15.1 C
Buenos Aires
jueves, abril 23, 2026
Blog Página 69

¿SE PUEDE RESOLVER EL BIMONETARISMO CRÓNICO?

0

La sociedad requiere del intercambio y no hay intercambio sin mercado. Pero el mercado no puede definir unilateralmente a la sociedad, porque el protagonista del mercado es el capital, una propiedad restringida a una parte mínima de la sociedad. En cambio, la sociedad es el conjunto social indiferenciado que requiere la acción ordenadora del Estado.

El mercado es necesario para el desarrollo del capital, pero el Estado debe regularlo, para ordenar los intereses contrapuestos entre el mercado y la sociedad y alcanzar un equilibrio que posibilite su desarrollo. De modo que la regulación del Estado tiene que equilibrar la ganancia con el crecimiento, porque es el crecimiento lo que sostiene el desarrollo social y la ganancia.

Una organización económica empieza en la producción y culmina con una moneda. Así, un mercado nacional supone una producción nacional  y una moneda nacional. Cuando un país se vuelve bimonetario, como la Argentina, y se fragmenta el uso de su moneda, ésta deja de serlo y una parte de sus funciones pasa a ser ejercida por una moneda extranjera. Y como a toda moneda que no surja de la producción propia hay que comprarla, la compra de moneda extranjera no solo queda restringida a la minoría que puede comprarla, sino que empobrece cada vez más al resto de la sociedad que no puede adquirirla. De ahí que la ganancia no puede estar asociada cada vez en mayor medida con la compra de moneda extranjera o con la realización de los precios internos en los valores de esa moneda.

Por eso, la regulación del Estado cuando hay bimonetarismo debe orientarse a desbaratarlo lo más rápido posible, porque de lo contrario, si persiste la tendencia al bimonetarismo, como sucedió con la mayoría de los planes económicos que se sucedieron en el país a partir de la segunda mitad de los años setenta, el resultado no puede ser otro que el retroceso productivo, la devaluación persistente y el empobrecimiento generalizado. La clave de este fracaso es que, de una u otra manera, esos planes intentaron alcanzar la convertibilidad con la moneda extranjera o –menos explícitamente- el extremo de la dolarización, a través de ajustes centrados en medidas monetarias y endeudamiento, y no mediante la insistencia en el desarrollo productivo y su combinación dosificada con los ajustes, que es –en última instancia- el difícil objetivo del ministro Guzmán.

Su política económica hay que entenderla en esa perspectiva. La actividad económica requiere la obtención de ganancia, Los empresarios y sus consultores van a pujar por acrecentarla, pero si la ganancia requiere la dolarización, la regulación que lleve a cabo la política económica tendrá que desarmarla de a poco en continuas batallas en que se irá de un extremo a otro en forma permanente, aunque achicando esas diferencias.

Por un lado, el mercado y sus consultoras y analistas siguen insistiendo en que las iniciativas oficiales solo se traducirán en un cambio drástico de perspectivas si se consolidan las subas en las tasas de interés, se amplía la oferta de divisas con un plan consistente fiscal y monetario que ignora de manera persistente las exigencias para mejorar la producción. Para ellos hay que persistir en el continuo reacomodamiento de la cotización del dólar, que no obstaculice la intensa especulación cambiaria, lo que implica una aceleración de las devaluaciones, que desde su mismo punto de vista es inexplicable porque la suba del dólar se transfiere a los precios, pese a que completan sus exigencias con que aparentemente buscan menos inflación. Para el mercado, los problemas estructurales de la economía y la estabilidad macroeconómica se resuelven solo por su intermedio, con la continuidad de las políticas públicas en el tiempo, o sea, continuando con los programas de ajuste que son los que han venido agravando el problema en la mayor parte de los últimos 35 años e insisten en que, de no ser así, se profundizarán tanto la depreciación como la volatilidad cambiarias, que ha sido el resultado de esas políticas.

Para la conducción económica, sólo a través de resolver los problemas estructurales (producción, productividad, costo de producción, competencia e inversión productiva) se puede enfrentar el déficit fiscal y la emisión, y con ese propósito la intervención oficial debe regular el mercado. De lo contrario, la persistencia en la compra de dólares y la inestabilidad cambiaria profundizarán los desequilibrios previamente existentes, como lo probó la gestión Cambiemos y la reconocida equivocación del FMI al redoblar el impacto de la deuda.

Es así que el eje del acuerdo no es conciliar el intento actual con las políticas del pasado sino en ver la manera de superar las contradicciones productivas, en primer lugar la planteada entre la producción primaria y la industrial y en consolidar la moneda nacional fortaleciendo un mercado financiero local para acrecentar el crédito a la producción antes que solventar la ganancia en la compra de divisas y la especulación cambiaria. El optimismo del presente no está en las declaraciones de Guzmán, sino en que aparecen sectores del agro que quieren coexistir con una política industrial, que hay grandes industriales que entienden que el futuro abre la posibilidad de un fuerte desarrollo de la industria y que la regulación del ministro no se sostiene solo en cumplir con sus objetivos sino que los va adaptando a la negociación en la que aparecen tanto la debilidad de la plataforma desde que lo intenta hasta los aspectos más inconsistentes de las propuestas de sus adversarios y el paulatino pero evidente cambio de escenario.

CUATRO TESIS SOBRE UN AUTO-PUTSCH[1]

0
  • El contexto facilita la comprensión del texto. El telón de fondo del asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 es un conjunto de dinámicas internas acumuladas en las que sobresale la ruptura de consensos posteriores a la Segunda Guerra Mundial y que comenzaron a debilitarse en los años setenta. El pacto político implícito entendido como un compromiso de obligaciones y expectativas entre trabajadores y empresarios, y en un sentido más amplio, entre el Estado, el mercado y la sociedad, fue resquebrajándose hasta llegar a una crisis de envergadura. Los elocuentes indicadores han sido el gradual desmantelamiento del Estado de bienestar y con ello el achicamiento de la clase media; el paulatino y, desde hace varios años, acelerado incremento de la desigualdad de ingresos y la consiguiente ampliación de la vulnerabilidad de grupos humanos y comunidades; las profundas transformaciones demográficas que fueron interpretadas por importantes sectores blancos, masculinos y poco educados como una suerte de pérdida de la identidad nacional; el aumento de la anomia social acompañado de una manifiesta percepción de inseguridad y un notable declive de la confianza ciudadana; la elevada polarización partidista que ha impedido acuerdos para la gestión de la política pública; y el auge del poder de los segmentos ligados a la financiarización en desmedro de la diversificación productiva. No al azar, 8 de cada 10 estadounidenses estaban insatisfechos con el estado de cosas en el país a mediados de 2020.
  • El lugar de la contingencia no debe ser menospreciado al analizar eventos de gran impacto. El 6 de enero de 2020 Donald Trump parecía destinado a ser re-electo y el partido Republicano a tener buenas posibilidades de asegurar el control del Senado y mejorar sus números en la Cámara de Representantes. El primer caso de COVID 19 en Estados Unidos se manifestó el 20 de enero. Un año antes del asalto al Capitolio, las encuestas mostraban una muy alta popularidad del mandatario: su porcentaje de aprobación a mediados de enero de 2020 según Gallup fue de 49% (a mediados de diciembre de ese mismo año, fue de 39%). Wall Street vivía un boom bursátil: los índices S&P, NASDAQ y Dow venían creciendo a niveles superiores al del lustro previo. La tasa de desempleo era la más baja desde 1969. La tasa de crecimiento del PBI en 2019 había sido del 2.3% (esa tasa, para el caso de la Unión Europea, había sido del 1.5%). En el último trimestre de 2019 la financiación para la campaña de Trump llegó a más de US$ 120 millones de dólares superando lo que había recibido en el trimestre anterior (unos US$ 83 millones de dólares). Todo indicaba que sus chances de re-elección eran significativas. Pero llegó la pandemia y se alteró el cuadro político y electoral. Cayó la economía abruptamente, aumentó de modo dramático el desempleo (al inicio del COVID 19 se perdieron 22 millones de empleos), la gestión de la pandemia desde el Estado federal fue mediocre y el partido demócrata se unificó detrás de Joe Biden. Las encuestas comenzaron a mostrar la caída del apoyo a Trump y las donaciones a la campaña de los demócratas crecieron. En la contienda más cara de Estados Unidos—costó US$ 14.000 millones de dólares—Biden fue el primer candidato presidencial en la historia del país que recibió un total de 1.000 millones de dólares. A partir del segundo trimestre de 2020 Trump, con el pleno soporte de los republicanos, comenzó a calificar la elección de noviembre como fraudulenta. Todo tipo de argumentos, falsos y conspiratorios, fueron esgrimidos para deslegitimar un eventual triunfo de Biden y validar su no reconocimiento por parte de Trump. Él creó un clima propicio para exacerbar las tensiones y alimentar la sensación entre sus votantes de que la contienda presidencial estaba amañada y de que sus seguidores debían hacer algo al respecto. El asalto al Capitolio, que produjo 5 muertos, fue un hecho sorprendente pero no inverosímil.
  • En momentos críticos las personas y las personalidades son cruciales. El estilo de mando y la psicopatología de Trump son elementos fundamentales para entender, adicionalmente, lo sucedido. Antes de él, y desde el final de la Segunda Guerra Mundial, solo dos presidentes no fueron re-electos: Jimmy Carter y George Bush. Para alguien con una idea tan ostentosa de sí mismo (en medio de los acontecimientos de esta semana aseguró que el suyo había sido “el más grande primer mandato de la historia” del país) su derrota era inconcebible e inadmisible. Así, con el apoyo de su gabinete, de un gran número de líderes republicanos y con el respaldo de sus seguidores más extremistas instigó los hechos del 6 de enero. Día en que, además, todo el sistema policial, de seguridad y de inteligencia del país falló de modo estrepitoso. Como lo prueban distintas evidencias, lo ocurrido el 6 de enero fue deliberado. Trump instigó, el partido avaló y los militantes actuaron. Neo-nazis, supremacistas blancos, milicias anti-gubernamentales, grupos de extrema derecha y movimientos conspiratorios se lanzaron a la toma del Capitolio para impedir la certificación de la victoria electoral de Joe Biden. Para dejar aun más clara su posición, será el primer presidente estadounidense desde 1869 que rehúse asistir a la inauguración del próximo 20 de enero. Estos rasgos individuales entonces, acompañados de un partido cada vez más inclinado a la derecha y de una turba dispuesta a recurrir a la violencia fueron centrales para antes y durante los sucesos en torno al Capitolio. Y quizás estos elementos sigan identificando al trumpismo fuera del poder. Muchos de sus votantes son la expresión del descontento derivado de las consecuencias de las transformaciones antes mencionadas y del malestar potenciado por la pandemia; varios de sus partidarios más fanáticos, sin embargo, son portadores de una idea y un convencimiento: mantener el “poder blanco” (y masculino) en Estados Unidos.
  • Las crisis institucionales no son efímeras. Primero, en Estados Unidos se han superpuesto varias crisis; la política, la social, la económica, la racial, la identitaria e incluso la internacional, pues todas las variaciones de la búsqueda de primacía (la de Bush hijo, la de Obama y la de Trump) debilitaron aún más a Washington y afectaron su prestigio, influencia y credibilidad. Segundo, la clave es y será cómo administrar una crisis y cómo superarla. Y ello conduce a reflexionar sobre la cuestión de la hegemonía. En condiciones de relativos equilibrios políticos (Trump obtuvo 74 millones votos, la mitad del Senado está en manos republicanas y el partido aumentó sus legisladores en la Cámara de Representantes y controla 27 de las 50 gobernaciones, al tiempo que la Corte Suprema tiene ya una fuerte mayoría conservadora) con alta polarización partidista y agudo agrietamiento social asegurar la hegemonía de tal o cual coalición de fuerzas no es sencillo ni seguro. Es bien probable que la crisis de la democracia estadounidense persista más allá del inicio de un nuevo gobierno demócrata. En efecto, si los demócratas incumplen la agenda de reformas insinuadas en la campaña y el trumpismo perdura como proyecto (el 7 de enero Trump afirmó en un video que buscaba eludir el acorralamiento político en el que estaba: «our incredible jouney is just beginning«), el trauma del auto-putsch estará vigente por mucho tiempo. Como también sería de esperar la profundización de la crisis interna con sus inmensas e imprevisibles repercusiones internacionales.

