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domingo, abril 5, 2026

Los que mandan

El concepto de hegemonĂ­a en Antonio Gramsci se refiere a la estrategia desplegada por un determinado grupo social para generar la aceptaciĂłn de sus propias posiciones ideolĂłgicas entre los otros grupos sociales por medio de la persuasiĂłn y el consenso.

En la gran mayoría de los países occidentales, en la actualidad (Estados Unidos y la Argentina, por ejemplo), la supremacía del cálculo y la renta financieros hace que se acepte su lógica como irrebatible, tergiversando la noción de que la riqueza de una sociedad proviene del trabajo y la producción, y no de la estafa, la especulación y el robo.

En Estados Unidos, por ejemplo, tienen la supremacía los grandes capitales financieros y conforman una economía desigual. Los niveles de pobreza y exclusión social no condicen con un país donde se encuentran las personas más ricas de la tierra (Donald Trump y Scott Bessent son ricos que gobiernan para ricos), que tiene un PIB de 29,1 billones de dólares (58 veces lo que produce la Argentina por año) y que se dice democrático.

Los países del este asiático, con trabajo y producción, han logrado niveles de productividad y eficiencia que les permiten ser superavitarios en el comercio internacional. En cambio, Estados Unidos en el año 2024 tuvo un déficit comercial de un billón de dólares, en su mayor parte con estos países.

El negocio del capital financiero, y esencialmente el que tiene base en Manhattan (BlackRock, Vanguard, PIMCO, Franklin Templeton, Fidelity, etc.), es más la deuda de los Estados y de las empresas que financiar actividades productivas. Esto se debe a que cobran mayores intereses y, cuando sus clientes no pueden pagar, tienen los principales estudios jurídicos con influencias sobre la Justicia del país y del extranjero para ejecutar y quedarse con el patrimonio que les interesa.

Estados Unidos tiene una deuda pĂşblica a diciembre de 2024 de 35,3 billones de dĂłlares, y la RepĂşblica Popular China posee bonos del Tesoro de los Estados Unidos por 759.000 millones de dĂłlares (el 2,15% del total). Habrá otras naciones que tengan tambiĂ©n tĂ­tulos del Tesoro de los  Estados Unidos, pero es obvio que los mayores acreedores de ese Estado son el capital financiero de ese paĂ­s. 

La renta financiera se potencia con el derrape, con las quiebras, con llevar a la insolvencia al deudor. No se trata de financiar una actividad, una producciĂłn o un comercio y de participar del beneficio, sino que se trata de actuar como usureros. 

La teorĂ­a econĂłmica marginalista le concede a los prestamistas la capacidad de saber ver un negocio, su tasa de ganancia a lo largo del tiempo y, a la vez, de contar u obtener los recursos para financiarlo. John M. Keynes cuestionĂł la capacidad de los mercados financieros para establecer tasas de interĂ©s adecuadas y afirmĂł que la tasa de interĂ©s no es el factor clave a la hora de tomar la decisiĂłn entre consumir y ahorrar. El ahorro y el consumo no dependen, en el esquema de Keynes, de la tasa de interĂ©s, sino del ingreso. La tasa de interĂ©s jugará un rol en la decisiĂłn posterior de cĂłmo conservar los ahorros, si en dinero o en bonos; razĂłn por la cual la tasa de interĂ©s será un fenĂłmeno monetario. La tasa de interĂ©s no garantiza que el ahorro fluya a la inversiĂłn.

Es más, Keynes afirma que la conversiĂłn del ahorro (riqueza no consumida) en inversiĂłn debe ser supervisada por el Estado (con los mejores). Escribe: “El capitalismo internacional, decadente pero individualista, en cuyas manos nos encontramos despuĂ©s de la guerra, no es un Ă©xito. No es inteligente, no es hermoso, no es justo, no es virtuoso y no entrega los artĂ­culos”. Debe existir un Estado que piense en el bien comĂşn, que no ponga la tasa de ganancia como principal objetivo y que sepa utilizar los recursos con que cuenta la sociedad para su crecimiento. Keynes habla de la “socializaciĂłn de la inversiĂłn”. En su doctrina, el impulso de invertir viene de que, de alguna manera, los empresarios esperan que la demanda en el futuro, y en particular la demanda de bienes de consumo, se mantenga alta. El crecimiento a largo plazo depende, en primer lugar, de una alta propensiĂłn al consumo, que estimula la demanda total y, por lo tanto, las inversiones. Mientras la propuesta de Keynes se cumplĂ­a, hubo en la mayor parte del mundo 30 años de crecimiento sostenido (1945-1975). 

