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sábado, junio 27, 2026
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El poder de la arquitectura financiera internacional X. El FMI como droga y China como terapéutica: te enfermo, pero te acompaño

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El FMI (en menor medida, el Banco Mundial) es el arquitecto financiero internacional cuyo diseño obedece a los objetivos de las estructuras de poder monetario y financiero emergentes de la posguerra de Bretton Woods en 1944. Este sistema económico es producto de un conflicto bélico mundial donde hubo vencedores y vencidos. Deudores y acreedores. Sin haber intervenido, América Latina quedó del lado de los deudores.

Decimos que algo habrá tenido que ver el FMI con la evolución y situación actual de la economía argentina si Argentina ha vivido más tiempo bajo programas del FMI que sin ellos: 41 años de los 67 pasados desde su ingreso en 1956 hasta 2023.

Una suerte de teoría de la corresponsabilidad y del hacerse cargo. Mucho más si esos préstamos condicionados han sido extraídos de la circulación nacional y fugados bajo el eufemismo de “formación de activos en el exterior”.

El FMI opera no sólo como prestamista de última instancia de gobiernos, sino que se ocupa de la compatilidades de las políticas económicas de los países deudores (verificación de la concurrencia de los sistemas económicos con la racionalidad y los criterios occidentales de la acumulación financiera). Una suerte de semáforo para el sistema financiero internacional.

Desde fines de los 1980 se presenta como un auditor del Consenso de Washington requiriendo la apertura a los mercados internacionales y una reducción de la participación del Estado en la economía. El planteo se resumió́ en los denominados Diez Mandamientos que son una constante en el catecismo de los planes de estabilización que acompañan las condicionalidades del FMI: 1) disciplina fiscal, 2) recorte del gasto público; 3) incremento de la base tributaria; 4) liberalización de las tasas de interés; 5) libre flotación del tipo de cambio; 6) liberalización del comercio internacional (eliminación de aranceles y contingentes); 7) liberalización de la inversión extranjera directa (IED); 8) privatización de empresas públicas; 9) desregulación, y 10) garantías de seguridad legal para los derechos de propiedad industrial.

La emergencia de China, los BRICS y el Consenso Beijing han modificado el modelo de desarrollo económico exitoso desde que la reforma y apertura de Deng Xiaoping, iniciada en 1978, desató un período de crecimiento económico sin precedentes e inmune a los ciclos económicos. En pocas décadas, el ingreso per cápita de China se multiplicó por 25, sacando a 800 millones de personas de la pobreza, y su panorama fue transformado por inversiones masivas en infraestructura, incluidas carreteras, aeropuertos y la red de trenes de alta velocidad más grande del mundo. En 2010, China se había convertido en la segunda economía más grande del mundo, superando a Francia, Alemania, Japón y el Reino Unido para pisarle los talones a Estados Unidos, a quien superará en 2030.

China no logró esto implementando el Consenso de Washington, según el cual el capitalismo liberal –gobernanza política democrática más sistema económico basado en mercados libres– era el único camino posible hacia la prosperidad. Demostró que hay alternativas basadas en el mercado interno y el incentivo al flujo de capitales no especulativos.

El régimen chino implementó un sistema de capitalismo de Estado que, en contraste con la “terapia de choque” radical del bloque postsoviético, adoptó un enfoque incremental basado en la productividad selectiva y la experimentación adaptativa.

China procuró su “milagro económico” desempeñando el papel industrial de “fábrica del mundo”, no como un laboratorio de innovaciones. Al igual que antes los países en desarrollo, las autoridades adoptaron una estrategia de crecimiento orientada a las exportaciones (una respuesta a ¿qué es lo que demandan quienes nos compran?), que requirió atraer flujos masivos de inversión extranjera directa. Con sus vastas reservas de mano de obra barata para empresas extranjeras que buscaban una base de producción de bajo costo, China se integró a las redes de producción globales, o cadenas de suministro, mediante la fabricación y el ensamblaje de productos inventados y diseñados en países desarrollados.

Así, el mundo occidental conservó su papel de motor del capitalismo global, mientras que el mundo en desarrollo, liderado por China, sirvió de rueda.

Es interesante considerar la relación previa entre Perón y Mao Tse Tung para comprender el saludo de Zhou Enlai quien, como primer ministro de China, enviara un alusivo saludo tras la muerte del Perón el 1º de Julio de 1974: “Perón laboró activamente durante toda su vida para reforzar la causa de la unidad del Tercer Mundo contra todo designio hegemónico. Fue un célebre estadista y desplegó en vida positivos esfuerzos por la salvaguardia de la independencia nacional”. Y dejó un mensaje -hace cincuenta años- que bien parece coincidir con los deseos actuales de la República Popular: “Ayer fue época de las nacionalidades, hoy es la época del continentalismo y muy en breve será la era del universalismo. Es preciso trabajar unidos, solidarios y organizados, respetando las costumbres y la soberanía de los demás pueblos, pero buscando siempre la solución adecuada para estos acuciantes problemas en bien de la comunidad universal, y tal vez un día podamos designarnos todos con el honroso título de ciudadanos del mundo.”

La economía global experimenta múltiples shocks cada año. China no está exenta de esas incidencias. Burbujas financieras, caída de productividad, conflictos bélicos, inflación, deterioro del intercambio, calentamiento global y desastres naturales. Los mercados emergentes y las economías en desarrollo son especialmente vulnerables y no sólo necesitan reactivar el crecimiento y asegurar una recuperación total, sino que también deben gestionar el aumento permanente de la deuda y otras consideraciones de política económica nacional a las que lo somete la gobernanza financiera con sus condicionalidades.

El modelo de crecimiento chino de los últimos cuarenta años se ha basado en la planificación del mercado externo a través de sus exportaciones. Un modelo globalizado que ante los ajustes del entorno externo y los requerimientos populares, la persistencia de los conflictos comerciales entre las economías más importantes del mundo actual, la propagación de la Covid-19 en 2020 y el conflicto bélico Rusia-Ucrania, ha mutado hacia el mercado interno.

La creciente incertidumbre y riesgo que han surgido y prevalecido en los mercados internacionales ha impulsado en China la “circulación dual” para el nuevo modelo chino de articulación entre el desarrollo económico derivado de la industrialización exportadora y las reivindicaciones sociales del mercado interno. Se reconoce que ese cambio planificado del modelo de crecimiento económico interno-externo será dependiente del consumo interno como medular, acoplando los distintos sectores y diferentes actividades económicas al interior del país, y potenciando la fortaleza del mercado doméstico y del consumo nacional. (XIV Plan de Desarrollo Económico y Social 2021-2025, China). Una versión estratégica y adaptativa china del vivir con lo nuestro de Aldo Ferrer. Aunque no implica que la economía china se aislaría de la mundial, ni que su propio crecimiento ya tuviera suficiente capacidad para depender sólo del mercado doméstico.

China reconoce la insostenibilidad de un modelo basado principalmente en la inversión y la demanda exterior y acepta que seguir con la misma estrategia de depender del mercado internacional y de la inversión podría implicar menores tasas de crecimiento, comprometiendo su prosperidad y sus metas de largo alcance. Derivado de ello, se considera que el crecimiento económico deberá́ dar un nuevo giro, basándose en la fortaleza y poder de compra del mercado interno.

Este nuevo esquema basado en la dinámica del mercado interno y complementado con el externo, será́ diferente del actual cuyo éxito económico se fundamentó́ en la eficiencia de las exportaciones, que aprovechaban las ventajas comparativas de bajo costo como el salario pagado al factor trabajo y el uso de suelo.

Hoy China es una potencia financiera (los cuatro bancos más grandes del mundo son chinos), desde 2016 el yuan renmibi integra la canasta de monedas de los DEG y forma parte de un FMI que impulsa reformas de mercado como medidas para estabilizar la deuda y fomentar el crecimiento en los países en desarrollo y afirma que “los países que implementaron reformas de mercado vieron caer sus ratios deuda/PIB en 3 puntos porcentuales, en promedio, durante un período de varios años” (Blog del FMI del 12 de setiembre de 2023).

Los cambios normativos de la acción gubernamental como las barreras de entrada a los mercados de servicios públicos, el establecimiento de marcos regulatorios y de supervisión financiera y las restricciones a las transacciones de divisas y los flujos de capital transfronterizos debieran formar parte de las políticas públicas pertinentes con los objetivos de una economía popular.

Esos cambios importantes pueden asociarse con una reducción en la relación entre deuda y producto interno bruto. Esta disminución de una medida clave de la carga de la deuda se produce, no sólo mediante un aumento del PIB, sino también mediante la mejora de las finanzas públicas a través de mayores ingresos tributarios y menores costos de endeudamiento.

En Argentina los mayores ingresos tributarios dependen de una fuerte reforma impositiva basada en ingresos directos progresivos sobre los beneficios y los patrimonios especulativos y los menores costos del endeudamiento serán el resultado de una renegociación global de la deuda pública con moratoria, reducciones, plazos extendidos y menores costos transaccionales.

Es un doble efecto de una política económica dinamizadora: *reducir el nuevo endeudamiento mediante la consolidación fiscal o disminuir el total pendiente mediante reestructuraciones de la deuda y *reducir la relación deuda/PIB aumentando el denominador: la producción económica.

Una forma de lograrlo es tutelando el funcionamiento del mercado mediante la ampliación de la demanda interna inyectando nuevos ingresos para los consumidores y facilitando su funcionamiento con tasas de interés negativas que alienten el endeudamiento para la inversión productiva.

En economías como la argentina, con ofertas formadoras de precios oligopólicas, es dudoso que reformas de mercado -que auspicia y demanda el FMI- puedan constituirse en palanca de política para revitalizar el crecimiento aumentando la competencia. Lo que sí es imprescindible, como condición de sustentabilidad, es reducir la carga de la deuda.

La carga de deuda externa de los países y los efectos de la desigualdad son factores importantes a la hora de decidir las políticas públicas de gastos que permitan satisfacer necesidades sociales y dirigir los beneficios de la reforma impositiva hacia la reducción de la deuda, el crecimiento o atemperar la desigualdad de ingresos.

El actual diseño distributivo del sistema capitalista, por su tendencia a la concentración, exige -cada vez con mayor intensidad- el aumento del gasto público que atienda necesidades sociales. Las condicionalidades financieras de los stands by tienen que aparearse con las condicionalidades del contrato social constitutivo de los Estados nacionales. Es la acción política la que permite esa articulación. No hay opciones de mercado viables.

 

LOS BENEFICIADOS DE SIEMPRE

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"En los primeros días de septiembre de 2023, la botella de litro y medio de aceite de girasol marca 'Cocinero' que produce Molinos Río de la Plata S. A., se vendía en Ámsterdam (...) a 2,42 euros. (...) Y en el mercado local esa botella no se consigue por menos de 1.600 pesos".
"En los primeros días de septiembre de 2023, la botella de litro y medio de aceite de girasol marca 'Cocinero' que produce Molinos Río de la Plata S. A., se vendía en Ámsterdam (...) a 2,42 euros. (...) Y en el mercado local esa botella no se consigue por menos de 1.600 pesos".

Sistema financiero argentino y bimonetización

Desde la implantación de un sistema económico primario exportador en la dictadura de 1976 y su reforma financiera, las sucesivas crisis y su reflejo en corridas cambiarias y bancarias concentraron fuertemente el volumen de depósitos y créditos en los grandes bancos del sistema financiero local, de manera tal que en julio de 2023 quedaban en pie 78 entidades financieras, de las cuales 63 son bancos, de ellos, 50 son de capital privado y 13 públicos (incluidos los oficiales nacionales Banco de la Nación Argentina y BICE, 10 provinciales y el Banco Municipal de Rosario) [1].

Desde el gobierno de Cambiemos y continuado y profundizado por la actual administración, los medios de pago transaccionales disminuyen en términos reales, de manera tal que, en los primeros siete meses de 2023, descendieron a una tasa promedio mensual de 1,33 % y acumularon una caída del orden del 10,6 % hasta julio de 2023. En términos de sus componentes, este comportamiento se explicó tanto por la dinámica del circulante (dinero) en poder del público, como de los depósitos a la vista no remunerados. De este modo, el M2 privado transaccional [2] registró en julio de 2023 una caída interanual de 19,2 % en términos reales. En términos del producto, los medios de pago se habrían ubicado en 7,3 % del PIB en julio, en que el circulante (billetes y monedas) en poder del público alcanzó un nuevo mínimo histórico [3].

Siempre con los datos de julio 2023 [4], los préstamos en pesos al sector privado en términos reales y sin estacionalidad registraron una contracción mensual de 1,0 % y en los últimos 12 meses acumulan una caída del orden de 12,6 %. La disminución se concentró en los préstamos asociados al consumo y aquellos con garantía real, mientras que los préstamos comerciales descendieron en menor medida, por lo que, finalmente, se destina un 2,5 % del PIB para préstamos personales (39,1 % de los préstamos otorgados) que financian principalmente descubiertos en las tarjetas de débito y de crédito y solo queda 3,9 % del PIB para financiar a las empresas (créditos comerciales).