 

[1] En 1923 se produjo en Munich un fallido putsch (levantamiento organizado) llevado a cabo por el partido Nacional-Socialista alemán. Cientos de personas se congregaron por semanas en distintas cervecerías de la ciudad con el propósito de organizarse y provocar la caída del régimen de Weimar. Se fueron preparando para dar una asonada. Invocaron como antecedentes humillantes los onerosos costos impuestos por el Tratado de Versalles y las ruinosas condiciones coyunturales de la crisis económica derivadas de la hiperinflación. El 8 de noviembre el gobernador de Baviera hizo una alocución en la cervecería Bürgerbraükeller que contaba con un dispositivo de seguridad muy escaso. Hitler y los nazis irrumpieron y se lanzó la consigna de crear un gobierno provisional. Los militares y policías no abandonaron al gobierno como esperaban los conjurados y los conatos rebeldes en Baviera fracasaron no sin antes haber fuertes tiroteos que terminaron con 14 nazis muertos.

 

 

CUATRO TESIS SOBRE UN AUTO-PUTSCH[1]

El capitalismo de “burbuja” y sus consecuencias políticas

0

La interrupción de la sesión legislativa que consagraría institucionalmente a Joe Biden como presidente de los Estados Unidos fue violentamente interrumpida por el asalto al Capitolio perpetrado por una fuerza de choque de ultraderechistas que cuestionaban la legalidad de la elección en la que triunfó el candidato demócrata, en línea con el discurso sostenido por el derrotado Donald Trump. 

El saldo del “putsch” fue sangriento, con cuatro muertos y una veintena de heridos, y sus resultados fueron estériles, porque apenas pudieron demorar unas horas la confirmación parlamentaria de lo acaecido en las urnas. Biden asumirá como presidente en los próximos días.

Sin embargo, el mundo se inundó de imágenes apocalípticas y hasta bizarras de individuos exhibiendo su profundo desprecio por las instituciones de la Nación representadas en el Capitolio, emblema de la República construida por los Estados Unidos.

Grupos de choque reducidos pero resueltos hasta el extremo de arriesgar su vida para producir un hecho simbólico -antes que concreto- en términos de resultados. Grupos portadores de una ideología reaccionaria en cuanto al respeto a los derechos individuales y la diversidad que emana de su ejercicio, pero también integristas de la Nación en tanto se ordene sobre un nuevo sistema de jerarquías sociales e inclusive raciales, distinto al surgido del mundo global y el libre mercado que han frenado y concentrado la economía en la última década.

Inmediatamente, ríos de tinta y saliva corrieron tratando de dilucidar si se trataba de una “minoría intensa” alocada por el giro extremo del discurso de Trump y otros dirigentes, o, por el contrario, era la “punta del iceberg” de una legión de perdedores en una sociedad opulenta, que se restringe cada vez más a una élite de consumidores globales.

Élite comandada por los políticos y burócratas de Washington, los “chief financial officer” de Wall Street, los “lawyers” de Boston y los desarrolladores científicos y académicos, en su mayoría “liberals”, de la Costa Oeste.

No vamos a dilucidar ese interrogante, tal vez porque sus términos se articulan entre sí como causa-efecto y no como opuestos.

Durante los años dorados de la globalización, 1989-2008, el PIB estadounidense creció a un promedio anual en torno al 5% (BEA), para descender a la mitad en la década siguiente, el 2,5% promedio anual en el lapso 2008-2018 (BEA). La catástrofe en la actividad provocada por la pandemia pronostica otra década sin horizonte, sobre todo porque las políticas de recuperación son similares a las aplicadas en la crisis anterior.

Trump construyó su liderazgo político atacando los intentos de reconstrucción del modelo global ensayados después del “crack” del 2008. Para ello se dedicó a atacar todos los acuerdos e instituciones del mundo pos-guerra fría. Veamos:

Reformuló el Tratado de Integración de América del Norte (NAFTA) vigente desde 1994 y uno de los pilares de la época, reemplazándolo por el T-MEC, en una clave más proteccionista

Apoyó al Reino Unido en su salida de la Unión Europea golpeando resueltamente al Tratado de Maastricht, otro de los basamentos globales sentado en 1993.

Desencadenó una guerra comercial contra China, alterando el funcionamiento del comercio internacional que rigió desde el inicio del siglo, por el cual los Estados Unidos constituían el principal mercado de la potencia asiática a cambio de que ésta financiara indefinidamente y sin condicionantes su consumo. Esquema de aristas expansivas hacia el resto del planeta. La bonanza suramericana de la primer década y media del siglo XXI se insertó, en parte, en ese diseño.

Cuestionó severamente el multilateralismo comercial implementado por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Nacionalismo económico, políticas agresivas contra China y Alemania -segunda y tercera economías del mundo- y a la vez retroceso militar hacia posiciones continentales aceptando el despliegue de Rusia en Europa Oriental y Medio Oriente, dan cuenta de que Trump concibe a los Estados Unidos como una potencia en crisis que necesita reformularse desde su interior.

Los síntomas de esa crisis estallaron de lleno en 2020, cuando la pandemia hizo colapsar el sistema sanitario, sinceró la precariedad del sistema laboral con un desempleo masivo y emergieron brutales conflictos raciales en todo el país.

Hechos que liquidaron su posibilidad de reelección, pero cohesionaron un movimiento amplio que adhirió a los postulados desplegados en su presidencia contra el mundo global pos-2008, al que identifican como causante de la decadencia estadounidense. “Make America Great Again” es la síntesis confusa que llevó a los grupos de choque ultraderechista a asaltar el Capitolio.

La resolución de la crisis socioeconómica provocada por la propagación del virus promete reproducir lo ocurrido durante el “crack” financiero del 2008, pero amplificado.

Evolución del Dow Jones en 2020 y 2021.

Hace algo más de una década atrás, frente a la explosión de la burbuja de los créditos hipotecarios, la política monetaria fue dominante para enfrentar el hundimiento de la economía. La Reserva Federal se dedicó a emitir dólares para comprar los activos financieros depreciados en poder de los financistas y habilitar un escenario de liquidez y tasas de interés reales negativas respecto de la inflación, que lentamente licuaron las deudas y sostuvieron el valor de las empresas norteamericanas en el mundo.

Los programas Quantitative Easy (facilidades cuantitativas) 1, 2 y 3 destinaron u$s 3,5 billones a salvar la cotización de las acciones y títulos-valores, pero no reactivaron la demanda efectiva en forma directa sino por “derrame de oferta”, es decir: si les va bien a las empresas ese beneficio paulatinamente se “derrama” en el resto de la sociedad.

Se habilitó una nueva burbuja especulativa a partir de la liquidez abundante y barata, donde los activos financieros aumentaron de precio, pero la producción y el consumo lo hicieron en forma menos que proporcional, alimentando el malestar generalizado que desembocó en la presidencia de Donald Trump.

En la crisis desatada por el COVID-19, nuevamente la Reserva Federal actuó para preservar el valor de las empresas estadounidenses, en particular las tecnológicas de menor agregado de valor en la oferta de bienes. Se implementó el Quantitative Easy 4 y la Base Monetaria aumentó a lo largo de 2020 u$s 1,7 billones, volcándose en un año la mitad de lo vertido a lo largo de cinco años durante los programas anteriores.

