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Informe económico mensual

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Informe económico mensual noviembre 2020

En este documento retomamos la inflación o los Índices de Precios del mes de NOVIEMBRE y agregados, como los numerosos compradores de dólares. Podemos decir que con la pandemia en pleno desarrollo, la inflación no pasa desapercibida y compite con el Covid-19

Para encuadrar el documento, empezaremos por brindar tres reflexiones profundas de autores conocidos:

  1. a)La primera es de Inodoro Pereyra. En diálogo con un inspector de la DGI, tras discutir sobre lo que tiene, por ejemplo un jabón de tocador y un rancho de adobe visto, le dice Inodoro al funcionario de la DGI: “Esta es tuita mi riqueza. Tome lo que quiera”. El funcionario responde: “Su situación es muy complicada, Pereyra. Usted tendrá que justificar su pobreza. Estando en el Primer Mundo, en un país rico como éste… lo suyo es sospechoso, Pereyra”. Cuando el funcionario se va, comenta Inodoro a Mendieta: “Creo que el problema no es el injusto reparto de la riqueza, Mendieta. El problema es el generoso reparto de la pobreza”.
  2. b)La segunda involucra a John Maynard Keynes en su famoso libro escrito en caliente después de su renuncia a la Comisión para la Reconstrucción de la Economía Europea: “Las consecuencias económicas de la paz”“Se dice que Lenin ha declarado que el medio mejor para destruir el sistema capitalista es viciar la circulación. Con un proceso continuado de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secreta e inadvertidamente, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos. Por este método, no solo confiscan, sino que lo hacen arbitrariamente; y aunque el procedimiento arruina a muchos, por el momento enriquece a algunos”.
  3. c)La tercera corresponde a un diálogo que venimos siguiendo, “Dialogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. Mientras ambos caminan por la orilla del mar, Montesquieu dice: “¿No sabéis que en todas las naciones de Europa existen vastos mercados de fondos públicos, donde la prudencia, la sabiduría, la probidad de los gobiernos se pone en subasta?” Continúa: “De la manera en que manejáis vuestras finanzas, vuestros fondos serían rechazados con pérdida en los mercados extranjeros, y se cotizarían a los precios más bajos aun en la Bolsa de nuestro propio reino”. Responde Maquiavelo: “Estáis en un flagrante error. Un gobierno glorioso, como sería el mío, no puede sino gozar de amplio crédito en el exterior. En el interior, su vitalidad dominaría todos los temores”.

Para recordar los cambios de monedas producto de la inflación, reptante, acelerada, volátil y otras yerbas.

1) Peso Moneda Nacional hasta 1970. 2) Pesos Ley 18.188 desde 1970 a 1983, incluyendo los primeros como resellados. 3) Pesos Argentinos desde 1983 a 1985. 4) Australes desde 1985 a 1991. 5) Pesos (Convertibles 1 peso = 1 dólar con la leyenda de “Convertibles Curso Legal” en la primera etapa y sin leyenda en la segunda etapa) desde 1992 a la actualidad.

En todo este viaje perdimos 13 ceros, o sea para que se entienda lo que queremos decir, los billetes de Peso Moneda Nacional, por ejemplo el de UN PESO firmado por Prebisch y Bosh  en 1935, si se imprimieran hoy deberían portar el valor de 10 billones (10.000.000.000.000). Le ganamos a cualquiera por goleada.

Cuando Keynes leyó este informe no pudo menos que comentar: «¡Pucha, no sabía que don Vladimir Ilich tenía tantos seguidores en Argentina! Bueno por lo menos lograron el segundo invento que denominaron “atado con alambre, no es poco”.

Keynes no quiso agregar más para no desgraciarse con los seguidores que tiene por estos lados.

Cuando pongamos punto final a este informe, nos abocaremos a indicadores que den señales sobre cómo está operando la economía, casi lo tenemos.

Noviembre fue un mes particular donde se produjo una variación menor del dólar (oficial) respecto de la inflación. Se redujo la tasa de interés real a un nivel negativo y otro tanto ocurrió con el Índice del Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM).

Como siempre, el énfasis es la inflación con algunas conjeturas. Los gráficos tratamos de hacerlos más claros poniendo el acento en las variaciones de cada mes, en 12 meses y por año en períodos más prolongados y más cortos para agregar detalles. El promedio de varios organismos que producen el IPC (inflación Argentina) alcanza el 3,4 %, tal como se puede apreciar en el cuadro y en el primer gráfico. Seguimos la inflación de noviembre 2020 en algunos países, aunque las comparaciones siempre son odiosas, España, 0,2 %; Italia, -0,1 %; Francia, 0.2 %; Estados Unidos, -0.004 %; Chile, -0,1 %; Brasil, 0,89 %, y Perú, 0,34 %. Nos estamos quedando sin argumentos en las comparaciones. ¿Siempre flota una pregunta: por qué tenemos  “inflación”, “alta inflación”, “hiperinflación” desde hace décadas y moneda de “signos cambiantes” y “deshilachada”?

No nos sorprenden los millones de personas que compran dólares. En el 2020 siguieron siendo muchedumbres, pero duramente acotadas en el monto de compra. Pero comprar un dólar implica estar expuesto al clima, largas colas virtuales, sacrificios, condena al fuego eterno.

El presidente ha dicho sobre la pandemia: “Sigamos atentos la situación, que nadie tome con displicencia este tema”. Y tiene razón. Y ahora estamos esperando la vacuna y la segunda ola de barras bravas Covid 19.

En la página https://www.argentina.gob.ar/salud/coronavirus-COVID-19, se puede encontrar amplia información.

 

Informe económico mensual noviembre 2020

 

El futuro de la moneda. Conversaciones con Mario Burkun

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Hugo Garnero: Mario, hemos hablado repetidamente en nuestras reuniones en la Capitana sobre la no resolución de la crisis del 2008/2009, ¿cómo relacionás esto con la “moneda”, los flujos de capitales y los tipos de cambio?

Mario  Burkun: En los años últimos, en especial después de la crisis financiera internacional del 2008/2009, el sistema monetario quedo pendiente de la sensibilidad de los movimientos de los tipos de cambio internacionales.

La llamada “guerra de los tipos de cambio” fue causa y consecuencia de la orientación del flujo de liquidez de los capitales líquidos y de incentivo de inversiones especulativas de corto plazo.

Una incertidumbre creciente con la vitalidad del sistema bancario y la sustentabilidad de los rescates y ayudas provenientes de respaldos de emisiones monetarias y de ventajas crediticias y tributarias como las de EE.UU y la Unión Europea, dieron señales de que se estaba saliendo de la crisis y volviendo a una nueva fase de crecimiento del capitalismo en la globalización.

HG: no salir de la crisis implica que siguen los coletazos, pero el capitalismo se ha ido acomodando. Hay modificaciones profundas…

MB: Sin embargo los periodos de expansión se acortaron y se modificaron los procesos de fabricación, se expandió la robotización flexible y hay un menor uso de trabajo vivo. Una mejora en la selección de información sobre los gustos y deseos del consumidor. Una inteligencia artificial de selección de técnicas y de medios de comunicación. Cambios de gestión y de management empresarial. Un debate sobre la gestión del Estado y la relación de lo político en las definiciones locales y globales.

HG: también hay cambios en el intercambio mundial…

MB: En el interregno ha habido un crecimiento del comercio y de la producción de la Cuenca del Pacífico frente al papel del Atlántico, muy particularmente entre EE.UU. y China.

Todo esto parece un presente y un pasado. Como un devenir que ya es historia, mientras que el futuro es incertidumbre, es pragmatismo, inmediatez y cambio.

Lo que no es transparente es la forma del debate, de la contradicción y del comportamiento de los contendientes.

HG: Cambia la política en EEUU por lo que vemos, ¿cómo ves el cambio en el capitalismo?

MB: Visto el resultado de la elección en los EE.UU, finalizó la era Trump, sin comenzar una era Biden.

Queda evidente que hace falta un cambio en la acumulación del capital, pero de qué dimensión y profundidad será, o simplemente será un maquillaje, una mutación, un retoque con pocas consecuencias.

El 2021 manifiesta como primer síntoma de la crisis social, el efecto de la pandemia en los EE.UU por la urgencia de frenar la expansión de los contagios, disminuir el desempleo y la pobreza y aumentar el consumo.

Para ello Biden/Harris ya comenzaron la vacunación de masas, un refuerzo de la emisión de ayudas sociales y microcréditos, reproduciendo programas de los demócratas del periodo de Obama/Biden.

Incremento de la emisión monetaria y la deuda del Estado.

HG: estamos viendo un gran deterioro de la divisa estadounidense…

MB: Sí, al mismo tiempo la devaluación de la moneda estadounidense fortalece otras divisas e impacta sobre algunos movimientos de liquidez, de inversiones y de búsqueda de reservas de valor de los inversores individuales y de fondos corporativos estatales y privados.

El proceso de generar una inyección de liquidez se enfatiza con un papel del Estado de mayor intervención en la crisis nacional, pero augura un comportamiento de accionar internacional más multilateral e inclusivo en la resolución de conflictos.

HG: qué impactos sobre América Latina…

MB: En ese aspecto se presumen cambios en la estrategia en América Latina con propuestas más inclusivas respecto a Venezuela, Cuba y Centroamérica y el Caribe, buscando liberar el giro de remesas y crear zonas de libre comercio y de mayor liberación de trabas para-arancelarias y fiscales.

También privilegiar ciertos préstamos de organismos financieros internacionales de fomento para el desarrollo y la pobreza vía Banco Interamericano de Desarrollo, y del Banco Mundial, así como un papel menos estricto de la burocracia del Fondo Monetario Internacional.

HG: y con China, qué…

MB: Sin embargo, el mayor efecto es el que se produce en el vínculo con China.

La diplomacia monetaria es siempre la que China desarrolló al adquirir bonos del Tesoro de EE.UU de mediano y largo plazo (5 y 10 años). Estos bonos forman parte de reservas del Tesoro Chino de libre disponibilidad que siempre pueden ser vendidas en el mercado internacional y provocar un problema en el flujo monetario.

Al igual la desvalorizacion del dólar facilita el comercio internacional pero obliga a un incremento del precio del producto fabricado en China, al mismo momento que encarece importaciones en momentos de expansión de consumo a la salida de la pandemia para el mercado interno.

Esto orienta el crecimiento hacia adentro del proceso productivo y una relocalización comercial en el periodo de mayor apertura de mercados para China.

HG: cómo observas a Europa …

MB: La otra cara de la caída del dólar estadounidense es la suba del Euro en momentos de una tasa de interés baja en Europa. Este movimiento no facilita la salida de las mercancías y encarece los productos para seguir la expansión en procesos de libre comercio con África y con el Mercosur ampliado.

La suba más abrupta es con el Franco Suizo y la Libra Esterlina, al igual que del oro, generando la vuelta a los procesos en que se impulsaban las canastas monetarias como reservas para estabilizar el movimiento de los tipos de cambio.

El otro efecto actual en esta etapa de la globalización es el que se produce en el hecho de que la no reducción de la incertidumbre de la duración de esta transición en la cúpula del poder político en EEUU impulsa a los capitales líquidos a invertir a riesgo en las cripto monedas como el bitcoin y en refugios off shore como los paraísos fiscales para oscurecer la propiedad del capital.

HG: Hay un gran revuelo con el uso de las criptos y los Bancos Centrales han tomado nota…

MB: Todo esto permite un cambio en la comercialización sin moneda efectiva y la búsqueda de un nuevo numerario y de otras formas monetarias para la salida de la pandemia.

En Argentina estamos en un momento de definición respecto a este movimiento veloz del dólar de EEUU y su impacto en las formas de comportamiento en las bolsas de valores, en los precios de las mercancías de nuestra oferta productiva y en la valorización de nuestro capital, que oriente la inversión y la forma de acumulación e integración internacional.

HG: gracias Mario.

¿Qué está pasando con el precio de la carne?

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El último trimestre del año ha visto una aceleración de la suba del precio de los alimentos en general, pero con un impacto singular en el valor de la carne vacuna para consumo interno.

Las fiestas de fin de año en el marco de la pandemia exigen reuniones de pocos concurrentes en espacios abiertos aprovechando el clima de verano en que se recorre nuestra Navidad. Escenario propicio para el retorno del asado.

El Gobierno debió apresurar la regulación de una oferta de cortes parrilleros a precios accesibles para no aguar la expectativa de despedida de un año por demás horrible.

Corresponde evaluar el movimiento estructural acaecido en el mercado de la carne de vaca durante el último lustro. El cuadro que continúa refiere la evolución de la producción de carne y la demanda consecuente dividida entre el consumo interno y exportaciones:

Como se aprecia en las cifras vertidas, durante el gobierno de Macri el mercado cárnico asumió un fuerte sesgo exportador impulsado por la baja de derechos de exportación, la suba del dólar en casi 500% y la liberación total de las ventas al exterior, emulando una de las primeras decisiones de la dictadura cívico-militar.

En el lapso 2015/2019 la producción y faena se incrementó un 13,6% con una caída en el consumo interno del -9,7% y una casi triplicación de las exportaciones.

