Por Jorge Manuel Gil (*)
Epígrafes y arquitectura conceptual: Referencias que nos ayudan a formar conciencia.
. «Hemos educado a una generación para que no sepa leer instrucciones, pero sí para que sepa desear todo lo que no puede entender». Marcha del borracho (1951), C. M. Kornbluth. Ciencia ficción norteamericana, Aguilar.
.»Pero cuando tus entrañas/ ya no tengan más que dar/ y no haya qué perforar/ en tu mar ni en tus montañas;/ cuando lagartos y arañas/ a la rotaria hagan prez;/ cuando la actual fluidez/ se extinga como el ocaso,/ contra el viento de El Tablazo/ soporta tu desnudez/ Y no digas «yes», Talara». Nicomedes Santa Cruz (1), poeta y humanista peruano, «Talara no digas yes», 1960.
.»La IA no es artificial ni inteligente. Más bien existe de forma corpórea, como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística, historias y clasificaciones. Los sistemas de IA no son autónomos, racionales ni capaces de discernir algo sin un entrenamiento extenso e intensivo. Se trata de sistemas diseñados para servir a los intereses dominantes ya existentes: son, finalmente, un certificado de poder». K. Crawford, Atlas de Inteligencia Artificial: poder, política y costos planetarios (Yale, 2021; FCE, 2022).
. «Todo el ciclo de vida de la IA implica diversas formas de extractivismo, desde las clásicas, como la minería, hasta las nuevas, como los datos». Paola Ricaurte, coautora del Manifiesto de la IA Descolonial, 2022.
. «La inteligencia artificial se presenta como una tecnología limpia, pero su huella física refleja una nueva forma de extractivismo colonial: en lugar de plata y soja, hoy es el agua para refrigeración, la energía fósil y los datos de millones de personas». Friederike Rohde y Paz Peña, Project Syndicate, 2025.
. «La colonialidad de la IA va más allá del colonialismo de los datos: la IA está basada también en el extractivismo del territorio y además tiene la capacidad de modelar la realidad». Manifiesto de la IA Descolonial, 2021.
. «Los centros de datos no son usinas de empleo ni de generación de conocimiento.
Son esponjas gigantes que chupan agua y energía de nuestros territorios». C. Rikap, Teoría de la dependencia digital, Caja Negra, 2026.
. «El gobierno de Milei sólo está preocupado por convertir a la Argentina en un paraíso fiscal y en proveer recursos energéticos, hídricos y de datos para maximizar los beneficios». Daniel Filmus, educador argentino, 2026. Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI).
I. Prefacio
Las notas I y II de la serie «Chubut extractívora» mostraron el problema. Chubut y sus tres dimensiones:
. como propietario de recursos naturales renovables (bosques, pesca, vientos) y no renovables (hidrocarburos, minería), cuya explotación y monetización se delega en grandes empresas;
. como agente público de toma de deuda;
. como territorio organizado para exportar recursos (petróleo, pescado, lana, viento y ahora datos).
En la nota III identificamos el extractivismo, su apropiación privada, la voracidad empresarial y la complicidad política como impulsores de un endeudamiento cada vez mayor de las cuentas públicas.
Lo sintetizamos así: Chubut es un territorio que deja huellas energéticas, climáticas, hídricas y -principalmente- sociales para pagar una deuda que nunca se extingue. USD 1.586 millones en pagos (2010-2026) para deber hoy más de USD 1.300 millones, mientras la provincia subsiste entregando los recursos naturales que quedan.
¿Para qué y para quién el extractivismo?
En esta IV entrega se muestra un nuevo extractivismo, una soberanía en disputa y una grieta de ese modelo. Y la grieta tiene nombre: resistencia popular y compromiso social. A partir de ella emerge una alternativa que no es un sueño. Es una posibilidad que Chubut ha practicado mediante la resistencia colectiva a la destrucción de la naturaleza y al cuidado del agua.
Nuestro resumen: «Frente al ‘destino extractívoro’ que nació en el petróleo y hoy avanza desde el oro hasta los datos, las luchas sociales ambientales -desde el No al basurero nuclear de Gastre en 1986 hasta el repudio a la zonificación minera de 2021- operan como el traje aislante de Juan Salvo en El Eternauta: el héroe colectivo, la única soberanía posible es la del pueblo frente a la expoliación del territorio impulsada por el neoliberalismo».