Que todo el sistema financiero legal argentino otorgue créditos al sector privado por el 6,4 % del PIB demuestra su insignificancia y se corrobora con sólo ver los estados contables de los diez primeros bancos privados por volumen de depósito captado y como lo reasignan, demostrando la ineficacia del sistema y lo gravoso que significa para la economía argentina [5].

Nos basamos en la información que es publicada por el BCRA con considerable atraso, al 8 de septiembre de 2023, está publicado el informe de las Entidades del Sistema Financiero Argentino del mes de mayo de 2023, pero este demuestra palpablemente que el principal negocio de las entidades privadas más grandes es prestarle al BCRA, en Leliq (Letras de Liquidez del BCRA) y otros encajes remunerados y al Tesoro de la Nación, que se imputa contablemente en el rubro “Títulos públicos y privados”.

Los bancos privados utilizan la autorización para funcionar para captar depósitos de la población y en lugar de asumir riesgos y financiar la producción y el consumo, se posicionan en títulos (principalmente del mismo BCRA) y del Tesoro de la Nación. Excluido el Citi Bank (que igual el porcentaje es importante), que su negocio es financiar la venta de autos, los demás bancos tienen (y sobre todo el Credicoop) muchos más títulos que crédito.

A su vez, los bancos privados más grandes recibieron y reciben órdenes de sus depositantes para realizar operaciones de CCL (contado con Liqui) y dólares MEP (Mercado Electrónico de Pago de la Bolsa de Comercio) en todos estos años, que es una operatoria encubierta con la liquidez con que se quedan.

Los bancos reciben depósitos en dólares al 31 de agosto 2023 por 17.260 millones de dólares, de los cuales concedieron préstamos por 4.010 millones de dólares, constituyendo con su encaje a engrosar las reservas internacionales brutas del BCRA [6].

Los 10 principales bancos privados captan el 40,01 % de los depósitos, de los cuales seis son extranjeros [7] y se debe contemplar, además, que el Fondo de Cobertura BlackRock posee el 18,8 % del paquete accionario del Banco Galicia y Buenos Aires S. A. y 14,02 % de participación en el Banco Macro S. A., que son considerados por el BCRA como bancos locales de capital nacional.

Por ende, se trata de un sector fuertemente internacionalizado. Su poder reside en su capacidad de captar depósitos de la población y de elegir financiar al Estado, principalmente vía BCRA, comprar títulos del Tesoro de la Nación o apostar a operaciones de compra y venta de divisas presionando sobre el tipo de cambio.

Es esa capacidad la que le permite y garantiza su rentabilidad, dado que al 31 de agosto de 2023, captan depósitos en cuenta corriente (que no paga interés) por 7 billones de pesos; en caja de ahorro (que paga un interés mínimo, básicamente los depósitos en las cuentas sueldo) por 7,1 billones; y en plazo fijo por 17,1 billones (la tasa promedio que abonaron en agosto 2023 fue del 113,12 % nominal anual). Paralelamente, colocan la mayor parte de esa plata que recaudan en créditos al BCRA por:

  1. Pases pasivos por 5,9 billones de pesos a una tasa del 111 % nominal anual.
  2. Leliq y Notaliq [8] por 13,97 billones de pesos a una tasa del 118 % nominal anual.

Al contrario de lo que interesadamente los grandes medios y esencialmente los especializados en temas financieros sostienen, el principal destino de la emisión monetaria no es el financiamiento del déficit fiscal y, menos que menos, la asistencia a la población en planes sociales (AUH; AUE; Tarjeta Alimentar, etc.). La impresión de billetes básicamente es para sostener el pago de los intereses de los denominados “Pasivos Remunerados” del Banco Central de la República Argentina, que son los pases pasivos, las Leliq, y las Notaliq y que en el mes de agosto de 2023 significó un costo del BCRA que fue un ingreso de 1,93 billones a las 78 entidades financieras del sistema legal argentino. Esto significó que en el mes de agosto de 2023, el BCRA retribuyó a los bancos intereses por encajes remunerados por el 1,1 % del PIB, cuando el total de los planes sociales nacionales implican 1,8 % del PIB por año, para asistir a 7,8 millones de personas que perciben algún plan social.

La bimonetización y sus riesgos

El sistema bimonetario se caracteriza por cumplir dos condiciones a la vez:

  1. Por un lado, el empleo de la moneda local (el peso) como moneda de cambio y la moneda extranjera (el dólar) como moneda de ahorro,
  2. Y, a la vez, los grandes formadores de precios los internacionalizan y con ello plantean sus utilidades medidas en moneda dura.

Para el primer caso basta saber que para el año 2022, el INDEC estima que residentes argentinos tienen en el exterior 362.258 millones de dólares, que están en billetes o invertidos en fondos y monedas extranjeras, buena parte directamente no declarados, que por la vía de la salida de capitales se fueron acumulando a lo largo de los años fuera del sistema financiero local.

Y del lado de la internacionalización de los precios, las grandes empresas igualan el valor que obtienen en el exterior con el que venden al mercado argentino. Por ejemplo, en los primeros días de septiembre de 2023 la botella de litro y medio de aceite de girasol marca Cocinero que produce Molinos Río de la Plata S. A., se vende en Ámsterdam (principal puerto de entrada de la Unión Europea) a 2,42 euros. El girasol se siembra y cosecha en la Argentina, se prensa para convertirse en aceite y se envasa en su planta de Victoria, partido de San Fernando, provincia de Buenos Aires, viaja 10.000 kilómetros para venderse en Europa, y en el mercado local esa botella no se consigue por menos de 1.600 pesos. Quiere decir que incluso fijan el precio que ellos quieren, porque la cotización oficial del euro tipo vendedor al día 8 de septiembre de 2023 es de 396,85 pesos, por lo que el producto debería haberse vendido a 961 pesos y se lo vende a no menos de 1.600 pesos. Con lo que están tomado un precio del euro de 661,2 pesos (el “euro blue” de ese día incluso fue mayor: 848 pesos por euro).

Lo paradójico y que divide las aguas entre los devaluadores (encabezados por Milei y Bullrich) es hasta cuánto están dispuestos a devaluar nuestra moneda. Pero no sólo por la caída del salario, al existir una relación inversamente proporcional entre el poder adquisitivo de las remuneraciones y el tipo de cambio, sino porque se abaratan los activos del país, con lo cual la extranjerización jugaría en contra de los capitales locales.

En efecto, Gustavo Idigoras, presidente de la Cámara Argentina de la Industria Aceitera (CIARA) y del Centro de Exportadores de Cereales, que agrupa empresas locales como Aceitera Gral. Deheza, Molinos Río de la Plata, y ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) y también algunas extranjeras como Bunge-Viterra (que se asociaron en junio de este año y donde tiene participación accionaria BlackRock), Louis Dreyfus, Cargill, ADM Agro, etc., sostuvo: “Si uno piensa que vamos a dolarizar todas las cadenas de granos, hay que tener en cuenta que todos los costos, desde la siembra, la logística, la manipulación, molienda y exportación estarían en dólares. Pero nuestros competidores estarán en monedas locales y con posibilidad de devaluar y ser más competitivos. Lo más probable es que si se dolariza nos sintamos cómodos al principio, pero luego se pida una salida que nos haga competitivos. Tener un anclaje fijo en países como Argentina no es una solución razonable”.

Más lejos fue Horacio Liendo, ex secretario legal y técnico en la gestión de Domingo Cavallo y hoy asesor de Patricia Bullrich, señalando que “no se puede salir del sistema monetario inmediatamente porque todos (los bancos) van a quebrar”. Y advirtió que la dolarización impulsada por Milei “requiere utilizar activos del Banco Central y del Tesoro para obtener financiamiento para poder ir cancelando las Leliq y la base monetaria, es decir, que es una estructura que requiere un mayor endeudamiento”.

En síntesis, la bimonetización propuesta por Juntos por el Cambio y la de Darío Epstein (director titular de Pampa Energía S. A. puesto por BlackRock y conspicuo miembro del equipo de Milei), dejan atrás la fantasía de la “dolarización” para asegurarse un sistema que vaya igualando nuestra moneda a las extranjeras a un tipo de cambio más alto (devaluación) y eliminado el “cepo” cambiario, como hizo en diciembre de 2015 el gobierno de Cambiemos, que eliminó el programa de consultas de operaciones cambiarias de la AFIP y levantó la restricción de comprar 2.000 dólares por persona física y jurídica y por mes del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, para pasar a ser de 2.000.000 de dólares. En mayo de 2016, el BCRA amplió dicho límite a 5.000.000 mensuales y en agosto de 2016 no se puso ningún límite a las operaciones en el MULC (Mercado Único y Libre de Cambio) constituido por los bancos y los compradores de divisas, como si cualquier mortal pudiera comprar 2.000.000 de dólares o más [9].

El objetivo de la bimonetización propuesta es levantar el “cepo”, no para que sea la puerta de entrada de las divisas, sino para que sea, como siempre, la puerta de la deuda y de la fuga.

Conclusión

El gobierno de Alberto Fernández es víctima de su propia política monetaria, le dio y le da de ganar beneficios extraordinarios a los grandes bancos, porque esos bancos tienen la “llave” para pasar los depósitos que captan a dólares y provocar una corrida cambiara que se transforma en corrida bancaria a costa del ahorro de sus depositantes.

Pero a su vez saben que, de colapsar el sistema, se les acaba la renta financiera y que es difícil de reconstruir, máxime cuando en los cuatro bancos privados más grandes del país tiene participación BlackRock, por lo que prefieren una salida ordenada, de allí el “olvido” de Milei de dinamitar el BCRA y recibir asesoramiento de la Escuela de Chicago mediante Roque Fernández (que fue presidente del BCRA 1991-1996) y su equipo.

La discusión entre los liberales es cuál va a ser la magnitud de la devaluación y cuánto se desvalorizan los activos locales, pero con un atenuante, el capital extranjero que apoya a Milei tiene participación en acopiadoras y comercializadoras de granos, en empresas energéticas y en bancos y no están dispuestos a hacer ningún salto al vacío.

 

 

 

[1] Además de las 78 entidades financieras reguladas por el Banco Central, existen 124 emisoras de tarjetas de crédito y/o compra y 237 proveedores no financieros de crédito registrados en la entidad,  un elevado número de medios de pago electrónicos, como tarjetas de débito y crédito, billeteras virtuales y tarjetas prepagas. Esto aún sin contar las entidades no registradas, entre las que se encuentran algunas entidades microfinancieras, mutuales y cooperativas y entidades dedicadas al crédito comercial con fines de lucro no registradas. También, si bien no se consideran puntos de acceso del sistema financiero propiamente dichos, existe un número elevado de comercios que permiten realizar extracciones de efectivo, como supermercados, estaciones de servicio, farmacias y sucursales de redes de cobranzas extrabancarias. 
[2] M2 = M1 (Billetes y monedas en poder del público + cheques cancelatorios en pesos + cta. cte. del sector privado y público en pesos) + caja de ahorro del sector privado y público en pesos.
[3] L a relación medios de pagos sobre PIB de la Argentina es la más baja de la región: Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay tienen un  grado de monetización entre dos y tres veces mayor.
[4]Informe Monetario Mensual del BCRA.
[5] En los países de la región, el crédito generado (medido sobre el PIB) por el sistema financiero es también  entre dos  y tres veces mayor que en la Argentina.
[6] Hasta el 31 de agosto de 2023  rigió el “Programa de Incremento Exportador”, que fijaba un tipo de cambio diferencial de 340 pesos por dólar para la liquidación de divisas provenientes de la exportación de productos de las economías regionales, maíz y cebada cervecera.
[7] El 80,39 % del capital accionario del Banco Patagonia S. A. es del Banco Do Brasil.
[8] Pases pasivos son préstamos de las entidades financieras al BCRA de 1 a 6 días.  Leliq de 7 a 29 días y Notaliq de 30 y más días.  No tienen ninguna utilidad, solo la de sacar dinero de circulación y por esa razón el BCRA les paga a las entidades financiera un interés.
[9] Tras perder las PASO de 2019, el gobierno de Cambiemos volvió a imponer el “cepo” cambiario a 10.000 dólares por persona y por mes, que el BCRA de Guido Sandleris reforzó el 31/10/2019 al limitar el adelanto en efectivo en moneda extranjera con tarjeta de crédito y débito a 50 dólares mensuales y al reducir la posibilidad de compra de 10.000 a 200 dólares por persona y por mes.

