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domingo, junio 28, 2026
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Estado, tarifas y deuda en debate

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La discusión pública entre el ministro de Economía Martín Guzmán y el subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, dejó expuestas las diferentes visiones que existen sobre el rumbo económico dentro de la coalición gobernante. ¿Qué hacer con las tarifas? ¿Cómo inciden en los subsidios y el déficit fiscal? ¿Cuál debería ser el rol del gasto público? ¿Se puede ser fiscalista en este contexto de crisis social? ¿Qué hacer con la inflación y con los empresarios formadores de precios? ¿Soluciona algo negociar este año con el Fondo Monetario Internacional?

Dada la importancia del tema y el mutismo que se auto impusieron todos los protagonistas de la discusión (Guzmán, Basualdo, pero también Cristina, Kirchner, Massa y Alberto Fernández) El Cohete recreó el debate, acudiendo a economistas que encarnan las posiciones enfrentadas: Roberto Feletti, ex viceministro de Economía de Vristina  y Rodolfo Santangelo, director de la consultora Macroview y socio histórico de Carlos Melconián.

Ambos reconocen el momento excepcional que implica atravesar una segunda ola de la pandemia y cómo este contexto condiciona cualquier rumbo para la política económica. Hecho este primer análisis, ¿cuál es el estado de situación de la crisis económica y social del país?

Santangelo: En relación a hace seis meses, hoy tenemos cierta tranquilidad en el mercado cambiario, que es importante porque a fin del año pasado estábamos al borde de un problema en el sector externo, donde la buena fortuna del precio internacional de las materias primas dio vuelta el comportamiento de los productores. En segundo lugar, hemos vivido siete meses de una aceleración inflacionaria que era muy previsible por la propia dinámica de la macroeconomía. El rebrote sanitario no ha matado, hasta ahora, el rebote económico pero es una recuperación insuficiente. Argentina es el único país de la región, junto a Brasil, cuyo PBI es menor que el registrado en 2011. En relación a la cantidad de empleos perdidos, se recuperaron 3 millones de puestos de un total de 4 millones que se habían destruido. Y el resto de la economía sufre el impacto de la inflación. Y donde más se siente es en el área fiscal. La mejora de las cuentas públicas de este año está ligada íntimamente al fenómeno de la inflación que mejora los ingresos y licua el gasto público.

Feletti: Paradójicamente voy a ser más crítico de algunas cuestiones. Creo que hubo decisiones de política económica que podrían haber tenido otro devenir. En parte porque hay una insuficiencia de los estímulos a la demanda. Si nosotros le vamos a pedir a la gente que se quede en la casa, evidentemente los estímulos a la demanda tienen que ser más potentes y esto se logra por la vía fiscal. Y obviamente aparece la discusión por el financiamiento. La reestructuración de deuda con el sector privado, que fue exitosa con un alto grado de aceptación, no produjo los resultados esperados en términos de baja del riesgo país, tranquilidad en el mercado cambiario ni un flujo positivo de dólares financieros. Este es el primer punto que habría que revisar. Probablemente se reabra una discusión sobre si la deuda es sustentable o no; sobre si la oferta inicial a un valor presente de 38 dólares cada 100 era la más razonable cuando se terminó cerrando en 56 dólares cada 100. El riesgo país estaba en 1100 puntos en septiembre y hoy en los 1500. El otro tema es que el superávit de la balanza comercial del año pasado fue de 12.500 millones de dólares no se tradujo en un atesoramiento de reservas. El atesoramiento que ocurre hoy en función de la mejora de los precios internacionales alcanza los 1000 millones desde el inicio del año. Los estímulos a la demanda podrían ser más potentes si hubiera cómo financiarlos.

Santangelo: Discrepo, el problema no fue la reestructuración en términos de si fue o no sustentable. El problema fue la política macroeconómica que vino después. La historia argentina nos dice que tenemos que tener un equilibrio entre los tres pilares: el sector externo, fiscal y monetario. Hoy estamos, paradójicamente, en un buen momento externo pero se evitó el salto cambiario en el verano (devaluación) y, sin embargo, la tasa de inflación de estos meses fue la misma que tuvimos en los últimos saltos cambiarios ya sea el de 2014 (bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner), o los tres que hubo con Macri (2016,2018 y 2019). En esos saltos tuvimos 25 puntos de inflación en un semestre, lo mismo que ahora pero sin devaluación ni tarifazo.

 

La reestructuración de la deuda privada era un primer paso para ordenar la economía, como decía Guzmán. Al margen de la pandemia, ¿por qué no se cumplió aun ese objetivo?

Santangelo: Haber apostado todas las fichas a la reestructuración fue un error. Yo en pleno gobierno de Macri, en un seminario de FIEL, expresé que Argentina se encaminaba a una reestructuración de la deuda, lo cual dicho en la Bolsa de Comercio bajo gestión Menem (SIC. N.d.R.: debería haber dicho Macri), parecía un sacrilegio. La clave de todo era acompañar la reestructuración con una política macro consolidada. El que está del otro lado ve la capacidad de pago. Con esta política fiscal, monetaria y de sector externo, el panorama era un desastre. Perdíamos reservas todos los días. El control de cambios era un colador. Nos salvó el cambio en los precios internacionales.

Feletti: El Gobierno afronta el otoño de una manera compleja porque tiene límites para los estímulos a la demanda, porque no acumuló divisas. Y ahora no queda otra que poner plata en el bolsillo de la gente teniendo en cuentas las nuevas restricciones a la movilidad en el contexto de esta pandemia. La expansión fiscal con emisión monetaria tendrá su correlato inflacionario y eso se vincula con la insolvencia externa (porque no se acumularon reservas). Por eso son necesarias las regulaciones de precios. La canasta básica alimentaria del año pasado aumentó un 45 por ciento, cuando la variación de precios general fue del 36 por ciento. ¿Qué explicaciones hay para esa suba con una economía que cayó casi 10?

Santangelo: En Brasil también hay suba de precios de los alimentos. La carne aumentó un 30 por ciento, el arroz un 57 por ciento, aceite y azúcar subieron arriba del 20. Sin embargo, la inflación es del 6,8 por ciento anual. La inflación es un fenómeno macroeconómico.

 

Inflación y formadores de precios

Durante el encuentro del Consejo contra el Hambre se habló del precio de los alimentos. Desde la economía popular se responsabilizaba a las empresas formadoras de precios mientras que Daniel Funes de Rioja (Copal y futuro titular de la UIA) decía que las empresas no tenían nada que ver con las subas. ¿Qué instrumentos deberían profundizarse o crearse para desacoplar los precios internacionales de las materias primas?

Feletti: La regulación sobre alimentos y la energía son claves para garantizar una política de ingresos sólida. Sin alimentos y energía accesibles para la población es muy difícil pensar en una política de ingresos. Desde estos dos pilares, pienso que el proceso de regulación de los bienes que se exportan, como cereales y oleaginosa, sin duda tienen impacto en el mercado doméstico. Nosotros necesitamos 8 millones de toneladas de trigo para productos panificados, 20 millones de maíz para forraje, y en la faena de carne, históricamente, la exportación representó entre 12 y 15 por ciento de la faena, mientras que el año pasado llegó al 28 por ciento. Desde 2015 hasta la fecha, el consumo de carne pasó de 60 kilos per cápita a 50 kilos. Evidentemente hay que trabajar con criterios de saldos exportables para abastecer el mercado interno a precios compatibles con los ingresos populares. Y el otro punto es la comercialización de los bienes. Un gobierno peronista no va a permitir un desborde por hambre y va a destinar la plata que sea necesaria ya sea a través de la tarjeta alimentaria, planes sociales, comedores populares. Entonces, si soy un monopolio y sé que la diferencia entre el ingreso popular y lo que falte para completar la canasta básica lo va a poner el Estado, yo impongo pecios. Ahí el Gobierno estuvo lento. Si el Gobierno compra comida, tendría que haber hecho jugar rápidamente su peso como regulador. No se puede permitir que los precios los impongan los sectores concentrados.

Santangelo: Este será el cuarto año consecutivo con alta inflación. En 2018-2019 se debió a la irresponsabilidad de la gestión anterior de tener un mercado cambiario libre cuando la Argentina no puede tenerlo, lo que no significa que el actual sistema de control de capitales sea eficiente. En 2020-2021 vamos a tener las cuentas fiscales saturadas. Y esto tiene poquito o nada que ver con la cuestión de los precios de los alimentos y la inflación importada. Un segundo punto es la distribución del ingreso. Si suben los precios internacionales en el mundo y en la Argentina somos exportadores, claramente se afecta la distribución del ingreso y el Estado tiene los instrumentos para ayudar a la gente de mayor vulnerabilidad. Pero no afectemos el funcionamiento de los mercados. Las restricciones a las exportaciones de carne, bajo la metodología de si te va bien te pego un guadañazo, lo único que hará será afectar la política ganadera de largo plazo.

No se puede decir que no haya formadores de precios. Hay un diagnóstico bastante compartido que indica que el precio de un alimento que recibe un productor es mucho menor a la ganancia que obtiene un supermercado que aplica márgenes de rentabilidad exorbitantes.

Santangelo: No estoy tan seguro. Veamos el mercado de la hacienda que es muy competitivo. El productor carga la jaula de hacienda, la manda a Liniers y no sabe cuánto cobrará. Y ese es un mercado re contra competitivo de oferta y demanda. Cuando sube la hacienda, la carne no sube mucho más. La inflación es un tema macroeconómico. No estoy de acuerdo con ese diagnóstico. En Brasil también debe haber monopolios y oligopolios, y en Chile también, y la inflación es baja. Si hay un monopolio, actuemos porque necesitamos competencia. Dicho sea de paso, no hay peor medida para luchar contra los monopolios que cerrar la economía. Sino, miremos lo que pasa con la indumentaria. Mucho del incremento de precios de este sector seguro que tiene que ver con las restricciones a las importaciones.

Feletti: La producción de carne aumentó, entre 2015 y 2020, un 13 por ciento y el consumo cayó un 9 por ciento. Y hubo una expansión grande de la exportación. No es cierto que no haya aumentado la producción, como tampoco es cierto que la mayor producción se traduzca en más consumo. En este caso fue exactamente inverso. Y no solamente subió el precio de la carne vacuna sino que por la falta de maíz para el mercado interno, aumentó un 58 por ciento el kilo de pollo que es una carne alternativa. Y es cierto que Brasil y Chile tienen menos niveles de inflación históricos que nosotros pero también es verdad que esos pueblos poseen niveles de consumo históricos menores. Entonces, entendamos la inflación como puja distributiva – que se expresa en paritarias o en las tensiones de las organizaciones sociales– de los sectores de bajos ingresos que quieren mantener un piso de consumo.

Tarifas

En este contexto, ¿está bien que el Estado se plante y diga que las tarifas de los servicios públicos no pueden subir más de un 9 por ciento por única vez, a diferencia del 30 por ciento que piden las distribuidoras? Es más, ¿no cabría preguntarse si ante el contexto económico y social, las tarifas no deberían seguir congeladas?

