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domingo, junio 28, 2026
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Análisis de coyuntura económica

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El 2021 le plantea a los argentinos y argentinas el deseo acuciante y también la esperanza de reencontrarse con sus vidas habituales tal como las desarrollaban no hace mucho, no más de un lustro atrás. Vidas cotidianas que fueron desorganizadas por los cuatro años del gobierno macrista y golpeadas con dureza por la propagación a escala mundial del virus COVID-19.

El 2021 es esperado como el inicio de la recuperación, tanto por la superación del cuadro sanitario como por la expansión de la actividad. Las restricciones y los riesgos de movilidad de personas y bienes, obligado por el virus tienen que finalizar con el despliegue del plan de vacunación masiva durante el primer semestre del año.

El deterioro socioeconómico de cinco años de declive de la actividad debe revertirse con cierta rapidez en la medida en que el Gobierno aplique las medidas comprometidas con la ciudadanía que lo respaldó en las urnas el 2019. Entrando de lleno en el intento de elaborar un pronóstico de reactivación de la actividad que comience a reversar lo daños del virus primero y los del macrismo después, es necesario evaluar el desenvolvimiento de la economía real durante el 2020.

Analisis de Coyuntura Económica. Senado PBA

Cdor. Roberto Feletti
Lic. Martín Di Bella
Juan Manuel Pignocco
Cdor. Diego Perrella
Dra. Erica Pinto

 

 

¿Hacia dónde va el mundo post-pandemia? Conversaciones con Carlos Abalo

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HUGO GARNERO: Me interesa preguntarte cómo estás viendo a Biden en relación al “peligro” chino.

CARLOS ABALO: Muy atento a lo que está pasando. Creo que el retroceso de Estados Unidos frente a China se vuelve inevitable y la duda es si Estados Unidos va a intentar darlo vuelta, en cuyo caso lo único que puede hacer es levantar a la India como levantó a Alemania y a Japón en la posguerra.

Simplemente solo alargaría el tránsito, que es inevitable porque el capitalismo avanza hacia un capitalismo de Estado, porque sin el auxilio del Estado la demanda no alcanza a absorber la oferta y la mayor prueba es que para eso está el gasto público, que subió por la pandemia, pero que igual va en ascenso sin ella.

HG: Uno escucha a sectores de la izquierda, en particular a los trotskistas plantear que China viró hacia el capitalismo, ¿como ves esto?

CA: En cuanto a lo que dicen los trotskistas de que China se volcó al capitalismo, la suerte del dueño de Alibaba lo desmiente: criticó la regulación del PCCh y pareció que desaparecía, pero como el PCCh no es el PC de Stalin, reapareció, ya no está al frente de Alibaba sino de una Fundación para la mejora social y se retractó a medias de sus críticas.

HG: ¡No podemos negar que hay un ingreso de China a formas de producción capitalista que le permitieron integrarse al mundo, y vaya cómo!

CA: Ese capitalismo de Estado es en realidad un tránsito hacia un sistema en que el consumo absorbe la producción mediante una suba de los ingresos generales, que es la única manera de absorber la mayor producción derivada de la mayor productividad. La diferencia con la dictadura del proletariado de vieja data es que en realidad no hubo ningún proletariado que se propusiera nada, salvo en la época en que la clase obrera pasaba a ser la mayoritaria en los países industrializados, lo que fue disminuyendo después hasta casi desaparecer ahora, en que la automatización y la robotización van camino de sustituir la mayor parte del trabajo directo. Esta es explicación de fondo.

HG: Igualmente para los que nos formamos en los 60 y 70, todo este proceso del capitalismo mundial se vive con sabor amargo.

CA: Es que este tránsito pareciera presionar una especie de derechización en que también para el peronismo el menor peso obrero es decisivo. Por eso no hay que descartar una transitoria marcha hacia un nuevo menemismo por un acercamiento del PRO moderado con el peronismo no K. Igual sería de corto plazo hacia una vuelta a una posición más afín a la actual, aunque eso causaría un desgaste tremendo que hay que evitar a como dé lugar. Más o menos por ahí va lo que creo que se viene.

HG: Entiendo, pero el neoliberalismo en la Argentina ha dejado despojos sociales pero también un problema económico horrible al aniquilar la moneda.

CA: Por eso la derecha Argentina juega a la dolarización de hecho. Se trata de una tremenda ceguera en no ver que la dolarización es imposible. Esto  porque la única manera de tener una moneda extranjera es comprándola. Eso vale solo para un emirato con muchos dólares del petróleo o de otro pequeño offshore que atrae muchos dólares por ocultar operaciones cambiarias.  O de un offshore sostenido por una potencia como Gran Bretaña, que tiene un mercado financiero grande, que ya es mayor que su capacidad competitiva real. Esto es lo que mueve a la libra a separarse del euro y a cobijarse bajo el amparo militar de Estados Unidos, como fue siempre. 

HG: Pero la verdad es que el peronismo, a través del menemismo, hizo un ensayo importante con el tema dolarización.

CA: Lo del menemismo me parece importante porque ayuda a entender que, ante la caída de la URSS y un horizonte sin otra cosa, y porque China parecía sujeta a lo mismo, a pesar de lo que había pasado en Vietnam y en Cuba, la convertibilidad en camino hacia el dólar o hacia una estabilidad monetaria parecía lo único posible después de la hiperinflación. Creo que sin todavía darnos cuenta de lo que significaba una moneda, como todavía les pasa a algunos comentaristas como el que aparece en Ámbito con ese mismo argumento.

HG: Gracias Carlos, estaba de paso y toqué timbre….

Anexo a la charla

China

Un informe anual del Centro de Investigación Económica y Empresarial de Londres (CEBR) pronosticó que para el 2028 China superará a Estados Unidos y se convertirá en la economía líder en el mundo. Hasta ahora se creía que esto sucedería más tarde, pero según los analistas la recuperación económica por la pandemia lo adelantó.

La pandemia y sus consecuencias económicas han inclinado esta rivalidad a favor de China, dice el informe del grupo de expertos del Reino Unido y la «hábil gestión» de China para combatir la pandemia logró mejorar su desempeño económico.

Según el informe, Estados Unidos experimentará un fuerte repunte en 2021, pero su crecimiento se desacelerará al 1,9% y 1,6% en los años siguientes. Mientras que China se encamina a una tasa de  crecimiento promedio del 5,7% anual desde 2021 hasta 2025 y se prevé que disminuya al 4,5% anual entre 2026 y 2030. «La cuota de EEUU en el PBI mundial disminuirá a partir de 2021 y el país será superado por China como mayor economía del mundo. Esperamos que esto suceda en 2028, cinco años antes de lo pronosticado anteriormente», dice el informe.

El vicepresidente de CEBR, Douglas McWilliams, citado por The Guardian, consideró que esta es «una gran noticia» y que los países occidentales no deberían subestimar a los del continente asiático. «Otras economías asiáticas también se están disparando en la tabla de clasificación. Una lección para los políticos occidentales que han rendido relativamente mal durante la pandemia es que deben prestar mucha más atención a lo que está sucediendo en Asia» dijo. Las relaciones económicas entre los dos países estaban tensas y empeoraron aún más cuando Trump impuso aranceles a las importaciones chinas, lo que provocó una guerra comercial y tecnológica entre ambos países.

La tecnología 5G de comunicaciones avanza a grandes pasos, se renueva permanentemente y requiere grandes inversiones en I+D. Es el caso de Huawei, que en 2019 invirtió 18.900 M dólares para mantenerse al frente de la innovación en este rubro, con casi la mitad de sus 194.000 empleados dedicados a investigación y desarrollo y lleva la delantera sobre sus competidores en generar proyectos: el 20% de las patentes globales sobre 5G le pertenecen. China y Corea del Sur son los países con mayores avances en 5G.

Las acciones del gigante tecnológico chino Alibaba cayeron 9%, su nivel más bajo desde junio, pese a que la ampliación del programa de recompra de la empresa por 10.000 M dóls, no alivió los temores sobre las posibles acciones regulatorias oficiales, por lo que las últimas fuertes ventas redujeron 116.000 M dóls su valor bursátil en Hong Kong y el descenso se agravó cuando los reguladores chinos anunciaron el 24/12 que abrirían una investigación antimonopolio y ese día las acciones estadounidenses de Alibaba bajaron más del 15%. La investigación antimonopolio aún no ha especificó sanciones, y eso preocupa a los inversores porque su resultado podría reducir mucho el valor de la empresa y el nerviosismo de los inversores se acentuó el 26/12, cuando el banco central chino solicitó a Ant, la filial financiera de Alibaba, que reorganice su negocio de crédito y otras operaciones de financiación al consumo, lo que muestra que la decisión última del capitalismo chino está en el Estado y no en los capitalistas.

India

Según la Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico (CESPAP), la India tendrá un alto crecimiento económico post-pandemia desde que en 2019 recibió el 77% de la inversión extranjera directa (IED) de Asia meridional y sudoccidental (unos 51.000 M dólares) , 20% más que en 2018. Aunque en el sur de Asia seguirá bajando la IED, «la economía de la India podría resultar la más resistente de la subregión a largo plazo por su crecimiento económico y su gran mercado.”

 

El rol del Estado en el peronismo y en la post-pandemia (III). Conversaciones con Carlos Abalo

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HG: Venimos hablando de las regulaciones que los Estados de los diferentes países vienen efectuando en los últimos años y que ahora implosionaron con la pandemia. Volvamos a Argentina.

El ajuste como el que practicó Macri, no deja de ser una regulación, pero como trata de favorecer la inversión a través de la baja del salario, el ajuste retrajo la inversión. La caída de la inversión se compensó con más deuda y como el endeudamiento creció, se tuvo que reciclar la deuda acumulando más deuda, lo que se convirtió en un ejemplo de regulación que da un resultado distinto al que se esperaba, aunque en realidad el sobreendeudamiento fue también una manera de contar con liquidez para fugar capital, lo que a su vez profundizaba la dolarización y el bimonetarismo argentino.

La regulación del gobierno de Alberto Fernández va en el sentido contrario al de Macri porque trata de frenar paulatinamente la dolarización y el bimonetarismo y empezó enfocada en una restricción muy considerable del dólar o el cepo cambiario sin flexibilización que organizó inicialmente el BCRA. Como esta política no dio los resultados esperados, el ministro de Economía, Martín Guzmán, la flexibilizó.

HG: ¿Cómo tuvo lugar esa regulación y cómo se la flexibilizó?

CA: Para que la expansión de la base monetaria no genere inflación, tiene que apoyarse en más reservas originadas en un creciente potencial exportador que, a su vez, requiere una capacidad productiva en ascenso con un nivel de competitividad que asegure su colocación internacional.

