En general, uno no pensaría que las palabras puedan entablar una guerra; pero si podemos pensar en las palabras como elementos, como objetos abstractos, como símbolos con sonido y escritura, casi ‘seres a los que damos vida’ con existencia gráfica y sonora. Como cualquier elemento su funcionamiento estará determinado, no necesariamente por su función específica sino por la que quien las use determine.
Se puede martillar con una pinza y ello no la convertirá en martillo, también se puede martillar con una palabra o con un conjunto de ellas, hay variedad de verbos que sirven a tal efecto.
Hay palabras que nos ubican en el tiempo y en el espacio, administran la subjetividad de las cantidades o nos dicen el como de las cosas, como los maravillosos adverbios. Palabras que nos designan o nos permiten señalar y designar a otros; pero lo que sí es notable es que hay palabras que abren espacios, simbólicamente puertas, y otras que los cierran. Quiero referirme a ellas y al espacio en el que juegan.
El espacio no es otra cosa que la realidad, o lo que cada uno de nosotros considera realidad, por pensamiento propio o impuesto, y consciente o inconscientemente cada vez que nos referimos a ella ejercemos una práctica racional y emocional indivisible que es el análisis.
La llave del análisis, la que libera sus puertas y sus paredes, creo que es el sustantivo, interesante nombre de lo visible y lo invisible, de lo concreto y de lo abstracto, poseedor de una función totalizadora. Cuando digo piedra, digo todas las piedras, del planeta tierra o del universo; mas cuando a ese sustantivo le agrego una calificación de grande o pequeña o cualquier otra, necesariamente achico la piedra en su concepto, la limito, determino una definición y toda de-finición finiquita, decreta el final del análisis.
El lenguaje de la ciencia es sustantivo, registra hechos o conceptos y los relaciona, hace abstracciones o concreciones; pero siempre abre puertas a conocer más, a profundizar en todas direcciones las múltiples posibilidades de la realidad o del pensamiento, inclusive de la sensibilidad.
El análisis sustantivo es siempre una puerta a la aventura, una decisión de caminar un camino que no necesariamente tendrá un destino conocido, sino más bien incierto; es más, la incertidumbre puede ser frecuentemente uno de los grandes motores del análisis. Lo que sí es claro, es que este análisis sustantivo se nutrirá de hechos, y en todo caso de miradas sobre la realidad que tengan una fundamentación que las sostenga, con la aclaración de que son miradas a la espera de hechos que las certifiquen.
Como sostenía Karl Popper, uno de los grandes aportantes a la lógica científica, lo que hoy conocemos como epistemología, con su planteo de falsación: “Toda verdad científica debe ser falsable, la afirmación que no sea falsable no es ciencia, es religión”. Entendemos como falsabilidad la condición de cualquier conclusión del análisis científico, o en este caso de la realidad, que ante la aparición de nuevos elementos sustantivos para ese análisis pueda modificar dicha conclusión.
Entonces, si el sustantivo abre puertas ¿Quién las cierra? Parece ser el adjetivo, el que califica, y cuando lo hace pone un freno al análisis.
No expreso esto para condenar al adjetivo, tiene gran utilidad para establecer categorías, para definir lugares, para opinar sobre si algo nos resulta agradable o desagradable, para transmitir
descripciones a nuestros semejantes. Tiene al menos tres características que veo como sobresalientes: Sus posibilidades aditivas o acumulativas, o sea que se pueden sumar adjetivos. Por ejemplo: bello, esplendoroso, etéreo, etc. También podemos decir: criminal, terrorífico, inhumano, y así seguir calificando por lo positivo o lo negativo. Es obvio que establece límites; después de ser emitido tiene el valor de una sentencia que se pretende indiscutible para quien la pronuncia. Y, en tercer lugar, se presenta como la gran herramienta de expresión de nuestra subjetividad, todo lo que hay guardado en nuestra memoria emocional.
Mientras el sustantivo se refiere a cosas, permitiendo el análisis al observarlas como hechos o como objetos para intentar su comprensión, configurándose entonces como representante del pensamiento objetivo, que por otra parte quizá sea el que nos permita la mayor cantidad de acuerdos entre los seres humanos, (por eso la ciencia tiene una utilización y aceptación generalizada en toda la humanidad que tiene acceso a ella), el adjetivo remite a la subjetividad, que rebosará en significantes culturales y personales que marcarán necesarias diferencias entre nosotros.
No me parece que esta realidad de las palabras deba calificarse como mala o buena, en un intento de ser objetivo pretendo ser descriptivo de las herramientas lingüísticas con las que construimos nuestros discursos. Pero siempre podemos configurar a las palabras como armas y establecer entre ellas la guerra mencionada al inicio de este texto.
Si expongo, por ejemplo, una tesis científica, sea desde las ciencias físico matemáticas o desde las ciencias sociales, con una consiguiente demostración a partir del análisis objetivo (sustantivo); esta podrá ser cuestionada desde otro lugar de análisis para demostrar su certeza o error con los medios presentes de comprobación. Pero si la respuesta a esta exposición es una calificación sin fundamentos, surgida del parecer de alguien o algunos, tal respuesta será una mera exposición emocional de la subjetividad de los que la pronuncian o encubrirá detrás de una expresión subjetiva una intención objetiva de un interés oculto.
Según el diccionario de la RAE, la primera acepción mencionada de la palabra charlatán es: que habla mucho y sin sustancia, esto es sin fundamento. Tengo la certeza de escuchar a diario, comunicadores que hacen exhibición notable de cataratas de adjetivos sin una demostración racional basada en hechos que los justifique. Frecuentemente abundan en referencias a opinadores que tampoco justifican sus dichos, simplemente hacen afirmaciones y adjetivaciones sin demostración. Se me hace inevitable recordar a Platón en su apología de Sócrates, del que dice que dijo a sus jueces: Ustedes que dicen ser sabios no pueden dar razón de sus asertos, en cambio yo, solo sé que nada sé. Justamente el crimen de Sócrates fue el ejercicio de la mayéutica, método al que llamo así por ser su madre partera, mayeuta en griego. Afirmaba que la verdad estaba dentro nuestro y había que sacarla a la superficie, por eso su interminable cadena de ¿por qués? para encontrar el fundamento de cada afirmación. Otra de las acepciones del diccionario de la RAE para la palabra charlatán es: embaucador. Al que le quepa el sayo que se lo ponga, dice un viejo refrán. Yo creo que les calzaría justo a muchos empleados comunicadores de los medios de prensa vinculados al gran capital.
Nuestra mente podría ser comparada con un iceberg, que como sabemos tiene mucho más hielo bajo la superficie del agua en que flota que lo que muestra en superficie. Lo que sobrenada representa nuestro consciente, y por debajo el inconsciente. Esto no es una simple afirmación, sabemos por las neurociencias que filogenéticamente, o sea en el proceso evolutivo, nuestro sistema límbico, la parte del cerebro en que se asientan las emociones y la memoria, son previas a la corteza cerebral, donde se cumplen las funciones racionales; por lo tanto es imposible que cualquier proceso cerebral sea exclusivamente racional, siempre nuestro inconsciente, donde radican nuestras emociones, nuestra subjetividad, estará presente.
Cómo manejar un adecuado equilibrio entre los sustantivos y los adjetivos cuando hablamos de otros o estamos desarrollando un relato. Creo que el tema no pasa por ensalzar al sustantivo y condenar al adjetivo, ambos necesarias herramientas del lenguaje que se muestran imprescindibles para la comunicación humana. Además, queda claro que somos seres pensantes pero también emocionales, por lo tanto es natural a nosotros expresar nuestra subjetividad y nuestro raciocinio. La garantía de ecuanimidad, de equilibrio en el discurso, estará dada por un sustantivo abstracto: honestidad; que por supuesto puede ser adjetivado calificándonos de honestos… o no.
En la antigua Grecia surgió una palabra que todavía sobrevive aunque ha modificado sus significados, la palabra es: “idiota”. Así se denominaba a los ciudadanos que se negaban a participar en política. Siendo los griegos muy afectos a la participación en su democracia, dedicaban horas a analizar el devenir de los acontecimientos que consideraban de interés público y su mejor resolución. ¿Estaremos nosotros inmersos en una sociedad de idiotas que se niegan a pensar y solo repiten los adjetivos sin sustento que les dicen los charlatanes?