Santangelo: Nunca entendí la palabra congelamiento tarifario. Podría entenderla si tuviéramos una inflación baja. Con 40 por ciento de inflación por cuarto año consecutivos, lo que se hace es bajar las tarifas. Y como consecuencia, el Estado las subsidia. Entre 2020 y 2021, tendremos dos años consecutivos de duplicación de los subsidios. Según nuestros cálculos, vamos a llegar a 1,4 billones de pesos en subsidios entre gas, electricidad y transporte, muchísimo más que la canasta básica alimentaria, la AUH, el IFE del año pasado. A la gente de menores ingresos de los barrios populares está bien que se los subsidie. Pero el Estado no debe subsidiar a todos. Y pensemos en esta paradoja. Cuando cualquier compañía de distribución eléctrica no le paga a Cammesa, está recibiendo un subsidio más allá de la irrelevancia contable de cómo queden asentados esos recursos en los balances de cada empresa.

Feletti: Es cierto que las tarifas eléctricas tienen un aumento nominal por debajo del índice de precios pero no es menos cierto que las tarifas de distribución domiciliaria aumentaron casi un 2000 por ciento en el ciclo 2016-2019. En todo caso se estarían angostando sus márgenes de ganancias. Algunos municipios me pidieron informes para la audiencia pública de energía eléctrica. Si uno mira los informes del ENRE, Edenor y Edesur ganaron entre 12.000 y 13.000 millones de pesos cada una el año pasado, no cumplieron con los programas de inversión y existe un abultamiento de costos que les permitiría justificar los aumentos que solicitan.


¿Cómo interpretan la discusión pública entre Guzmán y Basualdo?

Santangelo: La discusión mediática que se dio por las tarifas de las dos empresas de distribución del AMBA es la punta del iceberg de una discusión macro de fondo. Casi te diría que es una cuestión anecdótica. En materia de distribución eléctrica, se discute solamente el 8 por ciento de los subsidios que otorga el Estado. Es una discusión muy menor. El problema de fondo radica en la tarifa de generación. Lo que es obsoleto en la economía es el concepto de tarifazo. No veo por qué estaría mal que todos los precios de la economía suban al ritmo de la inflación. El subsecretario de Energía tuvo una frase tremenda, dijo: “A mí no me importan ni la política fiscal ni la política de balanza externa, yo soy responsable solo de la política energética”. Podes decir eso porque tenés al Estado que financia con subsidios la diferencia entre lo que cobras y lo que se paga. Las ganancias de Edesur y Edenor son lo de menos. Lo que hay que preguntarse es otra cosa: ¿la política económica acepta la licuación del gasto público a través de la inflación? La que está haciendo la tarea sucia es la inflación. El ajuste fiscal del 2020- 21 o del 2018-2019 con el plan picapiedra del FMI, lo hizo la inflación.

Feletti: Si los incrementos de tarifas van por debajo del IPC, cuando mucho se les acotan sus márgenes de ganancia. Y vuelvo a plantear algo central. Tenemos que garantizar energía y alimentos accesibles sino no habrá una política de ingresos. Se puede tener la mejor fórmula previsional y se pierde por la variación de precios. El alimento y la energía no pueden estar sujetas a las leyes del mercado. El Estado debe garantizar el consumo de la energía y los alimentos con precios accesibles y eso debe entenderse como ingresos indirectos para la población. Estamos en un contexto de mucha caída en la calidad de vida. La economía argentina, entre 2016 y 2020, se contrajo un 13,5 por ciento acumulado. Por lo tanto, aplicar aumentos de tarifas se contrapone con la emergencia que supone hoy el aislamiento. El quedate en tu casa y te aumento la luz no parece ser buena opción. También me quiero correr del lugar “lo pagamos todos”, porque siempre depende de cómo sea la política tributaria porque si no, no habría política redistributiva desde el Estado.

Deuda

¿Qué perspectivas ven para la reestructuración de la deuda con el FMI?

Santangelo: La deuda con el Fondo obviamente que es impagable. Lo único que debería definirse es si, una vez concluido el proceso electoral, queremos ir a una renegociación lógica o rupturista. Si no se logra revertir el curso de la política macroeconómica para tener una mínima recomposición de la inversión privada con baja de la inflación, seguiremos igual. Parte de la no acumulación de reservas tiene que ver con que el sector publico sigue pagando deuda a organismos internacionales porque todavía no tenemos un acuerdo con el FMI.

Feletti: Es medio difícil discutir con el Fondo en este mundo que se está reformulando. La discusión con este organismo debería aplazarse y ver qué mundo vendrá una vez que termine la pandemia. Estamos hablando de una organización casi vetusta. Les debemos dinero, vamos a pagar, pero no aceleraría la discusión. Yo centraría el debate interno en el plano de la acumulación de reservas, aprovechar el superávit comercial y apostar a una buena administración del comercio exterior, sumado a la regulación de la energía y los alimentos. Así vamos a lograr más aire en la política fiscal y monetaria.

 

Estado, tarifas y deuda en debate

La tragedia de la “segunda ola” y la única opción frente a la crisis económica

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Evaluábamos en columnas pasadas el grave impacto que podía tener en la región el adelantamiento de la llegada de la “segunda ola” de propagación del virus.

La mayor parte de las naciones latinoamericanas ingresaron a la pandemia con su inversión social golpeada por políticas de ajuste oligárquicas y sufrieron, en mayor o menor medida, caídas históricas en sus economías durante el año pasado.

La Argentina fue castigada con los cuatro años de macrismo y recibió el desembarco del virus con una contracción del -4,5% de su PIB. El Estado súper endeudado y la actividad contraída pusieron límites a la capacidad de amortiguación del choque a través de políticas monetarias y fiscales expansivas. En el 2020 el PIB se redujo un -9,9%. 

También en columnas anteriores se expusieron las debilidades del sector externo -evidenciadas en la magra acumulación de reservas por el BCRA-, la falta de resultados positivos en la reestructuración de la deuda pública con el sector privado -medidos en términos de la reducción del riesgo país- y la necesidad de una regulación efectiva de los mercados monopólicos de bienes esenciales como alimentos y energía.

Sin embargo, estos debates quedan subordinados a la magnitud de la presión sobre el sistema sanitario que ha instalado la “segunda ola” del virus. La aproximación a una cifra de 40.000 infectados en un día y el promedio de fallecidos superior a 500 reflejan la imperiosa necesidad de volcar todos los recursos a preservar vidas y salud.

El cierre casi total de actividades por nueve días marca la decisión correcta de frenar la circulación del virus y permitir que avance la inmunización de los que corren un mayor riesgo de contraer una fase grave de la enfermedad y, consecuentemente, demandar atención en un centro médico.

Esta medida tiene que disminuir en forma inmediata la presión sobre el sistema de salud y facilitar la protección sobre los argentinos y argentinas más vulnerables al virus.

Sin duda, este nuevo período de aislamiento va a tener un correlato negativo en la recuperación económica que se venía verificando desde fines del año pasado.

El Presidente ha anunciado un paquete de estímulos fiscales por $480.000 millones. De los cuales $336.000 millones se destinan esencialmente a asegurar el ingreso de los trabajadores formales e informales y $144.000 millones a fortalecer el sistema de salud. A esto se agregan casi $40.000 millones que ingresaran en los bolsillos de los trabajadores del sector privado en concepto de devolución de los retenido en el primer trimestre por impuesto a las ganancias, como consecuencia de la recientemente promulgada rebaja impositiva para los que perciban remuneraciones inferiores a los $150.000, que conforman un universo de casi 1,3 millones de asalariados.

Un conjunto de decisiones acertadas que replican lo actuado en el hemisferio boreal: fuertes restricciones a la circulación y ayuda fiscal directa, hasta tanto se amplíe el universo de vacunados.

Tal cual lo hemos planteado numerosos economistas, la “segunda ola” exige abandonar la política fiscal de contención del gasto y el cierre apresurado del desequilibrio entre ingresos y gastos.

El cuadro que continúa describe la evolución de las cuentas públicas comparando el primer trimestre 2021, respecto de lo ocurrido en el primer trimestre 2020:

                   Sector Público-Base Caja

                            Cifras en millones de $

                                                                         1T2021        1T2020       Variación %

Resultado Primario                                              $ 69.143       $ 155.991         -55,7%

Resultado Financiero                                            $184.407       $ 324.701         -43,2%

Ingresos Corrientes                                             $ 1.688.427    $ 1.072.152       57,5%

Resultado Primario/Ingresos Corrientes                   4,1%               14,5%            10,5pp

Con nitidez se advierte el comportamiento inverso entre la suba de los Ingresos Corrientes (+57,5%) y la disminución de los desequilibrios Primario (-55,7%) y Financiero (-43,2%). La reducción interanual de la brecha fiscal como expresión de los Ingresos Corrientes en 10,5 puntos porcentuales para el Resultado Primario y 19,4 puntos porcentuales para el Resultado Financiero, implica un proceso muy acelerado para alcanzar el equilibrio de las cuentas públicas que dificulta una recuperación veloz de la economía lastimada por el efecto macrismo + pandemia.

El arribo de la “segunda ola” torna inviable esta política fiscal. Así lo ha comprendido el Presidente y consecuentemente ha decidido, con acierto, la implementación del potente paquete de inversión sanitaria y ayuda directa a los trabajadores y las trabajadoras.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/segunda-ola-de-coronavirus/la-unica-opcion-frente-a-la-tragedia-de-la-segunda-ola–202152219055

La jugada de ajedrez

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Como expertos jugadores de ajedrez, los grandes acreedores financieros de la Argentina preparan una celada”, que es la trampa que se le plantea al adversario al ofrecerle trebejos a cambio de una compensación mayor, como darle jaque mate u obtener una ganancia que compense con creces el material otorgado.

Decimos esto no solo por la ampliación del capital del FMI y la posibilidad de que nuestro país reciba un nuevo crédito por 4.354 millones de dólares, suma que no alcanza para pagar los 5.814,5 millones al FMI del préstamo dado al gobierno anterior, más los intereses, que vencen en dos cuotas, el 30 de septiembre y el 30 de diciembre. También es factible que el Club de París, al que se le deben 10.800 millones de dólares, acepte reprogramar los 2.400 millones de dólares por amortización del capital que vencen dentro de ocho días, el 31 de mayo. Así cómo fue posible que los bonistas nucleados en el grupo acreedor Ad-Hoc y otros, encabezados por BlackRock, que además de ser el mayor acreedor privado de la deuda argentina (con aproximadamente unos 3.000 millones de dólares) es el principal administrador de activos financieros del mundo [1], aceptaran cobrar solamente los intereses y reprogramar el capital adeudado al segundo semestre de 2024.

Todas esas jugadas de ajedrez las visualizamos ahora cuando el gobierno continúa con la licitación de la mal llamada “Hidrovía del Paraná”, cuando vemos que se autorizó en el año 2020 exportar 37 millones de toneladas de granos de maíz sobre las 45 millones que se declaran producir, encareciendo de sobremanera todo tipo de carnes para el consumo local (que la utiliza como forraje) y que, de las ocho grandes compañías acopiadoras y comercializadoras cinco tienen su casa matriz en los Estados Unidos (ADM; Bunge; Cargill; Louis Dreyfus Company; y Glencore).

