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jueves, abril 23, 2026
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Explotar el trabajo ajeno

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La hagiografía del capitalismo presenta las mutaciones en los modos de explotación de los seres humanos y de la naturaleza como el resultado inexorable de los desarrollos técnicos o de fenómenos naturales como la lluvia y el viento.

Actúan como lastre para desenmascarar estas posiciones tres presupuestos propios de la tradición marxista pero ajenos a Marx: 1. La inexorabilidad de la evolución de la historia y el etapismo; 2. La creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas determina los modos de producción; y 3. El fetichismo de las formas jurídicas.

El carácter inexorable de las transformaciones está avalado por la creencia en una teleología de la historia, propia de la ideología del socialismo reformista.

Parte de la historiografía marxista ha considerado que una sociedad sin clases sólo podría provenir como superación del modo de producción capitalista. Marx, por supuesto, nunca fue marxista a este respecto. Su correspondencia sobre las posibilidades de la construcción del comunismo a partir de la comunidad rusa basta para demostrarlo.

Tanto la expresión del materialismo dialéctico paleo-marxista como la propaganda de los fundamentalistas del mercado comparten una visión económica determinista (de la historia en el primer caso, de su finalización en el segundo). Las leyes económicas son presentadas cual leyes físicas del mismo modo obtuso con que se negaba la posibilidad del vuelo con aparatos más pesados que el aire (“Si Dios hubiera querido que el hombre volara, le habría dado alas”).

Si existen etapas históricas que han de transitarse necesariamente, el movimiento lo es todo; la meta final no es nada, como decía Bernstein. Se trata de que la historia siga su camino necesario y que la acción política se reduzca a la gestión de reformas. Ello redunda en una sacralización de lo dado y en la actividad de los partidos “socialistas” para asegurar el desarrollo del capitalismo como etapa intermedia necesaria.

Esta ideología de la “gestión” progresista ha cedido la capacidad de enunciar un cambio a las fuerzas de extrema derecha. Así, el trabajo es un mal innecesario o es un bien escaso según la necesidad del discurso. En definitiva, el trabajo es la limosna que el capital deja como un regalo sentimental (una debilidad a ser corregida) a los seres oscuros y sin nombre. Desaparece todo, menos la luz. La luz de la economía racional y las leyes del mercado. Fuera de ella, en la oscuridad, se escuchan los murmullos de la plebe, con sus costumbres, sus ídolos, sus supersticiones y sus ritos. En el rigor de las leyes del mercado se enuncia como bienaventuranza que los desposeídos deban vender al precio que se oferte todo lo que aún se adhiere a su humanidad, no sólo su fuerza de trabajo sino incluso sus órganos.

En segundo lugar, contribuye al éxito ideológico de esta presentación la creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas es lo que determina los modos de producción. En esta creencia, es el molino de agua el que creó el feudalismo o son las tecnologías informáticas o de gestión del trabajo las que determinan el modo de explotación neoliberal.

No son las fuerzas productivas las que determinan los modos de producción, sino que son los modos de producción los que encuentran en la tecnología existente los métodos de imponer y reforzar su dominio o hegemonía sobre los sectores subordinados de la sociedad en cuestión. En la base misma del sistema de producción se encuentra la opción político-jurídica: la imposición de un sistema de distribución en el seno de una sociedad. Esta distribución va a determinar la organización social del trabajo e incluso los contenidos materiales y tecnológicos de la producción. Los romanos conocieron y desarrollaron modelos de molino de agua, tal como lo señalan los escritores agraristas, pero su desarrollo no era esencial para el modelo de distribución y producción del imperio romano. Del mismo modo, la producción de pequeñas series propia del modelo post-fordista no es un invento de finales del siglo XX. Era fundamental durante todo ese siglo para la industria de la moda y su extensión a las demás industrias fue una respuesta al desarrollo de la lucha de clases a partir de los finales de la década del ‘60.

Finalmente, resulta necesario desbrozar lo que puede llamarse el fetichismo de las formas jurídicas que se encuentra vinculado a los dos primeros presupuestos. García Linera dice (2021:90): “Las definiciones juridicistas de las clases, tan propias de los manuales y los panfletos, son una auténtica barrera epistemológica para entender las estratificaciones sociales no-capitalistas. Aún más, la propia complejidad que adoptan las clases definitorias del régimen del capital son imposibles de entender a partir de esas caracterizaciones leguleyas o tecnicistas que se le atribuyen al marxismo”.

No se puede entender el modo de producción (y reproducción) capitalista teniendo como brújula la propiedad de los medios de producción (para la definición de burgués o empresario) o el salario (para la definición de proletario o trabajador).

Para enfrentar estos tres obstáculos epistemológicos tan imbricados en la concepción vulgar del marxismo y dar cuenta del estado actual de la lucha de clases, no hay que hacer adendas o revisiones del pensamiento de Marx, sino recuperar el filo de sus desarrollos conceptuales, lejos del revisionismo y de los santorales escritos para justificar un régimen o un autor.

El capital no es el dinero, ni los medios de producción, ni las mercancías que son el resultado del proceso de producción. Para que estos elementos se transformen en capital, los mismos deben ser elementos de los procesos de producción y de valorización. El capital es valor que se valoriza, al menos potencialmente. El capital es idéntico al proceso de valorización.

El capital es un proceso de valorización específico de un modo de producción, el capitalismo, que requiere condiciones históricas y económicas que le permitan desarrollarse. Esta unidad de dos procesos en relación dialéctica, en que los sujetos adquieren sucesivamente la función de comprador y vendedor de fuerza de trabajo y mercancías, en dos partes de un ciclo, el proceso de producción y el proceso de circulación que también se encuentran en la unidad dialéctica de procesos de trabajo y de valorización que ocurren conjuntamente. El proceso capitalista sólo puede ser entendido teniendo en cuenta estos dos aspectos, esta unidad de los opuestos.

Cuando se afirma, por ejemplo, que el capital es imprescindible para el trabajo o que sin capital el obrero no puede trabajar, se lo eterniza como categoría. El capitalismo es un modo de producción, pero sólo se puede hablar de capitalismo teniendo en cuenta las diferencias específicas con otros modos de producción.

Identificar el capital con los medios de trabajo o incluso con el proceso de trabajo escamotea las características propias del capital como proceso de valorización. Y ese olvido, desde el punto de vista de las izquierdas, hace olvidar que el dependiente nace como tal en tanto capital variable. Se es trabajador como fracción de capital, precisamente la que hace posible el proceso de valorización del capital. Por este motivo, el trabajador sometido al poder de mando del capital nace con una conciencia enajenada. Es trabajador en tanto capital variable y por eso puede llegar a considerarse parte de la empresa.

La naturaleza polar de las mercancías vendidas entre trabajador y empresario son las condiciones mismas de existencia del sistema capitalista: a) la libertad formal del trabajador que puede vender su mercancía principal, la fuerza de trabajo; b) la opresión real del trabajador que debe vender la fuerza de trabajo para poder conservar sus condiciones de subsistencia.

Ingresado al proceso de trabajo y valorización, el trabajador abandona su libertad formal para actuar bajo el dominio del capital, que determina las condiciones objetivas del proceso de producción. Se ingresa a trabajar como un medio de estos procesos que le son ajenos. Esta es la definición propia de la dependencia. Es la subsunción formal del trabajo en el capital.

“El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital. Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda”. (Marx, 1997: 54).

Para que el capitalismo como sistema o capitalismo desarrollado pudiera nacer, era necesario que el capitalismo abandonara su forma local y se convirtiera en una economía mundo, para lo cual fue necesaria la primera forma general de apropiación originaria, como fue el saqueo del continente americano por los europeos. El capitalismo como sistema se eleva sobre el hueco insondable del cerro del Potosí.

Esa inyección de dinero es lo que permite al mismo tiempo la aparición de la subsunción real del trabajo en el capital con el desarrollo de la maquinaria y, fundamentalmente, que el capital fuera la fuerza directriz de las naciones.

Deleuze y Guattari (1988:461-462) dan una idea adecuada de la diferencia entre subsunción formal y subsunción real del trabajo en el capital, si bien refiriéndola a la diferencia entre la esclavitud y la sujeción del hombre moderno en el capitalismo, respecto de las cuales la calificación es inadecuada. Para ellos hay esclavitud (hay subsunción formal del trabajo en el capital) “cuando los hombres son partes constituyentes de una máquina bajo el control y dirección de una unidad superior”, y hay sujeción (subsunción real del trabajo en el capital) cuando la unidad superior constituye al humano como un sujeto que remite a un objeto que ha devenido exterior.

Tampoco se puede confundir el capital o el mercado con el sistema capitalista, que es el sistema del señorío del capital sobre la sociedad y el Estado. Es el sistema de la dictadura de la burguesía. El valor de cambio presupone las cosas en las que se encarna, pero él no es una cosa sino una relación. El capital presupone el valor de cambio, pero sin el poder de mando sobre el trabajo no se constituye como tal y el capitalismo no es sólo la existencia de capitales o mercados, sino el poder de mando de los capitales o el mercado sobre la sociedad.

No es posible pretenderse capitalista y estar en contra del neoliberalismo, ya que el neoliberalismo no es otra cosa que la realización del capitalismo como sistema. Oponerse al capitalismo como modo de producción dominante sobre la sociedad y el Estado no implica oponerse necesariamente al desarrollo del capital, incluso si es extranjero. El socialismo no es sinónimo de estatización o persecución del capital, incluido el capital extranjero o multinacional, como sucedió en la Unión Soviética dirigida por Lenin a partir de la NEP, admitiendo la concurrencia de capitalistas e incluso de capital foráneo, siempre subordinado a las necesidades del Estado y el pueblo soviético.

El Estado socialista es la ampliación de márgenes de participación comunitarias y democráticas con miras a su extinción futura en una sociedad sin clases y sin Estado. Por eso Lenin consideraba el socialismo en esa etapa como colectivización más electrificación. No puede construirse el socialismo sobre la base del empobrecimiento de los trabajadores en nombre de ideas. Esa desviación es el idealismo y el socialismo utópico. El marxismo es un materialismo. El significado del socialismo es poner fin a la dictadura de la burguesía que se manifiesta en la toma del poder del Estado a partir de resortes claves como la prensa comercial o los poderes judiciales oligárquicos.

 

DELEUZE, Gilles y GUATTARI, Félix (1988), Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Pre-textos, Valencia.

GARCÍA LINERA, Álvaro (2021), La potencia Plebeya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia, Prometeo Clacso, Buenos Aires.

MARX, Karl (1997), El Capital. Libro I Capítulo VI (inédito), Siglo XXI, México.

 

Explotar el trabajo ajeno

En el mismo lodo

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Han sido días tremendos. Primero se murió mi Morganita, la princesa bulldoguita que me acompaño durante los últimos trece años. Nada tengo para reclamarle, salvo el hecho innegable de haberse muerto. Hace casi 6 años yo acababa de romper con mi novio, al que adoraba de modo poco sano y mi Morganita tenía que atravesar una cirugía por cáncer. Recuerdo haber estado llevándola a la veterinaria y explicándole mientras lloraba asustada que yo lo había perdido todo al perder de modo horrible a mi novio y que no podía perderla a ella también. Y Morganita me entendió y se quedó conmigo, superó su enfermedad y vivió varios años más, incluyendo acompañar al lobo y a mi misma durante la pandemia. Morganita y su ronquido constante. Yo no sé bien cómo dormir sin ese ronquido y pongo en loop un video de un bulldog roncando para no quedar presa del insomnio.

El Lobito y yo la extrañamos mucho, muchísimo. Sin el ronquido, la casa se siente vacía, aun cuando Lobito se esmera en hacer todo el ruido que puede con sus travesuras.

No habíamos ni empezado el duelo de la Morganita cuando mi mamá se enfermó y tuve que viajar a San Juan. Todos en la familia, incluyendo a mamá, nos llevamos un sustazo. Afortunada y tercamente, mi mamá se recupera ahora en San Juan. Y como no hacía desde hace años, pasé más de una semana allí, en ese lugar con horizonte de montañas azules –como debe ser todo horizonte de bien— que llamo y siento mi casa. Y pude estar para acompañar a mi papá, que sin mamá está un poco perdido, a recibir su doctorado Honoris Causa por haber sido un gran —inolvidable, dicen sus alumnos— docente de artes plásticas y filosofía. Y yo les creo, porque he visto el amor que mi papá le tenia a la Universidad y a sus clases y a los artistas sanjuaninos que promueve y promovió desde siempre.

Durante esos días de cielos perfectos y días tristes con mi mamá enferma comenzó el alegato del fiscal Luciani, en la causa de Vialidad. Lo miraba por las mañanas antes de ir a la clínica a ver a mi madre y luego lo terminaba de ver por las noches. No resultó conmovedor, como había anunciado Joaquín Morales Solá. Tampoco resultó tan sólido en términos jurídicos como esperaban los opositores. Tal vez los únicos conformes sean los liguistas que vieron el resurgir de los adjetivos calificativos que, a decir verdad, hacía años que no fluían con tanta generosidad. La sobreactuación de indignación por parte de los fiscales —que por cierto, y como suele suceder con muchos fiscales, exhiben sin pudores un supino desconocimiento de los principios del derecho administrativo— completó un cuadro francamente desolador y demostró cómo funciona el Poder Judicial cuando actúa como verdugo y no como poder judicial. ¿Leyes? ¿Garantías? ¿Fundamentos? ¿Pruebas? ¿Debido proceso? Ay, no sean ingenuos, nada de eso se verifica en el juicio de Vialidad. Reemplazaron todo lo anterior por adjetivos, indignaciones varias y un show televisivo de escasa calidad.

Y así transcurrió el show de morondanga, mientras las y los cockers de turno repetían a coro “tres toneladas de prueba” como si las unidades de medición de peso tuviesen alguna relevancia jurídica. También escuché y leí que había quienes opinaban –como dignos egresados de la Academia Pitman del Derecho— que Cristina no se defendía de las pruebas, que se limitaba a escuchar los alegatos del fiscal. Argumentos propios de gente que lo ignora todo, incluso que primero alegan los acusadores y luego las defensas. Pero lo más insólito que leí fue lo que dijo una colega abogada, María Eugenia Talerico, que se presenta como “Abogada penalista experta en temas de integridad financiera, lavado de activos y financiación del terrorismo”. Ella reclamó en Twitter que la Vicepresidenta “pruebe su inocencia”, olvidando meridianamente que la inocencia no se prueba, sino que se  presume y que son el fiscal y los otros acusadores quienes deben probar la culpabilidad. Digamos que Talerico se olvidó del principio de inocencia  y de las normas constitucionales y los tratados de derechos humanos que consagran este principio básico del proceso penal.

