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domingo, noviembre 1, 2026

La pasión «extractívora» en Chubut IX: la postdeuda que no se ve y el postextractivismo que se viene

Referencias que nos ayudan a formar conciencia

«Es cierto que la deuda pública ha pasado del 20 % del PIB en 1970 al 120 % en la actualidad. Sin embargo, al mismo tiempo, el patrimonio privado ha crecido con mucha mayor intensidad: ha pasado del 300 % al 600 % del PIB, con una concentración extrema en manos de las mayores fortunas financieras».
Thomas Piketty (2026), mensaje en red social X. disponible en

«Estas tierras parecen condenadas a la pobreza de su gente por la riqueza del suelo. Una suerte de paradoja incesante… No hay ninguna riqueza inocente. No hay ninguna riqueza que sea inocente de la pobreza que genera».

Eduardo Galeano (2012), entrevista en Tucumán, publicada en La Gaceta, 18 de octubre de 2012.

«La transición a una economía post extractivista es una construcción política que no implica abandonar las actividades extractivas sino el potenciar alternativas que incluyan una trama de actores sociales y políticos dispuestos a confrontar con el extractivismo depredador y dar paso a un extractivismo indispensable».

Eduardo Gudynas, «Alcances y contenidos de las transiciones al post-extractivismo», Ecuador Debate, abril 2011 , disponible texto completo en

https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/server/api/core/bitstreams/54aee705-1682-4464-933d-3470dab5fb10/content

Thomas Piketty, prestigioso investigador social y economista francés, nos trae la relación entre deuda pública y riquezas privadas en Francia: países que se endeudan y pocas personas que se enriquecen. Eduardo Galeano, siempre original, punzante y meticuloso escritor y crítico social uruguayo, nos hace pensar la relación de la riqueza -a costa de nuestros recursos- que produce pobres de los cuales se hacen cargo los Estados nacionales. Eduardo Gudynas, desde Ecuador, nos advierte que siempre necesitaremos extraer nuestra subsistencia de la naturaleza y el tema es ver en favor de quién se extrae: ¿de los pueblos o de las empresas?

1. Objetivo de la nota

La nota pretende plantear una bisagra conceptual sugiriendo para entender Chubut. No basta con diagnosticar el extractivismo y la deuda como un ciclo vicioso que se retroalimenta para endeudar a la provincia y capitalizar a las empresas operadoras de los recursos naturales.

Es necesario también mirar lo que ese ciclo deja como secuela oculta (la «postdeuda que no se ve») y las condiciones que empujan hacia un cambio de modelo (el «postextractivismo que se viene»).

Se trata de pensar para actuar sobre la tensión abierta entre la inercia de un modelo en agotamiento con altos costos socioambientales y la presión popular por construir alternativas que no acentúen las tendencias históricas. Por supuesto, se trata de apuntes para debatir, todas verdades provisionales.

El tema se dividirá en dos partes. La primera es la presente que aborda la temática de la deuda con una visión complementaria de las anteriormente expuestas y en relación con la solución un pago a revisar. La segunda en una próxima entrega abordará la problemática del postextractivismo.

2. La nebulosa del después de la deuda

La idea de postdeuda no alude a un simple «después de pagar» ni a una etapa de alivio financiero. Es un concepto analítico para ayudar a comprender. Vamos a proponer una entrada de diccionario:

Postdeuda (sustantivo femenino): 1. Período económico, social y ambiental que atraviesa un territorio después de haber saldado una deuda inducida, extraordinaria y no aprovechada. 2. Conjunto de daños colaterales, compromisos a largo plazo y pérdida de soberanía que subsisten, aunque el balance financiero sea equilibrado. 3. En Chubut, 2016-2035: haber cobrado mínimas regalías por el petróleo en dólares, haberse endeudado y seguir sin agua potable.

Postdeuda es el después de la deuda: comienza inmediatamente después de asumida y no termina nunca. Ni siquiera con el pago. La lógica de cobro no desaparece con el pago; se internaliza. Se sigue organizando la política económica en torno a la austeridad, el superávit fiscal como fin en sí mismo, la prioridad del pago a acreedores y la desconfianza hacia el gasto público social. Se ha pagado la deuda financiera, pero se mantiene intacta la deuda como forma de gobierno sobre la vida y el territorio.

Ese tiempo infinito-espacio Chubut que se abre cuando la deuda ya ha sido ejecutada, cuando la promesa política de solvencia y bienestar se ha roto, y el pueblo queda empobrecido, destituido por dentro y por fuera del sistema financiero, como deudor eterno. No es la utopía del desendeudamiento, sino la condición desde la cual se vuelve posible otra política.

3. Tomar deuda: exitismo, ilusión y repartija

Tomar deuda es el momento en que la deuda todavía no se presenta como carga, sino como oportunidad, liquidez y alivio. Es una economía política de la deuda antes de que la lógica de cobro se imponga. Se puede desarrollar en tres momentos:

3.1. Exitismo político: la deuda como éxito.

En Chubut la deuda se presenta como exitismo político: se anuncia como hazaña de gestión -«conseguimos financiamiento», «salvamos la provincia», «recuperamos credibilidad», «consolidamos el equilibrio fiscal» -.

