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viernes, junio 26, 2026
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Recesión mundial y desplome de Argentina

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 La problemática política argentina está ante dos cuestiones absolutamente vinculadas: i) la inflación y ii) el peso de la deuda determinante en las posibilidades económicas nacionales y por las perspectivas de la crisis mundial. Así,  una mejora de la situación local va a ser mucho más difícil en medio de una peor situación mundial. Sólo entendiendo el alcance de la situación de la economía mundial, se puede terminar de entender plenamente la gravedad de la crisis nacional.

La liquidez mundial está en el sistema financiero y mucho más en los fondos de inversión

Mónica Peralta Ramos en su nota “El silencio de Trump y la salida de Macri” (29/9/19, El Cohete a la Luna), señala en la última parte de su artículo (“Crisis de liquidez en dólares”) la baja de la tasa corta de interés de la Reserva Federal (Fed) estadounidense (fedfund) a entre 1,75% y 2% y la contrasta con la necesidad que tuvieron los bancos de estar dispuestos a pagar tasas de hasta 10% en las operaciones de pases (repos) para conseguir fondos y cubrirse al iniciarse la tercera semana completa de septiembre. Estos repo, como aclara Mónica, se toman por 24 horas entre los grandes bancos, siempre dentro de los límites de las tasas de los fedfund, y lo insólito fue que los bancos no tuvieran acceso a fondos de otros bancos en medio de la superliquidez existente, obligando a la Fed a inyectar  fondos a las operaciones de repo, y en las concretadas el 17/9 ofreció 75.000 M dóls de los que se utilizaron 53.000 M a tasas de 2%.

Esa falta de fondos tuvo lugar en medio de una liquidez que ha estado creciendo a un nivel muy superior a la producción, y que se evidencia –entre otros fenómenos- en una fuerte valorización bursátil que tiende a desvalorizarse periódicamente, como ha sucedido con más intensidad en 2018 y en 2019.

Si esa liquidez no refuerza el capital productivo, permanecerá como capital financiero y se empleará sobre todo en préstamos o en compra de activos.

La gran demanda de créditos se debe a que, con la situación de menor crecimiento, las empresas productivas requieren más créditos, y con un capital que ha crecido tanto en los mercados, ese capital líquido también se endeuda para adquirir más activos altamente valorizados. Si muchos de esos activos pasaran a valorizarse en la producción, arrancaría la fase expansiva, y si la expansión no se concreta seguirán siendo líquidos y muchos de ellos ficticios.

El negro panorama del dólar como moneda mundial

Ya en vísperas de la crisis 2007-2008 existía un panorama similar, que llevó a la quiebra a Lehman´sBrothers. En aquel entonces se pudo apelar a la emisión y a la deuda; al cabo de once años, como la economía mundial no termina de salir de una situación recesiva o de bajo crecimiento, se requeriría más emisión y más deuda para sostenerla. Pero ahora no se puede solucionar de la misma manera porque la Fed debería emitir y tomar deuda en una medida que pondría en peligro el respaldo del dólar, y dificultaría su posición de moneda mundial.

Y en la Argentina, qué? Mientras el dólar sea la moneda mundial hegemónica

En la Argentina, es posible que los dólares del BCRA que constituyen el respaldo de la moneda nacional no alcancen para cubrir la demanda que tendrá lugar hasta fin de año. Esto es así por las fugas de capital y la salida de los fondos que ingresaron como capital especulativo para acumular intereses a una tasa de referencia que dificulta cada vez más el pago de una deuda acumulada que sigue creciendo.

Obviamente, las dudas sobre la estabilidad del peso y del dólar no son iguales, pero el tipo de problema es de la misma naturaleza: el peso creciente del capital financiero respecto al productivo desestabiliza la moneda.

Cuando el FMI otorgó el crédito actual a la Argentina, aseguraba que la situación sería superada, lo siguió sosteniendo hasta principios de 2019 pero a mediados de año ya sabía que, tal como está, el crédito es impagable y que indefectiblemente habrá que negociarlo. En tres años y nueve meses de gobierno de Macri, la deuda aumentó 70% y el PBI medido en dólares bajó a la mitad, y muchos todavía creen que este tipo de política económica tiene perspectiva.

En una escala muy diferente, las opiniones sobre la sustentabilidad del dólar también son distintas, pero el fenómeno contradictorio de la expansión financiera es el mismo.

Y en EEUU qué? Hasta dónde puede llegar el crecimiento ficticio del capital liquido?

En Estados Unidos el dólar está sostenido por una deuda que tampoco puede seguir creciendo en una economía mundial que no termina de despegar. Por eso, si continuara la expansión financiera, es posible que los bancos ya no encuentren financiación para sostenerla, salvo que se emitan dólares y deuda en mucha mayor proporción que en 2008 y continúe el reciclaje que tuvo lugar en los años siguientes.

Y como esta situación no la pudo dar vuelta la política del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de apretar a China ni -junto con Europa- de apretar a Rusia y obtener para el capital occidental un ámbito de mayor colocación como el que obtuvo al comenzar los noventa con la caída del régimen soviético, es probable que se presente una crisis, salvo que el capital sobrevaluado y en parte ficticio, pueda convertirse efectivamente en capital productivo y empuje el crecimiento de la economía mundial.

Entonces en Argentina…

En una escala muy inferior, la Argentina enfrenta un problema parecido: su moneda, el peso, se desintegra día a día (lo que se puede apreciar en la inflación y en la suba del dólar) porque una gran parte de la acumulación y del ahorro se pasa a dólares y se fuga de los circuitos productivos y la situación ya no se arregla con más deuda sino buscando la manera de reconstruir los circuitos productivos a través de un ordenamiento político más estable y socialmente aceptado.

La situación de la Argentina y del peso no tiene nada que ver con la de Estados Unidos y del dólar, pero el problema de fondo implícito en las dos situaciones tiene que ver con la evolución de la crisis mundial, la salida de la situación recesiva y la forma que toman los capitales en ella. Esta afirmación puede parecer temeraria, pero según veremos, la empiezan a sostener  miembros de la elite financiera global, que también ha iniciado la aparición de propuestas para sustituir al dólar.

Analicemos primero la fase recesiva mundial en la que estamos inmersos.

El capital se acumula a través de ciclos con una fase alcista y otra recesiva. En la primera se despliega la inversión productiva y en la segunda ésta se frena por exceso de competencia o baja de rentabilidad.

Pero como la acumulación productiva es menor, hay más capitales en forma líquida que buscan distintas formas de acumularse y obtener rentas, pero no ya en la producción sino en la forma financiera, como capital de préstamo o como capital proveniente de un crédito que se mantiene fuera de la producción y se reproduce en los mercados bursátiles mediante valorizaciones especulativas que en parte son ficticias.

Los ciclos pueden ser de corta o de larga duración. La inversión en los primeros está determinada por el ciclo largo, que comprende décadas en que hay más fluidez para la inversión productiva, con fases de crecimiento más prolongadas y firmes que en las fases recesivas. En éstas, la inversión choca con más dificultades y el capital pasa en mayor medida a tomar la forma de capital líquido o a surgir de valuaciones que lo convierten en ficticio.

Todavía podemos considerar que estamos dentro de una fase larga recesiva o de bajo crecimiento, que ya lleva entre 40 y 45 años, y de su examen es posible aprender mucho de este tipo de dinámica.

Lo que impera en la fase recesiva de un ciclo largo es su carácter financiero. Al limitarse la inversión productiva rentable,  el capital líquido –que se acumula en mayor medida por el bajo crecimiento y la recesión- deriva necesariamente hacia el crédito y se suma al capital financiero ya existente, bancario y no bancario.

El capital productivo  lo requiere más que nunca por sus dificultades para reproducirse y el Estado, que en una economía activa recibe más ingresos de los impuestos, en la recesión debe recurrir en mayor medida al crédito, y los bancos y los fondos e instituciones internacionales lo promueven, como lo hemos visto en la Argentina en los años de Macri. La extensión en el tiempo de esta larga fase recesiva o de bajo crecimiento en que la lógica del capital financiero se impone a la lógica del capital productivo hace que sea común referirse a este largo período como la era del neoliberalismo.

Un poquito de historia ….internacional

El predominio absoluto del dólar en la posguerra sostuvo la larga fase expansiva iniciada en 1944/1945, pero poco más de veinte años después empezaron a aparecer problemas. La expansión de Europa y Japón generaba una masa de riqueza transable a la que el dólar no podía responder en la misma medida que en el período anterior.

En 1968 el déficit acumulado desde 1950 de la balanza de pagos estadounidense (sin considerar los movimientos monetarios de corto plazo) constituyó una contrapartida en las reservas europeas de dólares, ya que muchos de estos países se transformaron en acreedores de Estados Unidos y ponían en duda el mantenimiento de la convertibilidad del dólar. Así comenzó la colocación de fondos líquidos en el mercado de eurodólares de Londres, y en 1971 el presidente Richard Nixon tuvo que abandonar el patrón cambio oro, porque las tenencias estadounidenses de metal no alcanzaban para sostener la expansión de las operaciones financiera del dólar, lo que llevó a un mayor protagonismo del dinero de crédito y a un crecimiento generalizado de las deudas ya una fase de menor crecimiento.

….y nacional

También a mediados de los años setenta comenzó en la Argentina un período signado por el aumento de la deuda, después de la muerte de Perón en julio de 1974, el fin de José BerGelbard como ministro de Economía en octubre de ese año a raíz de la presión del establishment por una política de ajuste. La sucesión recayó en Alfredo Gómez Morales, que intentó aplicar un ajuste gradual, pese a la insistencia del establishment en un ajuste no gradual, de una manera parecida a la que los ajustadores liberales le reclamaron a Macri por el fracaso de su plan.

En junio de 1975 debió renunciar y asumió como ministro de esa cartera Celestino Rodrigo, que puso en marcha un programa de ajuste diseñado por su Secretario de Coordinación y Programación Económica, Ricardo Zinn, verdadero exponente de los sectores liberales, que tuvo características similares al que estamos viendo, en que una gran devaluación (150%) fue acompañada por una fuerte suba de precios, que en los combustibles alcanzó a 180%, con un tarifazo de 120% y contrarrestado por un aumento de salarios menor  a la tercera parte del aumento de los precios, con los mismos resultados recesivos y desestabilizadores de la moneda que el de Macri. Esa conducción económica solo pudo durar hasta julio, pero estaba destinado a tener un impacto difícilmente reversible y modificar drásticamente el curso futuro de la economía.

La presidenta, María Estela Martínez de Perón, recurrió entonces a Pedro Bonanni, que ya había sido ministro de Hacienda en el segundo gobierno de Perón y en 1952 aplicó un ajuste dentro de la política peronista que logró una baja drástica de la inflación, pero esta vez, en función del poder adquirido por el establishment con el rodrigazo, armó un plan económico junto con las cámaras empresarias, la reacción política y sindical no se hizo esperar y debió renunciar en menos de un mes.

La presidenta decidió poner al frente de la economía a Antonio Cafiero, que intentó un replanteo inclinado a la heterodoxia, pero el establishment estaba ante un cambio posible de perspectiva política de gran alcance. Después de 1955 el peronismo deshizo todos los intentos de una reconstrucción política apoyada en la baja del salario y de un cierto equilibrio en el reparto del ingreso, y la amenaza de que persistiera se había terminado con la muerte de Perón y la división del peronismo, por lo que la clase dominante estaba decidida no dejar escapar la oportunidad que se le presentaba y empujar un golpe militar, así que obstaculizó por todos los medios la recomposición de la economía, lanzó un lockout patronal con desabastecimiento en enero de 1976 y Cafiero tuvo que renunciar poco después.

Ante la incontenible presión del establishment por el ajuste, el sucesor en febrero de 1976, Emilio Mondelli, entonces presidente del BCRA, insistió en buscar un programa coordinado con las cámaras empresarias; en esa línea presentó su plan, desató una gran reacción política y el golpe militar de marzo derribó al gobierno.

La dictadura militar instaló el ajuste y esa política económica fue continuada por la democracia hasta la catástrofe del 2001, de características similares a la actual, y como resultado –en condiciones internacionales muy diferentes- de 2003 en adelante el kirchnerismo aplicó una política exitosa de crecimiento que se frenó en 2008 por la crisis internacional.

La larga fase expansiva de crecimiento global de la posguerra no se extinguió rápidamente sino que las distintas tasas de crecimiento nacionales se fueron reduciendo con diferencias y el ciclo largo tomó una clara orientación recesiva en el mundo después de 1975, cuando en la Argentina también se instaló la política de ajuste, lo que muestra que la historia nacional no puede separarse del sentido de la fase larga del ciclo internacional.

Volvamos al ciclo económico

Esta fase larga recesiva o de bajo crecimiento del ciclo puede contener  fases expansivas de corta duración, pero la dinámica del ciclo largo determina las características propias de los ciclos cortos que se desenvuelven en su interior, y como la fase recesiva fue la que se inició a mediados de los setenta, todas los momentos de expansión tienden a ser de corta duración.

Y ¿por qué esta fase del ciclo se está extendiendo más de cuarenta años?

En la longitud de las fases también es determinante la política y otros elementos que se combinan con los de naturaleza económica. Si un país resuelve de una determinada manera su perspectiva política, debe tener en cuenta cuáles son las circunstancias internacionales en que debe desenvolverse. En el presente, hay dos cuestiones bien visibles que deben encontrar una forma de encauzarse políticamente en el mundo: 1) la aparición de una forma de acumulación de capital sometida al control estatal en China (en vez de la forma de acumulación privada en que el Estado está sujeto a su dominio) y la amenaza que representa para la hasta ahora indiscutida hegemonía estadounidense, y 2) la culminación de la 3ª Revolución Industrial iniciada a mediados de los años setenta y las primeras aplicaciones de la 4ª Revolución Industrial.

La 3ª Revolución Industrial posibilitó el aumento de la productividad mediante el paulatino mayor uso de los medios digitales y tuvo su mayor aplicación en los servicios, pero la 4ª Revolución Industrial fusiona los servicios con las manufacturas y los cambios empiezan a tener aplicación, inaugurando una nueva forma de producir.

En 2001 había una gran masa de capital valorizado que no se aplicó en su totalidad y dio lugar a la crisis de las punto com. En los últimos quince años, esa brecha se superó y la reactivación de las ramas industriales tiende a ser selectiva, con elección de las industrias punteras, y el desarrollo de estas últimas mejora la perspectiva de las restantes. Esa fue la senda que por distintos caminos se impuso en Corea del Sur y los nuevos países emergentes industriales de Asia, que constituyen una región que integra el intercambio del conjunto, a lo que debería apuntar el Mercosur.

China…

China es un caso especial, porque a su afirmación nacional como espacio productivo, le siguió y fue decisiva la inversión extranjera atraída por su enorme mercado interno y su mano de obra barata inicial.

…y Rusia

Rusia resistió los embates para cercarla y las salidas militares para contenerla fracasaron. Después del debacle de Yeltsin creció hasta el 12º puesto en la economía mundial, y 6º por PPA (datos del FMI), inmediatamente después de Corea del Sur, es el 3º en superávit comercial después de China y Alemania, el 5º en reservas de oro y divisas por 500.000 M dóls y tiene una inflación de 4,6%. Su industria debió crecer en un mercado cerrado, se fortaleció a partir de una selección reducida de ramas que empiezan a mejorar las restantes, y se apresta a una asociación estratégica con China que debería reforzarla y desenvolver su propia revolución industrial, y su progreso posterior sólo puede provenir de una mayor inserción en el mundo a través de una segunda selección de ramas determinada por las condiciones nacionales.

La verdadera disputa

Lo que frena la inversión y retarda el fin de la larga fase previa de menor crecimiento en el mundo no es  sólo el peligro de las quiebras por una posible ruptura de la burbuja especulativa sino que el capitalismo tradicional de libre empresa hegemonizado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial por Estados Unidos y el dólar, está amenazado por la disputa por la supremacía proveniente del crecimiento chino.

Lo advierte la curva de rendimientos de corto y largo plazo invertida, un sistema financiero que colapsaría sin grandes inyecciones de liquidez capaces de mantener las burbujas de activos ficticiamente sobrevaluados y la dificultad de frenar a China o limitar su crecimiento de más del 6% del PBI sin profundizar la recesión en el capitalismo tradicional, o bien llegar a un acuerdo de conveniencia mutua. Occidente enfrenta por primera vez la posibilidad del fin de su dominio político y la nueva forma de producir de la 4ª Revolución Industrial difícilmente se pueda terminar de imponer sin dirimir quién la hegemoniza o, por lo menos, hasta que no haya un acuerdo al respecto.

