23.6 C
Buenos Aires
jueves, septiembre 24, 2026
Blog Página 50

Informe económico mensual

0

La idea del documento es buscar en los Indicadores las similitudes, más allá del posible follaje en que se inscriben cada uno.

La inflación ha crecido a lo largo de los años y hoy está próxima a un máximo  de los años recientes. Cuando se utilizan los valores actuales para deflactar (es decir, como índice de precios), son pocos los indicadores que mantienen porcentajes más elevados o sea superiores (al deflactor). Entre ellos los Títulos Emitidos (Leliqs) con alto costo para el BCRA. En el reciente Balance para 2021 los Intereses Perdidos (del cuadro de Resultados) ascienden a $ 1.5 billón si a los anteriores (Leliqs) les adicionamos (los intereses) las Operaciones de Pase.

Las Reservas Brutas del BCRA convertidas en pesos (por el tipo de cambio oficial) y deflactadas por la inflación, en casi todo el periodo analizado registra valores negativos, excepto en los tiempos de endeudamiento o participación del FMI. Son claros los problemas que se presentan con pocos dólares disponibles en el BCRA y con la deuda externa aumentan, dilemas no resueltos.

Todos los indicadores fueron creciendo en velocidad (las tasas) en estos 11 años, los motores para ello se fueron alternando y finalmente se sintetizan en la inflación. Como figura se puede utilizar un tren lanzado a celeridad, pero que aumenta.

Resulta muy difícil cambiar rápidamente el curso de los Indicadores, y por lo visto lentamente tampoco se logra, una verdad de Perogrullo una vez analizados los recorridos de los mismos. Se necesita de políticas consistentes de largo plazo, lo cual ya impone una fuerte restricción en la afirmación por el cumplimiento de los términos consistentes y largo plazo, y no agregamos expectativas para no perder el ánimo.

Está claro que se ha aprendido a convivir con la inflación, tras años y años algo se aprende, aun cuando todos los gobiernos desde décadas jugaron con propuestas de derrotarla o apagarla o  atenuarla en el mejor de los casos.

En este caso no hacemos participar a Inodoro ni a Mendieta, directamente tomamos una reflexión de Fontanarrosa que tiene un trasfondo de cómo subsistir enfrentando la inflación: Se produce el siguiente diálogo entre un señor y un conocido pintor de cuadros:

El señor: “Lo felicito, maestro….Me han dicho que vendió todos sus óleos……”

Famoso pintor: “Los óleos, los acrílicos, los pinceles y, ahora, estoy vendiendo los caballetes….”

 

2022 abril Periodos 3 2011-2015-2019 indicadores.docx

Biden-Bolsonaro, la otra cumbre

0

Con el correr de los días se hace más confuso y paradójico el sentido y el alcance que la administración Biden le da al tema de la democracia en relación a la IX Cumbre de las Américas que se llevará a cabo entre el 6 y 10 de junio en Los Ángeles, California.

En lo que parece una decisión inconsulta con sus pares de América Latina y el Caribe, Estados Unidos, a través de su Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Brian Nichols, anunció que era “poco probable” que los mandatarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua fuesen invitados a la cita. Ni el Secretario de Estado, Antony Blinken, ni el Consejero de Seguridad Nacional, Jack Sullivan, ni la misma Casa Blanca expresaron argumento alguno. A pesar de su impacto en las relaciones interamericanas, la decisión fue comunicada y no justificada a través de un funcionario medio. Dadas las dificultades, los retos y las amenazas a la democracia a lo largo y ancho del continente, hubiera sido interesante que ésta fuera tema de conversación en la Cumbre. Más aún cuando Estados Unidos no escapa al debilitamiento y erosión de la democracia. Seguramente con todos los presidentes presentes de Latinoamérica y el Caribe no hubiera habido reacciones contrarias a deliberar sobre el tema. En todo caso, revalorar, reactualizar y reparar la democracia en las Américas es una tarea colectiva y exigente.

La referencia a la Carta Democrática Interamericana que hacen quienes se pronuncian en Estados Unidos y la región sobre la pertinencia de excluir a representantes de países no democráticos en un foro multilateral no parece sostenible. Cuba, más allá de la naturaleza de su régimen, fue parte de dos Cumbres: la de 2015 y 2018. Su inclusión entonces fue una decisión política, no jurídica, así como tampoco es jurídica y sí política su actual exclusión. Un ámbito multilateral no inhabilita la presencia de gobiernos de distinto signo ideológico o sistema institucional. Concebir un multilateralismo de los virtuosos es un inútil signo de engreimiento moral.

Pero la determinación de Washington fue, además, enigmática. En la denominada Cumbre de las Democracias convocada por Biden en diciembre de 2021, la Casa Blanca no invitó —se supone por carecer de credenciales democráticas— a Cuba, Nicaragua, Venezuela, y sumó a la lista de excluidos a Bolivia, Haití, Honduras, El Salvador y Guatemala. ¿Cómo y por qué los excluyeron  a estos últimos de la misma cumbre a la que fueron invitados Irak, la República Democrática del Congo y Pakistán? ¿Qué sucedió en los últimos seis meses para que se considere ahora invitar a las naciones latinoamericanas recién indicadas después de haberlas excluido? ¿No eran democráticos antes y lo son hoy? ¿Cuál es el criterio de Estados Unidos para adoptar decisiones tan cambiantes en tan breve lapso de tiempo?

Esta pregunta, como lo indiqué recientemente, es relevante también para la comparación entre la próxima Cumbre de las Américas y la Cumbre Estados Unidos-ASEAN (Asociación de Naciones de Asia Sudoriental) del 12-13 de mayo de 2022 dado que de los diez participantes asiáticos cuatro tienen gobiernos autoritarios, uno es un sultanato y el resto son democracias bastante defectuosas a los ojos de Occidente. Según algunas opiniones una de las diferencias es que Cuba, Nicaragua y Venezuela son enemigos de Estados Unidos y ninguno de los países de la ASEAN lo es. Sin duda Cuba, Nicaragua y Venezuela son un fuerte dolor de cabeza para EE.UU. Sus relaciones son manifiestamente refractarias, pero ninguno, individualmente o en conjunto, pone en peligro la seguridad nacional estadounidense. Sin embargo, a diferencia de los países de la ASEAN, estas son naciones que por distintas razones están ligadas al devenir político y electoral interno en EE.UU. En un año de elecciones legislativas y con activos senadores y representantes anti-Cuba y anti-Venezuela, esa dinámica doméstica gravita notablemente.

Un dato adicional inquietante es la promesa de un encuentro especial entre Biden y Bolsonaro; una suerte de Cumbre dentro de la Cumbre. Lo que parece un privilegio brindado al presidente de Brasil es el resultado de una sutil y fugaz persuasión diplomática para que asista a Los Ángeles. Su ausencia, sumada a la eventual de Andrés Manuel López Obrador, hubiera significado el fracaso anticipado del conclave. Hay que recordar que Bolsonaro fue un estrecho aliado de Donald Trump, es el símbolo de la regresión democrática en Brasil, es un caso emblemático —no visto desde los años sesenta— de un mandatario propiciando el regreso de los militares al centro de la escena política, fue un altivo negacionista del COVID-19 con efectos dramáticos para la sociedad, su manejo del tema ambiental ha sido considerado funesto y ha impulsado un uso masivo de fusiles entre los ciudadanos con la consigna de que “un pueblo armado jamás será esclavizado”. En breve, es el epítome de un proyecto reaccionario.

Algunos observadores en Estados Unidos justifican su encuentro con Biden pues Bolsonaro es un mandatario electo. Pero ¿es Bolsonaro el arquetipo de demócrata al que hay que hacerle concesiones para que se presente a una cita continental? ¿Es este tipo de apoyo a la democracia que Washington quiere enviar a las Américas? En verdad la decisión es entendible sólo como un intento por salvar la Cumbre y en función de una cruda realpolitik que, por lo general, se impone cuando los intereses prácticos y las urgencias políticas priman por sobre los valores.

En breve, desde un principio Estados Unidos planteó erróneamente el tema de la democracia en las Américas y su presunto liderazgo en la materia ha quedado maltrecho. Así se pierde la oportunidad de deliberar madura y seriamente sobre un preocupante repliegue democrático en el continente, algo que también afecta al mundo.

 

https://www.eldiarioar.com/opinion/biden-bolsonaro-cumbre_129_9033390.html

Informe económico mensual

0

La conclusión cuando miramos la inflación (los precios) es que seguiremos sin pausa y en algunos momentos con prisa. Podemos afirmar sin equivocarnos que el mayor aporte en esta cuestión es nuestro, pero hoy nos ayuda el mundo con Putin invadiendo Ucrania.

La inflación en alza. El primer cuatrimestre del año acumula un aumento provocador, que encuentra motivos para reproducirse. Ningún evento la detiene. Eso nos asegura un puesto entre los cinco países con mayores niveles.

Algo raro ocurre con la inflación. Pareciera que todo el mundo está en desacuerdo. Pero lo raro es que se repite desde hace añares el desacuerdo, y que algunos le encontraron la vuelta o les resulta de utilidad y nadan con destreza en el mar de la inflación.

Tanto en el promedio mensual (abril), el cuatrimestral y el anual (12 meses), los IPC considerados llegan con fuerza. El mensual menos que el mes anterior, pero no mucho menos. El esperado para el 2022 alcanza el 65.7 % anual en la recopilación que hace el BCRA.

Alimentos pone una nota promedio elevada, 6.0 % en abril, habitué casi como siempre.

Otros Capítulos como Indumentaria y Transporte  hacen su aporte y superan el Nivel General.

Decimos en el punto referido al Capítulo Vivienda y Servicios Básicos, que Dante Alighieri lo llamó «la puerta del infierno y el paso de Aqueronte» por todos los ruidos y gritos que escuchaba, aunque no era más que el primero de los ríos a atravesar llevando en la mochila algunos de los servicios de la canasta.

