Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal.

Carlos Marx (1997a:17)

La hagiografía del capitalismo presenta las mutaciones en los modos de explotación de los seres humanos y de la naturaleza, como el resultado inexorable de los desarrollos técnicos o de fenómenos naturales como la lluvia y el viento.

Actúan como lastre para desenmascarar estas posiciones tres presupuestos, propios de la tradición marxista pero ajenos a Marx: 1. La inexorabilidad de la evolución de la historia y el etapismo; 2 La creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas determina los modos de producción y; 3. El fetichismo de las formas jurídicas.

El carácter inexorable de las transformaciones está avalado por la creencia en una teleología de la historia, propia de la ideología del socialismo reformista.

Gran parte de la historiografía marxista ha considerado las luchas de clases de etapas pretéritas como expectativas condenadas históricamente al fracaso, desde las mismas condiciones objetivas pues una sociedad sin clases sólo podría provenir como superación del modo de producción capitalista. Esta condena histórica determinista tenía como correlato un optimismo también determinista respecto del papel de la clase obrera como sepulturera del capitalismo. Marx, por supuesto, nunca fue marxista a este respecto. Su correspondencia sobre las posibilidades de la construcción del comunismo a partir de la comunidad rusa, basta para demostrarlo.

Tanto la expresión del materialismo dialéctico paleomarxista, como la propaganda de los fundamentalistas del mercado comparten una visión económica determinista (de la historia en el primer caso, de su fin en el segundo). Las leyes económicas son presentadas cual leyes físicas pero no en el sentido que le daba Newton sino del mismo modo obtuso con que se negaba la posibilidad del vuelo con aparatos más pesados que el aire (“Si Dios hubiera querido que el hombre volara le habría dado alas”).

Si existen etapas históricas que han de transitarse necesariamente, el movimiento lo es todo; la meta final no es nada, como decía Bernstein. Se trata de que la historia siga su camino necesario y que la acción política se reduzca a la gestión de reformas. Ello redunda en una sacralización de lo dado y en la actividad de los partidos “socialistas” para asegurar el desarrollo del capitalismo como etapa intermedia necesaria.

Zizek (2004:155) señala: “Si la pospolítica de hoy es el oportunismo pragmático sin principios, entonces la reacción izquierdista predominante puede ser descripta apropiadamente como oportunismo con principios; hay una simple adhesión a viejas fórmulas (Estado de bienestar, etcétera), y se los llama principios, obviando los análisis detallados de los cambios en la situación y conservando así la propia posición del Alma Bella. La estupidez intrínseca de la izquierda de principios es claramente discernible en su acostumbrado reproche a todo análisis que proponga un cuadro más complejo de la situación, renunciando a las simples prescripciones sobre cómo actuar: ‘No hay una clara posición en su teoría’, y esto dicho por gente sin ninguna posición más que la de su oportunismo con principios”.

Esta ideología de la “gestión” progresista ha cedido la capacidad de enunciar un cambio a las fuerzas de extrema derecha. Así, el trabajo es un mal innecesario o es un bien escaso según la necesidad del discurso. En definitiva, el trabajo es la limosna que el capital deja como un regalo sentimental (una debilidad a ser corregida) a los seres oscuros y sin nombre. Desaparece todo, menos la luz. La luz de la economía racional y las leyes del mercado. Fuera de ella, en la oscuridad, se escuchan los murmullos de la plebe, con sus costumbres, sus ídolos, sus supersticiones y sus ritos. En el rigor de las leyes del mercado se enuncia como bienaventuranza que los desposeídos deban vender al precio que se oferte todo lo que aún se adhiere a su humanidad, no sólo su fuerza de trabajo sino incluso sus órganos.

En segundo lugar, contribuye al éxito ideológico de esta presentación la creencia en que el desarrollo de las fuerzas productivas son las que determinan los modos de producción. En esta creencia, es el molino de agua el que creó el feudalismo o son las tecnologías informáticas o de gestión del trabajo las que determinan el modo de explotación neoliberal.

No son las fuerzas productivas las que determinan los modos de producción, sino que son los modos de producción los que encuentran en la tecnología existente los métodos de imponer y reforzar su dominio o hegemonía sobre los sectores subordinados de la sociedad en cuestión. En la base misma del sistema de producción se encuentra la opción político-jurídica: La imposición de un sistema de distribución en el seno de una sociedad. Esta distribución va a determinar la organización social del trabajo e incluso los contenidos materiales y tecnológicos de la producción. Los romanos conocieron y desarrollaron modelos de molino de agua, tal como lo señalan los escritores agraristas, pero su desarrollo no era esencial para el modelo de distribución y producción del imperio romano. Del mismo modo, la producción de pequeñas series propia del modelo posfordista no es un invento de finales del siglo XX. Era fundamental durante todo ese siglo para la industria de la moda y su extensión a las demás industrias fue una respuesta al desarrollo de la lucha de clases a partir de los finales de la década del ‘60.

