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jueves, septiembre 24, 2026
Blog Página 44

¿De qué estamos hablando?

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A partir del atentado contra Cristina Kirchner se ha popularizado el debate acerca de “el odio”, sobre el que no hay nada para discutir fuera de los divanes de los psicoanalistas en tanto sentimiento inmanente a la condición humana. En muy pocos casos se debate sobre el uso interesado de este sentimiento o pulsión como les guste calificar.

Producto de la formación intelectual moderna, tributaria de la herencia griega aristotélica, automáticamente, mediante la lógica binaria, buscamos la causa material y la causa eficiente donde depositar las culpas. Se obvia desde este punto de vista la complejidad de los fenómenos sociales y se trata de resolver la cuestión desde Freud y el estructuralismo a su vez herencia del marxismo.

De modo que los problemas sociales que sufrimos derivan en asignaciones morales: la culpa la tienen los malos; que siempre es posible encontrar entre aquellos que no tienen una racionalidad parecida a la nuestra.

Sin embargo se atisba algo que parece tener influencia y se menciona a modo de jerarquizar los parlamentos y se alude al “sentido social” sin mayor disquisición respecto de que se trate este concepto. Se cae en la contradicción de buscar en los medios de comunicación una única variable en su formación, de la cual es víctima un sujeto individual autómata sin pensamiento propio; ergo los únicos culpables son Magnetto y sus adláteres y los distraídos –por ser gentil en la calificación de los de a pie.

El sentido social, salvo pocas excepciones (Durkheim y Simmel de las primeras) históricamente en la sociología ya clásica tiene mala prensa, “common sense”, “la doxa” son denominaciones despectivas para su mención y explicación de por qué este sentido no coincide con la academia y esta asignación se generalizó en las bibliotecas. Para no hacer más largo el texto presente: https://marcelosapunar.com/2020/10/03/el-sentido-comun-por-norberto-rossell/ mi texto al respecto.

Es decir, la mirada no va más allá del vuelo de la gallina –Perón dixit– que no permite ver, sólo con lentes morales o de objetividad positiva, más allá de los actores sin tener en cuenta la complejidad de la evolución social y el funcionamiento de los distintos sistemas que la componen. A nadie se le ocurre preguntar por qué globalmente se registran reacciones contra la política y sus actores o una deriva hacia las religiones. ¿Es solamente por cuestiones ideológicas o de fe?

El repaso de la evolución del sapiens indica que aquellas propuestas de soluciones para los problemas que lo acuciaban que no funcionaron pasaron a la historia como “intentos fallidos” –obvio, el tiempo experimental sobrepasó a los mentores de esas propuestas.

No implica ninguna originalidad expresar que el sistema político como ordenador de la vida comunitaria –utilizando este último concepto sólo en el sentido de habitar un espacio común- no viene dando soluciones útiles a los problemas actuales en ningún lugar de nuestra “única nave espacial”: el planeta tierra.

¿Cual sería la conclusión a estos devaneos?

La función del sistema político es obtener “decisiones colectivas vinculantes”, en democracia eso supone cantidad de votos en las elecciones, la otra cara de esa moneda consiste en que los elegidos queden vinculados a esas decisiones, ergo que cumplan con el acuerdo electoral. No sirve como excusa el posibilismo ni la mentada correlación de fuerzas, si es que se cree en la soberanía popular expresada democráticamente.

Cuando esto no ocurre –que no viene ocurriendo globalmente hablando- aparece “el odio”, en realidad la calentura del popolo defraudado y por supuesto quiénes se aprovechen de ello.

Sobreviene aquí la pregunta por la lógica de la construcción política a la luz de la penetración del imaginario neocapitalista que te propone ser doctor en la Siglo XXI en dos o tres años y entonces la respuesta surge fácil, los de a pie sólo quieren “vivir mejor” –CFK dixit– y eso supone un orden social, cuestión que históricamente prometió el peronismo.

Los que deambulamos por el sistema político debemos repasar, prácticas y reglas escritas y no escritas de esa construcción.

Algunas consideraciones acerca del rechazo al texto de la propuesta constitucional chilena

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El pasado domingo 4 de septiembre el pueblo chileno rechazó contundentemente en las urnas, al texto de la propuesta de nueva constitución que había alumbrado la Asamblea Constituyente. Este resultado implica que por un tiempo indefinido seguirá vigente la constitución pinochetista, garantizando la pervivencia del andamiaje jurídico-normativo derivado. Luego, continuarán intangibles los modos organizativos institucionales y sociales, las relaciones de fuerza entre los factores de poder, la distribución de la renta nacional y la administración del conflicto social chileno. Frente a este para muchos amargo y sorprendente resultado, cabe preguntarse qué es lo que sucedió, qué razones explican la rápida transmutación que en menos de un semestre, llevó al país en un viaje expreso y sin escalas, de la exultante “primavera” política de Boric al cruel invierno de un gobierno derrotado e insanablemente débil. Seguramente el transcurso del tiempo y la evolución histórica de la política trasandina irán arrojando mayor luz y permitirán comprender más acabadamente esta singularidad chilena con riesgo de impacto regional. Ello no obstante, se pueden arriesgar algunas opiniones acerca de lo ocurrido, con visos de contar con cierto grado de certeza interpretativa. En principio debe comprenderse que se trata de un fenómeno muy complejo y multidimensional, en el cual los actores y los factores incidentales eran interdependientes y se influían mutuamente, ora expansivamente, ora restrictivamente. Hay en boga una tesis que atribuye el fracaso de la propuesta a la pronunciada baja de la imagen y popularidad del presidente Boric y de su gabinete. Otra línea interpretativa plantea que la derrota se debe a una hoja de ruta y una agenda de la Asamblea Constitucional que habría sido planificada maquiavélicamente por el ex presidente Piñera, para minar el camino del nuevo gobierno y de la asamblea. Una tercer postura afirma que el rechazo se explica fundamentalmente en la influencia espuria del aparato mediático, expandiendo “ad infinitum” las posturas de los sectores reaccionarios y conservadores; sembrando falsedades discursivas con el objeto de crear y difundir miedo al cambio. Una cuarta línea interpretativa entiende que el grueso de la defección de voluntades se produjo por algunas propuestas excesivamente avanzadas, tales como la relacionada con el aborto, la cuestión de género y lo relativo a los pueblos originarios. Una quinta sostiene abiertamente que el pueblo “se equivocó”, fundando esta aseveración en una suerte de síndrome de Estocolmo masivo, en el que los dominados se mimetizan y solidarizan con los dominadores y explotadores. Desde el Grupo La Capitana pensamos que todas y cada una de estas hipótesis contienen cierto grado de verdad en sus asertos, pero que ninguna de ellas alcanza por si sola a explicar lo acaecido, ni constituye la razón de mayor peso acerca de ello. Entendemos, desde el GLC, que en lo esencial, es muy alta la probabilidad de que simplemente el pueblo chileno haya expresado en las urnas, su insatisfacción y desacuerdo con el texto que se le propuso por parte de la asamblea constituyente. Entendemos que el proceso histórico lo evidencia, con las masivas movilizaciones populares de los años 2019 y 2020, hasta que le arrancó al gobierno de Piñera el plebiscito en el cual se pronunciara mayoritariamente y también contundentemente por una nueva constitución. Está claro que no se registró la incidencia de ningún factor externo o crisis que explique el abrupto cambio del resultado, en el primero la convocatoria ampliamente aprobada, y en el segundo, el texto duramente rechazado. Todo, en prácticamente un año. Es menester entonces aceptar que el pueblo sigue manteniendo su idea y deseo de una nueva constitución, pero con otro texto distinto del propuesto, es decir, con otros contenidos. Entendemos desde el GLC, que la atomización de las representaciones, la notable dispersión de intereses de los grupos sociales representados y la dilución de los partidos políticos en la Asamblea, derivó en un estado de cosas donde cada grupo ejecutó su participación con la intención de llevar agua para su molino; atento que, como consideraban ya ganado el plebiscito de salida, entonces lo necesario era triunfar en las pulseadas internas de la asamblea. En consecuencia, en un clima de facciones que velaban por sus intereses, no fue posible armar un proyecto síntesis que englobara al conjunto y lo hiciera sentirse partícipe de una epopeya emancipadora. Y en la actualidad resulta muy claro que la suma algebraica de las voluntades de las diversas minorías que se encuentran en una sociedad dada, no conforman “per se” mayoría, más bien lo más probable sea lo contrario. Como peronistas formados en la doctrina de la Comunidad Organizada, no podemos menos que señalar esta cuestión, la principal en nuestra opinión. Atento a la relevancia de estos sucesos para Chile y toda la región, sostenemos la necesidad de acompañar y colaborar en todo lo que sea menester al heroico pueblo chileno, para avanzar en las transformaciones que los derechos humanos y sociales imponen, ya en pleno siglo XXI. Y las lecciones derivadas de este evento, que trascienden las fronteras, deben ser estudiadas y aprendidas en todos los cursos de formación política y dirigencial, fundamentalmente el hecho de que las élites podrán apropiarse de las herramientas, representaciones y procedimientos políticos, pero, si no lo conforman, el pueblo repudiará los resultados. Como debe ser. Vox pópuli, vox dei.