Podemos extender lo que sucede con los precios de los alimentos a la presión para que se incrementen las tarifas de gas, luz y el precio de los combustibles. Esto es, se desconoce el costo de extracción del petróleo y del gas (que es lo primero que se debe saber para conceder el aumento del precio). Cuando en la interpelación en el Congreso de la Nación se le preguntó por el costo promedio de extracción del petróleo en la Argentina, el entonces Ministro de Energía Juan José Aranguren, que trabajó durante más de 30 años en Shell, dijo desconocerlo. Es obvio que no quiso decirlo, porque no es lo mismo sacar petróleo del Mar del Norte (que es el que fija el precio mundial del barril) que en la cuenca de Vaca Muerta en la Argentina; la renta (diferencia entre el costo de extracción y producción del bien final y el internacional) es seguramente abismal.

Lo mismo pasa con el gas, en la etapa de extracción. Las empresas que participan son:

  1. YPF,
  2. Total Austral,
  3. Pan American Energy (PAE)[2],
  4. Petrobas, Pluspetrol,
  5. LF Company,
  6. Tecpetrol,
  7. Apache y
  8. Chevron.

El transporte es controlado por

  1. Transportadora General del Norte (TGN) de Techint y Eurnekián, y
  2. Transportadora General del Sur (TGS), de Pampa Energía (Marcelo Mindlin; Joseph Lewis; BlackRock y las familias Sielecki y Werthein).

Entre ambas conectan las cinco cuencas que existen en el país.

La distribución es manejada por nueve empresas:

  1. Metrogas,
  2. Gas Natural Fenosa,
  3. Camuzzi Gas Pampeana,
  4. Camuzzi Gas del Sur,
  5. Ecogas Centro,
  6. Ecogas Cuyana,
  7. Litoral Gas,
  8. GasNor y
  9. Gas Nea.

Todas ellas sostienen que el costo promedio de extracción del millón de BTU es de 3,91 dólares. Pero no dicen cómo llegaron a ese precio, cuando es obvio que no es lo mismo extraer gas en el país de la Cuenca Neuquina que de las otras cuencas o de la cuenca marina.

Finalmente en las tarifas eléctricas el que la genera (porque todavía las usinas térmicas, las represas, la energía nuclear, son del Estado) es Cammesa (Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A). Si bien es una sociedad anónima, el principal accionista es el Estado Nacional y recibe por ello un subsidio (como todos los años) que en el presupuesto nacional 2021 es de 4.781 millones de dólares. Pero el transporte está a cargo de Transener SA, concesionaria de servicio público que opera y mantiene en forma directa el 85% de la red de alta tensión y supervisa el 15% restante de todo el territorio nacional argentino, cuyo principal accionista es Pampa Energía.

Las distribuidoras principales son:

  1. Edenor SA (cuyos principales accionistas eran BlackRock y el grupo Mindlin, hasta que en diciembre 2020 aparece comprando el 51% del paquete accionario el grupo Vilas-Manzano y Filiberti), y
  2. Edesur, cuyo principal accionista es el Ente Nacional de Energía Eléctrica (ENEL), la empresa estatal italiana que administra la energía de Italia. Tienen participación minoritaria las firmas Endesa de España y Edesur de Chile.
  3. Edesa, Eden, Edes, Edea y Edelap que preside Rogelio Pagano, quién años atrás fue socio menor de Marcelo Mindlin.

Debemos recordar que durante los cuatro años de gobierno de Cambiemos el precio que más se incrementó fue el de la energía eléctrica, que lo hizo en un 764,9%, por encima de la inflación que fue de 664% y de la devaluación oficial de nuestra moneda que fue de 679%. (El dólar del Banco de la Nación Argentina pasó de valer $ 9,20 a $ 62.- en el período.)

Finalmente hubo fumata entre las grandes empresas granarias:

  1. Aceitera General Deheza,
  2. Bunge,
  3. Glencore,
  4. Louis Dreyfus,
  5. Molino Agro.

Son las que producen biodiésel a partir de la soja y bioetanol de maíz con el que se corta la nafta. Las petroleras (que son las mezcladoras [3]) aceptan reducir el porcentaje de la mezcla de 10% a 5% en el diesel, pero continúan con el 12% en el bioetanol, de los cuales la mitad es el de maíz [4]. El Estado nacional les exime de pagar el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y el Impuesto al Dióxido de Carbono (ICO2) mientras se apropian hasta el año 2030 de la renta petrolera, al vender el combustible al precio internacional cuando el costo promedio en el país es muchísimo menor, aunque no se sepa públicamente cuál es.

La pinza financiera

Pero con todos esos acuerdos siempre se guardan jugadas claves para hacer. Y allí aparece la otra pinza que es la financiera, hoy licuada por el ingreso de divisas de las exportaciones de la cosecha gruesa que le permite al BCRA usar los dólares comprados a los agroexportadores para adquirir títulos públicos que luego vende contra pesos para intervenir en los mercados denominados CCL (contado con Liqui) y el MEP (Mercado Electrónico de pago de la Bolsa de Comercio) y, a la vez, esteriliza pesos. Esto es, logra bajar los precios del dólar paralelo a costa de perder reservas internacionales en dólares. Sumado esto a los dólares que vende para que los importadores paguen deudas supuestas o reales, y a los intereses de la abultada deuda externa, se explica por qué crece el superávit comercial y no así las reservas internacionales del BCRA.

Pero todo empezará a complicarse de verdad en el mes de agosto de 2021, cuando se termine el ingreso fuerte de las exportaciones y los vencimientos de los títulos de deuda en pesos superen hasta diciembre 2021 los 800.000 millones [5]. Por ende, si bajara mucho el nivel de roll-over (renovación de títulos viejos por nuevas colocaciones), sería necesaria mayor emisión para asistir al Tesoro que debe sí o sí incrementar sus gastos por la pandemia.

Además habrá vencimientos de títulos en poder de las inversoras norteamericanas Pimco y Franklin Templeton que no pudieron salir de títulos públicos en pesos, que no solo por la magnitud, sino por el accionar que tienen, si salen de ellos en su totalidad se produce el efecto “Puerta 12” y se debe renegociar permanentemente para que una parte la renueven.

En ese marco aparecen los grandes bancos privados, de los cuales BlackRock reconoce tener participación en cuatro de ellos, los dos españoles (Santander y Bilbao Vizcaya Argentaria y dos locales: Macro y Galicia) de los cuales se depende para renovar cada siete días sus tenencias de LELIQs (Letras de liquidez del BCRA) que al 17 de mayo 2021 ascienden a 2,04 Billones (el equivalente a 20.000 millones de dólares), cuando las reservas brutas del BCRA a esa fecha fueron de 41.266 millones de dólares, pero de libre disponibilidad una suma cinco veces menor.

No hay forma de salir de la maraña en que nos somete la deuda y la permisiva legislación heredada de la dictadura y perfeccionada en los ’90 bajo la tutela técnica del FMI, si el Estado no toma decisivas y planificadas medidas al respecto que, en conjunto, permitan otra salida.

Las medidas deben básicamente ser:

  1. Auditar a los grandes compradores de dólares de los cuatro años de la gestión de Cambiemos en base al Informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019” del BCRA, para que expliquen si no declararon ganancias por la suma que compraron de divisas, cómo pudieron hacerlo.
  2. Decretar la Emergencia Cambiaria, anulando el Decreto 893/2017 y de esa manera se restablece el Decreto 2581/1964.
  3. Transformar el stock de LELIQs en stock de otro activo remunerado, a un plazo de un año y a una tasa mensual variable similar a la tasa pasiva promedio, e ir liberando en cuotas tal tenencia, de ese modo y a una tasa regulada y administrada por el BCRA, el enorme stock de LELIQs se transformaría en un factor de financiamiento a las familias, a las pymes y al Estado.
  4. Fortalecer la capacidad del BCRA para regular el crédito, captar fondos y controlar el sistema financiero. La principal actividad de los bancos debe orientarse a facilitar el acceso al crédito, por lo que se les debe exigir mantener una relación cifrada en 5% entre el capital de la entidad y el monto de los depósitos recibidos y otras obligaciones a su cargo, de ese modo, las entidades financieras aumentan su capital si el volumen de operaciones así lo justifica.
  5. Restablecer el artículo 6° de la Ley 20.840 de 1974, comúnmente denominada de “Subversión Económica”, que básicamente preveía sanciones privativas de libertad y multa, respecto de comportamientos que afectaren el patrimonio o bienes de capital de un establecimiento. Como agravantes de estas acciones, se consideraban a efectos de aumentar la pena, los casos en que se produjera desabastecimiento de bienes o servicios de uso común, estafas, el cierre, liquidación o quiebra de empresas o el perjuicio para la economía nacional.

Si no se adoptan medidas regulatorias y preventivas, quedamos expuestos a los llamados “golpes de mercado” como fueron en 1975, 1980, 1982, 1989, 1995, 2001 y 2018.

No se produjeron “golpes de mercado” cuando el Estado determinaba las reglas de juego y se defendía el trabajo y la producción nacional, como decía Néstor Kirchner, primero la mesa de los argentinos.

 

 

[1] Se estima que administra activos financiero por cerca de 7 billones de dólares, unas 20 veces el PIB argentino.
[2] Estas tres representan el 75% de la producción de gas
[3] Las mezcladoras son YPF (donde Blackrock participa con el 6% del paquete accionario), Pan American Energy y Refinor, esta última una sociedad constituida por YPF, Pampa Energía y Pluspetrol.
[4] El otro 6% de la caña de azúcar, negocio del Centro Azucarero Argentino.
[5] Según datos de la consultora de Orlando Ferreres, los vencimientos entre mayo y diciembre 2021 suman $1,92 billones.

 

 

LA JUGADA DE AJEDREZ

El precio de los alimentos

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En la Argentina como en todos los países del mundo, en mayor o menor medida, la pandemia originada por el Covid-19 afectó al trabajo y a la producción que debió readaptarse a nuevos protocolos que implicaron menos trabajadores empleados y menos horas de trabajo generadas y, con ello, menores remuneraciones pero, paralelamente, en nuestro país se fortaleció el modelo agropecuario exportador, dado que, sobre todo China (mil cuatrocientos millones de habitantes), pero también, en menor medida, los demás países con poder adquisitivo para hacerlo, demandaron alimentos para su población, básicamente importaron e importan para evitar, de esa manera, el hacinamiento de los animales por la gripe aviar, porcina y el “síndrome de la vaca loca”.

Pero la solución de ellos se ha convertido en un problema para nosotros dado que, la Argentina, que representa menos del 0,3% de la cantidad de bienes y servicios que se producen en el mundo, es el décimo exportador de alimentos y el tercero en granos, pellet y aceite de soja del planeta. La mayor demanda internacional ocasionó una suba sideral de sus precios, la tonelada de soja en el mercado de Chicago (EEUU) que es el mercado referente de granos, valía a fines de diciembre 2019 u$s 324,57.- y el viernes 14 de mayo 2021 pasó los 600 dólares, un aumento en dólares del 90% a lo que debe sumarse la devaluación oficial de nuestra moneda del  60,5% (Dólar comercial Banco Nación Argentina de $ 64 a $ 99,75) en el mismo período que, al no modificarse las retenciones (derecho de exportación del grano de soja del 33%), el impacto fue directo al precio de la soja, de su harina y de su aceite y, el mismo mecanismo se reproduce con los demás granos, con un derecho de exportación mucho menor de solo el 12% y con las carnes, en que las retenciones se reducen al 9%.

