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jueves, abril 23, 2026
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De luces y centauros

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Ya internado, le aplicaron el suero equino. Horacio se dirigió a Liliana como afirmando y preguntando a la vez: «pero me voy a transformar en un centauro…». La humorada borró de un plumazo a los equinos más mortales, reservándose para sí un destino mitológico que a su vez expandía una trama simbólica sobre la que uno podría detenerse un rato.

No habría de mutar en uno de los típicos centauros irascibles creados por los dioses para descargar violencias desde su mitad brutal. Más bien nos traería de vuelta a Quirón, aquel que por destino divino sería la excepción, el único centauro bueno entre sus pares bestiales.

Escribo y siento la mínima estatura de quien intenta explayarse sobre una idea, una palabra, un gesto.

Porque esa artesanía del pensamiento fue especialidad de González. Desde la pronunciación de un término cualquiera nos hizo recorrer siglos, geografías, banderas, anécdotas de reyes y plebeyos, de personajes y pueblos que sacaba del olvido con un toque de magia. Leyendas, imaginerías y verdades, luces y sombras del devenir de toda historia.

Por mencionar al buenazo de Quirón, recuerdo al Horacio manso que tuvo el coraje de pedir una mirada sobre la violencia política que desatara la Libertadora proscriptiva, y que llegara a su vértice más dramático hacia los 70. Ese pedido de objetividad incluía una certeza: allí donde hubo una bandera, una lucha y vidas entregadas y sesgadas, debiera haber también la nobleza de admitir el reconocimiento a un compromiso histórico.

Obviamente, al centauro manso le endilgaron apología de la violencia los centauros bestiales que están al acecho para seguir reprimiendo, para seguir con la misión que pareciera también mitológica de eliminar a quien persiste en su fidelidad a los destinos de un pueblo, de una Patria, de ciertas tres banderas que no se bajan. Ni siquiera pudieron activar su mitad humana para reconocer en Horacio al no violento que exhibía sus argumentos en los tiempos más álgidos de aquella violencia política.

La nobleza que Horacio pedía para considerar el paso por la historia de su generación, invita a otras noblezas, como las que de algún modo aparecen en quienes, desde un eterno disenso, tienen la dignidad de lamentar su partida y reconocer su luz.

Y el coraje de Horacio para ejercer el disenso entre sus pares, pinta al que piensa desde una estatura moral que no especula.

El martes me acerqué a su escritorio. No lo había hecho antes en recurrentes visitas. Vi un hermoso cuadro de Yupanqui, aquel señor que decía que siempre es mejor alumbrar que deslumbrar. Curiosamente, es un Yupanqui dibujado en negro, con ese rostro preocupado porque es el rostro de angustias milenarias y originarias.

Pensé en ese tono sombrío para quien alababa la luz y cuestionaba el destello. Y volví a Horacio, a su luz que no solo despejaba nuestras conciencias, sino que le daba claridad al amor por la Patria.

Recordé al Horacio criticado por los centauros bestiales, al que transitaba aturdido el período macrista, al que había abrazado un movimiento popular medio siglo atrás, al del exilio que nos hacía más fácil añorar la tierra desde la lejanía y, sobre todo, al de los ojos húmedos preguntándose y preguntándonos: ¿qué está pasando con la Patria?

La ausencia es una gran presencia cuando el que se va deja tanto.

Era entrar y verlo allá en el fondo del pasillo, sentado, callado, elucubrando. Y uno respetando ese mirar para adentro, pisando despacito hasta agarrar la guitarra sabiendo que el hombre reconcentrado habría de escuchar, como escuchaba el canto diario de la compañera, el de la gente que entraba con la misma sutileza para no interrumpir vaya a saber qué luz por salir a la luz.

Y si no estaba, no me acercaba a su lugar. No sé qué de algo misterioso, sagrado, encerraba ese escritorio que pedía una distancia respetuosa. Como si uno fuese a contaminar la sacralidad de un habitáculo que fuera para uno y nada más que uno y nada menos que ese uno tan ensimismado y tan plural.

El martes me acerqué. Aproveché su partida. Vano intento de ocupar su lugar, de apropiarme fugazmente de ese rincón imaginando su propia perspectiva. Su llavero, la billetera, los libros y fotos de gente entrañable. Vano pero amoroso intento de estar en su lugar, ser un efímero Horacio que ya no está en su sitio.

Me llamó la atención que tenía a mano un libro de Kierkegaard: El concepto de la angustia.

Hay que saber de las angustias, melancolías y dolores de un Horacio sensible. Un intelectual cuyo pedestal es su propio patriotismo. Porque supongo que en un patriota el amor y el llanto son inseparables de la batalla. Tiene que dolerte la tierra y esperanzarte su destino. Hay que tener las células más sensibles del alma abiertas a una canción, a un gesto antiguo de los pueblos, a una risa, a un poncho, un aroma de cocina, a la idea más alocada de cualquier joven de estos tiempos que nos obligan a adaptaciones cotidianas. En definitiva, a lo que suele denominarse cultura, y suele nombrarse como un ejercicio del pensamiento más que como un gesto compartido desde las entrañas colectivas.

Este señor González que se ha ido, ha alumbrado con ideas, corazón y vida. Y dejó que se le metan hasta los huesos las luces y desdichas de su pueblo.

Por eso está cerca y lo lloramos. Y lo iremos a extrañar mientras dure la memoria, esa memoria que fue objeto de sus desvelos para tener siempre desplegadas las banderas de patrias y pueblos fundidos en un continente de justicia y esperanzas.

Hasta siempre, querido compañero de un destierro y todos los sueños.

Me quedé con las ganas de escucharte hablar sobre Quirón y algunos dioses.

 

https://www.eldiarioar.com/opinion/luces-centauros_129_8069477.html

La crisis inmobiliaria: cuando comprar y alquilar se hace cada vez más difícil

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El mercado inmobiliario se ha situado en un escenario en que nadie puede comprar ni alquilar. La ciudad de Buenos Aires es el distrito netamente urbano que posee el mayor volumen de renta inmobiliaria -la cual constituye una de sus ventajas competitivas más relevantes- y exterioriza con mayor nitidez las aristas del escenario descripto.

Un reciente relevamiento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) evidenció que:

  1. La mediana de precio de alquiler ofrecido por un ambiente es de $28.000, por dos ambientes de $30.000 y por tres ambientes de $45.000, con dispersiones en torno al promedio por las características propias del inmueble y su entorno urbano.
  2. Las expensas a cargo del inquilino, incrementan el valor del alquiler en un 18%
  3. Las subas interanuales del monto de los alquileres respecto de mayo/2020 fueron del 60% para los departamentos de un ambiente, 50% para los de dos y 56% para los de tres. La inflación minorista interanual en ese período fue del 48,8%.

Al alquiler es necesario agregar el costo de la canasta básica alimentaria que alcanza $27.423 (INDEC).

Cuando se correlaciona el costo de los consumos básicos, vivienda más alimentos, con los niveles salariales, emerge uno de los factores que incide en las dificultades de los porteños para sostener el alquiler. Pero a la vez, dicho alquiler retribuye cada vez menos el valor del inmueble comprometido en la actividad.

Intentemos cuantificar las tensiones:

Cuando se evalúan algunos indicadores salariales, se advierte que el salario mínimo vital y móvil es de $ 24.408, el salario promedio de los trabajadores registrados del sector privado de $ 85.979 (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social) y el salario promedio de los trabajadores del sector público nacional de $ 104.096 (Ministerio de Economía).

La renta inmobiliaria producida por el alquiler oscila en un promedio del 2,7% anual respecto del valor del inmueble, medida en dólares. La tasa de rentabilidad es la mitad de la vigente en el lustro previo a la crisis del 2018 que se situaba en un promedio del 5,5% anual (Reporte Inmobiliario).

La suba del alquiler aleja al trabajador del acceso a una vivienda acorde a sus necesidades y situación familiar, pero tampoco retribuye al propietario los niveles de rentabilidad del pasado.

El deterioro socioeconómico infligido por el macrismo y profundizado por la llegada del virus da el marco de la situación descripta, que deriva en el hecho que numerosos propietarios que procuraban reforzar sus ingresos de otras fuentes, en muchos casos haberes previsionales, ofrezcan sus inmuebles a la venta.

La especialista Soledad Balayan elabora un indicador de oferta de propiedades en la Capital Federal con base en el 2012 reuniendo los inmuebles en venta en distintos portales. Dicho indicador revela que hasta la crisis del 2018 el promedio tendía a estabilizarse en un rango de 45.000/50.000 unidades mensuales que permanecían publicadas. Luego comenzó a verificarse un paulatino ascenso de las propiedades en venta, tendencia que se agudizó a fines del año 2020, cuando el número de inmuebles ofertados pasó los 100.000 mensuales y permanece en ascenso en el corriente año.

A la inversa del incremento de la oferta, las operaciones de compra-venta efectivas descienden. El Registro de la Propiedad Inmueble de la Capital Federal inscribió 7.135 ventas en el primer trimestre de 2021, cifra exigua comparada con las 19.550 operaciones del primer trimestre de 2018 -previo a la crisis- y las 12.463 ventas inscriptas en el primer trimestre de 2015, con la economía aún en expansión.

El desequilibrio entre 100.000 ofertas, forzadas por la caída de rentabilidad y necesidades provocadas por la crisis del macrismo más virus, y apenas 7.000 concreciones en un trimestre, abre serios interrogantes sobre el devenir del sector en el futuro inmediato.

Este cuadro lleva a considerar la otra arista de la renta inmobiliaria, que es la que surge de la diferencia entre el costo de construcción del m² y el precio de venta del mismo. La sobreoferta de inmuebles va a provocar un descenso del valor del m² terminado, angostando en consecuencia el diferencial con el costo de construcción del m².

La profundidad del descenso valor del m² terminado es aún difícil de predecir, y lleva a considerar dos factores que inducen la ausencia de demanda:

  1. La falta ingresos en los trabajadores para adquirir una vivienda para residencia permanente
  2. La retirada de flujos líquidos de inversión en el mercado inmobiliario por la caída de rentabilidad descripta.

La brecha entre salario y valor del m² terminado se amplió significativamente en las últimas tres décadas, tal como lo describe el cuadro siguiente:

         Brecha entre el Salario y el M² terminado

             Cantidad de m² que se pueden comprar con un salario promedio

Como se aprecia, a partir de la crisis autoinflingida del 2018, el poder adquisitivo del salario en relación al m² descendió significativamente, y la llegada del virus en el 2020 profundizó esta tendencia.

El considerar al inmueble un refugio de valor y consecuentemente “dolarizar” su precio influyó también en forma relevante a alejar al salario del “ladrillo”, porque este último fue ganado por la especulación de la renta inmobiliaria, y el doble movimiento de devaluación del peso y suba del precio del m² en dólares por el flujo de inversiones contribuyeron a deteriorar la relación salario/m².

La única intervención estatal relevante y exitosa de este período fue el ProCrear, línea de crédito para construcción de vivienda, solventada por el Fondo de Garantía Sustentable, que aportó 240.000 soluciones habitacionales durante la segunda Presidencia de Cristina. Esta iniciativa prosperó en las jurisdicciones de disponibilidad y baratura de tierras que optimizaban los fondos aportados para construir. No pudo desarrollarse significativamente en las grandes ciudades, donde el valor del terreno es una porción significativa del costo del m² construido.

La recuperación del Banco Hipotecario como una herramienta central en el desarrollo inmobiliario para viviendas con destino residencial de familias asalariadas es una asignatura pendiente.

