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sábado, abril 18, 2026
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NEOLIBERALISMO, CAPITAL FINANCIERO, MONEDA, AJUSTE Y VALOR FICTICIO. 2da parte

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En la expansión…

En la larga fase expansiva del ciclo que empezó en la posguerra, el dólar tuvo completo respaldo en las tenencias de oro de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), ya que en 1944, en Bretton Woods, se adoptó un patrón oro en que el dólar mantenía una relación fija con el metal y los demás países debían fijar el precio de sus monedas en referencia al dólar. .

En los años setenta, la amplia acumulación de capital y de la producción, así como los gastos de la guerra de Vietnam y el déficit comercial de Estados Unidos exigió un respaldo más amplio que no podía ser cubierto con metales preciosos, Nixon implantó en 1973 un dólar sin relación fija con el oro y poco después lo convirtió en una moneda fiduciaria (se les tiene fe) de tipo fiat, llamadas monedas de reserva porque pueden ser usadas como reserva de otras monedas y se apoyan en otras monedas de la misma característica pero no en deuda.

Más adelante tanto el dólar como las otras divisas perdieron su carácter fiat y pasaron a ser monedas fiduciarias, como todas las monedas, pero la diferencia de las divisas es que conservan su carácter de monedas de reserva 

La continua expansión de los capitales y la producción exigió una base monetaria más amplia y para posibilitarla y facilitarla sin los dólares regulados de la Fed, en Europa se estableció el mercado desregulado de los eurodólares y ya ese tipo de expansión financiera no se detuvo.

…en la recesión

Con el inicio de la fase larga recesiva por la menor ganancia de los capitales productivos, el aumento del mercado financiero fue un atractivo para que los capitales empezaran a invertirse en gran escala en ellos y se terminaron expandiendo mucho más que el PBI mundial. Encima se crearon los derivados de esos medios financieros, que no tienen ningún control y  terminaron  fomentando la inversión financiera de todo tipo.

La lógica de la valorización financiera ficticia

Con el tiempo, la valorización ficticia como vehículo principal de valorización y de acumulación de capital fue en detrimento de la tradicional acumulación de capital productivo. El capital productivo sólo después de valorizarse como activo físico productivo, se valorizaba en las acciones bursátiles.

En la actualidad la valorización en bolsa generalmente es previa y sólo después que se valoriza por ese medio se constituye el capital productivo, especialmente el nuevo, proveniente de los cambios tecnológicos.

El desarrollo del capital financiero como principal negocio aumentó el endeudamiento y en 2008 condujo a una falta de pago generalizada, sobre todo en Estados Unidos y en las hipotecas y el Estado tuvo que salir al rescate, también en Alemania y en casi toda Europa.

En Alemania porque la economía se basa en la exportación competitiva y el mercado empezó a disminuir como consecuencia de la crisis y se tradujo en un todavía más bajo crecimiento en los años siguientes.

Hasta 2018 los créditos aumentaron mucho más  y abarcaron sobre todo a los no regulados. Pero ahora el Estado ya no puede rescatarlos y la nueva tecnología sigue sin poder aplicarse plenamente  en las ramas productivas, por la demanda restringida y el crédito destinado a reciclar la deuda financiera. Para concentrar la producción en Estados Unidos, el presidente Donald Trump Trump aplica el proteccionismo y la baja del impuesto a las Ganancias para atraer capitales de otros países sin  dejar de incrementar la deuda.

Por eso perjudica así no sólo a China sino a la Unión Europea (sobre todo a Alemania) y a toda la economía mundial en una época en que ya todas las grandes empresas son empresas que funcionan en una economía mundial y por eso también está perjudicando, paradójicamente, a Estados Unidos. Esta es una de las controversias sobre la realidad actual.

El desarrollo financiero llevó además a crear un enorme capital ficticio que, como no puede crecer indefinidamente, enfrenta desvalorizaciones bursátiles casi permanentes.

La Bolsa se convirtió en un medio de capitalización a través del aprovechamiento de los ciclos de alza y baja mediante la compra por parte de empresas productivas de capital financiero del que se desprenden una vez valorizadas.

Lo mismo hace el capital financiero comprando acciones de empresas tecnológicas para valorizarse. Pero se desprenden de ellas cuando esa tecnología no se emplea y las acciones tecnológicas se desvalorizan, que son las que lo hacen con más frecuencia porque son las que más se valorizan ante la perspectiva de un cambio tecnológico.  I

Incluso las empresas tecnológicas compran valores financieros con el mismo propósito transitorio, con lo que el desarrollo financiero también provoca un cambio continuo de formato de los capitales en el mercado de valores. Esto también acentúa la valorización de las marcas, las patentes y la propiedad intelectual.

El crecimiento del PBI estadounidense era al final del II trimestre 2019 de 2,5% a 3%i.a , pero la valorización anual del S&P 500 y la del Nasdaq alcanzaba en septiembre al 20%, aunque en octubre se estaba dando vuelta.

La valorización financiera sirve también para concentrar el capital y ahora son tres grandes fondos financieros los que dominan o controlan la mayor parte de la industria estadounidense.

Según un estudio de la Universidad de Ámsterdam, tres fondos (Vanguard, State Street y BlackRock) «The Big Three», como se los conoce en Wall Street, son los principales accionistas del 90% de las empresas que integran el índice S&P 500, equivalente a una cartera de inversión de 13 billones dóls.

El estudio dice que desde la crisis de 2008 se modificaron las estrategias de inversión, y los inversores, en vez de invertir en fondos que buscan valorizarse comprando barato y vendiendo caro, compran los fondos pasivos baratos, y entre 2008 y 2015 vendieron participaciones en fondos activos por un total de 800.000 M dóls y compraron fondos pasivos por 1 billón.

Esa estrategia, seguida por los Tres Grandes les permitió comprar participaciones en miles de compañías y provocó la concentración accionaria actual. Así que parece que el nuevo capital financiero evita la participación activa en la gestión de las empresas y tiende a la propiedad concentrada sin control directo sobre casi todo el ahorro de los estadounidenses, y según Goldman Sachs, la tendencia va a seguir, generando cada vez más inquietud en el resto de los participantes del mercado, porque también dominan al 40% de las compañías estadounidenses que cotizan en bolsa.

Aunque no administran las firmas y los fondos no son los propietarios de las acciones, que pertenecen a los inversores, los fondos hacen valer su peso accionario en las decisiones de las empresas y ejercen una forma de poder estructural, controlando las decisiones de inversión y el crecimiento económico y, en definitiva, el futuro industrial de Estados Unidos.

No se sabe si el predominio de la valorización artificial es sólo una forma de valorizar el capital o el prólogo para un dominio de la industria manufacturera mundial y la valorización de capital es un medio.

El neoliberalismo también parecía destacarse por la reducción al mínimo de la intervención del Estado y el libre mercado como garantía del crecimiento, pero en realidad no rechaza la intervención estatal sino que la aplica en incentivos para las empresas, como la baja de impuestos y ahora con el proteccionismo, para lo cual Trump es una muestra muy clara.

NEOLIBERALISMO, CAPITAL FINANCIERO, MONEDA, AJUSTE Y VALOR FICTICIO. 1ra parte

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La crisis económica mundial de 2008 no pudo terminar de ser superada en once años.

Después de 2008 quedó claro que Estados Unidos perdía su lugar privilegiado en el mundo y que China se encaminaba a ocuparlo, hasta que a principios de 2017 Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos para dar vuelta esa situación y retomar el predominio a largo plazo de su país.

