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domingo, junio 28, 2026
Blog Página 67

La querella contra Macri y el mejor equipo de los últimos 50 años

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Confirmando lo que tratáramos en La Capitana, hoy supimos que cumpliendo su promesa del discurso del 1 de marzo ante la Asamblea Legislativa, el Presidente Alberto Fernández instruyó a la Oficina Anticorrupción para que formalizara ante el Juzgado Federal N° 5 a cargo de la Jueza María Eugenia Capucheti, Secretaría del Dr. Franco Picardi, la denuncia penal contra Mauricio Macri y su equipo económico, por el denominado FMIgate.-

Como una inmensa granada que al explotar expande sus esquirlas descontroladamente,  se ha puesto en marcha un procedimiento que dejará huellas profundas a futuro, mucho más allá de la cuestión pre electoral de octubre.

El Gobierno y el establishment económico y judicial presentaran en esta causa sus mejores armas, sabedores que el resultado final dejará vencedores y vencidos para siempre.

Todos saben que en la última sentencia de este proceso, se delinearán muy probablemente las futuras reglas del endeudamiento argentino, hasta hoy verdadera vaca lechera de la que han mamado siempre las clases dominantes.

Se peleará en el terreno del derecho formal: recusaciones de funcionarios, impugnaciones y nulidades de actos procesales, donde los denunciados usarán todo tipo de triquiñuelas para dilatar, entorpecer, generar nuevas causas y en fin, llevar la pelea al terreno que más conocen y donde juegan de locales: el laberinto taimado de Comodoro Py.

Sin embargo, también se combatirá en el terreno del derecho de fondo: es decir sobre si se logran probar o no los nexos causales que vinculan a las acciones determinantes del mejor equipo de los últimos 50 años (Macri, Dujovne, Caputo, Sturzenegger y Sandleris) con el enorme daño sufrido por el pueblo argentina.

Dice el informe de la Oficina Anticorrupción (OA): “…se trató de un programa calculado y ejecutado con el objeto de generar una transferencia extraordinaria de activos desde el sector público hacia un grupo selecto del sector privado, en perjuicio del interés del pueblo Argentino, el que debían gestionar y custodiar con fidelidad…”. De allí a la asociación ilícita: “…un tantito así…”

El universo de partícipes necesarios que se encontrarán involucrados con la investigación generará un sálvese quien pueda que no hará más que generar múltiples y sólidas pruebas de los ilícitos.

Y es aquí donde el Gobierno saca ventajas evidentes, que ya se vislumbran en los informes agregados de la SIGEN y del BANCO CENTRAL, bases contundentes de la denuncia concretada.

Como todos los delincuentes que se sienten impunes de tercera generación, los denunciados no se preocuparon siquiera de disimular las huellas groseras de sus pisadas obscenas y hoy, por reflejos de hábitos mafiosos, más que abogados están buscando contactos.

Sin embargo, nuestro Gobierno en esta cruzada tiene adversarios temibles: la estructura corporativa de la Justicia Federal de Comodoro Py.

Creo, por ello, que esta denuncia que se transformará en querella es solamente una batalla complementaria de otras que se deberán jugar al mismo tiempo.

Como en un torneo de partidas simultáneas, el Gobierno deberá avanzar en frentes conexos que logren conmover la cultura corporativa y oligárquica de esta Justicia Federal que a no dudarlo fue pensada desde hace doscientos años por la aristocracia; así, amañada y genuflexa para evitar que los pueblos vuelvan a intentar tomar la Bastilla.-

Y también debemos saberlo: el último round se jugará en los grandes salones intrigantes y desolados de la Corte Suprema de Justicia.

El anuncio del Presidente y la denuncia formulada tienen un valor incalculable y ¿saben qué? esta batalla hay que darla hasta el final con todo lo que se tiene y estemos tranquilos, porque afuera está el pueblo.

EE.UU.: arranca la administración Biden ¿cómo afectará a la Argentina?

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TOPSHOT - (L-R) Doug Emhoff, US Vice President-elect Kamala Harris, incoming US First Lady Jill Biden, US President-elect Joe Biden arrive for the inauguration of Joe Biden as the 46th US President on January 20, 2021, at the US Capitol in Washington, DC. (Photo by ANGELA WEISS / AFP)

La primera decisión relevante del recién asumido presidente de los Estados Unidos Joe Biden la constituyó la sanción legislativa del paquete de estímulo fiscal por u$s 1,9 billones, destinado a la recuperación de la demanda interna por la vía de asignaciones directas a los ciudadanos y a los diferentes estados subnacionales.

La flamante Secretaria del Tesoro Yanet Yellen, de pertenencia keynesiana, ha manifestado que el programa fiscal apalancará la reactivación de la economía convergiendo con la vacunación masiva y acelerada de la población, de modo que la tasa de crecimiento del 2021 será la más alta en décadas (la OCDE la proyecta en el 6,5%), llegando al pleno empleo en el 2022.

Completó este pronóstico optimista minimizando los impactos negativos que puede tener el plan en el nivel de precios y en el aumento de la deuda pública para financiar el déficit. Desde enero la tasa de interés del Bono del Tesoro a 10 años ha experimentado una suba de 70 puntos básicos (de 0,92% a 1,62%), preanunciando según algunos analistas recesión a mediano plazo, con efectos negativos en los mercados emergentes (Argentina ha visto aumentar su riesgo país).

Riesgo País Argentina

Por su parte, el titular de la Reserva Federal, Jerome Powell, anunció la continuidad de la actual política monetaria caracterizada por una emisión agresiva de dólares hasta alcanzar niveles aceptables de actividad pospandemia. La base monetaria estadounidense se amplió un 53,2% a través del denominado “programa de facilidades cuantitativas 4” (QE4) durante el 2020.

Política monetaria y fiscal expansiva en la principal economía del planeta para apuntalar una expansión récord de su PIB tiene impactos a escala mundial potentes.

El impacto global

La pregunta radica en si esa tracción sobre la demanda mundial ejercida por una nación que representa el 26% del PIB global tendrá efectos uniformes o dispares en el resto del mundo y, sobre todo, como serán en Suramérica.

En la primera década y media de este siglo, Suramérica vivió un proceso de crecimiento económico e inclusión social inédito desde la crisis de deuda de principios de los ’80. Ese ciclo estuvo caracterizado por la emergencia de China como potencia económica en el marco de una alianza tácita con los EEUU, que se constituyeron en el principal demandante de productos chinos, en tanto el gigante oriental aceptara al dólar y los bonos del tesoro como medios de pago en forma irrestricta.

El aumento de la capacidad de consumo de la economía china, en el marco de una enorme liquidez y suba de los precios internacionales de los productos primarios, se derivó en parte a Suramérica, ampliando a su vez su margen de maniobra externa en una suerte de triangulación virtuosa que permitió a nuestro continente iniciar esquemas de desendeudamiento y modernización productiva. Tempranamente, EEUU vislumbró este sendero e intentó impedirlo infructuosamente con la iniciativa del Área de Libre Comercio para América (ALCA), a fin de capturar la holgura externa derivada hacia la región.

En la actualidad, el conflicto EE.UU.-China no augura un retorno del esquema de flujos comerciales internacionales de comienzos de siglo. Por el contrario, ambas naciones han venido desarrollando avances en sus economías destinados a consolidar su posición hegemónica global en el caso de los EE.UU. y a emerger como potencia planetaria en el caso de China.

Los EE.UU. han logrado reducir su dependencia energética de los combustibles fósiles, bordeando el autoabastecimiento, lo que le permite reducir significativamente los costos de producción de su economía y, consecuentemente, elevar la competitividad de la misma. El retorno de los “cuellos azules” como modo de graficar la nación industrial que anunció Obama y que Trump intentó acelerar con sus medidas proteccionistas y antiglobalizadoras se sustenta en la autonomía energética y alimentaria.

Hay un intento de desandar el camino que llevó a los estadounidenses a conformar una sociedad posindustrial de finanzas, servicios y liderazgo en ciencia y tecnología. Ese modelo genero fracturas sociales internas cuyo descontento fue capitalizado políticamente por Donald Trump.

Pareciera que el arranque del gobierno de Biden con su paquete fiscal da cuenta de ese contexto y, consecuentemente, el acuerdo tácito que definía a los Estados Unidos como proveedor del “know how” científico-tecnológico y a China como productora masiva de bienes está definitivamente roto.

China a su vez, ha venido trabajando con éxito en reducir su dependencia científico-tecnológica del extranjero, afirmando desarrollos propios de innovación que equiparan al mundo occidental. En paralelo, intenta instalar su moneda como divisa de reserva internacional, celebrando acuerdos de “pase de monedas” que financien el comercio bilateral con distintos países y desdolaricen el intercambio (Argentina es suscriptor de uno de esos acuerdos por u$s18.000 millones).