En el plano de la asignación de recursos con criterios de rentabilidad de mercado, la retirada de la liquidez de dólares para comprar los inmuebles terminados es determinante en el desplome de la demanda inmobiliaria.

La construcción es una industria netamente nacional cuya actividad demanda insumos de producción argentina en su gran mayoría. Hacia ella afluyen los excedentes de pesos para preservar su valor convirtiéndose en inmuebles.

Como se señaló, la diferencia entre el costo de construcción del m² y su valor de venta fue un atractivo esencial en el flujo inversionista hacia el mercado inmobiliario durante las últimas décadas.

Ahora bien, sin liquidez de dólares de inversionistas que ingresen al sector, sin crédito hipotecario para familias y sin renta proveniente del alquiler, la perspectiva por la cual los “pesos” convertidos en “ladrillos” completen el ciclo y refluyan como “dólares” se diluye. El precio del m² terminado tiende a la baja.

El sector inmobiliario se encuentra en una doble crisis: económica por disminución de la rentabilidad -y consecuentemente de la liquidez- y social por la clausura del acceso a la vivienda a los trabajadores, sea comprando o alquilando.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/vivienda/crisis-inmobiliaria-por-que-comprar-y-alquilar-se-hace-cada-vez-mas-dificil–202162619049

LOS CONDICIONAMIENTOS DE LA DEUDA

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¿Cómo puede endeudarse un país que en este siglo acumula un superávit comercial (las exportaciones superan a las importaciones) en 175.000 millones de dólares, que hizo un exitoso canje de deuda vieja por deuda nueva en los años 2005 y 2010 que representó una quita de capital en el orden del 66% y que extendió los plazos de pagos? Que desde 2016 no hizo ninguna obra importante, ni mejoró la infraestructura, sino que deterioró aún más la red ferroviaria, vial, hídrica, energética. Como los números de la ejecución del presupuesto desde ese 2016 lo demuestran, el gasto de capital desciende bruscamente a la mitad de lo que fue durante el período 2003-2015, para seguir descendiendo y ser en 2020 y en los primeros cinco meses de 2021, la mitad de lo que fue en 2016 (en torno al 1,2% del PIB).

Sin embargo, la deuda no sólo se acrecienta en más de 100.000 millones de dólares, sino que la exigibilidad es perentoria, esencialmente los 32.200 millones de DEG (Derechos Especiales de Giro) [i], unos aproximadamente 45.400 millones de dólares tomados con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por el gobierno de Cambiemos, cuyas dos primeras cuotas vencen el 30 de septiembre y el 30 de diciembre de 2021. Por su parte, al Club de París se le debe a junio de 2021 la suma de 10.800 millones de dólares (que incluye el vencimiento de capital de 2.400 millones de dólares con fecha lunes 31 de mayo de 2021).

La pregunta del ministro Martín Guzmán a Marcelo Bonelli de Clarín sobre adónde se fue esa plata tiene una respuesta obvia y cierta: se fugó.

Un informe [ii] del Banco Central de la República Argentina (BCRA) demuestra que 7.000.000 de personas físicas y jurídicas compraron 86.200 millones de dólares, pero de ellas, las cien primeras lo hicieron por 24.679 millones de dólares. Una nota de Horacio Verbitsky en El Cohete a la Luna del 24 de mayo de 2020 dio a conocer el listado de esas primeras cien empresas. Las dos primeras son Telefónica Argentina S.A. con 1.248 millones de dólares y Pampa Energía S.A. con 903,8 millones de dólares. En las dos tiene participación accionaria BlackRock y ambas no declararon ganancias en esos cuatro años para comprar esa magnitud de dólares.

Se pretende que el pueblo argentino pague a libro cerrado toda esa deuda sin recuperar la fuga de capitales, entonces se exporta una cordillera de Los Andes de granos de maíz [iii], sin importar el impacto sobre la canasta alimentaria cuando se la emplea como forraje para los animales. Por eso, se devalúa permanentemente nuestra moneda para disminuir el costo interno medido en divisas y hacer forzosamente a nuestros productos más competitivos, a costa de deprimir el salario y el nivel de actividad. Existe una relación inversamente proporcional entre el tipo de cambio y la remuneración de los trabajadores: cuando sube el dólar, el salario real se cae y con él, el consumo. Como lo demuestra hasta el cansancio la economía nacional, más del 70% de la misma es consumo global. Si el mismo desciende, el PIB no crece, por eso se descendió el 9,9% en 2020 y en el primer trimestre de 2021 sólo se recupera el 2,5% del PIB porque el consumo cayó 0,7%.

El rol del FMI

La deuda externa es un fuerte condicionante. El trasfondo de la toma del crédito con el FMI no fue sólo que no derrape en pueblada el gobierno de Mauricio Macri y en financiar la fuga de capitales (endeudar para fugar), sino dejar atado al país a lo que se denomina una “mochila de plomo”. Se deben aceptar las recomendaciones del FMI, que básicamente son:

  1. Reducir el gasto público a como dé lugar, sin contemplar la pandemia de Covid-19;
  2. Devaluar nuestra moneda para abaratar en divisas la economía nacional, sus activos y trabajo, favoreciendo su extranjerización;
  3. Desregular y privatizar.

Cuando la Argentina no acuerda con el FMI, crece, distribuye mejor el ingreso y hace importantes e imprescindibles obras públicas. Cuando inicia conversaciones con el FMI, se reduce el gasto público, desciende el PIB y aumenta la pobreza y la desigualdad social, en una caída sin fin.

Antes de que la Argentina se incorporara al FMI, con recursos generados por las exportaciones durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Juan Perón impulsó la industrialización del país. Gracias al fin de la guerra, logró avanzar tecnológicamente y ponerse a la par de los países desarrollados, incorporando a ingenieros, técnicos, científicos y empresarios de los países derrotados que tenían un alto nivel de conocimiento y experiencia. También empleó las acreencias que se tenía sobre Gran Bretaña, a la que nuestro país asistió en alimentos durante la guerra y, a cambio de esas deudas, le compró los ferrocarriles y los teléfonos de la que eran propietarios.

Se diseñó un Primer Plan Quinquenal que permitió, en 1946, constituir Gas del Estado, Centrales Eléctricas del Estado y Combustibles Vegetales y Derivados. Durante 1947 se fusionaron Centrales Eléctricas del Estado y la Dirección General de Irrigación para dar nacimiento a Agua y Energía Eléctrica, reemplazando la energía termoeléctrica por la hidráulica. Para ello se construyeron diques con sus respectivas centrales hidroeléctricas como el Escaba en Tucumán, el Nihuil en Mendoza, Los Quiroga en Santiago del Estero y seis diques con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, usinas térmicas en Mar del Plata, Mendoza, Río Negro y Tucumán. En 1943 la Argentina tenía una potencia instalada en centrales de 45.000 kilovatios, pasando en 1952 a producir 350.000 kilovatios.

Además de los ferrocarriles y los teléfonos, se nacionalizaron las usinas eléctricas, las empresas de gas, los puertos con sus elevadores, las plantas de servicios sanitarios, los seguros y los silos de campaña. Así surgieron nuevas empresas estatales: la Empresa Nacional de Energía y Yacimientos Carboníferos Fiscales. También se nacionalizaron las empresas alemanas que fueron la base del grupo Dirección Nacional de Industrias del Estado (DINIE) y el transporte urbano de pasajeros de la Ciudad de Buenos Aires.

Se descubrió petróleo en Neuquén, Salta, Tierra del Fuego y Mendoza. Se puso en funcionamiento la destilería de La Plata. Compró buques petroleros, renovó y amplió la marina mercante a 1.200.000 toneladas por año. Creó Aerolíneas Argentinas e hizo el Aeropuerto internacional de Ezeiza, en su momento, uno de los mayores del mundo.

La situación cambió desfavorablemente para nuestro país con la instrumentación del Plan Marshall, que hizo disminuir los precios agrícolas en los mercados internacionales, a lo que se sumó la sequía de 1952. Es en ese marco que se presentó y se trató de ejecutar el Segundo Plan Quinquenal, que tenía varios objetivos: aumento de la producción agraria en detrimento de la industria; reducción de las importaciones; reducción de la intervención estatal en la economía; apertura a los capitales extranjeros y aumento de la productividad del trabajo, entre otros. Tratar de cumplir ese plan desprestigió al gobierno ante su pueblo y esa situación fue utilizada por el poder económico para su derrocamiento.

Tras el golpe militar y la imposición de un nuevo gobierno de facto asesorado por el economista Raúl Prébisch, se adoptaron clásicas recetas de ajuste del gasto público y de devaluación de nuestra moneda, que incluyó la incorporación y el primer acuerdo de la Argentina con el FMI.

Luego de ese primer acuerdo de 1956, en forma permanente el FMI condicionó a los gobiernos posteriores, con dos excepciones. Una fue el gobierno del doctor Arturo Illia, en el que la Argentina creció por el impulso al mercado interno y no devaluó la moneda. Durante su mandato la obra pública fue limitada por la falta de recursos fiscales que le obligó, de hecho, a la renegociación y el pago de los vencimientos heredados de las administraciones anteriores. La otra, el gobierno del doctor Néstor Kirchner, que incluso le pagó el total de lo adeudado en enero de 2006, liberándonos de su tutoría después de 50 años.

Y es en la gestión de los Kirchner (2003-2015), primero pagando solamente la deuda performing, luego el canje de títulos de deuda de 2005 y, fundamentalmente, desde el 3 de enero de 2006, cuando el entonces Presidente canceló en un solo pago la deuda que la Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional por más de 9.800 millones de dólares, que se logra ejecutar un ambicioso plan de obra pública.

Entre los años 2003-2015 se ejecutaron obras públicas por el equivalente a 107.825 millones de dólares [iv], cifra que fue seis veces mayor que la realizada en el período 1990-2002 y tres veces superior al período 2016-2020.

Las importantes inversiones en el sistema energético pudieron satisfacer la mayor demanda por el crecimiento económico del período. Por ejemplo, las dos principales obras: Yacyretá (1.325 megavatios) y Atucha II, que estaban paralizadas desde hacía una década, se hicieron y se terminaron entre 2003-2015.

Se incluyó a 9.000.000 de argentinos en la red de agua potable y cloacas: 17.000 km de cañerías de agua; 22.000 km de cañerías de cloacas; 2.500 obras hídricas en todo el país y 2.300.000 hectáreas recuperadas.

Se repavimentaron rutas y se hicieron nuevas: 2.677 kilómetros de autovías y autopistas; 5.846 kilómetros de rutas pavimentadas; 677 obras de puentes nuevos construidos y 36.211 km de obras de mejoras (entre ellas, la ampliación de la Avenida General Paz).

Los Planes Federales de Vivienda y el Plan PRO.CRE.AR brindaron solución a 8.500.000 de personas y entregaron 457.002 viviendas.

Se construyeron 1.965 escuelas, lo que benefició a 817.000 alumnos. Se ejecutaron 230 obras en las universidades y se crearon 9 nuevas.

Se construyeron 188 obras en hospitales y centros de salud. Se crearon 3 Centros Públicos de Diagnóstico y Tratamiento por Medicina Nuclear.

Se ejecutó el Plan Más Cerca, Más Municipio, Mejor País, con 8.107 obras en ejecución en 1.682 municipios de todo el país.