Finalmente, resulta necesario desbrozar lo que puede llamarse el fetichismo de las formas jurídicas que se encuentra vinculada a las dos primeras. García Linera dice (2021a: 90): “…las definiciones juridicistas de las clases, tan propias de los manuales y los panfletos, son una auténtica barrera epistemológica para entender las estratificaciones sociales no-capitalistas. Aún más, la propia complejidad que adoptan las clases definitorias del régimen del capital son imposibles de entender a partir de esas caracterizaciones leguleyas o tecnicistas que se le atribuyen al marxismo”.

En particular no se puede entender el modo de producción (y reproducción) capitalista teniendo como brújula la propiedad de los medios de producción (para la definición de burgués o empresario) o el salario (para la definición de proletario o trabajador).

Para enfrentar estos tres obstáculos epistemológicos tan imbricados en la concepción vulgar del marxismo y poder dar cuenta del estado actual de la lucha de clases, no hay que hacer adendas o revisiones del pensamiento de Marx, sino recuperar el filo de sus desarrollos conceptuales, lejos del revisionismo y de los santorales escritos para justificar un régimen o un autor. Se trata de volver a Marx y Lenin.

En particular, creo útil para analizar la situación actual de la lucha de clases, las categorías de subsunción formal y real del trabajo en el capital.

En primer término, debe apuntarse, como lo hace Marx, que el capital no es el dinero, ni los medios de producción, ni las mercancías que son el resultado del proceso de producción. Para que estos elementos se transformen en capital, los mismos deben ser elementos de los procesos de producción y de valorización. El capital es valor que se valoriza, al menos potencialmente. El capital es idéntico al proceso de valorización.

Por el hecho de que el dinero en su transformación en capital se convierta en los factores del proceso laboral – y adopte necesariamente, pues, la forma de material de trabajo y medios de trabajo- el material de trabajo y los medios de trabajo no devienen por naturaleza capital, del mismo modo que el oro y la plata no se convierten por naturaleza en dinero a causa de que éste se represente, entre otras cosas, en el oro y la plata (Marx, 1997a: 27).

El capital es un proceso de valorización específico de un modo de producción, el capitalismo, que requiere condiciones históricas y económicas que le permitan desarrollarse (1). Esta unidad de dos procesos en relación dialéctica, en que los sujetos adquieren sucesivamente la función de comprador y vendedor de fuerza de trabajo y mercancías, en dos partes de un ciclo, el proceso de producción y el proceso de circulación que también se encuentran en la unidad dialéctica de procesos de trabajo y de valorización que ocurren conjuntamente. El proceso capitalista sólo puede ser entendido teniendo en cuenta estos dos aspectos, esta unidad de los opuestos.

El proceso de producción capitalista es una unidad de dos procesos: el de trabajo y el de valorización. Para transformar el dinero en capital, se le transforma en mercancías, las cuales constituyen factores del proceso de trabajo. Con el dinero se debe adquirir en primer lugar capacidad de trabajo y, en segundo, objetos sin los cuales no puede consumirse la capacidad de trabajo, es decir, ésta no puede trabajar. Dentro del proceso de trabajo esos objetos no tienen otro sentido que el de servir como medios de subsistencia del trabajo, valores de uso del trabajo: con respecto al trabajo vivo mismo, como su material y medios; con respecto al producto del trabajo, como sus medios de producción; con respecto a que estos medios de producción mismos ya son productos, como productos en cuanto medios para producir un producto nuevo. Pero aquellos objetos no desempeñan este papel en el proceso laboral porque el capitalista los compre, porque sean la forma trasmutada de su dinero, sino que, por el contrario, los compra porque desempeñan tal papel en el proceso laboral (Marx, 1997a: 26).

Cuando se olvida este carácter doble del proceso de producción capitalista y se considera al capital exclusivamente como proceso de trabajo sin determinaciones, el trabajo en general, se puede afirmar la eternidad del capital.

…era éste un método muy cómodo para demostrar la eternidad del modo capitalista de producción o para hacer del capital un elemento natural imperecedero de la producción humana. El trabajo es una condición natural eterna de la existencia humana. El proceso laboral no es otra cosa que el trabajo mismo, considerado- en el momento de su actividad creadora. Los elementos generales del proceso laboral, por consiguiente, son independientes de todo desarrollo social determinado. Los medios y materiales de trabajo, de los cuales una parte es ya productos de trabajos precedentes, desempeñan su papel en todo proceso de trabajo, en cualquier época y bajo cualesquiera circunstancias (Marx, 1997a:29).

