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sábado, junio 27, 2026
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La tercera reestructuración de deuda

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Por tercera vez en la historia, un gobierno peronista encara un proceso de reestructuración de deuda pública en default heredada de gobiernos no peronistas que lo precedieron.

En columnas anteriores reseñamos los dos procesos previos de la historia reciente. El primero de ellos, la reestructuración de deuda generada por la dictadura cívico-militar y en cesación de pagos desde 1988, que ejecutó el gobierno del presidente Menem en el marco de lo que se conoció como “Plan Brady”, que abrió las puertas al proceso de reformas de mercado en el marco del Consenso de Washington, pero que también aseguró la década de la Convertibilidad. El segundo fue el desarrollado durante los gobiernos de Néstor y Cristina, que reprogramaron la deuda en default en el año 2001, abultada por el Megacanje de la Alianza, en un esquema de fuerte quita de capital a través de los canjes 2005-2010, que consolidaron un proceso de autonomía económica que permitió La Década Ganada.

La actual coalición peronista en el gobierno acaba de anunciar el acuerdo alcanzado con los tres grupos principales de tenedores de bonos argentinos (el grupo Ad Hoc, el comité de acreedores y bonistas del canje) para reestructurar la deuda emitida bajo legislación extranjera, por casi U$S 67.000 millones. Este endeudamiento fue contraído en su gran mayoría durante el gobierno de Macri.

La propuesta se centra en tres aspectos:

  1. La emisión de doce bonos que prorrogan el grueso de los vencimientos de capital previstos en el lapso 2020-2025 para que comiencen a amortizar a partir del año 2030 y hasta el 2046.
  2. La mayoría de los títulos tendrán un rendimiento a tasas variables crecientes que van desde 0,125 % anual hasta un máximo del 5% anual al acercarse el plazo de extinción del bono. Sólo dos series devengan una tasa de interés fija del 1% anual en dólares y del 0,5% anual en euros. Los servicios de intereses se comienzan a abonar en enero 2021.
  3. Se convalida la vigencia de la jurisdicción de tribunales en el exterior para los nuevos bonos.

A diferencia de lo ocurrido en los canjes 2005-2010, el peso del acuerdo descansa en disminuir los servicios de intereses de la deuda original, situados en un promedio del 7,5% anual, al 3,01% anual, produciéndose un ahorro estimado en torno a los U$S 20.000 millones a consecuencia de la reducción de la tasa de interés. Respecto del capital, el núcleo del acuerdo es estirar los plazos de amortización del mismo pero la quita del stock apenas alcanza el 1,9%.

La negociación, que llevó cinco meses de tensiones, implicó un paulatino acercamiento entre los reclamos de los bonistas y la oferta inicial argentina. Estas comparaciones se efectúan en base al cálculo de “valor presente neto”, que sería lo que recibiría un tenedor de bonos en el momento presente si se decidiera cancelar la obligación de contado. Los fondos de inversión más duros ubicaron su posición en recibir U$S 70 por cada U$S 100 que ingresaran al canje y la Argentina inició la propuesta con U$S 40 por cada U$S 100 a ser reestructurados. Finalmente, el acuerdo se cierra con un valor presente neto aproximado de U$S 55 por cada U$S 100 del stock de deuda.

De confirmarse la expectativa generada por el acuerdo con este conjunto de acreedores -y la oferta argentina tuviera una aceptación masiva al 28 de agosto (próxima fecha de vencimiento del plazo para ingresar las ordenes de canje)-, se habría producido un alivio singular en las cuentas externas, creando un horizonte de sustentabilidad de la economía argentina en el próximo lustro, base necesaria para superar los daños provocados por la pandemia.

Según ha estimado la Oficina de Presupuesto del Congreso de la Nación, de consolidarse la actual propuesta, los desembolsos por amortizaciones de capital e intereses estimados para la próxima década (2020-2030) serán de U$S 42.400 millones, en tanto que, de continuar el actual perfil de deuda, dichas erogaciones llegarían a U$S 72.500 millones. Un ahorro proyectado gracias al actual reperfilamiento de la deuda pública de casi U$S 30.000 millones en el lapso 2020-2030.

Los bonos sujetos al canje propuesto por el Gobierno a los acreedores fueron emitidos bajo dos marcos legales (Indenture) a los cuales se debe recurrir ante eventos que afecten a las series emitidas.

Ello implica dos topes de aceptación de oferta distintos para que entre en vigencia tener la denominada “Cláusula de Acción Colectiva”. Por la misma se entiende el mínimo porcentaje de aceptación de la oferta acordada que se considerará como válido a partir del cual la reestructuración será obligatoria para todos los bonistas que no hayan ingresado al canje, eliminando la posibilidad de litigio.

Los dos porcentajes mínimos de aceptación son:

Los títulos correspondientes a la reestructuración 2005/2010, que se rigen por un marco legal Indenture 2005 requiriendo una aceptación mínima del 85% por el total del capital agregado y un 67% por cada una de las dos series ofertadas en el canje.

Los títulos que conforman la mayoría de las series y del capital que fueron lanzados al mercado durante el Gobierno de Macri se rigen por el marco legal Indenture 2016 y necesitan de un mínimo de aceptación del 67% del capital total de las series ofertadas y el 50% en cada una de ellas individualmente.

Alcanzar niveles de aceptación que permitan activar las “Cláusulas de Acción Colectiva” es un tema relevante para proteger la reestructuración de ataques especulativos.

En un mundo golpeado por la pandemia y con un pronóstico de caída del nivel de actividad para el año 2020 del 10%, más de cincuenta naciones se encuentran en problemas para cumplir sus compromisos financieros. Las “Cláusulas de Acción Colectiva” configuran uno de los temas de tensión entre el capital financiero y las naciones soberanas en proceso de reprogramación de sus deudas. Cuánto más bajo sea el nivel de aceptación requerido para consolidar un canje de bonos, más se facilita que la economía interna de los países se recupere del impacto de la pandemia al no estar sometida a la presión de los acreedores.

Es, en definitiva, compatibilizar activos financieros con la evolución de la economía real, proceso que nuestra Nación llevó adelante en el ciclo 2003-2015.

Sin embargo, Argentina sufrió -al ser confirmados los fallos del juez Thomas Griesa en el año 2014- el impacto del ataque contra la reestructuración de deuda de los canjes 2005-2010, a pesar que dicha oferta tuvo una aceptación del 92,4% del monto reestructurado y no contaba con un marco legal de protección.

Sin duda, nuevamente nos encontramos en la vanguardia de uno de los debates más trascendentes de la salida de la pandemia: si los activos financieros serán compatibles con el desenvolvimiento de la economía real o si esta última sufrirá el cepo de la especulación. Veremos el desenlace.

Un cierre exitoso del presente proceso el 28 de agosto definirá un escenario en dónde el peso de los servicios de la deuda pública desaparecerá de la agenda inmediata, concentrando los esfuerzos de las políticas públicas en resolver los saldos negativos que arroja la pandemia. Para la mayoría de los agentes económicos, el marco de la estabilidad externa es un impulso para sus decisiones de producción, consumo e inversión. Las empresas comenzarán a elaborar sus planes de negocios para el 2021 atendiendo al programa de gobierno destinado a recuperar la actividad y éste a su vez no se encontrará condicionado por la situación de incertidumbre y desbalance de divisas provocada por la carga de la deuda pública.

Las reestructuraciones de deuda ocurridas durante los gobiernos de Menem y de Néstor y Cristina estabilizaron el horizonte político y económico de esas administraciones a largo plazo signando su rumbo, en el primer caso subordinado a las corrientes internacionales y en el segundo con altos niveles de autonomía soberana. El presente proceso en desarrollo producirá el mismo efecto sobre el actual gobierno de coalición peronista.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/reestructuracion-de-la-deuda/la-tercera-reestructuracion-de-deuda-20208819030

Un semestre de política monetaria

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Durante el Gobierno de Mauricio Macri, la gestión del Banco Central estuvo orientada a valorizar financieramente los excedentes acumulados por las empresas beneficiarias de las políticas de ingresos del macrismo. La renta extraordinaria en el sector energético -resultante de la suba de tarifas-; la del sector agropecuario y minero producida por la devaluación del peso y la baja de los derechos de exportación; y la de los mercados de consumos básicos que fueron desregulados; concurrió al sistema financiero a incrementarse con el rendimiento de altas tasas de interés que pagaban las letras emitidas por el Ente Rector para absorber esos excedentes, cuyo destino final sería convertirse en dólares y salir del país. La deuda pública financiaba esta política de drenaje de riqueza hacia el extranjero.

Sin embargo, la élite oligárquica centra sus críticas en la política monetaria seguida por el Banco Central desde el inicio de la administración actual, omitiendo cualquier reflexión sobre el legado del gobierno anterior al nuevo en materia de endeudamiento, nivel de reservas internacionales y monetización total de la economía. Tal fue el descontrol monetario y cambiario, que tuvieron que reimplantar el control directo a la compra de divisas para impedir un desmadre en el traspaso del gobierno. El “aborrecido cepo” tiene cuño macrista.