Los Satélites ARSAT 1 y 2 y el Proyecto de Lanzadores Nacionales Tronador II en materia de telecomunicaciones. Se construyeron 35.000 kilómetros de fibra óptica, que permitieron incorporar a todo el país a la red. En relación con la Televisión Digital Abierta se construyeron 86 antenas digitales y se entregaron 1.572.519 decodificadores.

Se pusieron en valor iglesias, catedrales, teatros, cines y se creó el Centro Cultural Kirchner.

Y se crecía y se distribuía el ingreso en forma más que proporcional que ese fuerte incremento del producto, como lo corroboran los datos del INDEC bajo la dirección de Jorge Todesca.

Los acuerdos implícitos con el FMI y el Club de París [v], en cambio, generan un ajuste de las cuentas públicas, que es evidente de menor a mayor en la gestión de Alberto Fernández. Por ejemplo, en los primeros cinco meses de 2021, en los grandes números del presupuesto ejecutado de la Administración Nacional a mayo de 2021, se observa:

1) Los ingresos fiscales fueron superiores a lo presupuestado en la ley 27.591, empujados por la inflación (por la recaudación de los gravámenes ligados al mercado interno: IVA, Débito y Crédito bancario, Combustibles, Internos, etcétera) y el incremento en la recaudación de los derechos de exportación (retenciones) ante la devaluación de nuestra moneda que fue del 61,4% en el período 10 de diciembre de 2019 al 31 de mayo de 2021, en que el dólar fijado por el Banco de la Nación Argentina tipo vendedor pasó de $62,25 a $100,50. Y por el fuerte incremento en los precios en dólares en los mercados internacionales de la soja, del maíz y de los demás granos y productos del país en el período, más el fuerte volumen exportado.

2) Hay una reducción generalizada en el gasto público. El ajuste fue mayor en el pago de las prestaciones de la seguridad social, en las remuneraciones del personal (se trata de 338.060 agentes, de los cuales 325.617 son planta permanente y más de la mitad de ese número pertenecen a las fuerzas armadas y de seguridad) y en los intereses de la deuda (tanto en pesos como en divisas).

3) Si bien el gasto de capital aumenta levemente con respecto al año pasado, en que representó el 3,92% del gasto total de la Administración Nacional, en cambio, el acumulado a mayo 2021 es del 6,01% y sigue siendo menor a lo presupuestado (que es del 10,04% del gasto para todo el año 2021) y representa sólo el 23,66% del presupuesto para 2021, con lo que se convierte en variable de ajuste del gasto.

Resultado fiscal 2003-2020 [vi]

 

Fuente: Secretaría de Hacienda de la Nación 2020 y Cuenta de Inversión 2003-2019.

 

Sin destino

La Argentina es un país rico en recursos y en su población, que puede y tiene que capacitarse más. Debe crecer en base a su mercado interno. No tiene destino si se integra al mercado internacional vendiendo alimentos y materias primas que genera riqueza a una minoría, a costa de la mayoría de la población.

 

[i] DEG nace de una canasta de moneda de los países miembros del FMI, aproximadamente de un valor de 1,41 dólares por unidad.
[ii] “Informe de Mercado de Cambios, Deuda y Formación de Activos Externos 2015-2019”, Banco Central de la República Argentina, mayo de 2020.
[iii] En 2020 se declararon exportaciones de maíz por 37 millones de toneladas y este 2021 ascendería a 40 millones de toneladas.
[iv] En pesos, convertido a dólares al tipo de cambio promedio del BCRA.
[v] El Club de París es un conjunto de países acreedores creado en 1956 para que los Estados más solventes financien problemas de las naciones endeudadas. Actualmente los países miembros son: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Holanda, Inglaterra, Rusia, Suecia y Suiza.
[vi] Presupuesto ejecutado por devengado (Cuenta Inversión) 2003-2019 y 2020 base caja – Secretaría de Hacienda de la Nación. Inversión Financiera de 2014 incluye operatoria de títulos públicos, compra de acciones YPF a Repsol (Igual en Energía). A partir de 2004 el gasto de capital supera al pago por los intereses de la deuda. En 2010 y 2013 llega a ser el doble. Y a partir de 2017, los intereses de la deuda superan el gasto de capital.

 

Los condicionamientos de la deuda

Informe económico mensual

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En este documento trataremos de mostrar cuatro aspectos que normalmente generan fuertes alicientes macro o dan cuenta de problemas de larga data.

En principio nos interesa exponer cómo va obteniendo dólares el BCRA con el objetivo de seguir la marcha o las variaciones de las reservas y el stock de reservas brutas. Después repasaremos los precios internacionales de la soja, el trigo y el maíz, commodities o materias primas significativas en nuestras exportaciones y principales fuentes genuinas de divisas.

En el tercer punto, para completar o aumentar la confusión tomamos el precio del oro, el precio del petróleo y la tasa de interés a un año de la FED de USA. Nuestra intención era encontrar alguna explicación a las variaciones de las commodities y conjeturas sobre el futuro, pero no logramos ninguna de las dos cosas. Solo planteamos interrogantes.

En el cuarto punto, pretendimos ver donde estamos parados con indicadores importantes vinculados a la producción agropecuaria, pero siempre referidos a los tres granos.

Las explicaciones se adjuntan con cada gráfico, ya que los mismos consideran un período de tiempo prolongado, no son simples de visualizar y analizar: reúnen una tupida información.

Las variables son las siguientes: las primeras cinco (se excluye la primera de la lista) revelan las modificaciones a las Reservas Internacionales:

«Variaciones de las reservas brutas del BCRA».

«Compras de divisas – dólares».

«Operaciones con organismos internacionales».

«Otras operaciones del sector público».

«Efectivo mínimo -proviene de las entidades financieras en el BCRA-«.

«Otros (incluyes pases pasivos en dólares con el exterior  y valuación del tipo de cambio)».

«Cobros de dólares provenientes de Oleaginosas y Cereales»,  tal como surge del Balance Cambiario.

Índices con los precios del Oro, Petróleo y Tasa de Interés de la Reserva Federal de USA.

Producción anual en toneladas de soja, maíz y trigo.

Para ponerles un poco de color a estos temas tan serios, recurrimos, tal cual es nuestra costumbre, al humor rosarino. En este caso confluimos en un breve cuento de Fontanarrosa: «Viejo con árbol», porque muchas de las discusiones sobre los precios y los factores están descriptos en esta narración, aunque usando la excusa de un partido de fútbol barrial: «Y vea usted a ese delantero… —señaló ahora el viejo, casi metiéndose en la cancha, algo más alterado— …ese delantero de ellos que se revuelca por el suelo como si lo hubiese picado una tarántula, mesándose exageradamente los cabellos, distorsionando el rostro, bramando falsamente de dolor, reclamando histriónicamente justicia… Bueno… Eso, eso es el teatro». No lo agrega Fontanarrosa, pero podría haberlo hecho. Algunas discusiones en los mercados internacionales son así, incluyendo también el cierre del cuento, pero en varios idiomas.

 

Informe economico mensual

Temas de política sanitaria 6

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  • La reinstalación de la reforma del sector salud como tema de agenda política: Tal es la centralidad política de Cristina Fernández de Kirchner, que bastaron un par de minutos de su alocución durante un acto celebrado en la puerta del Hospital de Niños de La Plata, para alborotar el avispero y reinstalar como tema de discusión una eventual reforma del sector salud argentino. De inmediato, diversos actores protagónicos del sector salieron a expresar anticipos de su posturas o puntos de vista en relación al tema. Así, una parte importante del subsector privado, tanto financiador como prestador, encabezado por el titular de Swiss Medical, Claudio Belocopitt ya señaló su oposición, al menos a lo que ellos interpretan que tal planteo implica. Otro tanto, si bien de manera oficiosa e inorgánica, trascendió respecto del campo sindical; con sus más y sus menos, los pocos dirigentes gremiales que se pronunciaron, dejaron claro que le dan la bienvenida a cualquier proyecto de reforma siempre y cuando éste no afecte a sus obras sociales. De todas formas, el más ruidoso de los silencios fué el de las autoridades provinciales, salvo las autoridades de salud bonaerenses, nadie dijo nada. En verdad, no necesitan expresar ninguna opinión, el precepto constitucional de las facultades no delegadas por las provincias en el gobierno nacional, las pone a cubierto de cualquier iniciativa en materia de salud, educación y otros temas directamente vinculados con las autonomías provinciales, con los que no acuerden.
  • ¿Qué promueve Cristina?: La Vicepresidenta se ha referido a la necesidad de discutir los mecanismos para modificar el actual estado de cosas del sistema de salud, en aras de su mejora y optimización, a fin de tornarlo más eficaz y justo socialmente; esto es, facilitando la accesibilidad y oportunidad de las prestaciones asistenciales a los sectores más humildes. Éstos, están hoy sumamente desfavorecidos por los notorios grados de desigualdad e injusticia social que se registran en esta cuestión, tanto en materia de accesibilidad y oportunidad, como de integralidad y calidad de los servicios que reciben. Así las cosas, corresponde señalar que nadie bien nacido podría oponerse a estas enaltecedoras intenciones. Ahora bien, dada por buena y sana la pretensión, correspondería analizar la naturaleza de los cambios que resultarían inherentes a tales efectos, las dificultades y obstáculos que se deberían superar, las factibilidades económica, jurídica e institucionales, y la viabilidad política de las acciones necesarias para su implementación, si es que tal cosa fuera posible. Dado que por su magnitud esa tarea excede largamente la índole de este informe de situación, será abordada próximamente en un artículo específicamente dedicado al tema.
  • La evolución de la lucha contra la pandemia: Continúan siendo muy elevadas las cifras de contagios, de internaciones y de muertes, si bien paulatinamente se va consolidando una gradual tendencia a la baja. Esto se nota particularmente en la providencial disminución por goteo en la presión de demanda sobre las camas de terapia intensiva, sobre todo en la región metropolitana, de Capital Federal y el Gran Buenos Aires, alivio que en los últimos días también comenzó a percibirse en Córdoba y Santa Fe. Esta incipiente mejora, que permite avizorar una probable aceleración de la disminución de la curva de contagios, casos, internaciones y muertes, es producto de la congruencia virtuosa de las restricciones impuestas las últimas semanas, combinadas con una campaña de vacunación que va exhibiendo cifras cada vez más robustas (ver punto 4). Ello no obstante, debe tenerse suma prudencia, aún con ese horizonte promisorio, la República Argentina en alrededor de un mes o pocos días más, quebrará y superará la “barrera” de los 100.000 fallecidos por la COVID 19, siendo muy probable que la cifra final de muertes oscile alrededor de los 120.000/130.000 para cuando culmine la campaña de vacunación, probablemente para septiembre/octubre del 2021 si no ocurren imprevistos. Es decir, coincidiendo temporalmente con la campaña electoral. Luego, es harto probable que buena parte de la querella discursiva a plantear por parte de la oposición de derecha, pase justamente por exacerbar el infortunio de aquellas muertes, para tratar de teñir como tragedia y fracaso, aquello que desde el campo nacional y popular legítimamente puede vivirse como un éxito. Obviamente, esta consideración se efectúa en relación a la campaña de vacunación. La mortalidad en términos comparativos, muestra y mostrará a nuestro país integrando un abigarrado pelotón de naciones con cifras más o menos similares (EEUU, Reino Unido, Italia, Francia, México, Colombia y Uruguay, entre otros). Por lo tanto, si algo resulta claro, es que en relación a las políticas implementadas por el gobierno nacional para afrontar la pandemia, no se le pueden endilgar calificativos muy diferentes de aquellos que se utilicen para con esos países. Luego, viendo las naciones involucradas, va de suyo que, genéricamente hablando, no hay grandes cuestiones que señalar; Argentina corrió la misma suerte que muchos otros estados en los que a nadie se le ocurriría sensatamente defenestrar a sus gobiernos por el enfoque ante la pandemia. Esta cuestión habrá que tenerla muy presente en las charlas y discusiones políticas, pues por ahí tratará de pasar la cizaña amariya. Está muy claro que todo podría haber sido muchísimo peor, como lo acreditan las tremendas cifras de fallecimientos en Brasil, Perú y Hungría, naciones devastadas por la peste. En conclusión, y en relación a esta jineteada electoral, si todo marcha como es previsible, puede anticiparse que el gobierno está logrando amansar uno de los dos potros cimarrones –la pandemia-mediante la acertada campaña de vacunación. El otro bagual, –la inflación-, continúa bellaqueando en la pista. En el éxito de su doma, se juegan muchas cosas del futuro de la patria y el pueblo gauchos.