A su vez, las inversiones son alentadas por una baja tasa de interés. Además, en la medida en que la inversión se realice, se genera el ingreso que da lugar al ahorro correspondiente que financia la inversión. Por eso un sistema bancario que genere crédito con fluidez es esencial para el crecimiento. La preocupación central es alentar el consumo y la inversión, porque el ingreso no es decidido por las decisiones de ahorrar, sino de consumir e invertir; el ahorro es residual. “El ahorro, de hecho, no es más que simple residuo. Las decisiones de consumir y las decisiones de invertir determinan conjuntamente los ingresos”.

El carry trade en nuestro paĂ­s

La penetraciĂłn cultural del capitalismo financiero se refleja en el carry trade. Este no es otra cosa que especular con una tasa de interĂ©s que supere el precio esperado del dĂłlar (tambiĂ©n cuando se ajusta por inflaciĂłn, más en un paĂ­s como el nuestro con una larga y persistente historia inflacionaria).

Dada la puesta en escena y el crĂ©dito acordado con el FMI y otros organismos internacionales, informado el dĂ­a viernes 11 de abril de 2025 por el inefable ministro de EconomĂ­a, Luis Caputo, el lunes 14 de abril de 2025 la SecretarĂ­a de Finanzas de ese Ministerio colocĂł cinco billones de pesos, de los cuales se adjudicaron Lecap (letras capitalizables) por 3,7 billones de pesos y Boncer (ajustados por inflaciĂłn) por 241.000 millones de pesos.

Las Lecap son letras del Tesoro que capitalizan interĂ©s (esto es, pagan el monto al final, en su vencimiento). Las Lecap con vencimiento al 16 de mayo ofrecieron una tasa mensual de 3,75%. Estas recibieron colocaciones por 2,362 billones de pesos. Las Lecap con vencimiento al 18 de junio ofrecieron una tasa de 3,61% y recibieron colocaciones por 1,292 billones de pesos. Las que tienen vencimiento al 31 de julio con una tasa de 3,17% recibieron 239.000 millones de pesos. La letra de menor plazo de vencimiento y mayor tasa se volviĂł la más demandada.  Además, se emitiĂł un tĂ­tulo TAMAR (tasa variable) por 600.000 millones de pesos con una tasa efectiva del 3,17% mensual más cinco puntos. Las tasas finales se ubicaron entre 45,40% y 55,46%, lo que implicĂł un mayor costo financiero para el Tesoro.

En la ampliación del acuerdo en el marco del fondo ampliado con el FMI firmado por Luis Caputo como ministro de Economía y Santiago Bausili como presidente del BCRA, el 11 de abril de 2025, se asevera que la Administración nacional registró un superávit primario de caja de aproximadamente el 1,8% del PIB (equivalente a unos 9.000 millones de dólares) en el año 2024, y que el ajuste se debió principalmente a una fuerte contracción del gasto primario (30% interanual), con profundos recortes en subsidios al transporte, a la energía, a las jubilaciones y pensiones, transferencias provinciales y gastos de capital, a lo que se sumó el veto del presidente Milei a iniciativas de gasto del Congreso de la Nación Argentina de aumento del presupuesto en educación superior y jubilaciones y pensiones.

También afirman que la continua y estricta disciplina del gasto, junto con las reformas fiscales en los impuestos, coparticipación de los ingresos y pensiones, debería seguir reforzando el ancla fiscal. Se proyecta que el superávit primario aumente a alrededor del 2,5% del PIB a medio plazo (equivalente a unos 12.500 millones de dólares). Esto se debe a que se espera que los costos generales de los intereses aumenten en consonancia con una flexibilización gradual de las restricciones cambiarias y la refinanciación prevista de los bonos en divisas.

A confesiĂłn de parte, relevo de pruebas. En efecto, el gobierno capitaliza intereses que no puede pagar por la magnitud que tiene la deuda pĂşblica, que no trepida en aumentar sistemáticamente. Esta no se puede cancelar por el flujo presupuestario y por el flujo comercial. El default de la deuda solo va a ser paliado por la venta de las empresas pĂşblicas y la concesiĂłn, en el marco del RIGI (RĂ©gimen de Incentivos a Grandes Inversiones), de nuestros recursos naturales (objetivo Ăşltimo de la renta financiera). 