El problema es que esta tendencia en el mercado se acentuó durante el primer año de gestión del actual Gobierno. El consumo continuó descendiendo en un -0,5% respecto del año anterior y las ventas externas subieron un 8%, en el marco de una mejora de la producción del 1,8% a pesar de la recesión inducida por el virus.

Las exportaciones en los primeros once meses del 2020 alcanzaron los u$s 2.244 millones. No obstante, el precio promedio en el exterior de la tonelada peso-producto descendió un -17%, de u$s 5.390 en 2019 a u$s 4.485, evidenciando que la menor renta exportadora por caída del precio internacional se compensó con baja de costos internos por la devaluación ocurrida a lo largo del 2020 en torno al 38,4%, situación respaldada por el hecho que los frigoríficos argentinos cuentan con un mercado seguro de demanda potente en el extranjero.

El mercado que absorbe el grueso de los embarques de carne argentina al exterior es la República Popular China que recibe el 73,9% de dichos despachos.

El cuadro que sigue muestra el efecto negativo sobre el consumo interno “per capita” de carne en la medida que crece la participación de las exportaciones en el destino final de la producción total.

El -15% de baja en el consumo “per cápita” anual (de 59kg a 50kg) en el lapso de cinco años tiene como correlato un potente crecimiento del porcentaje de exportaciones sobre la producción pasando del 7,6% al 28,1% de la faena en el período 2015/2020. Cabe la pregunta: ¿los argentinos comen menos carne y los chinos más?

Esta consolidación del modelo exportador de la carne es el principal detonante de la suba de precios durante la pandemia.

El cuadro que sigue muestra la evolución del precio de algunos cortes tradicionales de parrilla y horno durante el corriente año.

El aumento promedio en los once meses del año supera el 45% y posiblemente el cierre anual se aproxime al 50%, por encima de la inflación promedio y muy por arriba de las subas experimentadas por los ingresos populares en todas sus formas.

Desde esta columna escribimos sobre la necesidad imprescindible de desvincular el consumo interno de los mercados internacionales, como modo de asegurar la alimentación de los argentinos y argentinas.

Llegando al final de un año extraordinariamente complejo para el mundo y nuestra Nación, advertimos en el segmento de la carne una tendencia a consolidar el modelo macrista de producción y consumo.

La carne es un consumo esencial del pueblo. Durante el gobierno del general Perón se afirmó la comercialización de carne por media res en todas las ciudades de la Argentina como señal que no había cortes baratos para los humildes provenientes de los cuartos delanteros y cortes caros para las élites locales e internacionales que se extraían de los cuartos traseros del animal.

Esa conquista social del consumo igualitario de carne perduró con altibajos hasta el presente. La oligarquía pretende retornar a un pasado de segregación social, en que se le pedía al pueblo que comiera guiso de porotos porque la carne debía exportarse para bien del país. Pero eso no es factible.

Además, y lo señalamos también desde esta columna, las divisas provenientes de las ventas exterior no se han atesorado en el Banco Central, con lo que el sacrificio del pueblo este año resultó estéril.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/carne/-que-esta-pasando-con-el-precio-de-la-carne–2020121919022

MITOS Y FALACIAS DE LA ECONOMIA ARGENTINA

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La dictadura cívico-militar de 1976 vino a terminar con el modelo de industrialización y sustitución de importaciones para imponer el de acumulación basado en la valorización financiera. Dicho modelo procura mediante la apertura externa, comercial, y de capitales, subordinar a la economía nacional a la mundial, para ello fue necesario dotar de poder a los bancos de organizar los mecanismos de deuda y de desfinanciamiento del aparato productivo y, de esa manera, desplazar en esas funciones al Estado.

Primero carcomieron el poder del peronismo mediante el “Rodrigazo” que al devaluar nuestra moneda en un 160% (el 4 de junio de 1975 el dólar paso de valer $ 10 a $ 26) la depreció terminalmente, paso necesario y obligatorio para dar lugar a la valorización financiera, que consiste en creer que subiendo la tasa de interés local (de una moneda depreciada) se controla el precio del dólar.

Con la dictadura las tasas de interés crecieron hasta la Guerra de Malvinas en 1982, por encima de precio del dólar, hecho que atraía capitales golondrinas en la llamada bicicleta financiera o carry trade, razón por la que se retrasa el tipo de cambio y se prioriza la valorización financiera del capital y la política de endeudamiento en desmedro de las exportaciones y, favorece la sustitución de nuestra producción por las importaciones artificialmente más barata (el deme dos los argentinos que podían comprar en el exterior)

Paralelamente se arma toda la legislación con el fin de valorizar financieramente el capital, conformada por la ley 21.382 de Inversiones extranjeras (que prácticamente le confiere los mismos derechos que los inversionistas nacionales); la ley 21.495 sobre desnacionalización y descentralización de los depósitos; la ley 21.526 que estableció el nuevo régimen legal de las entidades financieras1; la ley 21.572 de creación de la cuenta Regulación Monetaria (de esa manera le remuneraba el BCRA los depósitos en cuenta corriente a los bancos), y las leyes 21.364, 21.547 y 21.571 que modificaban la Carta Orgánica del BCRA, pero como no era suficiente, en el año 1992 Domingo Cavallo, mediante la ley 24.144, profundizó la apertura confiriéndole al BCRA el poder de comprar dólares al Tesoro de la Nación (divisas que el Estado nacional consigue esencialmente por endeudamiento) y, a su vez, que sean los bancos los únicos que le pueden comprar esos dólares al BCRA.

PRIMER MITO: LIBERAR EL SISTEMA FINANCIERO PARA QUE SE LIBEREN LAS FUERZAS PRODUCTIVAS

El mito era que había que liberar el sistema para que por si solo se expanda y asigne el ahorro de la población a los sectores más rentables, atribuyéndoles a los bancos esa capacidad que solo puede tener un Estado. El resultado no pudo haber sido peor, con un PIB (Producto Bruto Interno, que es la cantidad de bienes y servicios finales que produce el país) en 2020 similar en dólares constantes que en 1974 (y con veinte millones más de habitantes), en esa época existían más de 800 entidades financieras distribuidas en todo el país, donde mayoritariamente eran cajas de créditos y sociedades cooperativas, el total del préstamos al sector privado sobre el PIB fue del 43,55% y, la Argentina era la Nación más integrada del continente, donde menor diferencia había entre un pobre (y una familia pobre) y un rico (y su familia); la tasa de desocupación abierta era del 4% y la pobreza era del 6%, uno de los pilares de esa redistribución progresiva del ingreso, era que el crédito se volcaba esencialmente a la producción y al consumo popular.

En el año 2020 quedaron en pie 65 entidades financieras y el crédito total al sector privado es solo el 11,15% del PIB (y principalmente destinado al consumo o asimilables al consumo, tarjeta de créditos y préstamos personales) y, la pobreza supera al 40% de la población alcanzando a más de veinte millones de personas, con el agravante que el 60% de los niños de la Argentina son pobres.

Mientras la economía Argentina, según fuentes oficiales, desciende en el año 2020 en un 10,5% su PIB, los diez primeros bancos privados2  tuvieron tasas positivas de ganancia, que básicamente consiguen tomando depósitos del público y prestandoselo en Leliq (letras de Liquidez) al BCRA. Los intereses que perciben los bancos por ello es en torno a los 70.000 millones de pesos por mes. Aunque se espera que, por la fuerte emisión monetaria de diciembre 2020, el BCRA tendrá que salir a absorber más pesos, por ende, el stock de pasivos remunerados (prestamos de los bancos al BCRA) crecerá y también sus intereses.

La reforma financiera de 1977 no solo aumentó la rentabilidad relativa e importancia del sector sino que, también tuvo significativos impactos estructurales sobre la economía real. El primero de ellos fue la caída en la inversión productiva. Al contrario de lo que ocurría durante la industrialización, no se produjo un proceso de crecimiento económico por la expansión de la inversión, sino de estancamiento y crisis, porque los recursos que deberían haber impulsado la inversión bruta fija se fugaron al exterior.

Es más, se usa básicamente el endeudamiento externo, que artificialmente aumenta la oferta de divisas retrasando su precio para favorecer el “carry trade” y, después, cuando se produce la corrida cambiaria, se estatiza la deuda y tenemos una minoría enriquecida con capitales en el exterior, el Estado endeudado, el país con bajo nivel de inversión y, con más población empujada a la desocupación y a la pobreza.

El dinero y su ahorro provienen del circuito productivo argentino y no puede ser apropiado por los bancos y que sean ellos los que determinen en que se emplea, que la más de las veces es para obtención de renta de muy corto plazo en lugar de apuntalar planes de inversión, por eso las Leliq (que son letras de liquidez que coloca el BCRA en los bancos) es a siete días, los depósitos en su mayor parte se renueva cada 30 días y la renovación de las líneas de crédito es cada seis meses.

Continuar con el concepto de banca universal de la ley 21.526 va en desmedro de constituir la necesaria banca de inversión que fondee planes de mediano y largo plazo. El sistema financiero debe tener un piso de crédito para pymes y se debe desalentar la compra y venta de dólares y de activos financieros como forma de aumentar ingresos. Y con las Leliq se deben emplear para constituir un activo consolidado de un año y prestar desde allí a la producción y a obras de infraestructura tanto pública como privada.

SEGUNDO MITO: LA RESTRICCION EXTERNA

Las relaciones de nuestro país con el exterior nos demuestran que no se tiene un problema de restricción externa clásico, esto es, no es que necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial. De hecho desde el año 2003 hasta los últimos datos oficiales a octubre de 2020, nos dicen que se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) en 156.355 millones de dólares, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo3, permitió que las empresas pagarán supuestas deudas externa e importar en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial4 ; más el hecho que los exportadores y los bancos tardan en ingresar las divisas de las operaciones, demostrado que hasta octubre 2020 en el MULC (Mercado Único Libre de Cambio), habían ingresado 5.049 millones de dólares menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos. El INDEC contabiliza exportaciones por 46.556 millones de dólares y el MULC percibe solamente 41.507 millones en esa divisa.

La economía Argentina es un importante exportador de alimentos, según informa la Bolsa de Comercio de Rosario el nodo portuario del Gran Rosario, que abarca al complejo industrial oleaginoso y portuario que en 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná que van desde la localidad de Timbúes (al norte) y hasta Arroyo Seco (ubicada al sur de la ciudad) y donde se encuentran localizadas unas 31 (treinta y uno) terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas, de las cuales unas 21 (veintiuno) despachan granos, aceites y subproductos; se convirtió en la principal zona portuaria de exportación de esos productos en el mundo. Le sigue después el distrito aduanero estadounidense de Nueva Orleans, Luisiana, en Estados Unidos y en tercer lugar por volumen exportado se ubica el puerto brasilero de Santos.

Se trata básicamente de10 (diez) empresas que comercializan y tienen los puertos sobre la Hidrovía del Paraná, realizan las ventas externas por declaración jurada y no existe por parte del Estado un control estricto de lo que exportan. Los exportadores triangulan sus operaciones, lo demuestra claramente el caso Vicentin, su asociación con la multinacional Glencore en “Renova SA” y posterior venta de su participación que implicó las presentaciones judiciales y el pedido de quiebra de dicha firma.

Diez empresas representan el 91% de las exportaciones agro industriales: Cargill; Glencore (como Oleaginosa Moreno SA y como Renova SA, que era la empresa que tenían en forma conjunta con Vicentin SA); la empresa China Cofco; las americanas ADM; Bunge Ceval; y Louis Dreyfus; y las privadas nacionales Molinos Agro de Pérez Companc; AGD (Aceitera General Deheza) presidida por Roberto Urquía; ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas); y el Grupo Olio (Díaz y Forti) que opera en las instalaciones de Vicentin SAIC, todas conforman y son el núcleo duro del CAA (Consejo Agro-industrial Argentino).

Ahora ese CAA pretende que no se le cobre nuevos impuestos y no se le suban las retenciones por diez años (estabilidad fiscal), cuando, por ejemplo, los conspicuos miembros del CAA estuvieron reteniendo la liquidación de sus operaciones presionando para la devaluación de nuestra moneda con respecto al dólar, cuando hubo cosecha record y los precios internacionales de esos productos son los mayores de los últimos años (la tonelada de la soja arriba de los 450 dólares y su aceite por encima de los 950 dólares los 900 litros) sin embargo a noviembre 2020 habían ingresado divisas en un 16% menor que igual periodo del año pasado.

TERCER MITO: LA PRESCINDENCIA DEL ESTADO

Adam Smith fue un economista e ideólogo del imperio británico, escribió su libro “La Riqueza de las Naciones” en los albores de la revolución industrial, cuando sus colonias se dispersaban en todo el mundo y eran dueños de los mares, con el objetivo que ellos sean los industriales y los demás meros proveedores de alimentos y materia prima. Gran Bretaña que no dejaba producir ni tela en sus colonias, de allí la lucha por la independencia de las 13 colonias en la costa este de América del Norte. En ese marco inventa el mito de que: “Lo mejor que puede hacer el Estado por la economía nacional es dejar que ésta funcione según sus reglas naturales, que son las de la oferta y la demanda”.

En verdad, la política económica en el sentido amplio de la palabra, es el conjunto de estrategias y acciones que formulan los gobiernos y en general el Estado para orientar, influir y/o conducir la economía de los países, y como toda estrategia debe responder a un plan global, esto es grandes objetivos y las distintas medidas que se deben adoptar para cumplir con esos objetivos.

