Análisis y Economía El destino «extractívoro» del Chubut III: El extractivismo como deuda eterna

El destino «extractívoro» del Chubut III: El extractivismo como deuda eterna

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Usar la antropología de la deuda pública como aporte para entender por qué la provincia nunca sale de la trampa. Confección de un mapa conceptual de la resistencia financiera: La deuda es la estructura moral que sostiene el extractivismo (tenemos una deuda que hay que honrar, así sea destruyendo nuestra naturaleza); el extractivismo es la condición material que perpetúa la deuda (podemos pagar consumiendo riqueza, a costa de los bienes comunes); romper un círculo político requiere primero nombrarlo para entenderlo (hay que nombrar la entrega por su nombre). Y eso, como enseñó Esquel, es el inicio de la resistencia.

El antropólogo David Graeber inicia su obra «En Deuda: una historia alternativa de la economía»(Ariel, 2011) con una inversión radical de la historia económica: no hay evidencia histórica de que el trueque precediera al dinero como mecanismo de intercambio.

Durante milenios, los historiadores asumieron que los humanos comerciaban bienes directamente hasta que inventaron el dinero para facilitar esos intercambios. Pero la realidad, según reconocidos investigadores, es la opuesta:

. No hay ninguna razón para creer que existiera una etapa del trueque. Ninguna sociedad ha sido jamás descrita como funcionando principalmente sobre la base del trueque.

. Las primeras sociedades agrarias funcionaban con sistemas de crédito elaborados y perfeccionados mucho antes de que existieran monedas acuñadas. En Mesopotamia, los templos y palacios llevaban registros meticulosos en tablillas de arcilla: quién debía qué y a quién, en unidades reales (cebada, plata, trabajo).

. El crédito era la estructura fundamental de las transacciones; la moneda es posterior.

Y cuando llegó, no surgió para facilitar el trueque entre individuos, sino como consecuencia de la acumulación del patrimonio -tanto en bienes propios como en otros entregados a terceros como crédito-. La moneda fue una forma de cuantificar y jerarquizar deudas en sociedades que ya funcionaban con crédito.

Surgió, además, como herramienta de centralización fiscal estatal. Las primeras monedas acuñadas (Lidia, siglo VII a.C.) no circulaban en mercados populares: circulaban entre las manos del tesoro estatal para pagar soldados, recaudar tributos y estandarizar obligaciones a escala imperial.

La moneda fue, antes que nada, un mecanismo de control de la deuda pública. Y tiene una incidencia analítica decisiva para comprender el actual ciclo financiero del capitalismo.

La deuda no era sólo económica: era una obligación moral y social que estructura las relaciones humanas y justifica el poder de los acreedores sobre los deudores. Estaba entrelazada con conceptos como la culpa, el pecado y la reparación moral. Las palabras que usamos hoy -«deber», «culpa», «redención»- provienen de ese vocabulario antiguo de deudas.

Como vimos en el caso Chubut: si la deuda es una construcción social, entonces la pregunta sobre si «¿es legítima esta deuda?» no es una herejía. Es una obligación ciudadana necesaria para la validación social.

¿Por qué importa esto para Chubut? Porque si la deuda es anterior a la moneda y anterior a la economía como la conocemos, entonces la deuda no es una ley de la naturaleza económica: es una relación humana de poder. Y si es relación de poder, puede ser cuestionada, renegociada, incluso rechazada.

Esta inversión tiene implicaciones políticas radicales que Graeber desarrolla a lo largo de su obra y que, aplicadas al caso de Chubut, iluminan una realidad que los economistas ortodoxos prefieren ocultar: la deuda no es una obligación tecno jurídica que se paga, sino un mecanismo de control social que se perpetúa.

¿Cómo es posible que Chubut pague u$ 1.586 millones y deba aún u$ 1.300 millones? Porque la deuda nunca fue contraída para ser pagada sino para que el acreedor controle las riquezas del Chubut.

La trampa moral de la deuda

Vivimos un momento histórico particular: por primera vez en cinco mil años, la sociedad está dividida entre deudores y acreedores. Quienes deben y quienes son debidos. La supremacía del poder del acreedor erigió instituciones capitalistas adecuadas a la voluntad única de proteger a los prestamistas.

