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jueves, septiembre 24, 2026
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Elecciones en Estados Unidos: ¿un reflejo más de la decadencia de Occidente?

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El martes pasado cerraron las elecciones para elegir Presidente en los Estados Unidos (EE.UU.). El sistema político bipartidista concurrió con sus mejores candidatos para afrontar la crisis histórica desencadenada por la pandemia de COVID-19, que surca el planeta e impacta en particular en las potencias occidentales.

Concurrieron a someterse al veredicto de las urnas el candidato del Partido Republicano Donald Trump, de 74 años, en ejercicio del gobierno, golpeado severamente por el virus global tanto en el plano sanitario como en el socioeconómico, y el candidato del Partido Demócrata Joe Biden, de 77 años, ex vicepresidente de Barack Obama, cuya política de emisión monetaria masiva para darle liquidez al sistema financiero no favoreció la recuperación de la crisis del 2008, sino que prolongó la desaceleración de la actividad a lo largo de su gobierno.

A diferencia del pasado, ambos partidos presentan proyectos muy divergentes para enfrentar el complejo escenario global, lo que ha desembocado en una polarización cada vez más aguda de la sociedad desde la mencionada crisis de las “hipotecas subprime” acaecida en el 2008.

Antes de abordar estas visiones en conflicto es necesario repasar cómo se han expresado en las elecciones en curso.

El sistema electoral tradicionalmente se ha alejado de favorecer una participación popular masiva. En rigor de verdad, se inscribe más en la noción de “República Patricia” que tienen las elites estadounidenses del modo de gobierno de su país que de “Democracia plena”.

La descentralización estadual de las leyes electorales que rigen para la elección de las autoridades federales no sólo es inconsistente jurídicamente a los efectos del control de los comicios por parte de los candidatos nacionales frente a irregularidades distritales, sino que responde a antiguos criterios de segregación racial en los distintos estados, sobre todo del Sur del país. Tampoco es adecuada la confección de los padrones, porque rige la obligación de registro en el previo al ejercicio del derecho a voto. Padrones y conteos descentralizados, en una elección indirecta por el sistema de Colegio Electoral en donde en 48 de los 50 estados de la Unión el triunfo consagra la totalidad de los delegados al Colegio para el candidato vencedor sin importar la proporcionalidad de los sufragios.

Este sistema de comicios descentralizado de compleja fiscalización e indirecto en la consagración de las preferencias políticas de la sociedad, permite el voto anticipado presencial y por correo que se solapa en el medio de la campaña electoral. Los ciudadanos votan inmersos en los actos proselitistas, difusión de encuestas y operaciones de medios.

En estas elecciones adquirió masividad el voto por correo, estimándose que 84 millones de electores utilizaron esta vía en un total 145 millones de sufragios emitidos, un 58%. La validación de la firma del sufragista y el posterior recuento pueden demorar la emisión de un resultado válido varios días. Un senador demócrata, Bernie Sanders, anticipó el cuadro de situación presente para la confirmación del veredicto de las urnas al describir que, en estados duramente disputados, el voto presencial de los republicanos sería revertido días después por el voto por correo de los demócratas, sin aclarar los motivos por los que los adherentes a un partido concurren a los centros de votación y los de otro al correo.

Es claro que una elección reñida y polarizada realizada con el sistema electoral descripto, sólo puede provocar demoras en la consagración del ganador y acusaciones de fraude del perdedor. Sin embargo, este evento de la democracia revela que las elites, y no sólo la estadounidense, consideran que el momento actual es suficientemente complejo para dejar librada la administración estatal al voto del pueblo.

Dos candidatos, dos modelos de país

Así las cosas, los candidatos sub-80 expresan proyectos de Nación profundamente divergentes como no ocurría en los EEUU desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Los demócratas -en particular Biden, depositario del ideario Clinton-Obama- evalúan que el retroceso norteamericano deviene de la ruptura de los acuerdos configurados en el presente siglo que consagraban a EE.UU. como el centro de consumo, núcleo de ciencia y tecnología y administrador de las finanzas mundiales, sostenido por la aceptación del dólar como moneda global y respaldado por una hegemonía militar absoluta. China sería el principal productor de bienes, beneficiándose de las compras estadounidenses y expandiendo ese beneficio con su mayor consumo secundario al resto del planeta. Este esquema, conocido como el de los desbalances globales, que viabilizó la expansión suramericana en la primer década y media del siglo, colisionó con la evolución de China hacia convertirse en potencia científico-tecnológica y colocar a su moneda, el yuan, en el plano de reserva internacional.

Los gobiernos demócratas, surcados por la crisis del 2008, respondieron con la fuerza militar, la activación del capital financiero como condicionante del flujo de bienes y servicios y el empoderamiento de las empresas de alta tecnología (GAFAM) nacionales. Biden (casi seguro ganador a la hora de escribir esta nota) intentará recrear el sendero de EE.UU. como potencia global para forzar a China a un acuerdo que desarme el recorrido y las alianzas del presente.

Donald Trump inició su gobierno asumiendo el desafío de desarrollo chino y las debilidades propias de una potencia en retroceso. Abundaron las cláusulas proteccionistas contra los productos chinos y de otras procedencias. Restringió la presencia armada en el mundo aceptando la máxima de todo imperio en declive que impone que cuando el costo militar es mayor que el área de influencia a sostener, hay que retirarse. Apoyado en la mejora de la producción energética, intentó recrear la producción industrial tradicional, ensayando la reversión de un país que desde la administración de Clinton se había dirigido a ser posindustrial. Los republicanos renovaron con Trump el proyecto del EE.UU. continental, autoabastecido por su abundancia de recursos naturales, humanos y el conocimiento científico-tecnológico acumulado.

La pandemia sinceró la crisis estadounidense y exteriorizó el conflicto creciente entre ambos proyectos para abordar el contexto actual. El ejemplo más elocuente lo brinda la Reserva Federal emitiendo u$s 3 billones para sostener la cotización de las acciones de las empresas, en particular las tecnológicas, mientras casi 40 millones de trabajadores solicitaron el seguro de desempleo poniendo de manifiesto la precariedad del mercado laboral de ese país. Sostenimiento de las cotizaciones bursátiles y derrumbe del empleo, divorcio mayor entre los activos financieros y la economía real no puede evidenciarse.

Las elecciones en EE.UU. sin duda tienen alcance planetario. Hay que impedir el impacto provocado por la voluntad de extender sus conflictos al resto del globo. Sobre todo, esta semana que se cumplieron quince años del rechazo a la Iniciativas para las Américas (ALCA) en Mar del Plata.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/elecciones-en-estados-unidos/elecciones-en-ee-uu-un-reflejo-mas-de-la-decadencia-de-occidente–202011719059

La batalla contra el dólar: se ganó tiempo

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Esta semana el Ministerio de Economía colocó en el mercado doméstico títulos de deuda pública ajustable por diferentes índices. La emisión de estos instrumentos alcanzó a los $ 206.199 millones, de los cuales $ 129.804 millones tienen un rendimiento que se ajusta por la evolución de la cotización del dólar oficial (dólar-linked), $ 75.386 millones por el índice de precios (CER), y $ 1.009 millones por la tasa de interés mayorista promedio de los bancos (BADLAR). Los vencimientos se escalonan, según las diferentes especies, hasta abril de 2022.

La cotización del tipo de cambio en los mercados cambiario-bursátiles alternativos descendió en forma relevante: una caída neta en el dólar “contado con liquidación” del -7,7%%, cerrando en $ 152,5, y del 17,6% en dólar “bolsa-MEP”, que cotizó al final de la semana en $ 144,6. Pérdidas relevantes para los compradores que ingresaron en el pico de alza de la cotización.

El resultado inmediato evidencia que el ministro Guzmán logró frenar la escalada del dólar en los mercados cambiarios-bursátiles alternativos de las semanas previas, retirando de la plaza los pesos excedentes no demandados por la actividad productiva. Para ello, se ofertaron activos financieros que impidieron que esa liquidez sobrante presione sobre la cotización de la divisa. Se pagó un costo alto en términos de indexación de la economía para lograr que los agentes económicos mantuvieran su tenencia de pesos invertida en títulos-valores ajustables, por tipo de cambio, precios y/o índice financiero.

En simultáneo, se va desplegando otro de los objetivos del Ministerio de Economía, que es financiar el desequilibrio de las cuentas públicas en el mercado local, evitando hacerlo con emisión monetaria. La arista negativa es que los instrumentos emitidos contienen índices de corrección automática del capital, reflejando la desconfianza de los inversores en el alineamiento a corto plazo de las tres principales variables macro: la tasa de interés, los precios y el tipo de cambio. Es decir, pronostican, y en los hechos apuestan para obtener mejores rendimientos, a la volatilidad de esas variables cubriendo el capital invertido con índices correctores.

Sin duda la medida ha sido efectiva para frenar la presión devaluacionista y le otorga al Ministerio de Economía margen de maniobra para delinear sus próximos pasos, que en lo inmediato debieran ser la recomposición de la oferta de dólares hacia la economía reflejada en el incremento de las reservas internacionales del Banco Central.

A lo largo de octubre, el descenso de las divisas atesoradas por el Ente Rector monetario y cambiario no frenó, sino que se aceleró. Al inicio del mes las reservas internacionales brutas eran de u$s 41.300 millones, en tanto que al finalizar octubre se ubicaron en u$s 39.800 millones, con una caída neta de u$s 1.500 millones. Una de las más pronunciadas del transcurso del año.

Este comportamiento revela que los agentes económicos que concurrieron a la emisión de los títulos ofertados por el Ministerio de Economía, aceptaron colocar sus tenencias de pesos, pero no desdolarizaron sus carteras. La liquidez financiera en moneda extranjera por fuera del circuito de producción y consumo nacional no está refluyendo, ni aún con la oferta de instrumentos ajustables de cobertura de capital.