La guerra de las palabras, sensatez y sentimientos
La perversión del lenguaje. La meritocracia y otras palabras
Hemos hablado en notas anteriores sobre los cinco problemas que debe enfrentar la humanidad, problemas tan trascendentes que motivado por ellos el humano podría matar o morir. Ellos son: comer, que representa la economía; no ser comidos por un predador, que representa la seguridad; la pulsión sexual, que sintetiza el impulso vital, no solo por la reproducción sino porque es posiblemente la gran energía que nos motoriza, el eros, la pulsión de vida; la pertenencia, esto que como seres débiles, nos hace necesariamente gregarios y nos enseña el afecto que se genera en principio a nuestra familia pero que se desarrolla hacia la comunidad que integramos; y finalmente el poder, ese que cuando es confundido como la tenencia de cosas, el tener, y no como la potencia, o sea el poder de hacer cosas; hace que algunos maten para tener lo que otros tienen o que otros maten para conservar lo logrado, sean estas posesiones producto del trabajo o de la enajenación.
En nuestro derrotero como especie hemos construido comunidades con formas organizativas variadas que han mutado con los cambios en los modos de producción. En esta etapa de la historia estamos sufriendo un violento cambio de paradigmas que afectan seriamente a la comunidad humanas y su sentido de pertenencia.
Es claro que la pertenencia ha estado desde siempre representada por conductas con alto contenido simbólico que han establecido la comunicación a partir de la interacción; desde la gestualidad, la manera de vestir, de comer, de intercambiar risas o manifestar enojo, hasta símbolos más complejos como banderas y estandartes y, por supuesto, por la construcción simbólica por antonomasia, el lenguaje.
El lenguaje se constituye en el relato de las diferentes culturas en la medida en que describe y delimita. Recuerdo el aserto de Nietzche que me parece particularmente útil referido al lenguaje: “la realidad es el discurso del poder”. El lenguaje como herramienta no solo de la cultura, sino fundamentalmente, de quienes detentan el poder; significa la realidad, le pone nombre a las cosas, las designa, determina como deben ser las relaciones entre los humanos y entre los humanos y su entorno, las cosas, estableciendo valoraciones, permisos y censuras.
Así, de acuerdo a los intereses de los que dominan la economía (hacemos aquí una referencia al primer problema mencionado más arriba, comer), en un total ejercicio de su dominio y de una manera tal vez imperceptible para la comunidad, les han ido cambiando el nombre a muchas cosas.
Cuando comencé a ejercer la medicina hace alrededor de cuarenta años, tenía pacientes, unos pocos años después me enteré que habían dejado de ser pacientes, ahora eran clientes.
Quizá por casual coincidencia era la época en que se enseñoreaba en los medios de comunicación el ensalzamiento de los Chicago boys y del consenso de Washington, según el cual, la riqueza de los ricos derramaría algo de esa riqueza sobre los más pobres.
Luego los avances tecnológicos ligados a la cibernética y la informática fueron cambiando nuestra manera de hablar y nuestros hábitos de vida cotidiana. Y de la misma forma que los frutos de un árbol serán alcanzados con más facilidad por los sujetos de mayor estatura, parece ser que los de mayor estatura económica, los dueños del capital y de los mercados han sido los grandes beneficiarios de estos avances tecnólogicos.
También con los cambios tecnológicos me fui enterando de que para una gran cantidad de cosas me había convertido en un usuario, en muchas de ellas antes me habría identificado como un ciudadano. Esto implicaba tal vez, que quien no podía llegar a ser un usuario ¿sería todavía un ciudadano? ¿estaría incluido o excluido de tal condición?
También comenzamos a escuchar con insistencia la palabra mérito, con su derivación, meritocracia.
Me enteré entonces que ya no tenía colegas, sino competidores. La traslación de esto a personas de otras profesiones o actividades, sería posiblemente, reemplazar en el inconsciente colectivo, la palabra semejantes por competidores; una clara ley de la selva donde sobrevivirá el más fuerte.
Otra palabra frecuente que incorporó al acervo cotidiano fue, ‘emprendedores’, gente muy esforzada que en algunos casos lograba resultados importantes. La prensa no publicó nunca que pasó con los muchos que lo intentaron y que no lograron su objetivo. No pude quitarme la sensación de que la solidaridad estaba siendo reemplazada por la feroz competencia, un camino descarnado hacia el individualismo.
La prédica de lo que llamamos neoliberalismo, a partir del consenso de Washington y de los discípulos de Milton Fridman, es tan abarcativa y omnipresente, martilla tanto la conciencia de los ciudadanos desde los medios de comunicación a través de un ejército de empleados comunicadores y desde las redes sociales, que se asemeja a una religión en la no hay creyentes sino consumidores. Tal vez sea la nueva religión y el capitalismo haya ascendido a la categoría de dios, el dios mercado. En ese caso, la solidaridad se habrá convertido en una práctica demoníaca para los arcángeles del mercado.
Es llamativo que la real academia, que protestó airadamente por el lenguaje inclusivo y otras modificaciones culturales propias de las lenguas vivas, no se haya quejado por reemplazar ciudadanos por usuarios, pacientes por clientes, creyentes por consumidores o Dios por el dios mercado. Tal vez sea porque estos cambios, aunque en muchos aspectos se muestran concretos, tienen la discreción de no ser explícitos.
Vivimos en una sociedad meritocrática en la que el precio de ser se paga con el tener, no es que simplemente podemos ser felices por ser y ser uno con nuestro entorno, con el aire, con el sol, con la brisa, con la lluvia, con el verde de los bosques y el canto de los pájaros. Tenemos que tener. Y tener no es solo tener dinero, es tener un título, tener una consideración de la comunidad por nuestras propiedades y no por nuestra condición de miembros de ella. O sea que esta sociedad meritocrática es totalmente expulsiva, en lugar de incluirnos como un miembro más de la comunidad, tenemos que pagar peaje, si no pagamos ese peaje, no podemos pertenecer, estamos condenados a la soledad y a la exclusión.
¿Cuántas personas hay en nuestra sociedad que se sienten excluidas por no tener? Y en esto hablamos de la pobreza económica en principio, de aquel que no tiene para comer; pero también debemos hablar de la pobreza académica, de la pobreza intelectual, de la pobreza espiritual, de todos los que cuando miran a otro y sienten que miran hacia arriba, para tranquilizarse buscan a quienes los miran hacia arriba a ellos.
A esto tenemos que darle respuesta y no podemos simplemente dar una respuesta terapéutica cuando llegan personas con síndromes depresivos o con ataques de pánico. Tenemos una población cada vez más medicalizada, la respuesta debe necesariamente ser una respuesta social, que plantee como objetivo la recuperación de la empatía.
Sería simple establecer una oposición entre el concepto de comunidad y el de individuo, o de individualismo en su vocación de ser; pero posiblemente la oposición sea más profunda.
La palabra persona tiene un largo camino lingüístico; como tal, deriva del latín, pero a su vez esta deriva del etrusco, phersu, y esta del griego: prosopon. Lo importante es que en todos los casos se refiere a la máscara del teatro que se colocaba el actor para construir el personaje; y el personaje solo tiene sentido y posibilidad de existir si hay un público que lo contemple, con el cual interactuar, su comunidad. Todos y cada uno de nosotros somos personajes que interactuamos con nuestra comunidad; el concepto de persona tiene una profunda oposición al concepto de individuo y la esencia de la diferencia está en la interacción que nos hace pertenecer.
Los excluidos del capitalismo, los no usuarios, son muertos civiles, desaparecidos virtuales, ya que el sistema no los ve.
Consumir, también implica agotar algo, como el fuego a la leña.
La perversión del lenguaje naturaliza nuevos significantes que reemplazan a otros previos que algunos pretenden descartar.
Desdolarización
El Banco Industrial y Comercial de China (ICBC) puso en marcha en nuestro país este mes un sistema de clearing bancario para operaciones de corresponsalía en la moneda asiática a instituciones financieras locales, que permite que las exportaciones e importaciones se concreten directamente pasando de pesos a yuanes y viceversa. Hasta ahora, del swap (pases) chino, que era equivalente a 18.000 millones de dólares, se permitían usar 473 millones de dólares cada 90 días. Tras el nuevo acuerdo firmado el pasado 15 de noviembre, el swap pasa a incrementarse el equivalente a otros 5.000 millones de dólares, que es a la vez (la suma en yuanes equivalente a 5.000 millones de dólares) el cupo para operaciones comerciales hasta julio de 2023 y que es renovable (incrementa la operatoria a 625 millones de dólares mensuales).
