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sábado, junio 27, 2026
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Informe económico mensual

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En este documento destacamos indicadores sensibles basados en la Balanza de Pagos (BP), en el Balance Cambiario (BC) y en los números del Intercambio de Comercio Argentino (ICA). También incluimos la información de la Recaudación Tributaria y los datos de la ejecución Base Caja, y algunos números sobre la importancia de las Importaciones. Este trabajo tendrá una segunda parte que pasaremos en los próximos días con datos sobre las cuestiones monetarias, la deuda externa y la bruta de la Administración Central, y agregados. La idea es plantear algunos de los temas y números que seguramente discuten o discutirán las autoridades de economía con el FMI. De ahí las tres referencias alusivas. Con la pandemia como sombrilla que continúa en plena carrera y un micra Covid-19 fortalecido, tratamos de contener indicadores hasta fin de año, o sea con algunas estimaciones, que esperemos no nos dejen como la mona, pero siempre la realidad nos pasa por encima. Tratamos de registrar lo que importa, si lo logramos en buena hora, de lo
contrario, en una segunda oportunidad arrimaremos.

Para encuadrar el documento empezaremos por brindar tres reflexiones, realizadas a partir de autores consagrados, algo que ya veníamos haciendo como latiguillo. En este caso nuestra misión es tratar de vincular esos pensamientos al FMI.

a) Siempre tenemos en cuenta a Fontanarrosa, a Inodoro Pereyra, también a Mendieta tanto sea como filósofos, economistas o historiadores. En esta oportunidad, que mejor que recrear los diálogos de “La Ilíada” según Fontanarrosa y agregarles alguna actualización a diciembre de 2020 de cosecha propia: Nos encontramos en la historia con un cantante popular y su cítara, nada menos que el Gran Homero (cantautor), que a voz en cuello canta uno de sus célebres poemas: “Minerva canta en Argos como ninguna y en cada verso pone su corazón, a friso del Parnaso su voz perfuma, Minerva tiene pena de Aganmelón”: Lejos, muy lejos, podríamos decir en Washington, dos soldados funcionarios internacionales comentan: “¡Por Euterpe! ¡Hostiga mis témpanos la oda testimonial! Y agrega uno: “Debemos avisarle a Kristalina Georgieva” y el otro responde: “No, mejor no, pensará que ha salido algo malo en el oráculo de Argentina”.

b) La segunda involucra a Chance Gardiner (alias el Jardinero), convertido a partir de sus palabras inconmensurables en el hombre más consultado de Estados Unidos. Estaba en la residencia de Ben Rand, su anfitrión, el poderoso hombre de negocios de ese país, cuando llega de visita el presidente de Estados Unidos. Entonces Gardiner, con voz tranquila, se dirige a los dos y desgrana su pensamiento más conocido: “En todo jardín hay una época de crecimiento. Existen la primavera y el verano, pero también el otoño y el invierno, a los que suceden nuevamente la primavera y el verano”, y con su severidad habitual continúa: “Mientras no se hayan seccionado las raíces todo está bien y seguirá estando bien”. No quiero agregar detalles de la historia, pero terminó siendo presidente de USA y no era para menos. ¿Importa? Y sí, Estados Unidos es socio mayoritario del FMI, tiene el 16.74 % de los votos y poder de veto en algunas decisiones.

c) En la tercera volvemos a Keynes, antes de terminar la Segunda Guerra Mundial: “En ese tono Keynes empezó a pensar sobre futuros acuerdos monetarios en Tilton en agosto de 1941. Estas ideas le ocuparían la mayor parte del resto de la guerra. En Washington, Harry Dexter White, del Tesoro de Estados Unidos, también estaba pensando en futuros acuerdos monetarios. El compromiso entre los planes que los dos hombres elaboraron se conocería como el sistema de Bretton Woods”. El FMI y el Banco Mundial al que Keynes no pudo ver plenamente por cuanto falleció el 21 de abril de 1946, cuando aún se estaban discutiendo
aspectos organizativos. Pero hoy 2021 continuamos diariamente interactuando con el FMI y el Banco Mundial. A 75 años de la muerte de Keynes en Tilton (Sussex – Gran Bretaña), muchos de los aspectos de Bretton Woods siguen generando ruidos y el pensamiento de uno de sus autores sigue presente.

 

Informe económico mensual enero 2021

 

 

Un peronista en vaca viva

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Gabriel Delgado es un personaje difícil de encasillar. Cuestionado tanto por el ruralismo clásico de la Mesa de Enlace como por las corrientes ambientalistas, se la pasa tirando diagonales para salir por arriba del laberinto agrario argentino. Formado entre el INTA y el CEMA –usina académica del liberalismo autóctono–, fue la mano derecha del último ministro de Agricultura de Cristina Fernández, Carlos Casamiquela, fallecido hace poco a causa del COVID-19. Los baqueanos del conflicto campestre lo recuerdan por su habilidad para mantener a raya, entre 2013 y 2015, a los grandes jugadores del agronegocio, mientras pulseaba con la mismísima ex presidenta para impedir un acuerdo con Monsanto que hubiera favorecido a la trasnacional estadounidense en el estratégico mercado de las semillas.

Sin embargo, fuera de los círculos palaciegos del mundillo agropecuario, Delgado saltó a la fama cuando apareció sentado a la derecha de Alberto Fernández en aquella famosa conferencia de prensa donde se anunció la expropiación de Vicentín. La agresiva reacción de las huestes propietarias motivó el recule del gobierno nacional, que no supo ni quiso dar pelea. El flamante interventor intuyó temprano que, tal y como fue planteada, la batalla estaba perdida desde el arranque.

¿Por qué salió tan mal la intervención a Vicentin?

—»Error de cálculo». Creo que Alberto lo reconoció en las últimas declaraciones. De hecho, salió por decreto la intervención. Después que una empresa afectara a tanta gente con un default tan grande, a nadie se le ocurrió pensar que la sociedad iba a interpretar esto como un ataque a los derechos de propiedad en general. O que la política pudiera construir ese mensaje. Acá lo que se quería era garparle a la gente que estaba empernada, en particular a los más chicos que ahora difícilmente zafen de un arreglo muy hostil. Alberto no quería ayudar a la empresa y que los beneficiarios sean los accionistas. Él dijo: «vamos a salvar a la empresa, no a los accionistas». Parece lo mismo, pero no es lo mismo. Nosotros creíamos que la forma de salvar a la empresa era cuidar a los acreedores también. Primero, porque un tercio de las acreencias son del Estado nacional, que es quien iba a ayudar. Otro tercio son las deudas comerciales, que son de las que te van a traer la materia prima para volver a producir. Y los bancos internacionales, que después de Vicentin han cambiado un poco la mirada sobre la Argentina.

¿Había un plan o fueron a ver con qué se encontraban?

—Hicimos un plan de negocios junto al gobierno de Santa Fe. Lo presentamos ante el Juez. Vicentin tiene varios problemas, pero el principal es la materia prima para darle de comer: sin los granos, ese bicho es un depósito de fierros viejos. Vicentin necesita moler ocho millones de toneladas de soja para maximizar su valor y a partir de ahí ofrecerle un buen arreglo a los acreedores. Ocho millones de toneladas de soja son el 20% de la producción Argentina. ¿Y quién te la va a entregar después de que la empresa no le garpó a los productores? La forma que tenés de convencerlos es comprar de contado. Pero Vicentin no tiene plata. No quedó nada de capital de trabajo. No tenés ni dinero ni reputación para hacerte de la molienda. Con un daño reputacional de ese calibre, no fue la mejor idea partir de una “expropiación”, porque necesitabas generar confianza.

¿Pero había alguna posibilidad de que el Estado pusiera plata sin anunciar la expropiación? Es decir, ¿cómo podías evitar que los mismos accionistas fraudulentos se quedaran con la empresa luego de ser saneada con fondos públicos?

Es una buena pregunta. A lo largo del proceso presentamos tres propuesta distintas de intervención: la de Alberto a través del Decreto, la que proponen el Banco Nación y el Banco BICE como acreedores en el marco mismo del Concurso, y la tercera alternativa fue de la Inspección General Provincial de Justicia de Santa Fe, a través de un fideicomiso. Pero el Juez no le dio lugar a ninguna de las tres propuestas. Entonces el presidente Fernández dijo: «bueno, si el Juez no quiere ninguna intervención, yo no puedo llevar adelante una recuperación de la empresa con este directorio que es el que generó el default, ni hacer un beneficio para la empresa si la propiedad va a quedar en manos de los accionistas». Viendo ya que todos estos caminos eran imposibles, porque no hay ninguna otra forma de intervenir, bueno… game over.

Más allá de la urgencia financiera de esta empresa en particular, ¿no había una voluntad de dar un primer paso para la participación estratégica del Estado en la comercialización de granos?

Para eso yo hablo de YPF Agro, no de Vicentin. YPF vende mucho gasoil históricamente, y ahora también agroquímicos y fertilizantes. Tiene un departamento dentro de la petrolera muy prolijito. No posee un puerto propio, pero sí cuenta con cien acopios de originación. Sería algo muy interesante que YPF Agro aparezca como una empresa de referencia para la política agraria, porque tiene un potencial muy grande. Por ejemplo, podría invertir en los proyectos que el Estado considere estratégicos, así como hoy YPF invierte en Vaca Muerta. Podríamos tener sucursales en Shanghái y en Rotterdam para vender nuestros propios alimentos en destino, como hacen las grandes traders. Y socializar un poco los beneficios de la producción de granos en el conjunto de la sociedad, como hacemos con el petróleo. YPF podría ser una empresa que implemente planes de promoción, por ejemplo del riego; o para el desarrollo de nuevas cuencas agrícolas que hoy no están disponibles por problemas de agua, flete u otros; orientar la inversión pública en materia de caminos, conectividad, un montón de cosas. Si COFCO está en Argentina, ¿por qué nosotros no podemos tener una sucursal de YPF en China? Yo digo por la reciprocidad. Es como que nos achicamos los argentinos, ¿viste?