II. El extractivismo se viste de algoritmo
El extractivismo se ha hecho ideología y conciencia política (en el administrador público) y crítica y campo de batalla (en el debate popular).
La imaginación administrativa de la política neoliberal se agota en cómo hacer más redituable la monetización de los recursos naturales a favor de grandes empresas. No se plantea ningún plan de desarrollo, ninguna estrategia social, ninguna perspectiva humana. Sólo el negocio empresario, recetas financieras de deuda contra más deuda, deuda contra entrega de recursos públicos, deuda como éxito de gestión. El nombre de la deuda revela el agotamiento de la política.
El Atlas GigaHub es un megaproyecto de centros de datos e inteligencia artificial impulsado por la empresa polaca Green Capital SA que se instalará en la Zona Franca de Trelew, Chubut, con una inversión prometida y estimada entre USD 3.300 y USD 5.000 millones.
Green Capital es un desarrollador de energía renovable (activos energéticos) y de infraestructura digital que impulsa que la próxima fase de crecimiento industrial y digital no vendrá definida únicamente por la capacidad de cómputo, sino también por la disponibilidad, fiabilidad y escalabilidad de la energía y la infraestructura. En términos económicos, se denominan «economías escalables» porque permiten adecuaciones de tamaño e incrementos permanentes de producción.
Atlas GigaHub es un caso típico de la dependencia digital. Busca convertir a la provincia en un polo de centros de datos para inteligencia artificial, en la reconocida promesa de desarrollo a cambio de dependencia que es necesario entender.
La inteligencia artificial es extractivista porque replica la lógica de las industrias extractivas tradicionales: identifica un recurso valioso (datos, trabajo cognitivo, energía, agua, minerales), lo extrae a bajo o nulo costo, lo procesa en otra parte y captura el valor de forma unilateral.
Podemos distinguir múltiples extractivismos:
Extractivismo de datos
El modelo de negocio de las principales plataformas de IA se basa en extraer comportamientos, preferencias, ubicaciones y relaciones sin compensación real para quienes los generan. Los grandes modelos de lenguaje se entrenan sobre textos, imágenes y código sin consentimiento explícito ni compensación económica.
Un análisis académico reciente distingue dos formas de extracción en la IA generativa:
. Extracción conductual: captura estados del usuario para predecir y moldear su comportamiento (continuidad del capitalismo de vigilancia). Aplica esencialmente a propaganda comercial y política dirigida a individuos.
. Extracción cognitiva: captura el «trabajo teleológico» (el esfuerzo mediante el cual los usuarios logran que la IA haga lo que quieren) y lo refina en productos de capacidad de IA. Aplicada a generar y mejorar continuadamente sus propios conocimientos.
Esta segunda forma constituye lo que se denomina extractivismo epistémico: posiciona el razonamiento humano como fuente de trabajo a extraer, siguiendo las lógicas de la colonización y sus legados coloniales.
Extractivismo material: minerales y energía
La infraestructura física de la IA requiere enormes cantidades de minerales raros, con consecuencias devastadoras como contaminación de sistemas hídricos y degradación de ecosistemas. La minería a cielo abierto genera residuos tóxicos que contaminan aguas subterráneas y el entorno local.
Los costos ambientales de esta cadena de suministro recaen desproporcionadamente sobre comunidades del Sur global. Más del 70% de la demanda actual de minerales críticos proviene de industrias no relacionadas con la transición energética, incluyendo tecnología, sector automotriz y militar, con la IA impulsando aún más esa demanda.
La infraestructura de IA también consume cantidades masivas de energía y agua dulce. Un solo modelo de procesamiento de lenguaje natural puede producir 660.000 libras de emisiones de CO?.
Extractivismo epistémico y cultural
Los modelos algorítmicos tienen sesgos sociales que perpetúan lógicas coloniales y racistas. La industria está concentrada en pocas manos que controlan toda la cadena de valor, y los modelos de gobernanza no son democráticos. Como señala Ricaurte: «Esta industria se apropia del conocimiento generado por las personas en sus interacciones en internet. Desde ese nivel, ya estamos hablando de exclusiones de países y sus poblaciones».
