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miércoles, abril 22, 2026
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Los ejes del mal

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La expresión eje del mal fue utilizada por el entonces Presidente de los Estados Unidos George W. Bush​ en su discurso del 29 de enero de 2002, para describir a los regímenes que supuestamente apoyan el terrorismo. En su primer discurso como primer mandatario de ese país y ante las Naciones Unidas, el 11 de septiembre de 2017, Donald Trump sumó al “eje del mal” a la República Bolivariana de Venezuela, Irán, Siria y Corea del Norte,  pero su obsesión en el final de su mandato es la República Popular China. Trump

  • denominó como virus chino a Covid-19 cuando en los Estados Unidos a septiembre de 2020 hay 203.000 muertos y 6.980.000 infectados, cifra que supera los caídos en batalla en las guerras cubiertas y encubiertas en que estuvo desde que es una nación independiente;
  • afirmó, en su último discurso en las Naciones Unidas, 23 de septiembre de 2020, que el gobierno de ese país y la Organización Mundial de la Salud son cómplices de ocultar pruebas sobre la enfermedad;
  • acusó a China de  construir un gran complejo militar;
  • sostuvo que la empresa de juego TikTok, que tiene más de 100 millones de usuarios en Norteamérica, espía para el régimen chino;
  • alega que China usa competencia desleal en su comercio y hasta quiso imponer aranceles de 50.000 millones de dólares a los productos chinos bajo el artículo 301 de la Ley de Comercialización de 1974, argumentando un historial de prácticas desleales de comercio, robo de propiedad intelectual y una transferencia forzada de tecnología americana a China, etc., etc.

Lo cierto es que en la gestión de Trump, su país logró disminuir el déficit comercial con China, de 375.000 millones de dólares en 2017 a 220.000 millones de dólares anualizados para 2020. No obstante, China sigue siendo su mayor socio comercial y, pese al menor nivel de actividad por la pandemia, los números al primer semestre de 2020 dicen que su déficit comercial acumulado con todo el mundo fue de 274.300 millones de su moneda. (La proyección es de 500.000 millones de dólares para todo el año 2020.) La estrategia de Trump fue tratar de reemplazar a China, pero China aún le vende más que México y que Canadá.

Entonces en la guerra comercial declarada por Trump juegan un rol estratégico las relaciones comerciales y de inversión de China con Nuestra América, sabiendo que somos complementarios con un país que necesita alimentar, vestir, transportar, guarecer, etc. etc., a más de 1.400 millones de habitantes. Si China se vuelve a transformar en motor de crecimiento de la economía mundial, Nuestra América vuelve a crecer como sucedió desde 2003.

Y esto explica la irracional y alevosa presión sobre nuestros países que hace su embassy, ante cualquier medida que demuestre cierta independencia de la tutela o de los designios de los Estados Unidos.

La batalla del dólar  

En el marco descripto, la dispersión entre el tipo de cambio oficial (de $ 79,80 por dólar al viernes 25 de septiembre 2020) y el Contado con Liqui y otros paralelos o informales (por arriba de los $ 145) tiene tres causas distintas pero que se concatenan entre sí:

  1. La salida “atropellada” de quienes quedaron con títulos argentinos de deuda y los venden a como dé lugar. En efecto, en la última semana transcurrida de septiembre 2020 hubo una ola de venta de bonos que llevó el riesgo país hasta los 1.400 puntos. Y los que básicamente vendieron son los que le creyeron a Luis “Toto” Caputo y a Gustavo Cañonero, en abril de 2018, en que eran presidente y vice del BCRA respectivamente, de que el dólar se frenaba en $ 25. Pero en junio de 2018 superó los $ 40. Dado el acuerdo con los acreedores logrado por el Ministro Martín Guzmán, se canjean esos títulos por otros y pierden más plata todavía, razón por la que tomaron la decisión de irse del país y malvenden en contado con liqui en los mercados en el exterior donde esos títulos cotizan, de allí que implícitamente el dólar es de 145 pesos. Gustavo Cañonero era antes de asumir en el BCRA, el representante de Franklin Templeton, fondo que reconoció que había comprado, en esa época, títulos de deuda argentinos en pesos por unos 4.000 millones de dólares. A mayo de este año habían mal vendido unos 1.500 millones, quiere decir que actualmente aun debe poseer más de 2.000 millones de dólares de esos bonos. Al sobrevender, hace que el rendimiento de la deuda argentina se ubique en torno del 14 por ciento (un 40 por ciento por encima de la tasa de descuento utilizada al momento de la reestructuración para calcular el valor de recupero de los títulos del canje), tras el acuerdo del 4 de agosto de 2020 con los acreedores, la cotización era a 55 dólares por bono, ahora cotiza en torno de 41 dólares.
  2. Los cien mayores compradores, que adquirieron en menos de cuatro años de la gestión de Cambiemos 24.679 millones de dólares y los fugaron. Si bien es cierto que no se dieron a conocer sus nombres, sabemos que los que le compraron los dólares al BCRA para fugar ellos o para que fuguen sus clientes, fueron los bancos, principalmente los privados más grandes (Galicia, Macro, Santander, Bilbao Vizcaya, City, HSBC, BNP Paribas, Patagonia, Supervielle), y que en todas las investigaciones anteriores que realizaron distintas comisiones investigadoras del Congreso de la Nación, había tres empresas con sus principales socios y CEOs que encabezaban la fuga: los Arrieta-Blaquier del Ingenio Ledesma; los Magnetto, Aranda, Rendo, Herrera de Noble y Pagliaro del Grupo Clarín;  y los Rocca, Betnaza y Zavaleta del Grupo Techint. Si a lo conocido le sumamos que compañías como Tenaris (Techint), Pan American Energy (de los Bulgheroni), Laboratorios Bagó y Grupo Insud (Hugo Sigman) y Petroquímica Comodoro Rivadavia (PCR) pasaron por los radares de la FinCEN [1] por haber girado o recibido fondos de otras empresas extranjeras que, para el organismo, no parecían tener propósito comercial o porque las compañías que intervinieron en las operaciones bancarias (las argentinas o sus contrapartes extranjeras) estaban siendo investigadas por presunto pago de sobornos a gobiernos extranjeros u otros supuestos delitos, comprendemos que su negocio fue fugar capitales. Todos los residentes del país que tienen capitales afuera si los traen quieren hacerlo al precio paralelo y no al oficial, para comprar por la mitad lo que vale el doble. Entre ellos, juegan su partido aparte Techint y el Grupo Clarín por distintas razones. El primero pretende un tipo de cambio “recontra alto” como barrera natural ante las importaciones de laminados de acero de China que en el mercado internacional en dólar se cotiza entre un 25 y un 30% más barato que los que las vende Techint en el mercado local. Clarín pelea cuerpo a cuerpo con el Grupo Claro,  de Carlos Slim, por el 5G y, presiona al  gobierno para que falle a su favor. Sabe que la inestabilidad cambiaria es una muestra de vulnerabilidad del gobierno de Alberto Fernández, y apuesta a ello.
  3. La Embajada, que no ve con buenos ojos que la Argentina se haya retirado del Grupo de Lima, que no haya reconocido al gobierno golpista de Jeanine Añez en Bolivia y que reconozca como gobierno legítimo al de Nicolás Maduro en Venezuela. El acrecentamiento comercial y de inversiones con el país asiático, a lo que se suma la renovación de los swaps chinos y sin quedar sujeto a revisión por el FMI, excedió su nivel de tolerancia.

Dos caminos

La cotización del dólar refleja una puja mucho más gravitante que la oferta y la demanda, es una cuestión de qué país vamos a ser. De allí que se hagan circular noticias falsas, como que los bancos no venden dólares (en parte es cierto, porque quieren imponer las reglas de juego) cuando los bancos argentinoss tienen depósitos en dólares, al 21 de septiembre de 2020, por 19.478 millones de dólares y créditos por 6.051 millones de dólares. Esto implica que hay un margen de liquidez de 13.427 millones de dólares, de los cuales están depositados en el Banco Central en carácter de encajes un total de 12.136 millones, y el resto en caja de los bancos por 1.291 millones de dólares.

En estas circunstancias y desnudada la prédica de los que buscan la devaluación de nuestra moneda, cuando el año pasado se obtuvo un superávit comercial de 15.990 millones de dólares, para este año 2020 se espera que las exportaciones superen a las importaciones en 17.260 millones de dólares y, para el año 2021 en 15.087 millones de la divisa norteamericana, es solo para asegurar su modelo rentístico, de especulación y de fuga, cuando está demostrado hasta el cansancio con nuestra propia historia y es la lectura que hace el Ministro Martín Guzmán y su equipo: no hay estabilización macroeconómica posible sin una recuperación de la actividad económica.

Si se elige el camino propuesto por la Embajada y en segundo término por los grupos encabezado por Ledesma, Techint y Clarín, los grandes bancos privados y todos los que fugaron capitales, la combinación de devaluación y suba de la tasa de interés producirá de hecho un aumento de los precios, y eso implicará menores ventas y menor consumo, profundizando la depresión económica y el padecimiento de nuestro pueblo, sin trabajo y el poco que se genera mal remunerado.

En cambio, para el gobierno, el camino es defender el mercado interno y la inserción internacional que le corresponde a la Argentina, donde China, Brasil, Rusia e Irán deben ser nuestros principales socios comerciales por la complementariedad de nuestras economías y en ejercicio de nuestra independencia y soberanía.

Hay varios pasos que se están realizando, el primero fue el de negociar con los tenedores de títulos de deuda externa argentina que solo se les pagará el interés y se comienza a amortizar capital desde el segundo semestre del año 2024. El segundo paso fue el de ir reemplazando los títulos que vencían en divisas por nuevos en moneda nacional. El tercero es la presentación del Proyecto de Ley de Presupuesto con claras metas cambiarias, de ingresos y gastos fiscales que no solo conforman una base y punto de partida, sino un rumbo a seguir.

En la práctica debe corroborarse con dos elementos principales, uno que los exportadores ingresen al país las ventas realizadas y al tipo de cambio oficial, y otro, que se convierta la inmovilización de la Letras de Liquidez del BCRA (LELIQs) en créditos a la producción y al consumo, condiciones sine qua non para lograr la recuperación de la economía nacional y de esa manera poner fin a la especulación y a la fuga.

 

[1]  Es una oficina del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que recopila y analiza información sobre transacciones financieras para combatir el lavado de dinero. 