El acto de endeudarse se escenifica como solución y no como hipoteca del futuro. El último endeudamiento concretado por Chubut es la emisión de un nuevo bono internacional por 650 millones de dólares, colocado en Nueva York el 23 de abril de 2026, con una tasa de interés anual del 9,45% y vencimiento en 2036.

El exitismo político no es un error de comunicación: es un mecanismo de legitimación.

La deuda se vuelve aceptable porque se la desliga de su costo futuro y se la asocia a una imagen de solvencia y decisión.

3.2. Sensación de éxito: confundir préstamo con ingreso genuino.

Esa sensación de éxito nace de confundir préstamo con ingreso genuino. La caja llena siempre produce una ilusión de poder político y riqueza económica. Pero tener plata disponible no implica tener ingresos propios. Ni mejorarlos en el futuro. El préstamo es ingreso adelantado y condicionado, con intereses, garantías y cláusulas.

Esa confusión es central: permite expandir gasto, sostener estructuras políticas y postergar decisiones sin discutir qué se está comprometiendo. En Chubut, las regalías petroleras quedaron atadas como garantía y existe una cláusula que anticipa pagos de capital cuando superan ciertos umbrales. Es decir: la caja no era propia; estaba capturada de antemano. La sensación de éxito dura hasta que llegan los vencimientos.

Por ejemplo, entre 2024 y 2025 Chubut enfrentó vencimientos en dólares por 344 millones, equivalentes a un año completo de regalías.

3.3. Pujas por la repartija: la deuda como olla común.

Cuando hay caja, aparece la disputa por mojar el pan en la olla de la deuda. Empresas contratistas, sindicatos, municipios, sectores políticos y corporativos compiten alegremente por una porción.

Esto no es un accidente: la deuda crea una coalición de beneficiarios inmediatos que se vuelve funcional a su propia reproducción. Cada grupo que obtiene algo defiende la continuidad del endeudamiento, aunque el costo lo paguen después trabajadores, jubilados y comunidades.

La repartija despolitiza la deuda: se discute «quién recibe», no «quién paga» ni «para qué se endeudó». Y cuando la olla se vacía, esos mismos actores suelen reclamar ajuste sobre los sectores populares para «ordenar las cuentas». La postdeuda se expresa cuando la caja se vacía, los vencimientos llegan y la lógica de cobro se impone.

Pero el problema es que el exitismo, la ilusión de liquidez y la repartija no desaparecen: se transforman en sentido común. Se sigue pensando que la política económica debe girar alrededor de la deuda, que hay que «dar señales a los mercados», que el superávit fiscal es un fin en sí mismo, que el ajuste es inevitable.

Ahí cobra sentido la frase de circulación reciente: «La postdeuda neoliberal es cuando ya pagaste al FMI pero seguís pensando como el FMI». Se pagó -o se renegoció- la deuda financiera, pero se mantiene intacta la deuda como forma de gobierno.

Son tres momentos de la deuda como dispositivo de poder: exitismo (la deuda se presenta como éxito), ilusión de liquidez (el préstamo se confunde con ingreso genuino) y repartija (la deuda se convierte en olla disputada por corporaciones).

Y el después -la postdeuda- es el momento en que esa olla se vacía y hay que pagar. La salida no es solo dejar de tomar deuda, sino romper el sentido común que hizo posible el exitismo, la ilusión y la repartija.

En Chubut eso implica preguntar no solo «¿cómo pagamos?», sino «¿quién se benefició con la deuda y quién está pagando el costo?».

4. La postdeuda en Chubut: el recurso extraído y la deuda que queda

Postdeuda es el período donde el recurso es extraído y va quedando una deuda. No es la cuota del préstamo. Es el hospital de la Comarca que no se hizo, la escuela de Madryn que se cayó, el agua de Comodoro que no llega, y la bronca social que queda. La deuda se paga en dólares. La postdeuda se paga en tiempo perdido.

En el caso de Chubut, la postdeuda tiene tres componentes:

Pasivo financiero residual: pagaste el BOCADE 2016-2026, pero te quedaron los intereses punitorios, los juicios en Nueva York, el costo de haber emitido a 9,45% cuando el mundo estaba a 7,5%.

Pasivo ambiental y social: para pagar, ajustaste el presupuesto, hiciste acuerdos leoninos con la Nación. Recortaste mantenimiento de acueducto, de rutas, de hospitales, de puertos, de escuelas, de estrados judiciales. Eso genera una deuda invisible que explota cinco años después.

Pasivo político: para conseguir dólares, prorrogaste áreas de Cerro Dragón sin licitación, concesionaste el viento a 20 años sin regalía.

Chubut desde 2016 no está endeudado: está en postdeuda.

5. El marco: la deuda como dispositivo que constituye y destituye

5.1. La deuda como dispositivo.

Para Ariadna Michelle Godreau-Aubert, la deuda no es solo un contrato económico: constituye y destituye, aviva fuegos y arrasa con todo. En la esfera pública, el «fin de las penurias» que toda deuda promete se traduce en austeridad, desplazamiento y desgracias; en los hogares endeudados, en remiendos, hambre y encierro. La deuda captura el cuerpo, el tiempo, los lazos sociales y el valor en todos los sentidos, produciendo un sujeto llamado a pagar mediante la desposesión y la expulsión.

