Charla-debate sobre el libro Consejos no solicitados sobre política internacional

Informe económico mensual

· Disminuyó la inflación (alrededor del 4 %) en el SEXTO mes (JUNIO) 2024, pero siempre elevada. ¿Cuánto tiempo para encontrar una base estable MENOR AL 2 % mensual? Caputo y el BCRA, implementan (periódicamente) medidas alrededor de un ancla fiscal, ordenar y sanear el balance del BCRA con medidas muy altisonantes, pero las reservas no crecen, y eliminar el cepo es siempre una zanahoria, por ahora más adelante. En el aquí y ahora opera la licuación, arrastra a una reducción del consumo y de la actividad. Precios relativos dispersos, incluyendo los dólares.
· En diciembre 2023 una de las primeras medidas del gobierno de Milei fue una fuerte devaluación que llevó el peso a $ 800 por dólar. ¿Y luego? El tipo de cambio oficial se fue apreciando en el cortísimo plazo, en los meses del 2024, el IPC aumentó el 77 %, el tipo de cambio el 43%. La pregunta que se hacen algunos ¿Persistirán en economía y en el BCRA con el módico porcentaje del 2 % mensual? Y esto por lo visto permanecerá, sirve para controlar la inflación. Por ahora el dólar guarda cierto equilibrio si medimos interanualmente (12 meses tipo de cambio 264 % e IPC 271 %). Por eso siempre insistimos, desde donde nos paramos, podemos medir distancias y diferencias.
· El BCRA reduce fuertemente la tasa nominal de interés, esto lleva a tener por ahora tasas reales negativas, es lo que ocurre en estos meses del 2024, pero en junio con inflación atenuada, mejoró lo anterior. Suponemos parte de una estrategia, bajar el endeudamiento del BCRA y también la deuda del gobierno, por lo menos la que no está indexada. Muchos países en su momento con fuerte endeudamiento, después de guerras achicaron (la deuda) con tasas negativas.
· Los Logros de Milei por el momento parecen efímeros: El riesgo país después de una baja, nuevamente con valores que muestran que continuamos en el terreno de la desconfianza. La brecha entre el dólar y el CCL, sigue los mismos avatares, disminuye y luego nuevamente aumenta.
· Pobreza e indigencia no parecen mejorar, el FMI conjeturando una inflación del 140 % a diciembre 2024, con caída de la actividad fuerte y el gobierno esperando un próximo convenio que traiga dólares. Pero la carencia anterior hace que contemos con dólares para todos los gustos, dólar oficial, blend, el azul, el CCL, el turista, el de los arbolitos, el utilizado para comprar en los países vecinos, también el definido para el corto plazo, para el mediano plazo y el largo plazo. También el dólar CEPO, por lo menos para algunos.
· Mientras tanto Milei no deja muñeco con cabeza, y son pocos los economistas que le caen bien. Enemigos claros, comunistas, keynesianos, los neoclásicos contaminados, el socialismo, liberales con otras ideas y vecindades. Ganando amigos. Que tal Gorosito.
Adicciones, el mecanismo

La adicción no es una elección sino una consecuencia. Surge en la conducta humana como un sucedáneo compensatorio de una carencia necesariamente afectiva. Si no puedo satisfacer esa carencia buscaré alguna conducta que me genere una satisfacción, aunque esta sea transitoria, que calme esa sensación de carencia.
La carencia puede ser generada a partir de situaciones objetivas que producen una imprimación en la subjetividad, posiblemente el caso paradigmático tenga que ver con las necesidades básicas insatisfechas, pero también puede ser a partir de carencias subjetivas surgidas de las interrelaciones vinculares con los grupos de pertenencia; el fundacional, la familia.
Cuando hablamos de necesidades básicas insatisfechas, debemos entender que sufrir por hambre, sufrir por frío, desear el juguete que no se puede tener, etc., constituyen experiencias emocionalmente traumáticas que perduran en la memoria emocional mucho más allá de la edad en que ocurrieron. La ausencia voluntaria o involuntaria de cobertura afectiva por parte de la estructura familiar generará una necesaria sensación de abandono en los niños.
Es interesante pensar en lo que sugiere la palabra adicto: a – dicto, lo no dicho. Generalmente el adicto no sabe qué es lo ‘no dicho’ en su historia, desconoce cual es el hueco afectivo que constituye su carencia real.
Hay aquí varios elementos que se conjugan, el primero puede ser el deseo.
Todo deseo partirá de una carencia, por ejemplo comer o beber, en la medida que este deseo sea satisfecho, la carencia quedará cubierta; pero de no ser así esta se instalará como una deuda y por supuesto ligada a la diada placer/displacer, la condición con la que se instalan los significantes en nuestra subjetividad.
Todos somos adictos o potencialmente adictos.
Todos experimentamos o hemos experimentado alguna vez carencias afectivas. El tema está en que recursos hemos tenido disponibles para enfrentar esas situaciones de carencia en el caso de no haberlo podido satisfacerlas en tiempo y forma.
Tanto las zonas del cerebro involucradas en la afectividad como en la sensaciones de satisfacción se encuentran en el sistema límbico, lo que no resulta casual sino causal. Esta satisfacción ocurre, químicamente, a través del sistema de recompensa cerebral mediado por la actividad dopaminérgica; pero no es propósito en este escrito hablar de la estructura y el funcionamiento biológico molecular.
Hemos reparado en que, culturalmente, calmamos la ansiedad de nuestros niños con ese adminículo llamado chupete, un sucedáneo de la succión del pecho materno, fuente de alimentación y placer. Posiblemente dotemos así al niño de su primera adicción. Casi la institucionalización de una conducta a través de la oralidad.
Los adolescentes en el despertar sexual, ante la aparición explosiva del deseo generado por los cambios hormonales, con mucha frecuencia incurren en conductas masturbatorias compulsivas que pueden configurar una adicción. Posteriormente, con la llegada de la adultez y la adquisición de habilidades para las relaciones sociales, más los permisos que da la cultura, el grueso de los adolescentes pueden establecer relaciones afectivas en donde la sexualidad encuentra un cauce más estable e integrado entre la afectividad y la pulsión sexual con impacto físico, o sea, tienen sexo.
Como decíamos más arriba, todo deseo expresa una carencia, desde los más básicos como comer y beber o la pulsión sexual. La ansiedad o sensación compulsiva para satisfacer el deseo dependerá de las herramientas que tengamos para lograrlo.