 

 

LOS EJES DEL MAL

 

DESDOLARIZACIÓN Y PRESUPUESTO

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El presupuesto es el plan anual del gobierno, debe dar respuesta a las tareas específicas de gobernar, de impartir justicia, poder de policía, contralor de la sociedad en nombre del bien común y la ejecución de las tareas propias de la administración. El Estado debe equilibrar inequidades, cobrar impuestos progresivos a los que tienen manifiesta capacidad contributiva, habilitar a la población acceder a determinadas prestaciones que no podría pagar si ellas fuesen provistas a través del mercado por empresas privadas, como la salud, la educación, pensión para la vejez y enfermedad, e impedir la explotación de la mano de obra mediante la reglamentación de la jornada laboral y condiciones de trabajo en general, y de mujeres y niños en particular, etc. A la par de instrumentar políticas económicas (fiscal, monetarias, cambiarias, comercial, de ingresos, etc.) que impulsen el trabajo y la producción nacional.

Obviamente el Estado debe defender su moneda y es esencial la estabilidad cambiaria como punto de apoyo del comercio exterior, a lo que se suma que en nuestro país el peso se usa como bien de cambio y no como instrumento de ahorro. Ese perverso mecanismo no permite la compra-venta de bienes de mayor valor, y la conversión a la divisa es el camino de fuga de capitales.

El Gobierno desde su inicio trata de convertir la deuda pública en divisas a moneda local, para lo cual debe crear dispositivos de ahorro en nuestra moneda. El primer paso es asegurar que el flujo de entrada de divisas sea mayor que el de salida. La profesional gestión de negociación de la deuda y un presupuesto con recursos en pesos que lo financien mayoritariamente, conforman la base y punto de partida.

En medio de la emergencia que implica la pandemia, el Presupuesto de la Administración Nacional 2021 tiene por objeto tres grandes prioridades inmediatas cuyo cumplimiento en simultáneo se vuelve una condición sine qua non para poder retomar el crecimiento:

  1. Cuidar la vida y la salud de la población
  2. Proteger las capacidades y los ingresos de las familias y las empresas y auxiliar financieramente a las administraciones provinciales.
  3. Reactivar el aparato productivo y la generación de empleo.

El Presupuesto 2021 representa la hoja de ruta para las políticas públicas necesarias para sentar bases para un crecimiento sostenible a partir del desendeudamiento del Estado nacional, la definición de un sendero de disminución de déficit fiscal en el mediano plazo, el fortalecimiento del mercado interno y, paralelamente, lograr un valor competitivo de la moneda local para propiciar un incremento de las exportaciones argentinas al mundo y que a la vez sea la primer defensa contra las importaciones .

Como todo presupuesto nacional debe suponer cómo van a evolucionar las principales variables de la economía del país, donde la función estatal debe regular la actividad (fijar las reglas de juego).

Esas variables son el desarrollo del gasto público y su financiamiento; el crecimiento del PIB (que se prevé en un 5,5% para el 2021 con respecto a la caía del 2020  estimada en un 12,1% del PIB), merced al aumento del consumo de la población también estimado en 5,5% interanual y por una  inversión interna bruta fija, que fue el rubro más severamente afectado en la crisis, que podría alcanzar un crecimiento interanual de 18,1%. Por el lado del comercio exterior, se estima que las exportaciones de bienes y servicios a precios constantes se incrementen 10,2% interanual, junto con un mayor crecimiento de las importaciones, que crecerían 16,3% interanual, impulsadas por la recuperación de la actividad.

 

 

Respecto a los ingresos públicos, tras el proceso de desfinanciamiento observado entre los años 2016 y 2019, cuando se registró una significativa baja de la carga tributaria sobre los sectores de mayor capacidad contributiva, el Gobierno Nacional revierte parcialmente dicho proceso a través de la Ley 27.541 de Solidaridad y la actualización de las alícuotas aplicadas en los derechos a las exportaciones (retenciones), el impuesto PAIS[1] y el “Aporte Solidario”[2], que también se fortalece porque la propia recuperación económica devendrá en un incremento del cobro de los impuestos indirectos (IVA, Internos, Débito y Crédito Bancario, Combustibles, etc.) ligados al nivel de actividad.

En referencia al tipo de cambio (básicamente el valor del dólar), el Presupuesto Nacional 2021 estima que su precio será de $ 102 a diciembre del año que viene, que se logra por el superávit comercial esperado, dado que en plena pandemia el mundo siguió consumiendo alimentos que son la mayor parte de nuestras ventas externas y que el tipo de cambio de $ 79,36 del día 15 de septiembre de 2020 (que fue cuando se presentó el Proyecto de Ley de Presupuesto de la Administración Nacional 2021 en el Congreso de la Nación) permitió, por ejemplo, que la empresa Ford Argentina SA vendiera principalmente a México y a Brasil 630.000 camionetas Ranger en lo que va del año.  Y se refrenda la hipótesis cuando ese mismo día, el Presidente del BCRA, Miguel Pesce, comunicó que la autoridad monetaria deja de vender dólares a las empresas para que paguen sus obligaciones con el exterior y que las mismas, deben presentar un programa de reestructuración de la deuda que venza a partir del 15 de octubre 2020.

Miguel Pesce en la conferencia de  prensa del día 15 de septiembre de 2020 dijo textualmente: «Estamos planteando que se refinancie el 60% de los vencimientos a 2- dos- años de vida promedio. No postergaciones en el pago de intereses. La intención es que las empresas nos presenten un plan de reestructuración, ver si estas presentaciones mejoran el perfil de los vencimientos de la deuda financiera privada».

Y esto es así porque se obtuvo un superávit comercial en el año 2019 de 15.990 millones de dólares, de enero a julio de 2020 el acumulado fue de 9.573 millones de dólares y, las Reservas Internacionales del BCRA en lugar de aumentar disminuyen, porque el BCRA permitía que las empresas (cuyos dueños en su inmensa mayoría, si no son todos, están en la lista de los que fugaron 86.200 millones de dólares en los cuatro años de la gestión de Cambiemos) compraban a tipo de cambio oficial (el 15 de septiembre de 2020 a $ 79,36) dólares al BCRA para pagar sus deudas externas.   La historia de siempre, empresas endeudadas y sus dueños fugan capital como lo demuestra palpablemente el caso Vicentin SA y los Nardelli y Padoan.

Pagando solamente los intereses de la deuda hasta julio de 2024, la oferta cambiaria por el superávit comercial debe superar ampliamente a la demanda, siempre y cuando el BCRA cumpla su indelegable función de proteger las Reservas Internacionales.

 

 

Las cuentas públicas nacionales

La recaudación de impuestos nacionales y de aportes y contribuciones a la seguridad social se estima que alcanzará en el año 2021 los $ 9.297.140,7 millones de pesos, por lo cual será 43,9% superior a la proyectada para el año 2020, incrementándose 0,97 puntos del PIB respecto al año anterior. La presión tributaria pasaría de 23,84% del PIB en el año 2020 a 24,81% en el año 2021.  Por la ley de Coparticipación Federal de Impuestos y leyes específicas a los distintos tributos, la Nación percibiría en el año 2021 de esa suma esperada,  $ 5.702.274,6 millones.

Paralelamente el gasto público de la Administración Nacional se incrementará solamente en un 17,83% con respecto al realizado este año 2020, gasto que fue muy importante por la política de salud y los planes asistenciales a la población (IFE –Ingreso Familiar de Emergencia; ATP – Asistencia al Trabajo y a la Producción; transferencias a las provincias; subsidios a la energía y al transporte, etc.). Se supone que la pandemia disminuirá en su gravedad, por un lado y, por otra parte, porque el pago de los servicios de  la deuda (amortización de capital y pago de intereses de la misma) va a ser en términos corrientes (nominales) menor que el realizado en el año 2020, cuando se estima una inflación del 29% para todo el año 2021, gracias a la negociación de la deuda con los bonistas, tanto en jurisdicción extranjera como local, a quienes solo se les pagarán intereses y del 3,07% anual,  hasta junio de 2024.

Las remuneraciones del personal público recibirían un incremento de un 35,6% (siempre con una inflación esperada del 29% anual). Y el gasto en las Prestaciones de Seguridad Social, crece un 30,5%.

Finalmente las Transferencias (subsidios) en el presupuesto 2021 son un 7,7% menores a valores corrientes que lo previsto de ejecución en el año 2020, ya que los refuerzos en 2020 para mitigar la crisis por el COVID19 impactaron casi enteramente en este concepto de gastos.

Pero para el año 2021 recupera importancia el Gasto de Capital (básicamente obras públicas) presupuestado. En términos del PIB representa el 2,2% y es exactamente el doble que el gasto realizado en 2019 de solo 1,1% del PIB.

El componente más importante y con mayor crecimiento de los gastos de capital son las transferencias de capital, cuyas asignaciones previstas para 2021 más que duplican las del ejercicio vigente. Las transferencias de capital a entidades del Sector Público Nacional representan el 53,4% y las destinadas a las provincias y municipios el 41,6%; el resto (5%) tienen como destino el sector privado. Las más significativas tienen como destinatarios los gobiernos provinciales, la empresa Agua y Saneamientos Argentinos S.A. (AYSA S.A.), el Fondo Fiduciario Programa Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda Única Familiar (Pro.Cre.Ar), la empresa Integración Energética Argentina S.A., el Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (FONDEP), el Fondo Fiduciario para la Vivienda Social y la Administración de Infraestructuras Ferroviarias S.E.

 

 

 

 

En síntesis

El gobierno realiza una fuerte pulseada con los sectores que han fugado capital y pretenden seguir con su práctica de valorización financiera. Esa batalla se refleja en el tipo de cambio (el precio del dólar).  La propuesta del Ministro Martín Guzmán y su equipo es que el tipo de cambio oficial (con el Impuesto PAIS y desde el 16 de septiembre de 2020 con el 35% en concepto de pago adelantado del Impuesto a las Ganancias) que a ese día rondaba los $ 131 por unidad monetaria norteamericana, converja con el dólar paralelo.

La presión de los que fugaron capitales y quieren seguir haciéndolo es que el tipo de cambio paralelo (en sus diversas manifestaciones dólar blue, CCL, dólar bolsa, etc.) suba.  Pero si el BCRA no malvende las Reservas Internacionales las crecientes exportaciones y el fuerte superávit comercial estimado, deberían generar las condiciones para que converjan.

Cuando asumió Néstor Kirchner la Presidencia de la República, el 25 de mayo de 2003, el dólar oficial era de $ 2,86 y el paralelo de $ 3,50.  El último día hábil de diciembre de ese año ambos (el oficial y el paralelo) valían $ 2,975.

