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viernes, febrero 6, 2026

Groenlandia, el TIAR y Latinoamérica

La región debería interpelar al gobierno de Trump y pedir explicaciones ante la posibilidad de un conflicto mayor que pudiera afectar la seguridad general de América.

Los países latinoamericanos y caribeños miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de 1947 tienen la posibilidad de apelar a ese acuerdo para tratar las amenazas de Estados Unidos de apoderarse de Groenlandia, parte integral de Dinamarca. Diplomáticamente eso sería concebible.

Comencemos por la letra del TIAR. De acuerdo con el Artículo 1°, las partes “condenan formalmente la guerra y se obligan…a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza”. Según el Artículo 3°, punto 3, “lo estipulado en este Artículo se aplicará en todos los casos de ataque armado que se efectúe dentro de la región descrita en el Artículo 4”. Este artículo detalla los límites (latitud y longitud) de la región (incluyendo los linderos polares) que comprende el tratado: Groenlandia está, geográficamente, cubierta por el TIAR. A su vez el Artículo 6° remite a la “agresión que no sea ataque armado,” a distintos tipos de conflictos, y a “cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América”. Así, “el Órgano de Consulta se reunirá inmediatamente…para el mantenimiento de la paz y la seguridad del continente”.

Es evidente que Groenlandia es territorio danés, así como Dinamarca es parte del Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de 1949. En consecuencia, en términos políticos, Groenlandia queda cobijada por la OTAN. Sin embargo, su identificación geográfica en el marco del TIAR resulta singular.

Histórica y militarmente, para Estados Unidos, el principal perímetro de defensa—área esencial para frenar intrusos—había sido la amplia Cuenca del Caribe; particularmente a partir de su proyección de poder hacia el sur de América en el contexto de un designio hegemónico regional.

La Segunda Guerra Mundial y sus secuelas convirtieron al norte del continente –en especial, ante la creciente importancia del Ártico– en otra área crucial en tanto perímetro de defensa de Estados Unidos; para entonces potencia internacional.

Allí parece radicar la razón mediante la cual Groenlandia se encuentra cubierta por el Artículo 4° del TIAR. En breve, un ataque a Groenlandia habría sido, al calor de la Guerra Fría, una provocación militar mayúscula para la OTAN; aunque también un asunto sumamente delicado para la seguridad de toda América.

Ese hipotético ataque nunca ocurrió, pero de haberse producido hubiera movilizado bélicamente a la OTAN, en primer lugar, y al TIAR, a modo de retaguardia complementaria. Esto, es claro, hubiera sido el resultado de una eventual acción de la Unión Soviética, en tanto poder revisionista y desafiante de Estados Unidos y de Occidente.

En la medida en que hoy existe una cuádruple revalorización de los océanos, los polos, los estrechos y los recursos estratégicos, naciones como Canadá (miembro de la OTAN y no del TIAR), istmos como el Canal de Panamá (país signatario del TIAR), y espacios como Groenlandia (con su estatus peculiar, político como parte de la OTAN y geográfico como parte del TIAR) se han colocado en el centro del proyecto expansivo de una actual potencia revisionista y agresiva: Estados Unidos. Hacia el sur, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 pretende recrear, a la fuerza, su otrora esfera de influencia.

Hacia el norte, procurar avanzar, a punta de anuncios provocadores, para reafirmar su presencia e influencia en la competencia polar. Hacia el sur interviene (Venezuela) para reordenar, hacia el norte desordena (Canadá, Europa) para intervenir. A su vez, la Estrategia de Defensa Nacional de 2026 identifica en tres ocasiones y conjuntamente como “territorios claves” al Canal de Panamá y a Groenlandia, confirmando que desde el Ártico hasta la Cuenca del Caribe se concibe un vasto perímetro de defensa: un área cubierta, de facto, por el “homeland” de Estados Unidos.

