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jueves, junio 25, 2026
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Nuestro amo juega al esclavo

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Siempre admiré a quienes tienen oído musical. No es mi caso. Si me dan un libro, sé qué hacer y puedo interpretarlo de mil formas. Pero jamás pude comprender la música. Que me parece maravillosa y disfruto, pero sería incapaz de analizarla. Así que, en mi universo, la música se divide en dos categorías: “música que me gusta” y “música que no me gusta”. Por qué cada canción o melodía se acomoda en una u otra estantería es un proceso tan arbitrario y caprichoso que no he podido jamás explicarlo.

Soy por completo incapaz de reconocer una nota musical o reproducirla siquiera. Para aprobar Flauta Dulce en el secundario, tuve que aprenderme de memoria la secuencia de dedos que debía levantar o bajar para que sonara aceptable. Y uso el termino “aceptable” en un exceso de generosidad hacia quien fuese mi profesora de música en primer año y que, sospecho, terminó aprobándome más por piedad hacia mi inutilidad manifiesta que por mérito musical. En tercer año tuve mi crisis académica musical más profunda. Y me lleve Educación Musical a diciembre. El examen que no aprobé consistía en reconocer diferentes melodías, tipo fuga, sonata, etc. Angustiada, le pedí ayuda a amigos mejor dotados de oído que yo. Ellos me explicaron que la profesora usaba dos cassetes para los exámenes. Uno de ellos tenía el canto gregoriano (que sí podía reconocer) en el tercer lugar y otro en el cuarto lugar. De allí que me aprendí de memoria el orden de las melodías a partir de la ubicación del canto gregoriano y logré aprobar la materia.

Esta incapacidad me llevó a enamorarme de sucesivos músicos, por pura admiración. Eso sí, jamás confesé que solo podía disfrutar lo que hacían y ni de casualidad entenderlo. Pero que ellos sí pudieran entenderlo me parecía razón suficiente para enamorarme. El trompetista de jazz era genial en eso, Porque tocaba maravillosamente y disfrutaba hacerlo de una forma que solo podías sumergirte con él en el disfrute. Lo que lloré al jazzista, no lloré a ningún otro hombre en mi vida. Y cada vez que creo que voy a morir de amor (una o dos veces por semana) me acuerdo que sobreviví a eso y, que sin duda, voy a sobrevivir también en esta ocasión. Por el contrario, el pianista clásico era un petulante insoportable que pretendía explicarme lo que a luces vista me interesaba tanto como nada. Largas noches escuchando música clásica mientras él hablaba y hablaba y yo solo miraba de reojo para ver cuánto quedaba de tiempo para que acabara lo que escuchábamos y pasar a cosas más interesantes. Nunca mejoró, y cuando desapareció aprendí que a veces hay que perder para ganar. Mi último gesto de afecto fue donar el piano que dejó en mi casa a un conservatorio público. Que chicos que aman la música pudiesen aprender me pareció un hermoso epilogo de una historia que no fue hermosa en lo absoluto y un nuevo comienzo para mí y para ese bello piano. Uno más justo y más humano. Y también un homenaje a mí siempre querido Vicino: “Nemo me impune lacessit”.

El pobre folclorista… Bueno, bastaría decir que nunca me gustó demasiado el folclore, pero él supo enseñarme la belleza de las letras. Y el cantante de tangos era maravilloso, aunque no podía más de “ojito alegre” y busqué un rumbo menos angustioso.

El que adoré y adoro aún hoy fue el rockero. Pasé muchas horas felices escuchando letras de canciones e interpretándolas. Hacía diversas versiones de las canciones que nos gustaban. Yo jugaba con las palabras y nos reíamos, felices y despreocupados. Destripamos las letras de los Redonditos de Ricota, de Charly, de Pink Floyd, de los Stones. En mi memoria, esos días y esas noches son siempre luminosas y sonrientes. Aun hoy, tantos años después, veo un bajo y sonrío y espero que esté bien y sea feliz, donde sea que esté ese eterno caminante. Se lo merece.

Le debo mi amor eterno por los Redondos y por el Indio Solari. Creo que fue la más igualitaria relación, de entre mis novios musicales. Él entendía la música y yo era feliz con las palabras. Porque, así como soy incapaz de reconocer la diferencia entre un Do y un Si, con las palabras me llevo mejor. Adoro las palabras. Infinitamente.

Amo los libros, las charlas y escribir. Palabras. Hermosas palabras que sanan y redimen. Terribles palabras que duelen, que odian, que mienten. Que lastiman. Palabras largas y complejas, palabras cortas. Palabras necesarias. Poderosas. Y otras tan inútiles. Palabras. No hace mucho un colega me dijo: “Siempre me llamó la atención que ‘esdrújula’ fuese una palabra precisamente esdrújula”. Supe de inmediato que estábamos condenados a ser amigos.

 

 

 

 

 

Tal vez por eso me molesta tanto cuando se bastardean las palabras. Porque más allá de los infinitos matices que pueden adoptar, las palabras dicen cosas. Y desconocerlas es, en mi particular religión, una apostasía poco más que imperdonable.

Tal vez ahí está la raíz profunda de mi fascinación con los temas de Libertad de Expresión. Porque es en definitiva la libertad que protege a las palabras. Y creo sinceramente que hay que protegerlas. Sobre libertad de expresión escribí mi primer escrito jurídico, hace años, todavía en la facultad. Y no sé por qué imagino que estaré escribiendo sobre el mismo tema cuando llegue el acto final. Pero no estoy escribiendo esta nota para un teórico sobre libertad de expresión. Estoy escribiendo esta nota para señalar que la libertad de expresión no fue reconocida para encubrir a nadie, ni nadie puede invocar esa libertad para no cumplir sus obligaciones frente a la ley.

Hace unos días un querido amigo, al que admiro por cientos de motivos, tuvo la idea poco feliz de pedir que en el futuro se hiciese una CONADEP de periodistas, en alusión al fastidio que siente por el nivel de mentiras, agresiones, tergiversaciones y otros etcéteras igualmente nefastos que vierten a diario muchos que son más mercenarios que periodistas y que, más que honrar las palabras, las prostituyen. Salieron a responderle en manada, tachándolo de cosas horribles. Exigiendo explicaciones. Exigiendo hasta castigo. Lo único que no pasó es que ninguno de los indignados del dos al cuarto dijese que Dady Brieva —tal es el nombre de mi amigo— se había equivocado. Nadie señaló que el periodismo no miente. Nadie dijo que los periodistas no operan con objetivos tan inconfesables como evidentes. Nadie dijo que la crítica carecía de fundamentos. Solo cuestionaban la solución propuesta por mi amigo. Que en efecto no es una buena solución. Porque no es solución.

Los mismos periodistas que se ufanan de no dar derecho a réplica. Los mismos que mienten en notas sobre cuentas bancarias que no existen. Los mismos que celebran, impúdicos, ciertas muertes y ciertas enfermedades. Los mismos de siempre y otros que guardan un silencio tan prudente como cobarde y no se animan a decir que lo que está expresando su colega está mal o que no es cierto. Porque de tibios y timoratos también está llena la peregrinación al infierno de los indiferentes.

La CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) fue creada a poco del regreso de la democracia por Raúl Alfonsín, mediante Decreto 187/83. Sus objetivos eran, conforme el artículo 2 °: a) Recibir denuncias y pruebas sobre aquellos hechos y remitirlas inmediatamente a la Justicia si están relacionadas con la presunta comisión de delitos; b) Averiguar el destino o paradero de las personas desaparecidas, como así también toda otra circunstancia relacionada con su localización; c) Determinar la ubicación de niños sustraídos a la tutela de sus padres o guardadores a raíz de acciones emprendidas con el motivo alegado de reprimir al terrorismo, y dar intervención en su caso a los organismos y tribunales de protección de menores; d) Denunciar a la Justicia cualquier intento de ocultamiento, sustracción o destrucción de elementos probatorios relacionados con los hechos que se pretende esclarecer; e) Emitir un informe final. Que los argentinos conocimos como Nunca más.

Verán entonces que la CONADEP era un organismo que se creó para la investigación de las atrocidades cometidas por la dictadura militar en materia de Derechos Humanos. Digo esto para refrescárselo a mucho periodista poco lector, de los que tuvieron orgasmos televisivos hablando de la “CONADEP de la corrupción”. Y si bien hay tratados internacionales que hablan de transparencia y lucha contra la corrupción, también los hay que hablan de la libertad de expresión. Y la ponen en el lugar correcto, como derecho sistémico de todo estado democrático. Es sistémico porque sin libertad de expresión no existe sistema de gobierno que pueda ser calificado como democrático.

Pero la CONADEP solo se creo para saber qué había pasado con las personas, muchas de las cuales continúan aun desaparecidas. Y para saber dónde estaban los bebes, que seguimos buscando. Y qué habían hecho los genocidas, que aun seguimos juzgando.

En materia de libertad de expresión, el Poder Judicial tiene bastante poco que hacer salvo protegerla. Pero sí quiero señalar que el hecho de que los periodistas estén protegidos en su derecho a expresarse no significa, ni podrá significar de modo alguno, que tengan inmunidad ante la ley.

Vamos a un ejemplo simple. ¿Podría un periodista hacer editoriales dando discursos de odio? No, no podría. De hecho, hace un tiempo sancionaron penalmente a un presunto periodista que se caracterizaba por discursos misóginos (odio a las mujeres). Fue imputado por discriminación y violencia de género y luego de acogerse a la probation, debe dedicar 10 minutos de aire a que hablen especialistas en temas de género. Verán que entonces un periodista puede cometer delitos, incluso en su ejercicio como periodista.

No por cualquier causa. Por ejemplo, si un periodista miente y no es demandado por la presunta víctima de esa mentira, no debe responder ni es responsable. Y si es demandado responderá civilmente y además podrá obligarse al periodista y/o al medio a difundir la sentencia condenatoria.

Pero en nuestro país, no existe –y celebro que sea así— la prisión por causas derivadas del ejercicio de la libertad de expresión.

¿Pero qué pasa cuando un periodista comete un delito de otra naturaleza, amparándose en su función de periodista? Tal es la acusación que pesa sobre Daniel Santoro. Jefe de judiciales del diario Clarín, ha sido imputado por formar parte de una banda dedicada a llevar adelante tareas de inteligencia por completo ilegales. ¿Acaso su rol de periodista reconocido lo exime de brindar las explicaciones que le exige el Poder Judicial? ¿O de las responsabilidades penales por las conductas que le son imputadas?

