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miércoles, abril 22, 2026
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El avance de la internacional reaccionaria

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En junio de 2018 Joseph McKay y Christopher David La Roche se preguntaban, en un texto de la International Studies Quarterly, por qué no había en los estudios internacionales una teoría sobre la Internacional Reaccionaria (IR).

En diciembre de ese año, en una entrevista para la revista Crisis, destaqué la existencia y la expansión, más allá de Estados Unidos y Europa, de la IR que, además, está en vías de enraizamiento en América del Sur. En 2019, Pablo de Orellana y Nicholas Michelsen publicaron, en la Review of International Studies, una trabajo sobre la Internacional Reaccionaria y la filosofía de la nueva derecha que la sustenta. Es ineludible entonces aproximarse y entender el fenómeno de la IR.

Asumiendo las diferencias nacionales y procurando encontrar puntos de contacto entre las diversas expresiones de extrema derecha, hay un conjunto de rasgos que permiten distinguir la presencia y propagación de la Internacional Reaccionaria.

Así como en el pasado sobresalieron la Internacional Comunista, la Internacional Socialista y la Internacional Demócrata Cristiana, hoy sobresale la IR. Si el eje central de aquellas internacionales estuvo en Europa continental, la Internacional Reaccionaria tiene expresiones más emblemáticas en el mundo anglosajón y se despliega, básicamente, en Occidente. Las “periferias” de ese Occidente, entre ellas Europa oriental y América Latina, asimilan a sus realidades el ethos reaccionario.

Dos dinámicas complementarias reflejan la actitud reaccionaria hacia los cambios (mundiales e internos) de largo plazo. Primera, una mirada frente a la historia, la política, la moral y la cultura en clave de pérdida, de desengaño y de frustración. Prevalece la glorificación de un pasado presunto mejor, ordenado y seguro. Subyacen la nostalgia y la superioridad moral, por eso la alternativa propuesta es recrear el pasado. La segunda dinámica es la selección de alguien para culpar por los males actuales.

Por ejemplo, el progresismo, es considerado destructivo por su acento en el multiculturalismo, la diversidad identitaria y lo cosmopolita, entre otras.

Asimismo se condena al comunismo (hoy inexistente) y al reformismo (muy debilitado) y se los presenta como anatemas que deben ser neutralizados o eliminados. Las herencias revolucionarias-la burguesa y la proletaria–son impugnadas por haber instaurado derechos de distinto tipo que apuestan a revertir porque, suponen, aportan a la decadencia de las sociedades.

Ese conjunto ideas y valores resulta atractivo para personas ligadas a partidos conservadores, fuerzas religiosas, movimientos nativistas, sectores radicalizados, partisanos libertarios y grupos anti-científicos. Y encuentra eco en individuos, familias y grupos para quienes las promesas de más justicia, equidad y dignidad han sido reiteradamente incumplidas; en especial, en la Posguerra Fría.

A diferencia del liberalismo y del marxismo, que a pesar de sus claras distancias políticas, han tenido una visión promisoria del futuro, los reaccionarios buscan restablecer una Arcadia romantizada.

Llamativamente han sido los liberales en algunas latitudes los que han optado por mantener el statu quo a cualquier precio, a pesar de que haciéndolo están facilitando el triunfo electoral de partidos de extrema derecha. Una extrema derecha que, retomando a Gramsci, ha ido construyendo un “sentido común” que, aunque parezca emancipador, contiene elementos que llevan a formas excluyentes y violentas.

El Internacionalismo Reaccionario podría adoptar al menos dos líneas de acción en los asuntos mundiales. Una variante “correctora” del IR procuraría preservar algunos aspectos e instituciones del orden liberal con el propósito de “defender” a Occidente ante lo que se concibe como el acecho del Sur en general y de China en particular.

Se trataría, entre otras, de frenar las reformas que pudieran ampliar la participación y decisión del Sur Global en foros multilaterales. Antes que potenciar acuerdos colectivos para afrontar retos globales, se reivindicaría la soberanía a ultranza.

No es descartable un regionalismo retrógrado: en vez de coexistir con un cambiante proceso de globalización, el Norte desarrollado sería una trinchera de protección. En el Sur menos desarrollado se irían consolidando gobiernos extremistas que no cuestionarían la asimetría de poder mundial, aunque exhibirían un nacionalismo exacerbado en sus vecindarios.

La segunda variante tendría un doble carácter “revisionista” y “restaurador”. Los principales poderes de Occidente apuntarían a una suerte de “The West First” o “Make the West Great Again” ante el avance pujante de Oriente y, en especial, de Beijing. Las reglas y principios del orden liberal serían horadados por los propios poderosos.

La ONU y el multilateralismo serían reliquias. El uso de la fuerza se acentuaría, mientras que el deterioro de la democracia sería difícil de corregir. El Sur Global no sería un espacio ajeno a la conflictividad. En resumen, se pretendería retornar a un statu quo ante mítico de predominio de Occidente.

El avance de la Internacional Reaccionaria es una realidad y las alianzas políticas que se vienen forjando transnacionalmente entre actores y fuerzas distintas continúan creciendo en medio de sociedades fracturadas y descontentas y de Estados extenuados y frágiles. Es hora de comprender mejor cómo se manifiesta la IR en la Argentina.

https://www.clarin.com/opinion/avance-internacional-reaccionaria_0_dccOEbVjI9.html

El poder de las arquitecturas financieras VI – Siempre habrá un Banco Central: introducción a lo nacional