No existe Estado sin fijar metas, que son en sí misma la esencia del diseño del proceso de planificación de un gobierno, ya que al orientar su gestión le permiten alcanzar sus objetivos. Son parte también de la compleja interrelación de las políticas públicas como instrumentos para alcanzar los fines.

“El mercado es de vista corta, no resuelve bien los problemas de mediano y largo plazo; es ciego al costo ecológico de los procesos económicos; es sordo a las necesidades de los individuos y sólo reconoce las demandas respaldadas con dinero; el hambre sin ingresos no vale; es deficiente para dar cuenta de las llamadas economías externas, es decir cuando hay costos o beneficios indirectos; es incapaz de lograr el equilibrio macroeconómico; opera torpemente cuando en el sistema dominan los monopolios, se cierra la entrada a nuevos competidores y las economías de escala son discontinuas; no puede lidiar contra la falta de patriotismo, la corrupción y la deshonestidad; distribuye mal el ingreso nacional y puede hacer más ricos a los ricos a costa de los pobres, etc.”5

CONCLUSION

La legislación financiera y cambiaria que se emplea es la de la dictadura, con agravantes realizadas por Menem-Cavallo y por la anulación del Decreto 2581/1964 de Macri, por un parte; y por otro lado, sabemos que los circuitos ilegales están directamente conectados con el sistema financiero formal, que no son compartimentos estancos, ni separados por exclusas. Los “financistas” son los dueños y CEOS de los principales bancos privados del país, conectan puntas entre inversores y tomadores de crédito. El cruce de dinero entre plazas financieras puede vincular Montevideo, Nueva York, Hong Kong o Londres mediante el llamado “dólar cable” (que consiste en girar dólares en efectivo a través de una cueva financiera), que fondea parte de la oferta del dólar blue y que incide fuertemente en la fuga de capitales de las divisas originadas en el país.

Que existen doble contabilidad y triangulaciones con el exterior en los exportadores (sub facturan sus ventas) y en los importadores (precio de transferencia pagan más por los insumos que traen de sus casa matrices y siempre hacen depender su producción de esos insumos) y los que lo instrumentan son los bancos mediante las cartas de crédito o las letras de cambio

El mismo BCRA en mayo de 2020 presentó un trabajo donde demuestra que en los cuatro años de gestión de Cambiemos se fugaron 86.200 millones de dólares y que los cien primeros compradores lo hicieron por 24.679 millones de dólares, a razón promedio de 246,8 millones de dólares cada uno de ellos. Nunca se comunicó quienes eran, pero es fácil deducir que son los mismos que no quieren pagar el aporte solidario a una Administración Pública que enfrentó sola de soledad absoluta, gracias al heroísmo de los médicos y paramédicos de los distintos hospitales y programas de salud, muchos pagaron con su vida, un porcentaje importante se infectaron con el covid y todos trabajaron horas y horas poniendo en riesgo incluso a su familia en cumplimiento del deber y cobrando sueldos miserables, pero más

miserable y egoísta de los magros ingresos que se la paga, son los ricos de este país y los funcionaros que hacen la vista gorda y se desentienden de la fiscalización que les corresponde como tarea principal.

En una parte de su discurso en el Estadio Diego A. Maradona de La Plata en este mes de diciembre 2020 Cristina Fernández de Kirchner sostuvo: “No estoy diciendo nada que no se pueda hacer, doce años y medio lo hicimos en la República Argentina, y por eso, además de por la unidad, volvimos. No nos olvidemos de esto, porque si uno no sabe cómo llegó es probable que no sepa tampoco cómo ir”.

 

  • 1.La ley 21.526 le concedió a los bancos comerciales realizar “todo aquello que esta ley no prohíbe”, dándole ventajas exclusivas, siendo los únicos habilitados para captar depósitos en cuenta corriente.
  • 2.Bancos Galicia, Macro, Credicoop, Santander-Río, BBVA, HSBC, ICBC, Citi, Patagonia, y Supervielle.
  • 3.Macri anuló la Emergencia Cambiaria, que obligaba a exteriorizar la compra de divisas al BCRA mediante acuerdo firmado por la máxima autoridad de Comercio Exterior del país, de Aduana y del BCRA (Decreto 2581/1964) y la redujo solo al BCRA.
  • 4.Que se hubiera evitado derogando el Decreto 893/2017 que a su vez había anulado la Emergencia Cambiaria del Decreto 2581/1964 vigente durante 53 años.
  • 5.El método PES (Planificación Estratégica Situacional) entrevista de Franco Huertas a Carlos Matus Romo. Ed. Altadir.

 

 

https://www.otravozradio.com.ar/mitos-y-falacias-de-la-economia-argentina

DOS PAÍSES

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En medio de las luchas civiles que desangraron al país a partir del golpe unitario del 1º de diciembre de 1828 y tras el triunfo de las fuerzas de Juan Manuel de Rosas y Estanislao López sobre las conducidas por Juan Galo Lavalle, los pueblos del interior pidieron ser convocados a un Pacto Federal. Las preparatorias del acuerdo entre provincias se llevaron a cabo en 1830 en la ciudad de Santa Fe. En representación de Corrientes se apersonó Pedro Ferré, que había trabajado en los astilleros de su padre, Juan Ferré, quien lo inició en el arte de la carpintería naval. Allí enfrentó la tesis librecambista del representante de Buenos Aires, José María Roxas y Patrón, que era el Secretario de Hacienda de Juan Manuel de Rosas. Pedro Ferré defendió una po­lítica proteccionista que asegurase la preservación y el desarrollo de las industrias y artesanías provinciales frente a la ruinosa competencia de las manufacturas extranjeras.

En ese encuentro preparatorio, Pedro Ferré presentó un Memorándum [1] defendiendo la protección de la incipiente industria local, que leyó: “Sí, sin duda un corto número de hombres de fortuna padecerán, porque se privarán de tomar en su mesa vinos y licores exquisitos… Las clases menos acomo­dadas no hallarán mucha diferencia entre los vinos y licores que actualmente beben, sino en el precio, y disminuirán el consumo, lo que no creo ser muy perju­dicial. No se pondrán nuestros paisanos ponchos ingleses, no llevarán bolas y lazos hechos en Inglaterra, no vestiremos ropa hecha en extranjería y demás renglones que podemos proporcionar; pero en cambio, empezará a ser menos desgraciada la condición de pueblos enteros de argentinos, y no nos perseguirá la idea de la espan­tosa miseria a que hoy son condenados”.

Con irrefutables argumentos habla de la necesidad que tiene el país, para asegurar su progreso, de no depender exclusivamente de la ganadería. “Se dice y con razón: la riqueza casi exclusiva de Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes es la ganadería. Muy bien, pero en estas tareas se ocupará cierto número de persona, y quedarán miles y miles sin ninguno (a no ser que todos nos reduzcamos por necesidad a ser peones de estancias y dejar nuestras casas por buscar aque­lla). Los ganados se multiplican. Cada dos años se re­ponen. Eso es bueno, pero entretanto que se multiplican hasta proporcionar trabajo a todos los que no lo tienen, pasarán siglos. También los hombres se aumentan, y llévese esta progresión hasta donde se quiera, nunca podrá ser la ocupación exclusiva de la República la ganadería, porque no toda ella es a propósito para el pastoreo, y no podemos ni debemos desentendernos de los intereses de una parte de ella”.

Salvando los años y la distancia y reemplacemos ganadería por producción agraria y a lo sumo agroindustrial; reemplacemos pampa húmeda por hidrovía del Paraná; el trust de los Anchorena por la santa alianza entre los diez grandes bancos privados y diez acopiadores y comercializadores de granos y derivados; y el resultado es el mismo, una minoría que se integra al mundo a costa de la desintegración nacional, de la exclusión y miseria de dos tercios de la población, un país rico pero terriblemente desigual, con millonarios que aparecen en la revista Forbes y con el 60,2% de los niños en la pobreza, con la mayoría de los jubilados y pensionados que perciben la remuneración mínima o cerca de ella, pero ninguno de ellos superan en diciembre 2020 los $23.000 por mes.

Gobernar es crear trabajo

En la entrevista que le hacen Pino Solanas y Octavio Getino en 1971 —durante el exilio en Madrid—, Juan Perón dice: “Si desde el Estado se genera un plan de obra pública de envergadura, disminuye drásticamente la desocupación. Si baja el desempleo, suben los salarios. Si aumentan los haberes, se multiplica el poder adquisitivo. Si sube el poder de compra, aumenta el consumo. Si la demanda interna crece, el comercio se tonifica. Si se fortalece el comercio, la industria se trasforma para abastecerlo. Si hay desarrollo industrial, aumenta la demanda de materias primas. Si se venden más productos agrarios, aumenta la producción primaria. Si desde la acción del Estado, el ciclo de la agricultura, la industria, la distribución y el consumo se mantienen nivelados y armónicamente promovidos, hay progreso. Sólo hay progreso cuando se crea trabajo”.

En un marco feroz de degradación de la economía mundial provocado por una crisis estructural de sobreproducción, la industria es el único sector que tiene la capacidad de generar puestos de trabajo, al menos cuantitativamente importante, como para abarcar una población económicamente activa del tamaño de la argentina. Contamos con una “masa crítica” industrial no despreciable, una importante capacidad en construcción (tanto pública como privada), y fundamentalmente, con un mercado interno que debe ser apuntalado y consolidado para que se convierta en la demanda final de la mayor parte de la producción.

Para crecer sostenidamente debemos fortalecer el mercado internos con mejores salarios y más empleo. También se debe pensar en algunos sectores en modelos de industrialización de los recursos naturales con una participación fuerte del Estado, como puede ser el caso Vicentin, que obviamente serviría para poner un pie, una cabeza de playa, en tan estratégico y sensible rubro como es el de los granos y derivados.

Dada la fuerte extranjerización de nuestra economía, se viabilizan procesos de “sustitución inversa” (se importan bienes que se pueden producir en el país) y se fugan capitales a través de los llamados “precios de transferencia”, que no son otra cosa que pagar un mayor valor del real por insumos y asesoramiento técnico del exterior.

Se deben potenciar los recursos naturales y al mismo tiempo diversificar la matriz industrial, proceso que pone al debate en un nuevo punto de partida, en el que se impulsen actividades manufactureras donde existen capacidades acumuladas significativas y trayectorias de aprendizaje considerables como para adaptarse al nuevo mapa global sin entrar en directa competencia con el este asiático y menos por reducción de los salarios locales.

Ramas como la automotriz, la autopartista, la química, la farmacéutica, la producción de bienes de capital, el software, pueden formar parte de esta estrategia ofensiva. En paralelo, hay que adoptar una estrategia defensiva en sectores muy sensibles a la competencia extranjera (textil-indumentaria, muebles o parte de la metalmecánica), muy generadores de empleo pero con enormes dificultades para competir, en un marco en que la clave de la integración internacional por tener ventajas comparativas dinámicas es la agro-industria.

En teoría económica se plantea en la Ley de Thirlwall [2], que estudiando los países con baja dotación de capital, observa la elasticidad Ingreso-Importaciones, cuánto crecen las segundas cuando crece el producto. En la Argentina para el período 1980-2015 da en torno de tres veces, esto es, por cada punto que crece el producto bruto interno, las importaciones se acrecientan 3 –tres— puntos.  Ejemplo, en el año 2010 el PIB creció un 9,2% anual, y las importaciones lo hicieron en un 34%[3]

Por ende se debe sustituir importaciones en general y a como dé lugar, obviamente y principalmente, disminuir la elasticidad-producto de las importaciones supone sustituir importaciones en sectores estratégicos para así construir encadenamientos productivos más complejos y desarrollar redes de proveedores nacionales más densas. También se debe aumentar la elasticidad producto de las exportaciones y ello supone cambiar su composición hacia bienes con mayor valor agregado y de mayor demanda en los patrones de consumo mundiales.

Lo que nos quieren hacer creer

La Argentina no presenta un problema comercial o de falta de divisas, el superávit comercial acumulado hasta octubre 2020 fue de 12.171 millones de dólares. El problema real es que la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo, permitió a las empresas pagar supuestas deudas externas e importar en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial [4]; más el hecho de que los exportadores y los bancos tardan en ingresar las divisas de las operaciones, demostrado que hasta octubre 2020 en el MULC (Mercado Único Libre de Cambio), habían ingresado 5.049 millones de dólares menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos. El INDEC contabiliza exportaciones por 46.556 millones de dólares y el MULC percibe solamente 41.507 millones en esa divisa.

En ese marco, el CAA (Consejo Agro-industrial Argentino) promete a cambio de que no le incrementen los impuestos ni le suban las retenciones por diez años, llevar las exportaciones del sector de unos 45.000 millones a 100.000 millones anuales en esa década. El  CAA está constituido por 57 entidades en todo el país, pero su representación la asumen el presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, José Martins; el coordinador de la Mesa Nacional de las Carnes, Dardo Chiesa; el presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), Gustavo Idigoras; y el titular de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Jorge Chemes.

