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miércoles, abril 22, 2026
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La monetización de la pandemia y el dinero de la política: nada será igual después del COVID-19

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La monetización es el proceso tecno-socio-económico por el cual la naturaleza y las acciones humanas pueden expresarse como mercancía factible de ser transada en un mercado. Las monedas metálicas (oro y plata) pasan a ser resguardos patrimoniales y el resto se convierte en papel moneda, un dinero fiduciario (legal) que posibilita el sistema de precios. Hoy no existe papel moneda que no refleje sino el poder político del emisor.

Por otro lado, el dinero es -como el número- una categoría del pensamiento. Pensamos en dinero y en números porque aceptamos que el dinero es todas las cosas, todas las acciones, todos los hechos. Por eso salvamos a los bancos antes que a los indigentes y aparece disonante quién se anima a pensar y ejecutar como política una salud pública preferente a la economía.

El trabajo humano se monetiza mediante el salario, así como tanto la naturaleza como la tecnología se dinerizan a través de los precios de los bienes, de los servicios y de los royalties. El capital se monetiza por la tasa de interés, y el Estado por los impuestos. Lo único acumulable es el capital financiero.

Los clásicos -el viejo Marx en El Capital, Tomo I; por ejemplo y con pasión-anticipaban la monetización de todo lo existente, así como que la expansión del crédito dinerario y las finanzas iban a producir cambios radicales en las relaciones económicas y sociales de la modernidad. La acumulación da lugar al atesoramiento de monedas que caracteriza a la sociedad financierizada actual.

Cómo se monetizan las pandemias

Desde el punto de vista epidemiológico las pandemias forman parte de las calamidades que a partir del origen de la historia azotan a la humanidad bajo la forma de pestes, enfermedades, contagios masivos. Junto con las guerras han tenido un notable impacto en la demografía. Según Colin McEvedy and Richard Jones, en el Atlas de la historia de la población del mundo (Penguin, 1978) de no haber existido esas calamidades la población mundial superaría hoy los 14.000M de habitantes.

Las pandemias también se monetizan. Además de sus impactos económicos sobre el sistema de producción; jurídicos por la emergencia de nuevas responsabilidades públicas; políticos por las distintas alternativas de la administración del Estado y biomédicos por su incidencia en la salud pública.

Al igual que los virus, el dinero se reproduce. En los virus la replicación es biológica, en el dinero es política. El virus causa infecciones y hasta la muerte; el dinero posibilita la acumulación financiera.

Nada será como antes

La pandemia del COVIC-19 causará impactos determinantes en los sistemas sociopolíticos. Recesión con inflación, disminución de la demanda, expectativas negativas, cambios fuertes en la estructura relativa de precios, multipolaridad, nuevas monedas, tecnología laboral, esterilización de ahorros.

Quizás nada será como antes. Hasta puede que el neoliberalismo sea guardado en el arcón de las falsas ideas y los amargos recuerdos y que la sociedad entienda que el mercado se ha visto superado e incapaz de resolver el problema.

La sociedad está entendiendo que el análisis de riesgo no es un hecho individual sino social. Tomará más conciencia sobre las actitudes empresariales, sobre la hipocresía implícita en la responsabilidad social empresaria, sobre el súper-aprovisionamiento de los poderosos y sobre las actitudes sociales de los grupos de elite. Todo ello puede servir de base para un cambio estructural de las relaciones económicas.

Hay tres caminos: «apelar a los capitales financieros acumulados y esterilizar sus rentas durante varios años», «emitir dinero» o una combinación de ambos.

La raíz del capitalismo no va a permitir que su principal bastión -el capital financiero-sea quien solvente la crisis. No va a permitir que los bancos sucumban porque sería el fin del sistema. No va a permitir una tasa de interés cero que esterilice la monetización del capital. Su apuesta será el gatopardismo; es decir que cambien algunas cosas para que todo siga como está.

El hecho político de una emisión monetaria ecuménica -quizás articulada entre monedas fuertes y débiles- que se aleje absolutamente de los cánones ortodoxos que ligan la emisión a la productividad global de la economía y al comercio internacional. Deberá sortearse la puja entre dólar y yuan y puede emerger una guerra monetaria.

La tercera opción que permita combinar las anteriores requiere verdaderos estadistas, humanistas con formación y con capacidad para alejarse del cibernántropo y proponer variantes hacia un sistema económico popular con equidad y productividad social que se aleje del enfoque financiero especulador.

Argentina -en la palabra de su presidente Alberto Fernández- tendrá algo que decir.

 

https://www.elextremosur.com/nota/23586-la-monetizacion-de-la-pandemia-y-el-dinero-de-la-politica-nada-sera-igual-despues-del-covid-19/

Economía en cuarentena

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Dada la cada vez mayor interrelación entre los países, el virus que se conoció en China, se propagó en los lugares de mayores ingresos de Europa y en Estados Unidos, poniendo en descubierto la precariedad de sus sistemas de salud pública (falta de hospitales, de camas, de equipos respiratorios y de profesionales en el tema), provocando hasta el día 20 de marzo  4.032 muertos, con 41.035 contagiados en Italia; en España 1.094 muertos y 21.500 casos;  en Estados Unidos 18.170 casos positivos por COVID 19 y 241 fallecimientos.

Obviamente la economía se frenó, decidieron cercar ciudades enteras, para evitar el contagio. Sin embargo, se sabe que, como dijeron las autoridades de Alemania, en el transcurso del año gran parte de la población de ese país habrá contraído la enfermedad, pese a que decidieron cerrar todos los comercios, excepto los de comestibles y los de bebidas, los supermercados y mercados y las farmacias y hospitales.  Pero que se contagien no significa muerte, que depende de la carga viral y del estado de salud del receptor.

Al no poder contar con una vacuna no se puede poner límites a su propagación por lo que se hace es condicionar la movilidad de la gente.  Los países desarrollados cuentan con recursos tanto el Estado como la mayoría de las personas y pueden soportar una cuarentena.  El día lunes 16 de marzo 2020 en los EEUU por ejemplo, la Reserva Federal aumentó la emisión de dinero, ese solo día, en 700.000 millones de dólares (casi el doble de la cantidad de bienes y servicios que la Argentina produce por año, que es equivalente a un PIB de 352.300 millones de dólares) y el Banco Central  Europeo  aumentó la base monetaria en 750.000 millones de euros dos días más tarde, más otras medidas fiscales que en conjunto representan en torno al 15% del PIB de cada una de esas naciones.  Sin embargo en la Bolsa de Valores de Wall Street el martes 17 tuvieron que interrumpir la ronda porque las acciones no dejaban de depreciarse y al final de día descendieron en su valor en un 12,5% promedio y, otro tanto pasó con los mercados europeos.

Por supuesto que fue mucho más pronunciado el derrape en el precio de las acciones de las empresas argentinas (y en menor medida del resto de los países no desarrollados que cotizan en esos mercados de valores). Desde el lunes 2 hasta el martes 17 de marzo, las acciones de empresas nacionales vieron caer sus precios en promedio un 32%, pero a la que peor le fue es a YPF, cuya cotización al día miércoles 18 de marzo 2020 era de 2,57 dólares la acción, con lo que la compañía valdría menos de 1.200 millones de dólares, la cuarta parte de lo que se le pagó a la española Repsol por el 51% del paquete accionario en el año 2014, claro que acá juega además el fuerte descenso del precio del barril de petróleo que perforó el piso de los 25 dólares, cuando en  2014 era de 95 dólares el barril.

Un futuro incierto

La riqueza es trabajo y producción y ambas son severamente castigadas por el coronavirus.

China representa el 14% del PIB mundial, seguramente que este año si crece será a una tasa sensiblemente menor que otrora, con la consabida disminución de su demanda que en el caso del petróleo y de la soja, donde es el mayor comprador, significa menor producción mundial y fuerte descenso de su precio[1].