El predominio político es tan importante como el predominio de la moneda

La posición de Trump en Estados Unidos ha dado lugar a una división y a una lucha de facciones sin antecedentes en los sectores dominantes, que alcanzó a Europa con Boris Johnson y el Brexit y generó una fuerte división también en Gran Bretaña, de modo que pareciera que la cúspide del poder económico global se está empezando a dividir. William Dudley, ex presidente de la Reserva Federal de Nueva York criticó abiertamente a Trump y Mark Carney, presidente del Banco de Inglaterra, afirmó que “el dólar debe ser reemplazado”, aunque no de inmediato y habló de una opción de criptomoneda digital controlada por los bancos centrales de los países desarrollados.

Hasta ahora, el apoyo a Trump parecía tener un carácter nacionalista proteccionista como la definía él mismo, pero ahora es obvio que se defiende no sólo de China sino de toda competencia, y se le enfrenta la propuesta de una criptomoneda sustitutiva en la línea del gobierno mundial del mercado, en que éste–es decir al capital- se presenta como alternativa al Estado en la organización política de la sociedad. La moneda fuerte pasó del respaldo en oro al respaldo en otras monedas fuertes o en títulos de deuda en moneda fuerte, y la propuesta de la criptomoneda sería sustituirla por un activo que sólo dependería del valor que le asigne el mercado.

Los bancos centrales en el mundo de hoy

El capital apoya la intervención del Estado cuando sirve sus intereses, no los intereses generales de la sociedad, y en esa dirección define la magnitud de la deuda pública, el ingreso de capital especulativo, su integración internacional a través del afianzamiento de la industria o de otros sectores, como el agrario o el financiero, y en la división internacional del trabajo favoreciendo la producción primaria o la industrial. El banco central adquiere cada vez más importancia como ejecutor de las políticas de mercado y del gobierno cuando éste se integra al mercado, su intervención en la fase expansiva o recesiva del ciclo, la tasa de interés, la regulación nacional y el control del crédito, la monetización de la deuda pública y la colocación casi mecánica de deuda a través suyo.

Un poco de historia del Banco Central en Argentina

La Argentina no tuvo banco central hasta 1935 como sí lo tuvieron la mayoría de los países desarrollados. En su condición de periferia próspera como proveedora de carne y cereales de Gran Bretaña, desde 1890 tenía una Caja de Conversión, un sistema cambiario con la moneda respaldada por una moneda fuerte con libre convertibilidad a paridad fija. La Caja de Conversión organizaba las emisiones y la circulación de la moneda, con independencia del Gobierno Nacional, después de prohibirse las emisiones particulares o provinciales. Había un fondo de reserva creado con las reservas de los bancos y los créditos contra los mismos que, al crearse el Banco de la Nación Argentina, quedó a cargo de éste, pero casi no era posible una política monetaria.

Los desequilibrios se financiaban con deuda del país cuya moneda sostenía la moneda local: Gran Bretaña y la libra esterlina. Era el mejor sistema para asegurar el predominio de la clase terrateniente, pues las divisas provenían de su gran cliente, Gran Bretaña, y no se promovían las industrias ni había como hacerlo, porque el sistema de la Caja de Conversión era una especie de banco central que se volvió primitivo con la crisis de los años treinta al tener una función solo relacionada con la emisión a paridad fija e inamovible.

En 1935 se creó el BCRA con propiedad mixta porque a la salida de aquella crisis, hubo necesariamente que apelar a políticas monetarias y facilitar otras actividades que no surgieran de la lógica de la división internacional del trabajo y para afirmar su concepción inicial de independencia se empezó por separar los fondos propios del Estado de los suyos.

La reforma peronista de 1946 estableció que las reservas -base de la moneda- pertenecían al pueblo y no podían ser guardadas por un ente mixto, como había sido la propiedad del BCRA y por eso estableció que no se la podía delegar y el banco se nacionalizó, y junto con la función de emitir fue clave en la planificación. En la reforma de 1949 la presidencia del BCRA quedó a cargo del Ministerio de Finanzas, que fijaba el tipo de cambio. Después del primer peronismo, la reforma de 1957  hizo del BCRA una institución autárquica en que el gobierno nacional trazaba la política general, pero el BCRA la administraba; el sistema bancario contribuía a llevarla a cabo a través del crédito bajo la supervisión del BCRA.

Y ahora…

Con Macriel BCRA acentuó su independencia, en el sentido que se convirtió en una conexión directa con el mercado financiero mundial a través de la fijación de la paridad por el mercado, con el BCRA estableciendo la tasa de interés surgida de esa paridad y ésta y la tasa regulando la economía. Además con la colocación casi mecánica de deuda mediante las letras que emite y la monetización de la deuda pública dentro de un ajuste que, destinado a contener la inflación,tuvo un resultado inverso al proclamado. Esto porque el principal objetivo no fue contener los precios sino organizar una economía abierta especializada en la producción primaria de materias primas e insumos energéticos y minerales, con poca industria, y posibilitar, con un menor empleo, bajar los salarios y los costos empresarios y acabar con la influencia política del peronismo.

La conexión directa entre el BCRA y el mercado financiero mundial a través del dólar y la tasa de interés, implica no tener en cuenta las necesidades internas (la Fed, por ejemplo, tiene siempre en consideración el crecimiento de la economía y del empleo).

Sigamos en el mundo…en guerra comercial

A través de la deuda, el capital financiero colocó al mundo al borde de una crisis, y esta es una situación generalizada, que también perjudica a los países desarrollados porque esa deuda es imposible de pagar y puede llevar a la quiebra de los grandes bancos, como sucedió en su momento con Lehman´s y continuar inflando la burbuja es imposible. La pequeña posibilidad expansiva de 2017 y principios de 2018 fue desplazada por la guerra comercial de Trump, que acentuó la desaceleración y cuya evolución, evaluada de manera tan diferente, va a empezar a aclararse cada vez más: una próxima salida o la profundización de la crisis.

La guerra comercial es, además de la lucha de Estados Unidos contra China, un fuerte proteccionismo para crecer más que el resto del mundo, en lo que Trump inicialmente tuvo éxito, pero ya en agosto parecía inevitable que afectara a la propia economía estadounidense. Goldman Sachs ve aproximarse una recesión mundial, redujo su pronóstico de crecimiento para Estados Unidos en el IV trimestre  a 1,8% y cree que no habrá acuerdo antes de las elecciones presidenciales de 2020. Europa puede ser la mayor perdedora del conflicto, ya que si bien su superávit comercial es elevado, se redujo casi 18% i.a.

Quizá por esa razón, Trump empezó a combinar la ofensiva con las concesiones y extendió la postergación de sanciones a Huawei para facilitar las negociaciones con China. China quiere un acuerdo, porque con menos presiones comerciales, sus ventajas seguirían siendo grandes, y está dispuesta a conceder, pero como hasta ahora los resultados no fueron muchos, disputa con más fuerza, porque no afronta la posibilidad de una recesión sino de una desaceleración.

El problema reside en que ya cualquier restricción interna o contra otro país afecta al conjunto, porque nada queda fuera de la economía mundial. Por eso los bancos centrales reducen sus tasas de interés para estimular la economía: la Fed acaba de bajarlas por primera vez en once años. Como la influencia china sobre el resto del mundo, es mayor con el valor de su moneda que con sus tasas de interés por su economía más cerrada, depreció el renminbí o yuan. Hasta ahora lo había evitado, pero como la guerra comercial le va a reducir el superávit comercial, sustituirá importaciones a mayor velocidad con producción propia, para lo que está estimulando el consumo y el mercado interno.

De lo que ya no hay duda es que la guerra comercial ha frenado la economía mundial. Y no son solo Estados Unidos o China los perjudicados, sino que Alemania, el Reino Unido, Italia, Brasil y México están entre las grandes economías en riesgo de recesión. Desde que, por primera vez en doce años, la curva de rendimiento de los T-Bonds estadounidenses se invirtiera (cuando las tasas de largo plazo son menores a las de corto plazo) los inversores empezaron a temer una posible recesión y los principales índices de Wall Street cayeron con fuerza. Para el economista NourielRoubini, las deudas son insostenibles, especialmente las de América Latina, y podrían ser tan perjudiciales para la economía mundial como la disputa arancelaria.

Para Jorge Castro(¿Por qué razón Estados Unidos bajó la tasa?, Clarín, 29/9/19) la inversión de la curva de rendimiento de los bonos estadounidenses y el recorte de la tasa de corto plazo por la Fed en agosto llevándola de 2% a 1,75% anual se debe a la gran inyección de liquidez que recibe Estados Unidos de otros países y a la compra generalizada de activos en dólares como el gran valor refugio, que es lo contrario a una perspectiva de recesión en ese país. Esta peculiar consideración es similar a la de Eric Rosengren, presidente de la Fed de Boston. Por eso –según Castro-, la inversión de la curva no es porque la Fed aumenta las tasas de corto plazo, sino por el declive generalizado de las de largo plazo, asociado a la situación recesiva del resto del mundo.

Esta posición parece contrariarse con la concepción de la economía global como un conjunto cada vez más integrado, en que la suerte de cada uno no está disociada de la suerte del conjunto o, por lo menos, del conjunto más afín, que es el de las economías desarrolladas. Además, este “proteccionismo de tinte nacional aislacionista en el centro del sistema” pareciera priorizar efectivamente “en el corto plazo el movimiento de activos líquidos sobre las inversiones en activos fijos”. (Mario E. Burkun, Moneda y mutaciones del sistema financiero internacional”, Universidad Nacional de Moreno, pág. 54).

En EEUU el horno no está para bollos.

La actividad de la industria en Estados Unidos en la actual coyuntura también es contradictoria y ha marcado mínimos en la última década. En septiembre, el índice del InstituteforSupply Management (ISM) bajó a 47,8, el menor nivel desde junio de 2009 (índices por debajo de 50 indican contracción de la actividad). El dato aumentó el temor de los inversores a que la crisis industrial afecte a los servicios y provoque una recesión, y David Madden, analista de CMC Markets, afirmó que «está claro que la disputa comercial entre Estados Unidos y China está perjudicando a la economía mundial«. Frente a estos datos, en medio de la turbulencia creada por la amenaza del presidente Trump de imponer más aranceles a productos chinos y la devaluación del reinminbí o yuan, la bolsa de Nueva York cayó 767 puntos, casi un 3%,el 5/8, y aunque logró ascender un poco al final de la rueda, resultó la peor caída bursátil del año y la sexta peor de su historia.

Sin embargo, en su primera jornada de octubre, el 1/10, la bolsa de Nueva York abrió con leves alzas, por el optimismo ante el anuncio de la reanudación de las conversaciones comerciales entre Estados Unidos y China a partir del 10/10 y el Dow Jones inició operaciones con una ganancia de 0,42% al ubicarse en 27.030.65 unidades. Los títulos de tecnología lideraron el alza (Apple ganó 2.4%)y las compañías bancarias las bajas, porque si hay salida sin recesión se afirmará la tecnología en detrimento de los negocios financieros. Pero el mercado no es optimista sobre una solución a corto y medio plazo, aunque es posible que las dificultades que empiezan a experimentar las dos principales economías del mundo las obligue a acordar.

En perspectiva, el Bank of America Merrill Lynch espera una rentabilidad positiva del 18% en lo que va de 2019 según el Standard &Poor´s 500, aunque la considera «irracionalmente alcista» para lo que resta del año, debido a los “intentos desesperados” de los bancos centrales para alargar el ciclo económico con la baja de la tasa y se muestra «racionalmente bajista para 2020» porque espera que “la burbuja de bonos estalle” y frene el crédito y las acciones, provocando una recesión económica.

Y la Argentina…

La Argentina se ha transformado en el caso más grave, porque la política macrista generó una burbuja financiera con una deuda en divisas cada vez más difícil de sobrellevar por la suba de la inflación, el hundimiento de la industria, una enorme crisis social con la caída del salario, el empleo y el consumo y la utilización del gasto público en el pago de intereses.

La industria pasó de 14,4% del PBI en 2015 a 12,5% en 2019, y el agro creció de 3,7% al 5,4%, la minería de 3% a 3,9%, los servicios de 1,1% a 2,3%, lo que muestra bien claramente a quién favorece la política del macrismo.

En junio 2019 había 545.193 empresas, 19.131 menos que en junio 2015, con las mayores bajas en comercio (-5.405), transporte y almacenamiento (-5.290) y en industria (-4.074). Y la suba del dólar y la baja del empleo y del salario (el salario mínimo, vital y móvil perdió 62% de su valor medido en dólares en la gestión Cambiemos según la Universidad Nacional de Avellaneda y ya antes de la corrida de julio no cubría la canasta básica alimentaria) provocarán un aumento de la pobreza, que a fin de año llegará al 37% y abarcará a más de 16 millones de personas. Las bajas bursátiles en Estados Unidos no son una novedad en la Argentina: en todo agosto, la bolsa bajó 41,5% medida en pesos y 56,87% medida en dólares.

Jorge Moore en su informe señala que las Leliq a fin de agosto sumaban 1,34 billones de pesos y si se le agregan los pases pasivos superan la base monetaria, y se pregunta cómo desarmarlo con un déficit cuasi fiscal en aumento, pese a que la política monetaria para controlar la inflación con el alza de la tasa de interés y el congelamiento de la base monetaria siguió las recomendaciones del FMI. Recuerda que en julio último, el presidente del BCRA, Guido Sandleris, decía que la inflación baja pero es todavía alta y que el 20/8, al señalar la “alta volatilidad financiera”, tuvo que reconocer que “se va a interrumpir el proceso de desinflación de los últimos cuatro meses”, aunque propone “reanclar las expectativas con el esquema de agregados monetarios que ya demostró su eficacia”. Jorge Moore concluye que no hay indicios de mejora con una tasa de política monetaria que en los últimos días de septiembre estaba en 80%, con un aumento de 20 puntos en agosto y septiembre respecto de julio.

Por su parte, Horacio Rovelli en “El tramo final” (Grupo La Capitana, 22/9/19) señala que “la lógica inicial en el modelo macrista era la búsqueda y apropiación inmediata de la ganancia a como dé lugar, cubriendo los déficit que ellos mismos generaron con endeudamiento, aprovechando la alta liquidez internacional, que a su vez fue el camino para que los sectores más favorecidos del modelo adquieran las divisas y fugarlas a posteriori”.  Las divisas que entraban con la deuda y el blanqueo de capitales, por otro lado se fugaban y se pagaban intereses por esas mismas deudas contraídas, acentuado por la financiación de importaciones “que mayoritariamente sustituyeron producción local”. Esa lógica ya de por sí contradictoria se vuelve imposible de sostener cuando el 25/4/18 Estados Unidos sube la tasa de interés a largo plazo a cerca del 3% y se “produce en el país la fuga de capitales encabezada por los mismos bancos que colocaron los títulos de deuda”. Los que no pudieron irse por tener vencimientos pendientes, “esperaron cierta estabilidad para vender los títulos públicos y privados argentinos, y cuando esa estabilidad lograda tras las PASO se perdió, no trepidaron en vender tratando de salir como sea de un mal negocio”, y por ese motivo el experimento de Cambiemos ingresó en “el tramo final”.

Roberto Feletti(¿Qué hacer con el presente esquema monetario?, Grupo La Capitana, 29/9/19) concluye que la política monetaria que toma la tasa de interés como ordenadora de la asignación de recursos valorizó la renta en detrimento de las ganancias de las inversiones productivas y paralizó la actividad económica. La desmonetización conseguida por la política monetaria tuvo su contrapartida en la acumulación de Leliqs, los títulos de deuda para la absorción monetaria emitidos por el BCRA y en poder de los bancos que, si llegaran a venderse para adquirir dólares, desmantelarían las reservas internacionales. Por esta situación, que se agravó en 2019, la política monetaria no pudo controlar ni al dólar ni a la inflación ni reactivar la economía, ya que las Leliq aumentaron en más de 38% en los nueve primeros meses de 2019 contra una caída de las reservas de más de 25% en el mismo período, y la paridad con la que se podía hacer frente a la demanda de dólares pasó de 32,4 a 48,3 pesos por dólar, manteniendo el stock de Leliq en 1,1 billón de pesos a costa de remunerarlo con una tasa de interés que llegó al 80%.