Cuando se afirma, por ejemplo, que el capital es imprescindible para el trabajo o que sin capital el obrero no puede trabajar. Es curioso que esta “eternidad” del capital sea afirmada sin querer por autores supuestamente marxistas que analizan fenómenos históricos anteriores con las categorías y finalidades propias del capitalismo. El capitalismo es un modo de producción, pero sólo se puede hablar de capitalismo teniendo en cuenta las diferencias específicas con otros modos de producción.

Por cierto, x puede transformarse en x + D x sin necesidad del proceso capitalista de producción, pero no bajo la condición y premisa dadas de una sociedad cuyos miembros compiten y se enfrentan como personas que sólo se contraponen en su calidad de poseedores de mercancías y sólo en cuanto tales entran en contacto entre sí (lo que excluye la esclavitud, etc.); y en segundo término, no bajo la otra condición de que el producto social se produzca como mercancía (lo cual excluye todas las formas en que el valor de uso es el fin principal de los productores inmediatos y en que, a lo sumo, el excedente del producto, etc., se transforma en mercancía). (Marx, 1997a, 5)

Sólo bajo estas dos condiciones puede hablarse de capitalismo, las que a su vez van a determinar las características específicas del capital en su doble función de proceso de trabajo y proceso de valorización (2).

Identificar el capital con los medios de trabajo o incluso con el proceso de trabajo escamotea las características propias del capital como proceso de valorización. Y ese olvido, desde el punto de vista de las izquierdas, hace olvidar que el dependiente nace como tal en tanto capital variable. Se es trabajador como fracción de capital, precisamente la que hace posible el proceso de valorización del capital. Por este motivo, el trabajador sometido al poder de mando del capital nace con una conciencia enajenada. Es trabajador en tanto capital variable y por eso puede llegar a considerarse parte de la empresa.

En realidad, la dominación de los capitalistas sobre los obreros es solamente el dominio sobre éstos de las condiciones de trabajo (entre las cuales se cuentan también, a más de las condiciones objetivas del proceso de producción —o sea los medios de producción-, las condiciones objetivas del mantenimiento y de la eficacia de la fuerza de trabajo, es decir los medios de subsistencia), condiciones de trabajo que se han vuelto autónomas, y precisamente frente al obrero. Esta relación en que las condiciones de trabajo dominan al obrero no se realiza, empero, sino en el proceso real de producción, que, como hemos visto, esencialmente es proceso de producción de plusvalía – lo que incluye la conservación del antiguo valor—, proceso de autovalorización del capital adelantado. En la circulación el capitalista y el obrero se enfrentan tan sólo como vendedores de mercancías; pero en virtud de la naturaleza específicamente polar que distingue a los tipos de mercancías que entre sí se venden, el obrero entra forzosamente al proceso de producción en calidad de componente del valor de uso, de la existencia real y de la existencia como valor del capital, por más que esta relación no se efectúe sino dentro del proceso de producción y el capitalista existente sólo dunamei (3) como comprador de trabajo no se convierta en capitalista real sino cuando, por la venta de su capacidad de trabajo, el trabajador transformado eventualmente (eventualiter) en obrero asalariado entra realmente en aquel proceso bajo la dirección del capital (Marx, 1997a:18-19).

La naturaleza polar de las mercancías vendidas entre trabajador y empresario son las condiciones mismas de existencia del sistema capitalista: a) la libertad formal del trabajador que puede vender su mercancía principal, la fuerza de trabajo; b) la opresión real del trabajador que debe vender la fuerza de trabajo para poder conservar sus condiciones de subsistencia.

Pero ingresados al proceso de trabajo y valorización, el trabajador abandona su libertad para actuar bajo el dominio del capital, que determina las condiciones objetivas del proceso de producción. Se ingresa a trabajar como un medio de estos procesos que le son ajenos. Esta es la definición propia de la dependencia. Es la subsunción formal del trabajo en el capital.

Marx la define del siguiente modo:

El proceso de trabajo se convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de la autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se subsume en el capital (es su propio proceso) y el capitalista se ubica en él como dirigente, conductor; para éste es al mismo tiempo, de manera directa, un proceso de explotación de trabajo ajeno. Es esto a lo que denomino subsunción formal del trabajo en el capital. Es la forma general de todo proceso capitalista de producción, pero es a la vez una forma particular respecto al modo de producción específicamente capitalista, desarrollado, ya que la última incluye la primera, pero la primera no incluye necesariamente la segunda (1997a: 54).

