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sábado, abril 18, 2026
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El principio del fin

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El problema de la Argentina es una deuda generada por un sector rentista y parasitario que quiere continuar con el saqueo de nuestros recursos naturales (que son de todos y de las generaciones futuras de argentinos) a perpetuidad.

La deuda es el mecanismo que imponen para un pueblo que ignora el origen del problema, encerrado en un cerco mediático (formado por los grandes comunicadores y con la complicidad manifiesta del arco político y sindical en su inmensa mayoría, incluidos los que por cobardía y comodidad aceptan las reglas de juego), que le miente permanentemente para que no comprenda y acepte sumisamente la situación.

La deuda es récord en la Argentina y de eso no se informa, como si fuera algo lógico. Cuando cesó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la deuda bruta argentina era equivalente a 222.703 millones de dólares, el 60% de la misma era intra sector público (en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, de los bancos oficiales, de distintos fondos fiduciarios argentinos, etc.), 9% con organismos internacionales (unos 20.043 millones de dólares, no teníamos deuda con el FMI, al que se le habían pagado todas las acreencias en enero de 2006) y 31% con el sector privado (unos 69.038 millones de dólares). Por lo tanto, la deuda externa en poder de organismos internacionales y bonistas privados era de 89.081 millones de dólares.

La Secretaría de Finanzas de la Nación de este gobierno revela la mayor deuda pública de la historia argentina, por el equivalente a 442.505 millones de dólares (la conversión la hace la misma Secretaría), que es más del 95% del PBI y que es siete veces las exportaciones de la Argentina de 2023.

Es cierto que las administraciones de Macri y de Alberto Fernández acrecentaron la deuda bruta en 147.970 millones de dólares, a razón de 18.496 millones de dólares por año, pero la administración de Caputo-Bausili en sólo seis meses lo hizo por 71.832 millones de dólares (ese si es un récord de récords, digno de figurar en el Libro Guinness).

La deuda de 71.832 millones de dólares de la gestión Caputo-Bausili se debe fundamentalmente a:

  1. El déficit fiscal de la administración Alberto Fernández-Sergio Massa, de 5,13% del PIB (en pesos. pero equivalente a 24.400 millones de dólares) que se convirtieron en títulos del Tesoro de la Nación emitidos por la actual Secretaría de Finanzas.
  2. La conversión en Títulos del Tesoro de las Leliq (Letras de liquidez del BCRA) y otros pasivos remunerados por 32.559,2 millones de pesos.

Los $ 21.023.700 millones de los encajes remunerados convertidos al tipo de cambio oficial del 7 de diciembre de 2023 de $ 400 son 52.559,2 millones de dólares, que eran deuda del BCRA con los bancos y que la dupla Caputo-Bausili convirtió en títulos del Tesoro de la Nación por 32.559,2 millones de dólares.

Los 20 billones de pesos restantes, mediante el DNU 602/24 del 12 de julio último, se convirtieron en una Letra Fiscal de Liquidez (LeFi) intransferible de un año de plazo, a cargo del Tesoro de la Nación, que va a depositar en el BCRA los intereses que la misma devengue. Esa deuda a su vez incrementa la deuda pública que se contabiliza en el Boletín de la Secretaría de Finanzas de la Nación – Datos de la deuda pública, de julio 2024.

3. Los 14.872,8 millones de dólares de deuda restante al 30 de junio son colocaciones de títulos del Tesoro de la Nación realizadas por este gobierno, que amplían con creces los vencimientos en los seis meses del año 2024.

Debe hacerse notar que pese a la capitalización de la deuda, incluso de parte de los intereses que la misma devenga (es el caso de las colocaciones de LECAP, que son letras que pagan intereses a su vencimiento en 2025 y años posteriores), en el DNU 594/24 que presenta el Presupuesto de la Administración Nacional 2024 reconocen que deben pagar intereses por 10.804.087 millones de pesos, que es la causa por la que cierran el año con un déficit fiscal total de 7.068.442 millones de pesos y que, al darse a conocer, fue la causa que obligó al FMI a aseverar que no existe ninguna tratativa de la Argentina para obtener un crédito por esa suma.

Sin recursos para cerrar el año fiscal, el gobierno trata de acelerar las privatizaciones y el blanqueo de capitales en el marco de las leyes 27.742 y 27.743, pero por más esfuerzo que hagan no ingresarán dólares por ello en 2024, y en septiembre deben cumplir con las metas auto impuestas y firmadas por la dupla Caputo-Bausili en la VIII revisión del acuerdo con el FMI. De no ser así, el FMI exigirá el pago de la cuota de capital que vence ese mes.

Septiembre es un mes donde por lo general ingresan solamente los remanentes de las liquidaciones de exportación de la cosecha gruesa, y se debe esperar hasta diciembre el comienzo de la venta de la cosecha fina. Mientras, en forma paralela, los grandes acopiadores y comercializadores de granos procuran una definición cambiaria que los beneficie para liquidar sus exportaciones (según CIARA-CEC por 42 millones de toneladas de granos, por un valor de 15.000 millones de dólares).

Ante esa situación, la dupla Caputo-Bausili, mientras se mantiene el ritmo de aumento del 2% del dólar oficial y la vigencia del dólar blend (exportadores liquidan 80% por el mayorista y 20% por el CCL), propician un aumento de la tasa de interés para que sea incluso mayor que la inflación, para obligarlos a vender ante la posibilidad de que se reduzca la brecha entre ambos tipos de cambio y al hacerse más costoso el financiamiento interno.

Es más, pretenden emplear los dólares provenientes de las exportaciones [1] para venderlos en el mercado CCL, que es el mercado de fuga de capitales por excelencia, donde aquellos que tienen cuenta corriente en un banco en el exterior compran títulos públicos y/o acciones en el país y los venden en el exterior a un valor menor, pero convertido a dólares billetes da un precio que el viernes 19 de julio fue de 1.328,48 pesos por dólar, mientras que el dólar mayorista fue de 927,50 pesos por dólar [2].

Los bancos y los puts

Los grandes bancos fueron los principales beneficiados por el gobierno al traspasar las Letras de Liquidez (Leliq) y demás pasivos remunerados a Títulos del Tesoro de la Nación (un problema de los bancos se convierte en deuda pública que debemos pagar todos), pero como los vencimientos de los Títulos del Tesoro en su mayoría son bonos que ajustan por CER (inflación) a largo plazo (2025, 2026 y 2027) y los bancos captan depósitos a corto plazo (plazos fijos, cajas de ahorro, cuentas corrientes, etcétera), crearon un seguro de liquidez llamado puts, que obliga al BCRA a comprarle a los bancos esos títulos públicos y emitir dinero, con lo que el crecimiento de la Base Monetaria depende de que se vendan esos Títulos del Tesoro de la Nación, como se demuestra con el acrecentamiento de la Base Monetaria de 18,6 billones de pesos del 28 de junio a 24,3 billones al 1º de julio último.

Para evitar esa creación endógena de dinero, el BCRA le paga a los bancos el costo del seguro abonado en el momento de la emisión del bono subyacente por el proporcional del plazo remanente, ajustados por CER (inflación), y según informó la autoridad monetaria, el costo de la operación fue de 90.000 millones de pesos, sobre casi 13,2 billones de títulos con cláusula puts, por lo que quedan menos de 4 billones de pesos de puts en las carteras de los bancos.

Reservas internacionales

Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, viajó el lunes 15 de julio a Nueva York para tratar de tranquilizar a los fondos de inversiones, de pensión, bancos, compañías de seguros, etc., que tienen bonos argentinos y miran con preocupación la dificultad del gobierno de sumar reservas para pagar esas tenencias, y allí reconoció, en gráficos y tablas que no presenta el BCRA en nuestro país, que las reservas netas del Central son negativas en 3.300 millones de dólares. Es más, fundamentó el problema ante la menor liquidación de los exportadores y una mayor demanda de dólares por compromisos de deuda e importación de energía más cara que lo previsto. En lo que refiere a compromisos de deuda, detalló que desde marzo de 2024 se sumaron dos factores de presión sobre el frente cambiario: los pagos de importaciones a través del CCL y el esquema de pago en cuotas que va cumpliendo los plazos de pago de las importaciones.

Encima, se supo y el gobierno terminó reconociendo –en respuesta del inefable Luis Caputo– la salida del oro de las reservas del BCRA. Dijo que “es una movida muy positiva del Central” dado que de esta manera “se le puede sacar un retorno, a diferencia de cuando está en las arcas del regulador financiero”.

Lo que se cuidó de decir es que la Asociación Bancaria pregunta si hubo un Acta de Directorio del BCRA, si se abrió el expediente correspondiente, si se le comunicó a la Sindicatura del BCRA, cuál fue el carácter de la detracción del oro para depositarlo, para empeñarlo o para venderlo, y en base a qué atribuciones y facultades se adoptó la medida y por qué razones.

Es pertinente, porque el gobierno anunció que va a intervenir en el mercado cambiario comprando dólares en el MULC (Mercado Único y Libre de Cambio, que es el mercado oficial de compra y venta de dólares) y la emisión de pesos equivalente será esterilizada con la venta de dólares en el mercado de contado con liquidación (CCL). Por ende, el gobierno, con el pretexto de achicar la brecha entre ambos mercados (el oficial –MULC– y el paralelo –CCL–) empeña los lingotes de oro para que los que compraron títulos en pesos (y ganaron fortunas con ello por la inflación desde diciembre 2023) ahora puedan transformar esa súper ganancia en dólares y fugar ese capital.

Finalmente Caputo, en una reedición de “los que apuestan al dólar pierden”, dijo que “con el correr del tiempo va a haber cada vez menos pesos porque no se emite más por ninguna razón y se absorben pesos por superávit”. A quienes hoy están comprando dólares pensando que puede ser una buena inversión “los estoy previniendo que no va a pasar”.