Por último, ha lanzado su propia iniciativa globalizadora conocida como la “Ruta de la Seda”, en la que procura un marco de integración menos desestructurante para las economías internas respecto de los celebrados en Occidente a principios de los 90, como lo fueron el Tratado de Maastricht y el NAFTA, actualmente reformulados después de la crisis del 2008.

Retomando la pregunta inicial del impacto mundial de un crecimiento fuerte de la economía estadounidense y habiendo establecido que el conflicto con China seguirá vigente, es probable que la administración demócrata intente una recreación parcial del modelo globalizador en acuerdo con las naciones aliadas, preservando espacios geográficos de la influencia china. Un rol relevante en este diseño lo puede cumplir el Reino Unido, recién escindido de la Unión Europea, con los países asociados al Commowealth, conformando un gran bloque anglosajón.

Para Suramérica, y en particular para la Argentina, esto constituirá un escenario de tensión debido a la natural atracción que ejerce la relación con China y otras potencias de Oriente por la complementariedad económica existente.

En la primera década y media del siglo, en el marco descripto y definido como no repetible, la constitución de una firme alianza argentino-brasileña irradiada al resto del continente (UNASUR) le permitió ganar amplios márgenes de autonomía y disminuir las tensiones apuntadas.

En el presente parece decisivo el rumbo que adopte Brasil. Pero ese es tema de una próxima columna.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/ee-uu-arranca-la-administracion-biden-como-afectara-a-la-argentina–20213131220

Biden y sus claroscuros

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Puede interesar (cuando se escribió y envío la nota Biden no había ratificado la Orden Ejecutiva de 2015 que señalaba a Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.) Dos meses no es tiempo suficiente para evaluar la política exterior de un nuevo gobierno. Hay factores y dinámicas internas que inciden en su comportamiento, bien sea inhibiendo, moldeando o facilitando ciertas acciones. Bajo ese marco, es posible advertir aspectos del perfil internacional del gobierno de Joe Biden a raíz de un conjunto de medidas y decisiones ya tomadas. De allí que podamos hablar de claroscuros en su estrategia global y regional.

Empecemos por la campaña presidencial. En su programa subrayó que EE.UU. debía “volver a liderar el mundo” y “restituir el liderazgo moral” del país, “terminar las guerras eternas”, “elevar la diplomacia” en tanto principal instrumento de relación con el mundo, “renovar el compromiso con el control de armas” de destrucción masiva, y “abordar la crisis existencial en torno al clima”, entre otros. Una vez en la Casa Blanca, en febrero de 2021, expresó en dos ocasiones que “Estados Unidos estaba de vuelta”. Lo hizo en una alocución en el Departamento de Estados y ante la Conferencia de Seguridad que se lleva a cabo en Múnich desde 1963.

En algunos temas importantes, por ejemplo, el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas con Rusia, que estaba a punto de expirar, propuso extenderlo por cinco años. Comunicó la reincorporación del país al Acuerdo de París sobre Cambio Climático y la voluntad de regresar al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Respecto a América Latina, informó que la construcción del muro fronterizo con México se suspendería y que varias de las iniciativas migratorias del presidente Donald Trump serían revertidas.

Pero contracaras de lo anterior se reflejarían de manera simultánea. Por ejemplo, a 35 días de iniciado, el gobierno lanzó ataques aéreos en Siria sobre objetivos presuntamente controlados por milicias pro-Irán, con base a datos provistos por Bagdad después de un ataque a una base estadounidense en Iraq y sin que el Congreso hubiese declarado la guerra a Siria o Irán. Cabe destacar que el Ministro de Defensa iraquí se sorprendió ante el argumento del Pentágono de que Bagdad había brindado inteligencia al respecto. Al parecer, hasta el momento no se ha privilegiado la diplomacia del Departamento de Estado como principal instrumento de vinculación con ciertos países de Medio Oriente.

El 22 de febrero, el Secretario de Estado, Antony Blinken, comunicó ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la decisión de EE.UU de presentarse a la elección para el período 2022-24. Su alocución fue bienvenida, máxime si se contrasta con el bajo lugar otorgado por la administración Trump a los derechos humanos y en virtud de los problemas de derechos humanos en Estados Unidos. Sin embargo, Blinken reprodujo un tic típico de la Guerra Fría: nombró a los “malos del otro bando”, Cuba, Nicaragua, Venezuela, Corea del Norte, Siria, Irán, Rusia y China, sin mencionar alguno de los estrechos aliados de Washington con paupérrimos registros en la protección de los derechos humanos.

No es bueno que Estados Unidos esté “de vuelta” con los hábitos del pasado. No debe sorprender, en ese sentido, que de las cinco ventas de armamento autorizada por la Defense Security Cooperation Agency en febrero la más importante (US$ 197 millones dólares) fuese la de misiles para Egipto—un “socio estratégico en el Medio Oriente” según la autorización–; país gobernado con mano dura y plagado de desapariciones forzadas, detenciones en gran escala, torturas, etc. A su vez, a pesar de que un informe de inteligencia estadounidense confirmó que el asesinato de Jamal Khashoggi, columnista del Washington Post, fue aprobado por el príncipe heredero Mohammed bin Salman de Arabia Saudita, no parece que el ejecutivo en Washington vaya a implementar una sanción seria a un socio vital en Medio Oriente con un récord ignominioso en derechos humanos, principal comprador de armas (más de US$ 34.000 millones de dólares) a Estados Unidos y claro promotor de una atroz guerra en Yemen.

En sentido más amplio, todo indica que el renovado énfasis multilateral de Washington se inserta en el marco de la rivalidad con Beijing: la geopolítica pesa, otra vez, más que los valores.

Asimismo, la suspensión de la construcción del muro lindero con México ha estado acompañada por la decisión del Departamento de Seguridad Nacional de mantener unos 3.600 soldados en la frontera por entre 3 a 5 años. En forma paralela, iniciativas auspiciosas en materia de migración fueron seguidas de medidas controversiales como la creación de “facilidades de ingreso” temporales para niños no acompañados que han sido criticadas por legisladores demócratas.

Adicionalmente habrá que observar la conformación final de los cargos claves en materia de asuntos mundiales. Un dato a observar es que al menos 16 altos funcionarios del gobierno Biden provienen del think-tank Center for a New American Security, que tiene serios conflictos de intereses por sus nexos con las empresas de defensa. Un test crucial será la decisión del gobierno respecto a Afganistán: o retira el remanente de tropas (2.500 efectivos) para el 1 de mayo o decide—como algunos dentro y fuera de la administración sugieren—prolongar (o incluso aumentar la presencia) la estadía militar.

En breve, si Estados Unidos “está de vuelta” para recalibrar una primacía ya debilitada, la política exterior tendrá las líneas de continuidad tradicionales (en su variante liberal o trumpista) que menguaron su poder e influencia ante el avance de China. Si prosperase un cambio, así fuese gradual, en el modo de vincularse con el mundo, entonces le será más viable adoptar las urgentes transformaciones internas que revitalicen su poderío y recuperar algo de la credibilidad y legitimidad dilapidadas durante la Posguerra Fría.

 

https://www.clarin.com/opinion/biden-claroscuros_0_yr6R1GfFH.html

La batalla contra la inflación

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El gobierno tomó finalmente la decisión de centrar su acción en reducir la inflación, pero no debe creerse por eso que lo hará de la manera que pide el mercado, porque ha entendido muy bien que la tarea central es recomponer la producción para que, lograda esa prioridad, se pueda acentuar la lucha por contener la suba de precios.

De acuerdo con ese objetivo, el ministro Guzmán no sólo favorece la mayor producción para que puedan aumentar las exportaciones y la provisión de dólares, sino que restringe en lo posible las importaciones para incrementar la producción nacional, y lo hace tratando de mejorar el nivel de productividad, que es una tarea que sólo se puede resolver en el largo plazo. A eso agrega la búsqueda de un mayor ingreso personal a través de salarios y jubilaciones, sin despegarlo de su objetivo antiinflacionario, porque un mercado interno fuerte es el primer paso para aumentar la producción y a partir de allí mejorar la exportación y el acopio de divisas.

El rol de la moneda       

Otra pieza decisiva para mejorar al conjunto de la economía es lograr estructurar un mercado financiero capaz de sustentar el crédito al sector privado y al sector público, porque si éste depende del endeudamiento en moneda extranjera, se termina debilitando la moneda nacional y con ella la producción local, ya que una organización económica se constituye con la producción y su resultado es la moneda.

Los ejemplos internacionales son abrumadores: la fortaleza del dólar no se entiende sin la productividad estadounidense. La de la libra esterlina, que dio lugar a un mercado financiero basado en ella que se extendió más en el tiempo que el predominio de Gran Bretaña, fue gracias a la moneda que fue resultado de ese anterior predominio. Lo mismo está sucediendo con China: la productividad creciente de su economía, que la hace escalar en la competencia internacional, empieza a perfilarse en su moneda de manera muy lenta pero inequívoca.