Por eso la postdeuda no comienza cuando la cuenta llega a cero, sino cuando la relación de deuda ha mostrado su cara destructiva y ya no hay «esperanza de saldo» que sostenga el horizonte de bienestar.

5.2. El «tiempo después»: de la derrota a la posibilidad.

Godreau-Aubert describe la postdeuda como el tiempo de «la subasta, del acabose, de la postposibilidad», pero también como un tiempo de poder recién descubierto. Quienes han sido desahuciados por la deuda descubren que «roto el horizonte del bienestar y la esperanza de saldo, ejecutada la deuda y destituidas desde adentro y desde afuera, ya no hay nada que perder».

La postdeuda es, así, una posición paradójica: surge de la derrota, pero habilita una afirmación subjetiva y colectiva que ya no se organiza en torno a la promesa de pago. Otra vuelta a la memoria del espíritu de Esquel, no al extractivismo es no a la deuda.

5.3. La distinción clave: lógica de cobro vs. lógica de pago.

El núcleo analítico de la postdeuda es la diferencia entre dos lógicas sociales del repago:

Lógica de cobro: propia del capital y la colonialidad. Domestica la deuda dirigiéndola hacia el crédito: se paga para «restaurar» el acceso a los mercados financieros. Es la lógica del Chubut que reestructura deuda para que el crédito siga fluyendo, una lógica de cobro no desaparece cuando la cuenta llega a cero; se internaliza. Se sigue organizando la política económica en torno a la austeridad, el superávit fiscal como fin en sí mismo, la prioridad del pago a acreedores y la desconfianza hacia el gasto público social. Se ha pagado la deuda financiera, pero se mantiene intacta la deuda como forma de gobierno sobre la vida y el territorio.

Lógica de pago (o ajuste de cuentas): subvierte la anterior. No se trata de restaurar la reciprocidad sin examinar la historia, sino de convertir la deuda financiera en una exigencia de rendición de cuentas históricas y coloniales. El «pago» deja de ser obediencia y se transforma en responsabilidad colectiva por las deudas pasadas inscritas en jerarquías políticas presentes.

5.4. El ajuste de cuentas: negarse a pagar para exigir responsabilidad.

En la postdeuda, rehusarse a pagar la deuda financiera no es evadir una obligación. Es subvertir la lógica de cobro: se trata de voltear el cobro contra los Estados, los individuos, instituciones y estructuras que capturan y gobiernan a través de la deuda. El impago implica tomar el poder de vincular para desmantelar la asimetría, no pedir perdón ni desembarazarse de toda responsabilidad. La postdeuda es, por tanto, una praxis material que se apodera del poder de vincular desde dentro de las condiciones de desposesión para interrumpir la colonialidad y volverla inoperante.

5.5. Dimensiones feministas y decoloniales.

La postdeuda se piensa desde y sobre la colonia, la maternidad, la violencia del Estado, la lucha y el proyecto inconcluso de justicia social. No es un concepto neutral: nombra la experiencia de quienes han sido históricamente sujetos de deuda -mujeres, pueblos colonizados, comunidades racializadas- y propone una salida que no pasa por «portarse bien» financieramente, sino por desmantelar las jerarquías de raza/género/clase que hacen posible la deuda como aparato de captura y depredación.

5.6. Síntesis del marco.

La postdeuda es el tiempo-espacio crítico que se abre cuando la deuda ya no puede prometer nada, cuando el sujeto endeudado ha sido destituido y descubre que no debe nada a quien lo ha desahuciado.

No es el fin de toda obligación, sino la posibilidad de reemplazar la lógica de cobro por una lógica de ajuste de cuentas: negarse a pagar las deudas del capital y, al mismo tiempo, exigir responsabilidad histórica a las estructuras coloniales y financieras. Es, en definitiva, una idea-práctica para pensar y habitar el después de la deuda sin volver a la ficción del crédito restaurado.

6. Aplicación del marco a Chubut

Aplicar el marco de la postdeuda a la provincia de Chubut permite leer su situación financiera no como una simple crisis de gestión, sino como un caso donde la deuda opera como un dispositivo de captura y destitución sobre un territorio y su población.

6.1. La deuda como captura: la lógica de cobro en Chubut.

En Chubut, la deuda no es un dato abstracto; se materializa en una carga asfixiante sobre la vida cotidiana y la soberanía provincial. Los indicadores son contundentes: al cierre de 2025, Chubut era la tercera jurisdicción del país con mayor deuda per cápita, superada solo por Neuquén y La Rioja. El stock total ascendía a $ 745.967M, lo que implicaba que por cada habitante se debía más de $ 1,2M.

A esto se suma una vulnerabilidad estructural: más de la mitad de esa deuda está nominada en dólares, por lo que cada movimiento del tipo de cambio golpea directamente las cuentas provinciales.