Desde hace años y en forma creciente, el comercio internacional registrado con China es deficitario. En los nueves primeros meses de este año se realizaron exportaciones por 5.212 millones de dólares y se importó por 13.353 millones de esa moneda, por lo que resultó un déficit comercial de 8.141 millones de dólares. China es nuestro segundo cliente (después de Brasil), pero es el primero que nos vende (con más del 20% de las compras totales que realiza la Argentina).
La Argentina le compra a China máquinas y equipos, motocicletas y ciclomotores, telefonía (incluidos celulares), computadoras y partes de computadoras, televisores y partes de televisores, etc. Y le vende básicamente forrajes (soja y maíz en grano) y en forma mucho menor, aceite de soja, biocombustibles, tabaco, cueros y otros productos primarios (hierro, litio, etc.). Obviamente nos venden mayor valor agregado (trabajo incorporado) que los bienes que compra de la Argentina. Esto sucede en la mayor parte de nuestro comercio internacional, pero con China es exacerbado.
Sin embargo, que se expanda la forma de pago en yuanes y pesos no es un tema menor, dado que como sucede con todas las operaciones de comercio internacional de nuestro país, debemos comprar dólares para adquirir bienes y servicios [1]. Y al revés, si por ejemplo Chile, Bolivia u otra nación quieren comprar productos argentinos, antes deben comprar dólares para hacerlo.
En gran parte del comercio internacional se va sustituyendo el dólar por acuerdos como los firmados entre India y China, China y Japón y China y Rusia, donde se opera en forma creciente con las monedas de cada país.
Es obvio que esto va en contra de Estados Unidos, que se beneficia con la fuerte demanda mundial de su moneda. Así financia su déficit fiscal, que en 2021 fue del 16,7% de su PIB, en forma mayoritaria con emisión monetaria. En cambio, a nosotros el FMI nos limita severamente el déficit fiscal para que sea del 1% del PIB este 2022 y del 0,6% del PIB en 2023 [2]. ¿Por qué? Porque dice que es inflacionario.
El caso argentino
Es imprescindible que la Argentina propicie acuerdos con otros socios comerciales en sus respectivas monedas. A su vez, indirectamente, esto le confiere al peso un mayor valor por su utilización (y mayor demanda de pesos).
El problema en la Argentina es la inflación, porque la paridad real o imaginaria, acicateada por los grandes operadores económicos que “dolarizan” permanentemente sus precios y ganancias, desvaloriza el rol de nuestro dinero. Esa desvalorización es mayor en momentos de crisis y esas crisis se desencadenan con la pérdida de reservas internacionales del BCRA.
La hiperinflación de 1989-1990 se genera cuando José Luis Machinea, entonces presidente del Banco Central de la República argentina (BCRA), dijo el 6 de febrero de 1989 que la autoridad monetaria no tenía más reservas de libre disponibilidad. Ese día el precio oficial del dólar era de 17,82 australes. Cuando, en forma anticipada, Carlos Menem asumió el gobierno el 8 de julio de ese año, se fijó en 650 australes. La corrida cambiaria se frenó el 1° de abril de 1991 con la convertibilidad de 10.000 australes por un dólar. En ese proceso se produjeron las privatizaciones, que implicaron suficientes ingresos de divisas al país para estabilizar la situación, pero a costa de malvender YPF, Agua y Energía, SEGBA, Hidronor, Gas del Estado, Ferrocarriles Argentinos, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, etc.
No estamos exentos de repetir el mismo mecanismo y entrar en un proceso hiperinflacionario, azuzado por las distintas paridades cambiarias y quienes las propician. Durante la gestión de Alberto Fernández ha habido un superávit comercial acumulado de 31.000 millones de dólares, sin embargo, las reservas internacionales disminuyeron en 7.183 millones de dólares (de 45.190 millones de dólares en diciembre 2019 a 38.007 millones de dólares el 14 de noviembre 2022). La causa se explica en gran parte por la utilización de las reservas del BCRA para pagar deuda externa privada.
Esta situación no depende de la voluntad del gobierno nacional, depende de:
- Deuda externa: 384.804 millones de dólares a octubre de 2022;
- Deuda del Tesoro en pesos, la mayor parte en Bonos Dual (que se ajustan por inflación o por devaluación a preferencia del tenedor del título): el equivalente a unos 26.000 millones de dólares (6,25% del PIB);
- Déficit cuasi fiscal (encajes remunerados) o del BCRA, por $8,9 billones (al tipo de cambio oficial, equivalente a unos 52.000 millones de dólares);
- Déficit fiscal, según la ley de Presupuesto para 2023 de 2,3% del PIB (unos 9.500 millones de dólares).
En forma coordinada, se debe tomar un conjunto de medidas que eviten ese proceso. Las principales son:
- Investigar la deuda externa pública que se está pagando, acrecentada sideralmente en la gestión de Cambiemos, y sancionar por evasión fiscal a los que compraron divisas sin haberla contabilizado en sus balances y/o en sus declaraciones juradas ante la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) [3].
- Declarar la emergencia cambiaria en base al decreto 2581/64 de la presidencia de Arturo Umberto Illia, repuesto por Eduardo Duhalde y continuado por Néstor Kirchner. Declarar sujeto a embargo a todo activo, tanto en territorio nacional como extranjero, que no haya sido declarado y pagado el impuesto respectivo.
- Fijar y controlar el cumplimiento de cupos de exportación de alimentos y segmentar las retenciones a las exportaciones agropecuarias en base a la capacidad y extensión de las superficies productivas.
- Que gran parte del pasivo financiero del BCRA (Pases Pasivos, Leliqs, Notaliqs) sean transformados en encajes o efectivos mínimos no remunerados y se destinen a financiar la producción y el trabajo.
- Recuperar el río Paraná, mal llamado Hidrovía, cesando las concesiones y que la verificación de las exportaciones y las importaciones las haga el Estado Nacional.
Finalmente, para independizarnos del dólar, debemos instrumentar una moneda de uso interno no convertible, como apoyo al sistema productivo y para dar ocupación a los trabajadores. Es una propuesta para evitar a toda costa la devaluación, que con el pretexto de mejorar nuestras exportaciones, beneficia a unos pocos y perjudica al conjunto de la sociedad.
Se trata de un billete de banco que, a diferencia de los “bonos” nacionales o provinciales, tendría curso legal de aceptación obligatoria, tanto para el sector público como para el sector privado. Con ella no se podrían comprar ni pesos ni divisas u otros valores convertibles (joyas, oro, etc.), ni títulos públicos, acciones, cheques o cualquier otro instrumento bancario sujeto a interés. Sólo se podría comprar y vender en el mercado interno y pagar los impuestos.
A medida que el Estado fuera recibiéndolos, rescataría esos billetes, reemplazándolos por pesos. El remanente sería rescatado al cabo de cinco años. En ese lapso, la moneda no convertible jugaría su rol de nexo entre los agentes económicos, poniendo en funcionamiento el circuito productivo de producción, distribución (pago a los factores de producción: trabajo, capital y recursos naturales), comercio y consumo.
Una vez iniciado el círculo virtuoso de trabajo y consumo, se irían reemplazando los planes sociales y otros subsidios a los que se achaca el permanente déficit fiscal del Estado y el oprobioso Riesgo País. Los únicos que no se verían beneficiados por estas medidas serían los bancos y demás tenedores de la deuda y su cohorte de voceros profesionales, que medran con las eternas refinanciaciones.
La tarea es de una gran magnitud, no libre de riesgos y de conflictos, pero si no se toman medidas disruptivas, los acontecimientos y la relación de fuerza harán que tarde o temprano se desemboque en un efecto hiperinflacionario. Quienes lo capitalizarán serán los grandes beneficiados del modelo impuesto a sangre y fuego en 1976, que ahora cuentan con más de diez millones de votos. Sólo con un plan, decisiones claras y participación del pueblo se puede reedificar una nueva y gloriosa Nación, como dijera Néstor Carlos Kirchner en su discurso del 25 de mayo de 2003, al asumir la Presidencia de la República.