Nueva etapa del capitalismo en la crisis financiera y el mito monetarista ante la inflación (II)

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Habíamos terminado la Parte I de este artículo señalando que la dificultad de pagar las deudas va en aumento a medida que crece el sistema, durante las crisis de largo plazo, de su madurez. La crisis se acentúa porque hay que producir más y con mayor productividad con máquinas más complejas y de mayor valor que ocupan proporcionalmente menos obreros, a los que se les termina pagando menos porque es al único componente que se le puede pagar menos, al contrario de lo que sucede con las máquinas o con las materias primas, que a la larga, no hacen más que acentuar el problema…

…Y EL TAMAÑO DE LA DEUDA…

Por eso, en la crisis crecen los bancos y el capital financiero, hasta que éste termina dominando al capital productivo, y en la actualidad esto sucede porque la deuda en el mundo supera en promedio en 2,5 veces el valor de la producción, un desequilibrio tan difícil de romper que la alternativa para los países que tienen más dificultad en pasar a una instancia superior es recurrir a la guerra.

Esta dificultad mayor hoy se le presenta a Estados Unidos, porque es uno de los países con más deuda (alrededor de 3 veces el valor de la producción).

Sin embargo, el dólar es la moneda más requerida, porque los que lo compran no tienen otra manera de asegurarse o no saben que ésta es una realidad que todavía va a durar mucho tiempo, aunque ya estamos muy lejos de 1945. En 1971, cuando Estados Unidos desvinculó al dólar de su paridad con el oro  facilitó la expansión del mercado de crédito o de la deuda como un sucedáneo, cuando la deuda o el crédito en vez de la moneda, es un título cuyo respaldo último es el dólar o  las monedas nacionales que son divisas.

Es sabido que la oferta no crea su propia demanda, pero la necesita. No la crea porque el paulatino aumento de la producción no corre paralelo con el aumento de los ingresos del trabajo que sostienen la demanda, y esto se ve muy claramente en las crisis y sobre todo en las crisis financieras sin salida, cuando la deuda es impagable.

Por eso el crédito o el capital financiero se vuelven necesarios a la expansión del capital y al desarrollo del capitalismo, y a la vez agudizan sus contradicciones.

De ahí que no se puedan comparar etapas distintas del desarrollo porque las funciones de cada elemento son diferentes, y menos se pueden comparar las funciones de los distintos elementos entre sistemas distintos: quienes lo hacen sin tener en cuenta ni los sistemas diversos ni las etapas distintas, creen que existe una economía uniforme siempre o que el sistema funciona de la misma manera en sus distintas etapas.

…EL CAPITAL PRODUCTIVO Y EL CAPITAL FICTICIO…

El capital existente en forma de títulos que rinden un interés o rentas está compuesto de acciones y títulos de deuda, que en realidad son un capital ficticio. Contrariamente al capital productivo, como las máquinas, las fábricas o las mercancías, el capital ficticio no tiene valor por sí mismo: representa un valor, y puede aumentar o disminuir sin que se produzcan alteraciones en el capital que representa,

Es posible porque su valorización, también es ficticia, provocada por el mercado, por el voto de los capitalistas que lo poseen, que conduce a la concentración del capital, a la gran propiedad de capital en pocas manos, no más de 1 a 2% de la población mundial. Los pequeños capitalistas o pequeños empresarios se vuelven cada vez menos importantes, pierden ingresos o directamente quiebran, y con el predominio del gran capital financiero, el capital ficticio crece más que el capital productivo y refuerza la crisis.

…VOLVIENDO A LA MONEDA…

La moneda apareció mucho antes del capitalismo y aún del capital comercial. Los primeros sistemas monetarios fueron metalistas o bimetalistas, que empleaban oro y plata como moneda porque son los metales con un valor medio universal muy uniforme, al contrario de otros metales, con grados muy diferentes de pureza y valor más inestable. En estos sistemas monetarios, la cantidad de dinero en circulación se adaptaba por si solo a las necesidades de la circulación de mercancías. Recién a fines del siglo XIX y en el XX se generalizaron los signos monetarios nacionales dependientes del Estado, y el cambio entre ellos empezó a ser en base a la cotización de las divisas.

…Y LAS DIVISAS…

No todas las monedas nacionales son divisas. En la segunda mitad del siglo XIX y sobre todo el siglo XX esta diferencia se acentuó, por la diferencia entre las economías nacionales. A medida que se consolidaba y extendía la revolución industrial, ésta abarcó sólo a los países que se pudieron industrializar hasta los máximos niveles posibles en cada nuevo ciclo grande del capital, generalmente de salida a las grandes crisis.

A su vez, los países industrializados eran los países coloniales del siglo XIX y los imperialistas del siglo XX, y la enorme mayoría de los otros países quedaron como subdesarrollados sin dejar de ser capitalistas porque estaban atados al mercado mundial, pero no eran plenamente capitalistas en la medida en que la industria, que es el centro de la producción en el capitalismo, no se desarrollaba completamente y se especializaban en la producción de materias primas, lo que reducía el valor de sus monedas.

Esta característica del capitalismo corresponde a un largo ciclo que terminó en los años noventa del siglo XX, con pocas excepciones en América Latina.

…EL NUEVO CICLO MUNDIAL…

Este nuevo ciclo, posibilitado por China, supone la posibilidad de industrializarse de los países dependientes o del capitalismo periférico o de menor desarrollo, y es tanto un alargamiento de la vida del capitalismo como el inicio de una transición hacia una reforma mayor del sistema, e inaugura la perspectiva de un capitalismo más homogéneo o más integrado, en el cual se terminaron las soluciones de alcance exclusivamente nacional.

La paradoja es que se trata de una integración en medio de la crisis, cuando el crecimiento de un país proviene más de su capacidad exportadora no apoyada fundamentalmente en materias primas aunque sin excluirlas, que lo que puede conseguir para su crecimiento y sus ingresos en el mercado interno, con una industria retrasada.