 

  • Datos de la campaña de vacunación: Al cierre de este informe y al corte de las 18:00- horas del día de la fecha (lunes 21/06/2021) del Monitor Público de Vacunación del Ministerio de Salud de la Nación, y del Centro de datos de Coronavirus de la Universidad John Hopkins, la última actualización arroja que:
  • Población Argentina: 45.000.000-
  • Población de riesgo inicialmente considerada: 12.500.000-
  • Población de riesgo ampliada: 15.000.000-
  • Población elegible para vacunación (mayores de 18 años): 32.500.000-
  • Dosis aplicadas globales (Mundo): 2.647.610.113-
  • Dosis aplicadas totales en Argentina: 18.331.339-
  • Proporción población Argentina/Mundo: 0,6% (45.000.000/7.500.000.000 x 100)
  • Proporción dosis aplicadas Argentina/Mundo: 0,692%
  • Dosis recibidas en Rep. Argentina: 22.584.145-
  • Dosis distribuidas a las provincias: 20.630.190-
  • Dosis distribuidas pendientes de aplicación: 2.298.851-
  • Dosis recibidas pendientes de distribución: 953.955-
  • Dosis pendientes totales: 4.252.806-
  • Personas inmunizadas (con 1 o las 2 dosis): 14.619.754- (32,488% pob. arg.)
  • Personas que recibieron la 1° dosis: 14.619.754- (32,488% pob. arg.)-
  • Personas que recibieron solo la 1° dosis: 10.908.169- (24,24% pob. arg.)-
  • Personas que recibieron 1° y 2° dosis: 3.711.585-(8,247% pob. arg.)-
  • Proporción de población inmunizada sobre primer población objetivo: (14.619.754/12.500.000 x 100 = 116,958%-)(amp./15.000.000 = 97,465%)
  • Proporción de población completamente inmunizada sobre primer pob. obj. (las 2 dosis): 3.711.585/12.500.000 = 29,692%- (amp./15.000.000 = 24,744%)
  • Proporción de población parcialmente inmunizada sobre primer población objetivo (1 dosis): 10.908.169/12.500.000 = 87,26%- (amp./15.000.000=72,72%)
  • Proporción de población inmunizada sobre población elegible: (14.619.754/32.500.000) = 44,983%-

La salida de la crisis del COVID: ¿Qué ocurre con los agentes económicos?

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El Gobierno ha afrontado la pandemia con un Estado quebrado por el sobreendeudamiento que legó el macrismo. No obstante, logró impedir un colapso del sistema de salud y una oleada de hambre por las restricciones que el virus le impone a la actividad. Trabajosamente, ha logrado inocular más de 17 millones de dosis y pronostica un avance más veloz en la cobertura de la totalidad de la población en los próximos meses.

Las perspectivas para la primavera son de superación del impacto que provocó la “segunda ola” del Covid-19 y la recuperación firme de la economía por la normalización de la producción y el consumo.

deuda bruta Argentina.

Deuda bruta de Argentina: Fuente: Secretaría de Finanzas.

 

La posibilidad cierta que el Gobierno supere la tragedia del virus global y clausure además la crisis autoinfligida por la gestión de Macri, ha disparado el aumento de la virulencia, ya intensa, de la oposición.

Sin embargo, se advierte cierto desplazamiento desde el terreno político-sanitario hacia la economía.

La designación, no sin tensiones, de Daniel Funes de Rioja al frente de la Unión Industrial Argentina no perfila una señal conciliadora hacia el Gobierno, en un marco de cierta tensión inflacionaria. Funes de Rioja es el actual presidente de la Coordinadora de Productores de Alimentos (CopAl), rubro que más ha incidido en la suba de precios desde que asumió el gobierno de la coalición peronista, tal como lo refleja el cuadro siguiente:

           Canasta Básica Alimentaria-Hogar de 4                                     Integrantes

                   Cifras en $ – diciembre 2019 = base 100

 

La disputa del poder

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La Argentina supo tener un rumbo, un modelo económico y social que le permitió crecer desde junio de 1943 hasta junio de 1975 a una tasa del 3,4% anual, que duplicaba la tasa de aumento vegetativo de la población. Por ende, los niveles de desocupación, en promedio, no superaban el 4% anual y se iba formando un tejido social e industrial importante. En 1974 la Argentina era el país del continente americano más integrado, donde menos diferencia había entre los más ricos y los más pobres. Se había generado una matriz productiva que había aprendido de sí misma. Para 1970 se había comenzado a compensar las importaciones industriales con la venta al exterior de casimires, caños sin costura, acero y, en 1973, se obligó a las empresas automotrices radicadas en el país a vender vehículos y repuestos al mundo socialista. Por lo que el modelo no sólo no estaba agotado, sino que empezaba a fortalecerse en un salto cualitativo en la producción industrial.

El Modelo ISI (Industrias Sustituidoras de Importaciones) sobrevivió hasta 1976, cuando la dictadura militar desindustrializó imponiendo un modelo extractivista agropecuario-exportador y se valió para ello de la deuda externa.

La deuda externa y la extranjerización y concentración económica en nuestro país imponen una matriz extractivista, agropecuaria-exportadora, por la cual no se desarrollan industrias que sustituyan importaciones, no se genera trabajo y no se integra la sociedad. Al contrario, se subordina toda la economía a satisfacer la demanda del exterior y el sector externo refleja claramente esa situación.

En un marco en que el objetivo es garantizar el superávit comercial para financiar básicamente el pago de una deuda externa con fuertes vencimientos –que obligan a reprogramar los mismos en un estado de negociación permanente– el gobierno ofrece, en primer término, que las exportaciones (a como dé lugar) superen a las importaciones y, a la vez, que el déficit fiscal primario sea el menor posible para no agravar el endeudamiento.

Esto implica un brutal ajuste de la economía nacional: debe exportarse lo que sea, sin miramientos y sin importar cómo afecta al consumo interno. Un ejemplo claro de esta situación lo constituyen las exportaciones declaradas de 37 millones de toneladas de granos de maíz en 2020 y su impacto sobre los precios de la carne aviar y porcina –y hasta sobre la bovina– en el mercado local, que incluso continúa este año en que las exportaciones de granos de maíz se acercarían a 40 millones de toneladas.

La principal pregunta es por qué debemos exportar a cualquier costo y reducir el consumo interno para aumentar los saldos exportables de alimentos y materias primas (que es lo que básicamente vendemos) y por qué no se investiga cómo y quiénes generaron esa deuda.

Es inaudito el nivel de endeudamiento cuando la Argentina ha tenido un comercio exterior superavitario en todo lo que va de este siglo XXI. En efecto, sumando desde el año 2000 hasta abril de 2021, se acumula un superávit comercial de 175.000 millones de dólares. Máxime que en los años 2005 y 2010 se realizó una exitosa conversión de títulos de deuda, disminuyéndola sensiblemente y reescalonando sus pago y, sin embargo, con el gobierno de Mauricio Macri la deuda se acrecentó en más de 100.000 millones de dólares. Con esa deuda no se hicieron obras de infraestructura y se fugaron –según estudios del Banco Central de la República Argentina (BCRA)– 86.200 millones de dólares. Es más, los cien primeros fugadores lo hicieron por 24.679 millones de dólares en cuatro años [i] y a ninguno de ellos se lo investiga.

En ese contexto, se genera una fuerte disputa en la cúpula del poder económico en la Argentina.

Por un lado, se encuentra el sector extractivista y agropecuario-exportador –este último nucleado en el CAA (Consejo Agroindustrial Argentino)–, que son los que obtienen las divisas del exterior y los que necesitan de una devaluación permanente de nuestra moneda para reducir los costos internos (y aumentar sus beneficios y rentas). El hecho de obtener divisas les confiere un rol estratégico en la sociedad. El CAA se conformó en julio de 2020 con más de 40 cámaras y entidades como CONINAGRO (Confederación Intercooperativa Agropecuaria), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y Federación Agraria Argentina (FAA). Tiene asociados y sectores diversos que contemplan prácticamente todos los integrantes de las cadenas de valor agropecuarias: los productores de carne avícola, vacuna y porcina; las industrias y cámaras ligadas a la producción de soja, maíz, trigo, arroz, maní, algodón, madera y pesca, entre otros; y las empresas exportadoras nucleadas en el Centro de Exportadores de Cereales (CEC, donde participan Aceitera General Deheza, COFCO, Cargill, Glencore, Bunge, Louis Dreyfus, etc.). A ellos se suman las bolsas de cereales y acopiadores de todo el país, uniendo productores, acopiadores, comercializadores, industriales, biocombustibles y exportadores.

Del otro lado de la cúspide empresaria del país se encuentra el viejo CEA (Consejo Empresarial Argentino), que luego se autodenominó AEA (Asociación Empresarial Argentina). El CEA fue creado en el seno de IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina) en 1967 en apoyo al ministro de la dictadura de Juan Carlos Onganía, Adalbert Krieger Vasena. Su presidente, hasta el 24 de marzo de 1976, fue José Alfredo Martínez de Hoz y como tal propició el acuerdo “APEGE” que hizo el lock-out (paro patronal) en febrero de ese año como antesala del golpe militar. Luego asumió como superministro de la dictadura de Jorge Rafael Videla. Desde 2002, el CEA se fusionó con la Fundación Invertir, conformando la Asociación Empresarial Argentina (AEA), como se la conoce hoy. Está presidida por un hombre ligado a la embajada de Estados Unidos y, como tal, principal convocante para conmemorar los 4 de julio, Jaime Campos. Sus principales directivos y vicepresidentes son Luis Pagani (Arcor), Paolo Rocca (Techint), Héctor Magnetto (Clarín), Cristiano Ratazzi (FIAT), Alfredo Coto (supermercados Coto) y Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó), titulares de empresas que están atadas fundamentalmente al mercado interno.

Ambos bandos presionan al Estado nacional para que adopte decisiones a su exclusivo favor. La reunión del pasado martes de la UIA (Unión Industrial Argentina) –hoy recapturada por AEA– con el Ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas y el Presidente del BCRA, Miguel Pesce, nos exime de mayores comentarios y pruebas. Le pidieron, muy puestos en razón, un mecanismo de acceso a divisas de libre disponibilidad para exportadores y manifestaron “la importancia de continuar con la agenda de trabajo entre la UIA y el BCRA para el diseño de instrumentos de crédito accesibles, tanto para capital de trabajo como para la inversión».