Se confía en que el aumento del nivel de actividad  permitirá incrementar en forma más que proporcional a ese 5,5% los ingresos tributarios (que por la regresividad del sistema tributario nacional se encuentran mayoritariamente ligados al consumo que también se proyecta que crecerá en un 5,5%).  Paralelamente al tener que realizar menores gastos corrientes con respecto a este año 2020 por la pandemia del Covid-19, y el menor pago de los servicios de la deuda por los acuerdos arribados con los acreedores privados, sobre los cuales se pagarán solamente intereses, permitirá que en términos nominales el incremento del gasto sea menor que la inflación esperada (lo que implica un menor gasto público) y a su vez se incrementa en términos reales la recaudación. La combinación de ambas variables permite reducir fuertemente el déficit fiscal del año 2020 ( en torno al 12% del PIB) para ser de un 4,5% del PIB, que es un porcentaje administrable y genera mejores condiciones para los presupuestos venideros.

El Presupuesto es consistente pero requiere una reforma tributaria que le dé sustento. Dado que se prevé un incremento de los ingresos tributarios mayor que todas las demás variables (del 44%), los precios 29%, el dólar menos del 29%,  la tasa de interés testigo del BCRA también debería estar en torno al 29% y no del 38% como es en la actualidad.

 

 

[1] Impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria (PAIS) que es el 30% de recargo sobre el tipo de cambio vendedor cuando se compra dólar ahorro o turista.
[2] Proyecto encabezado por el Diputado Heller que alcanza a 12.141 residentes argentinos que tienen al 31 de diciembre de 2019 un patrimonio declarado de $ 200.000.000 (unos tres millones de dólares al tipo de cambio oficial) con el aliciente que incluye las propiedades rurales de los mismo, que no tributan el Impuesto Nacional a la Riqueza (Impuesto a los Bienes Personales).

 

 

Desdolarización y presupuesto

Cepo al dólar y fuga de capitales: ¿Qué hacer con la Argentina bimonetaria?

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Esta semana el Gobierno nacional intervino en el mercado cambiario minorista restringiendo el acceso a la compra de moneda extranjera para atesoramiento, al considerar dentro del tope máximo permitido a las compras efectuadas en el exterior con tarjetas de crédito. A la vez, se encareció el costo financiero de la transacción al agregar al valor de cotización de la divisa un 35% en concepto de anticipo del Impuesto a las Ganancias y/o Bienes Personales, de modo que el comprador exhiba cierta capacidad contributiva. La medida afecta a dos millones de agentes económicos habituales del mercado cambiario minorista y suma tres millones más de clientes esporádicos. De acuerdo a los informes del Banco Central, en el lapso enero/julio el drenaje de dólares por estas operaciones acumuló u$s 5.220 millones.

También se limitó el acceso al mercado cambiario mayorista para la compra de moneda extranjera para cancelar deudas con el exterior a las empresas y se ajustaron las regulaciones en el mercado cambiario alternativo de “contado con liquidación” para facilitar el ingreso de dólares y agregar riesgo de volatilidad de mercado a quienes ejecuten la operación de salida.

Esta somera descripción de las intrincadas decisiones del régimen de control de cambios revela la gravedad de vivir en una economía bimonetaria como expresión de un conflicto que atraviesa al país desde hace más de cuatro décadas y que, en el presente, amenaza la existencia misma de la Nación.

La definición de una economía bimonetaria se condensa en la incapacidad de la moneda nacional, el peso, de cumplir todos los atributos de una moneda. El peso es dinero válido para las transacciones, pero no para el ahorro. Es unidad de cuenta y medio de pago, pero no es reserva de valor. 

La construcción de la profunda economía bimonetaria de la Argentina se inició con la dictadura cívico-militar que con la reforma financiera de 1977 y el primer ciclo de endeudamiento en el lapso 1978-1980 permitió la transnacionalización de los principales grupos empresarios nacionales a través de la valorización financiera de los capitales y su posterior fuga al exterior. El segundo pilar asociado a este proceso se plantó con la extranjerización de los activos reales a partir de las privatizaciones del período 1990-1994, que obraron como onda expansiva para permitir el ingreso de capital extranjero en todos los sectores de la economía. En 1989 la economía argentina era la menos extranjerizada de la región, en la actualidad el coeficiente de extranjerización llega al 62% de las 200 firmas con mayor nivel de facturación.

Una burguesía que hace negocios en el país pero que sistemáticamente deriva la renta obtenida al exterior y consecuentemente resigna peso relativo en el sector real al ser desplazada por capital externo que casi llega a dos tercios de las principales empresas, ocasiona una voraz demanda de divisas para mantener la valuación de sus patrimonios y acelerar la repatriación de los fondos invertidos con tasas de renta muy superiores a las internacionales.

Ese desmedido requerimiento de dólares sólo puede ser abastecido con el endeudamiento del Estado en los mercados internacionales para proveer de los mismos al sector empresario más poderoso, que valora el peso para hacer transacciones, pero luego lo repudia a la hora de medir la ganancia y acumular patrimonio. El Estado argentino quiebra recurrentemente para consolidar capital privado concentrado en pocos agentes, que, valga la pincelada de descripción de un comportamiento predatorio, resisten ahora contribuir con una porción ínfima de sus fortunas al desastre que han provocado.

Hay u$s 101.000 millones blanqueados en el extranjero, acumulados por evasión de tributos, que contribuyen con una alícuota anual de apenas el 0,5% en concepto de Bienes Personales. Estudios muy fundados técnicamente como el del economista Jorge Gaggero valúan la tenencia de dólares en exterior por parte de unos pocos argentinos en u$s 320.000 millones. Sin duda, esta situación no se resuelve restringiendo la compra de u$s 200 mensuales a las personas humanas.

La pregunta, y la hemos formulado en columnas anteriores, es: ¿cuántas quiebras del Estado por este mecanismo de “deuda pública-fuga de capitales privados” resiste la Argentina sin perder su cohesión territorial y social como Nación? El conflicto sostenido en el tiempo entre la élite oligárquica aliada al capital foráneo contra el movimiento popular que tenazmente intenta construir un país autónomo ha provocado varias crisis recurrentes en las últimas tres décadas: 1981/1982, 1989/1990, 1994/1995, 2001/2002 y más recientemente 2018/2019, amortiguada por los u$s 45.000 millones otorgados por el FMI.

Alguna vez la historia reciente de Francia, cuando el general De Gaulle accede a la Presidencia en 1958, y encuentra al país sumergido en la segunda guerra colonial sangrienta y costosa en Argelia, tras haber sido derrotado en la anterior guerra colonial en Indochina en 1954. La pretensión francesa de mantenerse como potencia global la había llevado a la catástrofe bélica de 1940, que significó cuatro años de ocupación del territorio nacional y a los mencionados fracasos en defender su imperio colonial. No sin disputa, la élite política y económica francesa guiada por De Gaulle abandonó su pretensión globalista para integrarse a Europa como potencia continental en alianza con sus antiguos enemigos, evitando traumatismos a su pueblo y riesgos a la Nación. No se soportaba otra derrota.

La Argentina golpeada por el virus que se descarga como remache sobre la tragedia de pobreza social y endeudamiento del Estado que legaron cuatro años de Macri, no parece dispuesta a soportar otra crisis como las reseñadas. Los diagnósticos son claros, los agentes socioeconómicos responsables también. Es hora de superar definitivamente este conflicto.

Volviendo a la historia, las grandes potencias contemporáneas por tamaño de su economía y de sus territorios -los Estados Unidos, China y Rusia- emergieron como tales luego de dejar atrás a una clase social rentista y parasitaria que frenaba su destino como Nación.

 

https://www.eldestapeweb.com/economia/cepo-al-dolar/cepo-al-dolar-que-hacer-con-la-argentina-bimonetaria–202091919030

Por qué son tan trascendentes estas elecciones en los EE.UU

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A la Argentina, luego de haber reestructurado con éxito la deuda, le convendría que el mundo de los próximos años fuese pacífico, cooperativo y promotor de un progreso sostenido. En empleos, inversiones, desarrollo tecnológico y cuidado ambiental. Y que además le demande una mayor cantidad y diversidad de productos.

Sin embargo, como decía Lope de Vega, cuando llega el bien, es poco y tarde. Porque a los conflictos internacionales que venían de arrastre, se le han sumado las incógnitas que despiertan la prolongación de la pandemia y, sobre todo, las elecciones presidenciales de noviembre próximo en los Estados Unidos (EE.UU). Ya sea que triunfe Donald Trump, que busca la reelección en nombre de los republicanos. O Joe Biden por los demócratas.

En EE.UU, vale recordar, el voto es indirecto y optativo. Las personas tienen que registrarse para elegir a los delegados estatales que luego proclaman a los ganadores. Y la participación, de acuerdo a las estadísticas, apenas supera el 50% de las están en edad de sufragar. O sea, unos ciento veinte millones de votantes. Un porcentaje escaso en relación a las demás democracias representativas.

Aunque es indudable que la decisión que tome la mayoría de su colegio electoral a principios de noviembre tendrá una importancia singular para los que habitamos estos arrabales del sur. Como nunca en los últimos tiempos, quizá. No tanto por los perfiles de los candidatos. Porque si bien Trump y Biden poseen, al menos, tres aspectos en común sus trayectorias han sido diferentes.

Ambos pertenecen a la élite desde hace décadas, nacieron y se criaron en zonas florecientes de su país, New York uno, Pensilvania el otro, y han dado más de setenta vueltas al sol. Trump, 74. Biden, 77.

Pero Trump, que proviene de una familia adinerada, cimentó su popularidad en base a grandes negocios inmobiliarios y cotorreos mediáticos. Cuestiones en las que sigue despuntando.

Biden, en cambio, tuvo que trabajar para costearse sus estudios de abogado, exterioriza empatía aunque le falta carisma y ha participado en la política más de la mitad de su vida. Senador durante cinco mandatos sucesivos, vicepresidente en dos períodos. Y Kamala Harris, su compañera de fórmula, se convertiría, de ser elegida, en la primera mujer en alcanzar la vicepresidencia de esa nación.

Tampoco aquel acto será relevante porque los demócratas pretendan alterar, de modo sustancial, las características del proceso de globalización o del capitalismo que funciona en su país, como sostienen Trump y sus acólitos. Esto es, concentración y centralización de la riqueza junto a la preeminencia de las corporaciones y del sector financiero. O por el sesgo de los discursos que ha elaborado cada bando.

Trump, apoyándose en los mismos argumentos que lo condujeron al éxito. Un conservadurismo agresivo en defensa de los intereses norteamericanos que ha engendrado imitadores en estas latitudes. Y que aspira capturar, especialmente, las simpatías de la población blanca, evangélica, que vive alejada de los principales centros urbanos y está descontenta con la burocracia política.

