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miércoles, abril 22, 2026
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CUANDO EL QUE NO FUNCIONA ES EL ESTADO

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En nuestro país el Estado fue un factor clave en la conformación de las grandes unidades de producción (las estancias) y en la generación de tecnologías para el sector, pero nunca avanzó en la promoción de un emprendimiento de este tipo, pese a contar con altas capacidades y con organismos con la potencialidad adecuada para aportar la investigación necesaria. Sin embargo la sociedad toda financió en esta dinámica la apropiación privada de la tierra y del conocimiento producido públicamente.

Ya lo afirmaba Domingo Faustino Sarmiento: “Quieren que el gobierno, quieren que nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra, a los Luro, a los Duggan y los Leloir y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas”[1]Y ese estigma sigue vigente como una condena para nosotros y, para ellos, en cambio, como si fuera una merced, un privilegio, un derecho natural, una gracia divina que les da el cielo.

El auge del ciclo agrícola se acompaña en forma creciente por múltiples problemas sociales, ambientales y económicos, e impacta en distorsiones en la estructura social agraria. La desaparición de agricultores familiares y pequeños productores y la consolidación de la polarización social en el medio rural –producto del encarecimiento del paquete tecnológico básico– son algunas de sus consecuencias más visibles, que continúan incrementándose sin límite en el tiempo. Es más, los nuevos ricos rurales son los dueños de las máquinas y equipos que alquilan a terceros  o alquilan campos por contar con ese equipamiento.

El uso de las semillas transgénicas, la trayectoria histórica delineada sugiere una problemática cuya resolución está aún pendiente. La apuesta a la producción pública de conocimiento científico y a la generación de desarrollos tecnológicos propios mantiene un mismo conflicto y desafío: la batalla por su apropiación social.

Ineludiblemente ligado a esta cuestión, el control de los recursos naturales, de su forma de explotación y, sobre todo, de las ganancias derivadas de ellos, permanece como un eslabón clave y pendiente en la Argentina actual, a la que han sabido acompañar con una maraña de mecanismos compensatorios que les permiten extraer todo tipo de rentas que les subsidian y ayudan a perpetuar sus privilegios.

Nadie sabe el costo de producción de la soja, de su harina, de su aceite y así con todos los demás granos, sí sabemos su precio internacional que se fija en referencia en el mercado de Chicago (Estados Unidos). Tampoco se sabe a ciencia cierta cuánto, qué cantidad de toneladas se exporta, por las serias falencias de control en, por ejemplo, los 68 puertos locales (incluidos el de Buenos Aires y Dock Sud) que dan sobre el Paraná hasta el Río de la Plata, de los cuales 55 son privados y si, sabemos por el caso Vicentin SAIC, que por la hidrovía del Paraná transitan más barcazas con bandera del Paraguay que argentinas y que, en realidad, muchas de ellas, salen de los puertos nacionales vacías, se hacen poner el sello de la Aduana en el hermano país y luego cargan en terminales argentinas para no pagar las debidas retenciones. Otro tanto ocurre con el petróleo, el gas, el oro, el cobre. Basta  recordar cuando el en ese entonces Ministro de Energía de la Nación Juan José  Aranguren, que trabajó durante 30 años en Shell, dijo en el Congreso de la Nación que desconocía el precio del costo de extracción del petróleo. Igual con la distribución de la energía, de las comunicaciones, etc., etc.

Vicentin Paraguay, con sede en Asunción, hasta el año pasado reportaba de 6 a 7 empleados sin que exista allí una planta productiva. Sin embargo, es el segundo exportador de granos de ese país y, aparece comprando la parte de Vicentin SAC Argentina en la firma Renova SA que, asociada con la trasnacional Glencore, es la mayor fábrica de aceite de soja del mundo.

En realidad toda la historia de Vicentin SAIC es un nítido reflejo de lo que afirmamos, creció recibiendo tierras fiscales del gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, puertos del gobierno de facto de Jorge Rafael Videla, participó de las privatizaciones en el gobierno nefasto de Carlos Saúl Menem y, finalmente, se benefició de la “pesificación asimétrica” transfiriendo deuda en dólares al Estado argentino, con el gobierno de Eduardo Alberto Duhalde en el año 2002.

Lo relatado es la apropiación gratuita (y la más de las veces ilícita) de las rentas de los recursos naturales (agua, tierra, aire, etc.). ¿Qué es la soja, sino tierra y agua del país, cuánta mano de obra demanda la producción de una tonelada de soja? Es renta que se apropian, que no se contabiliza y por ende no se paga. Y no es compensada por la baja recaudación del impuesto a la propiedad rural o, como derecho de exportación que amenguan vía triangulaciones y, el caso de Vicentin lo demuestra  (y obviamente no es el único), con su filiales en Paraguay y Uruguay.

Por supuesto para perfeccionar ese mecanismo rentístico y de fuga, de doble contabilidad, de evasión y elusión de impuestos, deben contar con el sector financiero, que hace coincidir sus declaraciones juradas con las Letras de Cambio o Carta de Créditos de los bancos, por lo que se suma la renta financiera garantizada y asegurada por la fuerte cartelización del sector.

En los primeros once meses de 2020 el 91% de las operaciones declaradas de exportación de productos agro industriales se realizaron por nueve empresas, seis extranjeras, de las cuales cinco de ellas se hacen llamar por su primera letra ABCD: ADM; Bunge Ceval; Cargill; COFCO; Louis Dreyfus, más Glencore como Renova SA y/o como Oleaginosa Moreno SA. [3]  Y las otras tres nacionales: Aceitera General Deheza; ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas); y Molinos Agro de Pérez Companc

Todas ellas forman parte de CIARA (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina) y CEC (Centro Exportador de Cereales) . Pese a haber obtenido una cosecha récord y con los precios más altos de los últimos años (en el mercado de Chicago la tonelada de soja cerró el mes de noviembre a 440 dólares y los 900 litros de aceite de soja a 920 dólares,) el total de la liquidación de exportaciones en los once meses del año fue de 18.583.581.963 dólares, que fue un 15,67% menos que lo ingresado en el año 2019 en igual lapso.

Debe reconocerse que si bien no cumplieron con lo acordado de liquidar las exportaciones en tiempo y forma, en parte sí lo hicieron y esa es la causa principal por la que entró a descender el precio de los dólares paralelos. Y eso demuestra el poder omnímodo que tienen, están sentados en un sector estratégico de la economía argentina y el Estado depende de que liquiden sus ventas.

Funcionarios que no funcionan

Recién a partir del 1° de diciembre de 2020 mediante la Resolución 132/2020 del BCRA, se exige a los operadores de granos que para mantener la inscripción en el registro de exportadores tendrán que cumplir con el plazo previsto para la liquidación de divisas.

Por otra parte, la renta financiera se explica porque son diez bancos privados los principales agentes de comercialización externa: el banco chino ICBC; pero también tienen destacada labor el Banco Galicia y el Banco Macro, entre los nacionales (muy desdibujado el Banco Supervielle) y entre los extranjeros el Banco Santander-Río; el Banco BBVA; el Banco HSBC; el Citi; el Banco Patagonia (que en un 80% pertenece al banco Do Brasil)  y, el BNP Paribas. Como además son principales colocadores de fondos en las LELIQs (Letras de Liquidez del BCRA), todo ello les ha permitido ganar mucha plata mientras el país sufre la caída del Producto Bruto Interno más grande desde que se tiene registro.

El Estado nacional incurrió en fuertes gastos para enfrentar al virus Covid-19 y asistir como pudo a la población, de manera tal que cierra 2020 con un déficit fiscal de unos dos billones de pesos, sin posibilidad de mayores ingresos por la estructura tributaria ligada esencialmente al nivel de actividad, que se encuentra en una severa recesión por la propia pandemia. Así, ingresa en un círculo vicioso: financia su déficit fiscal principalmente con emisión [4], luego saca esos pesos del mercado con endeudamiento (Las LELIQs del BCRA, que financian el déficit fiscal, por lo que paga una tasa del 37% anual) y devalúa en un 45,8% (el tipo de cambio vendedor pasó de $ 59,60 el primer día hábil de enero a $ 86,50 el lunes 30 de noviembre 2020) para licuar dicha deuda.

El verdadero problema es que hay que cambiar el modelo rentístico, donde solo se premian las estrategias especulativas y evasoras ante el fisco, por uno productivo. La pregunta es: ¿cómo puede cambiarse un sistema que insiste tan efectivamente en reproducirse y mantenerse por sí mismo?  O si se quiere, ¿por qué razón esa minoría que gana fortunas de la renta que el grueso de la población no percibe (ni la ve e ignora que existe) van a cambiar por “motu proprio”?

Es más, se rinde honores y hasta se entierra con la bandera argentina a uno de los grandes operadores de esa apropiación de renta. Trabajé hace muchos años en Macro Compañía Financiera SA, que era dirigida por tres economistas ligados directamente, uno al partido militar (incluso fue el ministro de Economía cuando se lo nombró a Felipe Cavallo Presidente del BCRA en 1982), otro al Partido Justicialista y, otro al radicalismo.  Este último fue el Secretario de Hacienda y Jefe de la negociación de la deuda externa en la gestión de Juan V. Sourrouille y aceptó legitimar cambiando títulos de deuda firmados por nadie (los funcionarios de la dictadura militar) y de esa manera transfirió deuda de los Macri, de los Bulgheroni, de los Rocca, de los Pérez Companc, de los Blaquier, etc. al Estado argentino, es decir a los ciudadanos de a pie que pagamos la deuda. Como escribió un siglo antes Sarmiento: “Quieren que el gobierno, quieren que nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna…”.