La posibilidad de financiarse en el mercado internacional de capitales, que los inversionistas ven como la alternativa óptima, hay que graduarla teniendo en cuenta que el mayor volumen de deuda exige siempre una mayor capacidad exportadora originada en el crecimiento productivo. Por el sobreendeudamiento, Cambiemos debió sustituir la obtención de crédito en el mercado internacional por un endeudamiento sistemático a través del ingreso continuado de fondos líquidos, que en realidad cubrió la fuga de capitales. La continua salida de fondos seguía al ingreso una vez captados los elevados intereses y pronto terminó por superar a los ingresos en la bicicleta financiera del macrismo.

HG: ¿Y el gobierno del Frente como actuó?

CA: El gobierno del Presidente AF terminó con la bicicleta financiera asociada a altas tasas de interés y a la salida de los fondos en dólares, pero no se pudo reducir el endeudamiento porque la pandemia requirió elevar considerablemente el gasto público.

De esa manera, el endeudamiento se volvió a concentrar en las Leliq, a las que se agregaron los pases para los bancos a menores tasas, y el resultado fue que en 2020 estos dos instrumentos superaron en 2,5 veces el monto emitido en 2019, aunque la tasa de interés se redujo aproximadamente a la mitad, pero esta nueva manera de enfrentar la emisión para cubrir el gasto público ahora depende más que nunca de los depósitos del sector privado.

Jorge Herrera alertó en Ámbito Financiero (18/11/20, p. 5) que los depósitos también terminan aumentando la deuda y agrandando el déficit, pero en la medida en que los depósitos financien el crédito a las empresas y éstas lo empleen en inversiones para la producción, eso no sucede.

Por otro lado, la presión sobre el dólar se contuvo organizando una salida con deuda en dólares para los inversores externos de la bicicleta financiera macrista que habían quedado atrapados y que contribuían a generar una gran presión en el mercado cambiario porque no tenían ninguna intención de participar en el nuevo esquema de financiamiento, contrariamente a los inversores locales que no tienen otra alternativa de ahorro y acumulación.

El cepo cambiario fue intensificado desde el primer momento por el peronismo y se agudizó a mediados de septiembre para evitar que los colocadores de fondos externos, los ahorristas locales en divisas líquidas y las colocaciones en Leliq pudieran pasarse al dólar.

La presión para impedir la fuga de dólares empezó a retraer los ingresos y el ministro Guzmán impuso un mes después, en octubre, su alternativa al cepo riguroso, que es un cepo más blando, más que en la compra de dólares, en otras restricciones que favorecen la negociación en el mercado.

HG: Esta acumulación de activos líquidos se volvió imprescindible, pero sigue siendo predominantemente financiera

CA: Si, y no solo porque los bancos privados concentran su inversión en las necesarias Leliq sino buena parte de la demanda de crédito es para pagar intereses del endeudamiento, y el gran desafío que enfrenta el gobierno es generar las condiciones para que a través de su regulación monetaria y crediticia haya una mayor oferta de crédito que se dirija cada vez en mayor medida a convertirse en inversión productiva.

El aumento del crédito en moneda local está destinado a que las empresas puedan financiar sus inversiones productivas y el crecimiento modifique las perspectivas y crezca la producción, el empleo y las exportaciones.

Pero así como los bancos no tienen más alternativa que comprar títulos de deuda o pases para no esterilizar su liquidez, se muestran reacios a conceder créditos y –salvo la banca pública- son extremadamente selectivos para hacerlo cuando más se lo necesita, de modo que una buena parte de las empresas aducen que no pueden invertir por falta de asistencia bancaria.

Por eso se prestó particular atención a las declaraciones de Sergio Lew, CEO de Santander Argentina, quien afirmó el 16/11 en el encuentro anual con la prensa desarrollado este año de manera virtual que el sistema financiero está sólido y muy líquido. No hay descalce de monedas y la liquidez promedio del sistema está en 80%, en tanto que la liquidez de Santander llega al 85%”, y propuso: “El desafío es que el sector público y privado trabajen juntos para cuidar y hacer crecer el ahorro, porque con más ahorro hay más crédito y más inversión; y ello genera crecimiento y desarrollo de largo plazo”.

HG: ¿Qué pretenden los grandes inversores para trabajar juntos? ¿Qué debe hacer el gobierno con su política monetaria para modificar el panorama actual y responder a sus exigencias?

CA: Una síntesis de lo que piensan los grandes inversores sobre la Argentina se puede encontrar en la Conferencia Anual Internacional organizada por el Banco Santander. Veamos sobre todo las intervenciones de dos grandes representantes de los inversores, el presidente de BlackRock, Larry Fink, principal fondo de inversión que participó de la reestructuración de la deuda privada argentina, y Ana Botín, presidenta del Banco Santander, quienes compartieron un diálogo virtual en dicha conferencia.

Fink se ocupó principalmente de señalar que las diferencias de la Argentina con los mercados emergentes atractivos reside en que éstos no cambian de política cuando cambian de gobierno, y contrastó a la Argentina con México y aún con Brasil, o sea que se necesita la continuidad de la misma política favorable a las inversiones aún con cambio político, y esto diferencia a la Argentina, donde el peronismo pretende modificar el trato a los inversionistas. En México, el gobierno no modifica el trato a los inversores.

HG: ¿Eso significa que el peronismo tiene que adaptarse a lo que desean los inversores? 

CA: Vuelvo sobre la traumática nacionalización de la banca en 1980, al terminar el gobierno de López Portillo, que fue rápida y silenciosamente superada y a partir de allí el PRI se asimiló a la política económica del PAN, como sucedió en el peronismo con Menem, pero en México se terminó el PRI innovador: éste se adapta de la mejor manera que puede a la política estadounidense, porque su economía se integró a la de Estados Unidos.

No es el caso de la Argentina, que con Macri se adaptó exclusivamente a la globalización financiera con el resultado recesivo esperado

Enfocada hacia un cambio productivo y a la integración del Mercsour, la Argentina resurgió con el kirchnerismo, que fue la adaptación del peronismo a las nuevas circunstancias históricas que aparecieron a fines del siglo XX y a principios del nuevo siglo con los países emergentes industrializados y la ampliación del mercado mundial y la consiguiente alza internacional de los precios de las materias primas con la creciente integración de China a la economía mundial.

Pero esta posibilidad fue frenada por la crisis financiera internacional de 2008 y el poco feliz retroceso del Mercosur que ni la Argentina ni Brasil pudieron controlar. El resultado fue en los dos países una caída en el ritmo de crecimiento, que en Brasil fue aprovechado para dar un golpe contra la presidenta Dilma Rosusseff, continuadora de la experiencia de Lula, y en la Argentina por el crecimiento de una nueva fuerza política de derecha, el PRO, que con el apoyo unánime de una prensa heredera de la dictadura y propulsora de su política económica y la alianza con el radicalismo tradicionalmente antiperonista y la Coalición Cívica, pudo ganar las elecciones de 2015 a un kirchnerismo que hasta entonces no había encontrado la manera de adaptarse a la nueva situación.

Aunque no lo dice expresamente, la derecha asegura que la solución ahora es la misma que aplicó Martínez de Hoz en la dictadura o la convertibilidad de los años noventa, en el sentido que hay que abrir la economía, atraer capitales, frenar la industrialización y bajar el gasto público y la intervención del Estado.

HG: ¿Vos decís que los inversores piden volver a la misma política de la dictadura?

CA: Ana Botín, presidenta del Santander, al hablar de las perspectivas de la economía latinoamericana fue más explícita que el presidente del principal fondo de inversión, Larry Fink. Dijo que para asegurar una política favorable a la inversión privada “será necesario el liderazgo privado en la recuperación pospandemia”, es decir, no un gobierno prestado sino un gobierno de empresarios e inversores.

Así se entiende el entusiasmo que había generado Macri y por qué fue tan grande la apuesta a su gobierno por parte del FMI, que justifican diciendo que este tipo de gobierno con directo apoyo del sector privado es el que “puede crear prosperidad y empleo sostenible a largo plazo”, lo que quedó desmentido precisamente con Macri.

Botín también reconoció que “cada vez va a haber más deuda”, lo que se explica porque como el capitalismo en crisis solo funciona con el incentivo de la deuda, que si bien es uno de los factores que aseguran la persistencia de la crisis, es necesaria sobre todo para abrir mercados como los emergentes.

HG: ¿Qué significa “abrir los mercados emergentes?

 CA: es los mercados emergentes donde la posibilidad de mayor crecimiento posibilita un mayor consumo, y para que esa deuda insostenible sea “sostenible”, que es la contradicción básica del capitalismo financiero, se “necesita con urgencia un nuevo contrato social”.

Claro que sea entendido como una nueva relación laboral que (aunque lógicamente no la explicita) asegure una reducción del salario con bajas del empleo en una sociedad más desigual para que se cumplan los sueños empresarios de una reducción del costo de producción y un aumento de la tasa de ganancia y aun en la crisis y en las peores condiciones –como la pandemia-, la inversión sea posible y los países paguen sus deudas, lo que destaca de México en comparación con la Argentina.

HG: ¿Por qué la Argentina no reúne las condiciones que piden los inversores?

CA: Algunos dicen, como el economista Gustavo Neffa, director de Research For Traders, que la Argentina es un mercado de trading, no de largo plazo (Ámbito Financiero, 13/11/20), es decir de compra venta inmediata de instrumentos financieros como bonos y acciones.

Su concentración en este tipo de operaciones predominantemente financieras es sumamente volátil y ha sido característico del período del macrismo, que las intensificó, pero no de inversiones de largo plazo, más estables y más relacionadas con el porvenir de la actividad productiva.

La extrema volatilidad es directa consecuencia de la volatilidad cambiaria. Para el mercado, un trader es precisamente un intermediario para realizar este tipo de inversiones porque se requieren decisiones inteligentes de inversión.

HG: se escucha por doquier que la Argentina no tiene mercado de capitales, sino mercado especulativo …

CA: Aquí voy a asociar las teorías por las que Joseph Stiglitz ganó el Nobel de Economía junto a otros dos economistas afirmando nada menos que la información del mercado es equivocada. Los inversores y sus consultores afirman, por lo contrario, que el mercado no se equivoca porque de las apuestas distintas surge la más capaz de afirmar la economía.

Aclaremos antes que lo que en realidad se propone el mercado no es encontrar la verdad sino la ganancia, por lo que la pretensión de que el predominio del mercado lleve a convertir sus decisiones en una política económica continua que debe ser adoptada por el Estado difiere de aquella observación.