Desde entonces, el mundo ingresó en una etapa de enfrentamiento. Como vivimos en una economía que es global por el alcance universal que pueden tener los capitales, cada vez más libres de estar sujetos a los condicionamientos y limitaciones de los Estados nacionales, nadie escapa de este particular conflicto económico, social y político que se va mundializando sin perder sus características nacionales.

Este conflicto, que a nivel de los dos mayores países enfrentados –Estados Unidos y China-, tomó la forma de una guerra comercial, pasa a ser también una guerra de monedas y de proyectos políticos nacionales con distintas formas de encarar las relaciones internacionales.

Cada crisis económica nacional tiene una lógica propia que, de alguna manera, se articula con la lógica de la crisis mundial y cada vez con mayor intensidad. Hasta el punto que no llega a ser difícil descubrir profundas identidades entre ambas, por lo que el prólogo para terminar de entender la crisis nacional y sobre todo la manera de encararla y mejorar sus perspectivas, es entender las grandes líneas de la crisis internacional.

En un párrafo anterior definimos el carácter global adquirido por la economía por el alcance universal al que pueden acceder los capitales, en los que a su vez reside la posibilidad de reencauzar la producción y el empleo en el ámbito nacional.

La organización productiva está inserta en el sistema capitalista internacional, en el que la producción depende de la acumulación de capital destinada a la inversión, que debe obtener un beneficio. 

Cuando la ganancia está en declinación o no es segura, por falta de demanda suficiente o por algún tipo de inseguridad como una inflación capaz de anular o reducir el beneficio o la magnitud calculada de las ventas, la producción se frena, y no necesariamente por un retroceso sino por un bajo crecimiento, por lo que el ciclo de inversión de capital tiene fases expansivas y fases depresivas.

Si se presenta la posibilidad de cubrir una gran demanda postergada por alguna destrucción previa o por una larga depresión, se abre el camino a una fase expansiva de larga duración. Si, por lo contrario, no hay cómo incentivar una demanda poco activa o de superar problemas vigentes por mucho tiempo, se estará transitando una fase depresiva prolongada.

Dentro de cada ciclo largo habrá ciclos cortos cuyas fases se sincronizan con el carácter del ciclo largo. En 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, se presentaba la enorme tarea de la reconstrucción que dio lugar a un nuevo ciclo expansivo que tuvo alrededor de 30 años de duración y le imprimió su característica a todo el período.

A mediados de los pasados años setenta, en cambio, se inició una larga fase depresiva que por múltiples razones no encontró hasta ahora la manera de ser superada, por lo que sólo pudo ser interrumpida por breves fases expansivas, tal como sucedió en el mundo en 2017 y en la primera mitad de 2018, y se volvió a las cifras más modestas de la segunda mitad de 2018 y 2019, con bajas ganancias en las ramas productivas.

En 2008 el centro de la crisis era Estados Unidos. Once años después, la crisis golpea más fuerte sobre las economías nacionales más castigadas, que son los países emergentes de menor desarrollo industrial. Particularmente están afectados por haber tomado una gran deuda en medio de un crecimiento en baja o muy acotado que –además-, por el reducido dinamismo mundial, sufren la caída de los precios de sus materias primas de exportación.

El bajo crecimiento económico agravado por la deuda y las políticas de ajuste, limitan la inversión, reducen el empleo y los salarios, agudizan las protestas sociales y en los casos más graves las carencias generalizadas llevan a amplios sectores de la población a una alimentación insuficiente y a la imposibilidad de acceder a una vivienda.

La Argentina es uno de los países que más ha retrocedido en términos económicos y sociales con el endeudamiento del gobierno de Macri, pero el incendio social y la violencia de la política de ajuste promovida por el Fondo Monetario Internacional y la OCDE abarcan a casi toda América Latina.

La crisis es una sola, y la imposibilidad de superarla en el centro del sistema, agravada por la guerra comercial, agudiza su peso sobre los emergentes menos industrializados y más sobreendeudados, sometidos a esta situación por la política impuesta desde el centro.

El bajo ritmo de crecimiento que tuvo lugar desde 2008 en adelante, siguió fomentando la deuda: las bajas ganancias en la esfera productiva estimularon a los capitales líquidos que no podían ser invertidos a ser prestados y las dificultades de las empresas productivas las obligaban a demandar más crédito. Hoy, empresas productivas y estados, tienen un insostenible nivel de endeudamiento.

Es una regla propia de los períodos de crisis: la dificultad de colocar capitales productivos rentables por la menor demanda promueve la inversión financiera y los capitales que no pueden ser colocados productivamente tratan de ser colocados en distintas formas de préstamos.

Esta vez, ni sed ni hambre

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En una entrevista que le concedió al diario estadounidense The Wall Sreet Journal el 30 de agosto de 2019, Alberto Fernández sostenía que la Argentina se encuentra en un “Default Virtual”, ante las medidas unilaterales tomadas por el gobierno de Cambiemos de “reperfilar” los vencimientos, porque no podía hacer frente a los pagos que vencían el 28 de agosto de 2019.

Repitió las mismas palabras el Ministro de Economía Martín Guzmán, en su primera conferencia de prensa el miércoles 11 de diciembre de 2019, cuando presentó su equipo de Secretarios de Estado.

Se debe tener en cuenta que muchos de los vencimientos de capital e intereses de los primeros meses del año 2020 son justamente de la deuda reperfilada. El problema es que recaen sobre el presupuesto público y, debido al cierre de los mercados internacionales de crédito para nuestro país tras la irracional política de endeudamiento del gobierno de Macri, deberán ser pagados con los recursos del Tesoro, por lo cual habrá que recurrir a la colocación de letras intransferibles al BCRA, disminuyendo las reservas internacionales de libre disponibilidad.

Ante la magnitud de la deuda las reservas son escasas, por lo que es imprescindible, para construir un sendero de crecimiento estable y sustentable de la economía argentina, reestructurarla con quita de capital y disminución  sideral de la tasa de interés.

La última publicación oficial de la deuda, al 30 de junio de 2019, dice que se compone de:

Intra Sector Público:       U$s   124.724  M    (37,0%)

Multilater. y Bilaterales:   U$s      68.073 M   (20,2%)

Sector Privado:                U$s   144.470 M    (42,8%)

TOTAL:                              U$s   337.267 M    (100%)

Nota: En millones de dólares corrientes.

Fuente: Secretaría de Finanzas de la Nación.

Obviamente falta el cierre y la consolidación total, pero en base a esos datos oficiales sabemos que el 76,6% de la deuda es en divisas y solo el 23,2% en pesos. A su vez, el 59,2% de la deuda es bajo legislación extranjera y el 40,8% en jurisdicción nacional, lo que también  dificulta negociar su reestructuración.

En el periodo enero a junio del 2020 y si se excluye la deuda intra sector público por tratarse de una deuda refinanciable, con lo que al total de vencimientos se restan aquellos con entidades como el BCRA (adelantos transitorios), la ANSES o el Banco de la Nación Argentina, las obligaciones ascienden de esta forma a unos 24.000 millones de dólares, cifra que es incluso mayor que las reservas internacionales de libre disponibilidad del Banco Central. Un monto aproximado se dilapidó tras las PASO: del 12 de agosto al 25 de octubre de 2019, el BCRA vendió, para mantener la paridad cambiaria, 21.200 millones de dólares.

Hay una relación causa-efecto simple y directa. La administración de Cambiemos nos endeudó por el equivalente a 129.000 millones de dólares de los cuales unos 85.000 millones fueron con tenedores privados (fundamentalmente grandes bancos y fondos de inversión financiera) y unos 44.000 millones de dólares con el FMI, que básicamente se empleó para financiar el déficit fiscal que es en pesos [1]. ¿Por qué no se audita la deuda y se determinan las responsabilidades del gobierno de Macri?