[1] Menos con Brasil. En un porcentaje que no supera el 6%, la relación comercial con el vecino país se hace en nuestras respectivas monedas, pero Brasil es superavitario y tiene más empresas en la Argentina que al revés, por ende, paga con el superávit comercial en pesos sus impuestos y a sus trabajadores en nuestro país.
[2] Los residentes argentinos y los que no son residentes norteamericanos financian gran parte del déficit de Estados Unidos con sus “ahorros” en dólares.
[3] Proyecto del senador Oscar Parrilli, que cuenta con sanción en la Cámara Alta y con dictamen de mayoría (básicamente del Frente de Todos) y de minoría (básicamente de Juntos por el Cambio) en las comisiones de Legislación General y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación.
Informe económico mensual
Para este documento hemos seleccionado unos pocos indicadores que consideramos pesados o estructurales con algunos años de recorridos, desde el 2008 a la fecha, o sea 14 años. No es poco pero tampoco alcanza para una historia. El registro es que pasaron varios gobiernos, varias políticas económicas, naufragios internacionales y los propios y numerosos desaguisados.
Recorremos los indicadores, razones e índices de estos años que dejan señales muy fuertes, lo que decimos, y es hasta donde podemos llegar, dista de explicaciones complejas y fundamentos del estancamiento y decadencia de nuestro país.
Consideramos en este documento 3 aspectos relevantes y además articulados entre ellos.
Apertura: Por un lado la apertura de la economía, considerando tres alternativas que pueden utilizarse cada una por su lado. Así contamos con la apertura en pesos corrientes, en pesos constantes y en dólares, contando con la información de las Cuentas Nacionales elaboradas por el Indec.
Per cápita: El más conocido es el asociado a los dólares (PBI dólares / Población), pero agregamos otros que también se pueden equiparar a grados de productividad de economía.
Inflación y otros nominales como el Tipo de Cambio Oficial y el dólar CCL. Ahora estrenando congelamiento.
El problema de la Apertura, lo tiene sin dormir a Inodoro y al Mendieta, buscan y buscan la solución para aumentar las exportaciones. Es así como en un encuentro casual en el medio de la pampa chata se produce el siguiente dialogo cargado de nuevas ideas.
Visitante con aspecto de empresario le comenta a Inodoro y a Mendieta: “Ahura la cosa es aumentar las exportaciones, Pereyra ¿Qué exportaría usted?
Inodoro: “Carne”.
Visitante. “Carne ya se exporta”.
Inodoro: “Si. ¡Pero congelada! ¿Quién va a comer esa carne? ¡Fría y dura como garrote! ¿Ansina quieren aumentar las exportaciones? ¡Hay que mandar a Uropa asáu con cuero calientito!”.
Prosigue con voz firme Inodoro contando con el claro consentimiento de Mendieta: “Ansina como hay barcos frigoríficos hay que hacer barcos-parriya”. “Las brasas en la bodega. En lugar de la cubierta, la parrilla”.
Seguramente esta idea generó conferencias, congresos, reuniones urgentes en las Naciones Unidas, fue punta de lanza en la creación de la OMC y la UNCTAD creo un Departamento de Investigación especial.
A propósito del proyecto de ley de cooperadoras escolares del oficialismo en la Ciudad
Los principios reales de las cooperadoras escolares son la solidaridad y la mejora de la educación y las escuelas públicas. En todo este tiempo de pandemia y postpandemia la comunidad educativa organizada a través de las cooperadoras escolares ha colaborado con actividades y asistencia a las familias más vulneradas de la Ciudad.
En la actualidad colaboran en asistencia para viajes de estudios y donan su tiempo/ recursos económicos para mejorar las condiciones edilicias y también para organizar las diversas actividades escolares para que todos los alumnos puedan acceder a las mismas. Sabemos que hay una gran desigualdad entre los alumnos de la ciudad, a nuestra escuela concurren menores que habitan Recoleta y también de barrios vulnerados (como el barrio 31). Recordemos que nuestra educación pública, ha sido una gran igualadora y generadora de oportunidades para todos los argentinos, nuestra escuela el Normal 1, ha sido creada por Sarmiento y hemos tenido grandes pedagogas en nuestras aulas, como Rosario Vera Peñaloza
El movimiento cooperador entiende que lo mejor sería adherir a la ley nacional. La ley del oficialismo de la ciudad plantea limites en los mandatos de los cooperadores y también algo que entendemos es una persecución ideológica inconstitucional al prohibir que los cooperadores estén afiliados a partidos políticos o sindicatos. Las familias realizan estas actividades de manera solidaria y no son empleados de la administración pública del gobierno de la Ciudad, no se les paga a los cooperadores por esto, son elegidos por las familias en asamblea para colaborar de manera gratuita en la organización de la comunidad educativa pública.
En conclusión, instamos a los legisladores de la Ciudad mayoritariamente del oficialismo porteño a que revean el proyecto de ley y también la factibilidad de adherir a la ley nacional.
Betina Silveiro: Abogada. Docente Universitaria. Desde 2016 ejerció diversas funciones electivas en la Escuela Normal 1 de Recoleta y es referente de las cooperadoras escolares por la Comuna 2
Julieta. M. Pignanelli. Abogada. Docente Universitaria, vecina de la Comuna 2 y participante de la comunidad educativa del Normal 1.
La otra pandemia: la soledad
Muy probablemente a pocas personas se les ocurriría describir la soledad como un lugar; sin embargo, como muchos lugares metafóricos que nuestra cultura ha utilizado, independientemente de que algunos hayan creído literalmente en ellos, por ejemplo infierno o paraíso, también la soledad puede ser un lugar. ¿Y por qué elegir como figura lingüística este sustantivo abstracto que necesita de otro para parecer concreto? Posiblemente porque a un lugar se llega y llegar implica venir de alguna parte, o a veces de una circunstancia contextual. A la soledad se llega en general desde dos lugares; la culpa o el abandono.
En principio en toda comunidad los vínculos interpersonales construirán un sentimiento fundamental para la integración afectiva, la pertenencia. Pertenencia implica afecto, empatía, comunicación y dignidad; ya que la dignidad no es otra cosa que el derecho a pertenecer. Ser parte de… nos brinda una retaguardia, nos permite dormir tranquilos, nos permite pensar proyectos personales porque básicamente somos parte de un proyecto social del que muchas veces no tenemos conciencia, y ningún proyecto es posible sin un otro, sin otros. Todo proyecto implica la existencia de comunidad, de pertenencia, de integración; sean estos proyectos a favor o en contra de la comunidad a la que pertenecemos o a la comunidad a la que estén dirigidos.
Toda comunidad establece códigos tácitos y otros explícitos cuyo respeto legitima la pertenencia a ella. Cuando uno de los miembros de la comunidad viola esos códigos de pertenencia, automáticamente, desde lo simbólico, deja de pertenecer a ella, si esa violación genera dolor emocional en quien violó esos códigos, ese dolor, ese sufrimiento, constituirá lo que llamamos culpa y el sujeto en cuestión habrá llegado a ese lugar que podemos llamar soledad.
Posiblemente el relato histórico y místico más patético de la culpa como ingreso a la soledad y posteriormente a la depresión, sea el relato bíblico sobre el destino de Judas Iscariote, que luego de su traición solo pudo recurrir al suicidio para salir de esa soledad autoinfringida.
Pero hay una posibilidad de llegar a la soledad a partir de otra situación. Cuando sentimos que nuestra comunidad no nos acompaña, a pesar de tener la seguridad subjetiva de no haber roto ningún código, se configura entonces un punto de partida terrible y demasiado generalizado por el que llegar a la soledad, el abandono. Padre ¿por qué me has abandonado? Dice en el evangelio que fueron palabras del Jesús crucificado. También podría leerse como: hermanos ¿por qué me han abandonado?
Históricamente las sociedades, a partir de las decisiones de sus clases dominantes, han abandonado a sus integrantes más débiles; pobres, huérfanos, ancianos, enfermos y locos. No casualmente escribí la palabra locos. Posiblemente la soledad sea en muchos casos la antesala de la locura, esa suerte de individualismo obligatorio. Ya que no es igual el individualismo meritocrático, competitivo y ávido de las sociedades en las que las élites dominantes decretan la desigualdad, que el individualismo de aquellos a quienes nadie escucha ni atiende y se los condena socialmente al soliloquio sonoro o silencioso.
