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miércoles, abril 22, 2026
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El virus del comunismo

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El almuerzo en un restaurante del centro estaba por comenzar cuando, muchos años atrás, el presidente de una compañía danesa me hizo una pregunta. Era un hombre más bien bajo, tirando a obeso, recién llegado a Buenos Aires y había sido invitado, al igual que yo, por el flamante embajador de su país. “Dígame, Kirchner es como el coronel Muammar Kadhafi ¿verdad?”, preguntó con una vocecita aguda. Pensando que era un chiste, largué una carcajada. Pero luego de observar su cara y la de los otros cuatro comensales traté de explicarle, en vano tal vez, las diferencias en personalidad, sistema político y reformas impulsadas por uno y por otro.

¿Por qué razón evocar esta anécdota? En estas semanas pandémicas hasta la más mínima intervención para favorecer la salud pública o la economía despierta interpretaciones ideológicas en un sector de la sociedad que, en un principio, también provocan risa. Por ejemplo, hubo curiosas convocatorias a manifestarse contra el retorno del comunismo que simbolizan los subsidios que el estado reparte a empresas y trabajadores que debieron interrumpir sus labores por el covid-19. Con idéntico afán, se llamó a repudiar la violación a las libertades públicas que supone la cuarentena consensuada por oficialismo y oposición.

En la misma línea, un grupo de intelectuales y dirigentes alertó sobre los políticos populistas que, aprovechando las circunstancias, pretenden arrogarse un poder desmedido para suspender el estado de derecho e, incluso, la democracia representativa y el sistema de justicia. No faltaron los que, yendo al centro de la Tierra, cuestionan las revueltas que se produjeron en los ’60 y ’70 por haber sido las verdaderas culpables de las conciencias estatistas, igualitarias y ecologistas que priman hasta hoy.

Es sabido que las ideologías de las élites tienden a legitimar el poder establecido fijando tres dimensiones. Lo que existe, lo que es bueno y es malo, y lo que es posible concebir. Además de intentar someter a los humanos a un determinado orden social, a una ética del trabajo y a calificarlos para el papel que habrá de desempeñar cada uno. Estas voces conservadoras y elitistas no pretenden otra cosa que obstruir todas las iniciativas que, en su visión del mundo, podrían limitar al reino del mercado o a las prerrogativas del capital y sus dueños. Negando en su ceguera las virtudes de la solidaridad, la acción colectiva y la justicia social. O que existan alternativas viables y superiores al modelo económico que finalizó en diciembre. Pero sus posiciones, considerando las políticas que instrumentaron los gobiernos para hacer frente a la crisis, están en retroceso. Aquí y allá. De hecho, Alemania y Francia, conducidas por liberales, acaban de acordar un paquete multimillonario para socorrer a las empresas, el sector público y los trabajadores de la UE.

Tiempo atrás, cuando nadie sospechaba esta pesadilla, tropecé con aquel ejecutivo a la salida de un estadio de fútbol. Me reconoció y, tras saludarnos, caminamos un trecho. Estaba de visita y se veía más gordo. Esta vez nada de lo que dijo me resultó gracioso. “Hace mucho que mudamos las oficinas a Brasil y ahora, con Bolsonaro, estamos en la gloria”, dijo, y se perdió en la multitud.

 

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Los enemigos del pueblo

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Jean-Paul Marat fue un médico e investigador de prestigio en la Francia de Luis XVI. Cuando el Rey llamó a la reunión de los Estados Generales, ante la bancarrota del reino, Marat dejó todo para ser uno de sus principales activistas. Creó un periódico que denominó “L’Ami du peuple”, desde donde combatió a la nobleza y al clero por sus privilegios y defendió a la revolución. Todos sus escritos tenían como objetivo decir la verdad, poniendo en claro qué pretendían los ricos y cuáles debían ser las posiciones de la población en defensa de sí misma y del futuro. Abogó por la abolición de la monarquía, fue uno de los mentores de la Declaración de los Derechos del Hombre y uno de los principales forjadores de la República Francesa.

Salvando el tiempo y la distancia, en la historia de la humanidad siempre sucede un sector que quiere sojuzgar al otro, lo decía Maquiavelo en El Príncipe: «El del pueblo es un fin más honesto que el de los ricos y poderosos, ya que estos quieren oprimir y aquel no ser oprimido”.

En la Argentina, desde antes que naciera —cuando era colonia—, existió siempre un sector que usufructuó la dominación y que se alió a fuerzas extranjeras para consolidar ese dominio. Por eso observamos en la actualidad, por ejemplo, la posición de los fondos de cobertura como BlackRock, Fidelity, PIMCO, Vanguard, Gramercy, Franklin Templeton, Fintech, etc. Pretenden cobrar una fortuna a costa del país, de una deuda que en su menor parte le prestaron directamente al gobierno argentino y en condiciones de usura, posibilitadas por la administración de Cambiemos que en su mayor proporción compraron a precio vil en los mercados secundarios del mundo. Ante la cesación de pagos argentina del 22 de abril de 2020, proponen salidas encubiertas que los benefician y los grandes medios las esconden e incluso proclaman que la diferencia es mínima, cuando la Oficina del Congreso de la Nación Argentina hace un cuadro comparativo de las alternativas y es abismal.

Existe una fuerte relación entre los principales poseedores de los 86.200 millones de dólares que conforman la fuga en la gestión Cambiemos —y que publicara el BCRA en su trabajo “Deuda y formación de activos externos 2015-2019”— y quien le administra esos fondos. De allí que los diputados y senadores de Cambiemos se opusieron, esta vez sin suerte, a que la Comisión Bicameral del Congreso Nacional de Seguimiento y control de la Deuda Externa aprobara investigar la política de endeudamiento durante la gestión de Mauricio Macri y la fuga de capitales, bajo el fundamento sostenido por el diputado Carlos Heller: «Si no constituyen utilidades remitidas ni es pago de deuda, ¿de dónde salieron, cómo se generaron esas divisas que se fugaron? ¿Cuántos de esos movimientos están dentro de la legalidad y cuántos obedecen a ilícitos como el lavado de dinero?»

El marco propicio lo creó el gobierno de Cambiemos, que en diciembre de 2015 eliminó el Programa de Consulta de Operaciones Cambiarias de la AFIP y elevó el máximo a comprar a dos millones de dólares mensuales para las personas físicas y jurídicas. En mayo de 2016 lo elevaron a cinco millones de dólares y desde agosto de 2016 se liberó totalmente, hecho que permitió que el 25 de abril de 2018 se fueran en ese solo día 1.225 millones de dólares a $ 20,20 en promedio por cada dólar.

Esa fuga de capitales la realizaron a través de grandes bancos privados que desarrollan su actividad en el país. Y eso explica por qué si en el año 2019 el PIB cayó un 2,2% (aproximadamente unos 8.000 millones de dólares), diez bancos privados nacionales y extranjeros con filiales en la Argentina, ganaron en ese solo año 2019 unos 8.000 millones de dólares. Y se debe sumar en esa utilidad obtenida, la creación de instrumentos financieros (Letras de Cambio, Carta de Créditos) para las operaciones de comercio exterior y, haberle prestado con un spread sideral al BCRA en LELIQs (Letras de liquidez del BCRA).

Con el comercio exterior pasa lo mismo, en un marco de fuerte demanda mundial de alimentos por la pandemia y la obligación de cumplir la cuarentena. La Sociedad Rural Argentina reconoce que con una proyección total de la actual campaña de 117.500.000 toneladas, hasta el pasado 13 de mayo 2020, los productores vendieron el 55% de la misma, es decir 64.500.000 toneladas, cuando en 2019 a esta altura del año se había comercializado el 44%. Son 9.600.000 toneladas más, si se realiza la comparación interanual. Situación que reafirma y ratifica la Bolsa de Cereales de Rosario cuando informa con fecha 20 de mayo 2020 que, al computar todos los granos vendidos de soja, maíz y trigo (los tres principales cultivos) desde julio pasado hasta ahora, “la cuenta es superior en 11,5 millones de toneladas, respecto de la campaña anterior, esa diferencia implica 3.270 millones de dólares más”. A esta altura del año pasado se habían vendido 33,7 millones de toneladas de la cosecha 2018-2019 y ahora van 45,2 millones de toneladas. En dólares, la campaña anterior llevaba acumulados 7,5 mil millones y ahora van 10,7 mil millones. De ahí la diferencia de 3.270 millones de dólares a favor de este ciclo.

Es cierto que tras las elecciones PASO y con fecha 2 de septiembre de 2019 el gobierno de Cambiemos terminó con el jolgorio de que las empresas no tuvieran fecha para liquidar las exportaciones. A partir de esa fecha deben liquidar las divisas de sus ventas al exterior en el mercado local dentro de los 5 días hábiles posteriores al cobro de la operación, o 180 días después del permiso de embarque. Bien puede ser que gran parte de esas exportaciones y las próximas se liquiden en la segunda parte del año. Pero la pregunta obligada es cuándo van a liquidar las exportaciones del periodo 2016 al 1° de septiembre de 2019.

Ante la pandemia que frenó masivamente el nivel de actividad interna y con ella las importaciones, sumado a la estrategia de la deuda del Ministro Martín Guzmán de que los bonos en poder del sector privado no se paguen hasta mayo de 2023, por una parte, y la mayor demanda de alimentos reseñada, implicarían un fuerte superávit comercial incluso mayor que el del año pasado que fue de 15.990 millones. Sin embargo, no se está reflejando en los primeros cuatro meses del año 2020 en que las exportaciones superaron a las importaciones en solo 4.720 millones de dólares, situación que demanda que el Estado, a través de la AFIP (que supervisa a las Aduanas) y el BCRA (que supervisa a los Bancos), ponga la lupa en las operaciones de comercio internacional.

El camino elegido por el BCRA, que a partir del 27 de mayo 2020 obliga a que las empresas importadoras soliciten autorización previa de la autoridad monetaria para acceder al mercado de cambios para el pago de obligaciones comerciales con el exterior, es controlar la facturación de las importaciones.

Densidad nacional

Nuestra burguesía: los Macri, los Mindlin, los Ratazzi, los Rocca, los Magnetto, los Pagani, los Blaquier, los Madanes Quintanillas, los Urquía, los Caputo, los Braun, etc. —todos ellos “Grandes Clientes” de los bancos (y por ende beneficiados por trato diferencial o VIP)— contaron con la posibilidad de comprar los dólares que quisieron y fugarlos. Paralelamente obtuvieron favores del Estado, incluso el apoyo para expandirse en el extranjero como en el caso de Techint y la inauguración de su fábrica de tubos de acero sin costura para la industria de petróleo y gas no convencional, que generó más de 1.500 puestos de trabajo en Texas, junto a una inversión de 2.000 millones de dólares para su construcción. Pero en la Argentina, no bien comenzó la cuarentena, echaron a 1.450 trabajadores.