No es un olvido menor, porque en palabras de Enrique Petracchi, ignorar el principio de inocencia “importaría ni más ni menos que echar por tierra un bien que la humanidad ha alcanzado y mantenido a costa de no pocas penurias: el principio de inocencia, el cual, tal como lo señaló la Corte Suprema estadounidense in re «Coffin vs. United States» (156 U.S. 432, págs. 453 y sgtes.), posee antecedentes muy lejanos en el tiempo. Así, en dicha oportunidad el citado tribunal recordó lo acontecido en épocas del Imperio Romano: Numerius —Gobernador de Narbonensis— se hallaba sometido a juicio criminal, y había asumido su propia defensa negando su culpabilidad y la falta de prueba en su contra. Delphidius, su adversario, previendo el rechazo de la acusación se dirigió a Juliano: «¡Oh! Ilustre César —le dijo— si es suficiente con negar, qué ocurrirá con los culpables»; a lo que Juliano respondió: «Y si fuese suficiente con acusar, qué le sobrevendría a los inocentes». (Ammianus Marcellinus, Rerum Gestarum. L.XVIII, C.l). Tan venerable y remoto legado no puede ser desconocido sino a riesgo de negar la propia dignidad humana y la Constitución Nacional, pues, según reza su texto, «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo» (art.18 de la Constitución Nacional)”. Say no more.

Acababa de regresar de San Juan cuando me desperté con la tapa del Pagina/12 dominical, donde Tuny Kollman dio cuenta de que el fiscal Luciani y el juez Giménez Uriburu habían conformado un equipo de fútbol junto con Mariano Llorens, camarista federal, y algunos encumbrados dirigentes macristas. Como si eso no fuese suficiente, los partidos se habían realizado en la quinta los Abrojos, propiedad de Mauricio Macri. Leí esa mañana y mi cerebro de abogada inmediatamente delineó una recusación, tanto del juez como del fiscal.

Y eso fue exactamente lo que sucedió. CFK y los otros acusados recusaron a ambos: juez y fiscal, por amistad manifiesta entre ambos. Porque entre otras cosas se olvidaron de que la misión del fiscal es controlar la actuación del juez y el respeto a las garantías de las partes y sobre los jueces pesa la obligación de imparcialidad.

La pregunta es: ¿cómo el controlante, esto es el fiscal, va a controlar a su compañerito de equipo de futbol, el controlado, esto es el juez? ¿No debieron ambos, el juez y el fiscal, poner en conocimiento de las partes la relación de compañeros de equipo de futbol no solo para tranquilidad de las partes sino además de la sociedad? Así se hubiesen evitado sin duda las suspicacias que ahora existen.

Ha sostenido la Corte Suprema respecto de las decisiones que versan sobre la recusación de los jueces que «puede, en caso de rigurosa excepción, existir razón valedera que justifique apartarse de tal regla, si de los antecedentes de la causa surge que el ejercicio imparcial de la administración de justicia se encuentra tan severamente cuestionado que el derecho de defensa comprometido exige una consideración inmediata en tanto constituye la única oportunidad para su adecuada tutela” (Fallos: 306:1392 y 316:826).

Creo honesto decir que sobre el doctor Giménez pesa una grave omisión. Que consiste en no excusarse en los términos del artículo 55, inciso 11 del CPPN. Y sobre el fiscal pesa el hecho que avaló la no excusación del juez, lo cual demuestra una grave violación a los deberes de resguardo de la legalidad y de la objetividad que pesan sobre todos los integrantes del Ministerio Público Fiscal.

Por eso me resultó conmovedor el argumento publicado por varios medios respecto a que dejó de participar en dichos partiditos cuando le tocó la causa Vialidad. Señal evidentísima de que el fiscal entendía que esa relación de compañeros de equipo de futbol implicaba una causal de recusación.

Como era esperable, y pese a lo señalado por la Corte, la recusación de ambos fue rechazada. Los argumentos son de una puerilidad rayana en la idiotez. Y en la negación de lo obvio.

Voy a hacer una pregunta que, conforme a los adjetivos que tanto le gustan a Luciani, apela al sentido común: ¿alguien de nosotros aceptaría ser juzgado por un fiscal y un juez que integran el mismo equipo de fútbol? Y lo que es más, ¿que van a jugar sus partidos con colegas y amigos de quien es nuestro contendiente? La respuesta es tan obvia que por sí sola descalifica la ridícula respuesta que dio el tribunal.

Concluyo con el fragmento de una sentencia de la Corte Suprema en el caso Llerena, donde consigno el tribunal que “la opinión dominante en esta materia establece que la imparcialidad objetiva se vincula con el hecho de que el juzgador muestre garantías suficientes tendientes a evitar cualquier duda razonable que pueda conducir a presumir su parcialidad frente al caso. Si de alguna manera puede presumirse por razones legítimas que el juez genere dudas acerca de su imparcialidad frente al tema a decidir, debe ser apartado de su tratamiento, para preservar la confianza de los ciudadanos —y sobre todo del imputado— en la administración de justicia, que constituye un pilar del sistema democrático».

Con claridad meridiana lo explica Roxin cuando asevera que «en el conjunto de estos preceptos está la idea de que un juez, cuya objetividad en un proceso determinado está puesta en duda, no debe resolver en ese proceso, tanto en interés de las partes como para mantener la confianza en la imparcialidad de la administración de justicia” (Roxin, Claus, Derecho Procesal Penal, trad. Córdoba, Gabriela y Pastor, Daniel, Editores del Puerto, Bs. As., 2000, pág. 41)”.

A quién le importa todo eso, cuando la situación es la siguiente: rechazaron la recusación, y se debe apelar ante la Cámara de Casación. Dos de sus miembros fueron señalados como visitantes asiduos –y no declarados– de la Casa Rosada y de la Quinta de Olivos. Cuando Casación haga su magia, se puede recurrir ante la Corte Suprema, de cuatro miembros y dos de ellos con comunicaciones habituales y también reservadas con el anterior Poder Ejecutivo Nacional. ¡Y dale que va!!!

Mientras hacen lo que hacen, los funcionarios que llevan adelante la persecución han convertido al poder judicial en un lodazal, donde sin ley ni derechos ni garantías están todos revolcados.

 

 

En el mismo lodo

Una carga insoportable

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La estrategia de aproximación indirecta busca el sometimiento de las fuerzas contrarias mediante una maniobra envolvente o induciendo su quebrantamiento moral, sin necesidad de una batalla decisiva. Es lo que hacen el FMI y sus personeros con nuestro país en base a una deuda espuria, que no se investigó y que fue tomada en forma arbitraria e inconstitucional, que incluso viola el inciso A del artículo 6°del Convenio Constitutivo del FMI [1] por el cual esa institución se obliga a realizar un monitoreo para ver el destino de los fondos. En el caso argentino no solo no se hizo sino que se le prestó al gobierno de Cambiemos en plena corrida cambiaria, mientras el Banco Central de esa gestión vendía sin límite las reservas internacionales, hecho que de por sí tornaba más previsible que se endeudaba al país para posibilitar la fuga.

La deuda tomada con el FMI no fue autorizada por el Congreso de la Nación, como lo exige el artículo 75 inciso 4 de la Constitución Nacional, que incluye entre las atribuciones de los legisladores la de “contraer empréstitos sobre el crédito de la Nación”.

El Presidente Alberto Fernández en la inauguración de las sesiones ordinarias del 1º de marzo de 2021 dijo: “Una deuda tomada por un gobierno irresponsable que obtuvo un crédito otorgado en su favor por motivos absolutamente políticos merece una revisión y un tratamiento adecuado a la hora de su renegociación. Tanta mala fe de los tomadores del crédito y tanto desdén de funcionarios políticos de un organismo multilateral por privilegiar a un gobierno en la coyuntura no puede ser visto como un caso más”.

Sin embargo no se investigó la deuda: los organismos encargados de hacerlo –gracias al secreto fiscal, bursátil y financiero– no dan ninguna explicación y mientras tanto se pagan los intereses en base al presupuesto de la Administración Nacional.

Es más, con fecha 21 de mayo de 2020 el Banco Central publicó el informe “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019”, en el que demuestra que de la deuda tomada por la gestión de Cambiemos la “fuga de capitales” del período comprendido entre diciembre de 2015 y octubre de 2019 alcanzó los 86.200 millones de dólares. El informe sostiene que 6.693.605 personas físicas y 85.279 personas jurídicas compraron esos 86.200 millones de dólares durante la gestión de Cambiemos, pero los 100 mayores adquirieron 24.679 millones de dólares.

Ni el Banco Central (que armó el listado) ni el gobierno nacional dieron a conocer los nombres de los que compraron las divisas en que se endeudaba el Tesoro de la Nación de la gestión de Cambiemos. Sí lo hizo El Cohete a la Luna en una nota titulada Los 100 de Macri del 24 de mayo de 2020, firmada por su director Horacio Verbitsky, lista jamás desmentida por los interesados ni por el Banco central. Entre esos grande fugadores están Telefónica Argentina con 1.248,2 millones de dólares y Pampa Energía SA (del grupo Midlin y Josep Lewis) con 903,9 millones de dólares [2]; Monsanto Argentina SA (donde hizo toda su carrera Gustavo Idígoras, actual presidente de CIARA-CEC y conspicuo miembro del Consejo Agroindustrial Argentino); el Grupo Clarín con DirecTV Argentina S.A. y Telecom Argentina SA; el grupo Techint con Siderar SA, Transportadora de Gas del Norte y  Tecpetrol SA; Hidrovía Paraná SA (empresa que tiene la concesión del dragado del Río Paraná); Aceitera General Deheza, una de las grandes beneficiadas con las privatizaciones y concesiones del menemismo, que posee tres puertos propios (uno de ellos socio con la multinacional Bunge) en los 70 kilómetros del nodo portuario del Gran Rosario-Santa Fe que van desde Arroyo Seco al sur hasta Timbúes al norte de esa ciudad; y también están Arcor SA de la familia Pagani; el Grupo Galicia de los Braun, Ayerza y Escasany [3]; el Banco HSBC y el Grupo IRSA de Eduardo Elsztain, entre otros.

Ninguna de las 100 empresas de la lista de quienes compraron 24.679 millones de dólares puede demostrar en sus estados contables de dónde detrajeron los recursos para adquirir esa cantidad entre 2016 y 2019, lo que supone la comisión de los delitos de evasión fiscal y fuga de capitales por parte de los compradores e incumplimiento de las leyes, incluida la de “lavado de activos”, para los bancos, que les vendieron esos dólares del Banco Central y no tomaron los recaudos sobre el origen de los fondos.

Programa del FMI

Sin investigar la deuda, se acordó el pago con el FMI e incluso se lo refrendó por la Ley 27.668 que aprobó el “Programa de Facilidades Extendidas a celebrarse entre el Poder Ejecutivo nacional y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para la cancelación del Acuerdo stand-by celebrado oportunamente en 2018 y para apoyo presupuestario”. La Administración Nacional debe cerrar este año con un déficit fiscal primario (antes del pago de los intereses de la deuda) del 2,5% del PIB [4], una contracción de la asistencia monetaria al Tesoro de hasta el 1% del PBI y un incremento de las reservas internacionales netas de 5.800 millones de dólares para 2022.

Los números presentados por la Secretaría de Hacienda muestran que al 30 de junio de 2022 el déficit primario fue de -755.975,7 millones de pesos, y ello gracias al aporte de 359.461 millones del INSSJyP (PAMI) y de los Fondos Fiduciarios, porque la Administración Nacional fue deficitaria en -1.115.436,7 millones (1,12 billones de pesos). Eso significa al tipo de cambio oficial el 1,92% del PIB, que obviamente se proyecta mayor dada la menor recaudación real esperada en la segunda parte del año y las mayores erogaciones.

Analizando la evolución de la recaudación tributaria de los primeros siete meses de 2022, el incremento nominal es igual a la inflación medida por el IPC del INDEC. Pero se observa una caída en las retenciones (derechos de exportación) que llama la atención, porque no es lo que declara la Balanza de Pagos y tampoco el sector (un informe de CIARA-CEC sobre exportaciones de los primeros siete meses de 2022 contra igual lapso de 2021 muestra un incremento del 10,55% en dólares). Allí habría que poner la lupa pues significa un importante recurso para la Administración.

 

Nota: En dólares corrientes. Fuente: CIARA-CEC.

Obviamente que con el perfil y la estructura tributaria se torna cada vez más difícil financiar el gasto público, máxime cuando la incertidumbre cambiaria y la suba persistente de la tasa de interés, en un marco de aceleración inflacionaria, impacta e impactará negativamente en el nivel de actividad.

Obviamente también el gasto que más se incrementó con respecto al primer semestre del año pasado es el de los subsidios energéticos, que el mismo informe de la Secretaría de Hacienda estimó en un 38% real (deflacionado). De allí las medidas adoptadas de segmentación de las tarifas y subsidios solo hasta el consumo mensual de 400 kilowatts. En forma similar se procede con las transferencias a las provincias que en el primer semestre significaron un total de 404.038,6 millones de pesos (transferencias corrientes por 269.921,8 millones y transferencias de capital por 134.116,8 millones) que significaron el 5,6% del presupuesto ejecutado, suma muy menor al 7,13% que representó para igual período en 2021.

Al 30 de junio 2022 los gastos totales ascendieron a 7.210.484,3 millones, que representan el 43,9% del gasto total previsto para el presupuesto del corriente año, de 16.425.485 millones (ampliado por decreto 331/22), teniendo en cuenta que la Argentina no puede colocar nuevos títulos de deuda en el exterior y no podrá recurrir al Banco Central por estar excedido dicho financiamiento del 1% del PIB (comprometido con el FMI), que ante ello incluso obligó al Tesoro de la Nación a devolverle al Banco Central 10.000 millones el martes último.

A su vez el acuerdo con el FMI prevé la posibilidad de financiar hasta 0,2% del PBI con organismos multilaterales, y los restantes 2,3% deben conseguirse en el mercado interno, en un marco de incertidumbre cambiaria en que el Banco Central incrementó la tasa testigo el 11 de agosto elevando la TNA (tasa nominal anual) de los pases a un día a 64,5% (desde 55%), la Leliq a 28 días a 69,5% (desde 60%) y la Leliq a 180 días a 76%, obviamente la tasa efectiva correspondiente es mucho mayor.

El 8 de agosto el Tesoro de la Nación renegoció títulos de deuda por dos billones de pesos que vencían en agosto, septiembre y octubre de 2022, con una participación del 85%,a través de la colocación de “bonos dual” [5], con los que pospuso esos pagos para 2023. Ello le permitirá afrontar compromisos por 479.991 millones de pesos en los próximos tres meses, al lograr reducir los vencimientos proyectados a 115.318 millones de pesos este mes, a 209.337 millones en septiembre y a 155.336 millones en octubre.

Por ende el mecanismo de financiamiento que le queda al Tesoro de la Nación y que empleó en su momento el entonces ministro Martín Guzmán es la registración contable que implicaba contar los DEG en el Presupuesto (lo que permite reducir el rojo fiscal) y al mismo tiempo usarlos para devolver adelantos transitorios al Banco Central [6].

Por ende, no resulta tan alarmante la situación fiscal, nada que no se pueda administrar siempre y cuando las variables (precios, dólar, actividad, etc.) se desenvuelvan en porcentajes previsibles. Es más, de continuar un proceso de aceleración de los precios, el Estado nacional puede y debe recurrir a adelantos de cobro de impuestos a las ganancias y/o a un gravamen extraordinario por única vez que alcance a la renta minera, hidrocarburífera, agropecuaria y financiera.

