La inconsistencia del programa de corto plazo pone en riesgo los vencimientos de deuda del próximo año y medio. Este diagnóstico no exagera ni dramatiza: apenas resume las urgencias del plan de Luis Caputo en el inicio del mes de agosto. Se siguen acumulando presiones devaluacionistas por las distorsiones de la política económica. Mientras se expanden los agregados monetarios, en el Banco Central se estancan las reservas. Entretanto, el Gobierno busca contener la expectativa de depreciar el tipo de cambio oficial con la venta de dólares del BCRA en el mercado del Contado con Liquidación (CCL).
Por el lado de la economía real, el inventario de distorsiones suma también malas noticias: el desplome de la actividad trae como correlato un riesgoso derrumbe de la recaudación, que se retroalimenta en razón del descenso en el ciclo económico.
La variable fundamental de este escenario de incertidumbre es la pésima gestión oficial en el frente externo, que es el factor determinante para cualquier proyecto de estabilización real en un país periférico. Como hemos planteado reiteradamente, el Gobierno no logró estabilizar el sector externo pese a haber producido una mega devaluación del 118% del tipo de cambio oficial en diciembre de 2023. Un salto devaluatorio de tal magnitud no permitió acumular reservas en el segundo trimestre de 2024.
Aquella competitividad inicial se evaporó en mayo, junio y julio, meses de la “cosecha gruesa”, cuando más se la necesitaba. Producto de la liberación completa de los precios, y pese a haber aplicado políticas monetarias y fiscales restrictivas que limitaron la capacidad de los agentes económicos para tener excedentes y convertirlos en moneda estadounidense, el tipo de cambio oficial ya no resulta atractivo. En suma, al BCRA no le ingresan divisas.
En efecto, en el primer semestre del año la incorporación de divisas por exportaciones agropecuarias fue de U$S 11.000 millones. La misma cifra ingresó en el primer semestre de 2023, con el campo impactado por la sequía. En cambio, un año antes, durante el primer semestre de 2022, la liquidación había sido significativamente superior: U$S 15.000 millones de dólares. Por lo tanto, el gobierno afronta en lo que va del año un faltante de alrededor de U$S 4.000 millones proveniente de las exportaciones agropecuarias, que permanecen retenidos por la falta de rentabilidad del sector.
Esta variación en materia de liquidaciones explica por qué las reservas internacionales brutas atesoradas en el BCRA fluctúan en torno a los U$S 28.000 millones. El estancamiento en la acumulación de divisas complica el frente externo: el gobierno presenta dificultades para regularizar pagos de importaciones y servicios de deuda externa, al tiempo que se torna casi de imposible cumplimiento la desregulación completa del mercado cambiario (la tan prometida salida del “cepo”).
En cuanto a la llamada “economía real”, los indicadores reflejan que el brutal recorte a la inversión social y a la inversión pública hizo desaparecer un estímulo central a la demanda interna, lo que a su vez provocó una recesión extrema. La economía transita desde un descenso de la inflación hacia una suba del desempleo. Pero la retracción fiscal no impide la escalada del dólar: como no hay otras alternativas para destinar los excedentes (capital de trabajo e inversiones), se mantiene y acelera la dolarización de los mismos.
Sobre el capítulo monetario, el Gobierno centró su política en resolver los abultados pasivos del BCRA bajando la tasa de interés. Ensayó para eso un canje de los instrumentos de absorción monetaria emitidos por la el Ente Rector por letras del Tesoro. Pero el planteo oficial fue resistido por los bancos, que obligaron a las autoridades económicas a entregar al sector una letra financiera (LEFI) que les garantice liquidez inmediata ante cualquier fluctuación.
Por otro lado, el intento por desmonetizar la economía para inducir la recesión y contener la inflación no se refleja en la incidencia de los agregados monetarios, que crecen proporcionalmente sobre la inflación y sobre el dólar. En el lapso enero-julio, los agregados monetarios totales M3 -compuestos por M2 más depósitos a plazo y otros depósitos del sector privado y público en pesos- han aumentado en un 61,7%, muy por arriba de la evolución del tipo de cambio oficial mayorista -que fue de 12,5% en igual período-, pero no tan por debajo de la evolución del índice de precios al consumidor, que fue del 77,7%.
El panorama muestra graves inconsistencias en la política cambiaria, en la política fiscal y en la política monetaria, a saber: (1) el tipo de cambio oficial perdió competitividad muy rápidamente, lo que no favoreció el flujo de divisas por exportaciones y estancó la acumulación de reservas; (2) el ancla fiscal está próxima a encontrar un límite, por el alcance de la recesión; (3) el gobierno se muestra incapaz para resolver los pasivos del BCRA y reducir los agregados monetarios.
El resultante de estos tres factores es, sin dudas, la certeza de que en el corto plazo crecerán las presiones por una devaluación del dólar oficial. Para graficar la complejidad del escenario compartimos este cuadro, que compara la evolución de los agregados monetarios, las reservas brutas y los distintos tipos de cambio.
Fuente: Informe monetario del BCRA y Ámbito Financiero
Como se ve, el comportamiento disímil entre agregados monetarios y reservas internacionales derivó en un fuerte incremento del tipo de cambo de paridad teórica (que surge de dividir ambos factores), que alcanzó una variación de más de 60% en lo que va de 2024.
Pero la suba del tipo de cambio de paridad teórica no fue acompañada por el tipo de cambio mayorista oficial. La variación tampoco fue seguida por los denominados “dólares financieros”, el CCL y MEP, que se incrementaron 4,2% y 10,8% respectivamente.
Este proceso, claramente distorsivo, muestra una expansión de los agregados monetarios mientras las reservas siguen estancadas. Tal combinación produce un efecto: se multiplican las presiones por una depreciación del tipo de cambio oficial.
El gobierno, mientras tanto, vende dólares del BCRA en el mercado del CCL. El objetivo es contener las presiones, aunque utilizar divisas con ese propósito agudiza la incapacidad para fortalecer las reservas.
Esto siembra dudas sobre la capacidad que tendrá la Argentina para afrontar los compromisos externos en lo que resta del año, pero, sobre todo, durante 2025.
El ministro Caputo ha intentado disfrazar la intervención oficial en el mercado del CCL como una decisión de política monetaria. Dijo que el objetivo es esterilizar los pesos emitidos por el BCRA para comprar moneda extranjera. En la práctica, la decisión favorece la salida de capitales especulativos: se desarman posiciones en activos financieros, acciones y títulos para realizar las -muy relevantes- ganancias obtenidas en el primer semestre a partir de un tipo de cambio estable (el arbitraje entre dólar CCL y títulos públicos ajustables por inflación permitió obtener en la primera mitad del año ganancias cercanas al 40% en moneda dura).
Claro que intervenir en el mercado de los dólares financieros tiene sus consecuencias. Provocó una suba del riesgo país de 1511 a 1653, equivalente al 9.3% -incluyendo el impacto del denominado “lunes negro” internacional- y una caída en el índice bursátil Merval de -15%.
El escenario se completa con el desarme de títulos públicos y acciones: es el obrar de los agentes económicos más poderosos, que intentan anticiparse a una probable devaluación.
Además, de concretarse una devaluación, se complicaría la solvencia externa para afrontar los vencimientos de deuda pública con el sector privado y organismos multilaterales que ascienden a U$S 24.000 millones (incluyendo la Nación + Provincias) que la Argentina deberá encarar en 2025. Se trata de un desafío complejísimo que está expuesto en el cuadro que compartimos a continuación, donde se percibe con crudeza la debilidad de las cuentas externas argentinas:
Fuente: Banco Central de los respectivos países y CEPAL
En relación con el resto de Suramérica, y con cifras oficiales actualizadas al 2022, las reservas de la Argentina aparecen como las más bajas del subcontinente: U$S 23.073 millones, lo que equivale al 4% del PIB.
Se trata de un desempeño pobrísimo si se observa que durante seis años consecutivos (2016-2022) el país contó con una amplia oferta de divisas: U$S 65.000 millones de deuda colocada en el mercado internacional en el primer tramo de la gestión de Mauricio Macri; U$S 45.000 millones del crédito del FMI en los últimos dos años del mismo gobierno; U$S 27.000 millones de superávit de la balanza comercial producto de la pandemia en los dos primeros años de gestión del Frente de Todos y U$S 4.000 millones por Derechos Especiales de Giro (DEG), también durante el mandato de Alberto Fernández.
Esta debilidad del sector externo, en definitiva, no hace más que evidenciar la incapacidad de las elites políticas y económicas de la Argentina para construir un país sustentable en el mediano y el largo plazo. Ante este panorama, urge producir una depuración y un recambio dirigencial para que emerja un nuevo orden, con otros fundamentos para la Nación.
Es un momento de batallas y discusiones infinitas en el campo incendiado de las relaciones internacionales, la crisis venezolana es petróleo puro. Las llamas llegan a este sur y se manifiestan en el panorama de la política exterior argentina. Y de ello habla en esta entrevista Juan Gabriel Tokatlian, quien acaba de publicar Consejos no solicitados sobre política internacional (Siglo XXI), un libro de conversaciones con la periodista y escritora Hinde Pomeraniec. En él avanzaron sobre los grandes temas que preocupan al mundo entero y que, a través del tamiz de la mirada académica y territorial de Tokatlian, se vuelven historias interesantes. “El diálogo con Hinde empezó a fines de septiembre en las oficinas de Siglo XXI y se extendió hasta principios de este año. No es un libro de coyuntura, sino más bien un modo de aproximarse a fenómenos, eventos y dinámicas”, cuenta. Sobre la situación fraudulenta en Venezuela sostiene: “Aquí lo que está en juego es el final o no de este componente democrático y la consolidación de una situación autoritaria”.
–¿Cómo se define la estrategia de las relaciones exteriores del gobierno de Javier Milei en un momento tan turbulento?
–Estamos ante un reordenamiento de la política exterior que supera en creces a Menem y asimismo a Macri, como dos intentos de reorientación con un norte claro. Es este el intento más ambicioso y quizás, el más inquietante. Carlos Menem trató de abrazar a EE.UU. como ningún otro presidente lo hizo en décadas, pero siempre buscó tener ejes complementarios. Por ejemplo, profundizó la relación con Brasil, algo que había heredado de Alfonsín. Menem es el presidente argentino que más visitó Brasil: fue 22 veces. Entendía que había que buscar un relativo balance en esta mirada decisivamente pro Occidente. Macri sostuvo un parámetro de mayor cercanía con EE.UU., esperaba la lluvia de inversiones de Occidente y, con alcance discreto, tuvo un eje complementario en China. En su gobierno se terminó la construcción de la famosa estación espacial de Neuquén –también su papá había tenido negocios con China– y mostró cierto interés en conocer el papel de los Brics. Frente a eso, Milei no tiene ningún eje complementario, no le interesa. Basa su relación en lo que yo denomino un hiper occidentalismo identificando como fuente principal el vínculo con EE.UU. y como fuente adicional, la relación con Israel. No se conocen acuerdos comerciales ni de inversión en los viajes que hizo hasta el momento. Además, es el primer presidente que convierte sus preferencias religiosas privadas en un componente decisivo de la política exterior; me refiero a esa vinculación con la expresión más ultra dentro del judaísmo y a esa idea de que Argentina tendría que mover la sede de su sede diplomática de Tel Aviv a Jerusalén. Adicionalmente, si uno toma los últimos cien años, veo que es el presidente que más desdén y destrato ha tenido con América Latina. Insultar a cuatro presidentes: Andrés López Obrador, Gustavo Petro, Gabriel Boric y Lula; decidir que iba a retirar los embajadores políticos de Nicaragua, Venezuela y Cuba era entendible, pero no designar ningún embajador de carrera en esos países es equívoco.
–Con Venezuela hubo auténtica zozobra.
–Hemos visto la consecuencia con la crisis de la embajada argentina en Caracas: improvisación, falta de plan de contingencia, ausencia de puentes políticos. Uno tiene relaciones diplomáticas con los semejantes, con los distintos y hasta con los que no nos gustan. Para eso está la diplomacia. No puede ser que un presidente argentino, en sus primeros siete meses de gestión, haya visitado solo raudamente El Salvador para la reasunción de Bukele y haya pasado apenas horas por Paraguay porque estaba en su ruta… Es un repliegue monumental en la región, que facilita la preeminencia de Brasil, el surgimiento de Colombia como un interlocutor importante con Washington, la persistente vocación de México de tener una voz audible en asuntos interamericanos y, también, deja a Chile el lugar, por ejemplo, que ha sabido tener el país en materia de cambio climático, paz, derecho internacional. Esto es un hiper occidentalismo bastante anacrónico para este momento histórico, cuando asistimos a un declive relativo de Occidente y un auge cada vez más elocuente de Oriente. Fue muy desafortunada la decisión de no ingresar a Brics. Hay un dicho anglosajón que viene a cuento: uno está en la mesa o uno es parte del menú. Lo que aquí algunos vieron como una interpretación de una nueva reinserción de la Argentina, yo lo veo como un repliegue, un ensimismamiento que no condice con la realidad internacional.
–Usted desarrolla el concepto de “Internacional reaccionaria”, un colectivo de gobiernos, dirigentes y empresarios en el que Milei parece sentirse a gusto… No todos lo mismo, ¿no?
–Esta nueva internacional asocia a similares y cercanos, aunque con algunas diferencias singulares. Por ejemplo, Trump fue y será –si es que triunfa– muy proteccionista. EE.UU. necesita reconstruir una base productiva para competir con China. Bolsonaro fue un legislador casi ignoto, que aprovechó una coyuntura particular en un sistema de múltiples partidos y movimientos. Giorgia Meloni tiene una tradición que se refleja en este debate norte-sur italiano; está apoyada por viejas experiencias de la liga, y organizaciones o movimientos xenófobos, etcétera. ¿Son iguales a Milei? No, pero son de la misma familia en materia de orden, valores, propósitos, aversiones y miradas de un pasado presuntamente grandioso. Poseen recursos amparados por fundaciones, organizaciones, empresarios dispuestos a facilitar que lleguen al gobierno para que sus preferencias se hagan realidad y que esto refleje ciertamente la posibilidad en la cual, el mercado logre avanzar decisivamente sobre el Estado. Por ejemplo todas las tecnológicas enuncian que quieren un Estado mínimo. Hablan de la interferencia e injerencia del Estado. Solo quieren un estado grande para que les compre sus productos y servicios porque es un motor dinámico de su reproducción. Aparecen contradicciones y tensiones que en el caso argentino no lo estamos visibilizando y anotando con detalle en parte por este ensimismamiento, en parte por este repliegue y en parte, porque se ha debilitado la posibilidad hasta el momento de alternativas opositoras convincentes. Esta internacional reaccionaria está pasando por un momento que no es fugaz. Y la visibilidad personal de estos líderes expresa un cierto “cholulismo” internacional que confunde la atención que tiene Milei en Occidente con la defensa de los intereses nacionales.
–¿Cómo abordó el gobierno la crisis venezolana surgida del fraude del domingo 28 de julio? ¿Compartió con algún país su punto de vista?