Hace unos días el periodista Jose Crettaz publicó una interesante nota en el diario La Nación en la cual, con bastante torpeza, intentó plantear ante la opinión publica que el llamado a indagatoria de un reconocido periodista era un ataque a la libertad de expresión. Y eso —hay que decirlo— es falso, además de estúpido.

Daniel Santoro esta acusado de obtener información de esta banda de espías ilegales. Pero además hay que señalar que, para obtener la información, la banda torturaba psicológicamente a la víctima. Hasta que esta víctima se “quebraba”. En mensajes de chat que intercambiaba Santoro con uno de los integrantes de la banda, este lo invitó a almorzar con la víctima a los fines de participar en el operativo de “ablande” y de paso obtener un suculento titular para el diario Clarín. Santoro no solo almorzó con la víctima, que se encontraba allí bajo coacción, sino que filmó la entrevista y luego publicó la nota.

Verán entonces que, en este caso, no se trata del ejercicio de la libertad de expresión, sino de complicidad con una maniobra coactiva. Y esa conducta no merece resguardo legal alguno.

También se le imputa a Daniel Santoro haber utilizado su rol de periodista para presentar a miembros de esta banda a relevantes funcionarios públicos e incluso a otros periodistas. Es hasta patético que quien se considera a sí mismo uno de los mejores periodistas de investigación haya presentado a Marcelo D’Alessio como agente de la DEA o de la CIA sin siquiera chequear esa información, que le dio a otros como el fiscal Carlos Stornelli.

También se lo acusa de haber formado parte de las maniobras extorsivas. Desde su específica función de periodista, hablando y escribiendo sobre causas que involucraban a otras víctimas de la banda extorsiva. Con un detalle: las víctimas eran puestas sobre aviso de que esa noche o ese día Santoro hablaría de ellas. Con la lógica repercusión pública que tendría Daniel Santoro, dado el reconocimiento del que gozaba, lo cual hacia aún más intolerable la presión sobre la víctima de la extorsión.

Más aun: la banda de espías ilegales también se dedicaba a “fabricar” causas y testigos para los sectores mas infames del Poder Judicial argentino. Para ello usaba los servicios de Santoro, que llegó a publicar un libro que supuestamente era una investigación periodística sobre la corrupción y cuya fuente era uno de los miembros de la banda de extorsionadores. Que además contaba con la publicación de dicho libro para “crear” una causa. En la cual, por cierto, uno de los extorsionadores llegó a declarar.

Pero la mas vergonzante de las acusaciones que pesan sobre Santoro es la de haber espiado a sus propios compañeros de trabajo, también periodistas. En la casa de uno de los extorsionadores se encontraron informes de inteligencia sobre Alejandro Fantino y Romina Manguel, con información absolutamente personal y privada. La fuente de dicha información era Daniel Santoro, compañero de trabajo de ambos.

Ningunas de las conductas que se le imputan a Daniel Santoro están protegidas por la libertad de expresión. Ninguna.

Tampoco está protegida por la libertad de expresión la torpeza, que es hasta ahora la única defensa que ha esgrimido Santoro y quienes aun hoy lo respaldan. Y la brutal paradoja de los defensores de Santoro plantea que fue víctima de un engaño por parte de la banda de extorsionadores, para acto seguido señalar que no merece reproche penal porque es un enorme, acaso el mejor periodista de investigación.

La libertad de expresión protege a la palabra y a quienes la emiten. Pero no protege de los delitos que cualquiera puede cometer usando dichas palabras. La libertad de expresión protege las palabras y no los discursos de odio, que también están llenos de palabras. Palabras que dejan secuelas y cicatrices a lo largo de los años. Las palabras como un bisturí, pueden sanar o curar. También puede herir o matar. Pero las palabras no son culpables. Culpable es quien empuña las palabras como un arma. O un instrumento de tortura. Las palabras como violencia….Como dice el Indio: violencia es mentir.

Y mentir, afirmo de modo categórico, no es periodismo.

fuente:https://www.elcohetealaluna.com/nuestro-amo-juega-al-esclavo/

Por qué no sube el dólar: la revolución de la alegría en las mesas de dinero

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La economía real, acercándose la primera mitad del año, presenta signos de derrumbe. La variación del PBI en el primer trimestre respecto del mismo período del año pasado refleja una caída del 5,8%, cifra que abruma por la proximidad a la verificada en el colapso del 2002, que fue de un 8%. En esta línea, ha retornado el desempleo a niveles de dos dígitos, ubicándose en el 10,1%, lo cual no ocurría desde hacía trece años.El cierre diario de empresas, los despidos generalizados y la baja del consumo no se detienen con el alegre retorno a tasas de ganancia siderales de la bicicleta financiera o «carry trade» a partir del mes de mayo. El gobierno está dispuesto a pagar cualquier precio, en términos de especulación financiera, con tal de mantener el valor del dólar estable hasta las elecciones primarias. Las consecuencias se ven no sólo el desplome descripto de la economía real, sino también una expansión del déficit cuasi fiscal del Banco Central, cuya resolución a futuro será muy problemática.

Las autoridades económicas rompieron las bandas de no intervención acordadas con el FMI y, durante el mes de mayo, comenzaron a vender dólares de forma irrestricta en el mercado de cambios. Este fue el puntapié inicial para el retorno del arbitraje entre la tasa de interés y la tasa de devaluación, con notables ganancias para la primera en mayo y cerrando junio. El cuadro que sigue muestra este efecto:

Fecha Dólar Mayorista ($) Variación intermensual (%) Tasa de interés BADLAR- B. PrivadosNominal Mensual (%) Renta Financiera Mensual en Dólares (%)
Promedio Abril 45,63 10,32* 3,99 -6,74
Promedio Mayo 44,93 -1,53 4,31 5,93
Al 25 de Junio 42,31 -5,83% 3,97 10,03%

Como se puede apreciar, en el mes de abril, con un BCRA acotado para vender divisas en el mercado por la vigencia de las bandas de no intervención, la tasa de devaluación respecto de marzo fue del 10,32% y la tasa de interés promedio para los bancos privados no alcanzó el 4%. Con lo cual, la pérdida mensual en dólares del capital depositado a plazo fijo en pesos fue del -6,74% durante el mes de abril.

Esa situación se revierte en mayo, cuando el ente rector comienza a vender reservas internacionales y a asegurar la estabilidad del tipo de cambio. La tasa de devaluación se vuelve negativa (-1,53%) y la tasa de interés promedio en los bancos privados asciende al 4,31%. Esto se traduce en una ganancia en dólares para cualquier inversor en depósitos a plazo fijo en pesos del 5,9% durante el mes de mayo.

El BCRA convalidó una ganancia en dólares del 16,5% en solo dos meses

Esta situación se agudiza con el correr de junio, donde la tasa de devaluación es negativa en -5,83% y la tasa de interés en los bancos privados del 3,97%. La ganancia mensual en dólares por la bicicleta financiera en lo que va de junio alcanza al 10,03%.

El triunfo de la especulación financiera a partir de la ruptura del sistema de bandas de no intervención ha llevado a que el Banco Central convalide, en casi un bimestre, una ganancia en dólares del 16,5%. La euforia en las mesas de dinero es indescriptible.

Además de los datos negativos de la economía, real es necesario ver el costo de esta política en términos de pérdida de reservas internacionales del Banco Central. El cuadro que sigue muestra la evolución de los depósitos a plazo fijo del sector privado y las reservas internacionales del ente rector.

Fecha Depósitos a Plazo Fijo Sector Privado(en millones de $) Variación Intermensual (%) Reservas Internacionales B.C.R.A (en millones de U$S) Variación Intermensual (%)
Promedio Abril 1.132.554 1,58* 72.446 6,52(*)
Promedio Mayo 1.148.602 1,42 67.411 -6,95
Al 25 de Junio 1.186.501** 3,30% 64.296 -4,62%

El último desembolso del FMI, por U$S 10.885 millones, explica el incremento de las reservas en abril por un 6,52%. Sin embargo, el retorno de la bicicleta financiera, con los beneficios extraordinarios comentados, provoca que en mayo las reservas desciendan -6.95% y, al 25 de junio, acumulen una baja del -4,62% respecto del mes anterior. El despilfarro de dólares para convalidar esa renta financiera fue de más de U$S 8.150 millones al cierre de junio contra el promedio del mes de abril. El último dato relevante que refleja el cuadro anterior es que los depósitos a plazo fijo del sector privado evolucionan por debajo del crecimiento vegetativo que supone el devengamiento de la tasa de interés con que están remunerados.

En tanto la tasa de interés promedio desde abril hasta el 25 de junio acumuló un 12,78%, el saldo de depósitos a plazo fijo del sector privado en ese lapso sólo creció un 9,33%. Esto indica que, a pesar de la fuerte ganancia en dólares de los meses de mayo y junio, los inversores siguen teniendo desconfianza respecto de la continuidad del actual esquema. Sólo en junio, con una tentadora ganancia de más del 10% en dólares, los depósitos a plazo fijo del sector privado mostraron una aceleración en su tasa de crecimiento del 3,3%.

La conclusión que se puede extraer de estos farragosos números es que la política económica del gobierno apenas favorece a un puñado de aventureros financieros atraído por una enorme tasa de rentabilidad mensual en dólares sostenida por el Estado argentino. Los riesgos de una política cortoplacista e insostenible como la actual son enormes. Genera desconfianza incluso en los agentes económicos beneficiarios de las mismas. Lo sorprendente es que el FMI, solventador del actual diseño a través de sus desembolsos rifados en el mercado, no haga mención al respecto.

https://www.eldestapeweb.com/nota/por-que-no-sube-el-dolar-la-revolucion-de-la-alegria-en-las-mesas-de-dinero-201962822380

La señora vendada además es ciega

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Como buena neurótica, vivo llena de miedos. Algunos más reales y otros por completo imaginarios. Me da miedo la muerte, muchísimo miedo, pero no dejo de fumar. Me da miedo la muerte y también me da miedo ir al médico y que me diga que estoy gravemente enferma. Me dan miedo las enfermedades más o menos imaginarias que día por medio creo haber contraído o estar en riesgo de contraer. Un ejemplo de mis fobias neuróticas es ir a la guardia de la clínica privada que cubre mi prepaga a ponerme la vacuna contra la Gripe A y salir despavorida por miedo a contagiarme de alguna otra peste. Sin vacunarme. Y estar ahora asustada frente a la posibilidad de haber contraído una enfermedad en esa guardia y también la preocupación previamente existente respecto a no haberme vacunado, ahora que ya llegó el frio.