El BCRA actuó con mesura pero aumentó tanto el dólar oficial mayorista (mayor depreciación del peso) como la tasa de política monetaria (interés), observando de paso que el CCL (dólar contado con liquidación) no agrande la brecha.

El dólar CCL en abril se encogió un poco respecto de lo que venía mostrando en tiempos anteriores, pero sostuvo un valor brecha promedio superior al 70 %. El dólar oficial mayorista promedió en abril los $ 113.2 con un aumento en el mes del 3.5 %.

El Riesgo país elevado promedió abril los 1.716 puntos,  en 12 meses (abril / abril) aumentó  8.4 %. Valor complicado, veremos cómo sigue contando ahora con la atención del FMI.

Como es habitual Inodoro Pereyra y Mendieta no le aflojan un tranco de pulga a la adversidad con inflación incluida y atendiendo el llamado de atención del Dante:

Inodoro:

“A nosotros, Mendieta el bosque no nos ha dejau ver la selva”, y continúa “Tenemos la solución económica frente a nuestros ojos y no nos hemos dau cuenta… ¡No hay pior sordo que el que no quiere ver!” “¡Viviendo como sabandijas, con un tesoro al alcance e’ la mano!”

Mendieta

Reflexiona: “Se atacó”.

Inodoro:

“Miyones de personas en el mundo ven el sol y se preguntan: ¿Por dónde sale? ¿Por dónde aparece? ¡Y no saben que sale justo enfrente al rancho de Inodoro Pereyra! ¡A metros apenas!”

Inodoro:

“¡¿Cómo no vamos a aprovechar esto como atracción turística?! Podemos alquilar siyitas pa’ verlo aparecer”.

Mendieta

Reflexiona: “A veces no sé si es demasiáu ingenuo o demasiáu soberbio”.

 

 

2022 ABRIL proc. MAYO IPC INFLAC..docx

LA RENUNCIA DE FELETTI DIFICULTA A GUZMÁN, PERO NO LO PUDO EVITAR PORQUE LAS EMPRESAS SIGUEN SUBIENDO LOS PRECIOS

0

El límite en que se ve encuadrado el ministro de Economía, Martín Guzmán, al tener que aceptar la renuncia de Feletti por la resistencia de éste a convalidar una política de relativo control de precios, afianza el poder de la derecha después de su triunfo en las elecciones de medio término, y lo hace con Juntos por el Cambio derechizándose aún más, con Larreta proclamando la baja del salario y las jubilaciones y preparando la privatización de YPF y Aerolíneas, para evitar que Milei ocupe ese lugar, indudablemente debido al poder económico. Pero si los más perjudicados no se dan cuenta, esta tendencia es imposible de frenar. En esas condiciones, el pleno control de precios fracasó, porque las empresas lo bajaron por la fuerza subiendo los precios por encima de los costos, lo que se ve claramente porque el costo de la oferta subió mucho más que los ingresos de la población, y aunque en parte fue determinado por las cambiantes condiciones del capitalismo mundial a partir de la guerra de Ucrania, está bien claro que pese a eso las ganancias aumentaron. Si hubiera sido así, las ganancias habrían bajado o, por lo menos, se hubieran mantenido en el mismo nivel.

Por ese motivo -el aumento de las ganancias, sobre todo la de los grandes monopolios- en el mundo aparecen medidas cada vez más generalizadas como las retenciones, ya que hay disposiciones similares en todas partes, desde Estados Unidos hasta la India, donde se prohibieron las exportaciones de trigo para que no suba el precio interno. La excepción es la Argentina porque en pleno siglo de reforzamiento de la industria como necesidad para afirmar el camino de crecimiento sobre la base de aumentar las exportaciones de este tipo incorporando las innovaciones 4.0, el sector dominante en el país en el siglo XXI sigue siendo el agro, que determina la política oficial e imposibilita la aprobación de las retenciones en Diputados.

En la Argentina, el aumento de las inversiones 4.0 tuvo lugar en la industria sobre todo en las pymes, que fueron las que, en proporción, aumentaron más sus exportaciones por la mayor disposición local de este sector, que de esta manera, no va a poder continuar con la misma intensidad con la política que siguió hasta ahora: ese es el propósito del poder económico y de la derecha política que lo sustenta, a través de los mayores partidos políticos de la oposición, e indirectamente en la izquierda, al no tener en cuenta la lucha que se libra en ese sector, en gran parte por ceguera ideológica, creyendo que se mantienen en el mundo sin cambio las pautas sociales y políticas de hace un siglo y medio.

La decisión del gobierno es eludir una mayor guerra interna por la integración al sistema mundial impuesta en 2018 con Macri en la presidencia y el FMI a través de un crédito mucho mayor que el posible de pagar, para asegurar una dependencia crediticia ilimitada. La reorganización de la deuda, hábilmente conseguida por el ministro Guzmán, es parte de una serie de concesiones mínimas importantes y –en esas condiciones- lo determina como una necesidad, pero aún con ese apoyo, el agro afianzó su dominio, el círculo rojo de las grandes industrias se adaptó, como lo viene haciendo desde la dictadura de 1976, y los analistas, en su mayoría coimeados con verdaderas fortunas para que sostengan una posición insostenible, obligarían a una ruptura con esos sectores, que en esas condiciones obligarían al Estado a nacionalizar el comercio exterior y llevaría la guerra interna a un extremo de conflicto con el capitalismo local, que impondría sanciones a través del poder político estadounidense donde también se libra una batalla interna de este tipo pero de otra naturaleza, con el poder económico concentrado en el capital financiero.

La concentración en el capital financiero es consecuencia de una crisis prolongada del capitalismo. El arranque de la crisis es cuando la demanda productiva se retrae por la baja de los ingresos del salario. No alcanza a aparecer una crisis prolongada capaz de desestabilizar el sistema cuando al cabo de pocos años se restaura la inversión productiva, ya sea porque no se requiere una oferta mayor de inversión o porque aunque los requerimientos sean mayores por mayor complejidad de las máquinas, la respuesta atiende esa necesidad y se restablece la igualdad entre la producción para el consumo y la inversión y el gasto de los ingresos del trabajo y del capital para restituir la magnitud de la inversión productiva.

Pero cuando la inversión productiva no se restablece, disminuye la producción y el empleo, y por consiguiente, también los salarios. El capital acude a la inversión especulativa, que consiste en acumular más y cambiando continuamente el lugar de colocación del capital, que no se valoriza por la magnitud de la inversión productiva y del empleo del trabajo sino por mera especulación en los mercados de acciones o de bonos gubernamentales, cuando los grupos monopólicos se apropian de la mayorías de las acciones y los bonos, y compran para luego vender en el momento más conveniente para el monopolio, que habitualmente arruina a muchos pequeños inversores, pero ésta es la lógica desigual del mercado, vendida a los seguidores o incluso a la sociedad como la expresión más democrática, cuando es la fuente de todas las desigualdades, a tal punto que prosperan las propuestas de eliminar al Estado, lo que implicaría que el capital fije sin límites el nivel del salario llevándolo a un piso de hambre para los trabajadores, y consiguen mayor credibilidad porque sin un fuerte apoyo social de sus perjudicados, que son siempre la enorme mayoría de la población que no cuenta con más posibilidades que su trabajo, las políticas para sostener una regulación estatal capaz de evitar la dictadura empresaria, los salarios seguirían en descenso, como lo prueba la realidad que estamos viviendo.

El dominio del Antiguo Régimen, aunque modernizado, impide la plena industrialización. El Antiguo Régimen era el dominio agrario en la Edad Media. En el capitalismo actual sólo hay vestigios de ese Antiguo Régimen cuando prevalece el dominio agrario, afirmado en su alianza con el poder financiero, donde recicla sus excedentes, como en la Argentina, y lo mismo hacen los grandes sectores industriales que se avienen a ese condicionamiento y también reciclan sus excedentes y lo mismo sucede con el capital colocado en las privatizaciones de servicios públicos con elevadas tarifas, dentro de regímenes capitalistas atrasados de este tipo, a lo que se agrega la nueva burguesía agraria y sobre todo el capital exportador de este tipo, que así puede imponer precios internos cercanos a los internacionales, que se trasladarán a la producción y la mayoría de los productores agrarios lo atribuirá a la política económica interna que no siga esta orientación. No será así para los grandes latifundios, que aunque se fueron dividiendo en parte, subsisten en grandes áreas territoriales, detentan una elevada renta agraria  y han sido capaces de imponer ese sistema al capitalismo local actual, que por eso sigue marcado por vestigios del Antiguo Régimen.

Ahora, más que nunca, la respuesta es política, pero el peligro es que esto profundice la división en el PJ y consolide el triunfo político de la derecha.

Habitualmente, para responder a quienes creen que todavía subsiste la lógica del mercado interno que en la Argentina y en Brasil y México sustentó la industria sustitutiva, me refiero a las condiciones diferentes en que se desenvolvieron estos dos últimos países respecto a la Argentina, porque en ellos no prevalecieron los sectores primarios de la economía, el Estado se pudo afianzar en su posición reguladora y favoreció el crecimiento de la industria. A continuación muestro esta diferencia en la evolución del PBI. Habría que agregar que en las exportaciones esa diferencia es más notable, sobre todo en México, y que, al contrario de lo que sucedía cuando podía imperar la industria sustitutiva, las exportaciones en dólares, en México casi sextuplican a la de Argentina, se concentran en la industria y capitalizan al mercado interno con un ingreso que ya no se podría alcanzar en las ventas locales.