Tomando como modelo de aprendizaje lo que la conducta evolutiva del ser humano en su proceso de crecimiento y socialización nos brinda, podemos establecer procesos terapéuticos para ayudar a las personas atrapadas por conductas adictivas.
La biología nos muestra que toda conducta que se modifica no desaparece abruptamente, sino que en general es sustituida progresivamente por otra que la reemplaza. O sea que el espacio subjetivo ocupado por algo que se va, es ocupado por algo que llega, pero el continente sigue siendo el mismo; también guardará como recuerdo, consciente o no, el registro de conductas anteriores. Mientras estemos orgánicamente sanos nuestra subjetividad puede agrandarse pero nunca achicarse.
Cabe preguntarse ante la actitud de buscar consuelo en conductas que configurarán adicciones:
¿Qué nivel de tolerancia tenemos ante nuestras propias reflexiones?
¿Por qué es frecuente que ante situaciones de contacto social o ante la soledad que nos enfrenta a nosotros mismos, necesitemos interrumpir ese contacto externo o interno con alguna conducta adictiva?
Fumar tabaco u otras sustancias, snifar, beber, o alguna otra actividad repetitiva, en lugar de ser un propósito, como podría ser la satisfacción del deseo sexual habitual, solo tiene como objetivo aparente rescatarnos de una situación que nos produce una ansiedad incómoda. La incomodidad de estar con los otros o estar con nosotros mismos.
Tal vez entonces el segundo elemento a considerar tenga que ver con la socialización y la inseguridad que esta representa, enfrentar el contacto con el otro, fracasar en el deseo de ser deseado por el otro (Lacan dice que el deseo es en realidad el deseo de ser deseado por el otro), o sea ser integrado a una pertenencia afectiva; que el hueco afectivo del que no somos conscientes se reavive como una herida que no cierra.
Desde este punto de vista podríamos concluir que en la conducta del adicto hay una dificultad para integrarse en un grupo de pertenencia en el que se sienta contenido y aceptado.
Incluso la dificultad para enfrentarnos a nuestro encuentro obligado con nosotros mismos, ese encuentro que puede enfrentarnos a nuestros fantasmas cuando estamos solos, cuando no nos salva de la soledad una actividad que nos ocupe y no pueda ser interrumpida, y que tendrá por respuesta la huida a la adicción mil veces repetida.
Seguramente habrá adicciones de diversa magnitud, más o menos intensas, más o menos dañinas, con variables velocidades de desintegración de nuestras estructuras psíquicas; leves, moderadas y graves.
Entonces, como en tantos casos, la pregunta es: ¿qué hacer?
Primera respuesta: pesquisar en cada persona su historia para buscar el núcleo de sus carencias a fin de intentar resignificar sus experiencias.
Segunda tarea: establecer grupos terapéuticos que funcionen como comunidades de contención en donde la base de funcionamiento esté en la interacción y en la mutua y empática aceptación del uno por el otro.
Tercera tarea: preconizar tareas grupales en las que cada integrante tenga otros que dependan de él, intentando reproducir un modelo de cadena o de línea de montaje, un entramado interdependiente que genere lealtades y refuerce sentimientos éticos.
Los objetivos están en conocer las causas individuales y generar vínculos de pertenencia con compromiso afectivo de cuidado mutuo entre los integrantes de la comunidad terapéutica.
Todo esto tiende a destruir las conductas aislacionistas e individualistas que caracterizan a las adicciones, independientemente de que algunas adicciones parezcan predominantemente sociales como el alcoholismo.
Como conclusión encontramos en el origen de las conductas adictivas una carencia vinculada a las dificultades para establecer vínculos de pertenencia, un íntimo sentimiento de no aceptación por parte de la comunidad a la que desearía pertenecer el adicto. Es entonces el camino de la reintegración a la comunidad el proceso deseable a emprender para la reparación del daño que generó la conducta adictiva. En la interacción comunitaria está la respuesta.
Las múltiples posibilidades de las conductas adictivas.
La búsqueda de conductas compensatorias que nos den una satisfacción que en la medida en que es transitoria requiere repeticiones, progresivamente, va configurando la adicción en la que nos hacemos dependientes de esas conductas compensatorias, drogas, alcohol, compras, sexo, etc.
Hoy dentro de los etcéteras debemos incluir a los estímulos constantes que recibimos a través de los teléfonos inteligentes, las tabletas o las computadoras. Posiblemente el sucedáneo de una cadena genérica de carencias que probablemente estén ligadas a una baja autoestima epidémica.
Vivimos en una sociedad en la que el capitalismo pretende inculcarnos, a través de los medios de comunicación que posee, la cultura del éxito y la competencia, del glamour, de la juventud eterna e inclusive de la no aceptación de la muerte como final de la vida. Solo vale ser campeón, número uno, ser segundo ya es deshonra. Como consecuencia el 99,99 % que no somos número 1, no somos dignos. En ninguna sociedad competitiva puede florecer la autoestima.
El estímulo permanente a través de las redes sociales, que poco tienen de sociales ya que nos llevan a un ejercicio solitario, casi masturbatorio, de vínculos con un universo numeroso pero ilusorio, la foto de una revista que a veces contesta; ocupa demasiadas horas de nuestro día, prácticamente todo el tiempo que estamos despiertos. El tema es que estas redes suponen espacios de pertenencia difusos, espacios irreales que solo están en ellas, y nos hacen querer estar en el ‘gran hermano’, sometiendo nuestra intimidad al escrutinio general con la infantil pretensión de ser vistos por alguien; deseo no verbalizado pero sí groseramente explícito desde la carencia afectiva que caracteriza a la baja autoestima, un soterrado pero desesperado pedido de ser confirmados por la mirada del otro. Tal vez el problema esté en que hemos cambiado el diálogo cara a cara por el chat, hemos sustituido el abrazo y el apretón de manos por el like.
Alguien dijo que la vida es lo que acontece entre el estímulo y la respuesta, algo parecido a pensar en lo que ocurre entre el deseo y su consecución o su límite. Habría que agregar a esto que el tiempo que media entre el estímulo y la respuesta puede ser variable y no necesariamente inmediato, porque el ejercicio de la vida también es elaboración, meditación, reflexión e incluso aburrimiento.
El estímulo permanente impide el aburrimiento, el aburrimiento que nos sacaría de la rutina de una rueda de hámster en la que calculamos nuestra vida algorítmicamente, en una interacción mecánica con herramientas tecnológicas, que a su vez nos estimulan con algoritmos surgidos de la información de nuestro funcionamiento y de nuestros deseos iniciales que volcados a las redes, que informan a los que elaboran esos algoritmos. Luego pasamos a ser manejados por esos algoritmos que nos crean necesidades ficticias, nos indican ”qué debemos hacer para pertenecer”. Es la teoría del feedback de la cibernética, la perpetuación del circuito de retroalimentación negativa que lleva a un círculo vicioso.
¿Y para que sirve el aburrimiento? Por ejemplo para permitir la creatividad.
Aparentemente hay dos caminos para encontrar novedades en la ciencia y en la especulación filosófica, entendiendo que todos los humanos podemos pensar y generar conclusiones. Uno de los caminos es el heurístico, en el que tras una búsqueda ordenada finalmente nos encontramos con el objeto de la búsqueda, el otro, y aquí es importante el tiempo que pasamos aburriéndonos aunque no sea condición imprescindible, es la serendipia, el hallazgo de algo no buscado, pero que reconocemos como importante.
Posiblemente Isaac Newton contemplaba aburrido un manzano cuando el evento ocurrido desencadenó en él la cadena de ideas y cuestionamientos que dieron origen a su teoría sobre la gravedad luego demostrada y a la que hoy llamamos ley.
La vida de cada ser humano es su historia afectiva, esto no es otra cosa que la búsqueda de aceptación por quienes considera su grupo de pertenencia.
El adicto pierde la empatía y se vuelve atrozmente individualista, solo existe para él su necesidad de consumir. Imperceptiblemente abandona toda pertenencia y se sumerge en una angustiosa soledad. La pérdida de la empatía lleva necesariamente al aislamiento, solo ve su propio ombligo, con la adicción al dinero ocurre lo mismo.
El aislamiento narcisista lleva en algún momento a la sensación de fracaso, a la soledad y a la depresión que no es otra cosa que la abolición del deseo, después de esto, el suicidio es posible.
En la autoexplotación que nos plantea la sociedad capitalista neoliberal no hay con quien enojarse ante el fracaso más que con uno mismo, magnificando así los sentimientos de frustración que atentan contra la generación del deseo.
La sociedad de las adicciones.
Posiblemente la contradicción primordial de nuestra especie esté entre el miedo y el deseo. El deseo que nos impulsa hacia algo y el miedo que nos muestra el límite de lo posible o lo imposible según las posibilidades objetivas y según nuestras creencias expresadas en nuestra subjetividad. De su modulación y equilibrio dependerá nuestra estabilidad emocional, esto no es otra cosa que lo que llamamos madurez.
Pareciera ser que tenemos dificultad para caer en la cuenta de lo contradictorias que pueden ser nuestras conductas y no advertimos que nos comportamos, frecuentemente, como un perro que se muerde la cola. Nuestras sociedades denostan públicamente las adicciones a drogas pero parecen ignorar que la adicción, más allá de lo fáctico, es una conducta abarcativa que no se agota en el consumo de una sustancia sino que impregna todas nuestras actividades porque su imprimación está registrada en la conducta social, es parte de la la cultura imperante.
Más arriba decíamos que la adicción es la consecuencia de una carencia afectiva que intenta ser cubierta por un sucedáneo que nos da una satisfacción temporal estimulando químicamente nuestro centro de recompensa cerebral.
Nos hemos concentrado desde hace años en el “remedio” y no en la enfermedad; entendiendo que la enfermedad es la carencia y la sustancia de adicción es el remedio o en todo caso el mal remedio.
Posiblemente el origen de la carencia que nos impulsa a sustituir, a llenar un hueco afectivo del que frecuentemente no somos conscientes, radique en nuestras inseguridades con respecto a la pertenencia a nuestras comunidades, a la sensación de aceptación o no por parte de nuestros semejantes, lo que conocemos en general como sentimiento de autoestima; una autoestima que no se refiere exactamente a nosotros sino a nosotros con respecto a los otros, los espejos en los que pretendemos reflejarnos.
Si entendemos que la adicción es una conducta, esto nos permitirá rastrear sus causas, sus porqués, sus para qués y sus cómo; de acuerdo a la particularidad y circunstancias de estas preguntas podremos establecer contextos y consecuencias.
Cuando hablamos de conductas posibles, lo hacemos en referencia a modos que tenemos los humanos de enfrentarnos a diversas circunstancias adversas, así como ante el peligro o la agresión podemos optar entre la huida o la lucha; ante una carencia afectiva, que es inevitablemente social, o sea referida a la sociedad en la que vivimos, o familiar, hablando de un núcleo de pertenencia más pequeño y personal, tendremos posibilidades de respuestas individuales o comunitarias. La adicción es, fundamentalmente, una respuesta individual ante una conflictiva familiar o lo social que son ámbitos comunitarios.
En lo dicho hasta ahora hemos mencionado el ‘porqué’ como una situación de carencia afectiva necesariamente vinculada a la pertenencia social y/o familiar. También mencionamos el ‘para qué’ al caracterizar a las conductas adictivas como la búsqueda de sucedáneos que provoquen una satisfacción, que al ser transitoria obliga a la repetición frecuente configurando la adicción.
Cabe detenernos en el ‘cómo’, ya que esto tiene que ver con una conducta y no con la cosa consumida, hay un amplio menú de posibilidades que hacen a la adicción una conducta única ante objetos variables y variados. En general se asocia la adicción al consumo de sustancias que en este momento son consideradas ilícitas como la cocaína, heroína, crack, pasta base, paco, opiáceos, algunas drogas de síntesis y también algunas sustancias legales como el alcohol, el tabaco, la comida, el juego y los tranquilizantes. Hace relativamente poco tiempo que también se habla de adicción al trabajo o al sexo, pero indudablemente la adicción más frecuente, de magnitud pandémica, radica en el consumo de bienes, lo que hace que seamos descriptos como la sociedad de consumo.
El modo de producción capitalista, basado no en la satisfacción de las necesidades reales de la comunidad, sino en la obtención de la máxima ganancia, estimula no solo la sobreproducción, con el riesgo de agotamiento de recursos no renovables, sino que arbitra los medios para generar necesidades inexistentes a ser satisfechas. Sus herramientas fundamentales son la publicidad y la propaganda, que propalan como condición de pertenencia la posesión y el consumo de objetos o servicios, que además deben ser de tal o cual marca. Se exhiben las marcas de prendas y objetos como signo de prestigio y pertenencia a determinado estrato social. De la misma manera la carencia de esos bienes o servicios implica exclusión social, lo que resulta totalmente parecido a una condena. La mayor o menor posibilidad del consumo certifican la pertenencia a una clase y establecen la caracterización social.
Por supuesto las conductas adictivas no son propias de la modernidad; no solo porque hay registros históricos que describen acciones que podemos considerar como tales, sino porque hay una conducta adictiva humana que ha sido históricamente generadora de genocidios y masacres, me refiero a la adicción al poder. No podemos obviar las masacres perpetradas por los personajes que pasaron a la historia como grandes líderes de culturas de la antigüedad. Son incontables los muertos provocados por Alejandro Magno, Julio César y los mandamases de todos los imperios, en general grandes genocidas, y todo esto atrás de la conquista del poder o de más poder del que estos personajes ya tenían, logrando arrastrar u obligar a los pueblos a la guerra. Es además notable como en nuestra cultura eurocéntrica, en la construcción de la historia, solo se reconocen como perpetradores de masacres a los imperios orientales y no a los europeos.
Cuando comenzamos a desarrollar el pensamiento con respecto a las adicciones y sus consecuencias, inevitablemente funestas, vemos no solo que dependen de la estructura social de las comunidades sino también que en la base del análisis aparece el poder ejercido por las élites como núcleo de la conducta adictiva y como gran motivador de las causas que generarán otras adicciones.
Así observamos que las élites dominantes, además de tener su propia adicción al poder y a todo lo que lo simbolice, lujo, lujuria, soberbia, etc., casualmente todo lo que se conoce como pecados capitales; también han utilizado las adicciones como herramientas de dominio. Es conocido como el imperio británico favoreció la producción y el consumo de opio para debilitar la voluntad de resistencia de los chinos en las llamadas guerras del opio. En América, tanto del norte como del sur se administró alcohol a las tribus de pueblos originarios para doblegar su voluntad y sabotear su resistencia al avance europeo. Fundamentalmente para el capitalismo, las adicciones son un negocio altamente rentable, tanto para el latrocinio como para estimular el consumo. El capitalismo ha manipulado y manipula la subjetividad comunitaria a través de la publicidad fabricando adictos al consumo. El mecanismo de manipulación está centrado en la construcción subjetiva de falsas pertenencias que contengan emocionalmente a los individuos, y que supuestamente los haría ser parte de la minoría que está por encima del resto de los miembros de la comunidad, una fantasmagórica y absurda ilusión de poder y pertenencia. Para la sociedad de consumo el valor de la persona humana no reside en el ser sino en el tener.
La conclusión obligada es que las sociedades desiguales producirán, inevitablemente, profundas carencias.
Abucheos, deuda y fuga

Un 13 de agosto de 1988, en la ceremonia de apertura de la muestra anual de la Sociedad Rural Argentina, Raúl Alfonsín fue abucheado por sus concurrentes porque unos días antes su gobierno había instrumentado un “parche” al plan económico que denominaron Plan Primavera, que en lo cambiario consistía en comprar los dólares obtenidos de las exportaciones agropecuarias a precio mayorista (12 australes por dólar) y venderlos a los importadores a 14,66 australes [1].
El objetivo era el mismo que se plantea la dupla Caputo-Bausili en julio de 2024: la emisión monetaria causada por las exportaciones “del campo” se compensa ampliamente vendiendo las divisas a un precio mayor [2] y el Banco Central obtiene una renta. Pero en la actualidad es mucho peor porque se vende en el mercado de Contado con Liqui (CCL), que es el mercado de fuga de capitales, donde el BCRA es en la práctica el único oferente, y compran dólares a la vez que venden sus tenencias de títulos públicos en pesos. El BCRA compra dólares en el mercado mayorista a $ 930 y los vende en el CCL a $ 1.330.
Un poco de historia
La economía como ciencia social no tiene probetas o laboratorios u otra forma de probar determinadas medidas. La enseñanza es la historia, propia o ajena.
El Plan Austral en sí significó una fuerte devaluación inicial, con control de salarios y de precios, y un cambio de moneda (pesos por un austral). El equipo del ministro Juan Vital Sourrouille dejó que las grandes empresas acomodaran los precios relativos, sabiendo que se cambiaba la moneda tras una fuerte devaluación que se plasmó el 14 de junio de 1985 con el austral a 80 centavos por dólar estadounidense. Para descontar la inflación esperada de los contratos se hizo una tabla de descuento (desagio), pero se proponía un drástico recorte del gasto público, combinado con altas tasas de interés y un tipo de cambio que se retrasa sistemáticamente. El resultado no podía ser otro que la caída del nivel de actividad, de los salarios y la competencia desleal de las importaciones, en un marco de “festival de bonos” (como ahora), con el objetivo de generar un excedente económico del 6% del PIB para “honrar” la deuda externa [3].
El Plan Austral se basó en el deterioro salarial, la reducción de la planta de trabajadores públicos, la posibilidad de privatizar, la disminución del gasto público, el estricto control de gestión de las empresas estatales, la cancelación de las inversiones estatales y el aumento de la presión tributaria sobre la población. De esa forma, el gasto público de la Administración Nacional descendió del 29,2% del PIB en 1984 al 22,8% en 1985 y, pretendió continuar hasta que en 1989 eclosionó.
La práctica de perder reservas internacionales para mantener la apariencia de un precio del dólar bajo control, en la que el BCRA vende en el mercado cambiario local, hace que el 6 de febrero de 1989 el presidente de la autoridad monetaria de esa época, José Luis Machinea, reconozca que no podía vender un solo dólar más, lo que provocó la híper devaluación: de 17,62 australes por dólar ese día, a 650 cuando asumió Carlos Menem la presidencia de la República el 9 de julio de 1989; luego siguió hasta llegar a 10.000 australes el 1º de abril de 1991 (Plan de Convertibilidad). La híper devaluación es la madre de la híper inflación, siendo la misma de 3.079,5% para 1989 y de 2.314% anual en 1990, medido por el IPC del INDEC.
La situación hoy
No estamos exentos de repetir la historia, máxime cuando el actual BCRA reconoce que las reservas internacionales son negativas por 3.300 millones de dólares, tal lo dicho por su vicepresidente Vladimir Wernig, discurso que le grabaron el 16 de julio en Nueva York ante 40 CEOs de bancos, compañías de seguro y fondos varios, preocupados por convertir en dólares los títulos de deuda en pesos argentinos que poseen, en su inmensa mayoría ajustados por la inflación local (en diciembre 2023 el IPC del INDEC fue de 25,5%, en enero 20,6%, febrero 13,2%; marzo 11%, abril 8,8%, mayo 4,2% y junio 4,6%) contra un tipo de cambio que devaluaron más de un 100% el 12 de diciembre pasado, pero a partir de esa fecha, ajustan el precio del dólar oficial a un 2% mensual (crawlin peg).
La promesa de Wernig es que van a poder vender esos títulos en el mercado CCL de la Argentina, que se los va a recomprar en dólares el BCRA por sí o por el Tesoro de la Nación, y que ellos van a poder convertir las siderales ganancias entre la inflación y la devaluación del tipo de cambio, en divisas.
Es más, le pide que le den tiempo y que lo van a realizar sistemáticamente, pero que si se quedan en esos títulos van a poder seguir ganando la diferencia entre la inflación y la devaluación del tipo de cambio. De allí que por resolución conjunta 41/2024 de las secretarías de Hacienda y Finanzas del 24 de julio resuelve la ampliación de dos bonos ya existentes: uno con vencimiento en diciembre de 2026, que amplía su emisión por un total de 2 billones de pesos, y otro, en diciembre de 2027, por 2,2 billones, ajustado por el IPC del INDEC.
Conocida la grabación de la confesión de Wernig, la dupla Caputo-Bausili le ofrece como paliativo a los demás operadores cambiarios:
- Acortar los plazos para las empresas que accedan al Mercado Libre de Cambios (MULC) para pagar importaciones.
- Subir el monto que los exportadores de servicios (generalmente profesionales) no están obligados a liquidar en el MULC, de 12.000 a 24.000 dólares.
- Permitir que las personas que habían recibido alguna ayuda por parte del Estado durante la pandemia o que se benefician con subsidios a los consumos de servicios públicos puedan realizar operaciones cambiarias a través de títulos valores en moneda extranjera.
También como alarde de que pueden hacerlo, el Tesoro de la Nación depositó 1.528 millones de dólares en el Bank of New York, para garantizar el pago de los intereses de los bonos Bonar y Global que vencen en enero de 2025.
Claro que pudieron hacerlo tras una más que severa reducción del gasto público (esencialmente en jubilaciones, pensiones y obra pública), de manera que el resultado acumulado de los primero seis meses de 2024 fue un superávit primario de 10.822.millones de pesos (aproximadamente 1,1% del PIB). Y tras pagar intereses de la deuda por 7.116.849.000 dólares, obtener un superávit financiero de 3.705.485 millones de pesos (0,4% del PIB). Pero la situación es muy distinta en el segundo semestre, que como reconoce el gobierno en el DNU 594/24 de ampliación del presupuesto nacional 2024, terminan el año con un déficit financiero de 7.068.442 millones de pesos.

