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domingo, junio 28, 2026
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Informe económico mensual

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En este documento destacamos indicadores sensibles y los agrupamos en cuatro puntos:

1. Indicadores asociados al PBI como la Inversión, pero incluimos indicadores índices como el industrial del INDEC y el FIEL. También valores físicos de producción de acero, automotriz, cemento, electricidad y otros. El estancamiento no es nuevo, pero sí su mayor gravedad. Una de las razones de este declive la observamos en los niveles de Inversión. Si la torta para repartir no se agranda, la inversión debería ser mayor, y mucho más teniendo en cuenta los valores que alimenta la pandemia.

2. Brecha entre el dólar mayorista y el dólar CCL, Merval en pesos y en CCL, y otros. Contamos con la mezcla de un mercado reducido (operatoria de acciones) y además volátil. A eso se agrega la caída permanente del Merval en dólares, junto con la famosa brecha (dólar oficial y CCL) que tampoco es tan nueva.

3. Una serie de índices con base en el 2008 muestra cambios o modificaciones cuantitativas como recaudación tributaria, gasto corriente, tipo de cambio, índice de Leliqs, del dólar CCL, en definitiva veinte. Luego los agrupamos por períodos políticos destacando los que muestran mayor crecimiento. Dichas etapas son las siguientes: 2008-2015, 2016-2019, 2020-2021, todo el tiempo 2008-2021. Miramos las variaciones de la inflación que, a lo largo de los años, generan de por sí material suficiente para muchas explicaciones, y
agregamos otras que en valores corrientes acompañan o superan a las anteriores. Construimos un pequeño y surtido medidor de índices de variables, que se pueden presentar como dependientes o como explicativas. Por otra parte existen numerosos trabajos sobre estas cuestiones, con mayor o menor complejidad. Cualquier lector puede lamentar que falte tal o cual tema y realizar los cruces que crea conveniente.

4. Indicadores monetarios, base monetaria, M2, reservas, depósitos privados, préstamos privados, títulos en poder del BCRA (activo) y títulos emitidos por el BCRA (pasivo) y algunas relaciones que consideramos relevantes. Estando en estas cuestiones es conveniente recordar los motivos definidos por Keynes para la demanda monetaria: un motivo transacción, un motivo precaución y un motivo especulación. Pero no podemos omitir un par de párrafos un poco enigmáticos. Dice Keynes: “Sin embargo, si nos vemos tentados de asegurar que el dinero es el tónico que incita la actividad del sistema económico, debemos recordar que el vino se puede caer entre la copa y la boca”. ¿Nos pasa eso? La otra que podemos mencionar y no menos complicada: “…..porque la decisión de atesorar no se toma en términos absolutos o sin tener en cuenta las ventajas ofrecidas por renunciar a la liquidez; resulta de comparar ventajas y tenemos, por tanto, que saber lo que hay del otro lado”. ¿Eso, qué hay del otro lado?

 

2021 abril indic Fisicos Infl. Monetarios.docx

Al gran pueblo argentino, salud

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Nosotros, quienes constituimos “La Capitana”, frente a los eventos de dominio público, entendemos nuestro deber expresar lo siguiente:

  • Alertamos que la pandemia de COVID 19 está a la fecha actual, en su fase de máxima intensidad, tanto en el mundo como en nuestro país, tal como lo señalan los 30.000 casos diarios confirmados de las últimas jornadas. Para mayor gravedad, está comenzando a predominar en la circulación comunitaria argentina la temible cepa “Manaos”, originaria de Brasil, país en estado de estrago sanitario y catástrofe humanitaria.
  • Denunciamos que el epicentro de esta problemática se da en el territorio de la CABA, jurisdicción que presenta los peores índices actuales en cuanto a contagios, internaciones y mortalidad. La ciudad se ha tornado en una verdadera bomba biológica, con el terrible potencial de diseminar su enorme carga de enfermedad a la población residente en los distritos más cercanos del conurbano bonaerense. Como bien se sabe, el virus no respeta límites políticos.
  • Recordamos que el factor de riesgo de contagios más importante en todo el mundo, ya demostrado de forma incontrovertible por la evidencia médica internacional disponible, es la aerosolización de micropartículas virales que pueden quedar en suspensión durante largos períodos de tiempo, incluso horas. El riesgo se acentúa en función de la intensidad, proximidad y duración de los contactos interpersonales, máxime en recintos cerrados. Es por esta razón que en todos los países con alta incidencia de la enfermedad se han tomado medidas restrictivas contundentes, incluyendo casi sin excepciones, la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles educativos..
  • Repudiamos la inicua intención de las autoridades de la CABA de desconocer los alcances de la reciente decisión del Presidente de la Nación, decretando una serie de medidas en el Área Metropolitana Buenos Aires, incluyendo la suspensión de las clases presenciales. Esta estrafalaria pretensión carece del menor fundamento médico científico y es contraria a toda la evidencia disponible. Aunada al insólito e impertinente fallo judicial del día de ayer, además de una criminal exposición al riesgo de contagio a la población propia y a la del vecino conurbano bonaerense, importa en los hechos, una seria e inaceptable vulneración del marco legal y constitucional argentino.
  • Destacamos que en el ordenamiento jurídico internacional, en situaciones fuera de la normalidad, excepcionales y extremas tales como la pandemia, el derecho humano relativo a la vida y la salud prevalece sobre el resto de los derechos humanos, incluyendo el de educación, mucho más cuando existen alternativas como las clases virtuales para su ejercicio.
  • Manifestamos, por último, nuestro incondicional apoyo a las medidas que el gobierno nacional ha adoptado para proteger la vida y la salud del pueblo argentino. Exhortamos a quienes de buena fe hayan incurrido por desconocimiento de los riesgos en una equívoca valoración de las prioridades, a rectificar su error y confluir con la inmensa mayoría del pueblo argentino, que aspira como siempre a construir su futuro y el de sus hijos con salud y en paz.

 

                                                                  Capital Federal, 19 de abril de 2021

Pandemia y economía

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En medio de la crisis derivada de la pandemia, con el 42% de la población por debajo de la línea de pobreza, el gobierno sigue permitiendo que en los alimentos que producimos se igualen los precios internos con los externos.

La botellita de 900 cc de aceite comestible mezcla se vende en Ámsterdam (puerta de entrada a Europa) a 1,8 euros (unos 2 dólares) y en la Argentina, donde se produce, sin costos de embalajes, transporte y aranceles, la misma botellita se vende a 200 pesos.- La diferencia es que el salario promedio en la Argentina según RIPTE, que es la remuneración promedio sujeta a aportes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) del Ministerio de Trabajo, era en enero (último dato disponible) de 68.100,73 pesos, menos de 700 dólares por mes, en tanto en Europa central el salario promedio es de unos 3.200 euros (unos 4.000 dólares) y en los Países Bajos de 4.433 euros mensuales, por ende en Holanda esa botella significa el 0,04% y en la Argentina el 0,3% del salario promedio mensual.

Peor aún, el gobierno nacional arribó a un acuerdo con CIARA-CEC (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y Centro Exportador de Cereales) por el cual no se le aumenta la tasa del derecho de exportación (retenciones) y no se cierran los registros de exportación en las ventas de soja, girasol, harinas y aceites del complejo aceitero a cambio de que garantice la venta de 29 millones de litros de aceite de soja y girasol en el mercado interno al precio citado.

Sabemos por el Presidente de CIARA-CEC y conspicuo representante del CAA (Consejo Agroindustrial Argentino), Gustavo Idígoras, que pretenden renovar el acuerdo pero también que el gobierno les reduzca la alícuota de retenciones (12% en general y 30% para la soja), cuando la principal medida para desacoplar los precios internos con los externos de lo que se produce es exactamente la contraria: subir el derecho de exportación. El pretexto de los establecimientos agro industriales es que deben importar soja y otros granos de países lindantes (principalmente Paraguay, que exporta más soja de la que produce), y que tienen capacidad ociosa en la industria aceitera y producirían más si bajan las retenciones.

Mientras ellos deben importar soja y otros granos, en 2020 la Argentina exportó 39 millones de toneladas de maíz. El único trabajo fue recolectar los choclos y desgranarlos. No se le agregó ningún otro valor y se vendieron montañas de granos de maíz.

Paralelamente, en la revista FORBES, que publica sobre los hombres más ricos del mundo, aparecen los dueños de las cinco grandes acopiadoras y exportadoras de granos y aceites: ADM, Bunge Cerval, Cargill, Louis Dreyfus y Glencore, todas ellas con sede en los Estados Unidos y con puertos propios en nuestro Río Paraná. También aparece, con una fortuna de 2.400 millones de dólares, Gregorio Pérez Companc, que tiene las firmas Molinos Río de la Plata y Molino Agro y grandes extensiones de tierras; y Roberto Urquía, presidente de Aceitera General Deheza, con un patrimonio de casi 1.000 millones de dólares.