Todo el déficit fiscal de la administración nacional y de varias provincias (autorizadas por el Poder Ejecutivo presidido por Mauricio Macri) se financió con deuda externa. Los Estados (nacional y provinciales) pagan en pesos a sus proveedores, contratistas, trabajadores, jubilados y pensionados (las provincias que tienen su propio sistema de jubilación), por ende, los dólares tomados en deuda se los dieron al BCRA, que a cambio de ellos emitió pesos y con esos pesos pagan los Estados. Pero el BCRA es banco de bancos, por lo que en un marco donde el 70 a 75% de las operaciones del mercado único y libre de cambio (MULC) de la Argentina lo realizan 10 (diez) bancos, garantizaron a esas grandes entidades y a sus clientes VIP la compra de divisas, que en gran parte después fugaron, en lo que el profesor Eduardo Basualdo denominó “Endeudar y Fugar”.

Un modelo de endeudamiento y beneficios para pocos que obligó al pueblo a un sacrificio sin par, reduciendo su consumo y su trabajo, ahogó a las economías regionales y a las pequeñas y medianas empresas por la suba que realizaron del precio de las tarifas, de la energía, de los bienes de uso difundido (cemento, acero, aluminio, etc.) y por la falta de crédito o el crédito a tasas confiscatorias, todos sectores altamente concentrados y que conforman el mercado cautivo, con las consecuentes súper ganancias de sus propietarios.

Aldo Ferrer se equivocaba cuando ponía la esperanza en la burguesía que tenemos. Lo han demostrado siempre: es una burguesía de rapiña, apátrida y tonta, a la que sólo le importa acumular dólares en el exterior aún a costa de que sus empresas valgan menos de la mitad que en diciembre de 2015 y, lo que es peor, su egoísmo y maldad observa el problema de la coronavirus y hace lo posible para que no les llegue a ellos, aunque diezme al pueblo argentino.

Hoy los une a todos la presión sobre el tipo de cambio para depreciar nuestra moneda. Esto es así por su posicionamiento en divisas y su rol en las exportaciones, pretenden comprar por la mitad lo que vale el doble. En eso está unida, como tantas otras veces, la burguesía local con la cada vez mayor presencia de empresas extranjeras que operan en el país. Y es funcional a los acreedores que quieren desestabilizar al gobierno e impedir la solución integral de la deuda y por muchos años que plantea el Ministro Martín Guzmán.

La tarea a realizar

La Administración Nacional presentó el Resultado Fiscal del mes de abril. Por hacer frente a la pandemia e incluso el Programa de Asistencia estatal para el pago de los salarios (ATP) a los trabajadores de grandes empresas, tuvo un déficit fiscal del 45,69% del gasto[1], un resultado financiero negativo en $ 266.050 millones, al tipo de cambio oficial unos 3.770 millones de dólares, más del 1% del PIB. Compromisos que solo puede cubrir al no pagar los servicios de la deuda externa.

En esa situación, los ricos y poderosos de este país despotrican contra la ex Presidenta y el gobierno de Alberto Fernández todo lo que pueden, a fin de minar sus lazos con la población, en su ya conocida política de aislar y calumniar.

Debemos hacer una prédica constante para demostrar quiénes son los enemigos del pueblo y apoyar y exigir del gobierno que avance en la consolidación de la defensa del mercado interno y del trabajo nacional, cobrarles impuestos a los ricos y seguirlos bien de cerca, porque sus intereses son la antípoda del pueblo de la Nación.

Ante la inminente invasión a París del ejército del Rey Luis XVI en septiembre de 1789, Marat llamó al pueblo a “despertar de su letargo”. Entendía que la única manera de salvar la revolución era a ir a Versalles y alojar al Rey y a su familia en el Palacio de las Tullerías, con lo cual el rey como rehén era la garantía de que no se invadiría París.

Nos falta Marat, pero más nos falta que nuestro pueblo tome conciencia de la situación.  Una parte por desgracia importante, embrutecida por los medios y por la vida que lleva, repite sin reflexionar lo que los sectores dominantes quieren que piensen. La primera proclama de la Revolución francesa nos la dio la Enciclopedia y dice: “Una sociedad culta que piensa por sí misma es la mejor manera de asegurar el fin del antiguo régimen”.

Decirnos la verdad, saber quién es quién, son los primeros pasos para que pensemos por nosotros mismos.

 

[1] El gasto público total de la Administración Nacional de abril 2020 fue de $ 582.298 millones

 

Coronacrisis y oligarquía: Se viene el invierno

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La oligarquía quiere muertos entre los hijos del pueblo. Es el fin que persigue el comportamiento de una diva televisiva ricachona que viajó en avión privado a Punta del Este para aislarse en su cómoda mansión y desde ahí propalar la necesidad de abrir la cuarentena vigente, habida cuenta que la circulación de personas propaga el virus, aumenta el número de contagios y consecuentemente el de fallecidos. Posición respaldada en la semana por políticos e intelectuales orgánicos de ese sector social, convocando a la “desobediencia civil” contra el aislamiento social obligatorio.

En un artículo publicado por el periodista Alejandro Bercovich en BAE-Negocios, se informa sobre un fallido intento de un conjunto de los empresarios más poderosos del país de emitir una proclama destinada a finalizar la cuarentena, que no alcanzó el consenso necesario en el grupo de WhatsApp organizado para el intercambio de ideas de esos agentes económicos. Con acierto, el periodista alude la percepción de dilución de poder real en el marco de la pandemia percibido por la élite.

El tuit de un empresario de «Nuestra Voz»:

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La oligarquía necesita naturalizar la pobreza y la muerte para asegurar la subordinación social. La expansión del virus sin embargo ha expuesto su comportamiento miserable como no ocurría desde hace décadas. Se evidencia con mayor nitidez que se trata de una clase social rentista, especuladora, fugadora de riquezas y ahora virulenta en la defensa de sus privilegios. 

Otro hecho ocurrido esta semana que grafica la descripción anterior es el asesinato de un adolescente humilde perpetrado por un estanciero que lo embistió deliberadamente con su camioneta 4×4, emblema de la opulencia si los hay.

La amenaza que tensa a los poderosos es la creciente dificultad para legitimar un orden social injusto, que se produce desde el mismo accionar del Gobierno de la coalición peronista.

Decíamos en una columna anterior que la intervención estatal para amortiguar la crisis creaba condiciones para la permanencia de algunos instrumentos: el Ingreso Familiar de Emergencia como preludio de la renta básica universal, el subsidio al salario de los trabajadores privados impidiendo la quiebra de empresas y la asignación de crédito por el Banco Central. Tres herramientas limitantes de la acción del mercado para reducir el empleo y el salario.

El segundo elemento es el éxito del aislamiento social obligatorio logrado hasta ahora, para frenar el número de contagios y muertes y, a la vez, ganar tiempo para ampliar la oferta sanitaria para enfrentar el pico del virus.

Esto diferenció visiblemente a la Argentina de los gobiernos oligárquicos de los vecinos Brasil y Chile, donde la ausencia de cuarentena no impidió el derrumbe económico y sí provocó el colapso del sistema de salud. 

La diferencia es masivamente perceptible y no sólo en lo cuantitativo. La imagen de humanidad y preocupación genuina por la suerte del pueblo que exhibe el Presidente Fernández en todas sus intervenciones contrasta con la brutalidad de Jair Bolsonaro o de Sebastián, Piñera que llegó a reprimir la demanda de alimentos de sus ciudadanos.

La oligarquía tiene que frustrar esta experiencia de gobierno porque, de consolidarse, abrirá un debate sobre el orden social de salida de la pandemia, en donde los consensos sociales masivos apuntarán a sus privilegios, careciendo además de modelos alternativos en la proximidad.

La forma de forzar una crisis es romper el aislamiento social obligatorio de modo desordenado e inducir un contagio masivo que impacte negativamente sobre el sistema de salud pública. Por ello, para la elite los muertos son imprescindibles.

En simultáneo, presionan sobre el conjunto de mercados cambiarios para forzar una crisis de dólar. El economista Horacio Rovelli, en sucesivos artículos publicados en el Cohete a la Luna, ha señalado la necesidad de reforzar controles sobre los grandes bancos privados y las cerealeras, que favorecen la salida o el no ingreso de dólares en país. El bloque primario-financiero fue sostén del gobierno macrista y es el núcleo de la oligarquía.

Recién esta semana el Banco Central ha endurecido controles sobre diversas operaciones cambiarias, luego de perder desde el inicio de la cuarentena -el 20 de marzo- al presente casi u$s1.200 millones. Se trata de un hecho anormal en un período en el que se liquidan las divisas provenientes de la cosecha, el nivel de importaciones ha descendido significativamente por la recesión y se restringieron los pagos de deuda pública.

Se viene el invierno, estación propicia según los informes científicos para la perdurabilidad del virus. También se ingresa en una fase de profundidad en la falta de ingresos tras dos meses de freno a la actividad. El epicentro de la epidemia se despliega en el Área Metropolitana Buenos Aires, zona más densamente poblada del país, asiento de los conglomerados industriales y comerciales más importantes y residencia del grueso de la población pauperizada.

El Gobierno de la coalición peronista deberá redoblar los esfuerzos de abastecimiento de alimentos y provisión de servicios esenciales, agua, luz y gas, en las barriadas más humildes. Ese esfuerzo logístico debe ser acompañado por la expansión de la política de ingresos desplegada hasta ahora hacia los segmentos de recursos medios y bajos que viven de la industria, el comercio y los servicios.

Esto conlleva un fuerte control de la oferta de bienes esenciales. Sino, las políticas de demanda se estrellarán contra la suba de precios. La regulación de la oferta de divisas también es muy relevante, ya que un déficit fiscal abultado como el presente es tolerable en un tiempo corto si hay superávit cambiario.

Se viene el invierno y la oligarquía lo sabe. Por eso opera para provocar un combo de crisis sanitaria y económica. El Gobierno debe actuar preservando los logros alcanzados hasta ahora. Se entra en el punto de mayor conflicto durante los meses fríos.

 

eldestapeweb.com/economia/coronavirus-en-argentina/se-viene-el-invierno-202053011750

 

Un análisis de la situación internacional

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Un análisis de la situación internacional trae aparejada una conclusión que surge ahora con más claridad sobre las consecuencias que tuvo la crisis de 2008, iniciadora del gran desorden económico mundial que el coronavirus profundizó. En esa crisis se empezó a perfilar el enfrentamiento China-USA. Se agudiza  con la política de Trump, que consiste en desbaratar en lo posible a los emergentes (empezando por China), concentrando toda la producción industrial posible en USA, con un propósito: acelerar el paso a la Cuarta Revolución Industrial, que sintetizado es el salto de la industria mecánica a la digitalizada.