Con reservas internacionales del BCRA negativas en 3.300 millones de dólares y con el cierre fiscal deficitario en (siempre que el tipo de cambio no se dispare antes y se cumpla la meta de Caputo-Bausili de que el dólar oficial esté a 1.096 pesos en diciembre de 2024) unos 7.000 millones de dólares, dependen de los acreedores que acepten renegociar dicha deuda.
Las deudas en pesos para el resto de 2024 alcanzan los 22,7 billones de pesos (para la Secretaría de Finanzas de la Nación, pues para consultoras privadas es una suma notablemente mayor). En deuda en dólares tiene vencimientos de capital de la refinanciación con los bonistas del 31 de agosto de 2020, canje de deuda de Martín Guzmán, más los vencimientos de septiembre y diciembre con el FMI, y no están cumpliendo la meta de aumentar las reservas internacionales del BCRA.
El FMI
En septiembre de 2024 vence la cuota de capital de 1.125,1 millones de dólares. Según la VIII revisión del acuerdo con el FMI, para que dicha cuota se refinancie a diez años (se convierte el stand-by de la gestión de Cambiemos en un préstamo de facilidades extendidas) se debe cumplir con las metas de superávit primario fiscal, de no emisión monetaria del BCRA al Tesoro de la Nación, y de acrecentar las reservas internacionales del BCRA.
La meta acordada era que las reservas internacionales netas aumentaban 9.700 millones de dólares en 2024. Siempre según el BCRA, las reservas internacionales brutas [4] el último día hábil de diciembre de 2023 eran de 23.470 millones de dólares, y al 23 de julio (último día publicado) de 27.437 millones de dólares, por ende el acrecentamiento es de sólo de 3.967 millones de dólares. Si a eso le sumamos que el BCRA vende en el mercado CCL todos los días (acordado con los poseedores de títulos de deuda a quienes les habló Vladimir Wernig) esa meta no se cumple. Y en ese caso el gobierno argentino debe pagar el capital o pedir un waiver [5].
El pecado original es el mismo: una deuda de más de 100.000 millones de dólares contraída en el gobierno de Cambiemos que la administración de Alberto Fernández aceptó en su totalidad y se comprometió a pagar en las fechas acordada con el FMI y los bonistas del canje de deuda del 31 de agosto de 2020. Y el gobierno de Javier Milei, que acepta todo a libro cerrado e incluso convierte en títulos de deuda el déficit fiscal de la administración de Fernández, la deuda con los importadores en BOPREAL que es un título que se paga en dólares en octubre de 2027, y convierte los encajes remunerados de los bancos (Leliq, Notaliq y pases pasivos) en títulos de deuda pública.
La deuda se torna impagable, de manera tal que negociando con los acreedores y el FMI este año, en 2025 se deben 19.800 millones de dólares. Y desde 2026 hasta 2032 los vencimientos superan los 20.000 millones de dólares por año.
En síntesis
Se reúne el G20 [6] en Río de Janeiro y el ministro Caputo y su equipo viajan en busca de un acuerdo con bancos internacionales, para conseguir créditos que le permitan por lo menos cancelar una parte de los vencimientos de este año. Para ello ofrece operaciones en Repo (Repurchase Agreement), en las que se entregan títulos públicos como garantía (consiste en un préstamo de bancos al Tesoro a cambio de una garantía, títulos o activos del Estado, con el compromiso de recomprarlos en una fecha y precio determinada), que debe haber sido como el envío de oro a Londres.
El aval que tiene es que los inversionistas (locales y extranjeros) están en títulos públicos en pesos y necesitan esos dólares para irse del país (deuda y fuga). La idea es que la Argentina alguna vez va a pagar con recursos naturales y para eso están las leyes 27.742 de Bases y punto de partida (que contiene el RIGI, un modelo extractivista del siglo XIX) y 27.743, de blanqueo de capitales.
Y a su vez, grandes inversionistas locales y extranjeros son o bien los principales dueños de los pooles de siembra y/o están asociados o se financian con BlackRock, Vanguard, PIMCO, Fidelity, Franklin Templeton y otros fondos de inversión, que son los que compran los dólares en el CCL, lo que garantiza que el abucheo del cierre de La Rural hoy quedará limitado a la parte del público sin la aprobación o conformidad de los principales socios.
[1] El Plan Primavera desdobló el mercado cambiario, pasando las exportaciones sin reembolsos (principalmente productos primarios y sus manufacturas) a liquidarse por el mercado comercial, mientras que las que tenían reembolsos (industriales) pasaban 50% por el comercial y 50% por el financiero. Las importaciones pasaban a liquidarse por el tipo de cambio financiero. La devaluación nominal fue de 11,4% (12 australes por dólar), 22,5% para las exportaciones y 33,6% en el caso de las importaciones.
[2] Cuando ingresan dólares u otras divisas en el BCRA, la autoridad monetaria hace el siguiente asiento contable: Oro y Divisas a Billetes y Moneda. Cuando se pagan importaciones o, en el caso actual, que el BCRA vende dólares en el mercado cambiario, ingresan al BCRA Billetes y Monedas y sale Oro y divisas. Teóricamente el BCRA esteriliza más dinero porque el precio es mayor, pero se reducen las reservas internacionales del BCRA, y en la semana del 22 al 25 de julio el BCRA vendió más dólares de los que ingresaron.
[3] El origen es la deuda externa generada por la dictadura militar y aceptada por el gobierno de Alfonsín el 1 de julio de 1985 mediante los Comunicados A-695, A-696, y A-697 del BCRA, que realiza el canje de títulos firmados por nadie por los firmados por un gobierno constitucional.
[4] El BCRA no publica las reservas internacionales netas.
[5] Un waiver es un permiso para incumplir un covenant financiero.
[6] El G20 está integrado por 19 países y la Unión Europea. Los países son Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Reino Unido, Sudáfrica y Turquía.
Plutocracia y política exterior

Desde hace algunos años han resurgido los trabajos sobre la plutocracia. El régimen llamado plutocracia es, según la Real Academia de la Lengua Española, aquel en el que “los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado”. Algunas experiencias recientes consideradas plutocráticas en el marco de democracias representativas, como el Gobierno de Donald Trump (2017–2021), han generado una mayor atención y eso ha estimulado la evaluación de la política exterior de las plutocracias. Si bien son pocos los ejemplos analizados hasta el momento, ello ha permitido indagar sobre nuevas experiencias y así realizar investigaciones de política comparada más robustas. El mandato de Trump, en particular, resulta un caso testigo sumamente interesante.
Algunos ensayos destacan los rasgos personales que, si bien no determinan, sí influyen en la política exterior de un país. Entre otros, Asaf Siniver y Christopher Featherstone subrayan el peso de las cosmovisiones individuales y las lógicas binarias por sobre las miradas multi-dimensionales y los razonamientos complejos. Asimismo, el juicio y la visión personales del líder se suponen más importantes y preponderantes que la experiencia y las perspectivas de los funcionarios especializados. Eso, a su turno, deriva, según Ruth Deyermond, en una política exterior opaca en la que las preferencias presidenciales alteran y quiebran las políticas de las áreas responsables. Valga acá señalar algo que se revela en los nombramientos y salidas de funcionarios, tanto en el terreno de la política doméstica como la internacional: se premia a quien obedece y se castiga a quien contraviene. Como mostró Kathryn Dunn Tenpas el total de la renovación del personal durante el cuatrienio de Trump alcanzó al 92% (frente al 78% de Ronald Reagan, el 74% de Bill Clinton, el 71% de Barack Obama, el 66% de George Bush padre y el 63% de Bush hijo). En cuanto al estilo de los mandatarios, se señalan su inclinación impulsiva, su actitud impredecible y su comportamiento confrontativo.
A diferencia de experiencias plutocráticas de comienzos del siglo XX en Estados Unidos y Europa, que se apoyaban en la expansión y protección del capital industrial, en Estados Unidos ahora es central el papel del capital financiero, como resalta James Kurth. A lo que se suman actualmente los multimillonarios de Silicon Valley que, en la elección de este año, respaldan activa y materialmente la fórmula Trump-Vance. Cabe decir que ambos –los magnates de las finanzas y de la tecnología– detestan las regulaciones y defienden un Estado mínimo. Sin embargo, y en particular en el segundo tipo negocios, les interesa un Estado grande (para ellos) si es un comprador de sus bienes y servicios.
Algunos estudios abordan también las políticas públicas concretas de las plutocracias con su proyección en el ámbito externo. Es proverbial una insensibilidad frente a la inequidad y la justicia social; lo cual genera, de acuerdo con Kristin Goss, “experimentos mal concebidos sobre la población más desventajada”. Se trataría de iniciativas y medidas que procuran un nuevo balance entre Estado-Sociedad-Mercado en favor del mercado y de las grandes corporaciones. Además, una presunta autoridad moral de los detentadores de poder (con el consentimiento tácito o expreso de sus sectores de apoyo) contribuye a llevar a cabo cambios extremos. Eso se acompaña, en el frente externo, con posturas radicales que ambicionan una transformación igualmente drástica, sean o no operativas o aceptadas por el resto de la comunidad internacional. En todo caso, esa indiferencia frente a la desigualdad tiene implicaciones normativas en lo doméstico y en el posicionamiento internacional del Gobierno.
En cuanto a políticas exteriores específicas, algunos trabajos mencionan la racionalidad material que prevalece en las acciones, los nombramientos, las votaciones y las posturas en el terreno internacional. Siniver y Featherstone, por ejemplo, aluden a la administración Trump y su rechazo al cambio climático, a la posición en referencia a Israel, la cuestión Israel-Palestina y Arabia Saudita; entre otros varios. Por su parte, Sidra Khan enfatiza el menosprecio ante los compromisos multilaterales, así como un trato hostil ante distintas contrapartes; incluidos ciertos aliados. Una combinación de personalismo exagerado e inadmisibilidad de restricciones refuerzan ambas conductas.
Finalmente, resulta interesante reparar en dos hechos. Uno, la potencialidad de que si llegase a la Casa Blanca nuevamente, Trump pudiera consolidar una plutocracia en Estados Unidos. Eso posiblemente aliente a sus pares en el mundo de la Internacional Reaccionaria a replicar lo que autores como Paul Pierson llama plutocracia populista. Por otro lado, existe una dimensión global que merece mucha atención y que trasciende las relaciones gobierno-gobierno y es la multiplicación de reuniones, conferencias, encuentros de miembros de aquella internacional que van estableciendo lazos cada vez más estrechos y se nutren de modos de comunicación y fuentes de financiamiento comunes. Ello podría derivar en la mayor expansión y eventual imposición de una nueva agenda mundial que facilitara el ensayo y experimentación de proyectos plutocráticos.
En breve, en la elección en Estados Unidos de noviembre próximo no solo hay en juego algo que hace a ese país y su democracia, sino el asomo de un ejemplo plutocrático con ambición de consolidación interna y de impacto global.
Juan Gabriel Tokatlian: “Estamos viviendo una regresión en la democracia, una fatiga con la paz y un crecimiento de presupuestos militares”

