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jueves, abril 23, 2026
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Informe económico mensual

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En este documento retomamos la inflación o los Índices de Precios del mes de DICIEMBRE y, entre otros agregados, los numerosos compradores de dólares. Podemos decir que con la pandemia en pleno desarrollo, la inflación no pasa desapercibida y compite con el Covid-19. ¿Qué tienen que ver la inflación y el Covid? Mucho. Ambos son creaciones humanas o por lo menos el virus se traslada entre humanos, pero más allá de eso se requieren mutuamente. El Covid exige muchos fondos para el rescate de la economía y de las personas, y de la única manera en nuestro país que podemos satisfacer esa demanda es con dinero en montos abultados. Pero el sistema no derrama, entonces se acentúa el trabajo del BCRA, no otra cosa que también están haciendo los bancos centrales del mundo. En definitiva se constituyó una dupla muy brava con nada más que estos actores protagónicos.

Para encuadrar el documento, empezaremos por brindar tres reflexiones profundas de autores conocidos. Lo hacemos en todos los documentos, siempre los que tienen las mejores ideas son algunos de los mencionados:

  1. La primera es de Fontanarrosa en el desopilante cuento “Medieval Time”: El personaje central dice: Entonces agarré, junté los pocos pesos que tenía, y me fui con Pancho y el Rulo, no solo para ver el asunto de los vaqueros -porque el mercado del jean ya está un poco emputecido- sino también lo de los muñecos de peluche, que allá están a un precio que es joda, verdadera joda, y son unos muñecos con una confección de la puta madre y que acá los fabricantes no pueden competir en precios ni que se caguen”Está claro que el inicio del cuento es por una cuestión de inflación, precios y de productividad. Pero luego la historia sigue y recomiendo leerla. Continúa la tremenda aventura para comprar más barato en USA por numerosas situaciones de alta complejidad diplomática: Y todo se inició por los precios y la inflación.
  2. La segunda involucra a George Orwell en su famoso “1984”, en uno de los diálogos el principal de la novela Winston recibe las enseñanzas en el Ministerio del Amor por parte de O´Brien, “Tardas mucho en aprender, Winston, le dijo O´Brien con suavidad”. Respuesta: “No puedo evitarlo, balbuceó Winston ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si nos los cierro? Dos y dos son cuatro”. Responde O´Brien, “Algunas veces sí, Winston, pero otra veces son cinco. Y otras, tres. Y en ocasiones son cuatro, cinco y tres a la vez. Tienes que esforzarte más”. Es posible que Orwell no solo describa cuestiones que tenían que ver con Gran Hermano sino también con la inflación que resulta tan difícil de entender y observar.
  3. La tercera corresponde a un diálogo que venimos siguiendo en anteriores documentos, escrito en 1864: “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. Mientras ambos caminan por la orilla del mar, Maquiavelo dice: “El presupuesto es un marco, decís, sí, pero un marco elástico que se adapta a la medida de nuestros deseos. Yo estaré siempre dentro de ese marco, jamás afuera”. Pregunta Montesquieu: “¿Qué queréis decir”? Responde Maquiavelo: “La situación jamás es definitiva sino después de concretados los gastos que la necesidad ha hecho surgir con el correr del año”. Y no estaba en la cabeza de Maquiavelo ni la inflación ni el Covid.

 

Informe económico diciembre 2020.enero2021

El rol del Estado en el peronismo y en la post-pandemia (II). Conversaciones con Carlos Abalo

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HG: Explícanos la particularidad argentina.

CA: La particularidad argentina se entiende mejor al compararla con las de Brasil y México, sobre todo en la industria, que en esos dos países no era posible más que como una industria de segunda, pero completó su ciclo antes, mientras que en la Argentina quedó relegada, pese a que pudo desarrollarse desde que la industrialización se extendió a todos los países ricos, ya que la Argentina era uno de ellos con un PBI per cápita entre los más altos del mundo y la riqueza acumulada en el comercio exterior desde fines del siglo XIX. La deuda externa fue una de las maneras de impedirlo en los primeros gobiernos liberales, en las dictaduras militares y con Macri.

El peronismo, en cambio, tanto con Perón como en el kirchnerismo, redujo la deuda. Aunque Brasil o México estaban destinados a una industria sustitutiva por su pasado, en ninguno de ellos subsistió una oligarquía agraria dominante y el poder político y militar favorecieron a la industria, lo mismo que su endeudamiento.

HG: Tenemos una visión del desarrollo industrial muy poderoso del Brasil a partir de su ejército.

CA: En Brasil el desarrollo industrial tuvo dos etapas: en 1930 Getulio Vargas impuso la sustitución de importaciones (ISI) y el bloque del café, el agro más importante, empezó a quedar relegado, pero no impidió la industrialización y ésta se desarrolló como ISI, industria subdesarrollada o como se llame, para diferenciarla de la industria clásica de los países centrales. La ISI creció sin tropiezos y en 1960, cuando encontró los límites propios de esa industria, el populismo brasileño -desde Kubistchek a Goulart- imitó a Perón e impulsó el consumo para ampliar la demanda.

Y al revés de lo que pasó en la Argentina, el golpe militar de 1964, si bien vio como un peligro el ascenso popular, en vez de apoyar el consumo favoreció la industria pesada y consolidó la industrialización, completando la ISI, mientras que en la Argentina, el poder acorraló la industrialización. La ISI es más cara que la más avanzada, sobre todo porque no puede trasladar (hasta ahora) partes a otros países con menor salario, pero puede integrarse a una industria estadounidense avanzada como lo hace México ahora y parecía ser el programa de Bolsonaro. Ahora, con Biden en Estados Unidos, es el camino que podría reanimar el ejército con un poder más democrático, aunque tratando de seguir marginando a Lula y al PT.

HG: Sabemos menos de México pero siempre nos atrajo su revolución campesina y el PRI (no ahora). Vos tuviste tu exilio allí, contanos.

CA: En México, la oligarquía poderosa era la minera y en las tierras, la Iglesia. La minería permitió el desarrollo temprano de manufacturas industriales en forma de talleres y una también temprana inversión extranjera industrial, y el país parecía encaminarse a ser el más rico de América Latina, aunque partiera de un horizonte más restringido que la Argentina al final del siglo XIX. Entre 1870 y 1900 la Argentina creció 10 veces según el PBI, México 2,4 veces y Brasil 1,7 veces según índices de Angus Maddison (crecer una vez es estancamiento, menos de una vez es retroceso y la duplicación del PBI es crecer 10 veces).

La extrema pobreza de los campesinos mexicanos los llevó a la revolución de 1910, que prácticamente paralizó al país en términos del PBI, aunque la Argentina tuvo un estancamiento casi similar inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. Por eso, entre 1910 y 1920, el PBI de Argentina se multiplicó por 1,18, el de México por 1,07 y el de Brasil por 1,45, lo que significa ya un menor crecimiento del PBI en Argentina y se empieza a destacar Brasil. Si la comparación es entre 1910 y 1930, inicio de la recesión mundial, el PBI de Argentina se multiplicó por 1,86, el de México por 1,09 y el de Brasil por 2,01, es decir que se duplicó, la Argentina retomó un crecimiento importante, un poco más lento que el anterior y México siguió casi estancado.

La revolución no consiguió el reparto inmediato de tierras para la masa campesina, pero le dio el derecho sobre ellas con la Constitución de 1917 y colocó el centro del poder en el Estado. En los años treinta las luchas políticas desembocaron en la creación del PRI, un partido de masas para sostener el nuevo orden, que en la presidencia de Lázaro Cárdenas trazó sus principales objetivos: concretar la reforma agraria, nacionalizar el petróleo, industrialización y educación pública. Los campesinos lograron un estatus de sobrevivencia en sus tierras, de las que fueron corridos más tarde y de a poco, dando nacimiento a una burguesía agraria mucho más débil que la oligarquía argentina, que empezó a compartir el poder económico del área con el capital trasnacional en sustitución de la vieja oligarquía centrada en la Iglesia y expropiada por los liberales en la guerra civil y el Estado pudo poner en pie un capitalismo periférico con una estructura política capaz de encarar un crecimiento sostenido.

En los años cuarenta y cincuenta, con la industrialización empezó a retroceder el predominio rural y la propiedad comunitaria de la tierra. De 1958 a 1970 (dos sexenios presidenciales) México consiguió un desarrollo estabilizador que mantuvo sin cambios el valor de su moneda nacional en veinte años con un crecimiento promedio de 6% anual del PBI, pero con una situación social poco satisfactoria. En 1970 el presidente Luis Echeverría inició un desarrollo compartido con distribución del ingreso, pese al menor crecimiento de la economía mundial, pero la suba internacional del precio del petróleo le permitió continuar con su política, lo mismo que a su sucesor, José López Portillo, quien declaró que su sexenio sería el de la planificación económica para intensificar el desarrollo y efectivamente el PBI creció más de 8% anual en el tránsito a los años ochenta, con gran aumento en la industria, pero en 1982 sobrevino el derrumbe y la crisis, paralela a la crisis de la dictadura argentina de esos años, que acudió a la guerra de Malvinas para sobrevivir, pero la derrota militar se lo impidió.

HG: ¿Pero hay algún paralelismo actual entre México y la Argentina?

CA: La dictadura militar, vehículo del ajuste y el neoliberalismo en la Argentina, encontró su final con la guerra, pero el proyecto contrapuesto mexicano de desarrollo nacional y planificación tampoco pudo eludir la crisis, y ésta. Al revés de lo esperado, se profundizó con la nacionalización bancaria. Veamos por qué.

El gobierno mexicano había usado gran parte del ingreso petrolero para aumentar el gasto público ya alto y provocó más inflación, déficit fiscal y retraso cambiario, y lo sostuvo recurriendo a la deuda, apoyado en el alto precio del petróleo, pero en 1980 el menor crecimiento internacional redujo su demanda y empezó a bajar su precio, mientras el déficit fiscal y la inflación seguían en alza, agravando la fuga de capitales y la pérdida de reservas del Banco de México. Para frenar la devaluación y la fuga de capitales, López Portillo acudió en 1982 a un acuerdo con el FMI y limitó los salarios, el endeudamiento y el déficit fiscal –de 14,7% del PBI ese año-, pero la fuga de capitales siguió y también la suba del dólar.

En septiembre, casi al final de su gobierno, López Portillo acusó a la banca privada de obtener grandes ganancias con un servicio público concesionado, afirmó que el ajuste fracasó por las fugas de capital, que de la crisis solo se saldría si el Estado controlaba el sistema financiero y decretó la nacionalización de la banca y el control de cambios. Su sucesor, Miguel de la Madrid no había aprobado la nacionalización de la banca, así que pronto quedó claro que iba a revertirse, pero al estilo mexicano postrevolucionario: sin convulsión política y con apariencia de continuidad. A la banca estatizada se la organizó preparándola para volver a una banca privada y pública y en 1986 se terminó de indemnizar a los banqueros. La crisis de 1983 no privó a los bancos de sus ganancias, se recuperó la confianza de los inversores y el PRI nacionalista fue sustituido por un nuevo PRI, que compuso un poder más afín al neoliberalismo, la industria ISI se configuró como un apéndice de la industria de Estados Unidos y el Estado perdió parte de su centralidad económica, pero preservó su política exterior independiente pese a la estrecha relación con Estados Unidos.