Biden enfatizando la necesidad de superar el oscurantismo y la indolencia que manifestó la administración Trump en las esferas de la salud, los derechos de las minorías, el trato con los inmigrantes y en la prevención y manejo de los desastres infligidos por el Covid 19.

No. Más bien la trascendencia de que sea elegido uno u otro candidato presidencial estará dada, en particular, por las formas, el contenido y la energía con el que empleen el poder de EE.UU para intentar resolver los distintos desafíos que plantea el orden mundial.

Ahora y en el futuro inmediato. Varios de ellos de alta significación para nuestro país y la región. Como son, por ejemplo, su estrategia respecto a la competencia económica y política con China y, en menor medida, con Rusia y la Unión Europea. También, la relativa a los organismos multilaterales de crédito y de comercio, y a los acuerdos nucleares, jurídicos y ambientales. Incluyendo la vigencia de las Naciones Unidas.

Es decir, si su política exterior va estar caracterizada por el cierre o la imposición de fronteras comerciales, desairando foros y normas que llevó esfuerzos instituir. O bien, procurará acciones y caminos que eviten tensiones innecesarias.

Tomando en cuenta, claro está, un mejor tratamiento arancelario para nuestra producción. Si seguirá poniendo en juego el clima y la paz mundial, con sus consecuencias para la Cuenca del Plata y el Atlántico Sur. O intentará modular sus posiciones en sintonía con el resto de la humanidad.

En suma, si levantará muros que todo lo impiden o tenderá puentes que fomenten el dialogo constructivo y solidario con el conjunto de América Latina y sus instituciones.

A Donald Trump lo hemos visto abordar estos temas durante cuatro años. Como en la reciente renovación de las autoridades del BID en la que impuso a su favorito quebrando viejos consensos. Y dicen que el paso del tiempo suele agravar, no mejorar, los rasgos y comportamientos de los seres humanos. Joe Biden acompañó la gestión de Barack Obama y, si bien mañana nadie sabe, cuenta para estas materias con sus definiciones y la tradición del partido demócrata.

Juzgue el lector quién de los dos nos permitiría alejarnos cada vez más de que la Tierra, como reflexionó un notable novelista del siglo pasado, se transforme en el infierno de los otros planetas.

 

 

 

https://www.clarin.com/opinion/trascendentes-elecciones-ee-uu_0_pfphzI75F.html

Un país industrial e independiente

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Sin Industria no hay Nación, decía Carlos Pellegrini a fines del siglo XIX y en pleno apogeo del modelo agro exportador, tenía en claro el rol generador de empleo y de innovación tecnológica que implicaba la manufactura, único medio para integrar a todos los sectores de la sociedad y generar mayor valor agregado a los eslabones de la cadena productiva.

En nuestro país y siempre según datos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, a junio de 2020 (último dato disponible), se registran 9.475.600 personas asalariadas. Esto incluye al

  • sector privado, con 5.781.000 personas asalariadas,
  • sector público nacional, provincial y municipal  (3.217.500 empleados)
  • trabajo en casas particulares (477.100 trabajadores) .
  • A ellos se suman, 2.287.000 trabajadores independientes (monotributistas y autónomos), con un total de 11.762.600 personas ocupadas.

El primer problema es que al ser unos 45.000.000 de habitantes y la tasa de actividad en torno al 47,2%, la población en condiciones de trabajar es de aproximadamente 21.240.000 personas. Esto explica por qué el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) cuenta a ese mes con 8.750.000 beneficiarios, que perciben una ayuda de $ 10.000 por mes.

El segundo problema es que la pandemia hace que muchos sectores productivos trabajen a media máquina o menos, por lo que el gobierno de Alberto Fernández instrumentó la Asistencia al Trabajo y a la Producción (ATP) que en el mes de junio de 2020 ayudó a 243.300 empresas a pagar parte de los salarios para un total de 2.687.100 de trabajadores, por hasta dos salarios mínimos (que era de $16.875), es decir que podían recibir hasta $ 33.750 por mes.

El 93,4% de las empresas aprobadas en el Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción tiene hasta 25 empleados y genera 39,6% del total de empleo registrado, mientras que apenas 0,1% de las firmas que lo solicitaron poseen más de 800 trabajadores en su plantilla y explican 12,7% del total de los trabajos registrados.

Otro problema es que, con el gobierno de Cambiemos, la industria —que es la más dinámica creadora de bienes— dejó de ser la mayor empleadora en el sector privado (con 1.076.900 trabajadores a junio de 2020) y en cambio, el mayor empleador pasó a ser el comercio y reparaciones, que no generan producto, con 1.090.700 dependientes .

Finalmente el salario bruto en blanco, con aportes previsionales y sociales promedio de todo el sector privado argentino fue de $ 69.040 (unos U$S 700)[1] . Esto quiere decir que neto es algo menor a los $ 60.000, cuando según el INDEC la Canasta Básica total para una familia compuesta por matrimonio y dos hijos fue de $ 43.810,7 para el mes de junio 2020, por lo que hay una gran cantidad de trabajadores que perciben una remuneración por debajo de la línea de pobreza. Trabajan y son pobres.

Campo e industria

De acuerdo a los datos estadísticos disponibles, apenas el 10% de la población económicamente activa de la Argentina se dedica a tareas rurales. Esto significa  aproximadamente 1.170.000 en tareas directas e indirectas ligadas a  la producción y comercialización agropecuaria.

En su libro La Argentina agropecuaria, Mempo Giardinelli y Pedro Peretti no solo demuestran que “el campo” no es de todos, sino que pertenece a una minoría. En un país con 45 millones de habitantes, hay unas 6.000 familias que controlan el 48 por ciento de la tierra. Eso es latifundio y oligarquía. Sumémosle la administración de los principales puertos del país y la doble contabilidad para subfacturar y triangular exportaciones como nos demuestra palpablemente el caso Vicentin SAIC. Esto muestra que seguimos dependiendo del sector que es responsable del 65% de las ventas externas del país y que seguramente ese porcentaje va a ser mayor este año por la excelente cosecha 2019/20, de 147 millones de toneladas de granos, los buenos precios internacionales y la demanda sostenida de alimentos de un mundo que debe mantener parte de su población en su casa por Covid-19, por un lado, y la creciente necesidad de fiscalización y control del sector, por otra parte.

Pero la pandemia alguna vez cesará y, merced al profesional trabajo del equipo dirigido por el ministro Martín Guzmán, se pagarán solamente intereses de la mayor parte de la deuda externa argentina hasta julio de 2024, por ende el marco es propicio para invertir en la industria, adquirir máquinas y equipos específicos para usarlos por décadas. Se requiere simultáneamente del reclutamiento y calificación de los recursos humanos, del desarrollo de capacidades tecnológicas, insertarse en los mercados internacionales de forma de generar mayor escala para sustituir importaciones, crear y fortalecer firmas proveedoras, disponer de energía, entre otros factores, junto a una banca de desarrollo que brinde el financiamiento a largo plazo.

Partimos de una masa crítica importante en el sector, donde existen capacidades acumuladas significativas y trayectorias de aprendizaje considerables como para adaptarse al nuevo mapa global sin entrar en directa competencia con el este asiático, que combina altas mejoras en la productividad con salarios bajos, sino, al contrario, buscando la complementariedad de nuestra economía con ese subcontinente. Algunos ejemplos:

  • La rama automotriz. Toyota y Ford presentaron sendos programas de inversión para exportar vehículos y piezas de precisión desde la Argentina a la región. Ford produjo 900.000 camionetas en su planta de Pacheco, de las cuales exportó 600.000  a México, Brasil, Venezuela y demás países de la región;
  • la producción de autopartes;
  • la industria química;
  • la farmacéutica;
  • la producción de bienes de capital;
  • el software,

pueden vender en el mercado interno y exportar. En ello juega a favor la brutal depreciación de nuestra moneda en el gobierno de Cambiemos (el dólar pasó de valer $ 9,60 a $ 63 en cuatro años) que hace que el costo de insumos y de la mano de obra, tasada en dólar, sea sumamente competitivo. También el gobierno de Alberto Fernández, presionado por la demanda de divisas de los sectores financieros y especulativos, ha continuado depreciando nuestra moneda.

Ese mismo tipo de cambio alto gravita y gravitará en las exportaciones agropecuarias y agro industriales (complejo oleaginoso en granos, harinas, pellet y aceites; complejo cerealero; carnes y cueros bovinos; lácteos, etc.), garantizando el necesario ingreso de divisas y traccionando a la industria metalúrgica de maquinarias agrícolas.

En paralelo, se debe adoptar una estrategia defensiva en sectores muy sensibles a la competencia extranjera (textil-indumentaria, muebles o parte de la metalmecánica), muy generadores de empleo, pero con enormes dificultades para competir, pese a que, repetimos, en dólares el costo de insumos y de la mano de obra es similar al de la República Popular China, por ejemplo.

En plena pandemia la industria argentina al mes de julio 2020 trabaja al 56,8% de su capacidad instalada. Según el INDEC, la cifra registró su tercera mejora mensual consecutiva y tuvo su menor baja interanual desde que comenzó la pandemia, aunque permaneció 1,9 puntos por debajo del nivel de julio de 2019.

La Argentina actual se encuentra en una buena posición para despegar de la recesión, dinamizar el mercado interno y a la par competir interna y externamente en la cadena agro industrial y en importantes sectores de la industria manufacturera para generar puestos de trabajo. En un principio con las remuneraciones actuales, pero a medida que se crezca, la dinámica propia del crecimiento y de la mayor demanda de mano de obra corregirá el salario, donde la productividad debe alcanzarse por la dotación del capital y la innovación tecnológica. Camino realizado por Néstor Kirchner cuando se encontró con un tipo de cambio competitivo y con una tasa de desocupación abierta del 25% de la población económicamente activa cuando asumió como Presidente de le República el 25 de mayo de 2003.

El previsible impedimento

Si lo descripto es alentador tras el derrape de la economía en el gobierno de Cambiemos y por la pandemia, no es menos cierto que existe un fuerte impedimento. Nuestra economía es complementaria con la de la República Popular China [2], que hoy en día es nuestro principal socio comercial y con planes de inversión en la Argentina en energía, en minería, en producción agropecuaria, en industria y en tecnología. Pero eso no es del agrado de los Estados Unidos, cuyo Presidente, Donald Trump, en su discurso del 8 de septiembre de 2020 afirmó “que el dinero que Beijing obtiene del comercio con Estados Unidos lo destina al desarrollo militar: toman nuestro dinero y lo gastan en la construcción de aviones, barcos, cohetes y misiles», para terminar afirmando que si él pierde las elecciones de su país, gana China. Además de acusar a China del virus Covid-19 y de penar con mayores aranceles a las empresas norteamericanas que producen en esa Nación.