El trauma también es causal de soledad. La experiencia traumática puede generar sensación de abandono, de quedar solo y desprotegido ante una circunstancia adversa, o hacer que la persona se sienta forzada a realizar algo en contra de sus más profundas convicciones con el consiguiente sentimiento de culpa posterior. Luego, será difícil compartir con otros la experiencia vivida, la sensación de volver a vivir el dolor con el relato puede llevar al silencio, sea por el sufrimiento que supone actualizar un recuerdo doloroso como por la sensación de que quien no ha vivido lo mismo no podrá comprenderlo. Así también la sensación de vergüenza a partir de la convicción íntima de haber violado un código de pertenencia dificultará la comunicación y nos llevará a la soledad. Un caso paradigmático es la culpa del sobreviviente.
Como seres sociales que somos, todos buscamos de manera permanente la certificación de nuestra pertenencia a la comunidad de la que nos sentimos parte o a la que queremos pertenecer; en consecuencia, protagonizamos conductas que nos muestran ante esa comunidad, exhibimos en ellas nuestra necesidad de ser, que no es otra cosa que nuestra necesidad de pertenecer, como el actor que ensaya y ensaya, y se esfuerza para luego de la puesta en escena recibir los aplausos. Ser un actor sin público se parece demasiado al abandono; y eso es lo que pasa frecuentemente con los ancianos.
En los ancianos la falta de deseo, su declinación; deja solo espacio para los recuerdos. Nos planteamos entonces: ¿debe ser necesariamente la deslibidinización su destino inexorable? Una deslibidinización de la que en general ni siquiera la persona que la experimenta es consciente.
Decíamos que una característica de la vejez es que la mente está más ocupada por recuerdos que por proyectos. Obviamente esto es lógico, conjuntamente con la disminución de las capacidades funcionales de la juventud, natura nos auxilia disminuyendo el deseo, de lo contrario estaríamos agobiados por la sensación de impotencia permanente. Pero ¿solo es necesario el deseo para imaginar proyectos? No se puede nadar en una pileta vacía, tampoco se puede tener proyectos si estamos solos, si no tenemos con quien hablar, si no hay nadie que nos escuche, nadie a quien hablarle de nuestras sueños e ilusiones. Para tener proyectos no basta con el deseo o las ideas, también debe haber un marco comunitario que los permita, si la pertenencia a la comunidad esta subjetiva u objetivamente desaparecida por el abandono, no hay proyecto posible.
¿Debemos ceñirnos entonces a las posibilidades o podemos intentar ampliar esas posibilidades? Siempre las preguntas a responder son múltiples, podemos responder quizá el ‘qué’ y el ‘cuándo’, tal vez el ‘dónde’; pero lo operativo, la acción se iniciara con el ‘cómo’. Paradójicamente puede faltar el ‘para qué’, por no tenerlo claro o por no conocerlo con precisión; no siempre los impulsos responden a un para qué definido aunque el para qué siempre subyace. Muchas veces el para qué, está escondido en el lícito deseo de caminar, del ejercicio de la vida, de ver también la vida como una aventura, ad-ventus (del latín: viento que viene de afuera), que no es otra cosa el contacto con el mundo externo a nuestra interioridad. Y tal vez la aventura, la maravillosa aventura de vivir, sea inicialmente una búsqueda sin objeto que va cobrando sentido con su devenir, en el contacto con los otros.
Hablábamos más arriba del recuerdo. Recordemos que la palabra recordar, del latín recordari, re: de nuevo, y cordis: corazón; significa volver a pasar por el corazón. Lo que para un joven o una persona de mediana edad puede ser un simple ejercicio mnemónico, para una persona mayor puede ser una fuente de placer y satisfacción que no solo lo retrotrae al pasado sino que lo revincula con sus afectos.
Es importante considerar que la vida no es solo acción sino también relato, baste reconocernos como seres lingüísticos, no habría literatura sin relatos y la literatura no es otra que el relato ficcional o real de los recuerdos y las ideas.
Para dar una respuesta a las personas ancianas, así como con las jóvenes debemos explorar sus deseos y talentos, el capital de trabajo con ellas serán sus recuerdos. La persona mayor necesita en principio ser vista, ser mirada por otros, somos conscientes de nuestra existencia no solo porque sentimos sino por la mirada del otro que nos confirma, esa mirada actúa como un mecanismo integrador a la comunidad. Quizá no sea el concepto individual de Descartes:”pienso, luego existo”; sino: Pertenezco, luego existo. El otro aspecto es el relato y no hay relato sin oyente. Hay que propender a la reunión de personas que hablen y se escuchen, particularmente útil en coetáneos, pero también es importante para las personas mayores comunicar sus recuerdos a las personas jóvenes. Esto que parece una verdad de perogrullo, lamentablemente se verifica de manera escasa en la realidad cotidiana.
Las personas mayores viven la soledad como abandono, o mejor dicho llegan a la soledad como consecuencia del sentimiento de abandono.
¿ Porqué el título de esta nota habla de la soledad como pandemia?
El abandono puede ocurrir no solo en el caso de los ancianos, también es un acto de que esté tomando un café con alguien y deje de prestarle atención para concentrarme en mi celular; sobre todo porque un mensaje no implica una urgencia externa, en todo caso la única urgencia será la mía por volver al embrujo narcisista de su pantalla, me importará más el like del celular que la sonrisa de mi interlocutor, cambio mi espontaneidad real por la espontaneidad disfrazada del mensaje de whatssap. Sabemos que la vida de todo ser humano es la historia de su búsqueda constante de aceptación por parte de la comunidad donde se desenvuelve, pero … ¿nos alcanzará con una aceptación virtual de likes y seguidores? ¿Será nuestro destino abandonar las relaciones de piel a piel, de estrechar manos y abrazar, de compartir risas frente a un humano (hermano), y no frente a una pantalla?
Nuestros vínculos están mediatizados por un adminículo tecnológico, sea ahora mayoritariamente el teléfono celular inteligente o una computadora.
Marshall Mc Luhan, filósofo y sociólogo de la comunicación a quien debemos la frase “el medio es el mensaje”, referido a que los medios de comunicación actúan como creadores de opinión pública prescindiendo de la experiencia vivencial de quienes los ven o escuchan, también decía que la ropa fungía como prótesis de la piel.
¿Serán las redes sociales, las pantallas, las prótesis que reemplacen a los afectos piel a piel? Ojalá que no, ya que corremos el riesgo de un abandono colectivo que nos condene a la irremisible soledad.
¿Qué justicia?
Supuestamente en las estructuras tribales primitivas los conflictos surgidos entre los integrantes de las distintas comunidades sedentarias eran dirimidos por consejos de ancianos, así eran considerados los mayores, o sea los que mayor experiencia y conocimiento tenían del acervo cultural desarrollado por el grupo.
A partir del empoderamiento de sectores de élite sobre el resto de la comunidad, garantizando estas élites su poder a través de una mayor capacidad de ejercer la violencia, antecedente del poder militar, y también el ejercicio del poder sobrenatural; ya que casualmente el poder militar, el poder político y el poder divino, o de sus representantes, las religiones, siempre pertenecieron a las mismas élites.
Comentario aparte: el poder político surge como resultante de la mayor capacidad de agresión, organización y pensamiento mágico, esto probablemente constituía los liderazgos primitivos en comunidades cuya economía estaba basada en la caza y la recolección.
Considero que hay política cuando existen como mínimo dos sujetos que conviven y deben decidir como administrarse, Zizek dice que si hay armonía no hay política y solo surge la política a partir del conflicto. Aunque no coincido con su criterio este me parece interesante, por lo demás es indudable que si hay conflicto, el conflicto es por el poder y esto es esencialmente político.
A medida que las comunidades crecieron en número también crecieron en complejidad organizativa y administrativa, siempre regidas por supuesto, por las élites dueñas del poder.
Así surgieron las ciudades estado, esto implicó la descentralización de algunas funciones para el ejercicio del poder, entre ellas la justicia que en algún momento pasó de los reyes a una estructura que los representara, siempre teniendo como premisa inicial la defensa de la propiedad de los poderosos y su autoridad.