No hay una moneda que haya surgido de la nada, y por eso mismo, en la medida en que una moneda es consecuencia de la producción y la productividad, no puede convertirse en moneda de una producción ajena, salvo en los casos en que una economía relativamente débil se fortalece atrayendo grandes masas de recursos monetarios externos permitiendo operaciones que serían consideradas ilegales en sus mercados originarios y creando sobre esa base incentivos fiscales, en un contexto casi siempre sostenido por una moneda dominante.

El desarrollo industrial

Por último, y esto es esencial, para forjar una economía competitiva en el capitalismo es necesario centrarla en el desarrollo industrial y aquí los ejemplos internacionales también son irrefutables. Antes que Gran Bretaña, en el siglo XVIII, Holanda se perfilaba como el centro del capital comercial, pero este predominio cedió porque mientras el capital comercial holandés se recicló fundamentalmente en el comercio y las finanzas y en menor medida en la industria naciente, el predominio pasó a Gran Bretaña, que se especializó en la industria. Estados Unidos desalojó a Gran Bretaña del lugar de privilegio mucho después, precisamente porque concentró su desarrollo en la industria, y lo mismo sucedió con el ascenso de Japón y el de Alemania.

La lucha por la vuelta al crecimiento en Argentina

La lucha por la vuelta al crecimiento tuvo una serie de componentes. El menos desatendido inicialmente por el gobierno para salir de la recesión e inmediatamente después para enfrentar la pandemia, pero al que más atención le presta el mercado, fue el límite en el gasto fiscal y la emisión de moneda, que es lo primero a lo que habitualmente se apela en la política económica para ordenar la economía y frenar la inflación como resultado del peso del monetarismo.

Esta relativa omisión inicial no fue casual, como tampoco fue casual que el mercado no la entendiera.

Los otros factores que caracterizaron el programa del ministro Guzmán fueron los antes enunciados: el aumento de la producción y la productividad, el posible recurso a una sustitución de importaciones cuando el gasto en divisas es alto y el mercado está frenado, la insistencia en frenar la pérdida en los ingresos personales del salario y las jubilaciones, habituales en esas circunstancias, y dos cuestiones trascendentales: el desarrollo de un mercado financiero propio, en moneda nacional, y colocar el eje de la producción en la actividad industrial, que es la característica del capitalismo y la base para la nueva fase que comienza con las llamadas industrias del conocimiento.

El peso de cada componente económico en la lucha contra la inflación y por el crecimiento

Los diferentes componentes no tienen un peso similar en la búsqueda de una corrección, y eso depende de las características de la economía nacional y por eso también se corrige el peso de cada una de ellas en función de los avances y retrocesos, pero no se trata de una ley universal. Entre ellas, el ministro Guzmán privilegió primero restituir la producción y a medida que conseguía incrementar el nivel de actividad puso más peso en mejorar la productividad, sabiendo que éste sí es un objetivo de largo plazo.

Como la extensión del período de corrección daba lugar a solicitar los dólares disponibles para concretar las importaciones que no podían postergarse, buscó ahorrarlas en la medida en que se pudieran sustituir, favoreciendo así la producción, y para acortar en lo posible el período de corrección aceptó un ajuste mayor para lograr un acuerdo más rápido con el FMI y reducir la presión de los mercados. Ahí recrudeció la importancia de la lucha contra la inflación, incluso aceptando métodos más ortodoxos, es decir los correspondientes al límite fiscal y monetario. En forma paralela, no dejó de insistir en estructurar un mercado financiero más amplio y capaz de hacer frente a las necesidades de crédito y en desarrollar la industria, por lo que era evidente que estos dos objetivos tenían una importancia peculiar.

Empieza un nuevo ciclo de la economía

Al cabo de un año y casi tres meses, parece seguro que la economía empieza un nuevo ciclo de alza, a tal punto que hasta los analistas pendientes exclusivamente del mercado empezaron a mostrar pronósticos de crecimiento mayores que los oficiales, claro que esta posibilidad sigue dependiendo en gran medida de la velocidad con que se pueda llevar a cabo el operativo de vacunación.

Con la respuesta favorable de la economía nacional, en un contexto mundial también expansivo, era lógico esperar que el balance entre los diferentes componentes se corrigiera. El acuerdo con el FMI del que el mercado está pendiente ahora puede perder algo de la urgencia que tuvo en los momentos más duros de la lucha contra la recesión, con el propósito de afirmarla, porque el país reforzó sus posibilidades de mejorar sus resultados que, en el caso concreto de la economía local actual saliendo de la recesión, significa no perder de vista mejorar el ingreso, reforzar el esfuerzo por la industrialización y profundizar la conformación de un mercado financiero nacional que ayude a combatir el bimonetarismo, también un combate que solo puede desenvolverse en el largo plazo.

La importancia del bimonetarismo

Ese eje es el que no pierde de vista Guzmán,  que para el mercado es un propósito postergable. A eso habría que agregar algo que está implícito en el debate pero no se lo reconoce con la fuerza necesaria. La importancia del bimonetarismo para la Argentina está asociada estrechamente con la necesidad de industrializar y el curso nacional diferente a ese objetivo, porque surgió de la naturaleza inicial de la acumulación de capital en el país, estructurada como complemento del aporte de materias primas alimentarias al centro industrial del mundo en aquella época.

El equívoco argentino consistió en creer que aquella posición podía eternizarse para que la clase de los grandes propietarios de tierras de la pampa húmeda siguieran reteniendo el poder político. Esa determinación alejó al poder económico local de su posibilidad de constituirse en una burguesía moderna y restó posibilidades al capitalismo nacional, aunque le haya otorgado un inicio privilegiado. Así como las burguesías europeas se apresuraron a seguir el camino de Gran Bretaña, donde su nobleza feudal se avino al desarrollo industrial, la mayor parte de lo que sería la Europa desarrollada siguió por la misma senda.

La burguesía argentina pudo haber hecho lo mismo en una región donde ningún otro país estaba preparado para ese salto. Al haber elegido tratar de repetir el pasado, privó al país de un porvenir moderno y lo condenó a un retroceso que solo se podía revertir modificando esa trayectoria. Al contrario, para refrendar esa trayectoria, usó el excedente en acumular capital fuera de la industria, el eje del desarrollo capitalista, y por eso el desvío hacia un gran consumo inicial y más tarde hacia las finanzas, las inversiones inmobiliarias, la fuga de capitales, o más próximamente a la explotación de los servicios públicos privatizados a precios dolarizados, complementados definitivamente con la política económica de la última dictadura militar, continuada con la convertibilidad y el endeudamiento macrista vinculado al ajuste desindustrializador.

El peronismo, como fuerza política más comprometida con la industrialización, no pudo revertir esa herencia más que transitoriamente, porque la afirmó con el gasto público o una distribución de ingresos imposible de sostener si la senda industrializadora no se asentaba definitivamente. Para hacerlo era necesaria una sustitución de importaciones que llevara a una mayor productividad y no al mantenimiento de la distancia de costos, para lo que era necesario tanto el fomento de la inversión extranjera en la industria como el desarrollo de un mercado financiero propio, es decir en lo que se puede resumir como un esfuerzo coordinado para impedir el arraigo del bimonetarismo cuando aún había tiempo de hacerlo. Esa es la tarea que con muchos más obstáculos por delante está intentando cumplir el ministro Guzmán.

Deuda con el FMI: un «Nunca más» para el saqueo

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En la apertura de sesiones legislativas del presente año, el Presidente de la Nación manifestó su voluntad de promover una querella criminal por administración fraudulenta contra los funcionarios de Cambiemos y los máximos responsables políticos que tuvieron a su cargo la obtención y gestión del crédito condicionado (stand by) otorgado por el Fondo Monetario Internacional.

Este acuerdo crediticio concedido por el organismo multilateral, cuyo monto original fue de u$s 57.000 millones y del cual se desembolsaron aceleradamente en algo más de un año u$s 44.000 millones, se encuentra vulnerado en su legalidad por varios aspectos:

  1. Un préstamo del exterior cuya magnitud se aproxima al 9% del PIB careció de tratamiento parlamentario previo a la efectivización de los desembolsos.
  2. El monto originalmente acordado, de u$s 57.000 millones, excedía con creces la cuota que le correspondía a la Argentina como país miembro para este tipo de asistencia condicionada que llegaba a los u$s 23.000 millones.
  3. El objetivo del crédito era estabilizar las variables de la economía, reforzando para ello las reservas del Banco Central y cumpliendo metas monetarias y fiscales que equilibraran la macro en el sector externo y en el sector público. Nada de eso ocurrió en el bienio 2018-2019.

Estos tres puntos conforman un conjunto de cuestiones que inducen a sostener la “flojedad de papeles” del préstamo del FMI.