En sus más de 40 años de trayectoria, el argentino Juan Gabriel Tokatlian se consolidó como un intelectual clave a la hora de pensar y entender el lugar de Argentina y América Latina en el mundo. Sociólogo, doctor en Relaciones Internacionales en la Universidad de Johns Hopkins de Washington, profesor en la Universidad Di Tella, activo divulgador de sus conocimientos en medios locales, acaba de publicar para Siglo XXI Editores Consejos no solicitados sobre política internacional: Conversaciones con Hinde Pomeraniec,un incisivo análisis del actual escenario global surgido de una serie de entrevistas con la reconocida periodista y editora.
Se trata de un libro, explica Tokatlian, que “refleja una perspectiva”: la de un internacionalista del Sur Global, de América Latina, de Sudamérica, del Cono Sur y de Argentina. “Es desde donde yo veo el mundo que trato de incorporar qué es lo que pasa en Occidente, qué es lo que pasa en Oriente, qué es lo que pasa en las grandes potencias”, dice. “Pero yo no habito ahí. Yo habito acá. Entonces debo pensar desde acá”.
Esa mirada también se refleja en la charla que mantiene con Infobae en una sala luminosa y llena de libros de Siglo XXI. Los temas son muchos y variados. Desde la política exterior de Javier Milei (“Al descreer del Estado, vuelve a una etapa pretérita, muy antigua, donde existía la voluntad del príncipe, pero no el interés nacional”), hasta el creciente riesgo de una gran conflagración entre potencias (”Estamos viviendo un tiempo donde hay una fatiga con la paz, hay muchos elementos que nos parece que nos están impulsando hacia una grave crisis internacional”) y el posible regreso de Donald Trump a la Casa Blanca (”Para nosotros en América Latina puede ser un tremendo dolor de cabeza”).
—Hablemos del libro. ¿Por qué el título habla de consejos “no solicitados” de política internacional?
—El libro surge de una experiencia docente e investigativa de cuatro décadas y el deseo de tener un lenguaje más amable, más accesible, más comprensible, pero sin perder profundidad conceptual. Entonces surgió este sistema de entrevistas que hacíamos todos los viernes con Hinde. Fue muy gratificante. Por otro lado, en el contexto político actual de Argentina, y considerando la política exterior de Milei, el libro busca dar una interpretación de los asuntos internacionales, más que recomendaciones concretas de acción. Y también generar algún tipo de interés, de pregunta, de duda.
Consejos no solicitados sobre política internacional: Conversaciones con Hinde Pomeraniec», publicado por Siglo XXI Editores.
—Una de las advertencias que hace en el libro es: “Vivimos en una era de inusitada peligrosidad”. ¿Cuáles son, a su juicio, los focos de tensión que tienen el potencial de escalar a conflagraciones globales? El libro dedica capítulos específicos a los conflictos en Ucrania y Medio Oriente. Aunque, por otro lado, afirma que el Sudeste asiático es la región con “el mayor potencial de confrontación”. Entonces, ¿hay que mirar más a Taiwán que a Kiev?
—Cada vez es un poco más evidente que hay puntos conflictivos no resueltos y puntos conflictivos en crecimiento. Gaza y Ucrania ocurren en dos espacios geopolíticos de enorme gravitación. Sin salidas aparentes. Y con la la potencialidad en ambos de seguir una degradación del conflicto prolongada. También hay puntos conflictivos que han pasado a no ser reconocidos porque son desplazados por estos (Yemen, Sudán, para poner unos); y un potencial punto conflictivo de enorme envergadura en el sudeste de Asia con el tema de Taiwán. Yo diría que hay unas condiciones estructurales; unas condiciones precipitantes; y unas condiciones catalizadoras que pueden llevar a una gran confrontación.
—Veamos en detalle estas condiciones.
—Las condiciones estructurales tienen que ver con que estamos viviendo la primera transición de poder en la historia de la humanidad con armas atómicas. Entonces tenemos la novedad de una potencialidad destructiva inédita en la historia del ser humano. Y tenemos otra novedad, y es que esta es la primera gran transición con un actor y una región, no solamente China, sino toda Asia, que tiene que ver con Oriente. Son otras dimensiones culturales y civilizacionales. Pero lo que hacemos por nuestro sesgo occidentalista y por nuestro desconocimiento, es asumir que va a ocurrir lo mismo de siempre. Entonces hay una propensión de que esa transición sea mal manejada por la ausencia de factores moderadores.
—¿Cuáles serían estos factores moderadores?
—Que funcione el multilateralismo. Que haya líderes con una enorme capacidad y vocación de negociación diplomática.
—Ambos elementos parecen escasear en este momento.
—Entonces hay condiciones estructurales que pueden llevar a una gran confrontación.
—¿Pueden encontrarse analogías entre el momento actual y otros momentos del pasado? Pienso por ejemplo en las tensiones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial.
—En el proceso que va entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, yo diría que ahí hay algunas analogías para pensar. Primero: el colapso de la democracia entre 1926 y 1942. Se van deteriorando las democracias a tal punto que en 1942 hay en el mundo solamente 12 democracias. Segundo: creciente malestar social derivado de problemas económicos agudos. La crisis financiera del 29-30 y sus consecuencias. Tercero: crecimiento del militarismo. Grandes carreras armamentistas. Grandes presupuestos en defensa. Cuarto: fracaso de la institucionalidad existente. La Liga de las Naciones es inadecuada para resolver cualquier problema particular. Sin extremar esto, porque no es idéntico, pero ahora también estamos viendo un debilitamiento y una regresión en la democracia. Estamos viendo un crecimiento enorme de los presupuestos militares aún antes de la invasión rusa a Ucrania. Estamos viendo un creciente malestar social por el debilitamiento del estado de bienestar, los problemas de inequidad e injusticia. Y estamos viendo una erosión notable de Naciones Unidas que hoy es prácticamente incapaz de resolver cualquier conflicto que tenga que ver con la paz y la seguridad. Entonces, ojo con las condiciones precipitantes. Si les sumamos las condiciones estructurales, tenemos condiciones precipitantes inquietantes.
Según Tokatlian, «hay condiciones estructurales que pueden llevar a una gran confrontación». (Diego Barbatto/Infobae)
—Quedan las condiciones catalizadoras. La chispa que podría encender la conflagración.
—¿Qué nos dice la literatura de las relaciones internacionales sobre las condiciones catalizadoras? Siempre, al final del día, hay dos cuestiones que catalizan esa guerra. Uno: problemas territoriales irresueltos. Dos: errores de percepción y de cálculo. Ucrania es un ejemplo de eso. La acción de Rusia y de Occidente es un ejemplo de eso. Combina temas territoriales y errores de percepción, y potencialmente Taiwán puede encerrar lo mismo. Entonces, si hago el listado final —condiciones estructurales, condiciones precipitantes y condiciones catalizadoras— es allí donde trato de sugerir que parece que estamos viviendo un tiempo donde hay un cansancio, una fatiga, con la paz y que tenemos muchos elementos que nos parece que nos están impulsando hacia una grave crisis internacional. Aunque cualquier confrontación, cualquier disputa, en el fondo, también es resultado de la acción social y política histórica.
—En el libro hace mucho hincapié en no resignarse a la inevitabilidad de la guerra. Es decir, estas condiciones no tienen que necesariamente desembocar en un conflicto.
—Exactamente. Intento advertir ciertamente de este panorama, a mi modo de ver, inquietante. Pero todavía hay mucho que se puede hacer. No solamente de parte de los Estados. También de parte de la sociedad civil internacional. Este es un dato fundamental.
—Su libro plantea que el posible fin de la hegemonía occidental global es una fuente de tensiones. Observamos que las naciones del Sur Global están adoptando posturas más firmes y expresando abiertamente sus críticas hacia Occidente, señalando la contradicción entre el discurso occidental de un mundo basado en reglas y sus propias transgresiones de estas normas. ¿Cuál es su perspectiva sobre esta situación?
—Son reglas que desde hace mucho tiempo son selectivas. Lo que pasa es que ahora el Sur Global tiene una capacidad de voz y de influencia distinta. Yo creo que la guerra de Kosovo fue un parteaguas. Fue definitivamente un parteaguas en la erosión de este mundo basado en reglas que Occidente gestó pero que Occidente también debilitó con su comportamiento. Me parece que mucho del malestar del Sur Global obedece a la manipulación del derecho, a la manipulación de los compromisos, a la tergiversación, el oportunismo, a las razones de política doméstica.
«Si no volvemos a algunos principios de legalidad acordados ya no será un mundo hobbesiano, sino será algo peor que un mundo hobbesiano», advierte Tokatlian (Diego Barbatto/Infobae)
—El conflicto en Gaza puso de manifiesto esta postura crítica de manera contundente. Los votos en la ONU revelaron un Sur Global que respalda la causa palestina y se mostró reticente a condenar las acciones de Hamas con la misma intensidad que las de Israel. ¿Cómo interpreta usted esta respuesta diferenciada de la comunidad internacional?
—Si yo tomo Gaza y trato de entender al sur Global frente a Gaza, transitamos una serie de momentos en los cuales hubo ocasión por lo menos de evitar esta catástrofe terrible. Recuerdo que al principio, después del condenable y atroz acto de Hamas en el sur de Israel, uno de los temas que muy rápidamente se instaló fue el la proporcionalidad. Con toda la tradición histórica de la guerra justa. El ius in bello y el ius ad bellum. Y había voces que decían que el tema de la proporcionalidad, cualquiera fuese la acción que Israel iba a tomar, debía ser considerada, en el sentido, además, de que había un pleno derecho a la autodefensa legítima por parte de Israel. Pero muy rápidamente, apenas se esbozó ese tema, se descartó. Se dijo: este caso no admite proporcionalidad. Entonces ya dejamos de lado la proporcionalidad clásica que el derecho internacional humanitario ha logrado construir en siglos de redacción, de articulación de tratados, de compromisos. Viene un segundo momento en el cual está el tema de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. En la dirección de buscar hasta qué punto estos principios básicos pudieran aplicarse. En un caso [el de Hamas] más claramente. Pero también en el nivel de respuesta de parte de Israel. Y rápidamente ese tema desapareció. Se dijo: no hay ninguna equivalencia. No son lo mismo.
—Eso termina con la denuncia de Sudáfrica a Israel en la Corte Penal Internacional.
—Claro, después terminamos con Sudáfrica llevando esto más arriba todavía, diciendo “esto es un genocidio”. Pero ¿cómo fue que, colectivamente en el sistema internacional, llegamos a este punto? ¿Cómo se puede acusar de genocidio a un país cuyo pueblo vivió el Holocausto? Pero esto sigue después. Y siguen con resoluciones de Naciones Unidas [sobre el cese el fuego] que nadie cumplió. Entonces estamos en un punto en el cual, si no volvemos a algunos principios de legalidad acordados ya no será un mundo hobbesiano, sino será algo peor que un mundo hobbesiano. Hay un problema colectivo.
—Cuando hablábamos de los elementos que pueden conducir a una conflagración bélica citó a la necesidad de que haya líderes con gran capacidad diplomática. En este sentido, ¿Qué implicaciones puede tener el regreso de Trump a la Casa Blanca? ¿Hay un riesgo ahí?
—En el epílogo yo hablo de que este texto refleja una perspectiva. Como parte del Sur Global. Como parte de América Latina, como parte de Sudamérica, como parte del Cono Sur y como parte de Argentina. Desde donde yo veo el mundo y donde trato de incorporar qué es lo que pasa en Occidente, qué es lo que pasa en Oriente, qué es lo que pasa en las grandes potencias. Pero yo no habito ahí. Yo habito acá. Entonces debo pensar desde acá. En ese sentido, lo primero que pienso de Trump es que en el 2018 nos hizo recordar a todos en América Latina, en su alocución en Naciones Unidas, que la doctrina Monroe es la doctrina de Estados Unidos. Sigue vigente. Entonces, ¿qué va a significar eso para nosotros en América Latina? Un tremendo, hasta terrible, dolor de cabeza. En materia migratoria. En materia de proteccionismo de los intereses de Estados Unidos. En materia de cómo combatir el fentanilo y cómo usar los militares respecto a México. Una revancha respecto a Venezuela por aquello que no logró [en su primer mandato]. Para nosotros en América Latina puede ser un tremendo dolor de cabeza.
—¿Y para Argentina? Muchos analistas dicen que el Gobierno argentino apuesta a una victoria de Trump, que podría tenderle la mano en cuestiones como la relación con el Fondo Monetario Internacional.
—Para Argentina no creo que sea la panacea. Me parece que esa es una ilusión, una ilusión óptica. Pero veremos.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca puede ser para América Latina, «un tremendo dolor de cabeza», según Tokatlian (EFE/Justin Lane)
—¿Y para el resto del mundo?
—Diría que Trump es alguien que tiene un mapa del mundo, que trató de ilustrar en su primer gestión y que va a volver reforzado. ¿Qué fue el Trump global? Fue un Trump que buscó limitar la sociedad entre Rusia y China. No creo que él quisiera cooptar a Rusia o tuviera la expectativa de que la Rusia de Putin fuera cooptable. Habrá que ver también qué sabe Rusia de Trump, que nosotros no sabemos. Pero lo cierto es que su objetivo estratégico era China. Eso va a volver reforzado. Por otro lado, es probable que el tema Ucrania lo deje librado a Europa. Que Europa se encargue.
—Como ya viene diciendo.
—Como ya viene diciendo. Eso le puede dar, paradójicamente, más capacidad de negociación a Estados Unidos. En el tema de cómo desactivar ese conflicto puede potencialmente existir un interés compartido o compartible entre Washington y Beijing. Pero con el propósito de Trump de ir por China. Por otro lado, en Medio Oriente es alguien que mostró una férrea defensa de Israel. No se sentiría incómodo con [el primer ministro israelí] Netanyahu. Y si el programa iraní en materia nuclear avanzara, delicadamente sería alguien que no objetaría una acción preventiva sobre Irán. Todo esto lo digo en función de su primera gestión. Estados Unidos se fue del acuerdo nuclear. Y trasladó la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Hizo muchas cosas en esta dirección. Por otro lado, este es un Estados Unidos militarmente muy potente, pero también muy agrietado.
—En el libro hace referencia al concepto de asabiyah del pensador árabe Ibn Jaldún, esa idea del sentido de pertenencia, cohesión, solidaridad. Algo que pareciera estar perdiéndose en EEUU. Las divisiones son evidentes si miramos la campaña electoral actual. En el libro dice: “Son los propios estadounidenses los que están agrietando los cimientos del poderío del país”.
—Estados Unidos tiene unos problemas internos brutales, fenomenales. Ese sentido de pertenencia, ese sentido de cohesión, ese sentido de solidaridad que es doméstico, no tiene que ver con cuánto creció China. Es el problema mayor que tiene Estados Unidos.
—Y es algo que también los adversarios de Estados Unidos buscan aprovechar e incluso profundizar.
—Por supuesto, y que van a buscar todos los vectores posibles para que eso se exacerbe, se motorice más. Por supuesto que sí. Del resto vemos también, y me lo imagino con Trump otra vez, una salida de muchos contingentes militares de Estados Unidos, por ejemplo del Comando africano. En ese sentido, podríamos ver otra vez un Estados Unidos más insular, más metido con sus intereses privilegiados, nacionales, diferentes al resto del mundo. Una retracción semejante al aislacionismo de la Primera Guerra Mundial.
—Volviendo a América Latina. En el libro dice que para la región las elecciones en Venezuela son tan importantes como las de Estados Unidos para el mundo. ¿Por qué es tan importante la elección venezolana para América Latina?
—En Venezuela se juegan muchas cosas. Se juega no tanto la proyección de China, sino la molestia que suele tener la proyección militar de Rusia, quien a su vez puede usar ese tema para una eventual negociación en Ucrania. En un mundo en el cual los hidrocarburos siguen siendo relevantes y Estados Unidos quiere mantener sus reservas de petróleo, el sitio más cercano y seguro es Venezuela. Y por lo tanto, mucho de lo que vimos recientemente de morigerar alguna de las sanciones tiene que ver con eso. También tenemos el revanchismo de Trump, que en su primer mandato estaba obsesionado con derrocar a Maduro. Todo eso puede convertir a Venezuela en un lugar de extremada atención y que su realidad, hasta ahora local o regional, puede internacionalizarse negativamente. Esto es lo que percibo potencialmente que puede suceder.
El presidente de Venezuela Nicolás Maduro (EFE/ Miguel Gutiérrez)
—Esto si gana el chavismo otra vez, lo cual según todas las encuestas parece poco probable. ¿Y si gana la oposición?
—Si ganase la oposición, la situación va a ser bien distinta. Habrá que ver qué tipo de transición se maneja. Sabemos que en estos días hay una negociación en curso entre el Gobierno de Venezuela y el Gobierno de Estados Unidos. Sabemos que hubo un acuerdo bilateral en Qatar y que tenía que ver con el sistema de sanciones. No sabemos qué es lo que ahora se está negociando, si es una negociación para un modus vivendi con Maduro o si es una negociación para un modus vivendi con un triunfo de la oposición y el chavismo siguiendo controlando el Legislativo, que de hecho es eso también. Y en medio de todo esto, el papel de los militares, el sistema de sanciones, etcétera. Es decir, no conocemos el paquete completo de esa negociación, pero algo va a suceder, y por eso es tan importante lo que pasa en Venezuela para la situación de Colombia, por ejemplo. Esto es esencial para un proceso de posconflicto en Colombia que sigue teniendo muchos componentes de conflictividad y pocos de paz.
—Otros dos sucesos electorales recientes fueron las elecciones francesas y británicas. Un capítulo del libro está dedicado al surgimiento de las nuevas derechas globales, que califica de “Internacional reaccionaria”. ¿El resultado de las elecciones británicas y, sobre todo, francesas muestran un posible camino para que las fuerzas democráticas y progresistas puedan frenar el avance de estas fuerzas?
—Las elecciones que hubo en el Reino Unido y en Francia tienen un valor simbólico importante. Primero para Europa. Y segundo, para la democracia en términos generales. Me da la impresión que, en el caso francés, estamos a la expectativa de la decisión de quién va a ser Primer Ministro. Yo presumo que no va a ser [el líder de La Francia Insumisa] Jean Luc Mélenchon. Sería lógico que fuera alguien del Partido Socialista. También sería lógico que la agenda de acción política y de política pública sea propositiva. Es decir, cumplir aquellas promesas que aparecieron en campaña de poner impuestos a los ricos, de cuidar el trabajo de los franceses, de lograr la convivencia que hoy es esencial en el país. Que haya reformas que estén en sintonía con lo que la gente demanda.
—Ese es el desafío.
—Ese es el desafío mayor. Porque otra frustración sería un regalo para las versiones más ultramontanas de la ultraderecha.
—Sí, y en un contexto en el que en los últimos años, las fuerzas socialdemócratas y progresistas pasaron a ser percibidas por muchos electores como defensoras del status quo.
—Sí, los socialdemócratas y los socialistas en Europa en un momento dado adoptaron el programa conservador clásico. Hubo una primera fase en la cual se fortalecieron los gobiernos conservadores o de derecha. Más claramente, después de la crisis financiera del 2008-2010. Ahora tenemos una segunda ola de avance de la derecha, ya no conservadora sino ultra o extrema, y es producto de la frustración acumulada de gestiones en las cuales ni siquiera la derecha clásica ha podido responder positivamente a las demandas sociales y económicas de la sociedad. Entonces, es un test. Si esto fracasa en Francia y también en el Reino Unido: “Houston, we have a problem”.
La política exterior argentina: “La agenda personal de Milei resulta más importante que los intereses nacionales”
El presidente de Argentina, Javier Milei, habla durante la Conferencia de Acción Política Conservadora en Balneario Camboriu, Brasil (REUTERS/Anderson Coelho/archivo)
Consejos no solicitados sobre política internacionaltambién ahonda sobre sobre la política exterior del actual gobierno argentino, con una crítica del dogmatismo y una invitación a seguir un pragmatismo sensato en las relaciones del país con el resto del mundo. Unos temas a los que Tolkatlian volvió en la entrevista.
—¿Cómo valora las decisiones del presidente Milei de no acudir a la cumbre del Mercosur y de retirarse de los BRICS?
—La decisión de no ingresar al BRICS es elementalmente ideológica y dogmática. Es una oportunidad perdida para Argentina de estar en una mesa donde parte de su agenda podría ser abordada, aunque haya diferencias con algunos miembros. Hay un dicho anglosajón muy revelador que dice: “O estás sentado en la mesa o formas parte del menú”. Esta decisión de no estar en la mesa no parece coherente con una Argentina que quiere abrirse al mundo y quiere oportunidades comerciales, financieras y de inversión. En cuanto al Mercosur, forma parte de un patrón más amplio. Milei ha mostrado poco interés en los foros multilaterales, saltándose la reunión de la CELAC y asistiendo a regañadientes al G7. Parece preferir los entornos en los que puede pronunciar discursos y obtener reconocimiento personal, como sus viajes a Estados Unidos o las conferencias con grupos afines. Al descreer del rol del Estado, vuelve, si se quiere, a una etapa pretérita, muy antigua, donde existía la voluntad del príncipe, pero no el interés nacional. Ciertamente hay una sensación de que su visibilidad internacional personal y su agenda personal resultan más importantes que los intereses nacionales.
—Critica mucho el dogmatismo en la política internacional e insta a ser pragmáticos.
—Lo dogmático quiere decir que no hay un análisis costo-beneficio inclusive que permita ponderar y decir cuál es la conveniencia o inconveniencia de tal decisión. Voy a dar pequeños ejemplos mínimos. El año de mayores exportaciones de Argentina fue 2022 con un récord de más de 85 mil millones de dólares. 8 de cada 10 USD provenientes de esas exportaciones vinieron del mundo no occidental. Medio Oriente, Asia. No solamente China. El comercio en ese año con la India, por ejemplo, fue un intercambio de 6 mil 400 millones de dólares. Mientras con España fue de 3 mil millones de dólares. El mundo no occidental hoy es mucho más gravitante que hace 40 años o 50 años. Entonces tendría mucho más sentido que sus interacciones fueran en esa dirección, que impulsara un perfil más activo de la Argentina, de sus exportadores, de su cultura, de su innovación, de la adquisición de tecnología mirando al mundo no occidental. Sin embargo, las preferencias personales de Milei, y las acciones acompañadas de sus preferencias, están centradas prácticamente solo en Occidente y en particular en dos países: Estados Unidos e Israel. Hay otros 191 países que no parecen estar en su radar de interés.
En política internacional Argentina «está cediendo unos espacios que no son fácilmente recuperables», según Tokatlian (Diego Barbatto/Infobae)
—Destaca que América Latina posee oportunidades significativas en los ámbitos de la paz, los recursos minerales y la biodiversidad. Considerando este potencial, ¿existe la posibilidad de que Argentina no logre capitalizar estas ventajas? ¿Qué factores podrían llevar a un desaprovechamiento de estas oportunidades por parte del país?
—Sí, existe un riesgo real. Argentina tiene una fuerte tradición de compromiso con la paz, ejemplificada por sus dos premios Nobel de la Paz, Carlos Saavedra Lamas(el primero latinoamericano)y Adolfo Pérez Esquivel. Sin embargo, las recientes votaciones sobre el cese de hostilidades en Gaza muestran que Argentina se está distanciando de esta tradición y de otros grandes países latinoamericanos. En cuanto a la energía y los minerales, aunque se han realizado importantes inversiones en litio y Vaca Muerta sin necesidad de incentivos especiales como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), existe el riesgo de gestionar mal estas oportunidades. Es crucial equilibrar el desarrollo económico con las preocupaciones medioambientales y los intereses de las comunidades locales. En cuanto a la biodiversidad, Argentina fue una vez líder en cuestiones medioambientales, pero la postura antiambientalista de Milei está cediendo este espacio a líderes como Boric, Petro y Lula. Ellos son ahora las principales voces que negocian con el norte global en temas como la transición energética, mientras que Argentina está perdiendo su voz antes influyente en estas discusiones. Hay unos espacios que se están cediendo y que no son fácilmente recuperables. Y que pueden colocar a la Argentina en un lugar cada vez más incómodo en el mediano y largo plazo.
—En el libro habla además de la “regla de oro” en las relaciones internacionales de no importar conflictos. ¿Existe el riesgo de que Argentina se involucre en conflictos exteriores bajo el alineamiento de Milei con EEUU e Israel y movimientos como el ingreso en el Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania?
—La posibilidad de importar y pagar el costo de conflictos exteriores ha crecido desproporcionadamente. No estoy diciendo que vaya a ocurrir algo dramático. Pero Milei ha definido una parte importante de su política exterior en términos explícitamente antagónicos: antichina, antipalestina, antirrusa y antiiraní. Este enfoque es totalmente inadecuado y potencialmente muy costoso para un país económicamente vulnerable y socialmente polarizado. Es un riesgo muy alto. Es un riesgo innecesario. Por ejemplo, unirse al grupo de apoyo a Ucrania liderado por Estados Unidos en este momento probablemente será percibido negativamente en Moscú. Del mismo modo, la firme postura proisraelí, incluidos los planes de trasladar la embajada a Jerusalén, corre el riesgo de alienar a los países árabes que tradicionalmente han apoyado a Argentina en cuestiones como el conflicto de las Malvinas. Las diplomacias suelen tener un disco duro, suelen tener una memoria. Por otro lado, estoy persuadido, aunque no puedo probarlo empíricamente, de que ni Washington ni Tel Aviv le piden tanto al Gobierno. Es casi un exceso. Es algo desproporcionado. En esta mirada del presidente influye además algo que ya había surgido en Argentina durante la última dictadura militar y que ahora reaparece, aunque con una novedad: el peso gravitante de la religión, en este caso invocando una pertenencia a una versión extrema y ultra conservadora del judaísmo.
—También menciona cómo instituciones en Brasil y EEUU han contenido decisiones polémicas en el ámbito internacional durante las presidencias de Bolsonaro y Trump. ¿Existen mecanismos similares en Argentina? Y si es así, ¿están funcionando con el gobierno actual?
—Efectivamente, en Brasil y EE.UU. hemos visto cómo la Cancillería y el Departamento de Defensa, respectivamente, han logrado moderar o limitar ciertas acciones presidenciales (el traslado de la embajada a Jerusalén en el caso brasileño y una intervención en Venezuela en el estadounidense). En Argentina, sin embargo, percibimos un debilitamiento de estos resortes institucionales. Algunos funcionarios no contienen al presidente porque están de acuerdo con él, otros por temor a perder su posición, y otros porque sus argumentos no encuentran eco. La oposición, en lo que respecta a los temas internacionales, también muestra un nivel de silencio y resignada aceptación muy sorprendente. El resultado es una falta de limitación institucional frente a un estilo hiperpresidencialista.
El principio del fin

