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jueves, abril 23, 2026
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Nueva etapa del capitalismo en la crisis financiera y el mito monetarista ante la inflación (I)

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LA MONEDA…

En los tramos iniciales del capitalismo la moneda es metálica, tiene un valor propio, el oro. Pero a medida que una parte creciente del dinero se transforma en capital solo reservado a una minoría, una parte mayoritaria de la población dispone de una cantidad menor de moneda. ¿Cómo? Porque cada vez esa minoría dispone en su lugar de mayor cantidad de títulos que rinden interés y que se basan en la moneda.

Así como el papel moneda está solventado por reservas, éstas son cada vez menores y la moneda pierde valor,  en su lugar aparece una mayor cantidad de títulos que son un derivado de la misma. Y a medida que se desarrolla el sistema, hay cada vez más derivados, y derivados de derivados, todo lo cual es el capital financiero, y su característica es la valorización por el mercado.

Y EL MERCADO…

Es decir, cada vez menos, el valor pareciera no provenir de la producción que da empleo, sino de la valoración que ofrece el mercado a través de la ganancia por especulación, y su muestra son las continuas subas y bajas de las bolsas.

Esto es cada vez más intenso. Por ejemplo, nunca el Dow Jones había enfrentado un quebranto de 1.000 puntos en un día, pero esto sucedió en julio pasado. Este peculiar valor se recupera porque la ganancia por especulación se concentra en grupos cada vez más poderosos, a costa de inversores menores, mediante una pérdida de parte de su patrimonio, y se manifiesta de manera general, porque cada vez hay más títulos que moneda. Por eso, a través del combate a la inflación, el monetarismo combate la emisión y el déficit fiscal como expresión del gasto o el uso de moneda en bienestar general.

En cambio, con el título con interés (la deuda) o la participación accionaria sujeta a la valoración del mercado, el sector privado aumenta su disponibilidad de capital, pero la contrapartida es una sociedad cada vez más pobre, por menos empleo o menos salario. Y esto también se consigue con la devaluación y la deuda en dólares. 

EN LA ARGENTINA…

Así, un PBI per cápita para la Argentina de 10.729 dólares, supone un PBI nacional conjunto para los 45,8 M de habitantes como el que calcula nada menos que el Banco Mundial, de 491.490 millones de dólares.

En cambio, con un tipo de cambio como el paralelo, antes de los últimos saltos, el PBI es la mitad y, por lo tanto, el PBI per cápita, de unos 5.300 dólares, que supone una baja de ingresos a la mitad. Esto es lo que busca el círculo rojo empresario y la oligarquía agropecuaria, para lo cual es esencial que haya una industria limitada y que la existente esté frenada por importaciones cada vez más caras (así sube el dólar).

El salario en dólares, a pesar de ser muy difícil llegar a un promedio, cayó un 70% en cuatro años (desde fin de 2017, ya que 2018 fue el año de las últimas grandes devaluaciones y del crédito del FMI, hasta fines de 2021).

De la misma manera, las exportaciones de 2021 fueron de 77.900 M dóls (las más altas en nueve años), y si el superávit comercial de poco más de 14.700 M dóls se repitiera durante 3 años, algo perfectamente posible, ya que las perspectivas son de fuertes aumentos en las exportaciones, se obtiene un importe equivalente al crédito del FMI.

EL GOBIERNO DE MACRI…

Cambiemos desequilibró aún más la poca disponibilidad de divisas con el aumento de la deuda,  la cancelación de deuda de las empresas privadas y el pago de intereses, que sumaron, en conjunto, unos 15.000 M dóls por año, y evitó que el saldo favorable aumentara las reservas en divisas del BCRA, según denunció el ex ministro Guzmán en enero. A eso hay que agregar la fuga de capitales, contenidas en los últimos meses por los controles, que es un problema general de los países emergentes, salvo de China, que las tuvo por muy poco tiempo, ya que los capitales volvieron a ingresar. Hay, sin embargo una crisis de deuda en China, en el sector inmobiliario capitalista privado, con la inmobiliaria Evergrande, con pasivos totales de 300.000 dólares, destinados a las personas con mayores ingresos que rechazan las viviendas oficiales en las grandes ciudades y prefieren, en cambio, vivir lejos de centros que se han vuelto una locura de tráfico y ruido.

EL VERDADERO CAPITALISMO…

El capitalismo, sobre todo el capitalismo industrial, que es el verdadero capitalismo, concentra la fuerza de trabajo humano en las fábricas y allí, ésta crea valor nuevo con la producción, con una parte del cual traspasa su valor al nuevo (el capital antes contenido en materias primas e insumos o en una parte del capital fijo situado en las máquinas), con otra parte paga los salarios, y con el resto genera una ganancia o plusvalía, como la llamó Marx.

Esta parte acrecienta el capital y cuando vende la mercancía recupera el capital empleado de manera ampliada y obtiene un capital monetario que queda libre por un tiempo, porque como no necesita volver a ampliar enseguida el capital en la producción, queda transitoriamente sin empleo. Este capital monetario libre, no puede generar nuevas ganancias en la producción, entonces el capitalista lo puede prestar, colocándolo en un banco o institución financiera que lo presta a otro capitalista a cambio de un tipo de interés, que el banquero retiene en parte para sí y con la otra parte remunera al capitalista que, a su vez, se lo prestó, o también al simple ahorrista que alcanzó a retener una parte de su ingreso y lo colocó a préstamo en un banco sin ser un empresario industrial o comerciante.

AL PRINCIPIO EL CAPITAL COMERCIAL…

En cambio, cuando predominaba exclusivamente el capital comercial, éste no podía generar ganancia produciendo un nuevo valor, sino que construía el capital vendiendo a un precio mayor los productos que compraba. Así se generó un enorme capital en crecimiento durante siglos, en la transición del feudalismo al capitalismo, pero no un nuevo sistema económico.

Los sistemas económicos fueron solo tres hasta el presente. De la sociedad primitiva se pasó a la esclavitud y de ésta al feudalismo, y con la crisis del feudalismo se amplió el capital comercial presente en todas partes desde que existía el mercado y el intercambio; con su evolución se había usado la moneda en crear una enorme masa de capital dinerario, que es la parte de la moneda en circulación que se transformó en capital.

Pero sólo el capital industrial dio lugar a un nuevo sistema, porque éste se podía reproducir por sí mismo, aumentando en forma continua la producción, y también lo podía hacer a costa de los sistemas anteriores. El capital comercial no puede aumentar la producción: lo hace solo de manera indirecta, incorporando al mercado productos que no circulaban en el mismo y convirtiéndolos en mercancías pero no creándolas, o induciendo su paso de un mercado más reducido a otro más amplio.

VOLVIENDO AL CAPITAL INDUSTRIAL…

Con el préstamo generalizado, el capital industrial a su vez fue creando un capital financiero que estuvo a su servicio durante mucho tiempo. El interés que remunera al capital financiero tiene su origen en el préstamo, y proviene de la misma fuente que el capital productivo: es una parte de la ganancia que el empresario industrial cede al empresario banquero para aprovechar el capital dinero que se inmoviliza durante la rotación del capital.

A su vez, la rotación del capital es a través de inevitables ciclos de alzas y bajas que, aunque son permanentes y propios de cada empresa, hay momentos en que se dan condiciones generales para una mayor inversión y en esos momentos de alza del ciclo, crecen la producción y el empleo, y en los períodos de baja del ciclo aparecen las crisis. Las de corto plazo son generalmente superadas en poco tiempo y no requieren modificaciones en el sistema, pero las de largo plazo se prolongan por más tiempo porque se hacen necesarias modificaciones en el sistema. En las crisis de largo plazo, la baja de la producción da lugar a una deuda mayor que, por eso, se hace más difícil de pagar.