En México, la crisis y el endeudamiento llevaron al poder político al neoliberalismo y en la Argentina la nueva crisis de la deuda a la que condujo el macrismo bloqueó la política económica del kirchnerismo peronista, ajena al neoliberalismo, como fueron las del viejo PRI y las de Lula en Brasil.

HG: Eso explica por qué los dos países son muy distintos a lo que eran al principio de los ochenta. ¿En qué se diferencian y en qué se parecen ahora? Pareciera que siguen siendo muy distintos. Veámoslo desde la Argentina.

CA: En la Argentina, el mercado apoya la democracia en la medida en que ésta trae al neoliberalismo y al ajuste, sobre todo si puede disponer de un partido político que pueda imponer esa política, como hizo Macri con Cambiemos de 2015 a 2019, al disputar la mayoría al peronismo.

Los golpes militares no fueron exitosos económicamente porque el poder económico no quería la industrialización, pero dentro de los militares siempre aparecían los industrializadores, como la victoria de los azules sobre los colorados. Por eso, para la oligarquía se hizo necesario que hubiera un poder civil de derecha desindustrializador y Macri terminó siendo la expresión de ese deseo.

HG: Eso indica que la estrategia del Frente de Todos fue crucial.

CA: Por eso fue tan importante la  derrota de Macri y por eso éste tuvo la gran ayuda del FMI, pero eso ahora encuentra otro escenario. La industria, a contramano de lo que hizo Cambiemos, se desparramó por el mundo emergente, la proximidad y comienzo de la Revolución 4.0 requiere una base industrial y Estados Unidos va perdiendo las ventajas respecto a China y parece quedar atrás. Trump se propuso revertirlo y no pudo hacerlo con el proteccionismo. Biden va a restituir la globalización no sabemos cómo, pero seguramente en la dirección de Obama, más integradora del capitalismo, pero ahora más inclinada a aumentar la producción. Para eso necesita más crédito productivo y una expansión controlada del financiamiento, la emisión y el déficit, es decir, con menos ajuste pero no sin ajuste.   

En ese escenario, es esencial encontrar una política de reactivación orientada hacia la industrialización y el paulatino cambio de la base mecánica por la digital, eje de la revolución industrial 4.0 y que el capitalismo periférico apoyado en producir materias primas se convierta en un capitalismo emergente industrializado.

Por eso es importante que la demanda agroalimentaria haya roto al agro con la aparición de la CAA, lo que se vio con el final sin éxito del paro agrario de la Mesa de Enlace y esto es lo que deben entender a los compañeros que ven en el CAA una continuidad: es lógico que el CAA quiera dólar alto y suba de precios, porque son empresarios exportadores, pero la CAA rompe el eje oligárquico de trabar el desarrollo industrial.

HG: Incluimos en La Capitana estos días un muy buen reportaje de la revista Crisis a Gabriel Delgado, donde aclara mucho la composición de la CAA. Existe mucha desconfianza de los compañeros sobre la posible hegemonía del sector exportador sobre el resto de los sectores económicos y sobre las decisiones que debe tomar el Estado para lograr las divisas que necesita. En la anterior conversación quedó clara tu posición: la necesaria planificación e intervención del Estado es la única garantía para el proceso industrializador argentino, pero eso parece contradecirse con lo que sucedió en México.

CA: La regulación y, en mayor escala, la planificación, son no sólo instrumentos de corrección más necesarios ante una crisis sino que son vehículos de transformación, pero depende hacia dónde apunte la regulación y hasta donde llega la planificación.

En Japón, el alto crecimiento que allí persistió hasta los años ochenta, fue acompañado por una menor demanda. Para continuar la acumulación de capital, la inversión se empezó a concentrar en la propiedad inmobiliaria y el mercado accionario y dio lugar a las burbujas inmobiliarias y bursátiles del fin de esa década. Como no se pudo recrear ni la inversión ni el consumo, se pasó a un débil crecimiento antes que en los otros países desarrollados y no pudo revertirse con los estímulos fiscales porque éstos no fueron a la producción sino a los activos financieros. Un estímulo aplicado en la dirección equivocada no produce los efectos deseados.

HG: Los estímulos fiscales de los países centrales son enormes respecto a su PBI…

Estados Unidos, mediante la Fed, aplica una política de estímulos que sostiene solo en parte la producción y por eso hay un ascenso moderado inmediato y como los ingresos disponibles van a parar en mayor grado a los activos financieros y al mercado bursátil, las subas se concentran allí y la política económica no puede reactivar a fondo. A fines de la Segunda Guerra Mundial, el estímulo del Plan Marshall reactivó la producción europea y japonesa y resultó en la fase de ascenso de la posguerra y el Estado de bienestar. Ahora la reactivación productiva es débil porque en el neoliberalismo la regulación estatal privilegia a los activos financieros.

Cuando la regulación del mercado no produce los efectos esperados, hay que mirar la política económica, es decir qué se propone el Estado. Por eso la regulación no la puede practicar exclusivamente el mercado, porque lo que éste regula o arbitra son las expectativas de ganancias y hacia donde debe ir a la inversión en función exclusiva de ese cometido. De ahí que en la regulación del mercado debe intervenir el Banco Central y la política económica, y cuando la regulación monetaria exclusiva no da resultado, hay que cambiar de política económica. Es aquí cuando la regulación se sitúa en un nivel superior, el del Estado.

HG: Hablando de regulación del Estado, todos los países centrales hicieron lo mismo, ¿Y en Estados Unidos y China, por ejemplo?

CA: La regulación de Trump en Estados Unidos se realizó en gran medida al margen de la FED, por encima de la política monetaria, y fue una regulación de gran magnitud, porque recurrió a una dosis alta de proteccionismo pretendiendo contener la globalización como forma de integración mundial por una globalización a través de la integración alrededor de Estados Unidos, lo que se expresó directamente en el cambio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC).

El T-MEC incorporó tres fuertes cambios en la industria automotriz: 1) mayor unificación de la producción de autos en los tres países de América del Norte y una mayor cuota de producción de los tres países en exportaciones fuera de esa región. 2) Un salario mínimo de 16 dólares/hora para que las fábricas estadounidenses no se trasladen a México por los bajos salarios, acompañado por normas más estrictas sobre derechos laborales destinadas a reducir las ventajas mexicanas en salarios, y México debió aumentar el salario mínimo y aprobar leyes con más poder para los sindicatos. 3) Adoptó reglas más estrictas en el contenido regional de acero y aluminio para evitar que México incorpore piezas chinas haciéndolas pasar como propias en sus exportaciones a Estados Unidos. Fue una flor de regulación, y además con alcance internacional.

El particular estímulo para el crecimiento de China es la promoción del mercado y de un capitalismo sometido a la planificación del Partido Comunista que se propone crecer, la regulación va en ese sentido y el crecimiento ha vuelto antes que en ningún otro lado. Es una especie de NEP propia de un capitalismo de Estado que está transformando sus reglas de producción con evidente alcance internacional.

La experiencia mexicana es muy útil para entender al peronismo de Perón y como éste tiene que evolucionar ante el cambio mundial y también para comprender el significado de la democracia del ajuste heredada de la dictadura y, en lo que atañe al futuro, de orientarnos en conocer hacia dónde puede ir esta reconfiguración mundial, porque eso no está definido, se definirá en el campo internacional, pero sus elementos decisivos están ante nuestros ojos. Lo interesante de México es que como va más rápido que la Argentina en todo este proceso, así como sirve para aclarar el pasado, es más útil todavía para desentrañar el porvenir.

 

Política económica o política social: dos modelos en disputa

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El título intenta demarcar los límites entre las distintas acciones de una gestión de gobierno sobre el área socioeconómica.

La política económica alude a la sustentabilidad de los equilibrios macroeconómicos del sector externo y del sector público, garantes de la estabilidad de las principales variables: precios, tasa de interés y tipo de cambio, que impactan en las decisiones de los agentes económicos. También la regulación de la demanda interna a través de la armonía de la política monetaria y fiscal, agregándose por último la necesaria regulación de los mercados monopólicos y los acuerdos corporativos entre empresarios y trabajadores.

La política social es la que conforma un “piso de ciudadanía” a partir del cual se ejercen los derechos y se interactúa en la sociedad. Asegura la salud, la educación, la vivienda, la protección de niños, adolescentes y adultos mayores. Configura ese conjunto de derechos desde los cuales se ejerce plenamente la ciudadanía y también obra como un amortiguador de efectos no deseados de la política económica y/o un puente que evite traumatismos ante transformaciones relevantes en la actividad.

Consecuentemente, la política económica es la que coloca al Estado como organizador y promotor de las decisiones de producción y consumo que impulsen la ampliación de la riqueza del país, y la política social colaboraría en la redistribución hacia la mayor cantidad de habitantes de esos beneficios alcanzados.

En todos los casos la política social se subordina a la política económica en uno u otro sentido.

Habitualmente se cita como “progresista” a un gobierno que amplía las áreas de protección social, aumenta los presupuestos educativos y sanitarios y mejora la cobertura previsional. Sin embargo, eso es inexacto, porque lo que define el carácter “progresista” de un gobierno es la política económica que coloca al Estado como asignador de recursos con criterios de redistribución social frente a un mercado que solo lo hace movido por el nivel de rentabilidad que reditúe esa inversión de recursos.

Esta diferenciación aparece como central, porque es la que ha llevado al fracaso o a la dilución de identidad de numerosos gobiernos definidos como progresistas o de centroizquierda en los países desarrollados y también en nuestro continente.

En Chile, el gobierno de Michelle Bachelet -por el carácter de sus políticas sociales- fue más progresista que el de Sebastián Piñera. Sin embargo, no adoptó ninguna medida que alterara estructuralmente el modo de asignación y redistribución de recursos del denominado “modelo chileno” instaurado por Pinochet y que tres décadas después provocó la rebelión popular que desembocó hasta ahora en el intento de promulgar una nueva Constitución que supere los resabios de la dictadura contenidos en la carta magna vigente.

En Europa Occidental, la socialdemocracia continental y el laborismo inglés, fundadores del Estado de Bienestar de posguerra, languidecen sin propuestas alternativas frente a la década de estancamiento económico que transita dicha región. Sin embargo, no hay duda que han aplicado políticas sociales de mayor cobertura y alcance que las fuerzas políticas conservadoras. De hecho, Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido, fue uno de los adalides de la denominada “tercera vía”, que conceptualizaba precisamente la necesidad de ampliar la oferta de bienes sociales para mejorar la calidad de la ciudadanía de los británicos.