El problema de la Argentina es una deuda generada por un sector rentista y parasitario que quiere continuar con el saqueo de nuestros recursos naturales (que son de todos y de las generaciones futuras de argentinos) a perpetuidad.
La deuda es el mecanismo que imponen para un pueblo que ignora el origen del problema, encerrado en un cerco mediático (formado por los grandes comunicadores y con la complicidad manifiesta del arco político y sindical en su inmensa mayoría, incluidos los que por cobardía y comodidad aceptan las reglas de juego), que le miente permanentemente para que no comprenda y acepte sumisamente la situación.
La deuda es récord en la Argentina y de eso no se informa, como si fuera algo lógico. Cuando cesó el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la deuda bruta argentina era equivalente a 222.703 millones de dólares, el 60% de la misma era intra sector público (en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, de los bancos oficiales, de distintos fondos fiduciarios argentinos, etc.), 9% con organismos internacionales (unos 20.043 millones de dólares, no teníamos deuda con el FMI, al que se le habían pagado todas las acreencias en enero de 2006) y 31% con el sector privado (unos 69.038 millones de dólares). Por lo tanto, la deuda externa en poder de organismos internacionales y bonistas privados era de 89.081 millones de dólares.
La Secretaría de Finanzas de la Nación de este gobierno revela la mayor deuda pública de la historia argentina, por el equivalente a 442.505 millones de dólares (la conversión la hace la misma Secretaría), que es más del 95% del PBI y que es siete veces las exportaciones de la Argentina de 2023.

Es cierto que las administraciones de Macri y de Alberto Fernández acrecentaron la deuda bruta en 147.970 millones de dólares, a razón de 18.496 millones de dólares por año, pero la administración de Caputo-Bausili en sólo seis meses lo hizo por 71.832 millones de dólares (ese si es un récord de récords, digno de figurar en el Libro Guinness).
La deuda de 71.832 millones de dólares de la gestión Caputo-Bausili se debe fundamentalmente a:
- El déficit fiscal de la administración Alberto Fernández-Sergio Massa, de 5,13% del PIB (en pesos. pero equivalente a 24.400 millones de dólares) que se convirtieron en títulos del Tesoro de la Nación emitidos por la actual Secretaría de Finanzas.
- La conversión en Títulos del Tesoro de las Leliq (Letras de liquidez del BCRA) y otros pasivos remunerados por 32.559,2 millones de pesos.