Gustavo Idigoras es un ex gerente de Monsanto Argentina donde trabajó toda la vida hasta asumir la Dirección Ejecutiva de CIARA-CEC, centro que en todo el año 2020 estuvo reteniendo la liquidación de sus operaciones presionando para la devaluación de nuestra moneda con respecto al dólar, cuando hubo cosecha récord y los precios internacionales de esos productos son los mayores de los últimos años, con, por ejemplo, la tonelada de la soja arriba de los 440 dólares y su aceite por encima de los 920 dólares los 900 litros en noviembre 2020. Sin embargo a noviembre 2020 habían ingresado 16% menos divisas que en igual periodo del año pasado.

La propuesta concreta del CAA es la primarización de la economía argentina, sino preguntémonos cuánta mano de obra demanda una tonelada de soja, o de aceite. Pero no solo genera poco trabajo, sino que al priorizar las ventas externa, revierte el sistema y en lugar de que se destinen los saldos exportables, se vende afuera a costa de la caída del salario y del empleo de los trabajadores que reduce el mercado interno. Y el camino es vía la presión a la devaluación de nuestra moneda, que no puede disociarse del mercado interno porque la CAA exige la estabilidad de las retenciones por diez años. Es más, la supuesta puja sería que, para que no suba el precio del dólar, se deberían aumentar las tasas de interés. Con ello se entraría en una combinación perversa contra la economía nacional, generando la transferencia de los que trabajan y producen para el mercado interno (que es donde se destina más del 70% de lo que se produce en el país) a favor de los exportadores y de los bancos.

Es cierto que la Argentina con una gran producción alimentaria, el desarrollo industrial, minero y tecnológico posible con la mayor expansión nuclear y satelital, pese al retraso impuesto en la industria, a la vez que las posibilidades energéticas: gas, petróleo y litio para las baterías eléctricas y los autos eléctricos como posibilidad inmediata y mediata, tiene un fuerte sustento, pero para crecer sostenidamente debe orientarse esencialmente al mercado interno.

Por eso el camino es el inverso, no hay necesidad de devaluar nuestra moneda porque ya lo hizo la gestión de Cambiemos, cuando entre abril y julio de 2018 el dólar pasó de $ 20,20 a $ 39,50, por un lado y, por otra parte y fundamentalmente, el rinde de nuestra pampa húmeda hace que el costo sea mucho menor que el internacional y les deja a los productores, acopiadores y comercializadores una renta extraordinaria. Y cada vez que se devalúa se encarecen los alimentos porque es lo que básicamente exportamos, deteriorando el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones. Y sí se deben aumentar las remuneraciones por paritarias y hacer obra pública para generar empleo y que se financie con impuestos a las grandes corporaciones de este país. Que es, por otra parte, lo planteado en la Ley de Presupuesto Nacional 2021, donde se sostiene que los salarios públicos crecen un 34,5% (y es referente de la remuneración en el sector privado y el resto de las  administraciones públicas), los precios un 29% y el tipo de cambio un 25% (se estimaba en $ 102,40 en diciembre de 2021) impulsando el mercado interno.

 

 

[1] Memorias del Brigadier General Pedro Ferré (Octubre de 1821 a diciembre de 1842)  Editorial Coni Hnos. (1921)
[2] Anthony Thirlwall “La naturaleza del crecimiento económico: Un marco alternativo para comprender el desempeño de las naciones”  Ed. Fondo de Cultura Económica
[3] En realidad la relación es mayor cuando se sale de un proceso de menor a otro de mayor crecimiento del PIB, como lo reflejan claramente los años 2009 y 2010 para nuestro país.
[4] Que se hubiera evitado derogando el Decreto 893/2017 que a su vez había anulado la Emergencia Cambiaria del Decreto 2581/1964 vigente durante 53 años.

 

 

DOS PAÍSES

 

Argentina en el nuevo escenario mundial. Conversaciones con Carlos Abalo

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CONVERSACIONES DE HUGO GARNERO CON CARLOS ABALO

Hugo Garnero: Está claro que Trump perdió. Pero ¿también perdió su intento de proteccionismo?

Carlos Ábalo: Trump perdió y  su intento de proteccionismo en la economía mundial le resultó imposible a Estados Unidos. Como lo fue en su momento para la URSS porque todo hay que pensarlo en su desenvolvimiento dentro del sistema mundial.

HG: ¿Y China?

CA: La contraparte es la globalización china, que consiguió formalizar la región del sudeste asiático con Japón, pese a que no está Estados Unidos, pero no está claro todavía como es la integración de la India allí y hasta ahora es poca la  información que tenemos a mano.

HG: Entonces Estados Unidos ¿qué puede hacer?

CA: La alternativa de Estados Unidos es consolidar a América Latina como su región, lo que ya consiguió con Canadá y México, aunque este último país mantiene su tradicional independencia respecto a las políticas de EE.UU., como se ve en Venezuela. Lo próximo para EE.UU. es meter en esta bolsa a Brasil.

HG: Y ¿Argentina qué?

CA: La Argentina queda afuera de esto y por eso mismo aparece el camino de reforzar su integración con China, porque va a ser su gran proveedor agroalimentario, algo así como reeditando el papel que cumplió en su origen, como proveedor de Gran Bretaña. Lo nuevo ahora es que ese papel solo se puede cumplir con una gran infraestructura para todo el territorio nacional y no solo para la pampa húmeda y que por eso mismo significa que es imposible hacerlo sin una gran industria, empezando por la siderurgia, la metalmecánica y las pymes, con gran desarrollo de la digitalización, que va a despertar otras actividades y tecnologías y potenciar la energía y la minería.

HG: ¿Solos en América Latina?

CA: No. El que inició ese camino fue Uruguay, al entrar en la Nueva Ruta de la Seda, y ese fue el eje de la visita de Alberto Fernández a Lacalle Pou. En eso, pese al origen político distinto de los dos presidentes, los dos países van a estar juntos, porque Uruguay solo como productor agropecuario, era muy difícil que lo pudiera concretar y, a la vez, como Uruguay pudo hacerlo antes que lo pueda impedir Bolsonaro, se convirtió en el eslabón del que se agarra la Argentina para desplegar en un futuro próximo su ingreso a la Ruta de la Seda, que para China ya es una cuestión de hecho.

HG: ¿Y los otros países de la Región?

CA: En esta relación es clave lo que suceda en Chile, indispensable para completar el eje con China a través del Pacífico y los corredores andinos, lo que en gran medida depende de cómo se conforme el Chile político que salga del período de convulsión social que va a reorganizar todo. Son nueve los países latinoamericanos que están en la Ruta de la Seda, pero ninguno de los tres más grandes. A Chile lo incluyó Sebastián Piñera pese al conservadorismo, porque China es el país con el que tiene mayor intercambio, que fue de 42.791 millones de dólares como suma de exportaciones e importaciones en 2018, la misma razón por la que Macri no frenó la relación comercial, pero –a diferencia de Chile- se cuidó de ingresar en la Ruta de la Seda

HG: ¿Cómo se desarrolla ese camino para nosotros?

CA: Para la Argentina, esto también será posible, sobre todo si se concreta el acuerdo con eje en el agro y la industria, que descarte para siempre la política anti industrial que caracterizó al anti peronismo y se estructure una nueva política económica en función del mutuo apoyo agro industria para lograr el gran aumento en la producción agropecuaria, extenderla fuera de la pampa húmeda, tener un gran desarrollo minero y energético y centrar la otra parte del esfuerzo en la industrialización, que es la gran oportunidad  histórica que se abre.

La otra cuestión, decisiva, es si en el sur del continente, la Argentina –gran productor agropecuario y agroindustrial- se vincula a la Ruta de la Seda sin Brasil o con Brasil, en cuyo caso es el Mercosur el que renace en la integración  y lo potencia como región, ya que en la época de la integración mundial la integración fuera de las superpotencias se da a través de las regiones y, en ese caso, la posibilidad de una revolución industrial en el Mercosur sería incomparablemente mayor, pero esto requeriría un análisis aparte, más específico.

HG: No parece sencillo…

CA: En gran medida depende de cómo sigue la crisis mundial y cómo evoluciona el balance entre China y EE.UU., que es la mayor incógnita y también la más decisiva. Ahora está claro que es imposible cambiar una economía nacional fuera del capitalismo cuando éste se ha convertido en un sistema mundial, y también que no se puede cambiar al capitalismo desde afuera, y esto es lo que explica el peculiar capitalismo de China, planificado por el PC. Esto también, unido al crecimiento de la deuda, fruto de la crisis, es lo que explica al peronismo acordando con el FMI y que Alberto lleve a cabo una política económica que no es igual a la que llevó a cabo Cristina y por qué Cristina recurrió a Alberto para vencer electoralmente a Macri uniendo al peronismo.

En primer lugar veamos cómo puede seguir la situación mundial. Aquí se abren dos posibilidades: la evolución de una economía mundial completamente integrada, como estaba siendo en los últimos años. Esa perspectiva, en no más de 10 a 15 años,  pareciera que desemboca en el predominio chino, salvo que -mediante una furiosa competencia de empresas y tecnologías- la burguesía china consiguiera independizarse del PC, aunque igual daría lugar a un capitalismo con eje en el Estado, en cuyo caso la preeminencia de uno u otro país va a estar más discutido, para lo que va a ser decisivo lo que ocurra en la India, que puede ser una segunda China, pero con una política nacionalista más próxima a buscar acuerdos con EE-UU. y condición, a la vez, para que EE.UU. no pase a segundo plano, aunque es más difícil que lo anterior.

HG: Es un cambio de la geopolítica demasiado fuerte…

CA: En esta guerra fría generalizada y mayúscula que se desenvolverá a través de las empresas y de la economía, una definición próxima es el grado de integración. Por lo que parece, tanto EE.UU. como sobre todo China se largan a una globalización con tecnología fracturada, diversa, como consecuencia del proteccionismo con que Trump trató de defender a EE.UU. de China, y esto será esencial para determinar el triunfo de una o de otra.

Si cada una desarrolla su propia tecnología en una economía mundial única, la ventaja de China es la conducción política del PC sobre el capitalismo en una sociedad más equitativa, que a la vez le permite mantener un crecimiento más rápido, ahora fundamental para definir esa cuestión. La elección de Xi Jinping de la tecnología propia es para no estar sujeto a los bloqueos estadounidenses, como la restricción al acceso de Huawei a EE.UU. o a las importaciones de chips por parte de China. La secuencia de diseño y fabricación de los chips es una cadena universal compleja y diversificada y es un gran desafío resolverla en un solo país, pero mientras EE.UU. pueda impedir esas ventas a China (Taiwán es uno de los grandes productores más diversificados) no tiene más remedio que encararlo.

Del otro lado, EE.UU. tiene a su favor la ventaja en la punta tecnológica, y su capitalismo auto dirigido por los capitalistas más lento que el chino se podría llegar a compensar con: a) un plan Marshall similar al que levantó a Europa en la posguerra, que se enfoque en la India y la desarrolle con sus pautas privadas de capitalismo, 2) que ese desarrollo sustraiga de la influencia china al resto del sudeste asiático y que termine aislándola y a la vez promoviendo su capitalismo con independencia del PC. Lo decisivo de la punta tecnológica y el fraccionamiento chino es que si se llega a una nueva fase ascendente, el protagonismo corresponderá a la industria 4.0 o a la revolución tecnológica de digitalización industrial. China lo combinará con lo que llama la doble circulación, que elevará el consumo interno para compensar el menor crecimiento externo que pudiera tener sin afectar a la suma de la oferta y su productividad con el mayor énfasis tecnológico, cada vez más decisivo en la competencia.

En ese panorama quedan cuatro incógnitas: a) Israel, posible polo tecnológico de un capitalismo privado que someta a todo el Medio Oriente, empezando por los palestinos y siguiendo con Irán; b) Rusia, en principio destinada a asociarse con China, pero que pareciera concretarlo a medida que logre reconquistar el antiguo espacio soviético de Georgia y Ucrania para no quedar demasiado subordinada a China; c) cómo se terminan de integrar los árabes, ya que el acercamiento a Israel es para financiar su expansión tecnológica en el Medio Oriente, y d) dónde se ubica África, hasta ahora encaminada a China a través de la Ruta de la Seda.

HG: ¿Eso es todo o hay más?…

CA: Esto incluye dos temas más:

1) Si por un tiempo ninguna de las dos mayores economías va a ser la decisiva y va a crecer la acumulación de capital más que la economía, las divisas se van a volver más inseguras y van a aparecer otros tipos de monedas, más compatibles con la economía digital, y

2) La larga crisis actual es porque al no estar definida cuál es la economía mayor, no hay seguridad y se demoran las inversiones concretas, y por eso la acumulación difiere de la inversión e implica mayor inversión en forma financiera o de acciones.

El oro va aumentar de precio por resguardo concreto o porque la mayor asistencia financiera de los Estados mediante emisión va a dinamizar de alguna manera la economía y, a la vez, si hay períodos de una cierta dinamización de la economía en medio de la crisis, en esos períodos también se va a incentivar la inversión en las economías emergentes y a aumentar la deuda.

Al mismo tiempo, la sobrevaluación de las acciones por encima del valor del PBI está indicando la posibilidad de contar ahora con activos que aseguren una mayor rentabilidad futura cuando finalmente se lance toda la inversión posible en la nueva industria y aumente considerablemente la productividad. Estas variaciones la vemos hoy en la trayectoria bursátil con burbujas y pinchaduras de burbujas y en crisis que no terminan y que requieren auxilio del Estado. Pero el auxilio del Estado es propio del capitalismo tradicional en crisis porque no puede pasar sin ese auxilio al nuevo rumbo tecnológico: por eso precisamente el nuevo capitalismo es un capitalismo estatal o con más peso del Estado.