–La Argentina adopta una posición concreta. Hubo tres posiciones en América Latina, una que, sin cuestionar en nada la elección y sin esperar la evidencia concreta, dijo que ganó Maduro y lo felicitó: Cuba, Nicaragua, Honduras y Bolivia. Otros países, como la Argentina, dijeron que hubo fraude. Y hubo una tercera opinión, con matices, de Brasil, México y Colombia, que exigieron que se publicaran las actas y no prejuzgar –aunque dudan de que la elección fuera transparente y veraz en los anuncios del Ejecutivo– y de ponerse en un lugar que les permitiera tener una incidencia para que la situación venezolana no se descontrole y se vuelva totalmente caótica. ¿Qué hace la Argentina y otros países? Llaman a una reunión de la OEA y no logran la aprobación de una resolución. Eran 12 gobiernos y solo necesitaban 6 apoyos adicionales para la aprobación de la resolución. Lograr 17 votos fue un fiasco. Diría más, fue un papelón. Se impuso la intransigencia. La poca disposición a la transacción, que sigue caracterizando la diplomacia argentina, trae estos costos. Mientras tanto sucede algo insólito: ante la expulsión de la representación diplomática en Caracas, se le pide a la Cancillería brasileña que se encargue de la sede diplomática en Venezuela, después de haber insultado a Lula y de tratar a los presidentes de Brasil, Colombia y México de imbéciles. Este ejemplo refleja algo más profundo: en general, se observa poco debate en materia internacional, nadie ha fundado el valor de la política exterior hiper occidentalista basada en la relación con EE.UU. y adicionalmente en Israel. Tampoco nadie ha solicitado una explicación al respecto.
–¿La actitud argentina es beligerante?
–Hay que buscar cuántos países definen una diplomacia contra otros países. No hay países que enuncien una actitud “anti”, no es parte del enunciado diplomático. Los gobiernos anuncian sus preferencias y disposición, no sus aversiones e indisposición. No se usa eso en la gran mayoría de las naciones. La Argentina definió rápidamente una política anti-China, anti-Rusia, anti-Palestina, anti-Irán y anti -Venezuela y de desatención hacia la región. Puede que sea una convicción: si así lo fuera, el gobierno tiene que estar preparado. En la diplomacia, la guerra y la política, las piezas negras también juegan. En ese marco, para un gobierno que ha ignorado y destratado a América Latina, Venezuela le da la oportunidad de tener una política hacia la región. Ahora bien, en su primer ensayo de algo más grupal, el fracaso de la resolución sobre Venezuela en la OEA es quizás un buen ejemplo de su carencia de liderazgo para tal fin.
–¿Quiénes están pensando el día después de Venezuela? ¿Cómo se imaginan la transición, el futuro, cómo sería transformar ese país?
–Ya se han ensayado muchos mecanismos sobre qué hacer en Venezuela de parte de la comunidad internacional, siempre entendiendo que son sus ciudadanos quienes finalmente van a disponer de formas de resolución de una crisis de enorme envergadura. También se probó con la provocación, alentar a los militares a que dieran un golpe, aceptar que el presidente de la Asamblea fuera el presidente del país, como el caso de Juan Guaidó. No nos olvidemos de que Venezuela se retiró de la OEA en 2019, pero la OEA extrañamente aceptó que Guaidó fuera el que representara a Venezuela entre 2019 y 2022. Se creó el Grupo de Lima para cercar, aislar, presionar a Venezuela y se desmoronó el grupo antes que Maduro. Se elevaron las sanciones, EE.UU. impuso sanciones de distinto tipo aún vigentes a personas y a empresas. Pienso que hay que volver a entender la dinámica interna en Venezuela; no pensar que hay una bala mágica externa que va a arreglar esto. Esto no se va a arreglar desde afuera. Y un eventual arreglo incruento tomará tiempo. Advierto sí que es indispensable ubicar el futuro de Venezuela en el marco del futuro de América Latina: la no resolución de esta coyuntura nos ubicará a todos en medio de una confrontación geopolítica global cada vez más pugnaz y peligrosa. Hay que ser conscientes de que las estrategias de los actores externos –incluyo a la Argentina– no conduzcan inadvertidamente a convertir a la región en un gran atractor de la competencia entre las grandes potencias.
–¿Hubo una transformación en el papel de la oposición, un aprendizaje?
–Si tomamos las elecciones de 2013 y la de 2018, que ganó Maduro, vemos una oposición muy fragmentada con algunos actores tentados de recurrir a la violencia, a buscar que hubiera un golpe. Buena parte de la oposición no se presentó tratando de deslegitimar el escrutinio de 2018 y no cambió nada. Pero a partir de 2019 ha habido un cambio de la oposición, derivado de la penuria interna, de los sectores medios y bajos cada vez más movilizados pacíficamente. Pero es una oposición que empieza a organizarse con bases sociales mayores que las que tenía, aglutina esfuerzo para competir electoralmente, organizó la veeduría de las elecciones (90.000 supervisando 30.000 mesas de votación), escogió un candidato presidencial moderado y sobrio, Edmundo González. En estas elecciones hubo mucho más un voto castigo a la gestión de Maduro que un voto ideológico clásico. Es verdad que el gobierno de Maduro aplicó el más severo programa de ajuste que se pueda imaginar desde 2021 y bajó la inflación de 6.300% en 2018 a 9% en el primer semestre de 2024. Pero eso condujo a una pauperización tremenda y una migración adicional masiva. Aquí hay un aprendizaje de parte de la oposición que rescata las posiciones de Colombia y Brasil en la OEA y valora que sigan buscando puentes de distensión interna y esto es novedoso: no es una oposición que perdió y pateó la mesa. Ahí sí, me parece que el papel de lo externo puede ayudar a facilitar un eventual compromiso entre las partes, una opción que tendrá altos y bajos, muchas complicaciones y contramarchas, pero que tiene una pequeña ventana de oportunidad de alcanzarse. Me parece que estamos ante un experimento. Hubo muertos y cada muerto es una tragedia, pero más recientemente se redujo la violencia. Por ahí es una señal de que nadie apunta a un baño de sangre. En las miradas más benignas que había sobre Venezuela se decía que este era un era un régimen híbrido, es decir, tenía fuertes componentes autoritarios y un componente democrático reflejando en las elecciones periódicas. Aquí lo que está en juego es el final o no de este componente democrático y la consolidación de una situación autoritaria.
–No aparecen las actas todavía… ¿Qué valor tendrían a esta altura?
–Hay que esperar que aparezcan las actas. Definitivamente hay que ver las actas, es lo que yo creo. Pero también podemos caer en la trampa de las actas. ¿Qué quiero decir con eso? La oposición dice que tiene el 83% de las actas y que ahí es elocuente su ventaja. El gobierno dijo que ganó con el 52% de los votos y estaba haciendo un recuento de ellas. La oposición dice que las actas del gobierno están fraguadas. A su vez, el gobierno dice que hubo un sabotaje desde Macedonia del Norte y que las actas de la oposición son amañadas. Diciendo que estas actas son espurias y que las verdaderas las tiene el otro. Aquí tenemos finalmente una colisión de actas; lo cual genera un nuevo problema: la postura de la comunidad internacional frente a eso. Una gran parte de la comunidad internacional que se expresó no cree en las actas oficiales y avala las indicadas por la oposición. ¿qué pasará legalmente en Venezuela en las instancias judiciales que, a su turno, no son independientes? ¿el madurismo duro—con sus socios en la fuerza armada y en la policial–acepta resignar el control del Estado? ¿habrá un espacio potencial de comunicación y diálogo entre actores claves de lado y lado? ¿habrá imaginación, talento y voluntad suficiente para identificar un sendero que evite un bloqueo electoral? ¿puede haber algún acuerdo sin asegurarse el desmantelamiento de los negocios ilícitos que lucran con la inestabilidad y la pugnacidad? Tengo para mí tres escenarios en el siguiente orden (no tengo claridad de las probabilidades, por supuesto): perpetuación del régimen, salida pactada o catástrofe humanitaria. Mi preferencia, resulta evidente, es la segunda.
El consenso suele utilizarse cada vez más como sinónimo de conducta democrática o tolerante. Quien está en el marco del consenso pertenece a la civilización, es uno de los nuestros. Por el contrario, quien se encuentra fuera del marco conceptual del consenso, sería el bárbaro el incivilizado o, usando una terminología que pretende ponerse de moda, un terrorista.
El consenso (el sentido de todos, el cum sensus), presupone una sociedad sin conflictos, pues estos han sido saldados por el hecho del consenso. Quien conjeturalmente se oponga a este consenso social se encontraría por el hecho de esta misma oposición por fuera de la sociedad misma. Por tanto, ese sentido conjunto, construye una totalidad excluyente. Fuera de él está la exclusión.
La palabra consenso, remite a la palabra del Uno y por ello ha sido el vocablo central de los regímenes de la dictadura y el absolutismo. La dictadura genocida de 1976-1983 invocaba como fuente de su poder el consenso de la sociedad argentina. Es que el consenso remite necesariamente a lo Uno, al que lo plural se sacrifica. Fuera de él, aparece la irracionalidad (en tanto opuesta a la racionalidad que se presupone Una). Por eso Thatcher hablaba del único camino.
Por el contrario, una sociedad plural presupone una sociedad para la cual el disenso es consustancial. No puede haber sentido único pues de lo que se trata es construir acuerdos para tramitar las diferencias. El acuerdo, mantiene la diversidad de sentidos y se asienta sobre la mutua conveniencia de quienes acuerdan. Por supuesto, la validez del acuerdo está sostenida en la persistencia del interés que llevó al pacto. Todo contrato es un acto de cooperación, pero no una cooperación entre ángeles que acuerdan según su libre albedrío o por un acto gratuito. Es la cooperación de seres situados, sexuados y mortales para los cuales el contrato no es el punto de partida de las obligaciones sino un punto de llegada al que se arriba desde posiciones sociales de desigualdad. En rigor, no se llega al contrato por libertad sino por necesidad. Se contrata porque se necesita del otro.
En la relación de trabajo, por ejemplo, el trabajador trabaja porque, en tanto viviente, acostumbra morirse si no come. La realidad humana no es la realidad de los ángeles sino relaciones de mortales sexuados, capaces de afecto y susceptibles de pasión. Por eso, más lejos o más cerca, se encuentra la elección letal que propone el bandido cuando exige la bolsa o la vida.
Del otro lado, también el empleador contrata porque necesita del trabajo del trabajador. De allí la falacia de que los empleadores contratarían más con salarios más bajos en una extraña interpretación de la ley de la oferta y la demanda. Un empleador no contrata más trabajadores porque se encuentren baratos en el mercado. Hay una diferencia entre contratar trabajadores y comprar caramelos. El empleador necesita al trabajador en tanto insumo de producción y no como objeto de placer. Por tanto, no es la disminución del valor del salario la que va a incrementar la contratación de trabajadores, sino la demanda de productos en la economía real.
Las empresas que se funden por un juicio laboral es otro mito del gorilismo nativo, como los asados con el parquet de las casas que entregaba el gobierno peronista (si algo sabía un trabajador de esa época es que la madera con alquitrán le da mal sabor al asado y, por otra parte, las viviendas sociales no tenían piso de parquet sino de baldosas). No es la legislación laboral la que lleva a la quiebra a las PyMEs, sino la falta de demanda de productos en el mercado, en el que la demanda interna, compuesta fundamentalmente por el valor del salario real, es un componente central.
El consenso no presupone el acuerdo. De hecho, tanto el denominado pacto de mayo celebrado en julio, como la invocación del consenso por parte de la dictadura no requirió la deliberación conjunta sino que fue el efecto de una imposición del poder (el consensus que invocaba la dictadura consistía en la disminución de las manifestaciones y huelgas convertidas en delitos por los bandos militares).
Por el contrario, la democracia presupone el disenso, que es el resultado de la diversidad de las posiciones sociales que determinan racionalidades diferentes. Ese desencuentro puede saldarse por un acuerdo, pero el acuerdo no niega el disenso que permanece en el acuerdo. Esta es, ni más ni menos que la diferencia entre el teórico del absolutismo, Hobbes y el pensador de la libertad, Spinoza. Para Hobbes, establecido el representante para poner fin al Estado de Naturaleza, nada podía ser disputado. Para Spinoza, la sociedad era el resultado del acuerdo por el cual nadie puede ser obligado a cumplirlo si la amenaza del daño del cumplimiento o las relaciones de fuerza cambiantes demuestran su inconveniencia. Para éste nadie puede renunciar a la vida o a la libertad por pacto alguno.
Para Hobbes, previo al derecho y a la constitución del Estado, el estado de la naturaleza era un estado de guerra, el hombre como lobo del hombre hasta que se constituye el Leviatán al que se entrega toda potestad social para que sea devuelta en forma de Paz.
Si el derecho es paz, el intérprete del derecho debe entender las normas del derecho positivo como inspiradas por la finalidad de paz. En consecuencia, debe interpretarlas de tal modo que asegure la permanencia e inmutabilidad del orden social constituido. Como quienes ocupan los márgenes de la sociedad, los que han sido desplazados de la capacidad de simbolización, son quienes pretenden una mutación de las relaciones sociales, estos son quienes no aman la paz, son violentos. Los amantes de la paz son aquellos que prefieren el mantenimiento de las relaciones sociales establecidas.
Así puede entenderse la opinión de Natalio Grinman, Presidente de la Cámara Empresaria de Comercio y Servicios, que declaró que lo que hay que hacer es dialogar y ser respetuoso, sin acudir a medidas desagradables. Como si las medidas de fuerza o las posiciones relativas de poder no fueran justamente la condición de posibilidad del acuerdo. La beneficencia no construye derechos.
2 – La democracia es el peligro real para el consenso democrático
Cuando un gobierno o una fuerza política hegemónica plantea la idea del consenso de un único camino moral o racional está colocando a los demás sujetos y sus representaciones frente a una encrucijada con variadas alternativas.
Galgano y Marrela (1) expresan lo que para el bloque dominante es el consenso y el único camino. Tras exigir un derecho fundado en los principios útiles para la circulación de capitales, más allá de las constricciones del derecho interno de los estados nacionales y pregonar la superación de la democracia representativa por la “tecnodemocracia” terminan concluyendo: “Debemos volver a pensar en Rousseau y sobre todo en Montesquieu. Este último había escrito: ‘entre el despotismo ilustrado y la democracia prefiero la democracia; pero sólo porque no hay garantías de que el despotismo sea ilustrado’. Ahora, con el advenimiento de la sociedad global, no nos queda más que pensar en los modos y las formas aptos para hacer que el despotismo sea verdaderamente ilustrado”.