Ambas variables perjudican de sobremanera las aspiraciones del gobierno de Alberto Fernández, cuando se está en plena negociación con los acreedores de una deuda que creció en forma sideral durante la gestión de Cambiemos y que empoderó a grandes fondos de cobertura como BlackRock, Fidelity, Pimco, Franklin Templeton, entre otros.

En conferencia de prensa, el viernes 20 de marzo 2020, el Ministro Martín Guzmán presentó el “Marco de Sostenibilidad para la Deuda Argentina” contemplando el descenso del PIB de este año, agravado por la pandemia en un 1% o 1,5% y, por hacer frente a la emergencia sanitaria, un acrecentamiento del déficit fiscal del 1,1 al 1,5% del PIB (unos 5.000 millones de dólares).

En las nuevas proyecciones del Ministerio de Economía, se crecería en el año 2021 entre un 2,5 a un 3% del PIB, pero se sigue teniendo déficit fiscal, por lo que recién en 2022 y en el mejor de los casos, se logra un equilibrio de las cuentas públicas y, en 2023, un superávit primario que permitiría pagar deuda entre el 0,5 al 1% del PIB (unos 3.000 millones de dólares aproximadamente).

45 minutos antes de la conferencia de prensa del Ministro Guzmán presentando el “Marco de Sostenibilidad para la Deuda Argentina”, el FMI publicó un Informe Técnico de su Personal donde arriba a similares proyecciones y concluye que la deuda externa Argentina supera el 90% del PIB nacional y requiere una reestructuración que combine reducciones del valor nominal, extensiones de vencimientos, períodos de gracia y recortes de las tasas de interés, que signifique una quita de capital de la misma entre  55.000 a  85.000  millones de dólares. El Presidente Alberto Fernández dijo que estimbaa gratamente que el FMI avale los números presentados por su gobierno.

El mérito principal del trabajo del equipo de Martín Guzmán es que demuestra que el gobierno de Macri desfinanció al sector público por concederle exenciones impositivas a los sectores de mayores ingresos del país y, eliminar las retenciones en general (manteniendo la de la soja pero con descenso del 0,5% mensual en la alícuota).  En el cuadro respectivo dice que los ingresos de la Administración Nacional en el año 2015 eran del 25,8% del PIB y desciende año tras año para ser solo del 22,5% del PIB en 2019 (un PIB que además es menor que el del año 2015). A ese descenso de los ingresos fiscales del  3,3% del PIB, se le debe sumar que el pago de los intereses de la deuda se acrecienta, también año tras año, para ser otros 3,33% del PIB, y esos porcentajes del producto, se financiaron tomando más deuda.

Por el Decreto 250/2020 y en el marco de la Ley 27.544 de Emergencia Económica, se facultó al Ministro de Economía de la Nación a negociar con los tenedores de títulos de deuda que tienen jurisdicción extranjera y que en las filminas presentadas en el “Marco de Sostenibilidad para la Deuda Argentina” suman 83.000 millones de dólares. Tras la conferencia de prensa y  presentación del trabajo, el ministro invitó a los bonistas referidos a participar de un acuerdo, en el transcurso de la próxima semana, para reprogramar los vencimientos

Es claro que se va a producir de hecho un default con esos tenedores de deuda y ello explica el descenso de su precio, incluso por debajo del 35% de su valor nominal y que, la tasa de riesgo país que mide el banco JP Morgan se encuentre por arriba de los 4.000 puntos. Pero esta vez, el FMI da su apoyo implícito al gobierno argentino

Obviamente que el derrape de los títulos de deuda argentinos, que cotizan en torno al 35% de su valor, los hace apetecibles a los grandes fondos de inversión para asegurarse ellos, en la más amplia mayoría de los 34 títulos de deuda con jurisdicción extranjera, bloquear de esa forma la cláusula de acción colectiva que le permite a la Nación acordar con una mayoría de sus tenedores (en un caso 66% y en otros 75%) para que el resto cumplan el acuerdo.

La Argentina sin recursos, no puede hacer como la República Popular China que al declararse el problema sanitario con lo que derraparon el valor de las acciones de empresas trasnacionales en ese país, las compró el estado chino muy por debajo de su valor con lo que se convierte en el accionista mayoritario de las empresas construidas por europeos y estadounidenses en su país.

Pero el Estado argentino sí puede obligar a los tenedores de títulos de deuda nacionales a declarar cuándo compraron y a qué precio y, pagar sobre ese valor y, solamente a quienes le prestaron directamente al Tesoro de la Nación, que están registrados en el libro de la Oficina Nacional de Crédito Público, cuando ingresaron esos fondos al Tesoro de la Nación.

Planteada la situación externa se debe destinar parte de lo que no se puede vender al exterior por la pandemia, al consumo y a la actividad interna y, con ello, aumentar el PIB como históricamente se demostró cada vez que la Argentina se vio obligada a una política proteccionista, en un marco en que el gobierno nacional asegura que solo va a pagar cuando el país crezca, descartando imponer políticas de austeridad para hacer frente a las cancelaciones mientras que los niveles de pobreza se mantengan altos.

Y ante el coronavirus, utilizar esos recursos para la compra de medicamentos, camas, cámaras de oxigeno, respiradores, etc., en todo el país, con prioridad en los lugares de mayor riesgo, por un lado; la de impulsar el mercado interno con créditos subsidiados y desgravaciones impositivas, por otra parte; y asistir directamente con plata, con alimentos, con invento de trabajos públicos (pintar escuelas ahora que están sin clase) a los sectores más vulnerables de la población.

Medidas insuficientes

No se puede en la Argentina pos Cambiemos, ante los niveles de pobreza y de trabajo informal (en negro) en que nos encontramos, salir airosos de la pandemia sin tomar fuertes medidas de subsidios, ni mandar a la gente a su casa cuando no tiene para comprar la comida y menos los medicamentos en caso de contraer la enfermedad.  No hay política de asistencia social que alcance en la Argentina de 2020 con una tasa de pobreza del 35,4% de la población. Se debe retornar lo más rápido posible al trabajo y a la producción y se debe fortalecer la red de contención que incluye desde aplicar la ley de abastecimiento y garantizar el precio de los productos, hasta subsidios directos del Estado al trabajo, a la producción y al consumo en general y de los más necesitados particularmente.

No es suficiente aumentarles a los jubilados que cobren la mínima solo $ 3.000.- por mes o darle un bono de $ 3.100.-  a los que perciben AUH, cuando la Canasta Básica Total de febrero  para no ser pobre es de $40.790.- según el INDEC.

Quienes trabajan en el sector informal (en negro que es un alto porcentaje de la población y predominante en el Gran Buenos Aires y en provincias como Tucumán o Córdoba), los trabajadores monotributistas y autónomos y quienes no pueden trabajar desde sus casas, necesitan incentivos económicos y fiscales para quedarse en sus hogares. En caso contrario, necesitarán ir a trabajar, poniendo así en riesgo su propia salud, la de sus familias y la de la comunidad.

Lo mismo sucede en los barrios periféricos donde la precariedad  de la vivienda y el hacinamiento determinan que la contención y la generación de empleo y pago debe ser de todo el vecindario.

Es esencial que los servicios públicos sean provistos sin cargo a quienes no puedan pagarlos. El pago de deudas debe ser suspendido para aquellas personas que de otro modo no serían capaces de hacer frente a la crisis de salud pública.

La Argentina es un país de gran riqueza, pero severamente desigual en su distribución, es con ese marco  que nos enfrentamos a la crisis sanitaria del Covid 19, que inevitablemente se agravará conforme pasen los días y semanas si no se toman más medidas de apoyo  a los necesitados y, es por el bien común, porque el virus se contagia de persona a persona.