El maíz es un importante componente en la formación de precios internos, ya que el mismo es un insumo básico en la cadena de valor de la alimentación de la ganadería bovina, ovina, porcina y aviar. Entre 2011 y 2020 las exportaciones argentinas de maíz pasaron de los 15 millones de toneladas a los 37 millones de toneladas, más que duplicando la cantidad exportada a lo largo de la década, cuando los productores declaran producir 45 millones de toneladas. Es notorio que esta situación hace que cada vez sea menor el saldo remanente para la alimentación de la ganadería y de la industria local y por lo tanto la posibilidad de desacoplar precios locales de los de exportación.

El trigo es un insumo esencial en la dieta argentina y en la producción de alimentos. Con la llegada al gobierno de Mauricio Macri se liberaron los frenos a la exportación de trigo y éste comenzó a recuperar lugar en los mercados internacionales, especialmente el brasileño, en desmedro del mercado local, al que solo venden si igualan el precio de su venta externa, medidas que el gobierno de Alberto Fernández no modificó.

EL PRECIO DE LA CARNE VACUNA

El aumento del precio de la carne en general y de la vacuna en particular, responde a dos razones: a) La suba del precio del maíz, principal insumo de engorde en corral, y b) La liberación de las exportaciones. En enero de 2020 el kilo de maíz costaba ocho pesos; en mayo 2021 cuesta 21 pesos. Esto quiere decir que aumentó 162% en un año y alrededor de un 60% desde diciembre de 2020. Esta dinámica fue en parte alentada por nuestro país. En 2019, la Secretaría de Agroindustria informó que las autoridades de Beijing habían habilitado la importación de carne argentina enfriada y con hueso. Se firmaron los protocolos de carne bovina para la inclusión de carne enfriada con y sin hueso y congelada con hueso, que se sumaron a la carne congelada deshuesada que ya se exportaba, sin tener en cuenta el consumo nacional.

El 75% de las exportaciones de carne tienen como destino a China. Con una población de 1400 millones de habitantes y una economía creciendo sostenidamente, el pueblo chino incorporó esas proteínas a su dieta y se habituó a ellas. Hoy, cualquier mínima suba de sus compras, eleva el precio internacional. Brasil está sufriendo una situación similar con su principal alimento, el arroz. El gobierno del hermano país abrió la importación para bajar el precio que ya escaló un 85%.

En la Argentina hace muchos años que los ganaderos manifiestan a la AFIP tener unas 55.000.000 de cabeza de ganado vacuno, seguramente que al SENASA declaran más, pero el Estado no fiscaliza ni concilia esas declaraciones juradas.  Por otra parte la faena anual de carne vacuna declarada  en 2020 fue de 14,0 millones de cabezas, generando carne por 3,17 millones de toneladas, de las cuales se exportó casi un millón. La situación se agrava porque a China (que es nuestro principal comprador) y a los demás países del este asiático, se vende toda la res y esa es la razón por la que el precio interno se incrementó sobre manera, reduciendo el consumo per cápita de carne en la Argentina a solo 50,1kgms por habitante[1], el más bajo de los últimos cien años (2,25 millones de toneladas, el 71% de lo que declaran faenar, se destinaron al mercado interno en el año 2020)

El Consorcio ABC de exportadores de carne vacuna realiza el 80% de esas ventas externas, constituido por Frigorífico Rioplatense de los Costantini; La Anónima de los Braun (madre de Marcos Peña Braun); FRIAR SA (de los Vicentin); SWIFT ARGENTINA S.A; QUICKFOOD S.A.; etc. Al poder exportar igualan el precio de la carne vacuna con el del exterior por lo que aumentó un 75% su precio en el mercado interno argentino en el año 2020, como asevera ROSGAN (mercado ganadero de la Bolsa de Comercio de Rosario y compañías consignatarias).

La Resolución Conjunta 3/2021 de los Ministerio de Desarrollo Productivo y de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación se basa en la Ley 21.740 que asigna competencias para establecer las normas de calidad y especificaciones técnicas a las que deberá ajustarse la exportación de carnes y subproductos ganaderos, le otorga potestad para adoptar las medidas necesarias para priorizar el abastecimiento del mercado interno, orientando la producción, comercialización de ganados y carnes y su industrialización. Por ello resuelve que las exportaciones de los productos cárnicos y sus subproductos, estarán sujetas a la registración previa de una Declaración Jurada de Operaciones de Exportación de Carne (DJEC) y, a su vez, la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario y la Secretaría de Comercio Interior, instrumentarán procedimientos para el intercambio diario de la información amparada bajo las Declaraciones Juradas de Operaciones de Exportación de Carne, con el objeto de monitorear el adecuado abastecimiento del mercado interno, así como el cumplimiento de los marcos legales de ambos organismos.

Es obvio que debíamos permitir un aumento constante de las exportaciones de carne vacuna en desmedro del mercado interno, por lo que significa en el consumo de las familias argentinas, recordemos que Néstor Kirchner en el año 2006 suspendió las exportaciones de carne vacuna por seis meses y que, cuando la República Popular China le ofreció comprar, se negó porque primero debe abastecerse al mercado interno.

La respuesta al problema generado es obvia, ya que los grandes frigoríficos tienen un negocio asegurado porque China trata de reemplazar la carne aviar y porcina por carne vacuna, por la gripe de esas dos especies. Esos grandes frigoríficos que conforman el Consorcio ABC deberán invertir para faenar más vacas, así como los ganaderos deberán incrementar la cantidad de cabezas.

Paralelamente se debe hacerse un estricto control de las ventas en negro de animales y su carne, por razones de sanidad, e impositivas, deben registrarse todas las operaciones para que todos paguen los tributos y aportes correspondientes, evitando el contrabando, que beneficia sobremanera a quien lo realiza y perjudica al consumo interno y al fisco.

En síntesis, en Argentina, la única forma de desacoplar los precios que puede pagar China del que pagamos en nuestras carnicerías y almacenes, porque lo mismo sucede con las demás exportaciones de alimentos, consiste en:

  1. a) Frenar la constante devaluación de nuestra moneda, ya la devaluación la hizo el gobierno de Cambiemos cuando ajustó el tipo de cambio entre fines de abril y fines de julio de 2018 en un 100%, no se requiere de mayor devaluación, al contrario, debemos recuperar el valor del peso. Cuando Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de 2003, el dólar oficial estaba a $ 3,50.- y cuando dejó de ser Presidente de la República, el 9 de diciembre de 2007, el dólar oficial valía $ 3,22.- Revalorizó nuestra moneda y con ello los activos y el trabajo argentino.
  2. b) Deben aumentarse fuertemente los Derechos de Exportación (retenciones) que son del 33% para la soja y 12% para los demás granos, y para las carnes del 9%, de esa manera se desacoplan los precios internos de los externos y el Estado nacional obtiene mayores recursos de las exportaciones
  3. c) Se debe imponer un cupo máximo de exportaciones para resguardar el mercado local.

[1]  IPVCA – Instituto de promoción de venta de la Carne Vacuna, cuando antes del año 2015 se consumía de 72 a 75 kgm per cápita.

 

 

Política y EconomíaEl precio de los alimentos

Un negocio multimillonario

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Los biocombustibles provienen de la biomasa y en nuestro país son dos las matrices más desarrolladas: el bioetanol y el biodiesel. El primero proviene de la fermentación de los azúcares contenidos en la materia orgánica de las plantas, puntualmente de la caña de azúcar y el maíz. El segundo se extrae de la soja. El sector eran prácticamente inexistente en 2006. Hoy, existen más de 50 plantas productoras esparcidas en ocho provincias. La norma permitió darle un uso alternativo a la producción de caña de azúcar y ayudó a desplazar los combustibles que se importaban, como el gasoil, cuando los precios del crudo tendieron a moverse en niveles altos.

La industria del biocombustible registró un crecimiento exponencial en los últimos quince años. De tener una participación marginal en el comercio internacional pasó a convertirse en el primer exportador mundial de biodiesel en base a soja. La producción saltó de 2006 a 2020 de 600 mil a cerca de 3 millones de toneladas. En el caso del bioetanol – que se produce con caña de azúcar -, los volúmenes saltaron de 10 mil a 500 mil metros cúbicos en 2019, con una caída 350 mil metros cúbicos durante el año pasado a raíz de la pandemia.

El boom está asociados al Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles sancionado en 2006. La norma, que venció en mayo último, dispuso que el biodiesel y el bioetanol quedaran desgravados del Impuesto a los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono. A su vez, estableció un corte obligatorio para los combustibles fósiles utilizados en el transporte: del 5 por ciento de bioetanol para la nafta, y del 7 por ciento de biodiesel para el gasoil. Cortes que se incrementaron desde 2010 hasta alcanzar el 12 por ciento en el primero de los casos y 10 por ciento en el segundo.

Hoy, prácticamente la totalidad de las exportaciones de biodiesel tienen como destino la Unión Europea y corresponden a lo producido en la provincia de Santa Fe. Allí están las plantas de mayor tamaño: Renova, propiedad de Glencore; T6 Industrial, de Aceitera General Deheza y Bunge; LDC Argentina, de Louis Dreyfus; COFCO, integrante del holding estatal chino de procesamiento de alimentos; y Molino Agro, del grupo Perez Compac, entre otras de menor tamaño.

La renta petrolera y el negocio de los biocombustibles

Antes de analizar el alcance del proyecto oficial que tuvo dictamen de comisión esta semana en Diputados y de revisar quiénes son los jugadores y qué intereses cruzados los mueve es imprescindible subrayar una cuestión central: en nuestro país no se conoce de manera oficial y pública cuáles son los costos de producción de los biocombustibles, ni los de extracción de los combustibles fósiles. Se trata de una cuestión central.

Las empresas los guardan bajo siete llaves. La opacidad manda. Tanto como la negativa de las compañías a blanquear sus estructuras de costos. La anécdota es conocida, pero vale recordarla. Cuando en una interpelación en el Congreso se le preguntó el entonces ministro de Energía José Aranguren cuál era el costo promedio de extracción de los hidrocarburos dijo desconocerlo. Imposible en su caso. Trabajó más de treinta años en Shell y reconoce tener participación accionaria en la Royal Dutch Shell. Es obvio, no lo quiso revelar. ¿Por qué? Sencillo: no es lo mismo extraer petróleo en el Mar del Norte – el que fija el precio mundial del barril – que en Vaca Muerta. En la Argentina, la renta – que surge de la diferencia entre el costo de extracción y producción del bien final y su precio internacional – es seguramente abismal.

Dicho esto, el problema es que los principales productores y comercializadores de biocombustibles son los mismos que concentran el grueso del total de las exportaciones de biodiesel y bioetanol. Un puñado de 17 empresas, en su mayoría insertas en el agronegocio. Son las que a su vez representan el 40 por ciento de las exportaciones, generan la “oferta” local de dólares y, al mismo tiempo, las primeras en demandar divisas para atesorarlas dentro o fuera del país. La famosa fuga de capitales. Adicionalmente, esas mismas firmas, por la tecnificación del agronegocio, cada vez demandan más dólares para adquirir máquinas e insumos que no se producen en el país.

¿Quiénes son los otros principales actores del negocio? Las mezcladoras: YPF, Pan American Energy y Refinor, esta última una sociedad constituida por YPF, Pampa Energía y Pluspetrol. Son las que tienen intereses encontrados con los productores de biocombustibles. No es lo mismo el pool del agronegocio que la industria extractiva de las cuencas hidrocarburíferas. En el primer sector juega un rol determinante el capital financiero y una organización empresaria que controla la producción agropecuaria mediante el arrendamiento de grandes extensiones de tierra y la contratación de equipos de siembra, fumigación, cosecha y transporte.