 

FUENTE:

Los beneficiados de siempre – El Cohete a la Luna

SÍSIFO

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Una revisión histórica de la inflación y el desempleo en la Argentina

La Argentina atraviesa un escenario de aceleración inflacionaria inédito en las últimas tres décadas. La presión sobre el índice de precios es simétrica a la escasez de divisas en el Banco Central. La definición de país “bimonetario”, en el que el peso funciona como una moneda para las transacciones y el dólar como una reserva de valor —en la que se valúan los patrimonios de las empresas y los ahorros de los individuos—, define que cualquier desequilibrio en el sector externo inmediatamente impacta en los precios internos de la economía, pues todos los agentes económicos intentan ajustar sus beneficios y sus ingresos al alza del dólar provocada por el desequilibrio mencionado.

Esta correlación directa entre el dólar y los precios internos, impropia de la diversidad productiva y de la disponibilidad de recursos vigente en la Argentina, se ha ido agudizando con los sucesivos ciclos de endeudamiento público y con la salida privada de capitales ocurridos en la historia reciente (1978-1981, 1996-2001, 2016-2019).

Un Estado recurrentemente quebrado por una deuda improductiva y la formación de activos privados en el exterior que se apropian de ese flujo de divisas conforman el factor decisivo de los péndulos de crecimiento, deuda y crisis, y nuevamente volver a empezar, como el mito de Sísifo.

En el presente, y con claridad desde la crisis de 2018-2019 (amortiguada por el monumental préstamo que el FMI otorgó al gobierno de Macri), la Argentina se desliza hacia episodios de aceleración cambiaria e inflacionaria, provocados por el desequilibrio de las cuentas externas que genera la deuda pública con financistas privados y con el propio Fondo.

El gobierno de Alberto Fernández intentó evitar las gravosas consecuencias del desbalance provocado por los créditos contraídos durante la administración de Macri, pero estuvo muy lejos de aplicar políticas que resolvieran el problema y le otorgaran consistencia al balance de pagos, desperdiciando las siguientes oportunidades:

  1. No atesoró reservas internacionales con la oferta de divisas proveniente del superávit de la balanza comercial, que en el trienio 2020-2022 fue de 34.000 millones de dólares. Tampoco aprovechó el desembolso sin condicionalidades efectuado en la pandemia por el FMI de 4.200 millones de dólares. El excedente de dólares en ese lapso alcanzó un total de 38.200 millones de dólares, pero las reservas internacionales se redujeron en 300 millones de dólares.
  2. Se aceleró en plena pandemia la reestructuración de deuda con el sector privado, reconociendo un valor presente de los nuevos bonos (57 dólares por cada 100 dólares emitidos), superior al vigente en el mercado (40 dólares por cada 100 dólares en el mercado). Además, no se gestionó una quita relevante y no se produjo un efecto favorable para el ingreso de dólares financieros, dado que el riesgo país, a pesar del canje de bonos, se duplicó (de 1.000 pb a 2.000 pb).
  3. El acuerdo con el FMI estableció condicionalidades impropias para las debilidades de otorgamiento que este presentaba. Es un acuerdo que subordina la política económica nacional a generar excedentes para el pago sin contemplar el devenir propio de una economía como la argentina.

Este recorrido sobre los factores que debilitan la solvencia del sector externo y que necesariamente impactan en el régimen de precios argentino tiene por objetivo crear un marco que explique la presente aceleración inflacionaria.

La estabilización de las variables económicas depende entonces de un sector externo robusto oferente de divisas que se acumulen en el Banco Central. La política fiscal y monetaria tiene capacidad de incidir en la estabilización, en tanto se parta del sector externo.

En este contexto electoral, se abre un debate entre los candidatos sobre el programa necesario para reducir, e inclusive erradicar, definitivamente la inflación. Todas las ideas esbozadas por los postulantes de la derecha conservadora remiten a la experiencia de los ‘90 conocida como régimen de convertibilidad, durante el cual, a lo largo de una década (1991-2001), el valor del dólar se igualó al peso en una unidad (1 dólar = 1 peso). La paridad fija se estableció por ley.

Javier Milei, si bien ahora ha relativizado el planteo inicial, arrancó planteando la supresión definitiva del peso y su reemplazo por el dólar, en un esquema conocido como “dolarización”. Al igual que en la convertibilidad —pero ya de forma irreversible, porque no existen experiencias en la historia económica que revelen que un país abandonó su moneda y luego volvió a ella—, la dolarización implica que la actividad económica de la Argentina dependerá exclusivamente de la oferta de divisas, habida cuenta de que la enorme mayoría de sus oferentes son agentes económicos privados y, consecuentemente, tendrán la capacidad de moldear el esquema productivo del país conforme a sus intereses. Bullrich ha expresado un sendero de fijación del tipo de cambio con las reservas en el marco de un mercado libre en un sistema muy similar al de la convertibilidad.

En ambos casos, la estabilización se da por el sector externo, pero con un régimen cambiario que suprime completamente la autonomía de la actividad productiva nacional respecto de la oferta de divisas, habida cuenta de que el sector privado oferente es el primario-financiero. En definitiva, los dueños de los recursos naturales (agro, minería y energía), con mentalidad extractivista, y los fondos de inversión tenedores de deuda pública argentina en dólares, conformarán (no sin tensiones) el bloque empresarial que manejará la economía nacional. Estos modelos de estabilización quitan al Estado la capacidad de enfrentar una crisis global, dado que no pueden proteger la economía interna porque no administran el valor del dólar, con lo cual un shock externo golpea de lleno al país.

La segunda limitante, asociada a la primera, radica en la incapacidad de utilizar la política monetaria y fiscal para atenuar los ciclos negativos de la actividad.

Por último, y relacionado con lo anterior, en los modelos que proponen Milei y Bullrich, una política de ingresos redistributiva en favor de los asalariados, es inviable. En síntesis, la estabilización de la economía desde el sector externo, a partir de fijar a largo plazo el valor del dólar por cualquier instrumento, y quitarle al Estado la capacidad para administrar el tipo de cambio, deja inerme al país frente al devenir de la economía internacional y congela la distribución del ingreso existente al momento de aplicar el régimen.

Los ejemplos históricos aportados por la convertibilidad son elocuentes. El tipo de cambio fijo en el tiempo planchó los precios, pero —desde su entrada en vigencia— comenzó a crecer exponencialmente el desempleo. En efecto, la convertibilidad se inició en abril de 1991 y para octubre de 1994, el desempleo ya había trepado al 12 %. El segundo elemento grave es que se desvinculó la creación de empleo en la Argentina respecto de la tasa de crecimiento económico.

En los mejores años de la convertibilidad, 1991-1994, la tasa de crecimiento promedio anual superó el 6 %, sin embargo, el desempleo trepó del 7 % al 12 %.

La gravedad de este esquema económico se vio en toda su dimensión en la segunda mitad de la década del ‘90, dado que en 1995 se produjo el golpe de una crisis internacional comenzada en México, que se propagó a Brasil y a la Argentina con fuerte salida de capitales. En tanto la Argentina no podía mover su tipo de cambio para amortiguar los efectos internos de la crisis, sostener el régimen de paridad fija implicó que el desempleo alcanzara el 18,6 %, creciendo un 50 % por sobre el ya elevado nivel de 1994.

En las elecciones presidenciales de 1995, el pueblo argentino se vio entrampado en una discusión parecida a la actual, en la que el temor a la hiperinflación, vivida recientemente en el año 1989, determinó que se votara por sostener la estabilidad de precios sin priorizar la creación de empleo. La economía volvió a crecer en el trienio 1996-1998 a una tasa promedio anual del 3 %, pero el desempleo se sostuvo en torno al 14 %, ratificando que la convertibilidad era un modelo que divorciaba el crecimiento económico de la creación de empleo por primera vez en la historia argentina.

El rechazo electoral a este régimen y la incapacidad de los gobernantes electos para resolver este cuadro de situación desembocaron en la catástrofe del 2001, cuyos determinantes ya estaban vigentes desde mucho antes.

Este recorrido histórico sirve para fundamentar que cualquier plan anti-inflacionario que suponga estabilizar el sector externo congelando el valor del dólar sólo puede desembocar en la configuración de un modelo económico con elevado desempleo. La convertibilidad determinó que la Argentina tuviera el ciclo más largo de desempleo de dos dígitos de toda su historia, doce años consecutivos entre 1994 y el 2006, algo que no había ocurrido ni siquiera en la crisis de 1930. Es muy peligroso alcanzar la estabilización de precios a costa del sistema productivo.

En cambio, la política que viene llevando adelante Sergio Massa, en procura de fortalecer el sector externo, pero preservando actividad y empleo, es un tránsito hacia un escenario de mayor holgura de divisas en el año 2024, que permita estabilizar precios con una economía creciendo y un desempleo bajo.

Es real la necesidad de acumular dólares en el Banco Central como mecanismo de estabilidad. Pero eso no es antagónico con una economía industrial y un régimen de pleno empleo. Definir hasta dónde se puede poner en marcha un modelo productivo con autonomía de su sector externo es un trabajo diario y sereno como el que viene llevando adelante el actual equipo económico. El año que viene, con un excedente de balanza comercial que según las estimaciones superará los 18.000 millones de dólares, este tipo de esfuerzo se verá decisivamente robustecido.

FUENTE:

Sísifo – El Cohete a la Luna

La Arquitectura Financiera Internacional IX. Argentina, hija putativa del FMI: el romance de la madre dictadora y el padre neoliberal.

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Ríos de tinta se han dilapidado sobre la temática del FMI en Argentina. Ya se ha dicho todo, en todos los idiomas, bajo todas las miradas. Desde el elogio existencial del orden financiero hasta la crítica absoluta de la dependencia. Pero la pretensión de esta nota no es el relato pacífico. Se trata de proponer tres afirmaciones para su reconocimiento y debate en el campo popular:

  • Argentina tiene una historia económica signada por la deuda externa. En particular, las relaciones (activas o pasivas) con el FMI, incluso en instancias republicanas.
  • El FMI forma parte de la estructura legislativa y financiera del país que se consolidó bajo dictaduras cívico-militares y es consentida por gobiernos democráticos.
  • La incidencia de la Arquitectura Financiera Internacional (AFI) en el sistema económico de Argentina depende del rol que ocupe (o no) el FMI

Hemos abusado del término “putativa” por su etimología y recurriendo a Wikipedia que informa que se denomina putativo a alguien (una persona) que se le atribuye, por error excusable, una calidad que no tiene.

No somos hijos del FMI, aunque …

De la mano del antiperonismo dictatorial de la autodenominada Revolución Libertadora, por Decreto Ley 15970 del 31 agosto 1956, y con la firma de Aramburu se aprueba el ingreso de la República Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, actualmente BM, Banco Mundial).

El convenio pasa a formar parte de la estructura jurídica del país. Entramos en la AFI con una inversión de u$s 150M, 25% en oro y 75% en m$n en el caso del FMI, y otro tanto para el BIRF integrados el 2% en u$, el 18% en m$n y el saldo en cuotas.

Los Convenios de creación que constan en el Acta Final de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, celebrada en Bretton Woods, en Julio 22 de 1944, y las resoluciones de las Juntas de Gobernadores de dichas instituciones internacionales N. 11–3 y N. 97, respectivamente, del 8 de agosto de 1956, pasan a formar parte de nuestra estructura legislativa.

La Argentina efectivizó su primera transacción con el FMI en abril de 1957 con el objetivo de “volver a una mayor libertad económica”, y resolver el déficit en la balanza de pagos del dólar.

No obstante, el BCRA continuó perdiendo reservas internacionales pese a que el gobierno provisional derogó el régimen de nacionalización de los depósitos, modificó la ley de bancos y las cartas orgánicas de la banca oficial (Banco Central, Hipotecario Nacional, Industrial y Caja Nacional de Ahorro Postal); y liquidó el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), organismo regulador del comercio exterior argentino.

Cuarenta años después, la misma lógica, la misma ideología, sancionaba con el Nro. 21.526 el 14 de febrero de 1977 la ley de entidades financieras que reforzó la AFI y estructuró de manera categórica la dependencia financiera del país.

Ya nada sería igual en la recortada soberanía monetaria.

El 22 de septiembre de 1977, una ley argentina Nro. 21648, aprobaba la segunda enmienda al convenio constitutivo del FMI. Con las firmas del dictador y genocida Videla y el ideólogo neoliberal Martínez de Hoz y basados en el Estatuto para el Proceso de Reorganización Nacional, se atribuyó rango de ley del sistema jurídico argentina al FMI.

Posteriormente por Ley 24005 del 2 de octubre de 1991, con la firma de Menem y Pierri se legalizaba el aumento de la cuota societaria de la RA en el FMI que paso a DEG 1.537,1M

En la actualidad (setiembre 2023) Argentina detenta cuotas sociales por DEG 3.187,3 (0,67% del capital total) y tiene 33.332 votos (0,66% del total). Somos un país casi irrelevante como socio (puesto 32 entre 190 países), aunque significativo como deudor.

Argentina ha vivido, de ahí su condición de putativa, más tiempo bajo programas del FMI: 41 años de los 67 pasados desde su ingreso en 1956 hasta 2023.

El FMI forma parte del genoma financiero histórico de nuestro país.