Tanto la Administración Nacional como la de las provincias se endeudaron en dólares para pagar gastos corrientes en pesos contrariando cualquier manual de economía elemental.  Esos dólares fueron vendidos al BCRA que, a cambio de ellos, emitió pesos y, para esterilizar esos pesos colocó primero LEBACs (Letras del BCRA) y después, las reemplazó por LELIQs (Letras de Liquidez del BCRA) que abonaron tasas usurarias de interés, de manera tal que al 9 de diciembre de 2019 el stock de LELIQs ascendía a  701.610 millones  de pesos [2] cuando la Base Monetaria, que es el total del dinero creado por el BCRA, era a esa fecha de 1.642.592 millones de pesos.

El BCRA vendió la mayor parte de esos dólares por los que se endeudó el Estado Nacional a particulares que, a su vez, en su mayor parte, los sacaron del circuito legal argentino. Tan es así que el mismo BCRA estima la fuga de capitales de enero de 2016 a octubre de 2019 en 85.200 millones de dólares. Obviamente los bancos saben quiénes fueron las personas físicas y jurídicas que le dieron la orden de compra y, el BCRA sabe cuáles son los bancos que compraron por esas órdenes o por su cuenta.

Nos preguntamos por qué el pueblo argentino tiene que pagar ese desatino (por decir una palabra) cuando hay responsabilidades por malversación de fondos públicos de los principales funcionarios del área del gobierno de Cambiemos, empezando por los Ministros Prat Gay, Dujovne y Lacunza y los presidentes del BCRA Sturzenegger, Caputo y Sandleris. A lo que se suma saber si esas adquisiciones son congruentes con los ingresos que le declaran al Fisco.

La imprescindible auditoría de la deuda contraída por el gobierno de Cambiemos sería un hito contra la impunidad. En diciembre de 1983 Bernardo Grinspun, el primer ministro de economía de Alfonsín, quiso estudiar qué deuda era legítima y cuál no y propuso una comisión investigadora para ese fin. Pero todo quedó en la nada porque la gran banca nacional y extranjera presionó por el reconocimiento de toda la deuda y el pronto y mayor pago posible de los servicios de la misma. El 18 de febrero de 1985 Bernardo Grinspun, ante los desmesurados requerimientos de Joaquín Ferrán, representante del FMI en la Argentina, lo echó del Ministerio de Economía.  Al día siguiente Alfonsín le pidió la renuncia a Grinspun. El plan de legitimar la deuda externa y de acordar con los grupos económicos locales se ponía en marcha. En marzo de ese año, el Presidente Alfonsín viajó por segunda vez en su mandato a Estados Unidos y subrayó la necesidad de adoptar medidas de reforma estructural del Estado y de privatizaciones, de manera acorde con la filosofía ortodoxa de los financistas y empresarios norteamericanos (Plan Houston).

 

 

Que la historia no se repita

El nuevo Ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, importante académico sobre el tema deuda externa y su renegociación, tesis con la que se doctoró en Brown University (EEUU) y, razón por la cual Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía en el año 2001, lo incorporó como investigador en la Universidad de Columbia en temas relativos a la reestructuración de las deudas soberanas, encabeza un equipo de reconocida solvencia técnica y sin dependencia de bancos u organismos internacionales de crédito, pero debe enfrentar a tenedores de bonos públicos argentinos, cuyo valor de mercado en la primera quincena de diciembre de 2019 se encuentra en torno al 40% de su valor nominal, y al FMI.

Incluso el precio de mercado de los títulos de deuda argentinos era menor hace una semana atrás. La prudente conferencia de prensa del Ministro Guzmán hizo entender a sus tenedores que sufrirían una pérdida de valor presente neto de aproximadamente un 25% respecto del valor nominal de los bonos (que es un porcentaje menor que el 40% promedio antedicho). Pero antes de plantear las pautas concretas de la renegociación, el Ministro quiere saber cuál será la senda de equilibrio fiscal y de crecimiento que necesita el país para salir de la recesión y, una vez definida, ofrecer lo que denominó una “negociación constructiva” con todos los acreedores, incluido el FMI.

Una vez presentada, esa propuesta debería ser aceptada por los acreedores. Seguramente habrá una franja, exacerbada por el pago sin límites que Macri les hiciera a los fondos buitre, que profesamente quedará afuera y tratará de dirimir su cobro en la Justicia extranjera.

El Ministro de Economía quiere proponer una reestructuración de la deuda que permita crecer. A la vez, debe cobrar más impuestos para financiar el mayor gasto estatal en que se incurrirá al aumentar jubilaciones, pensiones, subsidios, obras y salarios públicos. También deberá mantener el control cambiario y el valor en términos reales del tipo de cambio y conseguir un superávit comercial lo suficientemente importante y sostenido para pagar las obligaciones de la deuda.

Son demasiados objetivos en forma paralela y con un instrumento por cada objetivo y con los mismos grados de complejidad e incertidumbre, máxime que en toda la historia argentina la deuda externa se utilizó para detraer riquezas, afianzar la dependencia al capital extranjero y beneficiar a una minoría en desmedro de la mayoría de la población que termina abonando la misma sobre el hambre y la sed de los argentinos como dijo en el año 1877 el entonces Presidente, Nicolás Avellaneda.

Se espera el plan final del Ministro Guzmán, pero la carta fuerte del gobierno sigue siendo, de complicarse la renegociación, la de declarar el default y obligar de ese modo a los acreedores de todo tipo a aceptar la suspensión total del pago de capital e interés por un plazo prudencial, que el mismo Ministro había estimado en dos años, para después realizar una quita del capital adeudado y el estiramiento de los plazos, como se hiciera en los años 2005 y 2010.

Detrás de toda la deuda están los que se beneficiaron y el pueblo argentino que debe pagarla. Establecer un cronograma de pago posible es válido, pero tanto o más importante es dirimir responsabilidades, única garantía de justicia y que la historia no se repita.

[1] Y lo mismo hicieron las provincias a las que el gobierno de Macri las autorizó a endeudarse en moneda extranjera
[2] Descendiendo fuertemente desde las PASO

Esta vez, ni sed ni hambre

La Patria olvidada en la canción

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Podían haber desgarrado el cielo los sonidos de erkenchos, quenas y zampoñas que dibujan el rosto de Milagro, y resuenan ancestrales en los cotos de Gerardo Morales, a pesar de ese Morales.

Podían haber llorado las vidalas que dibujan los rostros de los hallados en el Pozo de Vargas, en Tucumán. Y los cantos del azúcar amargo que fundamentaron zambas narradoras de luchas, dolores y esperanzas.

Los cantos a mineros, labradores y copleros de Castilla.
Los de alerta y desafío de un Marziali adornado con las guitarras luminosas de Cuyo, invitando por cogollo al brindis por el nuevo tiempo.
Los de Armando y Hamlet diciéndonos que la esperanza no muere y el destino nuevo es indisoluble de un ayer combativo y un mañana de Patria Grande.

Podrían haber gritado su majestuosidad las montañas catamarqueñas heridas en su corazón minero.
O una chaya anunciando el próximo digno y alegre carnaval.
O las mujeres recordando su presencia en la historia, con las canciones de Ariel Ramírez.
O los amores delicados representados en la Tonada del viejo amor.