La renta es la diferencial entre el costo en dólares de extracción o producción argentina y el precio que se vende ese producto en el mercado mundial. En primer lugar en la producción agropecuaria, porque la Argentina es un gran productor y oferente de esos bienes en el mercado mundial y, obviamente, el costo promedio es muchísimo menor que el del precio en los mercados internacionales, esencialmente por nuestra pampa húmeda, una de las tierras más fértiles del mundo, donde más rinde por hectáreas tienen la soja, el maíz, trigo, girasol, sorgo, etc. Igual se debe hacer con la minería y con la extracción de petróleo y gas. Por último, se debe gravar las Leliq y otras inmovilizaciones y encajes remunerados por el Banco Central.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el costo laboral sobre ventas de las principales empresas alimenticias argentinas cayó del 18,9% en 2016 al 12,2% en 2021. Esa ganancia extraordinaria por reducción del costo salarial en la formación de los precios de las principales empresas alimenticias se transforma en fuga de capitales.

Los empresarios con la ganancia extraordinaria operan en CCL (Contado con Liqui), que consiste en comprar títulos o acciones en pesos, que a la vez cotizan en dólares en el exterior, y una vez adquiridos el inversor los vende en el mercado extranjero y recibe a cambio un depósito en dólares. La cotización del CCL al 12 de agosto es de 290 pesos. Significa que compraron por ejemplo un bono (título) público o una acción por un dólar (a 140 pesos) y la vendieron en el exterior a 0,47 dólares (menos de la mitad) Se extranjeriza la economía (el que compra es un residente extranjero) y se fugan capitales, porque esos dólares no reingresan al país.

Tienen una renta extraordinaria por la suba de los precios y esa ganancia la fugan a través del mecanismo de CCL. Ese procedimiento debería prohibirse y, si no se lo hace, al menos gravarse y que contribuyan al fisco.

Reservas internacionales del Banco Central

De lo que los medios no hablan o lo hacen muy parcialmente es del brutal descenso de las reservas internacionales del Banco Central: luego de tener un superávit comercial hasta julio de 2022 de 31.000 millones de dólares, las reservas son 7.371 millones de dólares menos que cuando asumió Alberto Fernández.

 

En millones de pesos o de dólares según corresponda. Fuente: Gerencia de Estadísticas Monetarias del BCRA.

 

La meta con el FMI era para este año lograr un incremento de las reservas internacionales netas de 5.800 millones de dólares.

En síntesis

Por una deuda que fugó una minoría, el gobierno nacional se subordina al FMI, que fue cómplice y partícipe de la fuga de capitales por una suma que –aun haciendo los mayores sacrificios– no se puede pagar, como es la deuda por 45.400 millones de dólares en diez años.

Por ende y dado lo reseñado, se debe suspender todo pago al FMI hasta que se sepa fehacientemente a dónde fue cada dólar tomado en crédito al organismo internacional, tal como lo propuso en su discurso de inauguración de las sesiones ordinarias del Congreso el 1º de marzo de 2021.

La principal tarea del gobierno no es acordar con el FMI sino investigar adónde fueron los dólares que conforman esa deuda.

 

 

[1] Artículo 6º incido A: “Ningún país miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital, y el Fondo podrá pedir al país miembro que adopte medidas de control para evitar que los recursos generales del Fondo se destinen a tal fin. Si después de haber sido requerido a ese efecto el país miembro no aplicara las medidas de control pertinentes, el Fondo podrá declararlo inhabilitado para utilizar los recursos generales del Fondo”.
[2] En ambas empresas (Telefónica y Pampa Energía) reconoce tener participación en su capital Larry Fink, titular del fondo BlackRock.
[3] Larry Fink reconoce participación en el capital accionario del Grupo Banco Galicia por un 18,8% del total.
[4] El PIB del año 2021 se estimó en 416.111 millones de dólares.
[5] Al momento de su vencimiento, los tenedores de bonos duales pueden elegir si quieren que se lo ajuste por la variación del índice de precios minoristas o por la del dólar.
[6]1) FMI le envía al Tesoro de la Nación los DEG; 2) El Tesoro remite esos DEG al Banco Central; 3) El BCRA acrecienta las reservas internacionales y emite billetes y monedas a cambio, que le da al Tesoro; 4) Ingresa por Rentas Generales y el Tesoro lo emplea para pagarles parte de la deuda por “Adelantos al Tesoro” al BCRA; 5) Al pagarle al FMI la cuota de capital por un valor equivalente a los DEG recibidos por el acuerdo firmado; 6) El Tesoro le da al BCRA una letra denominada en dólares estadounidenses por el monto del capital adeudado al FMI en esa misma moneda, a diez años de plazo, con amortización íntegra al vencimiento, precancelables total o parcialmente; 7) El BCRA recibe los dólares y paga las cuotas de deuda con el FMI; 8) Resultado: el BCRA se queda con una letra a diez años de plazo, el Tesoro con la posibilidad de pedir nuevos “adelantos” al BCRA y el FMI percibe su pago en DEG.

 

UNA CARGA INSOPORTABLE

 

Lo que late en El Capital

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Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal.

Carlos Marx (1997a:17)

La hagiografía del capitalismo presenta las mutaciones en los modos de explotación de los seres humanos y de la naturaleza, como el resultado inexorable de los desarrollos técnicos o de fenómenos naturales como la lluvia y el viento.

Actúan como lastre para desenmascarar estas posiciones tres presupuestos, propios de la tradición marxista pero ajenos a Marx: 1. La inexorabilidad de la evolución de la historia y el etapismo; 2 La creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas determina los modos de producción y; 3. El fetichismo de las formas jurídicas.

El carácter inexorable de las transformaciones está avalado por la creencia en una teleología de la historia, propia de la ideología del socialismo reformista.

Gran parte de la historiografía marxista ha considerado las luchas de clases de etapas pretéritas como expectativas condenadas históricamente al fracaso, desde las mismas condiciones objetivas pues una sociedad sin clases sólo podría provenir como superación del modo de producción capitalista. Esta condena histórica determinista tenía como correlato un optimismo también determinista respecto del papel de la clase obrera como sepulturera del capitalismo. Marx, por supuesto, nunca fue marxista a este respecto. Su correspondencia sobre las posibilidades de la construcción del comunismo a partir de la comunidad rusa, basta para demostrarlo.

Tanto la expresión del materialismo dialéctico paleomarxista, como la propaganda de los fundamentalistas del mercado comparten una visión económica determinista (de la historia en el primer caso, de su fin en el segundo). Las leyes económicas son presentadas cual leyes físicas pero no en el sentido que le daba Newton sino del mismo modo obtuso con que se negaba la posibilidad del vuelo con aparatos más pesados que el aire (“Si Dios hubiera querido que el hombre volara le habría dado alas”).

Si existen etapas históricas que han de transitarse necesariamente, el movimiento lo es todo; la meta final no es nada, como decía Bernstein. Se trata de que la historia siga su camino necesario y que la acción política se reduzca a la gestión de reformas. Ello redunda en una sacralización de lo dado y en la actividad de los partidos “socialistas” para asegurar el desarrollo del capitalismo como etapa intermedia necesaria.

Zizek (2004:155) señala: “Si la pospolítica de hoy es el oportunismo pragmático sin principios, entonces la reacción izquierdista predominante puede ser descripta apropiadamente como oportunismo con principios; hay una simple adhesión a viejas fórmulas (Estado de bienestar, etcétera), y se los llama principios, obviando los análisis detallados de los cambios en la situación y conservando así la propia posición del Alma Bella. La estupidez intrínseca de la izquierda de principios es claramente discernible en su acostumbrado reproche a todo análisis que proponga un cuadro más complejo de la situación, renunciando a las simples prescripciones sobre cómo actuar: ‘No hay una clara posición en su teoría’, y esto dicho por gente sin ninguna posición más que la de su oportunismo con principios”.

Esta ideología de la “gestión” progresista ha cedido la capacidad de enunciar un cambio a las fuerzas de extrema derecha. Así, el trabajo es un mal innecesario o es un bien escaso según la necesidad del discurso. En definitiva, el trabajo es la limosna que el capital deja como un regalo sentimental (una debilidad a ser corregida) a los seres oscuros y sin nombre. Desaparece todo, menos la luz. La luz de la economía racional y las leyes del mercado. Fuera de ella, en la oscuridad, se escuchan los murmullos de la plebe, con sus costumbres, sus ídolos, sus supersticiones y sus ritos. En el rigor de las leyes del mercado se enuncia como bienaventuranza que los desposeídos deban vender al precio que se oferte todo lo que aún se adhiere a su humanidad, no sólo su fuerza de trabajo sino incluso sus órganos.

En segundo lugar, contribuye al éxito ideológico de esta presentación la creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas son las que determinan los modos de producción. En esta creencia, es el molino de agua el que creó el feudalismo o son las tecnologías informáticas o de gestión del trabajo las que determinan el modo de explotación neoliberal.

No son las fuerzas productivas las que determinan los modos de producción, sino que son los modos de producción los que encuentran en la tecnología existente los métodos de imponer y reforzar su dominio o hegemonía sobre los sectores subordinados de la sociedad en cuestión. En la base misma del sistema de producción se encuentra la opción político-jurídica: La imposición de un sistema de distribución en el seno de una sociedad. Esta distribución va a determinar la organización social del trabajo e incluso los contenidos materiales y tecnológicos de la producción. Los romanos conocieron y desarrollaron modelos de molino de agua, tal como lo señalan los escritores agraristas, pero su desarrollo no era esencial para el modelo de distribución y producción del imperio romano. Del mismo modo, la producción de pequeñas series propia del modelo posfordista no es un invento de finales del siglo XX. Era fundamental durante todo ese siglo para la industria de la moda y su extensión a las demás industrias fue una respuesta al desarrollo de la lucha de clases a partir de los finales de la década del ‘60.

Finalmente, resulta necesario desbrozar lo que puede llamarse el fetichismo de las formas jurídicas que se encuentra vinculada a las dos primeras. García Linera dice (2021a: 90): “…las definiciones juridicistas de las clases, tan propias de los manuales y los panfletos, son una auténtica barrera epistemológica para entender las estratificaciones sociales no-capitalistas. Aún más, la propia complejidad que adoptan las clases definitorias del régimen del capital son imposibles de entender a partir de esas caracterizaciones leguleyas o tecnicistas que se le atribuyen al marxismo”.

En particular no se puede entender el modo de producción (y reproducción) capitalista teniendo como brújula la propiedad de los medios de producción (para la definición de burgués o empresario) o el salario (para la definición de proletario o trabajador).

Para enfrentar estos tres obstáculos epistemológicos tan imbricados en la concepción vulgar del marxismo y poder dar cuenta del estado actual de la lucha de clases, no hay que hacer adendas o revisiones del pensamiento de Marx, sino recuperar el filo de sus desarrollos conceptuales, lejos del revisionismo y de los santorales escritos para justificar un régimen o un autor. Se trata de volver a Marx y Lenin.

En particular, creo útil para analizar la situación actual de la lucha de clases, las categorías de subsunción formal y real del trabajo en el capital.

En primer término, debe apuntarse, como lo hace Marx, que el capital no es el dinero, ni los medios de producción, ni las mercancías que son el resultado del proceso de producción. Para que estos elementos se transformen en capital, los mismos deben ser elementos de los procesos de producción y de valorización. El capital es valor que se valoriza, al menos potencialmente. El capital es idéntico al proceso de valorización.

Por el hecho de que el dinero en su transformación en capital se convierta en los factores del proceso laboral – y adopte necesariamente, pues, la forma de material de trabajo y medios de trabajo- el material de trabajo y los medios de trabajo no devienen por naturaleza capital, del mismo modo que el oro y la plata no se convierten por naturaleza en dinero a causa de que éste se represente, entre otras cosas, en el oro y la plata (Marx, 1997a: 27).

El capital es un proceso de valorización específico de un modo de producción, el capitalismo, que requiere condiciones históricas y económicas que le permitan desarrollarse (1). Esta unidad de dos procesos en relación dialéctica, en que los sujetos adquieren sucesivamente la función de comprador y vendedor de fuerza de trabajo y mercancías, en dos partes de un ciclo, el proceso de producción y el proceso de circulación que también se encuentran en la unidad dialéctica de procesos de trabajo y de valorización que ocurren conjuntamente. El proceso capitalista sólo puede ser entendido teniendo en cuenta estos dos aspectos, esta unidad de los opuestos.

El proceso de producción capitalista es una unidad de dos procesos: el de trabajo y el de valorización. Para transformar el dinero en capital, se le transforma en mercancías, las cuales constituyen factores del proceso de trabajo. Con el dinero se debe adquirir en primer lugar capacidad de trabajo y, en segundo, objetos sin los cuales no puede consumirse la capacidad de trabajo, es decir, ésta no puede trabajar. Dentro del proceso de trabajo esos objetos no tienen otro sentido que el de servir como medios de subsistencia del trabajo, valores de uso del trabajo: con respecto al trabajo vivo mismo, como su material y medios; con respecto al producto del trabajo, como sus medios de producción; con respecto a que estos medios de producción mismos ya son productos, como productos en cuanto medios para producir un producto nuevo. Pero aquellos objetos no desempeñan este papel en el proceso laboral porque el capitalista los compre, porque sean la forma trasmutada de su dinero, sino que, por el contrario, los compra porque desempeñan tal papel en el proceso laboral (Marx, 1997a: 26).

Cuando se olvida este carácter doble del proceso de producción capitalista y se considera al capital exclusivamente como proceso de trabajo sin determinaciones, el trabajo en general, se puede afirmar la eternidad del capital.

…era éste un método muy cómodo para demostrar la eternidad del modo capitalista de producción o para hacer del capital un elemento natural imperecedero de la producción humana. El trabajo es una condición natural eterna de la existencia humana. El proceso laboral no es otra cosa que el trabajo mismo, considerado- en el momento de su actividad creadora. Los elementos generales del proceso laboral, por consiguiente, son independientes de todo desarrollo social determinado. Los medios y materiales de trabajo, de los cuales una parte es ya productos de trabajos precedentes, desempeñan su papel en todo proceso de trabajo, en cualquier época y bajo cualesquiera circunstancias (Marx, 1997a:29).

Cuando se afirma, por ejemplo, que el capital es imprescindible para el trabajo o que sin capital el obrero no puede trabajar. Es curioso que esta “eternidad” del capital sea afirmada sin querer por autores supuestamente marxistas que analizan fenómenos históricos anteriores con las categorías y finalidades propias del capitalismo. El capitalismo es un modo de producción, pero sólo se puede hablar de capitalismo teniendo en cuenta las diferencias específicas con otros modos de producción.

Por cierto, x puede transformarse en x + D x sin necesidad del proceso capitalista de producción, pero no bajo la condición y premisa dadas de una sociedad cuyos miembros compiten y se enfrentan como personas que sólo se contraponen en su calidad de poseedores de mercancías y sólo en cuanto tales entran en contacto entre sí (lo que excluye la esclavitud, etc.); y en segundo término, no bajo la otra condición de que el producto social se produzca como mercancía (lo cual excluye todas las formas en que el valor de uso es el fin principal de los productores inmediatos y en que, a lo sumo, el excedente del producto, etc., se transforma en mercancía). (Marx, 1997a, 5)

Sólo bajo estas dos condiciones puede hablarse de capitalismo, las que a su vez van a determinar las características específicas del capital en su doble función de proceso de trabajo y proceso de valorización (2).