Se debe pensar y obrar a dónde se pueden atender las personas sin hogar. Prever cómo alimentar y cuidar en la emergencia adecuadamente a niñas y niños que lo hacían en los establecimientos hoy cerrados, así con toda la población más vulnerable, porque a pesar de apoyar las medidas de confinamiento para detener en la medida de lo posible la extensión del coronavirus, las acciones puestas en marcha por el gobierno tienen que abordar también todas estas situaciones.

Las medidas de bajar los encajes, amentar el crédito, apuntalar la producción están bien y deben ser más amplias, pero en la Argentina de la pobreza y la marginalidad, el acento y la tarea primordial es asistir a los despojados de todo.

Alimentos, vestimenta, y trabajadores hay, que los ponga en disposición el Estado,  que los pague con un bono, un vale, a cambio de aportes patronales y de impuestos, no importa, lo esencial es hacerlo ya antes de que venga el invierno.

La tarea es de una guerra contra un enemigo invisible y poderoso, que más se asienta cuando más pobreza encuentra.

La condecoración más importante del Ejército ruso es la Orden del Mariscal Mijaíl Kutúzov y es por haber logrado vencer al enemigo (La armada de Napoleón) preservando la vida de sus soldados, en esta desigual guerra se necesita jefes que lo imiten y sean dignos de esa medalla.

Economía en cuarentena

Ya nada es amigable

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La pandemia COVID-19 obligó a cerrar fronteras, reclucir y aislar internamente a la población e interrumpir la circulación de personas y bienes. Se afronta un dislocamiento del sistema económico de producción, intercambio y consumo comandado por el sector privado como no ocurría desde hace un siglo.

Fue con el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial cuando los países beligerantes comprendieron, a poco de iniciado el conflicto, que una nación industrial poderosa no sería aplastada en un par de batallas y consecuentemente se prepararon para sostener ejércitos numerosos en el frente por tiempo prolongado. Abastecer con armas, alimentos y servicios sanitarios a millones de combatientes en las trincheras que no producían nada, exigió una planificación e intervención estatal en la economía hasta entonces desconocida. Se acuñó el término “Nación en Armas”.

La cuarentena ahora decretada también en Argentina exige que los ciudadanos accedan a bienes esenciales como energía y alimentos, sin moverse de sus casas. Ese enorme esfuerzo logístico no puede ser garantizado nunca con la asignación de recursos que hace el mercado en función de la tasa de beneficio.

Argentina cuenta con la ventaja de ser productor de alimentos y energía y con el perjuicio que esas ramas se encuentran oligopolizadas en sus cadenas de producción y comercialización por el sector privado.

El orden social fijado, la cuarentena, para impedir la propagación del virus y el colapso del sistema sanitario, depende de la capacidad del Estado de regular a esos mercados oligopólicos para que suministren los bienes básicos a los argentinos y argentinas que ven resentidos sus ingresos por el freno económico. Esencialmente, a los más afectados constituido por el tercio de trabajadores inserto en la economía informal.

El ordenamiento del sector externo delineado por un consenso con bonistas y el FMI para dar sustentabilidad al pago de la deuda pública en el marco de la recuperación de la economía ha quedado superado por los acontecimientos. Sólo puede formularse una oferta de reestructuración de deuda agresiva y las metas macroeconómicas con el organismo multilateral son historia. Es imprescindible preservar las reservas del Banco Central, restringir importaciones y explorar acuerdos entre Estados con naciones complementarias a la nuestra.

La política económica es de incidencia sobre la oferta asegurando el abastecimiento esencial en energía, alimentos, indumentaria y vivienda a todos y todas, sin condicionar este acceso al ingreso de las familias, porque en una porción importante, el mismo habrá desaparecido o menguado en exceso. Las políticas de incentivo a la demanda servirán si el ingreso no es licuado por la suba de precios y/o el desabastecimiento. Por ello es central el control de la oferta de bienes por el Estado al margen de las políticas de ingresos.

Según los especialistas, el coronavirus puede contaminar a la mayoría de la población. Es esa masividad la que provoca la saturación del sistema sanitario y es esa estela la que puede provocar muertes evitables en afectados y en pacientes de otras dolencias.

La ampliación de centros exclusivos para la atención del mal y la disposición garantizada de bienes básicos son los pilares del orden social de los próximos meses.

Esto requiere una movilización de todos los recursos disponibles de la Argentina -que no son pocos-, conducida por Estado, al margen del afán de lucro y la especulación.

Los instrumentos para alcanzar estos fines son variados y carece de sentido describirlos. Lo central es que el Gobierno se plante como un planificador situacional, anticipando decisiones en un escenario muy dinámico y cambiante que exige al Estado como asignador casi único de recursos.

https://www.eldestapeweb.com/nota/ya-nada-es-amigable-202032116420

El mundo viral

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El derrumbe de los mercados financieros globales ocurrido el pasado 9 de marzo, acompañado de la caída del precio internacional del petróleo y la virtual parálisis de actividad que implican las medidas preventivas para enfrentar la pandemia del COVID-19, pusieron en la superficie el conjunto de debilidades que atraviesa la economía del planeta desde el crack del 2008.

La retracción del consumo y el movimiento económico general que implica esta suerte de estado de sitio continental impuesto por el contagio masivo del virus, demolió la frágil demanda efectiva en la que se desenvuelve la economía en la última década, rompiendo consecuentemente con el precio del insumo más difundido, el petróleo, y el valor de los activos financieros soberanos y privados.

Desde la caída del Muro de Berlín hasta la crisis financiera del 2008, el mundo experimentó un fuerte crecimiento económico a tasas promedio del 4,8% anual, que sirvió para legitimar los modelos de libre mercado en todo el orbe. La crisis marcó una interrupción de ese sendero y la tasa de evolución del PBI fue del 1,9% promedio anual desde el 2009 al presente. Siendo importante destacar que el aporte esencial a esa tasa positiva lo hicieron las economías asiáticas, lideradas por China.

El estancamiento de las economías desarrolladas de Occidente con bajas tasas de crecimiento ocurrió debido a la ausencia de políticas explícitas en esos países de recuperación concreta de la demanda efectiva.

La crisis de las subprime nunca fue resuelta porque las decisiones de política económica se orientaron a dar liquidez al sistema financiero de modo de impedir su quiebra. Como se observa, la política monetaria expansiva primó sobre la política fiscal: el objetivo se centró en mantener tasas de interés negativas respecto del nivel de precios para que, paulatinamente, el endeudamiento de empresas y familias se fuera licuando con el tiempo. La forma de resolver la crisis mantuvo el sistema previo desde una fuerte emisión de moneda.

Este esquema permitió sostener el conjunto de activos financieros globales, peroexpandió muy poco la economía real; consecuentemente, este desequilibrio entre activos financieros y bienes físicos, es el que vuelve a eclosionar en el presente cuando un virus (imprevisto o no, según las teorías conspirativas) rompe la dinámica de producción y consumo, y la actividad languidece.

El “cisne negro” que aparece con el coronavirus sincera la fragilidad global y deprecia todos los títulos valores representativos de deuda soberana y de participaciones en empresas, habilitando movimientos de “compra hostil” de esos papeles para presionar a naciones y al sector privado, concentrando aún más el poder económico.

Tanto Estados Unidos como China han impulsado desde sus estados movimientos de estas características. El gobierno chino ha ordenado a los fondos estatales adquirir la participación accionaria de las empresas extranjeras que cotizan en la bolsa china, y la reserva federal de Estados Unidos ha lanzado un programa de expansión monetaria (facilidades cuantitativas) destinado a comprar títulos valores depreciados para impedir el deterioro de su sistema financiero y proteger el carácter nacional de la economía estadounidense.