Podrían haberse juntado copleras para gritar sin altavoces sus orígenes, que son los mismos de Evo. La baguala ya es una altavoz en sí misma y nos devuelve orígenes milenarios.

Podría haberse reafirmado
en verduleras litoraleñas que las aguas son nuestras y ya les echaron el ojo. Y también la fiesta, chamameceando de lo lindo con miles de bailes abrazados.
Podría habérsele sacado polvo al asfalto, a pura chacarera.

Tal vez hubiese sido posible encontrar lo que Santiago Maldonado buscaba en su camino, al compás de un loncomeo y su cultrum.

Y qué decir de una tonada cruzando la cordillera, de un tango y una milonga yendo y viniendo entre dos orillas, de un Ayala recordando por décimas los atropellos históricos al Paraguay, pero también su propia dulzura en una guarania melancólica y amorosa.

Cuánta ausencia de la canción que trazó el camino de la Patria!!
Cuánta Patria desnudada en la canción!!
Cuánta Patria cantada con una sola mirada, que también es necesaria, pero pareciera empecinarse en su exclusividad para representarla.

Y cuánta ignorancia.

Si no levantamos el grito, correremos el riesgo de instalar una vez más la inercia de suponer los quehaceres culturales como frívolos pasatiempos, cuando en realidad debieran ser las vías regias hacia el pensamiento crítico de las mayorías populares y la recuperación de sus mitos y místicas colectivas.

Las crisis sociales también podrían definirse por la canción que se cante, pero ojalá entre nosotros no sea necesario recurrir a una seguramente estúpida estadística.

Por suerte tenemos un excelente Ministro de Cultura, que sabrá cómo lidiar con cierta zoncera girando alrededor.

El neoliberalismo como calamidad: el gobierno de Alberto hereda la bolsa de los vientos de Ulises

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Una de las acepciones que los lingüistas atribuyen al término calamidad deviene del latín «calamitas», que significa plaga. Es representativo de una verdadera tragedia, un desastre que emergía cuando los vientos hacían estériles las trillas volviendo a mezclar la paja con el trigo y volviendo inútiles los trabajos que los pueblos agrícolas efectuaban. El neoliberalismo es una calamidad.

Siguiendo un recetario clásico de las finanzas, nos deja el futuro sembrado de vientos con la expectativa de que produzcan tempestades sobre las economías políticas populares, transformen en infructuosos los esfuerzos sociales y en fracasos los intentos políticos.

Esos vientos se instalan de variadas formas. El BCRA deja un peso inexistente y una deuda pública externa e interna impagable; los sindicatos convalidan los retrasos salariales; las leyes establecen recortes jubilatorios; el gobierno destruyó el sistema de precios e impulsó ajustes desmedidos de los servicios públicos; los oligopolios supermercadistas imponen los precios liberados a las conveniencias de la oferta; los bancos estimulan el déficit fiscal para prestar fondos al gobierno con altas tasas.

Como Ulises -que en la leyenda griega recibe de Eolo una bolsa con todos los vientos- el nuevo gobierno popular recibe una herencia plagada de vientos: pobreza, inflación con recesión, trabajo precarizado, desempleo, pérdida del salario real, endeudamiento financiero y social, ajuste fiscal.

El viento de las finanzas

No son vientos nuevos. Como en Chile, el experimento neoliberal argento nace en la dictadura cívico-militar (1976-1983) con la bicicleta financiera de la tablita de Martínez de Hoz, continúa con Menem-Cavallo (1991-1996) y la convertibilidad y su dinámica se convalidó en el carry trade de Macri (2015-2019) que triplicó la base de la dictadura (el nivel de endeudamiento anual fue de US$32.500 millones y el de la dictadura fue de US$10.306 millones).

Esto significa que el viento de la dictadura se potenció durante la gestión macrista. Se la define como «valorización financiera», un nombre académico que designa a la timba especulativa, cuyo rasgo es el endeudamiento público no aplicado para aumentar la productividad y el nivel de actividad económica -que cayó 8,8 puntos en términos del PBI per cápita entre 2015 y 2019- sino a imponer la patria financiera y la fuga de capitales al exterior.

El aumento neto de la deuda pública en moneda extranjera fue de US$103.808 M y la fuga de capitales alcanzó a US$93.667 M entre fines de 2015 y septiembre de 2019.

Este viento nace en un mecanismo de acumulación que prioriza el discreto encanto de la ganancia financiera, en detrimento del sacrificio y los riesgos de la producción. Este es el motivo por el cual se desatiende el mercado interno, el salario y el empleo. Lo que suele llamarse «seguridad jurídica» es permitir que el negocio cierre.

El cepo aprieta pero no ahorca

Como en el tango de Maroni, Macri encarna un «cepo que me hiciste mal y sin embargo te quiero» y termina optando por los remedios de Cristina. Y el cepo vuelve en una secuencia de desarme-liberalización del mercado cambiario-endeudamiento externo-tasa de interés de niveles positivos y altos-quita de regulación al ingreso de capitales extranjeros especulativos -devaluación-vuelta al cepo.

¿Cuál fue la diferencia? Aquel cepo se usó para permitir mantener mayores niveles salariales y de ocupación. Éste fue consecuencia de haber garantizado a los inversores financieros la perfecta bicicleta: traer y sacar los dólares en base a la desregulación; los especuladores sabían que las divisas estaban disponibles porque el endeudamiento las suministraba; y percibían fuertes ganancias en dólares, porque todo ese ingreso de billetes mantenía el tipo de cambio atrasado. Y porque la tasa de interés del BCRA (Lebac, pases a 7 días y Leliq) ofrecían un buen diferencial especulativo. El Estado Nacional (y provincial) estaba detrás como gran deudor y garante de la apropiación.

Hacelo que no me doy cuenta: la contrapartida internacional

Nadie puede suponer que el FMI desconoce esta operatoria. En plena crisis de junio de 2018, Argentina recuperó su condición de mercado emergente según el MSCI (una institución del sistema financiero internacional que administra la Banca Morgan). Ello fue el premio por la desregulación pero incluyó la advertencia de perder la categoría si volvía atrás en las medidas. He aquí otro viento sembrado.

El FMI auspiciaba la llegada de dólares que se convertían e invertían en deuda pública en moneda nacional con buena tasa y después volvían al dólar, con buenas ganancias. Tras la megadevaluación, que arrancó en abril del año pasado y no llegó a parar del todo hasta la reciente reinstauración del cepo cambiario de US$200 mensuales, el BCRA se vio obligado a ofrecer cada vez más y más tasa en pesos para superar a una inflación y una expectativa de devaluación que se elevaron por las nubes.

Contra estos avatares y el sombrío horizonte que recibe, el gobierno popular se enfrenta a la frase del expresidente de USA John Quincy Adams, quien reconoce que «Hay dos formas de conquistar y esclavizar una nación. Una es la espada. La otra es la deuda.»

Que el viento de la deuda sembrado por Cambiemos no se transforme en la tempestad que azotó a Ulises depende tanto del apoyo popular al gobierno de Fernández como de su propia condición de estadista, una suerte de domador de vientos al estilo de Leopoldo Marechal.

https://www.elextremosur.com/nota/22375-el-neoliberalismo-como-calamidad-alberto-hereda-los-vientos-de-ulises/

Renacer de las cenizas

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El gobierno de Cambiemos empujó a cinco millones de argentinos a la pobreza (la mitad de los niños de nuestro país tienen carencias que dejan secuelas irreparables en su vida), destruyó eslabones de la cadena productiva e hizo que una parte importante de los trabajadores perciban salarios por debajo de la línea de subsistencia, trabajan y son pobres. Redujo fuertemente el poder adquisitivo de los haberes previsionales de manera tal que, no menos de la mitad de los siete millones de jubilados y pensionados nacionales deben optar entre comprar la medicación o comer.