PBI en millones de dólares (M dols). Desde 2010 está en billones de dólares (B dols)

 

Años México Brasil Canadá Argentina
1960 13.040 M 15.170 M 40.460 M 24.450 M
1970 35.520 M 42.330 M 87.900 M 31.580 M
1980 205.100 M 235.000M 273.900 M 76.960 M
1990 261.300 M 462.000M 593.900M 141.400 M
2000 707.900 M 655.400 M 742.300 M 284.200M
2010 1,06 B 2,21 B 1,61 B 0 ,42 B

 

En la Argentina, jubilarse es sinónimo de empobrecerse

0

Cada vez que se conocen los números de la inflación, o cuando se anuncian las reactualizaciones del haber jubilatorio, se impone en la agenda mediática el problema de los jubilados. ¿Cómo hacen para llegar a fin de mes? ¿Qué malabares realizan para no sucumbir ante la inflación? Lamentablemente se trata de preguntas que no tienen mucho sentido.

Hace ya varios años que los jubilados dejaron de hacer malabares para llegar a fin de mes porque simplemente no llegan, sin importar lo que hagan. Siendo el haber mínimo el equivalente a un tercio de lo que se necesita para vivir, de acuerdo a los datos calculados en la Canasta Básica del Jubilado, no hay manera de estirar el ingreso o de administrarlo para que alcance.

Nadie se acomoda a vivir con un tercio de lo mínimo que necesita, lo que se hace es buscar otro ingreso, pedir plata a familiares y amigos o endeudarse. En muchos casos las tres opciones se combinan de maneras aleatorias. Cabe señalar que el problema no solo afecta a quienes reciben la mínima, dado que la mayor parte del resto de los jubilados cobra entre $40.000 y $60.000, alrededor de la mitad de los  $100.000 que necesitarían para cubrir su canasta básica.

Esto hace que el problema de los jubilados ya no sea solamente de los jubilados. La pauperización del haber lleva a que ser jubilado y ser pobre se conviertan en términos intercambiables, a menos que uno se haya consolidado a lo largo de la vida una posición económica holgada, lo cual es cada vez más difícil de conseguir en nuestro país. Si jubilarse es empobrecerse, entonces, todos los problemas que corresponden a la pobreza, y que son también problemas de la sociedad y del Estado, se suman a los que ya de por sí pueden venir con la edad.

Una persona de edad avanzada y sin recursos económicos está totalmente excluida del circuito del consumo, por lo cual no contribuye a la circulación de la riqueza dentro de la propia sociedad. Por otra parte absorbe recursos de otros lados. Necesita la asistencia económica de su familia, convirtiéndose para ésta en una carga y deteriorando su situación económica. A su vez es alguien que muy posiblemente mantenga deudas, como por ejemplo de servicios, alquileres o de expensas, por lo cual contribuye a que se delsfinancien otras estructuras como puede ser el edificio en el que vive. Si trabaja sale a competir en el mercado laboral con los más jóvenes, y si no cuenta con una formación profesional lo más probable es que trabaje de manera precaria y en negro. Y por último, y más importante, es alguien que necesita ser asistido por el sistema público de salud, generando en este aspecto un gasto al Estado que no suele ser tenido en cuenta pero que es de una proporción considerable.

A todo esto hay que agregar que el problema no es solamente de los jubilados de hoy. Si realizamos una proyección a futuro del estado actual de cosas, la situación es aun peor, mucho peor. Quienes tenemos hoy más de 60 años vivimos a lo largo de nuestra historia una serie de debacles económicas que fueron durísimas pero también tuvimos momentos de mayor estabilidad, e incluso de bonanza, que permitieron que al menos una parte de nuestra generación llegara a esta etapa  de la vida con una posición económica consolidada.

Venimos de una sociedad que tenía condiciones que, vistas desde la perspectiva actual, parecen soñadas. Una Argentina con pleno empleo, pobreza de un dígito, uno de los mejores sistemas de salud y de educación públicas de la región y la posibilidad real de acceder a una vivienda propia, todas esas características nos dieron ventajas que quienes vinieron después de nosotros prácticamente no conocieron nunca. Esto significa que la proporción de personas que lleguen a jubilarse con recursos económicos propios que les permitan sustentarse va a ser cada vez menor en el futuro.

La situación, a su vez, genera un círculo vicioso que paulatinamente va desfinanciando al sistema. La falta de perspectivas a futuro hace que la masa de trabajadores que aportan en blanco sea cada vez menor. Uno decide aportar al sistema previsional en la medida en que éste le permita imaginarse en una situación positiva a futuro, si esa perspectiva no existe, no hay motivos para renunciar a una parte del ingreso presente. Si uno va a tener que seguir trabajando cuando tenga setenta años, ¿por qué aportar desde los treinta?

Por todos estos motivos, es factible afirmar que, tal como esta planteado, el sistema previsional argentino no es más que una fábrica de pobreza que irá aumentando su producción con el paso del tiempo. Lógicamente el aumento de la inflación contribuye a profundizar la gravedad del cuadro. Pero es importante tener en cuenta que, aunque la inflación disminuyera, e incluso si aumentan los bonos que cada tanto las autoridades sacan a relucir como parches en el casco del Titanic, la situación de los jubilados y las jubiladas de hoy y de mañana seguiría siendo de una vulnerabilidad extrema y creciente.

Si afirmamos que la inflación ya no impacta en las jubilaciones, es porque el deterioro de éstas es tan grande, que ya no pueden ser consideradas jubilaciones. Son, en todo caso, subsidios que se devalúan.

Para completar el cuadro tengamos en cuenta que la curva de envejecimiento poblacional, según todas las estimaciones, va a ir en aumento durante las próximas décadas. Es decir, va a haber cada vez más viejos empobrecidos y cada vez menos jóvenes que aportan al sistema.

Ante semejante escenario es imperioso cambiar el eje de la discusión y dejar de preguntarnos cómo hacen los jubilados para sobrevivir, para empezar a preguntarnos cómo hace la sociedad en su conjunto para salir adelante sin sistema previsional. ¿Cómo se resuelven los problemas estructurales de la economía si el mero paso del tiempo hace que aumente el índice de pobreza?

No existe ningún político ni futuro candidato que tenga una respuesta a estas preguntas. Más allá de la utilización propagandística y electoral del tema, no hay ningún plan serio de ninguna corriente política que se proponga abordar el problema de forma estructural y con una perspectiva de largo plazo. No tienen un plan ni lo van a tener porque para tenerlo hace falta que hagan exactamente lo contrario de lo que vienen haciendo desde hace años.

Es necesario acordar entre todos los sectores una política estructural coherente y realista que trascienda las diversas gestiones y que tenga como objetivo llevar la jubilación mínima al nivel de la Canasta Básica del Jubilado. Y que garantice, a su vez, la actualización de todas las jubilaciones, incluidas las mínimas, de acuerdo a la tres paritarias más altas del año.

El sistema político en su conjunto tiene que verse presionado por la sociedad para dar una respuesta definitiva a este tema. No se trata de preguntarle a cada representante o candidato por separado qué haría o qué va a hacer para mejorar la situación de los jubilados, sino de obligarlos a todos a acordar un plan general, razonable y convincente, que todos respeten más allá de sus ambiciones particulares de capitalización simbólica.  De lo contrario seguiremos repitiendo las mismas preguntas sin respuesta en una suerte de eterno presente sin futuro.

 

Dr. Eugenio Semino – Defensor de la Tercera Edad –

Presidente de la Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría

Artículo publicado hoy 22 de mayo en NOTICIAS ARGENTINAS

 

https://noticiasargentinas.com/sociedad/en-la-argentina-jubilarse-es-sinonimo-de-empobrecerse

El sector externo y el consumo interno

0

La Argentina representa solo el 0,3% de la cantidad de bienes y servicios que se producen en el mundo, pero es el décimo exportador de alimentos y el tercero en soja y sus derivados (harinas, pellets, aceite y biocombustible).

La fábrica Renova (Ex Vicentín y Glencore) [1] de Timbúes es la mayor productora de aceite de soja mundial, y el puerto de Rosario, con sus 31 terminales en 70 kilómetros que van desde Arroyo Seco al sur y Timbúes al norte de la ciudad, es el principal puerto de exportaciones agro y agro-industriales del planeta.

La Argentina extractivista y agro-exportadora se benefició  y se potencializó con el gobierno de Macri, y se consolida con el gobierno de Alberto Fernández, hecho propiciado con la reducción de los derechos de exportación (retenciones), con cupos (limitaciones para exportar) muy flexibles, sumado a la baja presión impositiva sobre el valor de la tierra [2], las inmejorables condiciones naturales y las creadas por fuertes inversiones en el sector, acrecentando las ventajas comparativas estáticas y dinámicas.

 

 

A su vez, según la estadística elaborada por el ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, en base a los embarques de granos y subproductos, durante el primer cuatrimestre del año se evidencia una fuerte primarización de los envíos. Es decir, se está exportando más grano sin procesar que con valor agregado (aceites y harinas), situación que impacta de lleno no solo en el ingreso de divisas sino también en la capacidad ociosa del sector y la rentabilidad del negocio.

En efecto, se exporta con menos trabajo incorporado y en desmedro del precio internacional, donde subieron fuertemente el de los granos pero mucho más el de su industrialización, por ejemplo, al 20 de mayo de 2022, en el mercado de Chicago, el precio de la tonelada de la soja es de 620,34 dólares y el de su aceite de 1.765 dólares.

Este país, que es el tercer productor de bienes y servicios de América Latina (después de Brasil y de México), es, sin embargo, el cuarto más pobre de la región en cuanto a porcentaje de su población. De acuerdo a un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dependiente de Naciones Unidas, la pobreza en la Argentina trepó a 38,8% y el desempleo a 20,9% como consecuencia del impacto que tuvo la pandemia en la economía en el año 2020. Mejoró en el año 2021 pero no revierte la situación de pobreza.

Una familia «tipo» (dos adultos y dos niños) necesitó en abril 2022 de $95.260,37 para no ser considerada pobre, según informó el INDEC. Pero mayor aun fue la suba de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina la línea de indigencia: mostró un salto de 6,7% hasta los $42.526,96 y esto es así por el impacto directo del incremento en el precio de los alimentos.