Este “cisne negro”, el coronavirus, acelera el proceso de protección económica nacional que había iniciado el presidente norteamericano Donald Trump desde el comienzo de su mandato. El estancamiento económico general, la retracción del intercambio comercial global y la necesidad de apuntalar los propios mercados internos, están profundizando las guerras proteccionistas, de monedas y el dislocamiento de los tratados de libre comercio, que se venía produciendo desde mediados de la presente década.

Todos los líderes mundiales han hablado de mayor intervención estatal para enfrentar el escenario, en el cual difícilmente el deterioro de una economía nacional pueda ser resuelto desde flujos comerciales y/o financieros del exterior.

Hasta la dura líder de la Unión Europea, Ángela Merkel, ha hablado de déficit fiscal y emisión monetaria, teniendo presente que ese bloque se evidencia como el más impactado por la presente crisis en un contexto de resquebrajamiento previo, cuyo pico fue el abandono de Reino Unido en lo que se conoció como BREXIT.

Nacionalismo económico, continentalismo y regulación estatal emergen para salvar a un capitalismo en crisis. No parece haber espacio para planteos globalizadores y/o aperturistas.

FIN DEL PERIODO MACRI: LA NECESARIA SALIDA PRODUCTIVA

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En las condiciones previas al lunes negro que se presentaban al comienzo de las negociaciones, la industria podía empezar a crecer en el segundo semestre 2020, pero en forma muy moderada y sobre todo como resultado de la muy estrecha mejora en el consumo que empezó a mostrarse en diciembre con el módico aumento en el uso de la capacidad instalada.

Según Orlando Ferreres, la industria cayó en 2019 4,1%, que un cálculo de la Universidad de Avellaneda eleva a 8,6%, y en enero 2020 (Ferreres) la caída fue de 2,9% i.a, con una baja en la industria de -1,9% i.a y en el agro de -0,6% i.a. En la gestión Macri, la caída del PBI industrial fue de -6,4% i.a con pérdida de 170.000 empleos y para la UNdeAv el retroceso industrial fue de -8,6% y las pymes perdieron 11.700 puestos de trabajo en 2019 y desde 2015 cerraron más de 24.500 empresas de este tipo, según la AFIP.

Hubo un repunte a fin de 2019 y en enero cayó apenas -0,1% pero en el mes la actividad fue 1,5% mayor que en diciembre, por lo que puede decirse que dejó de caer. Por eso la inversión no podrá repuntar mucho y la mejora se esperaba lenta y muy moderada, aunque Volkswagen confirmó inversiones por 800 M dóls en la fabricación de un nuevo modelo de auto. En el régimen de promoción de la Economía del Conocimiento, además de incluir incentivos fiscales a las pymes, habrá que precisar las actividades de las empresas de tecnología y de digitalización de la información, lo que se explica por la falsa aparición del capital financiero inicial como tecnológico: esta revisión incluye el impulso a la productividad de todos los sectores que componen esta industria.

El agro tendría una baja de la cosecha, a la que se le agregará la resistencia de los grandes productores a la esta vez indiscutible necesidad de apelar a la suba de las retenciones. La mayor concentración de tierra que surge del avance preliminar del Censo Agropecuario 2018 dice que desaparecieron 82.652 explotaciones desde 2002 .Por el coronavirus cayó casi 30% la exportación de los frigoríficos exportadores y esa baja tuvo una magnitud de 31,8% i.a en enero. Los ingresos del agro en el I bimestre 2020 (2.429 M dóls) bajaron más de 20% i.a por liquidación anticipada de los productores en 2019 y una Mesa de Enlace que resiste los incrementos en los derechos de exportación, con fuerte presión de la SRA y de su ex presidente y ex ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, mientras una parte de la Federación Agraria apoya la segmentación de los derechos, un esquema tributario progresivo y la necesidad de ese aporte en las actuales circunstancias. La aparición de la peste porcina africana en China posibilitó un acuerdo para traer capitales de ese país para impulsar la producción porcina local y en ocho años subir la producción a 100 M de cabezas y exportar por 20.000 M dóls con grandes granjas asociadas con pequeños productores. Según la UNdeAv, la liquidación de divisas de exportación del agro bajó casi 37% en febrero 2020.

Para Ecolatina, el salario real cayó más que 8% en 2019. Aquí también, si se los mide en dólares, la caída de los salarios es del orden del 50% en los cuatro años del gobierno MM, en que el empleo fabril registrado terminó con el 13,3% de los empleos de agosto 2015, que según la UIA son 160.000 menos puestos de trabajo.

La distribución del ingreso ha caído en el peor nivel en decenios por la suba del dólar y la mayor transferencia de ingresos al exterior a través de los pagos por la deuda y la fuga de capitales dentro de una baja del producto local. Las cifras dadas a conocer del III trimestre 2019 (un cálculo limitado a la moneda nacional) los empresarios –el 3,9% de la población o unos 1,8 M de personas- retienen el 44,4% del ingreso, los asalariados –el 72,6% o 28,4 M de personas-, el 45,1% y los cuentapropistas –el 5,9% de la población o 2,7 M de personas- el 12,6% lo que refleja el aumento del trabajo precario de cuenta propia, con menos ingreso y duración de trabajo sin límite.

Para la UN dAv todavía en 2016 el reparto en favor de los trabajadores era de casi 52% y en el III trimestre 2019 había caído a 45%, pero otra vez sólo un cálculo en dólares podrá dar cuenta de la verdadera dimensión que ha alcanzado la pérdida de ingresos del trabajo. En 2019 el consumo masivo en hipermercados, supermercados y autoservicios cayó 7,3% y 9,6% en los comercios de barrio, que en los súper chinos llegó a 12,7% i.a. En ese año se necesitaron casi 40.000 pesos para no ser pobre y en el primer semestre del año aumentaron los niveles de indigencia a 7,7% y los de pobreza a 35,4%, y para la UCA el total de pobres es del 40,8%.

La inflación de 2019 fue de 53,2%, la de enero 2020 bajó a 2,3% y en alimentos y bebidas se siguió manteniendo por encima de la media (+4,7%), señal indudable de la remarcación, y el REM que recibe el BCRA de los consultores la estimó a principios del mes en 41,7% para el año y en febrero dio un 2,9% para marzo, después que el BCRA la estimara en  2%. En 2019, el déficit primario fue de 0,44% y el déficit financiero de 3,76% del PBI por el adelanto del pago de Derechos de Exportación e ingresos correspondiente a 2020, sin los que estos déficit hubieran sumado 0,96% y 4,28% del PBI, y obviamente, reducirán los ingresos de 2020.

La política monetaria del peronismo en 2020 consiste, a partir de una política cambiaria con regulación y régimen de flotación de la moneda, acumular reservas internacionales y bajar la inflación privilegiando los métodos no monetaristas: la desindexación, el acuerdo de precios y los Precios Cuidados, el congelamiento temporario de las tarifas, aumentando la carga a los contribuyentes de mayores recursos –contenido por la oposición en la Provincia de Buenos Aires-. Pero moderando, en lo posible, la oferta monetaria y atendiendo las necesidades de financiación del Tesoro y aumentando la oferta de crédito productivo al sector privado con alargamiento de los plazos y bajas continuas en las tasas de interés, que pasaron del 63% al cambio de gobierno al 38% el 5/3, en su octavo recorte, flexibilizando más recientemente los encajes para los bancos que otorguen créditos a micro y pymes con tasas no superiores a 40% anual, y tratando que –con la menor inflación y la simultánea baja de las tasas- los ahorristas puedan preservar cada vez con menos diferencias el valor de sus ahorros en pesos, como una lenta pero única forma de descartar el ahorro en dólares, que favorece la fuga de capitales en esa moneda.

Conociendo las nuevas condiciones que impone la profundización de la crisis internacional, se podrán precisar las condiciones de una salida productiva, que –de acuerdo con la experiencia- siempre resulta la única salida posible.