Paralelamente endeudó al país de sobremanera porque decidió financiar el déficit fiscal que es en pesos (a los proveedores, contratistas, trabajadores, jubilados y pensionados del Estado se les paga en pesos) con dólares que consiguieron colocando títulos de deuda y a corto plazo. Y cuando no pudieron hacer frente a los vencimientos nos ataron al FMI.

Toda esta política benefició esencialmente a los grandes bancos; al sector energético y a la minería; y a los grandes productores, acopiadores y comercializadores de granos.

  • Los bancos: En 1974 había en el país más de 600 entidades financieras, la mayoría eran cooperativas y cajas de crédito que utilizaban el ahorro local (del barrio, del pueblo, de la ciudad) para prestárselo en pesos a los productores, comerciantes y para la construcción de viviendas de esa misma localidad. Actualmente hay 78 entidades pero solo 10 (diez) de ellas [1] reciben el 85% o más de los depósitos. Mientras que en 1974 el total de crédito al sector privado era el 35% del PIB, ahora es solo el 7,5%.  Prefieren prestarle al BCRA en LEBACs (Letras del BCRA) y ahora LELIQs (Letras de liquidez del BCRA a siete días) con una tasa altísima y segura (paga el Estado) con lo que captan depósitos del público y  le prestan al BCRA, sin ningún riesgo y ganando un spread o renta diferencial excepcional.
  • La energía: Basta ver cómo aumentaron en la gestión de Cambiemos los precios de los combustibles y de la energía eléctrica para ver quiénes fueron los otros beneficiados del modelo macrista. Desde el 10 de diciembre de 2015 al 31 de octubre de 2019 el precio del petróleo y el gas se incrementó en un 368,3%; el de la energía eléctrica 794,1% y, los precios a nivel general 272,8%. Por supuesto que menos crecieron los salarios, jubilaciones y pensiones. Cuando uno observa quiénes son los dueños de esas empresas, se encuentra con la firma Pluspetrol de Edith Rodríguez de Rey, la mujer más rica de la Argentina; la anglo holandesa Shell (cuyo CEO, Juan José Aranguren, fue ministro de energía de Macri); Axion (del grupo Bulgheroni en asociación con ingleses y chinos); e YPF donde es importante la participación estatal. Y si nos referimos a la provisión de electricidad, observamos el peso del grupo Pampa Energía que es a sus vez propietario de Transener y Edenor, cuyos principales accionistas son Joseph Lewis y Marcelo Mindlin, ambos ligados a Mauricio Macri; o las empresas vinculadas a Nicolás Caputo, el hermano del alma de Mauricio, que asociados a los españoles (Endesa), a los italianos (Enel) y a capitales chilenos, controla Edesur; y las empresas de Rogelio Pagano, dueño de Edesa, Eden, Edes, Edea y Edelap.
  • La minería: la Argentina exporta 62 toneladas de oro por año por unos 2.244 millones de dólares, que es el tercer producto más vendido del país, todos explotados por capitales extranjeros. Las principales empresas son la canadiense Barrick Gold en Mina Veladero en San Juan, la norteamericana Newmont Goldcorp en Cerro Negro – Santa Cruz, la australiana E2 Metals Limited en Cerro Vanguardia también en Santa Cruz y, en Bajo la Alumbrera en Catamarca, la firma Glencore de Inglaterra. Todas ellas le pagan al Estado nacional 4 pesos por cada dólar exportado y a las provincias el 3% del valor en la boca de pozo. Gozan de estabilidad fiscal por la ley 24.196/1993 vigente de inversiones mineras, que hace que por un período de 30 años no puede verse afectada en más la carga tributaria total determinada al momento de la presentación del estudio de factibilidad.
  •  El “campo”, como les gusta llamarse a las patronales agropecuarias, teniendo la tierra más fértil del planeta contribuye con el impuesto inmobiliario rural solamente con el 0,4% del PIB [2]. Por dólar exportado aportan 4 pesos y, los productos agropecuarios y su manufactura representan el 67% de los 53.848 millones de dólares vendidos al exterior por nuestro país en los primeros 10 –diez– meses del año 2019. Por supuesto tienen nombre y apellido, entre los grandes productores el Grupo Grobocopatel, el Grupo el Tejar, el Grupo Don Mario y como acopiadores y comercializadores ADM, Bunge Ceval, Cargill, Cofco, Louis Dreyfus y Glencore Agriculture Limited. Todos ellos gozan de una renta extraordinaria por su situación de predominio en sus respectivos mercados, cautivos de su política y de sus designios, fijando las condiciones de producción, de comercialización y de precios, y pagan impuestos muy por debajo de su capacidad real y potencial.

 

Marco interno y externo

En esa situación lo obvio y razonable es que se les grave con impuestos y que se les controlen sus precios, pero son sectores con poder real que se fortalecieron tras la dictadura de Videla-Martínez de Hoz y no están dispuestos a ceder un ápice de su posición de privilegio, a la vez que, por estar posicionados en sectores estratégicos como son el sistema financiero, minería, energía, alimentos e ingresos por exportaciones, se torna muy difícil disciplinarlos para que cumplan con la normativa general.

Si a lo relatado le sumamos la presión del FMI para que se le pague la deuda que contrajo Macri, presión que no solo significa cobrar, sino básicamente imponer condiciones que se resumen en una disminución del haber de jubilados y pensionados (cuando el 60%  cobran cerca de la mínima que a diciembre de 2019 es de $ 14.068 por mes) para que exista un mayor porcentaje del presupuesto para pagar los servicios de la deuda, y en la flexibilidad laboral que es el pretexto que tienen para reducir los salarios con el fin de mejorar las tasas de ganancia argumentando que así se facilitaría la inversión, cuando en verdad lo que hacen es reducir el mercado interno y condenarnos a una economía en recesión y más injusta.

Todo lo referido es en un marco en que los Estados Unidos vienen perdiendo la carrera tecnológica y comercial con China en primer lugar y en muchos nichos productivos y comerciales con Rusia y Alemania y, con ello, la primacía del dólar con respecto a las demás monedas.

Es por eso que el lunes 2 de diciembre de 2019 en forma inconsulta el Presidente Donald Trump decidió subir los aranceles a las importaciones de acero y aluminio provenientes de la Argentina y Brasil, aduciendo la devaluación que han realizado ambos países en el peso y el real respectivamente.

Fija un tope de 180.000 toneladas anuales, sumando acero y aluminio. Las ventas de biodiésel, acero y aluminio, restringidas por Trump, representan más del 40% de las exportaciones argentinas a ese destino, que es el segundo socio comercial en el hemisferio después de Brasil.

Tampoco el actual gobierno de Brasil nos la hace fácil, tras devaluar el real al nivel más bajo desde su creación en 1994, un dólar vale 4,24 reales al 4 de diciembre de 2019. Para que Estados Unidos no le suba los aranceles, ofrece comprarle más trigo, disminuyendo lo que adquiere en la Argentina.

A lo antedicho debe agregarse que al revés de lo esperado, ni la India ni China, los dos países más poblados del planeta y que tienen una sostenida tasa de crecimiento de su PIB, muestran apuro alguno en cambiar la matriz energética que en ambos es a base de carbón mineral (coque), con lo cual la demanda y por ende el precio del gas shale tienen un fuerte freno, que se refleja al interior de la economía estadounidense y agrava el panorama financiero de las petroleras, por la propia característica de la producción no convencional que obliga a una inversión al alza constante para contrarrestar la caída de producción que sufre rápidamente este tipo de yacimientos.

