La dupla que administra la economía nacional, Luis Caputo y su socio en la Consultora Anker Latinoamérica, Santiago Bausili, no consigue dólares de ninguna manera, el fracaso del Régimen de Regularización de Activos (blanqueo de capitales) por el que pensaban que ingresarían al sistema financiero argentino unos 2.000 millones de dólares antes del 30 de septiembre de 2024 no está dando los resultados esperados, cuando a fines de agosto los dólares depositados en las cuentas especiales abiertas a tal efecto no alcanzan los 100 millones de dólares, y demuestra que los residentes argentinos que tienen capitales fugados por 448.184 millones de dólares según el INDEC [1] no confían en el gobierno de Milei.
El cuadro se agrava sideralmente cuando existen importantes vencimientos de deuda hasta fin de año (al 31 de enero de 2025 vencen títulos de deuda por 4.500 millones de dólares y hasta el fin del mandato de Milei, en diciembre de 2027, los vencimientos de la deuda suman 65.397 millones de dólares).
La Argentina fue calificada por el JP Morgan con una tasa de riesgo país en torno a los 1.500 puntos, cuando a Brasil le confieren una tasa de riesgo país de 200 puntos, a Paraguay de 180 puntos, y a Perú, Chile y Uruguay por debajo de 150 puntos. El presidente del JP Morgan en la región es Facundo Gómez Minujín, que es a su vez el presidente de la Cámara de Comercio Estados Unidos-Argentina (AmCham). En su página oficial, AmCham dice que la conforman 622 empresas, que emplean directamente a 360.000 personas y que representan el 18,6% del PBI, que abonan el 38% de la recaudación fiscal, que significan el 24% de las importaciones y el 28% de las exportaciones. Lo que no dicen, pero es obvio, es que en todas ellas son socios o los financian los grandes fondos de inversión con sede en Manhattan, Nueva York, Estados Unidos. Es más, los principales accionistas del JP Morgan son BlackRock y Vanguard.
Teóricamente, esos fondos que tienen su casa central en los Estados Unidos han contratado más de una vez a Anker Latinoamérica para que los asesore en la región, y que debe ser la razón por la cual sus socios-dueños administran las finanzas públicas del país.
El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, quién viajó el lunes 15 de julio de 2024 a Nueva York para tratar de tranquilizar a los fondos de inversiones, de pensión, bancos, compañías de seguro, etc., que tienen bonos argentinos y miran con preocupación la dificultad del gobierno de sumar reservas para pagar esas tenencias, dijo allí:
Que el crawling peg (devaluación a los saltos) iba a ser del 2% o 3% mensual, siempre menor que la inflación medida por el IPC del INDEC, dado que la mayoría de los títulos de deuda en pesos están ajustados por esa tasa.
Que el BCRA iba a vender dólares en el Contado Con Liqui (CCL) a cambio de los títulos de deuda.
Y reconoció, en gráficos y tablas que no presenta el BCRA en nuestro país, que al realizar ambas operaciones reseñadas, para fin de año, las reservas netas del Central son negativas en 3.300 millones de dólares.
El día 27 de agosto de 2024, Valdimir Werning volvió a hablar en inglés, esta vez en el Consejo Empresarial (The Business Council [2]) en Washington y sostuvo que apuntan a remover las restricciones cambiarias sin un salto devaluatorio y a que la unificación del tipo de cambio se genere a través de una convergencia a la baja de los dólares paralelos. Para ello es imprescindible una remonetización consistente en la “movilización de los dólares que los argentinos tienen en el colchón”.
Que están trabajando en acortar los plazos para el pago de las importaciones, en reducir desde el 2 de septiembre de 2024 el Impuesto PAIS (del 17,5% a 7,5%) para importaciones y fletes, a la vez que resulta indispensable aumentar la tasa de inversión y que lo debe hacer el sector privado, principalmente las grandes inversiones (RIGI mediante [3]).
Y a pesar de que reconoció que el Estado nacional no tiene acceso a los mercados internacionales de deuda, afirmó que se compensa para las empresas por “los sólidos balances corporativos que mantienen un acceso fluido al financiamiento externo”.
Es claro que el gobierno sigue apostando a la deflación con el esquema ortodoxo fiscal (tener superávit primario, aunque se frene la obra pública, se reduzcan o quiten subsidios a la energía y al transporte, se le pague una miseria a los jubilados y pensionados, etc.) y monetario (emitir lo menos posible) e interviniendo en el mercado cambiario para bajar los dólares libres. Pero también es más que claro que la caja en divisas que tiene el Banco Central es exigua. Si no hay ingreso de más dólares, ¿cuán negativas podrían resultar las reservas netas del BCRA a fin de este año 2024?
Se genera una dicotomía entre los fuertes vencimientos de deuda y la falta de financiamiento, que explica la preocupación del mercado financiero y que es el fundamento por el que la tasa de riesgo país siga en la zona de los 1.500 puntos. Con ese nivel de riesgo, que marca la sobretasa que debe pagar la Argentina para conseguir financiamiento, al gobierno se le hace difícil, por no decir imposible, conseguir dólares. Está atado a que los bonistas (y los principales son los de los Estados Unidos) refinancien sus vencimientos.
Y solo lo harán si pueden cambiar sus acreencias por activos y recursos naturales que la Argentina tiene en abundancia y que le hace decir al embajador de los Estados Unidos en nuestro país, Marc R. Stanley: “La Argentina tiene lo que el mundo necesita”.
Esos grandes capitales estadounidenses ya tienen en la Argentina las leyes y decretos reglamentarios para cambiar los títulos de deuda por nuestros activos y nuestros recursos naturales.
Ejemplo de lo que decimos: el Instituto Baker de la Universidad Rice, el principal centro de estudios sobre hidrocarburos a nivel mundial, que fue creado en 1993 por el republicano James Baker, ex jefe de Gabinete y ex secretario del Tesoro y de Comercio durante las presidencias de Ronald Reagan y George H. Bush (padre), organizó una reunión a mediados de agosto de 2024 en Houston, Estados Unidos, con los gobernadores de Neuquén, Rolando Figueroa; Río Negro, Alberto Weretilneck; y de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella. También se hicieron presentes Sergio Tomás Massa y Horacio Rodríguez Larreta, a quienes, en el año 2023, Marc R. Stanley les pidió que se unieran en una sola fórmula electoral. La pregunta obligada es: ¿a qué fueron?, ¿qué se trató?, y lo más importante, ¿qué se acordó?
Rusia, que es miembro del protocolo de estudio de 1959 de la Antártida y ha llevado a cabo programas de mapeo y sondeo de la geología antártica, tanto terrestre como submarina, indica que sus navíos de investigación habrían descubierto en el polo sur reservas de hidrocarburos equivalentes a 511.000 millones de barriles de petróleo, una cantidad aproximadamente diez veces mayor que la producción total del Mar del Norte en cincuenta años. Estudio que comunicó BRICS News, el canal oficial del grupo que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Según el Tratado Antártico y el Protocolo de Protección al Medioambiente, firmado en 1959 por los siete países que reclaman territorio propio sobre la Antártida (Argentina, Chile, Nueva Zelandia, Australia, Reino Unido, Francia y Noruega), más Estados Unidos, Bélgica, Japón, Sudáfrica y Rusia, está prohibida cualquier tipo de explotación sobre minerales, no así la investigación científica. Ese tratado vence en el año 2048.
En síntesis
En el complejo marco descripto, la Argentina es deudora con los “bonistas” y con el FMI de una deuda no investigada. ¿Cómo puede ser que la deuda bruta pase de 222.703 millones de dólares de diciembre de 2015 a 452.071 millones de dólares al 31 de julio de 2024 y no se informe en qué se gastó? Un gobierno que dice creer en el libre mercado apátrida acepta la deuda dejada por Cambiemos y por el Frente de Todos, convirtiendo en deuda pública (bonos del Tesoro de la Nación) el déficit fiscal de 2023 y las Leliq y demás pasivos remunerados del BCRA.
Por supuesto, dicha deuda es funcional a los acreedores que van a emplear esos títulos al 100% de su valor nominal, aunque la cotización de mercado es en torno al 55-60% de su valor, para considerarlo capital del RIGI.
Y esa es la fortaleza de este gobierno, que ya ha perdido respaldo de la población y de los empresarios locales que venden en el mercado interno, ante un consumo global que decrece día tras día. Población que ahora sí percibe que el ajuste fiscal y económico no es para equilibrar las cuentas o la macro economía, sino para que queden saldos para pagar los servicios de la deuda y que se reduzca el mercado interno para aumentar los saldos exportables. El hambre y la depresión económica son objetivos buscados por el gobierno de Milei.
Por eso, en la ley 27.742 y en el decreto reglamentario de la ley, que se hizo por partes, y el viernes 23 de agosto de 2024 mediante el decreto 749/2024 la reglamentación del RIGI, priorizan las ventas al exterior de nuestros recursos naturales (agua, petróleo, gas, oro, hierro, minerales raros, litio, etc.) sin obligación de autoabastecer el mercado interno e incluso se le da la prioridad a la utilización de dichos recursos naturales al emprendimiento constituido en VPU (Vehículos de Proyecto Único), donde la autoridad de aplicación es el Ministerio de Economía de la Nación.
Para pagar una deuda que no se sabe a ciencia cierta cómo se generó y a quiénes benefició y beneficia, se le miente a la población sobre la necesidad de que vengan los capitales a explotar nuestros recursos, que no le pertenecen a esta administración, sino al pueblo argentino y especialmente a las generaciones venideras, al futuro de la patria.
Eso sí, una vez apropiados de todo, la tasa de riesgo país va a descender, y pasaremos de bandera de remate a bandera blanca, como afirmaba John Adams, Presidente de los Estados Unidos entre 1797 y 1801: “A los pueblos se los domina por la espada o por la deuda”.
[1] «Posición de inversión internacional de residentes argentinos», P. 24, Cuentas Internacionales, Vol 8, N.º 2 Primer Trimestre 2024, INDEC. A su vezm la exteriorización de activos en el “blanqueo” del gobierno de Macri fue de 116.800 millones de dólares y permitió que ingresaran al país 9.522 millones de dólares.
[2] El Consejo Empresarial es una asociación de los directores ejecutivos de las empresas comerciales más importantes de los Estados Unidos, conformada por 200 miembros. La membresía es personal, no corporativa, y sólo se puede obtener por invitación.
[3] Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, que hace que principalmente la minería y el petróleo, que están operados por grupos concentrados locales y del extranjero, gocen de un sistema impositivo y laboral totalmente separado del resto del país. Un enclave en la Argentina que no está obligado a liquidar las divisas que obtengan de sus exportaciones a partir del quinto año, y cuentan con estabilidad fiscal por 30 años.
Primero, el contexto: Juan Gabriel Tokatlian sentado ahora en la misma silla de la misma sala de la editorial Siglo XXI donde conversó incansablemente durante varios viernes con la periodista Hinde Pomeraniec sobre política internacional. Segundo, los antecedentes: es sociólogo, ex vicerrector de la Universidad Di Tella y actual profesor plenario en esa casa de altos estudios, a punto de cumplir 42 años desde que dio su primera clase sobre política internacional en la Universidad de los Andes, en Bogotá, Colombia. Tercero, la profundización del tema: acaba de publicar Consejos no solicitados sobre política internacional, un libro que así como aporta claves esenciales para entender la coyuntura global, genera un abanico de disparadores para buscar entender más el mundo que nos rodea. Desde la mirada sobre Javier Milei en el exterior a los riesgos del quiebre de la tradición diplomática argentina que lleva adelante el Gobierno. Desde los alarmantes efectos del ascenso de una Internacional Reaccionaria al proceso de inestabilidad planetaria por la disputa entre Estados Unidos y China y la amenaza de un desencadenante bélico.
Contexto, antecedentes y profundización es la lógica que guía el texto de Tokatlian en sus capítulos, que versan sobre EE.UU. y China, Rusia y Medio Oriente, el avance de la ultraderecha y el fracaso del progresismo, la importancia de la diplomacia y la problemática argentina sobre Malvinas. Una lógica que permite –con su trama conversacional y accesible para el público no especializado– construir una brújula efectiva para saber dónde estamos parados en la coyuntura actual, la misma que se permite Tokatlian en su lúcido análisis en esta entrevista de una hora y media con elDiarioAR. “Necesitamos recuperar más la historia para que se entiendan los sucesos, las tensiones, los legados y el peso que tienen. No hay que pensar que esto es excepcional, único, sino que simplemente tiene sus singularidades. Porque hay otros acontecimientos históricos de otros países donde alguna de estas cosas ya han sucedido”, enseña el reconocido académico.