La regulación en la que se enfoca el ministro Guzmán, destacado discípulo de Stiglitz, y el motivo de sus diferencias con el enfoque exclusivamente restrictivo del cepo que tuvo el BCRA desde mediados de septiembre hasta mediados de octubre, se basa, a mi juicio, en que un mercado es sumamente volátil por sí mismo, como lo es en Wall Street. También lo fue en la Argentina cuando aún no estaba el cepo ni las limitaciones a la compra de dólares, lo que es una prueba de que la información que sostienen las diferentes apuestas no es segura, y que el funcionamiento del mercado sin ningún tipo de regulación solo conduce a un arbitraje de las distintas apuestas.

HG: no se puede corregir el esquema de funcionamiento del “mercado”

CA: Las apuestas, como dijimos, no son por la economía sino por la ganancia. Entones, ¿de dónde puede provenir la corrección? De un Estado que, a través de la regulación, no siga ciegamente al mercado, que por otra parte no se sale de su posición de creer que lo mejor para la economía es la ganancia.

Cambiemos fue la máxima expresión de la fe ciega en el mercado y la gran ganancia especulativa de la bicicleta financiera ya sabemos a dónde condujo.

Más que seguir al mercado, el mercado condujo su política y lo mismo hizo Trump, pero él fue más allá del mercado, porque impuso su peculiar proteccionismo.

De la misma manera, Biden impondrá su política por encima de la del mercado, como ocurre cuando la Fed modifica su política monetaria en función del crecimiento o del empleo, que es algo que ni se los ocurre a nuestros consultores y expertos,

HG ¿Querés decir que la regulación del cepo impulsada por Pesce se diferencia del cepo más flexible de Guzmán en que el primero no podía conducir al crecimiento?

CA: No. La regulación estrictamente restrictiva del cepo, impulsada por Pesce y la mayoría de los funcionarios del BCRA condujo precisamente a tratar de sostener el crecimiento y frenar la distribución regresiva del ingreso como resultado de la revalorización acelerada de los activos financieros.

En cambio, la regulación impuesta por Guzmán, que la sucedió, no está totalmente separada del mercado, siguiendo la orientación de Stiglitz. Es algo así como un arbitraje entre el Estado y el mercado. Cuando el mercado tiene un amplio dominio sobre la economía, como sucede con el neoliberalismo y sobre todo con el capitalismo periférico en el mundo global del neoliberalismo o la prevalencia de los activos financieros y más aún en una economía bimonetarista como la Argentina, no se puede enfrentar esa tendencia exclusivamente limitando al mercado. Esto por dos motivos: 1) la apuesta por la ganancia va asociada al dólar, lo que destruye a la moneda nacional, y 2) si el ataque se centra en la ganancia, la fuga hacia el dólar se acentúa, lo que obliga a encontrar alternativas en moneda nacional para ir construyendo un mercado financiero nacional.

HG: ¿Así se puede llegar a estabilizar la moneda?

CA: La regulación monetaria no transforma la economía por si sola si no alcanza a la manera de producir, volviéndola más eficiente con un aumento de la productividad que no se logre a costa del bienestar y del empleo, que al fin de cuentas es algo que tiene en cuenta la Fed.

Estados Unidos tiene que elaborar una política económica que modifique la de Trump y nosotros tenemos que llegar a una política económica que modifique la de Macri, que siguió los pasos de la de la dictadura militar de 1976 y de los ajustes que a su terminación siguieron el Plan Austral, la Convertibilidad y las políticas económicas de Macri, cada vez más propensas a la dolarización.

Esto también quiere decir que en esta perspectiva la regulación cambiaria es un primer ordenamiento o una mínima estabilización para trazar un ordenamiento productivo. Por su parte, éste solo puede llegar a través de una planificación de objetivos que desemboquen en crecimiento. Solo así se puede asegurar una mayor estabilidad cambiaria y monetaria, sabiendo que la estabilidad total no es posible porque no depende de la moneda sino de lo que le da valor a la moneda: la producción.

HG: Gracias Carlos.

MINORÍA RENTISTA VS. PUEBLO ARGENTINO

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Existen diversas razones de orden nacional e internacional, coyunturales y estructurales, que explican esta nueva versión de modelo agropecuario exportador de nuestro país, donde el crecimiento es hacia afuera mientras la economía interna se contrae para ser funcional a ese crecimiento externo, porque consumimos básicamente el mismo bien que exportamos. El problema reside por un lado en que más del 70% de la producción argentina de bienes y servicios se destina al mercado interno y, por otro, dada la concentración económica del sector, en que los mayores beneficiarios de las exportaciones representan una minoría que reinvierte una parte pero que genera ganancias para convertirlas en dólares y sacarlas temporal o permanentemente del circuito productivo argentino.

Mientras prevalezca el modelo agropecuario exportador, la presión para que suba el precio del dólar va a ser constante (porque les da mayor poder económico, presionan para que le den más dinero local por la divisa) y a su vez, la propuesta del mercado financiero, para que los que tienen capacidad de ahorro no se pasen al dólar, es subir las tasas de interés, generando una combinación gravosa sobre el sistema económico local, encareciendo los productos y su consumo.

Esta fue la razón que llevó a la crisis de 1890 y al derrocamiento del Presidente Juárez Celman en pleno apogeo del modelo, e igual sucedió con la dictadura militar de Videla-Martínez de Hoz cuando trataron de reeditarlo en 1976.

Toda la discusión del Decreto 949/2020 del 27 de noviembre de 2020, de llamado a licitación de la concesión de la denominada Hidrovía del Paraná y su salida por el Puerto de Montevideo, es para beneficio principal y exclusivo de los diez grandes acopiadores y comercializadores de granos: ADM, Bunge Ceval, Cargill, COFCO, Louis Dreyfus, Glencore, Aceitera General Deheza, ACA, Díaz y Forti, y Molinos Agro SA.

Son también los beneficiarios de que en la Ley 27.541 de Emergencia Económica no se haya declarado la Emergencia Cambiaria, razón por la cual no se impidió que se aplicaran las leyes generadas en la reforma financiera de 1977, de Menem-Cavallo y de Macri (Decreto 893/2017 que anuló la emergencia cambiaria), posibilitando que los importadores, principalmente Cargill, Dreyfus y Glencore, importaran soja del Paraguay y Brasil y esas mismas empresas y otras adelantaran pagos de compras al exterior no habiendo ingresado el producto al país, por 5.000 millones de dólares en 2020; además que se pagara supuesta deuda externa de por ejemplo el banco HSBC o el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain por 6.200 millones de dólares, razones fundamentales para entender por qué habiendo obtenido en 2020 un superávit comercial de 12.528 millones de dólares las reservas internacionales del BCRA, en lugar de crecer, descendieron.

A su vez, en la Ley 27.541 se puso como límite de la alícuota de los Derechos de Exportación (Retenciones) para la soja el 33% y para todo el resto de los productos que exportamos el 15%, cuando la soja incrementó su precio en el Mercado de Chicago, siempre comparando enero de 2021 con enero de 2020, en un 49% en dólares. El maíz lo hizo en un 39% y el trigo en un 36%, a lo que debe sumarse que el gobierno nacional devaluó el tipo de cambio comercial en un 51,2%, de 60,5 a 91,5 pesos en el período indicado.

Según el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), que depende de la Bolsa de Cereales de Rosario, el precio promedio de la carne de vaca en el mostrador se incrementó en un 75% en 2020 debido a la fuerte demanda externa de la carne con hueso que se le vende principalmente a China, Japón, Hong Kong, Tailandia, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán, que sumada a la demanda tradicional de la cuota Hilton hace que en 2020 se vendieran más de un millón y medio de toneladas de carne vacuna declarada. Porque la Dirección General de Aduana encontró subfacturación de exportaciones del sector y, por otro lado, en la Argentina no se sabe a ciencia cierta cuántas cabezas de ganado hay: teóricamente unos 55 millones, que es lo que le declaran a la AFIP, pero es una cifra mayor la que ponen a disposición del SENASA para autorizar su venta.

Lo cierto es que el IPCVA estimó que el consumo de carne vacuna por habitante en la Argentina de 2020 fue de 50,3 kilogramos, el más bajo de los últimos cien años, cuando hasta 1975 el consumo per cápita rondaba los 90 kilogramos. Podrá aducirse el reemplazo por otro tipo de carnes pero el dato es categórico y consecuente con el hecho de que el mismo INDEC estima que la canasta básica total para una familia compuesta por un matrimonio y dos hijos es de 52.600 pesos –y el salario mínimo vital y móvil es de 21.000– mensuales, dándose la triste paradoja que en noviembre de 2019 con dos salarios mínimos cubrías la canasta básica total y en enero de 2021 no lo alcanzás.

Final de juego

Es claro y determinante que la suba de precio de los alimentos, principal componente de la canasta básica total, que es el indicador para medir la pobreza, y por supuesto de la canasta básica alimentaria, que es la que mide la indigencia, nos demuestran el estado de situación del país y el sufrimiento de un porcentaje cada vez mayor de la población. Mientras tanto una minoría se ha enriquecido con ganancias extraordinarias fruto de los altos precios y de la devaluación de nuestra moneda.

Si esas son las causas, hay dos soluciones esenciales. La primera, proteger el valor de nuestro dinero como dice el artículo 3 de la Carta Orgánica del Banco Central y está escrito en el frontispicio de la puerta de entrada de Reconquista 266, sede de la autoridad monetaria. El BCRA actual, con las leyes vigentes, le vende dólares a los bancos como si no estuviéramos en la emergencia en que estamos, por un lado, y considera que para preservar las reservas debe devaluar sin importarle el impacto sobre el poder adquisitivo de los que tienen ingresos fijos en pesos.

Paralelamente el BCRA financia parte del gasto de la Administración Nacional, que en 2020 implicó el giro de las utilidades (que nacen esencialmente por la misma depreciación cambiaria al valorizarse más medida en pesos nacionales las reservas internacionales brutas) por 1,6 billones de pesos, a lo que deben sumarse los Adelantos Transitorios al Tesoro por 400.000 millones de pesos. Administración Nacional que aún así cerró el año 2020 con un déficit de caja de 2,3 billones de pesos.

Por otra parte el mismo BCRA financia esas transferencias al Estado mediante el pago de LELIQs (Letras de Liquidez del BCRA) y Pases Pasivos, que es plata que los bancos captan de sus depositantes por tener la autorización para funcionar como tales y se la prestan al BCRA a una tasa que fue del 38% anual en diciembre 2020, ocasionando un déficit cuasi-fiscal de unos 722.000 millones de pesos en el año. Suma que si no se adoptan medidas puede ampliarse este año.

La solución técnica es directa y consiste en declarar la Emergencia Cambiaria (de esa manera se deja de cumplir con las leyes pergeñadas por los mismos beneficiarios), anular el Decreto 949/2020 de los agro exportadores y modificar la Ley 27.541 para fijar libremente los derechos de exportación, que permiten por un lado desacoplar los precios externos de los internos y por otro le generan recursos al fisco, esenciales para dejar de depender del BCRA.