10 de marzo 2020

Pandemias y finanzas: los virus son irreverentes y también insensibles a las clases sociales

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Pandemia es un término «populista». Su origen griego podría ser equivalente a una enfermedad que afecta a la totalidad del pueblo. Por consiguiente, perturba a todos y cada uno de los individuos que lo componen. A diferencia de las epidemias -que tienen un ámbito territorial determinado- se caracteriza por las dificultades de su control y prevención.

Existen muchos antecedentes históricos. La peste bubónica diezmó al imperio bizantino y 800 años después reapareció en Europa provocando una mortalidad sin precedentes. La viruela importada de Europa fue implacable con los mayas y los aztecas; el cólera en los años 1800; la gripe española en 1918; el SIDA aún en nuestros días; el ébola en África. Y ahora el COVID-19.

El abordaje de una pandemia depende del estado de la ciencia, de la organización del pueblo y de las motivaciones de los individuos. La organización social es una deriva de la política, las motivaciones individuales son estudiadas por la microeconomía. La conducta individual es egoísta; el comportamiento social es solidario. Los individuos se mueven en los mercados, la sociedad se organiza en el Estado.

Egoístas y colectividades solidarias

El estudio sobre cómo se transforman los individuos egoístas en colectividades solidarias pertenece al campo de la eco-sociología, y parece que tiene que ver con el mantenimiento de la especie. La denominada sustentabilidad en la que lo colectivo priva sobre lo individual. Lo público por sobre lo privado. Sin esta prevalencia no hay sustentabilidad.

Un poderoso puede comprarse todas las existencias de jabones y alcohol en gel. Será inútil. Se infectará de inmediato. El contagio del virus es insensible a las clases sociales. Son virus muy irreverentes.

Los mercados se mueven en base a criterios de rentabilidad y conveniencia, los Estados en base a preceptos de productividad y equidad social. Por eso la política difiere de la economía y ambas se enfrentan en el campo de lo social. La solución política no siempre es económica. La economía de la salud pública es un ejemplo.

Si el mercado tuviera a su cargo la solución de la pandemia aplicaría un criterio de selección darwiniano -en realidad Darwin toma de Malthus el concepto de selección natural del más fuerte-. Los mejor dotados económicamente tendrían más oportunidades para salvarse. Podrían, por ejemplo, contratar un pulmotor de avanzada. Pero transformar dinero en salud no es sencillo. La leyenda urbana de Walt Disney es un ejemplo de lo que no puede el capital financiero.

Fiel a su mirada financiera, el FMI considera que la buena noticia es -a pesar de la incertidumbre- que los sistemas financieros son más resistentes que antes de la crisis financiera mundial. No se sabe si esa resistencia que proclama el FMI y que implica que la salud de los bancos es a costa de los usuarios, es también para los virus. El riesgo de default argentino es ahora mayor. A tasa cero en los bonos USA, el sistema financiero global deberá compensarse con tasas ultras en las periferias.

Pérdidas de todo tipo

Un informe del FMI (2 marzo de 2020) reconoce que un tercio de las pérdidas económicas causadas por la enfermedad serán costos directos. Pérdida de vidas humanas, cierre de lugares de trabajo y cuarentenas.

Los dos tercios restantes serán indirectos, lo que reflejará una reducción en la confianza del consumidor y el comportamiento comercial y un ajuste en los mercados financieros.

El virus también destruye los precios. El petróleo ni hablar. La soja, otro tanto. Los bonos y acciones en picada. Incluso el precio del dinero, la tasa de interés. La Reserva Federal (Fed, en la jerga financiera) disminuyó la tasa de interés de referencia hasta el rango del 0-0,25%. El mismo rango utilizado a fines de 2008 con la debacle desatada por la crisis financiera global.

Parece que uno de los efectos del coronavirus será poner en el tapete el acceso al poder del neoliberalismo.

La pandemia ideológica

En Argentina -y en buena parte de América Latina- la verdadera pandemia fue ideológica y electa. Recordemos que el neoliberalismo eliminó el ministerio de salud pública y lo transformó en secretaría; deterioró sistemáticamente el sistema hospitalario, desatendió la prevención del plan de vacunación de la OMS, justificó aumentos desmedidos en las prepagas en contra del interés sanitario público, generó fuertes incentivos para el traslado de personal idóneo al sector privado.

El FMI informa que tiene recursos disponibles de alrededor de u$ 1.000 millones en capacidad de préstamo general. Dispone también de un financiamiento de emergencia de desembolso rápido de hasta $ 10 mil millones al que se puede acceder sin un programa completo del FMI. Estas estrategias de financiamiento rápido pueden implicar oportunidades de rediseño multipolar del mundo.

En la Post Pandemia el mundo puede reconocer la necesidad de mostrar un rostro humano y políticas económicas solidarias que permitan superar las inequidades del egoísmo financiero y la dictadura de los mercados.

 

https://www.elextremosur.com/nota/23420-pandemias-y-finanzas-los-virus-son-irreverentes-y-tambien-insensibles-a-las-clases-sociales/

FIN DEL PERÍODO MACRI: LAS CONSECUENCIAS DEL LEGADO MACRISTA

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Si el kirchnerismo es lo más parecido al peronismo originario por el énfasis en el desarrollo industrial y la mayor distribución del ingreso en favor de los salarios, no todo el peronismo es kirchnerista, de la misma manera que no todo el radicalismo es alfonsinista, ni a partir de la llamada Revolución Libertadora o la primera dictadura no todos los peronistas apoyaban la vuelta de Perón de su larga proscripción, y lo mismo sucedió con el kirchnerismo, en que el máximo caso fue Pichetto, que llegó al extremo de ser candidato a vicepresidente en el proyecto de reelección de Macri.

Por eso el mayor intento de la oposición macrista es romper la unidad del peronismo y aislar a Cristina, que es mayoría en el peronismo y la parte más comprometida con la industrialización, la distribución del ingreso y una política crítica hacia la deuda externa. Sin su presencia, la derecha podría rearmar un frente político más consistente y volver a la política del macrismo, que es el principal cometido de los grandes medios, empezando por Clarín.

Sin embargo, el peronismo en el poder en 2020 no es el de Cristina ni podía haberlo sido, en primer lugar por las condiciones políticas, pero también por las condiciones económicas y las limitaciones que presenta  la era Trump. Las condiciones políticas son la presencia de una alianza masiva de derecha: el macrismo. Y las condiciones económicas son una mayor imposibilidad de aplicar el nacionalismo económico por falta de recursos y la necesidad de recurrir a la inversión extranjera productiva en minería y petróleo -en este caso resguardando el papel de la estatal YPF para buscar formas de abaratar la energía para el consumo y el uso industrial-. Pero lo continúa en el objetivo de dejar atrás el intento de volver a la especialización agraria y encarar una reactivación industrial para aumentar el empleo y mejorar la calamitosa situación de los salarios, que, medidos en dólares, perdieron más de 50% de la capacidad adquisitiva que tenían en 2015.

Para que quede claro, esto significa terminar con el ajuste y pasar al otro lado de la grieta desde el punto de vista económico para superarla desde el punto de vista social.

La política de ajuste, que tiene un alcance internacional, se centra en el equilibro fiscal como medio de evitar la expansión monetaria con repercusión sobre los precios. En los países no industrializados el equilibrio fiscal primario sirve para tener un excedente con que pagar los intereses: por eso el desequilibrio fiscal financiero se silencia, porque sirve para el continuo reciclaje de la deuda externa y de la política de ajuste, que fue la conducta con la que se desenvolvió el macrismo en sus dos primeros años.

Sin embargo, el equilibrio externo en divisas –que se vuelve imposible con el agrandamiento de los pagos de intereses y la fuga de capitales- es igual de necesario para estos países y generan un desequilibrio igual o peor de peligroso que el desequilibrio fiscal primario, como lo ha demostrado la gestión Macri en su fase de declinación evidente de 2018/2019.