Los $ 21.023.700 millones de los encajes remunerados convertidos al tipo de cambio oficial del 7 de diciembre de 2023 de $ 400 son 52.559,2 millones de dólares, que eran deuda del BCRA con los bancos y que la dupla Caputo-Bausili convirtió en títulos del Tesoro de la Nación por 32.559,2 millones de dólares.
Los 20 billones de pesos restantes, mediante el DNU 602/24 del 12 de julio último, se convirtieron en una Letra Fiscal de Liquidez (LeFi) intransferible de un año de plazo, a cargo del Tesoro de la Nación, que va a depositar en el BCRA los intereses que la misma devengue. Esa deuda a su vez incrementa la deuda pública que se contabiliza en el Boletín de la Secretaría de Finanzas de la Nación – Datos de la deuda pública, de julio 2024.
3. Los 14.872,8 millones de dólares de deuda restante al 30 de junio son colocaciones de títulos del Tesoro de la Nación realizadas por este gobierno, que amplían con creces los vencimientos en los seis meses del año 2024.
Debe hacerse notar que pese a la capitalización de la deuda, incluso de parte de los intereses que la misma devenga (es el caso de las colocaciones de LECAP, que son letras que pagan intereses a su vencimiento en 2025 y años posteriores), en el DNU 594/24 que presenta el Presupuesto de la Administración Nacional 2024 reconocen que deben pagar intereses por 10.804.087 millones de pesos, que es la causa por la que cierran el año con un déficit fiscal total de 7.068.442 millones de pesos y que, al darse a conocer, fue la causa que obligó al FMI a aseverar que no existe ninguna tratativa de la Argentina para obtener un crédito por esa suma.
Sin recursos para cerrar el año fiscal, el gobierno trata de acelerar las privatizaciones y el blanqueo de capitales en el marco de las leyes 27.742 y 27.743, pero por más esfuerzo que hagan no ingresarán dólares por ello en 2024, y en septiembre deben cumplir con las metas auto impuestas y firmadas por la dupla Caputo-Bausili en la VIII revisión del acuerdo con el FMI. De no ser así, el FMI exigirá el pago de la cuota de capital que vence ese mes.
Septiembre es un mes donde por lo general ingresan solamente los remanentes de las liquidaciones de exportación de la cosecha gruesa, y se debe esperar hasta diciembre el comienzo de la venta de la cosecha fina. Mientras, en forma paralela, los grandes acopiadores y comercializadores de granos procuran una definición cambiaria que los beneficie para liquidar sus exportaciones (según CIARA-CEC por 42 millones de toneladas de granos, por un valor de 15.000 millones de dólares).
Ante esa situación, la dupla Caputo-Bausili, mientras se mantiene el ritmo de aumento del 2% del dólar oficial y la vigencia del dólar blend (exportadores liquidan 80% por el mayorista y 20% por el CCL), propician un aumento de la tasa de interés para que sea incluso mayor que la inflación, para obligarlos a vender ante la posibilidad de que se reduzca la brecha entre ambos tipos de cambio y al hacerse más costoso el financiamiento interno.
Es más, pretenden emplear los dólares provenientes de las exportaciones [1] para venderlos en el mercado CCL, que es el mercado de fuga de capitales por excelencia, donde aquellos que tienen cuenta corriente en un banco en el exterior compran títulos públicos y/o acciones en el país y los venden en el exterior a un valor menor, pero convertido a dólares billetes da un precio que el viernes 19 de julio fue de 1.328,48 pesos por dólar, mientras que el dólar mayorista fue de 927,50 pesos por dólar [2].
Los bancos y los puts
Los grandes bancos fueron los principales beneficiados por el gobierno al traspasar las Letras de Liquidez (Leliq) y demás pasivos remunerados a Títulos del Tesoro de la Nación (un problema de los bancos se convierte en deuda pública que debemos pagar todos), pero como los vencimientos de los Títulos del Tesoro en su mayoría son bonos que ajustan por CER (inflación) a largo plazo (2025, 2026 y 2027) y los bancos captan depósitos a corto plazo (plazos fijos, cajas de ahorro, cuentas corrientes, etcétera), crearon un seguro de liquidez llamado puts, que obliga al BCRA a comprarle a los bancos esos títulos públicos y emitir dinero, con lo que el crecimiento de la Base Monetaria depende de que se vendan esos Títulos del Tesoro de la Nación, como se demuestra con el acrecentamiento de la Base Monetaria de 18,6 billones de pesos del 28 de junio a 24,3 billones al 1º de julio último.
Para evitar esa creación endógena de dinero, el BCRA le paga a los bancos el costo del seguro abonado en el momento de la emisión del bono subyacente por el proporcional del plazo remanente, ajustados por CER (inflación), y según informó la autoridad monetaria, el costo de la operación fue de 90.000 millones de pesos, sobre casi 13,2 billones de títulos con cláusula puts, por lo que quedan menos de 4 billones de pesos de puts en las carteras de los bancos.
Reservas internacionales
Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, viajó el lunes 15 de julio a Nueva York para tratar de tranquilizar a los fondos de inversiones, de pensión, bancos, compañías de seguros, etc., que tienen bonos argentinos y miran con preocupación la dificultad del gobierno de sumar reservas para pagar esas tenencias, y allí reconoció, en gráficos y tablas que no presenta el BCRA en nuestro país, que las reservas netas del Central son negativas en 3.300 millones de dólares. Es más, fundamentó el problema ante la menor liquidación de los exportadores y una mayor demanda de dólares por compromisos de deuda e importación de energía más cara que lo previsto. En lo que refiere a compromisos de deuda, detalló que desde marzo de 2024 se sumaron dos factores de presión sobre el frente cambiario: los pagos de importaciones a través del CCL y el esquema de pago en cuotas que va cumpliendo los plazos de pago de las importaciones.
Encima, se supo y el gobierno terminó reconociendo –en respuesta del inefable Luis Caputo– la salida del oro de las reservas del BCRA. Dijo que “es una movida muy positiva del Central” dado que de esta manera “se le puede sacar un retorno, a diferencia de cuando está en las arcas del regulador financiero”.
Lo que se cuidó de decir es que la Asociación Bancaria pregunta si hubo un Acta de Directorio del BCRA, si se abrió el expediente correspondiente, si se le comunicó a la Sindicatura del BCRA, cuál fue el carácter de la detracción del oro para depositarlo, para empeñarlo o para venderlo, y en base a qué atribuciones y facultades se adoptó la medida y por qué razones.
Es pertinente, porque el gobierno anunció que va a intervenir en el mercado cambiario comprando dólares en el MULC (Mercado Único y Libre de Cambio, que es el mercado oficial de compra y venta de dólares) y la emisión de pesos equivalente será esterilizada con la venta de dólares en el mercado de contado con liquidación (CCL). Por ende, el gobierno, con el pretexto de achicar la brecha entre ambos mercados (el oficial –MULC– y el paralelo –CCL–) empeña los lingotes de oro para que los que compraron títulos en pesos (y ganaron fortunas con ello por la inflación desde diciembre 2023) ahora puedan transformar esa súper ganancia en dólares y fugar ese capital.
Finalmente Caputo, en una reedición de “los que apuestan al dólar pierden”, dijo que “con el correr del tiempo va a haber cada vez menos pesos porque no se emite más por ninguna razón y se absorben pesos por superávit”. A quienes hoy están comprando dólares pensando que puede ser una buena inversión “los estoy previniendo que no va a pasar”.
Con un déficit fiscal de 7 billones de pesos según el presupuesto del corriente año (DNU 594/24), con un superávit comercial que se debilita con el pago de los servicios reales y financieros, por lo que la cuenta corriente comercial va a ser negativa en el año 2024, la dupla Caputo-Bausili pretende controlar el precio del dólar, para lo cual creen que es suficiente con dejar de emitir por la compra de dólares a los exportadores, sin contemplar que, al venderlas en el CCL, lo que se hace es debilitar las reservas internacionales del BCRA (que son negativas en 3.300 millones de dólares).
Las verdaderas razones
La deuda pública y la imposibilidad de su pago es funcional a lo que quieren los que propiciaron las leyes 27.742, denominada “Bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos”, y 27.743, de “Medidas paliativas fiscales”, para obligarnos a vender nuestros recursos naturales y a un precio vil.
Para eso necesitan, como en los años 1989 y 1990, y 2002, que el precio del dólar “vuele por el aire” y con ello el gobierno. Van a impulsar a otro Carlos Menem, ante el temor de que surja un Néstor Kirchner.
[1] Al 30 de junio de 2024 las exportaciones superaron a las importaciones en 10.708 millones de dólares, pero la mayor parte de esa suma se pierde ante el pago de los servicios reales (fletes, seguros, royalties, etc.) y financieros (pago de intereses de la deuda pública y privada, y giro de utilidades de las empresas extranjeras a su casa matriz)
[2] El BCRA pretende hacer negocio, comprar dólares por $ 927,50 y venderlo a $ 1.328,48. De esa manera además absorben la cantidad de dinero emitido por las exportaciones.
Fragilidad financiera

En el Boletín Oficial del día 8 de julio de 2024, junto a la publicación de la Ley 27.742, “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” (que incluye el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones, un enclave fiscal en el territorio nacional, con estabilidad tributaria por 30 años, con sus propias normas, con la posibilidad de recurrir a la Justicia en el exterior, sin obligación de liquidar sus exportaciones a partir del quinto año de ejecución del proyecto y sin obligación de abastecer al mercado interno), y la Ley 27.743, “Medidas Paliativas y Relevantes” (incluye el “blanqueo” de capitales), cuya combinación permite sortear la Ley 25.246 de Encubrimiento y Lavado de Activos [1], se publicó también el DNU 594/24, que aumenta el gasto presupuestario en el corriente año en 38.876.036 millones de pesos (aumento del 70,5% sobre el presupuesto vigente por Decisión Administrativa 5/24)[2].
En el DNU 594/24, para que las cuentas fiscales cierren, prevén que va a aumentar la recaudación de todos los tributos (en una economía que, según el FMI, el PBI desciende en un 3,5%), especialmente con el Impuesto PAIS [3], que, en los seis meses que restan del año, estiman recaudar 4,6 billones de pesos más, incluso es una suma mayor a lo recaudado hasta el 30 de junio de 2024 por 3.593.407 millones de pesos. Sin embargo, reconocen que deben aumentar el endeudamiento público en 9.495.756 millones de pesos, de los cuales son 7.005.172 millones de pesos por colocaciones de títulos del Tesoro de la Nación en moneda nacional. Prevén también colocar títulos de deuda en el mercado externo por el equivalente a 1.516.684 millones de pesos, más adelantos transitorios del BCRA por 973.900 millones de pesos.
Por un lado, se jactaban de que no se iban a financiar con el BCRA y de que la partida de adelantos transitorios al gobierno nacional quedaba fija en todo el año 2024 en 4.091.100 millones de pesos. Pero en el DNU 594/24 incrementan el financiamiento con el BCRA en un 23,8% sobre esa suma.
Por otra parte, deben aumentar la deuda pública en 9.495.756 millones de pesos; es cierto que la mayor parte es en títulos del Tesoro en pesos, pero es un gobierno que hasta el 31 de mayo de 2024 [4] emitió títulos de deuda del Tesoro de la Nación por el equivalente a 65.001 millones de dólares (la conversión de pesos a dólares la hace la misma Secretaría de Finanzas de la Nación), porque entregó títulos de deuda por el déficit fiscal del año 2023, y porque “solucionó” la “bomba de las Leliq” traspasando toda la deuda al Tesoro de la Nación, aumentando la deuda pública.

Obviamente que los diputados y senadores nacionales “colaboracionistas” con el gobierno conforman también la Comisión Mixta Revisora de Cuentas del Congreso de la Nación, que es la que aprueba o rechaza la ampliación presupuestaria y son (hasta ahora) mayoría, cuando los diputados de La Libertad Avanza son 38 de 257, y los senadores, siete de 72; sin embargo las constantes visitas de Guillermo Francos logran convencer a los colaboracionistas para que, levantando la mano o dando quórum, aprueben todo, por lo que no es de extrañar que, si sigue la misma política en el año 2025, se apruebe este presupuesto ampliado por el DNU 594/24, más las modificaciones que quiera o necesite el gobierno y su ejecución final (Cuenta de Inversión).
El problema financiero
Tras la renuncia de la ministra de Economía Silvina Batakis el 29 de julio de 2022, asumió Sergio Massa, quién, para facilitar el canje de los títulos de deuda del Tesoro de la Nación que vencían en lo que restaba de la gestión de Alberto Fernández y poder pasar su vencimiento para el año 2024 y 2025, concedió en muchos de ellos la cláusula puts y/o la de ser un bono dual (pagaba por el ajuste inflacionario o por la devaluación del dólar oficial a preferencia de su tenedor).
Los puts son un seguro de liquidez, son opciones o seguros de recompra que, a cambio de pagar una prima, le permiten al tenedor vender el bono (título público) y obliga al Banco Central a comprárselo al valor del día previo y emitir pesos.
El sistema fue continuado y extendido por el tándem Caputo-Bausili que emitió títulos de deuda con ese seguro (puts) por más de ocho billones de pesos (la mitad de las opciones que vencen en los años 2026 y 2027).
El problema se suscita ahora, porque al reducirse la tasa inflacionaria (medida por el IPC del INDEC) y al devaluarse al tipo de cambio oficial entre un 2% a un 3% mensual, los bancos (esencialmente los que mayores títulos del Tesoro tienen, como es el caso del Banco Macro) venden esos títulos al BCRA, quien se ve obligado a emitir para comprárselos, lo que explica la fuerte emisión monetaria desde el 28 de junio de 2024, tras la conferencia de Luis Caputo y Santiago Bausili, en la que dijeron que continuaba el crawling peg del 2 al 3% mensual del precio del dólar; así, ante esa actualización de la deuda (los bancos presionaban también por la devaluación), los socios de Anker Latinoamérica creían compensar a los bancos, pasando la deuda del BCRA por encajes remunerados a deuda pública (títulos del Tesoro de la Nación), pero eso solo, como vemos, no les bastó.

