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Lo que dejó el conflicto con la Policía Bonaerense: Imágenes antidemocráticas

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09/09/2020; Buenos Aires: Buenos Aires: Efectivos de la policía bonaerense realizan una manifestación frente a la Quinta de Olivos bajo un reclamo de mejora salarial. Foto: Daniel Dabove/Télam/AA

La crisis salarial de la Policía Bonaerense exhibió comportamientos espeluznantes similares a los vividos la semana pasada en el Congreso, pero esta vez el blanco de las demostraciones antidemocráticas fueron las residencias oficiales del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y del Presidente de la Nación, que recibieron la visita -el primero en horas de la madrugada- de agentes uniformados y armados requiriendo el aumento de sus remuneraciones mezclado con consignas políticas opositoras.

La columna pasada comentamos con preocupación, por el riesgo institucional que conlleva, las amenazas de muerte recibidas por el Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación en ejercicio de sus funciones, en tanto en las calles grupos de exaltados apedreaban el Congreso. Esta semana fueron las ya referidas presencias armadas en las residencias de las principales autoridades constitucionales de la Argentina.

El agolpamiento ominoso de imágenes antidemocráticas no alcanza para conformar la idea de una conspiración en marcha, pero sí evidencia que la elite oligárquica desconfía crecientemente de la conveniencia de aceptar el veredicto de las urnas tal como el pueblo lo pronuncie con su voto.

El enfrentamiento histórico que la oligarquía sostiene contra el peronismo, por considerarlo un freno a la consolidación definitiva del proyecto liberal-conservador, ha cobrado intensidad en los años recientes por la resiliencia que muestra el movimiento popular para sostener la pulseada.

Uno de los picos del conflicto fue la derrota infligida al primer gobierno de Cristina con el voto “no positivo” al proyecto de derechos de exportación móviles en el año 2008, que significó la transferencia de u$s7.600 millones a los rentistas agropecuarios en los siguientes cinco años mientras subía el precio de la tonelada de soja. Consecuencia inmediata de esa batalla fue la derrota en las elecciones legislativas de 2009 que dejó al bloque oficialista en minoría en la Cámara de Diputados. El fin de la experiencia kirchnerista parecía seguro. Sin embargo, el enorme liderazgo de Cristina para afrontar la tragedia de la partida de Néstor que la enlutaba tanto a ella como a buena parte del pueblo argentino, aunada al programa económico aplicado por el entonces ministro de Economía Amado Boudou para superar el impacto de la crisis financiera internacional que arrojó una tasa promedio anual de crecimiento del PIB del 8% en el bienio 2010-2011, diluyeron ese final proclamado. La reelección en el 2011 se produjo con el 54% de los votos.

Cabalgando en la fractura del peronismo ocurrida en 2013 y que perduró hasta 2017, la oligarquía obtuvo un resonante triunfo electoral en la Provincia de Buenos Aires y una ajustada victoria en el “ballotage” nacional del 2015. El “no vuelven más” se generalizó como una verdad revelada que no necesita demostración y el gobierno de Macri avanzó en cercenar espacios democráticos para asegurar el lema citado como nunca se había vivido desde 1983.

El espionaje, la estigmatización mediática y la persecución judicial estuvieron activos contra Cristina, su vicepresidente Boudou que permanece encarcelado y casi todos los funcionarios relevantes de su Gobierno. Pero nuevamente el liderazgo de la ex-Presidenta y la comprensión cabal del desastre macrista que mostraron los dirigentes peronistas permitieron organizar un frente político plural y ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta con más del 48% de los votos, recuperando el gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

A pesar del impacto de la pandemia sobre el sistema de salud y la economía, el Gobierno del Frente de Todos se encuentra piloteando la crisis y ha adoptado un conjunto de decisiones que permiten atisbar cierta reactivación del nivel de actividad hacia fin de año y un pronóstico de aceleración en el 2021. El proceso exitoso de reestructuración de la deuda heredada ha permitido disminuir el Riesgo País a casi la mitad del vigente durante el macrismo -desde 2.300 puntos a 1.200-, generando certidumbre para orientar recursos hacia la producción y el consumo. El ministro Martín Guzmán ha planteado que se está en condiciones de aplicar políticas expansivas, algo que se reflejará en el proyecto de Presupuesto remitido prontamente al Congreso.

La elite oligárquica sopesa entonces, que de cumplirse los pronósticos sobre la economía para el año próximo y en tanto se continúe administrando la crisis sanitaria, es probable un triunfo de la coalición peronista en las elecciones de medio término ampliando las mayorías parlamentarias oficialistas.

Consecuentemente, evidencia la pulsión antidemocrática que la caracteriza y que ejerció sin límites y con ferocidad durante el siglo XX. Parecía haberla abandonado con el ciclo largo de institucionalidad abierto en 1983. No obstante, la retomó durante el Gobierno de Macri tal como se describió y ahora parece haberla agudizado fogoneando acciones violentas contra el Gobierno del Frente de Todos.

En una columna anterior describimos el deshilachamiento democrático en Suramérica, en ocasión de los dichos del ex-presidente Eduardo Duhalde que descartó la posibilidad que se celebren elecciones el año próximo. Las “boutades” antidemocráticas son fruto de una elite que aborrece a las urnas, pero además ahora les teme.

 

https://www.eldestapeweb.com/politica/policia-bonaerense/imagenes-antidemocraticas-202091219040

Coparticipación federal de impuestos

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Antes de la crisis de 1930, cada provincia tenía su sistema de impuesto a los réditos (ganancias), e incluso competían entre ellas reduciendo las alícuotas y otorgando exenciones. Para enfrentar las consecuencias de la crisis mundial y ante la falta de recursos de los Estados (nacional y provinciales) se crea mediante la ley N°11.682 el Impuesto a los Réditos, que fue sancionado durante la presidencia de Agustín P. Justo (diciembre de 1932) e incluyó la creación de la Dirección General de Impuesto al Rédito (hoy DGI-AFIP), que es el organismo nacional recaudador, para después distribuir la misma entre la Nación y entre las provincias (coparticipación primaria) y entre la provincia entre sí (coparticipación secundaria).

Las partes concurrieron ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación que impuso como primera condición que el sistema fuese transitorio hasta el 31 de diciembre de 1934, límite nunca cumplido por las partes y quedó como definitivo, así nació la coparticipación, que progresivamente se trasladó a más tributos[1], los que además aumentaron en cantidad, hasta llegar al régimen vigente.

Desde que la Ciudad de Buenos Aires deja de ser Municipio para pasar a ser Ciudad Autónoma en el año 1996, exigía su participación en la coparticipación federal de impuestos, como no se ponían de acuerdo como debería haber sido y acordar una nueva Ley de Coparticipación, el problema se zanjó mediante el decreto 705 del año 2003 y la Nación Argentina de su participación le cede el 1,4% sobre la masa de recursos.

Pero no bien asume el Gobierno de Cambiemos, mediante el Decreto 194 de enero de 2016, dispuso modificar el índice de coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires y elevar el índice a 3,75%, retroactivo al primero de enero de ese año.  Con el Pacto Fiscal del año  2017 el porcentaje bajó levemente a 3,5% aplicable desde el año 2018.  De esa manera, sobre el total de los recursos coparticipables del año 2019 de $ 2.482.795,8 millones[2], el 3,5% significó la suma de $ 84.269,6 millones que representó el 25,8% del presupuesto del GCABA de ese año, cuando el objeto era financiar el mayor gasto por la conformación de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires y la erogación presupuestada para todo el Programa de Seguridad (que incluye a la policía de la Ciudad) significó la suma de  $ 46.500,3 millones en el año 2019.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las Provincias

Es a toda la vista injusto que la Ciudad donde reside el gobierno nacional y están las sedes fiscales de las principales empresas y bancos del país, perciba un coeficiente de coparticipación mayor que el de muchas provincias, e incluso con respecto a la Provincia de Buenos Aires, que en el año 2019 le correspondió por coparticipación federal de impuestos la suma de $ 300.232,4 millones y la cantidad de habitantes de la provincia según el Censo Poblacional del INDEC 2010 fue de 15.625.084, por lo que el aporte de la recaudación nacional a cada bonaerense ese año sería de aproximadamente $19.215.- pero con el agravante que la población crece en forma más que proporcional al promedio del país y de la Ciudad Autónoma, la proyección poblacional del año 2019 es de 17.300.000 habitantes y, con una tasa de desocupación abierta para los Partidos del Gran Buenos Aires de 10,8% y de sub ocupación del 13,1% en el cuarto trimestre de 2019 (según INDEC), que se infiere que es mayor por la pandemia del año 2020.