Esa concentración en USA tiene no sólo el propósito de desglobalizar a China, aunque esto parece ya imposible de cumplir.  De esta manera pretende  privarla de componentes que China no produce en cantidad suficiente, ni en lo más avanzado. Para eso China necesitaba generalizar la manufactura a todas las ramas, que es para lo que se  preparaba para llegar a la punta y abarcar a todas.

Esto es lo que USA puede hacer si concentra la mayor parte de la industria desparramada por el mundo en su territorio, pero no como una territorialización de todas, que ya no es posible, sino concentrando a través de un filtro, las que son esenciales en la digitalización total, que es el primer gran paso a la robotización y por eso mismo al despliegue de la 4ª Revolución Industrial.

En esta etapa no sólo hay que controlar la punta (la industria mayor más tecnificada), sino que resulta indispensable revisar el despliegue industrial en el mundo desde la 1ª Revolución Industrial. La pérdida del cetro de Gran Bretaña se hizo paulatinamente a través de dividir en partes el conjunto de cada rama industrial y especializar la producción de cada parte. Pero no sólo en los países industrializados, sino llevando algunas de esas industrias a los que se empezaron a definir con el tiempo en países emergentes.

Este fue el proceso característico de la 2ª Revolución Industrial, que adquirió gran relevancia en la industria USA a través de las inversiones extranjeras, que le permitían abaratar los costos con el traspaso a países de mano de obra más barata y mejorar al extremo la especialización en cada pieza, decisiva para mejorar no sólo la competitividad sino también la calidad de la industria final.

Esto se fue profundizando desde los años setenta con el auxilio de la electrónica y el comienzo de la digitalización, que no se notó desde el inicio porque la digitalización empezó por aplicarse a los artículos de consumo final como televisores, y era menos visible en la producción industrial. En cambio fue la característica de la 3ª Revolución Industrial, más descuidada por la URSS porque no podía desplegar su industria de la misma manera que USA, pero que fue una de las causas determinantes de su retraso en la Guerra de las Galaxias y en su desaparición porque perdía la guerra contra USA.

Con China, campeona de atraer todas las industrias posibles a su territorio y abaratarlas todas (porque su mano de obra barata era su única y absoluta ventaja comparativa por la gran población) ese proceso se intensificó al máximo.  Trajo como consecuencia contribuir poderosamente al debilitamiento de USA como poder industrial absoluto y empezar a distribuirlo en primer lugar con China (que concentraba la industria madre y las de las partes) y el resto de los emergentes especializados en las industrias de partes, en que las industrias madres son excepciones por ramas, mientras que en China están todas las ramas. Pero ahora, iniciada la 4ª Revolución Industrial, que coincidió con el estallido de la crisis de 2008, se hace necesario -en esa fase inicial- alcanzar gran capacidad tecnológica en las partes, sobre todo en una serie de chips indispensables.

Como China fue el nuevo centro industrial, la producción de esos chips se concentra en los emergentes del Asia Pacífico. Quizá USA haya elegido concentrarlos en Hong Kong, sobre todo cuando tuvo que aceptar su régimen político especial (o quizá fue una casualidad o una visión política propia de Hong Kong) para controlar indirectamente a China, pero la cuestión es que el estallido de la crisis independentista de Hong Kong tiene que ver con que ese centro en este momento es esencial para China y entra a formar parte de su disputa con USA.

Todo esto marca una serie de tendencias, no sólo para el conjunto de la economía global y del enfrentamiento China USA, sino del desarrollo posible de las economías emergentes y su papel futuro, golpeado ahora por USA salvo en Hong Kong y en menor medida en el resto de los emergentes del Sudeste Asiático, lo que descubre también la diferencia entre éstos y Brasil o Argentina, por ejemplo.

Creo que el secreto está en gran medida en que esta historia no escrita de la economía global enseña que con posterioridad a la 2da Guerra Mundial una de sus principales características es que la mundialización no se construye de un saque sino a través de regiones globales, y la primera fue la Unión Europea.

En el Pacífico no pudo pasar lo mismo con Japón por la presencia de China, por lo que se fue constituyendo un bloque que no pudo formalizarse PORQUE NO ESTABA BAJO UNA MISMA POLÍTICA Y ENTONCES NO PODÍA TENER UNA MISMA MONEDA, como sí a llegó a tener la UE con el euro. Pero como el proceso económico centrado en la industria se desarrolló por las reformas de Deng Xiaoping en China, ese bloque se formó pero tuvo la particularidad que no se conformó formalmente. Esto, simplemente porque China estaba en el centro y es muy difícil que USA la pueda sustituir ahora por Japón asociado a Hong Kong más Taiwán, pero deja en claro que no hay industrialización con avanzada tecnológica si no hay regionalización globalizadora que, en eso sí, el bloque del Pacífico es comparable o superior a la UE.

A la vez esto aclara por qué se relacionan Trump y Bolsonaro. En esta guerra económica centrada en la digitalización de la industria, para seguir siendo la potencia dominante, USA (por lo menos en la versión Trump) no quiere construir un bloque regional que lo secunde sino que aspira a que las funciones necesarias de ese bloque se integren a su dominio político, reviviendo la política del patio trasero.

Por esa razón integró a México a partir del intento del PRI de nacionalizar los bancos en 1982 con el presidente López Portillo, que condujo a la desaparición del PRI (el peronismo de base campesina de México, pero industrializador porque la revolución campesina de 1917 le cortó la cabeza a la oligarquía y como entonces no había industria todo se centró en el Estado) y se propone integrar a Brasil a partir de Bolsonaro.

Pero no puede hacerlo en la Argentina porque no pudo lograr que el peronismo desaparezca y también porque la excelencia de calidad y productividad de la pampa argentina es comparable o superior a la de las praderas de estados unidos.

a eso se agrega ahora que existe vaca muerta y otra vaca muerta quizá mayor en el chaco, más la tendencia al desarrollo tecnológico reconocido de la argentina que se comprueba en la tecnología satelital, y la necesidad de impedir que ese potencial se asocie con el desarrollo industrial ininterrumpido que tuvo Brasil.

La posibilidad entre ambos países es organizar lo que sería la tercera región globalizadora, el MERCOSUR, desarrollar ese potencial y construir una moneda regional como el euro y terminar con la interminable devaluación del peso, debido a que la guerra interna no está definida,  y la inicial escalada de devaluación del real que recién comienza pero que va a seguir el derrotero devaluador de todas las otras monedas emergentes de países que no construyan una industria capaz de digitalizarse y a la vez de tener su propia moneda.

Dentro de este contexto histórico resulta necesario una reinterpretación del peronismo y de toda la historia argentina posterior a 1945, es decir, del momento en que a la salida de la 2° guerra mundial el país tenía la riqueza para industrializarse y perón encaró repetir a la manera local la hazaña de Bismarck en Alemania que la convirtió a fin del siglo xix en una potencia industrial capaz de competir con Gran Bretaña y con USA.

La industrialización argentina fue impedida ante todo por la oligarquía, pero también primero por Gran Bretaña y sobre todo después por USA a través primero de la Revolución Libertadora, segundo por la dictadura militar de 1976 y por último por el macrismo. El secreto es que no había la misma urgencia con Brasil porque allí no había peronismo. El varguismo fue otra cosa, un eje en el Estado para tener industria pero sin peronismo, y en México el PRI pintaba como peligroso pero allí la industrialización es más nueva y más agarrada a USA, pero el nacionalismo del PRI es campesino, no como el nacionalismo peronista, que en su origen fue el de los peones de estancia transformados en obreros asalariados con derechos sociales (para construir el mercado interno) que por su origen humilde se apoyaron en Evita y después en el sindicalismo.

La pelea mundial ya dejó de ser por bastante tiempo entre el capitalismo y el socialismo sino en resolver la consistencia de los regímenes mixtos, en que está el capital a condición de un pacto fifty fifty con el ingreso de los que trabajan porque sino no hay mercado ni consistencia política y esa es la herencia que nos deja perón y que el peronismo tiene que reconstruir en cada etapa en que se encuentra al frente del poder político y que debemos convertir en estrategia política con una fundamentación estratégica.

 

 

Informe mensual. Mayo 2020

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En el  informe adjunto, damos algunos de los indicadores tanto de Argentina como de otros países con el propósito de mostrar dónde estamos parados. En primer lugar, hacemos una breve descripción de las posibles trayectorias de la actividad económica, cuando el Coronavirus se vaya atenuando o finalmente se encuentre la vacuna para volver a la normalidad.

Hoy el mundo debate tratando de visualizar cómo será la salida económica a medida que se vaya derrotando la pandemia. Pero más allá del esfuerzo los resultados no llegan a conclusiones terminantes, simplemente porque como siempre decimos «hacer previsiones resulta muy difícil, sobre todo cuando se trata de hacerlas sobre el futuro». El autor anónimo de este dicho no pudo tener en cuenta el Covid-19. De lo contrario hubiera puesto más restricciones sobre el futuro. Algo de eso ocurre hoy.

Las distintas alternativas de salidas se pueden observar en el gráfico de Google Trends, donde las tendencias de crecimiento han tenido diversas formas y tiempo, recesión, depresión, algunas con salidas rápidas y otras con doble caída. Incluso no faltaron depresiones prolongadas, una de ellas muy reciente con epicentro en el 2009,  pero en los ejemplos que mostramos no dan cuenta de alguna pandemia. Las más conocidas, la Peste Negra, allá por el año 1300, o la llamada Gripe Española, al final de la Primera Guerra Mundial, que cambiaron parte del orden imperante. La primera de tales enfermedades duró muchas décadas y la segunda fue de menor duración, pero ambas se llevaron más de 80.000.000 de muertos.

En un reciente reportaje (Fuente Perfil: Diario), el ex Ministro del Tesoro del Reino Unido Jim O´Neill planteo dos cuestiones interesantes, la primera tiene que ver con las diferencias en los orígenes de las crisis: “La gran diferencia es que llega por algo que no está dentro del sistema económico y financiero. Es un evento externo y eso lo hace particularmente complicado. A menos que encontremos una vacuna muy rápidamente, o aprendamos mucho sobre cómo eficientizar el sistema de salud y tengamos un tipo de herramientas para manejar la vida con el virus, ninguna economía en el mundo podrá hacer frente a la situación y llevarnos a vivir como era antes”. La segunda es que “si se llega a encontrar una vacuna antes de que termine el año, también es posible que tengamos una recuperación en forma de V, pese a que hay quienes creen que es imposible”. 