La conclusión explícita de Feletti, de que la política monetaria no pudo controlar ni al dólar ni a la inflación ni reactivar la economía, contenida también en las otras citas y en las deducciones de esta nota, sucedió en todos los procesos de ajuste, sobre todo los posteriores a 1976, es decir, los que tuvieron lugar en lo que llamamos la fase descendente del ciclo que, como aclaramos, no es una situación necesariamente de retroceso de la economía sino de bajo crecimiento, con ciclos cortos expansivos en su interior que no alcanzaron en el largo plazo a dinamizar la producción con la misma fuerza que en la larga fase expansiva de la posguerra. En términos generales, esta conclusión es válida para la Argentina y para el mundo porque los ciclos nacionales forman parte de los ciclos mundiales y porque en el sistema capitalista la integración es cada vez mayor, esta relación también lo es, aunque sus resultados sean cada vez más diferentes, lo que también sólo se puede entender a partir de esa relación.

La característica inherente a la Argentina es su inflación indomable.

La política de ajuste insiste en que la inflación es un problema monetario que hay que encarar con la política monetaria. Los resultados de la aplicación de la política monetaria para combatir la inflación en la Argentina desmienten completamente esa conclusión: la política monetaria, lejos de solucionar la suba de los precios, la agravó.

La razón parece ser que como la inflación dio lugar al ahorro en dólares, la suba de precios promueve la compra de dólares y la suba del dólar conduce al alza de los precios, y –lo que es peor- lleva a que una parte considerable del excedente económico se fugue o, si se quiere, a que una parte de la acumulación de capital tenga lugar en dólares, lo que conduce a que el excedente económico no se emplee fundamentalmente en aumentar la producción, lo que está indisolublemente ligado al carácter de su capitalismo.

La principal actividad productiva originaria fue la producción agropecuaria, en que la Argentina llegó a ocupar una posición relevante al formar parte de una división del trabajo internacional en que producía cereales y carne para satisfacer la demanda de alimentos de Gran Bretaña desde que este país se convirtió en centro de la 1ª Revolución Industrial. Esa posición destacada de la Argentina la llevó a constituirse en la séptima u octava economía nacional a fines del siglo XIX y principios del XX. Cuando Gran Bretaña dejó de ser el centro industrial del mundo, la Argentina empezó a perder importancia económica, primero lentamente y después con más rapidez, por la crisis económica mundial de los años 30 y, sobre todo, en la posguerra, cuando se afirmó la primacía de Estados Unidos y la paulatina integración de Gran Bretaña a Europa disminuyó el papel exportador de la Argentina.

De esa manera, el excedente capitalizable del agro, que en su inicio se volcaba en gran medida al consumo, disminuyó al mismo tiempo en que se empezó a derivar en mayor medida hacia el comercio y a capital líquido y financiero que cada vez más salía del circuito nacional, lo que privó a la industria de una fuente de acumulación decisiva, ancló a la Argentina en el Antiguo Régimen y la privó de un proceso de industrialización porque la clase terrateniente nunca se mostró dispuesta a modificar la base de sustentación del capitalismo nacional para no perder poder. Al derivar sus excedentes a las finanzas, creó una modalidad exportadora de capitales que se tuvo que alimentar con inyecciones de divisas provenientes de la deuda externa que dio lugar a un continuo proceso de destrucción de la moneda nacional. Por eso, en la Argentina, la inflación no tiene su origen en la moneda sino en las características del proceso de acumulación de capital y no puede combatirse con la política monetaria.

Fracasó el capitalismo industrial en Argentina?

La otra cara de esta debilidad, es que la industria sólo estuvo sostenida por el mercado interno, lo que fue un buen y sólido comienzo, pero al no contar con el aporte del excedente agrario ni del financiero, su crecimiento no pudo fortalecerse con el aumento necesario de la productividad para integrarse a la economía mundial.

El peronismo fue el sostén político de la próspera industria asociada al mercado interno, pero la necesidad de tener que aceptar las libras bloqueadas inglesas en la nacionalización de un sistema ferroviario ya en parte obsoleto, el semi aislamiento al que Estados Unidos sometió al país en los primeros años del peronismo, el bajo crecimiento de las exportaciones, el renovado peso de la deuda externa posterior al golpe militar de 1955, la liquidación de los ramales ferroviarios, el golpe militar de 1976 con la implantación de políticas de ajuste con un nuevo y gran aumento del peso de la deuda externa y la entrada en la fase recesiva de largo plazo del capitalismo mundial agravaron los problemas derivados de la desindustrialización y la inflación y dio comienzo a una fuga de capitales cada vez más intensa.

La pérdida de preponderancia económica se debió, en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial, a que la oligarquía terrateniente desechó la posibilidad de generar un mayor desarrollo industrial en momentos en que se generalizaba la 2da. Revolución Industrial y existían condiciones para hacerlo; después, con la crisis de los años treinta, volvió a descartar la industrialización, siempre con el objetivo de no perder su dominio político.

Ya ahí, la industria brasileña seguía un camino ascendente con la industria sustitutiva de importaciones porque las diversas oligarquías primarias no pudieron retener el poder político. El empeño de la oligarquía terrateniente argentina en no modificar sustancialmente el perfil industrial del país la llevaron precisamente a perder el dominio político en manos del peronismo, que promovió la industrialización, pero la hegemonía estadounidense de la posguerra limitó sus posibilidades,  junto con el bajo crecimiento agrario y su menor saldo exportable, mientras la distribución hacia abajo del ingreso crecía más que el producto.

Fue tan decisivo el cambio industrial y social del peronismo que el golpe de 1955 no pudo limitar decisivamente la política industrial y el tercer gobierno de Perón fue demasiado breve para revivirla. A partir de 1976, el desvío de capital líquido culminó en esta fase larga recesiva del ciclo con la fuga masiva de capitales, el ajuste perpetuo con endeudamiento y la política de abierta desindustrialización que incluyó en su inicio el hundimiento de la electrónica justamente cuando empezaba la 3ª Revolución Industrial. A la caída de la dictadura, la continuación de las políticas de ajuste de la democracia llevaron al desastre de 2001. La reconstrucción del peronismo K fue esta vez frenada por la crisis financiera internacional de 2008, que bajó el ritmo de crecimiento  y ya no se pudo recomponer, hasta que a partir de 2016 la política económica del macrismo agravó el ajuste y el endeudamiento que lo acompaña y lo completó con la vuelta a la especialización primaria en medio del proteccionismo internacional.

Inflación, tasa de interés, tasa real, atesoramiento (29 de SEPTIEMBRE de 2019)