–Así como invita el título del libro, si tuviese que darle un consejo no solicitado al Gobierno sobre política exterior, ¿cuál sería la principal idea?
–En política exterior no hay que romper todo. Este es un país que en política exterior ha tenido anuncios de refundación muy habituales. Y hay que reconocer que hay continuidades que le han dado a Argentina un lugar en el mundo, por lo que producir virajes drásticos puede dar un dividendo electoral o ya en la gestión, pero en el corto y mediano plazo pueden generar la sensación de que Argentina ha abandonado posiciones históricas. En la diplomacia, como en la guerra o el ajedrez, las negras juegan.
–“Las negras juegan” es una frase constante en el libro. ¿Qué significa en diplomacia?
–Los otros están viendo, están escuchando, están leyendo, están interpretando. En definitiva, están tratando de precisar hacia dónde va Argentina. Toman nota y piensan “qué raro esta posición del país si siempre hizo esto otro”. Tenemos una larguísima tradición en materia de derechos humanos, cuestiones de género o en medio ambiente. Hemos sido un jugador fundamental en la no proliferación de armas nucleares gracias a nuestro mecanismo de verificación recíproca con Brasil. Cuando hay posiciones tan discordantes con esa buena tradición, lo que hoy parece ser algo propio de una genialidad puede terminar a la larga siendo algo definitivamente torpe.
–Justamente en el libro hay un capítulo sobre la importancia de la diplomacia y su diferencia con la política exterior. Y se habla del déficit de la diplomacia de las mujeres, cuando tenemos una canciller que ha dado muestras de cierta inoperancia. ¿Cómo analiza la diplomacia y la política exterior libertaria?
–La diplomacia es un medio prudencial y discreto que, digamos, lleva el disco duro de un país. Pero el gobierno de Milei es el mayor ejemplo de antidiplomacia que uno puede encontrar. Entendiendo por antidiplomacia un término que ya fue acuñado en los años 50 por un estudioso británico que decía que las ideas utópicas o drásticas de transformación pueden terminar en distopías terribles. La antidiplomacia se refleja en confundir la atención personal con la salvaguarda de los intereses nacionales. Milei procura una reestructuración plena de la política exterior argentina, que trasciende a las otras tres M que hemos tenido antes: los militares, Menem y Macri. Esta cuarta M es más ambiciosa. Y esa reestructuración está en el ADN de muchas de los anuncios, decisiones y votaciones del país.
–El Gobierno se alineó con Estados Unidos y se puso en la vereda opuesta de, por ejemplo, China, su principal socio comercial.
–Es inusual en el mundo anunciar aversiones muy rápidamente. Uno no dice “No me gusta este”, “no quiero tener relación con tal país”. Cuando uno marca aversiones, tiene que estar preparado para las retaliaciones.
–Otra vez, las negras juegan.
–Las negras juegan, efectivamente. Es muy insólito plantear una política anti-China, anti-Rusia, anti- Irán, anti-Palestina, anti-Venezuela. Porque delimitado el territorio en el cual uno quiere operar, tiene que estar dotado, preparado, atento diplomáticamente y en materia de inteligencia y de defensa, porque las consecuencias pueden ser entre malas y peligrosas. Entonces, ¿tiene política exterior el Gobierno? Categóricamente, sí. Pero tiene un esquema claramente anti-diplomático.
El último libro de Tokatlian fue producto de una serie de conversaciones con la periodista especializada en temas internacionales Hinde Pomeraniec.
–¿Cómo es visto Milei en el mundo? ¿Qué rol ocupa en lo que usted llama en un capítulo particular la Internacional Reaccionaria?
–Es difícil encontrar en los últimos 20 o 30 años un mandatario argentino, individualmente hablando, que haya concentrado tanta atención internacional. Es elocuente y tiene que ver en un contexto en el cual hay un avance de una ultraderecha o una derecha radical, cada vez más visible y cada vez más con más posibilidades de control de gobiernos o competitivos en términos electorales. Él aparece como una figura también extrema en su extravagancia y en sus postulados, y esto genera una atención notable. Y no es al azar porque hace gala de ello.
–¿En qué medida impacta esa visión externa con la política interna?
–Yo vivo en el siglo XX; es decir, no tengo ni Twitter, ni Instagram ni nada, pero me llama mucho la atención cuando algunos amigos me mandan cosas sobre cierto fervor acotado, pero fervor al fin, que tienen sus seguidores respecto a que ahora estamos en “las ligas mayores”. Esa expresión deviene en el hecho de que él sabe que esta atención internacional tiene un dividendo interno. Puede ser acotado, pero está entre aquellos que son más fervorosos y activos.
–En el macrismo el latiguillo era “volvimos al mundo”.
–Sí, pero ahora esto es distinto: ahora es “cambiaremos el mundo”.
–Una idea exagerada. ¿Al menos puede tener algún alcance local?
–No siempre la atención internacional es coincidente con la defensa del interés nacional. Son dos cosas muy distintas. ¿Se fortalece el interés nacional, mejora el bienestar colectivo, muestra un grado de autonomía externa, refuerza la seguridad del país? Diría que poco y nada. Entonces sí contrasto interés y atención internacional con interés nacional. Ahí hay una enorme brecha. Y es evidente que Milei accede a eventos internacionales que poco tienen que ver con las necesidades concretas del país, porque son en su mayoría conferencias o reuniones político partidistas o ideológicas. Está bien que las tenga, pero es usual. Y en ningún periplo que ha hecho ha logrado nada para el comercio argentino, un acuerdo, una firma de un compromiso, la certeza de una gran inversión o exportaciones. Ahí hay un tema entre lo estrictamente individual y lo que yo llamaría la necesidad nacional en esta coyuntura en particular, porque es una paradoja.
–¿Dónde está la paradoja?
–Milei vino para alimentar al sector privado, para darle robustez al sector privado, para insertar a la Argentina con los negocios, pero nada de esos periplos tiene nada que ver con eso. Y contrasta con el hecho de que a los eventos estrictamente políticos y particularmente multilaterales tiene una tirria elocuente. No fue al principio de este año a la cumbre de CELAC, no fue a la cumbre de Mercosur, y casi a exigencia de Italia fue la reunión del G7. Y de esos encuentros, más algunos bilaterales como el que tuvo con Olaf Scholz, el canciller alemán, o con Giorgia Meloni, en Italia, prácticamente no tenemos referencia de prensa. Es como si la parte del diálogo político no fuera con él. Milei quiere ir a un evento donde lo aplaudan. La atención es que él sea el centro de la atención. Ahora, si se sienta con Scholz y le habla de la escuela austriaca de economía, supongo que Scholz se daría vuelta y diría “qué está pasando acá”.
Milei accede a eventos internacionales que poco tienen que ver con las necesidades concretas del país, porque son en su mayoría conferencias o reuniones político partidistas o ideológicas. Está bien que las tenga, pero es usual. Y en ningún periplo que ha hecho ha logrado nada para el comercio argentino, un acuerdo, una firma de un compromiso, la certeza de una gran inversión o exportaciones
–¿Hay un antecedente de un presidente que haya viajado tanto sin ser recibido como jefe de Estado?
–No conozco antecedente de que en un primer semestre un presidente haya ido tanto a Estados Unidos. Menem, por ejemplo, visitó 22 veces Brasil, con reuniones bilaterales o multilaterales para arreglar problemas del Mercosur, para hablar del futuro de la región, para cumbres que involucraron actores externos, para enmendar algunas disputas comerciales bilaterales, para visitas formales de Estado. Viajaba mucho pero con propósitos muy específicos, tanto políticos como comerciales. Y no hacía gala de ello en términos de un recurso personal.
–En cuanto al rol de Milei en esta Internacional Reaccionaria, ¿tiene peso su bandera del anarcocapitalismo?
–Dónde él ha ido no son cónclaves multitudinarios o masas moviéndose. Son grupos muy bien organizados, ideológicamente homogéneos, con muchos recursos de distintos sectores, donde tiene influencia su visión del anarcocapitalismo. Todo el mundo está atento a ver cómo será este programa extremo que ninguno de los países donde está la ultraderecha pretende llevar a cabo. No se le ocurre a Meloni hacer eso, ni creo que se le ocurra a Trump si es que triunfase en las elecciones.
–¿Es vital para el proyecto de Milei que Trump gane las elecciones?
–Existe una relación de afinidad obvia, pero es más un encantamiento de Milei con Trump que de Trump con Milei. Hoy las elecciones de Estados Unidos parecen más abiertas, pero imaginemos a los fines prácticos que ganase Trump, ¿cuál es la situación que va a heredar? Si los supuestos son correctos, Estados Unidos entró en un periodo de una corta recesión, las tensiones con China siguen escalando, la guerra en Ucrania es un pantano, en Gaza la tragedia va a continuar y el tema migratorio va a ser su punto central. Dado todo lo que estoy diciendo, Argentina y Milei van a estar un poco en un plano distinto y distante de eso. Segundo, dado el fracaso del plan del FMI del 2018, que Estados Unidos empujó para que sea aprobado, y si Argentina no resuelve los problemas graves que tiene de acá al primer semestre del próximo año, ¿por qué Trump volvería a insistir en lanzar un salvavidas vía el FMI, que ya está suficientemente harto de Argentina? ¿Por qué correría el riesgo de que se enfrente a una burocracia interna en el FMI y que le digan “no, no puede ser otra vez”?
–¿Pero tiene Milei algún valor geopolítico para EEUU? Hace poco el propio Trump lo mencionó en una conversación con Elon Musk.
–El único tema por el que la relación puede ser más estrecha, pero por decisión de Argentina, no por pedido de Trump, es el sesgo anti-China. Estados Unidos encontró un aliado ahí, sin buscarlo. Un presidente de los tres más grandes de América Latina que se volvió totalmente antichino. Washington no le exige nada de eso. Ahora, hecha esa cuña, no dudo que con Trump buena parte de los intereses del Departamento de Estado y más el Comando Sur para América Latina estén mirando hacia acá. Si Argentina quiere comprar más aviones o si Argentina quiere este eventualmente aplicar a ser socio global de la OTAN, Washington podría empujar. Aunque para recibir ese estatus necesita el consenso de todos los miembros, lo cual lo veo difícil porque está el Reino Unido.
«Con Estados Unidos existe una relación de afinidad obvia, pero es más un encantamiento de Milei con Trump que de Trump con Milei», dice el profesor Juan Gabriel Tokatlian. Prensa UTDT
–Pensando en el otro actor global de peso, a partir del posicionamiento de Milei, ¿podría China jugar sus negras contra Argentina?
–No creo que vaya a haber una retaliación de China en materia del swap. Pero Argentina ha reducido sus importaciones de China temporalmente, por lo menos en estos primeros siete meses, entiendo que casi el 40%. Bueno, China le comprará a otros países. Pero China también es un país que va a empujar menos una agenda en la cual se comprometió siempre con Argentina, como el reclamo por la soberanía de Malvinas.
–Usted habla de evitar una diplomacia dogmática, y ante el tema de Malvinas analiza las vicisitudes del país en ese reclamo en un capítulo exclusivo. ¿La falta de creatividad política que allí analiza se profundiza con Milei?
–Argentina le dijo no al BRICS, tradicional soporte en el tema. Podemos sumar los 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica, que se habrán sentido muy ofuscados con la decisión de mudar la embajada a Jerusalén. Más todos los países de América Latina a los cuales el Presidente ha insultado o maltratado, tenés entre 70 y 80 votos en el mundo. En algún momento esas cosas aparecen. De hecho, aparecieron con un incidente que hubo entre el representante argentino en Naciones Unidas y la Cancillería a raíz de la reunión de este año del Comité de Descolonización, donde apenas se mencionó el tema de Malvinas, no con la fuerza histórica de otras veces. Y desde el año 96 por primera vez el Mercosur no se pronunció sobre Malvinas.
–¿Es llamativo que Milei, siendo un referente de la ultraderecha, tenga un perfil tan antinacionalista? No es el caso de Trump o de Bolsonaro.
–Hay una visión algo peculiar del nacionalismo argentino en ese sentido. Milei cree que vinculado más a Estados Unidos, como lo mostró cuando fue a visitar a Tierra del Fuego a la generala Laura Richardson, hay un camino para la recuperación de las islas, dado que Malvinas toca una fibra interna muy profunda. Es una forma sui generis de defender algunas cosas, que no se refleja en el nacionalismo típico, aunque tiene una vicepresidenta que se autodesigna nacionalista también. Hay que ver cómo termina de operar esa fórmula.