El modelo agroexportador implica beneficios para una minoría rentista en desmedro del pueblo argentino. Se debe revertir el camino en forma urgente y terminante para garantizar, junto con la vacuna contra el Covid-19, un modelo económico para todos.

 

 

Minoría rentista vs. pueblo argentino

 

La extraña debilidad del sector externo

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Situábamos el inicio del año 2021 con la expectativa favorable de acelerar la recuperación de la economía, dejando atrás el desastre macrista y los golpes propinados por el virus planetario.

El crecimiento acelerado de la actividad es una condición necesaria, no suficiente, para retomar el orden y la tranquilidad económica planteada por el ministro Guzmán en la Universidad Nacional de la Pampa.

En el arranque del año planteamos las acechanzas sobre el sendero de expansión posible reseñándolas del siguiente modo:

  1. La batalla que se libra en el verano por implementar el plan de vacunación masiva, piedra angular de la libre circulación de bienes y personas que consolide la curva de expansión esbozada desde el III trimestre de 2020.
  2. La debilidad del sector externo que derive en volatilidad cambiaria, complicando la recuperación.
  3. La presión inflacionaria de los monopolios formadores de precios que lesione los ingresos populares, tema referido en una columna previa.
  4. Un acuerdo con el FMI que derive en un plan de austeridad clásico.

En la presente columna abordaremos la acechanza citada en el punto 2, referida al comportamiento de los flujos comerciales y financieros del sector externo.

Desarrollando un esquema de “Fortalezas y Debilidades” de las cuentas externas se puede observar lo siguiente:

 

Made with Flourish

La columna de “Fortalezas” exhibe tres tópicos extremadamente potentes para otorgar solidez al devenir del movimiento de divisas: el excedente de la balanza comercial, un programa financiero con el sector privado sustentable y regulación de las transacciones de capital.

A pesar de las fortalezas descriptas:

  1.  Las reservas internacionales en el BCRA experimentaron una baja anual del 12%.
  2. El riesgo país no disminuyó en forma significativa, de modo de permitir un ingreso de divisas relevante en el marco de la liquidez internacional abundante.
  3. No se logró reducir la diferencia entre las cotizaciones de los distintos tipos de cambio de modo de alejar maniobras especulativas y favorecer la afluencia de dólares.

El Ministerio de Economía y el Banco Central deben tomar nota de lo ocurrido el año pasado y adoptar medidas que permitan proteger el superávit de la balanza comercial atesorando reservas y, a la vez, achicar los indicadores negativos -riesgo país y brecha cambiaria- que pesan sobre las cuentas externas.

Situábamos dos factores favorables del escenario internacional que reproducían lo ocurrido a la salida de la crisis del 2008: la aceleración de la emisión de dólares y la baja de la tasa de interés por parte de los EEUU y los estímulos a la demanda de China.

Ambos vectores confluyen sobre la Argentina aumentando el precio de los bienes que exporta y favoreciendo el ingreso de capitales que procuran opciones de mayor rentabilidad que en el mundo desarrollado.

En la poscrisis 2008, tras consensuar con el FMI una agenda del sector externo a fines del 2009, el entonces ministro de Economía Amado Boudou ejecutó el segundo canje de deuda y promovió fuertes incentivos fiscales a la demanda interna, como la implantación de la Asignación Universal por Hijo, entre otros. En el año 2010 se produjo la recuperación del precio internacional de la tonelada de soja desde u$s 270 a u$s 420, el riesgo país disminuyó de +900 pb a +500 pb, ingresaron u$s 7.100 millones por la cuenta capital y se acumularon u$s 4.200 millones en las reservas del BCRA. La economía creció ese año 10% y en el 2011, 6%. Fue un aprovechamiento óptimo del escenario internacional favorable.

En el presente no ocurre lo mismo a pesar de las semejanzas, inclusive incrementadas porque la expansión monetaria de los EEUU supera a la de aquel período.

El Banco Central debe explicaciones acerca de la salida de pagos por importaciones en exceso a lo ocurrido en el 2019 a pesar del fuerte descenso de la actividad ocasionado por la pandemia. También sobre la cancelación de deudas privadas al exterior en pleno proceso de reestructuración de deuda pública y la demora en aplicar restricciones al pago de compras de bienes suntuarios en el exterior.

El Ministerio de Economía no ha abordado el problema que significa el hecho que los títulos de deuda argentina canjeados no son retenidos en las carteras de los fondos de inversión con los que sostuvo arduas negociaciones, no obstante, esas especies rinden un promedio de 3,07% frente a la tasa de referencia de la FED que oscila en el 0,25%. La actitud de los agentes financieros del exterior desprendiéndose de los valores de deuda soberana es la que incide negativamente sobre el riesgo país, impidiendo su descenso.

Se agrega además la ausencia de medidas regulatorias que amortigüen el impacto de la suba de los precios de los bienes exportables nacionales sobre el consumo interno de alimentos. Argentina aparece importando inflación internacional definida por las políticas de EEUU y China, lo que lesiona severamente los ingresos populares en su capacidad de compra de bienes esenciales.

El “viento de cola”, como lo llaman los opositores al Gobierno, es positivo para una economía emergente, pero hay que saber poner la embarcación de popa para aprovecharlo. Hasta ahora, está soplando de frente. Lo que torna en extraña la debilidad que presenta el sector externo.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/dolar/la-extrana-debilidad-del-sector-externo-202113019057

Informe económico mensual

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En este documento retomamos la inflación o los Índices de Precios del mes de DICIEMBRE y, entre otros agregados, los numerosos compradores de dólares. Podemos decir que con la pandemia en pleno desarrollo, la inflación no pasa desapercibida y compite con el Covid-19. ¿Qué tienen que ver la inflación y el Covid? Mucho. Ambos son creaciones humanas o por lo menos el virus se traslada entre humanos, pero más allá de eso se requieren mutuamente. El Covid exige muchos fondos para el rescate de la economía y de las personas, y de la única manera en nuestro país que podemos satisfacer esa demanda es con dinero en montos abultados. Pero el sistema no derrama, entonces se acentúa el trabajo del BCRA, no otra cosa que también están haciendo los bancos centrales del mundo. En definitiva se constituyó una dupla muy brava con nada más que estos actores protagónicos.

Para encuadrar el documento, empezaremos por brindar tres reflexiones profundas de autores conocidos. Lo hacemos en todos los documentos, siempre los que tienen las mejores ideas son algunos de los mencionados:

  1. La primera es de Fontanarrosa en el desopilante cuento “Medieval Time”: El personaje central dice: Entonces agarré, junté los pocos pesos que tenía, y me fui con Pancho y el Rulo, no solo para ver el asunto de los vaqueros -porque el mercado del jean ya está un poco emputecido- sino también lo de los muñecos de peluche, que allá están a un precio que es joda, verdadera joda, y son unos muñecos con una confección de la puta madre y que acá los fabricantes no pueden competir en precios ni que se caguen”Está claro que el inicio del cuento es por una cuestión de inflación, precios y de productividad. Pero luego la historia sigue y recomiendo leerla. Continúa la tremenda aventura para comprar más barato en USA por numerosas situaciones de alta complejidad diplomática: Y todo se inició por los precios y la inflación.
  2. La segunda involucra a George Orwell en su famoso “1984”, en uno de los diálogos el principal de la novela Winston recibe las enseñanzas en el Ministerio del Amor por parte de O´Brien, “Tardas mucho en aprender, Winston, le dijo O´Brien con suavidad”. Respuesta: “No puedo evitarlo, balbuceó Winston ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si nos los cierro? Dos y dos son cuatro”. Responde O´Brien, “Algunas veces sí, Winston, pero otra veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez. Tienes que esforzarte más”. Es posible que Orwell no solo describa cuestiones que tenían que ver con Gran Hermano sino también con la inflación que resulta tan difícil de entender y observar.
  3. La tercera corresponde a un diálogo que venimos siguiendo en anteriores documentos, escrito en 1864: “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. Mientras ambos caminan por la orilla del mar, Maquiavelo dice: “El presupuesto es un marco, decís, sí, pero un marco elástico que se adapta a la medida de nuestros deseos. Yo estaré siempre dentro de ese marco, jamás afuera”. Pregunta Montesquieu: “¿Qué queréis decir”? Responde Maquiavelo: “La situación jamás es definitiva sino después de concretados los gastos que la necesidad ha hecho surgir con el correr del año”. Y no estaba en la cabeza de Maquiavelo ni la inflación ni el Covid.

 

Informe económico diciembre 2020.enero2021

El rol del Estado en el peronismo y en la post-pandemia (II). Conversaciones con Carlos Abalo

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HG: Explícanos la particularidad argentina.

CA: La particularidad argentina se entiende mejor al compararla con las de Brasil y México, sobre todo en la industria, que en esos dos países no era posible más que como una industria de segunda, pero completó su ciclo antes, mientras que en la Argentina quedó relegada, pese a que pudo desarrollarse desde que la industrialización se extendió a todos los países ricos, ya que la Argentina era uno de ellos con un PBI per cápita entre los más altos del mundo y la riqueza acumulada en el comercio exterior desde fines del siglo XIX. La deuda externa fue una de las maneras de impedirlo en los primeros gobiernos liberales, en las dictaduras militares y con Macri.

El peronismo, en cambio, tanto con Perón como en el kirchnerismo, redujo la deuda. Aunque Brasil o México estaban destinados a una industria sustitutiva por su pasado, en ninguno de ellos subsistió una oligarquía agraria dominante y el poder político y militar favorecieron a la industria, lo mismo que su endeudamiento.

HG: Tenemos una visión del desarrollo industrial muy poderoso del Brasil a partir de su ejército.

CA: En Brasil el desarrollo industrial tuvo dos etapas: en 1930 Getulio Vargas impuso la sustitución de importaciones (ISI) y el bloque del café, el agro más importante, empezó a quedar relegado, pero no impidió la industrialización y ésta se desarrolló como ISI, industria subdesarrollada o como se llame, para diferenciarla de la industria clásica de los países centrales. La ISI creció sin tropiezos y en 1960, cuando encontró los límites propios de esa industria, el populismo brasileño -desde Kubistchek a Goulart- imitó a Perón e impulsó el consumo para ampliar la demanda.

Y al revés de lo que pasó en la Argentina, el golpe militar de 1964, si bien vio como un peligro el ascenso popular, en vez de apoyar el consumo favoreció la industria pesada y consolidó la industrialización, completando la ISI, mientras que en la Argentina, el poder acorraló la industrialización. La ISI es más cara que la más avanzada, sobre todo porque no puede trasladar (hasta ahora) partes a otros países con menor salario, pero puede integrarse a una industria estadounidense avanzada como lo hace México ahora y parecía ser el programa de Bolsonaro. Ahora, con Biden en Estados Unidos, es el camino que podría reanimar el ejército con un poder más democrático, aunque tratando de seguir marginando a Lula y al PT.