Identificar el capital con los medios de trabajo o incluso con el proceso de trabajo escamotea las características propias del capital como proceso de valorización. Y ese olvido, desde el punto de vista de las izquierdas, hace olvidar que el dependiente nace como tal en tanto capital variable. Se es trabajador como fracción de capital, precisamente la que hace posible el proceso de valorización del capital. Por este motivo, el trabajador sometido al poder de mando del capital nace con una conciencia enajenada. Es trabajador en tanto capital variable y por eso puede llegar a considerarse parte de la empresa.

En realidad, la dominación de los capitalistas sobre los obreros es solamente el dominio sobre éstos de las condiciones de trabajo (entre las cuales se cuentan también, a más de las condiciones objetivas del proceso de producción —o sea los medios de producción-, las condiciones objetivas del mantenimiento y de la eficacia de la fuerza de trabajo, es decir los medios de subsistencia), condiciones de trabajo que se han vuelto autónomas, y precisamente frente al obrero. Esta relación en que las condiciones de trabajo dominan al obrero no se realiza, empero, sino en el proceso real de producción, que, como hemos visto, esencialmente es proceso de producción de plusvalía – lo que incluye la conservación del antiguo valor—, proceso de autovalorización del capital adelantado. En la circulación el capitalista y el obrero se enfrentan tan sólo como vendedores de mercancías; pero en virtud de la naturaleza específicamente polar que distingue a los tipos de mercancías que entre sí se venden, el obrero entra forzosamente al proceso de producción en calidad de componente del valor de uso, de la existencia real y de la existencia como valor del capital, por más que esta relación no se efectúe sino dentro del proceso de producción y el capitalista existente sólo dunamei (3) como comprador de trabajo no se convierta en capitalista real sino cuando, por la venta de su capacidad de trabajo, el trabajador transformado eventualmente (eventualiter) en obrero asalariado entra realmente en aquel proceso bajo la dirección del capital (Marx, 1997a:18-19).

La naturaleza polar de las mercancías vendidas entre trabajador y empresario son las condiciones mismas de existencia del sistema capitalista: a) la libertad formal del trabajador que puede vender su mercancía principal, la fuerza de trabajo; b) la opresión real del trabajador que debe vender la fuerza de trabajo para poder conservar sus condiciones de subsistencia.

Pero ingresados al proceso de trabajo y valorización, el trabajador abandona su libertad para actuar bajo el dominio del capital, que determina las condiciones objetivas del proceso de producción. Se ingresa a trabajar como un medio de estos procesos que le son ajenos. Esta es la definición propia de la dependencia. Es la subsunción formal del trabajo en el capital.

Marx la define del siguiente modo:

El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital. Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda (1997a: 54).

El proceso de subsunción formal del trabajo en el capital es el que determina la existencia de trabajadores dependientes y de capitalistas. Esta fue la primera forma de aparición del capital. Incluso durante la época de las manufacturas, como sucedió en las ciudades de Florencia, Génova, Venecia y Milán. Pero la existencia de capital y de trabajadores no determina el nacimiento del capitalismo.

Para que el capitalismo como sistema o capitalismo desarrollado, como dice Marx, pudiera nacer era necesario que el capitalismo abandonara su forma local y se convirtiera en una economía mundo (4) , para lo cual fue necesaria la primera forma general de apropiación originaria, como fue el saqueo del continente americano por los europeos. El capitalismo como sistema se eleva sobre el hueco insondable del cerro del Potosí.

Esa inyección de dinero es lo que permite al mismo tiempo la aparición de la subsunción real del trabajo en el capital con el desarrollo de la maquinaria y, fundamentalmente, que el capital fuera la fuerza directriz de las naciones.

Del mismo modo que no es posible confundir el capital con los medios de producción o el dinero, tampoco se puede confundir el capital o el mercado con el sistema capitalista, que es el sistema del señorío del capital sobre la sociedad y el Estado. Es el sistema de la dictadura de la burguesía. El valor de cambio presupone las cosas en las que se encarna, pero él no es una cosa sino una relación. El capital presupone el valor de cambio, pero sin el poder de mando sobre el trabajo no se constituye como tal y el capitalismo no es sólo la existencia de capitales o mercados, sino el poder de mando de los capitales o el mercado sobre la sociedad.

La subsunción real del trabajo en el capital adviene

…con la producción de la plusvalía relativa (…) se modifica toda la forma real del modo de producción y surge (incluso desde el punto de vista tecnológico) un modo de producción específicamente capitalista, sobre cuya base y al mismo tiempo que él se desarrollan las relaciones de producción —correspondientes al proceso productivo capitalista— entre los diversos agentes de la producción y en particular entre el capitalista y los asalariados (Marx, 1997a:54).

La subsunción real del trabajo en el capital impone, en cuanto se convierte en sistema capitalista nuevas formas de hegemonía y subordinación, no solo sobre los trabajadores, sino sobre los demás sectores de la sociedad.

Es así que:

El trabajador libre, efectivamente, como cualquier otro vendedor de mercancía es responsable por la mercancía que suministra, y que debe suministrar a cierto nivel de calidad si no quiere ceder el campo a otros vendedores de mercancías del mismo género (species). La continuidad de la relación entre el esclavo y el esclavista es tal que en ella el primero se mantiene sujeto por coerción directa. El trabajador libre, por el contrario, está obligado a mantener él mismo la relación, ya que su existencia y la de los suyos depende de que renueve continuamente la venta de su capacidad de trabajo al capitalista (Marx, 1997a: 68).

De tal manera, no es posible pretenderse capitalista y estar en contra del neoliberalismo, ya que el neoliberalismo no es otra cosa que la realización del capitalismo como sistema. Oponerse al capitalismo como modo de producción dominante sobre la sociedad y el Estado no implica oponerse necesariamente al desarrollo del capital, incluso si es extranjero. El socialismo no es sinónimo de estatización o persecución del capital, incluido el capital extranjero o multinacional, como sucedió en la Unión Soviética dirigida por Lenin a partir de la NEP, admitiendo la concurrencia de capitalistas e incluso de capital foráneo, siempre subordinado a las necesidades del Estado y el pueblo soviético.

Lo que implica el Estado socialista es la ampliación de márgenes de participación comunitarias y democráticas con miras a su extinción futura en una sociedad sin clases y sin Estado (5). Por eso Lenin consideraba el socialismo en esa etapa, como colectivización más electrificación. No puede construirse el socialismo sobre la base del empobrecimiento de los trabajadores en nombre de ideas. Esa desviación es el idealismo y el socialismo utópico. El marxismo es un materialismo. El significado del socialismo es poner fin a la dictadura de la burguesía que se manifiesta en la toma del poder del Estado a partir de resortes claves como la prensa comercial o los poderes judiciales oligárquicos.

Considero un error técnico utilizar el término explotación absoluta o explotación relativa como conceptos para entender el desarrollo de lucha de clases (Pérez Casco, 2022). Es cierto que los conceptos de plusvalía relativa y plusvalía absoluta se encuentran en relación con los conceptos de subsunción real y subsunción formal respectivamente, pero explotación no es un equivalente de plusvalía, por lo que plusvalía absoluta no es equivalente al concepto de explotación absoluta (con opresión) ni el de explotación relativa (sin opresión) al de plusvalía relativa. Menos aún se pueden dividir los conceptos de explotación, dominación y opresión, atribuyendo al primero características económicas, al segundo características políticas y, al tercero una característica social.

Esta división de los conceptos con un criterio latifundista de los campos científicos, parece olvidar que la economía es economía política y viceversa, la política es siempre política económica. No existe explotación sin dominación, como lo demuestra el tratamiento del concepto mismo de subsunción del trabajo en el capital.

En cuanto a la opresión, o es coextensiva de la explotación y dominación capitalista, ya que objetivamente es consecuencia de ella, por lo que no puede hablarse de explotación con o sin opresión, o nos estamos refiriendo a un problema ideológico en el que el tipo de plusvalía obtenida no tiene que ver con el tipo de plusvalía que se extraiga sino con la conciencia de clase que, como bien lo señala Engels en la crítica del programa de Erfurt, es conciencia de la situación de clase.

A su vez, la subsunción formal se forma a partir de la plusvalía absoluta (se produce con las primeras manifestaciones de capital durante las manufacturas, ya en el renacimiento), pero tampoco es su equivalente, ya que la subsunción formal no se refiere directamente a la apropiación de trabajo no pago sino a la aparición del obrero en el régimen del capital como una parte de él, como capital variable y su función de medio de producción (el que específicamente crea valor) junto a los demás medios de producción (los instrumentos y la materia prima). De modo similar ocurre con la subsunción real con relación a la plusvalía relativa.

Lo que denota específicamente el concepto de subsunción del trabajo al capital es el hecho de que en el proceso de producción el trabajador se presenta como componente vivo del capital mismo, pues el capitalista, mediante la compra de la fuerza de trabajo, tiene bajo su dirección todos los componentes personales, materiales y simbólicos (marcas, etc.).

Adam Smith también llamaba al dinero labour commanded, es la posibilidad de ejercer poder de mando sobre los trabajadores a partir del dinero. Para que el dinero pueda cumplir esta función de mando es menester que tanto los medios de producción como los medios de subsistencia puedan presentarse al trabajador como ajenos, de tal modo que él no pueda concurrir al mercado sino vendiendo como mercancía su propia fuerza de trabajo (6).

Esto no significa que no existieran asalariados antes del capitalismo, pero cuando el capitalismo aún no es norma de Estado, el trabajo asalariado de, por ejemplo, los campesinos pobres en la sociedad feudal, es simplemente un modo de asistir a la provisión de medios de subsistencia.

En la medida en que la relación capitalista es una relación que domina la producción y en que, por tanto, el obrero aparece en el mercado constantemente como vendedor y el capitalista constantemente como comprador, el proceso laboral mismo es, tomado en su conjunto, continuo, en lugar de ser interrumpido como cuando el trabajador, en su condición de productor independiente de mercancías, depende de la venta de esas mercancías a tales o cuales clientes. Ello se debe a que él mínimo del capital debe ser suficientemente grande como para ocupar constantemente al obrero mientras se espera la venta de las mercancías (Marx, 1997a:44).

Lo que asegura el capitalismo como sistema de exclusión a los medios de subsistencia es la continuidad de la oferta de los trabajadores que venden o desean vender su fuerza de trabajo y que la subsistencia de quienes están privados de los medios de producción se torne imposible. La condición de existencia del capitalismo es la privación a partes importantes de la población de proveer a sus condiciones materiales de existencia: alimento, cobijo y cultura.

Sin medios de producción a los que aplicar la fuerza de trabajo, esta se consume inútil y, consecuentemente, se ve impedido de adquirir los medios de subsistencia, de perseverar en el ser. Mediante este acto invisibilizado de violencia institucional se constituye el poder de mando que denota la subsunción del trabajo en el capital.

El producto del capital no es ni el dinero, ni la mercancía producida, ni la materia prima. Lo que les imprime a estos desde el comienzo el carácter de capital es, como señala Marx (1997a:35-36):

…el hecho de que este dinero y esta mercancía, estos medios de producción y medios de subsistencia, se enfrentan a la capacidad de trabajo —despojada de toda riqueza objetiva— como poderes autónomos personificados en sus poseedores (…) El adquirente de capacidad de trabajo es meramente la personificación de trabajo objetivado, el cual cede a los obreros una parte de sí mismo bajo la forma de medios de subsistencia a fin de incorporar a su otra parte la capacidad viva de trabajo y, merced a esta incorporación, conservarse íntegramente a sí mismo y crecer por encima de su medida originaria. No es que el obrero compre medios de subsistencia y medios de producción, sino que los medios de subsistencia compran al obrero para incorporarlo a los medios de producción.

El verdadero producto del capital es la plusvalía y en esos términos se entiende la relación íntima entre plusvalía y subsunción del trabajo en el capital. Son dos instrumentos técnicos que en conjunto ponen a la luz los aspectos oscuros o mágicos del origen de la ganancia y el del poder de mando del empleador, que no es la propiedad ni el contrato, sino las condiciones institucionales características del capitalismo que actúan como presupuesto de la existencia misma del capital.

Por tal motivo, para entender adecuadamente las clases y conflictos de clases entiendo fundamental recuperar los conceptos de subsunción real y formal del trabajo en el capital por las siguientes razones:

A – Técnicas: Marx hace uso de las categorías de subsunción formal y real en El Manifiesto Comunista y en el Capítulo VI inédito de El Capital. En este orden de ideas, es preferible la utilización de un concepto claramente diferenciado para poder responder a la pregunta que se enuncia en el título del presente trabajo.

B – Históricas: Las categorías de subsunción real y formal dan cuenta de las formas específicas de la explotación capitalista, que en su ponerse implican ya la constitución del proletariado y la burguesía como clases antagónicas propias del capitalismo. Utilizar conceptos más amplios como el de explotación es característica de cualquier modo de producción en sociedades divididas en clases (del esclavismo clásico a, por ejemplo, el comunismo de guerra, el capitalismo o el socialismo mientras este último no se haya superado como sociedad comunista). La especificidad de la subsunción permite analizar la explotación con las determinaciones propias de la sociedad capitalista. Es interesante señalar que un mismo modo de producción puede adoptar diferentes modos de explotación teniendo en cuenta el rol de la lucha de clases. En el esclavismo romano, por ejemplo, son diferentes las formas de explotación (dominación y opresión) entre el esclavismo de razzia y el esclavismo de crianza e incluso los comportamientos y orientaciones políticas de los sublevados. En la esclavitud de razzia, la respuesta fueron las grandes revueltas; en la esclavitud de crianza, que era caracterizada por la colocación, la respuesta fue la fuga o la asimilación de las relaciones a las que formarían el temprano feudalismo (servis es tanto esclavo como siervo en latín).

C – Materialistas: la subsunción del trabajo en el capital no sólo explica la explotación capitalista sino el modo de constituirse las clases en el capitalismo. El proletario no es el hombre de mameluco azul que está parado al lado de una máquina industrial, ni esta es tampoco una figura prototípica. El análisis de clases marxista no tiene nada en común con la descripción de estratos a los que Weber denomina clases. El proletariado no es un segmento sociológico de la sociedad. El proletariado es el resultado del proceso de subsunción del trabajo vivo en el capital. Por eso, con absoluta claridad, Engels critica el programa de Erfurt señalando que la conciencia de clase es, más concretamente, conciencia de la situación de clase. No hay ninguna sustancia metafísica en ser obrero, ni éste porta en la frente un destino manifiesto.