Más significativa aún es la ausencia de dólares provenientes del comercio exterior, dado que octubre es el mes en el que comenzó a regir la baja de los derechos de exportación para los sectores agropecuarios más manufactureros, pero tampoco se ha producido un flujo de divisas que revierta el drenaje de reservas internacionales. La ausencia de “dólares financieros” y de “dólares comerciales” es un dato muy grave del presente.

También esta semana ocurrió otro hecho de singular relevancia política constituido por el pronunciamiento de Cristina al conmemorarse el décimo aniversario de la partida de Néstor. En una carta en la que reseña tres certezas sobre la Argentina, aborda en una de ellas la gravedad de la coyuntura descripta desde sus causas estructurales, al referirse a la economía bimonetaria que funciona en nuestra Nación a partir de la trasnacionalización generalizada de los principales agentes económicos impuesta por la sangrienta dictadura cívico-militar.

Los ciclos de endeudamiento del Estado, valorización financiera de los excedentes en pesos, posterior conversión a dólares y salida del país han sido determinantes en las recurrentes crisis nacionales. Cristina, nuevamente en su rol de estadista, advierte con claridad que esos ciclos de destrucción de vidas por empobrecimiento y de activos reales del país expresados en catástrofes como la de 1989, 2001 y la detenida parcialmente por el préstamo del FMI en el 2018, han tocado a su fin.

Una presión devaluacionista que haga descender violentamente los ingresos populares y permita que se deprecien las empresas y los bienes no es tolerable política y socialmente. Por lo tanto, se requiere un gran acuerdo de todas las fuerzas organizadas que están actuando para impedir ese desenlace y dotar a la Argentina de un rumbo estructural inclusivo y abarcativo. Es la primera vez que un dirigente de la envergadura de Cristina aborda este problema superando la mirada coyuntural de programas y gabinetes. Su llamamiento imperioso pero preciso intenta impedir una nueva crisis cuyas consecuencias son imprevisibles. Advierte con claridad de los riesgos que corre nuestra Patria sino hay puentes de encuentro y convergencia.

El 20 de septiembre de este año publicamos en este espacio la columna “Qué hacer con la Argentina bimonetaria”, en la que situábamos en perspectiva histórica las resoluciones que tuvieron las grandes potencias sobre encrucijadas decisivas para su devenir como la que se plantea en el actual proceso argentino surcado por crisis destructivas cíclicas de quiebra del Estado y fuga de capitales. Advertíamos en ella que los líderes de cada etapa comprendieron los riesgos que entrañaba para la continuidad de sus naciones y sus sociedades no abordar y no resolver esas encrucijadas.

Hoy Cristina, una vez más a lo largo de la historia reciente, se coloca en el centro de la escena volcando su influencia y voluntad política en pos de resolver por la vía del consenso y en forma estructural esta grave situación que atravesamos los argentinos y argentinas.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/la-batalla-contra-el-dolar-se-gano-tiempo-2020103119032

PLAN DE GOBIERNO Y PRESUPUESTO

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La crítica que hacen los grandes medios de comunicación y el poder económico real del país al gobierno nacional es que no tiene un plan. La planificación debe preceder y presidir las acciones de un gobierno. Significa pensar antes de actuar, pensar con método, de manera sistemática; explicar posibilidades y analizar sus ventajas y desventajas, proponerse objetivos, proyectarse hacia el futuro, porque lo que puede o no ocurrir mañana decide si las acciones realizadas hoy son eficaces o ineficaces.

El equipo de Economía y su Ministro tenían un plan, cuya base y punto de partida consistía en lograr que los acreedores de la deuda externa dejada por el gobierno anterior acepten canjear sus títulos por otros, con un período de gracia importante en la amortización del capital y una fuerte reducción en la tasa de interés. Ese objetivo fue alcanzado plenamente, se canjearon los títulos de deuda por otros que comienzan a amortizar el capital muy parcialmente en el segundo semestre de 2014 y la tasa de interés promedio es del 3,05% anual.

El plan continuaba con emplear los recursos del Estado para hacer obra pública, esencialmente vivienda, e impulsar la demanda agregada mediante sistemáticos incrementos en los salarios y del empleo. Pero la pandemia y la larga cuarentena obligada por el Covid-19 trastocó todo. Se tuvo que hacer frente a una fuerte reconversión del gasto público para proveer de instrumentos, medios y equipos a los hospitales y programas de salud, mientras que paralelamente se asistía a la población y a la producción con planes sociales como el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y los ATP (Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción).

El plan original del Ministerio de Economía consistía en que al pagar solamente los intereses de la deuda se contaba con suficientes recursos fiscales. Pero por hacer frente al Covid-19, hasta septiembre 2020, un tercio del gasto público es déficit fiscal, que además obligó a financiarlo con emisión monetaria y con colocación de nuevos títulos de deuda en el mercado local, ante la brutal caída del nivel de actividad y, con ella, de la recaudación tributaria. Dado que, en la Argentina post Macri, los impuestos ligados al consumo representan más del 70% de todos los gravámenes tanto nacionales como provinciales, el gobierno nacional debió asistir a las provincias y municipios del país.

El punto fuerte de la Argentina es su mercado interno, nuestro país crece si crece  el consumo de la población, que debe ser apuntalado por una política de sustitución de importaciones a como dé lugar, tanto de máquinas y equipos como insumos que no producimos en cantidad suficiente y en la provisión de petróleo y gas.

Paralelamente, al producir alimentos y dados los buenos precios internacionales (por ejemplo, la tonelada de soja se vende a fines de octubre 2020 en el mercado de Chicago arriba de los 400 dólares y la tonelada de aceite de soja cerca de los 800 dólares), hace que el IERAL (Instituto de Estudio de la Fundación Mediterránea) estime que la cosecha 2020/21 tendría un valor de mercado de entre 33,0 mil millones y 39,9 mil millones de dólares. Esto asegura el superávit comercial proyectado por el Ministerio de Economía para el año entrante de exportaciones de bienes y servicios por 74.432 millones de dólares, con un crecimiento de 11,9% respecto del año 2020. En tanto, las importaciones de bienes y servicios se estiman en 59.346 millones de dólares, que implicaría un crecimiento de 20,4% interanual. Este escenario asume, de manera implícita, una recuperación del comercio exterior ante la reactivación económica mundial y doméstica tras la pandemia, que a su vez ayudaría a mantener crecientes los precios de los principales productos de exportación. El saldo comercial que se espera es de 15.086 millones de dólares, fundamentalmente explicado por la balanza de bienes, mientras que los servicios permanecerían levemente deficitarios.

Quiere decir que con la política cambiaria oficial de ajustar el valor del dólar al incremento de los costos internos es suficiente para garantizar un fuerte superávit comercial, de hecho el dólar oficial del viernes 30 de octubre de $ 83,90 se acrecentó en un 40% con respecto al precio del dólar oficial del último día hábil de diciembre de 2019 que fue de $ 59,90.

También quiere decir que el país sufrió y sufre la presión devaluacionista de los que fugaron capitales y solo traerían una parte a un mayor precio, para comprar por la mitad lo que vale el doble. Marco que también le es propicio a los exportadores, dado que de devaluar nuestra moneda, ellos recibirían más pesos por cada divisa que obtengan de sus ventas externas.

El mérito del Presupuesto Nacional 2021 es que demuestra que no se necesita devaluar nuestra moneda para lograr el marco externo favorable para que la Argentina vuelva a crecer. De allí la firmeza de estimar el valor del dólar en $ 102,40 para diciembre del año que viene, al ser la política cambiaria consistente con el objetivo de acrecentar las exportaciones y del superávit comercial esperado y al no tener que afrontar el pago del capital de la deuda. De hecho, los intereses en términos nominales para 2021 son menores que lo que se pagó en 2020 (disminuye la partida para el pago de deuda, que pasa a ser solo el 1,76% del PIB, contra 2,46% que es este año y 4,33% del PIB en 2019).

También en el Presupuesto 2021 se estima que la economía crecería en un 5,5% (y este año 2020 cae en un 12,1% que es una de las depresiones más grandes de las que se tenga registro) y que la inversión interna bruta fija crecería un 18,1% (y este año desciende en un 25,6%) y, el consumo crece como crece el PIB, todos datos y proyecciones que son más que factibles. Un país que logra un superávit comercial en torno a los 15.000 millones de dólares anuales, cuando en la gestión de Macri se fugaron 86.200 millones de dólares en cuatro años, no tiene problemas de ahorro para financiar la inversión que necesita.

El Presupuesto 2021 representa la hoja de ruta para las políticas públicas necesarias para sentar bases para un crecimiento sostenible a partir del desendeudamiento del Estado nacional, la definición de un sendero de disminución de déficit fiscal en el mediano plazo, el fortalecimiento del mercado interno y la realización de imprescindibles obras de infraestructura, esencialmente el Fondo Fiduciario Programa Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda Única Familiar (Pro.Cre.Ar) y el Fondo Fiduciario para la Vivienda Social. También son importantes los recursos que se destinan para la renovación y mejoramiento del ferrocarril en las líneas Roca, Belgrano Cargas, San Martín y Belgrano Sur; el Plan nacional de agua potable con el fin de contar con el 100% de cobertura en todo el país para el año 2030. Igual con el plan de obras viales en las principales rutas nacionales y obras energéticas, entre ellas el Gasoducto del NEA, que permitirá abastecer de gas a más de tres millones de personas en el nordeste argentino y, se continuará con el plan nuclear del Reactor RA-10 y la Central Nuclear de Energía CAREM, entre otras fuertes inversiones públicas.

El gasto social seguirá representando más del 60% del presupuesto nacional y se volverá a cumplir con las provincias y sus municipios, que se destine a la educación el 6% del PIB.

Se confía en que el aumento del nivel de actividad permitirá incrementar en forma más que proporcional los ingresos tributarios. Paralelamente, al tener que realizar menores gastos corrientes con respecto a este año 2020 por la pandemia del Covid-19, y el menor pago de los servicios de la deuda por los acuerdos arribados con los acreedores privados, sobre los cuales se pagarán solamente intereses, permitirá que en términos nominales el incremento del gasto sea menor que la inflación esperada y a su vez se incrementa en términos reales la recaudación. La combinación de ambas variables permite reducir fuertemente el déficit fiscal del año 2020 (en torno al 12% del PIB) para ser de un 4,5% del PIB, que es un porcentaje administrable y genera mejores condiciones para los presupuestos venideros.

