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domingo, junio 28, 2026
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Subsunción del trabajo en el capital

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La división de los conceptos con un criterio latifundista de los campos científicos parece olvidar que la economía es economía política y viceversa, la política es siempre política económica. No existe explotación sin dominación, como lo demuestra el tratamiento del concepto mismo de subsunción del trabajo en el capital.

En cuanto a la opresión, o es coextensiva de la explotación y dominación capitalista, o nos estamos refiriendo a un problema ideológico, con la conciencia de clase que, como bien lo señala Engels en la crítica del programa de Erfurt, no es una conciencia metafísica sino conciencia de la situación de clase.

La subsunción formal se crea a partir de la plusvalía absoluta (se produce con las primeras manifestaciones de capital durante las manufacturas, ya en el renacimiento) pero tampoco es su equivalente, ya que la subsunción formal se refiere a la aparición del obrero en el régimen del capital como una parte de él, como capital variable y su función de medio de producción (el que específicamente crea valor) junto a los demás medios de producción (los instrumentos y la materia prima). De modo similar ocurre con la subsunción real con relación a la plusvalía relativa.

Lo que denota específicamente el concepto de subsunción del trabajo al capital es el hecho de que en el proceso de producción el trabajador se presenta como componente vivo del capital mismo, pues el capitalista, mediante la compra de la fuerza de trabajo, tiene bajo su dirección todos los componentes personales, materiales y simbólicos (marcas, etc.).

Adam Smith también llamaba al dinero labour commanded: es la posibilidad de ejercer poder de mando sobre los trabajadores a partir del dinero. Para que el dinero pueda cumplir esta función de mando es menester que tanto los medios de producción como los medios de subsistencia puedan presentarse al trabajador como ajenos, de tal modo que él no pueda concurrir al mercado sino vendiendo como mercancía su propia fuerza de trabajo.

Esto no significa que no existieran asalariados antes del capitalismo, pero cuando el capitalismo aún no es norma de Estado, el trabajo asalariado de, por ejemplo, los campesinos pobres en la sociedad feudal, es simplemente un modo de asistir a la provisión de medios de subsistencia.

Lo que asegura el capitalismo como sistema de exclusión a los medios de subsistencia es la continuidad de la oferta de los trabajadores que venden o desean vender su fuerza de trabajo, y que la subsistencia de quienes están privados de los medios de producción se torne imposible. La condición de existencia del capitalismo es la privación a parte importante de la población de proveer a sus condiciones materiales de existencia: alimento, cobijo y cultura.

Sin medios de producción a los que aplicar la fuerza de trabajo, esta se consume inútil y, consecuentemente, se ve impedido de adquirir los medios de subsistencia, de perseverar en el ser. Mediante este acto invisibilizado de violencia institucional se constituye el poder de mando que denota la subsunción del trabajo en el capital.

El producto del capital no es ni el dinero, ni la mercancía producida, ni la materia prima. Lo que les imprime a estos desde el comienzo el carácter de capital es el hecho de que se enfrentan a la capacidad de trabajo, despojada de toda riqueza objetiva como poderes autónomos personificados en sus poseedores.

El verdadero producto del capital es la plusvalía y en esos términos se entiende la relación íntima entre plusvalía y subsunción del trabajo en el capital. Son dos instrumentos técnicos que en conjunto ponen a la luz los aspectos oscuros o mágicos del origen de la ganancia y el del poder de mando del empleador, que no es la propiedad ni el contrato, sino las condiciones institucionales características del capitalismo que actúan como presupuesto de la existencia misma del capital.

Por tal motivo, para entender adecuadamente las clases y conflictos de clases entiendo fundamental recuperar los conceptos de subsunción real y formal del trabajo en el capital por las siguientes razones:

  1. Técnicas: Marx hace uso de las categorías de subsunción formal y real en El Manifiesto Comunista y en el Capítulo VI inédito de El Capital.
  2. Históricas: las categorías de subsunción real y formal dan cuenta de las formas específicas de la explotación capitalista, que en su ponerse implican ya la constitución del proletariado y la burguesía como clases antagónicas propias del capitalismo. Utilizar conceptos más amplios como el de explotación es característica de cualquier modo de producción en sociedades divididas en clases (del esclavismo clásico a, por ejemplo, el comunismo de guerra, el capitalismo o el socialismo mientras este último no se haya superado como sociedad comunista). La especificidad de la subsunción permite analizar la explotación con las determinaciones propias de la sociedad capitalista. Es interesante señalar que un mismo modo de producción puede adoptar diferentes modos de explotación teniendo en cuenta el rol de la lucha de clases. En el esclavismo romano, por ejemplo, son diferentes las formas de explotación (dominación y opresión) entre el esclavismo de razzia y el esclavismo de crianza e incluso los comportamientos y orientaciones políticas de los sublevados. En la esclavitud de razzia, la respuesta fueron las grandes revueltas; en la esclavitud de crianza, que era caracterizada por la colocación, la respuesta fue la fuga o la asimilación de las relaciones a las que formarían el temprano feudalismo (servis es tanto esclavo como siervo en latín).
  3. Materialistas: la subsunción del trabajo en el capital no sólo explica la explotación capitalista sino el modo de constituirse las clases en el capitalismo. El proletario no es el hombre de mameluco azul que está parado al lado de una máquina industrial, ni esta es tampoco una figura prototípica. El análisis de clases marxista no tiene nada en común con la descripción de estratos a los que Weber denomina clases. El proletariado no es un segmento sociológico de la sociedad. El proletariado es el resultado del proceso de subsunción del trabajo vivo en el capital. Por eso, con absoluta claridad, Engels critica el programa de Erfurt señalando que la conciencia de clase es, más concretamente, conciencia de la situación de clase. No hay ninguna sustancia metafísica en ser obrero, ni este porta en la frente un destino manifiesto.
  4. Dialécticas: el capitalismo se caracteriza por transformarse a sí mismo permanentemente. La explotación de la plusvalía absoluta y relativa son constantes en el proceso de extracción de plusvalía capitalista. No existe la plusvalía absoluta o relativa “pura” en cualquier relación de explotación dada. Se dan ambas en distintas proporciones. Del mismo modo, la utilización del concepto de subsunción formal y subsunción real del trabajo en el capital nos permite entender que las clases o sujetos no son tales por alguna esencia en ellos sino por determinación del sistema. Como señalaran Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, “el capital no es una fuerza personal, es una fuerza social”. Ser capitalista o ser trabajador no se refiere a ninguna cualidad del sujeto sino a una posición de estructura en la empresa capitalista en una situación histórica dada en la economía-mundo.

De esto surgen variantes e invariantes. Como invariante debe resaltarse que el capitalismo es el modo de producción que subsume el trabajo vivo como integrante del capital. Ello implica que la clase operaria se constituye también como función del capital. La condición de la explotación capitalista (la subsunción en el capital) es que el trabajador sea libre, tanto en el sentido de despojado de las posibilidades de perseverar en el ser, libre de las condiciones materiales de existencia (la distribución de los medios de producción y la naturaleza en los Grundrisse) como en el sentido de ser soberano para poner en el mercado la única mercancía que posee, la fuerza de trabajo.

El trabajador por un lado actúa como mercader que trata de poner su producto en las mejores condiciones para su cliente y ve a los otros trabajadores como competidores en la colocación de la mercancía (y de ahí el esquirol, etc.) y por otro, como antagonista social del capitalista en la aglutinación de los trabajadores. El nacimiento del sujeto colectivo crea la conciencia de la situación de clase, que a su vez posibilita una mayor extensión y potencia del sujeto colectivo. Queda claro una vez más que no son las ideas de los hombres las que determinan el ser social (como surgiría de la expresión “obrero con conciencia de sí”) sino el ser social (la actuación del sujeto colectivo) lo que determina la conciencia. La capacidad de antagonismo de los obreros constituidos en sujeto colectivo fuerza la transformación del capitalismo y de las maneras de producción históricas (v.gr. el paso del fordismo al toyotismo).

El proletariado y la burguesía son invariantes del sistema capitalista. Uno y otro se constituyen mutuamente en relación dialéctica, del mismo modo que para que existan países dependientes es menester la existencia de países imperialistas. La desaparición de uno de los términos de la relación implica la extinción del imperialismo y del capitalismo y también la extinción correlativa del otro término.

Las clases se constituyen a partir de la lucha de clases, no son un estrato social al estilo weberiano sino una relación antagonista. Como señala Balibar (1977:52):

“La teoría de Marx no reposa sobre la definición de un proletariado ‘puro’ (…) Tampoco reposa sobre un cuadro de clases sociales fijas en los rasgos de una época dada (el siglo XIX, comienzos del siglo XX, etc.). Por la excelente razón de que la teoría marxista no tiene por objeto componer este cuadro, a la manera de cualquier sociología, sino analizar el antagonismo mismo, descubrir las leyes tendenciales de su evolución, de su transformación histórica y en consecuencia explicar la necesidad de esos cambios en la estructura de las clases sociales, incesantemente impuestos por el desarrollo del capital. Hay que recordar a Marx en El Manifiesto: a diferencia de todos los modos de producción anteriores, el capitalismo es ‘revolucionario’ internamente, no cesa de trastornar todas las relaciones sociales, comprendidas las que él mismo crea”.

Del mismo modo que el antagonismo que surge de la subsunción del trabajo en el capital es una invariante, no existe una inmutabilidad de las clases sociales. En particular, como se tratará de señalar más adelante, no sólo hay que evitar el fetichismo de la mercancía, es menester evitar el fetichismo de las formas jurídicas, en particular de los conceptos fetichizados de propiedad y salario. Esto, incidentalmente, también discute los discursos sobre el fin del trabajo, de la relación laboral o del proletariado. No sólo existe la historicidad del capitalismo sino que hay historicidad en el capitalismo. En particular, los cambios en la manera de producir provocada por la crisis de finales de los años ‘60 logran alterar todas las diferencias propias del modelo fordista de producción, ya sea en el ámbito de la producción (producción en masa de largas series, trabajo en línea, sujeto a un régimen de mandatos y órdenes más o menos rígido, con jerarquías y responsabilidades claramente establecidas, etc.) como en la naturaleza material de lo producido, en que la propiedad sobre las cosas tiende a perder importancia respecto del control sobre las relaciones sociales.

 

BALIBAR, Étienne (1977), Sobre la dictadura del proletariado, Siglo XXI, Madrid.

 

Subsunción del trabajo en el capital

LOS “CONSULTORES DEL MERCADO” Y LA INFLACION

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La política económica el gobierno AF muestra en cada cambio, una profundización del corrimiento hacia el centro respecto al peronismo tradicional. En la medida en que se usan más instrumentos monetarios de corrección a la inflación, se mantiene o se acentúa tanto la disconformidad social como la de los inversores. Tratando de mantener en lo posible la política social propia del peronismo, aparece la contradicción, ya que el monetarismo favorece la rentabilidad del capital, como se sigue viendo en la actualidad. Lo cierto es que en el centro está el papel de la inflación, pero sobre todo en su relación con el crecimiento y la redistribución de la riqueza.

La llegada de Sergio Massa a Economía con atribuciones de un superministro mostró mayor respaldo político, y los inversores reconocieron inicialmente un diagnóstico correcto y buenos principios de su programa, pero exigían estabilizar la situación cambiaria con: a) un dólar más alto; b) suficiente financiamiento en pesos para cubrir el desequilibrio fiscal con una tasa de interés más elevada y un mejoramiento inmediato del déficit fiscal; y  c) baja rápida del ritmo inflacionario. Tuvo medidas bien vistas por el mercado pero siempre consideradas insuficientes porque no se podía alcanzar un excedente de dólares, imposible con la actual estructura económica.

La inflación tiene su principal sustento allí. Fue empeorando con el tiempo porque esa base estructural atrasada y estrecha se enfrenta a una mayor importación de insumos industriales y a un gasto social mayor. Fue bien vista por el mercado la baja de subsidios, pero dentro de su lógica seguía siendo insuficiente.  La única manera que se reclama  desde el “mercado” para superarla es bajando los ingresos del trabajo y subiendo las ganancias, dando señales de que empieza a mejorar la situación fiscal y se reduce la inflación.

Pero  como la gradualidad no dio lugar a resultados inmediatos, el mercado lo vio insuficiente para que el BCRA alcanzara adecuadas reservas que permitieran mayor compra de dólares sin interrupciones y por eso no mejoran las expectativas.

Encima, la inflación seguirá alta por el aumento de las tarifas, de los salarios, las subas de precios regulados y de las tasas de interés.

Si bien los ingresos de organismos internacionales mejoran la situación, se necesita una política de ingresos que atenúe el efecto de la mayor inflación.

Pese a que la Argentina puede crecer 4% en el pronóstico oficial para 2022 (4,5% según el Banco Mundial), más que Estados Unidos y los principales países europeos, en situación de posible recesión, por encima de Brasil o México, y hasta más que China,  los analistas del mercado ni  mencionan esta situación en sus comentarios, aunque nada dijeron cuando en 2018 se contrató con el FMI una deuda excesiva.

Esos comentarios, muy sesgados hacia lo que parece ser la búsqueda del fracaso en medio de una crisis mundial cuya magnitud se silencia, influye poderosamente sobre las expectativas, que no son algo objetivo o que responda a la verdadera situación. La continua reiteración de sus diagnósticos ante cualquier cambio que intente el gobierno, alientan  la demanda de dólares del BCRA, dificultando su compra de divisas y la mejora del nivel de las reservas, lo que presiona desde otro ángulo sobre la moneda.

Y para eso también empujaron la salida de Guzmán, que era el que mejor conocía los mecanismos del FMI para obligarlo a actuar más en consonancia con lo que realmente estaba sucediendo. De ahí que la tasa de inflación prevista de ninguna manera puede ser objetiva, porque el futuro económico nunca es una certeza. Así, con la evolución de los precios, había una proyección oficial optimista y, en la otra punta, la empujada por el mercado, excesivamente pesimista, pero como efectivamente la fijación de los precios depende de las expectativas de las empresas, la mayoría de los analistas privados la empujan hacia la peor variable.

Para ponerse a la orden de las expectativas de los inversores se necesitaría, según Carta Monetaria del 5/8/22recortar gastos por $ 610.000 millones. Esto implica un ahorro anual de 0,7% del PBI, pero concentrado en el segundo semestre e implica una baja del gasto real de casi el 6% en el 2do semestre con relación a igual período de 2021. Es muy exigente pero lograble con menos subsidios, menos obra pública, menores transferencias a provincias y menores gastos en jubilaciones reales. Y si se cumple la meta de déficit de 2,5% del PBI, el déficit primario del 2do semestre sería de $ 1,25 billones, y para financiar ese monto resta cubrir necesidades por $ 868.000 millones (u$s 6.600 millones). Las opciones son: a) Mercado de capitales local con roll over de capital e intereses y captar adicionalmente un 25% más. B) Organismos internacionales: Los fondos que se obtengan se deben canalizar en primer término a pagar vencimientos de capital e intereses de los mismos organismos y de los vencimientos de deuda soberana. En total restan vencimientos en el año por u$s 2.500 millones. Lo que se logre por arriba de ese monto podrá ser aplicado a reducir las necesidades de pesos. Y advierte ¿Qué se necesita para no seguir perdiendo tipo de cambio real? El ritmo inflacionario de los próximos meses presionará sobre el tipo de cambio real, haciendo necesarios ritmos de depreciación más altos. Si el objetivo es evitar que se siga atrasando el tipo de cambio real se necesita una devaluación mínima del 5,2% mensual. En cambio, si se buscara recuperar el nivel de diciembre 2021 el ritmo mensual para lo que queda el año tendría que llegar al 6,5% mensual”.