En la Argentina los empresarios no se molestan en innovar, en diseñar nuevas máquinas y productos, en generar mayor producción y mayor empleo, tienen mercados cautivos de los que extraen grandes beneficios. (La renta como diferencia entre el costo y el precio final.) Pensemos en el mercado que se quiera, siempre es una minoría que termina acordando entre ellos y fijan las reglas de juego. Si el Estado observa sin hacer nada o muy poco, es el que no funciona. Hay casi nueve millones de personas que esperan recibir el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) porque no les alcanza para llevar un plato de comida a la mesa, en un país que elabora alimentos para 300 millones de personas. Se pagan altas tasas de interés y se devalúa nuestra moneda, ello seguro que impacta sobre los precios y deteriora el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones.

El camino debe ser exactamente al revés, castigar severamente las actividades monopólicas y cuasi monopólicas, detraer con impuestos parte de esa renta y con ello pagar el déficit fiscal de 2 billones de pesos este año y luego tomar medidas que impulsen la producción y el trabajo.

El Estado debe tener empresas testigo y exigir la participación de los bancos oficiales nacionales y de provincia en el comercio exterior. Todo en el marco de la Emergencia Cambiaria, restituyendo el Decreto 2.581 de abril de 1964 y anulando el Decreto 893/2017 que derogó dicha emergencia.

 

 

[1] Periódico “El Censor” del 9 de enero de 1886
[2] También del petróleo, del gas, del oro, del cobre, basta  recordar que cuando el, en ese entonces Ministro de Energía de la Nación, Juan José  Aranguren, que trabajó durante 30 años en Shell, dijo en el Congreso de la Nación que desconocía el precio del costo de extracción del petróleo. Igual con la distribución de la energía, de las comunicaciones, etc. etc.
[3] Los miembros fundadores (ADM, Bunge, Cargill, COFCO International, Louis Dreyfus Company y Glencore Agriculture) con el fin de modernizar las operaciones comerciales globales conforman el proyecto Covantis, que cuenta con un sitio web, www.covantis.io, para conectar la agroindustria a través de una plataforma digital.
[4] También coloca títulos de deuda en pesos pero ajustados por la inflación (BONCER) o por el valor del dólar (Dólar linked).

 

CUANDO EL QUE NO FUNCIONA ES EL ESTADO

UN MERCADO MUNDIAL PARA LOS AGROALIMENTOS POSIBILITAN LA INDUSTRIA Y LA MONEDA NACIONAL

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Se presenta la posibilidad de un mercado mundial de alimentos de enorme magnitud, no solo por China, pero principalmente por ella, seguida por un rápido incremento de la demanda de la India, a lo que hay que sumar la de todo el sudeste asiático.

Esta fue la gran limitación para la Argentina: no tuvimos un mercado mundial en continua ampliación justamente desde la posguerra y la aparición del peronismo. Fue así porque la posguerra redujo el mercado británico para nosotros, el único que entonces era de magnitud para los alimentos, cuando ni siquiera nuestra oferta era (y sigue siendo) de alimentos terminados sino de materias primas. En ese momento el grueso del mercado de alimentos, que estaba en Europa, quedó para la oferta integral francesa y de Estados Unidos.

Francia se sostuvo por la fuerza de su agro y de su industria agroalimentaria que, combinada con el renacimiento de toda la industria tecnológica alemana, en la posguerra reconstruyeron el desarrollo europeo. Por el otro lado, la super capacidad productiva de materias primas alimentarias y de alimentos de Estados Unidos, con la combinación de su industria de todo tipo fue la base de un mercado mundial que bloqueó la expansión del resto y que desde la inmediata posguerra pudo desarrollar su economía de gran capacidad productiva con el continuo crecimiento de la tecnología agraria.

Del bloqueo del mercado mundial alimentario a la economía bimonetaria y la dolarización inflacionaria

Sin un mercado mundial para los alimentos, no había para la Argentina una gran economía nacional capaz de expandirse, y sin mercado mundial para los alimentos, tampoco había posibilidad de desarrollo industrial en la Argentina, porque para el agro era una cuestión de poder político primero y de poder político combinado con negocios financieros después, que dieron origen al chaleco de fuerza bimonetario de la economía dolarizada con permanente inflación.

Fue una situación distinta a la de México o Brasil. En ninguno de estos países había una oligarquía agraria exclusiva. En México, fue borrada por la revolución campesina y la minería necesitó de la industria para desarrollarse, así que no hubo límite a la industria sustitutiva más que su atraso histórico. Por eso pareciera que la Argentina fue el único país latinoamericano cuya burguesía, entonces predominantemente agraria, pudo haberse transformado en una burguesía desarrollada, pero no lo hizo aunque fuera posible para no perder la facilidad con que accedió a la división internacional del trabajo, que se convirtió así en su bandera.

Y esa transformación parecía posible, como lo fue para Canadá por su vecindad a Estados Unidos, pero también para Australia, que entonces no dejaba de ser una colonia. En Brasil la industria estaba mucho más avanzada que en México aunque no tanto como en la Argentina, pero allí no hubo resistencia agraria porque su economía agraria no era una única y poderosa sino una economía principal cafetalera de magnitud mucho más reducida que la cerealera y de la carne argentinas y acompañada por otras todavía relativamente menos importantes, como la azucarera o la maderera, que facilitaron la industrialización, y tampoco había un marco político en que el peronismo se proponía industrializar con el salario en alza y derechos laborales.

Esa situación generó en la Argentina un divorcio entre la producción agropecuaria y la industria porque no tenían un mercado común para las dos. Para la producción agropecuaria, el mercado era el mundo, y como en la posguerra la Argentina no lo pudo reponer, la manera de reforzar el ingreso agrario era devaluar la moneda, mientras que para la industria la devaluación significaba achicar todavía más el mercado interno y hacía más difícil tener una estructura industrial lo suficientemente estable como para conquistar un espacio exportador continuado para las manufacturas.

De esa situación especial salió tanto la confrontación entre la Argentina agraria y la industrial como la oposición de la base económica que dio lugar a la oposición social y política entre el peronismo y el antiperonismo.

La caída del peronismo en la primera mitad de los años setenta y la de la Unión Soviética quince años después bloqueó la posibilidad de alcanzar un mercado que diera vuelta la situación nacional mediante la estrategia que había concebido Gelbard. Esta fue vender alimentos a la URSS para prestar esos ingresos en forma de crédito a Cuba para que sustituyera la maquinaria importada de Estados Unidos con productos argentinos, aunque, con todo, esa fórmula tenía una base muy angosta, porque dependía de un difícil equilibrio político.

El mercado mundial alimentario con China, el nuevo papel del agro y la perspectiva  industrial

La aparición de China en los noventa inauguró en gran escala la extensión de la industria a casi todo el mundo con la aparición de los mercados emergentes receptores de inversiones extranjeras con salarios más bajos, que ya en los años noventa empezó a perfilarse como una nueva posibilidad de crecimiento.

Sin embargo, esa posibilidad quedó trunca por la crisis financiera de 2008, debido a:

 1) la nueva revolución industrial requirió un desarrollo previo de los servicios en que desplegar la digitalización que primero debilitó la industria en los países avanzados;

2) ese desplazamiento de la inversión directamente productiva generó un exceso de inversión financiera que hizo más difícil el desarrollo industrial y deterioró el nivel de ingresos, lo concentró y lo volvió más fácil de valorizar y desvalorizar a través de las continuas subas y bajas bursátiles;

3) en consecuencia, la crisis se hizo habitual y el capitalismo más inestable;

4) eso facilitó el desarrollo comparativo de China, porque persiste una dirección central planificada, pero

5) sólo fue posible con el desarrollo interno del capitalismo en China, aunque se trata de un capitalismo controlado por el PC.

Todo esto presenta un completo cambio de perspectivas.

En primer lugar, el deterioro comparativo de Estados Unidos, que Trump quiso revertir en su mandato a través de un proteccionismo que, desarrollado en una economía mundial integrada, se convirtió en un retroceso para Estados Unidos, cuya mayor consecuencia fue una caída en gran escala de la inversión extranjera en ese país y la insistencia de las empresas tecnológicas en resguardar el mercado chino. Por consiguiente, se abre un escenario inimaginado hasta ahora.

En segundo lugarel desarrollo de China, la India y el sudeste asiático, implica un enorme mercado alimentario, tanto para las materias primas agrarias como para los alimentos elaborados, pero un agro y una industria alimentaria de semejante magnitud supone una industria manufacturera de todo tipo, en un momento en que ya no importa tanto el pasado industrial porque el centro de la industria está en transformación.

Si hay un país con una gran perspectiva en ese horizonte es la Argentina, y representa la gran oportunidad de terminar con la confrontación agro industria que caracterizó toda su historia.

El desafío de un acuerdo para un nuevo período y el peronismo como única posibilidad para construirlo

En ese sentido hay que aprovechar la propuesta del CAA al gobierno de exportar 100.000 M dóls del agro para 2030, que incluso podría ser mayor si hay un centro político capaz de dirigirlo. Esta propuesta posibilita terminar con las continuas limitaciones de la Mesa de Enlace, pero los problemas que aparecen no son pocos. La industria agroalimentaria y la exportación van a querer retener el cetro a través de un mayor ingreso en detrimento del salario y de los productores agrarios, pero la industria, la minería y una gran parte de la inversión extranjera solo van a tener un terreno propicio si el centro político negocia un tipo de acuerdo nacional del que obtenga un fuerte respaldo y que hasta ahora no tuvo antecedentes: éste es el gran desafío.

No es la única gran incógnita que se va a presentar. La otra es cómo se planta la Argentina en ese escenario internacional. Si tuviera que hacerlo sola, quedaría muy pegada a China, que es lo que trata de relativizar Alberto Fernández, porque conquistar la tranquilidad cambiaria será una lucha que todavía tiene muchas batallas por delante y la próxima es el FMI y un préstamo adicional para que se pueda reducir el déficit fiscal.