El rol del Estado

El rol económico del Estado es hacer políticas públicas (el presupuesto es su guía de acción) pero también regular la economía, esto es, establecer las reglas de juego, decidir qué es lícito y qué es ilícito en la actividad económica en general y en la cambiaria y financiera en particular penando y castigando el delito,  máxime cuando el precio del dólar es una variable clara y fundamental en nuestro país y en las políticas públicas.

La difícil situación en que nos encontramos, con los niveles de pobreza, desocupación y padecimiento de todo tipo, mientras que hay una parte de la población que especula con el valor de nuestra moneda, debe ser solucionada de manera enérgica.

Para ello sostenemos que se debe declarar la Emergencia Cambiaria. El 10 de abril de 1964, mediante el Decreto 2581/64 se dispuso la obligatoriedad de ingresar al país y de negociar, en el mercado único de cambio, el contravalor en divisas de la exportación de productos nacionales. Mal o bien, con períodos en que se suspendía su aplicación, este sistema rigió durante 53 años, hasta que el Decreto 893/2017 en su artículo 1, deroga el Decreto 2581/64.

Paralelamente, la ley 27.541 denominada de “Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el marco de la Emergencia Pública”, no contempla el problema cambiario, por lo tanto se necesita ampliar la ley y declarar la emergencia cambiaria, para:

  1. Anular las Resoluciones de la Secretaria de Comercio Nº 262/2016 que le permite al exportador no ingresar las divisas al mercado de cambio local en un plazo de hasta cinco años y 47/2017 que extiende ese plazo a diez años; y derogar el Decreto Nº 893 por el cual establece que “desaparece cualquier obligatoriedad de ingreso de divisas” por exportaciones. Esto fue salvado por la Comunicación A 6770 del Banco Central emitida el 1° de septiembre de 2019, pero mientras rigieron se acumularon dólares que no ingresaron al país. No vamos a entrar en la controversia de si es un derecho adquirido, sí podemos agregar que en ese caso se debería plantear a qué tipo de cambio se liquida la operación de exportación: al tipo de cambio oficial en que realizaron la venta al exterior en los años 2016, 2017, 2018, hasta el 2 de septiembre de 2019, o a uno vigente. Gran parte de los exportadores tienen la administración de puertos en la llamada Hidrovía del Paraná, cuya concesión vence el 30 de abril de 2021 y un principio de acuerdo de partes es que ellos adelantan el plazo de la liquidación e ingresos de divisas de las exportaciones ya realizadas y el Estado argentino sabrá como ponderar ese gesto de alianza económica y social.
  2. Revisar, corregir y derogar según corresponda, toda la parafernalia de normas, decretos y resoluciones del gobierno anterior.
  3. Evitar a toda costa que el precio del dólar informal, blue, negro o como se lo quiera llamar incida sobre los precios. Para ello el Estado debe intervenir y castigar ese delito, utilizando el poder de policía financiera que tiene la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias (SEFyC) del Banco Central de la República (BCRA), la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) perteneciente al Ministerio Público Fiscal, el Ministerio de Seguridad, la Superintendencia la Comisión Nacional de Valores (CNV), la AFIP, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social y la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), que deben controlar y aplicar el poder de policía coordinado con uso de la fuerza pública en las inspecciones, que incluya el secuestro de los fondos que no tengan explicación contable o de origen y hasta la detención de los delincuentes.

En síntesis, si se hubiera detenido al primer peón que quemó un pastizal, este hubiera dicho quién lo envió y no hubiéramos tenido los incendios de nuestros campos y bosques como pasó. Se trata de intervenir ya y como sea. Eva Perón decía: donde hay una necesidad surge un derecho.

 

 

[1] Decreto N° 1053/18, han solicitado su adhesión las siguientes prestadoras del servicio de distribución de gas: 1) Naturgy BAN S.A.; 2) Metrogas S.A; 3) Camuzzi Gas Pampeana S.A.; 4) Camuzzi Gas del Sur S.A.; 5) Litoral Gas S.A.; 6) Gas Nea S.A.; 7) Gasnor S.A.; 8) Redengas S.A.; 9) Distribuidora de Gas del Centro S.A.; y 10) Distribuidora de Gas CuyanaS.A.

 

PLAN DE GOBIERNO Y PRESUPUESTO

El Covid-19 y la emergencia cambiaria

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La economía Argentina, como más un millón de sus habitantes, sufre del virus covid-19, cuando uno lee la declaración conjunta de los grupos Ad Hoc, Exchange Bondholders y Argentina Creditor Committee, que son los principales acreedores privados de la deuda externa, donde afirman que “el Banco Central ha reforzado una política cambiaria que promueve las importaciones, desalienta las exportaciones y ha agotado las reservas a un nivel peligroso”. Están planteando una devaluación de nuestra moneda, cuando el dólar oficial es uno de los más altos que se tenga registro, por lo que busca desestabilizar más la economía Argentina y asegurarse un modelo dependiente de capitales externos y fuertemente extranjerizada, aún más de lo que está. Buscan limitar el mercado interno sabiendo los niveles de pobreza y de desocupación del país. Tratan de imponer el modelo y la lógica de valorización financiera del capital.

El problema no es que el BCRA adopte una política cambiaria que promueve las importaciones, el problema es que en medio de la crisis cambiaria este Banco Central adelantó más de 5.000 millones de dólares asegurándole el tipo de cambio a los importadores (no entraron los productos importados a la Argentina y le pagaron esas compras asegurándole un tipo de cambio que fue de los $ 70 a $ 80 por dólar de enero a agosto 2020) y encima pagó también supuesta deuda externa por 6.200 millones de dólares a los mismos que aparecen comprando dólares por 86.200 millones al BCRA de la época de Macri. Total más de 11.200 millones de dólares de las reservas internacionales que se evaporaron.

El mercado huele sangre y como los tiburones se desespera para sacar la mayor tajada, lo sabían desde el principio, nosotros nos enteramos cuando el FMI audita las cuentas e informa que el BCRA perdió todo el superávit comercial acumulado en los primeros ocho meses del año de 10.984 millones de dólares, cifra a la que debe sumarse otras detracciones y que incluso hacen disminuir las reservas de libre disponibilidad del BCRA.

El covid-19 son también los grandes fondos de cobertura como PIMCO y Franklin Templeton, que tenían una presencia muy menor en el país pero, con la dupla Luis “Toto” Caputo y Gustavo Cañonero (éste último representante de Franklin Templeton en la Argentina) como Presidente y Vicepresidente del BCRA respectivamente, ingresaron y se posicionaron fuerte en títulos de deuda argentino en moneda nacional, llegaron a tener entre ambos títulos en pesos pero equivalente a 4.000 millones de dólares cuando entraron, hoy valen menos de la mitad y se quieren ir a como dé lugar, propiciando la suba del dólar llamado CCL (Contado con liqui) que consiste en vender esos títulos en el exterior (obviamente en divisas) y el dólar implícito de esa venta superó los $ 180.- y el blue alcanzó los $ 190 en la semana que transcurrió.

El otro virus covid son los diez bancos privados más grandes que operan en el país. Por la ley 24.144 de Carta Orgánica del BCRA, la autoridad monetaria es banco de bancos y por ende a los únicos que les puede vender es a ellos y, fueron los que compraron los 86.200 millones de dólares de las Reservas Internacionales del BCRA en la gestión de Macri y los más de 11.000 millones de dólares este año, para sí o para sus clientes, pero es seguro que una parte de esos dólares alimentan las “cuevas” que, incluso por la cuarentena, no están tanto en el centro de la ciudad de Buenos Aires, sino en los barrios acomodados como Palermo Chico, Barrio Norte y Puerto Madero y Vicente López, así como sucede en todo el país.

POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS

En la economía Argentina hay tres sectores bien diferenciados, uno es el financiero, ya descripto, el otro, es el sector agroindustrial que se agrupa básicamente en el Consejo Agroindustrial Argentino, liderado por Aceitera General Deheza, Molino Agro (Pérez Companc), entre las nacionales y Cargill, ADM, Glencore, Dreyfus, Cofco, entre las extranjeras, quienes tienen una visión del país que plasman en su “Estrategia de Reactivación Agroindustrial Exportadora Inclusiva, Sustentable y Federal”, saben que la Argentina que es solo el 0,3% del PIB mundial, es el décimo exportador de alimentos y el tercero en soja y derivados, razón por la cual se benefician con un dólar alto, de hecho miran complaciente la situación ( y obtienen más pesos por cada dólar que exportan), pero el beneficio que tienen hoy no es sustentable mañana.

El tercer sector es el pueblo argentino, que sufre el embate cambiario con una creciente inflación y consiguiente disminución de su salario real. Como lo explicó el Ministro Martín Guzmán, la Argentina no es un país de un ingreso per cápita de 4.500 dólares, en el plan implícito en el proyecto de presupuesto nacional 2021 propone que los salarios crezcan más que los precios y que el tipo de cambio (dólar), hecho que combinado con un mayor empleo implica fortalecer el mercado interno que es la base de nuestro crecimiento sostenido. La movilización del 17 de octubre de 2020 se hizo en defensa propia, fue decir acá estamos.

Hoy la alianza se da entre los dos primeros, pero el Estado debe jugar a favor de la población y tiene fuertes herramientas.

DECLARAR LA EMERGENCIA CAMBIARIA

Para ello la primera es Declarar la Emergencia Cambiaria. El 10 de abril de 1964, mediante el Decreto 2581/64 se dispuso la obligatoriedad de ingresar al país y de negociar, en el mercado único de cambio, el contravalor en divisas de la exportación de productos nacionales. Mal o bien, con períodos en que se suspendía su aplicación, este sistema rigió durante 53 años, hasta que el Decreto 893/2017 en su artículo 1, deroga el Decreto 2581/64.
Paralelamente, la ley 27.541 denominada de “Solidaridad Social y Reactivación Productiva en el marco de la Emergencia Pública”, no contempla el problema cambiario.