La mayor carga proviene del BOCADE (Bono de Cancelación de Deuda del Estado), emitido en 2016 por u$ 650M. Entre 2024 y 2025, los vencimientos sumaron u$ 344M, y hasta 2030 restaban pagar otros u$ 484,63M, con el BOCADE concentrando casi u$ 293M de esa cifra. El peso de estos pagos fue tal que los vencimientos de los primeros dos años de la gestión equivalieron a un año completo de regalías petroleras.

Esta dinámica se denomina lógica de cobro: la deuda no se limita a exigir un pago, sino que captura los ingresos estratégicos de la provincia -las regalías- y los redirige hacia los acreedores financieros, condicionando la autonomía provincial. El hecho de que las regalías se usen como garantía -y que exista una cláusula que anticipa pagos de capital cuando las regalías superan ciertos umbrales- confirma que el mecanismo está diseñado para que el excedente de la provincia no se destine a su población, sino a satisfacer la deuda.

6.2. El «acabose»: ajuste, despidos y la destitución de los cuerpos.

La contrapartida de esta lógica de cobro es el ajuste sobre la población. El marco de la postdeuda señala que la deuda «destituye desde adentro y desde afuera», y en Chubut esto se traduce en despidos y suspensiones, especialmente en la actividad petrolera, que es central para la economía provincial. También se manifiesta en salarios casi congelados para los trabajadores estatales, incluyendo el sector salud, que ha protagonizado paros prolongados como respuesta a esta política. La educación, la universidad pública, la investigación científica y tecnológica sufren presupuestos insuficientes y condiciones cada vez más precarias.

Las manifestaciones populares en Chubut han articulado esta conexión con claridad: «la deuda nacional y provincial se utiliza como argumento para justificar el ajuste sobre trabajadores, jubilados y sectores populares», mientras se garantizan los negocios de los grandes capitales. Su consigna es explícita: «No al pago de la deuda» y «La plata tiene que estar en educación, salud, salarios y trabajo, no en pagar una deuda ilegítima sin licencia social». En la postdeuda, negarse a pagar no es evadir una obligación, sino subvertir la lógica de cobro que ha sido impuesta.

6.3. La postdeuda como posibilidad: el ajuste de cuentas desde el territorio.

Frente a este escenario, la postdeuda no se presenta como la utopía del «desendeudamiento». La posibilidad que abre la postdeuda es la del ajuste de cuentas: voltear la lógica de cobro contra las estructuras que capturan la vida provincial.

En Chubut, este ajuste de cuentas tiene dimensiones concretas. Por un lado, la resistencia de los trabajadores que se niegan a que el costo de la crisis recaiga sobre sus salarios y condiciones laborales. Por otro, la lucha de las comunidades mapuche-tehuelche por el territorio y contra la criminalización, que cuestiona el modelo extractivista que sostiene las regalías usadas para pagar la deuda. La denuncia de mujeres mapuches sobre la criminalización de sus comunidades por parte del Estado es una expresión de esta disputa por la soberanía y la dignidad.

La postdeuda en Chubut es, entonces, la posibilidad de reemplazar la pregunta «¿cómo pagamos?» por la pregunta «¿quién debe a quién y por qué?».

Es el espacio para exigir responsabilidad histórica no solo a los acreedores financieros, sino también a las estructuras coloniales y extractivistas que han convertido a la provincia en una zona de sacrificio.

Como señala el marco, se trata de «tomar el poder de vincular para desmantelar la asimetría», y en Chubut eso significa vincular la deuda financiera con la deuda histórica con los pueblos originarios y con las comunidades afectadas por el extractivismo.

En definitiva, la postdeuda aplicada a Chubut revela que la salida no está en «portarse bien» financieramente para recuperar el crédito, sino en negarse a pagar una deuda que se ha cobrado con ajuste, despidos y despojo, y en construir, desde esa negativa, una agenda de justicia social y territorial que ponga la vida en el centro.

7. El postextractivismo que se viene: las empresas se readecúan

Las empresas se readecúan. PAE, Conarpesa, Benetton, Aluar son casos para ver entre otros pocos. El «post» es lo que viene después y es un tema de desarrollo ecotecnológico y de economía política. La transición a una economía postextractivista -como señala Gudynas- no implica abandonar las actividades extractivas, sino potenciar alternativas que incluyan una trama de actores sociales y políticos dispuestos a confrontar con el extractivismo depredador y dar paso a un extractivismo indispensable.

En Chubut, eso significa preguntar no solo cómo se extrae, sino en favor de quién se extrae: del buen vivir de los pueblos o de las ganancias de las grandes empresas. Y significa también reconocer que la postdeuda -ese pasivo financiero, ambiental, social y político que queda cuando el recurso ya fue extraído- es el punto de partida obligado para pensar cualquier transición. No se puede construir postextractivismo sobre una provincia endeudada, con servicios públicos desmantelados y comunidades criminalizadas.

La salida es, a la vez, financiera, ambiental y política: ajuste de cuentas con los acreedores, con las empresas «extractívoras» y con el modelo de desarrollo que hizo posible la deuda.