Los índices bursátiles treparon en un promedio del 20%, mientras 39 millones de ciudadanos solicitaban el seguro de desempleo y la actividad proyecta una caída de -1,9%. Wall Street y la economía real transitan por senderos distintos.

El capitalismo anda de burbuja financiera en burbuja financiera sostenido por la emisión de dólares como única fuente de acumulación de capital. Pareciera que la resolución de la crisis pandémica será igual. Después de todo, Joe Biden fue el vicepresidente de Obama.

Lo curioso es que el planteo antiglobalización no propugna el socialismo, sino que abomina de cualquier planteo igualitario, para restaurar un capitalismo producción y consumo con un orden jerárquico de explotadores y explotados. Es un final abierto.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/el-capitalismo-de-burbuja-y-sus-consecuencias-politicas-2021182186

 

DESEMPLEO Y BAJOS SALARIOS

0

En la Argentina afectada por las políticas recesivas y el covid-19, en el segundo trimestre de 2020 se perdieron 3.757.000 puestos laborales, de los cuales 289.000 correspondieron a asalariados registrados, 1.695.000 a asalariados informales y 1.774.000 a trabajadores por cuenta propia. El personal doméstico sufrió una pérdida de casi 600.000 puestos, la construcción casi 400.000 y hoteles y restaurantes 304.000 empleos.

Este desplome no se recuperó mayormente en la segunda parte del año. Sí lo hizo en algunos sectores, pero empeoró en otros, dado que el Producto Bruto Interno descendió en 2020 con respecto a 2019 en torno a un 10%, siendo la mayor caída del PIB que se tenga registro. Para peor, 2019 fue un año recesivo.

Con una población de algo más de 45 millones de habitantes, la tasa de actividad se estima en un 47%, esto quiere decir que más de 22 millones de personas están en condiciones de trabajar. Sin embargo, siempre al segundo trimestre de 2020, solo se registran 11.762.000 ocupadas, de las cuales 9.475.600 personas son asalariadas, incluyendo al sector privado (en junio de 2020, se contabilizan 5.781.000 personas asalariadas en el sector privado), sector público y el trabajo en casas particulares y, 2.287.000 tienen trabajos independientes (monotributistas y autónomos), por eso el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia)  alcanzo a unos 8.970.000 beneficiados.

Por lo tanto, se producen serios desequilibrios entre la tasa de crecimiento de la población y la tasa de acumulación del capital, que es la causa central de desempleo en los países atrasados. En estos casos, la receta de bajar salarios no es la solución porque como en la amplia mayoría de los países no industrial. E,  el camino es invertir en máquinas y equipos de última tecnología para generar puestos de trabajo y aumentar la producción y la productividad del trabajo.

En la Argentina de comienzos de 2021, el salario promedio de bolsillo (neto) de los trabajadores industriales, es menor a 700 dólares por mes, a razón de 3,5 dólares la hora. No solamente es uno de los más bajos de nuestra historia, sino que incluso, como pedía Paolo Rocca en 2015, es menor al que se paga por igual trabajo en Brasil y, sin embargo y obviamente, no podemos competir con Brasil en la mayoría de la producción manufacturera.  Y por supuesto menos que menos con los países desarrollados cuyo salario promedio ronda los 2.200 dólares mensuales, pero son mucho más productivos por las maquinas, equipos y tecnología que poseen, a lo que se le suma una infraestructura en rutas, trenes, puentes, represas, etc. etc. moderna y de gran magnitud.

Las cadenas globales de valor son administradas por las empresas transnacionales[1] y representan en torno al 80% del intercambio mundial. Menos del 30% de las exportaciones de la Argentina ingresan en esas cadenas como mero proveedor de alimentos o de metales, donde el 60,9 % de las exportaciones argentinas se dividen tan solo en cinco productos primarios con bajo valor agregado.

Esa situación implica que todo el superávit comercial y la inmensa masa de ganancia de un sector privilegiado (constituido por los que controlan mercado cautivo apropiándose de una renta extraordinaria), no se transforma en inversión, generando dos factores adversos: falta de puestos de trabajo (y con ello presión a la baja de los salarios) y fuga de capital (invierten económica y financieramente en el exterior).

El rol del Estado

El objetivo final de la política económica es lograr el pleno empleo y la mayor equidad  en la distribución del ingreso. Nuestra Constitución Nacional lo determina claramente cuando desde el Preámbulo sostiene: “Promover el Bienestar General”, y también en su Ley 24.013 de Empleo. Entonces, la política económica en el sentido amplio de la palabra, es el conjunto de estrategias y acciones que formulan los gobiernos y en general el Estado para orientar, influir y/o conducir la economía de los países, y como toda estrategia debe responder a un plan global, esto es grandes objetivos y las distintas medidas que se deben adoptar para cumplir con esos objetivos, cuyo fin último es la plena ocupación y con una remuneración que supere la línea de pobreza.

El economista Sergio Arelovich, asesor de La Federación de Trabajadores Aceiteros de la República Argentina, afirma que el Estado debe intervenir para garantizar ingresos dignos a los trabajadores en cumplimiento de la Constitución Nacional y de la ley 24.013 de Empleo, cuyo artículo 135 crea el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil. El inciso c de dicho artículo, le confiere al Estado la facultad de aprobar los lineamientos, metodología, pautas y normas para la definición de una canasta básica que se convierta en un elemento de referencia para la determinación del salario mínimo, vital y móvil, para afirmar textualmente “Si de deudas de la democracia se trata, resta decir que tanto el Estado como cierto sindicalismo se han mostrado poco exigentes al momento de hacer cumplir la normativa que garantiza a los trabajadores el grado de dignidad que se les debe reconocer por su condición de creadores de riqueza”[2].

Según el INDEC, la Canasta Básica Total de noviembre de 2020 (siempre es el último dato publicado) para una familia constituida por matrimonio y dos hijos requiere de un haber mensual de $ 51.776.  Y el salario mínimo vital y móvil impuesto por la Resolución 4/2020 del Ministerio de Trabajo,  Empleo y Seguridad Social de la Nación del 16/10/2020 y sin fundamentar porqué, se fijó para octubre y noviembre de 2020 en $ 18.900 y a partir del 1° de diciembre 2020 de $ 20.587,50 por mes. Es obvio que una gran cantidad de trabajadores  formales y no formales perciben remuneraciones por debajo de la Canasta Básica Total,  trabajan y son pobres.

Desde el punto de vista económico la principal función del Estado es regular la actividad, establecer las reglas de juego, qué es lícito y qué es ilícito, qué es blanco y que es negro y apuntar al pleno empleo y al crecimiento con la mejor distribución del ingreso posible. Por eso John M. Keynes distingue entre el beneficio de los empresarios y  el de la sociedad y afirma que la causa del desempleo se encuentra fuera del mercado laboral. De hecho, este último, es un mercado cuyo comportamiento es pasivo, en el sentido de que el equilibrio en el mercado laboral se deriva de fuerzas externas a él. La curva de productividad marginal debe considerarse como tal, no como una curva de la demanda de trabajo por parte de los empresarios en relación con los salarios.

Dentro de esa función de regular la actividad económica, el Estado debe, antes que nada, preservar el valor de la moneda, que es la antítesis de la devaluación.  El tipo de cambio ya lo modificó violentamente el gobierno de Cambiemos que en tan solo tres meses del 25 de abril al 24 de julio de 2020 devaluó un 100%.  Pero parece que no fue suficiente, porque este gobierno fijó un dólar oficial comercial tipo vendedor por el Banco de la Nación Argentina de $ 59,91 el 2 de enero y el 30 de diciembre de 2020 su precio fue de $ 89,67, conformando un ajuste cambiario del 49,67%, que repercute directamente en el precio de los alimentos y por ende en el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones y,  en forma excesiva cuando proporcionalmente el gasto en alimentos es mayor sobre el ingreso.

En todo caso debería adoptar decisiones como hizo el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación que procedió a suspender temporariamente la registración de Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) para el producto maíz, cuya fecha de inicio de embarque sea anterior al 1° de marzo de 2021, con el fin de preservar su destino al mercado interno.

El Estado nacional y los provinciales deben regular la actividad comercial y financiera y cobrar impuestos directos como los que creó la Ley 27.605 de Aporte Solidario, pero no por única vez, sino todos los años y, las provincias cobrar impuesto inmobiliario rural que representa menos del 0,4% del PIB. Es una vergüenza que la tierra más fértil del mundo aporte menos del 0,4% del PIB.  E indirectos como son los derechos de exportación (retenciones), somos una sola Nación y no puede haber trato preferencial para nadie (artículo 16 de la Constitución Nacional).

Todo ello en un marco en que se aumenten los salarios y el empleo a través de la obra pública nacional, provincial, municipal y de estímulos a las empresas de creación de puestos de trabajo (esencialmente a las PyMes que son las que proporcionalmente más trabajo generan),  que se aumenten las remuneraciones, de modo que ningún trabajador en actividad o pasividad perciba un ingreso mensual menor a la canasta básica total del INDEC, es decir por debajo de la línea de pobreza.

Mayor salario y mayor empleo fortalecen al mercado interno, al que se destina más del 70% de lo que el país produce, máxime cuando la presión de los exportadores, de los  fugadores de capital y del FMI es a una devaluación permanente de nuestra moneda, garantía de valorizar las divisas, pero a costa del empobrecimiento de nuestro pueblo.