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Quisiera comenzar este escrito con las palabras de lo que en el año 1802, dicen que dijo, Thomas Jefferson -padre fundador de EEUU-: «Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecen en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión. Primero por la inflación y después por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo».
Para pensar, verdad?. Será cierto que toda idea, buena o mala, y todo hacer, productivo o inútil, nace en USA? Pero bueno, podemos seguir preguntándonos.
¿De quién es la moneda?
Una pregunta que aparenta tan ociosa como desafiante. Es un significante de la propiedad privada (para permitir la acumulación patrimonial)?, es una convención social (para posibilitar las transacciones y evitar la violencia mediante la cohesión social)?, es un bien social público (para que todos estén obligados a aceptarla)?, es del Estado emisor (para asumir la emisión como deuda con respaldo político)?.
Qué representa la moneda sino poder?. Poder de pago, poder de compra; poder de futuro, poder de presente; poder humano, poder divino; poder de decir, poder de callar. No es sino una manifestación simbólica de poder.
Como reflexiona Rosario Bléfari (Diario del dinero, editorial Mansalva, 2020) la moneda inunda nuestra vida “(…) aparición del dinero en medio de todas las experiencias de la amistad, de la familia, del amor, de la música, del cine y de la escritura misma, acompañando el agobio y el alivio de los trabajos y los días”. Y sí, el dinero es como el tiempo, omnipresente, siempre está. Y en ese sentido la moneda, como el tiempo, organizan.
Por eso es necesario hablar de su propiedad para entender su condición nacional.
Para la escuela austríaca de economía (mentores del neoliberalismo), el dinero es “todos los bienes”. Poseerlo es tener toda la riqueza, y ese todo es infinito. Por eso nunca se agota el deseo (humano?) de tener cada vez más moneda que nos haga cada vez más poderoso y más cercanos a la riqueza total, el poder total. Como el personaje He-Man de los Master of the Universe de los 1980.
En un sistema capitalista de propiedad privada, mi moneda es mía y la tuya, es tuya. No es nuestra. Por eso la moneda es un hecho sociopolítico, la sociedad la acepta como instrumento duro de poder específico. Es falsamente democrática sólo porque es un simulacro bajo la forma de papeles impresos, de tarjetas de plástico, de cuentas bancarias o de asientos contables. Y es nacional porque son los Estados nacionales quienes detentan la potestad de emitir. Pero, cuando la apropio, deja de ser nacional para pasar a ser mía, privada.
Lo cierto es que la moneda se relaciona directamente con los bancos: la moneda es el presupuesto existencial de los bancos. Y luego se diseñó la Arquitectura Financiera Internacional –AFI- para el control de su administración.
Quizás sin saberlo, pero en línea con Jefferson, la sabiduría popular de Jauretche (1960, revista Santo y seña) advierte los peligros “El secreto de la prosperidad o la decadencia, del desarrollo o del atraso, está en gran manera en los bancos. Las disposiciones jurídicas, las leyes de promoción, la organización de los negocios, no son más que la anatomía de la sociedad económica (…). Pero el dinero es la fisiología de una sociedad comercialista. Es la sangre que circula dentro de ella, y el precio del dinero, su abundancia o escasez, está determinado por el sistema bancario”.
De allí la importancia de la AFI y de las políticas monetarias. Y aprendimos a ver al dólar como el equivalente dinerario de la transfusión del peso nacional.
Recién desde 1881 Argentina tuvo moneda nacional. La Ley N° 1130 unificó la amonedación nacional y determinó su convertibilidad como “Argentino” oro. Esta moneda equivalía a $m/n 5 (cinco pesos moneda nacional) y casi igualaba al Soberano Inglés (99,12%). En 1885 se suspendió la convertibilidad, para retomarse en 1899, con una paridad de $1 oro igual a $m/n 2,2727 y por treinta años se mantuvo en casi la misma relación con el dólar estadounidense ($m/n 2,35 equivalían a 1 dólar estadounidense).
Desde el siglo XVIII se reconocía la necesidad operativa del ordenamiento y buen funcionamiento del sistema financiero con la creación de bancos centrales (Riksbank de Suecia en 1668, Banco de Inglaterra, fundado en 1694, Banco de Francia en 1800, de Holanda en 1814 y Banco Nacional de Austria en 1817).
Como corresponde a la dialéctica de la historia existen enfoques en disputa, diversas concepciones respecto al rol que debe cumplir una entidad bancaria central. Siempre la grieta entre lo social y lo individual, lo público y lo privado.
Por un lado, un mayor protagonismo de los bancos centrales como hacedores de política económica y adecuados con las necesidades de crecimiento y desarrollo del país, y, por otro lado, la mirada liberal u ortodoxa que prioriza la estabilidad mediante el objetivo de “sostener el valor de la moneda” controlado la circulación monetaria.
Este debate continúa hoy en Argentina y es, considero, la madre de la batalla cultural: “poner el dinero al servicio del desarrollo social equitativo o ponerlo al servicio de su acumulación financiera por el establishment”. Los distintos planteos de banco central (como su dinamitación o privatización) -en discusión en la Argentina- recogen esas miradas y marcan sustantivas diferenciaciones políticas.
En 1913 se sancionó la Ley de Reserva Federal de los Estados Unidos. Sus funciones eran el derecho de emitir billetes, ser agente financiero del Estado, custodio de reservas en efectivo de bancos comerciales, y de las reservas metálicas y en divisas del Gobierno Nacional, el redescuento a los bancos comerciales, el rol de prestamista de última instancia, compensación entre bancos y control del crédito “de conformidad a las necesidades económicas y con vistas a llevar a cabo la política monetaria adoptada por el Estado”.
En una suerte de “copiar y pegar”, Argentina se instala en la AFI como buen alumno al delegar en un Banco Central la administración de la moneda, el crédito y las cuentas públicas a una institución … mixta!! Y con mayoría privada.
Como ya manifestamos en la nota anterior, con la crisis financiera internacional de 1929 el sistema monetario y financiero del país se agotó. La Argentina, con una economía absolutamente abierta, no resistió las medidas proteccionistas de sus socios comerciales ni la drástica disminución de los flujos de capitales. Esta situación deterioró su balance de pagos por la pesada carga de remesas de beneficios de las empresas extranjeras y del servicio de la deuda pública. La crisis obligó a instaurar el control de cambios y medidas de intervención estatal que contradicen los postulados del librecambio.
En ese contexto, y debido a las repercusiones en el sistema bancario, se dieron las condiciones para la creación de un Banco Central que se hiciera cargo de centralizar el control de la política monetaria y cambiaria.
Producto de la reforma monetaria y bancaria de 1935 nace el Banco Central de la República Argentina (BCRA) como entidad mixta con participación estatal y privada. Dedicada a la emisión exclusiva de billetes y monedas y la regulación de la cantidad de crédito y dinero, así como la acumulación de las reservas internacionales, el control del sistema bancario y la función de agente financiero del Estado. Se la dota de instrumentos para ejercer el papel de “prestamista de última instancia” y la adopción de políticas anticíclicas de moderación de las fluctuaciones económicas.
A partir de allí se administra la moneda argentina con las pautas del liberalismo adaptadas a una realidad de incertidumbre de las cuentas públicas y gobiernos conservadores que reflejan los intereses de la oligarquía.
Y entonces llegó Perón con una concepción basada en el buen vivir social de la comunidad organizada!.
La Constitución Nacional 1949 reservó al Estado de manera irrenunciable e indelegable el manejo y control del sistema financiero nacional. Se prohíbe con rango constitucional que esa tarea puedan llevarla a cabo entidades mixtas o particulares, ratificando la reforma bancaria de 1946. Un banco central de capital estatal con un gobierno delegado del poder ejecutivo para evitar la colisión entre la política monetaria del BCRA y las políticas económicas del EN
A partir de 1946, la industrialización y la redistribución de ingresos se transformaron en los objetivos principales del gobierno peronista. Para lograrlo, las instituciones monetarias sufrieron importantes modificaciones, inaugurándose un nuevo sistema monetario y financiero.Con la nacionalización del Banco Central y de los depósitos, la emisión de la moneda y la regulación del crédito quedaron bajo la responsabilidad del Gobierno Nacional.
La estatización del Banco Central de la República Argentina y la nacionalización de los depósitos bancarios fueron los instrumentos necesarios para sostener el proceso de industrialización argentino, que se proponía el proyecto económico y político del peronismo, a partir de la administración del volumen y el destino de los créditos.
Perón, que comprendió quizás el proceso de financierización bastante antes que muchos economistas, se preguntaba en 1947 “¿Qué era el Banco Central? Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular e internacional […]. En nombre de teorías extranjeras desoía los justos reclamos en favor de una mayor industrialización, que era la base de la independencia del país […]. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de estos últimos cincuenta años”. Claro como el agua clara.

Tras la ruptura unilateral de los convenios de Bretton Woods en 1971, muchos bancos centrales centraron su objetivo en estabilizar los precios, a fin de preservar la confianza en sus monedas. Otros objetivos macroeconómicos, como el nivel de empleo y el crecimiento del ingreso desaparecieron de agenda. El modelo teórico de la nueva síntesis neoclásica argumentó que la estabilidad de precios implicaba eficiencia en el uso de los recursos productivos.
La vieja trampa neoliberal: Como producto de ese enfoque el crecimiento se ha reducido, el desempleo ha aumentado, y ha habido un marcado deterioro en la distribución del ingreso.
Sin embargo la Argentina de 1973 pensó y aplicó un sistema a contracorriente de la AFI. Será motivo de una posterior entrega.
Permítaseme una digresión. La pregunta sobre si aquellos resultados socialmente negativos obedecen a fallas en el modelo macroeconómico dominante, o a que los bancos centrales han aplicado mal la regla de política que de él se deriva, es apenas, una distracción intelectual estéril para vagos y malentretenidos. Como el autor.

Adhesión del Grupo La Capitana a la siguiente declaración de Organismos de DDHH

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Los Organismos de Derechos Humanos abajo firmantes expresan su enérgica condena al
asesinato del militante y fotoperiodista Facundo Molares Schoenfeld a manos de la Policía de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ocurrida en ocasión de la brutal represión que esa fuerza de seguridad desplegó contra manifestantes pacíficos en cercanías del Obelisco porteño.
La repudiable conducta policial implica la instalación de la pena de muerte de hecho en
Argentina.
El feroz e irresponsable uso de la fuerza aplicada en la represión que culminó con la muerte de
Facundo Molares Schoenfeld no es un hecho aislado y obedece al desprecio que el gobierno de
la Ciudad tiene por la integridad física y la vida de las personas que reclaman en el espacio
público.
Nos solidarizamos con la familia y las y los compañeros del militante asesinado al tiempo que
exigimos la profunda investigación de lo sucedido y el enjuiciamiento de quienes actuaron
materialmente en la represión y también de los funcionarios políticos, comenzando por el Jefe
de Gobierno, que tienen la responsabilidad política de conducción de la fuerza de seguridad
porteña.

Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora
Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Matanza
Asociación Buena Memoria
Comisión Memoria Verdad Justicia Zona Norte
Familiares y Compañeros de los 12 de la Santa Cruz
Fundación Memoria Histórica y Social Argentina
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos

La arquitectura financiera internacional V. Chascarrillos de la política: ¡Luz, cámara, acción! ¡Filmemos para engañar!

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Hay un dicho de Edgard Allan Poe, en El sistema del Dr. Tar y Prof. Feather , publicado en 1845, aplicado a menudo en la Italia sur, que advierte la necesidad de ser escépticos respecto de nuestros propios sentidos: “de quello [che] vedi a metá credi, de quello [che] senti non credi niente”, traducido como “De lo que ve, crea la mitad; de lo que escucha, no crea nada”.
Sin embargo, la percepción sensorial forma parte de la condición humana, es constitutiva y digna como factor existencial, ayuda a vivir y a entender a nivel de piel, pero no es la manera integral ni más eficiente de acceder al conocimiento de la realidad.
Existe, en el imaginario popular, un concepto de riqueza material y palpable: que puede ser vista, tocada, que está ahí y viene dada por la acumulación de oro en monedas, lingotes, joyas, metales preciosos. Las películas de bucaneros y piratas instalaron esa idea en bodegas repletas y cubiertas codiciosas y el cómic y dibujo animado sobre el tío Patilludo del Pato Donald (un personaje de la “gran familia universal Disney”, en original Scrooge McDuck en 1947) lo dejó reflejado en nuestras retinas y en nuestras neuronas a través de historietas de lectura habitual hacia mediados del siglo pasado.
Seguramente allí abrevan los recientes razonamientos grotescos de una candidata a presidenta que le permiten suponer que las reservas de un Banco Central pueden ser fotografiadas o constatadas en una filmación. O, peor aún, que puede filmarse la inexistencia de reservas. Más cerca de la ficción bizarra que del error conceptual, más animismo ideológico que enfoque político científico.
El BCRA informa semanalmente la situación de sus cuentas (diariamente algunos indicadores claves), entre ellos sus reservas internacionales, que se definen como activos externos que están disponibles de inmediato y bajo el control de las autoridades monetarias. Se componen de
*las tenencias de Oro (neto de previsión por locación),
*las Divisas depositadas en corresponsales de exterior y existentes en el Tesoro del Banco,
*las Inversiones realizadas en el exterior,
*los instrumentos financieros derivados cuyo activo subyacente sean las Reservas Internacionales,
*el saldo de las posiciones activas netas de los países intervinientes en operaciones reguladas por el Convenio ALADI y
*el saldo neto de Otros Convenios Multilaterales de Crédito.