Por lo tanto se necesita declarar la emergencia cambiaria, para:

1) Anular las Resoluciones de la Secretaria de Comercio Nº 262/2016 que le permite al exportador no ingresar las divisas al mercado de cambio local en un plazo de hasta 5 –cinco- años y 47/2017 que extiende ese plazo a 10 –diez-años y, derogar el Decreto Nº 893 por el cual establece que “desaparece cualquier obligatoriedad de ingreso de divisas” por exportaciones. La diferencia entre lo exportado y lo ingresado en el período que rigieron ambas Resoluciones y el Decreto 893/2017 supera los 15.000 millones de dólares. La Emergencia Cambiaria debe finalizar con la prerrogativa del gobierno anterior y permitir “negociar” con los exportadores (que son los mismos, recordemos que 200 empresas, varias de ellas conforman el mismo grupo económico, representan el 90% de las ventas externas de la Argentina). La grave situación en que nos encontramos amerita cambiar la regla de juego y acordar con ellos un adelanto del ingreso de esas exportaciones, digamos de unos 3.000 millones de dólares por mes, que permitiría al gobierno llegar a abril de 2021 donde debería haber finalizado la cuarentena de la pandemia del covid 19 y a su vez se produce el ingreso de las ventas de la cosecha gruesa.

No vamos a entrar en la controversia si es un derecho adquirido, si, podemos agregar que en ese caso se debería plantear a qué tipo de cambio se liquida la operación de exportación, se hace al tipo de cambio oficial en que realizaron la venta al exterior en los años 2016, 2017, 2018, hasta el 2 de septiembre de 2019, o a uno vigente.

Gran parte de los exportadores tienen la administración de puertos en la llamada Hidrovía del Paraná cuya concesión vence en abril de 2021. Pero todos están en la lista de los mayores compradores de los 86.200 millones de dólares de la época de Macri y seguramente si no todos, gran parte de ellos, son los que le compraron los más de 11.000 millones al BCRA de este gobierno.

Es un acuerdo de partes en que ellos adelantan el plazo de la liquidación e ingresos de divisas de las exportaciones ya realizadas y el Estado argentino sabrá como ponderar ese gesto de alianza económica y social.

2) Revisar, corregir y derogar según corresponda, toda la parafernalia de normas, decretos y resoluciones del gobierno anterior.

3) Se debe evitar a toda costa que el precio del dólar informal, blue, negro o como se lo quiera llamar incida sobre los precios, para ello el Estado debe intervenir para castigar ese delito, utilizando el poder de policía financiera que tiene la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias (SEFyC) del Banco Central de la República (BCRA); la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) perteneciente al Ministerio Público Fiscal; el Ministerio de Seguridad, la Superintendencia la Comisión Nacional de Valores (CNV); la AFIP; el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social y, la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), quiénes deben controlar y aplicar el poder de policía coordinado con uso de la fuerza pública en las inspecciones, que incluya el secuestro de los fondos que no tengan explicación contable o de origen y, hasta la detención de los delincuentes.

Es el Estado el que debe regular, establecer las reglas de juego, que es lícito y que es ilícito en la actividad económica en general y en la cambiaria y financiera en particular penando y castigando el delito.

En síntesis, si se hubiera detenido al primer peón que quemó un pastizal, éste hubiera dicho quién lo envió y no hubiéramos tenido los incendios de nuestros campos y bosques como pasó. Se trata de intervenir ya y como sea, Eva Perón decía, donde hay una necesidad hay un derecho.

 

 

https://radiografica.org.ar/2020/10/25/el-covid-19-y-la-emergencia-cambiaria/

Informe económico mensual

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En este documento destacamos indicadores sensibles como el producto bruto, empleo, actividad industrial, comercio exterior, monetarios, tributarios, salarios, diversos tipos de cambio, precios de productos exportables, con la pandemia como sombrilla que continúa en plena carrera y un micra Covid-19 fortalecido. Tratamos de contener indicadores hasta agosto, pero siempre el día a día nos pasa por encima.

Para encuadrar el documento en lo ideológico, en lo político, en lo empírico  y en lo teórico, empezaremos por brindar tres profundas reflexiones.  La primera es de Inodoro Pereyra. En diálogo con el cacique Lloriqueo, tras reflexionar sobre lenguas, escasez, desprecios, costumbres y enfermedades, recibe la siguiente respuesta: “Le aseguro que son tantos los disgustos Inodoro Toro, que mi única satisfacción es cuando vuelvo a mi casa y me suelto el pelo”.

La segunda involucra a Donald Omicrón, la  “Fogosa criatura del planeta Ultra”. Donald Omicrón pone los pies  en la Tierra y dice: “Esto es una gripecita”.

La tercera corresponde al equipo del FMI, encabezado por Julie Kozack, la subdirectora del Departamento del Hemisferio Occidental, que emite la siguiente declaración: “El personal del FMI mantuvo reuniones productivas con las autoridades argentinas” , y aclara: “Argentina enfrenta complejas dificultades económicas y sociales, en el contexto de una crisis de salud sin precedentes”. Continúa la subdirectora: La profunda recesión ha provocado un aumento de los ya elevados niveles de pobreza y desempleo, cuyos efectos se ven agravados por importantes presiones en el mercado cambiario. Estos son desafíos excepcionalmente difíciles sin soluciones fáciles. El personal obtuvo una comprensión más profunda de los planes políticos de las autoridades cuando se reunió con el ministro de Economía, Martín Guzmán, y con el presidente del Banco Central, Miguel Pesce. Pero dejan aclarado (en nota al pie del documento) que no quieren estar en los zapatos de estos dos señores.

Cuando pongamos punto final a este informe, podremos decir algo de la inflación de septiembre  y será el nuevo documento, las nuevas dudas, las nuevas conjeturas y las nuevas expectativas. El ministro Guzmán brindará el dato esperable o las declaraciones sobre el peliagudo asunto de los tipos de cambio, de los pesos y de los dólares. El Presupuesto 2021 ya fue y será un recordatorio para el oficialismo y la oposición.  Otro tanto la nueva discusión con el FMI, van varias, pero siempre renovadas,  con los u$s 44.000 millones que les debemos estarán muy solícitos en recordárnoslos.

Los gráficos tratamos de hacerlos claros. No siempre lo logramos, pero… lo lograremos. Como todos los temas presentados son densos, pesados y hasta indigestos, a los gráficos le ponemos color para mejorarlos. En algunos casos colocamos la lupa en el corto plazo o en los meses recientes y anteriores.

El presidente ha dicho sobre la pandemia: “Sigamos atentos la situación, que nadie tome con displicencia este tema”. Y tiene razón.

 

Informe económico octubre 2020

Crisis económica y disputa de poder: hacia el final del péndulo

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Desde el triunfo electoral del Frente de Todos se ha acelerado el conflicto entre distintos segmentos de la sociedad argentina por la prevalencia de los derechos de unos sobre los otros. La pugna no se ha canalizado por la vía de las instituciones, cuyas composiciones han sido recientemente renovadas por el voto popular.

La colisión se da entre aquellos que sacralizan la propiedad privada por encima de cualquier proceso de integración social con quienes resueltamente defienden a los derechos sociales expresados en el acceso igualitario al salario y la jubilación, la vivienda, la educación, la salud y todo otro bien de carácter universal y esencial para la vida humana.

Este enfrentamiento entre los derechos individuales del artículo 14 de la Constitución Nacional y los derechos sociales del 14bis del mismo texto rector no es nuevo. No obstante, ha crecido en tensión, en parte porque la crisis global les indica que deben apropiarse del Estado para asegurar sus privilegios, como lo hicieron en los ‘30, los ‘70 y con la escalada inflacionaria de los ‘80. En esa dirección han adoptado un rechazo absoluto al resultado de las urnas, embistiendo al gobierno electo desde el inicio.

El otro dato novedoso es que la quinta administración peronista, a diferencia de sus antecesoras, se ha visto impotente hasta ahora para superar el conflicto alcanzando acuerdos y disciplinando actores.

En estos días, hemos visto como una multitud se movilizó en homenaje a los 75 años del 17 de octubre, conmemorando la génesis del movimiento que integró política y socialmente a los sectores desposeídos. En contraste, se visibilizó el conflicto en la provincia de Entre Ríos por la herencia de la familia Etchevehere, dónde el ex ministro de Agricultura del macrismo no tuvo límites para movilizar una patota violenta hacia el campo para desalojar por la fuerza a su hermana. Se profirieron todo tipo de insultos hacia Juan Grabois, que respalda a Dolores Etchevehere en el desarrollo de un proyecto agrario comunitario. A su vez, Patricia De Ferrari, legisladora cordobesa de Cambiemos, invocó a los “falcon verdes” para “administrar justicia” contra el dirigente social.

Estas imágenes contrapuestas se produjeron en medio de la tensión cambiaria, donde se vislumbra el intento de producir una licuación estructural de los ingresos populares elevando la cotización de la divisa a niveles inéditos. La oligarquía percibe la oportunidad de romper definitivamente el empate social con el peronismo y actúa en todos los frentes inescrupulosamente. Otro acicate para esta conducta es la pérdida de control de los procesos electorales, como lo ocurrido en octubre del 2019 en Argentina y en octubre 2020 en Bolivia. La movilización del 17 y el triunfo de la fuerza de Evo Morales sepultaron los amagues de “golpe blando”, acelerando en la semana posterior la suba del dólar en los mercados alternativos.

El gobierno de la coalición peronista ha ensayado esquemas conciliadores, hasta el momento sin resultados positivos. Esto se expresa en los lineamientos económicos seguidos hasta el presente, pudiendo identificarse dos programas.