Con un déficit fiscal de 7 billones de pesos según el presupuesto del corriente año (DNU 594/24), con un superávit comercial que se debilita con el pago de los servicios reales y financieros, por lo que la cuenta corriente comercial va a ser negativa en el año 2024, la dupla Caputo-Bausili pretende controlar el precio del dólar, para lo cual creen que es suficiente con dejar de emitir por la compra de dólares a los exportadores, sin contemplar que, al venderlas en el CCL, lo que se hace es debilitar las reservas internacionales del BCRA (que son negativas en 3.300 millones de dólares).

Las verdaderas razones

La deuda pública y la imposibilidad de su pago es funcional a lo que quieren los que propiciaron las leyes 27.742, denominada “Bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos”, y 27.743, de “Medidas paliativas fiscales”, para obligarnos a vender nuestros recursos naturales y a un precio vil.

Para eso necesitan, como en los años 1989 y 1990, y 2002, que el precio del dólar “vuele por el aire” y con ello el gobierno. Van a impulsar a otro Carlos Menem, ante el temor de que surja un Néstor Kirchner.

[1] Al 30 de junio de 2024 las exportaciones superaron a las importaciones en 10.708 millones de dólares, pero la mayor parte de esa suma se pierde ante el pago de los servicios reales (fletes, seguros, royalties, etc.) y financieros (pago de intereses de la deuda pública y privada, y giro de utilidades de las empresas extranjeras a su casa matriz)
[2] El BCRA pretende hacer negocio, comprar dólares por $ 927,50 y venderlo a $ 1.328,48. De esa manera además absorben la cantidad de dinero emitido por las exportaciones.

Fragilidad financiera

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En el Boletín Oficial del día 8 de julio de 2024, junto a la publicación de la Ley 27.742, “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” (que incluye el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, un enclave fiscal en el territorio nacional, con estabilidad tributaria por 30 años, con sus propias normas, con la posibilidad de recurrir a la Justicia en el exterior, sin obligación de liquidar sus exportaciones a partir del quinto año de ejecución del proyecto y sin obligación de abastecer al mercado interno), y la Ley 27.743, “Medidas Paliativas y Relevantes” (incluye el “blanqueo” de capitales), cuya combinación permite sortear la Ley 25.246 de Encubrimiento y Lavado de Activos [1], se publicó también el DNU 594/24, que aumenta el gasto presupuestario en el corriente año en 38.876.036 millones de pesos (aumento del 70,5% sobre el presupuesto vigente por Decisión Administrativa 5/24)[2].

En el DNU 594/24, para que las cuentas fiscales cierren, prevén que va a aumentar la recaudación de todos los tributos (en una economía que, según el FMI, el PBI desciende en un 3,5%), especialmente con el Impuesto PAIS [3], que, en los seis meses que restan del año, estiman recaudar 4,6 billones de pesos más, incluso es una suma mayor a lo recaudado hasta el 30 de junio de 2024 por 3.593.407 millones de pesos. Sin embargo, reconocen que deben aumentar el endeudamiento público en 9.495.756 millones de pesos, de los cuales son 7.005.172 millones de pesos por colocaciones de títulos del Tesoro de la Nación en moneda nacional. Prevén también colocar títulos de deuda en el mercado externo por el equivalente a 1.516.684 millones de pesos, más adelantos transitorios del BCRA por 973.900 millones de pesos.

Por un lado, se jactaban de que no se iban a financiar con el BCRA y de que la partida de adelantos transitorios al gobierno nacional quedaba fija en todo el año 2024 en 4.091.100 millones de pesos. Pero en el DNU 594/24 incrementan el financiamiento con el BCRA en un 23,8% sobre esa suma.

Por otra parte, deben aumentar la deuda pública en 9.495.756 millones de pesos; es cierto que la mayor parte es en títulos del Tesoro en pesos, pero es un gobierno que hasta el 31 de mayo de 2024 [4] emitió títulos de deuda del Tesoro de la Nación por el equivalente a 65.001 millones de dólares (la conversión de pesos a dólares la hace la misma Secretaría de Finanzas de la Nación), porque entregó títulos de deuda por el déficit fiscal del año 2023, y porque “solucionó” la “bomba de las Leliq” traspasando toda la deuda al Tesoro de la Nación, aumentando la deuda pública.

Obviamente que los diputados y senadores nacionales “colaboracionistas” con el gobierno conforman también la Comisión Mixta Revisora de Cuentas del Congreso de la Nación, que es la que aprueba o rechaza la ampliación presupuestaria y son (hasta ahora) mayoría, cuando los diputados de La Libertad Avanza son 38 de 257, y los senadores, siete de 72; sin embargo las constantes visitas de Guillermo Francos logran convencer a los colaboracionistas para que, levantando la mano o dando quórum, aprueben todo, por lo que no es de extrañar que, si sigue la misma política en el año 2025, se apruebe este presupuesto ampliado por el DNU 594/24, más las modificaciones que quiera o necesite el gobierno y su ejecución final (Cuenta de Inversión).

El problema financiero

Tras la renuncia de la ministra de Economía Silvina Batakis el 29 de julio de 2022, asumió Sergio Massa, quién, para facilitar el canje de los títulos de deuda del Tesoro de la Nación que vencían en lo que restaba de la gestión de Alberto Fernández y poder pasar su vencimiento para el año 2024 y 2025, concedió en muchos de ellos la cláusula puts y/o la de ser un bono dual (pagaba por el ajuste inflacionario o por la devaluación del dólar oficial a preferencia de su tenedor).

Los puts son un seguro de liquidez, son opciones o seguros de recompra que, a cambio de pagar una prima, le permiten al tenedor vender el bono (título público) y obliga al Banco Central a comprárselo al valor del día previo y emitir pesos.

El sistema fue continuado y extendido por el tándem Caputo-Bausili que emitió títulos de deuda con ese seguro (puts) por más de ocho billones de pesos (la mitad de las opciones que vencen en los años 2026 y 2027).

El problema se suscita ahora, porque al reducirse la tasa inflacionaria (medida por el IPC del INDEC) y al devaluarse al tipo de cambio oficial entre un 2% a un 3% mensual, los bancos (esencialmente los que mayores títulos del Tesoro tienen, como es el caso del Banco Macro) venden esos títulos al BCRA, quien se ve obligado a emitir para comprárselos, lo que explica la fuerte emisión monetaria desde el 28 de junio de 2024, tras la conferencia de Luis Caputo y Santiago Bausili, en la que dijeron que continuaba el crawling peg del 2 al 3% mensual del precio del dólar; así, ante esa actualización de la deuda (los bancos presionaban también por la devaluación), los socios de Anker Latinoamérica creían compensar a los bancos, pasando la deuda del BCRA por encajes remunerados a deuda pública (títulos del Tesoro de la Nación), pero eso solo, como vemos, no les bastó.

Letra fiscal de liquidez

Ante el riesgo de los ocho billones de pesos con cláusula “puts”, el BCRA sigue transformando deuda del BCRA con los bancos en deuda pública. Mediante la Comunicación «A» 8061 del 11 de julio de 2021, establece que las Letras Fiscal de Liquidez (LeFi), que serán emitidas por el Tesoro de la Nación (expandiendo la deuda pública en 20 billones de pesos), se ajusten por la tasa de interés que, a su vez, va a fijar el BCRA. Tienen un plazo de hasta un año y solo las pueden comprar los bancos, pero no pueden constituir encajes (efectivo mínimo) con ellas.

Es por eso por lo que el Boletín Oficial del 12 de julio de 2024 publica el DNU 602/2024 que, con el “fin de proceder al saneamiento de los pasivos remunerados del BCRA”, crea la Letra Fiscal de Liquidez (LeFi) a cargo del Tesoro de la Nación. Dicha letra va a reflejar la tasa de política monetaria, la que servirá como principal instrumento de administración de liquidez en el sistema, dentro del marco de la política monetaria definida por parte del BCRA.

Esto es, en lugar de que pague ese interés el BCRA, lo va a pagar el Tesoro de la Nación, por ende el BCRA se libera del costo que significaba dicho pago y queda liberado para fijar la tasa de referencia que quiera (sin tener que emitir para pagar esos intereses). Pero obliga al Tesoro de la Nación a un mayor ajuste fiscal para abonar esos intereses.

La medida establece que la Secretaría de Hacienda deberá cubrir el costo financiero de las LeFi que el BCRA les coloque a los bancos, lo que implicará que el Tesoro de la Nación deberá depositar en el BCRA un monto equivalente a los intereses que devengue diariamente la tasa de política monetaria.

La tasa de política monetaria será definida por el directorio de la entidad y permanecerá sin variaciones hasta tanto comunique un nuevo movimiento. El problema se agrava porque el BCRA va a fijar tasas positivas (por encima de la inflación) con el fin de “frenar” la compra de dólares.

Si bien es cierto que las LeFi son unas letras capitalizables e intransferibles que solo pueden los bancos venderle al BCRA, el art. 6 del Decreto 602/24 dice que el Tesoro de la Nación deberá depositar en el BCRA diariamente el interés que estas devenguen. Por lo tanto, es un pago del Tesoro de la Nación al BCRA.

El monto de esos intereses que debe depositar la Secretaria de Hacienda de la Nación en el BCRA (tal lo establece el artículo 6 del DNU 602/2024) no estaba contemplado en el DNU 594/24 de ampliación del presupuesto de la Administración nacional del corriente año, en el que se había fijado pagar intereses de julio a diciembre por 3.684.243 millones de pesos.