Para el pensamiento de derecha, la ilustración del despotismo de los dominantes está fuera de toda duda, incluso más allá de toda evidencia empírica. Para eso requieren el consenso, para no ser meramente una ortodoxia (es decir, reconocer junto a ella una heterodoxia). Consecuentemente, va a pretender el desplazamiento de lo político para asegurar una mayor esfera de actuación de quienes detentan el poder económico del capital: “El ejemplo más llamativo en las sociedades nacionales es la ventaja de las autoridades tecnocrátas sobre las autoridades políticas, más aptas para dialogar entre sí en la sociedad global. Los hombres más poderosos de la tierra son hoy, probablemente, los gobernantes de los bancos centrales, que en las respectivas sociedades nacionales son pura tecnocracia, desprovistos de investidura popular. Como también están desprovistos de ella los cuerpos judiciales tampoco electivos y sin embargo dispuestos a asumir deberes de adecuación del derecho a cambios de la realidad, que en el pasado se consideraban reservados a la sede política. También a este respecto se puede repetir que las autoridades políticas retroceden frente a las autoridades tecnócratas” (Galgano y Marrela). Pretenden considerar los hechos sociales y la tecnocracia como neutras frente a los conflictos sociales. De hecho, las personas con más poder no son los presidentes de los Bancos Centrales, sino los directivos de las grandes corporaciones financieras de los que los primeros no son más que mandatarios.
Para la derecha “El funcionamiento efectivo del sistema político democrático requiere habitualmente una cierta medida de apatía y de no participación de algunos individuos y grupos… Esta marginación de algunos grupos es antidemocrática por naturaleza, pero ella también es uno de los factores que permite a la democracia funcionar efectivamente… ante el peligro de sobrecargar el sistema de exigencias que extiendan sus funciones y socaven su autoridad” (Galgano y Marrela). El peligro son los otros, los que no son personas, los negros, los grupos sociales marginados, los sindicatos más o menos influenciados por los marxistas e incluso en la ONU las naciones recientemente descolonizadas. En definitiva, lo que la democracia dice de sí misma, es el peligro para el “consenso democrático”.
Es que la democracia de consenso es exactamente un método de exclusión del poder popular (demos, pueblo; kratos, poder). Una democracia sin democracia.
3 – No se llega al contrato por libertad sino por necesidad
Uno de los mitos de los politólogos y juristas de derecha es la afirmación de que el contrato es el fruto de la libertad. Por el contrario, nadie contrata con otro si no es por deseo o por necesidad. El contrato es un acto de cooperación social entre seres en falta. Yo contrato porque necesito o deseo algo de otro. Por esa razón, es posible hacer un pacto con el diablo, porque éste necesita o desea nuestra alma. Pero si Dios fuera realmente todopoderoso y pleno no podría hacer contrato o pacto, porque no necesitaría nada de humano o pueblo alguno.
El arte de quienes tienen poder consiste en presentar sus deseos subjetivos o de facción como necesidades objetivas.
El linchamiento por las redes antisociales, los medios de incomunicación hegemónica y la exhibición obscena de la fuerza y la arbitrariedad (como fue el caso de las detenciones masivas y arbitrarias durante la manifestación de las creencias garantizada por el artículo 18.3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de jerarquía constitucional en ocasión del tratamiento de la ley bases) son justamente el instrumento de la creación del miedo.
Cada vez que se invoca un único camino en una sociedad compleja (que precisamente determina caminos infinitos), lo que se está pretendiendo es hacer elegir a una sociedad entre nosotros o el abismo. Nada hay mas terrorífico que lo ominoso, lo que se mantiene en las sombras sin aparecer en escena.
Esa es la función del uso indiscriminado de lo que no se nombra, de lo que se sospecha, lo que todos creemos que configura al contendor social o político como una sombra, el uso indiscriminado de delitos que no lo son, justamente por la falta de tipificación de la acción, como el “delito de corrupción” o la pérdida del nombre de “Esa Mujer”, la yegua, la casquivana, la chorra, reduciendo su feminidad, especialmente por el hecho de serlo a la condición fantasmal con la que el machismo y la chabacanería sostiene la exigencia de un cuerpo mudo, que no es sólo el de la mujer, sino el de los trabajadores, los humildes, los excluidos del hábitat y del pan. De allí que el texto de Rodolfo Walsh siga repicando también sobre quienes en el nombre de un peronismo conservador y retrógado, pretenden hacer de “Esa Mujer” una santa (otra de las formas de reducirla a un espectro) y no el motor que exige del peronismo ser revolucionario o no ser nada.
“Esa mujer” no debe existir porque es simplemente la abanderada de los humildes, de los etiquetados como ignorantes, depravados, que por expresar un interés diverso merecen ser estigmatizados. Apostando a la invisibilidad de esos cuerpos que hablan, la derecha construye las bases de un estado terrorista.
La afirmación de un futuro mejor en lontananza sin la explicación de las causas por las que esta bienaventuranza llegaría, o la promesa más o menos cercana de un tratamiento más favorable en un contexto de arbitrariedad y omnipotencia de quienes detentan el poder, son formas de apelación a la esperanza.
Por ese camino hemos visto desfilar la indignidad de personajes electos para un proyecto diferente, mendigando conjeturales ventajas futuras. Ese espectáculo hace recordar el comienzo de Aullido de Allen Guingsberg: “He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos, muertos de hambre, arrastrándose por las calles, negros al amanecer, buscando una dosis colérica”.
Recordando a Spinoza, el arte de los tiranos para dominar a los pueblos consiste en insuflarles el miedo y la esperanza (metus et spes).
4 – El poder no es una cosa sino una relación
El espectáculo de la genuflexión pretende justificarse mediante la atribución del poder al dominante. Como si el poder fuera una cosa que el dominante tiene. Lo que se olvida es que el poder no es una cosa sino una relación. Como señalaba Lacan, tan loco como un loco que se crea rey, es un rey que se crea rey.
El supuesto realismo posibilista (la política como arte de lo posible) tiene como presupuesto la fantasía de que el poder sea una cosa. Aceptar lo socialmente existente como inamovible, conduce necesariamente a la humillación y a la canallada, que son las virtudes que se siguen del miedo y la esperanza.
La conducción política es, parafraseando a Brecht, el arte de disolver un Pueblo para fundar otro, es decir, de hacer posible lo imposible. Eso fue Evita, Fidel, Chávez y Néstor. Es también el sueño improbable de Milei.
Los lugares simbólicos de enunciación se construyen también a partir de las creencias y las respuestas de los demás intervinientes en las interacciones sociales. Por otra parte, si bien la atribución de poder es una atribución imaginaria, ello no implica que a las prácticas dentro del sistema no se apliquen las reglas como si fueran una ley física.
Por eso es suicida actuar como si la distribución imaginaria de los cuerpos sociales pudiera ignorarse. Por otra parte, tampoco nada se va a lograr demostrando no ser desagradable y dialogando. Cuando los intereses son antagónicos o contrapuestos, hablar sin poner en juego la fuerza y la existencia desagradables de nosotros los otros es hablar para decir nada. Situación cómoda en la que se encuentran muchos representantes de lo popular que, al sentarse con los dominantes o los que sin serlo ejercen una posición de preeminencia, se creen en la cresta de la ola porque los salpica la espuma.
Durante la década del 90 del siglo pasado los laboralistas pretendíamos construir la resistencia desde el sostenimiento de lo existente, defendíamos nuestros propios sueños de eternidad en un momento en que todo lo sólido se desvanecía en el aire. Como los generales franceses de 1940, pusimos el cemento de la línea Maginot en nuestra propia cabeza. Fue lo que también se pretendió plantear frente al macrismo, con la ayuda de nuestra fantasía infantil de lo irreversible.
De lo que se trata de entender es que no hay un mundo de comunicaciones sin fricciones, sin modos de construir el mundo y la lógica determinada desde las posiciones sociales, culturales y políticas. En el fondo, de lo que se trata es de construir el velo fantasmático que esconde lo Real de que la sociedad no existe, tal como señalara Laclau. No hay diálogo sin fricciones que permitan hablar de lógicas equivalentes o teorías de la acción comunicativa. La sociedad se construye en el desencuentro, en el desacuerdo básico (Ranciére).
Pero a pesar de todo, es necesaria la cooperación social, el contrato, al que sólo se arriba conforme a las relaciones de fuerza siempre cambiantes, como resultado del pensamiento y la acción estratégicas sobre las significaciones sociales. Hay acuerdo porque hay lucha, porque hay necesidad y deseos humanos, y no la libertad deliberativa de los querubines.
De lo que se trata, para el campo popular, es de consolidar alianzas y saber que se negocia para conseguir la parte de los sin parte. Que si nosotros contratamos es porque necesitamos del otro y que si el otro negocia es porque también nos necesita.
En el actual contexto es necesario entender que el gobierno de Milei plantea una forma de maoísmo invertido. Si para el maoísmo se trataba de que el militante se moviera entre las masas como pez en el agua, para el actual proyecto de reprimarización de lo que se trata es de dejar el río sin agua, sin industria, sin mercado interno.
Se ha iniciado la ofensiva contra los derechos de los humildes y los trabajadores, contra la Seguridad Social que es el verdadero nombre de los derechos humanos. Mientras tanto, la pequeña y mediana burguesía se niega a preguntarse por quién doblan las campanas. Al capital extractivo concentrado los buenos o malos sueldos le resultan en gran medida indiferentes. Pero sí le interesa desplazar cualquier proyecto de desarrollo del mercado interno porque ello crea demandas sociales sobre el control de las ganancias de las compañías energéticas y extractivas. Este es propiamente un proyecto industricida.
Y lo único que puede dar consistencia a esas demandas de supervivencia es la existencia de un movimiento obrero y de los desposeídos movilizado. Mientras tanto, en ese universo en que Peter Pan se mantiene siempre niño, un zapatero cree que la baja de la demanda es el efecto de un ciclo, de un eterno retorno y no el producto de decisiones y proyectos políticos concretos. Mientras lo escucho, recuerdo a Freud. Su padre estaba muerto pero él no lo sabía.
(1) GALGANO, Francesco y MARRELA, Fabrizio, Interpretación del contrato y Lex Mercatoria, Revista de Derecho Comparado Nº 3, editorial Rubinzal Culzoni, Buenos Aires, 2001.
Según el diccionario de la lengua española, la “colonización” es la acción de dominar un país o territorio (la colonia) por parte de otro (la metrópoli). El proceso de colonización puede ser de carácter político, militar, cultural, económico o presentar otras manifestaciones, así como desarrollarse de forma violenta o pacífica.
Y no otro camino es la enajenación del patrimonio nacional, la tierra, su subsuelo, el agua, las riquezas naturales (petróleo y gas, litio, minerales de todo tipo, alimentos, etc.) y de las empresas públicas que, desde el fin del gobierno de los Kirchner en 2015, retomaron y profundizan el capital financiero asociado a la casta dominante de nuestro país [1].
Casta que se fue aggiornando a los tiempos y reconfigurándose, pero que nace del acuerdo con la potencia dominante de principios del siglo XIX, que, derrotada militarmente en las invasiones inglesas de 1806 y 1807, a través de Rivadavia y Pueyrredón y posteriormente de Mitre y Roca, fueron conformando el modelo agropecuario exportador que recién fue sustituido en gran parte por la Revolución del 4 de junio de 1943, encabezada por Rawson y Ramírez, dos militares emparentados a la oligarquía vernácula, pero con pensadores como los coroneles Juan Perón y Domingo Mercante detrás de los acontecimientos.
Obviamente, primero fue el endeudamiento y después cómo se paga. Ya lo decía el general John Adams, primer Vicepresidente y segundo Presidente de los Estados Unidos: “Hay dos formas de conquistar y esclavizar a una nación. Una es la espada, la otra es la deuda”.
La deuda tomada con la Baring Brothers en 1822 marcó el rumbo que profundizaron todos los demás gobiernos hasta el 4 de junio de 1943. Por supuesto, corrompiendo a funcionarios locales: “Respecto de lo que Ud. me dice de manifestarle lo que entiendo debe asignarme por retribución a mis servicios, creo que podremos fijar como base una cuarta parte de las comisiones o beneficios que Ud. perciba en las operaciones” (Carta de Victorino de la Plaza a un banco europeo, enero 1881, Archivo General de la Nación) [2].
Deuda y fuga
¿Cuál es la razón por la que en el pasado mes de julio de 2024 el BCRA vendió reservas internacionales por 2.623 millones de dólares? Las reservas brutas eran de 29.022 millones de dólares el 1 de julio y pasaron a ser de 26.399 millones el 31 de julio de 2024.
¿Cuál es la razón por la que, primero en forma subrepticia, se trasladaron a Londres, en el mes de junio de 2024, lingotes de oro de las reservas internacionales del BCRA por 450 millones de dólares? La Asociación Bancaria, en carta al presidente del BCRA, Santiago Bausili, requirió saber si hubo un acta de Directorio del BCRA, si se abrió el expediente correspondiente, si se le comunicó a la Sindicatura del BCRA, y en base a qué atribuciones y facultades se adoptó la medida y por qué razones.
No conforme con ello y en la petulancia que le da el DNU 70/23 [3], ahora en forma desembozada, enviarán más lingotes de oro [4] de las reservas del Banco Central, y títulos públicos, como garantía para obtener un REPO (Repurchase Agreement) con bancos internacionales, para conseguir créditos que les permitan por lo menos cancelar una parte de los vencimientos de este año. Por más que el ministro Luis Caputo, en un alarde de engaño y dolo, sostiene que con ello se aseguran el pago de vencimientos de este año y hasta mediados del 2025, este año deben hacer frente a vencimientos por 22,7 billones de pesos (para la Secretaría de Finanzas de la Nación, para consultoras privadas es una suma notablemente mayor) y, a la vez, deben afrontar deudas en dólares de la refinanciación con los bonistas del 31 de agosto de 2020, canje de deuda de Mauricio Macri refinanciada por Martín Guzmán, más los vencimientos de septiembre y diciembre con el FMI, y no están cumpliendo la meta de aumentar las reservas internacionales del BCRA.
Con reservas internacionales del BCRA negativas en 3.300 millones de dólares, más un presupuesto final de 2024 deficitario en unos 7.000 billones de pesos, y con déficit en la cuenta corriente comercial [5], dependen de que los acreedores (incluido el FMI) acepten renegociar la deuda.
Finalmente, Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, firma una comunicación con accionistas de Tenaris [6], justificando la demora en las inversiones “porque la Argentina todavía no recuperó credibilidad en los mercados como para que haya acceso al financiamiento para apurar planes en el país”. Esto es, las inconsistencias de las medidas tomadas por el equipo de economía que dirigen Caputo-Bausili reflejado en un tipo de cambio insostenible que (y es la respuesta a las preguntas que nos hacíamos) solo se mantiene para abaratar la salida de los que con divisas compraron títulos en pesos y quieren volver a la moneda con la que ingresaron, y no hay dólares ni los va a haber, por más que la dupla Caputo-Bausili haga y prometa lo imposible, incluso vulnerando los límites de legalidad y seguridad, para cobrar a la salida de los fondos financieros que están en pesos y necesitan dólares baratos.
Hay una contradicción entre los que quieren ganar renta financiera y los extractivistas que ya tienen el marco jurídico en las leyes 27.742 y 27.743 y en el DNU 70/23, pero que no pueden aplicarlo libremente por las trabas de un precio del dólar que no justifica las inversiones y los márgenes de rentabilidad que se proponen.