La deuda se ha convertido en una categoría moral: «quien debe, debe pagar». No importa cómo se originó la deuda, ni a qué costo social, ni si el acreedor actuó de buena fe, ni si medió necesidad alguna. La obligación financiera hecha moral aplasta cualquier cuestionamiento y se ha convertido en la base de nuestro sistema económico y, por lo tanto, de nuestra vida política.

El caso Chubut en números:

. La provincia pagó un monto (capital más intereses) de u$ 1.586 millones entre 2010 y 2026.

. Hoy debe más de u$ 1.300 millones.

. En abril pasado emitió un nuevo bono por u$ 650 millones a una tasa del 9,45% anual, garantizado con regalías petroleras y bajo legislación de Nueva York.

. El 27% del BOCADE (Bono de Cancelación de Deuda) se canjeó; el resto sigue vigente, sumando intereses trimestrales de u$ 15,3 millones.

La estructura es la misma que Graeber describe: una deuda que no se extingue porque su destino no es ser pagada, sino mantener la relación de poder.

Y el origen -que Alberto Acosta para América Latina define como «deuda eterna»- no es una coyuntura financiera ni una fatalidad técnica, sino una relación que perpetúa la dependencia y la subordinación de los países y territorios periféricos. Es un mecanismo de control externo a través de las oligarquías nacionales.

El mecanismo de control opera de varias formas:

1. Condicionalidad: los préstamos del FMI vienen acompañados de políticas de ajuste estructural que benefician a los acreedores (privatizaciones, austeridad, apertura de mercados).

2. Hipoteca de recursos: la deuda se apalanca en yacimientos petroleros o mineros, o se paga entregando dichos recursos naturales directamente a los acreedores. Por eso en Chubut se garantizan y cobran primero los acreedores sobre las regalías de los yacimientos hidrocarburíferos.

3. Exacerbación del extractivismo: los gobiernos se ven forzados a intensificar actividades extractivas para obtener recursos que permitan pagar el servicio de la deuda, generando un círculo vicioso de destrucción socioambiental. En Chubut ya emerge el extractivismo digital que afecta aguas, territorio y energía.

4. Perpetuación: como señala Acosta, «aun con una reestructuración adecuada, la deuda continuará afectando la vida del país por generaciones». En Chubut cada vez más pagos, cada vez más extractivismo y cada vez más deuda.

Esta lectura es directamente aplicable al caso de Chubut:

. Cada nuevo proyecto extractivo (petróleo, viento, agua, datos) no se define como oportunidad de desarrollo social sino como aprovechamiento empresarial. La política neoliberal impulsa que sea una condición impuesta para generar divisas que paguen la deuda.

. Como Acosta señala con claridad, la deuda se apalanca en recursos naturales y el extractivismo se intensifica para servirla.

El extractivismo como pago de dueda

El extractivismo no es una actividad más en Chubut. Es su ADN existencial. Un modelo de apropiación y acumulación que determina cómo se usa el territorio, cómo se endeuda la provincia, quién toma las decisiones y quién se queda con las ganancias.

El trípode histórico es claro: concesiones para explotación de recursos; endeudamiento público permanente en dólares y pasividad fiscal.

Las regalías futuras sobre los recursos se hipotecan para pagar deuda presente. El futuro ya está gastado y bajo jurisdicción de Nueva York.

El extractivismo -entonces- no es solo una política económica, es una consecuencia moral de la deuda. La provincia extrae porque debe. Debe porque extrajo. Y el círculo no se rompe porque romperlo implicaría cuestionar la legitimidad moral de la deuda misma.

Los recursos naturales de Chubut -petróleo, viento, agua, pesca y ahora datos- funcionan como garantía colateral de una deuda que nunca se terminará de pagar. Cada nuevo proyecto extractivo no es una oportunidad de desarrollo, sino una condición impuesta por los acreedores.

Deuda financiera, deuda ecológica, deuda de soberanía

Seguimos a Graeber que insiste en que la deuda es una relación social, no un simple contrato. En Chubut, esa relación tiene tres capas que se superponen:

Primero, la deuda financiera. Los bonos emitidos bajo legislación extranjera, garantizados con regalías petroleras. Cada barril extraído no financia escuelas ni hospitales: paga intereses a bonistas de Wall Street.