El programa “que no fue” que consistió en un intento de ordenamiento macroeconómico externo y fiscal de regulación pública basado en tres ejes:

  1. Intervención estatal directa en la comercialización de granos y acuerdos con otros actores afines relevantes en ese mercado, como la empresa estatal china Cofco y las cooperativas tradicionales. Este derrotero se abandonó con la fallida expropiación de la concursada empresa del sector Vicentin.
  2. Administración del comercio exterior con control de las importaciones, tanto en la cantidad de bienes comprados como en los pagos efectuados al exterior por ese concepto. No obstante, se produjo la inconsistencia técnica que el abultado superávit de la balanza comercial (u$s 11.000mm en el lapso enero/agosto 2020) no incrementó las reservas internacionales del BCRA, siendo las importaciones uno de los principales factores de egreso de divisas, a pesar de la caída del nivel de actividad en este período a causa de la pandemia.
  3. La implementación de una reforma tributaria progresiva sobre exteriorizaciones de riqueza patrimonial y altos ingresos, para reducir la brecha fiscal y fortalecer la autonomía estatal.

Los puntos previos apuntaban a producir un orden macroeconómico acelerado, acotando los desequilibrios en las cuentas externas y las cuentas públicas heredadas del macrismo, mejorando la capacidad de maniobra del sector público y potenciando la certidumbre que significó cerrar exitosamente el programa financiero de reestructuración de deuda pública.

Las razones para no llevar adelante este esquema se centraron en la voluntad política de aplacar los conflictos con los sectores dominantes y construir un escenario de paz política, que los hechos demostraron fallido.

El programa que “sí fue” se basó en acuerdos tácitos con actores agropecuarios y financieros, a partir de reconocer estímulos al mercado que favorezcan la estabilidad cambiaria. El diseño pro-mercado se centró en:

  1. Negociación con el sector manufacturero del campo para lograr un aumento de exportaciones y liquidación de divisas a cambio de una baja transitoria de los derechos de exportación.
  2. Medidas a favor de los operadores financieros para reducir la volatilidad del mercado cambiario alternativo “contado con liquidación”, consistentes en bajar los plazos de tenencia de bonos antes de operarlos -de 15 a 3 días hábiles-. La intención fue dotar de más liquidez al mercado y de oferta de bonos en dólares a los fondos de inversión extranjeros a cambio de sus activos en pesos para evitar la presión de la demanda en la cotización del contado con liquidación.

Estas disposiciones, hasta el presente, no han dado los resultados esperados: las reservas internacionales del BCRA continúan descendiendo -u$s 500 millones en lo que va de octubre- y la cotización del “dólar contado con liquidación” trepó un 6% neto en el curso de la semana.

Es complejo transitar acuerdos cuando los agentes económicos más poderosos quieren imponer otro rumbo resueltamente, desafiando la voluntad popular expresada en las urnas.

De continuar este sendero, sólo quedan dos opciones no excluyentes: China y el FMI.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/crisis-economica-y-disputa-de-poder-hacia-el-final-del-pendulo-2020102419025

RENTA AGROEXPORTADORA Y CAPITAL FINANCIERO

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La pujante Argentina industrial distribuía ingresos de manera tal que en 1974 éramos el país más integrado de todo el continente americano, donde menos diferencia había entre un rico y un pobre, la pobreza era solo el 3,7% de la población y la desocupación era friccional. Esa Argentina fue dinamitada por el “Rodrigazo”, que no fue otra cosa que liberar el tipo de cambio depreciando nuestra moneda, paso necesario y obligatorio para dar lugar a la dictadura militar donde confluyeron el modelo agroexportador (incluso desobedeciendo a los Estados Unidos, porque se le vendió trigo y otros cereales a Rusia en pleno bloqueo de Jimmy Carter) y el de valorización financiera, que consiste en creer que subiendo la tasa de interés local (de una moneda depreciada) se controla el precio del dólar.

Las tasas de interés creciendo por muchos meses por encima de precio del dólar atraían capitales golondrina en la llamada bicicleta financiera o carry trade, razón por la que se retrasa el tipo de cambio y, por priorizar la valorización financiera del capital y la política de endeudamiento en desmedro de las exportaciones, se produce la ruptura con “el campo” y la renuncia a fines del año 1979 del Secretario de Agricultura y Ganadería, Mario Cadenas Madariaga, conspicuo dirigente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), que formó parte junto a José A. Martínez de Hoz del equipo que se reunía desde 1975 en la casona de la familia Blaquier de la calle Azcuénaga 1.673 en la Ciudad de Buenos Aires, para preparar el nuevo gobierno.

Salvo los 14 meses que estuvo al frente del Ministerio de Economía Bernardo Grinspun, predominó la política de endeudar y fugar hasta que implosionó a fines de 2001. Tras los aciagos días del 19 y 20 de diciembre y el “que se vayan todos”, de cómo las grandes empresas deudoras en divisas la transfirieron al pueblo argentino mediante la pesificación asimétrica, y del asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, asume la presidencia Néstor Kirchner, quien reinstaló el modelo de crecimiento en base al mercado interno.

La fórmula es sencilla: las tres cuartas partes de lo que producimos se destina al mercado interno, por ende, generando más empleo y mejores salarios el mercado interno se expande y crecemos en forma sustentable y democrática. Más se vende y más se produce, se propicia la sustitución de importaciones que se deben producir en el país, energía incluida. Es la misma propuesta del plan de gobierno del Presupuesto de la Administración Nacional 2021, pero para ello se requiere un gobierno que regule la actividad económica, que imponga las reglas de juego, que diga qué es lícito y qué no, qué está permitido y qué no, como hacen todas las naciones del mundo que crecen sistemáticamente.

La verdadera brecha

Cambiemos restituyó el modelo de valorización financiera y renta agroexportadora que genera un proceso de devaluación e inflación que se retroalimenta. Pandemia mediante y serios errores propios, debilitan el poder del Estado nacional, máxime que como pasó en 1975 y 1976 los agroexportadores y los que propician la valorización financiera del capital confluyen en depreciar nuestra moneda y con ella el mercado interno y la economía nacional.

Para ellos el problema no es la tasa de indigencia que para el primer semestre de 2020 el INDEC estima en 10,5% de las personas que habitan en la Argentina, ni la de pobreza, del 40,9%. Tampoco que el salario y la jubilación mínimxs, medidxs por el dólar blue sean menores a 100 dólares, que el salario promedio mensual sea de $ 69.040, que convertidos son menos de 400 dólares. Si se devalúa como quieren exportadores y financistas, nuestros trabajadores cobrarían menos que el salario promedio de Brasil y de China.  Nuestro PIB per cápita es de menos de 8.000 dólares, que es el de un país pobre como los más pobres de América Latina y de África.

El plan económico del gobierno debe priorizar el mercado interno y para eso es necesario controlar el dólar, ya que cada vez que sube empuja a la miseria y a la pobreza a nuestro pueblo y limita las posibilidades de crecer sostenidamente y distribuir equitativamente los ingresos, como se hizo desde 1945 a 1974 y en los años de los Kirchner.

Sin embargo, priorizar el mercado interno, el trabajo y la producción nacional puede llegar a amalgamarse con la propuesta  del Consejo Agroindustrial Argentino (AGD; Cargill, Glencore, Molino Agro, Cofco etc.) y que trata de acordar con China, siempre y cuando el beneficio sea mutuo, por la simple razón de que ellos exportan alimentos y su precio impacta en la canasta de las familias. Para que fueran compatibles debería acordarse que primero se destine la parte de la producción necesaria para satisfacer el mercado interno y a precios razonables con los salarios, y luego se calcule el saldo exportable, y no al revés. Además, el diferencial de cambio a través de retenciones lo debe fijar libremente el gobierno nacional y no, como pretenden ellos, fijar la tasa de retenciones y dejarla estable durante diez años [1].

Es una situación compleja pero se puede y se debe resolver. El impedimento es su valorización financiera y la influencia del tipo de cambio, ya que el Consejo Agroindustrial Argentino objetivamente se beneficia cuánto más de nuestra moneda obtiene por cada divisa que ingresa del exterior. Y tiene medios para presionar sobre el valor del dólar.

La situación descripta se potencia por el grado de libertad con que se maneja la actividad financiera y cambiaria en el país.

La política financiera y cambiaria

La comparación de datos del INDEC y del Banco Central permite entender los comportamientos especulativos de exportadores e importadores. El informe del INDEC de intercambio comercial de enero a agosto de 2020 indica que las importaciones fueron por 26.245 millones de dólares, pero el INDEC usa un criterio devengado que no muestra con precisión los flujos de caja de la economía. El balance cambiario del Banco Central, en cambio, registró que las importaciones efectivamente pagadas fueron por más de 31.300 millones de dólares.

Esto es, los importadores adelantaron pagos de su mercadería para dolarizarse al tipo de cambio oficial, dado que le compraron al BCRA y este le vendió en los primeros ocho meses del año, de $ 70 a $ 80 por dólar, para pagar importaciones que al 31 de agosto 2020 no habían ingresado a la Aduana Argentina.

Entonces el superávit comercial  de enero a agosto 2020 no es de 10.894 millones de dólares como informan la Aduana y el INDEC, sino de 5.800 millones.

Paralelamente el BCRA autorizó a pagar supuestas deuda externa al Banco HSBC; al Banco Galicia; al Grupo Elsztain (IRSA, Cresud, Banco Hipotecario, principales centros comerciales, etc.); a Petroquímica Comodoro Rivadavia; a la filial norteamericana generadora y distribuidora de energía AES Argentina, etc., por 6.200 millones de dólares de las reservas internacionales y al tipo de cambio oficial. Recién a partir del 15 de septiembre, mediante la Comunicación A 7106, el BCRA dispuso que se le vendan dólares por el 40% de la deuda que declaran y el 60% restante lo paguen con activos que tienen en el exterior y/o reprogramen los vencimientos[2], cuando esos deudores son los mismos que fugaron los 86.200 millones de dólares que se fueron del país en los cuatro años de la gestión del gobierno de Cambiemos, según informe que hizo el propio Banco Central [3].