Los datos duros permiten entender por qué hicieron hasta lo imposible para que Vicentin SAIC, que tiene deudas con el Banco Nación, la AFIP y la ANSeS, no sea una empresa mixta y de esa manera co-administrada por el Estado. No quieren que el Estado entre al negocio y sepa cómo se hace. Por eso el Decreto 949/2020 de reprivatización de la mal llamada hidrovía del Paraná es defendido por los principales referentes de las cadenas de exportaciones, por ejemplo el presidente la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), Claudio Soumoulou, quien en un reciente seminario sobre Hidrovía en la Cámara de Diputados de Santa Fe afirmó que “el concesionario debe ser quien cobre el peaje y no el Estado, (porque) sabemos lo que sucede después”. O el director ejecutivo de la Cámara del Acero y representante de la Unión Industrial Argentina (UIA), Carlos Vaccaro, quien cuestiono la intención de que el Estado intervenga y aseguró que “no hay razón para cambiar algo que funcionó exitosamente 25 años”. Omitió aclarar para quién fue beneficioso. Para el pueblo argentino, que ve día a día cómo aumenta el precio de los alimentos, claramente no lo fue.

En la misma revista, con un patrimonio superior a los 800 millones de dólares, figura Eduardo Costantini, que tiene emprendimientos inmobiliarios y pertenece a la familia dueña del Frigorífico Rioplatense, que conforma el Consorcio ABC de exportadores de carne vacuna y realiza el 80% de esas ventas al exterior. “No tenemos la financiación, tenemos una tasa de inflación que es inconsistente con cualquier crecimiento de largo plazo, porque vos no podes trabajar con todos los precios regulados y por ahí con un 30 y pico o 40 y pico por ciento de inflación anual. Las tarifas públicas tienen que pisarlas porque si no se cae el salario real, 42% de pobreza… no funciona ese sistema económico”, dijo Constantini a FORBES. Lo que no dijo es que el precio de la carne vacuna aumentó un 75% en el mercado interno argentino durante 2020, como asevera ROSGAN (mercado ganadero de la Bolsa de Comercio de Rosario y compañías consignatarias). Se queja de la inflación que ellos mismos generan y de la que se benefician.

Por supuesto, ambos agrupamientos (CIARA-CEC y Consorcio ABC) prometen para 2021 un incremento del 30% en los envíos al exterior, con tres condicionamientos:

  • Que se reduzcan las retenciones;
  • Que se vuelva a licitar el Río Paraná (“Es una de las pocas obras de infraestructura multimillonarias que va a ser financiada íntegramente por el sector privado” y no debe entrometerse el Estado, dice Idígoras, como si el Paraná no nos perteneciera a todos; y
  • El plan de promoción de las exportaciones 2021 de la Cancillería, que tiene prevista una batería de 657 acciones comerciales en ferias y mercados en todo el mundo, allí sí con apoyo explícito y gasto estatal.

Paralelamente el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, coincidió con los empresarios de la Unión Industrial Argentina (UIA) en la necesidad de sostener los niveles de actividad del sector manufacturero a pesar del recrudecimiento de la pandemia de coronavirus. El funcionario se reunió virtualmente con la Junta Directiva de la UIA, donde se habló sobre los cuidados sanitarios estrictos en las empresas. Además se planteó la necesidad de priorizar la vacunación a sus trabajadores para que las industrias no paren.

A su vez, por resolución conjunta 4/2021 de los ministerios de Salud y de Trabajo, los empleadores “podrán convocar al retorno a la actividad laboral presencial a los trabajadores” que hayan recibido “al menos la primera dosis de cualquiera de las vacunas” contra Covid-19 “independientemente de la edad y la condición de riesgo, transcurridos 14 días de la inoculación”. Quienes no hayan podido acceder a la vacuna se verán obligados a justificar el porqué mediante declaración jurada.

Y lo mismo podemos extender a la tozudez del Ministerio de Educación de la Nación y de las provincias de seguir dando clases presenciales contra viento y marea para que las escuelas funcionen como guarderías de niños y adolescentes y los padres puedan ir a trabajar.

El problema es complejo porque con los niveles salariales logrados por los gobiernos de Macri y, pandemia mediante, de Alberto Fernández, cumpliendo con la exigencia que le hiciera Paolo Rocca a la Presidenta Cristina Fernández en 2015, las remuneraciones ya son menores a las de Brasil: en 2015 el salario promedio según el RIPTE era de 15.600 por mes –a un dólar promedio de $9,10 significaban 1.736,26 dólares–, en tanto en enero 2021 era de 700 dólares mensuales, tras una devaluación de nuestra moneda de 1.000% reflejada en el incremento del Índice de Precios al Consumidor del INDEC; el salario promedio en Brasil, por su parte, bajó de ser el equivalente de 1.400 a 1.200 dólares por mes.

El drama de la pobreza

La Argentina no es un país pobre, es severamente injusto. Sólo así se explica que 50 familias argentinas integren la lista de los más ricos del mundo mientras más de 19 millones de residentes en nuestro país vivan bajo la línea de pobreza y 4.700.000 en la indigencia. El drama reside en cómo se afronta la situación de la población que no cuenta con recursos y si no trabaja no come, a lo que se suma el hacinamiento de las viviendas, la falta de agua corriente, etc. Ese drama no se soluciona solamente con chicos comiendo en la escuela (servicio que debería mantenerse con todas las medidas preventivas), ni con el IFE (que es indudablemente una ayuda) o con otras medidas asistenciales sino fundamentalmente –ante un Estado deficitario y endeudado– redistribuyendo el ingreso.

El Estado Nacional cobra en cuenta gotas la Ley 27.605 de Aporte Solidario y Extraordinario que alcanza a unas 13.000 personas, menos del 1% del total de contribuyentes que presentan anualmente la declaración del impuesto a los Bienes Personales, que poseen sus bienes en el país y en el exterior, más los residentes en el exterior por la totalidad de sus bienes en el país, en ambos casos cuando al 18 de diciembre de 2020 excedieran los 200 millones de pesos. La recaudación estimada será en torno a los $420.000 millones (menos del 1% del PIB argentino) cuando las cuentas de la Administración Nacional fueron deficitarias en $2,3 billones en 2020 y se estima en la ley de Presupuesto 2021 (que no preveía esta segunda ola de Covid) que el déficit fiscal será de $1,5 billones.

En ese marco y en medio de la segunda ola se deben tomar medidas drásticas y de urgencia que den debida respuesta al problema y que básicamente son:

  • El Estado Nacional se obliga a pagar una tasa pasiva promedio e ir liberando en cuotas la tenencia de LELIQ (letras de liquidez del Banco Central) que al 31 de marzo 2021 alcanza a $1,9 billones. Esa suma se destina a la población beneficiaria del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), a los trabajadores y jubilados y pensionados que perciben remuneraciones por menos de la Canasta Básica Total, a las pequeñas y medianas empresas, y al propio Estado.
  • Auditar a los grandes compradores de dólares de los cuatro años de la gestión de Cambiemos en base al Informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019” del BCRA. Ese informe dice que siete millones de personas físicas y jurídicas compraron 86.200 millones de dólares, pero los 100 primeros compradores lo hicieron por 24.769 millones de dólares. Hay que llamar a los titulares de esas cien firmas y decirle “señores, ustedes no pagaron impuestos a las ganancias y otros por el monto de dólares que compraron. ¿De dónde extrajeron esa suma?”. Con lo cual, además de la necesaria y perentoria recaudación se lograría avanzar sobre las contabilidades paralelas y la evasión tributaria.
  • Recuperar la administración del Río Paraná y fiscalizar los ingresos y egresos cobrando los aranceles y derechos de exportación, que a su vez deben incrementarse sideralmente en torno al 35% de alícuota para los productos primarios mientras dure la pandemia.

Ante la crisis la cuestión no es administrar sino invertir, priorizar la vida y la salud de la población, y los que más están en riesgo son los que menos recursos tienen. Por ende es indispensable y urgente implementar medidas de redistribución, sacarle a los que más tienen y abastecer al pueblo de vacunas, medicamentos y asistencia social por lo menos en lo más agudo de la pandemia.

 

Pandemia y economía

Segunda ola de coronavirus: Salud o Barbarie

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En columnas anteriores situábamos como singularmente grave el impacto de una “segunda ola” de contagios de coronavirus en Argentina, abatiéndose sobre un Estado y un pueblo azotados por un lustro de neoliberalismo y pandemia.

La llegada de esta nueva propagación del virus se anticipó desde el invierno al otoño, cuando aún no se ha completado la vacunación de los segmentos más vulnerables de la población, ni afirmado la recuperación de la economía que se venía verificando desde el último trimestre de 2020.

