Maneras de analizar y medir el PIB como lo plantean los manuales de Cuentas Nacionales (por ejemplo, OCDE): 1) el de la demanda final (consumo + inversión + exportaciones netas); 2) el enfoque del ingreso (remuneración de los asalariados + excedente bruto de explotación + ingreso mixto bruto) y finalmente 3) el valor agregado de los bienes y servicios. Enfocado por el lado del Gobierno general (suma de valores agregados brutos del Gobierno). Seguramente esto último cobrará importancia, las publicaciones del Indec, con el Presupuesto 2025.
El PIB combina en una sola cifra, sin duplicaciones, la producción (o el producto) obtenida por todas las empresas, las instituciones sin ánimo de lucro, las entidades gubernamentales y los hogares, en un período definido. Esta es la razón por la cual el PIB se define como la suma de los valores agregados por las empresas, las instituciones del Gobierno y los hogares productores de un país dado. PBI es lo producido cada año, como indicador es el principal a nivel Macro, tanto en valores corrientes constantes con la base del Indec 2004. Permite comparaciones internacionales, por la metodología común.
Todos los números y porcentajes del documento dan cuenta de los problemas argentinos. Nos referimos específicamente a la actividad o producción y otros que aprovechamos para agregar y complementar.
Podemos reunir y analizar en pocos indicadores el andar enclenque del país.
PBI: Sin dudas las variaciones del PBI es un indicador poderoso, siempre presente en las descripciones y modelos simples o complejos, tanto para el corto plazo como el mediano o largo plazo, aunque esto sea muy conjetural e ideológico.
¿Qué tenemos en Argentina? Fluctuaciones siempre, pero no crecimiento, siempre casi en el mismo lugar, por lo menos en los últimos 10 años. En todo ese período, el promedio anual fue negativo, en un caso el menos 0,26 % y en el otro menos 0.20 %, sobre la base de valores a precios constantes.
· Lo nuevo es la conjetura de Milei sobre la inflación del 2025, lanzó una cifra del 18.4 % anual, significa una inflación mensual del 1.4 % en los meses del año (2025). El número más cercano fue con Macri en los finales del 2017, pero no fue con buen final. ¿Consistente Milei para el 2025? Parcialmente se podría decir, que algún grado de cumplimiento posible puede tener. ¿Por qué? Hasta el momento las canillas posibles de la inflación se irían cerrando. ¿Cuáles? Desde el lado del consumo no parece que puedan tironear los precios, porque estamos achicharrando el gasto tanto de los particulares como del del gobierno. Normalmente uno de los elementos que conduce a mayor incremento de los precios es el dólar o mejor dicho su depreciación, y de acuerdo a lo escuchado el gobierno puso una meta baja de variación mensual. Como en nuestro país siempre trae sorpresas y estas no pueden ser fácilmente predecibles, el clima, las expectativas, los conflictos para gobernar, costos sociales y se puede seguir en este listado, final abierto. Milei también cierra el año2024 con la conjetura de inflación del 104 % a fin de año, esto significa que en los cuatro meses restantes la variación mensual no puede superar el 2 %. Grandes novedades de conjeturas que hasta el momento no aparecían.
· Lo segundo novedoso se puede observar, en el Tipo de Cambio Implícito, se encuentra en la actualidad en valores por DEBAJO del dólar CCL. ¿Por qué? Por las acciones del BCRA, esto se modifica mes a mes. Pero los Títulos Emitidos (LELIQS) y la relación con las Reservas, permite la afirmación anterior. El BCRA DISMINUYE (transfiere al Tesoro) deuda cuasifiscal (por títulos emitidos) y eso consolida la diferencia. En su momento el acuerdo con el FMI achicó la diferencia entre el dólar implícito, el tipo de cambio oficial y el CCL. Pero no siempre ocurre. Lo cierto es que desde abril 2024 se fue achicando la brecha en el Implícito y el CCL. Una brecha que gobierno pretende modificar. Seguramente disminuirá a la par de la disminución de pasivos monetarios del BCRA, (recordar que una parte termina en el Tesoro), en cambio la Base Monetaria sostiene variaciones cercanas a la inflación.
· Disminuyó la inflación (alrededor del 4.3 %) en el OCTAVO mes (AGOSTO) 2024, pero siempre elevado. ¿Cuánto tiempo para encontrar una base estable MENOR AL 2 % mensual? Caputo y el BCRA, implementan (periódicamente) medidas alrededor de un ancla fiscal, ordenar y sanear el balance del BCRA con medidas muy altisonantes, pero las reservas no crecen, y eliminar el cepo es siempre una zanahoria, para más adelante. En el aquí y ahora opera la licuación, arrastra a una reducción del consumo y de la actividad. Precios relativos dispersos, incluyendo los dólares.
Los discursos políticos y económicos y, con más intensidad el discurso jurídico, tienden a presentar la opinión establecida como dada, indiscutible. Los objetos conceptuales no se analizan, pues los argumentos son útiles en la justificación (desde el discurso del poder) y no en la fuente material (los textos de la ley que incluyen la Constitución y los Tratados internacionales de Derechos Humanos).
De allí también el desprecio por la contrastación empírica, el llamado a lo obvio, a lo evidente, a lo que resulta claro. Es que desde el momento mismo en que se apela a la claridad del concepto, se está renunciando al objeto mismo del pensamiento que no es la claridad sino la clarificación.
Un concepto no es claro por su nominación como tal, sino por efecto de haber sido tratado como problema. Y los problemas no se plantean por sí mismos, son el resultado de una interrogación. Cuando en una exposición se remite a lo evidente o a lo obvio, lo que se declara implícitamente es la decisión de no problematizar. Decisión de privilegiar el saber como tesoro y no el conocimiento como proceso de búsqueda. No es racional, ni democrático ni republicano, pero sirve a la afirmación de la autoridad de quien se coloca en el lugar de quien enuncia un discurso de poder. Ayuda a la validación de este discurso el hecho de que el destinatario prefiera lo que confirma su saber y no lo que lo cuestiona, por eso prefieren las respuestas y no las preguntas.
El objetivo de este trabajo es la formulación de preguntas en materia de libertad y democracia en materia de libertades públicas fundamentales de ejercicio colectivo en tanto ámbito de fricción que opera en la brecha misma del antagonismo social. Sin esas preguntas sobre lo que se presume conocido, la opinión fundada en lo que “todos sabemos” se identifica con las categorías de la conservación del orden existente. La realidad, en tanto tiene estructura de ficción, es ya un constructo ideológico. Por eso a veces, la única verdad es la verdad de los dominantes.
En particular, con relación a la manifestación del interés colectivo, la reacción “natural” es la del control sobre ésta, en tanto foco de agitación. En el territorio trillado de “lo evidente”, la manifestación colectiva no es primariamente un derecho sino un objeto a controlar o encauzar. Una pauta del éxito del discurso hegemónico es que la propia reacción contra el retorno a la política represiva del conflicto social, sea el de luchar contra la criminalización de la protesta social y no el de la afirmación de un derecho humano fundamental reconocido expresamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 20.1), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículos 18 y 21) y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 15).
El discurso dominante hace caso omiso de las características indisolublemente colectivas del derecho a reunión que, para ser tal, implica el uso del espacio público y la acción concertada con un objetivo. Esta hegemonía que coloniza el discurso “resistente”[1] se manifiesta en la discusión exclusivamente penal de la manifestación colectiva, obviando que, en tanto derecho de los ciudadanos, el ámbito judicial es el del amparo, cuyas reglas deben adecuarse a las características del derecho amenazado, de conformidad a la regla supraconstitucional de tutela judicial efectiva. No se trata de analizar si los ciudadanos que ejercen un derecho de máxima jerarquía han cometido un delito, se trata de analizar si el control o reglamentación de este derecho lo desnaturaliza (artículo 28 de la Constitución Nacional).
Si la manifestación colectiva es un derecho, tal como lo señala el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la manifestación mediante las prácticas del colectivo no puede ser cercenada so color de que el único legitimado para expresar la validez de la práctica es la organización reconocida por el Estado. El campo del espacio público es, precisamente aquello que está más allá de los ámbitos propios del Estado o de los particulares. No hay libertad pública sino en el ámbito de este espacio público que existe en la medida en que no es apropiado o apropiable por los particulares o el Estado. Es el ámbito de lo común, que la grosera prosa libertaria sindica como comunismo.
El artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos civile y políticos establece:
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de tener o de adoptar la religión o las creencias de su elección, así como la libertad de manifestar su religión o sus creencias, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, mediante el culto, la celebración de los ritos, las prácticas y la enseñanza.
3. La libertad de manifestar la propia religión o las propias creencias estará sujeta únicamente a las limitaciones prescritas por la ley que sean necesarias para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos, o los derechos y libertades fundamentales de los demás.
Adviértase que en los protocolos de seguridad enunciados por las administraciones autoritarias, se pretende justificar la intervención invocando las razones de seguridad, orden, salud o moral públicas o derechos y libertades fundamentales con un criterio sesgado y basto, que aproxima sus contenidos a una escala valorativa de una concepción moral autoritaria esquiva a los principios de libertad, democracia e igualdad y, justamente por ello, contraria a los principios democráticos y republicanos de nuestra Constitución (artículo 28).
En primer término, debe señalarse que la seguridad en sentido constitucional no es la mera custodia patrimonial de quienes acumulan riqueza, sino el aseguramiento de la libertad de cada uno de los ciudadanos de una sociedad democrática, entre las que se encuentra la expresión pública de las ideas, el derecho a ser informado, el de asociarse y actuar colectivamente, el de inviolabilidad de la esfera de la intimidad que incluyen al domicilio y las comunicaciones privadas que, precisamente los gobiernos autoritarios y liberticidas pretenden arrasar con su fantasía de un panóptico amplificado con medios informáticos.
Pero fundamentalmente, cuando se habla de libertad se trata en primer término de la más fundamental de todas, la de reproducir las condiciones materiales de existencia. Por eso el verdadero nombre de los Derecho Humanos es el de Seguridad Social. Libertad no es elegir entre Adidas o Nike. Libertad es potentia, es el proyecto de autonomía del sujeto en condiciones sociales, culturales e históricas determinadas. Por eso libertad es siempre libertad frente al poder es la afirmación de la autonomía frente a las tensiones heterónomas de los poderes dominantes. Por eso un proyecto democrático y republicano toma partido en asegurar la parte de los sin parte (Ranciére: El desacuerdo. Política y Filosofía). En particular, hay Seguridad Social cuando se garantizan las condiciones materiales de reproducción de la existencia. A saber: Alimento, cobijo y cultura. La muerte, que es corolario de la privación de esas condiciones materiales de existencia, es la cesación de cualquier libertad. Por eso, en un proyecto constitucional democrático y republicano, donde hay una necesidad existe un derecho.
El orden público, por su parte, no es otra cosa que la serie de disposiciones que, con carácter imperativo, establecen las condiciones de creación de contenidos y efectos que se siguen de los hechos jurídicos.
El orden público, por tanto, no está fuera de la legalidad de un sistema jurídico determinado (como pareciera desprenderse de las múltiples invocaciones al orden público económico que se realizaron durante la década del ’90 del siglo pasado o los discursos autoritarios de la dictadura genocida y del actual gobierno) sino que es ese mismo orden contemplado como determinante de la juridicidad y de los efectos de los hechos y actos jurídicos y de la adecuación de los contenidos de los actos jurídicos. De hecho, si el orden público fuera algo exterior al sistema jurídico, no podría ser reconocido por este, pues la condición de reconocimiento de una proposición como jurídica es que ella resulte interna al propio sistema. Por otra parte, si el orden público significara algo distinto de la normatividad pública admitida por vías constitucionales, ello importaría la constitución de una ley nocturna que contradice el principio de gobierno republicano/democrático de nuestro orden jurídico.
Identificar a un elemento del sistema jurídico con el orden público qua totalidad es la operación política ideológica por excelencia. Por ejemplo, cuando se dice que las disposiciones legales deben ajustarse a orden público económico o a la seguridad del tránsito, que encarnaría así la razón de ser del sistema jurídico en su totalidad.