Es el dominio por la deuda dado que Argentina tuvo con el FMI veintiún acuerdos de condicionalidad fuerte: diecinueve stand by y dos de facilidades extendidas.

Las políticas económicas fueron decididas en consonancia con el FMI y sus designios. También tomó otros tipos de obligaciones, como el tramo reservas (antes tramo oro), el primer tramo de crédito, y las líneas vigentes en las décadas de 1970 y 1980 para financiar los déficits comerciales por el aumento del petróleo y la caída de las exportaciones.

Cuando en enero de 2006, el presidente Kirchner dispuso la cancelación anticipada de su deuda con el FMI, sólo durante nueve años desde 1956 el país no había estado bajo acuerdos con el organismo.

Cuatro de esos años transcurrieron bajo gobiernos que aplicaron políticas heterodoxas: 1964-1965 (presidencia de Arturo U. Illia, de la UCR), y luego 1973-1974 (presidencias del Frente Justicialista de Liberación, de Héctor J. Cámpora y Juan Domingo Perón, quien canceló el monto adeudado al FMI antes de su vencimiento).

Otros cinco años libres de acuerdos correspondieron a gobiernos de facto que solicitaron stand by al organismo para catalizar el sobreendeudamiento externo: 1970-71 (dictadura cívico-militar denominada Revolución Argentina, presidente Gral. Levinston) y 1979-81(dictadura cívico militar autodenominada Proceso de reorganización nacional, Grales Viola, Galtieri).

Desde 1982 hasta 2004 la Argentina estuvo permanentemente bajo programas del FMI o buscando su aprobación. El año 2005 (Néstor Kirchner) fue el primero completo sin acuerdos con el FMI, luego de que en septiembre de 2004 el gobierno suspendiera el stand by vigente a fin de renegociar la deuda pública externa con las manos libres. Luego pagó totalmente lo adeudado al FMI, conservando la membresía de la Argentina en la institución.

En 2018 el gobierno de la alianza Cambiemos (2015-2019) obtuvo un stand by de monto extraordinario y desembolso acelerado, con plazos y montos de devolución imposibles de cumplir para la capacidad de pagos de Argentina. La pandemia del coronavirus agravó la situación, porque desplomó la producción y el empleo, y aumentó la necesidad de fondos estatales para enfrentar las demandas sanitarias y auxiliar a los más afectados por la crisis. Por todo ello, en julio de 2020 el gobierno argentino de Alberto Fernández suspendió este stand by y renegocio forzosamente sus términos.

Argentina sufre hoy las consecuencias de esa renegociación forzosa a través de su alta tasa inflacionaria, el ahogo del comercio externo, el agobio de los intereses de la deuda en la balanza de pagos, la reducción de reservas internacionales y los aumentos de los niveles de pobreza e indigencia.

Tanto desde el punto de vista de las decisiones político legislativas, como desde su implementación práctica queda claro que la historia argentina es incomprensible si no se incluye la dimensión FMI.

En sus orígenes, un acuerdo Stand-By (ASB) es un tipo de préstamo de condicionalidad fuerte que proporciona asistencia financiera a los países que afrontan problemas de balanza de pagos.

Estos problemas se derivan: i) insuficiencia de las exportaciones (por efecto precio o por efecto cantidad); ii) incremento de las importaciones (por dependencias generadas en la falta de desarrollo industrial suficiente); iii) dificultades para acceder a préstamos internacionales; iv) peso relativo del pago de los servicios de la deuda externa.

Según la página oficial FMI el objetivo del ASB es “Dar una respuesta flexible a las necesidades de financiamiento externo de los países mediante el apoyo de sus políticas de ajuste con financiamiento a corto plazo”. Obsérvese lo siguiente: a) la flexibilidad de obrar “de acuerdo a las circunstancias”; b) el hecho objetivo: los países necesitan apoyo externo, c) el financiamiento es a corto plazo e implica siempre políticas de ajuste. De allí se deriva que estos apoyos involucran condiciones de cumplimiento del país deudor, las llamadas condicionalidades.

Por otro lado, como un stand by es una suerte de luz verde para el mercado de capitales y dado que el FMI ejerce de auditor general de última instancia en la AFI, los países suelen firmar esas garantías de cumplimiento aunque no utilicen los fondos disponibles.

Esas condicionalidades son las emergentes de la capacidad de devolución del préstamo otorgado y de la adopción de políticas económicas compatibles con la organización del mundo sobre las bases capitalistas y de acuerdo a la AFI: i) privatizaciones de empresas públicas y de servicios sociales, ii) déficit cero en la gestión presupuestaria,iii) austeridad en el gasto social, iv) prevalencia y cobertura del mercado libre, v) independencia del Estado deudor respecto de la emisión monetaria nacional.

Hemos preparado el siguiente resumen sólo con los préstamos stands by gestionados por el país y del cual pueden obtenerse algunas conclusiones que quedan para el lector interesado. Gobiernos de facto, dictatoriales, democráticos, partidos populares, conservadores, militares, todos han ido tomados de la mano del FMI para confluir en nuestra realidad hoy. Y los mismos problemas de siempre sin resolver: reservas insuficientes, tasas absurdas de inflación, mayor endeudamiento interno y externo, congelamientos de precios y salarios, fracaso de los planes económicos, refinanciaciones, ajustes presupuestarios, dolarización, blindajes.  Viejas y gastadas palabras para nombrar desventuras humanas sociales.

 

  Fecha Gobierno Importe Referencia
1 Dic-1958 A. Frondizi 75M Sólo uso u$ 42,5M. Estabilización BP
2 Dic-1959 A. Frondizi 100M Plan estabilización. Inflación
3 Nov-1960 A. Frondizi 100M Sólo recibió u$ 60M
4 Dic-1961 A. Frondizi 100M Caída reservas oro
5 Jun-1962 J. M. Guido 100M Caída de reservas
6 -1967 J. C. Onganía 125M No usado. Frenar la inflación.
7 -1968 J. C. Onganía 100M No usado. Crecimiento largo plazo
8 Ago-1976 J. R. Videla 300M Liberar precios, congelar salarios
9 Set-1977 J. R. Videla 194M No usado. Reducir inflación.
10 Ene-1983 R. Bignone 1.500M Compensar financiamiento.
11 Dic-1984 R. Alfonsín 1.450M Ajuste recesivo
12 Jul-1987 R. Alfonsín 1.400M Agotamiento Plan Austral
13 Nov-1989 C. Menem 1.400M Hiperinflación
14 Abr-1991 C. Menem 1.000M Plan de convertibilidad
15 Abr-1996 C. Menem 1.000M Privatizaciones. Ajuste presupuestario
16 Mar-2000 A. De la Rúa 7.200M Blindaje Impuestazo
17 Ene-2003 E. Duhalde 12.500M Déficit cero. Reestructuración deuda
18 Set-2003 N. Kirchner 2.500M Ajuste y Reprogramación deuda
19 Jun-2018 M. Macri 56.300M Uso 44.300M. Fuga de capitales

 

Sólo hay que destacar que el stand by Macri supera largamente la sumatoria de los stand by aprobados desde el inicio de la relación con el FMI y durante sesenta años. Ha sido el golpe maestro del neoliberalismo, el anzuelo de oro. Y que la renegociación del gobierno peronista de Alberto Fernández ha concluido en un acuerdo de facilidades extendidas que no es sino una mochila de plomo para el pueblo y representa un ancla para la dependencia financiera de la Argentina.

Llevar esa mochila y liberar el ancla es tarea de la política nacional y popular que no admite otra estrategia más que enfrentar -a como dé lugar- a quienes desean perpetuar la gobernanza por la deuda.

 

El poder de la arquitectura financiera internacional VIII. ¡Salvemos a los bancos!

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Una arquitectura financiera es un diseño institucional y tecnológico de poder monetario que permite organizar, administrar y controlar los movimientos monetarios de personas, familias, organizaciones, empresas y Estados nacionales.

A nivel doméstico, esa arquitectura está dada por los Bancos (donde tenemos nuestras cuentas en dinero fiduciario disponible) y las empresas emisoras de las tarjetas de crédito (donde se nos ofrece una riqueza disponible en dinero plástico). Ambas se encuentran cuidadosamente interrelacionadas y celosamente custodiadas por el Veraz y otras instancias de control cruzado. Al estar bancarizados, nuestra vida transcurre en la telaraña financiera. Y ya sabemos quién es la araña. Para algunos está la Banelco de reconocidos bancos que nos categorizan como prestigiosos, eminentes, ejecutivos o preferenciales; para los pobres de toda pobreza tenemos la tarjeta Alimentar de ANSES. En el mundo de las finanzas somos números y plásticos.

La arquitectura financiera internacional es una planificación de poder mundial que incluye marcos, normas, instituciones y mercados financieros globales, así como los acuerdos de gobernanza para garantir la estabilidad y el funcionamiento de los sistemas monetarios y financieros mundiales. Responde a las preferencias en materia de política de las grandes economías para dar respuesta a las perturbaciones y crisis económicas y financieras.

La AFI (arquitectura financiera internacional) nació en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial. Fue la sobremesa de los vencedores, el brindis hacia el futuro, una consecuencia de los acuerdos para garantir las cobranzas de la deuda de los vencidos y, de paso, organizar el mundo de acuerdo a sus conveniencias. Lo cierto es que no está respondiendo a los requerimientos internacionales. Diseñada por y para los países vencedores e industrializados de la posguerra, en otro momento histórico: ni los riesgos globales climáticos, ni las desigualdades sociales, incluida la desigualdad de género, ni la guerra de monedas, ni la emergencia de nuevos actores se consideraban retos importantes del desarrollo. La AFI ya presentaba deficiencias estructurales en el momento de su concepción, pero garantizaba la estructura dominante.

Y el plano de los arquitectos del poder se ha vuelto más incompatible con la realidad y las necesidades del mundo actual multipolar, lo que hace que la AFI no sirva en absoluto para su propósito en un mundo marcado por el incesante cambio climático, los crecientes riesgos sistémicos, la desigualdad social extrema, los arraigados prejuicios de género, unos mercados financieros muy integrados y vulnerables al contagio transfronterizo y los drásticos cambios demográficos (inmigración africana en Europa), tecnológicos (inteligencia artificial), económicos (tránsito energético) y geopolíticos (emergencia de los BRICS).

A pesar de las críticas de la propia UN (Informe de políticas de Nuestra Agenda Común 6. Reformas de la arquitectura financiera internacional, mayo 2023) la ortodoxia neoliberal reclama más capitalismo financiero y advierte que la economía mundial está plagada de desequilibrios que no es posible corregir en el marco del actual (no) sistema monetario internacional. Y proponen una economía mundial dolarizada y se espantan con la emergencia de alternativas como los BRICS.

Los bancos son los operadores de la AFI. Por eso siempre se los salva y se los rescata de las crisis que ellos mismos ocasionan y diseminan. En el mundo y en Argentina. Rescates públicos y privados, pero siempre rescate.

En el pasado marzo 2023 un total de 11 grandes bancos de Estados Unidos, liderados por JP Morgan, ha decidido acudir en auxilio del 14º mayor banco del país por activos y efectuar el rescate privado para el First Republic Bank por u$ 30.000M.. Ese mismo mes, el gobierno de Estados Unidos sale al auxilio tras la quiebra de Silicon Valley Bank por u$ 21.000M.. Y hay más, mucho más. Siempre se salva a los bancos porque son los agentes dinámicos de la AFI.

En Argentina esos salvatajes tienen raíz histórica. En 1935 la política conservadora crea el Banco Central luego de la crisis bursátil y económica de los años treinta. Para garantizar su fundación el Estado “saneó” a los bancos privados, obligando al conjunto de los argentinos a cargar con dicho costo. Alfredo Gómez Morales puntualiza que la reforma monetaria y bancaria de 1935 incluyó un “salvataje financiero de los pocos privilegiados” que “conducían con hilos invisibles los resortes de la política y del gobierno del país”. En el mismo sentido, Antonio Cafiero mencionó que en 1935 salvaron “de la ruina económica a los bancos e instituciones financieras privadas y extranjeras que durante la época precedente a la crisis del año 30 se habían dedicado a toda suerte de préstamos especulativos”.

Mas cerca, en 2002, con el argumento de los banqueros que no tenían por qué pagar los platos rotos del terremoto de la dolarización que había iniciado el Gobierno de Menem y Cavallo con el “uno a uno” el Estado argentino se hizo cargo de las obligaciones de los bancos que le costó u$ 13.774M. (asciende a u$ 16.100.- si se incluyen los recursos judiciales) por la pesificación asimétrica, el canje de bonos, el seguro de cambio y la supresión del CER.

Más que el déficit presupuestario debiera analizarse el impacto de estos salvatajes (y otras prebendas fiscales y monetarias) que el Estado Argentino le otorgó al sistema bancario amparado por la ley de Entidades financieras de la dictadura militar y a la que los gobiernos democráticos no se le animan. Por supuesto, el establishment político se vanagloria hoy de la “salud del sistema bancario”. Ya se ve: bancos saludables en una población pobre. Será?