Los sistemas de IA se entrenan mayoritariamente con datos del Norte global, en idioma inglés, desde una cosmovisión propia, y luego se aplican universalmente como si fueran neutros. Esto genera una homogeneización lingüística y narrativa: los modelos extensivos de lenguaje (LLMs) privilegian estructuras narrativas occidentales y erosionan tradiciones no occidentales, amenazando las narrativas cíclicas de otros pueblos originarios.
Extractivismo de vida hecha trabajo
La cadena de producción de IA depende de ejércitos de trabajadores mal pagados que etiquetan datos. Esta precariedad resulta de la falta de regulación adecuada que proteja los derechos laborales, y las empresas deliberadamente eluden leyes al externalizar tareas a otras partes del mundo. Los trabajadores de IA permanecen físicamente ocultos -trabajan desde casa, en zonas pobres, en minas remotas o procesando desechos electrónicos-, lo que contribuye a que su bienestar físico y psicológico sea ignorado.
Una dimensión neocolonial
La lógica extractivista de la IA está asociada al modelo capitalista, a la industrialización y a la modernidad, y en la época actual ha expandido sus mecanismos de despojo a través de la tecnología.
La consecuencia es que los beneficios de esta revolución tecnológica se concentran en el Norte global, mientras sus costos ambientales y laborales recaen de forma desproporcionada en el Sur global. Chubut puede ser un ejemplo vívido.
III. El paradigma del «extractivismo gemelo» en la Patagonia
El proyecto se presenta como una oportunidad económica «impresionante» que aprovecha las «ventajas comparativas» de la provincia, como sus «mejores rendimientos de viento del mundo». La lógica es aparentemente virtuosa: el viento sostén de las energías renovables, el agua dulce del río Chubut y el clima frío de la Patagonia se ofrecen para operar los servidores de un gran centro de datos, que a su vez traería inversión y desarrollo.
Sin embargo, esta no es una asociación simétrica, sino la encarnación del «extractivismo gemelo» que implica un doble flujo de extracción:
1. Extractivismo de recursos naturales
La región provee sus recursos estratégicos (energía eólica, territorio, seguramente agua dulce en cantidades desconocidas) para sostener una infraestructura digital que pertenece y es controlada por empresas tecnológicas.
Conclusión: la energía, convertida en un cuello de botella y un costo significativo para el proyecto, se vuelve un insumo barato para alimentar la máquina global de las grandes tecnológicas.
2. Extractivismo de datos
Al instalarse en la región, estos centros de datos se convierten en nodos de una red global donde los datos y la infraestructura quedan bajo el control de los «monopolios intelectuales» globales, como Amazon, Microsoft o Google.
Corolario: el discurso del progreso tecnológico se presenta como máscara que oculta la cesión de soberanía sobre un recurso fundamental del siglo XXI.
El rol del Estado periférico como «cliente forzoso» y promotor
La postura del Gobierno de Chubut y del Gobierno nacional encaja en el rol de los Estados en la nueva periferia digital. Lejos de ser un regulador soberano y autónomo, el Estado se convierte en un promotor activo de su propia dependencia.
«Clientes forzosos»: el Estado ofrece condiciones favorables (como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones o RIGI y la exención de impuestos locales) y promueve la infraestructura necesaria (fibra óptica, energía, tierras, agua, viento) para atraer esta inversión. Y termina siendo un facilitador dependiente de una inversión compleja cuya tecnología ignora y de los monopolios que administrarán y sesgarán la administración digital de la política.
La ceguera del desarrollo: existe una «obnubilación» entre gobiernos de todos los signos políticos, que ven en estas inversiones una precondición para el crecimiento, omitiendo el hecho de que no toda tecnología genera desarrollo autónomo y socialmente responsable, y que esta dinámica puede profundizar la dependencia en lugar de revertirla.
El caso de LatamGPT (2), un modelo de IA latinoamericano que fue entrenado en la nube de Amazon (AWS), es un ejemplo para mostrar cómo hasta las iniciativas «alternativas» pueden quedar atrapadas en esta lógica.
IV. Conclusiones
Reiteramos. En América Latina, la extracción es un hecho constitutivo que se remonta a la colonia. Se define como la primera etapa de un proceso de desapoderamiento, que culmina con la dependencia social estructural y la configuración de economías subordinadas a los centros de poder global. En la provincia del Chubut, esta lógica se concreta en la explotación de sus vastos recursos: petróleo y gas, agua, minería, pesca, minerales, viento y, más recientemente, el salto hacia una nueva frontera: el extractivismo de datos.