El proceso de subsunción formal del trabajo en el capital es el que determina la existencia de trabajadores dependientes y de capitalistas. Esta fue la primera forma de aparición del capital. Incluso durante la época de las manufacturas, como sucedió en las ciudades de Florencia, Génova, Venecia y Milán. Pero la existencia de capital y de trabajadores no determina el nacimiento del capitalismo.

Para que el capitalismo como sistema o capitalismo desarrollado, como dice Marx, pudiera nacer era necesario que el capitalismo abandonara su forma local y se convirtiera en una economía mundo (4) , para lo cual fue necesaria la primera forma general de apropiación originaria, como fue el saqueo del continente americano por los europeos. El capitalismo como sistema se eleva sobre el hueco insondable del cerro del Potosí.

Esa inyección de dinero es lo que permite al mismo tiempo la aparición de la subsunción real del trabajo en el capital con el desarrollo de la maquinaria y, fundamentalmente, que el capital fuera la fuerza directriz de las naciones.

Del mismo modo que no es posible confundir el capital con los medios de producción o el dinero, tampoco se puede confundir el capital o el mercado con el sistema capitalista, que es el sistema del señorío del capital sobre la sociedad y el Estado. Es el sistema de la dictadura de la burguesía. El valor de cambio presupone las cosas en las que se encarna, pero él no es una cosa sino una relación. El capital presupone el valor de cambio, pero sin el poder de mando sobre el trabajo no se constituye como tal y el capitalismo no es sólo la existencia de capitales o mercados, sino el poder de mando de los capitales o el mercado sobre la sociedad.

La subsunción real del trabajo en el capital adviene

…con la producción de la plusvalía relativa (…) se modifica toda la forma real del modo de producción y surge (incluso desde el punto de vista tecnológico) un modo de producción específicamente capitalista, sobre cuya base y al mismo tiempo que él se desarrollan las relaciones de producción —correspondientes al proceso productivo capitalista— entre los diversos agentes de la producción y en particular entre el capitalista y los asalariados (Marx, 1997a:54).

La subsunción real del trabajo en el capital impone, en cuanto se convierte en sistema capitalista nuevas formas de hegemonía y subordinación, no solo sobre los trabajadores, sino sobre los demás sectores de la sociedad.

Es así que:

El trabajador libre, efectivamente, como cualquier otro vendedor de mercancía es responsable por la mercancía que suministra, y que debe suministrar a cierto nivel de calidad si no quiere ceder el campo a otros vendedores de mercancías del mismo género (species). La continuidad de la relación entre el esclavo y el esclavista es tal que en ella el primero se mantiene sujeto por coerción directa. El trabajador libre, por el contrario, está obligado a mantener él mismo la relación, ya que su existencia y la de los suyos depende de que renueve continuamente la venta de su capacidad de trabajo al capitalista (Marx, 1997a: 68).

De tal manera, no es posible pretenderse capitalista y estar en contra del neoliberalismo, ya que el neoliberalismo no es otra cosa que la realización del capitalismo como sistema. Oponerse al capitalismo como modo de producción dominante sobre la sociedad y el Estado no implica oponerse necesariamente al desarrollo del capital, incluso si es extranjero. El socialismo no es sinónimo de estatización o persecución del capital, incluido el capital extranjero o multinacional, como sucedió en la Unión Soviética dirigida por Lenin a partir de la NEP, admitiendo la concurrencia de capitalistas e incluso de capital foráneo, siempre subordinado a las necesidades del Estado y el pueblo soviético.

Lo que implica el Estado socialista es la ampliación de márgenes de participación comunitarias y democráticas con miras a su extinción futura en una sociedad sin clases y sin Estado (5). Por eso Lenin consideraba el socialismo en esa etapa, como colectivización más electrificación. No puede construirse el socialismo sobre la base del empobrecimiento de los trabajadores en nombre de ideas. Esa desviación es el idealismo y el socialismo utópico. El marxismo es un materialismo. El significado del socialismo es poner fin a la dictadura de la burguesía que se manifiesta en la toma del poder del Estado a partir de resortes claves como la prensa comercial o los poderes judiciales oligárquicos.

Considero un error técnico utilizar el término explotación absoluta o explotación relativa como conceptos para entender el desarrollo de lucha de clases (Pérez Casco, 2022). Es cierto que los conceptos de plusvalía relativa y plusvalía absoluta se encuentran en relación con los conceptos de subsunción real y subsunción formal respectivamente, pero explotación no es un equivalente de plusvalía, por lo que plusvalía absoluta no es equivalente al concepto de explotación absoluta (con opresión) ni el de explotación relativa (sin opresión) al de plusvalía relativa. Menos aún se pueden dividir los conceptos de explotación, dominación y opresión, atribuyendo al primero características económicas, al segundo características políticas y, al tercero una característica social.