–Por fuera de Milei, y yendo a una mirada más global de la actualidad, en el comienzo del libro afirma que vivimos un momento de transición, “sin piloto”, donde hay un gran viraje hacia un mundo post occidental, con dos formas distintas de capitalismo: EEUU y China. ¿Ese traspaso de poder es un proceso ya irreversible o está por desencadenarse aún?
–Podemos pensar dos enfoques sobre esta disputa entre Estados Unidos y China, o más ampliamente entre Occidente y Oriente. Una es la tesis que hace eje en los ciclos y la transición de poder: hay un poder dominante que empieza a erosionarse y hay un poder ascendente que empieza a tener un auge. Cambia el poder relativo de los actores protagonistas: EEUU está declinando y ahora parece ascender China. Otro enfoque toma la idea de Gramsci de que lo viejo no deja de perecer y lo nuevo no termina de aflorar. Ahí también hay un largo ciclo que se denomina interregno, entre lo que culmina y lo que se consolida. En ambas perspectivas, aunque vienen de escuelas distintas, hay una idea de un desenlace. Va a ocurrir, es inevitable. El punto que intento hacer en el libro es decir que las perspectivas ayudan, pero son insuficientes. Por lo tanto, hay que ver qué tipo de orden impera. Yo uso la noción de un orden no hegemónico, con lo que quiero decir en buena medida que EEUU, a pesar de su relativa declinación, no está en decadencia total. Y China, a pesar de su ascenso, no tiene una capacidad hegemónica plena.
–¿Qué implica un orden no hegemónico para el resto del planeta? En el libro aparece una clara postura de que no atravesamos una nueva Guerra Fría.
–Un orden no hegemónico es un orden en el cual los contrincantes tienen hegemonías parciales pero no totalizantes. Y es un equívoco pensar que esta relación entre Estados Unidos y China es un espejo de la relación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Esta relación es mucho más compleja e intensa, pero también hay una tendencia al desacople, particularmente de parte de Estados Unidos para no depender de China en ciertos bienes críticos que tienen un uso dual y a tratar de empezar una competencia mayor en el campo tecnológico, buscando otros socios. Otro equívoco es pensar que China es parte del sur global, como en su momento Cuba planteaba que el aliado natural de los no alineados era la URSS. Pueden los chinos utilizar ese lenguaje o en América Latina decirse que hay una amistad natural con China, pero China va a procurar sus intereses estratégicos. Opera con otra dimensión temporal y con otros propósitos mucho más ambiciosos.
Tenemos muchas demostraciones de algo que está latente peligrosamente. Pareciera ser que en el mundo estamos fatigados con la paz
–¿Por eso habla de una disputa de “dos nortes”?
–Es que en realidad no tenemos un esquema este-oeste o norte-sur. Tenemos dos nortes, un norte liderado por Estados Unidos, muy cohesivo, y otro norte encabezado de manera muy difusa por ahora por China. Y tenemos que entender esa dinámica en un marco de orden no hegemónico.
–Remarca que la disputa es entre sistemas políticos diferentes, entre democracia liberal y autocracia o autoritarismo. ¿Esa ecuación podría cambiar si, por ejemplo, vuelve Trump al poder? Es decir, con la derecha reaccionaria más envalentonada en el poder en la máxima democracia liberal, ¿es descabellado pensar que podría convertirse en una autocracia?
–Hay una fenomenal regresión democrática en el mundo, que afecta básicamente a Occidente, no solo a América Latina, sino a Europa y Estados Unidos. ¿Eso significa que crecen las autocracias vía el modelo chino? No, no significa eso. Lo que tenemos son cada vez más formas híbridas, complejas, que tienen rasgos claramente autoritarios, pero que guardan alguna semblanza democrática, de la misma manera que tenemos democracias más deterioradas pero que tienen cada vez más rasgos autoritarios. Hay que prestar más atención a qué está pasando con estos modelos híbridos, qué va a significar esto para el conjunto de valores que están en juego y cuáles son los valores que ahora las sociedades demandan más.
–En el libro señala al miedo como un motor de las derechas reaccionarias, luego de mucho desencanto con la democracia y el progresismo.
–Hay una agenda incumplida de la democracia. Se ha desmantelado el Estado de bienestar en la mayoría de los países y hay cada vez más inequidad y desigualdad. En muchos casos se han resuelto problemas de pobreza grave, sin duda, pero las inequidades y brechas son crecientes. Hay un militarismo rampante. Hay líderes de ultraderecha que están moviendo la migración hacia una agenda totalmente regresiva. Y eso está transformando las sociedades. De la misma manera, en Oriente los niveles de desigualdad son grandes y graves; en China, en India. El retorno a formas nacionalistas poco cosmopolitas en esa parte del mundo es elocuente también. El militarismo es creciente. Entonces tenemos muchas demostraciones de algo que está latente peligrosamente. Pareciera ser que en el mundo estamos fatigados con la paz.
–Esa fatiga de la paz la plantea en conjunto a que está “normalizada” la eventualidad de una gran guerra. ¿Lo que llama “catarsis reaccionaria” podría acelerar el escenario belicoso?
–Estamos en una encrucijada de debilidades, tensiones, contradicciones y no sabemos por dónde salir. No hay una sensación de mejoramiento. Y podría ser más belicoso el escenario. Es inquietante porque ya tenemos muchos puntos calientes en el mundo. Y la disposición a resolver alguno es bajísima. Estamos en una era que yo llamo “oscurismo”. No es una era irracional, es una era en la cual se está degradando la convivencia colectiva, primero a nivel interno y luego entre naciones y entre pueblos. Y eso es más perceptible en Occidente. Lo cual me hace una persona moderadamente pesimista (risas).
–En esta crisis de la democracia, ¿qué rol tienen las tecnológicas y millonarios? En la tapa del libro aparecen todas figuras gubernamentales menos una: Elon Musk.
–El papel de las tecnológicas en la Internacional Reaccionaria es muy importante y cada vez más. Y hay fundaciones de millonarios que apuestan a una agenda social contra el aborto, contra el derecho reproductivo y cuestiones de género, contra el cambio climático. Esos subgrupos alimentan con recursos, publicidad y difusión esa agenda. Y a las tecnológicas se sumaría el mundo financiero: si sumamos las fortunas de las personas que están al frente de esas dos ramas superan, con creces 50, 60, 80, 90 países juntos. Tienen una capacidad de decisión y de incidencia enorme.
–¿Cómo actúan los actores no estatales?
–Hay una proliferación de actores no estatales que tenemos que comprender mejor. Hay evidencia de un crecimiento del crimen organizado, en trata de personas, narcotráfico, desechos químicos, armas ligeras. Son actores que tienen un poderío notable y en algunos países con una capacidad de incidir en la vida política, social y económica, entrelazados a su vez con actores estatales que permiten que haya altos niveles de corrupción que facilitan los contactos, o sistemas bancarios que reciben los recursos de estos sectores y los blanquean.
–En el libro se plantea cierta responsabilidad también del progresismo. ¿Queda sin embargo crédito para detener el avance reaccionario?
–Hay una enorme insatisfacción en el mundo, desde los 90 en adelante con más claridad, con el progresismo. No alcanzaron a cambiar la correlación de fuerzas y si hubo logros fueron parciales o temporales. En la segunda década de este siglo tuvimos además en Europa, como en América Latina o Estados Unidos, experiencias de centro derecha o de derecha clásica, que tampoco lograron equilibrar la economía, hacer crecer los países y, por sobre todo las cosas, resolver los problemas de malestar social. Luego hay un retorno de experiencias progresistas que no resolvieron políticas públicas indispensables en educación, en salud, en seguridad, en justicia, etcétera. Entonces ahora lo que tenemos es una ola de ultraderecha. Ya no los conservadores del pasado. Ahora tenemos los ultras, los extremos, las derechas alternativas, reaccionarios. Mi impresión es que en esta ola los sectores no estatales se van a empoderar aún más. Y siento que ahí hay algo que todavía no estamos viendo. Paralelamente hay una sociedad civil internacional que está pugnando por la defensa de los derechos humanos, por terminar con la guerra y poner limitaciones a los poderosos, pero todavía no tiene un modelo alternativo y atractivo, particularmente para los jóvenes. Los jóvenes del futuro parecen hoy no tener futuro.
El concepto «grieta» fue instalado en Argentina por el Sr. Jorge Lanata (2), un mediático periodista que supo transitar -con un ahora menguado entusiasmo por enfermedad pero con una diseminación exitosa del concepto- el amplio campo de las incoherencias humanas permanentes. Lo aplicó como contexto crítico hacia el populismo como teoría política y -en particular- como cuestionamiento al gobierno nacional de Cristina Kirchner (según surge de su columna de opinión diario Clarín, del 13 agosto 2013).
Sus argumentos primarios -aunque desconozco si él mismo alcanza a distinguirlos- fueron desconocer la confrontación permanente como condición de viabilidad de la democracia y reconocer la necesidad de un antagonismo regulado con los medios de comunicación como verdadera oposición a las políticas gubernamentales. CFK había instalado esa grieta -según él- para separar buenos de malos, blancos de negros, sucios de limpios. Como hoy impulsa Milei: «hombres de bien» aquí, «hombres de mal», allá. En su análisis, esa grieta afectaba y dividía a los argentinos e impedía la felicidad eterna de la unión nacional.
Esa misma unidad -insustentable, y hasta algo irracional- la vivimos en la Plaza de Malvinas con Galtieri y hoy se anuncia como retroceso alegórico y perspectiva del futuro brillante frente a un mundo ansioso por recibirnos, de nación alineada con la modernidad (léase los EEUU y Europa) y de país deseoso de volver a principios del siglo pasado en una historiografía oficial de retorno al camino de presunta potencia mundial. Igual que Macri que esperaba ser un supermercado sin marcas propias. Ello en el marco de un curioso escenario de tarot, paseos bíblicos y personajes bizarros donde existieron combativas pancartas; de truculentas frases y poses sexistas donde se vivieron trascendentales discursos de nuestros mejores estadistas y de desafinaciones de vergüenza ajena en el lugar donde Evita convocó a la defensa de los intereses populares. Toda una simbología del espanto sobre el presente que observamos atónitos. Como para no ocuparnos!
El término «grieta» así aplicado deviene en realidad de una geologización (se me disculpe el neologismo) de la política, una cuestión natural que siempre se forma desde una fisura que es provocada por la propia naturaleza en sus procesos de contracción. El todo era todo, hasta que se agrietó. No porque un destino voluntarioso (valga el oxímoron) lo hubiera deseado sino por las propias tendencias sociales, históricas y de la naturaleza humana.
Los historiadores económicos no están de acuerdo sobre los orígenes del mercado. Pero el cuento clásico de que sustituyó al trueque y significó una modernización económica del medioevo para facilitar las operaciones, ya no se acepta con facilidad, al menos entre los investigadores más serios y documentados. Hoy aceptamos que el Mercado es un tipo de poder que permite la gobernabilidad del sistema económico. Así de simple.
Se sabe, desde Aristóteles y Platón a esta parte, que la sociedad civil siempre miró con desconfianza las condiciones y efectos de la creación del Mercado y sus avances. El Mercado fue el sustento de los mercaderes, los industriales, los financistas, los burócratas para organizar y ordenar la apropiación de las riquezas sociales, las que se producían en común. Comenzaban a concentrar el poder en pocas manos y «agrietaban» la riqueza común para apropiarse de cada vez más porcentaje de la misma en detrimento del pueblo.
Los interesados economistas vinculados a aquellos mismos grupos, impusieron como tipología única la del Mercado, una forma ideológica de interpretación y acción sobre las actividades humanas. El matrimonio, el delito, los órganos humanos, los niños y niñas, la solidaridad, la compasión por los animales, la sexualidad, el arte, la música, la educación, cualquier realidad -inclusive la religiosa- en la que tenga intervención el hombre puede ser entendido como un mercado portador de una demanda, una oferta y un precio. Por ejemplo, una demanda de esperanza, una oferta de religión y un precio de liturgia. Y dado que la condición del hombre es su libertad, esos mercados deben ser libres de cualquier interferencia social. Esa es la teoría: los intereses del individuo predominan ante las necesidades de la sociedad y el más fuerte desplazará al más débil que será sometido sin protección.
De resultas de ello, cuando habla el Mercado, hablan algún tipo de poder económico. Para la economía ortodoxa el mercado no somos nosotros, los consumidores, sino los productores; no somos nosotros, los trabadores, sino los empresarios; no somos nosotros, lo que usamos tarjetas de crédito, sino los bancos; no somos los que cargamos combustibles, sino las petroleras; el mercado es la ficción de la sujeción de la dependencia y las reglas del mercado son los condicionantes vitales de nuestra existencia.