Por eso ahora no puede quedar demasiado pegada a China, pero esa es su configuración futura, lo que supone una tensión mayor con Estados Unidos. Sería mucho mejor desde todo punto de vista que la vinculación a China la pueda hacer junto con Brasil, a través del Mercosur, porque de esa manera será más firme su proyección futura. La razón es que en este mundo global para alcanzar el desarrollo nacional es necesaria la articulación regional, como fue la Unión Europea para Europa en la posguerra. Estados Unidos no pudo armar otra UE en Asia con Japón, porque estaba China, y la segunda gran región mundial quedó así, existente de hecho, pero no de manera formal, con eje en China, y es el sudeste asiático.

El espacio regional siguiente estaba destinado a ser el Mercosur, en los tiempos de Néstor Kirchner, Lula y Chávez, pero fue desbaratado por la crisis financiera de 2008 y después por Estados Unidos, Macri y Bolsonaro. Si se reconstruyera, ese espacio haría posible un desarrollo más fácil para la Argentina y su posterior industrialización en el ámbito del Mercosur. Si no fuera así, no va a haber otro espacio que lo sustituya y la mayor parte de América se convertiría en el patio trasero de Estados Unidos, que es la región que este país guarda para sí y que empezó con Canadá y México y se propone seguir con Brasil, y es una de las grandes incógnitas decisivas para la Argentina.

Con todo, la Argentina tiene condiciones para conseguirlo por su cuenta: la gran producción alimentaria, el desarrollo industrial, minero y tecnológico posible con la mayor expansión nuclear y satelital pese al retraso impuesto en la industria, a la vez que las posibilidades energéticas: gas, petróleo y litio para las baterías eléctricas y los autos eléctricos como posibilidad inmediata.

Lo primero, el desarrollo alimentario se convierte en ese horizonte en un gran potencial porque es el único que puede llegar a ser comparable al de Estados Unidos con una demanda interna mucho menor que facilita su excedente y en esa perspectiva el conjunto industrial se vuelve esencial.

Hay una enseñanza básica incorporada de la historia nacional contemporánea: el peronismo es la única fuerza política del país que entendió la trascendencia de la economía industrial. Y hay otra enseñanza que incorporar: aprender a conciliar la productividad y la competitividad con la base social del trabajo en el peronismo, una conformación más próxima a la de los países industriales que a lo que fue el peronismo hasta los años setenta y cuyo apoyo en la clase media se empezó a conquistar en esos años y con el kirchnerismo, pero que vuelve a estar en discusión desde la crisis de 2008 y el empeoramiento del nivel de vida y ahora porque este tránsito intermedio supone un ajuste, que es lo que surge de la confrontación latente entre el kirchnerismo y el FMI para lo que Cristina se corrió a un costado y que requiere en la actualidad una política algo diferente a la que ella llevó a cabo.

Lo que estamos viviendo ahora es un tránsito trascendental con una política más moderada, porque las posiciones más avanzadas son más difíciles de sostener, los grandes medios están sometidos más que nunca a las noticias falsas, la perspectiva empresaria y la derecha política y la profundidad de la crisis internacional limita las mejoras sociales, pero a la vez es imprescindible la unidad del peronismo: esa fue la gran jugada política de Cristina que le permitió sacar del medio a Macri, pero no con el contenido de los períodos presidenciales kirchneristas.

La mayor fuerza de la derecha requiere acuerdos con el centro porque hay un endeudamiento más gravoso, no se puede prescindir del FMI ni de cierto margen de ajuste para cumplir con los pagos, Brasil está por ahora del otro lado aunque sin duda se va a presentar una instancia posterior en la que se va a discutir esa posibilidad y México ya quedó incorporado al espacio económico estadounidense.

Son condiciones totalmente diferentes de las de diez años atrás, en las que tiene que consolidarse como una fuerza política capaz de encarar este nuevo período, que debe ser transitado sin una ruptura con Estados Unidos, como fue la protagonizada por Kirchner y Lula y que quedó relegada por la crisis internacional de 2008.  Su superación requiere tanto de China, como indirectamente de Estados Unidos, en este caso para que el FMI de vuelta lo que había convenido con Macri, que era el financiamiento para terminar para siempre con el peronismo en el gobierno y que se convirtió en un financiamiento para sostener un ajuste más blando, como única manera de salir de la gran falta de perspectiva que frente a la crisis tuvo el FMI de Christine Lagarde.

Se trata, en comparación, de un intermedio más neutral que el que pudo terminar con el peso gravoso de la deuda y que Macri, ayudado entonces por el FMI, pudo recomponer.

La otra cosa que hay que aprender es que se trata de una larga batalla, más larga de lo que parecía cuando Néstor era presidente, pero que –a su turno- la reversión del ajuste es inevitable y es lo que debe darle fuerza al peronismo.

El hijo del pueblo

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Esta semana partió Diego Armando Maradona, el mejor del mejor deporte. El mejor por su virtud técnica universal y galáctica combinada con su humanidad y compromiso de clase con la que intentaba mezclarse con sencillez con el resto de los mortales.

Diego entendía como nadie que el futbol es masivo y pasional precisamente por su carácter igualitario al que pueden jugar y amar todos y todas, sin importar la contextura física o el origen social. Por eso era el mejor del mejor del deporte, porque lo bueno sólo puede ser popular. Nada hay de bueno en las pautas culturales que segregan y que suelen ser abrazadas por las élites.

Diego ayudaba a comprender a la Argentina en todas sus expresiones, alegre, desbordante de sentimientos sinceros, a veces contradictoria, inclusiva, pero por sobre todo talentosa y brillante, tanto que chocaba con los poderosos en todos lo órdenes. La Argentina es maradoniana, como describieron algunos, o tal vez Maradona expresó la esencia de nuestro país.

La élite oligárquica siempre humilló al pueblo con caracterizaciones peyorativas que ocultaran sus capacidades y talentos, para garantizar su sumisión y diluir el fracaso recurrente del proyecto de Nación dominante.

El ejemplo más reciente lo encontramos en la carta de presentación del país que hizo Macri ante los líderes del G20 en la reunión en Buenos Aires en el 2018: exhibió un video de los imponentes y diversos paisajes de nuestro territorio. Nada destacable para mostrar de los argentinos y argentinas porque somos una molestia para clase social expresada en el gobierno anterior, que le impide disfrutar a pleno de una Nación que imaginan propia.

Para furia de esa clase ricachona, rentista y bruta, los argentinos con mayor proyección universal no son sus estatuas de bronce que adornan sus parques cuidados o sus nombres de calle de barrios acomodados, son el Che y Evita, figuras que brillaron poniendo su inteligencia y liderazgo al servicio de la rebeldía contra el orden social establecido. La Argentina se proyecta al mundo en sus revolucionarios y no en sus “ilustres” de los manuales escolares mitristas.

Diego convertido en el mejor jugador del futbol del mundo a partir de triunfos en los que desplegó su calidad técnica y su visión de conductor estratégico de un equipo, es otro de los argentinos universales que acompañó a la rebeldía por conciencia de clase y convicción de pensamiento.

Cuestionó el orden futbolero injusto de la FIFA y recibió la respuesta del poder en el penal inventado por el árbitro Codesal en la final del Mundial 1990 contra Alemania, o cuando fue retirado de un brazo por una enfermera para realizarle un extraño control sanitario, al concluir el partido contra Nigeria en el Mundial 1994, hecho inédito e irrepetible en los campeonatos mundiales.

Sus apoyos explícitos a la Revolución Cubana y a la Revolución Bolivariana, su amistad con Fidel Castro, su compromiso con Néstor y Cristina y su acompañamiento a las expresiones populares de cualquier índole, le valieron ataques y descalificaciones permanentes de los voceros del poder constituido.

Sin embargo, Diego nunca dejo de actuar como creía, advirtiendo a los oligarcas que existe una Argentina que ellos ocultan pero que cada tanto irrumpe y se proyecta al mundo con un brillo autónomo y rebelde. Distante de su mediocre “sentido común”.

El pueblo universal llora su partida porque fue el mejor del mejor juego, pero también porque nunca dejo de ser un hijo de ese pueblo.

Eso es inescindible, por más que nuevamente los poderosos traten de apropiarse en sus vocerías indicando “lo que está bien y lo que está mal” de Diego, conforme a sus miopes visiones.

Vaya como ejemplo la ridícula carta del Presidente de Francia pretendiendo dar lecciones de corrección política.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/politica/murio-diego-maradona/el-hijo-del-pueblo-2020112819011

MERCADO INTERNO, FMI Y CÍRCULO ROJO

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No hay país desarrollado que no se base en una burguesía nacional que se apuntale en su mercado interno. En el caso argentino, esto ocurrió mal o bien, desde la revolución de 1943 hasta el golpe militar de 1976 en que, con la dictadura cívico-militar,  se genera un modelo de valorización financiera del capital, dependiente del financiamiento externo que utiliza mayoritariamente para  fugar capitales e incluso, en esa fuga, se va también la casi totalidad del superávit comercial.

El Profesor Mario Rapoport en su libro Parece cuento que la Argentina aún exista le dedica un apartado, al “Carrusel de la política y de la economía”, que vive la Argentina, con políticos que salen por una puerta y entran por otra, y a la fuga de capitales y de investigadores y profesionales. Dice textualmente: “En verdad, con la fuga de capitales y de cerebros estamos contribuyendo al crecimiento del PIB mundial pero no al nuestro, mientras importamos capitales especulativos para los que se ganan la vida en la ruleta financiera y vacían el país de sus riquezas, esa es en el fondo nuestra restricción externa. Por supuesto, la Argentina no puede ser un país puramente agropecuario, limitado a la cuarta parte de sus habitantes, aunque sirva para alimentar a algunos cientos de millones de ciudadanos del mundo. El empleo y la mejora en las condiciones de vida de la gran mayoría de la población vendrán de la industrialización y de una diferente estructura del agro, que no solo debería satisfacer nuestro mercado interno sino también ayudarnos a competir mejor en el exterior, para lo cual es necesaria la participación del Estado y el liderazgo de empresas nacionales”.