Es decir, más de lo mismo. Asegura que así ingresarían divisas, pero estas tampoco vinieron con las devaluaciones anteriores; al contrario, los capitales que ingresan se colocan en deuda, y así se recrea de manera permanente un esquema insostenible. Nunca las correcciones son suficientes, y eso lleva a la deuda, que empeora el resultado. El secreto es que lo hace porque la deuda viene asociada con el ajuste, y el corte al crecimiento y, sobre todo, al crecimiento industrial, lo que acentúa el atraso estructural.

Durante los años 60, la cátedra estrella de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA era la del profesor Julio H. G. Olivera. Yan Dasso y Hernán Herrera (Ámbito Financiero, 21/6/22) muestran la falta de rigurosidad de la mayoría de los consultores en analizarla al dejar a un lado la diferencia esencial entre la de origen estructural, cuando la cantidad de dinero es una variable endógena, y cuando proviene de variables exógenas, como la tasa de interés. El Cronista Comercial, (el 25/7/2016), al dar la noticia de su fallecimiento ofreció algunos datos esenciales sobre su trayectoria. Olivera ideó el modelo de inflación que desarrolló en los años 60 (“La teoría no monetaria de la inflación”), continuada por el italiano Vito Tanzi, sobre la base de un desarrollo primordialmente matemático y por eso de difícil acceso.

Todas las explicaciones modernas de la inflación dejan de lado los fenómenos propios de la producción material y se ocupan exclusivamente de los monetarios, de tal manera que se convirtió al exceso de dinero, en gran parte a través del déficit fiscal, en su única causa. La concepción estructuralista resalta que, más que la expansión monetaria, lo que importa es producir a similar nivel productivo que el de los países competitivos, resolviendo los problemas estructurales de la economía.

Los países sin problemas estructurales son, ante todo, los países industrializados y en ellos es donde la inflación no es por falta de desarrollo, y el Estado, por ejemplo en Estados Unidos a través de la Reserva Federal, la ataca ante todo con la política monetaria.

Pero en los países industrializados, si bien la inflación puede subir por la expansión monetaria, nunca llega alcanzar las marcas de los países no desarrollados o en desarrollo, y menos en los que basan su exportación en la producción primaria.

La Argentina es un caso extremo, porque la expansión del mercado interno, inicialmente y por largo tiempo, posibilitada por un pasado histórico que llegó a ser la contrapartida necesaria de Inglaterra cuando ésta era la primera potencia mundial, comenzó una larga, lenta e incomprendida decadencia a partir de fines del siglo XIX. Esto fue  después que, con la Guerra Civil, Estados Unidos terminó con el atraso del sur y se transformó poco a poco, y sobre todo por la Primera Guerra Mundial de 1914/1918, en la principal potencia, que además de sustituir a Inglaterra como gran economía industrial, también escaló hasta el primer puesto en el agro.

Argentina no se adaptó a ese cambio: pretendió seguir como exclusiva proveedora agroganadera con otra lógica internacional imperante.

La Segunda Guerra Mundial agravó el problema de adaptación, porque se siguió restringiendo el mercado por el mayor aprovisionamiento agrario estadounidense a Europa. El peronismo fue el primer partido político industrializador del país, pero lo hizo atacando al agro y no postulando a la vez que la industria el desarrollo agrario, y generando por contrapartida una oposición que da más relevancia al agro. Lo que se impone es corregir ese desequilibrio estructural con un acuerdo que incluya más industria y también con más agro.    

Cuando se habla de la inflación o la suba de precios, no se dice que una devaluación sube los precios, sobre todo maxidevaluaciones como las de 2018, año en que arrancó una caída muy fuerte del PBI y eso aceleró la inflación, pero ningún analista del “mercado”  le otorga importancia. Además, esa maxidevaluación impuso un endeudamiento difícil de pagar con la actividad existente y, para peor, empleó la mayoría de estos ingresos en financiar la salida de capitales, que tampoco entra bajo los análisis habituales de la inflación.

Tampoco se aclara que el aumento del gasto público en 2020 se debió a la pandemia, ni tampoco que fue el mismo motivo que agrandó el gasto público en todas las economías. La emisión posibilita nuevos niveles de actividad. Sacrificándolos con el ajuste, no se va a lograr bajar la inflación, como ya lo demostró la convertibilidad, que postergó la corrección con el dólar hasta que se hizo inevitable una crisis mayor, como en 2001, y se vuelve a necesitar el auxilio de la deuda. Pero si no se actualiza la estructura económica del país a los estándares internacionales, el resultado  cada vez será peor.

Desde el sobreendeudamiento de 2018 hasta junio pasado, la inflación no había sido mayor que la suba del dólar que a grandes números estuvo en el orden de 500%. Los salarios subieron mucho menos y ni que hablar del pago a trabajadores no registrados, que constituyen una proporción cada vez mayor  del empleo. Lo mismo sucede con la emisión, que en ese lapso, en promedio, fue menor a la suba del dólar, así que, de hecho, está contenida y ahora hay un mayor esfuerzo oficial por seguir conteniéndola porque con semejantes presiones sobre el dólar, a medida que la emisión se acerque al ritmo de la marcha de los precios, van a aumentar las presiones.

Como el resultado de estas presiones son peores las expectativas, aunque sus fundamentos sean muy discutibles, impactan sobre la economía real, llevando sobre todo a los empresarios a subir sus precios, incluso porque como las subas son muy arbitrarias, no hay precios que reflejen el verdadero valor de los productos, y basta con ver para eso cuando hay un aumento en los alimentos, cuánto recibe el productor y cuánto paga el cliente en la góndola. Es decir, que hay una gran presión de la suba de precios en la intermediación y que parte de la presión de los consultores sobre los precios es para que esas subas alcancen el ritmo de la suba del dólar, todo lo cual termina empujando más a los precios, mientras las lógicas demandas sociales no pueden igualarse a la de los años setenta porque la fortaleza productiva de la economía es mucho menor que entonces.

Sin embargo, ante las transformaciones en la economía internacional que generará la crisis mundial, se presenta un horizonte prometedor para la Argentina, por su capacidad productora de petróleo y gas y de litio y cobre, su último empuje industrial, la riqueza del agro y el peso de la economía del conocimiento.

 

Esperando la renta inesperada

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En la Argentina de los últimos años, una veintena de industrias elaboran el 80% de los alimentos y bebidas que se venden en el mercado interno (Arcor, Molinos Río de la Plata, Danone-La Serenísima, Adecoagro, Ledesma, Coca-Cola, Nestlé, Mondelez –ex Kraft–, Molinos Cañuelas, Morixe, etc.). Las grandes cadenas de ventas (Coto, Carrefour, Cencosud, la Anónima, Changomas, etc.) administran el 60% de la comercialización de esos bienes que se consumen en el país. En ese marco y con esa sociedad de hecho y de muchos años entre grandes productores y comercializadores, es muy difícil destrabar el proceso de formación de precios de esos productos, que no tiene relación directa con el costo de producción.

A su vez, Cargill, Viterra S.A.-Glencore (ex Oleaginosa Moreno), la empresa china COFCO, Bunge, Aceitera General Deheza, ADM, Dreyfus, ACA y Molinos Agro (Pérez Companc), en ese orden, son las nueve empresas que vendieron el 90% de los cereales, oleaginosas y subproductos del país al resto del mundo entre enero de 2021 y julio de 2022.

Los grandes consorcios de carne declaran producir entre 3,2 a 3,3 millones de toneladas de carne bovina por año, de las cuales se declara exportar 900.000 a un millón de toneladas y se destinan al mercado interno 2,3 a 2,4 millones. A esto se suman casi 3 millones de toneladas de carne de pollo y cerdo. Los primeros frigoríficos son los brasileños Swift y el Grupo Marfrig, los nacionales Arre Beef, Friar (que era del Grupo Vicentin), Frigorífico Rioplatense (de los Constantini), Compañía Bernal, Importadora y Exportadora de la Patagonia, Azul Natural Beef, Santa Giulia, Ecocarnes, Rafaela, Frigolar, Logros y Runfo, que representan el 66% de las ventas al exterior y, además, controlan las ventas por Cuota Hilton y Cuota 481 a Europa y los contratos con Estados Unidos.

El acero tiene nombre y apellido: Grupo Techint. El Aluminio, Aluar. Las cementeras Loma Negra, Holcim, Cementos Avellaneda y Petroquímica Comodoro Rivadavia explican la casi totalidad de la producción nacional. Telefónica de Argentina, el Grupo Clarín y Claro monopolizan las telecomunicaciones.

La extracción de petróleo y gas es realizada por YPF S.A., Total Austral, Pan American Energy (PAE), Petrobas, Pluspetrol, LF Company, Tecpetrol, Apache y Chevron. En refinería, las principales compañías son YPF S.A., Raízen (licenciataria de la marca Shell), Pan American Energy (PAE), Puma Energy, Dapsa, Gulf, Voy con Energía y New American Oil. Y en transporte de gas lideran Transportadora de Gas del Norte (TGN), de Techint y Eurnekián, y Transportadora General del Sur (TGS), de Pampa Energía (BlackRock, Marcelo Mindlin, Joseph Lewis y las familias Sielecki y Werthein), que conectan las cinco cuencas que existen en el país.

Respecto a la electricidad, la principal transportadora eléctrica del país es Trasener (Compañía de Transporte de Energía Eléctrica en Alta Tensión), controlada por Pampa Energía. Las distribuidoras son Edenor (Empresa Distribuidora y Comercializadora Norte, hoy controlada por el grupo Vilas-Manzano-Filiberti), Edesur (Electricidad Distribuidora Sur, controlada por el grupo trasnacional de origen italiano ENEL) y Edelap (Empresa de Electricidad de La Plata, cuyo principal accionista es Rogelio Pagano, ex socio de Marcelo Mindlin), las cuales dominan el 75% del mercado.

La minería en la Argentina se beneficia de características geológicas que favorecen la explotación protagonizada por Barrick Gold, Glencore (la dueña de Viterra y con participación accionaria de BlackRock), Yamana Gold, Anglo Gold, Pan American Silver, Osisko Mining Corporation y Shandong Gold, que extraen minerales (principalmente oro) y declaran haber exportado en los primeros seis meses de 2022 por 1.910 millones de dólares, incluyendo la incipiente venta externa de litio por 246 millones de dólares en el período, según informa la Dirección de Transparencia e Información Minera de la Subsecretaría de Desarrollo Minero. Pero no tenemos acceso a los balances de esas grandes empresas trasnacionales.

En el sector bancario, diez entidades privadas [1] captan el 35% de los 16 billones de pesos de los depósitos del sistema, pero constituyen casi el 60% de los 6,8 billones de pesos que son inmovilizados por pases pasivos, Leliq y Notaliq que, al incrementarse la tasa de referencia del mercado para el mes de agosto de 2022 –que pasó de 46,5% a 64,5% para los pases y del 60 al 69,5% para las Leliq y Notaliq–, implica que los intereses devengados por el stock total de deuda remunerada del Banco Central superan los 401.000 millones de pesos mensuales. No menos de 240.000 millones de pesos por mes de esa suma son apropiados por diez bancos, sin hacer nada. Sólo por tener la autorización para funcionar como banco, captan depósitos y una parte importante (sin correr ningún riesgo) se la prestan al BCRA y ganan fortuna por ello.

Todos los nombrados gozan de una renta extraordinaria por la simple razón de que fijan los precios muy por encima de sus costos reales. La legislación vigente y la falta de controles en la aplicación de leyes regulatorias explican que:

  • En el caso de YPF S.A., durante el segundo trimestre de 2022, el EBITDA [2] ajustado de la compañía alcanzó los 1.500 millones de dólares, consolidando una ganancia neta de 94.063 millones de pesos.
  • Molinos Río de la Plata informa en el balance del primer semestre de 2022 que registró una ganancia de 5.195 millones de pesos. Detallar sus principales marcas facilita la identificación de la magnitud de la compañía, con presencia dominante en góndolas y alacenas de los hogares. Entre otras varias, se destacan Matarazzo, Lucchetti, Exquisita, Granja del Sol, La Salteña, Arlistán, Gallo, Cocinero, Lira, Gallo Snacks, Cruz de Malta, Nobleza Gaucha, Chamigo, Salus, Bodega Nieto Senetiner, Bodega Ruca Malen, Viña Cobos.
  • El grupo Arcor (Luis Pagani), líder en alimentos, principalmente chocolates, golosinas, dulces, helados y galletitas –que incluso tiene participación accionaria en la principal empresa láctea del país (La Serenísima)– reporta ganancias para el primer semestre de 2022 por 18.346 millones de pesos.
  • Cablevisión (Héctor Magnetto-Grupo Clarín) presenta en su balance del primer semestre de 2022 ganancias por 28.640 millones de pesos, gracias a fijar los precios que quisieron porque la Justicia argentina le dio lugar a su reclamo de que no prestan un servicio esencial a la población. Por ende, no respetan ninguna regulación al respecto.

La renta extraordinaria y nuestra historia

En 1946, el gobierno de Juan Domingo Perón consiguió que el Congreso de la Nación aprobara –y después año tras año renovara repetidamente– la autorización para cobrar el llamado Impuesto sobre las Ganancias Extraordinarias, creado a finales de la guerra para gravar aquellos beneficios que se consideraban el producto excesivo de las condiciones bélicas.

Ese mismo año, también se creó el llamado Impuesto a las Ganancias Eventuales, que afectaba a la venta de activos y propiedades inmobiliarias que suponían un rápido incremento de patrimonio no gravado por el impuesto a los réditos. La tasa de este impuesto era del 20% proporcional a la ganancia.

La llamada Revolución Libertadora y las medidas propiciadas por el Plan Prebisch significaron una fuerte devaluación de nuestra moneda y la supresión del impuesto a los beneficios extraordinarios [3]. Nunca más se volvió a tratar el tema hasta llegar a la situación actual que, fruto de eliminar las juntas nacionales de granos y de carnes y los mecanismos de controles de precios, nos encontramos con empresas con fuertes utilidades y un incremento incesante en el nivel general de los mismos.

Este panorama se exacerba, además, con la guerra entre Ucrania y Rusia, dos grandes productores de trigo y de girasol, e impacta en todos los mercados. Y en el caso de Rusia, a su vez, en el precio del gas y todo lo que ello significa.

Ante ello, el pasado 6 de junio, el gobierno nacional presentó el Mensaje 33/2022 y el Proyecto de Ley 0010-PE-2022 en el Congreso de la Nación para incorporar una alícuota adicional del 15% al impuesto a las Ganancias para Sociedades que tuvieron una “renta inesperada” [4], producto de la disparada de precios internacionales que generó la guerra en Ucrania.

En los fundamentos del proyecto se sostiene que, ante esta situación excepcional, se requieren nuevas y mejores herramientas para dotar al Estado de los recursos necesarios para llevar adelante políticas públicas para redistribuir la riqueza hacia los hogares. Mejorar la distribución del ingreso, reducir la pobreza y contener el proceso inflacionario son objetivos fundamentales, y es preciso instrumentar todas las herramientas que se tengan al alcance para lograrlos.

El ministro de Economía de ese entonces, Martín Guzmán, durante la presentación del proyecto en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, destacó que la normativa alcanzaría a firmas con ganancia neta imponible o ganancia contable de más de 1.000 millones de pesos (en 2021 fueron solamente 3,2% de las empresas, unas 19.000 sociedades anónimas) y que cumplan con, al menos, una de dos condiciones:

  1. Su margen de ganancia sobre los ingresos (utilidad neta, se descuenta la inflación) debería ser superior al 10% o
  2. debería aumentar sus utilidades netas en un 20% en 2022 con relación a 2021.