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Epítome, y mirando por la ventana el fin de septiembre y el comienzo de octubre: Es un mes (SEPTIEMBRE) donde se acoplan los resultados de las elecciones Primarias y ya aparece en el firmamento la General de octubre. Para respetar lo que venimos haciendo, con énfasis en la inflación del último mes conocido (agosto) y con indicadores muy asociados, brindamos entonces la información como siempre. La única excepción será este primer punto con breves referencias al nivel de actividad de los meses recientes y agregados sobre cuestiones monetarias y cambiarias del mes de agosto y septiembre. Hasta el momento los indicadores de corto plazo más robustos conocidos dan cuenta de un desempeño esmirriado, opacado y con momentos de caídas sonoras. ¿Qué consideramos para justificar la expresión esmirriado? Las variaciones interanuales de junio, julio y agosto de 2019 de un grupo de variables, incluyendo gráficos con los meses indicados. Observamos entonces que resulta complicado deducir indicios de mejora. Para que no cunda totalmente el pánico, en julio respecto de igual mes del año anterior, el indicador macro EMAE ofrece un crecimiento de 0.6 %, fuertemente dependiente de la actividad en Agricultura y Ganadería, pero en el acumulado de siete meses la caída es dura y duele al alcanzar -2.1 %. Otro indicador que presenta valoración positiva es el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella: en el mensual de septiembre respecto de agosto subió 0.6 %. ¿Flores de la primavera y únicas? Para abundar lo que cantan los gráficos, se repasan los siguientes acumulados del 2019 respecto de los acumulados del 2018. El IPI Manufacturero del Indec acumula a julio un retroceso del -8.4%, el IPI de FIEL muestra registros fuertemente negativos hasta agosto tanto en los anuales como en los acumulados. También en la publicación de agosto, FIEL sigue con la misma racha negativa y el acumulado de los primeros ocho meses es el -6.7 %. La construcción por el ISAC del Indec acumula a julio un negativo de -8.3% y el Índice Construya va por igual sendero y el acumulado de agosto es nada menos que un valor negativo del -13.6 %. La producción de automóviles acumula en los 8 meses un descenso del -36%, los patentamientos de autos, del -45.8 %, y las motos, del -45,1 %. Son porcentuales inusuales de caída. La demanda de electricidad presenta una baja acumulada del -6.3 %. La producción de acero no logra hasta el momento salir de valores negativos y cae acumuladamente un -8.8 %. Se observa un claro retroceso en las importaciones, como también en las ventas en supermercados, en este último caso con información a julio, por debajo de la inflación, con el 41.8 %, y así por el estilo. En los meses siguientes no parece posible que se modifiquen los indicadores. Si agregamos por ejemplo préstamos presenta en los acumulados valores bajos e incluso decrecientes. Por ejemplo solo crecen el 20 %, menos de la mitad de la inflación (alrededor del 55% en el mismo período). Las exportaciones crecen por debajo de las expectativas, pero el saldo comercial resulta positivo como producto de la caída de la actividad económica y de las importaciones. Hasta el momento los adelantos conjeturados para el año, y especialmente a partir de agosto, se fueron debilitando aceleradamente. Posiblemente la inflación aumente y el cierre del año a diciembre ronde el 55 %, siempre expuesto a accidentes de tránsito o bancos de arena. El dólar presenta sorpresas y el Banco Central fue desbordado y no pudo (no quiso) contenerlo. La tasa de política monetaria aumentó en agosto y septiembre casi 20 puntos respecto de los 30 días anteriores y en los últimos (días) de septiembre ronda el 80 %. Los pases pasivos pegaron un salto. En la tasa pasaron el 70 % anual y en el volumen casi se triplicaron. Esto refuerza necesariamente la caída en los préstamos, en algunos casos con más vigor. Las tarjetas es un ejemplo. El total de préstamos de acuerdo a la última información disponible caen más del 4 %. En términos reales la caída resulta notable y en agosto-septiembre también lo padecen los préstamos en dólares. Las Leliq alcanzan en los finales de agosto a $ 1.340.000 millones (o sea arriba del billón de pesos) y les apareció un amigo, los pases pasivos. Tanto que la suma de ambos supera la base monetaria. ¿Cómo desarmar esta cuestión que implica varios puntos del PBI y un cuasi fiscal que engorda día a día? No será sencillo. Diciendo una obviedad, flota el resultado posible de las elecciones de octubre, sobre las cuales presumíamos antes de las Paso un final parejo, y parece que le erramos feo. Podemos agregar, a modo de resumen, que en un mes, anterior a las elecciones Generales y los días recientes, el dólar aumentó más del 20%, el riesgo país se duplicó y se estacionó por arriba de los 2.000 PB. La tasa de referencia del BCRA se elevó y alcanza o supera el 80 % anual. Uno de los fundamentos del acuerdo con el FMI, digamos de julio de 2019, saltó por los aires. La banda fijada superior de $ 51.44 por dólar quedó patitiesa frente a los nuevos valores rondando los $ 60 y nada se pudo hacer para devolverla al cauce fijado. Algo similar se podría decir respecto de las estimaciones de inflación y una serie de indicadores por el estilo. El FMI se impuso un compás de espera para depositar los u$s 5.400 millones correspondientes a septiembre y nada sabemos sobre los saldos restantes. Por ahora podemos contar que debemos al FMI cerca u$s 44.000 millones y el ruido del reperfilamiento de la deuda los aturdió, pero no hay más información. Todo debe resolverse y discutirse con el FMI, cómo se continúa el acuerdo, también si se reperfila. No la tienen fácil ni el nuevo ministro Lacunza, ni el presidente del BCRA, ni los del FMI, tampoco otros que van apareciendo. Agregamos un gráfico con los datos recientes de la deuda, no fue poco el crecimiento en estos años, se superaron los u$s 110.000 millones desde diciembre 2015. No es poco y poco se sabe que ocurrirá. Fuentes: Los IPC son los publicados por los organismos correspondientes provinciales y por el Indec. Para evitar una visión sesgada en los cálculos, se toma en cuenta el valor promedio de varios IPC para los últimos gráficos del paquete enviado. Se utilizan valores promedio mensuales como el dólar, la tasa de política monetaria, el índice tipo de cambio real multilateral y datos del Balance Cambiario. También se agrega la famosa banda cambiaria, ahora congelada (de hecho en agosto profanada). Todos los números originados provienen del Banco Central, Economía y otros Públicos o Privados. Como se puede observar en el primer punto “mirando por la ventana”, el acento está puesto en el muy corto plazo, las fluctuaciones del conjunto de variables que se analizan, vuelan (o caen). Lo obvio y errático del FMI, del REM y del Presupuesto Nacional con estimaciones para los 4 meses restantes del año: Dentro de los pronósticos (gráficos de conjeturas), se presentan tres opciones de envergadura: la del FMI, con el 40.2%, dato del último memorándum de julio de 2019, que eleva significativamente la conjetura inicial del acuerdo de octubre de 2018 (el 20%); el de las autoridades económicas (Presupuesto 2019), con el 23%, que se mantiene a rajatabla como muestra arqueológica y que se alcanzó en el primer semestre, y la del REM (Relevamiento del BCRA), con el 55%. Todos a diciembre de 2019. Como se puede observar en el gráfico, los pronósticos iniciales en todos los casos se hicieron añicos. El cumplimiento de las estimaciones exige una variación de precios que, al momento de ser lanzados, inician su ocaso. En el caso más elevado, tanto la estimación del REM como la del FMI exige una variación de precios del 4.5 % y 1.9 % mensual, para finalmente en diciembre de 2019 alcanzar lo pronosticado. La conjetura del Presupuesto 2019 exige “deflación”. Lo cierto es que van quedando pocos argumentos para explicar o fundamentar lo que se observa en los actuales niveles de inflación. En la gráfica se puede seguir el derrotero y la acumulación de las variaciones mensuales hasta alcanzar los valores mencionados. Pero ocurrió agosto y los nuevos números brotaron. Revoleo y surtido de números: Utilizando lo acumulado en los ocho primeros meses (enero a agosto), tanto para los IPC como para otros indicadores, se presume cuánto alcanzarán a diciembre de 2019, con tasas de ajuste del 2.5 %, 3.5 % y 4.5 % mensuales. Con un promedio del 4,5 % mensual en los 4 meses que restan, se obtiene el 55 %. Con el 3,5 % se alcanza el 49 %. Y finalmente con el 2.5% logramos el 43 %. Cualquiera puede hacer uso de su imaginación y avanzar con optimismo el valor futuro mensual (de hecho, algunos ya lo están pensando). Para ver en qué sistema planetario orbitamos, lo mejor que podemos hacer es recordar las cifras que muestran una realidad cruda con valores estimados para cerrar el año 2019 en términos de inflación: los países que se aproximan o superan la conjetura del 40.2% para Argentina (FMI Reporte julio 2019) son Irán, con el 37.2 %; Sudán, con el 49.6 %, y Sudán del Sur (último país creado), con el 24.5 %. En América se descarta Venezuela por ser de otro sistema y el más próximo es Haití con el 14.9 %. Otras estimaciones que podemos apelar son las producidas por la lista The Economist que, en el caso de Turquía, país con el cual últimamente nos asocian, la estimación para el año 2019 supera el 15 %, Paquistán, el 11.6 %, y Egipto, el 7.5 %. Ningún otro país de la lista mencionada está arriba del 10 % anual. Países como Brasil y Chile tienen una estimación del 3.4 % y del 2.3 %, respectivamente. Casi estamos solos. Nivel General y Alimentos y Bebidas, dos gráficos para pensar: Como se puede observar en los gráficos (Nivel General y Alimentos y Bebidas), donde se contabiliza lo ocurrido en años anteriores, se destaca el 2018 en uno y otro caso. Durante ese año el aumento de precios del Nivel General fue del 49 %, algo similar en Alimentos y Bebidas. Por su parte, el dólar trepó un 114 % y la tasa de política monetaria fue del 59 %. Superan estos valores los anuales desde el 2014. Para el 2019 corresponden a 12 meses, AGOSTO 19 / AGOSTO 18. ¿Se puede conjeturar que el 2019 (diciembre / diciembre) quede en un rango similar al observado hasta el momento, hoy en el 55 %? Totalmente olvidadas las Medidas Económicas y Sociales: “Creemos que, habiendo empezado a estabilizar la cuestión cambiaria, llegó el momento de traer un poco de alivio a los argentinos, que tantos esfuerzos hicieron en estos meses difíciles para todos”. La extrema dureza del BCRA no arrastra resultados, se sabe que el país tiene una historia de inflación de al menos 75 años. Pero, siempre un pero, el dólar en 12 meses (agosto / agosto) da cuenta de un incremento del 76 % (menor que para todo el año 2018, por ahora) y la tasa de política monetaria llega al 71 % promedio del mes. Respecto de Alimentos y Bebidas, no pinta más aliviado el panorama ya que el acumulado de agosto 19 / agosto 18 supera los años anteriores. Es posible que finalmente el 2019, y de acuerdo con los meses recientes, barra con las marcas anteriores. SEPTIEMBRE VIENE A TAMBOR BATIENTE. Inflación, dólar, Leliq y tasa de política monetaria del Banco Central: Parte de la estrategia del BCRA es el control de la estabilidad de la moneda, de la tasa de inflación y también del dólar. Para eso hace uso intenso de la tasa de interés en conjunción, primero con las Lebacs y actualmente con las Leliq y un control INICIAL “férreo” de la base monetaria siguiendo recomendaciones recientes (reportes de abril y julio de 2019 y anteriores) del FMI. Los resultados que se observaron desde junio de 2018 a agosto de 2019 fueron sencillamente frustrantes. En la actualidad, con el aporte de u$s 44.000 millones del FMI, con una empinada suba de la tasa y una estabilidad no tan acentuada de la base monetaria, los resultados no mejoraron. Lo que observamos en las variaciones mensuales son los brincos alcistas del dólar y los precios. Esto último se puede analizar en el gráfico de variaciones mensuales a partir del año 2018 y específicamente luego de que los indicadores de precios y del dólar explotaron en septiembre de 2018. La Tasa de Política Monetaria doblega por momentos (por decirlo de alguna manera) al tipo de cambio, pero nuevamente en marzo de 2019 cobra vigor, pega un nuevo salto y lo repite con más fuerza en agosto de 2019. El BCRA redobla la apuesta y sube la Tasa de Política Monetaria al nivel más elevado de los últimos años, alcanza en promedio en agosto el 72% anual o el 6% mensual. En otro punto veremos en detalle los últimos avatares del BCRA para enfrentar las situaciones. Recordemos para ir entrando en tema el no tan reciente discurso de Guido Sandleris, presidente del BCRA, el 16 de julio al presentar el Informe de Política Monetaria (IPOM), luego de conocerse la inflación de junio, “inflación baja, pero es alta”, por lo tanto persistirá en la “política monetaria estricta”. El BCRA continuará “calibrando y recalibrando” la base monetaria, el tipo de cambio, un poco flexible y un poco controlado, la tasa de interés y los encajes, y así por el estilo. Todo dicho con optimismo a pesar de que “tenemos un sistema financiero pequeño y precios no anclados”. Repasemos lo dicho por Sandleris el 20 de agosto en su último discurso, cuando se refiere a “momentos de alta volatilidad financiera” y agrega que “la incertidumbre actual genera dificultades y angustia en la población”. En tal sentido, puntualiza que se ha “duplicado el riesgo país” y que todo lo anterior “va a interrumpir el proceso de desinflación de los últimos cuatro meses. La inflación subirá en agosto y septiembre”. Frente a este panorama, considera necesario “reanclar las expectativas con el esquema de agregados monetarios que ya demostró su eficacia”. Obviamente esperamos que así ocurra. Índice del Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), dólar, tasa monetaria: Agregamos una nueva variable: El ITCRM, elaborado por el BCRA, muestra altibajos, pero en el 2018 se empina y evidentemente sigue al dólar (además de otras cuestiones como describe la metodología del BCRA). Los diversos gráficos con ITCRM permiten seguir con detenimiento tanto los valores mensuales y anuales, como las relaciones con variables significativas, que trascienden lo meramente financiero afectando al sector real de la economía: recordar las exportaciones y las importaciones. En los gráficos con valores mensuales, el dólar marca el derrotero del Índice de Precios, que lo sigue con fidelidad y tozudez. 1) Para una mirada de mayor plazo, el promedio mensual desde 2014 a AGOSTO de 2019 del dólar fue del 3.3 %, el IPC, del 2.6%, y el ITCRM, del 0.5%. 2) En AGOSTO de 2019 (respecto del mes anterior), la variación fue del 23.6 %, 4 % y 16.2 % (dólar, IPC e ITCRM). En el gráfico, en un plazo más breve, del 2018 al 2019, recreamos los “picos escarpados” del dólar, tanto en enero, mayo y septiembre de 2018, como en marzo de 2019, y el más reciente de agosto, queda claro que los dos grandes derrumbes se produjeron en septiembre de 2018 con el dólar variando en el mes el 29 % y el de agosto 2019 con el 24 %. 3) Para sumar vértigo, aunque sean abrumadores tantos números, se observa que el promedio de 12 meses para el dólar fue del 45.1 %, la inflación, del 34.6 %, y el ITCRM, del 4.2%, siempre dentro del período que va del 2014 a agosto del 2019, o sea 68 meses en partes de doce meses. 4) Por si fuera poco atosigarse con los porcentajes anteriores, se agrega que en AGOSTO de 2019 vs AGOSTO 2018, el dólar tuvo una variación del 76 %, la inflación, del 54 %, y el ITCRM, del 12 %. Dejamos para los lectores el gráfico con las variaciones de los últimos tres años y el inicio del 2019, y que cada uno saque sus propias conclusiones. Tasa real de interés, tasa de política monetaria. Atesoramiento, desvelos del BCRA y la costumbre arraigada de muchos argentinos, ahorrar en dólares. También los foráneos de acuerdo con sus oráculos: A los habituales gráficos con los IPC, tipo de cambio real, salarios, dólar y otras yerbas, se agregan dos que se van a ampliar en nuevas y futuras entregas. A la inflación que desvela a todo el mundo, se le añaden un par de variables. Por un lado, la tasa de interés de política monetaria, la tasa de interés real (no es más que la diferencia entre la tasa de interés y la inflación, forzando un poco las comparaciones y algo diferenciado a como lo hace el BCRA en el IPOM), la base monetaria y títulos del BCRA (Leliq). En otro gráfico, para completar las asociaciones, el concepto de atesoramiento de dólares o, más elegantemente, como lo denomina el Balance Cambiario del BCRA, “operaciones del sector privado no financiero”. Para no ir tan atrás se parte desde el 2014 y, como se puede verificar, el atesoramiento ya venía fuertemente perfilado, aun con el cepo más duro y nuevamente poco flexible. Pero no queda duda de que durante el Gobierno actual se incrementó, y como se puede observar, excepto en diciembre de 2016 por efecto del blanqueo, resultó positivo, pero en todos los restantes meses la cuenta es negativa. Los mayores montos se concentran a partir de mayo de 2018. En junio de 2018 se redacta el Primer Memorándum, donde se solicita ayuda al FMI para enfrentar una situación muy complicada que hacía agua por varios agujeros y sin que nadie nos prestara una moneda. La primera baja se llevó a Federico Sturzenegger. Ingresaron los primeros u$s 15.000 millones y duraron poco. Entre junio y octubre, se fueron u$s 11.904 millones por ventas del BCRA. Por lo escrito en la Segunda solicitud al FMI, en octubre de 2018 y con nuevo memorándum, todas las críticas cayeron sobre las espaldas de Caputo. Esto le costó el cargo y fue la segunda baja. Así es como luego del Segundo acuerdo, con aumento a u$s 57.000 millones de la suma a ir entregando, ingresaron u$s 5.668 millones en octubre de 2018 y u$s 7.640 en diciembre de 2018. Desde el 25 de septiembre de 2018, ya con otro presidente en el BCRA, Sandleris, se recibieron u$s 10.800 millones el 8 de abril de 2019 y en julio de 2019 ingresaron u$s 5.400 millones, algo así como el 77 % del total comprometido. En septiembre de 2019 se esperaban otros u$s 5.400 millones. Y nada por el momento. Pero veamos otro tema que suele quitar el sueño. a) Tasa de Política Monetaria, b) Inflación Mensual Anualizada y c) Diferencia (tasa de política monetaria menos inflación: se denomina tasa real de interés) entre los meses de enero de 2016 y diciembre de 2017, se observa lo siguiente: 31.15 %, 28.58 % y -2,57 % (o sea una tasa de interés real negativa), en los meses de junio y diciembre de 2018 (los peores meses donde descarrilamos) para los mismos conceptos: 54.26%, 61.77% y – 7.52% (tasa de intereses real negativa). Para los meses de enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio y julio de 2019, los porcentajes son: 62.41%, 35.48 % y 12.05% (tasa de interés real positiva). En agosto de 2019, con un dólar que cierra el mes a $ 59, los porcentajes que venimos mostrando son los siguientes: 71 %, 59 % y 12 % (o sea tasa real positiva). Las tasas positivas son mayoritariamente para los tenedores de Leliq o sea los bancos, aunque debemos reconocer que aumentaron las tasas para la mayoría de los plazos fijos. Muy asociado a lo anterior, podemos ponerle números a la desconfianza, que con estas políticas se intenta enfrentar a la cabeza bimonetaria de muchos en Argentina. También a las tasas de interés real negativas que en general predominaron desde hace muchísimos años. En el 2017 la cuenta de los Privados No Financieros resultó (negativa) u$s -22.000 millones. En el 2018, la cifra negativa fue de u$s -27.000 millones y la suma de enero a julio de 2019 negativa en u$s -13.882 millones. Y que pasó en agosto, la desconfianza se llevó u$s 5.908 millones. Esta cuenta estima billetes y formación de activos privados no ingresados. Repasando las medidas más recientes del BCRA: a) El 31 de marzo de 2019, el BCRA resolvió congelar la base monetaria hasta noviembre de 2019 en $ 1.343.000 millones, dejando solo el ajuste estacional de diciembre. b) En la reunión del 16 de abril, el Comité de Política Monetaria (COPOM) del Banco Central resolvió, atropellado por la inflación de marzo, reducir la tasa de actualización de las bandas de intervención del dólar y llevó las mismas a cero, manteniendo los valores de $ 39,755 y $ 51,448 hasta diciembre de 2019. c) Como todo cambia, el 29 de abril resolvió que puede intervenir si el dólar se ubica por debajo de los $ 51,44 (anteriormente llamada zona de no intervención ZNI), y si se ubica por encima de los $ 51,44 arremete (el BCRA) vendiendo hasta u$s 250 millones diarios. d) El 2 de junio el COPOM dice vamos bien, mantenemos todo el esquema sin cambios. e) Ya en julio se reduce en 3 p.p. la exigencia de efectivo mínimo sobre depósitos a plazo para compensar el efecto estacional de julio sobre la demanda de dinero. f): Complementado lo anterior, el 22 de julio extiende a julio y agosto el promedio bimestral para mantener la base monetaria y aumenta en 3 p.p. la integración con Leliq para integrar en encajes de depósitos a plazo fijo. g) El 31 de julio el COPOM aclara que mantiene la tasa de las LELIQ en 58 % hasta que se conozca la inflación de agosto. h) Se conoció la inflación, pero también los números del 11 de agosto. Esto obligó al presidente del Banco Central a un discurso diferente el 20 de agosto, mencionado en otro punto anterior destacando párrafos significativos, palabras como alta volatilidad, incertidumbre y anclar las expectativas. Finalmente, el 31 de agosto el Informe de Seguimiento de la Meta de Base Monetaria da cuenta de un desfasaje, pero parece que no tiene implicancias por la actitud precautoria de los bancos. Puede ser. Agregado final, controles de precios, acuerdos, planes y el nombre que se nos ocurra: Como estamos en similares condiciones que el mes anterior, en el próximo informe, después de la elección General de fines de octubre, agregaremos otros comentarios. En Argentina contamos con un largo historial de planes y es lo que seguramente veremos en el futuro bajo denominaciones de controles, acuerdos, congelamientos, todos muy bien documentados en una amplia bibliografía. Por ejemplo, quien ha seguido escrupulosamente los planes es Juan Carlos De Pablo. Uno de los primeros fue a partir de la Segunda Guerra Mundial mediante ley del Congreso en 1939. Luego le sucedieron distintos formatos tal como los denomina Gastón Utrera, planes ortodoxos, heterodoxos, populistas. La denominación común es que no resultaron exitosos, salvo el impacto inicial en algunos casos. Muy recientemente recordaron el plan de inflación cero, el del período del ministro Gelbard, que asumió en mayo de 1973 con Cámpora, y que luego continuó con Perón, a partir de octubre de 1973. Pero en octubre de 1974 se aleja como ministro con el cambio de Gobierno. En este breve período se plantearon muchas leyes, inflación cero, un llamado Programa de Reconstrucción y Liberación Nacional. Las principales medidas fueron instrumentadas bajo el denominado Pacto Social y comprendían congelamiento de precios, alza de salarios y congelamiento de las negociaciones colectivas por dos años. Todo esto se traducía en el ACTA DE COMPROMISO NACIONAL firmado por el movimiento obrero, por los empresarios y por el Gobierno, con un objetivo explicitado: aumento de la participación obrera en el Producto Bruto Interno. Pero algunas consecuencias económicas se fueron acumulando: retrasos en los precios fijados (tarifas y tipo de cambio), aumentos de salarios y beneficios que entraron en contradicción con lo anterior. Tipo de cambio preferencial para importaciones (crisis del petróleo) y siempre bajo el objetivo de no derramar aumentos sobre los salarios. Algunos números: cayó la inflación a la mitad, del 70 % al 35 % en 1974, pero muchos acontecimientos se precipitaron. Gelbard pudo mostrar que en julio de 1973 el IPC marcó cero y los Mayoristas -0.8 %. Recordemos que Perón murió en julio de 1974 y asume Isabel Perón. En tanto el área económica es conducida a partir de ese momento por Gómez Morales. En junio de 1975 asume como ministro Celestino Rodrigo. Bajo su mandato se produce una fuerte devaluación, aumento de tarifas, huelga general en julio y fuertes críticas a las medidas anteriores. Renuncia López Rega y también Rodrigo. Se suceden una serie de ministros en el área económica: Bonami, Cafiero, Mondeli. En marzo de 1976, las Fuerzas Armadas deponen al Gobierno y se ingresa plenamente en un período perverso. Los números fueron duros. En 1975 la inflación alcanzó el 182 % y en 1976 se desmadró con el 444 %. Finalmente, siempre nos faltan 5 para el peso o las tan remanidas reformas estructurales. Y nuevamente otra historia aparece con Martínez de Hoz: devaluación, unificación cambiaria, libertad vigilada con los precios, suspensión de las convenciones colectivas, con aumentos fijados por el Estado, suspensión del derecho de huelga, nuevos valores para las tarifas de los servicios públicos, política monetaria contractiva, tablita cambiaria y otras por el estilo. Uno de los más completos y que duró varios meses fue el Plan Austral, iniciado el 14 de junio de 1985. Las principales medidas adoptadas simultáneamente fueron: La reforma fiscal (no financiar al Tesoro), reforma monetaria (cambio de moneda, se sacaron tres ceros al Peso Argentino y nació el Austral que duró hasta octubre de 1991), congelamiento de salarios, tarifas y tipo de cambio, congelamiento de precios, tabla de desagio para los contratos anteriores al plan y eliminación de la indexación. Los primeros problemas empezaron al año siguiente en 1986, y en 1988 aparece una reforma tratando de arreglar los desajustes bajo la denominación Plan Primavera. No obstante, el Plan Austral cumplió con el objetivo de bajar la inflación con costo social controlado. Los problemas posteriores fueron más bien originados en cuestiones estructurales no resueltas. La consecuencia de todo lo anterior fue el inicio de la Convertibilidad y la creación de una paridad con dólar de 1 peso = 1 dólar. Otra historia, otro plan. Saludos Jorge

UN PAÍS PARA POCOS

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Nuestra sociedad ha tenido dos grandes momentos de unidad tras una propuesta común, una en el peronismo de 1945 y la otra, en el kirchnerismo en el año 2003.  No por ello se deja de ponderar lo mucho y bueno que se hizo en la gestión de Arturo Illia —pero se gobernó con el peronismo proscripto— o la gestión del primer año de Raúl Alfonsín, pero fue el mismo mandatario el que desistió de la defensa del mercado interno, del trabajo y de la producción nacional, acordando con los acreedores externos y con grandes empresarios nacionales el reconocimiento y estatización de una deuda externa impagable.