La ofensiva de los agentes económicos poderosos reabre el recurrente debate sobre si la Argentina puede tener una moneda nacional, emitida en forma autónoma de la oferta de divisas acumuladas por el Banco Central y qué tope cuantitativo tiene dicha expansión monetaria.

No es tema de esta columna abordar esos interrogantes, pero sí diremos que la Argentina es una economía bi-monetaria a la fuerza de sucesivas fugas de capitales por parte la cúpula empresarial, que convirtió a la moneda nacional en un instrumento transaccional, pero le quitó el atributo de reserva de valor para entregárselo a la moneda extranjera de un modo exacerbado respecto de otros países de similar porte y diversidad que el nuestro. Sus patrimonios se valúan en dólares, pero el flujo de riqueza previo a la conversión se obtiene en pesos.

Por ello, evaluar una política monetaria expansiva que permita romper, al menos parcialmente, el corsé al desenvolvimiento de la actividad interna que impone la oferta de divisas provista por el sector externo requiere de equilibrios macroeconómicos sostenidos o al menos controlados, tanto en las cuentas del balance de pagos con el exterior como en las del sector público.

Es con este prisma que evaluaremos el derrotero seguido por la política monetaria presente.

Aspectos cuantitativos de la política monetaria en el primer semestre

El análisis se centra en la creación de dinero de alta potencia, es decir, la expansión neta de la Base Monetaria y, correlativamente, el aumento del stock de los Instrumentos de Absorción Monetaria (LeLiq + Pases Pasivos) librados a fin de morigerar el impacto del sobrante de pesos no incorporados al circuito de producción y consumo a consecuencia del freno a la actividad impuesto por la pandemia.

Antes de la llegada del virus, el objetivo de las autoridades se orientó a recuperar los niveles de monetización de la economía severamente dañados por las políticas macristas. En diciembre del año pasado, el total de agregados monetarios en pesos (M3 en $ = Billetes y Monedas en poder del público + Depósitos totales) no superaba el 19% del PIB, nivel extremadamente bajo en relación a la media histórica oscilante en 27% del PIB. La Base Monetaria se encontraba al inicio del gobierno en 8% del PIB.

Este esquema no perduró más de un trimestre porque el inicio de la pandemia determinó una caída potente del nivel actividad y un golpe negativo en la recaudación tributaria ligada a la evolución del ciclo económico. La expansión monetaria ya no tuvo en cuenta que los medios de pago acompañaran al paulatino aumento de la producción y el consumo, porque se impuso la necesidad de financiar el aumento del déficit de las cuentas públicas. Consecuentemente, la emisión primaria exigió una mayor absorción de los pesos excedentes por falta de movimiento económico.

El gráfico que continúa muestra la evolución de la expansión neta de la Base Monetaria y de los Instrumentos de Absorción Monetaria (LeLiq + Pases Pasivos), cuyo stock a junio neutraliza el crecimiento de la primera.

Un semestre de política monetaria

Fuente: elaboración propia con cifras del Banco Central.

Desde el inicio del Gobierno, en el primer semestre la Base Monetaria creció un 24%, pasando de $1.734.073 millones en diciembre 2019 a $2.149.123 millones en junio. Los Instrumentos de Absorción Monetaria (Leliq + Pases Pasivos) subieron de $1.171.440 millones en diciembre 2019 a $ 2.249.035 millones en junio, lo que equivale al 92% de incremento.

La evolución de los Instrumentos de Absorción Monetaria por encima de la Base Monetaria encuentra su explicación cuando se analizan los factores de expansión de la segunda. Se advierte entonces el rol predominante el Sector Público en el aumento. No ocurre lo mismo con el Sector Externo. Y se advierte también en la cifra constante de las reservas internacionales a lo largo del período analizado.

El cuadro que sigue refleja lo afirmado:

         FACTORES DE VARIACIÓN DE LA BASE                                    MONETARIA

                          Acumulado primer semestre 2020

Factor de variación                                           Variaciones (en millones de $)        %

Variación total de la Base Monetaria                        $415.050                               100,0%

 

 

EL PRESUPUESTO DE LA PANDEMIA

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El Congreso de la Nación trata la modificación y ampliación del Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2020, que es prorroga del 2019 por Decreto 4/2020 y que se amplía por los gastos incurridos para la atención de la pandemia generada por el Covid-19 y la necesidad de su financiamiento.

Por un lado, el gobierno nacional reconoce un fuerte descenso en la recaudación por la cuarentena que se debe guardar, pero infiere que se logrará frenar dicha caída en la segunda parte del año porque se habría superado el pico más agudo de la pandemia y el país cuenta con recursos propios para producir (energía, alimentos, trabajadores, capacidad ociosa, posibilidad de impulsar la construcción, etc.). Además, al dejar de pagarse la deuda pública y sus intereses con los tenedores privados de títulos públicos, esa partida podría usarse para financiar parte del gasto.

En la ejecución presupuestaria al primer semestre del año 2020 se incurre en un déficit de $ 1.274.905,1 millones que es el 71,4% del déficit previsto para el total del año, fruto de que los gastos totales crecieron mucho más que los ingresos.

 

El mayor gasto público realizado se debe exclusivamente a la atención de la pandemia, donde juegan un rol importante:

a) Transferencia a las provincias (principalmente a la de Buenos Aires por el Conurbano bonaerense) para equipamiento de hospitales y asistencia alimentaria a la población. Esto implica una ejecución del 64,7% del presupuesto del año en los primeros seis meses. También incluye el Decreto 352 del 8 de abril de 2020 por el cual el Gobierno Nacional dispuso la creación del Programa para la Emergencia Financiera Provincial con el fin de asistir a las provincias para compensar la caída de la recaudación a nivel nacional y provincial producto de la pandemia y las medidas sanitarias, mediante la asignación de $ 60.000 millones provenientes del Fondo de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y de otros $60.000 millones para el otorgamiento de préstamos blandos canalizados a través del Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial (FFDP). Así, la asistencia prevista para las provincias argentinas asciende a $120.000 millones en el primer semestre del año. Más la asistencia a los Municipios por $ 57.295,4 millones, suman $ 177.295,4 millones para el primer semestre de 2020.

b) Transferencia a las empresas privadas por el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) e incluso asistencia directa de las trabajadoras y los trabajadores independientes (monotributistas y autónomos) a través de créditos a tasa cero con un período de gracia y devolución en doce cuota fijas. En cuanto al salario complementario, la ayuda del Estado Nacional consiste en el pago del 50% del aguinaldo de cada trabajador con un monto máximo de $33.750 (equivalente a dos Salarios Mínimos, Vitales y Móviles) y un mínimo de un Salario Mínimo, Vital y Móvil de $16.875 . Las primeras dos asignaciones de ATP (correspondientes a los salarios devengados en los meses de abril y mayo, erogados en mayo y junio, respectivamente) alcanzaron a 310.000 empresas y a 2.800.000 trabajadores, por lo que el 60% del universo de las empresas privadas de la República Argentina contó con la ayuda del Estado Nacional. El 99,5% de las empresas que ingresaron en el ATP son pymes. En el caso del crédito a tasa cero, la herramienta ha permitido la asistencia de más de 450.000 trabajadoras y trabajadores independientes que realizan actividades comerciales y profesionales de todo tipo.

c) Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que asiste con $ 10.000 por mes a cerca de 9 millones de personas. El impacto conjunto del IFE con la Tarjeta Alimentar y el refuerzo en la AUH y la AUE suponen una morigeración del impacto de las imposibilidades de trabajar por Covid-19. En el primer semestre del año se pagaron dos cuotas del IFE.

d) Los refuerzos a la AUH y de la AUE, pagados en el mes de abril de 2020; el refuerzo de $3.000 a jubilados/as y pensionados/as; el bono de $3.000 entregado en junio a beneficiarios de los planes Hacemos Futuro y Salario Social Complementario; el refuerzo salarial para trabajadoras y trabajadores del sector de la salud (de $5.000 durante los meses de abril, mayo, junio y julio) y del sector de seguridad ($5.000 en el mes de abril) y la suspensión temporal hasta agosto de las cuotas de los créditos otorgados por la ANSES.

Es importante destacar la relevancia que tienen la complementariedad del IFE y la AUH y AUE, más la tarjeta Alimentar (lanzada por el Gobierno en enero de 2020) y distintos bonos extraordinarios para los jubilados de ingresos más bajos. Según estimaciones del Ministerio de Economía, entre los distintos programas sociales de transferencias directas a las familias de menores ingresos, se está logrando evitar que entre 2,7 y 4,5 millones de personas caigan en la pobreza y/o indigencia —de manera transitoria— producto de la pandemia. Además, con la incorporación del IFE, se pasó de cubrir al 61% del decil más pobre (el 10% de menores ingresos) del país a una cobertura del 89%.

 

 

Las mayores erogaciones que la Administración Nacional debió afrontar por la pandemia  justifican el pedido de ampliación presupuestaria, para que el presupuesto de 2020 configure un gasto total de $ 7.391.054,3 millones, con ingresos previstos por $ 6.082.368,3 millones. Por ende se prevé un déficit fiscal para el año de $1.308.686 millones.