El sobreendeudamiento para financiar la fuga y su perpetuo rollover con crecientes tasas de interés, resaltado y promocionado por el establishment y su prensa, fue uno de los canales decisivos de vaciamiento y empobrecimiento del país y en ese marco la fuga anual de dólares estaba al fin del período de Macri en un nivel superior a los 27.000 M dóls anuales. El macrismo tuvo que recurrir al cepo cambiario en diciembre 2019 cuando se agotó su política favorable a la fuga de dólares y por eso en ese mes por primera vez desde junio 2015 entraron más dólares de los que salieron. Este resultado muestra que el cepo es mejor opción que el endeudamiento permanente, que invariablemente agrava la crisis.

La deuda bruta nacional alcanzó en el III trimestre 2019 al 91,6% del PBI, desde el 52,6% de 2015, con una parte en dólares que subió de casi el 70% a más de 80%, pero para hablar de cifras exactas es necesario contar antes con un PBI medido en dólares que pueda tomarse por definitivo. El gobierno propuso al Congreso un proyecto para hacer sostenible la deuda que se convirtió en ley el 4/2, posibilitando las negociaciones que emprendió el ministro de Economía, Martín Guzmán. El mercado y los medios pretenden un plan económico antes de la negociación, pero no hay programa posible si no se sabe el margen de postergación y descuento que se va a obtener. Esa exigencia es porque así los acreedores pueden reclamar por lo prometido y el mercado especular financieramente con los cambios.

A fines de 2019, cuando el Frente de Todos llegó al gobierno, su política era hacer posible las perspectivas de una muy moderada recuperación en 2020 a través del cambio de política económica, el menor peso que se consiga en el pago de intereses, si las negociaciones con el FMI y los bonistas terminaban siendo favorables, y así conseguir una leve recuperación de la actividad industrial y en el consumo. La inflación sería menor –como realmente lo fue- en tanto se limite la fuga de capitales con la actual política cambiaria, que incluye el cepo a la salida de dólares.

La situación empezó a cambiar cuando el mercado rechazó el reperfilamiento del AF20 porque con vencimientos a más largo plazo se limitaba la posibilidad de adquirir bonos en pesos y transformar el saldo en dólares a través de la Bolsa. La caída tendencial de los bonos en dólares inició la nueva escalada del riesgo país que se potenció con el lunes negro de marzo. Las subas pausadas del dólar se aceleraron, esta vez en coincidencia con las monedas de la región, y se impuso un crawling peg con mayor frecuencia de subas.

La inevitable profundización de la crisis internacional replantea toda la discusión del ministro Guzmán con el FMI y sobre todo con los bonistas, porque un acuerdo que facilite el crecimiento es más difícil de alcanzar.

Moody’s dijo pocos días después del lunes negro que «el coronavirus perjudicará el crecimiento económico en el primer semestre del año, aumentando “el riesgo de una recesión global» y para la Argentina, insistió en prever una caída del 2,5% del PBI en el año en curso. Esto se hará más probable en las condiciones generadas por el lunes negro y por la ahora considerada una pandemia, que la agencia ya había advertido que cuanto más tiempo dure, “el shock de la demanda dominará y conducirá a una dinámica recesiva, un retroceso sostenido en el consumo, junto con cierres extendidos de negocios, que dañarán las ganancias y generarán despidos».

Claro que Moody´s enfatizó su apoyo a las políticas de mayor liquidez de la Fed estadounidense, del Banco Central Europeo y del Banco de Japón insistiendo en que limitarán la volatilidad del mercado financiero mundial.

Es cierto que pueden representar una mejora inmediata, pero sólo para los países industrializados, mientras que obligará a los menos desarrollados a atarse aún más al crédito en peores condiciones y –como hemos visto en el punto 4) de las siete cuestiones examinadas en la primera nota- se reproducirán todos los inconvenientes actuales. Y esto porque esta política global sólo afirma al capital financiero, pero no al crecimiento productivo. Al hacerlo posterga todos los beneficios del aumento de la productividad y lo concentra en las ganancias extraordinarias por valorización especulativa del mercado destinadas a reproducir periódicamente las jornadas negras y la reiteración de los rescates, empeorando las condiciones de la producción y del ingreso, con lo que se sigue achicando la demanda, agrandando la deuda y extendiendo la larga fase recesiva de la posguerra que ya no logra salir de las condiciones de crisis de 2007/2009. 

Vuelve la opción de arreglo favorable o default.  Si el default se presentara como alternativa para no seguir con el derrumbe de la producción y los ingresos, como sucedió en 2002, el mercado pedirá un nuevo acuerdo con ajuste, tal o lo entendió Macri con las crisis cambiarias de 2018/2019. El default disfrazado y la opción por el FMI y el ajuste –aunque en esas condiciones parecía generoso- terminó incrementando el desastre. Este es el nuevo escenario que enfrenta el país y que se dirimirá en no más de un mes o se prolongarán las negociaciones, pero sólo al final de ellas se podrán trazar las perspectivas de recuperación.

Prepararse para un desafío extraordinario

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En las últimas semanas, como es notorio, una combinación fatal arrasa en cinco continentes: la difusión del coronavirus entreverada con terremotos en las bolsas de valores. Un verdadero drama que ha destruido miles de vidas, de esperanzas y de puestos de trabajo. Y es muy probable que sus sombras perduren en el tiempo. En el hemisferio norte y también aquí, en el sur. Con una carga negativa que presenta, al menos, tres rasgos específicos.

En primer lugar, estamos frente a una epidemia que abarca todas las clases sociales, razas, sexos y creencias, afectando a ricos, pobres, honestos, bandidos, creyentes, ateos y agnósticos de cualquier índole. Y si bien los adultos mayores corren mayor riesgo, la circulación de la enfermedad no está circunscrita ni explicada por las prácticas sexuales o por las condiciones de vida de una población como en los casos de la malaria, el Chagas, el HIV-Sida o, en el pasado reciente, del Ebola y el Marburg en el corazón del África negra.

Sus consecuencias en la esfera económica, por otra parte, han sido superiores o igualan, hasta ahora, a los problemas causados cien años atrás por la mítica gripe española o por la llamada crisis de las hipotecas a principios de este siglo. Su primer y perjudicial impacto debilitó la economía china. Pero la inoportuna disputa petrolera sostenida por sauditas, rusos y norteamericanos seguida por soluciones parciales y de corto plazo que tomaron estos líderes y sus acólitos, generalizó la incertidumbre económica global. Con los consiguientes colapsos bursátiles y una enorme destrucción de capital y fuerzas productivas. Billones de dólares que se esfumaron en el aire.

Es cierto que el avance de la epidemia en China permitía prever para el presente año un menor crecimiento de su industria y de las cadenas de valor vinculadas a sus actividades. Además de una contracción en el comercio, los servicios y los viajes aéreos en esas zonas del mundo. Pero no es menos cierto que los conflictos entre las principales potencias por la supremacía tecnológica y energética agudizaron los problemas al extremo. Al punto que, en estos momentos, pretenden acaparar las pruebas y usufructos de una posible vacuna. Es otra resultante de haber debilitado el orden multilateral y sus instancias de diálogo y cooperación. Con su contracara de prepotencia, medianía y poder hegemónico.

En tercer lugar, se destacan, como nunca antes quizá, la importancia, la variedad y también los peligros que suponen las herramientas provistas por la era digital. Los intercambios entre naciones distantes, junto con la difusión de sus noticias y culturas, se fueron acelerando con el impulso que introdujo el capitalismo en todas sus formas. Sin embargo, la magnitud, los usos y la velocidad que presentan las comunicaciones en el último período revisten, según numerosos estudios, cualidades inéditas, imparables y asombrosas. Nada es posible de ocultar. Nada está fuera de alcance o control.