Todas las otras administraciones fueron más o menos funcionales a una burguesía rentista y parasitaria que se beneficia con un mercado cautivo y que acuerda con los capitales externos, lo que les permite acumular ganancias que emplean para perpetuar su dominación en el mercado local y para fugar recursos en forma más o menos sistemática.

Aun así no están exentos de contradicciones y de pujas internas, que en los estertores del gobierno de Cambiemos se reflejan entre los que apuestan a continuar con la depreciación de nuestra moneda y los que creen que la que ya se realizó es suficiente.

Entre los primeros (ganadores) están quienes el 25 de abril de 2018, ante la suba de la tasa de interés de largo plazo (10 años) de los EE.UU. acercándola al 3% anual, compran y fugan divisas del país, encabezados por los mismos bancos que colocaron los títulos de deuda de la Argentina en los mercados financieros internacionales. JP Morgan, HSBC, Deutsche Bank, Morgan Stanley, Merrill Lynch, etc, compraron dólares a $ 20,20 y se llevaron ese solo día 1.225 millones de dólares y continuaron con esa política en el mes de mayo (se fugaron 4.616 millones de dólares) y junio (el FAE fue de 3.074 millones de dólares)[1].  Recién frenaron la huida cuando el precio del dólar alcanzó los $ 38,90 el último día de ese mes de 2018 y lo creyeron, hasta ese momento, un techo.

Ellos y los que fugaron 79.069 millones de dólares, desde el 1° de enero de 2016 hasta el 31 de agosto de 2019, son los grandes ganadores del fin del gobierno de Macri y los que propician la devaluación del peso argentino para comprar por la mitad lo que vale el doble.

Obviamente que entre los fugadores hay grandes empresarios que residen en el país, quienes compraron esos dólares a través de los bancos autorizados a operar por la autoridad monetaria central que, a su vez, los adquirieron al BCRA que sabe fecha y monto de cada operación. Pero amparándose en el secreto bancario, el gobierno de Cambiemos no da a conocer quiénes son esos beneficiados, para preguntarles como obtuvieron esa suma y si pagan los impuestos por esas divisas que sacan del país y que priva al resto de los argentinos.

Entre los segundos (perdedores) encontramos a:

  1. Los que no pudieron irse del país el 25 de abril de 2018 por tener vencimientos a posteriori, que esperaron cierta estabilidad para vender títulos públicos y privados argentinos, y cuando esa estabilidad lograda tras las PASO se perdió, no trepidaron en vender tratando de salir como sea de un mal negocio.
  2. Quienes ingresaron fuertemente a mediados del año 2018, incluso acrecentando sideralmente su posición en títulos públicos y acciones de empresas argentinas, principalmente la aseguradora suiza-francesa Allianz SE (Pimco), el banco de inversión Goldman Sachs, la Financiera Lazard y los fondos Franklin Templeton y BlackRock.

Según el registro de acreedores de títulos públicos argentinos, en pesos y en dólares, a mediados del año pasado sumaban un total equivalente a 28.000 millones de dólares. De este total, la aseguradora suiza-francesa Allianz SE (Pimco) administraba unos 6.400 millones de dólares; el Fondo Franklin Templeton poseía títulos públicos argentinos por el equivalente a 6.200 millones; el fondo BlackRock por unos 3.700 millones de la moneda norteamericana; Goldman Sachs por unos 2.200 millones de dólares y la Financiera Lazard [2] unos 1.500 millones.

Se estima que Pimco poseía entre el 40 al 50% del total de título público denominado por su sigla Bopomo (Bono de Política Monetaria), que es un bono en moneda nacional por 24.000 millones de pesos, atado a la tasa de interés de política monetaria que cerró al 83,205% anual y se pagó el lunes 23 de septiembre. La otra parte de los Bopomo estaba básicamente en manos de otros fondos del exterior. Obviamente, Pimco y tal vez los otros tenedores esperaron la fecha de vencimiento para cobrar e irse, más que probablemente con el mecanismo de contado con liqui, comprando con esa plata otros títulos públicos y privados y vendiéndolos en el exterior a un dólar a mayor precio, que es el costo de volver a esa moneda, por lo que definitivamente no hicieron una diferencia a tener en cuenta.

Cuando ingresaron, el dólar (tipo comprador) estaba a $ 37,90 (24 de septiembre de 2018) y el contado contra liqui del día 23 de septiembre de 2019 estaba a $ 68,64. La depreciación fue del 81,11%, por lo que estuvieron inmovilizados más de 400 millones de dólares y en este caso ganaron solo 2% de interés en pesos.

Peor le fue a Franklin Templeton y BlackRock, que compraron los Bonos del Tesoro (BOTEs) el 15 de mayo de 2018 por unos 3.000 millones de dólares cuando el dólar saltaba a $25,50, por $76.500 millones a tasa fija del 20% anual, con vencimientos en los años 2020, 2023 y 2026.

Con una tasa pactada del 20% anual, hasta septiembre solo por la variación de monedas, llevaban perdidos 930 millones de dólares en esta operación. Como fueron bonos emitidos a medida de estos fondos, no encuentran comprador y su precio de mercado también cae, lo que amplía las pérdidas a casi 1.100 millones de dólares.

Todas las empresas locales que colocan sus acciones en mercados de capitales del exterior valen en dólares mucho menos que hace un año atrás. Por ejemplo, al 25 de septiembre de 2019, el valor de los ADR de YPF SA (que son los certificados de tenencia de las acciones y es la forma de invertir en empresas de todo el mundo a través del mercado norteamericano) es de 9,80 dólares, el más bajo desde que en la gestión de Carlos Menem se hizo sociedad anónima y un 32,1% menor que lo que valía en septiembre de 2018.

El valor de los ADR de Transportadora Gas del Sur (del grupo Werthein) sale 43,5% menos; Central Puerto (presidida por Nicolás Caputo, hermano del alma de Mauricio Macri) descendió un 68,4% en su valor. Las empresas lideradas por Eduardo Elsztain (IRSA) y Cresud cayeron un 59,5% y 52,7% respectivamente; Pampa Energía —cuyo principal accionista es Marcelo Midlin (quien aparentemente le comprara la empresa IECSA a Ángelo Calcaterra, primo hermano de Mauricio Macri)— sufrió una caída del 49,2%; mientras que los valores de Loma Negra cayeron un 51,1%.

Otro tanto los bancos: Galicia (con fuerte participación de los Braun, tíos del Jefe de Gabinete de Macri, Marcos Peña Braun) descendió un 55,2%, Supervielle 66,2% y Macro 44,6%.

 

Como sigue la historia

Cabe destacar que en la Argentina existe una alianza entre los que siguen teniendo bonos y acciones argentinas y las principales empresas locales, representadas mayoritariamente por la UIA (Unión Industrial Argentina) y encabezadas por la transnacional italiana Techint (de los Rocca) y el Grupo Arcor (de los Pagani), que tienen deudas en dólares y que piensan que las devaluaciones realizadas por el gobierno de Cambiemos ya les permiten competir en el mercado interno y hasta en el externo.

Los empresarios industriales locales siempre buscaron y propiciaron que el salario industrial medido en dólares de la Argentina sea menor que el de Brasil… y lo lograron. Y no quieren que se devalúe más porque corren el riesgo que sus activos sean comprados por capitales extranjeros y a precio vil, perdiendo su influencia en el mercado cautivo local. Con lo que sordamente se genera una puja entre los devaluacionistas (los que fugaron capitales) y los que quieren mantener el valor presente del tipo de cambio (los fondos que no supieron cuándo irse o no se pudieron ir).

Quienes poseen títulos y acciones locales (y a mediados del año pasado en pesos y en dólares sumaban un total equivalente a 28.000 millones de dólares) no quieren perder más plata y los industriales, por su parte, saben que con esta paridad cambiaria el costo local es uno de los menores de toda la región.

En síntesis, la puja por arriba de la sociedad es muy fuerte y no se sabe el resultado final (si el dólar se vuelve a disparar y en ese caso a qué precio y cómo impacta sobre el valor de los activos locales y sobre la deuda externa pública y privada), mientras el pueblo espera pacientemente el fin del gobierno de Cambiemos y el inicio de un nuevo gobierno nacional y popular.

 

La verdadera brecha

Si todo esto que relatamos es así, ¿quiénes son los que siguen apoyando al gobierno de Cambiemos o al menos aportan para su reelección?

En su Carta abierta de un escritor a la junta militar, Rodolfo Walsh dice:

«Un aumento del 722 % en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.

Desde la Sociedad Rural Argentina se organizó la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) que llamó al lockout (paro patronal) del 26 de febrero de 1976, antesala del golpe militar, y nació como expresión de esa clase dominante que necesitaba sacarse de encima las ataduras de un Estado que pretendía regularla y administrar la economía en favor de objetivos sociales. Celedonio Pereda (presidente de SRA), José Alfredo Martínez de Hoz (socio y descendiente directo de dos presidentes de la Rural), Jorge Zorreguieta (Centro Azucarero) y Jorge Aguado (CRA), entre sus figuras notables, todos altos funcionarios de la dictadura que asolara al país desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983.

El principal aportante de la Campaña de Cambiemos para la reelección de Mauricio Macri es el hijo de Celedonio Pereda, Marcos Pereda, director del Grupo Bermejo, productores ganaderos. Pereda fue oportunamente denunciado por haber estado vinculado al sistema de ingeniería financiera para el lavado de dinero y fuga de capitales organizados por la Banca Morgan en Argentina.

Está casado con Azul García Uriburu, hija única del premiado y prestigioso pintor Nicolás García Uriburu. Como Mauricio Macri, en su momento quiso declarar insano a su padre para heredarlo antes de que muera. El propio Nicolás García Uriburu denunció ese hecho en una solicitada, diciendo que su hija era tan pobre que lo único que tenía era plata.

Los otros aportantes son Gregorio Pérez Companc; la familia Lacroze (descendientes de Amalita); el Grupo Emes S.A., fondo de inversión sucesor del Grupo Dolphin, que encabeza el empresario y dueño del Pampa Energía, Marcelo Mindlin, quién en apariencia compró la constructora IECSA al primo del Presidente de la República, Ángelo Calcaterra; el Grupo Galicia y La Anónima SA de los Braun (tíos de Marcos Peña Braun); y María Luisa Bárbara Miguens, una de las accionistas de Central Puerto, la segunda generadora eléctrica del país y que comparte el capital con Nicolás Caputo, el hermano del alma de Macri, entre otros aportando en conjunto al 19 de septiembre de 2019 la suma de $ 94.779.286, lejos de los $20.901.848 reunidos por el Frente de Todos que propone a la dupla Alberto Fernández y Cristina Kirchner como candidatos a Presidente y vicepresidente.

Pero la brecha se agranda cuando observamos la negativa de la Unión Industrial Argentina a pagar un bono único de $ 5000  a sus trabajadores. Por las LELIQs (Letras de Liquidez del BCRA) que, a esa misma fecha, 19 de septiembre de 2019, ascienden a un monto de $ 1.126.960 millones, la autoridad monetaria abona $ 76.185,5 millones por mes de intereses (unos 1.270 millones de dólares mensuales) beneficiando a los bancos — a los cuales Macri paradójicamente perjudica, con el riesgo del default generalizado y el consiguiente derrape de valor de su patrimonio.

Entonces vemos que una minoría lucra especulando con Letras del BCRA mientras que la mayor parte de la población trata de llegar a fin de mes y agradece tener trabajo.

Para ponerle fin a esta brecha entre una minoría enriquecida y el pueblo argentino se debe:

  • Cobrar impuestos a la propiedad, que paga muy poco. El impuesto nacional a la riqueza (que es el Impuesto a los Bienes Personales) recaudó hasta agosto 2019 solamente $ 17.722,3 millones de pesos, cuando el IVA, que es el impuesto al consumo y que pagamos todos, a la misma fecha fue de $ 970.112,1 millones.
  • Subir los derechos de exportación (retenciones) para que vuelvan a ser un porcentaje, que Macri dejó para el sector agropecuario en una suma fija de $ 3 por dólar en septiembre de 2018, cuando esa divisa rondaba los $ 40 y, no incrementó cuando ahora vale en torno a los $ 60.

Los derechos de exportación (retenciones) no solo significan ingresos al erario público, sino que sirven para rebajar los precios internos. Esto es, disminuye su valor comparándolo con el exterior. Por ejemplo, la botella de 900 cc. de aceite mezcla que acá producen básicamente tres marcas —Natura de AGD, o sea la familia Urquía; Molinos Río de la Plata, de Pérez Companc; y Arcor de la familia Pagani— se exporta y vende en el mercado de Amsterdam a dos dólares. Si el dólar está a $ 60, acá se vende en torno a los $ 114. ($ 120, menos las retenciones de $ 6.). Si las retenciones fueran el 20% se vendería en el mercado interno a $ 96. ($ 120, menos el 20% que es $ 24.)

¿Cómo puede ser que un país de 45 millones de personas con capacidad para alimentar a 450 millones tenga la mitad de los niños y de los viejos bajo la línea de pobreza? No se está discutiendo el derecho de propiedad. Lo que se debe cumplir es con el artículo 16 de la Constitución Nacional, que dice: “La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”. Solo así podremos disminuir la brecha y hacer de un país para pocos un país para todos.

 

 

[1] Siempre medido por el FAE (Formación de Activos Externos del sector privado) del Balance Cambiario del BCRA.
[2] Dicha financiera tenía el mandato de venta de IECSA, la constructora presidida por el primo del presidente Macri, Ángelo Calcaterra, y que en apariencia fuera vendida al grupo liderado por Marcelo Mindlin.

Un país para pocos

¿Qué hacer con el presente esquema monetario?

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Desde la llegada al gobierno de la alianza Cambiemos, uno de los temas claves de la política monetaria fue el dominio de la tasa de interés como ordenadora de la asignación de recursos en la economía. Una tasa de interés impulsada por el BCRA real positiva deliberadamente alta respecto de la evolución del tipo de cambio y del índice de precios operó como un concentrador de recursos internos y provenientes del exterior volcados a obtener renta, arbitrando entre esas tres variables (tasa de interés, dólar y precios).

La opción empresarial era mantener excedentes líquidos elevados y valorizarlos financieramente en detrimento de los stocks e inversiones reales. La opción del consumidor consistía en medir el valor del bien que deseaba comprar respecto de la rentabilidad que obtendría de aplicar esos mismos recursos en un depósito bancario. Cualquier decisión de producción y consumo estaba permeada por la pregunta “¿Cuánto te da el banco por la plata que vas a aplicar?”. Los tenedores externos de fondos de corto plazo también hacían sus apuestas en colocaciones financieras en el mercado local, esperando retirarse y consolidar la ganancia en dólares antes del siguiente salto cambiario.

En tanto la renta financiera funcionó como dominante de las decisiones de los agentes económicos, impidiendo el despliegue de la renta productiva, fue paralizando la actividad económica al calor de una permanente restricción de los medios de pago disponibles en la economía real. Las empresas pequeñas y medianas vieron angostarse paulatinamente su capital de trabajo, y la brecha entre los plazos de cobro (90/120 días) y las obligaciones de pago (contado y hasta 30 días) no tuvo financiación posible. Es más: el costo del crédito bancario anulaba la tasa de ganancia del emprendimiento, pues se daba la paradoja de que, a mayor volumen de venta, mayor necesidad de capital de trabajo y, por ende, mayor necesidad de crédito a costos muy elevados.