La idea de la representación política o del mandato libre está en directa relación con el concepto de soberanía. A partir de la Constitución Francesa de 1791 y de ciertas interpretaciones de Rousseau, se asienta la idea de que la representación política no es una representación vinculada a una voluntad empírica de personas o de grupos. El pueblo, en tanto identidad representada, sólo halla su expresión soberana en la voluntad de su representante.
Con este criterio lo que se pretende es excluir de la legitimidad es la actuación del sujeto colectivo y el ejercicio de las libertades públicas fundamentales de ejercicio colectivo como son la manifestación o la huelga. De hecho, el reconocimiento de los derechos humanos siempre estuvo precedido por la actuación de este sujeto colectivo que, al manifestarse en el espacio público pone de relieve el reverso de la ley. Por eso el sujeto colectivo presenta lo que no está representado en el estado de situación. Es el aluvión zoológico o el subsuelo de la Patria sublevado.
En realidad, lo que se está excluyendo es la base del principio democrático que es la existencia del espacio público. Sólo hay democracia en la medida que entre los particulares y el Estado existe un ámbito de actuación en la que puede manifestarse el sujeto+ colectivo.
Esto es expresamente reconocido en el artículo 21 del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos.
Artículo 21. Se reconoce el derecho de reunión pacífica. El ejercicio de tal derecho sólo podrá estar sujeto a las restricciones previstas por la ley que sean necesarias en una sociedad democrática, en interés de la seguridad nacional, de la seguridad pública o del orden público, o para proteger la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de los demás.
La manifestación colectiva (por eso es derecho de reunión pacífica) halla su reconocimiento convencional en tanto derecho de los sujetos que son capaces de decir nosotros. No hace falta una persona que aparezca como interlocutor legítimo pues de lo que se está hablando es del derecho de manifestación colectiva en el espacio público. Por supuesto, las corrientes autoritarias de derecha pretenden hacer desaparecer el espacio público, único lugar donde es posible la manifestación colectiva mediante la regimentación estatal o la privatización. Por tal motivo, la defensa del Estado de derecho no puede preocuparse por la no criminalización de la protesta social sino por la necesidad de criminalización de los intentos estatales o privados de hacer sucumbir el espacio público y, con él el Estado democrático.
Finalmente debe señalarse otro error que se manifiesta en las verdades de a puño que emiten los relacionistas públicos del poder económico que invocan ser periodistas (Ari Lijalad dixit): “El derecho de uno termina donde comienza el derecho del otro”, una forma de concebir el derecho con mente de agrimensor o de latifundista.
El problema de la integración del acto y de la jerarquía de las normas tiene como presupuesto una característica de la estructura de la norma stricto sensu: La que exige que ante un supuesto A debe seguirse una consecuencia B. No existe la posibilidad de que una misma situación se encuentre comprendida en la hipótesis normativa de dos normas jurídicas distintas. En tanto existe una consecuencia jurídica asignada para cada norma, no puede existir una aplicación concurrente de las normas so pena de convertir el sistema jurídico en inconsistente. Por esta razón, todo sistema jurídico utiliza reglas que determinan la prioridad de una norma sobre otra. En nuestro sistema, la ley posterior y la ley especial.
Sin embargo, en la mayor parte de los casos las prescripciones constitucionales o del derecho de los tratados de DDHH no responden a la estructura de la norma sino a la del principio. Los principios son también mandatos del orden jurídico positivo destinado a reglar situaciones jurídicas. No se trata de una cierta sustancia metajurídica sino de efectos del mismo orden jurídico que se diferencian de las normas stricto sensu exclusivamente por su estructura. Mientras las normas en sentido estricto se caracterizan por la estructura “Dado A debe ser B”, los principios indican sólo una tendencia del orden jurídico que ha de orientar al intérprete. Son, en cierto sentido, “shifters”. Los principios tienen una determinada jerarquía de acuerdo al órgano que promulgó el mandato. Los principios no se encuentran fuera del orden jurídico ni representan per se la jerarquía máxima en el esquema normativo. De esta manera, principios como el de buena fe contractual, tienen jerarquía legal y otros, como el de remuneración justa, tienen jerarquía constitucional. Todo aquello dependiendo de la jerarquía del órgano que emite el mandato.
Una segunda característica de los principios es que ellos, a diferencia de las normas, no se desplazan entre sí, sino que todos ellos concurren (si bien con diversa jerarquía) con relación a una particular situación que a su vez indica el grado de prevalencia entre ellos. La fuerza con que un principio ha de incidir sobre una situación depende de sus características concretas. Se puede decir que el valor del principio es situación/dependiente.
Por tanto, no se puede establecer en abstracto si la manifestación tiene preferencia sobre la libre circulación o viceversa. De lo que se trata, para establecer una prioridad, es del bien jurídico de mayor jerarquía constitucional en la situación concreta. Para dar un ejemplo, una manifestación impide el acceso a un hospital o una manifestación prolongada corta los accesos a un núcleo urbano para desabastecer a la población. En estos supuestos, en los que está en juego el valor vida, no hay duda que la preeminencia corresponde al derecho a la circulación. En otras situaciones en lo que está en juego es la simple comodidad del transeúnte que tiene accesos alternativos, la preeminencia es por supuesto la de la libertad política de manifestar las creencias colectivamente en el espacio público.
Finalmente, como puede advertirse, esta limitación debe realizarse por ley, de conformidad al principio democrático y no al úkase de un burócrata mediante una via de hecho con apariencia de acto estatal para satisfacer sus caprichos o impulsos sin discusión democrática conforme lo establece el artículo 25 inciso a del Pacto Internacional de los Derechos civiles y políticos:
Participar en la dirección de los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos;
Los llamados protocolos no son ley en sentido formal sino una reedición de los viejos edictos policiales que constituyen la negación del derecho a participar en la dirección de los asuntos públicos por sí o por medio de los representantes libremente elegidos.
[1] En este punto es tentador citar a Gramsci (1986:22-23): “…si ayer era irresponsable porque era ‘resistente’ a una voluntad extraña, hoy se siente responsable porque ya no es resistente, sino operante y necesariamente activo y emprendedor”.
El mecanismo siempre es el mismo: endeudan al Estado para beneficio exclusivo del capital financiero, que son los tenedores de los títulos del Tesoro de la Nación, y esa deuda toma una magnitud que es imposible de pagar con los recursos corrientes, entonces los acreedores piden a cambio el patrimonio nacional. No otra cosa es el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) que es un Estado dentro del Estado argentino, con sus propias leyes y normas, con justicia externa incluida (el CIADI [1]), que prioriza la exportación en desmedro del mercado interno (no tienen la obligación de abastecer al mercado local) y que al quinto año no tienen la obligación de vender los dólares que exportan en la Argentina [2].
En el ínterin ganan fortuna los compradores de esos títulos ajustables por inflación, sabiendo que la fuga de capitales y/o la disminución de las reservas internacionales del BCRA debilita el respaldo de nuestra moneda y con ello garantizan la erosión del poder adquisitivo del peso argentino.
Este proceso se vivió en nuestro país por primera vez en el llamado “Rodrigazo” del 4 de junio de 1975, cuando el nuevo equipo de economía devaluó el tipo de cambio en un 160%, el dólar paso a valer de 10 pesos a 26; duplicó en promedio el precio de las tarifas de servicios públicos y el transporte; aumentó el precio de los combustibles en un 180%, y a cambio concedió un aumento salarial del orden del 45%, con ello desató un feroz proceso inflacionario y el descenso del nivel de actividad, con lo que el Estado recaudó menos en términos reales (como ahora), y tuvo que recurrir a los VANA (Valores Nacionales Ajustables por inflación) para financiarse, cuando el IPC de ese año fue de 183%.
El “Rodrigazo” fue la antesala del camino de valorización financiera del capital, que se refleja en la “dolarización” de la cultura argentina; es la huida hacia esa divisa la que destruye la capacidad de ahorro en moneda local, y sólo se compran títulos públicos en pesos, en el tramo en el que la inflación supera a la devaluación.
El mismo mecanismo planteó este gobierno administrado por Luis Caputo y Santiago Bausili. Primero devaluaron más de un 100%, después colocan títulos ajustados por inflación (con un IPC en diciembre de 2023 del 25,5%, enero de 2024 de 20,6%, febrero de 2024 de 13,2%, marzo de 2024 de 11%, etc.) y, ahora, lo prometido por el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, al capital financiero de Manhattan el 15 de julio y el 27 de agosto del 2024 frente al Consejo Empresarial (The Business Council [3]) en Washington, de que no va a haber salto devaluatorio y de que la unificación del tipo de cambio se generará a través de una convergencia a la baja de los dólares paralelos, hasta fin de año.
Transformar todo en deuda pública
Este gobierno dice que solucionó el problema del déficit fiscal y de la “bomba” de las Leliq (Letras de liquidez del BCRA) transformándolos en deuda pública (en títulos del Tesoro de la Nación). Eso explica por qué la deuda bruta (en pesos y en divisas) que en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner había alcanzado 222.703 millones de dólares, al 31 de julio de 2024 (último dato publicado por la Secretaría de Finanzas de la Nación) asciende a 452.071 millones de dólares (más del doble). La pregunta es: ¿en qué se gastó?
En el gobierno de Cambiemos (2015-2019) se incrementó la deuda por 97.927 millones de dólares, de los cuales 44.559,9 millones son con el FMI. En forma sistemática se fugaron unos 86.200 millones, y las empresas que compraron esos dólares, en su amplia mayoría, no lo pueden demostrar en sus ejercicios contables (evasión y fuga, fácilmente verificable con estudiar esos balances). Pero ni la Justicia, ni el Poder Ejecutivo ni el Legislativo —más allá de que en este último caso tenía sanción del Senado de la Nación el proyecto encabezado por Oscar Parilli (exp.0016-S-2022), que nunca fue llevado al recinto de la Cámara baja, que exigía su investigación— pidieron explicaciones.
El gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) aceptó toda la deuda heredada de la gestión de Macri, no la investigó y la renegoció para que se pague, como la está pagando el pueblo argentino.
A la gestión del Frente de Todos, debe sumarse la continuación y perfeccionamiento en el endeudamiento por la gestión de Caputo-Bausili:
El déficit fiscal del año 2023 de 4,7% del PIB (es en pesos, pero equivalente a 22.560 millones de dólares) fue financiado con títulos de deuda interna del Tesoro de la Nación, en su gran mayoría ajustables por inflación, aumentando la deuda bruta argentina.
El reconocimiento de los fuertes intereses que estos Títulos del Tesoro de la Nación devengan (ajustados generalmente por la inflación).
Por lo tanto, la deuda creció en los siete primeros meses del año 2024 en forma sideral, por 81.398 millones de dólares.
Un nivel de deuda que crece exponencialmente mes a mes y una devaluación que no atenúa porque el pass through [4] haría que los títulos en pesos se beneficiarían con la inflación.
Sistema financiero argentino
Con el déficit del BCRA generado por los pasivos remunerados (los LEBAC de Macri y los pases pasivos, Leliq y Notaliq, del gobierno de Fernández) se hizo lo mismo, se los convirtió en deuda pública, en títulos de deuda del Tesoro de la Nación.
Dicho pasivo remunerado ascendía a 21.023.700 millones de pesos el 7 de diciembre de 2023 (último día hábil de la gestión del gobierno del Frente de Todos), convertido al tipo de cambio oficial de 400 pesos por dólar a esa fecha, equivale a 52.560 millones de dólares.
La mayor parte se convirtieron en títulos directos de deuda del Tesoro de la Nación, y, por Resolución Conjunta 40/2024 de las Secretarias de Hacienda y de Finanzas de la Nación, se convirtió en 20 billones de pesos en una Letra Fiscal de Liquidez (LeFi), intransferible, de un año de plazo, a cargo del Tesoro de la Nación, quien va a depositar en el BCRA los intereses que esta devengue (esa deuda a su vez incrementa la deuda pública que se contabiliza en el Boletín de la Secretaría de Finanzas de la Nación, datos de la deuda pública de julio 2024, en el rubro “otros”) .