(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).

https://www.elextremosur.com/nota/60078-la-pasion-extractivora-en-chubut-ix-la-postdeuda-que-no-se-ve

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Referencias que nos ayudan a formar conciencia

«Es cierto que la deuda pública ha pasado del 20 % del PIB en 1970 al 120 % en la actualidad. Sin embargo, al mismo tiempo, el patrimonio privado ha crecido con mucha mayor intensidad: ha pasado del 300 % al 600 % del PIB, con una concentración extrema en manos de las mayores fortunas financieras».
Thomas Piketty (2026), mensaje en red social X. disponible en

«Estas tierras parecen condenadas a la pobreza de su gente por la riqueza del suelo. Una suerte de paradoja incesante… No hay ninguna riqueza inocente. No hay ninguna riqueza que sea inocente de la pobreza que genera».

Eduardo Galeano (2012), entrevista en Tucumán, publicada en La Gaceta, 18 de octubre de 2012.

«La transición a una economía post extractivista es una construcción política que no implica abandonar las actividades extractivas sino el potenciar alternativas que incluyan una trama de actores sociales y políticos dispuestos a confrontar con el extractivismo depredador y dar paso a un extractivismo indispensable».

Eduardo Gudynas, «Alcances y contenidos de las transiciones al post-extractivismo», Ecuador Debate, abril 2011 , disponible texto completo en

https://repositorio.flacsoandes.edu.ec/server/api/core/bitstreams/54aee705-1682-4464-933d-3470dab5fb10/content

Thomas Piketty, prestigioso investigador social y economista francés, nos trae la relación entre deuda pública y riquezas privadas en Francia: países que se endeudan y pocas personas que se enriquecen. Eduardo Galeano, siempre original, punzante y meticuloso escritor y crítico social uruguayo, nos hace pensar la relación de la riqueza -a costa de nuestros recursos- que produce pobres de los cuales se hacen cargo los Estados nacionales. Eduardo Gudynas, desde Ecuador, nos advierte que siempre necesitaremos extraer nuestra subsistencia de la naturaleza y el tema es ver en favor de quién se extrae: ¿de los pueblos o de las empresas?

1. Objetivo de la nota

La nota pretende plantear una bisagra conceptual sugiriendo para entender Chubut. No basta con diagnosticar el extractivismo y la deuda como un ciclo vicioso que se retroalimenta para endeudar a la provincia y capitalizar a las empresas operadoras de los recursos naturales.

Es necesario también mirar lo que ese ciclo deja como secuela oculta (la «postdeuda que no se ve») y las condiciones que empujan hacia un cambio de modelo (el «postextractivismo que se viene»).

Se trata de pensar para actuar sobre la tensión abierta entre la inercia de un modelo en agotamiento con altos costos socioambientales y la presión popular por construir alternativas que no acentúen las tendencias históricas. Por supuesto, se trata de apuntes para debatir, todas verdades provisionales.

El tema se dividirá en dos partes. La primera es la presente que aborda la temática de la deuda con una visión complementaria de las anteriormente expuestas y en relación con la solución un pago a revisar. La segunda en una próxima entrega abordará la problemática del postextractivismo.

2. La nebulosa del después de la deuda

La idea de postdeuda no alude a un simple «después de pagar» ni a una etapa de alivio financiero. Es un concepto analítico para ayudar a comprender. Vamos a proponer una entrada de diccionario:

Postdeuda (sustantivo femenino): 1. Período económico, social y ambiental que atraviesa un territorio después de haber saldado una deuda inducida, extraordinaria y no aprovechada. 2. Conjunto de daños colaterales, compromisos a largo plazo y pérdida de soberanía que subsisten, aunque el balance financiero sea equilibrado. 3. En Chubut, 2016-2035: haber cobrado mínimas regalías por el petróleo en dólares, haberse endeudado y seguir sin agua potable.

Postdeuda es el después de la deuda: comienza inmediatamente después de asumida y no termina nunca. Ni siquiera con el pago. La lógica de cobro no desaparece con el pago; se internaliza. Se sigue organizando la política económica en torno a la austeridad, el superávit fiscal como fin en sí mismo, la prioridad del pago a acreedores y la desconfianza hacia el gasto público social. Se ha pagado la deuda financiera, pero se mantiene intacta la deuda como forma de gobierno sobre la vida y el territorio.

Ese tiempo infinito-espacio Chubut que se abre cuando la deuda ya ha sido ejecutada, cuando la promesa política de solvencia y bienestar se ha roto, y el pueblo queda empobrecido, destituido por dentro y por fuera del sistema financiero, como deudor eterno. No es la utopía del desendeudamiento, sino la condición desde la cual se vuelve posible otra política.

3. Tomar deuda: exitismo, ilusión y repartija

Tomar deuda es el momento en que la deuda todavía no se presenta como carga, sino como oportunidad, liquidez y alivio. Es una economía política de la deuda antes de que la lógica de cobro se imponga. Se puede desarrollar en tres momentos:

3.1. Exitismo político: la deuda como éxito.

En Chubut la deuda se presenta como exitismo político: se anuncia como hazaña de gestión -«conseguimos financiamiento», «salvamos la provincia», «recuperamos credibilidad», «consolidamos el equilibrio fiscal» -.