Esta división de los conceptos con un criterio latifundista de los campos científicos, parece olvidar que la economía es economía política y viceversa, la política es siempre política económica. No existe explotación sin dominación, como lo demuestra el tratamiento del concepto mismo de subsunción del trabajo en el capital.

En cuanto a la opresión, o es coextensiva de la explotación y dominación capitalista, ya que objetivamente es consecuencia de ella, por lo que no puede hablarse de explotación con o sin opresión, o nos estamos refiriendo a un problema ideológico en el que el tipo de plusvalía obtenida no tiene que ver con el tipo de plusvalía que se extraiga sino con la conciencia de clase que, como bien lo señala Engels en la crítica del programa de Erfurt, es conciencia de la situación de clase.

A su vez, la subsunción formal se forma a partir de la plusvalía absoluta (se produce con las primeras manifestaciones de capital durante las manufacturas, ya en el renacimiento), pero tampoco es su equivalente, ya que la subsunción formal no se refiere directamente a la apropiación de trabajo no pago sino a la aparición del obrero en el régimen del capital como una parte de él, como capital variable y su función de medio de producción (el que específicamente crea valor) junto a los demás medios de producción (los instrumentos y la materia prima). De modo similar ocurre con la subsunción real con relación a la plusvalía relativa.

Lo que denota específicamente el concepto de subsunción del trabajo al capital es el hecho de que en el proceso de producción el trabajador se presenta como componente vivo del capital mismo, pues el capitalista, mediante la compra de la fuerza de trabajo, tiene bajo su dirección todos los componentes personales, materiales y simbólicos (marcas, etc.).

Adam Smith también llamaba al dinero labour commanded, es la posibilidad de ejercer poder de mando sobre los trabajadores a partir del dinero. Para que el dinero pueda cumplir esta función de mando es menester que tanto los medios de producción como los medios de subsistencia puedan presentarse al trabajador como ajenos, de tal modo que él no pueda concurrir al mercado sino vendiendo como mercancía su propia fuerza de trabajo (6).

Esto no significa que no existieran asalariados antes del capitalismo, pero cuando el capitalismo aún no es norma de Estado, el trabajo asalariado de, por ejemplo, los campesinos pobres en la sociedad feudal, es simplemente un modo de asistir a la provisión de medios de subsistencia.

En la medida en que la relación capitalista es una relación que domina la producción y en que, por tanto, el obrero aparece en el mercado constantemente como vendedor y el capitalista constantemente como comprador, el proceso laboral mismo es, tomado en su conjunto, continuo, en lugar de ser interrumpido como cuando el trabajador, en su condición de productor independiente de mercancías, depende de la venta de esas mercancías a tales o cuales clientes. Ello se debe a que él mínimo del capital debe ser suficientemente grande como para ocupar constantemente al obrero mientras se espera la venta de las mercancías (Marx, 1997a:44).

Lo que asegura el capitalismo como sistema de exclusión a los medios de subsistencia es la continuidad de la oferta de los trabajadores que venden o desean vender su fuerza de trabajo y que la subsistencia de quienes están privados de los medios de producción se torne imposible. La condición de existencia del capitalismo es la privación a partes importantes de la población de proveer a sus condiciones materiales de existencia: alimento, cobijo y cultura.

Sin medios de producción a los que aplicar la fuerza de trabajo, esta se consume inútil y, consecuentemente, se ve impedido de adquirir los medios de subsistencia, de perseverar en el ser. Mediante este acto invisibilizado de violencia institucional se constituye el poder de mando que denota la subsunción del trabajo en el capital.

El producto del capital no es ni el dinero, ni la mercancía producida, ni la materia prima. Lo que les imprime a estos desde el comienzo el carácter de capital es, como señala Marx (1997a:35-36):

…el hecho de que este dinero y esta mercancía, estos medios de producción y medios de subsistencia, se enfrentan a la capacidad de trabajo —despojada de toda riqueza objetiva— como poderes autónomos personificados en sus poseedores (…) El adquirente de capacidad de trabajo es meramente la personificación de trabajo objetivado, el cual cede a los obreros una parte de sí mismo bajo la forma de medios de subsistencia a fin de incorporar a su otra parte la capacidad viva de trabajo y, merced a esta incorporación, conservarse íntegramente a sí mismo y crecer por encima de su medida originaria. No es que el obrero compre medios de subsistencia y medios de producción, sino que los medios de subsistencia compran al obrero para incorporarlo a los medios de producción.

El verdadero producto del capital es la plusvalía y en esos términos se entiende la relación íntima entre plusvalía y subsunción del trabajo en el capital. Son dos instrumentos técnicos que en conjunto ponen a la luz los aspectos oscuros o mágicos del origen de la ganancia y el del poder de mando del empleador, que no es la propiedad ni el contrato, sino las condiciones institucionales características del capitalismo que actúan como presupuesto de la existencia misma del capital.