Ambos sectores (CAA y AEA) se endeudaron y traspasaron esa deuda al Estado como han hecho en los años 1982-83 y en 2002. Durante el gobierno de Cambiemos compraron dólares al BCRA para fugar y el gobierno no atina a investigar cómo hicieron para comprar tal cantidad de divisas en cuatro años, cuando no declararon ganancias en sus empresas por esa magnitud.

A esas dos grandes fracciones del empresariado local hay que sumarle el capital financiero, cada vez más extranjerizado, con BlackRock con participación en los bancos españoles (Santander y BBVA) y en los supuestamente privados nacionales Galicia y Macro. Además, hay que considerar a los bancos extranjeros que operan en el país (Citi, HSBC, ICBC, Patagonia). Más la deuda interna (títulos en pesos) que tiene, entre otros, a PIMCO y a Franklin Templeton como sus poseedores, que no saben cómo salir de esas tenencias sin producir una fuerte caída en sus precios (que si malvenden los perjudica). Más la deuda externa y la presión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Club de París.

Entre la presión de los acreedores externos y los “que fugaron” para que acordemos y paguemos lo que no se puede pagar, deambulan Alberto Fernández y su equipo.

El gobierno sólo atina a cumplir formalmente con todos. Por ejemplo, frena planes sociales y el gasto público en medio de la segunda ola de Covid-19 para no superar el déficit fiscal presupuestado, pese a que la inflación va a ser mayor que la estimada del 29% para todo el año 2021. Paralelamente, su política monetaria no genera créditos para la producción, el trabajo y el consumo. El total del crédito al sector privado (tanto en pesos como en divisas) convertido todo a pesos es de 3,5 billones, el 11% del producto interno bruto (PIB) –un 5% corresponde a créditos personales y el 6% restante a empresas– y es el más bajo de toda la historia monetaria desde que se creó el BCRA en 1933. Sin embargo, el mismo BCRA capta letras (LELIQs) y Pases Pasivos de los bancos por una suma mayor (3,6 billones de pesos). El BCRA capta más recursos que todo el sector privado.

 

 

Los acuerdos en la disputa

Mientras en la cúpula económica se dirime en una feroz interna cómo sigue la economía del país, los tres sectores (CAA; AEA; y los grandes bancos privados que operan en el país) coinciden fundamentalmente en dos cosas:

  1. Que la deuda externa no se debe investigar y que la debe pagar el pueblo argentino como lo sostuvo el Presidente Nicolás Avellaneda: “Millones de argentinos que economizarán hasta sobre su hambre y su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros”.
  2. En que el Estado no intervenga en el río Paraná, como dice Mempo Giardinelli: “Es sabido que el Paraná es uno de los más importantes ríos del mundo y la segunda cuenca sudamericana en extensión después del Amazonas. Además es fabulosa y no siempre tenida en cuenta, la recepción de aguas de grandes ríos sur continentales, como el sistema Paraná brasileño-Iguazú, el Pilcomayo, el Bermejo y la cuenca central que forman los cordobeses ríos Tercero y Cuarto y el Carcarañá santafesino. Todo esto está en riesgo porque desde la sojización de la agricultura en los últimos 20 años se han talado millones de hectáreas de bosques nativos y sus consecuencias ecológicas son brutales. Se ha expulsado a millones de personas que trabajaban los campos, se han vaciado pueblos enteros, se tienen desmesuradas tasas de cáncer per cápita y encima se ha deteriorado el control en todos los órdenes. Y todo por el Estado Idiota que hoy tenemos, que más allá del incesante esfuerzo de trabajadores y técnicos prácticamente no controla nada”.

 

 

Propuesta

Es obvio que la verdadera defensa del pueblo argentino pasa exactamente por el camino inverso:

  1. Se debe impulsar la investigación sobre los grandes compradores de divisas (y entre tanto suspender todo pago al FMI y al Club de París); aumentar los derechos de exportación (retenciones); poner “cupos de exportación” priorizando el mercado interno; y dejar de devaluar nuestra moneda. Con el mayor ingreso por las retenciones y el menor pago de los intereses de la deuda, el Estado debe impulsar la construcción de vivienda y de obras públicas –que no requieren importaciones de ningún tipo– y aumentar los salarios, jubilaciones y pensiones que depende del Estado. De ese modo, la Argentina volverá a crecer en forma sostenida y consistente.
  2. Derogar el Decreto 949/2020 que licita nuevamente el dragado del río Paraná y que vuelva a ser administrado por el Estado.

Todo otro camino es una concesión al poder económico que se paga con desocupación y bajos salarios. La pobreza de la mitad de nuestra población así lo demuestra.

 

[i] “Formación de activos externos 2015-2019”, Informe del BCRA del 14 de mayo de 2020.

 

La disputa del poder

 

La crisis mundial a la vista de todos

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Si analizamos el último mes, comprendido entre el 12 de mayo y el 12 de junio, podemos señalar el 12 de mayo una baja generalizada de 1,3% para el Dow Jones, 1,6% del S&P500 1,6% y 2,2% del Nasdaq (el de mayor baja), luego que la inflación de Estados Unidos en el primer trimestre 2021, superior a lo previsto, reavivara el temor por un aumento de las tasas de interés de la Fed antes de lo esperado, porque de esa manera se reduciría la valorización de las acciones, sobre todo las tecnológicas, pero también las alzas puramente especulativas. La suba de precios en Estados Unidos está acompañada por igual fenómeno en el mundo, ya que el gasto fiscal para sostener la actividad económica, aunque más moderado, también está presente en Europa y en el primer trimestre los precios al consumidor mundiales tuvieron su mayor aumento en 12 años (0,8%, frente al 0,2% que esperaba el mercado) y en todo 2021 podrían llegar a 2,7%, contra el 1.1% de 2020.

Sin embargo, el 13 de mayo las acciones volvían a subir, también encabezadas por las tecnológicas, ante el indicio de que la economía estaba creciendo, porque en la primera semana completa de mayo menos personas pedían subsidios por desempleo, un dato que sigue de cerca la Fed, que hasta ahora aseguró que no subiría sus tasas de largo plazo –referencia decisiva para el mercado- hasta que no volviera el pleno empleo, y -mientras no se llegara a ese punto- la suba de precios, más que una expresión inflacionaria, era considerada un indicio de faltantes de oferta por las restricciones propias de la recesión, que necesariamente debían superarse.

La verdad es que nadie termina de entender lo que está pasando, pues mientras la Fed consigue los votos necesarios para sostener que la inflación es pasajera y no adopta medidas para contenerla, la suba de precios sigue, es general y no demasiado reciente. En cuanto al continuo sube y baja pronunciado de los mercados, es una característica de larga data que toma la forma de continuas burbujas condenadas a desinflarse que, de tiempo en tiempo, culminan en una gran pinchadura, como sucedió en 2008, desatando la presente crisis financiera de la que no hemos salido y en que las subas se sostienen cada vez más por la ayuda fiscal a las empresas, que hasta ahora sólo han recreado las burbujas y sus pinchaduras.

Encima, entre las criptomonedas, el bitcoin se estabilizaba alrededor de 50.800 dóls tras perder 13% después de que Elon Musk anunciara que Tesla dejará de aceptarlo como medio de pago por la gran cantidad de combustibles fósiles que emplea en sus labores de «minería«, la baja se trasladó transitoriamente a metales y a productos del agro, y Jeremy Gatto, de Unigestion, reconoció que «las presiones inflacionarias van a seguir subiendo y no van a ser temporales», pero la Fed no redujo la compra de bonos y seguía afirmando que se trata de un fenómeno temporario, causado sobre todo por la escasez de semiconductores y el éxito de la vacunación contra el covid, que impulsa el rápido crecimiento. Lo primero sería porque faltan chips, la mayor demanda no encuentra todavía suficiente producción y los precios suben, pero que en los próximos meses se reacomodará la cadena de valor. Warren Buffet, uno de los mayores inversores internacionales, no tiene la misma opinión: dijo que los precios suben en todos los rubros y los mayores costos se pasan al consumidor final.

La respuesta de los monetaristas se asienta exclusivamente en la credibilidad del régimen monetario; sólo así admiten que la política económica se centre en el crecimiento, porque de esa manera las expectativas inflacionarias de largo plazo no pasarían de 2%, el máximo coincidente con una tasa de interés para los bonos del Tesoro a diez años, que marca ese límite, pero no con una economía que va a crecer 10% el segundo trimestre, y por eso la Fed admitió que rendiría cuentas todos los meses, mientras persista la inquietud.

Apenas cinco días después, el 17 de mayo, el precio del oro alcanzaba 1.866 dóls/onza, máximo de tres meses y medio, por una caída de los rendimientos de los bonos estadounidenses por temor a la inflación, a lo que se le agregaron las flojas ventas minoristas. Esto muestra la inquietud de los mercados porque los estímulos del gobierno y el aumento general de los precios amenazan con un sobrecalentamiento y un freno repentino, sin oportunidad de ajustar las inversiones, mientras los precios al por mayor de abril en Japón aumentaban al ritmo más rápido en seis años y medio.

En Estados Unidos, tras llegar a un máximo de seis semanas de 1,70%, los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años estaban en 1,60%, pero esta baja, provocada ahora por las ventas de los inversores, mostraba que en el fondo éstos no confiaban del todo en los argumentos de la Fed, de que sólo si tuvieran que llegar a ofrecerse al 2% para asegurar mayores compras, sería peligrosa la amenaza de inflación. Y  la caída de los bonos del Tesoro, combinada con las preocupaciones por la inflación que elevó el precio del oro a un máximo de tres meses antes de retroceder, fue seguido también por la baja del petróleo, aunque dentro de sus máximos próximos a 70 dóls/barril.

Así que el mercado empezaba a preguntarse si la inflación no sería la respuesta al megapaquete fiscal, ya que un año antes todavía los precios estaban estables o en leve baja. Y quienes piensan que el Bitcoin puede ser un refugio de valor (como el analista Miguel Boggiano) se encuentran con una baja espectacular y el oro tampoco parece seguro  porque si suben las tasas de interés por el alza de los precios, no conviene el oro sino las tasas, y si los precios suben más que las tasas es mejor el oro, y las criptomonedas plantean dudas tan grandes o mayores que las otras, que agudizan aún más la especulación.

El mismo día que se conoció la inflación de abril, hubo una subasta de bonos a diez años sin suba de tasas. Si bien estos bonos no subieron, no tienen ninguna protección frente a una alta inflación persistente, pero los mercados siguen a la Fed, quizá porque no saben qué hacer ante un escenario ininteligible, en el que las acciones parecen mejores porque si hay crecimiento van a subir, aunque haya dudas a qué rubros apostar. En cuanto a la demanda, no es menos incierta: las ventas minoristas subieron mucho en marzo, en abril se frenaron y en mayo volvieron a subir.

La búsqueda de indicios se centra en encontrar alguna señal de tapering, que es el retiro paulatino de la Fed del gasto fiscal que tiene lugar con menos compras de bonos del Tesoro, que son los de la deuda pública, porque al bajar las compras la Fed estaría viendo que si no afloja el gasto crece la inflación, y la baja suele hacerse de a poco porque si se hace de golpe el mercado entra en crisis, pero la Fed seguía imperturbable. Claro que los que apoyan plenamente a su presidente Jerome Powell no son mayoría. La mayoría es de los indecisos, que no se oponen porque tampoco saben qué hacer y sí, en cambio, hay una minoría que pide empezar a discutir un plan alternativo para ir bajando la compra de activos, pero que tampoco insisten demasiado, quizá porque son minoría.