¿Sería la función que en su momento cumplía la Junta Nacional de Granos?

La Junta de Granos tenía poder de policía. Y facultades para imponer precios. Vos no te olvides que en la época en que existía la Junta no había precio futuro. Y había un mercado financiero alrededor del agro muy rudimentario. Yo no digo una Junta de Granos sino algo moderno, que esté acorde al desarrollo del mundo de hoy. La Junta era el brazo regulatorio del Ministerio de Agricultura en materia de comercio de granos. Pero en realidad lo que se deshace solamente es la facultad de comercializar, todas las otras funciones de regulación están en la ONCCA, fundada por Felipe Solá en 1992, que hoy se llama Dirección de Control Comercial Agropecuario. Distinto es que no haya decisión para regularlos… o criterios.

La reforma agraria sin tierra

Nacido y criado en Coronel Suárez, en el sur del territorio bonaerense, en los límites de la pampa húmeda, es uno de los intelectuales que mejor conoce las miserias y potencialidades del modelo agroexportador. Por eso habla de la Logia Primarizante Argentina (LOPA), un término irónico acuñado por él para referirse a esa compulsión por exportar materias sin valor agregado.

Delgado se exaspera porque visualiza la jugada de pizarrón con la que cree poder sacar a la Argentina de su escasez de dólares y a millones de personas de la pobreza. Pero la pelota no quiere entrar. Y la principal resistencia proviene de una suerte de “chip” transversal a todo el espectro político, que impide pensar más allá de la venta de commodities al mundo. Para Delgado, cortar ese nudo gordiano obliga a imaginar un cambio radical en la fisonomía del campo argentino del siglo XXI.

¿Cuáles creés que son las líneas principales de esa famosa “Vaca Viva” de la que habla el agro?

Yo creo que tendríamos que centrarnos en una o dos políticas, mirando a la alimentación del mundo y a la química verde. Para eso es necesario derribar el mito de que Argentina produce alimento para 400 millones de personas, porque eso no es cierto: Argentina produce alimentos para engordar animales.

O sea, en vez de exportar productos primarios como maíz o soja, vos dirías de procesarlos acá. ¿El acuerdo con China por los cerdos se inscribe en ese horizonte?

Creo que las carnes deberíamos aprovecharlas todas. No sólo la de cerdo. También la carne de vaca, de pollo, de pescado, hay muy pocos proyectos ictícolas acá. No puede ser que en Argentina, con todo el maíz que tenemos, importemos el salmón. Que Argentina recién ahora, después de 200 años de existencia, se esté autoabasteciendo en carne porcina es una obscenidad. Mientras tanto, tenemos el récord de exportación mundial de maíz. Hay cosas que están mal.

¿Y qué pasa con las críticas ambientalistas a ese modelo de producción de alimentos?

Hay que vincular el proyecto exportador del sector agroindustrial con la pobreza urbana. Porque una ventaja muy grande es que estos proyectos no compiten por la tierra. Es como una fábrica. Lo que sí tenemos que mirar es que la tendencia vegana es irreversible. Y que el 80% de los chicos de menos de veinte años no comen carnes o quieren dejar de comer carnes. Esto de los chanchos es para los próximos diez años, mientras podamos darles de comer a los chinos, pero ya tenemos que estar pensando en lo que viene. Hay una empresa que se llama Beyond Meat (“Más allá de la carne”), que ya está acá en Argentina comercializando hamburguesas vegetales con gusto a carne. Cuando salieron a cotizar en Wall Street, la primera semana la empresa llegó a valer lo mismo que el rodeo de vacas de cría de la Argentina. O sea, todas las vacas de cría de la Argentina valían lo mismo que la empresa que hacía carne vegetal con gusto a carne. El principal insumo de estas hamburguesas es la arveja amarilla, que no hay en Argentina o hay muy poquito. Y no podemos sembrarla acá, a pesar de que en el NOA sería fácil de hacer, porque no hay ningún semillero de arvejas amarillas en toda la Argentina. ¿Por qué? Porque no hay ley de semillas. Uno de nuestros principales rubros exportadores está siendo sustituido «in your face», porque hay una movida vegana imparable en el mundo y no tenemos este cultivo. Cuando rascás un poco por qué no tenemos ley de semillas, en realidad es porque Monsanto ya tiene una patente sobre la soja y no le importa el resto, bloquea lo que haya alrededor.

¿Pero no es Monsanto el que quiere imponer una ley de semillas y los productores quienes la resisten?

Acá existe lo que yo llamo la “Logia Primarizante Argentina”, que controla la política agrícola desde hace muchos años y también domina la oposición a la política agrícola. El objetivo es mantener el statu quo, casi siempre es en voz baja, nunca salen en los diarios. Es gente muy poderosa, generaciones que se van pasando la posta, y una porosidad muy grande entre el sector público y el sector de estas traders, también integrantes de muchos partidos políticos, te diría de casi todos. En este tema las antípodas se tocan y tienen a veces intereses muy parecidos, porque también abarca a una parte del progresismo que termina avalando seguir vendiendo maíz. Hablo también de los que dicen que las políticas agrícolas tienen que ser para los pequeños agricultores, porque entonces dejamos a los grandes que sigan exportando granos. Hay mucha gente que, sin saber, participa de esta logia que concibe a la Argentina como un granero del mundo. Está en “el gen” de sectores que terminan estando a favor de aquello que putea. Es muy funcional esa convivencia entre el liberalismo del interior y el progresismo porteño, hay una complicidad subyacente, tácita, no estructurada, no hay una mano negra, no estoy hablando de eso. Pero pienso que la historia del país se ha ido estructurando en esas zonas de confort, de no disputa a lo largo del tiempo, y se ha ido sedimentando.

Cuando Alberto insertó la expropiación de Vicentin en un horizonte de soberanía alimentaria, masificó el debate sobre este concepto: ¿vos qué pensás?

Es un concepto importado. No le veo mucha raigambre, pero son palabras que caen bien. Igual que la idea de la agricultura familiar.

Pero soberanía alimentaria implica pensar ante todo qué se come y cómo se produce lo que se come acá.

Sí, está bien, pero yo digo: antes nosotros tenemos que pensar cómo salimos del 40% de pobreza. Me parece una agenda muy cómoda esa, muy cool, muy palermitana. Es un océano de dos centímetros de profundidad. El problema es cómo salimos de este atolladero que en los últimos 45 años multiplicó por diez la pobreza en Argentina. Te cambio el concepto: en lugar de soberanía alimentaria, hablemos de geopolítica de los alimentos. Porque si vamos a llegar a los nueve mil millones de personas en el mundo en 2050 y está tan complicado el tema ambiental, la cuestión de las proteínas va a ser uno de los temas geopolíticos más importantes. Y así como el petróleo dominó la geopolítica del siglo XX, las proteínas pueden dominar la agenda del siglo XXI. En ese marco, creemos una empresa nacional de alimentos. Y solucionemos el problema de la alimentación que tiene el 40% de los pobres de la Argentina, metiendo el tema del hambre dentro de la política agrícola. Yo creo que el Ministerio de Agricultura tendría que ser el Ministerio de Agricultura y Alimentación.

Palos, zanahorias y ratones

Mucho antes que China nos comprara soja y propusiera producir millones de cerdos, el líder Deng Xiao-Ping ya había acuñado una de sus frases célebres que pavimentaron el después de Mao: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Es decir, da lo mismo si el modo de producción es socialista o capitalista, el objetivo consiste en desplegar al máximo las fuerzas productivas.

Algo de esto se respira en el desarrollismo nacional y popular de Gabriel Delgado, un horizonte de modernización en el que cabríamos todos, pero que se apoya en los grandes jugadores del agronegocio. El problema es que tales actores no parecen estar en sintonía con el cuentito de agregar valor, generar empleo y dejar de fugar capitales. Nada que no pueda resolverse apelando a dos herramientas milenarias: el palo y la zanahoria. El verdadero problema a resolver es quién tiene la “voluntad política”.

Si el problema es salir de la primarización, ¿nuestra esperanza sería el Consejo Agroindustrial Argentino?

De las 53 organizaciones que forman el Consejo Agroindustrial hay solamente 3 o 4 que son del sector primario. Es una lógica mucho más industrial. Y no están los dos actores principales de la oposición al peronismo, que son la Sociedad Rural Argentina y CREA, que tuvieron el control de la política agrícola durante la gestión del PRO. Pero hay de todo: la pesca, las frutas finas, casi todas las economías regionales, las organizaciones de la leche, de la carne, algunas de frigoríficos. Es recontra heterogéneo y muy incipiente. Ojalá que dure mucho porque yo creo que es muy bueno para la Argentina.

En el Consejo Agroindustrial están los intereses más poderosos de ese sector, incluso más poderosos que la propia Sociedad Rural: ¿no es peor el remedio que la enfermedad?