Es evidente que en plena restricción cambiaria y en medio de la negociación de la deuda, el BCRA malvendió reservas internacionales que explican por qué teniendo un superávit comercial al 31 de agosto de 2020 de 10.984 millones de dólares, las reservas internacionales brutas del BCRA no solo no crecieron sino que descendieron en 4.018 millones de dólares en el mismo lapso.

Paralelamente, los diez primeros bancos privados del país en lugar de prestar (que lo hacen mínimamente) se benefician colocando sus generosos excedentes en LELIQs (Letras de liquidez del BCRA) y perciben por ello más de $ 60.000 millones por mes que les paga religiosamente la autoridad monetaria.  En la gestión actual del BCRA lo que más crecieron fueron las LELIQs: de $ 758.453 millones en el inicio de la gestión  a 1.717.371 millones el 7 de octubre de 2020: un un 126,4% más, cuando en igual lapso, toda la base monetaria lo hizo solo en un 30,35% y el total del crédito al sector privado en 19%.

El crédito total al sector privado (empresas y personas) es el 11,4% del PIB, tan bajo como lo dejó el último año del gobierno de Mauricio Macri, cuando en Brasil es del 45% y en Chile del 60% del PIB.

Por la Ley 24.144 de Carta Orgánica del BCRA, los únicos que le pueden comprar dólares al BCRA son los bancos, quienes lo compran por sí o para sus clientes,  todo “consta en actas” y por eso el BCRA pudo elaborar el Informe de fuga de Capitales por 86.200 millones de dólares y tiene los nombres, DNI, domicilio, etc., de cada uno de los 6.693.605 personas y las 85.279 empresas adquirentes de divisas, donde los cien mayores compradores en la gestión de Macri lo hicieron por 24.679 millones de dólares.  Esos dólares fueron sacados mayoritariamente del circuito económico legal argentino.

Los circuitos ilegales están directamente conectados con el sistema financiero formal. Tanto la economía clandestina como la informal se retroalimentan con la economía formal. No son compartimentos estancos, ni separados por exclusas.

Los “financistas” son los dueños y CEOs de los principales bancos privados del país, conectan puntas entre inversores y tomadores de crédito. El cruce de dinero entre plazas financieras puede vincular Montevideo, Nueva York, Hong Kong o Londres mediante el llamado “dólar cable” (que consiste en girar dólares en efectivo a través de una cueva financiera), que fondea parte de la oferta del dólar blue y que incide fuertemente en la fuga de capitales de las divisas originadas en el atesoramiento.

En síntesis

Después de dilapidar más de 11.000 millones de dólares, el gobierno busca incrementar la oferta de divisas, por lo cual en octubre de 2020 dispuso una baja transitoria de tres puntos en las retenciones a la exportación de soja y una eliminación total de las retenciones a bienes finales industriales.

Paralelamente, trata de frenar la demanda a través de estímulos a las inversiones en pesos. En esa línea, se llevaron a cabo licitaciones de títulos en moneda local; una colocación de bonos «dólar linked», que están atados a la evolución del tipo de cambio oficial, y una colocación de letras ajustadas por inflación.

Incluso la autoridad monetaria desde el viernes 16 de octubre bajó la tasa de las Letras de Liquidez (LELIQs), que pasó de 38 a 36% anual y aumentó en 21 puntos porcentuales la tasa activa de pase por un día que queda en 30% de Tasa Nominal Anual. Para los depósitos del público menores a un millón de pesos los bancos pagarán un piso de 34% de tasa nominal anual, para el resto de los depósitos, el mínimo será de 32% nominal.

Por supuesto “que el mercado”, como les gusta llamarse, olió sangre y va por más y toda medida es insuficiente.

Las verdaderas y necesarias medidas

Si no se fiscaliza la operatoria de los diez bancos privados principales, de los distintos mercados del dólar (Contado Con Liqui, Dólar Bolsa, etc.) y no se cierran las “cuevas” cambiarias con el poder de policía que tiene el BCRA, es lo mismo que arar en el mar.

Pedro Biscay, que fuera Director del Banco Central, propone fortalecer el poder de fiscalización cambiaria y financiera, y recuerda que en los años 2014 y 2015 se conformó una mesa de coordinación institucional desde donde se llevaron adelante acciones orientadas a incidir sobre el mercado ilegal de divisas. Se alinearon detrás de ese objetivo la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac) perteneciente al Ministerio Público Fiscal, el Ministerio de Seguridad, la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias del Banco Central, la Comisión Nacional de Valores (CNV), la AFIP, el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social y la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF).

La Superintendencia junto a la UIF y el resto de los reguladores, intensificaron las ruedas de monitoreo, cruces de información, fiscalización en oficinas de negocios y formulación de denuncias penales a través de Procelac. Se logró información acerca del mercado paralelo que permitió identificar el entrelazamiento entre el sistema económico formal y diferentes circuitos de circulación de capitales procedentes de las economías informales o clandestinas.

Pero esto sólo es posible si las reglas las impone el Estado.

 

[1] Plan del CAA:  “Estrategia Agroindustrial Exportadora Inclusiva Sustentable y Federal 2020-2030”.

[2] Medida que incluso flexibilizó el jueves 8 de octubre a pedido del Banco Hipotecario del grupo Elsztain.

[3] Empresas y personas que están también en la lista conformada por Hernán Arbizu y por el Ingeniero en sistema Hervé Falciani, ambos del HSBC, o en los Panamá Papers.

 

 

Renta agroexportadora y capital financiero

 

Día de la Lealtad peronista: otro 17 y van 75

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Esta semana se cumplieron 75 años del evento fundacional del peronismo, cuando las masas populares irrumpieron en la Plaza de Mayo reclamando la libertad del entonces coronel Perón, que había materializado un conjunto de derechos sociales largamente anhelados. La pincelada que mejor describió ese momento la trazó Raúl Scalabrini Ortiz, al referirse a la movilización popular como el “subsuelo de la patria sublevado”.

Tres cuartos de siglo después, asistimos a los festejos del aniversario, restringidos por la pandemia, cursando la quinta experiencia de gobierno peronista. Las presidencias de Perón (1946-1955) conformaron la etapa constitutiva y fundacional de los rasgos centrales del peronismo gobernando; luego de la larga proscripción y el exilio del líder, emergió el peronismo del retorno (1973-1976); tras la recuperación de la democracia se volvió al gobierno con las presidencias de Carlos Menem (1989-1999) -que giraron al peronismo al mercado como asignador de recursos en la economía-; la década ganada por las presidencias de Néstor y Cristina (2003-2015) y finalmente el actual gobierno de la coalición peronista de unidad iniciado en 2019.

En el lapso transcurrido desde el 17 de octubre de 1945, el peronismo gobernó 35 años. En los otros 40 años, el Estado fue administrado por gobiernos no-peronistas y algunos resueltamente anti-peronistas. Un recorrido histórico permite apreciar que esas administraciones fueron conformadas por dictaduras cívico-militares sangrientas y represivas, presidentes surgidos de la proscripción electoral del peronismo -por ende viciados de legitimidad de origen- y, desde 1983, a partir de la vigencia plena de las instituciones, dos gestiones que abandonaron el gobierno anticipadamente dejando al país sumergido en graves crisis en 1989 y 2001, para desembocar en el fallido intento restaurador pre-peronista de Macri, al que una avalancha de votos le vetó la reelección en la primera vuelta electoral (hecho inédito en la historia política de la Argentina).

Cuando la oligarquía responsabiliza de todos los males de la Nación a los “75 años de peronismo” basta recordar, a modo de refutación respaldada por la historia, que el peronismo sólo gobernó 35 y lo que significaron los 40 años de no-peronismo en la administración estatal.

El peronismo siempre llegó y permaneció en el gobierno con el respaldo del voto popular emitido en elecciones libres y sin proscripciones, exceptuando el breve interregno de diciembre 2001 a mayo 2003 en el que presidentes peronistas fueron elegidos por Asamblea Legislativa, pero también con estricto apego la normativa constitucional para ese procedimiento y desembocando en comicios convocados rápidamente para normalizar la situación.

El respeto del peronismo por las instituciones democráticas se evidencia no sólo en el acceso y ejercicio del gobierno. Los dos únicos textos constitucionales de la Argentina sancionados por Asambleas Constituyentes elegidas por el voto popular sin ninguna restricción fueron puestos en vigencia por gobiernos peronistas: La constitución de 1949 y la constitución de 1994, que nos rige en el presente.

La constitución de 1949 fue derogada por un bando militar de la dictadura surgida del golpe brutal de 1955 y reemplazada por un remiendo del texto original alberdiano a través de la Convención Constituyente de 1957, de la que participaron todas las formaciones políticas autoproclamadas “republicanas”, en tanto el peronismo permanecía encarcelado y proscripto. La constitución de 1994 emergió del acuerdo entre las principales fuerzas mayoritarias del país celebrado en Olivos por los líderes de los primeros veinte años de la democracia recuperada. Su ingeniería electoral y federal fue respetada estrictamente por los gobiernos peronistas desde entonces.

Este recorrido no elude las luces y las sombras del movimiento nacional y popular, cuya persistencia longeva en la vida política de la Argentina celebramos estos días.

Perón, apoyado en Bismarck, sostenía que la política era la política exterior. Parte del pragmatismo en el gobierno que se le critica al peronismo se funda en la capacidad de entender el escenario internacional y conducir los destinos argentinos en consonancia con el mismo. A veces en forma autónoma, otras en fuerte conflicto y alguna con mucha subordinación.

La década de Perón se desarrolló en el inicio de la Guerra Fría, en un mundo bipolar al que le plantó la tercera posición en procura de ampliar soberanía interna y margen de decisión internacional. El peronismo del retorno fue embestido por la crisis del petróleo de 1973 y un cambio de paradigma global dentro del capitalismo. No obstante, 1974 fue el mejor año histórico para la clase trabajadora -consecuencia del Pacto Social Gelbard-Rucci- que marcó la tercera presidencia de Perón. Sin embargo, el conflicto interno del movimiento impactado por el cambio global minó los ensayos de autonomía desplegados por el líder.