LA APARICION DE LA CRISIS DE LA DEUDA…

Esta dificultad va en aumento a medida que crece el sistema, durante las crisis de largo plazo, de su madurez. La crisis se acentúa porque no se puede reponer siempre el mismo capital porque la población aumenta y hay que producir más y con mayor productividad, para lo que hay que incorporar proporcionalmente menos obreros empleados y máquinas más complejas. Pero como las ganancias provienen del empleo de la fuerza de trabajo, porque es a la única que se le puede pagar menos, al contrario de lo que sucede con las máquinas o con las materias primas, las crisis provenientes de bajas en la tasa de ganancia y en la renovación de capital con mejores máquinas y menos trabajo, a la larga, no hacen más que acentuar el problema.

La víctima es culpable

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El house organ del Partido Judicial, la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia de la Nación, reaccionó al atentado con el siguiente comunicado:

“La AMFJN expresa su honda preocupación ante los hechos que han tomado estado público en los últimos minutos y que involucran a la Sra. Vicepresidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner.

Tales sucesos, enmarcables en el enrarecimiento del clima social que hoy nos envuelve, resultan repudiables por su manifiesta contrariedad a la paz social que debe emerger de un sistema democrático.

Manifestamos nuestro incondicional apoyo a los magistrados/as del Poder Judicial y los Ministerios Públicos que deban intervenir en el esclarecimiento de esos hechos.

Buenos Aires, 1° de septiembre de 2022”.

El manejo del lenguaje es cristalino: la preocupación no es por el atentado, sino por los hechos que han tomado estado público. La Vicepresidenta no es la víctima, sino que esos hechos la involucran. Es decir, casi ha sido partícipe. Es como decir que los presos soviéticos, los judíos o los gitanos estaban involucrados en la gestación de los campos de exterminio nazis. Curiosamente, quien jaló del gatillo tenía el cuerpo decorado con la simbología nazi.

Tales sucesos, continúa el comunicado, son enmarcables en el enrarecimiento del clima social que hoy nos envuelve. Pareciera que para la Asociación de Magistrados existieron varios sucesos de la misma envergadura o gravedad institucional. Los sucesos no son producto de campañas de demonización y de la negación del otro como humano (los kukas, la yegua, etc.) sino del enrarecimiento del clima social. ¿Las movilizaciones, los reclamos salariales, la lucha contra el hambre y la falta de hábitat adecuado? ¿Por qué son repudiables esos sucesos para la Asociación de Magistrados? No por sí mismos, sino por “su manifiesta contrariedad a la paz social que debe emerger de un sistema democrático”. Esto implica que no merece el repudio el acto de atentar contra la vida de una ex Presidenta y actual Vicepresidenta sino por la alteración de la paz social. Esto es equiparar el atentado a los parripollos e instrumentos musicales de Jorge Macri.

Finalmente, el comunicado de la AMFJN manifiesta su incondicional apoyo no a la víctima o a sus familiares y amigos sino a “los magistrados/as del Poder Judicial y los Ministerios Públicos que deban intervenir en el esclarecimiento de esos hechos”. Del contexto de la frase surge que, si los magistrados requieren un incondicional apoyo es porque la Asociación da por supuesto que han de ser objeto de presiones.

Todo el comunicado persevera en el discurso maniqueo y paranoico que justamente crea el clima del odio. La superioridad autopercibida de los miembros del Partido Judicial los lleva a creerse por encima de la ley (después de todo para ellos la Ley es lo que los jueces dicen que es), de la República (a menos que los derechos afectados sean los de las minorías privilegiadas) y de la democracia (a la que nunca se cita como principio orientador de la actividad judicial, conforme el artículo 28 de la Constitución Nacional). Hace falta mucha infatuación para invocar el nombre del pueblo, como lo hizo el fiscal Diego Luciani, cuando nadie lo ha votado. Pero este es el fruto de la creencia de los jueces y fiscales en ser un poder destinado a evitar que los poderes elegidos por el pueblo afecten los derechos de las minorías.

Del mismo modo, Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema, señalaba con petulancia días antes del atentado: “El modelo de la Constitución es el capitalismo. El que quiera otro tendrá que hacer una revolución o reformarla”. La posición de Rosatti es la de quien cree que hay un solo modo de interpretar los textos. Lo que pretende es clausurar los significantes vacíos, como si nuestro lenguaje fuera el lenguaje de las abejas. El idioma se semantiza y la lucha política es precisamente la lucha por la carga semántica de esos significantes vacíos que actúan como punto de acolchonado de todo lenguaje y también del lenguaje constitucional. Lo que caracteriza al lenguaje humano es precisamente esa posibilidad de desplazar el juego de los significantes a través de las operaciones de la metonimia y la metáfora para abrir el espacio al significado.

La ignorancia de las ciencias humanas con que nos forman las facultades de Derecho convierte a Rosatti en un émulo del también juez Daniel Schreber, para quien el discurso normativo “trata de algo vecino a esos mensajes que los lingüistas llaman autónimos por cuanto es el significante mismo (y no lo que significa) lo que constituye el objeto de la comunicación” (Lacan, 2002:519). De este modo Rosatti no sólo pretende clausurar el lenguaje, sino también la lucha política que caracteriza a toda sociedad plural. El efecto de este discurso psicótico se expresa perfectamente en la frase del médico polifuncional Nelson Castro: Cristina es mala.

Si algo tan grave como el atentado fue posible, es precisamente lo que hace al discurso psicótico. La expansión megalomaníaca del yo y el intento de obturar mediante la alteración delirante la otredad irreductible del Otro. En esa matriz, en ese estructuralmente fallido control sobre el devenir de los Pueblos y de la Historia, se construye el odio.

Y a ese Poder Judicial yo lo acuso. Yo acuso en el nombre común, innominado e innumerable de los y las que están siendo sometidos a proceso. No se está juzgando a una persona. En la construcción artificial de la trama inquisitoria lo que se está juzgando es el proceso de emancipación de América Latina. El Poder Judicial ha pretendido y aún pretende legitimar un despojo. En la cárcel de los inocentes, en la proscripción que no cesa, en las barreras contra la reivindicación de los humildes, en la negación de que los derechos humanos son simplemente alimento, cobijo y cultura, como condición de humanidad para todas y para todos. Esa y no otra es la propiedad de los humanos.

Yo acuso. En esta acusación no hay repetición porque no hay petición que hacer a quienes se atribuyen las insignias de una república sin democracia. No se puede rogar a los que pretenden invocar una democracia sin Poder del Pueblo. Nada se puede pedir a los apropiadores de lo público, a aquellos que creen que el poder se hereda o se compra. Porque democracia es circulación del poder, es potencia de los muchos, de los innombrados a los que las oligarquías pretenden resignar a lo innombrable. La democracia resiste a la apropiación por alguien o por una lógica que, como una pulsión acéfala, se enseñorea sobre mujeres y hombres.

Eso es lo que no entenderán nunca los dictadores del mercado. De allí su pertinaz pretensión de anular la historia, de sobreescribir en la carne, sobre el dolor de los cuerpos, las marcas que cambien de sentido la memoria.

Para que lo vivido sea mentira, para que el deseo colectivo hecho afecto y proyección vuelva al goce autista de la repetición inerte se indagó la ideología de los trabajadores del Estado para ponerle el estigma del crimen, se redujo al silencio a periodistas, se suprimieron y aún hoy se reducen los programas estatales de enseñanza, salud, investigación y cultura y, en el espacio público, es reprimida cualquier expresión de cultura colectiva. Ese Poder Judicial es el mismo que considera la educación pública un producto de segunda, dedicado a los pobres. Porque para ellos hay castas de hombres y mujeres que deben evitar mezclarse.

Para ello se crearon escenas que hicieran verosímil el montaje de un relato que anulara los recuerdos, que culpabilizara el disfrute y el deseo de los sectores populares. Aparecieron bolsos para que la forma sensible del dinero hiciera olvidar que la corrupción se mueve con asientos electrónicos, con cuentas escondidas en paraísos fiscales.