Solo recomponiendo los salarios (incluidas jubilaciones y pensiones) y el empleo la Argentina volverá a crecer, y es responsabilidad de los Estadoe, en primer lugar la Administración Nacional y luego las provincias y municipios.  Lo demostró Néstor Carlos Kirchner: “El PBI se conforma de consumo, inversión y comercio exterior. En los ’90, se probó la teoría del derrame y no funcionó. Ahora lo armamos como se arman los buenos equipos de fútbol: de abajo para arriba. Tenemos que lograr que los cuarenta millones de argentinos sean consumidores plenos. El crecimiento del consumo demanda una mayor inversión. Estos dos ítems, consumo e inversión, impulsan las exportaciones: el consumo te da mayor escala de producción y la inversión, mayor eficiencia. Ambos bajan los costos y permiten competir a nivel internacional. Así crecen consumo, inversión y exportaciones y la economía vuela”.  

Cualquier otra alternativa es funcional al poder económico consolidado y significa seguir beneficiando a una minoría parasita y rentística, como, salvo raras excepciones, se vienen beneficiando desde la dictadura militar hasta el presente, a costa de la exclusión y la marginalidad de nuestro pueblo.

 

[1] Incluidas las de capital China, como COFCO y  Shandong Gold, esta última se asocia a la Barrick Gold en la Mina Veladero de San Juan.
[2] Revista Conclusión del 4 de enero de 2021.

 

 

DESEMPLEO Y BAJOS SALARIOS

Asalto al Capitolio: la evidencia de que el problema no está en China

0

Joseph Biden enfrenta retos enormes y el vital no es, como se podría pensar, la cada vez mayor gravitación de China, sino interno: Estados Unidos está cada vez más desunido y es cada vez más desigual. El asalto al Congreso de este 6 de enero fue una especie de auto-putsch, pero, a diferencia del evento de Múnich en 1923, provino desde el Ejecutivo y fue instigado por Trump, avalado tácitamente por líderes republicanos y activado por supremacistas blancos.

Desde hace años se está viendo que los estadounidenses no parecen compartir un destino común. Y esto no es coyuntural; es estructural y es producto de un complejo entramado de fenómenos sociales, económicos y políticos. Trump, en una combinación de Nerón y Atila, optó por horadar la democracia desde adentro y deteriorar la credibilidad del país en el exterior.

Lejos de su lema de campaña, America First, después de su presidencia Estados Unidos no solo no está primero, sino que es hoy un país abatido. Con lo sucedido en el Capitolio parece dibujarse el momento pos-hegemónico de Washington del cual, no está demás repetirlo, China no es la causa principal.

De acá surge el gran dilema de Biden; concentrar su atención en lo doméstico y procurar ordenar el país, o repetir la obsesión de perseguir la primacía internacional, liderar el mundo y seguir ahondando su propio declive. Todo indica que su mayor foco inicial será la agenda interna, exacerbada por la pandemia y el acto sedicioso del 6 de enero.

Sin embargo, antecedentes personales, comentarios durante la campaña de 2020 y un nutrido número de informes y estudios sugieren que Washington buscaría alcanzar una “coalición de voluntarios” (coalition of the willing) pero esta vez en contra de China. Tres elementos apuntan en esa dirección.

Primero, Biden como vicepresidente acompañó a Obama en la idea de que China era más que un competidor temporal y parsimonioso. Entre 2011 y 2012 Obama adoptó un conjunto de medidas para “re-equilibrar” la política exterior y de defensa—usualmente más concentrada en el Atlántico y Medio Oriente–en lo que se conoció como la Estrategia Pivote (Pivot Strategy) para el Asia-Pacífico.

Básicamente buscó reforzar la contención de China, robustecer los lazos diplomáticos, comerciales y militares con los aliados del área y, de ser factible, revertir la proyección de poder de Beijing. En breve, Biden acompañó aquello que ya se vislumbraba en círculos de poder desde comienzos del siglo XXI: que China devino un oponente asertivo y estratégico.

Cabe recordar que el designado Secretario de Estado, Antony Blinken, y la designada Subsecretaria de Defensa, Kathleen Hicks, fueron arquitectos de la Estrategia Pivote, al tiempo que la nominada Representante Comercial estadounidense, Katherine Tai, ha sido una fuerte crítica de China. Después del 6 de enero, ¿se acercará Biden a los republicanos más halcones para mostrar que él no es blando frente a Beijing?

Segundo, durante la campaña de 2020, Biden publicó una nota en la prestigiosa revista Foreign Affairs titulada “Por qué Estados Unidos debe liderar nuevamente”. Su referencia a Beijing es precisa: “Estados Unidos debe ser duro con China”.

Afirma que es clave construir una “coalición de democracias” para hacerle frente y anuncia la convocatoria a una Cumbre sobre la Democracia.

¿Qué países serán invitados? ¿Buscará disciplinar aliados contra China? ¿Está seguro de que muchas naciones lo secundarán? ¿Cree Biden que EE.UU. recuperará la imagen de democracia robusta después de la provocación sediciosa de Trump?

Tercero, desde hace meses abundan en Estados Unidos todo tipo de escritos con propuestas sobre qué hacer con China. Por ejemplo, el Centro Belfer para la Ciencia y los Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard publicó un trabajo sobre la viabilidad y practicidad de una OTAN del Pacífico (Asia Whole and Free? Assessing the Viability and Practicality of a Pacific NATO).

El think tank Atlantic Council produjo un informe (An Allied Strategy for China) en el que sugiere que Washington encabece una alianza de países afines en el que el grupo de democracias denominado D-10 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá, Corea del Sur, Australia y la Unión Europea) más otros miembros de la OTAN incorpore a “socios informales” (como India, Suecia, Brasil, Finlandia, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Singapur y Emiratos Árabes Unidos) en una coalición contra China. Otros expertos proponen profundizar el llamado Diálogo de Defensa Cuadrilateral entre Estados Unidos, Australia, India y Japón iniciado en 2007 y que algunos invocan como la potencial OTAN de Asia.

La Asia Society, localizada en New York, publicó un estudio (Dealing with China as a Transatlantic Challenge) en el que retoma el concepto de “rivalidad sistémica” respecto a China y que fuera refrendado por la Comisión Europea y la OTAN, respectivamente, en 2019, proponiendo una acción más concertada frente a Beijing entre europeos y estadounidenses.

Y el almirante Craig Faller, al frente del Comando Sur, no deja de repetir que China es un “actor maligno” al que Latinoamérica debe repeler. Después del asalto al Capitolio ¿es factible que los países más cercanos a EE.UU. sigan confiando en la capacidad de Washington de consensuar una estrategia internacional hacia China?

No hay duda de que lo ocurrido en el Congreso estadounidense será un hecho trascendente a nivel interno e internacional, y es claro que la respuesta no está en exacerbar la rivalidad con China sino en reparar las grietas de una nación en la que el pacto social posterior a la Segunda Guerra Mundial se ha quebrado.

 

https://www.clarin.com/opinion/asalto-capitolio-evidencia-problema-china_0_DVXcB7Khf.html

CONTRADICCIÓN FUNDAMENTAL EN LA ARGENTINA 2021

0

El objetivo final de la política económica es lograr el pleno empleo y la mayor equidad en la distribución del ingreso que sea posible. Nuestra Constitución Nacional lo determina cuando desde el Preámbulo sostiene: “Promover el Bienestar General”

Entonces, la política económica en el sentido amplio de la palabra, es el conjunto de estrategias y acciones que formulan los gobiernos y en general el Estado para orientar, influir y/o conducir la economía de los países, y como toda estrategia debe responder a un plan global, esto es grandes objetivos y las distintas medidas que se deben adoptar para cumplir con esos objetivos, cuyo fin último es la plena ocupación y con una remuneración que supere la línea de pobreza

No existe Estado sin fijar metas, que son en sí misma la esencia del diseño del proceso de planificación de un gobierno, ya que al orientar su gestión le permiten alcanzar sus objetivos. Son parte también de la compleja inter relación de las políticas públicas como instrumentos para alcanzar los fines.

La planificación no es otra cosa que el intento del hombre por gobernar su futuro, por imponer la razón humana sobre las circunstancias. Ningún mecanismo automático y determinado resuelve el destino y, por nuestra Constitución Nacional y porque debe ser así, le conferimos esa responsabilidad al Estado nacional.

John M. Keynes (1883-1946) lo afirmaba claramente: “Por tanto, en condiciones de laissez faire (mercado libre), quizá sea imposible evitar las fluctuaciones amplias en la ocupación sin un cambio trascendental en la psicología de los mercados de inversión, cambio que no hay razón para esperar que ocurra. En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de la inversión no puede dejarse con garantías de seguridad en manos de los particulares”.

Del punto de vista económico la principal función del Estado es regular la actividad, establecer las “reglas de juego”, que es lícito y que es ilícito, que es “blanco” y que es “negro” y orientar al pleno empleo y al crecimiento con la mejor distribución de ingreso posible.

Por eso John M. Keynes va a decir que  una cosa es el beneficio de los empresarios y otra muy distinta el de la sociedad y que la causa del desempleo se encuentra fuera del mercado laboral. De hecho, este último, es un mercado cuyo comportamiento es pasivo, en el sentido de que el equilibrio en el mercado laboral se deriva de fuerzas externas a él. La curva de productividad marginal debe considerarse como tal, no como una curva de la demanda de trabajo por parte de los empresarios en relación con los salarios.

A su vez, sobre la base del nivel de empleo se establece el nivel de precios y, por lo tanto, dados los salarios monetarios (que se deciden mediante negociación colectiva), los salarios reales

En la Argentina afectada por las políticas recesivas y el covid-19, según el INDEC, al II trimestre 2020 se perdieron 3.757.000 puestos laborales, de los cuales 289.000 correspondieron a asalariados registrados, 1.695.000 a asalariados informales y 1.774.000 a trabajadores por cuenta propia. El personal doméstico sufrió una pérdida de casi 600.000 puestos, la construcción casi 400.000 y hoteles y restaurantes 304.000 empleos.

Por las suspensiones y reducción de las jornadas de trabajo, el INDEC  sostiene que «la caída en horas trabajadas (-34,6%) fue superior a la registrada en los puestos de trabajo, por lo que las horas por puesto de trabajo mostraron una retracción de 21,4% frente al segundo trimestre de 2019».