En Estados Unidos Barack Obama enfrentó la crisis financiera del 2008 con política monetaria, dando liquidez al sector financiero para permitir una recuperación del valor de sus activos y una paulatina licuación de las deudas con una tasa de interés muy negativa. Si bien amplió la protección alimentaria y sanitaria a las familias vulnerables golpeadas por la crisis, su política económica no recuperó la demanda efectiva ni alteró las condiciones para que un evento como el ocurrido se repitiera. De hecho, en la crisis pandémica se están aplicando los mismos mecanismos con mucho mayor volumen.

En Brasil el PT derivó en los años finales de su ciclo de gobierno hacia una combinación de ortodoxia económica con desarrollismo, llegando a sostener en un lapso prolongado la tasa de interés real positiva más alta del mundo, otorgándole a las finanzas una fuerte dominancia en las decisiones de los agentes económicos. El precio es el rumbo incierto en que se encuentra sumergido el gigante regional y la pérdida de espacio político del partido fundado por Lula.

Este recorrido tiende a reflexionar acerca de la necesidad para un gobierno nacional y popular de contar con un andamiaje de política económica que instale al Estado como asignador de recursos con criterios diferentes a la rentabilidad del mercado.

No se es progresista porque se amortigua sobre la ciudadanía el impacto de las decisiones de los agentes económicos en procura de ganancias, sino cuando se asegura que esas decisiones sean compatibles con el empleo, el salario y la inclusión social.

En la Argentina la propagación del virus ha obturado hasta ahora el debate planteado en esta columna. La pregunta es si se mantiene el modelo de acumulación rentista primario y financiero legado por el macrismo -corrigiendo sus aspectos más gravosos en el plano social- o se reforma estructuralmente al mismo.

Un ejemplo concreto de las afirmaciones previas lo constituye lo ocurrido en el mercado de la carne. El año 2020 presentó el triste récord de un consumo “per cápita” de carne por habitante anual de 49 kg, el más bajo en los últimos 100 años y 10 kg menos por año respecto del 2015.

Como marcamos en una columna anterior, el 28% de la faena de carne vacuna se exportó, cuando en el citado año 2015 las ventas al exterior no llegaban al 8% de lo faenado.

Cabe el interrogante si se va a consolidar el modelo exportador de carne vacuna instaurado por el macrismo o se intentará que los argentinos y argentinas vuelvan a tener la carne en forma cotidiana en sus mesas. O, por el contrario, deberán conformarse con cortes administrados por el gobierno que no integren la cadena exportadora.

Vuelve la pregunta circular del título, ¿política económica -carne vacuna para consumo interno masivo- o política social –cortes baratos administrados por el Estado-?

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/politica-economica-o-politica-social-dos-modelos-en-disputa–20211240553

LO NUEVO NO NACE

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Obviamente el problema causado en la actividad económica por el Covid-19 ha sido preponderante, y se suma a los cuatro años del gobierno de Cambiemos con endeudamiento y cambio de los precios relativos, una brutal devaluación de nuestra moneda que solo en tres meses (del 25 de abril al 24 de julio de 2018) fue del 100% y su impacto en el poder adquisitivo de los salarios, con lo que ello implica en la demanda agregada y el nivel de vida de la población.

El correlato de la crisis en la Administración Nacional es de un alto nivel de inconsistencia fiscal y monetaria que no se puede extender en el tiempo por el incumplimiento de los pagos, por una parte, y se suma una manifiesta lentitud en liquidar las exportaciones conformando una combinación perversa en contra del pueblo argentino.

Por un lado, el déficit fiscal nacional cierra el año 2020 en 2.292.730 millones de pesos, el 8,5% del PIB, convirtiéndose en el segundo mayor déficit fiscal que se tenga registro, detrás del de 1975 en el Rodrigazo. Prácticamente un tercio del gasto público es déficit, dada las erogaciones ocasionadas por la atención del Covid-19 y la asistencia de todo tipo a la población. Por otra parte, dicho déficit fue financiado casi en exclusividad por el BCRA, hecho que obviamente impactó negativamente en el sector privado. El año 2020 termina con un total de crédito a las empresas de 6,09% del PIB que sumado a los créditos personales de un 5% del PIB, adicionando ambos, araña el 11,09% del Producto y el BCRA tiene que inmovilizar (pagando intereses) por una suma que es incluso mayor a la Base Monetaria, en LELIQs (Letras de Liquidez del BCRA) por $ 1.633.620 millones y, pases pasivos (que los bancos le prestan al BCRA a menos de siete días) por otros $ 1.220.889 millones, totalizando las inmovilizaciones (LELIQs más pases) una suma de $ 2.854.509 millones (cuando la Base Monetaria al 30 de diciembre de 2020 fue de $ 2.470.260 millones).

Déficit fiscal e inmovilizaciones monetarias (pagas, el BCRA le abona a los bancos intereses por las mismas por encima de la inflación oficial) que reflejan el grado de desequilibrio de las cuentas públicas internas que básicamente financió el BCRA, a costa de expandir el déficit cuasi fiscal.

Y paralelamente el mismo gobierno devaluó nuestra moneda en casi un 50%, pasando el tipo de cambio comercial de $ 59,60 el 2 de enero a $ 89,25 el 30 de diciembre 2020, que impacta en la licuación de pagos y de deudas que son en pesos, a costa de acrecentar la deuda que es en divisas, de esa manera la Administración Nacional logra disminuir el pago de los salarios que crece nominalmente en pesos pero que en dólar es menor, igual con el resto de los pagos, deudas, contratos, licitaciones, pagos de jubilaciones y pensiones, etc., pero ese ahorro se hace a costa del poder adquisitivo.

 

 

Observando los grandes números del Presupuesto Nacional y contemplando que la inflación de todo el año 2020 fue del 36,1% medido por IPC del INDEC, los ingresos crecieron con respecto al año 2019 solamente un 22,9% y en cambio, el gasto total lo hizo en un 50%. Pero el Gasto de Capital que es la inversión pública, creció en términos nominales en los gastos de AySA (obras de agua potable y desagües) y otras obras públicas, pero en conjunto descendió para ser solo el 3,92% del gasto, cuando en el año 2015 fue el 11,16%. Debe agregarse que para cerrar el año sin más déficit se suspendió la cuarta entrega del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y de los ATP (Asistencia al Trabajo y a la Producción) que fueron políticas públicas importantes.

Política monetaria y cambiaria

Superado lo peor de la crisis de la pandemia y de la recesión del macrismo, el BCRA debería tomar cartas en el asunto y utilizar el exceso de liquidez del sistema financiero reorientándolo desde la especulación hacia la inversión y el trabajo. Tener un mapa que exprese qué sectores se quiere impulsar y obligar a las entidades financieras a prestar a ese sector y sino que dejen de ser bancos, su función es canalizar el ahorro de parte de la población para financiar la producción, no para que especulen o presten sin ningún riesgo al BCRA para que este a su vez inmovilice esos fondos. El crédito al sector privado es insignificante (11,09% del PIB) y lo poco que hay en su mayor parte se presta a sí mismo (al mismo grupo económico). Hay cientos de actividades que no funcionan por falta de crédito, incluso sin necesidad de importar nada, como es el caso de la construcción, que además es fuerte demandante de mano de obra (1).

Paralelamente, en la liquidación de las exportaciones de productos agropecuarios y de manufacturas de origen agropecuario se retrasan todo lo que los exportadores pueden, habiendo sido la cosecha 2019/20 récord, según lo informado por las cámaras exportadoras de aceite y de cereales CIARA-CEC. La liquidación acumulada del año 2020 es de 20.274,4 millones de dólares, un 17% menor que el año pasado, que fue de 23.719,5 millones, cuando en la cosecha 2018/19 hubo una fuerte sequía y los precios en el Mercado de Chicago en dólares crecieron un 45% en los últimos tres meses del año 2020, cuando el costo argentino es mucho menor generando una renta extraordinaria por la que deberían pagar impuestos y derechos de exportación.

Si al párrafo anterior le agregamos que las principales diez empresas exportadoras (COFCO, Cargill, ADM, Bunge Ceval, Louis Dreyfus, AGD, ACA, Molinos Agro y Díaz y Forti SA) concentran el 91% del total de negocios de exportación de granos y productos derivados de origen argentino, es claro y evidente que no liquidaron esperando y propiciando una devaluación de nuestra moneda y explica la diferencia entre el valor del dólar oficial y todos los paralelos.

Persistir con el camino de la devaluación haría volar por el aire el delicado equilibrio en que nos encontramos, subiría aún más el precio de los alimentos y demás insumos que requiere nuestro pueblo, empujando a fracciones cada vez mayores a la pobreza, a la indigencia y a la desesperación, a la par que caería más el PIB por el menor consumo interno que no puede ser compensado porque las exportaciones no representan más del 25% del total de lo que se produce. Y es peor, porque en lugar de que esos mayores ingresos incrementen las inversiones terminan engrosando la fuga de capitales en la que nuestro país tiene el triste privilegio de que su burguesía tiene más recursos afuera de la Argentina que adentro.

Esto esclarece porque a los grandes empresarios del agro, de la industria, banqueros y comerciantes no les interesa tanto preservar el mercado interno y sí coinciden en asegurar y expandir sus activos en el exterior. Que incluso les permitiría comprar a la competencia por el acrecentamiento del valor de los activos que fugaron.

Es más, desde el Rodrigazo y de menor a mayor, nuestra burguesía se somete al capital financiero internacional y a su moneda, el dólar, prefiriendo vender los activos en el país por saberse débil e incompetente para lidiar con el capital extranjero. Lo refleja clara y terminantemente el caso Vicentin, sexto exportador de granos y manufacturas de origen agropecuario en el año 2019, que monta un escenario de fraude y fuga para rendirse sin luchar desde diciembre de ese año (2).

Igual podríamos decir de todos los hijos y nietos de esos industriales que supo tener este país del confín del mundo, que poseen más activos financieros que reales, más activos afuera de la Argentina que en la Argentina, porque han preferido vender sus empresas a la competencia extranjera.

La devaluación oficial de nuestra moneda en casi de un 50%, muy por encima de los salarios, jubilaciones y pensiones, que impacta lógica y directamente en los precios internos, de manera tal que el INDEC reconoce, para diciembre 2020, que una familia constituida por un matrimonio y dos hijos requiere un ingreso mínimo de $ 54.207 por mes para no ser pobres (Canasta Básica Total) y de $ 22.681 mensuales para no ser indigentes (Canasta Básica Alimentaria). No solamente la crisis implicó la perdida de trabajo, sino que son muchos los que aún conservando su empleo, trabajan y son pobres.

Lo viejo y lo nuevo

El economista Aldo Ferrer se equivocaba cuando ponía la esperanza en la burguesía que tenemos, ya que nuestros empresarios actuales no son los que él había visto en 1968 o aquellos liderados por José Gelbard hasta octubre de 1974. La dictadura militar y el modelo de valorización financiera de capital la diezmó y la que queda es una burguesía de rapiña, apátrida y tonta, a la que sólo le importa acumular dólares en el exterior aún a costa de que sus empresas valgan cada vez menos, como lo demostró la gestión de Cambiemos.