Los mayores tenedores de esos títulos de deuda de la Administración nacional son los mismos bancos del sistema financiero argentino.
Por lo tanto, los bancos lograron pasar los pasivos remunerados del BCRA (que fue su principal fuente de ingresos en la gestión de Miguel Pesce y de todo el Directorio del BCRA, que les pagó tasas positivas de interés sin que corran ningún riesgo), para ser hoy los acreedores del Estado argentino, pero con los pies de barro, que significa que están financiados con los depósitos de sus clientes.
Es una situación harto difícil. El BCRA debe asegurarles a los bancos un pago mayor de los que ellos les abonan a sus depositantes; por ende, al ser la casi totalidad de esos títulos ajustados por inflación, esta debe ser mayor que la tasa de interés pasiva (la que les pagan a sus depositantes), y a su vez esa tasa debe ser mayor que la devaluación de nuestra moneda, si no se pasarían a dólar.
Y es la razón por la que Luis Caputo y su equipo se aferran a que “la gente tiene que ver reflejado en sus finanzas que este es el camino correcto: bajar la inflación, bajar impuestos [5], recuperar el crédito para las personas y pymes y eliminar regulaciones”.
Como vemos, el crédito total es menor que la tenencia de Títulos de deuda (público y privada) y, si el BCRA presentara el total del crédito abierto por tipo de empresa, seguramente que la mayor parte financia el capital de trabajo de las grandes empresas.
La deuda en divisas
El cuadro se agrava con la deuda en divisas, por su magnitud y sus vencimientos. De septiembre a diciembre de 2024, según la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación (OPC), sobre la base de datos del Ministerio de Economía de la Nación, se deben pagar servicios de la deuda por 2.770 millones de dólares, cuando el BCRA está vendiendo el ingreso de los dólares por exportación y por la colocación de las barras de oro en el exterior en el mercado CCL (Contado con Liqui), para que los bonistas que quieran irse lo puedan hacer.
El “blanqueo”, que según los cálculos iniciales de esta Administración pagaría con creces dicho vencimiento, no está dando resultado, como lo demuestra el Balance del BCRA en el que se muestra que la posición neta en divisas de los bancos pasó de 14.396 millones de dólares el 12 de agosto de 2024 (cuando comenzó el “blanqueo” de capitales) a 15.106 millones de dólares el 6 de septiembre de 2024, y gran parte se debe a la compra de dólares MEP (dólar bolsa) que se deposita en los bancos intervinientes.
Es obvio que hay una profunda desconfianza en depositar los dólares en las cuentas especiales que se deben abrir a tal fin en los bancos y en las AlyC (Agente de Liquidación y Compensación integral [6]), por un lado, y, por otra parte, no ingresan divisas al país porque sus poseedores consideran que estas deben tener un mayor poder adquisitivo y presionan por una devaluación de nuestra moneda.
Paralelamente, el grupo Techint, que fue uno de los que pagó a los estudios que hicieron las ahora leyes 27.742 (ley de Bases) y 27.743 (de “paliativos fiscales” [7]), donde se conforma el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) y el “blanqueo” de capitales respectivamente, el 15 de agosto 2024 anunció un plan de inversiones de 4.000 millones de dólares en los próximos dos años para expandir su presencia en Nuevo León, el Estado del norte de México que limita con Texas. Una inyección de capital para el desarrollo de plantas “completamente nuevas” que van a producir laminado en frío, acero crudo y galvanizado para abastecer automotrices, línea blanca, trenes, construcción, motores eléctricos y tuberías, y lo hizo al saber que quedaba postergado en la Argentina por los fondos de inversión del exterior. Techint propuso como secretario de Energía al abogado Eduardo Rodríguez Chirillo. Pero el capital financiero extranjero que representa Luis Caputo nombró por encima del funcionario, con cargo de viceministro coordinador de Energía y Minería, a Daniel González.
En el año 2025 vencen servicios de la deuda en divisas por 13,5 mil millones de dólares; en 2026, 14,4 mil millones; en 2027, 18,8 mil millones de dólares más. A este cronograma hay que adicionar que el Banco Central está generando nueva deuda con importadores (BOPREAL).
Se trata de cifras que la economía argentina no puede pagar con el superávit comercial, y depende de sus acreedores.
Y allí está el problema y la solución que tuvieron los acreedores desde el principio: endeudar al país. Ahogados por la situación, los grandes tenedores de títulos de deuda externa (BlackRock, Vanguard Group, PIMCO, Franklin Templeton, Fidelity, Gramercy, Greylok, etc.) van a ofrecer sus oficios para que el otro gran acreedor, el FMI, le conceda a la Argentina un crédito puente (nueva deuda) que pagaremos con nuestros recursos naturales (tomando los títulos de deuda a valor nominal, cuando en el mercado se cotizan al 55 – 60% de ese precio).
Nota: Estos fondos tienen también participación en los primeros bancos privados que operan en el país, incluidos los Bancos Galicia, Macro y Supervielle.
El gobierno de Milei nos endeuda, cobran su comisión los colocadores de esa deuda, y pagamos con los recursos naturales que, según Marc Stanley, son los que el mundo necesita.
[1] Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI), una institución del Banco Mundial que permite a las empresas enjuiciar a un Estado, violando el principio de Exequátur (que un Estado no puede ser enjuiciado por otro y menos por una empresa, salvo que el Estado lo permita, como es este caso).
[2] Violando el art. 29 de la Constitución nacional que expresamente dice: «ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”.
[3] El Consejo Empresarial es una asociación de los directores ejecutivos de las empresas comerciales más importantes de los Estados Unidos conformada por 200 miembros. La membresía es personal, no corporativa, y sólo se puede obtener por invitación.
[4] Impacto que genera una variación del tipo de cambio sobre los precios internos de una economía.
[5] La baja los impuestos a los importadores (el Impuesto PAIS de una tasa del 17,5% a 7,5%) y en Bienes Personales (impuesto a la riqueza), pero no eleva el mínimo no imponible a las Ganancias a la IV Categoría.
[6] Son las entidades a través de las cuales se puede acceder al mercado de capitales.
[7] De la computadora del abogado Liban Angel Kusa del estudio Bruchou & Funes de Rioja se hicieron las modificaciones cuando se trataba en el recinto.
El pozo y el péndulo es un famoso cuento de Edgar Allan Poe de 1842 que trascurre en un calabozo de Toledo en tiempos de la Inquisición. El protagonista brinda una narración aterradora, plagada de profundas impresiones y alucinaciones en las que se revelan y entrecruzan su incertidumbre, la confusión, el desánimo, el desvarío y el aturdimiento hasta que en el momento último una mano extendida lo salva.
Recurro a ese relato magistral para abordar el tema Malvinas en este momento. Parto de la idea de que, respecto a las islas, entre otros tantos temas, predomina un hiperoccidentalismo, esto es; un tipo peculiar de política exterior y de defensa en el marco de la lógica de la aquiescencia.
En un trabajo con Roberto Russell señalamos que las opciones estratégicas propias de esa lógica son el acoplamiento, el acomodamiento y el involucramiento. El acoplamiento remite al plegamiento a los intereses estratégicos de una superpotencia.
El acoplamiento se manifiesta en la concesión a las preferencias o exigencias de esa gran potencia. Y el involucramiento se expresa en el acompañamiento a la misma, en calidad de “escolta” (proxy), en posturas y medidas hacia terceros países. En breve, el hiperoccidentalismo entrelaza las tres opciones mencionadas de modo radical, diligente y asertivo.
El hiperoccidentalismo se despliega en un escenario internacional singular, caracterizado por un acelerado tránsito hacia un mundo pos-occidental en el contexto de un orden no hegemónico donde Washington y Beijing tienen, a lo sumo, una hegemonía parcial y tenue.
A su turno, se exterioriza mediante la identificación explicita de las contra-partes de preferencia y aquellas hacia las cuales hay una clara aversión. En el actual gobierno, por ejemplo, Estados Unidos e Israel están entre las primeras y China, Rusia, Irán, Palestina y Venezuela entre las segundas. Es evidente que el hiperoccidentalismo libertario tiene una base de apoyo interno que asume que es indispensable una restructuración plena de la política exterior y un reordenamiento interno total de la política, la economía y la sociedad.
En el caso de Malvinas, Javier Milei retoma una pauta histórica de la Argentina desde 1982: la diplomacia del péndulo. Esta oscilante e infértil actitud diplomática ha afectado la continuidad estratégica, a pesar del consenso nacional sobre el asunto Malvinas.
Pasamos de intentar elevar los costos del Reino Unido para mantener las islas y de procurar un respaldo amplio y multilateral a la negociación de la cuestión de la soberanía con Londres, a bajarle los costos al Reino Unido y buscar una relación estrecha con Londres a la espera de dividendos futuros.
En la actualidad, y a diferencia de otros gobiernos, se agrega un nuevo elemento: confiar en que gracias a Estados Unidos y la OTAN el Reino Unido muestre una mayor disposición al compromiso y así la Argentina llegue a recuperar las islas. En efecto, el Gobierno optó por la adquisición de aviones de combate F-16, al tiempo que Washington le venderá aeronaves Basler BT-67.
Además, en su cita con la comandante Laura Richardson del SouthCom durante su visita en abril a Ushuaia, Milei afirmó: “Mi aliado es Estados Unidos…Lo del otro día fue el acto de soberanía más grande de los últimos 40 años. Porque al ser una base militar en Ushuaia, nos avala el reclamo sobre la Antártida. Y te hago una pregunta. ¿Ushuaia es la capital de qué? Tierra del Fuego. ¿Y qué más? Islas Malvinas, Georgias, Sándwich y todo el espectro marítimo. Es el primer paso para empezar a pensar la recuperación de Malvinas…”.
Por otro lado, la Argentina ha solicitado ser Socio Global de la OTAN; proceso que requiere el apoyo de los 32 miembros de la organización. Asimismo, el país se ha sumado al Grupo de Contacto sobre Asuntos de Defensa en Ucrania organizado por Washington. Sintéticamente, aquellos que se solidarizaron y hasta colaboraron con Londres durante el conflicto de 1982 serían hoy, de acuerdo con los que impulsan el estrechamiento de vínculos subalternos con Washington y la OTAN, los mejores aliados para asegurar una futura soberanía argentina en las islas.
Vayamos al tema del pozo en el contexto geopolítico de una intensificación del valor de los océanos, de los recursos energéticos y de las bases militares. La exploración petrolera, a 218 km al norte de Malvinas, en el yacimiento Sea Lion, ha resultado exitosa. Las compañías Rockhopper, con sede en el Reino Unido, y Navitas Petroleum, con sede en Israel, se han asociado para perforar 23 pozos a finales de 2024.
Con una inversión de US$1.200 millones planean la extracción de varios millones de barriles de petróleo durante 30 años. Si los isleños consultados lo aprueban, la producción petrolera comenzaría en 2027. Para entonces el debilitamiento de la posición argentina, el robustecimiento de la capacidad de incidencia de los isleños en la diplomacia de Londres y el reforzamiento de la relación especial entre Estados Unidos y el Reino Unido serán hechos cumplidos.
Como en el cuento de Poe, quizás nos abata la incertidumbre, la confusión, el desánimo, el desvarío y el aturdimiento. Pero, a diferencia del final del cuento sobre el pozo y el péndulo, quizás no haya una mano salvadora. En el fondo, y para una recuperación efectiva de las Malvinas, nada suplanta una estrategia de largo plazo basada en las cuatro D’s: Divisas, Defensa, Diplomacia y Derecho.
La respuesta al avance del modelo extractivista y financiero del gobierno de Milei es un mayoritario silencio, tanto de la supuesta oposición política, gremial y social, como de la sociedad en su conjunto, al no visualizar un modelo económico productivo y distributivo distinto al hoy imperante. (Eso no significa que no exista, exprofeso se oculta toda otra alternativa.)