Letra fiscal de liquidez
Ante el riesgo de los ocho billones de pesos con cláusula “puts”, el BCRA sigue transformando deuda del BCRA con los bancos en deuda pública. Mediante la Comunicación «A» 8061 del 11 de julio de 2021, establece que las Letras Fiscal de Liquidez (LeFi), que serán emitidas por el Tesoro de la Nación (expandiendo la deuda pública en 20 billones de pesos), se ajusten por la tasa de interés que, a su vez, va a fijar el BCRA. Tienen un plazo de hasta un año y solo las pueden comprar los bancos, pero no pueden constituir encajes (efectivo mínimo) con ellas.
Es por eso por lo que el Boletín Oficial del 12 de julio de 2024 publica el DNU 602/2024 que, con el “fin de proceder al saneamiento de los pasivos remunerados del BCRA”, crea la Letra Fiscal de Liquidez (LeFi) a cargo del Tesoro de la Nación. Dicha letra va a reflejar la tasa de política monetaria, la que servirá como principal instrumento de administración de liquidez en el sistema, dentro del marco de la política monetaria definida por parte del BCRA.
Esto es, en lugar de que pague ese interés el BCRA, lo va a pagar el Tesoro de la Nación, por ende el BCRA se libera del costo que significaba dicho pago y queda liberado para fijar la tasa de referencia que quiera (sin tener que emitir para pagar esos intereses). Pero obliga al Tesoro de la Nación a un mayor ajuste fiscal para abonar esos intereses.
La medida establece que la Secretaría de Hacienda deberá cubrir el costo financiero de las LeFi que el BCRA les coloque a los bancos, lo que implicará que el Tesoro de la Nación deberá depositar en el BCRA un monto equivalente a los intereses que devengue diariamente la tasa de política monetaria.
La tasa de política monetaria será definida por el directorio de la entidad y permanecerá sin variaciones hasta tanto comunique un nuevo movimiento. El problema se agrava porque el BCRA va a fijar tasas positivas (por encima de la inflación) con el fin de “frenar” la compra de dólares.
Si bien es cierto que las LeFi son unas letras capitalizables e intransferibles que solo pueden los bancos venderle al BCRA, el art. 6 del Decreto 602/24 dice que el Tesoro de la Nación deberá depositar en el BCRA diariamente el interés que estas devenguen. Por lo tanto, es un pago del Tesoro de la Nación al BCRA.
El monto de esos intereses que debe depositar la Secretaria de Hacienda de la Nación en el BCRA (tal lo establece el artículo 6 del DNU 602/2024) no estaba contemplado en el DNU 594/24 de ampliación del presupuesto de la Administración nacional del corriente año, en el que se había fijado pagar intereses de julio a diciembre por 3.684.243 millones de pesos.
No sabemos cuál es la tasa que determinará el BCRA, pero sí que es mayor que la inflación (y va a ser cada vez mayor, ante un dólar que sufre la presión de los exportadores que retienen sus ventas y del FMI que exige una devaluación de nuestra moneda), pero sí sabemos que va a devengar un gasto fiscal mensual de no menos de 700.000 millones de pesos (siempre y cuando la inflación no se dispare), suma que acumulada en seis meses supera ampliamente el interés presupuestado en la ampliación del DNU 594/24.
Por ende, no solamente deben tomar deuda para “cerrar” las cuentas fiscales del año 2024 en 9.495.756 millones de pesos (situación que contempla el DNU 594/24), sino que deben sumar a esa solicitud de crédito no menos de 4.000.000 millones de pesos más por los intereses de las LeFi.
Julie Kozack, directora de Comunicaciones del Fondo Monetario Internacional dijo que no están discutiendo con la Argentina una ampliación del crédito vigente. Y Manuel Adorni, el vocero presidencial, el jueves 11 de julio de 2024 dijo que “no hay una negociación formal con el Fondo Monetario Internacional para un nuevo acuerdo que signifique un respaldo financiero adicional”.
Síntesis
Un gobierno que ha venido solucionando los problemas de pagos, pasándolos a deuda pública (en el lenguaje de la Secretaría de Finanzas, “titulariza” la deuda), ahora crea una letra que se ajusta por la tasa de interés que determina el BCRA, que a su vez fijará una tasa redituable para que no se pasen de depósitos en plazo fijo en pesos a dólares, que se suma a una deuda exigible en lo que resta del año que no se sabe cómo se va a pagar.
Encima sigue el riesgo vigente de que unos ocho billones de pesos tienen el seguro de liquidez (cláusula puts) y no quieren cambiarlos por ningún título público.
Repetimos y actualizamos el final de la nota “Sin dólares” del 7 de julio de 2024: “Nadie le va a prestar a este gobierno por la falta de plan y ante un FMI que quiere levantar el cepo cambiario y devaluación, pero tienen un recurso extraordinario: confiscar total o parcialmente los dólares que reciben los bancos en depósitos del público que, al 5 de julio de 2024, asciende a 13.290 millones de dólares.
Eso sí, no sabemos qué pasa el día después en el “Año de la Defensa de la Vida, la Libertad y la Propiedad”.
[1] Lavado de Activos es el proceso por el cual personas físicas o jurídicas y organizaciones criminales persiguen dar apariencia legítima a bienes o activos procedentes de fuentes ilícitas provenientes de delitos precedentes señalados en la Ley.
[2] La Decisión Administrativa N.º 5/24 determinó los recursos y créditos presupuestarios correspondientes a la prórroga de la Ley N °27.701 de Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2023, con las adecuaciones parciales referidas en el artículo 27, incisos 1 y 2, de la Ley de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público Nacional N.º 24.156 y sus modificatorias
[3] El Impuesto PAIS (para una Argentina Inclusiva y Solidaria) es un tributo que se debe abonar sobre ciertas operaciones en moneda extranjera, implementado en la ley de emergencia del 26 de diciembre de 2019, que rige durante cinco períodos fiscales (si no se lo renueva y/o prorroga, vence el 25 de diciembre 2024), y es el principal factor del llamado “cepo cambiario”.
[4] La Secretaría de Finanzas de la Nación, el lunes 15 de julio 2024, publica los datos al 30 de junio 2024.
El Pacto de los que estaban

¿Quiénes pueden aportar para pensar en 100 años, en los próximos 40 días?
En el mayo francés del 68, decían “pidamos lo imposible”, claro lo posible era lo existente.
La realidad de Catamarca (lo posible, los privilegios) es para pocos: pienso entre los convocados estarán los desocupados de Textil Com, en nombre de los desempleados actuales y los que producirán este modelo nacional de nuevo capitalismo; los planeros, los postergados en la categorización de las administraciones públicas (provinciales, municipales), los que tienen la obra social OSEP, los jubilados, los que trabajan en los comedores y merenderos, los profesionales (médicos y auxiliares) que trabajan en las postas sanitarias y en los hospitales provinciales, los que fueron excluidos de acceder a cargos y puestos de trabajo por no tener cercanías con el poder o algún familiar con “influencias” de los que ostentan el poder. En la nueva Casa de Gobierno, los sectores convocados plantearán lo “posible”, tan necesario para pensar en sus futuros.
La nueva Casa de Gobierno es para los que están incluidos, instituciones y personas, es el mundo de lo “posible” en nuestra Catamarca, los demás, los que necesitan demandar su situación de pobreza y carencias esenciales desde la lejanía, lo tienen que hacer con helicóptero de por medio.
Ya hicimos hace tiempo un plan el PEC, (1995-1996) participaron el 3 % del PEC 3800 catamarqueños, intervinieron, más allá de las diferencias de criterios, acordaron junto a especialistas, los diagnósticos de las problemáticas de la provincia y sus ejes estratégicos que dieran a la provincia en los próximos 5 años, el desarrollo deseado . Luego de 10 meses de participación se llegó al objetivo general y a los 6 ejes, bases para el desarrollo inclusivo de la provincia fueron de alrededor de 140 proyectos aproximadamente, para cambiar su provincia. Este plan lo más importante que poseía, era su control de ejecución.
Esta participación fue defraudada, por el gobierno y los integrantes de su comité estratégico, instituciones empresariales, gremiales, profesionales, UNCA, etc.
Seguro serán los mismos convocados para este “Pacto de los 100 años”, harán “lo posible, lo existente”.
Amartya Sem Evans, en 1999, hablaba de un “desarrollo deliberativo” basado en la libre discusión pública e intercambio de ideas. La participación democrática no sólo es un medio sino un objetivo del desarrollo. Esto se dijo después de casi 4 años que lo hicimos aquí, a la catamarqueña.
“El desarrollo no sólo es tener un capital económico sino fundamentalmente el capital. Fruto del acuerdo de la sociedad”. Para terminar adjunto un trabajo de CEPAL.
FRANCISCO GATTO (CEPAL)
“La región norte del país sigue hoy, como hace ya más de 40 años, un estilo de progreso económico heterogéneo y de diversas velocidades, de escasa inclusión social, muy complejo por las tramas socio productivas (y políticas) que se gesta, escasamente sistémico y cohesionado y de implicancias intergeneracionales futuras profundas.»
Juan Gabriel Tokatlian e Hinde Pomeraniec dialogan sobre la pantalla del mundo nuevo