ARGENTINA Y SU INTEGRACION EN EL NUEVO CICLO MUNDIAL…

La Argentina tiene una nueva gran oportunidad de integración por su riqueza en petróleo y gas de Vaca Muerta y de la plataforma submarina del Atlántico sur (que llaman la atención de Estados Unidos), más el litio, el cobre, el crecimiento industrial, el potencial agroganadero tradicional, la industrialización del interior y la salida bioceánica con los puertos chilenos del Pacífico, que facilitan las exportaciones a China y a los países emergentes de Asia y hacen posible en el Mercosur una nueva era sobre el ABC (Argentina, Brasil, Chile) imaginado por Perón.

Todo esto, a su vez, es la única posibilidad de sostener en el futuro la política social y de ingresos del peronismo sobre una base económica real y no sobre una plataforma productiva retrasada frente a lo que llegó a ser en el pasado y hasta el advenimiento de la democracia represora, que le inventó la hiperinflación a Alfonsín para entronizar la parte del peronismo claudicante ante la derecha y alentar la convertibilidad imposible y la dolarización empobrecedora.

…EL DESAFIO PARA EL PERONISMO…

Es innegable que esta tendencia sólo se pudo interrumpir en los años del kirchnerismo,  hasta que se entronizó la crisis financiera sin salida en 2008.  Ahora va a requerir algún tipo de acuerdo en la cúspide política del peronismo, ante todo para incorporar lo que jamás estuvo previsto: la inclusión en el nuevo orden mundial porque hay una gran posibilidad de cambio para el país pese a la magnitud de la crisis.  Esta inclusión es el único camino de salida para la hasta ahora invencible inflación, alentada por la derecha.

…ENFRENTAR LA INFLACION…

Lo que deseo recalcar es que la inflación proviene en primer lugar de razones estructurales, es decir, un menor desarrollo de la industria y el predominio de la producción primaria, la agricultura, la ganadería o la minería, y una industria basada en una cierta industrialización en estas ramas y en las ramas livianas, destinadas al mercado interno generado por la actividad exportadora en manos de una oligarquía nativa o incluso colonialista o imperialista sin transferencia paulatina de capitales hacia industrias más avanzadas.

Entre las excepciones, fue muy importante la industria sustitutiva de importaciones (ISI), desarrollada espontáneamente en Argentina por la amplitud de su mercado interno al fin del siglo XIX y en el XX hasta la crisis de 1929, y su profundización por el peronismo en el país, que por ese motivo fue y sigue siendo el único partido nacional verdaderamente industrializador. Por eso también se vio alejado con violencia del poder o sujeto a golpes de Estado y proscripciones, que fue decisivo para el atraso productivo, y su alta inflación, que confirma que los motivos estructurales son los determinantes, y que el monetarismo o la emisión son más bien un mito.

Yan Dasso y Hernán Herrera, así lo muestran en “La Argentina frente a la interminable montaña rusa de los aumentos de precios” (Ámbito Financiero, 21/6/2022). Los países desarrollados pueden combatir la inflación con la política monetarista, pero se la imponen a los países de la periferia para asegurar el predominio del crédito y de la institución que resguarda los intereses del capital financiero, el FMI, asegurado por el Estado de Estados Unidos.

En cuanto a la inflación, como ya lo expresé en el artículo último de La Capitana siguiendo a Dasso y Herrera, no es una cifra que cae del cielo, sino que está marcada por las expectativas de las empresas y no por los costos reales.

Esas expectativas, a su vez, son un caos y están decisivamente definidas por los consultores, que ni bien sale una medida oficial, se ocupan de prevenir contra un próximo desastre, creando así las condiciones para que se produzcan las mayores alzas, por lo que recibieron fuertes coimas cuando se preparaba la reestructuración de la deuda.

Añado yo que el único que las pudo contener mientras estuvo apoyado por el poder político fue el ex ministro de Economía Martín Guzmán. Cuando renunció por ese motivo, los precios se elevaron a un ritmo que confirmaba las peores expectativas fomentadas por los consultores, cuando todo el mundo sabe que lo peor que pueden hacer quienes tienen acceso al mercado o influyen sobre el mismo es alentarlo a que empeore sus expectativas.

Claro que en ningún otro país sucede algo parecido. En Alemania, por ejemplo “La Asociación Alemana de Inquilinos advirtió que «millones de personas» no podrán pagar la calefacción debido al alza de las tarifas del gas. «Es mucha gente (…) Estamos hablando de millones de personas», dijo el presidente de ese colectivo, Lukas Siebenkotten, al periódico Tagesspiegel, reprodujo la agencia de noticias Sputnik. El dirigente pidió al gobierno una reforma integral del sistema de subsidios de vivienda, así como una mayor protección contra los despidos laborales. «Tendría que aumentar el umbral de ingresos de la gente que puede pedir el subsidio», planteó. Según diversas previsiones, Alemania afrontaría un colapso energético en el invierno boreal ante una posible interrupción de los suministros de gas natural procedente de Rusia. El gobierno de Olaf Scholz pidió a la población disminuir el consumo de electricidad para afrontar la crisis energética(El Economista, 8/8/2022). A nadie se le ocurriría allí hacerle un paro al gobierno por la situación de menor disponibilidad de combustible por la crisis energética derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania, como hizo la Mesa de Enlace con el gobierno argentino.

Así como la oposición, en sus ataques violentos al peronismo, se muestra cada vez más como los continuadores de la Revolución Libertadora y el golpe de 1976, que atacaron al peronismo con fusilamientos, el bombardeo a Plaza de Mayo a gente que no estaba efectuando siquiera una demostración política pero para prevenirla, la proscripción del peronismo y el exilio de Perón por 18 años, y la desaparición de militantes y opositores, a pesar de que lo hacían considerándose la democracia que combatía a la dictadura cuando la verdadera dictadura eran ellos, el peronismo debe volver a intentar su unidad sin atentarla desde allí, atacando casi sin medida a figuras relevantes del gobierno de Alberto Fernández, como era el ministro Guzmán, ya que van a tener que dar una respuesta para adaptarse al nuevo sistema mundial ante una posible vuelta al gobierno.

 

Sudámerica y sus océanos

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En medio de la acelerada transición de poder, cuyo eje central está en la competencia entre Estados Unidos y China, asistimos a una notable revalorización de los océanos. Los documentos, informes, pronunciamientos y acciones en torno al complejo oceánico Índico-Pacífico son un elocuente ejemplo.

A pesar de esto, en América del Sur es escaso el debate en torno a la disputa Washington-Beijing y su impacto en el Pacífico Sur Oriental (PSO) y el Atlántico Sur Occidental (ASO). Ninguno de los océanos que bañan a Suramérica son ya espacios vacíos y no serán secundarios en el futuro.

Es bueno además recordar que la región fue la primera área clave para el reforzamiento del despliegue naval de EE.UU.–que ha tenido un total de 12 flotas y hoy cuenta con 7 en actividad. Tiempo después de ser desactivadas, se reactivaron la IV Flota, a cargo del Comando Sur, en 2008; la X Flota (denominada ahora Ciber Global) en 2010; y la II Flota (para el Atlántico Norte) en 2018.

Aquella decisión -inconsulta en el sistema interamericano- de relanzar la IV Flota en julio de 2008, llevó a la creación del Consejo de Defensa Suramericano (CDS) en diciembre de ese año. Como se sabe, la autodestrucción de UNASUR, encabezada por siete gobiernos suramericanos, ha significado el abandono del CDS y, consecuentemente, de la reflexión estratégica conjunta sobre los océanos.