Esa fue la razón por la cual el gobierno nacional mediante el Decreto 735 del 10 de septiembre de 2020 derogó los Decretos del gobierno de Cambiemos que beneficiaban de sobremanera a la Ciudad de Buenos Aires y con ese diferencial se crea el FONDO DE FORTALECIMIENTO FISCAL DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES que tendrá por objeto contribuir a sostener el normal funcionamiento de las finanzas de esa Provincia por una parte y, por otro lado, el Decreto 735/2020 determina su vigencia hasta que se cuente con una nueva ley de Coparticipación Federal de Impuestos tal como dispone la incumplida Cláusula Transitoria Sexta de la Constitución Nacional:  «un régimen de coparticipación conforme a lo dispuesto en el inciso 2 del artículo 75 y la reglamentación del organismo fiscal federal, serán establecidos antes de la finalización del año 1996…».

Y allí surge otra historia, porque la ley 23.548 de Coparticipación Federal de Impuesto del año 1988, perjudicó a la Provincia porque en ese entonces era su gobernador Antonio Cafiero, principal candidato en las elecciones que se celebrarían en el año 1989, confiriéndole un coeficiente mucho menor al que por población y aporte tributario a la Nación le tendría que haber correspondido.

TOTAL ANUAL 2019 Coparticipación Federal Total de Habitantes Coparticipación per cápita
Total Destinos 2.482.795,8 40.117.096 61.888
   Gobierno Nacional 1.005.394,2    
   Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 84.269,6 2.890.151 29.158
   Gobiernos Provinciales 1.393.132,0    
      Buenos Aires 300.232,4 15.625.084 19.215
      Catamarca 37.651,7 367.828 102.363
      Chaco 68.147,4 1.055.259 64.579
      Chubut 21.651,8 509.108 42.529
      Córdoba 125.111,6 3.308.876 37.810
      Corrientes 50.808,8 992.595 51.119
      Entre Ríos 66.750,6 1.235.994 54.001
      Formosa 49.808,6 530.162 93.950
      Jujuy 38.847,0 673.307 57.696
      La Pampa (1) 26.190,5 318.951 82.115
      La Rioja 28.315,4 333.642 84.868
      Mendoza 57.019,9 1.738.929 32.790
      Misiones 45.158,9 1.101.593 40.995
      Neuquén 23.742,7 551.266 43.070
      Río Negro 34.493,0 638.645 54.009
      Salta 52.399,8 1.214.441 43.148
      San Juan 46.206,8 681.055 67.846
      San Luis 32.171,5 432.310 74.418
      Santa Cruz 21.636,1 273.964 78.974
      Santa Fe (1) 128.399,1 3.194.537 40.193
      Santiago del Estero 56.463,9 874.006 64.605
      Tierra del Fuego 16.889,9 127.205 132.777
      Tucumán 65.034,5 1.448.188 44.907
Nota:  En millones de pesos corrientes y per cápita a precios corrientes
Fuente: Comisión Federal de Impuestos
Censo Nacional de Población – 2010 (INDEC)

 

Finalmente debe contemplarse los recursos propios de cada provincia, en el caso concreto de Tucumán para el año 2019 el gasto público de la Provincia presupuestado en el año fue de $ 96.362,8 millones que dividido la cantidad de habitantes (siempre según el censo nacional 2010) de 1.448.188 personas, conforma un gasto total anual de $ 66.540.- por ciudadano y si bien es mejor que el promedio de la Provincia de Buenos Aires es casi la mitad del que percibe un porteño ($ 113.172.- por persona por año)

 

[1] El Impuesto a los réditos, es el gravamen a las ganancias y es un impuesto directo, que por nuestra Constitución Nacional le corresponde a las provincias, ellas ceden esa recaudación a la DGI.  Luego si se suman los Impuestos Indirectos (actualmente el IVA; Internos coparticipados; al juego; Impuestos al Dióxido de Carbono – Fuel Oil, Coque de Petróleo y Carbón Mineral; a la Transferencia de Inmuebles de Personas Físicas y Sucesiones Indivisas; etc.) que por el Art. 75 Inciso 2 es facultad concurrente de la Nación y las provincias.

[2] Equivalente a unos 24.000 millones de dólares.

 

https://www.eltucumano.com/noticia/opinion/266613/coparticipacion-federal-de-impuestos

Informe económico mensual

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En este documento destacamos indicadores sensibles, como la actividad industrial, la económica en general, las exportaciones, las importaciones e indicadores de precios y utilización de la capacidad instalada, todo conviviendo con la pandemia que continúa en plena carrera y un micra Covid-19 fortalecido. Cuando tenemos alguna duda sobre lo que está ocurriendo siempre recurrimos al gran estratega geopolítico, Inodoro Pereyra.
Allá por 1997, en una de sus reflexiones anticipatorias, decía con la mesura y el rigor que lo caracterizan: “Además, este bichito ha lograu lo que naides logró en este país, dotor. Ha contagiau a tuitos, sin distinción de credos ni banderías. Ha unificado el país, dotor”.

Cuando pongamos punto final a este informe, tendremos encima la inflación de agosto y será el nuevo documento, las nuevas dudas, las nuevas conjeturas y los nuevos equívocos. El dato reciente a comentar más adelante es el anuncio del ministro Guzmán sobre la aceptación de la deuda (Legislación Extranjera y Nacional) por parte de los tenedores de bonos. Insistimos que el Riesgo País debiera estar nuevamente en los 1.000 puntos, expresión de anhelo que observaremos con rigor científico… ex post. Y se viene el Presupuesto 2021, vendrá cargado de novedades y todo el mundo desde Alaska a China y desde La Quiaca a Ushuaia, lo analizará. Otro tanto la nueva discusión con el FMI, y ya van varias, pero siempre renovadas. Hasta se podría decir que el FMI tiene tanto o más interés que nosotros en firmar un nuevo acuerdo, cobrar, prorrogar el existente o saltar de un Stand By a uno de extendidas facilidades, pero con los u$s 44.000 millones que les debemos por nuestra parte ya tenemos suficiente.

Los gráficos tratamos de hacerlos claros. No siempre lo logramos, pero nadie puede dudar de nuestras buenas intenciones. Como todos los temas presentados son densos, pesados y hasta indigestos, buscamos detalles en los mayores plazos. Para no irnos a la prehistoria, arrancamos desde 2003, son bastantes años, bastantes gobiernos y bastantes enredos. En algunos casos ponemos la lupa en el corto plazo o en los meses recientes.

El repaso de los diversos avatares de nuestra coyuntura nos llena de ilusiones y dudas, pero no sugerimos nada. Podemos asegurar que la falta de dólares es un problema, especialmente para la industria. Por el momento nos olvidamos de los compradores (de dólares) y de los gastos turísticos. Los dejamos para más adelante, pero sin omitirlos. También nos preguntamos si podemos aumentar la utilización de la capacidad instalada industrial sin que esto signifique “un parto en los montes”. Muchos temas.

Aclaración: En ICA (Intercambio Comercial Argentino) las exportaciones son FOB y las Importaciones CIF, en el B. Pagos Las exportaciones son FOB y las Importaciones FOB y finalmente en el Balance Cambiario los registros son pagos efectivos y en el Balance de Pagos los registros son devengados.

El presidente ha dicho sobre la pandemia: “Sigamos atentos la situación, que nadie tome con displicencia este tema”. Y tiene razón.
En la página https://www.argentina.gob.ar/salud/coronavirus-COVID-19, se puede encontrar amplia información.

Informe economico septiembre 2020

Entrevista con Carlos Abalo

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Acabamos de conocer tu artículo sobre la inflación. Es el punto más conflictivo para la recuperación de la economía en nuestro país…

CA: El problema más grave parece ser la inflación. Sin embargo, las causas de la crisis y las armas para enfrentarla son muy parecidas a los de otros países y sobre todo a Estados Unidos y los países desarrollados.