En ese marco, los Estados Unidos utilizarán toda su influencia para limitar los acuerdos que como nación soberana queramos hacer con el país asiático, e incluso emplearán al FMI, que es nuestro mayor acreedor externo, por una suma de unos 45.000 millones de dólares, a imponernos como condición esas limitaciones.

Debemos tener en claro que defender los intereses del país y propiciar el crecimiento sostenido para generar trabajo y mejorar la redistribución del ingreso es el objetivo a perseguir. De otro modo, seremos dependientes de Norteamérica y de la venta de productos primarios, que implica una sociedad dual con una minoría enriquecida y la mayor parte de la población sin saber a ciencia cierta de qué va a vivir, si es que puede.

 

 

[1] En Brasil el promedio del salario bruto es de unos U$S 600.-

[2] También con Rusia, con Irán, con Vietnam, con Camboya, etc.

 

UN PAÍS INDUSTRIAL E INDEPENDIENTE

Lo que dejó el conflicto con la Policía Bonaerense: Imágenes antidemocráticas

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09/09/2020; Buenos Aires: Buenos Aires: Efectivos de la policía bonaerense realizan una manifestación frente a la Quinta de Olivos bajo un reclamo de mejora salarial. Foto: Daniel Dabove/Télam/AA

La crisis salarial de la Policía Bonaerense exhibió comportamientos espeluznantes similares a los vividos la semana pasada en el Congreso, pero esta vez el blanco de las demostraciones antidemocráticas fueron las residencias oficiales del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y del Presidente de la Nación, que recibieron la visita -el primero en horas de la madrugada- de agentes uniformados y armados requiriendo el aumento de sus remuneraciones mezclado con consignas políticas opositoras.

La columna pasada comentamos con preocupación, por el riesgo institucional que conlleva, las amenazas de muerte recibidas por el Presidente de la Cámara de Diputados de la Nación en ejercicio de sus funciones, en tanto en las calles grupos de exaltados apedreaban el Congreso. Esta semana fueron las ya referidas presencias armadas en las residencias de las principales autoridades constitucionales de la Argentina.

El agolpamiento ominoso de imágenes antidemocráticas no alcanza para conformar la idea de una conspiración en marcha, pero sí evidencia que la elite oligárquica desconfía crecientemente de la conveniencia de aceptar el veredicto de las urnas tal como el pueblo lo pronuncie con su voto.

El enfrentamiento histórico que la oligarquía sostiene contra el peronismo, por considerarlo un freno a la consolidación definitiva del proyecto liberal-conservador, ha cobrado intensidad en los años recientes por la resiliencia que muestra el movimiento popular para sostener la pulseada.

Uno de los picos del conflicto fue la derrota infligida al primer gobierno de Cristina con el voto “no positivo” al proyecto de derechos de exportación móviles en el año 2008, que significó la transferencia de u$s7.600 millones a los rentistas agropecuarios en los siguientes cinco años mientras subía el precio de la tonelada de soja. Consecuencia inmediata de esa batalla fue la derrota en las elecciones legislativas de 2009 que dejó al bloque oficialista en minoría en la Cámara de Diputados. El fin de la experiencia kirchnerista parecía seguro. Sin embargo, el enorme liderazgo de Cristina para afrontar la tragedia de la partida de Néstor que la enlutaba tanto a ella como a buena parte del pueblo argentino, aunada al programa económico aplicado por el entonces ministro de Economía Amado Boudou para superar el impacto de la crisis financiera internacional que arrojó una tasa promedio anual de crecimiento del PIB del 8% en el bienio 2010-2011, diluyeron ese final proclamado. La reelección en el 2011 se produjo con el 54% de los votos.

Cabalgando en la fractura del peronismo ocurrida en 2013 y que perduró hasta 2017, la oligarquía obtuvo un resonante triunfo electoral en la Provincia de Buenos Aires y una ajustada victoria en el “ballotage” nacional del 2015. El “no vuelven más” se generalizó como una verdad revelada que no necesita demostración y el gobierno de Macri avanzó en cercenar espacios democráticos para asegurar el lema citado como nunca se había vivido desde 1983.

El espionaje, la estigmatización mediática y la persecución judicial estuvieron activos contra Cristina, su vicepresidente Boudou que permanece encarcelado y casi todos los funcionarios relevantes de su Gobierno. Pero nuevamente el liderazgo de la ex-Presidenta y la comprensión cabal del desastre macrista que mostraron los dirigentes peronistas permitieron organizar un frente político plural y ganar las elecciones presidenciales en primera vuelta con más del 48% de los votos, recuperando el gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

A pesar del impacto de la pandemia sobre el sistema de salud y la economía, el Gobierno del Frente de Todos se encuentra piloteando la crisis y ha adoptado un conjunto de decisiones que permiten atisbar cierta reactivación del nivel de actividad hacia fin de año y un pronóstico de aceleración en el 2021. El proceso exitoso de reestructuración de la deuda heredada ha permitido disminuir el Riesgo País a casi la mitad del vigente durante el macrismo -desde 2.300 puntos a 1.200-, generando certidumbre para orientar recursos hacia la producción y el consumo. El ministro Martín Guzmán ha planteado que se está en condiciones de aplicar políticas expansivas, algo que se reflejará en el proyecto de Presupuesto remitido prontamente al Congreso.

La elite oligárquica sopesa entonces, que de cumplirse los pronósticos sobre la economía para el año próximo y en tanto se continúe administrando la crisis sanitaria, es probable un triunfo de la coalición peronista en las elecciones de medio término ampliando las mayorías parlamentarias oficialistas.

Consecuentemente, evidencia la pulsión antidemocrática que la caracteriza y que ejerció sin límites y con ferocidad durante el siglo XX. Parecía haberla abandonado con el ciclo largo de institucionalidad abierto en 1983. No obstante, la retomó durante el Gobierno de Macri tal como se describió y ahora parece haberla agudizado fogoneando acciones violentas contra el Gobierno del Frente de Todos.

En una columna anterior describimos el deshilachamiento democrático en Suramérica, en ocasión de los dichos del ex-presidente Eduardo Duhalde que descartó la posibilidad que se celebren elecciones el año próximo. Las “boutades” antidemocráticas son fruto de una elite que aborrece a las urnas, pero además ahora les teme.

 

https://www.eldestapeweb.com/politica/policia-bonaerense/imagenes-antidemocraticas-202091219040

Coparticipación federal de impuestos

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Antes de la crisis de 1930, cada provincia tenía su sistema de impuesto a los réditos (ganancias), e incluso competían entre ellas reduciendo las alícuotas y otorgando exenciones. Para enfrentar las consecuencias de la crisis mundial y ante la falta de recursos de los Estados (nacional y provinciales) se crea mediante la ley N°11.682 el Impuesto a los Réditos, que fue sancionado durante la presidencia de Agustín P. Justo (diciembre de 1932) e incluyó la creación de la Dirección General de Impuesto al Rédito (hoy DGI-AFIP), que es el organismo nacional recaudador, para después distribuir la misma entre la Nación y entre las provincias (coparticipación primaria) y entre la provincia entre sí (coparticipación secundaria).

Las partes concurrieron ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación que impuso como primera condición que el sistema fuese transitorio hasta el 31 de diciembre de 1934, límite nunca cumplido por las partes y quedó como definitivo, así nació la coparticipación, que progresivamente se trasladó a más tributos[1], los que además aumentaron en cantidad, hasta llegar al régimen vigente.

Desde que la Ciudad de Buenos Aires deja de ser Municipio para pasar a ser Ciudad Autónoma en el año 1996, exigía su participación en la coparticipación federal de impuestos, como no se ponían de acuerdo como debería haber sido y acordar una nueva Ley de Coparticipación, el problema se zanjó mediante el decreto 705 del año 2003 y la Nación Argentina de su participación le cede el 1,4% sobre la masa de recursos.

Pero no bien asume el Gobierno de Cambiemos, mediante el Decreto 194 de enero de 2016, dispuso modificar el índice de coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires y elevar el índice a 3,75%, retroactivo al primero de enero de ese año.  Con el Pacto Fiscal del año  2017 el porcentaje bajó levemente a 3,5% aplicable desde el año 2018.  De esa manera, sobre el total de los recursos coparticipables del año 2019 de $ 2.482.795,8 millones[2], el 3,5% significó la suma de $ 84.269,6 millones que representó el 25,8% del presupuesto del GCABA de ese año, cuando el objeto era financiar el mayor gasto por la conformación de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires y la erogación presupuestada para todo el Programa de Seguridad (que incluye a la policía de la Ciudad) significó la suma de  $ 46.500,3 millones en el año 2019.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires y las Provincias

Es a toda la vista injusto que la Ciudad donde reside el gobierno nacional y están las sedes fiscales de las principales empresas y bancos del país, perciba un coeficiente de coparticipación mayor que el de muchas provincias, e incluso con respecto a la Provincia de Buenos Aires, que en el año 2019 le correspondió por coparticipación federal de impuestos la suma de $ 300.232,4 millones y la cantidad de habitantes de la provincia según el Censo Poblacional del INDEC 2010 fue de 15.625.084, por lo que el aporte de la recaudación nacional a cada bonaerense ese año sería de aproximadamente $19.215.- pero con el agravante que la población crece en forma más que proporcional al promedio del país y de la Ciudad Autónoma, la proyección poblacional del año 2019 es de 17.300.000 habitantes y, con una tasa de desocupación abierta para los Partidos del Gran Buenos Aires de 10,8% y de sub ocupación del 13,1% en el cuarto trimestre de 2019 (según INDEC), que se infiere que es mayor por la pandemia del año 2020.

Esa fue la razón por la cual el gobierno nacional mediante el Decreto 735 del 10 de septiembre de 2020 derogó los Decretos del gobierno de Cambiemos que beneficiaban de sobremanera a la Ciudad de Buenos Aires y con ese diferencial se crea el FONDO DE FORTALECIMIENTO FISCAL DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES que tendrá por objeto contribuir a sostener el normal funcionamiento de las finanzas de esa Provincia por una parte y, por otro lado, el Decreto 735/2020 determina su vigencia hasta que se cuente con una nueva ley de Coparticipación Federal de Impuestos tal como dispone la incumplida Cláusula Transitoria Sexta de la Constitución Nacional:  «un régimen de coparticipación conforme a lo dispuesto en el inciso 2 del artículo 75 y la reglamentación del organismo fiscal federal, serán establecidos antes de la finalización del año 1996…».