El argumento de que la ley de administración financiera no requiere tratamiento parlamentario previo para acceder a un crédito de semejante monto es insuficiente, porque la misma se refiere a la asistencia multilateral de los bancos de desarrollo que se brinda con destino a la expansión de la infraestructura del país, tratándose de préstamos de largo plazo y bajo costo.

Que los límites de cuota de los Estados miembro del organismo han sido dejados de lado por la abultada liquidez internacional existente no es justificativo del otorgamiento y efectivización de u$s 44.000 millones para estabilizar la economía argentina, cuando no hubo un estudio previo de las necesidades de financiamiento del país para esos fines, y resulta evidente que, de haberse aplicado los recursos a fortalecer las reservas internacionales del Banco Central, dichos requerimientos hubieran descendido a la mitad de lo aportado. Es decir que el límite de u$s 23.000 millones sería suficiente si es que realmente se cumplían los objetivos de un crédito condicionado como el que se acordó en las formas.

Por último, es sorprendente la ausencia de supervisión del FMI sobre el cumplimiento de las metas establecidas en el acuerdo crediticio. De hecho, se denomina crédito condicionado precisamente porque los distintos desembolsos están sujetos a alcanzar metas monetarias, fiscales y cambiarias que aseguren un sendero de estabilidad macroeconómica.

En síntesis, no hubo acuerdo parlamentario para el préstamo, el mismo alcanzó un monto exagerado para las necesidades argentinas, y no se cumplió el objetivo por el que fue otorgado.

Tal es la vulnerabilidad legal que padece este préstamo que la titular del FMI, responsable de su acuerdo, abandonó el organismo para ocupar la titularidad del Banco Central europeo.

Descripta esta situación, conviene adentrarse en los dos planos relevantes que tiene la decisión del presidente.

Los juicios a las juntas militares y los posteriores procesos de Lesa Humanidad en el marco de la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia, tuvieron la enorme virtud de desterrar durante décadas la represión sistemática ejercida desde el Estado como mecanismo para asegurar el control social. La condena efectiva a los represores, inclusive a aquellos que lo hicieron en democracia, es una advertencia permanente a todo decisor político que quiera recurrir a las fuerzas armadas y/o de seguridad para enfrentar cualquier reclamo popular. Fue una verdadera ampliación de la democracia.

Desde esta columna nos preguntamos en más de una oportunidad cuántas crisis resistía la Argentina como nación originadas en el perverso proceso de endeudamiento del Estado y fuga de las divisas que habían ingresado por el otorgamiento de préstamos externos. Perverso, porque los dólares se los quedaban unos pocos y el conjunto del pueblo argentino debió afrontar, con penurias, el pago de esa deuda.

La dictadura cívico-militar inauguró este mecanismo que tuvo tres oleadas, dos de las cuales concluyeron en profundas crisis y la tercera en este descomunal crédito condicionado con el FMI.

El primer ciclo concluyó en la crisis hiperinflacionaria de 1989, y su resolución y estabilización costó la venta de las empresas públicas. El segundo ciclo desembocó en la crisis de la convertibilidad en el 2001, y fue resuelto de un modo no gravoso para el pueblo argentino, a partir de las reestructuraciones con quitas de dos tercios del capital y pago de servicios con lo ingresado por derechos de importación, en un contexto internacional favorable. Así todo, la renta primaria no permitió una mayor expansión de la argentina precisamente por ser aplicada a la cancelación de esos servicios. La tercer ola, generada por el macrismo, abarcó el trienio 2016-2018 para desembocar en la asistencia del FMI, que permitió continuar con la salida de capitales e intentar una sobrevida política del régimen de Cambiemos.

De prosperar una querella criminal contra los responsables de un endeudamiento permeado de sospechas, tal como se reseñó, podría ser un “Nunca Más” para el saqueo del país por la vía del endeudamiento del Estado y la posterior salida de capitales. Esperemos.

Es importante incorporar otra dimensión del tema de la administración fraudulenta, frente a la multiplicidad de causas por corrupción que se abatieron sobre los gobiernos de Néstor y Cristina, y que tenían por objetivo no sólo mellar la credibilidad popular de esa experiencia que duró doce años y medio, sino también disciplinar a futuro a los funcionarios de otros gobiernos que intentaran adoptar medidas contrarias a los intereses de los agentes económicos más poderosos. Este devenir es conocido como “lawfare”.

Es central separar un episodio de corrupción que puede ser llevado a cabo por un funcionario desleal en cualquier gobierno, de un accionar deliberado que provoca la quiebra del Estado.

Un gobierno corrupto es aquel que quiebra al Estado sobre-endeudándolo y provocando una contracción severa de la economía, a la par que volúmenes cuantiosos de divisas son retirados del circuito de producción y consumo.

En el cuadro que sigue vamos a intentar graficar por qué el macrismo está sospechado de quiebra del Estado a partir de una administración ruinosa de los recursos que dispuso. En dicho cuadro se va a observar cómo se abordó el impacto de la crisis financiera internacional del año 2008, cuál fue la masa crítica de recursos que se reunió para enfrentarla y cuáles fueron los resultados en el plano económico y político. Como contracara, se verá el carácter de la crisis autoinfligida del macrismo como consecuencia del sobreendeudamiento, la masa crítica de recursos para afrontarla provista por el FMI y sus resultados económicos y políticos.

Adhesión a la Declaración de la Red Bioética de UNESCO

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A la Señora
Ministra de Salud de la Nación
Dra. Carla Vizzotti
De nuestra mayor estima:
                                        Por la presente, en nuestro carácter de integrantes del » Grupo La Capitana»,  así denominado en honor a nuestra héroe y guerrera de la independencia, Doña María Remedios del Valle, tenemos el agrado de dirigirnos a usted, y por su intermedio al Sr. Presidente de la Nación, Dr. Alberto Fernández, a fin de expresarle nuestro total apoyo a las acertadas medidas que el gobierno nacional ha ido implementando para afrontar los desafíos de la pandemia, y que, entre otros logros, han posibilitado que el sistema de atención de la salud argentino soportara el exceso de demanda sin colapsar, evitando con esto muchas muertes innecesarias, sin  que se registraran las crueles escenas y los dilemas bioéticos de selección adversa de pacientes que han acaecido en otros países, debido a la carencia de recursos en medicina crítica.
                                        Queremos dejar asentado también nuestro total apoyo a la mayor campaña de vacunación de nuestra historia, incluyendo en este concepto las excelentes y necesarias medidas que Ud. ha resuelto en materia de transparencia y acceso a la información pertinente, salvaguardando la confidencialidad de los datos personales.
                                        Por último, porque entendemos es de suma trascendencia,  le remitimos nuestra adhesión a la Declaración de la Red Bioética de Latinoamérica y el Caribe de la UNESCO, peticionando la suspensión de la vigencia del régimen de patentes mientras dure la pandemia, atento a la necesidad de concebir al planeta y su población como una unidad global, y para garantizar el acceso oportuno a vacunas de calidad para todos, especialmente, para los más vulnerables.   Acompañamos dicho documento.
                                        Finalizamos  señalando además, la necesidad y conveniencia de continuar apoyando la iniciativa que en ese sentido han presentado la India y la República Sudafricana en el seno de la Organización Mundial de la Salud. Entendemos que nuestro gobierno popular debe transformar en política de estado tal decisión.
                                         Sin otro particular, saludamos a Ud. con toda nuestra consideración.
Hugo Raúl Garnero, Roberto España, Saverio Tedesco, Carlos Abalo, José Animendi, Antonio Assefh, Eduardo Alí, Enrique Arias Gibert, Marcela Barrenti, Rodolfo Belén, Mario Burkun, Carlos Cervera, Ana Lía Cabral, Alan Cosentino, Hernán Colombo, Celia Destéfano, Solange Delannoy, Sergio España, Ramiro Espinosa, Verónica Ferraris, Alejandro Fernández Vecino, Liliana Ferrón, Juan Falú, Saúl Flores, Estrella Gerez, Martín Guglielmone, Luis Gaitini, Maria Luisa Garnero, Natalia Garnero, Ricardo Garnero, Jorge Gil, Federico Hernáez, Francisco Iturraspe, Cristina Lima, Daniel Ligier, Laura Martínez, Hugo Márquez, Carlos Niccolini, José Orbaiceta, Juan Carlos Pezoa, Silvia Prieri, Santiago Pendino, Raquel Picardi, Oscar Rifourcat, Norberto Rossell,  Eduardo Sangermano, Enrique Stola, Delfina Supisiche, Santiago Valdez, Miguel Valfré, Mariela Vain, Bruno Vendramin.

