Mauricio Macri definió, en víspera de las elecciones de las “PASO” del 9 de agosto de 2015, que el “Circulo Rojo” es un “grupo de personas que lo presionan para unirse a Sergio Massa para frenar al kirchnerismo”. Obviamente a ese grupo de persona se refería a Héctor Magnetto de Clarín, Paolo Rocca de Techint, Luis Pagani de Arcor, los Blaquier-Arrieta del Ingenio Ledesma y monjes negros de la política (en la concepción de Nicolás Maquiavelo) como puede ser Enrique “Coty” Nosiglia en lo que fuera el radicalismo o Eduardo Duhalde y José Luis Manzano en el peronismo, por no nombrar a Carlos Grosso, José Bordón y Juan Schiaretti, los tres ligados a Franco Macri, pero todos ellos funcionales a los grandes empresarios territoriales del país.
Macri no aceptó la presión del Círculo Rojo porque había acordado con el capital financiero internacional y creyó que esa asociación le iba a permitir consolidar un fuerte y permanente ingreso de recursos hasta lograr que la Argentina se inserte en el mundo permitiendo un flujo de fondos que equilibren las necesidades fiscales y de cuentas corriente da la Balanza de Pagos del país, y los principales precios (tasa de interés, tipo de cambio, precios de bienes y servicios, tarifas y salarios).
El desenlace inevitable al no poder superar la restricción externa y las inconsecuencias del modelo que se aplicó endeudándose y ofreciendo pingues negocios al capital más concentrado, priorizando la renta financiera a costa de un mercado interno que se achica, se concentra y se extranjeriza, con lo que condena a amplias franjas de la población a la desocupación y a la pobreza, con un efecto anestésico inicial por el ingreso de dólares (básicamente por endeudamiento) para un sector de la población, pero insustentable en el tiempo, como lo demostró la necesidad de acudir al FMI y la magnitud y vencimientos de la deuda externa que condiciona al nuevo gobierno asumido el 10 de diciembre de 2019.
Solamente dejaron que los precios de grandes empresas y sobre todo las vinculadas al equipo gobernante crecieran por encima del dólar (que punta contra punta en el gobierno de Cambiemos se acrecentó en un 670%), como es el caso de las tarifas eléctricas (cuya tarifa incluso creció por encima de la devaluación de nuestra moneda), donde las principales empresas estaban vinculadas a Mauricio Macri, como es el caso de Pampa Energía SA de Marcelo Mindlin (quién blanqueó dinero para comprarle la empresa constructora IECSA al grupo Macri) y que controla también a las energéticas Transener y Edenor. O de Nicolás Caputo que tiene participación junto con capitales chilenos y las firmas española ENDESA y la italiana ENEL en Edesur. O de Rogelio Pagano que de ser empleado de Marcelo Mindlin en Dolphin SA (que luego iba a llamarse Pampa Energía SA) pasó a ser titular de todas las empresas distribuidoras de electricidad de la Provincia de Buenos Aires: EDELAP, EDES, EDEA Y EDEN y de la distribuidora de la Provincia de Salta: EDESA.
Cuando a fines de abril de 2018 los EEUU subió la tasa de interés del Bono del Tesoro a 10 –diez- años, que pasó la barrera psicológica del 3% anual, se fueron de la Argentina los principales bancos colocadores de títulos de deuda en bandadas, llevándose la suma que trajeron acrecentada con creces por el carry trade que, significaron más de 11.000 millones de dólares desde el 25 de abril al 30 de junio de 2018. Y el tipo de cambio pasó de $ 20,20 a $ 38,90 entre esas fechas.
Derrapado el modelo de valorización financiera el gobierno de Cambiemos se subordinó a la lógica del FMI y de esa manera llegaron a cumplir el mandado.