Y allí surge otra historia, porque la ley 23.548 de Coparticipación Federal de Impuesto del año 1988, perjudicó a la Provincia porque en ese entonces era su gobernador Antonio Cafiero, principal candidato en las elecciones que se celebrarían en el año 1989, confiriéndole un coeficiente mucho menor al que por población y aporte tributario a la Nación le tendría que haber correspondido.

TOTAL ANUAL 2019 Coparticipación Federal Total de Habitantes Coparticipación per cápita
Total Destinos 2.482.795,8 40.117.096 61.888
   Gobierno Nacional 1.005.394,2    
   Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires 84.269,6 2.890.151 29.158
   Gobiernos Provinciales 1.393.132,0    
      Buenos Aires 300.232,4 15.625.084 19.215
      Catamarca 37.651,7 367.828 102.363
      Chaco 68.147,4 1.055.259 64.579
      Chubut 21.651,8 509.108 42.529
      Córdoba 125.111,6 3.308.876 37.810
      Corrientes 50.808,8 992.595 51.119
      Entre Ríos 66.750,6 1.235.994 54.001
      Formosa 49.808,6 530.162 93.950
      Jujuy 38.847,0 673.307 57.696
      La Pampa (1) 26.190,5 318.951 82.115
      La Rioja 28.315,4 333.642 84.868
      Mendoza 57.019,9 1.738.929 32.790
      Misiones 45.158,9 1.101.593 40.995
      Neuquén 23.742,7 551.266 43.070
      Río Negro 34.493,0 638.645 54.009
      Salta 52.399,8 1.214.441 43.148
      San Juan 46.206,8 681.055 67.846
      San Luis 32.171,5 432.310 74.418
      Santa Cruz 21.636,1 273.964 78.974
      Santa Fe (1) 128.399,1 3.194.537 40.193
      Santiago del Estero 56.463,9 874.006 64.605
      Tierra del Fuego 16.889,9 127.205 132.777
      Tucumán 65.034,5 1.448.188 44.907
Nota:  En millones de pesos corrientes y per cápita a precios corrientes
Fuente: Comisión Federal de Impuestos
Censo Nacional de Población – 2010 (INDEC)

 

Finalmente debe contemplarse los recursos propios de cada provincia, en el caso concreto de Tucumán para el año 2019 el gasto público de la Provincia presupuestado en el año fue de $ 96.362,8 millones que dividido la cantidad de habitantes (siempre según el censo nacional 2010) de 1.448.188 personas, conforma un gasto total anual de $ 66.540.- por ciudadano y si bien es mejor que el promedio de la Provincia de Buenos Aires es casi la mitad del que percibe un porteño ($ 113.172.- por persona por año)

 

[1] El Impuesto a los réditos, es el gravamen a las ganancias y es un impuesto directo, que por nuestra Constitución Nacional le corresponde a las provincias, ellas ceden esa recaudación a la DGI.  Luego si se suman los Impuestos Indirectos (actualmente el IVA; Internos coparticipados; al juego; Impuestos al Dióxido de Carbono – Fuel Oil, Coque de Petróleo y Carbón Mineral; a la Transferencia de Inmuebles de Personas Físicas y Sucesiones Indivisas; etc.) que por el Art. 75 Inciso 2 es facultad concurrente de la Nación y las provincias.

[2] Equivalente a unos 24.000 millones de dólares.

 

https://www.eltucumano.com/noticia/opinion/266613/coparticipacion-federal-de-impuestos

Informe económico mensual

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En este documento destacamos indicadores sensibles, como la actividad industrial, la económica en general, las exportaciones, las importaciones e indicadores de precios y utilización de la capacidad instalada, todo conviviendo con la pandemia que continúa en plena carrera y un micra Covid-19 fortalecido. Cuando tenemos alguna duda sobre lo que está ocurriendo siempre recurrimos al gran estratega geopolítico, Inodoro Pereyra.
Allá por 1997, en una de sus reflexiones anticipatorias, decía con la mesura y el rigor que lo caracterizan: “Además, este bichito ha lograu lo que naides logró en este país, dotor. Ha contagiau a tuitos, sin distinción de credos ni banderías. Ha unificado el país, dotor”.

Cuando pongamos punto final a este informe, tendremos encima la inflación de agosto y será el nuevo documento, las nuevas dudas, las nuevas conjeturas y los nuevos equívocos. El dato reciente a comentar más adelante es el anuncio del ministro Guzmán sobre la aceptación de la deuda (Legislación Extranjera y Nacional) por parte de los tenedores de bonos. Insistimos que el Riesgo País debiera estar nuevamente en los 1.000 puntos, expresión de anhelo que observaremos con rigor científico… ex post. Y se viene el Presupuesto 2021, vendrá cargado de novedades y todo el mundo desde Alaska a China y desde La Quiaca a Ushuaia, lo analizará. Otro tanto la nueva discusión con el FMI, y ya van varias, pero siempre renovadas. Hasta se podría decir que el FMI tiene tanto o más interés que nosotros en firmar un nuevo acuerdo, cobrar, prorrogar el existente o saltar de un Stand By a uno de extendidas facilidades, pero con los u$s 44.000 millones que les debemos por nuestra parte ya tenemos suficiente.

Los gráficos tratamos de hacerlos claros. No siempre lo logramos, pero nadie puede dudar de nuestras buenas intenciones. Como todos los temas presentados son densos, pesados y hasta indigestos, buscamos detalles en los mayores plazos. Para no irnos a la prehistoria, arrancamos desde 2003, son bastantes años, bastantes gobiernos y bastantes enredos. En algunos casos ponemos la lupa en el corto plazo o en los meses recientes.

El repaso de los diversos avatares de nuestra coyuntura nos llena de ilusiones y dudas, pero no sugerimos nada. Podemos asegurar que la falta de dólares es un problema, especialmente para la industria. Por el momento nos olvidamos de los compradores (de dólares) y de los gastos turísticos. Los dejamos para más adelante, pero sin omitirlos. También nos preguntamos si podemos aumentar la utilización de la capacidad instalada industrial sin que esto signifique “un parto en los montes”. Muchos temas.

Aclaración: En ICA (Intercambio Comercial Argentino) las exportaciones son FOB y las Importaciones CIF, en el B. Pagos Las exportaciones son FOB y las Importaciones FOB y finalmente en el Balance Cambiario los registros son pagos efectivos y en el Balance de Pagos los registros son devengados.

El presidente ha dicho sobre la pandemia: “Sigamos atentos la situación, que nadie tome con displicencia este tema”. Y tiene razón.
En la página https://www.argentina.gob.ar/salud/coronavirus-COVID-19, se puede encontrar amplia información.

Informe economico septiembre 2020

Entrevista con Carlos Abalo

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Acabamos de conocer tu artículo sobre la inflación. Es el punto más conflictivo para la recuperación de la economía en nuestro país…

CA: El problema más grave parece ser la inflación. Sin embargo, las causas de la crisis y las armas para enfrentarla son muy parecidas a los de otros países y sobre todo a Estados Unidos y los países desarrollados.

Las crisis producen una caída en el ritmo de la producción que ha llegado a ser una caída neta en el PBI que, en proporciones, no es muy diferente en Argentina o Estados Unidos, salvo que aquí es más profunda. La diferencia parece que estuviera en la inflación, que allá no hay y acá hay por demás.

En EEUU, la emisión monetaria es enorme…

CA: Allá emiten y se endeudan tanto como acá. La emisión es descomunal, todo se arregla emitiendo y el endeudamiento también llegó al 100% del PBI y encima la Fed lo está convirtiendo en una política permanente, con el agregado de que lo justifica señalando que ya nadie puede sostener que la política monetaria expansiva sea la causa de la inflación.

Sin embargo, acá no hay analista o consultor que no siga diciendo que el exceso de inflación (aparentemente no el de deuda, eso no lo dice nadie) es la madre de todos los desastres.

CA: Lo que yo estoy tratando de poner en claro es que la cuestión está en la moneda que cada país tiene y qué es una moneda. En Estados Unidos y en los países industrializados tienen una moneda divisa. Y los países no desarrollados tienen una moneda que no es una divisa y que se deprecia respecto a la divisa. La Argentina es la campeona de todas en las monedas que se deprecian. Allá, en cambio, la moneda se puede depreciar respecto a otra divisa, (relación dólar-euro, por ejemplo) pero siempre es acotada, no afecta a los precios o se compensa con períodos de revaluación, como podría empezar a suceder ahora con el dólar. En cambio aquí es una depreciación continua y profunda, y eso induce al que puede  ahorrar que lo haga en dólares, y genera una continua corriente de compra de dólares.

Si, todos  emiten y se endeudan, y en los países industrializados no hay inflación…

CA: Yo insisto en que la moneda es distinta y esa es  la diferencia. Lo que nadie ve, es que la moneda es débil porque la economía es débil y la producción es competitiva sólo en materias primas pero no en productos industriales. Y eso, porque la moneda es una consecuencia de la producción. Si no hay producción creciente y eficiente, no hay moneda fuerte.

Aquí, el acento en la moneda no lleva a convenir una política para hacer fuerte la moneda a través de hacer fuerte la producción, sino en rechazar la moneda y sustituirla con el dólar, en primer lugar para ahorrar, pero también para acumular. Por eso fugan capitales. Algunos creen que eso se soluciona comprando la moneda, de manera parcial con la deuda, o de manera total como sucedió con la convertibilidad. Pero ni cambiando la moneda ni tomando deuda, se cambia la economía.

¿Por qué?

CA: Por la sencilla razón de que no hay moneda que no surja de la propia economía, y si se adopta otra, y hay que comprarla, esa compra, parcial (endeudamiento) o total (sustitución por el dólar directa o a través de convertibilidad) desestabiliza todo.

Precisamente por el principio de que una moneda o es total y sirve para todo, o no es una moneda, y lo que hay que construir es una moneda que sirva para todo, y como la base de una moneda que sirva para todo está en la producción, lo que hay que llegar a tener es una economía que permita construir una moneda con todas sus funciones. Y si una economía produce en las mejores condiciones, tiene que hacerlo a aproximadamente igual costo y así no habría inflación o estaríamos ante un peligro mucho más acotado, como sucede en Estados Unidos o en Europa.

Sin embargo, en todas las fórmulas de los analistas y consultores no se pone el acento en la construcción de una economía productiva sino en reducir el gasto y generar un excedente, es decir terminar con el déficit fiscal, para que eso se traduzca en un superávit financiero.