Las crisis producen una caída en el ritmo de la producción que ha llegado a ser una caída neta en el PBI que, en proporciones, no es muy diferente en Argentina o Estados Unidos, salvo que aquí es más profunda. La diferencia parece que estuviera en la inflación, que allá no hay y acá hay por demás.

En EEUU, la emisión monetaria es enorme…

CA: Allá emiten y se endeudan tanto como acá. La emisión es descomunal, todo se arregla emitiendo y el endeudamiento también llegó al 100% del PBI y encima la Fed lo está convirtiendo en una política permanente, con el agregado de que lo justifica señalando que ya nadie puede sostener que la política monetaria expansiva sea la causa de la inflación.

Sin embargo, acá no hay analista o consultor que no siga diciendo que el exceso de inflación (aparentemente no el de deuda, eso no lo dice nadie) es la madre de todos los desastres.

CA: Lo que yo estoy tratando de poner en claro es que la cuestión está en la moneda que cada país tiene y qué es una moneda. En Estados Unidos y en los países industrializados tienen una moneda divisa. Y los países no desarrollados tienen una moneda que no es una divisa y que se deprecia respecto a la divisa. La Argentina es la campeona de todas en las monedas que se deprecian. Allá, en cambio, la moneda se puede depreciar respecto a otra divisa, (relación dólar-euro, por ejemplo) pero siempre es acotada, no afecta a los precios o se compensa con períodos de revaluación, como podría empezar a suceder ahora con el dólar. En cambio aquí es una depreciación continua y profunda, y eso induce al que puede  ahorrar que lo haga en dólares, y genera una continua corriente de compra de dólares.

Si, todos  emiten y se endeudan, y en los países industrializados no hay inflación…

CA: Yo insisto en que la moneda es distinta y esa es  la diferencia. Lo que nadie ve, es que la moneda es débil porque la economía es débil y la producción es competitiva sólo en materias primas pero no en productos industriales. Y eso, porque la moneda es una consecuencia de la producción. Si no hay producción creciente y eficiente, no hay moneda fuerte.

Aquí, el acento en la moneda no lleva a convenir una política para hacer fuerte la moneda a través de hacer fuerte la producción, sino en rechazar la moneda y sustituirla con el dólar, en primer lugar para ahorrar, pero también para acumular. Por eso fugan capitales. Algunos creen que eso se soluciona comprando la moneda, de manera parcial con la deuda, o de manera total como sucedió con la convertibilidad. Pero ni cambiando la moneda ni tomando deuda, se cambia la economía.

¿Por qué?

CA: Por la sencilla razón de que no hay moneda que no surja de la propia economía, y si se adopta otra, y hay que comprarla, esa compra, parcial (endeudamiento) o total (sustitución por el dólar directa o a través de convertibilidad) desestabiliza todo.

Precisamente por el principio de que una moneda o es total y sirve para todo, o no es una moneda, y lo que hay que construir es una moneda que sirva para todo, y como la base de una moneda que sirva para todo está en la producción, lo que hay que llegar a tener es una economía que permita construir una moneda con todas sus funciones. Y si una economía produce en las mejores condiciones, tiene que hacerlo a aproximadamente igual costo y así no habría inflación o estaríamos ante un peligro mucho más acotado, como sucede en Estados Unidos o en Europa.

Sin embargo, en todas las fórmulas de los analistas y consultores no se pone el acento en la construcción de una economía productiva sino en reducir el gasto y generar un excedente, es decir terminar con el déficit fiscal, para que eso se traduzca en un superávit financiero.

CA: Si uno examina los pedidos, se ve que nunca están satisfechos. Primero, había que lograr un acuerdo con la deuda. Ahora el acuerdo ya está y a la prensa internacional le parece muy bueno, pero todavía «falta algo más»: éste es el centro de los pedidos.

Cuando se examina en qué consiste el algo más, se empieza a ver que las diferencias se centran en que si bien el BCRA devalúa más que la suba de los precios, los inversores (que en realidad son inversores que en su gran mayoría invierten en dólares para tener una renta en dólares y fugarla) dicen que es poco con el ojo puesto en la suba del blue, que sube porque ellos compran. Y lo fundamentan en sus «expectativas» y esas «expectativas» siempre han estado puestas en que el dólar va a subir, que significa que ellos van a seguir comprando dólares, así que lo que falta para que aprueben la política económica, es una política cambiaria y monetaria que incorpore las expectativas de los inversores y sus analistas.

Y como sus expectativas son un dólar más alto siempre, lo que piden es que el Estado adopte la política de ajustar bajando el costo interno para que haya un excedente para comprar dólares, endeudándose.

Al principio, esa deuda excedente puede cubrir lo que falta, pero termina siendo una deuda para que se puedan cumplir los pagos de amortización de la deuda ya adquirida más los intereses de esa deuda, o sea, una deuda creciente que solvente la fuga creciente de capitales. Al hacer esto, al costo nacional  se le agrega el costo de comprar los dólares, que cada vez es mayor. Por eso suben los precios (porque el costo es más alto) y por eso la deuda crece cada vez más y el país se empobrece permanentemente.

Y en los países industrializados…

CA: En los países industrializados es lo mismo, en el sentido de que la salida es siempre una deuda que crece continuamente, pero como tienen monedas fuertes o divisas, el Estado casi no tiene límites para gastar, como lo muestra Estados Unidos con la política armamentística, y de la misma manera rescata a los bancos, como hizo con Lehman en 2008, o les inyecta una ayuda permanente en liquidez. Y como casi no tienen límites para gastar, pueden sostener el endeudamiento permanente que en los países no plenamente desarrollados de la periferia del sistema no se puede sostener. Y aunque también en los países industrializados se reduce el nivel de vida, disminuye el empleo seguro, empeoran las condiciones laborales y se agrandan las desigualdades, no se empobrecen al extremo, como sucede en nuestro país o en cualquier otro de la periferia del sistema.

Cuando llega a un extremo, como ahora, Estados Unidos defiende su moneda quitándole segmentos del mercado a China, limitando a la Unión Europea, tratando de integrar al patio trasero latinoamericano, como ya lo hizo en América del Norte con México y Canadá (aunque este último no es un patio trasero sino un estado integrado a la economía estadounidense), bloqueando el crecimiento de los demás y compensando parte de su deuda con los préstamos.

Esa compleja operatoria da lugar a una complicada trama que se expresa en las políticas monetarias y cambiarias que recrean continuamente esta situación y guardan para la periferia del sistema un comportamiento muy distinto basado primero en el ajuste y el endeudamiento a través de los cuales en estos países la misma política funciona de otra manera, y se les exige que la cumplan poniendo el ejemplo de que con ellas, a ellos les va bien y lo que se prepara es una integración mayor, como estados incorporados de naturaleza inferior.

Todo esto no termina de explicar el funcionamiento del sistema en su conjunto…

CA: El capitalismo sorteó las crisis hasta el momento. En los ciclos cortos, el agrandamiento de la demanda exige más inversión y como a la vez exige más gasto, sobre todo en salarios, terminan siendo mayores los gastos que los ingresos y la crisis se identifica con una baja de las tasas de ganancias. En el ciclo corto, el freno de los gastos se traduce en menor crecimiento o pequeños retrocesos, que son suficientes para recomponer las ganancias.

A mediano o largo plazo, aparecen ciclos largos, períodos mayores, más allá de los ciclos cortos. Así, los ciclos cortos, arreglables, se desenvuelven dentro de ciclos largos, con fases largas de alzas y fases largas de bajas. Así que hay fases de mejoras largas permanentes y otras de empeoramientos que no se terminan, como los actuales. La superación de estos ciclos largos es a través del cambio tecnológico, es decir, producir con mayor productividad, lo que genera mayor producción a menor costo por unidad de producción y permite recomponer tanto la ganancia como el nivel de vida.

¿Cuál es la experiencia histórica? Sin ir tan lejos…

CA: Después de la Segunda guerra mundial empezó un nuevo ciclo largo cuya fase expansiva terminó en los años setenta y dio lugar al Estado de Bienestar. Este ciclo largo entró en su fase de baja o fase recesiva que no terminó o que sólo fue modificado con una actividad más sostenida con la expansión del mercado mundial por la presencia de China y el fin de los países de la órbita soviética, que se incorporaron plenamente al mercado, salvo Rusia, y la aplicación parcial de nuevas tecnologías.