Segundo, la deuda ecológica. Cada recurso extraído sin valor agregado local reduce el patrimonio socio-natural de la provincia. Las regalías no son renta, son descapitalización, consumo de capital no renovable. La pérdida de capital natural es la palanca de la deuda y su propia justificación política.

Tercero, la deuda de soberanía. A cambio de inversión que promete alivio económico a corto plazo, se cede el control sobre infraestructura energética y de datos. Se genera una dependencia estructural que es difícil de cuantificar pero igual de costosa.

Esta tríada reproduce la esencia del poder acreedor: la capacidad de definir los términos de la relación. No importa cuánto se pague, siempre se debe más. No importa cuánto se extraiga, siempre se debe más.

El FMI como Imperio Romano

Graeber compara el FMI con los imperios antiguos: ambos usan la deuda para imponer políticas de austeridad que benefician a los acreedores. En Chubut, el mecanismo opera a escala provincial, pero la lógica es idéntica.

La provincia necesita dólares para pagar su deuda y empleo para hacer viable su población. Esa necesidad la convierte en un socio débil que, en su afán por atraer capital, acepta condiciones que hipotecan su futuro digital y energético.

La pregunta obligatoria no es si Chubut puede pagar. Es si debería pagar en estos términos. La respuesta de Esquel en 2003 -el 81% votó no a la mina de oro- demostró que la deuda moral con los acreedores puede ser confrontada con otra moral: la de la comunidad con su territorio.

La grieta: cuando el deudor deja de creer

Las rebeliones contra la deuda han sido una constante histórica. Desde los primeros imperios agrarios hasta Occupy Wall Street, los deudores han cuestionado no solo los montos, sino la legitimidad misma de la relación.

«La historia de la deuda es también la historia de lo que la gente ha estado dispuesta a hacer para no pagarla», nos advierte Graeber.

En Chubut, la lucha ambiental tiene nombre: resistencia social. Esquel en 2003. Las movilizaciones contra la zonificación minera en 2021. La pregunta que emerge ahora, frente a nuevos extractivismos digitales, es si la provincia puede repetir lo que ya practicó.

La deuda no es inevitable. Es una construcción social. Y como toda construcción social, puede ser desmantelada.

Una auditoría de la deuda como acto político

La propuesta concreta que emerge de esta lectura es clara: auditoría integral de la deuda antes de firmar nuevos compromisos.No es un ejercicio técnico. Es un acto político. Si la deuda es una relación moral, la primera pregunta que el deudor debe hacer es: ¿esta deuda es legítima? ¿Cómo se originó? ¿Qué se hizo con el dinero? ¿Quién se benefició?

Chubut pagó u$ 886 millones en intereses entre 2010 y 2026. La deuda original se multiplicó. Las obras prometidas se hicieron en forma parcial. Los acreedores cobraron. La pregunta que Graeber nos enseña a hacer es: ¿por qué seguimos tratando esta deuda como una obligación moral incuestionable? La respuesta que Chubut ya practicó en 2003 es: «porque pretenden que olvidemos nuestros triunfos populares».

(*) Economista, investigador y ex rector de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB).

Referencias de citas

. Acosta Espinosa, Alberto. Economista ecuatoriano de prestigio internacional, impulsor del pensamiento crítico latinoamericano. Fue Ministro de Energía y Minas (2007) y Presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador (2007-2008). Es docente e investigador de FLACSO-Ecuador, y una figura central en la crítica al extractivismo, al neoliberalismo y a la deuda externa en América Latina. También es impulsor de conceptos como el «Buen Vivir» (Sumak Kawsay) y los derechos de la naturaleza.

. Auditoría de la deuda: proceso técnico-político que revisa el origen, la legalidad y la legitimidad de una deuda, así como el destino de los fondos y los beneficiarios.

. Deuda eterna: concepto acuñado por Alberto Acosta para describir deudas que, por su estructura, nunca pueden pagarse y funcionan como mecanismo de dominación.

. Extractivismo: modelo de acumulación basado en la extracción intensiva de recursos naturales, con escaso o nulo valor agregado local.

. Graeber, David: distinguido antropólogo estadounidense (1961-2020), autor de En Deuda -que hemos recuperado en esta nota- y figura clave del anarquismo norteamericano y del movimiento Occupy Wall Street.

https://www.elextremosur.com/nota/59547-el-destino-extractivoro-del-chubut-iii-el-extractivismo-como-deuda-eterna

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