CA: Si uno examina los pedidos, se ve que nunca están satisfechos. Primero, había que lograr un acuerdo con la deuda. Ahora el acuerdo ya está y a la prensa internacional le parece muy bueno, pero todavía «falta algo más»: éste es el centro de los pedidos.

Cuando se examina en qué consiste el algo más, se empieza a ver que las diferencias se centran en que si bien el BCRA devalúa más que la suba de los precios, los inversores (que en realidad son inversores que en su gran mayoría invierten en dólares para tener una renta en dólares y fugarla) dicen que es poco con el ojo puesto en la suba del blue, que sube porque ellos compran. Y lo fundamentan en sus «expectativas» y esas «expectativas» siempre han estado puestas en que el dólar va a subir, que significa que ellos van a seguir comprando dólares, así que lo que falta para que aprueben la política económica, es una política cambiaria y monetaria que incorpore las expectativas de los inversores y sus analistas.

Y como sus expectativas son un dólar más alto siempre, lo que piden es que el Estado adopte la política de ajustar bajando el costo interno para que haya un excedente para comprar dólares, endeudándose.

Al principio, esa deuda excedente puede cubrir lo que falta, pero termina siendo una deuda para que se puedan cumplir los pagos de amortización de la deuda ya adquirida más los intereses de esa deuda, o sea, una deuda creciente que solvente la fuga creciente de capitales. Al hacer esto, al costo nacional  se le agrega el costo de comprar los dólares, que cada vez es mayor. Por eso suben los precios (porque el costo es más alto) y por eso la deuda crece cada vez más y el país se empobrece permanentemente.

Y en los países industrializados…

CA: En los países industrializados es lo mismo, en el sentido de que la salida es siempre una deuda que crece continuamente, pero como tienen monedas fuertes o divisas, el Estado casi no tiene límites para gastar, como lo muestra Estados Unidos con la política armamentística, y de la misma manera rescata a los bancos, como hizo con Lehman en 2008, o les inyecta una ayuda permanente en liquidez. Y como casi no tienen límites para gastar, pueden sostener el endeudamiento permanente que en los países no plenamente desarrollados de la periferia del sistema no se puede sostener. Y aunque también en los países industrializados se reduce el nivel de vida, disminuye el empleo seguro, empeoran las condiciones laborales y se agrandan las desigualdades, no se empobrecen al extremo, como sucede en nuestro país o en cualquier otro de la periferia del sistema.

Cuando llega a un extremo, como ahora, Estados Unidos defiende su moneda quitándole segmentos del mercado a China, limitando a la Unión Europea, tratando de integrar al patio trasero latinoamericano, como ya lo hizo en América del Norte con México y Canadá (aunque este último no es un patio trasero sino un estado integrado a la economía estadounidense), bloqueando el crecimiento de los demás y compensando parte de su deuda con los préstamos.

Esa compleja operatoria da lugar a una complicada trama que se expresa en las políticas monetarias y cambiarias que recrean continuamente esta situación y guardan para la periferia del sistema un comportamiento muy distinto basado primero en el ajuste y el endeudamiento a través de los cuales en estos países la misma política funciona de otra manera, y se les exige que la cumplan poniendo el ejemplo de que con ellas, a ellos les va bien y lo que se prepara es una integración mayor, como estados incorporados de naturaleza inferior.

Todo esto no termina de explicar el funcionamiento del sistema en su conjunto…

CA: El capitalismo sorteó las crisis hasta el momento. En los ciclos cortos, el agrandamiento de la demanda exige más inversión y como a la vez exige más gasto, sobre todo en salarios, terminan siendo mayores los gastos que los ingresos y la crisis se identifica con una baja de las tasas de ganancias. En el ciclo corto, el freno de los gastos se traduce en menor crecimiento o pequeños retrocesos, que son suficientes para recomponer las ganancias.

A mediano o largo plazo, aparecen ciclos largos, períodos mayores, más allá de los ciclos cortos. Así, los ciclos cortos, arreglables, se desenvuelven dentro de ciclos largos, con fases largas de alzas y fases largas de bajas. Así que hay fases de mejoras largas permanentes y otras de empeoramientos que no se terminan, como los actuales. La superación de estos ciclos largos es a través del cambio tecnológico, es decir, producir con mayor productividad, lo que genera mayor producción a menor costo por unidad de producción y permite recomponer tanto la ganancia como el nivel de vida.

¿Cuál es la experiencia histórica? Sin ir tan lejos…

CA: Después de la Segunda guerra mundial empezó un nuevo ciclo largo cuya fase expansiva terminó en los años setenta y dio lugar al Estado de Bienestar. Este ciclo largo entró en su fase de baja o fase recesiva que no terminó o que sólo fue modificado con una actividad más sostenida con la expansión del mercado mundial por la presencia de China y el fin de los países de la órbita soviética, que se incorporaron plenamente al mercado, salvo Rusia, y la aplicación parcial de nuevas tecnologías.

La recuperación terminó en 2001 con la crisis de las empresas de nueva tecnología, porque todavía no se podían aplicar plenamente para configurar un verdadero nuevo ciclo. Por eso se requirió más que nunca auxilio financiero, que sustituyó al cambio tecnológico aplicado a la producción en gran escala y solo desarrollando la tecnología en los servicios y en el consumo.

Entonces…

CA: Si bien la actividad se recuperó en los primeros años del nuevo siglo, siempre por la presencia de China, no se pudo despegar del sostenimiento financiero, que se acrecentó. De ahí, surgió la crisis financiera de 2008 y la evidencia de que China iba a terminar sustituyendo a Estados Unidos como país de punta. Esos dos factores crearon una nueva situación, porque la nueva organización industrial no se puede terminar de imponer hasta que se sepa quien la dirige y por otro lado, el cambio tecnológico no se puede aplicar del todo porque hay que resolver el enorme endeudamiento que nadie puede pagar, un fenómeno que hoy todavía aparece oculto.

Hay además otro problema: la revolución industrial consiste en que la industria mecánica pasa a ser una industria digital, pero esto representa más que el final de un ciclo largo, el final de un sistema, es decir, de qué forma el capitalismo se adapta a esta nueva situación y si se trata de un post capitalismo, evidentemente sus características van a depender del país que lo encabece y por eso el acuerdo China Estados Unidos previo a la crisis de 2008 se va transformando en una guerra comercial y tecnológica que, con el ascenso de Trump a la presidencia de Estados Unidos escala al punto de que Estados Unidos se propone definirla a costa de China, pero también de la Unión Europea y de la periferia, centrando la actividad en su territorio a través del proteccionismo. .

Todavía no es un enfrentamiento militar porque eso ya supondría la destrucción de todos, y Rusia se encargó de demostrarlo mostrando hace poco la explosión de una bomba de prueba que fue la más destructiva vista hasta ahora.

Pero además, no solo cambia la tecnología sino la sociedad…

CA: Si persiste el capitalismo tal como lo conocemos y la digitalización va llegando al conjunto del aparato productivo, como en su momento todo el aparato productivo se mecanizó, la mayor parte de este aparato productivo se automatiza y se mueve con máquinas en forma de robots, por lo que desaparecería una parte muy grande del trabajo y se crean una serie de trabajos cada vez más complejos en conocimientos. Por eso esta sociedad en formación genera no se sabe cómo, un grupo humano cada vez mayor al que no le importa que se mueran los demás, que ya está presente en todas partes, quedó al descubierto con la pandemia y tiene una conexión indiscutible con la ultra derecha.

Pero no son fascistas más que en los métodos. El fascismo postulaba el control del Estado y el nacionalismo. Para estos no hay patria ni Estado, sino el individuo haciendo lo que quiere… y el mercado. Y aquí se van agrupando de una u otra manera Trump, Bolsonaro, Macri, la derecha europea y los Libertarios como Milei, Aquí tienen como principal vocero a medias a Clarín, porque evidentemente no se pueden mostrar tal como son y su principal tarea es, como se ve en la Argentina, crear un partido masivo.

Ahí no termina la cuestión. Hasta no hace mucho, lo que pasaba en los mercados de capitales dependía de lo que pasaba en la producción. Pero ahora, cada vez más, los mercados se rigen exclusivamente por las expectativas. Es obvio, porque en la producción no pasa nada o lo que pasa es siempre lo mismo y a corto plazo, y significa que la transformación tecnológica y su aplicación son posibles. Por eso se forman mercados especiales tecnológicos, como el Nasdaq, diferenciados de los generales y una crisis es general cuando los dos mercados se hunden, como podría suceder parcialmente ahora, después de una larga prevalencia de los mercados tecnológicos.

La apuesta al mercado ya casi no tiene nada que ver con lo que pasa en la realidad, salvo cuando se llega a un punto extremo, como se está llegando ahora, y ese punto extremo se visualiza (porque no hay otro instrumento general) en como la Fed se dispone a asistir con nuevos créditos a lo que está por derrumbarse.

También aparecieron las fake news, que tienen una lógica propia…

CA: Si, el funcionamiento de los mercados por puras expectativas da lugar a apuestas que pueden o no ser ciertas, pero que se imponen porque lo impone el mercado. En la realidad no se puede distinguir entre lo que es cierto y lo que no es, y eso se instala sobre todo en los medios, como forma de condicionar a la sociedad y de hacer valer lo que no es cierto.

En todo esto falta nuestra propia historia…

CA: El ciclo largo de la posguerra está basado en la industria, aunque la larga fase recesiva iniciada en los años setenta haya oscurecido su papel central, que vuelve a primera plana ahora, porque el cambio tecnológico solo puede terminar de concretarse en la industria, precisamente con la Cuarta revolución industrial. La Argentina está en crisis siempre porque el antiperonismo tuvo siempre una política contraria a la industria, a raíz de la vieja clase dominante tradicional ha pretendido sostener la división del trabajo y el apoyo en el agro, y la industria más grande se adaptó a esa situación, a pesar de que en los setenta fue pionera con la electrónica. Esa adaptación que abarcó al conjunto empresario, fortaleció la actividad financiera y la fuga de capitales.

La fase recesiva requiere en los países de la periferia un ajuste, que se ha convertido en un ajuste extremo y persistente en la Argentina porque el antiperonismo le ha agregado siempre una política de limitación de la industria, sobre todo desde que empezó la fase recesiva del ciclo largo, en los años setenta, con la dictadura militar.