La recuperación terminó en 2001 con la crisis de las empresas de nueva tecnología, porque todavía no se podían aplicar plenamente para configurar un verdadero nuevo ciclo. Por eso se requirió más que nunca auxilio financiero, que sustituyó al cambio tecnológico aplicado a la producción en gran escala y solo desarrollando la tecnología en los servicios y en el consumo.

Entonces…

CA: Si bien la actividad se recuperó en los primeros años del nuevo siglo, siempre por la presencia de China, no se pudo despegar del sostenimiento financiero, que se acrecentó. De ahí, surgió la crisis financiera de 2008 y la evidencia de que China iba a terminar sustituyendo a Estados Unidos como país de punta. Esos dos factores crearon una nueva situación, porque la nueva organización industrial no se puede terminar de imponer hasta que se sepa quien la dirige y por otro lado, el cambio tecnológico no se puede aplicar del todo porque hay que resolver el enorme endeudamiento que nadie puede pagar, un fenómeno que hoy todavía aparece oculto.

Hay además otro problema: la revolución industrial consiste en que la industria mecánica pasa a ser una industria digital, pero esto representa más que el final de un ciclo largo, el final de un sistema, es decir, de qué forma el capitalismo se adapta a esta nueva situación y si se trata de un post capitalismo, evidentemente sus características van a depender del país que lo encabece y por eso el acuerdo China Estados Unidos previo a la crisis de 2008 se va transformando en una guerra comercial y tecnológica que, con el ascenso de Trump a la presidencia de Estados Unidos escala al punto de que Estados Unidos se propone definirla a costa de China, pero también de la Unión Europea y de la periferia, centrando la actividad en su territorio a través del proteccionismo. .

Todavía no es un enfrentamiento militar porque eso ya supondría la destrucción de todos, y Rusia se encargó de demostrarlo mostrando hace poco la explosión de una bomba de prueba que fue la más destructiva vista hasta ahora.

Pero además, no solo cambia la tecnología sino la sociedad…

CA: Si persiste el capitalismo tal como lo conocemos y la digitalización va llegando al conjunto del aparato productivo, como en su momento todo el aparato productivo se mecanizó, la mayor parte de este aparato productivo se automatiza y se mueve con máquinas en forma de robots, por lo que desaparecería una parte muy grande del trabajo y se crean una serie de trabajos cada vez más complejos en conocimientos. Por eso esta sociedad en formación genera no se sabe cómo, un grupo humano cada vez mayor al que no le importa que se mueran los demás, que ya está presente en todas partes, quedó al descubierto con la pandemia y tiene una conexión indiscutible con la ultra derecha.

Pero no son fascistas más que en los métodos. El fascismo postulaba el control del Estado y el nacionalismo. Para estos no hay patria ni Estado, sino el individuo haciendo lo que quiere… y el mercado. Y aquí se van agrupando de una u otra manera Trump, Bolsonaro, Macri, la derecha europea y los Libertarios como Milei, Aquí tienen como principal vocero a medias a Clarín, porque evidentemente no se pueden mostrar tal como son y su principal tarea es, como se ve en la Argentina, crear un partido masivo.

Ahí no termina la cuestión. Hasta no hace mucho, lo que pasaba en los mercados de capitales dependía de lo que pasaba en la producción. Pero ahora, cada vez más, los mercados se rigen exclusivamente por las expectativas. Es obvio, porque en la producción no pasa nada o lo que pasa es siempre lo mismo y a corto plazo, y significa que la transformación tecnológica y su aplicación son posibles. Por eso se forman mercados especiales tecnológicos, como el Nasdaq, diferenciados de los generales y una crisis es general cuando los dos mercados se hunden, como podría suceder parcialmente ahora, después de una larga prevalencia de los mercados tecnológicos.

La apuesta al mercado ya casi no tiene nada que ver con lo que pasa en la realidad, salvo cuando se llega a un punto extremo, como se está llegando ahora, y ese punto extremo se visualiza (porque no hay otro instrumento general) en como la Fed se dispone a asistir con nuevos créditos a lo que está por derrumbarse.

También aparecieron las fake news, que tienen una lógica propia…

CA: Si, el funcionamiento de los mercados por puras expectativas da lugar a apuestas que pueden o no ser ciertas, pero que se imponen porque lo impone el mercado. En la realidad no se puede distinguir entre lo que es cierto y lo que no es, y eso se instala sobre todo en los medios, como forma de condicionar a la sociedad y de hacer valer lo que no es cierto.

En todo esto falta nuestra propia historia…

CA: El ciclo largo de la posguerra está basado en la industria, aunque la larga fase recesiva iniciada en los años setenta haya oscurecido su papel central, que vuelve a primera plana ahora, porque el cambio tecnológico solo puede terminar de concretarse en la industria, precisamente con la Cuarta revolución industrial. La Argentina está en crisis siempre porque el antiperonismo tuvo siempre una política contraria a la industria, a raíz de la vieja clase dominante tradicional ha pretendido sostener la división del trabajo y el apoyo en el agro, y la industria más grande se adaptó a esa situación, a pesar de que en los setenta fue pionera con la electrónica. Esa adaptación que abarcó al conjunto empresario, fortaleció la actividad financiera y la fuga de capitales.

La fase recesiva requiere en los países de la periferia un ajuste, que se ha convertido en un ajuste extremo y persistente en la Argentina porque el antiperonismo le ha agregado siempre una política de limitación de la industria, sobre todo desde que empezó la fase recesiva del ciclo largo, en los años setenta, con la dictadura militar.

El atraso argentino se entiende porque los cortes a las posibilidades industriales terminaron colocando nuestras posibilidades industriales inmediatas detrás de México y Brasil, que a pesar de que empezaron con una industria sustitutiva la terminaron de conformar. Nosotros no, así que nuestro esfuerzo deberá ser mayor y abarcativo. Pero para entenderlo en toda su dimensión hay que encuadrarlo en el horizonte internacional.

Y en el más de medio siglo de presencia del peronismo en el país, sólo en 25 años hubo una política industrialista: los primeros diez años de Perón, hasta 1955, los dos de su continuación en 1973 y 1974 y los doce años de kirchnerismo, retomada ahora pero opacada en sus resultados inmediatos por la pandemia con el gobierno de Alberto Fernández. Por eso el ataque sistemático al kirchnerismo con la intención de dividir al peronismo, porque solo así se posibilitaría la vuelta al ajuste y a la desindustrialización.

La política antiindustrial fue intensificada por el macrismo porque los cambios en el sistema mundial capitalista, con la incorporación de China, le dieron otra perspectiva al agro por el enorme acrecentamiento de la demanda, hacen posible un entramado con presencia industrial que permiten terminar con el eje exclusivo en el agro y aparece una capa empresaria dispuesta a llevarla a cabo.

Por eso el peronismo es la verdadera fuerza renovadora del país, siempre que tenga presente como en la actualidad que su eje está en el desarrollo industrial, que ahora se vincula al desarrollo tecnológico y a la búsqueda de competitividad, en un entramado con el agro supercompetitivo, la agroindustria y con inclusión de la agricultura familiar y la economía social, en estos dos últimos casos para reforzar el mercado interno, porque solo fortaleciéndolo como en los países industrializados o en China se puede aspirar a que el crecimiento del conjunto resulte posible.

Inflación: la respuesta no está en la moneda sino en la economía

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Si hay gran emisión monetaria, hay que observar el respaldo. El respaldo en los países con una moneda nacional que no es una divisa, se apoya en las divisas. En los países con monedas divisa, el apoyo clásico es el oro, pero también, cuando la emisión es muy grande, en deuda, y cada vez más en lo que va del siglo XXI.

La emisión monetaria en gran escala en Estados Unidos se apoyó en una compra masiva de su deuda pública. Con la emisión se pudo mantener la tasa de interés baja, lo que promocionó las inversiones bursátiles, pero no alentó la producción ni el empleo en la misma medida, y esto es muy importante para tener en cuenta en la Argentina, donde la emisión aparece como culpable exclusiva de la inflación y no se tiene en cuenta que la emisión se apoya en última instancia en deuda que no puede afrontarse.