Si este evento se hubiera desencadenado al promediar el 2021, la demanda hospitalaria de los ciudadanos de mayor riesgo de salud hubiera sido menor y, a su vez, una economía desplegada a pleno atenuaría el golpe sobre los ingresos que provoca un cierre parcial de algunas actividades.

Mucha incidencia tuvo en esta anticipación el comportamiento desmadrado de nuestro vecino gigante. Brasil, gobernado por Jair Bolsonaro, se ha revelado como incapaz de contener la propagación del virus en una escala monumental y menos aún de impedir sus efectos más letales. En el verano comenzó una aceleración de la curva de contagios en la población brasileña frente a la inacción del Gobierno Federal y el conflicto desatado con los gobernadores por las medidas de restricción a la movilidad y el acceso a las vacunas. La cantidad de infectados se ubica en los 13,7 millones de personas y los fallecidos superan los 362.000. En este marco, 33.000 argentinos concurrieron a vacacionar en las distintas playas de ese país.

Chile fue otro país limítrofe determinante en acelerar la “segunda ola”. Estamos asistiendo al recurrente fracaso del ponderado “modelo chileno”. La revuelta social masiva del 2019 evidenció el grado de deterioro socioeconómico padecido por el pueblo trasandino, y la crisis sanitaria por masividad de contagios al comienzo del otoño del 2021 concluyó con la libre circulación de personas, respaldada por un programa de vacunación que resultó inocuo a esos efectos.

En nuestro país, el verano también obró como relajante de los hábitos de protección y cuidados que se habían adquirido durante el 2020. Sobre todo en la población más joven se verificó una suerte de “fin de pandemia” que no era real.

La curva de contagios en la Argentina aumentó dos veces y media durante el mes de abril, disparando la ocupación de camas en los efectores de salud y el número de personas fallecidas.

Restricciones por la segunda ola y consecuencias económicas

El Presidente, con acierto, decidió adoptar una serie de medidas destinadas a restringir la circulación y la presencialidad en el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA), zona más densamente poblada y de mayor número de contagios. Las mismas regirán hasta fin de mes en un intento de atenuar el número de infectados y reducir la presión sobre el sistema sanitario en tanto avanza el plan de vacunación.

Las actividades alcanzadas son esencialmente la recreación y encuentros sociales masivos en horario nocturno y la presencialidad en las escuelas.

La pérdida de ingresos derivada del cierre para los sectores de trabajadores informales será compensada por un bono de $15.000.

El grave escenario descripto, las medidas transitorias y parciales para enfrentarlo y la evaluación de sus resultados a corto plazo para ratificar o corregir el rumbo, no debieran haber generado controversias mayores en el espectro político. Por el contrario, era esperable que existieran muestras de acompañamiento y solidaridad para cuidar a la población del virus.

Eso no ocurrió. El expresidente Mauricio Macri apostrofó en un tweet la “improvisación e ineptitud en el manejo de la pandemia” encabezando el ataque frontal de Cambiemos contra las medidas adoptadas y convocando a no acatarlas en un claro desafío al gobierno constitucional.

Es evidente que los líderes de las clases sociales acomodadas de la Argentina apuestan a un colapso del sistema sanitario en el Área Metropolitana Buenos Aires como factor desestabilizador de las autoridades elegidas por el voto popular. Nada explica otro comportamiento.

La elite oligárquica necesita, como ocurrió siempre por distintos medios, la proliferación de muertos para avanzar en sus proyectos.

La barbarie expresada en las intervenciones públicas de políticos y periodistas ligados a los agentes económicos más poderosos del país revela el desprecio que sienten por la vida de los más vulnerables en el plano social y sanitario.

No hay racionalidad alguna: está permitido mentir, contradecirse, incitar a la violencia y teñir todo ese comportamiento de una sonrisa cínica que alude a que cualquier acción es válida en el enfrentamiento contra el que piensa y actúa distinto.

No es claro si la tensión sobre la economía y el sistema de salud que provocó el arribo de la “segunda ola” será elegida como “punto de ruptura” para concentrar fuerzas e ir a fondo en la desestabilización del gobierno.

Emerge como una tentación grande en el plan antidemocrático sumar el incremento de la demanda hacia el sistema de salud a la suba persistente del precio de los alimentos que a diario horada los ingresos de los trabajadores.

Hay que cerrar filas en defensa de nuestro Gobierno, nuestro Presidente y nuestro Gobernador. Hay que parar la barbarie de los ricos y poderosos.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/segunda-ola-de-coronavirus-salud-o-barbarie-202141719053

La participación del pueblo y otras ilusiones

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Ya es sabido que después de la batalla de Caseros (Pavón incluida), el futuro país de Mitre se ordenó sobre pilares constitucionales que deberían tener, sobre todo, vocación de eternidad. Los más notables: régimen de gobierno representativo republicano y federal con división de poderes (Art. 1), el derecho inviolable de la propiedad privada e individual (Art. 17), las declaraciones de derechos y garantías individuales de cada ciudadano (Art.14), y todo lo demás que también se legisló para que nunca más –supuestamente– volvieran las tiranías.

Pero también –como esos personajes que participan de la obra sin ser vistos– hay un principio ideológico de la Constitución Nacional que se las trae y sobre el cual vale la pena detenerse y es el que sentencia: “El Pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes” (Art. 22).

Para decirlo de manera práctica: a votar y a la casa.

Lo que en  su momento pudo ser una expresión virtuosa de la representación popular para enfrentar las tiranías, se fue de a poco destiñendo con el avance de las luchas populares, con las resistencias de las mayorías que se sentían burladas aunque votaran cada tanto, empeñadas en romper el desequilibrio voraz que manipulaban de mil maneras los privilegiados del mundo, con el desarrollo indetenible del neocapitalismo financiero y  su empeño patológico de construir a cualquier precio una nueva Edad Media del Siglo XXI.-

El pensamiento liberal, con la astucia que siempre ha exhibido para anticiparse al avance de los peligros a su propio confort, comenzó ya a principios del siglo XX a pensar maneras distintas de maquillar nuevos sistemas alternativos de participación, que al menos debilitaran en parte el desarrollo cada vez más frecuente del único monstruo que los privilegiados temen: el pueblo tronando en la calle.

Debilitadas como están –por ahora– las alternativas del uso de la fuerza directa para imponer un control social que preserve los privilegios de las clases dominantes, el sistema comenzó también entonces a ofrecer bocados atractivos para crear la ilusión de que las mayorías también participan del ejercicio del poder real. Surgen entonces los llamados  “mecanismos de democracia semi-directas”: las consultas populares, los plebiscitos, referéndums, revocatorias de mandatos,  los nuevos laberintos de reclamos individuales de los consumidores estafados, audiencias públicas no vinculantes, es decir, nuevas alternativas de supuestos controles sociales que tienen dos objetivos básicos: generar la ilusión de la participación y, lo más importante, que el poder efectivo de la toma de decisiones finales se siga concentrando  habitualmente en las mismas manos.

¿Cómo lo logran? Amañando de mil maneras y por infinitas vías reglamentarias –con complicidad de los legisladores, claro– los procedimientos y laberintos infinitos que se deben recorrer para atrapar esos mendrugos dispersos que deja caer el propio sistema.

Esto no significa de manera alguna desechar instrumentos que pueden ser utilizados estratégicamente por las mayorías populares, pero –sin pretender resucitar la Comuna de París– se debe alertar sobre la evolución constante que el gatopardismo liberal genera permanentemente, convirtiendo al orden jurídico en un catálogo de ilusiones móvil que le deja siempre el poder al alcance de la mano.

Como en casi todo lo que escribimos, decimos siempre al final: para todos los conflictos que generen estas alternativas nos estarán esperando los Jueces custodios del sistema.

Y pese a que estemos disputando la historia con la cancha inclinada, será también tarea del campo popular utilizar en todos los frentes los inasibles instrumentos legales que están a su alcance, todos ellos, sin exclusiones dogmáticas, divulgando, militando y esclareciendo sobre el significado, utilidad, trampas y limitaciones que los mismos tienen, siempre adaptándonos a todas las formas útiles de la interminable lucha de los pueblos.

MODIFICACION PROGRESIVA A LA LEY DE IMPUESTO A LAS GANANCIAS

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En teoría impositiva se considera que un gravamen es progresivo si paga más el que más tiene, más para la Argentina que desde hace muchos años tiene un sistema tributario sumamente regresivo y que no respecta el párrafo final del Art. 16 de la Constitución Nacional que dice expresamente al respecto: La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.

Decimos esto porque según los datos de la Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal de la Nación, la participación de los impuestos con carácter progresivo –tales como el Impuesto a las Ganancias y el Impuesto sobre los Bienes Personales[1], que cuentan con escalas que discriminan de acuerdo a la capacidad económica de los contribuyentes— cayeron fuertemente en su recaudación en los cuatro años de la gestión de Cambiemos y no se recuperaron en el año 2020 porque la pandemia del Covid-19 provocó mucho más quebrantos que utilidades.