Se consideró gasto improductivo la protección y la promoción de la igualdad, como si la sonrisa de los pobres fuera un crimen, como si el acceso a la tecnología no fuera un imperativo de igualdad ciudadana, como si la información no fuera un derecho del pueblo sino el patrimonio de los dueños de los medios concentrados y de las prestadoras de servicios (públicos), como si la participación democrática debiera estar restringida a las discusiones de las élites que orbitan los colegios profesionales y universidades. Como si perseverar en la existencia no fuera el derecho de cada uno y ello no implicara el compromiso del acceso a la salud pública para todos y todas. Aún hoy aparecen los que sin querer enterarse del incumplimiento pasmoso del Estado respecto de sus habitantes gritan enconadamente contra las ocupaciones de tierra, haciendo de lo que es necesidad un delito.

El sujeto pueblo adquiere un nombre propio que aparece como marca de identificación y contraseña. En reflejo, ese nombre es estigma y enfermedad contagiosa que debe ser extirpada para los beneficiarios del estado de cosas. Por esa razón, la represión de los movimientos de emancipación necesita la denigración del sujeto que porta el nombre del pueblo, llámese Perón, Evita, el Che, Fidel, Chávez, Evo, Lula, Néstor y Cristina, Correa o Milagro Sala, que aún sufre la cárcel por el delito de ser originaria e irredenta.

Por ello se inventaron procesos judiciales propios del siglo XV en los que la amenaza y la sospecha insidiosa suplen los hechos demostrados o demostrables. Se iniciaron investigaciones con copias de una prueba documental cuyo original curiosamente no fue retenido por los funcionarios que les atribuyeron contenido de verdad de relevancia institucional, para luego aparecer milagrosamente.

Esas declaraciones, obtenidas con la amenaza de cárcel, son supuestos de extorsión operada desde el aparato judicial del Estado. La aplicación del encarcelamiento para quienes no presten su voz al relato armado desde el poder de los jueces constituye un supuesto de tortura, de un crimen de Estado imprescriptible para sus perpetradores. El Poder Judicial realmente existente fue su autor y lo homologa a razones de derecho.

Para hacer un objeto de escarnio a ese nombre propio del pueblo, se diseñó una ofensiva a nivel continental contra quienes lo representan. Por eso ante la inexistencia del delito imputado formalmente, tienen la íntima convicción de la culpabilidad del procesado.

Y esto es porque el crimen es otro. No importan las pruebas, porque el crimen imperdonable para los detentadores del poder es manifiesto: hacer del pueblo un sujeto político. Se condena en esos nombres que los corderos quieran dejar de serlo.

Los derechos humanos no son un código multinacional ni están escritos en un cielo legible. Los derechos humanos son las necesidades materiales básicas que distinguen la humanidad de la nuda vida. El verdadero nombre de los derechos humanos es Seguridad Social. Contra eso milita este Poder Judicial.

 

La víctima es culpable

Magnicidios

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Reflexionemos sobre las características de los magnicidios.
En general los que comenten atentados tienen dos problemas a resolver, el primero es la concreción del atentado en sí mismo y el segundo tiene que ver con la posibilidad de huir de la escena para no ser atrapado.
Hay una situación particular que convierte al que comete un atentado en un arma letal, me refiero al atentado suicida o a aquel en el que la huida no es parte del plan. En estos casos la concreción del atentado se hace más posible porque el asesino, en el caso en que el atentado busque la muerte del objetivo, puede acercarse a corta distancia de su víctima.
Vienen a mi memoria como ejemplos, el reciente asesinato del ex premier japonés Shinzo Abe, los atentados contra Juan Pablo II y Ronald Reagan, los asesinatos de Olof Palme e inclusive Jhon Lennon, que aunque no fuera un personaje de la política resaltaba por su condición de personaje famoso. Y por supuesto no podemos olvidar las torres gemelas en cuanto a la no inclusión de la posibilidad de huir por parte de los perpetradores.
Aquí tenemos que tomar particular atención a las características de el o los asesinos. En el caso de las torres lo primero que nos viene a la mente es la imagen de personas criadas en una cultura del fanatismo, con la firme creencia de una vida después de la vida en que serán grandemente premiados, y que han sido acicateados por un discurso de odio que resulta una letanía. Estos fenómenos de locura social también pueden remitirnos a conductas auto agresivas como las de los sectarios del reverendo Jim Jones que protagonizaron un suicidio masivo en Guyana en 1978.
Pero el o los casos en los que quiero centrarme se refieren a los magnicidios perpetrados por atacantes solitarios, o quizá no tan solitarios. Independientemente de una conducta muy emparentada con la psicosis exhibida por estas personas que se sienten ‘llamados’ a ejecutar estos actos, en estas personas, que por su condición psicopatológica pueden tener un umbral bajo para el ‘brote’ psicótico, hay fundamentalmente un contexto que, como si su mente fuera el disco de una computadora, les carga la información, el software, el mensaje de odio y de mesianismo que los impulsa a cometer un crimen que consideran plenamente justificado, al punto de dejar de lado cualquier criterio de autodefensa como sería la posibilidad de la huida.
¿Y por qué digo no tan solitarios? Porque independientemente de que haya o no logística que los acompañe, ellos son siempre simplemente el arma, hay necesariamente un otro u otros que cargan ese arma, los que de alguna manera aprietan el gatillo o detonan la bomba, realmente los autores ideológicos de ese crimen.
Es muy posible que después del intento de magnicidio de la vicepresidenta argentina aparezcan voces, muy posiblemente de los mismos que con la manipulación mediática cargaron el arma, mencionando al personaje detenido, al femicida fallido, como un loquito, un enfermo, y eso constituiría un acto de la mayor perversidad, intentaría despegar el acto del criminal del discurso de odio propalado por ellos, y que trae como resultante que ese individuo, transformado en arma, intente un magnicidio.
Permitir que los hacedores del discurso del odio se despeguen de los efectos de ese discurso, de la represión de la policía de Rodríguez Larreta en la casa de Cristina, de los contenedores con piedras llevados al lugar por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires para facilitar el ataque con piedras a la casa de la vicepresidenta; e inclusive de otros crímenes de odio como los asesinatos de Maldonado y de Rafael Nahuel durante la presidencia de Macri e implementados por Patricia Bullrich a través de sus tropas, habilita que el discurso de odio continúe.

Comunicado sobre el atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández

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Grupo La Capitana expresa su más enérgico repudio al intento de magnicidio perpetrado ayer contra la actual vicepresidenta y compañera Cristina Fernández de Kirchner en las inmediaciones de su domicilio.

Este hecho, lejos de constituir un acto de violencia individual o aislado (como han sugerido algunos dirigentes de la oposición), es producto de un conjunto de expresiones, mensajes, discursos y actos materiales que cultivan día a día la violencia política en nuestro país, sea física o verbal.

El Grupo La Capitana ve con suma preocupación el crecimiento de los discursos de odio enarbolados por las derechas no solo en Argentina sino también en buena parte del mundo.

El atentado hiere profundamente a la democracia argentina y representa un hecho extraordinariamente grave para nuestra sociedad, es decir, constituye un verdadero parteaguas que rompe el contrato político-democrático firmado por los ciudadanos en 1983, luego del horror causado por la última dictadura militar.

En este sentido, resulta un deber inexcusable para todos los ciudadanos proteger y defender la democracia, las instituciones y las autoridades legítimamente constituidas.

Necesitamos decir NUNCA MAS a la campaña de odio, discriminación social y política que infectan los espacios públicos y mediáticos.

Por eso, Grupo La Capitana convoca a todos y todas a las plazas en defensa de la vida, las instituciones y la democracia, en apoyo y solidaridad con Cristina y, sobre todo, para decir BASTA a la ofensiva política del poder económico, mediático y judicial.