También habría que aclarar que una inflación moderada siempre acompaña al crecimiento, por la sencilla razón de que si suben los precios y los sindicatos discuten sus salarios, lo harán bastante después que los precios subieron, y en una economía muy grande ya es una enorme ganancia anticipada; y cuando la ganancia del capital es en gran medida por acumulación en medio  de continuas burbujas, el alza de los precios pone en peligro también la ganancia especulativa.

Respecto a las ganancias especulativas, Jorge Herrera en Ámbito Financiero del 30/5 último (Inversiones: ¿qué están haciendo los grandes fondos de Wall Street?) informó que Goldman Sachs, uno de los grandes bancos de inversión mundiales, examinó las carteras de más de 800 grandes fondos de inversión, que “muestra que están cambiando a acciones de Valor después de alejarse bruscamente de Crecimiento”, lo que significa que cada  vez menos se apuesta a acciones de crecimiento continuado, sino a las que se valorizan seguro, como las tecnológicas, aunque también suban y bajen, y –esto es muy importante- a las que se valorizan de manera especulativa, una valoración temporaria o cíclica, que está adquiriendo mayor peso que la dirigida a activos vinculados al crecimiento. Goldman Sachs completó su información diciendo que “las acciones más negociadas por los minoristas seguirán volátiles, por los vaivenes del bitcoin”, o sea con minoristas muy pegados al bitcoin, que no valen nada y donde la valoración del mercado no es excesiva sino completa.  

Lo que sucede en China es diferente. Allí también los precios de las acciones suben pero sin alzas y bajas pronunciadas permanentes y por lo tanto más próximo a los márgenes habituales, pero el gobierno fulminó a las criptomonedas para que no las compren las empresas y –aunque no lo dijo- para que no se queden con ellas cuando ya no valgan nada, pero resguardó la posibilidad de una criptomoneda del Estado, sin duda porque tiene confianza en que, con ella, el Estado use su información para juntar valor mientras pueda hacerlo para desprenderse antes de que lo pierda.

Después de pasar revista a la expresión visible de la crisis por lo que dicen los diarios, ya que la mayoría de los datos está tomado de notas de Ámbito Financiero (aquí miré muchos datos aportados por José Siaba Serrate, aparte de lo mencionado más abajo de Miguel Boggiano), que con BAE y El Economista son los medios locales de mejor información económica, intentaremos una explicación que sirva para discutir situaciones que antes -en los mercados capitalistas tradicionales- eran excepcionales y que ahora se han vuelto permanentes: las burbujas y sus pinchaduras, que de muy espaciadas y menos contundentes, se aceleraron y profundizaron en los últimos treinta años.

1) Los activos financieros y las criptomonedas son los instrumentos más aptos para especular. El valor de un producto es resultado de su costo de producción, en el que interviene el capital integrado por los elementos que lo constituyen, como las materias primas, insumos y las máquinas, esenciales para la producción en gran escala, y en las que se asienta lo fundamental del empleo de tecnología. Estos elementos transfieren su valor al nuevo producto, y en el caso de las máquinas lo hacen solo en la magnitud en que se amortizan o en que transmiten su valor al nuevo producto porque su uso va más allá de un período. A eso se agrega el capital empleado en salarios, que transmite su valor al nuevo producto, aunque en mayor proporción a su costo, porque es la única parte del capital que en el proceso de producción se expresa como fuerza viva de trabajo, y por eso fue el principal componente de la ganancia en el capitalismo tradicional.

Una vez terminados, los nuevos productos van al mercado para ser vendidos, pero el precio puede ser mayor o menor al valor, aunque se fijará alrededor de éste. La venta puede tener lugar a un precio mayor cuando en el mercado hay escasez y el empresario aprovecha la mayor demanda para subir su precio, lo mismo que, como sucede habitualmente en la Argentina, hay una continua remarcación de precios que también se hace a costa de los ingresos salariales en una instancia posterior al proceso de producción o contra el ingreso de otros capitalistas o pequeños productores, es decir, agregando un componente especulativo a la ganancia habitual por el fuerte papel de referencia del dólar: y así como quienes disponen de excedentes líquidos buscan dolarizar, los precios se fijan en función del dólar, o sea, no al costo en pesos de la mayor parte de sus componentes, sino al precio derivado de la cotización del dólar. Y no de su cotización presente sino de sus precios futuros estimados; por eso esta práctica especulativa propia de la Argentina lleva a una inflación abrumadora y difícil de contener.

Sin embargo, en la crisis, hay una práctica especulativa mucho más generalizada, y más aún en los mercados de gran envergadura. Una de las características del mercado es la especulación, porque la producción puede venderse a precios por encima o por debajo de su valor, y como estos precios se mueven continuamente en las acciones de las empresas que cotizan en bolsa o en los activos financieros, la ganancia obtenida con esas diferencias, siempre en detrimento de quienes sufrieron las bajas, son ganancias especulativas. Cuando hay una crisis económica porque baja el crecimiento, caen los ingresos y las ganancias por la menor producción y el capital en general, y las empresas lo compensan con sus ganancias especulativas.

El capital proviene de una mercancía que se puede comprar y vender en el mercado, y se transforma en un capital físico si se emplea como inversión y da lugar a una ganancia. Las acciones, títulos que representan el capital de una sociedad y que dan a los capitalistas el derecho a percibir ganancias en proporción a su parte en el capital total, son el mayor activo financiero. También el crédito se traduce en documentos que garantizan el préstamo y su derecho a intereses a quién prestó; constituyen una obligación para los deudores y representan una garantía para la devolución de su inversión en caso de que su emisor no cumpla con los pagos a los que se comprometió. Ese compromiso incluye la devolución del capital prestado en cuotas, su amortización a lo largo del tiempo, y el interés es una remuneración por el préstamo, y quien emite esa deuda puede ser una persona, una empresa o el gobierno. Por eso los activos financieros pueden servir a las empresas para invertir sus excedentes y a las personas para invertir sus ahorros, como sucede con los depósitos bancarios a un plazo determinado.

A medida que se desarrolla el capitalismo se amplían los instrumentos de crédito y la complejidad de los mercados en que se negocian los activos financieros. En el mercado primario se negocian por primera vez los títulos de nueva emisión y se llama mercado secundario a aquel en que se intercambian los títulos una vez que se emitieron, porque su tenedor puede venderlo antes de su vencimiento, y esta vez lo hace según su oferta y demanda, al precio que dicta el mercado secundario, aunque el lugar de la transacción sea el mismo: los mercados bursátiles. Cuanto mayor es el riesgo, mayor es la rentabilidad de un título. Por eso el bono del Tesoro estadounidense a 10 años suele ser la gran referencia del inversor internacional, porque es considerado el más seguro, y como la rentabilidad de los bonos está determinada de antemano (por eso de los llama de renta fija, mientras que las acciones son de renta variable) salvo una cláusula en contrario, los inversores se fijan en la evolución del bono del Tesoro o en la inflación, para comprar o vender según esos indicios. Y por eso para los inversores la mejor política es que desaparezca el déficit fiscal por gasto público, así pueden cobrar sin problemas sus bonos.

Habiendo llegado a los activos financieros, que son derivados de la moneda, podemos volver a la moneda. Las monedas y billetes, como el peso argentino o el dólar estadounidense, son también títulos de deuda, porque en sí mismos no son un activo físico con valor propio. Al estar emitidos por el banco central del país (el BCRA en la Argentina y la Reserva Federal o Fed en Estados Unidos) su valor está respaldado por oro o por divisas que son las monedas más fuertes por su capacidad competitiva o por títulos muy seguros, como los bonos gubernamentales de países con monedas divisa o convertibles. Por eso, a medida que el mercado financiero se complica y crecen los riesgos, cada vez más los inversores miran el respaldo de las monedas, que son sus reservas. Y hay activos financieros que ya no se representan por títulos sino por anotaciones contables, como sucede con las cuentas bancarias y esta tendencia se está generalizando, al punto que cada vez más se emplean tarjetas bancarias en vez de billetes para los pagos, y lo impulsan los bancos que así disponen de mayor liquidez en sus manos y mayor poder de compra.

Las criptomonedas no tienen valor y no son ni siquiera un activo financiero. Nouriel Roubini, quien cobró relevancia por haber anticipado la crisis internacional de 2008, afirmó enfáticamente que las criptomonedas no pueden ser una nueva forma de moneda, porque no pueden servir como unidad de cuenta, ni medio de pago, ni depósito estable de valor ni como referencia para comparar con otros instrumentos financieros, y que su aumento del precio de los últimos años es una burbuja, aunque no representan tampoco ningún tipo de activo financiero.

2) Sobrevaloración financiera y burbujas. Una burbuja tiene lugar cuando el precio de un activo sobrepasa en mucho su valor original a partir de la valoración del mercado. Los más aptos para una sobrevaloración extrema son los activos financieros, porque como generalmente representan un derecho que da acceso a una ganancia futura, los motivos que pueden elevar esa ganancia son objeto de especulación del mercado, y como las expectativas no son tangibles, se pueden exagerar y situarse muy por encima de su valor fundamental. Las teorías más afines al mercado niegan que el valor pueda conocerse antes de la transacción y que sólo está puede estar dado por la oferta y la demanda. Sin embargo, una mercancía lo es antes de llegar al mercado, sino no se produciría, es decir, que tiene un valor intrínseco que se deduce del costo de producción más su rentabilidad, y el mercado –a través de la oferta y la demanda- le dará un precio que puede exceder o ser menor a su valor, pero que no podrá menos que situarse alrededor del mismo. Las expectativas son inseguras aunque se toman como ciertas, pues se establecen suponiendo que el precio futuro que fije el mercado también será el que terminará prevaleciendo.

La sobrevalorización financiera puede ser excesiva si ha crecido a lo largo del tiempo y finalmente no se cumple. En ese caso, cada tanto, la burbuja falsa revienta y se revela inconsistente, pero no por eso impidió la ganancia del que fue propietario de un activo financiero sobrevaluado y lo vendió antes de que estallara la burbuja, como sucedió en gran escala en 2008 y está a punto de suceder otra vez, porque su magnitud expansiva no fue consistente con la rentabilidad esperada surgida de las expectativas, claro que a costa del que lo compró y cargó con la pérdida. Y la mejor manera de medir esa posibilidad es comparándola con la riqueza material, porque si ésta no crece en la medida en que crecen las expectativas de los títulos que se negocian en el mercado, es un síntoma claro de que hay una sobrevaloración. Pero el estallido de la burbuja siempre es sorpresivo aunque se lo ve venir, y las burbujas son también un medio para acumular. Cuando el poseedor de valores cree con la información disponible que estos se encuentran sobrevaluados, se desprende de ellos de golpe, porque sabe que la caída de valor se generalizará y otros inversores se cubrirán del riesgo refugiándose en activos de valor intrínseco seguro, una situación distinta de lo imaginado en las expectativas.

En la crisis, el capitalismo recurre a las ganancias especulativas para compensar las menores ganancias provenientes de la producción y  encuentra en ellas una actividad que cree permanente. Y no sólo eso sino que con las criptomonedas y la famosa “minería» de los valores virtuales apareció un falso valor que de valor no tiene nada pero con el que también se puede acumular, porque la cultura propia del capitalismo es que el mercado es el único que le da valor a las cosas. La gran dimensión y la frecuencia de las burbujas y sus crisis, intensificadas notablemente en los últimos treinta años y más aún desde el comienzo del nuevo siglo, no es una casualidad venida del cielo sino una modalidad generalizada del capital en las condiciones de su desenvolvimiento actual, que encararemos más adelante.