Le tengo miedo al fin del mundo. El domingo del apagón me imaginé como una de las últimas sobrevivientes de un gran accidente nuclear. Tenía cigarrillos y algo de comida en la alacena, así que decidí que podía seguir leyendo unas horas. Bajaría luego de mi segura guarida en un piso 15 cuando flaquease la batería del Kindle. Recordé que a la vuelta de casa está el Hospital Fernández, que tiene generador. Pensé que allí podría recargarlo.

Me aterra nivel llorar de solo pensar en la muerte de la gente que quiero. E incluyo en la categoría “gente que quiero” también a Morganita y al Lobito loco. Que sean peluditos y no tengan DNI no los hace menos humanos para mí. Ambos dicen “guau” cuando les leo este párrafo en particular, en clarísima señal de que están de acuerdo.

Le tengo miedo al desamor, porque creo que no me gustaría tanto andar por este barrio que llamamos vida si no pudiese reflejarme en ojos que te miran con ternura. Y no es que necesite que otro me diga quién soy, pero señalo: los ojos que miran con ternura me devuelven un reflejo mucho más amable de mí misma. Más llevadero en lo cotidiano que el molesto reflejo de ceniceros odiosamente llenos y papeles desparramados.

Pero hay otras cosas de la realidad que no me dan miedo. Lo que me dan es bronca. Bronca de puños apretados. Bronca de memoria larga y olvido esquivo. Bronca porque están mal. Una de esas cosas que me enojan es lo que veo cotidianamente en el Poder Judicial Argentino.

 

 

 

Me enoja nivel ganas de llorar la ausencia de Héctor Timerman. Es una bronca salada, amarga y espesa, saber que podría haber hecho un tratamiento para evitar su muerte y este Poder Judicial, con una crueldad que no dudo de tachar como inhumana, se lo impidió. Me enoja la acusación injusta, la infamia a la que sometieron a alguien a quien yo quería y, ante todo, era inocente. Me enoja el recuerdo de sus gritos de dolor aquel verano. Y me enoja mucho la sinrazón de Bonadío, la crueldad de no dejar que Héctor declarara cuando aún podía hacerlo, sin someterlo a un suplicio que terminó con mi amigo internado y diciéndome por teléfono que, si se moría, no olvidara su causa ni su nombre. Me enoja acordarme de su última declaración, ya con otro tribunal, con Héctor luchando por respirar y mi certeza respecto de que luego de declarar iba a considerar cumplida su misión y se iba a morir. Me enoja hasta el insulto el testigo que no llamaron y que hubiese puesto luz y verdad sobre aquello que nadie quería esclarecer porque el Poder Judicial y ciertos medios privilegiaron la construcción de un relato mentiroso y sórdido. Lo único luminoso que recuerdo de esos días son aquellos que iban a visitar a Héctor: Agustín Rossi, Axel Kicillof, Horacio Verbitsky, Stella Calloni, Eduardo Valdez, Horacio Lutzky y otros tantos que no me caben en los límites de nota. Perdón.

Pero lo que me enoja en grado extremo es la certeza de que aun hoy podría pasar lo mismo y que de nuevo no tendríamos herramientas para defenderlo o para evitar la maquinaria infernal que ya sesgó una vida y que hoy podría hacerlo nuevamente, frente a la mirada a veces indiferente, a veces cómplice, de una buena parte de la estructura del Poder Judicial.

Cuando conocimos el engorroso tramite de autorización para que Florencia Kirchner pudiese hacer su tratamiento médico, me pareció estar frente a esa maquinaria infernal otra vez. Buscando cebarse con otra víctima. Esta vez una mujer joven y enferma. También víctima de una persecución sin pruebas. También presa de un relato sórdido y mentiroso.

Me da bronca lo que viví en el juicio de Amado Boudou, cuando quien presidía ese tribunal estaba negociando al mismo tiempo su traslado a la Cámara de Apelaciones. La desvergüenza de estar negociando con el gobierno sus intereses personales, entregando como prenda de cambio la cabeza de Boudou. Porque era lo que quería el gobierno, que lo pedía obscenamente desde la portada de los diarios. Me da bronca el juicio oral como parodia de la Justicia que no es Justicia sino otra vez, un relato sórdido y mentiroso.

Y me da bronca lo que me sucedió hace unas semanas, cuando era entrevistada por un periodista y uno de sus colegas, Sergio Farella, informó que la apelación de esa sentencia ya estaba resuelta y yo le señalé que nosotros, sus abogados, aun no habíamos presentado el último de los escritos requeridos. Parodia de juicio y de apelación, donde el derecho a defensa se torna ilusorio. Donde el juicio no es juicio, porque el resultado está escrito de antemano.

Me da bronca que solo amonesten a Gemignani, miembro de la Cámara de Casación Penal Federal, por los temas vinculados al maltrato de mujeres. Que es gravísimo. Ya he escrito sobre el señor machirulo. Pero el machirulo, además de machirulo es un pésimo juez que escribió esto: “Como se advierte se contraponen una presunción la de inocencia —y una certeza— la de culpabilidad. Y obviamente, tanto desde el punto de vista lógico como axiológico, la certeza ha de imponerse a la presunción”.

Tengo que decirlo, la ley argentina es bastante clara al respecto. El código procesal penal —tanto el antiguo como el nuevo— lo dice clarito: “Principio de inocencia. Nadie puede ser considerado ni tratado como culpable hasta tanto una sentencia firme, dictada en base a pruebas legítimamente obtenidas, desvirtúe el estado jurídico de inocencia del que goza toda persona”.

El maestro de todos nosotros, el enorme Julio Maier, escribió: «La ley fundamental impide que se trate como si fuera culpable a la persona a quien se le atribuye un hecho punible, cualquiera que sea el grado de verosimilitud de la imputación, hasta tanto el Estado, por intermedio de los órganos judiciales establecidos para exteriorizar su voluntad en esta materia, no pronuncie la sentencia penal firme que declare su culpabilidad y la someta a una pena». Y agrega: “De allí que se afirme que el imputado es inocente durante la sustanciación del proceso o que los habitantes de la Nación gozan de un estado de inocencia mientras no sean declarados culpables por sentencia firme, aun cuando respecto a ellos se haya abierto una causa penal y cualquiera que sea el proceso de esa causa” [1].

En este caso NO había sentencia firme, dado que la causa estaba en proceso de apelación. Pero a Amado Boudou lo trataron como culpable, cuando la ley ordena tratarlo como inocente. Y son tan desvergonzados que incluso se animaron a escribir su conducta ilegal. Violaron la ley y a nadie le importó. Y varios festejaron la ilegalidad llamándola justicia, cuando no lo era ni lo es, aún hoy. Eso me enoja.

Me dan bronca los presos sin sentencia. Esas pobres humanidades arrojadas a una celda sin motivos valederos. Me dan bronca las cárceles usadas como herramienta de castigos irracionales.

Me da bronca un fiscal que hace meses permanece rebelde. Bronca de la vergonzosa y vergonzante cobertura política, mediática y judicial que protege a Carlos Stornelli. Porque Stornelli no ha ido a declarar usando excusas ridículas, que pocos le discuten. Muchos, al ser preguntados, fingen demencia. Las pruebas se acumulan en contra de Stornelli y mientras tanto, muchas personalidades de los medios y de la política miran para otro lado y Stornelli tergiversa la presunción de inocencia con cinismo.

Hace unos días leí una nota que se publicó en el New York Times y que increíblemente levantó Clarín respecto del juez Moro de Brasil [2], aquel que condenó a Lula argumentando su íntima convicción. Una íntima convicción que, a la luz de lo surgido por una investigación periodística, parece haber sido la de que había que encarcelar a Lula sólo para evitar que el Partido de los Trabajadores volviese a ganar las elecciones. En esa investigación se reveló el “intercambio de mensajes entre el ex juez Sergio Moro y el fiscal del Ministerio Público Deltan Dallagnol. Dichas conversaciones probarían que Moro, actual ministro de Justicia de Brasil, colaboró con el grupo de trabajo de la operación Lava Jato con el objetivo de enviar a prisión al ex Presidente Lula Da Silva y asegurarse de que el socialista no volviera al poder” [3].

El periodista que reveló esta investigación, Glenn Greenwald, dijo: “El juez tiene mucho poder, y con ese poder vienen muchas responsabilidades y muchas reglas éticas. Poder condenar a alguien y encarcelarlo es un poder enorme. Y Moro no rompió una regla una vez, sino que ha demostrado que a él no le importan ni un poco esas reglas. Creyó que estaba totalmente por encima de la ley y de las reglas, y es imposible tener a alguien como juez o como ministro de Justicia con esa mentalidad”.

Stornelli, junto con Bonadio, quería ser el “juez Moro” argentino. Ambos lo han conseguido, sin lugar a dudas. Solo que consiguieron ser la peor y más espantosa —y paradójicamente— la más real versión de Moro posible.

Hicieron un escandaloso forum shopping para quedarse con lo que los periodistas llamaron “la causa del siglo” contra la corrupción en la Argentina. Y que nosotros conocimos como la causa Cuadernos, aun cuando se trataba de fotocopias. Y que consistió en un sistema de investigación basado en lisa y llanamente en la extorsión y la ausencia de pruebas.

Así lo describió un cercano colaborador de Stornelli, el periodista Diego Cabot, quien además de aportar las fotocopias de los cuadernos siguió el proceso con atención, y describió el 8 de agosto de 2018 [4] cómo se investigaba. “Acá no sale nadie”, dijo Stomelli al abogado de De Goycoechea, Javier Landaburu. Mientras, el empresario estaba en el juzgado de Bonadío a la espera de ser indagado. En pocos minutos, Landaburu le trazó el panorama que venía: «No salís. Las opciones son dos: o te quedás a pelear el proceso detenido o subimos y hablamos con el fiscal. En todo caso, lo escuchamos», dijo.

El fantasma de Lázaro Báez, que está detenido en una cárcel común desde hace más de dos años, sobrevoló la conversación. «Si te dan a elegir entre quedarte preso o irte a tu casa, ¿vos qué elegirías?», desafió el abogado.

Esa causa sin pruebas acaba de ser elevada parcialmente a juicio, porque –hay que decirlo— esta abogada está convencida de que todo el diseño de la causa Cuadernos estaba y está destinado a intentar influenciar al electorado argentino. Pero en este punto ni Bonadío ni Stornelli lograron realmente emular al juez Moro, que se atrevió incluso con la empresa insignia de Brasil, Odebrecht. Acá nuestros Moros autóctonos sacaron de la causa Cuadernos a la poderosísima Techint. En una carilla.