Esta incipiente etapa del capitalismo cognitivo pronostica un cambio de edad: estamos asistiendo a un modo de producción basado en la Inteligencia Artificial (IA), el endeudamiento público, la vigilancia de los individuos y la alienación ciudadana. La toma de decisiones del sentido común neoliberal es cada día más cibernántropa.
Un sistema que conlleva el apoderamiento de grandes volúmenes de datos, destinados principalmente a la exportación como materias primas sin procesar, consolidando una nueva forma de dependencia digital. Marta Z?otkowska, directora del proyecto Atlas GigaHub, en BNamericas del 14 de agosto pasado, declaró que «el proyecto está orientado a atender a clientes internacionales, en particular a las principales empresas de tecnología de IA que operan en mercados como Estados Unidos y Asia».
Cuenta con respaldo tecnológico y el apoyo gubernamental del Chubut y de Nación, pero su financiamiento efectivo depende de la concreción de acuerdos con inversores y de la firma de contratos de venta de capacidad de cómputo que garanticen los ingresos futuros.
Estos Contratos de Largo Plazo (off-takers) son un componente clave con clientes que compren la capacidad de cómputo del centro de datos (por ejemplo, grandes empresas de IA o hyperscalers), que serían la garantía que permitiría respaldar la financiación del proyecto ante los prestamistas.
El modelo es simple. Green Capital opera como entidad legal independiente. Se crea exclusivamente para un proyecto, activo u operación específica con el fin de aislar el riesgo financiero: vehículo de inversión (SPV) sin accionistas nominalmente identificables. Estructura típica de fondos de capital privado (PE) que crean empresas shell para cada proyecto. Financian desde fondos domiciliados en paraísos fiscales (Delaware, Caymán, Luxemburgo), operan con confidencialidad máxima y transfieren activos entre jurisdicciones sin dejar rastro. Total opacidad. Pero lo crucial: estos fondos esperan retorno de 15-25% anual en USD, no beneficio social local.
En el marco de sus publicaciones de 2024, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que el modelo económico tradicional de la región, fuertemente anclado en los ciclos extractivistas de recursos naturales, se encuentra agotado y atrapado en una dinámica estructural de bajo crecimiento. A través de documentos clave como el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2024 y análisis complementarios de su División de Recursos Naturales, la institución analiza cómo la región enfrenta una «segunda década perdida» si no transforma profundamente su matriz productiva.
Epígrafe para investigación futura
«Cuando una provincia anuncia un megaproyecto de inversión sin responder preguntas básicas sobre energía, financiamiento, empleo o viabilidad ambiental, no es modernización: es especulación. Y la historia argentina de especulación termina siempre igual: deuda, desempleo y bonistas neoyorquinos celebrando en Wall Street». . Análisis de ciclos extractivistas latinoamericanos, CEPAL 2024
(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).
Notas
(1) En este poema, Nicomedes Santa Cruz le habla a la ciudad petrolera de Talara (Piura, al norte del Perú) y reflexiona sobre la explotación del petróleo, la riqueza temporal que este genera («la actual fluidez») y el destino de la región cuando los recursos se agoten. «La rotaria» hace referencia a la perforadora rotatoria utilizada en los pozos petroleros. «Hagan prez» significa rendir honor o alabanza; sugiere el momento en que las máquinas queden abandonadas en el desierto y solo los animales de la zona habiten e imperen sobre ellas. «El Tablazo» es la zona geográfica desértica característica de Talara y semejante a la estepa patagónica. El poema es adaptable al medio ambiente y se solapa con al presente y futuro de Comodoro Rivadavia, quien hace mucho tiempo ya dijo «yes». Y deberá soportar su desnudez.
(2) Latam-GPT es el primer gran modelo de lenguaje de inteligencia artificial de código abierto diseñado, entrenado y construido de manera colaborativa por y para América Latina y el Caribe. El proyecto fue presentado oficialmente en febrero de 2026, liderado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (Cenia) junto a la participación de más de 60 instituciones y especialistas de 15 países de la región. Ver en <https://www.latamgpt.org>