Finalmente, en el plano político, la intromisión de los Estados Unidos mediante la OEA en Bolivia y el respaldo a la administración de Sebastián Piñera en Chile, Iván Duque en Colombia y Martín Vizcarra en Perú, frente a las protestas de la población, son ejemplo flagrantes de que el imperio no está dispuesto a soportar ningún modelo que trate de ser independiente de sus designios y que nos sigue considerando su patio trasero.

 

 

Tarea

Alberto Fernández era el segundo de Néstor Kirchner y vio y se formó en generar poder a través de medidas férreas que hizo que, con solo el 22% de los votos alcanzado en las elecciones nacionales del año 2003, pese a la presión de los grupos de poder y la supervisión del FMI, que es la quinta columna del imperio, se logró

  • avanzar sobre la justicia menemista;
  • suspender el pago de la deuda;
  • congelar las tarifas y controlar el tipo de cambio;
  • aumentar por decreto salarios, jubilaciones y pensiones, lo que recreó el mercado interno.

La Argentina, como el Ave Fénix, resurgió de las cenizas. Se pusieron en marcha las máquinas paradas, se incrementó la compra de insumos y la contratación de trabajadores  y crecimos a tasas chinas. Ese circuito virtuoso debe reproducirse, con las limitaciones actuales, que básicamente no son distintas a las que Néstor Kirchner y su equipo enfrentaron en mayo de 2003. Con claros objetivos que son el de crecer y generar puestos de trabajo, mejorar la situación de la población, redistribuir mejor el ingreso, todo basado en fortalecer el mercado interno, la Argentina se puso de pie.

Se trata de repetir la historia.

 

 

 

[1] Entre las diez el Banco de la Nación Argentina, el Banco Provincia de Bs As y el Banco de la Ciudad de Bs As
[2] Se recauda más con el impuesto inmobiliario urbano que el impuesto a la tierra productiva

El fin del gobierno de Mauricio Macri: se van como llegaron

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Que los funcionarios presenten públicamente balances de gestión es muy bueno, máxime un presidente que concluye su mandato. Lo sorprendente es que Mauricio Macri monologó frente a las cámaras durante cuarenta minutos para ratificar un conjunto de mentiras que, cínicamente, ha venido repitiendo prácticamente desde el inicio de la gestión.

Es hiriente para el pueblo argentino oír que un presidente saliente, que sufrió una derrota contundente en primera vuelta electoral en su intento reeleccionista, describa una variedad de bondades ficticias en un país lacerado por casi un 41% de pobreza y un 11% de desempleo.

Este ha sido un gobierno de una enorme carga ideológica, portador de una cosmovisión que sólo una acendrada conciencia de élite privilegiada puede generar y trasladar a las acciones de la administración.

Macri miente, sin dudas, pero lo hace con la convicción de que ese discurso falaz es el que debe transmitírsele a un pueblo cuyo destino sólo puede estar signado por el escenario de miseria provocado. Es un discurso que sólo busca legitimar a la clase social a la que pertenece.

Es difícil imaginar un gobierno que en cuatro años recibió U$S 61.000 millones frescos de los mercados internacionales y U$S 45.000 millones del Fondo Monetario Internacional, -un total de U$S 106.000 millones- y no haya podido instalar, ni siquiera, un proyecto nacional sustentable en su macroeconomía, aún con un carácter conservador regresivo. Sólo una élite voraz e inepta puede llevarse casi U$S 90.000 millones fuera del país en tan sólo cuatro años, sin reparar en sus consecuencias. Pero lo más grave que trasunta el discurso falseado de Mauricio Macri es que subyace una idea acerca de los límites que le ha impuesto el movimiento popular, cuya expresión máxima fue el pronunciamiento de las urnas, a esta conducta predatoria y elitista. Por eso su discurso carece de autocrítica: sólo mentiras cansinas.

La élite que gobernó este tiempo está visiblemente molesta con las instituciones y la democracia, y Macri lo exterioriza cuando habla de valores y subjetividades, ignorando la realidad palpable. Tal vez expertos en calidad institucional podrían proponer sanciones y/o límites al desparpajo con que el presidente se ha dirigido a su pueblo. En ese desprecio hacia sus oyentes, que mayoritariamente le votaron en contra, se encubre la idea despectiva sobre la «democracia del número».

El discurso de salida de Macri no debe ser abordado desde el análisis de sus números, que la realidad desmiente, sino como la expresión del fracaso de un modelo de país rechazado por la voluntad popular. También por cuál será la actitud de esa élite hacia futuro. Mentir cínicamente todo el tiempo implica un desprecio por los interlocutores y eso es lo que Macri ha hecho el jueves pasado.

https://www.eldestapeweb.com/nota/se-van-como-llegaron-20191272000

Inflación y tasa de interés real- 2da part

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JORGE muestra en gráficos cada una de las variables que describe. Hasta graciosos parecen, si no fueran dramáticos, los pronósticos del FMI. Para no perderse la lectura. Vale la pena.
Hablando de inflación, JORGE se remite al rosarino Fontanarrosa:
«Para agregar, los precios de ciertos servicios como agua, electricidad y gas, están acechando. Frente a tal situación Fontanarrosa encuentra que tal cuestión no es mala por si, en diálogo entre dos señoras una le comenta a la otra: “empezamos a alumbrarnos con faroles a kerosén, cocinamos con leña, comemos raíces…..Y así, poco a poco, gracias a las facturas de los servicios públicos, vamos descubriendo los encantos de ser ecologistas”
Política monetaria, tasa de interés, dólar, leliq, BCRA …., todo para no perderlo y espiarlo en los gráficos.
Cierra con un poco de historia de los Acuerdos Sociales en Argentina.
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Hablemos de dinero

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El dinero nace de la necesidad de expresar y medir en un denominador común el valor de distintas mercancías (entre las cuales se considera al trabajo). «Precio» es el valor de una mercancía expresado en dinero. Gracias a la existencia del dinero, el productor del bien o servicio sabe que el fruto de su trabajo es valor.

La principal función del dinero es la de ser el nexo entre los distintos agentes que conforman el circuito económico de producción, distribución, comercio y consumo, de manera tal que crezca en espiral retroalimentándose, con lo que mejora el ingreso de la población.

Pero en nuestro país, y esencialmente cuando la restricción externa es mayor y por ende es menor el ingreso de divisas presente y futuro, empleamos nuestra moneda para la compra y venta de mercancías, pero usamos el dólar como reserva de valor (como ahorro) y para la compra de propiedades y bienes de mayor precio. Esa dicotomía provoca un deterioro permanente de la demanda de nuestra moneda. Si a ello le sumamos la necesidad de emitir dinero para financiar el déficit fiscal, se termina convalidando un aumento generalizado de los precios que a su vez erosiona el valor de la divisa en el mercado local, con la presión de que se ajusten ambos valores en una nueva devaluación, entrando en un circuito de devaluación-inflación que puede incluso retroalimentarse y terminar en fuerte devaluación y por ende alta inflación.

Esto sucede porque el tipo de cambio real es una relación entre los precios internos expresados en dólares y los precios internacionales. Si nuestros precios crecen más que los del exterior, tarde o temprano deben equilibrarse, de allí que cuando uno pondera el fuerte crecimiento de las importaciones debido al mayor nivel de actividad, como ocurre con la energía, la tecnología, y los insumos que no producimos o no lo hacemos en la calidad y cantidad suficiente, se atrasa el tipo de cambio. Además las importaciones innecesarias compiten deslealmente con la producción nacional, crece el gasto en turismo externo, y toda una gama de erogaciones que aprovechan el atraso cambiario.