El Gobierno de Menem comenzó al final de la Guerra Fría con la caída del Muro de Berlín, que convirtió al mundo en unipolar. El Consenso de Washington fue aceptado a libro cerrado por la Argentina, a pesar de que el alineamiento automático con los EE.UU. no significó el flujo de bienes y capitales esperado y la inserción internacional terminó siendo con los países europeos, principalmente España, que enviaban sus empresas a buscar escala económica en nuestro país para enfrentar el desafío que planteaba la entrada en vigencia de los acuerdos de constitución de la Unión Europea. El vínculo con España y otras naciones del viejo continente se reveló incapaz de sostener por flujo de inversiones y comercio un ciclo prolongado de expansión de la economía argentina.

Néstor y Cristina gobernaron después del atentado a las Torres Gemelas en New York en el 2001, que signó la emergencia de un mundo multipolar. La aparición de China, Rusia y otras potencias que conformaban un tercio del PIB global dotaban al escenario internacional de una apertura que admitía mayores márgenes de maniobra, que fueron usados resueltamente. La alianza con Brasil y la inserción definida en Suramérica a partir del rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), representó una fuerte ampliación de soberanía nacional materializada en el aumento del comercio intrarregional y el desarrollo de obras de infraestructura cofinanciadas entre las naciones más relevantes del continente, que se convirtió en un gran mercado interno para la producción nacional. El nacimiento de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR) dotó de estabilidad política y económica a Suramérica durante una década.

El peronismo en todas sus formas, siempre intentó elevar el consumo del pueblo reforzando sus ingresos. Esta centralidad en sus políticas públicas de mejora masiva del consumo lo llevó a expandir sistemáticamente la economía hasta el límite de la balanza de pagos internacionales, es decir, de la oferta de divisas necesaria para contar con los insumos y las inversiones que sostuvieran un consumo generalizado en la frontera de la modernidad global.

Cuando las divisas comienzan a escasear se abre el debate en el seno del movimiento. Un debate sobre la forma de continuar el ciclo expansivo y esencialmente sobre cómo obtener dólares, debate que la historia señala como factor de fractura política y consecuente pérdida del gobierno, ya sea por golpes criminales como los de 1955 y 1976 o por pérdida de elecciones como 1999 y 2015. El movimiento nacional y popular se revela como muy eficaz a la hora de aumentar los ingresos del pueblo y su consumo, pero encuentra serios límites para reformar las estructuras dependientes del país. La genial frase de Cooke “el fenómeno maldito del país burgués” alude a esta restricción recurrente.

La expansión del primer peronismo comenzó a desacelerarse hacia 1953 y abrió una discusión sobre reformas estructurales y/o allegar inversiones extranjeras. Ese debate concluyó en un debilitamiento de la coalición de gobierno y facilitó la agresión oligárquica. Este conflicto se agudizó en lapso 1973-1974 por el impacto de la mencionada crisis del petróleo, derivando en un gobierno inerme ante la salvaje violencia ejercida por el partido militar y sus cómplices civiles en 1976.

Después de la reelección de Menem en 1995, el plan de estabilización de la Convertibilidad del peso mostraba evidentes señales de agotamiento por el cambio de contexto global y por el fin de los recursos de la venta de activos públicos. La coalición de bancos, servicios y empresas privatizada que sostenía al gobierno nacional presionaba por la continuidad del plan, en tanto que el gobierno de la provincia de Buenos Aires lo hacía por una salida en clave industrial. El enfrentamiento concluyó en la derrota electoral de 1999 y la grave crisis posterior con un fin traumático de la Convertibilidad.

En 2013, la falta de divisas y el debilitamiento de la alianza con Brasil marcaron nuevamente una división política que facilitó la pérdida de las elecciones nacionales y provinciales en 2015.

Esta verdad relativa que tratamos de expresar sobre el devenir del peronismo en sus 75 años de vida potente y activa en el corazón y la cabeza de nuestro pueblo, respaldada por la verdad histórica, pretende incorporar elementos de reflexión para proyectar el futuro. Después de todo, estamos recorriendo la quinta experiencia de gobierno peronista sustentada en una coalición política de unidad y no hemos volcado sobre ella estos tópicos de análisis. Nos parece que en esta oportunidad de celebración es mejor dejar los mismos para que los aplique el lector.

¡Viva Perón carajo! Como homenaje a todos los militantes que entregaron sus vidas, su tiempo, sus recursos y sus sueños a este movimiento que es el único depositario de los anhelos reales del pueblo argentino.

 

 

https://www.eldestapeweb.com/politica/17-de-octubre/dia-de-la-lealtad-peronista-otro-17-y-van-75-2020101712370

Moneda, producción y productividad

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Es indudable que la inflación está en gran medida determinada por la evolución del dólar, no solo porque en una economía global hay mayor convergencia de precios, sino porque el dólar es la moneda de referencia de la Argentina, y la acumulación de capital y el ahorro tienen lugar en gran medida en esa moneda.

Después de la ola devaluatoria de Cambiemos de 2018 y 2019, empujada por la enorme toma de deuda en dólares, sobrevino un alza de precios cada vez mayor, que el actual gobierno logró frenar con los controles y límites impuestos desde mediados de diciembre 2019 y sobre todo en 2020, pero esa política tiene a su vez un término impuesto por la presión devaluatoria, que si bien logró disminuir, no ha desaparecido, y tiende a intensificarse porque está en la estructura misma de la conformación de los precios internos.

En esas condiciones, una mayor actividad se convierte en no mucho tiempo en una presión adicional a la suba de la divisa que se transmite a los precios empezando por los productos de mayor consumo, que son los alimentos. Así, la presión al alza del dólar y de los precios que acompañan a la mayor actividad, termina frenando el aumento del empleo y de los salarios e instala una periódica recesión cada vez más profunda y más contundente en su acción contra los salarios.

De esa manera, la demanda de consumo también sufre un freno permanente y como el ahorro no se invierte sino que en gran parte se acumula para fugarse, ni la baja del salario ni la menor actividad favorecen la inversión sino todo lo contrario.

EL DÓLAR Y LA TASA DE INTERÉS

El gobierno intenta encarar un drástico cambio de política económica instalando el atractivo del crédito en pesos alentando el ahorro en pesos para impedir el paso al dólar y fortalecer la moneda nacional mediante tasas de interés positivas o similares a la inflación, pero ante la persistencia de la demanda de dólares, esa tasa debe ser cada vez más remunerativa porque de lo contrario se vuelve a intensificar la presión cambiaria, como se puede apreciar desde el inicio de la segunda mitad del año y el gobierno no puede menos que afirmar los controles.

La política de Cambiemos con el dólar, que repitió la desvalorización del peso a la que terminaron conduciendo la política económica de la dictadura militar y de la convertibilidad, dejó una enseñanza: alentar el ingreso de deuda en dólares con un elevado tipo de interés y en un reendeudamiento permanente no hace más que volver impagable una deuda que crece a un tipo de cambio cada vez mayor.

Por eso mismo, el dólar se convierte en un vehículo para la fuga de capitales, pues es cada vez más rentable el préstamo financiero para extraer renta y volver a prestar, y de esa manera la deuda no es tanto un sostén para la producción como un vehículo de salida de excedentes que enriquece solo al que presta, porque el interés y la amortización se vuelven tan onerosos e inseguros que es cada vez más difícil financiar la actividad productiva, y el Estado es el que termina cargando con la deuda y desvalorizando permanentemente la moneda nacional para sostenerla.

LA MONEDA PROPIA Y LA MONEDA AJENA

Esta práctica de contar con una moneda nacional que no cumple todas las funciones de una moneda porque no sirve para ahorrar ni para acumular, salvo que se cambie a divisas, genera la falsa creencia de que se puede cambiar sin límite la moneda y que una economía nacional puede adoptar una moneda ajena.

Atrás de fomentar el uso de una moneda ajena está la infundada suposición de que de esa manera la sociedad puede prosperar.  Sin embargo, una moneda no puede ser ajena a la producción que la sustenta: surge de ella; no hay un solo ejemplo en el mundo que muestre lo contrario, y la experiencia argentina con el dólar no ha hecho más que reiterarlo. El dólar es una moneda que se sustenta en la economía estadounidense, la de mayor capacidad productiva en el mundo. Para que un sistema productivo adopte una moneda ajena al mismo, no tiene más camino que comprarla, que es lo que sucede en la Argentina con el dólar. Pero nunca se puede comprar toda la moneda necesaria cuando ésta no la puede sostener la propia estructura productiva.

El dólar fuerte se basa en la estructura productiva estadounidense y en su productividad.

La moneda es el resultado de una economía. La debilidad de la moneda nacional reside en un débil potencial exportador y en su baja productividad promedio. No hay otro camino para contar con una moneda fuerte que fortalecer la estructura productiva. Y la compra permanente de moneda ajena para sustituir ese proceso termina agravando la falta de competitividad y contribuye al empobrecimiento general para resguardar el ingreso de una parte mínima de la población.

Hay que encontrar la manera de que la propia producción se convierta en vehículo de acumulación, inversión, ahorro, consumo y gasto, aunque para lograrlo se requiera un período de transición para reconstruir la producción, pero no para acumular una rentabilidad creciente exportada que reduzca cada vez más la riqueza existente.

Lo llamativo es que origine tanta confusión algo tan sencillo de comprobar.

El canje no logró achicar la brecha cambiaria más que por muy pocos días, lo que sugiere que la situación respecto al empleo del dólar sigue como antes del canje. Y no porque no haya una política destinada a promover la demanda de pesos y el financiamiento en moneda nacional, sino que ésta aparece como una ventana adicional de rentabilidad porque la sustitución del dólar por la moneda nacional es posible pero va a requerir un tiempo que no está claro si el mercado se dispone a esperar.

¿SE PUEDE RECUPERAR LA MONEDA NACIONAL?