No sabemos cuál es la tasa que determinará el BCRA, pero sí que es mayor que la inflación (y va a ser cada vez mayor, ante un dólar que sufre la presión de los exportadores que retienen sus ventas y del FMI que exige una devaluación de nuestra moneda), pero sí sabemos que va a devengar un gasto fiscal mensual de no menos de 700.000 millones de pesos (siempre y cuando la inflación no se dispare), suma que acumulada en seis meses supera ampliamente el interés presupuestado en la ampliación del DNU 594/24.

Por ende, no solamente deben tomar deuda para “cerrar” las cuentas fiscales del año 2024 en 9.495.756 millones de pesos (situación que contempla el DNU 594/24), sino que deben sumar a esa solicitud de crédito no menos de 4.000.000 millones de pesos más por los intereses de las LeFi.

Julie Kozack, directora de Comunicaciones del Fondo Monetario Internacional dijo que no están discutiendo con la Argentina una ampliación del crédito vigente. Y Manuel Adorni, el vocero presidencial, el jueves 11 de julio de 2024 dijo que “no hay una negociación formal con el Fondo Monetario Internacional para un nuevo acuerdo que signifique un respaldo financiero adicional”.

Síntesis

Un gobierno que ha venido solucionando los problemas de pagos, pasándolos a deuda pública (en el lenguaje de la Secretaría de Finanzas, “titulariza” la deuda), ahora crea una letra que se ajusta por la tasa de interés que determina el BCRA, que a su vez fijará una tasa redituable para que no se pasen de depósitos en plazo fijo en pesos a dólares, que se suma a una deuda exigible en lo que resta del año que no se sabe cómo se va a pagar.

Encima sigue el riesgo vigente de que unos ocho billones de pesos tienen el seguro de liquidez (cláusula puts) y no quieren cambiarlos por ningún título público.

Repetimos y actualizamos el final de la nota “Sin dólares” del 7 de julio de 2024: “Nadie le va a prestar a este gobierno por la falta de plan y ante un FMI que quiere levantar el cepo cambiario y devaluación, pero tienen un recurso extraordinario: confiscar total o parcialmente los dólares que reciben los bancos en depósitos del público que, al 5 de julio de 2024, asciende a 13.290 millones de dólares.

Eso sí, no sabemos qué pasa el día después en el “Año de la Defensa de la Vida, la Libertad y la Propiedad”.

[1] Lavado de Activos es el proceso por el cual personas físicas o jurídicas y organizaciones criminales persiguen dar apariencia legítima a bienes o activos procedentes de fuentes ilícitas provenientes de delitos precedentes señalados en la Ley.
[2] La Decisión Administrativa N.º 5/24 determinó los recursos y créditos presupuestarios correspondientes a la prórroga de la Ley N °27.701 de Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2023, con las adecuaciones parciales referidas en el artículo 27, incisos 1 y 2, de la Ley de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público Nacional N.º 24.156 y sus modificatorias
[3] El Impuesto PAIS (para una Argentina Inclusiva y Solidaria) es un tributo que se debe abonar sobre ciertas operaciones en moneda extranjera, implementado en la ley de emergencia del 26 de diciembre de 2019, que rige durante cinco períodos fiscales (si no se lo renueva y/o prorroga, vence el 25 de diciembre 2024), y es el principal factor del llamado “cepo cambiario”.
[4] La Secretaría de Finanzas de la Nación, el lunes 15 de julio 2024, publica los datos al 30 de junio 2024.

El Pacto de los que estaban

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¿Quiénes pueden aportar para pensar en 100 años, en los próximos 40 días? 
En el mayo francés del 68, decían “pidamos lo imposible”, claro lo posible era lo existente.
La realidad de Catamarca (lo posible, los privilegios) es para pocos: pienso entre  los convocados estarán los desocupados de Textil Com, en nombre de los desempleados actuales y los que producirán este modelo nacional de nuevo capitalismo; los planeros, los postergados en la categorización de las administraciones públicas (provinciales, municipales), los que tienen la obra social OSEP, los jubilados, los que trabajan en los comedores y merenderos, los profesionales (médicos y auxiliares) que trabajan en las postas sanitarias y en los hospitales provinciales, los que fueron excluidos de acceder a cargos y puestos de trabajo por no tener cercanías con el poder o algún familiar con “influencias” de los que ostentan el poder. En la nueva Casa de Gobierno, los sectores convocados plantearán lo “posible”, tan necesario para pensar en sus futuros.
La nueva Casa de Gobierno es para los que están incluidos, instituciones y personas, es el mundo de lo “posible” en nuestra Catamarca, los demás, los que necesitan demandar su situación de pobreza y carencias esenciales desde la lejanía, lo tienen que hacer con helicóptero de por medio.
Ya hicimos hace tiempo un plan el PEC, (1995-1996) participaron el 3 % del PEC 3800 catamarqueños, intervinieron, más allá de las diferencias de criterios, acordaron junto a especialistas, los diagnósticos de las problemáticas de la provincia y sus ejes estratégicos que dieran a la provincia en los próximos 5 años, el desarrollo deseado . Luego de 10 meses de participación se llegó al objetivo general y a los 6 ejes,  bases para el desarrollo inclusivo de la provincia fueron de alrededor de 140 proyectos aproximadamente, para cambiar su provincia. Este plan lo más importante que poseía, era su control de ejecución.
Esta participación fue defraudada, por el gobierno y los integrantes de su comité estratégico, instituciones empresariales, gremiales, profesionales, UNCA, etc.
Seguro serán los mismos convocados para este “Pacto de los 100 años”, harán “lo posible, lo existente”.
Amartya Sem Evans, en 1999, hablaba de un “desarrollo deliberativo” basado en la libre discusión pública e intercambio de ideas. La participación democrática no sólo es un medio sino un objetivo del desarrollo. Esto se dijo después de casi 4 años que lo hicimos aquí, a la catamarqueña.
“El desarrollo no sólo es tener un capital económico sino fundamentalmente  el  capital. Fruto del acuerdo de la sociedad”. Para terminar adjunto un trabajo de CEPAL.
FRANCISCO GATTO (CEPAL)
“La región norte del país sigue hoy, como hace ya más de 40 años, un estilo de progreso económico heterogéneo y de diversas velocidades, de escasa inclusión social, muy complejo por las tramas socio productivas (y políticas) que se gesta, escasamente sistémico y cohesionado y de implicancias intergeneracionales futuras profundas.»

Juan Gabriel Tokatlian e Hinde Pomeraniec dialogan sobre la pantalla del mundo nuevo

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Juan Gabriel Tokatlian presenta en su reciente libro, Consejos no solicitados sobre política internacional: Conversaciones con Hinde Pomeraniec, un análisis detallado de la complejidad y las incertidumbres del escenario global actual. En un mundo donde resurge la amenaza nuclear y los líderes carismáticos alteran las instituciones, Tolkatlian ofrece respuestas a las principales cuestiones internacionales de hoy.

América Latina, la invasión rusa a Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y el reclamo sobre las Malvinas son algunos de los temas abordados. El autor, a través de dichas conversaciones con la periodista y editora Hinde Pomeraniec, ofrece una perspectiva que busca evitar las polarizaciones y simplificaciones dogmáticas.

Tokatlian también explora la relevancia actual de América Latina en la política global y discute las implicaciones geopolíticas de la religión en el contexto contemporáneo. Las dinámicas del narcotráfico, visto como un actor político descontrolado, también se encuentran entre los temas analizados. El libro sugiere que América Latina tiene aún un rol significativo en el escenario global contemporáneo. Tokatlian plantea la necesidad de un enfoque conforme a principios pragmáticos en lugar de movimientos pendulares y retóricas inflamadas que suelen caracterizar la política exterior argentina.

Tokatlian y Pomeraniec abordan, entre otros temas, la influencia de América Latina en el mundo hoy

Tokatlian y Pomeraniec abordan, entre otros temas, la influencia de América Latina en el mundo hoy

Las charlas con Pomeraniec, diseñadas para ser accesibles y comprensibles para un amplio público, recorren estos desafíos globales, con el objetivo de proporcionar claves para comprender y enfrentar las tensiones actuales sin caer en la desesperanza o el fatalismo. Con estas discusiones, Tokatlian invita a reflexionar sobre importantes decisiones políticas y estrategias que Argentina y otros países latinoamericanos deberían considerar en este contexto global lleno de incertidumbres y cambios rápidos.

1. El mundo del siglo XXI: ¿y dónde está el piloto?

—Aunque no pasó mucho tiempo desde que el mundo celebraba la globalización, el presente muestra una tendencia de los países a cerrarse sobre sí mismos, casi como queriendo evitar el efecto mariposa de verse afectados por problemas que nacen en otro espacio. La relocalización de empresas hoy no es prioridad y en algunos organismos se habla de un concepto, fragmentación, algo que podría estar clausurando la posibilidad de un crecimiento económico mundial. En materia política, esto viene de la mano de un rebrote de los nacionalismos y la xenofobia. Me gustaría saber cómo ves este momento y qué pensás de esta idea de un mundo con países cada vez más cerrados.

—Creo que lo primero que habría que pensar es cómo nos ubicamos frente a un determinado momento de la historia para analizarla. A mi modo de ver, hay un muy largo plazo, hay ciclos más breves y acotados, y hay coyunturas precisas.

¿Qué quiero decir con esto? Una de las causas de la fragmentación del mundo a la que te estás refiriendo es que estamos viviendo, en la actualidad, un cambio profundo y de larga maduración: creo que es palpable, en nuestra cotidianidad, que asistimos a un gran viraje. Durante más de tres siglos, desde el fin del siglo XVIII, primero de manera incipiente y luego de modo más acentuado, estuvimos bajo un claro predominio de Occidente. Me refiero a la preeminencia de sus valores, instituciones, reglas, preferencias, intereses, acompañado de una sensación de que ese acervo occidental podía universalizarse, en una suerte de proceso natural, expansivo y progresivo, es decir, superador. Desde finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX, empezamos a ver una transformación notoria en distintas esferas, dimensiones y dinámicas: aparece lo que mi amigo y colega Roberto Russell llamó, en una nota en La Nación en julio de 2022, un mundo postoccidental, en el que surgen otros intereses, otras instituciones, otras reglas y otras preferencias que emanan de Oriente, en un sentido amplio y trascendente.