El atraso argentino se entiende porque los cortes a las posibilidades industriales terminaron colocando nuestras posibilidades industriales inmediatas detrás de México y Brasil, que a pesar de que empezaron con una industria sustitutiva la terminaron de conformar. Nosotros no, así que nuestro esfuerzo deberá ser mayor y abarcativo. Pero para entenderlo en toda su dimensión hay que encuadrarlo en el horizonte internacional.

Y en el más de medio siglo de presencia del peronismo en el país, sólo en 25 años hubo una política industrialista: los primeros diez años de Perón, hasta 1955, los dos de su continuación en 1973 y 1974 y los doce años de kirchnerismo, retomada ahora pero opacada en sus resultados inmediatos por la pandemia con el gobierno de Alberto Fernández. Por eso el ataque sistemático al kirchnerismo con la intención de dividir al peronismo, porque solo así se posibilitaría la vuelta al ajuste y a la desindustrialización.

La política antiindustrial fue intensificada por el macrismo porque los cambios en el sistema mundial capitalista, con la incorporación de China, le dieron otra perspectiva al agro por el enorme acrecentamiento de la demanda, hacen posible un entramado con presencia industrial que permiten terminar con el eje exclusivo en el agro y aparece una capa empresaria dispuesta a llevarla a cabo.

Por eso el peronismo es la verdadera fuerza renovadora del país, siempre que tenga presente como en la actualidad que su eje está en el desarrollo industrial, que ahora se vincula al desarrollo tecnológico y a la búsqueda de competitividad, en un entramado con el agro supercompetitivo, la agroindustria y con inclusión de la agricultura familiar y la economía social, en estos dos últimos casos para reforzar el mercado interno, porque solo fortaleciéndolo como en los países industrializados o en China se puede aspirar a que el crecimiento del conjunto resulte posible.

Inflación: la respuesta no está en la moneda sino en la economía

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Si hay gran emisión monetaria, hay que observar el respaldo. El respaldo en los países con una moneda nacional que no es una divisa, se apoya en las divisas. En los países con monedas divisa, el apoyo clásico es el oro, pero también, cuando la emisión es muy grande, en deuda, y cada vez más en lo que va del siglo XXI.

La emisión monetaria en gran escala en Estados Unidos se apoyó en una compra masiva de su deuda pública. Con la emisión se pudo mantener la tasa de interés baja, lo que promocionó las inversiones bursátiles, pero no alentó la producción ni el empleo en la misma medida, y esto es muy importante para tener en cuenta en la Argentina, donde la emisión aparece como culpable exclusiva de la inflación y no se tiene en cuenta que la emisión se apoya en última instancia en deuda que no puede afrontarse.

En Estados Unidos, y también en la Argentina, el dinero emitido fue a la bolsa más que a la inversión productiva, pero en Estados Unidos el endeudamiento dejó a los bancos una masa creciente de créditos incobrables, mientras que en la Argentina el sistema bancario privado no enfrentaba esa posibilidad porque no dio créditos a la producción, lo que contribuyó a hacer más profunda la recesión.

En Estados Unidos, la inversión productiva captaba no más del 20% de los flujos financieros posteriores a la crisis de 2008, cuando ya esa crisis había sido por exceso de financiación sin respaldo. Y esa crisis financiera no fue superada en 2020 porque se eludió con la misma medicina incrementada: más crédito sin respaldo. De no haber sido así y si en su lugar habría un ajuste como el que el FMI exige a los países sin monedas divisa que contraen deudas, el derrumbe económico sería mayor y alcanzaría a las bolsas.

Por lo contrario, la baja de la tasa de interés en los países centrales poseedores de monedas divisa llevó a los capitales especulativos a buscar colocaciones con mayor rendimiento en los llamados países en desarrollo, y tiene como contrapartida que el FMI les exija un ajuste para limitar la devaluación de sus monedas no divisas respecto a las monedas divisa.

Ese ajuste profundiza la recesión y la salida rápida de capitales para eludir la devaluación, lo que lleva al sobreendeudamiento del Estado. Hasta tal punto se trata de un problema generalizado que el crecimiento de la deuda no es patrimonio del llamado populismo inclinado al gasto público sino, sobre todo, de los gobiernos más favorables al capital extranjero, como lo probó la experiencia de 2015 a 2019. Y el motivo es obvio: como la devaluación de la moneda se intensifica con la deuda, el ingreso de capital financiero se dirige cada vez más a renovar el endeudamiento acrecentado hasta hacerlo insostenible, que fue la historia última a partir de 2018, de la misma manera que ya había sucedido en la convertibilidad en la crisis de 2001-2002.

La diferencia con Estados Unidos es que la emisión allí tiene lugar en moneda fuerte, que no se puede desvalorizar más que en una menor medida, como le sucedió al dólar frente al euro, que también sostiene a la eurozona y al conjunto de la Unión Europea sobre la base del crédito, sólo que en una menor medida porque la expansión monetaria estadounidense tiene que cubrir un gasto militar mucho mayor.

La esencia de este fenómeno es que la crisis de la deuda de 2008 se superó con más deuda, sobre todo en Estados Unidos, de manera que sus déficit comerciales y fiscales también son estructurales como los de los países en desarrollo, con la diferencia fundamental de que el dólar es la moneda divisa más demandada porque su economía es la más fuerte, aunque se encuentre en declinación.

La emisión y el endeudamiento que contraen el ritmo de la actividad económica y del empleo, alienta en cambio las apuestas sobre las expectativas futuras, que tienen su lugar en los mercados de capitales. Las expectativas son inherentes a los mercados de capitales, porque siempre la compra de activos está en función de lo que puedan rendir, cuando su aplicación se traduzca en ganancias. Tradicionalmente, las expectativas estuvieron más limitadas en el tiempo por el ritmo de la actividad económica. La crisis bursátil de 1929 confluyó inmediatamente hacia la profunda recesión mundial de los años treinta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la crisis fue eludida con crédito, y mientras Estados Unidos pudo ser el mayor emisor de crédito porque el dólar tenía el respaldo suficiente en sus reservas de oro para hacerlo, fue posible el crecimiento sostenido y el aumento generalizado del consumo propios del Estado de Bienestar.

Cuando el dólar llegó al límite, a comienzos de los años setenta, se potenció el crédito para sostener la actividad, pero ésta ya no fue tan potente, las recesiones se hicieron más habituales y el respaldo del crédito expandido se volvió más débil. Apareció la desregulación, el mercado sin Estado, como el del eurodólar fuera de Estados Unidos o los mercados offshore.

Con la caída de la Unión Soviética y el ingreso de China al mercado mundial, el mercado mundial más expandido se apoyó en créditos cada vez menos respaldados, o con respaldo en derivados de otros títulos de crédito cada vez más incierto, y más recientemente en los paquetes de derivados y en una creciente banca en las sombras. La crisis financiera de 2008 fue su resultado.

Pero como no hay otra manera de respaldar la expansión del capital y sus rendimientos que por el resultado de la actividad, y como su ritmo de crecimiento se debilita por la falta de respaldo o de garantías, el crédito sigue creciendo sobre la base de la emisión monetaria y la deuda y la inversión en las bolsas y en los títulos de crédito más que en la actividad productiva, lo que acentúa la fragilidad del conjunto. Y la acrecienta, porque a falta de respaldo en activos con valor propio, se recurre a títulos financieros como respaldo o a activos financieros derivados de otros activos financieros o a paquetes de activos financieros que, cuando aparecen la dudas sobre el porvenir, acrecientan el temor sobre su propio valor.

Una salida más consistente sería afirmar la expansión con un cambio tecnológico que incremente la productividad y permita atender la mayor demanda con un capital materialmente más valioso, y no solo con un valor basado en expectativas que se debilitan frente a las amenazas de crisis. Esa ha sido la contribución de las revoluciones industriales, pero éstas, para afirmarse, necesitan asentarse sobre un terreno seguro.

Cuando no es así, la transformación productiva se posterga y se intensifica la especulativa, porque defender el valor de los activos en el mercado financiero es menos costoso que en la transformación productiva, porque la valoración especulativa es en gran parte irreal, lo que no sucede con el desarrollo tecnológico.

Por eso el presidente Donald Trump está enfrascado en una guerra comercial con China para impedir que este país pueda sustituir a Estados Unidos como rector de la economía mundial. Por eso la primera fila de esa guerra se orienta cada vez más a la tecnología de última generación, como sucede con su ataque a la tecnológica china Huawei y al 5-G, sin descuidar el conjunto, como asegurar su predominio sobre sus socios de la UE o más aún en el ámbito regional, al modificar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte por un tratado comercial que, de hecho, da lugar a una integración al espacio estadounidense de la industria de Canadá y de México.

En Nueva York, los distintos índices accionarios, el S&P500, el Nasdaq y el Dow Jones estaban hasta principios de septiembre en un aumento que parecía imparable. La suba beneficiaba más al Nasdaq porque mide a los papeles tecnológicos. Pero como la economía real no responde a esas alzas, parece haber llegado un nuevo momento de corrección y las bolsas se situaron en baja. En ese caso, la Fed ya se ha mostrado dispuesta a adoptar una política monetaria aún más flexible, es decir con más emisión, más deuda y baja de tasas y la justificó  como única manera de mantener la estabilidad de los precios y en el empleo.

Si ellos recurren al gasto sostenido por la emisión y la deuda y la inflación no los perturba, ¿por qué a la Argentina no le sucede lo mismo?    

Si en los países industrializados y con moneda divisa la inflación puede permanecer dormida mientras se emite y crece la deuda a gran velocidad, a diferencia de la Argentina o de los países en desarrollo, a pesar de que no hacen más que repetir el mismo procedimiento de emitir y endeudarse con resultados tan distintos, es porque la moneda no divisa siempre puede derrumbarse, mientras que las divisas soportan la emisión y el endeudamiento porque se apoyan en una economía sólida que les proporciona capacidad competitiva y eso es lo que hace firmes a esas monedas. Es decir, que la respuesta no está en la moneda sino en la economía.

Por eso la moneda no se compra con deuda ni con un ajuste que reduzca el nivel de actividad, sino con una producción que se vuelva más competitiva y, al hacerlo, proporcionen mejores salarios y un mejor nivel de vida, que es la realidad que ofrecen los países industrializados respecto a los que no lo son.

Por eso la moneda no se hace sólida endeudándose ni tampoco se debilita emitiendo. Su fortaleza proviene de la solidez de la industria y de su capacidad competitiva en las ramas más próximas al despliegue de la frontera tecnológica. Así como la deuda creciente llevó a la continua depreciación monetaria, es razonable que la búsqueda de un camino de combatir la inflación por el lado del crecimiento económico sea lo que termine afirmando el valor de la moneda.