La arquitectura financiera internacional abarca varias dimensiones:

  1. a)  Gobernanza de las instituciones financieras internacionales públicas, como los bancos multilaterales de desarrollo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así́ como otros bancos públicos internacionales de desarrollo y fondos mundiales (como el Fondo Verde para el Clima);
  2. b)  Organismos de normalización financiera que ordenan las finanzas privadas, como el Consejo de Estabilidad Financiera, el Banco de Pagos Internacionales, la Organización Internacional de Comisiones de Valores, el Consejo de Normas Internacionales de Contabilidad y el Grupo de Acción Financiera;
  3. c)  Acuerdos monetarios, como los acuerdos financieros regionales y la red de líneas de permuta financiera bilaterales;
  4. d)  Agrupaciones informales de países con atributos para fijar normas, como el Grupo de los Siete (G7) y el Grupo de los 20 (G20);
  5. e) Órganos normativos formales pero no universales, en particular la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE);
  6. f) Grupos de acreedores que se ocupan de cuestiones relacionadas con la deuda soberana: el Club de París, el Club de Londres, el Marco Común para el Tratamiento de la Deuda (más allá de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda, acordado por los países del G20 y el Club de París), y la International Capital Market Association (entidad privada que publica cláusulas modelo para instrumentos de deuda), así́ como agencias mundiales de calificación crediticia;
  7. g) Las Naciones Unidas como organismo normativo y ejecutor.

Pero la AFI actual no ha servido para movilizar fondos estables y a largo plazo a escala para las inversiones necesarias para combatir la pobreza, el hambre, la crisis climática y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Está plagada de desigualdades, carencias e ineficacias profundamente arraigadas en el sistema, entre ellas las siguientes:

  1. a)  Mayores costos de endeudamiento para los países en desarrollo; muchos Gobiernos dedican una gran parte de sus ingresos a pagar el servicio de la deuda, al tiempo que son incapaces de invertir lo suficiente en el ejercicio de derechos fundamentales en materia de salud, educación y protección social.
  2. b)  Variaciones significativas en el acceso de los países a la liquidez en tiempos de crisis, con solo una pequeña parte de los derechos especiales de giro (DEG) asignados a los países en desarrollo; por ejemplo, el continente africano, donde viven 1.400 millones de personas y más del 60 % de los pobres extremos del mundo, solo recibió́ el 5,2 % de la última emisión de DEG;
  3. c)  Falta de inversión en bienes públicos globales, incluídas la preparación frente a pandemias y la acción climática;
  4. d)  Mercados financieros y flujos de capital inestables, repetidas crisis financieras mundiales y sobreendeudamiento soberano recurrente, con consecuencias nefastas para el desarrollo sostenible.

Del mismo modo, la arquitectura tributaria internacional no ha seguido el ritmo de un mundo cambiante. Aunque en última instancia los países necesitan contar con recursos nacionales para financiar la inversión en su desarrollo sostenible y equitativo, la evasión y la elusión fiscales mundiales limitan su capacidad para hacerlo. Volveremos sobre esta relación entre las finanzas y los tributos.

El mundo dual que deja trascender Cristina Fernández, un mundo de dos vías: la de quienes poseen y la de los desposeídos, una realidad que entraña peligros claros y evidentes para la economía mundial y todo lo demás.

Si no se adoptan medidas para cambiar de rumbo, esta brecha derivará en una divergencia duradera, una fragmentación económica y fracturas geopolíticas. Todos los países desarrollados y en desarrollo necesitan una reforma de la AFI para restablecer la confianza en el sistema y evitar el distanciamiento y la fragmentación final de las relaciones financieras y económicas internacionales. Un nuevo conjunto de normas e instituciones que contribuyan a la convergencia y permitan a todos los países lograr transformaciones sostenibles, inclusivas y justas. La AFI no debe estructurarse para acentuar la acumulación y el poder de los poderosos, sino que debe respaldar el desarrollo con equidad social, la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el ejercicio activo de los derechos humanos.

Solo se puede facilitar esa estructura mediante una reforma ambiciosa, empezando por una gobernanza económica mundial más inclusiva, representativa y, en última instancia, más eficaz. Será la política capaz de implementarla?

 

LOS MERCADOS LIBRES NO EXISTEN

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A favor del pueblo o de los grandes capitales

“Todos son regulados. Los regula el Estado, a favor del pueblo, o lo hace el gran capital, en beneficio de sus privilegios”, decía el General Juan Perón cuando en la Argentina se defendía el mercado interno y la producción nacional.

Fue necesaria la dictadura militar para cambiar los paradigmas de la sociedad, impregnando todo con su visión y discurso dominante de libre mercado, que es el verdadero logro cultural de la dictadura de Videla, Massera y Agosti. El golpe de Estado del 24 de marzo 1976 produjo profundos cambios en la estructura económica argentina, que terminaron por conformar un nuevo modelo económico basado en la acumulación rentística y financiera, la apertura externa irrestricta comercial y de capitales y, con ello, de subordinación al capital financiero internacional, cuya principal base son los Estados Unidos.

Solo logró revertir esto, muy parcialmente, el primer año del gobierno de Alfonsín con su ministro Bernardo Grinspun, pero con Juan Vital Sourrouille, el 1 de julio de 1985, mediante los Comunicados A-695, A-696, y A-697 del BCRA, se reemplazaron títulos de deuda externa heredados de la dictadura militar, a los que la gestión de Grinspun se había negado a reconocer hasta que no se supiera el origen y destino de los fondos, por “Obligaciones del Banco Central de la República Argentina” [1].

Uno de los mentores de ese remplazo de títulos firmados en el final de la dictadura por Domingo Cavallo y Dagnino Pastore, y por Julio González del Solar y Jorge Wehbe, y obviamente asesorado por los abogados y contadores de las grandes empresas beneficiadas, fue el (en esa época) jefe del Departamento de Deuda Externa del Banco Central de la República Argentina, Carlos Alberto Melconian.

Melconian, a posteriori, en 1986, firmó y envió al directorio de la entidad el informe 480/161, donde se pedía anular la investigación de la deuda privada contraída en el exterior a fines de la última dictadura cívico-militar. La investigación que llevaban adelante los auditores del Banco Central era causada por considerarse esa deuda como «créditos fraudulentos y de dudosa legalidad», declarados por empresas privadas, deuda valuada en al menos 6.000 millones de dólares. Entre las denunciadas figuraban empresas extranjeras (IBM, Esso, Renault, Kodak, etc.) y nacionales, entre estas últimas, Pérez Companc, Bridas (Bulgheroni), Aluar (Madanes Quintanilla), Laboratorios Bagó SA, Sideco Americana S.A. y SOCMA (Grupo Macri), entre otras.

Es más, haciendo una lectura crítica del rol del BCRA en la administración de la deuda externa, Domingo Felipe Cavallo en su libro Economía en tiempos de crisis [2], reconoce que, si bien él estatizó la deuda privada en pesos, no lo hizo con la deuda privada en moneda extranjera y que en ello jugó un rol preponderante Carlos Melconian.

El auditor de la deuda externa argentina, Néstor Forero, nos explica: “Cavallo nunca fue llamado a declarar por este tema ni él se presentó voluntariamente. Por nuestra parte, le pedimos al juez de la causa que lo llamara a declarar y realizara un careo con Melconian, dado que su corresponsabilidad en la estafa de la deuda externa es incuestionable, y la justicia argentina nunca lo hizo”.

Pero sí sabemos que Carlos Melconian fue uno de los tenedores de deuda que demandó a la Argentina en los juicios que empezaron en 2003 ante el juez estadounidense, Thomas P. Griesa, por 772.268 dólares. Se trata del mismo reclamo que impulsaron los fondos buitre y otros acreedores por los bonos soberanos argentinos que entraron en default por el crack financiero de 2001, asunto que se cerró en 2016, cuando el gobierno de Macri aceptó pagar 9.350 millones de dólares a los holdouts. Melconian percibió y con creces una suma de dinero, y esto se supo de un documento judicial estadounidense del 6 de febrero de 2009 donde figura su nombre como acreedor y denunciante contra la Argentina.

Fue presidente del Banco de la Nación Argentina con Macri y ahora sería ministro de Economía si fuera Presidenta Patricia Bullrich.

 

Fundación Mediterránea

La Fundación Mediterránea es una asociación civil creada en la ciudad de Córdoba, el 6 de julio de 1977, por iniciativa de 34 empresas de la provincia, convocadas por el contratista del Estado y constructor Piero Astori; sus socios principales eran Fulvio Pagani (Grupo ARCOR) y Benito Roggio (Grupo Roggio).

En sus comienzos, asesoraban a la Secretaría de Programación y Coordinación Económica encabezada por Guillermo Walter Klein y, a medida que avanzaba el plan económico de la dictadura, iban ganando espacio en el gobierno de facto, de manera tal que en el año 1981, el director del centro de estudio de la fundación (IERAL), Domingo Cavallo, fue nombrado subsecretario del Ministerio del Interior (1981) y presidente del Banco Central de la República Argentina durante julio y agosto de 1982, donde les prestó el servicio de licuar la deuda de las grandes empresas y trasladar ese pasivo a la población.

Obviamente, el favor (con plata y deuda de la población) fue a todas las empresas supuestamente endeudadas en la dictadura, con lo que la Fundación Mediterránea logró ampliar la cantidad de socios, de manera tal que en la actualidad se suman en cargo de autoridades Sebastián Bagó (h), Marcos Brito (Banco Macro), Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza (AGD), Jorge Riba de Dulcor S. A., etcétera.

Así como la Fundación Mediterránea surgió en 1977 y fue parte del gobierno de la dictadura militar, también apoyo al gobierno de Eduardo Angeloz, de José Manuel De la Sota [3] y de Juan Schiaretti en la provincia de Córdoba, todos ellos cuando ejercían como gobernador encabezaban el almuerzo anual de la Fundación, demostrando la simbiosis entre las distintas administraciones y el poder económico.

El plan en economía de la Fundación Mediterránea es básicamente el mismo que aplicara la dictadura militar de 1976, que el equipo que dirige Carlos Melconian e integrado entre otros por Rodolfo Santangelo (socio de Melconian en la consultora M&S), Daniel Artana (FIEL) [4], Enrique Szewach y Facundo Martínez (Ieral), resumen en tres ejes: la “estabilización” macroeconómica, la “reforma integral” del sector público y la “desobstaculización” del sector privado.

Una y otra vez, con la misma fracasada y mentirosa cantinela, en eso no se diferencian de la Escuela de Chicago en Argentina (CEMA), ni de la propuesta del hombre de BlackRock en el Directorio de Pampa Argentina S. A., Darío Epstein, que hoy forma parte del equipo de Javier Milei.

La remanida propuesta es la de déficit fiscal en cero y para ello proponen reducir el gasto político y la obra pública, demostrando un profundo desconocimiento del Estado (tampoco les importa), dado que en primer lugar la obra pública del presupuesto 2023 (y realizando la obra más importante de este gobierno que es el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner [5]) apenas si supera el 2 % del PIB. Segundo, el servicio de la deuda se calculó en la Ley de Presupuesto en 2,41 % del PIB (mayor erogación que la obra pública), pero no se había contemplado el aumento de las tasas de interés internacional, que hace que el gasto por la deuda termine representando este año 2023 en torno al 3 % del PIB. Tercero, el gasto político y el exceso en personal es relativamente cierto y se debería reducir el primero y supervisar el segundo, pero, por un lado, el total de remuneraciones de la Administración Nacional fue de 1,92 % del PIB en el año 2022 y se estima que va a ser de solo el 1,88 % del PIB este año 2023. El personal de la Administración nacional es de 229.685 agentes; a lo que se le deben sumar los entes descentralizados con 15.596 personas; mientras que los de las empresas y sociedades con participación estatal nacional son 93.687 trabajadores. Lo que no dicen es que más de la mitad del personal corresponde a las fuerzas armadas y de seguridad, que obviamente no solo no van a reducir, sino que para aplicar el severo plan de ajuste van a emplear más policías y más personal de seguridad.

Después, el delirio de implementar incentivos que fomenten un mercado de capitales en dólares, permitiendo el flujo de crédito y la inversión local, tanto para grandes como para pequeñas empresas e inversores y de esa manera persuadir a aquellos que poseen dólares para que los reintroduzcan gradualmente en el sistema económico, es una fantasía que les sirve de pretexto para levantar el cepo cambiario y es al revés, en lugar de ser una puerta de entrada es una puerta de salida que permite la fuga de capitales como lo demostraron la dictadura, el gobierno de Menem y el gobierno de Cambiemos.