Si alguien hubiera llegado, con la candidata y su camarógrafo, al BCRA el pasado 23 de julio (último balance publicado) encontraría anotado en la cuenta de Reservas una suma dineraria que asciende a $ 6.791.962M (algo así como $ 6,7Billones -millones de millones). Como la paridad oficial de intercambio era $ 269,4167 = USD 1, equivalían a u$s 25.210M. Esas eran las reservas del BCRA.
Ahora bien, de ese importe, el 15,45% estaban conformadas por oro. Equivalen a u$s 3.900M y a algo más de 2M de onza troy – poco más de 60 Tn de oro y algo menos de 5000 lingotes-. Ese oro no necesariamente está en las bóvedas propias y se estima que la existencia física es de 10Tn. Por eso el balance del BCRA expone “neto de previsiones”. Los Bancos Centrales -instituciones dependientes del mundo global si las hay- suelen tener sus depósitos auríferos en Londres, Reino Unido, y Basilea, Suiza porque son más líquidos para monetizar en dólares via swaps. Quizás la candidata debiera preguntar a Sturzenegger, presidente del Banco Central puesto por Macri, que el 26 de abril de 2017 ordenó mandar 11 toneladas de oro a Londres.
Pero las imágenes del oro abundan en la mitología urbana conservadora de la política argentina, los “pasillos áureos del BCRA”, el “oro robado en la cañonera de Perón” en 1955 y el “oro nazi” son ejemplos. En todos casos inventados, el oro representa el poder consolidado que viene a ser ollado por el populismo y la corrupción. Es el oro de los ricos y poderosos que viene a ser apropiado por las políticas nacionales y populares y que merecen el escarmiento de revueltas, revoluciones y bombardeos.
Y siempre se intentó documentar. “La imagen en blanco y negro de una habitación repleta hasta el techo de lo que parecen ser lingotes de oro ha sido compartida miles de veces en redes sociales, al menos desde 2018, por usuarios que afirman que muestra el “Directorio del Banco Central días antes de la llegada del expresidente argentino Juan Domingo Perón al poder”. Pero esto es falso, en realidad la fotografía retrata a la Junta de Accionistas del Banco de España y fue tomada en esa entidad entre 1940 y 1944”. En https://factual.afp.com/http%253A%252F%252Fdoc.afp.com%252F9V76R4-1 se documenta que la foto es del Banco de España y no en Argentina antes de Perón.
La sospecha, que Argentina ha cargado durante décadas, instalada por el mito gorila de haber permitido el ingreso del llamado «oro nazi», en el cual habría participado el BCRA, no ha podido ser mínimamente evidenciado y se basó en suposición de que Argentina tuvo, de una forma u otra, vínculos especiales con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (habiendo mantenido la neutralidad hasta enero de 1944). Dos prestigiosos investigadores UBA analizan los antecedentes y publican en Ciclos, Año X, Vol. X, N° 19, 1e1: semestre de 2000 los datos y argumentos sobre esa falsa y tendenciosa afirmación.
Lo mismo ha pasado con el “oro de los Kirchner” que justificó estériles movimientos de suelos en Patagonia en búsqueda de enterramientos fabulosos y la destrucción de paredes en el domicilio particular de CFK a la espera de encontrar ladrillos de oro. Siempre la fábula del oro, siempre el objetivo de manipular el impacto de la riqueza sobre la decisión de los pueblos.
Claro que, en boca de una candidata a presidenta de Argentina, debe merecer un pedido de disculpas internacional con vergüenza ajena.

Las reservas brutas al 31 de julio ppdo en el BCRA ascendían a u$ 24.092M.
RESERVAS INTERNACIONALES
RESERVAS INTERNACIONALES

ORO neto de previsiones 1.049M
Divisas 4.165M
Colocaciones realizables en divisas 1.574M

Divisas
Colocaciones realizables en divisas
Convenios Multilaterales de Crédito
Instrumentos Derivados sobre Reservas Internacionales
1.049.285.649 4.164.812.300 1.574.063.054
6.304 3.794.783
6.791.962.090

En Argentina se transitó una historia sinuosa. Seguiré datos y relatos oficiales del BCRA adaptados de manera libre pero objetiva a los propósitos críticos de este escrito.
Hasta 1881, en el sistema monetario y financiero argentino, convivían una multiplicidad de monedas emitidas por distintos bancos nacionales y extranjeros. En ese año se instauró una moneda nacional bajo patrón oro, pero la convertibilidad fue efímera y continuaron circulando cuasi-monedas provinciales y privadas. Sólo después de renovadas crisis asociadas al endeudamiento externo, a principios del siglo XX, el país pudo volver al metal y establecer un vínculo rígido entre el saldo del balance de pagos y la cantidad de dinero (el patrón oro fue suspendido entre 1914 y 1927 para ser abandonado definitivamente en diciembre de 1929).
El estallido de la crisis bancaria de 1890-91 (el denominado “pánico de 1890” de Juárez Celman) motivó la creación de instituciones como la Caja de Conversión y el Banco de la Nación Argentina que, hasta la década de 1930, centralizan instrumentos y funciones propias de un Banco Central.
En el contexto de perfil productivo del país (producción de productos primarios vulnerables a los cambios en el mercado mundial) y la gran inestabilidad monetaria y financiera, se sucedieron, desde 1900, varios proyectos de Ley de creación de un Banco Central. Entre ellos, el presentado por H. Yrigoyen en 1917 que incluía una política monetaria activa y de avanzada para la época. Todos fallidos por la preeminencia conservadora de la mayoría en el Congreso Nacional.
Con la crisis financiera internacional de 1929 el sistema monetario y financiero del país se agotó. La Argentina, con una economía absolutamente abierta, no resistió las medidas proteccionistas de sus socios comerciales ni la drástica disminución de los flujos de capitales. Esta situación deterioró su balance de pagos por la pesada carga de remesas de beneficios de las empresas extranjeras y del servicio de la deuda pública. La crisis obligó a instaurar el control de cambios y medidas de intervención estatal que contradicen los postulados del librecambio. En ese contexto, y debido a las repercusiones en el sistema bancario, se dieron las condiciones para la creación de un Banco Central que se hiciera cargo de centralizar el control de la política monetaria y cambiaria.
Producto de la reforma monetaria y bancaria de 1935 nace el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Se crea como entidad mixta con participación estatal y privada. Dedicada a la emisión exclusiva de billetes y monedas y la regulación de la cantidad de crédito y dinero, así como la acumulación de las reservas internacionales, el control del sistema bancario y la función de agente financiero del Estado. Se la dota de instrumentos para ejercer el papel de “prestamista de última instancia” y la adopción de políticas anticíclicas de moderación de las fluctuaciones económicas.
En un contexto interbélico 1918-1939 de fuerte alza de los precios de las exportaciones y con un esquema del control de cambios, el BCRA pudo realizar políticas anticíclicas, mantener el servicio de la deuda externa e incluso rescatar -con reservas disponibles- parte de la deuda externa.
Sin embargo, aparece la constante de la dependencia: las políticas monetarias seguían condicionadas por las preferencias e intereses de inversiones extranjeras – predominantemente británicas — que querían enviar sus ganancias al exterior y evitar devaluaciones de la moneda nacional.
Por ello la visión peronista, nacional y popular de 1946 dispuso la nacionalización del BCRA, y su función prioritaria pasó a ser la de promover el desarrollo económico, reduciendo los préstamos hacia actividades especulativas, y enfocando los recursos hacia las actividades productivas. Todo lo contrario de la financierización.
Perón, en su discurso a la Asamblea Legislativa del 26 de octubre de 1946 explicaba la privatización de la arquitectura monetaria: “organizados como un perfecto monopolio, los bancos estaban divididos a través de un pool cerrado, en el cual las entidades privadas podían imponer su criterio en asambleas, sobre los bancos oficiales o mixtos. Así, los bancos de capital privado, con solo un aporte inicial de 30,4% del capital, tenían el extraordinario privilegio de manejar las asambleas, custodiar el oro de la Nación y controlar todas las facultades de Gobierno, indelegables por razones de soberanía estatal. El Banco Central promovía la inflación, contra la cual aparentaba luchar, violando el artículo 40 de su Carta Orgánica y emitiendo billetes sin limitación, contra las divisas bloqueadas en el exterior, de cuyo oro no se podía disponer en el momento de su emisión. En otras palabras, se confabulaba contra la Nación y se actuaba visiblemente en favor de intereses foráneos e internacionales. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de los últimos 50 años”.
En 1949 el BCRA pasó a depender del Ministerio de Finanzas de la Nación y se profundizó la política de orientación del crédito hacia la producción en actividades de importancia para el desarrollo del país.
Durante el peronismo originario el Banco Central jugó un papel muy importante en la regulación de las tasas de interés y en el otorgamiento de créditos selectivos para desplegar una estrategia de sustitución de importaciones así como de promoción de exportaciones, con el objetivo de diversificar la matriz productiva y superar la etapa agroexportadora.
La reforma de la revolución de 1957 liberalizó el sistema financiero, eliminó la nacionalización de los depósitos y la asignación por el Banco Central del crédito. Al BCRA se le otorga un mayor grado de autonomía pero debe seguir las “directivas fundamentales del gobierno nacional en materia de política económica”. Asimismo se limita el monto que el Banco puede prestarle al gobierno, pero no se abandona el rol de la autoridad monetaria en el direccionamiento del crédito productivo, a través del control de la tasa de interés y el otorgamiento de redescuentos que permitían bajar sustancialmente el costo financiero los proyectos de inversión.
Con un nuevo quiebre del orden constitucional en 1976 la economía argentina sufrió un brusco cambio de rumbo. La dictadura cívico-militar argumentó que el proceso de sustitución de importaciones se había agotado e impulsó medidas de liberalización comercial y financiera, en particular de la tasa de interés y de los movimientos de capitales con el exterior.
El Banco -cuya carta orgánica no es modificada- se encuentra con nuevas tareas que emergen de esa liberalización de las tasas de interés así como del ingreso masivo de nuevas entidades al sistema bancario bajo una nueva Ley de Entidades Financieras (aprobada en 1977 y aún vigente). Esa incondicional inserción de la Argentina en el proceso de globalización financiera termina con una masiva crisis bancaria en el año 1980, una de balance de pagos en 1981 y la de la deuda externa a partir de 1982.
Con el restablecimiento de los gobiernos democráticos en 1983, y luego de un breve período de políticas monetarias activas con restricciones a los movimientos especulativos de capitales, en 1992 el plan de convertibilidad Menem Cavallo radicaliza aún más la política de liberalización iniciada en 1976.
Con la convertibilidad, la oferta monetaria nacional quedaba determinada por el flujo neto de divisas con el exterior. Al Banco Central se le otorga el mandato unívoco de “preservar el valor de la moneda” con un papel muy similar al de la Caja de Conversión de 1899, aunque dotado de la atribución de supervisión del sistema bancario bajo una cierta descentralización en la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias (SEFyC). En 1992 se modifica la Carta Orgánica para alinear la misión y funciones del Banco Central a los lineamientos de la política económica y en particular a la convertibilidad del peso con el dólar estadounidense.
Este período se caracterizó por una marcada baja en la tasa de inflación respecto a la que había prevalecido en las décadas previas. Inicialmente el régimen permitió una fuerte recuperación de la economía, pero resultó demasiado rígido, para acomodar shocks externos. Así la crisis rusa de 1998 precipitó una salida generalizada de fondos de mercados emergentes, que en el contexto del tipo de cambio fijo propuesto por la Convertibilidad, precipitó a la Argentina en una profunda recesión, que finalmente derivó en la Ley de Emergencia Económica de 2002, donde se abandona la Convertibilidad hacia un esquema más flexible en el que el BCRA recupera la capacidad de efectuar políticas monetarias y cambiarias activas.
Vale rescatar de esa época una mejora sustancial en la calidad de la regulación prudencial del Banco Central, que permitió a la postre una mayor solvencia de las entidades financieras que operan en el país.
Una década más tarde, con Cristina en el gobierno en marzo de 2012, se reestablece el mandato múltiple al Banco Central, devolviéndolo al servicio del desarrollo económico y la contribución a una mayor equidad social, pero preservando el objetivo de la estabilidad monetaria y la del sistema financiero como objetivos primarios de la institución.