Entiendo el punto. CIARA-CEC (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y Centro Exportador de Cereales) tallan fuerte ahí adentro y traen los dólares, pero la verdad es que el Consejo Agroindustrial reúne a 53 cámaras. Menos CIARA-CEC y algunas químicas, son todas representaciones nacionales. Me parece que eso es lo valioso del armado.

El Consejo Agroindustrial le pide una serie de garantías al Estado para invertir y exportar más: ¿cuál es la garantía que puede tener el Estado de que esos dólares que entran no se van a fugar como pasa hoy?

Esto funciona así: los productores retienen a los granos como reserva de valor. Ahora, esos 70 mil productores no pueden hacer una acción colectiva. Las grandes traders dependen de que ellos liquiden, es decir que se deshagan de la mercadería; por eso ellos tienen el botón de la aspiradora. Si dicen: «bueno, salgo a comprar soja porque voy a exportar», avisan a los 10 mil acopios que trabajan para ellos y toda esa maquinaria, toda esa aspiradora de la pampa húmeda, empieza a chupar soja porque cada uno de los compradores de los acopios empieza a llamar a los productores. El tema es que esa aspiradora tiene que prenderse. Porque si vos no prendés la aspiradora no te vas a hacer nunca de los granos.

¿Vos decís que esa aspiradora no se prendió en 2020 y por eso hubo que sentarse con las traders para que aprieten el “botón rojo”?

Yo creo que no se prendió. Vos tenés que empujar un poquitito la pelota. Si encima están en un contexto de inflación y de expectativa de devaluación, siempre hay que empujar a los gauchos para que te liquiden.

¿Pero para obligarlos el Estado siempre tiene que ceder o hay alguna manera menos extorsiva de regular?

Mil formas tenés. Primero, si querés podés sacarle la matrícula para que no exporten más. El Ministro de Agricultura tiene a tiro de firma impedir que cualquiera de las traders exporte en la Argentina. Claro, hay que pegarle al chancho para que aparezca el dueño. Yo creo que, en un marco de confianza, podés tener una posición negociadora dura. No tenés que ser un entreguista del país para generar respeto. Podés ser un tipo duro y generar credibilidad. ¡Mirá la Merkel!

Pero es evidente que el interés de los traders y las necesidades del país mucho no coinciden.

Esos jugadores tienen vía libre para mover el valor de la moneda de un país, imaginate lo que eso significa. Y quizás no de un solo país, sino de muchos. Hay muchos especialistas en finanzas que generan martingalas con posiciones financieras y si le pasa algo a la moneda argentina se hacen millonarios. ¿Cómo haces para contrarrestar ese incentivo?

¿Cómo?

Para mí la solución, lamentablemente, es arreglar en el corto plazo y tratar de salirte en el mediano y largo, si no te van a tener de rehén toda la vida. Nosotros tenemos problemas con el clima y ya sabemos que la moneda se devalúa al otro año, o tenemos alguna demora en la liquidación de dólares y hay que mover el valor de la moneda. Mientras sigamos así vamos a estar expuestos a que nos chupen la sangre de por vida. Por eso la única solución es salir de la exportación de materia prima pelada. Todo lo que nos permita subir en la cadena trófica, salirte del vegetal e ir a otros escalones, te ayuda a ir amesetando el riesgo climático, porque ya vas produciendo en base a lo que guardaste. Es diferente la lógica.

¿Qué hace falta para eso?

Falta conducción desde hace años en la política agrícola. Porque lo que tenemos es una guerra de bandos, entonces el incentivo para las autoridades de la cartera agropecuaria es tomar partido y dar respuestas a uno de los sectores. Yo soy un convencido de que existe una diagonal para salir de ahí, que supere las soluciones extremas o contrapuestas. Necesitamos un político que conozca el sector y ponga en marcha un nuevo principio de industrialización en la Argentina. Si nosotros llegamos a tener vectores industrializantes de aviones en Córdoba, ¿cómo no vamos a industrializar el maíz?

¿O sea que todo depende de que tengamos al ministro de Agricultura indicado?

No, de Economía. Ahí es donde se corta la pizza.

 

 

https://www.revistacrisis.com.ar/notas/un-peronista-en-vaca-viva

 

 

Economía 2021: conflictos, acuerdos, regulaciones y nuevos actores con viejos proyectos

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Al reseñar las esperanzas de recuperación socioeconómica para el 2021, formulamos desde esta columna la existencia de cuatro acechanzas que conspiran contra dicha recuperación. La primera de ellas es la batalla que se libra en el verano por implementar el plan de vacunación masiva, piedra angular de la libre circulación de bienes y personas que permita consolidar la curva de expansión de actividad esbozada en el tramo final del año pasado. La segunda acechanza es que la inestabilidad del sector externo amenace con volatilidad cambiaria a la recuperación. La tercera acechanza es la presión inflacionaria de los monopolios formadores de precios que lesionen los ingresos populares, complicando la demanda. Y la cuarta acechanza es un acuerdo con el FMI que derive en un Plan de Austeridad clásico.

Abordaremos la tercera acechanza que implica el jaque inflacionario en el mercado interno. La inflación minorista del 2020 acumuló 36,1% situándose 18,8 puntos por debajo del año 2019, que fue de 53,8%. Esta medición puede ser alentadora si se soslaya que la caída prevista en el nivel de actividad del año en que explotó el virus se aproxima al -10%. Consecuentemente, una recuperación sostenida puede derivar en mayor suba precios.

Cuando el promedio general del índice se desagrega, se advierte que la escalada de precios en alimentos y bebidas alcanzó el 38,4% a lo largo del año, con fuerte incidencia en ese rubro del comportamiento de la carne vacuna, que llegó a un promedio de 56,9%, con subas que oscilaron el 65% en algunos cortes.

El ministro Guzmán abordó este tema con precisión al exponer ante empresarios en Entre Ríos, cuando señaló al referirse al mercado de carne vacuna que «vamos a ver en los datos de INDEC que el principal aumento está allí. Lo que el Estado busca aquí es gestionar para que el sector pueda, a nivel internacional, vender a precio internacional, pero que haya abastecimiento asegurado en el mercado interno a precios que no reflejen la inflación internacional, de modo que el efecto del shock sea progresivo, que toda la sociedad se beneficie de ese shock». Para rematar que «lo estamos haciendo sobre la base del diálogo, no sobre la confrontación. Pero tengamos claro que esto es una tarea colectiva. El entendimiento tiene que beneficiar a todos. Que no haya un sector que gana y el resto pierde».

La combinación tasa de interés internacional muy baja, derivada de la expansión de la liquidez en los EE.UU., con los fuertes estímulos al consumo en China, conforma un escenario de suba de los precios de los alimentos similar al que rigió en el lapso 2008-2013 como respuesta al crack financiero global.

Este contexto favorable para la estabilidad del sector externo argentino debe combinarse con la recuperación del mercado interno, desvinculando los precios locales de los consumos alimentarios respecto de sus valores internacionales. Tal como lo marca el ministro de Economía y como se ha reclamado desde varios grupos de economistas afines a la coalición peronista entre los que se incluye este columnista.

Recientemente asistimos a la “guerra del maíz”, librada para asegurar el abastecimiento de alimento balanceado para la producción de pollos, cerdos y lechería, limitando las ventas al exterior del maíz, cuyo precio en el mercado internacional trepó un 35% en escasos meses hasta los u$190 la tonelada.

El conflicto se saldó en el marco de una negociación entre el Gobierno y el flamante Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), asumiendo un acuerdo a futuro para garantizar el abastecimiento del insumo para las producciones agroindustriales nacionales y trabajar con la idea de “saldos exportables” de la cosecha remanentes después de la remisión del grano a los demandantes locales.

Es la segunda vez que el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) emerge intentando un consenso con el Gobierno para administrar los impactos internos del escenario mundial descripto, que desemboca en la suba generalizada de los precios internacionales de los alimentos.

Estos intentos de convergencia, que tienden a evitar medidas regulatorias directas como la suba de los derechos de exportación o la intervención estatal directa en el proceso de comercialización, todavía no han evidenciado resultados concretos palpables, pero reflejan el sendero que, por ahora, el Gobierno ha decidido recorrer.

Es real que el paro agropecuario decidido por la acérrima opositora Mesa de Enlace se ha diluido y el CAA dialoguista ha prevalecido, bosquejando la idea de estructurar a largo plazo un modelo agroindustrial exportador con nuevos agentes económicos en el sector agropecuario que se inserte resueltamente en el mercado chino y otros países emergentes de Asia como los situados en Indochina e Indonesia.

Avanza en definitiva una idea planteada hacia fines de la década del treinta por Federico Pinedo (abuelo) de industrializar parte de la renta agropecuaria y definir una inserción internacional diferente a la existente hasta ese momento dentro del Imperio Británico en decadencia. El 17 octubre de 1945 liquidó ese proyecto y se avanzó en un proceso de industrialización masivo e inclusivo, financiado por la renta agropecuaria abultada en el contexto de posguerra.

Este “revival” obliga a las mismas preguntas de entonces: ¿cuál es la participación del pueblo argentino en las riquezas extraordinarias derivadas de los recursos naturales del país que todos y todas con nuestro esfuerzo contribuimos a defender?

El acceso masivo a la energía y los alimentos es clave para sostener a los ingresos populares y expandir el mercado interno. La coexistencia de un modelo agroindustrial exportador con un consumo interno robusto es viable si los acuerdos alcanzados explicitan claramente los conceptos de “saldos exportables” e “industrialización de la renta primaria agropecuaria”, promoviendo un proceso de consumo, inversión y exportaciones armónico.