Las horas efectivamente trabajadas anualizadas, durante el segundo trimestre, alcanzaron las 20.303 millones, con una caída del 34,6% y de ese total 15.588 corresponden a asalariados, con una reducción del 33,6%, y 4.715 a no asalariados o trabajadores independientes, con una baja del 37,8%.

Y no se recuperó en la segunda parte del año y si lo hizo en algunos sectores, empeoró en otros, en el marco en que el PIB (Producto Bruto Interno) desciende en el año 2020 con respecto al año 2019 (que venía en recesión) en torno a un 10%, siendo la mayor caída del PIB que se tenga registro.

Por lo tanto, se producen serios desequilibrios entre la tasa de crecimiento de la población y la tasa de acumulación del capital, que es la causa central de desempleo en los países atrasados debido a la falta de capital para trabajar. En estos casos, la receta de bajar salarios no es solución del problema porque como en la amplia mayoría de los países no industriales, por la consolidación de las cadenas globales no se puede competir vía precios, porque el camino es invertir en máquinas y equipos de última tecnología para generar puestos de trabajo y aumentar la producción y la productividad del trabajo.

En la Argentina de comienzos del año 2021, el salario promedio de bolsillo (neto) de los trabajadores industriales, es menor a 700 dólares por mes, a razón de 3,5 dólares la hora, no solamente es uno de los más bajos de nuestra historia, sino que incluso, como pedía Paolo Rocca ceo del grupo Techint, es menor a igual trabajo que en Brasil y sin embargo y obviamente, no podemos competir con Brasil en la mayoría de la producción manufacturera. Y menos que menos con los países industriales cuyo salario promedio supera los 2.000 dólares por mes.

Las cadenas globales de valor son administradas por las empresas transnacionales[1] y representan en torno al 80% del intercambio mundial. Menos del 30% de las exportaciones de la Argentina ingresan en esas cadenas como mero proveedor de alimentos o de metales, donde el 60,9 % de las exportaciones argentinas se dividen tan solo en 5 –cinco- productos primarios con bajo valor agregado.

Esa situación implica que no se transforma todo el superávit comercial y la inmensa masa de ganancia de un sector privilegiado (constituido por los que controlan mercado cautivo apropiándose de una renta extraordinaria), en inversión, generando dos factores adversos: falta de puestos de trabajo (y con ello presión a la baja de los salarios) y fuga de capital.

RENTA AGRO COMERCIAL

En la Argentina no se da a conocer el costo de producción de la soja, de su harina, de su aceite y así con todos los demás granos[2], si sabemos su precio internacional que se fija en referencia en el mercado de Chicago (EEUU).  Tampoco se sabe a ciencia cierta cuanto, que cantidad de toneladas se exporta, por las serias falencias de control en, por ejemplo, los 68 puertos locales (incluidos el de Buenos Aires y Dock Sud) que dan sobre el Paraná hasta el Río de la Plata, de los cuales 55 son privados y si, sabemos por el caso Vicentin SAIC, que por la hidrovía del Paraná transitan más barcazas con bandera del Paraguay que Argentinas y que, en realidad, muchas de ellas, salen de los puertos nacionales vacías, se hacen poner el sello de la Aduana en el hermano país y luego cargan en terminales Argentinas para no pagar las debidas retenciones.

La renta extraordinaria es la apropiación gratuita (y la más de las veces ilícita) de los recursos naturales (agua, tierra, aire, etc.). Que es por ejemplo la soja sino tierra y agua del país. ¿Cuánta mano de obra demanda la producción de una tonelada de soja? Es renta que se apropian, que no se contabiliza y por ende no se paga. Y no es compensada por la baja recaudación del impuesto a la propiedad rural o, como derecho de exportación que amenguan vía triangulaciones como el caso de Vicentin lo demuestra  (y obviamente no es el único), con su filiales en Paraguay y Uruguay.

En los primeros once meses del año 2020 el 91% de las operaciones declaradas de exportación de productos agro industriales se realizaron por diez empresas, seis extranjeras, de las cuales cinco de ellas se hacen llamar por su primera letra ABCD:  ADM; Bunge Ceval; Cargill; COFCO; Louis Dreyfus, más Glencore como Renova SA y/o como Oleaginosa Moreno SA.[3]  Y las otras cuatro nacionales: Aceitera General Deheza; ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas); Molinos Agro de Pérez Companc; y Díaz y Forti que utilizan las instalaciones de Vicentin SAIC.

Todas ellas forman parte de CIARA (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina) – CEC (Centro Exportador de Cereales) que habiendo obtenido una cosecha record y con los precios más altos de los últimos años, por ejemplo, en el mercado de Chicago (EEUU) la tonelada de soja cerró el año 2020 a  476 dólares  (un 39,3% mayor que en el año 2019) y los 900 litros de aceite de soja a 960 dólares, sin embargo el total de la liquidación de exportaciones en los once meses del año fue de 18.583.581.963 dólares, que fue un 15,67% menos que lo ingresado en el año 2019 en igual lapso.

Recién a partir del 1 de diciembre de 2020 mediante la Resolución 132/2020 del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, se exige a los operadores de granos que para mantener la inscripción en el registro de los exportadores deben cumplir con el plazo previsto para la liquidación de divisas.

Por supuesto para perfeccionar ese mecanismo rentístico y de fuga, de doble contabilidad, de evasión y elusión de impuestos, deben contar con el sector financiero, que hace coincidir sus declaraciones juradas con las Letras de Cambio o Carta de Créditos de los bancos,  tareas a la que se suma la renta financiera garantizada y asegurada por la fuerte cartelización del sector.

RENTA FINANCIERA

Por otra parte, la renta financiera se explica porque son diez bancos privados los principales agentes de comercialización externa. Obviamente el banco chino ICBC; pero también tienen destacada labor el Banco Galicia y el Banco Macro, entre los nacionales (muy desdibujado el Banco Supervielle) y entre los extranjeros el Banco Santander-Río; el Banco BBVA; el Banco HSBC; el Citi; el Banco Patagonia (que el 80% pertenece al banco Do Brasil)  y, el BNP Paribas, además de ser principales colocadores de fondos en las Leliq (Letras de Liquidez del BCRA), gracias a que están autorizados por la autoridad monetaria a captar depósitos del público y se lo  prestan al mismo BCRA.  Todo ello les ha permitido ganar mucha plata mientras el país sufre la caída del producto bruto interno más grandes desde que se tiene registro.

Las autoridades de BCRA de este gobierno de Alberto Fernández aplicaron sin restricción de ningún tipo y en medio de la pandemia del Covid -19,  la  legislación vigente  cuyo fin es valorizar financieramente el capital, conformada por la ley 21.382 de Inversiones extranjeras (que prácticamente le confiere los mismos derechos  que los inversionistas nacionales); la ley 21.495 sobre desnacionalización y descentralización de los depósitos; la ley 21.526 que estableció el nuevo régimen legal de las entidades financieras[4]; la ley 21.572 de creación de la cuenta Regulación Monetaria (de esa manera le remuneraba el BCRA los depósitos en cuenta corriente a los bancos), y las leyes 21.364, 21.547 y 21.571 que modificaban la Carta Orgánica del BCRA, pero como no era suficiente, en el año 1992 Domingo Cavallo, mediante la ley 24.144, profundizó la  apertura confiriéndole al BCRA el poder de comprar dólares al Tesoro de la Nación (divisas que el Estado nacional consigue esencialmente por endeudamiento) y, a su vez,  que sean los bancos los únicos que le pueden comprar esos dólares al BCRA.

SISTEMA FINANCIERO ARGENTINO
      23/12/2020 Diferencia
INDICADORES 30/12/2019 23/12/2020 30/12/2019  
MONETARIOS        
Base Monetaria 1.829.109 2.402.795 30,21% 573.686
Circulación Monetaria 1.147.080 1.858.376    
Cta Cte en el BCRA 682.028 544.419    
Reservas Internacionales 45.190 39.216 -5.974  
LELIQ 758.453 1.633.620   875.167
Pases Pasivos 426.655 1.220.889    
Esterilización 1.185.108 2.854.509   1.669.401
Porcentaje/BM 64,8% 118,8%    
Porcentaje/ Circulación Mon. 103,3% 153,6%    
Adelantos al Tesoro 792.730 1.260.450   467.720
Créditos al sector privado 2.476.189 3.112.839   636.650
Porcentaje /PIB 11,15% 11,00%    
 
Nota: En millones de pesos o de dólares según corresponda.
El total del crédito al sector privado incluye la financiación de exportaciones e importaciones

Fuente: Gerencia de Estadísticas Monetarias del BCRA

 

A la permisiva legislación debe incluirse el Decreto 893/2017 que anuló el Decreto 2581/1964 que declaraba la Emergencia Cambiaria (que acompañamos a esta nota) cuyo primer artículo exige que el contravalor en divisas de la exportación de productos nacionales, hasta alcanzar su valor F.O.B. o C. y F., según el caso, deberá ingresarse al país y negociarse en el mercado único de cambio dentro de los plazos que establezca la reglamentación pertinente, marco que les permitió a los exportadores y por lo menos hasta diciembre de 2020 y tras un año de gestión, retener la liquidación de las mismas y que, por ejemplo, siendo el superávit comercial acumulado hasta octubre 2020 de 12.171 millones de dólares, las reservas internacionales del BCRA habían descendido en unos 4.000 millones de dólares, porque se le permitió a las empresas pagar supuestas deudas externa e importar en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial; más el hecho que los exportadores y los bancos no  ingresan el total de  las divisas de las operaciones, demostrado que hasta octubre 2020 en el MULC (Mercado Único Libre de Cambio), habían  ingresado 5.049 millones menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos[5].