Tampoco parece haber motivado un análisis profundo, a nivel regional y compartido, la denominada Iniciativa de la Franja y la Ruta de China lanzada en 2013 que tiene una dimensión marítima: la Maritime Silk Road del siglo XXI.

En especial en la última década, y con la intensificación de la rivalidad entre Washington y Beijing, las proyecciones e iniciativas en torno al PSO y el ASO se incrementaron. Respecto al Pacífico se han consolidado maniobras y propuestas militares. Por ejemplo, los ejercicios navales RIMPAC (Cuenca del Pacífico), los más grandes de guerra marítima en el mundo, se iniciaron en 2004 y se reanudaron en 2012.

En el de 2022 participaron Colombia, Chile, Ecuador, Perú y México. A su vez, el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD, sigla en inglés) compuesto por Estados Unidos, Japón, Australia e India establecido en 2007 y de escasa significación durante años recuperó preeminencia en 2017.

Desde 2021 se viene contemplando una suerte de QUAD Plus entendido como una eventual mayor cooperación con naciones de Europa y Asia. Habrá que ver si esa idea, todavía genérica, se extenderá a Suramérica.

Asimismo, en 2020, Chile, Colombia, Perú y Ecuador unieron fuerzas para combatir la pesca ilegal en el Pacífico Sur, lo que fue muy respaldado por Estados Unidos. En ese contexto, en octubre de ese año, el Center for International Maritime Security publicó un trabajo (TIAR 21: Maritime Securiry, the TIAR, and IUU Fishing in the Western Hemisphere) proponiendo el recurso al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para la lucha contra la pesca ilegal; obviamente con China como referente.

En el Atlántico Sur se ha ampliado el despliegue del Comando Sur mediante un rol más activo de la Guardia Costera, como fue la Operación Cruz del Sur contra la pesca ilegal a comienzos de 2021.

A ello hay que agregar el despliegue naval del Reino Unido para perseguir “la actividad marítima ilegal en el Atlántico Sur” de acuerdo con UK National Strategy for Maritime Security de agosto de 2022. En tiempos recientes, las acciones chinas se despliegan más en el lado oriental del Atlántico Sur; por ejemplo, mediante la construcción de docenas de puertos en África.

Ello ha generado, entre otras, ideas como la del militar retirado holandés, Martin Meijer, consistente en crear una Organización del Tratado del Atlántico Sur centrada en África; argumento que fue publicado en 2021 en MaritimAfrica (Developing three Military Treaty Organisations around the African Continent?).

Y, respecto al Atlántico Sur, tanto del lado occidental como del oriental, la Heritage Foundation estadounidense sugirió, en un informe de diciembre de 2020 (Why the United States needs an Atlantic Strategy), que Washington impulse un “Quinteto del Atlántico” compuesto por Estados Unidos, Colombia, Brasil, Marruecos y Nigeria con el propósito de frenar la proyección marítima de China.

En ese sentido, la actual iniciativa de la Argentina de reanimar la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur creada por iniciativa de Brasil en 1986 es relevante. Un Brasil que, a su turno, está en conversaciones con la Organización Internacional de Energía Atómica para lograr una dispensa que le permita usar combustible nuclear en un submarino.

Finalmente, los dos océanos miran hacia la Antártida cuya importancia ambiental es notoria. Cabe recordar que EE.UU. tiene sendos memorándums de entendimiento para la cooperación antártica con Rusia (2012) y China (2017).

El deterioro de las relaciones de Washington con Moscú y Beijing podría afectar los compromisos en torno a la Antártida y, en consecuencia, tornarla, como ya es el Ártico, un territorio de pugna geopolítica. Más que nunca las naciones de América del Sur, y del Cono Sur en particular, necesitan asegurar un renovado régimen de gobernanza centrado en el ambiente para la Antártida.

En resumen, los océanos de Suramérica adquieren una gravitación creciente en la política mundial y por ello es imperativo analizar mejor su impacto y evaluar cursos de acción convergentes.

 

https://www.clarin.com/opinion/sudamerica-oceanos_0_Ih2SkTCoaV.html

Informe económico mensual

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En general los economistas y los historiadores coinciden en los costos de la inflación y de las otras variables cuando descarrilan, algo muy frecuente, pero difieren respecto de si deben atribuirlas a una o a varias causas. Existen una gran variedad de libros y artículos que dan cuenta de lo expuesto, desde distintas posiciones políticas, ideológicas o teóricas. Recientemente se publicó un libro muy interesante, que respeta el calendario y hace un exhaustivo análisis desde 1948 a 2002, compilado por Gerchunoff, Heymann y Jáuregui. En el prólogo los autores aclaran: “Pretendemos en síntesis estudiar la propensión argentina a la inestabilidad macroeconómica y a los cambios abruptos de tendencia, enfocándonos particularmente en los corsi e ricorsi de las crisis y de los programas de estabilización (y a veces de desarrollo) que por un tiempo y a su modo trataron de encauzar la economía”. Destacamos también un párrafo que solemos olvidar en las interpretaciones. “Todo punto de partida de una historia es arbitrario porque sacrifica causas y explicaciones. Puede ocurrir que lo que observamos desde 1948 esté vinculado con la distribución de la tierra en el siglo XIX, con el advenimiento de la sociedad de masas durante la segunda y tercera décadas del siglo XX o con la depresión de los años treinta, o con la declinación de Gran Bretaña y su relevo por USA, todos factores que, entre otros, modelaron a la economía y la sociedad argentinas”.

Como suele decirse lo que perturba es el comportamiento de las personas, de las instituciones, de la historia, de las órdenes políticas y públicas, y vaya a saber cuántas cosas más. En el cementerio reina la paz y el aroma de las flores, pero en la vida las conductas, las acciones macroeconómicas-microeconómicas y las contradicciones, por lo menos hasta el momento y seguramente por muchos años, suelen conducir a resultados inciertos. Si fuese lo contrario, resultaría más sencillo resolver algunos problemas en el país.

Puede ser que en algunos casos, por ejemplo los comportamientos de los consumidores de diferentes capacidades de ingresos frente a una góndola, resulten predecibles, pero el resto es mucho más complicado  y por si fuera poco vuela alto en aleatoriedad y volatilidad.

Por eso lo que hacemos en el documento es simplemente plantear contenidos y recorridos de algunas pocas variables, conocer algunas de sus virtudes y defectos.

Viene muy bien una reflexión de un personaje de Fontanarrosa: Estando en una reunión una señora muy elegante se acerca al autor, un historiador de nota que presenta un nuevo libro, y le dice lo siguiente: “¿Así que usted es historiador? ¿Y está haciendo un libro sobre la Historia Argentina? Digo yo… ¿No podría adelantarme el final?”

 

2022 setiembre X M T Cambio ITCRM.docx

Nueva etapa del capitalismo en la crisis financiera y el mito monetarista ante la inflación (I)

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LA MONEDA…

En los tramos iniciales del capitalismo la moneda es metálica, tiene un valor propio, el oro. Pero a medida que una parte creciente del dinero se transforma en capital solo reservado a una minoría, una parte mayoritaria de la población dispone de una cantidad menor de moneda. ¿Cómo? Porque cada vez esa minoría dispone en su lugar de mayor cantidad de títulos que rinden interés y que se basan en la moneda.

Así como el papel moneda está solventado por reservas, éstas son cada vez menores y la moneda pierde valor,  en su lugar aparece una mayor cantidad de títulos que son un derivado de la misma. Y a medida que se desarrolla el sistema, hay cada vez más derivados, y derivados de derivados, todo lo cual es el capital financiero, y su característica es la valorización por el mercado.