Por decreto del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, a partir del 1° de abril de 2022 se fijó un salario mínimo, vital y móvil de $38.940 para todos los trabajadores mensualizados que cumplen la jornada legal completa de trabajo, conforme el artículo 116 del Régimen de Contrato de Trabajo aprobado por la Ley N° 20.744.  Y a partir del 1° de junio de 2022 en $ 45.540, salario que seguramente va a ser menor que el precio de la canasta básica alimentaria de dicho mes.

Trabajan y son pobres. Y los que perciben el salario mínimo, vital y móvil no superan la línea de indigencia, configurando la peor distribución de ingreso en serie (de varios meses) de que se tenga registro.

Y ello se agrava permanentemente cuando observamos que los exportadores de productos primarios, cuyo techo en sus precios estaba fijado por el de los mercados externos, hoy ni siquiera respetan ese límite. La botella de litro y medio de aceite de girasol cuesta en Ámsterdam (puerto de entrada a Europa) 2 euros y en los supermercados de Madrid 2,48 euros. El INDEC sostiene que ese producto tiene un precio promedio en la Argentina de abril 202 de $ 351,67, quiere decir  2,93 euros. O al revés, ya no toman la paridad oficial de $120 por euro que fue la fijada por el Banco de la Nación Argentina al día viernes 29 de abril de 2022, sino que es de $141,8 por euro. (El precio local dividido el precio en Madrid.)

El girasol se produce y cosecha acá, se prensa y se convierte en aceite acá, viaja 10.000 kilómetros hasta Europa y sin embargo el consumidor local lo paga más caro, cuando el salario neto promedio en Europa central es de 3.500 euros por mes y en la Argentina ronda los $ 118.000 (no alcanza a los 1.000 euros).

Al no existir los debidos controles de embarques (recordemos que Gustavo Nardelli [3] presidía la Terminal el Puerto de Rosario hasta hace muy poco, y continúa administrando al mismo tiempo la sociedad de la que formaba parte), se explica por qué los grandes acopiadores, productores y comercializadores acrecientan sus exportaciones en desmedro de la venta al mercado argentino, pese a que en el mercado argentino les pagan más que afuera.

Las retenciones

Las retenciones (Derechos de Exportación) hicieron su reaparición con el decreto 310/02 de febrero de 2002, en el medio de una de las crisis más profundas de la historia argentina. En los considerandos de la normativa se justificó su aplicación en la «grave situación por la que atraviesan las finanzas públicas» y en la necesidad de «atenuar el efecto de las modificaciones cambiarias sobre los precios internos».

Inicialmente, las alícuotas fueron del 10% para trigo y maíz y del 13,5% para soja y girasol (productos procesados pagaban sólo 5%). Luego, en abril de ese año, los porcentajes subieron a 20% en cereales y 23,5% en oleaginosas, respectivamente, mientras que harinas y aceites de soja y girasol comenzaron a tributar un 20%.

Hacia 2007, durante la presidencia de Néstor Kirchner, la Resolución 10/07 del Ministerio de Economía y Producción incrementó las alícuotas en cuatro puntos porcentuales para la soja, quedando, de esta forma, en 27,5% para el grano y 24% para los subproductos.

En octubre de ese año 2007, Kirchner volvió a modificar el esquema, fijando para el maíz un derecho de exportación del 25% y para el trigo del 28%, mientras que las alícuotas de girasol y soja se incrementaron hasta 32 y 35%, respectivamente. Las retenciones se mantuvieron en el mismo nivel desde fines de 2008 hasta finales de 2015, cuando asumió Mauricio Macri. En ese momento se eliminaron las retenciones para el trigo, maíz y girasol, en línea con una promesa de campaña. La soja bajó del 35% al 30% y a partir de 2018 fue bajando 0,5% por mes, llegando al 26% en agosto de ese año.

La anulación de los Derechos de Exportación solo le dejó alcanzada a la soja en el inicio del gobierno de Cambiemos, aunque luego le puso una suma fija de 4 a 5 dólares. Mediante la Ley 27.541.de Solidaridad social y reactivación productiva en el marco de la emergencia pública, el gobierno de Alberto Fernández estableció que, en el marco de las facultades acordadas al Poder Ejecutivo nacional mediante los artículos 755 y concordantes de la ley 22.415 (Código Aduanero) y sus modificatorias, se podrán fijar derechos de exportación cuya alícuota no podrá superar en ningún caso el 33% del valor imponible o del precio oficial FOB.

Se prohíbe que la alícuota de los derechos de exportación supere el 33% del valor imponible o del precio oficial FOB para las habas (porotos) de soja. Se prohíbe superar el  15% para aquellas mercancías que no estaban sujetas a derechos de exportación al 2 de septiembre de 2018 o que tenían una alícuota de cero a esa fecha. (Los demás granos.)

Se prohíbe superar el 5% de alícuota para los productos agroindustriales de las economías regionales definidas por el Poder Ejecutivo nacional. Las alícuotas de los derechos de exportación para bienes industriales y para servicios no podrán superar el 5% del valor imponible o del precio oficial FOB. Las alícuotas de los derechos de exportación para hidrocarburos y minería no podrán superar el  8% del valor imponible o del precio oficial FOB. En ningún caso el derecho de exportación de hidrocarburos podrá disminuir el valor Boca de Pozo para el cálculo y pago de regalías a las provincias productoras.

Luego mediante Decretos del Poder Ejecutivo se modificaron las alícuotas de manera que en el caso de la soja, deben abonar el 33% aquellos productores que exporten más de mil toneladas anuales. Los productores medianos continuarán pagando el 30% y los productores chicos —hasta 500 toneladas anuales— son subsidiados por el 3% de las retenciones que pagan los  que abonan la tasa del 33% (por ende al “Fisco” el ingreso es el 30%).

Finalmente con el aún no puesto en funcionamiento “Fideicomiso del Trigo” se incrementa la alícuota en 2 puntos de la harina y del aceite de soja, para financiar que el productor y comercializador de harina para panificación perciba un subsidio que reduzca el precio final a las panaderías.

 

 

De haberse aplicado el mismo esquema de Kirchner, por ejemplo, al maíz en grano, le hubiera significado a la Administración Nacional un ingreso de 1.176,8 millones de dólares, suma que le permitiría cubrir holgadamente el bono de asistencia a la población. Sin embargo escuchamos al Presidente de la Nación decir que “las retenciones son el instrumento de desacople, pero son un tema legislativo y necesito que el Congreso lo entienda“, cuando sabe que la llamada oposición va  a votar en contra y su ministro Martín Guzmán asevera que el tema retenciones está afuera de la agenda gubernamental.

 

Cupos de Exportación

CARNE VACUNA: El 9 de marzo de 2006 el gobierno de Néstor Kirchner suspendió las exportaciones de carne vacuna  por seis meses (excluyendo la Cuota Hilton) por no haber cumplido los frigoríficos con el límite de venta al exterior en el segundo  semestre del año 2005.

Con la actual administración, el 18 de mayo 2021, se  decidió suspender por un lapso de 30 días la exportación de carne de res.  Luego se iría flexibilizando la medida y otorgando cupos para su exportación, distribuyendo las 27.608 toneladas por mes hasta fin de año (7 meses x 27.608= 200.000 toneladas). Más de la mitad se repartió entre 10 frigoríficos del Consorcio ABC. Entre los frigoríficos exportadores beneficiados en el cupo se encuentran la brasileña Swift (con un cupo mensual de 3.183 toneladas), Arre Beef (1.867 toneladas), Friar (1.600 toneladas), Rioplatense (482 toneladas) y Compañía Bernal (1.303 toneladas). El también brasileño Grupo Marfrig (1.238 toneladas), Importadora y Exportadora Patagonia (1.231 toneladas), Azul Natural Beef (1.067 toneladas), Santa Giulia (969 toneladas) y Quickfood (923 toneladas).

TRIGO: Desde 2006, los gobiernos kirchneristas han limitado la cantidad de trigo exportable, con el mismo objetivo de asegurar un abastecimiento y a menor precio. Fue recién en el año 2015 que el entonces ministro Kicillof flexibilizó el cupo a un millón de toneladas para exportar trigo. Por otra parte, habilitó una cuota para colocar 100.000 toneladas de harina.

El gobierno de Alberto Fernández decidió “flexibilizar” el cupo tácito de exportación de trigo 2020/21 y en la cosecha 2021/22 que el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación dijo que fue de 22,1 millones de tonelada se autorizó a exportar 14 millones.

MAIZ: La idea, como con el trigo, es primero que los exportadores deberán asegurar 9,3 millones de toneladas de maíz para el abastecimiento del mercado interno y, a partir de allí se puede exportar. La cosecha 2021/22 fue (siempre según el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación) de 47,7 millones de toneladas y se autorizó exportar 38,4 millones.

En síntesis

Es obvio que se deben extremar los controles en las ventas al exterior, como también fijar derechos y cupos de exportación que prioricen el mercado interno. Pero todo ello es inútil si no se frena el precio del dólar y, para ello, se debe incumplir con el FMI con el que se acordó que el precio de las divisas crezca a igual tasa que la inflación. Paralelamente impone metas de crecimiento de las reservas internacionales del BCRA de 5.800 millones este año 2022, cuando a mayo de 2022 y en plena cosecha gruesa no alcanza a los 800 millones de dólares, restan junio y julio y después desde agosto hasta diciembre, mes que recién comienza el ingreso de las ventas externas de trigo y del resto de la cosecha fina, pero que en ningún caso hace cumplible la meta y por ende el FMI propicia, permanentemente, la devaluación de nuestra moneda.