Decíamos en columnas anteriores que la política monetaria había avanzado en la desmonetización de la economía argentina, verificándose que los agregados monetarios, es decir, la totalidad de pesos disponibles medidos respecto del PBI, habían descendido del 24% del PBI promedio durante los gobiernos de Néstor y Cristina, al 19% del PBI en el primer trimestre del 2019. Ahora bien, esta política monetaria ha desembocado en una acumulación de instrumentos de absorción monetaria (LeLiq) emitidos por el BCRA y en poder de los bancos, tendiente a equiparar la base monetaria existente y a constituir un factor de presión importante sobre las reservas internacionales en caso de monetizarse.

Desde enero a la fecha, esta situación se ha agudizado singularmente, como consecuencia de una política monetaria seguida por el ente rector que no ha podido controlar la cotización del dólar, la inflación ni reactivar la economía, pero sí ha viabilizado enormes ganancias en el arbitraje financiero antes descripto y que, finalmente, ha terminado con regulaciones sobre el sector externo exigidas por los tenedores de bonos internacionales.

El cuadro que sigue revela esta peligrosa evolución de los instrumentos de absorción monetaria (LeLiq) emitidos por el Banco Central:

 


En efecto, se advierte el crecimiento exponencial de las Letras de Liquidez (LeLiq) desde principios de año al último dato disponible, con un incremento del 38,1%. A la vez, las reservas internacionales brutas (sólo acrecentadas por los desembolsos del FMI en abril y julio) experimentan un descenso del 25,4% en igual lapso. Este movimiento inverso LeLiq-reservas internacionales brutas se refleja en la suba del tipo de cambio de cobertura, que salta de 32,4 a 48,3 desde enero hasta el presente.

Este peligroso comportamiento fue el que obligó el primero de septiembre a limitar el acceso al mercado de cambios para la compra de divisas destinadas al atesoramiento y puso plazo perentorio para la liquidación del producido de las exportaciones. Sin embargo, el stock de Letras de Liquidez por $1,1 billones sólo puede ser mantenido sin producir un shock monetario inflacionario en la economía si se lo remunera con una tasa de interés que, en el presente, ha superado el 80% anual.

Ninguna política de reactivación es posible en el actual esquema monetario y bancario.

Apuntes para un pacto social

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En cada una de las crisis económicas que atravesó nuestro país desde el retorno de la democracia buena parte de la dirigencia invocó la necesidad de promover acuerdos para superar los problemas y encauzar el crecimiento.

Esta idea de trabajar en conjunto, que suele olvidarse con rapidez, comenzó a circular a principios de los años ochenta, resurgió en 1989, 1991, 2002 y vuelve a repicar con fuerza en los días que corren. Aunque también hubo planteos similares en 2008, durante el conflicto motivado por la suba de los impuestos agrícolas, y poco antes de los dos festejos por el bicentenario, en 2010 y 2016.

A favor de construir consensos básicos se expresaron funcionarios, intelectuales, legisladores, religiosos, empresarios y sindicalistas, de géneros y credos distintos. Y en sus intervenciones no faltaron los ejemplos de otros países. España, Israel y Chile en décadas recientes, Italia y Alemania en la posguerra. Incluso Felipe González, el ex presidente español, refirió estos intentos en un tono entre irónico y amargo: “Desde 1984 me preguntan en la Argentina cómo fue eso de los Pactos de La Moncloa”, dijo semanas atrás.

Es cierto que a lo largo de estos años se concertó una reforma constitucional y la ampliación de los derechos ciudadanos. Y que fueron sancionadas una serie de regulaciones productivas de manera casi unánime. Pero no es menos cierto que la pobreza y el desamparo han ido creciendo de forma trágica con cada tropezón y que, hasta ahora, no se supo o no se quiso instrumentar soluciones estables y compartidas que permitan rescatar de un modo permanente a miles y miles de argentinos.

Algunos estudios identifican a ciertos elementos constitutivos de la cultura política local como verdaderos obstáculos. Por caso, el cortoplacismo, la prevalencia de intereses sectoriales y una escasa vocación para garantizar y cumplir los compromisos. Interpretación que se ratifica en las últimas encuestas: la mayoría de los entrevistados considera imprescindible que se encaren soluciones colectivas para superar la crisis actual pero, al mismo tiempo, no cree que se lleven a cabo por aquellas mismas razones.

¿Será diferente esta vez? ¿Podrá el nuevo gobierno que surja en octubre convocar y pactar con las distintas fuerzas políticas y sociales la modificación de esta constante? Por lo pronto, y tomando en cuenta debates recientes, conviene resaltar en forma resumida cuatro capítulos que deberían integrar una agenda concertada para los próximos dos años.

En primer lugar, los criterios fiscales, monetarios y de precios, tarifas, tipo de cambio y salarios que tiendan a reducir la inflación. También los relativos a plazos y pagos de la deuda pública y a las grandes estrategias de política y comercio exterior.

En segundo lugar, se impone acordar herramientas e iniciativas que hagan posible erradicar la indigencia, en particular la que afecta a la población infantil, adolescentes y adultos mayores. En el campo educativo, por su parte, sería conveniente asegurar el cumplimiento de las leyes vigentes, los días mínimos de clase y las jornadas extendidas y completas en todo el país. Y por último, pero no menos importante, resulta primordial sumar adhesiones que faciliten extender la cobertura y mejorar la calidad del sistema de salud utilizando los recursos del sector público, de las obras sociales y del sector privado.

Recorrer este camino es trabajoso. Pero la experiencia internacional indica que vale la pena. Dependerá, entonces, de nuestra voluntad, convicciones y liderazgos políticos. Ni más ni menos.

https://www.clarin.com/opinion/apuntes-pacto-social_0_1MJ6vuv5.html

MACRI Y LA MACUMBA

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El sol de la primavera derrite los colgajos de un gobierno en retirada, pero no llega al núcleo duro de su corazón: allí el empecinamiento acumula idas y vueltas para terminar concentrándose en un objetivo estratégico inmutable: vaciar las arcas del Estado, disminuyendo así los recursos del próximo gobierno para enfrentar las demandas de los acreedores y la conflictividad creciente. Esta semana hemos aprendido que detrás de este empecinamiento subyace una visión muy peculiar sobre las fuerzas demoníacas que pululan por el universo.

Al asumir Macri la presidencia en el 2015 corrieron rumores de que habría pedido auxilio a un conocido sacerdote para exorcizar a la residencia presidencial de Olivos (lacapital.com.ar, 1 2 2016). Estos rumores fueron rápidamente desmentidos y la escena se cubrió de felices globos amarillos y mucha pachanga. Esta semana, sin embargo, el orfebre Juan Carlos Pallarols confirmó que Macri asumió el gobierno convencido de que CFK había hecho una macumba sobre el bastón de mando presidencial que Pallarols, con el aporte de más de dos millones de seres humanos, había creado para el evento. Ante la imposibilidad de exorcizar al bastón de mando, Macri rompió una tradición histórica y eligió otro bastón libre de contaminación maléfica y creado por otro orfebre (lanacion.com 18 9 2019). Sin embargo, no tuvo suerte: el santo bastón que hoy esgrime ufano no ha podido protegerlo de los demonios, esta vez encarnados en piqueteros K, a los que la espada del gobierno define como “gente que no labura y no labura para siempre” gente que es “causa del endeudamiento del país” y encima “forma parte de espacios dirigidos a conmocionar el espacio publico y debilitar al gobierno” (Pichetto, clarín.com 5 9 2019).

El mundo de Macri está, pues, plagado de demonios que amenazan con sacarlo del gobierno. De ahí las características de la campaña del odio que precedió a las PASO y la sistemática preparación de un intrincado dispositivo de medidas destinadas a dejar como legado un campo minado que impedirá al endemoniado futuro ganador de las elecciones de octubre cambiar las políticas que Macri nos deja. Capitana de esta aventura es, como siempre, la autoconvocada vocera de Macri. Heroína de la lucha contra los demonios k, decidió exorcizar al país de la pérfida mala onda que hoy empapa a los argentinos, mandando públicamente a su empleada a pedir perdón a la iglesia por quejarse todo el día de la carestía de la vida (youtube.com/watch?v=MPsifrIAMB4). Dio así un puntapié inicial a una campaña de purificación maléfica cuyas vibraciones expansivas seguramente enardecerán a toda la República. Por estos días, un cura párroco logro exorcizar a un pueblo cuyo intendente, miembro del partido gobernante fue derrotado en las PASO (pagina12.com, 17, 9 2019).

No sabemos cómo terminará esta historia: si Macri saldrá por la ventana o por la puerta. Sin embargo, sabemos que su gestión pasará a la historia como la peor en tiempos de democracia. Hoy el país se encuentra con reservas cada vez más precarias, en “default perfilado” y con un control de cambios que no impide la presión cambiaria ni la pérdida de depósitos. La pobreza asuela a mas de un tercio de la población y el hambre hace estragos en las poblaciones más vulnerables. En este contexto, más que macumba, el próximo gobierno necesitara mucha reflexión, planificación, organización y movilización de los que lo votaron, para acumular fuerzas y enfrentar las bombas que Macri ha implantado con todo esmero.

 

Desfinanciación del Estado, perdida de reservas

El gobierno ha tomado una serie de medidas que buscan desfinanciar a las principales empresas y bancos del Estado. Al mismo tiempo, mantiene un control de cambios que no impide la salida de capitales ni termina con el goteo permanente de las reservas. Esto último, sumado a una mágica acumulación de vencimientos de deuda con legislación local y extranjera en los primeros seis meses de 2020, asegura la falta de reservas para enfrentar los compromisos del Estado. Esto obligará al próximo gobierno a negociar rápido en condiciones muy difíciles. Las tasas de interés mas altas del mundo, la inercia estatal ante una recesión cada vez más profunda y devastadora y la continua negación de los graves problemas sociales que aquejan al país aderezan el caldo explosivo que está cocinando Macri.

Con la deuda perfilada y sin acceso a los mercados, esta semana el gobierno obligó a la ANSES, y más concretamente al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), a suscribir letras del Tesoro por $35.000 millones de pesos y U$S 275 millones de dólares, a seis meses y con una tasa de interés del 65% anual para las letras en pesos, y de un 8,1 % para la deuda en dólares. Así implanto en la ANSES un activo tóxico e ilíquido en el mercado: después del reperfilamento de Lacunza, estos títulos cotizan muy por debajo de la par en el mercado secundario. Asimismo, le impuso a la ANSES tasas de interés muy por debajo de las que rigen en el mercado. Esto profundiza el desfinanciamiento de los fondos de los jubilados y pensionados, agravado en los últimos tiempos gracias a la devaluación y a la saturación de la cartera del FGS con bonos de deuda reperfilada.

El gobierno tomó otra medida esta semana que deteriora las finanzas del Banco Nación. Una auditoría expuso recientemente los números en rojos del balance de este banco. Esta situación no impidió ordenar al Banco Nación el miércoles pasado la suspensión de la prefinanciación de operaciones de comercio exterior (lanacion.com, 18 9 2019). Asimismo, se anunció un posible DNU obligando al Banco Nación a prestar 200 millones de dólares a Aerolíneas Argentinas para que esta cancele una deuda (lpo.com, 18 9 2019). De concretarse el DNU, deteriora todavía mas la situación financiera del Banco Nación, producto del financiamiento del Tesoro Nacional y de la venta de dólares para controlar al tipo de cambio.

El gobierno necesita de los dólares de exportación para hacer frente a sus vencimientos de deuda. En este contexto, la suspensión de la prefinanciación de exportaciones tiene un efecto contrario: desalienta las exportaciones, y obstaculiza la entrada de dólares. La medida va a contrapelo de la decisión del BCRA de obligar a liquidar exportaciones en el plazo de 15 días posteriores al embarque. Sin prefinanciación se suspenderán muchas exportaciones ya acordadas, afectando inmediatamente a las reservas (lpo.com 18 9 2019).

La fragilidad financiera del Estado se da en un contexto de acumulación de vencimientos de deuda privada y pública antes de fin de año y por valor de U$S 5.400 millones. A estas “desprolijidades” se suma un costo adicional incurrido al diagramar el perfilamiento de la deuda de corto plazo por U$S 9.300 millones: la mayor parte de los vencimientos se acumulan en el 2020 e insumirán unos U$S 1. 500 millones de intereses (lpo.com, 13 9. 2019).

Estas complicaciones se dan en paralelo con los vaivenes de la especulación con la brecha cambiaria entre los distintos mercados: oficial, negro, contado con liqui y bolsa. Para sortear las restricciones temporales que impuso el BCRA la semana pasada, en estos días apareció el rulo vip, también llamado bucle (ámbito.com 19.9 2019). Esta operación permite ganar más de $ 80.000 en la Bolsa a partir de la compra de un bono en dólares y su venta en pesos, maniobra de la que resulta un tipo de cambio mucho mayor al oficial.

Paralelamente, los inversores pueden seguir saltando sobre el control de cambios. Mientras tanto continúa la fuga de depósitos en dólares de los bancos, afectando a las reservas. Desde las PASO se perdieron U$S 10.000 millones de las reservas y los datos disponibles hasta el 13 de septiembre muestran que en las primeras diez jornadas hábiles de este mes se fueron U$S 4.011 millones. Esto llevó a la calificadora de riesgo Moody’s a advertir que la falta de restricciones a la salida de los depósitos y la acumulación de vencimientos aumenta el deterioro de las reservas y apresura la necesidad de implementar controles de cambio adicionales y mas restrictivos (lpo.com, 19 9 2019).

En este contexto la semana que viene el gobierno deberá pagar un bono de $ 25.000 millones de pesos, cuya tenencia esta en gran parte concentrada en grandes fondos de inversión extranjeros. Estos ya han manifestado voluntad de no reinvertir por lo que se espera una mayor volatilidad cambiaria.

 

 

Dolarización y conflicto social

El dispositivo de bloqueo al futuro gobierno tiene además otra cara muy conocida en la historia del país: la inflación. Macri nunca la pudo controlar. Ahora el gobierno decidió adaptarse, flexibilizando la base monetaria y rompiendo el congelamiento de precios de los combustibles impuesto por 90 días. Así, decreto una suba del 4% en el precio de los combustibles que estimuló la demanda de aumentos del 30% por parte de las petroleras. Estas pretenden resarcirse de la devaluación producida por la corrida cambiaria. La presión de las petroleras ya causa desabastecimiento en algunos puntos de la cadena de valor.

Desde hace décadas, los sectores que tienen control monopólico sobre áreas económicas de importancia estratégica pueden formar precios y disputar con ellos una mayor apropiación del excedente, los ingresos y la riqueza acumulada. Como parte de esta batalla, han trasladado a sus precios la dolarización de tarifas y combustibles ocurrida durante este gobierno. También dolarizan sus precios al compás de las corridas cambiarias. Más aun, anunciada la posibilidad de un Pacto Social, suben sus precios para determinar antes del congelamiento una estructura de precios relativos favorable a sus intereses. Uno de los principales problemas que enfrentará el próximo gobierno será imponer a los formadores de precios la desdolarización de los precios, especialmente en el rubro alimentos, remedios, tarifas y combustibles.

La inflación acosa especialmente a los sectores mas vulnerables de la población. Estos acuden a comedores y merenderos que no tienen los recursos para satisfacer la demanda creciente y también recurren al endeudamiento: hoy el 92% de los beneficiarios de la AUH han pedido crédito a la ANSES a tasas de usura y para la compra de alimentos. Los créditos otorgados representan 4,5 veces lo que los beneficiarios cobran con la AUH (CEPA, pagina12, 5 2019).

La importante manifestación de los movimientos sociales esta semana colocó al hambre en el centro de la escena política. A pesar de la resistencia explicita del gobierno a reconocer el problema y a solucionarlo, las movilizaciones arrancaron una ley de emergencia alimentaria que reconstituye la capacidad adquisitiva de los fondos perdida en los últimos tiempos.

Ahora bien, mientras el gobierno negaba al hambre y demonizaba a los movimientos sociales, escondía desde 2016 fondos extras aprobados y disponibles para reforzar la política alimenticia. Nunca los utilizó. Más aun, en 2019 el Ministerio de Desarrollo Social subejecutó las partidas presupuestarias destinadas al envío de alimentos a escuelas y otras redes de contención (pagina12.com, 19 9 2019). Esto no es casual: expresa el vandalismo de un gobierno empecinado en sembrar las semillas del caos. Al mismo tiempo que crea conflictos explosivos utiliza a los medios hegemónicos para azuzar divisiones dentro de los movimientos sociales: esta es la macumba de Macri para desactivar a la protesta social. Sin embargo, no tuvo éxito.