Bajo este marco de referencia, en el cual el gobierno del presidente Donald Trump se comporta como un actor prepotente, es clave obstruir y frenar sus impulsos destructivos. América Latina y el Caribe no recurrieron a los instrumentos interamericanos para evitar o impugnar el uso ilegal de la fuerza contra Venezuela. Nada indica que Washington –en particular, el trío Rubio (Departamento de Estado), Hegseth (Departamento de Guerra) y Miller (Jefatura de Gabinete)– estén satisfechos. Van por más.

La cuestión del canal panameño parece temporalmente aquietada. Hoy, Groenlandia está en la mira. Ello debiera atraer la atención de Latinoamérica. Así, sería interesante que un grupo de gobiernos solicite una reunión especial para tratar el asunto Groenlandia. Es bueno recordar que el primer considerando del TIAR subraya que es “un tratado destinado a prevenir y reprimir las amenazas y los actos de agresión”.

Existe la urgencia de “prevenir”. Si Washington sigue insistiendo en que Groenlandia le debe pertenecer, la región debe interpelar al gobierno de Trump y pedir explicaciones ante la posibilidad de un conflicto mayor dentro de los límites del Tratado y que pudiera afectar la seguridad general de América.

Esa sería sin duda una decisión osada y riesgosa que probablemente irrite a la Casa Blanca. Pero es hora de que alguien, con el recurso de la diplomacia y no de las armas, lo haga. No sea el caso que el tema del Canal de Panamá se reavive y Estados Unidos busque convocar una “coalición de voluntarios” de la región para misiones bélicas en el continente.

https://www.clarin.com/opinion/groenlandia-tiar-latinoamerica_0_JLJS3Ula4p.html
Juan Tokatlian
Juan Tokatlian
Sociólogo argentino (1978) con una Maestría (1981) y un Ph.D. (1990) en Relaciones Internacionales de The Johns Hopkins University School of Advanced International Studies en Washingon, D.C. (Estados Unidos). Actualmente (desde julio de 2009) Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Di Tella (Buenos Aires, Argentina). Fue Profesor en la Universidad de San Andrés (Victoria, Provincia de Buenos Aires, Argentina) entre 1999-2008. Vivió 18 años en Colombia entre 1981 y 1998. Fue Profesor Asociado (1995-1998) de la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá), donde se desempeñó como investigador principal del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI). Fue co-fundador (1982) y Director (1987-94) del Centro de Estudios Internacionales (CEI) de la Universidad de los Andes (Bogotá). Ha publicado varios libros, ensayos y artículos de opinión sobre la política exterior de Argentina y de Colombia, sobre las relaciones entre Estados Unidos y América Latina, sobre el sistema global contemporáneo y sobre el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado.
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Los países latinoamericanos y caribeños miembros del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) de 1947 tienen la posibilidad de apelar a ese acuerdo para tratar las amenazas de Estados Unidos de apoderarse de Groenlandia, parte integral de Dinamarca. Diplomáticamente eso sería concebible.

Comencemos por la letra del TIAR. De acuerdo con el Artículo 1°, las partes “condenan formalmente la guerra y se obligan…a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza”. Según el Artículo 3°, punto 3, “lo estipulado en este Artículo se aplicará en todos los casos de ataque armado que se efectúe dentro de la región descrita en el Artículo 4”. Este artículo detalla los límites (latitud y longitud) de la región (incluyendo los linderos polares) que comprende el tratado: Groenlandia está, geográficamente, cubierta por el TIAR. A su vez el Artículo 6° remite a la “agresión que no sea ataque armado,” a distintos tipos de conflictos, y a “cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América”. Así, “el Órgano de Consulta se reunirá inmediatamente…para el mantenimiento de la paz y la seguridad del continente”.

Es evidente que Groenlandia es territorio danés, así como Dinamarca es parte del Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de 1949. En consecuencia, en términos políticos, Groenlandia queda cobijada por la OTAN. Sin embargo, su identificación geográfica en el marco del TIAR resulta singular.