Ante esa situación hubo entre los tenedores de depósito en divisas en los bancos quienes la retiraron, por lo que su encaje o efectivo mínimo también se redujo, de manera tal que al 31 de octubre de 2020 las reservas internacionales del BCRA en lugar de acrecentarse por el superávit comercial, fruto del las autorizaciones de ventas de divisas del BCRA, rémora en el ingreso de operaciones de exportación permitido por la legislación y, los menores encajes,  las reservas descendieron en 4.008 millones de dólares.

EL ESTADO NACIONAL

El Estado nacional incurrió en fuertes gastos para enfrentar al virus covid-19 y asistir como pudo a la población, de manera tal que cierra el año 2020 con un déficit fiscal de unos dos billones de pesos, sin posibilidad de mayores ingresos por la estructura tributaria ligada esencialmente al nivel de actividad, que se encuentra en una severa recesión por la propia pandemia, por lo que ingresa en un círculo vicioso: Financia su déficit fiscal principalmente con emisión[6], luego saca esos pesos del mercado con endeudamiento (Las Leliq del BCRA, que financian el déficit fiscal pagando una tasa del 38% anual)[7] y devalúa en un 49,75% (el tipo de cambio comercial vendedor pasó de $ 59,60 el primer día hábil de enero  a $ 89,25 el miércoles 30 de diciembre de 2020) para licuar dicha deuda.

Obviamente, la suba del dólar arrastra el precio interno en los alimentos (que es básicamente el bien que exportamos) y dada la concentración de productores y comercializadores, tanto en el frente externo como en el mercado argentino donde una veintena de empresas  (Arcor, Molinos Rio de la Plata, Danone-La Serenísima, Adecoagro, Ledesma, Coca Cola, Nestlé, Mondelez-exKraft, Molinos Cañuelas, Morixe, Frigorífico Rioplatense SA ) representan el 80% de esas ventas y, a su vez, las grandes cadenas de ventas (Coto, Carrefour, Cencosud, la Anónima, Walmart) quienes representan el 65% de la comercialización de esos bienes que se consumen.  En ese marco y con esa sociedad de hecho y de muchos años entre grandes productores y comercializadores, es muy difícil destrabar el proceso de formación de precios de esos productos y explica el porqué cuando sube el valor del dólar, tarde o temprano, se traslada a los mismos.

QUE SE DEBE HACER

Es obvio que nos encontramos con una asociación de grandes aglomerados agro industriales y de grandes bancos, camino que fue preparado por la reforma financiera de 1977, profundizado por el menemismo y el macrismo y que este gobierno no solo no limitó, sino que propició, mientras la mayor parte del país descendía violentamente en su nivel de ingreso y de vida.

En primer lugar se debe entender que cuanta más proporción  de renta se genera en el valor de los productos es menor la generación de empleo,  y es más regresiva la distribución del ingreso.

Por lo que el Estado no debe quedarse de brazos cruzados o peor aún,  ser garante que se cumpla una legislación retrograda y en beneficio de una minoría rentística. El Estado en cumplimiento de la Constitución Nacional que está por encima de todas las leyes y de los tratados internacionales, debe regular la actividad comercial y financiera, cobrar impuestos[8] sobre la renta, amén de sacarle la prerrogativa que tienen los bancos de administrar el ahorro público.

El dinero y su ahorro provienen del circuito productivo argentino y no puede ser apropiado por los bancos y que sean ellos los que determinen en que se emplea, que la más de las veces es para obtención de renta de muy corto plazo en lugar de apuntalar planes de inversión, por eso las Leliq (que son letras de liquidez que coloca el BCRA en los bancos) es a siete días, los depósitos en su mayor parte se renueva cada 30 días y la renovación de las líneas de crédito es cada seis meses.

Continuar con el concepto de banca universal de la ley 21.526 va en desmedro de constituir la necesaria banca de inversión que fondee planes de mediano y largo plazo.  El sistema financiero debe tener un piso de crédito para pymes y se debe desalentar la compra y venta de dólares y de activos financieros como forma de aumentar ingresos.  Y con las Leliq se deben emplear para constituir un activo consolidado de un año y prestar desde allí a la producción y a obras de infraestructura tanto pública como privada.

Se debería haber declarado la Emergencia Financiera para regular ese mercado de especulación y fuga, por ejemplo, constituir un bono de un año de plazo con las Leliq y el BCRA obligar a las entidades con ese monto, que den crédito a la producción en general y a las Pymes especialmente

Declarar la Emergencia Cambiaria anulando el Decreto 893/2017 de Macri y obligando a los exportadores a liquidar en tiempo y forma las operaciones.

Poner en funcionamiento el Consejo Federal de Hidrovía creado por Resolución 307/2020 del Ministerio de Transporte de la Nación, integrado por representantes de los Ministerios del Interior, Desarrollo Productivo, y de las Provincias de Buenos Aires, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe para que cumpla un rol fiscalizador de lo que se traslada por el Río Paraná (tipo de mercancía y su correcto pesaje y origen de embarque), máxime que debe licitarse su dragado y mantenimiento que vence el 30 de abril de 2021 y que, por ella, se  realiza el 90% de nuestras exportaciones

Presentar un plan general que priorice el abastecimiento interno de alimentos y permita suspender temporariamente la registración de Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE), como es el caso del maíz, cuya fecha de inicio de embarque sea anterior al 1 de marzo de 2021, cuando arranca formalmente la nueva campaña 2020/21 del cereal.

Finalmente, el mismo BCRA en mayo de 2020 presentó un trabajo donde demuestra que en los cuatro años de gestión de Cambiemos se fugaron 86.200 millones de dólares y que los cien primeros compradores lo hicieron por 24.679 millones de dólares, a razón promedio de 246,8 millones de dólares cada uno de ellos.  Nunca se comunicó quienes eran, pero es fácil deducir que son los mismos que no quieren pagar el aporte solidario a una Administración Pública que enfrentó sola de soledad absoluta, gracias al heroísmo de los médicos y paramédicos de los distintos hospitales y programas de salud, muchos pagaron con su vida, un porcentaje importante se infectaron con el Covid y todos trabajaron horas y horas poniendo en riesgo incluso a su familia en cumplimiento del deber y  cobrando sueldos miserables, pero más miserable y  egoísta de los magros ingresos que se la paga, son los ricos de este país y los funcionaros que hacen la vista gorda y se desentienden de la fiscalización que les corresponde como tarea principal.

Todo ello en un marco en que se aumenten los salarios y el empleo a través de la obra pública nacional, provincial, municipal y de estímulos a las empresas de creación de puestos de trabajo (esencialmente a las PyMes que son las que proporcionalmente más trabajo generan),  que se aumenten las remuneraciones, ningún trabajador en actividad o pasividad debe percibir un ingreso mensual menor a la canasta básica total del INDEC

Mayor salario y mayor empleo fortalece al mercado interno donde se destina más del 70% de lo que el país produce, máxime cuando la presión de los exportadores, de los  fugadores de capital y del FMI es a una devaluación permanente de nuestra moneda, garantía de valorizar las divisas, pero a costa del empobrecimiento de nuestro pueblo.  Ya la devaluación la hizo el macrismo cuando en tres meses (del 25 de abril al 24 de julio de 2018) depreció el peso en un 100% y que este gobierno en forma mesurada pero constante, continuó.

Solo recomponiendo los salarios (incluidas jubilaciones y pensiones) y el empleo la Argentina vuelve a crecer, lo demostró Néstor Carlos Kirchner: El PBI se conforma de consumo, inversión y comercio exterior. En los noventa, se probó la teoría del derrame y no funcionó. Ahora lo armamos como se arman los buenos equipos de fútbol: de abajo para arriba. Tenemos que lograr que los cuarenta millones de argentinos sean consumidores plenos. El crecimiento del consumo demanda una mayor inversión. Estos dos ítems, consumo e inversión, impulsan las exportaciones: el consumo te da mayor escala de producción y la inversión, mayor eficiencia. Ambos bajan los costos y permiten competir a nivel internacional. Así crecen consumo, inversión y exportaciones y la economía vuela”.  

Cualquier otra alternativa es ser funcional al poder económico consolidado y significa riqueza para unos pocos y marginalidad y pobreza para nuestro pueblo.

 

 

 

[1] Incluidas las de capital China, como COFCO y  Shandong Gold, esta última se asocia a la Barrick Gold en la Mina Veladero de San Juan.

[2] También del petróleo, del gas, del oro, del cobre, basta  recordar que cuando el, en ese entonces Ministro de Energía de la Nación, Juan José  Aranguren, que trabajó durante 30 años en Shell, dijo en el Congreso de la Nación que desconocía el precio del costo de extracción del petróleo. Igual con la distribución de la energía, de las comunicaciones, etc. etc.

[3] Los miembros fundadores (ADM, Bunge, Cargill, COFCO International, Louis Dreyfus Company y Glencore Agriculture) con el fin de modernizar las operaciones comerciales globales conforman el proyecto Covantis, que cuenta con un sitio web, www.covantis.io, para conectar la agroindustria a través de una plataforma digital.

[4] La ley 21.526 le concedió a  los bancos comerciales realizar “todo aquello que esta ley no prohíbe”, dándole ventajas exclusivas, siendo los únicos habilitados para captar depósitos en cuenta corriente.

[5] Las exportaciones  acumuladas de enero a octubre de 2020 según el INDEC en base a los registros de la Dirección General de Aduanas  fueron por  46.556 millones de dólares y, por el MULC ingresaron solamente 41.507 millones de dólares

[6] También coloca títulos de deuda en pesos pero ajustados por la inflación (BONCER) o por el valor del dólar (Dólar linked).

[7] La autorización de ser bancos le permite en diciembre 2020, pagar tasas por los depósitos a 30 días  en torno al 33% anual y cobrarle al BCRA por las  Leliq a 7 días una tasa nominal del 38%, ganado unos 70.000 millones de pesos mensuales sin correr ningún riesgo, prestándole al BCRA.