Esta semana mostró la importancia de la calle y de la unidad de los movimientos sociales para imponer cambios en las relaciones de fuerza.

 

El petróleo en la coyuntura internacional

Las grandes empresas presentes en el área energética del país (de capital local y extranjero) están llamadas a jugar un rol fundamental en los condicionamientos impuestos al futuro gobierno. El gobierno, en cambio, deberá imponerles una desdolarización de precios y tarifas y regulaciones que desactiven el extractivismo, el deterioro del medio ambiente y la fuga de recursos hacia el exterior imperantes en Vaca Muerta y otras áreas de explotación de recursos naturales. Sin estas políticas, difícilmente logrará avanzar hacia del desarrollo nacional e inclusivo.

En esta tarea enfrentará una coyuntura internacional sacudida por el impacto de la creciente militarización de la estrategia norteamericana de control sobre el petróleo y sobre el dólar como moneda internacional de reserva. El actual conflicto con Irán sintetiza los limites de esta estrategia, los peligros que la misma plantea y la posibilidad de resistirla. Aquí solo podemos analizar a vuelo de pájaro algunas cuestiones fundamentales. El conflicto con Irán no se reduce al problema del petróleo, pero este es hoy su eje central. Por otra parte, el control de las reservas petroleras de Irán es solo uno de los aspectos de la estrategia de dominio norteamericano sobre el petróleo.

Cuando Trump asumió la Presidencia, rompió el Acuerdo Nuclear con Irán y desplegó una política de “máxima presión” económica sobre este país a fin de bloquear sus exportaciones petroleras. Parte de esta estrategia fue aplicar sanciones económicas a todos los países que comerciaban con Irán. Para ello utilizó su dominio sobre el dólar y el sistema SWIFT de financiación internacional. Estas presiones lograron su objetivo y deterioraron enormemente los ingresos de Irán. Sin embargo, también tuvieron un efecto no esperado, de fundamental importancia. Por un lado, alentaron la comercialización mundial del petróleo con diferentes monedas y la búsqueda de mecanismos de financiación alternativos al SWIFT, dominado por el dólar. Por el otro lado, dieron vuelo a la discusión sobre posibles alternativas al dólar como moneda internacional de reserva. Esto, sumado al enorme crecimiento de la deuda norteamericana y sus intereses, ha contribuido a iluminar las limitaciones del dólar sobre el control norteamericano del petróleo y del mundo.

Por otra parte, la presencia del precio del petróleo en una enorme variedad de artefactos financieros en las transacciones del sistema financiero mundial aumenta exponencialmente el riesgo de una militarización del conflicto iraní. Los atentados de esta semana contra la refinería saudí iluminan las consecuencias catastróficas que puede tener para el sistema financiero internacional un súbito aumento del precio del petróleo a raíz de un aumento de las tensiones en el Golfo Pérsico o de una invasión militar a Irán. A esto se agrega el impacto de un aumento del precio del petróleo sobre la producción y el comercio mundial.

Así, la militarización del conflicto iraní, mas allá de su aspecto estrictamente militar, tiene incidencia directa sobre la estabilidad financiera y económica mundial y sobre el dólar como moneda de reserva internacional. Muestra también que la posesión de petróleo otorga hoy enorme poder en la negociación internacional y en la búsqueda de alternativas financieras.

La política exterior norteamericana, dominada desde tiempo por los neoconservadores y por la derecha israelí, ha encerrado ahora al conflicto iraní en un punto de inflexión inesperado. Trump ganó las elecciones en 2016 proponiendo, entre otras cosas, el fin de la política de expansión y ocupación militar que ha sembrado la guerra permanente en Medio Orienta y la secuela correspondiente de destrucción y países fallidos. Sin embargo, su política exterior fue dominada por los neoconservadores. Las próximas elecciones han intensificado la pelea dentro del gobierno y en el seno del Estado en las Sombras en torno a varios ejes, siendo uno de ellos el conflicto iraní. Detrás de los acontecimientos recientes en el Golfo Pérsico están las huellas de esta pelea que, entre otras cosas, provocó la renuncia de uno de los principales voceros de la elite neoconservadora: el Secretario de Seguridad Nacional John Bolton.

La firme resistencia del gobierno iraní a la estrategia norteamericana dominada por los neoconservadores y el gobierno israelí ha colocado al gobierno de Trump en la necesidad de salir de la encerrona militar y articular un nueva negociación con Irán. Las elecciones del 2020 lo obligan a moderar su discurso. Al mismo tiempo, poderosos intereses a favor de la guerra potencian los peligros del momento actual.

 

EL TRAMO FINAL

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El gobierno de Cambiemos que endeudó irresponsablemente al país, que desindustrializó, que redujo en términos reales los salarios, las jubilaciones y pensiones, que empujó a gran parte de la población a la pobreza mientras permitió que se fugaran capitales e hicieran negocios los bancos, las principales empresas prestadoras de servicios públicos y los grandes acopiadores y comercializadores de granos, está terminando su mandato.

Un gobierno que comenzó “liberando” el precio del dólar aduciendo que el del mercado era el dólar paralelo y que permitió comprar la cantidad de divisas que se quiera (y pueda); que sacó la mayoría de las retenciones (derechos de exportación) y redujo la de la soja; que eliminó todos los plazos para liquidar las operaciones de comercio exterior; que disminuyó los impuestos internos para la compra de autos de alta gama, yates, artículos de lujo y la alícuota de Bienes Personales; que hizo un “blanqueo” de capitales para todos aquellos que evadieron el pago de impuestos; que acrecentó sideralmente las tarifas eléctricas, del gas, de los combustibles, del agua, de las comunicaciones; y que subió las tasas de interés muy por encima de los precios y mucho más que los salarios, termina restableciendo las retenciones en septiembre de 2018[1], reprogramando los vencimientos de la deuda de corto plazo desde el 28 de agosto de 2019  y entablando negociaciones con los acreedores por la deuda de mediano y largo plazo y, desde el 1° de septiembre de 2019 fijó límites a la compra de divisas, bloqueó la remesa de utilidades, limitó a las entidades financieras a que la posición propia en divisa no puede superar el 4% de su patrimonio e impuso severos plazos para liquidar las exportaciones.

La lógica inicial en el modelo macrista era la búsqueda y apropiación inmediata de la ganancia a como dé lugar, cubriendo los déficit que ellos mismos generaron con endeudamiento, aprovechando la alta liquidez internacional, que a su vez fue el camino para que los sectores más favorecidos del modelo adquieran las divisas y fugarlas a posteriori.

Ingresaron divisas por el sector financiero (deuda, blanqueo de capitales) pero en forma sistemática: por un lado se fugaron y por otra parte se pagaron intereses de esas mismas deudas contraídas y se financiaron importaciones que mayoritariamente sustituyeron producción local.

El 25 de abril de 2018, ante la suba de la tasa de interés de largo plazo (10 años) de los EE.UU., acercándola al 3% anual, se produce en el país la fuga de capitales encabezada por los mismos bancos que colocaron los títulos de deuda (JP Morgan, HSBC, Deutsche Bank, Morgan Stanley, Merrill Lynch, etc.). Los que no pudieron irse por tener vencimientos a posteriori, esperaron cierta estabilidad para vender títulos públicos y privados argentinos, y cuando esa estabilidad lograda tras las PASO se perdió, no trepidaron en vender tratando de salir como sea de un mal negocio.

Pero también hubo quienes ingresaron fuertemente a mediados de 2018, incluso acrecentando sideralmente su posición en títulos públicos y acciones de empresas argentinas, principalmente la aseguradora suiza-francesa Allianz SE (Pimco), el banco de inversión Goldman Sachs y los fondos Franklin Templeton y BlackRock.

Pimco, por ejemplo, posee el 50% del total de título público denominado por su sigla BoPoMo (Bono de Política Monetaria), que es un bono en moneda nacional por 24.000 millones de pesos, atado a la tasa de interés de política monetaria que cerró al 83,205% anual y se paga el lunes 23 de septiembre. La otra mitad está en manos de otros fondos del exterior. Obviamente, PIMCO y tal vez los otros tenedores esperaron la fecha de vencimiento para cobrar e irse, más que probablemente con el mecanismo de contado con liqui, comprando con esa plata otros títulos públicos y privados y vendiéndolos en el exterior a un dólar a mayor precio, que es el costo de volver a esa moneda, por lo que definitivamente no ganaron plata.

 

La declaración del default

Ante lo desproporcionado del endeudamiento incurrido por la administración de Cambiemos y la imposibilidad de hacer frente a los vencimientos, el gobierno mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 596/2019 del 28 de agosto de 2019 modificó las condiciones de los pagos de los títulos públicos que vencen en el año. Solamente se abona el 15% del valor  a la fecha original de cancelación y el 85% restante se refinancia (25% a los 90 días y 60% a los 180 días de la fecha de vencimiento), configurando un default de hecho [2].

El mismo día del Decreto, el ministro Hernán Lacunza dijo también que se enviará al Congreso de la Nación un proyecto de ley para el “reperfilamiento” de los vencimientos de  los títulos de deuda de mediano y largo plazo 2020-2023 con jurisdicción nacional, en forma similar a los títulos bajo ley extranjera. Y que la Secretaría de Finanzas se contactaría con bancos internacionales para recibir propuestas de diagramación y ejecución de un “reperfilamiento” de los títulos públicos regidos por jurisdicciones externas que vencen en los próximos diez años.

A última hora del jueves 19 de septiembre de 2019, el gobierno de Cambiemos envió al Congreso de la Nación el Mensaje 174/2019 y Proyecto de Ley por el cual se faculta al Poder Ejecutivo Nacional para que con los títulos de deuda emitidos bajo legislación argentina se le den al gobierno las “herramientas legales para proceder a la modificación de los términos y condiciones de los títulos representativos de deuda pública nacional, mediante el consentimiento de una mayoría calificada de sus titulares, de manera concordante con lo previsto en las emisiones efectuadas bajo legislación extranjera”. De aprobarse el Proyecto, se habilita al Gobierno de Cambiemos a entablar una negociación con los acreedores para tal fin.

En esa negociación el gobierno va a incorporar a los títulos públicos la Cláusula de Acción Colectiva “que establece que si el 66% de los bonistas acepta la propuesta de reperfilamiento, el resto debe acatar, con un mínimo de 50% por especie”.

Pero en el Mensaje  174/2019 propone:

  1.  Determinar el monto de capital pendiente de amortización de aquellas series de títulos que estén denominados en moneda extranjera, convertidas a pesos argentinos utilizando el tipo de cambio que se establezca en la respectiva solicitud.
  2. Vuelve a introducir el no cumplimiento del Art. 65 de la Ley 24.156 [3], que implica que las modificaciones que acepte el gobierno pueden ser a favor del tenedor del título de deuda y no un mejoramiento de los montos, plazos y/o intereses de las operaciones originales.
  3. El ministerio de Hacienda puede realizar la compra, venta y/o canje de instrumentos financieros, pases de monedas, tasas de interés o títulos; la compra y venta de opciones sobre instrumentos financieros y cualquier otra transacción financiera habitual en los mercados de productos derivados y esas transacciones podrán realizarse a través de entidades creadas «ad hoc» y no estarán alcanzadas por las disposiciones del Decreto N° 1023 del 13 de agosto de 2001, que es el Régimen de Contrataciones de la Administración Nacional, cuyo Art. 5to Inciso “d” excluye expresamente las contrataciones en operaciones de crédito público.

Sin embargo, el “reperfilamiento” queda reducido a la extensión de plazos y no está acompañado de una quita del capital ni una rebaja de los intereses, como fueron las reestructuraciones de 2005 y 2010.

Finalmente, para los títulos que se emitieron bajo legislación extranjera estarían iniciando las mismas tratativas, con lo que es el gobierno de Macri el que está reestructurando la deuda que generó y luego, como debe ser el orden de los factores, una vez acordada la reestructuración de la deuda, remitirla al Congreso de la Nación para su aprobación y autorización.

Según informa el Ministerio de Hacienda, el año próximo vencen títulos por 12.000 millones de dólares bajo ley local y solo 400 millones bajo ley extranjera, mientras que en 2021 se revierte esa situación ya que vencen 4.500 millones bajo ley extranjera y 3.800 millones de dólares bajo ley argentina.

Y afirma que la deuda pública bruta total asciende a unos 307.000 millones de dólares, de los cuales 113.000 millones corresponden a títulos con acreedores privados. De este total, 48.000 millones de dólares [4] son de bonos bajo legislación local y 65.000 millones de dólares bajo ley extranjera.

Por otra parte, la deuda con organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, BID) asciende a 67.600 millones de dólares, dentro de los cuales también se incluyen unos 1.900 millones de dólares que todavía resta pagarle al Club de París.

Independientemente de cómo le vaya al gobierno de Macri en el “reperfilamiento” de la monstruosa deuda contraída, lo cierto es que el gobierno que lo suceda se va a encontrar con una situación imposible de pagar y con una catarata de juicios por incumplimiento del contrato o default.

Según un cuadro elaborado por la ODE de la UMET (Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo), el perfil de vencimientos de capital más intereses es:

 

 

Y el superávit comercial no logra compensar el resto de los componentes de la cuenta corriente de la Balanza de Pagos.

De allí que economistas vinculados al candidato ganador de las PASO sostienen que se debe recurrir a un acuerdo con los acreedores para estirar los vencimientos de capital (de 2020 a 2025, por ejemplo) y reducir a la vez la carga de intereses durante los primeros años a cambio de aumentarlos en los siguientes, al que denominan “Step Up” (un paso adelante) para hacer compatible la capacidad de pago del país con su crecimiento.

 

Ineptos e improvisados

El mejor equipo de los últimos 50 años y su jefe, Mauricio Macri, han demostrado una manifiesta incapacidad para la administración pública, desconociendo no solo su funcionamiento, la legislación y la técnica administrativa, sino y fundamentalmente una falta de vocación para defender a la Nación.

Han priorizado sus negocios. La deuda, su empleo y gestionamiento lo demuestran palpablemente, como también lo corrobora la reciente denuncia del dueño de medios Daniel Vila, sobre el uso de las frecuencias para telefonía celular y la extorsión del gobierno de Cambiemos, pero, sobre todo, lo que la abogada Graciana Peñafort explica que esas frecuencias son propiedad de todos y que administra el Estado Nacional y que por ley están asignadas a la empresa estatal. Concepto que no entienden ni Vila ni Macri.

Paralelamente, la realidad también demuestra que las reservas internacionales del BCRA siguen bajando a ritmo acelerado, de manera tal que el lunes 16 de septiembre de 2019 habían perforado el piso de los 50.000 millones de dólares, cuando al 9 de agosto de 2019 ascendían a 66.308 millones de dólares.

Los depósitos en dólares de los bancos continuaron en baja. La última información disponible es para el lunes 16 de septiembre y ese día los depósitos se ubicaron en 24.851 millones de dólares y desde las elecciones se perdieron 10.392 millones, el 35 por ciento del total [5]. 

Y no se genera, hasta ahora, un mayor derrape porque los grandes fondos nombrados están posicionados en acciones y títulos públicos en pesos y grandes empresas y grupos económicos locales tienen deudas en divisas, convencidos como estaban que la gestión de Cambiemos iba a durar no menos de dos períodos.

Existe una sorda, pero visible puja entre los que se benefician y los que se perjudican con la devaluación. Para los primeros, cuantos más pesos les den por sus divisas van a comprar por la mitad lo que vale el doble [6]. Los segundos, en cambio, esperan que la situación no se desestabilice más porque ya tienen un dólar competitivo, se opera con superávit comercial de mercaderías, base imprescindible para poder pagar las obligaciones y, fundamentalmente, porque los salarios y los costos medidos en dólares son menores a los de Brasil, referente ineludible para ellos para poder producir y comercializar en el país y en la región.

En síntesis, se trata de un final abierto entre los intereses de los que propician una mayor devaluación de nuestra moneda y los que buscan sacar partido de la devaluación ya realizada. Los convidados de piedra son los trabajadores, los jubilados y pensionados y en mayor o menor medida todos los que están vinculados al mercado interno y ese es el verdadero problema a resolver, de los cuales el endeudamiento del macrismo es un agravante.