3) La acumulación especulativa a través de burbujas en lugar de la inversión productiva es propia de este largo período recesivo y de continuas crisis, el crecimiento del gasto del Estado la sostiene para que los mercados no se desplomen, y su financiación proviene sobre todo de la deuda externa. El predominio de la inversión especulativa es porque no hay margen ni rentabilidad suficientes para la inversión productiva, y el Estado capitalista tradicional (apoyado en el capital privado) la sostiene porque es su principal objetivo. En la crisis, durante el período de preeminencia financiera, este gasto se agranda y en los últimos treinta años ha llegado a un extremo. Las criptomonedas no tienen valor y no son ni siquiera un activo financiero, pero sirven para acumular.

Y el crecimiento de la deuda no es propio sólo de la Argentina sino que la mayor deuda pública es la de Estados Unidos. Cuando el Estado sostiene la acumulación especulativa con el gasto fiscal, el endeudamiento continuado es su mayor sostén en los países industrializados como en Estados Unidos.                                                                                               

El capital no cuestiona esa deuda pública porque sirve para sostener su acumulación en la crisis y por eso su atención no se fija en la deuda sino exclusivamente en la inflación, porque el gasto fiscal que va a los activos financieros no eleva los precios de los productos de consumo ni los que  constituyen la inversión (por esto último se reduce la inversión, ya que de otra manera subirían los costos y bajaría la rentabilidad). No es una inflación visible, porque lo que sube de precio son los activos financieros, en beneficio exclusivo del capital. Por eso este tipo de inflación oculta genera una mayor deuda pública, que como queda a cargo de toda la población, reduce los salarios y todos los ingresos del trabajo, y para que no sean discutibles a través de los sindicatos, con el apoyo de gran número de trabajadores, se propicia el contrato individual o el ingreso no salarial, en que la empresa tiene toda la fuerza de la negociación. En la medida en que la acumulación financiera no es inversión para el conjunto de la sociedad sino sólo para el capital, el crecimiento y el empleo se reducen y presionan a la baja a los salarios y los ingresos no salariales, y como la deuda recae en el Estado y lo paga toda la sociedad, el capital presiona al Estado a bajar los subsidios al consumo y todo tipo de gasto social.

En los países periféricos y emergentes, si la deuda externa crece más que la industrialización, se debilita tanto el financiamiento industrial como el crecimiento de conjunto, capaz de llevar a una economía más competitiva, y la Argentina es un caso extremo, que se explica por la dolarización. Y en los regímenes políticos que favorecen exclusivamente al capital, como el de Jair Bolsonaro en Brasil, se aceleran las privatizaciones, de la misma manera que en la Argentina se trató de pasar la mayor parte de los servicios públicos al dominio del capital.

Miguel Boggiano, CEO de Carta Financiera, en una nota de Ámbito Financiero el 24/5/21 “Los 5 mayores acreedores de EE.UU”, afirmó que la deuda pública de Estados Unidos está fuera de control y es impagable, que la inflación ha puesto al sistema en jaque y que “la película no terminará bien para sus acreedores” ya que su deuda pública suma 28,1 trilliones de dólares, y lo más factible es que se resuelva emitiendo dólares, lo que podría significar un colapso del dólar y el fin del sistema monetario actual. Siempre según Boggiano, los principales acreedores de Estados Unidos son: 1 Los inversores privados estadounidenses no bancarios (fondos de inversión, minoristas, fondos de pensión, aseguradoras y empresas) con 8,74 trilliones en bonos del Tesoro (31,2% del total). 2 Los países e inversores extranjeros, con 7 trilliones y Japón y China a la cabeza (1,2 y 1,1 trilliones cada uno) y una demanda de bonos en descenso, especialmente de China, y que entre los extranjeros pasó de casi 35% al 25% de 2014 a la fecha. 3 Los Fondos de Pensión públicos estatales, compradores naturales de la deuda del gobierno, con 6,11 trilliones en bonos. 4 La Fed que financió en gran medida los estímulos del gobierno durante la pandemia, aumentó en más del doble sus tenencias de bonos del Tesoro desde marzo 2020 y actualmente es acreedora de casi 5 trilliones, 10 veces más que en 2008. 5 Los bancos de Estados Unidos, acreedores por 1,24 trilliones, 4,4% del total, que vienen comprando bonos del Tesoro sin parar, aumentando sus tenencias en más de 75% en los últimos cuatro años. Como conclusión Boggiano dice que en su necesidad de financiamiento, el gobierno de Estados Unidos depende cada vez más de la Fed y de la impresión de dólares, y asegura que todo esto supone un alto riesgo para el dólar, y acelera la búsqueda de refugio en los metales preciosos. Dos gráficos que acompañan el artículo que son particularmente sugestivos:

 

 

 

En una nota anterior de Ámbito Financiero, Boggiano había advertido que “el dólar está perdiendo terreno como moneda de reserva internacional”, lo que “puede terminar en un colapso de la economía de EE.UU. y en un cambio del sistema monetario mundial”, y que “la única razón por la cual se mantiene a flote es por la gigantesca demanda de dólares en el mundo. Dicho en palabras simples: la demanda de dólares le permite tapar estos problemas imprimiendo”.

El comentario de Boggiano se termina de explicar al comprobar que con la posguerra nació la economía mundial integrada con un sistema monetario dólar, es decir, basado en una moneda nacional, aunque  fuera la del país de mayor desarrollo, y eso implicaba la hegemonía de Estados Unidos. Por eso la crisis del dólar es también la crisis de esa hegemonía y el plan destinado a revivir su economía es inseparable del intento de mantenerla frenando el desarrollo de China y de los países beneficiados con su desarrollo.

En la posguerra de 1945 se inició la vigencia de la economía mundial integrada, después que prevaleciera un sistema de economías centradas en el mercado nacional para competir. Estados Unidos inició la integración del área industrializada del mundo que abarcaba a Europa Occidental y a Japón, con su ayuda fiscal y sus excedentes posibilitó la reconstrucción de los países aliados y de los vencidos y arrinconó a la Unión Soviética en su mercado interno y en los de su área de ocupación de Europa Oriental, que culminó casi medio siglo después, en 1990/1991, con su desintegración y la de su bloque de influencia, y Estados Unidos lo consiguió con su poder económico y militar y con el dólar. Así como el intercambio nace del trueque y se generaliza con la moneda, si el eje de la economía está en el mercado nacional, la moneda también es la moneda nacional, pero cuando el eje se situó en el mercado mundial, la hegemonía económica y política de Estados Unidos impidió que se lo correlacionara con una verdadera moneda mundial, sino que la moneda nacional dólar funcionó como moneda mundial.

Sin embargo, el dólar como moneda no pudo ser la moneda del conjunto más que por un primer período que terminó en 1971 con el sistema dólar de Bretton Woods cuando Estados Unidos ya no tuvo suficientes reservas de oro para sostener la expansión monetaria y empezó su endeudamiento, que originó una gran expansión financiera a partir del mercado del eurodólar, cada vez con menos respaldo, porque su base sigue siendo una moneda nacional, el dólar, y una moneda europea, el euro. Así como la moneda debe tener un respaldo material que se situó primordialmente en el oro, el sistema financiero debe tener un respaldo en el encaje monetario, que se extendió a títulos respaldados en moneda (como los bonos o nuestras Leliqs) y en la valoración financiera del mercado, que sobrevalora los activos financieros por las expectativas (como sobrevalora al dólar por las expectativas, que al concretarse en suba de precios en pesos, afirma la inflación local por la dolarización).

4) Monetarismo y dolarización. La respuesta a través sólo de la política monetaria o monetarismo, se enfoca exclusivamente en el déficit fiscal y la emisión, deja de lado el gasto público que sostiene la especulación de los mercados, y así defiende los subsidios al capital y se esfuerza en impedir cualquier tipo de gasto fiscal que vaya al consumo de los trabajadores o al bienestar general, tal como lo muestran claramente todas las expresiones de empresarios o dirigentes políticos afines al ajuste.

En ausencia de una verdadera moneda mundial y dentro de un sistema mundial dólar que está en crisis, la moneda nacional propia debe integrarse paulatinamente al sistema mundial, dentro de las características nacionales, lo que no significa su dolarización en términos de moneda como lo intentaron los planes de estabilización heredados de la dictadura del 76. ¿Por qué? Porque la moneda nacional, sea el dólar o cualquier otra, no cae del cielo sino que refleja la productividad media de la economía, que en el capitalismo de la Revolución Industrial depende de la acumulación centrada en la industria. El sistema imperialista (de predominio de las economías centrales industrializadas) y las oligarquías nativas, impidieron el pleno desarrollo industrial, su diferencia estructural con los capitalismos centrales. La industria sustitutiva atenuó la diferencia y desde los años noventa la concentración del crecimiento mundial en China posibilitó la emergencia o industrialización en los países de menor desarrollo que así se pueden integrar más a la economía mundial, y China es el caso más relevante.         

5) El Estado y la larga transición propia de todo modo de acumulación.  Así como Estados Unidos festejó la inserción inicial de China en la economía mundial, cuando parecía una integración pasiva con sus mayores beneficiarios en las empresas capitalistas de los países desarrollados que conseguían un mayor mercado y una rentabilidad extraordinaria apoyada en salarios más bajos, se fue convirtiendo en una integración activa, transformadora del mismo sistema mundial, cuyo primera muestra fue la aparición de mercados emergentes. Para el mercado, los emergentes son los mercados nuevos con mayores oportunidades de colocación de deuda, pero en un análisis fundado en la producción, un mercado emergente es el que se industrializa. La industrialización lleva a la periferia a una mayor integración a la economía mundial fortaleciendo su propio mercado interno y su moneda nacional, acortando la distancia de productividad con los países industrializados y la depreciación frente al dólar, lo que facilita el pago y la renovación de deuda, permite que la moneda nacional permanezca dentro del sistema dólar regido también por una moneda nacional y robustece el mercado interno al facilitar el respaldo a la moneda nacional y así no deprecia el ingreso interno.

La crisis se debe a que la continua acumulación en inversión productiva genera una sobreacumulación de capital que sólo se resuelve con nueva tecnología. Esa tecnología ya está presente, pero no a gran escala en la producción, y menos todavía en el capital más diferenciado, el tecnológico de la maquinaria de plena automatización y robotización, sino en los servicios para la información y su transmisión y procesamiento por medios digitales, porque el mercado de consumo todavía no podría absorber la demanda resultante de la nueva situación.

La inversión productiva se retrae porque no hay seguridad de rentabilidad inmediata y el capital se refugia en la acumulación especulativa de los activos financieros y aún de objetos sin ningún valor como las criptomonedas, porque la especulación sirve para acumular mientras llega el momento de invertir. La transformación en ciernes también está a la vista de todos, pero no termina de concretarse, y como la valorización de los mercados excede al crecimiento, llega un momento en que la valorización carece de una riqueza material en que apoyarse y la crisis se manifiesta de repente y destruye la valorización artificial generada en el mercado, y si no se puede concretar la renovación en gran escala, volverá la sobrevaluación, como volvió después de los noventa y se la disfrazó atribuyéndola a los atentados de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001; volvió en 2008, cuando no se la pudo disfrazar y se la admitió sin tapujos, y ha vuelto otra vez, y ahora la pandemia ayudó a ocultar su gravedad previa.