En Estados Unidos, y también en la Argentina, el dinero emitido fue a la bolsa más que a la inversión productiva, pero en Estados Unidos el endeudamiento dejó a los bancos una masa creciente de créditos incobrables, mientras que en la Argentina el sistema bancario privado no enfrentaba esa posibilidad porque no dio créditos a la producción, lo que contribuyó a hacer más profunda la recesión.

En Estados Unidos, la inversión productiva captaba no más del 20% de los flujos financieros posteriores a la crisis de 2008, cuando ya esa crisis había sido por exceso de financiación sin respaldo. Y esa crisis financiera no fue superada en 2020 porque se eludió con la misma medicina incrementada: más crédito sin respaldo. De no haber sido así y si en su lugar habría un ajuste como el que el FMI exige a los países sin monedas divisa que contraen deudas, el derrumbe económico sería mayor y alcanzaría a las bolsas.

Por lo contrario, la baja de la tasa de interés en los países centrales poseedores de monedas divisa llevó a los capitales especulativos a buscar colocaciones con mayor rendimiento en los llamados países en desarrollo, y tiene como contrapartida que el FMI les exija un ajuste para limitar la devaluación de sus monedas no divisas respecto a las monedas divisa.

Ese ajuste profundiza la recesión y la salida rápida de capitales para eludir la devaluación, lo que lleva al sobreendeudamiento del Estado. Hasta tal punto se trata de un problema generalizado que el crecimiento de la deuda no es patrimonio del llamado populismo inclinado al gasto público sino, sobre todo, de los gobiernos más favorables al capital extranjero, como lo probó la experiencia de 2015 a 2019. Y el motivo es obvio: como la devaluación de la moneda se intensifica con la deuda, el ingreso de capital financiero se dirige cada vez más a renovar el endeudamiento acrecentado hasta hacerlo insostenible, que fue la historia última a partir de 2018, de la misma manera que ya había sucedido en la convertibilidad en la crisis de 2001-2002.

La diferencia con Estados Unidos es que la emisión allí tiene lugar en moneda fuerte, que no se puede desvalorizar más que en una menor medida, como le sucedió al dólar frente al euro, que también sostiene a la eurozona y al conjunto de la Unión Europea sobre la base del crédito, sólo que en una menor medida porque la expansión monetaria estadounidense tiene que cubrir un gasto militar mucho mayor.

La esencia de este fenómeno es que la crisis de la deuda de 2008 se superó con más deuda, sobre todo en Estados Unidos, de manera que sus déficit comerciales y fiscales también son estructurales como los de los países en desarrollo, con la diferencia fundamental de que el dólar es la moneda divisa más demandada porque su economía es la más fuerte, aunque se encuentre en declinación.

La emisión y el endeudamiento que contraen el ritmo de la actividad económica y del empleo, alienta en cambio las apuestas sobre las expectativas futuras, que tienen su lugar en los mercados de capitales. Las expectativas son inherentes a los mercados de capitales, porque siempre la compra de activos está en función de lo que puedan rendir, cuando su aplicación se traduzca en ganancias. Tradicionalmente, las expectativas estuvieron más limitadas en el tiempo por el ritmo de la actividad económica. La crisis bursátil de 1929 confluyó inmediatamente hacia la profunda recesión mundial de los años treinta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la crisis fue eludida con crédito, y mientras Estados Unidos pudo ser el mayor emisor de crédito porque el dólar tenía el respaldo suficiente en sus reservas de oro para hacerlo, fue posible el crecimiento sostenido y el aumento generalizado del consumo propios del Estado de Bienestar.

Cuando el dólar llegó al límite, a comienzos de los años setenta, se potenció el crédito para sostener la actividad, pero ésta ya no fue tan potente, las recesiones se hicieron más habituales y el respaldo del crédito expandido se volvió más débil. Apareció la desregulación, el mercado sin Estado, como el del eurodólar fuera de Estados Unidos o los mercados offshore.

Con la caída de la Unión Soviética y el ingreso de China al mercado mundial, el mercado mundial más expandido se apoyó en créditos cada vez menos respaldados, o con respaldo en derivados de otros títulos de crédito cada vez más incierto, y más recientemente en los paquetes de derivados y en una creciente banca en las sombras. La crisis financiera de 2008 fue su resultado.

Pero como no hay otra manera de respaldar la expansión del capital y sus rendimientos que por el resultado de la actividad, y como su ritmo de crecimiento se debilita por la falta de respaldo o de garantías, el crédito sigue creciendo sobre la base de la emisión monetaria y la deuda y la inversión en las bolsas y en los títulos de crédito más que en la actividad productiva, lo que acentúa la fragilidad del conjunto. Y la acrecienta, porque a falta de respaldo en activos con valor propio, se recurre a títulos financieros como respaldo o a activos financieros derivados de otros activos financieros o a paquetes de activos financieros que, cuando aparecen la dudas sobre el porvenir, acrecientan el temor sobre su propio valor.

Una salida más consistente sería afirmar la expansión con un cambio tecnológico que incremente la productividad y permita atender la mayor demanda con un capital materialmente más valioso, y no solo con un valor basado en expectativas que se debilitan frente a las amenazas de crisis. Esa ha sido la contribución de las revoluciones industriales, pero éstas, para afirmarse, necesitan asentarse sobre un terreno seguro.

Cuando no es así, la transformación productiva se posterga y se intensifica la especulativa, porque defender el valor de los activos en el mercado financiero es menos costoso que en la transformación productiva, porque la valoración especulativa es en gran parte irreal, lo que no sucede con el desarrollo tecnológico.

Por eso el presidente Donald Trump está enfrascado en una guerra comercial con China para impedir que este país pueda sustituir a Estados Unidos como rector de la economía mundial. Por eso la primera fila de esa guerra se orienta cada vez más a la tecnología de última generación, como sucede con su ataque a la tecnológica china Huawei y al 5-G, sin descuidar el conjunto, como asegurar su predominio sobre sus socios de la UE o más aún en el ámbito regional, al modificar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte por un tratado comercial que, de hecho, da lugar a una integración al espacio estadounidense de la industria de Canadá y de México.

En Nueva York, los distintos índices accionarios, el S&P500, el Nasdaq y el Dow Jones estaban hasta principios de septiembre en un aumento que parecía imparable. La suba beneficiaba más al Nasdaq porque mide a los papeles tecnológicos. Pero como la economía real no responde a esas alzas, parece haber llegado un nuevo momento de corrección y las bolsas se situaron en baja. En ese caso, la Fed ya se ha mostrado dispuesta a adoptar una política monetaria aún más flexible, es decir con más emisión, más deuda y baja de tasas y la justificó  como única manera de mantener la estabilidad de los precios y en el empleo.

Si ellos recurren al gasto sostenido por la emisión y la deuda y la inflación no los perturba, ¿por qué a la Argentina no le sucede lo mismo?    

Si en los países industrializados y con moneda divisa la inflación puede permanecer dormida mientras se emite y crece la deuda a gran velocidad, a diferencia de la Argentina o de los países en desarrollo, a pesar de que no hacen más que repetir el mismo procedimiento de emitir y endeudarse con resultados tan distintos, es porque la moneda no divisa siempre puede derrumbarse, mientras que las divisas soportan la emisión y el endeudamiento porque se apoyan en una economía sólida que les proporciona capacidad competitiva y eso es lo que hace firmes a esas monedas. Es decir, que la respuesta no está en la moneda sino en la economía.

Por eso la moneda no se compra con deuda ni con un ajuste que reduzca el nivel de actividad, sino con una producción que se vuelva más competitiva y, al hacerlo, proporcionen mejores salarios y un mejor nivel de vida, que es la realidad que ofrecen los países industrializados respecto a los que no lo son.

Por eso la moneda no se hace sólida endeudándose ni tampoco se debilita emitiendo. Su fortaleza proviene de la solidez de la industria y de su capacidad competitiva en las ramas más próximas al despliegue de la frontera tecnológica. Así como la deuda creciente llevó a la continua depreciación monetaria, es razonable que la búsqueda de un camino de combatir la inflación por el lado del crecimiento económico sea lo que termine afirmando el valor de la moneda.  

Deuda, telcos e impuesto a ricos: postales de un gobierno que avanza

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En columnas previas afirmamos que una reestructuración exitosa de la deuda bajo legislación extranjera, tal como ocurrió contra varios pronósticos pesimistas, le permitía al Gobierno iniciar una nueva etapa de su gestión centrada en la recuperación económica. Los acontecimientos de la última semana ratifican lo dicho.