Sin embargo, tras la renuncia del ministro Guzmán se dejó de lado dicho proyecto y se lo reemplazó en la práctica por la Resolución 5248/AFIP que, en lugar de gravar la renta inesperada, lo que hace es un pago adelantado por única vez, a cuenta de la liquidación del Impuesto a las Ganancias.

De acuerdo con esa resolución, serán alcanzadas las empresas que hayan tenido resultados positivos de entre 100 y 300 millones de pesos con una tasa del 15%. Para aquellas empresas que hayan ganado más de 300 millones, la tasa será del 25%. En tanto, quedarán excluidas aquellas personas jurídicas que hubieran obtenido un certificado de exención de Ganancias, vigente en 2021 o 2022.

La norma establece que estas compañías deberán adelantar en seis meses el pago del Impuesto a las Ganancias, con los que la AFIP espera recaudar 250.000 millones de pesos entre octubre y julio de 2023, según afirmó su titular, Carlos Castagneto.

En síntesis

La demostrable existencia de renta petrolera, minera, agropecuaria y financiera debería obligar al gobierno, en una situación límite y totalmente justificada por el exacerbado incremento de los precios y de la tasa de interés, a aplicar un impuesto adicional al de Ganancias, para revertir al menos –en parte– la regresividad del sistema impositivo vigente. Sin embargo lo sustituye por un adelanto en el pago del Impuesto a las Ganancias.

Y lo hace porque el presupuesto de la Administración Nacional, por DNU 331/22, implica una fuerte reducción del gasto para que sea solamente del 20,9% del PIB, cuando el menor gasto público del gobierno de Cambiemos fue del 21,38% del PIB. En el mismo se prioriza el pago de los servicios de la deuda externa e interna en desmedro de las erogaciones previsionales, de los subsidios y de la inversión pública.

Así y todo, la creciente necesidad de financiamiento de mercado interno, con títulos mayoritariamente indexados a una inflación que va a rondar el 90% en 2022, puede hacer que rápidamente el costo de la deuda de corto plazo se acelere, cuando las tres cuartas partes de dicha deuda en pesos está indexada a CER (a la inflación), tiene una duración promedio en torno a un año, y en cada licitación los plazos se acortan más porque los interesados no quieren tomar deuda más allá del 10 de diciembre de 2023.

Es obvio que todo el sistema tributario argentino, tanto en su faz teórica como en la práctica concreta, adolece de no cumplir el “principio de equidad”, que articula y sintetiza a todos los demás principios constitucionales. Un tributo es justo cuando considera las garantías de legalidad, igualdad, generalidad, proporcionalidad, no confiscatoriedad e irretroactividad. Y en ese marco, ni siquiera se busca compensar la inequidad con gravar la renta extraordinaria o no esperada, que hubiera sido lo justo.

 

[1] Los 10 bancos privados más grandes son, en ese orden, Santander, BBVA, Galicia y Macro (en estos cuatro primeros tiene participación accionaria BlackRock), Credicoop, Citi, HSBC, ICBC, Patagonia y Supervielle.
[2] Resultado bruto de explotación, antes de pagar intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones.
[3] Plan Prebisch: a) Suprimir los controles de cambio y la comercialización de exportaciones con intervención estatal. b) Se aplicaron fuertes devaluaciones que beneficiaron a los sectores agrarios más concentrados e hicieron caer el salario real. c) Frente a una inflación creciente, los salarios fueron congelados. d) Se suprimieron todos los subsidios dirigidos al consumo de los sectores populares.
[4] Durante la Guerra de los Seis Días (1967), las empresas petroleras en los Estados Unidos aumentaron sus ganancias en un billón de dólares como consecuencia del enfrentamiento bélico, mientras que los costos locales no se modificaron porque tenían autoabastecimiento. El gobierno de Richard Nixon les fijó un tributo sobre sus utilidades, que tuvo vigencia por dos años.

 

Esperando la renta inesperada

35 años del Hospital Garrahan

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El Hospital «Prof. Dr. Juan P. Garrahan» cumple, en 2022, 35 años. Sin duda, es uno de los centros de salud pediátricos más importantes de Argentina y referencia regional en la materia. Fuertemente comprometido con la salud pública, gratuita y de calidad, el Hospital ha adoptado como valores fundamentales la accesibilidad, la ética, la resiliencia organizacional, la solidaridad, la transparencia y la responsabilidad social.

En el documento que se ofrece debajo, el lector puede acceder a valiosa y completa información estadística de la labor del Hospital y de su evolución histórica en estos 35 años.

 

Ariel Rebello

Director Administrativo Adjunto

 

Garrahan 35 Años

Informe económico mensual

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La cuestión fiscal en Base Caja.

Este documento fue desarrollado con la idea de seguir uno de nuestros problemas recurrentes: la cuestión fiscal, ya sea por el déficit, por los ingresos necesarios, por las operaciones del BCRA en apoyo del Tesoro o de las fuentes financieras del Tesoro.

Sobre la base de los valores corrientes mensuales, la Secretaría de Hacienda (Sector Público Base Caja Esquema Ahorro-Inversión) reúne todos los flujos de ingresos y gastos. Suma organismos como el Tesoro, entidades centralizadas y descentralizadas, y las instituciones de la Seguridad Social Pami, Fondos Fiduciarios y otros. Con relación a estos números, realizamos las siguientes operaciones:

En primer lugar para tener valores reales los deflactamos por el precio promedio del IPC de Santa Fe del año 2019. Podríamos haber tomado otro índice o conjunto, pero no se modificarían mayormente los números obtenidos. En base a esto llevamos todos los valores a precios del 2019 en forma mensual.

Para obtener los valores anuales constantes promedio 2019, simplemente sumamos los valores mensuales obtenidos anteriormente. En el caso de los anuales podemos compararlos con los corrientes que resultan de los números publicados por Hacienda.

Esto se muestra en los cuadros que registran los anuales reales y corrientes.

En el caso de los números correspondientes al 2022, conjeturamos la mayoría de los valores del segundo semestre (julio a diciembre) siguiendo el apotegma de Inodoro Pereyra: «Mejor números redondos y completos».

De acuerdo con nuestro criterio, estimamos un nivel de inflación para el año 2022 del orden del 82 % diciembre 2022 / diciembre 2021 y un promedio para el año del 66 %. Es un poco más baja que las estimaciones publicadas. ¿Por qué esto? Consideramos que llegar al 90 % o más sería un serio problema para la nueva gestión y un tropiezo difícil de remontar.

Las Conjeturas para este segundo semestre 2022 tanto para los Ingresos Corrientes como para los Gastos Corrientes, se ajustan bastante a los porcentajes anteriores de inflación imaginada.

En el caso de las Operaciones del BCRA con el Tesoro, simplemente tomamos los valores de los últimos meses para el 2022. Seguramente es lo más complejo de definir con algún grado de certeza, pero de acuerdo con lo dicho por el nuevo ministro Massa de no utilizar los Aportes Transitorios y, tal como ocurriera en el 2021, el BCRA no ofrece utilidades. Por lo tanto las operaciones posibles se reducen a las Compras (o Ventas de divisas al Tesoro) y el concepto Resto más es complicado de conjeturar. No incluimos operaciones de Mercado Abierto o sea compras de Letras de Tesorería. Una duda en este tema.

Pero la idea es armar un esquema que permita identificar con claridad los números principales de la cuestión fiscal y en segundo término que permita su seguimiento para hacer las correcciones necesarias de acuerdo con los valores que se vayan publicando en este segundo semestre. Es decir, los mayores aciertos o errores de las autoridades.

El nuevo equipo económico y el ministro de varias áreas seguramente traerán cambios importantes para enfrentar la crisis agudizada en los meses recientes. Por lo visto es apropiado “lo de la moneda está en el aire” o más sofísticamente “alea jacta est” (la suerte está echada).

Las correcciones o modificaciones de variables en el área fiscal repercutirán directamente en la inflación y en las reservas del BCRA, y obligarán a modificaciones en los números analizados para mejor o para peor.

Creemos que no será sencillo llegar al 2,5 % del Superávit Primario (déficit) acordado con el FMI, pero por lo visto es el compromiso asumido.

Un material de necesaria lectura son los informes de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), que registran exhaustivamente la operatoria del Presupuesto Anual y los mensuales.

En un momento determinado entre mate y mate, Inodoro se aleja de los problemas y conjeturas económicas a la que nos tiene tan acostumbrados y explora la naturaleza de las cosas y sus orígenes. Vale la pena reproducir el diálogo con su perro Mendieta.

Inodoro le dice a Mendieta: “Mendieta… La caspa de los pelirrojos… ¿es blanca?

El perro, después de interpretar a Inodoro, le responde: “Cuando se interna en la filosofía, don Inodoro… no se sabe cuándo le van a dar el alta”.

Inodoro insiste: “Mi familia debe descender de Platón, de Sócrates… Pereyra se escribe con “Y” griega, Mendieta”.

Con su silencio pensante, Mendieta confirma orgulloso los antepasados de Inodoro.

 

2022 AGOSTO RESUL. FISCAL.docx

Explotar el trabajo ajeno

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La hagiografía del capitalismo presenta las mutaciones en los modos de explotación de los seres humanos y de la naturaleza como el resultado inexorable de los desarrollos técnicos o de fenómenos naturales como la lluvia y el viento.

Actúan como lastre para desenmascarar estas posiciones tres presupuestos propios de la tradición marxista pero ajenos a Marx: 1. La inexorabilidad de la evolución de la historia y el etapismo; 2. La creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas determina los modos de producción; y 3. El fetichismo de las formas jurídicas.

El carácter inexorable de las transformaciones está avalado por la creencia en una teleología de la historia, propia de la ideología del socialismo reformista.

Parte de la historiografía marxista ha considerado que una sociedad sin clases sólo podría provenir como superación del modo de producción capitalista. Marx, por supuesto, nunca fue marxista a este respecto. Su correspondencia sobre las posibilidades de la construcción del comunismo a partir de la comunidad rusa basta para demostrarlo.

Tanto la expresión del materialismo dialéctico paleo-marxista como la propaganda de los fundamentalistas del mercado comparten una visión económica determinista (de la historia en el primer caso, de su finalización en el segundo). Las leyes económicas son presentadas cual leyes físicas del mismo modo obtuso con que se negaba la posibilidad del vuelo con aparatos más pesados que el aire (“Si Dios hubiera querido que el hombre volara, le habría dado alas”).

Si existen etapas históricas que han de transitarse necesariamente, el movimiento lo es todo; la meta final no es nada, como decía Bernstein. Se trata de que la historia siga su camino necesario y que la acción política se reduzca a la gestión de reformas. Ello redunda en una sacralización de lo dado y en la actividad de los partidos “socialistas” para asegurar el desarrollo del capitalismo como etapa intermedia necesaria.

Esta ideología de la “gestión” progresista ha cedido la capacidad de enunciar un cambio a las fuerzas de extrema derecha. Así, el trabajo es un mal innecesario o es un bien escaso según la necesidad del discurso. En definitiva, el trabajo es la limosna que el capital deja como un regalo sentimental (una debilidad a ser corregida) a los seres oscuros y sin nombre. Desaparece todo, menos la luz. La luz de la economía racional y las leyes del mercado. Fuera de ella, en la oscuridad, se escuchan los murmullos de la plebe, con sus costumbres, sus ídolos, sus supersticiones y sus ritos. En el rigor de las leyes del mercado se enuncia como bienaventuranza que los desposeídos deban vender al precio que se oferte todo lo que aún se adhiere a su humanidad, no sólo su fuerza de trabajo sino incluso sus órganos.

En segundo lugar, contribuye al éxito ideológico de esta presentación la creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas es lo que determina los modos de producción. En esta creencia, es el molino de agua el que creó el feudalismo o son las tecnologías informáticas o de gestión del trabajo las que determinan el modo de explotación neoliberal.

No son las fuerzas productivas las que determinan los modos de producción, sino que son los modos de producción los que encuentran en la tecnología existente los métodos de imponer y reforzar su dominio o hegemonía sobre los sectores subordinados de la sociedad en cuestión. En la base misma del sistema de producción se encuentra la opción político-jurídica: la imposición de un sistema de distribución en el seno de una sociedad. Esta distribución va a determinar la organización social del trabajo e incluso los contenidos materiales y tecnológicos de la producción. Los romanos conocieron y desarrollaron modelos de molino de agua, tal como lo señalan los escritores agraristas, pero su desarrollo no era esencial para el modelo de distribución y producción del imperio romano. Del mismo modo, la producción de pequeñas series propia del modelo post-fordista no es un invento de finales del siglo XX. Era fundamental durante todo ese siglo para la industria de la moda y su extensión a las demás industrias fue una respuesta al desarrollo de la lucha de clases a partir de los finales de la década del ‘60.

Finalmente, resulta necesario desbrozar lo que puede llamarse el fetichismo de las formas jurídicas que se encuentra vinculado a los dos primeros presupuestos. García Linera dice (2021:90): “Las definiciones juridicistas de las clases, tan propias de los manuales y los panfletos, son una auténtica barrera epistemológica para entender las estratificaciones sociales no-capitalistas. Aún más, la propia complejidad que adoptan las clases definitorias del régimen del capital son imposibles de entender a partir de esas caracterizaciones leguleyas o tecnicistas que se le atribuyen al marxismo”.

No se puede entender el modo de producción (y reproducción) capitalista teniendo como brújula la propiedad de los medios de producción (para la definición de burgués o empresario) o el salario (para la definición de proletario o trabajador).

Para enfrentar estos tres obstáculos epistemológicos tan imbricados en la concepción vulgar del marxismo y dar cuenta del estado actual de la lucha de clases, no hay que hacer adendas o revisiones del pensamiento de Marx, sino recuperar el filo de sus desarrollos conceptuales, lejos del revisionismo y de los santorales escritos para justificar un régimen o un autor.

El capital no es el dinero, ni los medios de producción, ni las mercancías que son el resultado del proceso de producción. Para que estos elementos se transformen en capital, los mismos deben ser elementos de los procesos de producción y de valorización. El capital es valor que se valoriza, al menos potencialmente. El capital es idéntico al proceso de valorización.

El capital es un proceso de valorización específico de un modo de producción, el capitalismo, que requiere condiciones históricas y económicas que le permitan desarrollarse. Esta unidad de dos procesos en relación dialéctica, en que los sujetos adquieren sucesivamente la función de comprador y vendedor de fuerza de trabajo y mercancías, en dos partes de un ciclo, el proceso de producción y el proceso de circulación que también se encuentran en la unidad dialéctica de procesos de trabajo y de valorización que ocurren conjuntamente. El proceso capitalista sólo puede ser entendido teniendo en cuenta estos dos aspectos, esta unidad de los opuestos.

Cuando se afirma, por ejemplo, que el capital es imprescindible para el trabajo o que sin capital el obrero no puede trabajar, se lo eterniza como categoría. El capitalismo es un modo de producción, pero sólo se puede hablar de capitalismo teniendo en cuenta las diferencias específicas con otros modos de producción.

Identificar el capital con los medios de trabajo o incluso con el proceso de trabajo escamotea las características propias del capital como proceso de valorización. Y ese olvido, desde el punto de vista de las izquierdas, hace olvidar que el dependiente nace como tal en tanto capital variable. Se es trabajador como fracción de capital, precisamente la que hace posible el proceso de valorización del capital. Por este motivo, el trabajador sometido al poder de mando del capital nace con una conciencia enajenada. Es trabajador en tanto capital variable y por eso puede llegar a considerarse parte de la empresa.