Plantean reducir el gasto público para reducir los impuestos, cuando el total de los ingresos tributarios en el año 2022 fue de solo el 10,39 % del PIB y este año se calcula que va a ser del 10,31 % del PIB, obligando al Estado a colocar títulos de deuda en el mercado interno que al 31 de agosto 2023 ascienden a 3,8 billones de pesos (equivalentes a unos 10.500 millones de dólares) en títulos ajustables por inflación o por dólar linked (oficial), para financiar el gasto público.

La presión tributaria actual es una de las más bajas de los últimos años, incluso levemente por encima del gobierno de Cambiemos.

Plantear como se plantean los equipos de Bullrich y de Milei que en una primera instancia se trabajaría en un recorte significativo del gasto público y una reforma para reducir impuestos, con flexibilización laboral, comercial y financiera, para que después se adopten medidas de segunda generación que incluirían recortar los fondos que se destinan a jubilaciones y pensiones, y una disminución paulatina de los planes sociales, y que la gran parte de la población los vote, es para el hospicio.

La propuesta común de ambas fracciones es imponer el modelo extractivista, agropecuario y financiero exportador a como dé lugar, defienden la institucionalidad mundial del capital financiero, que no genera trabajo (valor agregado) y la reforma laboral que plantean está dirigida a convertir a los trabajadores en una legión de monotributistas sin beneficios sociales.

También los une el objetivo de que no se investigue cómo se generó la deuda del gobierno de Cambiemos y quiénes se beneficiaron con ella. La libertad de la que hablan es que el Estado no vea, no sepa, no pregunte y que haga pagar a la población el endeudamiento.

La diferencia de ambas fracciones es entre la participación más relevante y decisoria de los capitales financieros mundiales que están en el país (BlackRock, Vanguard, Pimco, Franklin Templeton, Fidelity, Gramercy, etc.) detrás de Milei y los capitales nacionales de la Fundación Mediterránea ampliada con el grupo Techint, Pérez Companc, Bulgheroni, etcétera, temerosos de que el pez más grande se coma al pez más chico y terminen perdiendo sus activos y sus rentas.

Pero ambos sojuzgan a nuestro pueblo, nuestro presente y nuestro futuro.

El otro candidato está atado al FMI, por una deuda que no se investigó, de la que parece que no se quiere saber el destino de los más de cien mil millones de dólares. Como lo demuestra toda la historia argentina, la deuda externa se utiliza para detraer riquezas, afianzar la dependencia al capital extranjero, integrarnos al mercado mundial como mero productor de alimentos y materias primas y beneficiar a una minoría en desmedro de la mayoría de la población, que es la que termina abonándola “con sangre, sudor y lágrimas”, como dijo en 1877 el Presidente Nicolás Avellaneda.

 

FUENTE:

Los mercados libres no existen – El Cohete a la Luna

 

 

[1] “El manejo de la Deuda Externa en condiciones de crisis de balanza de pagos”, firmado por José Luis Machinea y Fernando Sommer, donde dicen textualmente: “La reducción de los pasivos externos del sector privado derivó, en la práctica, en la nacionalización de gran parte de esa deuda externa.  La deuda externa del sector público, que era del 53 % de la deuda total en 1980, se incrementó a 83 % en 1985”.
[2] Cavallo, Domingo, Economía en tiempos de crisis, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1989. Acceso online al PDF.
[3]  Domingo Cavallo fue diputado nacional en 1987 por el PJ de Córdoba, que presidía De la Sota.
[4] FIEL y la Fundación Mediterránea asesoraban a la Secretaría de Programación y Coordinación Económica de Martínez de Hoz.  Firmaron contratos con los gobiernos y proyectos en forma conjunta muchas veces en los últimos 45 años.
[5] Donde el principal operador fue la UTE constituida por el grupo Techint y Pampa Energía S. A.

 

La Argentina y el BRICS: ¿oportunismo u oportunidad?

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El ingreso al bloque de países del sur global trajo una discusión que parece atrapada entre dos enfoques: el hiper-occidentalismo y el sinofilismo.

La reciente invitación a la Argentina para unirse como miembro pleno del BRICS a partir del 1 de enero de 2024 ha desencadenado un infrecuente e interesante debate en plena campaña electoral. Sin embargo, estuvo plagado de arraigados lugares comunes, omisiones de realidades globales, y propagación de ideas anacrónicas. En lugar de una discusión acorde a los tiempos contemporáneos, parece que estuviésemos atrapados entre dos enfoques naïve que, al fin de cuentas, obstruyen una deliberación ponderada: el hiper-occidentalismo y el sinofilismo. En el fondo, no hay intercambio de ideas; existen dos monólogos que se tornan auto-referenciales.

El hiper-occidentalismo incluye diferentes corrientes de pensamiento, algunas de las cuales expresan, con argumentos más propios de la Guerra Fría del siglo XX, una postura férreamente anti-China, mientras que otras promueven un alineamiento tenaz con Estados Unidos como si el plegamiento (bandwagoning) o el contrapeso (balancing) fuesen las únicas opciones estratégicas disponibles. Por otro lado, el sinofilismo presenta diversas manifestaciones, aunque es importante señalar que no siempre sus seguidores tienen un profundo expertise sobre China; varios propugnan, por motivos y objetivos distintos, una mayor influencia china en el escenario internacional. A pesar de las variaciones entre estas posturas, lo que prevalece en ciertos casos son interpretaciones simplificadoras y carentes de matices sobre el mundo, las relaciones internacionales y las alternativas de inserción de la Argentina.

Es crucial resaltar que, como síntoma característico de esta época, una parte no insignificante de la élite sigue aferrada a mapas cognitivos y narrativas sobre la política exterior que no se corresponden con la mutabilidad y complejidad de la realidad global. Esta falta de sincronización entre percepciones y contemporaneidad se manifiesta en una serie de fenómenos inquietantes, tales como la obsolescencia cognitiva, la desconexión temporal, y la adhesión dogmática. En otras palabras, sectores influyentes de la dirigencia argentina mantienen creencias, valores y conocimientos que carecen de relevancia o aplicabilidad en el contexto actual. Esto implica la existencia de una brecha significativa entre lo real y lo ilusorio. Se trata, en esencia, de puntos de vista que no solo están desfasados respecto al presente, sino que además ignoran las tendencias y retos fundamentales que están configurando el sistema global.

No obstante, es importante reconocer que el caso argentino no es un fenómeno especial o aislado; existe una abundante literatura en el campo de las relaciones internacionales que ofrece una comprensión sólida de cómo los mapas cognitivos y los sistemas de creencias de las élites ejercen una influencia significativa en las políticas exteriores. Como lo señaló Jeffrey A. Hart en su trabajo sobre Latinoamérica titulado “Cognitive Maps of Three Latin American Policy Makers”, las políticas exteriores de los estados de la región están fuertemente influenciadas por los mapas cognitivos y sistemas de creencias de sus élites. Algunas de las razones son las siguientes. Primero, las acciones de política exterior suelen estar menos limitadas por la opinión pública o las burocracias en comparación con otras partes del mundo. Segundo, los líderes tienden a adoptar enfoques dogmáticos en la formulación de políticas priorizando la coherencia entre sus anuncios y sus ideologías; lo que a menudo reduce las posibilidades de prácticas incrementales, graduales y pragmáticas. Y tercero, se observa que los cambios en el liderazgo de los países latinoamericanos a menudo desencadenan profundos virajes en las políticas exteriores que reflejan las creencias y valores de los nuevos mandatarios. Lo anterior afecta la capacidad de comprender y aprovechar el sistema internacional, al tiempo que tiende a producir marchas y contra-marchas estratégicamente contraproducentes para los intereses nacionales de los países del área.

Si bien estas premisas pueden parecer generales, son fundamentales para contextualizar el debate sobre política exterior argentina. En nuestro país, carecemos de una opinión pública atenta y exigente respecto a los asuntos mundiales y de un esquema institucional enraizado y con relativa autonomía en el frente externo. A ello se agrega la tentación de tomar decisiones improvisadas, la gravitación casi excluyente de la política interna en ciertas coyunturas, o la actuación como “free riders” en el escenario internacional sin evaluar cuidadosamente las implicancias de mediano y largo plazos de cada decisión contemplada o adoptada. De allí que los mapas cognitivos erróneos pueden afectar de manera sustantiva la inserción del país. Es importante recordar que, en esencia y en tanto política pública, la política exterior más exitosa es aquella que alcanza un sutil balance entre el imperativo doméstico y la responsabilidad internacional.

Premisas para dosificar nuestra participación

Nuestra perspectiva en este debate no apunta a ser una posición intermedia entre el hiper-occidentalismo y el sinofilismo. Sugerimos localizar la discusión en un plano distinto y quizás más promisorio a favor de un intercambio fundado de ideas, posiciones y recomendaciones. Al analizar la eventual participación de Argentina en el BRICS — algo que solo sabremos con un gobierno entrante — , debemos sopesar los desafíos y las oportunidades que van más allá de los eventuales dividendos económicos que, sin duda, son trascendentes, pero que tal vez no sean tan evidentes y tangibles a corto plazo.

La participación en BRICS cobraría más sentido estratégico si se concibe al grupo como lo que en realidad ha devenido: una plataforma política y diplomática que puede revitalizar la posición de Argentina en un cambiante escenario internacional. Un país como la Argentina que viene padeciendo un prolongado declive debe tener un norte preciso: reconstruir poder y recobrar influencia. Para ello sugerimos lo siguiente: en primer lugar, si bien es evidente que China ha sido el principal impulsor de la expansión del grupo, esto no impide que analicemos de manera más rigurosa los propósitos de los otros países que también han mostrado interés en que el grupo se amplíe. Los BRIS de BRICS cuentan y comprenden que, de alguna manera, el aumento en el número de miembros fortalece su capacidad de acción tanto de manera colectiva como individual. No se trata únicamente de lo que “ganó” Beijing; la ampliación no fue impuesta, sino que se gestó y negoció, y todos entendieron que también algo ganaron.

En segundo lugar, cabe destacar que el aumento en el número de miembros en BRICS ha agregado una capa adicional de complejidad al proceso grupal. Esta dinámica nos lleva a reflexionar sobre las lecciones aprendidas de otros mecanismos que no lograron, en la práctica, un equilibrio adecuado. El G7, por ejemplo, ha demostrado ser un grupo muy exclusivo que, habiendo intentado y fracasado en la incorporación de Rusia, se ha tornado una agrupación que, al menos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, ha quedado supeditada a Estados Unidos y su agenda. En general, las cumbres continúan celebrándose, pero el impacto global de estas reuniones y sus conclusiones es mucho menos ostensible que hace algunas décadas. Por supuesto que constituye un pilar del Occidente (más Japón) más industrializado, y su poderío es elocuente. Sin embargo, su accionar no moldea completamente el escenario mundial y es visto cada vez más desde el “sur global” como un ámbito que sólo registra las preferencias de sus miembros con escasa consideración del mundo emergente de la Posguerra Fría y de sus demandas. En el fondo, el G7 parece seguir operando como si la Guerra Fría nunca hubiese terminado y como si Occidente fuera el insuperable centro de gravitación del mundo.

Sin duda, el liderazgo de China se ha fortalecido en las últimas décadas y ahora se enfrentará al desafío de persuadir a una gama más heterogénea de actores dentro de un BRICS ampliado y, en consecuencia, deberá ser más concesivo para la obtención de acuerdos. En este contexto, el nuevo BRICS puede ofrecer un espacio para un “compromiso constructivo” de parte de China. Estaríamos entonces ante la necesidad de que todas las partes se involucren en un diálogo político más inclusivo y de una toma de decisiones más equilibrada en los asuntos globales. Es cierto que ya existían tensiones dentro del grupo, como lo demuestra la histórica disputa fronteriza entre India y China, y la posibilidad de que surjan nuevas tensiones no es inimaginable. Sin embargo, lo crucial es que el BRICS no se estanque, sino que se fortalezca y mejore su capacidad de negociación. En últimas, ninguno de sus miembros actuales vetó el aumento de nuevos países y todos se acomodaron pues en conjunto procuran aumentar su reconocimiento, visibilidad e incidencia.

En tercer lugar, no debe olvidarse que en el BRICS ya existen contrapartes fundamentales para la Argentina. En particular, Brasil, que desempeñó un papel crucial en el impulso de la membresía de nuestro país, es nuestro principal socio estratégico, la figura más destacada en términos de nuestro comercio bilateral y un actor clave en la gestación y proyección del MERCOSUR. China, por su parte, se posicionó como el principal importador de productos argentinos y el segundo destino más importante de nuestras exportaciones en 2022, además de ser uno de los mayores inversores en Argentina durante las últimas dos décadas. India, en el mismo año, ocupó el quinto lugar en términos de nuestras exportaciones y ya triplica nuestro comercio con países como España. Sudáfrica, por su lado, desempeña un papel esencial en la Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur, establecida en 1986, y que Argentina ha buscado reactivar en los últimos años. Todos los países del BRICS han acompañado desde hace tiempo la posición del país en el tema Malvinas y, en especial en lo que respecta a la necesidad de reanudar las negociaciones entre nuestro país y el Reino Unido sobre la soberanía de las islas. Ciertamente, rehusar un análisis de costo-beneficio basado en la evidencia disponible, así como de la evaluación realista de las tendencias globales en diferentes esferas, para decidir la aceptación (o rechazo) de sumarse al grupo sería algo incomprensible.