Cuando se dice «veamos cómo va a reaccionar el mercado», se quiere decir «veamos que dicen los poderosos». Y obviamente los poderosos, siempre, en todas las circunstancias, hablan por sus conveniencias, que no son las del pueblo. Desconfiemos si nos dicen que «el mercado reaccionó bien» porque caerá una pena sobre nuestros bolsillos.
La verdadera grieta entonces es dialéctica y es necesaria para que podamos avanzar en la construcción de consensos de base humana. Si se puede. Caso contrario sirve para identificar el campo de batalla. Y creo que la verdadera y profunda grieta está entre la Sociedad y el Mercado; entre la Política y la Economía y si la política se ve cooptada por la gerencia, por la dirección de la economía, no cabe esperar sino que la grieta se acentúe en silencio, profunda, entre sombras, los agrietadores ya no aparecerán con denuncias en programas de televisión y en periódicos, sino en los subterfugios de la realidad disimulado con un velo tenue y apenas perceptible. Pero cuando advirtamos que la grieta social se ha extendido y profundizado lo suficiente, puede que sea demasiado tarde para la paz y la armonía social.
En su historieta Goscinny salvó la grieta con el triunfo del amor y Uderzo dibuja figuras sonrientes y alegres. Yo no estoy tan seguro de que nosotros podamos transitar ese camino y terminar tan bien. No al menos mientras el pueblo admita que los gerentes del Mercado se ocupen de las cosas de la Sociedad y acepte que los políticos sean topos que buscan destruir el bien común.
(2) Título inspirado en René Goscinny y Albert Uderzo que incentivan la imaginación y deleitan el espíritu en su serie de historietas Asterix y Obelix y que nos enseñan sobre grietas en «La gran zanja», Nro. 25, Salvat Editores, 2014.
La idea del cambio ha sido un tema de creciente interés en los estudios internacionales. Esta idea gira en torno a las condiciones, las fuentes, las orientaciones, los impulsores, los motivos y los alcances del cambio en política internacional. Si bien el análisis comparado, el estudio de caso y la evaluación de un mandato específico han sido las notas predominantes, trabajos recientes sugieren que es crucial evaluar el largo plazo y de modo más sistemático las políticas exteriores que buscan el cambio.
La Argentina del último medio siglo ofrece cuatro ejemplos notables de intentos de cambio sustancial en el ejercicio de la política internacional: los militares, Menem, Macri y Milei. En efecto, la dictadura de 1976–83 le dio un nombre a su proyecto de modificación drástica en lo interno y lo externo; “proceso de reorganización nacional”. Con Menem se dio un nuevo experimento de giro trascendente en política exterior, que Alejandro Frenkel llamó “proceso de refundación”. Con Macri, la expresión dominante en la campaña electoral y durante la gestión gubernamental en materia internacional fue la reinserción. Finalmente, a mi entender, la característica principal de la política exterior de Milei es la reestructuración, que para Holsti significa la transformación fundamental de los patrones habituales y lineamientos básicos de la conducta de un país en el frente internacional. En los gobiernos de las cuatro M estamos frente al intento de producir un cambio contundente en política exterior. La experiencia que estamos conociendo, la del gobierno del presidente Milei, es muy probablemente la más extrema.
Los cuatro ejemplos tienen varios puntos en común. Primero, subrayan la existencia de un gran pasado nacional que se extravió por yerros, desatinos, torpezas y descarríos. Se afirma que algunos gobiernos y mandatarios se alejaron del curso correcto –pues hubo un momento de gloria– y llevaron a la Argentina por un sendero insensato e irresponsable. En consecuencia, es imperativo rectificar y proponer un cambio integral.
Segundo, para cada administración decidida a corregir el desbarajuste acumulado, el período o mandato que condujo a tal situación de tropiezo y caída ha variado: la post Segunda Guerra Mundial, los gobiernos civiles durante la Guerra Fría, el primer peronismo y los sucesivos, la promulgación de la Ley Sáenz Peña de 1912 hasta hoy. Sintéticamente, se asume que hay un momento identificable en el que comienza un declive para la Argentina que nadie supo detener. Así, los gobiernos de las 4M llegaron para hacer que la Argentina “vuelva al mundo”, al lugar que nunca debió perder. Pienso que detrás de este diagnóstico y propósito se esconde lo que podría llamarse un “síndrome narcisista”. Cada vez es mayor la frustración nacional, al tiempo que el país se vuelve cada vez más dependiente de la condescendencia externa. A la desilusión le sigue la sobrestimación.
Tercero, volver al mundo significó -y sigue significando- volver a Occidente, como si en cada peldaño decreciente hubiéramos dejado de ser una nación meridional de ese Occidente. Pero en realidad de lo que se trata es de abrazar a Estados Unidos. Como si el Occidente septentrional, con Washington a la cabeza, no se hubiera transformado y el sistema mundial no viviera mutaciones apreciables. De hecho, desde la década de los ochenta del siglo XX, las transformaciones y los reacomodamientos globales de un mundo post-occidental han sido pronunciados. El epicentro de gravitación mundial se desplazó hacia Oriente, y el orden mundial carece de un centro hegemónico y tiene dificultades para que las grandes potencias aseguren hegemonías parciales (en lo geográfico y temático).
Cuarto, en cada uno de los intentos de cambio en política exterior -como proyección de la política interna y del lugar que se aspira tener en el escenario internacional- se añadió un esfuerzo denodado por producir un cambio cultural. La deseada metamorfosis interna y externa debería ser honda y perdurable. Con términos distintos y expresiones de urgencia, los militares, el menemismo y el macrismo ambicionaban una suerte de nueva configuración cultural que produjera dinámicas estructurales alternativas e innovadoras para dejar atrás un legado que no admitía claroscuros. El mileísmo va más allá: se declara propiciador de una “batalla cultural”, lo que implica una perspectiva beligerante que pretende una nación con vencedores y derrotados. Ahora sí hay que ir por todo.
Quinto, en los cuatro ejemplos señalados, el cambio en política exterior estuvo acompañado del anuncio de un doloroso ajuste temporal que, más temprano que tarde, generaría estabilidad económica y bienestar social. El componente externo, entonces, resultaba funcional para esa espera y se concebía como un ancla adicional para que los padecimientos transitorios fueran avalados por actores internacionales cruciales. En su debido momento, Occidente no salió en defensa de los militares; menos aún a raíz del conflicto de Malvinas. Tampoco lo hizo para rescatar al país cuando la convertibilidad era ya inviable, a pesar de que Menem había desplegado una indiscutible política de seguimiento a Washington y a Wall Street por igual. Macri no recibió la lluvia de inversiones esperada y volvió a endeudar al país vía un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que ha sido muy oneroso para la Argentina. El brazo salvador de Occidente no llegó o, si lo hizo, solo aceleró un nuevo ciclo de endeudamiento. Habrá que ver qué sucede durante el gobierno de Milei, cuyo eje de actuación internacional es el hiperoccidentalismo; un tipo peculiar de política exterior y de defensa en el marco de la lógica de la aquiescencia.
Sexto, los cuatro ejemplos cubren un vasto espectro político. Se trató de gobiernos militares y civiles, de regímenes autoritarios y democráticos, de administraciones surgidas del seno del peronismo y desde variaciones de la derecha. El afán de cambio en materia internacional ha recorrido distintas gestiones que han ocurrido durante la Guerra Fría y en la Posguerra Fría. Cada ensayo ha creído que tiene fundadas razones para un cambio categórico y suficientes recursos institucionales para concretarlo. Todos han visto en Washington un referente vital para concretarlo. No han ahorrado declaraciones, medidas, votaciones, posturas para congraciarse con Estados Unidos; país que en algunos casos no necesitó presionar o chantajear al gobierno de turno para alcanzar la adhesión argentina. Como bien lo recuerda Robert Keohane, la armonía natural no genera incentivos para la negociación; es el desacuerdo el que permite una cooperación relativamente más equilibrada, así como el regateo y la transacción que beneficia a la parte menos poderosa.
La Argentina del último medio siglo constituye un caso testigo de un recurrente empeño por producir un cambio en política exterior en el contexto más amplio de una gran reforma de la política doméstica. Esto se enmarca en una paulatina pérdida de poder relativo a nivel regional y mundial y un detrimento visible y extendido de las condiciones de vida en el plano interno. A cada desengaño le sigue una propuesta de cambio más rotundo y definitivo.
Como los países que declinan y decaen, la Argentina necesita superar la melancolía, el resentimiento y el ensimismamiento. Melancolía que viene de que para la mayoría de los ciudadanos lo mejor ha sido su pasado y el futuro es poco ilusionante. El resentimiento que surge de la envidia que producen vecinos y distantes. El ensimismamiento que caracteriza a una elite recluida y turbada. Todo esto debilita la autoestima necesaria para que un país se cohesione y acumule poder. Se tiende a creer que el declive proviene de unas fuerzas internas generadoras de todos los males, por esto no debe sorprender la dificultad para obtener consensos mínimos, la imposibilidad de establecer incentivos grupales para revertir la caída y la ausencia de confianza para recuperar cohesión interna y reputación internacional. En consecuencia, como muestran los cuatro casos mencionados, se prueban soluciones expeditivas de cambio en el frente externo e interno, a la espera de que el Occidente septentrional nos rescate de una especie de sino trágico.
Las políticas exteriores que más se han estudiado (e idealizado) son las de los países poderosos. Es escasa la literatura sobre países que declinan. Y menos aún, las que han podido resurgir después de un declive. Sin embargo, de los pocos estudios al respecto recojo ciertos hallazgos que podrían ser útiles para la Argentina. Primero, ningún país ha reconstruido poder, prestigio e influencia solo y principalmente a través de un sistema de alianzas internacionales; la mejor política exterior comienza por una buena política interna en lo productivo, lo social y lo institucional. Segundo, los países que consiguen revertir su declinación procuran socios y amigos externos y no implementan políticas hostiles en el frente internacional; multiplicar y diversificar acompañantes en el exterior significa desdeñar principios binarios (buenos/malos, amistad/enemistad). Y tercero, los países que han podido superar su caída lo han hecho con base en consensos básicos y esfuerzos prolongados; jamás polarizando las sociedades que han conocido los gravosos costos del declive.
En la superficie aparecen conflictos entre las distintas fracciones del gobierno y dentro de los bloques de Diputados y Senadores de la Nación. Se despliegan negociados en los que se demuestra que un sector favorece a otro, como es el caso de los sobreprecios por las compras realizadas por la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) a la droguería Suizo Argentina, una empresa de la familia Kovaliker, fuerte en el norte del país y de buenos vínculos con Martín Menem (presidente de la Cámara de Diputados de la Nación) y Eduardo “Lule” Menem, operador todo terreno de Karina Milei.
El asesor de la Presidencia de la Nación, Santiago Caputo, llama a su despacho en la Casa Rosada al senador de Formosa por La Libertad Avanza Francisco Paoltroni y lo conmina a que guarde silencio sobre el juez Ariel Lijo, propuesto por la familia judicial (encabezada por el ministro de la Corte Ricardo Lorenzetti), con el aval de la Embassy y, por eso, Javier Milei lo nombra candidato para ser miembro de la Corte Suprema de Justicia. Los Lijo, Ariel y Alfredo, son de origen muy humilde, entraron como meritorios en el Poder Judicial, y hoy Alfredo Lijo es el dueño del haras “La Generación”, en el partido de Dolores (provincia de Buenos Aires). Al juez Ariel Lijo se lo ha acusado de encubrir la trata de personas, esencialmente de niños.
En un presupuesto nacional que reduce gastos sin miramiento, deciden otorgarle a la SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado) mediante el DNU 656 del 23 de julio de 2024, en gastos reservados, la suma de 100.000 millones de pesos. Basado en la información que el gobierno publica en el sitio Presupuesto Abierto, Maximiliano Ferraro, jefe del bloque de Diputados de Hacemos Coalición Federal, reveló que el gobierno de Javier Milei usó en apenas tres semanas el 80% de los 100.000 millones de pesos que se reasignaron por DNU 656/24. Recordemos que en julio se aprobó la ley 27.742 de Bases que contiene el RIGI [1] y la ley 27.743 de medidas fiscales que incluye en “blanqueo” de capitales, que se publicaron en el Boletín Oficial el 8 de julio de 2024, para que Milei realizara un acuerdo con 19 provincias en la Casa Histórica de Tucumán.
