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jueves, junio 25, 2026
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Crítico informe de la UCA: la pobreza «multidimensional» aumentó a 31,3%

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La pobreza multidimensional urbana pasó del 26,6 al 31,3% de la población entre 2017 y 2018, en un contexto en el que se redujo la cantidad de hogares sin acceso a cloacas, bajo contaminación o con vivienda precaria, según un relevamiento de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Así lo refleja el nuevo informe «Enfoque de Pobreza Multidimensional basado en derechos», elaborado por el Observatorio de la Deuda Social, que mide las carencias no monetarias, es decir alimentación y salud, servicios básicos, vivienda digna, medioambiente, educación, empleo y seguridad social, y las relaciona con ingresos.

Los pobres multidimensionales son aquellos que se encuentran bajo la línea de pobreza porque no cubren la Canasta Básica Total (CBT) y además carecen de acceso a al menos alguno de los mencionados derechos socioeconómicos.

Si se tiene en cuenta que la población urbana es de unos 40,5 millones, en 2017 había unos 10.773.000 pobres multidimensionales urbanos (26,6% de la población), pero el año pasado esa cifra creció hasta alcanzar los 12.676.500 (31.3%). Es decir 1.903.500 nuevos pobres.

«La pobreza multidimensional experimentó un fuerte crecimiento por el crecimiento de la pobreza por ingresos por caída del salario, pérdida de empleo y mayor precarización laboral, en el actual contexto inflacionario y de estancamiento», aseguró el director de investigación del Observatorio, Agustín Salvia.

El aumento de la pobreza multidimensional fue mayor entre los obreros integrados mientras que no impactó en los medios profesionales.

«Esa polarización marca una profundización de la desigualdad social», apuntó Salvia.

Entre 2017 y 2018 también aumentó la pobreza multidimensional estructural urbana, es decir, aquellos personas cuyos ingresos no alcanzan a cubrir la CBT pero además tienen tres o más carencias sociales: este indicador pasó de 16,7 a 18,6%.

«Sin considerar el aspecto monetario, cuando uno analiza la afectación de derechos económicos y sociales, en promedio no hay variaciones significativas y más bien tiende a la baja», dijo.

Así, el número de viviendas sin servicios básicos bajó de 32,8 en 2017 a 30,2 en 2018, acumulando un descenso de 5 puntos porcentuales desde 2015.

Esta mejora se explica por un mayor extensión de la red de cloacas: mientras hace dos años el 31,8 % de los hogares no tenía desagüe, el año pasado eran el 29.1%.

Fuentes de la Secretaría de Infraestructura y Política Hídrica de la Nación puntualizaron a Télam que entre 2016 y 2018 se incorporaron 1,5 millones de habitantes a la red de cloacas a partir de la instalación de 7.500 kilómetros de cañería.

Siempre según el informe de la UCA, en el último año además disminuyó el porcentaje de viviendas que sufren problemas medioambientales, que evolucionó del 21,1 al 19%, con un descenso de cuatro puntos porcentuales en los últimos tres años.

También bajó la falta de acceso a una vivienda, a raíz de una reducción en el número de hogares que no disponen de un baño con descarga, que pasó de 10 a 8,6%.

«Esto se debe al esfuerzo del hogar pero es posible que los sistemas crediticios hipotecarios lo hayan facilitado», indicó el informe.

Por otro lado, en el mismo lapso aumentó levemente el porcentaje de hogares con dificultades alimentarias o de atención sanitaria -del 21,6 al 22,8%-, y con desempleo o empleo en negro -del 29,2 al 32,2%-.

Además, dos de los componentes de «carencias en alimentación y salud» registraron la mayor incidencia desde 2010: el 17,5% de los hogares no accedió a atención médica en 2018 y el 17,3% no pudo obtener los medicamentos que necesitaba.

Fuente: https://www.ambito.com/critico-informe-la-uca-la-pobreza-multidimensional-aumento-313-n5022630

Marzo arrancó con todo, con suba del dólar y caída de los bonos

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El viernes primero de marzo, el presidente de la Nación inauguró las sesiones legislativas con un discurso mesiánico y autoritario. Sin embargo, lejos de recomponer autoridad sembró una profunda desconfianza entre los agentes económicos, quienes le respondieron acelerando el pase de sus posiciones financieras en pesos a dólares.

El discurso de apertura de sesiones es el más importante que un presidente da en el año, pues habla del estado de la Nación y de sus proyectos futuros ante los otros poderes republicanos. Que el lunes siguiente a la alocución de Macri, con los mercados cerrados en Argentina por los feriados de carnaval, en la bolsa de Nueva York se vendieran masivamente títulos valores nacionales, desplomando el precio de las acciones y disparando el riesgo país, configura una señal de desconfianza profunda hacia la capacidad de gobernar del mandatario. Más grave aún fue lo que ocurrió la semana siguiente: tras la vuelta a los micrófonos del jefe de gabinete, Marcos Peña, con un discurso cuasi adolescente repartiendo culpas hacia todo el mundo, la corrida cambiaria y contra los bonos soberanos argentinosalcanzó una aceleración tal que obligó a Dujovne a solicitar de urgencia al FMI que le permitiera vender en el mercado local los dólares en poder del Tesoro que aún no habían sido aplicados al pago de deuda pública.

Esta pérdida de credibilidad ante los agentes económicos después de la apertura de sesiones se vio acompañada de una fuerte derrota electoral en la provincia de Neuquén, donde el candidato a gobernador de Cambiemos quedó tercero. A su vez, el potente informe del juez Ramos Padilla desnudó un grave entramado de espionaje y extorsión que salpica al Poder Judicial y al grupo mediático más importante de la Argentina, hecho que obligó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación a enviar un fuerte mensaje de respaldo al juez, a pesar del pedido de juicio político encabezado por el Poder Ejecutivo.

En escasas tres semanas de marzo se sinceraron la crisis financiera, el caos institucional y el deterioro político que aquejan al gobierno de Cambiemos. Este contexto ha disparado una diversidad de encuentros, diálogos y posicionamientos sobre el rumbo del país en la que todos los grupos en cuestión descartan las posibilidades reeleccionistas de Macri. Ahora bien, este escenario de sinceramiento brutal de la realidad ha instalado en el plano económico a corto plazo dos cuestiones relevantes:

– La salud del programa financiero de cumplimiento de los vencimientos de deuda pública para este año y el próximo.

– La sustentabilidad del sistema financiero con tasas de interés sostenidas en torno al 65% nominal anual, que arroja una acumulación de los activos financieros del Banco Central colocados en los bancos del 5% mensual.

En enero de este año, el equipo económico presentó en Davos un programa financiero para el 2019 apoyado en dos pilares: un déficit primario cero y un excedente de caja en el Tesoro.

El excedente de caja del Tesoro, generado por la mayor renovación de pasivos de corto plazo, fue de U$S 6.400 millones. Dicha acumulación de dólares en el Tesoro es la que el gobierno le ha solicitado al FMI que le permita vender en el mercado local a razón de U$S 60 millones diarios para atender las necesidades de pesos que demandan los pagos de deuda pública en moneda nacional.

La autorización otorgada hasta U$S 9.600 millones muestra, por un lado, el respaldo del organismo multilateral al sostenimiento político de Cambiemos pero, por el otro, que los vencimientos en moneda nacional son de U$S 7.500 millones por debajo de la autorización otorgada. Es decir que el gobierno podrá vender dólares que debe aplicar a la cancelación de la deuda soberana en el mercado local, atándose a sostener equilibrio primario a lo largo de todo el año y renovar el 50% de las letras del Tesoro colocadas en el mercado doméstico a corto plazo.

Consecuentemente, cualquier dificultad en el equilibrio de recursos y gastos corrientes, derivada de una caída de la recaudación provocada por la recesión en curso o la desconfianza de los inversores en las letras del Tesoro emitidas, pondría en duda el cumplimiento de las obligaciones del Tesoro a lo largo de este año. Este cuadro de situación se refleja en un riesgo país que no desciende de los 700 puntos.

Además, es necesario tener en cuenta que en tanto el gobierno pone en juego todas sus disponibilidades en el presente año, el programa financiero de 2020 queda a la deriva y puede determinar que los tenedores de bonos anticipen esta situación, desprendiéndose de los títulos argentinos con un consecuente aumento de la tasa de riesgo país.