HG: Sabemos menos de México pero siempre nos atrajo su revolución campesina y el PRI (no ahora). Vos tuviste tu exilio allí, contanos.

CA: En México, la oligarquía poderosa era la minera y en las tierras, la Iglesia. La minería permitió el desarrollo temprano de manufacturas industriales en forma de talleres y una también temprana inversión extranjera industrial, y el país parecía encaminarse a ser el más rico de América Latina, aunque partiera de un horizonte más restringido que la Argentina al final del siglo XIX. Entre 1870 y 1900 la Argentina creció 10 veces según el PBI, México 2,4 veces y Brasil 1,7 veces según índices de Angus Maddison (crecer una vez es estancamiento, menos de una vez es retroceso y la duplicación del PBI es crecer 10 veces).

La extrema pobreza de los campesinos mexicanos los llevó a la revolución de 1910, que prácticamente paralizó al país en términos del PBI, aunque la Argentina tuvo un estancamiento casi similar inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. Por eso, entre 1910 y 1920, el PBI de Argentina se multiplicó por 1,18, el de México por 1,07 y el de Brasil por 1,45, lo que significa ya un menor crecimiento del PBI en Argentina y se empieza a destacar Brasil. Si la comparación es entre 1910 y 1930, inicio de la recesión mundial, el PBI de Argentina se multiplicó por 1,86, el de México por 1,09 y el de Brasil por 2,01, es decir que se duplicó, la Argentina retomó un crecimiento importante, un poco más lento que el anterior y México siguió casi estancado.

La revolución no consiguió el reparto inmediato de tierras para la masa campesina, pero le dio el derecho sobre ellas con la Constitución de 1917 y colocó el centro del poder en el Estado. En los años treinta las luchas políticas desembocaron en la creación del PRI, un partido de masas para sostener el nuevo orden, que en la presidencia de Lázaro Cárdenas trazó sus principales objetivos: concretar la reforma agraria, nacionalizar el petróleo, industrialización y educación pública. Los campesinos lograron un estatus de sobrevivencia en sus tierras, de las que fueron corridos más tarde y de a poco, dando nacimiento a una burguesía agraria mucho más débil que la oligarquía argentina, que empezó a compartir el poder económico del área con el capital trasnacional en sustitución de la vieja oligarquía centrada en la Iglesia y expropiada por los liberales en la guerra civil y el Estado pudo poner en pie un capitalismo periférico con una estructura política capaz de encarar un crecimiento sostenido.

En los años cuarenta y cincuenta, con la industrialización empezó a retroceder el predominio rural y la propiedad comunitaria de la tierra. De 1958 a 1970 (dos sexenios presidenciales) México consiguió un desarrollo estabilizador que mantuvo sin cambios el valor de su moneda nacional en veinte años con un crecimiento promedio de 6% anual del PBI, pero con una situación social poco satisfactoria. En 1970 el presidente Luis Echeverría inició un desarrollo compartido con distribución del ingreso, pese al menor crecimiento de la economía mundial, pero la suba internacional del precio del petróleo le permitió continuar con su política, lo mismo que a su sucesor, José López Portillo, quien declaró que su sexenio sería el de la planificación económica para intensificar el desarrollo y efectivamente el PBI creció más de 8% anual en el tránsito a los años ochenta, con gran aumento en la industria, pero en 1982 sobrevino el derrumbe y la crisis, paralela a la crisis de la dictadura argentina de esos años, que acudió a la guerra de Malvinas para sobrevivir, pero la derrota militar se lo impidió.

HG: ¿Pero hay algún paralelismo actual entre México y la Argentina?

CA: La dictadura militar, vehículo del ajuste y el neoliberalismo en la Argentina, encontró su final con la guerra, pero el proyecto contrapuesto mexicano de desarrollo nacional y planificación tampoco pudo eludir la crisis, y ésta. Al revés de lo esperado, se profundizó con la nacionalización bancaria. Veamos por qué.

El gobierno mexicano había usado gran parte del ingreso petrolero para aumentar el gasto público ya alto y provocó más inflación, déficit fiscal y retraso cambiario, y lo sostuvo recurriendo a la deuda, apoyado en el alto precio del petróleo, pero en 1980 el menor crecimiento internacional redujo su demanda y empezó a bajar su precio, mientras el déficit fiscal y la inflación seguían en alza, agravando la fuga de capitales y la pérdida de reservas del Banco de México. Para frenar la devaluación y la fuga de capitales, López Portillo acudió en 1982 a un acuerdo con el FMI y limitó los salarios, el endeudamiento y el déficit fiscal –de 14,7% del PBI ese año-, pero la fuga de capitales siguió y también la suba del dólar.

En septiembre, casi al final de su gobierno, López Portillo acusó a la banca privada de obtener grandes ganancias con un servicio público concesionado, afirmó que el ajuste fracasó por las fugas de capital, que de la crisis solo se saldría si el Estado controlaba el sistema financiero y decretó la nacionalización de la banca y el control de cambios. Su sucesor, Miguel de la Madrid no había aprobado la nacionalización de la banca, así que pronto quedó claro que iba a revertirse, pero al estilo mexicano postrevolucionario: sin convulsión política y con apariencia de continuidad. A la banca estatizada se la organizó preparándola para volver a una banca privada y pública y en 1986 se terminó de indemnizar a los banqueros. La crisis de 1983 no privó a los bancos de sus ganancias, se recuperó la confianza de los inversores y el PRI nacionalista fue sustituido por un nuevo PRI, que compuso un poder más afín al neoliberalismo, la industria ISI se configuró como un apéndice de la industria de Estados Unidos y el Estado perdió parte de su centralidad económica, pero preservó su política exterior independiente pese a la estrecha relación con Estados Unidos.

En México, la crisis y el endeudamiento llevaron al poder político al neoliberalismo y en la Argentina la nueva crisis de la deuda a la que condujo el macrismo bloqueó la política económica del kirchnerismo peronista, ajena al neoliberalismo, como fueron las del viejo PRI y las de Lula en Brasil.

HG: Eso explica por qué los dos países son muy distintos a lo que eran al principio de los ochenta. ¿En qué se diferencian y en qué se parecen ahora? Pareciera que siguen siendo muy distintos. Veámoslo desde la Argentina.

CA: En la Argentina, el mercado apoya la democracia en la medida en que ésta trae al neoliberalismo y al ajuste, sobre todo si puede disponer de un partido político que pueda imponer esa política, como hizo Macri con Cambiemos de 2015 a 2019, al disputar la mayoría al peronismo.

Los golpes militares no fueron exitosos económicamente porque el poder económico no quería la industrialización, pero dentro de los militares siempre aparecían los industrializadores, como la victoria de los azules sobre los colorados. Por eso, para la oligarquía se hizo necesario que hubiera un poder civil de derecha desindustrializador y Macri terminó siendo la expresión de ese deseo.

HG: Eso indica que la estrategia del Frente de Todos fue crucial.

CA: Por eso fue tan importante la  derrota de Macri y por eso éste tuvo la gran ayuda del FMI, pero eso ahora encuentra otro escenario. La industria, a contramano de lo que hizo Cambiemos, se desparramó por el mundo emergente, la proximidad y comienzo de la Revolución 4.0 requiere una base industrial y Estados Unidos va perdiendo las ventajas respecto a China y parece quedar atrás. Trump se propuso revertirlo y no pudo hacerlo con el proteccionismo. Biden va a restituir la globalización no sabemos cómo, pero seguramente en la dirección de Obama, más integradora del capitalismo, pero ahora más inclinada a aumentar la producción. Para eso necesita más crédito productivo y una expansión controlada del financiamiento, la emisión y el déficit, es decir, con menos ajuste pero no sin ajuste.   

En ese escenario, es esencial encontrar una política de reactivación orientada hacia la industrialización y el paulatino cambio de la base mecánica por la digital, eje de la revolución industrial 4.0 y que el capitalismo periférico apoyado en producir materias primas se convierta en un capitalismo emergente industrializado.

Por eso es importante que la demanda agroalimentaria haya roto al agro con la aparición de la CAA, lo que se vio con el final sin éxito del paro agrario de la Mesa de Enlace y esto es lo que deben entender a los compañeros que ven en el CAA una continuidad: es lógico que el CAA quiera dólar alto y suba de precios, porque son empresarios exportadores, pero la CAA rompe el eje oligárquico de trabar el desarrollo industrial.

HG: Incluimos en La Capitana estos días un muy buen reportaje de la revista Crisis a Gabriel Delgado, donde aclara mucho la composición de la CAA. Existe mucha desconfianza de los compañeros sobre la posible hegemonía del sector exportador sobre el resto de los sectores económicos y sobre las decisiones que debe tomar el Estado para lograr las divisas que necesita. En la anterior conversación quedó clara tu posición: la necesaria planificación e intervención del Estado es la única garantía para el proceso industrializador argentino, pero eso parece contradecirse con lo que sucedió en México.

CA: La regulación y, en mayor escala, la planificación, son no sólo instrumentos de corrección más necesarios ante una crisis sino que son vehículos de transformación, pero depende hacia dónde apunte la regulación y hasta donde llega la planificación.

En Japón, el alto crecimiento que allí persistió hasta los años ochenta, fue acompañado por una menor demanda. Para continuar la acumulación de capital, la inversión se empezó a concentrar en la propiedad inmobiliaria y el mercado accionario y dio lugar a las burbujas inmobiliarias y bursátiles del fin de esa década. Como no se pudo recrear ni la inversión ni el consumo, se pasó a un débil crecimiento antes que en los otros países desarrollados y no pudo revertirse con los estímulos fiscales porque éstos no fueron a la producción sino a los activos financieros. Un estímulo aplicado en la dirección equivocada no produce los efectos deseados.

HG: Los estímulos fiscales de los países centrales son enormes respecto a su PBI…

Estados Unidos, mediante la Fed, aplica una política de estímulos que sostiene solo en parte la producción y por eso hay un ascenso moderado inmediato y como los ingresos disponibles van a parar en mayor grado a los activos financieros y al mercado bursátil, las subas se concentran allí y la política económica no puede reactivar a fondo. A fines de la Segunda Guerra Mundial, el estímulo del Plan Marshall reactivó la producción europea y japonesa y resultó en la fase de ascenso de la posguerra y el Estado de bienestar. Ahora la reactivación productiva es débil porque en el neoliberalismo la regulación estatal privilegia a los activos financieros.