Argentina ingresa en este proceso de debate de proyectos en un mundo en crisis y cambio, gobernada por una coalición peronista heterogénea. Una salida estable depende de una comprensión acabada de estos escenarios por parte de nuestros dirigentes.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/conflictos-acuerdos-regulaciones-y-nuevos-actores-con-viejos-proyectos-2021115214723

El desafío de regular los criptoactivos

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El GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) es una organización intergubernamental creada en 1989 por los países integrantes del G-7, que fija los estándares internacionales y promueve la efectiva implementación de políticas, medidas legales, regulatorias y operativas para prevenir y combatir el Lavado de Activos, la Financiación del Terrorismo y la Financiación de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva (LA/FT/FPADM), así como también otras amenazas relacionadas con la integridad del sistema financiero internacional. Esta organización tiene en su agenda una evaluación mutua para Argentina (miembro pleno del G-20) durante este año para analizar el cumplimiento técnico y la efectividad de sus 40 recomendaciones.

El origen de estos criptoactivos se remonta 10 años atrás con el bitcoin, una forma de dinero electrónico para transferir pagos on line. Cada nodo digital en los que se estructura este activo digital cumple la función de conectarse a una red que administra y conecta las transferencias por lo que son independientes a pesar de configurar un sistema.

En la actualidad existen más de 300 criptoactivos.  El GAFI habla de estos temas en su recomendación 15, la cual fue modificada en junio de 2019, en plena pandemia de covid-19. En ella recomienda que los países y las instituciones financieras identifiquen y evalúen los riesgos de lavado de activos o financiamiento del terrorismo que puedan surgir con respecto al desarrollo de nuevos productos y prácticas comerciales, incluyendo mecanismos de envío y  el uso de nuevas tecnologías/ desarrollos. En el caso de las instituciones financieras, esta evaluación del riesgo debe hacerse antes de su lanzamiento. Por último, los países como el nuestro y las instituciones financieras deben tomar medidas apropiadas para administrar y mitigar esos riesgos.

La Unidad de Información Financiera, organismo autárquico del Poder Ejecutivo Nacional, mediante una Resolución de 2014 adoptó una definición para las llamadas “monedas virtuales” considerándolas como toda representación digital de valor que puede ser objeto de comercio digital y cuyas funciones son la de constituir un medio de intercambio, una unidad de cuenta, una reserva de valor sin respaldo de jurisdicción o país alguno.

Dicha resolución impone la obligación a determinados sujetos obligados públicos y privados de reportarlas en determinadas ocasiones.

En 2020 la UIF reforzó esos criterios en un comunicado al identificar el aumento global de las transacciones de estos activos.

En nuestro país existe un proyecto de ley presentado por la diputada del FDT de la provincia de Buenos Aires (Liliana Schwindt), el cual se inspira en el modelo colombiano. En principio estas operaciones quedarían enmarcadas en el sistema del mercado de capitales y regulados por la Comisión Nacional de Valores y la Unidad de Información Financiera. Un paso fundamental para su control es la registración de las entidades que pueden operar con estos activos digitales.

Los esfuerzos en la implementación de políticas públicas de control y transparencia sobre los criptoactivos, cobran especial relevancia en el marco de una renegociación de deuda con organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial que tienen estrecha vinculación con el GAFI.

La nueva representación democrática en la madurez del capitalismo

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Los sucesos últimos en el Congreso de EE.UU demuestran que un sector de partidarios del presidente Donald Trump, perdedor en las elecciones, intentó interrumpir el acto de certificación de los representantes designados y de esa forma deslegitimar el acto democrático y poner en duda la elección y buscar una negociación para otra elección o para condicionar las medidas de los cíen primeros días del nuevo presidente.

Para eso Trump usó una “patota” en términos latinos o “mob” o “hooligans” en términos de EE.UU o Europa.

Esta forma de expresión política era anunciada por los miembros más fanatizados de la derecha del partido republicano, sin embargo asombró al mundo y es un llamado de atención en relación a la continuidad de las normas y códigos del sistema capitalista en la crisis de madurez que vive.

Ciertos rasgos de lineamientos de políticas se van a provocar en lo inmediato.

En los aspectos sociales: UN COMPROMISO con vacunar a la mayor cantidad de personas en el centro del sistema:

*Un subsidio a sostener con ayuda social a los sectores carenciados, sumidos en la pobreza, y sin ocupación en EE.UU, Europa y países emergentes.

*Medidas como las ayudas de 2000 u$s de propuesta electoral de Biden en remplazo de los 600 u$s de Trump.

*Tasas de interés cercanas a 0 % para créditos a pequeñas y medianas empresas.

*Búsqueda de reducir la desocupación en los jóvenes y los gastos para financiamiento de la educación privada facilitando becas y créditos para estudios superiores.

La llamada expansión monetaria, sin contraparte real (quantitative easing), que tiene efectos diversos si se ejerce en la idiosincrasia del consumo de EEUU,  puede impactar en consumo inmediato y gastos familiares pero con inflación limitada y rápida absorción en el déficit.  Un comportamiento similar en sociedades intermedias como Brasil o Argentina  exige una reacción mayor en la licuación en precios o reacción inflacionaria.

Sin embargo, retornando a la brecha que produce esta actitud disruptiva de Trump, obliga a las fuerzas democráticas a considerar cómo producir una resiliencia en las formas de expresión política.

La muta tribal sale a tratar de destruir al rival para la caza y para la reproducción. La vandalizacion es su tarea y busca insertarse en la masa con consignas y órdenes que se generalizan y se reiteran sin discusión. Hoy, a través de formas de viralización y comunicación virtual.

La masa se somete y acepta esta penetración política, ya que en la crisis va perdiendo voluntad de asumir respuestas conscientes y racionales, y se deja empujar por un conjunto extremista y circunstancial, cuyo compromiso se expresa en un momento de ocultamiento sobre la diferencia social entre el bien y el mal.

No es válido el paralelismo con la marcha sobre Roma del fascismo italiano o la “Noche de los cristales” del comienzo nazi en la República de Weimar.

Estos fueron sucesos que  provocaron la cristalización de frustraciones sociales más objetivas, de las que se dieron en la campaña política y los antecedentes del periodo 2020.

Esto es una agresión en el siglo XXI y en el centro del sistema con un líder que puede desatar una guerra nuclear y sumar a formas de extrema derecha en todo el mundo.

Tenemos que analizar mecanismos internacionales de remisión de los daños que causa esta actitud política, en nuestro propio sistema democrático.

Así como el tema de derechos humanos tuvo un tratamiento particular después de las masacres de los 60 del siglo XX. Ahora se necesita cauterizar esta brecha en la forma de expresión de la política en la democracia posterior a Trump y a los supremacistas blancos de EE.UU y Europa.

Resulta necesario un retorno a la consciencia social con racionalidad para afrontar respuestas sanas en relación a la pandemia, al cambio productivo y al acceso a nuevos procesos de industrialización, al reconocimiento del cambio climático y de tecnologías limpias en el futuro inmediato.

Para que esto se pueda desarrollar, un paso en paz en el gobierno de los EE.UU es una necesidad, los matices que se pueden producir en esta crisis política de la madurez del capitalismo, son más trascendentes que los que se perciben desde una mirada de la periferia.

En la economía es evidente una recuperación del capital en la bolsa de Wall Street y en la especulación en acciones industriales y de servicios, donde todo este año se produjo la erosión de la depresión del coronavirus y la brecha política. Al igual que el deterioro del dólar  frente a los otros valores que dan mayor certidumbre de ser reserva de valor.

Las acciones en servicios y dinero electrónico, se disparan al alza, al mismo tiempo que ciertas commodities y recursos que acompañan el riesgo del mercado en su falta de tiempo histórico para salir de la crisis mundial.

En los países emergentes los productos primarios se ven favorecidos en una especulación de corto plazo, la demanda de China, la India, y otros países asiáticos, de Lejano y Medio Oriente, facilitan precios con amplio margen de ganancia, si tiene buena gestión el comercio internacional.

La crisis financiera va a impulsar una canasta de monedas de respaldo más diversa. El Oro, el Euro, el Yen, el Franco Suizo y la Libra Esterlina, vuelven a competir con el U$S. Pero aparece la moneda virtual, el Bitcoin, como refugio especulativo, orientando masas de alto riesgo para ocultar los movimientos de liquidez.

Los productos minerales raros, como el litio, el molibdeno, el cobre, o los alimentos escasos, trigo, maíz, soja y derivados, carnes, también entran en un rush especulativo de alto impacto en tiempos de inestabilidad política en el proceso político de EEUU y de la derecha en el mundo.

En este contexto una cohesión política en Argentina con conducción de un Mercosur ampliado puede facilitar “obras” y políticas de orientación de América Latina si se sabe participar en la idiosincrasia política de EEUU, de Europa. Pero también del Caribe y México, y de los Brics y el nuevo acuerdo del Asia-Pacífico y Oceanía.

El cambio en el gobierno de EEUU genera una posibilidad para una mejora en la inversión productiva, se podría pensar en un capital más industrial y con más interés en evitar la pobreza extrema y las masas de desocupados.

No implica modificar los límites de la sociedad americana, resabios de su historia, como la discriminación con la población afro-americana o la de origen latino. La mejora de esas relaciones puede tener impacto en América Latina y el Caribe:

*Buscando contener la presión migratoria al sur de México.

*Permitiendo las remesas entre países y los intercambios migratorios para trabajos de baja calificación o manuales.