Cotización de bonos argentinos en marzo 2019

Respecto a la sustentabilidad del sistema financiero, la misma se evidencia en el crecimiento sostenido del stock de letras de liquidez (LeLiq), que lo hace a razón de 14,4% mensual. Al 31 de diciembre de 2018, el stock de letras de liquidez era de $709.891 millones, en tanto que al 19 de marzo, es de $1.007.582 millones. Ese exponencial crecimiento del 41,9% debe ser acompañado con un aumento similar de los depósitos a plazo fijo del sector privado, de modo de equilibrar la liquidez del sistema bancario. Mientras la tasa de devaluación fluctúe por arriba de la tasa de interés con que se remuneran las colocaciones financieras de los particulares, el riesgo de una conversión a dólares de esos activos financieros en forma acelerada aumenta proporcionalmente a la pérdida de capital en dólares que sufren los ahorristas.

Recordemos que el primer desembolso del Fondo de U$S 15.000 millones se fue para cancelar las denominadas LeBaC. Ahora pareciera que el gobierno de Cambiemos utilizará casi U$S 10.000 millones en cancelar otra creación financiera como las LeLiq.

Mientras esto ocurre, los riesgos de incumplimiento de pago de deuda soberana aumentan crecientemente.

La inflación y la fuga de capitales

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Hay otra serie de cuestiones que también influyen en la inflación y que son comunes a la mayoría de los países de menor desarrollo, pero que en la Argentina adquieren tal característica e intensidad que lo diferencian de otros países de similar desarrollo y determinan la pronunciada fuerza y persistencia de la alta inflación: entre ellas la fuga de capitales.

La fuga de capitales contribuye a vaciar de dólares las reservas internacionales del Banco Central y a desvalorizar la moneda nacional, el peso. La desvalorización de la moneda se expresa en la suba del tipo de cambio –que adquiere así un carácter permanente, lo mismo que el alza de los precios, ya que, contra la absurda suposición de las autoridades monetarias y económicas del país, transmitida también en su momento por el presidente Macri, de que la suba del dólar no significaba necesariamente la suba del resto de los precios –como si el dólar fuera una mercancía y no una moneda-, la experiencia muestra que el alza del dólar se transmite paulatinamente a los precios a medida que va influyendo en los costos y en las expectativas de que los aumentos del dólar tendrán continuidad. Esta práctica subsiste a pesar de que ya no la pregonan porque sería ridículo, y por eso se esfuerzan en retrasar la suba del dólar aunque promuevan la suba de precios y no se inquieten en lo más mínimo por controlar los abusos.

En todos los países hay fugas de capitales. La característica de los países desarrollados es que si esas fugas responden a mayores alzas de precios, pueden ser corregidas por módicas alzas en las tasas de interés que corrigen o previenen otras alzas de precios porque el potencial productivo tiende a ser similar. En los países de menor desarrollo, esas fugas de capitales provocan ajustes que si bien no corrigen la diferencia de costos con los países desarrollados, no tienen un carácter continuo y permanente sino que aparecen más espaciadamente que en la Argentina. En cambio, en  nuestro país como las devaluaciones son constantes, las subas de precios son permanentes y cuando se encara el ajuste, también tiene un carácter continuo. Ésta es su característica distintiva, que da lugar a una inflación imparable con tendencia a intensificarse, hasta que se la limita transitoriamente con medidas excepcionales que conducen a un desbarranque de la producción.

Es obvio que el gobierno y los liberales ortodoxos no entienden el problema, además de que apuestan a una expansión financiera que promueven a cualquier costo, y con la que –directa o indirectamente- se benefician de ella. El FMI tampoco lo entiende, porque como la ortodoxia del ajuste funciona y consigue con más facilidad los objetivos buscados en los países desarrollados, y la inteligentzia del establishment de estos países no concibe otra respuesta que no sea la teoría construida en ellos –el monetarismo-, tiende a ver las realidades y teorías diferentes en gran parte como anormalidades propias de seres inferiores. Por eso aplican la misma receta monetarista a todo el mundo, aunque diferencian muy bien la política económica que les aconsejan seguir a los menos desarrollados, que es la contraria de la que siguen ellos, ya que los fuerzan a especializarse en las materias primas, en industrias vinculadas a ellas y en las que producen componentes a menores costos (por menores salarios) para industrias más complejas localizadas en los países avanzados. Claro que no es sólo falta de comprensión; también así hacen un buen negocio y, en el caso del FMI, garantiza la rentabilidad financiera en la que hay una explícita intervención del Estado, ya que estas políticas no sólo surgen para respaldar los créditos sino porque los países desarrollados la apuntalan con todo tipo de presiones. Aunque Trump no se caracteriza por prescindir del Estado, hizo saber enseguida su apoyo a Macri y a su política económica, y la caracterizó como lo mejor que le podía suceder a la Argentina.

El monetarismo privilegia la moneda en el análisis de la realidad económica hasta convertirla en un elemento decisivo y fundamental. Su máxima expresión es la curva de Phillips, de fines de los años cincuenta, que expresaba la relación entre salarios e inflación, de tal manera que las fuertes subas de precios sólo pueden reducirse con el aumento del desempleo. Milton Friedman, Premio Nóbel de Economía en 1976, cuando el monetarismo se empezó a imponer en el mundo capitalista como manera de enterrar al Estado de Bienestar de la posguerra, arremetió contra la intervención del Estado, pero no del Banco Central en la oferta de dinero, para que por su intermedio pudiera reducirse la expansión monetaria y subir el desempleo como medio de bajar los salarios.

Pero ni siquiera el monetarismo se encuentra al día, ya que con el mayor avance tecnológico disminuyó el peso de los costos salariales y la curva de Phillips tampoco expresa la misma situación que cuando fue formulada, hace más de medio siglo. Hasta Martín Redrado lo reconoció el 17/12/18 en “Ámbito Financiero”, cuando dijo que la Fed había sobrestimado “los riesgos inflacionarios sin tener en cuenta los cambios estructurales en las economías más desarrolladas”, refiriéndose al avance tecnológico. Claro que la Fed subió las tasas -aunque pausó la suba después- porque lo que ve con preocupación es el aumento de la deuda y los peligros que se produzca otra crisis crediticia, como en 2008. Respecto a esto último hay que señalar que el contrapeso aludido por Redrado (el desarrollo tecnológico que baja el costo salarial) ni remotamente termina con el riesgo de que una burbuja financiera   (en el BCRA con la continua emisión de letras, que acompañan a las Letes que emite el Tesoro bajo la batuta de Dujovne), por lo que la baja del costo salarial que emplean Macri o de Bolsonaro es un recurso que hasta Trump rechaza profundizar más de lo que está en su país, ayudado por el proteccionismo que sus socios subordinados latinoamericanos no tienen permitidos.

Con la fuga de capitales que solventa el monetarismo, la Argentina se convirtió en un país que usa dos monedas o bimonetario. Esta característica denuncia el carácter permanente de la fuga de capitales. Si bien todos los países en desarrollo fugan capitales, cuando esta fuga no es permanente, el dólar tiene un  uso más limitado.

La fuga de capitales está relativizada en otros países de menor desarrollo por los ingresos de capital para inversiones productivas, ya que en la Argentina, estos ingresos son predominantemente especulativos.

Además de lo común a todos los países menos desarrollados, que son:

1) los mayores costos, visto en la primera exposición, otros factores que influyen en la inflación, siempre con diferencias específicas para la Argentina son, además de

2) la fuga de capitales, examinada en esta entrega,

3) una renta extraordinaria originada en la suba de los precios como forma no sólo de neutralizar sino también de aprovechar la inflación;

4) la renta financiera extraordinaria obtenida con la elevada tasa de interés, que a su vez influye en el alza de precios a través del alza de costos;

5) la dolarización de los precios;

6) el ajuste perpetuo financiado por el FMI -en lo que se convirtió el programa del PRO, apoyado políticamente por Estados Unidos como parte de la contención de los populismos latinoamericanos para evitar o limitar el acercamiento de estos países a China y el aumento de sus exportaciones a ese destino como forma de incrementar su propio desarrollo;

7) el sostenimiento forzado del precio del dólar o atraso cambiario, como forma de contener transitoriamente la inflación, que a la larga provoca una inflación mayor;

8) la baja del déficit fiscal primario, que tiene como contrapartida el aumento del déficit financiero, y

9) sobre todo, la forma peculiar elegida por el macrismo para integrar al país al mundo, que excluye una creciente participación de la industria, como sucede en los otros países en desarrollo y especialmente a los que aspiran en serio a convertirse en emergentes.

Cada uno de estos factores será examinado en próximas entregas, y sobre todo el último de ellos –el de la forma peculiar de integrarse al mundo-, que es lo que puede resignificar el sentido histórico del peronismo y que debe servir como un elemento decisivo para discutir si su unificación es posible o si los argumentos que se esbozan para negarlo son consistentes.