La nota del New York Times opina sobre la situación de Moro a raíz de las revelaciones periodísticas: “En una democracia plena, Moro debería renunciar a su actual cargo de ministro de Justicia o por lo menos apartarse hasta que se concluya una investigación sobre su actuación como juez. Solo así podría salvar el legado de Lava Jato. Pero todo parece indicar que la democracia brasileña está enferma y que Moro no piensa hacerse a un lado. De hecho, ha declarado que en el contenido de las conversaciones no ve ‘ninguna anormalidad’. Si hay una convicción en el nuevo gobierno de Brasil es que la corrupción es el mal mayor de la política, pero sólo cuando es de otros».

«Que Moro haya ampliado los límites de la ley para avanzar con su investigación no es novedad. Pero hasta ahora sus excesos habían sido perdonados en nombre del combate a la corrupción. Como líder de la operación que inició en 2014, decretó numerosas prisiones preventivas, autorizó la dudosa conducción coercitiva de Lula, hizo públicas delaciones antes de que pudieran ser comprobadas y divulgó conversaciones privadas con la justificación de que eran de interés público”.

Mientras tanto, acá en la Argentina Stornelli sigue sin concurrir a la convocatoria que le ha hecho el Poder Judicial para que explique por qué aparece involucrado en múltiples maniobras de inteligencia ilegal. Que van desde el armado de causas judiciales hasta hacer espiar y pretender plantarle droga al ex marido de su actual mujer. Ningún juez se anima a apartarlo de la causa, y su permanencia es una vergüenza que sostiene el Poder Judicial en su conjunto. Incluyendo el rechazo de recusación que le hizo un abogado, al que Storenlli planeaba hacerle una cámara oculta. Sépanlo. Porque eso pasa, hoy mismo está pasando.

Dijo Glenn Greenwald: “La gran prensa no ha informado sobre la operación Lava Jato, sino que estaba trabajando para Lava Jato. …Se han dedicado a publicar lo que el grupo de trabajo de la operación Lava Jato quería que ellos publicaran”. Y agregó: “Cuando la gran prensa transforma a Moro y al grupo de trabajo de la operación Lava Jato en dioses o superhéroes, lo ocurrido es inevitable. Los periodistas dejaron de investigar y cuestionar la operación y simplemente se quedaron aplaudiendo, apoyando y ayudando”.

En la Argentina la prensa ha ido quizás un poco más lejos. Una buena parte de la prensa no solo aplaude, apoya y ayuda a Stornelli, sino que además se dedica a encubrir a Stornelli. Para ello recurre a escuchas ilegales. Que filtró el propio Poder Judicial con ayuda de la Agencia de Inteligencia. Escuchas que son transmitidas con toda displicencia por ciertos canales de TV. En defensa del fiscal de Cuadernos, como si ser fiscal le diese permiso de violar la ley.

Tan escandaloso es todo, que hasta el paquidermo carísimo y algo inútil que tenemos por Corte Suprema tuvo que salir a decir, con una tibieza que podría confundirse con frio extremo, que la utilización de esas escuchas ilegales no está bien. Que la difusión de las conversaciones privadas de los abogados con sus defendidos es mala y que a quienes hacen esas difusiones “chas chas en la colita” o algo así de intrascendente. Cuando leí la acordada de la Corte Suprema sobre las escuchas, pensé honestamente en llevarles una frazadita. Podrían morir de hipotermia, mis queridísimos ministros.

Verán que me enojo. Verán que puedo fundar las razones de mi enojo. Y verán que como soy abogada, el Poder Judicial me importa y mucho. Simplemente no puedo permanecer indiferente, porque este Poder Judicial cobra en vidas y libertades su profunda y estructural corrupción. Asumo que no es todo el Poder Judicial, pero sí buena parte de él. Debería hacer una nota sobre las hermosas excepciones que hay y que existen. Me asusta señalarlos y que los persigan por ello. Y no es un miedo neurótico.

Voy a decir esto porque lo pienso. Puteé mucho al Poder Judicial en la época de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner. Porque estaban ahí los Oyarbide y los Bonadío y los jueces designados por consejo de la SIDE. Y los fiscales que no hacían mucho más que disfrutar de sus privilegios que son tan estúpidos que avergüenzan. Me salvaba de la más absoluta pérdida de confianza en algo en lo que creo tanto como el Poder Judicial, lo que los sectores mas sanos hacían en materia de de Derechos Humanos y juicio a los delitos de Lesa Humanidad. Me habría ido de manos con funcionarios del gobierno al que yo también pertenecí y que decían saber de Justicia y eran unos literales, metafóricos y absolutos paparulos. Recuperé un poco la esperanza cuando se designó a Gils Carbó como procuradora. Rescato que, durante su gestión, una de las mejores fiscales de este país, Cristina Caamaño, se encargó de que no se filtrara ni una sola escucha. Y odié los proyectos de reforma judicial que no apuntaban a lo importante, aun cuando mejoraban costaditos discretos de lo que esta mal. Salvo la Ley de Cautelares, que no mejoraba nada y empeoraba todo. Escrita por personas que en su puta vida habían sido oposición. Y que no conocían ni de casualidad lo que es litigar causas justas contra el poder.

Cuando llegó el macrismo al gobierno, mis puteadas se transformaron en un aullido. Donde aun hoy se me mezclan la bronca de tanta injusticia y el dolor de la muerte de Héctor Timerman. Tributo horroroso y sangriento que la Injusticia exigió y que el Poder Judicial depositó sin reparo alguno. Y sin piedad. Aun hoy recuerdo mi estupor frente al intento de nombrar a jueces de la Corte Suprema por decreto. Y eso fue solo el principio del espanto continuo que ha sido este gobierno en materia de política judicial. Los jueces trasladados como si el Consejo de la Magistratura fuese una empresa de mudanzas de sus señorías. El manoseo imperdonable de la causa del encubrimiento del atentado a la AMIA, donde el Presidente Macri y el ministro de Justicia y su séquito quedaron señalados por sus propios funcionarios como autores de un nuevo encubrimiento. Los pocos jueces dignos que se animaban a ejercer de jueces, apretados y perseguidos por el gobierno nacional, incluso desde la tapa de los diarios. Los servicios de inteligencia desatados y operando a plena luz del día. La desmesura. La obscenidad. La Injusticia en todas su formas y modos posibles. Los pibes baleados. Las muertes justificadas. Los asesinos visitando los despachos oficiales. El dolor.

Al gobierno que viene después de este le pido solo una cosa: justicia. Es necesario que exista un Poder Judicial capaz de dar amparo. Que obedezca las leyes. Que sea orgullo y no vergüenza. Con plenas garantías. Respetuoso de esas garantías. Un poder judicial que pueda ser justo.

Se los pido en homenaje a cada uno de los pibes muertos por balas de las fuerzas de seguridad. Por los que murieron quemados en una comisaría. Por la memoria de Héctor Timerman y de su familia. Y se los pido también por los muertos de la AMIA y de la Embajada de Israel después de tantos años, esos muertos que son nuestros muertos también. Sus familias y la sociedad entera merecemos Justicia.

Y por el futuro. Que necesariamente tenemos que hacer más bello, más digno y más justo.

 

 

 

 

 

[1] “Maier, Julio B. J. “Derecho Procesal Penal. II. Parte general. Sujetos procesales”, 1° ed., 1°reimpr., Editores del Puerto, Buenos Aires, 2004, pág. 490

[2] https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/sergio-moro-deberia-renunciar-separarse-ministerio-justicia_0_Hk2TAmD8u.html

[3] https://www.perfil.com/noticias/internacional/glenn-greenwald-el-juez-que-ordeno-prision-para-lula-creia-que-estaba-por-encima-de-la-ley.phtml

[4] https://www.lanacion.com.ar/politica/como-fue-la-negociacion-secreta-para-lograr-los-primeros-arrepentidos-nid2160301

fuente:https://www.elcohetealaluna.com/la-senora-vendada-ademas-es-ciega/

El plan del Gobierno para 2020: ¿Hacia una reforma estructural de la mano del FMI?

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Esta semana se ha cumplido un año del acuerdo original con el FMI. Desde entonces, el mismo ha sufrido numerosas modificaciones y ha generado una deuda con el organismo de U$S 38.000 millones. El monto total del acuerdo se aproxima a los U$S 57.000 millones, a completar en el primer trimestre del año 2020.

La magnitud de dinero recibido hasta ahora no se ha utilizado para estabilizar las variables económicas desmadradas ni tampoco para afianzar un horizonte certero de cumplimiento de los vencimientos de la deuda pública con el sector privado. En efecto, una proyección de inflación para el año 2019 del 55%, una tasa de interés de referencia para la política monetaria que flota en el 70% , una pérdida diaria de reservas internacionales que esfuma los desembolsos del organismo multilateral, combinados con una economía que acumula cuatro trimestres consecutivos de caída, una tasa de desempleo que se ubica en el 10,1% y un riesgo país que se mantiene por arriba de los 800 puntos básicos, evidencian que el apoyo recibido por el gobierno desde el exterior es infructuoso a los fines por los que fue pactado. Pone de relieve, a su vez, que el objetivo principal era impedir una corrida cambiaria y bancaria que liquidara al gobierno de Cambiemos.

Se ha vuelto un lugar común afirmar que el FMI es el principal aportante de la campaña electoral de Cambiemos en procura de su reelección. Los hechos descriptos son sumamente graves desde el punto de vista institucional: se endeuda masivamente al país y a sus habitantes sin otro horizonte más que convalidar la realización de inéditas ganancias financieras, arbitrando entre una tasa de interés desmesuradamente alta y un tipo de cambio estabilizado a fuerza de vender volúmenes enormes de reservas internacionales diariamente.

El aspecto más grave de este comportamiento es el horizonte futuro para la Argentina. De completarse la totalidad de los ingresos pactados hasta el año 2020, el grueso de los vencimientos para devolver la asistencia recibida se concentra en el trienio 2021-2023. El esfuerzo para reintegrar casi U$S 57.000 millones en tres años es enorme y virtualmente imposible de realizar.  Frente a este escenario, el año 2020 se abre como una ventana de transición para encarar negociaciones que permitan afrontar los siguientes, dado que es un año en el que prácticamente no hay desembolsos ni vencimientos.