HG: Volvamos al panorama que planteaste la semana pasada para Argentina…

CA: Esas reflexiones mostraban una tendencia, un principio para saber que terreno estamos pisando para después convertirlas en política. Lo nuevo de este momento es que el agro de la Mesa de Enlace era un agro divorciado de la industria, en el que el agro estaba en el centro con una política anti industrial que dejó a la Argentina atrás de Brasil y de México en PBI, aunque el peronismo consiguiera dar vuelta esa tendencia mientras estaba en el gobierno. En cambio, el agro del CAA es un agro industrial que puede volver a exportar en gran magnitud, como en la época dorada de antes de los años ´30, y que para hacerlo en esa magnitud necesita de una industria, no como cuando se conformaba como un agro nacional dentro de una división internacional del trabajo en que la industria correspondía a otros países.

HG: Hay muchos compañeros que dudan de esos acuerdos…

CA: Esto no invalida que la propuesta del CAA va a seguir tratando de perjudicar al salario y el mercado interno, pero en las nuevas condiciones tiene de favorable que aún quien estuviera tan cerca de Macri como Paolo Rocca, reconoce que se abre la perspectiva de la industrialización para América Latina: no es poco, ni quiere decir que tanto la propuesta del CAA como la de Techint sean las que hay que apoyar.

HG: hay procesos de transición en todos los modelos económicos…

CA: Creo que esto solo se puede entender si nos damos cuenta que no se pasa automáticamente de un modelo a otro modelo, sino a través de una transición.

Yo lo tuve que terminar de entender porque también cuando era muy joven creía que del capitalismo se podía pasar al socialismo, aunque valoraba las situaciones intermedias, en que un capitalismo distribuía el ingreso, y por eso lo concilié con mi apoyo al peronismo, que después se transformó en identificación a medida que fui comprendiendo que el paso de una sociedad a otra puede tener muchas transiciones.

Ahora me parece entender que esa transición es la que explica el capitalismo en China, no es que el PCCh se volvió capitalista, como el de Vietnam, como dicen los trotskistas, sino que la transición tiene lugar dentro de un sistema mundial, el tránsito no es sólo el de China sino el de toda la economía mundial, sobre todo cuando quien encabeza el tránsito lo hace para salir del sistema anterior y esto es lo difícil de comprender.

Lo es también para nosotros: las propuestas de cambio son dentro de la transición: no vamos a terminar de liquidar también al CAA o a Techint, sino a ubicarlos de otra manera en una economía que evoluciona en función de ese tránsito, pero hay que empezar por tener una idea de la posible trayectoria para entenderla y después para tener una política, pero tampoco para el paso de un modelo a otro, sino para una política que marche al ritmo de esa transición. Por eso Cristina no es Alberto, Cristina es la apuesta por otro modelo y Alberto es la transición y por eso también su política es más capitalista de lo que imaginamos y eso también hay que entenderlo.

HG: ¿Hay que repensar al peronismo?

CA: Es una cuestión también teórica y decisiva para entender lo que estamos viviendo: el peronismo no fue solo una política de distribución del ingreso sino la forma que tuvo el único intento de revolución industrial que hubo en la Argentina, que al haber sido resistida por la propia burguesía argentina, que quería seguir siendo una oligarquía agraria, no pudo desenvolverse como tal y dio origen a la industria sustitutiva, propia de un capitalismo sin burguesía industrial, que marcó una vía de salida del subdesarrollo para los países subdesarrollados. Como en la Argentina la transformación en burguesía industrial o la transformación de ésta en burguesía dominante siguió siendo resistida por la oligarquía agraria en el poder con aliados en las finanzas, quedó atrás de esos dos países latinoamericanos e inauguró una decadencia continuada, inexplicable de otra manera, que ni siquiera el peronismo pudo terminar de recomponer, y una parte del peronismo se sumó indirectamente a la concepción anti industrial a través del monetarismo para hacer frente a la política antiinflacionaria con la que se buscó enfrentar la hiperinflación de final de los años ochenta.

Por eso, entre nosotros, la ideología monetarista encubrió el anti industrialismo elevando a la máxima categoría al déficit fiscal y a la emisión monetaria como explicaciones decisivas de la evolución económica, relegando la del contenido material de la producción y de la centralidad que adquiere la industria en el desarrollo capitalista, y se vuelve más necesario ahora, porque la revolución digital tiene por centro a la industria: sin una industria fuerte, no hay desarrollo posible de la revolución industrial.

HG: Entonces…

CA: Bueno, hay algunas otras consecuencias de estas reflexiones, pero siguen siendo reflexiones conceptuales originadas en tratar de entender el sistema mundial, que en nuestra época es esencial para entender la evolución nacional y por eso también hay que entender estos conceptos dentro de esos límites y buscar la forma en que se desenvuelvan al país a través de una política.

 

UN AÑO DE GESTIÓN EN ECONOMÍA

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Se ha cumplido un año de gobierno de Alberto Fernández que en el área de la producción, el trabajo, el comercio y el consumo trató, en un principio, de ordenar las variables ante el retroceso del PIB que dejaba el gobierno de Cambiemos, más una persistente fuga de capitales y su impacto sobre el tipo de cambio. La deuda externa había crecido más de 100.000 millones de dólares, de los cuales un 45% aproximadamente era con el FMI y la mayor parte de ella con perentorios vencimientos, un déficit fiscal de la Administración Nacional del 4,28% del PIB, un nivel de cierre de 24.505 empresas [1] y una tasa de inflación medida por el IPC del INDEC del 53,8% en el año 2019.  Como el dólar pasó de abril a junio de 2018 de $ 20,20 a $ 39,50, se obtuvo un superávit comercial de U$S 15.990 millones en el año 2019.

Obviamente ese diagnostico enfrentaba una situación social que el INDEC registraba en una tasa del 35,5% de pobreza y del 8% de indigencia, castigando más a los niños (se infería que el 48% de los niños del país eran pobres) y en los adultos mayores.

La ley de emergencia

No bien asumió el nuevo gobierno y en un marco de austeridad fiscal comienza a ejecutar el plan “Tarjeta Alimentar”, buscando resolver el hambre. El 23 de diciembre de 2019 se sancionó la Ley 27.541 denominada de solidaridad social y reactivación productiva, que suspendió el pago a los jubilados ajustado por inflación [2] y  determinó un ajuste por Decreto hasta que se formulará la nueva ecuación de ajuste.

También dicha ley establece un impuesto del 30% sobre la compra de dólares para ahorro, gastos con tarjeta y compra de servicios en el exterior, fijó un nuevo esquema de retenciones, e incluyó un plan de regularización de deudas para las pymes, y autorizó al Ejecutivo a revisar el cuadro tarifario del sistema energético y a intervenir los entes reguladores del gas y la electricidad.

La pandemia

El 19 de marzo 2020 ante la agresiva presencia del Covid-19 se decretó la cuarentena que obligó a un párate casi generalizado de la actividad económica y reconvirtió el gasto público para dar respuesta a los distintos programas de salud, equipamiento de hospitales y asisencia a las provincias, a los municipios, a la población desocupada (IFE) y hasta las empresas pagando parte de los salarios por ATP [3], reducciones y plazos en el pago de las cargas sociales, créditos, etc. que permitieron enfrentar las aristas más duras de la crisis de empleo y de la pobreza. Los índices empeoraron, por supuesto, en una carga que sobre todo cayó sobre los hombros de los trabajadores de la economía popular, aquellos con mayores niveles de precarización y cuentapropistas.

El INDEC estimó que al segundo trimestre del año 2020, 3.700.000 trabajadores perdieron sus empleos y cerraron 22.000 establecimientos. También que uno de cada cinco de quienes conservaron sus puestos, en muchos casos estaban suspendidos por sus empleadores y percibiendo por ello un haber menor. Hubo 5 millones de personas que cayeron en la pobreza. Muchos de los nuevos desocupados, pero también quienes conservando el empleo no llegaban a cubrir la canasta básica total, como resultado de una caída del 19,1% de la actividad económica.

El plan de salud no colapsó y asistió a la población. Pero el costo fiscal fue enorme, sumado a los muy menores ingresos tributarios por el descenso del nivel de actividad, de manera tal que se estima terminar el año con un déficit de las cuentas de la Administración Nacional en torno a los dos billones de pesos (equivalente en dólares a unos 23.000 millones) por más que se logre imputar a los gastos del año 2020 el ingreso de la Ley de Aporte Solidario (estimado en unos $ 400.000 millones), el déficit fiscal final rondará más de un billón y medio de pesos.

La reestructuración de la deuda

En los cuatro años de gestión de Cambiemos se revierte la lógica de desendeudamiento en moneda nacional y se endeuda en divisas al Estado que paga en pesos, de manera tal que al 30 de diciembre de 2019, según informa la Secretaria de Finanzas de la Nación, se adeudaban 323.177 millones de dólares que significaban el 91,7% del PIB (que se estimaba en 352.300 millones de dólares).

De esa suma adeudada, 155.416 millones de dólares eran en divisas. Si se descuenta el crédito efectivamente otorgado por el FMI en DEG, pero equivalente a unos 44.200 millones en moneda norteamericana (en diciembre de 2019), implican obligaciones por 111.216 millones de la divisa estadounidense. Creció sideralmente la deuda, dentro de ella lo que más se incrementó fue la deuda con grandes bancos y fondos de inversión internacionales que se estima en torno a los 66.000 millones de dólares. Asimismo, aumenta la proporción de la deuda tomada con organismos multilaterales y bilaterales de crédito, desde un 6,4% en 2015 hasta un 20,0% del PIB en 2019, siendo el principal acreedor el FMI, del que el gobierno de Kirchner había logrado cancelar todas sus acreencias con el país en febrero de 2006 y al que, al 10 de diciembre de 2015, no se le debía un dólar.

Los grandes bancos y fondos de inversión son principalmente BlackRock, Goldman Sachs (el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos de Trump, Steven Mnuchin, fue su CEO durante 17 años antes de asumir la función gubernamental), Franklin Templeton (que administra una cartera de activos por más de un billón de dólares, su representante en el país era Gustavo Cañonero hasta asumir como vicepresidente de Luis “Toto” Caputo  en el BCRA), PIMCO, Gramercy, Fidelity, etc.  En ese marco, el gobierno negoció y consiguió cuatro años de gracia sin pagar el capital de la deuda, una quita del 50% en los intereses que devenguen y una tasa del 6% anual (500 puntos de riesgo-país).  Igual trato se le dio a los bonos de deuda de jurisdicción nacional.

Termina el año 2020 y se está negociando con el FMI. La propuesta argentina es amortizar el capital de esa deuda dentro de cuatro años para 2025, e igual trato se le dispensaría a la deuda con el Club de París [4] cuya acreencia asciende a unos 10.800 millones de dólares, que devenga intereses a una tasa del 4% anual.

La apuesta es tan fuerte como la que le presentó a los fondos privados y terminaron aceptando cuando vieron que la Argentina no tenía capacidad de pago y que la propuesta del equipo económico nacional no estaba alejada de la triste realidad, agravada por la pandemia del Covid-19.

La economía nacional  

Para hacer frente al Covid-19 el Estado con menores recursos por el descenso del nivel de actividad y ante mayores gastos, se vio obligado a financiarse básicamente mediante la emisión monetaria, de manera tal que en un año la base monetaria [5] creció en un 30%, para ser de dos billones y medio de pesos, de los cuales menos de 500.000 millones fueron al Tesoro de la Nación, mientras que las LELIQs (Letras de liquidez del BCRA) crecieron en un billón de pesos, el doble, porque devengan un interés anual del 37%, que se paga cada siete días y cada mes insume más de $ 63.000 millones de pesos.

Todo esto convierte al financiamiento estatal en un despropósito en el que se benefician básicamente diez grandes bancos privados: Galicia, Macro, Credicoop, Supervielle entre los nacionales y entre los extranjeros Santander-Río, BBVA, HSBC, Citi, Patagonia (el 80% pertenece al Banco Do Brasil)  y BNP Paribas. Todo ello les ha permitido ganar mucha plata, sin riesgo alguno y solo por tener la autorización del BCRA para funcionar como bancos (técnicamente se denomina “renta financiera”), captan depósitos del público y se lo prestan al BCRA,  mientras el país sufre la caída del producto bruto interno más grande desde que se tiene registro.

 

El poder de los bancos nace de la captación de depósitos del público y de la potestad de asignarlos a quien quieren, por un lado y, de comprarle al Banco Central los dólares que se originan básicamente por el comercio exterior y por deuda (sobre todo en los gobiernos liberales) [6].

Es más las operaciones de comercio exterior los tienen como principales instrumentistas financieros, sumándose a los nombrados, el ICBC (Banco Industrial y Comercial de China) que es el primer banco por volumen de activos del mundo mediante el cual operan las empresas de ese país, como COFCO, que es una de las principales acopiadoras y comercializadoras de granos del mundo que absorbió a Nidera y a Noble entre otras firmas.