D – Dialécticas: El capitalismo, el último modo de producción de una sociedad dividida en clases, se caracteriza por transformarse a sí mismo permanentemente. La explotación de la plusvalía absoluta y relativa son constantes en el proceso de extracción de plusvalía capitalista. No existe la plusvalía absoluta o relativa “pura” en cualquier relación de explotación dada. Se dan ambas en distintas proporciones. Son, en consecuencia, categorías analíticas de gran utilidad, entre otras cosas, para contribuir al análisis de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (en la medida que están emparentadas con la proporción entre capital fijo y capital variable). Por el contrario, la utilización del concepto de subsunción formal y subsunción real del trabajo en el capital nos permite entender que las clases o sujetos no son tales por alguna esencia en ellos sino por determinación del sistema. Como señalaran Marx y Engels, en El Manifiesto Comunista, “el capital no es una fuerza personal, es una fuerza social”. En los Grundrisse, Marx indica que el capitalista, en cuanto tal, es sólo función del capital. En este orden de ideas, ser capitalista o ser trabajador no se refiere a ninguna cualidad del sujeto sino a una posición de estructura en la empresa capitalista en una situación histórica dada en la economía-mundo.

De esto surgen variantes e invariantes. Como invariante debe resaltarse que el capitalismo es el modo de producción que subsume el trabajo vivo como integrante del capital. Ello implica que la clase operaria se constituye también como función del capital. Como señala Marx en El Capital, la condición de la explotación capitalista (la subsunción en el capital) es que el trabajador sea libre, tanto en el sentido de despojado de las posibilidades de perseverar en el ser, libre de las condiciones materiales de existencia (la distribución de los medios de producción y la naturaleza en los Grundrisse) como en el sentido de ser soberano para poner en el mercado la única mercancía que posee, la fuerza de trabajo (7). En este sentido, el trabajador, al ser puesto como tal por las condiciones del sistema, implica por un lado que actúa como mercader que trata de poner su producto en las mejores condiciones para su cliente y ve a los otros trabajadores como competidores en la colocación de la mercancía (y de ahí el esquirol, etc.) y por otro como antagonista social del capitalista en la aglutinación de los trabajadores. El nacimiento del sujeto colectivo crea la conciencia de la situación de clase, que a su vez posibilita una mayor extensión y potencia del sujeto colectivo. Queda claro una vez más que no son las ideas de los hombres las que determinan el ser social (como surgiría de la expresión “obrero con conciencia de sí”, usada coloquialmente en algunos círculos marxistas) sino el ser social (la actuación del sujeto colectivo) lo que determina la conciencia. La capacidad de antagonismo de los obreros constituidos en sujeto colectivo fuerza la transformación del capitalismo y de las maneras de producción históricas (verbigracia, el paso del fordismo al toyotismo).

El proletariado y la burguesía son invariantes del sistema capitalista. Uno y otro se constituyen mutuamente en relación dialéctica, del mismo modo que para que existan países dependientes es menester la existencia de países imperialistas. La desaparición de uno de los términos de la relación implica la extinción del imperialismo y del capitalismo y también la extinción correlativa del otro término. Como señala García Linera (2021: 94):

…la burguesía, y luego también el proletariado, que existen en tanto relaciones de lucha, de apropiación, de defensa, de dominio, de resistencia en el campo material que configura las relaciones de producción, reproducción e invención de la vida económica-política-cultural. El concepto de lucha precede al de las clases; más bien, porque hay lucha entre sujetos sociales es que luego hay clases sociales, de ahí que no sea casual que en el manifiesto Marx hable primero de lucha de clases y luego de las clases que se forman a partir de esa lucha.

Las clases se constituyen a partir de la lucha de clases, no son un estrato social al estilo weberiano sino una relación antagonista. Como indica Balibar (1977:52):

La teoría de Marx no reposa sobre la definición de un proletariado ‘puro’ (…) Tampoco reposa sobre un cuadro de clases sociales fijas en los rasgos de una época dada (el siglo XIX, comienzos del siglo XX, etc.). Por la excelente razón de que la teoría marxista no tiene por objeto componer este cuadro, a la manera de cualquier sociología, sino analizar el antagonismo mismo, descubrir las leyes tendenciales de su evolución, de su transformación histórica y en consecuencia explicar la necesidad de esos cambios en la estructura de las clases sociales, incesantemente impuestos por el desarrollo del capital. Hay que recordar a Marx en el Manifiesto: a diferencia de todos los modos de producción anteriores, el capitalismo es ‘revolucionario’ internamente, no cesa de trastornar todas las relaciones sociales, comprendidas las que él mismo crea.

Del mismo modo que el antagonismo que surge de la subsunción del trabajo en el capital es una invariante, no existe una inmutabilidad de las clases sociales. En particular, como se tratará de señalar más adelante, no sólo hay que evitar el fetichismo de la mercancía, es menester evitar el fetichismo de las formas jurídicas, en particular de los conceptos fetichizados de propiedad y salario. Esto, incidentalmente, también discute los discursos sobre el fin del trabajo, de la relación laboral o del proletariado. No sólo existe la historicidad del capitalismo sino que hay historicidad en el capitalismo. En particular, los cambios en la manera de producir provocada por la crisis de finales de los años ’60, logran alterar todas las diferencias propias del modelo fordista de producción, ya sea en el ámbito de la producción (producción en masa de largas series, trabajo en línea, sujeto a un régimen de mandatos y órdenes más o menos rígido, con jerarquías y responsabilidades claramente establecidas, etc.) como en la naturaleza material de lo producido, en que la propiedad sobre las cosas tiende a perder importancia respecto del control sobre las relaciones sociales (redes). Coincido entonces con Carcanholo respecto de los condiciones que provocan el cambio en la apariencia de las relaciones de dependencia, en tanto se pierda el criterio central de la subsunción del trabajo en el capital.

La última crisis estructural del capitalismo estalló al final de los años 60 del siglo pasado. Independientemente de su especificidad histórica, como cualquier crisis del capitalismo, representó una superproducción de capital (superacumulación) y una reducción de la tasa de ganancia, lo que no es más que una consecuencia de la producción en exceso de valor-capital. Como se ha visto, no se trata de un exceso en relación a las necesidades sociales manifiestas en el consumo, sino un exceso en relación a las condiciones objetivas de mantenimiento de la tasa de valorización, o sea, de la tasa de ganancia. Así, la superacumulación de capital en todas sus formas (capital-dinero, capital-productivo y capital-mercancía) y la baja de la tasa de ganancia son dos caras del mismo proceso.

El hecho es que el capitalismo, para reconstruir sus bases para un nuevo proceso de acumulación del capital, debe encontrar (nuevos) espacios de valorización para ese capital acumulado en exceso. Esto significa que las formas que encuentre para la salida de su crisis estructural deben promover nuevos espacios de valorización y/o ampliar los ya existentes. (Carcanholo, 2017:28-29)

Notas:

(1) En los Grundrisse, Marx (1997b:174) señala: “De tal modo la propiedad también es puesta aquí únicamente como apropiación del producto del trabajo a través del trabajo y del producto del trabajo ajeno a través del propio trabajo, en cuanto el producto del trabajo propio es comprado mediante el trabajo ajeno. La propiedad del trabajo ajeno es mediada por el equivalente del propio trabajo. Esta forma de propiedad —así como la libertad y la igualdad— está puesta en esta simple relación. En el desarrollo ulterior del valor de cambio todo esto cambiará y se mostrará finalmente que la propiedad privada del producto del propio trabajo se identifica con la separación de trabajo y propiedad. De este modo el trabajo será = a crear propiedad ajena, y la propiedad, a dominar trabajo ajeno”.

(2) La diferencia central entre las dos funciones es expuesta por Marx del siguiente modo: “En el proceso laboral efectivo el obrero consume los medios de trabajo como vehículo de su trabajo, y el objeto de trabajo como la materia en la cual su trabajo se ofrece a la vista. Precisamente por esto transforma los medios de producción en la forma, adecuada a un fin, del producto. Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal. Los medios de producción aparecen ya únicamente como succionadores del mayor cuanto posible de trabajo vivo” (1997a:17).

(3) Potencialmente.

(4) El mercado mundial en Marx no significa solamente la extensión del sistema capitalista a nivel geográfico sino, fundamentalmente, la capacidad de hegemonizar toda otra forma de producción social. Las formas comunitarias de producción necesariamente deben acudir al mercado para relacionarse a través de la compra y venta como sujetos de mercado. A diferencia de otros sistemas de producción, en el capitalismo no existe la opción de producir valores de uso e incidentalmente concurrir al mercado. El capitalismo y el mercado mundial implican que se produzca para intercambiar.

(5) BUJARIN, Nicolai (1989: 41): “El capitalismo de Estado en su, por así decirlo, significado euro occidental y norteamericano, es la omnipotencia de la burguesía llevada a su máximo extremo, cuando la producción está concentrada en el estado burgués. En este caso el propietario y el que dispone de todos los medios de producción es la burguesía encarnada por su Estado”. Como se verá más adelante, lo que importa fundamentalmente no es el título de propiedad sino el control de los medios de producción. Por eso un estado socialista (en vías al comunismo) puede admitir el capital y los mercados. Lo que no admite es el capitalismo, que es el poder de clase de la burguesía en el dominio del Estado.

(6) Por su parte, Eden, citado por Marx (1959a: 520) señalaba: “Nuestra zona reclama trabajo para la satisfacción de las necesidades, por eso una parte de la sociedad, por lo menos, tiene que trabajar incansablemente… Sin embargo, algunos de los que no trabajan disponen de los frutos del trabajo de otros. Esto se lo tienen que agradecer los propietarios a la civilización y al orden, hijos de las instituciones burguesas, pues éstas han sancionado el que se puedan apropiar los frutos del trabajo sin trabajar. Las gentes de posición independiente deben su fortuna casi por entero al trabajo de otros, no a su propio talento, que no se distingue en nada del de los que trabajan; no es la posesión de tierra ni dinero, sino el mando sobre el trabajo («the command of labour») lo que distingue a los ricos de los pobres….»

(7) Marx, (1959a:122) “La segunda condición esencial que ha de darse para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como una mercancía, es que su poseedor, no pudiendo vender mercancías en que su trabajo se materialice, se vea obligado a vender como una mercancía su propia fuerza de trabajo … Para convertir el dinero en capital, el poseedor del dinero tiene, pues, que encontrarse en el mercado con el obrero libre; libre en un doble sentido, pues de una parte ha de poder disponer libremente de su fuerza de trabajo como de su propia mercancía, y de otra parte, no ha de tener otras mercancías que poner en venta; ha de hallarse, pues, suelto, escotero y libre de todos los objetos necesarios para realizar por cuenta propia su fuerza de trabajo”.

 

https://www.hamartia.com.ar/2022/08/13/late-capital/

Los precios de los alimentos

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“Los monopolios son los dueños de la comida y de los productos de limpieza de los argentinos, se pueden sentar sobre la mercadería reteniendo para venderla más cara y cuando sea. Una pyme tiene que vender todos los días para sobrevivir. Salgo a recorrer y me encuentro con pymes, cooperativas o empresas recuperadas en el interior de la provincia que me venden el paquete de fideos, por ejemplo, a la mitad. ¿Pero quién paga u organiza la logística para que ese producto llegue a varias localidades?

Fernando Savore, titular de la Federación de Almaceneros de la provincia de Buenos Aires[1]

En la Argentina de los últimos años, una veintena de industrias elaboran el 80% de los alimentos y bebidas que  se venden en el mercado interno argentino (Arcor, Molinos Rio de la Plata, Danone-La Serenísima, Adecoagro, Ledesma, Coca Cola, Nestlé, Mondelez-exKraft, Molinos Cañuelas, Morixe,) y las grandes cadenas de ventas (Coto, Carrefour, Cencosud, la Anónima, Walmart- Chango más)  manejan el 60% de la comercialización de esos bienes que se consumen en el país, en ese marco y con esa sociedad de hecho y de muchos años entre grandes productores y comercializadores, es muy difícil destrabar el proceso de formación de precios de esos productos.

A su vez, Cargill, Oleaginosa Moreno (Viterra SA – Glencore), Cofco, Bunge, Aceitera General Deheza, ADM, Dreyfus,  ACA, y Molinos Agro (Pérez Companc). En ese orden se ubican las nueve  empresas que, en  el año 2021 y hasta julio 2022, vendieron el 90 por ciento de los cereales, oleaginosas y subproductos del país al resto del mundo.

Sólo las cuatro primeras (todas extranjeras) exportaron el año pasado 48 millones de toneladas, la mitad de todos los cereales, oleaginosas y subproductos vendidos al resto del mundo en el 2021. En su poder están el 96 por ciento de las exportaciones de aceite de girasol  (cinco empresas), el 94 por ciento de los pellets de girasol y, agregando a Dreyfus en el top cinco, el 77 por ciento del aceite de soja. Entre las nueve controlan el mercado de exportaciones de cereales, sobre todo maíz y trigo con un 92 por ciento de las exportaciones de cada uno de estos granos. Y el 70 por ciento de las toneladas exportadas de la soja.

Cargill es el principal exportador de granos de Argentina. En 2021 vendió al exterior 13,3 millones de toneladas de exportaciones de granos, legumbres, harinas y aceites vegetales (14 por ciento del total), un 12 por ciento más que lo exportado en 2020. El imperio de Cargill, en manos de una de las familias más ricas de Estados Unidos, se encuentra presente en toda América Latina y el mundo. Son los descendientes de William W. Cargill, que fundó la empresa con una bodega de almacenamiento de granos en Iowa, en 1865. Austen Cargill, James Cargill y Cargill MacMillan engrosan la lista de multimillonarios de Forbes. Son algunos de los 12 herederos de la empresa y, en conjunto, tienen en su patrimonio declarado más de 11 mil millones de dólares.

Oleaginosa Moreno, que comenzó a llamarse Viterra Argentina desde mayo de 2021, entró al podio con la salida del negocio de Vicentin, socia de Glencore en Renova. Es que la empresa, originalmente de capital argentino, es controlada desde hace más de veinte años por el grupo de origen suizo Glencore. La actual Viterra se transformó en la primera exportadora argentina de aceite y pellets de soja. La red de Viterra Argentina, además de las plantas industriales de la ahora ex Oleaginosa Moreno, está conformada por las firmas SAMSA, Molinos Libres SA (Molisa) y Renova, y tiene una  participación del 50 por ciento en Lartirigoyen S.A.. Además, a través de diferentes vínculos (contrataciones y asociaciones), se fue quedando con todas las operaciones de Vicentin y es firme candidato a heredar su patrimonio en un eventual acuerdo de la convocatoria de acreedores a su favor, para lo cual cuenta con el respaldo del juez comercial a cargo del concurso.

Cofco es subsidiaria de la empresa estatal China National Cereals, Oils and Foodstuffs Corporation (COFCO) orientado a la compra de granos para la elaboración de alimentos. Sus orígenes se ubican en la revolución china en 1952, cuando el gobierno organizó una serie de agencias para controlar el comercio exterior. En apenas cinco años, desde 2014, se convirtió en un jugador clave en el mercado agrícola local. Cofco Argentina no operaba localmente hasta la campaña 2013/2014 y creció hasta pelear el podio de principales exportadoras- su puesto en el ranking varía según fuentes por toneladas exportadas, DJVE o millones de dólares, pero siempre entre las primeras tres.

La compañía china tiene en el país nueve plantas de acopio propias (donde almacena el grano que adquiere a los productores en cada región) y tres plantas de molienda (soja y girasol), en donde se generan subproductos de valor agregado para mercados locales y externos y una planta de Biodiesel.

ADM, Bunge y Dreyfus conforman con Cargill el ABCD de exportación de granos del mundo. Son las principales empresas comercializadoras de materias primas y debido a los procesos de verticalización y horizontalización de la cadena productiva en las últimas dos décadas, controlan el mercado de la soja en América Latina.