 

[1] Timbúes es una localidad del departamento San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe,  a 35 km de Rosario. El 2 de diciembre de 2019 Vicentin transfirió el 16,67 % de sus acciones en RENOVA SA, a Glencore  que de esa manera se quedó con la participación mayoritaria de esa firma.
[2] El total de la recaudación del impuesto inmobiliario rural de todas las provincias en el año 2021 fue menos del 0,4% del PIB
[3] Los hermanos Sergio (falleció en agosto 2020) y Gustavo Nardelli, Alberto Padoan, Daniel Buyatti y Roberto Gazze están acusados en la justicia Argentina y en los EEUU de quiebra fraudulenta. Un grupo de entidades, entre las que figuran Crédit Agricole, ING y Rabobank, reclama en Nueva York una deuda de 500 millones de dólares y considera que los ex directivos de Vicentin cometieron fraude “vaciando” la compañía.

 

EL SECTOR EXTERNO Y EL CONSUMO INTERNO

Justicia o metralla

0

Me impresiono la declaración de Florencia Arietto en TV, señalando que en el hipotético caso de ganar las elecciones, entrarían en el Conurbano con la metralleta.

Así de simple, brutal y directo. Luego arremetió contra el sindicalismo. En términos que recordaban mucho a lo que vimos y conocimos como la “Gestapo Pro”, esto es, la mesa donde agentes de la AFI, empresarios, el intendente de La Plata, un senador provincial y el ministro de trabajo de Mario Eugenia Vidal se juntaban a planificar la persecución de dirigentes sindicales.

La causa de la “Gestapo Pro” de momento cuenta con muchos procesados, básicamente todos quienes que concurrieron a la reunión en el Banco de la Provincia de Buenos Aires cuyo video, realizado en forma ilegal por funcionarios de la AFI y entregado –según sus propias declaraciones— a Silvia Majadalani, entonces segunda de la Agencia de Inteligencia, provocó en su momento, además de una angina de María Eugenia Vidal, una profunda preocupación en el seno de la alianza Cambiemos.

La preocupación era en esos días si existirían más videos similares que involucrasen a otros dirigentes del Pro. Fue uno de los procesados, Sebastián De Stéfano –ex director de asuntos jurídicos de la AFI— el que vino a traer algo de calma, cuando solicitó que la causa que se investiga en La Plata pase a los tribunales de Comodoro Py, trámite que actualmente se está discutiendo en sede judicial.

Y a todos los que por desgracia tenemos que intervenir en las causas de espionaje ilegal durante la gestión macrista, la musiquita nos sonó frustrantemente familiar. Porque todas las causas de espionaje ilegal de la gestión macrista terminan en Comodoro Py. Y cuando digo que terminan no me refiero únicamente al lugar donde quedan radicadas, sino más específicamente al lugar donde son detenidas y se deja de investigar.

Un breve racconto da cuenta de que quedaron radicadas luego de engorrosas discusiones en Comodoro Py las causas que tienen a Marcelo D’Alessio y a Stornelli como protagonistas. También las causas que se investigaron en Lomas de Zamora, que permitieron que nos enterásemos no sólo del espionaje ilegal sino además de las escuchas ilegales en los penales de este país. Los “Super Mario Bros”, el espionaje a Cristina Fernández de Kirchner y a otros dirigentes y un sinnúmero de seguimientos ilegales y escuchas también ilegales resultaron de esa causa.

Hace pocos días me notificaron que habían tomado la decisión de devolverle el celular al ex secretario de Macri y hoy legislador por la Ciudad, Darío Nieto. Curioso objeto ponzoñoso ese celular, donde figuran muchos magistrados de Comodoro Py –que intervinieron en esa misma causa, inclusive— y un magistrado de la Corte Suprema.

No quiero olvidarme tampoco de la causa sobre el espionaje a los familiares del ARA San Juan, que tiene como procesado al mismísimo Mauricio Macri. También ahora radicada en Comodoro Py.

En todas ellas, e incluso en alguna que olvido, la situación es exactamente la misma. A pedido de los imputados la causa queda radicada en Comodoro Py y luego, como por arte de magia, el Poder Judicial deja de investigar y solo queda el casi silenciado quejido de las víctimas.

Frente a la falta de interés de los tribunales de Py, en el único lugar donde no han podido detener el avance de esas investigaciones es en la Comisión Bicameral de Inteligencia, donde se sigue investigando sin pausa el desquicio que tuvimos que atravesar los argentinos durante el gobierno de Macri en materia de espionaje ilegal.

Por eso mismo, a nadie le llamo la atención que contra dicha Comisión y contra su titular, Leopoldo Moreau, los mismos de siempre interpusieran denuncias a los fines de obstaculizar la continuidad de esa investigación. Desde denunciantes seriales a la Coalición Cívica, pasando por Florencia Arietto.

Algunos de los denunciantes sostenían que Moreau se había excedido en sus funciones al solicitar información sobre una causa relativa a unos camioneros imputados por un bloqueo a una distribuidora. Todo lo que sale de esa causa parece anunciar a gritos destemplados que en la misma se realizaron maniobras de inteligencia ilegal, razón por la cual tomó intervención la Bicameral en cuestión. Breve vida tuvo esa denuncia a Moreau, porque el jueves 19 de mayo de este año la Bicameral respaldó su actuación.

Me gustaría contarles que la denuncia tomó a Moreau por sorpresa, pero no puedo decirlo. Los oficiosos de turno ya habían informado a Leopoldo que recibiría una persecución judicial y Moreau había hecho pública esa situación.

Todo esto que les cuento está pasando ahora mismo. Claro, como no lo publican los grandes medios, es probable que pocos nos enteremos. Pero —reitero— está sucediendo ahora mismo. Por eso mismo me alegró mucho una convocatoria que recibí en los últimos días a la presentación de un instituto de políticas sobre delito, seguridad y violencias, dirigido por Sabina Frederic y presidido por Nilda Garré.

Un espacio interdisciplinario y claramente progresista que pone en foco el problema del delito, la violencia y la seguridad, sin pensar —como piensa Arietto— que la única solución posible es la metralla.

Pero además pone acento en el especial tipo de violencia que significa el espionaje ilegal. Entender la importancia de respetar la prohibición de hacer inteligencia en materia de seguridad interior es, a estas alturas, la única solución posible y viable a esta nefasta práctica que vimos –y vemos— desfilar con total impunidad.

Con los delitos de Lesa humanidad fue necesario su juzgamiento publico para que la sociedad internalizara su naturaleza delictiva. El Poder Judicial colaboró con la toma de conciencia respecto a ellos. Pero en el caso de los delitos derivados del espionaje ilegal, el Poder Judicial parece haber claudicado.

Podría putear y protestar más aún –de hecho lo hago, y mucho, en Tribunales—, pero no soy tan necia como para creer que porque putee o proteste vayan a cambiar las cosas. No van a cambiar por una sencillísima razón: del espionaje ilegal fueron parte casi todos quienes ahora tienen que investigarlo y juzgarlo. En el sistema prebendario que se instaló en el Poder Judicial argentino, muchos por acción y otros por omisión están impedidos de investigarlo. Porque los tuvo de víctimas o de colaboradores. Lo que no los tuvo, en la mayoría de los casos, fue de no anoticiados de que existía.

Como ejemplo de esto me pregunto por qué el Poder Judicial protege a Carlos Stornelli. Quien además de todo, fue responsable en su gula y excesos de que una parte de este sistema ilegal saliera a la luz. ¿Qué es lo que no sabemos y que solidifica el círculo de baba que protege al fiscal de responder por sus actos? Supongo que debe parecerse mucho al mismo sendero señalado con la misma baba que recorre los expedientes del espionaje ilegal desde su jurisdicción originaria a los despachos de Py. Y la misma baba que detiene las investigaciones cuando llegan a Comodoro Py.

Con honestidad, cuando empezaron a investigarse las causas de espionaje ilegal creí que el Poder Judicial iba a a poner luz sobre ello, avergonzado de lo ocurrido en sus propios despachos o sus cercanías. Hoy comprendo que fue un exceso de optimismo.

Pero sí señalo que el hecho de pensar la seguridad sin omitir considerar y valorar las leyes democráticas y sin dejar de señalar los círculos de baba que vemos a diario es una tarea que tenemos por delante. Porque ya conocemos la alternativa de no hacerlo. Es metralla.

 

Justicia o metralla

El sistema económico nacional no es sustentable con moneda ajena

0

Las empresas, cada vez en mayor medida, promueven la dolarización a través de los precios. Hay analistas con un enfoque tan limitado sobre la economía que creen que un sistema económico nacional es sustentable con una moneda ajena.

No lo es, ni hay ningún sistema nacional de esas características, porque este sistema mundial del capitalismo, no está apoyado en una moneda mundial sino en una moneda nacional como es el dólar, que por ese medio quedó siendo dominante después que al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en el único país industrializado no destruido. Esa ventaja persistió hasta comienzos de los años setenta, pero desapareció después, primero por el renacimiento de los otros países industrializados con sus propias monedas y después,  a partir de los ochenta, con más fuerza desde los noventa y de forma definida en el nuevo siglo, por China y un conjunto de países emergentes, también con sus propias monedas nacionales.

Lejos de ser sólo un problema de soberanía que podría relegarse a un segundo plano, se trata de un problema de buen funcionamiento de la economía: lo que sucede en la producción, se refleja en la moneda.

El fenómeno de la dolarización de ninguna manera apareció cuando la economía argentina era la más fuerte de América Latina. Posición en la que fue perdiendo fuerza no por el peronismo, sino porque con el debilitamiento de la solidez de la economía mundial en los años veinte, la disputa proteccionista entre las naciones industrializadas y el declive de Gran Bretaña, que era la contrapartida de la provisión de materias primas alimentarias por parte de Argentina.  Fuimos perdiendo mercados, lo que se profundizó en el decenio de los treinta, y pudo ser revertido parcialmente por la política peronista de la segunda mitad de los cuarenta y la primera mitad de los cincuenta, consistente en el desarrollo de la industria sustitutiva apoyada sobre todo en los salarios. Pero siempre contando con la resistencia del agro, que a partir de entonces procuró restablecer su primacía excluyente, limitando la industrialización, y las empresas industriales se adaptaron porque, salvo de manera parcial o en períodos muy cortos, no se modificaba esta posición, lo que sí de manera decisiva se tradujo en una pérdida de fuerza para el conjunto de la economía. Esto se constata de manera muy sencilla: el menor peso de la economía argentina en el conjunto mundial, que se hace más evidente aún en la región latinoamericana.