La naturaleza polar de las mercancías vendidas entre trabajador y empresario son las condiciones mismas de existencia del sistema capitalista: a) la libertad formal del trabajador que puede vender su mercancía principal, la fuerza de trabajo; b) la opresión real del trabajador que debe vender la fuerza de trabajo para poder conservar sus condiciones de subsistencia.

Ingresado al proceso de trabajo y valorización, el trabajador abandona su libertad formal para actuar bajo el dominio del capital, que determina las condiciones objetivas del proceso de producción. Se ingresa a trabajar como un medio de estos procesos que le son ajenos. Esta es la definición propia de la dependencia. Es la subsunción formal del trabajo en el capital.

“El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital. Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda”. (Marx, 1997: 54).

Para que el capitalismo como sistema o capitalismo desarrollado pudiera nacer, era necesario que el capitalismo abandonara su forma local y se convirtiera en una economía mundo, para lo cual fue necesaria la primera forma general de apropiación originaria, como fue el saqueo del continente americano por los europeos. El capitalismo como sistema se eleva sobre el hueco insondable del cerro del Potosí.

Esa inyección de dinero es lo que permite al mismo tiempo la aparición de la subsunción real del trabajo en el capital con el desarrollo de la maquinaria y, fundamentalmente, que el capital fuera la fuerza directriz de las naciones.

Deleuze y Guattari (1988:461-462) dan una idea adecuada de la diferencia entre subsunción formal y subsunción real del trabajo en el capital, si bien refiriéndola a la diferencia entre la esclavitud y la sujeción del hombre moderno en el capitalismo, respecto de las cuales la calificación es inadecuada. Para ellos hay esclavitud (hay subsunción formal del trabajo en el capital) “cuando los hombres son partes constituyentes de una máquina bajo el control y dirección de una unidad superior”, y hay sujeción (subsunción real del trabajo en el capital) cuando la unidad superior constituye al humano como un sujeto que remite a un objeto que ha devenido exterior.

Tampoco se puede confundir el capital o el mercado con el sistema capitalista, que es el sistema del señorío del capital sobre la sociedad y el Estado. Es el sistema de la dictadura de la burguesía. El valor de cambio presupone las cosas en las que se encarna, pero él no es una cosa sino una relación. El capital presupone el valor de cambio, pero sin el poder de mando sobre el trabajo no se constituye como tal y el capitalismo no es sólo la existencia de capitales o mercados, sino el poder de mando de los capitales o el mercado sobre la sociedad.

No es posible pretenderse capitalista y estar en contra del neoliberalismo, ya que el neoliberalismo no es otra cosa que la realización del capitalismo como sistema. Oponerse al capitalismo como modo de producción dominante sobre la sociedad y el Estado no implica oponerse necesariamente al desarrollo del capital, incluso si es extranjero. El socialismo no es sinónimo de estatización o persecución del capital, incluido el capital extranjero o multinacional, como sucedió en la Unión Soviética dirigida por Lenin a partir de la NEP, admitiendo la concurrencia de capitalistas e incluso de capital foráneo, siempre subordinado a las necesidades del Estado y el pueblo soviético.

El Estado socialista es la ampliación de márgenes de participación comunitarias y democráticas con miras a su extinción futura en una sociedad sin clases y sin Estado. Por eso Lenin consideraba el socialismo en esa etapa como colectivización más electrificación. No puede construirse el socialismo sobre la base del empobrecimiento de los trabajadores en nombre de ideas. Esa desviación es el idealismo y el socialismo utópico. El marxismo es un materialismo. El significado del socialismo es poner fin a la dictadura de la burguesía que se manifiesta en la toma del poder del Estado a partir de resortes claves como la prensa comercial o los poderes judiciales oligárquicos.

 

DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Félix (1988), Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Pre-textos, Valencia.

GARCÍA LINERA, Álvaro (2021), La potencia Plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia, Prometeo Clacso, Buenos Aires.

MARX, Karl (1997), El Capital. Libro I Capítulo VI (inédito), Siglo XXI, México.

 

Explotar el trabajo ajeno

En el mismo lodo

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Han sido días tremendos. Primero se murió mi Morganita, la princesa bulldoguita que me acompaño durante los últimos trece años. Nada tengo para reclamarle, salvo el hecho innegable de haberse muerto. Hace casi 6 años yo acababa de romper con mi novio, al que adoraba de modo poco sano y mi Morganita tenía que atravesar una cirugía por cáncer. Recuerdo haber estado llevándola a la veterinaria y explicándole mientras lloraba asustada que yo lo había perdido todo al perder de modo horrible a mi novio y que no podía perderla a ella también. Y Morganita me entendió y se quedó conmigo, superó su enfermedad y vivió varios años más, incluyendo acompañar al lobo y a mi misma durante la pandemia. Morganita y su ronquido constante. Yo no sé bien cómo dormir sin ese ronquido y pongo en loop un video de un bulldog roncando para no quedar presa del insomnio.

El Lobito y yo la extrañamos mucho, muchísimo. Sin el ronquido, la casa se siente vacía, aun cuando Lobito se esmera en hacer todo el ruido que puede con sus travesuras.

No habíamos ni empezado el duelo de la Morganita cuando mi mamá se enfermó y tuve que viajar a San Juan. Todos en la familia, incluyendo a mamá, nos llevamos un sustazo. Afortunada y tercamente, mi mamá se recupera ahora en San Juan. Y como no hacía desde hace años, pasé más de una semana allí, en ese lugar con horizonte de montañas azules –como debe ser todo horizonte de bien— que llamo y siento mi casa. Y pude estar para acompañar a mi papá, que sin mamá está un poco perdido, a recibir su doctorado Honoris Causa por haber sido un gran —inolvidable, dicen sus alumnos— docente de artes plásticas y filosofía. Y yo les creo, porque he visto el amor que mi papá le tenia a la Universidad y a sus clases y a los artistas sanjuaninos que promueve y promovió desde siempre.

Durante esos días de cielos perfectos y días tristes con mi mamá enferma comenzó el alegato del fiscal Luciani, en la causa de Vialidad. Lo miraba por las mañanas antes de ir a la clínica a ver a mi madre y luego lo terminaba de ver por las noches. No resultó conmovedor, como había anunciado Joaquín Morales Solá. Tampoco resultó tan sólido en términos jurídicos como esperaban los opositores. Tal vez los únicos conformes sean los liguistas que vieron el resurgir de los adjetivos calificativos que, a decir verdad, hacía años que no fluían con tanta generosidad. La sobreactuación de indignación por parte de los fiscales —que por cierto, y como suele suceder con muchos fiscales, exhiben sin pudores un supino desconocimiento de los principios del derecho administrativo— completó un cuadro francamente desolador y demostró cómo funciona el Poder Judicial cuando actúa como verdugo y no como poder judicial. ¿Leyes? ¿Garantías? ¿Fundamentos? ¿Pruebas? ¿Debido proceso? Ay, no sean ingenuos, nada de eso se verifica en el juicio de Vialidad. Reemplazaron todo lo anterior por adjetivos, indignaciones varias y un show televisivo de escasa calidad.

Y así transcurrió el show de morondanga, mientras las y los cockers de turno repetían a coro “tres toneladas de prueba” como si las unidades de medición de peso tuviesen alguna relevancia jurídica. También escuché y leí que había quienes opinaban –como dignos egresados de la Academia Pitman del Derecho— que Cristina no se defendía de las pruebas, que se limitaba a escuchar los alegatos del fiscal. Argumentos propios de gente que lo ignora todo, incluso que primero alegan los acusadores y luego las defensas. Pero lo más insólito que leí fue lo que dijo una colega abogada, María Eugenia Talerico, que se presenta como “Abogada penalista experta en temas de integridad financiera, lavado de activos y financiación del terrorismo”. Ella reclamó en Twitter que la Vicepresidenta “pruebe su inocencia”, olvidando meridianamente que la inocencia no se prueba, sino que se  presume y que son el fiscal y los otros acusadores quienes deben probar la culpabilidad. Digamos que Talerico se olvidó del principio de inocencia  y de las normas constitucionales y los tratados de derechos humanos que consagran este principio básico del proceso penal.

No es un olvido menor, porque en palabras de Enrique Petracchi, ignorar el principio de inocencia “importaría ni más ni menos que echar por tierra un bien que la humanidad ha alcanzado y mantenido a costa de no pocas penurias: el principio de inocencia, el cual, tal como lo señaló la Corte Suprema estadounidense in re «Coffin vs. United States» (156 U.S. 432, págs. 453 y sgtes.), posee antecedentes muy lejanos en el tiempo. Así, en dicha oportunidad el citado tribunal recordó lo acontecido en épocas del Imperio Romano: Numerius —Gobernador de Narbonensis— se hallaba sometido a juicio criminal, y había asumido su propia defensa negando su culpabilidad y la falta de prueba en su contra. Delphidius, su adversario, previendo el rechazo de la acusación se dirigió a Juliano: «¡Oh! Ilustre César —le dijo— si es suficiente con negar, qué ocurrirá con los culpables»; a lo que Juliano respondió: «Y si fuese suficiente con acusar, qué le sobrevendría a los inocentes». (Ammianus Marcellinus, Rerum Gestarum. L.XVIII, C.l). Tan venerable y remoto legado no puede ser desconocido sino a riesgo de negar la propia dignidad humana y la Constitución Nacional, pues, según reza su texto, «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo» (art.18 de la Constitución Nacional)”. Say no more.

Acababa de regresar de San Juan cuando me desperté con la tapa del Pagina/12 dominical, donde Tuny Kollman dio cuenta de que el fiscal Luciani y el juez Giménez Uriburu habían conformado un equipo de fútbol junto con Mariano Llorens, camarista federal, y algunos encumbrados dirigentes macristas. Como si eso no fuese suficiente, los partidos se habían realizado en la quinta los Abrojos, propiedad de Mauricio Macri. Leí esa mañana y mi cerebro de abogada inmediatamente delineó una recusación, tanto del juez como del fiscal.

Y eso fue exactamente lo que sucedió. CFK y los otros acusados recusaron a ambos: juez y fiscal, por amistad manifiesta entre ambos. Porque entre otras cosas se olvidaron de que la misión del fiscal es controlar la actuación del juez y el respeto a las garantías de las partes y sobre los jueces pesa la obligación de imparcialidad.

La pregunta es: ¿cómo el controlante, esto es el fiscal, va a controlar a su compañerito de equipo de futbol, el controlado, esto es el juez? ¿No debieron ambos, el juez y el fiscal, poner en conocimiento de las partes la relación de compañeros de equipo de futbol no solo para tranquilidad de las partes sino además de la sociedad? Así se hubiesen evitado sin duda las suspicacias que ahora existen.

Ha sostenido la Corte Suprema respecto de las decisiones que versan sobre la recusación de los jueces que «puede, en caso de rigurosa excepción, existir razón valedera que justifique apartarse de tal regla, si de los antecedentes de la causa surge que el ejercicio imparcial de la administración de justicia se encuentra tan severamente cuestionado que el derecho de defensa comprometido exige una consideración inmediata en tanto constituye la única oportunidad para su adecuada tutela” (Fallos: 306:1392 y 316:826).

Creo honesto decir que sobre el doctor Giménez pesa una grave omisión. Que consiste en no excusarse en los términos del artículo 55, inciso 11 del CPPN. Y sobre el fiscal pesa el hecho que avaló la no excusación del juez, lo cual demuestra una grave violación a los deberes de resguardo de la legalidad y de la objetividad que pesan sobre todos los integrantes del Ministerio Público Fiscal.

Por eso me resultó conmovedor el argumento publicado por varios medios respecto a que dejó de participar en dichos partiditos cuando le tocó la causa Vialidad. Señal evidentísima de que el fiscal entendía que esa relación de compañeros de equipo de futbol implicaba una causal de recusación.

Como era esperable, y pese a lo señalado por la Corte, la recusación de ambos fue rechazada. Los argumentos son de una puerilidad rayana en la idiotez. Y en la negación de lo obvio.

Voy a hacer una pregunta que, conforme a los adjetivos que tanto le gustan a Luciani, apela al sentido común: ¿alguien de nosotros aceptaría ser juzgado por un fiscal y un juez que integran el mismo equipo de fútbol? Y lo que es más, ¿que van a jugar sus partidos con colegas y amigos de quien es nuestro contendiente? La respuesta es tan obvia que por sí sola descalifica la ridícula respuesta que dio el tribunal.

Concluyo con el fragmento de una sentencia de la Corte Suprema en el caso Llerena, donde consigno el tribunal que “la opinión dominante en esta materia establece que la imparcialidad objetiva se vincula con el hecho de que el juzgador muestre garantías suficientes tendientes a evitar cualquier duda razonable que pueda conducir a presumir su parcialidad frente al caso. Si de alguna manera puede presumirse por razones legítimas que el juez genere dudas acerca de su imparcialidad frente al tema a decidir, debe ser apartado de su tratamiento, para preservar la confianza de los ciudadanos —y sobre todo del imputado— en la administración de justicia, que constituye un pilar del sistema democrático».

Con claridad meridiana lo explica Roxin cuando asevera que «en el conjunto de estos preceptos está la idea de que un juez, cuya objetividad en un proceso determinado está puesta en duda, no debe resolver en ese proceso, tanto en interés de las partes como para mantener la confianza en la imparcialidad de la administración de justicia” (Roxin, Claus, Derecho Procesal Penal, trad. Córdoba, Gabriela y Pastor, Daniel, Editores del Puerto, Bs. As., 2000, pág. 41)”.

A quién le importa todo eso, cuando la situación es la siguiente: rechazaron la recusación, y se debe apelar ante la Cámara de Casación. Dos de sus miembros fueron señalados como visitantes asiduos –y no declarados– de la Casa Rosada y de la Quinta de Olivos. Cuando Casación haga su magia, se puede recurrir ante la Corte Suprema, de cuatro miembros y dos de ellos con comunicaciones habituales y también reservadas con el anterior Poder Ejecutivo Nacional. ¡Y dale que va!!!

Mientras hacen lo que hacen, los funcionarios que llevan adelante la persecución han convertido al poder judicial en un lodazal, donde sin ley ni derechos ni garantías están todos revolcados.

 

 

En el mismo lodo

Una carga insoportable

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La estrategia de aproximación indirecta busca el sometimiento de las fuerzas contrarias mediante una maniobra envolvente o induciendo su quebrantamiento moral, sin necesidad de una batalla decisiva. Es lo que hacen el FMI y sus personeros con nuestro país en base a una deuda espuria, que no se investigó y que fue tomada en forma arbitraria e inconstitucional, que incluso viola el inciso A del artículo 6°del Convenio Constitutivo del FMI [1] por el cual esa institución se obliga a realizar un monitoreo para ver el destino de los fondos. En el caso argentino no solo no se hizo sino que se le prestó al gobierno de Cambiemos en plena corrida cambiaria, mientras el Banco Central de esa gestión vendía sin límite las reservas internacionales, hecho que de por sí tornaba más previsible que se endeudaba al país para posibilitar la fuga.

La deuda tomada con el FMI no fue autorizada por el Congreso de la Nación, como lo exige el artículo 75 inciso 4 de la Constitución Nacional, que incluye entre las atribuciones de los legisladores la de “contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación”.

El Presidente Alberto Fernández en la inauguración de las sesiones ordinarias del 1º de marzo de 2021 dijo: “Una deuda tomada por un gobierno irresponsable que obtuvo un crédito otorgado en su favor por motivos absolutamente políticos merece una revisión y un tratamiento adecuado a la hora de su renegociación. Tanta mala fe de los tomadores del crédito y tanto desdén de funcionarios políticos de un organismo multilateral por privilegiar a un gobierno en la coyuntura no puede ser visto como un caso más”.