Y EL MERCADO…

Es decir, cada vez menos, el valor pareciera no provenir de la producción que da empleo, sino de la valoración que ofrece el mercado a través de la ganancia por especulación, y su muestra son las continuas subas y bajas de las bolsas.

Esto es cada vez más intenso. Por ejemplo, nunca el Dow Jones había enfrentado un quebranto de 1.000 puntos en un día, pero esto sucedió en julio pasado. Este peculiar valor se recupera porque la ganancia por especulación se concentra en grupos cada vez más poderosos, a costa de inversores menores, mediante una pérdida de parte de su patrimonio, y se manifiesta de manera general, porque cada vez hay más títulos que moneda. Por eso, a través del combate a la inflación, el monetarismo combate la emisión y el déficit fiscal como expresión del gasto o el uso de moneda en bienestar general.

En cambio, con el título con interés (la deuda) o la participación accionaria sujeta a la valoración del mercado, el sector privado aumenta su disponibilidad de capital, pero la contrapartida es una sociedad cada vez más pobre, por menos empleo o menos salario. Y esto también se consigue con la devaluación y la deuda en dólares. 

EN LA ARGENTINA…

Así, un PBI per cápita para la Argentina de 10.729 dólares, supone un PBI nacional conjunto para los 45,8 M de habitantes como el que calcula nada menos que el Banco Mundial, de 491.490 millones de dólares.

En cambio, con un tipo de cambio como el paralelo, antes de los últimos saltos, el PBI es la mitad y, por lo tanto, el PBI per cápita, de unos 5.300 dólares, que supone una baja de ingresos a la mitad. Esto es lo que busca el círculo rojo empresario y la oligarquía agropecuaria, para lo cual es esencial que haya una industria limitada y que la existente esté frenada por importaciones cada vez más caras (así sube el dólar).

El salario en dólares, a pesar de ser muy difícil llegar a un promedio, cayó un 70% en cuatro años (desde fin de 2017, ya que 2018 fue el año de las últimas grandes devaluaciones y del crédito del FMI, hasta fines de 2021).

De la misma manera, las exportaciones de 2021 fueron de 77.900 M dóls (las más altas en nueve años), y si el superávit comercial de poco más de 14.700 M dóls se repitiera durante 3 años, algo perfectamente posible, ya que las perspectivas son de fuertes aumentos en las exportaciones, se obtiene un importe equivalente al crédito del FMI.

EL GOBIERNO DE MACRI…

Cambiemos desequilibró aún más la poca disponibilidad de divisas con el aumento de la deuda,  la cancelación de deuda de las empresas privadas y el pago de intereses, que sumaron, en conjunto, unos 15.000 M dóls por año, y evitó que el saldo favorable aumentara las reservas en divisas del BCRA, según denunció el ex ministro Guzmán en enero. A eso hay que agregar la fuga de capitales, contenidas en los últimos meses por los controles, que es un problema general de los países emergentes, salvo de China, que las tuvo por muy poco tiempo, ya que los capitales volvieron a ingresar. Hay, sin embargo una crisis de deuda en China, en el sector inmobiliario capitalista privado, con la inmobiliaria Evergrande, con pasivos totales de 300.000 dólares, destinados a las personas con mayores ingresos que rechazan las viviendas oficiales en las grandes ciudades y prefieren, en cambio, vivir lejos de centros que se han vuelto una locura de tráfico y ruido.

EL VERDADERO CAPITALISMO…

El capitalismo, sobre todo el capitalismo industrial, que es el verdadero capitalismo, concentra la fuerza de trabajo humano en las fábricas y allí, ésta crea valor nuevo con la producción, con una parte del cual traspasa su valor al nuevo (el capital antes contenido en materias primas e insumos o en una parte del capital fijo situado en las máquinas), con otra parte paga los salarios, y con el resto genera una ganancia o plusvalía, como la llamó Marx.

Esta parte acrecienta el capital y cuando vende la mercancía recupera el capital empleado de manera ampliada y obtiene un capital monetario que queda libre por un tiempo, porque como no necesita volver a ampliar enseguida el capital en la producción, queda transitoriamente sin empleo. Este capital monetario libre, no puede generar nuevas ganancias en la producción, entonces el capitalista lo puede prestar, colocándolo en un banco o institución financiera que lo presta a otro capitalista a cambio de un tipo de interés, que el banquero retiene en parte para sí y con la otra parte remunera al capitalista que, a su vez, se lo prestó, o también al simple ahorrista que alcanzó a retener una parte de su ingreso y lo colocó a préstamo en un banco sin ser un empresario industrial o comerciante.

AL PRINCIPIO EL CAPITAL COMERCIAL…

En cambio, cuando predominaba exclusivamente el capital comercial, éste no podía generar ganancia produciendo un nuevo valor, sino que construía el capital vendiendo a un precio mayor los productos que compraba. Así se generó un enorme capital en crecimiento durante siglos, en la transición del feudalismo al capitalismo, pero no un nuevo sistema económico.

Los sistemas económicos fueron solo tres hasta el presente. De la sociedad primitiva se pasó a la esclavitud y de ésta al feudalismo, y con la crisis del feudalismo se amplió el capital comercial presente en todas partes desde que existía el mercado y el intercambio; con su evolución se había usado la moneda en crear una enorme masa de capital dinerario, que es la parte de la moneda en circulación que se transformó en capital.

Pero sólo el capital industrial dio lugar a un nuevo sistema, porque éste se podía reproducir por sí mismo, aumentando en forma continua la producción, y también lo podía hacer a costa de los sistemas anteriores. El capital comercial no puede aumentar la producción: lo hace solo de manera indirecta, incorporando al mercado productos que no circulaban en el mismo y convirtiéndolos en mercancías pero no creándolas, o induciendo su paso de un mercado más reducido a otro más amplio.

VOLVIENDO AL CAPITAL INDUSTRIAL…

Con el préstamo generalizado, el capital industrial a su vez fue creando un capital financiero que estuvo a su servicio durante mucho tiempo. El interés que remunera al capital financiero tiene su origen en el préstamo, y proviene de la misma fuente que el capital productivo: es una parte de la ganancia que el empresario industrial cede al empresario banquero para aprovechar el capital dinero que se inmoviliza durante la rotación del capital.

A su vez, la rotación del capital es a través de inevitables ciclos de alzas y bajas que, aunque son permanentes y propios de cada empresa, hay momentos en que se dan condiciones generales para una mayor inversión y en esos momentos de alza del ciclo, crecen la producción y el empleo, y en los períodos de baja del ciclo aparecen las crisis. Las de corto plazo son generalmente superadas en poco tiempo y no requieren modificaciones en el sistema, pero las de largo plazo se prolongan por más tiempo porque se hacen necesarias modificaciones en el sistema. En las crisis de largo plazo, la baja de la producción da lugar a una deuda mayor que, por eso, se hace más difícil de pagar.

LA APARICION DE LA CRISIS DE LA DEUDA…

Esta dificultad va en aumento a medida que crece el sistema, durante las crisis de largo plazo, de su madurez. La crisis se acentúa porque no se puede reponer siempre el mismo capital porque la población aumenta y hay que producir más y con mayor productividad, para lo que hay que incorporar proporcionalmente menos obreros empleados y máquinas más complejas. Pero como las ganancias provienen del empleo de la fuerza de trabajo, porque es a la única que se le puede pagar menos, al contrario de lo que sucede con las máquinas o con las materias primas, las crisis provenientes de bajas en la tasa de ganancia y en la renovación de capital con mejores máquinas y menos trabajo, a la larga, no hacen más que acentuar el problema.