En cuarto lugar, incorporarse al BRICS no debiera ser concebido como la panacea diplomática ni como el terreno para emprender iniciativas apresuradas o precipitadas. La mejor manera para la Argentina de dosificar su participación en un BRICS ampliado es a través de una diplomacia prudente y moderada. Nuestro país, en su estado actual y en el futuro inmediato, no se encuentra en posición de elevar su perfil por encima de sus capacidades. En vez de optar por la sobreactuación o el retraimiento, es preferible seguir una diplomacia basada y desagregada en temas precisos, acciones cautelosas y logros tangibles.

BRICS debiera ser analizado como un espacio que promueve un reequilibrio dentro de un sistema internacional distinto al de la Guerra Fría, antes de ser visto como una alianza contra el G7 o como un simple seguidor de China (esto último implica estudiar y entender mejor el caso de India y la relación con su vecino). Identificar al BRICS como un foro para un soft balancing y no como el lugar para desplegar una counter-hegemony es relevante. Brasil, India y Sudáfrica, al igual que la Argentina si ingresase, buscan re-equilibrar las relaciones internacionales, no desestabilizarlas; son los países claves para mostrar que una cosa es no ser parte del Occidente clásico y otra distinta es ser anti-Occidental.

Un BRICS ampliado deberá convivir, seguramente, con cierta tensión derivada del hecho de que algunos países del grupo están insatisfechos con el orden existente y desean aportar a su transformación y otros son revisionistas y quieren rehacerlo. No comprender estos matices podría llevar a que un nuevo gobierno, diferente al actual, rechace la invitación, lo que además de una bofetada a Brasil que procuró sumarnos, podría hacer que el país sea percibido como un abanderado tardío de un Occidente que tampoco es lo que fue en el pasado.

Y en quinto lugar, es imperativo que la dirigencia argentina actualice sus mapas cognitivos para reflejar la realidad continental y mundial. Estereotipos, prejuicios, anacronismos y ligerezas no pueden ser el repertorio central del modo en que pensamos y actuamos en materia internacional. La crisis actual en el orden global puede interpretarse como el ocaso de una larga pauta histórica de predominio de Occidente (sus valores, reglas, instituciones, intereses y creencias) que se extendió durante tres siglos. Esto podría marcar el inicio de una nueva era cuyos contornos aún se encuentran en proceso de definición. Algunos analistas señalan el cambio hacia un nuevo orden más política y culturalmente diverso y plural, pero al mismo tiempo, económica e institucionalmente interconectado y disputado en una escala más amplia.

Es importante comprender que esta transición hacia un mundo post-occidental no implica la desaparición ni la decadencia de Occidente, aunque ya no ostentará una posición preponderante. La participación de la Argentina en el BRICS representa, en este particular momento, una valiosa ocasión para aumentar nuestro conocimiento y comprensión sobre el mundo no occidental y nutrirnos material y culturalmente de ello. Podemos, además, complementar eso mediante la construcción de coaliciones temáticas o de nicho con los miembros actuales del BRICS y con algunos de los países que se incorporarán en 2024.

En suma, la invitación a la Argentina para unirse al BRICS representa un reto y una alternativa estratégica que debe ser aprovechada con sensatez y sin aspavientos, centrándose en los intereses nacionales a largo plazo.

 

FUENTE:
Cenital
https://cenital.com/la-argentina-y-el-brics-oportunismo-u-oportunidad/

Autores:
Juan Gabriel Tokatlian
Bernabé Malacalza

 

ODIO

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En la madrugada de ayer el monumento que honraba la figura de María Remedios del Valle, recordada como “Madre de la Patria”, quien luchó junto a su familia a las órdenes de Manuel Belgrano en la guerra de la Independencia, fue quemado en su totalidad. El Ministerio de Cultura de la Nación denunció y repudió el atentado. Exigió al gobierno porteño que se esclarezca de inmediato porque “es necesario poner freno de manera urgente no solo a cualquier discurso y expresión de odio sino a toda forma de intolerancia, discriminación y violencia hacia el otro”. La escultura, emplazada en Bernardo de Irigoyen y Estados Unidos, había sido realizada por el escultor Alexis Minckiewicz, quien trabajó junto a Gisela Kraisman y Louis Yupanki. Se inauguró el 8 de noviembre de 2022, Día de los y las afroargentinos. El acto vandálico destruyó totalmente la obra en homenaje a esta mujer que “por su coraje y valentía” Belgrano le había conferido el grado de capitana del Ejército.

 

FUENTE:
PÁGINA 12 «Pirulo de tapa»
https://www.pagina12.com.ar/pirulo/584362

¿Quién fue María Remedios del Valle?

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Conocé la historia de la única mujer en ser nombrada capitana del Ejército del Norte.

«La Madre de la Patria», así la llamaron a María Remedios del Valle, una argentina de origen africano que nació en 1766 en la capital del Virreinato del Río de la Plata. Ella no fue ama de casa, ni periodista, ni esposa de un político. Su vocación de servicio la llevó a realizar trabajos de enfermería para auxiliar a quienes defendieron la ciudad porteña durante la segunda invasión inglesa, en 1807.

Su espíritu patriótico la hizo ir más allá, incluso, para tomar las armas. Así lo hizo. Estuvo enlistada en distintas batallas y fue Manuel Belgrano quien, deslumbrado por su compromiso, disciplina y lealtad, la nombró capitana de su ejército.

Participó en la batalla de Ayohúma, Vilcapugio y Tucumán, así como también en el Éxodo jujeño. Perdió a su marido y a sus dos hijos en combate y en los diferentes enfrentamientos recibió incontables heridas de bala y sable en su cuerpo. En 1813 fue tomada prisionera por los españoles, quienes la azotaron por nueve días por haber ayudado a huir a oficiales patriotas en el campo de prisioneros. Esas cicatrices le duraron por el resto de su vida. Finalmente, pudo escapar e incorporarse a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y Juan Antonio Álvarez de Arenales, para otra vez cumplir una doble función, la de combatiente y enfermera. Siete veces estuvo «en capilla», a punto de ser ejecutada por el enemigo.

Una vez terminada la guerra regresó a la ciudad de Buenos Aires donde se encontró con la indigencia. El escritor Carlos Ibarguren afirma que vivía en un rancho en la zona de quintas en las afueras de la ciudad, y frecuentaba los atrios de las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio, así como la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) ofreciendo pasteles y tortas fritas para poder sobrevivir, o mendigando y recibiendo sobras de alimentos provistas por los conventos de la zona.

Su suerte cambió en agosto de 1827 cuando el general Juan José Viamonte la reconoció pidiendo limosna en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, ya hundida en una extrema pobreza. Viamonte -una vez elegido diputado- solicitó ante la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires que se le otorgase a María Remedios una pensión por los servicios prestados a la patria.

“La que representa es singular mujer en su patriotismo. Ella ha seguido al Ejército del Perú en todo el tiempo que tuve al mando de él: salió de ésta con las tropas que abrieron los cimientos a la independencia del país. Fue natural conocerla, como debe serlo, por cuantos han servido en el Perú: la dejé en Jujuy después del contraste del Ejército sobre el Desaguadero. Infiero la[s] calamidades que ha sufrido, pues manifiesta las heridas que ha recibido; no puede negársele un respeto patriótico. Es lo menos que puedo decir sobre la desgraciada María de los Remedios, que mendiga su subsistencia […] Desde el año 1810 hasta 1814, que me hallé en el Ejército del Perú, siempre fueron relevantes los servicios de esta benemérita mujer, así en la asistencia de los heridos y enfermos, como en las guerrillas.
Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al ejército de la patria desde el año 1810. No hay acción en que no se haya encontrado en el Perú. Era conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el ejército. Ella es bien digna de ser atendida porque presenta su cuerpo lleno de heridas de balas, y lleno además de cicatrices de azotes recibidos de los españoles enemigos y no se la debe dejar pedir limosna como lo hace. […] Yo no hubiese tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiera visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en la campaña al Alto Perú y la conozco aquí; ella pide ahora limosna; porque después de esa vida durante tantos años, herida y maltratada, no podía trabajar naturalmente”, fueron los argumentos de Viamonte para proponer el reconocimiento de María Remedios.

El 11 de octubre de 1827, los diputados de la Junta dijeron de ella: “Es una heroína”, “una infeliz que si no fuese por su condición se habría hecho célebre en todo el mundo”, “una mujer de mérito que no merece que olviden sus servicios”. Al finalizar la sesión se aprobó unánimemente su reconocimiento como capitana de infantería y la pensión correspondiente, a lo cual se le sumaron confeccionar una biografía y mandar a hacer un monumento. Sin embargo, estas propuestas no hallaron su curso.

Más tarde fue ascendida a sargenta mayor de caballería y a comienzos de 1830, fue incluida en la Plana Mayor del Cuerpo de Inválidos con el sueldo íntegro de su clase. El reciente gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, fue quien decretó su jerarquía de sargento mayor. Le aumentó su pensión de 30 pesos, un aumento sustancial para la época, y en gratitud hacia quien la sacó de la miseria, cambió su nombre a Remedios Rosas.

Murió el 8 de noviembre de 1847 sin haber recibido en vida el reconocimiento por su colaboración en la Guerra de la Independencia argentina. La narrativa histórica tampoco le había dado -hasta ahora- el lugar que se merece junto aquellos héroes y heroínas comprometidos, valientes y generosos que han puesto su vida entera al servicio de la Patria.

Reconocimiento legislativo

En abril del 2013 se sanciona la Ley Nro. 26.852,  que conmemora el «Día Nacional de los/as Afroargentinos/as y de la Cultura Afro», instituyéndose como el primer reconocimiento legislativo de carácter nacional hacia los y las afrodescendientes. La sanción se dio en el marco del reconocimiento a la comunidad afroargentina y a la cultura afro, como un modo de lucha contra la estigmatización y el racismo, y como parte de un proceso de construcción de una nueva identidad nacional.

La fecha rinde homenaje a María Remedios Valle y se convirtió en un hito histórico en el camino de la visibilidad de los aportes de la comunidad afro en la construcción de la Argentina.

FUENTE:
Ministerio de Cultura
https://www.cultura.gob.ar/quien-fue-maria-remedios-del-valle-9732/