Los dueños del Círculo Rojo emplearon todo este tiempo para sacar provecho del gobierno de Macri y fueron los principales fugadores de capital, de los 86.200 millones de dólares comprados por residentes argentinos y detraídos del circuito económico legal argentino según informara el BCRA. Pero el derrape del gobierno de cambiemos y la suba sideral de precio del dólar, también significó la caída del precio de sus empresas en el país, de manera tal que, por ejemplo, el Grupo “Clarín” que tiene como niña mimada su participación en Telecom (Telecom SA, Personal, Fibertel y Cablevisión), en diciembre de 2019 la empresa declaró un Patrimonio Neto de 6.639 millones de dólares, pero el año anterior ese patrimonio era de 12.350,9 millones de dólares y soportó un resultado negativo de $ 46.983 millones de pesos (unos 1.022 millones de dólares al valor promedio del dólar de ese año 2019 determinado por el BCRA).
Igual pasa con las empresas del Grupo Techint que en el año 2019 logró compensar sus números con la producción de vaca muerta por su controlada Tecpetrol SA y el subsidio del gobierno de Macri por unos 300 millones de dólares, pero el valor accionario de Tenaris SA y de Ternium Argentina SA descendieron un 25% en dólares comparando el valor en Wall Street con respecto a diciembre 2015. Las perspectivas son peores en el año 2020 a raíz de la pandemia de la Covid-19 y la pronunciada baja en los precios de los commodities, especialmente en el mercado del petróleo producto del desentendimiento comercial de los principales exportadores mundiales. Techint ha diversificado su inversión a varios países del planeta y lo que más teme es a la competencia de la República Popular China, tanto en el laminado de acero, como en los caños sin costuras, como en la construcción y en la ingeniería, de allí que, pese a que en los EEUU le han retirado la visa a Paolo y Gianfelice Rocca por tener un juicio por corrupción en Brasil y el caso SIDOR, no dudan en aliarse al país del norte ante lo que consideran el “peligro chino”.
El Balance General de ARCOR SA demuestra que tiene una deuda en una obligación negociable por 350 millones de dólares y que operando con resultado negativo en los años 2018 y 2019, su Patrimonio Neto desciende para ser de 650 millones de dólares el año pasado, cuando en el 2018 era de 1.118 millones de dólares.
Finalmente la empresa Ledesma SA Agrícola Industrial, en el Balance General presentado el 29 de febrero 2020, contabiliza una deuda en divisas por 90 millones de dólares y un patrimonio total de $ 7.498 millones. En Libertador General San Martín- Jujuy donde opera el Ingenio, es la localidad con más muertos de Covid-19 del país en relación a su población, con 73,9 fallecimientos cada 100 mil habitantes y una tasa de letalidad del 4,5% (más del doble de la media nacional, hoy en torno al 2%), al 28 de agosto de 2020 los contagios allí ascienden a 1.474 y las muertes a 66 personas.
El Presidente del BCRA. Miguel A Pesce sostuvo en una entrevista: “Los argentinos hoy son propietarios de empresas en el exterior por un valor mayor que las empresas argentinas en manos de no residentes en el país. Y el balance te da 380.000 millones de dólares de activos de residentes en el exterior”.[1] Entonces es seguro que los socios y dueños de los cuatro grupos nombrados tienen dólares en el exterior suficientes para cancelar la deuda de sus empresas, por eso juegan alegremente a que no converjan su precio informal (contado con liqui, dólar bolsa, dólar blue, etc.) con el oficial, para comprar en el país activos a un precio menor por la depreciación monetaria, pero con dos agravantes, una que también se desvalorizan sus propios activos, por un lado y por el otro, que pueden llegar a tener socios más poderosos que ellos como es el caso de los Rocca, dado que Blackrcok aprovechó la baja del precio de las acciones de Tenaris SA para comprarlas.