Decimos mayoritario pero no total, dado que existen voces que se alzan. Como por ejemplo las de los jubilados y pensionados, reprimidos ante el Congreso de la Nación por manifestar contra el veto presidencial y exigir que los legisladores insistan con el paliativo que significa la ley de movilidad previsional aprobada, que garantiza que, si los salarios le ganan a la inflación (que es el índice de ajuste actual), se realice una actualización adicional en marzo de cada año de acuerdo con el índice de salarios Ripte que publica la Secretaría de Trabajo de la Nación. Asimismo, la ley agrega que la jubilación mínima no podrá ser inferior a 1,09 de la Canasta Básica Total (CBT), cuando actualmente es el 74% de la CBT [1].
Es auspicioso que parte de la CGT (que conforman el Frente Sindical y la Corriente Federal), las dos CTA y la UTEP fijen posición y planteen la movilización para el miércoles 11 de septiembre de 2024 al Congreso de la Nación, en rechazo de la política económica del Presidente Javier Milei, contra el veto al aumento de las jubilaciones y pensiones, y pidiendo que la Cámara de Diputados se digne a tratar la anulación del DNU 70/23.
La medida de fuerza fue anunciada a través de una conferencia de prensa conjunta realizada en la Asociación del Personal Superior de Empresas de Energía. Allí estuvieron presentes los jefes sindicales Hugo “Cachorro” Godoy, de la CTA Autónoma; Hugo Yasky, de la CTA de los Trabajadores; Pablo Moyano, cosecretario general de la CGT, en representación del Frente Sindical, y Sergio Palazzo, secretario general de la Asociación Bancaria, quien, junto al gráfico Héctor «Gringo” Amichetti lidera la Corriente Federal.
Son los mismos dirigentes y sectores que propician el Foro Economía y Trabajo, que plantea medidas concretas para recomponer el poder adquisitivo del salario, de las jubilaciones y pensiones, de lucha contra la pobreza, un programa de industrialización federal, un plan de obras públicas y de construcción de viviendas que cree empleo alentando el desarrollo económico y social, con justa redistribución del ingreso, y esencialmente propicia la investigación de la deuda bruta nacional, que pasó de 222.703 millones de dólares en diciembre de 2015 a 452.071 millones de dólares al 31 de julio de 2024 (y en ese lapso, en el que más que se duplicó la deuda, cayó la Inversion Interna Bruta Fija, el PIB y aumentó la pobreza y la indigencia).
Todos ellos se alinean detrás de un programa de gobierno que siempre que se aplicó en la Argentina fue exitoso: crecía el producto y aumentaba la participación de los trabajadores, jubilados y pensionados en el PBI. Lo demostraron el peronismo, de junio de 1943 a septiembre de 1955, el radicalismo, del 12 de octubre de 1963 al 28 de junio de 1966, el Plan Trienal, desde mayo de 1973 hasta septiembre de 1974, y el kirchnerismo, desde mayo de 2003 a diciembre de 2015.
La verdad es tan evidente como la mentira del liberalismo, que llama a adaptarse al mundo moderno y a la competencia internacional desprotegiendo nuestra producción y entregando nuestro mercado interno (cosa que no hace ningún país desarrollado), por lo que beneficia a una ínfima minoría asociada al capital extranjero.
¿Cómo nos explicamos que la Argentina en 1974 era el país más integrado (donde menos diferencia había entre los ricos y los pobres) de todo el continente americano, donde la pobreza no alcazaba al 6% de la población, crecía el PIB (ese año lo hizo en un 6,1%) y crecían las exportaciones y la mayor tasa de incremento era las ventas al exterior de productos industriales? Ahora, en cambio, en el primer semestre de 2024 la pobreza alcanzó al 52% de la población y la indigencia al 17,9%, según estimaciones del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA). Estas cifras representan un aumento significativo frente al 41,7% y 11,9% registrados por el INDEC en 2023.
Paralelamente, el INDEC estima que los residentes argentinos tienen capitales fugados (riqueza generada en el país) por 448.184 millones de dólares [2], el “blanqueo” propuesto por Milei no los seduce. Al 5 de septiembre de 2024 ingresaron 133 millones de dólares, incluso no seduce a los funcionarios de este gobierno que declaran, en promedio, poseer el 90% de su capital en el exterior, pero ninguno sirve de referencia.
El modelo de defensa del mercado interno, de la producción nacional, de industrialización y de sustitución de importaciones creaba empleo, creaba riqueza y distribuía mejor el ingreso. El modelo extractivista y financiero en función del mercado externo concentra ingreso, genera pobreza y propicia el endeudamiento y la fuga de capitales.
Cuál es el problema
Si todo lo que afirmamos es cierto y verificable, ¿por qué se insiste con un modelo que ha fracasado tantas veces? Desde el Plan Prebisch de 1955 hasta el “hay que pasar el invierno” de Alsogaray; pasando por el “tenemos que terminar con esto, para empezar de nuevo” de Krieger Vasena y la de “achicar al estado es agrandar la Nación” de Martínez de Hoz; o la de Roberto Dromi readaptada por Javier Milei: “Todo lo que pueda estar en manos del sector privado va a estar” y, finalmente, la de Federico Sturzenegger: “Van a poder diseñar el sistema de despidos que quieran”.
Al modelo imperante lo imponen fuertes intereses que pretenden seguir expoliando al país para que sea un mero proveedor de energía, materias primas y alimentos, como asevera Marc Stanley: “La Argentina tiene lo que el mundo necesita”.
El gran capital financiero con sede central en Manhattan impone el modelo extractivista amparado en una deuda creciente e imposible de pagar con los recursos corrientes que, a su vez, los tiene a ellos, al capital financiero con base en Manhattan, como sus principales acreedores.
Esto se hace en un marco en que la financiarización equivale a la captura del Estado por parte de los grandes fondos de cobertura (o de inversión, como les gusta llamarse), que se fortalecen al apropiarse de cada vez mayor parte de la producción y del ingreso y, con ello, empujan a la población a la pobreza, pero también cercenan el nivel de vida de los sectores medios, y lo hacen con un Estado que se limita principalmente al rol represivo, delegando al capital financiero la planificación, qué se produce, cómo y para quién.
La crisis financiera de 2008 hizo que principalmente en los Estados Unidos se duplicara la base monetaria (la cantidad de dólares emitidos y puestos en circulación por la Reserva Federal), de esa manera se trató de licuar y refinanciar los créditos impagos. Paralelamente se fortaleció a las empresas y con ello se recuperó su valor accionario. En esa tarea las desprestigiadas instituciones financieras como los bancos y mutuales de créditos fueron reemplazadas mayoritariamente por las sociedades de gestión de activos (fondos de cobertura, principalmente el capital financiero con base en Manhattan), quienes fueron comprando esas acciones y títulos del Tesoro, en forma sistemática y acumulativa. Esto les confirió a sus administradores el poder de influir sobre las empresas y los Estados.
El control de la producción se reorganiza en torno a la posesión de capital financiero más que en torno a la propiedad directa de capital fijo, como maquinaria y fábricas. La acumulación del capital no es el resultado del número de empresas, sino de la movilidad del capital, con lo que se genera una mayor internacionalización, unos proveen alimentos y materias primas, otros recursos estratégicos, otros lo industrializan y el capital financiero dirige y coordina todo el sistema.
Y allí, en ese esquema, entran la Argentina y los países con recursos naturales valiosos y abundantes como el petróleo, el gas, el uranio enriquecido, el litio, los minerales raros, el oro, la plata, el cobre, el hierro, etc. De manera tal que se relega a un segundo término la producción de alimentos, donde de por sí y desde hace muchos años y en forma creciente en nuestro país, también depende del capital financiero, como es el caso de los pools de siembra que cotizan en la Bolsa de Nueva York. Igual puede extenderse la financiación y/o participación directa del capital financiero en los grandes acopiadores y comercializadores de granos que operan en la Argentina como Viterra, Cargill, Louis Dreyfus, ADM (Archer Daniels Midland), etc.
Es más, en la Cámara de Comercio Estados Unidos-Argentina, AmCham, en las 622 empresas asociadas tiene participación y/o la financia el capital financiero liderado por BlackRock, Vanguard Group, Fidelity, PIMCO, Franklin Templeton, Gramercy, Greylock, etc.
Y es esa la razón de nuestro sistema bimonetario, en el que se emplea la moneda local (el peso) como moneda de cambio y la moneda extranjera (el dólar) como moneda de ahorro, porque los grandes formadores de precios los internacionalizan y así plantean sus utilidades medidas en moneda dura [3].
Y del lado de la internacionalización de los precios, las grandes empresas igualan el valor que obtienen en el exterior con el que venden al mercado argentino. Que en la actualidad, incluso, en la Argentina, es mayor, por un pésimo manejo de los precios relativos de la administración de Caputo y Bausili, que no previeron el fuerte aumento de los importes de las grandes empresas formadoras de precios, y que tarde intentaron intervenir —en marzo de 2024 (cuando devaluaron el peso en más de un 100% el 12 de diciembre de 2023)— con patéticas rondas con los acopiadores y comercializadores de granos, más tarde con las empresas que controlan el mercado interno de lácteos, carnes, harina, aceite, productos de limpieza, farmacéuticos, etc., y por último, la tercera ronda, con los grandes supermercado mayoristas y minoristas y en todos los casos, la respuesta era echarle la culpa a otros.
En síntesis
La deuda bruta es el acicate, el motivo de toda la formulación que hacen con la ley 27.742 de Bases, que contiene el RIGI (Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones), que es un Estado dentro del Estado nacional, con sus propias reglas, sus propias normas, con prioridad de abastecerse del agua o de cualquier otro insumo, sin obligación de proveer al mercado local. Desde el quinto año no están obligados a vender los dólares de sus exportaciones en el país, en caso de controversia judicial pueden recurrir a fueros internacionales y la autoridad de aplicación es el Ministerio de Economía de la Nación (Luis Caputo).
La deuda que jamás se investigó es, a su vez, la causa del silencio cómplice de los que cobardemente la aceptan hipotecando el presente y el futuro del pueblo argentino.
Ese cobarde silencio permite que el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, se comprometa con el capital financiero de Manhattan que no está en la Argentina, y un mes más tarde con el Consejo Empresarial (The Business Council[4]) en Washington, con que no va a haber salto devaluatorio y a que la unificación del tipo de cambio se genere a través de una convergencia a la baja de los dólares paralelos. Para ello es imprescindible una remonetización consistente en la “movilización de los dólares que los argentinos tienen en el colchón”.
O sea, planifican ahogar a los sectores medios para que vendan sus dólares ahorrados y con ellos pagar parte de los fuertes vencimientos de intereses y capital de deuda, ante el fracaso evidente del “blanqueo” de capitales y el poco resultado que tienen en presionar al “campo” para que liquiden sus exportaciones.
Asi, arrastrándose, esperan llegar al 20 de enero de 2025, fecha en la que asume un nuevo Presidente de los Estados Unidos. Con los buenos oficios de los principales acreedores de la Argentina (el FMI y el capital financiero con sede en Manhattan), esperan que ese gobierno financie los vencimientos para amortizarlos con los recursos naturales de nuestro país, que no le pertenece a este gobierno ni a esta generación.
[1] En julio de 2024, la CBT para una persona fue de 291.472 pesos y la jubilación mínima para dicho mes fue de 215.581 pesos. Además, la CBT no contempla la vivienda y una persona mayor tiene gastos por medicamentos y salud que la CBT tampo contempla.
[2]Posición de inversión internacional de residentes argentinos, P. 24, «Cuentas Internacioanales», Vol 8, nº 2 Primer Trimestre 2024, INDEC. Esa cifra respresenta el 95% del PIB del año 2024.
[3] De allí que el INDEC pondera que los residentes argentinos tienen capitales fugados (generados en el país) por 448.184 millones de dólares al primer trimestre 2024.
[4] El Consejo Empresarial es una asociación de los directores ejecutivos de las empresas comerciales más importantes de los Estados Unidos, conformada por 200 miembros. La membresía es personal, no corporativa, y sólo se puede obtener por invitación.