La arquitectura financiera internacional IV. Dadme un Banco Central y moveré al mundo

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La precristiana y conocida frase atribuida al físico siciliano Arquímedes, el elogio de la palanca, tiene variadas aplicaciones. Una de ellas se puede adaptar al mundo de las finanzas. Tanto es así que el llamado “apalancamiento financiero” en jerga especializada supone la base de la racionalidad económica (tomar préstamos a costo financiero menor que la tasa de beneficio de la inversión). Los Bancos centrales son el punto de apoyo de la actividad económica y del modo de creación de riqueza desde la producción y la concentración desde la economía.
Los Bancos centrales son el elogio de la economía financiera. Sin embargo, se los ve -si se me acepta el simplismo- tristes, oscuros, alejados y demasiado macros. Todos estamos bancarizados y hemos entrado a algún banco, casi nadie al Banco Central (BCRA). Los pueblos suelen relacionarlos con esas estructuras sólidas e instituciones impolutas y serias que cumplen una función por encima de las penurias cotidianas de los ciudadanos. Como que están en otra cosa y quizás de esa visión popular surja un cierto convencimiento de que no se contaminen con la política.
Lo cierto es que toda la arquitectura financiera internacional (AFI) se asienta en los bancos centrales. Y es así porque los Estados Nacionales son, en una mirada heterodoxa, verdaderos supra organizadores de los espacios nacionales del sistema económico capitalista.
Mucho más cuando la AFI está determinada por la lógica de las finanzas en la economía mundial y porque existe un verdadero y progresivo desacople entre el sector real y financiero del desarrollo capitalista desde mediados de la década de 1970. Se piensa en dinero y el desarrollo no es, sino monetario.
Vivimos una etapa muy contemporánea (dixit Inodoro Pereyra a Mendieta perro) del capitalismo tecno burocrático que suele conocerse como financierización, caracterizada por el principio “generar riqueza para acumular moneda”. Nuestra vida se monetizó, se ha hecho financiera y hasta se acuña y se defiende como imprescindible la educación financiera desde el jardín de infantes. Que la acumulación sea financiera y el esfuerzo operativo, que trabajen otros para producir y que especulemos nosotros para acumular. Que “las materias primas se conviertan en activos financieros” se naturalizó en el establishment y pasó a ser un apotegma del sistema.
En simple, según datos del Banco Mundial, en 1980 los activos financieros, incluidas monedas, otros títulos de la deuda y los derivados, apenas superaba el nivel del PIB mundial; en 1990 casi lo triplicaba; desde 2007 lo decuplica con creces y hoy -se estima- las monedas nacionales y los títulos de deuda superan en más de veinte veces el PBI mundial.
¡Andan dando vueltas en el globo, 20 $ de especulación monetaria por cada 1 $ de producción real! Una formidable expansión de las finanzas que se refleja en la tasa de crecimiento del sector financiero que, en el período 1980-2007, pasó a un promedio del 8% en los países desarrollados y del 9,5% en los países en desarrollo, mientras que el resto de los sectores de la economía lo hizo a un ritmo del 2,7% y el 3,6%, respectivamente. Un salmo de gloria para los bancos centrales y sus satélites del sistema financiero.
Lo cierto es el auge de las finanzas -luego de la crisis del fordismo desde los 1970- hay que mirarla como etapa inherente al desarrollo capitalista. Y los Bancos centrales son los puntos de soporte de ese desarrollo.
Por otro lado, la CEPAL advierte el abandono del régimen de Bretton Woods (1971) y la adopción de regímenes de tipo de cambio flexible (1973) en los países centrales, con la paulatina liberalización de los flujos internacionales de capital y la desregulación de los sistemas financieros locales (en Argentina, la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, vigente desde 1977). Se generó un contexto de condiciones para que los sistemas financieros nacionales dependan de los grandes conglomerados bancarios transnacionales como sus actores principales. Esa AFI de la dependencia va a ser estructural y determinante del endeudamiento creciente de los Estados latinoamericanos y de la consecuente gobernanza por la deuda.
Veamos. Se suele asignar a un Banco central:
*la emisión de papel moneda fiduciario como dinero legal (billetes);
*actuar de banquero operativo para la administración del Estado;
*ser banco de bancos y prestamista en última instancia y
*ser conductor de la política monetaria.
Estas funciones no se aceptan de manera pacífica dado que la moneda es un elemento constitutivo del Estado y su soberanía, que la globalización se empecina en someter al debate político. La visión neoliberal impulsa la idea conservadora de que el BCRA debe velar por el valor de la moneda (defender la moneda es defender la Nación) y la mirada heterodoxa advierte que la moneda y su administración debe estar al servicio de la política socioeconómica. Aquellos impulsan la autonomía técnica y operativa e inclusive la privatización del BCRA, mientras el campo popular sujeta la gestión del BCRA a las necesidades financieras de las políticas públicas. Quizás sea esta la madre de las batallas conceptuales en el campo de la arquitectura financiera.
Habrá que volver una y otra vez sobre el significado de la moneda, su carga ideológica, su funcionalidad económica, su rol figurativo y su acumulación como signo de poder. Un largo camino crítico.
Mientras tanto advirtamos un rasgo peculiar de la historia monetaria de América Latina. Su historia de los Bancos Centrales fue muy distinta de los antecedentes europeos. En Europa se concretó un esquema evolutivo en el cual los bancos nacionales del siglo XIX se convirtieron en bancos centrales en el siglo XX. Este proceso es aplicable a casi todos los países europeos, se crearon bancos nacionales sobre los cuales de diseñaron los bancos centrales. No fue el caso de América Latina donde los Bancos Centrales surgieron a raíz de cambios sociopolíticos importantes que se produjeron desde el decenio de 1920 en adelante.
Un caso emblemático fue México que asimiló los conflictos militares al mismo tiempo que el colapso de las finanzas públicas, la Bolsa mexicana y una experiencia de hiperinflación. Una firme política nacionalista establece en 1916 un Consejo de incautación que reforma el sistema bancario con un enfoque desarrollista y asigna en 1925 las funciones de Banco central al Banco Nacional de México.
En Brasil, las funciones propias del Banco do Brasil no fueron el resultado de una transferencia de políticas o una emulación de instituciones estadounidenses -como en los casos de los países andinos en los años de 1920- ni se aceptaron recomendaciones de expertos o «money doctors», para la creación de un banco central independiente y ortodoxo. La heterodoxia del caso brasileño refleja la ideología desarrollista dominante, que habría dominado sobre la ortodoxia pro-estabilización y seudodefensa de la moneda.
En Argentina el fin de la Caja de Conversión y el nacimiento del Banco Central es consecuencia de la Gran Depresión (1929-1935) como producto del crac financiero de 1929 y el subsiguiente desplome del comercio mundial que suspende la convertibilidad con la finalidad de frenar la salida de reservas, y establece un sistema de control de cambios para hacer frente a la caída de liquidez por salida de depósitos. Todo ello puso de manifiesto la necesidad de acometer una profunda reforma monetaria y financiera. El desenlace se materializó en la creación del Banco Central de Argentina en 1935.
Lo cierto es que si vivimos rodeados de moneda, si los precios son monetarios, si el ahorro es en alguna moneda, si observamos que existen monedas en disputa, si la moneda está aquí y allá desde que nacemos, en nuestros bolsillos o fuera de ellos, si la atrapamos o nos atrapa, entender críticamente al Banco Central es casi vital y no debiera ser de patrimonio de algunos sino de todos, todas y todes.