El motivo es más que simple: el capitalismo tiene su eje en la industria, y un país que permanece apartado de ella está condenado a perder relevancia. Durante años, por las políticas de ajuste, pareció que su menor peso en la economía mundial sería determinante, pero la cuarta revolución industrial no sólo recupera el eje industrial del sistema sino que lo fortalece con la nueva tecnología y vuelve a instalarse el predominio industrial:  por consiguiente la desindustrialización o el predominio agropecuario son inconsistentes con el capitalismo actual, y por eso la dolarización no es una manera de restablecer la fortaleza económica sino sólo la rentabilidad de concentrar las ventajas en las exportaciones y hundir los ingresos y el mercado interno.

El freno  a la inflación sólo puede provenir de una baja de los costos por una mayor y creciente disponibilidad de productos industriales a costos de producción mundialmente competitivos y no por disponer en mayor medida de bienes primarios exportables de alta rentabilidad haciendo que los precios internos de éstos se sitúen en los mismos niveles que los precios de exportación.

La paridad de precios sobreviene como una consecuencia de una economía integrada, pero no como en la segunda mitad del siglo XIX, y en el siglo XX, de una especialización exclusiva, sino de especializaciones varias montadas sobre una economía nacional integrada, que dan lugar a monedas nacionales cada vez más fuertes, pero no a la desaparición de las monedas nacionales. Creer que la inflación viene por la moneda y no por la estructura de la producción, es una visión miope de la economía y adaptada al mantenimiento de la especialización sectorial, cuando la experiencia mundial es la del ascenso generalizado de países industrializados, que han dado lugar a una industria cada vez más seccionada en especializaciones manufactureras en distintos países, un proceso que comenzó con China, pero que se transformó en una característica mundial.

El mismo FMI ya había advertido que dolarizar es importar el límite productivo de la coyuntura estadounidense. Es decir, la sola vigencia de una productividad similar, que en los países con moneda débil es muy restringida, por lo que no puede ser un punto de partida para recuperar una capacidad de crecimiento capaz de ampliar ese límite. Tampoco la dolarización es lo contrario del bimonetarismo, sino que surge como consecuencia de la extensión cada vez mayor del uso de dos monedas. Diana Mondino, del CEMA, lo dijo con toda claridad: “si no modificamos de raíz los problemas, no hay dolarización que valga”, y “si fuéramos modificando el gasto, si fuéramos dando productividad, la dolarización no sería necesaria”.

El ministro Guzmán ya ha actuado decisivamente frente a un mercado interno de capitales muy estrecho, incapaz de hacer frente al financiamiento empresario y al del mismo gobierno, que de esa manera debe recurrir en mayor medida a la emisión y a incentivar la inflación. Resguardar la rentabilidad sólo puede tener lugar en una economía capaz de hacerlo y, por eso, se vuelve necesario el empuje de la demanda, que es la única manera de forzar una salida de la crisis, tan necesaria después de la crisis financiera de 2008 como en la inmediata posguerra.

La política ortodoxa, cerrada a la asistencia fiscal, no es parte de la política estadounidense de salida de esta crisis y la inversión pública se ha convertido en un instrumento necesario para promover el crecimiento económico, el empleo, y la distribución del ingreso, esa política se generalizó  y los ministros de Finanzas del G-7 acordaron imponer un impuesto mínimo global a las empresas multinacionales para financiar el estímulo fiscal con una parte de las ganancias de monopolio para asegurar la persistencia del sistema. Esto significa que el sistema mundial tiene que cambiar para subsistir o, si se quiere, que la salida de la crisis implica siempre un cambio y constituye la mejor muestra de la fragilidad del pensamiento único, ya que para introducir los cambios necesarios hay que empezar por flexibilizar la manera de pensar. Para los analistas no hay anclas para contener la inflación porque no hay monetarismo pleno, un enfoque que no tiene en cuenta ni el papel del crecimiento ni el de la suba exagerada de precios por la crisis y por el bimonetarismo propio de la dolarización.

Esto es doblemente necesario no sólo porque existe una profunda crisis sino porque el sistema mundial, pese a las divergencias en la cúspide, está más unificado que nunca y ya ninguno de los grandes países puede prescindir del otro.

Encima, en el caso argentino, el período de menor oferta de dólares, que suele ser el que ocupa los meses de agosto a noviembre, se adelantó porque los cambios en la coyuntura mundial inducidos por la guerra de Ucrania se adelantaron y ya en inicio de mayo, se visualizaba la presión para vender dólares, lo que requería aumentar el nivel de reservas netas acordado con el FMI en un momento diferente, mayormente previo a la guerra, y el impacto de reservas bajas en las expectativas volverán a intensificar las presiones para devaluar.

Los niveles de importación cuadruplican los de un año atrás en cantidades y también en precios, y se han vuelto imposibles de sostener con las reservas existentes. Y además por la elevada brecha cambiaria por la suba de los dólares financieros. Primero, el acuerdo con el FMI incentivó la inversión en pesos ajustados por inflación, y eso contuvo la demanda de dólares financieros. Los controles cambiarios son los que determinan la presencia de una brecha cambiaria, pero en las últimas semanas no hubo mayores controles, pero sí mayor demanda de dólares financieros, y éstos, a su vez, por el alto nivel de importaciones. Los dólares financieros no aumentaron porque hay un exceso de pesos que el BCRA retira de circulación pagando una creciente tasa de interés. El nivel de las reservas es la otra causa de una brecha cambiaria elevada, aunque ésta no se encuentra tan alta como para justificarlo. Por consiguiente, queda explicarlo por las expectativas, que empeoraron por la revisión de las metas del programa enseguida de haberse aprobado, lo que debe atribuirse, en las diferencias, a los cambios en la coyuntura económica mundial, a lo que se agrega que el precio de los dólares financieros era más bajo que el comparado con la valuación bursátil excesivamente alta, y, por lo tanto, para muchas empresas, dolarizar activos se hizo a menor costo comparativo respecto a poco más de un año atrás.

Además, como por la alta inflación internacional se esperan fuertes alzas en las tasas de interés, los inversores orientan un número creciente de inversiones a activos de mayor valor y más seguros, lo que fortaleció al dólar y elevó la brecha respecto a las inversiones en mercados emergentes y más aún en el espacio nacional. Si bien esta vez por la guerra de Ucrania no se redujo el precio internacional de los commodities sino que aumentaron, igual se presenta la oportunidad de inversiones más seguras y más rentables, y el aumento del spread para las inversiones locales eleva el riesgo país, por lo que el conjunto del escenario internacional se vuelve más desfavorable. Pero lo que el enfoque ortodoxo descarta u oculta es que la búsqueda de mayor rentabilidad lleva a una elevación de los precios apoyada sobre todo en las empresas que disfrutan de controles monopólicos, que como a la vez son en gran parte las alimenticias que pueden exportar, la mayor ganancia por exportación la trasladan a los precios internos donde los costos por salarios son menores y eso agrava el deterioro del mercado interno e incentiva la dolarización.

La política económica de Guzmán, la crisis financiera de 2008 y el sistema mundial

0

Hay que tener siempre presente que el sistema económico en que vivimos, que es el capitalismo, se caracteriza por la propiedad privada de las empresas y la defensa de la ganancia. La producción se desarrolla en ciclos, es decir que la producción y la carga de inversiones que la posibilitan, no son uniformemente anuales sino que tienen picos que se suceden periódicamente pero no de manera seguida. Por eso, tanto la producción como los ingresos son cíclicos: tienen un inicio de alza seguido por años de menor inversión hasta que se completa la amortización de esas inversiones. En estos años tampoco hay un aumento significativo de la ocupación y por lo tanto se produce un descenso de la inversión y la producción del ciclo, o lo que denominamos un ciclo descendente.

Hay otra vuelta al ciclo ascendente cuando la actividad se refuerza con nueva inversión. Generalmente, hay una serie de estos ciclos seguidos, poco diferenciados y que suelen denominarse ciclos cortos, presentes dentro de  ciclos largos. Cuando después de una serie de ciclos cortos se inicia una nueva fase de ciclo largo, la nueva serie de ciclos cortos está sujeta a condiciones diferentes. Ante todo, por la posibilidad de incorporar máquinas nuevas capaces de aumentar la productividad del trabajo, pero a la vez de absorber menos mano de obra, por lo que si esa mayor productividad no se traduce en mejores ingresos o en ampliar la producción, la mayor productividad no será acompañada de mayor demanda de trabajo ni mejores salarios.

Hasta ahora hemos estado hablando de ciclos productivos, es decir, de inversiones destinadas a la producción. Pero cuando hay que renovar las inversiones y, sobre todo, cuando se necesitan muchas más inversiones porque se está en presencia de un nuevo ciclo largo o de la posibilidad de introducir nuevas máquinas, y como las empresas compiten entre sí por obtener mayores ganancias, las que  lograron completar el ciclo exitosamente pueden autofinanciarse. O, en caso de incorporar nuevas máquinas, pueden  pedir crédito para comprarlas. Pero en esas circunstancias el pedido de crédito se extiende y aparece para el capital la posibilidad de invertir en prestar fondos o en créditos.

Habitualmente, los bancos están destinados a esa actividad por la que cobran una tasa de interés, pero cuando la crisis se extiende, los pedidos de crédito aumentan y se multiplican los proveedores de crédito, como en la actualidad, en que el capital destinado a préstamo es mucho mayor que el capital destinado a producir.