Histórica y militarmente, para Estados Unidos, el principal perímetro de defensa—área esencial para frenar intrusos—había sido la amplia Cuenca del Caribe; particularmente a partir de su proyección de poder hacia el sur de América en el contexto de un designio hegemónico regional.

La Segunda Guerra Mundial y sus secuelas convirtieron al norte del continente –en especial, ante la creciente importancia del Ártico– en otra área crucial en tanto perímetro de defensa de Estados Unidos; para entonces potencia internacional.

Allí parece radicar la razón mediante la cual Groenlandia se encuentra cubierta por el Artículo 4° del TIAR. En breve, un ataque a Groenlandia habría sido, al calor de la Guerra Fría, una provocación militar mayúscula para la OTAN; aunque también un asunto sumamente delicado para la seguridad de toda América.

Ese hipotético ataque nunca ocurrió, pero de haberse producido hubiera movilizado bélicamente a la OTAN, en primer lugar, y al TIAR, a modo de retaguardia complementaria. Esto, es claro, hubiera sido el resultado de una eventual acción de la Unión Soviética, en tanto poder revisionista y desafiante de Estados Unidos y de Occidente.

En la medida en que hoy existe una cuádruple revalorización de los océanos, los polos, los estrechos y los recursos estratégicos, naciones como Canadá (miembro de la OTAN y no del TIAR), istmos como el Canal de Panamá (país signatario del TIAR), y espacios como Groenlandia (con su estatus peculiar, político como parte de la OTAN y geográfico como parte del TIAR) se han colocado en el centro del proyecto expansivo de una actual potencia revisionista y agresiva: Estados Unidos. Hacia el sur, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 pretende recrear, a la fuerza, su otrora esfera de influencia.

Hacia el norte, procurar avanzar, a punta de anuncios provocadores, para reafirmar su presencia e influencia en la competencia polar. Hacia el sur interviene (Venezuela) para reordenar, hacia el norte desordena (Canadá, Europa) para intervenir. A su vez, la Estrategia de Defensa Nacional de 2026 identifica en tres ocasiones y conjuntamente como “territorios claves” al Canal de Panamá y a Groenlandia, confirmando que desde el Ártico hasta la Cuenca del Caribe se concibe un vasto perímetro de defensa: un área cubierta, de facto, por el “homeland” de Estados Unidos.

Bajo este marco de referencia, en el cual el gobierno del presidente Donald Trump se comporta como un actor prepotente, es clave obstruir y frenar sus impulsos destructivos. América Latina y el Caribe no recurrieron a los instrumentos interamericanos para evitar o impugnar el uso ilegal de la fuerza contra Venezuela. Nada indica que Washington –en particular, el trío Rubio (Departamento de Estado), Hegseth (Departamento de Guerra) y Miller (Jefatura de Gabinete)– estén satisfechos. Van por más.

La cuestión del canal panameño parece temporalmente aquietada. Hoy, Groenlandia está en la mira. Ello debiera atraer la atención de Latinoamérica. Así, sería interesante que un grupo de gobiernos solicite una reunión especial para tratar el asunto Groenlandia. Es bueno recordar que el primer considerando del TIAR subraya que es “un tratado destinado a prevenir y reprimir las amenazas y los actos de agresión”.

Existe la urgencia de “prevenir”. Si Washington sigue insistiendo en que Groenlandia le debe pertenecer, la región debe interpelar al gobierno de Trump y pedir explicaciones ante la posibilidad de un conflicto mayor dentro de los límites del Tratado y que pudiera afectar la seguridad general de América.

Esa sería sin duda una decisión osada y riesgosa que probablemente irrite a la Casa Blanca. Pero es hora de que alguien, con el recurso de la diplomacia y no de las armas, lo haga. No sea el caso que el tema del Canal de Panamá se reavive y Estados Unidos busque convocar una “coalición de voluntarios” de la región para misiones bélicas en el continente.

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