Declaración de la Redbioética UNESCO

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Con relación a la actual y preocupante situación por la escasez de vacunas para prevenir la Covid-19 y por el aumento de infecciones, mutaciones y muertes asociadas a esta enfermedad, la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética UNESCO (Redbioética UNESCO), apoya la declaración de la OMS en el sentido de establecer las vacunas para la prevención y mitigación del Covid19 como bien común de la humanidad. En seguimiento de las declaraciones del Secretario General de las Naciones Unidas y la propuesta de diferentes países de bajos y medianos ingresos, la Redbioética UNESCO declara:

1. Es urgente que las patentes farmacéuticas sean suspendidas mientras dure la pandemia, con el objetivo de garantizar que las poblaciones más vulnerables sean vacunadas y de evitar que nuevas mutaciones sean generadas. La Redbioética hace un llamado a todos los Estados miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para que defiendan la “exención de determinadas obligaciones relativas al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (TRIPS, por su sigla en inglés) en relación con la prevención, contención y tratamiento de la Covid-19” y apela a implementar un sistema internacional basado en la justicia global que tome distancia del modelo mercantilizado que rige hoy la venta y distribución de insumos y vacunas. La Redbioética inclusive hace un llamado a que los gobiernos no realicen acuerdos bilaterales con la industria por cuanto se pone en desventaja a los países con menores ingresos en el acceso a las vacunas.

2. Es prioritario que sean desarrolladas en todos los países capacidades nacionales para la
producción, distribución y aplicación de vacunas y otras tecnologías para el enfrentamiento de la Covid-19. La Redbioética exhorta a los países de América Latina y el Caribe, especialmente afectados por la pandemia (por sus características sociales y económicas, y por la mutación brasileña del virus), para que lideren los esfuerzos por suspender las patentes farmacéuticas, crear capacidades nacionales y defender la importancia de fortalecer el sector público productivo en términos de innovación.

3. Es imprescindible que sean cuestionadas por todos los países con vocación cosmopolita y
solidaria medidas que buscan prohibir o limitar la exportación de vacunas, usando argumentos nacionalistas. Especialmente rechazamos la compra por parte de algunos países de cantidades que exceden su población, quitando la posibilidad a otros de acceso y violando el principio de beneficios compartidos de la DUBDH. La Redbioética invita a que todos los países, en especial los que no son productores o receptores privilegiados de la vacunas, defiendan la justa distribución de los inmunizantes.

4. Es esencial que la priorización de poblaciones vulnerables sea hecha a nivel mundial y no
nacional, de manera que primero sean vacunadas las poblaciones vulnerables de todos los
países en consonancia con la propuesta realizada en el marco de la iniciativa COVAX (COVID19 Vaccines Global Access) en el marco de la Alianza para las vacunas y las inmunizaciones que lidera la OMS. La Redbioética pide que los países se comprometan a inmunizar poblaciones vulnerables de todos los países antes de vacunar poblaciones nacionales no vulnerables, para fortalecer y crear, de esta forma, mecanismos de gobernanza global y de cooperación internacional, en el marco del respeto por la justicia, y los derechos humanos.

5. Es fundamental que los sistemas públicos de salud de todos los países sean reconstruidos y fortalecidos, de modo que acciones de promoción y prevención (que incluyen programas ampliados de inmunización) puedan llevarse a cabo. La Redbioética solicita a los países trabajar hacia la concreción del acceso universal a la salud y la superación de la cobertura universal de la salud, garantizando que la salud sea vista como un derecho y no como una mercancía, evitando, por tanto, que exista la posibilidad de ofrecer vacunas pagas contra la Covid-19. La Redbioética reafirma así su Declaración de 2020, instando a los países a que tengan en cuenta consideraciones bioéticas, en las decisiones en salud pública a propósito de la pandemia, a través del establecimiento y consulta a comisiones y consejos de bioética.

6. Es esencial tener en cuenta que muchos de los países que hoy no tienen acceso a vacunas en cantidad suficiente, han sido parte de los procesos de investigación exponiendo a sus poblaciones a los respectivos riesgos. La Redbioética reclama que sea respetado el Principio de Beneficio postinvestigación con aquellos que fueron sujetos de investigación y sus comunidades. Del mismo modo, es necesario que se garantice el acceso a la vacuna con eficacia comprobada a individuos que hagan parte del grupo placebo en investigaciones que tengan el objetivo de desarrollar tecnologías para el enfrentamiento a la Covid-19. La
Redbioética hace un llamado a las instancias de regulación ética de la investigación con seres humanos de todos los países a que exijan el acceso de estos grupos a estas tecnologías, pues si bien los estudios no han finalizado, las vacunas siendo probadas ya han demostrado su eficacia y ya han sido registradas por las autoridades sanitarias.

7. Es crucial que todas las tecnologías de salud para enfrentar la Covid-19 sean bienes públicos globales, libres de las barreras que imponen las patentes y otros tipos de propiedad intelectual, especialmente porque recogen décadas de inversión pública, tanto como un proceso colectivo y acumulativo tras la innovación. La Redbioética insta a todos los países, en particular a los de América Latina y el Caribe, a: activar mecanismos de cooperación para que puedan afianzar su soberanía en la producción de medicamentos y vacunas, para así enfrentar la eventualidad de que el virus relacionado con la pandemia Covid-19 se convierta en un virus endémico; y a actuar en solidaridad y a generar consenso en torno a la propuesta histórica de India y Sudáfrica de renunciar a algunos dispositivos de propiedad intelectual durante la pandemia.

La pandemia por Covid-19 es una oportunidad para que prevalezcan los principios con los que los Estados del mundo se han comprometido, en el marco del sistema de las Naciones Unidas, en términos de solidaridad, justicia, respeto por los derechos humanos y la paz, muchos de ellos defendidos por la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de UNESCO. Esperamos que el cambio civilizatorio que se está presenciando nos conduzca a un mundo más justo y más libre, en condiciones de paz e igualdad y nos aleje del sistema global de mercado que privilegia las ganancias por encima de las vidas de millones de individuos. En este sentido, esta Declaración apoya pronunciamientos de otras instituciones y grupos como la OMS o el Grupo de Puebla.1

 

  1. La Redbioética apoya el llamado de: la OMS, para que, a través de una acción solidaria, se logre un acceso mundial equitativo a las tecnologías sanitarias contra la COVID-19 mediante la mancomunación de conocimientos, propiedad intelectual y datos; el Grupo de Puebla, para que la igualdad de acceso a las vacunas se debata en una Asamblea Especial de Naciones Unidas; Amnistía Internacional, para que las herramientas y tecnologías de salud para enfrentar la Covid-19 sean bienes públicos globales; y Médicos Sin Fronteras, para que se suspendan patentes en la producción de vacunas. Vale
    la pena recordar que la Redbioética hizo en 2020 una adhesión al llamamiento de Médicos Sin Fronteras, junto a la Universidad de Vale do Rio dos Sinos de Brasil, la Universidad de Panamá y la Universidad Católica de Córdoba.

Lenta lex autem non est lex

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La historia se repite. En la apertura de las sesiones ordinarias del año pasado, Alberto Fernández pidió al BCRA que investigara quiénes fugaron divisas durante la gestión de Cambiemos. La lista oficial nunca se conoció. Hace unos días, nuevamente en el Congreso, reclamó que se investigue a los ex funcionarios responsables de la deuda con el FMI. Hasta ahora, poco y nada cambió. El superávit comercial de 2020 se esfumó. Una mirada sobre el rol del BCRA y un esquema que habilita la fuga de divisas a granel.

En su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso Alberto Fernández afirmó: “Una deuda tomada por un gobierno irresponsable que obtuvo un crédito otorgado en su favor por motivos absolutamente políticos merece una revisión y un tratamiento adecuado a la hora de su renegociación. Tanta mala fe de los tomadores del crédito y tanto desdén de funcionarios políticos de un organismo multilateral por privilegiar a un gobierno en la coyuntura no puede ser visto como un caso más…”.

Según la Secretaría de Finanzas, la deuda externa pública sumaba a fines de diciembre de 2019 unos 323 mil millones de dólares, de los cuales unos 44 mil 300 millones correspondían al Fondo Monetario Internacional (FMI). A diferencia con el sector privado mediante la colocación de títulos – tomada con la aprobación legislativa porque la solicitud de endeudamiento se presenta con la Ley de Presupuesto de cada año -, la contraída con el FMI es producto de una decisión unilateral adoptada por el Poder Ejecutivo en junio de 2018. En otras palabras: no hubo una autorización expresa del Poder Legislativo como exige la Constitución.

Es más, el Art. 60 de la Ley 24.156/1992 de Administración Financiera y Control de Gestión de la Administración Nacional dice expresamente que “las entidades de la administración nacional no podrán formalizar ninguna operación de crédito público que no esté contemplada en la ley de presupuesto general del año respectivo o en una ley específica”. Hacia el final, la norma exceptúa las operaciones de crédito que formalice el Ejecutivo Nacional con los organismos financieros internacionales que el país integra. Sin embargo, la Reforma Constitucional de 1994 dejó sin efecto esa prerrogativa desde 2010.