Ese déficit fiscal nacional, frente a un PIB —Producto Bruto Interno— que el gobierno nacional estima para el año 2020 en $ 28.800.000 millones, representa un 4,5% (que es un porcentaje muy alto a lo que se le debe sumar el déficit del BCRA o cuasi fiscal y el de las provincias) por lo que es razonable decir que el déficit consolidado de todo el sector público argentino ronda el 8% del PIB. Es uno de los mayores de nuestra historia, similar a los de 1983 cuando asumió Raúl Alfonsín, o 2001, cuando renunció Fernando De la Rua.

Para financiar el déficit fiscal anual total de la Administración Nacional 2020 previsto de $ 1.308.686 millones, se transferirán utilidades y financiamiento del  Banco Central por $ 1.017.738 millones (a tal efecto se pide autorizar al gobierno a colocar una Letra del Tesoro intransferible en el BCRA)  y, además, se solicita autorización para colocar títulos de deuda en el mercado  por $ 290.948 millones.

Y acá viene el problema: al tipo de cambio oficial promedio de todo el año 2020, esos $ 290.948 millones serían un poco más de 3.000 millones de dólares. El gobierno obtendrá la mitad al colocar títulos en pesos, pero la otra mitad (1.500 millones de dólares) va a ser un título que se puede constituir en pesos, pero a cuyo vencimiento el gobierno lo va a pagar en dólares. Con lo que contradice la política que con mucho esfuerzo vino haciendo hasta el presente  de “desdolarizar” y hacer que los vencimientos de Letras del Tesoro en divisas se reemplacen por títulos en pesos.

Inferimos que, ante la imperiosa necesidad de pagar el déficit, han “sondeado” al “mercado financiero local e internacional” y este le contestó que solo aceptaría tener nuevos títulos de deuda argentinos si se pagan en divisas, con lo que el riesgo cambiario lo asume nuevamente la Nación argentina.

En síntesis

La Administración Nacional ha asumido en soledad absoluta la asistencia a la población por la cuarentena y el equipamiento de hospitales y programas de salud. Esas mayores erogaciones lo obligan a volver a tomar deuda, y una parte de esa deuda vuelve a ser en divisas. La única manera de no incurrir en nueva deuda en divisas es que el Congreso de la Nación apruebe el Proyecto de Ley de los diputados Máximo Kirchner, Carlos Heller y Hugo Yasky de incrementar la alícuota del impuesto a los bienes personales de aquellas personas físicas que declaran un patrimonio superior a los 3.000.000 de dólares, que se trataría de unos 12.000 contribuyentes y el ingreso esperado es en torno a los $ 300.000 millones (unos 3.750 millones de dólares), depende de que la mayoría necesaria de Diputados y Senadores comprenda el problema y hagan ley el proyecto gravando a los que tienen manifiesta capacidad contributiva. Lo que pagarían dicho gravamen extraordinario y por una única vez no los haría menos ricos y de esa manera contribuirían a afrontar la coronavirus.

La provincia de Buenos Aires

Todas las provincias y municipios del país han debido asistir a su población por la cuarentena y aprovisionar sus programas de salud, razón por la cual todas han incrementado sideralmente sus gastos y también, sufrieron la baja de sus ingresos ante el menor nivel de actividad. Por ende todas incurren en déficit fiscal que de una manera u otra deben financiar.

En el caso de la provincia de Buenos Aires, pide autorización a la Legislatura provincial para un nuevo crédito con organismos multilaterales o bilaterales de crédito por 500 millones de dólares para infraestructura y programas sociales, y otro endeudamiento por 28.000 millones de pesos, destinado a regularizar atrasos de Tesorería ($ 20.000 millones, por caso, para proveedores) y a ampliar el monto de emisión de Letras del Tesoro (que se deben cancelar en el mismo año 2020) de $ 8.000 millones.

Tanto la Nación como la provincia de Buenos Aires deben endeudarse en divisas en medio de la negociación de la sideral deuda externa que le dejaron las administraciones de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal [1].

Así como la solución en la Nación es el Proyecto de un impuesto extraordinario a los 12.000 contribuyentes que superan un patrimonio declarado de 3 millones de dólares, en la provincia es más simple, si cabe: con que aporten 50 dólares por única vez [2], las 211 familias y sociedades que son dueñas de 2.516 establecimientos agropecuarios con 11.158.368,9 hectáreas (sobre un total de 25.788.669 hectáreas cultivables de la provincia), se recaudarían 558 millones de dólares.

 

[1] La Nación ante un incremento de deuda de más de 100.000 millones de dólares y la Provincia, su ministro de Hacienda, Pablo López, declaró en los medios, el 28 de junio de 2020, que trabaja para cerrar el canje de deuda bonaerense por más de 7.000 millones de dólares.

[2] Y por la ínfima contribución que hacen al erario público, por ejemplo, en los primeros  seis meses del año 2020 la recaudación del Impuesto Inmobiliario Rural fue de solo $ 6.806 millones, el 3,2% de la recaudación propia de la provincia, cuando por IIBB ingresaron $ 151.175 millones, el 73% de la tributación.

 

www.elcohetealaluna.com/el-presupuesto-del-ano-de-la-pandemia/

Informe económico mensual – Julio 2020

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Introducción
En el título de un libro de Fontanarrosa dice Inodoro Pereyra: ¡10 años Mendieta! Y Mendieta responde: ¡Que lo parió! Son 10 años para alcanzar a cubrir lo perdido entre los años 2009 y 2020. Esto se puede alcanzar con tasa de crecimiento del PBI del 2.6% en el 2031. Notable predicción del macroeconomista Inodoro Pereyra, y esto lo pensó allá por 1993. En este documento plantemos los siguientes puntos:
a) En la primera parte, la revisión al día de hoy de la Conjetura de Inodoro.
b) En la siguiente incorporamos por solicitud y queja de algunos lectores parte de los cuadros utilizados.
c) El sector de los gráficos, a los que somos tan afectos, los dividimos en cuatro puntos con valores corrientes, con números constantes, ya sea en dólares o en pesos del 2019, en términos del PBI y finalmente con una base 100=2019 damos una vuelta de tuerca a los indicadores.
d) Finalmente, y sobre la base de los documentos publicados por el BCRA, construimos una síntesis por año desde el 2009 al 2020, incluyendo nombres de los presidentes del Banco y ministros de Economía para mejor recordar las acciones y medidas adoptadas. En el resumen tratamos de darle mayor ponderación a las políticas monetarias, pero incluimos también aquellas que pueden tener importancia y son producidas en otros ámbitos del Gobierno. Obviamente, este resumen no se podría haber hecho de no contar con las publicaciones del Banco.
Tres comentarios finales, el primero es que estamos sumergidos en la pandemia, hecho inédito para los actuales mortales. No tenemos idea del impacto del Covid 19 sobre el capital humano ni sobre el capital en equipos y desarrollos.
El segundo es que muchas veces se utilizan objetivos e instrumentos en política monetaria que aparecen como muy diferentes y se obtienen resultados no muy diferentes y dos conceptos que acentuamos en este escrito, las Ganancias Netas y los Intereses Perdidos del BCRA.
El tercero, una posible lectura de los intereses pagados o devengados por los Títulos emitidos por el BCRA que alcanzaron una enorme suma, especialmente en los cuatro años de la gestión anterior bajo el concepto de contener la inflación y comprar reservas, el Cuadro de Resultados muestra la cifra de casi u$s 39.000 millones o el 10 % del PBI como suma en ese periodo. Para contar con una dimensión próxima, el aporte del FMI u$s 44.000 millones fue apenas superior a los intereses pagados. ¿Qué hubiese ocurrido sin esos aportes? Si el único instrumento disponible para esterilizar pesos es con Títulos y pagando intereses, será necesario seguirlo muy atentamente y buscar alternativas.

Informe económico Julio 2020

LA BATALLA DE ANGACO

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La Batalla de Angaco, a unos 25 kilómetros de la Ciudad de San Juan, se libró el 16 de agosto de 1841, entre la Coalición del Norte (unitarios) liderada por el coronel Mariano Acha y la Confederación Argentina (federales) por el general José Félix de Aldao. Fue la batalla más sangrienta de la guerra civil, donde murieron en el combate la mitad de cada ejercito compuesto por unos mil hombres cada uno y, si bien el triunfo correspondió al primero, a los pocos días los federales se rearmaron y bajo las órdenes del general Nazario Benavídez derrotaron a los unitarios, apresaron a Mariano Acha y lo fusilaron por la espalda por alta traición a la patria (había en 1828 defeccionado del ejército federal y detenido a Manuel Dorrego, para que fuera remitido al General Juan Galo Lavalle, que lo fusiló).