En estas condiciones, y particularmente desde 2008, se intensificó también la acumulación de capital sin destino posterior a inversión productiva, sino que simplemente se acumula, y obtiene ganancias porque el valor de las empresas, en condiciones normales muy atado a su capacidad de producir, está vinculado ahora preferentemente a su posibilidad de acumular. Esta se produce cuando un activo empresario es visualizado como capaz de valorizarse en el mercado, y como a través de ese medio puede obtenerse un mayor valor, a veces mucho mayor, la acumulación de este tipo, sin ninguna función productiva ni crediticia, adquirió mayor relevancia que las otras, y por eso el capital se acumula pero sirve cada vez menos para producir.

Esta es la consecuencia inicial de una crisis financiera extendida y lo que estamos viendo actualmente, en que la acumulación sin inversión se ha transformado en una mayor oportunidad de ganancias a través de la exclusiva valorización financiera, es obra de una crisis financiera tan extendida en el tiempo que parece no tener vuelta y conduce por lo tanto a una transformación del capitalismo.

Al mismo tiempo, el capitalismo se ha venido integrando paulatinamente. La integración es posible, más que en ningún sistema económico anterior, porque el capital de por sí siempre tiende a expandirse y no reconoce –en principio- ningún límite nacional, salvo para cuando a través del mismo obtiene ventajas, como con el de procedencia estadounidense. Por eso Estados Unidos, al reconstruir a Europa y Japón, integró al capitalismo desarrollado con el dólar, su propia moneda nacional e intensificó la presión imperialista sobre los países de menor desarrollo, haciéndolo más diferenciado para encontrar allí mano de obra barata para ciertas industrias que no llegaran a transformarlos en industrializados, pero esa situación se sostuvo hasta que la pudo sostener con su propia moneda nacional, que fue en 1971.

A partir de allí, en vez de buscar una moneda capaz de funcionar para la economía mundial, persistió con su propia moneda nacional pero auspició la formación de un sistema de crédito respaldado en el dólar y, con su desarrollo, también apoyado en las otras monedas nacionales capaces de funcionar como divisas, como la libra esterlina, el euro o el yen japonés.

Paralelamente, el sistema de crédito se ha transformado en un inmenso sistema de pagos derivado de las monedas, hasta un extremo de volverse cada vez más incierto, lo que vino acompañado por el fin del Estado de Bienestar de la posguerra y el comienzo, a mediados de los años setenta, de las políticas de ajuste, que se intensificaron durante los ochenta y dieron lugar al comienzo de la crisis en los años noventa.

Pero esas crisis estallaron ante todo en los países de menor desarrollo que venían intensificando su industrialización, que fueron llamados emergentes por su posibilidad de atraer más capital para las nuevas industrias, que –como estaba sucediendo en China- encontraban allí mano de obra más barata y se extendían por primera vez a todo tipo de industria, aún las más desarrolladas. Esto por tratarse de inversiones masivas que transformaban el conjunto del capitalismo hasta hacerlo cada vez menos diferenciado, por el impulso decisivo de China sobre las inversiones mundiales. Es decir, a instancias de China y de los países emergentes (que en realidad lo son por su industrialización) el capitalismo se transformó en esos años, y sobre todo en el primer decenio del nuevo siglo, en un sistema mucho más integrado.

Sin embargo, no lo fue para la Argentina. Como consecuencia del golpe de 1976 y de su herencia democrática, en que la clase gobernante, que sigue siendo la oligarquía terrateniente aliada al capital financiero que recicla sus excedentes y, más recientemente, a la burguesía agraria, de la industria agroalimentaria monopólica y a la nueva burguesía de los servicios privatizados, siguió bloqueando y limitando el desarrollo industrial.

Por eso, mientras en los noventa los otros países en desarrollo salieron de la crisis de entonces con más industria, la Argentina siguió el camino inverso: menos industria mediante más apertura externa, compensada con mayor deuda externa, y con la convertibilidad, que significó una igualdad imposible de sostener entre el peso y el dólar dado que se trata de monedas fruto de muy diferente estructura económica. La diferencia está sobre todo por la capacidad competitiva industrial, que en la Argentina ha retrocedido. Si bien con la convertibilidad se consiguió una estabilidad inicial de precios ficticia, esta terminó en la crisis de 2001, paralela a la crisis internacional. Así como la crisis internacional de 2001  fue encubierta haciendo creer que se trataba de una consecuencia del atentado a las Torres Gemelas, en la Argentina el fin desastroso de la convertibilidad fue tapado por los medios como si la gran crisis nacional de 2001, también verdadero antecedente de la de 2008, no hubiera sido causa de la convertibilidad, pero lo peor de ésta fue la aparición generalizada de la dolarización, intensificada después de 2008.

La transformación del capitalismo en un sistema mucho más integrado supone que lo que era una necesidad para América Latina en los años setenta, de una industria sustitutiva basada en el mercado interno, dejara de serlo en los noventa, cuando la alternativa era captar partes de industrias mundiales más complejas basadas en el fin del proceso de la industria sustitutiva, que se hizo presente en Brasil y en México, que además se integró al mercado industrial estadounidense, como lo hicieron los países del Asia Pacífico con China.

Pero la Argentina no pudo terminar su proceso sustitutivo. No hay que perder nunca de vista que esto fue como consecuencia de que entonces eso fue producto del bloqueo a la industrialización impuesta por la dictadura del 76 y su continuación en los ajustes de la democracia. Aunque esta política pudo modificarse en los gobiernos kirchneristas todavía bajo la misma pauta que en el pasado a raíz del bajo nivel industrial de fin de siglo, no respondía ya a una realidad latinoamericana sino a una particularidad argentina que había que superar lo más rápido posible, y esto es lo que hay que entender ahora.

Por eso, el PBI argentino, que hasta los años setenta estaba en el primer lugar en América Latina, quedó muy atrás del de Brasil o México. Incluso la recomposición encarada por Cristina después de 2008 no tuvo el resultado esperado y dio lugar a una recuperación económica insuficiente, que ella tampoco entendió (y nosotros tampoco). Esto porque la crisis financiera de 2008, al repetir las condiciones de lo sucedido en 2001, inauguraba una era de crisis insuperable, en que el capital financiero, se apoderó de la mayor parte del capital mundial de ese tipo y copar la alta tecnología.

En consecuencia la tecnología se aplica más lentamente pero no de manera decisiva porque no se sabe bajo qué condiciones se va a poder disponer de ella,. Se inauguró un capital que desea manejarse sin el dominio del Estado sino con el manejo de “su” propio mercado.

Por eso el combate, que ya empieza a perfilarse dentro del capitalismo más avanzado (crisis en Estados Unidos, fracciones de capital en distinta posición, incluso con empresas favorables a acordar con China), se traslada a todo el conjunto, incluso el del capitalismo chino forjado por el propio PC Chino. También por el capitalismo ruso, que hasta ahora cumplió una función muy distinta, que fue con una política nacionalista muy fuerte, restituir la fuerza cambiaria y monetaria rusa junto a una oligarquía que bajo esa garantía desarrolló a tal punto la industria de los armamentos que ésta puede frenar una incursión militar de la OTAN y amenazar a las grandes potencias, porque lo hizo con una industria de primera, lo que a su vez posibilitó un desarrollo industrial que elevó la competencia y calidad de muchas empresas haciendo que éstas puedan competir en Europa e incluso en Estados Unidos (como en el caso nada menos que de los motores de los cohetes).

Pero en la Argentina, la industria surgida del propio mercado interno, ahora minúsculo, ya es sólo una industria sin escalón superior de competitividad en circunstancias en que los países emergentes por su industria pueden exportarla cada vez más a China y a mercados desarrollados porque ganaron su inclusión en un mercado mayor al que nunca habían podido recurrir. Quedar atrapadas en un mercado inferior es una vuelta atrás. Esto no se ve si no se observa la evolución comparada del PBI argentino.

Que China y Rusia hayan adoptado el capitalismo, no es entonces una casualidad. Aunque en el caso de Rusia es consecuencia de que el sistema de “socialismo” aislado, no es un sistema superior, porque después de haberse universalizado el capitalismo y convertirse en un sistema mundial, sólo puede ser superado por otro sistema mundial.

China, una vez conseguido por el maoísmo el triunfo de la revolución y su implantación como estado nacional vencedor de la república de Chiang Kay Shek, hoy recluida en Taiwan, pero bajo soberanía china, puede llegar a disputar la hegemonía estadounidense porque lo hace desde el sistema mundial. De otra manera no hubiera podido captar inversiones y tecnología que, en forma aislada, disponer de ellas le hubiera llevado mucho tiempo. Es decir, participar en el sistema mundial donde hay un país –Estados Unidos- todavía muy por encima de los otros, y con el grado de integración alcanzado por el mismo desarrollo del sistema, fue la única manera de llegar a las tecnologías más avanzadas y disponer de un mercado mundial para los propios productos, y es ahora la única manera de desarrollar los propios.

Sólo avanzando sobre otros mercados, los países desarrollados alcanzaron más margen para acumular, pero lo hicieron avanzando sobre los menos desarrollados. De otra manera, pero también avanzando sobre otros países del sistema, ahora la misma China o los países emergentes que se están industrializando deben recurrir al mercado mundial para tener una acumulación de magnitud suficiente para desarrollar las nuevas tecnologías.

El mercado interno, así como era insuficiente antes para los países desarrollados, se ha vuelto insignificante ahora para los países que quedan aislados respecto a la magnitud que debe alcanzar la acumulación. De ahí que la exportación, así como es una limitación cuando restringe o empobrece el mercado interno, ahora es una condición para alcanzar un mercado interno más fuerte cuando se llega a disponer de ventas externas cada vez más avanzadas que es el riesgo de Rusia con su invasión a Ucrania, aunque en su caso pueda disponer de  su peculiar alianza con China, aunque es evidente que China elude por todos los medios esa situación.