En este escenario, el FMI intentará reestructurar la deuda del Acuerdo Stand-By vigente reemplazándola por la línea denominada Servicio Ampliado del FMI (SAF). El propio organismo refiere a dicha asistencia en los siguientes términos:

«Cuando un país se enfrenta a graves problemas de balanza de pagos a mediano plazo debido a deficiencias estructurales que tardarán tiempo en resolverse, el FMI puede brindar asistencia en el proceso de ajuste en el marco del Servicio Ampliado del FMI (SAF). En comparación con la asistencia proporcionada en el marco de un Acuerdo Stand-By, la asistencia en el marco de un acuerdo ampliado se caracteriza por la participación en un programa a más largo plazo —para ayudar a los países a implementar reformas estructurales a mediano plazo— y un período de rembolso más largo»

El texto previo plantea, sin dudas, reconvertir los «aportes de campaña a Cambiemos» en un crédito condicionado a una reforma estructural del país que garantice el libre funcionamiento de los mercados para asignar recursos en la economía. Este programa inicialmente tendrá tres aspectos:

– Reforma previsional con el objeto de reducir el alcance de la cobertura y el monto del haber jubilatorio.

       – Reforma laboral destinada a precarizar las relaciones de trabajo en términos de estabilidad y salario.

       – Reforma tributaria orientada a distribuir la carga impositiva entre un número más amplio de ciudadanos, con independencia de su capacidad contributiva.

Estos tres puntos configuran el arranque de una reforma destinada a disminuir la capacidad regulatoria del Estado en favor del conjunto del pueblo, y así ampliar escenarios de negocios cautivos como los coseguros de salud, los seguros por accidentes de trabajo y los sistemas de ahorro y capitalización individual para la vejez. Además, se intentará consolidar el deterioro del consumo interno de alimentos y energía para consagrarlos definitivamente como bienes exportables, comercializables a precio internacional, y abandonar definitivamente la idea de que su acceso es un derecho esencial para la calidad de vida de la población.

El organismo multilateral, apenas asumido el nuevo gobierno, pondrá sobre la mesa su agenda de reformas. Concretarlas sería el premio mayor que Christine Lagarde podría exhibir ante sus mandantes de los países desarrollados, y significaría romper el péndulo entre avances populares y retrocesos conservadores en la Argentina.

Frente a este desafío, es evidente que los esfuerzos para construir un amplio frente político y social están justificados. Recuperar un sendero de crecimiento económico e inclusión social requiere de consensos amplios y de energía militante.

ECONOMÍA FINANCIERIZADA: Una vez que extraen el valor no les importa lo que ocurra

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La necesidad que las empresas salieran a conquistar el mercado global se debió a la aparición de la financierización y globalización de la economía, en la década de los 80. Para ello la grandes empresas necesitaban  de  un entendimiento que carecían y que respondía a un  conocimiento específico  del mercado al cual expandirse . Se empieza a gestar una nueva modalidad de empresa  dedicada exclusivamente al asesoramiento.  Esta mercalitilización del  know how la autora las llamó economías intermedias. Este nuevo/viejo  sector utiliza las matemáticas algorítmas para establecer las inversiones más deseables. Programas que funcionan 24 hs, con el fin de asesoramiento en inversiones especulativas.
Por esta actividad obtienen ganancias exorbitantes y se han convertido en el gran abusador del mercado ( claro ejemplo representan los fondos de pensiones). Lamentablemente las ramificaciones de su poder lo convierten en un actor principal en las políticas públicas de los estados. Con claro lenguaje la socióloga Saskia Sassen te lo explica y te propone soluciones políticas que los gobiernos pueden asumir.
Compartimos el link
http://pajarorojo.com.ar/?p=42862

Documento inicial de la mesa de diálogo presentada por el Foro Popular de Salud por la Justicia Social

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La primera medida a tomar, será reponer el grado de Ministerio de Salud de la Nación, a la actual Secretaria de Salud. Esto se hará, no solo porque así corresponde desde la lógica científico  técnica contemporánea del sector salud, sino también, para emitir una fuerte señal a la sociedad y a los factores de poder, de la decisión y firme voluntad política de nuestro gobierno de potenciar el sector salud como herramienta para garantizar justicia social.

La segunda medida, inmediata a la primera, será citar y poner en marcha real y productiva al Consejo Federal De Salud COFESA, para que todas las políticas a implementar y las acciones a llevar adelante en el sector salud, cuenten con el conocimiento pleno y el aval político de los gobiernos provinciales, entendiendo este proceder, como el único posible para garantizar un ejercicio socialmente eficaz y políticamente responsable del federalismo.

Relevar el estado de situación, reordenar, reprogramar y potenciar en lo que resulte pertinente,  los planes y programas prioritarios de atención de la salud suspendidos, degradados y/o abandonados por el actual gobierno. Este esfuerzo estará dirigido principalmente, para lograr rápidamente regularizar la provisión de los medicamentos esenciales al primer nivel de atención, a recuperar en su totalidad el programa de inmunizaciones, a rehabilitar y volver a poner en marcha con rigor y seriedad científica el programa de vigilancia epidemiológica, y reasegurar la provisión regular de drogas y medicamentos especiales y del plan nacional de sangre y otros, y relanzar y fortalecer las actividades científicas, técnica y operativas tendientes a potenciar la producción publica de drogas y medicamentos.

Desde una visión integral, se pondrá especial énfasis en lo relativo al primer nivel de atención, apuntando a la creación de espacios de consenso y articulación programática y operacional, entre los niveles estatales nacional, provincial y municipal, y en lo que corresponda, con las organizaciones comunitarias y de base y las organizaciones sindicales. Se tratará de fortalecer los espacios de actuación estatales, pero a la par, fomentar el entendimiento y la cooperación para el aprovechamiento de las capacidades ofrecidas por las organizaciones y los movimientos sociales, con el objeto de lograr la mayor y mejor accesibilidad posible a los debidos servicios de salud, a los sectores más humildes vulnerables y marginados de nuestro pueblo.

Se tratará de fomentar con la mayor premura posible, una ronda de diálogo y negociación entre todos los actores involucrados, es decir subsectores público, privado y seguridad social, para cubrir y superar, paulatina y gradualmente, las lagunas y falencias del sistema de salud, derivadas de las ya muy conocidas y trilladas fragmentación y segmentación. Atento a que por una serie de cuestiones estructurales pero además idiosincráticas y culturales, no resulta posible marchar directamente a un sistema unificado, por lo menos en el inicio, se fomentará la articulación necesaria entre los distintos componentes del sistema, para un aprovechamiento más racional de los recursos, con su consecuencia de eficientización económica e incremento de la eficacia social.

Afrontar y disponer con la mayor premura posible, la inauguración y puesta en marcha de los hospitales, centros de salud y otras dependencias, que, estando prácticamente listas en 2.015, el actual oficialismo, ora por razones de ajuste, ora por razones de mezquindad y vendetta política, nunca hizo funcionar, llegando en algunos casos a desfuncionalizar las instituciones al vaciarlas de equipamiento y ubicarlas en otros establecimientos, presentándolo increíblemente como iniciativa propia. Incluimos muy especialmente aquí, los cinco hospitales del conurbano bonaerense, desvergonzadamente negados por el gobierno de Macri y Vidal para prestar servicios al pueblo bonaerense.

Preparar y financiar un programa de prestaciones especiales, con la participación de todos los actores involucrados, asentando sobre la base de conocimientos médico científicos y clínicos razonables y debidamente justificados, la cobertura de medicamentos y prácticas médicas de alto costo y baja incidencia, y los casos de medicina catastrófica. Considerar muy especialmente para validar los criterios de inclusión y exclusión, los principios de igualdad y no discriminación. No se cubrirán prácticas fuera del territorio nacional. Preparar al efecto, un nuevo proyecto de norma que sustituya el actual proyecto de ley del oficialismo, creando la Agencia Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias AGNET, por superponerse con ANMAT y ser injusta socialmente en su concepción y previsible aplicación , en tanto instrumento de racionamiento médico para los humildes, pero libérrimo para los pudientes.

Prohibir planes de cobertura parcial. Obligación de todos los agentes de salud, de cobertura completa del PMO.

EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, MARTES 18 DE JUNIO DE 2.019

FORO POPULAR DE SALUD Y POR LA JUSTICIA SOCIAL

Elecciones 2019 y la economía: el «evento Pichetto» y el «voto de los mercados»

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El senador Miguel Ángel Pichetto, responsable de defender las políticas del peronismo en el Senado de la Nación durante una década y media, decidió aceptar la propuesta de integrar la fórmula de Mauricio Macri en la búsqueda de su reelección. Las razones por las cuales Pichetto acompaña al gobierno más antiperonista que ha alumbrado la democracia no son tema de análisis en esta columna.

Nos centramos, en cambio, en  evaluar el promovido «impacto favorable» en los mercados que provocó esta semana la noticia aludida. El cuadro que sigue refleja la variación diaria del valor del dólar, la evolución del riesgo país y el comportamiento del mercado bursátil.

Como se observa, la situación sin duda alberga optimismo en lo que se denomina el «voto de los mercados»: descensos del -2,1% en el tipo de cambio minorista y del -2,2% en el tipo de cambio mayorista, una caída del -9,8% del riesgo país empujada por el buen desempeño del mercado bursátil, donde el índice MERVAL sube un 11,3%, y el volumen operado un 40,9%. Cuando se desagrega el comportamiento, se advierte que la curva positiva alcanza picos de euforia al promediar la semana, lo cual coincide con la emergencia del «evento Pichetto», pero se desinfla el viernes, con subas del dólar minorista del 1,2%, del dólar mayorista del 0,9%, del riesgo país del 0,8%, y caídas en el MERVAL del 0,17%, con una disminución del volumen operado del -36,5%.

Respecto del mercado cambiario, es decisivo conocer cómo están evolucionando las reservas internacionales del BCRA en relación al valor del tipo de cambio mayorista. Sobre ellas no hay datos actualizados posteriores al «evento Pichetto». En columnas pasadas hemos evaluado que la ruptura de las bandas de no intervención cambiaria respondía a la presión ejercida sobre el mercado de cambios por la creciente conversión de activos financieros en dólares para realizar las elevadas ganancias provenientes del «carry trade». También, se ha afirmado que esta presión sobre las reservas internacionales ocurre durante el trimestre en el que debiera haber una abundante oferta de dólares proveniente de las exportaciones agrícolas, en el marco de una campaña récord. La caída de reservas del ente rector desde el primero de abril del corriente año hasta el último dato disponible (12/06) fue de U$S 12.422 millones netas, teniendo en cuenta que allí se dio el último aporte del FMI, de U$S 10.885 millones.

El verdadero «voto de los mercados» favorable se lograría si el gobierno consiguiera recomponer la oferta privada de divisas

Sorprende más la triplicación del volumen operado en el mercado de valores el día miércoles 12, ya conocida la fórmula, respecto del lunes 10. La presión compradora empujó el índice MERVAL hacia la suba, para luego desplomarlo el viernes. El comportamiento del riesgo país acompaña esta evolución, permaneciendo, sin embargo, por arriba de los 800 puntos, que fue el piso alcanzado en el momento de tensión cambiaria del mes de abril.