Aldao era fraile dominico en su Mendoza natal cuando San Martin el 1° de agosto de 1816, creó el Ejército de Los Andes, al que se sumó como capellán, pero en el primer combate tomó sorpresivamente las armas y luchó junto a los soldados con tal destreza y ferocidad que fue ascendido a teniente del Regimiento de Granaderos a Caballo. Hizo toda la campaña de Chile, combatiendo en ChacabucoCancha Rayada y Maipú.

Aldao y Benavídez ansiaban un país federal donde las provincias se valieran por si mismas, pero terminaron subordinándose al puerto de Buenos Aires porque Juan Manuel de Rosas se decía federal y, no solo no compartía la renta aduanera sino que generó la base del modelo agroexportador, que hasta hoy condiciona la vida argentina. La unidad económica era la estancia y la principal producción la ganadería, mientras el resto de las provincias quedaban relegadas a esa integración internacional.

Salvando el método, el tiempo y la distancia, el actual gobierno argentino es fruto de  una coalición para vencer al frente de Cambiemos, pero sustenta su modelo económico en una burguesía parasitaria y rentística que se subordina al capital financiero internacional y, así como no se puede diferenciar, por ejemplo, qué le pertenece a Vicentin SAIC y qué es de Glencore y, como a su vez en Glencore tiene participación BlackRock, lo mismo ocurre con la estrategia de creer que se puede hacer una Nación independiente y soberana con ese sector.

BlackRock fue acusado en el año 2014 por la entonces Presidenta Cristina Fernández de Kirchner de buscar «desestabilizar» a la Argentina, cuando ese fondo le compró a Paul Singer (CEO del fondo buitre N M Elliot) la imprenta Donnelley, que se presentó en quiebra y despidió 400 trabajadores. Dos años después, el gobierno de Macri le pagó a Singer toda la deuda que reclamaba, los intereses y las costas judiciales.

BlackRock reconoce participación en la Argentina en el Grupo Financiero Galicia, y en los bancos Macro y Santander. Es accionista de YPF y en el grupo Mindlin (Edenor, Transportadora de Gas del Sur, Pampa Energia), Central Puerto, Loma Negra, IRSA. Telefónica, Coca Cola, Bayer, Procter & Gamble, Tenaris, Mercado Libre, TGN, Arcos Dorados y Adecoagro.

Tenaris es una empresa metalúrgica subsidiaria del grupo italiano Techint, líder mundial en la producción de tubos de acero sin costura para la industria del petróleo. Produce además tubos de acero con costura (soldados), servicios para la industria de la energía y otras aplicaciones energéticas. Está constituida en el Gran Ducado de Luxemburgo, y tiene fábricas en todo el mundo, incluida la Argentina.

Tanto la familia Rocca, que son los principales accionistas del grupo Techint, como sus empleados de confianza como Héctor Zabaleta y Luis Betnaza, quienes debieron hacer acuerdos con la Justicia argentina como arrepentidos cuando Paolo Rocca dijo desconocer que se había pagado cien millones de dólares para facilitar la indemnización por la expropiación de SIDOR en Venezuela[1], aparecen en todas las investigaciones de fuga de capital que hiciera la Cámara de Diputados de la Nación. Y por supuesto en la lista que da a conocer Horacio Verbitsky [2] de la fuga de 86.200 millones de dólares en la gestión de Cambiemos, donde afirma: “El Grupo Clarín, Techint, Arcor, Pampa Energía y Aceitera General Deheza están entre los mayores responsables de la fuga de capitales durante el gobierno del ex Presidente Maurizio Macri”.

De acuerdo al cálculo que estima la salida de capitales en 86.200 millones de dólares, sólo 853 empresas adquirieron divisas por el 73,8%, lo que demuestra la concentración del dinero en unas pocas manos muy poderosas. “Accionistas de esas empresas como Héctor Magnetto, Paolo Rocca, Luis Pagani, Marcelo Mindlin y Miguel Acevedo conforman hoy además el sector que presiona al gobierno de Alberto Fernández para que mejore la oferta para el pago de la deuda contraída bajo la ley de Nueva York, al tiempo que se aprovecha de las medidas paliativas para el pago de salarios en medio de la pandemia del coronavirus”, dice Verbitsky en la nota.

Pelea desigual y futuro incierto

El Ministro Martín Guzmán, encabezando la delegación argentina, batalla contra los fondos de cobertura. No se puede precisar quiénes son los propietarios de los títulos de los títulos de deuda argentina que administran BlackRock, Fidelity, PIMCO, Templeton, Greylock, Gramercy, Ashmore, Fintech, que totalizan la mayor parte de los 66.200 millones de dólares que están en moneda extranjera y en jurisdicción extranjera. Tampoco es claro cómo se relaciona esa titularidad de activos que administran los fondos de cobertura con la fuga de capitales (en la gestión de Cambiemos nos endeudamos por más de 100.000 millones de dólares pero 86.200 millones fueron comprados por residentes del país y fugados en su mayor parte al exterior).

En la negociación de la deuda y cuando la Argentina presentó su primera propuesta de pago, la respuesta se la dio el mexicano Gerardo Rodríguez (ex Subsecretario de Finanzas del Presidente Felipe Calderón de México 2006-2012) y en ese momento representante de BlackRock en América Latina: “Ustedes no saben con quién se meten”. Es más, el abogado Dennis Hranitzky [3], representante del grupo financiero Exchange Bondholders Group (que se sumó a BlackRock en rechazar la propuesta argentina) se atrevió a decirle al gobierno argentino: “Lo que nos tienen que mostrar (en la propuesta) es un sacrificio que duela”.

Que la CGT firme con AEA (Asociación Empresaria Argentina) que fueron los promotores del golpe militar del 24 de marzo de 1976 [4] y sus principales beneficiarios y hoy máximos fugadores de capitales y socios de los fondos acreedores, proponiendo: “La inserción inteligente de la Argentina en el mundo” y destacando que “se aspira a un resultado positivo en las negociaciones con los acreedores externos”, se entiende solamente desde la subordinación a la lógica financiera, sin dignidad ni vergüenza.

La historia de nuestro país desde que nos dimos el primer gobierno patrio enfrentó y enfrenta dos modelos, uno de defensa de la pampa húmeda y el puerto y su subordinación al exterior vía endeudamiento, y el otro, el de los que defienden el mercado interno, el trabajo y la producción nacionales. Para los primeros sobra territorio y gente, su negocio está en formar parte de las cadenas de valor del sistema económico mundial dominante y para eso cuentan con la tierra más fértil del mundo, más algún grado de industrialización de la producción primaria (manufacturas de origen agropecuario), actividades extractivas (y a como dé lugar), y alguna industria que amparada por el Estado (en subsidio energético, en garantizarles un mercado cautivo, en financiamiento a tasas promocionales y en el “regalo” de las privatizaciones), como es el caso de la siderurgia y el aluminio. Pero en todos los casos los trabajadores son vistos como un costo, más que como un potencial consumidor.

Ese país pequeño y para pocos requiere de un patrón de acumulación internacional y sujetarse a normas e intereses del extranjero. Son los europeizantes del siglo XIX y  la primera mitad del  XX, para subordinarse a las grandes corporaciones con eje en los Estados Unidos desde  la segunda mitad del siglo pasado y ahora, personalizadas en los Larry Fink  y demás CEOs de los Fondos de cobertura.

La Argentina solo puede crecer si crece el poder adquisitivo y el número de los trabajadores ocupados. El único modelo de desarrollo (crecimiento con distribución del ingreso) es si nuestro mercado interno se fortalece, y ellos lo saben, por eso acumulan lo máximo que pueden (y fugan la mayor parte del capital también), endeudan al país para hipotecarlo y dejarlos a ellos como garantes de la civilización y la integración a los mercados financieros mundiales en una sociedad espuria en contra del pueblo argentino.

Si esa es la verdad, no es subordinándose a los falsos federales que seremos independientes  y soberanos y  para ello se necesita ser libres y dueños de nuestro destino.

En síntesis

La Argentina cuenta con abundantes recursos naturales, la pampa húmeda, valiosos minerales, petróleo y gas, una cantidad importante de trabajadores disponibles y una capacidad ociosa considerable en su industria y comercio, con un potencial muy fuerte en la construcción. Ordenado el tema de la deuda y superada la pandemia, tiene todas las condiciones para crecer y hacerlo en forma sostenida y distribuyendo ingresos. Todo ello depende de fijar grandes objetivos y caminos para llegar a ellos, que sean consensuados por la población y que se lleven a cabo con responsabilidad y disciplina. Pero el primer paso es saber a ciencia cierta quiénes son los verdaderos dueños de los títulos de deuda y qué hicieron con los dólares los mayores compradores de los 86.200 millones de esa divisa fugados del país. Es ahí donde creemos que las líneas paralelas dejan de serlo, porque se cruzan.

Porque vamos a pagar una deuda que no es tal. O en todo caso que el acreedor argentino diga que es el dueño de ese título y no se escude en los fondos de cobertura.

José Félix de Aldao y Nazario Benavidez amaban a su tierra y su pueblo, los defendieron con valor y dignidad. Sin embargo fueron relegados por los estancieros y el puerto de Buenos Aires, empujando a las provincias a la marginalidad y a subsistir como puedan [5].