El Impuesto a las Ganancias pasó de representar el 24,8% sobre la recaudación total de la Administración Nacional en 2015 al 21,8% en 2019 y al 20,2% en el año 2020. El Impuesto sobre los Bienes Personales pasó de 1,2% en 2015 a 0,6% en 2019. El IVA, por ejemplo pasó de representar un 28,2% de la recaudación en 2015 al 30% en el año 2019 y a un 30,2% en el año 2020, un impuesto sumamente regresivo porque grava al consumidor final, impactando muy negativamente sobre los sectores más vulnerables.

Peor pasa en las  provincias argentinas que por la Constitución Nacional son las encargadas de recaudar los impuestos directos y, el impuesto inmobiliario rural es solo el 0,3% del PIB, siendo la mayor fuente de recursos de las Provincias el Impuesto a los Ingresos Brutos (que es a las ventas y se traslada al consumidor final) que representa el 70% de la recaudación provincial en promedio.

La presión tributaria nacional (incluyendo contribuciones previsionales) es de aproximadamente el 22,4 % del PIB, más un 6,5% de los impuestos provinciales, rondaría el  28,9% del PIB,  es mayor en general que la de los países latinoamericanos (esencialmente México que la presión tributaria es muy baja) pero menor que en Brasil. Incluso es superior a la de los EEUU, con el agravante que en los EEUU existe cierta proporcionalidad en la recaudación entre impuestos a la riqueza (patrimoniales), a las ganancias (rentas) y al consumo y la actividad, es de aproximadamente un tercio para cada división, por un lado y, por el otro, ese país, una vez descontadas las diferentes exenciones y ventajas fiscales, observamos que el quintil de mayores ingresos enfrenta un tipo federal efectivo que es el doble del quintil de menor ingreso, y además, depende de los Estado la presión fiscal, obviamente en Nueva York es mayor que en el centro oeste americano.

En la Unión Europea la presión tributaria promedio es del 40,2%, países como Suecia tienen una presión tributaria del 48,9% con un eficaz sistema de administración tributaria donde las autoridades no solo exponen los datos de los más pudientes, sino que también desvelan los de todos los contribuyentes, permitiendo que cualquiera pueda enterarse de lo que gana un sueco y como contribuye con el Estado.

La presión tributaria en Alemania es del 39,3% del PIB, Reino Unido 33,1%, Francia 46,4%, Italia 42,3% y España 36,5%, pero en la mayoría de ellos se respeta (salvo España y los países del Este europeo) cierta proporcionalidad de un tercio por gravamen al patrimonio, un tercio por rentas y un tercio por consumo.

Estructura de los ingresos tributarios del gobierno general por tipo de impuesto, 2018, países escogidos (en % del PBI)

Fuentes: Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal, Ministerio de Economía de Argentina, y OECD Statistics.

MODIFICACION DEL IMPUESTO A LAS GANANCIAS

Primero ya es ley la modificación del Impuesto a las Ganancias para la IV Categoría (trabajo personal) que estableció un mínimo no imponible de $150.000 brutos mensuales, a lo que se le suma la desgravación de los gastos realizados en jardines maternales privados y se permite también computar a cuenta de Ganancias todo gasto en «provisión de herramientas educativas para los hijos» y en «pago de cursos de capacitación o especialización» hasta un tope de $ 5.590 por mes. Como es ley las retenciones a cuenta del impuesto que hicieron las empresas a los que al elevarse el mínimo imponible y cobran menos de $ 150.000 en bruto por mes (unos $ 124.000 netos) se le debe devolver con el sueldo de abril 2021 dichas retenciones.

Y ahora, el 8 de abril de 2021, el gobierno de Alberto Fernández remite al Congreso de la Nación, el Proyecto 0002-PE 2021 que básicamente reduce las alícuotas del impuesto a las Ganancias que deberán pagar alrededor del 90 por ciento de las empresas, que es el universo que conforman los pequeños y muchos de los medianos establecimientos.

Se estima que existen en el país alrededor de 406.000 empresas registradas en Argentina en sectores industriales, de comercio y de servicios. La mayor parte de estas firmas corresponden al segmento de microempresas (70% del total), le siguen en importancia por su número el segmento de Pymes, con 113.600 empresas (28%), y el de grandes empresas, con más de 8 mil compañías registradas (2%).

La idea es revertir la reforma tributaria del macrismo y hacer una segmentación: Casi el 90% de las empresas, que la mayoría son pymes, van a bajar la alícuota del Impuesto a las Ganancias de 30% a 25%, las grandes seguirán pagando 30% como fue en el año 2020 y las muy grandes, que son unas 1300 empresas, pagaran 35%.[2]

La nueva propuesta prevé que la tasa del 25 por ciento será abonada por las sociedades cuando la ganancia no supere los 5 millones de pesos anuales[3], alícuota que no solo abarcará a las pymes sino también a la mayoría de las medianas empresas. El proyecto garantiza la sostenibilidad fiscal porque aumenta la alícuota sobre las empresas que más ganan. Por ello la tasa del 30 por ciento comprenderá a las sociedades con ganancias de entre 5 y 20 millones de peso anuales y, las empresas con una ganancia superior a 20 millones de pesos pasarán a abonar una tasa del 35%, quienes pagarán igual o más y de esa manera compensan los menores ingresos esperados de casi el 90% de los establecimientos y el aumento del mínimo no imponible del impuesto a las personas físicas (IV Categoría).

 

Ganancia neta imponible acumulada Pagarán $  Más el % Sobre el excedente
De $ 0 a $ 5.000.000 $ 0 25% $ 0
De $ 5.000.000 a $ 20.000.000.- $ 1.250.000 30% $ 5.000.000
De $20.000.000  en adelante $ 5.750.000 35% $ 20.000.000

 

La nueva iniciativa reformula la reforma tributaria sancionada en 2017, instrumentada por el Gobierno de Juntos por el Cambio, que tuvo un carácter regresivo, debilitó al fisco y no tuvo un impacto positivo en términos de aumentar la producción, el empleo y la inversión. Que bajaba un cinco por ciento por año la alícuota general, para los años 2020 y 2021 llevaba la alícuota al 30 y al 25% respectivamente.  Reforma que el mismo Macri suspendió en el año 2019, por lo que el Gobierno de Alberto Fernández fijó para el año 2020 una tasa general del 30 por ciento.

El proyecto 0002-PE-2021 es un paso importante para una justicia redistributiva que alivia a las pymes, que son las que generan trabajo y, hace que la recaudación se base en la ganancia de grandes empresas que son dominantes en sus mercados y son las que se le incrementa la alícuota al 35%. Este cambio de situación, agiganta la labor de la AFIP para controlar que no trasladen a sus precios el incremento en la alícuota del impuesto a las ganancias.

En la Argentina, la recaudación del Impuesto a las Ganancias a las personas físicas representa aproximadamente la tercera parte de la recaudación total del gravamen[1], pero las personas físicas no pueden trasladar ese costo. En cambio, las empresas que tienen una posición dominante si pueden terminar transfiriendo parcial o totalmente el gravamen.

El problema es que en la Argentina, la gran mayoría de las grandes empresas, tienen posición dominante en su mercado. Si Techint tiene que pagar un impuesto a las ganancias del 35%, va a trasladar ese impuesto al costo de los caños sin costura que sólo ellos producen y, lo mismo sucede con la mayoría de las grandes empresas que son predominantes y fijan precios, pensemos en la producción y venta de combustible, cemento, aluminio, arroz, fideos, aceite, carne, productos de limpieza, etc., donde es una, dos o tres empresas las que fijan el precio, de allí que debe mejorar notablemente el control fiscal para evitar que sean los consumidores los que le paguen el impuesto a esas grandes empresas.

 

 

[1]  Que grava los patrimonios por encima de los $2 millones.  La Ley 27.541 de Solidaridad Social y Reactivación Productiva incrementó el impuesto sobre los Bienes Personales y delegó en el Poder Ejecutivo Nacional la facultad de fijar alícuotas diferenciales superiores para gravar los bienes situados en el exterior, y de disminuirla, en caso de verificarse la repatriación. Pero no hubo cambios en este año 2021, por lo tanto las alícuotas que se mantendrán van de 0,5% a 1,25% para los bienes en la Argentina y de 0,70% a 2,25% para los bienes en el exterior.

[2] La reforma tributaria sancionada en el año 2017, preveía una alícuota general del  25% para este año 2021, por lo que  las empresas  de mayor facturación se les elevó el gravamen.

[3] Importe que se ajustará todos los años por el IPC (Indice de Precios al Consumidor) del INDEC.

[4] En el año 2020 fruto de la pandemia, se cayó aún más las declaraciones de ganancia de las empresas y por ende es probable que la IV categoría que es el impuesto al ingreso personal, haya representado el 40% de la recaudación.