[8] Impuesto Directos como es la Ley 27.605 de Aporte Solidario pero no por única vez, sino todos los años y, cobrar impuesto inmobiliario rural que representa menos del 0,4% del PIB, cuando el IVA es el 10,5% del PIB.  E indirectos como son los derechos de exportación (retenciones).

La economía en 2021: esperanzas y acechanzas

0

El 2021 le plantea a los argentinos y las argentinas el deseo acuciante y también la esperanza de reencontrarse con sus vidas habituales tal como las desarrollaban no hace mucho, no más de un lustro atrás.

Vidas cotidianas que fueron desorganizadas por los cuatro años del gobierno macrista y golpeadas con dureza por la propagación a escala mundial del virus COVID-19. El 2021 tiene que ser el inicio de la recuperación, tanto del cuadro sanitario como del escenario económico.

Las restricciones y los riesgos de movilidad de personas y bienes impuestos por el virus tienen que finalizar con el despliegue del plan de vacunación masiva durante el primer semestre del año.

El deterioro socioeconómico de cinco años de declive de la actividad tiene que revertirse con cierta rapidez en la medida en que el Gobierno aplique las medidas comprometidas con la ciudadanía que lo respaldó en las urnas en 2019.

Entrando de lleno en el intento de elaborar un pronóstico de reactivación de la actividad que comience a reversar lo daños del virus primero y los del macrismo después, es necesario evaluar el desenvolvimiento de la economía real durante 2020.

Para ello hemos elaborado un cuadro con la evolución de los principales sectores de actividad, promediando los índices de cada trimestre disponible en la información oficial del INDEC y comparándolos con una base que se inicia en diciembre de 2019, momento que se inició nuestro gobierno. Veamos:

             La actividad económica en el 2020

La interrupción del embarazo y el sistema judicial

0

Uno de los mayores arquetipos al que nos vemos compelidas las mujeres es el de la maternidad, nos dicen madrazas si criamos solas, pero nada dicen de esos varones que se borran de la crianza y que en algunos casos ejercen violencia sobre su familia. En este siglo XXI gran parte de las mujeres jóvenes en las grandes urbes están pidiendo por la maternidad elegida. Desde que los métodos anticonceptivos para las mujeres irrumpieron en 1960, aprendimos a tener soberanía sobre nuestros cuerpos y nuestras decisiones en torno a cuando y con quien queremos maternar. Aún nos vemos inmersas en el sostenimiento de los trabajos de cuidado que realizamos en nuestra sociedad en soledad desde tiempos ancestrales, entre estas tareas de cuidado en las que los varones se podrían ocupar para lograr una sociedad mas igualitaria y justa, se encuentra el uso de los métodos anticonceptivos incluso quirúrgicos. Hemos visto la magra cifra de vasectomías que se realizan en un distrito considerado progresista como la Ciudad de Buenos Aires. Estos son los fundamentos por los que una ley como la del cuidado integral durante el embarazo y la primera infancia es tan bien vista. Ahora vemos que la implementación de la ley 27.610 de Interrupción voluntaria del embarazo será resistida e incluso judicializada por algunos sectores de la sociedad. Hemos escuchado las felicitaciones por estas dos leyes de parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como órgano de la Organización de Estados Americanos (OEA) encargado de la promoción y protección de los derechos humanos y a la vez la presentación judicial de distintos grupos en contra de la misma. Las razones de su constitucionalidad podemos encontrarlas en el fallo FAL de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,  de aborto no punible en caso de violación. Desde 1921, tenemos en nuestro código penal casos de interrupciones legales del embarazo y desde el año 2012 los protocolos para llevarlas a cabo. En cuanto al derecho al sostenimiento de la vida se habla de un criterio de ponderación para avalar la constitucionalidad de la maternidad elegida. Estos criterios jurídicos nos resultan válidos para dejar de lado el punitivismo en esta materia y para la ampliación de derechos pero siempre tengamos en cuenta que este tema genera divisiones en nuestra sociedad, por las razones expuestas anteriormente en torno a la maternidad. Abogo por una implementación madura y responsable de esta ley que sin duda estimo se realizará de la mejor manera desde el Ministerio de Salud de la Nación.  Asimismo la ejecución de leyes como de Educación Sexual Integral y la ley Micaela de prevención de la violencia de género, nos llevaran por el buen camino de una sociedad más justa, igualitaria, con mejor acceso a la salud pública y a la justicia aun de las mujeres vulnerables.

 

 

https://lacolumnanoa.com/julieta-pignanelli-la-interrupcion-del-embarazo-y-el-sistema-judicial/

Llega el 2021 ¿Y entonces?

0

El 2020 es un balance de pérdidas. La mayor y más grave es la ausencia de casi 43.000 argentinos y argentinas que partieron golpeados por el virus. El otro daño que le sigue en importancia lo constituye la contracción de la economía por el impacto que implica las restricciones a la libre circulación de personas y bienes. La caída de la actividad medida por el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) acumula a octubre -11,3% respecto de los primeros diez meses del 2019, superando baja anual registrada en el año 2002 (-10,9%).

El Gobierno, arrastrando el inventario macrista de parálisis de la economía, desempleo, inflación y deuda, desarrolla una gestión centrada en impedir el doble colapso sanitario y social, resultados que hacia el fin de su primer año de gestión puede considerar logrados.

Hacia adelante y en lo inmediato el Gobierno abandona su administración defensiva y decide acertadamente poner fin a los límites al pleno funcionamiento de la economía impuestos por el virus, con una campaña de vacunación masiva durante el primer semestre del año que inicia.

Esta acción reinstala desde la perspectiva de reconstrucción posconflicto nuevamente el sistema sanitario y el devenir económico. Una crisis profunda como la atravesada habilita la revisión del comportamiento de los distintos agentes y, por ende, el ensayo de reformas de fondo ante debilidades manifiestas o respuestas insuficientes en la tormenta.

El sistema de salud abandonado por el macrismo fue tensado al máximo por la pandemia y respondió, pero resultó evidente que, sin una asignación de recursos en forma más eficiente desde una conducción unificada permanente del Estado Nacional, puede fracasar ante una nueva calamidad epidémica a futuro.

Sin duda, la potencia de la economía nacional protegida y estimulada, libre del corset del virus, producirá una recuperación acelerada, inclusive sobre el pronóstico del 5,5% contenido en el Presupuesto, tal como es el consenso de la mayoría de los analistas.

Los interrogantes al interior de la coalición y en el pueblo que acompaña al gobierno, giran en torno al tipo de recuperación por venir. Es decir, al alcance social que tendrá el crecimiento y a la capacidad de las cuentas externas para sostener la expansión de la economía con carácter inclusivo, en concreto la oferta de dólares.

En el discurso en el Estadio Único de La Plata el pasado viernes 18 de diciembre, Cristina abordó estos temas, trazando un rumbo nítido para enfrentarlos el año próximo.

Algunos fragmentos de su alocución no sólo reflejan por enésima vez su rol de estadista, sino que también arrojan precisión sobre el sentido del retorno al Gobierno en el marco de la actual coalición peronista. Veamos:

  • “Nuestro país debe ser de toda Latinoamérica el que más recursos humanos, tecnológicos, el que más inversiones tiene en materia de salud, lo que pasa es que la tenemos divida en tres sistemas: el público, el privado y el de las obras sociales
  • “Vamos a tener que empezar a repensar un sistema nacional integrado de salud en el que podamos articular todo esto para hacer un uso más eficiente de lo que hay en la Argentina”
  • “Yo no quiero que ese crecimiento se lo queden tres o cuatro vivos nada más. Hay que alinear salarios y jubilaciones, precios, sobre todo los de los alimentos, y tarifas”
  • “Doce años y medio en la Argentina lo hicimos y por eso, además de la unidad, volvimos”
  • “Doce años y medio que logramos la participación de los trabajadores en el PIB como nunca, o como en las mejores épocas peronistas”
  • “Los argentinos podían comer carne no solamente porque tenían trabajo y salario sino porque además cuidábamos la mesa de los argentinos”

Cristina instala con precisión la regulación estatal en la oferta de bienes esenciales: salud, alimentos y energía. Sin esa intervención no hay recuperación económica vigorosa porque los ingresos populares son cooptados por los precios fijados por los monopolios oferentes de dichos bienes imprescindibles para el bienestar del pueblo. El trabajador no tiene resto para indumentaria, equipamiento de su hogar y recreación. Es la referencia al crecimiento que “se lo quedan tres o cuatro vivos nada más”.

Del mismo modo que lo ocurrido en la carta pública en ocasión del décimo aniversario de la partida de Néstor, al advertir a los agentes económicos más poderosos que la presión por la devaluación del peso podía desembocar en un desborde social de consecuencias políticas imprevisibles. Advertencia que detuvo transitoriamente esas maniobras.

Cristina anticipa con claridad que la salida de la crisis será tan veloz como avance el programa de vacunación, pero que dicha resolución no es neutral en términos socio-económicos y, por ende, incorpora la dimensión política de la pospandemia reclamando la intervención estatal para garantizar que se reparen los daños causados a la inmensa mayoría del pueblo. 

Planteando que eso constituye la razón esencial por la que la ciudadanía acompaño el retorno al gobierno de la actual coalición: la esperanza avalada por lo hecho en los doce años y medio de administración previos.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/llega-el-2021-y-entonces–202012261906

LA LÓGICA DEL PODER Y EL ESTADO

0

Antonio Gramsci —que pasó diez años en la cárcel, la dejó el 21 de abril de 1937 y murió en el hospital seis días más tarde, de hemorragia cerebral, a los 46 años— sostenía que el poder ha sido y sigue siendo la fuerza principal que estructura el orden social.