Se debe evitar a toda costa que se repita esa historia.

 

 

[1] Igual conducta tuvo en Brasil cuando  los ejecutivos de la siderúrgica Tenaris/Techint fueron denunciados por haber «pagado ventajas indebidas» al entonces director de Servicios de Petrobras, Renato Duque.
[2]  “Los Conocidos de  Siempre”  El Cohete a la Luna del 17 de mayo de 2020.
[3] Dennis Hranitzky  fue el abogado de Paul Singer (NM Elliot) que embargó la  Fragata Libertad en octubre de 2012, en el puerto de Ghana, hoy es abogado de Exchange Bondholders Group. Y Gerardo Rodríguez demuestra lo funcional que son los tecnócratas  que llegan a cargos decisivos en la administración pública y después pasan a ser funcionario de los acreedores.
[4] Cuando se llamaba CEA –Consejo Empresario Argentino –  y estaba presidido por José Alfredo Martínez de Hoz.
[5] Se vendía carne y se importaba todo.  Pedro Ferré, gobernador de Corrientes se lo dice a Juan Manuel de Rosas en 1830: “No se pondrán nuestros paisanos ponchos ingle­ses, no llevarán bolas y lazos hechos en Inglaterra, no vestiremos ropa hecha en extranjería y demás renglones que podemos proporcionar, pero en cambio, empezará a ser menos desgraciada la condición de pueblos enteros de argentinos, y no nos perseguirá la idea de la espan­tosa miseria a que hoy son condenados.

 

LA BATALLA DE ANGACO

Blackrock: el gendarme financiero global que aprieta a la Argentina

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En el excelente ensayo “Del choque al diálogo de civilizaciones. De la globalización a la perestroika en EEUU” sus autores Walter Formento y Wim Dierckxsens, describen con mucha precisión el conflicto que surca la principal potencia del mundo, entre las élites aferradas a sostener el modelo global y los renacidos planteos de un reordenamiento en clave continental promovidos desde la llegada de Donald Trump a la Presidencia.

Al referir al comportamiento de la Reserva Federal como garante del valor de las acciones corporativas a través de la emisión monetaria “sin límites”, el trabajo focaliza la disputa globalizadores-continentalistas en torno a la potencial propiedad de las empresas de inteligencia artificial, Google-Apple-Facebook-Amazon-Microsoft (GAFAM) rescatadas con fondos federales y reseñan la constitución de un fondo administrado por BlackRock que protegería dichos paquetes accionarios de una “compra hostil” (“take over”) por parte del Gobierno.

Al respecto, describen: “Existía la expectativa al otorgar crédito mediante la expansión monetaria sin límite coordinada entre la Fed y el Tesoro (gobierno de Trump), que la articulación entre el gran capital no-globalista (JPMorgan, Goldman Sachs, Bank-of-America, Warren Buffet, entre otros), la Secretaria del Tesoro y el Gobierno de EEUU podrían forzar la situación y consolidar un reposicionamiento como dominantes en el Complejo Estratégico de Inteligencia Artificial angloamericano. Esto lo harían ‘comprando’ las acciones GAFAM, a través de la expansión monetaria ilimitada”.

Para concluir: “Se le ‘otorgó’ a BlackRock un contrato sin licitación en virtud de la Ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica de Coronavirus (Ley CARES) para ‘desplegar y manejar’ un fondo de $ 4 billones en créditos de la Reserva Federal y otro de casi medio billón del Tesoro (…) Por el momento podemos considerar este hecho como un golpe de estado del Globalismo (BlackRock) que lo fortalece y reposiciona frente al Continentalismo (JPMorgan, Goldman Sachs, Bank of America-Warren Buffet) y a los nacionalistas (Trump).”

En respaldo del cuadro de situación descripto, el analista financiero Germán Fermo escribe en el Cronista Comercial: “De una locura pesimista en marzo 2020 pasamos a una locura exuberante en julio 2020 liderado por el equity tecnológico…No parece razonable un mundo entero comprando tecnológicas…”

El despliegue de este conflicto en los Estados Unidos, abordado también en la columna anterior, ubica al fondo de inversión BlackRock como espada protagónica de los intereses del capital financiero global administrando la protección de las empresas GAFAM, núcleo duro del control social a escala planetaria a través del conocimiento y el procesamiento de los datos individuales de los ciudadanos, en lo que se conoce como “Big Data”.

Una globalización en declive desde la crisis del 2008 y golpeada en forma casi irreversible por el impacto del virus en las economías nacionales, redobla su apuesta de poder en la conjunción de acumulación de capital en las finanzas y control social mediante los sistemas de inteligencia artificial que relevan en línea el comportamiento de la población.

El fondo de inversión BlackRock emerge como articulador de dicha conjunción Finanzas-Big Data en la disputa de élites estadounidenses. Esta institución financiera admite gestionar una cartera de u$s 5,1 billones con tenencias de títulos-valores de todo el mundo y pretende ejercer un rol de custodio de la cotización de esos activos financieros en todo el planeta, papel que ya desempeñó en la crisis de Grecia impulsando las posiciones más duras del ajuste que sufrió esa Nación. En el año 2010 las reestructuraciones de la deuda pública europea golpeada por el crack del 2008 desembocaron en sucesivos planes de austeridad, siendo Grecia una muestra ejemplificadora a imitar por el resto de los países de la Unión Europea.

El comportamiento descripto se repite en la Argentina, donde BlackRock aglutina el conglomerado de bonistas que en forma sistemática aumenta las exigencias de condiciones que debe contener el proceso de reestructuración de deuda, dilatando el fin de las negociaciones frente a la resistencia a sus pretensiones que ejerce el Ministro Guzmán en defensa del interés nacional.

Es un escenario similar al de Europa en el 2010, pero agravado por el alcance y la escala de la crisis detonada por la pandemia. Una salida favorable hacia la Argentina de la reestructuración de los u$s68.800 millones sujetos a canje, implicaría la reproducción de esas condiciones beneficiosas en los casi 50 países en dificultades con sus compromisos con el exterior.

BlackRock erigido en gendarme del capital financiero global en alianza con las empresas de inteligencia artificial, comanda el conflicto de élites en los EEUU, pero a la vez traslada ese rol de preservación del valor de los activos financieros al mundo en crisis por el virus COVID-19.

Argentina en los canjes 2005/2010 ha evidenciado como una nación con liderazgo firme y convencida de la justicia de su causa puede destruir capital financiero y adaptar el valor de esos títulos al funcionamiento de su economía real. Los canjes 2005/2010 reestructuraron deuda por valor nominal de u$s 75.600 millones, emitiendo bonos nuevos por u$s 29.900 millones resultantes de una quita de capital aplicada de dos tercios.

El fallo del entonces juez Thomas Griesa sobre los montos no reestructurados y validado por el Gobierno de Mauricio Macri pretendieron obrar como un correctivo de esa acción. Después de todo, quien canceló el reclamo de los “fondos buitres” y los bonistas no ingresados al canje fue el mismo que convocó a BlackRock a comprar casi toda una serie de Títulos emitidos localmente: Luis “Toto” Caputo. Este fondo de inversión también tiene participación accionaria en bancos, empresas de energía y de comunicaciones argentinas.

El desequilibrio, llamado simpáticamente “burbuja”, entre activos financieros y activos reales es un dato mundial que la economía ha venido padeciendo desde hace tres décadas y que tuvo su primera explosión masiva de “burbuja” en el 2008. Ese crack se resolvió preservando el valor de los activos financieros como nuevamente ocurre ahora en EEUU.

Ahora bien, el capitalismo financiero no ofrece recuperación de la demanda efectiva ni expansión de la producción. La pregunta es si la profundidad de la crisis provocada por la pandemia soporta en todos los países un esquema de resolución igual al del 2008.

BlackRock presiona y Argentina intenta no ceder. Pero como se desgrana en esta columna, el conflicto tiene un alcance mucho mayor que los dólares de diferencia entre el valor presente neto de la oferta nacional y el pretendido por el fondo de inversión.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/blackrock-el-gendarme-financiero-que-aprieta-a-la-argentina-202072519023.

Capitalismo financiero

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La Argentina no es un país pobre sino terriblemente injusto, con una población de unos 45 millones de habitantes y una tasa de Actividad que ronda el 47%, quiere decir que aproximadamente 21.150.000 personas forman la Población Económicamente Activa (que está en condiciones de trabajar), por ende si al mes de mayo de 2020 el total de personal público (nacional, provincial y municipal) es de 3.194.700 personas y los trabajadores registrados del sector privado suman 7.595.704 —sumados a asalariados de casas particulares, independientes autónomos y monotributistas, lo que conforma un total de 12.076.810 trabajadores formales—, se deducen dos cosas:

  1. Que un país que tiene recursos naturales y capital para generar trabajo para todos, cuenta con 9.000.000 de desocupados y/o con precariedad laboral (hecho que además merma nuestra capacidad de producir bienes y servicios).
  2. Que esto explica y fundamenta el programa IFE (Ingreso Familiar de Emergencia), que a su vez debería ser la base de datos para un plan de Renta Mínima de Inserción [1].