De allí que exista un claro abuso de autoridad por parte de Mauricio Macri y los ex funcionarios que acordaron y firmaron la deuda que Alberto Fernández propone investigar. Todos son plausibles de ser investigados por malversación de fondos públicos, abuso de autoridad y, en consecuencia, de la posible comisión de delitos contra la administración. Es por ese motivo que el fiscal federal Franco Picardi abrió una investigación. Su objetivo es determinar si obtuvieron beneficios económicos indebidos para sí o para terceros – como otras personas humanas y jurídicas, o fondos de inversión -, pero también si proveyeron información privilegiada en franca incompatibilidad con sus deberes.

Los fugadores seriales

La investigación, sin embargo, debería extenderse también a los beneficiarios de la compra de las divisas que ingresaron por el crédito del FMI. El mecanismo de endeudamiento lo justifica. El Tesoro Nacional, que depende del Ministerio de Economía, contrae la deuda, pero como paga en pesos – salarios, jubilaciones, pensiones y contrataciones, por ejemplo – vende los dólares al Banco Central (BCRA). Finalmente, el BCRA le da al Tesoro los pesos al tipo de cambio oficial. El problema reside en que por su carta orgánica, el BCRA puede vender los dólares – que son deuda del Tesoro Nacional – a las entidades del sistema financiero que lo demanden.

Allí es donde entraron a jugar fundamentalmente unos diez grandes bancos privados, y hasta los tres grandes bancos públicos nacionales y provinciales administrados por Cambiemos. En conjunto adquirieron para sí y para sus clientes unos 86 mil 200 millones de dólares durante los cuatro años que gobernó Macri, según el informe elaborado por el BCRA por pedido de Alberto Fernández en la inauguración de las sesiones ordinarias del año pasado.

El Informe, denominado Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019, da cuenta que fueron casi 7 millones de personas humanas y jurídicas las que compraron los 86 mil 200 millones de dólares. Sin embargo, los 100 primeros explican 24 mil 679 millones del total. La justicia debería convocar a los titulares de ese centenar de firmas. La pregunta es obvia: si no pagan el Impuesto a las Ganancias por el monto que compraron, ¿de dónde extrajeron el dinero? Una pregunta tan sencilla serviría para avanzar sobre las contabilidades paralelas y desenmascarar maniobras de evasión tributaria. Seguramente les cabrían las generales de la ley y deberían devolver al Estado nacional parte de lo fugado. Con esos ingresos se podría amortizar al menos parte de la deuda de 44 mil 300 millones tomada por Cambiemos.

Sin embargo, el enigma reside en que nunca se comunicó oficialmente quienes son los 100 primeros fugadores. El 24 de mayo del año pasado, en una nota de El Cohete a la Luna titulada Los Cien de Macri se afirmó que el lote lo encabezan Telefónica Argentina (1.248,2 millones) y Pampa Energía S.A. del grupo Midlin y el multimillonario amigo de Macri Josep Lewis (903,9 millones). Un listado que también integran Monsanto Argentina – donde hizo toda su carrera Gustavo Idígoras, actual presidente de CIARA-CEC -; el Grupo Clarín con Directv Argentina y Telecom Argentina; el grupo Techint con Siderar; Hidrovía Paraná – la empresa que tiene la concesión del dragado del Río Paraná que vencerá el próximo 30 de abril -; Aceitera General Deheza; Arcor de la familia Pagani; el Grupo Galicia de los Braun, Ayerza y Escasanny ; el Banco HSBC; y el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain, entre otros.

Todo ellos, sin embargo, durante el año pasado siguieron comprándole dólares al BCRA. Y lo hicieron sin límite alguno. La excusa: pagar deudas en el exterior. De ser ciertos los créditos declarados, el BCRA – antes de autorizarles el acceso al mercado cambiario – debería haberles exigido que devuelvan lo que fugaron. No fue el caso. La entidad les vendió las divisas, y lo hizo a una paridad de 60 y 80 pesos.

Divisas que fugan a granel

La Argentina no tiene un problema de restricción externa en un sentido clásico; dicho de otra forma: no necesita que crezcan las exportaciones para que la economía lo haga en forma sostenida y compatible con la balanza comercial. Desde 2003 a 2020, el superávit acumuló 156 mil 712 millones de dólares. Una suma significativa en cualquier lugar del mundo.

El problema real es que esa suma, obtenida por un brutal ajuste externo, se fugó casi en su totalidad; es más, no solo se fugó el superávit comercial, sino que además se endeudó el país, y no para hacer obras de infraestructuras, construir viviendas, puentes, caminos y represas, o tener nuestra propia marina mercante y una eficiente red ferroviaria. Nos endeudamos para que una minoría fugue capitales al extranjero.

Se sabe. La Argentina es una importante exportadora de alimentos. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, en el nodo portuario del Gran Rosario – que abarca al complejo industrial oleaginoso con 70 kilómetros de costa sobre el Río Paraná desde Timbúes hasta Arroyo Seco – hay 31 terminales portuarias que operan distintos tipos de cargas. Del total, 21 despachan granos, aceites y subproductos. La zona portuaria de exportación de productos agropecuarios más importante a nivel mundial, seguida por el distrito aduanero estadounidense de Nueva Orleans y el puerto brasilero de Santos. En 2019, desde el polo rosarino se despacharon 79 millones de toneladas granos, harinas y aceites. En 2020 superó las 80 millones de toneladas, contra 64,45 y 42,65 que despacharon el puerto norteamericano y el brasilero, respectivamente.

No solo no hay control sobre lo que se produce. Tampoco lo hay sobre lo que declaran las compañías que venden al exterior. La subfacturación es importante y constituye otra forma de fugar divisas. En la gestión de Cambiemos se fugó todo el superávit comercial – declarado y no declarado – y, además, el país se endeudó por más de 100 mil millones de dólares.

La mano blanda del BCRA

En el centro de la cuestión está el BCRA. Opera sobre la base de la Reforma Financiera de 1977, que le permite a las entidades financieras, sobre todo a los diez bancos privados más grandes, ser la palanca central del sistema económico. Un esquema nunca desmontado, donde los bancos asumen la dirección de las políticas fiscal y monetaria. Una situación a la que se suma la Carta Orgánica del BCRA (Ley 24.144) diseñada por Domingo Cavallo y todavía vigente que habilita a que los dólares que ingresan por la vía de la deuda contraída por el Tesoro Nacional se venda a las entidades privados, las que funcionan como operadores de cambio de última instancia.

Es así que se esfuma el superávit comercial. En 2020 sumó 12 mil 528 millones de dólares, a los que se deben agregar los 5 mil 780 millones que disminuyeron las reservas del BCRA. Unos 18 mil 308 millones en total. Unos 5 mil 200 millones se utilizaron para pagar los servicios de la deuda externa de todo ese año. Otros 1.900 millones se fueron en la venta del llamado dólar ahorro, el famoso “chiquitaje” que compra hasta 200 dólares por mes. Sin embargo, la parte del león se la llevaron otros. Los 11 mil 200 millones restantes se vendieron irresponsablemente. Más de 5 mil millones se malgastaron en adelantos de importaciones a una paridad de entre 70 y 80 pesos por unidad; es decir: en productos que no habían ingresado y que el Indec por esa razón no contabiliza. Finalmente, otros 6 mil 200 millones se perdieron en las supuestas deudas externas privadas.

Todo esto se podría haber evitado. ¿Cómo? Anulando el Decreto 893/2017 y el restableciendo el Decreto 2581/1964 de Emergencia Cambiaria. De esta forma se hubiera impedido que el BCRA le vendiera dólares a las empresas para que paguen supuestas deudas en el exterior. Menos aún habría podido el BCRA dárselos a los importadores, que adelantaron compras empleando reservas internacionales por temor a una devaluación. Una operatoria, esta última, donde se destacaron Cargill, Glencore, Louis Dreyfus, entre otras cerealeras, que le pidieron dólares para comprar soja y maíz de sus filiales en Paraguay, pero también a las de Brasil y Uruguay.

Por todos estos motivos es que se debe investigar la gestión de Cambiemos; pero también, y esencialmente, a los fugadores seriales. De otro modo, solo se castigará a un puñado de ex funcionarios – y está bien que se lo sancione con el Código Penal -, pero quedarán fuera del escrutinio judicial los grandes beneficiados. Para ser ley, la ley debe aplicarse a ambos. Lenta lex autem non est lex.

 

Lenta lex autem non est lex

Fin de juego

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La pandemia originada por el Covid-19 afectó al trabajo y la producción, que debieron adaptarse a nuevos protocolos que implicaron menos trabajadores empleados, una reducción de las horas de trabajo generadas y, en consecuencia, menores remuneraciones. Sin embargo, y en paralelo, se fortaleció el modelo agropecuario exportador, sobre todo por las compras de China y en menor medida por la de países con poder alto adquisitivo, que demandan alimentos para su población. Básicamente importaron e importan para sustituir el hacinamiento de los animales por las gripes aviar y porcina, y el “síndrome de la vaca loca”.