Con el crecimiento y el desarrollo de las ciudades estado aparecieron las estamentaciones sociales. Alrededor del poder hubo un estamento privilegiado por este que tenía entre otros el beneficio de la propiedad y la posibilidad de producir en base a mano de obra esclava lograda fundamentalmente a partir de enemigos derrotados y esclavizados. Cabe comentar que los enemigos eran en general otros grupos humanos con los que se disputaba la posesión de algún bien; recursos naturales, alimentos, u otro tipo de riquezas. Siempre la codicia ha sido el motor de las guerras entre los poderosos.
En estas ciudades estado había fundamentalmente dos clases sociales, los ciudadanos, que a su vez representaban la fuerza militar, y los esclavos, que obviamente eran los que producían los alimentos y otros elementos. Con respecto a sus derechos y posibilidades, vale la pena un comentario sobre los espartanos, que si bien eran de los más duros en el trato de los esclavos no eran los únicos. Al inicio del año, los éforos, que eran los jueces espartanos, declaraban la guerra a los ilotas, nombre genérico que se daba a los esclavos. Esto implicaba que cualquier espartano podía matar a un ilota sin que esto constituyera un crimen, es más, los adolescentes, como ritual del paso a la adultez debían salir de noche y sin ser vistos ni descubiertos, matar esclavos, esto se consideraba meritorio.
De la antigua Babilonia, del reinado de Hammurabi, nos ha quedado un código de justicia, aparentemente el más antiguo encontrado, data del 1780 a.C. aproximadamente; aunque no es el más antiguo en sí mismo ya que se supone que se inspiró en códigos anteriores.
Este código parece haber surgido como una consecuencia del enfrentamiento interno entre sectores del poder. Supuestamente hasta la promulgación del código los jueces eran los sacerdotes, intérpretes de la leyes divinas, delegados de los dioses. A través del código el rey reivindicó su relación con la divinidad, ya que los dioses le habrían inspirado su redacción, el dios Marduk, y habría recuperado poder poniendo un límite a las sentencias arbitrarias de los sacerdotes; aunque lo arbitrario de esas sentencias no fuera los más importante sino la ganancia de espacios de poder.
El código de Hammurabi nos dejó entre otras cosas la ley del Talión y, fundamentalmente, el principio de inocencia, a partir de él la culpabilidad debía probarse. Demás esta decir que este código era para los ciudadanos, llamados hombres libres, y no para los esclavos, para ellos no había legislación que los amparara.
La palabra Justicia nos viene del código de Justiniano, emperador romano de Bizancio. El llamado Corpus Juris Civillis, redactado entre los años 529 y 534.
En los numerosos códigos de justicia elaborados por las diversas culturas, tanto de oriente como de occidente, ha sido siempre prioridad la protección del derecho de propiedad de los poderosos y en segundo lugar se ha legislado sobre las relaciones entre las personas, consideradas estas como ciudadanos libres, ya que para los esclavos no se ha considerado la dignidad de persona.
Como consecuencia de la industrialización dejó de ser económicamente rentable la esclavitud en la que había que proveer a los esclavos de alimento y alojamiento, siendo más conveniente el trabajo asalariado. La guerra de secesión estadounidense fue una clara muestra de dos modelos económicos en conflicto disputando el poder dentro del territorio de un mismo país. El sur agrícola, productor de materias primas con alto requerimiento de mano de obra en el caso del algodón, y el norte industrial, con imposibilidad fáctica de alojar mano de obra esclava, siéndole más útil el trabajador asalariado, tal como tenía su madre patria Gran Bretaña.
Esta nueva realidad trajo como consecuencia la aparición de nuevos estamentos sociales, ya no había esclavos, sino clase obrera, también llamada proletariado. Como es dable imaginar también debió adaptarse la justicia. De no tener ningún derecho los esclavos, los pobres que ahora los reemplazaban como escalón inferior de la organización social tendrían acceso a algunos derechos civiles, frecuentemente más teóricos que reales; y además también quedaban sujetos a la justicia de los estados para dirimir los conflictos entre ellos, los que antes dependían simplemente de la voluntad del amo para su resolución.
Los cambios económicos con la modificación de las matrices productivas trajeron también cambios políticos; las monarquías, en general, fueron sustituidas por organizaciones políticas republicanas, siendo estas,sociedades democráticas o al menos monarquías constitucionales con parlamentos elegidos democráticamente. Se mantuvieron las estructuras jurídicas que garantizaran el privilegio de los poderosos, con distintos matices, produciéndose en muchos países agiornamientos de los sistemas judiciales que acompañaron a las formas democráticas de gobierno.
Veamos entonces qué ocurrió en nuestro país. Después de la batalla de Pavón, en 1861, en la que aparentemente Urquiza, que se encontraba en posición ventajosa con respecto a las tropas porteñas de Mitre, se retiró del campo de batalla, lo que fue interpretado por muchos como una defección y esto consagró el triunfo de los unitarios, dueños del puerto de Buenos Aires, sobre el resto de las provincias. Mitre se hizo nombrar presidente en 1862 y se declamó un gobierno mentirosamente republicano y federal siendo que en la práctica se ejerció el más absoluto centralismo porteño.
¿Y que pasó con la justicia?
Para la autodenominada generación del 80, llamada por otros oligarquía porteña, se consideraba una consigna a cumplir que cada una de sus ‘familias patricias’ debía tener: un hijo militar, que garantizara el poder de las armas, un hijo cura, que garantizara el poder sobre la subjetividad popular, y un hijo abogado que formara parte del poder judicial para garantizar la protección jurídica de sus intereses. Por supuesto se prestó total atención a la propiedad y utilización de los medios de comunicación, así Mitre tuvo su diario ‘La Nación’, su ‘tribuna de doctrina’ y los Gainza Paz ‘La prensa’.
Con el transcurrir del siglo XX algunas cosas cambiaron. Esta oligarquía que siempre tuvo la vocación de depender de alguna metrópoli industrial como Inglaterra y luego EEUU, manteniendo una economía primarizada en base a la producción de materias primas, fue cediendo protagonismos personales y mercenarizando funciones para que no tuvieran que ser ejercidas por sus hijos. Las fuerzas armadas quedaron estructuradas como su tropa mercenaria y otro tanto el poder judicial; solo mantuvo control personal de la prensa, entendiendo que los medios de comunicación son fundamentales para construcción de una subjetividad social favorable a sus intereses. La iglesia no fue problema, desde la coptación del cristianismo por Constantino en el 313 esta pasó a ser parte o defensora de las clases dominantes.
Después de la segunda guerra mundial, los EEUU quedaron como los grandes triunfadores económicos de la contienda. Hay que considerar que recién ingresaron en la guerra en 1941, la guerra no se desarrolló en su territorio, fueron los principales proveedores de los aliados y todos quedaron totalmente endeudados con ellos; además, a través del plan Marshall generaron aún más dependencia de los países europeos hacia ellos. Si tenían vocación imperial esta quedó totalmente consolidada después de la guerra. Con respecto a América Latina, sobre la que venían interviniendo económica y militarmente desde la última parte del siglo XIX, no solo consolidaron su control colonial sino que crearon en Panamá la famosa “Escuela de las Américas” para entrenar a los ejércitos cipayos en la represión a la protesta social y a cualquier movimiento político que cuestionara su poder. Pero los tiempos cambian y las intervenciones militares fueron teniendo cada vez mayor resistencia por la opinión mundial, además, después de la disolución de la URSS en 1991, la posibilidad de choques militares con grupos que pudieran tener apoyo soviético desapareció, era una nueva época y venían nuevas modalidades de control, aparentemente menos escandalosas, con visos de legalidad.
Seguían teniendo el control de la prensa hegemónica, simplemente cambiaron la escuela de las Américas, donde entrenaban militares para torturar, por las invitaciones a miembros de los poderes judiciales de los países latinoamericanos, jueces y fiscales, a los EEUU, para recibir adoctrinamiento y entrenamiento en la administración de justicia que garantizara sus intereses. En nuestro país, desde el menemato, el desfile ha sido constante.
No debe asombrarnos entonces que el cuestionamiento judicial a gobiernos legítima y democráticamente elegidos en América Latina haya sido sistemático cuando estos no se alineaban con los intereses imperiales.