Los anuncios del ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas durante la conmemoración del Día de la industria plantean el objetivo del Estado de comprometerse con el devenir productivo de la Argentina en los próximos años.

Con la convicción que la estabilidad -apoyada en los equilibrios externo y fiscal y acompañada de un programa financiero viable- es condición necesaria pero no suficiente para la expansión, el Gobierno no deja la asignación de recursos pospandemia en manos del mercado, sino que interviene con un programa de respaldo a la oferta productiva centrado en agentes económicos de menor porte como lo son las pequeñas pero sobre todo las 120.000 empresas medianas que actúan en todo el país, base -no articulada políticamente- de la verdadera burguesía nacional argentina.

Un paquete crediticio inicial de alrededor de $460.000 millones que abarca desde el financiamiento de capital de trabajo -demanda inmediata de las PyMes ante el aumento de sus ventas, que cobran a 90/120 días frente a insumos que a veces pagan de contado y nómina salarial a 30 días- hasta el refinanciamiento de pasivos acumulados en esta etapa y también para la inversión y ampliación de capital, con énfasis en la constitución de cadenas de proveedores para evitar importaciones en sectores estratégicos. El ministro Kulfas reintrodujo el concepto de “Banca de Desarrollo”, entendido como la decisión gubernamental de acompañar el desenvolvimiento empresario con crédito no sujeto a la volatilidad del mercado financiero.

Esto ocurría en el marco de que el Presidente decidía declarar servicio público esencial al sistema de comunicaciones digital -genéricamente conocido como TelCo-, incluyendo sus tarifas en la regulación estatal y ratificando así el rol de la empresa pública ArSat como propulsora de la inversión en el sector.

A su vez, el bloque oficialista de diputados nacionales presentaba el aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas a la crisis desatada por el coronavirus, en procura de avanzar en la obtención de recursos que prioricen la equidad tributaria y el cierre de la brecha fiscal.

Esta apretada síntesis de acontecimientos define que el Gobierno ha retomado el programa inicial desplegado por el ministro de Economía Martín Guzmán en el comienzo del año -y que fue interrumpido por la invasión viral que soportan la Argentina y el mundo-, consistente en crear condiciones para un ciclo de crecimiento económico potente y sostenible.

El cumplimiento tenaz, a pesar de la herencia macrista y de la pandemia, del plan que llevó al Frente de Todos al Gobierno en primera vuelta acompañado por 13 millones de ciudadanos, ha crispado a la oposición política y empresarial. 

Mientras el Presidente Alberto Fernández anunciaba el 99% de aceptación de la oferta argentina para los tenedores de bonos acompañado por el conjunto institucional del país y los líderes de la coalición de gobierno, se produjeron episodios de cuño antidemocrático en la sesión de la Cámara de Diputados ,que incluyeron amenazas a su presidente Sergio Massa (con quien nos solidarizamos desde esta columna) y la horrible escena de un grupo de exaltados apedreando el edificio del Parlamento.

La oposición ha perdido la calma y ha permitido que gane terreno la acción golpista, porque percibe que un proceso de recuperación económica acompañado de la aplicación de la vacuna contra el COVID-19 el primer trimestre del año próximo consolida a un Gobierno que en condiciones históricamente adversas ejecuta políticas públicas -es decir, gobierna- y además lo hace cumpliendo sus promesas electorales.

 

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/alberto-presidente/deuda-telcos-e-impuesto-a-ricos-postales-de-un-gobierno-que-avanza-20209519010

 

El poder en la industria

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Aún antes de la pandemia del Covid-19 nos enfrentábamos a un proceso feroz de degradación de la economía mundial, provocado por una crisis estructural de sobreproducción, amplificada por las políticas que se estuvieron y se están adoptando como supuestos remedios a la crisis.

Estados Unidos reconvierte su economía para incrementar la productividad del trabajo, para lo cual necesita abaratar el precio de la energía y de las materias primas, por lo que produce más petróleo por el sistema de fracking (fracturación hidráulica), pero no puede disminuir el déficit comercial que el año pasado fue de 972.650,7 millones de dólares, suma que representa el 4,9% de su PIB, y que es cada vez mayor año tras año. De allí que persevera con una política torpemente proteccionista, con enfrentamientos con la República Popular China que después tiene que revisar y desandar, mientras paralelamente hace lo imposible para colocar su producción en América Latina y trata de disuadir a la región de comercializar con el país asiático.

Práctica que en mayor o menor medida hacen todas las grandes economías, por lo que las mercancías ofrecidas inundan el mercado mundial mientras que la demanda global se ve reducida por las políticas de austeridad aplicadas, con la consecuente crisis de sobreproducción agravada por la pandemia. La guerra comercial es inevitable y todo este contexto pone a América latina en situación vulnerable.

En ese marco, como país soberano, debemos plantearnos una política industrial donde la sustitución de importaciones y la recuperación de la gestión estatal en sectores estratégicos ocupen un lugar relevante, para alcanzar un crecimiento sostenido y sustentable que genere empleo y mejore la distribución del ingreso.

  1. Dada nuestra estructura productiva desigual, al contar con una de las  tierras más fértiles del mundo y ante el hecho que los países más poblados necesitan alimentar a su gente y a sus animales, es indispensable que el sector primario por un lado obtenga los dólares suficientes para financiar la actividad industrial en el más amplio sentido del vocablo y, por otra parte, que sume valor agregado generando trabajo.
  2. También le compete la generación de empleo a la construcción tanto pública como privada, con el beneficio de que la actividad tiene un muy bajo coeficiente de importación.
  3. En muchos rubros fabriles existe una masa crítica para nada despreciable. El conocimiento exhaustivo de la realidad de esos sectores constituye una condición sine qua non para avanzar en el diseño de esquemas específicos de fomento. Por la fuerte extranjerización y concentración económica no se avanza nunca hacia lo técnico, se termina desaprovechando la masa crítica existente, es más, se viabilizan procesos de “sustitución inversa” (se importan bienes que se pueden producir en el país). Tres ejemplos concretos: autopartes, componentes para la electrónica de consumo y proveedores de la industria petrolera y energética.

Se deben potenciar los recursos naturales y, al mismo tiempo, diversificar la matriz industrial, proceso que pone al debate en un nuevo punto de partida en la que se impulsen actividades manufactureras donde existen capacidades acumuladas significativas y trayectorias de aprendizaje considerables, para adaptarse al nuevo mapa global sin entrar en directa competencia con el este asiático, que combina altas mejoras en la productividad con salarios bajos, sino, al contrario, buscando la complementariedad de nuestra economía con ese subcontinente.

Ramas como la automotriz, la autopartista, la química, la farmacéutica, la producción de bienes de capital, el software, pueden formar parte de esta estrategia ofensiva. En paralelo, hay que adoptar una estrategia defensiva en sectores muy sensibles a la competencia extranjera (textil-indumentaria, muebles o parte de la metalmecánica), muy generadores de empleo, pero con enormes dificultades para competir, en un marco en que la clave de la integración es la agro industria.

Esto no supone que la política industrial deba limitarse a profundizar las ventajas comparativas estáticas que posee el país, sino que es central partir de la base agro industrial con que se cuenta, para que a la vez la producción de bienes finales de mayor contenido tecnológico vaya acompañada de políticas que apunten, en una segunda etapa, a producir localmente sus componentes más importantes y, en una tercera fase, a producir algunas de las maquinarias usadas para la fabricación de dichos productos.

Disminuir la elasticidad-producto de las importaciones supone sustituir importaciones en sectores estratégicos, para así “construir encadenamientos productivos más complejos y desarrollar redes de proveedores nacionales más densas”. Aumentar la elasticidad producto de las exportaciones supone cambiar su composición hacia bienes con mayor valor agregado y de mayor demanda en los patrones de consumo mundiales.

Eso se consigue principalmente desarmando los mercados cautivos por grandes empresas en la producción de bienes de uso difundido (acero, aluminio, cemento, petroquímica, etc.)[1], que encarecen sobremanera el resto de la cadena productiva. E impulsar la agroindustria, en un país como la Argentina que es solo el 0,3% del PIB mundial, pero es el décimo exportador de alimentos.