Los grandes exportadores de granos del país estuvieron todo el año reteniendo la liquidación de sus operaciones presionando para la devaluación de nuestra moneda con respecto al dólar. Recién a partir del 1° de diciembre de 2020 mediante la Resolución 132/2020 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación se exige a los operadores de granos que para mantener la inscripción en el registro de los exportadores tendrán que cumplir con el plazo previsto para la liquidación de divisas

El nudo gordiano de la Argentina actual es la “santa alianza” entre los grandes bancos y los grandes operadores del comercio exterior, entre estos últimos los diez grandes exportadores de granos (sumado COFCO), que concentran el 91 por ciento de las exportaciones de granos, legumbres, harinas y aceites vegetales del país. Seis son extranjeras, de las cuales cinco de ellas se hacen llamar por su primera letra ABCD: ADM; Bunge Ceval; Cargill; COFCO; Louis Dreyfus, más Glencore como Renova SA y/o como Oleaginosa Moreno SA. [7]  Y las otras cuatro nacionales: Aceitera General Deheza; ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas); Molinos Agro de Pérez Companc y el Grupo Olio (Díaz& Forti) que opera en las instalaciones de Vicentin SAIC.

El concurso de acreedores de Vicentin SAIC significó la virtual estafa a miles de productores de granos de todo el país, en que la deuda real con los productores/proveedores seguramente multiplica varias veces a la efectivamente registrada en la convocatoria. No debe olvidarse de la existencia de los “valijeros” y de la entrega de granos de palabra, sin la existencia de ninguna documentación para no pagar impuestos. Caso concreto la denuncia de los socios de ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) y un centenar de cooperativas agropecuarias en que el valor de los granos entregados es mucho mayor que el que aparece en el concurso de acreedores, o de la firma Grassi SA por lo mismo y, hasta de la acopiadora “La Clementina SA”, que le había entregado granos el 4 de diciembre de 2019 en que se declaró en “stress” financiero. Vicentin SAIC recibió la mercadería sabiendo que no la iba a pagar. El problema es que la estructura de Vicentin va a ser despedazada por las grandes empresas del sector y, de esa manera, no solo se concentra más el mercado granario y de sus derivados agroindustriales, sino que se pierde una excelente oportunidad para contar con una empresa testigo en el sector, que permita conocer los costos reales, perfeccionar los mecanismo de control de contabilidad y pago de impuestos y derechos, que fue la idea original en el Decreto de intervención y proyecto de ley de expropiación en la empresa, que al anunciarlo el Presidente de la Nación dijo: “El objetivo es que siga funcionando y que sus siete mil trabajadores tengan la tranquilidad de continuar con sus empleos y que los dos mil seiscientos productores puedan seguir contando con una empresa para venderle lo que producen y que la Argentina siga teniendo un pie en un operador de esta envergadura”.

Balance anual

Ante el descenso del Producto Bruto Interno y niveles de pobreza y exclusión social en el país como no existe registro [8], el Observatorio de la Deuda Social de la UCA estima la pobreza en un 44,2% de la población y la indigencia en un 10,1%, afectando a más de 20.000.000 de personas; donde la jubilación mínima se la llevó a $ 19.035 mensuales para diciembre 2020 y es operativa, más de cinco millones de jubilados y pensionados cobran en torno a ese monto; y casi nueve millones de personas esperan recibir el IFE, del otro lado nos encontramos con la renta primaria y financiera que perciben como si fuera un derecho natural y de ese tema no se habla.

En ese marco, el gobierno piensa desarrollar un mercado de capitales local, que considera fundamental tanto para ampliar el fondeo del Tesoro a través del endeudamiento y reducir la asistencia del BCRA como para impulsar el financiamiento productivo a las empresas en la salida de la pandemia. Es más, el gobierno confía en que el acuerdo con el FMI destrabará una ampliación del crédito de bancos multilaterales, como el Banco Mundial, el BID y la CAF, para proyectos de infraestructura que permitirá cubrir parte del incremento en el gasto en obra pública presupuestado para el año 2021.

Todo eso puede realizarse pero mientras se dependa de los exportadores y de los bancos va a seguir la puja devaluatoria y la suba de las tasas de interés perjudicando severamente y aún más a los pequeños y medianos establecimientos, a las economías regionales y, fundamentalmente, a los trabajadores que no solo no podrán conseguir trabajo, sino que si lo hacen será con salarios por debajo de la línea de pobreza.

El camino a seguir lo trazó Néstor Kirchner. La Argentina de hoy, pese al gobierno de Cambiemos y la pandemia, destina más del 70% de lo que produce al mercado interno. Por lo tanto para que el país crezca sostenidamente es necesario aumentar los puestos de trabajo y las remuneraciones para que la masa salarial crezca (más trabajadores y con mayor poder adquisitivo) y con ello la demanda agregada.

Financió la política de igual a igual con los dueños de este país, creo puestos de trabajo, hizo crecer el producto y distribuyó en la población, pagó jubilaciones y pensiones a todos aquellos que el menemismo había dejado sin trabajo y sin aportes, estableció relaciones fraternales con los países de la región, se opuso al ALCA, impulsó el Mercosur, la Unasur y la CELAC. Trabajó de sol a sol por sus convicciones, en el año 2010 había sufrido dos operaciones por obstrucción en las arterias, le recomendaban reposo absoluto y se levantaba igual, hasta que la muerte lo sorprendió (y nos sorprendió) el 27 de octubre.

No es fácil hacer política en este país con el grado de concentración económica y el bajo nivel ideológico de gran parte de la población. Kirchner hizo concesiones como eximio jugador de ajedrez que debe ceder piezas para lograr el gran objetivo, ganar la partida, a la cual él sumaba defender la reina a costa del rey.

Así lo entendió el equipo del Ministro Martín Guzmán en el Proyecto de ley de Presupuesto Nacional 2021, donde sostiene que los salarios públicos crecen un 34,5% (y es referente de la remuneración en el sector privado y el resto de las administraciones públicas), los precios un 29% y el tipo de cambio un 25% (se estimaba en $ 102,40 en diciembre de 2021), impulsando el mercado interno.

 

[1] La AFIP (la Administración Federal de Ingresos Públicos) informó que durante el gobierno de Cambiemos  (diciembre 2015- diciembre 2019) cerraron 24.505 empresas, que representó una contracción de 4,3%, en un contexto en el que el sector más afectado fue el de las pequeñas y medianas empresas. 
[2] La fórmula que aplicó el Gobierno de Cambiemos redujo los haberes pese a estar compuesta en un 70% por la variación del IPC (y 30% por RIPTE) porque se aplicó un trimestre más tarde y los haberes se actualizaban en función de una inflación pasada que se aceleraba, por lo cual, corrían atrás de una inflación cada vez más alta y los jubilados y las jubiladas perdían sistemáticamente capacidad de compra. La jubilación mínima de septiembre 2019 fue fijada en $ 12.937,22  mensuales y de los siete millones de jubilados y pensionados de la ANSeS, más de cinco millones perciben el haber mínimo o cerca del mínimo.
[3] Si asistió por IFE en tres veces de $ 10.000.- por mes  a unas 8.676.000 personas.  Un país con unos 45 millones de habitantes, con una tasa de actividad del 47% significa que cuenta con una población económicamente activa de unos 22 millones de habitantes.  Las ATP se le llegó a otorgar a 289.000 empresas.
[4] El Club de París es un conjunto de países acreedores creado en el año 1956 para que los Estados más solventes financien problemas de las naciones endeudadas. Actualmente los países miembros son: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Holanda, Inglaterra, Rusia, Suecia y Suiza.
[5] Base Monetaria: Es la cantidad de billetes y monedas emitidos y puestos en circulación por el Banco Central,  que se incrementa en un 30% pero el tipo de cambio lo hizo en un 46,26% de $ 59,6 el 10 de diciembre de 2019 a  $ 87,17 un año más tarde. También la Administración Nacional se financia colocando títulos de deudas en pesos pero ajustados por la inflación (BONCER) y por dólar linked (se compran y  pagan en pesos pero se ajustan por la devaluación del dólar oficial)
[6] Poder que le confirió la reforma financiera de 1977 y que profundizó la modificación de la ley 24.144 de Carta Orgánica del BCRA de 1992.
[7] Los miembros fundadores (ADM, Bunge, Cargill, COFCO International, Louis Dreyfus Company y Glencore Agriculture) con el fin de modernizar las operaciones comerciales globales conforman el proyecto Covantis, que cuenta con un sitio web, www.covantis.io, para conectar la agroindustria a través de una plataforma digital.
[8] El INDEC se creó en 1968 y antes solo había registros parciales, el primero fue dirigido por Alejandro Bunge  en 1924  pero no pudo contabilizar la crisis de 1930 porque era el Director de Estadísticas de Yrigoyen cuando lo derrocaron el 6 de septiembre.

 

 

 

UN AÑO DE GESTIÓN EN ECONOMÍA

El “viento de cola” y el conflicto entre exportadores y tenedores de bonos

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El “viento de cola”

El 2021, todavía azotado por los vientos del virus, anuncia un escenario internacional favorable para el flujo de divisas hacia las naciones emergentes, configurando lo que algunos analistas mal intencionados denominan “viento de cola”.

Las dos economías más relevantes del mundo han adoptado medidas frente a la pandemia que contribuyen a construir el contexto descripto.

China ha volcado ingentes recursos para sostener la actividad interna, acción que le permite cerrar el 2020 con un crecimiento pronosticado en el 1%, siendo del escaso puñado de países que no soportó un derrumbe en el marco de la pandemia.

El fuerte impulso a la demanda en la segunda economía planetaria se traduce en una paulatina suba del precio de los alimentos que impacta favorablemente en los países productores. El precio de la tonelada de soja en el mercado de Chicago evolucionó desde u$s 334,4 a fines del 2019 hasta alcanzar u$s 426,2 al cierre de noviembre 2020. Un incremento del 27,4% a lo largo del año.

La Reserva Federal de los EEUU ha emitido alrededor de u$s 3 billones para sostener el valor de las acciones de las empresas estadounidenses, en particular las tecnológicas. Esta potente expansión monetaria determina liquidez abundante y un descenso sostenido de las tasas de interés para remunerar los Fondos Federales, desde un tope máximo de intervención del 2% anual en septiembre de 2019 al 0,25% en marzo 2020.

El titular de la FED Jerome Powell afirmó que esta tendencia permanecería hasta fines del 2022.

Sin duda, un rumbo internacional de aumento del flujo positivo de divisas por mejora en los precios de las materias primas alimenticias (“dólares comerciales”) y recursos de capital líquidos no atraídos por el “vuelo a la calidad” que implica una tasa de interés elevada en los países centrales (“dólares financieros”), genera mejores perspectivas para la Argentina.

Síntomas del conflicto. Indicadores negativos en el sector externo

Sin embargo, los indicadores de sustentabilidad del sector externo no recogen aún estos pronósticos positivos. Veamos:

  1. La reestructuración de deuda pública que consolidó un programa financiero viable tanto en plazos como en servicio de intereses, no se ha reflejado aún en el precio en los mercados de los nuevos bonos surgidos del canje.
  2. Hay agentes económicos que continúan apostando, aún a riesgo de fuertes pérdidas, a la devaluación del peso. Esto se evidencia en la cotización del dólar contenida en los contratos de compra futuro durante el año 2021.
  3. No se ha logrado revertir la pérdida de reservas internacionales atesoradas en el BCRA, a pesar del abultado superávit comercial, la exitosa reprogramación de deuda pública y el control de cambios sobre la cuenta financiera del balance de pagos.

Los bonos soberanos a lo largo del 2020 presentaron un pico de riesgo país de 4.000 puntos básicos en abril, para descender a 1.100 en septiembre al momento del canje. Pero luego retomaron su derrotero ascendente para situarse en torno a los 1.400 a fin de año.

A modo de ejemplo, el título emitido en el canje con mayor liquidez y volumen de intermediación, el bono en u$s Global 2035, rinde una tasa interna de retorno superior al 15% a consecuencia de su baja en la cotización.

Ese rendimiento extraordinario veta cualquier colocación en el mercado internacional a mediano plazo y a la vez desalienta el ingreso de fondos al mercado local, porque el margen de ganancia para recuperar el capital invertido es muy elevado (+15%) respecto de la opción de los bonos.

Los contratos de compra de dólar a futuro registrados en el RoFex fijan cotizaciones de $100 para marzo y $127 para agosto del año próximo, constituyendo una apuesta fuerte contra las proyecciones macroeconómicas contenidas en la ley de Presupuesto de la Administración Nacional recientemente promulgada.

Si bien los agentes económicos pro-devaluación vienen perdiendo la pulseada contra el Banco Central, no deja de preocupar una tenaz confrontación contra las autoridades económicas pretendiendo fijar precio del dólar oficial con una pauta de depreciación del peso superior al 50% al promediar el 2021, generando expectativas en ese sentido.

El Banco Central ha sufrido una reducción en su nivel de reservas internacionales a lo largo del año en una cifra que ronda los u$s 5.000 millones.

Esto ocurre a pesar de existir condiciones benéficas para la acumulación de divisas, definidas por el excedente de la balanza comercial, el cierre del programa financiero y el control de cambios heredado del macrismo. Temas que fueron largamente comentados en esta columna.