Milei dice que ese gasto es para hacer inteligencia y prevenirnos de probables atentados perpetrados por los terroristas que defienden a Gaza y a Irán, problema en el que nos mete su política de seguimiento a los Estados Unidos, proponiendo mudar la embajada Argentina de Tel Aviv a Jerusalén, cuando sabe que Palestina reclama que ese territorio como propio.
El DNU 656/2024 fue rechazado el 21 de agosto 2024 por la Cámara de Diputados de la Nación y pasó al Senado, que debería expedirse rápidamente. En caso de que en esa Cámara también sea rechazado, los fondos no ejecutados dejan de estar asignados a la SIDE, los ejecutados dejan de ser reservados y cualquier persona, ejerciendo el derecho de acceso a la información pública, puede conocer cómo se aplicaron. Allí sabremos qué es verdad o qué mentira.
Milei, a su vez, anunció que vetará totalmente la Ley de Movilidad Previsional aprobada por dos tercios del cuerpo de la Cámara de Diputados y de Senadores, que regula un simple ajuste inicial de 8,1% a todos los haberes previsionales por una única vez, que estos se ajusten mes a mes por la inflación, pero que en marzo de cada año se lo compare con el salario promedio de la Secretaría de Trabajo de la Nación (RIPTE) y, de haber diferencia a favor del salario, se actualizarían los haberes previsionales. Pero lo más importante es que se aseguraría que la jubilación mínima no sea menor a 1,09 veces la Canasta Básica Total (CBT) para una persona.
En julio de 2024 la Canasta Básica Total para una persona del INDEC (para no ser pobre; no contempla el costo de la vivienda) fue de 291.472 pesos. Cuando la jubilación mínima de ese mes fue de 215.581 pesos y se le sumó un bono de 70.000 pesos. Eso conforma un importe menor que el de la pobreza. De los 12.560.000 jubilados y pensionados nacionales, casi cinco millones cobran el haber mínimo (trabajaron toda su vida y son pobres).
De haber sido efectiva la ley de movilidad previsional aprobada el 22 de agosto de 2024, el haber de julio hubiera sido de 317.704 pesos (9% por encima de la CBT del INDEC). Recordemos que el salario mínimo vital y móvil (SMVyM) que el gobierno fijó por decreto, en julio de 2024, fue de 254.232 pesos.
El gobierno, a través de la Secretaría de Hacienda, estima que, de aplicarse la ley de movilidad previsional aprobada, el costo fiscal es del 1% del PIB (4,7 billones de pesos). Pero no dice que, por ejemplo, en el año 2023 el gasto previsional significó el 41% del presupuesto. Que el total del prepuesto nacional sobre el PIB fue de 24,3%. Y ahora, con un PIB que desciende (según el FMI un 3,5% en el año 2024), el gasto presupuestario estimado para el año 2024 es del 21,8% del PIB. Que hasta julio de 2024, el gasto previsional fue del 33,8% del presupuesto, por ende la proyección nos dice que el gasto previsional de 2023 fue del 9,4% del PIB, y sería en el 2024 de sólo el 7,6% del PIB (los jubilados y pensionados pierden 1,8% del PIB; PIB que a su vez se reduce), prácticamente el doble de lo que acusan que sería el incremento del gasto presupuestario de cumplirse con la ley de movilidad previsional vetada por Milei, y ahora apoyado ese veto por Mauricio Macri.
La pelea de fondo
Mientras las disputas políticas lucen en la superficie, los negociados y el enriquecimiento favorecen a un sector mientras les es funcional a una realidad subyacente, donde compiten férreamente los capitales financieros del exterior, principalmente encabezados por BlackRock, Vanguard Group, Fidelity, PIMCO, Franklin Templeton, Gramercy, Greylok, entre otros, y capitales menores, pero que siguen a pie juntillas sus inversiones. En los que participan “inversionistas” locales que confían parte de su capital en la administración de esos fondos.
Están muchos de ellos en el país hace mucho tiempo, pero acrecentaron fuertemente su participación en el gobierno de Mauricio Macri, que nos endeudó por más de 100.000 millones de dólares y que hizo que fuera la primera vez que viniera a la Argentina Larry Fink, CEO de BlackRock, en octubre de 2016, para entrevistarse con él.
Estos capitales administrados por fondos extranjeros están desplazando a los grupos locales, quienes en sus comienzos disfrazaban a Milei de avispón verde o imitador de Favio para que entre a ser conocido y la población, sin referentes políticos, ni gremiales, ni sociales de fuste, tomaran a Milei como su representante.
Los grupos locales fueron los que financiaron a los estudios jurídicos e impositivos para confeccionar la ley Ómnibus, luego derivada en la ley Bases, la ley 27.743, que contempla el blanqueo de Capitales, y el DNU 70/23. Pero el gobierno depende de los acreedores, de allí que el Ministerio de Economía y el BCRA sea administrado por Caputo, Bausili y equipo, todos comisionistas de los fondos de cobertura nombrados que endeudan cada día más al país por sus tenencias en pesos ajustadas por inflación.
La deuda bruta hasta julio de 2024 aumentó en 81.398 millones de dólares a precio oficial [2]. La deuda representa el 96,1% del PIB y los vencimientos son de cada vez menor plazo. En dólares hay vencimientos hasta enero de 2025 por 4.500 millones y hasta fin del mandato de Milei, en diciembre de 2027, los vencimientos de la deuda suman 65.397 millones de dólares.
Obviamente que esos grupos quieren cambiar sus acreencias (jamás investigadas ni auditadas, de las que no se sabe en qué se invirtieron y que se acrecientan por los principios del capital compuesto) por nuestros recursos naturales (petróleo, gas, litio, minerales raros, oro, plata, hierro, cobre, etc.).
Recién ahora los Rocca, Eurnekián, Braun, etc., saben que el capital financiero viene por ellos también.
Lo dijo lastimosamente Paolo Rocca el 31 de julio cuando presentó el balance semestral de Tenaris S. A., que hace caños sin costura y que fue el único proveedor de estos en el primer tramo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, que va de Vaca Muerta a Saliquelló, cuando vio que el segundo tramo del gasoducto no se va a licitar este año.
Dos semanas más tarde respondió a su manera, su empresa Ternium S. A. anunció un plan de inversiones de 4.000 millones de dólares en los próximos dos años para expandir su presencia en Nuevo León, el Estado del norte de México que limita con Texas. Una inyección de capital para el desarrollo de plantas “completamente nuevas” que van a producir laminado en frío, acero crudo y galvanizado para abastecer automotrices, línea blanca, trenes, construcción, motores eléctricos y tuberías.
En síntesis
Dejan los “negociados” de la política en manos de la actual Administración, mientras se sigue endeudando al país en con el capital financiero internacional con sede en Nueva York, quienes son los principales acreedores. Una deuda impagable que depende de que el capital la refinancie. A cambio de esa refinanciación, se van a vender o concesionar por el RIGI los recursos que le pertenecen al pueblo argentino actual y al de las generaciones por venir.
En agosto de 1988 se ejecutó el llamado Plan Primavera, en el que se compró dólares a los exportadores a 12 australes, y se les vendió a los importadores a 14,66 australes. El campo pisó las exportaciones y los importadores adelantaron sus compras. El 6 de febrero de 1989 el BCRA no pudo vender un solo dólar más y se disparó la híper devaluación (madre de la híper inflación). El gran capital local, beneficiado por Alfonsín por la estatización de su deuda, quebró al Estado nacional y Menem les fue funcional con las privatizaciones.
En agosto de 2024 el actual gobierno está haciendo lo mismo: compra dólares a los exportadores a precio mayorista y los vende en el CCL al campo a dólar blend y a los bonistas.
El problema es que el capital financiero internacional tiene mucha mayor injerencia (pool de siembra, capitales y empresas extranjeras en petróleo, gas, minería en general, etc.). El final es obvio: el supuesto beneficio en el corto plazo está dado por el intento de “administrar” la devaluación para no perjudicar su tenencia de títulos de deuda en pesos.
[1] El RIGI (Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones) es la ampliación, extensión, y profundización de la Ley de Minería de Menem. Es el estatuto del saqueo, al posibilitar que tanto los recursos exportados y las divisas obtenidas se queden fuera del país, acompañada de inauditas prebendas tributarias y aduaneras.
[2] La deuda total neta en poder del sector privado y organismos internacionales de crédito (sin el FMI al que se le había pagado toda la deuda en enero de 2006), era de 89.081 millones de dólares en diciembre de 2015. La mayor parte de la deuda bruta, que ascendía a 222.703 millones de dólares, era intra sector público (en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, de los bancos oficiales, de distintos fondos fiduciarios argentinos, etc.).
En el inicio está el deseo, eso que surge como estímulo interno y como consecuencia de nuestro propio funcionamiento, la notificación de una carencia que debemos satisfacer para estar armónicos, equilibrados. Me refiero a los deseos primarios, los que inician todo, hambre, sed y sexo, aquellos que certifican que estamos vivos, no hablemos de respirar, eso es una función inconsciente que tenemos de manera automática y de la que solo hacemos conciencia cuando hay algún impedimento para su continuidad.
Luego de aparecido el deseo crece hasta su satisfacción o hasta encontrar un límite que es externo a él, el que marca la frontera entre lo posible y lo imposible, al menos de momento; el encuentro entre lo interno y lo externo a nosotros.
Podría decirse que entre el deseo y su límite se encuentra la realidad, porque para cada uno de nosotros la realidad no es otra cosa que el conjunto de lo que está dentro de nuestros límites; incluyendo nuestro deseo, y también la imaginación y la fantasía, fuera de esa frontera solo está lo irreal.
La distancia al límite es el tiempo transcurrido hasta la satisfacción o la frustración del deseo. No sería desatinado decir que la realidad es lo que está entre el deseo y el tiempo.
Somos seres deseantes, con un deseo que nace de nuestros instintos, del ello; pero se aloja en nuestra subjetividad, en superficie en el yo consciente y más profundamente en ese yo inconsciente en lucha permanente con el superyo, la ley, que la cultura nos cargó a través de la familia o de nuestros criadores.
Esto somos, dueños de esta tenencia permanente que es nuestra subjetividad, atisbando esa objetividad inasible que es el tiempo, el tiempo que se nos escapa como agua entre los dedos, el presente, el único tiempo que existe para nosotros realmente y que solo podemos atrapar por instantes en el ejercicio del gozo. El tiempo, que es en apariencia externo a nosotros pero que nos influye transcurriendo imperceptiblemente, decretando nuestra vejez.
Nos preguntamos entonces. ¿Podemos apropiarnos de este bien tan preciado que es el tiempo? Difícilmente, es elusivo; pero sin embargo, la historia nos demuestra que hay humanos que han podido y pueden apropiarse de otros humanos. Paradójicamente, aunque no se pueda apropiar el tiempo propio se puede negar la posibilidad de tenerlo a otros. Hubo y hay apropiación del tiempo y también del deseo de los otros; desde la brutalidad y la violencia de la esclavitud hasta la más sofisticada manipulación del deseo a través de la economía y la cultura.
Hegel decía que el esclavo hacía la cultura como un recurso necesario para sobrevivir, pero el amo impone una cultura hegemónica para que el esclavo acepte y naturalice su condición de tal. Paulo Freire nos recuerda que la clase dominada frecuentemente se identifica con la ideología de la clase dominante, por lo tanto con intereses que no le son propios sino de quien la domina.
La clase dominante aspira y ejerce en muchos casos el monopolio del deseo, ya que el ejercicio del poder le permite correr el límite para satisfacerlo.
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Hay entonces distintas maneras de vivir el deseo. La idealmente plena, que tiene como condición necesaria la libertad; pero también hay otras, que tienen más que ver con lo que vivimos los ciudadanos de a pie, el grueso de los pueblos del mundo.
Hay un deseo reprimido y un deseo tutelado. En el caso del deseo reprimido se nos dice, a través de las leyes, históricamente elaboradas por las clases dominantes y en las que la propiedad es mas importante que la vida, que podemos y que no podemos desear. También hay herramientas discursivas, el vehículo más frecuente, herramienta tutorial por antonomasia, la moral; que no es otra cosa que el discurso de la clase dominante, un catálogo de prohibiciones que solo deben cumplir las clases dominadas, no es casual que las cárceles estén llenas de pobres.
Una vez más es preciso recordar que a diferencia de la moral, que es autoritaria y vertical, la ética es democrática y horizontal, su fundamento es la empatía, cosa de la que quien domina carece.