Sin embargo, la solución de ellos es un problema para nosotros. Argentina representa menos del 0,3 por ciento de la cantidad de bienes y servicios que se producen en el mundo, es el decimo exportador de alimentos y el tercero en grano, pellet y aceite de soja. El problema es que esa mayor demanda ocasionó una suba sideral de los precios internacionales. La tonelada de soja en el mercado de Chicago – el mercado referente de granos – valía 341 dólares el 24 febrero de 2020. Un año después cotizaba a 523 dólares. Un aumento del 53,12 por ciento al que debe sumarse la devaluación oficial de nuestra moneda, que fue del 48,52 por ciento en el mismo período – paso de 64 a 95 pesos-. Al no modificarse las retenciones, el impacto fue directo al precio local de la soja y sus derivados, como la harina y el aceite producidos con la oleaginosa. El mismo mecanismo se replicó con los demás granos – trigo, maíz, arroz, etc. – y las carnes.

Según el Indec, en 2020 el kilo de pollo se encareció un 54 por ciento. Casi lo mismo que la carne vacuna y mucho más que el 36,1 por ciento que acumuló la inflación promedio que mide el Índice de Precios al Consumidor.

En el caso de la carne vacuna, en 2020, según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, se faenaron 3 millones 163 mil toneladas de res con hueso. Se exportaron 900 mil 609 toneladas a China, Japón, Corea del Sur, Tailandia, Filipina, Vietnam, Taiwán y Hong Kong y se destinaron al mercado interno 2 millones 276 mil toneladas. La carne sin hueso, especialmente la cuota Hilton que compra básicamente Europa y proviene de cortes de animales alimentados exclusivamente en pasturas, alcanzó las 29 mil 500 toneladas. La demás carne sin hueso, unas 125 mil toneladas, fueron al mercado interno y, otro tanto se exportó. Solo el Consorcio ABC, liderado por el Frigorífico Rioplatense SA de la familia Constantini, acaparó el 80 por ciento de las exportaciones de carnes argentinas.

En definitiva, al exportarse toda la res, el precio interno se incrementó de sobre manera, reduciendo el consumo per cápita de carne local a solo 50 kilos por habitante. El más bajo de los últimos cien años.

El abastecimiento del mercado interno de un producto básico de la canasta familiar local como es el aceite mezcla de girasol y soja es controlado por apenas cuatro empresas, que concentran el 90,5 por ciento de la facturación y el 90,6 por ciento del volumen. Se trata de la Aceitera General Deheza (Natura); el Grupo Navilli (Molinos Cañuelas); Molinos Rio de la Plata, de Pérez Companc (Cocinero y Lira); y el grupo ARCOR de la familia Pagani. El precio de la botella de aceite de girasol de 1,5 litros aumentó un 50 por ciento entre los meses de febrero de 2020 y 2021.

Si miramos el panorama de la harina de trigo se observa que la empresa estadounidense Cargill tiene siete plantas de molienda. La siguen en importancia Molinos Cañuelas (Grupo Navilli de Argentina), Lagomarsino e Hijos (Argentina) y Los Grobo (Argentina). Las cuatro explican el 50 por ciento de la producción y concentran el 55 por ciento de la exportación. Pérez Companc (Blancaflor y Favorita) y Navilli (Pureza) concentran el 82 por ciento del mercado exportador.

En el aprovisionamiento al mercado interno de fideos, Molinos Rio de la Plata tiene el 79 por ciento, controlando siete marcas líderes: Mattarazzo, Luchetti, Canale, Don Vicente, Don Felipe, Favorita y Manera.

Existen una gran cantidad de molinos que procesan arroz. Sin embargo, el dominio lo ejerce claramente la estadounidense Adecoagro del Grupo Soros, dueña de la marca Molinos Ala. La otra empresa fuerte del sector es Molinos Río de la Plata, dueña de las marcas Gallo y Luchetti, que en este segmento tiene una participación de un tercio en las ventas que registra el mercado interno.

Otro producto esencial, el azúcar de mesa, también está en manos de un grupo muy reducido de corporaciones. Tres empresas concentran el 85 por ciento de la facturación: Ingenio El Tabacal, de la multinacional norteamericana Seabord (Chango y Tabacal); el Grupo Blaquier (Ledesma), aunque en varios emprendimientos aparece asociada a la multinacional Cargill; y la local Valpafe (Domino, Madison, Santa Lucía). El precio del azúcar se incrementó un 52,77 por ciento en un año, también por encima de la inflación general, e incluso por encima del rubro alimentos.

En el sector lácteo, Mastellone, asociada con Inversiones Dallpoint (EEUU) y Danone (Francia), es la empresa más grande. Es propietaria de siete plantas y líder en ventas de leche fluida con el 60 por ciento del mercado. Además, acapara el 77 por ciento en yogures y el 70 por ciento en postres.

Finalmente, las grandes cadenas de ventas – Coto, Carrefour, Cencosud, la Anónima y Walmart – reunidas en la Asociación de Supermercados Unidos administran el 65 por ciento de la comercialización de los bienes que se consumen en el país. Lo hacen mediante una sociedad de hecho y de muchos años con los grandes productores. Un escenario que torna muy difícil destrabar el proceso de formación de precios.

De allí que la Secretaría de Comercio Interior, a través de la Subsecretaria de Acciones para la Defensa de las y los Consumidores, imputara a Mastellone, Fargo, Aceitera General Deheza, Danone, Molinos Cañuelas, Bunge, Molinos Río de la Plata, Unilever, P&G, Paladini y Potigian, por retener sus volúmenes de producción y por no entregar determinados productos de consumo masivo para su comercialización, según los casos.

Las imputaciones se realizaron luego de verificar que las empresas habrían incumplido el acuerdo de incrementar su producción hasta el más alto grado de su capacidad instalada y de arbitrar los medios a su alcance para asegurar el transporte y la distribución con el fin de satisfacer la demanda, tal como lo establece la Resolución 100/2020 de la Secretaría que conduce Paula Español.

Modelo agropecuario exportador

En el marco internacional descripto, el modelo agropecuario exportador se expande y genera altas tasas de ganancia hacia el interior del sector por la diferencia abismal entre el costo de producción local y los precios internacionales de los granos, harinas y aceites. Una actividad que tracciona muy poco sobre el resto de la económica. El mercado interno explica el 70 por ciento de la producción total de bienes y servicios, y su consumo configura el principal generador de trabajo.

El modelo vigente prioriza las ventas al exterior. Solo venden en la Argentina si los agentes locales pueden pagar el precio que consigue afuera. Ante la desocupación y el deterioro real de los salarios, las jubilaciones y pensiones – que no suben en similar porcentaje que el dólar – se torna imposible comprar internamente los productos, lo que a su vez incrementa el saldo exportable. La dinámica genera serios desequilibrios entre la tasa de crecimiento de la población y la tasa de acumulación del capital, lo que provoca una tasa de ganancia cada vez mayor para las grandes empresas del sector, que priorizan las exportaciones. Ganan más vendiendo afuera y se desentienden del mercado interno.

La imposición de un modelo que beneficia a unos pocos – menos del 2 por ciento de la población – y perjudica en mayor o menor medida al pueblo argentino, es porque se necesitan dólares para pagar una deuda externa de 100 mil millones de dólares que, como bien le dijo el ministro Guzmán a Clarín, se tomó y fugó en su mayor parte durante la gestión de Cambiemos, deuda que se podrían haber usado para modernizar y apuntalar toda la infraestructura del país – puertos, vías navegables, ferrocarriles, rutas, puentes, represas, etc.).

La Argentina no tiene un problema de restricción externa. No es que no podemos crecer porque faltan divisas. Al contrario, las divisas deberían sobrar. De hecho, en  2020, el superávit comercial fue de 12 mil 528 millones de dólares. Sin embargo, las reservas del BCRA descendieron 5 mil 780 millones.  Y fue así porque el BCRA permitió pagar supuestas deudas externas de empresas – como las del Grupo IRSA de Eduardo Elsztain y del Banco HSBC – que seguramente tienen deudas, pero también mucho más activos en el exterior que los pasivos que el BCRA les autorizó pagar por un total de 6 mil 200 millones de dólares. Incluso cuando la misma entidad estimó que residentes argentinos durante la gestión de Cambiemos detrajeron del país 86 mil 200 millones. Es más, el BCRA permitió a los importadores pagar en forma adelantada importaciones  – antes que los productos ingresaran – por unos 5 mil millones. Todo ello por cumplir con la legislación vigentes desde la reforma financiera de 1977 de José Alfredo Martínez de Hoz.