Las relaciones de nuestro país con el exterior demuestran que no se tiene un problema de restricción externa clásico, esto es, no es que necesitamos que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial. De hecho desde el año 2003 hasta los últimos datos oficiales de noviembre de 2020, nos dicen que se acumuló un superávit comercial total (las exportaciones superaron a las importaciones) de 156.681 millones de dólares, que es una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que la legislación financiera y cambiaria heredada de la dictadura de Videla, del menemismo y del macrismo (3), permitió que las empresas pagarán supuestas deudas externas e importaran en forma anticipada mercaderías comprándole dólares al BCRA al precio oficial (4); más el hecho de que los exportadores y los bancos tardan en ingresar las divisas de las operaciones, demostrado que hasta octubre 2020 en el MULC (Mercado Único Libre de Cambio), habían ingresado 5.049 millones de dólares menos que lo registrado por las Aduanas y el INDEC en la Balanza de Pagos. El INDEC contabiliza a octubre 2020, exportaciones por 46.556 millones de dólares y el MULC percibe solamente 41.507 millones en esa divisa.

La economía argentina es un importante exportador de alimentos, según informa la Bolsa de Comercio de Rosario, el nodo portuario del Gran Rosario, que abarca al complejo industrial oleaginoso y portuario en 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná, que van desde la localidad de Timbúes (al norte) hasta Arroyo Seco (ubicada al sur de la ciudad) y donde se encuentran localizadas unas 31 terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas, de las cuales unas 21 despachan granos, aceites y subproductos; se convirtió en la principal zona portuaria de exportación de esos productos en el mundo.

La propuesta concreta del Consejo Agroindustrial Argentino, donde se aglutinan las principales empresas, cámaras, bolsas del sector, incluso la FAA (Federación Agraria Argentina), la CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) y CONINAGRO, tres de los cuatro componentes de la Mesa de Enlace, es lo viejo, la primarización de la economía argentina. Si no, preguntémonos cuánta mano de obra demanda una tonelada de soja o de aceite. Pero no sólo genera poco trabajo, sino que incluso, como prioriza las ventas externas, revierte el sistema y en lugar que se destinen los saldos exportables, vende afuera a costa de la caída del salario y del empleo de los trabajadores que reduce el mercado interno. Y el camino es vía la presión a la devaluación de nuestra moneda, que no puede disociarse del mercado interno porque la CAA exige la estabilidad de las retenciones por diez años. Es más, la supuesta puja sería que para que no suba el precio del dólar, se debe aumentar las tasas de interés, y con ello se entra en una combinación perversa contra la economía nacional, generando la transferencia de los que trabajan y producen para el mercado interno (que es donde se destina más del 70% de lo que se produce en el país) a favor de los exportadores y de los bancos.

Es cierto que la Argentina tiene un fuerte sustento con una gran producción alimentaria, el desarrollo industrial, minero y tecnológico, posible con la mayor expansión nuclear y satelital, pese al retrasado impuesto en la industria y las posibilidades energéticas: gas, petróleo y litio para las baterías eléctricas y los autos eléctricos como posibilidad inmediata y mediata. Pero para crecer sostenidamente debe orientarse esencialmente al mercado interno.

Por eso el camino es el inverso, no hay necesidad de devaluar nuestra moneda porque ya lo hizo y de sobremanera la gestión de Cambiemos. Y por otra parte y fundamentalmente, el rinde de nuestra pampa húmeda hace que el costo sea mucho menor que el internacional y les deja a los productores, acopiadores y comercializadores una renta extraordinaria. Por eso se deben aumentar las retenciones, permitir desligar el precio externo del interno y eso es, a la vez, recaudación para el Estado nacional.

De no hacerse se encarecen los alimentos porque es lo que básicamente exportamos, deteriorando el poder adquisitivo de los salarios, jubilaciones y pensiones. Lo nuevo consiste en defender nuestra moneda, aumentar las remuneraciones por paritarias y decretos para las jubilaciones y pensiones y hacer obra pública para generar empleo y que se financie con impuestos a las grandes corporaciones de este país. Que es, por otra parte, lo planteado en la Ley de Presupuesto Nacional 2021, que debería actualizar sus números, porque la inflación va a ser mucho mayor que el 29% estimado. Esa Ley sostiene que los salarios públicos crecen por encima de la inflación y el tipo de cambio (y es referente de la remuneración en el sector privado y el resto de las administraciones públicas), impulsando el mercado interno.

 

 

1. Y que no está libre de especulación, dado que el gobierno apuesta a su recuperación pero los grandes proveedores de cemento, ladrillos, hormigón, estructura metálica, clavos, herrajes, etc. exigen un fuerte incremento en sus precios.
2. La paradoja se cierra con saber que parte de esos activos líquidos se lo administran por ejemplo Black Rock y otros fondos de cobertura como por ejemplo, Franklin Templeton, que supo poner a su representante en la Argentina, Gustavo Cañonero, como Vicepresidente del BCRA cuando el ex jefe de la Mesa de Dinero del JP Morgan y el Deustche Bank, Luis Caputo, fue nombrado Presidente y, continuó en funciones cuando Caputo renunció presionado por el FMI, hasta el 9 de diciembre de 2019.
3. Macri anuló la Emergencia Cambiaria, que obligaba a exteriorizar la compra de divisas al BCRA mediante acuerdo firmado por la máxima autoridad de Comercio Exterior del país, de Aduana y del BCRA (Decreto 2581/1964) y la redujo solo al BCRA.
4. Que se hubiera evitado derogando el Decreto 893/2017 que a su vez había anulado la Emergencia Cambiaria del Decreto 2581/1964 vigente durante 53 años.

 

 

LO NUEVO NO NACE

 

El rol del Estado en el peronismo y en la post-pandemia (I). Conversaciones con Carlos Abalo

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1° PARTE

HUGO GARNERO: Creo que en Argentina hubo intentos de establecer un nivel de desarrollo industrial anteriores a 1945. Incluso se dieron disputas de poder entre 1916 y 1945 más que interesantes. Encontré un trabajo de Murmis y Portantiero del año 1968 con un interesante análisis de la lucha por la supremacía económica donde un sector industrial intentaba una alianza para avanzar en ese sentido. ¿Vos opinás que el peronismo fue el primer intento posible de revolución industrial en la Argentina?

CARLOS ÁBALO: Lo que ya había visto y que doy por seguro es que el peronismo fue el primer intento posible de una revolución industrial en la Argentina al modo de la industria en los países avanzados por las posibilidades de divisas y de financiación que ofrecía el agro en el largo plazo.

Esta revolución industrial no se dio porque la oligarquía agropecuaria no quería pasar a un estadio industrial incluso convirtiéndose en burguesía industrial aunque era la única en América Latina que podía hacerlo. La burguesía industrial se adaptó a su papel subordinado como única manera de sobrevivir en el régimen oligárquico. Pero el nuevo orden político instaurado por el peronismo y el amplio apoyo de masas podrían haber llevado a la burguesía industrial a cambiar de perspectiva.

HG: ¿Cómo entendía Perón ese proceso?

CA: En 1945 y al principio de su gobierno, es posible que Perón imaginara industrializar al país de una manera más parecida a la que tuvo la tardía industrialización de Alemania respecto a Gran Bretaña, permitiendo realizar lo que el Plan Pinedo no pudo conseguir por falta de apoyo político, que fue el manejo de los aranceles para posibilitar un crecimiento industrial para reducir las exportaciones.

Aunque el Plan no se proponía más que eso, ahora aparecía un horizonte mucho más amplio con los recursos provenientes de la mejora en los saldos positivos de la balanza comercial por las menores importaciones. Esto daría margen a la industria para aprovechar esa situación por la limitación de la capacidad exportadora de Europa durante una primera parte de su reconstrucción, la disponibilidad de crédito a favor del país y la reducción de la deuda externa hasta casi su total cancelación.

HG: Sin embargo eso no ocurrió, ¿por qué?

CA: Esa perspectiva se fue estrechando por la persistencia del bloqueo de las libras esterlinas para los pagos de Gran Bretaña y su posterior declaración de inconvertibilidad de las mismas, pero sobre todo por la manera en que Gran Bretaña aprovechó esa situación y el encono de Estados Unidos por la política independiente del peronismo respecto a los otros países de América Latina, que ya tenía antecedentes por la posición probritánica de la oligarquía, y se intensificó por la no adhesión del gobierno peronista al FMI.

HG: Suelen decir los expertos que Argentina se despegó tarde de Gran Bretaña y sus políticos y dueños del capital descubrieron tarde a EEUU…

CA: Estas diferencias distinguieron a la Argentina de los demás países latinoamericanos, explica su anterior opulencia y su posterior decadencia porque los avances industriales del peronismo fueron contrarrestados por la apertura y la política de ajuste y la desindustrialización parcial de la primera dictadura de la Revolución Libertadora y total de la segunda dictadura, profundizada durante el menemismo y sobre todo por el macrismo. Esto es lo que hay que divulgar: explicar porque esa falta de continuidad en el proceso industrializador llevó al bimonetarismo y a la hiperinflación y tiene a  su vez una larga explicación histórica, que ofrece material para una reinterpretación de la historia argentina y del mismo peronismo, con indicios indicios para trazar su adaptabilidad futura a los cambios mundiales. El estudio de estos problemas los empecé a desarrollar en la Facultad, con una historia económica comparada de las diferencias en América Latina.

HG: ¿Así que no hubo quien defendiera a la industria?

CA: El mejor ejemplo fue la discusión del Plan Pinedo de 1940. Empecemos por la industria. La UIA nunca quiso sustituir al agro como principal fuerza impulsora de la economía, como había sucedido en todos los grandes países industrializados; se limitó a pedir espacios de sobrevivencia más amplios, mientras las exportaciones tradicionales y sus precios estaban más restringidos por la crisis de los años treinta y sobre todo cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, en 1939. Esa posición se reiteró durante la dictadura Libertadora, pero nunca pasó de allí. En resumen: la burguesía industrial aceptaba su subordinación al agro.

En muchos estudios se dice que se intentó desarrollar la industria en los años treinta. Hay que recordar que en 1934 se firmó con Gran Bretaña el Pacto Roca Runciman que otorgaba ventajas a la importación de bienes industriales ingleses a cambio de garantizar un mínimo de colocaciones de carnes congeladas argentinas. La preferencia por los productos industriales ingleses era a costa de las importaciones desde Estados Unidos, lo que muestra por qué tenía lugar la habitual tensión entre la oligarquía vacuna local y Estados Unidos.

HG: Digo, tarde y al revés…

En cuanto al Plan Pinedo o Plan de Reactivación Económica presentado por Federico Pinedo, ministro de Hacienda del presidente Ramón Castillo desde septiembre de 1940, su tan promovida supuesta política de industrialización no pasaba de ser también un intento de aumentar los aranceles a las importaciones industriales al mismo tiempo que el Estado debía comprar las cosechas que no se pudieran vender.