Sin embargo no se investigó la deuda: los organismos encargados de hacerlo –gracias al secreto fiscal, bursátil y financiero– no dan ninguna explicación y mientras tanto se pagan los intereses en base al presupuesto de la Administración Nacional.

Es más, con fecha 21 de mayo de 2020 el Banco Central publicó el informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019”, en el que demuestra que de la deuda tomada por la gestión de Cambiemos la “fuga de capitales” del período comprendido entre diciembre de 2015 y octubre de 2019 alcanzó los 86.200 millones de dólares. El informe sostiene que 6.693.605 personas físicas y 85.279 personas jurídicas compraron esos 86.200 millones de dólares durante la gestión de Cambiemos, pero los 100 mayores adquirieron 24.679 millones de dólares.

Ni el Banco Central (que armó el listado) ni el gobierno nacional dieron a conocer los nombres de los que compraron las divisas en que se endeudaba el Tesoro de la Nación de la gestión de Cambiemos. Sí lo hizo El Cohete a la Luna en una nota titulada Los 100 de Macri del 24 de mayo de 2020, firmada por su director Horacio Verbitsky, lista jamás desmentida por los interesados ni por el Banco central. Entre esos grande fugadores están Telefónica Argentina con 1.248,2 millones de dólares y Pampa Energía SA (del grupo Midlin y Josep Lewis) con 903,9 millones de dólares [2]; Monsanto Argentina SA (donde hizo toda su carrera Gustavo Idígoras, actual presidente de CIARA-CEC y conspicuo miembro del Consejo Agroindustrial Argentino); el Grupo Clarín con DirecTV Argentina S.A. y Telecom Argentina SA; el grupo Techint con Siderar SA, Transportadora de Gas del Norte y  Tecpetrol SA; Hidrovía Paraná SA (empresa que tiene la concesión del dragado del Río Paraná); Aceitera General Deheza, una de las grandes beneficiadas con las privatizaciones y concesiones del menemismo, que posee tres puertos propios (uno de ellos socio con la multinacional Bunge) en los 70 kilómetros del nodo portuario del Gran Rosario-Santa Fe que van desde Arroyo Seco al sur hasta Timbúes al norte de esa ciudad; y también están Arcor SA de la familia Pagani; el Grupo Galicia de los Braun, Ayerza y Escasany [3]; el Banco HSBC y el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain, entre otros.

Ninguna de las 100 empresas de la lista de quienes compraron 24.679 millones de dólares puede demostrar en sus estados contables de dónde detrajeron los recursos para adquirir esa cantidad entre 2016 y 2019, lo que supone la comisión de los delitos de evasión fiscal y fuga de capitales por parte de los compradores e incumplimiento de las leyes, incluida la de “lavado de activos”, para los bancos, que les vendieron esos dólares del Banco Central y no tomaron los recaudos sobre el origen de los fondos.

Programa del FMI

Sin investigar la deuda, se acordó el pago con el FMI e incluso se lo refrendó por la Ley 27.668 que aprobó el “Programa de Facilidades Extendidas a celebrarse entre el Poder Ejecutivo nacional y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para la cancelación del Acuerdo stand-by celebrado oportunamente en 2018 y para apoyo presupuestario”. La Administración Nacional debe cerrar este año con un déficit fiscal primario (antes del pago de los intereses de la deuda) del 2,5% del PIB [4], una contracción de la asistencia monetaria al Tesoro de hasta el 1% del PBI y un incremento de las reservas internacionales netas de 5.800 millones de dólares para 2022.

Los números presentados por la Secretaría de Hacienda muestran que al 30 de junio de 2022 el déficit primario fue de -755.975,7 millones de pesos, y ello gracias al aporte de 359.461 millones del INSSJyP (PAMI) y de los Fondos Fiduciarios, porque la Administración Nacional fue deficitaria en -1.115.436,7 millones (1,12 billones de pesos). Eso significa al tipo de cambio oficial el 1,92% del PIB, que obviamente se proyecta mayor dada la menor recaudación real esperada en la segunda parte del año y las mayores erogaciones.

Analizando la evolución de la recaudación tributaria de los primeros siete meses de 2022, el incremento nominal es igual a la inflación medida por el IPC del INDEC. Pero se observa una caída en las retenciones (derechos de exportación) que llama la atención, porque no es lo que declara la Balanza de Pagos y tampoco el sector (un informe de CIARA-CEC sobre exportaciones de los primeros siete meses de 2022 contra igual lapso de 2021 muestra un incremento del 10,55% en dólares). Allí habría que poner la lupa pues significa un importante recurso para la Administración.

 

Nota: En dólares corrientes. Fuente: CIARA-CEC.

Obviamente que con el perfil y la estructura tributaria se torna cada vez más difícil financiar el gasto público, máxime cuando la incertidumbre cambiaria y la suba persistente de la tasa de interés, en un marco de aceleración inflacionaria, impacta e impactará negativamente en el nivel de actividad.

Obviamente también el gasto que más se incrementó con respecto al primer semestre del año pasado es el de los subsidios energéticos, que el mismo informe de la Secretaría de Hacienda estimó en un 38% real (deflacionado). De allí las medidas adoptadas de segmentación de las tarifas y subsidios solo hasta el consumo mensual de 400 kilowatts. En forma similar se procede con las transferencias a las provincias que en el primer semestre significaron un total de 404.038,6 millones de pesos (transferencias corrientes por 269.921,8 millones y transferencias de capital por 134.116,8 millones) que significaron el 5,6% del presupuesto ejecutado, suma muy menor al 7,13% que representó para igual período en 2021.

Al 30 de junio 2022 los gastos totales ascendieron a 7.210.484,3 millones, que representan el 43,9% del gasto total previsto para el presupuesto del corriente año, de 16.425.485 millones (ampliado por decreto 331/22), teniendo en cuenta que la Argentina no puede colocar nuevos títulos de deuda en el exterior y no podrá recurrir al Banco Central por estar excedido dicho financiamiento del 1% del PIB (comprometido con el FMI), que ante ello incluso obligó al Tesoro de la Nación a devolverle al Banco Central 10.000 millones el martes último.

A su vez el acuerdo con el FMI prevé la posibilidad de financiar hasta 0,2% del PBI con organismos multilaterales, y los restantes 2,3% deben conseguirse en el mercado interno, en un marco de incertidumbre cambiaria en que el Banco Central incrementó la tasa testigo el 11 de agosto elevando la TNA (tasa nominal anual) de los pases a un día a 64,5% (desde 55%), la Leliq a 28 días a 69,5% (desde 60%) y la Leliq a 180 días a 76%, obviamente la tasa efectiva correspondiente es mucho mayor.

El 8 de agosto el Tesoro de la Nación renegoció títulos de deuda por dos billones de pesos que vencían en agosto, septiembre y octubre de 2022, con una participación del 85%,a través de la colocación de “bonos dual” [5], con los que pospuso esos pagos para 2023. Ello le permitirá afrontar compromisos por 479.991 millones de pesos en los próximos tres meses, al lograr reducir los vencimientos proyectados a 115.318 millones de pesos este mes, a 209.337 millones en septiembre y a 155.336 millones en octubre.

Por ende el mecanismo de financiamiento que le queda al Tesoro de la Nación y que empleó en su momento el entonces ministro Martín Guzmán es la registración contable que implicaba contar los DEG en el Presupuesto (lo que permite reducir el rojo fiscal) y al mismo tiempo usarlos para devolver adelantos transitorios al Banco Central [6].

Por ende, no resulta tan alarmante la situación fiscal, nada que no se pueda administrar siempre y cuando las variables (precios, dólar, actividad, etc.) se desenvuelvan en porcentajes previsibles. Es más, de continuar un proceso de aceleración de los precios, el Estado nacional puede y debe recurrir a adelantos de cobro de impuestos a las ganancias y/o a un gravamen extraordinario por única vez que alcance a la renta minera, hidrocarburífera, agropecuaria y financiera.

La renta es la diferencial entre el costo en dólares de extracción o producción argentina y el precio que se vende ese producto en el mercado mundial. En primer lugar en la producción agropecuaria, porque la Argentina es un gran productor y oferente de esos bienes en el mercado mundial y, obviamente, el costo promedio es muchísimo menor que el del precio en los mercados internacionales, esencialmente por nuestra pampa húmeda, una de las tierras más fértiles del mundo, donde más rinde por hectáreas tienen la soja, el maíz, trigo, girasol, sorgo, etc. Igual se debe hacer con la minería y con la extracción de petróleo y gas. Por último, se debe gravar las Leliq y otras inmovilizaciones y encajes remunerados por el Banco Central.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el costo laboral sobre ventas de las principales empresas alimenticias argentinas cayó del 18,9% en 2016 al 12,2% en 2021. Esa ganancia extraordinaria por reducción del costo salarial en la formación de los precios de las principales empresas alimenticias se transforma en fuga de capitales.

Los empresarios con la ganancia extraordinaria operan en CCL (Contado con Liqui), que consiste en comprar títulos o acciones en pesos, que a la vez cotizan en dólares en el exterior, y una vez adquiridos el inversor los vende en el mercado extranjero y recibe a cambio un depósito en dólares. La cotización del CCL al 12 de agosto es de 290 pesos. Significa que compraron por ejemplo un bono (título) público o una acción por un dólar (a 140 pesos) y la vendieron en el exterior a 0,47 dólares (menos de la mitad) Se extranjeriza la economía (el que compra es un residente extranjero) y se fugan capitales, porque esos dólares no reingresan al país.

Tienen una renta extraordinaria por la suba de los precios y esa ganancia la fugan a través del mecanismo de CCL. Ese procedimiento debería prohibirse y, si no se lo hace, al menos gravarse y que contribuyan al fisco.

Reservas internacionales del Banco Central

De lo que los medios no hablan o lo hacen muy parcialmente es del brutal descenso de las reservas internacionales del Banco Central: luego de tener un superávit comercial hasta julio de 2022 de 31.000 millones de dólares, las reservas son 7.371 millones de dólares menos que cuando asumió Alberto Fernández.

 

En millones de pesos o de dólares según corresponda. Fuente: Gerencia de Estadísticas Monetarias del BCRA.

 

La meta con el FMI era para este año lograr un incremento de las reservas internacionales netas de 5.800 millones de dólares.

En síntesis

Por una deuda que fugó una minoría, el gobierno nacional se subordina al FMI, que fue cómplice y partícipe de la fuga de capitales por una suma que –aun haciendo los mayores sacrificios– no se puede pagar, como es la deuda por 45.400 millones de dólares en diez años.

Por ende y dado lo reseñado, se debe suspender todo pago al FMI hasta que se sepa fehacientemente a dónde fue cada dólar tomado en crédito al organismo internacional, tal como lo propuso en su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso el 1º de marzo de 2021.

La principal tarea del gobierno no es acordar con el FMI sino investigar adónde fueron los dólares que conforman esa deuda.

 

 

[1] Artículo 6º incido A: “Ningún país miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital, y el Fondo podrá pedir al país miembro que adopte medidas de control para evitar que los recursos generales del Fondo se destinen a tal fin. Si después de haber sido requerido a ese efecto el país miembro no aplicara las medidas de control pertinentes, el Fondo podrá declararlo inhabilitado para utilizar los recursos generales del Fondo”.
[2] En ambas empresas (Telefónica y Pampa Energía) reconoce tener participación en su capital Larry Fink, titular del fondo BlackRock.
[3] Larry Fink reconoce participación en el capital accionario del Grupo Banco Galicia por un 18,8% del total.
[4] El PIB del año 2021 se estimó en 416.111 millones de dólares.
[5] Al momento de su vencimiento, los tenedores de bonos duales pueden elegir si quieren que se lo ajuste por la variación del índice de precios minoristas o por la del dólar.
[6]1) FMI le envía al Tesoro de la Nación los DEG; 2) El Tesoro remite esos DEG al Banco Central; 3) El BCRA acrecienta las reservas internacionales y emite billetes y monedas a cambio, que le da al Tesoro; 4) Ingresa por Rentas Generales y el Tesoro lo emplea para pagarles parte de la deuda por “Adelantos al Tesoro” al BCRA; 5) Al pagarle al FMI la cuota de capital por un valor equivalente a los DEG recibidos por el acuerdo firmado; 6) El Tesoro le da al BCRA una letra denominada en dólares estadounidenses por el monto del capital adeudado al FMI en esa misma moneda, a diez años de plazo, con amortización íntegra al vencimiento, precancelables total o parcialmente; 7) El BCRA recibe los dólares y paga las cuotas de deuda con el FMI; 8) Resultado: el BCRA se queda con una letra a diez años de plazo, el Tesoro con la posibilidad de pedir nuevos “adelantos” al BCRA y el FMI percibe su pago en DEG.

 

UNA CARGA INSOPORTABLE

 

Lo que late en El Capital

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Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal.

Carlos Marx (1997a:17)

La hagiografía del capitalismo presenta las mutaciones en los modos de explotación de los seres humanos y de la naturaleza, como el resultado inexorable de los desarrollos técnicos o de fenómenos naturales como la lluvia y el viento.

Actúan como lastre para desenmascarar estas posiciones tres presupuestos, propios de la tradición marxista pero ajenos a Marx: 1. La inexorabilidad de la evolución de la historia y el etapismo; 2 La creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas determina los modos de producción y; 3. El fetichismo de las formas jurídicas.

El carácter inexorable de las transformaciones está avalado por la creencia en una teleología de la historia, propia de la ideología del socialismo reformista.

Gran parte de la historiografía marxista ha considerado las luchas de clases de etapas pretéritas como expectativas condenadas históricamente al fracaso, desde las mismas condiciones objetivas pues una sociedad sin clases sólo podría provenir como superación del modo de producción capitalista. Esta condena histórica determinista tenía como correlato un optimismo también determinista respecto del papel de la clase obrera como sepulturera del capitalismo. Marx, por supuesto, nunca fue marxista a este respecto. Su correspondencia sobre las posibilidades de la construcción del comunismo a partir de la comunidad rusa, basta para demostrarlo.

Tanto la expresión del materialismo dialéctico paleomarxista, como la propaganda de los fundamentalistas del mercado comparten una visión económica determinista (de la historia en el primer caso, de su fin en el segundo). Las leyes económicas son presentadas cual leyes físicas pero no en el sentido que le daba Newton sino del mismo modo obtuso con que se negaba la posibilidad del vuelo con aparatos más pesados que el aire (“Si Dios hubiera querido que el hombre volara le habría dado alas”).

Si existen etapas históricas que han de transitarse necesariamente, el movimiento lo es todo; la meta final no es nada, como decía Bernstein. Se trata de que la historia siga su camino necesario y que la acción política se reduzca a la gestión de reformas. Ello redunda en una sacralización de lo dado y en la actividad de los partidos “socialistas” para asegurar el desarrollo del capitalismo como etapa intermedia necesaria.

Zizek (2004:155) señala: “Si la pospolítica de hoy es el oportunismo pragmático sin principios, entonces la reacción izquierdista predominante puede ser descripta apropiadamente como oportunismo con principios; hay una simple adhesión a viejas fórmulas (Estado de bienestar, etcétera), y se los llama principios, obviando los análisis detallados de los cambios en la situación y conservando así la propia posición del Alma Bella. La estupidez intrínseca de la izquierda de principios es claramente discernible en su acostumbrado reproche a todo análisis que proponga un cuadro más complejo de la situación, renunciando a las simples prescripciones sobre cómo actuar: ‘No hay una clara posición en su teoría’, y esto dicho por gente sin ninguna posición más que la de su oportunismo con principios”.