En la Argentina de hoy, pese al gobierno de Cambiemos y la pandemia, más del 70% de lo que se produce se destina al mercado interno.  Por lo tanto para que el país crezca sostenidamente es necesario aumentar los puestos de trabajo y las remuneraciones para que la masa salarial crezca (más trabajadores y con mayor poder adquisitivo) y con ello la demanda agregada.

Teorema de la economía argentina

El teorema para la economía nacional es: “La Argentina crece si crece su mercado interno, pero como no producimos la cantidad de insumos, máquinas, herramientas y energía necesaria para sostener ese crecimiento, se torna indispensable tratar de producirlos en el país y, aquellos que no se pueden sustituir, pagarlos con nuestras exportaciones, que al ser mayoritariamente alimentos, compiten en su abastecimiento con el mercado interno”.

El profesor inglés Anthony Thirlwall establece que en el largo plazo la expansión de una economía se halla restringida por el equilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos.  Y nuestra cuenta corriente torna a ser deficitaria fundamentalmente por el pago de los intereses de la deuda y el giro de utilidades de las empresas extranjeras que operan en el país a sus casas matrices, dado que si tomamos un amplio período de nuestra historia, desde el año 2003 hasta octubre de 2020, las exportaciones superaron a las importaciones de mercancías en 156.355 millones de dólares.

El problema se agrava no solo por la deuda y la extranjerización de nuestra economía, donde según la Encuesta Nacional de Grandes Empresas del INDEC, 335 de las primeras 500 empresas por facturación  son extranjeras, sino que además y salvo la excepción del gobierno de Néstor Kirchner, las demás administraciones permitieron usar las reservas internacionales generadas por el comercio exterior a las empresas para pagar supuestas deudas externas y /o adelantar el pago de importaciones que ni siquiera habían llegado al territorio nacional, en un marco en que el BCRA por la Ley 24.144 de su Carta Orgánica incluso, utiliza las divisas que el Tesoro de la Nación obtiene por deuda externa y se las vende a los bancos para que éstos a su vez hagan frente a los compromisos que aducen tener.

Es obvio que un país con los serios problemas de endeudamiento debe partir de declarar la Emergencia Cambiaria, que no solo obligue a ingresar las divisas al país por exportaciones en un plazo perentorio, sino que prohíba al BCRA vender las divisas que le vende el Tesoro de la Nación por un lado y, restringir al ingreso de divisas las cancelaciones que le solicite el sector privado.

Solo bajo la Emergencia Cambiaria con la referencia valiosa y adaptable a nuestros tiempos del Decreto 2581/1964, mediante el cual el Presidente del BCRA de ese entonces, Félix Elizalde,  se reunió con los importadores y al revés que ahora, estaban abarrotadas las aduanas del país de máquinas y equipos importados durante el gobierno de Arturo Frondizi y el interinato de José María Guido y les dijo,  las pocas reservas internacionales que tenemos se van a emplear para pagarle al Banco Mundial y al BID por obras de infraestructura comprometidas por la Nación y que de no hacerlo debemos pagar el “lucro cesante”.  Por lo tanto ustedes arreglen con los que le vendieron del exterior, que les refinancien la deuda.

No solo los importadores sacaron las mercancías de la Aduana Argentina con sus propios medios, sino que las emplearon aumentando la producción y el trabajo y el Producto Bruto Interno creció en un 10,3%  ese año y, al año siguiente, fue del 9,1%, una extraordinaria cantidad de bienes y servicios adicionales puestos a disposición de la sociedad.  La actividad de las industrias manufactureras, que representaban entonces la tercera parte del PBI (la producción agropecuaria era un sexto), registró un aumento del 18,9% en el primer año y del 13,8% en el segundo, y su participación en el PIB en 1964 fue del  32,5% y alcanzaría en 1965 un récord del 33,9% jamás antes ni después igualado.

Solo bajo el marco de la Emergencia Cambiaria se puede priorizar la defensa del mercado interno, la producción y el trabajo nacionales, que permita llevar adelante la propuesta del Profesor Rapoport, en donde el rol del Estado es irremplazable en la conducción de la integración económica que tenga como objetivo la promoción del crecimiento económico con una justa distribución del ingreso, la búsqueda de equidad entre regiones y grupos sociales y la sustentabilidad.  El Estado democrático debe ser un instrumento de la sociedad para enfrentar los problemas económicos y sociales que el mercado no puede resolver de por sí y máxime con el grado de concentración y extranjerización de nuestro país.

Un Estado regulador no significa inhibir la actividad privada, al contrario, significa establecer reglas claras para compatibilizar derechos con obligaciones y asegurar que tanto el capital nacional como el internacional promuevan el desarrollo nacional justo y sustentable y no que se beneficien pura y exclusivamente  los exportadores y los que tienen fugados capitales en el exterior que, en la mayoría de los casos, cumplen las dos condiciones (son grandes exportadores y grandes fugadores de capital).

El estratégico papel del Estado en la dinámica económica y social reclama una reforma fiscal integral con una lógica productora y redistributiva, a la vez capaz de recaudar los recursos suficientes mediante una estructura tributaria que disminuya los gravámenes al consumo y a la actividad económica y aumente de verdad sobre el patrimonio y las utilidades de las grandes empresas (retenciones mediante), para evitar déficit fiscales que, por su magnitud, se conviertan en un problema para el desarrollo.

El Estado es el responsable de conducir una estrategia económica que lleve al bienestar social, y de políticas sociales que lo refuercen. No debe escatimar esfuerzos en la promoción de empleos bien pagados, pues éstos son la forma digna y justa de alcanzar el bienestar general que nos exige la Constitución Nacional.

En un mundo en pandemia y pos pandemia la exportación de alimentos está asegurada, pero el sector exportador de un país no sólo tiene una medida cuantitativa, por el volumen de exportación, sino cualitativa, que implica promover la integración de cadenas productivas nacionales para que sea un verdadero motor del crecimiento general y con ello de empleos directos e indirectos de alta calidad. La importancia del mercado interno radica en convertir a la mayoría de la población en consumidores estratégicos. La elevación de sus niveles de vida se vuelve entonces una necesidad económica para ampliar el mercado interno además de ser una exigencia de justicia.

La regulación (establecer las reglas de juego) de la actividad económica en general debe ser guiada por la orientación que debe dar un Estado. Formando parte de esa orientación  debe emplearse el poder de compra gubernamental y las obras públicas que tienen una gran incidencia en sectores específicos en la producción y en el trabajo.

El FMI y el círculo rojo

El préstamo que le dio el FMI a la Argentina en 2018-2019 no solo fue para apoyar al Gobierno de Cambiemos, sino con la finalidad de condicionar al país por muchos años.  El crédito es equivalente a unos 49.000 millones de dólares, con pago de intereses trimestrales (unos 300 millones) y con amortización de capital en forma trimestral en tres años, comenzando la primera cuota de capital en septiembre de 2021 de 3.735 millones de dólares, otra cuota igual en diciembre de 2021 y a partir del año 2022 se va sumando el pago del capital de la otra parte del crédito.

La propuesta del FMI para remplazar el acuerdo firmado por el gobierno de Cambiemos es acordar un plan de pagos 2021-2031 que implique reformas tributarias (que podrán alcanzar a aumentar la alícuota del impuesto a las Ganancias para el renglón más alto del 35 al 41%, pero también la generalización del IVA a la leche, al agua, al pan y, el aumento de la tasa a un 13% del IVA alimentos que ahora es el 10,5%); la reforma previsional (asegurando una cláusula de ajuste de haberes que no impacte sobre las cuentas públicas y extendiendo la edad y los aportes); exigencia de metas de déficit fiscal primario que en el tiempo impliquen un menor gasto público; etc. y asegurar ese acuerdo por una ley nacional

Y es, no podría ser de otro modo, coincidente con el plan propuesto por el Consejo Agroindustrial Argentino, por un lado y, por AEA (Asociación Empresaria Argentina) que presionan y quieren un tipo de cambio alto para que sea una defensa natural de sus productos ante las importaciones de la República Popular China, por ejemplo, en el laminado de acero de Techint y que, les permita reducir los costos (incluido y principalmente los salarios) medidos en dólares.  De hecho lo han conseguido: hoy el salario promedio industrial mensual no alcanza los 700 dólares y es menor que el de Brasil, como exigía en el año 2015 Paolo Rocca. La CGT conducida por Héctor Daer y Carlos Acuña firma cuanto requerimiento le hacen al gobierno la UIA y AEA. Son dirigentes sindicales atornillados hace décadas a sus sillones,  subordinados los apropiadores de las riquezas sociales, para apaciguar el reclamo de los trabajadores, de modo que no cambie la estructura económica en la que ellos también son empresarios

En el caso de los exportadores de granos y derivados saben que tienen una demanda generalizada en el mercado externo, por lo tanto al deprimir los salarios tienen doble beneficio, más tasa de ganancia y mayor saldo exportable, de allí que a pesar de que los precios internacionales de esos productos son los mayores de los últimos diez años, con la tonelada de la soja arriba de los 440 dólares y su aceite por encima de los 920 dólares los 900 litros, realizan las exportaciones y su liquidación en cuentagotas. Según informa CIARA-CEC, en los diez meses del 2020 la liquidación de exportaciones fue un 14,61% menor que en igual lapso que en el año 2019 cuando se venía de una sequía y el precio era mucho más bajo (exportaciones por solo 16.849,2 millones de dólares contra 19.310,4 millones de dólares del año pasado). Incumpliendo con la promesa del CAA que iban acelerar sus ventas.