En el golpe inicial, cuando destituyeron en Honduras al presidente Mel Zelaya, el golpista que ocupó la presidencia fue Micheletti, el presidente de la suprema corte, luego vino el juicio político a Lugo en Paraguay, el intento de golpe a Correa en Ecuador, el impeachment a Dilma Rouseff en Brasil, la epidemia de lawfare con que encarcelaron a Lula, también en Brasil, y nuestras propias experiencias de lawfare en un país en el que Macri violó sistemáticamente la ley, desde la constitución en adelante y a ningún juez ni fiscal le llamó la atención.
Finalmente me planteo que así como en el mundo los sistemas políticos se han modernizado en beneficio de los pueblos y también ha habido una modernización de los sistemas judiciales, nosotros en nuestro país seguimos teniendo un poder judicial vitalicio, con remembranzas monárquicas, que desprecia la igualdad ante la ley, ya que no paga impuestos, y que tiene oscuras maneras de incorporar jueces y fiscales que frecuentemente entran por las ventanas, curiosa asociación con los ladrones que también son afectos a las ventanas.
Los riesgos de una catástrofe nuclear
Un puñado de irresponsables líderes mundiales parecen tentados a escalar la guerra en Ucrania y así conducir a la humanidad hacia el abismo. Tanto en los dichos como en los hechos, los principales protagonistas no parecen dispuestos a la distensión. Rusia ha dejado abierta, de modo deliberado, la posibilidad de recurrir a armas nucleares tácticas y Occidente a responderle con un contra-ataque aniquilador.
Paradójicamente, esta dinámica de escalamiento presume: a) que Putin está recurriendo a un farol; b) que en uno y otro bando se trata de actores racionales que sabrán medir las consecuencias de sus actos; c) que es baja la probabilidad de un incidente nuclear descontrolado; y d) que la eventual reacción de Estados Unidos y sus aliados debería ser interpretada en Rusia como simplemente defensiva sin tomar en cuenta que los recursos vertidos y prometidos a Ucrania procuran la derrota rusa y un cambio de régimen en Moscú.
Las partes parecen preocupadas con un potencial estallido de una Tercera Guerra Mundial, pero hacen poco, o nada, para reducir sus probabilidades; lo cual genera más angustia social que movilización anti-bélica. Una guerra larvada perpetua –en medio de conflictos ya existentes– implica, tácitamente, que la paz es solo la aspiración de los débiles.
Lo cierto es que Rusia y Estados Unidos están apostando a lo que se conoce como brinkmanship: un comportamiento intencional orientado a extremar el riesgo de confrontación a un punto tal que parezca una política suicida. En ese contexto, es oportuno recordar un momento en que Washington y Moscú apelaron al brinkmanship: la Crisis de los Misiles de Cuba en octubre de 1962.
Dos crisis anteriores, en 1961, fueron el telón de fondo de la crisis del 62. La Crisis de Berlín se inició con el ultimátum soviético de que las fuerzas occidentales debían abandonar la parte occidental de la ciudad.
Esa tensa situación culminó con la construcción del muro de Berlín por Alemania Oriental. En ese mismo año, en abril, el presidente John F. Kennedy ordenó la invasión a Playa Girón en Cuba. La respuesta militar del gobierno de Fidel Castro terminó con la derrota del contingente invasor.
Así un año después se produjo la Crisis de los Misiles: la URSS lanzó la Operación Anádir consistente en el despliegue de misiles balísticos de alcance medio y misiles nucleares tácticos de corto alcance. EE.UU reaccionó de acuerdo con lo que el politólogo Steve Van Evera llama el precepto NUPIMBY: No Unfriendly Power in my Backyard (Ningún Poder Hostil en mi Patio Trasero). Kennedy ordenó una “cuarentena”; una suerte de bloqueo naval, para impedir la llegada de buques soviéticos a la isla. Washington y Moscú incrementaron sus acciones riesgosas.
La eventualidad de una disputa con armas nucleares fue real. El 27 de octubre, que se conoció como el “Sábado Negro”, cuando un avión espía estadounidense fue derribado por una defensa antiaérea soviética, la tensión aumentó significativamente. Las presiones para atacar a Cuba no fueron menores: el entonces Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el general Curtis Le May, quien había estado al frente de la campaña de bombardeo masivo sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial, incitó a Kennedy a emprender una ofensiva nuclear contra la isla.
En buena medida fue gracias al embajador de EE.UU ante la ONU, Adlai Stevenson, que se evitó un Armagedón nuclear. Stevenson fue insistente en un principio básico: “chantaje e intimidación nunca, negociación y sensatez siempre”. Kennedy, finalmente, actuó bajo la lógica de ese principio: la Unión Soviética retiró su armamento de Cuba y, meses después, Estados Unidos desmanteló los misiles balísticos de alcance medio localizados en Turquía. Cuba, para irritación de Fidel Castro, fue excluida del acuerdo.
En el documental Fog of War, quien fuera durante la Crisis de los Misiles el Secretario de Defensa, Robert McNamara, nos recuerda que se encontró con Castro en enero de 1992. Supo entonces que en realidad había 162 ojivas nucleares rusas en territorio cubano.
McNamara le preguntó a Castro que si hubiera sabido que había armamento nuclear en la isla, si le hubiera recomendado a Kruschev que las utilizara ante un ataque de Estados Unidos. Y, qué hubiera esperado que sucediera en Cuba. Fidel Castro le respondió que sabía de las armas, que le recomendó a Kruschev que las usara y que sabía que eso hubiera significado la destrucción total del país.
Hay que preguntarse quiénes son hoy, respecto a la guerra en Ucrania, los Adlai Stevenson de Biden y de Putin. Cuál es el quid pro quo entre Estados Unidos y Rusia y qué se puede negociar actualmente. De qué modo se puede eludir que lo expresado por Volodymyr Zelensky el 6 de octubre, acerca de que la OTAN debía emprender “ataques preventivos” contra Rusia para que Moscú no lance un ataque contra Ucrania y así no se convierta en un motivo adicional para rechazar alternativas negociadas entre Washington y Moscú.
El curso de los acontecimientos no tiene un destino prefijado. No es inexorable el recurso a las armas nucleares y el inicio de una gran confrontación de impredecibles consecuencias. Sin embargo, si la disuasión mutua fracasa y el escalamiento, por el motivo que fuese, se torna rutina estaremos cada día más cerca de una catástrofe inimaginable para la humanidad.
https://www.clarin.com/opinion/riesgos-catastrofe-nuclear_0_GjbOO4eEzR.html
Modelo para armar. Cómo se construye un fascista
La neurociencia postula que la corteza prefrontal es la última parte que se desarrolla en el cerebro humano. Esto acontece aproximadamente alrededor de los 21 años, o sea en la teórica salida de la adolescencia, aunque sabemos que por diversos motivos este período evolutivo puede extenderse, al menos en algunas de sus características, a veces, indefinidamente.
¿Qué nos aporta la corteza prefrontal? Fundamentalmente los frenos inhibitorios que nos permiten socializar con nuestros semejantes. Los filtros que impiden que digamos lo primero que se nos viene a la mente y logremos saludar aun a quienes no nos simpatizan y evitar conflictos inconducentes que no tienen que ver con la defensa real de nuestros intereses, nos permiten reconocer los límites éticos necesarios a nuestra convivencia comunitaria, permitiéndonos el aprendizaje de la empatía, posiblemente la primera condición para el desarrollo de la solidaridad.
Todos conocemos la ostensible torpeza que suelen tener los adolescentes con sus bromas, en donde demuestran ser incapaces de ponerse en el lugar del otro al que pueden lastimar sin conciencia plena de ello. Esto es porque aun no han desarrollado la empatía, si a esto sumamos la agresividad natural que dan los altos niveles hormonales de su etapa biológica, tendremos como resultante su elevada propensión al conflicto que frecuentemente se transforma en pelea.
La adolescencia es la etapa de aprender el “cómo”. El adolescente está invadido de deseos que sus niveles hormonales le facilitan, pero no siempre conoce el cómo satisfacer esos deseos. Esta es la etapa de la vida en la que aprenderá a generar proyectos para satisfacer los deseos más complejos. La madurez se habrá logrado cuando el sujeto aprenda a modular el deseo para encaminarse eficientemente hacia sus objetivos. Cuando esto no se logra aparece la frustración que puede llegar a tener consecuencias extremadamente graves como la depresión que inclusive puede llegar al suicidio. No es casual que las edades en que acontecen la mayor cantidad de suicidios sean la adolescencia y la tercera edad.