AGD comenzó a operar el 22 de julio de 1948 en el país con seis prensas usadas bajo el comando de Adrián Urquía. Hoy es un emblema de la localidad cordobesa de General Deheza, donde se ubica la planta madre, y cuenta con otras seis en Córdoba, Santa Fe y San Luis en las que no sólo procesan granos sino que  elabora maní, salsas, aderezos. La conformación del grupo también incluye más de 40 plantas de acopio de soja, girasol, trigo, sorgo, maíz y maní en todo el país; producción agropecuaria y ferrocarriles y puertos.

La acompaña en el ranking nacional ACA, entidad cooperativa de tercer grado (es una asociación de federaciones cooperativas) que se encuentra políticamente vinculada a Coninagro, una de las cuatro patas de la Mesa de Enlace.

Por último, Molino Agro es la firma que exporta Pérez Companc  y en el mercado interno es Molinos Río de la Plata. Hace 20 años, el Grupo Pérez Companc decidió abandonar el negocio petrolero para pasar a jugar un rol relevante en el negocio de los alimentos con la compra de Molinos Río de la Plata al grupo Bunge y Born.

Molinos Río de la Plata informa en el balance del primer semestre 2022 registró una ganancia de 5.195 millones de pesos. Detallar sus principales marcas facilita la identificación de la magnitud de la compañía, con presencia dominante en góndolas y alacenas de los hogares. Entre otras varias, se destacan Matarazzo, Lucchetti, Exquisita, Granja del Sol, La Salteña, Arlistán, Gallo, Cocinero, Lira, Gallo Snacks, Cruz Malta, Nobleza Gaucha, Chamigo, Salus, Bodega Nieto Senetiner, Bodega Ruca Malen, Viña Cobos.

OTRAS ALIMENTICIAS IMPORTANTES

ARCOR

Arcor es la principal empresa de alimentos de consumo masivo del país con seis plantas y se convirtió en una multinacional que se especializa en tres divisiones de negocio: alimentos de consumo masivo (golosinas, chocolates, helados y galletas), agronegocios y envases.

Luis Pagani, su presidente y líder de la familia controlante de la empresa, forma el triángulo de poder de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) junto a Héctor Magnetto (Grupo Clarín) y Paolo Rocca (Techint).

Arcor es el primer productor mundial de caramelos duros y el principal exportador de golosinas de Argentina, Brasil, Chile y Perú, y a través de Bagley Latinoamérica, la sociedad conformada con el Grupo Danone para los negocios de galletas, alfajores y cereales en Latinoamérica, es una de las empresas líderes de la región. Tiene también una importante participación en La Serenísima.

Exporta a 100 países y tiene oficinas comerciales en América, Europa y Asia y más de 40 plantas en Latinoamérica.

La penetración en los hogares queda expuesta cuando se identifican sus principales marcas: Arcor, BC, La Campagnola, Salsati y Presto Pronta.

En el negocio de alimentos interviene en más de doce categorías, entre las que se encuentran mermeladas, dulces sólidos, salsas, tomates, conservas vegetales, frutas y pescados, postres, bebidas, jugos en polvo, premezclas, polentas, aderezos, dulce de leche, aceites, saborizadores con bolsa para horno, entre otras, liderando la mayoría de los segmentos en los cuales participa.

En agronegocios posee cinco unidades productivas, siete tambos y una planta de energía eléctrica a partir de biomasa. Produce fructosa, maltosa, glucosa, almidón de maíz, azúcar, leche, sémola, harina de maíz, aceite de maíz.

En el año 2016 compró parte importante del paquete accionario de Mastellone SA, con sus productos lácteos “La Serenísima”, asociándose a la familia originaria y al grupo de capitales franceses Danone.

En el rubro packaging a través de Cartocor y Converflex lidera el mercado de cartón, papel y flexibles en Argentina.

LEDESMA

Ledesma es una empresa agroindustrial con 115 años de historia, líder en la producción de azúcar y papel, y con una importante participación en los mercados de frutas y jugos cítricos, alcohol, bioetanol, carne y cereales.

Es la principal productora de azúcar de la Argentina (17 por ciento de la producción total), destinando 35 por ciento a consumo masivo, 40 por ciento a industrias y el restante 25 por ciento a exportación.

Con la marca Ledesma elabora alrededor de 130 mil toneladas anuales de papel, cerca del 40 por ciento de la producción nacional. La caña de azúcar para la producción de papel le ha permitido convertirse en una empresa integrada y una de las pocas en el mundo que produce papel de alta calidad a partir de la fibra de caña.

Produce y vende bioetanol a las refinerías a través de Bioledesma, creada en 2010. Es el segundo productor de bioetanol en base de caña del país, con una participación en el mercado de casi el 8 por ciento.

En Jujuy y Salta tiene más de 3000 hectáreas con plantaciones de naranjas, pomelos y limones que cultiva, procesa y comercializa. Es el mayor exportador nacional de cítricos y el principal productor de naranjas del país. Posee una fábrica de jugos concentrados y aceites esenciales, con capacidad para producir 7000 toneladas de jugo y 250 toneladas de aceites por año.

Ledesma desarrolla su negocio agropecuario a través de la firma La Biznaga en cuatro establecimientos que suman un total de 51.429 hectáreas.

CARNE

En Argentina, los grandes consorcios de carne vacuna declaran producir entre 3,2 a 3,3 millones de toneladas de carne bovina por año, de las cuales se declara exportar 900 mil a un millón de toneladas y,  se destina al mercado interno 2,3  a 2,4 millones. A esto se suman casi 3 millones de toneladas de carne de pollo y cerdo.

Los primeros frigoríficos son el brasileño Swift; Arre Beef; Friar (que era del Grupo Vicentin); Frigorífico  Rioplatense (de los Constantini); Compañía Bernal; el también brasileño Grupo Marfrig; Importadora y Exportadora Patagonia; Azul Natural Beef; Santa Giulia;  y Quickfood.

Los primeros nueve frigoríficos pertenecen al Consorcio de Exportadores de Carnes ABC. Si se agregaran las cuotas asignadas a otros integrantes del Consorcio ABC que no están en esos primeros lugares (Quickfood, Ecocarnes, Rafaela, Frigolar, Logros y Runfo), demuestra que 16 frigoríficos representan el 66% de las ventas al exterior y, además, el Consorcio de Exportadores de Carnes ABC controla las ventas por Cuota Hilton y Cuota 481 a Europa y los contratos con Estados Unidos.

La industria frigorífica nacional cuenta con 500 plantas, de las cuales 120 están habilitadas para la exportación. Una vez faenados los animales, los matarifes y abastecedores –7.500 aproximadamente– son los que proveen a las carnicerías (14.000 establecimientos) y cubren el 80 por ciento del mercado interno. El resto es abastecido por los supermercados. Los matarifes se llevan el 3 por ciento de la renta de la carne según los datos del Centro de Estudios Agrarios.

INFLACION, ESPECULACION Y FUGA

Según un informe de Cepa (Centro de Economía Política Argentina), el costo laboral sobre ventas de las principales empresas alimenticias argentinas cayó del 18,9 por ciento en 2016 al 12,2 por ciento en 2021.  Esa ganancia extraordinaria por reducción del costo salarial en la formación de los precios de las principales empresas alimenticias, se transforma en fuga de capitales.

Los empresarios del sector con la ganancia extraordinaria  empezaron a operar en CCL (Contado con Liqui),  la operación consiste en comprar títulos o acciones en pesos, que a la vez cotizan en dólares en el exterior, y una vez adquiridos, el inversor los vende en el mercado extranjero y recibe a cambio un depósito en dólares. La cotización del CCL al día 10 de agosto de 2022 es de $ 290.-  Que significa, que compraron por ejemplo, un bono (título) público o una acción por un dólar (a $ 140.-) y la vendieron en el exterior a 0,47 dólares (menos de la mitad)  Se extranjeriza la economía (el que comprar es un residente extranjero) y se fuga capitales porque esos dólares no reingresan al país.

Ganaron plata por la suba de los precios y esa ganancia la fugaron a través del mecanismo de CCL.

De esta manera, el circuito se envileció aún más: la caída salarial generó un excedente empresario que impulsó el CCL, evento que a su vez subió los precios generando una nueva transferencia de recursos con caída salarial que volverá a iniciar el círculo de bajos salarios y altos precios.

Esta situación indica que, lejos del latiguillo neoliberal que señala que la suba de salarios impulsa la inflación, en la actualidad una recomposición salarial recortaría las ganancias empresariales que se invierten e impulsan el dólar y con él los precios. Lo que hay que hacer entonces es subir los salarios para bajar la inflación. Movida que además impulsaría la actividad.

 

[1] La Federación de Almaceneros, FABA, participó del lanzamiento del programa Cerca de Vos del gobierno bonaerense del 9 de agosto 2022

 

¿Derecho o delito?

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El gobierno provincial de Mendoza está avanzando en un proyecto represivo y antipopular para dar cobertura a la violencia institucional y crear un Estado policial. Tres hechos muestran la decisión de provocar miedo hasta de nuestros propios pensamientos.

  1. La represión y violencia contra los movimientos de mujeres que reclaman justicia ante los femicidios, facilitados por una policía empoderada e indolente frente a los requerimientos ciudadanos. Los gobiernos de Alfredo Cornejo y de Rodolfo Suárez les han dado la seguridad de que, cualquiera sea su desgano o impudicia, jamás van a responder ante el pueblo de la provincia.
  2. La detención arbitraria de un dirigente de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), en ocasión de ejercer su legítimo derecho a manifestar públicamente sus creencias y peticionar a las autoridades en el espacio público. Es una clara violación a un derecho humano fundamental, reconocido expresamente en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 20.1), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 21) y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (artículo 15).
  3. La media sanción, entre gallos y medianoche, de una ley que habilita la figura del “agente encubierto” en redes sociales. De este modo, la fantasía del espionaje de la dictadura genocida, con la potencia de la tecnología informática habilitada por las llamadas “expediciones de pesca”, alimenta un Gran Hermano que sabe qué decís, qué bromeás y qué pensás en materia política o social. Basta con la “imputación creativa” de un delito para que se ordene una investigación judicial sobre la figura del agente encubierto informático y, aunque no se obtenga ningún dato del delito inicialmente investigado, si se descubre casualmente (esa expresión usa el texto aprobado) otro delito, sus datos pueden ser usados para que se lo investigue. Con ese criterio, por ejemplo, se puede ordenar la investigación de una red de pornografía infantil y con esa excusa intervenir en un grupo de WhatsApp para imputar y encarcelar (como hicieron con el dirigente de ATE) a quienes organicen una protesta popular. Lo más grave de esto es que la decisión contó con el aval de casi toda la bancada de senadores provinciales del Frente de Todos, con escasas y honrosas excepciones.

Por estas razones creo que es fundamental avanzar sobre el concepto de manifestación en el espacio público.

El discurso jurídico y, con más intensidad el discurso judicial del lawfare, tiende a presentar la opinión establecida como dada, indiscutible. Los objetos conceptuales no son analizados, pues los argumentos hallan su utilidad en la justificación y no en el conocimiento. De allí también el desprecio por la contrastación empírica, el llamado a lo obvio, a lo evidente, a lo que resulta claro. Es que desde el momento mismo en que se apela a la claridad del concepto se está renunciando al objeto mismo del pensamiento, que no es la claridad, sino la clarificación.

Un concepto no es claro por su nominación como tal, sino por efecto de haber sido tratado como problema. Y los problemas no se plantean por sí mismos; son el resultado de una interrogación. Cuando en una exposición se remite a lo evidente o a lo obvio, lo que se declara implícitamente es la decisión de no problematizar, de privilegiar el saber como tesoro y no el conocimiento como proceso de búsqueda. No es racional, ni democrático ni republicano, pero sirve a la afirmación de la autoridad de quien se coloca en el lugar de enunciador de un discurso de poder. Ayuda a la validación de este discurso el hecho de que el destinatario prefiera lo que confirma su saber y no lo que lo cuestiona, por eso prefieren las respuestas y no las preguntas.

Sin esas preguntas sobre lo que se presume conocido, la opinión fundada en lo que “todos sabemos” se identifica con las categorías de la conservación del orden existente. La realidad, en tanto tiene estructura de ficción, es ya un constructo ideológico. Por eso, a veces, la única verdad es la verdad de las clases dominantes.

En particular, con relación a la manifestación del interés colectivo, la reacción “natural” es la del control sobre esta, en tanto foco de agitación. En el territorio trillado de “lo evidente”, la manifestación colectiva no es primariamente un derecho, sino un objeto a controlar o encauzar. Una pauta del éxito del discurso hegemónico es que la propia reacción contra el retorno a la política represiva del conflicto social sea luchar contra la criminalización de la protesta y no la afirmación de un derecho humano fundamental, reconocido expresamente en los tratados internacionales de derechos humanos.

El discurso dominante hace caso omiso de las características indisolublemente colectivas del derecho a reunión que, para ser tal, implica el uso del espacio público y la acción concertada con un objetivo. Esta hegemonía que coloniza el discurso “resistente” [1] se manifiesta en la discusión exclusivamente penal de la manifestación colectiva, obviando que, en tanto derecho de los ciudadanos, el ámbito judicial es el del amparo, cuyas reglas deben adecuarse a las características del derecho amenazado, de conformidad a la regla supraconstitucional de tutela judicial efectiva. No se trata de analizar si los ciudadanos que ejercen un derecho de máxima jerarquía han cometido un delito, se trata de analizar si el control o reglamentación de este derecho lo desnaturaliza (artículo 28 de la Constitución Nacional).

Si la manifestación colectiva es un derecho, tal como lo señala el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la manifestación mediante las prácticas del colectivo no puede ser cercenada, sino en las condiciones que establece el derecho internacional. El campo del espacio público es, precisamente, aquello que está más allá de los ámbitos propios del Estado o de los particulares. No hay libertad pública sino en el ámbito de este espacio público, que existe en la medida en que no es apropiado o apropiable por los particulares o el Estado.

 

[1] En este punto es tentador citar a Antonio Gramsci: “Si ayer era irresponsable porque era ‘resistente’ a una voluntad extraña, hoy se siente responsable porque ya no es resistente, sino operante y necesariamente activo y emprendedor”.

 

¿Derecho o delito?

 

 

Una conferencia trascendental

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Probablemente, el predominio de la política doméstica (institucional, social, económica, entre otras) en medio de una multiplicación de tensiones internas en la Argentina explique la ausencia de debates preliminares y evaluaciones posteriores de la XV Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas reunida en Brasil. Valga la pena señalar que algo semejante ocurrió en el resto de América Latina, donde el evento apenas si fue referenciado en algunos medios y escasamente comentado por especialistas. Esto no deja de ser inquietante pues se trató, a mi entender, de uno de los cónclaves en la materia de más significación coyuntural y potencial mayor impacto futuro.