El acto de endeudarse se escenifica como solución y no como hipoteca del futuro. El último endeudamiento concretado por Chubut es la emisión de un nuevo bono internacional por 650 millones de dólares, colocado en Nueva York el 23 de abril de 2026, con una tasa de interés anual del 9,45% y vencimiento en 2036.

El exitismo político no es un error de comunicación: es un mecanismo de legitimación.

La deuda se vuelve aceptable porque se la desliga de su costo futuro y se la asocia a una imagen de solvencia y decisión.

3.2. Sensación de éxito: confundir préstamo con ingreso genuino.

Esa sensación de éxito nace de confundir préstamo con ingreso genuino. La caja llena siempre produce una ilusión de poder político y riqueza económica. Pero tener plata disponible no implica tener ingresos propios. Ni mejorarlos en el futuro. El préstamo es ingreso adelantado y condicionado, con intereses, garantías y cláusulas.

Esa confusión es central: permite expandir gasto, sostener estructuras políticas y postergar decisiones sin discutir qué se está comprometiendo. En Chubut, las regalías petroleras quedaron atadas como garantía y existe una cláusula que anticipa pagos de capital cuando superan ciertos umbrales. Es decir: la caja no era propia; estaba capturada de antemano. La sensación de éxito dura hasta que llegan los vencimientos.

Por ejemplo, entre 2024 y 2025 Chubut enfrentó vencimientos en dólares por 344 millones, equivalentes a un año completo de regalías.

3.3. Pujas por la repartija: la deuda como olla común.

Cuando hay caja, aparece la disputa por mojar el pan en la olla de la deuda. Empresas contratistas, sindicatos, municipios, sectores políticos y corporativos compiten alegremente por una porción.

Esto no es un accidente: la deuda crea una coalición de beneficiarios inmediatos que se vuelve funcional a su propia reproducción. Cada grupo que obtiene algo defiende la continuidad del endeudamiento, aunque el costo lo paguen después trabajadores, jubilados y comunidades.

La repartija despolitiza la deuda: se discute «quién recibe», no «quién paga» ni «para qué se endeudó». Y cuando la olla se vacía, esos mismos actores suelen reclamar ajuste sobre los sectores populares para «ordenar las cuentas». La postdeuda se expresa cuando la caja se vacía, los vencimientos llegan y la lógica de cobro se impone.

Pero el problema es que el exitismo, la ilusión de liquidez y la repartija no desaparecen: se transforman en sentido común. Se sigue pensando que la política económica debe girar alrededor de la deuda, que hay que «dar señales a los mercados», que el superávit fiscal es un fin en sí mismo, que el ajuste es inevitable.

Ahí cobra sentido la frase de circulación reciente: «La postdeuda neoliberal es cuando ya pagaste al FMI pero seguís pensando como el FMI». Se pagó -o se renegoció- la deuda financiera, pero se mantiene intacta la deuda como forma de gobierno.

Son tres momentos de la deuda como dispositivo de poder: exitismo (la deuda se presenta como éxito), ilusión de liquidez (el préstamo se confunde con ingreso genuino) y repartija (la deuda se convierte en olla disputada por corporaciones).

Y el después -la postdeuda- es el momento en que esa olla se vacía y hay que pagar. La salida no es solo dejar de tomar deuda, sino romper el sentido común que hizo posible el exitismo, la ilusión y la repartija.

En Chubut eso implica preguntar no solo «¿cómo pagamos?», sino «¿quién se benefició con la deuda y quién está pagando el costo?».

4. La postdeuda en Chubut: el recurso extraído y la deuda que queda

Postdeuda es el período donde el recurso es extraído y va quedando una deuda. No es la cuota del préstamo. Es el hospital de la Comarca que no se hizo, la escuela de Madryn que se cayó, el agua de Comodoro que no llega, y la bronca social que queda. La deuda se paga en dólares. La postdeuda se paga en tiempo perdido.

En el caso de Chubut, la postdeuda tiene tres componentes:

Pasivo financiero residual: pagaste el BOCADE 2016-2026, pero te quedaron los intereses punitorios, los juicios en Nueva York, el costo de haber emitido a 9,45% cuando el mundo estaba a 7,5%.

Pasivo ambiental y social: para pagar, ajustaste el presupuesto, hiciste acuerdos leoninos con la Nación. Recortaste mantenimiento de acueducto, de rutas, de hospitales, de puertos, de escuelas, de estrados judiciales. Eso genera una deuda invisible que explota cinco años después.

Pasivo político: para conseguir dólares, prorrogaste áreas de Cerro Dragón sin licitación, concesionaste el viento a 20 años sin regalía.

Chubut desde 2016 no está endeudado: está en postdeuda.

5. El marco: la deuda como dispositivo que constituye y destituye

5.1. La deuda como dispositivo.

Para Ariadna Michelle Godreau-Aubert, la deuda no es solo un contrato económico: constituye y destituye, aviva fuegos y arrasa con todo. En la esfera pública, el «fin de las penurias» que toda deuda promete se traduce en austeridad, desplazamiento y desgracias; en los hogares endeudados, en remiendos, hambre y encierro. La deuda captura el cuerpo, el tiempo, los lazos sociales y el valor en todos los sentidos, produciendo un sujeto llamado a pagar mediante la desposesión y la expulsión.