También es frecuente escuchar de los adolescentes que se sienten plenamente dueños de sus ‘éxitos’ y culpan a otros o al mundo mismo de sus fracasos, en todo caso, las causas de sus fracasos y las consecuentes frustraciones son referidas como externas a ellos.
Hace muchos años un psicólogo estadounidense, Rollo May, al que se considera iniciador de la psicología existencial, publicó un texto titulado: Fuentes de la violencia. Para Rollo May la causa de la violencia es la impotencia, o sea que cuando no se puede cumplir un deseo, esa frustración puede generar una reacción violenta para forzar la consecución de ese deseo.
Puestos a pensar en esto, son posibles múltiples reflexiones, entre ellas que la vida, como consecuencia de la interacción entre los seres humanos y entre los seres humanos y la naturaleza, transita entre el estímulo y la respuesta; habiendo múltiples estímulos posibles y por ende múltiples respuestas. Focalicemos entonces en la violencia, que en principio parece ser una respuesta, aunque en muchas situaciones puede configurar una cadena de reacciones.
Pero antes de hacer esto, debemos prestar atención a los contextos sociales interactivos en que nos desarrollamos, ya que no vivimos dentro de un laboratorio neuropsicológico.
Vivimos en mundo altamente bombardeado por un discurso meritocrático. El paraíso de los emprendedores exitosos, de los millonarios creadores en un garaje de Microsoft, Facebook, Apple o Amazon, la gran zanahoria. El tema es que los aspirantes a ese progreso meritocrático son muchos y los lugares encumbrados pocos, lo que tendrá como resultados un gran número de personas, jóvenes y no jóvenes, frustrados y resentidos porque no son parte del banquete prometido, impotentes. Es aquí donde debemos volver al tema de la violencia, que puede ser real o declamada. El tema será a partir de aquí contra quién o quiénes se ejercerá esa violencia, que puede ser discursiva o física.
El caso es que tenemos individuos con deseo insatisfecho, la negación del deseo, la frustración del deseo, impotentes; y como respuesta a esta frustración, a esa impotencia, una violencia incontrolable que pugna por salir. Es entonces cuando este sujeto contrariado, impotente y violento se encuentra inconscientemente frente a algunas opciones que tendrán que ver, frecuentemente, con su nivel socio económico y cultural. Si este nivel es bajo, el delito puede ser un camino elegido. Expresará la disconformidad con un sistema social y político al que culpará de sus fracasos, no le importará dañar a sus semejantes; pero hay también otras posibilidades …
Si el nivel socioeconómico es medio, es más difícil la opción por el delito, aunque no totalmente descartada, pero la mentalidad aspiracional de la clase media se combina aquí con la impotencia y la necesidad de violencia para la cual hay que buscar un destinatario, un culpable a quien achacarle la responsabilidad de sus penurias, alguien a quien odiar. La condición aspiracional hace que no busque responsables hacia arriba sino hacia lo que considera el abajo desde lo material o desde lo moral, según sus conceptos de moralidad, y aquí hay que recordar que en toda sociedad es la clase dominante la que establece el cánon moral. Los destinatarios del odio serán entonces los pobres, considerados vagos y parásitos del estado; los extranjeros, en esta condición no solo estarán los extranjeros pobres, en algunos casos habrá espacio para los judíos o los musulmanes, también considerados por algunos fascistas, extranjeros a los que temen por su poder intelectual, cultural y económico, y por regla, lo que se teme se odia; los distintos, sea por cuestiones de género o de pauta cultural, LGTB…, bohemios, etc.
Al poder económico este grupo de personas siempre le ha resultado conveniente para ser utilizado como mano de obra violenta paraestatal a fin de eliminar la oposición política incontrolable. En general son dirigidos, aparentemente, por individuos de sectores medios, que frecuentemente reclutan también a personajes lúmpenes de sectores socioeconómicos bajos que hoy trabajan de fascistas y mañana de ladrones según les vaya en su cotidiano andar. Digo dirigidos aparentemente porque en realidad son dirigidos por representantes de las clases dominantes, los líderes declarados son simplemente correa de transmisión; como ejemplo podemos mencionar a los paramilitares colombianos y por lo que se va sabiendo en la causa del intento de magnicidio de la vicepresidenta argentina este caso se encuadraría en una tipología similar.
En definitiva: si se suma gente frustrada e impotente a la que se le da un enemigo, supuesto responsable de sus desgracias para atacar, y se les promete un futuro de gloria después de haber excluido a ese enemigo que sus amos ocultos les crearon; se habrá conseguido un fascista estúpido y funcional a los intereses del poder real, el poder económico.
Hay en la historia algunas experiencias en las que el fascismo se salió del control de las clases dominantes como la Alemania de Hitler, pero tenemos claro que las grandes empresas alemanas ganaron ingentes sumas de dinero con los nazis; todo lo que se enajenó a los judíos ricos sirvió para pagar la industria de guerra y ese dinero obviamente pasó a las arcas de esas grandes empresas y, oh casualidad, estas siguieron ganando dinero después de la guerra.
El fascismo no es ni siquiera una ideología, es el resentimiento de sectores de las clases medias y bajas utilizado como un arma por las clases dominantes en contra de los pueblos a los que dominan, simple tropa ilegal.
Informe económico mensual
Los números comentados corresponden a septiembre, siempre sorprenden, pero no tanto su estatura como la Inflación, el CCL (dólar contado con liquidación) y Riesgo País y la Tasa de Interés. Sin ser demasiado extremo, casi siempre un poco peor.
Se inició un nuevo ciclo con Massa que por lo visto presenta diferencias, especialmente en la suma de poderes, los resultados de la gestión se empezaran a sentir en los próximos meses. En septiembre contamos con el segundo mes completo del ministro Sergio Massa y la inflación algo menor que el mes anterior, emite y emitirá señales de cómo operan y operarán las nuevas autoridades. Ya con los primeros tropiezos, la inercia se impone. ¿Tiempo?
Reiteramos: La inflación ofrece un primer resultado palpable, con cada peso se adquieren menos bienes y servicios. La inflación reduce a escombros el valor de los pesos en el tiempo desde hace mucho.
Alimentos, siempre corriendo, se eleva al 6.3 % en septiembre.
El BCRA aumenta la variación mensual del dólar oficial mayorista y otro tanto hace con la Tasa de Política Monetaria (interés) que aumentó en 12 meses (septiembre/septiembre) el 91 %.
El dólar CCL en septiembre creció respecto de lo que venía mostrando. El Riesgo País elevado promedió en el mes 2.449 puntos. Valores todos complicados.
Inodoro Pereyra y Mendieta planifican las acciones para el año, como lo hacen también tanto otros. ¿Es una moraleja, una metáfora o una profecía? Vaya uno a saber, no es sencillo de entender cuando estos dos pensadores se enredan en el discurso de propuestas.
Inodoro: “Tengo muchas ideas pa’ este año, Mendieta. Vamos a embaldosar el techo ansina las vinchucas se resbalan y se matan”. “Al arbolito le vamos a poner tutor o apoderado”. “Al chiquero lo vamos a techar. Yueve y se enyena de barro. Ansina lleva una vida digna este animal que se ganó nuestra estima”.
Mendieta: “Somos como chanchos con él”.
Inodoro: “Acá en mi dormitorio vamos a sembrar soja, que es planta de interiores. Y papa en la cocina pa’ evitar los intermediarios”. “¡Argentinos, a las cosas! ¡Vamos Mendieta! En dos patadas terminamos tuito”. “¿Qué día es hoy?”.
Mendieta: “Miércoles, Don Inodoro”.
Inodoro: “¿Miercoles ya? ¡La pucha! ¡Ya tenemos el fin de semana encima!”.
Mendieta: “Miercoles 7 de marzo”.
Inodoro: “¿Marzo? Ande no queramos acordar se nos vienen las fiestas, Navidad, Año Nuevo, Reyes. ¡Ta’ que lo tiró! ¡El año ya está perdido!” … “Ni vale la pena ponerse a trabajar ahura, Mendieta”. “¡Que lo parió! ¡Cómo pasa el tiempo!”.