Por tal motivo, para entender adecuadamente las clases y conflictos de clases entiendo fundamental recuperar los conceptos de subsunción real y formal del trabajo en el capital por las siguientes razones:

A – Técnicas: Marx hace uso de las categorías de subsunción formal y real en El Manifiesto Comunista y en el Capítulo VI inédito de El Capital. En este orden de ideas, es preferible la utilización de un concepto claramente diferenciado para poder responder a la pregunta que se enuncia en el título del presente trabajo.

B – Históricas: Las categorías de subsunción real y formal dan cuenta de las formas específicas de la explotación capitalista, que en su ponerse implican ya la constitución del proletariado y la burguesía como clases antagónicas propias del capitalismo. Utilizar conceptos más amplios como el de explotación es característica de cualquier modo de producción en sociedades divididas en clases (del esclavismo clásico a, por ejemplo, el comunismo de guerra, el capitalismo o el socialismo mientras este último no se haya superado como sociedad comunista). La especificidad de la subsunción permite analizar la explotación con las determinaciones propias de la sociedad capitalista. Es interesante señalar que un mismo modo de producción puede adoptar diferentes modos de explotación teniendo en cuenta el rol de la lucha de clases. En el esclavismo romano, por ejemplo, son diferentes las formas de explotación (dominación y opresión) entre el esclavismo de razzia y el esclavismo de crianza e incluso los comportamientos y orientaciones políticas de los sublevados. En la esclavitud de razzia, la respuesta fueron las grandes revueltas; en la esclavitud de crianza, que era caracterizada por la colocación, la respuesta fue la fuga o la asimilación de las relaciones a las que formarían el temprano feudalismo (servis es tanto esclavo como siervo en latín).

C – Materialistas: la subsunción del trabajo en el capital no sólo explica la explotación capitalista sino el modo de constituirse las clases en el capitalismo. El proletario no es el hombre de mameluco azul que está parado al lado de una máquina industrial, ni esta es tampoco una figura prototípica. El análisis de clases marxista no tiene nada en común con la descripción de estratos a los que Weber denomina clases. El proletariado no es un segmento sociológico de la sociedad. El proletariado es el resultado del proceso de subsunción del trabajo vivo en el capital. Por eso, con absoluta claridad, Engels critica el programa de Erfurt señalando que la conciencia de clase es, más concretamente, conciencia de la situación de clase. No hay ninguna sustancia metafísica en ser obrero, ni éste porta en la frente un destino manifiesto.

D – Dialécticas: El capitalismo, el último modo de producción de una sociedad dividida en clases, se caracteriza por transformarse a sí mismo permanentemente. La explotación de la plusvalía absoluta y relativa son constantes en el proceso de extracción de plusvalía capitalista. No existe la plusvalía absoluta o relativa “pura” en cualquier relación de explotación dada. Se dan ambas en distintas proporciones. Son, en consecuencia, categorías analíticas de gran utilidad, entre otras cosas, para contribuir al análisis de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (en la medida que están emparentadas con la proporción entre capital fijo y capital variable). Por el contrario, la utilización del concepto de subsunción formal y subsunción real del trabajo en el capital nos permite entender que las clases o sujetos no son tales por alguna esencia en ellos sino por determinación del sistema. Como señalaran Marx y Engels, en El Manifiesto Comunista, “el capital no es una fuerza personal, es una fuerza social”. En los Grundrisse, Marx indica que el capitalista, en cuanto tal, es sólo función del capital. En este orden de ideas, ser capitalista o ser trabajador no se refiere a ninguna cualidad del sujeto sino a una posición de estructura en la empresa capitalista en una situación histórica dada en la economía-mundo.

De esto surgen variantes e invariantes. Como invariante debe resaltarse que el capitalismo es el modo de producción que subsume el trabajo vivo como integrante del capital. Ello implica que la clase operaria se constituye también como función del capital. Como señala Marx en El Capital, la condición de la explotación capitalista (la subsunción en el capital) es que el trabajador sea libre, tanto en el sentido de despojado de las posibilidades de perseverar en el ser, libre de las condiciones materiales de existencia (la distribución de los medios de producción y la naturaleza en los Grundrisse) como en el sentido de ser soberano para poner en el mercado la única mercancía que posee, la fuerza de trabajo (7). En este sentido, el trabajador, al ser puesto como tal por las condiciones del sistema, implica por un lado que actúa como mercader que trata de poner su producto en las mejores condiciones para su cliente y ve a los otros trabajadores como competidores en la colocación de la mercancía (y de ahí el esquirol, etc.) y por otro como antagonista social del capitalista en la aglutinación de los trabajadores. El nacimiento del sujeto colectivo crea la conciencia de la situación de clase, que a su vez posibilita una mayor extensión y potencia del sujeto colectivo. Queda claro una vez más que no son las ideas de los hombres las que determinan el ser social (como surgiría de la expresión “obrero con conciencia de sí”, usada coloquialmente en algunos círculos marxistas) sino el ser social (la actuación del sujeto colectivo) lo que determina la conciencia. La capacidad de antagonismo de los obreros constituidos en sujeto colectivo fuerza la transformación del capitalismo y de las maneras de producción históricas (verbigracia, el paso del fordismo al toyotismo).