Elon Musk, Xi Jinping​, Donald Trump, Vladimir Putin, Javier Milei, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, protagonistas de un mundo nuevoElon Musk, Xi Jinping​, Donald Trump, Vladimir Putin, Javier Milei, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, protagonistas de un mundo nuevo

—¿Te referís al ascenso y predominio de China?

—No me estoy refiriendo solo a China, sino a un conjunto de culturas y civilizaciones que están en esa parte del mundo y cuya voz, capacidad de proyección, influencia y riqueza empiezan a ser tomadas en cuenta por parte de un Occidente que ya no es omnipotente. Frente a aquel mundo relativamente homogéneo, no fragmentado, que entendíamos que dominaba Occidente y que se iba a seguir desplegando, hoy encontramos cierta confusión, cierta sensación de desconcierto; al menos, insisto y remarco, con nuestros lentes occidentalizados. ¿Qué es lo que está pasando acá? Lo que sucede es que ha ido emergiendo y se ha ido potenciando otro centro de gravitación y eso produce una “sensación” de desorden. Y a ello se agrega la irrupción más asertiva de un Sur Global heterogéneo, con recursos de peso y más vocal. Hoy, como decimos en un reciente trabajo con Roberto Russell, Mónica Hirst Ana María Sanjuán, estamos cada vez más inmersos en un orden no hegemónico. No hay ningún país, ni coalición de países, no hay ningún Estado ni coalición de Estados que tenga una capacidad de hegemonía universal y plena. Y esto afecta por igual a los Estados Unidos y China.

Decía que para mirar un momento histórico también podemos tener una mirada de ciclo más corto. Y ciertamente el ciclo más corto que hemos tenido es la denominada pos-Guerra Fría. ¿Qué significa eso? La Guerra Fría fue una disputa integral. Era clara, se daba en todos los ámbitos: en la economía, en la política, en la diplomacia, en el campo militar. Lo que muestra la pos-Guerra Fría es que el proyecto de los Estados Unidos de moldear, principalmente según sus propios intereses, el orden internacional fue un proyecto ambicioso, exagerado y finalmente fallido. De ahí también proviene la imagen de fragmentación y de dispersión que tenemos, porque hemos perdido el “ordenador” fundamental que fueron los Estados Unidos desde 1991, que es el año del colapso de la Unión Soviética, y que, de hecho, con los años, se fue convirtiendo en un visible “desordenador”.

Ahora bien, en este orden no hegemónico, lo que se puede advertir es la existencia de un sistema mundial sobrecargado de desencuentros, fricciones, peligros, luchas, disensos y contradicciones. ¿Qué esperar de tal situación sistémica? Quizás la explicación más sencilla sea la siguiente: la mayoría de las personas tiene acceso a una computadora personal. Cualquiera sea su marca, en algún momento emite una señal de alarma que indica que el “sistema” está “sobrecargado”. Esto significa que hay un exceso y que no se puede seguir adelante. Por lo tanto, hay que hacer algún ajuste. La opción disponible es reducir o eliminar algunos programas y archivos, lo que permite recuperar el funcionamiento. Tomando este símil como un equivalente funcional, la cuestión es esta: ¿qué es lo que se debe eliminar o reducir en un sistema global sobrecargado? ¿La democracia? ¿La paz?

Niños pasan junto a una exhibición del 75º aniversario de la fundación de la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China, en Qingdao, provincia de Shandong, China, el 21 de abril de 2024.
(Foto: REUTERS/Florence Lo)Niños pasan junto a una exhibición del 75º aniversario de la fundación de la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China, en Qingdao, provincia de Shandong, China, el 21 de abril de 2024. (Foto: REUTERS/Florence Lo)

—Y además de la falta de alineamientos claros, ¿cuáles serían las grandes diferencias entre el estado actual y el de la Guerra Fría?

—Las diferencias son muchas. Me detengo en una de tantas. Durante la Guerra Fría teníamos lo que en la disciplina de las relaciones internacionales llamamos “escasas opciones estratégicas”. ¿Qué podías hacer como país, en especial, en lo que antaño se conoció como Tercer Mundo? Te plegabas a los Estados Unidos o buscabas un contrapeso y eventualmente te juntabas con la Unión Soviética si Washington no te lo impedía con todo su arsenal de medidas directas o clandestinas; la mayoría de ellas coercitivas. Lo que en aquellos años apareció como la Tercera Posición, el No Alineamiento o la neutralidad, era como una tangente que trataba de evitar esas tomas de posición. Pero al final del día, y sobre todo si un país estaba ubicado en este Occidente meridional, enten día que los límites de su acción eran tangibles y restringidos, salvo en los contados momentos en que la distensión relativa entre las superpotencias y la disposición política interna en cada país permitían más juego. En definitiva, un mundo conocido y claro.

Lo que tenemos ahora es un mundo que paradójicamente abre el abanico de las opciones estratégicas disponibles para aquellos que pueden y saben cómo “alinear” voluntad, capacidad y oportunidad. A diferencia del pasado, el actual actor ascendente, China, no viene con promesas de ideología, viene con billetera; de allí, en parte, la magnitud del desafío que presenta a Occidente. Viene con finanzas. Viene con comercio. Viene con inversiones. Viene con asistencia. Aunque Washington insiste –digamos, con poco eco al momento por estas tierras latinoamericanas– en que se trata de un “actor maligno”. Y ello con un Estados Unidos que ofrece escasas “zanahorias”, mucho bullying discursivo y poco consenso doméstico para desplegar el uso de la fuerza en la región, como lo probó el caso de Venezuela durante el gobierno de Donald Trump.

Foto de archivo del presidente de EEUU, Donald Trump, junto al líder opositor de Venezuela,  Juan Guaido, en la Casa Blanca, en Washington, febrero de 2020 (Foto: REUTERS/Kevin Lamarque)Foto de archivo del presidente de EEUU, Donald Trump, junto al líder opositor de Venezuela, Juan Guaido, en la Casa Blanca, en Washington, febrero de 2020 (Foto: REUTERS/Kevin Lamarque)

—¿No supimos aprovechar como región ese momento de repliegue de los Estados Unidos?

—Creo que en América Latina no fuimos conscientes, en los años noventa y a principios de los 2000, de que se abrían alternativas de juego tan grandes. Frente a ese horizonte potencialmente más abierto en el nuevo siglo, y antes de que los Estados Unidos se concentraran en su “guerra contra el terrorismo” y se replegaran relativamente de América Latina, la región, en vez de actuar más conjuntamente, se vio inmersa en dinámicas de dispersión, de desagregación de esfuerzos enmarcados en la expectativa de un “regionalismo abierto” que nos iba a impulsar, entre otras cosas, hacia una agregación de preferencias y propósitos. Volvimos a hacer algo que, paradójicamente, fue típico durante buena parte de la Guerra Fría y que fue el “sálvese quien pueda”, “yo me sumo a Washington”.

Antes fueron los regímenes militares y sus esperanzas de cultivar “relaciones especiales” con los Estados Unidos; ahora eran los gobiernos democráticos con la esperanza puesta en el “Consenso de Washington” y la eventual Área de Libre Comercio de las Américas. Los años noventa cerraron con una región dispersa, mirando más al norte del continente que al mundo en su conjunto y reforzando las fracturas que resurgen de tiempo en tiempo. Al comienzo del nuevo siglo, con Washington concentrado en Medio Oriente y Asia Central, gobiernos de la llamada “ola rosada” reanimaron el espíritu asociativo, en especial en América del Sur. Pero eso también se fue desdibujando en la segunda década del siglo XXI. El resultado fue una gradual y manifiesta dificultad para mejorar la capacidad de negociación colectiva; algo que contribuyó a hacer de Latinoamérica una región menos gravitante a escala mundial.

El presidente norteamericano George W. Bush saluda a su par argentino Néstor Kirchner al iniciar la reunión bilateral, en el marco de la Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, noviembre de 2005 (Foto NA: Césaro De Luca-POOL)
El presidente norteamericano George W. Bush saluda a su par argentino Néstor Kirchner al iniciar la reunión bilateral, en el marco de la Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, noviembre de 2005 (Foto NA: Césaro De Luca-POOL)

—Estabas hablando de dónde estábamos y en qué devino esa situación pos-Guerra Fría, con el retraimiento de los Estados Unidos y el ascenso y protagonismo de China y otros países de esa región. Desconocemos muchísimo qué pasa fuera de Occidente. Si pensamos en Latinoamérica, ¿dónde estamos parados?

—La situación actual del mundo muestra lo que en la disciplina de las relaciones internacionales llamamos “coyuntura crítica”, períodos –que no son necesariamente breves, sino que pueden ser extensos– en que se resquebrajan pautas y parámetros, en que se producen transformaciones exponenciales en distintos campos, que es necesario interpretar a escala mundial, no parroquial ni local y, lo más importante, que obligan a las élites a ponderar y concebir nuevos cursos de acción. Eso no se puede postergar mucho tiempo. Y en este punto quiero hacer una comparación histórica con la primera etapa del siglo XX. En ese momento, el mundo atravesaba una situación muy singular: el gradual ascenso de los Estados Unidos y el paulatino descenso del Reino Unido.