Incluimos en los distintos puntos con breves aclaraciones y especialmente utilizamos los gráficos para, suponemos, se entienda mejor lo que venimos diciendo, por ejemplo sobre:

PRODUCTO BRUTO INTERNO – EMAE –ESTANCAMIENTO Y CAÍDA –DEPRESIÓN

INDICADORES: ACERO, CEMENTO, ELECTRICIDAD, AUTOS, CONSTRUCCIÓN Y SUPEREMPLEO

BALANZA DE PAGOS, BALANZA CAMBIARIA, EXPORTACIONES – IMPORTACIONES

INDICADORES MONETARIOS

INGRESOS TRIBUTARIOS – INGRESOS Y GASTOS DEL SECTOR PÚBLICO BASE CAJA

SALARIOS Y CONSUMO

ÍNDICE DE PRODUCTOS AGROPECUARIOS, METALES, PETRÓLEO, ORO en base BCRA y FMI

ÍNDICE TIPO DE CAMBIO REAL MULTILATERAL (ITCRM)

EXPORTACIONES DEL MUNDO

PRODUCTO BRUTO DEL MUNDO

ÍNDICE DE INCERTIDUMBRE MUNDIAL

ÍNDICE DE INCERTIDUMBRE MUNDIAL DEL COMERCIO

Informe mensual Mayo Jorge Moore

UNA DE CAL Y UNA DE ARENA

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El gobierno de Alberto Fernández tiene dos meritos insoslayables:

  1. haber elegido preservar la vida en la lucha contra la Covid–19, sabiendo que la reclusión de los habitantes repercute negativamente en la economía del país y,
  2. la propuesta de pago de la deuda pública nacional, con el objetivo no solo de salir de la situación extrema a la que nos llevó el gobierno de Cambiemos y no solo para que no afecte en los cuatro años de gestión del actual gobierno, sino para generar una salida estructural, que como bien dice el Ministro Martín Guzmán, termine para siempre con el flagelo de la hipoteca de la deuda y que la misma sea financiable a largo plazo, para lo cual pide tres años de gracia y un canje por un bono a 15 años.

El Ministro lo denominó el “Marco de Sostenibilidad para la Deuda Argentina” y consiste en dividir la deuda externa bruta nacional, que al 31/12/2019 asciende a 323.065 millones de dólares y representa el 91% del PIB, en cinco partes bien diferenciadas, y a cada una de ellas darle un tratamiento específico.

  1. 66.238 millones de dólares son 21 títulos en moneda y jurisdicción extranjera. Se infiere que los fondos de cobertura encabezados por BlackRock tienen  la masa crítica de las acreencias para impedir que se cumpla la cláusula de acción colectiva;
  2. 44.000 millones de dólares que se adeudan al FMI;
  3.  30.000 millones de dólares aproximadamente con organismos internacionales de crédito como el Banco Mundial, el BID, la CAF, etc. que básicamente financian obra pública;
  4. 130.000 millones de dólares de deuda intra sector público (FGS de la ANSeS, BCRA, Banco de la Nación Argentina, diversos fondos fiduciarios, etc.); y
  5. 53.000 millones de dólares con el sector privado en moneda nacional e incluso en moneda extranjera, pero en jurisdicción nacional.

Dado el marco de la pandemia por el virus, los acreedores no pueden imponer sus condiciones y terminarán aceptando la propuesta argentina, sabiendo que el efecto dominó en las declaraciones en default de más de 50 países que se encuentran en similares condiciones sería catastrófico para los grandes acreedores que administran fondos.

Pero también pueden señalarse sus defectos

El problema del gobierno nacional reside en considerar que somos todos iguales ante el Estado y eso no es cierto. No se le puede dar igual trato a las grandes empresas que a las micro y pymes. E incluso entre ellas también se debe diferenciar. No es posible que el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) sea de solo 10.000 pesos por mes y no para todos los que están desocupados ya que, por una razón u otra, hay quienes no perciben el beneficio, tarea que se realiza con una meticulosa precisión digna de mejor causa. En cambio, se asiste con mayor ligereza a grandes empresas con el Programa de Emergencia de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP).

De las aproximadamente 600.000 empresas que hay en el país, unas 500.000 solicitaron el programa, pero por diversas cuestiones el Estado nacional aprobó el pago de parte del salario de abril de 2020 a unos 2.200.000 asalariados que trabajan en 247.000 firmas. En las empresas de menos de 25 empleados la ATP cubre en promedio el 70 por ciento del salario neto, mientras que en las de 800 empleados esa cifra es del 50 por ciento.

Pero observamos que recibieron el programa ATP por ejemplo la cerealera y aceitera Vicentin SA, que un día antes de que se fuera Mauricio Macri del gobierno de la Nación presentó un proceso de reestructuración de pagos a partir de una situación de stress financiero por una deuda bancaria de unos 1.000 millones de dólares, de los cuales 350 son del Banco de la Nación Argentina. Todo en la empresa es dudoso. Comparte con la empresa chilena Ultramar SA la concesión del principal puerto de exportación de granos de soja del mundo, en Rosario. El negocio ha sido siempre rentable, hoy la firma norteamericana Glencore a través de su controlada Oleaginosa Moreno SA, utiliza los silos de Vicentin SA en el puerto lindante de San Lorenzo.

También recibieron el Programa ATP las empresas del grupo Clarín, Techint y Ledesma, cuando se trata de grandes evasores fiscales y fugadores de divisas a través de las empresas y de sus dueños y CEOs, tal lo demostrara en su momento el “Primer Informe de la mayoría de la Comisión Bicameral Permanente de Seguimiento y de la Gestión de Pago de la Deuda Exterior de la Argentina”, publicado en julio de 2019 e impresa en libro en febrero de 2020, que se corroborará en el presente cuando se presente el listado de quienes fueron las personas físicas y jurídicas que fugaron los 86.200 millones de dólares de los cuatro años de la gestión de Cambiemos. El de las empresas puede consultarse en la nota principal de esta edición.

Paralelamente se mantienen los mecanismos de fuga de capitales y hasta se los apuntala, como es el caso de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que con la fuerte demanda de dólar paralelo imperante extendió por más de 40 días (hasta fines de julio) los plazos para que las personas físicas presenten sus declaraciones juradas y paguen los saldos correspondientes al Impuesto a las Ganancias, Impuesto a los Bienes Personales y el Impuesto a la renta financiera (grava las ganancias por compraventa de activos financieros), que junto con sus declaraciones juradas debían ingresar el saldo resultante de dichos tributos. La medida beneficia a más de dos millones de contribuyentes

Tampoco se prohíbe la operación de Dólar MEP (Mercado Electrónico de Pagos) con la salvedad a favor de sus beneficiarios que disminuye contablemente sus ganancias, dado que cuando se vendan los títulos y se reciba la moneda extranjera, se valuará la misma al tipo de cambio (comprador, en el caso) vigente de ese momento y ese será el valor obtenido por la enajenación; si se compara el mismo con el valor de costo de las especies vendidas (importe invertido en pesos por la compra de los títulos), el resultado será un quebranto, no una diferencia de cambio.

Habiendo publicado el BCRA el jueves 14 de mayo 2020 el Informe “Deuda y formación de activos externos, 2015-2019”, inferimos que se citará a cada apoderado de las empresas o personas que aparecen en el listado para que expliquen de donde extrajeron los recursos y cómo es su contribución con el fisco, cuando el Artículo 16 de la Constitución Nacional afirma que “todos sus habitantes son iguales ante la ley” y que “la igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas”.

Esa riqueza que sacaron del país debe pagar impuestos, que es la forma en que nos constituimos en una sola nación y en una misma sociedad. El Preámbulo de la Constitución proclama que el gobierno y todos sus habitantes deben “promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres [y mujeres] del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

Si ese es el verdadero marco legal, no es concebible que la ciudadana Ramona Medina, del Barrio Padre Múgica, muera afectada por el virus Covid-19 y que el barrio, con unos 40.000 vecinos, no tuviera agua durante doce largos y penosos días. Ella siendo insulino dependiente, con dos hijas —una discapacitada—, asistía con sus ahorros y con su trabajo a los comedores del barrio. La responsabilidad de su muerte es del Estado en claro y franco incumplimiento de nuestra Carta Magna.

El crédito no aparece

El total de préstamos (en pesos y en divisas) al sector privado generado por las 65 –sesenta y cinco— entidades financieras autorizadas a funcionar por el BCRA, significa solo el 11,3% del PIB [1].

Se trata de 13 –trece— bancos públicos de la Nación, de las provincias (que tienen banca oficial) y el Banco Municipal de Rosario que, en conjunto, captan el 60% de los depósitos y prestan al sector privado el 40% del total de créditos. Y de 52 –cincuenta y dos— entidades privadas, de las cuales las diez más grandes por volumen de depósito generan el 55% del crédito total.

Las entidades financieras privadas no están preparadas ni equipadas para otorgar créditos a las micro, pequeñas y hasta medianas empresas porque en su concepción el negocio era prestarle al Estado [2] y a grandes empresas vinculadas o no (que se financian con ahorro argentino). Esa es la razón por la cual el total del crédito del conjunto de entidades del sistema financiero legal argentino crece solamente un 6,4% en lo que va del año 2020 hasta el viernes 15 de mayo. El total de créditos (en pesos y en dólares) al sector privado fue de dos billones cuatrocientos setenta y seis mil millones de pesos al 30 de diciembre de 2019 y se acrecienta a solo dos billones seiscientos treinta y seis mil millones al 15 de mayo de 2020, cuando el tipo de cambio oficial aumentó en un 17% (de $ 59,92 a $ 70) y el dólar paralelo lo hizo en un 70% (de $ 73,5  a $ 120).

Los depósitos en cuenta corriente de las 65 entidades financieras en el BCRA que constituye básicamente el encaje o efectivo mínimo, que es la parte de los depósitos que deben inmovilizar las entidades como reaseguro de esas imposiciones, ascendía a $ 682.000 millones a diciembre de 2019, crece un 30% al 15 de mayo de 2020 para sumar un billón de pesos. Esto quiere decir que el sistema financiero en conjunto cuenta con no menos de $ 300.000 millones para prestar y no lo hace, la lenta e inexplicable instrumentación de los créditos a tasa subsidiada o a tasa cero para los monotributistas propuesto por el gobierno nacional, lo demuestra. El dinero no llega con la rapidez y la potencia que requiere la situación de pandemia, pero sí alcanza para que suba el dólar paralelo que el viernes 22 de mayo cerró a $ 125, cuando el oficial es de $ 70,5.

Los bancos públicos mal o bien cumplen con la función de asistir a sus respectivos Estados y prestan al sector privado, mayoritariamente a pequeñas y medianas empresas y créditos personales. Obviamente las nuevas autoridades de los bancos oficiales están en condiciones de auditar la gestión anterior, si se hizo debidamente o no (Caso Vicentin SA en el Banco de la Nación Argentina).

Pero los bancos privados, esencialmente los diez más grandes por volúmenes de depósitos, han sido y son los instrumentos de la compra de dólar Contado con Liqui (CCL) y bolsa (o dólar MEP) y los que registran la mayor parte de las operaciones de comercio exterior. Directa o indirectamente son responsables del dólar paralelo y de facilitar los mecanismos de sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones, caminos recurrentes de la fuga de capitales.