El IFE y los demás planes sociales, incluidos los gastos ocasionados en salud por Covid-19, implican una inyección de recursos estatales fuerte, que debería contar con una fuente de financiamiento genuino, que pasara por cobrar impuestos a los sectores de manifiesta capacidad adquisitiva y redireccionar el crédito y la liquidez, en un país en el que en cuatro años se detrajo ahorro por 86.200 millones de dólares que no se convirtieron en inversión. Además, una parte del mismo es administrado por los fondos de cobertura que son acreedores del Estado Nacional.

Lo demuestra BlackRock, que se reconoce en la Argentina accionista del Grupo Financiero Galicia (de Braun, Ayerza y Escasany), del Banco Macro (Brito y Carballo) y del Santander (grupo Botín, que en la Argentina son dueños del Banco Santander-Río), pero también es accionista de YPF y del grupo Mindlin (Edenor, Transportadora de Gas del Sur, Pampa Energía), en Central Puerto, en Loma Negra, en IRSA, en Telefónica, en Procter & Gamble, en Bayer-Monsanto, en Tenaris, en Mercado Libre, en Transportadora Gas del Norte, en Arcos Dorados y en Adecoagro, más su participación en Glencore y de esta con Vicentin en Renova SA. Paralelamente posee títulos públicos nacionales, estimándose en unos 3.000 millones de dólares, de los cuales unos 2.000 millones son los títulos de deuda argentina bajo jurisdicción extranjera y que hace que lidere el grupo Ad Hoc que rechazó el plan de pagos que el Ministro Martín Guzmán presentara el 6 de julio 2020 a la SEC (Comisión Nacional de Valores de los Estados Unidos). Otros 1.000 millones son bonos bajo leyes locales, especialmente los Bonos del Tesoro (BOTE 2023 y 2026), emitidos el 14 de mayo de 2018, cuando el Secretario de Finanzas de la Nación era Luis “Toto” Caputo.

Si combinamos la fuga de capitales con la fuerte extranjerización de la economía argentina y la lógica financiera que las direcciona, podremos explicarnos por qué se demora hasta el cansancio el planteo de extender el Impuesto a los Bienes Personales a unas 12.000 a 14.000 personas cuyo patrimonio supera los 3.000.000 de dólares, que implicaría de realizarse, a una alícuota del 2,25% una recaudación de $ 300.000 millones [2], cuando mensualmente el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) es de unos $ 90.000 millones  (unas nueve millones de personas a razón de $ 10.000 cada una).

Los bancos

Es obvio que se necesita de otros ingresos y de allí que se vuelva la mirada hacia el sistema financiero que al 8 de julio de 2020 inmoviliza por Letras de liquidez del BCRA (LELIQs) $ 1.709.442 millones, que devengan un interés nominal anual del 38% y efectivo del 46%.  Esto significa unos $ 60.000 millones de pesos por mes que paga el BCRA y que equivalen a las dos terceras partes de lo que se abona por IFE a 9 millones de personas. No tenemos el desagregado por banco, pero podemos inferir sin temor a equivocarnos que la mayor parte de esos intereses los perciben los 10 primeros bancos por volumen de depósitos, de los cuales dos que creíamos privados nacionales (Galicia y Macro) tienen participación de BlackRock. Esas diez entidades financieras privadas ganaron el año pasado el equivalente a unos 6.000 millones de dólares, mientras la cantidad de bienes y servicios que se produjeron en 2019 descendía en una suma similar (Caída del 2,2% del PIB).

Es inconcebible que por mes se les pague a los bancos no menos de $ 60.000 millones por inmovilizar recursos y que, a la vez, el Estado deba abonar por IFE una suma de $ 90.000 millones.

El problema reside en que el sistema financiero argentino no genera ni liquidez ni crédito suficiente:

  • La tasa de liquidez medida por la Base Monetaria es menos del 11% del PIB y,
  • El total del crédito (en pesos y en divisas) al sector privado es del 11,35% del PIB[3] .

Estos son los indicadores más bajos de toda la región y de nuestra historia, lo cual explica la rotura de las cadenas de pago, el cúmulo de cheques rechazados y la falta de dinero en la mayoría de la población, mientras hay una minoría que utiliza el excedente para comprar divisas por cualquier alternativa que consiga (dólar blue o ilegal, CCL, dólar Bolsa, etc., etc.).

El conjunto de bancos privados en los primeros cuatro meses de 2020 incrementó su Patrimonio Neto en un 35,5% (muy por encima de la inflación), con una ganancia  acumulada de $ 65.388 millones. Mientras paralelamente en el sector privado cerraron unas 18.000 empresas (a mayo 2020 quedaron 520.507 empresas registradas) y se perdieron 285.000 empleos (quedan 7.595.704 de trabajadores formales) y el descenso de la masa salarial fue del 10%. La masa total abonada fue de $ 446.852 millones, lo que significa un salario promedio bruto de $ 58.000 y un salario mensual neto en torno a los $ 48.000. La Canasta Básica Total para un matrimonio y dos hijos (siempre al mes de mayo 2020) es de $ 43.080 por mes. Muchos trabajan y son pobres, esa es la Argentina post-Cambiemos, desocupación y bajas remuneraciones, a lo que se suma la flexibilidad laboral tipo Mercado Libre que desconoce que sus transportistas son camioneros y que sus empleados no son de comercio sino bancarios, para hacerlos trabajar más horas, en peores condiciones y pagarles mucho menos.

Así pensaban seguir

Según informa la vicejefa de gabinete Cecilia Todesca, los planes sociales del gobierno evitan que entre 2,2 y 2,8 millones de personas caigan en la pobreza y entre 1,8 y 3,1 millones en la indigencia. Sumados a la tarjeta Alimentar más la Asignación Universal por Hijo, «evitan que entre 2,7 y 3,4 millones caigan en la pobreza y que entre 2,9 y 4,5 millones caigan en la indigencia”.

Por ende, es indispensable aumentar la liquidez sobre el PIB para que se dirija directamente a los sectores de la población que, principalmente está conformados por los beneficiarios del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y los trabajadores que perciben remuneraciones por menos del promedio y, a las pequeñas y medianas empresas y al Estado. Para ello, el profesor Sergio Arelovich, coordinador del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate), propone transformar el stock de LELIQs en stock de otro activo remunerado, a un plazo de un año y a una tasa mensual variable similar a la tasa pasiva promedio e ir liberando en cuotas tal tenencia. De ese modo, y a una tasa regulada o administrada por el BCRA, el enorme stock de LELIQs se transformaría en un factor de expansión monetaria aplicado al restablecimiento de niveles de demanda privado y estatal. Finalmente, en lo inmediato, suspender el cómputo máximo de asistencia del BCRA al Estado impuesto por la Ley 24.144 de su Carta Orgánica de 1992 por Domingo Felipe Cavallo, mientras dure la pandemia. (Lo que dejara de pagar el BCRA a los bancos todos los meses, se emplearía para cubrir parte del gasto público.)

Igual con el sector externo, repetimos hasta el cansancio, la crisis castiga a todas las poblaciones que requieren alimentarse y la Argentina es el décimo exportador mundial de alimentos. Por un lado, se deben anular las concesiones realizadas por el gobierno de Cambiemos en su gestión a los exportadores para que ingresen los dólares de las ventas realizadas cuando ellos quieren y, por otra parte, que  se aceleren los plazos de liquidación de las ventas externas de la excelente cosecha 2019/2020.

En una situación como nos encontramos el Estado debe intervenir, como lo hicieron San Martín y Güemes ,detrayendo recursos a los sectores pudientes para pertrechar su ejército. El sacrificio debe ser de toda la población y no de los que menos tienen.

De no hacerlo, imperará una vez más la lógica del capitalismo financiero al que lo que menos le importa es el país y sus habitantes y, en ese caso, nos encontraremos una vez más con lo que definiera Antonio Gramsci: “La crisis consiste precisamente en que muere lo viejo, sin que pueda nacer lo nuevo. Estas etapas generan un ambiente propicio para que surjan ideas para reorganizar y reestructurar la vida del Estado. En estas ocasiones la clase dirigente tradicional que tiene un numeroso personal adiestrado, cambia hombres y programas y reasume el control que se le estaba escapando con una celeridad mayor de cuanto ocurre en las clases subalternas; si es necesario hace sacrificios, se expone a un porvenir oscuro cargado de promesas demagógicas, pero se mantiene en el poder, lo refuerza por el momento y se sirve de él para destruir al adversario y dispersar a su personal directivo que no puede ser muy numeroso y adiestrado”.