Esto es, había una transición de poder, prestigio e influencia de consecuencias significativas. En esa coyuntura extendida, que en la Argentina cubrió diferentes gobiernos y tipos de regímenes políticos, la élite de nuestro país adoptó la estrategia de seguir abrazada al Reino Unido en lugar de advertir la expansión de los Estados Unidos y sus efectos. Obviamente la élite de la época tomó esa decisión por razones prácticas, no por motivos dogmáticos. La tomó porque con los Estados Unidos había una relación competitiva y compleja, mientras que con Europa había una relación complementaria y cercana. ¿Nos ayuda ese antecedente para pensar el presente? Creo que sí y mucho. Hoy es evidente que existen dos grandes actores que compiten y un conjunto muy importante de naciones de referencia en el Sur Global, al tiempo que el peso de actores no estatales es notable; entre otros, las corporaciones más poderosas y sus dueños.

Según el informe de 2023 sobre los ultrarricos (Ultra Wealth Report) hay en el mundo unos 395.000 individuos con una fortuna conjunta de unos US$45 billones, mientras la riqueza mundial ese año fue de US$454 billones, según datos del Credit Suisse. Ahora bien, quiero destacar que mientras los Estados Unidos y su principal aliado, Europa, se han debilitado en años recientes y Washington está pagando el precio de tres décadas de sobreextensión, esto no implica que Occidente esté en un proceso de decaimiento irreversible ni que los Estados Unidos se enfrenten a un declive inminente. Y el ascenso chino, que ha sido paulatino y extraordinario, no es un ascenso sencillo y seguro tampoco.

ARCHIVO - Manifestantes tomados de las manos en apoyo al acuerdo de paz alcanzado entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la principal plaza de Bogotá, Colombia, el 8 de octubre de 2016 (AP Foto/Iván Valencia, Archivo)ARCHIVO – Manifestantes tomados de las manos en apoyo al acuerdo de paz alcanzado entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la principal plaza de Bogotá, Colombia, el 8 de octubre de 2016 (AP Foto/Iván Valencia, Archivo)

Mi punto aquí es que la élite argentina tiene un desafío monumental: o entiende cuáles son los intereses nacionales que defender en medio de estos cambios profundos, o vamos a seguir tomando decisiones erráticas, mal informadas, inconsistentes, anacrónicas, confusas. Entonces, el punto de partida debería ser considerar, por un lado, si esa disputa se está exacerbando o no; por otro, qué elementos de competencia o de cooperación se presentan, de forma tal de comprender cuál es el lugar que estratégicamente puedo y quiero ocupar con miras al segundo cuarto de siglo. Lo otro que analizaría es qué capacidades tangibles y atributos intangibles poseo. Yo viví dieciocho años en Colombia. Para un colombiano o colombiana promedio, el pasado fue difícil, penoso y hasta atroz.

Lo único que tiene por delante un colombiano es el futuro, que puede ser algo mejor. Porque si mira para atrás, ve la violencia de los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta, noventa y comienzos de este siglo, que dejó cientos de miles de muertos y millones de desplazados internos e inmigrantes internacionales. La violencia insurgente, del narcotráfico, paramilitar, institucional. La fe del colombiano está puesta en su futuro. Yo diría que hoy, lamentablemente, cada vez para más argentinos el mejor futuro es su pasado. Antes –mucho antes– hicimos bien varias cosas. Antes teníamos niveles de cohesión social envidiables. Antes fuimos una sociedad mucho menos desigual. Antes, antes y antes.

10 de diciembre de 2023: el presidente de Argentina, Javier Milei, durante la ceremonia de investidura en Buenos Aires (Foto: EFE/ Enrique García Medina)
10 de diciembre de 2023: el presidente de Argentina, Javier Milei, durante la ceremonia de investidura en Buenos Aires (Foto: EFE/ Enrique García Medina)

Y creo que esta percepción es muy importante para saber cómo se posiciona el país en esta disputa global. Eso nos puede abrir opciones o restringir oportunidades. Hace un siglo, leímos el mundo de un modo que, en última instancia, nos aferró al poder declinante a pesar de que transitoria y relativamente lográbamos hacer frente a crisis como la Gran Depresión. ¿Está nuestra dirigencia leyendo el mundo con los ojos abiertos y la mente despejada?

—Supongo que hay circunstancias que pueden ser determinantes para la toma de decisiones o para las conductas que pueden seguir los gobiernos. Entiendo que el combo que se armó entre la pandemia de covid-19 y la guerra en Ucrania necesariamente influyó en esta dirección.

—Sin duda tu observación es muy acertada. Pero quiero entrarle al tema por otro lado. Por ejemplo, la Argentina tiene una valiosa tradición de producción intelectual sobre autonomía relativa en los asuntos internacionales. En esos análisis sobresale un concepto, que remarcaba Juan Carlos Puig, uno de los grandes internacionalistas que tuvo el país: para ser viable, la autonomía requiere contar con atributos reales. Y el elemento clave hoy más que nunca es un modelo que se asiente en la investigación e innovación en ciencia y tecnología.

¿Es posible identificar en la Argentina actual un conjunto de actores públicos y privados que pueda comprometerse en una iniciativa de largo plazo para interconectar el Estado, la comunidad científica y el mundo empresarial tal como han hecho, con éxito, grandes y medianas potencias? ¿Persiste un impulso autonomista que pueda conducir políticamente esa iniciativa? ¿El actual gobierno tiene la disposición y el compromiso para activar un modelo productivo que coloque en el centro el componente de ciencia y tecnología? En el cuadro internacional presente y futuro, los países que carezcan de autonomía tecnológica serán apenas espectadores de la política mundial. Me temo que para el gobierno actual la inversión en ciencia y tecnología es un “costo” que reducir y el compromiso Estado-empresa-científicos, algo innecesario. Casi inconveniente.

https://www.infobae.com/cultura/2024/07/06/juan-gabriel-tokatlian-e-hinde-pomeraniec-dialogan-sobre-la-pantalla-del-mundo-nuevo

La anti-diplomacia de Javier Milei

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La diplomacia busca, en esencia, que el recurso a las palabras evite el uso de las armas en las relaciones entre países, mientras que a su vez se protegen los intereses del Estado y de la nación.

La práctica diplomática, ejercida con destreza institucional y respeto a las contrapartes, es fundamental para el bienestar de un país. Por esto, atributos como la formación, el conocimiento, la prudencia, el talento, la templanza, el tacto y la razonabilidad resultan vitales.

En 1957, el estudioso inglés de las relaciones internacionales, Martín Wight, recuperó y precisó un concepto contrario: la anti-diplomacia. Las fuentes de la anti-diplomacia las encontró Wight en experiencias que se caracterizaron por perseguir una redentora transformación del mundo.

Este tipo de proyecto le resultaba temerario pues la ambición mesiánica que lo nutre podía derivar en una peligrosa distopía. Si la diplomacia tiene un valor sistémico, la anti-diplomacia tiene un sentido anti-sistémico.

En este contexto, retomo y refino la noción de Wight para abordar el comportamiento internacional del presidente Javier Milei en el primer semestre de gestión. Para hacerlo es preciso hacer una distinción entre diplomacia y anti-diplomacia. La diplomacia se ocupa de las relaciones Estado a Estado en lo bilateral y multilateral, mientras la anti-diplomacia se manifiesta en vinculaciones transnacionales, no gubernamentales.

Los periplos de Milei no parecen tener como objetivo estimular y optimizar los lazos inter-estatales. Viaja para asistir a eventos partidistas, a conferencias variadas y encuentros informales, así como a citas con algunos hombres (casi nunca mujeres) del mundo empresarial y personajes políticos. Son contados (en número y tiempo) los diálogos directos con mandatarios y se desconoce si en los realizados obtuvo avances significativos en materia comercial, por ejemplo.

No exhibe interés en cumbres multilaterales inter-gubernamentales como las de CELAC (ausente) y el G-7 (pasó inadvertido), pero sí en cónclaves como el Foro de Davos. En ese tipo de eventos ofrece largas lecciones de economía que pocos entienden aunque son aplaudidos.

La diplomacia apunta a ampliar y mejorar los contactos y acuerdos en el nivel de los Estados. La anti-diplomacia procura fomentar coaliciones y alianzas ideológicas entre semejantes, con figuras que están en el poder, han estado al frente de un gobierno o compiten electoralmente.

En particular, Milei es parte activa de una red que es, de facto, una Internacional Reaccionaria. Un grupo de personas de procedencia distinta pero unidas por una visión de un pasado glorioso en cada nación, la búsqueda refundacional de un nuevo orden doméstico e internacional, la reversión en materia de derechos sociales –que consideran moralmente inaceptables– y un singular fervor anti-China, anti-comunista y anti-progresista.

Como su figura ha generado mucha atención en ese espacio, el Presidente se auto-percibe como el catalizador de un cambio a nivel global que se expresa en resultados políticos y un temario global regresivo.

Esto refuerza su desdén por los compromisos inter-estatales, tal el caso de la Agenda 2030 de la ONU, el tratado anti-pandemia negociado en la Organización Mundial de la Salud, la cuestión de género en el marco de la OEA, etc.

La diplomacia tiene como propósito tácito o expreso un sentido de mesura y balance. La anti-diplomacia se sustenta en la emoción y desmesura. Milei ha definido con un fanatismo inusitado dos praxis antitéticas, algo que la Cancillería no ha sabido o podido morigerar. Por un lado, un recurrente encono contra determinados líderes y países que se manifiesta especialmente en reportajes en los que Milei injuria ante la sorprendente sordina de su gabinete, de los partidos pro-oficialistas y de gran parte de la oposición.

Por otro lado, con una afinidad incondicional con solo dos países del mundo: Estados Unidos e Israel; algo que seguramente ninguno de los dos le ha solicitado o demandado. Con ello, y dado la escasa motivación de robustecer más y productivas relaciones con la inmensa mayoría de los Estados, se han ido quebrando posiciones históricas y consensuadas en materia internacional. Nada de esto -el encono o la afinidad– es irracional.