Saben que el gobierno malvendió reservas internacionales y quieren que acuerde con el FMI en ese marco de debilidad extrema

En síntesis

Los medios de comunicación más grandes decían que este gobierno  no tenía un plan económico, el equipo dirigido por el Ministro Martín Guzmán lo presenta al enviar el Proyecto de Ley de Presupuesto de la Administración Nacional 2021, donde sostiene que los salarios públicos crecen un 34,5%, los precios un 29% y el tipo de cambio un 25% (a $ 102,40 en diciembre de 2021) impulsando el mercado interno, es por eso que en la reunión con la AEA le dice: “Ustedes tienen que reconocer que ganamos las elecciones y gobernamos nosotros”.  Pero al FMI y al Círculo Rojo no les interesa.

 

MERCADO INTERNO, FMI Y CÍRCULO ROJO

Informe económico mensual

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En este documento retomamos la inflación o los Índices de Precios del mes de OCTUBRE y agregados, como los numerosos compradores de dólares. Podemos decir que con la pandemia en pleno desarrollo, la inflación no pasa desapercibida.

Cuando pongamos punto final a este informe, nos abocaremos a indicadores que den señales sobre cómo está operando la economía. Hemos encontrado números interesantes. Y podremos cuantificar lo dicho por Inodoro Pereyra, cuando le vienen a reclamar un aporte para la deuda externa: “¡Lo que son las cosas! Hay peso viejo, peso nuevo, peso argentino… ¡Y yo no tengo ninguno de los tres!”

Los datos recientes al momento de redactar el documento fue el anuncio del ministro Guzmán sobre financiamiento del Tesoro y los movimientos en el mercado cambiario. Después de los avatares de la deuda, ahora ordenada, el esfuerzo oficial es para regularizar el financiamiento del Tesoro con nuevas licitaciones y canjes de bonos. El Presupuesto 2021, finalmente ratificado por la Cámara de Diputados, contempla un crecimiento del Producto Bruto Interno de la Argentina del 5,5 por ciento, pronostica una inflación del 29 por ciento, un gasto global de ocho billones de pesos y un déficit del 4,5 por ciento y el dólar en torno a los $ 102,4 para fin del año (2021).

Entre las noticias importantes contamos con el comunicado del equipo de personal del FMI, sin fecha precisa para cerrar el acuerdo: se comenzaron a delinear los contornos de un programa respaldado por el FMI que podría respaldar los planes del Gobierno para abordar los profundos desafíos económicos y sociales del país, que se han visto agravados por la pandemia de COVID-19”. Aclara el comunicado“El equipo acogió con satisfacción la intención de las autoridades de solicitar un mecanismo de servicio de financiación ampliado (EFF) y de respaldarlo con un amplio consenso político y social”. También el comunicado precisa: “Se compartió la opinión de que abordar los desafíos a corto y mediano plazo de Argentina requerirá un conjunto de políticas cuidadosamente equilibrado que fomente la estabilidad, restablezca la confianza, proteja a los más vulnerables de Argentina y establezca las bases para un crecimiento sostenible e inclusivo”. Se deberá seguir con atención cuáles son las políticas equilibradas, pero de acuerdo al comunicado es lo que están delineando. Ya nombrada la nueva secretaria del Tesoro de USA Janet Yellen y seguramente con nuevo representante de USA en el FMI las discusiones serán amplias, dos cuestiones flotan: ¿se entregaran nuevos fondos y los intereses se seguirán pagando normalmente o se cargan en las nuevas cuotas postergadas si finalmente es ampliado?

Viene bien tener en cuenta para lo anterior la reciente afirmación de La UNCTAD: “Las consecuencias económicas del COVID-19 sobrevivirán durante mucho tiempo a la crisis de salud”.

Siguiendo con la cuestión comentada en el documento anterior, en “Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu” sobre el Presupuesto, dice Montesquieu: “Toda la obra de la administración financiera, por muy vasta y complicada que sea en sus detalles, se reduce, en último análisis, a dos operaciones harto sencillas: recibir y gastar. En torno de estos dos órdenes de hechos financieros gravita la multitud de leyes y reglamentos especiales, que también tienen por objeto una finalidad muy simple: hacer de manera que el contribuyente no pague más que el impuesto necesario y regularmente establecido, hacer de manera que el gobierno no pueda utilizar los fondos públicos sino en erogaciones aprobadas por la nación”. Luego Montesquieu se refiere a la posibilidad de modificar las previsiones del Presupuesto: “La erogación no puede ya realizase sin la intervención del Poder Legislativo”.

La respuesta de Maquiavelo es la siguiente: “Pero entonces ya ni siquiera es posible gobernar”. Continuaremos en otra oportunidad con partes de estos encendidos diálogos.

Octubre fue un mes particular donde se produjo una variación menor del dólar (oficial) respecto de la inflación. Se redujo la tasa de interés real a un nivel negativo y otro tanto ocurrió con el Índice del Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM).

Como siempre, el énfasis es la inflación con algunas conjeturas. Los gráficos tratamos de hacerlos más claros poniendo el acento en las variaciones de cada mes, en 12 meses y por año en períodos más prolongados y más cortos para agregar detalles.

El promedio de varios organismos que producen el IPC (inflación Argentina) alcanza el 3,5 %, tal como se puede apreciar en el cuadro y en el primer gráfico. Seguimos la inflación de octubre 2020, en algunos países aunque las comparaciones siempre son odiosas, España, 0,52 %; Italia, 0,20 %; Francia, 0.05 %; Estados Unidos, 0.04 %; Chile, 0,68 %; Brasil, 0,86 %, y Perú, 0,02 %. Nos estamos quedando sin argumentos en las comparaciones. Siempre flota una pregunta: por qué tenemos  “inflación”, “alta inflación”, “hiperinflación” desde hace décadas y monedas de “signos cambiantes” y “deshilachada”. Las respuestas son variadas: por cuestiones ortodoxas, por cuestiones heterodoxas, por las conspiraciones, por cuestiones geográficas, por cuestiones culturales, por cuestiones institucionales y por los costos a pagar. También se debe incluir el “no sé”.

No nos sorprenden los millones de personas que compran dólares. En el 2020 siguieron siendo muchedumbres, pero duramente acotadas en el monto de compra. Pero comprar un dólar implica estar expuesto al clima, largas colas virtuales, sacrificios, condena al fuego eterno.

El presidente ha dicho sobre la pandemia: “Sigamos atentos la situación, que nadie tome con displicencia este tema”. Y tiene razón. Y ahora estamos esperando la vacuna.

 

2020 OCT procesado en NOV IPC Inflación

VICENTIN: DE GRAN EMPRESA A GRAN ESTAFA

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Cincuenta minutos intensos para que el espectador pase revista a la historia de la empresa y las consecuencias políticas, sociales y económicas, que la quiebra y las diversas estafas llevadas a cabo por Vicentin, han tenido y tienen en la vida de miles de argentinos y argentinas y en la trama de la economía nacional. Las voces que construyen la historia y le dan cuerpo la convierten en una propuesta indispensable para entender el fenómeno que en los últimos meses irrumpió en la opinión pública. Personalidades, políticos y economistas comparten su mirada y su conocimiento sobre el tema. Pino Solanas, Ricardo Alfonsín, Luis Rubeo, Carlos del Frade, Eduardo Hecker, Claudio Lozano, Leandro Busatto, el economista Horacio Rovelli, el ruralista Pedro Peretti, Julián Domínguez y Victoria Tolosa Paz entre otros.

Puedes verlo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ti0kpetRWRg&feature=youtu.be

 

 

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La economía presenta tres grandes cuentas, la Balanza de Pagos, el Balance del BCRA, y el Presupuesto de la Administraciones públicas, es más, las tres contabilidades se compilan en la Argentina desde 1956 de acuerdo al Manual del FMI, por eso es relativamente sencillo a cualquiera de sus técnicos interpretar rápidamente la situación local.

En primer lugar, las relaciones de nuestro país con el exterior nos demuestran que no se tiene un problema de restricción externa clásico, esto es, no necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial.  De hecho desde 2003 hasta  los últimos datos oficiales a septiembre de 2020, se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) de 155.746 millones de dólares, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que esa suma se fuga casi en su totalidad, es más, no solo se fuga ese superávit comercial, sino que incluso se endeuda al país pero no para hacer obras de infraestructuras, para construir viviendas, para hacer puentes, caminos represas, tener nuestra propia marina mercante o una suficiente red ferroviaria, sino para que una minoría fugue capitales al extranjero.

La Argentina es un importante exportador de alimentos, según informa la Bolsa de Comercio de Rosario el nodo portuario del Gran Rosario, que abarca al complejo industrial oleaginoso y portuario que en 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná que van desde la localidad de Timbúes (al norte) y hasta Arroyo Seco (ubicada al sur de la ciudad) y donde se encuentran localizadas unas 31 (treinta y uno) terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas, de las cuales unas 21 (veintiuno) despachan granos, aceites y subproductos; se convirtió en la principal zona portuaria de exportación de esos productos en el mundo. Le sigue después el distrito aduanero estadounidense de Nueva Orleans, Luisiana, en Estados Unidos y en tercer lugar por volumen exportado se ubica el puerto brasilero de Santos. En el año 2019, desde el polo rosarino se despacharon 79 millones de toneladas de granos, harinas y aceites, mientras que del puerto norteamericano y del brasilero salieron 64,45 y 42,65 millones de toneladas respectivamente. Y lo es todavía más este año en que, por ejemplo, la tonelada de soja superó los 430 dólares  y la tonelada de su aceite los 800 dólares y va a ser mayor en  el 2021.

