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La batalla por las emociones: qué pasa cuando la política alimenta el odio 

Los mensajes oficiales del gobierno libertario estigmatizan a mujeres, feminismos y opositores. Cómo operan las emociones en la escena pública y por qué es urgente construir una narrativa que vuelva a enamorar a quienes apuestan por la justicia social y la democracia.

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En los últimos años, el debate público argentino se vio atravesado por mensajes que apuntan contra mujeres, feminismos y la comunidad LGTBIQ+. Estos discursos,  impulsados desde el propio Gobierno nacional y encabezados por Javier Milei, tienen un impacto directo en cómo se perciben ciertos colectivos y cómo se organizan las conversaciones en la sociedad.

Distintas miradas coinciden en que las emociones —como el miedo, el enojo o la desconfianza— no son meras sensaciones individuales y pasaron a ser fuerzas que moldean comportamientos colectivos. Hoy influyen en quiénes son incluidos o excluidos del debate público, y en cómo se construyen consensos o enemistades. 

Algunos especialistas sostienen que las emociones sostienen estructuras sociales y modos de vida. Otros advierten que el odio, en particular, se volvió una herramienta central para comprender la política actual: conecta comentarios cotidianos en redes sociales con ideas antiguas que reactivan viejas jerarquías y prejuicios.  

Distintos especialistas vienen señalando que las emociones —como miedo, odio o vergüenza— ya no son solo sensaciones personales, sino fuerzas que moldean comportamientos colectivos. Según estos enfoques, los afectos influyen en qué grupos son incluidos o excluidos del debate público.  En el libro Las vueltas del odio que estudia el caso de la presidencia de Bolsonaro.  Desde su perspectiva, el odio se vuelve visible en las escrituras contemporáneas, especialmente en textos que circulan en redes sociales, medios y piezas artísticas. Estas escrituras del odio exhiben una materialidad que tensa los límites de lo decible y perfora consensos democráticos construidos en la posdictadura.  Actualmente, estos límites están en disputa constante, si ya no parecieran estar borrados. ¿Cuál es el límite de lo decible? ¿En qué lugar anclan estos discursos?  

las escrituras del odio no solo producen conflicto en el presente: movilizan archivos afectivos sedimentados que resurgen con energía renovada y reorganizan imaginarios sociales, discursos políticos y prácticas institucionales. Giorgi y Kiffer aportan la escena actual en la que estas dinámicas se materializan, especialmente a través del odio escrito, su viralización y su capacidad de reactivar temporalidades.  Los autores afirman:

 “Elegimos quedarnos con el odio como núcleo porque el efecto más problemático, en un sentido específico; el que lleva al límite las formas de la relación social, los pactos discursivos, las formas y protocolos de la vida civil y las reglas de lo democratico.” 

Por su parte, en La política cultural de las emociones Sara Ahmed plantea que ciertos grupos se vuelven “soportes” de emociones negativas que la sociedad deposita sobre ellos, generando fronteras afectivas que separan comunidades y refuerzan estigmas.

Los discursos que marcaron el clima social reciente 

Varios episodios del Gobierno nacional muestran cómo estos mecanismos se hicieron visibles en la esfera pública. En su intervención en el Foro Económico Mundial de 2025, el presidente Javier Milei calificó la “ideología de género” como “abuso infantil” y cuestionó la figura del femicidio. El mensaje generó rechazo de organizaciones feministas y de diversidad sexual, que lo interpretaron como un ataque directo a sus derechos.

En el Día Internacional de la Mujer, el Gobierno difundió un video institucional que denunciaba una “estafa millonaria” vinculada a las políticas de género y acusaba a los feminismos de impulsar “agendas absurdas”. Buscaba reforzar la idea de que los reclamos por igualdad representan una amenaza o un gasto injustificado.

Otro punto de conflicto surgió cuando el Gobierno vinculó la baja de nacimientos en el país con un supuesto ataque progresista a la familia tradicional. Transformar un fenómeno complejo y multicausal como la baja de la natalidad en un ataque directo a las mujeres, es una estrategia para reinstalar un modelo familiar patriarcal como único como horizonte obligatorio.

Lo que circula en estos discursos no es solamente información: son emociones que se viralizan, se adhieren y moldean percepciones. Estas sensaciones pueden orientar a la sociedad a favor o en contra de determinados grupos, reforzando prejuicios y legitimando exclusiones.

Así, la disputa política actual no ocurre solo en las instituciones, sino también en la administración de los afectos que definen qué puede decirse y qué se considera legítimo en el espacio público.

Hacia una narrativa que enamore 

En un momento en el que los discursos de odio buscan dividir y expulsar, se vuelve urgente construir una narrativa diferente: una que convoque a quienes todavía creen en la democracia como un proyecto común. Las pasiones siempre están en juego, y por eso es necesario generar nuevas, capaces de enamorar, inspirar y convencer de que otra manera de hacer política es posible. Una política que incluya, anclada en la justicia social, que ensanche las perspectivas y que recupere el deseo de vivir mejor en sociedad. El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad de volver a imaginar un futuro que nos abrace a todos y todas.  

Si te gusto esta nota, te recomiendo seguir leyendo:  

Ahmed, S. (2015). La política cultural de las emociones (C. Olivares, trad.). UNAM – Programa Universitario de Estudios de Género. (Ed. orig. 2ª ed. inglesa, 2014).

Giorgi, G., & Kiffer, A. (2020). Las vueltas del odio: Gestos, escrituras, políticas. Buenos Aires: Eterna Cadencia.

Safatle, V. (2019). El circuito de los afectos: Cuerpos políticos, desamparo y el fin del individuo. Editorial Bonaventuriana.

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