El Plan Pinedo nunca fue aprobado, en realidad porque colisionaba con el Pacto Roca Runciman, que aseguraba la compra de productos industriales a Gran Bretaña y era la expresión de la oligarquía ganadera, el corazón del poder oligárquico. Esto también desnuda el supuesto carácter industrializador de Raúl Prebisch, que intervino directamente en la elaboración del Pacto Roca Runciman, lo mismo que con la dictadura Libertadora de 1955 en la elaboración del Plan Prebisch, que tampoco se destacó por ser industrialista.

HG: ¿Realmente no hubo ninguna fuerza política que apoyara a la industria?

CA: Murmis y Portantiero resaltan la defensa de la industria ante la caída de las importaciones que tuvo lugar con el comienzo de la guerra en 1939 y destacan que el Plan Pinedo refirma que “la industrialización del país conspira contra nuestras exportaciones”, por lo que defendía ante todo los intereses de los grandes propietarios rurales al asegurar la compra por el Estado de los excedentes agrícolas que no podían colocarse, pero aceptaba la ampliación de la industria para abastecer el mercado interno mientras no hubiera otra alternativa, por lo que era también “un lúcido intento de reforzamiento de la hegemonía oligárquica”, según los mismos Murmis y Portantiero.

La Sociedad Rural no rechazaba del todo el plan, condicionado a que se antepusiera ante todo “la compra de las cosechas” porque “la prosperidad de nuestro país está supeditada a la marcha de los negocios agropecuarios”. Los que se opusieron y terminaron vetando al Plan Pinedo fueron los ganaderos. CARBAP así lo afirmó: “se dice que la industria nacional no conspira contra las exportaciones”, pero “estabilizar industrias surgidas en medio de soluciones de emergencia es plantear un problema trágico para el futuro del país después de la guerra”. Y los industriales nunca se salieron de aceptar su posición subordinada. Lo empezó a hacer la CGE de Gelbard, el ministro de Economía del peronismo de 1973-1974, pero su radio de acción estaba confinado a las pymes y por lo que bregó Gelbard con el respaldo de Perón fue tratar que los industriales salieran de su posición subordinada.

HG: Seguís sin contestar mi pregunta dirigida a si no hubo fuerzas políticas que apoyaran la industria antes del peronismo.

CA: Los conservadores se dividían entre las posiciones cerradas de los ganaderos, que con el Pacto Roca Runciman garantizaron una salida para ellos solos, y las posiciones un poquito más abiertas de los productores agrarios, que aceptaban aumentar transitoriamente el peso de la industria.

Lo sorpresivo es que los ganaderos fueron defendidos por los radicales más que por los conservadores, sujetos a la contradicción indicada más arriba. El Comité Nacional de la UCR expresó ante el Plan Pinedo que «podrán caerse todas las chimeneas, pero mientras el campo produzca y exporte, el país seguirá comprando lo que necesite”. Su posición extremadamente oligárquica alumbra otra cuestión: como no pueden hacerlo habitualmente defendiendo a la oligarquía más cerrada, lo hacen indirectamente, planteando que el riesgo es el estatismo, la emisión, el déficit fiscal y la inflación, es decir la política rígidamente monetarista.

Ni siquiera el yrigoyenismo se salva: Amadeo Sabattini, líder de esa fracción de la UCR, dice “País agrícola y ganadero, no dejará de serlo para convertirse en industrial hasta que la población y los años naturalmente lo exijan”. Si no se tuvieran presente estas definiciones, sería más difícil entender a la UCR actual, subordinada al PRO en Cambiemos.

La resistencia al régimen oligárquico del radicalismo fue siempre política: cuestionaban el fraude, pero no iban más allá, y en eso se parecían a los liberales mexicanos respecto a la reforma agraria que exigían los campesinos, pero los liberales mexicanos fueron mucho más allá que los radicales locales porque llevaron a cabo la primera parte de la revolución, conocida allá como la guerra de la Reforma, que expropió las tierras de la oligarquía eclesiástica y separó a la Iglesia del Estado.

Respecto a los radicales, hay que reconocer que en la actualidad hay una saludable reacción en parte del alfonsinismo, que tiene sus raíces en el intento frustrado de Raúl Alfonsín de encarrilar para otro lado la política económica de la dictadura. Sin embargo, se impuso el  Plan Austral, un disfraz monetarista continuador del Proceso y precursor del primer intento de convertibilidad que inspiraron los propios radicales con la dirección del entonces ministro de Economía, Julio Vital Sourrouille y Adolfo Canitrot, Subsecretario de Planificación, otra cuestión complicada que requiere también otra discusión.

HG: Bien, Carlos, lo dejamos aquí por hoy. Lo seguimos en la próxima con la industrialización  de Argentina comparada con Brasil y México.

 

 

Informe económico mensual

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En este documento destacamos indicadores sensibles basados en la Balanza de Pagos (BP), en el Balance Cambiario (BC) y en los números del Intercambio de Comercio Argentino (ICA). También incluimos la información de la Recaudación Tributaria y los datos de la ejecución Base Caja, y algunos números sobre la importancia de las Importaciones. Este trabajo tendrá una segunda parte que pasaremos en los próximos días con datos sobre las cuestiones monetarias, la deuda externa y la bruta de la Administración Central, y agregados. La idea es plantear algunos de los temas y números que seguramente discuten o discutirán las autoridades de economía con el FMI. De ahí las tres referencias alusivas. Con la pandemia como sombrilla que continúa en plena carrera y un micra Covid-19 fortalecido, tratamos de contener indicadores hasta fin de año, o sea con algunas estimaciones, que esperemos no nos dejen como la mona, pero siempre la realidad nos pasa por encima. Tratamos de registrar lo que importa, si lo logramos en buena hora, de lo
contrario, en una segunda oportunidad arrimaremos.

Para encuadrar el documento empezaremos por brindar tres reflexiones, realizadas a partir de autores consagrados, algo que ya veníamos haciendo como latiguillo. En este caso nuestra misión es tratar de vincular esos pensamientos al FMI.

a) Siempre tenemos en cuenta a Fontanarrosa, a Inodoro Pereyra, también a Mendieta tanto sea como filósofos, economistas o historiadores. En esta oportunidad, que mejor que recrear los diálogos de “La Ilíada” según Fontanarrosa y agregarles alguna actualización a diciembre de 2020 de cosecha propia: Nos encontramos en la historia con un cantante popular y su cítara, nada menos que el Gran Homero (cantautor), que a voz en cuello canta uno de sus célebres poemas: “Minerva canta en Argos como ninguna y en cada verso pone su corazón, a friso del Parnaso su voz perfuma, Minerva tiene pena de Aganmelón”: Lejos, muy lejos, podríamos decir en Washington, dos soldados funcionarios internacionales comentan: “¡Por Euterpe! ¡Hostiga mis témpanos la oda testimonial! Y agrega uno: “Debemos avisarle a Kristalina Georgieva” y el otro responde: “No, mejor no, pensará que ha salido algo malo en el oráculo de Argentina”.

b) La segunda involucra a Chance Gardiner (alias el Jardinero), convertido a partir de sus palabras inconmensurables en el hombre más consultado de Estados Unidos. Estaba en la residencia de Ben Rand, su anfitrión, el poderoso hombre de negocios de ese país, cuando llega de visita el presidente de Estados Unidos. Entonces Gardiner, con voz tranquila, se dirige a los dos y desgrana su pensamiento más conocido: “En todo jardín hay una época de crecimiento. Existen la primavera y el verano, pero también el otoño y el invierno, a los que suceden nuevamente la primavera y el verano”, y con su severidad habitual continúa: “Mientras no se hayan seccionado las raíces todo está bien y seguirá estando bien”. No quiero agregar detalles de la historia, pero terminó siendo presidente de USA y no era para menos. ¿Importa? Y sí, Estados Unidos es socio mayoritario del FMI, tiene el 16.74 % de los votos y poder de veto en algunas decisiones.

c) En la tercera volvemos a Keynes, antes de terminar la Segunda Guerra Mundial: “En ese tono Keynes empezó a pensar sobre futuros acuerdos monetarios en Tilton en agosto de 1941. Estas ideas le ocuparían la mayor parte del resto de la guerra. En Washington, Harry Dexter White, del Tesoro de Estados Unidos, también estaba pensando en futuros acuerdos monetarios. El compromiso entre los planes que los dos hombres elaboraron se conocería como el sistema de Bretton Woods”. El FMI y el Banco Mundial al que Keynes no pudo ver plenamente por cuanto falleció el 21 de abril de 1946, cuando aún se estaban discutiendo
aspectos organizativos. Pero hoy 2021 continuamos diariamente interactuando con el FMI y el Banco Mundial. A 75 años de la muerte de Keynes en Tilton (Sussex – Gran Bretaña), muchos de los aspectos de Bretton Woods siguen generando ruidos y el pensamiento de uno de sus autores sigue presente.

 

Informe económico mensual enero 2021

 

 

Un peronista en vaca viva

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Gabriel Delgado es un personaje difícil de encasillar. Cuestionado tanto por el ruralismo clásico de la Mesa de Enlace como por las corrientes ambientalistas, se la pasa tirando diagonales para salir por arriba del laberinto agrario argentino. Formado entre el INTA y el CEMA –usina académica del liberalismo autóctono–, fue la mano derecha del último ministro de Agricultura de Cristina Fernández, Carlos Casamiquela, fallecido hace poco a causa del COVID-19. Los baqueanos del conflicto campestre lo recuerdan por su habilidad para mantener a raya, entre 2013 y 2015, a los grandes jugadores del agronegocio, mientras pulseaba con la mismísima ex presidenta para impedir un acuerdo con Monsanto que hubiera favorecido a la trasnacional estadounidense en el estratégico mercado de las semillas.

Sin embargo, fuera de los círculos palaciegos del mundillo agropecuario, Delgado saltó a la fama cuando apareció sentado a la derecha de Alberto Fernández en aquella famosa conferencia de prensa donde se anunció la expropiación de Vicentín. La agresiva reacción de las huestes propietarias motivó el recule del gobierno nacional, que no supo ni quiso dar pelea. El flamante interventor intuyó temprano que, tal y como fue planteada, la batalla estaba perdida desde el arranque.

¿Por qué salió tan mal la intervención a Vicentin?

—»Error de cálculo». Creo que Alberto lo reconoció en las últimas declaraciones. De hecho, salió por decreto la intervención. Después que una empresa afectara a tanta gente con un default tan grande, a nadie se le ocurrió pensar que la sociedad iba a interpretar esto como un ataque a los derechos de propiedad en general. O que la política pudiera construir ese mensaje. Acá lo que se quería era garparle a la gente que estaba empernada, en particular a los más chicos que ahora difícilmente zafen de un arreglo muy hostil. Alberto no quería ayudar a la empresa y que los beneficiarios sean los accionistas. Él dijo: «vamos a salvar a la empresa, no a los accionistas». Parece lo mismo, pero no es lo mismo. Nosotros creíamos que la forma de salvar a la empresa era cuidar a los acreedores también. Primero, porque un tercio de las acreencias son del Estado nacional, que es quien iba a ayudar. Otro tercio son las deudas comerciales, que son de las que te van a traer la materia prima para volver a producir. Y los bancos internacionales, que después de Vicentin han cambiado un poco la mirada sobre la Argentina.