*Mayor turismo y la integración de los paraísos fiscales al sistema “off shore” de liquidez bancaria bajo cierto control y regulación de la Reserva Federal de EEUU.

El otro elemento de política económica de interés, es el retorno a la validación accionaria en la bolsa, lo que retoma en estos próximos días como señal para los inversores y como respaldo de corto plazo a los bonos del Tesoro a 5 y 10 años que vuelven a servir como reserva de valor, similar a la propiedad de un activo real.

En nuestro ámbito de acción económica, es válido seguir operando la negociación de la deuda con el FMI en los términos de una búsqueda de plazos convenientes de pagos en u$s y manteniendo la ficción interna de múltiples tipos de cambio, y un bi-monetarismo que absorbe los pesos lentamente , buscando la obtención de excedentes genuinos. Excedentes provenientes del comercio internacional y del incremento de inversión directa en minerales raros y bienes alimenticios para el crecimiento en la salida de la pandemia, acompañando el crecimiento de los países asiáticos, en primer lugar China y de Brasil.

Por el momento la no definición sobre los tratados internacionales como Mercosur- UE o bilateral con el Banco de Comercio e Inversión de China, para el uso del reminbi /yuan como moneda internacional están sin resolver y desplazadas las prioridades por la vacunación y la respuesta al coronavirus.

Las opciones de desarrollo económico exigen definiciones que se postergan en función de consolidar una postura internacional de mayo solidez conceptual, entre periferia y país intermedio y evolución política en EEUU y la creencia en el derrumbe o catástrofe del capitalismo.

La falta de opciones y propuestas creativas respecto a nuestra moneda oscurece el análisis de la crisis productiva interna, de la gestión de la inflación y de los requerimientos de los organismos multilaterales de crédito.

La resolución del conflicto en la elección de EEUU puede darnos señales más orientadoras para nuestra política internacional y para nuestras definiciones de política local y regional.

 

¿SE PUEDE RESOLVER EL BIMONETARISMO CRÓNICO?

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La sociedad requiere del intercambio y no hay intercambio sin mercado. Pero el mercado no puede definir unilateralmente a la sociedad, porque el protagonista del mercado es el capital, una propiedad restringida a una parte mínima de la sociedad. En cambio, la sociedad es el conjunto social indiferenciado que requiere la acción ordenadora del Estado.

El mercado es necesario para el desarrollo del capital, pero el Estado debe regularlo, para ordenar los intereses contrapuestos entre el mercado y la sociedad y alcanzar un equilibrio que posibilite su desarrollo. De modo que la regulación del Estado tiene que equilibrar la ganancia con el crecimiento, porque es el crecimiento lo que sostiene el desarrollo social y la ganancia.

Una organización económica empieza en la producción y culmina con una moneda. Así, un mercado nacional supone una producción nacional  y una moneda nacional. Cuando un país se vuelve bimonetario, como la Argentina, y se fragmenta el uso de su moneda, ésta deja de serlo y una parte de sus funciones pasa a ser ejercida por una moneda extranjera. Y como a toda moneda que no surja de la producción propia hay que comprarla, la compra de moneda extranjera no solo queda restringida a la minoría que puede comprarla, sino que empobrece cada vez más al resto de la sociedad que no puede adquirirla. De ahí que la ganancia no puede estar asociada cada vez en mayor medida con la compra de moneda extranjera o con la realización de los precios internos en los valores de esa moneda.

Por eso, la regulación del Estado cuando hay bimonetarismo debe orientarse a desbaratarlo lo más rápido posible, porque de lo contrario, si persiste la tendencia al bimonetarismo, como sucedió con la mayoría de los planes económicos que se sucedieron en el país a partir de la segunda mitad de los años setenta, el resultado no puede ser otro que el retroceso productivo, la devaluación persistente y el empobrecimiento generalizado. La clave de este fracaso es que, de una u otra manera, esos planes intentaron alcanzar la convertibilidad con la moneda extranjera o –menos explícitamente- el extremo de la dolarización, a través de ajustes centrados en medidas monetarias y endeudamiento, y no mediante la insistencia en el desarrollo productivo y su combinación dosificada con los ajustes, que es –en última instancia- el difícil objetivo del ministro Guzmán.

Su política económica hay que entenderla en esa perspectiva. La actividad económica requiere la obtención de ganancia, Los empresarios y sus consultores van a pujar por acrecentarla, pero si la ganancia requiere la dolarización, la regulación que lleve a cabo la política económica tendrá que desarmarla de a poco en continuas batallas en que se irá de un extremo a otro en forma permanente, aunque achicando esas diferencias.

Por un lado, el mercado y sus consultoras y analistas siguen insistiendo en que las iniciativas oficiales solo se traducirán en un cambio drástico de perspectivas si se consolidan las subas en las tasas de interés, se amplía la oferta de divisas con un plan consistente fiscal y monetario que ignora de manera persistente las exigencias para mejorar la producción. Para ellos hay que persistir en el continuo reacomodamiento de la cotización del dólar, que no obstaculice la intensa especulación cambiaria, lo que implica una aceleración de las devaluaciones, que desde su mismo punto de vista es inexplicable porque la suba del dólar se transfiere a los precios, pese a que completan sus exigencias con que aparentemente buscan menos inflación. Para el mercado, los problemas estructurales de la economía y la estabilidad macroeconómica se resuelven solo por su intermedio, con la continuidad de las políticas públicas en el tiempo, o sea, continuando con los programas de ajuste que son los que han venido agravando el problema en la mayor parte de los últimos 35 años e insisten en que, de no ser así, se profundizarán tanto la depreciación como la volatilidad cambiarias, que ha sido el resultado de esas políticas.

Para la conducción económica, sólo a través de resolver los problemas estructurales (producción, productividad, costo de producción, competencia e inversión productiva) se puede enfrentar el déficit fiscal y la emisión, y con ese propósito la intervención oficial debe regular el mercado. De lo contrario, la persistencia en la compra de dólares y la inestabilidad cambiaria profundizarán los desequilibrios previamente existentes, como lo probó la gestión Cambiemos y la reconocida equivocación del FMI al redoblar el impacto de la deuda.

Es así que el eje del acuerdo no es conciliar el intento actual con las políticas del pasado sino en ver la manera de superar las contradicciones productivas, en primer lugar la planteada entre la producción primaria y la industrial y en consolidar la moneda nacional fortaleciendo un mercado financiero local para acrecentar el crédito a la producción antes que solventar la ganancia en la compra de divisas y la especulación cambiaria. El optimismo del presente no está en las declaraciones de Guzmán, sino en que aparecen sectores del agro que quieren coexistir con una política industrial, que hay grandes industriales que entienden que el futuro abre la posibilidad de un fuerte desarrollo de la industria y que la regulación del ministro no se sostiene solo en cumplir con sus objetivos sino que los va adaptando a la negociación en la que aparecen tanto la debilidad de la plataforma desde que lo intenta hasta los aspectos más inconsistentes de las propuestas de sus adversarios y el paulatino pero evidente cambio de escenario.

CUATRO TESIS SOBRE UN AUTO-PUTSCH[1]