La principal tarea del BCRA es fiscalizar esencialmente a esos 10 –diez— grandes bancos y, de cerciorarse que incurren en mala práctica, sancionarlos y hasta quitarles la autorización para funcionar, que es la carta de la reina para convertir a un pirata en un corsario.

El sistema financiero así como está solo le sirve a Sir Francis Drake.

 

[1] En la Argentina de 1943-1974 el crédito al sector privado sobre el PIB rodaba el 45% del PIB. En Brasil actual es del 40% del PIB. En los países de la Unión Europea ronda el 80% y en los EEUU es del 52%
[2] El Stock de Leliqs al 15 de mayo 2020 fue de $ 1.202,5 millones y devengó una tasa del 38% anual, por lo que va del año, el BCRA les pagó a esas entidades $ 170.000 millones, mientras las entidades abonan tasas pasivas del 15,2% promedio.

 

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Economía en tiempos de «coronacrisis»: ¿La centralidad de la deuda?

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Para el Gobierno de la coalición peronista, hasta la eclosión del virus, el tema de la reestructuración de la deuda heredada del macrismo emergía como una cuestión central para el relanzamiento del crecimiento de la economía argentina. Desde esta columna describimos el programa inicial de la administración, centrado en recuperar los equilibrios externo y fiscal para estabilizar las variables desmadradas y consolidar un esquema financiero sustentable que despeje los interrogantes del exterior. Por este sendero la actividad productiva comenzaría a desplegarse y el pueblo argentino a recuperar bienestar y confianza en poco tiempo. Así lo pormenorizó el ministro Martín Guzmán en su última presentación en el Congreso.

Lo sorprendente es que el tema de la deuda siga siendo central hoy, en este presente de hundimiento de la economía global, dislocamiento de comercio internacional y con la puesta en marcha de políticas monetarias expansivas de guarismos enormes para preservar empresas y familias impactadas. Hay una cincuentena de países emergentes que exteriorizan dificultades para cumplir sus presupuestos financieros; el Banco Central Europeo emite euros para comprar bonos soberanos depreciados de los países de la UE; y la bolsa de Estados Unidos no se desploma porque la Reserva Federal compra acciones.

La pregunta a formularse ahora es ¿cuál es la capacidad de pago de la Argentina en el marco de la pandemia? 

El ministro Guzmán proyectó para este año una caída del PIB del -6,5% y es difícil escudriñar cómo será el 2021 si la economía no se reconvierte rápidamente hacia circuitos de producción y consumo no trasnacionalizados, movilizando los recursos disponibles principalmente a la provisión de bienes esenciales para todos los argentinos y todas las argentinas.

Difícilmente un sendero de equilibrios macroeconómicos e ingreso de divisas proveniente de una reestructuración exitosa de deuda pueda proyectarse en lo inmediato. Por ende, no parece ser el camino más viable a la salida del choque que implicó la llegada del virus. Fundamentalmente, porque éste va a dejar una secuela de deterioro de los ingresos populares y desarticulación económica que debe ser afrontada rápidamente y, con ese objetivo por delante, el arreglo de la deuda no parece aportar mucho para alcanzarlo.

Se argumenta lo gravoso que significaría entrar en default y sin duda es así. El golpe inmediato lo sufrirían las importaciones, que debieran cancelarse por anticipado y de contado, situación que con un tipo de cambio regulado, pero sin administración de comercio exterior, puede drenar reservas internacionales y complicar una adecuada planificación del flujo de divisas con que cuenta el país. Pero dado el actual contexto mundial, no parece ser un tema insoluble a corto plazo.

Otras consecuencias inmediatas como el “cierre de los mercados financieros internacionales en un ambiente de tasas de interés muy baratas” es una muletilla usada por los voceros del poder económico que nunca ocurre. El Gobierno de Mauricio Macri, con un país desendeudado y tasas de interés para los países emergentes del 4% anual, pactó servicios de intereses del 7/8% anual, que ahora con acierto el ministro Guzmán quiere reducir al 2,33% en promedio.

Por último, se invocan los fallos en contra de la Argentina y en favor de los “fondos buitres” producidos por el Juez Thomas Griesa como una amenaza blandida contra el deudor díscolo e insumiso. No abundaremos aquí sobre el abuso que significaron esas sentencias, ni lo opaco de su cancelación en 2016. Si es necesario ponderar magnitudes, los “fondos buitres” adquirieron los bonos defaulteados en el año 2004 con el exclusivo fin de litigar contra el país no ingresando a los canjes 2005/2010. Ahora bien, la cifra comprometida en ese entonces por los cuatro “fondos buitres” fue de u$s 800 millones, percibiendo en compensación tras doce años de conflictos u$s 4.200 millones, ganancia extraordinaria pero realizada en un tiempo prolongado. El monto de deuda en reprogramación en la actualidad es de u$s 67.000 millones y, según trasciende, los fondos menos dispuestos a aceptar la oferta argentina tienen alrededor del 50% de esa cifra y su objetivo original al adquirirlos no fue judicializar el tema. No parece probable que comprometan una inmovilización de activos en su cartera de una magnitud superior a los u$s 30.000 millones durante una década a resultas de un juicio, acarreando el costo de la depreciación de la cuota parte del fondo por poseer títulos defaulteados.

De hecho, estos fondos de inversión más intransigentes presionan por una mejora de oferta a fin de aumentar el “valor de salida” (“exit value”) del bono nuevo y desprenderse rápidamente de estos valores en el mercado. Su negocio no es inmovilizar cartera en un litigio sino obtener una ganancia rápida vendiendo títulos a un precio de u$s 50, que hoy cotiza u$s 30. Y aprovechar los beneficios de un mercado de valores estadounidense muy líquido y subsidiado por la Reserva Federal.

Retorna la pregunta en forma circular ¿Por qué la deuda sigue siendo un tema central de la política económica en el marco global y con los argumentos expuestos?

A modo de ensayo de respuesta, parece tratarse de un punto de agenda que subsistió después de la pandemia y que el Gobierno se esfuerza en despejar para evitar males mayores. No es bueno perder ductilidad y audacia en el actual escenario y con esos atributos fijar una agenda con prioridades que respondan al desafío presente.

El problema heredado de la deuda hay que resolverlo, pero en el presente de virus no ocupa la centralidad que tenía cuándo se inició el mandato del Presidente Fernández.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/reestructuracion-de-la-deuda/-la-centralidad-de-la-deuda–202052315290

Crisis económica y emisión: en defensa de la política monetaria

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La pandemia ha hundido la actividad económica a niveles no registrados desde las grandes crisis capitalistas. Las naciones se encuentran en la necesidad de intervenir en la economía sosteniendo empresas y familias. En un contexto donde la recaudación tributaria ha menguado sustancialmente por la crisis, consecuentemente han apelado a la política monetaria para cumplir este cometido. Ni siquiera los fondos soberanos, que tienen sus activos financieros duramente golpeados, pueden cumplir eficazmente su rol contracíclico en esta coyuntura.

Todos los gobiernos del mundo han lanzado programas de expansión monetaria agresivos, combinando la emisión directa de moneda con facilidades de multiplicación de crédito que han derrumbado la tasa de interés.

La política monetaria permite financiar la emisión del gasto público imprescindible para aumentar la oferta del sistema sanitario y a la vez asistir a las familias para cumplir con las normas de aislamiento social obligatorio. También habilita a los bancos centrales a comprar acciones de empresas en crisis y expandir el crédito barato para evitar el derrumbe de unidades de producción.

Sin duda, este escenario marca diferencias entre los países que pueden crear moneda con poder cancelatorio global como EEUU y el bloque de la Unión Europea, respecto de las naciones emergentes o con alcance sólo regional de sus divisas, como China, Japón y más recientemente -a consecuencia del Brexit-, el Reino Unido.

La política monetaria permite financiar la emisión del gasto público imprescindible para aumentar la oferta del sistema sanitario y a la vez asistir a las familias para cumplir con las normas de aislamiento social obligatorio

Las capacidades de intervención son diferentes, pero en un contexto de dislocamiento de las relaciones comerciales y financieras alumbradas por la globalización, este desequilibrio tiende a reducirse, porque los espacios nacionales como núcleo de las relaciones económicas han cobrado otro significado. Ya no se trata de alcanzar el ideal de la frontera del consumo global para la ciudadanía que requeriría ingentes cantidades de moneda con poder cancelatorio global, sino de recrear un circuito de producción de bienes básicos de acceso masivo (energía, alimentos, vivienda, salud y educación a distancia) que garanticen la preservación de la mayor cantidad de vidas y una existencia confortable.

En la Argentina bimonetaria, en donde el peso es unidad de cuenta y medio de pago pero no reserva de valor -consecuencia del comportamiento sistemático de acumulación de capital en moneda dura en el exterior por parte del bloque dominante primario-financiero-, plantear una política monetaria expansiva que sostenga la economía surge como una herejía.

Los voceros de los agentes económicos más poderosos claman a coro “emiten sin respaldo”, consigna a la que le cabe la pregunta: ¿sin respaldo de qué bienes?. La respuesta dominante es: “el dólar”, porque no pueden emitirse pesos en forma autónoma de la oferta de divisas que ingrese al país si se quiere mantener estable la cotización del dólar.

En el conjunto de países, la Argentina es el número 25 por tamaño de su economía, el 30 por cantidad de población y el 8 por superficie. Acotar el funcionamiento de su actividad productiva al ingreso de moneda extranjera es un corset demasiado apretado.

Nuestro país tiene una producción diversificada, con abundantes recursos naturales y calificados recursos humanos, capaz de proveer a sus habitantes vivienda, alimentos, energía, indumentaria, educación de excelencia y salud pública universal. En definitiva, la casi totalidad de bienes requeridos en este presente y alejados de un circuito trasnacionalizado dependiente del flujo de moneda extranjera.

Movilizar la actividad económica en esa dirección con una inyección direccionada de pesos es absolutamente viable y necesario en un contexto de crisis y cierre internacional.

Al respecto son ilustrativos algunos números:

El coeficiente de monetización, entendido como la totalidad de pesos existente incluyendo la circulación en poder del público y los nominados en los diferentes tipos de cuentas bancarias, respecto al tamaño del PIB, es del 26%, una cifra baja si se la compara con otros países de menor porte que el nuestro.

La Base Monetaria o dinero de emisión primaria era del 8% del PIB en diciembre, una cifra muy reducida que revelaba la magnitud del ajuste macrista. La política monetaria expansiva seguida por el Gobierno llevó ese número al 11% del PIB, una recuperación progresiva de los medios de pago acorde a la necesidad de sostener la actividad

Los indicadores precedentes no revelan elementos que expliquen que la emisión monetaria pausada, desde niveles muy bajos, provoquen una suba de precios o del dólar.