Esta ideología de la “gestión” progresista ha cedido la capacidad de enunciar un cambio a las fuerzas de extrema derecha. Así, el trabajo es un mal innecesario o es un bien escaso según la necesidad del discurso. En definitiva, el trabajo es la limosna que el capital deja como un regalo sentimental (una debilidad a ser corregida) a los seres oscuros y sin nombre. Desaparece todo, menos la luz. La luz de la economía racional y las leyes del mercado. Fuera de ella, en la oscuridad, se escuchan los murmullos de la plebe, con sus costumbres, sus ídolos, sus supersticiones y sus ritos. En el rigor de las leyes del mercado se enuncia como bienaventuranza que los desposeídos deban vender al precio que se oferte todo lo que aún se adhiere a su humanidad, no sólo su fuerza de trabajo sino incluso sus órganos.

En segundo lugar, contribuye al éxito ideológico de esta presentación la creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas son las que determinan los modos de producción. En esta creencia, es el molino de agua el que creó el feudalismo o son las tecnologías informáticas o de gestión del trabajo las que determinan el modo de explotación neoliberal.

No son las fuerzas productivas las que determinan los modos de producción, sino que son los modos de producción los que encuentran en la tecnología existente los métodos de imponer y reforzar su dominio o hegemonía sobre los sectores subordinados de la sociedad en cuestión. En la base misma del sistema de producción se encuentra la opción político-jurídica: La imposición de un sistema de distribución en el seno de una sociedad. Esta distribución va a determinar la organización social del trabajo e incluso los contenidos materiales y tecnológicos de la producción. Los romanos conocieron y desarrollaron modelos de molino de agua, tal como lo señalan los escritores agraristas, pero su desarrollo no era esencial para el modelo de distribución y producción del imperio romano. Del mismo modo, la producción de pequeñas series propia del modelo posfordista no es un invento de finales del siglo XX. Era fundamental durante todo ese siglo para la industria de la moda y su extensión a las demás industrias fue una respuesta al desarrollo de la lucha de clases a partir de los finales de la década del ‘60.

Finalmente, resulta necesario desbrozar lo que puede llamarse el fetichismo de las formas jurídicas que se encuentra vinculada a las dos primeras. García Linera dice (2021a: 90): “…las definiciones juridicistas de las clases, tan propias de los manuales y los panfletos, son una auténtica barrera epistemológica para entender las estratificaciones sociales no-capitalistas. Aún más, la propia complejidad que adoptan las clases definitorias del régimen del capital son imposibles de entender a partir de esas caracterizaciones leguleyas o tecnicistas que se le atribuyen al marxismo”.

En particular no se puede entender el modo de producción (y reproducción) capitalista teniendo como brújula la propiedad de los medios de producción (para la definición de burgués o empresario) o el salario (para la definición de proletario o trabajador).

Para enfrentar estos tres obstáculos epistemológicos tan imbricados en la concepción vulgar del marxismo y poder dar cuenta del estado actual de la lucha de clases, no hay que hacer adendas o revisiones del pensamiento de Marx, sino recuperar el filo de sus desarrollos conceptuales, lejos del revisionismo y de los santorales escritos para justificar un régimen o un autor. Se trata de volver a Marx y Lenin.

En particular, creo útil para analizar la situación actual de la lucha de clases, las categorías de subsunción formal y real del trabajo en el capital.

En primer término, debe apuntarse, como lo hace Marx, que el capital no es el dinero, ni los medios de producción, ni las mercancías que son el resultado del proceso de producción. Para que estos elementos se transformen en capital, los mismos deben ser elementos de los procesos de producción y de valorización. El capital es valor que se valoriza, al menos potencialmente. El capital es idéntico al proceso de valorización.

Por el hecho de que el dinero en su transformación en capital se convierta en los factores del proceso laboral – y adopte necesariamente, pues, la forma de material de trabajo y medios de trabajo- el material de trabajo y los medios de trabajo no devienen por naturaleza capital, del mismo modo que el oro y la plata no se convierten por naturaleza en dinero a causa de que éste se represente, entre otras cosas, en el oro y la plata (Marx, 1997a: 27).

El capital es un proceso de valorización específico de un modo de producción, el capitalismo, que requiere condiciones históricas y económicas que le permitan desarrollarse (1). Esta unidad de dos procesos en relación dialéctica, en que los sujetos adquieren sucesivamente la función de comprador y vendedor de fuerza de trabajo y mercancías, en dos partes de un ciclo, el proceso de producción y el proceso de circulación que también se encuentran en la unidad dialéctica de procesos de trabajo y de valorización que ocurren conjuntamente. El proceso capitalista sólo puede ser entendido teniendo en cuenta estos dos aspectos, esta unidad de los opuestos.

El proceso de producción capitalista es una unidad de dos procesos: el de trabajo y el de valorización. Para transformar el dinero en capital, se le transforma en mercancías, las cuales constituyen factores del proceso de trabajo. Con el dinero se debe adquirir en primer lugar capacidad de trabajo y, en segundo, objetos sin los cuales no puede consumirse la capacidad de trabajo, es decir, ésta no puede trabajar. Dentro del proceso de trabajo esos objetos no tienen otro sentido que el de servir como medios de subsistencia del trabajo, valores de uso del trabajo: con respecto al trabajo vivo mismo, como su material y medios; con respecto al producto del trabajo, como sus medios de producción; con respecto a que estos medios de producción mismos ya son productos, como productos en cuanto medios para producir un producto nuevo. Pero aquellos objetos no desempeñan este papel en el proceso laboral porque el capitalista los compre, porque sean la forma trasmutada de su dinero, sino que, por el contrario, los compra porque desempeñan tal papel en el proceso laboral (Marx, 1997a: 26).

Cuando se olvida este carácter doble del proceso de producción capitalista y se considera al capital exclusivamente como proceso de trabajo sin determinaciones, el trabajo en general, se puede afirmar la eternidad del capital.

…era éste un método muy cómodo para demostrar la eternidad del modo capitalista de producción o para hacer del capital un elemento natural imperecedero de la producción humana. El trabajo es una condición natural eterna de la existencia humana. El proceso laboral no es otra cosa que el trabajo mismo, considerado- en el momento de su actividad creadora. Los elementos generales del proceso laboral, por consiguiente, son independientes de todo desarrollo social determinado. Los medios y materiales de trabajo, de los cuales una parte es ya productos de trabajos precedentes, desempeñan su papel en todo proceso de trabajo, en cualquier época y bajo cualesquiera circunstancias (Marx, 1997a:29).

Cuando se afirma, por ejemplo, que el capital es imprescindible para el trabajo o que sin capital el obrero no puede trabajar. Es curioso que esta “eternidad” del capital sea afirmada sin querer por autores supuestamente marxistas que analizan fenómenos históricos anteriores con las categorías y finalidades propias del capitalismo. El capitalismo es un modo de producción, pero sólo se puede hablar de capitalismo teniendo en cuenta las diferencias específicas con otros modos de producción.

Por cierto, x puede transformarse en x + D x sin necesidad del proceso capitalista de producción, pero no bajo la condición y premisa dadas de una sociedad cuyos miembros compiten y se enfrentan como personas que sólo se contraponen en su calidad de poseedores de mercancías y sólo en cuanto tales entran en contacto entre sí (lo que excluye la esclavitud, etc.); y en segundo término, no bajo la otra condición de que el producto social se produzca como mercancía (lo cual excluye todas las formas en que el valor de uso es el fin principal de los productores inmediatos y en que, a lo sumo, el excedente del producto, etc., se transforma en mercancía). (Marx, 1997a, 5)

Sólo bajo estas dos condiciones puede hablarse de capitalismo, las que a su vez van a determinar las características específicas del capital en su doble función de proceso de trabajo y proceso de valorización (2).

Identificar el capital con los medios de trabajo o incluso con el proceso de trabajo escamotea las características propias del capital como proceso de valorización. Y ese olvido, desde el punto de vista de las izquierdas, hace olvidar que el dependiente nace como tal en tanto capital variable. Se es trabajador como fracción de capital, precisamente la que hace posible el proceso de valorización del capital. Por este motivo, el trabajador sometido al poder de mando del capital nace con una conciencia enajenada. Es trabajador en tanto capital variable y por eso puede llegar a considerarse parte de la empresa.

En realidad, la dominación de los capitalistas sobre los obreros es solamente el dominio sobre éstos de las condiciones de trabajo (entre las cuales se cuentan también, a más de las condiciones objetivas del proceso de producción —o sea los medios de producción-, las condiciones objetivas del mantenimiento y de la eficacia de la fuerza de trabajo, es decir los medios de subsistencia), condiciones de trabajo que se han vuelto autónomas, y precisamente frente al obrero. Esta relación en que las condiciones de trabajo dominan al obrero no se realiza, empero, sino en el proceso real de producción, que, como hemos visto, esencialmente es proceso de producción de plusvalía – lo que incluye la conservación del antiguo valor—, proceso de autovalorización del capital adelantado. En la circulación el capitalista y el obrero se enfrentan tan sólo como vendedores de mercancías; pero en virtud de la naturaleza específicamente polar que distingue a los tipos de mercancías que entre sí se venden, el obrero entra forzosamente al proceso de producción en calidad de componente del valor de uso, de la existencia real y de la existencia como valor del capital, por más que esta relación no se efectúe sino dentro del proceso de producción y el capitalista existente sólo dunamei (3) como comprador de trabajo no se convierta en capitalista real sino cuando, por la venta de su capacidad de trabajo, el trabajador transformado eventualmente (eventualiter) en obrero asalariado entra realmente en aquel proceso bajo la dirección del capital (Marx, 1997a:18-19).

La naturaleza polar de las mercancías vendidas entre trabajador y empresario son las condiciones mismas de existencia del sistema capitalista: a) la libertad formal del trabajador que puede vender su mercancía principal, la fuerza de trabajo; b) la opresión real del trabajador que debe vender la fuerza de trabajo para poder conservar sus condiciones de subsistencia.

Pero ingresados al proceso de trabajo y valorización, el trabajador abandona su libertad para actuar bajo el dominio del capital, que determina las condiciones objetivas del proceso de producción. Se ingresa a trabajar como un medio de estos procesos que le son ajenos. Esta es la definición propia de la dependencia. Es la subsunción formal del trabajo en el capital.

Marx la define del siguiente modo:

El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital. Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda (1997a: 54).

El proceso de subsunción formal del trabajo en el capital es el que determina la existencia de trabajadores dependientes y de capitalistas. Esta fue la primera forma de aparición del capital. Incluso durante la época de las manufacturas, como sucedió en las ciudades de Florencia, Génova, Venecia y Milán. Pero la existencia de capital y de trabajadores no determina el nacimiento del capitalismo.

Para que el capitalismo como sistema o capitalismo desarrollado, como dice Marx, pudiera nacer era necesario que el capitalismo abandonara su forma local y se convirtiera en una economía mundo (4) , para lo cual fue necesaria la primera forma general de apropiación originaria, como fue el saqueo del continente americano por los europeos. El capitalismo como sistema se eleva sobre el hueco insondable del cerro del Potosí.

Esa inyección de dinero es lo que permite al mismo tiempo la aparición de la subsunción real del trabajo en el capital con el desarrollo de la maquinaria y, fundamentalmente, que el capital fuera la fuerza directriz de las naciones.

Del mismo modo que no es posible confundir el capital con los medios de producción o el dinero, tampoco se puede confundir el capital o el mercado con el sistema capitalista, que es el sistema del señorío del capital sobre la sociedad y el Estado. Es el sistema de la dictadura de la burguesía. El valor de cambio presupone las cosas en las que se encarna, pero él no es una cosa sino una relación. El capital presupone el valor de cambio, pero sin el poder de mando sobre el trabajo no se constituye como tal y el capitalismo no es sólo la existencia de capitales o mercados, sino el poder de mando de los capitales o el mercado sobre la sociedad.

La subsunción real del trabajo en el capital adviene

…con la producción de la plusvalía relativa (…) se modifica toda la forma real del modo de producción y surge (incluso desde el punto de vista tecnológico) un modo de producción específicamente capitalista, sobre cuya base y al mismo tiempo que él se desarrollan las relaciones de producción —correspondientes al proceso productivo capitalista— entre los diversos agentes de la producción y en particular entre el capitalista y los asalariados (Marx, 1997a:54).

La subsunción real del trabajo en el capital impone, en cuanto se convierte en sistema capitalista nuevas formas de hegemonía y subordinación, no solo sobre los trabajadores, sino sobre los demás sectores de la sociedad.

Es así que:

El trabajador libre, efectivamente, como cualquier otro vendedor de mercancía es responsable por la mercancía que suministra, y que debe suministrar a cierto nivel de calidad si no quiere ceder el campo a otros vendedores de mercancías del mismo género (species). La continuidad de la relación entre el esclavo y el esclavista es tal que en ella el primero se mantiene sujeto por coerción directa. El trabajador libre, por el contrario, está obligado a mantener él mismo la relación, ya que su existencia y la de los suyos depende de que renueve continuamente la venta de su capacidad de trabajo al capitalista (Marx, 1997a: 68).

De tal manera, no es posible pretenderse capitalista y estar en contra del neoliberalismo, ya que el neoliberalismo no es otra cosa que la realización del capitalismo como sistema. Oponerse al capitalismo como modo de producción dominante sobre la sociedad y el Estado no implica oponerse necesariamente al desarrollo del capital, incluso si es extranjero. El socialismo no es sinónimo de estatización o persecución del capital, incluido el capital extranjero o multinacional, como sucedió en la Unión Soviética dirigida por Lenin a partir de la NEP, admitiendo la concurrencia de capitalistas e incluso de capital foráneo, siempre subordinado a las necesidades del Estado y el pueblo soviético.

Lo que implica el Estado socialista es la ampliación de márgenes de participación comunitarias y democráticas con miras a su extinción futura en una sociedad sin clases y sin Estado (5). Por eso Lenin consideraba el socialismo en esa etapa, como colectivización más electrificación. No puede construirse el socialismo sobre la base del empobrecimiento de los trabajadores en nombre de ideas. Esa desviación es el idealismo y el socialismo utópico. El marxismo es un materialismo. El significado del socialismo es poner fin a la dictadura de la burguesía que se manifiesta en la toma del poder del Estado a partir de resortes claves como la prensa comercial o los poderes judiciales oligárquicos.

Considero un error técnico utilizar el término explotación absoluta o explotación relativa como conceptos para entender el desarrollo de lucha de clases (Pérez Casco, 2022). Es cierto que los conceptos de plusvalía relativa y plusvalía absoluta se encuentran en relación con los conceptos de subsunción real y subsunción formal respectivamente, pero explotación no es un equivalente de plusvalía, por lo que plusvalía absoluta no es equivalente al concepto de explotación absoluta (con opresión) ni el de explotación relativa (sin opresión) al de plusvalía relativa. Menos aún se pueden dividir los conceptos de explotación, dominación y opresión, atribuyendo al primero características económicas, al segundo características políticas y, al tercero una característica social.

Esta división de los conceptos con un criterio latifundista de los campos científicos, parece olvidar que la economía es economía política y viceversa, la política es siempre política económica. No existe explotación sin dominación, como lo demuestra el tratamiento del concepto mismo de subsunción del trabajo en el capital.

En cuanto a la opresión, o es coextensiva de la explotación y dominación capitalista, ya que objetivamente es consecuencia de ella, por lo que no puede hablarse de explotación con o sin opresión, o nos estamos refiriendo a un problema ideológico en el que el tipo de plusvalía obtenida no tiene que ver con el tipo de plusvalía que se extraiga sino con la conciencia de clase que, como bien lo señala Engels en la crítica del programa de Erfurt, es conciencia de la situación de clase.