 

[1] Que no actualizó a la fecha, siendo una suma fija de $ 3.- por dólar industrial y $ 4 por dólar primario, en un claro beneficio para los exportadores ante un dólar que se incrementó en un 50%.
[2] Por más que respete las tasas de interés, el alargamiento de los plazos es default,  que en finanzas es el incumplimiento de las obligaciones legales o condiciones de un préstamo.
Por otra parte, como detalla un Informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación, el “reperfilamiento” invirtió la carga de los vencimientos: bajo las condiciones originales, el 77% de los pagos debía realizarse este año. Pero de acuerdo al nuevo cronograma, el 72% de los mismos se cancelará en el 2020. Los vencimientos estimados para 2019 se reducen en U$S 9.306 millones, pero como resultado de la extensión de los plazos se deberá pagar U$S 1.472 millones adicionales de intereses con respecto al cronograma de pagos original.
[3] ARTICULO 65.- El Poder Ejecutivo Nacional podrá realizar operaciones de crédito público para reestructurar la deuda pública y los avales otorgados en los términos de los artículos 62 y 64 mediante su consolidación, conversión o renegociación, en la medida que ello implique un mejoramiento de los montos, plazos y/o intereses de las operaciones originales.
[4] A su vez, de los títulos bajo legislación argentina serían unos 32.000 millones de dólares si se les restan las Letes y Lecap ya “reperfiladas” por el Decreto 596/2019.
[5] Ante la abrupta caída de los depósitos en dólares la mayoría de los bancos salieron a cancelar de manera acelerada los créditos que habían otorgado a las empresas para prefinanciar exportaciones, ofreciéndoles por esos créditos en divisas otorgarles en pesos, pero la diferencia de tasas es abismal. El costo que se cobra por una prefinanciación de exportaciones se suele ubicar incluso por debajo del 5% anual en dólares.
[6] En este escenario, por ejemplo, los títulos públicos a 10 años muestran un rendimiento promedio del 23,8% anual en dólares y no valen más del 45% de paridad. Y lo mismo sucede con las acciones de empresas locales.

Crisis económica: El precalentamiento de la reestructuración de deuda

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Esta semana, el ministro Lacunza envió al Congreso de la Nación un proyecto de “reperfilamiento” de los vencimientos de la deuda emitida bajo legislación argentina. El objetivo esencial es facultar al Poder Ejecutivo para mejorar los vencimientos de la deuda de corto plazo que mayoritariamente circula en el mercado, cuyo stock se aproxima a los U$S 32.000 millones. A diferencia de otros casos históricos, la de Cambiemos es la primera gestión en defaultear los compromisos asumidos durante su propio período de gobierno.

El Proyecto contiene un elemento interesante. La causa de acción colectiva, destinada a impedir un ataque especulativo de los “fondos buitres” como ocurrió tras los canjes 2005/2010, le otorga orden público al proceso de reconversión cuando el mismo supere determinado porcentaje de aceptación, tanto en número de acreedores como en monto total.

En columnas pasadas describíamos que el cambio de régimen de regulación cambiaria, obligando el ingreso perentorio de las divisas por las ventas en el exterior y las restricciones de compra de moneda extranjera con fines de ahorro y/o atesoramiento, respondía al conflicto clásico entre exportadores y tenedores de bonos de deuda por la oferta de dólares. Es decir, se abría el debate sobre las posibilidades reales de cancelación de los compromisos con el exterior y quiénes iban a ser los proveedores de recursos para ese fin. Con el correr de septiembre, las febriles operaciones de los agentes económicos para instalar condicionantes al nuevo gobierno sobre el rumbo que debe tomar el tratamiento del pago de la deuda pública se hicieron cada vez más visibles, evidenciando la conformación de una “troika” poderosa largamente conocida en la Argentina: los bancos de inversión, el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos. 

Sobre las mesas de diálogo comienzan a aparecer los menús otrora repetidos: apoyo extraordinario del FMI en el marco de un Crédito de Facilidades Ampliadas (antiguo “Extended Facility”) que permita un sensible alargamiento de plazos de la deuda con el sector privado, inclusive con una reducción del stock en el valor presente, pero condicionado a las denominadas reformas estructurales: laboral, previsional y tributaria. 

La reestructuración de la deuda con el sector privado y el reordenamiento de la relación con el FMI marcarán la suerte de la ya casi segura quinta experiencia peronista (después de la primer década de Perón -1946-1955-, el peronismo del retorno -1973-1976-, la década de Carlos Menem -1989-1999- y la década larga de Néstor y Cristina -2003-2015), pues signarán el margen de divisas con que contará para expandir la economía y relanzar un proyecto industrial indispensable para la Argentina. Para ello, es menester darle viabilidad a las grandes áreas metropolitanas en que vive la gran mayoría de la población, por la vía de los insustituibles factores de cohesión social que son los empleos y los salarios, algo que solo se consigue con una buena dinámica industrial.

Esta quinta experiencia peronista va a estar alumbrada, al igual que la tercera y la cuarta, por una crisis de deuda. Carlos Menem, en 1989, recibió U$S 32.700 millones de deuda defaulteada con el sector privado, mientras que la cifra que recibió Néstor Kirchner ascendió U$S 81.800 millones. El endeudamiento con el sector privado (en “reperfilamiento”) que espera al gobierno de los Fernández es de U$S 101.000 millones. A la vez, los compromisos con el FMI por capital alcanzan hoy a U$S 45.000 millones, bastante superior a los U$S 13.000 millones que asumió Menem y a los casi U$S 10.000 millones que canceló Kirchner en marzo de 2006.

Dijimos en columnas pasadas que Carlos Menem reestructuró la deuda con el sector privado en el marco del entonces denominado “Plan Brady”, obteniendo una mezcla de extensión de plazos (a 30 años), baja de costo (tasa fija 300 puntos básicos sobre la internacional) y un mínimo de quita (U$S 2.700 millones) a cambio del ingreso de lleno al Consenso de Washington, en donde la venta de las empresas públicas fue decisiva para proveer las divisas necesarias para el pago y, a la vez, para expandir fuertemente la economía en el período 1991-1994. La deuda consolidada a 30 años quedó en U$S 27.000 millones.

En el caso de los gobiernos de Néstor y Cristina se produjeron dos canjes con fuerte quita y reducción de stock, alcanzando la reestructuración al 92,4% del monto original. La disminución de los heredados U$S 81.000 millones a US$ 21.000 millones fue acompañada del calce del pago de los servicios de deuda con los derechos de exportación. De este modo, fue posible una fuerte expansión económica en el período 2003-2011.

Ambos modelos de reordenamiento del endeudamiento público heredado, uno subordinado a las decisiones de la ya mentada “troika” (bancos, FMI, Tesoro de EE.UU), y otro autónomo, a partir de una fuerte baja del stock inicial de pasivos recibidos, abrieron un escenario de largo plazo de gobiernos peronistas con cierta estabilidad.

Nuevamente, el peronismo tendrá que asumir el desafío que le plantean los desmadres provocados por gobiernos no peronistas. 

 

Inflación, déficit fiscal y emisión monetaria y los fundamentos de una receta equivocada

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Para el monetarismo, que es centrar la política económica en la de índole monetaria, la inflación es una consecuencia del déficit fiscal o de una oferta monetaria excesiva que alienta un exceso de demanda y la suba de los precios. Bajo esa óptica, enarbolada siempre como una lógica probada que no admite discusión, si se contrae el gasto público usando menos ingresos del Estado en gastos sociales y empleo público, la suba del dólar se contendrá. De la misma manera, si el BCRA, que tiene a su cargo la oferta de moneda, la eleva, éste exceso se trasladará a los precios y se provocará inflación. Por consiguiente, el congelamiento de la oferta monetaria aseguraría terminar con la inflación. Sin embargo, el gobierno aplicó una política de reducción del déficit fiscal primario, que es el empleado en el gasto público, y la inflación no desapareció sino que se intensificó, pese a que tuvo momentos en que disminuía, pero no por mucho tiempo y siempre sin conseguir volver a los niveles en que no había un límite tan estricto para el gasto público. Apelar a la suba de la tasa de interés para controlar el dólar resultó absolutamente inútil para bajar la inflación. El congelamiento de la base monetaria tampoco sirvió para bajar la inflación. El fundamento que sostiene la receta es equivocado o hay, además, un elemento que funciona de manera distinta a lo que supone esa decisión.

En primer lugar, lo que no se tiene en cuenta es que si la moneda cumple una doble función, de hacer frente a las transacciones y de posibilitar el ahorro, en la Argentina estas funciones están divididas: el peso, la moneda local, se usa para las transacciones, y el dólar se usa en gran medida para ahorrar. Por consiguiente, si el dinero disponible se usa para las transacciones y para el ahorro, una parte del mismo será convertido en otra moneda, preferentemente dólares para posibilitar el ahorro. El motivo es la alta inflación existente, ya que si se ahorra en pesos, esa masa de ahorro se irá depreciando continuamente hasta quedar reducida a una mínima parte de su valor original. Vale decir que el origen de la inflación es la continua compra de dólares para que una porción minoritaria de la población pueda ahorrar, ya que para hacerlo se requieren ingresos suficientemente holgados para superar el costo de vida en permanente ascenso. A grandes rasgos, sobre un total de 12 M de trabajadores, los que compran dólares regularmente son poco más de 1 M. Con familias que en promedio tienen de 3 a 4 componentes, habría unas 13 M de familias de las que sólo 1 M compra dólares para ahorrar, algo así como el 7,7% del total, un promedio alto pero indudablemente mínimo si se lo expresa en posibilidades de ahorro. Sobre esa realidad, restringir el gasto social y el salario a través del recorte del gasto público y de la política de reducir la capacidad de empleo en la industria para bajar la inflación sólo tendrá por efecto reducir la proporción de los que pueden ahorrar y sostener la compra de dólares como un privilegio para una minoría.

El problema es que para ahorrar hay que comprar dólares y la compra de dólares genera inflación. La razón es muy simple: en una economía mundial, la fortaleza de una moneda reside exclusivamente en su capacidad de vender o de exportar. Si bien a la Argentina le reportan ingresos fundamentalmente las actividades primarias está bien fomentar la exportación de sus productos, pero no especializarse exclusivamente en ellos, como parece ser la política del gobierno, porque son insuficientes para sostener el valor de la moneda, y más con una política que tiende a fomentar la importación y a reducir la capacidad industrial, porque la obtención de divisas a través de la exportación es la manera de llegar a una moneda fuerte o, por lo menos, que pueda cumplir con sus funciones. Las divisas existentes en el mundo no existen más que por la fortaleza de la producción, que reside en su capacidad competitiva o su productividad comparada, pero no una falsa productividad asentada en salarios cada vez más bajos sino en condiciones tales en que la capacidad competitiva que se expresa en la exportación, de lugar a una fuerte capacidad de importación y a un mercado interno con una capacidad de compra cada vez mayor, como lo muestran los países más avanzados, los emergentes en serio, que tienen una capacidad productiva cada vez mayor, y no en los modelos económicos que han llevado a una persistente baja de las condiciones de vida, de los salarios, del poder de compra, a continuos cierres de empresa y a ver en peligro su capacidad de emergentes por la de fronterizos, adjudicados por las calificadoras de la era de la especulación financiera, que lo adjudican, como en el caso de la Argentina, a la entrada de capital especulativo y a la creación de capital ficticio destinado a esfumarse.

De esta manera, la compra de dólares para asegurar que se cumpla una función que corresponde a la moneda local pero que ésta no puede cumplir reduce el apoyo de las monedas en las reservas constituidas por moneda dura y debilita la capacidad de la moneda, es decir, genera el fenómeno de que se necesite cada vez más moneda para las transacciones y para adquirir en el exterior la posibilidad de ahorro. Y el desbalance de la moneda, su continua reducción de valor ante las divisas, no sólo se debe a la incapacidad de exportar productos de alto valor agregado, sino a la exclusividad en vender productos con poco valor agregado, en pagar intereses al capital prestado en continuo crecimiento y hasta en comprar moneda extranjera que sirva para ahorrar, porque el exceso de compra de moneda extranjera es una expresión de la debilidad de la moneda local y un motivo indiscutible de inflación. Y si se absorbe moneda mediante deuda en forma de Leliqs y por esos títulos se pagan intereses, funcionan de la misma manera que una deuda: es un pasivo con vencimiento por el que encima se paga un alto interés.  Aun quienes intentan explicar que “los precios no suben porque sube el dólar, en realidad el dólar sube como un precio más (aunque de los más importantes) porque aumenta la cantidad de dinero a tasas mayores al 40% anual” (Daniel Falcón, Política monetaria. La tasa de interés también es emisión monetaria, Clarín, 8/9/19). Aunque critica muy bien una tontería del monetarismo y pone en claro el papel del dólar en el sistema monetario argentino, Falcón no se puede terminar de desprender del enredo propio del monetarismo, ya que si el dólar sube su precio en moneda local es tan claro como el agua que su traslado a los precios provocará inflación.

Control de cambios 2.0 .

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A fines de 2011 se fueron generando ciertos controles cambiarios que tenían por objeto cuidar un bien escaso y fundamental para el funcionamiento de nuestra economía: las divisas. Desde hace décadas, la moneda de nuestro país no cumple un rol fundamental, el de reserva de valor. De esta forma, muchos de los conciudadanos que cuentan con alguna capacidad de ahorro optan por hacerlo en otra moneda o en algún bien, tal es el caso del dólar, el euro o el oro. Este comportamiento, si bien tiene sus motivaciones, genera en la sociedad una serie de problemas que retroalimentan el proceso. No confío en la moneda de mi país, me deshago de ella, adelanto consumo y compro dólares (euros, etc). A pesar de tener superávit comercial externo, las divisas no alcanzan a abastecer la demanda por bienes, servicios y atesoramiento, etc. Finalmente, se provoca la devaluación que termina confirmando que no puedo confiar en la moneda nacional. Pero no solo eso, ya que no se trata únicamente de un tema de selección de moneda en la cual ahorrar. El tipo de cambio no es un precio más y tiene consecuencias en el nivel de precios  internos. Por supuesto, esto tiene efectos sobre la distribución del ingreso y sobre el nivel de vida de amplios segmentos de la población. El mandatario actual quitó los controles cambiarios en la primera semana de gobierno, también dio amplias libertades para la liquidación de exportaciones. En paralelo, se elevaron tasas  internas, atrayendo capitales financieros. Además, se pagó a los holdouts y se financió en el exterior de manera acelerada. De este modo, rápidamente comenzó a “atrasarse” en términos reales el tipo de cambio, incentivando la FAE. Tras la devaluación, se hizo notorio el abultado peso de la deuda y sus servicios, respecto al PBI y al Presupuesto Nacional. Ahora se llegó al momento en que se hace evidente que no se puede seguir financiando la FAE (formación de activos externos, comúnmente llamada fuga de capitales), y a su vez sostener el resto de las cuentas del balance cambiario. Recientemente, luego de anunciar que se pospondrían los pagos de ciertos bonos locales, y ante una devaluación sostenida durante tres semanas, se opta por volver al control cambiario. A buena hora, aunque queda claro que algo tarde y habiendo pagado un costo enorme debido a la demora en tomar la decisión.   Esto sucede en un contexto en que al mes de julio del presente año la FAE alcanza los US$ 11.500 millones, mientras que hay un superávit en la cuenta de bienes superior a los US$ 13.450 millones, el resto de las cuentas tienen saldo negativo, y como resultado hubo una pérdida de casi US$ 11 mil millones de las reservas. Ya es hora de resolver el verdadero problema, nuestra moneda no es reserva de valor. La demanda permanente por monedas extranjeras para atesoramiento no solo implica un uso ineficiente de recursos, que en muchos casos quedan fuera del sistema y no producen nada por largo tiempo. También genera un exceso de demanda de dólares, y para satisfacerlo se debería permitir una devaluación exagerada que empobrecería a la mayor parte de la población, y no solo no resolvería el problema sino que lo agravaría. Es positivo que, a pesar de ir en contra de sus principios dogmáticos, el Gobierno haya optado por poner una regla más lógica sobre el mercado cambiario. Hacia adelante solo habría que discutir cómo perfeccionarla y procurar fortalecer nuestra moneda para que se recupere el crédito a la producción.   * Economista UBA-UNIBO. Twitter: @amezmezian (Fuente www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de «share» o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a perfilcom@perfil.com

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