Una clara transgresión al patrimonio público

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Con los antecedentes del actual gobierno (que permitió el establecimiento del magnate Lewis apropiarse del hermoso Lago Escondido, en un área de frontera) resulta sospechable que la Secretaría de Turismo de la Nación haya comenzado a publicitar “Oportunidades Naturales”, una promoción detrás de la que se escondería uno de los habituales y nada claros negocios promovidos por el gobierno: concesiones turísticas por dos o tres décadas servidas a capitales particulares, mayormente extranjeros o amigos del poder. Con el rastacuerismo que caracteriza a este tiempo político, ya se usa en los medios interesados ese cambio: el neologismo “glamping” (mixtura de glamur y camping, o sea “campamentos glamorosos”).
El primer globo de ensayo al respecto parece estar realizándose en El Impenetrable, la reserva boscosa chaqueña de características tan singulares. El siguiente paso se daría por el lado de Cataratas del Iguazú; en ambos lugares se juntan la belleza con la diversidad biológica y la intangibilidad -hasta ahora-que garantiza un marco natural prácticamente virgen.
Lejos de las ideas e intenciones de sus creadores, el proyecto -acorde con un gobierno elitista-apuntaría al turismo internacional de alto poder adquisitivo o, lo que es lo mismo, exclusivista. Para ello se facilitarían construcciones especiales en el seno de las reservas; la preservación de la naturaleza debería ser pareja con el negocio de los adjudicatarios. Por el contrario, al igual que en otros vergonzosos enajenamientos del patrimonio nacional, se deja de lado que los parques son propiedad de millones de argentinos y que en relación con esos lugares viven distintas parcialidades, que agregan a los sitios una singularidad antropológica digna de tenerse en cuenta.
El justificativo de tan discutible política, por repetido, es previsible: las entidades no reditúan económicamente y la actividad oficial les resta fondos para su mantenimiento; el hecho que la inversión venga de otras fuentes, poniendo por delante los intereses monetarios, cambiará las reglas de la manera de tener, antes que una apreciación natural y estética de los sitios -espiritual, en definitiva-, dividendos jugosos para unos pocos.
Al margen de esta clara transgresión al patrimonio público, por lo que ha trascendido -y era de esperar- las condiciones licitatorias de este uso de los parques nacionales por empresas particulares no son de las mejores ya que incluirían manejos de la circulación interior de las áreas, una posibilidad muy de cuidado.
Las protestas que esta lamentable iniciativa ya ha generado, dentro de la caótica situación que vive el país, parecen haber inclinado al gobierno nacional a echar de momento un prudencial manto de silencio al respecto. Pero para muestra basta un botón: dentro del Parque Nacional Iguazú, cuyas cataratas son consideradas una de las Siete Maravillas del Mundo Natural, el gobierno impulsa un proyecto que incluiría licitar una considerable superficie a los efectos de desarrollar un emprendimiento privado. Según informaron las autoridades nacionales del área, la idea ya fue presentada en el exterior, donde fue muy bien recibida por posibles inversionistas ingleses.

fuente: http://www.laarena.com.ar/opinion-una-clara-transgresion-al-patrimonio-publico-2045395-111.html

El monetarismo en Argentina es signo de más pobreza

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 Por eso son incomparables los países de menor desarrollo con los de mayor desarrollo, salvo que el de menor desarrollo haga todo lo posible por acentuar su industrialización o elevar su nivel tecnológico, como hacen con regímenes económicos diferentes Corea del Sur por un lado y China por el otro.

En cambio, la política de Cambiemos  apuesta a la reprimarización de la economía, frena la industria y lleva el aporte de las ramas primarias y su industria vinculada,  a ser las que aporten casi el 70% de las divisas provenientes de las exportaciones. Esta especialización que los liberales ortodoxos llaman normal,  es la que hace poco más de setenta años –cuando aparentemente empezó la anormalidad local- formaba parte de una división internacional del trabajo y respondía  a la provisión de materias primas para los países especializados en bienes industrializados.   Todo ello entonces era posible para un país que tenía la tercera parte de los habitantes que tiene ahora, o de la que tienen países prósperos en ingresos y en riqueza, con economías primarias pero con poca población, como los emiratos petroleros.

Estados Unidos, que es aún el país más desarrollado del mundo, no se especializa en nada: es tan proveedor de materias primas como proteccionista para la industria. Esto es lo que usa el presidente Trump para enfrentar la amenaza de China que planifica transformarse en pocos años, en un país desarrollado con una política de desarrollo industrial y tecnológico y buscando proveedores de materias primas en todas partes, incluso en Estados Unidos.

El monetarismo para bajar la inflación funciona en países desarrollados, que ya tienen sus costos en niveles competitivos en las ramas más avanzadas y la inflación no es, en primer lugar, una cuestión de costos.

Pero en la Argentina, como en todo país no desarrollado, se deprecia continuamente la moneda nacional en relación con las divisas porque es, ante todo, una cuestión de costos y de menor productividad, que da lugar a una producción comparativamente más cara.

Por eso, desindustrializar para combatir la inflación y enfrentarla con la política monetaria es algo que hay que estar demasiado tomado  por una ideología que impida la reflexión para entenderlo.

En nuestros países, una política monetarista en esas condiciones sólo puede llevar a reducir los salarios y abaratar los costos debido a la menor remuneración de la mano de obra, que –ya no es ningún secreto- parece ser la preocupación central del gobierno del presidente Macri.

No hay que olvidar que  Occidente empezó a enterrar el Estado de bienestar a final de los años setenta, continuó  durante los ochenta, y terminó de definir el mundo que quedaría al terminar el siglo XX. Limitó primero la experiencia soviética, que en la posguerra había amenazado con influenciar a Occidente (que por eso éste tuvo que adoptar el Estado de Bienestar), después acumuló fuerzas para terminar con ella y al mismo tiempo facilitó la ganancia y empezó a erradicar las políticas sociales, al  mismo tiempo  redujo el Estado para que prosperara el mercado -que se basa en la iniciativa individual y la ganancia, mediante el monetarismo.

En el monetarismo, la participación del Estado se reduce al manejo de la oferta de dinero –de hecho  lo hace a través de un Banco Central independiente del Estado-, precisamente porque reduciendo la oferta de dinero se puede limitar la expansión de la economía y el empleo, bajar los salarios y aumentar la rentabilidad del capital.

La cuestión es que de esa manera se presenta otro tipo de crisis como la que apareció en 2008,  que es resultado de usar la deuda para que la economía funcione, pero que lleva a la crisis financiera y a otro peligro impensado que fue en los años ochenta y  noventa,  encontrar mercados emergentes que ofrezcan más alta rentabilidad con sus bajos salarios.  Ahora bien, si estos países de  mercados emergentes dirigen la nueva riqueza adquirida (a través del Estado) al crecimiento económico, pueden convertirse en una competencia para los más desarrollados, como le pasa a Estados Unidos con China-También  sucedió con Corea del Sur. Pero China amenaza la preeminencia de Estados Unidos.

Por eso el presidente Trump trata de imponer un nuevo orden económico con marcado sesgo proteccionista para defender su propio desarrollo y afirmar su fuerza militar, aunque su deuda supere al 100% del PBI (claro que tiene la moneda más fuerte del mundo para soportarlo) y el déficit fiscal pueda escalar hasta los 900.000 M de dólares en 2019 para limitar la competencia de los demás

El monetarismo de Macri, Dujovne y Sandleris no tiene en cuenta esta realidad. Su monetarismo solo sirve para desalojar la búsqueda de la competencia en las ramas avanzadas de la economía abriendo indiscriminadamente las importaciones y no utilizar el potencial primario para eso, sino para pagar la deuda,  a la larga habrá más deuda, menor crecimiento y la inflación tampoco va a desaparecer del todo, sino que sólo se logrará acotarla mediante un interminable ajuste que amenaza con empobrecer aún más al país.

Se debe reconocer que el peronismo tampoco terminó de ponerse al día con la economía mundial y sus nuevos desafíos. El proteccionismo tiene que ser selectivo, porque ya no se puede recrear una industria exclusiva para el mercado interno, sino hacerla competitiva mediante su integración al mundo, pero defendiendo la creación de ramas cada vez avanzadas y de altas tecnologías y utilizando también para ese objetivo las ramas primarias como el agro tradicional y la nueva energía de Vaca Muerta y el litio, afirmando esa política desde el Estado, como trata de hacerlo nada menos que Trump.

Quizá, la crisis argentina es también tan profunda porque son muchas cosas en que sus fuerzas políticas tienen que ponerse al día.