Quienes tienen capacidad de fijar precios y de valorizar su rentabilidad y patrimonio en moneda extranjera son los que repudian al peso e impugnan la política monetaria como herramienta de política económica redistributiva, sobre todo en un contexto en que una acción regulatoria del Estado puede construir un circuito viable de producción y consumo no trasnacionalizado, reduciendo su presencia dominante en mercados de bienes esenciales.

Es la oportunidad de revertir una historia de avances y recurrentes crisis externas, rompiendo el verdadero cepo monetario que es colocar a la actividad interna en función del flujo de divisas.

Es la oportunidad, pero también la única vía, según parece.

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-mundial/en-defensa-de-la-politica-monetaria–202051611530

HORA DE DEFINICIONES

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“Esto yo ya lo viví en 2003. Los acreedores tienen cómo molestar en la economía interna y, lamentablemente, estas cosas pasan», enfatizó el Presidente Alberto Fernández en medio de la dura negociación de deuda, al sostener que los acreedores «tienen cómo hacerlo y tienen gente en la Argentina que se pone al servicio de ellos. Es un tema que me preocupa y estamos viendo cómo resolverlo. No hay argumento lógico para que esto pase».

Tienen gente en la Argentina dice el Presidente y es verdad, desde lo ideológico, político y cultural y por razones financieras están los que masivamente juegan al dólar, pero el gobierno contraatacó fuerte el jueves 14 de mayo, al publicar el BCRA un informe denominado “Mercado de cambios deuda y formación de activos externos 2015-2019”, donde afirma que el acrecentamiento de la deuda externa argentina  en el período fue de 100.000 millones de dólares, de los cuales se fugaron 86.200 millones. En el desgobierno de Cambiemos aumentaron la deuda en 100.000 millones y el 86% de la misma no se invirtió en el país y se convirtió en activos financieros de privilegiados residentes argentinos en el exterior.

Es más,  los 10 mayores compradores (personas físicas y jurídicas) adquirieron  7.945  millones de dólares entre diciembre de 2015 y octubre de 2019. Los 50 mayores compradores (incluidos los primeros 10):19.153 millones de dólares y los 100 mayores  24.679 millones de dólares . Obviamente, las autoridades saben nombre y apellido y/o razón social, domicilio, actividad, etc. etc. de quienes son, uno por uno, para llamarlos y decirles, ustedes declaran que ganan tanto y, como puede ser que fuguen en menos de cuatro años 86.200 millones de dólares, una cuarta parte del PIB anual argentino.

Sin tener esos datos, que si tiene el gobierno nacional, es justo suponer que entre los primero 100 fugadores están los dueños de los grandes bancos privados nacionales y de las grandes empresas que operan en el país. Decimos esto con el fundado razonamiento de que es imprescindible la participación de los grandes bancos del sistema financiero local en la fuga de capitales de la Argentina, tal lo demuestra en sus declaraciones ante la justicia argentina del ex funcionario del banco JP Morgan, Hernán Arbizu, como en la presentación de la AFIP de las cuentas de residentes argentinos no declaradas en el Banco HSBC de Ginebra, más la información provista por el BCRA sobre las compras de divisas en los años 2008 y 2009, el listado de compradores de divisas en 2011 y los Papeles de Panamá, de Bahamas y de otras guaridas fiscales, y los más de 2.600 millones de dólares no declarados por 950 argentinos en bancos de la OCDE (organización de 37 países desarrollados) que recibió la AFIP de Alberto Remigio Abad, actual Director del Banco Santander-Río, que archivó la denuncia. El tributarista Jorge Gaggero solicitó que sea investigada toda la causa y así lo presentó el Fiscal Federal Federico Delgado en la semana transcurrida.  En todos estos casos, apenas un puñado de firmas es responsable de buena parte de la compra de divisas y de los capitales fugados. Algunos grupos económicos que operan en el país como Clarín, Ledesma y Techint, entre otros, se repiten constantemente a través de dichas firmas, pero además por la presencia de sus principales directivos y accionistas.

Si ese es el marco, podemos entender porque se genera una nueva corrida cambiaria que hace que en plena cuarentena, donde estamos mayoritariamente recluidos los habitantes, el dólar paralelo dicen que vale (siempre tipo de cambio vendedor) $ 138, cuando el 20 de marzo 2020 decían que valía $ 85.  O que el dólar CCL (contado con liqui) el viernes 15 de mayo cerró a $ 121 cuando el dólar PAIS cotiza a $ 91 y el oficial a $ 70, siendo la brecha del 33% y 72,8% respectivamente.

Esa disparada del precio del dólar que perjudica a la mayoría de la población que percibe ingresos fijos en moneda nacional, se genera por:

  1. Restructuración de la deuda– Entre los acreedores privados de los 21 títulos que están en moneda y en jurisdicción extranjera, por 66.238 millones de dólares en total,  los grandes Fondos de Cobertura (Blackrock, Fidelity, Vanguard, Pimco, Gramercy, Ashmore y Franklin Templeton, etc.) ya tienen un porcentaje de los mismos que anula la cláusula de acción colectiva (25 o 33% depende del bono) para exigir el pago en las condiciones originales, no aceptan la propuesta argentina y, como tantas veces pasó otrora, utilizan los grandes medios que también seguramente tienen parte de los dólares que fugaron en esos fondos que se los administran, con el amor a la patria que los caracteriza. La propuesta Argentina es lógica y razonable, tres años de gracia, una quita de capital del 5,4% y cambiar los intereses por una tasa del 0,5% en el primer año de pago (mayo de 2023) y, después, ir aumentándola al 0,5% anual hasta ser de un promedio del 2,33% para toda la vida del nuevo bono, cuando ellos mayoritariamente no le prestaron a la argentina y compraron esos títulos al 30 o 35% de su valor, que significa una tasa real en torno al 7% anual en dólares (El rendimiento efectivo no es sobre la lámina de 100 dólares, que es su valor nominal, sino sobre 30 o 35 dólares que es el valor al que adquirieron esos títulos).
  2. Subfacturación y retención de exportaciones- La Bolsa de Rosario informa  que las exportaciones de trigo en el primer trimestre de 2020 habían superado en un 40% a igual período del año anterior (6,16 millones de toneladas versus 4,42 millones) y que el pedido de compras hasta ahora y  para todo el año 2020 es de 14,7 millones de toneladas (superior en un 40% a la del año pasado). Por lo tanto, no es creíble que CIARA – CEC (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y Centro de Exportadores de Cereales)  reporten que comparado el primer cuatrimestre 2020 con el del 2019 el ingreso en divisas es un 17,8 % inferior.  Ellos dicen que en los primeros cuatro meses de 2020 ingresaron 5.017,5 millones de dólares y en igual lapso del año pasado 6.104,4 millones de dólares, cuando el peso oficial se devaluó en promedio un 65% entre ambas fechas, de $ 42,5 a $ 70.- y se infiere que semejante depreciación es un estímulo a exportar. En la zona núcleo, la cosecha de soja aún no concluyó, la mayor parte se cosecha entre abril y mayo, en ese marco el BCRA mediante la Comunicación “A” 7018 estableció que a partir del lunes 18 de mayo las Pymes agrícolas que quieran acceder a los créditos a tasa subsidiada del 24% –ofrecidos por el BCRA– deberán tener en acopio no más de un 5% de su “capacidad de cosecha anual” de “trigo y/o soja (2019/20), medida que en realidad no va a desandar el camino especulativo pero va “marcando la cancha”. Los principales puertos exportadores de granos y de aceite están sobre la Hidrovía del Paraná, son 18 (dieciocho) puertos, de los cuales 14 (catorce) son concesiones privadas a Cargill, COFCO-Agri, Aceitera General Deheza, Bunge Ceval, Vincentín, Louis Dreyfus, Glencore y ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) y, dada la situación, más que justifica una fuerte fiscalización.
  3. El sistema financiero- Los nueve mayores bancos privados realizan la mayor parte de las operaciones de comercio exterior y a la vez, son los principales vehículos para que sus clientes cambien depósitos en pesos por contado con liqui (CCL) o dólar bolsa (dólar MEP), razones por los que también se requiere un fuerte control de dichas operatorias.  Paralelamente, la nueva conducción del BCRA les otorgó a los bancos capacidad prestable por $ 460.000 millones, de los cuales unos $ 120.000 millones prestaron al 24%, supuestamente para hacer frente a la pandemia y a la merma del trabajo y la producción.  Habría que rastrear entre quienes recibieron ese monto, si una parte no fue a comprar dólares vía CCL o MEP (en que el precio del dólar implícito creció en dos meses  en un 62%).  Y, finalmente, con los $ 340.000 millones restantes que tienen de capacidad prestable y no prestan ¿que hacen?
  4. El pago de impuestos a las ganancias y bienes personales-En los meses de abril a junio de cada año deben abonar el impuesto a las ganancias del año pasado (los mayores bancos ganaron fortunas, con una tasa de rentabilidad promedio del 70%), y lo mismo pasa con las grandes empresas, Tenaris y Ternium de Techint, Ledesma y el multimedio Clarín y otras. Igual con respecto al gravamen a los Bienes Personales (Patrimonio de los contribuyentes) del año 2019 que deben pagar ahora, se trata de ganancias y patrimonio antes de la pandemia, que permitiría financiar al fisco y a la vez restaría fondos que van a comprar dólares y fugarlos del sistema económico nacional.
  5. Devaluación de Brasil y demás países de la región- El dólar en Brasil se pactaba a 5,96 reales al viernes 15 de mayo de 2020, con un incremento del 48,3% desde los 4,02 reales del cierre de 2019. Pese a ello, la venta de granos, harina, aceite y carne de este año 2020, sumada al freno en el nivel de actividad (y por consiguiente menos importaciones), más el período de gracia de suspensión del pago de los servicios de la deuda externa, en conjunto, implica un fuerte superávit comercial para este año, siempre y cuando se controlen las operaciones de comercio exterior y la operatoria de los grandes bancos del país.

En síntesis

La tarea de la Administración Nacional es ardua, pero posible, se trata de controlar exhaustivamente a nueve grandes bancos, su operatoria (esencialmente las operaciones con el exterior y las que posibilitan la compra de acciones y/o títulos en pesos para venderlos en divisas), a sus dueños y ceos, por un lado y, por el otro, fiscalizar los 14 puertos concesionados de la Hidrovía del Paraná,  con eso se limita la fuga de capitales y se asegura que no aumenten más el precio de los alimentos, del alcohol, etc., para que la demanda externa sea para bien de todos y no en beneficio de una minoría rentística y parasitaria como siempre ha sido.  Hoy el Presidente de la República tiene los nombres y apellidos de los que se beneficiaron con el endeudamiento macrista que pagamos todos los demás. Ya sabe fehacientemente con quienes está lidiando, donde había dudas hay certeza, no le van a volver a decir a su ministro que no sabe con quién se está metiendo. En la mesa del juego, conocer las cartas del rival no es poco.