 

[1] La Renta Mínima de Inserción es una prestación de carácter subsidiario para las personas que no dispongan de un mínimo de ingresos necesarios para acceder a bienes y servicios indispensables. Es una medida de protección social que garantiza que la población cuente con los recursos e ingresos suficientes para tener una vida digna,  tal como lo plantea nuestra Constitución Nacional, por el solo hecho de vivir en suelo argentino
[2] El ingreso por Bienes Personales de todo el año 2019 fue de $ 31.183,8 millones que convertido al dólar promedio del BCRA de $ 51,55  significan unos 604,9 millones de dólares (solo el 0,18% del PIB)
[3] Similar al total del monto inmovilizado por LELIQs y por pases pasivos de los bancos en el BCRA. Se esteriliza más dinero de lo que se emite, es mayor la esterilización que la Base Monetaria.

 

CAPITALISMO FINANCIERO

Los Estados Unidos: un territorio en disputa

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La propagación del virus COVID-19 ha generado turbulencias económicas y sociales hacia el interior de las naciones, popularizando la frase “territorio en disputa”. Las tensiones se agudizan de un modo singular y se vaticinan potentes cambios una vez superada la pandemia.

Desde el mes de marzo hasta el presente, el derrotero seguido por los Estados Unidos lo convirtieron en un emblema de la colisión de poderosas fuerzas internas que pugnan por impartir un rumbo estructural a la principal potencia del orbe pero que, a la vez, exteriorizan una sociedad lacerada y confusa por años de desestructuración de su tejido constitutivo.

La ausencia de un sistema de salud pública quedó en evidencia con los casi 140.000 fallecidos por la peste. A su vez, convergió con el desmadre provocado por un sistema laboral precarizado que llevó velozmente a 39 millones de estadounidenses a demandar el seguro de desempleo. Este cuadro de situación fue rematado por el brutal asesinato de George Floyd a manos de la policía estadual, lo que puso en la superficie la falta de garantías constitucionales para los humildes.

En pocas semanas, los Estados Unidos mostraron que no todos los ciudadanos cuentan con los mismos derechos. Muy lejos está el presente de la potencia global triunfante en la Segunda Guerra Mundial y luego en la Guerra Fría, que exhibía el “estilo de vida americano” como modelo incuestionable de sociedad.

De Obama a Trump: subsidio a las acciones

Mientras esta tragedia se despliega, la Reserva Federal lanza el “Flexibilidades cuantitativas 5-QEV”, mediante el cual se compran títulos, valores públicos y privados, en forma masiva para inyectar liquidez en el mercado. El volumen volcado en esa modalidad de préstamos hacia las instituciones financieras fue, hasta ahora, de casi u$s 3 billones, a una tasa de interés reducida del 0,25%.

Repitiendo el comportamiento de la crisis del 2008, la Reserva Federal interviene con emisión monetaria para rescatar las acciones del sector privado en crisis. La política monetaria actúa como un motor de la actividad bursátil y financiera para sostener el valor de las acciones corporativas, fondos que esas empresas usan para recomprar sus propias acciones y consolidar su capital. De este modo, no financia el déficit de las cuentas públicas ocasionado por las políticas de recuperación de la demanda efectiva, sino que subsidia el valor de los paquetes accionarios de las grandes empresas.

El analista financiero German Fermo escribió en el Cronista Comercial: “Desde el 2009 hasta la actualidad la economía de Estados Unidos creció en promedio nominal anual solamente un 3,75%. Sin embargo, el Nasdaq lo hizo con un promedio nominal anual de 20,16%, el S&P con un 11,43% anual y el Dow con un 9,45%. Claramente se observa que el mercado de equity norteamericano creció muy por encima del promedio nominal de su respectiva economía lo que nos permite una conclusión razonablemente obvia: los dólares emitidos en las Facilidades Cuantitativas I, II y III (del 2008/2009) por la Reserva Federal terminaron comprando activos financieros de valor intrínseco”. Divorcio entre la economía real y la política monetaria si los hay, alentado con fondos públicos. Desde febrero, la historia vuelve a empezar.

Este mecanismo de liquidez para recompra de acciones dispuesto por la Reserva Federal apunta a resguardar a las empresas núcleo del desarrollo de la “inteligencia artificial”: Google-Apple-Facebook-Amazon-Microsoft (grupo GAFAM), las cuales compiten con sus similares chinas lideradas por Huawei. Esta política es leída como una contraofensiva de los sectores de poder impulsores del sostenimiento de los EE.UU. como potencia global en detrimento del proyecto continentalista-industrialista desplegado por el gobierno de Donald Trump desde su asunción de la presidencia en 2017.

El golpe de los mercados financieros, utilizando el marco de deterioro socio-económico producido por la pandemia y apropiándose de las políticas de salvataje, procura producir un cambio de gobierno en las elecciones del próximo 4 de noviembre, a fin de retomar el rol planetario de los EE.UU.

Hasta ahora, el gobierno republicano se ha mostrado impotente para torcer el rumbo impuesto por la Reserva Federal al programa de facilidades cuantitativas, viendo diluirse el trienio de recuperación económica y baja del desempleo. El partido demócrata, con su candidato presidencial Joe Biden, mantiene sus críticas a la situación general pero guarda un prudente silencio sobre el rumbo de la política monetaria.

La emisión monetaria sin límite, tal como se ha planteado, desencadena un problema a futuro que es la pérdida de cotización del dólar como moneda de reserva internacional. El desafío se lo vuelve a plantear China que, como segunda economía mundial, pretende otorgarle al yuan también status de divisa global.

La disputa entre el modelo industrialista-continental inaugurado por Donald Trump y el financiero-globalista se despliega sobre una sociedad fragmentada y golpeada económicamente durante años, sin liderazgos capaces de representarla.

El capitalismo financiero no genera una economía de crecimiento y la emisión de dólares para sostener sus valores puede deteriorar severamente la capacidad de EE.UU. de solventar sus déficits externo y fiscal. El modelo industrialista-continental se ha revelado como extremadamente débil política y económicamente frente al escenario desafiante del virus, aprovechado al extremo por los financistas y sus sostenes políticos.

Los líderes de nuestra región, y en particular de la Argentina, deben sopesar adecuadamente el devenir de la principal potencia mundial, hoy convertida en territorio en disputa.

 

www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/los-estados-unidos-un-territorio-en-disputa-202071819025

Argentina necesita diversificar mercados para sus exportaciones

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Argentina debe reactivar la economía y ampliar las exportaciones para crear nuevos empleos durante un largo período. Pero el contexto mundial, afectado por la pandemia, plantea una serie de interrogantes.

En particular, sobre el desempeño y las barreras de acceso que tendrá la demanda de varios países y bloques. Aunque en el caso de África las perspectivas que trazan los estudios que han publicado la OCDE y el Banco Mundial, además de favorables, pueden ser importantes. Y se tendrían que en tomar en cuenta a la hora de relanzar nuestro comercio exterior.

Ambas instituciones, por ejemplo, prevén que el continente africano, a pesar de los conflictos, de las olas migratorias y de los enormes bolsones de pobreza, los mayores del planeta quizá, crecerá en los próximos años más que cualquier otra región. Incluso por delante de Asia. Y estiman que el poder adquisitivo de sus habitantes aumentará en forma sustancial al igual que en la última década.

Estos estudios están fundados, entre otros aspectos, en ciertas mejoras introducidas en la infraestructura. Como la gigantesca represa hidroeléctrica que construye Etiopía sobre el Nilo azul.

También en el progreso paulatino que se manifiesta en el sector de la salud, los servicios y, en particular, en la incorporación de los jóvenes, el grupo etario más numeroso, a la educación y a los diferentes circuitos de consumo. Y, en otro plano, resaltan la puesta en marcha de la zona de libre comercio (CFTA por sus siglas en inglés) que liberó de aranceles al intercambio de bienes y servicios entre todos sus países.

El panorama a mediano plazo combinaría, a la vez, una baja productividad agrícola con el doble de su población actual. Es decir, más de dos mil millones de personas distribuidas, sobre todo, en grandes zonas urbanas. Y coinciden en señalar que África jugará por entonces un rol destacado en el intercambio mundial debido a un par de motivos centrales.

Por un lado, la capacidad para proveer combustible, minerales y materias primas. Principalmente a China, la Unión Europea y la India. Y, por otro, la necesidad de importar una vasta y diversa cantidad de alimentos y de tecnologías de procesos. Un campo que reviste singular relevancia para las posibilidades y la participación de nuestro país.

Argentina, por cierto, ha desplegado desde mediados del siglo pasado una estrategia poco consistente hacia África. Con las seis naciones contiguas al Mediterráneo. El llamado Magreb. Y también con las cuarenta y ocho que extienden su honrosa negritud al sur del Sahara.

Entre las primeras referencias es dable mencionar el acuerdo bilateral firmado con Egipto en 1947. Luego se suceden una docena de convenios formalizados a principio de los años sesenta y a fines de los ochenta con algunos de los nuevos estados independientes. Época en la que despunta la labor del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Y en este siglo, cabe señalar las aperturas de nuevas embajadas, las misiones de alto nivel, el ingreso como observadores en la Unión Africana (UA) y la participación en cumbres como las de África-América del Sur y en los tratados del Mercosur con Egipto y la Unión Aduanera de África Austral. Aun así, los resultados obtenidos en la balanza comercial fueron alentadores en términos absolutos y relativos.