El deseo tutelado es más sutil en su expresión, porque el que domina no siempre nos dice de una manera explícita lo que no podemos desear pero lo hace a través de la economía, el dinero es una de las puertas con las que se abre o se cierra la posibilidad al deseo.
Hay además otras maneras más sutiles de manipular el deseo, lo hacen a través de múltiples herramientas comunicacionales; la prensa oral y escrita, los medios televisivos, que lejos de informar manipulan la información, deforman la realidad y construyen opinión pública instalándose como creadores de sentido común. Así demonizan según la voluntad del poder, mienten, deforman datos históricos, publican estadísticas falsas y hacen un gran trabajo de naturalización de cosas terribles. Si quieren dar un mensaje de inseguridad basta con pasar decenas de veces en el día el relato de un crimen para que este se multiplique en la sensación colectiva. En cuando a la naturalización, por ejemplo, podemos escandalizarnos por el maltrato y la expulsión de indigentes, pero cuando lo repiten muchas veces acompañado del discurso de limpieza y de mejorar la ciudad para los vecinos, tales vejámenes, para muchos, parecen naturales y hasta necesarios.
Un tema particular y actual son las redes sociales aparecidas como consecuencia de la tecnología que se instaló como mandataria en nuestras vidas. Podemos pensar que las redes pueden ser usadas por todos y es cierto, esto genera la ilusión de un recurso democrático: pero nuestra opinión palidece y desaparece cuando un ejército de trolls o miles de bots destilan odio o repiten al infinito una afirmación falsa que termina constituyéndose en lo que se ha dado en llamar post verdad, que no es otra cosa que instalar como verdadero algo que no lo es. De esa manera, en conjunto con los grandes medios hegemónicos se fabrica el law fare.
Otro método de manipulación consiste en tomar algún hecho resonante y bombardear información sobre él de manera permanente y así ocultar tropelías que se perpetran y se deben publicar, en el caso de nuestro país, en el boletín oficial, logrando que pasen inadvertidas. Después se dirá que estuvo oportunamente comunicado y es legal. Obviamente lo mismo ocurre con los datos de la evolución de la economía, actualmente desastrosos. Recuerdan a la conducta de un simpático animalito, ‘el tero’; es sabido que grita en un lugar donde se podría pensar que está su nido pero los huevos los
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pone en otra parte, curiosamente parecida al manejo informativo del actual gobierno y sus representantes mediáticos.
Hasta la finalización de la guerra fría en 1991, el mundo estaba de alguna manera polarizado, las grandes mayorías apoyaban explícita o implícitamente a uno u otro polo y estos definían el norte a seguir. Luego de la desaparición de la URSS, que paradójicamente con su existencia había obligado al mundo “occidental” a crear un ‘estado de bienestar’ para conjurar el riesgo de que las masas se sintieran identificadas con el socialismo, para el nuevo mundo unipolar triunfante desapareció el único límite a su deseo. Ese monopolio del deseo ha traído como resultante muerte y pobreza. Invasiones y guerras coloniales, la ex Yugoeslavia, Irak, Afganistán y un desarrollo financiero basado en la especulación y no en la producción que tiene como consecuencia necesaria un mundo cada vez más desigual y excluyente de las grandes mayorías sociales, con la mayor acumulación capitalista concentrada de la historia.
Cuando analizamos la conducta humana frente al deseo hay cosas que resultan sorprendentes aunque su ocurrencia sea lamentablemente cotidiana. Los humanos nos parecemos demasiado al perro que prefiere tener amo antes que deambular libremente o en jauría. Inevitable recordar a Erich Fromm con su “Miedo a la libertad”.
Llama la atención que cuando surge la posibilidad de un mundo multipolar que provoque un equilibrio en las conductas geopolíticas y que ponga límite al abuso de los poderosos, hayan surgido en muchos países apoyos importantes a propuestas políticas autoritarias y mesiánicas que en muchos casos recuerdan a la Alemania de Hitler; pero en este caso apoyadas por el imperio anglosajón. Ante la decadencia de este imperio resulta inevitable recordar la frase de Bertold Brecht: “Nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”
Si consideramos a la neurosis como una respuesta emocional a la frustración del deseo, la respuesta puede variar entre bajar los brazos ante la sensación de impotencia, siendo esta la puerta de entrada a la depresión; el llenarnos de ira a partir del sentimiento de impotencia y recurrir a la violencia (como cierto gobernante que vocifera insultos a todos cuando algo no sale según su capricho), conducta que se observa típicamente en los sociópatas; hundirnos en la queja y quedar inermes ante la frustración teniendo solo como recurso el pensamiento mágico de que las cosas se solucionarán milagrosamente; y por último, la que parece ser la respuesta más sana, revisar la viabilidad del deseo y ante su reafirmación establecer un proyecto, una estrategia para su consecución.
Como siempre la pregunta es: ¿Qué hacemos con el deseo, con nuestro deseo? Se supone que la voluntad es el compromiso con el deseo. Mientras pensamos el tiempo va pasando.
Corría el año 2006 y la Cancillería de los Estados Unidos (Departamento de Estado; es el departamento ejecutivo federal responsable de las relaciones internacionales y de la política exterior de dicho país) hizo publicar algunos cables realizados 30 años antes en varios países, entre ellos, el nuestro.
Para la Argentina, los 125 documentos secretos enviados por la Embajada de Estados Unidos a Henry Kissinger entre octubre de 1975 y mayo de 1976 implican la complicidad manifiesta del país del norte en el golpe militar de marzo de 1976 y el encubrimiento de la represión y las principales medidas tomadas por esa dictadura.
Se trata de varios informes en clave de la Embajada de los Estados Unidos denominados “Terrorismo industrial: la lucha guerrillera en la base de la fábrica”.
Robert Hill, quien fuera embajador en España (1969-1973) y en la Argentina (1974- 1977), informó a Henry Kissinger de todo el proceso de caída del gobierno. Primero, la Embassy aceptó la propuesta de Cafiero y Lorenzo Miguel, que implicaba un crédito del FMI. Fracasado el plan, jugaron solapadamente con los militares. La Embajada fue informada por Victorio Calabró y Luis Rubeo de que los tres comandantes militares habían decidido exigir la renuncia de Isabel Martínez de Perón y que, si ella se negaba, la someterían a arresto domiciliario hasta que se la enjuiciara por malversación e inmoralidad en sus funciones
El informe 08456 de la Embajada, que firma Hill, revela que monseñor Tortolo habría transmitido a la Presidenta la insistencia de los tres comandantes en jefe para que ella se alejara del poder. A su vez, ella, en cambio, indicó su voluntad de seguir, ofreciendo cambiar el Gabinete con la renuncia de su secretario privado, Julio González, y del dirigente del sindicalismo, Lorenzo Miguel.
La Presidenta pide la mediación del nuncio Monseñor Pío Laghi, quien a su vez le cuenta todo lo hablado con el embajador Robert Hill.
La Embajada adoptó una posición de total discreción porque no quería quedar ligada al golpe militar, como lo estuvo en 1973 en Chile. De hecho, Hill se tomó unas oportunas vacaciones una semana antes del 24 de marzo de 1976.
En dos entrevistas entre Henry Kissinger y el canciller argentino, Almirante César Augusto Guzzetti, en junio y septiembre de 1976, el primero respaldó el terrorismo de Estado y hasta sugirió que hicieran lo que tuvieran que hacer lo más rápidamente posible. Y esto perduró, más allá de las voces disidentes en el propio gobierno estadounidense y en la opinión pública de ese país. Los nuevos documentos desclasificados por Estados Unidos en 2016 y 2017 arrojan más luz sobre el apoyo de Kissinger a la dictadura, incluso luego de abandonar el Departamento de Estado, ya durante la Administración Carter.
Paralelamente, el golpe militar y su plan económico inicial, que contó con el crédito del FMI (que no le dieron a Antonio Cafiero), se pergeñó en la casona de Azcuénaga 1673, ciudad de Buenos Aires, propiedad de la familia Blaquier-Arrieta, en la que se reunían para conspirar con los generales Guillermo Suárez Mason, Alcides López Aufranc, Federico de Álzaga y Omar Riveros, asesores del futuro gobierno militar como Jaime Perriaux y Hugo Miatello (jefe de la SIDE inteligencia entre 1971-1973); Mario Cadenas Madariaga (dirigente de Confederaciones Rurales Argentinas, CRA) y secretario de Agricultura bajo la gestión de Martínez de Hoz; Horacio García Belsunce y Ricardo Mansueto Zinn (por FIAT); Guillermo Zubarán (secretario de Energía de Videla); Enrique Loncan (Barrick Gold y Banco Gral. de Negocios); Armando Braun, y Juan Etchebarne (CNV).
La dictadura militar se propuso restablecer la hegemonía del mercado en la asignación de recursos, relegando al Estado a un segundo plano o a asistir a esos mercados. La liberación de las tasas de interés por encima del nivel general de precios y del tipo de cambio favoreció la renta financiera y la sustitución inversa en que se prefería importar que producir, generando una deuda sistemática del Estado y de las empresas. La de estas últimas, tras la derrota de Malvinas, fueron traspasadas mediante los seguros de cambio al Estado nacional.
La pregunta obligada es: ¿Por qué no va a suceder lo mismo ahora?
Los representantes del poder local impulsaron en un comienzo el ascenso de Javier Milei a la presidencia, como es el caso del grupo Eurnekián, pope del Club del Petróleo, a través de su empresa Compañía General de Combustible. También se sumó posteriormente su socio en ese club y uno de los principales aportantes de la campaña presidencial, el grupo Techint. Sin embargo, su CEO, Paolo Rocca, que hablaba de que se produciría un “reseteo” de la economía del país, a quien le dieron YPF S. A., el 31 de julio de 2024, cuando presentó el deficitario balance de una de sus empresas, Tenaris S. A., que hace caños sin costuras para gasoductos y oleoductos y fue el proveedor del primer tramo del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, dijo que fuimos demasiados optimistas con el gobierno.
Un Presidente como Javier Milei no representa a ninguno de los factores de poder local.
La depresión económica hace que el cálculo de descenso del PIB del FMI del 3,5% para este año 2024 sea conservador. La industria manufacturera utilizó apenas el 54,5% de su capacidad instalada en junio de 2024, una cifra inferior a la de la crisis de 2002 y apenas 1,2 puntos porcentuales por encima del nivel que se verificó en la pandemia de Covid-19, con la actividad paralizada. El consumo no termina de caer, cayó 12,8% interanual en junio, pero dentro de ello el de carne vacuna alcanzó un mínimo histórico en 2024, con una proyección anual de 44,8 kg por habitante, según un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
La pobreza medida por el INDEC y por los estudios privados supera el 50% de la población. Según la UCA (Universidad Católica Argentina), el 63% de los chicos y adolescentes argentinos son pobres y el 16,2% son indigentes, lo que corrobora UNICEF cuando asevera que un millón de chicos en la Argentina se va a dormir sin cenar.
En ese marco observamos que, desde que comenzó el gobierno, la dupla Luis Caputo-Santiago Bausili dilapidó, hasta julio de 2024, 12.400 millones de dólares de las reservas internacionales del BCRA, al solo efecto de que no se dispare la brecha entre el dólar oficial (de 982 pesos) y el dólar Contado Con Liqui (CCL, de 1.276 pesos) a mediados de agosto de 2024.
O sea que, para garantizarles la ganancia en dólares a los que compraron títulos públicos en pesos ajustables por inflación, les venden dólares en el CCL que ingresan de las exportaciones y de las mismas reservas del BCRA (de allí la prenda del oro), por un lado. Y, por otra parte, un 20% del dólar de exportación se liquida también en el CCL. La suma de ambas cuentas implica que el BCRA no guardó reservas por 12.400 millones de dólares, suma que de por sí garantizaría que todos los chicos del país y sus padres tengan un plato sustancioso de comida caliente a la noche, tal como lo exige nuestra Constitución nacional, “para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.
El rol de los servicios
Nos van a hacer esperar nuevamente 30 años y dependemos de su voluntad para que el Departamento de Estado de los Estados Unidos dé a conocer las órdenes del canciller Antony Blinken al embajador de su país en el nuestro, Marc Stanley.
Ambos repiten su consigna: “La Argentina tiene lo que el mundo necesita”, que Javier Milei traduce en que en “la Argentina queda prohibido no exportar”; en esa dirección van tanto el DNU 70/23 como la Ley 27.742 de Bases, que incluye el Régimen de Incentivos a Grande Inversiones (RIGI). Régimen en el que tienen prioridad en el uso del agua donde invierten y que no tienen obligación de abastecer al mercado interno, conformando un Estado dentro del Estado argentino, con sus propias normas, principios, justicia, etc.