Esto es lo que deberá ver el Fondo Monetario Internacional y aceptar las mayores economías del mundo para admitir una prohibición de acceso a moneda extranjera durante el tiempo que requiera ese resguardo, en tanto el país construye sin objeciones una reserva suficiente para respaldar su moneda a través de una acelerada recuperación del aparato productivo acompañado de la construcción de un perfil productivo adicional con que el país pueda sostener un crecimiento de largo plazo, fomentar el desarrollo tecnológico como el que ha dado muestras de poder sostener, generar empleo de mayor calidad y promover las exportaciones suficientes. }

Este objetivo, presente en el Presupuesto 2021, es el único camino con el que asegurar la fortaleza monetaria que se podría conseguir si se agregara un período de excepción en el que se pudiera llevar a cabo esa política.

La Argentina tiene condiciones para reestructurar su economía. Lo ha propuesto, en acuerdo con el gobierno, una gran parte de los sectores del agro y la agroindustria nucleados en el Consejo Agroindustrial Argentino  que se propone exportar 100.000 M dóls en diez años y generar 700.000 empleos, y a eso se agrega el potencial de gas y petróleo de Vaca Muerta, el litio, la producción de autos eléctricos y el desarrollo tecnológico en la actividad nuclear y los satélites.

El camino para hacerlo posible no es la deuda ni la compra continua de moneda ajena, sino su propio potencial productivo y creatividad. Y la excepcionalidad transitoria para empezar a ponerlo en práctica compensaría la incapacidad que tuvo el FMI en su momento al fomentar una política de endeudamiento y un crédito que de ninguna manera podían alcanzar el resultado prometido con solo observar la experiencia previa.

Crisis del dólar: inconsistencias que agravan el cuadro de situación

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No se estabiliza el mercado cambiario, a pesar de la solvencia externa que significa haber cerrado un programa financiero sustentable con los acreedores privados y exhibir una balanza comercial con superávit abultado en el corriente año y en el próximo trienio, según reza en el proyecto de Presupuesto 2021 presentado ante el Congreso de la Nación.

En columnas pasadas señalábamos como inconsistencia del programa cambiario que el esfuerzo que significaba para la economía real la contracción de importaciones, impactadas por los efectos del virus global sobre la actividad, no se reflejaba en un crecimiento de las reservas internacionales. El superávit comercial acumulado en el período enero-agosto fue de u$s 10.984 millones (INDEC) y las reservas internacionales brutas se redujeron en igual lapso en u$s 2.075 millones (BCRA). Es decir, ha habido un drenaje total de divisas en los primeros ocho meses del año de u$s 13.059 millones, a pesar de haber reestructurado la deuda con el sector privado reduciendo la tasa de interés promedio del stock vigente del 7,2% al 3,1% y trasladado los vencimientos más pesados a partir del año 2025.

Con excedente comercial, sin servicios relevantes de deuda pública, cerrado el acceso al mercado mayorista para compra de divisas para atesoramiento y/o giro de utilidades y siendo la pérdida de divisas a través del mercado minorista en el período de u$s 3.977 millones, restan alrededor de u$s 9.000 millones que no reforzaron el nivel de reservas internacionales. La pregunta obligada entonces es: ¿qué provocó que el superávit comercial se diluya? No hemos encontrado cifras ni explicaciones oficiales precisas.

Uno de los motivos puede encontrarse en que el INDEC registra las exportaciones desde el momento del embarque y el Banco Central recién puede ver aumentadas sus reservas cuando el producido de la venta en el exterior se liquida en el mercado de cambios local. El plazo legal máximo entre el embarque y la obligación de ingresar las divisas es de 180 días, en exceso prolongado cuando los agentes económicos alientan expectativas de devaluación que instan a retrasar lo más posible la liquidación de las divisas por exportaciones realizadas. Tal vez el Gobierno en su inicio, y dado el grave desequilibrio de las cuentas externas recibido del macrismo, debió haberlo acortado.

El segundo motivo puede responder a las cancelaciones de deuda del sector privado con el exterior. El Banco Central cuenta en su página con una “publicación trimestral que expone y analiza la evolución de los pasivos externos del sector privado, con una apertura a nivel de los principales instrumentos de deuda (anticipos y prefinanciaciones de exportaciones, pasivos por importaciones de bienes y servicios y deuda externa de carácter financiero)”, pero el último informe disponible es del Tercer Trimestre 2017.  El balance cambiario indica una suba de pagos externos de carácter comercial que ronda los u$s. 5.000 millones en el período bajo análisis. Sin duda, los pagos de deuda privada comercial y financiera con el exterior deben haber constituido un factor relevante de egreso de moneda extranjera, porque fueron acotados significativamente con las últimas medidas cambiarias de septiembre. La regulación llegó, pero después de una pérdida de reservas internacionales relevante.

Las diferencias entre los números del INDEC que revelan el movimiento de bienes y servicios con el exterior y las divisas que fluctúan en mercado de cambios, que se registran en el balance cambiario del BCRA y que impactan en las reservas internacionales, no responden a meras conciliaciones contables entre lo devengado (INDEC) y lo efectivamente percibido (BCRA), sino que se trata de serios problemas regulatorios. 

Al comentado plazo extendido de 180 días entre el embarque de una venta al exterior y la obligación de ingresar el efectivo producido al país, se agrega el aumento de stock de bienes importados y la cancelación de deudas financieras con el exterior, siendo conocido que la mayoría de las empresas que operan en forma relevante en el mercado internacional cuentan con capitales líquidos radicados en el exterior para afrontar esos compromisos sin necesidad de recurrir al mercado oficial de cambios nacional.

Demora en el ingreso de las divisas por exportaciones y aceleración de pagos comerciales y financieros con el exterior son claras maniobras de presión devaluacionista sobre el valor del tipo de cambio regulado por el BCRA. Por ende, el control de cambios resulta insuficiente sino se complementa con una adecuada administración del comercio exterior que incluya el seguimiento de la liquidación de exportaciones en plazos más acordes al funcionamiento de los mercados globales y las necesidades reales de importación en el marco del nivel de actividad, conjuntamente con la posición financiera internacional de los conglomerados que actúan en el sector externo.

También es de importancia mencionar que las dificultades para incrementar las reservas internacionales disponibles ocurrieron a lo largo del primer semestre del año, período en el que se exporta la mayor cantidad de cosecha, lo cual es en sí mismo preocupante. Aquí es necesario incorporar otra arista del flujo de divisas del comercio exterior compuesta por el grano cosechado y no exportado, que se encuentra almacenado, diferente al caso de los exportadores que habían embarcado la cosecha pero que, jugando con el plazo legal máximo para liquidar los dólares en el mercado local en perspectiva de un salto del tipo de cambio, retaceaban su ingreso.

El Gobierno ensayó un acuerdo, comentado profusamente la columna pasada, con el sector de las patronales agropecuarias más ligado a las manufacturas de origen agropecuario, premiando la exportación del grano retenido con una disminución moderada en los derechos de exportación en procura obtener un excedente líquido de dólares en el último trimestre del año de u$s 2.500 millones. Si bien es prematuro ponderar el resultado de corto plazo del entendimiento, el hecho que en simultáneo se haya anunciado a partir de esta semana una mayor volatilidad del tipo de cambio oficial en el mercado mayorista tiende a reforzar las expectativas devaluacionistas y, consecuentemente, se conspira con el esquema de exportación-liquidación que se pretende impulsar. Una inconsistencia evitable.

En la fase de renta financiera abultada, como ocurrió en el gobierno macrista, los agentes económicos más poderosos apuestan a la tasa de interés local alta y tipo de cambio estable para valorizar sus ganancias en pesos, convertirlas a dólares y sacarlas del país acumulando capital en el exterior. Cuando la oferta de dólares baratos proveniente del endeudamiento del Estado se acaba porque el Sector Público entra en quiebra, se ingresa en la fase que completa el ciclo del negocio, presionar para una mega-devaluación que deprecie el valor de los activos reales de la Argentina y entonces reingresar parte de los capitales fugados y comprar esos bienes concentrando aún más los mercados.

Las crisis de 1981/1982, 1989/1990, 2001/2002 y la desatada en 2018/2019 -amortiguada por el inédito desembolso de u$s 45.000 millones aportados por el FMI para asegurar un “fin de Gobierno suave” a Macri- son evidencia empírica de ese modo de hacer negocios. Ahora se ingresó en la fase de presionar por una fuerte devaluación y luego realizar la compra de activos depreciados por el salto del dólar.

Señalábamos en columnas anteriores que esta conducta rentista predatoria de una fracción del empresariado más poderoso concluiría por destruir a nuestra Nación. Con la gravedad que esta clase privilegiada ha comenzado a resquebrajar la democracia institucional y social con un discurso y con hechos con los que pretenden asumir el control de la Argentina asumiéndose como sus dueños.

Ahora bien, ese es un diagnóstico bastante conocido. La preocupación radica en los flancos que presenta nuestro gobierno nacional y popular frente a un ataque político y económico en cuanto a la virulencia prepotente de quienes se creen clase dominante. Las inconsistencias referidas que se expresan en la licuación de casi u$s 11.000 millones de excedente de la balanza comercial en el lapso enero-agosto es uno de los flancos más peligrosos que se pueden ofrecer.

Funcionar con sobrantes de comercio exterior abultados implica para una economía emergente límites a su desarrollo y se le impone a la generación contemporánea sacrificios que deben asegurarse como ahorro social. Si se permite su drenaje por la alcantarilla de la especulación, se tratará de un sacrificio inútil.

A modo de dimensionar en cifras lo dicho, el proyecto de Presupuesto 2021 contiene un saldo comercial favorable acumulado total para el trienio 2021/2023 de u$s 42.317 millones, una restricción significativa para una economía que necesita crecer. Esa cifra representa aproximadamente el 95% del capital adeudado al FMI.

El esfuerzo del pueblo argentino en la prolongada crisis provocada por el despliegue de la pandemia global, agravada además por la nefasta herencia del macrismo, debe atesorarse en las reservas internacionales del Banco Central para ser utilizadas en el futuro cercano como propulsoras de una vigorosa recuperación económica y alcanzar mayores grados de autonomía.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/crisis-economica/crisis-del-dolar-inconsistencias-que-agravan-el-cuadro-de-situacion-2020101019058