Al contrario, este es el modo de expresión de un proyecto de transformación extrema que tiene adeptos domésticos y en el exterior y que se sustenta en razones materiales concretas: aún anhela la dolarización financiada desde el exterior.

La diplomacia se asienta primordialmente en la defensa y promoción de los intereses nacionales. La anti-diplomacia encubre un interés personal o, a lo sumo, intereses de unos pocos. Con un trasfondo religioso inusual, pero no marginal, el Presidente ha hecho que el dogma dicte la política, al tiempo que la satisfacción de su perfil internacional ha guiado sus visitas, modos y dichos.

En lo que va del año ha elevado, sin duda, su figuración en Occidente. Pero esto no significa que el país haya logrado dividendos y beneficios tangibles. Parece existir una confusión en su círculo próximo: suponen que acrecentar su visibilidad personal es sinónimo de expandir la reputación y credibilidad del país.

Argentina se ha convertido entonces en un caso testigo de la anti-diplomacia de la mano de un presidente que cree ser el factótum de una nueva era en el mundo.

https://www.clarin.com/opinion/anti-diplomacia-javier-milei_0_ypBC3KrIke.html

Volver a Perón, con su audacia y sus banderas

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A lo largo de casi ocho décadas de vigencia política, el peronismo ha transitado cinco experiencias de gobierno. Un denominador común es que todas tuvieron que insertarse en momentos de cambios estructurales del orden internacional. Los gobiernos peronistas debieron conducir los destinos de la Argentina ampliando los márgenes de maniobra de autonomía frente al cambio global o subordinándose pasivamente al mismo, habida cuenta de que un país de tamaño medio en su economía no puede fijar rumbos, pero sí construir alianzas que le permitan transitar el escenario mundial de modo más soberano. Algunas veces actuó en esa dirección y otras, no.

Las primeras presidencias de Perón (1946-1955) se iniciaron con el nacimiento del mundo bipolar emergente del fin de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en el marco de la Guerra Fría fue abordado por Perón con una definición, la Tercera Posición, procurando alianzas en Suramérica y apoyándose en el proceso de descolonización que agudizaba las tensiones de la Guerra Fría.

Este escenario posibilitó la puesta en valor de la producción alimentaria argentina y la aplicación de la renta extraordinaria a acelerar un proceso de industrialización muy inclusivo socialmente, que marcó notables diferencia respecto de otros países del naciente Tercer Mundo.

El segundo Perón

La visión del líder respecto a un conflicto directo entre las grandes potencias se fue diluyendo a partir de la Guerra de Corea (1950-1953), que reafirmaba los límites impuestos por la conferencia de Yalta (1945). Consecuentemente, la política exterior viró hacia una mayor inserción occidental y la búsqueda de acuerdos con EE.UU. que le permitieran a la Argentina acceder a un flujo de inversiones que expandieran y modernizaran el primer impulso industrializador.

Estos cambios generaron tensiones al interior del frente peronista, sobre todo en torno a la participación de los salarios en el reparto de la riqueza, debilitando su capacidad de resistencia ante el golpe sangriento de la oligarquía en 1955. Explorar acuerdos con los EE.UU. nunca va a ser fructífero para el peronismo, tampoco para la Argentina.

El tercer Perón

El peronismo de la tercera presidencia de Perón (1973-1976) también transcurre en el contexto de la crisis del petróleo (1973), que significó la clausura del modelo de crecimiento de posguerra y un cambio de paradigma productivo científico-tecnológico.

La discusión mundial sobre la tasa de ganancia de Occidente, que se había estrangulado después de tres décadas de pleno empleo, altos salarios y aumento de los precios de las materias primas resultante del avance de los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo, impactó de lleno desde el inicio del gobierno peronista, retornado después de 17 años de proscripción.

Se recomponía la tasa de ganancia del capital o se avanzaba en procesos de socialismo con distintas variantes que concluyera por anularla definitivamente. El intento de acuerdo social, el Pacto Social (1973), ensayado por Perón tuvo un notable éxito para relanzar la economía con buena distribución. Sin embargo, la presión internacional desatada por los precios de la energía golpeó el esquema y la muerte del Presidente en 1974 dejó un vacío de poder que nuevamente fue aprovechado por las fuerzas oligárquicas para desatar una barbarie sin precedentes a partir de 1976 y recomponer la tasa de ganancia del capital a expensas de los trabajadores. El rol de EE.UU., definido por su secretario de Estado, Henry Kissinger, fue de respaldo pleno al golpe.

El peronismo neoliberal de Carlos Menem

Las presidencias de Carlos Menem (1989-1999) revierten lo estructurado por Perón 40 años antes. Se inician con el fin de la Guerra Fría, cuando el colapso de la Unión Soviética y del modelo de socialismo real convierten al mundo en unipolar, con la hegemonía absoluta de EE.UU. La potencia triunfante implementa el Consenso de Washington para las naciones del Tercer Mundo, que consiste en un programa de apertura exterior a bienes y capitales, desregulación interna de mercados y privatización de empresas estatales.

En efecto, se trata de una reversión de los modelos autonómicos nacionales surgidos de la descolonización y promovidos por la Conferencia de Bandung (1955). Los agentes económicos globales serán los asignadores de recursos en todos los países, conformando redes mundiales de empresas solventadas por crecientes recursos financieros. El modo en que Menem aborda esta corriente es absolutamente subordinado a los dictados del Consenso de Washington. En su favor cuenta la crisis del Estado y de la moneda provocada por la hiperinflación (1989), el fracaso de un frente empresario nacional en el inicio de su gobierno conocido como el Plan Bunge y Born y la necesidad de alcanzar el complejo productivo electrónico respecto del que Argentina presentaba fuertes retrasos.

La modernización de shock de la economía de la mano del capital extranjero tuvo una primera etapa expansiva, incluso en el consumo asalariado. Sin embargo, a partir de 1994 el desempleo abierto se situaría en dos dígitos y no dejaría ese nivel hasta el final de su gobierno.

La pérdida de competitividad de la economía como consecuencia del régimen de tipo de cambio fijo prolongado en el tiempo causaría estragos entre los trabajadores, sobre todo durante su segunda presidencia (1995-1999). Menem fue el presidente que produjo el mayor acercamiento político a los EE.UU. en la historia argentina hasta el presente.

El alineamiento automático, conocido como “relaciones carnales”, llevó a la Argentina a abandonar su política exterior de no intervención, enviando tropas a la Primera Guerra del Golfo (1991) acompañando la coalición bélica occidental encabezada por EE.UU. contra Irak. Las consecuencias de este hecho inédito (Perón había rechazado enviar tropas a Corea) fueron determinantes para que el país sufriera el brutal atentado contra la asociación mutual israelí (AMIA) en 1994, cuyas secuelas siguen vigentes.

Sin embargo, la llegada masiva de inversiones estadounidenses no ocurrió. La venta de activos estatales benefició a empresas europeas. El predominio de España en ese proceso reflejó la débil inserción internacional emergente de la apertura generalizada. Una economía de segundo orden como España carece de un flujo de comercio e inversiones suficiente para expandir una economía del tamaño de la argentina.

La «década ganada» Néstor Kirchner y CFK

La presidencia de Néstor Kirchner (2003-2007) y las de Cristina Fernández de Kirchner(2007-2015), también se inician en un momento singular del orden internacional. El mundo unipolar surgido del fin de la Guerra Fría da paso a la emergencia de un escenario multipolar definido por la recomposición del poder militar y económico de Rusia y la aparición de India y sobre todo de China como potencia económica gravitante en la demanda global.

A estas naciones, que a principios de la década del 90 representaban apenas el 9% del PIB internacional, las encontrará el siglo XXI incidiendo en 26% de la economía mundial. La “década ganada”, como se conoció a este ciclo peronista, se apoyó en dos vectores internacionales: la era de “desbalances globales” y la estrecha alianza con Brasil. Los “desbalances globales” fueron el resultado del proceso por el que EE.UU. se abastecía de productos industriales masivos a través de China y esa demanda externa aceleró el desarrollo de la nación asiática. La elevación de vida del pueblo favoreció el crecimiento de los precios internacionales de los alimentos y la energía, impulsando la mejora del sector externo de Suramérica.

Este cuadro de situación favorable fue abordado con visión estratégica por Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, desarrollando un proceso de desendeudamiento nacional y de integración regional que expandió el comercio entre los países suramericanos y en particular entre Argentina y Brasil, asegurando un espiral virtuoso de crecimiento en la primera década y media del siglo.

La resolución del sector externo y el respaldo regional constituyeron las bases sobre las que Néstor y Cristina dinamizaron un proceso de crecimiento económico de recuperación industrial con expansión del empleo y el salario, inédito respecto de las últimas décadas. Fue la experiencia más parecida al primer peronismo.

La modernización de la economía encarada por Menem fue altamente excluyente, tanto del capital nacional como de los trabajadores. La alta productividad del capital sobre el trabajo y la extranjerización de ese período fueron revertidas durante el ciclo de Néstor y Cristina. La recuperación de empresas privatizadas, el retorno de un sector privado nacional relevante y la incorporación de millones trabajadores al circuito de producción y consumo, elevando la productividad del trabajo por sobre el capital, fueron el rasgo central de estos gobiernos.

La constitución de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) surgida del rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) promovida por los EE.UU. fue la decisión más relevante de la alianza Argentina-Brasil, que colocó al continente como un espacio de decisión autonómica política y económica en el nuevo mundo del siglo XXI.

La debilidad de Alberto Fernández

La presidencia de Alberto Fernández (2019-2023) es la última experiencia peronista hasta el presente. Al igual que las anteriores, se desarrolla en el marco de un fuerte cambio del escenario global. El surgimiento de potencias económicas alternativas a las occidentales a principios del presente siglo desembocó en la vertebración de bloques contrapuestos y conflictos crecientes. La guerra en Ucrania, iniciada en 2022, es la expresión de la agudización de este conflicto que amenaza con extenderse.