A esta altura del artículo, se preguntará por qué un esfuerzo de análisis tan grande sobre el desempeño de variables en un cortísimo plazo. La necesidad de contrarrestar el voluminoso marketing mediático aludiendo la felicidad que provocó en los agentes económicos, predominantemente financieros, el anuncio de esta fórmula es la que obliga a presentar el cuadro precedente, con el fin de ilustrar la banalización del discurso económico que los medios y la propaganda oficialista pretenden instalar en la población. Se pretende presentar una fórmula oficialista que incorpora como candidato a vicepresidente a un senador que no puede renovar su banca por falta de consenso electoral, y que además salta el cerco de su propia historia política, como la solución al desmadre de variables económicas que se viene produciendo hace un año y medio. Es necesario entonces cuantificar lo más cuidadosamente posible esta débil alquimia electoral de Cambiemos en procura de ganar gobernabilidad hasta el fin de su mandato.

Algunas semanas atrás definimos que, a través de su presidente Donald Trump, Estados Unidos había definido su apoyo por la continuidad de Mauricio Macri, presionando al FMI para que desembolsara la cuantiosa suma de U$S 38.000 millones. El organismo multilateral otorgó, además, la libre disponibilidad de esos recursos, algo inédito y transgresor de su carta orgánica. Razones geopolíticas sin dudas habrán impulsado al presidente republicano a adoptar esas decisiones. Como contrapartida, no hay «votos de los mercados» por ningún gobierno cuando se trata de realizar las ganancias obtenidas. La suba del volumen bursátil operado y la baja del riesgo país favorecen a los tenedores de títulos valores argentinos a deshacer sus posiciones sin sufrir cuantiosas pérdidas, a expensas de quienes creen genuinamente en los beneficios del «efecto Pichetto».

La estabilidad cambiaria se logra vendiendo reservas internacionales del Banco Central, que potencia los beneficios alcanzados al especular entre la tasa de interés y la evolución del tipo de cambio, arbitrando entre el mercado de pesos y dólares.

El verdadero «voto de los mercados» favorable se lograría si el gobierno consiguiera recomponer la oferta privada de divisas, aumentar significativamente las reservas internacionales y, consecuentemente, producir un abrupto descenso de la tasa de interés doméstica. Ese sería el escenario más propicio para un despegue de la economía real, hoy colapsada.

No hay un nombre mágico capaz de tranquilizar las variables con su sola presencia. El último que pretendió asumir ese rol fue Domingo Cavallo en el 2001. Es bueno recordarlo, Senador.

Una cocina de contenidos en cada casa

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En un pasaje de los Evangelios —aquel que dedica a las Bienaventuranzas—, Mateo razona así: nadie enciende una lámpara para esconderla debajo de una vasija dada vuelta. Más bien es al revés: la lámpara va encima del candelero, para alumbrar a los que viven en la casa. Una lógica que parece inapelable, a prueba de balas. Y sin embargo, eso es precisamente lo que este gobierno hace con la cultura argentina desde que asumió: taparla con una vasija para evitar que brille, y apostando además a que consuma el oxígeno de ese espacio cerrado y que su llama se apague.

Eso es lo que también está haciendo con casi todos los otros ámbitos de la vida del país: la producción y el trabajo, la Justicia, la educación, la salud… Pero por vocación y profesión, el área a la que soy más sensible — porque es la que frecuento como lector / oyente / espectador, y porque es aquella que recibe lo que elegí y amo producir— es la de la cultura y la comunicación. Sobre la cual el oscurantismo macrista descendió y desciende cada vez más, cubriéndola con su cono de sombras.

La emergencia más grande es la económica, que priva a millones de alimento, techo y medicamentos: eso está claro. En contextos como este, lo que denominamos consumos culturales es lo primero que desaparece de nuestros gastos. Pero sin embargo —aunque esto suene a paradoja, créanme que no lo es— cuando se asfixia la vida cultural, se acalla el disenso hasta límites orwellianos y se potencia la basura que circula por medios y redes hasta humillar al Huxley que escribió Un mundo feliz, la posibilidad de cambiar la situación económica de las mayorías se reduce drásticamente. El ciudadano alienado y distraido por contenidos frívolos o malintencionados es un esclavo que no sabe que es esclavo. El ciudadano angustiado y alimentado con noticias falsas es un siervo que se apura a renovar la sumisión ante su amo, tan pronto le indican que pase al cuarto oscuro.

 

En «Un mundo feliz», Huxley imaginó una felicidad química.

 

Si queremos un salto de calidad democrática que no sea cosmético y fugaz sino profundo y duradero, tiene que echar raíces en el nuevo panorama cultural. Algo que el oscurantismo macrista parece haber comprendido e instrumentado mejor que el campo popular. No hay mejor prueba que el shock que produjo en vastos sectores de la población, que tolera mansamente despojos dignos de escándalo pero además los justifica, mientras defiende a la mano de hierro que se los impone. Tanto en la clase media como en los sectores más vulnerables hay gente que padece una suerte de Síndrome de Estocolmo, sólo que colectivo. Para ayudarlos a despertar de ese trance, la cultura y la comunicación pueden ser más efectivos que la militancia política formal.

 

Los dolores de la (indi)gestión macrista

En mi experiencia, cada vez que se saca el tema de alguna crisis en el campo cultural, de lo único que se termina hablando es de guita. Tiene su lógica, y hoy más que nunca. La forma más efectiva de acallar ciertas voces es cerrando la canilla que las ayuda a producir obra. Y la (indi)gestión macrista ha sido muy efectiva a este respecto. Casi no nos queda cine. La industria editorial perdió todo apoyo estatal. Nuestra producción televisiva está entre las más pobres —en términos de dinero y de ideas— de América Latina. Los medios opositores se encuentran en terapia intensiva, atacados en maniobra de pinzas por presiones políticas y económicas. Los estatales no admiten el disenso ni la pluralidad, y los medios privados más populares —aquellos que ya en los ’50 Walsh denominaba la cadena de desinformación— mucho menos.

Al mismo tiempo que reduce la producción cultural a su mínimo histórico (porque, entre otras cosas, sabe que siempre le será arisca), el gobierno fabrica a destajo contenidos Marca Acme que propala por los medios amigos y por las redes sociales que parecen diseñadas para su marketing. Estos nuevos medios son muy útiles a las características biodegradables de lo que pasa por nueva política: ideas-fuerza —lo que antes llamábamos slogans— que tornan innecesaria la elaboración o la argumentación, efecto inmediato y producción industrial (un contenido reemplaza a otro, la capacidad de concentración no es imprescindible) de piezas intercambiables que se valoran por su efecto y no por su verdad: la mentira que deseamos oír produce placer químico y desmoviliza, al igual que la droga soma que inventó Huxley en su distopía de 1931; la realidad, en cambio, suele ser incómoda, difícil de digerir, abrasiva al tacto.

 

 

Cuando el gobierno retorne a manos de una fuerza política de corte popular, habrá que tomar medidas urgentes también en esta área. Porque si no interviene muy activamente en la cultura y persuade a la sociedad de adoptar una agenda común —un relato-río, del cual se desprendan todas las conversaciones secundarias que sean contingentes—, llevar adelante contrarreloj las transformaciones que el pueblo espera y necesita se le va a hacer cuesta arriba — por no decir imposible.

Hay que devolver su provisión de oxígeno a las formas tradicionales de la cultura: el cine, los libros, el teatro, la televisión, la música. La emergencia económica tornará difícil que abunde el dinero, pero el Estado dispone de infinidad de variables (exenciones impositivas, por ejemplo) que brindarían inmediato alivio a la producción cultural. Y aunque se dispusiese de fondos suficientes, la decisión esencial no debería ser económica sino política: determinar el sentido del financiamiento posible. Durante los gobiernos kirchneristas se privilegió una política de subvenciones que apuntaba al pleno empleo de artistas y artífices culturales. Que no se la haya complementado con un direccionamiento estratégico terminó dando lugar a esta paradoja: un gobierno popular que invertía y mucho en la producción cultural, pero que sin embargo no contribuía a crear contenidos masivos. De este modo se generaba multiplicidad de obras en un espacio cultural enorme pero a la vez atomizado, mientras se cedía el mainstream —la creación de contenidos populares— al adversario político. ¿Cómo puede ser que, si se nos pregunta qué pelis fueron fenómenos masivos durante el kirchnerismo, las primeras que acudan a la mente sean las de Campanella — cuyos valores no pueden ser más ajenos a los de nuestro pueblo?

Si hubiésemos contado con un Favio joven durante las gobiernos kirchneristas, le habríamos permitido filmar pelis como sus tres primeras: de producción modesta y gran ambición artística. Cuando lo que necesitaríamos es financiarle un Juan Moreira o un Nazareno Cruz: obras de ambición equivalente pero con vocación de llegar a un gran público, de convertirse en un hecho cultural de esos que todo el mundo comenta en su casa, en el bondi o en la oficina. Y para eso, además de talento hace falta una política cultural que ayude a que los proyectos seleccionados a ese fin alcancen valores de producción internacionales. La raquítica producción actual no sólo no satisface la demanda del mercado interno: también nos impide instalarnos como polo cultural en el mundo, donde —por ejemplo— la enorme mayoría de nuestra producción audiovisual aparece como substandard en términos industriales.

 

El «Juan Moreira» de Favio: cine popular con contenido popular.

 

Los primeros gobiernos peronistas marcaron el camino: a mediados del siglo pasado, estaba claro que un gobierno popular debía contribuir también a crear un imaginario popular en el espectro audiovisual — que por aquel entonces se limitaba al cine y a la radio. Fue el tiempo en que brillaron Discépolo y del Carril, como en los ’70 brillaron Favio y Solanas. Que en lo que va del siglo no haya habido artistas equivalentes en lo audiovisual (para encontrar repercusión masiva semejante hay que irse a otras disciplinas, como la música del Indio Solari o los espectáculos radiofónicos de Dolina), ¿significa que no existen hoy talentos semejantes, o más bien que no hemos sabido identificarlos y acompañarlos?

Pero aun cuando consiguiésemos financiar la producción artística, proteger a lxs talentos menos comerciales y crear un polo de producción de contenidos para el público masivo (películas, series, programas de entretenimiento, telenovelas y tiras), sólo habríamos cumplido con el treinta por ciento del objetivo necesario. Porque —y con esto volvemos a aquellas realidades que el gobierno actual parece haber entendido y asumido mejor que nosotros— en este siglo XXI ya no se verifica por un lado la producción cultural y en segundo término su difusión por los medios de comunicación: en el presente, la comunicación es en esencia el mainstream de la cultura. Ya no hay dos dimensiones aisladas, la cultura por acá y a continuación los medios que la recogen para diseminarla por el mundo. Hoy en día, la comunicación (o sea, aquello que ocurre en las redes y en los medios) es la cultura.