Y este movimiento vertiginoso, que corre con la misma rapidez que se transmite el virus, viene jugando un papel clave en la crisis actual. Para dar a conocer la naturaleza de la enfermedad y los modos de prevenirla. Y también para aislar poblaciones enteras o reconocer, sin ningún consentimiento, las facciones, la salud y hasta qué hizo y dónde estuvo cada posible infectado. Con la misma efectividad que, al mismo tiempo, habilita las conexiones para que millones de ahorristas inviertan o desinviertan a cualquier hora y lugar del planeta.

Argentina, como era dable imaginar, no está exenta de esta compleja realidad sanitaria y financiera. Más aún: es factible que disminuyan las expectativas de la población y por ende el consumo de las familias mientras dure la epidemia. También los precios y volúmenes de las exportaciones. Y que una porción de nuestra sociedad procure refugios de valor en otras monedas o activos fuera de nuestro país.

Sería deseable entonces que el Gobierno, que ha impulsado iniciativas correctas en la esfera de la salud, proyecte certidumbre y firmeza en materia económica. Ampliando las medidas que permiten sostener el empleo y la demanda de bienes y productos, sin retrasar salarios ni ingresos en la batalla contra la inflación. Mientras se reprograman, por un plazo razonable, las metas fiscales y los pagos de intereses y capital de la deuda pública. Una situación anómala requiere respuestas acordes. Así lo han hecho otros países y lo sugieren los organismos internacionales. En tanto que las características masivas de la epidemia inducen a consolidar un amplio acuerdo político y social que permita atender la emergencia con el máximo de energía. ¿Será posible esta vez?

 

https://www.clarin.com/opinion/prepararse-desafio-extraordinario_0_ZkxKUhP-w.html

FIN DEL PERIODO MACRI: EL LEGADO DEL MACRISMO, LA VUELTA AL ANTIGUO REGIMEN

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Con estas observaciones básicas iniciales podemos decir que las perspectivas de América Latina para 2020 no exceden este estrecho horizonte en crecimiento y bienestar, con una limitada suba en Brasil (1,1%). Esto  por la política de ajuste del presidente Jair Bolsonaro apoyada en su ministro de Economía, Paulo Guedes, seguidora de la ruta promovida por el presidente Trump, que dio lugar a una muy lenta recuperación y a una suba del dólar (4,65 reales, a principios de marzo).

México, con el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), con una industria ya integrada en forma diferencial a Estados Unidos, trata de obtener ventajas de esa integración inevitable. Y la dramática situación de la Argentina, en que la política económica del macrismo redujo en cuatro años el PBI en dólares en más de 25% y que -agobiada por una deuda adquirida para asegurar la persistencia de esa política- tratará con el peronismo y el presidente Alberto Fernández (AF) de alcanzar una recuperación en el segundo semestre. No es seguro que alcance a dar un resultado positivo en 2020 ni a modificar drásticamente la situación social sino sólo a frenar la caída y empezar la recuperación, condicionada por los resultados de la negociación de la deuda y por la reiterada crisis financiera internacional que condujo al nuevo lunes negro del 9/3 de 2020.

A este panorama –que no tiene otra explicación que el alto nivel de deuda que afecta a toda la región- habrá que agregar las consecuencias inmediatas de la Iniciativa América Crece del presidente Trump, destinada a colocar al sur del continente como apéndice de Estados Unidos en su guerra de predominio contra China, Rusia y la Unión Europea, aunque podría ofrecer un breve respiro si incluyera facilidades para el pago de la deuda, y por eso el FMI apoya en la Argentina la quita a los bonistas.

Así como Europa pudo alcanzar una unidad que potenció su dimensión (aunque no haya dado una franca mejora a las economías menores) y que Estados Unidos trata de limitar, el Mercosur sólo tiene futuro si se recompone como primer bloque regional de países en desarrollo que -con su unidad y una política independiente de las grandes potencias- busque un camino de industrialización y empleo sustentable. Política acompañada de una redistribución del ingreso derivado de la mayor productividad, para lo que no se debe interrumpir la fuerte vinculación comercial con China y el Asia del Pacífico y conseguir los recursos para ese salto dentro de una economía mundial dinámica, en vez de financiarse con una deuda que la subordina permanentemente a los prestamistas

En la Argentina, en diciembre 2019 el PBI tuvo una baja de 0,3% i.a, que en todo el año fue una caída de 2,1% i.a, según el Indec y en tres de los cuatro años de la gestión macrista hubo recesión y la pérdida económica acumulada en su gestión fue de 6,7%. Pero se trata de una relación engañosa, que debe medirse no en pesos devaluados por la suba del dólar de 546% en ese período sino en dólares, en que la baja del PBI podría haber pasado, como se lo adelantó en un principio, de casi 600.000 M dóls a poco más de 300.000 M dóls.

Pero como la baja en dólares no afecta a todos los componentes del PBI por igual y no hay todavía un cálculo oficial elaborado, el de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNdAv) es el único que hasta ahora estimó esa baja en 25,6% en el PBI total y en 28,6% en términos per cápita, por lo que el PBI habría pasado con Macri de cerca de 600.000 M dóls a poco menos de 450.000 M dóls.

De esta manera, el mayor desastre del país no fue el populismo –como dice Macri- sino su política forzosamente recesiva al estar apoyada en la deuda, como ya se vio en las experiencias anteriores de la dictadura militar y en la continuidad en la democracia que agudizaron los ex presidentes Carlos Menem y Fernando de La Rúa y terminó con el colapso de 2001, repetido con amplitud en 2018/2019 y mucho más difícil de revertir por la profundización de la crisis mundial, del que forma parte la crisis de la deuda.

Lo más importante del período Macri fue la fuerte desindustrialización acorde con la baja del ingreso asalariado porque en la industria se concentra el 43% del trabajo de más calidad. El crecimiento centrado en el agro no es una casualidad: en realidad, la política de la dictadura continuada en la democracia hasta la crisis de 2001 fue volver a la especialización agropecuaria relegando a la industria a un segundo plano. Las sucesivas devaluaciones y el consecuente aumento de la deuda externa y las finanzas condujo a todas las crisis que tuvieron lugar desde 1975 a 2001 como resultado de ese intento explícito.

Tal política, solo fue inicialmente resistida por el presidente Raúl Alfonsín con su ministro Bernardo Grinspun, pero -obligado por la inflación y la suba del el dólar- lo sustituyó por Juan Vital Sorrouille y Adolfo Canitrot que crearon el Plan Austral con acuerdo del FMI y que fue precursor del ajuste y siguió con más endeudamiento con el Plan Primavera hasta el traspaso adelantado del poder.

Menem empezó con miembros de Bunge y Born como camino para priorizar al agro sin un ataque frontal a la industria, y tuvo que terminar instalando a Domingo Cavallo que, con la convertibilidad uno a uno con el dólar, imposible de sostener porque no hay simetría alguna entre el peso y el dólar ya que no la hay entre la productividad estadounidense y la productividad local, condujo a nuevas crisis reiteradas y profundizadas en la presidencia de Fernando de La Rúa. Después de insistir y profundizar el ajuste con Ricardo López Murphy volvió Cavallo con Federico Sturzenegger y un intento de megacanje que llevó finalmente -como después con Macri- a un control cambiario conocido como corralito hasta el desplome de 2001, su renuncia y el fin de la convertibilidad.

El ajuste fue revertido por la política industrial del peronismo kirchnerista de 2003 a 2011 (PBI), que se sostuvo hasta la crisis mundial de 2008 por la demanda china y el aumento de los precios internacionales de las materias primas. En ese momento no se entendió el alcance mundial de la crisis y su larga duración y se descuidó el efecto inflacionario, que afectó al crecimiento económico de 2011 a 2015 junto con una política de nacionalismo económico que no favoreció un reordenamiento más competitivo de la industria. En 2015 ya los costos financieros llegaban a casi la mitad del costo operativo, y después el macrismo convirtió otra vez en política la pérdida de terreno de la industria.