Que los anuncios del gobierno del 2 de septiembre (el “Día de la Industria”) de apoyo crediticio e impositivo al sector, se hayan realizado en la planta de la firma Sinteplast SA —una empresa familiar que nació hace 60 años como una pequeña fábrica de pinturas y hoy es una multilatina con plantas en cinco países, lidera ventas a nivel local, tiene 1.300 empleados y factura 220 millones de dólares por año— tiene su significado.

Cambios necesarios

Las grandes industrias en la Argentina tienen dos organizaciones que la representan, la Asociación Empresaria Argentina  (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA). La primera tiene su origen en el CEA (Consejo Empresario Argentino) que presidía José Alfredo Martínez de Hoz y que fue el artífice del golpe cívico-militar de 1976. La dictadura militar intervino la UIA y puso como delegado normalizador a un prohombre del CEA, Eduardo Oxenford, acompañado por Roberto Rocca, Fulvio Pagani y Francisco Macri, entre otros.

La relación entre ambas entidades ha sido siempre estrecha. Recordemos el comunicado conjunto del 5 de agosto de 2010 en que los titulares de la AEA y de la UIA, junto con el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, aludieron a la falta de condiciones para invertir bajo una supuesta inseguridad jurídica, a pesar de que todos ellos recibían líneas de apoyo crediticio y fiscal del gobierno.

Esa línea es la que hoy se quiebra con el derrape del gobierno de Cambiemos y la suba sideral de precio del dólar, que también significó la caída del precio de sus empresas en el país, de manera tal que, por ejemplo, el Grupo Clarín que tiene como niña mimada su participación en Telecom (Telecom SA, Personal, Fibertel y Cablevisión) y su ambición de poseer el sistema de comunicación 5G en la Argentina, en diciembre de 2019 declaró un Patrimonio Neto de 6.639 millones de dólares, pero el año anterior ese patrimonio era de 12.350,9 millones de dólares y soportó un resultado negativo de $ 46.983 millones de pesos (unos 1.022 millones de dólares al valor promedio del dólar de ese año 2019, determinado por el BCRA). Paradójicamente, la empresa Claro SA de Carlos Slim tuvo en el país y en el año pasado una ganancia equivalente a mil millones de dólares y es la principal competidora de Clarín en el 5G.

Igual pasa con las empresas del Grupo Techint de los Rocca, que en 2019 logró compensar sus números con la producción de Vaca Muerta por su controlada Tecpetrol SA y el subsidio del gobierno de Macri por unos 300 millones de dólares, pero el valor accionario de Tenaris SA y de Ternium Argentina SA descendió un 25% en dólares comparando el valor en Wall Street con respecto a diciembre de 2015. Las perspectivas son peores en 2020 a raíz de la pandemia y de la pronunciada baja en los precios de los commodities, especialmente en el mercado del petróleo producto del desentendimiento comercial de los principales exportadores mundiales. Techint ha diversificado su inversión a varios países del planeta y lo que más teme es la competencia de la República Popular China, tanto en el laminado de acero y en los caños sin costura, como en la construcción y en la ingeniería. De allí que, pese a que los Estados Unidos le han retirado la visa a Paolo y Gianfelice Rocca por tener un juicio por corrupción en Brasil y el caso SIDOR, no dudan en aliarse a la política comercial del país del norte, ante lo que consideran el “peligro chino”.

El Balance General de ARCOR SA, de la familia Pagani, demuestra que tiene una deuda en una obligación negociable por 350 millones de dólares y que operando con resultado negativo en los años 2018 y 2019 su Patrimonio Neto desciende para ser de 650 millones de dólares el año pasado, cuando en el 2018 era de 1.118 millones de dólares.

Finalmente la empresa Ledesma SA Agrícola Industrial, de los Blaquier-Arrieta, dueños de la casona de la calle Azcuénaga 1.673 en el Barrio Norte de la Ciudad de Buenos Aires —donde se reunían los hombres del CEA con Guillermo Suárez Mason, Albano Harguindeguy, Alcides López Aufranc, Federico de Álzaga y Omar Riveros, para conspirar contra el gobierno de Perón—, en el Balance General presentado el 29 de febrero 2020 contabiliza una deuda en divisas por 90 millones de dólares y un patrimonio total de $ 7.498 millones. Libertador General San Martín en Jujuy, donde opera el Ingenio, es la  localidad con más muertos de Covid-19 del país en relación a su población, con 73,9 fallecimientos cada 100.000 habitantes y una tasa de letalidad del 4,5% (más del doble de la media nacional, hoy en torno al 2%), al 28 de agosto de 2020 los contagios allí ascienden a 1.474 y las muertes a 66 personas.

El Presidente del BCRA. Miguel Pesce, sostuvo en una entrevista: “Los argentinos hoy son propietarios de empresas en el exterior por un valor mayor que las empresas argentinas en manos de no residentes en el país. Y el balance te da 380.000 millones de dólares de activos de residentes en el exterior”[2]. Entonces es seguro que los socios y dueños de los cuatro grupos nombrados tienen dólares en el exterior suficientes para cancelar la deuda de sus empresas, por eso juegan alegremente a que no converjan su precio informal (contado con liqui, dólar bolsa, dólar blue, etc.) con el oficial, para comprar en el país activos a un precio menor por la depreciación monetaria, pero con dos agravantes:

  • que también se desvalorizan sus propios activos,
  • que pueden llegar a tener socios más poderosos que ellos como es el caso de los Rocca, dado que BlackRock aprovechó la baja del precio para comprar acciones de Tenaris SA.

En el marco descripto aparece el Consejo Agroindustrial Argentino[3]. Su propuesto Plan Agro Industrial estima incrementar nuestras exportaciones hasta 100.000 millones de dólares por año y tiene como mercados a la República Popular China, a Rusia y a Irán, de manera tal que el Presidente de la UIA, Miguel Acevedo, cuñado de Roberto Urquía, Presidente de Aceitera General Deheza (mentor y factótum del nuevo CAA, por las siglas). Acevedo no solo recibió gustoso la presencia del Presidente de la República, sino que día antes frenó en el seno de la UIA el apoyo a la solicitada encabezada por Clarín contra el congelamiento de las tarifas y que se considere un servicio público a la TV, internet y celulares.

Entre la declaración conjunta del 5 de agosto de 2010 y el 2 de septiembre de 2020, se generó un proceso de ganadores y perdedores que el gobierno de Alberto Fernández sabe tener en cuenta.

 

 

 

[1] Son materias primas para la fabricación de gran parte de los bienes consumidos por la población, desde electrodomésticos, autos, alimentos, casas, entre otros. Productos que se ofrecen en comercios minoristas, supermercados, distribuidores mayoristas, corralones de materiales. Por eso mismo se los denomina “insumos difundidos”. Se comercializan a precios que definen en gran parte los precios de bienes comprados por el consumidor final.
[2] Revista Crisis del 4 de junio 2020
[3] El llamado Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) conformado por CIARA (Cámara de la Industria Aceitera) junto a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y Federación Agraria; entidades vinculadas a subsectores como Asociación de Semilleros, Asociación Forestal, Biocombutibles, Nutrición Animal, Feedlot, Cámara de Productores Avícolas, de Maíz Pisingallo, del Maní, de Arroceros, Cámara de Legumbres, Cámara Algodonera, de Puertos Privados, Procesadoras Avícolas, Industria Molinera, Federación Olivícola, Mesa Nacional de Carnes, Frutas y las bolsas de cereales de Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Entre Ríos, Chaco, Rosario, Santa Fe.

 

 

EL PODER EN LA INDUSTRIA

La internacionalización de la crisis en Venezuela

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El diálogo en torno de la crisis venezolana, a semejanza de lo que ocurre en la mayoría de los procesos negociadores, no generó una dinámica lineal y/o de entendimientos progresivos entre las partes. Las expectativas de agotamiento gubernamental y de agravamiento irreversible de la crisis del chavismo tampoco se cumplieron. Lo que se observó fue un desenvolvimiento contradictorio, marcado simultáneamente por una señalización positiva de sectores oposicionistas y gubernamentales (chavistas) interesados en sentarse a una mesa de entendimientos y por otras reacciones tormentosas que llevaron a la paralización del diálogo.