Una nueva conformación del poder
Por supuesto, no es un tema menor que Paolo Rocca sea el CEO de Techint, socio principal del Club del Petróleo, donde amalgaman intereses con la Compañía General de Combustible de la familia Eurnekián; con Pan American Energy; Pampa Energía; Pluspetrol; Chevrón; Apache; Total; Exxon Mobil; Shell; Petronas; etc. Muchos de ellos con fuerte posesión de tierras en la Argentina, como es el caso de Pampa Energía (Marcelo Mindlin, Joseph Lewis, BlackRock y las familias Sielecki y Werthein), Pluspetrol (de la familia Rey Rodríguez), dueños de los campos petroleros y gasíferos o el caso de Eduardo Eurnekián, que se dedica a actividades agropecuarias y explota 105.397 hectáreas distribuidas en varias provincias argentinas [7].
Pero la actividad agraria ha sufrido fuertes modificaciones en su uso. La Secretaría de Bioeconomía de la Nación al publicar los datos del SISA (Sistema de Información Simplificado Agrícola) que reunió la AFIP en la campaña 2023/24, afirma que, sobre un total implantado de 34,3 millones de hectáreas, se produce bajo el sistema de alquiler o arrendamiento en 24 millones de hectáreas de campos agrícolas.
Si tomáramos moderados 10 quintales de soja por hectárea como un costo promedio para esos alquileres (que usualmente son pactados en plazos cortos de una campaña), se podría estimar que los productores agrícolas destinan unos 30 dólares por hectárea arrendada y que la renta percibida por los dueños de los campos en total suma aproximadamente 7.200 millones de dólares al año.
El SISA es un régimen de declaración obligatoria de datos de siembra ante la AFIP. De allí surge que en la campaña que pasó hubo 70.005 productores agrícolas en la Argentina que sembraron un total de 37 cultivos. La mayoría de ellos sobre campos alquilados. Según los registros de las últimas campañas, la cantidad de productores se mantiene más o menos estable en los últimos años. Lo que sí se nota es un leve pero paulatino pase de hectáreas propias a arrendadas. Solo 10,2 millones de hectáreas siguen siendo explotadas por sus dueños.
El SISA presenta una oportuna estratificación donde se refleja que la necesidad de alquilar tierras predomina en los segmentos de productores de mayor escala. Los que siembran de 800 a 3.000 hectáreas tienen una relación de tres hectáreas alquiladas por cada una propia. Y algo parecido sucede con los productores de más de 3.000 hectáreas. Poseen 1,37 millones de hectáreas, pero alquilan otras 4,9 millones. Es más, hay muchísimos productores que no disponen de campo propio y arriendan toda la superficie que producen. Los datos de la tenencia de la superficie implantada muestran que hay más personas involucradas en el negocio, ya que existen 88.527 CUIT de los cuales no todos son productores. Sobre ese universo, se registraron 37.641 casos de personas o empresas que producen sobre campo propio, otros 40.274 casos que lo hacen sobre campo exclusivamente arrendado y 10.612 personas que combinan ambas situaciones.
Los que alquilan se financian con los pools de siembras, que conforman un sistema de producción agraria caracterizado por el papel determinante que juega el capital financiero y la organización empresarial transitoria que asume el control de la producción agropecuaria mediante el arrendamiento de grandes extensiones de terrenos. El organizador del pool suele ser una empresa que cuenta con un ingeniero agrónomo y eventualmente otros administradores y gestores destinados a coordinar e implementar la agrupación y ejecución de las tareas productivas. Formado el grupo organizador, se implementa un fondo común de inversión con el fin de atraer inversores a partir de un esquema de siembra y una tasa de rentabilidad.
Pedro Peretti [8] sostiene que la Argentina hoy tiene una agricultura de “tres pisos”: uno es el terrateniente dueño de la tierra, el otro son los contratistas rurales (los que la trabajan efectivamente) y el tercer piso son los pools de siembra, grandes grupos financieros que se dedican a alquilar tierras y sembrarlas para exportar.
Los productores dejan de ser productores para transformarse en auxiliares productivos de las grandes corporaciones exportadoras. Lo único que interesa es el volumen exportable, no quién, ni cuántos producen, ni dónde se produce, ni para qué. Por eso, cuando asumió el hoy despedido Fernando Vilella como secretario del área, la presentación estuvo a cargo de José Demicheli, CEO de Adblick, un mega pool de siembra que trabaja más de 50.000 hectáreas, arrendando más de 100 campos, con un fondo común de inversión propio con 800 inversores.
Este sistema impuesto en forma creciente desde fines del siglo pasado es la causa del sideral desmonte que se está realizando en nuestro país para sembrar principalmente soja y maíz, de manera tal que la Unión Europea sancionó una ley que prohíbe la importación de productos vinculados con la deforestación posterior al año 2020, por lo que todos los productos que contengan soja y/o maíz van a pasar estrictos controles para garantizar que no provienen de ecosistemas que hayan sido dañados desde entonces.
Tomemos los ejemplos más notorios para ver su funcionamiento:
Adecoagro, que administra según un informe del bufet Cushman & Wakefield, al 30 de septiembre del 2023, 217.810 hectáreas en la Argentina, entre Buenos Aires, Corrientes, Formosa, Salta, Santa Fe y Santiago del Estero. Los campos están dedicados a la siembra de soja, maíz, trigo, maní, girasol, arroz y otros cereales. También se dedican a la elaboración de alimentos lácteos, por medio de la marca Las Tres Niñas, y arroz y snacks a través de Molinos Ala y Apóstoles. La firma fue fundada en la Argentina por Mariano Bosch, un empresario dedicado a los agronegocios, quien actualmente es director CEO. Las actividades comenzaron en 2002, año en el que debutaron con 70.000 hectáreas dedicadas a la producción agrícola y ganadera. Adecoagro cotiza en la Bolsa de Comercio de Nueva York (NYSE) desde 2011. Actualmente, el principal accionista, con el 31,19% del capital, es PGIM Jennison Small Company Fd, uno de los administradores de acciones y activos líderes en los Estados Unidos, el otro gran accionista con el 11,15% es Route One Investment Company, L.P, con sede en San Francisco, Estados Unidos, un fondo de cobertura, originalmente dedicado a bienes raíces. Otro socio destacado es el JP Morgan (BlackRock y Vanguard, fondos que seguramente tienen participación en los otros fondos mencionados).
Cresud S. A., que es una firma presidida por Eduardo Elzstain y tiene 538.822 hectáreas en las provincias de Santa Cruz (100.911 has), La Pampa (9.615 has), Entre Ríos (6.024 has), Santa Fe (1.431 has), Córdoba (1.534 has), San Luis (7.010 has), Mendoza (674 has), Chaco (26.370 has), Catamarca (12.395 has) y Salta (37.858 has). El dato surge de la web oficial de la empresa, de donde también se desprende que tiene tierras en Brasil, Paraguay y Bolivia. Las dedica al negocio agropecuario, con producción de granos de oleaginosas y cereales, caña de azúcar y carnes. El conglomerado también está integrado por Inversiones y Representaciones Sociedad Anónima (IRSA), dedicada al desarrollo inmobiliario y dueña de los principales shoppings del país.
Lartirigoyen y Cía, que le pertenece a la familia (desde 1850), ahora asociada con Viterra (donde tiene participación BlackRock). Su sede central es en La Pampa, pero también opera en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Salta. Lartirigoyen no posee tierras propias, sino que produce en forma asociativa con más de 55 productores de nuestro país. Se dedica a la producción de cereales y a la actividad ganadera, posee cerca de 22.500 cabezas vacunas repartidas en campos de La Pampa y el sur de Buenos Aires y dos criaderos de cerdos, uno de ellos en Dorila (La Pampa) y otro en Reconquista (Santa Fe).
En síntesis
Los ricos de este país (la vieja y la nueva casta) dividen sus negocios entre el carry trade y el sistema colonial tradicional, por supuesto que apuestan a ambos frentes; es más, la implosión de la deuda pública es funcional a la magna devaluación que necesitan para comprar por menos de la mitad lo que vale el doble.
El problema es cuándo van a devaluar y el retraso fue que apostaron muchos dólares a comprar títulos en pesos y todos no se pueden ir.
Mientras ellos dirimen sus cuentas y comisiones, el pueblo argentino del presente y del futuro paga las consecuencias.
[1] Casta: Es un sistema social en el que el estatus personal se adjudica de por vida, por tanto, en las sociedades organizadas por castas, los diferentes estratos son cerrados y el individuo debe permanecer en el estrato social en el que nació.
[2] Victorino de la Plaza era Vicepresidente de la República con Roque Sáenz Peña y, tras el pedido de licencia por enfermedad (y posterior fallecimiento) de Sáenz Peña, asumió la presidencia el 6 de octubre de 1913. Victorino de la Plaza a fines de 1890 fue encargado por el Presidente Carlos Pellegrini de la renegociación de la deuda externa del país, en medio de la crisis económica de ese año
[3] El DNU 70/23 fue rechazado por el Senado de la Nación y la Cámara de Diputados nunca lo trató. Es más, si 134 de sus miembros votaron las leyes 27.742 (que contiene el RIGI) y 27.743 de paliativo fiscal (que incluye el “blanqueo” de capitales), es fácil entender por qué.
[4] A 2.430 dólares por onza; un lingote tiene 400 onzas troy.
[5] La proyección de la Balanza de Pagos que hace el gobierno es positiva en el superávit comercial, pero se torna deficitaria en el conjunto de la Cuenta Corriente por el déficit en los servicios reales (royalties, fletes, seguros, comunicaciones, turismo, etc.) y financieros (intereses de la deuda y giro a las casas matrices).
[6] Tenaris S. A. es una empresa metalúrgica multinacional subsidiaria del grupo argentino Techint. Produce tubos de acero sin costura para la industria del petróleo, tubos de acero con costura y servicios para la industria de la energía y otras aplicaciones energéticas.
[7] Para que sirva de referencia, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene un ejido de 20.300 hectáreas.
· Disminuyó la inflación (alrededor del 4 %) en el SEXTO mes (JUNIO) 2024, pero siempre elevada. ¿Cuánto tiempo para encontrar una base estable MENOR AL 2 % mensual? Caputo y el BCRA, implementan (periódicamente) medidas alrededor de un ancla fiscal, ordenar y sanear el balance del BCRA con medidas muy altisonantes, pero las reservas no crecen, y eliminar el cepo es siempre una zanahoria, por ahora más adelante. En el aquí y ahora opera la licuación, arrastra a una reducción del consumo y de la actividad. Precios relativos dispersos, incluyendo los dólares.
· En diciembre 2023 una de las primeras medidas del gobierno de Milei fue una fuerte devaluación que llevó el peso a $ 800 por dólar. ¿Y luego? El tipo de cambio oficial se fue apreciando en el cortísimo plazo, en los meses del 2024, el IPC aumentó el 77 %,el tipo de cambio el 43%. La pregunta que se hacen algunos ¿Persistirán en economía y en el BCRA con el módico porcentaje del 2 % mensual? Y esto por lo visto permanecerá, sirve para controlar la inflación. Por ahora el dólar guarda cierto equilibrio si medimos interanualmente (12 meses tipo de cambio 264 % e IPC 271 %). Por eso siempre insistimos, desde donde nos paramos, podemos medir distancias y diferencias.
· El BCRA reduce fuertemente la tasa nominal de interés, esto lleva a tener por ahora tasas reales negativas, es lo que ocurre en estos meses del 2024, pero en junio con inflación atenuada, mejoró lo anterior. Suponemos parte de una estrategia, bajar el endeudamiento del BCRA y también la deuda del gobierno, por lo menos la que no está indexada. Muchos países en su momento con fuerte endeudamiento, después de guerras achicaron (la deuda) con tasas negativas.
· Los Logros de Milei por el momento parecen efímeros: El riesgo país después de una baja, nuevamente con valores que muestran que continuamos en el terreno de la desconfianza. La brecha entre el dólar y el CCL, sigue los mismos avatares, disminuye y luego nuevamente aumenta.
· Pobreza e indigencia no parecen mejorar, el FMI conjeturando una inflación del 140 % a diciembre 2024, con caída de la actividad fuerte y el gobierno esperando un próximo convenio que traiga dólares. Pero la carencia anterior hace que contemos con dólares para todos los gustos, dólar oficial, blend, el azul, el CCL, el turista, el de los arbolitos, el utilizado para comprar en los países vecinos, también el definido para el corto plazo, para el mediano plazo y el largo plazo. También el dólar CEPO, por lo menos para algunos.
· Mientras tanto Milei no deja muñeco con cabeza, y son pocos los economistas que le caen bien. Enemigos claros, comunistas, keynesianos, los neoclásicos contaminados, el socialismo, liberales con otras ideas y vecindades. Ganando amigos. Que tal Gorosito.
La adicción no es una elección sino una consecuencia. Surge en la conducta humana como un sucedáneo compensatorio de una carencia necesariamente afectiva. Si no puedo satisfacer esa carencia buscaré alguna conducta que me genere una satisfacción, aunque esta sea transitoria, que calme esa sensación de carencia.
La carencia puede ser generada a partir de situaciones objetivas que producen una imprimación en la subjetividad, posiblemente el caso paradigmático tenga que ver con las necesidades básicas insatisfechas, pero también puede ser a partir de carencias subjetivas surgidas de las interrelaciones vinculares con los grupos de pertenencia; el fundacional, la familia.
Cuando hablamos de necesidades básicas insatisfechas, debemos entender que sufrir por hambre, sufrir por frío, desear el juguete que no se puede tener, etc., constituyen experiencias emocionalmente traumáticas que perduran en la memoria emocional mucho más allá de la edad en que ocurrieron. La ausencia voluntaria o involuntaria de cobertura afectiva por parte de la estructura familiar generará una necesaria sensación de abandono en los niños.
Es interesante pensar en lo que sugiere la palabra adicto: a – dicto, lo no dicho. Generalmente el adicto no sabe qué es lo ‘no dicho’ en su historia, desconoce cual es el hueco afectivo que constituye su carencia real.
Hay aquí varios elementos que se conjugan, el primero puede ser el deseo.
Todo deseo partirá de una carencia, por ejemplo comer o beber, en la medida que este deseo sea satisfecho, la carencia quedará cubierta; pero de no ser así esta se instalará como una deuda y por supuesto ligada a la diada placer/displacer, la condición con la que se instalan los significantes en nuestra subjetividad.
Todos somos adictos o potencialmente adictos.
Todos experimentamos o hemos experimentado alguna vez carencias afectivas. El tema está en que recursos hemos tenido disponibles para enfrentar esas situaciones de carencia en el caso de no haberlo podido satisfacerlas en tiempo y forma.
Tanto las zonas del cerebro involucradas en la afectividad como en la sensaciones de satisfacción se encuentran en el sistema límbico, lo que no resulta casual sino causal. Esta satisfacción ocurre, químicamente, a través del sistema de recompensa cerebral mediado por la actividad dopaminérgica; pero no es propósito en este escrito hablar de la estructura y el funcionamiento biológico molecular.