Estados Unidos, fiscal internacional

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En los años ochentas y noventas Estados Unidos se auto-asignó el papel de cruzado internacional en materia de drogas. Una versión militante del prohibicionismo se desplegó a nivel mundial con particular énfasis en América Latina. La estrategia represiva de Washington se sustentó en la legislación interna y se proyectó con intensidad en la región. Así, en 1986 el presidente Ronald Reagan firmó la Directiva Presidencial número 221 mediante la cual se declaró que las drogas constituían una amenaza letal a la seguridad de Estados Unidos. Más adelante, en 1989, el entonces Secretario de Defensa, Richard Cheney, anunció que la lucha contra las drogas se convertía en una misión de seguridad nacional prioritaria para el Departamento de Defensa. En diciembre de ese año Washington lanzó la invasión a Panamá que depuso al presidente Manuel Antonio Noriega, quien fue llevado a Estados Unidos para ser juzgado por narcotraficante.

Mientras tanto, se implementaba lo que se conoció como el proceso de certificación anual y unilateral en materia de drogas que apuntaba a determinar qué países cooperaban con Washington en el combate anti-narcóticos. Ese instrumento era, simultáneamente, un recurso para condicionar, disciplinar, subordinar y sancionar a las naciones en la llamada “guerra contra las drogas”. Una suerte de “garrote” para que los gobiernos—en especial, en América Latina–sintieran el efecto de las acciones punitivas de Washington. Los no cooperantes vivieron el peso de la estigmatización y castigo estadounidense. Una narco-diplomacia coercitiva se impuso en el continente. En ese marco, por ejemplo, la Casa Blanca le canceló la visa de ingreso al país al entonces presidente de Colombia, Ernesto Samper, en 1996, señalando que el mandatario “participó a conciencia en negociaciones” con el llamado Cartel de Cali, al tiempo que afirmó que había “certeza de que ingresaron dineros del narcotráfico en su campaña”.

Pero más allá de advertencias y puniciones el fracaso de la prohibición de drogas se hizo elocuente desde entonces hasta hoy día. En esencia, la geopolítica de las drogas se expandió y complejizó y la cruzada anti-narcóticos ha sido un fiasco en las relaciones interamericanas y a nivel mundial. Sin embargo, Washington—que modificó ligeramente su política interna ante las drogas—no ha variado su enfoque bélico anti-narcóticos en Latinoamérica. En todo caso, su condición de cruzado no ha sido abandonada.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos se lanzó a la lucha contra el terrorismo. En ese contexto, se transformó en un gendarme internacional que pretendía acabar con los grupos terroristas y sus santuarios, reordenar Medio Oriente y Asia Central especialmente, y asegurar la expansión global de la democracia. Otra vez, una vasta legislación interna, directivas del ejecutivo y estrategias militares sustentaban ese nuevo rol auto-afijado. La fuerza, el ataque, la retaliación y la agresión fueron la norma. La ocupación de Afganistán e Irak fue el corolario de un enfoque que suponía triunfos inmediatos y definitivos. Creció el uso de drones en Asia (Irak, Afganistán y Pakistán) y África (Libia, Somalia y Yemen). Jurídicamente, la estrategia contra el terrorismo derivó en la pos-legalidad: es decir, una situación en la que el derecho interno e internacional se manipuló y se desconoció.

Los resultados efectivos de la ofensiva contra el terrorismo no admiten festejos. Según las investigaciones del Watson Institute for International and Public Affairs de Brown University, después de gastar US$ 8 billones de dólares en las guerras pos—11/9, aproximadamente 979.000 personas (civiles, personal militar, contratistas privados de seguridad, periodistas, miembros de organizaciones humanitarias) murieron de forma directa y 38 millones de personas debieron refugiarse en distintos países o se vieron obligadas al desplazamiento interno. Aunque Estados Unidos—en especial a partir de los fracasos en Irak y Afganistán—se ha ido replegando, su pretensión de gendarme sigue vigente para varios decisores civiles y militares.

En años recientes, y más concretamente con la administración del Presidente Joe Biden, Estados Unidos se ha asumido como fiscal internacional en materia de corrupción en el marco de lo que identifica como la lucha entre las democracias contras las autocracias. En realidad, y respecto a Latinoamérica, el tema de la corrupción venía siendo foco de referencia de los responsables del Comando Sur. Por ejemplo, es una de sus prioridades. En la declaración de la postura del Southcom de 2016 el Almirante Kurt Tidd mencionó el tópico. Más recientemente, en 2019 el Comandante del Comando Sur, Almirante Craig Faller, destacó que “la corrupción es una inquietud de seguridad nacional en el hemisferio”. A su vez desde 2015 se han aplicado sanciones a individuos en Venezuela invocando, entre otros, asuntos de corrupción.

Ahora bien, es desde hace dos años que la corrupción ocupa un lugar cada vez más prominente en la política exterior de Estados Unidos. Por primera, en junio de 2021 y mediante un memorándum, la Casa Blanca precisó que la lucha contra la corrupción constituía un “interés central para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Y en diciembre se anunció la Estrategia Nacional de Estados Unidos contra la Corrupción. El Departamento de Estado designó en julio de 2022 a Richard Nephew Coordinador Global contra la Corrupción: Nephew ha sido Coordinador de la política de sanciones del Departamento de Estado y Director para Irán en el Consejo de Seguridad Nacional. A su vez, es importante destacar que la Oficina de Recursos Energéticos del Departamento de Estado tiene la responsabilidad de la Iniciativa de Transparencia sobre Industrias Extractivas; una iniciativa que busca, entre otras, “combatir la corrupción en los sectores globales de gas, petróleo y minería”.

En este período reciente América Latina ha sido un punto importante de la estrategia anti-corrupción. Con base en la legislación existente, el Departamento de Estado designó personas corruptas a 79 centroamericanos (43 de Nicaragua, 16 de Guatemala, 14 de Honduras y 6 del Salvador), al tiempo que logró la extradición del ex Presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández .

A su vez, el 22 de julio de 2022 el Departamento de Estado indicó que el ex Presidente de Paraguay, Horacio Manuel Cartes, estaba involucrado en “corrupción significativa”.

En breve, Washington ha decidido convertirse, desde un sitio de presunta superioridad moral, en un fiscal internacional en materia de corrupción. Sin embargo, esta condición va más allá de una presunta inmodestia ética: se inserta, esencialmente, en la pugna global contra China bajo el leitmotiv de la democracia vs. la autocracia. Esa lucha no cubre todas las autocracias, por supuesto. Entre el 15 de julio y el 2 de agosto el Departamento de Estado aprobó la venta de armamentos por un valor de US$ 20.000 millones de dólares; un tercio de las ventas se hicieron a autocracias. Dicho combate anti-corrupción, además, se viene librando más en América Latina que en otras latitudes; algo que quizás persista no en virtud del avance de autocracias en la región. El doble estándar se irá haciendo evidente con el correr del tiempo.

En el fondo, posiblemente la designación de quién es corrupto/a por parte de Washington tenga más que ver con la proyección de China en la región; la intensificación de las contradicciones ideológicas en Latinoamérica; el auge de modalidades delictivas—algunas de ellas como el negocio de los narcóticos y el emporio de las armas que tienen en Estados Unidos un doble epicentro en cuanto a demanda y oferta, respectivamente–; y la intención de recuperar cierta influencia y prestigio en el área. En todo caso, lo más probable es que Estados Unidos esté comenzando a ejercer su auto-concedida condición de fiscal internacional en cuanto a la corrupción. Ello implica aumentar la capacidad de condicionar, sancionar, intimidar y estigmatizar. Esto, seamos realistas, recién empieza.

 

https://www.eldiarioar.com/opinion/estados-unidos-fiscal-internacional_129_9271375.html

Respuesta a un chamán urbano

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“Lo que tenemos que hacer es bajar los costos, y los salarios son un costo más. Para volver a hacernos competitivos nosotros tenemos que encontrar un encuadramiento ético en el cual cada uno esté dispuesto a cobrar lo mínimo que le corresponde por lo que hace”.