Una cosa es vender un producto en bruto – semillas y granos – y otro muy diferente producir petróleo y gas natural, o refinar combustibles. Las grandes productoras de biocombustibles, ligadas estrechamente al sector agroexportador, pretenden que la distribución de la renta del combustible se mantenga como está y, de ser posible, que se amplíe la participación del sector en los mercados local e internacional. Argumentan que los biocombustibles son el futuro y que se debe reemplazar todo lo que se pueda el uso de combustibles fósiles.

El escenario, complicado de por sí, se complejiza todavía más. También juegan en el negocio las pymes que producen biodiesel y bioetanol solo para el mercado local. Buscan obtener mayores cuotas de participación, además de mayores precios y tasas de corte.

A las petroleras, en cambio, les interesa que la participación del sector de la bioenergía – en términos de tasas de corte – sea el menor posible. De esta forma retienen una mayor parte de una renta, que actualmente deben compartir con las productoras de biocombustibles. En los márgenes de la pugna aparecen además las automotrices, preocupadas por la inversión adicional que significaría para las fábricas adaptar los motores a las nuevas exigencias emergentes de un cambio de régimen.

Hoy, la ley que impulsó el boom de los biocombustibles y la llamada “industria verde” está cuestionada por los refinadores de petróleo. No están dispuestos a que continúe el porcentaje de corte. Aducen que se encarece de sobremanera el bien final: los combustibles que se usan para el transporte. Una reducción de los porcentajes de corte también beneficiaría al Estado. El motivo: se ampliaría el volumen alcanzado por el pago de los impuestos a los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono.

Qué dice la iniciativa oficial

Por lo pronto, el dictamen de las Comisiones de Energía y de Presupuesto y Hacienda de Diputados tiene chances de convertirse en ley. Las grandes productoras de biodiesel en base a soja aceptaron que se reduzca el corte del 10 al 5 por ciento para el gasoil. En el caso de la nafta, el corte quedaría en el 12 por ciento y el abastecimiento lo realizarían las elaboradoras de bioetanol: un 6 por ciento en base a caña de azúcar y el resto en base a maíz.

Conclusión: las grandes empresas que producen biodiesel ceden en la soja, pero mantienen su participación en el negocio con el corte a partir del maíz. En el caso del bioteanol de caña de azúcar, el principal beneficiado sería el Centro Azucarero Argentino. En especial sus dos principales socios. Uno es el Ingenio Ledesma de los Arrieta-Blaquier. El otro es el Ingenio Concepción del Grupo Luque, que en marzo último declaró en quiebra su negocio supermercadista: cerró 20 sucursales en cuatro provincias y dejó un tendal de 1.200 despidos. Su principal accionista, Emilio Luque, adquirió a título personal casi 18 millones de dólares durante el gobierno de Cambiemos.

Finalmente, el dictamen extiende el plazo de la promoción hasta 2030 y faculta a la Secretaria de Energía para subir o bajar los porcentajes de corte en función del abastecimiento de la demanda, el resultado de la balanza comercial, la necesidad promover las inversiones en economías regionales o por cuestiones ambientales y técnicas. Además, los cortes podrían reducirse hasta el 3 por ciento si el incremento en los precios de los insumos básicos para la elaboración del biodiesel pudieran distorsionar el precio del combustible fósil en el surtidor.

Un balance complejo

Si bien la quema de biocombustibles por un motor genera menos gases contaminantes que la quema de combustibles fósiles – libera a la atmósfera carbono que fue previamente captado por el vegetal vivo -, no menos cierto es que para producir caña de azúcar, maíz y soja también se consumen hidrocarburos para plantar, cosechar y convertir esos insumos en biocombustibles. Además, la producción biodiesel y bioetanol también afecta al medio ambiente por la vía de la deforestación – en los casos de la soja y el maíz – y los residuos – en el caso de la caña de azúcar -.

Un análisis de la situación lleva a pensar que los biocombustibles que generan las grandes empresas ya forman parte de sus capacidades productivas y serán volcados al mercado de todas maneras, ya sea al interno o al externo, aunque esto dependerá de una compleja ecuación económica en la que juegan los precios relativos entre el petróleo, los propios biocombustibles y los que se registran en los mercado de granos y del azúcar; además de los precios sostén, los subsidios, los impuestos a la exportación e importación y los tipos de cambio especiales que pudiera tener cada producto.

Por lo pronto, queda claro que el precio final de los combustibles en nuestro país tiene un amplio margen de ganancia y renta. A las grandes empresas la ecuación les cierra incluso sin el apoyo estatal. De allí que sea totalmente razonable disminuir los subsidios, como es el caso de llevar del 10 al 5 por ciento el corte de biodiesel en la nafta, aunque se haya tenido que aceptar continuar subsidiando el corte del 12 por ciento con bioetanol para el gasoil.

 

 

Un negocio multimillonario

El proceso inflacionario argentino es propiciado y funcional al modelo agropecuario exportador

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Por Martín Massad

Agencia Paco Urondo: El aumento de las tarifas de electricidad evidenció diferentes posturas dentro del Frente de Todos para abordar la cuestión. ¿Cómo ve la situación, el aumento es viable? ¿Se tiene que hacer en dos tandas? ¿Cuál sería el porcentaje que tienen que aumentar las eléctricas para no caer de vuelta en los subsidios?

Horacio Rovelli: Con los insumos energéticos en general, no se sabe cuál es el costo de producción, ni de transporte, ni de distribución. Cuando a Juan José Aranguren, que era el ministro de Energía de Macri, que hacía 36 años trabajaba en Shell, le preguntaron cuál era el costo de extracción de gas promedio o cuál era el costo del petróleo, dijo que no lo sabía. Con el tema eléctrico pasa exactamente lo mismo. El que produce energía es el Estado Nacional, una empresa que se creó en la época de Menem que se llama Cammesa. El 99% es estatal, tal es así que la preside Esteban Kipel que es un funcionario del Ministerio de Economía de la Nación, puesto por Martín Guzmán. Esta empresa es la que produce, porque las represas, las usinas térmicas, la energía nuclear, la energía eólica, todavía son nuestras y no se privatizaron. Pero el que la transporta es el que recibe la tajada grande. El 85% del transporte de energía de Argentina lo hace Transener que pertenece al grupo Pampa Energía. Si bien es cierto que Marcelo Mindlin es el presidente de esa sociedad, Larry Fink, el CEO de BlackRock, nuestro principal acreedor de deuda privada, y Joe Lewis, la séptima fortuna más grande de Inglaterra que tiene en Río Negro, en el Lago Escondido, una especie de pileta de natación propia, son los principales dueños. Mindlin hace de representante de estos dos grandes capitalistas que son los que tienen Transener, que le cobra lo que quiere a las distribuidoras, pero a su vez, las distribuidoras nos cobran lo que quieren a nosotros. Y lo subsidiamos todos. En el presupuesto del año 2021, está estipulado que se le tiene que dar a Cammesa casi el equivalente a 5 mil millones de dólares. Todos pagamos impuestos y hay que destinarlos, no a la salud, a la educación o la vía pública, sino a Cammesa para que pueda dar energía y no nos aumente más el precio de lo que le aumentan Transener y las distribuidoras.

APU: ¿Usted cree que se puede volver a un sistema estatal de quienes nos proporcionan energía? ¿Ese es el camino?

HR: Transener es sumamente reemplazable. El gasto más grande es el de generar electricidad. Después distribuirla es riesgoso pero el Estado lo hizo, no es que ha sido un incompetente. Toda la propaganda y la diatriba contra nosotros estuvo ayudada por todos los gobiernos, que fueron funcionales, a lo que después fue la privatización porque ponían a la generación energética como la Cenicienta. Fue el gobierno peronista el que estatizó la compañía de electricidad, hizo el gasoducto Comodoro Rivadavia cuando YPF era estatal. Todo esto lo hizo el gobierno peronista en el primer y segundo gobierno de Perón, después Menem privatizó todo. Necesitamos tener transporte y tener energía estatal, no es un capricho. Si no, pasan estos cuellos de botella, que estas grandes empresas que están afincadas nos cobran lo que quieren y los usuarios tenemos que pagar cuando seguramente saldría un precio mucho menor si lo podría prestar el Estado.

APU: Usted fue miembro del equipo económico de Raúl Alfonsín también…

HR: Al principio con Grinspun, yo vengo del radicalismo pero con Grinspun. Nos echaron el 19 de febrero de 1985. Alfonsín lo echa cuando no quiere aceptar los títulos de deuda de la dictadura militar. La postura rígida del querido don Bernardo Grinspun, otro patriota que para la historia oficial va a pasar a ser olvidado, era porque el Fondo Monetario Internacional y los bancos acreedores presionaban para que les cambien esos títulos firmados por nadie. Lo habían firmado Domingo Felipe Cavallo, Dagnino Pastore, Jorge Wehbe, González del Solar, José Alfredo Martínez de Hoz, Roberto Alemann, tipos nombrados por tres dictadores. Entonces necesitaban legitimar esos títulos y el ruso, como le decían al querido don Bernardo, se opuso tenazmente. Cuando Ferrán, que era el cipayo del Fondo Monetario, el 18 de febrero fue a la oficina del Ministerio de Economía, lo sacó a los gritos tras insistirle que había que cambiar los títulos viejos por los nuevos.

APU: Hay una nota suya que habla del mercado interno como clave de la recomposición económica argentina. Allí hace un racconto de lo que fue la destrucción del aparato productivo por la dictadura militar, que se profundizó con el gobierno de Carlos Menem. ¿Cómo se recompone la matriz productiva en nuestro país teniendo en cuenta la situación de pandemia y de deuda?

HR: Ahí está el eje de todo, vamos hacia un modelo extractivista agropecuario exportador. Lo había impuesto la dictadura militar, nada más que no tenía a la soja como punta de lanza. Don Bernardo trató de hacer un modelo en defensa del mercado interno, la producción y del trabajo nacional. Nos echaron, el 19 de febrero de 1985 y se volvió a imponer con Juan Vital Sourrouille un modelo extractivista agropecuario exportador. Por eso regalan todo, nuestros pozos petrolíferos. YPF es una empresa que históricamente tiene el 51% estatal y BlackRock tiene el 6%, y maneja más el represente de BlackRock en YPF que lo que maneja el 51% del Estado. YPF con el aumento de las tarifas hace toda una política como si fuera una empresa internacional.

Nos llevan a un modelo extractivista agropecuario exportador. Lo hizo la dictadura militar, lo continuó Raúl Alfonsín cuando nos echó a nosotros, lo continúo el menemismo y después de la Rúa. Cuando apareció Néstor Kirchner hizo algo distinto, priorizó el mercado interno argentino. Cuando hace el acuerdo con China, lo primero que le piden es comprarnos carne vacuna y Néstor Kirchner no lo dejó porque sabía lo que significaba la carne en el costo de la canasta alimentaria y no le vendió ni un gramo. El año pasado declararon vender casi un millón de toneladas de carne vacuna. Y el 80% de la venta la hace un consorcio que se llama ABC, donde está el frigorífico rioplatense de los Constantini, está Friar de Vicentín, está La Anónima de los Braun, está Swift, están todos los grandes frigoríficos y matarifes de la Argentina. Y el consumo per cápita de carne vacuna del año 2020 fue 50,1 kg, el más bajo de los últimos 100 años, cuando consumimos entre 80 o 90 kg. Eso es este modelo.