Lo que es muy importante, quienes piden no pagar al FMI no tienen en cuenta las sanciones de Estados Unidos. Basta mirar el tremendo costo que significan para Cuba o Venezuela para entender que sería imposible sostenerlas en nuestro país, donde el gobierno de Cambiemos que recurrió al préstamo tuvo entonces el voto de una mayoría y en la actualidad hay una parte del electorado que lo sigue apoyando que está en paridad con el rechazo. Los argumentos de recurrir a juicios por la irregularidad de esos préstamos, que hasta fue reconocido por el FMI, tampoco tienen en cuenta cuanto tardarían en concretarse y cómo se sobrellevarían mientras tanto las sanciones. Son, desde todo punto de vista, imposibles de aplicar. Hay que tener en cuenta el terrible costo que esas sanciones tienen para Rusia y que hasta China trata por todos los medios de eludirlas: ni así parecen tener en cuenta el enorme golpe que significarían para el país, más aún en una economía que se ha contraído continuamente, aunque quienes sostienen estas posiciones parece que no lo advierten y hablan como si estuvieran en los años setenta. Ese es el problema del peronismo, que el mismo Perón siempre eludió. No sólo nunca se colocó en una posición que mereciera sanciones sino que después de la crisis de 1949 intentó atraer las inversiones estadounidenses incluso en petróleo.

La política económica de Guzmán consiste en batallar por mejorar las condiciones del crédito y disponer del mismo porque de lo contrario no habría dólares suficientes y el tipo de cambio escalaría hasta un nivel imposible de soportar. Su mérito consiste en que supo hacerlo conociéndolo desde adentro y que ha conseguido condiciones hasta ahora nunca reconocidas por el Fondo. Es cierto que hay límites, pero hasta ahora ha encontrado la manera de discutirlas desde adentro, sin salirse del sistema mundial, y ésta es consecuencia de la nueva condición del mismo, adquirida con el ingreso de China y de los países semiindustrializados emergentes que la clase dominante local soslayó para mantener sus privilegios. Un ejemplo es México, que pese a estar profundamente integrado a Estados Unidos, discute la política internacional estadounidense en América Latina respecto al rechazo de Cuba y Venezuela.

Al seguir interpretando la realidad mirando exclusivamente la situación nacional y sin tener en cuenta los cambios en el capitalismo mundial, quienes juzgan la política económica de Guzmán lo hacen con una ideología que se ha salido del contexto histórico. Perón, ante la vuelta al poder después de 18 años de proscripción, adoptó una mirada local y global muy diferente a la de los años cincuenta. En aquella época había sostenido una política anticomunista aunque en 1946 el peronismo reanudó las relaciones con la URSS que habían sido interrumpidas después de la Revolución de Octubre. La política anticomunista se debía al apoyo militar nacionalista inicial del peronismo, a la disputa por la hegemonía ideológica sobre la clase obrera, y también a la idea del comunismo local de que Perón tenía una ideología nazi, cuando lo que en realidad sostenía era una tercera posición respecto a la confrontación mundial, que llevaba implícita la neutralidad, juzgada entonces como favorable al Eje, la alianza en la Segunda Guerra Mundial de Alemania con Japón e Italia. Pero con Gelbard como ministro de Economía se inició una fuerte relación comercial con la URSS y el Partido Comunista local tuvo una posición más cercana al peronismo. O sea que la ideología peronista construida en el primer peronismo fue modificada por la política de Perón a su vuelta. Sin embargo, la izquierda peronista combatió a fondo a Gelbard y no lo defendió cuando fue atacado por la derecha, a la muerte de Perón, aunque pocos años después, ya derrotada la guerrilla, esta posición varió completamente.

Esa descolocación ideológica es lo que sucede ahora con el socialismo, que sigue apostando a una revolución obrera cuando no ha habido ninguna de las pocas comenzadas que se afirmara, y la soviética terminó siendo muy diferente porque la URSS de entonces era un país mayoritariamente campesino y esto fue determinante en el destino de la revolución. De la misma manera, la revolución cubana tampoco pudo ser una revolución obrera, pero sobre todo para el trotskismo, esas revoluciones tenían que ser dirigidas por la clase obrera, y esa fórmula subsiste en la actualidad, cuando la revolución tecnológica modificó drásticamente las condiciones sociales de la Revolución Industrial, que impuso a las máquinas como eje de la producción.

De esa manera se determinó el protagonismo social de la clase obrera, mientras que con el desarrollo tecnológico lo que hay en la actualidad es una pobreza generalizada por el crecimiento del desempleo debido a que la manipulación digital de las máquinas, sustituyó a su manejo manual y es improbable que se vuelva atrás en la revolución tecnológica, sino que seguramente aparecerá una forma de combate social generalizado para crear un salario universal para ocupados y desocupados y así producir al máximo de productividad y poder repartirla socialmente, y ésta será también una creación del nuevo sistema mundial a construir colectivamente.     

Cumbre de las Américas: California, del sueño a la pesadilla

0

En 1965, el grupo The Mamas & the Papas hizo pública una canción que se transformó en un gran éxito discográfico: se trataba de California Dreamin’. Este hit musical evocaba la nostalgia de Michelle Phillips, nacida en Long Beach y quien vivía en New York cuando compuso esa canción. Soñando California evocaba a la segura y cálida Los Ángeles desde un invierno neoyorkino. Tan popular fue el tema, que en 1967 los Tijuana Five la adaptaron al español y, en 1998, Inca Pacha lanzó la versión instrumental.

Durante los años sesenta California se transformó en el estado más populoso de Estados Unidos, debido, en parte, a que se la veía como el lugar de más oportunidades laborales, buena calidad de vida y vanguardia cultural; todo un emblema de un país que reflejaba, para la época, su indiscutible condición de superpotencia y su incuestionable hegemonía continental. 

Hoy California protagoniza las relaciones interamericanas ya que en Los Ángeles se llevará a cabo la IX Cumbre de las Américas. Cumbre que ocurre en medio de una fenomenal transición de poder mundial y de la guerra global que, con la invasión de Rusia a Ucrania, se instala con consecuencias imprevistas.

Es posible analizar y evaluar la historia de estas cumbres, los tópicos que han abordado y los que parecen motivar hoy a la administración Biden. También se puede evaluar las posturas, las previas y las actuales, de los países latinoamericanos, además de los consensos y disensos que han marcado el desarrollo de estos encuentros. Pero lo que me interesa resaltar en este caso es lo que podríamos llamar el encuadre de este importante evento continental. Esto no puede hacerse de modo aislado o, si se quiere, sin tener en cuenta alguna comparación. Washington puso en el centro de la cita de Los Ángeles la cuestión de la democracia. Pero no el debilitado estado de la propia democracia estadounidense ni los retos compartidos con la región, sino solo los problemas de las democracias en América Latina y el Caribe. Con esta decisión se perdió una buena oportunidad de plantear las dificultades de distinta intensidad y alcance de la democracia en el conjunto de América o sus prácticas efectivas, retrocesos y amenazas. Hacerlo hubiera significado la necesidad de una conversación seria al respecto y abordar su vínculo con asuntos como la desigualdad entre otros. O, quizás, se hubiera podido centrar la deliberación en las razones que generan una inquietante insatisfacción ciudadana con la democracia tanto en el Norte como en el Sur del continente. Pero no fue el caso. La idea, al parecer, es enfatizar en la cuestión de los valores con escasa mención a la cuestión de los intereses; los de la región y los de Washington. Tampoco se buscó discutir, sino que se optó por explicitar, de manera unilateral, quién puede o no ser parte de este foro multilateral. La Casa Blanca, al menos por ahora, ha decidido que la inclusión/exclusión de países invitados estaría definida por las credenciales democráticas que puedan exhibir los mandatarios.

Sin embargo, la democracia no es el estándar que Estados Unidos ha venido usado en sus cónclaves recientes con otras regiones del Sur global. Entre el 12 y 13 de mayo, a menos de un mes de la reunión de Los Ángeles, se llevó a cabo en Washington la cumbre entre Estados Unidos y los países de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN por su sigla en inglés); un encuentro que la administración Biden calificó de histórico y especial. ASEAN está compuesto por 10 naciones. Según el Democracy Index de 2021 confeccionado por la reputada The Economist los países que la componen se caracterizan de la siguiente manera: Myanmar, Camboya, Vietnam y Laos, autoritarios; Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia, democracias defectuosas y no se evalúa Brunei que es un sultanato. Se puede advertir en el comunicado de la Casa Blanca los proyectos realizados y a realizar con esas naciones, reflejando así los intereses concretos de Estados Unidos. En especial respecto a países que son vecinos de China: aunque los montos prometidos (US$ 150 millones de dólares) son inferiores a los asignados (US$ 1.500 millones de dólares) por China a las naciones de ASEAN en noviembre de 2021. Y también se puede apreciar que la palabra democracia no se nombra nunca; así como está ausente cualquier mención a importancia de los valores. Se menciona tres veces la palabra amistad (friendship) y siete la palabra cooperación (cooperation). De ninguna manera esta cumbre fue concebida bajo la noción de algún valor compartido o de la relevancia de la democracia. La razón fue práctica y estratégica.

Si en virtud del “encuadre” particular que la Casa Blanca le quiso dar a la IX Cumbre terminaran ausentándose algunos de los presidentes de América Latina, California dejará de ser el estado soñado que evocara el tema del 65. Sería, en este caso, el epicentro de un encuentro desaprovechado que pondrá en evidencia que California también puede ser una pesadilla. Eso, a su turno, reflejaría el pobre estado de las relaciones interamericanas.

 

https://www.eldiarioar.com/opinion/cumbre-americas-california-sueno-pesadilla_129_8994345.html