Los recientes encuentros abordaron conceptos recurrentes y temas puntuales de un modo genérico. La XII Conferencia realizada en Trinidad y Tobago en 2016 destacó que los desafíos militares del continente incluían “las amenazas tradicionales y las nuevas amenazas”; noción esta última que por años la Argentina estuvo cuestionando. Subrayó la necesidad de “nuevos mecanismos de cooperación”; en particular ante los desastres naturales. Alentó a que los países aplicasen las recomendaciones de la OEA en cuanto a la “seguridad cibernética”. Mencionó los avances en el entonces proceso de paz en Colombia y colocó el acento en la asistencia humanitaria. La XIII Conferencia efectuada en México en 2018 enfatizó, por ejemplo, el valor de las misiones de paz en el ámbito de la ONU, la importancia de la preservación del medio ambiente y enumeró las recomendaciones de cinco grupos de trabajo ad hoc. La XIV Conferencia desarrollada en Chile en 2020 abordó temas más espinosos y hubo diferentes reservas de algunas naciones en la declaración final. Entre otros temas cabe aludir la situación en Venezuela y el papel de las instituciones de defensa ante el crimen organizado transnacional.

La cita de este año en Brasil se dio en un contexto internacional de alta pugnacidad y creciente incertidumbre. El Secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, llegó a la cita con el obvio propósito de promover las prioridades de Washington: frenar y revertir lo que se considera la proyección regional de “actores malignos”. Su discurso remarcó la paulatina y evidente influencia de China. Ello concuerda con los argumentos expresados antes del encuentro en Brasil por parte de la Comandante del SOUTHCOM, Laura Richardson.

En este sentido, la declaración final de la conferencia es muy relevante en lo conceptual y lo temático. Respecto a lo primero, introduce la noción de “disuasión integrada”, reconociéndola—y ello es altamente significativo–como “un marco para mantener la paz y la estabilidad” en el continente. La disuasión integrada se introdujo en la Estrategia de Defensa Nacional estadounidense de 2022 y se ha tornado un concepto que Washington busca consensuar y consolidar en todos los ámbitos militares colectivos (por ejemplo, la OTAN), regionales y bilaterales. Implica “el empleo de una combinación adecuada de tecnología, conceptos operativos y capacidades, todo ello entretejido en una red tan creíble, flexible y formidable que hará dudar a cualquier adversario” y que se extiende al conjunto de alianzas que tiene Estados Unidos. El “adversario” más concreto, no único, es China y refleja, en el fondo una adecuación ampliada e institucionalizada de lo que en su momento, durante la administración del Presidente George W. Bush, se conocía como la “coalición de voluntarios” (coalition of the willing); lo cual suponía que Washington establecía la misión y llamaba a socios para acompañarlos. Al incorporar el concepto de disuasión integrada en todos los foros militares, Estados Unidos está logrando socializar al resto de sus aliados, socios y cercanos su estrategia de defensa. En algún momento, se supondría, todos serían llamados a secundar a Washington. Cabe destacar que solo la Argentina y Chile hicieron una reserva respecto a esta noción de “disuasión integrada” con la idea de contar con un “estudio del tema en mayor profundidad por la Junta Interamericana de Defensa”.

Respecto a la agenda temática de la declaración hay aspectos muy relevantes. Al inicio se mencionan “los conflictos presentes en todo el mundo, como la invasión a Ucrania y los actos de violencia ejercidos por grupos armados que aterrorizan la población de Haití”. Comparar uno y otro caso es sorprenderte por la dimensión y naturaleza diferentes de ambos y, en especial, por el rol poco constructivo de Estados Unidos en el manejo del tema haitiano. Pero lo importante fue que la Argentina y Brasil conjuntamente y México, adicionalmente, introdujeron reservas a la mención de la cuestión de Ucrania, en tanto asunto que compete a Naciones Unidas y no corresponde al ámbito de las conferencias interamericanas de defensa. A su vez, en otra reserva, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Ecuador, Guatemala, Haití, Paraguay, Uruguay y República Dominicana condenaron “con firmeza la invasión ilegal” rusa de Ucrania.

Asimismo, se introdujo el tema del crimen organizado transnacional y “la cooperación y coordinación entre los Estados y las instituciones de Defensa y Seguridad”; lo cual hizo que la Argentina y Chile hicieran una reserva en el sentido de una “estricta conformidad con la legislación nacional vigente”. Esto implica, de acuerdo a la normatividad de cada nación en cuanto a la separación entre defensa y seguridad. Lo mismo sucedió—esto es, una reserva de Buenos Aires y Santiago— en materia del tema de la pesca ilegal. Por otro lado, el documento final muestra un frontal esfuerzo por “securitizar” cuestiones como la migración que se utiliza doce veces. En este caso, la Argentina, Chile y Perú incluyeron una reserva en relación al “papel de las fuerzas armadas frente a los flujos migratorios”. En breve, una suerte de expansión de las “nuevas amenazas” que usualmente incluían el narcotráfico y el terrorismo como ejes centrales. Una inflación de asechanzas que, al parecer, puede ir abarcando cuestiones adicionales en un futuro no muy distante.

El país sede de la siguiente conferencia ministerial será la Argentina en 2024; un año después de las elecciones presidenciales. Sin duda, y en virtud de los acelerados cambios mundiales y del incremento de la conflictividad, esa cita podría ser clave en materia de relaciones interamericanas en el área de la defensa. La competencia entre Estados Unidos y China se eleva y complejiza, al tiempo que América Latina atraviesa un período de inestabilidad y polarización. Se dibuja una suerte de nueva “marea rosada” en el área, aunque más modesta y con retos notables. Habrá que ver entonces si la región ante la XVI Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas preserva aún cierto margen de autonomía para manejar la agenda militar con Estados Unidos o si la aquiescencia a Washington en ese frente prospera.

 

 

UNA CONFERENCIA TRASCENDENTAL

El modelo, el plan y las medidas

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El modelo económico es extractivista, agropecuario exportador y financiero, merced a la renta [1] del subsuelo, del suelo y la creada por la legislación vigente a favor del sector bancario, bursátil y cambiario. Es un modelo orientado y dependiente del exterior y, por ende, requiere de costos internos baratos. Funciona con mano de obra barata medida en moneda dura (dólar, euro, yuan) y en poder adquisitivo de las remuneraciones.

El plan económico es el acordado con el FMI, incluso refrendado por la Ley 27.668 que aprobó «el Programa de Facilidades Extendidas a celebrarse entre el Poder Ejecutivo nacional y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para la cancelación del Acuerdo Stand By celebrado oportunamente en 2018 y para apoyo presupuestario».

Y las medidas anunciadas por el Ministro Sergio Massa se insertan en el plan  y se subordinan a la prosecución del modelo. De allí que el mismo Sergio Massa define como ventajas del país sus riquezas en recursos energéticos, minerales, proteínas y conocimientos. Del trabajo ni se acuerda.

En ese marco define principios y motores, siendo los primeros el orden fiscal, el superávit comercial, el fortalecimiento de las reservas internacionales y, el desarrollo con inclusión. Los motores son la inversión, la producción, las exportaciones y la defensa del mercado interno.

El orden fiscal es un despropósito en sí mismo. Las cuentas públicas al 30 de junio 2022 fueron deficitarias en 1,3 billones de pesos, que la administración nacional logra reducir gracias a los recursos superavitarios del PAMI, de los Fondos Fiduciarios y otros, para dar, finalmente un resultado negativo del consolidado del sector público nacional de casi 1 billón de pesos. Es en pesos pero equivalente a 6.700 millones de dólares (1,6% del PIB), por ende la extrapolación lineal era de un déficit anual para el corriente año 2022 de no menos del 3,5% al 4% del PIB (contemplando aguinaldo y los menores ingresos tributarios de la segunda parte del año). Plantean reducir el gasto para cumplir la meta acordada con el FMI del 2,5% anual, con el agravante que el BCRA no puede financiar más el Tesoro de la Nación del 1% del PIB, como ya lo hizo en los primeros seis meses en demasía, debe el Tesoro devolverle plata al BCRA.

En el presupuesto ejecutado de todo el año 2021, las transferencias (subsidios) para transporte y energía fueron (en pesos) equivalentes a 11.000 millones de dólares (el 2,6% del PIB), de allí que van a reducir las partidas para las provincias y la CABA y, en el caso de la energía eléctrica, solo se va a subsidiar a aquellos que lo solicitaron y hasta 400 kilowatts, cuando previamente hace un par de meses se vienen revisando los medidores de las casa y departamentos de todo el país, para lo cual la amplia mayoría de los usuarios deban pagar una parte a tarifa plena.

El superávit comercial es otra burla. Desde el 1° de enero de 2020 hasta el 30 de junio de 2022 las exportaciones superaron a las importaciones en 30.473 millones de dólares y el BCRA los dilapidó. Por un lado pagó intereses de la deuda pública, sin haber investigado si esa deuda es realmente del Estado nacional o si fueron vendidos durante la gestión de Cambiemos a precio oficial a empresas y particulares que a su vez, evadieron los impuestos correspondientes. Segundo, se le vendió los dólares de parte del superávit comercial a esas empresas evasoras y a precio oficial, sin exigirles que primero paguen con los dólares que habían comprado durante la gestión de Cambiemos.

El ministro Massa plantea un acuerdo, principalmente con los productores, acopiadores, y comercializadores de soja, para que liquiden en forma supuestamente anticipada las más de 20 millones de toneladas retenidas (con un valor estimado de 12.000 millones de dólares). Decimos supuestamente anticipada porque hay una parte que ya está vendida al exterior pero no se traduce, porque no se le puso el precio en pesos de las divisas percibidas. Si a la propuesta realizada por el gobierno nacional el 26 de julio de 2022 para que liquiden, que un 30% les permite comprar dólares en el mercado oficial al valor del dólar ahorro —que incluye el 30% del impuesto PAÍS y el 35% deducible del Impuesto a las Ganancias y de Bienes Personales— que ese día cerró a $ 226, es decir prácticamente $100 menos que el CCL que al 26/07/2022 su cotización era de $ 328 y el MEP que cotizó en esa fecha  a $ 324  y el 70% restante en una cuenta corriente indexada, ajustable por dólar oficial, y no aceptaron, nos preguntamos: ¿qué ventaja se les dará ahora, a través de DNU (Decretos de Necesidad y Urgencia), para que lo hagan?.

El tercer principio de Massa es “fortalecer las reservas internacionales” y en un mes el BCRA vendió 4.319 millones de dólares (eran de 42.358 millones el 1° de julio 2022 y pasaron a ser de 38.039 millones el 1° de agosto 2022), sin contar los más de 100 millones de dólares diarios que vende el BCRA desde el martes 2 de agosto de 2022.

Finalmente la curva de deuda en pesos creada por el Ministro Guzmán significa hasta fin de este año, una deuda de 2,8 billones de pesos, en su mayoría ajustable por inflación y en menor parte por dólar linked (devaluación del dólar oficial). Se supone que más de la mitad se encuentra en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS, de fondos fiduciarios y de otros entes estatales. Pero la pregunta obligada es qué se le va a ofrecer a los tenedores privados para que reprogramen y prorroguen los plazos.

 

 

En millones de pesos. Elaboración propia en base a la Secretaría de Finanzas.

También el nuevo ministro propuso realizar una gira internacional (Estados Unidos, Francia, Qatar) para conseguir créditos del exterior para fines específicos y/o respaldar las reservas internacionales del BCRA, con lo que nuevas deudas reemplazan el natural acrecentamiento de las mismas por superávit comercial.

En síntesis

El principio de desarrollo con inclusión no es creíble cuando se plantea un severo ajuste fiscal, en que solo se asistirá a la población más necesitada, en sintonía con lo dispuesto por el FMI de ayudas directas y transitorias únicamente para grupos vulnerables y hogares de bajos ingresos.

Y  los motores que anunció el nuevo ministro cuando asume el 4 de agosto de 2022, de inversión, producción, exportaciones y defensa del mercado interno quedan limitados por la suba de tasas de interés planteada [2], la depreciación implícita de nuestra moneda y la política de contención de los salarios, para promover la exportación  minera, agropecuaria y automotriz, que son los tres proyectos que impulsa:

  • Prorrogar la Ley 24.196 de Estabilidad Minera de Menem por la cual las grandes multinacionales del sector lograron desembarcar en la Argentina para comenzar la explotación de los recursos del país (el año pasado se exportaron 62.000 kilos de oro) y ya lo decía el Ministro Matías Kulfas en marzo de este año 2022, en la exposición internacional de la Asociación de Prospectores y Desarrolladores de Canadá:  “Nuestro país está abierto a la posibilidad de explotar diferentes minerales que se encuentran y que son centrales para el desarrollo económico mundial. Sepan que hay un gobierno en la Argentina que apoya el desarrollo de la minería y toda su cadena de valor con un marco legal que genera certezas, como la estabilidad fiscal y la previsibilidad de determinados beneficios».
  • El 30 de septiembre de 2021 el gobierno nacional presentó en el Congreso de la Nación el Proyecto de Ley de «Régimen de Fomento al Desarrollo Agroindustrial, Federal, Inclusivo, Sustentable y Exportador». Lo consensuó con el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) y contiene un conjunto de beneficios para un sector que básicamente no los necesita, entre ellos y fundamental, usar como propio el río Paraná, denominado por ellos “hidrovía”.
  • Igual para la industria automotriz, a la que se le reducen los derechos de exportación en la medida en que incrementen sus ventas al exterior

Basta saber cuáles son las empresas trasnacionales que están detrás de cada uno de esos sectores para saber quiénes se benefician y quienes no.

Por último, en lo que respecta a los denominados servicios basados en el conocimiento (SBC) con empresas de origen nacional (algunas de las cuales han logrado internacionalizarse como Mercado Libre, Despegar o Globant), reciben todo tipo de ayuda estatal y no tienen mayor impacto multiplicador del trabajo e insumos en el país.

El ministro Massa se cuidó de hablar de devaluación de nuestra moneda, pero las medidas anunciadas solo son posibles con una disminución de la brecha entre los distintos tipos de cambio y el oficial. Ese es el objetivo y la presión de los exportadores, de los que fugaron capitales que solo traerán una parte si se les garantiza más pesos por cada divisa que regresen y, por último, es la exigencia del FMI, que sabe que el Estado argentino recauda en pesos y que debe dar más de nuestra moneda por dólar con los que paga los intereses de la deuda externa. También sabe que desde el segundo semestre de 2024 se debe sumar el pago del capital de los títulos canjeados el 31 de agosto 2020 por el entonces ministro Guzmán, y allí el problema ya es de otras dimensiones.

Cuando no se pueda pagar van a exigir nuestros recursos naturales a cambio.

No es este camino el indicado, que beneficia a la misma minoría que desde la dictadura cívico-militar se adueña cada vez más de la riqueza generada por todos.

El camino es el de investigar la deuda, la evasión fiscal y la fuga y para eso se requiere de un Estado que convoque a  la población para que tomemos real consciencia de la situación.

Decía Mariano Moreno: «Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

 

[1] Renta: Apropiación de una ganancia extraordinaria, que estará determinada por la diferencia entre el precio de producción individual y el precio de producción general de la rama (costos más beneficio).
[2] La propuesta acordada con el FMI es de tasas de interés positiva  por encima del nivel general de precios y de la devaluación de nuestra moneda.  Con la suba de la tasa de interés se garantiza la ganancia de los bancos, sobre todo los que tienen al mayor volumen de depósitos y que son también los mayores poseedores de Letras de Liquidez del BCRA (LELIQs), Notas de Liquidez (NOTALIQs) y otras inmovilizaciones (pases pasivos) que suman 5,8 billones de pesos al 1 de agosto 2022.