Inflación de alimentos y pobreza: las urgencias que enfrenta el gobierno

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La columna pasada planteamos la necesidad imprescindible de un shock redistributivo ante los datos de pobreza e indigencia del año 2020 informados por el INDEC. La Encuesta Permanente de Hogares (EPA) proyectada al total de la población arroja que 19 millones de argentinos y argentinas se encuentra bajo la línea de pobreza.

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Un determinante de la insuficiencia de ingresos populares es la suba del precio de los alimentos, por encima del promedio de la inflación minorista.

El cuadro que continúa revela el impacto del aumento de la canasta alimentaria en el deterioro de los ingresos de los más humildes:

OCHO PROPUESTAS FINANCIERAS Y CAMBIARIAS

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El déficit fiscal total del año 2020 de la Administración Nacional fue de 2.292.730 millones de pesos y representó un tercio del total del gasto, gasto que se incrementó fuertemente por los programas de salud y asistenciales por la pandemia. Dicho déficit fiscal fue financiado parcialmente por el BCRA, por dos vías, una transfiriendo utilidades de la autoridad monetaria (que se generan básicamente porque las reservas internacionales brutas en oro y divisas al devaluarse nuestra moneda, valen más en pesos) por casi un billón de pesos y, otra parte, por Adelantos Transitorios al Tesoro por 467.720 millones, por lo tanto la Administración Nacional debió endeudarse en el año 2020 en pesos, por la diferencia, que fue de 827.700 millones de pesos[1]. Esquema que plantea repetir este año 2021, para que el 60% del déficit sea financiado por el BCRA y, 40% por deuda, pero con cifras menores (el objetivo de la ley 27.591 de Presupuesto de la Administración Nacional 2021 es reducir el déficit fiscal total del 8% al 4,5% del PIB).

Pero de allí a afirmar que la política de reducir el déficit fiscal no es de derecha o de izquierda, dista de la realidad, en un país donde a la injusta distribución del ingreso se suma un más injusto y regresivo sistema impositivo.  El Ministro Martín Guzmán tiene una idea teórica del tema formado en las universidades de los Estados Unidos. Allí los los impuestos respetan la proporción en la recaudación entre

  • gravámenes a la riqueza (patrimoniales),
  • a las ganancias (rentas) y,
  • al consumo y la actividad.

Aproximadamente corresponde un tercio para cada división. Además, una vez descontadas las diferentes exenciones y ventajas fiscales, el quintil de mayores ingresos enfrenta un tipo federal efectivo que es el doble del quintil de menor ingreso, y depende de cada Estado la presión fiscal. Obviamente en Nueva York es mayor que en el centro oeste americano.

Muy distinto es en nuestro país, donde sumando las imposiciones de las provincias,

  • el total de los impuestos al consumo y a la actividad (IVA; Combustible; Internos; Débito y Crédito Bancario; etc. a nivel nacional y el Impuesto a los Ingresos Brutos a nivel provincial) representan más del 75% de lo que se recauda.
  • El Impuesto a las Ganancias no alcanza a ser el 22% de la recaudación total (donde más de un tercio es a la cuarta categoría – trabajo personal) y,
  • el gravamen a las riquezas supera levemente el 3%. Por ejemplo teniendo las tierras más fértiles del mundo, el impuesto inmobiliario rural (que recaudan las provincias) no alcanza a ser el 0,3% del PIB,  cuando el IVA representa el 10,5% del producto bruto interno argentino.

Por ende el camino correcto para reducir el déficit fiscal es esencialmente cobrándole impuestos a los que no pagan o lo hacen mínimamente, que son los sectores más ricos de nuestra sociedad.  La presión impositiva es importante para la mayor parte de la población, no así para los que detentan un gran patrimonio.

Por ejemplo, la recaudación del impuesto a los  Ingresos Brutos, que se traslada y lo paga el consumidor final, representó en 2020 el 72,6% de la recaudación de la provincia de Buenos Aires ($ 339.086 millones), mientras que el Impuesto Inmobiliario Rural fue de solo $ 14.131 millones (el 3% de la recaudación propia), cuando el Censo Nacional Agropecuario muestra que 2.516 establecimientos concentran la propiedad de 11.158.368,9 hectáreas (sobre un total de 25.788.669 hectáreas cultivables de la Provincia). Y cuando a comienzos de 2020 el Senado bonaerense trató el Código Fiscal, nos enteramos que los dueños de esos establecimientos son 211 familias y/o sociedades.  Estamos hablando de la tierra más fértil del país (y una de las más fértiles del mundo), donde más rinde por hectáreas tiene el maíz, el trigo, la soja, el sorgo, el girasol, etc., pero paga solamente el 3% de los ingresos propios de la provincia

Es claro que se necesita una reforma integral del sistema tributario y que no se puede realizar una disminución del déficit sino se lo hace principalmente desde los ingresos.

El déficit cuasifiscal

Lo más llamativo es que el equipo económico no muestra la misma preocupación por el déficit del Banco Central o cuasi fiscal,  cuando las Leliq (letras de Liquidez del BCRA) más los pases pasivos (que es plata que los bancos le prestan al BCRA) suman en total al 30 de marzo de 2021,  3,1 Billones de pesos, superando a la Base Monetaria que es el total de dinero creado y puesto en circulación por el BCRA que era a esa fecha de 2,5 billones de  pesos e incluso, es mayor al déficit fiscal  acumulado del año 2020 de $ 2,3 Billones

Esa masa de dinero inmovilizada devenga intereses todos los meses, que en marzo de  2021 ascendieron a unos $ 90.000 millones[2], que paga religiosamente la autoridad monetaria.  En la gestión actual del BCRA el renglón que más se incrementó fueron la Leliq: creció un 149% (de $ 758.453 millones en el inicio de la gestión a 1.891.864 millones el 31 de marzo 2021), cuando en igual lapso, toda la base monetaria lo hizo solo en un 38%.

Por lo tanto en la Argentina el crédito y la liquidez (dinero en la calle) es mínimo e insuficiente para impulsar la actividad económica y, no solo no se puede concebir que el Banco Central le pague a los Bancos por no prestar, sino que esas inmovilizaciones han tomado una magnitud inconmensurable y, el nivel de esterilización del dinero es de mayor magnitud que el déficit fiscal de Tesoro de la Nación, con el grave riesgo que se convierta en una bola de nieve imposible de pagar.

Cínicamente los economistas del sistema critican el déficit fiscal, básicamente ocasionado para poder hacer frente al drama de la pandemia generada por la Covid-19, pero nada dicen del déficit cuasi fiscal o déficit del BCRA que crece sin cesar y, dada la concentración del sistema financiero local, diez grand. Son los mismos que compraron para sí y para sus clientes la mayor parte de los 86.200 millones de dólares que se fugaron en la gestión del gobierno de Cambiemos.

 

Por ende, en medio de la llamada Segunda Ola de la Pandemia se deben tomar medidas de regulación estatal para apuntalar a la población, a su producción y a su trabajo, en cumplimiento del Art. 16 de nuestra Constitución Nacional: “Todos sus habitantes son iguales ante la ley. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”. Y del mandato constitucional:”… promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

Las verdaderas y necesarias medidas

Es obvio que deben tomarse fuertes medidas en el área financiera y cambiaria para revertir la situación y que sean las entidades financieras las que se conviertan en funcionales a un sistema económico en crecimiento y distribuyendo progresivamente el ingreso y no, como ha sido hasta ahora, mecanismo de renta y fuga de capitales, por ello se propone:

  1. Auditar a los grandes compradores de dólares de los cuatro años de la gestión de Cambiemos en base al Informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019” del BCRA. Por medio del Decreto 239/2021 la Procuración del Tesoro de la Nación se constituyó en parte querellante en la causa N° 3561/2019 “Macri Mauricio y otros s/ defraudación por administración fraudulenta y defraudación contra la administración pública”, en trámite ante el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 5 de la CABA y coadyuvará en la promoción de la acción penal con el fin de determinar a las presuntas y los presuntos responsables de los delitos de acción pública que en ese proceso se investigan y que podrían haber damnificado al Estado Nacional. Pero que la querella no sea solo contra los funcionarios que hicieron posible el endeudamiento y su fuga en la gestión de Cambiemos, sino que debe extenderse a las personas físicas y jurídicas que se beneficiaron con esa práctica. El Informe de marras dice que siete millones de personas físicas y jurídicas compraron 86.200 millones de dólares, pero los 100 primeros compraron 24.769 millones de dólares.  Bien hay que llamar a los titulares de esas cien firmas y decirle señores ustedes no pagaron impuesto a las ganancias por el monto de dólares que compraron,  de donde extrajeron esa suma, con lo cual se logra hacer, además, un avance sobre las contabilidades paralelas y la evasión tributaria. Nunca se comunicó oficialmente quienes eran los que compraron dólares en la gestión de Macri, entre ellos y principalmente, los 100 primeros fugadores, pero El Cohete a la Luna con fecha 24 de mayo de 2020, en una nota titulada “Los Cien de Macri” https://www.elcohetealaluna.com/los-100-de-macri/, afirma (y nunca fue desmentido ni por las empresas y personas invocada, ni por el BCRA), que encabezan el lote de grandes fugadores Telefónica Argentina con 1.248,2 millones de dólares y Pampa Energía SA (del grupo Midlin y Joseph Lewis) con 903,9 millones de dólares[3], y cuenta con empresas como Monsanto Argentina SA (donde hizo toda su carrera Gustavo Idígoras, actual Presidente de CIARA-CEC y conspicuo miembro del Consejo Agroindustrial Argentino); Grupo Clarín con Directv Argentina S.A. y Telecom Argentina SA; el grupo Techint con Siderar SA; Hidrovía Paraná SA (que es la empresa que tiene la concesión del dragado del Río Paraná que vence el 30 de abril de 2021); Aceitera General Deheza, una de las grandes beneficiadas con tres puertos propios (uno de ellos socio con la multinacional Bunge) en los 70 kilómetros del nodo portuario del Gran Rosario-Santa Fe; y también están Arcor SA de la familia Pagani; el Grupo Galicia de los Braun, Ayerza y Escasany[4];  el Banco HSBC; y el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain, entre otros.
  2. Anular la facultad que le otorga la Carta Orgánica del Banco Central (Ley 24.144/92) de que los dólares que el BCRA le compra al Tesoro de la Nación, por endeudamiento de la Administración Nacional sean vendidos a los bancos.  Esto es,  los dólares de la deuda externa deben seguir siendo reservas internacionales inmovilizadas del BCRA.  De esa manera  no se propicia el endeudamiento estatal y la fuga de capitales.
  3. Ante la segunda ola de Covid 19, es indispensable aumentar la liquidez sobre el PIB para que se dirija directamente a los sectores de la población que perciben remuneraciones por menos de la Canasta Básica Total (principalmente está conformado por los beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia y los trabajadores y jubilados y pensionados), a las pequeñas y medianas empresas y al Estado. Para ello el Profesor Sergio Arelovich coordinador del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate), propone transformar el stock de Leliqs en stock de otro activo remunerado, a un plazo de un año y a una tasa mensual variable similar a la tasa pasiva promedio, e ir liberando en cuotas tal tenencia, de ese modo y a una tasa regulada o administrada por el BCRA, el enorme stock de Leliqs se transformaría en un factor de expansión monetaria aplicado al restablecimiento de niveles de demanda privada y estatal.
  4. Fortalecer la capacidad del Banco Central para regular el crédito, captar fondos y controlar el sistema financiero. De acuerdo con este esquema, la principal actividad de los bancos debe orientarse a facilitar el acceso al crédito, así como agilizar las transacciones económicas en clara línea con una preocupación por estimular la demanda. En ese sentido se exige mantener una relación cifrada en 5% entre el capital de la entidad y el monto de los depósitos recibidos y otras obligaciones a su cargo. De ese modo, las entidades financieras aumentan su capital si el volumen de operaciones así lo justifica. Con esta medida el BCRA busca fomentar la cantidad de préstamos otorgados al sector productivo a través de facilitar las condiciones para las instalaciones de nuevas entidades financieras.
  5. Fortalecer el rol de la superintendencia de las entidades financieras y cambiarias del BCRA. Para ello se debe conformar una mesa de coordinación institucional con la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) del Ministerio Público Fiscal; el Ministerio de Seguridad; la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias del Banco Central; la Comisión Nacional de Valores; la AFIP; el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social;  y la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF). Es imprescindible restablecer el artículo 6° de la Ley 20.840 de 1974, comúnmente denominada de “Subversión Económica”, que básicamente preveía sanciones privativas de libertad y multa, respecto de comportamientos que afectaren el patrimonio o bienes de capital de un establecimiento. Considerándose como agravantes de estas acciones, a los efectos de aumentar la pena, los casos en que se produjera desabastecimiento de bienes o servicios de uso común, estafas, el cierre, liquidación o quiebra de empresas o el perjuicio para la economía nacional.
  6. Modificar la ley 21.526 de Entidades Financieras para que la actividad sea de interés público nacional: Esto preservaría el carácter privado de la misma y su sometimiento a un régimen preponderantemente de derecho privado, pero obligaría a las entidades a aceptar una intensa regulación y fiscalización estatal dado que ellos administran ahorro del público y debe ser orientado a financiar la producción y el trabajo y no a actividades especulativas de ningún tipo.
  7. Anular el Decreto 893/2017 y de esa manera restablecer el Decreto 2581/1964 de Emergencia Cambiaria, que en su artículo 1º afirma: “A partir de la fecha, el contravalor en divisas de la exportación de productos nacionales, hasta alcanzar su valor F.O.B. o C. y F., según el caso, deberá ingresarse al país y negociarse en el mercado único de cambios dentro de los plazos que establezca la reglamentación pertinente” y en su artículo 2º: “Igualmente, deberán ingresarse al país y negociarse en los términos que se fijen en la reglamentación, las divisas provenientes del cobro de fletes y pasajes; seguros; comisiones de cualquier naturaleza; reembolso de capitales; renta de inversiones; derechos de autor; explotación, venta o alquiler de películas cinematográficas y grabaciones; tasas telegráficas y, en general, toda suma ganada en moneda extranjera a favor de un residente en la República Argentina.
  8. Oponerse a la reprivatización del Río Paraná, para ello se debe pedir la opinión del pueblo argentino, por lo que al realizar las elecciones PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) o las elecciones nacionales generales del corriente año 2021, se solicite por un referéndum vinculante que diga, si se está a favor de la creación de una Sociedad del Estado para la administración, el control y la realización de obras complementarias y accesorias en el Paraná o, si se vuelve a licitar nuestro río como lo propone el Decreto 949/2020.

 

[1] En el mercado local y colocando títulos de deuda que se pagan en pesos pero ajustados al valor dólar (por ejemplo los llamados Bonos Linked)  y en pesos ajustables (Los BONCER),  el CER es el Coeficiente de Estabilización de Referencia y se basa en el IPC del INDEC.  Desde el 10 de diciembre de 2015 al 28 de febrero  de 2021 ambos índices crecieron en forma similar en un 1.000%.
[2] Monto similar al IFE (ingreso Familiar de Emergencia) cada vez que se pagó
[3] Larry Fink titular del fondo  BlackRock, reconoce que tiene participación en el capital de Telefónica y Pampa Energía.
[4] Larry Fink, CEO de BlackRock  reconoce participación en el capital accionario  del Grupo Banco Galicia, y en el Banco Santander.

 

https://www.elcohetealaluna.com/ocho-propuestas-financieras-y-cambiarias/

Cuando el perro se muerde la cola

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Cuando se analiza la historia de nuestro país se observa con claridad el quiebre producido por la última dictadura cívico-militar. La Argentina dejó de ser un país que crecía en base a su mercado interno para ser un mero productor de alimentos y materias primas con destino al mercado mundial. Se impuso un esquema dependiente del capital financiero que modeló un sistema productivo y distributivo basado en la extracción de minerales y la explotación agropecuaria exportadora.

Hoy, el país observa impotente como centenares de buques extranjeros depredan el mar argentino y Gran Bretaña vende licencias de pesca en la zona económica de exclusión de las Islas Malvinas y el Atlántico Sur. La situación se reproduce con la mal llamada Hidrovía Paraná. La concesión en manos privadas, que data de un cuarto de siglo, vencerá el próximo 30 de abril. ¿La propuesta del Poder Ejecutivo? Renovarla mediante Decreto 949/2020, que le confiere el total control de la licitación al Ministerio de Transporte, desconociendo el acuerdo que alcanzaron en agosto pasado las siete provincias con puertos sobre el río Paraná y el propio Gobierno nacional.

No solo eso. La iniciativa oficial, además, impulsa el uso del Canal Punta Indio hacia Uruguay y el dragado del brazo Paraná Bravo. Conclusión: el proyecto tal y como está planteado no solo mantiene privatizada la hidrovía, sino que también instaura como puerta de entrada y salida de las exportaciones a los puertos uruguayos de Montevideo y Nueva Palmira. El balance: la pérdida de soberanía. Un enorme contrasentido para un país que tiene uno de los litorales marítimos más extensos del mundo.

El Paraná en una zamba

El 28 de agosto pasado el Gobierno nacional y las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Formosa, Misiones y Santa Fe consensuaron crear la Administradora Federal Hidrovía Sociedad del Estado. El Estado nacional tendría una participación del 51 por ciento del capital social y las provincias el 49 por ciento restante. El acuerdo señalaba que la empresa tendría potestad para administrar, controlar y determinar la realización de las obras complementarias y accesorias a la Hidrovía. Nada de eso ocurrirá.