Hemos reparado en que, culturalmente, calmamos la ansiedad de nuestros niños con ese adminículo llamado chupete, un sucedáneo de la succión del pecho materno, fuente de alimentación y placer. Posiblemente dotemos así al niño de su primera adicción. Casi la institucionalización de una conducta a través de la oralidad.
Los adolescentes en el despertar sexual, ante la aparición explosiva del deseo generado por los cambios hormonales, con mucha frecuencia incurren en conductas masturbatorias compulsivas que pueden configurar una adicción. Posteriormente, con la llegada de la adultez y la adquisición de habilidades para las relaciones sociales, más los permisos que da la cultura, el grueso de los adolescentes pueden establecer relaciones afectivas en donde la sexualidad encuentra un cauce más estable e integrado entre la afectividad y la pulsión sexual con impacto físico, o sea, tienen sexo.
Como decíamos más arriba, todo deseo expresa una carencia, desde los más básicos como comer y beber o la pulsión sexual. La ansiedad o sensación compulsiva para satisfacer el deseo dependerá de las herramientas que tengamos para lograrlo.
Tomando como modelo de aprendizaje lo que la conducta evolutiva del ser humano en su proceso de crecimiento y socialización nos brinda, podemos establecer procesos terapéuticos para ayudar a las personas atrapadas por conductas adictivas.
La biología nos muestra que toda conducta que se modifica no desaparece abruptamente, sino que en general es sustituida progresivamente por otra que la reemplaza. O sea que el espacio subjetivo ocupado por algo que se va, es ocupado por algo que llega, pero el continente sigue siendo el mismo; también guardará como recuerdo, consciente o no, el registro de conductas anteriores. Mientras estemos orgánicamente sanos nuestra subjetividad puede agrandarse pero nunca achicarse.
Cabe preguntarse ante la actitud de buscar consuelo en conductas que configurarán adicciones:
¿Qué nivel de tolerancia tenemos ante nuestras propias reflexiones?
¿Por qué es frecuente que ante situaciones de contacto social o ante la soledad que nos enfrenta a nosotros mismos, necesitemos interrumpir ese contacto externo o interno con alguna conducta adictiva?
Fumar tabaco u otras sustancias, snifar, beber, o alguna otra actividad repetitiva, en lugar de ser un propósito, como podría ser la satisfacción del deseo sexual habitual, solo tiene como objetivo aparente rescatarnos de una situación que nos produce una ansiedad incómoda. La incomodidad de estar con los otros o estar con nosotros mismos.
Tal vez entonces el segundo elemento a considerar tenga que ver con la socialización y la inseguridad que esta representa, enfrentar el contacto con el otro, fracasar en el deseo de ser deseado por el otro (Lacan dice que el deseo es en realidad el deseo de ser deseado por el otro), o sea ser integrado a una pertenencia afectiva; que el hueco afectivo del que no somos conscientes se reavive como una herida que no cierra.
Desde este punto de vista podríamos concluir que en la conducta del adicto hay una dificultad para integrarse en un grupo de pertenencia en el que se sienta contenido y aceptado.
Incluso la dificultad para enfrentarnos a nuestro encuentro obligado con nosotros mismos, ese encuentro que puede enfrentarnos a nuestros fantasmas cuando estamos solos, cuando no nos salva de la soledad una actividad que nos ocupe y no pueda ser interrumpida, y que tendrá por respuesta la huida a la adicción mil veces repetida.
Seguramente habrá adicciones de diversa magnitud, más o menos intensas, más o menos dañinas, con variables velocidades de desintegración de nuestras estructuras psíquicas; leves, moderadas y graves.
Entonces, como en tantos casos, la pregunta es: ¿qué hacer?
Primera respuesta: pesquisar en cada persona su historia para buscar el núcleo de sus carencias a fin de intentar resignificar sus experiencias.
Segunda tarea: establecer grupos terapéuticos que funcionen como comunidades de contención en donde la base de funcionamiento esté en la interacción y en la mutua y empática aceptación del uno por el otro.
Tercera tarea: preconizar tareas grupales en las que cada integrante tenga otros que dependan de él, intentando reproducir un modelo de cadena o de línea de montaje, un entramado interdependiente que genere lealtades y refuerce sentimientos éticos.
Los objetivos están en conocer las causas individuales y generar vínculos de pertenencia con compromiso afectivo de cuidado mutuo entre los integrantes de la comunidad terapéutica.
Todo esto tiende a destruir las conductas aislacionistas e individualistas que caracterizan a las adicciones, independientemente de que algunas adicciones parezcan predominantemente sociales como el alcoholismo.
Como conclusión encontramos en el origen de las conductas adictivas una carencia vinculada a las dificultades para establecer vínculos de pertenencia, un íntimo sentimiento de no aceptación por parte de la comunidad a la que desearía pertenecer el adicto. Es entonces el camino de la reintegración a la comunidad el proceso deseable a emprender para la reparación del daño que generó la conducta adictiva. En la interacción comunitaria está la respuesta.
Las múltiples posibilidades de las conductas adictivas.
La búsqueda de conductas compensatorias que nos den una satisfacción que en la medida en que es transitoria requiere repeticiones, progresivamente, va configurando la adicción en la que nos hacemos dependientes de esas conductas compensatorias, drogas, alcohol, compras, sexo, etc.
Hoy dentro de los etcéteras debemos incluir a los estímulos constantes que recibimos a través de los teléfonos inteligentes, las tabletas o las computadoras. Posiblemente el sucedáneo de una cadena genérica de carencias que probablemente estén ligadas a una baja autoestima epidémica.
Vivimos en una sociedad en la que el capitalismo pretende inculcarnos, a través de los medios de comunicación que posee, la cultura del éxito y la competencia, del glamour, de la juventud eterna e inclusive de la no aceptación de la muerte como final de la vida. Solo vale ser campeón, número uno, ser segundo ya es deshonra. Como consecuencia el 99,99 % que no somos número 1, no somos dignos. En ninguna sociedad competitiva puede florecer la autoestima.
El estímulo permanente a través de las redes sociales, que poco tienen de sociales ya que nos llevan a un ejercicio solitario, casi masturbatorio, de vínculos con un universo numeroso pero ilusorio, la foto de una revista que a veces contesta; ocupa demasiadas horas de nuestro día, prácticamente todo el tiempo que estamos despiertos. El tema es que estas redes suponen espacios de pertenencia difusos, espacios irreales que solo están en ellas, y nos hacen querer estar en el ‘gran hermano’, sometiendo nuestra intimidad al escrutinio general con la infantil pretensión de ser vistos por alguien; deseo no verbalizado pero sí groseramente explícito desde la carencia afectiva que caracteriza a la baja autoestima, un soterrado pero desesperado pedido de ser confirmados por la mirada del otro. Tal vez el problema esté en que hemos cambiado el diálogo cara a cara por el chat, hemos sustituido el abrazo y el apretón de manos por el like.
Alguien dijo que la vida es lo que acontece entre el estímulo y la respuesta, algo parecido a pensar en lo que ocurre entre el deseo y su consecución o su límite. Habría que agregar a esto que el tiempo que media entre el estímulo y la respuesta puede ser variable y no necesariamente inmediato, porque el ejercicio de la vida también es elaboración, meditación, reflexión e incluso aburrimiento.
El estímulo permanente impide el aburrimiento, el aburrimiento que nos sacaría de la rutina de una rueda de hámster en la que calculamos nuestra vida algorítmicamente, en una interacción mecánica con herramientas tecnológicas, que a su vez nos estimulan con algoritmos surgidos de la información de nuestro funcionamiento y de nuestros deseos iniciales que volcados a las redes, que informan a los que elaboran esos algoritmos. Luego pasamos a ser manejados por esos algoritmos que nos crean necesidades ficticias, nos indican ”qué debemos hacer para pertenecer”. Es la teoría del feedback de la cibernética, la perpetuación del circuito de retroalimentación negativa que lleva a un círculo vicioso.
¿Y para que sirve el aburrimiento? Por ejemplo para permitir la creatividad.
Aparentemente hay dos caminos para encontrar novedades en la ciencia y en la especulación filosófica, entendiendo que todos los humanos podemos pensar y generar conclusiones. Uno de los caminos es el heurístico, en el que tras una búsqueda ordenada finalmente nos encontramos con el objeto de la búsqueda, el otro, y aquí es importante el tiempo que pasamos aburriéndonos aunque no sea condición imprescindible, es la serendipia, el hallazgo de algo no buscado, pero que reconocemos como importante.
Posiblemente Isaac Newton contemplaba aburrido un manzano cuando el evento ocurrido desencadenó en él la cadena de ideas y cuestionamientos que dieron origen a su teoría sobre la gravedad luego demostrada y a la que hoy llamamos ley.
La vida de cada ser humano es su historia afectiva, esto no es otra cosa que la búsqueda de aceptación por quienes considera su grupo de pertenencia.
El adicto pierde la empatía y se vuelve atrozmente individualista, solo existe para él su necesidad de consumir. Imperceptiblemente abandona toda pertenencia y se sumerge en una angustiosa soledad. La pérdida de la empatía lleva necesariamente al aislamiento, solo ve su propio ombligo, con la adicción al dinero ocurre lo mismo.
El aislamiento narcisista lleva en algún momento a la sensación de fracaso, a la soledad y a la depresión que no es otra cosa que la abolición del deseo, después de esto, el suicidio es posible.
En la autoexplotación que nos plantea la sociedad capitalista neoliberal no hay con quien enojarse ante el fracaso más que con uno mismo, magnificando así los sentimientos de frustración que atentan contra la generación del deseo.
La sociedad de las adicciones.
Posiblemente la contradicción primordial de nuestra especie esté entre el miedo y el deseo. El deseo que nos impulsa hacia algo y el miedo que nos muestra el límite de lo posible o lo imposible según las posibilidades objetivas y según nuestras creencias expresadas en nuestra subjetividad. De su modulación y equilibrio dependerá nuestra estabilidad emocional, esto no es otra cosa que lo que llamamos madurez.
Pareciera ser que tenemos dificultad para caer en la cuenta de lo contradictorias que pueden ser nuestras conductas y no advertimos que nos comportamos, frecuentemente, como un perro que se muerde la cola. Nuestras sociedades denostan públicamente las adicciones a drogas pero parecen ignorar que la adicción, más allá de lo fáctico, es una conducta abarcativa que no se agota en el consumo de una sustancia sino que impregna todas nuestras actividades porque su imprimación está registrada en la conducta social, es parte de la la cultura imperante.
Más arriba decíamos que la adicción es la consecuencia de una carencia afectiva que intenta ser cubierta por un sucedáneo que nos da una satisfacción temporal estimulando químicamente nuestro centro de recompensa cerebral.
Nos hemos concentrado desde hace años en el “remedio” y no en la enfermedad; entendiendo que la enfermedad es la carencia y la sustancia de adicción es el remedio o en todo caso el mal remedio.
Posiblemente el origen de la carencia que nos impulsa a sustituir, a llenar un hueco afectivo del que frecuentemente no somos conscientes, radique en nuestras inseguridades con respecto a la pertenencia a nuestras comunidades, a la sensación de aceptación o no por parte de nuestros semejantes, lo que conocemos en general como sentimiento de autoestima; una autoestima que no se refiere exactamente a nosotros sino a nosotros con respecto a los otros, los espejos en los que pretendemos reflejarnos.
Si entendemos que la adicción es una conducta, esto nos permitirá rastrear sus causas, sus porqués, sus para qués y sus cómo; de acuerdo a la particularidad y circunstancias de estas preguntas podremos establecer contextos y consecuencias.
Cuando hablamos de conductas posibles, lo hacemos en referencia a modos que tenemos los humanos de enfrentarnos a diversas circunstancias adversas, así como ante el peligro o la agresión podemos optar entre la huida o la lucha; ante una carencia afectiva, que es inevitablemente social, o sea referida a la sociedad en la que vivimos, o familiar, hablando de un núcleo de pertenencia más pequeño y personal, tendremos posibilidades de respuestas individuales o comunitarias. La adicción es, fundamentalmente, una respuesta individual ante una conflictiva familiar o lo social que son ámbitos comunitarios.
En lo dicho hasta ahora hemos mencionado el ‘porqué’ como una situación de carencia afectiva necesariamente vinculada a la pertenencia social y/o familiar. También mencionamos el ‘para qué’ al caracterizar a las conductas adictivas como la búsqueda de sucedáneos que provoquen una satisfacción, que al ser transitoria obliga a la repetición frecuente configurando la adicción.
Cabe detenernos en el ‘cómo’, ya que esto tiene que ver con una conducta y no con la cosa consumida, hay un amplio menú de posibilidades que hacen a la adicción una conducta única ante objetos variables y variados. En general se asocia la adicción al consumo de sustancias que en este momento son consideradas ilícitas como la cocaína, heroína, crack, pasta base, paco, opiáceos, algunas drogas de síntesis y también algunas sustancias legales como el alcohol, el tabaco, la comida, el juego y los tranquilizantes. Hace relativamente poco tiempo que también se habla de adicción al trabajo o al sexo, pero indudablemente la adicción más frecuente, de magnitud pandémica, radica en el consumo de bienes, lo que hace que seamos descriptos como la sociedad de consumo.
El modo de producción capitalista, basado no en la satisfacción de las necesidades reales de la comunidad, sino en la obtención de la máxima ganancia, estimula no solo la sobreproducción, con el riesgo de agotamiento de recursos no renovables, sino que arbitra los medios para generar necesidades inexistentes a ser satisfechas. Sus herramientas fundamentales son la publicidad y la propaganda, que propalan como condición de pertenencia la posesión y el consumo de objetos o servicios, que además deben ser de tal o cual marca. Se exhiben las marcas de prendas y objetos como signo de prestigio y pertenencia a determinado estrato social. De la misma manera la carencia de esos bienes o servicios implica exclusión social, lo que resulta totalmente parecido a una condena. La mayor o menor posibilidad del consumo certifican la pertenencia a una clase y establecen la caracterización social.
Por supuesto las conductas adictivas no son propias de la modernidad; no solo porque hay registros históricos que describen acciones que podemos considerar como tales, sino porque hay una conducta adictiva humana que ha sido históricamente generadora de genocidios y masacres, me refiero a la adicción al poder. No podemos obviar las masacres perpetradas por los personajes que pasaron a la historia como grandes líderes de culturas de la antigüedad. Son incontables los muertos provocados por Alejandro Magno, Julio César y los mandamases de todos los imperios, en general grandes genocidas, y todo esto atrás de la conquista del poder o de más poder del que estos personajes ya tenían, logrando arrastrar u obligar a los pueblos a la guerra. Es además notable como en nuestra cultura eurocéntrica, en la construcción de la historia, solo se reconocen como perpetradores de masacres a los imperios orientales y no a los europeos.
Cuando comenzamos a desarrollar el pensamiento con respecto a las adicciones y sus consecuencias, inevitablemente funestas, vemos no solo que dependen de la estructura social de las comunidades sino también que en la base del análisis aparece el poder ejercido por las élites como núcleo de la conducta adictiva y como gran motivador de las causas que generarán otras adicciones.