El RIGI fue votado por 134 diputados y 38 senadores y su dictamen en el Senado de la Nación lo firmó el senador peronista de la provincia de Entre Ríos Edgardo Kueider.
Quizá también tengamos que esperar 30 años para saber por qué el juez Julián Ercolini, que tiene la causa de estafas con los seguros contra Alberto Fernández, que disponía de los audios y de las grabaciones de la disputa matrimonial desde hacía tiempo, decidió hacerlo público el martes 6 de agosto de 2024, justo tras el llamado “lunes negro” de los mercados financieros del mundo, que hizo que la tasa de Riesgo País superara los 1.700 puntos.
Ercolini es el mismo juez que tiene la causa del los hoteles de Cristina Fernández de Kirchner, tras la muerte del Juez Bonadío. Y es a quien el juez federal Sebastián Ramos le anuló la causa que investigaba un viaje de jueces, ex funcionarios y empresarios a la estancia de Joe Lewis en Lago Escondido además de sobreseer a todos los que estaban imputados en el expediente, los jueces Julián Ercolini, Carlos Mahiques (camarista de Casación, el máximo tribunal penal), Pablo Yadarola (juez en lo penal económico) y Pablo Cayssials (del estratégico fuero en lo contencioso-administrativo); también del fiscal general de la Ciudad, Juan Bautista Mahiques, jefe de todos los fiscales porteños; del ex ministro de Justicia y Seguridad de la ciudad de Buenos Aires, Marcelo D’Alessandro; y de los directivos del Grupo Clarín Pablo Cassey y Jorge Rendo.
Todas estas respuestas las sabe la Embassy y el Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Pero voy a contar algo que sé.
Trabajé en los meses de octubre 2023 hasta febrero de 2024 en el Canal Extra de la Ciudad de Buenos Aires, hacía la columna de economía los días martes y jueves. El primer conductor del programa era Tomás Méndez y en no menos de dos oportunidades nos dijo a tres personas que trabajábamos con él que Fabiola Yáñez era informante de los servicios de inteligencia y que todos los servicios en la Argentina tienen terminal en la embajada de los Estados Unidos.
Es más, también dijo que Alberto Fernández era confidente de Clarín y de la Embajada. Me eximo de demostrarlo porque el mismo Tomás Méndez decidió hacerlo público en los programas en los que participa actualmente (agosto de 2024).
El representante legal de Canal Extra era Franco Bindi y la abogada, Silvina Carreira, a quien Alberto Fernández nombró para su defensa.
La defensa de Fabiola Yáñez será llevada por Mariana Gallego, la esposa del tandilense Mauricio D’Alessandro. Es lo que hace presumir que detrás de las últimas revelaciones está una rama de Comodoro Py, en la que militan el también tandilense Guillermo Scarcella y Santiago Viola, apoderado de La Libertad Avanza, un tándem al que se vincula con Freddy Lijo. Desde 2018, Milei comenzó a viajar con D’Alessandro y Scarcella a Tandil, dice Diego Genoud en su nota “Fernández, el peronismo en el purgatorio y Milei en emergencia”.
¿Quién se beneficia? El capital financiero que está metido hasta la médula en este país y que ahora, con riqueza petrolera y gasífera, pretende utilizar la extraordinaria renta financiera que le paga este gobierno para quedarse con los mejores pozos, con los mayores recursos naturales que nos pertenecen a todos los argentinos y no a este gobierno ni a los 134 diputados y 38 senadores que votaron el RIGI y no quieren anular el DNU 70/23.
Caputo y Bausili son comisionistas del capital financiero y Milei es funcional a los intereses del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
Si Donald Trump llegase a triunfar en noviembre, América Latina debería prepararse para un probable intento de desplegar una nueva versión de la Doctrina Monroe. Esta doctrina, enunciada hace 201 años, arroga el tutelaje y la intervención de Washington en la región.
En la contienda que lo llevó a la presidencia en 2017, Latinoamérica solo hizo parte de una “agenda negativa”: la región fue vista como fuente de inestabilidad, tráfico de drogas, origen de migrantes y criminales en detrimento de Estados Unidos y escasamente relevante en lo económico.
Trump también definió que las amenazas a su país no provenían de la poca competitividad económica, la mayor polarización política, el profundo malestar social, la alta inequidad y la debilidad institucional en el plano doméstico, sino que la causa principal era China. Esa doble condición continental y global debía ser respondida, según él, con acciones coercitivas y aleccionadoras bajo la premisa de preservar la preponderancia internacional de Washington.
Así, en la alocución de septiembre de 2018 ante Naciones Unidas, Trump le recordó al mundo: “la política formal de nuestro país desde el presidente Monroe ha sido rechazar la interferencia de naciones extranjeras en este hemisferio y en nuestros propios asuntos”.
Su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, y su secretario de Estado, Rex Tillerson, citaban con orgullo los principios enunciados por James Monroe en 1823. No al azar en el número del 27 de septiembre de 2020, The Economist se publicó una nota sobre “El retorno de la Doctrina Monroe”.
La política exterior de Trump durante su gestión reveló la combinación de una primacía ofuscada ejercida con medidas unilaterales y un inmoderado monroísmo. El balance de su cuatrienio muestra, sin embargo, más fracasos que logros a nivel global y más repudio que acatamiento a nivel continental, a pesar de que algunos gobiernos del área no lo cuestionaron a la espera de recompensas.
El Trump de 2024 no parece haber cambiado un ápice. Al contrario, el hecho de que tenga como compañero de fórmula al senador JD Vance–quien es un joven trumpista convencido y exacerbado–augura un eventual mandato Trump-Vance con un resurgimiento de la Doctrina Monroe.
El pleno control del Partido Republicano por los sectores más reaccionarios presagia un apoyo indiviso. Dos contendientes derrotados en las primarias del partido–el gobernador de Florida, Ron DeSantis, y el empresario Vivek Ramaswany–ya evocaron asertivamente el valor de la doctrina. El 26 de octubre de 2023 once legisladores republicanos presentaron una resolución en el Senado conmemorando la promulgación de la doctrina y reafirmando su vigencia para “oponerse a poderes extra-regionales que extienden su influencia maligna” en Latinoamérica.
El 1° de diciembre, diecinueve legisladores republicanos presentaron en la Cámara de Representantes una resolución idéntica. La candidata derrotada en las primarias, Nikki Haley, y varios legisladores republicanos de distintos estados propusieron enviar fuerzas militares de Estados Unidos a combatir el crimen organizado en México. En agosto de 2023, Trump aseguró que al canal de Panamá “lo controla China…construimos el Canal de Panamá, nunca deberían habérselo dado a Panamá”.
En mayo de 2024, en un ensayo (An “America First” World) en la prestigiosa Foreign Affairs, el académico Hal Brands destaca que aún en condiciones de restricción, el lema actualizado de “Estados Unidos primero” incluiría una “Doctrina Monroe revitalizada”. Y más recientemente, en una nota (A New Monroe Doctrine for the Western Hemisphere?), en el sitio gisreportsonline.com de julio de este año, el investigador del think-tank conservador Heritage Foundation, James Jay Carafano, propuso el “rejuvenecimiento de la Doctrina Monroe”. Todo ello en la dirección de una fuerte política anti-China que comenzó en el segundo gobierno de Obama, se agudizó en el gobierno de Trump y se reforzó en el gobierno de Biden. Un posible Trump II la potenciará.
Finalmente, sus dichos sobre América Latina durante la convención republicana de julio confirman su opinión despectiva de la región. No hay que olvidar que en enero de 2018, y en referencia a los migrantes provenientes de Haití, El Salvador y países africanos el entonces presidente se preguntaba: “¿Por qué recibimos a gente de países de mierda?”. A pesar de que los simpatizantes de Trump en Estados Unidos y la región hablan de un nuevo Trump; no hay señales reales de eso.
Respecto a la Argentina y la Doctrina Monroe, propongo una escueta reflexión. En octubre de 1889, durante la Primera Conferencia Panamericana, un argentino, que años después sería presidente, Roque Sáenz Peña, cuestionó la Doctrina Monroe con su propuesta de “América para los estadounidenses” y la contrapuso con su ideal de una “América para la Humanidad”.
Sin duda eran otros tiempos en el país, el continente y el mundo. Hoy un gobierno con una política hiper-occidentalista centrada en Washington difícilmente abogue por una inserción global más diversificada y equilibrada. La diplomacia actual parece aborrecer la equidistancia y prefiere la supeditación.
No sería sorprendente entonces que prefiriera abrazar la segunda resurrección de la Doctrina Monroe impulsada por Trump; alguien que buscará satisfacer —veremos cómo y con qué resultados– los intereses propios de Estados Unidos.
La historia argentina que nos enseña la escuela secundaria es una historia de nombres, héroes y hombres, algunos de los cuales pasaron a constituir el universo de los próceres, ámbito en el que las personas son perfectas, inmaculadas e intangibles.
En general, se enseñan hechos, pero no los procesos que atravesó la Argentina desde su independencia a la fecha. Mucho menos, se da a conocer la historia y el destino común de las naciones de América Latina.
Nuestra historia ha naturalizado, admitido y enseñado situaciones particulares, como la llamada Conquista del Desierto, siendo que no puede haber existido un desierto allí, donde existían comunidades indígenas que fueron devastadas y erradicadas por el Ejército Argentino de finales del siglo XIX. Salvo, claro está, que no se consideren personas a dichas poblaciones originarias, nunca hubo una Conquista del Desierto, sino una desocupación forzada de los territorios patagónicos, que luego serían entregados a terratenientes locales y extranjeros con la sutil excusa de ocupar una Patagonia que estaba poblada desde mucho tiempo antes.
Otro caso paradigmático, que asimilan las distintas generaciones en la secundaria, es el hecho de que la matriz agroexportadora y extractiva de la economía argentina haya sido un hecho fortuito y desinteresado. Nada se dice de aquella clase dirigente de 1880 que renunció de por vida a llevar a cabo en la Argentina un proyecto de desarrollo industrial autónomo, anteponiendo una matriz económica agroexportadora de la cual se beneficiarían unos pocos de por vida y prefiriendo sumarse a las regiones coloniales del mundo, como un apéndice del Imperio británico.
Semejantes hechos demuestran que el actual RIGI, que integró la ley Bases propuesta por el gobierno libertario-neoliberal que fue votada por diputados y senadores, no es otra cosa que el resultado de la continuidad en el tiempo del proyecto liberal conservador y de la fragilidad de las políticas históricamente implementadas; difícil pensar siquiera en otra alternativa sustentable que no fuera la del país exportador de sus materias primas.
En la enseñanza escolar continúa subsistiendo la preponderancia del dogma de la “historia oficial”, con múltiples interpretaciones reducidas a unos pocos títulos. Todas ellas informan e instalan una serie de hechos, adulterados y descontextualizados, con los que alcanza y sobra para manipular el presente. La “historia oficial” es una historia de omisiones que dan lugar a la configuración de un relato mentiroso sobre un recorrido que nunca ocurrió, a pesar de las recientes intervenciones presidenciales intentando devolvernos a aquellos años, en los que supuestamente estuvimos “entre los primeros países del mundo”.
Para esta historia y para sus defensorxs, todo lo que no se ajuste a semejantes versiones será adoctrinamiento, acusación, que solo persigue acallar las voces de lxs otrxs y justificar, desde el poder político y económico, un presente de injusticia y pobreza.
Como está dispuesta, la enseñanza de la historia en la escuela secundaria se ajusta a un pensamiento euro-centrado, dependiente, acrítico, que es el que forma a nuestrxs adolescentes para el resto de sus vidas. Resulta extraña, la exigencia del pensamiento crítico a una escuela que, de por sí, no lo puede sostener.
Es preciso revertir dicha formación que nos sitúa como deudores históricos de un Occidente (Europa y Estados Unidos), cuando ha sido mucho más lo que dicha parte del mundo le arrebató a América Latina en vidas y recursos naturales, que lo que dejó en pie. Entre otras cosas, Occidente nos debe sus revoluciones industriales y el despegue del capitalismo, imposibles sin el genocidio y los recursos saqueados en la región entre los siglos XVI y XIX.
El tiempo destinado a la historia escolar apenas si alcanza para construir o deconstruir héroes (nunca heroínas), de modo tal de consagrar una sesgada lista de próceres y rictus patrióticos que se repiten por generaciones y que intentan una ferviente adhesión a una Constitución nacional que en la actualidad se parece más a una literatura de ficción.