Por eso la postdeuda no comienza cuando la cuenta llega a cero, sino cuando la relación de deuda ha mostrado su cara destructiva y ya no hay «esperanza de saldo» que sostenga el horizonte de bienestar.

5.2. El «tiempo después»: de la derrota a la posibilidad.

Godreau-Aubert describe la postdeuda como el tiempo de «la subasta, del acabose, de la postposibilidad», pero también como un tiempo de poder recién descubierto. Quienes han sido desahuciados por la deuda descubren que «roto el horizonte del bienestar y la esperanza de saldo, ejecutada la deuda y destituidas desde adentro y desde afuera, ya no hay nada que perder».

La postdeuda es, así, una posición paradójica: surge de la derrota, pero habilita una afirmación subjetiva y colectiva que ya no se organiza en torno a la promesa de pago. Otra vuelta a la memoria del espíritu de Esquel, no al extractivismo es no a la deuda.

5.3. La distinción clave: lógica de cobro vs. lógica de pago.

El núcleo analítico de la postdeuda es la diferencia entre dos lógicas sociales del repago:

Lógica de cobro: propia del capital y la colonialidad. Domestica la deuda dirigiéndola hacia el crédito: se paga para «restaurar» el acceso a los mercados financieros. Es la lógica del Chubut que reestructura deuda para que el crédito siga fluyendo, una lógica de cobro no desaparece cuando la cuenta llega a cero; se internaliza. Se sigue organizando la política económica en torno a la austeridad, el superávit fiscal como fin en sí mismo, la prioridad del pago a acreedores y la desconfianza hacia el gasto público social. Se ha pagado la deuda financiera, pero se mantiene intacta la deuda como forma de gobierno sobre la vida y el territorio.

Lógica de pago (o ajuste de cuentas): subvierte la anterior. No se trata de restaurar la reciprocidad sin examinar la historia, sino de convertir la deuda financiera en una exigencia de rendición de cuentas históricas y coloniales. El «pago» deja de ser obediencia y se transforma en responsabilidad colectiva por las deudas pasadas inscritas en jerarquías políticas presentes.

5.4. El ajuste de cuentas: negarse a pagar para exigir responsabilidad.

En la postdeuda, rehusarse a pagar la deuda financiera no es evadir una obligación. Es subvertir la lógica de cobro: se trata de voltear el cobro contra los Estados, los individuos, instituciones y estructuras que capturan y gobiernan a través de la deuda. El impago implica tomar el poder de vincular para desmantelar la asimetría, no pedir perdón ni desembarazarse de toda responsabilidad. La postdeuda es, por tanto, una praxis material que se apodera del poder de vincular desde dentro de las condiciones de desposesión para interrumpir la colonialidad y volverla inoperante.

5.5. Dimensiones feministas y decoloniales.

La postdeuda se piensa desde y sobre la colonia, la maternidad, la violencia del Estado, la lucha y el proyecto inconcluso de justicia social. No es un concepto neutral: nombra la experiencia de quienes han sido históricamente sujetos de deuda -mujeres, pueblos colonizados, comunidades racializadas- y propone una salida que no pasa por «portarse bien» financieramente, sino por desmantelar las jerarquías de raza/género/clase que hacen posible la deuda como aparato de captura y depredación.

5.6. Síntesis del marco.

La postdeuda es el tiempo-espacio crítico que se abre cuando la deuda ya no puede prometer nada, cuando el sujeto endeudado ha sido destituido y descubre que no debe nada a quien lo ha desahuciado.

No es el fin de toda obligación, sino la posibilidad de reemplazar la lógica de cobro por una lógica de ajuste de cuentas: negarse a pagar las deudas del capital y, al mismo tiempo, exigir responsabilidad histórica a las estructuras coloniales y financieras. Es, en definitiva, una idea-práctica para pensar y habitar el después de la deuda sin volver a la ficción del crédito restaurado.

6. Aplicación del marco a Chubut

Aplicar el marco de la postdeuda a la provincia de Chubut permite leer su situación financiera no como una simple crisis de gestión, sino como un caso donde la deuda opera como un dispositivo de captura y destitución sobre un territorio y su población.

6.1. La deuda como captura: la lógica de cobro en Chubut.

En Chubut, la deuda no es un dato abstracto; se materializa en una carga asfixiante sobre la vida cotidiana y la soberanía provincial. Los indicadores son contundentes: al cierre de 2025, Chubut era la tercera jurisdicción del país con mayor deuda per cápita, superada solo por Neuquén y La Rioja. El stock total ascendía a $ 745.967M, lo que implicaba que por cada habitante se debía más de $ 1,2M.

A esto se suma una vulnerabilidad estructural: más de la mitad de esa deuda está nominada en dólares, por lo que cada movimiento del tipo de cambio golpea directamente las cuentas provinciales.