La crisis de 1929 duró más de diez años y sólo la pudo finalizar la Segunda Guerra mundial, que originó un capitalismo distinto, el capitalismo global. La presente crisis se está extendiendo y el cambio va a ser más profundo, ya que la industria –eje del capitalismo- está pasando de la manufactura mecánica a la de manipulación digital basada en el conocimiento y la información, la velocidad de transmisión, la paulatina desaparición del trabajo manual por los robots, la automatización de los movimientos y un consumo de energía sólo factible desenvolviendo las energías no contaminantes.

Entre tanto, el Estado sostiene al sistema mediante el gasto público, a tal punto que, sin la intervención estatal en la crisis el capitalismo privado no funcionaría. Este auxilio permanente, reflejado en la creciente deuda estadounidense, no llega a ser un capitalismo de Estado porque sigue centrado en el capital privado, ya que a éste se dirige la principal ayuda, que en vez de ser invertida en producción se acumula en activos financieros, pero no puede sostenerse indefinidamente sin crecimiento, porque las burbujas se pinchan después de provocar una inflación tan verdadera como la otra, pero oculta porque no va a los productos de consumo que impactan en los precios sino en los activos financieros que valorizan transitoriamente al capital hasta que el valor ficticio desaparece del todo o en parte y el crecimiento se vuelve difícil o imposible de postergar.

En el otro extremo, el capitalismo de Estado de China fue su manera de integrarse al mundo y, orientado por el Estado, es el caso límite de un capitalismo transformado y ya centrado en la nueva tecnología.

6) La Argentina y la resistencia a la transformación . La Argentina tiene que encarar y resolver su crisis no sólo en medio de este tránsito universal no definido, sino convirtiéndose en un capitalismo industrial del siglo XX, una cuestión exclusivamente suya, y agregarle la que está en marcha en el siglo XXI, que requiere una industria de base como eje de la acumulación y motor de la transformación. Este objetivo está obstruido por una burguesía agraria y financiera ampliada a los servicios, que rechaza el predominio industrial propio del capitalismo para resguardar la renta agraria y financiera, y lo hace con la desindustrialización sistemática y directa de la apertura externa y también con el monetarismo.

La ofensiva monetarista local es más enfática, porque es la manera de salvaguardar el tipo de capitalismo primitivo en que se asienta, de bajo desarrollo industrial. No significa que no haya industria, sino que las pautas que rigen a la gran industria son similares a las de la oligarquía agrofinanciera y de servicios y de la agroindustria, quizá porque no tuvo otra manera de sobrevivir y fue un objetivo de la política económica de la dictadura militar del ´76, continuada y profundizada por la democracia, que mantuvo y ahondó el monetarismo, que atribuye la inflación sólo al gasto público, el déficit fiscal y la emisión, pero que promueve y silencia la dolarización a través de la remarcación de precios en función de las expectativas del mercado respecto al dólar. Esta política, por su propia lógica lleva a una continua desindustrialización que impide extender la competencia fuera de las ramas primarias y confluye en un estancamiento o bajo crecimiento, con bruscos descensos periódicos del PBI, que provocan aún más inflación. Se la trata de imponer con planes de convertibilidad de distinto tipo o promoviendo el endeudamiento en dólares, fue acompañada por el FMI en la presidencia de Mauricio Macri y afirmó la dolarización indirecta a través de los precios, que se convirtió así en la mayor causa de inflación, por lo que sus exponentes extremos ya promueven la dolarización con la moneda. Y lo que no entienden muchos de quienes combaten esta política es que promueve la dolarización por la suba de los precios según las expectativas del mercado en el dólar, apoyada en un supuesto retraso del tipo de cambio que surge de una paridad acorde con el interés del tipo de acumulación predominante, centrada en el dólar.

Se entiende que el capital se resista a transformarse aunque hay capitalistas que acumulan y apuestan a la tecnología porque saben que la transformación es inevitable, aunque no cuándo, cómo y en qué condiciones. El monetarismo y la resistencia al cambio también se asientan en la creencia de que el capitalismo tal cual lo conocemos seguirá siendo siempre el mismo, así como la creencia de que los cambios en el capitalismo actual serán iguales a los del primer cambio de hace un siglo, o que la crítica inicial del capitalismo es una fórmula invariable, antigua de más que un siglo y medio, y sus seguidores basan su análisis del presente sólo en la teoría, sin examinar críticamente la posibilidad de robotización y de la desaparición del trabajo para manipular las máquinas, sostenido por el conocimiento y otro tipo de fuerza de trabajo. Y es también una ideología el nacionalismo de la exclusividad del mercado interno, en un sistema mundial que ya es un capitalismo global, y si bien el mercado interno como eje persistió en la periferia y sustentó la industria sustitutiva, ya no funciona así si los países emergentes se industrializan e integran su mercado interno a la exportación y la fortaleza de su moneda nacional se vuelve un apoyo para su propio mercado interno.

Los peronistas, ¿bajamos de los barcos?

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El furcio del Presidente Alberto Fernández sobre el origen de la génesis de los argentinos no solamente disparó la estupidez de réplicas oportunistas de propios y extraños, sino que también resulta hoy buena ocasión para pensar cuál fue la participación histórica que el peronismo tuvo en la historia trágica de nuestros pueblos originarios.

Este no solamente no fue tema de las contradicciones principales con las que nuestra sociedad lidió a mediados de Siglo XX, sino que fue asunto absolutamente ocultado en ese tiempo. Pese a la sangre tehuelche de Perón.

La explicación de que tal importante cuestión quedó sumergida en las reivindicaciones sociales del peronismo no alcanza para el consuelo por lo que no se hizo, ni para considerarlo contenido implícito del repetido: “volveremos, pero mejores”.

Lo cierto es que, desde  que la conquista del Río de la Plata, llegó de la mano del europeísmo/liberal/capitalista (en los barcos, claro), ningún Gobierno, repito: ningún Gobierno reconoció que el genocidio de los pueblos originarios fue soporte indispensable para lograr la conquista de los territorios, en los que germinó el inmenso poder con el que las oligarquías agrícolas/ganaderas gobernaron este país en los últimos 200 años.

Los debates instaurados en estos tiempos se minimizaron para convertir este grave asunto en imposturas de minorías, a veces reflotadas con ocasión de crímenes atroces como el de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y tantos otros.

Para nosotros los peronistas el estandarte primero de nuestras luchas sociales fueron nuestros “cabecitas negras”, pero sin detenernos demasiado para ver que ellos ya habían sido carne de cañón y protagonistas principales mucho antes en las guerras nacionales, en la Guerra de la Triple Alianza, junto con sus hermanos los negros y mulatos argentinos, y habían formado parte de las columnas del exterminio que Roca organizó para luego vender peones y mucamas en mercados aristocráticos de Buenos Aires, desde siempre la capital del imperio.

Creo que el peronismo tiene una deuda grande: reconocer que nuestros primeros desaparecidos quedaron insepultos en la Campaña del Desierto.

Pero aún es tiempo y hay tareas para hacer, inclusive con esta Constitución Nacional que reconoce como al pasar los “derechos ancestrales de los pueblos originarios”, casi como una burla de los que celebran en la sobremesa de un festín para pocos, dando una razón más para seguir considerando esta Carta Magna un catálogo de ilusiones.

Incluso con estos Códigos Civil y Penal y los Códigos Procesales de las provincias, pensados para proteger antes que nada las libertades individuales, la propiedad y el honor.

Sí que hay cosas para hacer: terminar de censar las comunidades de los pueblos originarios, garantizarles definitivamente su ubicación territorial, la que tuvieron y la que tienen, legalizar las consultas sobre sus relaciones con el medio ambiente, reglamentar y permitir el acceso de esas comunidades y de todos los argentinos a los cursos y espejos de aguas navegables, formar a funcionarios del Estado, especialmente a los de Poder Judicial, en tareas que diriman cuestiones que los involucren, reconocer oficialmente su historia, sus símbolos, que puedan difundir sus costumbres, sus batallas, sus victorias y sus derrotas; en fin, su historia.

Si bien se sancionó la Ley 26.160 en 2006, ésta solo se propuso declarar la emergencia en materia de posesión de la tierra de los pueblos originarios, derivando la tarea de los censos de las comunidades aborígenes a las Provincias, Universidades Nacionales y organizaciones no gubernamentales, las que en la mayoría de los casos sin compromiso, sin presupuestos y sin infraestructura solo lograron distribuir entre varios el fracaso de políticas que cumplieran con el mandato Constitucional del Art. 75 inc.17.

Solo se logró hasta ahora con esta inacción multiplicar conflictos interminables en manos de Fiscales y Jueces confundidos y timoratos que no saben siquiera que orden jurídico aplicar.

Porque hay que decirlo claramente: el problema principal, como siempre, son sus tierras ancestrales, hoy ocupadas por tres generaciones de propietarios muchos de buena fe.

También el orden jurídico vigente daría una solución, si la voluntad política existiera: el Artículo 17 de la Constitución Nacional reza que la propiedad es inviolable, pero… pero agrega también que el Estado Nacional puede expropiar por causa de utilidad pública sancionada por Ley. Pues entonces que un Estado que busque justicia histórica declare de utilidad pública las tierras que se demuestre les pertenecen a esas comunidades, indemnice a sus propietarios y se devuelvan a sus legítimos dueños.

Los que no bajaron de los barcos esperan y el peronismo no debería mirar para otro lado.

A dos años de la muerte de Aldo Pignanelli

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Escribo estas palabras en homenaje a mi padre un domingo a la 19 hs, esos momentos en que todo se vuelve gris. Mi proceso de duelo mejora día a día, aunque lo reconozco en cada paso que doy por esta ciudad, en los lugares a los que concurro, en los comentarios de mis hijas y mi madre. Siempre estuvo presente en mi vida, aunque éramos independientes. Lo recuerdo acompañándome en los momentos fundamentales: en mis accidentes cuando era pequeña, en el nacimiento de mis hijas y en mi divorcio por violencia de género. Estaba también en momentos risueños, en las vacaciones, cuando me recibí de abogada, cuando hice mis posgrados becada como docente en nuestra universidad, la UBA. Me dio los mejores consejos, que no estudie en una universidad de élite sino en una pública, que estudiase alemán, siempre pagaba los mejores institutos privados de idiomas y mis viajes de estudios a Europa.

Soy una mujer privilegiada, y él me decía que siempre tenga en cuenta a los más necesitados, y lo ejemplificaba cuando les regalaba nuestra carpa a los compañeros vulnerados de los asentamientos y tantas otras cosas más.

Acompañarlo a militar era verlo en su faceta más gloriosa, esa que le daba más placer. Verlo en la city porteña era otro lujo, donde todos lo reconocían y le preguntaban por el valor del dólar en el futuro.

Era un asesor privilegiado de políticos, empresarios y sindicalistas. Hacía mucho más de lo que decía, su última lucha fue la del Consejo de Económicas de CABA, dónde dejo una joven profesional que representa muy bien a los matriculados.

Otra de sus grandes pasiones era el club Lanús, esa que había heredado de su padre Roberto Pignanelli, así como la bandera del peronismo. Llevaba el análisis económico en la sangre. Su visión sobre la política era excepcional, era un armador intuitivo.

A veces pienso que estas son las últimas palabras que le escribo pero creo que su legado nos impregna a todos y todas. Le agradezco tantas cosas que ha hecho por mí y por mis hijas, también por mis hermanos y sobrinos. Un amigo suyo me dijo que lo recordaríamos por las cosas buenas que nos dejó y creo que eso es algo indudable.