Cuando la regulación del mercado no produce los efectos esperados, hay que mirar la política económica, es decir qué se propone el Estado. Por eso la regulación no la puede practicar exclusivamente el mercado, porque lo que éste regula o arbitra son las expectativas de ganancias y hacia donde debe ir a la inversión en función exclusiva de ese cometido. De ahí que en la regulación del mercado debe intervenir el Banco Central y la política económica, y cuando la regulación monetaria exclusiva no da resultado, hay que cambiar de política económica. Es aquí cuando la regulación se sitúa en un nivel superior, el del Estado.

HG: Hablando de regulación del Estado, todos los países centrales hicieron lo mismo, ¿Y en Estados Unidos y China, por ejemplo?

CA: La regulación de Trump en Estados Unidos se realizó en gran medida al margen de la FED, por encima de la política monetaria, y fue una regulación de gran magnitud, porque recurrió a una dosis alta de proteccionismo pretendiendo contener la globalización como forma de integración mundial por una globalización a través de la integración alrededor de Estados Unidos, lo que se expresó directamente en el cambio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).

El T-MEC incorporó tres fuertes cambios en la industria automotriz: 1) mayor unificación de la producción de autos en los tres países de América del Norte y una mayor cuota de producción de los tres países en exportaciones fuera de esa región. 2) Un salario mínimo de 16 dólares/hora para que las fábricas estadounidenses no se trasladen a México por los bajos salarios, acompañado por normas más estrictas sobre derechos laborales destinadas a reducir las ventajas mexicanas en salarios, y México debió aumentar el salario mínimo y aprobar leyes con más poder para los sindicatos. 3) Adoptó reglas más estrictas en el contenido regional de acero y aluminio para evitar que México incorpore piezas chinas haciéndolas pasar como propias en sus exportaciones a Estados Unidos. Fue una flor de regulación, y además con alcance internacional.

El particular estímulo para el crecimiento de China es la promoción del mercado y de un capitalismo sometido a la planificación del Partido Comunista que se propone crecer, la regulación va en ese sentido y el crecimiento ha vuelto antes que en ningún otro lado. Es una especie de NEP propia de un capitalismo de Estado que está transformando sus reglas de producción con evidente alcance internacional.

La experiencia mexicana es muy útil para entender al peronismo de Perón y como éste tiene que evolucionar ante el cambio mundial y también para comprender el significado de la democracia del ajuste heredada de la dictadura y, en lo que atañe al futuro, de orientarnos en conocer hacia dónde puede ir esta reconfiguración mundial, porque eso no está definido, se definirá en el campo internacional, pero sus elementos decisivos están ante nuestros ojos. Lo interesante de México es que como va más rápido que la Argentina en todo este proceso, así como sirve para aclarar el pasado, es más útil todavía para desentrañar el porvenir.

 

Política económica o política social: dos modelos en disputa

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El título intenta demarcar los límites entre las distintas acciones de una gestión de gobierno sobre el área socioeconómica.

La política económica alude a la sustentabilidad de los equilibrios macroeconómicos del sector externo y del sector público, garantes de la estabilidad de las principales variables: precios, tasa de interés y tipo de cambio, que impactan en las decisiones de los agentes económicos. También la regulación de la demanda interna a través de la armonía de la política monetaria y fiscal, agregándose por último la necesaria regulación de los mercados monopólicos y los acuerdos corporativos entre empresarios y trabajadores.

La política social es la que conforma un “piso de ciudadanía” a partir del cual se ejercen los derechos y se interactúa en la sociedad. Asegura la salud, la educación, la vivienda, la protección de niños, adolescentes y adultos mayores. Configura ese conjunto de derechos desde los cuales se ejerce plenamente la ciudadanía y también obra como un amortiguador de efectos no deseados de la política económica y/o un puente que evite traumatismos ante transformaciones relevantes en la actividad.

Consecuentemente, la política económica es la que coloca al Estado como organizador y promotor de las decisiones de producción y consumo que impulsen la ampliación de la riqueza del país, y la política social colaboraría en la redistribución hacia la mayor cantidad de habitantes de esos beneficios alcanzados.

En todos los casos la política social se subordina a la política económica en uno u otro sentido.

Habitualmente se cita como “progresista” a un gobierno que amplía las áreas de protección social, aumenta los presupuestos educativos y sanitarios y mejora la cobertura previsional. Sin embargo, eso es inexacto, porque lo que define el carácter “progresista” de un gobierno es la política económica que coloca al Estado como asignador de recursos con criterios de redistribución social frente a un mercado que solo lo hace movido por el nivel de rentabilidad que reditúe esa inversión de recursos.

Esta diferenciación aparece como central, porque es la que ha llevado al fracaso o a la dilución de identidad de numerosos gobiernos definidos como progresistas o de centroizquierda en los países desarrollados y también en nuestro continente.

En Chile, el gobierno de Michelle Bachelet -por el carácter de sus políticas sociales- fue más progresista que el de Sebastián Piñera. Sin embargo, no adoptó ninguna medida que alterara estructuralmente el modo de asignación y redistribución de recursos del denominado “modelo chileno” instaurado por Pinochet y que tres décadas después provocó la rebelión popular que desembocó hasta ahora en el intento de promulgar una nueva Constitución que supere los resabios de la dictadura contenidos en la carta magna vigente.

En Europa Occidental, la socialdemocracia continental y el laborismo inglés, fundadores del Estado de Bienestar de posguerra, languidecen sin propuestas alternativas frente a la década de estancamiento económico que transita dicha región. Sin embargo, no hay duda que han aplicado políticas sociales de mayor cobertura y alcance que las fuerzas políticas conservadoras. De hecho, Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido, fue uno de los adalides de la denominada “tercera vía”, que conceptualizaba precisamente la necesidad de ampliar la oferta de bienes sociales para mejorar la calidad de la ciudadanía de los británicos.

En Estados Unidos Barack Obama enfrentó la crisis financiera del 2008 con política monetaria, dando liquidez al sector financiero para permitir una recuperación del valor de sus activos y una paulatina licuación de las deudas con una tasa de interés muy negativa. Si bien amplió la protección alimentaria y sanitaria a las familias vulnerables golpeadas por la crisis, su política económica no recuperó la demanda efectiva ni alteró las condiciones para que un evento como el ocurrido se repitiera. De hecho, en la crisis pandémica se están aplicando los mismos mecanismos con mucho mayor volumen.

En Brasil el PT derivó en los años finales de su ciclo de gobierno hacia una combinación de ortodoxia económica con desarrollismo, llegando a sostener en un lapso prolongado la tasa de interés real positiva más alta del mundo, otorgándole a las finanzas una fuerte dominancia en las decisiones de los agentes económicos. El precio es el rumbo incierto en que se encuentra sumergido el gigante regional y la pérdida de espacio político del partido fundado por Lula.

Este recorrido tiende a reflexionar acerca de la necesidad para un gobierno nacional y popular de contar con un andamiaje de política económica que instale al Estado como asignador de recursos con criterios diferentes a la rentabilidad del mercado.

No se es progresista porque se amortigua sobre la ciudadanía el impacto de las decisiones de los agentes económicos en procura de ganancias, sino cuando se asegura que esas decisiones sean compatibles con el empleo, el salario y la inclusión social.

En la Argentina la propagación del virus ha obturado hasta ahora el debate planteado en esta columna. La pregunta es si se mantiene el modelo de acumulación rentista primario y financiero legado por el macrismo -corrigiendo sus aspectos más gravosos en el plano social- o se reforma estructuralmente al mismo.

Un ejemplo concreto de las afirmaciones previas lo constituye lo ocurrido en el mercado de la carne. El año 2020 presentó el triste récord de un consumo “per cápita” de carne por habitante anual de 49 kg, el más bajo en los últimos 100 años y 10 kg menos por año respecto del 2015.

Como marcamos en una columna anterior, el 28% de la faena de carne vacuna se exportó, cuando en el citado año 2015 las ventas al exterior no llegaban al 8% de lo faenado.

Cabe el interrogante si se va a consolidar el modelo exportador de carne vacuna instaurado por el macrismo o se intentará que los argentinos y argentinas vuelvan a tener la carne en forma cotidiana en sus mesas. O, por el contrario, deberán conformarse con cortes administrados por el gobierno que no integren la cadena exportadora.

Vuelve la pregunta circular del título, ¿política económica -carne vacuna para consumo interno masivo- o política social –cortes baratos administrados por el Estado-?

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/politica-economica-o-politica-social-dos-modelos-en-disputa–20211240553

LO NUEVO NO NACE

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Obviamente el problema causado en la actividad económica por el Covid-19 ha sido preponderante, y se suma a los cuatro años del gobierno de Cambiemos con endeudamiento y cambio de los precios relativos, una brutal devaluación de nuestra moneda que solo en tres meses (del 25 de abril al 24 de julio de 2018) fue del 100% y su impacto en el poder adquisitivo de los salarios, con lo que ello implica en la demanda agregada y el nivel de vida de la población.

El correlato de la crisis en la Administración Nacional es de un alto nivel de inconsistencia fiscal y monetaria que no se puede extender en el tiempo por el incumplimiento de los pagos, por una parte, y se suma una manifiesta lentitud en liquidar las exportaciones conformando una combinación perversa en contra del pueblo argentino.

Por un lado, el déficit fiscal nacional cierra el año 2020 en 2.292.730 millones de pesos, el 8,5% del PIB, convirtiéndose en el segundo mayor déficit fiscal que se tenga registro, detrás del de 1975 en el Rodrigazo. Prácticamente un tercio del gasto público es déficit, dada las erogaciones ocasionadas por la atención del Covid-19 y la asistencia de todo tipo a la población. Por otra parte, dicho déficit fue financiado casi en exclusividad por el BCRA, hecho que obviamente impactó negativamente en el sector privado. El año 2020 termina con un total de crédito a las empresas de 6,09% del PIB que sumado a los créditos personales de un 5% del PIB, adicionando ambos, araña el 11,09% del Producto y el BCRA tiene que inmovilizar (pagando intereses) por una suma que es incluso mayor a la Base Monetaria, en LELIQs (Letras de Liquidez del BCRA) por $ 1.633.620 millones y, pases pasivos (que los bancos le prestan al BCRA a menos de siete días) por otros $ 1.220.889 millones, totalizando las inmovilizaciones (LELIQs más pases) una suma de $ 2.854.509 millones (cuando la Base Monetaria al 30 de diciembre de 2020 fue de $ 2.470.260 millones).

Déficit fiscal e inmovilizaciones monetarias (pagas, el BCRA le abona a los bancos intereses por las mismas por encima de la inflación oficial) que reflejan el grado de desequilibrio de las cuentas públicas internas que básicamente financió el BCRA, a costa de expandir el déficit cuasi fiscal.