 

 

To communicate, or not to be

En cualquier otro momento, la escandalosa merma en términos de producción cinematográfica y televisiva habría sido percibida como una carencia, como un agujero indisimulable. Sin embargo, lo que está ocurriendo es, por un lado, que los espacios vacíos son cooptados por la producción internacional, con el beneplácito de un gobierno que se caracteriza por su entreguismo; y después, que la demanda popular de contenidos locales está siendo satisfecha por lo que circula en las redes — mensajes sociales, polémica, discusión política, música ligera en forma de tweets, gifs, historias de Instagram, podcasts, videos de YouTube y demás.

Por su misma naturaleza, la dinámica cultural es permeable a la energía de los más jóvenes. Y la cultura juvenil de hoy no pasa por el cine, ni por la TV abierta ni por los escenarios formales, sino por sus celulares, tablets y computadoras. Lo que no puede ser leído, visto, oído, disfrutado, producido y difundido por esos aparatos, no existe para ellos. Lo cual significa que se manejan con las mismas herramientas de comunicación que este gobierno manipula tan bien, y que por ende están particularmente expuestos a su influjo.

 

 

Hablamos de formas breves e instantáneas, llamativas antes que seductoras, de efecto adrenalínico, que admiten la analogía con el fenómeno punk: cualquiera puede usarlas, aunque carezca de formación académica; basta un acorde mal tocado para que nos sintamos interpelados por su energía, para que nuestros cuerpos respondan a su provocación aun antes de haber podido razonar al respecto. Son pura forma, que no precisa indefectiblemente de contenido, y por eso los poderosos de este mundo —que son habilísimos en eso de renovar el packaging de la realidad, disimulando que adentro de esos envases tan vistosos no hay nada, o hay veneno— los articulan tan bien a su servicio.

Los del campo popular debemos abrazar la diversidad del presente; dejar de ser conservadores en lo cultural, de apegarnos exclusivamente a las formas tradicionales, para tomar las formas nuevas por asalto. Nosotros, que somos empatía pura, estamos llamados a llenar esas tecnologías flamantes de contenido. Porque, mientras muchos piensan que sólo sirven para sus usos actuales —deslumbramiento sensorial, adicción al high permanente, sentimientos sin sensatez—, nosotros sabemos que una tecnología sólo puede ser medida por el empleo que hagamos de ella. No olvidemos que los Lumière, que inventaron el cinematógrafo, creían que no servía más que para espejar la realidad e impactar a un público ingenuo que compraba la fantasmagoría del tren que irrumpía humeando en la sala de proyección. Tuvieron que llegar otros, que entendieron mejor las potencialidades de la invención, para crear a través suyo obras de arte imperecedero y ayudarnos a reflexionar sobre la condición humana.

En estos días, los que creen manejar las redes se conducen con la misma miopía de los Lumière, y las explotan con la ansiedad cortoplacista de quien sólo busca rédito económico y político. A través de estos medios nuevos, el poder somete a las masas a un maratón de masturbación compulsiva, una sucesión interminable de excitaciones y agotamientos. Pero esas herramientas pueden ser redefinidas para usos más sofisticados, que nos permitan apreciar —e incluso profundizar— los infinitos matices de la experiencia humana.

Hay que lanzarse a llenar esos envases huecos de contenido; y el contenido es, por definición, nuestra área de excelencia. Por eso hay que lanzar una ofensiva en múltiples frentes en simultáneo.

 

 

Tenemos que hacer lo que esté a nuestro alcance para que vuelva a funcionar la factoría del arte local, en todas sus disciplinas y estilos, y para que sus creaciones vuelvan a estar al alcance de las mayorías. Porque, además de dar trabajo y crear un producto que alimente el mercado interno y circule por el mundo —donde el talento argentino es tan reconocido como nuestra carne, nuestros vinos y nuestro fútbol—, el arte popular tiene un efecto terapéutico sobre la sociedad, a la que ayuda a metabolizar las circunstancias que le tocan vivir, por dificultosas que sean. Un pueblo en contacto frecuente y familiar con el arte es un pueblo que, además de disfrutar, de permitirse el goce, puede proyectarse hacia el futuro.

Tenemos que producir contenidos populares, para no cederle el mainstream —que construye el imaginario colectivo del presente, las figuritas y las emociones a las que el pueblo apela para decodificar su realidad— a los fabricantes de sentido que trabajan al servicio de la causa antipopular. ¿Quién contaría sus desvelos, su cotidianeidad, sus anhelos, su resistencia, sus rebeldías, mejor que nosotros? Así como sabemos que no se debe dejar la información en manos de Magnetto y sus minions, tampoco podemos regalarle las ficciones que el pueblo ve en familia y comenta con sus relaciones y amigos y a las que usa como espejos para definirse por la positiva o por contraste.

Tenemos que redefinir el canon cultural de la Argentina, agregándole aquello que el poder le retaceó por razones políticas: la decisiva contribución de los artistas populares, de Discépolo al Indio Solari, pasando por Arlt, Oesterheld, los Walsh —Rodolfo y María Elena—, Favio, Osvaldo Soriano, Liliana Bodoc y tantos otros. Nuestra idea de nación como comunidad solidaria se expresa mejor a través de ellos, de sus juegos sensibles y de sus heroísmos colectivos, que de las fantasías solipsistas de Borges.

Tenemos que alimentar la potencia cultural de los jóvenes desde la infancia, y para eso hay que sincronizar esfuerzos con el sistema educativo que también se reinventa desde la consciencia de que hoy no hay educación sin (los nuevos medios de) comunicación. En los Estados Unidos de la posguerra, a mediados del siglo pasado, la conducción política del Estado entendió que para minimizar los efectos del shock en la juventud —la orfandad de los hijos de los caídos en batalla, las limitaciones económicas causadas por el efecto bélico— había que generar marcos de contención y canalización de la energía juvenil ya desde el sistema educativo. Fue entonces que instrumentaron Departamentos de Drama en cada escuela, permitiendo que los jóvenes encontrasen en los escenarios un lugar donde transformar su dolor y su rebeldía en arte. (Y generando, de paso, un efecto secundario al que también sacaron su jugo: de esas experiencias escolares salieron los James Dean, los Marlon Brando, los de Niro, y las Meryl Streep.) Hoy en día ni siquiera es necesario un escenario físico para ayudar a les pibes a sacar afuera sus obsesiones y sus dudas: basta con un teléfono que disponga de una cámara decente.

 

 

Y también tenemos —last, but not least— que intervenir de forma inteligente en el escenario de las comunicaciones. Tal vez sea esta la parada que se presenta más difícil, precisamente porque es aquella de la que dependen todas las iniciativas que acabo de mencionar. El campo antipopular es el dueño de casi todos los medios masivos, y peor aún: es el dueño de casi todos los cables por los que navegan los contenidos. En algún momento (más temprano que tarde, por favor) habrá que dar la pelea legal para democratizar, o sea desmonopolizar, ese escenario. Lo que hoy está a nuestro alcance es darnos una política de medios que, primero, sustente y ayude a crecer a aquellos que vienen expresando nuestras voces desde el desierto de la pauta y los anunciantes; y que de ser necesario cree nuevos, siempre sobre la base de un proyecto a largo plazo sin el cual la construcción política perdería sus pies. Así como no debemos regalarle a los minions la factoría de los sueños de nuestro pueblo, tampoco debemos dejar en sus manos el mainstream de la comunicación. Mientras tanto, como no podemos disputarle al adversario la posesión de la fábrica de soma, lo que sí está a nuestro alcance es interceptar sus envíos y alterar la fórmula; quiero decir, intervenir las formas breves que producen las nuevas tecnologías para despojarlas de sus efectos narcóticos, antipolíticos, y cargarlas de la multiplicidad de contenidos que en el campo popular producimos a destajo, hasta con los ojos cerrados.

Los herederos de Los siete locos, de Cambalache, de Operación masacre, de El Eternauta, del Moreira, de Dailan Kifki, de Oktubre, de No habrá más penas ni olvido, de La saga de los confines, serán concebidos, investigados, plasmados y/o difundidos a través de las nuevas tecnologías a los que las mayorías tienen acceso, porque esa es la masilla que les pibes moldean y a la vez es el horizonte sobre el cual proyectan su imaginacion. Ahí están las pantallas del futuro, por allí desfilarán las lecturas por venir, los nuevos manifiestos, las estéticas de ruptura, los sonidos de la rebelión. Ese es el idioma con el cual debemos familiarizarnos, los códigos a través de los cuales necesitamos expresarnos para que el proyecto político de las mayorías eche raíces y su luz brille como debe, alto y a la vista de todos, de una vez y para siempre.

 

 

(Una versión cruda de este texto fue presentada el viernes 7 de junio en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, en el contexto del ciclo PCN 2020: Políticas Culturales Nacionales. El disparador fue el tema CULTURA Y COMUNICACIÓN: ¿cómo integrarlas?)

fuente: https://www.elcohetealaluna.com/una-cocina-de-contenidos-en-cada-casa/

Dólar, tasa de interés y deuda: ¿a dónde nos lleva el Gobierno y el Banco Central con sus medidas?

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Transcurridos los primeros cinco meses del año, y pese al ingente apoyo multilateral recibido (desembolsos acumulados desde junio del año pasado hasta hoy por US$ 38.000 millones), resulta difícil descifrar la política del Banco Central respecto de las variables que debiera controlar.

En este lapso, la devaluación del tipo de cambio mayorista fue de 18,3%, la inflación minorista acumulada se estima en 20% y la tasa de interés de los instrumentos financieros, referencia de la política monetaria, flota hace rato en torno al 70%. Se observa así que la institución comandada por Guido Sandleris no ha podido controlar la inflación, prevenir la devaluación ni bajar la tasa de interés a niveles compatibles con la actividad económica, que no para de desplomarse.

Se redujo la base monetaria pero la inflación se estima en 20% en lo que va del año

Entonces, ¿cuál fue la política del ente rector en estos meses? Veamos algunas variables relativas al ejercicio 2019.

– Pareciera haber cumplido la promesa de «emisión monetaria cero». La base monetaria, entre enero y mayo, se contrajo un 2,2% promedio mensual, descendiendo de $1.345.587 millones a $ 1.342.638 millones. Este guarismo, sin embargo, desmiente que la inflación sea un fenómeno monetario, habida cuenta de los altos índices de precios en el lapso analizado.