¿Había un plan o fueron a ver con qué se encontraban?

—Hicimos un plan de negocios junto al gobierno de Santa Fe. Lo presentamos ante el Juez. Vicentin tiene varios problemas, pero el principal es la materia prima para darle de comer: sin los granos, ese bicho es un depósito de fierros viejos. Vicentin necesita moler ocho millones de toneladas de soja para maximizar su valor y a partir de ahí ofrecerle un buen arreglo a los acreedores. Ocho millones de toneladas de soja son el 20% de la producción Argentina. ¿Y quién te la va a entregar después de que la empresa no le garpó a los productores? La forma que tenés de convencerlos es comprar de contado. Pero Vicentin no tiene plata. No quedó nada de capital de trabajo. No tenés ni dinero ni reputación para hacerte de la molienda. Con un daño reputacional de ese calibre, no fue la mejor idea partir de una “expropiación”, porque necesitabas generar confianza.

¿Pero había alguna posibilidad de que el Estado pusiera plata sin anunciar la expropiación? Es decir, ¿cómo podías evitar que los mismos accionistas fraudulentos se quedaran con la empresa luego de ser saneada con fondos públicos?

Es una buena pregunta. A lo largo del proceso presentamos tres propuesta distintas de intervención: la de Alberto a través del Decreto, la que proponen el Banco Nación y el Banco BICE como acreedores en el marco mismo del Concurso, y la tercera alternativa fue de la Inspección General Provincial de Justicia de Santa Fe, a través de un fideicomiso. Pero el Juez no le dio lugar a ninguna de las tres propuestas. Entonces el presidente Fernández dijo: «bueno, si el Juez no quiere ninguna intervención, yo no puedo llevar adelante una recuperación de la empresa con este directorio que es el que generó el default, ni hacer un beneficio para la empresa si la propiedad va a quedar en manos de los accionistas». Viendo ya que todos estos caminos eran imposibles, porque no hay ninguna otra forma de intervenir, bueno… game over.

Más allá de la urgencia financiera de esta empresa en particular, ¿no había una voluntad de dar un primer paso para la participación estratégica del Estado en la comercialización de granos?

Para eso yo hablo de YPF Agro, no de Vicentin. YPF vende mucho gasoil históricamente, y ahora también agroquímicos y fertilizantes. Tiene un departamento dentro de la petrolera muy prolijito. No posee un puerto propio, pero sí cuenta con cien acopios de originación. Sería algo muy interesante que YPF Agro aparezca como una empresa de referencia para la política agraria, porque tiene un potencial muy grande. Por ejemplo, podría invertir en los proyectos que el Estado considere estratégicos, así como hoy YPF invierte en Vaca Muerta. Podríamos tener sucursales en Shanghái y en Rotterdam para vender nuestros propios alimentos en destino, como hacen las grandes traders. Y socializar un poco los beneficios de la producción de granos en el conjunto de la sociedad, como hacemos con el petróleo. YPF podría ser una empresa que implemente planes de promoción, por ejemplo del riego; o para el desarrollo de nuevas cuencas agrícolas que hoy no están disponibles por problemas de agua, flete u otros; orientar la inversión pública en materia de caminos, conectividad, un montón de cosas. Si COFCO está en Argentina, ¿por qué nosotros no podemos tener una sucursal de YPF en China? Yo digo por la reciprocidad. Es como que nos achicamos los argentinos, ¿viste?

¿Sería la función que en su momento cumplía la Junta Nacional de Granos?

La Junta de Granos tenía poder de policía. Y facultades para imponer precios. Vos no te olvides que en la época en que existía la Junta no había precio futuro. Y había un mercado financiero alrededor del agro muy rudimentario. Yo no digo una Junta de Granos sino algo moderno, que esté acorde al desarrollo del mundo de hoy. La Junta era el brazo regulatorio del Ministerio de Agricultura en materia de comercio de granos. Pero en realidad lo que se deshace solamente es la facultad de comercializar, todas las otras funciones de regulación están en la ONCCA, fundada por Felipe Solá en 1992, que hoy se llama Dirección de Control Comercial Agropecuario. Distinto es que no haya decisión para regularlos… o criterios.

La reforma agraria sin tierra

Nacido y criado en Coronel Suárez, en el sur del territorio bonaerense, en los límites de la pampa húmeda, es uno de los intelectuales que mejor conoce las miserias y potencialidades del modelo agroexportador. Por eso habla de la Logia Primarizante Argentina (LOPA), un término irónico acuñado por él para referirse a esa compulsión por exportar materias sin valor agregado.

Delgado se exaspera porque visualiza la jugada de pizarrón con la que cree poder sacar a la Argentina de su escasez de dólares y a millones de personas de la pobreza. Pero la pelota no quiere entrar. Y la principal resistencia proviene de una suerte de “chip” transversal a todo el espectro político, que impide pensar más allá de la venta de commodities al mundo. Para Delgado, cortar ese nudo gordiano obliga a imaginar un cambio radical en la fisonomía del campo argentino del siglo XXI.

¿Cuáles creés que son las líneas principales de esa famosa “Vaca Viva” de la que habla el agro?

Yo creo que tendríamos que centrarnos en una o dos políticas, mirando a la alimentación del mundo y a la química verde. Para eso es necesario derribar el mito de que Argentina produce alimento para 400 millones de personas, porque eso no es cierto: Argentina produce alimentos para engordar animales.

O sea, en vez de exportar productos primarios como maíz o soja, vos dirías de procesarlos acá. ¿El acuerdo con China por los cerdos se inscribe en ese horizonte?

Creo que las carnes deberíamos aprovecharlas todas. No sólo la de cerdo. También la carne de vaca, de pollo, de pescado, hay muy pocos proyectos ictícolas acá. No puede ser que en Argentina, con todo el maíz que tenemos, importemos el salmón. Que Argentina recién ahora, después de 200 años de existencia, se esté autoabasteciendo en carne porcina es una obscenidad. Mientras tanto, tenemos el récord de exportación mundial de maíz. Hay cosas que están mal.

¿Y qué pasa con las críticas ambientalistas a ese modelo de producción de alimentos?

Hay que vincular el proyecto exportador del sector agroindustrial con la pobreza urbana. Porque una ventaja muy grande es que estos proyectos no compiten por la tierra. Es como una fábrica. Lo que sí tenemos que mirar es que la tendencia vegana es irreversible. Y que el 80% de los chicos de menos de veinte años no comen carnes o quieren dejar de comer carnes. Esto de los chanchos es para los próximos diez años, mientras podamos darles de comer a los chinos, pero ya tenemos que estar pensando en lo que viene. Hay una empresa que se llama Beyond Meat (“Más allá de la carne”), que ya está acá en Argentina comercializando hamburguesas vegetales con gusto a carne. Cuando salieron a cotizar en Wall Street, la primera semana la empresa llegó a valer lo mismo que el rodeo de vacas de cría de la Argentina. O sea, todas las vacas de cría de la Argentina valían lo mismo que la empresa que hacía carne vegetal con gusto a carne. El principal insumo de estas hamburguesas es la arveja amarilla, que no hay en Argentina o hay muy poquito. Y no podemos sembrarla acá, a pesar de que en el NOA sería fácil de hacer, porque no hay ningún semillero de arvejas amarillas en toda la Argentina. ¿Por qué? Porque no hay ley de semillas. Uno de nuestros principales rubros exportadores está siendo sustituido «in your face», porque hay una movida vegana imparable en el mundo y no tenemos este cultivo. Cuando rascás un poco por qué no tenemos ley de semillas, en realidad es porque Monsanto ya tiene una patente sobre la soja y no le importa el resto, bloquea lo que haya alrededor.

¿Pero no es Monsanto el que quiere imponer una ley de semillas y los productores quienes la resisten?

Acá existe lo que yo llamo la “Logia Primarizante Argentina”, que controla la política agrícola desde hace muchos años y también domina la oposición a la política agrícola. El objetivo es mantener el statu quo, casi siempre es en voz baja, nunca salen en los diarios. Es gente muy poderosa, generaciones que se van pasando la posta, y una porosidad muy grande entre el sector público y el sector de estas traders, también integrantes de muchos partidos políticos, te diría de casi todos. En este tema las antípodas se tocan y tienen a veces intereses muy parecidos, porque también abarca a una parte del progresismo que termina avalando seguir vendiendo maíz. Hablo también de los que dicen que las políticas agrícolas tienen que ser para los pequeños agricultores, porque entonces dejamos a los grandes que sigan exportando granos. Hay mucha gente que, sin saber, participa de esta logia que concibe a la Argentina como un granero del mundo. Está en “el gen” de sectores que terminan estando a favor de aquello que putea. Es muy funcional esa convivencia entre el liberalismo del interior y el progresismo porteño, hay una complicidad subyacente, tácita, no estructurada, no hay una mano negra, no estoy hablando de eso. Pero pienso que la historia del país se ha ido estructurando en esas zonas de confort, de no disputa a lo largo del tiempo, y se ha ido sedimentando.

Cuando Alberto insertó la expropiación de Vicentin en un horizonte de soberanía alimentaria, masificó el debate sobre este concepto: ¿vos qué pensás?

Es un concepto importado. No le veo mucha raigambre, pero son palabras que caen bien. Igual que la idea de la agricultura familiar.

Pero soberanía alimentaria implica pensar ante todo qué se come y cómo se produce lo que se come acá.

Sí, está bien, pero yo digo: antes nosotros tenemos que pensar cómo salimos del 40% de pobreza. Me parece una agenda muy cómoda esa, muy cool, muy palermitana. Es un océano de dos centímetros de profundidad. El problema es cómo salimos de este atolladero que en los últimos 45 años multiplicó por diez la pobreza en Argentina. Te cambio el concepto: en lugar de soberanía alimentaria, hablemos de geopolítica de los alimentos. Porque si vamos a llegar a los nueve mil millones de personas en el mundo en 2050 y está tan complicado el tema ambiental, la cuestión de las proteínas va a ser uno de los temas geopolíticos más importantes. Y así como el petróleo dominó la geopolítica del siglo XX, las proteínas pueden dominar la agenda del siglo XXI. En ese marco, creemos una empresa nacional de alimentos. Y solucionemos el problema de la alimentación que tiene el 40% de los pobres de la Argentina, metiendo el tema del hambre dentro de la política agrícola. Yo creo que el Ministerio de Agricultura tendría que ser el Ministerio de Agricultura y Alimentación.

Palos, zanahorias y ratones

Mucho antes que China nos comprara soja y propusiera producir millones de cerdos, el líder Deng Xiao-Ping ya había acuñado una de sus frases célebres que pavimentaron el después de Mao: “no importa el color del gato, lo importante es que cace ratones”. Es decir, da lo mismo si el modo de producción es socialista o capitalista, el objetivo consiste en desplegar al máximo las fuerzas productivas.