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2008-2020: una crisis tanto o más grave que la de 1929

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Si se buscara una explicación sobre la crisis de 1929 habría que recurrir al libro del economista egipcio Isaac Johsua La crisis de 1929 y el emerger norteamericano, publicado por primera vez en 1999 en Francia y editado con actualización en la Argentina en 2012 (Ediciones IPS). Allí Johsua analiza las cuatro mayores explicaciones generales que se habían dado sobre aquella crisis: el subconsumo, la sobreinversión, el monetarismo y el sobreendeudamiento, sobre todo en su relación con el ascenso de Estados Unidos como potencia económica y militar dominante, en el largo período que abarcó desde el fin del siglo XIX –y al que Johsua ingresa en 1918- hasta la terminación de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Su autor no destaca ninguna de esas motivaciones en particular -salvo la de la emergencia estadounidense- sino que combina las cuatro.

Siguiendo su ruta, vamos a componer de manera particular esas causas destacando sobre todo la del endeudamiento, que en la crisis de 2008 es indudablemente la de mayor importancia y consecuencia de la financierización, de la que se deriva y que también estuvo presente antes de 1929 pero que de ninguna manera alcanzó la importancia actual, característica esencial de la presente crisis. Esta característica posibilita la sobreacumulación aun en los períodos sin inversión y el ímpetu adquirido por el monetarismo. El subconsumo tiene importancia pero es una consecuencia de la recesión, la crisis, la financierización y el endeudamiento.

La financierización es la inversión en fondos monetarios y no en activos destinados a la producción. Una inversión privada productiva se destina a una empresa que produce en la actividad industrial, agropecuaria o minera y en el comercio y los servicios, siempre que en estos dos últimos casos no exceda de la magnitud requerida por la producción y su perspectiva o por la generación de ingresos y la demanda derivada de ella. La colocación de dinero en un banco es una inversión financiera necesaria si se complementa con la actividad productiva a la que potencia y por la que percibe una tasa de interés. Pero si la colocación financiera desborda en magnitud a la que absorbe la actividad productiva y el interés rinde más que la ganancia, hay financierización y provoca una menor actividad productiva, encarecida por los altos intereses. Y cuando los altos intereses frenan la producción, el endeudamiento ya no se destina tanto a la producción sino a renovar las deudas en continuo crecimiento, que también provienen de quienes perciben ingresos laborales; por eso la crisis inmobiliaria por imposibilidad de pagar los intereses llevó a la crisis bancaria (Lehman Brothers) de 2008. De ahí que la financierización está asociada al sobreendeudamiento. Y el Estado se sobre-endeuda cuando rescata a los bancos quebrados por el exceso de préstamos que no se pueden pagar, como está sucediendo en todos los países desarrollados, mientras que en los menos desarrollados o periféricos, el Estado se sobre-endeuda para pagar a los bancos y fondos financieros extranjeros que adquirieron bonos de esa deuda excesiva. Si el Estado se sobre-endeuda, se desestabilizan las monedas y desaparecen las paridades fijas duraderas.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos quedó como la potencia económica hegemónica, fruto de su relativo aislamiento previo y de la rápida  transformación y acumulación de capital con la que desplazó a Gran Bretaña, pero solo pudo desalojar a Alemania como otra gran potencia económica emergente porque consiguió delegar en la Unión Soviética el principal esfuerzo militar en Europa, y la consecuencia fue que el poder militar soviético impidió que el potencial económico de Estados Unidos pudiera significarle la hegemonía absoluta de poder. Para asegurar su gran ventaja económica y preparar la liquidación del condicionamiento resultante de la presencia de la Unión Soviética, la obligó a realizar un gasto militar que limitó su crecimiento económico, de por si condenado por su aislamiento del sistema mundial. Al mismo tiempo, utilizó la gran tenencia de oro en sus reservas y el consiguiente poder del dólar derivado de su condición de única gran potencia económica para imponer al resto del mundo capitalista en Bretton Woods (1944) el patrón de cambio dólar oro que, al funcionar como un virtual sustituto del antiguo patrón oro, le permitió crear y regular el dinero mundial.

En 1971 Estados Unidos perdió esa capacidad porque ya sus reservas de oro eran insuficientes para respaldar la masa monetaria. Debió abandonar el patrón de cambio dólar oro y dos años después tampoco pudo sostener el tipo de cambio fijo y tuvo que devaluar. Es posible que los soviéticos hayan contribuido inesperadamente a esa decisión –evidencia de la pérdida relativa del poder estadounidense- al depositar los dólares requeridos para respaldar el comercio internacional del bloque que encabezaban en bancos europeos de Londres, para no depositarlos en Estados Unidos. Así se originó el mercado del eurodólar, que tuvo gran crecimiento desde fines de los años ´60 porque los bancos europeos no dejaron perder la oportunidad de colocar allí sus dólares y pronto fueron seguidos por los mismos bancos y empresas transnacionales estadounidenses, dando lugar a un mercado mundial de capitales cada vez más desprovisto de control, que incorporó funciones como la de los seguros de cambio y los derivados, para protección de riesgos cada vez mayores, que empezaron con la inestabilidad de las paridades. Al eurodólar después se le sumaron los mercados offshore, que repitieron la experiencia del eurodólar en un contexto aún más desprovisto de controles y de ocultamiento tributario para los capitales.

En repetidas ocasiones el gobierno de Estados Unidos intentó retomar el control de la creación y control del dinero mundial y otras tantas lo perdió en manos del capital mundial, dando lugar a la pregunta de si no existía una contradicción entre el dominio del mercado por el capital y su condicionamiento a la regulación estatal. El presidente Donald Trump obligó a reiterar esta pregunta cuando llevó el proteccionismo al mayor nivel de una época marcada por la globalización del capital y  pidió a empresas estadounidenses radicadas en China que vuelvan a Estados Unidos. La imposibilidad del dólar de controlar el dinero mundialse hizo evidente cuando el titular del fondo de inversión BlackRock observó que su papel como moneda de reserva no era seguro ya que 40% del déficit estadounidense se financia con deuda externa, por lo que “recomendaba no pelear con los acreedores externos”, como apuntó Mónica Peralta Ramos (El pez por la boca muere, El Cohete a la Luna, 3/5/20). La decisión de Trump, de entregarle a BlackRock la gestión de los programas especiales de la Fed de defensa del dólar, también señalado por Mónica, implica no sólo incrementar enormemente la riqueza de un pequeño grupo sino que muestra que aquella contradicción no existe. El control del Estado sobre el dinero mundial afirma el poder de Estados Unidos y no se puede separar de su objetivo de mantener al mismo tiempo el dominio del capital sobre la economía mundial,  particularmente el de los grandes grupos financieros con sede en ese país, y constata que el eje actual del capitalismo es el financiero y por eso la financierización del capital es lo decisivo.

BlackRock es el mayor fondo gestor de inversión del mundo y principal accionista de 88% de las empresas que en mayo de 2018 integraban el índice S&P 500, constituye el más grande y más concentrado monopolio privado, uno de sus principales negocios se orienta a sustituir al Estado en gestionar los planes de pensión de los asalariados sobre la base del capital tecnológico (la Inteligencia Artificial) y en ese momento administraba unos 6,3 billones de dólares, un monto casi igual al PBI de Alemania y Francia sumados (La Vanguardia, Barcelona, 6/5/2018). En Argentina es uno de los fondos de inversión que más bonos posee y rechazó la oferta del gobierno nacional, mientras Jeffrey Sachs, que apoyó la oferta por “realista y favorable”, le pidió que la acepte para “evitar una catástrofe global” (El Cronista7/5/20).

Ahora es posible entender por qué en la actualidad no hay sobreinversión y por qué el Premio Nobel Paul Krugman se pregunta “La economía se hunde, la bolsa sube en tiempo de coronavirus: ¿qué está pasando?”, en una nota de TheNew York Timesque Clarínreprodujo el 4/5/20. El razonamiento de Krugman puede sintetizarse así: Los precios de las acciones estadounidenses, que bajaron cuando empezó el coronavirus, se recuperaron hasta volver al inicio de la caída, cuando parecía que la economía marchaba muy bien. Por eso recomienda muy especialmente recordar “que la bolsa no es la economía”,y señala que “los inversores están comprando acciones en parte porque no tienen ningún otro sitio al que ir”,ya que “la deuda pública ofrece una rentabilidad increíblemente baja”en Estados Unidos, con tipos de interés de los bonos a 10 años del 0,6%, de rendimiento real negativo, que lo explica en razón de que el mercado de bonos prevé que la economía se mantenga deprimida varios años”, que la Fed seguirá con tasas bajas “en un futuro predecible” y concluye que “las acciones están fuertes precisamente porque la economía real está débil”.

En la Argentina, con el rodrigazo que prologó el golpe de 1976 y la dictadura, se instaló la economía del ajuste y la deuda y se reforzó en la democracia por el efecto buscado de la deuda a lo largo de los últimos 45 años, con excepción de los 13 años del kirchnerismo y los últimos más de cinco meses de la presidencia de Alberto Fernández. El kirchnerismo la renegoció, redujo los pagos y rompió con la política del FMI. Alberto Fernández volvió a frenar la deuda y a renegociarla y es cada vez más hostigado por los mayores diarios del país, que funcionaron como la prensa del macrismo después de haber sido la prensa de la dictadura y de una cerrada oposición al kirchnerismo, porque su prédica fue y sigue siendo esencial para crear y sostener una opinión y un partido de derecha que permita profundizar la política de ajuste y de deuda en la democracia, que en la Argentina es una absoluta novedad.

La política de Macri fue una perfecta muestra de que la acumulación puede no tener nada que ver con la inversión en la época del capital financiero y la financierización y sí con el hundimiento de la economía y el aumento de la pobreza y la desigualdad social, beneficiando a quienes acumulan sin invertir, ingresan o compran dólares, los prestan subiéndose al endeudamiento continuado y después lo fugan. Por eso Macri y su primer ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, provocan risa al afirmar que no se debe asustar a los inversores con impuestos o reglamentaciones y controles capaces de hundir la inversión porque ellos ya la hundieron con la deuda, premiando a los mayores especuladores -los fondos buitre-, afirmando la especulación como política de endeudamiento paralela a la toma de créditos y utilizando el ajuste para financiar los pagos y la fuga de capitales. Y lo que se puede constatar es que esta política de inversión divorciada de la acumulación es también una realidad de la economía mundial.