Mauricio Macri, ingeniero, ex Presidente y chamán urbano

El costo de los insumos y las materias primas aumentan los costos de las mercancías. Por el contrario, si lo que aumenta es el salario, sólo se reparte el mayor valor producido entre el salario y la ganancia de un modo distinto. Por esto, cuando la patronal habla del salario como un costo no hace referencia al costo de las mercancías sino al costo que este importa sobre el plusvalor. Lejos entonces de ser un “costo argentino”, estamos hablando de la discusión sobre la apropiación del producto del trabajo en la empresa. El salario es simplemente un “costo de la clase empresarial”.

Una de las causas estructurales de la continuidad de la inflación en la Argentina es la verdad de “sentido común” de que todo aumento salarial debe ser trasladado a los precios. Frente a un Estado laxo en el análisis de los costos reales de las mercancías y la falta de control de los precios, toda demanda salarial vuelve en contra de los sectores populares en la forma de alza de precios, porque la patronal no quiere ceder ni la cuota de ganancia ni la cuota de plusvalía que, en lugar de ser consideradas –al igual que el salario–con su componente “histórico y moral”, son consideradas como una propiedad sacrosanta del empresariado. El carácter crítico de esta composición lo da una economía que produce para el mercado externo, en el que la deuda externa tiene un rol fundamental y el intercambio desigual signa a nuestra patria con los restos del estigma colonial.

Identificar el capital gastado en adquisición de fuerza de trabajo con la adquisición de insumos y materia prima constituye otra de las verdades del sentido común (es un costo más), mediante la cual la valorización del capital presupone que la ganancia es el fruto del capital. Esto equivale a decir que el dinero se multiplica, lo que no admite ninguna persona en su sano juicio, y da lugar a la forma típica de la renegación fetichista (yo sé bien que… pero, sin embargo).

El problema fundamental no radica en la mera ignorancia, sino que esa ignorancia aparece como fundamental para el sostenimiento del sistema. Yo sé bien que el dinero no se multiplica, pero cuando deposito el dinero en el banco tengo la esperanza de que se multiplique. Y lo que es mejor, el dinero efectivamente se multiplica cuando voy a retirar el plazo fijo del banco. Esta renegación es plenamente ideológica, tal como la plantea Zizek:

“…la ideología no es simplemente una ‘falsa conciencia’, una representación ilusoria de la realidad, es más bien esta realidad a la que ya se ha de concebir como ideológica –‘ideológica’ es una realidad social cuya existencia implica el no conocimiento de sus participantes en lo que se refiere a su esencia –, es decir, la efectividad social cuya misma reproducción implica que los individuos ‘no sepan lo que están haciendo’. ‘Ideológica’ no es la ‘falsa conciencia’ de un ser (social) sino este ser en la medida que está soportado por la ‘falsa conciencia’” (Zizek, 1992:46-47).

El capitalista sabe que el dinero no se reproduce, pero sin embargo… La ideología no está en lo que el capitalista cree, de hecho para actuar como capitalista con “buena conciencia” no hace falta que crea en nada, basta con que crea que el acto de contratación de un trabajador es un acto de dos sujetos libres e iguales en la plenitud de sus facultades.

Esa relación de los sujetos individuales, con abstracción del contenido social de los actos que realizan, le permiten afirmar “Quiditcontractuel, dit juste”, como si el contrato fuera el punto de partida de las situaciones sociales (trabajador y empleador) y no el punto de llegada de situaciones sociales en las que hubo repartos, ganadores y perdedores (proletario y capitalista). La relación individual no puede ser entendida sin caer en una forma de “solipsismo práctico”. Se es trabajador y empleador porque estas figuras han sido precedidas en el reparto de bienes y medios de producción, y los hacen proletario y capitalista. Una vez más: “No es la conciencia del hombre la que determina el ser social, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”.

Por eso, en la conciencia invertida del capitalista, la realidad del plusvalor como resultado del cambio de valor del capital variable (la diferencia entre el precio de la fuerza de trabajo que adquiere y el resultado del trabajo que el capitalista obtiene) necesita ser olvidada, y es necesario que el sentido común de la sociedad, replicadoad nauseam por los medios de comunicación hegemónicos, planteen que el capital es la fuente de la reproducción de sí mismo.

Es sintomático que, a partir de Marx, la economía burguesa haya tendido a prescindir de la idea misma de valor de cambio. En realidad, prescinde de nombrarla, pues el valor de cambio está presente, explícita o implícitamente, en las principales figuras jurídicas que tratan el intercambio, como por ejemplo la usura, la lesión subjetiva o, en general, todas las formas de defraudación a otros particulares o a la administración pública, o simplemente para distinguir cuánto tiene un acto jurídico de gratuito.

Para este encubrimiento tiene importancia la división latifundista de los dominios del conocimiento. Nadie espera que un abogado entienda los fundamentos económicos de sus dichos (máxime si es juez) o que el economista deba fundar qué dice el abogado cuando habla, por ejemplo, de una transacción económica que encubre una liberalidad.

Mientras el abogado se maneja a tientas con un concepto vulgar del valor de cambio, el economista neoclásico niega el valor de cambio para sostener que sólo existen valores de uso, que es tanto como decir que cualquier precio es intercambio de equivalentes en tanto se enfrentan bienes escasos con necesidades infinitas. Afirmar la única existencia del valor de uso es renunciar al análisis de un concepto esencial para la comprensión del proceso de intercambio.

El secreto de esta renuncia deliberada al conocimiento es el carácter traumático que tiene para la lógica del sistema el acto de compra de fuerza de trabajo en el capitalismo, que implica, por su misma consistencia, la negación del contexto de libertad, igualdad y propiedad como explicación estructural del intercambio de equivalentes.

“Tenemos aquí de nuevo un cierto Universal ideológico, el del intercambio equivalente y equitativo, y un intercambio paradójico particular –el de la fuerza de trabajo por sus salarios–que, precisamente como un equivalente, funciona como la forma misma de la explotación. El desarrollo ‘cuantitativo’, la universalización de la producción de mercancías, da origen a una nueva ‘cualidad’, el surgimiento de una nueva mercancía que representa la negación interna del principio universal de intercambio equivalente de mercancías. En otras palabras, da origen a un síntoma (…) En suma, ‘utópico’ trasmite una creencia en la posibilidad de una universalidad sin su síntoma, sin el punto de excepción que funciona como su negación interna. Ésta es también la lógica de la crítica marxiana a Hegel” (Zizek,1992:49).

Por eso es aquí donde, según Lacan (que era más marxista de lo que él podía permitirse), Marx inventó el síntoma. Para Marx, la realidad está constituida como una estructura en la que las distinciones, relaciones y oposiciones entre los elementos preceden a los elementos y los constituyen. Por eso se puede decir que es la lucha de clases (en tanto distinción antagónica) la que produce la burguesía y el proletariado, y no a la inversa. La posición idealista es que las clases sociales serían entes constituidos que un día deciden luchar entre sí. De este modo la lucha de clases o la grieta no serían una distinción fundamental de la sociedad sino, simplemente, la decisión de algún sujeto, por supuesto, ya plenamente constituido.

El concepto de grieta es presentado por Emile Zola y trabajado por Gilles Deleuze. La grieta está y se transmite por diversas generaciones, en particular en la historia latinoamericana. La grieta no bulle, como los instintos, la grieta permanece como un enorme vacío. La grieta es lo que está y se manifiesta a través de los distintos personajes.

El uso periodístico coordinado de la mass media dominante presenta a la grieta como una oposición voluntaria, infantilmente malvada (Cristina es mala), por parte de quienes quieren alterar la tranquilidad arcádica de la imaginaria Argentina pastoril. La utilización de ésta también por los intelectuales orgánicos e ilustrados de la derecha nos lleva a pensar si no estamos ante otro intento de borramiento de lo traumático de la sociedad argentina y latinoamericana.