El poder de las arquitecturas financieras III. El cambio de collar, chau patrón inglés! Hello, dólar!

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El patrón oro afianzó el rol conservador del poder imperial inglés e, inicialmente, también del
dólar. Eran tiempos del poder dorado, la acumulación de oro era el poder. El concepto dominó
durante el siglo XIX como sostén del sistema financiero internacional y, hasta la Primera
Guerra Mundial, fue la base de la supremacía de la libra.
Pero los gobiernos beligerantes advirtieron que el poder no era el oro sino las armas y no
dudaron en imprimir papel moneda -ya como deuda- para financiar el esfuerzo bélico y sin
considerar la capacidad de respaldarla y redimir esa moneda en metal precioso. Tampoco les
preocupó demasiado, la guerra suele presentarse más atrapante que la economía y los
vencedores cobrarían con creces los costos y la inflación a los vencidos.
Después del conflicto aparece el patrón oro-cambio, un eclecticismo que inició nuestra
economía bimonetaria actual de coexistencia competitiva entre una moneda externa, saludable,
“buena”, con respaldo y otra propia, enferma, “mala”, sin valor. La receta es conocida: la “mala”
es la nacional y se la cura con deuda externa. De ser viable, con dolarización. Así cierra la
lógica globalizante.
El patrón oro se reimplantó en 1944, en la Conferencia de Bretton Woods, de la que surgieron
dos instituciones fundantes de la AFI: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco
Mundial. El dólar y la libra esterlina fueron las divisas del poder (garantizaban la posibilidad de
ser cambiadas por oro).
Este sistema dio lugar a una estabilidad comercial relativa y duradera, desde 1944 hasta 1971,
que acentuó la división internacional del trabajo y el deterioro de los términos de intercambio:
exportar barato nuestras materias primas e importar caro los productos industrializados.
Quedamos así entrampados en la necesidad de dólares. Las economías capitalistas
prevalentes se consolidaron en esta etapa de “Edad de oro” para ellos y “Edad de
dependencia” para nosotros.
El macropensamiento económico ortodoxo elabora sus propuestas y actúa a través de la
moneda y el poder financiero (todos los grandes grupos empresarios internacionales tienen, al
menos, participaciones de control y propiedad de un banco). El déficit financiero desplaza a la
productividad social, los gerentes financieros se prefieren a los gerentes de producción y los
contadores a los ingenieros. Es una condición existencial para el tecnosistema burocrático
capitalista de base monetaria, consumo dirigido y pátina ambiental.
La inteligencia habita en el sistema financiero, que es también el corazón de las decisiones. La
razón económica orienta la instalación de un sentido común que se presenta como irreductible
y se divulga como único y revelado. Por eso, en Argentina, montescos y capuletos miran hacia
el costado cuando se trata de modificar la ley de entidades financieras originada en la dictadura
cívico-militar de 1976 que es la base de una arquitectura adaptativa a la globalización
neoliberal. De eso no se habla -masculla el poder- hace casi medio siglo.
Se ignora que es la política la única acción humana que puede, al menos, atemperar que esa
tendencia secular se acentúe permanentemente.
En la arquitectura financiera internacional los bancos centrales nacionales juegan un rol
determinante. Como la cocina de la casa común, nadie puede obviarla ni dejar de pasar por
ella. Y ello es así tanto porque emiten moneda nacional como porque administran las reservas,
ya sea en oro o en otras monedas nacionales y porque son el financiamiento público de los
estados nacionales.

¿Por qué la arquitectura ortodoxa plantea que los bancos centrales de los países dependientes
“reserven” en papel moneda que no tiene otro respaldo que algún poder imperial? ¿Por qué
nuestras reservas son en dólares que no tienen respaldo? ¿Será porque poseer un dólar es la
ficción de tener una parte del patrimonio USA? ¿O será el deleite de ser mirado por
Washington desde el billete?. Puede ser en la sicología individual, pero no pareciera desde el
punto de vista sistémico..
Veamos el origen que -no podría ser de otra manera- está en el poder económico. En 1922, en
Génova, Italia, un grupo de 34 países, que incluía a Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón
acordaron la vuelta al patrón-oro limitado (reservas en oro o en divisas convertibles en oro) y a
restaurar la cooperación entre los bancos centrales para alcanzar los objetivos internos y
externos.
Con el argumento de que la oferta de oro era insuficiente para satisfacer las necesidades de
reservas internacionales, la conferencia de Génova propuso un patrón oro-cambio: que los
países menos desarrollados pudieran mantener como reservas las monedas de los países
industrializados, que consistirían únicamente en oro. Fue el huevo de la serpiente, el origen de
la gobernanza por la deuda, el establecimiento de una moneda dominante que sería el dólar.
Con sabia claridad, Perón ubica el incentivo del negocio del poder cuando reflexiona en 1967:
“La política de las “áreas monetarias”, después del abandono del patrón oro, ha sido fructífera
en acontecimientos donde siempre el negocio ha estado de por medio. Mediante diversas
maneras de deformar la realidad, se ha conformado ya una larga historia a través del “área
esterlina” como el “área dólar” y, aunque el pretexto fuera dar respaldo indirecto a las monedas
de los países pobres de reservas de oro, en realidad de verdad, verdad todo ha sido una nueva
forma de especular con la buena fe de los demás.”
El patrón oro fue el corcet emisionista que conservó el statu quo internacional y su abandono
produjo una dispersión y crecimiento de la oferta monetaria mundial superior al crecimiento
total de los bienes y servicios que la sociedad es capaz de producir. Ya nada sería como antes.
Se perfila la financierización como nuevo ciclo capitalista cuya palanca era la deuda pública de
los estados nacionales.
La ideología monetarista, sin más y sin evidencias científicas suficientes, atribuyó al poder
emisionista del Estado nacional la causa de la inflación permanente en las sociedades
occidentales. Y fueron más allá: determinaron que las depresiones causantes de paro y
pobreza sobrevinieron después de periodos de devaluación, por culpa de los gobiernos, de las
divisas sometidas a un laxo patrón oro (contrariamente al conservadurismo de la segunda
mitad del siglo XIX).
El respaldo en oro es abandonado por los mismos gobiernos y bancos centrales, aduciendo
falta de flexibilidad en la política monetaria. En agosto de 1971, en un arranque de sinceridad
del poder y consolidación de su contenido imperial, el presidente de EEUU R. Nixon anuncia
unilateralmente y con sorpresa, el cese de la convertibilidad del papel en mineral y el oro pasa
a ser un commoditie más.
Hay algo adicional que poco se menciona. Esa decisión estadounidense rompió con los
acuerdos de Bretton Woods de 1944, de dónde surgieron las organizaciones rectoras de la AFI
y revela una vocación y capacidad de acción unilateral que ha aumentado desde entonces
(quedó clara en el préstamos excepcional a Argentina con Macri). Esa inconvertibilidad encubre
una moratoria por no pago e incumplimiento de la deuda USA ante tenedores externos de
moneda y títulos de ese país. Con la medida, EEUU incumplió el canje de dólares por el oro en
respaldo. No decreta una moratoria quien quiere sino quien puede. Otra vez el poder por sobre
cualquier otra consideración.
El patrón oro aún tiene sus abogados defensores. Neoliberales y anarcoliberales que abrevan
en la Escuela Austríaca de Economía abogan por la supresión de los bancos centrales
(“dinamita” propone el personaje libertario de Argentina, el economista Javier Milei) y la
eliminación del monopolio de los gobiernos como organismos encargados de acuñar la moneda

de curso legal completamente ajena al patrón oro. Es una forma de neoconservadurismo para
impedir que la moneda se sujete a políticas públicas y sea compatible con los intereses
nacionales y populares del Estado.