A su vez, la subsunción formal se forma a partir de la plusvalía absoluta (se produce con las primeras manifestaciones de capital durante las manufacturas, ya en el renacimiento), pero tampoco es su equivalente, ya que la subsunción formal no se refiere directamente a la apropiación de trabajo no pago sino a la aparición del obrero en el régimen del capital como una parte de él, como capital variable y su función de medio de producción (el que específicamente crea valor) junto a los demás medios de producción (los instrumentos y la materia prima). De modo similar ocurre con la subsunción real con relación a la plusvalía relativa.

Lo que denota específicamente el concepto de subsunción del trabajo al capital es el hecho de que en el proceso de producción el trabajador se presenta como componente vivo del capital mismo, pues el capitalista, mediante la compra de la fuerza de trabajo, tiene bajo su dirección todos los componentes personales, materiales y simbólicos (marcas, etc.).

Adam Smith también llamaba al dinero labour commanded, es la posibilidad de ejercer poder de mando sobre los trabajadores a partir del dinero. Para que el dinero pueda cumplir esta función de mando es menester que tanto los medios de producción como los medios de subsistencia puedan presentarse al trabajador como ajenos, de tal modo que él no pueda concurrir al mercado sino vendiendo como mercancía su propia fuerza de trabajo (6).

Esto no significa que no existieran asalariados antes del capitalismo, pero cuando el capitalismo aún no es norma de Estado, el trabajo asalariado de, por ejemplo, los campesinos pobres en la sociedad feudal, es simplemente un modo de asistir a la provisión de medios de subsistencia.

En la medida en que la relación capitalista es una relación que domina la producción y en que, por tanto, el obrero aparece en el mercado constantemente como vendedor y el capitalista constantemente como comprador, el proceso laboral mismo es, tomado en su conjunto, continuo, en lugar de ser interrumpido como cuando el trabajador, en su condición de productor independiente de mercancías, depende de la venta de esas mercancías a tales o cuales clientes. Ello se debe a que él mínimo del capital debe ser suficientemente grande como para ocupar constantemente al obrero mientras se espera la venta de las mercancías (Marx, 1997a:44).

Lo que asegura el capitalismo como sistema de exclusión a los medios de subsistencia es la continuidad de la oferta de los trabajadores que venden o desean vender su fuerza de trabajo y que la subsistencia de quienes están privados de los medios de producción se torne imposible. La condición de existencia del capitalismo es la privación a partes importantes de la población de proveer a sus condiciones materiales de existencia: alimento, cobijo y cultura.

Sin medios de producción a los que aplicar la fuerza de trabajo, esta se consume inútil y, consecuentemente, se ve impedido de adquirir los medios de subsistencia, de perseverar en el ser. Mediante este acto invisibilizado de violencia institucional se constituye el poder de mando que denota la subsunción del trabajo en el capital.

El producto del capital no es ni el dinero, ni la mercancía producida, ni la materia prima. Lo que les imprime a estos desde el comienzo el carácter de capital es, como señala Marx (1997a:35-36):

…el hecho de que este dinero y esta mercancía, estos medios de producción y medios de subsistencia, se enfrentan a la capacidad de trabajo —despojada de toda riqueza objetiva— como poderes autónomos personificados en sus poseedores (…) El adquirente de capacidad de trabajo es meramente la personificación de trabajo objetivado, el cual cede a los obreros una parte de sí mismo bajo la forma de medios de subsistencia a fin de incorporar a su otra parte la capacidad viva de trabajo y, merced a esta incorporación, conservarse íntegramente a sí mismo y crecer por encima de su medida originaria. No es que el obrero compre medios de subsistencia y medios de producción, sino que los medios de subsistencia compran al obrero para incorporarlo a los medios de producción.

El verdadero producto del capital es la plusvalía y en esos términos se entiende la relación íntima entre plusvalía y subsunción del trabajo en el capital. Son dos instrumentos técnicos que en conjunto ponen a la luz los aspectos oscuros o mágicos del origen de la ganancia y el del poder de mando del empleador, que no es la propiedad ni el contrato, sino las condiciones institucionales características del capitalismo que actúan como presupuesto de la existencia misma del capital.

Por tal motivo, para entender adecuadamente las clases y conflictos de clases entiendo fundamental recuperar los conceptos de subsunción real y formal del trabajo en el capital por las siguientes razones:

A – Técnicas: Marx hace uso de las categorías de subsunción formal y real en El Manifiesto Comunista y en el Capítulo VI inédito de El Capital. En este orden de ideas, es preferible la utilización de un concepto claramente diferenciado para poder responder a la pregunta que se enuncia en el título del presente trabajo.

B – Históricas: Las categorías de subsunción real y formal dan cuenta de las formas específicas de la explotación capitalista, que en su ponerse implican ya la constitución del proletariado y la burguesía como clases antagónicas propias del capitalismo. Utilizar conceptos más amplios como el de explotación es característica de cualquier modo de producción en sociedades divididas en clases (del esclavismo clásico a, por ejemplo, el comunismo de guerra, el capitalismo o el socialismo mientras este último no se haya superado como sociedad comunista). La especificidad de la subsunción permite analizar la explotación con las determinaciones propias de la sociedad capitalista. Es interesante señalar que un mismo modo de producción puede adoptar diferentes modos de explotación teniendo en cuenta el rol de la lucha de clases. En el esclavismo romano, por ejemplo, son diferentes las formas de explotación (dominación y opresión) entre el esclavismo de razzia y el esclavismo de crianza e incluso los comportamientos y orientaciones políticas de los sublevados. En la esclavitud de razzia, la respuesta fueron las grandes revueltas; en la esclavitud de crianza, que era caracterizada por la colocación, la respuesta fue la fuga o la asimilación de las relaciones a las que formarían el temprano feudalismo (servis es tanto esclavo como siervo en latín).

C – Materialistas: la subsunción del trabajo en el capital no sólo explica la explotación capitalista sino el modo de constituirse las clases en el capitalismo. El proletario no es el hombre de mameluco azul que está parado al lado de una máquina industrial, ni esta es tampoco una figura prototípica. El análisis de clases marxista no tiene nada en común con la descripción de estratos a los que Weber denomina clases. El proletariado no es un segmento sociológico de la sociedad. El proletariado es el resultado del proceso de subsunción del trabajo vivo en el capital. Por eso, con absoluta claridad, Engels critica el programa de Erfurt señalando que la conciencia de clase es, más concretamente, conciencia de la situación de clase. No hay ninguna sustancia metafísica en ser obrero, ni éste porta en la frente un destino manifiesto.

D – Dialécticas: El capitalismo, el último modo de producción de una sociedad dividida en clases, se caracteriza por transformarse a sí mismo permanentemente. La explotación de la plusvalía absoluta y relativa son constantes en el proceso de extracción de plusvalía capitalista. No existe la plusvalía absoluta o relativa “pura” en cualquier relación de explotación dada. Se dan ambas en distintas proporciones. Son, en consecuencia, categorías analíticas de gran utilidad, entre otras cosas, para contribuir al análisis de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (en la medida que están emparentadas con la proporción entre capital fijo y capital variable). Por el contrario, la utilización del concepto de subsunción formal y subsunción real del trabajo en el capital nos permite entender que las clases o sujetos no son tales por alguna esencia en ellos sino por determinación del sistema. Como señalaran Marx y Engels, en El Manifiesto Comunista, “el capital no es una fuerza personal, es una fuerza social”. En los Grundrisse, Marx indica que el capitalista, en cuanto tal, es sólo función del capital. En este orden de ideas, ser capitalista o ser trabajador no se refiere a ninguna cualidad del sujeto sino a una posición de estructura en la empresa capitalista en una situación histórica dada en la economía-mundo.

De esto surgen variantes e invariantes. Como invariante debe resaltarse que el capitalismo es el modo de producción que subsume el trabajo vivo como integrante del capital. Ello implica que la clase operaria se constituye también como función del capital. Como señala Marx en El Capital, la condición de la explotación capitalista (la subsunción en el capital) es que el trabajador sea libre, tanto en el sentido de despojado de las posibilidades de perseverar en el ser, libre de las condiciones materiales de existencia (la distribución de los medios de producción y la naturaleza en los Grundrisse) como en el sentido de ser soberano para poner en el mercado la única mercancía que posee, la fuerza de trabajo (7). En este sentido, el trabajador, al ser puesto como tal por las condiciones del sistema, implica por un lado que actúa como mercader que trata de poner su producto en las mejores condiciones para su cliente y ve a los otros trabajadores como competidores en la colocación de la mercancía (y de ahí el esquirol, etc.) y por otro como antagonista social del capitalista en la aglutinación de los trabajadores. El nacimiento del sujeto colectivo crea la conciencia de la situación de clase, que a su vez posibilita una mayor extensión y potencia del sujeto colectivo. Queda claro una vez más que no son las ideas de los hombres las que determinan el ser social (como surgiría de la expresión “obrero con conciencia de sí”, usada coloquialmente en algunos círculos marxistas) sino el ser social (la actuación del sujeto colectivo) lo que determina la conciencia. La capacidad de antagonismo de los obreros constituidos en sujeto colectivo fuerza la transformación del capitalismo y de las maneras de producción históricas (verbigracia, el paso del fordismo al toyotismo).

El proletariado y la burguesía son invariantes del sistema capitalista. Uno y otro se constituyen mutuamente en relación dialéctica, del mismo modo que para que existan países dependientes es menester la existencia de países imperialistas. La desaparición de uno de los términos de la relación implica la extinción del imperialismo y del capitalismo y también la extinción correlativa del otro término. Como señala García Linera (2021: 94):

…la burguesía, y luego también el proletariado, que existen en tanto relaciones de lucha, de apropiación, de defensa, de dominio, de resistencia en el campo material que configura las relaciones de producción, reproducción e invención de la vida económica-política-cultural. El concepto de lucha precede al de las clases; más bien, porque hay lucha entre sujetos sociales es que luego hay clases sociales, de ahí que no sea casual que en el manifiesto Marx hable primero de lucha de clases y luego de las clases que se forman a partir de esa lucha.

Las clases se constituyen a partir de la lucha de clases, no son un estrato social al estilo weberiano sino una relación antagonista. Como indica Balibar (1977:52):

La teoría de Marx no reposa sobre la definición de un proletariado ‘puro’ (…) Tampoco reposa sobre un cuadro de clases sociales fijas en los rasgos de una época dada (el siglo XIX, comienzos del siglo XX, etc.). Por la excelente razón de que la teoría marxista no tiene por objeto componer este cuadro, a la manera de cualquier sociología, sino analizar el antagonismo mismo, descubrir las leyes tendenciales de su evolución, de su transformación histórica y en consecuencia explicar la necesidad de esos cambios en la estructura de las clases sociales, incesantemente impuestos por el desarrollo del capital. Hay que recordar a Marx en el Manifiesto: a diferencia de todos los modos de producción anteriores, el capitalismo es ‘revolucionario’ internamente, no cesa de trastornar todas las relaciones sociales, comprendidas las que él mismo crea.

Del mismo modo que el antagonismo que surge de la subsunción del trabajo en el capital es una invariante, no existe una inmutabilidad de las clases sociales. En particular, como se tratará de señalar más adelante, no sólo hay que evitar el fetichismo de la mercancía, es menester evitar el fetichismo de las formas jurídicas, en particular de los conceptos fetichizados de propiedad y salario. Esto, incidentalmente, también discute los discursos sobre el fin del trabajo, de la relación laboral o del proletariado. No sólo existe la historicidad del capitalismo sino que hay historicidad en el capitalismo. En particular, los cambios en la manera de producir provocada por la crisis de finales de los años ’60, logran alterar todas las diferencias propias del modelo fordista de producción, ya sea en el ámbito de la producción (producción en masa de largas series, trabajo en línea, sujeto a un régimen de mandatos y órdenes más o menos rígido, con jerarquías y responsabilidades claramente establecidas, etc.) como en la naturaleza material de lo producido, en que la propiedad sobre las cosas tiende a perder importancia respecto del control sobre las relaciones sociales (redes). Coincido entonces con Carcanholo respecto de los condiciones que provocan el cambio en la apariencia de las relaciones de dependencia, en tanto se pierda el criterio central de la subsunción del trabajo en el capital.

La última crisis estructural del capitalismo estalló al final de los años 60 del siglo pasado. Independientemente de su especificidad histórica, como cualquier crisis del capitalismo, representó una superproducción de capital (superacumulación) y una reducción de la tasa de ganancia, lo que no es más que una consecuencia de la producción en exceso de valor-capital. Como se ha visto, no se trata de un exceso en relación a las necesidades sociales manifiestas en el consumo, sino un exceso en relación a las condiciones objetivas de mantenimiento de la tasa de valorización, o sea, de la tasa de ganancia. Así, la superacumulación de capital en todas sus formas (capital-dinero, capital-productivo y capital-mercancía) y la baja de la tasa de ganancia son dos caras del mismo proceso.

El hecho es que el capitalismo, para reconstruir sus bases para un nuevo proceso de acumulación del capital, debe encontrar (nuevos) espacios de valorización para ese capital acumulado en exceso. Esto significa que las formas que encuentre para la salida de su crisis estructural deben promover nuevos espacios de valorización y/o ampliar los ya existentes. (Carcanholo, 2017:28-29)

Notas:

(1) En los Grundrisse, Marx (1997b:174) señala: “De tal modo la propiedad también es puesta aquí únicamente como apropiación del producto del trabajo a través del trabajo y del producto del trabajo ajeno a través del propio trabajo, en cuanto el producto del trabajo propio es comprado mediante el trabajo ajeno. La propiedad del trabajo ajeno es mediada por el equivalente del propio trabajo. Esta forma de propiedad —así como la libertad y la igualdad— está puesta en esta simple relación. En el desarrollo ulterior del valor de cambio todo esto cambiará y se mostrará finalmente que la propiedad privada del producto del propio trabajo se identifica con la separación de trabajo y propiedad. De este modo el trabajo será = a crear propiedad ajena, y la propiedad, a dominar trabajo ajeno”.

(2) La diferencia central entre las dos funciones es expuesta por Marx del siguiente modo: “En el proceso laboral efectivo el obrero consume los medios de trabajo como vehículo de su trabajo, y el objeto de trabajo como la materia en la cual su trabajo se ofrece a la vista. Precisamente por esto transforma los medios de producción en la forma, adecuada a un fin, del producto. Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal. Los medios de producción aparecen ya únicamente como succionadores del mayor cuanto posible de trabajo vivo” (1997a:17).

(3) Potencialmente.

(4) El mercado mundial en Marx no significa solamente la extensión del sistema capitalista a nivel geográfico sino, fundamentalmente, la capacidad de hegemonizar toda otra forma de producción social. Las formas comunitarias de producción necesariamente deben acudir al mercado para relacionarse a través de la compra y venta como sujetos de mercado. A diferencia de otros sistemas de producción, en el capitalismo no existe la opción de producir valores de uso e incidentalmente concurrir al mercado. El capitalismo y el mercado mundial implican que se produzca para intercambiar.

(5) BUJARIN, Nicolai (1989: 41): “El capitalismo de Estado en su, por así decirlo, significado euro occidental y norteamericano, es la omnipotencia de la burguesía llevada a su máximo extremo, cuando la producción está concentrada en el estado burgués. En este caso el propietario y el que dispone de todos los medios de producción es la burguesía encarnada por su Estado”. Como se verá más adelante, lo que importa fundamentalmente no es el título de propiedad sino el control de los medios de producción. Por eso un estado socialista (en vías al comunismo) puede admitir el capital y los mercados. Lo que no admite es el capitalismo, que es el poder de clase de la burguesía en el dominio del Estado.