APU: Vemos que todos los intentos de controlar la inflación de parte del gobierno han sido fallidos, de hecho, el índice de abril dio 4,1% y el acumulado trimestral es cercano al 17% ¿Hay alguna manera de poder bajar la inflación?

HR: En primer lugar, el proceso inflacionario argentino es propiciado y funcional al modelo extractivo agropecuario exportador, porque ellos igualan precios internacionales con precios nacionales. La botella de aceite mezcla, que es mezcla de girasol con soja, de litro y medio, sale casi 200 pesos porque en Amsterdam se vende a 2 dólares. La gran diferencia es que en Europa, en Holanda, el salario promedio son más de 4 mil dólares y en Argentina es de 780 dólares. Nosotros que producimos la botella de aceite, la pagamos a 200 pesos y ellos que la importan con todo el viaje que hay que hacer, la pagan también 2 dólares. Es una minoría que se beneficia. Está todo fuertemente concentrado, la harina, el aceite, la yerba, el azúcar, la leche. Una economía concentrada que determina los precios, y que hace que se igualen con el exterior.

Hay que tomar tres medidas, que son las que tomó Néstor Kirchner. Lo primero de todo es frenar la constante devaluación de nuestra moneda. La devaluación ya la había hecho Macri, desde fines de abril hasta fines de julio de 2018, casi en un 100%. El dólar pasó de casi $20 a casi $40. Sin embargo, este gobierno continúo con la devaluación. Cuando asumió el 10 de diciembre del 2019, el dólar estaba $62 y ese mismo dólar hoy está $99,50. De los 100% que devaluó Macri, se devaluó un 60% más. Hay una relación inversamente proporcional entre nuestro salario y el tipo de cambio, cuando el dólar sube el poder adquisitivo cae porque se internacionalizan los precios.

APU: Hay una falta de acuerdo del gobierno de Alberto Fernández con las grandes empresas de producción nacional y de exportación ¿Existe una falta de incentivo desde el gobierno con esas empresas?

HR: Yo pienso al revés, que hay un acuerdo y que este gobierno es funcional a ese acuerdo. Lo veo claramente con el río Paraná, vuelven a conceder la licitación del río Paraná porque detrás están las grandes empresas acopiadoras y comercializadoras de granos. Estamos hablando de ADM, Cargill, Bunge, Louis Dreyfus, Glencore. Esas cinco tienen casa matriz en Estados Unidos, son capitales internacionales, pero primeramente norteamericanos, que son los que manejan el mercado de Chicago, el mercado mundial de granos. A esas hay que sumarle, la china Cofco y después dos teóricamente nacionales: ACA, la Asociación de Cooperativistas Argentinos, y AGD, Aceitera General Deheza. Esas ocho empresas, más Techint que tiene sobre el río Paraná en Campana, Toyota que tiene sobre Zárate. A todas esas les interesa sobremanera que el Estado no intervenga, porque sacan lo que quieren por declaración jurada.

Y Argentina lo acepta porque el Fondo Monetario Internacional los presiona porque detrás del Fondo está Estados Unidos, y detrás de Estados Unidos está Pimco, Franklin Templeton, BlackRock, todos los grandes fondos offshore de cobertura del mundo están detrás. Y todos ellos tienen participación en Cargill, en Glencore. El propio Larry Fink dice que BlackRock tiene participación en Cargill y en Glencore, y las otras deben tener participación en las otras empresas. Es más, Larry Fink le compró acciones a Tenaris de Techint.

Así que yo opino al revés, que el gobierno es débil ante un poder económico tan grande. Hay una frase que escuché mil veces que decía León Trotsky “el enemigo parece más grande cuando se lo ve de rodillas” y este gobierno se puso de rodillas. Por eso defiende a capa y espada la privatización del río Paraná. Ahí hay un claro ejemplo de que tiene que ser estatal. Es más usan dos dragas que eran nuestras, usan la isla Demarchi y una base en Corrientes que usa la empresa Jan de Nul, que es la empresa belga que hace dragados. Es del Estado argentino y está a préstamo a ellos. La única explicación que tiene esto es la actitud lacaya ante el poder económico.

APU: Todavía la concesión del Paraná está por verse…

HR: Patearon la pelota 90 días más tarde, pero van a necesitar la concesión igual, contra viento y marea, porque el Fondo quiere que se licite. Lo perverso de todo esto es que Martín Guzmán le dice al empleado de Clarín dónde se fue todo, y Marcelo Bonelli le dice, lo fugaron. Nosotros nos endeudamos por más de 100 mil millones de dólares y el Banco Central reconoce que se fugaron 86.200 millones de dólares. Hay que rescatar primero lo que fugaron. A Marcelo Mindlin hay que decirle, acá se fugaron 903 millones de dólares y no declaraste ganancias por ese monto, cómo hiciste para comprarlos. Eso es lo que tiene que estar haciendo la AFIP. Entre la mediocridad y la cobardía nos llevan paso a paso a continuar con el modelo extractivista agropecuario exportador que impuso la dictadura militar.

 

https://www.agenciapacourondo.com.ar/economia/horacio-rovelli-el-proceso-inflacionario-argentino-es-propiciado-y-funcional-al-modelo

Un debate impostergable

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La finalización de la concesión de la Vía Fluvial Troncal Paraná-Río de la Plata le da a la Argentina la posibilidad de revisar lo hecho durante 25 años de concesión privada y el desafío de modificar sustancialmente la forma en que el Estado Nacional ha manejado ese recurso estratégico.

La importancia del Río Paraná ha sido central a lo largo de toda la historia argentina; episodios como el de la vuelta de Obligado demuestran su centralidad para nuestro modelo de desarrollo.

El 30 de abril venció el contrato de concesión del servicio de dragado y balizamiento del principal canal fluvial de entrada y salida de mercaderías del país y el gobierno decidió prorrogarlo por 90 días más a la empresa Hidrovía S.A., que opera desde el año 1995.

Desde algunos sectores veníamos insistiendo, desde hace tiempo, con la posibilidad de que no se extendiera la concesión y a cambio proponíamos trabajar en un contrato de transición que permitiera evaluar la mejor opción para el interés nacional.

En contraposición, algunas voces del complejo agroexportador que quieren sostener el esquema vigente destacan los logros obtenidos, como el incremento de las exportaciones, el aumento del área sembrada y la eficiencia de las tareas de dragado y balizamiento que permitieron el transporte por el Río Paraná de nuestras mercaderías en buques de gran calado. Pero entendemos que esa visión no tiene en cuenta cuestiones esenciales que son necesarias contemplar, como por ejemplo la ausencia de mecanismos de control y de estudios ambientales, batimétricos y de la traza, fundamentales para planificar acciones sustentables y de largo plazo de este recurso estratégico.

Asimismo, como senador por la Provincia de Buenos Aires también puse el foco en motorizar el proyecto de construcción del Canal Magdalena, un canal natural que será el puente que unirá nuestros puertos fluviales y marítimos, que hoy se encuentran separados, y nos permitirá ejercer mayor soberanía sobre nuestras aguas.

En este sentido, el viernes 7 de mayo se llevó a cabo la audiencia pública sobre el canal Magdalena. Allí expresé, en primer lugar, que el Estado Nacional debe recuperar el control sobre la Vía Navegable Troncal Paraná-Río de la Plata y cobrar el peaje por el uso de esa vía de comunicación estratégica, hoy en manos de una empresa privada que realiza las tareas de dragado y balizamiento. Al no contar con los datos concretos de las obras que se realizan se desconocen los costos reales que tiene el concesionario. El Estado Nacional está en condiciones de ejercer el control sobre la vía navegable y las obras que realiza el concesionario privado.

El Estado Nacional no ejerce hoy ninguna supervisión sobre el volumen del dragado y no tiene información sobre los puntos donde la empresa privada decide dragar. Se confía en los datos que aporta el concesionario.

Creemos que es el momento oportuno, además, para que se mejoren los mecanismos de control y fiscalización que realizan la Aduana y la AFIP sobre la mercadería en puertos y en tránsito. En la actualidad el tonelaje lo informan los dueños de la mercadería por medio de declaraciones juradas, lo que da origen a la subfacturación de exportaciones y sobrefacturación de importaciones.

Asimismo, el aumento de los recursos de fiscalización y control permitirá además monitorear el movimiento de las mercaderías en tránsito, penalizar los delitos de contrabando, mercaderías ilegales y trata de personas. Hace poco, contenedores procedentes de la República del Paraguay recorrieron el Río Paraná y luego estuvieron depositados por tres días en el puerto de Buenos Aires para embarcarse en dirección a Hamburgo, donde la policía alemana descubrió que contenían alrededor de 18.000 kilogramos de cocaína.

Nuestra acción política y legislativa también está dirigida a impulsar el debate sobre la importancia estratégica del Canal Magdalena, que representa una salida directa al mar desde los puertos fluviales hacia los puertos de nuestro litoral marítimo, y viceversa, y la entrada y salida de las cargas de nuestro comercio exterior, sin tener que navegar desde “El Codillo” por el Canal Punta Indio, ni pasar por Montevideo, independizando nuestras exportaciones e importaciones de la logística de ese puerto, a la vez que integraría la Argentina fluvial con la marítima, hoy segmentadas y desintegradas por la dependencia de la navegación por Zona Alfa, administrada por el Uruguay.

 

 

Entre los beneficios directos de esta obra podemos destacar los menores costos de mantenimiento, dragado, combustible, de honorarios de prácticos, de seguros, en la operatoria de los buques. Asimismo, representa menor tiempo de navegación desde rada hasta puerto por el desarrollo de un canal de doble vía y una reducción de la distancia en el acceso y recorrido del Canal de Navegación Magdalena frente al Canal Punta Indio.

La nueva traza con la construcción del Canal Magdalena potenciaría el desarrollo de la costa fluvial y marítima de las provincias ribereñas, permitiendo a su vez un mayor grado de complementariedad con los puertos atlánticos.

Esta obra promovería además el desarrollo regional de ciudades como Punta Indio, Punta Piedras, General Lavalle y San Clemente del Tuyú, debido a las actividades conexas y servicios que hoy están cubiertas por el puerto de Montevideo y que significan un ingreso potencial cercano a los 150 millones de dólares.

La construcción del Canal Magdalena es una obra de carácter estratégico que debe ser acompañada por políticas que fomenten la comunicación entre nuestros puertos fluviales y marítimos con ramales ferroviarios y rutas viales. Su objetivo es la integración productiva de la Argentina, el estímulo de las economías regionales, y la conexión más ágil y económica con los mercados mundiales, en un mundo altamente competitivo.

La presente licitación de las obras de dragado y balizamiento del Canal Magdalena deben contemplar finalmente su integración a la Vía Navegable Troncal, como una unidad indisoluble.

Para concluir, tanto la concesión de la vía troncal como el proyecto de construcción del Canal Magdalena nos ha permitido debatir cuestiones estratégicas relacionadas con nuestra soberanía, como la cuestión portuaria, la del transporte multimodal de mercaderías, la preservación de nuestros recursos naturales y su industrialización, la preservación del ambiente, entendiendo que estos son los pilares para crecer como una Nación integrada, con un desarrollo industrial nacional sostenible y justicia social e integración regional.