 

 

EL MODELO, EL PLAN Y LAS MEDIDAS

La autonomía en nuestra política exterior

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La cuestión de la autonomía en política exterior ha sido el principal tema de reflexión y estudio para internacionalistas de América Latina; en especial en el Cono Sur. En un sistema global estratificado en el que la región ha estado en una condición de fuerte asimetría medida por un amplio conjunto de indicadores de poder e influencia, desde el inicio de la Guerra Fría hasta el presente superar la subordinación ha sido prioritario para un buen número de gobiernos.

La autonomía ha sido abordada de acuerdo con los supuestos externos, sus fuentes domésticas y los objetivos y los medios.

En materia de supuestos, prevalecieron tres.

Primero, la identificación de coyunturas (entre otros, las fases de coexistencia pacífica entre EE.UU. y la URSS; el surgimiento del Movimiento No Alineado, las experiencias de concertación regional como el Consenso Latinoamericano de Viña del Mar; el fin de la Guerra Fría; la atención de Washington en otras geografías después de los atentados del 11/9; el boom de los commodities al inicio del siglo XXI) propicias para un ejercicio autonómico.

Segundo, la comprensión de que, en un mundo de restricciones y oportunidades, maximizar algunas de las oportunidades era factible si se contaba con los recursos y la voluntad política.

Tercero, la autonomía estuvo referida a un “otro”, esto es, a Estados Unidos; y, en general, en clave de oposición o contradicción.

En cuanto a las fuentes internas, la autonomía original se concibió bajo un patrón de desarrollo determinado: la fase del auge de la industrialización por sustitución de importaciones con una importante intervención estatal y tasas de crecimiento bastante sostenidas. A ello se sumó la desagregación de la base institucional, ideal y social de la autonomía.

Así, el acento en los atributos diplomáticos de la Cancillería en el manejo de la política exterior; el énfasis en una élite dispuesta a un ejercicio autonómico, no exento de riesgos; un predominio de creencias próximas al nacionalismo/desarrollismo; el soporte de una sociedad con grados variables de cohesión y la presencia de cierta auto-estima nacional.

Los objetivos resaltados fueron: incrementar los márgenes de maniobra y la capacidad negociadora; aumentar las vinculaciones con pares de la periferia para incidir en la agenda mundial; restringir la arbitrariedad de los actores más poderosos; y modificar el estatus internacional de cada país (y de la región concomitantemente).

En ese sentido, los medios claves han sido: la diversificación de vínculos globales; la promoción del regionalismo (mediante la integración económica y la concertación política); el recurso al derecho en el plano interamericano e internacional; el compromiso con los foros y regímenes mundiales; y el despliegue de modalidades de soft power.

En ese contexto, ¿cuál es la vigencia de esa autonomía? Creo que es oportuno repensarla. Las transformaciones mundiales, regionales y nacionales han sido colosales. Indico algunas, de acuerdo con las dimensiones mencionadas. En materia de supuestos sobresalen tanto una estructura de polaridades en mutación como una rivalidad entre EE.UU. y China que agudizan la pugnacidad internacional en gran medida debido al declive relativo estadounidense.

A su vez, se acrecientan las restricciones y se acotan las oportunidades; en especial para regiones como Latinoamérica que han ido perdiendo gravitación mundial. Por último, la autonomía hoy no puede ser concebida en cuanto a un solo “otro”, Estados Unidos, sino que requiere conceptualizarse también respecto a otro “otro”, China, y eludir frente a ambos el antagonismo o el distanciamiento, procurando una diplomacia de equidistancia en el marco de diversas opciones estratégicas tales como el hedging, entre otras. Lo internacional requiere un diagnóstico más fino.

En cuanto a las fuentes, se han erosionado la diversificación productiva y el papel rector del Estado; la capacidad científico-tecnológica endógena es baja; las tasas de crecimiento son insuficientes; las Cancillerías han cedido espacio a otros ministerios como el de Defensa y el de Economía en el manejo de los asuntos externos; el ethos desarrollista ha perdido fuerza; han crecido las fricciones entre las capas dirigentes dificultado la preferencia por alternativas autonomistas; las sociedades están muy fragmentadas y se ha debilitado la auto-estima.

Lo anterior exige indagar más sobre las bases domésticas de la autonomía. Respecto a los objetivos siguen siendo orientadores, pero demandan un nivel de planeación y coordinación que trasciende lo nacional, lo cual implicaría la configuración de mapas de ruta convergentes en lo sub-regional o regional tal como parece estar sucediendo en otras latitudes.

Los obstáculos evidentes se localizan en los medios: la diversificación no se puede limitar solo a elevar el intercambio con China; el regionalismo está marcado por un alto grado de fractura con efectos desintegradores y desconcertadores; el derecho internacional sufre un claro deterioro; varios foros y regímenes mundiales están en crisis; y el ejercicio de modalidades de soft power se ve condicionado por dinámicas internas y fuerzas externas. Este vaciamiento de medios es inquietante.

Sintéticamente, la aspiración a la autonomía pervive en Latinoamérica. Y por ello mismo, es el momento de evaluar y precisar su naturaleza, significado, sustento, viabilidad y alcance.

 

https://www.clarin.com/opinion/autonomia-politica-exterior_0_eEDqTAwVU2.html

La autosuficiencia nacional

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Se trata de un trabajo de John M. Keynes que fue publicado en el Volumen Nº 2 de: “El Trimestre Económico”, en México en 1934, donde asevera: “Un creciente abastecimiento nacional debe considerarse, no como un ideal en sí mismo, sino como un medio de crear un ambiente en el cual pueden perseguirse a salvo y convenientemente, otros ideales”.

“La Nación, en su conjunto, será seguramente más rica si se emplea a los hombres y a las máquinas para construir casas muy necesarias, que si se les sostiene en la ociosidad. El pensamiento está de tal manera obscurecido por cálculos falsos que desconfían de conclusiones que deberían ser obvias, porque descansan en un sistema de contabilidad financiera que despierta dudas sobre si tal operación es rentable”.

Ese principio de rentabilidad en base al interés compuesto es el que le hace afirmar: “Los mercados [1] pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que una persona o una sociedad puede mantener su solvencia”.

Es una crítica directa a la lógica mercantil que excluye contemplar el nivel de vida de la población.

Es más, aún antes que Keynes lo había formulado en estas pampas Manuel Belgrano, cuando en el Correo de Comercio del 6 de abril de 1811 sostuvo: “La Nación China está dando a todas las del mundo conocido un ejemplo constante de lo que es el comercio interior auxiliado; no hay país más poblado que el que habita, ni nación más poderosa en el orbe: todas las que se llaman cultas van en busca de sus efectos. Llevándole la plata acuñada, principalmente la nuestra, para aumentar su grandeza, ostentación y lujo, su comercio interno es inmenso, y el externo es insignificante respecto de la extensión del Imperio y el número de sus habitantes”.

La Argentina desde 1943 y  hasta nuestros días lo ha demostrado siempre: el país crece y distribuye el ingreso sostenidamente si crece el consumo interno y, al revés, cuando se basa en el comercio externo, se frena y/o decrece la actividad, se excluyen partes importantes de la población, acumula riqueza una minoría y esa minoría fuga capitales.

El comercio externo propicia un modelo extractivista, agropecuario-exportador donde se prioriza la obtención de divisas, divisas que por otra parte se fugan y hasta se endeuda al país para poder convertir la parte de las ganancias que obtienen en pesos en dólares, con lo que no solamente beneficia a los sectores más ricos sino que deja la deuda como hipoteca y condicionante de la economía nacional en su presente y su futuro.

Fue la política de endeudamiento propiciada por el gobierno de Cambiemos, que continuó por otros medios la actual administración, donde no solo se fugó gran parte del superávit comercial obtenido hasta el 30 de junio de 2022 que superó los 31.000 millones de dólares y solamente se emplearon 8.200 millones de dólares para pagar intereses de la deuda externa, sino que ese pago de intereses es sobre una deuda que no se investigó.

El BCRA financió la fuga de capitales y la AFIP no investigó quiénes fueron los que compraron los 86.200 millones de dólares durante la gestión de Cambiemos. Esto es de una gravedad extrema, porque se está permitiendo convalidar la fuga y a la vez, se está pagando la totalidad de la misma con el presupuesto nacional, a costa de menores haberes a los jubilados y pensionados, menor obra pública, menor asistencia a la población incluidas las limitaciones de los subsidios a la energía y al transporte.

 

La política económica

Cuando la ministra de Economía Silvina Batakis viajó a los Estados Unidos, la primera entrevista que tuvo fue con David Lipton y otros funcionarios del Tesoro. Lipton era el segundo (el cargo es Primer Subdirector Gerente) de Christine Lagarde en el FMI cuando se le prestó al gobierno de Macri la mayor suma que recibió país alguno de ese organismo internacional en toda su historia. La entrevista fue amable pero la ministra argentina se mostró firme en que no se necesitaba devaluar, que con el tipo de cambio oficial (ese día de $ 135 por dólar) se proyectaba el récord de exportaciones de más de 90.000 millones de dólares para el año y que superaría a las importaciones en más de 15.000 millones.

Lipton no contestó, pero la presión del FMI para que se devalúe nuestra moneda no es solo para garantizar un mayor superávit comercial, sino para que al Estado le cueste pagar más por cada dólar y, de esa manera, se acreciente la dependencia y la necesidad de solicitar waivers y otros acuerdos con el organismo acreedor. Y allí viene el objetivo último, que paguemos con nuestros recursos naturales, con el petróleo que van a sacar de San Carlos-Mendoza por más que el pueblo de ese lugar se opuso tenazmente; con el hierro y la plata del Gastre en Chubut; con el oro y el cobre de Famatina y Agua Rica; con el gas de la plataforma submarina y a 307 kilómetros de la costa marplatense.

La devaluación es a la vez objetivo de los grandes productores, acopiadores, y comercializadores de alimentos y de materias primas, como de los que fugaron divisas, que pretenden que se le dé más poder adquisitivo (más pesos) por cada dólar que ingresan al sistema legal argentino. Si no, no lo hacen.

La devaluación significa una transferencia de ingresos de los asalariados, jubilados, pensionados, planes sociales y todos los que perciben por su labor (presente o pasada) y venta en pesos, y la misma es mayor cuanto mayor es el porcentaje de la devaluación. El traslado a los precios es porque son las mismas empresas que exportan las que tienen mercado cautivo en la Argentina.

Por ejemplo, la botella de litro y medio de aceite de girasol, que se siembra, cosecha, prensa y envasa en la Argentina, viaja 10.000 kilómetros a Europa, para venderse en Madrid a 2,48 euros. Por la paridad al 29 de julio de 2022 y dado que funciona como techo de los precios internos, debería venderse en la Argentina a $ 335; sin embargo no se consigue en los supermercados locales por menos de $ 470, por lo que las empresas del sector ya descontaban una depreciación del peso del orden del 40%.

El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación publica un salario promedio mensual de los trabajadores registrados, denominado RIPTE (Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables). El último dato, de junio de 2022, es de $ 141.289,40 que, convertido en dólares sería de unos 1.086 por mes en esa moneda.  En noviembre de 2015 el RIPTE era de $ 15.800 por mes con un tipo de cambio de $ 9,06 por dólar, que significaba 1.743 dólares. Una devaluación del 40% [2] reduciría el RIPTE al equivalente de 750 dólares, con una caída del 43% de los salarios.

La pobreza ronda el 40% del PIB, en un país que tiene el tercer PIB de América Latina pero es el cuarto entre los más pobres, a pesar de que produce 160 millones de toneladas de granos al año.

Obviamente que la devaluación se traslada rápidamente a los precios y no se frena la misma adoptando medidas de ajuste que son recesivas del nivel de actividad y que solo generan más desempleo y baja del salario real.

La inflación la defiende el Fondo Monetario Internacional que publicó  en junio 2022 sus recomendaciones ante la crisis y la ola inflacionaria actual, advirtiendo que es un error que los gobiernos intenten limitar el aumento global de los precios a escala nacional, ya sea mediante bajadas impositivas, topes o subsidios directos sobre determinados productos. “Estas medidas crean distorsiones en los precios relativos, presiones extra sobre las finanzas públicas y maquillan la realidad económica”.

Por el contrario, “deberían permitir que los altos precios globales se trasladen a las economías nacionales mientras se protege a los hogares vulnerables afectados por los aumentos”, lo cual —apuntó el FMI—, es “menos costoso que mantener los precios artificialmente bajos para todos, independientemente de su capacidad de pago”.

Su receta tiene tres ingredientes:

  1. No poner topes a los precios
  2. Ayudas directas y transitorias únicamente para grupos vulnerables y hogares de bajos ingresos
  3. Evitar reducciones generales de impuestos dada la pérdida recaudatoria que ocasionarían.

En relación a los precios de la energía, por ejemplo, el FMI propone “combinar la información sobre los ingresos de los hogares con la información sobre las facturas de los servicios públicos” y “ofrecer descuentos a quienes se encuentran por debajo de un cierto umbral de ingresos”, de allí la segmentación que instrumenta el gobierno de Alberto Fernández.

 

 

Qué hacer

Devaluar nuestra moneda y seguir las recomendaciones del FMI implica el modelo diseñado por los acreedores que beneficia al 2% de la población y extiende a lo sumo a un tercio de la misma, excluyendo a las dos terceras partes de los habitantes que, según el último censo estima en 47.000.000 de ciudadanos (o sea margina y excluye a 31.333.000 argentinos).

Es obvio lo irracional y violento de la propuesta. ¿Cómo hace un padre que no le puede comprar una fruta o un útil a su hijo ni pensar en los medicamentos si se enferma? El modelo de exclusión genera violencia social irremediablemente y tiene culpables.

No se investigó ni se investiga la deuda externa contraída por Cambiemos, el BCRA dilapidó 31.000 millones de dólares, el Ministerio de Transporte sigue adelante con la privatización del Río Paraná para usufructo de las grandes empresas de la alimentación, del acero y de los automóviles, y en cambio, se propicia la lógica del capital del interés compuesto que genera los niveles de pobreza y de hambre en la Argentina exportadora.

Cuando se debería impulsar el consumo y la inversión interna, el trabajo y la producción nacional.

Podrán seguir argumentando que no se puede hacer otra cosa, lo hemos escuchado infinitas veces, pero los pueblos se cansan de la mentira y del engaño.

 

 

[1] Keynes dice textualmente “the markets” (los mercados)  no “the politics”  con los que traducen mal a sabiendas, quienes maliciosamente quieren decir otra cosa. Y lo que Keynes asevera es que la lógica de ganancia de los mercados va en contra de la lógica económica y social.
[2] Ya sea porque devalúa directamente un 40% o, puede devaluar más y dar compensaciones al trabajo,  a los planes sociales, etc. pero esas compensaciones (aumentos) es menor en términos reales en un 40%  que la devaluación de nuestra moneda.

 

LA AUTOSUFICIENCIA NACIONAL