La situación señala que debería trabajarse en un mayor control y supervisión del comercio exterior. Sin embargo, el Decreto 949/20 del 26 de noviembre de 2020 del Poder Ejecutivo continua delegando el control en las grandes empresas acopiadoras y comercializadoras de productos agropecuarios. Se trata de la norma que establece el marco normativo para la próxima licitación de la Hidrovía Paraná-Paraguay, hoy en manos de Hidrovía Paraná S.A., sociedad cuyo principal accionista es la empresa belga Jan De Nul Group. Ese rol lo debería asumir el Consejo Federal de Hidrovía constituido por la Nación y las siete provincias que tienen ribera en la Cuenca del Plata. El Decreto, además, impulsa que se siga empleando el Canal Punta Indio como salida y entrada del Río de la Plata, lo que favorece al Puerto de Montevideo.

En otras palabras: el Estado nacional seguirá sin poder controlar las importaciones y exportaciones. Incluso cuando el acuerdo celebrado en 2015 en el marco de la Comisión Administradora del Río de la Plata, durante la segunda presidencia de Cristina Fernández, decidió que todas las exportaciones que vinieran por el Paraná debían desembocaran en el Canal Magdalena, bajo control nacional[1].

También se debe modificar la Ley 27.541 de Emergencia Económica que puso una alícuota límite del 33 por ciento a los Derechos de Exportación que se pueden aplicar a la soja y un máximo del 15 por ciento para el resto de los productos. Una medida necesaria para desacoplar los aumentos de precios en los mercados internacionales y los precios internos. Medida que además significaría mayores recursos para el Estado nacional.

El gobierno también debería ampliar los alcances de la Ley 27.541 para reinstaurar la Emergencia Cambiaria, derogada con el Decreto 893 de noviembre de 2017 por el gobierno de Cambiemos luego de casi 53 años de vigencia desde el Decreto 2581/1964, con diez años de interrupción por el Decreto 530/1991, el DNU 1606/2001 y el Decreto 1638/2001.

Fin de juego

Lo expuesto deja en claro que no son compatibles el modelo agropecuario exportador y la defensa del mercado interno, el trabajo y la producción nacional.  Tampoco es compatible un aumento permanente del dólar y la estabilidad de los precios de los alimentos. Y, finalmente, no es compatible que aumenten permanentemente los precios de los alimentos y no se deteriore la capacidad adquisitiva de los salarios, jubilaciones y pensiones.  El problema no se arregla confiando en el mercado. Solo se puede revertir con una intervención estatal mediante mecanismos de regulación tendientes a evitar las prácticas mono u oligopólicas, y/o mono u oligopsónicas  – un solo o pocos compradores -, por parte de las grandes corporaciones. Esto deberá estar acompañado de mecanismos regulatorios y compensatorios destinados a impedir fuertes oscilaciones en los ingresos de los productores derivados de las variaciones en el precios internacionales. También se deberá establecer líneas de crédito especiales destinadas a liberar a los productores de su sujeción financiera a las grandes empresas, que controlan la provisión de insumos y la comercialización de los productos.

La función económica del Estado es regular la actividad productiva y distributiva impartiendo las reglas de juego. Para ello se requiere un plan, grandes lineamientos y parámetros que se deben seguir para  alcanzar un crecimiento con inclusión social, una justa remuneración y con el menor daño ambiental posible. A su vez, el Estado debe fijar las reglas de comportamiento de toda la sociedad.  Si no lo hace serán las grandes corporaciones las que decidan que producimos, cómo y para quién, y su único objetivo, se sabe, es maximizar sus beneficios sin importarles la situación del país y de su gente.

[1] El Canal Magdalena empelaría solo puertos argentinos.  Esa es la razón por la que el gobierno el 4 de febrero 2021 publicó en el Boletín Oficial la Resolución 33/2021 del Ministerio de Transporte que crea  la UNIDAD EJECUTORA ESPECIAL TEMPORARIA “CANAL MAGDALENA” que será la encargada de llamar a licitación y adjudicar el dragado y obras en el Canal Magdalena. Tanto en el Proyecto de Pedido de Informe del Senador Jorge Taiana, como en el fundado trabajo presentado por el llamado Grupo Bolivar, se plantea que el Canal Magdalena cuenta con todos los estudios técnicos aprobados así como también, la partida presupuestaria necesaria, en el actual presupuesto nacional.

 

Fin de juego

Informe económico mensual

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La inflación no da descanso ni tregua. El inicio del 2021 mostró los dientes en enero con un porcentaje mensual elevado. Para encontrar un valor superior tenemos que remontarnos a setiembre de 2019 o setiembre de 2018.

Cuando se hace un recorrido con valores anteriores se puede asociar con el índice de salarios que produce el Indec. En la Gestión del gobierno anterior (Macri), el único año que aseguró un salario real fue el 2017, apalancado por una fuerte apreciación del peso que luego explotó como siempre, o sea se descalabró la economía y dejó una severa secuela.

La inflación, a pesar de la volatilidad como escenario de fondo, requiere siempre que los precios conserven algunas similitudes. Esto no está ocurriendo con ciertos servicios. Pero los primeros adelantados corresponden a algunas provincias que tienen menos capacidad para soportar subsidios en plazos más prolongados. Esto se está empezando a observar en el capítulo de Vivienda y Servicios Básicos.

En enero el capítulo que dinamitó la inflación recayó en los Alimentos, a tal punto que enero del 2021 detenta el mayor nivel comparando los eneros de los años anteriores, lo cual no es poco.

Si bien en el documento sostenemos que en el largo plazo los precios no presentan grandes diferencias, no podemos dejar de analizar que algunos se distancian un poco más. Entre ellos encontramos los cigarrillos, seguramente con fuerte impacto de los impuestos que cargan, otro son los automóviles por el tipo de cambio, y también podemos agregar algunos cortes de carne, por ejemplo el asado.

En un menor plazo, digamos 12 meses,  se destacan por los incrementos productos tales como automóviles, carne (asado), pollo, combustibles, yerba y y otros del estilo.

Podemos referenciarnos con Fontanarrosa al que consultamos porque siempre se adelanta a los acontecimientos macro y microeconómicos, y define con claridad y soltura escenarios futuros: Dice en uno de sus dibujos con tres personajes: “Vieja, acá con Rafael hemos decidido hacer un asado de despedida”. La esposa responde, ¿Despedida de quién?, y recibe la siguiente contestación: “Del asado”. El diálogo data de 1983 en su primera edición.

Respecto del Riesgo País (RP), después de la finalzación del arreglo de la deuda con acreedores externos y nacionales, observamos que de agosto del 2020 a setiembre del 2020 cayó de 2200 puntos básicos a 1500 pb. Frente a eso, y contradiciendo los consejos de no conjeturar demasiado, dijimos que debiera bajar a los 1.000 pb. La conclusión es que le erramos feo, desde setiembre el RP prácticamante no logró vulnerar los 1.400 pb. El error fue del 40 %, es como si dijéramos yendo a Buenos Aires desde Rosario, llegamos… y estamos en San Pedro. Pero viendo algunas cuestiones que no tienen que ver con la inflación, estos días pensamos que otros también se equivocan.

Pero hay una relativamente buena información, el Índice del Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) que lo define el BCRA a partir del “conjunto principal de socios comerciales de Argentina. Fueron incluidos los países cuya participación en el flujo de comercio total (exportaciones + importaciones; excluidos productos primarios, combustibles y energía”. Si bien excluye el principal componente de las exportaciones argentinas, es igualmente representativo. Y se puede afirmar que el valor actual es conveniente, el valor del Índice de enero es de 124 y se ubica entre los más elevados desde el 2010. No es poco.

Como agregamos unos gráficos para seguir la marcha de los objetivos del Ministerio de Economía o del Presupuesto 2021, encontramos una nota poco esperable, el Superávit Primario, por primera vez después de muchos meses, resultó POSITIVO, contó para ello con el fuerte repunte de los ingresos tributarios al comercio exterior que aumentaron en enero respecto del mes anterior diciembre en nada menos que el 100 %.

Pero volvamos a la inflación, consultamos la monumental obra “Historia del análisis económico”, de Joseph A. Schumpeter, pero primero una digresión: No logramos entender cómo pudo este hombre escribir semejante obra de 1.400 páginas, consultando libros o a los propios economistas autores de muchas de las principales teorías, y en varios idiomas. En el texto dice lo siguiente: “En la época en que empezó la inflación, la mayor parte de los tributos debidos por los campesinos del continente a sus señores se habían convertido ya en forma dineraria. Con la rápida caída de la capacidad adquisitiva de la moneda, los señores intentaron en muchos países subir el valor monetario de los tributos. Los campesinos se resistieron. La consecuencia fueron revoluciones agrarias y el temple revolucionario así producido fue un factor importante de las subversiones políticas y religiosas de la época”. Pero también aclara Schumpeter: “Las rebeliones de los campesinos y de los grupos que se habían sumado a estos fueron aplastadas con despiadada energía”. Todo eso observó la inflación desde hace varias centurias. Algunos superaron las dificultades, por lo visto nosotros no.

 

Informe económico enero febrero 2021