Y paralelamente el mismo gobierno devaluó nuestra moneda en casi un 50%, pasando el tipo de cambio comercial de $ 59,60 el 2 de enero a $ 89,25 el 30 de diciembre 2020, que impacta en la licuación de pagos y de deudas que son en pesos, a costa de acrecentar la deuda que es en divisas, de esa manera la Administración Nacional logra disminuir el pago de los salarios que crece nominalmente en pesos pero que en dólar es menor, igual con el resto de los pagos, deudas, contratos, licitaciones, pagos de jubilaciones y pensiones, etc., pero ese ahorro se hace a costa del poder adquisitivo.

 

 

Observando los grandes números del Presupuesto Nacional y contemplando que la inflación de todo el año 2020 fue del 36,1% medido por IPC del INDEC, los ingresos crecieron con respecto al año 2019 solamente un 22,9% y en cambio, el gasto total lo hizo en un 50%. Pero el Gasto de Capital que es la inversión pública, creció en términos nominales en los gastos de AySA (obras de agua potable y desagües) y otras obras públicas, pero en conjunto descendió para ser solo el 3,92% del gasto, cuando en el año 2015 fue el 11,16%. Debe agregarse que para cerrar el año sin más déficit se suspendió la cuarta entrega del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y de los ATP (Asistencia al Trabajo y a la Producción) que fueron políticas públicas importantes.

Política monetaria y cambiaria

Superado lo peor de la crisis de la pandemia y de la recesión del macrismo, el BCRA debería tomar cartas en el asunto y utilizar el exceso de liquidez del sistema financiero reorientándolo desde la especulación hacia la inversión y el trabajo. Tener un mapa que exprese qué sectores se quiere impulsar y obligar a las entidades financieras a prestar a ese sector y sino que dejen de ser bancos, su función es canalizar el ahorro de parte de la población para financiar la producción, no para que especulen o presten sin ningún riesgo al BCRA para que este a su vez inmovilice esos fondos. El crédito al sector privado es insignificante (11,09% del PIB) y lo poco que hay en su mayor parte se presta a sí mismo (al mismo grupo económico). Hay cientos de actividades que no funcionan por falta de crédito, incluso sin necesidad de importar nada, como es el caso de la construcción, que además es fuerte demandante de mano de obra (1).

Paralelamente, en la liquidación de las exportaciones de productos agropecuarios y de manufacturas de origen agropecuario se retrasan todo lo que los exportadores pueden, habiendo sido la cosecha 2019/20 récord, según lo informado por las cámaras exportadoras de aceite y de cereales CIARA-CEC. La liquidación acumulada del año 2020 es de 20.274,4 millones de dólares, un 17% menor que el año pasado, que fue de 23.719,5 millones, cuando en la cosecha 2018/19 hubo una fuerte sequía y los precios en el Mercado de Chicago en dólares crecieron un 45% en los últimos tres meses del año 2020, cuando el costo argentino es mucho menor generando una renta extraordinaria por la que deberían pagar impuestos y derechos de exportación.

Si al párrafo anterior le agregamos que las principales diez empresas exportadoras (COFCO, Cargill, ADM, Bunge Ceval, Louis Dreyfus, AGD, ACA, Molinos Agro y Díaz y Forti SA) concentran el 91% del total de negocios de exportación de granos y productos derivados de origen argentino, es claro y evidente que no liquidaron esperando y propiciando una devaluación de nuestra moneda y explica la diferencia entre el valor del dólar oficial y todos los paralelos.

Persistir con el camino de la devaluación haría volar por el aire el delicado equilibrio en que nos encontramos, subiría aún más el precio de los alimentos y demás insumos que requiere nuestro pueblo, empujando a fracciones cada vez mayores a la pobreza, a la indigencia y a la desesperación, a la par que caería más el PIB por el menor consumo interno que no puede ser compensado porque las exportaciones no representan más del 25% del total de lo que se produce. Y es peor, porque en lugar de que esos mayores ingresos incrementen las inversiones terminan engrosando la fuga de capitales en la que nuestro país tiene el triste privilegio de que su burguesía tiene más recursos afuera de la Argentina que adentro.

Esto esclarece porque a los grandes empresarios del agro, de la industria, banqueros y comerciantes no les interesa tanto preservar el mercado interno y sí coinciden en asegurar y expandir sus activos en el exterior. Que incluso les permitiría comprar a la competencia por el acrecentamiento del valor de los activos que fugaron.

Es más, desde el Rodrigazo y de menor a mayor, nuestra burguesía se somete al capital financiero internacional y a su moneda, el dólar, prefiriendo vender los activos en el país por saberse débil e incompetente para lidiar con el capital extranjero. Lo refleja clara y terminantemente el caso Vicentin, sexto exportador de granos y manufacturas de origen agropecuario en el año 2019, que monta un escenario de fraude y fuga para rendirse sin luchar desde diciembre de ese año (2).

Igual podríamos decir de todos los hijos y nietos de esos industriales que supo tener este país del confín del mundo, que poseen más activos financieros que reales, más activos afuera de la Argentina que en la Argentina, porque han preferido vender sus empresas a la competencia extranjera.

La devaluación oficial de nuestra moneda en casi de un 50%, muy por encima de los salarios, jubilaciones y pensiones, que impacta lógica y directamente en los precios internos, de manera tal que el INDEC reconoce, para diciembre 2020, que una familia constituida por un matrimonio y dos hijos requiere un ingreso mínimo de $ 54.207 por mes para no ser pobres (Canasta Básica Total) y de $ 22.681 mensuales para no ser indigentes (Canasta Básica Alimentaria). No solamente la crisis implicó la perdida de trabajo, sino que son muchos los que aún conservando su empleo, trabajan y son pobres.

Lo viejo y lo nuevo

El economista Aldo Ferrer se equivocaba cuando ponía la esperanza en la burguesía que tenemos, ya que nuestros empresarios actuales no son los que él había visto en 1968 o aquellos liderados por José Gelbard hasta octubre de 1974. La dictadura militar y el modelo de valorización financiera de capital la diezmó y la que queda es una burguesía de rapiña, apátrida y tonta, a la que sólo le importa acumular dólares en el exterior aún a costa de que sus empresas valgan cada vez menos, como lo demostró la gestión de Cambiemos.

Las relaciones de nuestro país con el exterior demuestran que no se tiene un problema de restricción externa clásico, esto es, no es que necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial. De hecho desde el año 2003 hasta los últimos datos oficiales de noviembre de 2020, nos dicen que se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) de 156.681 millones de dólares, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo (3), permitió que las empresas pagarán supuestas deudas externas e importaran en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial (4); más el hecho de que los exportadores y los bancos tardan en ingresar las divisas de las operaciones, demostrado que hasta octubre 2020 en el MULC (Mercado Único Libre de Cambio), habían ingresado 5.049 millones de dólares menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos. El INDEC contabiliza a octubre 2020, exportaciones por 46.556 millones de dólares y el MULC percibe solamente 41.507 millones en esa divisa.

La economía argentina es un importante exportador de alimentos, según informa la Bolsa de Comercio de Rosario, el nodo portuario del Gran Rosario, que abarca al complejo industrial oleaginoso y portuario en 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná, que van desde la localidad de Timbúes (al norte) hasta Arroyo Seco (ubicada al sur de la ciudad) y donde se encuentran localizadas unas 31 terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas, de las cuales unas 21 despachan granos, aceites y subproductos; se convirtió en la principal zona portuaria de exportación de esos productos en el mundo.

La propuesta concreta del Consejo Agroindustrial Argentino, donde se aglutinan las principales empresas, cámaras, bolsas del sector, incluso la FAA (Federación Agraria Argentina), la CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y CONINAGRO, tres de los cuatro componentes de la Mesa de Enlace, es lo viejo, la primarización de la economía argentina. Si no, preguntémonos cuánta mano de obra demanda una tonelada de soja o de aceite. Pero no sólo genera poco trabajo, sino que incluso, como prioriza las ventas externas, revierte el sistema y en lugar que se destinen los saldos exportables, vende afuera a costa de la caída del salario y del empleo de los trabajadores que reduce el mercado interno. Y el camino es vía la presión a la devaluación de nuestra moneda, que no puede disociarse del mercado interno porque la CAA exige la estabilidad de las retenciones por diez años. Es más, la supuesta puja sería que para que no suba el precio del dólar, se debe aumentar las tasas de interés, y con ello se entra en una combinación perversa contra la economía nacional, generando la transferencia de los que trabajan y producen para el mercado interno (que es donde se destina más del 70% de lo que se produce en el país) a favor de los exportadores y de los bancos.

Es cierto que la Argentina tiene un fuerte sustento con una gran producción alimentaria, el desarrollo industrial, minero y tecnológico, posible con la mayor expansión nuclear y satelital, pese al retrasado impuesto en la industria y las posibilidades energéticas: gas, petróleo y litio para las baterías eléctricas y los autos eléctricos como posibilidad inmediata y mediata. Pero para crecer sostenidamente debe orientarse esencialmente al mercado interno.

Por eso el camino es el inverso, no hay necesidad de devaluar nuestra moneda porque ya lo hizo y de sobremanera la gestión de Cambiemos. Y por otra parte y fundamentalmente, el rinde de nuestra pampa húmeda hace que el costo sea mucho menor que el internacional y les deja a los productores, acopiadores y comercializadores una renta extraordinaria. Por eso se deben aumentar las retenciones, permitir desligar el precio externo del interno y eso es, a la vez, recaudación para el Estado nacional.

De no hacerse se encarecen los alimentos porque es lo que básicamente exportamos, deteriorando el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones. Lo nuevo consiste en defender nuestra moneda, aumentar las remuneraciones por paritarias y decretos para las jubilaciones y pensiones y hacer obra pública para generar empleo y que se financie con impuestos a las grandes corporaciones de este país. Que es, por otra parte, lo planteado en la Ley de Presupuesto Nacional 2021, que debería actualizar sus números, porque la inflación va a ser mucho mayor que el 29% estimado. Esa Ley sostiene que los salarios públicos crecen por encima de la inflación y el tipo de cambio (y es referente de la remuneración en el sector privado y el resto de las administraciones públicas), impulsando el mercado interno.