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  • El contexto facilita la comprensión del texto. El telón de fondo del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 es un conjunto de dinámicas internas acumuladas en las que sobresale la ruptura de consensos posteriores a la Segunda Guerra Mundial y que comenzaron a debilitarse en los años setenta. El pacto político implícito entendido como un compromiso de obligaciones y expectativas entre trabajadores y empresarios, y en un sentido más amplio, entre el Estado, el mercado y la sociedad, fue resquebrajándose hasta llegar a una crisis de envergadura. Los elocuentes indicadores han sido el gradual desmantelamiento del Estado de bienestar y con ello el achicamiento de la clase media; el paulatino y, desde hace varios años, acelerado incremento de la desigualdad de ingresos y la consiguiente ampliación de la vulnerabilidad de grupos humanos y comunidades; las profundas transformaciones demográficas que fueron interpretadas por importantes sectores blancos, masculinos y poco educados como una suerte de pérdida de la identidad nacional; el aumento de la anomia social acompañado de una manifiesta percepción de inseguridad y un notable declive de la confianza ciudadana; la elevada polarización partidista que ha impedido acuerdos para la gestión de la política pública; y el auge del poder de los segmentos ligados a la financiarización en desmedro de la diversificación productiva. No al azar, 8 de cada 10 estadounidenses estaban insatisfechos con el estado de cosas en el país a mediados de 2020.
  • El lugar de la contingencia no debe ser menospreciado al analizar eventos de gran impacto. El 6 de enero de 2020 Donald Trump parecía destinado a ser re-electo y el partido Republicano a tener buenas posibilidades de asegurar el control del Senado y mejorar sus números en la Cámara de Representantes. El primer caso de COVID 19 en Estados Unidos se manifestó el 20 de enero. Un año antes del asalto al Capitolio, las encuestas mostraban una muy alta popularidad del mandatario: su porcentaje de aprobación a mediados de enero de 2020 según Gallup fue de 49% (a mediados de diciembre de ese mismo año, fue de 39%). Wall Street vivía un boom bursátil: los índices S&P, NASDAQ y Dow venían creciendo a niveles superiores al del lustro previo. La tasa de desempleo era la más baja desde 1969. La tasa de crecimiento del PBI en 2019 había sido del 2.3% (esa tasa, para el caso de la Unión Europea, había sido del 1.5%). En el último trimestre de 2019 la financiación para la campaña de Trump llegó a más de US$ 120 millones de dólares superando lo que había recibido en el trimestre anterior (unos US$ 83 millones de dólares). Todo indicaba que sus chances de re-elección eran significativas. Pero llegó la pandemia y se alteró el cuadro político y electoral. Cayó la economía abruptamente, aumentó de modo dramático el desempleo (al inicio del COVID 19 se perdieron 22 millones de empleos), la gestión de la pandemia desde el Estado federal fue mediocre y el partido demócrata se unificó detrás de Joe Biden. Las encuestas comenzaron a mostrar la caída del apoyo a Trump y las donaciones a la campaña de los demócratas crecieron. En la contienda más cara de Estados Unidos—costó US$ 14.000 millones de dólares—Biden fue el primer candidato presidencial en la historia del país que recibió un total de 1.000 millones de dólares. A partir del segundo trimestre de 2020 Trump, con el pleno soporte de los republicanos, comenzó a calificar la elección de noviembre como fraudulenta. Todo tipo de argumentos, falsos y conspiratorios, fueron esgrimidos para deslegitimar un eventual triunfo de Biden y validar su no reconocimiento por parte de Trump. Él creó un clima propicio para exacerbar las tensiones y alimentar la sensación entre sus votantes de que la contienda presidencial estaba amañada y de que sus seguidores debían hacer algo al respecto. El asalto al Capitolio, que produjo 5 muertos, fue un hecho sorprendente pero no inverosímil.
  • En momentos críticos las personas y las personalidades son cruciales. El estilo de mando y la psicopatología de Trump son elementos fundamentales para entender, adicionalmente, lo sucedido. Antes de él, y desde el final de la Segunda Guerra Mundial, solo dos presidentes no fueron re-electos: Jimmy Carter y George Bush. Para alguien con una idea tan ostentosa de sí mismo (en medio de los acontecimientos de esta semana aseguró que el suyo había sido “el más grande primer mandato de la historia” del país) su derrota era inconcebible e inadmisible. Así, con el apoyo de su gabinete, de un gran número de líderes republicanos y con el respaldo de sus seguidores más extremistas instigó los hechos del 6 de enero. Día en que, además, todo el sistema policial, de seguridad y de inteligencia del país falló de modo estrepitoso. Como lo prueban distintas evidencias, lo ocurrido el 6 de enero fue deliberado. Trump instigó, el partido avaló y los militantes actuaron. Neo-nazis, supremacistas blancos, milicias anti-gubernamentales, grupos de extrema derecha y movimientos conspiratorios se lanzaron a la toma del Capitolio para impedir la certificación de la victoria electoral de Joe Biden. Para dejar aun más clara su posición, será el primer presidente estadounidense desde 1869 que rehúse asistir a la inauguración del próximo 20 de enero. Estos rasgos individuales entonces, acompañados de un partido cada vez más inclinado a la derecha y de una turba dispuesta a recurrir a la violencia fueron centrales para antes y durante los sucesos en torno al Capitolio. Y quizás estos elementos sigan identificando al trumpismo fuera del poder. Muchos de sus votantes son la expresión del descontento derivado de las consecuencias de las transformaciones antes mencionadas y del malestar potenciado por la pandemia; varios de sus partidarios más fanáticos, sin embargo, son portadores de una idea y un convencimiento: mantener el “poder blanco” (y masculino) en Estados Unidos.
  • Las crisis institucionales no son efímeras. Primero, en Estados Unidos se han superpuesto varias crisis; la política, la social, la económica, la racial, la identitaria e incluso la internacional, pues todas las variaciones de la búsqueda de primacía (la de Bush hijo, la de Obama y la de Trump) debilitaron aún más a Washington y afectaron su prestigio, influencia y credibilidad. Segundo, la clave es y será cómo administrar una crisis y cómo superarla. Y ello conduce a reflexionar sobre la cuestión de la hegemonía. En condiciones de relativos equilibrios políticos (Trump obtuvo 74 millones votos, la mitad del Senado está en manos republicanas y el partido aumentó sus legisladores en la Cámara de Representantes y controla 27 de las 50 gobernaciones, al tiempo que la Corte Suprema tiene ya una fuerte mayoría conservadora) con alta polarización partidista y agudo agrietamiento social asegurar la hegemonía de tal o cual coalición de fuerzas no es sencillo ni seguro. Es bien probable que la crisis de la democracia estadounidense persista más allá del inicio de un nuevo gobierno demócrata. En efecto, si los demócratas incumplen la agenda de reformas insinuadas en la campaña y el trumpismo perdura como proyecto (el 7 de enero Trump afirmó en un video que buscaba eludir el acorralamiento político en el que estaba: «our incredible jouney is just beginning«), el trauma del auto-putsch estará vigente por mucho tiempo. Como también sería de esperar la profundización de la crisis interna con sus inmensas e imprevisibles repercusiones internacionales.

 

[1] En 1923 se produjo en Munich un fallido putsch (levantamiento organizado) llevado a cabo por el partido Nacional-Socialista alemán. Cientos de personas se congregaron por semanas en distintas cervecerías de la ciudad con el propósito de organizarse y provocar la caída del régimen de Weimar. Se fueron preparando para dar una asonada. Invocaron como antecedentes humillantes los onerosos costos impuestos por el Tratado de Versalles y las ruinosas condiciones coyunturales de la crisis económica derivadas de la hiperinflación. El 8 de noviembre el gobernador de Baviera hizo una alocución en la cervecería Bürgerbraükeller que contaba con un dispositivo de seguridad muy escaso. Hitler y los nazis irrumpieron y se lanzó la consigna de crear un gobierno provisional. Los militares y policías no abandonaron al gobierno como esperaban los conjurados y los conatos rebeldes en Baviera fracasaron no sin antes haber fuertes tiroteos que terminaron con 14 nazis muertos.

 

 

CUATRO TESIS SOBRE UN AUTO-PUTSCH[1]

El capitalismo de “burbuja” y sus consecuencias políticas

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La interrupción de la sesión legislativa que consagraría institucionalmente a Joe Biden como presidente de los Estados Unidos fue violentamente interrumpida por el asalto al Capitolio perpetrado por una fuerza de choque de ultraderechistas que cuestionaban la legalidad de la elección en la que triunfó el candidato demócrata, en línea con el discurso sostenido por el derrotado Donald Trump. 

El saldo del “putsch” fue sangriento, con cuatro muertos y una veintena de heridos, y sus resultados fueron estériles, porque apenas pudieron demorar unas horas la confirmación parlamentaria de lo acaecido en las urnas. Biden asumirá como presidente en los próximos días.

Sin embargo, el mundo se inundó de imágenes apocalípticas y hasta bizarras de individuos exhibiendo su profundo desprecio por las instituciones de la Nación representadas en el Capitolio, emblema de la República construida por los Estados Unidos.

Grupos de choque reducidos pero resueltos hasta el extremo de arriesgar su vida para producir un hecho simbólico -antes que concreto- en términos de resultados. Grupos portadores de una ideología reaccionaria en cuanto al respeto a los derechos individuales y la diversidad que emana de su ejercicio, pero también integristas de la Nación en tanto se ordene sobre un nuevo sistema de jerarquías sociales e inclusive raciales, distinto al surgido del mundo global y el libre mercado que han frenado y concentrado la economía en la última década.

Inmediatamente, ríos de tinta y saliva corrieron tratando de dilucidar si se trataba de una “minoría intensa” alocada por el giro extremo del discurso de Trump y otros dirigentes, o, por el contrario, era la “punta del iceberg” de una legión de perdedores en una sociedad opulenta, que se restringe cada vez más a una élite de consumidores globales.

Élite comandada por los políticos y burócratas de Washington, los “chief financial officer” de Wall Street, los “lawyers” de Boston y los desarrolladores científicos y académicos, en su mayoría “liberals”, de la Costa Oeste.

No vamos a dilucidar ese interrogante, tal vez porque sus términos se articulan entre sí como causa-efecto y no como opuestos.

Durante los años dorados de la globalización, 1989-2008, el PIB estadounidense creció a un promedio anual en torno al 5% (BEA), para descender a la mitad en la década siguiente, el 2,5% promedio anual en el lapso 2008-2018 (BEA). La catástrofe en la actividad provocada por la pandemia pronostica otra década sin horizonte, sobre todo porque las políticas de recuperación son similares a las aplicadas en la crisis anterior.

Trump construyó su liderazgo político atacando los intentos de reconstrucción del modelo global ensayados después del “crack” del 2008. Para ello se dedicó a atacar todos los acuerdos e instituciones del mundo pos-guerra fría. Veamos:

Reformuló el Tratado de Integración de América del Norte (NAFTA) vigente desde 1994 y uno de los pilares de la época, reemplazándolo por el T-MEC, en una clave más proteccionista

Apoyó al Reino Unido en su salida de la Unión Europea golpeando resueltamente al Tratado de Maastricht, otro de los basamentos globales sentado en 1993.

Desencadenó una guerra comercial contra China, alterando el funcionamiento del comercio internacional que rigió desde el inicio del siglo, por el cual los Estados Unidos constituían el principal mercado de la potencia asiática a cambio de que ésta financiara indefinidamente y sin condicionantes su consumo. Esquema de aristas expansivas hacia el resto del planeta. La bonanza suramericana de la primer década y media del siglo XXI se insertó, en parte, en ese diseño.