 

 

Represión, persecución política y ajuste: neo macartismo sin Estado de Bienestar

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A fines de la década de 1940, los Estados Unidos eran una sociedad convulsionada por las secuelas de la conclusión de la Segunda Guerra Mundial. La desmovilización de doce millones de efectivos que habían actuado en los teatros bélicos y la suspensión de la producción masiva de armamentos abrían un escenario absolutamente nuevo en el país. Los trabajadores que volvían del frente no aceptaban las condiciones laborales de la década del 30, los afroamericanos que habían empuñado un fusil para defender la bandera resistían con singular fuerza el régimen de segregación imperante y las mujeres que contribuyeron al esfuerzo de guerra en la retaguardia, ocupando lugares en fábricas, centros logísticos y oficinas, rechazaban retornar sumisas a sus casas. Los reclamos se multiplicaban.

La elite estadounidense ensayó dos respuestas. Una de carácter persuasivo por la cual la reconstitución del «american way of life» se haría en un nivel de bienestar superior al de preguerra. La segunda reacción fue represiva, basada en acusar de comunista y consecuentemente reprimir todo reclamo colectivo en el marco de lo que se conoció como macartismo. Macartismo es un término que se acuñó para generalizar la persecución política en los Estados Unidos, originado en las ominosas investigaciones parlamentarias dirigidas por el senador Joseph McCarthy sobre políticos, intelectuales y artistas tildados de tener ideas de izquierda.

Se ha iniciado una etapa de garrote sin zanahoria

Este esquema le garantizó a la elite una década tranquila hasta que la coalición de trabajadores, mujeres y minorías étnicas pudo organizarse y obtener el triunfo político de colocar a J.F. Kennedy en la Casa Blanca en 1960, abriendo un nuevo ciclo de conflictos.

En el presente, Suramérica ve hundirse las mejoras socioeconómicas alcanzadas en los primeros quince años del siglo XXI, a partir de políticas que vulneran los tres grandes pilares en los que se apoyaron esos logros: la democracia, la paz y el crecimiento económico.

La persecución mediática y judicial contra los líderes y militantes que reivindican los gobiernos de la primera década y media provocan una ruptura del estado de derecho solo comparable con el clima autoritario que imperó en la década del 70. Las amenazas de intervención militar en países del continente como Venezuela desmoronan también el largo ciclo de paz vivido. El avance de modelos económicos de libre mercado y flujo de capitales financieros provocan un freno a la actividad productiva de la región. Cualquier resistencia a la combinación de democracia restringida y acción de los agentes económicos decidiendo exclusivamente sobre los recursos del continente es tildada de«populista», término que reemplaza al señalamiento de «comunista» durante la Guerra Fría, con el que se buscaba cortar con cualquier planteo de ampliación de derechos o búsqueda de justicia social.

Ningún debate sobre una sociedad igualitaria es posible porque implica «el retorno del populismo». La ocupación de la calle por las fuerzas de seguridad y del espacio de discusión por los grandes medios blandiendo, además, el mazo de la justicia penal contra los opositores tenaces, han creado un neo macartismo similar al que rigió durante la Guerra Fría, donde no se confrontan ideas o cosmovisiones socioeconómicas, sino que se acallan voces desde la negación del derecho a plantear alternativas. Señalar como «populista» basta.

Lo que agrava el problema para la región es que hemos descripto la lista represiva de la oferta dominante para el continente, pero dicho diseño no contiene un costado persuasivo similar al de los Estados Unidos en la década del 50: hay neo macartismo persecutorio pero no hay estado de bienestar de compensación.

Los pueblos suramericanos y quienes asumen el rol de liderarlos deben ser muy conscientes de que se ha iniciado una etapa de garrote sin zanahoria. Nuestro modelo de paz, prosperidad y democracia de principios de este siglo era una realidad tangible.

Las elites dominantes en cada uno de nuestros países se han lanzado a una profunda restructuración económica y social que castigue e impida la repetición de las experiencias vividas. Por ello, no hay márgenes de negociación y es imprescindible generar un fuerte corpus ideológico de nuevo tipo que permita enfrentar este ataque, cohesionando a todos los actores sociales agredidos. Las instituciones republicanas, comenzando por el Poder Judicial, se resquebrajan y el espacio callejero o mediático del disenso se angosta dramáticamente.

«Populista» es ese sayo previo para despojar de palabra y derechos a quienes lo reciben. La respuesta no surge de grupos focales, sondeos de opinión o big data, sino de la cohesión del pueblo en torno a un programa que en su momento lo hizo feliz.

Fuente:https://www.eldestapeweb.com/macri-presidente/represion-persecucion-politica-y-ajuste-neo-macartismo-estado-bienestar-n57392

El dilema de la unidad

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Ahí quedó entonces, abstracta, como tarea de la militancia popular, el objetivo de alumbrar y sostener en el tiempo una concepción unificada de estrategia política, para alcanzar la supremacía social de las mayorías  en la lucha por el poder.-

Pero se supo al poco andar, que esa Unidad pretendida, fue, es y será  siempre un gran envase donde entran muchos otros valores de la actividad humana en la lucha por las ideas: la solidaridad, el desprendimiento, la tolerancia, la generosidad, la autocrítica y el sentido del bien común.- Y sobre todo la capacidad de diferenciar cuales son las contradicciones de la lucha política por las que es necesario optar.-

De tal manera que, desde 1974 – ya sin liderazgos claros– la militancia política quedó encargada de poner en marcha una estrategia permanente de acumulación de voluntades mayoritarias para impulsar las transformaciones sociales y torcer el brazo de los sectores dominantes.-  Los fracasos fueron muchos.

Y como las luchas  populares de Argentina fueron hegemonizados mayoritariamente  por la experiencia del peronismo, movimiento donde durante  30 años esas contradicciones fueron resueltas por las decisiones del líder,  fue en su seno donde el tema de la unidad pasó a ser de trascendencia nacional, y a su resultado se fueron configurando las distintas etapas de la historia política Argentina.-

De manera que hoy, 2019  – siempre es, “mas que nunca” – la pretendida Unidad de los movimientos nacionales ocupa el centro de la escena argentina, al punto que se cree que de ella depende la supervivencia o el definitivo infierno de los Argentinos.-

MODELO PARA ARMAR:

Así las cosas y puestos entonces a desentrañar el dilema de la unidad, cabe preguntar:

Cuáles son los límites de la unidad ?

Cuáles son las concesiones que se pueden hacer  en una estrategia de acumulación de fuerzas políticas ?

Cuáles son los principios a los que no se puede renunciar con tal de ir todos juntos ?

Es un tema ideológico la Unidad?

Supongamos que es solamente un tema práctico, aritmético, de acumulación, como se definen los límites?

Entonces, con esas dificultades ¿No es descabellado pretender que ese proceso de unidad se aborde solo un par de meses antes de un  proceso electoral?

DONDE HAY UN LIDER?

Acudimos entonces con  urgencia a  los liderazgos, para que nos solucionen en corto tiempo lo que en la política cotidiana hemos abandonado como objetivo estratégico.

Pero la visión de los líderes es global, distante, casi cruenta y  en el pago chico las cosas suelen funcionar de manera diferente y las dificultades se multiplican.- Y los resultados de esa gestión, suelen ser exiguos. Porque se entra en el laberinto de las concesiones.-

¿No será quizás que la Unidad se construye con la convivencia política común y es una decisión de práctica cotidiana y no de estrategia electoral de circunstancia ?.-

Cuando hacíamos política hace varias décadas la lucha se planteaba en el mundo de las ideas.- Hoy predomina en todo lo político el mundo de los intereses.- Antes la clave era convencer, no comprar. Y es más posible lograr la unidad de las ideas, que la unidad de los intereses.-

No estará la clave en recomenzar una práctica política más participativa, mas democrática, donde el debate de ideas sea el sustrato del convencimiento común?.- El mundo de las ideas es blando, maleable, propicio para la adecuación.- El mundo de los intereses es rígido, hostil y agresivo.- La militancia remunerada no debate, solo decide, ordena, obedece.

La mercantilización de la política debe verse claramente como un triunfo cultural del neo liberalismo y las dirigencias de los movimientos populares han retrocedido en la batalla cultural de la lucha política.

Quizás los fracasos nos marquen el camino del cambio de prácticas.- Esa es la clave de la unidad, no los acuerdos de ocasión, por intereses y porque no decirlo, por cargos.-

En 2015 no se perdieron las elecciones por la Economía, se las perdieron por la Política, y en el centro de la cuestión Política está la cuestión de la Unidad.-

Desde ese momento hasta ahora, cuáles fueron las nuevas prácticas para iniciar un proceso diferente? No habrá el Macrismo hecho algo más por nuestra Unidad, que nosotros mismos ?

Correspondería quizás hacer un esfuerzo sostenido y a mediano plazo por la instauración de prácticas diferentes.- Y nosotros, que supimos saber como se hacía, quizás tenemos una responsabilidad mayor en la recuperación de esas prácticas.-

Pero también digámoslo, tenemos la esperanza que el pueblo imponga de manera irresistible, nuevos  rumbos.-

 

 

¿Hacia dónde vamos?