YPF S.A.

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Después del endeudamiento de YPF por la dictadura militar [1] y su privatización durante el menemismo[2], se buscó una ampliación de la participación estatal y argentinización de los servicios públicos, razón por la cual, en diciembre 2004, se creó Energía Argentina Sociedad Anónima (ENARSA) y se le otorgó la titularidad de los permisos de exploración y concesiones de explotación con la finalidad de atraer inversiones de riesgo que se asocien con la nueva empresa estatal.

Posteriormente, en noviembre 2011, YPF S.A. hizo el anuncio del descubrimiento de petróleo en Neuquén, en la formación denominada Vaca Muerta, calificándolo como uno de los reservorios de hidrocarburos no convencionales más grandes y con mayor calidad del mundo. Sin embargo, la empresa continuó con su plan de desinversión y su correlato en el pago de dividendos que, en lugar de destinar la ganancia a los pozos y a la producción, la distribuyeron entre los accionistas (los principales Repsol 57 % y el Grupo Petersen-Eskenazi con el 25 % del paquete accionario). Entre 1999 y 2010, se pagaron 13.246 millones de dólares en concepto de dividendos. En 2011, la Argentina se convirtió en un importador neto de gas y petróleo con un déficit de 3.029 millones de dólares.

En ese marco, el 16 de abril de 2012, el gobierno argentino anunció la decisión de expropiar el 51 % de las acciones de YPF S.A. pertenecientes a la petrolera española Repsol. Días más tarde, la medida fue ratificada por el Congreso Nacional que dio lugar a la Ley 26.741 que declaró de utilidad pública y sujeto a expropiación el 51 % del paquete accionario, por lo que la empresa española se quedó, en ese momento, con el 6 % del capital (dado que poseía el 57 % de YPF S.A.).

La Ley 26.741 mantiene la forma de Sociedad Anónima, por ende, la empresa no queda sujeta a la ley de obras públicas, al régimen de contrataciones del Estado, al régimen de información pública, a la ley de procedimientos administrativos, etc. Tampoco queda sujeta al control de la SIGEN. Por lo que es una empresa con 51 % del capital estatal, pero se administra como empresa privada.

La familia Eskenazi
Enrique Eskenazi como representante del grupo Bunge y Born fue elegido presidente de la COPAL (Coordinadora de la Industria de Productos Alimenticios) hasta 1980, en que se desvinculó de la firma para asociarse y luego comprar la Constructora Petersen, Thiele y Cruz S.A., de importantes obras públicas en la dictadura militar y en el gobierno de Raúl Alfonsín.

En la época del menemismo diversificó su accionar y la familia Eskenazi adquirió la mayor parte del paquete accionario de los bancos provinciales de Entre Ríos, Santa Fe, Santa Cruz y San Juan.

A través de las empresas Petersen Energía Inversora y Petersen Energía, poseía acciones por el 25 % de YPF, compradas a la petrolera española Repsol en dos operaciones, una a fines del año 2007 y la otra en el año 2011.

Los Eskenazi adquirieron las acciones a través de préstamos de bancos internacionales y se comprometieron a pagar con el giro de dividendos de sus acciones en la empresa petrolera. Es por eso que, en su estrategia de defensa ante la Justicia de los Estados Unidos, el gobierno argentino consideró “fraudulenta” esta operación, por lo que alegó que no debía continuarse con el litigio.

El pago de los créditos adeudados por el grupo Petersen-Eskenazi se vio interrumpido con la estatización del 51 % de las acciones de YPF, que fueron expropiadas por el Estado argentino a la española Repsol. A partir de entonces, la administración de la compañía prohibió el giro de dividendos, lo que provocó la quiebra de las empresas de los Eskenazi, que no pudieron afrontar sus deudas con los bancos extranjeros.

La quiebra de las dos compañías del Grupo Petersen-Eskenazi recayó en el Juzgado Mercantil N° 3 de Madrid, que designó a un síndico y subastó el derecho a litigar. Quien compró esa posibilidad fue Burford Capital [3], ya conocido en nuestro país porque también intervino, con la misma lógica, en el caso de Marsans, la antigua propietaria de Aerolíneas Argentinas.

La demanda principal de Burford Capital se sostiene en que, según el artículo 7° del Estatuto de YPF, si alguien compraba más del 15 % de la empresa, debería ofrecer lo mismo a todos los accionistas y no sólo a Repsol. Además, se alega perjuicio porque tras entrar en la compañía, el Estado decidió suspender el giro de dividendos que había sido acordado entre Repsol y el Grupo Petersen, lo que desencadenó que las empresas de los Eskenazi entraran en default al no poder pagar sus deudas.

En defensa de la posición del Estado argentino, Santiago Pérez Teruel, abogado del gobierno, sostuvo que la ley 26.741 de Declarar de Utilidad Pública a YPF S.A. se basó en la Constitución de la Nación Argentina, que es superior al estatuto privado de la empresa y lo que correspondía hacer era el proceso constitucional vigente de expropiación. Esa decisión se tomó porque había un interés público comprometido, que, en este caso, era el control de una empresa que es clave para el desarrollo estratégico del país [4].

Pérez Teruel afirma que en el fondo del problema “se está discutiendo si se aplica una regulación comercial o si el Estado tiene capacidad soberana para expropiar un bien cuya utilidad reporta un beneficio para los argentinos”.

Respecto de la prohibición del giro de dividendos, el Dr. Pérez Teruel sostuvo que “la decisión de repartir dividendos o no en una empresa la tiene la mayoría. Un socio minoritario no puede decidir que se repartan los dividendos”. Y aclaró que “en lo que se estaría agraviando a Petersen-Eskenazi es en la imposibilidad de cumplir compromisos privados respecto de los cuales el Estado nacional ni YPF tienen que ver. Si apalancaron la compra de acciones con un contrato privado con un banco, es un riesgo empresario que corrieron ellos”.

El Procurador del Tesoro de la Nación de los años 2016-2019, Bernardo Saravia Frías, aseguró que la compra de acciones del Grupo Petersen-Eskenazi a Repsol fue “fraudulenta” y que la jurisdicción donde deben zanjarse este tipo de conflictos es la argentina, porque aquí está radicada la empresa YPF S.A.

Este último punto fue rechazado el 24 de junio de 2019 por la Corte Suprema de Estados Unidos, que confirmó la jurisdicción neoyorquina. Sin embargo, el 11 de julio de ese año la jueza Loretta Preska, del Tribunal del Segundo Distrito Sur de Nueva York [5] (donde cayó la causa), decidió evaluar la cuestión ante un nuevo pedido de la defensa de la Argentina, rechazando una moción de Burford para iniciar prontamente el juicio.

En este recurso de forum non conveniens, el gobierno argentino alegó que “no se puede demandar al país en este Tribunal porque el control de las disputas de ley argentina que surjan de los estatutos de una corporación argentina deben ser llevadas a la jurisdicción donde la corporación mantiene su domicilio social, que en este caso es la Ciudad de Buenos Aires”.

Además, la Procuración de Tesoro argentino, a través del estudio Skaden, Arps, Slate, Meagher & Flom de los Estados Unidos, sostuvo que el Grupo Petersen y Repsol “celebraron un conjunto altamente dudoso de acuerdos falsos para adquirir sus acciones de YPF, basadas en una transacción de autosuficiencia que usó de forma inadmisible el capital propio de YPF para permitir que el demandante ‘compre’ sus acciones y ‘reembolse’ a Repsol. Debido a la naturaleza impropia de los acuerdos Repsol-Petersen (que causaron daños al gobierno y al pueblo argentino), deben anularse ab initio y, por lo tanto, el demandante no tiene legitimidad para demandar a la Argentina”.

Para la Argentina, el Grupo Petersen-Eskenazi compró las acciones sin riesgo alguno, ya que pagaría los créditos con los dividendos de la compañía, los cuales tenían asegurados porque gracias a la posición mayoritaria que contaba en sociedad con Repsol, habían decidido distribuirse el 90 % de las ganancias.

“Para garantizar que Petersen pueda pagar los ‘préstamos’ que recibió de Repsol, Petersen y Repsol también acordaron incorrectamente que distribuirían como dividendos el 90 % de las ganancias de YPF, en lugar de reinvertir esas ganancias en YPF y además acordaron pagar una cantidad adicional como dividendo especial de $ 850 millones, independientemente de las ganancias reales”.

Pese a lo presentado por el gobierno argentino, en el fallo publicado en marzo de 2023, la jueza Loretta Preska hizo lugar al pedido del demandante al señalar que la Argentina “prometió a los tenedores de valores que les proporcionaría una salida compensada si recuperaba el control sobre el número requerido de acciones”.

No obstante, indicó que el demandante “ha demostrado la existencia de un contrato válido y vinculante contra la República, pero no contra YPF”, por lo que eximió a la compañía de afrontar las indemnizaciones.