Cuestionó severamente el multilateralismo comercial implementado por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Nacionalismo económico, políticas agresivas contra China y Alemania -segunda y tercera economías del mundo- y a la vez retroceso militar hacia posiciones continentales aceptando el despliegue de Rusia en Europa Oriental y Medio Oriente, dan cuenta de que Trump concibe a los Estados Unidos como una potencia en crisis que necesita reformularse desde su interior.

Los síntomas de esa crisis estallaron de lleno en 2020, cuando la pandemia hizo colapsar el sistema sanitario, sinceró la precariedad del sistema laboral con un desempleo masivo y emergieron brutales conflictos raciales en todo el país.

Hechos que liquidaron su posibilidad de reelección, pero cohesionaron un movimiento amplio que adhirió a los postulados desplegados en su presidencia contra el mundo global pos-2008, al que identifican como causante de la decadencia estadounidense. “Make America Great Again” es la síntesis confusa que llevó a los grupos de choque ultraderechista a asaltar el Capitolio.

La resolución de la crisis socioeconómica provocada por la propagación del virus promete reproducir lo ocurrido durante el “crack” financiero del 2008, pero amplificado.

Evolución del Dow Jones en 2020 y 2021.

Hace algo más de una década atrás, frente a la explosión de la burbuja de los créditos hipotecarios, la política monetaria fue dominante para enfrentar el hundimiento de la economía. La Reserva Federal se dedicó a emitir dólares para comprar los activos financieros depreciados en poder de los financistas y habilitar un escenario de liquidez y tasas de interés reales negativas respecto de la inflación, que lentamente licuaron las deudas y sostuvieron el valor de las empresas norteamericanas en el mundo.

Los programas Quantitative Easy (facilidades cuantitativas) 1, 2 y 3 destinaron u$s 3,5 billones a salvar la cotización de las acciones y títulos-valores, pero no reactivaron la demanda efectiva en forma directa sino por “derrame de oferta”, es decir: si les va bien a las empresas ese beneficio paulatinamente se “derrama” en el resto de la sociedad.

Se habilitó una nueva burbuja especulativa a partir de la liquidez abundante y barata, donde los activos financieros aumentaron de precio, pero la producción y el consumo lo hicieron en forma menos que proporcional, alimentando el malestar generalizado que desembocó en la presidencia de Donald Trump.

En la crisis desatada por el COVID-19, nuevamente la Reserva Federal actuó para preservar el valor de las empresas estadounidenses, en particular las tecnológicas de menor agregado de valor en la oferta de bienes. Se implementó el Quantitative Easy 4 y la Base Monetaria aumentó a lo largo de 2020 u$s 1,7 billones, volcándose en un año la mitad de lo vertido a lo largo de cinco años durante los programas anteriores.

Los índices bursátiles treparon en un promedio del 20%, mientras 39 millones de ciudadanos solicitaban el seguro de desempleo y la actividad proyecta una caída de -1,9%. Wall Street y la economía real transitan por senderos distintos.

El capitalismo anda de burbuja financiera en burbuja financiera sostenido por la emisión de dólares como única fuente de acumulación de capital. Pareciera que la resolución de la crisis pandémica será igual. Después de todo, Joe Biden fue el vicepresidente de Obama.

Lo curioso es que el planteo antiglobalización no propugna el socialismo, sino que abomina de cualquier planteo igualitario, para restaurar un capitalismo producción y consumo con un orden jerárquico de explotadores y explotados. Es un final abierto.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/el-capitalismo-de-burbuja-y-sus-consecuencias-politicas-2021182186

 

DESEMPLEO Y BAJOS SALARIOS

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En la Argentina afectada por las políticas recesivas y el covid-19, en el segundo trimestre de 2020 se perdieron 3.757.000 puestos laborales, de los cuales 289.000 correspondieron a asalariados registrados, 1.695.000 a asalariados informales y 1.774.000 a trabajadores por cuenta propia. El personal doméstico sufrió una pérdida de casi 600.000 puestos, la construcción casi 400.000 y hoteles y restaurantes 304.000 empleos.

Este desplome no se recuperó mayormente en la segunda parte del año. Sí lo hizo en algunos sectores, pero empeoró en otros, dado que el Producto Bruto Interno descendió en 2020 con respecto a 2019 en torno a un 10%, siendo la mayor caída del PIB que se tenga registro. Para peor, 2019 fue un año recesivo.

Con una población de algo más de 45 millones de habitantes, la tasa de actividad se estima en un 47%, esto quiere decir que más de 22 millones de personas están en condiciones de trabajar. Sin embargo, siempre al segundo trimestre de 2020, solo se registran 11.762.000 ocupadas, de las cuales 9.475.600 personas son asalariadas, incluyendo al sector privado (en junio de 2020, se contabilizan 5.781.000 personas asalariadas en el sector privado), sector público y el trabajo en casas particulares y, 2.287.000 tienen trabajos independientes (monotributistas y autónomos), por eso el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia)  alcanzo a unos 8.970.000 beneficiados.

Por lo tanto, se producen serios desequilibrios entre la tasa de crecimiento de la población y la tasa de acumulación del capital, que es la causa central de desempleo en los países atrasados. En estos casos, la receta de bajar salarios no es la solución porque como en la amplia mayoría de los países no industrial. E,  el camino es invertir en máquinas y equipos de última tecnología para generar puestos de trabajo y aumentar la producción y la productividad del trabajo.

En la Argentina de comienzos de 2021, el salario promedio de bolsillo (neto) de los trabajadores industriales, es menor a 700 dólares por mes, a razón de 3,5 dólares la hora. No solamente es uno de los más bajos de nuestra historia, sino que incluso, como pedía Paolo Rocca en 2015, es menor al que se paga por igual trabajo en Brasil y, sin embargo y obviamente, no podemos competir con Brasil en la mayoría de la producción manufacturera.  Y por supuesto menos que menos con los países desarrollados cuyo salario promedio ronda los 2.200 dólares mensuales, pero son mucho más productivos por las maquinas, equipos y tecnología que poseen, a lo que se le suma una infraestructura en rutas, trenes, puentes, represas, etc. etc. moderna y de gran magnitud.

Las cadenas globales de valor son administradas por las empresas transnacionales[1] y representan en torno al 80% del intercambio mundial. Menos del 30% de las exportaciones de la Argentina ingresan en esas cadenas como mero proveedor de alimentos o de metales, donde el 60,9 % de las exportaciones argentinas se dividen tan solo en cinco productos primarios con bajo valor agregado.

Esa situación implica que todo el superávit comercial y la inmensa masa de ganancia de un sector privilegiado (constituido por los que controlan mercado cautivo apropiándose de una renta extraordinaria), no se transforma en inversión, generando dos factores adversos: falta de puestos de trabajo (y con ello presión a la baja de los salarios) y fuga de capital (invierten económica y financieramente en el exterior).

El rol del Estado

El objetivo final de la política económica es lograr el pleno empleo y la mayor equidad  en la distribución del ingreso. Nuestra Constitución Nacional lo determina claramente cuando desde el Preámbulo sostiene: “Promover el Bienestar General”, y también en su Ley 24.013 de Empleo. Entonces, la política económica en el sentido amplio de la palabra, es el conjunto de estrategias y acciones que formulan los gobiernos y en general el Estado para orientar, influir y/o conducir la economía de los países, y como toda estrategia debe responder a un plan global, esto es grandes objetivos y las distintas medidas que se deben adoptar para cumplir con esos objetivos, cuyo fin último es la plena ocupación y con una remuneración que supere la línea de pobreza.

El economista Sergio Arelovich, asesor de La Federación de Trabajadores Aceiteros de la República Argentina, afirma que el Estado debe intervenir para garantizar ingresos dignos a los trabajadores en cumplimiento de la Constitución Nacional y de la ley 24.013 de Empleo, cuyo artículo 135 crea el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil. El inciso c de dicho artículo, le confiere al Estado la facultad de aprobar los lineamientos, metodología, pautas y normas para la definición de una canasta básica que se convierta en un elemento de referencia para la determinación del salario mínimo, vital y móvil, para afirmar textualmente “Si de deudas de la democracia se trata, resta decir que tanto el Estado como cierto sindicalismo se han mostrado poco exigentes al momento de hacer cumplir la normativa que garantiza a los trabajadores el grado de dignidad que se les debe reconocer por su condición de creadores de riqueza”[2].

Según el INDEC, la Canasta Básica Total de noviembre de 2020 (siempre es el último dato publicado) para una familia constituida por matrimonio y dos hijos requiere de un haber mensual de $ 51.776.  Y el salario mínimo vital y móvil impuesto por la Resolución 4/2020 del Ministerio de Trabajo,  Empleo y Seguridad Social de la Nación del 16/10/2020 y sin fundamentar porqué, se fijó para octubre y noviembre de 2020 en $ 18.900 y a partir del 1° de diciembre 2020 de $ 20.587,50 por mes. Es obvio que una gran cantidad de trabajadores  formales y no formales perciben remuneraciones por debajo de la Canasta Básica Total,  trabajan y son pobres.

Desde el punto de vista económico la principal función del Estado es regular la actividad, establecer las reglas de juego, qué es lícito y qué es ilícito, qué es blanco y que es negro y apuntar al pleno empleo y al crecimiento con la mejor distribución del ingreso posible. Por eso John M. Keynes distingue entre el beneficio de los empresarios y  el de la sociedad y afirma que la causa del desempleo se encuentra fuera del mercado laboral. De hecho, este último, es un mercado cuyo comportamiento es pasivo, en el sentido de que el equilibrio en el mercado laboral se deriva de fuerzas externas a él. La curva de productividad marginal debe considerarse como tal, no como una curva de la demanda de trabajo por parte de los empresarios en relación con los salarios.