Así observamos que las élites dominantes, además de tener su propia adicción al poder y a todo lo que lo simbolice, lujo, lujuria, soberbia, etc., casualmente todo lo que se conoce como pecados capitales; también han utilizado las adicciones como herramientas de dominio. Es conocido como el imperio británico favoreció la producción y el consumo de opio para debilitar la voluntad de resistencia de los chinos en las llamadas guerras del opio. En América, tanto del norte como del sur se administró alcohol a las tribus de pueblos originarios para doblegar su voluntad y sabotear su resistencia al avance europeo. Fundamentalmente para el capitalismo, las adicciones son un negocio altamente rentable, tanto para el latrocinio como para estimular el consumo. El capitalismo ha manipulado y manipula la subjetividad comunitaria a través de la publicidad fabricando adictos al consumo. El mecanismo de manipulación está centrado en la construcción subjetiva de falsas pertenencias que contengan emocionalmente a los individuos, y que supuestamente los haría ser parte de la minoría que está por encima del resto de los miembros de la comunidad, una fantasmagórica y absurda ilusión de poder y pertenencia. Para la sociedad de consumo el valor de la persona humana no reside en el ser sino en el tener.
La conclusión obligada es que las sociedades desiguales producirán, inevitablemente, profundas carencias.
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Un 13 de agosto de 1988, en la ceremonia de apertura de la muestra anual de la Sociedad Rural Argentina, Raúl Alfonsín fue abucheado por sus concurrentes porque unos días antes su gobierno había instrumentado un “parche” al plan económico que denominaron Plan Primavera, que en lo cambiario consistía en comprar los dólares obtenidos de las exportaciones agropecuarias a precio mayorista (12 australes por dólar) y venderlos a los importadores a 14,66 australes [1].
El objetivo era el mismo que se plantea la dupla Caputo-Bausili en julio de 2024: la emisión monetaria causada por las exportaciones “del campo” se compensa ampliamente vendiendo las divisas a un precio mayor [2] y el Banco Central obtiene una renta. Pero en la actualidad es mucho peor porque se vende en el mercado de Contado con Liqui (CCL), que es el mercado de fuga de capitales, donde el BCRA es en la práctica el único oferente, y compran dólares a la vez que venden sus tenencias de títulos públicos en pesos. El BCRA compra dólares en el mercado mayorista a $ 930 y los vende en el CCL a $ 1.330.
Un poco de historia
La economía como ciencia social no tiene probetas o laboratorios u otra forma de probar determinadas medidas. La enseñanza es la historia, propia o ajena.
El Plan Austral en sí significó una fuerte devaluación inicial, con control de salarios y de precios, y un cambio de moneda (pesos por un austral). El equipo del ministro Juan Vital Sourrouille dejó que las grandes empresas acomodaran los precios relativos, sabiendo que se cambiaba la moneda tras una fuerte devaluación que se plasmó el 14 de junio de 1985 con el austral a 80 centavos por dólar estadounidense. Para descontar la inflación esperada de los contratos se hizo una tabla de descuento (desagio), pero se proponía un drástico recorte del gasto público, combinado con altas tasas de interés y un tipo de cambio que se retrasa sistemáticamente. El resultado no podía ser otro que la caída del nivel de actividad, de los salarios y la competencia desleal de las importaciones, en un marco de “festival de bonos” (como ahora), con el objetivo de generar un excedente económico del 6% del PIB para “honrar” la deuda externa [3].
El Plan Austral se basó en el deterioro salarial, la reducción de la planta de trabajadores públicos, la posibilidad de privatizar, la disminución del gasto público, el estricto control de gestión de las empresas estatales, la cancelación de las inversiones estatales y el aumento de la presión tributaria sobre la población. De esa forma, el gasto público de la Administración Nacional descendió del 29,2% del PIB en 1984 al 22,8% en 1985 y, pretendió continuar hasta que en 1989 eclosionó.
La práctica de perder reservas internacionales para mantener la apariencia de un precio del dólar bajo control, en la que el BCRA vende en el mercado cambiario local, hace que el 6 de febrero de 1989 el presidente de la autoridad monetaria de esa época, José Luis Machinea, reconozca que no podía vender un solo dólar más, lo que provocó la híper devaluación: de 17,62 australes por dólar ese día, a 650 cuando asumió Carlos Menem la presidencia de la República el 9 de julio de 1989; luego siguió hasta llegar a 10.000 australes el 1º de abril de 1991 (Plan de Convertibilidad). La híper devaluación es la madre de la híper inflación, siendo la misma de 3.079,5% para 1989 y de 2.314% anual en 1990, medido por el IPC del INDEC.
La situación hoy
No estamos exentos de repetir la historia, máxime cuando el actual BCRA reconoce que las reservas internacionales son negativas por 3.300 millones de dólares, tal lo dicho por su vicepresidente Vladimir Wernig, discurso que le grabaron el 16 de julio en Nueva York ante 40 CEOs de bancos, compañías de seguro y fondos varios, preocupados por convertir en dólares los títulos de deuda en pesos argentinos que poseen, en su inmensa mayoría ajustados por la inflación local (en diciembre 2023 el IPC del INDEC fue de 25,5%, en enero 20,6%, febrero 13,2%; marzo 11%, abril 8,8%, mayo 4,2% y junio 4,6%) contra un tipo de cambio que devaluaron más de un 100% el 12 de diciembre pasado, pero a partir de esa fecha, ajustan el precio del dólar oficial a un 2% mensual (crawlin peg).
La promesa de Wernig es que van a poder vender esos títulos en el mercado CCL de la Argentina, que se los va a recomprar en dólares el BCRA por sí o por el Tesoro de la Nación, y que ellos van a poder convertir las siderales ganancias entre la inflación y la devaluación del tipo de cambio, en divisas.
Es más, le pide que le den tiempo y que lo van a realizar sistemáticamente, pero que si se quedan en esos títulos van a poder seguir ganando la diferencia entre la inflación y la devaluación del tipo de cambio. De allí que por resolución conjunta 41/2024 de las secretarías de Hacienda y Finanzas del 24 de julio resuelve la ampliación de dos bonos ya existentes: uno con vencimiento en diciembre de 2026, que amplía su emisión por un total de 2 billones de pesos, y otro, en diciembre de 2027, por 2,2 billones, ajustado por el IPC del INDEC.
Conocida la grabación de la confesión de Wernig, la dupla Caputo-Bausili le ofrece como paliativo a los demás operadores cambiarios:
Acortar los plazos para las empresas que accedan al Mercado Libre de Cambios (MULC) para pagar importaciones.
Subir el monto que los exportadores de servicios (generalmente profesionales) no están obligados a liquidar en el MULC, de 12.000 a 24.000 dólares.
Permitir que las personas que habían recibido alguna ayuda por parte del Estado durante la pandemia o que se benefician con subsidios a los consumos de servicios públicos puedan realizar operaciones cambiarias a través de títulos valores en moneda extranjera.
También como alarde de que pueden hacerlo, el Tesoro de la Nación depositó 1.528 millones de dólares en el Bank of New York, para garantizar el pago de los intereses de los bonos Bonar y Global que vencen en enero de 2025.
Claro que pudieron hacerlo tras una más que severa reducción del gasto público (esencialmente en jubilaciones, pensiones y obra pública), de manera que el resultado acumulado de los primero seis meses de 2024 fue un superávit primario de 10.822.millones de pesos (aproximadamente 1,1% del PIB). Y tras pagar intereses de la deuda por 7.116.849.000 dólares, obtener un superávit financiero de 3.705.485 millones de pesos (0,4% del PIB). Pero la situación es muy distinta en el segundo semestre, que como reconoce el gobierno en el DNU 594/24 de ampliación del presupuesto nacional 2024, terminan el año con un déficit financiero de 7.068.442 millones de pesos.
Con reservas internacionales del BCRA negativas en 3.300 millones de dólares y con el cierre fiscal deficitario en (siempre que el tipo de cambio no se dispare antes y se cumpla la meta de Caputo-Bausili de que el dólar oficial esté a 1.096 pesos en diciembre de 2024) unos 7.000 millones de dólares, dependen de los acreedores que acepten renegociar dicha deuda.
Las deudas en pesos para el resto de 2024 alcanzan los 22,7 billones de pesos (para la Secretaría de Finanzas de la Nación, pues para consultoras privadas es una suma notablemente mayor). En deuda en dólares tiene vencimientos de capital de la refinanciación con los bonistas del 31 de agosto de 2020, canje de deuda de Martín Guzmán, más los vencimientos de septiembre y diciembre con el FMI, y no están cumpliendo la meta de aumentar las reservas internacionales del BCRA.
El FMI
En septiembre de 2024 vence la cuota de capital de 1.125,1 millones de dólares. Según la VIII revisión del acuerdo con el FMI, para que dicha cuota se refinancie a diez años (se convierte el stand-by de la gestión de Cambiemos en un préstamo de facilidades extendidas) se debe cumplir con las metas de superávit primario fiscal, de no emisión monetaria del BCRA al Tesoro de la Nación, y de acrecentar las reservas internacionales del BCRA.
La meta acordada era que las reservas internacionales netas aumentaban 9.700 millones de dólares en 2024. Siempre según el BCRA, las reservas internacionales brutas [4] el último día hábil de diciembre de 2023 eran de 23.470 millones de dólares, y al 23 de julio (último día publicado) de 27.437 millones de dólares, por ende el acrecentamiento es de sólo de 3.967 millones de dólares. Si a eso le sumamos que el BCRA vende en el mercado CCL todos los días (acordado con los poseedores de títulos de deuda a quienes les habló Vladimir Wernig) esa meta no se cumple. Y en ese caso el gobierno argentino debe pagar el capital o pedir un waiver[5].
El pecado original es el mismo: una deuda de más de 100.000 millones de dólares contraída en el gobierno de Cambiemos que la administración de Alberto Fernández aceptó en su totalidad y se comprometió a pagar en las fechas acordada con el FMI y los bonistas del canje de deuda del 31 de agosto de 2020. Y el gobierno de Javier Milei, que acepta todo a libro cerrado e incluso convierte en títulos de deuda el déficit fiscal de la administración de Fernández, la deuda con los importadores en BOPREAL que es un título que se paga en dólares en octubre de 2027, y convierte los encajes remunerados de los bancos (Leliq, Notaliq y pases pasivos) en títulos de deuda pública.
La deuda se torna impagable, de manera tal que negociando con los acreedores y el FMI este año, en 2025 se deben 19.800 millones de dólares. Y desde 2026 hasta 2032 los vencimientos superan los 20.000 millones de dólares por año.
En síntesis
Se reúne el G20 [6] en Río de Janeiro y el ministro Caputo y su equipo viajan en busca de un acuerdo con bancos internacionales, para conseguir créditos que le permitan por lo menos cancelar una parte de los vencimientos de este año. Para ello ofrece operaciones en Repo (Repurchase Agreement), en las que se entregan títulos públicos como garantía (consiste en un préstamo de bancos al Tesoro a cambio de una garantía, títulos o activos del Estado, con el compromiso de recomprarlos en una fecha y precio determinada), que debe haber sido como el envío de oro a Londres.
El aval que tiene es que los inversionistas (locales y extranjeros) están en títulos públicos en pesos y necesitan esos dólares para irse del país (deuda y fuga). La idea es que la Argentina alguna vez va a pagar con recursos naturales y para eso están las leyes 27.742 de Bases y punto de partida (que contiene el RIGI, un modelo extractivista del siglo XIX) y 27.743, de blanqueo de capitales.
Y a su vez, grandes inversionistas locales y extranjeros son o bien los principales dueños de los pooles de siembra y/o están asociados o se financian con BlackRock, Vanguard, PIMCO, Fidelity, Franklin Templeton y otros fondos de inversión, que son los que compran los dólares en el CCL, lo que garantiza que el abucheo del cierre de La Rural hoy quedará limitado a la parte del público sin la aprobación o conformidad de los principales socios.
[1] El Plan Primavera desdobló el mercado cambiario, pasando las exportaciones sin reembolsos (principalmente productos primarios y sus manufacturas) a liquidarse por el mercado comercial, mientras que las que tenían reembolsos (industriales) pasaban 50% por el comercial y 50% por el financiero. Las importaciones pasaban a liquidarse por el tipo de cambio financiero. La devaluación nominal fue de 11,4% (12 australes por dólar), 22,5% para las exportaciones y 33,6% en el caso de las importaciones.
[2] Cuando ingresan dólares u otras divisas en el BCRA, la autoridad monetaria hace el siguiente asiento contable: Oro y Divisas a Billetes y Moneda. Cuando se pagan importaciones o, en el caso actual, que el BCRA vende dólares en el mercado cambiario, ingresan al BCRA Billetes y Monedas y sale Oro y divisas. Teóricamente el BCRA esteriliza más dinero porque el precio es mayor, pero se reducen las reservas internacionales del BCRA, y en la semana del 22 al 25 de julio el BCRA vendió más dólares de los que ingresaron.
[3] El origen es la deuda externa generada por la dictadura militar y aceptada por el gobierno de Alfonsín el 1 de julio de 1985 mediante los Comunicados A-695, A-696, y A-697 del BCRA, que realiza el canje de títulos firmados por nadie por los firmados por un gobierno constitucional.
[4] El BCRA no publica las reservas internacionales netas.
[5] Un waiver es un permiso para incumplir un covenant financiero.
[6] El G20 está integrado por 19 países y la Unión Europea. Los países son Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica y Turquía.
Desde hace algunos años han resurgido los trabajos sobre la plutocracia. El régimen llamado plutocracia es, según la Real Academia de la Lengua Española, aquel en el que “los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado”. Algunas experiencias recientes consideradas plutocráticas en el marco de democracias representativas, como el Gobierno de Donald Trump (2017–2021), han generado una mayor atención y eso ha estimulado la evaluación de la política exterior de las plutocracias. Si bien son pocos los ejemplos analizados hasta el momento, ello ha permitido indagar sobre nuevas experiencias y así realizar investigaciones de política comparada más robustas. El mandato de Trump, en particular, resulta un caso testigo sumamente interesante.
Algunos ensayos destacan los rasgos personales que, si bien no determinan, sí influyen en la política exterior de un país. Entre otros, Asaf Siniver y Christopher Featherstone subrayan el peso de las cosmovisiones individuales y las lógicas binarias por sobre las miradas multi-dimensionales y los razonamientos complejos. Asimismo, el juicio y la visión personales del líder se suponen más importantes y preponderantes que la experiencia y las perspectivas de los funcionarios especializados. Eso, a su turno, deriva, según Ruth Deyermond, en una política exterior opaca en la que las preferencias presidenciales alteran y quiebran las políticas de las áreas responsables. Valga acá señalar algo que se revela en los nombramientos y salidas de funcionarios, tanto en el terreno de la política doméstica como la internacional: se premia a quien obedece y se castiga a quien contraviene. Como mostró Kathryn Dunn Tenpas el total de la renovación del personal durante el cuatrienio de Trump alcanzó al 92% (frente al 78% de Ronald Reagan, el 74% de Bill Clinton, el 71% de Barack Obama, el 66% de George Bush padre y el 63% de Bush hijo). En cuanto al estilo de los mandatarios, se señalan su inclinación impulsiva, su actitud impredecible y su comportamiento confrontativo.