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https://revistaanfibia.com/autor/magda-castria/

La ola feminista es el fenómeno de mayor vitalidad política de la Argentina. Su irrupción no sólo renovó las formas de organización, movilización y acción sino también inauguró modos de hablar y pensar, y hasta propuso un lenguaje, inclusivo o no sexista, cuya pregunta atraviesa a personas, colectivos e instituciones del Estado. El feminismo trajo además desafiantes consignas (como el llamado a la deconstrucción, que se extiende cada día más, aunque todavía en los márgenes de ciertos territorios, generaciones y clases sociales) y obligó a la dirigencia política a tomar nota de sus demandas y a posicionarse públicamente sobre ellas.

 

Este protagonismo hace suponer a ciertos espacios de militancia que estamos frente a un nuevo modelo de lucha. En asambleas o en discusiones en redes sociales es común escuchar que el feminismo es capaz de dotarnos de las herramientas necesarias para afrontar los desafíos de una época marcada por la crisis económica, la incertidumbre social y el conservadurismo cultural y político. Sin dejar de celebrar la potencia feminista, quisiera exponer aquí una lectura que acentúe tanto lo contrahegemónico https://revistaanfibia.com/autor/magda-castria/como lo contemporáneo y considere los riesgos que acompañan a todo movimiento revolucionario: que en la búsqueda por cambiar el mundo, refuerce con sus acciones otras desigualdades. Porque no hay luchas inherentemente emancipadoras y porque nunca nada está ganado de antemano

Nosotras podemos

Descubrir la desigualdad de género es una experiencia intensa. En muchos casos, inclusive, es vivida como un despertar personal. En tu historia, en tu casa, en tu trabajo, en tu barrio, allí donde miremos, de pronto, encontramos relaciones de género, es decir, de poder y desigualdad. Pero más impresionante aún que la experiencia individual es el descubrimiento de la experiencia colectiva, el asumir que se trata de un elemento presente en la vida de todes. El feminismo es por eso una lección sociológica. A través de él, muchas personas entienden qué es un hecho social, esas maneras de obrar, sentir y vivir que nos vienen de afuera, tal como los definía Émile Durkheim. Y detrás de cualquier lección sociológica, siempre hay una lección política: si las cosas son así por una construcción, eso significa que se pueden construir de otro modo.

 

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Desde los sesenta, la crítica de la segunda ola feminista apela a la idea de empoderamiento para hacer referencia a ese proceso de cambio, a ese ejercicio de introspección que lleva a las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries a pensar qué quieren de sí, qué quieren hacer con sus deseos y sus cuerpos, pero también qué esperan de las relaciones que les rodean y de sus sociedades. Empoderarse es, así, un gesto disidente, imaginar otro destino personal y colectivo.

 

Pero la palabra empoderamiento tiene significados y usos que exceden a la definición feminista. Gobiernos, partidos, think tanks y movimientos sociales, de izquierda y derecha indistintamente, recurren hace años a la idea de empowerment (su versión original) con distintos objetivos. En Argentina, por ejemplo, fue Cristina Fernández la que lo trajo a escena antes que el feminismo. El 9 de diciembre de 2015, en su último discurso como presidenta, Cristina llamó a cada militante a convertirse en dirigente de su destino y constructor/a de su vida y dijo: “Esto es lo más grande que le he dado al pueblo, el empoderamiento popular, ciudadano, de las libertades, de los derechos”.

 

El término también tiene vida por fuera del campo político. Desde los noventa, prospera su uso en áreas vinculadas al trabajo social y entre organismos internacionales, el oenegismo y el mundo del voluntariado. Cada año se destinan miles de dólares a proyectos que se proponen empoderar a indígenas, afrodescendientes, mujeres. Se trata de expresiones propias de lo que algunos llaman un neoliberalismo progresista y que lejos está de apuntar a la emancipación real de ninguno de esos sectores.

 

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Empoderamiento también es una palabra usada en el ámbito empresarial y en el coaching. En el primer caso está ligado a la búsqueda de las empresas para que las/os trabajadores puedan alinear sus objetivos personales con los intereses comerciales de la compañía y se asuman co-responsables o co-creadores. Buscan así que las/los trabajadores internalicen como propias las demandas patronales y se ponga en marcha un mecanismo de autoexplotación. En el mundo del coaching, en cambio, empoderamiento se liga a la idea de poder personal: valorarse a sí misma/o, alejarse de todo lo tóxico, no responder a lo que se espera de una/o, hacerse cargo de su destino, tomar elecciones autoconscientes.

 

Como vemos, los usos son muy diversos y no todos convocan al entusiasmo. Pero lo que estos diferentes ejemplos comparten es el cruce entre poder e individualidad. No es que no pueda tratarse de un proceso compartido colectivamente, pero el término describe una experiencia que es, ante todo, autoafirmativa. Una experiencia de aprendizaje y de acceso al poder, sin que medie un cuestionamiento a la idea de poder en sí misma. Esos diversos usos nos ponen también frente a una primera advertencia: ¿de qué modos, inesperados y subterráneos, ciertas aspiraciones del feminismo pueden estar cruzándose con otros mandatos de nuestro tiempo?

 

Sabemos que el neoliberalismo es una forma de organización del capital, pero también una cultura y una construcción de subjetividades. Nuestra sociedad proyecta sobre nosotres la imagen de personas que buscan sentirse cada vez más libres, o mejor dicho, más liberada/os; que viven las relaciones con las/os otras/os como trabas u obstáculos para su desarrollo personal; individuos narcisistas que funcionan como empresarias/os de sí mismas/os y están convencidas/os que deben poner su deseo por delante, y prescindir todo lo que puedan del dolor, el esfuerzo y el sufrimiento, propio y ajeno. ¿Somos conscientes las feministas de que nuestro llamado al empoderamiento puede confundirse con el llamado de la sociedad hacia el imperio del yo? ¿Se pone en juego a través de esa idea una reflexión sobre el modo en el que pretendemos cuestionar y disputar, pero también construir poder

Y no es solo a través de ese término que el ensamble con el neoliberalismo se pone de manifiesto. Varios estudios recientes muestran, por ejemplo, que sobre todo para las generaciones más jóvenes (la de la revolución de las hijas) ser auténtico es un valor pilar, así como lo son la flexibilidad y la pluralidad. Y señalan que la autenticidad se vincula a la búsqueda de aquello que nos hace distintes. La cultura de la diferencia también atraviesa a la ola feminista, tal como se expresa en el avance de las perspectivas particularistas, de las demandas de reconocimiento y de los derechos específicos. Aunque esta cultura supone, por un lado, un valor, implica, por otro, un enorme desafío para los movimientos populares: ¿Cómo conservamos la construcción de lo común si nuestras subjetividades se sostienen sobre la necesidad de producir diferencias? ¿Cómo recuperar lo diverso y defender la igualdad?

 

Claramente el riesgo es menor en los espacios de militancia, en donde la energía feminista está puesta al servicio de la construcción colectiva de redes, apoyos y solidaridades. Pero una cosa es el feminismo en tanto movimiento político y otro es el movimiento social que la crítica feminista despierta. Entre ambos, existe una responsabilidad que no es sencilla de administrar, como puso en evidencia, por ejemplo, la aparición de los escraches.

 

Ese mecanismo situó al movimiento ante una encrucijada difícil de resolver. Si bien se trataba de la estrategia que las más jóvenes habían encontrado para establecer un límite, para decir “no es no”, éstos ponían de manifiesto una lógica punitivista. No solo porque la única solución que proponían es el de la exclusión o la expulsión de los acusados, sino sobre todo porque éstos operan bajo la lógica de la inmediatez. A través de ellos se trasluce, por eso, otro de los males de nuestro tiempo: la intolerancia a la espera. Se necesita juzgar rápido y con la información disponible. De lo contrario, se es cómplice. El deseo de justicia express y autogestiva es, sin embargo, uno de los mayores peligros que acecha la democracia hoy en día, tal como se puede ver con los gobiernos autoritarios de la región.

 

Ante el avance de los escraches, algunas feministas pusieron el acento en la (falta de) responsabilidad de las/os adultas/os y las instituciones; otras advirtieron que éstos constituyen sólo el primer paso de un proceso de transformación de las relaciones entre los géneros, más largo y profundo. Rita Segato fue más lejos en la crítica a estas prácticas, a las que caracterizó de linchamientos. “Que la mujer del futuro, no sea el hombre que estamos dejando atrás”, dijo, citando a un policía nicaragüense. Discutía con esa idea tan presente en el sentido común que dice que las feministas queremos dar vuelta la tortilla y mierda, mierda. Las declaraciones desataron una tormenta hacia dentro del movimiento. La acusaron, entre otras cosas, de representar un feminismo cómodo a los machos.