Los últimos años, sobre todo en las jurisdicciones gobernadas por el neoliberalismo, se ha reducido la posibilidad de enseñar la historia argentina. Además, y a juzgar por lo que hemos observado, en diferentes planes de estudio, estos se ocupan de desarticular cualquier vinculación posible entre las ciencias sociales.
Dichas disciplinas no disponen de observatorios que enriquezcan y evalúen su práctica, como sí lo tienen, por ejemplo, Lengua y Matemática, bajo la excusa que solo dichas áreas constituyen el mundo de los saberes básicos, cuando se trata asimismo de ciencias humanas.
Con el aporte comprometido de unas ciencias sociales humanistas, los jóvenes, guiados por sus profesorxs, deberían debatir en clase las posiciones historiográficas existentes sobre la diversidad de los temas. De esta manera, podría fomentarse la formación del pensamiento crítico, el análisis de la cultura y la diversidad de las sociedades a través de los tiempos. Claro que, para ello, deberían formarse docentes en dicha sintonía.
Sin Historia, Sociología, Filosofía ni Pedagogía, la educación escolarizada carece de herramientas para evitar el poderoso impulso homogeneizador de la cultura neoliberal, que propone una estrategia de vida y un comportamiento humano sustentados en una ética económica selectiva, discriminadora, individualista, fundada en la supervivencia de los más poderosos.
La construcción del enemigo
El paso de los años no hizo más que consolidar lo que no pocos historiadores habían advertido sobre los riesgos de continuar enseñando una historia argentina falsificada, que rechaza la profundidad del análisis, esconde y desfigura los procesos históricos. Que se complementa a la perfección con el mensaje de los medios de comunicación concentrados y con la penetración de las redes del aquí y ahora.
El abandono, la banalización y el desinterés por la historia y las ciencias sociales no son gratuitos, porque abren paso a las perspectivas del negacionismo y al odio hacia el otro diferente, a quien se considera un enemigo inferior y se le niega la condición de sujeto de derecho. Un otro al que, en una época, se acusó de ser un subversivo apátrida, para desaparecerlo y al que, en plena democracia, se acusa de peronista, comunista, kirchnerista o terrorista, como para justificar su represión y marginamiento.
Aunque cueste creerlo, a partir de una parte de lo que enseña la historia escolar, de la selección y disposición de sus contenidos, se podría estar favoreciendo la construcción de un adversario político que, paradójicamente, nos considera sus enemigos.
Cuando se está en situación de enseñar, esconder hechos reales que fueron determinantes de los procesos democráticos y antidemocráticos en la Argentina —como, por ejemplo, el ignorado y todavía impune bombardeo de la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955, o las diferentes violaciones a la Constitución nacional, o el terrorismo de Estado— no es una actitud digna de nadie que haya elegido educar y constituye, además, un atentado a la construcción de la memoria colectiva de la Nación, justo en un momento en que sus instituciones están siendo desmanteladas por el gobierno nacional y cuando diputados, representantes del gobierno nacional, concurren en visita solidaria a quienes han sido juzgados y condenados por delitos de lesa humanidad.
La historia no interesa en la sociedad argentina. Lxs historiadorxs han quedado de lado, este es el mundo de la narrativa a cargo de alguna patria mediática y de economistas ortodoxos, verdaderos dueños de la escena cotidiana. Contra esto, las redes y la política no se animan a postular otras pretensiones, no han encontrado soluciones, tal vez, por sus propias limitaciones y su carencia absoluta de una autocrítica, capaz de explicar, al menos, como ha llegado la Argentina a la situación presente.
Para terminar, conviene insistir en que la historia escolar adquiere especial relevancia para el proceso democrático en curso y para las consecuencias que genera en lxs jóvenes, en general y en particular a la hora de ir a votar, quienes serán lxs encargados de regir los destinos de la Nación.
El gobierno actual no trepida en jactarse de hacer un brutal ajuste fiscal, paralizando la obra pública [1], disminuyendo los haberes a los jubilados y pensionados, reduciendo severamente o directamente eliminando subsidios al transporte y al consumo de energía, no repartiendo comidas y frazadas que había comprado la Administración anterior, disminuyendo las transferencias a las provincias para salud y educación, eliminando organismos públicos de supervisión y de control, de investigación y de derechos.
Un gobierno en el que durante sus primeros seis meses aumentó la pobreza en 9,8% de la población (datos del INDEC, que midió para el primer semestre de 2024 en 55%, contra 45,2% del segundo semestre 2023); en el que siete de cada diez niños en la Argentina son pobres, a lo que el mismo Javier Milei responde: “La gente va a decidir de alguna manera para no morirse de hambre”. ¿Un chico en situación de calle puede decidir? Un gobierno en el que se fija por decreto el salario mínimo vital y móvil, que es, a la vez, el más bajo de la región. A lo que se suma que el salario requerido promedio en dólares para trabajar es también el más bajo de la zona, de 717 dólares MEP (aproximadamente un millón de pesos). Donde, como resultado de la política regresiva de distribución del ingreso, se genera una fuerte disminución del consumo y de la inversión interna bruta fija y con ello del PIB, que el FMI estimó conservadoramente en una caída de 3,5% para el año 2024, pero que va a ser mayor; y que se refleja en que, según el INDEC, descendió en un 32,5% (casi un tercio) la construcción en el primer semestre 2024 contra igual lapso de 2022 [2], y el índice de producción industrial manufacturero (IPI manufacturero) cayó un 20,1% en la comparación interanual en igual período. Los puestos de trabajo perdidos ascienden a más de 140.000, 90.000 corresponden a la construcción.
En ese marco descripto observamos:
Descenso de las reservas internacionales del BCRA. Eran de 29.615 millones de dólares el 1 de julio de 2024, y el 1 de agosto, un mes después, eran de 27.069 millones de dólares. La disminución en 2.546 millones se explica por las constantes ventas en el mercado de Contado con Liqui (CCL) que hace el BCRA, para permitir la compra de dólares de los bonistas que tienen títulos en pesos ajustables por inflación y se van de la Argentina, convirtiendo su ganancia en esa divisa.
Caución del oro de las reservas del BCRA. En cuatro viajes realizados por una línea aérea privada de Inglaterra, se embarcaron, con destino a Londres, lingotes de oro por 1.175 millones de dólares (un cuarto de las reservas auríferas del BCRA) [3], que se estiman en 4.700 millones de dólares. La Asociación Bancaria presentó notas ante el BCRA los días 15 de julio y 6 de agosto de 2024 para saber si existe un acta de directorio del banco sobre la extracción del oro guardado en su Tesoro, si se abrió el expediente correspondiente, si se le comunicó a la Sindicatura del BCRA y sobre la base de qué atribuciones y facultades se adoptó la medida y por qué razones.
En los primeros siete meses ejecutados del presupuesto nacional base caja, esto es con ingresos percibidos y gastos pagados (no se contemplan obligaciones devengadas y no abonadas en el período), según el SIDIF (Sistema Integrado de Información Financiera) de la Secretaría de Hacienda de la Nación, se obtuvo un leve superávit fiscal de 1,18 billones de pesos, y ello fue así al pagarse intereses de la deuda por 6,01 billones de pesos. El mismo gobierno, en el DNU 594/24 de Presupuesto nacional, reconoce que cierra el año 2024 con un déficit financiero de 7.068.442 millones de pesos (7 billones de pesos) por tener que pagar intereses de la deuda por 10.804.087 millones de pesos (10,8 billones de pesos). Como la recaudación viene descendiendo mes a mes, esencialmente los dos mayores impuestos que son IVA y Ganancias, por el menor nivel de actividad, deben exacerbar los despidos y cierres de organismos y continuar con los bajos haberes previsionales, para que les quede saldo y pagar los intereses de la deuda.
Se presentan fuertes vencimientos de títulos de deuda en los cinco meses que restan para cerrar el año. En pesos, según la Secretaría de Finanzas de la Nación, por 22,7 billones [4], y en dólares 5.370 millones, que necesitan renegociar porque no tienen los fondos para pagarlos.
Para superar el pago atrasado de importaciones, el gobierno implementó el bono Bopreal y dispuso que las nuevas importaciones se pagarán en cuotas a 30, 60, 90 y 120 días [5]. Así diferiría pagos por unos 6.800 millones de dólares hasta mediados de año cuando, presuntamente por el ingreso de los dólares de la soja, las reservas del Banco Central iban a estar más fortificadas, cosa que no pasó porque los exportadores de granos, como dijo el presidente de CIARA-CEC, Gustavo Idígoras, liquidan lo estrictamente necesario para cubrir costos, disconformes con el valor oficial del dólar en el país, a lo que debe sumarse la baja en el precio internacional de la soja.
Sin embargo, con una deuda bruta de 442.505 millones de dólares al 30 de junio de 2024 (deuda que representa el 94,1% del PIB), según informa la Secretaría de Finanzas de la Nación, con reservas internacionales exiguas y fuertes vencimientos para afrontar en lo que resta del año y otros tantos en los años subsiguientes, no hay corrida cambiaria ni bancaria; es más, los depósitos en dólares captados por los bancos locales crecen paulatinamente mes a mes. El 5 de agosto de 2024 eran de 20.924 millones de dólares, es decir, se acrecentaron en 1.164 millones con respecto a un mes atrás, que eran de 19.760 millones de dólares.
Y la principal explicación es que por más que existe la puja por el precio del tipo de cambio entre los devaluacionistas (que son los productores, acopiadores y comercializadores de granos y de carnes, los miembros del Club del Petróleo, los extractores de litio y minerales raros y otros exportadores) y los bonistas, que trajeron dólares y compraron títulos públicos en pesos para financiar principalmente el déficit fiscal que dejó la Administración anterior y que la Secretaría de Hacienda de la Nación estimó en 5,13% del PIB (es en pesos, pero esos títulos de deuda pública que se emitieron dieron lugar a que ingresaran al país unos 24.620 millones de dólares), a esos bonistas se les prometió que hasta fin de año la devaluación de nuestra moneda va a ser a una tasa del 2% mensual y que la inflación va a superar en dos veces y más ese porcentaje, con lo que van a seguir obteniendo una renta positiva en dólares.
El conflicto es claro y se dirime en el precio del dólar, la riqueza potencial de recursos de la Argentina (donde su apropiación significa renta segura por muchos años) y el hecho de la fuerte interrelación entre los “devaluacionistas” y los principales capitales financieros que necesitan y exigen un dólar que crezca por un tiempo menos que la inflación, hecho que le hace perder plata al “campo” y al Club de Petróleo.
Y es así porque en los principales pools de siembra (Adecoagro S. A., Cresud S. A., Lartirigoyen y Cía., MSU – Manuel Santos Uribelarrea Balcarce, Grupo Duhau, etc.) tienen participación los fondos de inversión y todos cotizan en la Bolsa de Nueva York. En el caso del Club del Petróleo es mayor aún, con firmas directamente extranjeras como Chevron, Apache, Total, Shell, etc., y las supuestas nacionales como Pampa Energía (con participación directa de BlackRock), Tecpetrol, YPF, Compañía General de Combustible, Pan American Energy, Pluspetrol y Vista Oil&Gas, que están asociadas y/o financiadas en su totalidad por el capital financiero internacional con base en los Estados Unidos.
[1] De las 2.731 obras que están en el BAPIN (Banco de Proyectos de Inversión Pública), solo van a realizar en su mandato 376 (14% del total); 347 se va a reprogramar (13%) y que 2.008 obras no se van a realizar (o se las deriva a las provincias sin financiamiento alguno).
[2] Ejemplo de ello es que el grupo Roggio entró en default golpeado por la caída de la obra pública y la recesión al no poder pagar el lunes 5 de agosto de 2024 una obligación negociable de 10.000 millones de pesos.
[3] Montado en una argucia legal, el BCRA a la fecha no contestó el requerimiento de la Asociación Bancaria. Recordemos que el estudio inglés Burford Capital, en abril de 2024, le pidió a la jueza de Nueva York, Loreta Preska que autorice la transferencia a su favor del 51% de las acciones de YPF que posee el Estado argentino desde que recuperó la compañía en 2012. La solicitud se sustenta en el incumplimiento de un fallo que obliga al país a abonar 16.100 millones de dólares por la expropiación.
[4] Para las consultoras, esa cifra es mucho mayor y ronda los 35 billones de pesos (por ejemplo, para EcoGo consultores, que dirige Marina Dal Poggetto).
[5] Que a partir del 1 de agosto reprogramó en solo dos cuotas, a los 30 y 60 días.