La dupla que administra la economía nacional, Luis Caputo y su socio en la Consultora Anker Latinoamérica, Santiago Bausili, no consigue dólares de ninguna manera, el fracaso del Régimen de Regularización de Activos (blanqueo de capitales) por el que pensaban que ingresarían al sistema financiero argentino unos 2.000 millones de dólares antes del 30 de septiembre de 2024 no está dando los resultados esperados, cuando a fines de agosto los dólares depositados en las cuentas especiales abiertas a tal efecto no alcanzan los 100 millones de dólares, y demuestra que los residentes argentinos que tienen capitales fugados por 448.184 millones de dólares según el INDEC [1] no confían en el gobierno de Milei.
El cuadro se agrava sideralmente cuando existen importantes vencimientos de deuda hasta fin de año (al 31 de enero de 2025 vencen títulos de deuda por 4.500 millones de dólares y hasta el fin del mandato de Milei, en diciembre de 2027, los vencimientos de la deuda suman 65.397 millones de dólares).
La Argentina fue calificada por el JP Morgan con una tasa de riesgo país en torno a los 1.500 puntos, cuando a Brasil le confieren una tasa de riesgo país de 200 puntos, a Paraguay de 180 puntos, y a Perú, Chile y Uruguay por debajo de 150 puntos. El presidente del JP Morgan en la región es Facundo Gómez Minujín, que es a su vez el presidente de la Cámara de Comercio Estados Unidos-Argentina (AmCham). En su página oficial, AmCham dice que la conforman 622 empresas, que emplean directamente a 360.000 personas y que representan el 18,6% del PBI, que abonan el 38% de la recaudación fiscal, que significan el 24% de las importaciones y el 28% de las exportaciones. Lo que no dicen, pero es obvio, es que en todas ellas son socios o los financian los grandes fondos de inversión con sede en Manhattan, Nueva York, Estados Unidos. Es más, los principales accionistas del JP Morgan son BlackRock y Vanguard.
Teóricamente, esos fondos que tienen su casa central en los Estados Unidos han contratado más de una vez a Anker Latinoamérica para que los asesore en la región, y que debe ser la razón por la cual sus socios-dueños administran las finanzas públicas del país.
El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, quién viajó el lunes 15 de julio de 2024 a Nueva York para tratar de tranquilizar a los fondos de inversiones, de pensión, bancos, compañías de seguro, etc., que tienen bonos argentinos y miran con preocupación la dificultad del gobierno de sumar reservas para pagar esas tenencias, dijo allí:
Que el crawling peg (devaluación a los saltos) iba a ser del 2% o 3% mensual, siempre menor que la inflación medida por el IPC del INDEC, dado que la mayoría de los títulos de deuda en pesos están ajustados por esa tasa.
Que el BCRA iba a vender dólares en el Contado Con Liqui (CCL) a cambio de los títulos de deuda.
Y reconoció, en gráficos y tablas que no presenta el BCRA en nuestro país, que al realizar ambas operaciones reseñadas, para fin de año, las reservas netas del Central son negativas en 3.300 millones de dólares.
El día 27 de agosto de 2024, Valdimir Werning volvió a hablar en inglés, esta vez en el Consejo Empresarial (The Business Council [2]) en Washington y sostuvo que apuntan a remover las restricciones cambiarias sin un salto devaluatorio y a que la unificación del tipo de cambio se genere a través de una convergencia a la baja de los dólares paralelos. Para ello es imprescindible una remonetización consistente en la “movilización de los dólares que los argentinos tienen en el colchón”.
Que están trabajando en acortar los plazos para el pago de las importaciones, en reducir desde el 2 de septiembre de 2024 el Impuesto PAIS (del 17,5% a 7,5%) para importaciones y fletes, a la vez que resulta indispensable aumentar la tasa de inversión y que lo debe hacer el sector privado, principalmente las grandes inversiones (RIGI mediante [3]).
Y a pesar de que reconoció que el Estado nacional no tiene acceso a los mercados internacionales de deuda, afirmó que se compensa para las empresas por “los sólidos balances corporativos que mantienen un acceso fluido al financiamiento externo”.
Es claro que el gobierno sigue apostando a la deflación con el esquema ortodoxo fiscal (tener superávit primario, aunque se frene la obra pública, se reduzcan o quiten subsidios a la energía y al transporte, se le pague una miseria a los jubilados y pensionados, etc.) y monetario (emitir lo menos posible) e interviniendo en el mercado cambiario para bajar los dólares libres. Pero también es más que claro que la caja en divisas que tiene el Banco Central es exigua. Si no hay ingreso de más dólares, ¿cuán negativas podrían resultar las reservas netas del BCRA a fin de este año 2024?
Se genera una dicotomía entre los fuertes vencimientos de deuda y la falta de financiamiento, que explica la preocupación del mercado financiero y que es el fundamento por el que la tasa de riesgo país siga en la zona de los 1.500 puntos. Con ese nivel de riesgo, que marca la sobretasa que debe pagar la Argentina para conseguir financiamiento, al gobierno se le hace difícil, por no decir imposible, conseguir dólares. Está atado a que los bonistas (y los principales son los de los Estados Unidos) refinancien sus vencimientos.
Y solo lo harán si pueden cambiar sus acreencias por activos y recursos naturales que la Argentina tiene en abundancia y que le hace decir al embajador de los Estados Unidos en nuestro país, Marc R. Stanley: “La Argentina tiene lo que el mundo necesita”.
Esos grandes capitales estadounidenses ya tienen en la Argentina las leyes y decretos reglamentarios para cambiar los títulos de deuda por nuestros activos y nuestros recursos naturales.
Ejemplo de lo que decimos: el Instituto Baker de la Universidad Rice, el principal centro de estudios sobre hidrocarburos a nivel mundial, que fue creado en 1993 por el republicano James Baker, ex jefe de Gabinete y ex secretario del Tesoro y de Comercio durante las presidencias de Ronald Reagan y George H. Bush (padre), organizó una reunión a mediados de agosto de 2024 en Houston, Estados Unidos, con los gobernadores de Neuquén, Rolando Figueroa; Río Negro, Alberto Weretilneck; y de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella. También se hicieron presentes Sergio Tomás Massa y Horacio Rodríguez Larreta, a quienes, en el año 2023, Marc R. Stanley les pidió que se unieran en una sola fórmula electoral. La pregunta obligada es: ¿a qué fueron?, ¿qué se trató?, y lo más importante, ¿qué se acordó?
Rusia, que es miembro del protocolo de estudio de 1959 de la Antártida y ha llevado a cabo programas de mapeo y sondeo de la geología antártica, tanto terrestre como submarina, indica que sus navíos de investigación habrían descubierto en el polo sur reservas de hidrocarburos equivalentes a 511.000 millones de barriles de petróleo, una cantidad aproximadamente diez veces mayor que la producción total del Mar del Norte en cincuenta años. Estudio que comunicó BRICS News, el canal oficial del grupo que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Según el Tratado Antártico y el Protocolo de Protección al Medioambiente, firmado en 1959 por los siete países que reclaman territorio propio sobre la Antártida (Argentina, Chile, Nueva Zelandia, Australia, Reino Unido, Francia y Noruega), más Estados Unidos, Bélgica, Japón, Sudáfrica y Rusia, está prohibida cualquier tipo de explotación sobre minerales, no así la investigación científica. Ese tratado vence en el año 2048.
En síntesis
En el complejo marco descripto, la Argentina es deudora con los “bonistas” y con el FMI de una deuda no investigada. ¿Cómo puede ser que la deuda bruta pase de 222.703 millones de dólares de diciembre de 2015 a 452.071 millones de dólares al 31 de julio de 2024 y no se informe en qué se gastó? Un gobierno que dice creer en el libre mercado apátrida acepta la deuda dejada por Cambiemos y por el Frente de Todos, convirtiendo en deuda pública (bonos del Tesoro de la Nación) el déficit fiscal de 2023 y las Leliq y demás pasivos remunerados del BCRA.
Por supuesto, dicha deuda es funcional a los acreedores que van a emplear esos títulos al 100% de su valor nominal, aunque la cotización de mercado es en torno al 55-60% de su valor, para considerarlo capital del RIGI.
Y esa es la fortaleza de este gobierno, que ya ha perdido respaldo de la población y de los empresarios locales que venden en el mercado interno, ante un consumo global que decrece día tras día. Población que ahora sí percibe que el ajuste fiscal y económico no es para equilibrar las cuentas o la macro economía, sino para que queden saldos para pagar los servicios de la deuda y que se reduzca el mercado interno para aumentar los saldos exportables. El hambre y la depresión económica son objetivos buscados por el gobierno de Milei.
Por eso, en la ley 27.742 y en el decreto reglamentario de la ley, que se hizo por partes, y el viernes 23 de agosto de 2024 mediante el decreto 749/2024 la reglamentación del RIGI, priorizan las ventas al exterior de nuestros recursos naturales (agua, petróleo, gas, oro, hierro, minerales raros, litio, etc.) sin obligación de autoabastecer el mercado interno e incluso se le da la prioridad a la utilización de dichos recursos naturales al emprendimiento constituido en VPU (Vehículos de Proyecto Único), donde la autoridad de aplicación es el Ministerio de Economía de la Nación.
Para pagar una deuda que no se sabe a ciencia cierta cómo se generó y a quiénes benefició y beneficia, se le miente a la población sobre la necesidad de que vengan los capitales a explotar nuestros recursos, que no le pertenecen a esta administración, sino al pueblo argentino y especialmente a las generaciones venideras, al futuro de la patria.
Eso sí, una vez apropiados de todo, la tasa de riesgo país va a descender, y pasaremos de bandera de remate a bandera blanca, como afirmaba John Adams, Presidente de los Estados Unidos entre 1797 y 1801: “A los pueblos se los domina por la espada o por la deuda”.
[1] «Posición de inversión internacional de residentes argentinos», P. 24, Cuentas Internacionales, Vol 8, N.º 2 Primer Trimestre 2024, INDEC. A su vezm la exteriorización de activos en el “blanqueo” del gobierno de Macri fue de 116.800 millones de dólares y permitió que ingresaran al país 9.522 millones de dólares.
[2] El Consejo Empresarial es una asociación de los directores ejecutivos de las empresas comerciales más importantes de los Estados Unidos, conformada por 200 miembros. La membresía es personal, no corporativa, y sólo se puede obtener por invitación.
[3] Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, que hace que principalmente la minería y el petróleo, que están operados por grupos concentrados locales y del extranjero, gocen de un sistema impositivo y laboral totalmente separado del resto del país. Un enclave en la Argentina que no está obligado a liquidar las divisas que obtengan de sus exportaciones a partir del quinto año, y cuentan con estabilidad fiscal por 30 años.
Primero, el contexto: Juan Gabriel Tokatlian sentado ahora en la misma silla de la misma sala de la editorial Siglo XXI donde conversó incansablemente durante varios viernes con la periodista Hinde Pomeraniec sobre política internacional. Segundo, los antecedentes: es sociólogo, ex vicerrector de la Universidad Di Tella y actual profesor plenario en esa casa de altos estudios, a punto de cumplir 42 años desde que dio su primera clase sobre política internacional en la Universidad de los Andes, en Bogotá, Colombia. Tercero, la profundización del tema: acaba de publicar Consejos no solicitados sobre política internacional, un libro que así como aporta claves esenciales para entender la coyuntura global, genera un abanico de disparadores para buscar entender más el mundo que nos rodea. Desde la mirada sobre Javier Milei en el exterior a los riesgos del quiebre de la tradición diplomática argentina que lleva adelante el Gobierno. Desde los alarmantes efectos del ascenso de una Internacional Reaccionaria al proceso de inestabilidad planetaria por la disputa entre Estados Unidos y China y la amenaza de un desencadenante bélico.