 

Un debate impostergable

EL INFIERNO TAN TEMIDO

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El gobierno de Cambiemos reinstauró el modelo extractivista, agropecuario exportador y para ello enriqueció al sector mediante la deuda y su fuga, a la vez que dicha deuda condiciona toda la economía al obligarla a obtener divisas para pagarla, cambiando el eje de la acumulación, que debe ser el mercado interno.

De proseguir por ese camino seguiremos teniendo a los grandes exportadores como los principales beneficiados y, una creciente tasa de desocupación y pobreza por falta de trabajo y producción, al compás que se reduce el mercado interno argentino.

Es la matriz productiva y distributiva del modelo que crece priorizando las ventas de productos primarios al exterior el que destruye puestos de trabajo.

La frase no fue escrita por Albert Camus en su libro La peste, pero merecería serlo: “Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”.

Decimos esto porque mientras el PIB desciende a niveles nunca antes registrados en el país [1] (caída del 9,9% en el año 2020 y en los primeros cuatro meses de 2021 crece muy lentamente y no se recupera lo que se perdió), según el INDEC el precio de los alimentos, y bebidas no alcohólicas a marzo de 2021 anualizadas (comparadas con abril 2020) se incrementaron en un 44,8%. La única explicación posible es que el ajuste interno permite aumentar los saldos exportables y solo se vende al mercado interno si se iguala el precio al externo, generando una ganancia extraordinaria a los grandes productores y comercializadores. La diferencia abismal con ese precio internacionalizado de los alimentos es que en Europa, que no lo produce, sus trabajadores pueden pagarlo, dado que el salario mensual promedio en Europa central en abril 2021, es de 3.500 euros [2] y, en la Argentina es en pesos pero equivalente a solo 780 dólares.

El modelo extractivista, agropecuario y exportador no necesita de la mano de obra local. Por ejemplo en el año 2020 se exportaron 37 millones de toneladas de granos de maíz, cuando se declaró haber producido 40 millones de toneladas.  El precio internacional del maíz creció 61% de 152,95 dólares la tonelada que valía en diciembre de 2019 a 246,28 dólares a mediados de mayo 2021.

Igual sucedió en mayor o menor medida con los precios en el arroz, el trigo, el girasol, la soja y los distintos tipos de carne, y el gobierno no solo no aumentó las retenciones, ni puso un cupo de exportación, sino que encima del fenomenal incremento en dólares del precio de los alimentos, depreció nuestra moneda en un 60,4% (de $ 62 el dólar tipo comercial fijado por el Banco de la Nación Argentina el 9 de diciembre de 2019 a $ 99,50 a mediados de mayo 2021). Eso explica el aumento de la pobreza, se trabaja (si se puede) y no alcanza para comprar lo mínimo e indispensable para vivir el trabajador y su familia.

Es el modelo que impuso la dictadura cívico-militar pero que no tenía una punta de lanza como la soja. Que continuó el gobierno de Alfonsín cuando lo reemplazó al Ministro Bernardo Grinspun y, aceptó toda la deuda externa heredada de esa dictadura canjeándola por títulos nuevos firmados por Juan Vital Sourrouille y José Luis Machinea. Es el camino que preparó el gobierno de Carlos Menem con las privatizaciones de todo, incluso de nuestro Río Paraná y de sus puertos, que eclosionó en diciembre de 2001 y sobre los cuales Néstor Kirchner reedificó, sabiendo que en la Argentina cuando crece el consumo interno crece el PIB y que la suma que una sociedad gasta en consumo depende principalmente del peso que los salarios reales tienen sobre el ingreso global, es decir, de la distribución social (apropiación vía salario) de lo que se produce.

Pero el gobierno de Macri y los que estuvieron atrás para que eso sucediera reimplantaron la integración al mundo vendiendo alimentos y materias primas a costa de ajustar el consumo interno, acatando las condiciones impuestas por el FMI que asegura que así sea.

Previsible y fatal

En el segundo trimestre ingresan fuertemente las ventas declaradas de la cosecha gruesa,  nuestro principal ingreso exportable.  A ello se suma la posibilidad cierta que el FMI amplíe su capital en unos 650.000 millones de dólares para el mes de junio o julio 2021, de los cuales le correspondería a la Argentina por ser país miembro y de acuerdo a su cuota de participación, la suma de unos 3.052,6 millones de DEGs, equivalentes 4.354 millones de dólares. Dicho monto no alcanza para pagar los 5.814,5 millones al FMI del año 2021 en que vence el 30 de septiembre la primera cuota de capital y el 30 de diciembre de este año, la segunda del crédito dado al gobierno anterior, más los intereses. Y menos para pagarle el 31 de este mes de mayo 2021 los 2.400 millones de dólares por amortización del capital al Club de París [3].

Pero el problema se convierte en sideral en el año 2022 que, por el acuerdo firmado por el gobierno de Cambiemos con el FMI, hay que pagar 17.860 millones de dólares de capital más los intereses.  En el año 2023 se debe abonar de capital la suma de 18.285,5 millones de dólares y, el saldo en el año 2024 de 5.640 millones de la divisa estadounidense para completar los 45.400 millones de dólares, según los datos que posee la Secretaría de Finanzas de la Nación.

Paralelamente el BCRA basándose en la legislación de la reforma financiera de 1977 y en la ley de Carta Orgánica de 1992, dada la coyuntura favorable, sigue comprando dólares pero la mayor parte los emplea para pagar intereses de deuda (incluida a los organismos internacionales), para pagar adelantos de importaciones y, para que las empresas paguen parte de su supuesta (o verdadera) deuda externa que tienen, de manera tal que las Reservas Internacionales se incrementaron solo en 1.044 millones de dólares en lo que va del año, habían cerrado el 20 de diciembre de 2020 en 39.410 millones de dólares y al 7 de mayo suman 40.454 millones, cifra que es menor a los 45.190 millones de dólares que eran las reservas internacionales al 10 de diciembre de 2019.

Es más, se trata de reservas brutas, a las cuales hay que descontarle el encaje de los depósitos en divisas captado por los bancos del sistema que, al 7 de mayo 2021, suman 11.890 millones de dólares; los dos swaps con la República Popular China por casi el equivalente a 20.000 millones de dólares; y el préstamo del Banco Internacional de Basilea de 3.650 millones de dólares.

En síntesis, más allá de la bonanza efímera hasta julio de 2021, al mes siguiente, en agosto, se debe enfrentar la dura realidad con un agravante: las LELIQs, Letras de Liquidez del BCRA que coloca en los Bancos para que los bancos no presten y le paga una tasa del 38% anual, pero a 7 días, que no para de crecer y que este gobierno triplicó de 758.453 millones de pesos en diciembre de 2019 a 2,09 billones al 7 de mayo 2021, unos 20.000 millones de dólares. Es más, si le sumamos los Pases Pasivos que son préstamos que los bancos le dan al BCRA por uno, dos o tres días, totalizan al 7 de mayo 2021 la suma de $ 3,5 billones de pesos, cifra que supera el total de créditos que los bancos le dan al sector privado que, a la misma fecha, es de 3,4 billones.

En síntesis, en agosto 2021 se depende de la buena voluntad de los bancos para que sigan comprando LELIQs y no se pasen al dólar. Y se depende de la voluntad del FMI para que no nos declare en default y nos conceda los plazos, nunca suficientes, para pagar una deuda que benefició a una minoría que la fugó.

Obviamente que no es gratis y el mismo Larry Fink, el CEO de BlackRock, reconoció que tenía participación accionaria en el Banco Santander (acá Santander-Río), en el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria; en el Banco Galicia, y en el Banco Macro, cuatro de los grandes bancos que operan en el país.  También reconoció que tiene acciones en la empresa Glencore, acá Oleaginosa Moreno SA y Renova SA, dos de las grandes acopiadoras de granos, productoras de sus derivados y comercializadoras con puertos propios en nuestro Río Paraná.

Siguen extrayendo nuestras riquezas mientras cada vez es mayor el costo de vida en una combinación entre suba de precios y de la tasa de interés para que no se pasen al dólar.

Obviamente también tiene un límite y, tarde o temprano, generarán la corrida cambiaria y bancaria como fue en 1975, en 1980, en 1982, en 1989, en 1995. Ya en este siglo,  con los Kirchner no pudieron porque apostaron al mercado interno, pero si con Macri en 2018. La próxima posible catástrofe aguarda, mientras este gobierno no cambie la matriz productiva que engendra una riqueza extrema en el 1 o 2% de nuestra población y, una pobreza extrema en no menos del 50% de nuestro pueblo.

Nadie puede garantizar, de producirse la crisis, cómo se sale. Nuestros hermanos de Chile y Colombia fueron llevados al estallido social y el drama sigue.

El problema lo describe claramente Joseph Stiglitz cuando afirma que en su país “el 1% de la población tiene las mejores casas, la mejor educación, los mejores servicios de salud, y el mejor estilo de vida. Pero hay algo que el dinero parece no haber comprado: el entendimiento de que su destino está ligado a cómo vive el 99 por ciento restante de la población. A lo largo de la historia, esto es algo que el 1% aprende con el tiempo.  Demasiado tarde”.

 

[1] En la década de 1930 no existían estadísticas al respecto.
[2] La cotización en mayo de 2021 es 1,21 dólares por un euro. El salario Mínimo Vital y Móvil en Francia es de 1.563 euros.
[3] La deuda total con el Club de París asciende a unos 10.800 millones de dólares, la idea del gobierno es que tanto al Club de París como el FMI pagarle solamente los intereses y comenzar a amortizar el capital en el segundo semestre de 2024 (igual trato que a los acreedores privados), pero la negociación con el FMI se encuentra en un impase  y seguramente habrá una contrapropuesta. De lo que acuerde el gobierno argentino con el FMI se extenderá al Club de París. De hecho en el Presupuesto Nacional 2021 no está contemplada ninguna amortización de capital a esos dos organismos internacionales y sí  a otros (CAF, Banco Mundial; BID, etc.). Se prevé en el Presupuesto Nacional 2021 un pago anual por intereses solamente equivalente a 430 millones de dólares al Club de París y de 1.200 millones de dólares al FMI,  que se efectúa en cuotas trimestrales.

 

 

https://www.elcohetealaluna.com/el-infierno-tan-temido/

Dólares versus precios: los puntos nodales de la coyuntura económica

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Se conoció la variación mensual del índice de precios al consumidor de abril, que alcanzó al 4,1%. La inflación minorista acumulada en el primer cuatrimestre del año llegó al 17,2%, consumiendo el 59% de la pauta inflacionaria anual prevista en el presupuesto que es del 29%.

El precio de la tonelada de soja en el mercado internacional superó esta semana los u$s 600. Ante una cosecha proyectada de 45 millones de toneladas que se exporta en un 97%, la afluencia de dólares a la Argentina por este cultivo debiera ascender a cifras récord.

El equipo político-técnico del Senado de la Provincia de Buenos Aires, integrado por Martin Di Bella, Diego Perrella, Juan Manuel Pignocco, Érica Pinto y Horacio Rovelli, además de este columnista, viene intentando instalar en sus sucesivos informes mensuales de coyuntura económica dos ejes que evalúa como nodales en el actual escenario económico:

La solvencia de las cuentas del sector externo como pilar de la estabilidad macroeconómica. El equilibrio externo sólido disminuye las exigencias de ajuste fiscal como factor de estabilización.