La “tablita cambiaria” de MartĂ­nez de Hoz, el plan de “convertibilidad” de Cavallo y el carry trade de Dujovne-Sturzenegger-Caputo en el gobierno de Macri terminan con una deuda impagable. La diferencia es que esta vez pretenden pagar con la venta de empresas pĂşblicas y con nuestros recursos naturales (para eso está la ley 27.742 con el listado de empresas a vender y con el RIGI).

La deuda bruta de la AdministraciĂłn nacional al 31 de marzo de 2025 (Ăşltimo dato publicado) es de 473.557 millones de dĂłlares; el gobierno de Javier Milei ha incrementado la deuda en 102.883 millones de dĂłlares.

A esa deuda deben sumarse los 20.000 millones de dólares del FMI y los créditos de los organismos internacionales de abril de 2023. Los intereses que devengan de esa deuda rondan el 50% del total del gasto público (unos cinco billones de pesos por mes, cuando el total del gasto en personal, en las Fuerzas Armadas, en Justica, en educación, salud, jubilaciones y pensiones, etc., es de unos diez billones de pesos mensuales). Por eso es que deben recurrir a las Lecap y Nocap que capitalizan intereses, agrandando la deuda pública. Esto se debe a que no se puede pagar ni del flujo fiscal ni tampoco del flujo comercial, porque desde julio de 2024 y en forma creciente la cuenta corriente de la balanza de pagos argentina es deficitaria.

Para asegurar el carry trade, el gobierno dispuso que los no residentes pueden ingresar dĂłlares al sistema financiero argentino y comprar tĂ­tulos o acciones, pero deben dejarlos por no menos de seis meses (octubre de 2025, mes en que se realizan las elecciones nacionales de medio tĂ©rmino) y luego volver a dĂłlares con la renta del carry trade. TambiĂ©n, para comprar acciones o bonos argentinos, se hace a travĂ©s de los ADR (recibos de depĂłsito americanos) o con tĂ­tulos afuera del paĂ­s. Es más, los gurĂşes de la city recomiendan «comprar y vender activamente», esto es, vender Lecaps y comprar dĂłlares cuando el dĂłlar estĂ© cerca de la banda inferior (1.000 – 1.100 pesos) y, por el contrario, vender dĂłlares cuando estĂ©n cerca de la banda superior (1.300 – 1400 pesos) y con el producido de esa venta comprar Lecaps. 

Esa lĂłgica de hierro es la que le proponen incluso al sector agropecuario. El principal factor que hace que el productor acelere o frene la venta de granos es el precio y la expectativa futura de ese precio (más allá de sus necesidades financieras puntuales). Como no se espera una suba adicional en el corto plazo, el productor decide vender y se promueve un incentivo de tasa: cuanto más rápido tengo los pesos y los coloco a tasa, más gano. Y a medida que se desinfla el dĂłlar, hay un trade off, es decir, entre más se desinfla el dĂłlar y menos devaluaciĂłn hay, menos es la tasa necesaria para mantener la estabilidad. Que Javier Milei matiza con afirmar que el 30 de junio se termina la baja de los porcentajes de derechos de exportaciĂłn.

En sĂ­ntesis

¿Cuál es la razón por la que el FMI le otorga a la Argentina una ampliación del crédito para totalizar 61.500 millones de dólares, que la convierte en, por lejos, el mayor deudor de ese organismo, y cuando sabe que la Argentina no puede pagar ni la mitad de los intereses que devenga su deuda pública, que para fines de abril de 2025 supera los 500.000 millones de dólares?

Deuda que vamos a pagar “con sangre, sudor y lágrimas”, como dijo en 1877 el Presidente Nicolás Avellaneda, pero tambiĂ©n con el rico patrimonio pĂşblico, que no le pertenece a este gobierno que lo cede en garantĂ­a (que se va a ejecutar por la imposibilidad de pago), ni tampoco a nuestra generaciĂłn, sino a generaciones y generaciones de argentinos, que tendrán que pagar una deuda que no se investigĂł ni se investiga y que es una estafa. Y las estafas no se “honran”; al revĂ©s, se las castiga. 