Contexto, antecedentes y profundización es la lógica que guía el texto de Tokatlian en sus capítulos, que versan sobre EE.UU. y China, Rusia y Medio Oriente, el avance de la ultraderecha y el fracaso del progresismo, la importancia de la diplomacia y la problemática argentina sobre Malvinas. Una lógica que permite –con su trama conversacional y accesible para el público no especializado– construir una brújula efectiva para saber dónde estamos parados en la coyuntura actual, la misma que se permite Tokatlian en su lúcido análisis en esta entrevista de una hora y media con elDiarioAR. “Necesitamos recuperar más la historia para que se entiendan los sucesos, las tensiones, los legados y el peso que tienen. No hay que pensar que esto es excepcional, único, sino que simplemente tiene sus singularidades. Porque hay otros acontecimientos históricos de otros países donde alguna de estas cosas ya han sucedido”, enseña el reconocido académico.
–Así como invita el título del libro, si tuviese que darle un consejo no solicitado al Gobierno sobre política exterior, ¿cuál sería la principal idea?
–En política exterior no hay que romper todo. Este es un país que en política exterior ha tenido anuncios de refundación muy habituales. Y hay que reconocer que hay continuidades que le han dado a Argentina un lugar en el mundo, por lo que producir virajes drásticos puede dar un dividendo electoral o ya en la gestión, pero en el corto y mediano plazo pueden generar la sensación de que Argentina ha abandonado posiciones históricas. En la diplomacia, como en la guerra o el ajedrez, las negras juegan.
–“Las negras juegan” es una frase constante en el libro. ¿Qué significa en diplomacia?
–Los otros están viendo, están escuchando, están leyendo, están interpretando. En definitiva, están tratando de precisar hacia dónde va Argentina. Toman nota y piensan “qué raro esta posición del país si siempre hizo esto otro”. Tenemos una larguísima tradición en materia de derechos humanos, cuestiones de género o en medio ambiente. Hemos sido un jugador fundamental en la no proliferación de armas nucleares gracias a nuestro mecanismo de verificación recíproca con Brasil. Cuando hay posiciones tan discordantes con esa buena tradición, lo que hoy parece ser algo propio de una genialidad puede terminar a la larga siendo algo definitivamente torpe.
–Justamente en el libro hay un capítulo sobre la importancia de la diplomacia y su diferencia con la política exterior. Y se habla del déficit de la diplomacia de las mujeres, cuando tenemos una canciller que ha dado muestras de cierta inoperancia. ¿Cómo analiza la diplomacia y la política exterior libertaria?
–La diplomacia es un medio prudencial y discreto que, digamos, lleva el disco duro de un país. Pero el gobierno de Milei es el mayor ejemplo de antidiplomacia que uno puede encontrar. Entendiendo por antidiplomacia un término que ya fue acuñado en los años 50 por un estudioso británico que decía que las ideas utópicas o drásticas de transformación pueden terminar en distopías terribles. La antidiplomacia se refleja en confundir la atención personal con la salvaguarda de los intereses nacionales. Milei procura una reestructuración plena de la política exterior argentina, que trasciende a las otras tres M que hemos tenido antes: los militares, Menem y Macri. Esta cuarta M es más ambiciosa. Y esa reestructuración está en el ADN de muchas de los anuncios, decisiones y votaciones del país.
–El Gobierno se alineó con Estados Unidos y se puso en la vereda opuesta de, por ejemplo, China, su principal socio comercial.
–Es inusual en el mundo anunciar aversiones muy rápidamente. Uno no dice “No me gusta este”, “no quiero tener relación con tal país”. Cuando uno marca aversiones, tiene que estar preparado para las retaliaciones.
–Otra vez, las negras juegan.
–Las negras juegan, efectivamente. Es muy insólito plantear una política anti-China, anti-Rusia, anti- Irán, anti-Palestina, anti-Venezuela. Porque delimitado el territorio en el cual uno quiere operar, tiene que estar dotado, preparado, atento diplomáticamente y en materia de inteligencia y de defensa, porque las consecuencias pueden ser entre malas y peligrosas. Entonces, ¿tiene política exterior el Gobierno? Categóricamente, sí. Pero tiene un esquema claramente anti-diplomático.
El último libro de Tokatlian fue producto de una serie de conversaciones con la periodista especializada en temas internacionales Hinde Pomeraniec.
–¿Cómo es visto Milei en el mundo? ¿Qué rol ocupa en lo que usted llama en un capítulo particular la Internacional Reaccionaria?
–Es difícil encontrar en los últimos 20 o 30 años un mandatario argentino, individualmente hablando, que haya concentrado tanta atención internacional. Es elocuente y tiene que ver en un contexto en el cual hay un avance de una ultraderecha o una derecha radical, cada vez más visible y cada vez más con más posibilidades de control de gobiernos o competitivos en términos electorales. Él aparece como una figura también extrema en su extravagancia y en sus postulados, y esto genera una atención notable. Y no es al azar porque hace gala de ello.
–¿En qué medida impacta esa visión externa con la política interna?
–Yo vivo en el siglo XX; es decir, no tengo ni Twitter, ni Instagram ni nada, pero me llama mucho la atención cuando algunos amigos me mandan cosas sobre cierto fervor acotado, pero fervor al fin, que tienen sus seguidores respecto a que ahora estamos en “las ligas mayores”. Esa expresión deviene en el hecho de que él sabe que esta atención internacional tiene un dividendo interno. Puede ser acotado, pero está entre aquellos que son más fervorosos y activos.
–En el macrismo el latiguillo era “volvimos al mundo”.
–Sí, pero ahora esto es distinto: ahora es “cambiaremos el mundo”.
–Una idea exagerada. ¿Al menos puede tener algún alcance local?
–No siempre la atención internacional es coincidente con la defensa del interés nacional. Son dos cosas muy distintas. ¿Se fortalece el interés nacional, mejora el bienestar colectivo, muestra un grado de autonomía externa, refuerza la seguridad del país? Diría que poco y nada. Entonces sí contrasto interés y atención internacional con interés nacional. Ahí hay una enorme brecha. Y es evidente que Milei accede a eventos internacionales que poco tienen que ver con las necesidades concretas del país, porque son en su mayoría conferencias o reuniones político partidistas o ideológicas. Está bien que las tenga, pero es usual. Y en ningún periplo que ha hecho ha logrado nada para el comercio argentino, un acuerdo, una firma de un compromiso, la certeza de una gran inversión o exportaciones. Ahí hay un tema entre lo estrictamente individual y lo que yo llamaría la necesidad nacional en esta coyuntura en particular, porque es una paradoja.
–¿Dónde está la paradoja?
–Milei vino para alimentar al sector privado, para darle robustez al sector privado, para insertar a la Argentina con los negocios, pero nada de esos periplos tiene nada que ver con eso. Y contrasta con el hecho de que a los eventos estrictamente políticos y particularmente multilaterales tiene una tirria elocuente. No fue al principio de este año a la cumbre de CELAC, no fue a la cumbre de Mercosur, y casi a exigencia de Italia fue la reunión del G7. Y de esos encuentros, más algunos bilaterales como el que tuvo con Olaf Scholz, el canciller alemán, o con Giorgia Meloni, en Italia, prácticamente no tenemos referencia de prensa. Es como si la parte del diálogo político no fuera con él. Milei quiere ir a un evento donde lo aplaudan. La atención es que él sea el centro de la atención. Ahora, si se sienta con Scholz y le habla de la escuela austriaca de economía, supongo que Scholz se daría vuelta y diría “qué está pasando acá”.
Milei accede a eventos internacionales que poco tienen que ver con las necesidades concretas del país, porque son en su mayoría conferencias o reuniones político partidistas o ideológicas. Está bien que las tenga, pero es usual. Y en ningún periplo que ha hecho ha logrado nada para el comercio argentino, un acuerdo, una firma de un compromiso, la certeza de una gran inversión o exportaciones
–¿Hay un antecedente de un presidente que haya viajado tanto sin ser recibido como jefe de Estado?
–No conozco antecedente de que en un primer semestre un presidente haya ido tanto a Estados Unidos. Menem, por ejemplo, visitó 22 veces Brasil, con reuniones bilaterales o multilaterales para arreglar problemas del Mercosur, para hablar del futuro de la región, para cumbres que involucraron actores externos, para enmendar algunas disputas comerciales bilaterales, para visitas formales de Estado. Viajaba mucho pero con propósitos muy específicos, tanto políticos como comerciales. Y no hacía gala de ello en términos de un recurso personal.
–En cuanto al rol de Milei en esta Internacional Reaccionaria, ¿tiene peso su bandera del anarcocapitalismo?
–Dónde él ha ido no son cónclaves multitudinarios o masas moviéndose. Son grupos muy bien organizados, ideológicamente homogéneos, con muchos recursos de distintos sectores, donde tiene influencia su visión del anarcocapitalismo. Todo el mundo está atento a ver cómo será este programa extremo que ninguno de los países donde está la ultraderecha pretende llevar a cabo. No se le ocurre a Meloni hacer eso, ni creo que se le ocurra a Trump si es que triunfase en las elecciones.
–¿Es vital para el proyecto de Milei que Trump gane las elecciones?
–Existe una relación de afinidad obvia, pero es más un encantamiento de Milei con Trump que de Trump con Milei. Hoy las elecciones de Estados Unidos parecen más abiertas, pero imaginemos a los fines prácticos que ganase Trump, ¿cuál es la situación que va a heredar? Si los supuestos son correctos, Estados Unidos entró en un periodo de una corta recesión, las tensiones con China siguen escalando, la guerra en Ucrania es un pantano, en Gaza la tragedia va a continuar y el tema migratorio va a ser su punto central. Dado todo lo que estoy diciendo, Argentina y Milei van a estar un poco en un plano distinto y distante de eso. Segundo, dado el fracaso del plan del FMI del 2018, que Estados Unidos empujó para que sea aprobado, y si Argentina no resuelve los problemas graves que tiene de acá al primer semestre del próximo año, ¿por qué Trump volvería a insistir en lanzar un salvavidas vía el FMI, que ya está suficientemente harto de Argentina? ¿Por qué correría el riesgo de que se enfrente a una burocracia interna en el FMI y que le digan “no, no puede ser otra vez”?
–¿Pero tiene Milei algún valor geopolítico para EEUU? Hace poco el propio Trump lo mencionó en una conversación con Elon Musk.
–El único tema por el que la relación puede ser más estrecha, pero por decisión de Argentina, no por pedido de Trump, es el sesgo anti-China. Estados Unidos encontró un aliado ahí, sin buscarlo. Un presidente de los tres más grandes de América Latina que se volvió totalmente antichino. Washington no le exige nada de eso. Ahora, hecha esa cuña, no dudo que con Trump buena parte de los intereses del Departamento de Estado y más el Comando Sur para América Latina estén mirando hacia acá. Si Argentina quiere comprar más aviones o si Argentina quiere este eventualmente aplicar a ser socio global de la OTAN, Washington podría empujar. Aunque para recibir ese estatus necesita el consenso de todos los miembros, lo cual lo veo difícil porque está el Reino Unido.
«Con Estados Unidos existe una relación de afinidad obvia, pero es más un encantamiento de Milei con Trump que de Trump con Milei», dice el profesor Juan Gabriel Tokatlian. Prensa UTDT
–Pensando en el otro actor global de peso, a partir del posicionamiento de Milei, ¿podría China jugar sus negras contra Argentina?
–No creo que vaya a haber una retaliación de China en materia del swap. Pero Argentina ha reducido sus importaciones de China temporalmente, por lo menos en estos primeros siete meses, entiendo que casi el 40%. Bueno, China le comprará a otros países. Pero China también es un país que va a empujar menos una agenda en la cual se comprometió siempre con Argentina, como el reclamo por la soberanía de Malvinas.
–Usted habla de evitar una diplomacia dogmática, y ante el tema de Malvinas analiza las vicisitudes del país en ese reclamo en un capítulo exclusivo. ¿La falta de creatividad política que allí analiza se profundiza con Milei?