El fondo Burford y sus abogados señalan que 16 de abril de 2012 es la fecha en que Argentina obtuvo el control de las acciones sujetas a expropiación. Ese día se envió el proyecto de ley de expropiación al Congreso de la Nación, al tiempo que por decreto se designó un interventor del Ejecutivo para desplazar al directorio de YPF. Mientras que el Estado argentino sostiene que los daños económicos deben calcularse a partir del 7 de mayo de 2012 que es la fecha en que entró en vigor la ley. En la diferencia de la base de cálculo se especifica que “usando los datos de ganancias disponibles del cuarto trimestre de 2009, los daños de los demandantes para el 16 de abril de 2012 son casi 3 mil millones de dólares menos”.

El escrito presentado por la Argentina sostiene que “los demandantes recibirán una ganancia inesperada bajo cualquier escenario, que el grupo Petersen-Eskenazi se benefició durante años por el deterioro de YPF que condujo a la expropiación, y que cualquier otra indemnización por daños exacerbará los desafíos económicos actuales de la Argentina”.

Finalmente, el actual presidente del YPF S.A., Dr. Pablo González, sostiene que “el valor de YPF S.A. debe medirse por sus reservas, no por lo que dicen los libros. YPF S.A. tiene el 40 % de la segunda reserva de gas y la cuarta de petróleo no convencional del mundo”. Además, indicó que el año pasado YPF «tuvo ingresos por 18.000 millones de dólares y un EBITDA [6] de 5.000 millones de dólares. Con un EBITDA pagaríamos esta sentencia que es injusta y después tendríamos reservas por 150 años de gas».

Viendo el listado de los que compraron dólares en el Mercado Único Libre de Cambios para atesoramiento, en el período 2016–2019, que informó el BCRA [7] y que publicó El Cohete a la Luna en su nota del 31 de mayo de 2020, “Ahora las personas”, observamos que la familia Eskenazi, presidida por su patriarca, adquirió 102.941.525 dólares. No sabemos si lo declararon ante la AFIP, pero sí sabemos que vendieron el juicio contra YPF S.A. por 16 millones de dólares al Fondo Burford de Inglaterra.

[1] Basta como ejemplo que Carlos Suárez Mason después de su retiro fue interventor de YPF, cargo que le sirvió para hacer grandes negocios: fue acusado por vaciar la empresa y por estafa con nafta adulterada a través de la firma Sol Petróleo, que también ayudó a financiar “operaciones antisubversivas” en otros países de Latinoamérica.
[2] El 31 de diciembre de 1990, por medio del Decreto N° 2.778, el Poder Ejecutivo Nacional convirtió a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Sociedad del Estado en YPF S.A. En 1992, la Ley N° 24.145 transfirió el dominio estatal de los yacimientos de hidrocarburos del Estado Nacional; de esta manera, la Argentina perdió totalmente el poder de decisión sobre la política petrolera.
[3] Burford Capital es un fondo de cobertura que se dedica a la compra de los derechos de litigio de empresas quebradas de todo el mundo y luego inicia juicios por sumas mucho mayores.
[4] La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada (Constitución Nacional, art. 17). La expropiación cumplió con todos los requisitos legales correspondientes incluyendo la previa indemnización, tal como lo establece nuestra Constitución Nacional. Una jueza de Estados Unidos no tiene jurisdicción ni puede ir en contra de una ley superior como la Constitución Nacional.
[5] Reemplazó por muerte al juez Thomas Griesa.
[6] El EBITDA es un indicador financiero (Earnings Before Interest Taxes Depreciation and Amortization) que muestra el beneficio bruto, antes de restar los intereses por la deuda contraída, los impuestos y las amortizaciones de máquinas y equipos.
[7] “Mercado de cambios, deuda y formación de activos externos, 2015-2019” BCRA – 20 de mayo 2020.

YPF S.A.

Informe económico mensual

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25 de JULIO 2023: Inflación de JUNIO. La inflación disminuye por segundo mes. Pero el dólar oficial, la tasa de interés, el CCL y riesgo país aumentan o se mantienen elevados.

Miramos la inflación y construimos gráficos desde varias perspectivas, puede ser un exceso pero permiten seguir los precios en mejores condiciones. Los números de la inflación corresponden a JUNIO, con congelamiento y listados de precios, oraciones, invocaciones religiosas varias, plegarias y otras formas de política económica.

Todo se junta, las internas, las elecciones generales, los desaguisados de la economía, el FMI y las medidas recientes, sin respiro.

Las medidas y el posible acuerdo con el FMI seguramente impactaran en agosto, lo veremos. Está claro que Massa necesita del Fondo y de los dólares correspondientes, ya que el FMI se paga a sí mismo y eso lo saben perfectamente. El ministro como el Fondo corren el arco, luego se verá.

Massa marcha lidiando con los precios y otras contingencias, también con su precandidatura. Debe calmar al “mercado”, cuidar la interna, mostrar soluciones, bajar la inflación, incrementar las reservas, discutir con el Fondo, con el Banco Central Chino, juntar votos, inducir impuestos que mejoren la recaudación, mover el tipo de cambio sin que levante vuelo, atenuar la baja del PBI, disminuir la pobreza, mantener el desempleo en los porcentuales actuales, mejorar el saldo de la Balanza de Pagos, maniobrar con el gasto público, aumentar las exportaciones y el turismo, para colmo en el corto plazo y si es posible mostrar registros de mejoras. Parece mucho, pero es ministro de economía y precandidato.

Pero por suerte Inodoro dialogando con Mendieta encuentra un atajo y salva a los ministros de economía:

Inodoro, dirigiéndose a Mendieta: “Mi bisabuelo había estáu cavando un aljibe. ¡Y dijeron que por ahí dentro el agua que inundó tuito! ¡Por culpa de él se hundió un continente! ¡Ningún ministro de economía logró algo ni parecido!”

Mendieta: “Que lo parió”.

2023 JUNIO proc. JULIO IPC INFLACION

El poder de las arquitecturas financieras II: el que no salta es un inglés

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Una arquitectura financiera internacional (AFI) es una deriva de poder económico y consecuencia de las negociaciones comerciales entre países (efecto transacción), de establecer precios entre distintas monedas (efecto unidad de cuenta) y de reservas de valor (efecto especulación).

La AFI es un diseño político-institucional del modo de producción del sistema económico capitalista. Se basa en i) el predominio de una moneda (dólar USA), ii) es jerárquica (tienen instancias decisionales piramidales), iii) es determinativa de las políticas económicas nacionales (apoya o no con préstamos a países deudores) y iv) es de estructura organizacional basada en instituciones públicas multinacionales.

La ortodoxia académica la describe como el “conjunto de instituciones, normas (implícitas y explícitas) y comportamientos sobre las que se basan las relaciones monetarias y financieras entre agentes públicos y privados de los distintos países”. A pesar del formalismo queda claro que las normas impliciticas y los comportamientos son consecuencia del poder político de los Estados. Cualquier diseño AFI tiene que ser comprendido desde la globalización geopolítica e implica límites condicionantes de la soberanía financiera nacional.

En así que encontramos instituciones que ofrecen financiamiento y administran fondos en forma asimilable a un banco: FMI (Fondo Monetario Internacional, del que Argentina detenta en 0,67%), BM (Banco Mundial, es una supra-institución de cinco instituciones a partir del BIRF), BIS (Banco de Pagos Internacionales), Bancos Regionales: BID (Banco Interamericano de Desarrollo), FLAR (Fondo Latinoamericano de Reservas), CAF (Banco de Desarrollo de AL), Banco Asiático de Desarrollo, entre otros.

En la esfera financiera se desarrolla un fuerte proceso de regulaciones nacionales y proponen regulaciones internacionales: Comité́ de Basilea (regulaciones bancarias), IOSCO (mercados de capitales), IAIS (compañías aseguradoras), IASB (normas contables e información financiera), FATF (regulaciones contra el lavado de dinero), OECD (regulaciones contra el secreto fiscal y bancario), etc. El nuevo coordinador de estas instituciones es el FSB (Consejo de Estabilidad Financiera del G20).

El enmarañado contexto de actuación de esas instituciones tiene un componente común: el monetario. La moneda opera como el argamasa del diseño. El “patrón oro” fue la base de la arquitectura financiera moderna de la paz mundial y utilizó el metal como reserva del papel moneda. A pesar de que había sido usado para éstos propósitos desde tiempos antiguos, el patrón oro, como institución legal, data de 1819, por una decisión política del Parlamento británico (Resumption Act).
En esas instancias históricas, es el oro el que asigna poder político y no viceversa. Los corsarios, la Armada Real y la división internacional del trabajo tuvieron que ver con la acumulación de ese oro en arcas inglesas.

Apareado en esos mismos tiempos, consolidado el predominio de la libra esterlina con patrón oro, Argentina comenzaba su rol y destino de deudora consuetudinaria de la mano de intereses nacionales entreguistas. El préstamo tomado en 1824 por la provincia de Buenos Aires con la banca inglesa Baring Brothers, fue el inicio del gobierno por la deuda. Solo tuvo intervalos de desendeudamiento con Perón, en 1947, y hasta 1955 y con Kirchner en 2004, y hasta 2018. Ambos desendeudaron Argentina para intentar revertir la historia.