Dentro de esa función de regular la actividad económica, el Estado debe, antes que nada, preservar el valor de la moneda, que es la antítesis de la devaluación.  El tipo de cambio ya lo modificó violentamente el gobierno de Cambiemos que en tan solo tres meses del 25 de abril al 24 de julio de 2020 devaluó un 100%.  Pero parece que no fue suficiente, porque este gobierno fijó un dólar oficial comercial tipo vendedor por el Banco de la Nación Argentina de $ 59,91 el 2 de enero y el 30 de diciembre de 2020 su precio fue de $ 89,67, conformando un ajuste cambiario del 49,67%, que repercute directamente en el precio de los alimentos y por ende en el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones y,  en forma excesiva cuando proporcionalmente el gasto en alimentos es mayor sobre el ingreso.

En todo caso debería adoptar decisiones como hizo el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación que procedió a suspender temporariamente la registración de Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) para el producto maíz, cuya fecha de inicio de embarque sea anterior al 1° de marzo de 2021, con el fin de preservar su destino al mercado interno.

El Estado nacional y los provinciales deben regular la actividad comercial y financiera y cobrar impuestos directos como los que creó la Ley 27.605 de Aporte Solidario, pero no por única vez, sino todos los años y, las provincias cobrar impuesto inmobiliario rural que representa menos del 0,4% del PIB. Es una vergüenza que la tierra más fértil del mundo aporte menos del 0,4% del PIB.  E indirectos como son los derechos de exportación (retenciones), somos una sola Nación y no puede haber trato preferencial para nadie (artículo 16 de la Constitución Nacional).

Todo ello en un marco en que se aumenten los salarios y el empleo a través de la obra pública nacional, provincial, municipal y de estímulos a las empresas de creación de puestos de trabajo (esencialmente a las PyMes que son las que proporcionalmente más trabajo generan),  que se aumenten las remuneraciones, de modo que ningún trabajador en actividad o pasividad perciba un ingreso mensual menor a la canasta básica total del INDEC, es decir por debajo de la línea de pobreza.

Mayor salario y mayor empleo fortalecen al mercado interno, al que se destina más del 70% de lo que el país produce, máxime cuando la presión de los exportadores, de los  fugadores de capital y del FMI es a una devaluación permanente de nuestra moneda, garantía de valorizar las divisas, pero a costa del empobrecimiento de nuestro pueblo.

Solo recomponiendo los salarios (incluidas jubilaciones y pensiones) y el empleo la Argentina volverá a crecer, y es responsabilidad de los Estadoe, en primer lugar la Administración Nacional y luego las provincias y municipios.  Lo demostró Néstor Carlos Kirchner: “El PBI se conforma de consumo, inversión y comercio exterior. En los ’90, se probó la teoría del derrame y no funcionó. Ahora lo armamos como se arman los buenos equipos de fútbol: de abajo para arriba. Tenemos que lograr que los cuarenta millones de argentinos sean consumidores plenos. El crecimiento del consumo demanda una mayor inversión. Estos dos ítems, consumo e inversión, impulsan las exportaciones: el consumo te da mayor escala de producción y la inversión, mayor eficiencia. Ambos bajan los costos y permiten competir a nivel internacional. Así crecen consumo, inversión y exportaciones y la economía vuela”.  

Cualquier otra alternativa es funcional al poder económico consolidado y significa seguir beneficiando a una minoría parasita y rentística, como, salvo raras excepciones, se vienen beneficiando desde la dictadura militar hasta el presente, a costa de la exclusión y la marginalidad de nuestro pueblo.

 

[1] Incluidas las de capital China, como COFCO y  Shandong Gold, esta última se asocia a la Barrick Gold en la Mina Veladero de San Juan.
[2] Revista Conclusión del 4 de enero de 2021.

 

 

DESEMPLEO Y BAJOS SALARIOS

Asalto al Capitolio: la evidencia de que el problema no está en China

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Joseph Biden enfrenta retos enormes y el vital no es, como se podría pensar, la cada vez mayor gravitación de China, sino interno: Estados Unidos está cada vez más desunido y es cada vez más desigual. El asalto al Congreso de este 6 de enero fue una especie de auto-putsch, pero, a diferencia del evento de Múnich en 1923, provino desde el Ejecutivo y fue instigado por Trump, avalado tácitamente por líderes republicanos y activado por supremacistas blancos.

Desde hace años se está viendo que los estadounidenses no parecen compartir un destino común. Y esto no es coyuntural; es estructural y es producto de un complejo entramado de fenómenos sociales, económicos y políticos. Trump, en una combinación de Nerón y Atila, optó por horadar la democracia desde adentro y deteriorar la credibilidad del país en el exterior.

Lejos de su lema de campaña, America First, después de su presidencia Estados Unidos no solo no está primero, sino que es hoy un país abatido. Con lo sucedido en el Capitolio parece dibujarse el momento pos-hegemónico de Washington del cual, no está demás repetirlo, China no es la causa principal.

De acá surge el gran dilema de Biden; concentrar su atención en lo doméstico y procurar ordenar el país, o repetir la obsesión de perseguir la primacía internacional, liderar el mundo y seguir ahondando su propio declive. Todo indica que su mayor foco inicial será la agenda interna, exacerbada por la pandemia y el acto sedicioso del 6 de enero.

Sin embargo, antecedentes personales, comentarios durante la campaña de 2020 y un nutrido número de informes y estudios sugieren que Washington buscaría alcanzar una “coalición de voluntarios” (coalition of the willing) pero esta vez en contra de China. Tres elementos apuntan en esa dirección.

Primero, Biden como vicepresidente acompañó a Obama en la idea de que China era más que un competidor temporal y parsimonioso. Entre 2011 y 2012 Obama adoptó un conjunto de medidas para “re-equilibrar” la política exterior y de defensa—usualmente más concentrada en el Atlántico y Medio Oriente–en lo que se conoció como la Estrategia Pivote (Pivot Strategy) para el Asia-Pacífico.

Básicamente buscó reforzar la contención de China, robustecer los lazos diplomáticos, comerciales y militares con los aliados del área y, de ser factible, revertir la proyección de poder de Beijing. En breve, Biden acompañó aquello que ya se vislumbraba en círculos de poder desde comienzos del siglo XXI: que China devino un oponente asertivo y estratégico.

Cabe recordar que el designado Secretario de Estado, Antony Blinken, y la designada Subsecretaria de Defensa, Kathleen Hicks, fueron arquitectos de la Estrategia Pivote, al tiempo que la nominada Representante Comercial estadounidense, Katherine Tai, ha sido una fuerte crítica de China. Después del 6 de enero, ¿se acercará Biden a los republicanos más halcones para mostrar que él no es blando frente a Beijing?

Segundo, durante la campaña de 2020, Biden publicó una nota en la prestigiosa revista Foreign Affairs titulada “Por qué Estados Unidos debe liderar nuevamente”. Su referencia a Beijing es precisa: “Estados Unidos debe ser duro con China”.

Afirma que es clave construir una “coalición de democracias” para hacerle frente y anuncia la convocatoria a una Cumbre sobre la Democracia.

¿Qué países serán invitados? ¿Buscará disciplinar aliados contra China? ¿Está seguro de que muchas naciones lo secundarán? ¿Cree Biden que EE.UU. recuperará la imagen de democracia robusta después de la provocación sediciosa de Trump?

Tercero, desde hace meses abundan en Estados Unidos todo tipo de escritos con propuestas sobre qué hacer con China. Por ejemplo, el Centro Belfer para la Ciencia y los Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard publicó un trabajo sobre la viabilidad y practicidad de una OTAN del Pacífico (Asia Whole and Free? Assessing the Viability and Practicality of a Pacific NATO).

El think tank Atlantic Council produjo un informe (An Allied Strategy for China) en el que sugiere que Washington encabece una alianza de países afines en el que el grupo de democracias denominado D-10 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá, Corea del Sur, Australia y la Unión Europea) más otros miembros de la OTAN incorpore a “socios informales” (como India, Suecia, Brasil, Finlandia, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Singapur y Emiratos Árabes Unidos) en una coalición contra China. Otros expertos proponen profundizar el llamado Diálogo de Defensa Cuadrilateral entre Estados Unidos, Australia, India y Japón iniciado en 2007 y que algunos invocan como la potencial OTAN de Asia.

La Asia Society, localizada en New York, publicó un estudio (Dealing with China as a Transatlantic Challenge) en el que retoma el concepto de “rivalidad sistémica” respecto a China y que fuera refrendado por la Comisión Europea y la OTAN, respectivamente, en 2019, proponiendo una acción más concertada frente a Beijing entre europeos y estadounidenses.

Y el almirante Craig Faller, al frente del Comando Sur, no deja de repetir que China es un “actor maligno” al que Latinoamérica debe repeler. Después del asalto al Capitolio ¿es factible que los países más cercanos a EE.UU. sigan confiando en la capacidad de Washington de consensuar una estrategia internacional hacia China?

No hay duda de que lo ocurrido en el Congreso estadounidense será un hecho trascendente a nivel interno e internacional, y es claro que la respuesta no está en exacerbar la rivalidad con China sino en reparar las grietas de una nación en la que el pacto social posterior a la Segunda Guerra Mundial se ha quebrado.

 

https://www.clarin.com/opinion/asalto-capitolio-evidencia-problema-china_0_DVXcB7Khf.html