Son contadas con los dedos de las manos las empresas que comercializan y tienen los puertos porque son propios y/o lo tienen concesionados y realizan las ventas externas por declaración jurada,  no existe un control estricto de lo que exportan, si se pesa se lo hace deficientemente, entonces las exportaciones son incluso mayores a las declaradas. Triangulan sus operaciones, lo demuestra claramente el caso Vicentin,  su asociación con la multinacional Glencore en “Renova SA”  y posterior venta de su participación que implicó las primeras presentaciones judiciales; falsearon balances contables de la empresa con utilidades y sólido patrimonio y, en el año 2019 reflejan un pasivo mayor que su activo. A  su vez nos preguntamos: cómo es posible que sobre el Río Paraná naveguen más barcazas del Paraguay que de la Argentina, hecho que solo se explica para no pagar impuestos y derechos de exportación. Esa y no otra, fue la verdadera y principal razón porque esas grandes empresas comercializadoras de granos torcieron el brazo al Decreto de intervención de Vicentin y su posible transformación en una empresa mixta con la división YPF Agro.

Es más, Glencore posee el 50% de la explotación del yacimiento de oro y cobre de Bajo La Alumbrera[1] en Catamarca  y existen decenas de denuncias presentadas ante la justicia, inclusive por la Universidad de Tucumán (que es la que descubrió el yacimiento), que al hacerse las exportaciones por declaración jurada no se sabe exactamente qué exporta y en qué cantidad, pidiendo investigar sus ventas que las realiza del puerto de Rosario. Puerto cuyo Administrador General es Gustavo Nardelli, socio de Vicentin.

Sí se debería aumentar el valor agregado de los productos que vendemos, que generan poco trabajo. ¿Cuánta mano de obra tiene una tonelada de soja? Pero a las grandes empresas no les preocupa, lo que les interesa es depreciar nuestra moneda para que cada dólar que declaran e ingresan les de mayor poder adquisitivo en el mercado argentino.  Presionan sobre el peso nacional y con ello, medido en dólares, bajan los costos locales, incluido y principalmente el salario y, de esa manera, deprimen el consumo de alimentos y con ello tienen mayores saldos exportables.

El rol del BCRA

Pero no solo no hay control sobre la producción  y su exportación, sino que de lo que se declara, mayoritariamente se fuga.  En la gestión de Cambiemos se fugó todo el superávit comercial y además el país se endeudó por más de 100.000 millones de dólares.  De los cuales 86.200 millones fueron comprados por más de siete millones de personas físicas y jurídicas,  pero los primeros 100 compradores lo hicieron por 24.679 millones de dólares en menos de cuatro años, a razón promedio de 246,8 millones de dólares cada uno de ellos.  Nunca se comunicó quienes eran, pero es fácil deducir que son los mismos que no quieren pagar el aporte solidario a una Administración Pública que enfrentó sola de soledad absoluta, gracias al heroísmo de los médicos y paramédicos de los distintos hospitales y programas de salud, en los cuales muchos pagaron con su vida,  un porcentaje importante se infectaron con el covid y todos trabajaron horas y horas poniendo en riesgo incluso a su familia en cumplimiento del deber y cobrando sueldos miserables, pero más miserable y  egoísta que los magros ingresos que se la paga, son los ricos de este país y los funcionarios que se desentienden de la fiscalización que les corresponde como tarea principal.

El marco legal financiero y cambiario es propicio, fue creado a propósitos para que no se controle.  La dictadura militar con la llamada Reforma Financiera de 1977 que le permite a las entidades financieras, sobre todo a los 10 –diez- bancos  privados más grandes, ser la palanca central del sistema económico y que desempeñen el papel de dirección técnico-política del sistema. Y la Ley 24.144 de Carta Orgánica del BCRA, que la diseñó Domingo Felpe Cavallo, permite que la deuda externa contraída por el Tesoro de la Nación (El Estado Nacional, deuda que pagamos los ciudadanos de a pie) sea vendido por el BCRA a los bancos (como operador cambiario de última instancia)[2].

De esa manera, por ejemplo, el superávit comercial de enero hasta septiembre de 2020 que totalizó 11.562 millones de dólares, a lo que se le debe agregar 4.008 millones de dólares que disminuyeron las Reservas Internacionales en ese lapso, con lo que suman 15.570 millones de dólares, de los cuales se emplearon, unos 3.000 millones de la moneda norteamericana para pagar los servicios de la deuda externa hasta el 22 de abril de 2020 que nos declaramos en default.  Unos 1.300 millones de dólares en la venta del llamado dólar ahorro, al “chiquitaje” que compra hasta 200 dólares por mes.  Pero los 11.270 millones de dólares restantes se vendieron, más de 5.000 millones en pago de adelantos de importaciones, o sea productos que no habían ingresado a la aduana del país, por eso el INDEC no los contabiliza porque no estaban en la Argentina al  confeccionar la Balanza de Pagos (a un precio de $ 70 a $ 80 desde enero hasta septiembre 2020, asegurándole el cambio) y  otros 6.200 millones de dólares a supuesta deuda externa privada del Banco Galicia, del Banco HSBC, del grupo IRSA (Eduardo Elsztain, dueños del Banco Hipotecario, de campos y de shopping en todo el país), etc.  que es probable que figure esa deuda, pero seguro que tienen mayores activos en el exterior y que están entre los primeros 100 compradores de dólares en le gestión de Cambiemos.

Por cumplir con las normativas por ellos generadas, el BCRA se queda con muy pocas reservas de libre disponibilidad y de allí la corrida cambiaria, porque los grandes bancos y operadores del mercado financiero local saben que, en algún momento el BCRA no va a poder vender más divisas.  Y esa corrida se refleja en la suba generalizada de los precios (básicamente exportamos alimentos) y de allí la pobreza y los serios problemas para llegar a fin de mes de la mayor parte del pueblo argentino.  En la Argentina está demostrado hasta el cansancio que la devaluación tarde o temprano impacta en los precios. Históricamente las dos hiperinflaciones la de 1989 y las de 1990 son hijas de la híper devaluación de 17,62 australes del 6 de febrero de 1989 a 10.000 australes el 1 de abril de 1991.  Los exportadores igualan los precios externos con los internos.  La botellita de aceite de girasol se vende en el mercado de Ámsterdam a 2 dólares.   A $ 85,25 el dólar menos las retenciones se vende en el mercado local s $ 165.  Si el dólar sube también sube en la misma proporción el precio del aceite en la Argentina

Las cuentas públicas

Hasta octubre 2020 el déficit fiscal acumulado de la Administración Nacional suma dos billones de pesos (al tipo de cambio de $ 85,25, unos 23.500 millones de dólares). Reconvertir el gasto público para hacer frente a la pandemia del covid-19 y la caída de la recaudación atada al nivel de actividad (que desciende en no menos del 10,5% del PIB este año), implican que un tercio del gasto no tenga financiamiento.  El gobierno haciendo malabarismos y tomando riesgos, colocando títulos de deuda ajustados al precio al consumidor (los Bonos CER – BONCER) y ajustados al valor del dólar (Bonos dólar Linked) u atrasando pagos o financiándose con el BCRA, trata de llegar a fin de año, incluso contemplando los $ 350.000 millones que se espera recaudar por la Ley de Aporte Solidario, el déficit fiscal final ronda en pesos, el equivalente a unos 20.000 millones de dólares.  La pregunta es ¿quién los paga?

El Presupuesto Nacional 2021 implícitamente plantea una reforma tributaria, de allí que la recaudación impositiva es la variable que más crece (44% anual contra 29% de los precios y el dólar oficial incluso por debajo del 29% al ser de $ 102,40 en diciembre 2021).  Pero esa reforma debe abarcar también los 20.000 millones que se arrastran de este año 2020.

La propuesta es directa, que la paguen los que  fugaron desde siempre, al menos en el gobierno de Cambiemos y en éste. Del gobierno de Macri sabemos que los primeros cien compradores (que nunca se dijo quienes eran) adquirieron en menos de cuatro años 24.679 millones de dólares.  Que la paguen también las personas físicas dueñas de la tierra que quedaron exentas en Bienes Personales y en el “Aporte Solidario” y, tampoco abonan (o lo hacen mínimamente) en sus provincias.  ¿Cuánto pagan los Blanco Villegas por las 25.000 hectáreas que tienen en Tandil? Y por supuesto las rentas agropecuarias, financieras, mineras, etc. Ricos y fácilmente detectables en este país hay de sobra.

En síntesis

En una situación extrema como la que estamos viviendo, donde hay casi nueve millones de personas que esperan el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) porque no tienen trabajo o hacen changas que no les alcanza para vivir, donde el crecimiento permanente del precio de los alimentos responde a la fuerte depreciación del tipo de cambio oficial (en un 43% en lo que va del año de $ 59,60 a $ 85,25 contra una inflación acumulada de 26,9%) e incluso azuzado por los distintos dólares paralelos,  donde restablecer la producción y el trabajo no va a ser fácil, se necesita gobernar, que es ejercer la dirección, la administración y el control de un Estado en cumplimiento de nuestra Constitución Nacional, que en su preámbulo dice: “Con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”

 

 

[1] El otro 50% pertenece a las empresas canadienses Goldcorp y Yamana Gold cuentan con 37,5% y 12,5% respectivamente del capital.

[2] Debería haber ya una ley que anule esa facultad que tiene el BCRA y prohibir expresamente que venda dólares que es deuda del Tesoro de la Nación.

 

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La Unión Europea: los planes de austeridad y una crisis nunca acabada

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Con la llegada del invierno boreal, Europa sufre la segunda oleada de propagación del virus pandémico, mientras aún no se han desplegado los planes de vacunación masiva que pueden concluir con la pesadilla. La respuesta ha sido el endurecimiento del aislamiento social, incluyendo toques de queda en varias regiones y ciudades de las naciones más desarrolladas del viejo continente.