El proletariado y la burguesía son invariantes del sistema capitalista. Uno y otro se constituyen mutuamente en relación dialéctica, del mismo modo que para que existan países dependientes es menester la existencia de países imperialistas. La desaparición de uno de los términos de la relación implica la extinción del imperialismo y del capitalismo y también la extinción correlativa del otro término. Como señala García Linera (2021: 94):

…la burguesía, y luego también el proletariado, que existen en tanto relaciones de lucha, de apropiación, de defensa, de dominio, de resistencia en el campo material que configura las relaciones de producción, reproducción e invención de la vida económica-política-cultural. El concepto de lucha precede al de las clases; más bien, porque hay lucha entre sujetos sociales es que luego hay clases sociales, de ahí que no sea casual que en el manifiesto Marx hable primero de lucha de clases y luego de las clases que se forman a partir de esa lucha.

Las clases se constituyen a partir de la lucha de clases, no son un estrato social al estilo weberiano sino una relación antagonista. Como indica Balibar (1977:52):

La teoría de Marx no reposa sobre la definición de un proletariado ‘puro’ (…) Tampoco reposa sobre un cuadro de clases sociales fijas en los rasgos de una época dada (el siglo XIX, comienzos del siglo XX, etc.). Por la excelente razón de que la teoría marxista no tiene por objeto componer este cuadro, a la manera de cualquier sociología, sino analizar el antagonismo mismo, descubrir las leyes tendenciales de su evolución, de su transformación histórica y en consecuencia explicar la necesidad de esos cambios en la estructura de las clases sociales, incesantemente impuestos por el desarrollo del capital. Hay que recordar a Marx en el Manifiesto: a diferencia de todos los modos de producción anteriores, el capitalismo es ‘revolucionario’ internamente, no cesa de trastornar todas las relaciones sociales, comprendidas las que él mismo crea.

Del mismo modo que el antagonismo que surge de la subsunción del trabajo en el capital es una invariante, no existe una inmutabilidad de las clases sociales. En particular, como se tratará de señalar más adelante, no sólo hay que evitar el fetichismo de la mercancía, es menester evitar el fetichismo de las formas jurídicas, en particular de los conceptos fetichizados de propiedad y salario. Esto, incidentalmente, también discute los discursos sobre el fin del trabajo, de la relación laboral o del proletariado. No sólo existe la historicidad del capitalismo sino que hay historicidad en el capitalismo. En particular, los cambios en la manera de producir provocada por la crisis de finales de los años ’60, logran alterar todas las diferencias propias del modelo fordista de producción, ya sea en el ámbito de la producción (producción en masa de largas series, trabajo en línea, sujeto a un régimen de mandatos y órdenes más o menos rígido, con jerarquías y responsabilidades claramente establecidas, etc.) como en la naturaleza material de lo producido, en que la propiedad sobre las cosas tiende a perder importancia respecto del control sobre las relaciones sociales (redes). Coincido entonces con Carcanholo respecto de los condiciones que provocan el cambio en la apariencia de las relaciones de dependencia, en tanto se pierda el criterio central de la subsunción del trabajo en el capital.

La última crisis estructural del capitalismo estalló al final de los años 60 del siglo pasado. Independientemente de su especificidad histórica, como cualquier crisis del capitalismo, representó una superproducción de capital (superacumulación) y una reducción de la tasa de ganancia, lo que no es más que una consecuencia de la producción en exceso de valor-capital. Como se ha visto, no se trata de un exceso en relación a las necesidades sociales manifiestas en el consumo, sino un exceso en relación a las condiciones objetivas de mantenimiento de la tasa de valorización, o sea, de la tasa de ganancia. Así, la superacumulación de capital en todas sus formas (capital-dinero, capital-productivo y capital-mercancía) y la baja de la tasa de ganancia son dos caras del mismo proceso.