Juan Gabriel Tokatlian presenta en su reciente libro, Consejos no solicitados sobre política internacional: Conversaciones con Hinde Pomeraniec, un análisis detallado de la complejidad y las incertidumbres del escenario global actual. En un mundo donde resurge la amenaza nuclear y los líderes carismáticos alteran las instituciones, Tolkatlian ofrece respuestas a las principales cuestiones internacionales de hoy.
América Latina, la invasión rusa a Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y el reclamo sobre las Malvinas son algunos de los temas abordados. El autor, a través de dichas conversaciones con la periodista y editora Hinde Pomeraniec, ofrece una perspectiva que busca evitar las polarizaciones y simplificaciones dogmáticas.
Tokatlian también explora la relevancia actual de América Latina en la política global y discute las implicaciones geopolíticas de la religión en el contexto contemporáneo. Las dinámicas del narcotráfico, visto como un actor político descontrolado, también se encuentran entre los temas analizados. El libro sugiere que América Latina tiene aún un rol significativo en el escenario global contemporáneo. Tokatlian plantea la necesidad de un enfoque conforme a principios pragmáticos en lugar de movimientos pendulares y retóricas inflamadas que suelen caracterizar la política exterior argentina.
Tokatlian y Pomeraniec abordan, entre otros temas, la influencia de América Latina en el mundo hoy
Las charlas con Pomeraniec, diseñadas para ser accesibles y comprensibles para un amplio público, recorren estos desafíos globales, con el objetivo de proporcionar claves para comprender y enfrentar las tensiones actuales sin caer en la desesperanza o el fatalismo. Con estas discusiones, Tokatlian invita a reflexionar sobre importantes decisiones políticas y estrategias que Argentina y otros países latinoamericanos deberían considerar en este contexto global lleno de incertidumbres y cambios rápidos.
1. El mundo del siglo XXI: ¿y dónde está el piloto?
—Aunque no pasó mucho tiempo desde que el mundo celebraba la globalización, el presente muestra una tendencia de los países a cerrarse sobre sí mismos, casi como queriendo evitar el efecto mariposa de verse afectados por problemas que nacen en otro espacio. La relocalización de empresas hoy no es prioridad y en algunos organismos se habla de un concepto, fragmentación, algo que podría estar clausurando la posibilidad de un crecimiento económico mundial. En materia política, esto viene de la mano de un rebrote de los nacionalismos y la xenofobia. Me gustaría saber cómo ves este momento y qué pensás de esta idea de un mundo con países cada vez más cerrados.
—Creo que lo primero que habría que pensar es cómo nos ubicamos frente a un determinado momento de la historia para analizarla. A mi modo de ver, hay un muy largo plazo, hay ciclos más breves y acotados, y hay coyunturas precisas.
¿Qué quiero decir con esto? Una de las causas de la fragmentación del mundo a la que te estás refiriendo es que estamos viviendo, en la actualidad, un cambio profundo y de larga maduración: creo que es palpable, en nuestra cotidianidad, que asistimos a un gran viraje. Durante más de tres siglos, desde el fin del siglo XVIII, primero de manera incipiente y luego de modo más acentuado, estuvimos bajo un claro predominio de Occidente. Me refiero a la preeminencia de sus valores, instituciones, reglas, preferencias, intereses, acompañado de una sensación de que ese acervo occidental podía universalizarse, en una suerte de proceso natural, expansivo y progresivo, es decir, superador. Desde finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX, empezamos a ver una transformación notoria en distintas esferas, dimensiones y dinámicas: aparece lo que mi amigo y colega Roberto Russell llamó, en una nota en La Nación en julio de 2022, un mundo postoccidental, en el que surgen otros intereses, otras instituciones, otras reglas y otras preferencias que emanan de Oriente, en un sentido amplio y trascendente.
Elon Musk, Xi Jinping, Donald Trump, Vladimir Putin, Javier Milei, Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, protagonistas de un mundo nuevo
—¿Te referís al ascenso y predominio de China?
—No me estoy refiriendo solo a China, sino a un conjunto de culturas y civilizaciones que están en esa parte del mundo y cuya voz, capacidad de proyección, influencia y riqueza empiezan a ser tomadas en cuenta por parte de un Occidente que ya no es omnipotente. Frente a aquel mundo relativamente homogéneo, no fragmentado, que entendíamos que dominaba Occidente y que se iba a seguir desplegando, hoy encontramos cierta confusión, cierta sensación de desconcierto; al menos, insisto y remarco, con nuestros lentes occidentalizados. ¿Qué es lo que está pasando acá? Lo que sucede es que ha ido emergiendo y se ha ido potenciando otro centro de gravitación y eso produce una “sensación” de desorden. Y a ello se agrega la irrupción más asertiva de un Sur Global heterogéneo, con recursos de peso y más vocal. Hoy, como decimos en un reciente trabajo con Roberto Russell, Mónica Hirst y Ana María Sanjuán, estamos cada vez más inmersos en un orden no hegemónico. No hay ningún país, ni coalición de países, no hay ningún Estado ni coalición de Estados que tenga una capacidad de hegemonía universal y plena. Y esto afecta por igual a los Estados Unidos y China.
Decía que para mirar un momento histórico también podemos tener una mirada de ciclo más corto. Y ciertamente el ciclo más corto que hemos tenido es la denominada pos-Guerra Fría. ¿Qué significa eso? La Guerra Fría fue una disputa integral. Era clara, se daba en todos los ámbitos: en la economía, en la política, en la diplomacia, en el campo militar. Lo que muestra la pos-Guerra Fría es que el proyecto de los Estados Unidos de moldear, principalmente según sus propios intereses, el orden internacional fue un proyecto ambicioso, exagerado y finalmente fallido. De ahí también proviene la imagen de fragmentación y de dispersión que tenemos, porque hemos perdido el “ordenador” fundamental que fueron los Estados Unidos desde 1991, que es el año del colapso de la Unión Soviética, y que, de hecho, con los años, se fue convirtiendo en un visible “desordenador”.
Ahora bien, en este orden no hegemónico, lo que se puede advertir es la existencia de un sistema mundial sobrecargado de desencuentros, fricciones, peligros, luchas, disensos y contradicciones. ¿Qué esperar de tal situación sistémica? Quizás la explicación más sencilla sea la siguiente: la mayoría de las personas tiene acceso a una computadora personal. Cualquiera sea su marca, en algún momento emite una señal de alarma que indica que el “sistema” está “sobrecargado”. Esto significa que hay un exceso y que no se puede seguir adelante. Por lo tanto, hay que hacer algún ajuste. La opción disponible es reducir o eliminar algunos programas y archivos, lo que permite recuperar el funcionamiento. Tomando este símil como un equivalente funcional, la cuestión es esta: ¿qué es lo que se debe eliminar o reducir en un sistema global sobrecargado? ¿La democracia? ¿La paz?
Niños pasan junto a una exhibición del 75º aniversario de la fundación de la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) de China, en Qingdao, provincia de Shandong, China, el 21 de abril de 2024. (Foto: REUTERS/Florence Lo)
—Y además de la falta de alineamientos claros, ¿cuáles serían las grandes diferencias entre el estado actual y el de la Guerra Fría?
—Las diferencias son muchas. Me detengo en una de tantas. Durante la Guerra Fría teníamos lo que en la disciplina de las relaciones internacionales llamamos “escasas opciones estratégicas”. ¿Qué podías hacer como país, en especial, en lo que antaño se conoció como Tercer Mundo? Te plegabas a los Estados Unidos o buscabas un contrapeso y eventualmente te juntabas con la Unión Soviética si Washington no te lo impedía con todo su arsenal de medidas directas o clandestinas; la mayoría de ellas coercitivas. Lo que en aquellos años apareció como la Tercera Posición, el No Alineamiento o la neutralidad, era como una tangente que trataba de evitar esas tomas de posición. Pero al final del día, y sobre todo si un país estaba ubicado en este Occidente meridional, enten día que los límites de su acción eran tangibles y restringidos, salvo en los contados momentos en que la distensión relativa entre las superpotencias y la disposición política interna en cada país permitían más juego. En definitiva, un mundo conocido y claro.
Lo que tenemos ahora es un mundo que paradójicamente abre el abanico de las opciones estratégicas disponibles para aquellos que pueden y saben cómo “alinear” voluntad, capacidad y oportunidad. A diferencia del pasado, el actual actor ascendente, China, no viene con promesas de ideología, viene con billetera; de allí, en parte, la magnitud del desafío que presenta a Occidente. Viene con finanzas. Viene con comercio. Viene con inversiones. Viene con asistencia. Aunque Washington insiste –digamos, con poco eco al momento por estas tierras latinoamericanas– en que se trata de un “actor maligno”. Y ello con un Estados Unidos que ofrece escasas “zanahorias”, mucho bullying discursivo y poco consenso doméstico para desplegar el uso de la fuerza en la región, como lo probó el caso de Venezuela durante el gobierno de Donald Trump.
Foto de archivo del presidente de EEUU, Donald Trump, junto al líder opositor de Venezuela, Juan Guaido, en la Casa Blanca, en Washington, febrero de 2020 (Foto: REUTERS/Kevin Lamarque)
—¿No supimos aprovechar como región ese momento de repliegue de los Estados Unidos?
—Creo que en América Latina no fuimos conscientes, en los años noventa y a principios de los 2000, de que se abrían alternativas de juego tan grandes. Frente a ese horizonte potencialmente más abierto en el nuevo siglo, y antes de que los Estados Unidos se concentraran en su “guerra contra el terrorismo” y se replegaran relativamente de América Latina, la región, en vez de actuar más conjuntamente, se vio inmersa en dinámicas de dispersión, de desagregación de esfuerzos enmarcados en la expectativa de un “regionalismo abierto” que nos iba a impulsar, entre otras cosas, hacia una agregación de preferencias y propósitos. Volvimos a hacer algo que, paradójicamente, fue típico durante buena parte de la Guerra Fría y que fue el “sálvese quien pueda”, “yo me sumo a Washington”.
Antes fueron los regímenes militares y sus esperanzas de cultivar “relaciones especiales” con los Estados Unidos; ahora eran los gobiernos democráticos con la esperanza puesta en el “Consenso de Washington” y la eventual Área de Libre Comercio de las Américas. Los años noventa cerraron con una región dispersa, mirando más al norte del continente que al mundo en su conjunto y reforzando las fracturas que resurgen de tiempo en tiempo. Al comienzo del nuevo siglo, con Washington concentrado en Medio Oriente y Asia Central, gobiernos de la llamada “ola rosada” reanimaron el espíritu asociativo, en especial en América del Sur. Pero eso también se fue desdibujando en la segunda década del siglo XXI. El resultado fue una gradual y manifiesta dificultad para mejorar la capacidad de negociación colectiva; algo que contribuyó a hacer de Latinoamérica una región menos gravitante a escala mundial.
El presidente norteamericano George W. Bush saluda a su par argentino Néstor Kirchner al iniciar la reunión bilateral, en el marco de la Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, noviembre de 2005 (Foto NA: Césaro De Luca-POOL)
—Estabas hablando de dónde estábamos y en qué devino esa situación pos-Guerra Fría, con el retraimiento de los Estados Unidos y el ascenso y protagonismo de China y otros países de esa región. Desconocemos muchísimo qué pasa fuera de Occidente. Si pensamos en Latinoamérica, ¿dónde estamos parados?
—La situación actual del mundo muestra lo que en la disciplina de las relaciones internacionales llamamos “coyuntura crítica”, períodos –que no son necesariamente breves, sino que pueden ser extensos– en que se resquebrajan pautas y parámetros, en que se producen transformaciones exponenciales en distintos campos, que es necesario interpretar a escala mundial, no parroquial ni local y, lo más importante, que obligan a las élites a ponderar y concebir nuevos cursos de acción. Eso no se puede postergar mucho tiempo. Y en este punto quiero hacer una comparación histórica con la primera etapa del siglo XX. En ese momento, el mundo atravesaba una situación muy singular: el gradual ascenso de los Estados Unidos y el paulatino descenso del Reino Unido.
Esto es, había una transición de poder, prestigio e influencia de consecuencias significativas. En esa coyuntura extendida, que en la Argentina cubrió diferentes gobiernos y tipos de regímenes políticos, la élite de nuestro país adoptó la estrategia de seguir abrazada al Reino Unido en lugar de advertir la expansión de los Estados Unidos y sus efectos. Obviamente la élite de la época tomó esa decisión por razones prácticas, no por motivos dogmáticos. La tomó porque con los Estados Unidos había una relación competitiva y compleja, mientras que con Europa había una relación complementaria y cercana. ¿Nos ayuda ese antecedente para pensar el presente? Creo que sí y mucho. Hoy es evidente que existen dos grandes actores que compiten y un conjunto muy importante de naciones de referencia en el Sur Global, al tiempo que el peso de actores no estatales es notable; entre otros, las corporaciones más poderosas y sus dueños.
Según el informe de 2023 sobre los ultrarricos (Ultra Wealth Report) hay en el mundo unos 395.000 individuos con una fortuna conjunta de unos US$45 billones, mientras la riqueza mundial ese año fue de US$454 billones, según datos del Credit Suisse. Ahora bien, quiero destacar que mientras los Estados Unidos y su principal aliado, Europa, se han debilitado en años recientes y Washington está pagando el precio de tres décadas de sobreextensión, esto no implica que Occidente esté en un proceso de decaimiento irreversible ni que los Estados Unidos se enfrenten a un declive inminente. Y el ascenso chino, que ha sido paulatino y extraordinario, no es un ascenso sencillo y seguro tampoco.
ARCHIVO – Manifestantes tomados de las manos en apoyo al acuerdo de paz alcanzado entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en la principal plaza de Bogotá, Colombia, el 8 de octubre de 2016 (AP Foto/Iván Valencia, Archivo)
Mi punto aquí es que la élite argentina tiene un desafío monumental: o entiende cuáles son los intereses nacionales que defender en medio de estos cambios profundos, o vamos a seguir tomando decisiones erráticas, mal informadas, inconsistentes, anacrónicas, confusas. Entonces, el punto de partida debería ser considerar, por un lado, si esa disputa se está exacerbando o no; por otro, qué elementos de competencia o de cooperación se presentan, de forma tal de comprender cuál es el lugar que estratégicamente puedo y quiero ocupar con miras al segundo cuarto de siglo. Lo otro que analizaría es qué capacidades tangibles y atributos intangibles poseo. Yo viví dieciocho años en Colombia. Para un colombiano o colombiana promedio, el pasado fue difícil, penoso y hasta atroz.
Lo único que tiene por delante un colombiano es el futuro, que puede ser algo mejor. Porque si mira para atrás, ve la violencia de los años cuarenta, cincuenta, sesenta, setenta, ochenta, noventa y comienzos de este siglo, que dejó cientos de miles de muertos y millones de desplazados internos e inmigrantes internacionales. La violencia insurgente, del narcotráfico, paramilitar, institucional. La fe del colombiano está puesta en su futuro. Yo diría que hoy, lamentablemente, cada vez para más argentinos el mejor futuro es su pasado. Antes –mucho antes– hicimos bien varias cosas. Antes teníamos niveles de cohesión social envidiables. Antes fuimos una sociedad mucho menos desigual. Antes, antes y antes.
10 de diciembre de 2023: el presidente de Argentina, Javier Milei, durante la ceremonia de investidura en Buenos Aires (Foto: EFE/ Enrique García Medina)
Y creo que esta percepción es muy importante para saber cómo se posiciona el país en esta disputa global. Eso nos puede abrir opciones o restringir oportunidades. Hace un siglo, leímos el mundo de un modo que, en última instancia, nos aferró al poder declinante a pesar de que transitoria y relativamente lográbamos hacer frente a crisis como la Gran Depresión. ¿Está nuestra dirigencia leyendo el mundo con los ojos abiertos y la mente despejada?
—Supongo que hay circunstancias que pueden ser determinantes para la toma de decisiones o para las conductas que pueden seguir los gobiernos. Entiendo que el combo que se armó entre la pandemia de covid-19 y la guerra en Ucrania necesariamente influyó en esta dirección.
—Sin duda tu observación es muy acertada. Pero quiero entrarle al tema por otro lado. Por ejemplo, la Argentina tiene una valiosa tradición de producción intelectual sobre autonomía relativa en los asuntos internacionales. En esos análisis sobresale un concepto, que remarcaba Juan Carlos Puig, uno de los grandes internacionalistas que tuvo el país: para ser viable, la autonomía requiere contar con atributos reales. Y el elemento clave hoy más que nunca es un modelo que se asiente en la investigación e innovación en ciencia y tecnología.
¿Es posible identificar en la Argentina actual un conjunto de actores públicos y privados que pueda comprometerse en una iniciativa de largo plazo para interconectar el Estado, la comunidad científica y el mundo empresarial tal como han hecho, con éxito, grandes y medianas potencias? ¿Persiste un impulso autonomista que pueda conducir políticamente esa iniciativa? ¿El actual gobierno tiene la disposición y el compromiso para activar un modelo productivo que coloque en el centro el componente de ciencia y tecnología? En el cuadro internacional presente y futuro, los países que carezcan de autonomía tecnológica serán apenas espectadores de la política mundial. Me temo que para el gobierno actual la inversión en ciencia y tecnología es un “costo” que reducir y el compromiso Estado-empresa-científicos, algo innecesario. Casi inconveniente.