Una parte del fuerte superávit comercial acumulado desde 2003 hasta 2012, de 128.100 millones de dólares corrientes, se empleó en pagar deuda externa. Otra parte se invirtió en el país, pero la fuga de capitales fue inmensa. Basta solamente con conocer la infidencia de dos empleados de bancos extranjeros que operan en nuestro país:

  • Uno del banco HSBC, el ingeniero Hervé Falciani, que trabajó en la sucursal del holding financiero asiático-inglés en Ginebra, Suiza, quien extrajo la información referida a 130.000 clientes de la sucursal helvética, entre 2006 y 2008. Entre ellos había 3.900 cuentas bancarias abiertas por individuos y sociedades argentinas que no fueron declaradas al fisco argentino (fuga de capitales con nombre y apellido).
  • Otro, un ex ejecutivo de cuentas del JP Morgan para Argentina, Hernán Arbizu, quien en su declaración ante la Justicia estimó que, entre los diez bancos con mayor actividad en materia de colocación de depósitos de argentinos en el exterior no declarados al fisco, se acumulaban en 2010 unos 85.000 millones de dólares en negro. En ese listado, Arbizu señalaba que en sólo cuatro de ellos se concentraba el 65 por ciento del monto fugado (55.000 millones de dólares). Entre esos cuatro, el HSBC aparecía en un tercer lugar con una cartera estimada en unos 10.000 millones de dólares.

Por supuesto la fuga de capitales se profundizó y expandió con el gobierno de Cambiemos, que levantó todas las limitaciones a la compra de divisas y su giro al exterior, de manera tal que, según el BCRA, desde el 1° de enero de 2016 al 31 de octubre de 2019 la formación de activos externos (FAE) de residentes argentinos en el exterior fue de 84.200 millones de dólares.

En el final de la gestión de Macri pusieron un límite primero de 10.000 dólares por persona y por mes, y de 100 dólares o 200 por home banking tras la derrota en las elecciones nacionales del 27 de octubre de 2019.

Haber dejado actuar libremente a las entidades financieras y cambiarias reprodujo el clásico de “pesos contra dólar”, de manera tal que las tasas que las entidades financieras les pagaban a sus clientes para que se quedaran en pesos fueron cada vez mayores y, aún así, no se frenaba la compra de divisas.

Si observamos el cuadro de grandes números del BCRA, apreciamos que las Reservas Internacionales descienden desde las PASO en 22.771 millones y en cambio la Base Monetaria que es el dinero creado y puesto en circulación por el BCRA se expande en $ 298.685 millones por un lado, pero por el otro se pierden depósitos en dólares en las entidades financieras del sistema por 14.469 millones de dólares, corroborando la “fuga”, También descienden las LELIQs, que funcionan como encaje remunerado (por $ 710.235 millones al 21 de noviembre de 2019).

 

 

Fecha
Reservas Internacionales
Depósitos en U$s
LELIQ
Base Monetaria
9/8/2019
66.309
35.243
1.288.868
1.344.759
21/11/2019
43.538
20.774
773.419
1.643.444
Diferencia
-22.771
-14.469
-515.449
298.685
En millones de pesos o de dólares según corresponda. Fuente: BCRA.

 

 

Lo que decimos con esto es que las reservas internacionales del BCRA son exclusiva y totalmente deuda externa contraída por el Tesoro de la Nación, que le vendió esa deuda al tipo de cambio oficial al BCRA (conformando sus reservas internacionales) para cubrir sus gastos en pesos (los contratistas, jubilados y pensionados, prestadores de servicios y trabajadores públicos cobran en pesos). Sin embargo, de esa deuda el BCRA vendió irresponsablemente a quienes sacaron esos dólares del circuito productivo argentino la suma de 22.771 millones de dólares tras las PASO, suma que es similar a los compromisos por deuda en divisas para los primeros seis meses del nuevo gobierno.

Paralelamente el BCRA pagó tasas siderales en LELIQs que rondaron el 70% anual en este año 2019, para que las entidades a su vez participaran de esa renta financiera a sus clientes, generando un circuito perverso que debieron pagar los tomadores de créditos con el único fin de frenar la depreciación de nuestra moneda, que tampoco consiguieron, dado que era de $ 20,20 la unidad de moneda de los EE.UU. el 25 de abril de 2018 cuando la autoridad monetaria vendió ese solo día más de 1.200 millones de dólares y se triplicó en su precio a noviembre de 2019.

 

 

Una nueva política monetaria y cambiaria

Se debe continuar con un férreo control cambiario e imponer un impuesto a la compra de divisas para ahorro, como hace Italia, que cobra una tasa del 19% por esa operación. De esa manera se da un primer paso para no repetir la puja entre tasa de interés y dólar en beneficio del capital financiero y perjudicando al sistema económico productivo y distributivo.

Todos los países que crecen en el mundo tienen tasas de interés bajas en su moneda y tipo de cambio alto. Tras la impericia del gobierno de Cambiemos el tipo de cambio es alto, medido como se lo quiera medir, incluso con los criterios de la convertibilidad. Si dividimos la Base Monetaria ($ 1.643.444 millones) por las reservas internacionales del BCRA (U$S 43.358 millones) da un tipo de cambio promedio de $ 38, por lo que si se persevera con el control cambiario, se está en condiciones de reducir drásticamente la tasa de interés y a la vez, generar créditos a plazos para que el aparato productivo en general y las pymes en particular puedan recomponer su capital de trabajo.

Lo demostró este mismo gobierno cuando impuso el severo control cambiario el lunes 28 de octubre de 2019 y observamos a un mes vista que el precio del dólar se detuvo (por fin) y las tasas de interés descienden. No descienden más porque los ahorristas temen un plan que inmovilice las imposiciones, con lo que de reducirse más la tasa ven que el riesgo es mayor que lo que pueden percibir de interés.

Varias propuestas profundizarían ese rumbo:

  • Una moneda no convertible. Dados los serios problemas de liquidez generados por el gobierno de Cambiemos (falta plata para comprar bienes y servicios), y la necesidad de asistir a la población, se necesita contar con una moneda no convertible. No serviría para comprar pesos ni divisas u otros valores convertibles (joyas, oro, etc.) ni títulos públicos, acciones, cheques o cualquier otro instrumento bancario sujeto a interés. Sólo se podrían comprar y vender con ella bienes y servicios en el mercado interno y pagar los impuestos, por lo que serviría exclusivamente como moneda transaccional en la Argentina. A medida que el Estado nacional fuera percibiendo los pagos con esa moneda no convertible, rescataría esos billetes, reemplazándolos por pesos, de esa manera se crearía un medio de pago genuino y no atado al dólar
  • Una tarjeta denominada DIGNA, pensada por un equipo de profesionales cuyo coordinador es el columnista de El Cohete Carlos Cleri, en que los beneficiarios de la AUH y los jubilados y pensionados que cobran la jubilación mínima o en torno a ella, recibirían un refuerzo monetario mensual que solo podrían utilizar para consumir un conjunto predefinido de alimentos y medicamentos en una red específica de establecimientos, comercios y mercados. Esto sería posible porque el sistema funcionaría 100% de forma digital, pudiendo realizarse los pagos solamente a través de una tarjeta o de una aplicación móvil, la cual no autoriza una operación que incluya productos que no formen parte de la listan que compone el programa. El sistema funcionaría por fuera del circuito bancario. Para ello se debe crear una Blockchain (tecnología de vanguardia en términos de registro y transferencia de información) de propósito específico administrada por el Estado nacional.
  • El uso de un cheque cancelatorio. Lo creó la Ley 25.345 para comprar propiedades (inmuebles, terrenos, etc.), pero debe ser transformado para que su uso sea exclusivamente en pesos. Se debe contar con dinero local y si se poseen divisas, hay que depositarlas en el banco, que libra el cheque cancelatorio. Contra ese cheque, el BCRA entregaría dinero local al tipo de cambio oficial.
  • Recrear un Banco de Desarrollo, similar al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil que fomenta la expansión de la industria y la infraestructura del país, apoya a la exportación, la innovación tecnológica, el desarrollo socio ambiental sostenible y el apuntalamiento de la obra pública.