La grieta tal como fuera tratada por Deleuze a propósito de la saga de Zola respecto a los Rougon-Macquart no es simplemente una separación entre dos grupos de sujetos. Por el contrario, la grieta es la que constituye a los sujetos. La grieta en la lectura de Deleuze no es el camino por el que pasan elementos mórbidos ancestrales ni algo que los personajes puedan dominar. “Lo hereditario no es lo que pasa por la grieta, sino la grieta misma: fractura o rotura imperceptibles. En su verdadero sentido, la grieta no es un lugar de paso para una herencia mórbida; es, por sí sola, toda la herencia y todo lo mórbido” (Deleuze, 227). La grieta es otro significante de la lucha de clases y de la lucha de las naciones periféricas por su independencia inconclusa. Es la grieta de una nación injusta y expoliada. Es el vacío que amenaza desde siempre la representación idílica de un país bucólico. Es la rasgadura en el cuadro que amenaza con devorarlo.

Los sujetos no hacen la grieta, sino que los sujetos son constituidos por la grieta de una Argentina oligárquica, semicolonial, subordinada en los intereses a las metrópolis, frente a una tradición mestiza, independentista y plebeya, de una inmigración que encuentra en estas costas lejanas el modo de perseverar en el ser (hasta cierto punto, todo argentino porta en sí la grieta del marrano).

De esta grieta surgen los personajes que dan nombre a la historia argentina: Moreno y Álzaga, San Martín y Rivadavia, Dorrego y su asesino Salvador María del Carril, Mitre y José Hernández, y la continuidad de una historia insurreccional que pasa, aún a pesar de los personajes históricos, por Yrigoyen, Perón, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y la grieta nos marca a todos, como tragedia o como narrativa épica. La grieta es la carta desgarrada del General Valle mientras el verdugo Aramburu duerme. Pero es también las jornadas de júbilo del 17 de octubre de 1945 o del 24 de marzo de 2004. No son ellos los que actúan la grieta, es la grieta que los actúa a pesar de los instintos y pasiones de cada uno de ellos.

A finales del siglo pasado, mientras daba clase de Filosofía de Derecho en la Facultad de Derecho de la UBA mencioné el efecto acontecimental del 17 de octubre de 1945. Un grupo de estudiantes de izquierda, convencidos de su marxismo, señalaron que Perón era un burgués y que en consecuencia sus realizaciones reforzaban a la burguesía. Les dije que no era un método marxista hacer psicología a distancia sobre los muertos. Si Perón era burgués o fascista carece de importancia porque el peronismo fue el hecho maldito del país burgués y, con prescindencia de lo que realmente deseara la persona histórica de Perón, su acción contribuyó a la continuidad de la historia insurreccional del proletariado realmente existente.

“Como si la grieta no atravesase ni alienase al pensamiento sino para ser también la posibilidad del pensamiento, eso a partir de lo cual el pensamiento se desarrolla y se recupera. La grieta es el obstáculo del pensamiento, pero también el asiento y la potencia del pensamiento, el lugar y el agente” (Deleuze, 234).

Por eso el nombre de la grieta necesita ser obturado.

Si la grieta nos constituye, si es un vacío que se abre bajo la tierra, si es el aluvión zoológico o el subsuelo sublevado de la Patria, en definitiva, sinónimos de aquello que está presentado, pero no representado en el Estado de situación, lo único que puede hacer una persona prudente es no sentarse arriba de ella o creer que, con su presencia, va a impedir la falla tectónica. El presente nos habla mucho de ello.

Y uso prudencia en su origen griego, como frónesis, es decir interpretando que todos los actos humanos están sobredeterminados por todos los otros agentes, e incluso por la fortuna. Prudente no es el timorato, es el que apuesta en la situación concreta por elegir qué hacer en un escenario lleno de peligros.

 

DELEUZE, Gilles, Lógica del Sentido, www.philosophia.cl, Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, Santiago de Chile.

ZIZEK, Slavoj (1992), El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, México.

 

Respuesta a un chamán urbano

La eternidad, hermano

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Yo soy el error de la sociedad

Soy el plan perfecto que ha salido mal

Vengo del basurero que este sistema dejó al costado

Las leyes del mercado me convirtieron en funcional

Soy un montón de mierda brotando de las alcantarillas

Soy una pesadilla de la que no vas a despertar

Vos me despreciás, vos me buchonéas

Pero fisurado, me necesitás

Soy parte de un negocio que nadie puso y que todos usan

En la ruleta rusa, yo soy la bala que te tocó

“La violencia”

Agarrate Catalina

(Murga Uruguaya)

Porque nunca entendieron nada. No entendieron el amor y la desesperación de loba herida de una sociedad la que le intentaron sacar todo: el pan sobre la mesa, la salud, la educación, la esperanza, y que no va a dejar que le saquen nada más. Aun cuando tenga que defenderlo a dentelladas.

Y ahí fueron las lobas y sus lobeznos a defender lo suyo. A defender a esa mujer que sienten suya y tan vital para su futuro que no van a permitir que se la devoren las mandíbulas aceitadas y babeantes de un Poder Judicial que perdió todo pudor, todo decoro, toda razón.

Montaron un show de babas y descaro. Adjetivaron, agraviaron, incorporaron pruebas que no eran pruebas y el colmo del paroxismo, mintieron. ¡Y entonces la jauría ladró BASTA, a Cristina no la tocan! Y fueron todos en manada a decirle a los que odian que hasta aquí llegaron con sus trucos de prestidigitadores de feria. Que hasta acá llegaron con sus burlas impúdicas a la ley y a las razones. Que hasta acá llegaron con su afán de perseguir con saña y sin piedad. A una mujer. A sus hijos. A un país.

Un país que pretendieron vallar por partes. Sitiar a la mujer y separarla del amor que se manifiesta en la puerta de su casa. Amor que, como decía Borges, tiene sus propios signos y símbolos. Su idioma secreto. Que hace ruido, que ensucia las veredas, que sacude las conciencias con su brutal contundencia. Amor que conmueve los cimientos. Amor. Así, puro y duro.

Amor que cuida. Amor que grita que no van a profanar el objeto de su amor. Que a Cristina no la van a tocar. Que no lo vamos a permitir.

Porque a Cristina, la que no les teme, la que se les paró enfrente a decirles que mienten, que hacen trampa, que difaman y que no le importa. Que si volviese a nacer no dudaría en hacer lo mismo. En dar derechos y bienestar a las lobas y sus lobeznos. Darles trabajo. En garantizarles el pan, la salud, la vida, las libertades. Todo lo volvería a hacer igual, aun sabiendo el costo infinito que significaría en su vida.

Y por eso ellos, los que odian, miran azorados y sin entender. Porque no entienden el amor que se vierte a raudales sobre Cristina. Amor que cura. Amor que indemniza. Amor que acompaña día tras día, noche tras noche. Amor que hace choripanes y guisos en la vereda porque no ceja, porque no se va. Porque no desiste.

Creyeron que podían insultar y amenazar sin consecuencias. Vienen ahora a manifestar espanto porque no duermen. Porque por repetición tuvieron que aprenderse el cancionero peronista. Porque hasta el burgués caniche ladra con el ritmo de la marcha peronista. Porque algunos ya planean instalar pantallas para gritar los goles de mundial cerca de su amor. De su gran nodriza. De la que los alimentó y cobijó con su sonrisa y sus ademanes de dama.

Mientras ellos espían y siguen rompiendo leyes y reglas de la democracia, nosotros cantamos y saltamos. Porque para las lobas y sus lobeznos esto es la Democracia. Una fiesta popular donde cantamos y bailamos. “Ahora tiro yo, porque me toca”, canta el Indio y nosotros decimos “ahora sueño yo, porque nos toca». Y nos toca. De verdad nos toca. Nosotros no dejamos de soñar aun cuando tampoco durmamos. No dejamos de soñar. Ni de cantar. Ni de bailar.