–Argentina le dijo no al BRICS, tradicional soporte en el tema. Podemos sumar los 57 miembros de la Organización de Cooperación Islámica, que se habrán sentido muy ofuscados con la decisión de mudar la embajada a Jerusalén. Más todos los países de América Latina a los cuales el Presidente ha insultado o maltratado, tenés entre 70 y 80 votos en el mundo. En algún momento esas cosas aparecen. De hecho, aparecieron con un incidente que hubo entre el representante argentino en Naciones Unidas y la Cancillería a raíz de la reunión de este año del Comité de Descolonización, donde apenas se mencionó el tema de Malvinas, no con la fuerza histórica de otras veces. Y desde el año 96 por primera vez el Mercosur no se pronunció sobre Malvinas.
–¿Es llamativo que Milei, siendo un referente de la ultraderecha, tenga un perfil tan antinacionalista? No es el caso de Trump o de Bolsonaro.
–Hay una visión algo peculiar del nacionalismo argentino en ese sentido. Milei cree que vinculado más a Estados Unidos, como lo mostró cuando fue a visitar a Tierra del Fuego a la generala Laura Richardson, hay un camino para la recuperación de las islas, dado que Malvinas toca una fibra interna muy profunda. Es una forma sui generis de defender algunas cosas, que no se refleja en el nacionalismo típico, aunque tiene una vicepresidenta que se autodesigna nacionalista también. Hay que ver cómo termina de operar esa fórmula.
–Por fuera de Milei, y yendo a una mirada más global de la actualidad, en el comienzo del libro afirma que vivimos un momento de transición, “sin piloto”, donde hay un gran viraje hacia un mundo post occidental, con dos formas distintas de capitalismo: EEUU y China. ¿Ese traspaso de poder es un proceso ya irreversible o está por desencadenarse aún?
–Podemos pensar dos enfoques sobre esta disputa entre Estados Unidos y China, o más ampliamente entre Occidente y Oriente. Una es la tesis que hace eje en los ciclos y la transición de poder: hay un poder dominante que empieza a erosionarse y hay un poder ascendente que empieza a tener un auge. Cambia el poder relativo de los actores protagonistas: EEUU está declinando y ahora parece ascender China. Otro enfoque toma la idea de Gramsci de que lo viejo no deja de perecer y lo nuevo no termina de aflorar. Ahí también hay un largo ciclo que se denomina interregno, entre lo que culmina y lo que se consolida. En ambas perspectivas, aunque vienen de escuelas distintas, hay una idea de un desenlace. Va a ocurrir, es inevitable. El punto que intento hacer en el libro es decir que las perspectivas ayudan, pero son insuficientes. Por lo tanto, hay que ver qué tipo de orden impera. Yo uso la noción de un orden no hegemónico, con lo que quiero decir en buena medida que EEUU, a pesar de su relativa declinación, no está en decadencia total. Y China, a pesar de su ascenso, no tiene una capacidad hegemónica plena.
–¿Qué implica un orden no hegemónico para el resto del planeta? En el libro aparece una clara postura de que no atravesamos una nueva Guerra Fría.
–Un orden no hegemónico es un orden en el cual los contrincantes tienen hegemonías parciales pero no totalizantes. Y es un equívoco pensar que esta relación entre Estados Unidos y China es un espejo de la relación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Esta relación es mucho más compleja e intensa, pero también hay una tendencia al desacople, particularmente de parte de Estados Unidos para no depender de China en ciertos bienes críticos que tienen un uso dual y a tratar de empezar una competencia mayor en el campo tecnológico, buscando otros socios. Otro equívoco es pensar que China es parte del sur global, como en su momento Cuba planteaba que el aliado natural de los no alineados era la URSS. Pueden los chinos utilizar ese lenguaje o en América Latina decirse que hay una amistad natural con China, pero China va a procurar sus intereses estratégicos. Opera con otra dimensión temporal y con otros propósitos mucho más ambiciosos.
Tenemos muchas demostraciones de algo que está latente peligrosamente. Pareciera ser que en el mundo estamos fatigados con la paz
–¿Por eso habla de una disputa de “dos nortes”?
–Es que en realidad no tenemos un esquema este-oeste o norte-sur. Tenemos dos nortes, un norte liderado por Estados Unidos, muy cohesivo, y otro norte encabezado de manera muy difusa por ahora por China. Y tenemos que entender esa dinámica en un marco de orden no hegemónico.
–Remarca que la disputa es entre sistemas políticos diferentes, entre democracia liberal y autocracia o autoritarismo. ¿Esa ecuación podría cambiar si, por ejemplo, vuelve Trump al poder? Es decir, con la derecha reaccionaria más envalentonada en el poder en la máxima democracia liberal, ¿es descabellado pensar que podría convertirse en una autocracia?
–Hay una fenomenal regresión democrática en el mundo, que afecta básicamente a Occidente, no solo a América Latina, sino a Europa y Estados Unidos. ¿Eso significa que crecen las autocracias vía el modelo chino? No, no significa eso. Lo que tenemos son cada vez más formas híbridas, complejas, que tienen rasgos claramente autoritarios, pero que guardan alguna semblanza democrática, de la misma manera que tenemos democracias más deterioradas pero que tienen cada vez más rasgos autoritarios. Hay que prestar más atención a qué está pasando con estos modelos híbridos, qué va a significar esto para el conjunto de valores que están en juego y cuáles son los valores que ahora las sociedades demandan más.
–En el libro señala al miedo como un motor de las derechas reaccionarias, luego de mucho desencanto con la democracia y el progresismo.
–Hay una agenda incumplida de la democracia. Se ha desmantelado el Estado de bienestar en la mayoría de los países y hay cada vez más inequidad y desigualdad. En muchos casos se han resuelto problemas de pobreza grave, sin duda, pero las inequidades y brechas son crecientes. Hay un militarismo rampante. Hay líderes de ultraderecha que están moviendo la migración hacia una agenda totalmente regresiva. Y eso está transformando las sociedades. De la misma manera, en Oriente los niveles de desigualdad son grandes y graves; en China, en India. El retorno a formas nacionalistas poco cosmopolitas en esa parte del mundo es elocuente también. El militarismo es creciente. Entonces tenemos muchas demostraciones de algo que está latente peligrosamente. Pareciera ser que en el mundo estamos fatigados con la paz.
–Esa fatiga de la paz la plantea en conjunto a que está “normalizada” la eventualidad de una gran guerra. ¿Lo que llama “catarsis reaccionaria” podría acelerar el escenario belicoso?
–Estamos en una encrucijada de debilidades, tensiones, contradicciones y no sabemos por dónde salir. No hay una sensación de mejoramiento. Y podría ser más belicoso el escenario. Es inquietante porque ya tenemos muchos puntos calientes en el mundo. Y la disposición a resolver alguno es bajísima. Estamos en una era que yo llamo “oscurismo”. No es una era irracional, es una era en la cual se está degradando la convivencia colectiva, primero a nivel interno y luego entre naciones y entre pueblos. Y eso es más perceptible en Occidente. Lo cual me hace una persona moderadamente pesimista (risas).
–En esta crisis de la democracia, ¿qué rol tienen las tecnológicas y millonarios? En la tapa del libro aparecen todas figuras gubernamentales menos una: Elon Musk.
–El papel de las tecnológicas en la Internacional Reaccionaria es muy importante y cada vez más. Y hay fundaciones de millonarios que apuestan a una agenda social contra el aborto, contra el derecho reproductivo y cuestiones de género, contra el cambio climático. Esos subgrupos alimentan con recursos, publicidad y difusión esa agenda. Y a las tecnológicas se sumaría el mundo financiero: si sumamos las fortunas de las personas que están al frente de esas dos ramas superan, con creces 50, 60, 80, 90 países juntos. Tienen una capacidad de decisión y de incidencia enorme.
–¿Cómo actúan los actores no estatales?
–Hay una proliferación de actores no estatales que tenemos que comprender mejor. Hay evidencia de un crecimiento del crimen organizado, en trata de personas, narcotráfico, desechos químicos, armas ligeras. Son actores que tienen un poderío notable y en algunos países con una capacidad de incidir en la vida política, social y económica, entrelazados a su vez con actores estatales que permiten que haya altos niveles de corrupción que facilitan los contactos, o sistemas bancarios que reciben los recursos de estos sectores y los blanquean.
–En el libro se plantea cierta responsabilidad también del progresismo. ¿Queda sin embargo crédito para detener el avance reaccionario?
–Hay una enorme insatisfacción en el mundo, desde los 90 en adelante con más claridad, con el progresismo. No alcanzaron a cambiar la correlación de fuerzas y si hubo logros fueron parciales o temporales. En la segunda década de este siglo tuvimos además en Europa, como en América Latina o Estados Unidos, experiencias de centro derecha o de derecha clásica, que tampoco lograron equilibrar la economía, hacer crecer los países y, por sobre todo las cosas, resolver los problemas de malestar social. Luego hay un retorno de experiencias progresistas que no resolvieron políticas públicas indispensables en educación, en salud, en seguridad, en justicia, etcétera. Entonces ahora lo que tenemos es una ola de ultraderecha. Ya no los conservadores del pasado. Ahora tenemos los ultras, los extremos, las derechas alternativas, reaccionarios. Mi impresión es que en esta ola los sectores no estatales se van a empoderar aún más. Y siento que ahí hay algo que todavía no estamos viendo. Paralelamente hay una sociedad civil internacional que está pugnando por la defensa de los derechos humanos, por terminar con la guerra y poner limitaciones a los poderosos, pero todavía no tiene un modelo alternativo y atractivo, particularmente para los jóvenes. Los jóvenes del futuro parecen hoy no tener futuro.
El concepto «grieta» fue instalado en Argentina por el Sr. Jorge Lanata (2), un mediático periodista que supo transitar -con un ahora menguado entusiasmo por enfermedad pero con una diseminación exitosa del concepto- el amplio campo de las incoherencias humanas permanentes. Lo aplicó como contexto crítico hacia el populismo como teoría política y -en particular- como cuestionamiento al gobierno nacional de Cristina Kirchner (según surge de su columna de opinión diario Clarín, del 13 agosto 2013).
Sus argumentos primarios -aunque desconozco si él mismo alcanza a distinguirlos- fueron desconocer la confrontación permanente como condición de viabilidad de la democracia y reconocer la necesidad de un antagonismo regulado con los medios de comunicación como verdadera oposición a las políticas gubernamentales. CFK había instalado esa grieta -según él- para separar buenos de malos, blancos de negros, sucios de limpios. Como hoy impulsa Milei: «hombres de bien» aquí, «hombres de mal», allá. En su análisis, esa grieta afectaba y dividía a los argentinos e impedía la felicidad eterna de la unión nacional.
Esa misma unidad -insustentable, y hasta algo irracional- la vivimos en la Plaza de Malvinas con Galtieri y hoy se anuncia como retroceso alegórico y perspectiva del futuro brillante frente a un mundo ansioso por recibirnos, de nación alineada con la modernidad (léase los EEUU y Europa) y de país deseoso de volver a principios del siglo pasado en una historiografía oficial de retorno al camino de presunta potencia mundial. Igual que Macri que esperaba ser un supermercado sin marcas propias. Ello en el marco de un curioso escenario de tarot, paseos bíblicos y personajes bizarros donde existieron combativas pancartas; de truculentas frases y poses sexistas donde se vivieron trascendentales discursos de nuestros mejores estadistas y de desafinaciones de vergüenza ajena en el lugar donde Evita convocó a la defensa de los intereses populares. Toda una simbología del espanto sobre el presente que observamos atónitos. Como para no ocuparnos!
El término «grieta» así aplicado deviene en realidad de una geologización (se me disculpe el neologismo) de la política, una cuestión natural que siempre se forma desde una fisura que es provocada por la propia naturaleza en sus procesos de contracción. El todo era todo, hasta que se agrietó. No porque un destino voluntarioso (valga el oxímoron) lo hubiera deseado sino por las propias tendencias sociales, históricas y de la naturaleza humana.
Los historiadores económicos no están de acuerdo sobre los orígenes del mercado. Pero el cuento clásico de que sustituyó al trueque y significó una modernización económica del medioevo para facilitar las operaciones, ya no se acepta con facilidad, al menos entre los investigadores más serios y documentados. Hoy aceptamos que el Mercado es un tipo de poder que permite la gobernabilidad del sistema económico. Así de simple.