La confianza como medio social de construcción política

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La primera noción acerca de estas cuestiones -la más obvia- es aquella que nos recuerda que hablamos de las formas de construir el poder necesario para lograr los grados de autonomía necesarios que permitan tomar decisiones que afectaran intereses de todo tipo. En esto consiste la función del sistema político: “lograr decisiones colectivas vinculantes”; cualquier decisión en cualquier tema.
Una primera decisión conceptual para el análisis consiste en asumir que esta cuestión es un fenómeno social y que la primera conclusión derivada implica admitir que no depende exclusivamente de decisiones individuales o de grupos de actividad intensa.
Como todo fenómeno social, supone un grado de complejidad que a los individuos nos plantea un excedente de posibilidades de decisión imposible de manejar en su totalidad, de modo que se trata de tomar decisiones con altos grados de incertidumbre, lo cual no debería asombrarnos a los que desarrollamos nuestra vida en el ámbito de la política.
Antaño sintetizábamos esto diciendo que en política se necesita cierto grado de audacia (Perón, Néstor y CFK los mejores ejemplos). Asimismo, desde las teorías clásicas de lo que llamamos izquierdas, se invocaba la “voluntad política” –aún se hace-, condiciones subjetivas decía Ernesto Guevara.
Como la sociedad no es estática, de poco nos sirve aquí, la lectura de la historia para encontrar las respuestas actuales, a pesar de ser referencias de sentido inmanentes a toda construcción de imaginarios. En criollo, no hay recetas de efectividad probada.
Nuestro manual de cabecera en este tema: “Conducción Política” (J.D. Perón -1952) nos muestra que el esfuerzo puesto por Perón en esta materia no era una cuestión menor, de allí su insistencia en el poder de la organización, en la Comunidad Organizada, en la estructuración del Movimiento, en la formación de Cuadros, etc., etc. Es que la organización –cualquier organización- aún la no establecida por escrito, asigna roles, reparte excedentes, administra expectativas, direcciona el esfuerzo colectivo y, -perdón por la insistencia- permite la toma de decisiones en forma autónoma.
Ya hemos tematizado –en otro texto- distintos aspectos de lo que llamamos construcción política. Pero en la cotidianeidad la dinámica electoral ha reducido esta complejidad a la “rosca” partidaria, en cuyo manual de acción figuran todas las tropelías que puedan ser
disculpadas adjudicándoselas al pobre Maquiavelo que no podía ni imaginarlas en el SXVI.
Entonces, de las variadas formas de encarar este tema me atrae una que pareciera ser el médium en el que se desarrollan las otras ya que se configura como el movilizador del sentido final de toda acción consciente sin necesidad de recurrir a una exacerbada razón instrumental.
Me refiero al rol que cumple “la confianza” en la construcción política.
Confianza es una apuesta, hecha en el presente, hacia el futuro, que se fundamenta en el pasado. Dicho de otro modo: una persona puede confiar en que otra cumplirá en el futuro una promesa hecha en el presente, basándose en la experiencia que ha tenido en el pasado con esa misma persona.
Más allá de esta definición y dejando de lado el origen ético del concepto, hay que observar que la confianza es inmanente a la vida misma. No podríamos dormirnos si no tuviéramos la confianza en un despertar después, pero además no deja de ser una moneda girando en el aire, el resultado siempre puede ser distinto al esperado. Contingencia que le dicen.
Es decir, en la decisión de otorgar o no confianza, se juega nuestro destino posterior. De modo que los argumentos de dicha decisión deben ser de una importancia superlativa. Tales argumentos no son otra cosa que sentido social acumulado y, si hablamos de acumulación, estamos hablando de tiempo, recurso no renovable y escaso biológicamente hablando y más aún en el escenario político.
En términos sociales este sentido, imposible de asir o manipular por más focus group que se realicen, implica historia viva –de los que aún la pueden contar- (“los mejores días siempre fueron peronistas” dice el saber popular) y a la vez concepción de la “buena vida” y acceso al consumo que la posibilite como impone el sistema capitalista.
Hay, en consecuencia, en la formación de la confianza aspectos que tienen que ver con el sentido social de las cosas de la vida, con el tiempo y otros estrictamente materiales. En esto el peronismo juega con alguna ventaja si es que podemos hablar de una memoria social. Al mismo tiempo lo pone frente al despilfarro que hoy se hace de esa memoria. El saber popular también dice que “es muy fácil perder la confianza y muy difícil recuperarla”.
Por todo lo dicho, es importante mencionar que la pérdida de confianza tiene altísimos costos de toda índole y que tal vez los más difíciles de restañar sean los anímicos ya que implica romper un horizonte futuro que ya actualizábamos en el presente y en el que ya estábamos realizando nuestra vida. Hoy nos dicen que esto es “derechización de la sociedad”
Al fin y al cabo, la confianza es un adelantar el futuro. Muy distinto a las expectativas que sólo expresan posibilidades estadísticas.
No es lo mismo hablar y comprender las cuestiones acerca de cuántas vacas tenemos y del precio de la carne en Liniers o, de que cosa sea la “vaca china”, que el sentimiento de frustración que se siente al no poder llevar un churrasco a la mesa familiar o tener que eliminar el rito comunitario alrededor de la parrilla.
¿Y…entonces…? Verán que es fácil hablar de la confianza cuando denotamos porque no la tenemos.
COMO NOS ENSEÑO EL GRAL.
LA CAUSA
Si bien el espíritu, la esencia y los principios del peronismo no han variado, la concreción de su función social “Ofrecer a la sociedad un modelo alternativo” (a la oligarquía vernácula en su momento, al capitalismo concentrado y sus formas hoy) debe necesariamente modificarse en sus formas dado que la evolución de lo social nos presenta escenarios que nos eran ajenos antaño.
El Bien Común, la Felicidad del Pueblo, son etiquetas que han ido perdiendo capacidad de diferenciar, no por su significado sino por su expresión significante, por la pérdida de capacidad simbólica de su literalidad. Tal vez porque la aparición de los llamados derechos de tercera generación no encontraron allí expresión satisfactoria y obviamente por la contraposición agresiva de la terminología liberal carente de humanismo en cualquiera de sus vertientes: gente, público, mérito, individuo, etc. nominalismos en los cuales no existe la persona humana. De modo que es imposible generar confianza -hoy- desde estos llamados o imperativos en la construcción del mundo de la vida de los de a pie.
No ha sido otra cosa que esta adecuación a nuestro presente del S. XXI y sus nuevas necesidades y simbolismos lo que significó el Kirchnerismo, tan difícil de comprender en la vorágine de lo cotidiano, al punto de generar un sin número de definiciones: “Anomalía de la Historia” (Ricardo Forster), “Controversia Cultural” (Horacio González), “Orden y Progresismo” (Martín Rodriguez) por mencionar algunos, o su negación lisa y llana como peronismo.
Las nuevas constituciones de Ecuador primero y la de Bolivia luego, trajeron al habla cotidiana un significante nuevo: “La Buena Vida”; Sumak Kawsay (en quichua) o Suma Qamaña (en Aymara), esta idea que por estos lares no tiene las raíces originarias que la fundamentan para aquellos pueblos hermanos, ha comenzado se ha popularizado como una
forma de expresar un horizonte futuro en cuya realización vale la pena tener confianza. “Vivir Mejor” en los discursos de CFK.
A diferencia de las invocaciones que antaño utilizábamos, ésta hoy incluye en su sentido social, no sólo aquellas, sino también los derechos de tercera generación: género, medio ambiente, derechos de las minorías, soberanía alimentaria, derechos del consumidor, utilización de la ciencia y la tecnología, etc. etc. todo aquello de lo que no hablábamos antiguamente. La Revolución –pensábamos- arreglaría todos los males, inclusive aquellos de los que todavía no teníamos conciencia.
Esta consigna, “La Buena Vida” no ha sido, todavía, elevada a condición de Causa Política por el sistema político y, extrañamente, tampoco por el Peronismo Oficial. Digo extrañamente porque el imaginario peronista es el único capaz de representarla legítimamente en la Argentina y así se demostró después de la crisis del 2001.
Concluyendo:
En esta coyuntura dónde los derechos –casi todos- a pesar de estar instituidos no se efectivizan en los hechos, el Buen Vivir como Causa no debería ser otro que su “realidad efectiva”
LA ORGANIZACIÓN
Siendo “la política” el conjunto de prácticas e instituciones a través de las cuales se crea un determinado orden, organizando la coexistencia humana en el contexto de la conflictividad derivada de la política y dado la visibilidad que estas prácticas tienen hoy a través de los medios masivos de comunicación y redes de relaciones, sean éstas electrónicas o personales, tenemos aquí una dificultad para generar confianza.
Es de perogrullo decir que la lógica con la que se disputa la representatividad partidaria, diríamos que “da asco” y por lo antes dicho queda expuesta a cielo abierto, lo que da sustento a las argumentaciones “anti política” que no son nuevas; desde hace tiempo son hábilmente utilizadas por la propaganda reaccionaria que penetra profundamente en la urbanidad de los principales conglomerados del país.
Es una constante tanto en el sistema político como en el sistema judicial (que forma parte de la totalidad de lo político) que el nepotismo y las relaciones económicas o sexo-económicas sean el nexo aglutinante. Un paseo por medios internacionales muestra el descrédito global y generalizado de ambos sistemas –una de cuyas causas son estas prácticas- No hay un juicio moral en esto, sólo que no puede ser la regla por ineficiente y generadora de costos y conflictos innecesarios.
Se abre acá un capítulo sobre las distintas formas de organización del quehacer político: formas de elección, democracia interna, estructura, financiamiento, principios fundacionales, objetivos específicos, formas de control interno, formación de cuadros, etc., etc., etc.
Ninguna confianza se puede generar en el estado de cosas en este aspecto.
Las ciencias sociales tienen toda una biblioteca de análisis de la construcción política mediante redes clientelares que, en general, se atribuyen exclusivamente al populismo -aunque este concepto no quede nunca bien definido- y por excelencia a Latinoamérica –lo cual se puede demostrar objetivamente que es una falacia mayúscula-
La élite política –léase la política profesionalizada- confunde “la política” con “lo político” y de ello deriva la ineficacia o corruptela de las formas organizativas y fundamentalmente de la gestión del Estado.
En una humilde y pedestre interpretación de Chantal Mouffe de esta dupla: la política/lo político, lo primero constituye el ámbito de la disputa y antagonismos constitutivos de las sociedades humanas y la segunda las prácticas e instituciones que organizan la coexistencia.
En consecuencia, cuando desde la función de gestión del Estado se pretende hacer “política” comienza la deriva por no decir la debacle. El Estado tiene sólo tres medios para hacer política: Dinero, Normas y Represión, y si a esto le agregamos que “lo político” se expresa, desde el sistema político en términos morales en vez de tener en cuenta niveles de inclusión o exclusión social derivados de la gestión, se termina juzgando en término del “Bien” y del “Mal”, una especie de religiosidad esperando milagros.
Diría yo que conceptualmente se transgrede la máxima que nos enseñó Perón acerca de que la “organización vence al tiempo” porque “esa” organización que nos postulaba tenía como sustento atemporal un objetivo social que se ha ido perdiendo para transformarse en efímeros objetivos materiales muchas veces individuales.
LA COMUNICACIÓN
Este fenómeno tiene tres componentes: La información, la forma de comunicarla y el entendimiento del que la recibe que siempre es parcial e incompleto (no hay posibilidad de conexión punto a punto entre dos conciencias)
Si tenemos en cuenta que la forma de comunicar también es información al igual que el “no comunicar” podemos aseverar que no existe la “no comunicación”. Sin comunicación no habría posibilidad de construcción de sociedad.
Mal podría construirse confianza en forma colectiva cuando no hay claridad en esto, mucho
ruido diría Joaquín Sabina, en este caso, ruido de intereses extraños a nuestras necesidades de buena vida.
De este complejo fenómeno me interesa poner el acento en un par de características que constituyen el comunicar.
Sobre lo primero que hay que llamar la atención es que la información no sólo se expresa en el lenguaje o en sus simbolismos –la escritura, el texto- La economía comunica con el código tener/no tener, el derecho comunica con el código legal/ilegal, la ciencia comunica con el código verdadero/falso, y así siguiendo y, por fin, la política con el código poder/no poder.
Si con Vicentin se dio marcha atrás de una decisión por decreto con poder de ley (DNU), si le pagamos ATP a Clarín, La Nación, Techint y otros oligopolios, si Clarín/Telecom y Telefónica, ignoran con ayuda de los jueces una decisión legítima y legalmente adoptada por el Ejecutivo, ni hablemos del sistema judicial, etc., etc., etc., es de perogrullo decir que se está comunicando que el gobierno nacional no tiene o no quiere ejercer el poder que la constitución y las leyes vigentes le otorgan y entonces qué confianza se puede tener en que el gobierno me ayudará a encontrar la buena vida, a vivir mejor.
Tendría que hacer una profesión de fe y en política eso se llama dogmatismo y en el barrio burrada o boludez.
Dijimos más arriba que no sólo los simbolismos comunican. Los que hemos andado por la capacitación y sus características sabemos que en una conversación prácticamente el 50% son silencios. Lo que no se dice es también comunicación y a veces esa parte es la más importante y además sólo queda un 25% de todo lo dicho.
Un señalamiento implica una distinción con lo que no es y en consecuencia constituye una elección. Aunque lo no señalado permanezca en cierta oscuridad, se intuye -que es una forma de percibir- no permanece ignorado. Ergo juega en la construcción de la confianza.
Y si hablamos de formas, el decir y el hacer no pueden no ser congruentes, esto ya es una obviedad. Entonces, y luego de todo el texto anterior, no hace falta ya describir lo que comunica el Sistema Político.
Conclusión (provisoria mañana no sabemos)
La construcción política, las decisiones de política, la organización política, los actores del sistema político, se constituyen en el médium de los sentidos socialmente construidos que se expresan y se materializan en los sistemas de conciencia como CONFIANZA que es la que permite acumular el poder necesario para hacerlos posible.
Seguido aparece la pregunta obvia, Confianza en qué y para qué y aquí aparece Milei que pone arriba de la mesa lo que también era una obviedad: Confianza en que sacará del camino lo que aparece como obstáculo para obtener un Buen Vivir, dígase el Sistema Político.
Este anarquismo extremo digno de Proudhon y Bakunin que hoy aparece como novedad –como siempre ocurre- no es para nada nuevo; todavía resuena el grito del que se vayan todos.
Ergo si queremos cambiar este estado de las cosas tenemos que cambiar la lógica de lo que se entiende por hacer política que ha sido reducido a la rosca partidaria y al funcionariado, ambas cosas exacerbadas en coyunturas electorales.
En general “la rosca” suple la falta de representatividad, de inserción en las formas organizativas territoriales, bastardeando el concepto de militancia; con su consecuencia inmediata: el abandono del territorio que fue un elemento fundacional del peronismo.
A pesar de todo el panegírico que se ensaya alrededor de lo virtual y de lo novedoso y sorprendente que puedan resultar estas novedades tecno-alienantes, nada puede reemplazar el semblante con sus 43 músculos faciales en su mayoría de funcionamiento involuntario; ergo nada reemplaza una mateada o una choriciada si se trata de establecer relaciones duraderas. Cualquier otra cosa es un ejercicio de solipsismo extremo y por ende efímero y vacuo.