A diferencia de experiencias plutocráticas de comienzos del siglo XX en Estados Unidos y Europa, que se apoyaban en la expansión y protección del capital industrial, en Estados Unidos ahora es central el papel del capital financiero, como resalta James Kurth. A lo que se suman actualmente los multimillonarios de Silicon Valley que, en la elección de este año, respaldan activa y materialmente la fórmula Trump-Vance. Cabe decir que ambos –los magnates de las finanzas y de la tecnología– detestan las regulaciones y defienden un Estado mínimo. Sin embargo, y en particular en el segundo tipo negocios, les interesa un Estado grande (para ellos) si es un comprador de sus bienes y servicios.
Algunos estudios abordan también las políticas públicas concretas de las plutocracias con su proyección en el ámbito externo. Es proverbial una insensibilidad frente a la inequidad y la justicia social; lo cual genera, de acuerdo con Kristin Goss, “experimentos mal concebidos sobre la población más desventajada”. Se trataría de iniciativas y medidas que procuran un nuevo balance entre Estado-Sociedad-Mercado en favor del mercado y de las grandes corporaciones. Además, una presunta autoridad moral de los detentadores de poder (con el consentimiento tácito o expreso de sus sectores de apoyo) contribuye a llevar a cabo cambios extremos. Eso se acompaña, en el frente externo, con posturas radicales que ambicionan una transformación igualmente drástica, sean o no operativas o aceptadas por el resto de la comunidad internacional. En todo caso, esa indiferencia frente a la desigualdad tiene implicaciones normativas en lo doméstico y en el posicionamiento internacional del Gobierno.
En cuanto a políticas exteriores específicas, algunos trabajos mencionan la racionalidad material que prevalece en las acciones, los nombramientos, las votaciones y las posturas en el terreno internacional. Siniver y Featherstone, por ejemplo, aluden a la administración Trump y su rechazo al cambio climático, a la posición en referencia a Israel, la cuestión Israel-Palestina y Arabia Saudita; entre otros varios. Por su parte, Sidra Khan enfatiza el menosprecio ante los compromisos multilaterales, así como un trato hostil ante distintas contrapartes; incluidos ciertos aliados. Una combinación de personalismo exagerado e inadmisibilidad de restricciones refuerzan ambas conductas.
Finalmente, resulta interesante reparar en dos hechos. Uno, la potencialidad de que si llegase a la Casa Blanca nuevamente, Trump pudiera consolidar una plutocracia en Estados Unidos. Eso posiblemente aliente a sus pares en el mundo de la Internacional Reaccionaria a replicar lo que autores como Paul Pierson llama plutocracia populista. Por otro lado, existe una dimensión global que merece mucha atención y que trasciende las relaciones gobierno-gobierno y es la multiplicación de reuniones, conferencias, encuentros de miembros de aquella internacional que van estableciendo lazos cada vez más estrechos y se nutren de modos de comunicación y fuentes de financiamiento comunes. Ello podría derivar en la mayor expansión y eventual imposición de una nueva agenda mundial que facilitara el ensayo y experimentación de proyectos plutocráticos.
En breve, en la elección en Estados Unidos de noviembre próximo no solo hay en juego algo que hace a ese país y su democracia, sino el asomo de un ejemplo plutocrático con ambición de consolidación interna y de impacto global.
En sus más de 40 años de trayectoria, el argentino Juan Gabriel Tokatlian se consolidó como un intelectual clave a la hora de pensar y entender el lugar de Argentina y América Latina en el mundo. Sociólogo, doctor en Relaciones Internacionales en la Universidad de Johns Hopkins de Washington, profesor en la Universidad Di Tella, activo divulgador de sus conocimientos en medios locales, acaba de publicar para Siglo XXI Editores Consejos no solicitados sobre política internacional: Conversaciones con Hinde Pomeraniec,un incisivo análisis del actual escenario global surgido de una serie de entrevistas con la reconocida periodista y editora.
Se trata de un libro, explica Tokatlian, que “refleja una perspectiva”: la de un internacionalista del Sur Global, de América Latina, de Sudamérica, del Cono Sur y de Argentina. “Es desde donde yo veo el mundo que trato de incorporar qué es lo que pasa en Occidente, qué es lo que pasa en Oriente, qué es lo que pasa en las grandes potencias”, dice. “Pero yo no habito ahí. Yo habito acá. Entonces debo pensar desde acá”.
Esa mirada también se refleja en la charla que mantiene con Infobae en una sala luminosa y llena de libros de Siglo XXI. Los temas son muchos y variados. Desde la política exterior de Javier Milei (“Al descreer del Estado, vuelve a una etapa pretérita, muy antigua, donde existía la voluntad del príncipe, pero no el interés nacional”), hasta el creciente riesgo de una gran conflagración entre potencias (”Estamos viviendo un tiempo donde hay una fatiga con la paz, hay muchos elementos que nos parece que nos están impulsando hacia una grave crisis internacional”) y el posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca (”Para nosotros en América Latina puede ser un tremendo dolor de cabeza”).
—Hablemos del libro. ¿Por qué el título habla de consejos “no solicitados” de política internacional?
—El libro surge de una experiencia docente e investigativa de cuatro décadas y el deseo de tener un lenguaje más amable, más accesible, más comprensible, pero sin perder profundidad conceptual. Entonces surgió este sistema de entrevistas que hacíamos todos los viernes con Hinde. Fue muy gratificante. Por otro lado, en el contexto político actual de Argentina, y considerando la política exterior de Milei, el libro busca dar una interpretación de los asuntos internacionales, más que recomendaciones concretas de acción. Y también generar algún tipo de interés, de pregunta, de duda.
Consejos no solicitados sobre política internacional: Conversaciones con Hinde Pomeraniec», publicado por Siglo XXI Editores.
—Una de las advertencias que hace en el libro es: “Vivimos en una era de inusitada peligrosidad”. ¿Cuáles son, a su juicio, los focos de tensión que tienen el potencial de escalar a conflagraciones globales? El libro dedica capítulos específicos a los conflictos en Ucrania y Medio Oriente. Aunque, por otro lado, afirma que el Sudeste asiático es la región con “el mayor potencial de confrontación”. Entonces, ¿hay que mirar más a Taiwán que a Kiev?
—Cada vez es un poco más evidente que hay puntos conflictivos no resueltos y puntos conflictivos en crecimiento. Gaza y Ucrania ocurren en dos espacios geopolíticos de enorme gravitación. Sin salidas aparentes. Y con la la potencialidad en ambos de seguir una degradación del conflicto prolongada. También hay puntos conflictivos que han pasado a no ser reconocidos porque son desplazados por estos (Yemen, Sudán, para poner unos); y un potencial punto conflictivo de enorme envergadura en el sudeste de Asia con el tema de Taiwán. Yo diría que hay unas condiciones estructurales; unas condiciones precipitantes; y unas condiciones catalizadoras que pueden llevar a una gran confrontación.
—Veamos en detalle estas condiciones.
—Las condiciones estructurales tienen que ver con que estamos viviendo la primera transición de poder en la historia de la humanidad con armas atómicas. Entonces tenemos la novedad de una potencialidad destructiva inédita en la historia del ser humano. Y tenemos otra novedad, y es que esta es la primera gran transición con un actor y una región, no solamente China, sino toda Asia, que tiene que ver con Oriente. Son otras dimensiones culturales y civilizacionales. Pero lo que hacemos por nuestro sesgo occidentalista y por nuestro desconocimiento, es asumir que va a ocurrir lo mismo de siempre. Entonces hay una propensión de que esa transición sea mal manejada por la ausencia de factores moderadores.
—¿Cuáles serían estos factores moderadores?
—Que funcione el multilateralismo. Que haya líderes con una enorme capacidad y vocación de negociación diplomática.
—Ambos elementos parecen escasear en este momento.
—Entonces hay condiciones estructurales que pueden llevar a una gran confrontación.
—En el proceso que va entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, yo diría que ahí hay algunas analogías para pensar. Primero: el colapso de la democracia entre 1926 y 1942. Se van deteriorando las democracias a tal punto que en 1942 hay en el mundo solamente 12 democracias. Segundo: creciente malestar social derivado de problemas económicos agudos. La crisis financiera del 29-30 y sus consecuencias. Tercero: crecimiento del militarismo. Grandes carreras armamentistas. Grandes presupuestos en defensa. Cuarto: fracaso de la institucionalidad existente. La Liga de las Naciones es inadecuada para resolver cualquier problema particular. Sin extremar esto, porque no es idéntico, pero ahora también estamos viendo un debilitamiento y una regresión en la democracia. Estamos viendo un crecimiento enorme de los presupuestos militares aún antes de la invasión rusa a Ucrania. Estamos viendo un creciente malestar social por el debilitamiento del estado de bienestar, los problemas de inequidad e injusticia. Y estamos viendo una erosión notable de Naciones Unidas que hoy es prácticamente incapaz de resolver cualquier conflicto que tenga que ver con la paz y la seguridad. Entonces, ojo con las condiciones precipitantes. Si les sumamos las condiciones estructurales, tenemos condiciones precipitantes inquietantes.
Según Tokatlian, «hay condiciones estructurales que pueden llevar a una gran confrontación». (Diego Barbatto/Infobae)
—Quedan las condiciones catalizadoras. La chispa que podría encender la conflagración.
—¿Qué nos dice la literatura de las relaciones internacionales sobre las condiciones catalizadoras? Siempre, al final del día, hay dos cuestiones que catalizan esa guerra. Uno: problemas territoriales irresueltos. Dos: errores de percepción y de cálculo. Ucrania es un ejemplo de eso. La acción de Rusia y de Occidente es un ejemplo de eso. Combina temas territoriales y errores de percepción, y potencialmente Taiwán puede encerrar lo mismo. Entonces, si hago el listado final —condiciones estructurales, condiciones precipitantes y condiciones catalizadoras— es allí donde trato de sugerir que parece que estamos viviendo un tiempo donde hay un cansancio, una fatiga, con la paz y que tenemos muchos elementos que nos parece que nos están impulsando hacia una grave crisis internacional. Aunque cualquier confrontación, cualquier disputa, en el fondo, también es resultado de la acción social y política histórica.
—En el libro hace mucho hincapié en no resignarse a la inevitabilidad de la guerra. Es decir, estas condiciones no tienen que necesariamente desembocar en un conflicto.
—Exactamente. Intento advertir ciertamente de este panorama, a mi modo de ver, inquietante. Pero todavía hay mucho que se puede hacer. No solamente de parte de los Estados. También de parte de la sociedad civil internacional. Este es un dato fundamental.
—Su libro plantea que el posible fin de la hegemonía occidental global es una fuente de tensiones. Observamos que las naciones del Sur Global están adoptando posturas más firmes y expresando abiertamente sus críticas hacia Occidente, señalando la contradicción entre el discurso occidental de un mundo basado en reglas y sus propias transgresiones de estas normas. ¿Cuál es su perspectiva sobre esta situación?
—Son reglas que desde hace mucho tiempo son selectivas. Lo que pasa es que ahora el Sur Global tiene una capacidad de voz y de influencia distinta. Yo creo que la guerra de Kosovo fue un parteaguas. Fue definitivamente un parteaguas en la erosión de este mundo basado en reglas que Occidente gestó pero que Occidente también debilitó con su comportamiento. Me parece que mucho del malestar del Sur Global obedece a la manipulación del derecho, a la manipulación de los compromisos, a la tergiversación, el oportunismo, a las razones de política doméstica.
«Si no volvemos a algunos principios de legalidad acordados ya no será un mundo hobbesiano, sino será algo peor que un mundo hobbesiano», advierte Tokatlian (Diego Barbatto/Infobae)
—El conflicto en Gaza puso de manifiesto esta postura crítica de manera contundente. Los votos en la ONU revelaron un Sur Global que respalda la causa palestina y se mostró reticente a condenar las acciones de Hamas con la misma intensidad que las de Israel. ¿Cómo interpreta usted esta respuesta diferenciada de la comunidad internacional?
—Si yo tomo Gaza y trato de entender al sur Global frente a Gaza, transitamos una serie de momentos en los cuales hubo ocasión por lo menos de evitar esta catástrofe terrible. Recuerdo que al principio, después del condenable y atroz acto de Hamas en el sur de Israel, uno de los temas que muy rápidamente se instaló fue el la proporcionalidad. Con toda la tradición histórica de la guerra justa. El ius in bello y el ius ad bellum. Y había voces que decían que el tema de la proporcionalidad, cualquiera fuese la acción que Israel iba a tomar, debía ser considerada, en el sentido, además, de que había un pleno derecho a la autodefensa legítima por parte de Israel. Pero muy rápidamente, apenas se esbozó ese tema, se descartó. Se dijo: este caso no admite proporcionalidad. Entonces ya dejamos de lado la proporcionalidad clásica que el derecho internacional humanitario ha logrado construir en siglos de redacción, de articulación de tratados, de compromisos. Viene un segundo momento en el cual está el tema de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. En la dirección de buscar hasta qué punto estos principios básicos pudieran aplicarse. En un caso [el de Hamas] más claramente. Pero también en el nivel de respuesta de parte de Israel. Y rápidamente ese tema desapareció. Se dijo: no hay ninguna equivalencia. No son lo mismo.
—Eso termina con la denuncia de Sudáfrica a Israel en la Corte Penal Internacional.
—Claro, después terminamos con Sudáfrica llevando esto más arriba todavía, diciendo “esto es un genocidio”. Pero ¿cómo fue que, colectivamente en el sistema internacional, llegamos a este punto? ¿Cómo se puede acusar de genocidio a un país cuyo pueblo vivió el Holocausto? Pero esto sigue después. Y siguen con resoluciones de Naciones Unidas [sobre el cese el fuego] que nadie cumplió. Entonces estamos en un punto en el cual, si no volvemos a algunos principios de legalidad acordados ya no será un mundo hobbesiano, sino será algo peor que un mundo hobbesiano. Hay un problema colectivo.
—Cuando hablábamos de los elementos que pueden conducir a una conflagración bélica citó a la necesidad de que haya líderes con gran capacidad diplomática. En este sentido, ¿Qué implicaciones puede tener el regreso de Trump a la Casa Blanca? ¿Hay un riesgo ahí?
—En el epílogo yo hablo de que este texto refleja una perspectiva. Como parte del Sur Global. Como parte de América Latina, como parte de Sudamérica, como parte del Cono Sur y como parte de Argentina. Desde donde yo veo el mundo y donde trato de incorporar qué es lo que pasa en Occidente, qué es lo que pasa en Oriente, qué es lo que pasa en las grandes potencias. Pero yo no habito ahí. Yo habito acá. Entonces debo pensar desde acá. En ese sentido, lo primero que pienso de Trump es que en el 2018 nos hizo recordar a todos en América Latina, en su alocución en Naciones Unidas, que la doctrina Monroe es la doctrina de Estados Unidos. Sigue vigente. Entonces, ¿qué va a significar eso para nosotros en América Latina? Un tremendo, hasta terrible, dolor de cabeza. En materia migratoria. En materia de proteccionismo de los intereses de Estados Unidos. En materia de cómo combatir el fentanilo y cómo usar los militares respecto a México. Una revancha respecto a Venezuela por aquello que no logró [en su primer mandato]. Para nosotros en América Latina puede ser un tremendo dolor de cabeza.