(6) Por su parte, Eden, citado por Marx (1959a: 520) señalaba: “Nuestra zona reclama trabajo para la satisfacción de las necesidades, por eso una parte de la sociedad, por lo menos, tiene que trabajar incansablemente… Sin embargo, algunos de los que no trabajan disponen de los frutos del trabajo de otros. Esto se lo tienen que agradecer los propietarios a la civilización y al orden, hijos de las instituciones burguesas, pues éstas han sancionado el que se puedan apropiar los frutos del trabajo sin trabajar. Las gentes de posición independiente deben su fortuna casi por entero al trabajo de otros, no a su propio talento, que no se distingue en nada del de los que trabajan; no es la posesión de tierra ni dinero, sino el mando sobre el trabajo («the command of labour») lo que distingue a los ricos de los pobres….»

(7) Marx, (1959a:122) “La segunda condición esencial que ha de darse para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como una mercancía, es que su poseedor, no pudiendo vender mercancías en que su trabajo se materialice, se vea obligado a vender como una mercancía su propia fuerza de trabajo … Para convertir el dinero en capital, el poseedor del dinero tiene, pues, que encontrarse en el mercado con el obrero libre; libre en un doble sentido, pues de una parte ha de poder disponer libremente de su fuerza de trabajo como de su propia mercancía, y de otra parte, no ha de tener otras mercancías que poner en venta; ha de hallarse, pues, suelto, escotero y libre de todos los objetos necesarios para realizar por cuenta propia su fuerza de trabajo”.

 

https://www.hamartia.com.ar/2022/08/13/late-capital/

Los precios de los alimentos

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“Los monopolios son los dueños de la comida y de los productos de limpieza de los argentinos, se pueden sentar sobre la mercadería reteniendo para venderla más cara y cuando sea. Una pyme tiene que vender todos los días para sobrevivir. Salgo a recorrer y me encuentro con pymes, cooperativas o empresas recuperadas en el interior de la provincia que me venden el paquete de fideos, por ejemplo, a la mitad. ¿Pero quién paga u organiza la logística para que ese producto llegue a varias localidades?

Fernando Savore, titular de la Federación de Almaceneros de la provincia de Buenos Aires[1]

En la Argentina de los últimos años, una veintena de industrias elaboran el 80% de los alimentos y bebidas que  se venden en el mercado interno argentino (Arcor, Molinos Rio de la Plata, Danone-La Serenísima, Adecoagro, Ledesma, Coca Cola, Nestlé, Mondelez-exKraft, Molinos Cañuelas, Morixe,) y las grandes cadenas de ventas (Coto, Carrefour, Cencosud, la Anónima, Walmart- Chango más)  manejan el 60% de la comercialización de esos bienes que se consumen en el país, en ese marco y con esa sociedad de hecho y de muchos años entre grandes productores y comercializadores, es muy difícil destrabar el proceso de formación de precios de esos productos.

A su vez, Cargill, Oleaginosa Moreno (Viterra SA – Glencore), Cofco, Bunge, Aceitera General Deheza, ADM, Dreyfus,  ACA, y Molinos Agro (Pérez Companc). En ese orden se ubican las nueve  empresas que, en  el año 2021 y hasta julio 2022, vendieron el 90 por ciento de los cereales, oleaginosas y subproductos del país al resto del mundo.

Sólo las cuatro primeras (todas extranjeras) exportaron el año pasado 48 millones de toneladas, la mitad de todos los cereales, oleaginosas y subproductos vendidos al resto del mundo en el 2021. En su poder están el 96 por ciento de las exportaciones de aceite de girasol  (cinco empresas), el 94 por ciento de los pellets de girasol y, agregando a Dreyfus en el top cinco, el 77 por ciento del aceite de soja. Entre las nueve controlan el mercado de exportaciones de cereales, sobre todo maíz y trigo con un 92 por ciento de las exportaciones de cada uno de estos granos. Y el 70 por ciento de las toneladas exportadas de la soja.

Cargill es el principal exportador de granos de Argentina. En 2021 vendió al exterior 13,3 millones de toneladas de exportaciones de granos, legumbres, harinas y aceites vegetales (14 por ciento del total), un 12 por ciento más que lo exportado en 2020. El imperio de Cargill, en manos de una de las familias más ricas de Estados Unidos, se encuentra presente en toda América Latina y el mundo. Son los descendientes de William W. Cargill, que fundó la empresa con una bodega de almacenamiento de granos en Iowa, en 1865. Austen Cargill, James Cargill y Cargill MacMillan engrosan la lista de multimillonarios de Forbes. Son algunos de los 12 herederos de la empresa y, en conjunto, tienen en su patrimonio declarado más de 11 mil millones de dólares.

Oleaginosa Moreno, que comenzó a llamarse Viterra Argentina desde mayo de 2021, entró al podio con la salida del negocio de Vicentin, socia de Glencore en Renova. Es que la empresa, originalmente de capital argentino, es controlada desde hace más de veinte años por el grupo de origen suizo Glencore. La actual Viterra se transformó en la primera exportadora argentina de aceite y pellets de soja. La red de Viterra Argentina, además de las plantas industriales de la ahora ex Oleaginosa Moreno, está conformada por las firmas SAMSA, Molinos Libres SA (Molisa) y Renova, y tiene una  participación del 50 por ciento en Lartirigoyen S.A.. Además, a través de diferentes vínculos (contrataciones y asociaciones), se fue quedando con todas las operaciones de Vicentin y es firme candidato a heredar su patrimonio en un eventual acuerdo de la convocatoria de acreedores a su favor, para lo cual cuenta con el respaldo del juez comercial a cargo del concurso.

Cofco es subsidiaria de la empresa estatal China National Cereals, Oils and Foodstuffs Corporation (COFCO) orientado a la compra de granos para la elaboración de alimentos. Sus orígenes se ubican en la revolución china en 1952, cuando el gobierno organizó una serie de agencias para controlar el comercio exterior. En apenas cinco años, desde 2014, se convirtió en un jugador clave en el mercado agrícola local. Cofco Argentina no operaba localmente hasta la campaña 2013/2014 y creció hasta pelear el podio de principales exportadoras- su puesto en el ranking varía según fuentes por toneladas exportadas, DJVE o millones de dólares, pero siempre entre las primeras tres.

La compañía china tiene en el país nueve plantas de acopio propias (donde almacena el grano que adquiere a los productores en cada región) y tres plantas de molienda (soja y girasol), en donde se generan subproductos de valor agregado para mercados locales y externos y una planta de Biodiesel.

ADM, Bunge y Dreyfus conforman con Cargill el ABCD de exportación de granos del mundo. Son las principales empresas comercializadoras de materias primas y debido a los procesos de verticalización y horizontalización de la cadena productiva en las últimas dos décadas, controlan el mercado de la soja en América Latina.

AGD comenzó a operar el 22 de julio de 1948 en el país con seis prensas usadas bajo el comando de Adrián Urquía. Hoy es un emblema de la localidad cordobesa de General Deheza, donde se ubica la planta madre, y cuenta con otras seis en Córdoba, Santa Fe y San Luis en las que no sólo procesan granos sino que  elabora maní, salsas, aderezos. La conformación del grupo también incluye más de 40 plantas de acopio de soja, girasol, trigo, sorgo, maíz y maní en todo el país; producción agropecuaria y ferrocarriles y puertos.

La acompaña en el ranking nacional ACA, entidad cooperativa de tercer grado (es una asociación de federaciones cooperativas) que se encuentra políticamente vinculada a Coninagro, una de las cuatro patas de la Mesa de Enlace.

Por último, Molino Agro es la firma que exporta Pérez Companc  y en el mercado interno es Molinos Río de la Plata. Hace 20 años, el Grupo Pérez Companc decidió abandonar el negocio petrolero para pasar a jugar un rol relevante en el negocio de los alimentos con la compra de Molinos Río de la Plata al grupo Bunge y Born.

Molinos Río de la Plata informa en el balance del primer semestre 2022 registró una ganancia de 5.195 millones de pesos. Detallar sus principales marcas facilita la identificación de la magnitud de la compañía, con presencia dominante en góndolas y alacenas de los hogares. Entre otras varias, se destacan Matarazzo, Lucchetti, Exquisita, Granja del Sol, La Salteña, Arlistán, Gallo, Cocinero, Lira, Gallo Snacks, Cruz Malta, Nobleza Gaucha, Chamigo, Salus, Bodega Nieto Senetiner, Bodega Ruca Malen, Viña Cobos.

OTRAS ALIMENTICIAS IMPORTANTES

ARCOR

Arcor es la principal empresa de alimentos de consumo masivo del país con seis plantas y se convirtió en una multinacional que se especializa en tres divisiones de negocio: alimentos de consumo masivo (golosinas, chocolates, helados y galletas), agronegocios y envases.

Luis Pagani, su presidente y líder de la familia controlante de la empresa, forma el triángulo de poder de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) junto a Héctor Magnetto (Grupo Clarín) y Paolo Rocca (Techint).

Arcor es el primer productor mundial de caramelos duros y el principal exportador de golosinas de Argentina, Brasil, Chile y Perú, y a través de Bagley Latinoamérica, la sociedad conformada con el Grupo Danone para los negocios de galletas, alfajores y cereales en Latinoamérica, es una de las empresas líderes de la región. Tiene también una importante participación en La Serenísima.

Exporta a 100 países y tiene oficinas comerciales en América, Europa y Asia y más de 40 plantas en Latinoamérica.

La penetración en los hogares queda expuesta cuando se identifican sus principales marcas: Arcor, BC, La Campagnola, Salsati y Presto Pronta.

En el negocio de alimentos interviene en más de doce categorías, entre las que se encuentran mermeladas, dulces sólidos, salsas, tomates, conservas vegetales, frutas y pescados, postres, bebidas, jugos en polvo, premezclas, polentas, aderezos, dulce de leche, aceites, saborizadores con bolsa para horno, entre otras, liderando la mayoría de los segmentos en los cuales participa.

En agronegocios posee cinco unidades productivas, siete tambos y una planta de energía eléctrica a partir de biomasa. Produce fructosa, maltosa, glucosa, almidón de maíz, azúcar, leche, sémola, harina de maíz, aceite de maíz.

En el año 2016 compró parte importante del paquete accionario de Mastellone SA, con sus productos lácteos “La Serenísima”, asociándose a la familia originaria y al grupo de capitales franceses Danone.

En el rubro packaging a través de Cartocor y Converflex lidera el mercado de cartón, papel y flexibles en Argentina.

LEDESMA

Ledesma es una empresa agroindustrial con 115 años de historia, líder en la producción de azúcar y papel, y con una importante participación en los mercados de frutas y jugos cítricos, alcohol, bioetanol, carne y cereales.

Es la principal productora de azúcar de la Argentina (17 por ciento de la producción total), destinando 35 por ciento a consumo masivo, 40 por ciento a industrias y el restante 25 por ciento a exportación.

Con la marca Ledesma elabora alrededor de 130 mil toneladas anuales de papel, cerca del 40 por ciento de la producción nacional. La caña de azúcar para la producción de papel le ha permitido convertirse en una empresa integrada y una de las pocas en el mundo que produce papel de alta calidad a partir de la fibra de caña.

Produce y vende bioetanol a las refinerías a través de Bioledesma, creada en 2010. Es el segundo productor de bioetanol en base de caña del país, con una participación en el mercado de casi el 8 por ciento.

En Jujuy y Salta tiene más de 3000 hectáreas con plantaciones de naranjas, pomelos y limones que cultiva, procesa y comercializa. Es el mayor exportador nacional de cítricos y el principal productor de naranjas del país. Posee una fábrica de jugos concentrados y aceites esenciales, con capacidad para producir 7000 toneladas de jugo y 250 toneladas de aceites por año.

Ledesma desarrolla su negocio agropecuario a través de la firma La Biznaga en cuatro establecimientos que suman un total de 51.429 hectáreas.

CARNE

En Argentina, los grandes consorcios de carne vacuna declaran producir entre 3,2 a 3,3 millones de toneladas de carne bovina por año, de las cuales se declara exportar 900 mil a un millón de toneladas y,  se destina al mercado interno 2,3  a 2,4 millones. A esto se suman casi 3 millones de toneladas de carne de pollo y cerdo.

Los primeros frigoríficos son el brasileño Swift; Arre Beef; Friar (que era del Grupo Vicentin); Frigorífico  Rioplatense (de los Constantini); Compañía Bernal; el también brasileño Grupo Marfrig; Importadora y Exportadora Patagonia; Azul Natural Beef; Santa Giulia;  y Quickfood.

Los primeros nueve frigoríficos pertenecen al Consorcio de Exportadores de Carnes ABC. Si se agregaran las cuotas asignadas a otros integrantes del Consorcio ABC que no están en esos primeros lugares (Quickfood, Ecocarnes, Rafaela, Frigolar, Logros y Runfo), demuestra que 16 frigoríficos representan el 66% de las ventas al exterior y, además, el Consorcio de Exportadores de Carnes ABC controla las ventas por Cuota Hilton y Cuota 481 a Europa y los contratos con Estados Unidos.

La industria frigorífica nacional cuenta con 500 plantas, de las cuales 120 están habilitadas para la exportación. Una vez faenados los animales, los matarifes y abastecedores –7.500 aproximadamente– son los que proveen a las carnicerías (14.000 establecimientos) y cubren el 80 por ciento del mercado interno. El resto es abastecido por los supermercados. Los matarifes se llevan el 3 por ciento de la renta de la carne según los datos del Centro de Estudios Agrarios.

INFLACION, ESPECULACION Y FUGA

Según un informe de Cepa (Centro de Economía Política Argentina), el costo laboral sobre ventas de las principales empresas alimenticias argentinas cayó del 18,9 por ciento en 2016 al 12,2 por ciento en 2021.  Esa ganancia extraordinaria por reducción del costo salarial en la formación de los precios de las principales empresas alimenticias, se transforma en fuga de capitales.

Los empresarios del sector con la ganancia extraordinaria  empezaron a operar en CCL (Contado con Liqui),  la operación consiste en comprar títulos o acciones en pesos, que a la vez cotizan en dólares en el exterior, y una vez adquiridos, el inversor los vende en el mercado extranjero y recibe a cambio un depósito en dólares. La cotización del CCL al día 10 de agosto de 2022 es de $ 290.-  Que significa, que compraron por ejemplo, un bono (título) público o una acción por un dólar (a $ 140.-) y la vendieron en el exterior a 0,47 dólares (menos de la mitad)  Se extranjeriza la economía (el que comprar es un residente extranjero) y se fuga capitales porque esos dólares no reingresan al país.

Ganaron plata por la suba de los precios y esa ganancia la fugaron a través del mecanismo de CCL.

De esta manera, el circuito se envileció aún más: la caída salarial generó un excedente empresario que impulsó el CCL, evento que a su vez subió los precios generando una nueva transferencia de recursos con caída salarial que volverá a iniciar el círculo de bajos salarios y altos precios.

Esta situación indica que, lejos del latiguillo neoliberal que señala que la suba de salarios impulsa la inflación, en la actualidad una recomposición salarial recortaría las ganancias empresariales que se invierten e impulsan el dólar y con él los precios. Lo que hay que hacer entonces es subir los salarios para bajar la inflación. Movida que además impulsaría la actividad.

 

[1] La Federación de Almaceneros, FABA, participó del lanzamiento del programa Cerca de Vos del gobierno bonaerense del 9 de agosto 2022