La víctima es culpable

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El house organ del Partido Judicial, la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia de la Nación, reaccionó al atentado con el siguiente comunicado:

“La AMFJN expresa su honda preocupación ante los hechos que han tomado estado público en los últimos minutos y que involucran a la Sra. Vicepresidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner.

Tales sucesos, enmarcables en el enrarecimiento del clima social que hoy nos envuelve, resultan repudiables por su manifiesta contrariedad a la paz social que debe emerger de un sistema democrático.

Manifestamos nuestro incondicional apoyo a los magistrados/as del Poder Judicial y los Ministerios Públicos que deban intervenir en el esclarecimiento de esos hechos.

Buenos Aires, 1° de septiembre de 2022”.

El manejo del lenguaje es cristalino: la preocupación no es por el atentado, sino por los hechos que han tomado estado público. La Vicepresidenta no es la víctima, sino que esos hechos la involucran. Es decir, casi ha sido partícipe. Es como decir que los presos soviéticos, los judíos o los gitanos estaban involucrados en la gestación de los campos de exterminio nazis. Curiosamente, quien jaló del gatillo tenía el cuerpo decorado con la simbología nazi.

Tales sucesos, continúa el comunicado, son enmarcables en el enrarecimiento del clima social que hoy nos envuelve. Pareciera que para la Asociación de Magistrados existieron varios sucesos de la misma envergadura o gravedad institucional. Los sucesos no son producto de campañas de demonización y de la negación del otro como humano (los kukas, la yegua, etc.) sino del enrarecimiento del clima social. ¿Las movilizaciones, los reclamos salariales, la lucha contra el hambre y la falta de hábitat adecuado? ¿Por qué son repudiables esos sucesos para la Asociación de Magistrados? No por sí mismos, sino por “su manifiesta contrariedad a la paz social que debe emerger de un sistema democrático”. Esto implica que no merece el repudio el acto de atentar contra la vida de una ex Presidenta y actual Vicepresidenta sino por la alteración de la paz social. Esto es equiparar el atentado a los parripollos e instrumentos musicales de Jorge Macri.

Finalmente, el comunicado de la AMFJN manifiesta su incondicional apoyo no a la víctima o a sus familiares y amigos sino a “los magistrados/as del Poder Judicial y los Ministerios Públicos que deban intervenir en el esclarecimiento de esos hechos”. Del contexto de la frase surge que, si los magistrados requieren un incondicional apoyo es porque la Asociación da por supuesto que han de ser objeto de presiones.

Todo el comunicado persevera en el discurso maniqueo y paranoico que justamente crea el clima del odio. La superioridad autopercibida de los miembros del Partido Judicial los lleva a creerse por encima de la ley (después de todo para ellos la Ley es lo que los jueces dicen que es), de la República (a menos que los derechos afectados sean los de las minorías privilegiadas) y de la democracia (a la que nunca se cita como principio orientador de la actividad judicial, conforme el artículo 28 de la Constitución Nacional). Hace falta mucha infatuación para invocar el nombre del pueblo, como lo hizo el fiscal Diego Luciani, cuando nadie lo ha votado. Pero este es el fruto de la creencia de los jueces y fiscales en ser un poder destinado a evitar que los poderes elegidos por el pueblo afecten los derechos de las minorías.

Del mismo modo, Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema, señalaba con petulancia días antes del atentado: “El modelo de la Constitución es el capitalismo. El que quiera otro tendrá que hacer una revolución o reformarla”. La posición de Rosatti es la de quien cree que hay un solo modo de interpretar los textos. Lo que pretende es clausurar los significantes vacíos, como si nuestro lenguaje fuera el lenguaje de las abejas. El idioma se semantiza y la lucha política es precisamente la lucha por la carga semántica de esos significantes vacíos que actúan como punto de acolchonado de todo lenguaje y también del lenguaje constitucional. Lo que caracteriza al lenguaje humano es precisamente esa posibilidad de desplazar el juego de los significantes a través de las operaciones de la metonimia y la metáfora para abrir el espacio al significado.

La ignorancia de las ciencias humanas con que nos forman las facultades de Derecho convierte a Rosatti en un émulo del también juez Daniel Schreber, para quien el discurso normativo “trata de algo vecino a esos mensajes que los lingüistas llaman autónimos por cuanto es el significante mismo (y no lo que significa) lo que constituye el objeto de la comunicación” (Lacan, 2002:519). De este modo Rosatti no sólo pretende clausurar el lenguaje, sino también la lucha política que caracteriza a toda sociedad plural. El efecto de este discurso psicótico se expresa perfectamente en la frase del médico polifuncional Nelson Castro: Cristina es mala.

Si algo tan grave como el atentado fue posible, es precisamente lo que hace al discurso psicótico. La expansión megalomaníaca del yo y el intento de obturar mediante la alteración delirante la otredad irreductible del Otro. En esa matriz, en ese estructuralmente fallido control sobre el devenir de los Pueblos y de la Historia, se construye el odio.

Y a ese Poder Judicial yo lo acuso. Yo acuso en el nombre común, innominado e innumerable de los y las que están siendo sometidos a proceso. No se está juzgando a una persona. En la construcción artificial de la trama inquisitoria lo que se está juzgando es el proceso de emancipación de América Latina. El Poder Judicial ha pretendido y aún pretende legitimar un despojo. En la cárcel de los inocentes, en la proscripción que no cesa, en las barreras contra la reivindicación de los humildes, en la negación de que los derechos humanos son simplemente alimento, cobijo y cultura, como condición de humanidad para todas y para todos. Esa y no otra es la propiedad de los humanos.

Yo acuso. En esta acusación no hay repetición porque no hay petición que hacer a quienes se atribuyen las insignias de una república sin democracia. No se puede rogar a los que pretenden invocar una democracia sin Poder del Pueblo. Nada se puede pedir a los apropiadores de lo público, a aquellos que creen que el poder se hereda o se compra. Porque democracia es circulación del poder, es potencia de los muchos, de los innombrados a los que las oligarquías pretenden resignar a lo innombrable. La democracia resiste a la apropiación por alguien o por una lógica que, como una pulsión acéfala, se enseñorea sobre mujeres y hombres.

Eso es lo que no entenderán nunca los dictadores del mercado. De allí su pertinaz pretensión de anular la historia, de sobreescribir en la carne, sobre el dolor de los cuerpos, las marcas que cambien de sentido la memoria.

Para que lo vivido sea mentira, para que el deseo colectivo hecho afecto y proyección vuelva al goce autista de la repetición inerte se indagó la ideología de los trabajadores del Estado para ponerle el estigma del crimen, se redujo al silencio a periodistas, se suprimieron y aún hoy se reducen los programas estatales de enseñanza, salud, investigación y cultura y, en el espacio público, es reprimida cualquier expresión de cultura colectiva. Ese Poder Judicial es el mismo que considera la educación pública un producto de segunda, dedicado a los pobres. Porque para ellos hay castas de hombres y mujeres que deben evitar mezclarse.

Para ello se crearon escenas que hicieran verosímil el montaje de un relato que anulara los recuerdos, que culpabilizara el disfrute y el deseo de los sectores populares. Aparecieron bolsos para que la forma sensible del dinero hiciera olvidar que la corrupción se mueve con asientos electrónicos, con cuentas escondidas en paraísos fiscales.