La mayor carga proviene del BOCADE (Bono de Cancelación de Deuda del Estado), emitido en 2016 por u$ 650M. Entre 2024 y 2025, los vencimientos sumaron u$ 344M, y hasta 2030 restaban pagar otros u$ 484,63M, con el BOCADE concentrando casi u$ 293M de esa cifra. El peso de estos pagos fue tal que los vencimientos de los primeros dos años de la gestión equivalieron a un año completo de regalías petroleras.

Esta dinámica se denomina lógica de cobro: la deuda no se limita a exigir un pago, sino que captura los ingresos estratégicos de la provincia -las regalías- y los redirige hacia los acreedores financieros, condicionando la autonomía provincial. El hecho de que las regalías se usen como garantía -y que exista una cláusula que anticipa pagos de capital cuando las regalías superan ciertos umbrales- confirma que el mecanismo está diseñado para que el excedente de la provincia no se destine a su población, sino a satisfacer la deuda.

6.2. El «acabose»: ajuste, despidos y la destitución de los cuerpos.

La contrapartida de esta lógica de cobro es el ajuste sobre la población. El marco de la postdeuda señala que la deuda «destituye desde adentro y desde afuera», y en Chubut esto se traduce en despidos y suspensiones, especialmente en la actividad petrolera, que es central para la economía provincial. También se manifiesta en salarios casi congelados para los trabajadores estatales, incluyendo el sector salud, que ha protagonizado paros prolongados como respuesta a esta política. La educación, la universidad pública, la investigación científica y tecnológica sufren presupuestos insuficientes y condiciones cada vez más precarias.

Las manifestaciones populares en Chubut han articulado esta conexión con claridad: «la deuda nacional y provincial se utiliza como argumento para justificar el ajuste sobre trabajadores, jubilados y sectores populares», mientras se garantizan los negocios de los grandes capitales. Su consigna es explícita: «No al pago de la deuda» y «La plata tiene que estar en educación, salud, salarios y trabajo, no en pagar una deuda ilegítima sin licencia social». En la postdeuda, negarse a pagar no es evadir una obligación, sino subvertir la lógica de cobro que ha sido impuesta.

6.3. La postdeuda como posibilidad: el ajuste de cuentas desde el territorio.

Frente a este escenario, la postdeuda no se presenta como la utopía del «desendeudamiento». La posibilidad que abre la postdeuda es la del ajuste de cuentas: voltear la lógica de cobro contra las estructuras que capturan la vida provincial.

En Chubut, este ajuste de cuentas tiene dimensiones concretas. Por un lado, la resistencia de los trabajadores que se niegan a que el costo de la crisis recaiga sobre sus salarios y condiciones laborales. Por otro, la lucha de las comunidades mapuche-tehuelche por el territorio y contra la criminalización, que cuestiona el modelo extractivista que sostiene las regalías usadas para pagar la deuda. La denuncia de mujeres mapuches sobre la criminalización de sus comunidades por parte del Estado es una expresión de esta disputa por la soberanía y la dignidad.

La postdeuda en Chubut es, entonces, la posibilidad de reemplazar la pregunta «¿cómo pagamos?» por la pregunta «¿quién debe a quién y por qué?».

Es el espacio para exigir responsabilidad histórica no solo a los acreedores financieros, sino también a las estructuras coloniales y extractivistas que han convertido a la provincia en una zona de sacrificio.

Como señala el marco, se trata de «tomar el poder de vincular para desmantelar la asimetría», y en Chubut eso significa vincular la deuda financiera con la deuda histórica con los pueblos originarios y con las comunidades afectadas por el extractivismo.

En definitiva, la postdeuda aplicada a Chubut revela que la salida no está en «portarse bien» financieramente para recuperar el crédito, sino en negarse a pagar una deuda que se ha cobrado con ajuste, despidos y despojo, y en construir, desde esa negativa, una agenda de justicia social y territorial que ponga la vida en el centro.

7. El postextractivismo que se viene: las empresas se readecúan

Las empresas se readecúan. PAE, Conarpesa, Benetton, Aluar son casos para ver entre otros pocos. El «post» es lo que viene después y es un tema de desarrollo ecotecnológico y de economía política. La transición a una economía postextractivista -como señala Gudynas- no implica abandonar las actividades extractivas, sino potenciar alternativas que incluyan una trama de actores sociales y políticos dispuestos a confrontar con el extractivismo depredador y dar paso a un extractivismo indispensable.

En Chubut, eso significa preguntar no solo cómo se extrae, sino en favor de quién se extrae: del buen vivir de los pueblos o de las ganancias de las grandes empresas. Y significa también reconocer que la postdeuda -ese pasivo financiero, ambiental, social y político que queda cuando el recurso ya fue extraído- es el punto de partida obligado para pensar cualquier transición. No se puede construir postextractivismo sobre una provincia endeudada, con servicios públicos desmantelados y comunidades criminalizadas.

La salida es, a la vez, financiera, ambiental y política: ajuste de cuentas con los acreedores, con las empresas «extractívoras» y con el modelo de desarrollo que hizo posible la deuda.

(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).

https://www.elextremosur.com/nota/60078-la-pasion-extractivora-en-chubut-ix-la-postdeuda-que-no-se-ve

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