Nos toca creer que le podemos ganar a la maquinaria infame de la muerte y la desolación. Que le podemos ganar al hambre y al dolor. Que le podemos ganar a la injusticia. Que le podemos ganar a los símbolos vetustos de una autoridad que ha perdido toda autoridad. Todo respeto. Toda razón de legitimidad. Señores que sin vergüenza de ninguna naturaleza tomaban mate con los símbolos de su oprobio, exhibidos como estandartes. La sábana nupcial que revela la falta de pureza de esa novia procaz que adornaron con oropeles y pretendieron infiltrar en el lecho.

Escribo esto y me acuerdo del viejo duende borrachín del viejo Carlino y su bellísimo poema al Mono Gatica. Y sus versos finales, que dicen:

Porque no podían perdonarte tu corazón ingenuo

Aun niño. La poesía de pájaros demorada en tus ojos,

Tu urgencia por querer ser igual

Toda una subversión humana.

Cómo te iban a perdonar los bandoneones numerosos

Trepados a tus gestos

Las historias de júbilo popular

Iluminadas de fervor y de distancias.

La misión inglesa, el nombre de tu hija, el estrellato

Lo que no te perdonan son tus pies de canillita

El no haber ido a la escuela,

Pero ardiendo siempre como el viento de protagonista

Y esa dramática alucinación

De querer vivir tuteándote con la vida.

Pero no importa, señores, maten la pasión, la calle,

Los gorriones populares.

¡Maten, maten maten!

Ahora ya no serás más José María

Serás un árbol, un tango

El barrio enarbolado

La eternidad, hermano.

Podrán vallar las plazas, las veredas, pero no los corazones. No pueden vallar los corazones ni la historia ni el amor abriéndose paso y defendiendo lo propio. No pueden ponerle limites a las lobas y a sus lobeznos. Porque la pelea es contra la injusticia. La pelea es por el amor. Por derecho a amar y defender lo que se ama. La pelea es por la historia. A la que vamos cantando esperanzados de ganarla. Creyendo que podemos ganarla. Porque tenemos razón. Porque tenemos amor. Porque somos el pueblo. Ese que desprecian. Somos ese pueblo al que no le importa su desprecio. Somos el pueblo. El que no odia. El que marcha inclaudicable a la victoria de la historia. La de Eva. La de Perón. La de Néstor y la Cristina. La de los treinta mil. Somos el pueblo. En palabras del viejo Carlino, “la eternidad, hermano”. Somos el pueblo y aquí estamos. Por amor.

 

La eternidad, hermano

Condena a Cristina, lo que les toca a todos y todas

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Queda claro que el alegato persecutorio del fiscal Luciani contra Cristina impacta de lleno en el corazón del kirchnerismo, afecta todas las capas geológicas del peronismo e involucra de distintas maneras a toda la dirigencia y al Pueblo argentino. Tales desmesuras jurídicas no pasan desapercibidas para ningún sector del pueblo y sus referentes sociales, porque se puede ver claramente y sin dudas que implantaría un antecedente que puede dar brotes nefastos para el comportamiento futuro de la democracia.
Sin embargo, quizás también convenga pensar de qué manera ese dictamen fiscal pueda marchar en un sentido inverso al que se propuso y despertar en reversión un nuevo estado de conciencia de sectores sociales que se mantuvieron distantes de la grieta. Es decir, hasta donde millones de argentinos y argentinas pueden darse cuenta hoy, que ellos también caerán en la volteada, si la degradación de las prácticas políticas se abre paso en la vida cotidiana.
Esto significa intentar comprobar cuán profundo las conductas mafiosas del comportamiento político de los sectores dominantes pueden haber logrado anestesiar al Pueblo hasta el punto de impedirle percibir o tolerar el daño subcutáneo que éste Poder Judicial –como brazo ejecutor del poder real– comienza a causarle a la comunidad toda.
Es necesario ver con claridad que el odio visceral instalado contra Cristina sistemáticamente en los medios de comunicación dominantes, cumple varias funciones: galvaniza el odio cerril contra el peronismo, eso es claro, pero también paraliza la evolución del pensamiento de los que dudan, de los que no se informan y también de los que se refugian en la defensa cotidiana de su supervivencia.
El neoliberalismo es una construcción cultural que tiene en su genética la profundización de la idea de la supervivencia individual reconociendo a los demás solamente a partir del propio interés de cada uno.
Si es así entonces la pregunta principal puede ser: ¿qué tiene que ver conmigo el dictamen del fiscal Luciani?

Nunca estuvo tan claro hasta donde nos lesiona el dictamen de un fiscal, que aunque sea un mensajero promiscuo, proyecta hacia el futuro el peor de los escenarios: el impredecible mundo de la desprotección, la incertidumbre de los débiles, que se sumará a los padecimientos de millones, de lo que también nosotros somos culpables.
Pero sepámoslo, entre los que impulsen esa idea de reflexión y los que escuchen suele colarse un impostor: el dogmatism de los que no aceptan que sus ideas sean discutidas, refugiados como están en la seguridad oscura de no admitir que puedan estar equivocados.
Es tarea popular militante entonces, buscar y encontrar todas las maneras posibles de pensar con los diferentes, las verdades lógicas que expliquen la realidad de todos y cada uno.
Los convencidos no alcanzan, pero quizás el fiscal Luciani nos dé la oportunidad inmensa de sumar a los que dudan, pero no desde el dogma, quizás sí desde la comparación de las realidades, que confronte con las experiencias concretas de todos y cada uno, porque son verdades inapelables que están en la memoria y siempre con el reconocimiento de los errores que cometimos todos, que no se neutralizan y se suman inexorablemente para los que sufren la miseria, la marginación y el olvido.
Es una tarea inmensa avanzar en medio de tanta diversidad y con el viento en contra que sopla desde los más poderosos, pero no es la primera vez ni será la última que el Pueblo se levanta, se recompone y camina.

El Poder no perdona, el Pueblo no olvida

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El pasado lunes se conoció el dictamen del fiscal Luciani solicitando prisión y proscripción para Cristina.

El mecanismo de persecución judicial de dirigentes populares conocido como “Lawfare” es el instrumento creado y propuesto por el Departamento de Estado yanki para reemplazar a su vieja receta de intervenciones militares para desplazar a gobiernos y líderes populares.

Cuentan para ello con la complicidad de los sectores económicos concentrados, del Poder Judicial y de la concentración mediática.

Bolivia, Brasil, Ecuador y Argentina son el escenario donde desplegaron con eficacia su estrategia desestabilizadora.

En nuestro país, la confluencia de esos sectores tiene una dimensión particular. Todos esos factores que constituyen el Poder real tienen, además de la comunidad de negocios, una coincidencia que les da identidad: quieren dar por terminada la identidad peronista.

Lo intentaron con fusilamientos, proscripciones, cárceles, golpes militares preventivos, desapariciones y dictaduras. También lo intentaron por la captación de arribistas y traidores: el menemismo fue su punto más alto.

Chocaron siempre con la rebeldía de un pueblo que identificó su dignidad con las banderas de Libertad, Justicia Social y Soberanía.

La crisis del 2001 los acercó a su objetivo. La llegada del kirchnerismo devolvió a la política en general y al peronismo en particular,  su carácter épico y de esperanza colectiva.

12 años de ampliación de derechos, de redistribución de ingresos, de recuperación de soberanía, de construcción y afianzamiento de democracia, de inclusión social, de plena vigencia de derechos humanos, de desendeudamiento y de recuperación laboral que reconstruyeron la esperanza y la posibilidad de un futuro.