Permiso. Una disgresión nacional:
era bastante divulgada la mitología gorila que afirmaba que cuando Perón llegó al poder, en 1945, el Banco Central se encontraba repleto de lingotes de oro. Y cuando fue derrocado por la dictadura de Lonardi, las arcas del Central ya estaban vacías y que ese oro se lo llevó el general en la cañonera paraguaya donde se refugió al producirse el golpe de Estado.
La realidad es que apenas una cuarta parte de las reservas que Argentina acumuló durante la segunda guerra mundial se encontraban invertidas en oro dentro del BCRA. El saldo se encontraba fuera del país, en activos nominados en libras, dentro del Banco de Inglaterra. Argentina no las podía utilizar, por haber aceptado su no conversión a oro ni a terceras monedas en tiempos de Ortiz. Al decretar la inconvertibilidad de la libra, Inglaterra restringió las exportaciones a Argentina ya que podía abastecerse de nuestras materias primas a cambio de anotar el saldo deudor en una cuenta bloqueadas de su propio banco central. Al terminar la segunda guerra, Perón aplicó esos saldos a desendeudarnos con Inglaterra y a poner los ferrocarriles en propiedad y control de la Argentina.

El patrón oro consolidó el imperio inglés y la capacidad prestataria del imperio con un acuerdo monetario internacional impuesto por Inglaterra hacia finales del siglo XIX y hasta el final de 1914, en que cada país participante debía garantizar la libre convertibilidad monetaria en relación al oro que los bancos centrales mantenían en sus reservas para defender el precio nominal. Cada país estaba preparado para intercambiar oro por su moneda circulante y a la cotización oficial. La moneda es deuda pública que tiene como garantía el metal acumulado.

El equilibrio interno buscaba una fijación de los precios de las monedas en función del oro, con el objetivo de conservar la estructura de poder internacional al limitar el crecimiento monetario de la economía mundial a la libra y estabilizar los niveles de precios asimétricos entre países industriales y países productores de material primas.

La Primera Guerra Mundial demuestra que el respaldo en oro no alcanzaba para una paz estable y nos enseña sobre el acuerdo político de la emisión monetaria sin respaldo para cubrir los gastos militares. Se abandonó el patrón oro como sistema monetario internacional y la reducción de la fuerza de trabajo y la disminución de la capacidad de producción, resultó en un proceso inflacionario mundial.

Cuando emergen los conflictos bélicos, las guerras organizan la arquitectura socioeconómica y política del universo: los vencedores en la batalla mutan a acreedores en lo financiero, trasladan su inflación interna y mandan sobre los vencidos que, en tanto deudores, obedecen, pagan y soportan los procesos inflacionarios.

Las guerras, sus consecuencias financieras, subsisten mucho más de lo que parece. La Primera Guerra Mundial acabó noventa años después del Tratado de Versalles (1919). En octubre de 2010, veinte años después de la reunificación de Alemania, se abonó la última cuota de la deuda por indemnizaciones de guerra acordadas por las potencias aliadas.

En la guerra irrestricta multidimensional -una estrategia de China desarrollada por los militares Qiao Liang y Wang Xiangsui- el rol de la AFI es determinante dado que las finanzas son en la actualidad un medio clave para hacer caer un Estado, lo que ha llevado a interpretarse como el componente vital de los países para hacer la guerra. La llamada “guerra de monedas” se inscribe en esa lógica y es el telón de fondo de las decisiones políticas de los Estados nacionales.

Ello es así como manifestación efectiva del poder de sometimiento y dependencia que se deriva de las mismas tanto como de los esfuerzos de los países vencidos para pagar la deuda.

Así como el denario se impuso por el poder de la pax romana, la extensión imperial de la libra esterlina derivó del poder de fuego de la Armada Real inglesa, y la fortaleza del dólar hay que rastrearla en la bomba atómica de Hiroshima.

Es el poder bélico el que organiza la arquitectura financiera basada en regulaciones de la moneda con un Estado organizador (USA), principal deudor internacional y soberano en la emisión monetaria del dólar. Claro que la guerra de monedas puede modificar los planos de la actual arquitectura financiera. Y las políticas financieras nacionales deberán adecuarse a esas circunstancias como lo ha hecho Argentina con el swap chino.

El poder de las arquitecturas financieras I. Introducción sobre la relación pensar-diseñar

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El concepto de arquitectura -en la que lo mental y lo social coinciden en la práctica- es interesante y necesario para entender el mundo. Al menos el mundo en el que interviene la acción humana. La arquitectura de la naturaleza, en cambio, forma parte de la mística religiosa que tiene interés en reverenciar más que en comprender.

Arquitectura tiene que ver con el pensar apriori de los hechos y con las formas de los contenidos, con los espacios y su distribución; con la construcción y su diseño y con el poder y su aplicación. En su etimología griega deviene del que “manda a los que construyen”. En política, la arquitectura son los planos del poder. Incluso en la democracia, la república es un esbozo arquitectónico que divide los poderes en base a funciones: el que decide, el que ejecuta y el que califica. Una suerte de imaginación que se hace operativa en las formalidades jurídicas de las constituciones, los códigos, las leyes y todo el andamiaje burocrático ejecutivo y de control que se empecina en organizar la vida humana.

Existe una arquitectura política que diseña la estructura lógica del sistema de administración política de los pueblos. Si no hay una estructura socio-lógica, no hay un sistema político dado que los seres humanos no son agentes libres capaces de remodelarse como les parezca.

Parafraseando, desde una mirada nacional y popular, solemos decir que somos arquitectos (originalmente artífices) de nuestro propio destino. Al menos lo mantenemos como utopía necesaria. Por ejemplo, la comunidad organizada de Perón es una arquitectura de la sociedad cercana que nos ayuda a proyectar unos objetivos políticos. Y a luchar por ellos con convencimiento.

La arquitectura es, entonces, un ejercicio de poder. Organiza quien detenta el poder de decidir, planifica quien tiene poder de futuro, articula quien detenta el poder de sujetar las partes, ejecuta quien tiene poder de acción.

La arquitectura política se ocupa no sólo del espacio situacional del país, sino del espacio social, que es un producto de la sociedad, ideológico y sapiencial. Por eso cuando mencionamos el concepto, derivamos en poder. La arquitectura deriva del poder. Y hay una dimensión que queremos destacar: la gobernabilidad es una deriva de la arquitectura política. Si los planos son ineficientes los edificios son inestables.

En nuestro mundo globalizado, la arquitectura -y por ende la gobernabilidad- es global.
Se basa en un trípode de principios: *el capital y el beneficio del patrono, es decir, de la burguesía (los pilares del sistema capitalista); *la propiedad del suelo con las múltiples rentas (que proporcionan el subsuelo, el agua, el terreno edificación, etc) (el estudio de suelos de la sociedad) y *el trabajo con el salario correspondiente, que va ir parar a manos de los trabajadores (la dinámica del proyecto social). Se suele designar como sociedad burocrática de consumo dirigido al actual diseño de la civilización occidental.

La globalización ha dado un contexto multidimensional a la arquitectura política, ha transformado en obsoleta la soberanía y ha sujetado la planificación a unos límites delineados por el poder.

De todas esas dimensiones (culturales, sociales, económicas, comerciales, jurídicas, artísticas) la financiera es la que permea todo el continente de la globalización.
Un ejemplo de arquitectura financiera en Argentina es la convertibilidad -que comenzó a regir en abril de 1991 tras su aprobación en el Parlamento- y establecía una paridad fija del peso argentino al dólar estadounidense. Los planos -alabados como arquetipo de solución por la ideología neoliberal de un gobierno mimetizado como peronista, nacional y popular- presentaron un diseño socioeconómico que explotó a inicios de 2002 con una mega devaluación oficial del 40%, la pesificación de los ahorros en dólares y la relación peso/dólar se incrementó́ en más del 250%, lo cual desencadenó un inmediato proceso inflacionario de envergadura, con una importante devaluación real.
Podemos afirmar que la globalización es -esencialmente- un hecho financiero.
Y que su arquitectura se presenta bajo la forma de financierización: la razón financiera de las monedas y los medios de pago e inversión especulativa prevalece en la cadena decisional de la economía mundial, y el progresivo desacople entre el sector real y financiero es un rasgo distintivo del desarrollo capitalista desde hace cincuenta años.

Este fenómeno, conocido como financierización, cobró relevancia en la década de 1980 a raíz de la sucesión de crisis financieras originadas en la deuda externa pública con la banca privada internacional y que se desataron en distintos países en desarrollo, especialmente en América Latina.

Nota:
Nuestra pretensión (siempre los a priori son meras pretensiones) es iniciar una serie de reflexiones breves sobre la arquitectura financiera internacional. Para el debate y las contradicciones. No sólo de sus contenidos descriptivos sino analíticos, el poder detrás de la organización del sistema socioeconómico. Por eso elegimos la palabra “arquitectura”, para mirar los planos, porque detrás de ellos y su construcción anida no sólo lo que es, sino lo que se espera que sea. Los planos en la arquitectura y los planes en la economía no son inocentes, esconden, ocultan, difuman, disimulan las estructuras del poder real que hay que reconocer para comprender. Y es necesario comprender para cambiar la realidad.