—¿Y para Argentina? Muchos analistas dicen que el Gobierno argentino apuesta a una victoria de Trump, que podría tenderle la mano en cuestiones como la relación con el Fondo Monetario Internacional.
—Para Argentina no creo que sea la panacea. Me parece que esa es una ilusión, una ilusión óptica. Pero veremos.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca puede ser para América Latina, «un tremendo dolor de cabeza», según Tokatlian (EFE/Justin Lane)
—¿Y para el resto del mundo?
—Diría que Trump es alguien que tiene un mapa del mundo, que trató de ilustrar en su primer gestión y que va a volver reforzado. ¿Qué fue el Trump global? Fue un Trump que buscó limitar la sociedad entre Rusia y China. No creo que él quisiera cooptar a Rusia o tuviera la expectativa de que la Rusia de Putin fuera cooptable. Habrá que ver también qué sabe Rusia de Trump, que nosotros no sabemos. Pero lo cierto es que su objetivo estratégico era China. Eso va a volver reforzado. Por otro lado, es probable que el tema Ucrania lo deje librado a Europa. Que Europa se encargue.
—Como ya viene diciendo. Eso le puede dar, paradójicamente, más capacidad de negociación a Estados Unidos. En el tema de cómo desactivar ese conflicto puede potencialmente existir un interés compartido o compartible entre Washington y Beijing. Pero con el propósito de Trump de ir por China. Por otro lado, en Medio Oriente es alguien que mostró una férrea defensa de Israel. No se sentiría incómodo con [el primer ministro israelí] Netanyahu. Y si el programa iraní en materia nuclear avanzara, delicadamente sería alguien que no objetaría una acción preventiva sobre Irán. Todo esto lo digo en función de su primera gestión. Estados Unidos se fue del acuerdo nuclear. Y trasladó la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Hizo muchas cosas en esta dirección. Por otro lado, este es un Estados Unidos militarmente muy potente, pero también muy agrietado.
—En el libro hace referencia al concepto de asabiyah del pensador árabe Ibn Jaldún, esa idea del sentido de pertenencia, cohesión, solidaridad. Algo que pareciera estar perdiéndose en EEUU. Las divisiones son evidentes si miramos la campaña electoral actual. En el libro dice: “Son los propios estadounidenses los que están agrietando los cimientos del poderío del país”.
—Estados Unidos tiene unos problemas internos brutales, fenomenales. Ese sentido de pertenencia, ese sentido de cohesión, ese sentido de solidaridad que es doméstico, no tiene que ver con cuánto creció China. Es el problema mayor que tiene Estados Unidos.
—Y es algo que también los adversarios de Estados Unidos buscan aprovechar e incluso profundizar.
—Por supuesto, y que van a buscar todos los vectores posibles para que eso se exacerbe, se motorice más. Por supuesto que sí. Del resto vemos también, y me lo imagino con Trump otra vez, una salida de muchos contingentes militares de Estados Unidos, por ejemplo del Comando africano. En ese sentido, podríamos ver otra vez un Estados Unidos más insular, más metido con sus intereses privilegiados, nacionales, diferentes al resto del mundo. Una retracción semejante al aislacionismo de la Primera Guerra Mundial.
—Volviendo a América Latina. En el libro dice que para la región las elecciones en Venezuela son tan importantes como las de Estados Unidos para el mundo. ¿Por qué es tan importante la elección venezolana para América Latina?
—En Venezuela se juegan muchas cosas. Se juega no tanto la proyección de China, sino la molestia que suele tener la proyección militar de Rusia, quien a su vez puede usar ese tema para una eventual negociación en Ucrania. En un mundo en el cual los hidrocarburos siguen siendo relevantes y Estados Unidos quiere mantener sus reservas de petróleo, el sitio más cercano y seguro es Venezuela. Y por lo tanto, mucho de lo que vimos recientemente de morigerar alguna de las sanciones tiene que ver con eso. También tenemos el revanchismo de Trump, que en su primer mandato estaba obsesionado con derrocar a Maduro. Todo eso puede convertir a Venezuela en un lugar de extremada atención y que su realidad, hasta ahora local o regional, puede internacionalizarse negativamente. Esto es lo que percibo potencialmente que puede suceder.
El presidente de Venezuela Nicolás Maduro (EFE/ Miguel Gutiérrez)
—Esto si gana el chavismo otra vez, lo cual según todas las encuestas parece poco probable. ¿Y si gana la oposición?
—Si ganase la oposición, la situación va a ser bien distinta. Habrá que ver qué tipo de transición se maneja. Sabemos que en estos días hay una negociación en curso entre el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Estados Unidos. Sabemos que hubo un acuerdo bilateral en Qatar y que tenía que ver con el sistema de sanciones. No sabemos qué es lo que ahora se está negociando, si es una negociación para un modus vivendi con Maduro o si es una negociación para un modus vivendi con un triunfo de la oposición y el chavismo siguiendo controlando el Legislativo, que de hecho es eso también. Y en medio de todo esto, el papel de los militares, el sistema de sanciones, etcétera. Es decir, no conocemos el paquete completo de esa negociación, pero algo va a suceder, y por eso es tan importante lo que pasa en Venezuela para la situación de Colombia, por ejemplo. Esto es esencial para un proceso de posconflicto en Colombia que sigue teniendo muchos componentes de conflictividad y pocos de paz.
—Otros dos sucesos electorales recientes fueron las elecciones francesas y británicas. Un capítulo del libro está dedicado al surgimiento de las nuevas derechas globales, que califica de “Internacional reaccionaria”. ¿El resultado de las elecciones británicas y, sobre todo, francesas muestran un posible camino para que las fuerzas democráticas y progresistas puedan frenar el avance de estas fuerzas?
—Las elecciones que hubo en el Reino Unido y en Francia tienen un valor simbólico importante. Primero para Europa. Y segundo, para la democracia en términos generales. Me da la impresión que, en el caso francés, estamos a la expectativa de la decisión de quién va a ser Primer Ministro. Yo presumo que no va a ser [el líder de La Francia Insumisa] Jean Luc Mélenchon. Sería lógico que fuera alguien del Partido Socialista. También sería lógico que la agenda de acción política y de política pública sea propositiva. Es decir, cumplir aquellas promesas que aparecieron en campaña de poner impuestos a los ricos, de cuidar el trabajo de los franceses, de lograr la convivencia que hoy es esencial en el país. Que haya reformas que estén en sintonía con lo que la gente demanda.
—Ese es el desafío.
—Ese es el desafío mayor. Porque otra frustración sería un regalo para las versiones más ultramontanas de la ultraderecha.
—Sí, y en un contexto en el que en los últimos años, las fuerzas socialdemócratas y progresistas pasaron a ser percibidas por muchos electores como defensoras del status quo.
—Sí, los socialdemócratas y los socialistas en Europa en un momento dado adoptaron el programa conservador clásico. Hubo una primera fase en la cual se fortalecieron los gobiernos conservadores o de derecha. Más claramente, después de la crisis financiera del 2008-2010. Ahora tenemos una segunda ola de avance de la derecha, ya no conservadora sino ultra o extrema, y es producto de la frustración acumulada de gestiones en las cuales ni siquiera la derecha clásica ha podido responder positivamente a las demandas sociales y económicas de la sociedad. Entonces, es un test. Si esto fracasa en Francia y también en el Reino Unido: “Houston, we have a problem”.
La política exterior argentina: “La agenda personal de Milei resulta más importante que los intereses nacionales”
El presidente de Argentina, Javier Milei, habla durante la Conferencia de Acción Política Conservadora en Balneario Camboriu, Brasil (REUTERS/Anderson Coelho/archivo)
Consejos no solicitados sobre política internacionaltambién ahonda sobre sobre la política exterior del actual gobierno argentino, con una crítica del dogmatismo y una invitación a seguir un pragmatismo sensato en las relaciones del país con el resto del mundo. Unos temas a los que Tolkatlian volvió en la entrevista.
—¿Cómo valora las decisiones del presidente Milei de no acudir a la cumbre del Mercosur y de retirarse de los BRICS?
—La decisión de no ingresar al BRICS es elementalmente ideológica y dogmática. Es una oportunidad perdida para Argentina de estar en una mesa donde parte de su agenda podría ser abordada, aunque haya diferencias con algunos miembros. Hay un dicho anglosajón muy revelador que dice: “O estás sentado en la mesa o formas parte del menú”. Esta decisión de no estar en la mesa no parece coherente con una Argentina que quiere abrirse al mundo y quiere oportunidades comerciales, financieras y de inversión. En cuanto al Mercosur, forma parte de un patrón más amplio. Milei ha mostrado poco interés en los foros multilaterales, saltándose la reunión de la CELAC y asistiendo a regañadientes al G7. Parece preferir los entornos en los que puede pronunciar discursos y obtener reconocimiento personal, como sus viajes a Estados Unidos o las conferencias con grupos afines. Al descreer del rol del Estado, vuelve, si se quiere, a una etapa pretérita, muy antigua, donde existía la voluntad del príncipe, pero no el interés nacional. Ciertamente hay una sensación de que su visibilidad internacional personal y su agenda personal resultan más importantes que los intereses nacionales.
—Critica mucho el dogmatismo en la política internacional e insta a ser pragmáticos.
—Lo dogmático quiere decir que no hay un análisis costo-beneficio inclusive que permita ponderar y decir cuál es la conveniencia o inconveniencia de tal decisión. Voy a dar pequeños ejemplos mínimos. El año de mayores exportaciones de Argentina fue 2022 con un récord de más de 85 mil millones de dólares. 8 de cada 10 USD provenientes de esas exportaciones vinieron del mundo no occidental. Medio Oriente, Asia. No solamente China. El comercio en ese año con la India, por ejemplo, fue un intercambio de 6 mil 400 millones de dólares. Mientras con España fue de 3 mil millones de dólares. El mundo no occidental hoy es mucho más gravitante que hace 40 años o 50 años. Entonces tendría mucho más sentido que sus interacciones fueran en esa dirección, que impulsara un perfil más activo de la Argentina, de sus exportadores, de su cultura, de su innovación, de la adquisición de tecnología mirando al mundo no occidental. Sin embargo, las preferencias personales de Milei, y las acciones acompañadas de sus preferencias, están centradas prácticamente solo en Occidente y en particular en dos países: Estados Unidos e Israel. Hay otros 191 países que no parecen estar en su radar de interés.
En política internacional Argentina «está cediendo unos espacios que no son fácilmente recuperables», según Tokatlian (Diego Barbatto/Infobae)
—Destaca que América Latina posee oportunidades significativas en los ámbitos de la paz, los recursos minerales y la biodiversidad. Considerando este potencial, ¿existe la posibilidad de que Argentina no logre capitalizar estas ventajas? ¿Qué factores podrían llevar a un desaprovechamiento de estas oportunidades por parte del país?
—Sí, existe un riesgo real. Argentina tiene una fuerte tradición de compromiso con la paz, ejemplificada por sus dos premios Nobel de la Paz, Carlos Saavedra Lamas(el primero latinoamericano)y Adolfo Pérez Esquivel. Sin embargo, las recientes votaciones sobre el cese de hostilidades en Gaza muestran que Argentina se está distanciando de esta tradición y de otros grandes países latinoamericanos. En cuanto a la energía y los minerales, aunque se han realizado importantes inversiones en litio y Vaca Muerta sin necesidad de incentivos especiales como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), existe el riesgo de gestionar mal estas oportunidades. Es crucial equilibrar el desarrollo económico con las preocupaciones medioambientales y los intereses de las comunidades locales. En cuanto a la biodiversidad, Argentina fue una vez líder en cuestiones medioambientales, pero la postura antiambientalista de Milei está cediendo este espacio a líderes como Boric, Petro y Lula. Ellos son ahora las principales voces que negocian con el norte global en temas como la transición energética, mientras que Argentina está perdiendo su voz antes influyente en estas discusiones. Hay unos espacios que se están cediendo y que no son fácilmente recuperables. Y que pueden colocar a la Argentina en un lugar cada vez más incómodo en el mediano y largo plazo.
—En el libro habla además de la “regla de oro” en las relaciones internacionales de no importar conflictos. ¿Existe el riesgo de que Argentina se involucre en conflictos exteriores bajo el alineamiento de Milei con EEUU e Israel y movimientos como el ingreso en el Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania?
—La posibilidad de importar y pagar el costo de conflictos exteriores ha crecido desproporcionadamente. No estoy diciendo que vaya a ocurrir algo dramático. Pero Milei ha definido una parte importante de su política exterior en términos explícitamente antagónicos: antichina, antipalestina, antirrusa y antiiraní. Este enfoque es totalmente inadecuado y potencialmente muy costoso para un país económicamente vulnerable y socialmente polarizado. Es un riesgo muy alto. Es un riesgo innecesario. Por ejemplo, unirse al grupo de apoyo a Ucrania liderado por Estados Unidos en este momento probablemente será percibido negativamente en Moscú. Del mismo modo, la firme postura proisraelí, incluidos los planes de trasladar la embajada a Jerusalén, corre el riesgo de alienar a los países árabes que tradicionalmente han apoyado a Argentina en cuestiones como el conflicto de las Malvinas. Las diplomacias suelen tener un disco duro, suelen tener una memoria. Por otro lado, estoy persuadido, aunque no puedo probarlo empíricamente, de que ni Washington ni Tel Aviv le piden tanto al Gobierno. Es casi un exceso. Es algo desproporcionado. En esta mirada del presidente influye además algo que ya había surgido en Argentina durante la última dictadura militar y que ahora reaparece, aunque con una novedad: el peso gravitante de la religión, en este caso invocando una pertenencia a una versión extrema y ultra conservadora del judaísmo.
—También menciona cómo instituciones en Brasil y EEUU han contenido decisiones polémicas en el ámbito internacional durante las presidencias de Bolsonaro y Trump. ¿Existen mecanismos similares en Argentina? Y si es así, ¿están funcionando con el gobierno actual?
—Efectivamente, en Brasil y EE.UU. hemos visto cómo la Cancillería y el Departamento de Defensa, respectivamente, han logrado moderar o limitar ciertas acciones presidenciales (el traslado de la embajada a Jerusalén en el caso brasileño y una intervención en Venezuela en el estadounidense). En Argentina, sin embargo, percibimos un debilitamiento de estos resortes institucionales. Algunos funcionarios no contienen al presidente porque están de acuerdo con él, otros por temor a perder su posición, y otros porque sus argumentos no encuentran eco. La oposición, en lo que respecta a los temas internacionales, también muestra un nivel de silencio y resignada aceptación muy sorprendente. El resultado es una falta de limitación institucional frente a un estilo hiperpresidencialista.