 

 

No se trata solo de entender el porqué, dijo Segato, necesitamos dejar de subestimar los errores que cometemos en nombre de la búsqueda de igualdad. Las injusticias que cometemos en nuestra marcha hacia delante. Porque todas las revoluciones cometen injusticias. El problema no es ése sino qué vamos a hacer con ellas. ¿Qué vamos a hacer nosotras, compañeras, con las injusticias propias?

 

Nos mueve el deseo

 

La preocupación por ciertos rumbos del feminismo hoy adquiere aún más sentido si reconstruimos parte de nuestra historia reciente y revisamos lo que Nancy Fraser advirtió hace un tiempo: la coincidencia entre el ascenso del neoliberalismo y la segunda ola feminista. O peor, el modo en el que el ascenso del neoliberalismo modificó drásticamente el terreno en el que operaba el feminismo de la segunda ola, al punto de modificar sus ideales. Fraser se refiere al movimiento insurreccional de fines de los sesenta y principio de los setenta, un momento marcado por la voluntad de acción, y en el que coincidieron un conjunto variado de acontecimientos y procesos: el mayo francés, la primavera de Praga, los movimientos por la igualdad racial, el obrerismo italiano, los movimientos estudiantiles de Brasil, Uruguay, Estados Unidos, Alemania, Japón, solo por citar algunos ejemplos.

 

Ese movimiento suponía que la realidad en la que se vivía (una realidad vista como deshumanizada, represiva y autoritaria) necesitaba de una purificación revolucionaria, pero que esa revolución no iba a nacer de los clásicos programas de izquierda. Al contrario, “la nueva izquierda” dio por tierra a la hipótesis de transformación social a través de la toma del poder, así como desechó la idea de un sujeto revolucionario preexistente y modelado: un obrero de fábrica, asalariado, urbano, masculino y adulto, que apenas representaba a las/os oprimidas/os del mundo, tal como nos resulta tan evidente hoy. Les rebeldes cuestionaron el economicismo, el estatismo y la vida burocratizada de la sociedad de consumo y en contraposición dieron lugar a formas híbridas entre lo cultural y lo político, así como abrieron campo a una forma de liberación que era, en muchos casos, personal, social y colectiva a la vez.

 

Años más tarde, sin embargo, esa “nueva izquierda” y sus alcances fueron reinterpretados a la luz de lo sucedido con la reestructuración del capitalismo y el nuevo ordenamiento global. Muchos se preguntaron, entonces, si habían constituido verdaderas rupturas o si fueron, por el contrario, el punto de partida que el sistema necesitaba para su nueva fase de expansión. Es cierto que esa pregunta fue formulada, sobre todo y con cierto cinismo, por intelectuales que disfrutaban al ver los efectos no deseados de esas rebeliones populares. Y también es cierto que si bien se trató de una tendencia global, aquellos movimientos mantenían enormes diferencias entre sí, y que en América latina, la militancia juvenil se inclinó ante todo a la lucha insurreccional. Pero a pesar de esto, la pregunta sigue siendo inquietante: ¿en qué medida poner al deseo en el centro de la acción política, como hicieron esos movimientos, no conduce hacia el debilitamiento de la vieja demanda igualitarista?

 

En la actualidad, es común escuchar que la revolución de las mujeres es la revolución del deseo, porque ese elemento es el núcleo de la autonomía femenina. Y en sentido contrario, que la represalia del poder patriarcal es hacia el deseo de las mujeres, porque eso es lo que jode. Se habla, incluso, de un derecho al deseo. El deseo es otro concepto con diversas acepciones, en filosofía y sobre todo en psicoanálisis, y cuya indagación excede por mucho las posibilidades de este artículo. Pero recuperando esta historia, al menos podemos advertir que una agenda marcada por el deseo tiende a ser más del orden de las transformaciones culturales. Y las revoluciones culturales muchas veces tienen efectos más duraderos a largo plazo, pero también tienen sus límites. En principio, se dice de una revolución que es cultural cuando no toca la estructura de la desigualdad social.

 

 

Se podría decir que, en el feminismo actual, el deseo nos mueve tanto como la igualdad, y sería cierto. Porque uno de los elementos más ricos del feminismo argentino es su heterogeneidad. Se trata de un espacio en el que conviven distintas posiciones ideológicas, con un alto grado de tensión interna, aunque sin llegar nunca a la ruptura. Hay feminismos liberales, populares, de izquierda, como corrientes anarquistas o autonomistas. Existen posiciones institucionalistas, que aspiran a un feminismo hecho ley, como un feminismo de la igualdad, heredero de la Ilustración y vinculado a la reivindicación de derechos, y un feminismo de la diferencia, con posturas más deconstructivistas.

 

Pero también es cierto que el feminismo se constituyó desde sus orígenes como un movimiento ilustrado. Fueron mujeres blancas, de clase media profesional, muchas de ellas académicas, quienes encabezaron la crítica de las sociedades patriarcales en los países del llamado primer mundo, como más tarde denunció el feminismo anticolonial. Y si bien muchos de los logros que dio, empezando por el sufragio universal, significaron avances para el conjunto de las mujeres, su discurso históricamente interpeló con mucha mayor intensidad a las clases medias,y en el caso de la Argentina, a las clases medias de los principales centros urbanos. La masificación del movimiento, su capacidad de movilización en las calles, la aparición de nuevos colectivos y la presencia del discurso feminista en lugares a los que antes no accedía, como son los medios de comunicación, son logros inmensos a festejar. Pero la marca de clase es una amenaza siempre latente para nosotres.

 

Alguien podría replicar, entonces, que en Argentina el feminismo ilustrado entró en crisis con la crisis de 2001. Por esos años, las mujeres que se encargaban de las ollas populares en los barrios, en los piquetes, que sostenían merenderos y centros comunitarios, hicieron su aparición en los Encuentros Nacionales y así cambiaron su naturaleza. Desde ese tiempo, además, florecieron por todo el país organizaciones feministas con un enorme trabajo territorial. Son esas organizaciones las que hoy, por ejemplo, acompañan la realización de abortos legales (porque el aborto legal ya existe hace un siglo en nuestro país) o las que trabajan en las cárceles asegurando el derecho de las presas a educarse y capacitarse. Pero más allá de ese feminismo popular que también llevan adelante diversas instituciones del Estado, entre ellas, las Universidades públicas, hay lugares a los que todavía el feminismo no llegó.

 

La cara de la ola verde sigue siendo una joven blanca de clase media porteña, probablemente incluso, una estudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires. Y esto no es un problema solo de pertenencia, sino también de sentidos. Para ser popular y federal, ¿acaso no necesita el feminismo recuperar los valores, deseos y experiencias de esas personas a quienes desea interpelar? ¿No tendríamos que construir una narrativa de futuro que sea compatible con las elecciones de vida de esas personas?

 

Se va a caer

 

Hasta hace muy poco tiempo, el aprendizaje político del feminismo vinculado a su heterogeneidad interna no se traducía en la capacidad para tejer vínculos con otros movimientos sociales, sindicales o políticos. La primera razón de esa dificultad era el estigma que existía sobre él. Porque también hasta hace muy poco tiempo ser feminista era mala palabra. Sobre esa definición recaían un conjunto de estereotipos arcaicos, e incluso entre las organizaciones del campo popular, éste seguía siendo lo contrario del machismo.

 

La aceptación de sus premisas por un conjunto cada vez mayor de mujeres hizo, sin embargo,  que muchos colectivos debieran rever esa mirada. La ola verde puso entonces en crisis los viejos pactos de exclusión, denunció abusos tapados por años, hizo crujir tanto a las estructuras partidarias y sindicales, como a ese tejido de organizaciones que caracterizan a la Argentina plebeya. Para revertir esa desigualdad histórica, lógicamente, el feminismo avanzó a los codazos.

 

No es del todo absurdo, sin embargo, preguntarse por la utilidad política de ese estilo confrontativo en esta nueva etapa. Porque, paradójicamente, hacer de la desigualdad de género un elemento transversal implica asumir que no siempre el género será la variable prioritaria a la hora de entender lo que nos pasa como sociedad o como individuos. Dicho de otro modo, que la desigualdad de género se exprese en todos lados no significa que todo pueda ser explicado sólo por ella. Se trata de dos procedimientos lógicos distintos.