 

 

1. Y que no está libre de especulación, dado que el gobierno apuesta a su recuperación pero los grandes proveedores de cemento, ladrillos, hormigón, estructura metálica, clavos, herrajes, etc. exigen un fuerte incremento en sus precios.
2. La paradoja se cierra con saber que parte de esos activos líquidos se lo administran por ejemplo Black Rock y otros fondos de cobertura como por ejemplo, Franklin Templeton, que supo poner a su representante en la Argentina, Gustavo Cañonero, como Vicepresidente del BCRA cuando el ex jefe de la Mesa de Dinero del JP Morgan y el Deustche Bank, Luis Caputo, fue nombrado Presidente y, continuó en funciones cuando Caputo renunció presionado por el FMI, hasta el 9 de diciembre de 2019.
3. Macri anuló la Emergencia Cambiaria, que obligaba a exteriorizar la compra de divisas al BCRA mediante acuerdo firmado por la máxima autoridad de Comercio Exterior del país, de Aduana y del BCRA (Decreto 2581/1964) y la redujo solo al BCRA.
4. Que se hubiera evitado derogando el Decreto 893/2017 que a su vez había anulado la Emergencia Cambiaria del Decreto 2581/1964 vigente durante 53 años.

 

 

LO NUEVO NO NACE

 

El rol del Estado en el peronismo y en la post-pandemia (I). Conversaciones con Carlos Abalo

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1° PARTE

HUGO GARNERO: Creo que en Argentina hubo intentos de establecer un nivel de desarrollo industrial anteriores a 1945. Incluso se dieron disputas de poder entre 1916 y 1945 más que interesantes. Encontré un trabajo de Murmis y Portantiero del año 1968 con un interesante análisis de la lucha por la supremacía económica donde un sector industrial intentaba una alianza para avanzar en ese sentido. ¿Vos opinás que el peronismo fue el primer intento posible de revolución industrial en la Argentina?

CARLOS ÁBALO: Lo que ya había visto y que doy por seguro es que el peronismo fue el primer intento posible de una revolución industrial en la Argentina al modo de la industria en los países avanzados por las posibilidades de divisas y de financiación que ofrecía el agro en el largo plazo.

Esta revolución industrial no se dio porque la oligarquía agropecuaria no quería pasar a un estadio industrial incluso convirtiéndose en burguesía industrial aunque era la única en América Latina que podía hacerlo. La burguesía industrial se adaptó a su papel subordinado como única manera de sobrevivir en el régimen oligárquico. Pero el nuevo orden político instaurado por el peronismo y el amplio apoyo de masas podrían haber llevado a la burguesía industrial a cambiar de perspectiva.

HG: ¿Cómo entendía Perón ese proceso?

CA: En 1945 y al principio de su gobierno, es posible que Perón imaginara industrializar al país de una manera más parecida a la que tuvo la tardía industrialización de Alemania respecto a Gran Bretaña, permitiendo realizar lo que el Plan Pinedo no pudo conseguir por falta de apoyo político, que fue el manejo de los aranceles para posibilitar un crecimiento industrial para reducir las exportaciones.

Aunque el Plan no se proponía más que eso, ahora aparecía un horizonte mucho más amplio con los recursos provenientes de la mejora en los saldos positivos de la balanza comercial por las menores importaciones. Esto daría margen a la industria para aprovechar esa situación por la limitación de la capacidad exportadora de Europa durante una primera parte de su reconstrucción, la disponibilidad de crédito a favor del país y la reducción de la deuda externa hasta casi su total cancelación.

HG: Sin embargo eso no ocurrió, ¿por qué?

CA: Esa perspectiva se fue estrechando por la persistencia del bloqueo de las libras esterlinas para los pagos de Gran Bretaña y su posterior declaración de inconvertibilidad de las mismas, pero sobre todo por la manera en que Gran Bretaña aprovechó esa situación y el encono de Estados Unidos por la política independiente del peronismo respecto a los otros países de América Latina, que ya tenía antecedentes por la posición probritánica de la oligarquía, y se intensificó por la no adhesión del gobierno peronista al FMI.

HG: Suelen decir los expertos que Argentina se despegó tarde de Gran Bretaña y sus políticos y dueños del capital descubrieron tarde a EEUU…

CA: Estas diferencias distinguieron a la Argentina de los demás países latinoamericanos, explica su anterior opulencia y su posterior decadencia porque los avances industriales del peronismo fueron contrarrestados por la apertura y la política de ajuste y la desindustrialización parcial de la primera dictadura de la Revolución Libertadora y total de la segunda dictadura, profundizada durante el menemismo y sobre todo por el macrismo. Esto es lo que hay que divulgar: explicar porque esa falta de continuidad en el proceso industrializador llevó al bimonetarismo y a la hiperinflación y tiene a  su vez una larga explicación histórica, que ofrece material para una reinterpretación de la historia argentina y del mismo peronismo, con indicios indicios para trazar su adaptabilidad futura a los cambios mundiales. El estudio de estos problemas los empecé a desarrollar en la Facultad, con una historia económica comparada de las diferencias en América Latina.

HG: ¿Así que no hubo quien defendiera a la industria?

CA: El mejor ejemplo fue la discusión del Plan Pinedo de 1940. Empecemos por la industria. La UIA nunca quiso sustituir al agro como principal fuerza impulsora de la economía, como había sucedido en todos los grandes países industrializados; se limitó a pedir espacios de sobrevivencia más amplios, mientras las exportaciones tradicionales y sus precios estaban más restringidos por la crisis de los años treinta y sobre todo cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Esa posición se reiteró durante la dictadura Libertadora, pero nunca pasó de allí. En resumen: la burguesía industrial aceptaba su subordinación al agro.

En muchos estudios se dice que se intentó desarrollar la industria en los años treinta. Hay que recordar que en 1934 se firmó con Gran Bretaña el Pacto Roca Runciman que otorgaba ventajas a la importación de bienes industriales ingleses a cambio de garantizar un mínimo de colocaciones de carnes congeladas argentinas. La preferencia por los productos industriales ingleses era a costa de las importaciones desde Estados Unidos, lo que muestra por qué tenía lugar la habitual tensión entre la oligarquía vacuna local y Estados Unidos.

HG: Digo, tarde y al revés…

En cuanto al Plan Pinedo o Plan de Reactivación Económica presentado por Federico Pinedo, ministro de Hacienda del presidente Ramón Castillo desde septiembre de 1940, su tan promovida supuesta política de industrialización no pasaba de ser también un intento de aumentar los aranceles a las importaciones industriales al mismo tiempo que el Estado debía comprar las cosechas que no se pudieran vender.

El Plan Pinedo nunca fue aprobado, en realidad porque colisionaba con el Pacto Roca Runciman, que aseguraba la compra de productos industriales a Gran Bretaña y era la expresión de la oligarquía ganadera, el corazón del poder oligárquico. Esto también desnuda el supuesto carácter industrializador de Raúl Prebisch, que intervino directamente en la elaboración del Pacto Roca Runciman, lo mismo que con la dictadura Libertadora de 1955 en la elaboración del Plan Prebisch, que tampoco se destacó por ser industrialista.

HG: ¿Realmente no hubo ninguna fuerza política que apoyara a la industria?

CA: Murmis y Portantiero resaltan la defensa de la industria ante la caída de las importaciones que tuvo lugar con el comienzo de la guerra en 1939 y destacan que el Plan Pinedo refirma que “la industrialización del país conspira contra nuestras exportaciones”, por lo que defendía ante todo los intereses de los grandes propietarios rurales al asegurar la compra por el Estado de los excedentes agrícolas que no podían colocarse, pero aceptaba la ampliación de la industria para abastecer el mercado interno mientras no hubiera otra alternativa, por lo que era también “un lúcido intento de reforzamiento de la hegemonía oligárquica”, según los mismos Murmis y Portantiero.

La Sociedad Rural no rechazaba del todo el plan, condicionado a que se antepusiera ante todo “la compra de las cosechas” porque “la prosperidad de nuestro país está supeditada a la marcha de los negocios agropecuarios”. Los que se opusieron y terminaron vetando al Plan Pinedo fueron los ganaderos. CARBAP así lo afirmó: “se dice que la industria nacional no conspira contra las exportaciones”, pero “estabilizar industrias surgidas en medio de soluciones de emergencia es plantear un problema trágico para el futuro del país después de la guerra”. Y los industriales nunca se salieron de aceptar su posición subordinada. Lo empezó a hacer la CGE de Gelbard, el ministro de Economía del peronismo de 1973-1974, pero su radio de acción estaba confinado a las pymes y por lo que bregó Gelbard con el respaldo de Perón fue tratar que los industriales salieran de su posición subordinada.

HG: Seguís sin contestar mi pregunta dirigida a si no hubo fuerzas políticas que apoyaran la industria antes del peronismo.

CA: Los conservadores se dividían entre las posiciones cerradas de los ganaderos, que con el Pacto Roca Runciman garantizaron una salida para ellos solos, y las posiciones un poquito más abiertas de los productores agrarios, que aceptaban aumentar transitoriamente el peso de la industria.

Lo sorpresivo es que los ganaderos fueron defendidos por los radicales más que por los conservadores, sujetos a la contradicción indicada más arriba. El Comité Nacional de la UCR expresó ante el Plan Pinedo que «podrán caerse todas las chimeneas, pero mientras el campo produzca y exporte, el país seguirá comprando lo que necesite”. Su posición extremadamente oligárquica alumbra otra cuestión: como no pueden hacerlo habitualmente defendiendo a la oligarquía más cerrada, lo hacen indirectamente, planteando que el riesgo es el estatismo, la emisión, el déficit fiscal y la inflación, es decir la política rígidamente monetarista.

Ni siquiera el yrigoyenismo se salva: Amadeo Sabattini, líder de esa fracción de la UCR, dice “País agrícola y ganadero, no dejará de serlo para convertirse en industrial hasta que la población y los años naturalmente lo exijan”. Si no se tuvieran presente estas definiciones, sería más difícil entender a la UCR actual, subordinada al PRO en Cambiemos.

La resistencia al régimen oligárquico del radicalismo fue siempre política: cuestionaban el fraude, pero no iban más allá, y en eso se parecían a los liberales mexicanos respecto a la reforma agraria que exigían los campesinos, pero los liberales mexicanos fueron mucho más allá que los radicales locales porque llevaron a cabo la primera parte de la revolución, conocida allá como la guerra de la Reforma, que expropió las tierras de la oligarquía eclesiástica y separó a la Iglesia del Estado.

Respecto a los radicales, hay que reconocer que en la actualidad hay una saludable reacción en parte del alfonsinismo, que tiene sus raíces en el intento frustrado de Raúl Alfonsín de encarrilar para otro lado la política económica de la dictadura. Sin embargo, se impuso el  Plan Austral, un disfraz monetarista continuador del Proceso y precursor del primer intento de convertibilidad que inspiraron los propios radicales con la dirección del entonces ministro de Economía, Julio Vital Sourrouille y Adolfo Canitrot, Subsecretario de Planificación, otra cuestión complicada que requiere también otra discusión.

HG: Bien, Carlos, lo dejamos aquí por hoy. Lo seguimos en la próxima con la industrialización  de Argentina comparada con Brasil y México.