Los poderosos de este país, acostumbrados a la ganancia fácil, la especulación, a la fuga de capitales, a la evasión, al robo del capital social de los argentinos, NO PERDONAN NI VAN A PERDONAR nunca a quienes expresan políticamente esos derechos adquiridos. PERO TAMPOCO PERDONAN A LOS HOMBRES Y MUJERES LIBRES Y DIGNOS QUE ASPIRAN A EJERCER EL DERECHO A VIVIR Y SOÑAR EN UN PAIS QUE LOS PODEROSOS CREEN SU PROPIEDAD.

EL DICTAMEN DE LUCIANI Y EL FALLO “CANTADO” DEL PARTIDO JUDICIAL EXPRESAN EL ODIO DE LOS PODEROSOS HACIA CRISTINA Y A LA VEZ UN AVISO A LOS QUE SOÑAMOS Y TRABAJAMOS POR UN PAIS MAS JUSTO E IGUALITARIO.

La reacción de una parte importante de nuestro pueblo no se hizo esperar. Actos, marchas y asambleas son las primeras formas de expresar nuestra SOLIDARIDAD con Cristina.

Y, a la vez, constituyen un ejercicio de MEMORIA. De memoria de los derechos adquiridos, de la dignidad alcanzada, de alegría compartida y también memoria de los caminos transitados.

NUESTROS DERECHOS SON PRODUCTO DE NUESTRAS LUCHAS.

La reacción popular frente a la arbitrariedad del Partido Judicial seguirá creciendo.  Las condiciones para ello están dadas.

Marchamos hacia un ACTO NACIONAL MASIVO de solidaridad y afirmación de nuestra Memoria.

El Grupo La Capitana quiere comprometer sus esfuerzos para sumarlos a los de los miles que expresan en cada acto, en cada plaza, en cada acto militante.

Como lo hicimos desde el lunes mismo en un llamado a movilizarnos.

Es nuestro desafío.

Pero también es un desafío pensar y actuar de manera que podamos sumar a todos y todas quienes, aún sin ser parte de nuestra identidad peronista, quieran seguir siendo ciudadanos libres y dignos de esta tierra.

Nuestro desafío es compartir con todos QUE HOY VIENEN POR CRISTINA PERO QUE TAMBIEN POR TODO Y POR TODOS.

Lucky Luciani, fundador de Caracas

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El gigante ya no está invertebrado, está creciendo desde el pie. Porque el gigante nunca fue miope, a pesar de los burócratas políticos que muestran su tozudez para rectificar los aciertos y confirmar los errores. Pero el gigante no es miope, el gigante sabe que los rusos y los yanquis reconocen a la libertadora, pero Villa Manuelita NO.

Se está reparando el resultado de la insensatez de los miopes que insisten en sentarse arriba de la grieta, de los contertulios de la oligarquía que creían que las hienas podían saciarse. Porque en nuestro peronismo la lucidez está siempre en las bases.

En esta reconstitución, en este encuentro de miradas y abrazos que se proyectan al infinito, es mucho lo que debemos a la soberbia mediocre e infatuada de ese Poder Judicial que dio una lección obscena de su ignorante superioridad autopercibida. El no-alegato de Luciani y sus tres toneladas de prueba fue una exposición pedagógica de la grosería del lawfare, de su mendicidad (y mendacidad) intelectual.

El alegato es el escrito que hace mérito de la prueba. Estima que han concurrido determinados hechos que hacen a la configuración de una conducta típica, antijurídica y culpable. La remisión a las tres toneladas sin invocación concreta es equivalente a decir que en algún lugar del universo se encuentra la clave de la culpabilidad. Menos aún es admisible que se pretenda introducir prueba en el transcurso del alegato y más aún que un tribunal la admita.

Finalmente, el esfuerzo por agraciarse con sus mandantes, lo hizo sobreactuar la función de acusador, como si fuera el abogado de la querella y no como fiscal, como defensor del orden público. Dio así razón a todas las causas por las que fue recusado y que un mínimo de decoro y delicadeza hubiera exigido que se inhibiera.

Su invocación a las obras que no se hicieron (y estaban hechas), a las obras que negó que estuvieran autorizadas por el Congreso (y lo estaban) sólo encuentra parangón en la aventura del adelantado Rodrigo Díaz de Carreras que fundó la ciudad de Caracas en el centro mismo de la ciudad de Caracas que ya estaba fundada (y él no la vio).

En cuanto a la antijuricidad de readecuación de precios por diferencia de costos acreditados, es un ítem común en toda la obra pública de todos los gobiernos. Sólo quien jamás se interesó en conocer como funciona realmente la obra pública puede proferir semejante desatino. Luego habló de los perjuicios de la paralización de las obras públicas, justamente una de las “virtudes” emblemáticas del gobierno de Macri con el sambenito de la corrupción.

Cuando no se indica la irregularidad concreta, cuando el fundamento de la acusación es la “libre convicción”, cuando se invoca una asociación ilícita sin probar ningún delito concreto y equipara la voluntad de delinquir con el triunfo legítimo de un gobierno popular, lo que queda claro es que no se está cuestionando una obra pública o un grupo de ellas. Lo que pretende cuestionar Luciani es un plan federal estratégico con intereses adversos al de su ideología política o, de modo más materialista, al interés concreto de sus sostenedores.

Lo que se pone en juicio es un proyecto de país y el lawfare muestra su verdad como aparato terrorista para que cada militante, cada funcionario de un gobierno popular sienta una condena ominosa, un temor que no tiene contornos, al tocar algún interés sagrado de la oligarquía. Lo que está en juego es un proyecto nacional y popular.

El simbolismo de los doce años de prisión, uno por cada año en que la oligarquía sintió que le robaban el país del que se creen los dueños y, sobre todo, el pedido de inhibición perpetua pone de resalto la finalidad terrorista de la que antes hablé.

Es que la inhabilitación para ejercer cargos electivos no es una prohibición dirigida a un reo, es una condena de proscripción impuesta a todo un Pueblo. A quien se está inhabilitando es al propio cuerpo electoral, como sucedió en los 18 años de condena al Pueblo para que no pueda elegir a Perón, Único Mandatario Argentino (PUMA), como dijera un compañero imprescindible de Santiago del Estero. Como sucedió con Lula, como sucede con Rafael Correa.

Prohibir votar a los pueblos es proscribir la democracia en nombre de un falso republicanismo. Porque República no es un nombre que sirva de tapadera a los oligarcas. República supone hacer de cada habitante de nuestro suelo un ciudadano y no un súbdito. Y sólo se puede ser ciudadano cuando el estado garantiza las condiciones materiales que permiten perseverar en el ser. Ser súbdito es ser trabajador sin protección contra el despido arbitrario. Porque cuando se puede privar por decisión de quien tiene el poder de mando las condiciones de acceso a la subsistencia, hay una amenaza de muerte que pende sobre el sometido a ese poder. Y entonces ya no hay ciudadanos sino súbditos, porque ante la amenaza de muerte, la dignidad pasa a ser un objeto sólo al alcance de los héroes.

Trabajé como juez durante 32 años y el pueblo argentino nunca tuvo el mal gusto de elegirme. Hace falta mucha infatuación para invocar el nombre del Pueblo cuando nadie lo ha votado. Pero este es el fruto de la creencia de los jueces en que son un poder destinado para evitar que los poderes elegidos por el pueblo afecten los derechos de las minorías. Fórmula que debemos a Madison en El Federalista a quien se hace pasar como intérprete legítimo de la constitución norteamericana cuando El Federalista es la expresión de las minorías oligárquicas contra el Partido Republicano dirigido por el presidente Thomas Jefferson. Y con esa falacia se forman los aspirantes a jueces y se insufla ese aire de superioridad.

Si realmente queremos República y Democracia, debemos decir: Señores Jueces, NUNCA MÁS un poder judicial puede pretender colocarse por encima de la voluntad y la elección del Soberano.