Horacio Rovelli
Horacio Rovelli
Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor a cargo de la asignatura Política Económica de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), y de Instituciones Monetarias e Integración Financiera Regional en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Miembro de la Comisión de Economía de la Fundación Estado, Trabajo y Producción (FETyP).  Vocal de la revista Realidad Económica. Fue Director Nacional de Programación Macroeconómica en el Ministerio de Economía y Finanzas de la Nación. Autor de numerosos trabajos publicados sobre los temas económicos y financieros.

El concepto de hegemonĂ­a en Antonio Gramsci se refiere a la estrategia desplegada por un determinado grupo social para generar la aceptaciĂłn de sus propias posiciones ideolĂłgicas entre los otros grupos sociales por medio de la persuasiĂłn y el consenso.

En la gran mayoría de los países occidentales, en la actualidad (Estados Unidos y la Argentina, por ejemplo), la supremacía del cálculo y la renta financieros hace que se acepte su lógica como irrebatible, tergiversando la noción de que la riqueza de una sociedad proviene del trabajo y la producción, y no de la estafa, la especulación y el robo.

En Estados Unidos, por ejemplo, tienen la supremacía los grandes capitales financieros y conforman una economía desigual. Los niveles de pobreza y exclusión social no condicen con un país donde se encuentran las personas más ricas de la tierra (Donald Trump y Scott Bessent son ricos que gobiernan para ricos), que tiene un PIB de 29,1 billones de dólares (58 veces lo que produce la Argentina por año) y que se dice democrático.

Los países del este asiático, con trabajo y producción, han logrado niveles de productividad y eficiencia que les permiten ser superavitarios en el comercio internacional. En cambio, Estados Unidos en el año 2024 tuvo un déficit comercial de un billón de dólares, en su mayor parte con estos países.

El negocio del capital financiero, y esencialmente el que tiene base en Manhattan (BlackRock, Vanguard, PIMCO, Franklin Templeton, Fidelity, etc.), es más la deuda de los Estados y de las empresas que financiar actividades productivas. Esto se debe a que cobran mayores intereses y, cuando sus clientes no pueden pagar, tienen los principales estudios jurídicos con influencias sobre la Justicia del país y del extranjero para ejecutar y quedarse con el patrimonio que les interesa.

Estados Unidos tiene una deuda pĂşblica a diciembre de 2024 de 35,3 billones de dĂłlares, y la RepĂşblica Popular China posee bonos del Tesoro de los Estados Unidos por 759.000 millones de dĂłlares (el 2,15% del total). Habrá otras naciones que tengan tambiĂ©n tĂ­tulos del Tesoro de los  Estados Unidos, pero es obvio que los mayores acreedores de ese Estado son el capital financiero de ese paĂ­s. 

La renta financiera se potencia con el derrape, con las quiebras, con llevar a la insolvencia al deudor. No se trata de financiar una actividad, una producciĂłn o un comercio y de participar del beneficio, sino que se trata de actuar como usureros. 

La teorĂ­a econĂłmica marginalista le concede a los prestamistas la capacidad de saber ver un negocio, su tasa de ganancia a lo largo del tiempo y, a la vez, de contar u obtener los recursos para financiarlo. John M. Keynes cuestionĂł la capacidad de los mercados financieros para establecer tasas de interĂ©s adecuadas y afirmĂł que la tasa de interĂ©s no es el factor clave a la hora de tomar la decisiĂłn entre consumir y ahorrar. El ahorro y el consumo no dependen, en el esquema de Keynes, de la tasa de interĂ©s, sino del ingreso. La tasa de interĂ©s jugará un rol en la decisiĂłn posterior de cĂłmo conservar los ahorros, si en dinero o en bonos; razĂłn por la cual la tasa de interĂ©s será un fenĂłmeno monetario. La tasa de interĂ©s no garantiza que el ahorro fluya a la inversiĂłn.

Es más, Keynes afirma que la conversiĂłn del ahorro (riqueza no consumida) en inversiĂłn debe ser supervisada por el Estado (con los mejores). Escribe: “El capitalismo internacional, decadente pero individualista, en cuyas manos nos encontramos despuĂ©s de la guerra, no es un Ă©xito. No es inteligente, no es hermoso, no es justo, no es virtuoso y no entrega los artĂ­culos”. Debe existir un Estado que piense en el bien comĂşn, que no ponga la tasa de ganancia como principal objetivo y que sepa utilizar los recursos con que cuenta la sociedad para su crecimiento. Keynes habla de la “socializaciĂłn de la inversiĂłn”. En su doctrina, el impulso de invertir viene de que, de alguna manera, los empresarios esperan que la demanda en el futuro, y en particular la demanda de bienes de consumo, se mantenga alta. El crecimiento a largo plazo depende, en primer lugar, de una alta propensiĂłn al consumo, que estimula la demanda total y, por lo tanto, las inversiones. Mientras la propuesta de Keynes se cumplĂ­a, hubo en la mayor parte del mundo 30 años de crecimiento sostenido (1945-1975). 