Algo de esto se respira en el desarrollismo nacional y popular de Gabriel Delgado, un horizonte de modernización en el que cabríamos todos, pero que se apoya en los grandes jugadores del agronegocio. El problema es que tales actores no parecen estar en sintonía con el cuentito de agregar valor, generar empleo y dejar de fugar capitales. Nada que no pueda resolverse apelando a dos herramientas milenarias: el palo y la zanahoria. El verdadero problema a resolver es quién tiene la “voluntad política”.

Si el problema es salir de la primarización, ¿nuestra esperanza sería el Consejo Agroindustrial Argentino?

De las 53 organizaciones que forman el Consejo Agroindustrial hay solamente 3 o 4 que son del sector primario. Es una lógica mucho más industrial. Y no están los dos actores principales de la oposición al peronismo, que son la Sociedad Rural Argentina y CREA, que tuvieron el control de la política agrícola durante la gestión del PRO. Pero hay de todo: la pesca, las frutas finas, casi todas las economías regionales, las organizaciones de la leche, de la carne, algunas de frigoríficos. Es recontra heterogéneo y muy incipiente. Ojalá que dure mucho porque yo creo que es muy bueno para la Argentina.

En el Consejo Agroindustrial están los intereses más poderosos de ese sector, incluso más poderosos que la propia Sociedad Rural: ¿no es peor el remedio que la enfermedad?

Entiendo el punto. CIARA-CEC (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y Centro Exportador de Cereales) tallan fuerte ahí adentro y traen los dólares, pero la verdad es que el Consejo Agroindustrial reúne a 53 cámaras. Menos CIARA-CEC y algunas químicas, son todas representaciones nacionales. Me parece que eso es lo valioso del armado.

El Consejo Agroindustrial le pide una serie de garantías al Estado para invertir y exportar más: ¿cuál es la garantía que puede tener el Estado de que esos dólares que entran no se van a fugar como pasa hoy?

Esto funciona así: los productores retienen a los granos como reserva de valor. Ahora, esos 70 mil productores no pueden hacer una acción colectiva. Las grandes traders dependen de que ellos liquiden, es decir que se deshagan de la mercadería; por eso ellos tienen el botón de la aspiradora. Si dicen: «bueno, salgo a comprar soja porque voy a exportar», avisan a los 10 mil acopios que trabajan para ellos y toda esa maquinaria, toda esa aspiradora de la pampa húmeda, empieza a chupar soja porque cada uno de los compradores de los acopios empieza a llamar a los productores. El tema es que esa aspiradora tiene que prenderse. Porque si vos no prendés la aspiradora no te vas a hacer nunca de los granos.

¿Vos decís que esa aspiradora no se prendió en 2020 y por eso hubo que sentarse con las traders para que aprieten el “botón rojo”?

Yo creo que no se prendió. Vos tenés que empujar un poquitito la pelota. Si encima están en un contexto de inflación y de expectativa de devaluación, siempre hay que empujar a los gauchos para que te liquiden.

¿Pero para obligarlos el Estado siempre tiene que ceder o hay alguna manera menos extorsiva de regular?

Mil formas tenés. Primero, si querés podés sacarle la matrícula para que no exporten más. El Ministro de Agricultura tiene a tiro de firma impedir que cualquiera de las traders exporte en la Argentina. Claro, hay que pegarle al chancho para que aparezca el dueño. Yo creo que, en un marco de confianza, podés tener una posición negociadora dura. No tenés que ser un entreguista del país para generar respeto. Podés ser un tipo duro y generar credibilidad. ¡Mirá la Merkel!

Pero es evidente que el interés de los traders y las necesidades del país mucho no coinciden.

Esos jugadores tienen vía libre para mover el valor de la moneda de un país, imaginate lo que eso significa. Y quizás no de un solo país, sino de muchos. Hay muchos especialistas en finanzas que generan martingalas con posiciones financieras y si le pasa algo a la moneda argentina se hacen millonarios. ¿Cómo haces para contrarrestar ese incentivo?

¿Cómo?

Para mí la solución, lamentablemente, es arreglar en el corto plazo y tratar de salirte en el mediano y largo, si no te van a tener de rehén toda la vida. Nosotros tenemos problemas con el clima y ya sabemos que la moneda se devalúa al otro año, o tenemos alguna demora en la liquidación de dólares y hay que mover el valor de la moneda. Mientras sigamos así vamos a estar expuestos a que nos chupen la sangre de por vida. Por eso la única solución es salir de la exportación de materia prima pelada. Todo lo que nos permita subir en la cadena trófica, salirte del vegetal e ir a otros escalones, te ayuda a ir amesetando el riesgo climático, porque ya vas produciendo en base a lo que guardaste. Es diferente la lógica.

¿Qué hace falta para eso?

Falta conducción desde hace años en la política agrícola. Porque lo que tenemos es una guerra de bandos, entonces el incentivo para las autoridades de la cartera agropecuaria es tomar partido y dar respuestas a uno de los sectores. Yo soy un convencido de que existe una diagonal para salir de ahí, que supere las soluciones extremas o contrapuestas. Necesitamos un político que conozca el sector y ponga en marcha un nuevo principio de industrialización en la Argentina. Si nosotros llegamos a tener vectores industrializantes de aviones en Córdoba, ¿cómo no vamos a industrializar el maíz?

¿O sea que todo depende de que tengamos al ministro de Agricultura indicado?

No, de Economía. Ahí es donde se corta la pizza.

 

 

https://www.revistacrisis.com.ar/notas/un-peronista-en-vaca-viva

 

 

Economía 2021: conflictos, acuerdos, regulaciones y nuevos actores con viejos proyectos

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Al reseñar las esperanzas de recuperación socioeconómica para el 2021, formulamos desde esta columna la existencia de cuatro acechanzas que conspiran contra dicha recuperación. La primera de ellas es la batalla que se libra en el verano por implementar el plan de vacunación masiva, piedra angular de la libre circulación de bienes y personas que permita consolidar la curva de expansión de actividad esbozada en el tramo final del año pasado. La segunda acechanza es que la inestabilidad del sector externo amenace con volatilidad cambiaria a la recuperación. La tercera acechanza es la presión inflacionaria de los monopolios formadores de precios que lesionen los ingresos populares, complicando la demanda. Y la cuarta acechanza es un acuerdo con el FMI que derive en un Plan de Austeridad clásico.

Abordaremos la tercera acechanza que implica el jaque inflacionario en el mercado interno. La inflación minorista del 2020 acumuló 36,1% situándose 18,8 puntos por debajo del año 2019, que fue de 53,8%. Esta medición puede ser alentadora si se soslaya que la caída prevista en el nivel de actividad del año en que explotó el virus se aproxima al -10%. Consecuentemente, una recuperación sostenida puede derivar en mayor suba precios.

Cuando el promedio general del índice se desagrega, se advierte que la escalada de precios en alimentos y bebidas alcanzó el 38,4% a lo largo del año, con fuerte incidencia en ese rubro del comportamiento de la carne vacuna, que llegó a un promedio de 56,9%, con subas que oscilaron el 65% en algunos cortes.

El ministro Guzmán abordó este tema con precisión al exponer ante empresarios en Entre Ríos, cuando señaló al referirse al mercado de carne vacuna que «vamos a ver en los datos de INDEC que el principal aumento está allí. Lo que el Estado busca aquí es gestionar para que el sector pueda, a nivel internacional, vender a precio internacional, pero que haya abastecimiento asegurado en el mercado interno a precios que no reflejen la inflación internacional, de modo que el efecto del shock sea progresivo, que toda la sociedad se beneficie de ese shock». Para rematar que «lo estamos haciendo sobre la base del diálogo, no sobre la confrontación. Pero tengamos claro que esto es una tarea colectiva. El entendimiento tiene que beneficiar a todos. Que no haya un sector que gana y el resto pierde».

La combinación tasa de interés internacional muy baja, derivada de la expansión de la liquidez en los EE.UU., con los fuertes estímulos al consumo en China, conforma un escenario de suba de los precios de los alimentos similar al que rigió en el lapso 2008-2013 como respuesta al crack financiero global.

Este contexto favorable para la estabilidad del sector externo argentino debe combinarse con la recuperación del mercado interno, desvinculando los precios locales de los consumos alimentarios respecto de sus valores internacionales. Tal como lo marca el ministro de Economía y como se ha reclamado desde varios grupos de economistas afines a la coalición peronista entre los que se incluye este columnista.

Recientemente asistimos a la “guerra del maíz”, librada para asegurar el abastecimiento de alimento balanceado para la producción de pollos, cerdos y lechería, limitando las ventas al exterior del maíz, cuyo precio en el mercado internacional trepó un 35% en escasos meses hasta los u$190 la tonelada.

El conflicto se saldó en el marco de una negociación entre el Gobierno y el flamante Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), asumiendo un acuerdo a futuro para garantizar el abastecimiento del insumo para las producciones agroindustriales nacionales y trabajar con la idea de “saldos exportables” de la cosecha remanentes después de la remisión del grano a los demandantes locales.

Es la segunda vez que el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) emerge intentando un consenso con el Gobierno para administrar los impactos internos del escenario mundial descripto, que desemboca en la suba generalizada de los precios internacionales de los alimentos.

Estos intentos de convergencia, que tienden a evitar medidas regulatorias directas como la suba de los derechos de exportación o la intervención estatal directa en el proceso de comercialización, todavía no han evidenciado resultados concretos palpables, pero reflejan el sendero que, por ahora, el Gobierno ha decidido recorrer.

Es real que el paro agropecuario decidido por la acérrima opositora Mesa de Enlace se ha diluido y el CAA dialoguista ha prevalecido, bosquejando la idea de estructurar a largo plazo un modelo agroindustrial exportador con nuevos agentes económicos en el sector agropecuario que se inserte resueltamente en el mercado chino y otros países emergentes de Asia como los situados en Indochina e Indonesia.

Avanza en definitiva una idea planteada hacia fines de la década del treinta por Federico Pinedo (abuelo) de industrializar parte de la renta agropecuaria y definir una inserción internacional diferente a la existente hasta ese momento dentro del Imperio Británico en decadencia. El 17 octubre de 1945 liquidó ese proyecto y se avanzó en un proceso de industrialización masivo e inclusivo, financiado por la renta agropecuaria abultada en el contexto de posguerra.

Este “revival” obliga a las mismas preguntas de entonces: ¿cuál es la participación del pueblo argentino en las riquezas extraordinarias derivadas de los recursos naturales del país que todos y todas con nuestro esfuerzo contribuimos a defender?

El acceso masivo a la energía y los alimentos es clave para sostener a los ingresos populares y expandir el mercado interno. La coexistencia de un modelo agroindustrial exportador con un consumo interno robusto es viable si los acuerdos alcanzados explicitan claramente los conceptos de “saldos exportables” e “industrialización de la renta primaria agropecuaria”, promoviendo un proceso de consumo, inversión y exportaciones armónico.