Al mismo tiempo, se pudo verificar en los foros multilaterales el apoyo de la UA a la causa Malvinas y a la paz en el Atlántico Sur. Un gesto de valía en este orden global devenido inestable y caótico. En las ventas externas, por ejemplo, sobresalieron los volúmenes embarcados a Argelia, Egipto, Marruecos y Túnez en el norte. Y a Sudáfrica, Mozambique, Senegal, Angola, Ghana y Nigeria en el área subsahariana. Harina de soja, aceites comestibles, trigo y maíz encabezaron la lista. Seguidos a distancia por tubos sin costura, químicos, harina de trigo, fármacos, lácteos, cajas de cambio, maquinarias agrícolas, servicios técnicos, agropartes y vehículos de transporte. Con una característica adicional: el superávit, unos cuatro mil quinientos millones de dólares, se mantuvo constante y representó, en promedio, el 40 por ciento del total acumulado en los últimos años. África no posee aún el potencial de los mercados europeos o del sudeste asiático. Tampoco la vecindad de América Latina. Claro está.

Pero estos antecedentes, junto a los pronósticos mencionados, sugieren que fortalecer la presencia argentina en sus territorios es una tarea que conviene abordar. Con el objeto de generar divisas y de contribuir, cuanto antes, a la recuperación de múltiples actividades.

En un programa que permita articular esfuerzos públicos y privados. Capaz de optimizar el transporte interno y los costos portuarios, negociar fletes marítimos, participar en ferias, difundir investigaciones y promover otras alianzas, productos y canales de intercambio.

Aparte de instalar plataformas logísticas y ampliar los créditos y los seguros de exportación. Porque el futuro, tal vez, comienza en unas semanas. Y, como reza un proverbio bantú, el río se nutre de distintos afluentes.

 

https://www.clarin.com/opinion/argentina-necesita-diversificar-mercados-exportaciones_0_7XnXYSy2G.html

Informe económico mensual

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En el presente informe se explican los indicadores de la actividad macroeconómica respecto del mes de mayo y su relación con junio, además de contener un análisis de la situación internacional y las perspectivas económicas abiertas durante la actual crisis del coronavirus.
En primer lugar está la magnitud de la recesión, que yo había adelantado sin cifras, pero que ahora se sabe que en el año de ninguna manera será inferior al 10%, ya que la caída del PBI mensual de abril y mayo será del 25% i.a con respecto a 2019 que ya fue recesivo, lo que lleva el cálculo anual más allá, no menos del 15% y además depende todavía de cuando se termina esta cuarentena y que las réplicas no sean graves, por lo que el número final depende de la recuperación Lo único bueno que tiene es que a pesar de las dificultades, en la medida en que el Estado la controle, la recuperación puede ser relativamente rápida, por eso la gran pelea, porque o se afianza la economía productiva o se afianza la del saqueo, por eso Vicentín es clave y también Black Rock. Igual, las dificultades en áreas industriales y sobre todo en la recuperación del empleo van a durar mucho, diría yo cerca de diez años. Lo de la recuperación parece ser que también es una conclusión del Banco Barclay. La recuperación está en manos del Estado porque no va a venir de la inversión privada sino que va a empezar con la obra pública y para eso es necesario atender a las novedades que presenta la economía internacional.
Queda el asunto del petróleo, que va más abajo, pero no hay que separar a Macri y Bolsonaro de la estrategia de USA para el mundo que va también más abajo, y me parece que aquí para separar a Cristina del conjunto del peronismo tienen que desarrollar varias variantes opositoras, como la de los radicales, que siempre cumplen el mismo papel de vehículos de la derecha y la de Elisa Carrió para que una parte del peronismo rompa con Cristina y se acerque al ala más conciliadora del PRO como única manera de tirar a la mierda todo y desarrollar la estrategia USA, y en realidad los troskos están en la misma aunque no se si la mayoría es conciente.
En la economía mundial, lo que se destaca, como se resume en el informe al banco, es la contradicción entre las subas bursátiles y la economía real. Las primeras se deben a que la ganancia en las bolsas y los mercados son cada vez más especulativas y cada vez menos asociadas al riesgo, que son las correspondientes a la recuperación productiva, ante todo porque mientras Trump quiere romper en cierta forma la globalización, las empresas lo quieren sólo si consiguieran lo que se proponen, pero es muy difícil sin China y esta es la cuestión central.
Por eso, la política antiglobalización de USA es un ataque a China, pero si ese ataque tuviera éxito, la apuesta es la globalización en manos del mercado y reponiendo el centro USA. El problema para llevarla a cabo y la resistencia de las empresas es que USA sin China está yendo a una recesión mayúscula agrandada por su política sanitaria y muestra por otro lado que en China no hay una vuelta al capitalismo sino que el capitalismo es la única manera de ganar para ella en la disputa con USA porque sino quedaría afuera del mercado, como le pasó a la URSS, ya que su enseñanza es que un sistema mundial sólo se lo transforma desde adentro y el capitalismo es un medio, pero si las empresas guiaran la economía habría ciclos, mientras que en China se cumple el crecimiento anual que estipula la planificación del PCCh y esto es lo que no entienden los troskos, aunque cada vez entienden menos porque viven agarrados a la polémica teórica de un siglo atrás.
La otra cuestión es que sospecho o sea que estoy menos seguro que con lo anterior, que se empezó a librar la lucha Estado- mercado, en el sentido de la terminación del Estado, para lo que se requiere que un último Estado fuerte esté asociado a su servicio y se proponga esa política, que pasa en primer lugar por destruir a China, y ese estado fuerte es el de Trump, pero con la regulación en manos de BLackRock, es decir del fondo financiero capitalista más fuerte que apuesta directamente a tirar al carajo el Estado, lo que supone la regulación del Estado por el mercado o su directa desaparición, alvo como fuerza represiva, y esa pelea o discusión y en parte no sé si clara por lo que significa o por posiciones diferentes, es la que enfrenta la que llevó a cabo Christine Lagarde con Macri a través del FMI y ahora con Alemania a través del BCE, respecto a la de Giorgeva, que apoya la negociación con concesiones para la Argentina y en que Alemania con Merkel ahora está enfrentando a fiscalistas en Europa, y por eso su acercamiento a Alberto, aparte de que eso la asocia al crecimiento en emergentes en el que disputaría mercados a China y en eso, si hay una recuperación de estilo peronista en Argentina es sustancial, en medio de una Europa castigada por la crisis, de los emergentes latinoamericanos en manos de USA y sin mercados para otros y los asiáticos con China.
La tercera cuestión es que se trata de una pelea larga aunque se puede precipitar con la crisis y que uno de los pasos para fortalecerse para USA es el petróleo, al romper el precio único internacional que regía hasta ahora para poder desarrollar el petróleo shale, que es el de Vaca Muerta en la Argentina, y en eso, es en lo único en que la política USA nos favorece, pero no se si se entiende la total envergadura que tiene, porque por un lado nos encamina hacia una energía sustentable para nosotros y de gran exportación, sobre todo porque hay otra Vaca Muerta en Chaco, aunque se sabe poco de ella y sería bueno saberlo, pero la información está en USA y creo que por tenerla oculta es que tienen el ojo puesto allí, ya que si se confirmara tendríamos posiblemente el mayor depósito de ese petróleo, lo que si por otra parte agregamos al litio, a la expansión agrícola hacia el norte y parte de la Patagonia con ayuda de la biotecnología, y tenemos asegurada una recuperación muy grande de largo plazo que va a ser esencial para China y para Europa, atacadas por USA.China tiene un depósito de este petróleo, pero en tierras altas de la Manchuria y como ese petróleo requiere mucha agua, para explotarlo tendría que inventar un río que corriera en sentido inverso a la altitud y dispusiera de tanta agua como el Río Amarillo, lo que asegura una futura gran complementación en agro y energía con China.
La cuarta cuestión es que para que USA pueda frenar definitivamente a China tiene que evitar que ésta siga progresando en la 4ª Revolución Industrial una de cuyas mayores expresiones es Huawei y por eso es su ataque central, y para eso tiene que desarrollar la pelea política de Taiwán y Hong Kong.
Hay un  quinto asunto que estoy mirando y que es Rusia. Creo que hay una especie de división del trabajo de China con Rusia en que ésta se especializa más en los armamentos y en todas las iniciativas transformadoras de ese tipo, pero como tiene una economía no competitiva y no global heredada de la URSS, se especializa en eso, en el sentido de que tiene un mercado interno cautivo, pero seguramente con acuerdo con China para mantener ese mercado cerrado porque su principal objetivo no es el mercado mundial sino sostener la industria armamentística avanzada, para lo que necesita avanzar mucho tecnológicamente aunque se quede atrás en los costos y su economía habria pasado del PC a la de la burocracia, que se evidenció con Yeltsin, pero el éxito de Putin es que juntó a esa burocracia con el Estado, por la que éstas actúa en conjunto, pero con el mercado interno cautivo y un  mercado adicional enorme en los armamentos y una política de no enfrentamiento con la sociedad.