Se consideró gasto improductivo la protección y la promoción de la igualdad, como si la sonrisa de los pobres fuera un crimen, como si el acceso a la tecnología no fuera un imperativo de igualdad ciudadana, como si la información no fuera un derecho del pueblo sino el patrimonio de los dueños de los medios concentrados y de las prestadoras de servicios (públicos), como si la participación democrática debiera estar restringida a las discusiones de las élites que orbitan los colegios profesionales y universidades. Como si perseverar en la existencia no fuera el derecho de cada uno y ello no implicara el compromiso del acceso a la salud pública para todos y todas. Aún hoy aparecen los que sin querer enterarse del incumplimiento pasmoso del Estado respecto de sus habitantes gritan enconadamente contra las ocupaciones de tierra, haciendo de lo que es necesidad un delito.

El sujeto pueblo adquiere un nombre propio que aparece como marca de identificación y contraseña. En reflejo, ese nombre es estigma y enfermedad contagiosa que debe ser extirpada para los beneficiarios del estado de cosas. Por esa razón, la represión de los movimientos de emancipación necesita la denigración del sujeto que porta el nombre del pueblo, llámese Perón, Evita, el Che, Fidel, Chávez, Evo, Lula, Néstor y Cristina, Correa o Milagro Sala, que aún sufre la cárcel por el delito de ser originaria e irredenta.

Por ello se inventaron procesos judiciales propios del siglo XV en los que la amenaza y la sospecha insidiosa suplen los hechos demostrados o demostrables. Se iniciaron investigaciones con copias de una prueba documental cuyo original curiosamente no fue retenido por los funcionarios que les atribuyeron contenido de verdad de relevancia institucional, para luego aparecer milagrosamente.

Esas declaraciones, obtenidas con la amenaza de cárcel, son supuestos de extorsión operada desde el aparato judicial del Estado. La aplicación del encarcelamiento para quienes no presten su voz al relato armado desde el poder de los jueces constituye un supuesto de tortura, de un crimen de Estado imprescriptible para sus perpetradores. El Poder Judicial realmente existente fue su autor y lo homologa a razones de derecho.

Para hacer un objeto de escarnio a ese nombre propio del pueblo, se diseñó una ofensiva a nivel continental contra quienes lo representan. Por eso ante la inexistencia del delito imputado formalmente, tienen la íntima convicción de la culpabilidad del procesado.

Y esto es porque el crimen es otro. No importan las pruebas, porque el crimen imperdonable para los detentadores del poder es manifiesto: hacer del pueblo un sujeto político. Se condena en esos nombres que los corderos quieran dejar de serlo.

Los derechos humanos no son un código multinacional ni están escritos en un cielo legible. Los derechos humanos son las necesidades materiales básicas que distinguen la humanidad de la nuda vida. El verdadero nombre de los derechos humanos es Seguridad Social. Contra eso milita este Poder Judicial.

 

La víctima es culpable

Magnicidios

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Reflexionemos sobre las características de los magnicidios.
En general los que comenten atentados tienen dos problemas a resolver, el primero es la concreción del atentado en sí mismo y el segundo tiene que ver con la posibilidad de huir de la escena para no ser atrapado.
Hay una situación particular que convierte al que comete un atentado en un arma letal, me refiero al atentado suicida o a aquel en el que la huida no es parte del plan. En estos casos la concreción del atentado se hace más posible porque el asesino, en el caso en que el atentado busque la muerte del objetivo, puede acercarse a corta distancia de su víctima.
Vienen a mi memoria como ejemplos, el reciente asesinato del ex premier japonés Shinzo Abe, los atentados contra Juan Pablo II y Ronald Reagan, los asesinatos de Olof Palme e inclusive Jhon Lennon, que aunque no fuera un personaje de la política resaltaba por su condición de personaje famoso. Y por supuesto no podemos olvidar las torres gemelas en cuanto a la no inclusión de la posibilidad de huir por parte de los perpetradores.
Aquí tenemos que tomar particular atención a las características de el o los asesinos. En el caso de las torres lo primero que nos viene a la mente es la imagen de personas criadas en una cultura del fanatismo, con la firme creencia de una vida después de la vida en que serán grandemente premiados, y que han sido acicateados por un discurso de odio que resulta una letanía. Estos fenómenos de locura social también pueden remitirnos a conductas auto agresivas como las de los sectarios del reverendo Jim Jones que protagonizaron un suicidio masivo en Guyana en 1978.
Pero el o los casos en los que quiero centrarme se refieren a los magnicidios perpetrados por atacantes solitarios, o quizá no tan solitarios. Independientemente de una conducta muy emparentada con la psicosis exhibida por estas personas que se sienten ‘llamados’ a ejecutar estos actos, en estas personas, que por su condición psicopatológica pueden tener un umbral bajo para el ‘brote’ psicótico, hay fundamentalmente un contexto que, como si su mente fuera el disco de una computadora, les carga la información, el software, el mensaje de odio y de mesianismo que los impulsa a cometer un crimen que consideran plenamente justificado, al punto de dejar de lado cualquier criterio de autodefensa como sería la posibilidad de la huida.
¿Y por qué digo no tan solitarios? Porque independientemente de que haya o no logística que los acompañe, ellos son siempre simplemente el arma, hay necesariamente un otro u otros que cargan ese arma, los que de alguna manera aprietan el gatillo o detonan la bomba, realmente los autores ideológicos de ese crimen.
Es muy posible que después del intento de magnicidio de la vicepresidenta argentina aparezcan voces, muy posiblemente de los mismos que con la manipulación mediática cargaron el arma, mencionando al personaje detenido, al femicida fallido, como un loquito, un enfermo, y eso constituiría un acto de la mayor perversidad, intentaría despegar el acto del criminal del discurso de odio propalado por ellos, y que trae como resultante que ese individuo, transformado en arma, intente un magnicidio.
Permitir que los hacedores del discurso del odio se despeguen de los efectos de ese discurso, de la represión de la policía de Rodríguez Larreta en la casa de Cristina, de los contenedores con piedras llevados al lugar por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para facilitar el ataque con piedras a la casa de la vicepresidenta; e inclusive de otros crímenes de odio como los asesinatos de Maldonado y de Rafael Nahuel durante la presidencia de Macri e implementados por Patricia Bullrich a través de sus tropas, habilita que el discurso de odio continúe.

Comunicado sobre el atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández

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Grupo La Capitana expresa su más enérgico repudio al intento de magnicidio perpetrado ayer contra la actual vicepresidenta y compañera Cristina Fernández de Kirchner en las inmediaciones de su domicilio.

Este hecho, lejos de constituir un acto de violencia individual o aislado (como han sugerido algunos dirigentes de la oposición), es producto de un conjunto de expresiones, mensajes, discursos y actos materiales que cultivan día a día la violencia política en nuestro país, sea física o verbal.

El Grupo La Capitana ve con suma preocupación el crecimiento de los discursos de odio enarbolados por las derechas no solo en Argentina sino también en buena parte del mundo.

El atentado hiere profundamente a la democracia argentina y representa un hecho extraordinariamente grave para nuestra sociedad, es decir, constituye un verdadero parteaguas que rompe el contrato político-democrático firmado por los ciudadanos en 1983, luego del horror causado por la última dictadura militar.

En este sentido, resulta un deber inexcusable para todos los ciudadanos proteger y defender la democracia, las instituciones y las autoridades legítimamente constituidas.

Necesitamos decir NUNCA MAS a la campaña de odio, discriminación social y política que infectan los espacios públicos y mediáticos.

Por eso, Grupo La Capitana convoca a todos y todas a las plazas en defensa de la vida, las instituciones y la democracia, en apoyo y solidaridad con Cristina y, sobre todo, para decir BASTA a la ofensiva política del poder económico, mediático y judicial.