EL FMI, LA DEUDA Y EL AUMENTO DE LAS EXPORTACIONES
La negociación de la deuda con el FMI no va a ser fácil, primero, porque fue la Administración de Donald Trump quien presionó al organismo internacional para que se le concediera los 32.200 millones de DEG (Derechos Especiales de Giro) a la Argentina de Cambiemos (unos 45.000 millones de dólares en la actualidad), que como dijo el Presidente Alberto Fernández fue para financiar la campaña política más cara de la historia Argentina. En cambio el que va amortizar esa suma es un gobierno que entiende que tenemos economía complementaria con la República Popular China, con Venezuela, con Irán, con Corea del Norte, con los países del ASEAN (especialmente Camboya y Vietnam), que a muchos de ellos en el Departamento de Estado los consideran el “eje del mal” e igual repiten los principales referentes del “Círculo Rojo”, pero no así, el Consejo Agroindustrial Argentino[2] que proponen el Plan Agro Industrial que estiman incrementar nuestras exportaciones hasta 100.000 millones de dólares por año.
El acuerdo firmado por el Gobierno de Cambiemos plantea pagar el crédito del FMI en 8 –ocho-cuotas trimestrales por desembolsos, a partir de septiembre de 2021 (que es el primer vencimiento de los 14.458 millones de dólares ingresados al país el 22 de junio de 2018), por lo que cada tramo se devuelve a partir de los 3 (tres) años y un trimestre después de haberse recibido, en 8 –ocho-cuotas trimestrales iguales.
Esto es: El primer desembolso fue de 14.458 millones de dólares y se debe devolver en 8 –ocho cuotas trimestrales de 1.807,25 millones de dólares cada una (más los intereses y es en DEG), siendo la primera cuota en septiembre de 2021 y las restantes en diciembre 2021, marzo, junio, septiembre y diciembre 2022 y marzo y junio 2023.
El segundo tramo se recibió el 30 de octubre de 2018 por 5.700 millones de dólares, por ende, se debe pagar en 8 –ocho cuotas iguales de 712,5 millones de dólares (más intereses y en DEG) a fines de enero 2022, de abril, julio y octubre de ese año y enero, abril, julio y octubre de 2023.
Y así sucesivamente para todo el crédito del FMI. Por un lado, se van sumando las cuotas en los años 2022 en adelante, y por otra parte no sabemos el valor del DEG. La tasa de interés será variable y dependerá de la evolución de la de del derecho especial de giro (DEG), pero rondaría el 4,9% anual, suma imposible de pagar
La propuesta Argentina era pagar como hasta ahora, unos 300 millones de dólares por trimestre (unos 1.200 millones de dólares en el año) y contar con un nuevo plan de amortización en más cuotas trimestrales y que se pague desde septiembre 2024.
La propuesta del FMI van a ser dos, un stand by (se tiene que devolver en tres años, imposible) o un plan de facilidades de pago que se puede extender hasta diez años, pero con condicionalidad que son las de siempre, severo plan de ajuste, reforma previsional (con extensión de años de aportes y de edad para jubilarse), impositiva (mayor presión tributaria sobre la población, por ejemplo reimplantar el IVA a los alimentos) y estructurales que son siempre las mismas, privatizaciones y sistema de capitalización previsional.
EN SINTESIS
La Argentina necesita ponerse de pie y crecer, producimos alimentos y podemos sumarle mayor valor agregado a los mismos y a cierta industrialización, no es el camino que nos depara el FMI y el “Círculo Rojo”, debemos recrear una salida sustentable, no exenta de riesgos, pero como dijo el gran maestro Simón Rodríguez: “O inventamos o erramos.”
[1] Revista Crisis del 4 de junio 2020.
[2] El llamado Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) conformado por CIARA (Cámara de la Industria Aceitera) junto a Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y Federación Agraria; entidades vinculadas a subsectores como Asociación de Semilleros, Asociación Forestal, Biocombutibles, Nutrición Animal, Feedlot, Cámara de Productores Avícolas, de Maíz Pisingallo, del Maní, de Arroceros, Cámara de Legumbres, Cámara Algodonera, de Puertos Privados, Procesadoras Avícolas, Industria Molinera, Federación Olivícola, Mesa Nacional de Carnes, Frutas y las bolsas de cereales de Buenos Aires, Bahía Blanca, Córdoba, Entre Ríos, Chaco, Rosario, Santa Fe.