Numerosos informes en y fuera de EEUU, documentos de organizaciones no gubernamentales, investigaciones de thinktanks independientes, análisis de medios de comunicación y estudios académicos muestran que la gran mayoría de los argumentos invocados para intervenir militarmente en Venezuela constituyen parte de una estratagema errada y falaz. A su vez, diversos trabajos rigurosos muestran que las operaciones militares destinadas a un «cambio de régimen» en varios ejemplos recientes –Iraq, Afganistán, Libia– han sido monumentales fracasos: nada indica que en el eventual caso de Venezuela se evite otro fiasco.

La América Latina post-covid-19 podrá ser aún más propicia a que se instale calladamente una negligencia colectiva hacia Venezuela. Este país corresponde en la actualidad al epicentro de la fragmentación política regional. Tal fragmentación solo podría ser superada a partir de una agenda de cooperación en salud pública, acción humanitaria, desarrollo y paz regional.

Por Mónica Hirst, Carlos Luján, Carlos A. Romero
y Juan Gabriel Tokatlian.

La internacionalización de la crisis en Venezuela

Informe económico mensual – Julio 2020

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En este documento retomamos la inflación o los Índices de Precios del mes de
julio y agregados como los compradores de dólares y La Armada Brancaleone.
Pero si podemos decir que con la pandemia en pleno desarrollo, la inflación no
pasa desapercibida, lucha contra el Covid-19, resiste y hasta se podría decir que
gana o ya cuenta con la vacuna.

Cuando pongamos punto final a este informe nos abocaremos a indicadores que
den señales como está operando la economía, hoy con grilletes. El dato reciente
al momento de redactar el documento fue el anuncio del ministro Guzmán
sobre la aceptación de la deuda (Legislación Extranjera) por parte de los
tenedores de bonos. El Riesgo País debiera estar nuevamente en los 1.000
puntos cuando se cierre definitivamente y se incluya la Legislación Nacional.
El presidente ha dicho sobre la pandemia: “Sigamos atentos la situación, que
nadie tome con displicencia este tema”. Y tiene razón.

Informe económico mensual julio 2020

EL FMI, LA DEUDA INTERNA Y EL AUMENTO DE LAS EXPORTACIONES

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La Argentina debe priorizar la deuda interna que implica el grado de desocupación de casi nueve millones de personas que perciben el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) porque no tienen trabajo o es precarizado, reciben una ayuda de mensual de  $ 10.000.

A su vez tenemos 2.040.000 trabajadores del sector privado que trabajan en 242.000 empresas que perciben una ayuda estatal hasta un tope de dos salarios mínimos vitales y móviles, que equivalen a 33.750 pesos, es decir, los trabajadores reciben un salario mínimo ($ 16.875.- mensuales) pero la idea es pagar la mitad del salario y si este es igual o mayor a 67.500 pesos reciben el máximo equivalente a 33.750 pesos.  Asimismo, el programa posterga o reduce hasta un 95% el pago de los aportes patronales de las empresas inscriptas al programa.

En ese marco, la negociación de la deuda externa se hizo con la convicción de trasladar la amortización del capital de la deuda a partir del segundo semestre del año 2024 y pagar desde el año 2021 solamente los intereses que, para los cuatro años (2021 a 2024) implica un gasto total acumulado de aproximadamente 9.700 millones de dólares, cuando en el año 2019 se obtuvo un superávit comercial (las exportaciones superaron a las importaciones) en 15.990 millones de dólares y este año 2020 se infiere que el superávit rondará los 18.000 millones de dólares y son buenas las perspectivas para los años 2021-2024 por la sencilla razón que el 65% de las exportaciones Argentinas son alimentos y el mundo necesita alimentarse, sobre todo los países del este asiático que tienen mucha población y no pueden hacinar sus animales por la contaminación de enfermedades, la mutación de los virus y su contagio al ser humano.

La negociación de la deuda con el FMI no va a ser fácil, primero, porque fue la Administración de Donald Trump quien presionó al organismo internacional para que se le concediera los 32.200 millones de DEG (Derechos Especiales de Giro) a la Argentina de Cambiemos (unos 45.000 millones de dólares en la actualidad), que como dijo el Presidente Alberto Fernández fue para financiar la campaña política más cara de la historia Argentina.  En cambio el que va amortizar esa suma es un gobierno que entiende que tenemos economía complementaria con la República Popular China, con Venezuela, con Brasil, con Irán, con Corea del Norte, con los países del ASEAN (especialmente Camboya y Vietnam), que a muchos de ellos en el Departamento de Estado los consideran el “eje del mal” e igual repiten los grandes medios de comunicación siempre funcionales a los EEUU, pero no así, el Consejo Agroindustrial Argentino[1] que proponen el Plan Agro Industrial que estiman incrementar nuestras exportaciones hasta 100.000 millones de dólares por año.

En el acuerdo firmado por el Gobierno de Cambiemos se planteaba pagar el crédito del FMI en 8 –ocho-cuotas trimestrales por desembolsos, a partir de septiembre de 2021 (que es el primer vencimiento de los 14.458 millones de dólares ingresados al país el 22 de junio de 2018), por lo que cada tramo se devuelve a partir de los 3 (tres) años y un trimestre después de haberse recibido, en 8 –ocho-cuotas trimestrales iguales.

Esto es: El primer desembolso fue de 14.458 millones de dólares  y se debe devolver en 8 –ocho cuotas trimestrales de 1.807,25 millones de dólares cada una (más los intereses y es en DEG), siendo la primera cuota en septiembre de 2021 y las restantes en diciembre 2021, marzo, junio, septiembre y diciembre 2022 y marzo y junio 2023.

El segundo tramo se recibió el 30 de octubre de 2018 por  5.700 millones de dólares, por ende, se debe pagar en 8 –ocho cuotas iguales de 712,5 millones  de dólares (más intereses y en DEG) a fines de enero 2022, de abril, julio y octubre de ese año y enero, abril, julio y octubre de 2023.

Y así sucesivamente para todo el crédito del FMI.  Por un lado, se van sumando las cuotas en los años 2022 en adelante, y por otra parte no sabemos el valor del DEG. La tasa de interés será variable y dependerá de la evolución de la de del derecho especial de giro (DEG), pero rondaría el 4,9% anual[2], suma imposible de pagar

La propuesta Argentina era pagar como hasta ahora, unos 300 millones de dólares por trimestre (unos 1.200 millones de dólares en el año) y contar con un nuevo plan de amortización en más cuotas trimestrales y que se pague desde septiembre 2024.

La propuesta del FMI van a ser dos, un stand by (se tiene que devolver en tres años, imposible) o un plan de facilidades de pago que se puede extender hasta diez años, pero con condicionalidad que son las de siempre, severo plan de ajuste, reforma previsional (con extensión de  años de aportes y de  edad para jubilarse), impositiva (mayor presión tributaria sobre la población, por ejemplo reimplantar el IVA a los alimentos) y estructurales que son siempre las mismas, privatizaciones (recordemos que en el año 2002 pedían privatizar el Banco de la Nación Argentina), implantar un sistema de capitalización previsional y, la supuesta independencia del BCRA, entre otras.

EN SINTESIS

La Argentina necesita ponerse de pie y crecer, producimos alimentos y podemos sumarle mayor valor agregado a los mismos y a cierta industrialización, no es el camino que nos depara el FMI y  debemos recrear una salida sustentable, no exenta de  riesgos, pero como dijo el gran maestro Simón Rodríguez: “O inventamos o erramos

 

 

 

[1] El llamado Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) conformado por CIARA (Cámara de la Industria Aceitera) junto a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y Federación Agraria; entidades vinculadas a subsectores como Asociación de Semilleros, Asociación Forestal, Biocombutibles, Nutrición Animal, Feedlot, Cámara de Productores Avícolas, de Maíz Pisingallo, del Maní, de Arroceros, Cámara de Legumbres, Cámara Algodonera, de Puertos Privados, Procesadoras Avícolas, Industria Molinera, Federación Olivícola, Mesa Nacional de Carnes, Frutas y las bolsas de cereales de Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Entre Ríos, Chaco, Rosario, Santa Fe.

[2] La Profesora  Noemí Brenta, especialista  en el tema con varios libros escritos, nos dice que actualmente  la tasa del deg es 0,5%aprox, a eso se suman cargos por uso intensivo y comisiones.