Las tensiones internacionales expresadas en la puja por acceder a insumos críticos, minerales, alimentos y energía dispararon los precios de esos bienes y desataron una presión sobre Argentina como productora que la colocó de un modo singular en la escena global.

El del Frente de Todos fue un gobierno de coalición peronista encabezado por una figura débil en términos de representación política, surgida de consensos inestables. La coalición gobernante no pudo abordar con éxito el desafío internacional en términos de afirmar un modelo económico, a pesar de contar con condiciones favorables en términos de precios globales y excedentes de la balanza comercial. La debilidad frente a los fondos de inversión acreedores y el FMI, la falta de cohesión política ante el empresariado y una política exterior errática impidieron la consolidación del gobierno peronista.

Entonces, las décadas de Perón y los Kirchner reflejaron una capacidad singular de optimizar las oportunidades que brindaba el escenario internacional y avanzar en un proceso de autonomía nacional; la década de Menem -si bien tuvo condicionantes fuertes- se subordinó de tal manera al contexto global que condujo a la Argentina a la peor de sus crisis; el peronismo del retorno y el gobierno del Frente de Todos fueron incapaces, por distintos motivos, de abordar el cambio mundial y sucumbieron con saldos muy negativos (y luctuosos en el primer caso).

Volver a Perón

Por último, el panorama mundial presente es muy favorable para la Argentina. Solo se requiere la audacia de Perón para afrontarlo. Sin embargo, la dirigencia actual parece bajar la cabeza ante una generala estadounidense.

En cualquier caso, el norte trazado por Perón hace casi 80 años, sintetizado en las consignas de independencia económica, soberanía política y justicia social, sigue siendo el programa más avanzado que se ha dado hasta el momento la Argentina para construir una patria capaz de contener a todos sus habitantes. Esas tres banderas nos dieron los mejores años y son la garantía para abordar una salida superadora al angustiante presente nacional.

https://www.letrap.com.ar/politica/volver-peron-su-audacia-y-sus-banderas-n5409606

Irracionalidad perversa

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La connivencia entre el capital financiero local e internacional y el Club del Petróleo, club donde están asociadas las grandes empresas hidrocarburíferas nacionales y extranjeras, les permitió y permite acumular capital en el pasado, en el presente y en el futuro, a costa de la exclusión social, la potenciación de la pobreza y la apropiación de las reservas petroleras, gasíferas y mineras que les pertenecen a todo el pueblo argentino y a las generaciones venideras.

El mecanismo siempre es el mismo. Endeudan al Estado para beneficio exclusivo del capital financiero y esa deuda toma una magnitud que es imposible pagar con los recursos corrientes. Entonces los acreedores piden, a cambio, el patrimonio nacional; no otra cosa es en el presente el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) que conforma un Estado dentro del Estado argentino, con sus propias leyes y normas, con justicia externa incluida (el CIADI), que prioriza la exportación en desmedro del mercado interno (los beneficiados con este régimen no tienen la obligación de abastecer al mercado local) y que al cuarto año no tienen la obligación de vender en la Argentina los dólares que obtienen por sus exportaciones   [1].

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner había dejado una deuda bruta de 222.703 millones de dólares, el 60% de esta era intra sector público (en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES, de los bancos oficiales, de distintos fondos fiduciarios argentinos, etc.), el 9% con organismos internacionales (unos 20.043 millones de dólares; no teníamos deuda con el FMI, al que se le habían pagado todas las acreencias en enero de 2006) y el 31% con el sector privado (unos 69.038 millones de dólares). Por lo tanto, la deuda externa en poder de organismos internacionales y bonistas privados era de 89.081 millones de dólares.

En el gobierno de Cambiemos se incrementó la deuda en 97.927 millones de dólares, de los cuales 44.559,9 con el FMI. En forma sistemática se fugaron unos 86.200 millones, y la amplia mayoría de las empresas que los compraron  no pueden justificarlo en sus ejercicios contables. La evasión y la fuga son fácilmente verificables con solo estudiar esos balances. Pero ni la Justicia, ni el Poder Ejecutivo, ni el Poder Legislativo hicieron nada en ese sentido, más allá de que en este último caso un proyecto encabezado por Oscar Parrilli exigía su investigación. Llegó a tener sanción del Senado pero que nunca fue llevado al recinto de la Cámara baja.

El gobierno de Alberto Fernández aceptó toda la deuda heredada de la gestión de Macri, no la investigó y la renegoció para que se pague como la está pagando el pueblo argentino.

En ese contexto, el BCRA del gobierno de Alberto Fernández les pagó fortunas a los grandes bancos privados del país por tener bonitas y numerosas sucursales para captar depósitos y, en lugar de financiar el trabajo y la producción, sin correr ningún riesgo compraron Leliqs (letras de liquidez del BCRA) y otros pasivos remunerados de la autoridad monetaria.

El crédito al sector privado es el 6,5% del PIB (era más de tres veces mayor en el año 2015), de los cuales la mitad son préstamos comerciales y la otra mitad personales (tarjetas de crédito, prendas de bienes durables, descubierto en cuenta corriente y/o caja de ahorro, etc.), porque la mayor parte de las imposiciones que captan las entidades financieras, básicamente, se prestaban al BCRA solo para que no se pasen a dólares. Nunca se usó esa plata que el BCRA acrecentó sideralmente con los intereses que devengaban, solo sirvió para que los banqueros ganaran fortunas con ello a costa del BCRA. Y con Caputo-Bausili le prestan al Tesoro de la Nación, no para que financie el déficit fiscal, sino para convertir el pasivo de los bancos (para que no quiebren) en Letras del Tesoro de la Nación ajustables por inflación. O sea, el Estado liberal anarco capitalista absorbe deuda de los bancos para que sea deuda bruta argentina. La “bomba” de las Leliqs la solucionó el tándem Caputo-Bausili transformándola en deuda bruta de la Nación, es decir, del pueblo argentino.

Comparamos la situación entre el último día hábil del gobierno anterior y el 31 de mayo de 2024, en el que el total de encajes remunerados ascendió a 18.489.248 millones de pesos, que al tipo de cambio oficial de esa fecha de 933,76 pesos significan 19.800 millones de dólares. Cuando el 7 de diciembre de 2023, el total de encajes remunerados (esterilización) fue de 21.023.700 millones de pesos (al tipo de cambio oficial de 400 pesos significó el equivalente a 52.560 millones de dólares). Por ende, la deuda bruta del Tesoro de la Nación se incrementó por este mecanismo en 32.760 millones de dólares.

Negocio de los bancos, generado en los gobiernos de Cambiemos y del Frente de Todos, que la administración de Caputo-Bausili consolidan convirtiéndolo en Letras del Tesoro y aumentando la deuda bruta en 32.760 millones de dólares. Todos en silencio porque se benefician los mismos de siempre, con los cómplices y partícipes necesarios, y en ese cobarde silencio, se convierte en deuda pública que paga el pueblo argentino.

La irracionalidad de la deuda pública

A la gestión del Frente de Todos y su continuación y perfeccionamiento por la gestión de Caputo-Bausili, a la no investigación de la deuda de Cambiemos y a la salvación de los banqueros que operan en el país, debe sumarse:

  1. El déficit fiscal del año 2023, estimado por la actual Secretaría de Hacienda en 5,13% del PIB (es en pesos, pero equivalente a 24.624 millones de dólares), también financiado con títulos de deuda interna del Tesoro de la Nación, en su gran mayoría ajustables por inflación, aumentando la deuda bruta argentina.
  2. El reconocimiento de los fuertes intereses que estos títulos del Tesoro de la Nación devengan (ajustados generalmente por la inflación) en los primeros cinco meses del año (hasta el 31 de mayo de 2024) [2] por 7.617 millones de dólares (es en pesos pero la Secretaría de Finanzas de la Nación hace la conversión a dólares al tipo de cambio oficial).

Por lo tanto, la deuda crece en cinco meses del gobierno de Milei en forma sideral, por 65.000 millones de dólares.

Un nivel de deuda que crece exponencialmente mes a mes y que una devaluación no atenúa porque el pass through [3] haría que los títulos en pesos se beneficiaran con la inflación.

La irracionalidad del ajuste fiscal

Los intereses ganados por los tenedores de títulos de deuda interna en los primeros cinco meses de 2024 por 7.617 millones de dólares son mucho mayores que el brutal ajuste sobre los jubilados, las provincias y la obra pública.

El total del gasto público acumulado por la Administración nacional en los primeros cinco meses del año asciende a 31.466.709,3 millones, por ende, el interés devengado por los títulos de deuda interna es el 25% de dicho gasto. Todo el ajuste fiscal realizado por el gobierno de Milei no alcanza a ser la mitad de los 7.617 millones de dólares devengados en cinco meses de 2024.

El grado de crueldad hacia la población en un irracional y brutal ajuste, se inició por la cobardía de no investigar quiénes se beneficiaron con la deuda tomada por el gobierno de Cambiemos y, en el presente, por el pago exorbitante a los acreedores. Más deuda ante un PIB que el FMI infiere que caerá este año en un 3,5% y en un gasto público que el gobierno pretende reducir aún más, profundizando la depresión económica y con ello la exclusión social.

Y a su vez, en el mediano plazo, se debe afrontar la deuda externa por pagos de capital [4] e intereses para los años 2025, 2026 y 2027 (en este último año se debe sumar el BOPREAL [5] por no menos de 36.000 millones de dólares por deuda con los importadores).