Estados Unidos, fiscal internacional

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En los años ochentas y noventas Estados Unidos se auto-asignó el papel de cruzado internacional en materia de drogas. Una versión militante del prohibicionismo se desplegó a nivel mundial con particular énfasis en América Latina. La estrategia represiva de Washington se sustentó en la legislación interna y se proyectó con intensidad en la región. Así, en 1986 el presidente Ronald Reagan firmó la Directiva Presidencial número 221 mediante la cual se declaró que las drogas constituían una amenaza letal a la seguridad de Estados Unidos. Más adelante, en 1989, el entonces Secretario de Defensa, Richard Cheney, anunció que la lucha contra las drogas se convertía en una misión de seguridad nacional prioritaria para el Departamento de Defensa. En diciembre de ese año Washington lanzó la invasión a Panamá que depuso al presidente Manuel Antonio Noriega, quien fue llevado a Estados Unidos para ser juzgado por narcotraficante.

Mientras tanto, se implementaba lo que se conoció como el proceso de certificación anual y unilateral en materia de drogas que apuntaba a determinar qué países cooperaban con Washington en el combate anti-narcóticos. Ese instrumento era, simultáneamente, un recurso para condicionar, disciplinar, subordinar y sancionar a las naciones en la llamada “guerra contra las drogas”. Una suerte de “garrote” para que los gobiernos—en especial, en América Latina–sintieran el efecto de las acciones punitivas de Washington. Los no cooperantes vivieron el peso de la estigmatización y castigo estadounidense. Una narco-diplomacia coercitiva se impuso en el continente. En ese marco, por ejemplo, la Casa Blanca le canceló la visa de ingreso al país al entonces presidente de Colombia, Ernesto Samper, en 1996, señalando que el mandatario “participó a conciencia en negociaciones” con el llamado Cartel de Cali, al tiempo que afirmó que había “certeza de que ingresaron dineros del narcotráfico en su campaña”.

Pero más allá de advertencias y puniciones el fracaso de la prohibición de drogas se hizo elocuente desde entonces hasta hoy día. En esencia, la geopolítica de las drogas se expandió y complejizó y la cruzada anti-narcóticos ha sido un fiasco en las relaciones interamericanas y a nivel mundial. Sin embargo, Washington—que modificó ligeramente su política interna ante las drogas—no ha variado su enfoque bélico anti-narcóticos en Latinoamérica. En todo caso, su condición de cruzado no ha sido abandonada.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos se lanzó a la lucha contra el terrorismo. En ese contexto, se transformó en un gendarme internacional que pretendía acabar con los grupos terroristas y sus santuarios, reordenar Medio Oriente y Asia Central especialmente, y asegurar la expansión global de la democracia. Otra vez, una vasta legislación interna, directivas del ejecutivo y estrategias militares sustentaban ese nuevo rol auto-afijado. La fuerza, el ataque, la retaliación y la agresión fueron la norma. La ocupación de Afganistán e Irak fue el corolario de un enfoque que suponía triunfos inmediatos y definitivos. Creció el uso de drones en Asia (Irak, Afganistán y Pakistán) y África (Libia, Somalia y Yemen). Jurídicamente, la estrategia contra el terrorismo derivó en la pos-legalidad: es decir, una situación en la que el derecho interno e internacional se manipuló y se desconoció.

Los resultados efectivos de la ofensiva contra el terrorismo no admiten festejos. Según las investigaciones del Watson Institute for International and Public Affairs de Brown University, después de gastar US$ 8 billones de dólares en las guerras pos—11/9, aproximadamente 979.000 personas (civiles, personal militar, contratistas privados de seguridad, periodistas, miembros de organizaciones humanitarias) murieron de forma directa y 38 millones de personas debieron refugiarse en distintos países o se vieron obligadas al desplazamiento interno. Aunque Estados Unidos—en especial a partir de los fracasos en Irak y Afganistán—se ha ido replegando, su pretensión de gendarme sigue vigente para varios decisores civiles y militares.

En años recientes, y más concretamente con la administración del Presidente Joe Biden, Estados Unidos se ha asumido como fiscal internacional en materia de corrupción en el marco de lo que identifica como la lucha entre las democracias contras las autocracias. En realidad, y respecto a Latinoamérica, el tema de la corrupción venía siendo foco de referencia de los responsables del Comando Sur. Por ejemplo, es una de sus prioridades. En la declaración de la postura del Southcom de 2016 el Almirante Kurt Tidd mencionó el tópico. Más recientemente, en 2019 el Comandante del Comando Sur, Almirante Craig Faller, destacó que “la corrupción es una inquietud de seguridad nacional en el hemisferio”. A su vez desde 2015 se han aplicado sanciones a individuos en Venezuela invocando, entre otros, asuntos de corrupción.

Ahora bien, es desde hace dos años que la corrupción ocupa un lugar cada vez más prominente en la política exterior de Estados Unidos. Por primera, en junio de 2021 y mediante un memorándum, la Casa Blanca precisó que la lucha contra la corrupción constituía un “interés central para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Y en diciembre se anunció la Estrategia Nacional de Estados Unidos contra la Corrupción. El Departamento de Estado designó en julio de 2022 a Richard Nephew Coordinador Global contra la Corrupción: Nephew ha sido Coordinador de la política de sanciones del Departamento de Estado y Director para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional. A su vez, es importante destacar que la Oficina de Recursos Energéticos del Departamento de Estado tiene la responsabilidad de la Iniciativa de Transparencia sobre Industrias Extractivas; una iniciativa que busca, entre otras, “combatir la corrupción en los sectores globales de gas, petróleo y minería”.

En este período reciente América Latina ha sido un punto importante de la estrategia anti-corrupción. Con base en la legislación existente, el Departamento de Estado designó personas corruptas a 79 centroamericanos (43 de Nicaragua, 16 de Guatemala, 14 de Honduras y 6 del Salvador), al tiempo que logró la extradición del ex Presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández .

A su vez, el 22 de julio de 2022 el Departamento de Estado indicó que el ex Presidente de Paraguay, Horacio Manuel Cartes, estaba involucrado en “corrupción significativa”.

En breve, Washington ha decidido convertirse, desde un sitio de presunta superioridad moral, en un fiscal internacional en materia de corrupción. Sin embargo, esta condición va más allá de una presunta inmodestia ética: se inserta, esencialmente, en la pugna global contra China bajo el leitmotiv de la democracia vs. la autocracia. Esa lucha no cubre todas las autocracias, por supuesto. Entre el 15 de julio y el 2 de agosto el Departamento de Estado aprobó la venta de armamentos por un valor de US$ 20.000 millones de dólares; un tercio de las ventas se hicieron a autocracias. Dicho combate anti-corrupción, además, se viene librando más en América Latina que en otras latitudes; algo que quizás persista no en virtud del avance de autocracias en la región. El doble estándar se irá haciendo evidente con el correr del tiempo.

En el fondo, posiblemente la designación de quién es corrupto/a por parte de Washington tenga más que ver con la proyección de China en la región; la intensificación de las contradicciones ideológicas en Latinoamérica; el auge de modalidades delictivas—algunas de ellas como el negocio de los narcóticos y el emporio de las armas que tienen en Estados Unidos un doble epicentro en cuanto a demanda y oferta, respectivamente–; y la intención de recuperar cierta influencia y prestigio en el área. En todo caso, lo más probable es que Estados Unidos esté comenzando a ejercer su auto-concedida condición de fiscal internacional en cuanto a la corrupción. Ello implica aumentar la capacidad de condicionar, sancionar, intimidar y estigmatizar. Esto, seamos realistas, recién empieza.

 

https://www.eldiarioar.com/opinion/estados-unidos-fiscal-internacional_129_9271375.html