 

 

En todos los escenarios de la vida en común se ponen en juego cuestiones de género, pero esas cuestiones están interactuando con elementos de distinta naturaleza: desigualdades sociales, étnicas, intereses económicos, relaciones afectivas, estrategias políticas. Plantear el problema en términos de competencia entre clase y género (como si el feminismo fuera un peligro para la lucha por la igualdad social) es tan absurdo como adjudicarle al género una capacidad explicativa total. De lo contrario, convertiríamos al feminismo en otra forma de pensamiento único, o en un tipo de reflexión que desprecie los pliegues, los matices, las contradicciones. Sería raro que nosotres, quienes más peleamos por romper binarismos y oposiciones, nos acodemos en fórmulas cerradas. Sería como renunciar al carácter intrínsecamente incómodo del feminismo; incómodo para todes, para los demás y para nosotras mismas.

 

El feminismo no es solo una denuncia. Una crítica social no es una denuncia. La gramática denuncista pertenece a los Lanatas del mundo y es sostenida desde banquillos a los que las feministas, creo, podríamos evitar subirnos. Una crítica social supone además de un cuestionamiento a lo existente, una visión sobre el futuro, una utopía colectiva. Sería bueno que, que todes les que formamos parte de la sociedad y sufrimos de distinto modo al mandato patriarcal, podamos darnos debates intensos alrededor de los nuevos vínculos que esperamos construir. Y que el feminismo encabece, aliente ese debate, tomando los riesgos de cualquier acción política en democracia, es decir, sabiendo que no necesariamente el otro / la otra pensará lo mismo.

 

Por supuesto no quiero decir con esto que no sea necesario denunciar y combatir las opresiones, los abusos, las explotaciones a las que somos sometidas a diario las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries. Entre otras cosas porque nuestro país mantiene rasgos demasiado arcaicos, tal como se evidencia en el incumplimiento de los abortos no punibles o el avance de los femicidios. Justamente es en resguardo de aquello que se necesita denunciar sin dobleces, que precisamos construir distintas estrategias. Porque nuestra lucha es contra todas las manifestaciones de la violencia de género, pero muy especialmente contra aquellas expresiones más crueles, las que sufren les más vulnerables. Debemos asegurarnos que el avance de la ola feminista represente para elles una protección y un resguardo.

 

¿Tiene sentido que nos despierte la misma indignación un abuso que una publicidad; el accionar de una red de trata (tema que, curiosamente, hoy tiene muy poca presencia pública) que el titular de un diario? ¿Por qué no construir diferentes tonalidades y énfasis? No hay nada malo en facilitarle el camino a aquellas/os que pudiendo ser feministas hoy no lo son; no bajamos por eso ninguna bandera. Y suturar o cerrar discusiones es ganancia de corto plazo. Hagamos política que es siempre más duradero. Luchar, combatir y denunciar, pero también escuchar, convencer y persuadir, que no es ni más ni menos que construir hegemonía para ser mayoritarias.

Fuente: https://revistaanfibia.com/autor/magda-castria/

Ilustrador Magda Castría

Panorama político chaqueño

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El misérrimo ofrecimiento que la ministra de Educación, Marcela Mosqueda, hizo a los gremios docentes pone en dudas los objetivos que el propio Gobierno tiene en esa materia. Fuera de las barbaridades con las que desde el propio Domingo Peppo hasta su ministra quisieron relativizar la protesta docente que retrasa el inicio del ciclo lectivo, hay elementos no planteados en la superficie que ponen de manifiesto el discutido compromiso del Estado actual con la educación pública.

Y así es que los  docentes tomaron la iniciativa para hacer conocer hechos que en general no se discuten en la comunidad educativa que diariamente compra el mensaje oficial sobre el reclamo de los maestros. La brutal campaña de desinformación que tiene a los principales medios de comunicación como referentes y simples voceros de la usina oficial repitió sin sonrojarse que la propuesta a los sindicatos habían sido “2.235 millones de pesos para el incremento salarial docente”.

La cifra puede aparecer magnificada por el título pero la verdad representa apenas un 22 por ciento de aumento en cuatro cuotas. Sin ningún rubor tampoco el Gobierno reconoce que esto es el doble de lo que dieron el año pasado, admitiendo sin que nadie lo analice, que aplicó un brutal ajuste en el salario del sector público que importó una caída en términos porcentuales de más del 35% con respecto a la inflación general del año 2018.

En el Chaco, no sólo no hay compensación para los maestros por esta tremenda pérdida de poder adquisitivo que se viene arrastrando desde que Peppo asumió el gobierno  -incluso desde  el último año de gestión de Jorge Capitanich-, tampoco se plantea un reconocimiento de los prácticamente 6 puntos con los que arrancó el año 2019, mucho menos con las proyecciones de lo que será la inflación anualizada para todo este año.

Pero la discusión que el Gobierno no plantea es la explosión de escuelas de gestión social y las de gestión privada que se entregaron a la conducción de movimientos sociales y gremios afines, en  las cuales no rige el Estatuto del Docente ni las garantías e igualdades que establece la Constitución para la Educación Pública en el país y en la provincia, pero  que están solventadas íntegramente con recursos del Estado provincial.

Allí piqueteros oficialistas perciben salarios de directivos y los docentes son contratados por fuera del régimen del Estado, en algunos casos no percibiendo los montos que el gobierno ofrece a sus propios maestros, pese a que el mismo  se obliga a transferir mensualmente cifras equivalentes a las horas cátedra de clases que se dictan habitualmente en las escuelas públicas.

Con estas acciones típicas de política partidaria, el propio Gobierno genera competencia desleal, permitiendo la existencia de establecimientos en los que se imparte educación a  alumnos de todas las edades que pueden concurrir a escuelas públicas en diversos turnos -en algunos casos solo  se dictan  un par de horas dos veces por semana a cargo de personas sin título-.

El impacto sobre la matrícula en diversas escuelas públicas, especialmente en el área metropolitana, es demoledor. La consecuencia directa es el cierre de cursos y la pérdidas de horas a diversos docentes o directamente su puesta en disponibilidad.

El anticuerpo es igual de polémico. Una orden inorgánica de algunos estamentos intermedios que permite el avance de los alumnos, sólo para mantener matrícula y evitar los cierres. El Estado conspira contra una de sus objetivos fundamentales y la víctima termina siendo  el alumno que el Gobierno asegura que quiere proteger. Todo ocurre a plena luz de día.

 

 La campaña por la reelección

Así como el discurso del presidente Mauricio Macri en el Congreso fue una catarata de gritos sin sustentos en donde no hubo un solo pasaje (apenas el aumento de la AUH) que permitirá darle contacto con la realidad, el de Domingo Peppo ante la Legislatura solo  dejó para el análisis la confirmación de que ya está lanzado a la campaña para su reelección.

Jorge Capitanich hizo un breve intento a mediados de semana para desmentir su acuerdo con Cristina Fernández, que definitivamente  lo aleja  de la intendencia y pasaría a dar la pelea por la gobernación.

Si alguna prueba para confirmarlo faltaba fue el inesperado lanzamiento de su secretario de Obras Públicas, Diego Arévalo, como pre candidato a sucederlo, en tanto que Gustavo Martínez reiteró que también está anotado para la misma carrera.

Arévalo es el yerno del empresario Pedro Martínez, detenido en la causa Lavado II que investiga la Justicia Federal. Fue él el que también había agitado sospechas de “sobreprecios” en la gestión de Aida Ayala en una declaración de diciembre de 2016.

Incluso fue llamado a declarar como testigo en la causa. Con su suegro detenido, aparentemente no tuvo el mismo empeño para analizar la gestión del último intendente radical.

Que Arévalo sea candidato a intendente permite adelantar que Capitanich no irá por la reelección en el municipio. Que Peppo abiertamente plantee su interés por un nuevo mandato, descarta de plano que el jefe comunal quiera volver a ese cargo.

Sin embargo el sector coquista plantea con dureza que el gobernador quiere liquidar el sistema de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. El radicalismo también quiere liquidarlo, especialmente el sector que está detrás de la candidatura de Carim Peche.

Capitanich defiende esas internas. Si algo puede hacer antes de dejar la provincia es tratar de devolverle el apoyo a quienes fueron leales con él. Pero si el armado local estará en manos del gobernador Peppo, difícilmente haya mucho espacio. Confía el intendente, en todo caso, que tiene fuerza suficiente como para imponer nombres en una pulseada. No será candidato en la provincia, pero tiene interés en dejar en claro que es “el elector” dentro del PJ.

La lucha no solo será entre radicales y peronistas, ya que dentro de las filas del oficialismo se avizora un fuerte frente de tormenta hasta que queden definidas las candidaturas o, hasta que en una disputa interna se resuelva quién es el que manda.