Toda relación de poder necesita el consentimiento del dominado, que en alguna medida consciente acepta los valores y las posiciones del dominante (hegemonía).

De hecho, el proceso productivo se ejerce en los ámbitos de la sociedad bajo la tutela del Estado. La sociedad otorga a la propiedad privada y sus poseedores autoridad sobre la población y su vida cotidiana, “un poder que el Estado hace respetar y que muchos Estados tiránicos antiguos habrían envidiado”.

Pero para esto se debe definir dónde se sitúa el poder, en qué sector de la sociedad se concentran las decisiones fundamentales y ese es el centro de la discusión en este país que queda el sur de América. Fue planteado por la Vicepresidenta de la República en su discurso en la ciudad de La Plata el 17 de diciembre de 2020. O se crece para adentro y nos beneficiamos todos, o nos subordinamos a las demandas del exterior y con ello se excluye a dos tercios de la población.

En la Argentina actual es claro que hay un sector predominante que es el agro industrial exportador y los principales bancos privados, que han tejido una alianza entre ellos y les permite ganar fortunas, mientras la mayor parte del país sufre el descenso del nivel de actividad y de su vida.

Esa sociedad de banqueros y agroexportadores queda encubierta por una parafernalia de instrumentos como los medios de comunicación, la educación, la religión, que penetran en los valores de la sociedad toda, de las familias y de las personas, no permitiendo que cada uno desarrolle el innato sentido de pensar por sí mismo y en procura de mejorar su vida y la de los suyos. Juan Perón decía: “Nadie se puede realizar en una sociedad que no se realiza” y se refería al pueblo argentino, no a los que se integran al mundo desatendiéndose de la mayoría de la población, sirviéndose de la valorización de su capital.

Un camino trazado

En nuestro país desde la dictadura militar se armó toda la legislación con el fin de valorizar financieramente el capital, conformada por estas leyes:

  • 21.382 de inversiones extranjeras (que prácticamente le confiere al extranjero los mismos derechos que a los inversores nacionales);
  • 21.495 sobre desnacionalización y descentralización de los depósitos;
  • 21.526 que estableció el nuevo régimen legal de las entidades financieras [1];
  • 21.572 de creación de la cuenta Regulación Monetaria (de esa manera el BCRA remuneraba los depósitos en cuenta corriente a los bancos);
  • 21.364, 21.547 y 21.571, que modificaban la Carta Orgánica del BCRA, pero como no era suficiente, en el año 1992 Domingo Cavallo mediante la ley 24.144, profundizó la  apertura confiriéndole al BCRA el poder de comprar dólares al Tesoro de la Nación (divisas que el Estado nacional consigue esencialmente por endeudamiento) y, a su vez, que sean los bancos los únicos que le pueden comprar esos dólares al BCRA.

Públicamente se sostenía (y los bancos lo siguen sosteniendo, ahora solapadamente) que había que liberar el sistema para que por sí solo se expanda y asigne el ahorro de la población a los sectores más rentables, atribuyéndoles a los bancos esa capacidad que solo puede tener un Estado. El resultado no pudo haber sido peor, con un PIB (Producto Bruto Interno, la cantidad de bienes y servicios finales que produce el país) en 2020 similar en dólares constantes al de 1974 (y con veinte millones más de habitantes). En aquella época existían más de 800 entidades financieras distribuidas en todo el país, mayoritariamente cajas de crédito y sociedades cooperativas, el total del préstamos al sector privado sobre el PIB fue del 43,55% y, la Argentina era la nación más integrada del continente, donde menor diferencia había entre un pobre (y una familia pobre) y un rico (y su familia); la tasa de desocupación abierta era del 4% y la pobreza era del 6%. Uno de los pilares de esa redistribución progresiva del ingreso era que el crédito se volcaba esencialmente a la producción y al consumo popular.

En el año 2020 quedaron en pie 65 entidades financieras (solo 13 son públicas de la Nación o de las provincias, incluido el Banco Municipal de Rosario) y el crédito total al sector privado es solo el 11,15% del PIB (y principalmente destinado al consumo o asimilables al consumo, tarjeta de crédito y préstamos personales, no a la inversión en máquinas y equipos) y, el resultado no puede ser otro que la pobreza supere al 40% de la población alcanzando a más de veinte millones de personas, con el agravante de que el 60% de los niños de la Argentina son pobres.

Mientras el PIB argentino desciende  un 10,5%en el año 2020, los once primeros bancos privados [2] tuvieron tasas positivas de ganancia, que básicamente consiguen tomando depósitos del público y prestándoselo en LELIQs (letras de Liquidez) al BCRA. Los intereses que perciben los bancos por ello están en torno a los 70.000 millones de pesos por mes. Aunque se espera que, por la fuerte emisión monetaria de diciembre de 2020,  el BCRA tendrá que salir a absorber más pesos no bien comience el año 2021, por ende, el stock de pasivos remunerados (prestamos de los bancos al BCRA) crecerá y también sus intereses. Todo bajo la lógica pura de subir los intereses para que no suba el precio del dólar, como si no hubiera otras variantes fundamentales y más importantes que esa lógica financiera que solo genera ganancia a los sectores beneficiados y pobreza y exclusión a la mayoría de la sociedad.

El dinero y su ahorro provienen del circuito productivo argentino y no puede ser apropiado por los bancos privados y que sean ellos los que determinen en qué se emplea, que la más de las veces es para obtención de renta de muy corto plazo en lugar de apuntalar planes de inversión, por eso las LELIQs (que son letras de liquidez que coloca el BCRA en los bancos) son a siete días, los depósitos en su mayor parte se renuevan cada 30 días y la renovación de las líneas de crédito es cada seis meses.

Continuar con el concepto de banca universal de la ley 21.526 va en desmedro de constituir la necesaria banca de inversión que fondee planes de mediano y largo plazo. El sistema financiero debe tener un piso de crédito para pymes y se debe desalentar la compra y venta de dólares y de activos financieros como forma de aumentar ingresos. Y las LELIQs se deben emplear para constituir un activo consolidado de un año y prestar desde allí a la producción y a obras de infraestructura tanto pública como privada.

Por otra parte, las relaciones de nuestro país con el exterior nos demuestran que no hay un problema de restricción externa clásico, esto es, no necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial. De hecho desde el año 2003 hasta los últimos datos oficiales a octubre de 2020 se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) en 156.355 millones de dólares, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo [3], permitió que las empresas pagaran supuestas deudas externas e importaran en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial [4]; más el hecho de que los exportadores y los bancos tardan en ingresar las divisas de las operaciones, demostrando que hasta octubre de 2020 en el MULC (Mercado Único Libre de Cambio), habían ingresado 5.049 millones de dólares menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos. El INDEC contabiliza exportaciones por 46.556 millones de dólares pero el MULC percibe solamente 41.507 millones.

Existe doble contabilidad y triangulaciones en el comercio exterior,  los exportadores subfacturan sus ventas y los importadores sobrefacturan sus compras (precio de transferencia pagan más por los insumos que traen de sus casa matrices y siempre hacen depender su producción de esos insumos) y los que lo instrumentan son los bancos, mediante las cartas de crédito o las letras de cambio

El mismo BCRA en mayo de 2020 presentó un trabajo donde demuestra que en los cuatro años de gestión de Cambiemos se fugaron 86.200 millones de dólares y que los cien primeros compradores lo hicieron por 24.679 millones de dólares. Nunca se comunicó quiénes eran, pero es fácil deducir que son los mismos que no quieren pagar el aporte solidario a una Administración Pública que enfrentó la pandemia sola de soledad absoluta, gracias al heroísmo de los médicos y paramédicos de los distintos hospitales y programas de salud, muchos de los cuales pagaron con su vida. Un porcentaje importante se infectó con el Covid y todos trabajaron horas y horas poniendo en riesgo incluso a su familia en cumplimiento del deber y cobrando sueldos miserables.

Por eso en una parte de su discurso en el Estadio Diego A. Maradona de La Plata, el 17 de diciembre de 2020, Cristina Fernández de Kirchner sostuvo: “No estoy diciendo nada que no se pueda hacer, doce años y medio lo hicimos en la República Argentina, y por eso, además de por la unidad, volvimos. No nos olvidemos de esto, porque si uno no sabe cómo llegó es probable que no sepa tampoco cómo ir”.

Y esa es la verdad, se llega al gobierno para la “felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación” y no para que se beneficie una minoría rentística que no genera trabajo y pretende ajustar costos vía reducción de salarios.  El camino debe ser exactamente el inverso: propiciar el crédito, los subsidios y todo mecanismo de apalancamiento para fortalecer el mercado interno, base del crecimiento sostenido como lo demostró el kirchnerismo y todos los gobiernos nacionales y populares que así lo hicieron.

Solo dos caminos: o se subordina al complejo agro-industrial y grandes bancos, o se defiende el mercado interno y con ello el empleo y la producción argentina.

 

 

[1] La ley 21.526 le concedió a  los bancos comerciales realizar “todo aquello que esta ley no prohíbe”, dándole ventajas exclusivas, siendo los únicos habilitados para captar depósitos en cuenta corriente, que no paga interés.
[2] Bancos Galicia, Macro, Credicoop, Santander-Río, BBVA, HSBC, ICBC, Citi, Patagonia, BNP Paribas y Supervielle.
[3] Macri anuló la Emergencia Cambiaria, que obligaba a exteriorizar la compra de divisas al BCRA mediante acuerdo firmado por la máxima autoridad de Comercio Exterior del país, de Aduana y del BCRA (Decreto 2581/1964)  y la redujo solo al BCRA.
[4] Que se hubiera evitado derogando el Decreto 893/2017 que a su vez había anulado la Emergencia Cambiaria del Decreto 2581/1964 vigente durante 53 años.

 

 

LA LÓGICA DEL PODER Y EL ESTADO