En la presidencia de Macri, la industria perdió 18,6% de su magnitud y la actividad agropecuaria avanzó 6,8%, con apertura y cierre de importaciones y liberación cambiaria. Las consultoras disimulan que la profunda baja industrial fuera resultado de una política, cuando es innegable, debido a que hubo un claro intento de contraerla mediante la apertura de las importaciones, la suba de la tasa de interés para atraer capital en forma de deuda, que elevó el costo del crédito en el final del macrismo a casi cuatro veces el nivel de fin de 2015. Lo que debe merecer especial atención es que junto al decisivo embate antiindustrial, el agro recuperó con el macrismo su lugar central de la política productiva, lo que significó una plena vuelta a las políticas conservadoras del Antiguo Régimen.

Si bien el término de Antiguo Régimen es el nombre que la Revolución Francesa le dio al orden político, económico y social anterior, su uso se terminó ampliando, utilizándolo para designar a la formación económico social previa al capitalismo moderno. Aunque el término se refiere al paso del feudalismo al capitalismo y al fin del régimen político de la monarquía absoluta, parece apropiado usarlo en la Argentina precisamente porque el moderno capitalismo tiene por centro a la industria y la burguesía argentina tiene la particularidad de rechazarla y de buscar la especialización agropecuaria.

Para que la burguesía industrial no alcanzara el papel que ocupa en los países industrializados del capitalismo, el poder debe permanecer en manos de la oligarquía rural con un sistema político que asegure su dominio y el de las áreas en las que puede invertir el excedente dentro de la especialización elegida. Como la inversión productiva está obstruida por el freno a la industria, se promueve la integración al capital financiero internacional asociándose en la fuga de excedentes y el sostén de ese sistema mediante el sobreendeudamiento externo.

Este sistema requiere un bajo ingreso de los trabajadores para un limitado consumo propio de la restringida expansión fabril con el objeto de obtener un fuerte excedente sin gran creación de valor agregado industrial, para lo que es necesario un sistema político autoritario. Este por sus antecedentes históricos en la Argentina debió apoyarse en una ideología liberal, pero que consiguió mantenerse en el poder por largo tiempo sin una ley de voto obligatorio (la Ley Saenz Peña se dictó en 1914) seguida de un fraude sistemático que recién pudo superarse con la llegada al poder del peronismo.

Esta oligarquía tuvo una fuerte impronta cultural que rememora su período de poder indiscutido como un nostálgico paraíso perdido estropeado por el peronismo, una añoranza similar a la que profesaban los cultores del Antiguo Régimen barrido por la Revolución Francesa. En el caso argentino, la oligarquía creó como contrapartida una concepción infamante, casi diabólica del peronismo, hoy concentrada en el kirchnerismo y muy evidente en la prensa opositora.    

¿Por qué el peronismo concita el odio de la oligarquía dominante? Porque con el desarrollo industrial, el mayor empleo y la mejor distribución del ingreso, el agro pierde su sitial privilegiado, junto con los sectores que han prosperado con ese dominio: Este es el origen de la grieta: un Antiguo Régimen cuyo objetivo es regresar y lo ha conseguido a través del tiempo sólo derrocando del poder a Perón o impidiendo que vuelva o prospere su continuidad histórica, que se identifica con la industrialización y una mayor participación en el ingreso de los trabajadores. Cuando no puede hacerlo, busca una alianza con el peronismo que en realidad no lo es, porque la característica fundacional del movimiento es precisamente la industria y la distribución del ingreso.

Los partidarios de la especialización agraria sostienen que la decadencia argentina de la posguerra se debe al peronismo, pero ningún régimen político en los mayores países de América Latina se propone un objetivo económico que no incluya el desarrollo industrial, que desarrolla más valor agregado que la economía primaria y –además- es el terreno en que va a tener lugar la Cuarta Revolución Industrial.

Por eso la Argentina ha quedado retrasada frente a Brasil y México. La responsabilidad por ese retraso creciente no es por el peronismo sino por el freno a la industria del conservadorismo agrario. Este ha encontrado a través del tiempo sectores con los que pudo crear afinidad de intereses en el comercio exterior agropecuario, las finanzas y la gran banca extranjera a través del endeudamiento público. Últimamente también en una parte del capital industrial en el petróleo y el gas, y los servicios, para la médula de la dirección política macrista y su séquito inmediato.

Es una grieta por la profundidad de la diferencia, que relega al área más avanzada del desarrollo y provoca una grieta social no menos profunda, como queda en evidencia con la pérdida del poder adquisitivo que sufren los ingresos laborales y sociales al cabo de las experiencias de desindustrialización, que han ocupado casi medio siglo frente a las políticas industrialistas, que no han llegado ni siquiera a la mitad de ese tiempo.    

En los regímenes antiperonistas posteriores al primer peronismo, no hubo una política completamente excluyente de la industria sino una limitación muy reñida, más en función de la contención de los salarios y del poder de los trabajadores y de los sindicatos que del desarrollo fabril, incluso en el período de la primera dictadura (1955 a 1973), en que coexistía un bando militar triunfante -los azules, que sostenía una política industrial- frente al bando colorado derrotado, decididamente antiindustrialista.

El antiindustrialismo se generalizó después de la muerte de Perón y el embate contra la política de José Ber Gelbard en manos del peronismo de derecha que, en su oscura agonía, terminó con la instalación del rodrigazo, prólogo a la dictadura de 1976 a 1984. Más firme que la primera dictadura en la restauración de la especialización agropecuaria, pero más recostada en el capital financiero internacional y el endeudamiento, aunque todavía sin llegar a una máxima represión industrial que treinta años después encararía el macrismo.

En la democracia, la política económica de la dictadura se mantuvo con variantes poco significativas hasta que la crisis de 2001 la dinamitó: la restauración de la especialización agropecuaria se encontraba sin un mercado externo que la alentara y por eso no se pudo transformar el debilitamiento de la industria en una política completamente definida hasta que esa posibilidad se concretó con las consecuencias del ajuste y de la deuda: la crisis terminal de 2001.

Inmediatamente después, el peronismo en su versión kirchnerista recuperó la política de desarrollo industrial, de limitación de la deuda externa y de redistribución del ingreso sumada a la recreación del Mercosur como una asociación regional independiente del dominio estadounidense, y supuso una completa vuelta atrás en la restauración del Antiguo Régimen, que extremó la ofensiva política contra el peronismo y particularmente contra el peronismo kirchnerista.

En su aspecto político, la ofensiva contra el peronismo basado en el desarrollo industrial y la distribución del ingreso tuvo una respuesta electoral masiva, sumó a una parte de la derecha peronista y pudo conformar una plataforma electoral que, encabezada por Mauricio Macri en Cambiemos, pudo enfrentar al peronismo K y ganar las elecciones de 2015, con un margen muy estrecho pero con considerables triunfos en las áreas de mayor poder adquisitivo del país: la ciudad de Buenos Aires y en las provincias de la región central.

Por eso, el macrismo pudo convertirse en el mayor intento de una vuelta completa al pasado de búsqueda y sostenimiento de la especialización productiva primaria afirmada en el agro y acompañada por el desarrollo del petróleo y de la minería con capital extranjero y los servicios públicos, con especial control y participación del macrismo y su grupo cercano más el pleno control del capital financiero por la banca extranjera a través de la deuda. Todos ellos receptores de un excedente que, al no destinarse a la inversión productiva en la industria, dio lugar a más desempleo, bajas en los salarios y más empleo precario, y privilegiar la colocación financiera no productiva que sobredimensionó el endeudamiento y multiplicó la pobreza, que fue vista por sus principales propagandistas como una gloriosa vuelta al pasado.

10 de marzo 2020