– Si bien hay contracción monetaria en lo que se refiere a la emisión primaria de billetes y monedas, los pasivos del Banco Central no monetizados en dinero contante y sonante -pero devengados en los bancos- crecieron en el período enero-mayo un 26,8% promedio mensual, pasando de $ 815.789 millones a $ 1.034.870 millones. Este fuerte crecimiento de los instrumentos financieros denominados Letras de Liquidez (LeLiq) revela que contener las tenencias en activos financieros en pesos le está costando al Banco Central un crecimiento de sus pasivos con el sector financiero del 4,9% promedio mensual acumulado. Esto neutraliza con creces la contracción de la emisión de billetes y monedas, aunque la expansión no se vuelque inmediatamente al mercado.

– Las reservas internacionales descendieron U$S 1.046 millones entre el 02/01 y el 31/05. Esta caída ocurrió a pesar de que hayan ingresado U$S 10.885 millones provenientes del cuarto desembolso del FMI. Se acumuló a abril un superávit de balanza comercial de U$S3.147 millones y, según la difusión realizada por el propio gobierno, la campaña cerealera arrojó una cosecha récord, cuyo flujo de divisas por exportaciones debiera haberse notado significativamente en el segundo trimestre del año.

Los factores reseñados -contracción monetaria, fuerte expansión de los instrumentos financieros y caída de las reservas internacionales en un contexto real y potencial de ingreso de divisas- marcan que el BCRA se encuentra deteriorando peligrosamente su capacidad de intervención en el mercado, sin poder controlar la tasa de devaluación, ni la tasa de inflación, y sin poder bajar la tasa de interés.

Por el contrario, el ente rector está acumulando letras financieras (LeLiq) al interior del sistema bancario que presionan para monetizarse en forma creciente, y aceleran la caída  del stock de reservas internacionales. La contención del valor del dólar en el mes de mayo le costó al Banco Central desprenderse de U$S 6.750 millones, un monto superior al 10% del total disponible.

El stock de Leliq equivale hoy a unos U$S21.500 millones

Si se quisiera medir el deterioro sufrido por el «poder de fuego» del BCRA en los primeros cinco meses del año, es necesario realizar el cálculo de los pesos que inmediatamente pueden convertirse en dólares divididos por el número de reservas internacionales brutas.

El stock de LeLiq, convertido a dólares y al tipo de cambio de enero, oscilaba en torno a los U$S 21.500 millones. Ese mismo cálculo efectuado a mayo arroja U$S 23.000 millones. Esto quiere decir que el BCRA sigue aumentando el stock de sus pasivos nominalmente en pesos, pero también en dólares, de modo que la capacidad de presión sobre el mercado cambiario de dichos activos financieros aumenta, y con mayor celeridad mientras disminuyan las reservas internacionales. De continuar este proceso, va a colocar en tensión al sistema financiero porque, en la medida que las reservas internacionales no alcancen para afrontar los vencimientos de deuda y sostener el normal desenvolvimiento del sector externo, el pase de portafolio de activos financieros de pesos a dólares se acelerará.

El Banco Central está en una vertiginosa carrera contra el calendario electoral por lograr que el citado cambio de portafolio de pesos a dólares pueda ser contenido con la venta de reservas y con el mantenimiento de una tasa de interés elevada. Como señalamos precedentemente, este juego en mayo costó un 10% del stock de activos internacionales y, a la vez, acumula una escalada de pasivos monetarios en pesos contra los bancos que deteriora aún más sus posibilidades de regulación. El BCRA, después de cinco meses y tras un fuerte apoyo multilateral, no controla la inflación, la tasa de interés ni el valor del dólar. Sólo acumula tensiones cambiarias y bancarias con la expectativa de que estas no detonen antes de los comicios.

Lo sorprendente a esta altura de los acontecimiento es que el Fondo Monetario Internacional sea el principal prestamista de esta jugada extrema para ganar una elección, jugada cuyas consecuencias van a ser soportadas por el pueblo argentino y no por el actual gobierno.

fuente:https://www.eldestapeweb.com/nota/dolar-deuda-y-crisis-a-donde-nos-esta-llevando-el-gobierno–20196811540

Una grieta de larga data y más profunda de lo que parece.

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En un artículo en Clarín del 28/5 último, “No hay dos modelos económicos en pugna sino un conflicto distributivo”, Marina Dal Poggetto dice que a ambos lados de la grieta se apela al Pacto social o al Consenso, en vez de “avanzar en un plan de estabilización que permita desandar los desatinos acumulados” (…) “dieciocho años después de la traumática salida de la Convertibilidad” y que, del lado Cambiemos de la grieta, “vuelven a dejar a una economía endeudada, sin moneda y con un conflicto distributivo”, e impide una “opción del centro” con un supuesto “plan de estabilización”.

Su autora, que ha sabido acumular un potencial crítico interesante, es clara cuando critica la política K de aumento del gasto público y del déficit fiscal primario con tarifas atrasadas, pero le adjudica –como al de Cambiemos- ser “parte de una estrategia de corto plazo”, sin tener en cuenta que fue la larga crisis financiera internacional de 2008 lo que modificó radicalmente sus perspectivas, que tampoco lo tiene en cuenta Dal Poggetto, mientras que el “corto plazo” macrista es una fantasía similar a la de ella, de creer que una deuda creciente, con una economía cada vez más estrecha y por ende más insolvente, podría recrearse en medio de una crisis mundial que ya lleva más de diez años.

Por eso, respecto al plan Cambiemos, Dal Poggetto no aclara que el endeudamiento fue exagerado y que no podía bajar la inflación porque financia la fuga de capitales y la dolarización, y si bien dice que ese programa se hizo insostenible en 2018, al cortarse el crédito, no especifica que ya era insostenible antes, por el sobreendeudamiento innecesario como aliento al ingreso masivo de capital especulativo mediante altas tasas de interés que no hicieron más que crecer y llevaron a una devaluación también exagerada, como la del rodrigazo. También oculta que el segundo acuerdo con el FMI no podía tener otra evolución que la que tuvo: más inflación, peligro de default y más recesión, que ya se veía venir a principios de año porque la estabilización en esas condiciones era imposible, y se confirmó a partir de marzo, con más empresas en quiebra por mayores costos, menos ventas y tasas más altas, complicando la recaudación y la marcha hacia un supuesto equilibrio fiscal cada vez más imposible de lograr.

En 2018 el peso se devaluó más del 100% y llevó la inflación a más del 55%, el doble de la que heredó Macri; en respuesta, el BCRA subió las tasas de interés al mayor nivel del mundo y tampoco pudo frenar la inflación. Esas tasas, que alcanzaron al 70%, obligaron a muchas empresas y sobre todo a las pymes a achicar sus operaciones o cerrar. La recuperación entrevista de diciembre a febrero últimos, al no mejorar el salario real, no iba a mejorar el consumo, y en marzo, la inversión cayó en más del 24% , cerca de 10% respecto a febrero, el nivel más bajo en diez años. La prueba llegó en abril, cuando se confirmó el desplome del consumo, así que no hay reactivación, ni por consumo ni por inversión y, lo que es peor, el PBI seguirá cayendo.  Por la velocidad con que se evaporan las reservas y la inestabilidad cambiaria a que dará lugar, el dólar y la inflación seguirán en alza, y si se siguen empleando dólares en mantener la estabilidad ficticia que es el eje de la política de Cambiemos, subirán aún más, y si se confirma que en marzo la actividad económica cayó más del 6% i.a, la suposición de que lo peor había pasado se va a esfumar y dará lugar a una nueva baja en el PBI per cápita que quizá se extienda a 2020 y nos convierte en uno de los siete peores países en performance económica junto a Venezuela, Guinea, Irán, Nicaragua, Sudán y Turquía, según el FMI.

El planteo de Dal Poggetto, al no reconocer que estos problemas están del lado Cambiemos de la grieta, oculta el carácter sólo de distribución del ingreso que le asigna a la grieta, sino, de un lado, la industrialización con más empleo y salarios dentro de un cierto estado de bienestar como ocurrió con el primer peronismo, reintentado por Perón con el programa de Gelbard en 1973-1974 y frustrado por la crisis política del peronismo, y a partir de 2003 por el intento del kirchnerismo de reconstruir esa experiencia histórica (industrialización, empleo y relativo estado de bienestar), esta vez frustrada por la crisis del capitalismo financiero internacional de 2008 y la falta de una adecuación posterior a las nuevas circunstancias. Y del otro lado de la grieta, las respuestas estabilizadoras como las de Macri y las de todas las anteriores desde el rodrigazo de 1975.

Los planes de estabilización siguieron con similar resultado con la dictadura (1976) y la política de Martínez de Hoz; en la democracia (1984) –que adoptó el modelo económico de la dictadura- con Sourrouille y Canitrot, que llevó a la hiperinflación, y con la convertibilidad de Cavallo y Menem, recreada con De La Rúa, que terminó en la crisis de 2001. Esta política sólo intentó revertirla el kirchnerismo con los errores que señala Dal Poggetto, pero borrando la profundidad de la diferencia y la verdadera naturaleza de la grieta al atribuirla sólo a una disputa por la distribución del ingreso. Y peor aun cuando propone superarla con un plan de estabilización, cuando ningún plan de estabilización logró estabilizar, al promover –directamente con Macri e indirectamente antes- la desindustrialización y la primarización de la economía, el endeudamiento y un saldo comercial insuficiente por altas importaciones, con baja del salario y reducción del mercado interno.

Dal Poggetto oculta que ésta es la verdadera grieta: marca la reducción del gasto público pero no la del salario, la baja del déficit primario con aumento del déficit fiscal financiero, y que en los países desarrollados y emergentes en serio acuden al proteccionismo como respuesta al gran proteccionismo de Trump, al contrario del actual modelo económico local, que profundiza el liberalismo comercial y represivo que el presidente estadounidense promueve en el patio trasero.

Así, frente a la grieta no hay un centro sino un necesario cambio de política, que los pilares de la política económica macrista son muy diferentes a los pilares de la política económica kirchnerista. Y que su error fue potenciar el gasto sin buscar la manera de incrementar los ingresos porque no entendió que la crisis de 2008 –como la de 1929- vino para quedarse y requería replantear el conjunto. En cambio, el error del macrismo es insistir en la primarización de la economía y la desindustrialización y centrar la preocupación en aumentar una deuda impagable que obligará a más ajustes, menos empleo y menos salarios, creciente dependencia financiera e integración mundial subordinada, al contrario de la integración de los países centro del sistema mundial o de los verdaderamente emergentes, salvo que no se trate de un error, en cuyo caso la grieta sería aún más profunda.