A su vez, las inversiones son alentadas por una baja tasa de interés. Además, en la medida en que la inversión se realice, se genera el ingreso que da lugar al ahorro correspondiente que financia la inversión. Por eso un sistema bancario que genere crédito con fluidez es esencial para el crecimiento. La preocupación central es alentar el consumo y la inversión, porque el ingreso no es decidido por las decisiones de ahorrar, sino de consumir e invertir; el ahorro es residual. “El ahorro, de hecho, no es más que simple residuo. Las decisiones de consumir y las decisiones de invertir determinan conjuntamente los ingresos”.

El carry trade en nuestro paĂ­s

La penetraciĂłn cultural del capitalismo financiero se refleja en el carry trade. Este no es otra cosa que especular con una tasa de interĂ©s que supere el precio esperado del dĂłlar (tambiĂ©n cuando se ajusta por inflaciĂłn, más en un paĂ­s como el nuestro con una larga y persistente historia inflacionaria).

Dada la puesta en escena y el crĂ©dito acordado con el FMI y otros organismos internacionales, informado el dĂ­a viernes 11 de abril de 2025 por el inefable ministro de EconomĂ­a, Luis Caputo, el lunes 14 de abril de 2025 la SecretarĂ­a de Finanzas de ese Ministerio colocĂł cinco billones de pesos, de los cuales se adjudicaron Lecap (letras capitalizables) por 3,7 billones de pesos y Boncer (ajustados por inflaciĂłn) por 241.000 millones de pesos.

Las Lecap son letras del Tesoro que capitalizan interĂ©s (esto es, pagan el monto al final, en su vencimiento). Las Lecap con vencimiento al 16 de mayo ofrecieron una tasa mensual de 3,75%. Estas recibieron colocaciones por 2,362 billones de pesos. Las Lecap con vencimiento al 18 de junio ofrecieron una tasa de 3,61% y recibieron colocaciones por 1,292 billones de pesos. Las que tienen vencimiento al 31 de julio con una tasa de 3,17% recibieron 239.000 millones de pesos. La letra de menor plazo de vencimiento y mayor tasa se volviĂł la más demandada.  Además, se emitiĂł un tĂ­tulo TAMAR (tasa variable) por 600.000 millones de pesos con una tasa efectiva del 3,17% mensual más cinco puntos. Las tasas finales se ubicaron entre 45,40% y 55,46%, lo que implicĂł un mayor costo financiero para el Tesoro.

En la ampliación del acuerdo en el marco del fondo ampliado con el FMI firmado por Luis Caputo como ministro de Economía y Santiago Bausili como presidente del BCRA, el 11 de abril de 2025, se asevera que la Administración nacional registró un superávit primario de caja de aproximadamente el 1,8% del PIB (equivalente a unos 9.000 millones de dólares) en el año 2024, y que el ajuste se debió principalmente a una fuerte contracción del gasto primario (30% interanual), con profundos recortes en subsidios al transporte, a la energía, a las jubilaciones y pensiones, transferencias provinciales y gastos de capital, a lo que se sumó el veto del presidente Milei a iniciativas de gasto del Congreso de la Nación Argentina de aumento del presupuesto en educación superior y jubilaciones y pensiones.

También afirman que la continua y estricta disciplina del gasto, junto con las reformas fiscales en los impuestos, coparticipación de los ingresos y pensiones, debería seguir reforzando el ancla fiscal. Se proyecta que el superávit primario aumente a alrededor del 2,5% del PIB a medio plazo (equivalente a unos 12.500 millones de dólares). Esto se debe a que se espera que los costos generales de los intereses aumenten en consonancia con una flexibilización gradual de las restricciones cambiarias y la refinanciación prevista de los bonos en divisas.