El hecho es que el capitalismo, para reconstruir sus bases para un nuevo proceso de acumulación del capital, debe encontrar (nuevos) espacios de valorización para ese capital acumulado en exceso. Esto significa que las formas que encuentre para la salida de su crisis estructural deben promover nuevos espacios de valorización y/o ampliar los ya existentes. (Carcanholo, 2017:28-29)

Notas:

(1) En los Grundrisse, Marx (1997b:174) señala: “De tal modo la propiedad también es puesta aquí únicamente como apropiación del producto del trabajo a través del trabajo y del producto del trabajo ajeno a través del propio trabajo, en cuanto el producto del trabajo propio es comprado mediante el trabajo ajeno. La propiedad del trabajo ajeno es mediada por el equivalente del propio trabajo. Esta forma de propiedad —así como la libertad y la igualdad— está puesta en esta simple relación. En el desarrollo ulterior del valor de cambio todo esto cambiará y se mostrará finalmente que la propiedad privada del producto del propio trabajo se identifica con la separación de trabajo y propiedad. De este modo el trabajo será = a crear propiedad ajena, y la propiedad, a dominar trabajo ajeno”.

(2) La diferencia central entre las dos funciones es expuesta por Marx del siguiente modo: “En el proceso laboral efectivo el obrero consume los medios de trabajo como vehículo de su trabajo, y el objeto de trabajo como la materia en la cual su trabajo se ofrece a la vista. Precisamente por esto transforma los medios de producción en la forma, adecuada a un fin, del producto. Desde el punto de vista del proceso de valorización, empero, las cosas se presentan diferentemente. No es el obrero quien emplea los medios de producción, son los medios de producción los que emplean al obrero. No es el trabajo vivo el que se realiza en el trabajo material como en su órgano objetivo; es el trabajo material el que se conserva y acrecienta por la succión del trabajo vivo, gracias a lo cual se convierte en un valor que se valoriza, en capital, y funciona como tal. Los medios de producción aparecen ya únicamente como succionadores del mayor cuanto posible de trabajo vivo” (1997a:17).

(3) Potencialmente.

(4) El mercado mundial en Marx no significa solamente la extensión del sistema capitalista a nivel geográfico sino, fundamentalmente, la capacidad de hegemonizar toda otra forma de producción social. Las formas comunitarias de producción necesariamente deben acudir al mercado para relacionarse a través de la compra y venta como sujetos de mercado. A diferencia de otros sistemas de producción, en el capitalismo no existe la opción de producir valores de uso e incidentalmente concurrir al mercado. El capitalismo y el mercado mundial implican que se produzca para intercambiar.

(5) BUJARIN, Nicolai (1989: 41): “El capitalismo de Estado en su, por así decirlo, significado euro occidental y norteamericano, es la omnipotencia de la burguesía llevada a su máximo extremo, cuando la producción está concentrada en el estado burgués. En este caso el propietario y el que dispone de todos los medios de producción es la burguesía encarnada por su Estado”. Como se verá más adelante, lo que importa fundamentalmente no es el título de propiedad sino el control de los medios de producción. Por eso un estado socialista (en vías al comunismo) puede admitir el capital y los mercados. Lo que no admite es el capitalismo, que es el poder de clase de la burguesía en el dominio del Estado.

(6) Por su parte, Eden, citado por Marx (1959a: 520) señalaba: “Nuestra zona reclama trabajo para la satisfacción de las necesidades, por eso una parte de la sociedad, por lo menos, tiene que trabajar incansablemente… Sin embargo, algunos de los que no trabajan disponen de los frutos del trabajo de otros. Esto se lo tienen que agradecer los propietarios a la civilización y al orden, hijos de las instituciones burguesas, pues éstas han sancionado el que se puedan apropiar los frutos del trabajo sin trabajar. Las gentes de posición independiente deben su fortuna casi por entero al trabajo de otros, no a su propio talento, que no se distingue en nada del de los que trabajan; no es la posesión de tierra ni dinero, sino el mando sobre el trabajo («the command of labour») lo que distingue a los ricos de los pobres….»

(7) Marx, (1959a:122) “La segunda condición esencial que ha de darse para que el poseedor de dinero encuentre en el mercado la fuerza de trabajo como una mercancía, es que su poseedor, no pudiendo vender mercancías en que su trabajo se materialice, se vea obligado a vender como una mercancía su propia fuerza de trabajo … Para convertir el dinero en capital, el poseedor del dinero tiene, pues, que encontrarse en el mercado con el obrero libre; libre en un doble sentido, pues de una parte ha de poder disponer libremente de su fuerza de trabajo como de su propia mercancía, y de otra parte, no ha de tener otras mercancías que poner en venta; ha de hallarse, pues, suelto, escotero y libre de todos los objetos necesarios para realizar por cuenta propia su fuerza de trabajo”.

 

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