Con un profundo desconocimiento de la economía argentina en general y de la administración del Estado en particular, el gobierno de Milei cree que subordinándose al RIGI conseguirá los dólares por el crecimiento de las exportaciones e inversiones directas, que solo liquidarán en cuatro años (el mandato presidencial), pero que permite cambiar una deuda que no benefició al pueblo argentino por la cesión de nuestros recursos naturales.

Con ello cierra el objetivo de los acreedores: a cambio de papeles de deuda se apropian del patrimonio esencialmente energético y minero de nuestro país. Y es esa la connivencia entre la deuda generada por Cambiemos, la renta financiera de las Leliqs y demás pasivos remunerados de Alberto Fernández, y el Club de Petróleo mentor y propiciador del RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones).

El origen es la deuda de 97.927 millones de dólares que engendró el gobierno de Cambiemos, que aceptó y no investigó el gobierno del Frente de Todos, refinanciándola y generando encajes remunerados del BCRA y déficit fiscal.

Su continuación y perfeccionamiento es cuando el tándem Caputo-Bausili “titulariza” la deuda en bonos del Tesoro de la Nación con fuertes rendimientos al ser ajustados por inflación que supera el crecimiento del tipo de cambio después de la devaluación del 12 de diciembre de 2023, reeditando la bicicleta financiera o carry trade.

Todo ese mecanismo de deuda y bicicleta financiera para llevarnos a una mera factoría exportadora con nuevos ciclos de endeudamiento que pagará el pueblo argentino (como hizo Milei con los pasivos remunerados del BCRA y el déficit fiscal de la administración de Alberto Fernández).

Los recursos naturales pertenecen al pueblo argentino y a las generaciones futuras de argentinos, no a un gobierno y a los corruptos legisladores que propician su enajenación y entrega.

Cedemos nuestros recursos naturales y después nos volvemos a endeudar para repetir el procedimiento, cumpliendo lo que dijo no bien asumió como embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Mark Stanley: “La Argentina tiene lo que el mundo necesita”.

[1] Violando el art. 20 de la Constitución nacional que expresamente dice: “Ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”.
[2] Porque cada mes que pasa se incrementa el endeudamiento público por el mecanismo de acumular intereses en nuevos títulos de deuda del Tesoro de la Nación
[3] Impacto que genera una variación del tipo de cambio sobre los precios internos de una economía.
[4] Con los bonistas que canjearon títulos de deuda externa el 31 de agosto de 2020, se comienza a pagar el capital desde el 9 de julio de 2024.
[5] BOPREAL (Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre) por la Comunicación “A” 7918 del BCRA, que tiene vencimiento el 31 de octubre de 2027, con el agravante de que se está armando el registro de quiénes son los beneficiados, pero el mismo gobierno estima que por este procedimiento, la deuda externa se acrecienta en unos 36.000 millones de dólares.

Informe económico mensual

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Podemos mencionar algunos aspectos del documento.

1.       En el largo plazo, desde 1993 a 2024 se presentan los mayores volúmenes de datos, todos medidos como promedios (en todo el plazo) de las variaciones mensuales nominales. El M1 supera con el promedio tanto al Tipo de Cambio como a la Inflación. A su vez el promedio (en todo el periodo) del Tipo de Cambio supera la Inflación. Algo de esto debe observar Milei cuando alienta a mantener el tipo de cambio con el 2 % mensual, descartando nuevas devaluaciones. ¿Por cuánto tiempo? ¿Sin tiempo y esperando?

2.       Pero también podemos hacer observaciones para el corto plazo, durante el cual la mayoría de las personas están vivas; en el largo plazo no tanto, como diría un economista fallecido conocido y mal visto por el Gobierno. En un plazo interanual, o sea abril 2024/ abril 2023, la inflación alcanza los 290 % y el dólar los 302 %. En mayo estos números se dieron vuelta. Algunos los miran y surgen diferencias con el largo plazo. ¿Devaluar o no devaluar? ¿Salta la inflación si se concreta? ¿Y el CEPO?

3.       Desmonetización de la economía, poca plata en los bolsillos y en las cuentas corrientes, considerando especialmente M0 y M1, o sea indicadores de alta liquidez. Las consecuencias más evidentes, son caída de la actividad y castigo a los pobres e informales. ¿Pero si no hay múltiples monedas no se ven con mejores ojos a los pesos? No mencionamos en el documento encajes o similares, pero el dinero bancario aumentó.

4.       Las marchas y contra marchas de la Inflación y del Tipo de Cambio dan lugar a que impere la confusión y la pregunta: ¿Dónde estamos parados? No incluimos las cuestiones fiscales y otros indicadores.

5.       El Gobierno supone que, desregular todo y mantener un Estado mínimo, es lo deseable y lo mejor. Al menos así lo expresan los discursos de Milei y de sus colaboradores. Es por eso que, en las empresas, especialmente las tecnológicas, esto suena muy bien, seguramente también en Trump y en los grupos de extrema derecha europea. Sobre esto se puede decir, como comentario adicional, que fueron muchos años de trabajo en la comunidad europea para lograr dejar atrás millones de muertos y lograr un Pacto de Estabilidad y Crecimiento, incluyendo una moneda común. No es poco, pero algunos quieren romper lo logrado.

6.       Mirando los números del periodo 2015/2019 se puede concluir que Macri, con alta confiabilidad inicial, pudo levantar el CEPO y sostenerlo a un alto costo con ingresos de capitales y la con ayuda del FMI, pero finalmente no alcanzó. Quienes debieron aconsejarlo, especialmente desde el BCRA y poner freno al drenaje de dólares sin pausa de la Balanza de Pagos y del Balance Cambiario, miraban para otro lado. El Gobierno de Macri terminó muy mal, con el Cepo nuevamente instalado de la mano de Lacunza, que no tuvo opciones.

7.       Nuevamente se actualizaron las discusiones y propuestas: CEPO SÍ o CEPO NO. A Milei y a Caputo les preocupa que no ingresen dólares necesarios para sostener el posible cambio. A pesar de la caída de liquidez tanto medido con el M0 o M1, nadie puede saber qué pasará con el dólar si se levanta el CEPO. Sin dólares pueden no existir frenos y si salta o simplemente se mueve, la inflación acompañará, siempre lo hace. Recordemos que Milei ya lo hizo saltar fuertemente en diciembre. La confianza y las expectativas sobre el futuro resultan fundamentales. De lo contrario, los Recursos Monetarios del Sector Privado (Cajas de Ahorro y Plazos Fijos), que no son pocos, pueden generar problemas complicados si se van para un lado u otro. Por ahora parece que impera la prudencia.

8.       ¿Cuántos dólares disponibles necesita Milei para llevar adelante la eliminación del CEPO, convivencia de monedas, Caja de Conversión o simplemente dolarizar con un tipo de cambio fijo? No lo sé. Seguramente y por las dudas, no son pocos.

Informe económico mensual

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·        Disminuyó la inflación (alrededor del 4 %) en el quinto mes (MAYO) 2024, pero siempre elevada. ¿Cuánto tiempo para encontrar una base estable MENOR AL 4 % mensual? Según Caputo, primero contar con el ancla fiscal a pleno, ordenar y sanear el balance del BCRA, reservas y eliminar el cepo en algún momento. ¿Tiene un costo? Si, opera la licuación y arrastra a una reducción del consumo y actividad. Precios relativos dispersos, incluyendo el dólar. ¿Se necesita desindexar precios?

·        En diciembre 2023 una de las primeras medidas del gobierno de Milei fue una fuerte devaluación que llevó el peso a $ 800 por dólar. ¿Qué ocurrió después?  el dólar se fue apreciando en el cortísimo plazo, en los meses del 2024, el IPC aumentó el 70 %, el dólar el 40 %. ¿Persistirán en economía y en el BCRA con el módico porcentaje del 2 % mensual? Por ahora el dólar guarda cierta distancia si medimos interanualmente (12 meses).

·        El BCRA reduce fuertemente la tasa nominal de interés, esto lleva a tener tasas reales negativas, es lo que ocurre en estos meses del 2024, pero en mayo con inflación atenuada, mejoró. Suponemos parte de una estrategia, bajar el endeudamiento del BCRA y también la deuda del gobierno, por lo menos la que no está indexada. Muchos países en su momento con fuerte endeudamiento, después de guerras la achicaron con tasas negativas. La referencia se refiere especialmente a la segunda guerra mundial. En nuestro caso las razones son pedestres.

·        Logros de Milei: El riesgo país muestra una baja importante, pero continuamos en el terreno de la desconfianza. Se reduce la brecha entre el dólar y el CCL, disminuye la inflación.

·        En resumen: Indicadores que disminuyen, licuación firme en la brecha, pobreza e indigencia no parece mejorar, el FMI conjeturando una inflación del 140 % a diciembre 2024, con caída de la actividad fuerte y seguramente un próximo convenio que traiga dólares. Contamos con dólares para todos los gustos y conjeturas dispares, entre tantos no es sencillo gritar “eureka” tengo definido el tipo de cambio real de equilibrio. Dólar oficial, el blend, el azul, el CCL, el turista, el de los arbolitos, el utilizado para comprar en los países vecinos, el definido para el corto plazo, para el mediano plazo y para el largo plazo. Y por si fuera poco el dólar CEPO.

·        Siempre es bueno recordar los orígenes ideológicos y creencias comunes que portamos todos en nuestra mochila. En su reciente libro “Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica” Milei no deja muñeco con cabeza, y son pocos los economistas que le caen bien, incluso con algunos prescinde de parte de las teorías y solo considera aspectos parciales. Enemigos claros, Keynesianismos, los neoclásicos contaminados, el socialismo y las vecindades. Por suerte tenemos como futuro ministro a uno de los “economistas más brillantes del planeta” y a un ministro de economía que es uno de los “mejores ministros de la historia argentina», dixit Milei. Que tal Gorosito.