entrás, te quedás pataleando en la puerta y rebotando contra la nube.

Por eso, para muchos de nosotros, la sensación de la época es la impotencia. La impotencia es más grande que la bronca y más grande que la tristeza. Cualquier expresión del afuera, cualquier discrepancia política es un absurdo, molesta, está fuera de lugar. Es puro exceso. Ante este conjunto de conceptos creados por el macrismo, hablar, decir, opinar, enfrentar, es un exceso que atenta contra un “nosotros” permanente.

Contra el pensamiento crítico, los talleres de entusiasmo de Alejandro R. El macrismo es un diluyente para cualquier argumento y la impotencia se hace visible en nosotros.

Nuevamente: ¿Cuántos conceptos tiene la realidad Cambiemos?  Evidentemente muchos más de lo que vemos y todos los que vemos: Macri tomando mate o abrazando a un pobre o tocando el timbre en Berazategui es un concepto, es una creación de realidad Cambiemos. Los besos al aire de Vidal son un concepto, también son realidad Cambiemos. “Nosotros”, “en todo estás vos” son una puesta en escena, no una forma de inclusión.

La cara de María  Eugenia Vidal también es un concepto: su gesto es muy eficaz para la incorporación de jóvenes a este sistema cerrado de una realidad propia. Toda ella es el vecino, toda ella es el sí se puede, toda ella es el “en cada rincón estoy con vos”. Es una reificación del concepto, una puesta en acto. En ella, en las señas de su cara, en su tono de voz, los conceptos se hacen visibles. Vidal, en esta realidad Cambiemos, es pura ganancia.

Una política sin afuera requiere de un sistema de captura almibarado. Vidal es sedosa, envolvente, casi etérea. Ideal para la captura. Convierte el afuera en una situación sensible: Lucha contra el narcotráfico está incorporado, no como problema, sino  como una puesta en escena: lo que más se ve del tema no es la droga sino el “sacrificio” de tener su hogar en una base militar.

Vidal es la Mujer Pro, la Mujer candidata. No necesita casi de nada. Su apariencia piadosa y su derrame Pan Triste,  son más eficaces que todo Durán Barba. No le teme ni a Macri ni a Carrió.

Vidal y Carrió se repelen porque son lo mismo: las dos son bastardas en un mundo de aristócratas. Ninguna de ellas es de clase; ninguna creció con todo resuelto. Las dos son religiosas. Carrió con cuerpo de cura obeso e impunidad de fanático; Vidal como una beata devocional.  (Las dos son mujeres religiosas; también Michetti, aunque desplazada por el pecado de gula 2015 “CABA es sólo mía”).

En esta lógica, ¿dónde situar a Milagro Sala, a Santiago Maldonado, las tropelías en el poder judicial, el fraude electoral? La respuesta del macrismo es la de remitir a significantes vacíos: está en manos de la justicia es el utilizado para Milagro, por ejemplo. Los significantes vacíos son parte del sistema de realidad Pro.

El pobre, el jubilado, los que duermen en la calle,  los desocupados no son significantes vacíos. Pobreza cero, reparación histórica, emprendedores son conceptos de la matrix Pro que no fueron suficientes para convencer. Parece no alcanzar. ¿Nos mintieron? No. ¿Qué hicieron? Crearon más realidad: vamos juntos hacia adelante, nuestro compromiso es que vos llegues, juntos venimos bien, “yo quiero darte todo lo que falte”, dice una de las canciones Cambiemos. O sea, no hay que profundizar ni discutir las causas. Lo que hay es futuro: lo que vemos como mentira o engaño es una promesa a futuro.

El concepto “futuro” es un andamio fundamental en la construcción actual de Cambiemos: “sabemos que hay muchos que no ven todavía la mejora en la economía”; “van a llegar las inversiones”; “cómo no sentir esperanza”; “en equipo lo estamos haciendo posible”. La máquina conceptual del macrismo tiene en el futuro el soporte para mantener una política sin afuera. Mientras tanto, la puesta en escena funciona y el grado de eficacia es enorme.

Pero, la promesa de lo que ha de venir tiene fecha de vencimiento. A diferencia del pasado, que no vence, el futuro en la economía y en la política sí tiene fecha de vencimiento.

Entonces lo real, lo que sucede, el afuera arrollador se impone por encima de cualquier realidad creada y sin ninguna mediación.

Fuente:http://socompa.info/politica/cambiemos-una-manera/