En cuanto al otro fundamento presente en Johsua para explicar la crisis de 1929 -el paso de la hegemonía británica a la estadounidense-, en la crisis internacional iniciada en 2008 habría que marcar la rapidez de la emergencia china y la posibilidad que llegue a sustituir la hegemonía de Estados Unidos, lo que también se está dirimiendo en un período que empieza a extenderse, porque si bien esta posibilidad recién se puso de manifiesto el decenio pasado, con Xi Jinping al frente de la República Popular y del Partido Comunista Chino (PCCh), va a cobrar virulencia en lo sucesivo, y se confirma con la política de Trump de resguardar y afirmar el papel plenamente hegemónico que su país pretendió conquistar con la Segunda Guerra Mundial, que apenas pudo disfrutar desde la caída de la Unión Soviética y que empezó a diluirse con el vertiginoso ascenso chino. Y lo curioso es que coincide con la nueva crisis del capitalismo, como ocurriera en medio de la transición anterior de hegemonía, un siglo atrás.

Hay una infinidad de cuestiones que caracterizan la peculiaridad del ascenso chino y que pueden ayudar a comprender sus incógnitas. La experiencia soviética, de intentar construir un sistema diferente fuera del sistema mundial, es posiblemente lo que hizo entender al PCCh que para superar un sistema mundial, hay que hacerlo desde adentro, y no es una cuestión ideológica, porque ninguna teoría puede ser inmune a los cambios en el sistema y en las clases sociales y convertirse en una teología, sino que en el capitalismo no hay manera de alcanzar la tecnología y la participación en el comercio sin el concurso de la inversión extranjera y la creación de empresas privadas, porque difícilmente las empresas estatales podrían cumplir esa tarea y asociarse con las grandes empresas capitalistas para hacerlo. Gracias a ese concurso, China ha conseguido avanzar en tiempo récord y es tan indudable que su régimen económico no es socialista como que representa un desafío para la hegemonía estadounidense. Sin embargo, también parece indudable que en la República Popular el Estado orienta la conducta del capital de modo que el comportamiento de las empresas privadas se rige por la planificación estatal, mientras que en Estados Unidos es el capital el que determina la acción del Estado, como quedó más que claro cuando Trump delegó en BlackRock gestionar la defensa del dólar.

La situación intermedia china difícil de explicar (Néstor Restivo, “China: cómo entender si diagnosticamos mal”, AdSina, 10/5/20) tampoco parece resolverse definiéndola como capitalismo de Estado. Se asemeja más bien a un capitalismo bajo la tutela de un Estado regido por un partido comunista cuya finalidad no es el capitalismo, y éste aparece como un medio ineludible dictado por la presencia en el sistema mundial, en el que la burguesía sería prisionera del Estado. Precisamente por eso y por su inevitable desenvolvimiento dentro del capitalismo mundial, nadie puede asegurar cuál será la fórmula definitivao que incluso en algún momento el capital pueda asumir el control del Estado si el actual Estado no se afirmara en la relación de fuerza con Estados Unidos. Todo esto es lo que se juega en esta guerra virtual que en algún momento será también una guerra interna, como ya lo fue en distintos momentos del pasado, sobre todo si la transición se prolongara, posibilidad que seguramente se encuentra también en los cálculos estadounidenses como parte de la defensa de su estatus actual de potencia dominante amenazada.

No por eso la dirigencia china va a forzar el aumento de la velocidad de tránsito, porque –a pesar de los grandes avances- su economía todavía es 6,4 veces menos rica que la de Estados Unidos, si se las compara por el PBI per cápita (9.771 dóls vs. 62.800 dóls, según el Bco. Mundial), aunque esa diferencia se reduce a la mitad (3,4 veces) si se toma en cuenta la paridad del poder adquisitivo. En ese caso, China más bien podría modificar el sentido de su política. Así comohasta ahora prevaleció la apertura inaugurada por Deng Xiaoping, Xi Jinping está poniendo más énfasis en el desarrollo interno, que ya había iniciado antesqueEstados Unidos apelara al proteccionismo, aunque esta orientación tiene muchas otras causas difíciles de sintetizar. Por algunos motivos coincidentes y por otros muy distintos, Trump vuelve a colocar el eje de la inversión estadounidense en el desarrollo interno, intensificándolo ante el agravamiento de la crisis y buscando afirmar su dominio mundial, no por nacionalismo y menos para permitir el nacionalismo de los demás. Sobre todo, porque colocar el eje en el centro estadounidense es situarlo en el centro del sistema, disminuir el papel de los emergentes y volver a la división internacional del trabajo, para lo que el macrismo se especializa con su política de desindustrialización, que diferencia más que nunca la estrategia del peronismo. Habrá que ver si, en esas condiciones, China consigue consolidar su propio desarrollo interno sin dejar de lado su Ruta de la Seda.

Todavía es posible avanzar más para entender la crisis actual apoyándose en la experiencia de 1929. En el análisis deJohsua, la relación entre los distintos factores que la provocaron parece más equilibrada que en la crisis que comenzó en 2008; en ésta -sin duda- lo que prevalece es el endeudamiento como consecuencia de la financierización, y no en vano se suele especificar que el neoliberalismo es el dominio del capital financiero y a la crisis de 2008 se la designa siempre como financieray, como hemos procurado destacar al principio, todos los otros factores aparecen subsumidos en el financiero y el de la deuda, o como sus consecuencias. En su análisis de 1929 Johsua le concede especial gravitación a la emergencia estadounidense y a la velocidad con que se desarrolló.

La emergencia china actual es aún más veloz, pero tiene menos que ver en forma directa con la crisis capitalista, puesto que cuando la República Popular inició su incorporación al mercado mundial no era un país capitalista y ahora sería muy difícil clasificarlo así, aunque haya apelado al capitalismo orientado y controlado por el Estado para desarrollarse, ya que en el PCCh impera la idea de que sin desarrollo no hay socialismo, y no hay duda que al haber puesto en marcha esa premisa desencadenó su emergencia y acaba de obligar a Estados Unidos a defenderse con su peculiar proteccionismo.

Pareciera que el problema hay que atacarlo desde otro frente. El capitalismo es un sistema mundial. En 1929 también lo era pero no estaba consolidado como tal, no tanto por la lucha competitiva que llevó a las dos guerras mundiales sino porque no se había desenvuelto plenamente, al contrario de lo que sucede en la actualidad con la globalización, el alcance de la inversión extranjera y la emergencia de la periferia a una más profunda integración en los años ochenta y noventa, que incluso la llevó a protagonizar la crisis internacional de los noventa, que en la Argentina culminó a fines de 2001.

En el sistema capitalista el equilibrio se rompe periódicamente y en forma continua. El sistema se destaca por el capital privado y la relación salarial, y el equilibrio reside en que el capital se invierte en la medida que obtiene rentabilidad, vendiendo su producción en el mercado, lo que requiere un ingreso salarial que crezca en proporción con la producción y la productividad, porque de lo contrario no hay mercado suficiente. En los años del Estado de Bienestar que siguieron a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el aumento de la producción y la productividad marchaba en el mismo sentido que el de la capacidad de compra, y era también una premisa política para impedir el avance del comunismo y para aislar a la Unión Soviética, puesto que si bien su producción crecía muy rápido, su productividad no, porque estaba separada del sistema mundial y debía afrontar un gasto en armamento que Estados Unidos podía solventar con su enorme diferencial de productividad, con la que también pudo reconstruir y desarrollar a Europa con el Plan Marshall.

En los años sesenta ese equilibrio se empezó a romper con más frecuencia: la rentabilidad caía porque la demanda crecía más lentamente, la renovación del capital fijo era menor que en la inmediata posguerra, reaparecía la competencia entre las economías nacionales y en los años setenta ya Estados Unidos no pudo mantener la base oro de sus reservas a tono con la expansión monetaria, y el dólar y todas las paridades se volvieron inestables. La necesidad de sostener la producción llevó al crecimiento de las deudas y el capital financiero se liberó de la tutela del Estado a partir del eurodólar y de los mercados offshore, alcanzando una autonomía que colocó a las finanzas, la deuda y los instrumentos para asegurar los riesgos en el centro de la acumulación y ésta se divorció de la inversión productiva, dándole su característica al neoliberalismo. Cada vez más, como dice Krugman, las bolsas se desentendieron de la economía y con el clima recesivo sobrevino una continua presión a la baja de los salarios, otra característica del neoliberalismo.

Algo de esto ya había sucedidoantes de 1929, pero no en la enorme medida actual y como algo inseparable del sistema. El crédito siempre fue necesario y más en los períodos recesivos, pero salvo en los países coloniales o subdesarrollados, la deuda no provenía sobre todo de fuentes externas. Si bien el capitalismo se estaba conformando como sistema mundial, todavía imperaban las economías nacionales y la acumulación en cada país, aunque el auxilio de la explotación y la inversión colonial fueran enormes, pero el desequilibrio en el centro del sistema todavía era controlable. El secreto consiste en que allí el capital en su forma financiera estaba sujeto a la regulación del Estado nacional.

La excepción fue la deuda alemana por las reparaciones de guerra. Los pagos demoraban la reconstrucción, impedían el crecimiento, llevaron a la hiperinflación en Alemania y su freno contribuía a frenar también la recuperación europea. Esa realidad obligó a Francia a aceptar la reducción de la deuda alemana y al final Alemania terminó pagando no más del 15%. Aun así las deudas influyeron en la baja actividad de la segunda mitad de los años veinte porque se dispararon y muchas se volvieron impagables por esa baja actividad, aunque la falta de pago golpeaba a las economías nacionales desde adentro y no como una crisis internacional de pagos, pero su gravitación en la crisis de 1929 es indudable. Cuando Jeffrey Sachs pide a los acreedores “evitar una catástrofe global” aceptando la oferta de pago de la deuda argentina actual, busca impedir que –por la amenazadora magnitud del endeudamiento global- se transforme en el gran detonante de la presente crisis. Sin embargo, no imperan los criterios razonables: BlackRock, que gestionará la defensa del dólar, rechazó de plano el acuerdo con la misma insensatez que tuvieron Macri al endeudar al país y Trump frente al coronavirus.

En la crisis iniciada en 2008 el papel de las finanzas es mucho mayor porque el sistema adquirió su carácter global implícito por el resultado de la Segunda Guerra Mundial, pese a la imposibilidad de la política monetaria de Estados Unidos de sostener el control del dinero mundial, que llevó al capital financiero a librarse del control de los Estados nacionales creando un mercado de crédito efectivamente global y el dominio de las finanzas impulsó la acumulación a través del crédito sin regulación –tal como sucedió en la Argentina de Macri con el visto bueno del FMI dirigido por Christine Lagarde-. El resultado inevitable es que el peso creciente de las deudas las hace cada vez más impagables y las convierte en las mayores responsables de la recesión. Por consiguiente, aunque la crisis a la que asistimos no es igual a la de 1929, ésta nos ayuda mucho a entender la actual y a comprender que si bien la pandemia la empeora, la gravedad es propia de la crisis, a tal punto que  su enseñanza más inquietante es que únicamente fue superada cuando el sistema logró reconfigurarse a costa de una guerra mundial.