Un dato no menor es que en la caja de resonancia de la política chaqueña, volverá a dirimirse importantes y vitales iniciativas legislativas para el Ejecutivo, como son las leyes de endeudamiento necesarias para garantizar la gobernabilidad y afrontar la dura crisis que vive la Argentina y que facilitaría el cumplimiento de las aspiraciones política de un Gobierno que, a los tumbos, llega con lo justo a sus cuatro primero años de gestión.

Mauricio en el país de las maravillas

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En psiquiatría se denomina alucinación a un trastorno de la sensopercepción que hace que el sujeto perciba un objeto donde no hay nada (un elefante en medio de un parque vacío) e ilusión al que tiene lugar cuando los sentidos indican un objeto diferente (donde hay un árbol ve un camello). Una pregunta demasiado elemental sería si acaso el P. E. está ocupado por una persona alucinada o ilusionada en el referido sentido psicopatológico.

No lo creemos, no es un caso de psiquiatría, sino de política. La actual gestión se propuso desde su primer momento endeudar sideralmente a la Nación, siguiendo las directivas del totalitarismo financiero del hemisferio norte (ideológicamente racionalizado con la autodenominación de neoliberalismo). Las ha cumplido y lo sigue haciendo al pie de la letra; no lo podría hacer de mejor manera.

Hace poco más de un año, cuando advertimos que era mejor que se fuesen lo antes posible y eso produjo un escándalo y se rasgaron las vestiduras todos los adoradores de una democracias perseguidora de opositores y empresarios nacionales, la deuda no ascendía a la cifra actual y no se había pedido crédito a FMI. Ahora el desastre es inevitable. En algún momento nos quedaremos sin divisas. El FMI puede ayudar a que el desastre se postergue hasta después de las elecciones. En tanto, el aparataje mediático oficialista oculta la realidad con mentiras, lawfare, fakenewsy todas las nuevas denominaciones anglosajonas con que ahora se conocen los principios de Goebbels, desplegadas con inusitado descaro por sus canales y radios monopólicos, a lo que se suman los troll enviados directamente por robots y especialistas adiestrados al efecto, geodirigidos conforme a los big data o manejo masivo de información.

En tanto, el hombre y la mujer de la calle, los humanos de nuestra Patria, no sólo están solos y solas y esperan, sino que lo cotidiano y el desconcierto los angustian. Basta andar algunas cuadras por la ciudad, en particular a las horas de mayor concurrencia y observar los rostros, son expresiones de angustia y no precisamente existencial o metafísica.

Partiendo de la premisa de que el presidente no es un alucinado, sino que simplemente le han impartido algunas lecciones de actuación,  gesticula, modula la voz (aunque no le sale del todo natural), hasta se anima a intentar llorar (en ese momento el camarógrafo se acerca más a tu rostro compungido), aunque siempre se le note un no muy lejano dejo de alumno de primaria recitando en fiesta patria. Por supuesto que todo esto lo hace leyendo, lo que es menos creíble, pero aún puede aprender el libreto de memoria.

Nada hay de ingenuo en el mensaje presidencial y mucho menos en los aplausos entusiastas de su gabinete, bastaba ver los saltos de algunos de sus ministros entusiasmados. Pero ninguno de ellos podía creer que lo que estaban escuchando era verdad, cuando se trata del mejor equipo de entrega de nuestra soberanía que haya habido hasta el presente, nunca más plenamente consciente de su misión. ¿Pero si no creen eso, cuál es el sentido de esa teatralización?

No se nos debe escapar que, según algunos, el discurso presidencial en el Congreso de la Nación fue el lanzamiento de la campaña electoral por la reelección de Macri. Es una hipótesis bien válida. Se sabe que es buena técnicade cualquier candidato hablar siempre como triunfador, mostrarse como el héroe que se está batiendo contra todos los males y los está superando a todos. Suena un poco extraño como táctica en estas circunstancias, pero es razonable pensarlo si tenemos en cuenta que tampoco le queda otra alternativa. En su situación, si quisiese hacer una campaña electoral respetando un poco más la verdad, tendría que pedir demasiados perdones y esgrimir muchas más disculpas y explicaciones que las que deja caer en el discurso alucinado: la “pesada herencia”, la “malaria” internacional, etc. Seguramente iría a una derrota de cabeza por ese camino, de modo que el único que le resta es el de la teatralización alucinatoria.

Esa es una de las interpretaciones que cabe tener en cuenta, pero no es la única. Quizá haya otra sobre la que es menester prestar atención, reflexionar y, en última instancia prepararse para desbaratarla.

Tengamos en cuenta que el endeudamiento sideral con que ha comprometido nuestra economía lleva inexorablemente a una catástrofe. En algún momento se acabarán las divisas, los intereses insólitos harán que los tenedores de papeles teman no cobrar más intereses ni capital y se vuelquen a las divisas y todo estalle por el aire de la peor manera. No hay más crédito del mercado y el Fondo tiene fondo también. La bomba está instalada, la mecha encendida, pero no sabemos cuándo el fuego llegará al explosivo, aunque es imposible desactivarlo. Miramos impotentes el camino de la catástrofe que ha montado esta administración, gobierno o régimen, como quiera llamárselo.

¿No lo ve el equipo que montó la bomba? Sería ingenuo creer que participa de una alucinación triunfalista, que cree que vamos por el camino del bienestar de todos los argentinos, que se crearon puestos de trabajo, que nuestras universidades están felices, nuestros científicos exultantes, nuestra economía en plena reactivación. Ninguno de ellos es poco inteligente. No confundamos, este gobierno no se ha equivocado, ha sabido en todo momento lo que hacía y lo sigue sabiendo, la inteligencia a un don que puede ser usado para el bien como para el mal. Si bien el verdaderamente inteligente nunca la usa para el mal, el cálculo del rendimiento negativo siempre es a mediano o largo plazo, pero en el corto plazo es otra cosa.

Por ende, bien puede ser que incluso jugando el triunfo electoral en base a mentiras y creación de realidad, no descarte perder y, en tal caso, colocar a la actual oposición en una tremenda encrucijada: seguimos nosotros con nuestro discurso de triunfadores o les damos el gobierno (no el poder) a ustedes por un puñado de votos de diferencia, ustedes ponen la cara, nosotros seguimos manipulando a los medios monopólicos y a la justicia penal, esperamos que la bomba les revienta en la mano, los hacemos responsables del desastre y volvemos para seguir devastando el país, entonces con el pretexto de que nuevamente debemos cargar con una “pesada herencia” y con la ventaja de estar más legitimados para reforzar los mecanismos y medidas de entrega de nuestra soberanía y de represión a los opositores políticos y a nuestro capital productivo nacional.

Hemos tenido experiencias de retorno de salvadores, como la de Cavallo en el 2001, y sabemos en qué terminó, aunque esta sería peor. La primera variable (conseguir la reelección), tarde o temprano llevaría al desastre si es que merced al Fondo no estalla antes de las elecciones. La segunda, perder las elecciones y entregar el gobierno pero retener el poder mediático, financiero y judicial, permitiría imputar el inexorable desastre a otros. De cualquier manera, tarde o temprano deberán dar cuenta del desastre, pero cuanto más tarde sea peor serán las consecuencias.

Se trata de un programa maligno al extremo, pero la encrucijada existe, está frente a nuestros ojos. Y la salida no es bajar los brazos, sino hacerse cargo de las dos variables, enfrentarlas, denunciarlas, crear consciencia. El hombre y la mujer deben dejar de sentirse en soledad y esperando, alguien les debe explicar y acompañar, y eso no puede hacerlo nadie más que el movimiento popular cuyas raíces se remontan a nuestros próceres de la emancipación, pasando por los caudillos federales y renovándose en el siglo pasado. Esa es la voz que esperan el hombre y la mujer que cargan ahora su angustia.

No estamos en una encrucijada insalvable ni mucho menos, sólo que es necesario actuar sabiendo que debemos enfrentar un único y claro objetivo estratégico (el sometimiento al colonialismo financiero) que ensaya dos tácticas posibles y no excluyentes: seguir hasta la catástrofe o permitir que estalle volando las manos de otro para adjudicarla a la víctima manca.

No basta con ridiculizar el mensaje presidencial, la teatralización, sino caer en la cuenta de que no es nada ingenuo, que muestra la maligna intención de colocar a toda la fuerza popular y nacional en una encrucijada y es deber de ésta estar a la altura de las circunstancias y, por consiguiente, advertir y denunciar la táctica desplegada por quienes quieren seguir entregando la Nación. Esto debe ser gritado con fuerza en cada plaza, en cada barrio, en cada esquina, para que todo el aparataje de tecnología de la mentira resulte inútil. Ahora sí, cada uno de los hombres y mujeres que integran el movimiento popular, en serio lleva en su mochila el bastón de mariscal. Todos somos responsables frente al desafío colonial.

*El título pertenece a los editores de la página.