  1. La oferta masiva y a precios accesibles de alimentos y energía como sostén de todas las políticas de ingreso. Los ingresos populares son licuados con la suba de precios de consumos esenciales, derive ésta de la presión monopólica privada o de la demanda internacional.
  2. El alza del índice precios al consumidor y la reticencia a ejecutar una política monetaria y fiscal expansiva en el marco de la “segunda ola del virus” por su posible impacto negativo en el mercado cambiario, son el resultado de no enfocar correctamente los puntos precedentes.

En columnas anteriores hemos calificado de “extraña debilidad del sector externo” al referir el hecho que, con un escenario internacional favorable, el Banco Central no logra aumentar significativamente el nivel de reservas.

El marco propicio está dado por la suba internacional del precio de los alimentos, que contribuyen a generar un superávit de la balanza comercial relevante, el cual fue de u$s 12.500 millones en el 2020 y u$s 2.500 millones en el primer trimestre del 2021.

Pero también en el plano financiero la reestructuración de la deuda pública en moneda extranjera con el sector privado por u$s 66.000 millones, alargando plazos y bajando la tasa de interés, alivia el peso de las obligaciones con el exterior en el balance de pagos. Por último, se mantiene el control de cambios sobre la cuenta capital, limitando la demanda de divisas para atesoramiento.

El cuadro que continúa intenta reflejar la brecha entre el saldo positivo de la balanza comercial y el movimiento de divisas neto en el mercado de cambios

Los puntos nodales de la coyuntura económica

Se conoció la variación mensual del índice de precios al consumidor de abril.

El excedente comercial es la principal oferta de divisas hacia el mercado cambiario y con escaso retraso ingresa a la Cuenta Corriente Cambiaria. Ese ingreso se reduce significativamente en el movimiento neto de moneda extranjera por el saldo negativo que presenta la Cuenta Financiera Cambiaria.

En el primer trimestre del año la diferencia entre la oferta potencial de dólares del comercio exterior (u$s 2.530 millones) y el neto final del movimiento del mercado de cambios (u$s 679 millones) es de u$s 1.851 millones. Cifra importante al tratarse del inicio de la liquidación de divisas provenientes de la exportación de la cosecha.

El gráfico que continúa permite apreciar la magnitud del faltante

Los puntos nodales de la coyuntura económica

Se conoció la variación mensual del índice de precios al consumidor de abril.

La razón del egreso de dólares por la Cuenta Financiera Cambiaria responde la intervención del Banco Central en el mercado cambiario alternativo denominado “Contado con Liquidación” comprando títulos-valores nominados en moneda extranjera pagándolos con los dólares ingresados a través Cuenta Corriente Cambiaria.

Las razones de esta operatoria que restringe la acumulación de reservas internacionales en el Banco Central es controlar la cotización del tipo de cambio del mercado “Contado con Liquidación” de modo que no alcance una diferencia notoria respecto del tipo de cambio oficial del mercado Único de Cambios.

El esfuerzo por reducir la brecha entre la cotización oficial del dólar y la de un mercado cambiario alternativo termina drenando divisas provistas por el comercio exterior y salteando el control de cambios de la Cuenta Capital.

No consolidar la solvencia externa en un contexto adecuado para hacerlo, afecta las posibilidades de desarrollar una política monetaria y fiscal expansiva, necesaria ante el adelantamiento de la “segunda ola del virus” para la inversión sanitaria y estímulo a la demanda, que permita acelerar la recuperación del daño conjunto causado por la pandemia y el macrismo.

Consecuentemente, se abre el debate sobre la necesidad del equilibrio fiscal, los límites para financiar un déficit presupuestario con emisión monetario y los riesgos de presiones cambiariar e inflacionarias. Debate que surcó con fuerza la agenda de los últimos días.

Debate equivocado a la luz del planteo inicial de esta columna. La centralidad de la cuestión se encuentra en la capacidad de acumular dólares en el Banco Central que impidan un ataque especulativo contra nuestra moneda nacional, otorgando el tiempo para que la demanda de pesos aumente al ritmo del crecimiento económico. La mayor recaudación tributaria derivada de una fuerte expansión de la actividad cerrará paulatinamente el desbalance fiscal sin tensiones.

Focalizar la política en el ajuste fiscal y monetario ante el temor de una corrida cambiaria es soslayar el hecho que el Banco Central no se encuentra lo suficientemente sólido para enfrentarla. La discusión es entonces el sector externo y no las cuentas públicas.

La política monetaria y fiscal restrictiva como herramienta antiinflacionaria ha probado reiteradamente su fracaso en Argentina. El nudo es la regulación correcta de los mercados de bienes esenciales, sobre todo los alimentos y la energía

Se ha señalado desde esta columna que el aumento de la canasta básica alimentaria un 45% en el año 2020, frente a una caída del PIB del -9,9%, desmorona todos los modelos macroeconómicos que lo expliquen.

La razón se halla en el comportamiento monopólico de los agentes económicos del mercado de alimentos que operan sin regulaciones imponiendo precios a una demanda rígida. Esta asignación de recursos en forma monopólica desbarata la política de ingresos hacia los trabajadores y extorsiona al Estado a cubrir el faltante a fin de evitar la hambruna en los segmentos más humildes del pueblo.

Otro tanto ocurre, también señalado desde esta columna, con la presión que ejerce el aumento de los precios internacionales de los alimentos que se exportan, trigo, maíz y carne, sobre los precios internos, obligando a los argentinos y argentinas a degradar la calidad de sus consumos alimenticios. El pueblo argentino ya no accede a una canasta diversificado de su agrado, que fue tal vez, el legado social más importante del peronismo.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/economia/dolares-versus-precios-los-puntos-nodales-de-la-coyuntura-economica-202151519043

El triángulo entre la Argentina, EE.UU. y China en la post-pandemia

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La pandemia concentra sin duda las energías y expectativas del Estado y la sociedad y el escenario mundial que dejará comienza a exigir una evaluación estratégica. Para esto me gustaría introducir cinco hipótesis de reflexión sobre el triángulo entre la Argentina, EE.UU. y China en la post-pandemia.

Primero, la transición de poder. Hace un siglo se desplegó gradualmente la transición entre Gran Bretaña y Estados Unidos. La Argentina, por convicción y/o conveniencia siguió abrazando a Londres mientras Washington aumentaba su influencia.

Una Argentina con capacidades relativas optó por profundizar los lazos con la potencia en declive. Hoy, con capacidades disminuidas, el país afronta otra transición de poder. ¿Tenemos un mapa de ruta para asumir tal reto?

Creo que no. Al menos en esta fase de la transición se requiere mantener relaciones positivas de manera simultanea y en el marco de un consenso ampliado interno para así contribuir al desarrollo, generar bienestar y reconstruir poder.

Segundo, los lazos entre Estados Unidos y China. Hasta hace unos años predominaba una condición de rivalidad atenuada e interdependencia creciente. Desde la administración Trump y durante el gobierno de Biden, se va consolidando una rivalidad acentuada y una interdependencia decreciente.

No hay una disputa plena ni un desacople mutuo: Beijing y Washington conocen sus fortalezas y debilidades y se moverán cada vez más condicionados por la política interna. Biden no quiere aparecer blando y procurará endurecer el mensaje y las acciones, y Xi Jinping buscará reafirmar el nacionalismo y la estabilidad doméstica. Ambos intentarán asegurar lealtades de diversas contra-partes.

Eso exige que la Argentina tenga claro cuáles son sus intereses nacionales y refuerce los espacios regionales para tener un mayor margen de negociación frente a ambas potencias.

Tercero, el vínculo entre Estados Unidos y América Latina. Durante los dos mandatos de Bush (h) y Obama, Washington no obstaculizó la paulatina presencia económica de Beijing en la región. Desde Trump y con Biden esa tolerancia con una China pro-activa, en especial en materia tecnológica y militar, cesó. Esto implica más exigencias y promesas de Estados Unidos.

Sin embargo, no existe una situación como la que hubo entre EE.UU. y la URSS cuando Washington y su sector empresarial tenían cuantiosos recursos para avalar el poderío estadounidense en la región y en América Latina había muchos jugadores con voluntad de vetar el acceso de Moscú al área.

Hoy, Estados Unidos tiene escasos recursos para ofrecer y pocos empresarios dispuestos a invertir masivamente mientras son las elites de la región las que quieren hacer negocios con China y no hay jugadores influyentes que pretendan limitar los vínculos con Beijing.

La Argentina no debe desalentar los lazos materiales con China ni desestimar inversiones de EE.UU.

Cuarto, el “eslabonamiento temático” (el denominado linkage politics). Varios analistas subrayan que es Venezuela el que entrelaza—casi siempre negativamente—la relación entre Washington y Buenos Aires. Una revisión de los medios de comunicación muestra cómo se presume que cualquier decisión oficial sobre Venezuela afecta el trato con la Casa Blanca. Hace días, el anuncio del retiro del llamado Grupo de Lima fue presentado como primordial para analizar el vínculo con el gobierno de Biden. Pero esto no es así.

El asunto que realmente epitomiza un eslabonamiento temático entre la Argentina y EE.UU. no es Venezuela, es China. Las recientes visitas del almirante Craig Faller del Comando Sur, de Juan González del Consejo de Seguridad Nacional y de Julia Chung del Departamento de Estados y el diálogo telefónico entre el secretario de Estado Antony Blinken y el canciller Felipe Solá reflejan la centralidad de Beijing, no la de Caracas.

Hay muchos tópicos que atraviesan las relaciones entre la Argentina, Estados Unidos y China: el Atlántico Sur, la Antártida, la Hidrovía, los materiales estratégicos (litio y tierras raras), el 5G y el 6G, entre otros. Una sutil y firme diplomacia de equidistancia será fundamental para no ser epicentro de un pernicioso juego de suma 0 entre Beijing y Washington.

Y para ello es prioritario que el federalismo interno no se torne disfuncional y fuente de debilidad para negociar y que en ciertos asuntos externos claves se asuman responsabilidades compartidas: en la Antártida con Chile y en el Atlántico Sur con Brasil (y sumando también a Sudáfrica).

Y quinto, la relación entre EE.UU. y la Argentina. En sus primeros 100 días de gobierno Biden ha mostrado tener un espíritu progresista en política interior y un continuismo puntual en política exterior. La dureza con China y Rusia ha estado acompañada de un acento en el cambio climático, el multilateralismo y la no proliferación.

En breve, hay gestos internos y algunas señales en el campo internacional que facilitan un ámbito de coincidencias entre Washington y Buenos Aires. La Argentina necesita a EE.UU. en el tema del FMI y Washington requiere de países que en medio de la dramática situación que padece América Latina no aporten al caos sino a la estabilidad.

Así, hay espacio para una combinación de convergencias y divergencias. No se trata de relaciones carnales o distantes, sino de vínculos naturales entre países que seguirán manteniendo miradas e intereses diferentes pues ello es lo lógico en condiciones de asimetría.

En síntesis, es hora de que la Argentina delibere con seriedad y sinceridad sobre una estrategia internacional post-pandemia ya que no hacerlo será muy oneroso.

 

https://www.clarin.com/opinion/triangulo-argentina-ee-uu-china-post-pandemia_0_tiG-MKKMT.html