Durante la crisis financiera 2008/2009 también existía una suba del precio internacional de los alimentos y una fuerte baja de la tasa de interés global. Por razones parecidas a las actuales, consistentes en superar la crisis en curso, China había impulsado la recuperación de la demanda efectiva y EEUU había expandido la base monetaria para evitar la quiebra generalizada de su sistema bancario. Sin embargo, el comportamiento de la economía argentina fue distinto frente a esos estímulos internacionales.

El entonces ministro de economía Amado Boudou, a fines del 2009, apresuró un programa financiero que protegiera al sector externo frente a la crisis, centrado en tres patas: el cierre de acuerdos con los organismos multilaterales que proveyeron de u$s 5.500 millones de libre disponibilidad; la constitución del Fondo de Desendeudamiento con las reservas excedentes del Banco Central, por u$s 6.500 millones, que alejó la percepción de default; y la realización de la segunda oferta de canje de deuda que permitió completar la reestructuración de la deuda en default heredada del 76,1% al 92,4%.

El año 2010 fue receptor de los beneficios de este esquema. El riesgo país disminuyó 43,5%, desde un pico de 878 puntos básicos previo al segundo canje, hasta los 496 puntos al cierre del año. La cuenta capital registró un récord inédito de ingreso de divisas por u$s 7.100 millones y las reservas internacionales aumentaron en el año u$s 4.200 millones. El PIB creció 10% en el 2010 y 6% en el 2011.

Los bandos en pugna

El desarrollo previo apunta a arrojar luz sobre el momento y las tensiones que surcan la economía argentina, siendo necesario abordar las razones que hasta ahora no la están posicionando para aprovechar de lleno la mayor oferta de dólares comerciales y financieros que se vislumbra dada la evolución de las principales variables globales.

La oferta de dólares proviene esencialmente de las ventas al exterior y deben solventar las necesidades de importación de la actividad productiva, pero también los servicios de los títulos de deuda pública nominados en moneda extranjera.

Si bien la incidencia de los pagos de deuda se ha postergado hasta mediados de la década, los tenedores de bonos anticipan una tensión por la oferta de divisas en el marco de la expansión de la economía y la evolución de la cuenta corriente del balance de pagos.

Consecuentemente, los fondos de inversión reducen las tenencias de títulos argentinos reestructurados en sus portafolios, ventas que hacen descender el precio de mercado de dichos valores y elevan el riesgo país.

Los bonistas demandan estabilidad cambiaria para aumentar la capacidad de pago del sector público endeudado. La recaudación de tributos, mayoritariamente en pesos, optimiza la capacidad de pago estatal con un tipo de cambio estable y con escasa volatilidad. Si sus analistas no proyectan ese escenario tienden a desprenderse de los bonos en cartera.

Esta demanda es la que explica la exigencia para que la Argentina cierre rápido un acuerdo con el FMI y la recurrente mención de la necesidad de un “Plan Económico”.

Los exportadores, por su parte, impulsan la devaluación del peso para aumentar sus ganancias por el producido de sus ventas externas. Un tipo de cambio alto que licúe el “costo argentino” optimiza la renta exportadora. Esto explica las presiones constantes en favor de la devaluación, inclusive pretendiendo fijar un valor de dólar-futuro elevado que aliente las expectativas de depreciación del peso.

Una devaluación aumenta la rentabilidad de las exportaciones y a la vez deteriora la capacidad de pago en dólares del Sector Público. En torno al valor del tipo de cambio se sitúa el conflicto entre ambas fracciones del capital en pugna en la Argentina: los exportadores oferentes de dólares y los tenedores de bonos nominados en moneda extranjera acreedores del Estado.

El Gobierno debe arbitrar en este conflicto para impedir la profundización del ajuste sobre el pueblo. Sea que éste se perpetre por la vía de una fuerte devaluación o por un duro programa de austeridad del FMI.

El mecanismo para hacerlo es atesorar reservas internacionales en el Banco Central provenientes del excedente de la balanza comercial. El Presupuesto 2021 prevé un superávit comercial para el trienio 2021/2023 próximo a los u$s 39.000 millones. Su acumulación en el Banco Central es el principal factor de estabilización frente a la puja creciente que revelan los indicadores comentados.

Sobre este tema crucial en la actual coyuntura, en un intercambio de ideas reciente, la exministra de economía Felisa Miceli aportó un borrador de notable calidad técnica, conteniendo un conjunto de medidas sobre administración del comercio exterior y regulación del movimiento de capitales que necesariamente deben ser tenidos en cuenta si se desea preservar el excedente comercial del próximo trienio y asegurar un sendero de crecimiento con equilibrio de las variables.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/deuda/el-viento-de-cola-y-el-conflicto-de-exportadores-y-bonistas-2020121212029

 

BIDEN Y LA ARGENTINA

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Tomando como puntos de referencia los pronunciamientos del Presidente electo Joseph Biden en una campaña electoral dominada por la agenda interna, revisando su programa de gobierno y sus referencias a América Latina en diferentes reportajes y notas, es difícil discernir el lugar y el alcance de la política exterior de la administración demócrata hacia la Argentina. Las menciones concretas a países específicos de la región en temas precisos fueron escasas, como es habitual en las elecciones estadounidenses. Sin embargo, ello no debe interpretarse como el desconocimiento de Joe Biden de la región. Durante los ocho años que estuvo junto a Barack Obama, Biden visitó 16 veces América Latina superando con ese número a cualquier otro Presidente o Vicepresidente estadounidense. No vino a la Argentina, pero el 7 de noviembre, a las 13.07 hora del este de Estados Unidos, Alberto Fernández fue el primer gobernante de la región en  llamar al nuevo mandatario para felicitarlo por su victoria electoral.

Biden Senador

Una guía interesante sobre el perfil del entrante Presidente demócrata y la región lo constituye su pasado como Senador. Se opuso al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Chile (2003) y al Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, América Central y República Dominicana (2005). Votó favorablemente por una reforma migratoria integral (2007); por la construcción de un vallado en la frontera con México (2006); por la extensión de la Ley de Preferencias Comerciales Andinas (2002) que benefició a Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia hasta que expiró en 2013; por el reforzamiento del embargo a Cuba (1996) y por la expansión de la asistencia anti-narcóticos a nivel internacional (1996). En algunos temas modificó su postura cuando estuvo en el Ejecutivo, y en otros, se proclamó promotor activo y entusiasta; como en el caso del Plan Colombia y de la Iniciativa Regional de Seguridad para América Central.

En cuanto a la Argentina, el legislador Biden se manifestó muy enfáticamente en dos temas. Lideró en el Senado dos Resoluciones (378 del 27 de abril de 1982 y 382 del 29 de abril de ese año) reclamando que el ejecutivo (Ronald Reagan) no fuera neutral en el conflicto de Malvinas y que respaldara plenamente a Gran Bretaña. Años después, acompañó, como co-auspiciante, dos resoluciones (la 20 del 29 de abril de 1997 y la 126 del 7 de septiembre de 2004) respecto al atentado en la Embajada de Israel en Buenos Aires de 1992 y al atentado a la AMIA de 1994. En ambos casos expresó una seria preocupación por los actos terroristas y su irresolución judicial. Es importante no desconocer esos antecedentes; en particular el de Malvinas. Aunque también es relevante recordar las raíces irlandesas de Biden, su abierta crítica al BREXIT y su firme respaldo al Acuerdo de Paz del Viernes Santo (Good Friday Agreement) británico-irlandés de 1998 que puso fin a la violencia política en Irlanda del Norte.

Con este telón de fondo, es importante notar que las agendas de los países de Latinoamérica con Washington no han sido, ni son, semejantes. La de México es variada y compleja por los distintos temas que entrelazan a los dos países; el comercio, las drogas y la migración, entre otros, inciden y moldean ese vínculo. La agenda de Estados Unidos con Brasil es importante, por el peso de ese país en América del Sur, y como poder emergente, aunque hoy esté replegado. La agenda de Estados Unidos con Venezuela ha devenido conflictiva debido al significado geopolítico del caso venezolano y su impacto continental y extra-regional. La agenda de Estados Unidos con la Argentina es limitada y no incide de modo relevante en la política interna estadounidense ni representa un desafío a su seguridad nacional.

Argentina, el FMI y el papel de Estados Unidos

¿Qué asuntos en la actualidad vinculan a los dos países? En lo inmediato, la relación del gobierno argentino con el Fondo Monetario Internacional. Algunos elementos pueden influir en un papel constructivo de Estados Unidos en esta cuestión. Antes del estallido del Covid-19, América Latina atravesaba una situación de creciente inestabilidad. La pandemia la exacerbó reflejando, en conjunto, los estragos que dejan décadas de desigualdad social, desindustrialización económica y deterioro institucional. Siendo una región con el 8,2% de la población mundial, América Latina tiene más del 30% de los muertos del mundo por el virus.

No parecería que, en medio de tantos casos de alta volatilidad política, Estados Unidos vaya a salvaguardar sus intereses nacionales y tratar de mejorar su posición relativa, en especial respecto a la proyección de poderío e influencia de China en el área, propiciando el fracaso de la negociación entre la Argentina y el FMI. Además, Joe Biden es, después de John Kennedy, el segundo Presidente católico que ha tenido Estados Unidos. Admira al Papa Francisco y lo considera “el timón moral del mundo”. Cabe recordar que el Papa, en sus diálogos con distintos Jefes de Estado, solicitó el apoyo a la negociación entre el gobierno argentino y los acreedores privados y no sería inimaginable un contacto discreto en el mismo sentido entre Francisco y Biden y ante un eventual acuerdo con el Fondo. Finalmente, si la posición que la Argentina lleva a la mesa con el FMI es sólida y sustentable no habría motivo alguno para que Washington la condicione o la rechace, máxime cuando existió una co-(ir)responsabilidad en el manejo del asunto de la deuda en 2018-2019 entre el gobierno de Mauricio Macri y el Fondo.

Washington, Caracas y Buenos Aires

Un tema delicado para Estados Unidos y la Argentina es Venezuela. Es relevante recordar que las sanciones a Caracas comenzaron con la administración del Presidente Barack Obama, quien emitió una Orden Ejecutiva, en marzo de 2015, declarando a Venezuela una amenaza a la seguridad nacional y a la política exterior de Estados Unidos. En la administración de Donald Trump se implementaron órdenes ejecutivas adicionales para ampliar y profundizar las sanciones. Durante la campaña presidencial, Biden cuestionó la política de Trump hacia Caracas por ineficaz. No logró el regime change y resultó, según el nuevo mandatario, un ejemplo de “fracaso lamentable”. Al llegar a la Casa Blanca es muy improbable que elimine las sanciones: seguramente no deseará iniciar su gestión haciéndose acreedor de acusaciones de “castro-chavista”; término que usaron los republicanos en su contra en la reciente campaña. Sin embargo, tampoco podrá proponer el eufemismo que algunos asesores le sugieren: “sanciones inteligentes” En breve, si Washington opta por dejar atrás la amenaza del uso directo de la fuerza y contempla una solución pacífica y democrática, deberá entonces introducir matices a su estrategia frente al gobierno de Nicolás Maduro. En ese caso, la Argentina, que no respaldó ningún tipo (unilateral o colectiva) de intervención armada, pero que se manifestó con voto —y no con retórica— contra la situación de derechos humanos en el país, podría eventualmente aportar a una alternativa política para Venezuela. Con cautela y sin estridencia podría sugerir una suerte de Contadora “ampliada” para el caso venezolano. Es decir; una iniciativa de distensión diplomática y salida institucional, como fue el caso de la Contadora para América Central en los ’80 pero con una variedad de miembros participantes más allá de Latinoamérica.

La energía en las relaciones argentino-estadounidenses

Hay además un tema ligado a la energía que puede entrelazar la Argentina y Estados Unidos. Por una parte, si la administración Biden efectivamente se compromete a estimular fuentes alternativas y, a su vez, impulsar la renovación en la industria automotriz, el litio y la producción de baterías serían clave. Por el otra parte, si el nuevo gobierno suspende las perforaciones de petróleo en terrenos federales, no sería descartable la disponibilidad de inversiones para Vaca Muerta. En ambos casos, litio y petróleo, la Argentina quizás pueda beneficiarse. En materia de litio el país produce muy poco de los depósitos que se sabe se poseen y algunos proyectos de inversión se han frenado debido al Coronavirus. Asimismo, en la actual coyuntura hay que recordar que ExxonMobil decidió cancelar inversiones en gas natural en Canadá y la Argentina, justo cuando para mejorar los vínculos con Brasil el país acaba de anunciar el “Proyecto Gasoducto Uruguayana-Porto Alegre”.

La importancia de los derechos humanos

El Presidente electo de Estados Unidos anunció que priorizará los derechos humanos tan severamente afectados en su propio país y la región. En el ámbito continental cabe destacar el estado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), reconocida por su trabajo serio, independiente y riguroso. Desde la inauguración de la presidencia de Donald Trump, los derechos humanos se ubicaron en un lugar de mucha menor prioridad, tanto en el campo de la política exterior estadounidense como en el plano de la política interna. Estados Unidos rehusó asistir a las audiencias de la CIDH sobre inmigración a principios de 2017, se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en 2018, fue reduciendo, año tras año, las partidas presupuestarias para la promoción de la democracia y los derechos humanos y, en 2020, impuso sanciones contra el fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Fatou Bensouda, por “intentos ilegítimos de someter a estadounidenses a su jurisdicción”.