Tres meses después del acuerdo, el Poder Ejecutivo borró de un plumazo lo firmado. Lo hizo con el Decreto 949/2020 para beneficio de las grandes acopiadoras y comercializadoras de granos, la Cámara del Acero y la Unión Industrial Argentina. Fue luego de que las entidades empresarias cuestionaran la intención del Gobierno nacional y las provincias de administrar la principal conexión del país con el mundo. Sostuvieron que “no hay razón para cambiar algo que funcionó exitosamente durante veinticinco años”. Lo que no dijeron es que el éxito fue solo para ellos.

Los intereses en juego son evidentes. La Argentina tiene una salida natural hacia el Océano Atlántico: el Canal Magdalena, bajo jurisdicción nacional. De propiciarse su uso, las embarcaciones solo emplearían puertos argentinos. Sin embargo, las obras de dragado se interrumpieron durante el gobierno de Macri, a la par que se dragaba el brazo del Paraná Bravo para que los buques conecten con Nueva Palmira, o lleguen hasta la zona conocida como “El codillo”, para dirigirse desde allí hacia Montevideo.

Semejante determinación y velocidad para avanzar con la licitación de la Hidrovía Paraná-Paraguay contrasta con el escaso entusiasmo oficial en el proyectado Canal Magdalena. Quienes lo impulsan relativizan la decisión de Transporte de convocar para el 7 de mayo a una audiencia pública con el objeto de “avanzar en los aspectos ambientales vinculados con la ejecución de las tareas de dragado y apertura, señalización y mantenimiento”, según el comunicado oficial.

Razones no les faltan. Temen que la iniciativa queda cajoneada en algún oscuro rincón de una comisión. Argumentan que los estudios ambientales ya se realizaron y que, curiosamente, la vía troncal licitada en 1995 nunca fue objeto de un análisis de esas características; es decir: lo que nunca tuvo un estudio de impacto ambiental se puede licitar en tiempo récord, no así el Canal Magdalena, que ya fue objeto de un análisis ambiental.

En su carta abierta a Alberto Fernández, Mempo Giardinelli le pidió “en nombre de los diez millones de compatriotas que vivimos a orilla del río Paraná que no entregue la soberanía”, subrayó que la “concesión que se vislumbra es absurda”, señaló que “no hay ninguna razón que la justifique” y le recomendó que “recupere su propia idea de agosto, que era la correcta, una gran idea: el Estado y las siete provincias ribereñas a cargo de nuestro maravilloso río”.

La misiva cerraba con una estrofa de Paraná en una zamba, de Jaime Dávalos y Ariel Ramírez…

Brazo de la luna que bajo el sol,
el cielo y el agua rejuntará.
Hijo de las cumbres y de las selvas,
que extenso y dulce recibe el mar.

El Paraná es un río tan valioso como el Mississippi, el Danubio, el Sena, el Volga y el Mekong. Ninguno de ellos con el colonizado y engañoso nombre de “hidrovía”.

Más importante que el oro

La desaprensión también se verifica en otros ámbitos. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, afirmó a principio de marzo último que nuestro país está abierto a “la posibilidad de explotar diferentes minerales que se encuentran y que son centrales para el desarrollo económico mundial”. Más extractivismo. Lo dijo al exponer de manera virtual ante inversores globales en la exposición internacional de la Asociación de Prospectores y Desarrolladores de Canadá.

Kulfas fue enfático: “Sepan que hay un Gobierno en Argentina que apoya el desarrollo de la minería y toda su cadena de valor con un marco legal que genera certezas, como la estabilidad fiscal y la previsibilidad de determinados beneficios”. Olvidó decir que el marco legal es el heredado de la última dictadura cívico-militar y que perfeccionó el menemismo.

Sin embargo, no todo está perdido. En Mendoza, Rodolfo Suárez, el viernes 20 de diciembre de 2019, apenas un día después de asumir la gobernación, consiguió entre gallos y medianoche con el apoyo de diputados y senadores provinciales – incluidos varios del Frente de Todos – que la Legislatura sancionara Ley 9.209 que permite el uso de cianuro y ácido sulfúrico en las explotaciones mineras.

El hecho generó un repudio generalizado. Dos días después, la población se movilizó. Marchó durante veintidós horas por la Ruta Nacional 40 para exigir el veto. Lo hizo desde el pueblo de San Carlos hasta la Casa de Gobierno. A su paso, la marcha, que finalizó a las diez de la noche, sumó pobladores rurales, pero también a los habitantes de la capital mendocina. Hasta la Comisión de Reinas Nacionales de la Vendimia repudió la ley y amenazó con no participar en la tradicional fiesta. Incluso el Arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, envió una carta abierta a los legisladores y otra al gobernador para reclamar el veto. Los autoconvocados se multiplicaron. Así nació la Asamblea del Agua bajo dos consignas: “No hay licencia social para la mega minería” y “El agua es más importante que el oro”.

También en La Rioja la megaminería sumó repudios. Fue cuando los vecinos del departamento de Famatina se enteraron que la compañía Barrick Gold necesita unos 1.000 metros cúbicos de agua por día para explotar oro en la mina La Mejicana. El caudal diario para la zona es de 750 metros cúbicos diarios. “¿Qué vamos a hacer nosotros, entonces?”, fue la duda que atrapó a los pobladores. En asamblea abierta decidieron que no querían allí esa industria. Desde entonces, lograron frenar cuatro proyectos mineros bajo dos lemas: “El Famatina no se toca” y “Nuestra vida es el agua”. Al igual que en Mendoza, el pueblo en la calle frenó la irracional explotación de los recursos naturales.

Socializarás tus deudas

¿Por qué la Argentina exportó el año pasado 39 millones de toneladas de maíz en grano, encareciendo de esa manera la carne aviar y porcina que se vende en el país? ¿Por qué se exporto el año pasado 1 millón de toneladas de carne vacuna, encareciendo su precio interno en un 75 por ciento y provocando que el consumo per cápita cayera a 50 kilos, el más bajo de los últimos cien años? ¿Por qué se propicia la extracción de minerales con todo el riesgo que ello significa?

La respuesta es sencilla: un intento por generar divisas para pagarles a los acreedores externos y al Fondo Monetario Internacional. Una deuda que benefició y beneficia a una minoría y que Domingo Cavallo, como presidente del BCRA, transfirió al conjunto de la sociedad mediante los seguros de cambio en 1982, y que legitimaron Juan Vital Sourrouille y José Luis Machinea en 1985 con la entrega de nuevos títulos públicos en reemplazo de los firmados en la dictadura.

Una deuda privada que, vale recordar, se volvió a transferir al conjunto de la sociedad en 2002, en esa ocasión con la pesificación asimétrica que concretó el gobierno de Eduardo Duhalde. Los grandes deudores pagaron 1 peso por los dólares que en el mercado de Montevideo se cambiaban a 4 pesos argentinos por cada divisa estadounidense. Ahora, se quiere repetir la historia. Esta vez con los más de 100 mil millones de dólares de deuda que tomó el gobierno de Mauricio Macri, de los cuales se fugaron 86 mil 200 millones y 24 mil 769 se lo quedaron los 100 primeros compradores.

Una oportunidad histórica

¿Cómo podemos dar vuelta un resultado nefasto que se traduce en que un puñado de argentinos tenga fugado en el exterior el equivalente a un Producto Bruto Interno anual, mientras el pueblo sufre de pobreza y olvido?

La historia cuenta que Arquímedes dijo: “Denme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Hoy, la historia nos presenta una oportunidad. Lo primero es oponerse a la reprivatización del Paraná. ¿Por qué no reclamar que sea el pueblo el que decida si está a favor de la creación de una sociedad del estado o si se vuelve a licitar nuestro río como lo propone el Decreto 949/2020? No sería complejo. Se lo podría hacer en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, o en las elecciones nacionales generales de medio término, mediante un referéndum vinculante.

Sería un primer triunfo popular y la primera gran derrota de la minoría parasita y rentística subordinada al capital extranjero que conforma el poder económico en esta Nación del sur del continente americano.

 

Cuando el perro se muerde la cola

EL IMPACTO DESINDUSTRIALIZADOR EN LA ARGENTINA

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Los analistas insisten ahora con el desacople de la Argentina del resto de los países emergentes, que se advierte en los índices bursátiles de Buenos Aires así como en el valor de los bonos, que se encuentra muy por debajo de los niveles prepandemia, y el país quedó muy por debajo del rebote que tuvo lugar en los emergentes, principalmente entre los asiáticos, y también la renta variable local se comportó mucho peor que la de la región.