Se sabe, desde Aristóteles y Platón a esta parte, que la sociedad civil siempre miró con desconfianza las condiciones y efectos de la creación del Mercado y sus avances. El Mercado fue el sustento de los mercaderes, los industriales, los financistas, los burócratas para organizar y ordenar la apropiación de las riquezas sociales, las que se producían en común. Comenzaban a concentrar el poder en pocas manos y «agrietaban» la riqueza común para apropiarse de cada vez más porcentaje de la misma en detrimento del pueblo.
Los interesados economistas vinculados a aquellos mismos grupos, impusieron como tipología única la del Mercado, una forma ideológica de interpretación y acción sobre las actividades humanas. El matrimonio, el delito, los órganos humanos, los niños y niñas, la solidaridad, la compasión por los animales, la sexualidad, el arte, la música, la educación, cualquier realidad -inclusive la religiosa- en la que tenga intervención el hombre puede ser entendido como un mercado portador de una demanda, una oferta y un precio. Por ejemplo, una demanda de esperanza, una oferta de religión y un precio de liturgia. Y dado que la condición del hombre es su libertad, esos mercados deben ser libres de cualquier interferencia social. Esa es la teoría: los intereses del individuo predominan ante las necesidades de la sociedad y el más fuerte desplazará al más débil que será sometido sin protección.
De resultas de ello, cuando habla el Mercado, hablan algún tipo de poder económico. Para la economía ortodoxa el mercado no somos nosotros, los consumidores, sino los productores; no somos nosotros, los trabadores, sino los empresarios; no somos nosotros, lo que usamos tarjetas de crédito, sino los bancos; no somos los que cargamos combustibles, sino las petroleras; el mercado es la ficción de la sujeción de la dependencia y las reglas del mercado son los condicionantes vitales de nuestra existencia.
Cuando se dice «veamos cómo va a reaccionar el mercado», se quiere decir «veamos que dicen los poderosos». Y obviamente los poderosos, siempre, en todas las circunstancias, hablan por sus conveniencias, que no son las del pueblo. Desconfiemos si nos dicen que «el mercado reaccionó bien» porque caerá una pena sobre nuestros bolsillos.
La verdadera grieta entonces es dialéctica y es necesaria para que podamos avanzar en la construcción de consensos de base humana. Si se puede. Caso contrario sirve para identificar el campo de batalla. Y creo que la verdadera y profunda grieta está entre la Sociedad y el Mercado; entre la Política y la Economía y si la política se ve cooptada por la gerencia, por la dirección de la economía, no cabe esperar sino que la grieta se acentúe en silencio, profunda, entre sombras, los agrietadores ya no aparecerán con denuncias en programas de televisión y en periódicos, sino en los subterfugios de la realidad disimulado con un velo tenue y apenas perceptible. Pero cuando advirtamos que la grieta social se ha extendido y profundizado lo suficiente, puede que sea demasiado tarde para la paz y la armonía social.
En su historieta Goscinny salvó la grieta con el triunfo del amor y Uderzo dibuja figuras sonrientes y alegres. Yo no estoy tan seguro de que nosotros podamos transitar ese camino y terminar tan bien. No al menos mientras el pueblo admita que los gerentes del Mercado se ocupen de las cosas de la Sociedad y acepte que los políticos sean topos que buscan destruir el bien común.
(2) Título inspirado en René Goscinny y Albert Uderzo que incentivan la imaginación y deleitan el espíritu en su serie de historietas Asterix y Obelix y que nos enseñan sobre grietas en «La gran zanja», Nro. 25, Salvat Editores, 2014.
La idea del cambio ha sido un tema de creciente interés en los estudios internacionales. Esta idea gira en torno a las condiciones, las fuentes, las orientaciones, los impulsores, los motivos y los alcances del cambio en política internacional. Si bien el análisis comparado, el estudio de caso y la evaluación de un mandato específico han sido las notas predominantes, trabajos recientes sugieren que es crucial evaluar el largo plazo y de modo más sistemático las políticas exteriores que buscan el cambio.
La Argentina del último medio siglo ofrece cuatro ejemplos notables de intentos de cambio sustancial en el ejercicio de la política internacional: los militares, Menem, Macri y Milei. En efecto, la dictadura de 1976–83 le dio un nombre a su proyecto de modificación drástica en lo interno y lo externo; “proceso de reorganización nacional”. Con Menem se dio un nuevo experimento de giro trascendente en política exterior, que Alejandro Frenkel llamó “proceso de refundación”. Con Macri, la expresión dominante en la campaña electoral y durante la gestión gubernamental en materia internacional fue la reinserción. Finalmente, a mi entender, la característica principal de la política exterior de Milei es la reestructuración, que para Holsti significa la transformación fundamental de los patrones habituales y lineamientos básicos de la conducta de un país en el frente internacional. En los gobiernos de las cuatro M estamos frente al intento de producir un cambio contundente en política exterior. La experiencia que estamos conociendo, la del gobierno del presidente Milei, es muy probablemente la más extrema.
Los cuatro ejemplos tienen varios puntos en común. Primero, subrayan la existencia de un gran pasado nacional que se extravió por yerros, desatinos, torpezas y descarríos. Se afirma que algunos gobiernos y mandatarios se alejaron del curso correcto –pues hubo un momento de gloria– y llevaron a la Argentina por un sendero insensato e irresponsable. En consecuencia, es imperativo rectificar y proponer un cambio integral.
Segundo, para cada administración decidida a corregir el desbarajuste acumulado, el período o mandato que condujo a tal situación de tropiezo y caída ha variado: la post Segunda Guerra Mundial, los gobiernos civiles durante la Guerra Fría, el primer peronismo y los sucesivos, la promulgación de la Ley Sáenz Peña de 1912 hasta hoy. Sintéticamente, se asume que hay un momento identificable en el que comienza un declive para la Argentina que nadie supo detener. Así, los gobiernos de las 4M llegaron para hacer que la Argentina “vuelva al mundo”, al lugar que nunca debió perder. Pienso que detrás de este diagnóstico y propósito se esconde lo que podría llamarse un “síndrome narcisista”. Cada vez es mayor la frustración nacional, al tiempo que el país se vuelve cada vez más dependiente de la condescendencia externa. A la desilusión le sigue la sobrestimación.
Tercero, volver al mundo significó -y sigue significando- volver a Occidente, como si en cada peldaño decreciente hubiéramos dejado de ser una nación meridional de ese Occidente. Pero en realidad de lo que se trata es de abrazar a Estados Unidos. Como si el Occidente septentrional, con Washington a la cabeza, no se hubiera transformado y el sistema mundial no viviera mutaciones apreciables. De hecho, desde la década de los ochenta del siglo XX, las transformaciones y los reacomodamientos globales de un mundo post-occidental han sido pronunciados. El epicentro de gravitación mundial se desplazó hacia Oriente, y el orden mundial carece de un centro hegemónico y tiene dificultades para que las grandes potencias aseguren hegemonías parciales (en lo geográfico y temático).
Cuarto, en cada uno de los intentos de cambio en política exterior -como proyección de la política interna y del lugar que se aspira tener en el escenario internacional- se añadió un esfuerzo denodado por producir un cambio cultural. La deseada metamorfosis interna y externa debería ser honda y perdurable. Con términos distintos y expresiones de urgencia, los militares, el menemismo y el macrismo ambicionaban una suerte de nueva configuración cultural que produjera dinámicas estructurales alternativas e innovadoras para dejar atrás un legado que no admitía claroscuros. El mileísmo va más allá: se declara propiciador de una “batalla cultural”, lo que implica una perspectiva beligerante que pretende una nación con vencedores y derrotados. Ahora sí hay que ir por todo.
Quinto, en los cuatro ejemplos señalados, el cambio en política exterior estuvo acompañado del anuncio de un doloroso ajuste temporal que, más temprano que tarde, generaría estabilidad económica y bienestar social. El componente externo, entonces, resultaba funcional para esa espera y se concebía como un ancla adicional para que los padecimientos transitorios fueran avalados por actores internacionales cruciales. En su debido momento, Occidente no salió en defensa de los militares; menos aún a raíz del conflicto de Malvinas. Tampoco lo hizo para rescatar al país cuando la convertibilidad era ya inviable, a pesar de que Menem había desplegado una indiscutible política de seguimiento a Washington y a Wall Street por igual. Macri no recibió la lluvia de inversiones esperada y volvió a endeudar al país vía un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que ha sido muy oneroso para la Argentina. El brazo salvador de Occidente no llegó o, si lo hizo, solo aceleró un nuevo ciclo de endeudamiento. Habrá que ver qué sucede durante el gobierno de Milei, cuyo eje de actuación internacional es el hiperoccidentalismo; un tipo peculiar de política exterior y de defensa en el marco de la lógica de la aquiescencia.
Sexto, los cuatro ejemplos cubren un vasto espectro político. Se trató de gobiernos militares y civiles, de regímenes autoritarios y democráticos, de administraciones surgidas del seno del peronismo y desde variaciones de la derecha. El afán de cambio en materia internacional ha recorrido distintas gestiones que han ocurrido durante la Guerra Fría y en la Posguerra Fría. Cada ensayo ha creído que tiene fundadas razones para un cambio categórico y suficientes recursos institucionales para concretarlo. Todos han visto en Washington un referente vital para concretarlo. No han ahorrado declaraciones, medidas, votaciones, posturas para congraciarse con Estados Unidos; país que en algunos casos no necesitó presionar o chantajear al gobierno de turno para alcanzar la adhesión argentina. Como bien lo recuerda Robert Keohane, la armonía natural no genera incentivos para la negociación; es el desacuerdo el que permite una cooperación relativamente más equilibrada, así como el regateo y la transacción que beneficia a la parte menos poderosa.
La Argentina del último medio siglo constituye un caso testigo de un recurrente empeño por producir un cambio en política exterior en el contexto más amplio de una gran reforma de la política doméstica. Esto se enmarca en una paulatina pérdida de poder relativo a nivel regional y mundial y un detrimento visible y extendido de las condiciones de vida en el plano interno. A cada desengaño le sigue una propuesta de cambio más rotundo y definitivo.
Como los países que declinan y decaen, la Argentina necesita superar la melancolía, el resentimiento y el ensimismamiento. Melancolía que viene de que para la mayoría de los ciudadanos lo mejor ha sido su pasado y el futuro es poco ilusionante. El resentimiento que surge de la envidia que producen vecinos y distantes. El ensimismamiento que caracteriza a una elite recluida y turbada. Todo esto debilita la autoestima necesaria para que un país se cohesione y acumule poder. Se tiende a creer que el declive proviene de unas fuerzas internas generadoras de todos los males, por esto no debe sorprender la dificultad para obtener consensos mínimos, la imposibilidad de establecer incentivos grupales para revertir la caída y la ausencia de confianza para recuperar cohesión interna y reputación internacional. En consecuencia, como muestran los cuatro casos mencionados, se prueban soluciones expeditivas de cambio en el frente externo e interno, a la espera de que el Occidente septentrional nos rescate de una especie de sino trágico.
Las políticas exteriores que más se han estudiado (e idealizado) son las de los países poderosos. Es escasa la literatura sobre países que declinan. Y menos aún, las que han podido resurgir después de un declive. Sin embargo, de los pocos estudios al respecto recojo ciertos hallazgos que podrían ser útiles para la Argentina. Primero, ningún país ha reconstruido poder, prestigio e influencia solo y principalmente a través de un sistema de alianzas internacionales; la mejor política exterior comienza por una buena política interna en lo productivo, lo social y lo institucional. Segundo, los países que consiguen revertir su declinación procuran socios y amigos externos y no implementan políticas hostiles en el frente internacional; multiplicar y diversificar acompañantes en el exterior significa desdeñar principios binarios (buenos/malos, amistad/enemistad). Y tercero, los países que han podido superar su caída lo han hecho con base en consensos básicos y esfuerzos prolongados; jamás polarizando las sociedades que han conocido los gravosos costos del declive.