A confesiĂłn de parte, relevo de pruebas. En efecto, el gobierno capitaliza intereses que no puede pagar por la magnitud que tiene la deuda pĂşblica, que no trepida en aumentar sistemáticamente. Esta no se puede cancelar por el flujo presupuestario y por el flujo comercial. El default de la deuda solo va a ser paliado por la venta de las empresas pĂşblicas y la concesiĂłn, en el marco del RIGI (RĂ©gimen de Incentivos a Grandes Inversiones), de nuestros recursos naturales (objetivo Ăşltimo de la renta financiera). 

La “tablita cambiaria” de MartĂ­nez de Hoz, el plan de “convertibilidad” de Cavallo y el carry trade de Dujovne-Sturzenegger-Caputo en el gobierno de Macri terminan con una deuda impagable. La diferencia es que esta vez pretenden pagar con la venta de empresas pĂşblicas y con nuestros recursos naturales (para eso está la ley 27.742 con el listado de empresas a vender y con el RIGI).

La deuda bruta de la AdministraciĂłn nacional al 31 de marzo de 2025 (Ăşltimo dato publicado) es de 473.557 millones de dĂłlares; el gobierno de Javier Milei ha incrementado la deuda en 102.883 millones de dĂłlares.

A esa deuda deben sumarse los 20.000 millones de dólares del FMI y los créditos de los organismos internacionales de abril de 2023. Los intereses que devengan de esa deuda rondan el 50% del total del gasto público (unos cinco billones de pesos por mes, cuando el total del gasto en personal, en las Fuerzas Armadas, en Justica, en educación, salud, jubilaciones y pensiones, etc., es de unos diez billones de pesos mensuales). Por eso es que deben recurrir a las Lecap y Nocap que capitalizan intereses, agrandando la deuda pública. Esto se debe a que no se puede pagar ni del flujo fiscal ni tampoco del flujo comercial, porque desde julio de 2024 y en forma creciente la cuenta corriente de la balanza de pagos argentina es deficitaria.

Para asegurar el carry trade, el gobierno dispuso que los no residentes pueden ingresar dĂłlares al sistema financiero argentino y comprar tĂ­tulos o acciones, pero deben dejarlos por no menos de seis meses (octubre de 2025, mes en que se realizan las elecciones nacionales de medio tĂ©rmino) y luego volver a dĂłlares con la renta del carry trade. TambiĂ©n, para comprar acciones o bonos argentinos, se hace a travĂ©s de los ADR (recibos de depĂłsito americanos) o con tĂ­tulos afuera del paĂ­s. Es más, los gurĂşes de la city recomiendan «comprar y vender activamente», esto es, vender Lecaps y comprar dĂłlares cuando el dĂłlar estĂ© cerca de la banda inferior (1.000 – 1.100 pesos) y, por el contrario, vender dĂłlares cuando estĂ©n cerca de la banda superior (1.300 – 1400 pesos) y con el producido de esa venta comprar Lecaps. 

Esa lĂłgica de hierro es la que le proponen incluso al sector agropecuario. El principal factor que hace que el productor acelere o frene la venta de granos es el precio y la expectativa futura de ese precio (más allá de sus necesidades financieras puntuales). Como no se espera una suba adicional en el corto plazo, el productor decide vender y se promueve un incentivo de tasa: cuanto más rápido tengo los pesos y los coloco a tasa, más gano. Y a medida que se desinfla el dĂłlar, hay un trade off, es decir, entre más se desinfla el dĂłlar y menos devaluaciĂłn hay, menos es la tasa necesaria para mantener la estabilidad. Que Javier Milei matiza con afirmar que el 30 de junio se termina la baja de los porcentajes de derechos de exportaciĂłn.

En sĂ­ntesis

¿Cuál es la razón por la que el FMI le otorga a la Argentina una ampliación del crédito para totalizar 61.500 millones de dólares, que la convierte en, por lejos, el mayor deudor de ese organismo, y cuando sabe que la Argentina no puede pagar ni la mitad de los intereses que devenga su deuda pública, que para fines de abril de 2025 supera los 500.000 millones de dólares?

Deuda que vamos a pagar “con sangre, sudor y lágrimas”, como dijo en 1877 el Presidente Nicolás Avellaneda, pero tambiĂ©n con el rico patrimonio pĂşblico, que no le pertenece a este gobierno que lo cede en garantĂ­a (que se va a ejecutar por la imposibilidad de pago), ni tampoco a nuestra generaciĂłn, sino a generaciones y generaciones de argentinos, que tendrán que pagar una deuda que no se investigĂł ni se investiga y que es una estafa. Y las estafas no se “honran”; al revĂ©s, se las castiga. 

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