Ante todo hay que aclarar que la Argentina, pese a las clasificaciones de los mercados, no puede ser un país emergente si no afirmara su industria. Es un resultado derivado de la índole que tuvo la política económica en los años 2015 a 2019, en la gestión Cambiemos, y como consecuencia del poderoso antecedente que la instaló: la política económica heredada de la dictadura militar. Y eso por una razón muy simple: el proceso de emergencia tiene que ver con la industrialización, y la Argentina siguió en ese período una clara política de apertura indiscriminada que atentaba contra la recuperación de la actividad manufacturera.

El mercado no puede admitirlo directamente porque su mirada se asienta sobre la posibilidad de obtener ganancias, y en un entorno muy marcado por la apertura indiscriminada, esa posibilidad se apoya cada vez menos en la industria y cada vez más en la especulación financiera, que es propia de los períodos de crisis. Pero si la ganancia se asienta en una riqueza material y no sólo en una expectativa, sólo puede provenir de una producción cada vez más compleja. Las sociedades industriales y las que se vuelven industriales emergiendo desde economías más primitivas son un ejemplo. Si hay una mayor acumulación de riqueza en medio de una sociedad más pobre, el resultado conduce al empeoramiento del nivel de vida, la baja del salario y del empleo y la menor potencia industrial.

A partir de los años setenta, con el paso de sectores de la industria a países de menor desarrollo, la menor industrialización del centro parecía señalar un porvenir con menos industrias en el centro pero en conjunto más industrializado, con los países del centro manteniendo el núcleo de industrias de más alta tecnología. Esta tendencia se asentó definitivamente en los ochenta y se expresó entre nosotros en la desindustrialización inaugurada por la dictadura militar en 1976, que se continuó con las políticas de ajuste de la democracia hasta la crisis de 2001, pero la Argentina no era un país industrializado sino que podía aprovechar la radicación industrial para fortalecerse. Sucedió todo lo contrario, porque la oligarquía tradicional agropecuaria lo vio como una oportunidad para afirmar su poder y desmantelar parcialmente a la industria, para lo que derivó los excedentes hacia las finanzas y la exportación de capitales y políticamente bloqueó al peronismo.

La profundidad de la tendencia desindustrializadora se advierte en el absoluto protagonismo de la política monetaria. Al elegir la restricción cambiaria sin cuidar su influencia sobre la industria, en la Argentina los sectores económicamente dominantes mostraban su preferencia por mantener una división del trabajo que se desdibujaba en el resto del mundo por la acelerada industrialización de muchos de los productores de materias primas.

La crisis de los años noventa fue una muestra de esas diferencias. Ni la crisis del tequila en México, ni la del real en Brasil, derivó en una limitación de la vía de desarrollo industrial por el impacto de una moneda que se esforzaba por mantener en equidad con el dólar. Esta práctica monetaria reiterada, de valorizar la moneda en lugar de la cartera de productos que se venden y –sobre todo- de su valor agregado, requería producir menos para gastar menos, pero vender más afuera y menos adentro, con lo que se terminaban reduciendo el mercado interno y las posibilidades de exportar y se requerían más productos importados; exactamente lo contrario de lo que procuran hacer los países que crecen: aumentar las ventas y su valor agregado y con eso volver más rica la moneda.

No hay otro camino. El potencial comprador de una economía no es un atributo de la moneda sino de la economía que la sustenta, su capacidad competitiva y su integración a las redes manufactureras internacionales, una inquietud inexistente en todas las políticas económicas de ajuste que prevalecieron de 1976 a 1984 y continuaron después, durante largos 18 años, hasta la profunda debacle de 2002.  Sustentar una deuda creciente que no se usa en invertir sino en importar, desmantelar la industria, fortalecer las ramas primarias, destruir el sistema ferroviario en nombre de un menor gasto fiscal y encarecer la logística de un país extenso, ponía el foco en la región pampeana privilegiada y culminaba con la dolarización de las tarifas de los servicios como antecedente de la dolarización de todos los precios, lo que significaba reducir su universo y empobrecer a la mayoría.

Fue una instancia que no estuvo presente con iguales repercusiones en México o Brasil, para no hablar no ya de China, ni de los países emergentes asiáticos. Éstos, como verdaderos emergentes, se embarcaron en procesos de intensificación industrial orientados a sustituir partes de industrias avanzadas e integrarse así en una red manufacturera mundial con un mayor contenido tecnológico. Estos países son los emergentes verdaderamente dichos más notables: en ellos, el antiguo modelo de producción cedió a una articulación mundial más homogénea y avanzada que, por el contrario, dejaría de lado la pasada división del trabajo, sobre todo apuntando a la acumulación de capital en las ramas más avanzadas de la industria, al contrario de la fuga de capital o a su radicación en las finanzas y más tarde en servicios a precios dolarizados, como sucedió en la Argentina.

Esa tendencia fue quebrada en el país desde 2003 en adelante, y es muy clara esta ruptura al observar el ascenso del PBI local en esos años y hasta la crisis financiera de 2008, período en que se recuperaron posiciones industriales que habían sido relegadas nada menos que en los 28 años previos, desde 1975.

El anterior enorme retroceso de casi tres decenios continuados volvió a irrumpir a través de la economía internacional durante la crisis financiera de 2008, pudo ser parcialmente resistida a costa de mayor inflación, pero se afirmó con la política nacional del macrismo, de apertura indiscriminada y apoyo a la acumulación financiera, agravada con la vuelta a la búsqueda del equilibrio monetario con el dólar o directamente con la búsqueda solapada de dolarización. Inmediatamente después, la recesión surgida de la pandemia universal no podría hacer otra cosa que empeorarla más que a las economías que no habían sufrido el mismo castigo.

Y la inflación no se puede vencer destruyendo producción y retrocediendo hacia una estructura productiva nacional más primitiva sino igualándola paulatinamente a las redes internacionales más avanzadas en contenido industrial y tecnológico: es la única manera de bajar los costos de largo plazo, y al bajar los costos de una producción más avanzada, reducir las diferencias de valor de la moneda nacional respecto a las divisas.

La imposición de una moneda fuerte sostenida por crédito en un contexto de una economía de industrialización retrasada supone una restricción monetaria y crediticia para la producción no competitiva que restringe la fabricación de productos más avanzados y, consiguientemente, fundamenta la fortaleza monetaria en el retraso productivo, lo que significa una contradicción mayúscula, como lo muestra el caso argentino. Al restringir cada vez más la producción avanzada, lo que se desenvuelve es una conformación económica más atrasada, con baja en el salario, el empleo y en el nivel de vida, y facilidad de ganancias en la especulación financiera más que en ningún otro lado.

En los países desarrollados este proceso no obstaculiza la persistencia de su riqueza general porque es ya una estructura establecida. La Argentina, por su parte, fue un país en tránsito temprano a su industrialización, en que los sectores dominantes se negaron persistentemente a evolucionar en ese sentido desde la generación de una economía mundial con la posguerra de 1945, y el resultado está ante nuestros ojos: una industrialización frustrada que no pudo tener continuidad y desaprovechó una oportunidad única.

Aun así, la ventaja de los países industrializados se encuentra opacada frente al ascenso de China y de los verdaderos emergentes, que son los asiáticos, y el golpe se siente en los salarios y el empleo. México y Brasil pudieron conservar su industrialización y por eso su situación está menos expuesta que la de la Argentina. México se integró a partir de una industria más retrasada a la industria estadounidense, como una parte de ella, y Brasil no interrumpió su industrialización gracias a su gran mercado interno. Por eso pueden sostener una inflación controlable y determinada por una moneda nacional que no se devalúa más que en la medida en que sostienen una moderada diferencia de productividad que les permite una integración mundial mayor, que en México es decisiva a través de Estados Unidos.

La opción argentina parecía seguir sosteniéndose con una estructura de producción relevante en el ámbito primario y en el terciario de los servicios, no en la industria, que es el eje de desarrollo del capitalismo. Durante un largo tiempo, una visión parcial pudo dar la impresión de que la industria dejaba el centro de la escena en favor de los servicios. Pero con la economía del conocimiento la industria vuelve a estar en el centro con más intensidad que nunca, y va camino de sustituir la mano de obra directa por la digitalización automática de los procesos industriales a través de las comunicaciones.

El resultado va a ser una industria superior y más generalizada, en dirección hacia la automatización y la robotización, un escenario en que la ausencia de industria sería un signo más que evidente de atraso. Por eso, en estas circunstancias, queda más claro que nunca que la presencia de la industria más avanzada no puede ser compensada por la sustitución de la moneda sino, con más urgencia que nunca, por la adaptación de la estructura productiva al perfil internacional.

Para la mayoría de los analistas y consultores argentinos, que siguen una larga trayectoria de búsqueda de ganancias a través de la especulación y la pobreza de la mayor parte de la sociedad, se trata de una realidad incomprensible.