Argentina ingresa en este proceso de debate de proyectos en un mundo en crisis y cambio, gobernada por una coalición peronista heterogénea. Una salida estable depende de una comprensión acabada de estos escenarios por parte de nuestros dirigentes.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/conflictos-acuerdos-regulaciones-y-nuevos-actores-con-viejos-proyectos-2021115214723

El desafío de regular los criptoactivos

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El GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional) es una organización intergubernamental creada en 1989 por los países integrantes del G-7, que fija los estándares internacionales y promueve la efectiva implementación de políticas, medidas legales, regulatorias y operativas para prevenir y combatir el Lavado de Activos, la Financiación del Terrorismo y la Financiación de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva (LA/FT/FPADM), así como también otras amenazas relacionadas con la integridad del sistema financiero internacional. Esta organización tiene en su agenda una evaluación mutua para Argentina (miembro pleno del G-20) durante este año para analizar el cumplimiento técnico y la efectividad de sus 40 recomendaciones.

El origen de estos criptoactivos se remonta 10 años atrás con el bitcoin, una forma de dinero electrónico para transferir pagos on line. Cada nodo digital en los que se estructura este activo digital cumple la función de conectarse a una red que administra y conecta las transferencias por lo que son independientes a pesar de configurar un sistema.

En la actualidad existen más de 300 criptoactivos.  El GAFI habla de estos temas en su recomendación 15, la cual fue modificada en junio de 2019, en plena pandemia de covid-19. En ella recomienda que los países y las instituciones financieras identifiquen y evalúen los riesgos de lavado de activos o financiamiento del terrorismo que puedan surgir con respecto al desarrollo de nuevos productos y prácticas comerciales, incluyendo mecanismos de envío y  el uso de nuevas tecnologías/ desarrollos. En el caso de las instituciones financieras, esta evaluación del riesgo debe hacerse antes de su lanzamiento. Por último, los países como el nuestro y las instituciones financieras deben tomar medidas apropiadas para administrar y mitigar esos riesgos.

La Unidad de Información Financiera, organismo autárquico del Poder Ejecutivo Nacional, mediante una Resolución de 2014 adoptó una definición para las llamadas “monedas virtuales” considerándolas como toda representación digital de valor que puede ser objeto de comercio digital y cuyas funciones son la de constituir un medio de intercambio, una unidad de cuenta, una reserva de valor sin respaldo de jurisdicción o país alguno.

Dicha resolución impone la obligación a determinados sujetos obligados públicos y privados de reportarlas en determinadas ocasiones.

En 2020 la UIF reforzó esos criterios en un comunicado al identificar el aumento global de las transacciones de estos activos.

En nuestro país existe un proyecto de ley presentado por la diputada del FDT de la provincia de Buenos Aires (Liliana Schwindt), el cual se inspira en el modelo colombiano. En principio estas operaciones quedarían enmarcadas en el sistema del mercado de capitales y regulados por la Comisión Nacional de Valores y la Unidad de Información Financiera. Un paso fundamental para su control es la registración de las entidades que pueden operar con estos activos digitales.

Los esfuerzos en la implementación de políticas públicas de control y transparencia sobre los criptoactivos, cobran especial relevancia en el marco de una renegociación de deuda con organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial que tienen estrecha vinculación con el GAFI.

La nueva representación democrática en la madurez del capitalismo

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Los sucesos últimos en el Congreso de EE.UU demuestran que un sector de partidarios del presidente Donald Trump, perdedor en las elecciones, intentó interrumpir el acto de certificación de los representantes designados y de esa forma deslegitimar el acto democrático y poner en duda la elección y buscar una negociación para otra elección o para condicionar las medidas de los cíen primeros días del nuevo presidente.

Para eso Trump usó una “patota” en términos latinos o “mob” o “hooligans” en términos de EE.UU o Europa.

Esta forma de expresión política era anunciada por los miembros más fanatizados de la derecha del partido republicano, sin embargo asombró al mundo y es un llamado de atención en relación a la continuidad de las normas y códigos del sistema capitalista en la crisis de madurez que vive.

Ciertos rasgos de lineamientos de políticas se van a provocar en lo inmediato.

En los aspectos sociales: UN COMPROMISO con vacunar a la mayor cantidad de personas en el centro del sistema:

*Un subsidio a sostener con ayuda social a los sectores carenciados, sumidos en la pobreza, y sin ocupación en EE.UU, Europa y países emergentes.

*Medidas como las ayudas de 2000 u$s de propuesta electoral de Biden en remplazo de los 600 u$s de Trump.

*Tasas de interés cercanas a 0 % para créditos a pequeñas y medianas empresas.

*Búsqueda de reducir la desocupación en los jóvenes y los gastos para financiamiento de la educación privada facilitando becas y créditos para estudios superiores.

La llamada expansión monetaria, sin contraparte real (quantitative easing), que tiene efectos diversos si se ejerce en la idiosincrasia del consumo de EEUU,  puede impactar en consumo inmediato y gastos familiares pero con inflación limitada y rápida absorción en el déficit.  Un comportamiento similar en sociedades intermedias como Brasil o Argentina  exige una reacción mayor en la licuación en precios o reacción inflacionaria.

Sin embargo, retornando a la brecha que produce esta actitud disruptiva de Trump, obliga a las fuerzas democráticas a considerar cómo producir una resiliencia en las formas de expresión política.

La muta tribal sale a tratar de destruir al rival para la caza y para la reproducción. La vandalizacion es su tarea y busca insertarse en la masa con consignas y órdenes que se generalizan y se reiteran sin discusión. Hoy, a través de formas de viralización y comunicación virtual.

La masa se somete y acepta esta penetración política, ya que en la crisis va perdiendo voluntad de asumir respuestas conscientes y racionales, y se deja empujar por un conjunto extremista y circunstancial, cuyo compromiso se expresa en un momento de ocultamiento sobre la diferencia social entre el bien y el mal.

No es válido el paralelismo con la marcha sobre Roma del fascismo italiano o la “Noche de los cristales” del comienzo nazi en la República de Weimar.

Estos fueron sucesos que  provocaron la cristalización de frustraciones sociales más objetivas, de las que se dieron en la campaña política y los antecedentes del periodo 2020.

Esto es una agresión en el siglo XXI y en el centro del sistema con un líder que puede desatar una guerra nuclear y sumar a formas de extrema derecha en todo el mundo.

Tenemos que analizar mecanismos internacionales de remisión de los daños que causa esta actitud política, en nuestro propio sistema democrático.

Así como el tema de derechos humanos tuvo un tratamiento particular después de las masacres de los 60 del siglo XX. Ahora se necesita cauterizar esta brecha en la forma de expresión de la política en la democracia posterior a Trump y a los supremacistas blancos de EE.UU y Europa.

Resulta necesario un retorno a la consciencia social con racionalidad para afrontar respuestas sanas en relación a la pandemia, al cambio productivo y al acceso a nuevos procesos de industrialización, al reconocimiento del cambio climático y de tecnologías limpias en el futuro inmediato.

Para que esto se pueda desarrollar, un paso en paz en el gobierno de los EE.UU es una necesidad, los matices que se pueden producir en esta crisis política de la madurez del capitalismo, son más trascendentes que los que se perciben desde una mirada de la periferia.

En la economía es evidente una recuperación del capital en la bolsa de Wall Street y en la especulación en acciones industriales y de servicios, donde todo este año se produjo la erosión de la depresión del coronavirus y la brecha política. Al igual que el deterioro del dólar  frente a los otros valores que dan mayor certidumbre de ser reserva de valor.

Las acciones en servicios y dinero electrónico, se disparan al alza, al mismo tiempo que ciertas commodities y recursos que acompañan el riesgo del mercado en su falta de tiempo histórico para salir de la crisis mundial.

En los países emergentes los productos primarios se ven favorecidos en una especulación de corto plazo, la demanda de China, la India, y otros países asiáticos, de Lejano y Medio Oriente, facilitan precios con amplio margen de ganancia, si tiene buena gestión el comercio internacional.

La crisis financiera va a impulsar una canasta de monedas de respaldo más diversa. El Oro, el Euro, el Yen, el Franco Suizo y la Libra Esterlina, vuelven a competir con el U$S. Pero aparece la moneda virtual, el Bitcoin, como refugio especulativo, orientando masas de alto riesgo para ocultar los movimientos de liquidez.

Los productos minerales raros, como el litio, el molibdeno, el cobre, o los alimentos escasos, trigo, maíz, soja y derivados, carnes, también entran en un rush especulativo de alto impacto en tiempos de inestabilidad política en el proceso político de EEUU y de la derecha en el mundo.

En este contexto una cohesión política en Argentina con conducción de un Mercosur ampliado puede facilitar “obras” y políticas de orientación de América Latina si se sabe participar en la idiosincrasia política de EEUU, de Europa. Pero también del Caribe y México, y de los Brics y el nuevo acuerdo del Asia-Pacífico y Oceanía.

El cambio en el gobierno de EEUU genera una posibilidad para una mejora en la inversión productiva, se podría pensar en un capital más industrial y con más interés en evitar la pobreza extrema y las masas de desocupados.

No implica modificar los límites de la sociedad americana, resabios de su historia, como la discriminación con la población afro-americana o la de origen latino. La mejora de esas relaciones puede tener impacto en América Latina y el Caribe:

*Buscando contener la presión migratoria al sur de México.

*Permitiendo las remesas entre países y los intercambios migratorios para trabajos de baja calificación o manuales.

*Mayor turismo y la integración de los paraísos fiscales al sistema “off shore” de liquidez bancaria bajo cierto control y regulación de la Reserva Federal de EEUU.

El otro elemento de política económica de interés, es el retorno a la validación accionaria en la bolsa, lo que retoma en estos próximos días como señal para los inversores y como respaldo de corto plazo a los bonos del Tesoro a 5 y 10 años que vuelven a servir como reserva de valor, similar a la propiedad de un activo real.

En nuestro ámbito de acción económica, es válido seguir operando la negociación de la deuda con el FMI en los términos de una búsqueda de plazos convenientes de pagos en u$s y manteniendo la ficción interna de múltiples tipos de cambio, y un bi-monetarismo que absorbe los pesos lentamente , buscando la obtención de excedentes genuinos. Excedentes provenientes del comercio internacional y del incremento de inversión directa en minerales raros y bienes alimenticios para el crecimiento en la salida de la pandemia, acompañando el crecimiento de los países asiáticos, en primer lugar China y de Brasil.

Por el momento la no definición sobre los tratados internacionales como Mercosur- UE o bilateral con el Banco de Comercio e Inversión de China, para el uso del reminbi /yuan como moneda internacional están sin resolver y desplazadas las prioridades por la vacunación y la respuesta al coronavirus.

Las opciones de desarrollo económico exigen definiciones que se postergan en función de consolidar una postura internacional de mayo solidez conceptual, entre periferia y país intermedio y evolución política en EEUU y la creencia en el derrumbe o catástrofe del capitalismo.

La falta de opciones y propuestas creativas respecto a nuestra moneda oscurece el análisis de la crisis productiva interna, de la gestión de la inflación y de los requerimientos de los organismos multilaterales de crédito.

La resolución del conflicto en la elección de EEUU puede darnos señales más orientadoras para nuestra política internacional y para nuestras definiciones de política local y regional.