El impacto de estas medidas sanitarias será también el desencadenamiento de la segunda fase de recesión económica que liquidará la incipiente reactivación veraniega. Situación que amenaza con tornar insuficiente el plan de estímulos fiscales por 750.000 millones lanzado a mediados de año, que constituyó el presupuesto de recursos comunitarios más voluminoso volcado desde los aplicados en el origen del proceso de integración para reducir asimetrías.

Esta catástrofe socioeconómica avanza sobre economías que presentan una década de estancamiento, tal como se puede apreciar en los cuadros que siguen:

Evolución PIB Naciones núcleo de Unión Europea
Billones de U$S
Países 1989 2008 2018
Alemania 1.399 3.730 3.948
Francia 1.025 2.918 2.778
Italia 929 2399 2.084
Fuente: Banco Mundial

 

  Tasa de variación y tasa de crecimiento promedio anual por ciclo
en porcentaje
Países variac. 1989/2008 tasa promedio anual variac. 2008/2018 tasa promedio anual
Alemania 166,6% 2,7% 5,8% 0,56%
Francia 184,7% 3,3% -4,8% -0,47%
Italia 158,2% 2,4% -13,1% -1,24%
Fuente: Elaboración propia datos del B. Mundial

Una mirada sobre la evolución económica de los tres países núcleo -fundadores del proceso de integración europea- Alemania, Francia e Italia, refleja con nitidez los dos ciclos que atravesó la UE: el primer ciclo de casi dos décadas, que va desde el fin de la Guerra Fría hasta la crisis financiera Internacional del 2008, con un crecimiento sostenido de sus economías a una tasa promedio anual en torno al 2,5%/3% en pleno auge de la globalización; y el segundo ciclo iniciado con esa crisis hasta el presente, caracterizado por el estancamiento y la caída del PIB a razón del +/- 0,5%/1% promedio anual, con particular deterioro en la economía italiana.

Sin duda, la respuesta europea al crack financiero del 2008 no fue la adecuada, lesionando gravemente a sus pueblos y poniendo en crisis al propio proceso de integración, hecho que se materializó con el abandono de la Unión por parte del Reino Unido, en el proceso conocido como Brexit, multiplicándose los movimientos nacionalistas anti-UE en toda la región.

La solución al derrumbe de la demanda interna no fue la implementación de programas expansivos de política monetaria y fiscal que recuperaran rápidamente a la actividad: Por el contrario, se aplicaron planes de restricción al gasto público y moderada laxitud monetaria, conocidos genéricamente como “planes de austeridad”.

Los planes de austeridad que recorrieron Europa como un fantasma, perseguían un doble objetivo:

  1. Garantizar el pago de las voluminosas deudas soberanas contraídas por los países para viabilizar el proceso de integración productiva y monetaria, de modo que las diferencias de tamaño y competitividad golpearan menos sobre las economías de menor porte. Los acreedores eran los principales bancos privados de las economías más poderosas.
  2. Sostener el valor del euro como moneda de reserva internacional. La demanda de productos básicos extra-Unión, como alimentos y energía, requiere un euro fuerte para potenciar su poder de compra. A su vez, las exportaciones extra-Unión no dependen del valor de la moneda sino de la capacidad de imponer precios internacionales apoyada en el valor agregado de las ventas al exterior. El aporte de ciencia y tecnología alemán es decisivo en ese sentido.

La denominada “Troika” constituida por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), fue la encargada de poner en marcha y vigilar el cumplimiento de las metas de austeridad que a lo largo de la última década acabarían por estancar la actividad, aumentar el desempleo y deteriorar el modelo de Estado de Bienestar tan caro a la socialdemocracia europea.

Y en este contexto llegó la pandemia, sincerando la magnitud de la crisis en los maltrechos sistemas sanitarios ajustados y en las dificultades de abastecimiento de insumos básicos a la población. La implementación acelerada del mencionado paquete de 750.000 millones fue la respuesta inmediata para contener un desborde social.

La pregunta es sobre el futuro, que ya llegó, catalizado por el virus que dispara un hundimiento económico inédito, y si Europa se aferrará al modelo capitalista actual que preserva las finanzas por sobre el bienestar del pueblo en la pos-pandemia o ensayará una salida distinta. El centro conservador y la cada vez más desteñida izquierda socialdemócrata languidecen, mientras una ultraderecha muy activa plantea desembozada la exclusión, y tal vez a futuro el exterminio, de los más débiles.

La Argentina presenta durante la segunda presidencia de Cristina (2011-2015) una tasa de crecimiento económico del promedio anual de 0,4%; durante la presidencia de Macri (2015-2019) ocurrió una caída promedio anual de -1%; y en el 2020 el golpe del virus se estima en un derrumbe -12,1%.

Si con los números descriptos de los últimos nueve años el FMI plantea en su negociación con la Nación que el recupero del crédito descomunal y sin supervisión otorgado al gobierno anterior requiere un conocido “Plan de Austeridad”, basta ver el reflejo histórico que brinda el espejo europeo para ponderar sus efectos económicos.

Las consecuencias socio-políticas son imprevisibles y sin duda emergerá una burguesía aterrorizada clamando por represión de los justos reclamos populares porque “peligra la propiedad privada”.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/la-union-europea-los-planes-de-austeridad-y-una-crisis-nunca-acabada-202011211905

Fuga de capitales, deuda externa y sostenibilidad de la economía

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Nuestro país no tiene un problema de restricción externa clásico, esto es no es que necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial.  De hecho desde el año 2003 hasta  los últimos datos oficiales a septiembre de 2020, demuestran que se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) en 155.746 millones de dólares, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que esa suma se fuga casi en su totalidad, es más, no solo se fuga ese superávit comercial, sino que incluso se endeuda al país pero no para hacer obras de infraestructuras, para construir viviendas, para hacer puentes, caminos represas, tener nuestra propia marina mercante o una suficiente red ferroviaria, no, sino que nos endeudamos para que una minoría fugue capitales al extranjero.

La economía Argentina es un importante exportador de alimentos, según informa la Bolsa de Comercio de Rosario el nodo portuario del Gran Rosario, que abarca al complejo industrial oleaginoso y portuario que en 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná que van desde la localidad de Timbúes (al norte) y hasta Arroyo Seco (ubicada al sur de la ciudad) y donde se encuentran localizadas unas 31 (treinta y uno) terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas, de las cuales unas 21 (veintiuno) despachan granos, aceites y subproductos; se convirtió en la zona portuaria de exportación de productos más importante a nivel mundial, le sigue después el distrito aduanero estadounidense de Nueva Orleans, Luisiana, en Estados Unidos y en tercer lugar por volumen exportado se ubica el puerto brasilero de Santos. En 2019, desde el polo rosarino se despacharon 79 millones de toneladas granos, harinas y aceites, mientras que del puerto norteamericano y del brasilero salieron 64,45 y 42,65 millones de toneladas respectivamente.

La magnitud que tiene el nodo del Gran Rosario se demuestra que en el año 2019 se embarcó el 78% de las exportaciones de granos, harinas y aceites de Argentina. El segundo lugar lo ocupa el nodo Bahía Blanca con el 11%. Durante el año pasado, a los puertos del Gran Rosario ingresaron 2.632 buques oceánicos, alcanzando la cifra más alta desde que se lleva registro en los últimos 20 años. Se embarcó 41,43 millones de toneladas de poroto y subproductos de soja, (87 % del total embarcado por Argentina), 29 millones de toneladas de maíz en grano (81 % del total) y 6,9 millones de toneladas de harina y grano de trigo (61% de los despachos de Argentina).

Son contadas con los dedos de las manos las empresas que comercializan y tienen los puertos porque son propios y/o lo tienen concesionados y realizan las ventas externas por declaración jurada,  no existe un control estricto de lo que exportan, si se pesa se lo hace deficientemente, entonces las exportaciones son incluso mayores a las declaradas. Triangulan sus operaciones, lo demuestra claramente el caso Vicentin,  su asociación con la multinacional Glencore en “Renova SA”, realizan contabilidad paralela ocultando las ventas y ganancias reales. Como es posible que sobre el Río Paraná existan más barcazas del Paraguay que de la Argentina, solo se explica para no pagar impuestos y derechos de exportación. Esa y no otra, fue la verdadera y principal razón porque esas grandes empresas comercializadoras de granos torcieron el brazo al Decreto de intervención de Vicentin y su posible transformación en una empresa mixta con la división YPF Agro.

Es más, Glencore posee el 50% de la explotación del yacimiento de oro y cobre de Bajo La Alumbrera[1] en Catamarca  y existen decenas de denuncias presentadas ante la justicia, inclusive por la Universidad de Tucumán (que es la que descubrió el yacimiento), que al hacerse las exportaciones por declaración jurada no se sabe exactamente que exporta y qué cantidad, pidiendo investigar sus ventas que las realiza del puerto de Rosario. Puerto cuyo Administrador General es Gustavo Nardelli, socio de Vicentin.

Si debería aumentar el valor agregado de los productos que vendemos, ¿cuánta mano de obra tiene una tonelada de soja?. Pero a las grandes empresas no les interesa, lo que si les interesa es depreciar nuestra moneda para que por cada dólar que declaran e ingresan le den mayor poder adquisitivo en el mercado argentino.  Presionan sobre nuestra moneda y con ello medido en dólares bajan los costos nacionales incluido y principalmente el salario y, de esa manera, deprimen el consumo de alimentos y con ello tienen mayores saldos exportables.