Existe una amplia gama de instrumentos para generar créditos y liquidez al sistema económico argentino, para lo que principalmente se debe terminar con la lógicas rentista de las leyes 21.526 de reforma financiera de 1977, y 24.144 de Carta Orgánica del BCRA de Domingo Cavallo, que deben ser modificadas para propiciar el crédito a la producción y al trabajo, para que el crédito vuelva a ser un bien público, tanto porque se nutre con la agregación del ahorro de los ciudadanos como porque su uso repercute en la economía de toda la población. No podría emplearse, en cambio, para comprar divisas o para la especulación financiera ni se prestaría a cuentagotas al sistema productivo, a tasas confiscatorias del capital del solicitante.

Basta ver que antes de la reforma financiera de 1977 el crédito al sector privado, no solamente era mucho mejor distribuido, abasteciendo a diferentes sectores y regiones del país, sino que representaba el 45 % del PIB. Al día 21 de noviembre de 2019 representa el 7,6% del PIB, y solo es negocio para los grandes bancos a los que les confiere un poder excepcional sobre la mayoría del país.

Se trata de que el dinero cumpla su rol de nexo y permita la realización de todas las operaciones propias de su función, ser un denominador común de todos los bienes y servicios y que tenga valor en sí mismo, valor que le confiere el Estado y que nace de una economía pujante en crecimiento y distribuyendo equitativamente los ingresos, como supimos tener, por ejemplo, en los gobiernos de Perón y de Illia.

 

 

Hablemos de dinero

 

 

La trampa para Alberto Fernández: el capital de trabajo de las empresas

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A lo largo de varias columnas intentamos situar la problemática macroeconómica que el gobierno de Cambiemos ha generado sobre el futuro de los argentinos. Desequilibrios externo y fiscal, deuda pública, descontrol de las principales variables de la economía, desmonetización y alto desempleo han sido abordados desde estas líneas dominicales intentando ver, además, el movimiento estructural que Cambiemos ha provocado en la economía argentina, cuya reversión requerirá un notable esfuerzo.

En la presente, analizaremos el problema microeconómico más relevante, capaz de frenar los estímulos monetarios y fiscales a la reactivación económica: la capacidad de distribución y abastecimiento de bienes que tiene el tejido empresario de unidades medianas y de menor porte.

Desde el inicio de la crisis auto infligida de mediados del año pasado, con mayores consecuencias tras el plan de ajuste monetario y fiscal denominado «doble cero», se advierte una constante preferencia por la liquidez, es decir, por la caja contante y sonante, del tramado empresario en la Argentina. Esta necesidad de mantener niveles de stock bajos y comprar y vender en plazos muy cortos es consecuencia del natural estrangulamiento del capital de giro de las empresas, tanto por la caída del nivel de ventas como por la ausencia de crédito de corto plazo.

El conjunto de empresas medianas y pequeñas suele estar integrado en cadenas de valor, en su gran mayoría con terminales productivas y/o de distribución oligopólicas. Ese hecho implica que dichos agentes económicos imponen plazos de pago, normalmente entre 90 y 120 días, con muy escaso margen para discutir su modificación. Por el contrario, la mayoría de las unidades de negocios debe afrontar sus compras y el pago de sus gastos, como la nómina salarial, de contado o con un máximo de 30 días. Esta fricción o brecha entre el período de cobro de sus ventas y el pago de sus compras tiende a acumular pasivos de corto plazo que no encuentran causes de financiamiento. En una economía estable y con un horizonte de actividad económica sostenido al alza, esta brecha entre cobro y pago, que oscila los 60/90 días, es solventada por los proveedores, que aparecen menos urgidos por la liquidez, y por lo bancos, que otorgan distintas líneas de adelantos de cuenta corriente y/o descuento de instrumentos comerciales. Es decir, facilitan el giro normal del negocio en curso.

En la actualidad, frente a la volatilidad de precios y al encarecimiento, o directamente supresión del crédito, se puede dar la paradoja de que una empresa de porte mediano al aumentar sus ventas, mayor sea su estrangulamiento del movimiento habitual termine malvendiendo activos de corto plazo para poder sostener el negocio. Por ello, la liquidez inmediata -la caja- se ha vuelto una obsesión en todas las unidades económicas del país.

Un programa de estímulos monetarios y fiscales a la demanda que provoque una fuerte expansión del consumo, medida imprescindible en el arranque del nuevo gobierno, se va a encontrar con empresas temerosas de intervenir activamente en la producción y distribución de bienes, y menos aún a hacerlo a precios estables, si no se resuelve esta problemática de estrangulamiento de capital de trabajo que ha ocasionado por la política de Cambiemos. En paralelo al programa de estabilización de variables en el marco del pacto social, es importante impulsar el desarrollo de un sistema crediticio de corto plazo que sustente el capital de giro de las empresas, sobre todo de aquellas de menor porte. Caso contrario, los efectos benéficos de la reactivación al interior del entramado empresarial serán apropiados por los agentes económicos oligopólicos, dada su mayor capacidad financiera.

En este sentido, hay tres senderos para recorrer:

1) El despliegue de una vastedad de instrumentos representativos de las ventas que sean objeto de respaldo y/o descuento para la obtención de un crédito bancario. Los títulos-valores comerciales, representativos de ventas realizadas, sobre todo a grandes cadenas empresariales, constituyen una promesa de pago segura para el respaldo de un crédito de corto plazo. Sin dudas, un fluido mercado de estos valores disminuiría la dependencia financiera de las empresas pequeñas y medianas de dichos agentes poderosos.

2) El impulso a las sociedades de garantía recíproca y el uso de scoring de calificación de riesgo crediticia, a base del promedio de ventas del último año, facilita mucho el sostenimiento de capital de giro de aquellas empresas con dificultades para afrontar la evaluación de riesgo bancaria.

3) Es central el rol de la banca pública otorgando créditos cuotificables a seis y doce meses que le permita a las empresas calzar sus pagos con sus cobros, sin estrés financiero ni necesidades permanentes de liquidez. Inclusive, es posible ponderar un mayor monto de crédito contra aumento de nómina salarial, como modo de facilitar mejoras en las remuneraciones y/o en la incorporación de nuevo personal.

El estrangulamiento de capital de trabajo que sufren las empresas medianas y/o pequeñas debe ser un tema en la mesa del acuerdo social ya que, de lo contrario, un programa de reactivación puede producir una agudización de esta situación y revertir alguno de sus aspectos benéficos, derivando en una mayor concentración de mercado, donde los agentes económicos poderosos hagan valer su mayor capacidad financiera.

https://www.eldestapeweb.com/nota/la-trampa-para-alberto-fernandez-el-capital-de-trabajo-de-las-empresas-2019113021550