Con ese marco de referencia, en enero de este año, la CIDH decidió, por unanimidad, renovar el mandato de su Secretario General, Paulo Abrao. En agosto, Luis Almagro se abstuvo de nombrarlo. El Secretario General de la OEA —con el pleno respaldo de la Casa Blanca, el empuje de los sectores más recalcitrantes del partido republicano en el Congreso y el acompañamiento de Colombia y Brasil, en particular—, no hizo más que consolidar, en el seno del órgano más prestigioso de la organización, las fisuras entre países de América. Justo en un momento en el que regional e internacionalmente hay un reflujo inquietante en cuanto al debilitamiento del derecho humanitario y el deterioro de la democracia. Si Biden apunta a re-ubicar en un lugar más prominente el tema de los derechos humanos, países como la Argentina con una política consistente en la materia podría ser una contraparte reputada y creíble para ese propósito.

¿Un nuevo multilateralismo?

Otro tema que Joe Biden prometió relanzar fue el multilateralismo. Es notorio el prolongado deterioro y cuestionamiento del multilateralismo; en particular, de los foros e instituciones impulsadas por Occidente, como Naciones Unidas, la Unión Europea, la Organización Mundial de Comercio, el G-7 y el G-20. También es evidente el agresivo ataque a los ámbitos y compromisos multilaterales por parte de la administración Trump. Un estilo arrogante y pendenciero se impuso desde Washington disimulando el gradual declive estadounidense y afectando la reputación de la Casa Blanca. El nuevo mandatario demócrata indicó su interés por re-encausar la política multilateral de Washington. En ese contexto, cabe recordar que la Argentina fue invitada en 2020 por Emmanuel Macron y Angela Merkel a ser parte de la denominada “Alianza por el Multilateralismo” en buena medida por la proverbial defensa y promoción de las organizaciones, los regímenes y los tratados multilaterales que caracteriza la diplomacia del país. Posiblemente en torno a lo multilateral haya otra cuestión que acerque a Washington y Buenos Aires. En todo caso, será esencial que Estados Unidos no opte, como lo han hecho gobiernos anteriores a Trump, por una especie de “multilateralismo a la carta” con el que solo se compromete si le conviene.

La relevancia de la Antártida

Otro tema trascendental es el de la Antártida. El pasado 9 de junio Trump anunció un memorándum para salvaguardar los intereses nacionales de Estados Unidos en el Ártico y la Antártida. Como se sabe, en el Polo norte se han incrementado las fricciones entre Rusia y Estados Unidos más sus aliados occidentales y esa competencia ha ido dando lugar a la potencialidad de conflicto. La geopolítica de la rivalidad tiende a manifestarse en los movimientos de Moscú y Washington. En oposición al Ártico, el Polo sur ha sido un espacio donde, hasta el momento, ha predominado la cooperación; condición básica para la estabilidad y la gobernanza antártica. Sería fundamental que la Antártida no se convirtiera en un área de controversia y disputa; en especial, entre Estados Unidos, Rusia y China. Por ello, resulta esencial que el creciente despliegue estadounidense en el área no se inscriba en la lógica de la geopolítica de la rivalidad. Es de esperar que Biden no estimule allí un foco adicional de controversia con Moscú y Beijing. Eso afectaría severamente intereses vitales de la Argentina. Es clave asegurar entonces que los principales actores externos y regionales vinculados a la Antártida refuercen los compromisos estipulados en el Tratado vigente. Es bueno recordar que desde el 16 de junio de 2003 la sede de la Secretaría del Tratado Antártico es la Argentina.

El asunto principal

Ahora bien, el tema más intrincado y exigente es el lugar de China en la relación entre Estados Unidos y la Argentina. Sucintamente, Beijing es la contraparte de Washington en cuanto al dilatado proceso de transición de poder, influencia y prestigio en el mundo. Otra vez, como en el siglo XX, la Argentina —su dirigencia y sociedad— es testigo de otra dinámica de transición entre grandes poderes: en el período entre las dos Guerras Mundiales fue entre Gran Bretaña y Estados Unidos, hoy es entre Estados Unidos y China. En aquel contexto, Buenos Aires optó por plegarse al poder declinante. En el presente, el mayor desafío es y será mantener relaciones simultáneamente positivas con ambas potencias para lograr el mayor beneficio posible para los intereses nacionales. No hay que olvidar que el dilema básico para las naciones del Sur global y de Latinoamérica, en particular, es evitar y reducir la dependencia de ambos pues las superpotencias, al menos en la experiencia occidental, tienden a procurar súbditos más que semejantes.

A mediano plazo, en la rivalidad entre Washington y Beijing, es evidente la tendencia al descenso relativo de Estados Unidos y el consecuente ascenso gradual de China. La participación estadounidense en la economía mundial se redujo a la mitad de 1950 a la fecha. Según el Libro Blanco de la Política Exterior de Australia de 2017, el PBI de Estados Unidos en 2016 fue de U$S 18,1 billones de dólares y el de China de U$S 21,4 billones de dólares; para 2030 el pronóstico respectivo es de U$S 24 billones de dólares y de U$S 42,4 billones. A su turno, en 2017 el Partido Comunista de China se puso como meta que el país sea el líder mundial en Inteligencia Artificial en 2030 y en esa dirección viene realizando inversiones sostenidas.

Adicionalmente, una gran potencia consolida su hegemonía mediante la instauración de regímenes internacionales, el fortalecimiento de las instituciones multilaterales y la gobernanza de los asuntos globales. Nada de eso ha hecho la administración Trump, que horadó regímenes (por ejemplo, el de no proliferación), erosionó instituciones (por ejemplo, la OMC) y afectó el manejo colectivo de temas críticos (por ejemplo, el cambio climático). China, por su parte, ha venido propiciando y consolidado una combinación de multilateralismo alternativo y bilateralismo activo. Como toda potencia en ascenso, Beijing aspira a moldear un ambiente propicio para su auge, reducir las posibilidades de enfrentar coaliciones que la debiliten y mejorar su posición relativa en el tablero internacional.

En ese cruce pugnaz entre un poder gradualmente ascendente y otro en declive relativo, las tensiones bilaterales se tienden a incrementar y no ceden, sino que adquieren nuevas dimensiones y manifestaciones. Nada indica que la administración Biden apunte a revertir esa dinámica. Por el contrario, la necesidad de apoyo republicano en cuestiones internas y la proverbial creencia de que Washington está destinada a liderar el mundo no contribuyen a atenuar la rivalidad, sino a exacerbarla. En ese marco, temas como el 5G, los eventuales lazos militares de la Argentina con China, el grado de presencia de Beijing en ciertos ámbitos domésticos sensibles (recursos estratégicos, infraestructura, alta tecnología, seguridad, entre otros) serán objeto de atención y tensión en las relaciones argentino-estadounidenses. El reto será saber cómo manejar los respectivos vínculos bilaterales para no perjudicar los intereses nacionales. Ello exigirá, quizás, una diplomacia temática —asunto por asunto— más que dogmática — movida por creencias rígidas, ingenuas y acríticas.

En todo caso se abre un compás de espera para generar un espacio en el que se reduzca la discordia recurrente y se amplíe la convergencia mutuamente conveniente en las relaciones entre los gobiernos de Fernández y Biden. La paciencia, la modestia y el temple son buenas consejeras en estas circunstancias internas, regionales y mundiales.

 

 

BIDEN Y LA ARGENTINA

 

Coparticipación: la cuestión Capital, pero también provincial

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El gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), encabezado por Horacio Rodríguez Larreta, ha asumido un rol de víctima sufriente por el recorte de recursos nacionales en favor de la Provincia de Buenos Aires, aduciendo que el mismo se debe a simples razones de hostilidad política.

La piedra del escándalo la constituye la recuperación por parte de la Nación del 1,18% de recursos coparticipados correspondientes a la distribución primaria cedidos en su oportunidad por el gobierno de Macri. La Nación, posteriormente, decide el traspaso de esos fondos a la Provincia de Buenos Aires para reparar parcialmente el déficit estructural que adolece el principal distrito del país.

La Ciudad de Buenos Aires proyecta para el 2021 un gasto público por habitante de $218.000 anuales, en tanto que en la Provincia de Buenos Aires la proyección para el año que viene arroja un desembolso de fondos estatales por habitante de $107.000.

Los números precedentes revelan que el anti-estatismo militante del Gobierno de la Ciudad y también de la masividad de los porteños que lo respaldan no constituye un impedimento para que dupliquen en gasto público “per cápita” a los bonaerenses.

El desequilibrio se profundiza singularmente cuando se evalúa el aspecto netamente municipal urbano de la inversión de recursos públicos. La Matanza es el principal distrito municipal del país, en el que viven 2 millones de personas y linda en su borde norte con la Capital. Este municipio apenas puede presupuestar una erogación de recursos públicos por habitante para el 2021 en torno a los $13.000 anuales. 

La gravedad de esta última asimetría de recursos en un ejido urbano continuo pero separado por administraciones jurisdiccionales distintas explica las diferencias en el desarrollo del espacio público entre la CABA y La Matanza.

Los esfuerzos de este último distrito para sostener la urbanidad adquieren a veces características épicas frente a la abundancia de intervenciones estatales que se advierten en el norte de la ciudad Capital, aunque la distancia no supere los 30km.

¿Qué reclama entonces Larreta? Que se respete el Pacto de Olivos, que alumbró el acuerdo político Fiscal-Federal consagrado en la Constitución de 1994. En definitiva, una distribución de recursos coparticipables que consolide la debilidad estructural de la Provincia de Buenos Aires y fortalezca la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires.

No por casualidad, dos veces en la historia sendos Jefes de Gobierno de la Ciudad, encabezando coaliciones anti-peronistas, derrotaron a Gobernadores peronistas de la Provincia de Buenos Aires.

Si bien De la Rúa y Macri se disputan el podio del peor gobierno de la democracia, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es una pieza clave en el dispositivo de poder oligárquico, y Larreta imaginará que ha llegado su turno de tomar el cetro vacante.

Aunque la Ciudad fue históricamente relevante en la construcción del proyecto oligárquico, la perennidad de la democracia a partir de 1983 convenció a las élites de que necesitaban un distrito estrella desde donde deslumbrar al país y promover candidatos nacionales. La autonomía surgida del Pacto Alfonsín-Menem debe ser leída en ese sentido.

El expresidente Alfonsín pensaba de buena fe que el distrito porteño sería gobernado por una coalición de centroizquierda que se opondría al peronismo conservador del resto del país. De hecho, eso era lo que ocurría en la región en los 90’. Caído el Muro de Berlín y derruidos los relatos ideológicos vigentes en el siglo XX, la izquierda latinoamericana abordó la oferta eficiente de bienes públicos (salud, educación, transporte, espacio urbano) como medio de construcción política. La ciudad de Buenos Aires no fue la excepción y Aníbal Ibarra liderando una coalición popular y progresista derrotó a dos emblemas de la derecha: a Cavallo en el 2000 y a Macri en el 2003.

El siglo XXI trajo cambios internacionales de fuerte impacto en Suramérica y la oligarquía en retirada decidió optimizar los acuerdos de Olivos y parapetarse en la Ciudad de Buenos Aires, derrocó a Ibarra y se apresuró a entronizar Macri en el 2007. El resto es historia conocida.

Larreta se ha dedicado a consolidar la Capital como centro financiero y de servicios, potenciando la enorme renta inmobiliaria del distrito con el remate de tierras públicas en la costa del río. Desde esa vidriera tiende la mano al sector primario agropecuario, minero y energético, renovando la alianza tradicional que sustenta al anti-peronismo. Esa mano tendida sortea al incómodo conurbano peronista.

El gran Buenos Aires ha sido esquilmado en recursos fiscales como se describió, pero también agredido en su base productiva constituida por el modelo industrial.

Quien ha comprendido desde el comienzo este perverso juego oligárquico, ha sido el gobernador Axel Kicillof, accionando para romper “la inviabilidad de la Provincia de Buenos Aires” decretada por las élites. El reclamo y la recuperación de los recursos de origen nacional que corresponden, el aumento -fuertemente resistido- de los recursos de origen provincial y la proyección de un relevante programa de obra pública para el año próximo son jalones de un cambio estructural pero imprescindible de la relación de la Provincia con la Nación y también con la Ciudad.

Estamos en el inicio de la pulseada y el escenario recurrente de gobernadores bonaerenses débiles y jefes de gobierno “brillantes” tiene que concluir definitivamente.

La ciudad de Buenos Aires debe ser un centro financiero y de servicios, pero para un Área Metropolitana industrial, y el interior de la Provincia de Buenos Aires debe manufacturar los recursos primarios para anclar habitantes en su territorio. Ni la renta agropecuaria primaria bonaerense, ni la renta inmobiliaria porteña pueden seguir expulsando población a un Área Metropolitana sin industrias y sin recursos fiscales.

Es hora de que la dirigencia política del conurbano se ponga al frente de su pueblo empobrecido y acompañen al gobernador para producir la transformación que supere este modelo agotado, pendular e inviable.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/coparticipacion/la-cuestion-capital-pero-tambien-provincial-20201250536