EL ROL DEL BCRA

Pero no solo no hay control sobre la producción  y su exportación, sino que de lo que se declara, mayoritariamente se fuga.  En la gestión de Cambiemos se fugó todo el superávit comercial y además el país se endeudó por más de 100.000 millones de dólares.  De los cuales 86.200 millones fueron comprados por más de siete millones de personas físicas y jurídicas,  pero los primeros 100 compradores lo hicieron por 24.679 millones de dólares en menos de cuatro años, a razón promedio de 246,8 millones de dólares cada uno de ellos.  Nunca se comunicó quienes eran, pero es fácil deducir que son los mismos que no quieren pagar el aporte solidario a una Administración Pública que enfrentó sola de soledad absoluta, gracias al heroísmo de los médicos y paramédicos de los distintos hospitales y programas de salud, muchos pagaron con su vida,  un porcentaje importante se infectaron con el covid y todos trabajaron horas y horas poniendo en riesgo incluso a su familia en cumplimiento del deber y  cobrando sueldos miserables, pero más miserable y  egoísta de los magros ingresos que se la paga, son los ricos de este país y los funcionaros que hacen la vista gorda y se desentienden de la fiscalización que les corresponde como tarea principal.

La acción del BCRA es condenable bajo todo punto de vista, por un lado tienen un marco legal heredado de la dictadura militar que es la Reforma Financiera de 1977 que le permite a las entidades financieras, sobre todo a los 10 –diez- bancos  privados más grandes, ser la palanca central del sistema económico y que los bancos deben desempeñar el papel de dirección técnico-política de las políticas fiscales y monetarias. Y de la Ley 24.144 de Carta Orgánica del BCRA que la hizo Domingo Felpe Cavallo para permitir que la deuda externa contraída por el Tesoro de la Nación (El Estado Nacional) el que se endeuda (deuda que pagamos los ciudadanos de a pie) y después le vende esos dólares a los bancos (como operador cambiario de última instancia)[2].

De esa manera, por ejemplo, el superávit comercial de enero hasta septiembre de 2020 que totalizó 11.562 millones de dólares, a lo que se le debe agregar 4.008 millones de dólares que disminuyeron las Reservas Internacionales en ese lapso, que suman 15.570 millones de dólares, de los cuales se emplearon, unos 3.000 millones de la moneda norteamericana para pagar los servicios de la deuda externa hasta el 22 de abril de 2020 que nos declaramos en default.  Unos 1.300 millones de dólares en la venta del llamado dólar ahorro, al “chiquitaje” que compra hasta 200 dólares por mes.  Pero los 11.270 millones de dólares restantes se vendieron irresponsablemente, más de 5.000 millones en pago de adelantos de importaciones, o sea productos que no habían ingresado a la aduana del país, por eso el INDEC no los contabiliza porque no están en la Argentina (a un precio de $ 70 a $ 80 desde enero hasta septiembre 2020, asegurándole el cambio) y  otros 6.200 millones de dólares a supuesta deuda externa privada del Banco Galicia, del Banco HSBC, del grupo IRSA (Eduardo Elsztain, dueños del Banco Hipotecario, de campos y de shopping en todo el país), etc.  que es probable que figure esa deuda, pero seguro que tienen mayores activos en el exterior y que están entre los primeros 100 compradores de dólares en le gestión de Cambiemos.

Puede ser legal, pero es inmoral, máxime que dejan con muy pocas reservas de libre disponibilidad al BCRA y de allí la corrida cambiaria, saben, los grandes bancos y operadores del mercado financiero local, que en algún momento el BCRA no va a poder  vender más divisas. Esa corrida se refleja en la suba generalizada de los precios (básicamente exportamos alimentos) y de allí la pobreza y los serios problemas para llegar a fin de mes de la mayor parte del pueblo argentino.

 

 

[1] El otro 50% pertenece a las empresas canadienses Goldcorp y Yamana Gold cuentan con 37,5% y 12,5% respectivamente del capital.

[2] Debería haber ya una ley que anule esa facultad que tiene le BCRA y prohibir expresamente que venda dólares que es deuda del Tesoro de la Nación.

 

 

https://www.eltucumano.com/noticia/opinion/268355/fuga-de-capitales-deuda-externa-y-sostenibilidad-de-la-economia?dnd=cat&src=tit&pos=5&dis=desk

Defendamos el superávit de la balanza comercial

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El ministro Martín Guzmán viene desarrollando un conjunto de medidas destinadas a restringir el uso de la emisión primaria de dinero como fuente de financiamiento del desequilibrio fiscal. En esa dirección, ha ejecutado una agresiva colocación de títulos públicos en el mercado nacional, nominados en dólares, en pesos y ajustables por índices de tipo de cambio y precios.

Esta decisión de financiar el déficit de las cuentas públicas con ahorro disponible local se acompaña del retiro parcial de los complementos de los salarios formales e informales (Asistencia al Trabajo Privado-ATP e el Ingreso Familiar de Emergencia-IFE) como modo de ir normalizando la economía hacia la plena circulación de personas y bienes que ocurrirá en breve, cuando se despliegue el plan de vacunación que frene la propagación del virus.

Sin duda, la preocupación la conforman los tiempos entre los que ocurrirá la normalidad plena de la actividad estimada para el inicio del próximo otoño y el retiro inmediato de los soportes estatales de los ingresos populares.

Todos los pronósticos, aún los acérrimos opositores, aseguran un fuerte crecimiento de la economía el año próximo. Pero los beneficios de la recuperación se sentirán a pleno al promediar el 2021.  Por ende, una disminución de la inyección estatal de recursos antes de tiempo puede tensar la cuerda social innecesariamente. 

En columnas anteriores describíamos el tránsito que debía acometer el equipo económico hasta marzo o abril próximos, en que la expectativa favorable de la vacuna en los planes de negocios de las empresas se convirtiera en una realidad palpable.

También que ese puente entre el último trimestre del año y el primero del entrante lo constituía una elevación de las reservas internacionales del Banco Central que alejaran el ataque especulativo que sufría el peso y permitieran a la vez la continuidad de una política monetaria expansiva.

Este refuerzo en las reservas internacionales de alrededor de u$s 5.000 millones podría reconocer diferentes fuentes, que en su momento reseñamos:

  1. El restablecimiento del equilibrio externo y fiscal con un programa de regulación estatal del flujo de divisas y una reforma tributaria progresiva, que fue descartado. La intervención directa del Estado en el comercio de granos, la administración de las importaciones y gravámenes a altos ingresos y patrimonios salió de la agenda gubernamental. Los u$s 11.600 millones de superávit comercial acumulados a septiembre no engrosaron las reservas ni se pudo acortar el déficit fiscal de un modo más progresivo que el presente.

  2. El acuerdo con el sector agropecuario más manufacturero consistente en una reducción de los derechos de exportación en el último trimestre a cambio de un aumento en las exportaciones. No se ha evidenciado aún un incremento de las reservas internacionales por esa vía.

  3. Hasta el momento se han descartado aportes de fondos frescos ya sea por el mecanismo de transformar en dólares líquidos la línea financiera de yuanes acordada con China o a través de recibir un desembolso adicional del FMI en el marco del crédito original acordado al gobierno de Macri.

Así las cosas, sin flujo positivo de dólares significativo en lo que va del último trimestre del año, se apeló a restringir los pesos disponibles que pudieran presionar sobre los distintos mercados cambiarios alternativos al oficial ampliando la brecha de cotizaciones. En esta necesidad perentoria se inscriben las recientes medidas de contracción fiscal y monetaria.

Algo así como: “Si no aumentan los dólares, bajemos los pesos” parece indicar el programa económico de corto plazo para alcanzar el ansiado otoño.

La conclusión que se puede extraer de esta coyuntura -que se ha complicado innecesariamente- es la siguiente: sin un sector externo sólido, las tensiones sobre la economía interna se agudizan y complican cualquier programa de estabilización y crecimiento.

Decíamos también en otras columnas que en el año 2020 se habían dado las tres condiciones para consolidar las cuentas externas:

  1. Superávit abultado de la balanza comercial. Los u$s 11.600 millones a septiembre

  2. Cierre exitoso del programa financiero de deuda pública, reestructurando los vencimientos más pesados a partir del 2025 y reduciendo la tasa de interés promedio del 7,2% al 3,1%

  3. Control de la Cuenta Capital para la demanda de divisas para atesoramiento

Sin embargo, este programa externo adecuado no permitió aumentar las reservas internacionales a lo largo del año. Por el contrario, estas disminuyeron en u$s 5.500 millones. El punto flojo fue no administrar el comercio exterior. Sobre todo, permitir que los pagos al exterior por importaciones aumentaran un 27% en el lapso enero/septiembre de 2020 respecto de igual período en 2019.

Se giraron al extranjero la friolera de u$s 6.500 millones más por pagos de importaciones que el año pasado. No obstante, la actividad económica acumuló una caída interanual del 12,5 % en ese tramo del 2020. Una inconsistencia relevante en el esquema.

A falta de dólares, sólo nos queda restringir los pesos parece decir el equipo económico mirando de soslayo al Banco Central.

A futuro no debiera repetirse este escenario, sobre todo porque el Presupuesto 2021 pronostica en sus supuestos macroeconómicos, superávit de la balanza comercial para el próximo trienio de u$s 15.087 millones para 2021, u$s 14.302 millones para 2022 y u$s 12.928 millones para 2023. 

Si esos saldos favorables de nuestro comercio exterior se diluyen por ausencia de regulaciones, como lo ocurrido en este 2020, el esfuerzo argentino será en vano. Sólo quedará por delante el ajuste fiscal, que como demuestra la historia es inviable para estabilizar la economía e impulsar el crecimiento.

La acumulación de reservas internacionales en el Banco Central, generada genuinamente con el comercio exterior, permite la autonomía de la política económica e inclusive una estrategia de desendeudamiento como la seguida en el año 2006 y el 2009, disminuyendo la presión que puedan ejercer los especuladores financieros y/o el propio FMI.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/dolar/defendamos-el-superavit-de-la-balanza-comercial-2020111419012